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Revista Literaria Trimestral. A単o XI. Abril 2011. No. Revista de Arte y Literatura

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Revista de Arte y Literatura


Revista de Arte y Literatura


M

uy pocas veces en la historia nos topamos con hombres como Lucio Cincinato. Un gobernante de la era de oro de los griegos cuya integridad y espíritu cívico era reclamado por su pueblo cuando en momentos de crisis necesitaban de su genio legislativo y de sus dotes de estratega político. Después de resolver la crisis volvía a su granja, su oficio regular, con tanta rapidez, que nunca alcanzó a contagiarse por la ambición que se apodera de los que se quedan ahí, más tiempo del establecido. Hay que estar hecho de una amalgama especial para ser un Cincinato, para desoír las voces de los aduladores, de ese g r upo que zu mba, como moscas, alrededor del poder, con el único objetivo de end iosar a quien les aseg ure la permanencia de su fortuito bienestar.

Y ya que nos ubicamos en la Grecia antigua, vayámonos al mito, a las hazañas de los héroes. Cuenta Homero, q ue sólo dos hombre s lo g r a r on escapar de aquellos mares embrujados donde el más deleitoso de los cantos at ra ía como i mán a los mar i nos, que al ser alcanzados por la divina melodía que entonaban las sirenas, se entregaban, en éxtasis, a los abismos. Solo Ulises, taponando con cera los oídos de sus hombres y atándose a un mástil, y Orfeo, quién logró escapar del encantamiento de las criaturas neutralizando sus fatídicos cantos con una melodía mucho más dulce, lograron sacar a salvo su tripulación y lograron preservar la integridad de sus embarcaciones, cuando tantas otras habían sucumbido estrelladas contra los a r rec i fes . L a s palabras de los

aduladores, me parece a mí, son como el canto de las sirenas, y es una proeza escapar de ellas. Este suspiro de al ivio que se percibe en el ambiente debe ser como el que siente la t ripu lación que sale ilesa después


de cruzar mares de música embrujada. Alivio que debe ser mayor para el héroe que salió victorioso, el Ulises, el que sale airoso…entero, sin quedar ciego, sin caer preso, sin pegarse un tiro, sin echarlo todo a perder… Este anacronismo de una bala, que me acaba de estallar milenios atrás, hace que vuelva al tiempo real, a hablar de lo que en realidad pretendo decir. A ubicarme en el momento actual, el de esta batalla contra la adulación que acabamos de librar y que pudo ser perfecta, si nos hubieran ahorrado la incertidumbre, la decepción, la ira. Si se hubieran ahorrado la burla, el irrespeto a la inteligencia que constituyó ese acto final, ese despliegue de poder, ese bulto, esa pila de firmas infinitas obtenidas con el método de halarlas por los moños. E s e e s p e c t á c u lo d e n i ño fortachón metiendo miedo, exhibiendo en recreo, la poderosa fuerza de su abyecta camarilla, remontaba a la Era, al benefactor, a aquel monarca tropical cuyo fantasma todavía anda rondando. La multitud y el escenario lucían el parecido a las imágenes de entonces, con reina consorte a la diestra y príncipe heredero a la siniestra, y el trono vacío, rojo y resplandeciente,

esperando en el centro, reservado para el único, el elegido… el garante. Y de fondo, el eterno coro de sonrisas complacientes. Y ocultos por ahí, los que se at reven a proponerse tímidamente para ocupar el puesto, sólo con la condición de que el dedo mágico los señale, sin que les importe faltar a la ley, confesos parricidas que consideran como superables minucias legales, las violaciones a la ley que es madre de todas las leyes.

No es la primera vez en la historia dominicana que hay que salir a buscar debajo de las sotanas a los hombres que les pesa el ruedo de los pantalones. Por suerte no es de una multitud manejable y benef iciada de donde surgen y se afianzan los cambios que mejoran a los pueblos, es de algunos espíritus que tienen la voz, y que la usan para protestar frente a los abusos. No es la primera vez en la historia dominicana que hay que salir a buscar debajo de las sotanas a los hombres que les pesa el ruedo de los pantalones. Sino es por el pronunciamiento continuo de los obispos y otros respetables ensotanados, algunas manifestaciones

Revista

Abril 2011. Año XI. Número 49 Re­vis­ta Tri­mes­tral. Fun­da­da en San­tia­go de los Ca­ba­lle­ros. No­viem­bre de 1999 Directora: Ro­sa Ju­lia Var­gas Comité editorial: Bruno Rosario Candelier, Luis Beiro, León David, Manuel Mora Serrano, Al­ta­gra­cia Pé­rez Al­mán­zar, Carmen Comprés y Fausto Leonardo Henríquez. Redacción: Fiordaliza Taveras Arlyn Abreu Portada: Fotografía de Daniel Mondzinski Di­se­ño y diagramación: Marleny Genao Edma’s Grafics / 809-226-5580 Revista de Arte y Literatura

de la sociedad civil, escasos analistas imparciales escogidos con pinzas y la silenciosa pero firme presión de los aires del norte; es probable que el vestidito nuevo de nuestra democracia estuviera ahora exhibiendo un chillón parche morado, junto al reciente, odioso, y mal puesto parche blanco. Otro inexplicable y vergonzoso remiendo que nos recordaría con frecuencia que nuestra democracia no crece, que es una niña atrofiada y vulnerable que peligra bajo el tutelaje de los padrinos indignos que le fueron escogidos. Pero la vida provee, dicen en los campos del Cibao, así como un héroe griego encontró quien lo orientara para sortear los mares hechizados, a s í t a mb i é n e n nu e s t r o t i e m p o actuaron espíritus y voces bendecidas hasta conseguir que la cordura se ma n i fest a ra . Y puede que como sucede muchas veces, de estas crisis se desprendan cosas buenas. Ya sabemos que contamos con un astuto Ulises, un dotado Orfeo, y quién sabe, si en el mismo envase, hasta dispongamos de ahora en adelante de un héroe real, un probo Cincinato, al que -como a Luciohaya que acudir cuando se amerite y mientras lo permitan sus atributos y sus años.

Impresión: Editora Nani Co­la­bo­radores de los primeros números: • Bruno Rosario Candelier • Nelson Julio Minaya • Güido Riggio Pou • Julio Adames • Juan Luis Guzmán • Manuel Llibre Otero • Pura Emeterio • Máximo Vega. Myt­hos re­ci­be con apre­cio la co­laboración de es­cri­to­res y grupos literarios y se re­ser­va el de­re­cho de pu­bli­car aque­llas que con­si­de­re opor­tu­nas. VENTAS: Li­bre­ría La Tri­ni­ta­ria Ar­z. Nouel esquina Jo­sé Re­yes, Santo Domingo. Cues­ta Cen­tro del Li­bro Su­per­mer­ca­dos Na­cio­nal. San­tia­go Tienda Centro León Av. 27 Febrero, No.146, Santiago

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Edición Digital

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Contenido Biografía de Ángela Hernández

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Obras y comentarios

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Sobre Metáfora del cuerpo en fuga por Pedro Peix 10 Poesía de Ángela Hernández 12 Ensayo de Ángela Hernández 14 Buenos Aires por Jochy Herrera 23 Cuento de Ángela Hernández 24 El Carnaval Dominicano por César Román 26 Artículo de Domingo Caba 27 Luis Martín entrevista a Fari Rosario 28 Poetas Noveles 30 Festival de Narradores 31 Lo que pasó 32

La fotografía de Ángela Hernández

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Roma en la memoria

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Ángela

Biografía

Hernández N

ació en Buena Vista, Jarabacoa, República Domin icana, el 6 de mayo de 1954. Narradora y poeta. Textos suyos se han traducido al italiano, inglés, islandés, nor uego, francés, a le m á n y b e n g a l í . Pre m io Nacional de Cuentos, 1998, otorgado por la Secretaría de Estado de Educación y Cultura al libro Piedra de Sacrificio. Premio Cole de novela corta, a la novela Mudanza de los Sentidos, 2001. Y Premio Nacional de Poesía 2005, otorgado por la Secretaría de Cultura al libro Alicornio. Dirigió la revista l iterar ia X i nesquema. Es Miembro Correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua. Integrante del Consejo Naciona l de Cu lt u ra 20 04 2010. Su nombre y biografía figuran en el libro Notable: TwentiethCent u r y Lat i n A mer ican Wo m e n ( A B i o g r a p h i c a l Dict ion a r y), ed it ado por Cynt h ia Tompk ins y Dav id William Foster. (Greenwood Press. Connet icut. London. 2001).

Desde muy joven se ha destacado en la defensa de los derechos humanos y civiles, con énfasis en las mujeres. Fue cofundadora, en 1989, del Centro de Solidaridad para el 6

Desarrollo de la Mujer. En el año 20 01, se publ icó en Italia (editorial Perosini, cuidado de edición, Danilo M a ne r a) u n a cole cc ión de sus cuentos, titulada: Como raccogliere l’ombra dei fiori. En el 2003. editorial Siruela de España publicó su novela Mudanza de los sentidos. En Repúbl ica Domin icana, sus principales publicaciones salen a la luz bajo el sello de Editora Cole. En calidad de conferencista ha participado en Estados Unidos ( Emory University, Norhen Un ive r sit y, Mou nt Holyke College, Smith Colege, York Colege, City College, Rotary C o l l e g e , H u n t e r C o l e g e), Colombia ( Un iversidad del Valle y Congreso de Ciudadanas de Colombia), Universidad de West Indias, Trinidad y Tobago; Un iversidad del Sa g rado Corazón y Universidad de Río Piedras, Puerto R ico; entre otras. Sus cuentos han sido incluidos en más de 40 antologías. Su poesía for ma par te de más de una decena de antologías y selecc iones n ac ion a les e internacionales Como corresponsal de Fempress ( Red Lat i noamer icana de Revista de Arte y Literatura


1. 3 años (1941)

2. Iván García, su esposa Frances y sus 4 hijos

El padre Elloy Hernández y su madre Yrene Núñez

Comunicación) cubrió los siguientes eventos internacionales: • Primera Conferencia Mundial de la Mujer (Nairobi, 1985), para el periódico Nuevo Diario. • Cumbre de Derechos Humanos (Viena, 1992), Fempress. • Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer ( Beig ing, 1995), para Fempress e Interpress Service (IPS).

3. Boda de sus padres Estela Guerra y Toribio García Infancia

Adolescencia

En la graduación de Ingeniería Química

Con sus hijos, Cristabel, Carolina, Aurora y Giordano

Ha trabajado, en calidad de consultora en materia de género, desarrollo, educación y med io ambiente, con organ ismos de cooperación internacional (Oxfam Internacional, PNUD, GTZ, Helvetas, Cooperación Internaciona l para el Desarrollo, entre otros). Y, asimismo, con un alto número de organizaciones de la sociedad civil dominicana. Reconocimientos • Premio a la excelencia profesional en el área de literatura, otorgado por la Presidencia de la República. Año 2000. • Supremo de Plata Jayces Joven Sobresaliente. 1989. • Reconoci m iento recibido de la Asociación de Desarrollo de San José de Ocoa. • Declarada como “Hija distinguida” del Municipio de Jarabacoa y de la Provincia de La Vega. • Distinción en su calidad de Poeta por la Cámara de Diputados de la RD. 2006.

4. Boda de Iván García y Frances Brenes

Premio medalla de oro Pabellón de Poesía FIL 2000 (Coordinado por Lourdes Camilo, Ángela Hdez

Grupo Mester de la Academia Dominicana de la Lengua Rafael Peralta Romero, Ángela Hernández, Emilia Pereyra, Salvador Gautier y Miguel Solano Ángela son sus hermanas y hermano Lourdes, Gloria, Paul y Pastora

Manuel Llibre, Marcio Veloz Maggiolo, Silvia Meucci, Danilo Manera, Ofelia Grande, Ángela Hernández y Alcántara A. en Italia

Revista de Arte y Literatura

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OBRAS:

NARRATIVA, POÉTICA Y ENSAYÍSTICA

• Emergencia del Silencio, 1985 (Universidad Autónoma de Santo Domingo, ensayo). Un ensayo sobre la educación de las mujeres. • Alótropos, 1989 (Editorial Alas, cuentos) • Masticar una Rosa, 1993 (Editorial Alas, cuentos), • Arca Espejada, 1994 (Editorial alas, poesía) • Telar de Rebeldía, 1998(Editado por Espacios Culturales, poesía) • Piedra de Sacrificio, 1998 (cuentos, premio nacional de cuentos, publicado por la Secretaría de Estado de Educacion y Cultura). • Mudanza de los sentidos 2000. Premio Cole de novela breve. • La escritura como opción ética, 2003. Ensayos sobre la mujer y la labor creativa y sobre literatura. Editoral Cole. • Charamicos, 2003 novela. Editorial Cole. • Alicornio, 2005 Poesía (premio nacional de poesía). • Metáfora del cuerpo en fuga, 2006 Novela. Editorial Cole • La mujer en la historia dominicana, 2009 (coautora con Orlando Inoa). Secretaría de Estado de la Mujer 8

Comentarios sobre sus OBRAS Sobre Mudanza de los Sentidos La palabra impregnada La palabra, la imaginación y la inteligencia parecen preservar a la protagonista, quien va tejiendo el hilo de su vida y la de quienes le rodean a través de una densa expresión de matices poéticos y que reproduce, al tiempo, las peculiaridades del habla oral, de la cultura mestiza popular de una isla atrasada en su desarrollo mater ia l o económ ico, pero i nf i n itamente r ica en m itos, tradiciones, ritmos y ritos. Ángela Hernández narra su historia a través de una niña, pero ha pensado en un lector adulto, que entienda allí donde el personaje no sospecha, que complete lo que calla, que opine y juzgue la situación social que en la novela se insinúa. A falta de riquezas materiales sobre las que edificar el progreso, la revelación a que nos conduce Mudanza de los sentidos tiene que ver con el poder de las palabras para erigir una realidad verbal más poderosa que la de los objetos. El don de expresarse de la protagonista inicia la mudanza de lo real por lo verbal. Frente a la ruina física y moral, los cinco hijos de Beba construyen un inviolable y sólido mundo familiar, un mundo de d icha frente a la adversidad, asentado sobre el “ardor para impregnar las palabras” que la protagonista escoge para contar su historia. Arturo García Ramos Diario ABC, 5 de junio de 2004

A

medio camino entre la ironía y la inocencia, Hernández nos convierte en espectadores de primera fila de la entrada al mundo de los adultos de una niña tan inquieta como tímida y soñadora. La autora centra la atención del lector en el personaje

principal y hace que los ojos de la niña tengan la función de objetivo fotográfico porque no solo el lector ve y siente lo mismo que la pequeña sino que evoluciona a su ritmo. La escritora no se pierde en más digresiones que las necesarias tampoco detiene la trama narrativa en descripciones prescindibles; va mucho más allá convirtiendo la cotidianidad en algo mágico gracias al lenguaje y a las situaciones, con frecuencia surrealistas, que se presentan en la novela. Zulima Martínez Región 7, Cataluña, 4 de abril de 2004

E

s una historia de lo humano descr ita a t ravés de u na real idad concreta cargada de idiosincrasia regional y belleza rural. Estamos ante la realidad cotidiana de una familia, contada a través de los ojos inocentes e insinuantes de una niña, Leona. Si busca bel leza, humor, sensibilidad y cierta originalidad, lea “Mudanza de los sentidos”. Ángela López Elmundolibro.com 10 de mayo de 2004 Sobre Telar de Rebeldía Ángela Hernández parece f lotar en su escritura. Etérea, inasible, trémula, con alas para recorrer los sueños, es también golpeante, dura, como pied r a que l a n za u n a m a no precisa, certera a la conciencia. Denuncia y esperanza, grito o lamento, llanto tibio y sereno o rompiendo vestiduras, cualquiera que sea la forma, sus relatos y sus poemas tienen la grandeza de los detalles bien cuidados, del razón sugerente que es más intuible que descriptible. Ligia Minaya (“Ángela Hernández en su Telar de Rebeldía”. Periódico Última Hora, 24 de marzo de 2001). Revista de Arte y Literatura


Charamicos, de Angela Hernández: El apasionado fuego de la escritura

algunos casos claudicaron, por su idea de una sociedad más justa”.

