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+letras Revista independiente

Nยบ3 Portada: Marian Vielva revistamasletras.tumblr.com


ÂĄGracias! Queremos agradeceros todo vuestro apoyo en esta aventura que tenemos por delante. ÂĄMuchas gracias por ser una parte de ĂŠsto y un enorme abrazo! - Equipo +Letras


Prosa

Cuento

Alberto Martínez .... 4

Ignacio Castellanos .... 6

Cómic

Ilustración

Manuel Barbón .... 11 María Alea .... 13

Poesía

Laura Lobeiras Muñiz .... 34 Myriam Soledad .... 36 Ángel Torezano .... 41 Cristina Escriche .... 43

revistamasletras.tumblr.com

Mauro Hernández .... 10

Relato

Carmen Tomás .... 17 Laura Gijón .... 20 Elena G. Reyes .... 21 Baal Fausto ... 25


Los Mejores Cortometrajes animados de Terror. Hoy: “Sandman” de E.T.A. Hoffman y Paul Berry por Alberto Martínez de Noviembre Nocturno

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andman es un personaje legendario del folclore tradicional del norte de Europa; uno de los muchos habitantes nocturnos de relato infantil, experto en el manejo del sigilo y servidor de una mágica prevención contra los malos sueños y las pesadillas. Sus cualidades parafísicas le permiten adentrarse en los dormitorios de nuestros desprevenidos infantes, esparciendo sobre sus ojos una suerte de arenas mágicas que inducen al buen dormir y las fantasías oníricas. Básicamente, se trata de un amable personajillo al que recurrir cuando los niños deciden no dormirse a la hora convenida por sus mayores, con el alentador mensaje de una visita del tierno y divertido Sandman.

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Las legañas cristalinas, por ejemplo, suelen ser fantasías, se convierte en amenaza de nuestro mal prueba evidente de su paso por las estancias de comportamiento... Si el niño no se duerme, Sandman utilizará su arena para arrebatarle los ojos, nuestros pequeños. y transportarlos después hasta la remota luna, No obstante, como sucedía con la mayor parte de donde aguardan sus hambrientas crías deseosas los cuentos tradicionales,especialmente en el me- de alimentarse... dievo; cada familia manejaba su propia versión, transmitida y transmutada de generación en ge- De este modo, Sandman se convierte en uno de neración en un intento, no siempre fructuoso, de tantos personajes de la cultura popular, que calmar a los niños más traviesos antes de la hora transforma su bondadosa invitación al buen comportamiento, en aterradora amenaza de castigo a del sueño. los niños malos. Sin embargo, en el caso de Ernst Theordor Amadeus Hoffman (E.T.A. Hoffmann), la versión de Y así debió ser como llegó esta historia al fantásesta historia merece una mención aparte. El rela- tico animador de Stop-Motion Paul Berry (Pesato “El Hombre de Arena” (Der Sandman) escrito dilla Antes de Navidad; James y el Melocotón Gien 1816, y publicado por primera vez en el recpila- gante) que la adaptó en un magistral cortometraje torio “Die Nachtstücke” (algo así como “Fragmen- de animación nominado al Oscar en 1991. tos de la Noche”)incluye un giro en la leyenda de Sandman que resulta ciertamente aterrador. En No duden en visionarlo, es posible que su concepesta narración, el protagonista recuerda una ver- to de otros amables personajes del folclore pueda sión relatada por su nodriza, en la que Sandman, sufrir una aterradora reversión en sus pervertidas en lugar de alentar el sueño con reconfortantes mentes...

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Un polvo a media noche por Ignacio Castellanos

Era la última cerveza en la nevera. Asunto peliagudo. Igualmente me la ventilé en pocos tragos. Encendí la radio y sintonicé un canal de música clásica. Desconocía si fuera llovía o era de día. Tampoco me importaba. Solo sabía con certeza, que era sábado, y mi camello habitual se había ausentado por todo el fin de semana con una fulana nueva. Solo tenía cerveza en la nevera, y ahora ni eso. Decidí reunir fuerzas bajo la tenaz pereza. Cogí un cinturón para el pantalón caído, y salí por la puerta con intención de buscar material en el supermercado. Algo encontraría con lo que poder resistir todo el fin de semana. En las escaleras me tropecé con mi vecina sin su pareja salta dientes habitual. Aferraba con miedo

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su bolso grande de tela. Me saludó levemente con la cabeza y se escabulló hacia el interior de su apartamento. Siempre me pareció demasiado delicada y atractiva para un lugar tan sórdido, como lo era aquél deprimente bloque de apartamentuchos. Por norma general, esquivaba mi mirada. Mejor haría en huir muy lejos, o mejor aún, que matara a su pareja mientras dormía. Así no volvería a verla con moretones en la cara. Lo cierto es que me importaba una mierda si le pegaban o follaban. Supongo que soy una persona de lo más vulgar y detestable. Perfecto para un deprimente bloque de apartamentuchos. En aquellos días tenía bastante con mantenerme en píe sin babear.

––Oye…deberíamos vernos…hablar de todo esto. ¿Hablar de qué? Odio discutir. Nunca le encontré el menor sentido. Cuelgo el teléfono. Dejo las latas en el suelo. Pongo la radio. Comienzo a tragar. Me duermo. El teléfono me despierta. Lo cojo. Al otro lado sollozos. Lo vuelvo a colgar.

