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AĂŠrea

Identidad Particular

Negrot

Febrero / Marzo 2011

Moderna

Venezuela

Bs. 30


Paradito en la puerta del salón de belleza improvisado en una casa de Los Corales, mira al mar y entrecierra los ojos para filtrar la luz e imaginar los mundos que retumban más allá de las olas. Las voces del interior interrumpen su ensoñación y vuelve la cara hacia el salón donde se afanan las peluqueras enrollando mechones en cilindros plásticos y engarzando postizos espumosos. La imagen de su abuela desplaza todo. Está sentada con las piernas estiradas: las uñas de sus pies se han convertido en globos escarlata separados por copos de algodón. El niño, que entonces tiene unos 7 años y hace grandes esfuerzos por olvidar su propio nombre, el que le han puesto en memoria de un abuelo desalmado que había estado preso por matar a su mujer y vengar el honor mancillado, aspira el olor de la pintura de uñas, que en su corazón se mezcla con la atmósfera de ternura en que envuelve a su abuela. En ese momento, dividido entre el solazo de La Guaira y la sombra dulce de la peluquería de barrio, es feliz. Concentrado en el encaje que traza la laca en el aire, en su viaje hacia el moño, suspende por un ratico las angustias que acucian su breve vida: es una niña encerrada en ese cuerpo de pantalones de caqui y pelo corto. Cuando trasponga esa puerta y eche a andar por las calles de Los Corales retornará el sobresalto, pero ahora sólo cuentan el perfume de la laca, los picos de cabello batido que se yerguen en la cabeza de su abuela y las lunitas de esmalte blanco que la manicurista ha trazado en sus lúnulas.

AÉREA NEGROT

ELEVADA Por Milagros Socorro Fotografías de Roberto Mata


PASAJERA Estilismo Daniel Leal / Maquillaje Carlos Obreg贸n / Cabello Jalla Ram铆rez Vestuario Colecci贸n Fran Beaufrand / Querida Pen茅lope Accesorios MEC


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Aquel muchachito es Aérea Negrot, cantante de la banda Hercules and Love Affair, solista firmada por el sello alemán Bpitch Control, soberana de la noche y reina de lo visible y lo invisible. Por encima de cualquier consideración, Manuelito o Rafaelito o Chuchito (en verdad, no sé cuál es el nombre original de esta asombrosa criatura) era un ser humano nacido con talento. Ese es su auténtico tormento. Negrot, por la cantante mexicana Toña La Negra, dotada de un vozarrón con destellos masculinos, y por la bolerista cubana Olga Guillot, garganta desgarrada, alma de acero. Lo de Aérea sí es más largo de explicar. Resulta que el abuelo materno de Aérea era un ingeniero cibernético, sí, se había diplomado en los Estados Unidos con este futurista postgrado y era responsable del cable submarino de Venezuela. Ya jubilado, este hombre llevaba a Aérea (no olvidar que entonces era un carajito) y a su hermana, los fines de semana, al terminal internacional del aeropuerto de Maiquetía. Iban a ver el despegue y aterrizaje de los aviones, a curiosear la toilette de ciertas pasajeras especialmente elegantes y a escuchar los anuncios por altavoz, que luego los hermanitos parodiaban en sus juegos infantiles. Aérea se familiarizó de tal modo con los uniformes de los sobrecargos y las singularidades de las diversas líneas, que, a los 17 años, cuando entró a trabajar en el Hotel Sheraton todavía como muchacho, comenzó a coleccionar amantes que caracterizaba según la línea en la que trabajaban. “Aérea es una mujer que ama de forma pasajera y elevada”, explica. “En la etapa del Sheraton me enamoraba siempre”. Los Alitalia solían pasar de los 40 y eran casados. Lufthansa, tuvo uno, divertido y afectuoso. British Airways, uno también, muy formal. United, dos, previsibles e insaciables. Iberia, unos cuantos, “a todos se le veía el odio a la colonia”. Terminaría ganando KLM: “así llegué a Holanda”. El pelaíto cuyo nombre ignoramos nació el 9 de octubre de 1980, “bajo el signo de Libra, como John Lennon”, en el Hospital José María Vargas, de La Guaira. Sus padres se habían conocido en un estudio de televisión del canal 8, donde eran bailarines de “disco fiebre”. -Entonces, ¿usted es algo así como la hija de Fred Astaire y Ginger Rogers? –concluyo. -No. La verdad es que soy hija de dos Ginger Rogers.