Luis Martín Gómez

A

Escritor y Periodista

ngela Hernández descorre las cor t i nas de su habitación y los árboles que se cuelan por la ventana acentúan el verde de sus ojos. Son las siete de la mañana y está en Ledig’s House, en el Valle del Río Hudson, a algo más de dos horas de Nueva York, como beneficiaria de una beca que le ha regalado dos meses de tiempo libre para concluir su nueva novela, Charamicos. El canto de las aves que se posan en las gigantescas esculturas que han echado raíces en los 40 acres que bordean la hermosa casa colonial donde residen temporalmente otros nueve artistas, no la distraen; está acostumbrada a tanta belleza porque nació y creció en Jarabacoa, otra sucursal del paraíso. Así que cede al llamado de sus personajes y se sienta otra vez a la computadora para vivir con ellos una historia ambientada durante los doce años del presidente Joaquín Balaguer. “La novela retrata ese aire de represión militar y al mismo tiempo de utopía revolucionaria que caracterizaron los doce años”, explica y de inmediato aclara: “No es una novela histórica; es la historia de ese momento vista a través de la mirada normal, cotidiana, de dos muchachas, una del Cibao y otra del Sur de la isla”. Pero personajes notables como el comandante revolucionario y líder guerrillero Francisco Alberto Caamaño y el dirigente político y guerrillero urbano Amaury Germán Aristy reclaman parte del argumento a tiro limpio. El nombre, Charamicos, es una alegoría de lo que para Angela Hernández distingue a la generación de los sesenta y setenta: “ C h a r a m icos e s u n a r a m a q ue se enciende y apaga rápidamente, como creo que sucedió con esos hombres y esas mujeres que lucharon y murieron, y en Revista de Arte y Literatura

Diez años y trescientos cincuenta páginas Au nque la term i nó du rante su estadía de ocho semanas en Ledig’s House, A n gel a Her ná ndez pl a neó Charamicos hace diez años. “Tenía la idea pero no la madurez para acometer el proyecto”, confiesa. Relata que mientras trabajaba en otra idea de novela encontró un cuaderno de notas de los años setenta, cuando estudiaba en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, que le dio la pauta para Charamicos. El resto fue trabajar frenéticamente, casi obsesivamente, para armar una estructura que le tomó seis meses y que corrigió y pulió durante su bimestre sabático en Nueva York. El resultado final son trescientos cincuenta páginas que Angela ha rematado con el entusiasmo de quien escala de un sólo empujón el Pico de la Cotorra, camino al Pico Duarte. “La novela te permite una mayor expansión del universo creativo que el cuento o la poesía, te ofrece mayores niveles de complejidad, un más amplio repertorio de matices, es definitivamente un género más complejo”. Pero también requiere mucho más dedicación. A juicio de Angela, el país carece de tradición novelística notable porque los escritores dominicanos carecen de tiempo para escribir por las múltiples actividades que deben realizar para su supervivencia o porque suelen agotar sus energías buscando desesperada mente reconoci m iento intelectual con actitudes propias del relu mbrón farandu lero. “ Tampoco el ambiente que vive el país ayuda; nadie con un mínimo de sensibilidad puede abstraerse de la intolerancia y la corrupción actuales y se hace casi inmoral escribir cuando un grupo dispendia el erario descaradamente”. Supera ndo esos obst ácu los comunes a casi todos los escritores dominicanos, Angela Hernández nos entrega su segunda novela. La primera,

Mudanza de los sentidos, ganadora del Premio Cole, abrió para ella nuevos caminos que los ya recorridos con la poesía y el cuento, géneros con los que ha ganado importantes premios en el país y el extranjero. “Charamicos es diferente a Mudanza de los sentidos sobre todo en la estructura; mientras en Mudanza la historia era contada por un solo personaje, una niña, en Charamicos hay numerosos personajes, ambientes y planos que se entrecruzan, se pierden y encuentran, formando una arquitectura hecha de palabra”. Del Valle del Hudson a Buena Vista Angela escribe la palabra fin, se levanta del escritorio y se asoma nueva mente a la venta na. En el jardín, sentados a una ingeniosa mesa octagonal, nueve escritores de distintas nacionalidades intercambian información sobre sus países y hablan de lo que han hecho en las ocho semanas de vacaciones creativas que han disfrutado gracias a la beca de Ledig’s House, institución no lucrativa que acoge durante el año a literatos, músicos y escultores. Más allá, un riachuelo dibuja una sonrisa en el paisaje antes de esconderse bajo una tupida fronda. Angela se descalza y mete bajo al agua. Cuando emerge, otros son los olores y otros los ruidos. Huele a flores y a fresa. Huele a pino y rocío. Camina y escucha quejas sobre la reforma agraria, escucha una discusión sobre beisbol, escucha una bachata. Llega, luminosa y húmeda, a Casa Hernández donde su hermano Lucas corta víveres para el sancocho. Enciende el fogón con charamicos. Viéndolos arder, comprueba satisfecha la validez de su f lamígera metáfora. Arder y extinguirse, como la inspiración, como la pasión de escribir.


Una larga puñalada Pedro Peix

Escritor Dominicano

A la “novela” hay que despedazarla y disfrutar su autopsia. La mayoría se acomoda a las formas cautivas de la tradición antes que reinventar el caos.

H

ay que saber todo el coraje que debe desplegar una mujer para imponer su mudo más allá de las palabras y sus soledades, acalladas por siglos bajo sus párpados, sacar tiempo de madre tiempo de sol, volver desde la calle a los tumultos de la escritura, a los espasmos del demiurgo, a su agonía de diamante, a esa somnolencia a hora fija en los entreveros del azar, volver a un oficio que es isla y guarida de omegas, desmantelar todos los laberintos y cargar en hombros al minotauro para desearse en su sangre, y cruzar su verba en la oscuridad con los artífices de la edad en flor. Todavía la mujer está sola en sus sueños y disturbios. La historia le ha pasado un rodillo a su fronda azul hierba doncella, y empieza ahora a poner en orden los raptos bajo el torbellino de hachas y los partos con los designios enterrados. Una larga trenza no basta para atar las centurias al limo de sus más antiguos sacrificios. Por eso hay delirios inacabados, y en este lado del mundo, Ángela Hernández, no en vano congrega mujeres que pueden ser raíces de otros caminos, voces guardadas en el ático de duras estirpes, seres que parecen abrirse con cicatrices de ángel y bestia, espectros conocidos o por conocer bajo el incendiado alero de los milenios, toda una multitud en estampida por una visión herida de muerte o por una semiente prestada entre las ruinas del cuerpo. Y es que solo importa la tentación de ser alba, lo que hurgo de un 10

al silencio

infierno a otro, lo que pienso en blanco y palpo sin más territorio que una mancha en las entrañas o el gesto de una afrenta al nacer, azabaches en turno, dos o tres mitos, pecho arriba la noche. A fin de cuentas, somos un espejismo en medio de la nada, un simulacro de cóleras y ofrendas, habitantes de una estancia virtual en un universo que apenas puede ser avizorado por un lenguaje de oriones o un murmullo de medusas, y en donde la propia muerte puede ser un orbe de lo etéreo, una entelequia mal conocida, un paraíso de invidentes, un equívoco de nuestra percepción o lastre de un gran vertedero cósmico. De cualquier modo, Metáfora del cuerpo en fuga, la novedosa novela de Ángela Hernández, se une y desborda la marea interior de nuestros secretos de Casandra, y es un contracanto al flujo de la saudade y de esos destellos de vida con que hacemos el mundo con la victoria del olvido. Desde Escalera para Electra no se había escrito un texto más innovador en su voluntad de ruptura, en la “descontrucción” de sus materiales, en su propio desafío a la experiencia de los límites creadores, y en su decidido y flagrante espíritu por renovar nuestros esquemas y montajes narrativos. Y es que la novela dominicana tiene cien años de atraso. En este género las grandes vanguardias no tiraron anclas en la isla. No hemos dejado de fabular de espalda a todo legado de irreverencia y subversión al canon libresco. Todavía hoy en día muchos novelistas dominicanos escriben como si James Joyce no hubiese existido nunca. Los vigorosos ensamblajes con que fraguó John Dos Passos la argamasa

híbrida y entonces difusa de su obra, no ha sido nunca digerida ni revitalizada por nosotros. Los cortes, las entonaciones corales, las cartografías alucinadas de espacio y tiempo, los vendavales semánticos que armaron las ficciones de Faulkner tampoco han servido de abono para robustecer nuestras estructuras novelescas. Las fuentes que sirvieron de abrevadero, virtuosismo y maestría, y al mismo tiempo de recelo y confrontación a tantos narradores excepcionales desde la “generación perdida” a la “generación beat”, pasando por el “nouveau roman” y sin olvidar la “metaficción” y las buenas cosechas del primer “boom” latinoamericano, no han sido retroalimentadas por nuestros escritores o transfiguradas en sus obras con la gama de artificios y técnicas con las que nos surtió el catalogo formal de la narrativa contemporánea: el monólogo interior, la simultaneidad y fragmentación discursiva, el dislocamiento de la cronología y los procesos verbales, el rediseño de la hoja en blanco, la tipografía y la diagramación, todo el espacio creador al servicio de lo lúdico, o de la parodia y la impugnación al propio sortilegio de la historia. Tal como alguna vez dijo Juan Bosch: “la narrativa dominicana sufre de arritmia”, aserto que después estigmatizó un afamado de las letras hispanoamericanas, llamando a nuestra literatura como el “paréntesis dominicano”. Y es que ya en vida, el propio Bosch encarnaba el pasado dentro del proceso creador de las corrientes literarias. La “temática de la tierra” y su contexto de explotación y denuncia social, resultaba anacrónico porque Revista de Arte y Literatura


las fuerzas de producción emergentes hacinadas en las urbes ya habían dado paso a los personajes que configuraban la “novela citadina”. Pero la atmósfera telúrica fue reivindicada con creces y enriquecida con fecundidad por la inesperada llegada del “realismo mágico” y lo “real maravilloso”, dínamos renovadores de una “narrativa de lo rural” que encontró su resurrección y cenit con Rulfo, Arguedas, Manuel Scorza y Gómez Valderrama, y que muy pocos escritores dominicanos lograron diseminar a fondo en sus obras, algunos interesados más en reciclar la “novela histórica”, y otros fascinados por la “temática del dictador” cuando ya ésta periclitaba o había desaparecido del mercado creador. La aparición de La fiesta del chivo, de Vargas Llosa, fue a la par de una obra tardía y aislada de la producción novelística de fin de siglo, un fenómeno local que redimensionó la figura de Trujillo, no solo entre los intelectuales y narradores dominicanos, sino entre todo aquel que lo recordaba, aunque fuese analfabeto, sicario, burócrata o simple contertulio, se sentían con derecho a publicar un libro de cuentos, un anecdotario, testimonios, semblanzas y hasta su propia verdad sobre la “Era del Jefe”. Bien se puede afirmar que hoy en día todo trujillista es un escritor en potencia. En medio de la saturación de los perfiles del Perínclito y del flujo laureado y exitoso de tantas novelas convencionales, Metáfora del cuerpo en fuga es un acontecimiento a celebrar en nuestra exigua y casi clandestina secta de innovadores; un acontecimiento que ha pasado inadvertido porque rechazamos el sabotaje al hacedor de quimeras, y menospreciamos los hallazgos en los limbos de la glosa y las conquistas formales de cualquier ficción desatada en un contrapunto de incisos polifónicos, incapaces de reconocer los retos que enfrentó Ángela Hernández para desarticular los engranajes de un género en progresiva descomposición, Revista de Arte y Literatura

las estrategias que tuvo que elaborar para estar en sintonía con todas las audiencias de hechizos posibles, las inflexiones, los susurros y los letargos divagantes. No es la realidad la que impone una escritura, sino que es ésta la que implanta su propia “realidad”. La crítica que se ufana de académica se ha ensañado contra los textos más innovadores de nuestro acervo narrativo, y si muchos han pretendido desacreditar a sus autores con el artero expediente del plagio, otros prefieren ignorarlos para anularlos y sacarlos de circulación, sobre todo de las revistas y suplementos literarios donde abunda tanta canalla itinerante, que no comprende que el oficio creador muere cuando alquila sus duendes o los pone a militar en las guaridas del poder. No en vano los mayores enemigos de Ángela Hernández están dentro de su propia generación, y los más malvados son las mujeres y la veta de arpías y mediocres de paso largo, que hace coro en una sociedad donde prevalece el mentidero como opinión final y deliberante. Y tanto más indigna que sea la crítica que se vanagloria de profesional y especializada la que haya perdido todo crédito y respeto, porque solo ha servido para desorientar y fosilizarse en sus propias teorías, imponiendo métodos axiomáticos y excluyentes, lo que deja en claro que, finalmente, la “crítica” se ha convertido en el “trabajo sucio” de la literatura dominicana. Contra todos ellos, contra el desdén generacional y contra la intolerancia y la mezquindad con que se ha querido desmeritar la tarea creadora de Ángela Hernández, y de todos los que mañana sean víctimas de los enconos, la displicencia y la frialdad de su tiempo, que sepan que esta mujer no está sola en su grandeza, porque nosotros y los que vengan después de nosotros, siempre estaremos prestos a darle una larga puñalada al silencio. Publicado en la revista Mercado, marzo 2008. 11


Poesía de Ángela Hernández 27 de febrero

Discurre la avenida. Túnel suave como camino de una existencia. Mirar fuera, inclino pretenciosa.

El corte de un cuchillo en corazón. La flauta de un místico en su sombra. Hogar de eco. Aparador de pelotas. Un ojo abierto siempre en timidez por cielo.

La mañana encerrada en una fecha, en una circunstancia con gasolina y rayo.

Nada de esto.

Lentamente me muevo con las máquinas. En el retrovisor, guiñan los ojos. Mirar otro. Escruto el tronco de acacia fijamente. La savia es hembra de sangre. Como la luz al hueso El lapso de mi alma se prolonga hasta la incubadora de raíces. “Galería de /Arte”. Una frase a la izquierda. Palmas, desnudo enfermo. Trazos rudos como comerciales. A la derecha, una bifurcación. Un cuadro de mar quiere salirse en brillo. Han bajado los cristales. “Sacramento”. Enya desde el automóvil que me guiña el ojo. La planta se retuerce. El contén corta el agua. Una lanilla roja cae sobre el cristal. Musú, aguacates, mandarinas, un espaldar de abalorios, perritos poodle, un hombre sin un pie, una mujer con genes de elefante, una haitiana cargada de mellizos, un joven de esqueleto coralino… ¿Qué es lo cierto? Concha y raíz de la niña negra abrazada de extranjero rubio. ¿Cuánto cuesta la chispa? Manuel enreda en la guitarra a la prostituta. Cae una insolación de florecillas. Lentas, como si descendiesen del extremo. La esmeralda fortuita astilla el ojo. Al policía de tránsito se le rizan los calzones. Una copia de tribu merenguera: Yoryi Morel sufre una pesadilla. Un flamboyán se derrama de tanto crepúsculo mal puesto. Me da por liberar cosas y cosas. El que va delante observa en mis labios la arenilla incendiaria. “Árbol, te libero de tu nombre”. “Cumulonimbo, llámate, o como quieras”. A cada hora empujo. Luego, escruto el árbol, no es el mismo. Ahora es humus, grietas, cacá de ciguas, ventarrones. 12

El árbol es silencio. Prueba. Grafiti de la oculta inteligencia. La memoria del hacha. Cópula de vientos. Otros mundos. Lentamente me muevo con las máquinas. Me estiro hasta el retrovisor. Le digo al aire: “Negación de geometrías”. Miro una boca gris, la llamo “puerta”. Una lanilla roja sigue al río. El policía de tránsito consulta su brújula y se convierte en marinero. En la bifurcación, una flecha de tres caras. Me muevo con las máquinas, en espejos.