Miro por la ventana. Es de noche. Finas gotas de lluvia caen contra la ventana. Abajo un grupo de borrachos discuten frente a un antro. Eso me hace recordar que aún me queda cerveza. La radio sigue sonando. Me agacho a coger una lata. Oigo la puerta de los vecinos abrirse. Me acerco a la mirilla y veo como el gilipollas salta dientes se Al volver del supermercado, la luz del sol y el so- larga con una maleta pequeña. Un escalofrío me nido de los coches se me hacían insoportables. No recorre el cuello, pero se me pasa al ver a la joven podía dejar de maldecir a mi camello y sus putas mártir tras la puerta entreabierta de su apartapor no estar en mi covacha. Bastante odiosos eran mento, para luego cerrarla furtivamente, cadena ya de por sí los recuerdos, como para tener que incluida. afrontarlos sin combustible para olvidarlos. Suspiro. Vuelvo a mi sofá. Oigo gritos en la caMe siento en el sofá. Suena el teléfono. Lo cojo. lle. Unos borrachos se golpean mientras los cerdos del corral los animan. Bajo la persiana. Cojo un ––¿Estás ahí? Se que estás ahí. libro. Paso página. Sigo pasando una hoja tras hoja. Pero las horas no transcurren como las páSu voz me suena. Es la de una mujer. Sin duda ginas. ebria. Solo me queda una cerveza. Alguien golpea con ––Eres un mierdas y siempre lo serás ¿Sabes insistencia a la puerta. Arrastro los pies hacia cuál es tú problema? No eres capaz de comuni- ella. No miro por la mirilla. La abro. Una joven carte ¿Estás ahí? Dios, típico de ti. Seguro que te en zapatillas entra. Se gira y me abraza. Comienestás jodiendo a alguien y te pone oírme. za a llorar. La aparto unos centímetros. Tardo unos segundos en darme cuenta de que es la veciLa escucho. No le falta razón. Al menos en lo pri- na. Busca mi boca. mero. 7


Supongo que alguien con su trayectoria vital, estará llena de traumas, miedo a la soledad, dependencia emocional y a saber cuanta mierda más. Pero joder, quien no tiene traumas y locuras latentes bajo la carcasa. Vamos a la cama. No me importa el por qué ni el como. Es joven y mi cuerpo solo desea drogarse ya sea con alcohol o sexo. Lo mismo me da. No tarda en desnudarse. Soy consciente de mi torpeza. Es suave. Me excito al ver que ella también lo está. Llego al clímax. Creo que ella también. Aunque no me importa. No demasiado. La habitación huele a sexo y muy poco a amor. Desnudos miramos al techo. Pletórico, cual revelación mística, recuerdo que me queda algo de vino. Aún desnudo, me levanto y lo traigo junto con dos vasos. Ella se lo llena hasta arriba. ––¿Enciendo la televisión? ––le pregunto. Asiente con la cabeza mientras se bebe el vino a grandes sorbos. Dan una película en blanco y negro. Todavía es de noche. Apenas nos miramos. Pero es agradable. No nos decimos nada. Solo miramos al televisor con el vino de por medio. Nada me cuestiono. ¿Para qué? Comienza a entrar luz por las rendijas de la persiana. La película está a punto de terminar. Ella deja de beber y me mira. Yo le beso los pechos y sigo bajando. Ella se deja llevar. Suena el teléfono de nuevo. Quizás ahora la borracha de al otro lado del teléfono tenga razón también en su segunda acusación. Pero prefiero concentrarme en hacer olvidar a mi invitada toda la basura del mundo, incluido a mí.

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El Peregrino gris por Mauro Hernรกndez Grafito. DIN A4. 10


Jen #6 por Manuel Barb贸n 11


Jen #7 por Manuel Barb贸n

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Como la cigarra por Carmen Tomás

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a camaradería sigue presente, confiaste en ellos desde el principio, así fue, te la jugaste. En el pasado, muertos disfrazados de vivo utilizaron esa franqueza para derribarte, por unas horas, nunca más de un día. Prometiste ser cauta, ofrecer una máscara, nadie intenta golpear a una máscara, de hecho a los verdugos les encantan las máscaras, son sus aliadas. Volviste a mostrar las cartas, a cometer el mismo error, esta vez con la gente adecuada. Y ahí estás tú, con otros que como tú han sufrido, horrores han sufrido. Los pobres son tan tontos, se ilusionan por nada, incapaces de ver que deben protegerse, pensar en sí mismos, mentir, usar a los demás y abandonarlos después a su suerte. No entendieron nada, míralos

qué felices, expuestos de cuerpo entero, como los muy jodidos siempre se levantan, ya pueden reventarles la autoestima que indefectiblemente se levantan. Sin ir más lejos, Cabiria, la protagonista de la película Las noches de Cabiria, tras haber sido estafada por el amor de su vida, escucha un poco de música sonríe y se levanta. Tus compañeros actúan igual, van al cine o al teatro, leen un libro, observan un paisaje, incluso les puede dar por organizar un viaje y se levantan. Bien, pues en esas estáis, cenando para celebrar que en pocas horas partís de viaje, a la Luna, sí, sí, a la Luna, ilusionados, muy ilusionados, no tenéis remedio, sois todos unos tontos de remate. Las risas, las palabras, brotan de vuestros labios, 17


fluyen, componen coros, forman carcajadas, os explotan en la cara. Bebéis vino, un buen caldo de vino tinto riega los manjares con que os estáis atiborrando, se os desata aún más la lengua. Con su voz de escenario Andrés recita un poema, pones freno a tus disparates, quieres escucharlo. Decidido, canta una canción de Sabina, Violeta lo desaprueba, Sabina le parece un fantasma por presumir de harén, Andrés te dice al oído- acaba de soltarme que la tengo pequeña- le consuelas está luchando contra sus sentimientos, aún anda en la fase de negación- te mira de reojo - sí, seguro que es eso ¿sabes? ahora podríamos estar todos desnudos en la misma cama y ni intentaríamos tocarnos-. Es el momento más álgido, Àngels te llama:- Carmen, Carmen- cuesta bajar de la nube, Àngels nunca se sube a la nube, ella es de campo, de tierra, es práctica, lleva el ancla a todas partes, -Carmen ¿le has dicho a tu hija lo mucho que la quieres antes de salir de casa?-, - no recuerdo ¿por qué?- responde- este viaje es arriesgado, los vuelos interplanetarios están en pañales, somos pioneros, quizás no volvamos, quizás ni siquiera consigamos llegar-. Aterrizas de golpe, extraes del bolso el pasaje para el cohete, dudas, en ese momento Andrés entona Non, je ne regrette rien de Edith Piaf, aprietas el billete, sonríes, te levantas y le tomas el relevo con otra vieja canción: “Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí resucitando. Gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal, porque me mató tan mal, y seguí cantando…”

