Boletín Responsabilidad Ambiental No 3 Comité de Gestión Ambiental • Noviembre de 2021
Economía circular A. ¿Qué es la economía circular? En la actualidad, hablar de la economía circular parece estar de moda: se hace
referencia a ella en ámbitos tan diversos como el académico, el político, el económico o el social, e incluso hasta en los medios no especializados. Como ejemplo de su aparición cada vez más frecuente en las distintas agendas puede mencionarse, en el contexto académico, el trabajo de Kirchherr, Reike y Hekkert (2017), en el que se señala que en 2016 se publicaron más de 100 artículos sobre el tema, en comparación con solo unos 30 artículos en 2014.
Más recientemente, en el ámbito político regional, Chile presentó el documento
Índice A. ¿Qué es la economía circular?......................... 1 B. El proceso del diseño circular: definir, hacer, lanzar y entender.................................... 4 C. La (no) generación de residuos y su gestión: de residuos a recursos....................................... 7 D. Hojas de ruta y el futuro de la economía circular en América Latina y el Caribe.......... 10 E. Renovación del Edificio Norte: la aplicación de la economía circular en la sede de la CEPAL en Santiago ....................... 11 Bibliografía............................................................... 12
Propuesta: hoja de ruta nacional a la economía circular para un Chile sin basura 2020-2040, Colombia lanzó la Estrategia nacional de economía circular. Cierre de ciclos de materiales, innovación tecnológica, colaboración y nuevos modelos de negocio, el Ecuador publicó el Libro blanco de economía circular de Ecuador y el Perú aprobó la Hoja de ruta hacia una economía circular en sector industria. Por su parte, la Unión Europea aprobó el Circular Economy Action Plan: For a cleaner and more competitive Europe en marzo de 2020. Estos esfuerzos de planificación reúnen una serie de acciones y lineamientos con los que se busca dar respuesta a diferentes preocupaciones sobre la presión que se ejerce sobre el medio ambiente y sus recursos naturales. Dicha presión está directamente relacionada con las formas actuales de producir y consumir, que es necesario cambiar para alcanzar un desarrollo sostenible.
La Fundación Ellen MacArthur, una institución de referencia en materia de economía
circular, define este concepto como un sistema industrial restaurativo o regenerativo por intención y diseño. La economía circular sustituye la noción de “fin de vida” por la de restauración, se orienta hacia el uso de energías renovables, elimina el uso de productos químicos tóxicos, que perjudican la reutilización de los materiales, y aspira a la eliminación de los residuos mediante un mejor diseño de los materiales, los productos, los sistemas y, dentro de estos, los modelos de empresa (Ellen MacArthur Foundation, 2013). De acuerdo con la Fundación, un sistema de este tipo se basa en tres principios simples:
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i) Eliminar los residuos y la contaminación desde el diseño En este sistema, los residuos no existen: los productos se diseñan y optimizan para un ciclo de desmontaje y reutilización. Estos ciclos ajustados de componentes y productos definen la economía circular y la diferencian de la eliminación e incluso del reciclaje, procesos en los que se pierde gran parte de la energía y la mano de obra incorporadas en los productos (Ellen MacArthur Foundation, 2013, pág. 7). La idea es que los residuos y la contaminación no son accidentales, sino que surgen como consecuencia de las decisiones que se toman en la etapa de diseño, en la que se determina cerca del 80% del impacto ambiental que tendrá un producto (incluidos los gases de efecto invernadero, las sustancias peligrosas, la contaminación del aire, la tierra y el agua y los residuos estructurales, como los efectos de la congestión vehicular). Se deben considerar los residuos y la contaminación como un defecto de diseño y aprovechar los nuevos materiales y tecnologías para evitarlos desde esta primera etapa.