Simple

Impudorosa, móvil entre dos planos, lapido sensaciones, como arpegios Mojan mi espalda. Siento mis pupilas Cúpulas de hojas y ociosos reptiles, graban el horizonte, por donde abre la luz sosegadamente Aguas blancas, aguas azules, fluyen entre nubes Me conjuga el paisaje. Vive él porque lo siento De pirámides llena mis cuencas, líneas las piernas, circunferencias en el plexo Causa pavor lo bello que va pudriendo Clarea el precipicio un dilecto color amarillo. Sale el tiempo de mi imaginación como una cinta indescriptible Al fin la libertad se me muestra. Pero es el otro brazo de la locura Aquilato convenciones. A su sombra pervivo Sombra de árbol arenoso. Revista de Arte y Literatura


Desde el comienzo y por principio mismo me constituyen el equilibrio y la pasión, las enseñanzas y los imponderables La tierra reposa su transparencia en frutos Todo mar me resulta nostálgico Y el amor canon suficiente Alguna vez se unirá mi naturaleza con mi nombre Mi corazón en alas se habrá desvanecido Mientras tanto, no me constriñan a la imagen No quiero ser examinada como colegial Ni con palabras post y de modernidad Descarto un nombre camisa de fuerza Como el firmamento contempla a la tierra, matriz de muerte y vida en su fecundidad y dinamismo, así miro los cambios en mí misma Las corrientes orgánicas me despabilan cobro conciencia en ellas He conocido los regalos que cubren faltas Me aprietan los lazos y las separaciones Y observo a la estrella desde el septentrión avanzar hasta el afecto oceánico El tiempo labra en mí sin sentido rarezas, verdes instalaciones y recato Entre las manos amadas asoma un bosque: atardecer de llovizna y colmillos de tigres Pruebo el jugo puro del limón, escucho todo el día en amarillo

Comidos de humedades

Llovizna en oscuridad. Asciendo sobre mis fuerzas a candores primitivos Lamo en ti mis labios. En mis labios te tomo piel con alma Tórname bebida feroz y manantial femenino Noche, plasma y prevención. La eternidad empluma nuestros pechos Amo tu rojo en mis labios de vino. Sobre tu corazón desasosiego, quiebro el descaro impudor de la ternura Míranos, estanque de miradas. Locura a mar Luna las bocas. De labios marejada Los círculos en tu vientre de mis manos. Tu pecho de mi vientre aro Mis cabellos rejuego en tus talones Yema el instante de invisibilidad Te nazco a mar. Me brotas por los poros Enarenado Ola los dos. Mis alas en tu espalda Un paisaje de agua inexpresable.

Fotografía Daniel Mondzinski

La física la vence una imagen

Por el trazo de mi lápiz sigo mi alma De nada hay que quisiera presumir La redondez esponja lo sabido Señales ordinarias: Los arrebatos sazonan el afecto ¿Por qué seguir hacia el desierto si hay trillos verdeantes? Las furias me han legado sus gestos Afrodita me ha concedido su sentido perturbador Son las Harmonías pero ninguna ha llegado a la paciencia.

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Pensamiento sensible y sentimiento inteligente Por Ángela Hernández Núñez

L

a fu nción de pensar acaso encuentre explicaciones físicoquímicas, genéticas y psíquicas que entretengan a cient íf icos pero tan fascinante y complejo resulta el proceso de pensar que desborda todas las interpretaciones y apunta hacia el espíritu, el sentido del ser, las infinitas relaciones del individuo en tiempo y espacio, de la materia y la información, lo visible y lo invisible, pues también el pensamiento encuentra límites en los que debe serenarse para dar paso o sumergirse en la totalidad llamada que puede llamarse gracia divina, fe, paz o comprensión y unidad que exceden el razonar. En alguna frontera interior se ubicará y orientará, así mismo, el instinto

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poét ico para producir otra af inada cualidad de conocimiento: la poesía, el arte. Por algún tiempo, se buscó en el cerebro y su interacción con el medio, la génesis y el fin de las ideas. Hoy se sabe que todo el cuerpo interviene en el proceso y que la interacción con el entorno es tan entrañable e intrínseca que cualquier aseveración o teoría siempre será restringida, pues de alguna manera «el observador modifica lo observado» y la realidad viva se encuentra en perenne apertura. De hecho, todas las personas estamos pensando todo el tiempo. El existir es inseparable del pensar. El pensar y crear memoria, conocimientos y símbolos es característico de lo humano. ¿Qué es entonces lo que especialmente nos interesa del pensar? ¿Qué inhibe,

mella o enajena el pensamiento? ¿Cuáles son los ritmos posibles, las profundidades que puede alcanzar? ¿Qué pensar logra salir de la rutina? ¿Qué pensar encadena? ¿Cuál pensar libera? ¿Cuál es la diferencia entre un pensamiento activo y la mera erudición o información? Aislar el pensamiento individual de las razones y condiciones de la época, o de lo que se entiende por memoria colectiva o de toda la dinámica de una cultura, por mencionar sólo algunas variables, es poco menos que imposible, estamos influidos por todas ellas. No obstante, como en este territorio también operan las paradojas, hay que decir que en la historia y en el presente, aquí y allá, las ideas de una persona o de un núcleo de personas han mostrado el poder de afectar y transformar la forma

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de concebir y mirar la realidad, así como el lugar del individuo en el mundo, sus adecuaciones a lo encontrado y las rupturas que permiten redimensionar el sentido de la vida. ¿Qué hace posible que entre individuos sometidos a los mismos est í mu los cu lt u ra les y a parecidas exper iencias u nos destaquen en curiosidad cognoscitiva y producción de ideas, en tanto otros se acogen a la repetición, siendo superficie dócil para la impresión de estereotipos, fórmulas y valores sobre el apropiado proceder? ¿Por qué conceptos como elección, voluntad, poder, libertad, risa, asombro… tienen tan disímiles grados de atractivo para una persona y otra? Aquí he llegado a un punto, el de la interrogación, que tal vez sea el único sendero que posee sentido claro para mí, pues puesta en este terreno, no hago más que formularme preguntas al respecto. Recientemente en nuestro país hemos vivido, y nuestros hijos e hijas han vivido, años en los que pensar u ocuparse de las ideas se señalaba, se hacía sentir, por algunos líderes, en el ambiente público, casi como un defecto contra la hombría o como un atentado a la sencillez del pueblo. ¡Horror y calamidad traen estas visiones! Esta visión brutalizante subestima al pueblo, caricaturiza la condición humana e ignora la naturaleza del mundo en el que vivimos (ya lo dijo el comunicador Jesús Martín Barbero, encarando lo que él denominó «funcionalismo de izquierda»; en los tiempos que corren quien no piense bien tampoco comerá bien). Un pueblo, una persona, puede ser sencilla, siendo esto una preciosa cualidad opuesta a la pretensión, la parejería, la vanidad. Sin embargo, no hay persona o pueblo a los que sin errar pueda calificárseles de simples. Tratar de simplificar a un ser humano, socavarle su capacidad de pensar, de elegir, crecer, disentir, expandir su espíritu, relacionarse, es convertirlo en zombi o robot. E n este t iempo de f uerzas mediáticas, de tendencias globalizantes (con sus buenas y malas; entre las malas, el hecho de que algunas culturas puedan diluirse en otras más poderosas); en este Revista de Arte y Literatura

tiempo de relativismos morales, cabe preguntarse: ¿Existe el pensamiento propio? ¿En qué med ida puede el individuo «pensar con su propia cabeza», elegir con motivaciones auténticas? Y aquí estoy obligada a preguntarme qué es auténtico y qué es falso, pues, para poner sólo un ejemplo, cuando una joven es presa de la anorexia o la bulimia por un obsesivo afán de delgadez no se podría decir que su motivación: que es la de lucir linda, agradar al otro, tener en alto su propia imagen, sea falsa, ahora sí se puede decir que es una motivación inducida, una obsesión inducida. Variedad del pensar. Hay vías y formas de pensar. Acaso cada persona tenga que construir la suya, ayudándose para que otros la construyan. También hay formas y tendencias generales. Martin Heidegger, e n su e n sayo t it u l a do S e re n id a d , afirma: «Hay así dos tipos de pensar, cada uno de los cuales es, a su vez y a su manera, justificado y necesario: el pensar calcu lador y la ref lex ión meditativa»[1]. El primero se encamina a resultados y caracteriza a planificadores e investigadores. Es un pensamiento que «cuenta, calcula; calcula posibilidades continuamente nuevas, con perspectivas cada vez más r icas y a la vez más económicas», corre de una suerte a la siguiente sin detenerse a meditar. «El pensar calculador no es un pensar meditativo; no es un pensar que piense en pos del sentido que impera en todo cuanto es», establece el filósofo alemán. En nuestra época el pensar ca lcu lador pa rece pr i ma r sobre el meditativo aunque, particularmente en nuestro país, a veces hemos tenido la impresión de que ambos se ausentan, sobre todo en los años recientes. El lenguaje, la percepción, los propósitos están marcados por la velocidad de la tecnología y el sentido pragmático, por lo menos en lo que respecta a una parte muy dinámica de la sociedad, casi la punta de lanza, podría decirse. Como tendencia, se observa que el valor de la posición económ ica se toma práct ica mente como medida casi única de bienestar y aceptación, soslayándose los elementos

morales, éticos y creativos. Al pensamiento meditativo se le acusa de estar en las nubes, apartado de las necesidades prácticas; se le acusa de estar fuera del alcance de las personas comunes. Dice Heidegger que éstas son evasivas para huir de la reflexión y la meditación perseverantes. Ni el pensar calculador, ni el pensar meditativo se dan espontáneamente. Cito a Heidegger: «El pensar meditativo exige a veces un esfuerzo superior, exige un largo ent ren a m iento, requ iere c u idados aún más delicados que cualquier otro oficio auténtico pero también, como el campesino, debe saber esperar a que brote la semilla y llegue a madurar». Y agrega más adelante que la serenidad para con las cosas y la apertura al misterio no nos cae nunca del cielo. Heidegger tuvo una intuición certera en torno a las amenazas de avanzar en medio de un desequilibrio aportado por unos pasos rápidos, casi gigantescos podríamos decir, hacia el desarrollo tecnológico y científico y una mengua de interés y atención hacia los asuntos del ser, sus sentidos y el espíritu. A esto, agregaría yo, la devaluación de las más profundas necesidades del espíritu; aquellas de las relaciones, los nexos íntimos de todas las cosas, los horizontes del alma. Junto «a la más alta y eficiente sagacidad del cálculo que planifica e inventa», junto a «la indiferencia hacia el pensar reflexivo» y una total ausencia de pensamiento, entonces –predice el filósofo– «El hombre habría negado y arrojado de sí lo que tiene de más propio, a saber: que es un ser que reflexiona». De la visión sobre esta amenaza colige que «hay que mantener despierto el pensar ref lexivo». A su vez, el pensamiento reflexivo «requiere de nosotros que no nos quedemos atrapados unilateralmente en una representación», «que no sigamos corriendo por una vía única en una sola dirección», «que nos comprometamos con algo que, a simple vista, no parece que de suyo nos afecte». Entonces podrán «acaecernos», como resultado de un pensar incesante y vigoroso, esto que él denomina serenidad con las cosas y apertura hacia el misterio. 15


Creo que esas nociones cobran mayor interés en el mundo de hoy, donde en general el pensamiento meditativo tiende a asociarse a lo inútil y el calculador a lo útil. En extremos, el poeta y el planificador. Ahora, ¿cómo salir de los extremos para fundar un centro balanceado? ¿Cómo lograr que el cálculo y la planificación tomen su lugar en el desarrollo sin que ello vaya en desmedro del pensar y el actuar que ubica y redime la condición humana en sus sentidos menos visibles, pero sin los cuales caemos en la rutina, el desencanto, la enajenación del espíritu y el eros? E l p e n sa m ie nto f r ío, L a r a z ón ardiente. Sacude la conciencia, por lo menos a mí, pensar que ese Heidegger que distinguía entre un objeto erudito y una cosa pensada, interesado más en pensar «en algo» que «sobre algo», que más que buscar un fundamento último aspira a un pensamiento que abra caminos y ponga señales de caminos, fuera colaborador de la abominación política que se llamo nazismo. A propósito, la destacada filósofa alemana Hanna Arendt afirma «que teóricamente puede probarse la inclinación hacia lo tiránico en casi todos los grandes pensadores»[2]. Sin embargo, aún más chocante resulta el hecho de que esa cualidad no sólo se dé en grandes pensadores, sino aun en poetas. Para poner un ejemplo Ezra Pound quien escr ibiera a lgo tan her moso como lo siguiente: «Sólo lo que bien amas permanece/ Sólo lo que bien amas es tu verdadera herencia... /Aunque bajes a las cámaras del infierno/ lo que bien amas no te será arrebatado...». Alguien que escribió algo así simpatizó y colaboró con el fascismo. Aquí en República Domin icana fueron numerosos los poetas y artistas adheridos a la tiranía trujillista. Algunos, por ejemplo, uno de los poetas más grandes, Max Hernández Franco, fue ideólogo en el trujillismo, o sea, muchos colaboraron con esa esquizofrenia totalitaria de prácticas despiadadas que todos conocemos. Entonces, a la luz de esto, tal vez lo más trascendente resulte tratar de acercarse a una reflexión sobre el pensar

y los sentimientos, la producción de ideas y los elementos éticos y afectivos de los que puede carecer ese proceso de pensar o que puede comprender ese proceso de pensar; evitando, claro está en lo posible, la arbitraria y común contraposición entre pensar y sentir, entre la pasión y la razón. El poeta francés Paul Valéry decía que al final de todo pensamiento hay un suspiro, mientras que Guillaume Apollinaire, decía de su parte o acuñó el término «la razón ardiente». Y es que las más grandes motivaciones, aquellas que han empujado el mundo hacia un lado u otro, residen en las pasiones, en el amor, los miedos, la necesidad visceral de libertad que caracteriza al ser humano, el impulso por habitar vivazmente el presente. La curiosidad por pensar y comprender también tiene una raíz en los sentimientos; en la necesidad de unidad del antes, el ahora, el después; unidad con la memoria total; unidad con lo que muere y lo que nace incesantemente en el cosmos y en cada persona y en cada palmo del planeta. Pero también existen, y con fuerza, las corrientes del pensar frío o que yo denomino «pensar frío» y las del actuar ciegamente. Un ensayo, por ejemplo, que tenga por fin promover el odio y el rechazo a un pueblo, o a las mujeres o a cualquier grupo, o promover la insensibilidad frente a los animales, contiene un pensamiento frío. No deja de ser pensamiento. Incluso, puede escribirse con elegancia y rigor y gozar de cierta lógica. Pero su atmósfera no dejará de ser sombría, impregnada de ese algo que resta ganas de vivir y compartir. Las muestras en nuestro país mismo son innumerables y por desgracia pueden movilizar a la crueldad y a la guerra. Por otro lado, las corrientes hechas de act iv idad ciega son aú n estentóreas en nuestro medio. En nuestro hermoso país, más de cien mujeres son asesinadas cada año por parejas o ex parejas. Crimen que por tiempo se tipificó de «pasional». Innumerables niñas y niños dominicanos son víctimas de los más aberrantes abusos sexuales y de maltrato hasta de sus progenitores. En este mismo instante, ¿cuántas personas

calculan la manera de destruir a otra o de hacerse de bienes sin trabajarlos? ¿Interviene una idea fija, un cálculo, un hábito o qué cosa es la que posibilita estas acciones? Tal vez hay que orientar la mirada hacia las creencias, hacia cómo aprendemos a forjar los sentidos de la vida, el sentido del placer, cómo se forman estos a través de la educación, hay que mirar hacia el grado de importancia o de insignificancia que se le confiere a la vida interior, al desarrollo de la vida interior de un individuo, del diálogo interior. La vida, para fundar y manifestarse con vitalidad, precisa que pensar y sentir conf luyan hacia una forma de condición humana en la que los lazos íntimos entre cuanto existe sean reconocidos y el asombro permanezca abriendo los ojos a lo largo de la vida. Pensamiento sensible y sentimientos inteligentes. Claridad y movimiento, en lugar de verdades absolutas. Humildad ante el conocimiento y alerta frente a la compulsión manipulatoria y las fascinaciones de poder dominante, pues en éstos subyace un no reconocimiento de la voluntad creativa y de la energía amorosa que se gesta en el compartir. Las inseguridades individuales que todos tenemos, las naturales incertidumbres cuando quieren resolverse con máscaras totalitarias o dominantes sólo logran ocultarse porque no desaparecen. Es cuanto puedo decirme, es cuanto puedo decirles. Acceder a lo sagrado, como frase final, como también al territorio de la poesía y de la intuición creativa, exige un cese, aunque sea temporal, del ruido mediático y el apremio del mercado y la competencia. La poesía, sin calculada utilidad, desesquematiza el pensamiento, la memoria se lava en el tiempo, el ojo fluye sobre las cosas, las desempolva. En la poesía el pensamiento se abre y se libera. [1] HEIDEGGER, Martín. Serenidad. Barcelona: Ediciones del Serbal, 1989. [2] «Martin Heidegger Octogenario», Hanna Arendt. Revista Occidente, Madrid Nº4, pp, 255-271. Revista de Arte y Literatura


