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+letras

Portada por PSHoudini pshoudini.deviantart.com

Revista independiente

Nº2

Nuevos colaboradores, Nuevas publicaciones.

¡Descúbrelo!

revistamasletras.tumblr.com


ÂĄGracias! Queremos agradeceros todo vuestro apoyo en esta aventura que tenemos por delante. ÂĄMuchas gracias por ser una parte de ĂŠsto y un enorme abrazo! - Equipo +Letras


Prosa

Cuento

Alba Molera Romero .... 4 Marian Vielva .... 5

Ignacio Castellanos .... 7

Fábula

Relato

Ángel Torezano.... 9

Jonatan Bedoya .... 12 Cristina Escriche .... 17 Myriam Soledad .... 22 Elena G. Reyes .... 25

Poesía

Ilustración

Laura Lobeiras Muñiz .... 38 Ignacio Castellanos .... 39 Sandra Sánchez .... 42 Ángel Torezano .... 48

María Alea .... 28 Mauro Hernández ....29

Cómic

Manuel Barbón .... 34

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Silencio por Alba Molera Romero

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e siente sola, y cuando pronuncia la última vocal de la palabra más distante se siente. Se mira al espejo de vez en cuando y sólo ve a la chica de ojos rasgados y labios pintados que parece inmune a todo. Pero cuando llega la noche y el frío del Invierno avanza se da cuenta de que ha hecho cosas horribles, de que es una persona terriblemente horrible. Ya no mira con ojos apasionados todo, ahora la chica que ve se ha vuelto fría, instigadora; ya no siente nada y preocupa sus pensamientos en cosas irrelevantes para no pensar en su dolor.

Y a veces cuando su mente escapa a la realidad puede ver que su dolor, ese que debía ser enorme ya no está, ya no queda nada, sólo vacío. Ella no siente nada porque ni tan siquiera la nada puede permitirse.

Porque ya no siente nada, se ha propuesto no sentir nada. 4


Las ciruelas por Marian Vielva

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enía la cabeza en otro mundo, tratando de recordar muchas cosas, tratando de ordenar mis pensamientos... era una sensación muy extraña, bueno, siempre lo es, ¿no?.

es que ni recuerdo cuales eran, solo te recuerdo a ti diciendo: ¡Estaos quietos!, siempre la liábamos la verdad.

También recuerdo tu imagen escondiendo tabletas de chocolate en los armarios más altos de la cocina, porque seamos sinceros, lo querías todo para ti, pero... siempre encontrábamos tu alijo secreto.

Tú si que tienes frases celebres y no los autores literarios, “A tomar por culo la bicicleta y a joder a la puta calle”, “Me cago en la sota de bastos, la Pantera Rosa y el Rey que rabió” ...

Éramos dos críos cuando aquello pero tu siempre nos intentabas convencer para espiar al abuelo por si fumaba, entonces, el abuelo que lo sabía nos daba dinero para callar su secreto, así que estábamos en un bucle infinito perfecto para comprar golosinas a tutiplén.

Sé que tus últimos años no fueron los mejores pero estabas ahí, solo espero que algún día dejemos de mirar el reloj pensando que hay que ir a buscarte, o incluso esconder la fruta porque no podías comerla y a escondidas te llevabas las piezas, anoche me acosté pensando que se me olvido esconder las ciruelas.

Recuerdo los dos besos que había que darte al entrar y al salir de casa o te enfadabas con nosotros Estaba tratando de recordar tu postura cuando y nos llamabas maleducados y le decías a mamá: sujetabas el cigarro que vi en unas cuantas viejas “educa a esos niños” y nosotros nos reíamos como fotos, tu siempre te empeñaste en decir a todo el cabrones que eramos, los besos, esos, siempre los mundo que nunca habías fumado, intentando ha- has querido, eran dos besos que se transformaban cer un borrón y cuenta nueva en tu vida. en mil.

Solíamos sentarnos en la alfombra del salón, a tu vera, viendo culebrones en la televisión, lo cierto

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Presente y pasado por Marian Vielva

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odo va a pasar y no puedes cambiarlo, necesitarías una maquina del tiempo y todavía no está inventada, aunque eso nunca borraría tus recuerdos.

Todas las cosas pasan por una razón, quién sabe porque pero, tiene que ser por alguna, sea buena o mala, está claro que lo que hay que hacer es seguir mirando al frente y caminar... Qué fácil, ¿no?. Dile eso a alguien y te mirará y te dirá: Y también tengo que ser fuerte, ¿no?. No es tan sencillo. Hay pasos que todos debemos de seguir para poder conseguir esa fuerza mental y emocional para superar cualquier obstáculo, necesitamos apoyo también y por supuesto tiempo para sanar, aun así nunca olvidamos, es lo que nos hace diferentes, no podemos olvidar lo malo, lo bueno. Nadie puede enseñarte como hacer eso, solamente tú mismo, podría decirse que es un aprendizaje forzado y desagradable, pero no, te hace convertirte en la clase de persona que tu decidas ser, ese camino tiene dos opciones, ninguna tiene porque ser mala, siempre será la que tu decidas la correc-

ta, pueden aconsejarte, pueden darte una opinión pero no será tu decisión, eso es lo bello de ser humanos, nuestra capacidad de decidir. Aunque podemos recordar, no debemos vivir en los recuerdos, en nuestro pasado, eso solo abrirá una herida una y otra vez, no nos ayudará, solo nos hará retroceder y no sanar. He visto de primera mano lo que ocurre cuando se hace eso, te mueres por dentro, olvidas quien eres, porque estás aquí y todo lo que querías y todo por lo que has luchado se esfuma como un sueño creado por tu propia imaginación. Así que, mi consejo es que dibujes tus sueños y los hagas realidad sin olvidar la motivación que te impulsó a hacerlos realizar, eso y esos que te ayudaron a tomar esas decisiones tan duras, lo que te motivó, lo que te desanimó pero te volviste a levantar porque a fin de cuentas, todos erramos pero siempre nos volvemos a levantar. Intenta disfrutar de todo lo que amas, todo lo que puedas y nunca te olvides de quien eres y lo mucho que te quieres. 6


Al otro lado del cañón por Ignacio Castellanos

Joder Lavinia! Aparta ese rifle de mis bigotes.

