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Mayo_2009

www.mistura.cat


mistura

Editorial Por Mistura

revista de cultura y pensamiento

Nº23 mayo 2009 Fundadores:

Jorge Pacheco Santiago Gorgas Verónica Rincón Ruben López Editor: Santiago Gorgas Redactor jefe: Jorge Pacheco Diseño artístico: Rubén López Técnico informático: Marcos López Colaboradores del mes:

Juan Juan Almeida, Martín Sueldo, Lenisio Dimas, Jaime Thierry, Andy Ventura Sánchez, Santiago Gorgas, Rubén López, Carmen Díaz, Fernando Dámaso. Foto Portada: Rubén López Web: www.mistura.cat Correo-e: mistura@mistura.cat

Cuando yo era un muchachito, mi maestra repetía: “Morir por la patria es vivir”. Así yo aprendí a marchar, a usar fusil y pistola. Y cuando quise entender por qué algunos militares pueden ser condecorados por participar en guerras (o sea, por matar), unos miraron al cielo y otros silbaron al mar, entonces tuve que agarrar mi Pequeño Larousse Ilustrado y allí en la página treinta brilló la palabra “absurdo”. La búsqueda fue aburrida y el resultado fatal. Descubrí que el diccionario ni es pequeño ni ilustrado, y que mi mayor absurdo fue sólo haber estudiado.

Este mes desde la revista mistura proponemos como tema

El último consejo editorial ha transcurrido de una manera un tanto desafortunada. Y habría que decir que la simple ausencia de dos de los miembros no debería ser un impedimento para llevar a cabo las tareas pertinentes, pero lo ha sido. Y bien podría decirse, también, que los asistentes hemos actuado como si los que faltaban fueran pilares básicos indispensables de la estructura misturiana, y ciertamente lo son de algún modo, pero más bien ha parecido que por una noche la voz de la conciencia nos hubiera eximido de la ineludible responsabilidad de atender nuestros propios asuntos. Si dicha voz viviera siempre en uno mismo y por ende no se escondiera tan a menudo en cuerpos ajenos, a estas alturas no estaríamos sumidos en este amargo trance que es la autocensura. Y dicho sea de paso, y como se dice vulgarmente, en bragas, y además sin resolver asuntos de vital importancia. Pero lo cierto es que ha resultado más fácil abrir de par en par el mueble-bar y sacar todas las substancias que en determinados momentos vienen a servirnos de vehículo hacia paraísos artificiales, sumiéndonos así en tal estado de letargo que ahora solo resulta convienente esperar a que desaparezcan los efectos a fin de poder decir que hacemos borrón y cuenta nueva. Todo ello mientras experimentamos los síntomas que hacen presagiar que el cambio de ciclo no debe hacerse esperar.

Lo absurdo

Depósito legal: Gi.1379-2008 Impreso en:

Morralla espai creatiu

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Si queréis participar con vuestras creaciones podéis enviar escritos, imágenes dibujos o lo que se os ocurra al foro de la revista que encontraréis en la página web