Comentario de Sergio Giusti a la fotografía de Ángela Hernández

En la introducción a la muestra “Poética de lo nimio” Attilio Aleotti y Ángela Hernández, Pavule nel Frignano, 2009

A

partir de la superficie de la tierra, en el caso de Ángela Hernández se pasa a un análisis de la mirada decididamente más extensivo. La búsqueda de la bidimensionalidad en su trabajo se hace más ideal y tal vez menos conceptual: cada cosa en sus fotografías es llevada sobre una superficie, cada cosa, incluso tridimensional, se hace mancha y cada mancha se convierte en un detalle por interpretar. De este modo parece adherir

en muchos aspectos a cierta práctica de la fotografía surrealista, en donde el continuum de la imagen fotográfica no era alterado – como sucedía por el contrario en el fotomontaje dadaísta en un esfuerzo de articulación lingüística – sino que justamente se buscaban en el fotograma en sí las forestas de signos que la realidad regaba para la incesante interpretación. Cuando le pedí que me escribiera de su proyecto, me sorprendieron algunas frases que me envío: “Mirar, fijar, lo que nadie mira, lo que no merece la mirada, como las mujeres gordas de pellejo Revista de Arte y Literatura

colgante, las viejas casi ciegas, los feos, el maltrecho, el pedigüeño, el hombre triste, la niña enclenque. [...]La geometría y la clorofila. La sangre y el fuego. El punto de fuga en el lomo de una lagartija. Una miniatura de Kandinsky en el gusano devorador. Un mural abstracto en la pared de una pulpería donde un grupo de vagos juega dominó y bebe cervezas.” Y mas: “Tal vez pasen tus ojos indiferentes sobre esa mancha, en la que miro agua [...] forma labrada por la lluvia, el aire, humus urbano [...] Veo actividad: el moho aglomerándose; la pintura tostada por el sol bravo, descascarándose; siluetas que ante la pantalla se me convierten en un anciano samurai, un hipocampo [...]” Hay de hecho en la búsqueda de Hernández un impulso irrefrenable a ennoblecer el detalle – la mancha enmohecida como poético test di

las manchas, contrapone signos, códigos inscritos en su ser, antes que en lo que sucede o está bajo sus ojos. Hal Foster, en su El regreso del real recuerda: “En el Seminario sobre la mirada Lacan cuenta la fábula clásica del concurso de trompe l’oeil entre Zeusi y Parrasio. Zeusi pinta uvas capaces de atraer a los pájaros, pero Parrasio pinta un velo que engañaba a Zeusi quien le pide que le deje ver lo que hay detrás, perdiendo de este modo el concurso en medio de la vergüenza. Según Lacan la historia se refiere a la diferencia que hay entre las capturas imaginarias de animales atraídos y las de hombres engañados. […] Para nosotros cuenta más que el animal sea atraído por la superficie, mientras que el hombre es engañado por lo que hay más allá. Detrás de la imagen, según Lacan, está la mirada, el objeto, el real.

Rorschach – a forzar su propia visión hacia una atención sublime: no lo infor me, sino K adinskij sobre un pequeño ser metamórfico. Humanísima voluntad de rescatar (“Tal vez tus ojos pasan indiferentes…”), obstinadamente poética. No obstante en el mimetismo animal no haya un verdadero sentido, no se trata de un simple camuflaje. Es sólo el ojo devorador de la naturaleza quien los obliga a asemejarse. Ángela Hernández busca entonces contrarrestar esta destrucción, busca sostener la mirada: a la oposición casi mineral a la forma, que encuentra en los detalles y en

[…] No es posible la ilusión perfecta […] Sucede esto porque el real no puede ser representado, [es] un encuentro frustrado, un objeto perdido [...] alrededor del cual rota una lucha [...]” Es esta lucha con el real, con el vacío del real, que parece querer aferrar la Hernández con su búsqueda espasmódica de una significancia del insignificante: el detalle banal y sin impor tancia asume entonces la función del velo de Parrasio, nos indica aquello que está más allá, incluso corriendo el riesgo de estrellarse con su ser obstinadamente irrepresentable. 17


ROMA

en la memoria Por Altagracia Pérez Pytel

A

hora, el recuerdo sólo parece despegar, con las palabras de aquella muchacha que se apresuraba a recoger los manteles de las mesas, bajo el alero de aquel restaurante, los cuales amenazaban con volar ante aquel inesperado aguacero vendaval, mientras gritaba con un delicioso acento italiano: diluvio, diluvio! Apenas se iniciaba la tarde, y una breve tormenta de verano bañaba una de las calles cercanas al Vaticano, y nosotros la contemplábamos como en un sopor aquiescente, pues estábamos todavía bajo el impacto de nuestra llegada y aún yo volvía desde mi memoria, a las aguas turquesas del Mar Mediterráneo y del otro lado, el Adriático, bordeando la península Itálica, avistada por la ventanilla del avión.


Era un sueño hecho realidad, cono ce r a Rom a ; e st áb a mos a h í en nuestros cuerpos contemplando su s mu seos , pa se a ndo su s ca l les , enjugándonos en todo su encanto. Programados 8 días en la agenda y la reser vación, no suf icientes para contemplar todo la magia de la tierra de Dante. Museo del Vaticano El seg u ndo d ía lo est renamos por supuesto con el Museo del Vaticano, un recorrido exhaustivo para acercarse a los innumerables lienzos y obras de Arte, que los papas de manera ordenada acuñaron a través de los siglos. En un sólo día, cómo detenerse de manera particular y única, en cada una de las obras que ostentaban aquellas inmensas galerías. Toda una vida no bastaba para analizar y absorber toda aquella belleza. Suficientes por el

momento y para el recuerdo, estaba el introito con testimonios del arte etrusco y egipcio. En los patios posteriores la i magen del Torso Belvedere me perturbaría con sus brazos y piernas cercenadas. Atribuido al escultor Polonio de Atenas, su poderosa fuerza expresiva parecía querer rebelarse a su condición de piedra. La Sala Croce Greca, Gallería dei Candelabri (esculturas griegas y romanas) que fueron recuperados de excavaciones arquelógicas. Gallería San Pío V; Reconciliación de Cefalo y Procris, Hombres Bestias peleando con ángeles, luego la Sala Sobieski y la Gallería Degli Arazzi, Galería de las Cartas Geográficas, recoge parte de mis paradas más intensas. L a bl a nc u r a se duc tor a de l mármol por todas partes, los tapices, los lienzos, mapas, cuadros, crucifijos, las madonas, y la culminación con el pincel del genio de Rafael, Michelangelo; la luz del Meridiano (vaciados por los vitrales) iluminaba a pequeños chorros, una multitud apret ujada en la capilla Sixtina. Salla Sixtina. En l a b óve d a de l a Salla Sixtina, la narración bíblica a través del trabajo iconog ráf ico de Michelangelo: La Creación de Adán; Joel , Ezequ iel , l o s p r of e t a s e n serie; las Hierinas Erithraea, Delphic Sibilas. Gente de todas las naciones del mundo, concentradas en mu r mu l los, en aquel espacio; a ratos, por burlar la vigilancia y lograr una simple foto, que tal vez

no cumpliría con la necesaria calidad; unos meditando, otros descansando, pero embelesados ante aquel majestuoso espectáculo. Aquí, hay mucha voluptuosidad, pero, Micheangelo se convierte en el centro del Museo, es el Summum de la cultura universal,- explica la guía- el artista teólogo, que a través del cuerpo, encuentra la ruta, el signo y el medio para seguir comunicando la Esperanza. Las reflexiones que se despertaban en mí, era como un caudal imposible de sujetar; ante aquella muchedumbre contemplativa, volvía a las cuestionantes, que siempre me había hecho, sobre el sentido del arte. El por qué, generación tras generación, nos afanamos por producir, acumular la belleza. ¿Es el arte tan sólo vanidad, ligero trasunto de ciencia? ¿Simple locura de la imaginación frente a la ciencia o la misma idea del Dios absoluto? Med itaba también, sobre la censura que habían encontrado Miguel Ángel, así como otros artistas con sus creaciones, por supuesto la muestra de aquel recinto estaba orientado al sentido estético religioso. El ser humano, sin dudas en su dialéctica existencial, necesita del Arte para conducir y moldear sus interrogantes, su sentido incontenible de ser, de la belleza, e inmortalidad, y la Providencia había facilitado que aquellos pinceles reunieran a través del talento y la dedicación, una de las obras memorables para la humanidad. Aquellas Sibilas, y aquel Moisés con sus tablas, realidades tan opuestas, pero encontradas en el río de la historia, para asombrar las pupilas anhelantes de aquilatar la belleza, la razón de ser y su expresión; el mágico estado de vinculación comunicacional que establece el Arte, entre el sujeto y el objeto observado. La conclusión de que sólo un hombre como Miguel Ángel con todo su genio, y su gran erudición, estaba dest inado a registrar aquel la magnificencia para el intelecto y el espíritu. Más tarde, la impresionante escalera en caracol, nos despertaba a la realidad, nos conducía a otra de las alas del 19


Vat icano, las tumbas de los Papas, la catedral de San Pedro, el Moisés inmenso, la Piedad, otra vez Miguel Ángel; los ángeles, toda Roma parecía inundarse de la presencia de ángeles, las gárgolas estarían por ahí, espantando los demonios. C onve ntos , y ed i f ic ios cercanos, en contraste con las luces mortecinas de la tarde, aportaban un aura casi seráfica a la ciudad. Los Papas no sólo habían logrado imponer su gobierno teocrático, habían consagrado todos sus esfuerzos para la conservación de aquellas grandes obras que ahora nos imantaban. Por las calles de Roma La caminata por la explanada f r ont a l d e l Vat i c a n o y l a s c a l l e s posteriores, nos conduciría a la avenida de los Césares: esculpidos en piedras estaban ellos, los escogidos para la ejecución consumada, no sólo del proyecto de expansión de un imperio, también de la consolidación de las bases para la civilización Occidental. Roma, ancestral y moderna, vetusta y majestuosa. A la caída de la tarde, ob s e r v á b a m o s l a s hu e l l a s d e l o s remanentes de un Imperio, que ante el paso del tiempo, con sus monumentos, y esculturas parecía invencible. L a s luc e s no c t u r n a s de l a ciudad Eterna se encendían a nuestro paso, las tiendas nos aguardaban, con su cosmopolitanismo deslumbrante; yo sentía que era una amalgama imposible de descifrar, sin embargo, por doquier el encanto aparecía, con romanos muy galantes, siempre dispuestos a ceder el

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paso. El Metro (subway) concluyendo siempre en la Termini, cantaba en ita l ia no las estaciones: A rco d i Travertino, Numidio Quadrato, Colli Albani; millares de turistas arribando en el abrir y cerrar de cada parada, en un zumbar de sonidos inexplicables, y

aquella mujer hindú que aparecía con su equalizador ambulante, tenía una voz entristecida, con el clásico: bésame mucho, como si fuera esta noche, la última vez♫. E n e l t e r c e r d í a , a r r ib o a una librería donde puedo conseguir clásicos ital ianos en Español, pero queda cerca de Piazza Di Spagna; el

cansancio de la playa no impediría que nos allegáramos hasta aquella Plaza. Allí yacían hombres y mujeres turistas, sent ados desca nsa ndo, en l a g ra n escalinata de Trinitá dei Monti, un sol que acentuaba el cansancio invadía la tarde, despertando el color de terracota de los edificios. Luego avent u rarnos por estrechas calles, que en su ondular, parecían diseñadas para el aparecer inesperado de las motos con aquellos guapos italianos. Me sorprendía también el diseño de muchas de las tiendas, no dejaban de recordarnos que estábamos en la ciudad que había sido la cuna del Renacimiento y luego, día tras día, el sonido del jazz asaltando sensualmente los sentidos, aparecía en aquella semana, que en una lucha encarnizada con la realidad, ansiábamos no tuviera final. E n l a noches, no se pod ía quedar, entregarse a las delicias de la culinaria italiana, las pizas, los diferentes pescados, las ensaladas, las pastas y todas esas delicias para el paladar que le ganan a Roma su lugar preponderante en la culinaria mundial; el vino, siempre presente, y los mozos tan prestos a servir, nos contagiaban de una tierna locura, envolviendo las vacaciones con un aura de encanto. El Colosseum El Colosseum romano, nos tomó casi un día entero, y no suficiente; una fila enorme nos esperaba, sin embargo, una niña lloraba por no entrar, gritaba en inglés que a ella no le importaba lo que había allí. Sus padres trataban de apartarse para un lado.

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Cuando avanzamos y logramos entrar a su interior, en las g radas, una madre explicaba, a su hijos, los espectáculos que ahí siglos antes se habían escenificado, y uno de ellos insistía en conocer, el por qué lo habían construido tan grande. En tanto, una guía explicaba luego, que la distribución de los asientos en el interior del Anfiteatro estaba perfectamente organizado en base a la clase social de los espectadores y que su construcción, significaba un monumento triunfal para representar las grandes victorias. Por orden del emperador Tito Flavio Vespasiano se erigió este coloso; la guerra judía, terminó en el 70 d.C. y la destrucción del templo de Jerusalén suministró el botín y la mano de obra necesaria para la edificación del mismo. Sin dudas, una verdadera obra de la ingeniería humana, el Colisseo se levantó en el mismo centro de Roma, y se dotó de un suficiente sistema de cañerías de agua, que alimentaba los baños y las numerosas fuentes públicas. A tantos siglos de distancia, aquella obra escenario para el espectáculo y el horror seguía cortando el aliento y despertando la ad m i ración de todos los que se allegaban, considerado el más grande construido. En uno de los museos que se han levantado al interior del Colisseo, me sorprendió el busto de Julia Flavia, y del Dinotauro. Ambos, aunque ubicados a d istancia considerable, parecían coincidir en majestuosidad y desgracia. El Arco de Constantino Desde el Coliseo, divisamos el Arco de Constantino, como gigante empotrado ante el tiempo, simboliza la entrada ceremonial del emperador, ya que se irguió para conmemorar la victoria de Constantino I el Grande. Se cuenta que Constantino vio en un sueño, una cruz en el cielo y oyó una voz que decía: In hoc signo vinces -con este Signo vencerás- se dice que fue el hecho que lo llevó aplicar el monograma de Cristo en los escudos de los soldados y marcó el inicio de su conversión al Cristianismo. Revista de Arte y Literatura

Fontana de Trevi El quinto día, para portar en la memoria también, está la espléndida vista del monumento a Víctor Manuel II, y el calor del verano nos impone un sudor pegajoso, que nos sugiere la dulce tentación de meternos a la fuente de la Dolce Vita; en el fondo hay millares de monedas, quizás por la invocación a la buena suerte. Aunque el gentío aglomerado y los vuelos al espíritu que sugiere el Dios Neptuno con sus caballos, en una regia combinación del clásico y el barroco, me sustraen por ratos, yo también me encuentro la n za ndo monedas, en u na fra nca petición de volver a visitar a Roma. Las catacumbas de San Calixto Decidimos que el domingo volveríamos al Vaticano, escucharíamos la misa y luego iríamos a explorar las Catacumbas. Nos tomó el sueño, teníamos todo el cansancio de la semana encima y para colmo, interpretamos mal la ruta de las Catacumbas y cuando llegamos ya habían cerrado, (los Domingos está abierto, hasta las 3 de la tarde). Entonces, ya sólo nos quedaban dos días, por lo que sin tardar el lunes en la mañana, por la Vía Appia Antica, regresamos a las Catacumbas. Sólo pudimos abordar a la de San Calixto, la más grande, donde están las tumbas de muchos mártires cristianos, y las criptas de los papas que gobernaron en el siglo III. Adentrados por los caminos tortuosos de estas galerías subterráneas, en la frialdad de siglos es redescubrir otra magia acumulada en esos recintos, recámaras mortuorias que me hicieron comprender erizada, el gran fervor de esos primeros cristianos, inigualable en sacrificio. Cuántos nobles romanos, hombres y mujeres, dejaron atrás sus vidas para seg u ir el amor a Cristo y su doctrina; remanentes y piezas permanecen aquí como testimonios de que muchos de los primeros cristianos (por las persecuciones) hicieron de estos espacios, su hogar. Allí se encuentra también, la Cripta de Santa Cecilia, y la escultura en la elaboración del escultor Esteban M a d e r n o . Au n q u e l a o r i g i n a l s e

encuentra en el Vaticano, es una de las manifestaciones esculpidas más impresionantes, de todas que pude ver en Roma. Según explican, Maderno quiso esculpirla tal cual se encontraron los restos de la Santa, con los tres dedos

abiertos en la mano derecha, expresión simbólica de su fe en la concepción de la Trinidad. 21


terminar en estado contemplativo por aquellos inmensos jardines. Por los jardines de la Burguesía, aquellos monumentos en una expresión clásica y resplandeciente a Goethe, Lord Byron y su verso IV del poema Childe Harold, algo tan maravilloso melancólico y ref lexivo, como para llorar a raudales por la belleza de aquella pluma. Impresionante es una palabra que se queda corta, cuando entramos a sus salas, fundado por el Cardenal Scipione Borghese, exhibe esculturas, antigüedades y colecciones de Bernini, Rafael Sanzio, Antonio Canova, Paul Rubens y Caravaggio, entre otros. Pensaba que tan solo me quedaría extática con la belleza tallada por Bernini en la ninfa Dafne tras la persecución de Apolo, o tal vez, con la Venus Victrix inspirada en la figura de Paulina de Bonaparte que con una mirada parecía sobrepasar el tiempo, más de allá de lo posible a través del mármol.