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Los sueños sueños son por Carmen Tomás

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aminas acariciada por una brisa que te eriza la piel. El globo solar, un tanto desmesurado, cuelga del aire, invita a la alegría, te dejas llevar. Paseas, paseas en cueros refrescada por el ir y venir de olas pequeñitas como los granos de arena que resbalan juguetones entre los dedos de tus pies. Desde que puedes recordar, los momentos de paz han sido tan efímeros, este dura demasiado. Ahí está, no se ha hecho esperar, la amenaza ha tomado forma de toro bravo, sabes que embestirá, intentas correr, una repentina parálisis te lo impide, ha llegado la hora, lo anuncia hasta la tormenta recién aparecida. La bestia agacha la cabeza, con la pata delantera golpea la playa, tranquila, si no has despertado es porque aún queda esperanza, en efecto, ha venido alguien a salvarte, nada menos que un ángel o un arcángel, ves a saber, el caso es que un superhombre con bucles dorados se ha materializado para salvarte. El adonis no te mira, tampoco lo esperas, está claramente fuera de tu alcance, gracias a esa imagen consigues olvidar por completo al mastodonte, vuelve a lucir el sol, sus rayos son espejos donde los rizos del querubín se esponjan y brillan, no puedes quitar la vista de esos rizos. Tú héroe es un tipo serio,

no está para tonterías, indiferente a su belleza, al placer que provoca, concentra la atención en librarte del toro, de la bestia, del mal, no puedes aplaudirle, ni llamarle guapo como quisieras, sigues paralizada. Del curioso taparrabos con que se cubre saca una espada, azul como el cielo, como el mar, como los ojos de tu madre, como el aire que se vuelve respirable, la empuña y sin titubeos le rebana la cabeza dejando un charco de sangre que bien pudiera ser negra. Esto ya no te gusta, sientes arcadas, pobre animal, tan hermoso, aunque no hubiese dudado en ensartarte no deja de ser su instinto de bestia poderosa. Ese cuello, esos cuernos, el angelarcangel se ha pasado pero esto es un sueño y él actúa por cuenta propia. Agarra la cabeza del toro, la desliza dejando un reguero de sangre, finalmente deposita la ofrenda a tus pies, recuperas la movilidad y te dispones por fin a besarle, frena tus labios con sus manos de atleta, no ha terminado, se unta el cuerpo con el líquido rojo que no ha cesado de manar y te invita por señas, o es muy primitivo o no habla tu idioma, a que le imites, ahora sí, no queda otra que despertar.

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14 de abril por Laura Gijón

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e repente me he visto en medio de cajas y cajas de libros para ordenar en los estantes del piso nuevo. La gata salta entre ellos, se esconde bajo las baldas medio llenas y mira desde la calidez del rincón oscuro cómo me vuelvo codiciosa. Quiero tocar cada página, quiero mirar dentro del armario y ver todo ahí, dispuesto para mí.

tarme a un consurso de redacción organizado con motivo de las fiestas de Riaño, donde veraneábamos antes de que el embalse se lo tragara todo. Estábamos de vacaciones y yo no quería escribir un cuento así que hice una “cover” muy bien trabajada de una historia sobre una guitarra que me había leído Sor Carmen en el colegio. Era un cuento de lo más gilipollas pero gané... supongo que no se presentaría nadie más. El día de comienzo de las Pero el atlas no cabe. Siempre ocurre lo mismo. fiestas, antes de la verbena, ahí estaba yo, con un Una edición enorme y pesada que coleccioné por señor de la comisión organizadora, en el escenafascículos a pricipios de los 90, no sé por qué. rio, esperando mi premio. El jarrón. Páginas y más páginas de carreteras de España. Odio este atlas y sin embargo, llevo acarreándolo, Nos pasamos la vida acumulando objetos prescinmudanza tras mudanza desde hace 25 años. Así dibles que son un lastre. Nos obligan a vincular que me decido y lo guardo en una caja de cartón espacio tejido ojo corazón. Nos obligan a caminar para dejarlo en la calle, libre y a disposición de demasiado lento. otra que lo aprecie más que yo. He dejado la caja con el atlas, cuatro libros de Me gusta liberar libros. Los dejo en la plazuela o bolsillo, el premio de redacción y unas gafas con en el paseo del Muro con una nota. Cuando me voy monturas al aire que ya no uso, en la esquina de la gente se acerca temerosa de que la cultura les la calle peatonal, junto al jardincito. Cuando ya explote en la cara. Me primo dice que es poesía. me iba un tipo me ha preguntado a voces si los libros eran míos. “Sí, pero los he liberado” - resCreo que además del atlas voy a bajar el jarrón pondo. “Ah...y yo puedo coger uno si quiero?” . “ azul con forma de ánfora dionisíaca y escena pas- Puedes coger los que quieras”- afirmo mientras toril. Fue un premio de redacción. Cuando tenía abro el paraguas. Parece que va a llover. 11 años mi padre me obligó literalmente a presen20


Devorada por Elena G. Reyes

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o cantaré a Jehová, cantaré salmos a Jehová, el Dios de Israel.