ii) Mantener los productos y materiales en uso La circularidad diferencia de manera estricta los componentes o materiales consumibles de un producto de los duraderos. Los consumibles se componen en gran medida de materiales biológicos o “nutrientes”, que son, como mínimo, no tóxicos e incluso posiblemente beneficiosos, y pueden ser devueltos a la biosfera de forma segura, directamente o en una serie de usos consecutivos (Ellen MacArthur Foundation, 2013, pág. 7). Después de uno o más ciclos en el sistema, con el tiempo se biodegradan y devuelven los nutrientes incorporados al medio ambiente. En cambio, los duraderos, como los motores o las computadoras, están hechos de materiales técnicos inadecuados para la biosfera, como los metales, los químicos sintéticos y la mayoría de los plásticos (Ellen MacArthur Foundation, 2013, pág. 7). Estos están diseñados desde el principio para su reutilización, reparación, remanufacturación o, en última instancia, reciclaje; permanecen en ciclos continuos en el sistema para que su valor pueda ser recapturado en cada uno de dichos ciclos.
iii) Regenerar los sistemas naturales La energía necesaria para alimentar este ciclo debe ser renovable por naturaleza para disminuir la dependencia de los recursos y aumentar la resiliencia del sistema (Ellen MacArthur Foundation, 2013, pág. 7). En la naturaleza no existe el concepto de residuo, y todo sirve de alimento para otras cosas. En el caso de los componentes o materiales técnicos, la economía circular sustituye en gran medida el concepto de consumidor por el de usuario. Esto exige un nuevo contrato entre las empresas y sus clientes basado en el rendimiento o desempeño del producto (Ellen MacArthur Foundation, 2013, pág. 7). A diferencia de lo que ocurre en la economía lineal de “comprar y consumir” o, más ampliamente, de “extraer, producir, usar y desechar” (cuando se incluyen también los componentes o materiales consumibles), en la economía circular los productos duraderos se arriendan con o sin derecho a compra, o se comparten siempre que sea posible. Si se venden, existen incentivos o acuerdos para garantizar la devolución y, posteriormente, la reutilización del producto o de sus componentes y materiales al final de su período de uso primario. Todos estos principios impulsan cuatro fuentes claras de creación de valor que ofrecen oportunidades para el arbitraje de precios, en comparación con el diseño de productos y el uso de materiales en una economía lineal (Ellen MacArthur Foundation, 2013, pág. 30):
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El poder del círculo cerrado. Se refiere a minimizar el uso de materiales en comparación con el sistema de producción lineal. Cuanto más estrecho sea el círculo, más valiosa será la estrategia. La reparación y el mantenimiento de un producto —por ejemplo, de un coche— conserva la mayor parte de su valor. Si esto ya no es posible, los componentes individuales pueden ser reutilizados o remanufacturados. Esto preserva más valor que el simple reciclaje de los materiales. Los círculos cerrados preservan más la integridad de un producto, su complejidad y la mano de obra y energía incorporadas (además del capital y las externalidades asociadas, como pueden ser las emisiones de gases de efecto invernadero o el uso de agua, entre otros).
El poder de la circulación extendida. Se refiere a maximizar el número de ciclos consecutivos o el tiempo de cada ciclo (ya sea la reutilización, la remanufacturación, el reciclaje o la prolongación de su vida útil). Cada ciclo prolongado evita el uso de los materiales, la energía y la mano de obra que son necesarios para crear un nuevo producto o componente. Sin embargo,
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en el caso de los productos que requieren energía, la vida útil óptima debe tener en cuenta la mejora de las prestaciones energéticas a lo largo del tiempo.
El poder del uso en cascada. Se refiere a la diversificación de la reutilización a lo largo de la cadena de valor; por ejemplo, cuando la ropa de algodón se reutiliza primero como ropa de segunda mano, luego pasa a la industria del mueble como relleno de fibra en la tapicería y, más tarde, el relleno de fibra se reutiliza en el aislamiento, como lana de roca para la construcción —sustituyendo, en cada caso, una entrada de materiales vírgenes en la economía— antes de devolver las fibras de algodón de forma segura a la biosfera (Ellen MacArthur Foundation, 2013, pág. 7).
El poder del círculo puro. Se refiere al hecho de que los flujos de materiales no contaminados aumentan la eficacia de la recolección y redistribución, al tiempo que mantienen la calidad, especialmente de los componentes o materiales técnicos, lo que a su vez prolonga la longevidad de los productos y, por tanto, aumenta la productividad de los materiales (Ellen MacArthur Foundation, 2013, pág. 7).