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Reflexiones Compartidas

En desacuerdo. El cambio Por Jaime Thierry

Por costumbre, o a veces cuando andaba con prisas, solía ahorrarme buena parte del recorrido de la galería comercial llegando hasta la calle a través de una de las tiendas de las que disponen de puertas a ambos lados. Así, entraba al establecimiento por la galería y salía hasta la calle por el extremo opuesto. Solía hacerlo cada vez que iba a casa de mi amigo Francisco. El comercio de baratijas por el cual efectuaba el acortamiento estaba regentado por un negro, y a veces tenía algún que otro paisano haciéndole compañía o simplemente ayudándole. Aquel día, el negro atisbó mis intenciones y, antes de dejarme pasar, me preguntó qué era lo que andaba buscando. Entonces me limité a decirle que sólo buscaba algún pequeño obsequio para una sobrina. Con disimulo, y subestimando al comerciante, tanteé algunos de los objetos de escasa calidad que había en los estantes creyendo que el tipo se había tragado mis pretextos. Busqué lo más barato, y finalmente me decanté por un colgante imitación coral negro, made in Hong Kong, y le dije, ¿cuánto es? El ayudante, blanco, tenía aspecto de ex-presidiario y desde el interior del mostrador me miraba fijamente. Son seis euros, dijo el negro. Saqué un billete de veinte y esperé el cambio. Cuando quiso entregármelo no pude estar de acuerdo con la devolución. Me estás devolviendo el cambio en otra moneda, le repliqué, estamos en España y, si mal no recuerdo, esta es la moneda que en Cuba sustituye al dólar, pero fuera de la isla no tiene ningún valor. Esto no tiene ningún sentido. No, no, yo devolver a ti catorce dólares, amigo, replicó él. No puedo aceptarlo, compañero, ¿quieres estafarme?, le dije, yo he estado en Cuba y conozco estos billetes, y no son dólares, ni se pueden canjear de ningún modo. Entonces me pregunté cómo un negro africano podía estar tratando de perpetrar aquella estafa tan absurda y descarada y, seguidamente, abandoné mistura nº23

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mis lucubraciones dispuesto a plantarle cara. ¿Qué piensas hacer?, me dijo el compañero con pinta de ex-presidiario a la vez que me agarraba fuertemente de los huevos. Sus ojos mostraban ira y empezó a apretar cada vez más y más. El negro se reía satisfecho. Me voy de aquí, puedes quedarte el cambio, pero suéltame, por favor, le dije entre sollozos. Cuando aquel degenerado me soltó salí huyendo del establecimiento y desde entonces no me importa dar algunos pasos más cada vez que voy a casa de mi amigo.

Reflexiones Compartidas

En desacuerdo. Entonces me miró con desconfianza Por Santiago Gorgas

Después de mirarme con desconfianza y recelo, se pone a hablar con Lídia y Marta y, apartando su mirada de mí, desvía el rumbo de la conversación. Descree de mis palabras y prefiere cambiar de tema. Gesticula despectivamente y a la defensiva dando por zanjado el asunto. Lídia y Marta optan por la postura conciliadora y, una vez más, me tengo que tragar las palabras. Puede que no sea el momento oportuno; o que simplemente el momento oportuno llegue cuando a Jaime le convenga. Su postura es inamovible, por lo que resulta imposible reflexionar conjuntamente. Con una inmoralidad total, Jaime transgrede las barreras de la conversación y con la sonrisa desinhibida cambia de tema, desestimándome totalmente. Su terquedad le imposibilita cambiar; “soy así”, es el tipo de afirmación que Jaime utiliza para desacreditar y dar por finalizado un tema de conversación. Recuerdo que mi madre excusaba a uno de mis tíos cuando éste hacía comentarios jocosos en relación con rasgos de mi carácter que él llamaba mis “boberías”.

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Cuando yo contestaba al tío, mamá decía: “No te enfades, ya sabes que tu tío es así”, a lo que yo respondía: “Pues yo también tengo mi manera de ser”, justificando de ese modo la conveniencia de no quedarme callado. La saliva se seca en la comisura de sus labios, dejando una mancha blanca y espumosa. La verborragia no se detiene y se explaya en sus temas incuestionables y su moral individual, por lo tanto, tengo que soportar no sólo su desconfianza sino también la actitud desagradable que lleva a Jaime a dejarme con la palabra en la boca. Entiendo que la genialidad de Jaime necesita de un alto grado de anarquía. Para romper las normas primero hay que dominarlas. Jaime es una persona de novedades y hoy trae la exclusividad de una idea maravillosa. Lídia y Marta se entusiasman en las historias bien contadas y la sonrisa desbordante. Zanjada toda posibilidad de reflexión, Jaime se apodera del centro de atención. Y explica historias despiertan la curiosidad de todos los presentes. Jaime es un experto en el arte de la verborragia, domina el tema y la conversación. Normalmente me dejaría llevar por su entusiasmo, pero hoy no me da la gana. Y la norma es: cuando yo hablo tú callas y cuando hablas tú callo yo. Ahora voy a escuchar a Jaime, pero luego me va a tener que escuchar él a mi.