que seguir. Estaba incómoda. Aquellos labios, a punto de descender hacia su pecho, le hicieron sentir un estremecimiento. Aquello no podía ser. Lo separó de golpe y, para no despertar enojo, le besó los labios. “Dame agua”, le dijo el hombre. La madre de Sísara se asoma a la ventana, Y ella, lo atrajo hasta su tienda para darle agua. y por entre las celosías dice a voces: Cuando ésta sostenía la jarra de agua, él se aba“¿Por qué tarda su carro en venir? lanzó sobre ella, la agarró por la cintura con sus enormes manos. Apretó. Jael miraba con furor a Sísara. Lo miraba desbordada, con pasión y odio al mismo tiempo. Aca- hasta que yo, Débora, me levanté, rició su mejilla a sabiendas de que ese movimien- me levanté como madre en Israel. to la llevaría al arrepentimiento más tarde. Dejó que sus labios arrugados besaran sus pómulos, su Desgarró las telas que cubrían sus senos y se lanboca, su barbilla, sintió el calor de la boca del zó descontroladamente. Besó una y otra vez los hombre en el cuello. Sintió el aroma de su derro- pechos de la mujer. Succionó hasta que alcanzó a ta. Apabullándola. Arrebatándole sus fuerzas y beber la leche que brotó sin más explicación que capacidad de pensar. Pudor, vacío, plenitud. No la de una fuerza superior. entendía aquello que había agitado cada uno de sus nervios. Sintió la lengua del hombre bordear, Aquella leche no era leche materna. Había surmerodear, recorrer, resbalar por su clavícula. Un gido de las entrañas de Jael; del deseo y odio inescalofrío. Repudio. Asco. Deseo de seguir y no fundidos por Sísara; de la redención y justicia de parar. No debía cejar, había un decreto divino Débora. El hombre cayó adormecido y Jael apro-

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vechó para clavarle una estaca a Sísara. Bendita sea entre las mujeres Jael, mujer de Heber, el ceneo. A las puertas de la tienda se encontraba Barac. Testigo del poder de Dios. Jael lo hizo llamar y, al entrar, encontró la escena: Jael mostrando despreocupadamente los senos, de los que aún manaba la leche responsable de la victoria de Barac; y la sangre de la derrota de Sísara derramada por toda la tierra de Israel. Cayó encorvado a sus pies, quedó tendido; a sus pies cayó encorvado; donde se encorvó, allí cayó muerto. (Jueces, 5)

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por Marlene 23


A veces se acierta por Elena G. Reyes

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as decisiones del día a día aumentan las contingencias de alcanzar el objeto deseado. Nada sucede al azar. Que Nadia durmiera aquella noche con Arturo no fue azar. Fue el resultado de una cadena de elecciones. De ella. De él. Decide bien y acertarás. Erra en la decisión y la probabilidad de desencaminarte aumentará.

contemplarse mientras él dibujaba, mientras ella leía. Pensaban. Cruzaban miradas. Cada nuevo encuentro suponía un despertar interno intenso en ambos. Una parada y otra, y otra, y un libro que se cae. Él se lanza a cogerlo, ella también y otra nueva erupción de estremecimientos. Habían decidido mirarse. Observarse. ¿Retarse? Finalmente, él abandonó el vagón pero olvidó su tarjeta que, aparentemente, había dejado- ¿olvidada?- en Nadia subió al tren como otro día cualquiera. su asiento. Por favor, asegúrese de que se lleva toEligió su asiento cautelosamente. Como otro día das sus pertenencias antes de abandonar el tren. cualquiera. La decisión de sentarse frente a Artu- Ella llegó a su destino. Cogió todas sus pertenenro no fue casualidad. Arturo estaba dibujando en cias consigo. Cogió la tarjeta. su tableta. Ella amaba dibujar. Y leer. ¿Arriesgarse a pasar vergüenza o arrepentirse Se sentó frente a Arturo y cruzaron miradas. Una toda su vida? Eligió escribir un correo al chico llamarada de sensaciones inundó el cuerpo de bajo el asunto de ‘Tarjeta perdida’. No se arriesgaNadia. La mirada de Arturo era brillante. Em- ba ni a pasar vergüenza ni a arrepentirse de lo no baucadora. Desprendía vida. Ella se sentó sobre hecho. Aquel día, Arturo y Nadia compartieron el asiento y procedió a quitarse la chaqueta. Él no más que vagón de tren. Error o acierto o un nuevo apartaba los ojos de ella. Tampoco, ella, de él. La paso que les llevaría a multiplicar las contingendecisión se había tomado. Decidieron mirarse y cias para alcanzar sus metas.

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Dedicado Cariñosamente a Laudáno y el equipo de Noviembre Nocturno Por su labor en pro de las letras y el arte subterráneo. Larga vida a la Fantasía

La tierra donde no vivía nadie por Baal Fausto Aramizaél Kurioz “El olor a humo ácido y aliento del caballo Me acerco a una muerte segura” Harris

A el motivo...

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un recuerdo el por qué demonios quise pasar por aquel pueblo maldito, aun recuerdo como llegué después de lo que me parecieron años enteros... recuerdo el día, la hora, la fecha... y

Recorría la República montado en mi Iron Horse 78, clásica motocicleta de Harley Davidson, me podrás imaginar en aquellos años salvajes, chaqueta de piel, Jeans ajustados de mezclilla roída azul, mi melena al aire, botas de corte militar, playera negra con el logo de mi grupo favorito... Iron Maiden... por cierto, Walkman al cinto escuchando repetitivamente el disco mas

actual de mi banda, The Number of the Beast... Me detuve a cargar gasolina en una abandonada autopista de Jalisco, el año, bueno, ya que insistes era 1984, si, hace algunos ayeres, me encendí un cigarrillo sin filtro cuando entré a la tienda que estaba junto a la gasolinera mientras llenaban el tanque de mi bebé, al parecer, era demasiado rural aquella autopista, aunque pensándolo bien, la republica en general era demasiado rural en aquel año... estoy hablando de provincia... mientras observaba un escaparate de cassettes y decidía entre comprar un simple sándwich “para llevar” o preguntar por algún “restaurante” en las cercanías, contemplé a un par de arrieros que se bebían unas lulús dentro de la sombra que proyectaba la tienda. –Pos si, Melitón decedió pasar por Tecolotlán... el muy baboso se creé que Diosito no estaba mirando la tarugada que hacia de pasar por aquel pueblo que su mercé maldijo hacia tantos añales...