El diagrama de mariposa de la Fundación Ellen MacArthur que se presenta a continuación (véase el diagrama 1) trata de captar la esencia de la economía circular: los flujos de materiales, nutrientes, componentes y productos. Asimismo, añade un elemento de valor económico-financiero, mediante el ahorro del capital, la energía y la mano de obra incorporados, y del capital natural, al reducir o evitar su agotamiento y restaurarse en los ciclos biológicos. Está basado en varias escuelas de pensamiento, pero influido quizás en mayor medida por los dos ciclos de materiales del enfoque conocido como “de la cuna a la cuna” (cradle-to-cradle). Diagrama 1 El sistema de economía circular según la Fundación Ellen MacArthur
Fuente: Ellen MacArthur Foundation, febrero 2019 [en línea] www.ellenmacarthurfoundation.org.
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De acuerdo con la Fundación Ellen MacArthur1, una economía circular que se guíe por los principios presentados anteriormente podría crear enormes oportunidades económicas y medioambientales. Por un lado, podría fomentar el crecimiento económico, a través de la combinación de mayores ingresos provenientes de actividades emergentes en la economía circular y menores costos de producción debido al incremento de la productividad de los materiales; generar sustanciales ahorros netos en costos de materiales; crear oportunidades de empleo por el incremento de los gastos impulsado por los menores precios, la elevada intensidad de mano de obra de las actividades de reciclaje de alta calidad y los puestos de trabajo más calificados en el ámbito de la remanufacturación, e incrementar la innovación, debido al estímulo que genera la sustitución de productos unidireccionales por productos “circulares por diseño” y la creación de redes de logística inversa y otros sistemas que apoyan la economía circular, lo que genera mayores tasas de desarrollo tecnológico y mejores materiales, capacitación de mano de obra y eficiencia energética. Esto permitiría desacoplar gradualmente el crecimiento económico de los materiales vírgenes, pero también reducir la emisión de gases de efecto invernadero, disminuir el consumo de materias primas, mejorar la conservación y productividad de la tierra, así como la salud del suelo, y mitigar otras externalidades (como las relacionadas con el uso del suelo, la contaminación acústica, del aire y del agua, la emisión de sustancias tóxicas y el cambio climático).
B. El proceso del diseño circular: definir, hacer, lanzar y entender El enfoque del diseño ha ido cambiando en los últimos tiempos. Se ha comprobado que el diseño es un proceso que permite proyectar materiales, componentes, productos, sistemas y modelos de negocio capaces de evitar la generación de residuos en el ecosistema (Torres, 2017), lo que constituye uno de los objetivos más importantes de la economía circular, si no el principal. Invertir tiempo y energía en diseñar bien un material, componente, producto, proceso o modelo de negocio permite reducir costos y tiempos en la gestión futura de los residuos del producto diseñado; por ello, constituye la piedra angular de una economía circular. En la actualidad, muchas empresas procuran desarrollar competencias de diseño circular para facilitar la reutilización, el reciclaje y el aprovechamiento de productos en múltiples ciclos. El diseño de productos circulares requiere de habilidades, información y métodos de trabajo avanzados. Por lo general, el proceso de diseño circular (véase el diagrama 2) incluye distintas fases secuenciales y reiterativas, como la selección de materiales y la aplicación de criterios para que en la fabricación se tenga en cuenta el posterior aprovechamiento de coproductos y residuos2. Diagrama 2 El proceso de diseño circular
Fuente: Ellen MacArthur Foundation, “The Circular Design Guide” [en línea] https://www.circulardesignguide.com/. 1
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Como advierte la Fundación (Ellen MacArthur Foundation, 2015), el análisis realizado sobre las oportunidades y repercusiones de una economía circular se basa en cifras e hipótesis de la Unión Europea, pero, como los retos son universales, las conclusiones podrían ser aplicables también a otras regiones. Véase [en línea] https://www.ellenmacarthurfoundation.org/es/economia-circular/concepto.