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Reflexiones compartidas

En desacuerdo. Un día en Santa María del mar Por Juan Juan Almeida

Consuelo estaba de viaje porque su madre está enferma y a mí no me dejan salir. Pero ya eso lo conté. El caso es que sin más opción, yo estaba muy aburrido cuando tocaron la puerta. Caramba, pensé, qué inoportuna es la gente, pero cambié de opinión cuando abrí y encontré un rubia con el pelo alborotado, ropa muy sexy de playa y gafas de sol Armany. —Niurka, pero… ¿Qué tu haces aquí? ¿Buscas una dirección? —No, chico, te busco a ti. —¿A mí? —Sí, a ti, quiero invitarte a la playa. Yo no soporto la playa, ya dije que soy taxista calvo y barrigón, mas no pude rechazar, pues, Niurka es una maravilla que está como muchos dicen para chuparse los dedos. Es joven, desenfadada, y desde que anda con un sueco maneja mucho dinero. Ay, Dios mío, supliqué, cuanto quisiera yo que, ahora que está de moda, todo el mundo fuese gay y que rubias tan lujuriosas tocaran a diario mi puerta. Gracias, mi San Raúl, por tu bienaventurada prohibición. Terminando de rezar me puse el traje de baño y agarré una bolsa de nylon que siempre llevo conmigo y nunca sé para qué. Ni tiene razón alguna pero todos los cubanos andamos con una jaba. Una mujer conduciendo siempre me inspira algo extraño, y si no lo dije antes, Niurka iba en auto rentado con sus piecitos descalzos, un pareo transparente y sus senos los cubría con un bikini algo escaso que tapaba todo aquello que da vergüenza tapar. Al principio, camino a playas del este, solo por no mostrar lo descarado que soy, preferí mirar afuera como lo hace un dirigente, disfrutando, mirando al pueblo sudar. Pero no lo conseguí, y no por 7

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pena a la gente ni porque me desagrade la idea de ser General, pero el olor de mujer me distrae demasiado. Y cuando estaba casi a punto de lanzarme sobre el chocolate blanco y provocar un accidente, aterrizamos en la hermosa “Santa María del mar”. Niurka se quitó el pareo, se tumbó sobre una toalla playera de un color fluorescente, y yo, que no soporto la playa porque se me llena el culo de arena, quedé absolutamente cataléptico. Tuve que tragar en seco y solo atiné a decir: —Coño, Niurka, qué buena estás—, y sin querer ni pensar se me trocaron los cables y no logré respirar—. Hay sol bueno y mar de espuma, y arena fina, y Pilar quiere salir a bla, bla, bla, bla... —Qué te sucede Juan Juan, ¿nunca has visto una mujer? —La verdad— le contesté—, como tú, sólo en la televisión. La muy zorra echó a reír y cuando me preguntó —¿te gustaría besarme?— comenzaron los problemas. Sentí que el sol se acercaba y que a mí me consumía el fuego intenso del amor, pero era un cigarro encendido quemando mi pierna izquierda. Salté de un brinco y grité: —Ay, coño, me quemo. Besémonos en el mar. Ella se levantó dejando caer al suelo lo poco que la vestía y entró desnuda a la playa. Yo también me desnudé, y fui la envidia de aquellos que dejaron escuchar sus cínicos comentarios: “Tan feo para esa mujer”, “Tan payaso y barrigón”, “¿No le da pena encuerarse?”, “Yo creo que es extranjero o vive en el exterior”… Claro que los ignoré, y más cuando entré en el agua porque una quemada arde. Niurka se acercó a mi cuerpo dejándome tocar su piel. —Juan—, dijo con voz segura—, siempre quise darte un beso. —¿A mi?—, pensé— ¿Niurka, tu estás segura? Lo sucedido entre el vaivén de la mar y el retozar de las olas, no se lo voy a contar, porque no es pornografía, la mala fotografía fue cuando miré a la arena y vi dos negros correr con nuestra ropa de playa.