Lavinia no movió un músculo. Siguió apuntando al licántropo con el rostro frío como una piedra. ––Ya se… ya se que antes era un cazador y ahora un perro que camina a dos patas. Pero por todos los dioses, si hasta cenaste en la noche del Murciélago Ululante con mi familia. Lavinia dudó unos instantes. Finalmente le contestó con sequedad y cierto distanciamiento en el tono de su voz.

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––¿ Qué harías en mi lugar? Has matado. Te has alimentado, y no dejarás de hacerlo si te dejo marchar. ––Te juro que ahora puedo controlarme. Solo me alimento de animales pequeños. Nada más. ––En dos días tu propia familia te parecerá un bocado apetecible ¿Querrías correr el riesgo? El licántropo la miró suplicante. ––Mantenme vigilado estos dos días. Si mis pelos ves erizarse, entiérrame en el jardín trasero. La cazadora suspiró. Relajó su cuerpo y descendió el rifle. Cogió su petaca y tras darle un trago largo, indicó a su antiguo compañero de faena que se marchara. El licántropo, tras posar su mirada un par de veces en el rifle y en los ojos de su Verduga, echó a correr río arriba. Cuando apenas llevaba recorrido cincuenta metros, su cuerpo calló inerte sobre las hojas muertas. Parte de su cráneo fue dispersado de manera aleatoria por el suelo. Lavinia bajó el rifle. Esperó a que se disipara el humo. Vio que su colega de profesión permanecía inmóvil como un muñeco roto. Quedó clavada en el suelo mientras unas lágrimas corrían por sus pálidas mejillas. Lo más probable era que en un futuro no muy lejano ella estuviera al otro lado del cañón.

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Fábula de la luciérnaga y el águila Por Ángel Torezano

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abía una vez una pequeña luciérnaga que revoloteaba alrededor una noche de verano. Un amanecer, como no tenía sueño y seguía volando alegremente por el bosque, se encontró con una majestuosa águila que reposaba en la rama de un roble. La alegre luciérnaga, ingenua como era, entabló conversación con ella aunque ésta no parecía tener ganas de hablar. Aun así, iba contestando a sus preguntas con desganados monosílabos. Al final, como la luciérnaga no dejaba de hacerle preguntas, el ave le dijo con prepotencia que un animal tan elegante y poderoso como él no tenía por qué hablar con un insignificante insecto. Sin embargo, cada amanecer, la luciérnaga iba al mismo roble y encontraba siempre al águila

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con su erguido cuello, mirándola por encima del hombro. Aunque siempre le decía lo mismo, que no tenía por qué hablar con ella, el águila contestaba a sus preguntas y, con el tiempo, se fueron haciendo amigas.

pasillos, sino que se introdujo directamente en las paredes del zarzal. Volaba más lentamente, zigzagueando entre las afiladas espinas. Trazaba zetas y eses para esquivarlas. Gracias a su luz y a su pequeño tamaño, lo hacía sin ninguna dificultad. Aunque tardó un buen rato, la luciérnaga atraLa luciérnaga descubrió que el águila tenía un vesó el laberinto casi en línea recta y salió por el carácter prepotente y sabelotodo. Siempre recha- otro lado, llegando a la meta. No vio al águila por zaba sus opiniones, aduciendo que era tan insig- ningún lado, sólo a un zorro que dormía plácinificante que no podía tener razón en nada. El damente en un tronco hueco. Así pues, pensó en ave creía que siempre tenía la razón, que todo sobrevolar el laberinto para buscar a su amiga. lo sabía y que en todo era la mejor. Hasta que Por si acaso, hizo una señal luminosa en un tocón un día, cansada de sus desmanes, la luciérnaga para certificar que había llegado la primera. le propuso un reto. El águila, antes de saber de qué se trataba, aceptó, muy segura de ser capaz de Estuvo sobrevolando el laberinto un buen rato y, vencer a la luciérnaga en cualquier empresa en la al final, descubrió al águila en medio del zarzal. que se enfrentaran. Cuando se acercó, descubrió con horror que estaba muy malherida. El ave había quedado atrapada El insecto le propuso atravesar un laberinto de entre dos zarzas que no había visto a causa de la zarzales que había no muy lejos de allí volando a oscuridad y, tratando de liberarse, sólo había loras de suelo. Pero como la luciérnaga era mucho grado empeorar la situación y clavarse las espinas más pequeña y volaba mucho más lento, le propu- más profundamente. El águila agonizaba por el so hacerlo de noche para equilibrar las condicio- dolor, estaba totalmente inmovilizada y se sentía nes. El águila, muy segura de sus posibilidades, tan débil que no tenía ninguna posibilidad de esaceptó. capar. La noche siguiente las dos criaturas voladoras se reunieron en el límite del laberinto de zarzales. Ganaría la carrera la primera que llegase al otro lado. Dieron por iniciada la carrera y ambas emprendieron el vuelo.