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En “The Circular Design Guide”, una guía de diseño circular elaborada por la Fundación Ellen MacArthur en colaboración con IDEO, se ofrece información sobre metodologías de innovación circular y se incluyen entrevistas con diseñadores, ejercicios de creación, casos prácticos y enlaces a herramientas técnicas.
1. Ecodiseño El ecodiseño es la incorporación de medidas preventivas durante el desarrollo y la proyección de un producto o servicio para disminuir su impacto ambiental a lo largo de las fases de su ciclo de vida (producción, uso y fin de vida) y facilitar su reutilización o reciclaje una vez finalizado este ciclo. Con ello, el factor ambiental se incorpora al producto como un valor añadido, produciendo ventajas competitivas y de marketing, sin comprometer el precio, la funcionalidad o la calidad del producto. De esta manera, se favorece la transición hacia un modelo de economía circular, introduciendo un elemento práctico de implementación de la circularidad que mejora el desempeño ambiental y funcional de los productos y servicios a partir de la identificación de puntos críticos ambientales. Mediante este análisis, se puede definir la estrategia que mejor aborde estos puntos críticos, que podría ser la reutilización, la remanufacturación, el cambio de materiales, la desmaterialización, el diseño para el reciclaje o alguna otra estrategia de innovación circular.
2. Casos de estudio a) Green glass (Chile)3
Fuente: www.greenglass.cl.
Green Glass es una empresa que se dedica a reutilizar botellas de vidrio y a convertirlas en vasos y copas con novedosos diseños. Su principal objetivo es reciclar las botellas al 100%, alargando la vida útil del vidrio, para combatir el problema de la basura doméstica y apoyar a los recicladores. La recolección es su principal motor circular; la mayoría de las botellas Green Glass son recuperadas por recicladores de base en las calles, quienes las venden a los centros de reciclaje. Posteriormente, pasan a un proceso de lavado para eliminar el polvo, las etiquetas y los residuos. El envoltorio de los vasos y productos es respetuoso con el medioambiente, libre de plásticos y compostable. b) Plástica (Chile) Plastica es una empresa chilena que diseña coloridas y originales joyas mediante la reutilización del plástico en desuso, con técnicas de creación propia. Es una empresa B certificada4, de mujeres, que produce aros y joyas plásticas hechas a mano por mujeres locales, con herrajes de plata, también reciclados. La empresa apuesta por la durabilidad, por lo que ofrecen garantía de por vida y sin costo de sus productos, lo que sin duda ayuda a alargar el ciclo de vida de estos. En la actualidad están disponibles a través de plataformas como Amazon y se distribuyen en toda América Latina y los Estados Unidos.
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Véase [en línea] https://www.greenglass.cl/pages/la-historia-real-de-green-glass. Véase [en línea] https://www.sistemab.org/ser-b/.
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Todo el plástico que reutilizan lo consiguen a partir de donaciones que reciben en el taller en que llevan a cabo sus actividades. Se trata de plásticos de baja densidad, como envoltorios de pañales, de toallas higiénicas o de papel higiénico, bolsas donde vienen las lechugas, la ropa o los electrodomésticos, e incluso forros de cuadernos.
Fuente: www.plastica.com.
c) Bohío Playa (Colombia) Bohío Playa es una empresa colombiana que fabrica prendas veraniegas. Un ejemplo son los trajes de baño creados con tela náutica antifluido elaborada a partir del reciclaje de botellas. Cada short representa cinco botellas de plásticos recicladas. Esta empresa tiene efectos positivos en distintos ámbitos, pues brinda condiciones de empleo justas, genera un bajo impacto ambiental, produce a mano prendas de alta costura y diseños únicos y da una nueva vida al plástico con un producto de gran durabilidad.
Fuente: https://www.bohioplaya.com/
d) Insecta Shoes (Brasil) Se trata de una empresa brasileña que crea coloridos e innovadores zapatos y accesorios a partir de tela de ropa reciclada. Con el reciclaje de la ropa evitan el desperdicio, alargan la vida útil de las telas y crean diseños con sentido original y único. Además, para cerrar el ciclo de vida de sus productos, cuando ya no se utilizan, los clientes pueden devolverlos por correo sin costo alguno. Estos se reciclan, sus materiales vuelven a ser utilizados, y el cliente recibe un descuento para una próxima compra en la tienda, lo que incentiva esta práctica.