Gallería de la Villa Borghese El penúltimo día, la caminata matinal nos introduce a la Piazza del Popolo, una muchedumbre de gentes y vehículos y motoras por doquier, va incrementado el ritmo urbano, hay tantas cosas que fotografiar que ya no nos dará el tiempo, entonces nos encaminamos hacia nuestra nueva ruta hacia el Palazzo de la Burguesía. La presencia de aquella mujer enana, desquiciada bañándose en una fuente, con aquel vestido rojo fucsia, no detendría la idea, el anhelo de 22

Luego cua ndo abordaba el Metro hacia la estación Central, la despedida no se asumía; el recuerdo del Ángel, escultura de Bernini en el puente de Saint´Angelo y debajo el río Tíber, me tiranizaba constante y dulcemente, y me hacía concluir que sí, que toda una vida no bastaba: Roma, como cada una de las inscripciones latinas en inmemorables piedras y monumentos, yacía grabada para siempre, en mi corazón.

Una mirada para la eternidad había logrado sin dudas, su escultor Antonio Canova, una expresión cincelada en la blancura del mármol, pero que se imponía al carácter inerte de la piedra, cómo había logrado aquello. De soslayo, por momentos, me distraía la presencia de una jovencita, tal vez con once años de edad, que tenía los brazos repletos de apuntes, como tatuajes improvisados, sus anotaciones de los artistas que con sus obras, adornaban la sala. Caravaggio, fue la consagración o una revelación y al mismo tiempo una incógnita para iniciar el proceso de cómo este artista pudo lograr tantos contrastes maravillosos de luces y colores, entrar a una de aquellas salas era para permanecer boqui abierto y maravillado, por largo tiempo. Revista de Arte y Literatura


Sobre la necesidad de no regresar de Jochy Herrera Buenos Aires es como contabas, hoy fui a pasear, y al llegar a la Plaza de Mayo me dio por llorar, y me puse a gritar: ¿Dónde estás?... Joaquín Sabina ¿Y si las sirenas fueran como las imagina Magritte? Luis Tovar Todo viaje de regreso lleva en sí un presunto carácter ontológico: el retorno al origen y el reencuentro con el yo que nos alimenta transformado tras la experiencia; regresar es también despojo de parte de lo vivido en esa travesía, lo que ya no existirá de ella más que en la dimensión de la memoria. Sobre el tema, el pensador Claudio Magris ha definido los dos modelos de viaje prevalentes en la modernidad: el cercano a la visión clásica del sujeto que termina por encontrarse a sí mismo luego de ambular y descubrir su propia verdad ¬–el viaje circular– “donde se parte de casa, se atraviesa el mundo y se regresa a casa...”, como el Ulises homérico y joyceano; y el viaje rectilíneo, nietzscheano, que a su juicio “continúa siempre hacia adelante, hacia un malvado infinito, como una recta que avanza tambaleándose en la nada (...) donde el viajero cada vez aniquila su identidad precedente y se lanza, se vuelve verdaderamente otro...”. Por mi parte, sigo convencido de que razonar sobre el partir de regreso tras un viaje, desde Buenos Aires en este caso, es una difícil odisea en el terreno de lo real ya que durante tal aventura la frontera entre lo simple y lo más complejo se nubla ante la racionalidad; es decir, la superposición del mito de la ciudad con la experiencia concreta, aturde al corazón que atrapado entre memoria y búsqueda, va y viene cabalgando sobre la naturaleza efímera de los días y las cosas compartidas. Es así cómo la necesidad de comprender la diferencia entre el bife de Revista de Arte y Literatura

BUENOS AIRES ojo y la entraña en plena mediano(che) del barrio de Palermo; el asombro de contemplar atónito cómo un autobús de la calle Belgrano casi atropella una mina salida del Olimpo; el intento de explorar una instalación abstracta en un museo de la Boca bajo los efectos del Malbec; y el dilucidar la naturaleza de la mentira a través de una película francesa con la eterna Catherine Deneuve, súbitamente, se tornan en complejas disquisiciones metafísicas. Irse de tangos a lo de Homero Manzi, respirar bajo los árboles de Recoleta, corear “Con la frente marchita” en el Luna Park, recordar las instrucciones de cómo abordar un vagón del Mitre dirección Tigre, y escuchar al Cigala cantar “En esta tarde gris” bajo una luna llena, son al fin y al cabo, banalidades; pero del tipo que logran poblar esa dimensión particular de la escatología bonaerense que es la melancolía. La aventura de visitar el Museo MALBA de Buenos Aires, a su vez, es arribar a la luz del arte que bajo el sol austral explora la incesante creatividad de la geografía latinoamerica transportada al cono sur: Roberto Matta, Cándido Portinari, Wilfredo Lam, Fernando Botero y Antonio Berni nos conversan en los hechizadores rincones de este exquisito lugar mientras más arriba, piso segundo, la exposición Papeles modernos. De Toulouse-Lautrec a Picasso narra la historia del papel –el papel del papel–a través del dibujo europeo de fines del siglo XIX y mitad del XX. Ochenta y seis grabados, estudios y bosquejos de la colección del Museo Nacional de Bellas Artes especialmente curados para esta exhibición, cautivan al espectador-testigo que no cesa de viajar junto a la mirada –esa “erección del ojo”– trazo tras trazo. El visitante

explora, recuerda, y vacila ante el retrato; ante el paisaje, un desnudo o la figura, hasta encontrar la mujer roja que JeanÉdouard Vuillard dibujó posada frente a una ventana en Femme en rouge, dos à la fenêtre. Se trata de una sutilísima imagen que nos da la espalda y quien como sirena indiferente al entorno, oculta el rostro. Urge descubrirle, porque al parecer, le duele la vida a ella (¿o acaso pretende protegernos de su cautivadora expresión?). Magris ha dicho que Ulises es el héroe que vence y aniquila el poder del mito, que “después de su viaje de regreso no habrán más Cíclopes ni sirenas; las fuerzas arcanas de los estados primordiales serán destronadas y esfumadas”; y añade que “la Odisea es el poema de la ausencia, pero también de la astucia que busca defenderse transformando esta ausencia en una ventaja, haciendo de la carencia un anima para sobrevivir”. Hace un lustro, escribiendo sobre Buenos Aires y las ausencias concluí que los mitos, los sueños y las historias nacidas de ellos, eran usualmente dominio de la literatura. Conté cómo una vez, temeroso al igual que Borges, debí ocultarme y huir del amor amenazado delatado en el nombre de una mujer. Mas hoy, convencido portador de la condición existencial del viajero eterno –el status viatoris– que según Rahner sólo termina con la muerte, no huyo ni temo; consciente de la implacable certeza de que todo se desvanecerá con la muerte, asumo la confesa preferencia de atesorar las ausencias y la peor de las nostalgias: el añorar lo que nunca jamás sucedió. Esperando, como Sabina, una postal de San Telmo. Buenos Aires-Chicago, Marzo de 2011

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Cuento

La cualidad de la nostalgia

S

in velar su nueva cara, llegó a casa hace una semana. Mi marido se hallaba en el traspatio, podando las cayenas; soltaría de golpe las tijeras y aguzaría su oído ante la voz que le confirmaba el inquietante regreso. De ent radas, el a lborozo, la i nstantánea comu n ión. Debe efectivamente haber cambiado, pienso a seguidas, mientras observo la elegante m a le t a de c u e r o y e l de se mp a c ho sugestionador del recién llegado. Todavía no ha preguntado por el resto de la familia, e inquiere si puede quedarse unos días. Trato de disfrazar mi desasosiego, y ya estoy escuchándome responderle: «Claro Román, mi casa es tuya». Lucero irrumpe en la sala, exaltada con los retorcimientos de una lombriz, doblada sobre una ramita. La faz del visitante, por un momento, fulgura con notoria intensidad. Calla, mira a la niña y me escruta, en ademán candente e involuntario. Interrumpido por la presencia de mi marido, cambia de aspecto con prontitud. «Doctor Héctor Medina», exclama, y extiende la diestra que el otro aprieta luego de un brevísimo titubeo. E n c u a l q u i e r m o m e nt o v a a hablarme de su vida en los últimos años, viéndose forzado a justificar sus ocupaciones. Si presiento su disposición de abrirse, me alejo presta. «Execrable», masculla Héctor, esquivándolo a toda costa. El incorruptible Héctor, el buena conciencia, opina que el nombre de Román está tallado en lodo. «Execrable», «espurio», martillea a mis oídos con tono de abogado en tribunal; y yo siento helárseme la médula en el esqueleto, exactamente como la vez que le escuché decir: «Se rajó», y no quise ampliaciones. Pasa n dos d ías, suf ic ientes pa ra comprobar que Román ha oscurecido: Ya no puedo leer en él. De noche, deambula por la casa, fumando sin parar. En ocasiones, fija sus ojos en los míos. Espera le mencione a los amigos íntimos comunes. Ya me oigo expl icándole, 24

R ieg a n r u mores. Te considera n u n traidor. «Román emponzoñado, emplea el recurso delicado de la violencia para fines abyectos». «Reyezuelo de rufianes». «En Macorís, testaferros desalmados regentean sus negocios». Héctor marchó a Barahona, donde dirige el Centro Universitario Regional. Pude haberme animado a convencerle de que mi sentido de justicia aparta y condena a Román; pero se habría resentido mucho más. Su gusto por la verdad representa su trofeo de batalla. Hiere y se desquita, nunca sin contar con evidencias irrefutables. Ayer decidí irme a la playa con Lucero. No hice partícipe del paseo a mi huésped. Él tampoco mostró interés particular. Despidiéndome, retuvo mis manos entre las suyas. ¿Estaban frías sus manos? Intento recordar su temperatura en aquel momento en que me dijo: «Eres la persona que más me importa de este mundo, de antaño y del futuro, de siempre», acometiéndome un estado de delírium trémens, no por el enunciado, contenido en mil detalles compartidos, sino porque adivinaba una secreta filiación entre sus palabras y su preferencia por el riesgo, propensión que progresaba en él como hongos abultándose después del aguacero. Despierto de madrugada. Alguien pisa la hojarasca con suavidad. Per ma nezco escucha ndo. Con movimientos despaciosos, retiro las mantas de mi cuerpo. Me incorporo. Tanteando, camino hasta la habitación de mi hija. Cierro cada una de las persianas. El fluir de mi sangre parece que fuera a convertirse en hecho audible. Atisbo a través de una persiana entornada. Cae una almendra. Por la calle pasa un automóvil a insólita velocidad. Al cabo de pocos segundos, se escucha un chirrido de frenos. Me acerco al cuarto ocupado por Román, entreabro la puerta. Afuera las pisadas se dirigen hacia el lateral izquierdo de la casa. Hacia allá

No me dejas cerca En el reino del sueño de la muerte Déjame también vestir Con tan deliberados disfraces. T. S. Eliot me desplazo, pegada a las paredes. Creo captar el jadeo de una respiración. Ric ric ric… ¿Gira una llave en la cerradura? Por la caja de la estufa, un ratón se precipita en golpe seco. Entre mis senos se cuela un insecto. Otra vez el chasquido en la cerradura. Abren la puerta de hierro que da acceso a la calle. Pasa un autobús. Debe estar amaneciendo. Nada sucede. S on m is ner v ios , exc it a dos por l a humedad de agosto. Quema el cuerpo. Introduzco la cabeza en una cubeta de agua fresca. Las huellas del sol se apagan en mi epidermis; en su lugar, escalofríos, y esa inquietud que me provoca el hombre dormido a pocos pasos; no el querido con fijeza, con brío y furia, sino el que se tumba tranquilo sobre espadas. Si ahora lo estrechara, en seguidas lo aborrecería. Empujo un poco más la puerta… Yo conocía ese pecho. Vi sus vellos, como ligeras raíces en temporada de lluvias, irlo tupiendo. Conocía esas tetillas desde que no eran más que pardas manchitas, no diferentes a las mías, e íbamos ahondando en juegos acoplados. ¿Quién dura más tiempo debajo del agua? ¿Quién escala primero esta palma? Yo conocía esas axilas. La saliva sobre el labio. El cuello, en el que una vez palpé músculos y fibras, advirtiendo la pelusa castaña sobre el mentón y la nuez de Adán redondeándose. Yo conozco el tono de esas uñas. Sé los emplazamientos de cada lunar y la hondura aproximada de las concavidades. Conozco el perímetro de la espalda y los hilos ámbar curvados en esas pupilas. Sé de sus vértebras, tanto como del caracol amargo de su oreja. Yo conocí ese cuerpo, que podría acunar el plomo y convertirse en pasto para las moscas. Dejo a Lucero en el hogar de su abuela. Román me echa los ojos encima, con mensaje confuso. No se ha acercado directamente a la niña; sin embargo, tampoco ha desaprovechado oportunidad para agradarla. Al salir de la casa, le ofreció un caballito de plata. La pequeña Revista de Arte y Literatura