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–Pobre Melitón, mesmito ayer me estaba acordando del, ¿Crees que vuelva? –Sólo el de arriba lo sabe si le da mercé o no... Miré divertido la conversación, aunque una parte de mi me picó la cresta de ir y preguntarles donde estaba el mentado Tecolotlán ese... nada mas por pura curiosidad morbosa... –Disculpen, ¿Podrían decirme donde esta el pueblo más próximo? –Decidí meterme de golpe en la plática.

los bueyes que llevaban cargados de leña también comprendieron lo que había dicho pues comenzaron a incomodarse, uno de los arrieros (el más hosco) salió para calmar a las bestias, mientras el otro con gesto más de conmiseración que de reproche me dijo temblorosamente. –Su mercé por dios que no quere pasar una noche en ese lugar maldito de Dios... no quere... ese lugar se nombra (O se nombraba) Tecolotlán, y nadie ha pasado una noche allí a menos que quera amanecer bien tirante...

–¿Tirante? Uno de ellos me miró con cierto recelo, al parecer no le latió mi forma de vestir, de hablar o –Dejunto, pues... quizás solo no le caían bien los “De la ciudá” como nos llamaban por ahí. –Ah, ya, ¿Por qué? –Pos verá usted... –Dijo el que menos importancia prestó a mi indumentaria. –Allá detracito de esas lomas pelonas, por onde se alcanza a ver la manchita de carretera, está el pueblo de San Jacinto de los Laureles, ahí puedes tú encontrar fondas y casas de huéspedes, de a tostón la noche, queda como a cuatro horas de aquí en “astromovil”, si te vas caminando pué que un poquito más... –Y pegó la carcajada la cual yo correspondí con una sonrisa – ese es el mas cercano... –Por allá –Dije. –Alcanzo a ver unas casas... ¿Ese no es un pueblo? Los dos arrieros se persignaron. Pareciese que

–Pos allí vive el demonche... Intuí que se quiso referir al diablo... –¿Por qué dice eso? –Dije interesado por la posible ocasión de escuchar un buen relato relacionado con el pasado de México... a pesar de todo, me encantan los relatos de terror relacionados con leyendas arrieras y de pueblitos fantasmas, me apasionaba demasiado poder ver, oír una de primera voz, y por fin encontraba un verdadero pueblo encantado, el cual podía ver en el horizonte. Yo no me caracterizo por ser de mentalidad demasiado fantasiosa, no, pero a pesar de que no creía una palabra, no podía dejar de advertir que

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una extraña sombra se posaba sobre el pueblo, una II sombra indefinida, como la de una nube pasajera, aunque, claro, el cielo estaba despejado y azul... A mi entender, la idea fue la siguiente, hace muchísimos años, en ese pueblo llamado Tecolotlán, –Es un relato triste, joven... y usté tendrá prisa... había muchos habitantes, habitantes buenos, habiendo de todo, desde agricultores, ejidatarios, –No... Sólo déjeme ir por mi bebé a la gasolinera ganaderos, en fin, todo tipo de gente que llena un y estaré con usted... claro, si no interrumpo dema- pueblo decente. siado... Y como en todo, había una iglesia, la Iglesia Mayor de Tecolotlán, por lo que pude intuir, ese lu–Vaya su mercé... aquí le’spero, sólo le contaré la gar debió haber sido importante en sus años, pues historia con una condición... supuestamente hacían peregrinaciones desde lugares muy remotos para venerar al santo de ahí, –¿Cuál? el santo Señor del Sepulcro... –Que no vaya a pasar por allí más que de rápido... que no se detenga por nada hasta haber llegado a San Jacinto...

Según me comentó el arriero, el Señor del Sepulcro era una imagen demasiado milagrosa, se le llegaba a atribuir el don hasta de resucitar muertos... según se cuenta, nadie le había pedido Sonreí de la candidez de aquella gente tan simple. ese favor, ya que la gente creía que cuando Dios mandaba traer a uno, era porque así era, no se de–Ok... bía cuestionar, ni retar, ni mucho menos impedir dicho viaje... Cuando regresé montado en mi motocicleta, los dos arrieros estaban sentados uno junto al otro en Ah, pero como en todo el mundo, hubo uno que una banca dentro de la tienda, yo sólo acomodé mi intentó, que intentó realizarlo... moto frente a la banca y me acomodé lo mejor que pude para escucharles. El difunto Remigio García y Torrado... –Güeno... su mercé disculpará las apuraciones Según la historia, ese sujeto junto con su compapara contarle, así que... dre, Heriberto Rico Salgado, hicieron un trato, un trato demasiado morboso que se me antojó ... Y dio comienzo al siguiente relato. emular a mi llegada al DF con mi compañero de juerga Martín.

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Ese trato era el siguiente: “Cuando uno de los dos muera... regresará a este mundo para contarle al otro como es el otro mundo” el trato fue firmado con sangre en la Noche de San Juan frente a un mítico Ahuehuéte que aún perdura...

El viejo aterrado atrancó la puerta de su cuarto a piedra y lodo, los desdichados criados salieron a ver quien era... y jamás... jamás fueron vueltos a ver...

Y como era de esperarse, la muerte llegó como cosechador nocturno en medio de la negrura inmemorial de la Noche Sin Fin... el que se fue primero fue Heriberto...

La voz infernal se acalló cuando dos muchachos arrieros comenzaron a gritar y a orar a grito en cuello, al momento que la voz de ellos se perdía en la negrura del silencio, una carcajada famélica se dejó oír por todo el pueblo.

Remigio esperó poco que su compadre regresara del mundo sepulcral a visitarlo... claro... que poco tiempo siempre es demasiado para una espera tan ansiosa como la que vivía nuestro héroe.

Al día siguiente, el asustado Remigio se dirigió a la capilla principal para rogarle al Señor del Sepulcro que regresara a Heriberto al susodicho (irónico, ¿cierto?) y que el hechizo lanzado en la noche de San Juan no surtiera más efecto...