La luciérnaga fue a buscar a sus amigas y, entre todas, pudieron retirar las zarzas lo suficiente como para que el águila quedara libre. Tardó mucho en curarse, pero sobrevivió con ayuda de la generosa luciérnaga. Entonces el águila entendió que jamás había estado tan cerca de la estupidez Enseguida el águila estuvo en cabeza, pues vo- como cuando creía que lo sabía todo, pues así no laba rauda como el viento entre los pasillos del aprendía nada, y acabó inevitablemente siendo laberinto. La luciérnaga no voló a través de los presa del zarzal de la soberbia.

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Kumo y la luz de la luna por Jonatan Bedoya

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xisten malas decisiones que tras la intervención del miedo nos llevan a actos irreversibles y sucesos ante los que angustiosamente, no podemos hacer nada. Además, cuando no nos es posible escapar y las opciones se limitan a unas cuantas, sucumbimos a la desesperación. A veces, ésta nos lleva a la locura, imaginamos y sentimos cosas más allá de lo real, hasta tal punto que nos creemos libres aún observando las cadenas que inconscientemente dejamos atar, creemos vivir una verdadera realidad, pero hay ocasiones en que pierdes por completo el sentido y ya no distingues que es real y que es falso, tal cosa fue mi pecado y como pago fui a parar a aquel lugar, ese lugar seco y deshabitado.

Solo quería cambiar mi vida, esa vida a la que no le encontraba sentido, por eso escapé de ella dejando atrás todo, mi familia, mis amigos, mi país, crucé ilegalmente la frontera ahora estaba allí abandonado por esos malditos de la caravana, engañado y perdido en medio del desierto, lo único que tenía que hacer era caminar hasta Quimitari la cuidad más cercana de Misur y fue lo único que hice. Caminé y caminé sin notar ningún avance, solo montañas de arena y un sol insoportable. No sé en que estaba pensando pero tendría que valer la pena. El tiempo siguió transcurriendo, las horas siguieron pasando hasta caer la noche, creí que esta12


ría mejor así, que sería más fácil avanzar pero estaba helado. El cambio brusco de temperatura me afectó y potencializó mi agotamiento, tenía mucho miedo estaba solo y temía no salir, temía morir y que mi cuerpo no fuera encontrado, no era un chico atlético, estaba muy cansado pero, no quería parar, tenía la perseverancia de salir de allí antes del amanecer pero el cuerpo no me respondía más y caí boca abajo sobre la arena fría, el instinto de supervivencia hizo que diera media vuelta y entonces abrí los ojos y la vi, iluminando esplendorosa la luna rojiza, tan cerca que tuve la sensación de poder tocarla con solo extender mi mano, rodeada de tantas estrellas como nunca antes había visto, fue una vista magnifica pero, solo duro unos segundos, porque la oscuridad sin anunciar penetró en mí y cubrió mis ojos.

que desde el inicio descarté la posibilidad de estar viviendo una fantasía ya que todo era muy real.

Permanecí quieto, perdido en mis pensamientos durante algunas horas hasta que un fugaz movimiento en el bosque me advirtió, bruscamente, que no estaba solo confirmado tras la visión de una pequeña silueta a la sombra de un enorme arboral. No tuve otro deseo más que el de conocer que era, así que rápidamente salí del agua y corrí hasta allí, con la sorpresa de hallarme ante un anciano con ropas harapientas y desgastadas y unos ojos hundidos y nublados que miraban con un alguna clase de tristeza. Le saludé y pregunté si estaba bien mientras me le acercaba para detallarlo mejor pero, él no dijo nada y permaneció inmóvil, así que, volví a hablarle para preguntarle sobre aquel lugar y esta vez rompió su silenAl despertar, no supe donde me hallaba ni como cio pero en vez de hablarme sobre lo que pregunte había llegado hasta allí. Extrañado me puse en pie me pidió comida sin dejar de verme siempre tan y observé con asombro un lugar que fácilmente se fijamente, yo no traía nada, entonces sugirió alconfundiría con el paraíso, con múltiples prados canzarle algunas frutas de unos árboles no muy bañados de hermosos colores y aromas, un bosque lejos, dijo que ya estaba muy viejo para tomarlas que rodeaba todo con árboles de distintas clases y sin ayuda. un pequeño rio que alimentaba un no muy extenso lago, que desde lejos me encandelilló con los rayos Eran tres arboles juntos pero diferentes uno del sol reflejados, al acercarme sentí el deseo de del otro, cada uno daba un fruto distinto, acepsumergirme y refrescarme así que lo hice y mien- té. Nos dirigimos allí y mientras caminábamos tras estaba en aquella aguas me pregunté, cómo el viejo no hizo ningún ruido más que el de sus fue que resulte allí después de haberme desmaya- pies descalzos en la tierra y las hojas secas, no do, sé que no fue al caminar dormido, lo más fácil mencionó ni una sola palabra pero mientras le sería haber sido encontrado por alguien o traído alcanzaba los frutos le pregunté de nuevo sobre por las personas de la caravana, que tras apiadar- ese lugar en que me encontraba sin idea de cómo se de mi, me rescataron seguramente de una muer- haber llegado, sin embargo, la respuesta del ante odiosa o quizás cualquier otra persona, puesto ciano me extrañó, pues dijo que ese era un lugar

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sin tiempo, no entendí y se lo hice saber, entonces respondió que no necesitaba saberlo, no necesitaba saber más y justo después de decirlo se marchó pero antes de irse, mientras se alejaba me advirtió que si no quería terminar mal debía cuidarme de las telarañas y abrir los ojos.