Niurka no hizo más que sonreír, y yo reía por fuera porque por dentro lloraba. Estuvimos en el agua hasta que se hizo de noche. Ella jugó a ser sirena, y yo, con el cuerpo engurruñado pensaba en los tiburones. Una lancha se acercó haciendo señas con luces, de pronto llegó un camión repleto de militares y perros amaestrados. Y claro, se armó el tiroteo, y un gigantesco farol, como el que hay en los teatros, nos alumbró fijamente. La lancha desapareció y dijo un altoparlante: —Salgan del agua los dos, están detenidos, desertores. Un perro se me acercó con intenciones bravías, era peludo, hocicudo, con orejas puntiagudas y me mostró los colmillos cual si yo fuera dentista. Lo demás, ya usted lo sabe o lo puede imaginar, días de interrogatorio, una multa por nudista, otra por negligente, más un acta de advertencia por salida ilegal del país. Caramba, y no puedo reclamar pues con esto de la heterosexualidad, la metrosexualidad, la bisexualidad, la homosexualidad, y todas esas palabritas que riman con comunidad, a cualquiera se le va un tornillo. Así que, por el momento, y mientras viene Consuelo, he decidido optar por la autosexualidad y tengo menos problemas.

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Letras

¡Cuenta saldada! Por Fernando Dámaso

Tomás Lima, el hombre más sabio de mi barrio, me dijo un día, cuando yo era muchacho: “Todos traemos una deuda al nacer. La vida solo sirve para pagarla”. Entonces no entendí el significado de sus palabras y no emití ninguna opinión, limitándome a un encogimiento de hombros. El tiempo pasó y hoy, no sé por qué, he recordado su sentencia. Valdés, el que trabaja conmigo desde hace siete años, sin siquiera darme los buenos días, me disparó a boca de jarro: “Hoy me levanté en contra de todas las deudas. Me importa un pito que sean morales o materiales”. No supe qué contestarle, entonces siguió: “Las materiales no me preocupan, porque más tarde o más temprano las pago, aunque sea con intereses y sanseacabó. Las que me joden son las morales, esas que parecen ser de nunca pagar. Se te enredan en los pies, te suben por las piernas, te exprimen los testículos, te rodean la cintura, te aprietan el pecho y, si las dejas, se te enroscan al cuello y te asfixian. Son culebras. Lo importante es no dejarlas llegar al cuello’’. Lo miré extrañado. ¿A qué venía esta perorata? ¡ Y nada menos que en ayunas y yo sin desayunar! “Sí— continuó Valdés—, la primera deuda es la que dicen que tenemos con Dios, porque Adán se comió la manzana que le dió Eva, quien a su vez le había hecho caso a la serpiente. ¡A mi me importa un carajo esa deuda! ¡Esa deuda no es mía! Que la paguen Adán y Eva y, si Dios no tuvo cojones para cobrársela, ese es un problema de él! ¡ Que se la transfiera a un banco y ya verá como se la cobran!”. Hizo una pausa. Miró a la gente que comenzaba a acercarse. “Hay otra que también me quieren cobrar —dijo—: la que tengo con mis padres, por haberme dado la vida. ¡Esa ya fue pagada, antes de yo nacer, con el placer que experimentaron al engendrarme. ¡Cuenta saldada!”. Ya había más de diez personas junto a Valdés. Tuve intención de decirle que se callara, que se incorporara mistura nº23