lo examinó unos segundos y lo metió rápidamente a su mochila. «Gracias», dijo, mirando hacia las verjas. Mi marido llama desde Barahona. Me coloco de espaldas a la sala, donde se encuentra Román arrellanado en un sillón, y aprieto el auricular contra mi oreja. Doy rodeos. Respondo con frases evasivas a las insistentes interrogaciones de Héctor. Rechazo el teléfono (Héctor me llama cada cuatro horas). Evado la conversación con Romá n y me voy a l a ca ma a l atardecer. En mis sueños surge una sombra que va cobrando forma alucinante ent re las ag uas del mar. Su v istoso colorido contrasta con la ferocidad de su expresión: mezcla de guacamayo, escualo y perro rabioso. Rompe como un rayo la superficie del agua, brinca a la altura en que planea una gaviota y con sus dientes de sierra le arranca las alas. El ave ensangrentada, aún viva, cae a mis pies. Boquiabierta y paralizada, como si fuera lo único importante en el momento, yo me centraba en convencer a la persona a mi lado de que la bestia acuática de lustrosa apariencia e instinto asesino era un leviatán. No podía ver la cara de mi acompañante. Desperté con el pecho acalambrado. Un agudo dolor de cabeza me empañaba la visión. En la mañana, salí para mi oficina con inusual retraso. El día siguiente, sábado, a las diez de la mañana Román sale, siendo la primera vez que abandona la vivienda desde que es mi huésped. Penetro a su cuarto. En el anaquel encuentro su maletín. Está cerrado. Registro la cómoda, reviso debajo del colchón y en los bolsillos de las camisas colgadas. Un manojo de llaves está a simple vista, junto a la crema de afeitar, un estuche de lapiceros y unas monedas extranjeras, sobre la breve repisa. Pruebo en el maletín la llave más pequeña. La cerradura cede. En la sección más ancha del revés de la cubierta doy con un paquete de fotografías. Las distribuyo sobre la cama. Llama mi atención la imagen de una mujer negra, con el cabello trenzado al estilo jamaiquino, repetida en varias de las fotografías. Me detengo en su rostro vivaz, en su vestido inmaculado, en los cordones amarillos, verdes y rojos que cubren sus muñecas. Evoco aquella frase brutal, con la que un viejo contrincante Revista de Arte y Literatura

resumía el estado de Román en prisión: « Lo caparon ». Devuelvo las fotos a su lugar. Abro la maleta. Una camisa crema y una blanca, cuidadosamente planchadas, cubren la parte superior de la valija. Debajo destaca una corbata de seda roja, anudada, lista para vestir. Me la llevo a la nariz. Aspiro. Entre los objetos misceláneos del fondo, prendo mis ojos a un fajo de cortaplumas. Sus barrocos diseños hacen pensar en la labor de un coleccionista. Encuentro dos manuscritos en italiano, firmados con el nombre de Franches. Descifro algunas oraciones. Mis dedos tiemblan. Una ráfaga punzante atraviesa mi cráneo. Acelero la búsqueda. Revuelvo todo. Intento volver cada cosa a su sitio original. Cuando Román retorna, cargado de frutas, frascos con leche y los diarios, lo recibo con una sensación de remordimiento. Sobre él pesan patrañas, me digo. Suena el teléfono. Román corre hacia el aparato, es cuando descubro que entre los pliegos de los diarios ha escondido unas piezas metálicas. Voy a mi habitación. Él me informa que la llamada es para mí. Por el auricular, la abuela de mi hija me saluda con sequedad, poniéndome a la pequeña. Lucero, entre sollozos, me reclama que la busque «ahora mismito». Más tarde se escucha otra vez el timbre del teléfono. Román se abalanza sobre el aparato. Habla en voz baja. «Estás en juego. Vine a protegerte», me d ice si n más explicaciones, mientras monda mangos y piñas con habilidad de experto. Empiezo a elucubrar sobre su estado mental. Suelta el cuchillo y levanta los ojos, mirándome con pasmosa calma. Estoy segura que está mirando mis pensamientos. «Me he visto obligado a hacer ciertas cosas», dice. ¿Cosas? ¿Cuáles cosas?, pienso, sin preguntar. «He venido a velar por ti», me dice, escrutándome, serio. Desvío los ojos. Tomo aire, aprieto los párpados y repaso lo que se ha murmurado de él. Lo masacraron. Lo curaron. Lo enviaron a Bruselas. Paró en Boston. Compartió suer te con lú mpenes y reneg a dos. Vagabundeó con bohemios. Recuperadas las fuerzas, terminó imponiendo su visión, sus nuevos planes. «Eres la única zona sensible de una persona que quieren castigar a toda costa», dice. Su boca se

tuerce ligeramente. «Me involucré en asuntos... Había que envenenar al imperio con sus propios medios». Su rostro ha sufrido una mudanza. Un ligero tirón opera desde un punto indefinido. En ciertos ademanes, echa la barbilla hacia adelante, sosteniéndola en esta posición por algunos instantes. Ha enflaquecido. Arrugas prematuras se alinean en su frente. A ratos, sin embargo, está en claridad. Entonces me cruza por la cabeza la idea de conversar sobre los nexos que persisten, pese a todo. El escape se me antoja posible. Me despierta un efluvio intenso. Apresura y demora mi sangre, como partículas metálicas ante un imán en aleatorio movimiento. Me tiro de la cama. Permanezco sin mover un dedo. No se oyen ni grillos. Un bulto se desplaza con rapidez contra el muro exterior. Salto, situándome al lado de las persianas. Hincho mi pecho de aire, las palmas de las manos pegadas a la pared. Giro un poco mi cabeza para ver. Voy reconociendo los tamarindos, las cayenas… De pronto, negras figuras con armas largas saltan el muro y se pierden en el patio. Me acuclillo. Después pongo mi cuerpo contra el suelo. Repto por el corredor hasta el cuarto de Román. De afuera llega el raf, raf… producido por tela áspera que cubre piernas en desplazamiento. «El ejército», articulo, con los ojos húmedos de pavor. Estas palabras me producen una apocalíptica claridad. Me bifurco, me desdoblo. Estoy en mi hogar, extraña. A la vez, me encuentro muchos años atrás, en la Casa de Estudiantes. Identifico, junto a la voz de Román, una vaharada similar a la que suelta un brasero tras echarle un balde de agua. «El ejército», pronuncio, desubicada. «Hay que salir ahora mismo. No esperarán las seis para allanar». «Me asesinarán», asegura Román, mientras gana las escaleras que dan a la azotea de la Casa de Estudiantes. Alcides, de menor jerarquía, va a su lado, sigue sus instrucciones y movimientos. «Tú te quedas, Miranda». «Informa a los compañeros. Llama a los periodistas», me ordena Román, desplazándose entre los tendederos de ropa del edificio de cuatro viviendas. Dos en cada piso: abajo, un salón de belleza y una «casa de citas»; en el segundo piso, la morada de las hermanas 25


que « vivían de amigos» y la Casa de Estudiantes (pensión para universitarios de provincia). «Miranda, quédate, vuelve a tu cuarto. A nosotros nos acribillarían». «Alcides y yo tomaremos direcciones diferentes», resuelve Román. Afuera el pandemónium. Vecinas, clientes y fortuitos transeúntes, capturados todos. Un coronel de la marina, asiduo a la «casa de citas», en total borrachera, escandaliza y manotea. Agitación de hierros y botas. Al cabo de dos semanas, llegaron noticias que daban cuenta de lo acontecido al compañero Alcides en el destacamento de Dajabón. Transcurrió más de medio año antes de saberse algo sobre el paradero de Román. Puedo palpar el goteo de mi sudor, el de antes, el de ahora. Román está habituado a dominar situaciones extremas. A mí se me dispara el sentido aciago. Proyecto que derribarán la puerta. Que vivo el fin. Es la manera ordinaria de reaccionar ante la amenaza. Yo no soy buena conciencia, tipo Héctor; ni mi voluntad es acerada como la de Román. No alcanzo para episodios gloriosos. En la presión angustiosa, se me aflojan las vísceras, urgida de un cuerpo vivo y fuerte al que arrimarme. Los ruidos prosiguen. Se han encendido luces en las viviendas vecinas. Miramos al exterior. Dos individuos aprisionan a un tercero contra el muro. El más alto apunta una pistola a su cabeza. Pego un grito. De la calle brota un murmullo. «He venido a protegerte, Miranda», susurra Román, y dirige hacia mí sus ojos calurosos, con una mirada indescriptible. «Te ayudaré a escapar», replico, sin saber si estoy en las escaleras o en una alcoba, si en mi hogar actual o en la «Casa de Estudiantes», si en el presente o en el pasado, si soy la esposa de Héctor, o la turbia y amante cómplice de Román. Es probable que Román haya arreglado estos sucesos para acercárseme, ofreciéndome la oportunidad de tocar sus fragmentos y sentir por una vez, última, la recia palpitación de su naturaleza. Estoy sentada en la galería de mi casa. En confortable penumbra. He olvidado la medición del t iempo. Pienso que esta historia es ficticia, ilusoria. Que no es Román, sino yo, quien levita en el claroscuro de las madrugadas. 26

EL CARNAVAL DOMINICANO Por César Román Sassone

“Roba la gallina, palo con ella”… Así vocifera un grupo de jóvenes que sigue a un hombre disfrazado de mujer con maquillaje exagerado y el busto y el trasero más abultado que la cuenta de banco de un turpén del gobierno. El personaje se arregla los rellenos, mientras entra a un colmado a pedir dinero y golosinas para el grupo. “Ti- ti, manatí, ton- ton molondrón; gritan a coros los jóvenes, mientras siguen ciegamente a su líder. El pueblo entero se lanza a las calles durante todo el mes de febrero para celebrar una de las fiestas más populares del país: el carnaval. Estas celebraciones llegaron de Europa con la llegada de los españoles y se llevaban a cabo antes de la cuaresma. Se piensa que la palabra proviene del italiano: carne vale, que significa decirle adiós a la carne. (Con la crisis económica de ahora hay que decirle adiós a la carne y a muchos otros comestibles.) Ya los aborígenes de la isla tenían sus actividades desde antes de la llegada de los españoles. Los taínos celebraban con sus areitos los eventos importantes de sus vidas, y estos indígenas llenos de tatuajes, prendas, pinturas y máscaras conmemoraban la muerte, la boda, la cosecha y otras ceremonias transcendentales. Los esclavos africanos trajeron consigo sus propias festividades, y luego los españoles, como consideraban el carnaval como una celebración “pagana”, añadieron a la misma un toque religioso. Todos estos grupos contribuyeron a la evolución de la tradición. En las calles de La Vega, Santiago, San Pedro de Macorís, Santo Domingo u otras ciudades vemos entonces a los más famosos personajes: el oso, Nicolás DenDen; los indios, los guloyas, los diablos

cojuelos, los tiznados, Califé, se me muere rebeca, la muerte en jeep, los galleros con el policía que los sorprende… todos desfilan entre gritos, bromas, chistes y atuendos de gran colorido. Y allá a lo lejos, se divisan los lechones con sus trajes de satín o tafeta, con sus capas adornadas por sus cascabeles, pitos y espejos; en la mano derecha, una vejiga de piel de ubre de vaca secada al sol, en la izquierda, un fuete, y brincando y saltando alborotan a la multitud que lanza chillidos entre pavor y excitación…“lechón marigüelo, que tiene luto de tu abuelo.” vocean unos niños desde un balcón, donde no los alcanzan los vejigazos. El pueblo, los turistas y los comerciantes festejan. Hay fiestas en los clubes. El malecón y otras calles principales del país se visten de gala para dejar pasar el desfile de comparsas y carrozas, y entre globos y alaridos, las serpentinas tratan de unirnos a todos. En este tiempo de permisividad, muchos lucen antifaces, otros cambian de careta, y el magnate impune se pasea con aires de grandeza, como queriendo decir: “A que no me quema el papelón”… Las vestimentas varían en cada región, pero hay un elemento en común: el deseo de escapar a una dura realidad: oscura, corrupta y alienante, y todo se manifiesta en una explosión de emociones que redunda en alegría y diversión. ¿Será a esto que se refieren los gobernantes cuando dicen: “Al pueblo, pan y circo”? A veces, todo parece un carnaval, donde danzamos con máscaras el año entero, y bailamos un merengue de lamentos, donde lechones con cuernos nos dan vejigazos y fuetazos, nos tratan como indios, nos deslumbran con espejitos, y al final viene la muerte en jeepeta, y no le importa… si se me muere Rebecca.

Revista de Arte y Literatura


Domingo Caba

Profesor universitario. Santiago

El término, en tanto muletilla reveladora de pobreza léxica, es empleado con más frecuencia por los hablantes de más bajo nivel de instrucción

E

l conductor amig o detuvo bruscamente la marcha a c e l e r a d a d e l v e h í c u l o, y con gesto de incomparable cortesía me invitó a subir a su confortable y recién comprado Mercedes Benz, otorgándome así una muy agradecida “bola” que habría de trasladarme hacia la llamada “Villa del Viaducto” ( Moca ). A su lado iba un pintoresco personaje que no tardó mucho tiempo en reiniciar el diálogo momentáneamente suspendido, abarrotado casi en todas sus partes de los más singulares giros expresivos propios de la lengua coloquial. Era todo un ramillete de vainas lo que se desprendía de aquella boca pueblerina. No quise desaprovechar tan inesperado manjar lingüístico, y acto seguido oprimí las teclas de mi aparato grabador con miras a registrar las realizaciones léxicas del fortuito informante o viajero parlanchín. Al transcribir literalmente la conversación, pude apreciar que el resultado no podía ser más sorprendente: en apenas minuto y medio de grabación, el hablante que nos ocupa pronunció la palabra “vaina” nada más y nada menos que veinte veces. Conforme a lo antes expresado, valdría entonces preguntarse: 1) Desde el punto de vista semántico, ¿cuál el verdadero valor denotativo que el susodicho vocablo encierra? 2) Desde el punto de vista sociolingüístico, ¿cuáles hablantes Revista de Arte y Literatura

El dominicano y su “vaina” suelen emplearlo con más frecuencia? En relación con la primera de las anteriores interrogantes, conviene aclarar que tan popular terminología pertenece al ámbito de las Ciencias Naturales, específicamente a la Botánica. “Vaina - se lee en la duodécima edición del Diccionario de la Lengua Española, 1970, Pág. 1320 - es la “Túnica o cáscara tierna en que están encerradas algunas simientes…” También el “Ensanchamiento del pecíolo o de la hoja que envuelve el tallo”. Pero los sentidos que a dicho término le emprimen los hablantes dominicanos en su diaria conversación se apartan por completo del núcleo significativo alrededor del cual giran las acepciones precedentes. Nótese que hablamos de sentidos, no de sentido. Y es que vaina es una voz que en la práctica dominicoparlante no siempre alude a la misma realidad, vale decir, en ocasiones entraña las más diversas connotaciones según el contexto lingüístico o situacional en que se emplee. O, lo que es lo mismo, para los dominicanos, la palabra vaina, entre otros valores, significa: 1) Problema o contrariedad: “¡Qué vaina!, ya se fue la luz otra vez”; “En mi casa nunca falta una vaina” 2) Molestia o necedad: “Ese vecino, con su música y su vaina, no deja dormir a nadie”; “Me siento una vaina ahí, en el estómago, que no me deja comer…” 3) Grosería, majadería o insulto: “Yo no le soporto vainas a nadie…”; “Fui al programa y le dije como veinte vainas por fresco…”; “Me dijo una vaina que no me gustó, y le entré…”; “Cada vez que voy a cobrarle siempre me sale con la misma vaina…”

4) Realidad desconocida: “El médico me aplicó una vaina rarísima...”; “¿Y qué vaina es esa…?” En ocasiones soporta dicha voz el mismo significado que la palabra etcétera: “Fuimos a la playa, nos bañamos, bailamos, bebimos, gozamos mucho y vaina...” El término, en tanto muletilla reveladora de pobreza léxica, es empleado con más frecuencia por los hablantes de más bajo nivel de instrucción; pero la práctica ha demostrado que en mayor o menor grado se realiza también en todos los estratos socioculturales de la población dominicana. Su uso, sin embarg o, no constituye una par ticularidad lingüística o rasg o característico del español dominicano. La muy citada estructura lexical, vale aclarar, igualmente aparece presente en otros dialectos del mundo hispánico, como se desprende del fragmento que a continuación transcribimos, tomado del cuento “Un día de estos”, del afamado narrador colombiano Gabriel García Márquez: ¬“El dentista le dio un trapo limpio. -Séquese las lágrimas -dijo. El alcalde lo hizo. Estaba temblando. Mientras el dentista se lavaba las manos, vio el cielorraso desfondado y una telaraña polvorienta con huevos de araña e insectos muertos. El dentista regresó secándose las manos. “Acuéstese -dijo- y haga buches de agua de sal.” El alcalde se puso de pie, se despidió con un displicente saludo militar, y se dirigió a la puerta estirando las piernas, sin abotonarse la guerrera. -Me pasa la cuenta -dijo. -¿A usted o al municipio? El alcalde no lo miró. Cerró la puerta, y dijo, a través de la red metálica. -Es la misma vaina…”

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Conversación con Fari Rosario en la Por Luis Martin Gómez