AÉREA NEGROT

ELEVADA PASAJERA No iba a crecer con su padre, quien ni llegó a establecer una pareja con la madre. Estudió la primaria en el colegio San Judas Tadeo, en Caraballeda; y la secundaria, en el liceo Tomás Vicente González, en Caricuao. Era negado para educación física y matemática, pero muy bueno en historia, castellano y geografía. “Podía decir de inmediato cuál es la capital de Siria pero jamás he sabido cuánto es 5 más 5”. Cinco años tenía cuando cayó en cuenta de que “algo no andaba bien”. Y a los 6 años sobrevino la crisis. El 25 de diciembre de 1986 se levantó muy temprano y fue corriendo al arbolito. Al pie había un carrito y una Barbie Bárbara Palacios. Creyendo que nadie cuestionaría el criterio del niño Jesús, cambió las tarjetas. De nada sirvió. Se la quitaron. Poco después, su madre lo sorprendió jugando muñecas. Lo obligó a ponerse un vestido azul de su hermana, unos aretes de la abuela y lo sacó a la calle para que escarmentara con las burlas. -Yo me sentía terriblemente avergonzada –recuerda-. Lloraba y le juraba que no lo volvería a hacer. Entonces ella abrió la puerta y me dejó entrar. Mientras me secaba las lágrimas experimentaba el placer de usar un vestido y, en mis orejas, la presión de los zarcillos de perlas clip de mi abuela. En fin,

que no me lograron corregir. Bueno, sí, un poquito, porque ahora la Barbie soy yo... y juego con Ken. En su primera juventud en Caracas, el muchacho que era Aérea pensaba que sería bailarín. Lo era. Casi cada noche iba a las discotecas, primero con los empleados de las líneas de aviación y, luego, con los amigos que venían atraídos por su ingenio y dulzura. Se presentaba en las discotecas y bares gay de Caracas como artista fonomímica. -Pensaba que sería bailarina clásica –confiesa y gesticula con las enormes muñecas de quien desciende de linaje portuario. Hay que decir que mide 1.78 metros. De hecho, tomaba clases en la Escuela de Ballet del teatro Teresa Carreño, donde su padre había bailado. Pero una noche de copas, ciertamente, una noche loca, estaba bailando en clave Las Vegas, ‘Quiero mi Cuba libre’, cantada por Gloria Estefan, y tuvo un accidente aparatoso: su rótula estuvo a punto de saltar por los aires… dos meses con una férula articulada. Tenía 19 años. Y decidió que seria cantante. Otra vez, clásica. En cuanto se recuperó, regresó a Holanda, donde ya había estado con el afectuoso señor KLM.

-Estaba en La Haya y tenía 20 años –puntualiza- cuando conocí a quien es mi esposo actualmente, Tilman Haenckel, quien entonces era agregado cultural de la embajada de Alemania en Johannesburgo. Fue él quien me hizo encauzar mi vocación. Comencé a tomar clases de canto en el London Center of Contemporary Music. Fue maravilloso. Descubrí que tengo unas cuantas octavas. Me siento cómoda cantando como tenor, pero soy una mezzosoprano. Admite influencias de Ella Fitzgerald, Eartha Kitt, Billy Hollyday, Nina Hagen y Soledad Bravo. “Me imagino que soy una mezcla de todas ellas, con especial inclinación por Soledad Bravo” Para ese momento Aérea no había nacido, por así decirlo. Aérea Negrot sólo vive en el escenario, en los discos y en los videos que pueden verse en youtube. Lejos de los reflectores, ella es Danielle Gallegos. “Por el maestro Rómulo Gallegos, autor de Doña Bárbara”, especifica antes de que se le pregunte. A los 22 años todo encajó. “Asumí mi identidad sexual (mi orientación sexual había llegado mucho antes)”. Y nunca más fue un muchacho. A partir de entonces, es un mujer. De inteligencia excepcional, por lo demás.


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Danielle, Aérea, vive en Berlín. Canta básicamente, ópera y tecno. Habla alemán, holandés, francés, portugués (es la nacionalidad de su padre, por cierto), inglés y un poco de danés. Canta en castellano, alemán, francés e inglés, lengua en la que dice sentirse más cómoda en su arte.

En esta ocasión, Danielle llegó a Caracas invitada por MONO. Hacía 4 años que no visitaba esta ciudad o veía a su familia. Tiene 12 años fuera de Venezuela. Y las relaciones con su madre, no son las mejores. Ella habla de eso sin perder el humor y esa atmosfera de serena alegría.

En 2010 publica su primer album como cantante en solitario con la prestigiosa disquera alemana Bpitch Control, fundada por Ellen Allien. Nada mal. Ha trabajado muy duro para lograrlo. El muchachito que creció en la Iglesia Evangélica Cristiana es hoy una figura en alza en los reflectores del planeta. “En mi música”, explica, “llevo la emoción excesiva. Es lo que aprendí en mi auténtica primera escuela: las telenovelas de mi infancia, Abigail, El Sol Sale Para Todos, Cristal…”

-Mi visita a Caracas –me escribió despuésfue todo un relámpago... aún así, salí de Venezuela con los mejores logros: Visita a mi familia, un photoshooting divino del cual eres una las responsables de su éxito, y además un pasaporte con chip, que me ahorrará mucho estrés al pasar por Inglaterra. Todo en tres días, como en los viejos tiempos de Maxy´s. Es una zalamera. El día que la entrevisté me cantó a capella su canción, "Quiero llevarte conmigo". Aproveché la intimidad para preguntarle si había tenido un Viasa.