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a su puesto de trabajo, pero me aguanté. Valdés, sin encomendarse a nadie, continuó: “Con la sociedad tampoco tengo deudas. Si me dio estudios, atención médica, trabajo, etc…, ese era su deber. Si no ¿para qué sirve la sociedad? Además, en el estudio yo fui quien se quemó las pestañas, al médico nunca voy (creo que la sociedad está en deuda conmigo), y en el trabajo, el esfuerzo lo pongo yo y ella me remunera solo una parte de él. El otro se lo apropia, diciendo que me lo devuelve en bienes sociales colectivos para disfrute general. Ahí están pagados mis estudios y la atención médica. ¡Cuenta saldada! Cada día me convenzo más que la sociedad es quien me debe a mí”. Me miró y siguió: “Ahora dicen que yo tengo una deuda con Africa, otra con América Latina y, para cerrar , una con la humanidad. ¿Qué deudas son esas? Que yo sepa, en mi familia no hubo ningún esclavista ni quien explotara el trabajo esclavo. Tampoco nadie utilizó a ningún latinoamericano para algo ni le pidió nada prestado. Con la humanidad, menos aún: es algo muy genérico. Si le hago caso a estas deudas que me quieren echar encima, mejor es no vivir”. Un murmullo recorrió el grupo que ya alcanzaba la veintena de personas. Traté de indicarle con un gesto a Valdés que se callara, que era mejor que se incorporara al trabajo. No lo notó o no quiso entenderlo. Continuó: “Me cago en todas las deudas que no son mías. El que las tenga que las pague. A partir de hoy estoy en contra de todas las deudas”. Entonces se sentó sobre el cajón de madera que estaba junto a su máquina, puso los codos en la rodilla y se agarró la cabeza con las manos. Todos nos quedamos callados. El grupo de curiosos se fue disolviendo. Solo yo quedé junto a él. Durante unos minutos parece que no lo notó. Después, como si descubriera algo, levantó ligeramente la cabeza, alzó la vista y me dijo: “¿Hablé mucha mierda?’’. No le respondí. Me quedé callado por unos segundos y, por esas cosas de la vida, por esas cosas de la mente que nadie se explica, coloqué mi brazo sobre sus hombros y murmuré: “¡A veces es necesario hacerlo!”.

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Letras

Receta para la reinvención Por Rubén López

Es interesante que los artistas y creadores tengamos en cuenta algunas consideraciones respecto a las ideas. Como se trata de nuestra materia prima debemos cuidar que no se nos agote este recurso porque nuestro trabajo depende de ellas. Es por eso que he creído conveniente redactar esta breve receta para guiar a aquellos que sientan que su imaginación y su capacidad creativa han tocado fondo. No os desesperéis, si seguís paso a paso la receta que os propongo notaréis una mejora substancial en vuestro arte. Una de las cosas que hay que tener en cuenta es que las ideas, con el paso del tiempo, tienden a solidificarse. Al principio, cuando nacen, suelen tener un carácter etéreo, y sus nexos de unión son débiles y permiten que el aire las atraviese, como si de un gas se tratara. Cuando van madurando, poco a poco las uniones internas pierden flexibilidad adoptan posiciones rígidas y cuesta más moldearlas. Además, en este proceso, también el exterior de las ideas sufre cambios, se crea una corteza que se solidifica rápidamente, lo que impide a las ideas mezclarse con otras ideas y con el entorno. Aunque se trata de un proceso muy útil que nos ayuda a concretar las ideas y materializarlas, debemos ser conscientes de que dichas ideas, después de materializarse, quedan obsoletas. Pasan a ser un objeto y la idea, en su forma sólida, se almacena aisladamente en nuestra mente.