Acosado sin parar día y noche, no podía ni probar bocado a gusto, en ningún lugar podía estar El cura lo escuchó atento cuando Remigio le conen paz sin sentir que una mirada torva se posa- taba lo del pacto. ba sobre él... claro... era la mirada recelosa de la muerte... –No hay mucho que hacer, hijo mío... sólo confiar en el Señor... encomiéndate a su divina gracia y Y al tercer día... ocurrió... todo irá bien... Unos arañazos en la enorme finca del terrateniente despertaron a toda la servidumbre que el desdichado viejo tenia como toda su compañía, unos gritos infernales que al parecer provenían de las mismas entrañas del infierno... y el viento soplaba con fuerza...

Y así lo hizo, pasaron tres noches cuando escuchó nuevamente los arañazos en la puerta... los gritos... –Ora si no se salva, Sal ya Compadre, te voy a llevar aunque me tome toda la pinche eternidá...

–He regresado... he venido a platicarle como está Poco a poco Remigio se dio cuenta de algo, Heriel asunto por allá en el infierno que es a donde berto no podía entrar a su casa... por algún motivo nos iremos, compadre, abra la puerta... he veni- no podía entrar... ¿Cuál seria ese motivo? do pa’ platicarle... y lueguito mismo me lo llevo conmigo!!! 28


Pensó, intentó pensar, pero los gritos de afuera no Nótese que fue en ese lapso de tiempo en el cual lo dejaban... la población de ser numerosa decreció dramáticamente, hasta que el cansado terrateniente decidió Unos pasos resonaron en la calle... largarse con rumbo desconocido, los que quedaron poco a poco se fueron de ese lugar maldito. Luego una voz de hombre que lanzaba una expresión de sorpresa. Y se dice que el alma en pena de Heriberto aun sigue buscando a Remigio por las calles vacías, La misma voz en un grito de terror... oscuras y malditas de Tecolotlán, gritando mal... Y el silencio... diciones y llevándose al infierno a cuanta alma puede... Heriberto venia a este mundo por almas... no era necesario que fuese la que él venía a buscar... solo Ahí terminó el relato, los viejos arrieros se levanun alma, cobrando un alma por noche... sería su- taron y tomando a sus animales echaron a andar ficiente... pero lo que él esperaba para liberarse en dirección contraria a donde quedaba aquel del maleficio era llevarse el alma de Remigio... pueblo del infierno. Remigio al día siguiente salió de la casa para descubrir que aquello que evitaba que Heriberto entrara en su hogar era una cruz levantada sobre el arco de la entrada a la finca, la Santa Cruz de Caravaca.

Obviamente quedé muy impresionado por el relato, (no de miedo, debo confesarlo) quería experimentar el terror en su estado más puro, así que arrancando mi Iron Horse eché carrera hacia donde me dijeron que quedaba Tecolotlán.

No tenia idea yo de lo que seria esa cruz ni qué III propiedades, sólo intuí que sería un poderoso talismán contra dicho espectro, por labios del arrie- Cuando llegué a una plazuela oscura, fría y dero supe que era un efectivo protector contra el sierta, tuve la certeza de que estaba en ese pueblo mal. maldito del que recién había escuchado la historia, me extrañaba que en efecto no hubiera ni una Mandó hacerse una cruz de Caravaca en plata sola alma, ni la de un perro. pura para llevarla siempre al cuello, así, transcurrió el tiempo, durante el cual, la población fue Pero llevaba mis Walkman, mi moto y mi cajetidiezmada por lo que algunos estudiosos venidos lla de cigarrillos “especiales” y la mejor arma de de la capital llamarían como “La plaga de los mil todas... mi falta de miedo... días”.

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Quedaba aun luz de día cuando llegué, intenté imaginarme el pueblo en sus mejores días, lleno de gente, de ese olor a día de mercado en provincia, ha, hubiera sido hermoso pasearme en dicho pueblo en un día mejor que ese... En fin, ese día había ido para ver a un alma que posiblemente de verme y yo de verla, me llevaría derechito pa’l infierno utilizando las palabras que había oído de aquellos arrieros. Como tenia físico ejercitado, escalé en uno de los faroles para checar si aun tenia petróleo, sorprendentemente sí, utilizando mi encendedor logré prender unos cuantos para poder iluminarme bien durante la noche, después me arrepentiría de hacerlo. Estaba recostado sobre mi moto, miré mi reloj de pulsera, eran casi las once de la noche y no había ningún espectro salido del infierno, una hermosa luna llena me miraba desde el cielo, prendí uno de mis cigarrillos, cuando lo terminara, dormiría... La moto estaba aparcada en lo que supuse era la plaza principal, yo estaba recostado sobre ella, cuando tiré la colilla de mi cigarro me recosté para dormitar hasta que el sol saliera, los faroles brillaban bien a pesar de los años que llevarían sin ser encendidos, hasta que escuché aquellos sonidos infernales... No, no escuché gritos infernales, como lo decía la leyenda, eran otra clase de sonidos, como pa-

sos, pasos tímidos de ser oídos, pero pasos a fin de cuentas... Miré en torno a mi, me quité las gafas que llevaba puestas, y me quedé absorto mirando, los pasos giraban en torno a mi, bajo la luz de la luna pude ver siluetas, siluetas fantasmales de mujeres de años olvidados, las cuales llevaban al hombro pesados cantaros de barro para llevar agua, una imagen como esta por lo general no infunde miedo, pero me lo infundió, puesto que cuando una de aquellas criaturas pasó cerca de la luz de uno de los faroles que encendí, pudo hacerme notar un vestido largo, negro y carcomido por los años, una mano esquelética (en todo el sentido de la palabra) jaló aquel pedazo de tela que se había ido hacia la luz, los ojos de aquellos seres, ¡¡Dios!! Eran al parecer cuencas vacías únicamente llenas de un extraño fulgor rojo... Mirando más despacio y aterrorizadamente, noté varias siluetas de hombres jalando caballos cadavéricos, por la poca luz sólo pude notar que algunos de aquellos arrieros de ultratumba eran esqueletos, otros al parecer cadáveres en pleno proceso de putrefacción, fue entonces quizás cuando lancé el primer alarido de terror de toda mi vida... Quise subirme a mi moto, quise arrancar a toda carrera y escapar... a toda prisa... a donde fuera... a cualquier parte lejos de aquella pesadilla... pero no podía... mis manos y pies estaban acalambrados por el terror más puro... Fue cuando sentí una mano tocándome el hombro.