que caminamos juntos y me tomó de la mano, suspiré todo el tiempo, sentía una alegría inmensa que no podría explicar con exactitud. Platicamos sobre aquel lugar y sobre muchas otras cosas, corrimos jugueteando hasta llegar casi la media noche. Nos tiramos en el suelo observando tomados de la mano las estrellas y esa luna, esa luna que Continúe caminando preguntándome de que ha- esta vez estaba amarillenta, maravillosa, aunque blaba el viejo, se me ocurrió que estaba loco así hermosa daba una sensación terrorífica, todo fue que proseguí en mi viaje aunque sin saber hacia perfecto, nunca estuve más feliz, hubo unos midónde, solo que esta vez tenía más esperanzas al nutos de silencio hasta que lo dijo, “quédate conmenos, ahora contaba con más posibilidades. migo, quédate conmigo para siempre”. Se levantó y puso de rodillas, yo hice lo mismo sin dejar de Al pasar varias horas, me fijé que por más que verle a los ojos y volvió a mencionarlo “quédate caminara parecía como si no avanzara, me sentía conmigo para siempre”, yo asenté con la cabeza. atrapado en una trampa, caminando en círculos Soy un hombre lleno de sueños y creía tener uno aunque caminara recto, era extraño pero aún sa- en frente, como negarme a él. biendo ésto, seguí caminando y fue así hasta que por fin llegue a una colina donde se podía ver gran Nos acercamos para crear un beso, que encajaría parte del lugar, se podía ver muy lejos. El sol casi perfectamente con mi rara felicidad, pero antes oculto y la luna ya posada y valles manchados con que se sellara, antes de cerrar los ojos creí ver al los más vivos colores “Éste, es un bonito lugar” viejo parado detrás de ella y mientras tenía los escuché decir con una voz suave y dulce. “No eres ojos cerrados vinieron a mi las palabras de ese de por aquí” de nuevo escuche de la misma voz, la anciano y sentí miedo, así que, rápidamente, abrí escuché detrás de mí, me giré y la vi, una mujer los ojos y en un segundo vi como la silueta del viehermosa, más bella que cualquier cosa que haya jo se desdibujaba en cientos de arañas, que luego visto, inmediatamente sentí como todo mi cuer- sentí subir por mis piernas pero, lo que más me po se paralizaba por aquella belleza, por aquellos espantó fue ese ser grotescamente horrible con 6 ojos negros con una chispa amarilla y 4 peculia- odiosos ojos, horrendas patas flacas y largas y un res puntos sobre ellos en su frente y su cabello cabello abundante y blanco que parecía no tener blanco, largo y liso, “hola, soy tu destino.” Dijo gravedad, ese ser que se erguía ante mí, ante mi sonriendo con un gesto que desestabilizó mis sen- miedo quebrando mi sueño y mis esperanzas, no tidos, una sonrisa como nunca había sentido, una pude ni gritar, solo estaba allí sin poder moverme sonrisa que compartimos, no me di cuenta como pero, horrorizado y con el alma que se me escame presenté ni lo que sucedió después, solo supe paba y no fue más pasados dos segundos después

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de abrir los ojos que escuché su primer y eterno grito, frenético, con esos terribles, manchados y mellados colmillos que amenazaban con destruirme y no fue más que suficiente su chillido para lanzarme por los aires, unos cuantos metros precisos para sentir poder escapar. Sin mirar atrás eché a correr con el corazón más agitado que nunca y mientras corría sentía como sus patas sometían violentamente la tierra, escuché esos chillidos que de alguna forma me animaban a correr más deprisa escuchando cada vez más lejos sus pisadas y sin saber hacia dónde corría me adentre en el bosque, tomando así más ventaja, pero aún escuchaba como ese horrible y demoníaco monstruo derribaba decenas de árboles.

do, entonces escuché un gran estruendo como si hubiera caído un objeto a la tierra desde una altura increíble, era ella. Mi terror no pudo ser más intenso, no podía escapar, era inútil, estaba paralizado y sin fuerzas y ella, ella tranquila en frente observándome con una mirada siniestra. Sentí como el corazón quería salirse del cuerpo cuando empezó a acercarse, lentamente, con una confianza macabra. Quién sabe que fatalidad me espera, quizás el destino tenga para mi algo más horrible que la muerte misma.

Derrotado caí al suelo y al percatarme que podía moverme no se me ocurrió más que, conCreí que podría salir de esa situación, mantenía templar por última vez la luna, extendí mis una chispa de esperanza al menos la luz de la luna manos con intención de suplicarle ayuda de es buena conmigo, me tranquilizó una pizca sufi- alguna forma, ésta me las ilumino con sus emciente para examinar y percatarme que en este bos- brujados destellos, confundiéndome con un nueque se sentía una soledad infinita, como si se roba- vo terror pues mis manos estaban esqueléticas. ra la alegría como si no, existiera la felicidad. Un bosque fantasmal, con esa niebla y ese frío sinies- Lancé una confusa mirada a mi compañetro y esos árboles marchitos y retorcidos, pútridos. ra pero asombrosamente, ella ya no estaba ni tampoco el bosque fantasmal ni la terriMe detuve, por completo, esta vez no escuché ble luna amarillenta, de nuevo, me encuentro nada, ni siquiera sus pisadas ni sus chillidos, tal en el desierto nocturno debajo de la impovez, dejó de perseguirme, pensé. No debí confiar- nente luna rojiza, donde reinaba el silencio. me porque cuando lo hice terminé de sellar mi maldición ya no podía hacer nada, ya todo estaba Sin comprender todavía lo sucedido, caminé un listo. Sentí una gran corriente por todo mi cuer- poco con alivio pero no por mucho pues creí ver po, después de sentir un picotazo, seguramente una sombra tirada en la arena, se trataba de una de una araña, algo que me hizo más torpe, más persona. Creyendo haber encontrado la salvación lento, casi no podía moverme así que no pude corrí curioso hasta estar tan cerca para reconocontinuar en mi huida, no pude seguir avanzan- cerlo, al hacerlo sentí un escalofrió que me heló

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hasta el alma, aquel cuerpo no era otro más que el mío. Era una locura, jamás había sentido tanta confusión, mucho menos tanto horror pero aún venía lo peor, una concentración de sensaciones indescriptibles, paralizantes y fulminantes producto de enterarme de lo que sucedía cuando el cuerpo abrió los ojos frente a mí con una sonrisa siniestra y malvada, con esos ojos increíblemente negros con una chispa amarillenta y cuatro peculiares puntos sobre ellos, en su frente.