Evolución de una idea mistura nº23

En su evolución, esas ideas se definen, forman estructuras sólidas pero también pierden contacto con el exterior, se aíslan del mundo. 12

Es importante retomar estas ideas definidas y decontruirlas para que formen otras nuevas, porque las ideas no nacen de la nada, las ideas son pensamientos aislados que se conectan con otros pensamientos y producen planteamientos que nos pueden parecer originales pero que no son más que nuevas conexiones de lo que ya sabemos. Así que quien lea esta receta pensando que se trata de una fórmula mágica, que le va a guiar hacia la luz en forma de revelación, que se desengañe. Esto no es más que una receta para generar reinterpretaciones de lo que ya conocemos, que no es poco. Ya que si generamos nuevos vínculos de lo que conocemos, estamos aumentando nuestros conocimientos sobre el mundo que nos rodea, lo que nos ayudará a ser más originales, y es eso lo que se espera de un artista.

Receta individual 1.Recupera todas tus ideas (nota: es aconsejable incluir ideas de otras personas, ya que esto aumentará el poder de la receta). 2.Introdúcelas en un hermético y tápalo.

recipiente

Introducir las ideas

3.Agítalo bien durante bastante tiempo (a veces cuesta romper la corteza de las ideas más sólidas). 4.Cuando creas que la mezcla se ha realizado con éxito (lo puedes saber cuando notes que el contenido del recipiente fluye con naturalidad). Abre la tapa y deja que las ideas se 13

Agitar bien

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oxigenen y reposen durante bastante tiempo. 5.Cuando creas que el contenido ya ha reposado suficiente (esto es algo muy personal, ya que depende mucho del tipo de ideas que se mezclan), acerca la cabeza al recipiente y coloca la nariz en el centro (este es el punto donde la mezcla es más intensa) y aspira el contenido del recipiente con mucha energía, aguantando la respiración el mayor tiempo posible.

1.Mezclar las ideas de A y B en un recipiente. ¡Importante! Hay que tener en cuenta que cuando se mezclan ideas de dos o más personas la materia resultante no es proporcional a la suma de A+B. Ésta suele aumentar considerablemente. Por eso, recomiendo utilizar un recipiente de un tamaño mucho mayor que el resultado de la suma de las partes que se introducen.

Destapar y dejar reposar

b

Introducir las ideas

2.Agitar bien (como en la receta individual).

6.Repite el proceso varias veces hasta que notes sus efectos.

3.Destapar, dejar reposar y oxigenar. Aspirar con fuerza

(No olvides repetirlo siempre que creas conveniente)

Receta en conjunto La receta individual suelte tener algunas carencias. Por ejemplo, si no hemos nutrido bien la mezcla con ideas ajenas y no hemos dejado oxigenar bien el contenido del recipiente, corremos el riesgo de hacer interpretaciones de las nuevas ideas muy parecidas a la que ya teníamos y de esta forma caer en una eterna y repetitiva recreación de nuestras ideas y de nuestro trabajo, algo no muy recomendable para los artistas.

4.Cuando el contenido ya ha reposado suficiente, las personas implicadas tienen que acercar la cabeza al centro del recipiente, aspirar el contenido al mismo tiempo y aguantando la respiración el mayor tiempo posible. En este proceso conjunto es importante que ambas partes compartan impresiones y sensaciones del resultado para una optima asimilación de las nuevas ideas. Así que es aconsejable el diálogo justo después del proceso y durante el tiempo que se crea conveniente, el intercambio de impresiones siempre es positivo.

Es por eso que propongo este 2º método para llevar a cabo en conjunto, ya que a mi juicio es mucho más efectivo que el individual. mistura nº23

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Agitar bien

Destapar y dejar reposar

Aspirar con fuerza

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Ilustración

Columna

El valor de servir

AGUAFRIA Por Carmen Díaz

Por Martín Sueldo

1. Los grandes nombres de la música son masculinos. Es una verdad. Sobre todo en el rock, sobre todo con la liberación de la mujer. Hay ciertos nombres femeninos en la historia del rock que salvan el mal momento de aceptar que esa historia, la del rock, está protagonizada mayoritariamente por varones.