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Lancé un chillido y con todas mis fuerzas lancé –Está bien, Melitón, súbete... nos vamos de este un codazo contra quien me había tocado, un ge- infierno. mido ahogado me convenció de que fuera quien fuera había sentido mi golpe... Me gustó sentir otra alma viviente cerca de mí, como dicen por ahí, el miedo se reparte cuando Me giré y no era uno de aquellos seres de pasarela hay más de uno. Tuve el valor de encender el mode horror. tor de mi moto, el aterrado arriero se trepó como Era un hombre, pequeño, rechoncho, por su facha pudo y echamos a correr como alma que lleva el un arriero común. diablo. Con voz ahogada por el miedo y el dolor el sujeto Cuando atropellé a una de aquellas figuras femecomenzó a balbucir... ninas noté que soltaba el cántaro de barro que llevaba y que de él salía una bandada de murciélagos –Vine porque hay luz aquí... ellos no les gusta la que comenzaron a volar tras la moto. luz... pero por su madrecita santa, joven, ¡¡Dígame que usté no es una mala figuración!! ¡¡¡Dígame –Agárrate fuerte... voy a meterle tercera... que usté es de este mundo y no del otro!!! Y no escuché lo que dijo, sólo meneó la cabeza en De inmediato recordé el nombre que los arrieros forma afirmativa, el acelerador rugió como tigre dijeran a mediodía, antes de que yo los interrum- a punto de atacar y el motor nos lanzó a 105 km/h. piera. Fue cuando escuché el grito de Melitón, lo sen–¿Es usted Melitón? tí soltarse de mis espaldas y supuse que se había caído de la moto... su grito fue largo, pero no cho–Sí, señor... así mesmo me llamo... por favor... dí- có contra el piso como yo esperaba, sino que se game usté que no es un espanto... remontó hacia arriba, como si lo hubiera jalado una mano poderosa hacia el cielo estrellado de –No, no lo soy... por desgracia no... aquella noche de pesadilla. –¡¡Bendito sea el señor de Tula!! ¡¡Vamonos de aquí, señor!!

No quise voltear... sólo quise meterle más velocidad a la moto.

–Sí... pero... ¿Por donde?

–Vamos, perrísima, no me dejes... dale más, nena, dale mas... –Decía entre dientes.

–Pa’ onde sea...

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Y como si me entendiera la velocidad subía, pero una sensación terrible se acercaba a mí, sentía que algo corría a mis espaldas, y a pesar de que iba a una considerable velocidad lo sentía pegado al escape de la moto...

pero la misma alma perdida que tenias en tu otra vida...

Sentí un terrible empujón en mi espalda, la moto se levantó haciendo un caballo de acero sin yo quererlo, intenté meter el freno, pero la excesiva velocidad me lo impidió de golpe... poco a poco la llanta delantera comenzó a caer, y yo caí con ella.

–Tal vez ahora así te nombres... pero tu alma tiene otro nombre tatuado... el de Remigio García y Torrado... y orita mismito te voy a llevar a tu morada eterna... EL INFIERNO...

Motocicleta y jinete fuimos a dar al piso enzacatado, unos raspones por aquí y uno que otro golpe por allá sorprendentemente, pero nada más... la experiencia de muchas caídas me había hecho sobrevivir en esa ocasión, pero preferí haber muerto luego de ver que mi perseguidor era un ente infernal que se acercaba a pasos tranquilos, un par de alas como de murciélago se plegaron y se pegaron a su cuerpo, unos ojos rojos y cabello enmarañado señalaban al ser de pesadilla que me había tirado de la moto.

–Maldito perro... ni en tu otra vida dejaste de usar ese méndigo talismán... –Dijo Horrorizado.

–N-no... Me llamo Leonardo... Leonardo Jiménez...

El ente me tomó por el cuello de la chaqueta y de un tirón la rasgó junto con mi camiseta mostrando mi pecho desnudo a la luz de la luna, cuando un resplandor brotó de mi pecho, el ser retrocedió cubriéndose los ojos.

Llevé las manos a mi pecho y toqué la cruz que llevaba al pecho, la cruz roquera que mi novia me había regalado cuando cumplimos 6 meses de novios, la llevaba puesta porque según ella era la –Al fin... hijo de puerca... al fin te vuelvo a en- cruz que representaba la vida roquera, libre y descontrar... setenta años... setenta años estuve espe- preocupada. rando que volvieras... y por fin volvistes... nomás pa’ conocer tu destino... –Dijo la voz sepulcral de Ahora conocía bien aquella cruz, era la Santa aquel ser. Cruz de Caravaca... supe entonces que no había sido la casualidad la que me había llevado hasta –Y yo no sé de qué me está hablando... y-yo no lo ese lugar, así como no había sido la casualidad la conozco... soy de fuera... d-del DF... que me había hecho portar aquella cruz que yo suponía símbolo de rebeldía, ahora lo sabia todo... –No... Tu eres el rastrero de mi compadre Remigio... volviste... con otro cuerpo, con otra cara, Sin dar tiempo de que se recuperara, corrí hacia

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donde estaba la motocicleta y haciendo sobrehumano esfuerzo logré hacerla arrancar, dejando una polvareda en aquel lugar infernal me lancé casi volando lejos de aquella pesadilla.