Fari Rosario: “Una buena minificción debe permitir varias interpretaciones” Fari Rosario es narrador y ensayista, autor de El Jabalí y otros microcuentos, El coleccionista, Polvo y olvido y El columpio de los sonámbulos Fari Rosario hizo lo que yo había prometido hacer y no cumplí, una antología de la minificción dominicana, que él ha bautizado con el sugestivo nombre de El columpio de los sonámbulos. Se me ocurrió el título viendo a unos niños columpiarse en un parque y lo asocié a lo que considero es una tendencia de la literatura dominicana, el sube y baja (en su producción, en su calidad). Los sonámbulos vendrían a ser los lectores mientras leen una obra. Fari dedicó su antología a Luis Díaz Ulloa, su abuelo materno que le contaba historias (comprensible) y al filósofo Heráclito (¡sorpresa!). Explícame... Estudié filosofía y siempre me gustaron los filósofos presocráticos, especialmente Parménides y Heráclito, el que dijo que “en el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos”. Siendo Fari licenciado en Filosofía, habiendo publicado un libro de minificciones y teniendo otros tres a tiro de imprenta, y luego de haber devorado las teorías de estudiosos y creadores del 28

Yola Yellow

género; se puede afirmar sin el riesgo de concesiones por amistad o simpatía que se ha ganado por méritos acumulados el derecho a antologar los “textos chiquitos” dominicanos. Por supuesto, este reconocimiento no lo librará de mal de ojos e intimaciones mediante acto de alguacil de los que quedaron fuera del ramillete y no entienden que una antología es un acto de selección, de escogimiento, excluyente por definición y muchas veces por necesidad, porque si no, la obra terminaría siendo un librón inmanejable que habría que editar con ayuda de publicidad comercial, como la guía telefónica. (Ahora bien, para ser justos con esos asesinos en potencia en que pueden convertirse los ‘afuereados’, debo decir que también hay antologías que se hacen precisamente para dejar fuera a algunos autores, por desquite, envidia, chisme de patio, malquerencia, lucha tribal, insania, alzaimer conveniente y otras causas que darían para elaborar una antología de la mezquindad). Sin embargo, doy fe y testimonio (manos sobre la biblia o sobre Los versos del capitán, según se crea o se ame) de que este muchacho buena gente de Moca, rostro quiquiriquí, que suele engolar la voz para que pensemos que es más viejo de lo joven que realmente es, no es –por ahora y protéjalo Dios- persona capaz de tal trapacería. De todas maneras, le he recomendado, por si las moscas, un resguardo de Babalú Ayé traído desde La Habana que lo cuide de la viruela, la lepra, las enfermedades venéreas y otras sarananas que le echarán atrás, o se consiga una imagen de la Virgen, preferiblemente la de Guadalupe (tengo pruebas), que es una especie de todo incluido espiritual, porque la Virgen es la Virgen. Creo que sólo te salvará de la hoguera si explicas bien tu criterio para seleccionar esos 128 textos de esos 38 autores

Partí de una reflexión teorética sobre la evolución de la minificción en nuestro país. Lo primero que hice fue leer toda la minificcion dominicana publicada, y seleccioné las obras según el criterio utilizado internacionalmente para estos fines: que el texto no pase de 400 palabras, aunque estoy consciente que lo del número de palabras es relativo y no debe poner una camisa de fuerza al género. Fari explica que el otro criterio que utilizó fue que los textos seleccionados cumplieran con siete características que según los teóricos del género debe tener una minificción, y que él cita en la introducción de su antología: “Brevedad, referentes culturales, complicidad con el lector, dominio de los recursos lúdicos, movimiento, virtualidad y tendencia a lo multívoco”. He ido forjando mi propia opinión sobre el género y pienso que el verdadero protagonista de la mini ficción es el lector, porque es quien, una vez metido en el texto, completa la historia. También pienso que una buena minificción debe permitir varias interpretaciones; la minificción con un solo final es definitivamente mala. Además de tener una idea propia de lo que es este género, la lectura de tanta minificción local le ha permitido a Fari Rosario ver tendencias técnicas y temáticas. “Nuestra minificción tiende a la crítica social, aborda la metafísica, y establece diálogos con la tradición en base a otros textos conocidos. Técnicamente, utiliza mucho los recursos cinematográficos, la parodia, los juegos de palabras y la mezcla de planos”.

Revista de Arte y Literatura


Si se fijan, en las últimas frases Fari empezó a hablar de nosotros, es decir, de los otros y de él, porque como antólogo no pudo resistir la tentación de auto antologarse, cosa que ya ha sucedido con otros compiladores dominicanos.

Pero eso, Fari, es un mal endémico, o en todo caso, un pecado venial, como romper la dieta a mitad de semana, o incumplir la promesa de hacer una antología de la minificción dominicana, deuda que tú has saldado en nombre de

(casi) todos los minificcionalistas, con valentía y buen tino. sábado 16 de abril de 2011 Entrevista en video disponible en www.yolayelou. blogspot.com y www.youtube.com/yolayelou

Minicuentos.... del libro inédito, UNA MALA JUGADA....

Por Fari Rosario

Paladium 49 Hay muchos palacios en Santo Domingo. Bastaría decir que hay un Palacio donde vive una especie de rey Midas que gobierna a un pueblo fantasma. Así pues, en la primera ciudad del Nuevo Mundo hay una gran variedad de palacios, está el famoso palacio del Veneno, el palacio de la Demagogia, el palacio de la Policía, el palacio de los Explotados, el Palacio de las Artes, el palacio de los Tiburones, el Palacio de la Injusticia y el arca de los narcos (donde habita la dama de hierro y palaciega), el Palacio de los empresarios con reputación dudosa y el ya archiconocido y repugnante palacio de la Esquizofrenia. Pero muy pronto tendremos un nuevo Palacio, pues según se publicó en el periódico ya comenzó la construcción de Paladium 49. Este palacio, a diferencia de los otros, está abierto al público, mejor dicho, es del público; pues según se puede leer este Palacio estará dedicado a los seres anodinos, a los mártires, buhoneros, guachimanes, choferes y sobre todo, a esos seres que durante toda su vida han añorado pasarse un día en un verdadero Palacio. El maestro y la alegoría del pájaro pinto Tú serás el pájaro pinto Que alegre canta por la mañana… El maestro era un personaje un poco desquiciado que vivía en torno a Telemicro y el parque Independencia de Santo Domingo. Era famoso por su habilidad para el dibujo y el sobrio uso del pincel. Era amigo de todo el mundo, sobre todo de los choferes y de todo el que le Revista de Arte y Literatura

regala dinero, comida o algún cigarrillo. El maestro tenía un aire de Caballero andante, y tenía gestos profusos y altivos, sí, como don Quijote. Pero su pasión no era la aventura o explorar mundos desconocidos, sino conquistar el mundo con el dibujo y el pincel. La gente, como es sabido, le daba algunos pesos (aunque a veces era un simple trueque: un dibujo un por un frac o abrigo) y él siempre se mostraba dispuesto a dibujarlo todo: retrato de mujeres, animales, bodegones y castillos. Sólo se resistió, durante toda su vida, a dibujar el pájaro pinto. (La primera en solicitárselo fue una dama devota y aristócrata de las tantas que hay en Santo Domingo). Ahora todos dicen, tanto quienes lo conocieron como quienes no, que hay un pájaro pinto que siempre está allí, un pájaro que no se aparta de su tumba. Pepino el Breve La última noche de Pepino el Breve fue la más larga de toda su vida. De repente, Pepino el Breve puede ver y sentir el vertiginoso y aplastante paso del tiempo. Ahora y, sólo ahora, él puede ver y recordarlo todo en su justa dimensión. (Es como la caída súbita de un dado, de un relámpago fugaz que todo lo alumbra). Recuerda aquel día lluvioso en el que trató de atrapar un cerdo para ofrecerlo a su hermano Griffón con motivo de su boda. Su hermano, en cambio, le regaló unas avellanas que él fue masticando alegremente en su caballo mientras atravesaba el solitario camino. Recuerda el 6 de enero, día de la alianza; recuerda que al dejar atrás

el palacio de Ponthion, se adentra en el bosque. Entonces aparece esa figura destellante, con una casulla bien ataviada y una imponente mitra dorada. La figura se mueve a los cuatro vientos en su montura. Él se postra ante ella y un instante después, en un gesto deferente e inolvidable, toma la brida de su caballo y lo lleva a descansar. Recuerda la última batalla contra el feroz duque de Aquitania; sí, fue la última batalla. El campo de lucha está nublado y maloliente. (Aún puede olerlo y transitarlo). Es una matanza inigualable: los hombres caen como hojas que arrastra el viento. Pero él está allí, luchando y moviendo la espada para asegurar la defensiva. Pero en un asalto sorpresa, Pepino siente que algo frío y filoso penetra a su cuerpo. (Es la espada del enemigo que atraviesa su costado). Él ve la sangre que corre a borbotones, y ve que su caballo corre despavorido. Él hace un esfuerzo por ponerse en pie, quiere recuperar su caballo, por lo que lo busca con la mirada a ras del suelo. En ese instante sólo puede ver un tumulto de tinieblas junto a los árboles y unas sombras rutilantes que se mueven de un lado a otro. (Todo está oscuro y aún escucha el galope de su caballo que se aleja). Las tinieblas y los fogonazos empañan su visión. Él está ahí, con la vestidura ensangrentada y con las botas manchadas por el légamo del camino. Él aún puede volver a la visión del hombre cuando atraviesa su corazón con una espada y luego se aleja. Pepino el Breve lo recuerda todo, y va por el camino en busca de su febril caballo, mientras va pensando “qué larga es esta noche”. 29


Noveles Poetas Por Gustavo Bonelli

YO TE MIRO Yo te miro en aquel ángulo, aquel ángulo contrito, sólo mío. Te recuerdo con ansias otoñales, con cadencias mozartianas inmortales. Yo te siento agazapada tras mi llanto, te percibo en mis laureles, cual poeta. Nada sabes de pasiones tan amargas, sólo clamas: libertad, dulce y trascendente. Yo te observo: Sí, te observo aunque no quieras, te relato mi dolor cual penitente. Tú me dices: No temáis, lo tengo tan presente, el futuro aguarda con dulzores tan queridos. Yo me aferro a la esperanza que me das, me convenzo de tus dones traspasados a mi ser. Nada lúgubre amenaza mi quebranto cuando de regios acordes engalanas tú mi llanto. Eres madre, acalorada, apasionada, en tu fulgor quiero descansar mi pesadumbre, en tu alborada, mis deseos de amistosa lumbre, en tus canas dulces, despertar hacia tu Cumbre. 30

MI AMIGO FIEL

Me gusta escribir como algunos les gusta cocinar. Es algo simple donde lo que necesito es un bolígrafo y papel. Pero sin ti, el bolígrafo es simplemente eso— un cucharon para remover. Es tu chispa de hombre Que sazona mi vientre, Lo que despierta la piel. Donde encuentro siempre tu alma A través de los poemas Hechos libélulas que vuelan, y me ensalman. Contigo todo es bueno, Eres la luz que refleja mi alma. Es algo cósmico: Mi camino Aunque vaya por otro rumbo Siempre rentorna a ti. Y las veces que Mágicamente te he visto, En mis sueños, Siempre es el manierismo sutil tu hablar, tu caminar lo que me hace suspirar. Es la armonía, El mundo de paz El que tú me ofreces -Del que-No te puedo contar. Perdóname que no me den cosquillitas de niña Pero a mi amor le nacen alas y vuela como un dragón hacia la luna en la noche ahuyentado por todos los acontecimientos que siempre me ponen a tus pies. Pero porque? Si no te conozco. Pero, ¡Cómo te quisiera conocer! Presiento que serás Mi amigo fiel.

SOLEDAD Soledad, mi compañía y pan de todos los días. Te siento fría, como el hielo del invierno, tan cristalina como el sol y tan lúgubre como el anciano con el sombrero sentado en el parque, contemplando el suelo. ¿Cómo lo haces tú soledad, para verte tan majestuosa y así igual apoderarte de mi alma, día tras día? (You overwhelm me) Estoy rodeada de gente en esta gran fiesta de la vida pero a ti siempre llevo de compañía, donde quiera que voy. Sin ti ya me siento desnuda, te necesito, como se necesita un mal hábito. Me sofocas me ahogas, pero no me dejas, si, y es tu compañía lo que más me envuelve, me confunde, hasta caer rendida de cansancio y sentir cada fibra de mi cuerpo vibrar, hasta no poder más y comenzar a llorar. Otra vez oigo tu voz susurrarme al oído, levántate, y sigue conmigo, y como una madre con su niño, me extiendes tu mano mientras tirada en el suelo estoy. Yo acepto tu mano y otra vez por el parque caminamos tú y yo, soledad. Así es mi vida contigo, mi soledad. Revista de Arte y Literatura


Festival Nacional de Narradores Por Arlyn Desire Abreu El Ministerio de Cultura, la Dirección Regional Nordeste de Cultura y la Dirección de Sistema Nacional de Talleres Literarios realizaron el segundo Festival Nacional de Nar radores, dedicado al Taller de Narradores de Santiago. El encuentro realizado en las instalaciones del Centro Investigación, Mata Larga, en San Francisco de Macorís, fue un debate abierto sobre diversos temas relacionados a la narrativa actual como a la pasada. Con un programa amplio en el que se realizaron paneles, conferencias y conversatorios, durante dos días. El quehacer escritural dentro de la cuentística dominicana, el narrador: ¿nace o se hace?; El vínculo de la minificción con el cortometraje, La narrativa en la provincia Duarte, fueron algunos de los temas tratados en la actividad. El evento propició una plataforma de estudio sobre narradores dominicanos, así como el análisis sobre el cuento contemporáneo en el país. Ta l l e r i s t a s y d e s t a c a d o s escritores compartieron sus creaciones con el público presente, abriendo así reflexiones en pro de profundizar sobre el arte de escribir cuentos, sus técnicas, y su dimensión como género. En la clausura del evento los organizadores invitaron a los asistentes a participar en el III Festival de Narrativa, a realizarse el próximo año. PALABRAS PARA EL CONGRESO DE NARRATIVA SAN FCO. DE MACORIS 2011 Por Puro Tejada Señoras y señores: Me place dirigir me a ustedes para hablarles de algo que forma parte , no solo de mi experiencia en las labores Revista de Arte y Literatura

culturales, sino de mi vida: El Taller de Narradores de Santiago. Asistí, creo, a par tir de la segunda reunion en 1998 en Casa de Arte y desde alli se discutió el nombre posible para el grupo. Propuse, y fue aceptado, el nombre actual porque a pesar de ser bastante libre era y es un taller, lugar de compartir formación y proceso creativo; de narradores porque desde un princpio quedó claro que sería un espacio para privilegiar la narrativa, ya que según algunos miembros “se trataba siempre de poesía en los otros sitios”, lo que no quitó que alguna vez se tocase de poesía u otras expresiones literarias o artísticas, además de ponerse como norte eso, el ser narradores, no “de pelota” como se comentó alguna vez, sino ecritores de cuento o novela y de Santiago, por el lugar.Lo pensé incluso como propuesta temporal, pero quedó. Ha pasado de todo en estos años: hemos reído, llorado, andado, discutido, pero sobre todo hemos aprendido. Ha habido dos antologías, amores, nacimientos y decesos. Entre estos últimos, dos queridos amigos serán siempre recordados: el artista visual Leo Núnez que gentilmente cedió la reproducción de su trabajo para la portada de nuestra primer libro: “Para matar la soledad” y el Dr. Nelson Minaya, brillante intelectual que no pudo sobrepasar las turbulencias de su corazón y como Alfonsina se entregó al mar. Pero bueno, quiero hablarles de los vivos, de los que están o estuvieron y que merecen parte del pastel de la celebración porque cada uno y cada una han aportado su amor y su tiempo al taller. Quiero en este momento recordar además a los que están en otras tierras: Juan Sánchez, José Devárez y Binny Rosario en Estados Unidos,