Letras

Menuda zorra Por Lenisio Dimas

En las frecuentes discusiones de los vecinos de arriba, se les entiende todo hasta tal punto que es posible determinar cual de los dos lleva razón. Suele haber mucho grito y al final un portazo de él que es el que termina por largarse. Después ella, ya sola, llama a una amiga. Su relato de los hechos nunca coincide con el que acabo de vivir yo, ella aparece allí con más templanza, “le he dicho, “he aguantado carros y carretas””, alguna que otra frase textual como esta se le cuela de vez en cuando, pero son las menos, igualmente el tono nunca es exacto. Otras ideas que ha medio insinuado en el fragor de la batalla las desarrolla ahora con mucho más sentido común del que ha demostrado entonces, cuando se limitaba a gritar y a insultar como una gallina loca. La opereta se cierra siempre con un comentario de la amiga al otro lado de la línea que no oigo pero intuyo: “menudo cabronazo”. http://raramente.bitacoras.com/ mistura nº23

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2. Esos hombres del rock, viven, esos hombres ganan dinero en base a la idea de un espíritu elevado que comenzó con el romanticismo. El hombre que puede ver lo que otros hombres no pueden ver. El yo. En el caso del rock, es un alma que viene de las masas pero se eleva por encima de ellas. El sacrificio humano es parte del ritual. La soledad, el coqueteo con la muerte, las notas musicales, pocas, muy pocas, entonces así la canción puede repetirse y repetirse y producir la admiración ante lo especial. Lo raro. El tema central es ser único, de eso se trata. 3. Ah, y la reproducción, esa invención formidable de la tecnología que deja al rock crecer, firmar nuevos contratos, crear nueva tecnología, desarrollar software integral para el tratamiento de sonido, tener efectivo para el sonidista que está ahí trabajando, todo el día, pobre, hay que darle efectivo para que consiga una ayudita y uuuau: el guitarrista está medio borracho, medio drogado, frente del micrófono, ¡Jim Morrison! No. ¡Eeelvis! Tampoco. 4. Me refiero a esa actitud del hombre mirando al más allá. Porque más allá están las respuestas, aquí no hay nada, no hay respuestas, solo carne que se irá descomponiendo poco a poco. Lo de acá, es muy poco para los elegidos, los virtuosos del espíritu, esas, esas almas 17

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incomprendidas. Lo de acá, para ellos, es poco. Aquí hay mocos, piel, transpiración, suspiros, orgasmos, espasmos, vómitos, enfermedades, infecciones, lágrimas, olores que salen del esófago y olores que se pierden; inevitablemente se perderán en el fulgor del instante.

Poesía

Desde mi punto de vista Por Andy Ventura Sánchez

5. Otros prefieren buscar en el más allá. Acá, nosotros, nos decimos la verdad, que dura un suspiro, y nos tocamos, mucho, a veces demasiado. Pero yo sé que otros miran para otros lados, algunos al rock, algunos a las nubes, como en El caminante sobre el mar de nubes (1818), del pintor romántico Caspar David Friedrich. http://es.wikipedia.org/wiki/Caminante_sobre_el_mar_de_niebla

No nos mientan creándonos falsas y vanas quimeras, que mientras ustedes se enriquecen, aquí crece la pobreza. No nos vengan a callar con sus vulgares promesas, que bastante ya tenemos con las migajas que nos dejan. No nos digan que la economía aumentó un diez por ciento, que aquí inflación y caos son lo único que tenemos, Y mientras juegan a ser Dios mi gente muere de hambre, en las esquinas de los ya desiertos parques. No finjan ser sociales, si luego nos discriminan, y no hablen de lealtad, si no saben lo que significa. No nombren a la honestidad, si con sus actos la asesinan, pues por un lado nos dan pan y por el otro nos lo quitan. Tal parece que no hay mejoría desde mi punto de vista, pues ya no creo en cifras, si la realidad es la misma. Sólo me queda una sonrisa para ponerle a la vida, y ese optimismo mío que va en pos de mejoría.

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