-Qué va –me contestó-. El amor de mi vida es venezolano, cómo no, pero no tiene ni carro. Mientras conversamos, se cambia de ropa varias veces para el reportaje, una recreación sofisticada del ama de casa de los años 50. Le encantan los vestidos. Se mira en el espejo y admira su belleza. En algún momento me mira a los ojos, baja la voz y me hace una confidencia: ha pensado ponerse un uniforme verde oliva con muchos prendedores. La chaqueta iría muy ceñida a la cintura, eso sí. -¿Qué ropa jamás te pondrías? –le pregunto entonces, ya que ha fantaseado incluso con disfrazarse de dictador. Mira la montaña circundante y contesta resuelta: “Un interior.”


ARTE

Elisa Rodríguez Campo

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MUSEOS: Los museos gradualmente se desprenden de su pesada coraza sagrada para dar cabida a la experiencia y el divertimento como forma pura de arte.

El panorama que rodea la fractura de un glaciar y su consecuente desprendimiento en forma de iceberg, es tan sublime como sobrecogedor. Estos colosos de hielo compactan la transparencia del agua, que congelada en su médula, es percibida como un desconcertante y hermosísimo azul. La monumental arquitectura de estos témpanos itinerantes, forman islas que flotan sobre aguas heladas, siguiendo el curso natural de las mareas y mostrándose sólo en parte a la superficie. No cabe duda que todo ello resulta a nuestros ojos un espectáculo. Hoy quizá, bien pudiera compararse este desprendimiento ocurrido en aquellas estructuras glaciares, frías y contundentes, con lo que sucede en “El Museo”. Una Institución que recientemente sufre un quiebre y queda en parte a la deriva, convirtiéndose en un lugar de espectáculos itinerantes.

Aquella primera grieta que resquebraja La Institución pudiera localizarse en Shibboleth de la colombiana Doris Salcedo, una metáfora casi tan literal como profunda, pero en todo caso bastante ilustrativa. Salcedo excava un delgadísimo hilo que deviene zigzagueando, en una ancha y honda hendidura de 167 metros de largo, sobre el suelo del salón de turbinas de la Tate Modern en Londres (2007). La contundente retórica implícita en Shibboleth, representa no sólo el quiebre que separa o margina al otro lado del sistema a determinados grupos en las sociedades contemporáneas. Esta metáfora es tan elástica que cuestiona el quiebre del Museo como “La Institución” e inaugura el uso pagano de estos enormes espacios, donde definitivamente el visitante puede acercarse a consumir entretenimiento y ser partícipes del espectáculo. En síntesis, el

sentido del Museo se profana y se subvierte a escala monumental, institucionalizándose su nuevo uso basado en la diversión. Desde principios del siglo pasado, los primeros parques temáticos y de atracciones albergaron maravillas modernas que el espectador curioso miraba desde cerca. Ferias como Conney Island fueron paraísos de lo posible donde el espectáculo en sí mismo, requería de la voluntad del visitante como parte del show.Dicho cuestionamiento de un nuevo escenario museístico para alojar divertimento fue sobredimensionado con el tobogán de Carsten Höller, enclavado también en la sala de turbinas de Tate Modern (2006). Una enorme estructura por la cual el visitante ansía deslizarse y ser parte integrante de esta pieza, para literalmente recorrer los distintos niveles del museo. Si bien la manera participativa, performática


e incluso física, de rodear una escultura minimal había sido observada por Rosalind Krauss décadas atrás, la teatralidad que propone el arte contemporáneo como espectáculo, reclama no sólo participación sino también deslumbramiento del público. Queda desmantelado aquel espacio impecable del museo, que ahora alberga propuestas artísticas, cuyo gran potencial reside en el asombro que son capaces de producir. Con la democratización del turismo, los principales visitantes de los museos se acercan a recibir un estímulo más, sólo que esta vez el arte les hace acreedores de una carga conceptual, quizá inadvertida por ellos mismos, pero en todo caso más profunda de lo que parece. Como aquel Iceberg, este trozo de monumentalidad desprendida del museo sólo muestra su punta, una apariencia divertida y sencilla que sin embargo representa todo un sistema conceptual subyacente. Es el arte como espectáculo, dentro y fuera de las instituciones, el responsable de congelar contenidos que de otra manera habrían sido mucho más difíciles de asimilar por el espectador común.