Altagracia Pérez en Eslovaquia y quien suscribe, en Canadá, así como la escritora y periodista Rosa Silverio en España, que participó en la primara antología. Y para La Casa, eterna gratitud. Hace poco le decía a Ubaldo que me sentia orgulloso del taller porque miembro por miembro es el grupo más distinguido del país, comparable quizás a los mejores tiempos del Taller César Vallejo, pero sobre todo ha producido un espacio vital para la narrativa joven que ha encontrado proyección y eco, y amigos, amantes de las letras y las artes. “Tumbado en mi rincón/ oyendo enamorado mi joven corazón” canta Charles Aznavour. Desde la nieve y el silencio, agradezco, la oportunidad de poder dirigirles estas palabras, a los organizadores de este evento esta sorprendente dedicatoria, y a Ubaldo Rosario, por estar siempre. Toronto Canada enero 2011 31


El libro de los saltos y Voy hacia mi casa Una interesante propuesta poética bajo un mismo encolado Por Arlyn Desire Abreu Vásquez

El libro de los saltos y Voy hacia mi casa, la más reciente publicación del escritor Santiagués Pedro José Gris. El libro de los saltos El poeta interiorista en El libro de los saltos antes de adentrarnos en la poesía que crea, hace un ensayo sobre el arte y la vida; como manera de situarnos en sus conceptos filosóficos y marcarnos el espacio hacia dónde nos quiere llevar. La obra está integrada por cinco grandes temas que nos envuelven en una atmósfera reflexiva en la que transita el autor sobre el quehacer poético y sobre el ser. El concepto saltos, nos hace pensar en brincos, en subir y bajar, pero, la propuesta que plantea Gris es un salto en la conciencia, un salto en los esquemas de la poiesis. Es un salto, como él mismo sostiene, de la cantidad significativa a la cualidad concencial. Es la superación del lenguaje sobre las estructuras del mismo lenguaje para hacerse verdad de vida como él plantea. En El libro de los saltos aparece reflejada una búsqueda persistente sobre

el sentido de pertenencia del escritor como ser creador, como ser pensante y como ser social. Pareciera una batalla entre sus distintos yo: el yo descubridor, el yo metafísico, el yo vida. Pedro se mueve en ese aire, en ese cosmos intangible del ser interno. Conoce bien como artista las aguas que circunda. Su voz es profunda, ciertamente no lista para cualquier espíritu. Su canto vive a través de las cosas como fuente que parte de su interior en expansión como su universo, cuando dice: El Padre Universo parece haberse descubierto él mismo en nosotros… “Verduras tras verduras dentro de lo verde/ hay un cúmulo de savia saltando a hojas/ un cardumen de tallos nadando como peces/ Un hueco, un salto, un coctel de partículas que piensan”. Voy hacia mi casa El libro abre con un Responso, para luego entrar a la “casa”, la de Pedro Gris. Vo y h a c i a m i casa, la casa que es la tierra, la vida como imán que atrae y une a la tierra: gravedad que no le permite el despegue: Las anclas, las conchas, la gravedad que limita mi despegue. Pero, esta casa es una casa tan real como irreal, pues habita en sus sueños, y en sueños

despiertos: Tomo batalla en mi sueño, pero al despertar quizás guío mi automóvil por la ciudad real, pero cuando duermo, quizás sigo guiando mi automóvil por la ciudad real… Estos fragmentos per miten percibir su vuelo fuera de sí mismo, lo irreal que culmina siendo real. Estas ideas persisten en el libro. El despertar se le presenta como en un gran sueño. Pedro Gris presenta a través de Voy hacia mi casa una fuente de deslumbramiento íntimo, pues cuando dice: Han visto ustedes los rotos apegos que se tornan totales: Yo los vi en mis sueños. Al referirse a los apegos, no es otra cosa que su mundo interior. Más adelante aclara que no sueña: Pero, yo nunca sueño, mis noches son largas desapariciones frente a mis ojos. Pareciera que su espíritu cuando sueña no estuviera en su cuerpo, sino viajando, mostrándole el mundo de otras dimensiones, pero, con la virtud de conservar el mensaje. El libro de los saltos y Voy hacia mi casa tienen ese sabor indescifrable, ese exquisito sentir que tiene la poesía. Siendo muy profundos ambos libros llevan a que cada lector concientemente o no, incurra en cuestionarse, en reflexionar y preguntarse sobre si mismo, y sobre todo se sienta UNO con la vida.

Panel sobre cine dominicano El Centro León realizó el panel “Presente y futuro del cine dominicano”, actividad que contó con la par ticipación de profesionales de distintas áreas de la cinematografía nacional. Realizadores, actores y diversas personas ligadas al celuloide se dieron cita en el encuentro en el que como expositores participaron Alfonso Rodríguez, como realizador, Manuel Corripio, como productor, desde el punto de vista de los actores, Frank Perozo, y Marlon Soto representando la Dirección General de Cine. Los panelistas resaltaron la importancia del cine como arte que ha 32

venido en aumento en nuestro país con la realización de cantidad de filmes que hacen que el cine se desarrolle. El género comedia fue destacado por el productor y actor Alfonso Rodríguez, quien además expresó que: “aunque los críticos estén en contra de esto, creo que el aporte de este género al crecimiento del cine en el país será reconocido luego en la historia del cine dominicano”. Frank Perozo importantizó el rol del actor que más que “un oficio es una profesión”. Expresó que dicha profesión está en desarrollo en el país a pesar de que

no exista como carrera, como sucede en Estados Unidos. El productor Manuel Corripio enfatizó el concepto de industria que va ligada al cine y precisó que es un arte bastante caro, de altos riesgos y difícil, por lo que estimuló a los participantes a realizar proyectos sostenibles y de calidad. Marlon Soto explicó en qué consiste la ley de cine que se aprobó en julio del pasado año, así como los incentivos que tendrá para actores, realizadores, e inversionistas. Revista de Arte y Literatura


Por Fior D’aliza Taveras

POR AMOR AL ARTE FUE EL FESTIVAL DE CASA DE ARTE VERSION 2011 Los atractivos incluyeron recitales, conciertos, exposiciones, funciones de ballet y el arte en su plena manifestación

La institución Casa de Arte, celebró por todo lo alto, su XV Festival de la Primavera Arte Vivo, con una asistencia y una participación de manifestaciones artísticas y culturales, que durante una semana evidenciaron un derroche de calidad. Exposiciones pictóricas, funciones de ballet clásico, conciertos, presentación de artistas populares en los más diversos géneros musicales, convirtieron la vieja casona en la capital de la cultura durante toda esa jornada. Arte Vivo con su lema “Por Amor al Arte”, reunió a figuras emblemáticas como Fefita La Grande, Francisco Ulloa, Luis Segura, Sonia Silvestre, Patricia Pereyra, Sonia Alfonso, Audrey Campos, Fátima Franco, Xiomara Fortuna, Enya Tejeda, Rafelito Mirabal, Guarionex Aquino, Pen Bian Sang y Guy Frómeta, entre otros músicos dominicanos de jazz. La versión del año 2011, sirvió para rendirle homenaje a Luis “Terror” Díaz. La fiesta cultural se desarrolló del 2 al 9 de abril, en las entidades Casa de Arte, Centro de la Cultura de Santiago, y el Gran Teatro del Cibao. PONEN A CIRCULAR ESCRITOS A MI MANERA El autor ha publicado varias obras y ha sido ganador del Concurso de Ensayo del Colegio de Periodistas “Escritos a mi manera”, es el título de la nueva propuesta literaria del periodista y abogado José Madera, la cual la puso en circulación en un acto celebrado en el local del Colegio Dominicano de Periodistas de esta ciudad. La obra que consta de 120 páginas, recoge diferentes temas e inquietudes del veterano comunicador y escritor. Revista de Arte y Literatura

Familiares del autor, colegas e invitados especiales, fueron testigos de la presentación de la cuarta obra del también creador de “Pasado Pesado”; “El Negro Blanco” y “Episodio y Cristianismo”. Ramón Paulino, secretario general de la filial local del CDP, pronunció las palabras de bienvenida en las que destacó los aportes de Madera a la literatura y la comunicación a lo largo de lo años de su ejercicio periodístico. En el encuentro enmarcado en la agenda de la Semana del Periodista, el autor expresó su gratitud a quienes les inspiran y a quienes auspiciaron la ceremonia, al tiempo de exhortar a los presentes a leer la obra. //

SNTP FILIAL SANTIAGO ENTREGA PREMIO “DON ENRIQUE FRANCO” El periodista Leoncio Peralta fue el agraciado en la primera entrega E n r e c o n o c i m i e n t o a l a t r ay e c t o r i a periodística, apegada en valores, principios éticos y compromiso social y con el patrocinio del Viceministerio de Cultura, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) filial Santiago, entregó por vez primera el Premio “Don Enrique Franco” al veterano periodista Leoncio Peralta, coordinador del Listin Diario para la región Norte. La entrega de la distinción se realizó dentro de La Tertulia de la Prensa, en el Bar Moisés Zouain del Gran Teatro del Cibao, en el que el director del periódico La Información, el licenciado Enmanuel Castillo, abordo con mucha propiedad el tema de la ``Ética en el Ejercicio Periodístico``, en donde resaltó la valoración de la sociedad al periodista que actúa bajo esos principios como guía de la profesión. El vicepresidente del Instituto de Previsión y Protección del Periodista (IPPP), Nelson Peralta, leyó la hoja de vida del director del rotativo. En el encuentro, la licenciada Ingrid González de Rodríguez, trató el perfil del extinto periodista y exdirector de La Información Enrique Franco, y agradeció

a la Directiva del SNTP, tomar en cuenta el legado del veterano comunicador, el cual se distinguió por ejercer una profesión ética y con responsabilidad social; “es una buena manera de que la presente y futuras generaciones conozcan de la vida de Don Enrique”. En el acto del entrega del premio, el viceministro de Cultura, el poeta y escritor Enegildo Peña, expresó que cuando el Sindicato le solicitó el patrocino, este fue aprobado, por considerarlo como un gran estímulo al ejercicio del periodismo ético, del que se carece en la actualidad. El titular de Cultura, se comprometió en seguir respaldando la distinción y crear un mural a quien lo reciba y por eso se le hará el primero a Leoncio Peralta, a quien destacó sus virtudes acrisoladas. La periodista y miembro de la directiva del SNTP, Arleny Lantigua, leyó la semblanza de Leoncio Peralta, donde dejo evidenciado su gran trabajo en los distintos medios de comunicación. De su lado el premiado periodista Leoncio Peralta agradeció a la Directiva del gremio, su escogencia y que el mismo lo compromete a seguir ejerciendo un trabajo con los lineamientos de quien se rinde homenaje. El cantante Franklin Pimentel deleitó a los presentes en la primera ceremonia del premio que honra al periodista ético, don Enrique Franco, exdirector del diario La Información. GRUPO FRIORDANO EXHIBE OBRAS EN CENTRO DE LA CULTURA La muestra es una celebración del aniversario del colectivo de artistas plasticos El conocido colectivo de artistas plásticos Friordano, en el marco de la celebración del festival de la primavera Arte Vivo, presentó su muestra en el Centro de la Cultura de Santiago. 33


Los expositores fueron: Orlando Meniccuci, Roberto Ceballos, Danicel, Monora Fondear y Daniel Henríquez, quienes recrearon con sus obras el tiempo de fundación del grupo que cuenta con una trayectoria de más de cuatro décadas de historia. Las obras exhibidas en la Sala Yoryi Morel del citado centro cultural, acogió la muestra en ocasión del aniversario del gr upo, considerado uno de los pioneros en las agrupaciones de artistas, en especial de la pintura. La directora del Centro de la Cultura, la pintora Rosa Idalia García valoró la oportunidad del reencuentro entre destacados artistas que identificaron al grupo, como Danilo de los Santos, quien fue el responsable del montaje.//

el cine y el teatro de este ritmo conocido como la “música de los grandes músicos” fue analizada por especialistas de la investigación y el quehacer musical, tales como los consag rados internacionales: Poncho Sánchez, Luis Marín, Andy Duran, María Rivas, Chantal Drice, Pierre Rigaud, Juan Colón, Andy Gonzalez, y Justo Almario, entre otros. Durante todo el encuentro cultural, también participaron músicos criollos del calibre de Penbiang Sang, Manuel Tejada, Félix del Rosario, Crispín Fernández, y otros exponentes de la música considerada la de mayor influencia y que permitió una mayor comprensión entre los asistentes durante los tres días en que se desarrolló el cónclave con el tema del jazz latino y los aportes de los países caribeños. El director del Centro León, Rafael Emilio Yunén, en el acto de apertura y en el de clausura destacó la importancia de los invitados al congreso y de la oportunidad de abrir un debate sobre la música, asi como al desglose de conocimientos sobre el género que se dio en la jornada cultural.//

CENTRO LEON CELEBRA SU IV CONGRESO INTERNACIONAL DE MUSICA E IDENTIDAD Y CULTURA EN EL CARIBE El genero jazz fue el tema tratado por especialistas

UAPA DEDICA SU FERIA DEL LIBRO A CRITICO BRUNO ROSARIO CANDELIER E l n i ñ o p r o d i g i o Jo s u é K e n n e d y Núñez, deleitó a la concurrencia con su virtuosidad en el piano

D u r a n t e t r e s d í a s c o n s e c u t ivo s l o s dominicanos analizaron y disfrutaron del género jazz, con el IV Congreso Internacional de la Música, Identidad y Cultura en el Caribe, organizado por el Centro León y el Instituto de Estudios Caribeños (INEC), celebrado recientemente. Las diversas formas de proyección artística y cultural a través de la danza, la literatura,

En reconocimiento a sus aportes a la creación y promoción de los valores de la cultura y la literatura, tanto en el ámbito nacional como internacional, la Universidad Abierta para Adultos (UAPA) dedicó al critico literario Bruno Rosario Candelier, la VII Feria del Libro y la V Feria de la Tecnología Educativa, celebrada recientemente. En el acto inaugural de la actividad, el fundador y rector de la entidad educativa, el doctor Angel Hernández, resaltó los cuantiosos aportes del laureado escritor y Premio Nacional de Literatura 2008 a través de una incesante labor que ha desarrollado por todo el país con gran proyección internacional. En su intervención expresó que desde hace ocho años, la primera universidad a distancia celebra su feria del libro y que mediante la elección de los miembros del Consejo Académico, se elige el literarato, el cual debe ser un profesional en el ámbito de las letras

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que esté vivo, para que pueda compartir las experiencias con la comunidad universitaria. De su lado, el homenajeado agradeció la distinción de la Institución de dedicarle la feria, considerada las más importante de Santiago y la región del Cibao. La placa de reconocimiento fue entregada por el vicerrector Rafael Espinal y la ponencia sobre sus obras, la realizó el escritor Fari Rosario, quien valoró su potencial en las letras, su contenido social y su pasión creadora. El niño prodigio del piano, José Kennedy Núñez, alegró a la concurrencia con su virtuosidad en la interpretación de selectas piezas clásicas, populares y de su creación, las cuales fueron apreciadas por todos. Los coordinadores de las ferias, Reyna Hiraldo Trejo y Arismendy Rodríguez, destacaron la cantidad de editoras expositoras y el atractivo académico que incluyó conferencias, conversatorios, talleres, presentaciones artísticas y puesta en circulación de libros de autores como el de Fari Rosario,, Luis Vergés y Arturo Fermín. También las conferencias como “Experiencia de Desarrollo Econ��mico y de las Pymes de Taiwán”, a cargo del embajador de Taiwán acreditado en el país, Issa Tsai; la charla “Importancia de las TIC en la gestión organizacional con Patrica Ortiz, de Synergies; la conferencia “La Batalla de Santiago” con el historiador y director del Archivo Histórico Robert Espinal; presentación del Software en Gestión de colegios” a cargo de Edwin Quijada de Microsistema. Además de la conferencia sobre Gestión y Minería de Datos con Vivian Estrada y Pedro Pablo Febles del Ministerio de Educación de Cuba; la conferencia El uso de los dispositivos móviles en la educación con José Armando Tavarez, rector del Instituto Tecnológico de las Américas. ITLA; el taller de origami, bajo las instrucciones del especialista Andrés Acevedo, la conferencia “La literatura infantil en la República Dominicana en coordinación con el Ayuntamiento de Santiago.”

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