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La bestia por Cristina Escriche

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na gota. Fue eso lo que la despertó. Una gota de agua justo en el centro de su cabeza vencida, en el cuero cabelludo. Fue ese instante maravilloso de frescor completamente gratuito que le ofreció el mundo lo que la despertó. Levantó la cabeza muy despacio, abriendo los ojos con dificultad, cegada momentáneamente por la luz del día al que se había cerrado, y tras ese segundo de olvido, volvió a recordar la jaqueca, las heridas abiertas, el dolor de todos los músculos de su magullado cuerpo. Por un momento, no supo determinar dónde estaba, ni qué estaba haciendo allí. ¿Por qué estaba desnuda en ese lugar, a la vista de todos? ¿Por qué tenía los brazos atados a lo alto de un poste? ¿Por qué le dolía todo tanto, y notaba

el sabor férreo de la sangre en la boca? ¿¡Por qué demonios había tanta luz en aquella plaza!? Trató de enderezarse, tanto como las ataduras de sus brazos le permitieron. Se había dejado caer sobre sus rodillas para dormitar, y ahora notaba las piernas entumecidas y los brazos, que habían tenido que soportar todo su peso, terriblemente doloridos. Al estirarse notó el frío del poste de madera tras su cuerpo. Notó cómo pequeñas astillas se clavaban en su espalda. Hizo una mueca de dolor repentino. Pero ya no valía la pena quejarse, gritar o llorar. Sabía que había estado demasiado tiempo ahí, atada, expuesta como un animal de feria, para escarnio y deleite de todos: “¡Damas y caballeros! ¡Les presento a la criatura 17


más extraña de todas cuantas poblan la tierra: la ansiaban que cayera, si no hubiera sido porque ya mujer!” estaba acostumbrada a ellos. Hubiera maldecido, sí. Y hubiera llorado, si quedara en ella un míniLa lluvia comenzó a caer, todas las pequeñas go- mo rastro de las lágrimas largo tiempo derramatas a un tiempo, como si una parte del cielo se das. Y hubiera gritado, si aún tuviera las fuerzas hubiera roto y se desbordara sobre su cabeza, sin para alojar tanto oxígeno en sus pulmones y tanta velar completamente al sol. Levantó la cara, y se rabia en su corazón. refrescó con el agua que caía de las nubes. Notó con placer cómo las gotas resbalaban sobre su No. No quedaba nada de eso en ella. No había rostro, y caían dulcemente acariciando su cuerpo reminiscencia de lágrimas, de aire, de rabia, de marchito, llevándose con ellas los restos de san- odio, de alegría, de compasión, de risas, de espegre. Llevándose todo en lo que me he convertido. ranza. De amor. Se abandonó un instante a esa sensación. Y rió. Alzando la cabeza, se carcajeó al cielo. *** Ajena a esa pequeña oración interna, la gente paseaba por la plaza. Muchos pasaban de largo sin lanzar una mirada, completamente extraños a aquel mundo independiente que existía y se desarrollaba atado a un poste de madera, esa irrelevante calamidad, ese desastre magullado y pálido que se debatía por seguir viviendo. Algunos lanzaban miradas furtivas y curiosas, ávidos de espectáculo, y avergonzados por ello. Unos pocos morbosos se detenían a contemplar su desnudez. A ella no le importaba. Era consciente de que estaba ahí para ser exhibida, un pasatiempo para las monótonas y fútiles vidas de sus congéneres humanos.

Oscuridad de nuevo. Pronto, el entumecimiento de su cuerpo y el dolor de sus brazos se difuminaron, y se hicieron lejanos, como se borran las estelas de la brisa sobre la superficie de un estanque. Estaba ella, blanca, pálida, brillante, en aquella oscuridad latente, en aquel silencio inmenso e inescrutable. ¿Es esta mi alma? Pensó que quizá por fin hubiera muerto. Se preguntó por qué no sentía dolor. Se figuró que el infierno debiera ser una tortura eterna.

¿No es esta oscuridad suficiente tortura para tu corazón, tú, que habías ansiado y vislumbrado tanta luz en tu vida? No reconoció la voz que le hablaba con crueles palabras.

Hubiera escupido al suelo y hubiera lanzado una maldición a los cielos. Le hubieran molestado Gritó a la oscuridad, y se sorprendió de tener aquellas miradas lascivas, aquellas sonrisas con- fuerzas para ello. La inmensidad se tragó sus padescendientes, aquellos ojos que la miraban con labras. lástima y compasión, aquellos rostros orondos que

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– ¿Quién eres?

No hay forma de escapar de uno mismo.

Una respuesta vino a ella, como un susurro a su corazón. Tú.