No obstante, lo más contundente de estas propuestas no es su tamaño, ni su fuerza poética, sino la manera en que logran filtrar en el espectador contenidos profundos que antes sólo habrían desenhebrado intelectuales o amateurs.

Esta nueva dinámica apoteósica que ha encontrado la industria del arte y los museos para subsistir, competir y atraer público dentro y fuera de sus estómagos, no sólo han hecho del arte algo atractivo, sino inmensamente conmovedor.

Aquellas piezas exhibidas en los museos que hasta hace muy poco pedían el silencio y recogimiento reflexivo del espectador, han sido sustituidas por piezas como acontecimiento, como un espectáculo inscrito en lo que fue antes un templo donde rendir devoción. Hoy por hoy nos piden complicidad y participación activa, lo cual puede concretarse en el más banal, pero muy válido goce estético.

Si bien el artista Anish Kapoor ha disparado proyectiles de cera color-visceral dentro del Guggenheim de Bilbao; la turgencia de su The Cloud Gate, una escultura monumental de calle enclavada en la ciudad de Chicago, no deja de sorprender y atraer visitantes.

Tobogán de Carsten Höller, sala de turbinas de Tate Modern (2006)

El museo devora todo aquello que surge fuera de sus dominios para sintetizarlo en su estómago, nutrirlo y hacer de él un producto artístico certificado y sobre todo rentable. El museo ha conseguido una fórmula perfecta, la enzima del divertimento para poder ofrecer una síntesis de contenidos profundos, tan nutritiva como fácil de digerir, de la manera más democrática posible.

The Cloud Gate, Anish Kapoor Chicago

Doris Salcedo - Shibboleth Tate Modern (1999)


SOLILOQUIO

ERGO

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DERECHO A RÉPLICA

El diálogo político tiene que comenzar en alguna parte, ¿porqué no en la calle?

A diferencia de mis padres, yo nací en una ciudad rodeada de ranchos. Yo no conozco la Caracas de ayer, no sé que es vivir sin muros o rejas o bajo los famosos techos rojos. El punto es que cuando pienso en el contexto en el que pinto, mi visión de país es el de toda esa generación cuya infancia incluyó un Caracazo, dos golpes de estado y la erosión de la democracia – primero por los blancos y los verdes, y después por los “socialistas”. Aún cuando he tenido la suerte de ver la metamorfosis de mi país desde distintos puntos de vista, cuando salgo a pintar, no lo puedo hacer desde otro punto de partida que no sea desde un contexto social. Yo comparto la preocupación por el país que nos dejan Lusinchi, el chino de Recadi, el gordito de la camisa rosada y el actual Presidente de la República. Y como mucha gente, me incomoda que la visión internacional del arte urbano venezolano está siendo definida cada vez más por el trabajo y la visión - de grupos y colectivos cercanos al proceso de Hugo Chávez. Que no se malentienda: a diferencia de muchos, yo creo en el trabajo de base y la metodología didáctica de muchas de estas alianzas artísticas. Pero también creo que es ingenuo pensar que todos los artistas urbanos comparten esa visión de país. Creo que existe un grupo significativo de artistas urbanos que todavía tiene algo que decir, o por lo menos, una serie de preguntas pertinentes para la sociedad y nuestros representantes. Un grupo de gente que entiende que todo cambio empieza con la misma

pregunta -¿por qué?-, y que gente que con multitud de ideas – y una notable falta de cordura – sale a expresarse regularmente a través del arte urbano. Esa voz, sin embargo, rara vez se oye en el debate de ideas que se libra en las calles. En gran parte, por la intolerancia de las autoridades, del ciudadano promedio y hasta de otros artistas. Pero también por lo poco respetable que se ha hecho adoptar una causa en Venezuela. El problema no es la falta de material: a diario, el artista venezolano puede elegir entre los 51 asesinatos del fin de semana, el colapso del Hospital Pérez Carreño, la devaluación del bolívar, la presunta presencia de un grupo guerrillero extranjero en nuestro territorio, o cualquier otro tema que caracteriza la Venezuela del siglo XXI. Por ahora tenemos esa libertad, de elegir y decidir cuál es el nervio que hay que tocar, cuál es el mensaje que más reclama un intérprete, y de proponer una contraoferta ideológica. Artistas como Vaki y El Ale con su Reklamarte, y la gente de Conciencia Visual con trabajos sobre el respeto y la violencia respectivamente, ya han sentado las bases de un diálogo más participativo y plural. Pero esto es sólo el comienzo. El reto no es lograr la coordinación o coherencia tan ausente en todo otro debate social en el país. El reto, para todos los que pedimos un derecho a réplica, es contribuir con una de las discusiones a la que todavía tenemos libre acceso.


Fotos cortesĂ­a Conciencia Visual y Reklamarte



Revista MONO - Libertad