los que me conocen me quieren y me respetan al igual que yo a ellos... aun tengo a mi bebé, la arreglé pues estaba muy maltratada después de esa pesadilla, y la cruz de Caravaca... bueno... creo que aun puedes mirarla en mi pecho... por si las moscas también me la tatué en la espalda, aunque A mis espaldas oía los gritos de aquel ser que se tiemblo de sólo recordar aquel pueblo encajado en había quedado con las ganas de llevarme... la sierra muerta llamado Tecolotlán... el pueblo del Infierno... IV Asocio entre paréntesis mi experiencia vivida con A eso de las cuatro de la mañana llegué a San una rola de mi grupo favorito, la rola The ThrooJacinto, un policía de guardia me encontró ten- per... en la cual hay una parte que dice: “El olor a dido sobre la moto intentando hacerla arrancar, humo ácido y aliento del caballo. Me acerco a una el mismo notó que el tanque estaba vacío... y que muerte segura” creo que debí ponerle atención... y yo a pesar de todo continuaba balbuceando con creo que nunca debí haberme ido a parar a semelágrimas en los ojos y el rostro desencajado por jante lugar de pesadilla... Tecolotlán aun existe y el terror. sigue abandonado... –Vamos, nena, no me dejes, arranca, ¿No ves que Cuando en la empresa constructora en la que traviene atrás de nosotros? ¿No ves que me quiere lle- bajo como ingeniero civil me dijeron que me dievar? ra una vuelta por allá (puesto que queda cerca de donde voy a vacacionar) creo que no pude evitar Me llevaron a la delegación, luego fui revisado la sensación de mandarlos al diablo, pero rienpor un médico que me diagnosticó principios de do nerviosamente tuve que admitir que no podía hipotermia y alteración nerviosa, la gente de ese porque era un lugar inapto para ser habitado por pueblo fue muy buena conmigo, les relaté lo que nadie (que no sean los espectros, claro está). había vivido y me compadecieron, me dejaron una habitación en la mejor pensión que tenía y todos los días tenia caldo de pollo en la comida y chocolate caliente en la merienda, lo admito, nunca conocí mejor gente que en ese pueblecito pintoresco... Regreso cada año a vacacionar a dicho pueblo,

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Tengo y no tengo Por Laura Lobeiras Muñiz

Tengo una pena clavada en el alma que sonríe cuando me miras, tengo las ganas y me faltan las fuerzas para arrancarla ¡Qué este vacío medio lleno se quede en mis entrañas! Tengo noches coloradas y añoranzas de nada, cuentos mañaneros y tardes perfumadas, tengo y no tengo una espalda soleada, un hueco en la mejilla y la miel embotellada; Por tener, tengo cartas con alas,

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una sola cuchara, tieso el cogote y cuentos de hadas. Con tu embargo, no tengo nada sin embargo, te tengo… Así como se tienen los sueños, así como se posa la mariposa en tu pecho, así sin pretender más ni esperar menos, sin querer la luna, ni tocar las estrellas pronunciando tu nombre sin que te tiemblen las piernas. Olvidándome de todo y acordándome de ti, así, así si te tengo.

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Disonancia

Por Myriam Soledad Trigueros

Cada pentagrama un nuevo compรกs. Sobre partituras informes, se derrama la bilis, desafinado enemigo, iracundo, como un toque de timbales: imprevisto. Sin orden ni concierto, a destiempo, un da capo infinito. Un desconcierto. 36


Un despropósito. No surge a propósito pero ahí está , como una alteración inesperada en una escala de la menor. Un comienzo vano pues no hay final posible. Un canon inconcluso e inacabado. Una cuerda rota. Imprevisible. Tensión y notas diluidas –rrrploooopen esta maraña vital y sinfónica. Temo que el mástil ceda a la presión 37


pero seguimos leyendo. Clave de Sol (con nubes de tormenta) Me gusta pensar que los reguladores son los paraguas resbaladizos de la felicidad: se abren, se cierran‌ diluyen el sonido, el contenido y el descontento. Y sin aliento seguir soplando el instrumento del que fluyen las musas convertidas en carne de fusa. Difunde la esperanza de que cambie el tono o el ritmo 38


antes de que acabe la pieza y nos deje inconclusos como la octava de Schubert o Beethoven. Y que parad贸jico que siempre sea la octava, eso es, siete m谩s uno. Vuelta a empezar. Nunca silencio.

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Espada de los cielos (adivinanza) Por Ángel Torezano

Es más rápido que el viento. No teme a la oscuridad. Doloroso es su tormento, fuego de la adversidad. Es la espada de los cielos que en dos parte la fría noche, blanca cual gélidos hielos, de poder puro derroche. Cada estrella se enmudece ante su magnificencia; todo el mundo palidece cuando se haya en su presencia.

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Respuesta: El rayo

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Dedicado a Ignacio Castellanos

Quiero sendas verdes Por Cristina Escriche

Poeta, EnsĂŠĂąame la senda Verde liberada De temores y cadenas En que danzan los pies Del viajero derrotado. Pues beber quiero Del dulce hidromiel En jarras de juventud Y fuentes de lujuria; Descansar en Prados eternos Mis ojos cansados; Y dormir a la luna 43


Olvidando girones De plata aún prendidos A mi alma. Arráncalos; Y arranca de mí Esta pena Con tus palabras Veraces y tu lengua Cínica. Sean las musas Favorables a tu Pluma y a mi Causa. Llévate de mí La falsa esperanza Que tantas veces Hice pedazos; Y la consciencia 44


De recuerdos implantados En sábanas que jamás Dieron cobijo a nadie. Emborráchame De música de laúd Y arpa; Del rugido del viento Y del bramido de las olas. Que ellas se lleven Los restos de la sal Que erosiona mi rostro. Que bañen mi cuerpo En espuma de deseo Y penetren mi inocencia, ¡Que tomen de mí Cuanto gusten! Pues ahora, Poeta, No me debo más Que a un amante: La tristeza. 45


¿Quieres aparecer en el próximo número? +Letras es una revista independiente trimestral, non profit, nos dirigimos a toda la gente que desea colaborar: escritores, dibujantes, ilustradores, músicos,… etc. No necesitáis experiencia con vuestra creatividad es más que suficiente. Para colaborar con nosotr@s tienes que seguir los siguientes requisitos: • •

No hay ningún tipo de censura. No hay ningún tipo de prohibición en cuanto a longitud pero… ¡no vamos a publicar una novela!

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