La voz resonó en su cabeza como los latidos de sus propias venas. Era una voz negra y áspera, que la envolvió de dentro afuera. Dolió. Tensó todo su cuerpo en un espasmo de ira y sufrimiento. Cada movimiento, cada intento de inútil forcejeo dolía como mil espadas clavándose directamente en su pecho.

Yo soy en lo que te has convertido.

Yo soy todas las personas que te han herido y todas aquellas que te han amado. Yo soy todos los pecados que has cometido y cada instante en que has suplicado perdón. Yo soy las vidas que has – ¿Es esto en lo que me he convertido? La Bestia salvado y todas aquellas que has engullido. Yo soy por fin ha tomado mi vida mortal, apoderándose tu inocencia y tu lujuria. Yo te poseo y eres mía. de mí, y ha llenado mi alma de esta oscuridad y de sus sombras. La oscuridad se ensombreció a su alrededor, y unas cadenas crecieron rodeando sus brazos, obli- Y, comprendiendo la futilidad de su resistencia, gándola a contorsionar su cuerpo para resistir la se rindió. Simplemente dejó de forcejear. Y los fuerza que tiraba de ella. Se encontró atrapada de Monstruos se acercaron más a ella e inhalaron su nuevo, pero esta vez le dolió más, como si se rea- aliento. Dejó el cuerpo inerte, su mente a merced briesen en ella todas las heridas que jamás había del recuerdo. Pues su alma ya no le pertenecía a tenido. ella, sino a la Bestia. Una enorme criatura hecha de Pesadillas y Sombras la rodeó. Y por primera vez en mucho tiempo, tuvo miedo. Sus manos permanecían atadas y encadenadas a la horrible Nada. Cabezas monstruosas se acercaban a su cuerpo asustado y siseaban con lenguas bífidas y cuernos torcidos, sin llegar a tocarla. Enormes garras afiladas y terribles se cernían sobre sus extremidades, y se tensaban como a punto de clavarse. Miles de ojos la observaban con malicia desde la más negra oscuridad, haciéndole sentirse nerviosa y, de nuevo por primera vez en mucho tiempo, avergonzada. Se debatió y trató de liberarse, aterrada.

*** En el centro de la plaza, atado a un poste de madera, descansaba vencido sobre sí mismo el cuerpo de una mujer, blanco y pálido como un cisne, salpicado de heridas carmesíes, desprovisto de todo signo de vida y, sin embargo, brillante bajo la luz del sol que asomaba tras una nube de tormenta. Las gotas de lluvia golpeteaban contra su piel y se arrastraban siguiendo los surcos de sus formas, limpiando los rastros de sangre con esmero, casi con cuidado.

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Y dentro de aquel mundo independiente que existía y se desarrollaba atado a un poste de madera, esa irrelevante calamidad, ese desastre magullado y pálido, yacía el cuerpo de una mujer, blanco y puro, encadenado a la oscuridad de su alma, custodiado por los Monstruos y las Pesadillas que había creado en sí misma. Rendido para siempre al peso de su pecado. La cabeza hundida por el remordimiento, el corazón recuerda mentiras y amores pasados. No. No recuerda. No queda ningún recuerdo en ella. No hay reminiscencia de lágrimas, de aire, de rabia, de odio, de alegría, de compasión, de risas, de esperanza. De amor.

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La fábrica de marionetas por Myriam Soledad Trigueros ”No busquéis en los libros principios y reglas que Para poder ser obrero de esta fábrica había que seguramente encontremos mejor dentro de noso- superar con éxito una serie de certificaciones que tros”. (Rousseau) daban cuenta de la óptima cualificación de los aspirantes. Básicamente todas las pruebas evaluaban la capacidad extrema de montado de marionetas abía una vez una ciudad de reco- de los operarios. Es decir, su cometido era evaluar nocido prestigio en un país no del la rápidez y el promedio de piezas idénticas que todo prestigioso. Dicha ciudad po- eran capaces de producir en el menor tiempo. La seía la fábrica de marionetas más última parte en la cadena de montaje y ensamblaequipada y más galardonada de do consistía en insertar una esencia a los títeres. todo el territorio nacional, y era precisamente en La esencia digamos que era una especie de microeste negocio donde residía el abolengo de la urbe. chips o artilugios que permitían repetir hasta un Trabajar en la fábrica suponía gozar de status, total de 1000 frases y adquirir ciertas habilidades dignidad y prestigio, además de cuantiosos bene- programadas por los operarios. Cuanto menos se ficios siempre y cuando se siguieran las pautas y desviara del original mejor que mejor, pues en el premisas del Maestro Empleador. armado de marionetas en cadena lo vital no era

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pensar cómo hacer marionetas personalizadas, de hecho era un delito tipificado en las leyes según el Ministerio de Culto y Disciplina. En una fábrica de marionetado hay que hacer réplicas exactas y luego colocarlas en el mercado, porque una marioneta que piensa es un peligro ambulante. Sí que es verdad que de vez en cuando se editaban panfletos que recogían innovaciones de montado de marionetas pero realmente, los procesos de marionetado no habían cambiado sustancialmente a lo largo de los siglos y más que nada, aquellas octavillas legislativas eran palabras vacías llenas de engaño. Un día el señor R. entró a formar parte de la plantilla empresarial. De ese personaje sólo podemos decir que era de todo punto curioso. Diferente a los demás trabajadores porque al señor R. no le importaban las leyes de marionetado .El señor R. iba por libre y lo que le importaba de verdad eran las marionetas. Les susurraba palabras porque sabía que eran juguetes con alma, a pesar de los hilos y la madera y el relleno de trapo. Sabía que tenían sus problemas y decidió que no quería seguir montando marionetas idénticas. Trabajaría en algo diferente. Así que cada día les iba enseñando algo nuevo. A algunas les susurraba el porqué de los colores, les preguntaba cómo se encontraban ese día, si había habido algún altercado en las estanterías donde reposaban hasta ser manufacturadas… El señor R. les preguntaba el nombre, porque dentro de sí todas las marionetas tienen un nombre y saben quién son aunque no lo recuerden a la primera de cambio. Y cuando sus creaciones eran colocadas en el mercado, nun-

