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DIARIO DE MARÍA SANCHEZ ARBÓS 8 de enero, 1936.

12 de agosto, 1939.

Nunca pense que esto llegaría a tales extremos. Todos hablaban de un cambio muy grande en la política, pero no llegue a pensar que afectaría tantísimo al aprendizaje. Poco a poco la religión y la iglesia se han ido haciendo con todo hasta el punto de obligar a los alumnos a recibir una enseñanza religiosa, sin poder elegir. Esto se les está yendo de las manos. Ya no hay libertad. Todo el mundo piensa que la escuela solo es el lugar donde se aprende a contar, a leer, a escribir… Pero no. Se equivocan. La escuela es el lugar donde las personas aprenden a ser mejores con los demás, a no rendirse nunca, a saber superar todos los obstáculos que les pone la vida y sobre todo a conocerse a ellos mismos. Pero todo está cambiando…

Cada vez que veo pasar a un policía me tiemblan las piernas y se me corta la voz. Tengo miedo de que me puedan meter en la cárcel y de lo que me puedan hacer si finalmente lo consiguen. No puedo seguir en esta situación. He intentado escapar a otra parte pero no sé cómo hacerlo sin llamar la atención y sin que el terror que siento me delate. Finalmente he tomado la decisión de irme un tiempo a vivir con mi hermana mayor, ya que ella vive en un pueblo un poco más alejado de tanta miseria como la que se vive por la capital. Ella me aconsejó que lo hiciera ya hace un tiempo pero me negué porque no quería meterla a ella y a su familia en problemas, pero después de muchos sustos policiales, me he visto obligada a hacerlo.

5 de abril, 1936.

25 de noviembre, 1939.

Mis últimos días en la escuela están siendo muy duros para mí. Me cuesta pensar que ya no voy a poder seguir ejerciendo esta profesión, pero sobre todo me duele saber que ya no voy a poder ver más las sonrisas de mis niños. Les he cogido tanto cariño que ahora me está costando mucho separarme de ellos. Ahora le daré los mejores consejos y algunos besos a cada uno de ellos y me iré. Des de mañana solo podrán ver a curas y monjas dándoles clases todos los días. No sé qué haré ahora solo sé que echaré mucho de menos los días con mis alumnos y con los demás maestros. Se me parte el corazón al irme de aquí, pero es lo que marca la ley y no tengo más remedio que cumplirla. Solo espero que a todos les vaya bien… y a mí también.

En el último escrito, mencioné el irme a vivir una temporada con mi hermana. Finalmente no ha podido ser así ya que ahora mismo me encuentro en una cárcel de Madrid. Sí, me pillaron mientras iba de camino al pueblo. Mi sorpresa fue tal que mi reacción fue huir corriendo hacia la nada. Una gran equivocación. Gracias a ello el juez ha decretado 4 años y medio de prisión. Quizá me rebajen la condena algún tiempo por buen comportamiento. Este tiempo aquí dentro me está sirviendo para reflexionar sobre la vida, una vida cada vez más injusta. No siento rabia, ni enfado hacia el que ha hecho que yo esté aquí, solo siento pena por la clase de sociedad que poco a poco estamos creando sin darnos cuenta. Ojalá toda cambie y si sucede, que sea pronto.

Sandra Davia Contreras 4 ESO C.

Diario de maría sanchez arbós  

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