ca les perdía la pista y les mandaba una postal por navidad, un regalo por su cumpleaños... Al principio la producción de marionetas personalizadas no tuvo efecto alguno, pero a medida que avanzaban los años y el señor R. seguía con su metodología, las marionetas se revelaron. Organizaron conferencias, manifestaciones…Crearon sociedades en contra del lavado de cerebro como la TUFD “Títeres unidos a favor de la desprogramación”. Los dirigentes de la empresa acusaron de traidor al señor R. por suscitar desórdenes entre los monigotes de trapo , los cuales se suponía que sólo debían obedecer a la autoridad competente del Ministerio de Culto y disciplina. Así que, acabaron echándolo de la prestigiosa fábrica de fabricación lineal de marionetas. Sin embargo, el señor R estaba feliz porque sabía que con pequeños gestos estaba cambiando el mundo. La noticia corrió como la pólvora entre las asociaciones PRO marionetas libres. Enteradas del injusto trato que el pobre señor R. había sufrido, las antiguas marionetas que un día salieron de sus manos decidieron montar un negocio de des-marionetado propio. Así, serían multitud y un día las fábricas de marionetado lineal serían historia y las marionetas dejarían de ser marionetas para convertirse en personas. Moraleja de la historia: Quizás las sucesivas leyes educativas aunque pretendiendo buscar una mejora del sistema educativo, en el fondo lo que quieren implementar de verdad no es una sociedad de ciudadanos preparados y forjados en valores humanos, sino una suerte de sociedad competente (en cuanto a mercado se refiere) y competitiva.

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Quizás por eso sea interesante no enseñar a pensar a las marionetas porque “una marioneta pensante, es un peligro ambulante”. Por otra parte, la figura del señor R. es importante porque nos da idea de que cada docente debe trabajar siendo fiel a sí mismo, con su estilo, con su libertad de cátedra como dicen algunos. Pero sobre todo, teniendo en mente y en primerísima fila lo verdaderamente importante, a sus estudiantes (también conocidos como marionetas por algunos hacedores de leyes de pacotilla). En definitiva, sorprender y dejarse sorprender por lo humano de las cosas.

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La manzana entre sedas por Elena G. Reyes

Z

uleika se encontraba en su cuarto acariciando sus cabellos cuando la visión de un joven alto y de complexión atlética la obnubiló por completo. En un primer momento no recordaba haberlo visto antes, pero luego se dio cuenta que aquellos ojos oscuros se habían cruzado antes con los suyos en el mercado, cuando su marido Putifar compró al joven como esclavo. Recordaba vagamente el nombre del joven, así que de sus labios salió tímidamente el nombre de José.

con kohol, intensificándola aún más; unos labios carnosos y rojos como rubíes y su figura se encontraba casi al descubierto a excepción de las sedas granates y doradas que la cubrían.

Una vez uno frente al otro, se trazó en los labios de ella una sonrisa atractiva y sensual que hizo que José rozara, acariciando aquel cuello bronceado por el sol, y bajase hasta llegar al hombro. Ella fue acercando despacio sus labios que se juntaron con los de José, y éste, al darse cuenta de la situación, se separó bruscamente y abandonó El chico, al oír su nombre, se giró y al igual que los perfumes e inciensos de Zuleika. Sin embargo, le ocurrió a Zuleika, no podía creer que existie- ella, antes de que huyera, le arrebató su túnica ra una mujer tan bella: sus cabellos largos eran que quedó rasgada… radiantes, oscuros y brillantes como el azabache; su mirada penetrante de tono esmeralda se dibujaba en unos ojos rasgados y perfilados 25


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por Maria Alea

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The Gate por Mauro Hernรกndez Grafito y ร“leo sobre papel Caballo 109, 50x40cm.

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Elf Warrior por Mauro Hernรกndez Grafito sobre papel, 21x30cm.

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Apunte rรกpido por Mauro Hernรกndez

Grafito sobre papel, 21x30cm.

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Mr. Hietala por Mauro Hernรกndez Grafito sobre papel Caballo 109, 30x40 cm.

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Apunte rápido por Mauro Hernández Acrílico, tinta y gouache sobre Cartulina, 21x30cm.

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Ye lo que hay por Manuel Barb贸n 34


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Jen

por Manuel Barb贸n

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Hielo y miel Por Laura Lobeiras Muñiz

Porque fui y siempre seré por ti, pero tú ya no eres ni dejas ser; Porque la distancia ya no es el espacio que nos separa, Es el hielo que ya no fluye ni ebulle; Son los escudos y las corazas insalvables, son los amores que no fueron, las excusas que nos dieron y los sueños que nos vendieron. Y si el antes ya no es el ahora, y tú ni eres ni dejas ser, yo seré por siempre lo que ya no es, seré el cuento que te contaron y nunca se cumplió. Cuidaré la memoria del encanto, salvaré el dulce de la miel…

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Ideologías Lascivas Por Ignacio Castellanos

Cuando la guerra acabe, Huesos desnudos cantarán “Sangre joven En vano vertida Por seres obesos Empoltronados en fálicos sillones De moral superior e hijos incorruptos Ideologías lascivas Forjadoras de cadenas” Dioses Alienadores de nuestro tiempo, Modificadores de conducta ineficaz, Movimientos poblacionales de pensamiento, 39


Aberración del término, -“humano”Los perros obedientes, Beben y se nutren Sangre vertida en vano, Ansia de poder, Ansia de joder, ¿Crees tomar la decisión adecuada? No temas, Ya la han tomado por ti Frío en las venas, Fuego en el corazón, Miles de caminos Tomar una decisión, Ya no es una opción Mueren los ángeles, Los sabios son crucificados 40


El amor todo lo puede, Le son ajenas las cadenas, La aceptaci贸n sin fronteras, Es su bandera. Las ideolog铆as, Cumplieron Su funci贸n Ahora solo devoran, Como un ni帽o malcriado, Todo lo bueno y puro Fuego en los cielos, Muros diezmados, Moral desterrada, Prejuicios reciclados, El limbo es su morada.

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Invítame a vivir (o viceversa) Por Sandra Sánchez

Invítame a beber vivir en la barra de tu bar. Ponme ahora lo que quieras, como quieras, ponme (a) diez (sobre diez). Vivamos Bebamos juntos, que aún queda mucho alcohol en la despensa… Y a la vejez -ya sabesunas copas de jerez. 42


Mis poemas tienen ojos Por Sandra Sรกnchez

Mis poemas tienen ojos y me miran, lloran, cada lรกgrima derrama letras mojadas en sal que resbalan de verso en verso. Mis poemas tienen ojos y me miran, tristes, prisioneros de las hojas en que los hallo, encadenados unos 43


a otros por corchetes y puntos suspensivos‌ [Se hacen viejos, se arrugan, se encorvan en cada estrofa, se van muriendo entre líneas] Mis poemas tienen ojos y me miran, silentes, aunque por dentro yo- lo que sientoes que me gritan.

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Ruleta Por Sandra Sánchez

Cada vez que te miro juego a la ruleta con tus ojos desafiantes en alevosa complicidad. Soy ludópata de tu mirada. Qué importa ganar o perder, mientras juguemos; mientras sigas poniendo en práctica tu sutil arte de provocación, mientras el humo de tu cigarrillo persiga mi cara. (A tu señal, apuesto) Y me lo juego todo al 2 de tus labios rojos al 8 del infinito de tu espalda, al 4 de tus piernas y brazos -deseando que me aferrenAl 1 de tu entero cuerpo, al 1000 de tus pechos de miel, 45


al 69 del fuego de tu sexo... Tu cabeza mira hacia otro lado y tus ojos se paran en un brutal y sádico 0. Hoy, no es mi día de suerte… (El revólver, habla por fin) ¡P.U.M.! (¡Puta Utopía de Mierda!)

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Tropezaré Por Sandra Sánchez

dos veces con tu misma piedra. Me daré de bruces con ella... y me dolerás a Gloria Bendita.

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Amor en silencio Por テ]gel Torezano

Iba camino al trabajo, como cada gris maテアana, comiテゥndome una manzana por mi habitual atajo. Gente en su vida mundana caminaba por doquier tratando de no perder ni un instante de semana. Tanta prisa para ser un esclavo de sus amos; que el alma rebajamos por dinero merecer. 48


Ella llevaba dos ramos, de rosa, jazmín y lila, paseando tan tranquila; nadie en ella nos fijamos. Ni en su aroma que encandila; labios de fiel mariposa; cabellos de etérea diosa; ni en cómo los pasos hila. Entonces pasó una cosa, un milagro diminuto, que me entregó el sutil fruto de una dicha silenciosa. Todo se vistió de luto cuando me clavé la espina, 49


bien hondo, pues era fina, al rozarme un tallo hirsuto. “El que no mira no atinaâ€?, me dijo muy caprichosa. Brota la sangre copiosa. Mi boca estaba que trina. La vi entonces, tan dichosa, y se detuvo mi mundo en el silencio profundo de su mirada gloriosa. Fue un instante tan rotundo que no hubo lugar a duda. Mi alma se quedĂł muda. La luz se hizo en un segundo.

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Como una flecha menuda se internó en mi corazón, cegándome la razón, esa mirada desnuda. Verdes de pura pasión brillaban aquellos ojos, sobre suaves labios rojos livianos como un gorrión. Se abrieron los mil cerrojos que al alma evitan dolor, con un suspiro de amor y una explosión de sonrojos. Ella me dio su candor; yo le ofrecí mi sonrisa. Ella era gentil poetisa; yo torpe conquistador. 51


Cual suma sacerdotisa que en su sacristía reza, su voz, llena de entereza, pronunció su nombre: Elisa. Tal despliegue de belleza, Elisa de mis amores, me cubrió el alma de flores y me llenó de riqueza. Flores de mil olores pintan tu floristería; ninguna con tanta alegría se viste con tus colores. Esta nota no hilaría si pudiera hablar contigo, mas ser mudo es mi castigo; sólo tengo mi poesía. 52


Dejo la carta al abrigo de azucenas y azaleas, confiando en que la leas y me dejes ser tu amigo. Te espero donde las feas se juntan en primavera, bajo la hermosa palmera, cuando suban las mareas.

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¿Quieres aparecer en el próximo número? +Letras es una revista independiente trimestral, non profit, nos dirigimos a toda la gente que desea colaborar: escritores, dibujantes, ilustradores, músicos,… etc. No necesitáis experiencia con vuestra creatividad es más que suficiente. Para colaborar con nosotr@s tienes que seguir los siguientes requisitos: • •

No hay ningún tipo de censura. No hay ningún tipo de prohibición en cuanto a longitud pero… ¡no vamos a publicar una novela!

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+Letras - Número 2  

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