Fuente: https://insectashoes.com/.
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C. La (no) generación de residuos y su gestión: de residuos a recursos Muchas veces se asocia la economía circular con el modelo de las tres, cinco, seis, siete y hasta nueve (o más) erres. Todas estas erres son herramientas que pueden contribuir a desarrollar la economía circular si se entienden y aplican correctamente. A continuación, se enumeran las estrategias más relevantes en lo que respecta a la fase de generación y gestión de residuos (incluida también alguna que no empieza por la letra erre). Si bien el reciclaje es a menudo la primera erre que viene a la mente cuando se piensa en la economía circular, en realidad, en una economía verdaderamente circular no deberían existir residuos que reciclar, ya que los productos actuales deberían constituir las materias primas de los productos futuros. Por lo tanto, antes de recurrir al reciclaje, lo ideal sería pensar en cómo no generar el residuo. Ya se ha hablado del ecodiseño en la sección anterior, pero en esta sección se hará hincapié en la importancia de detenernos a reflexionar sobre nuestro papel como consumidores. Si bien la mayor parte de los residuos y el desperdicio energético se generan antes de que los productos lleguen a manos de los consumidores —entre la extracción de recursos y la fabricación— (Webster, 2012), nuestra contribución también es importante. Es necesario aprender a diferenciar entre lo que realmente hace falta para cubrir las necesidades básicas y aquellos productos o servicios de los que es posible prescindir sin problema. Cuando se repiensan los hábitos de consumo, también se empiezan a aplicar otras estrategias, como las de reducir y evita; por ejemplo, no adquiriendo productos que no resulten imprescindibles —como prendas de vestir, aunque estén baratas—, planificando para evitar el desperdicio de alimentos, aplicando estrategias para ahorrar energía o evitando el sobreempaquetado mediante la compra a granel o el uso de bolsas de tela, recipientes reutilizables o envases retornables, entre otros ejemplos. En este sentido, es interesante el ejemplo de Circular Shop, el primer supermercado chileno en línea con el compromiso de “cero basura”, que vende gran parte de sus productos en envases retornables —que el cliente devuelve al realizar su siguiente compra— y se hace cargo del reciclaje de aquellos que no se pueden reutilizar. Informarse bien también es esencial: últimamente está de moda la utilización de bioplásticos. Sin embargo, este tipo de plásticos, fabricados a partir de azúcares, almidones o aceites vegetales, aunque proceden de fuentes renovables, no siempre contribuyen a la sostenibilidad. Algunas consecuencias de su utilización pueden ser muy negativas, como el uso de la agricultura intensiva para la producción de los vegetales de los que proceden. Por otra parte, si bien algunos pueden ser biodegradables o compostables, esto solo es posible en plantas de compostaje industrial, ya que para ello hacen falta condiciones muy especiales que no se dan en los vertederos (Villén, 2019). Una vez fabricado el producto, el objetivo debe ser mantener su utilidad y su valor en el ciclo económico durante el mayor tiempo posible. Para ello, las estrategias que se mencionan a continuación son fundamentales, pues preservan el valor del producto sin degradarlo. Reparar y mantener los productos alarga su vida útil, lo que permite evitar la creación de nuevos productos y, por lo tanto, la generación de más residuos (Circular Economy Toolkit, s/f). El servicio técnico posventa puede ser una ventaja competitiva para empresas de productos electrónicos e informáticos, entre otras. Por ejemplo, existen empresas de ropa, como Patagonia (a través de su programa WornWear), que ofrecen arreglar las prendas dañadas y devolverlas al cliente. La empresa Ikea, por su parte, pone a disposición de sus compradores piezas para reparar los muebles adquiridos cuando se estos se estropean. Reutilizar los productos y redistribuirlos a nuevos usuarios en su forma original o con algún cambio contribuye a evitar la fabricación de nuevos productos y proporciona un acceso más amplio a los recursos. Algunas acciones relacionadas con esta estrategia son la venta o donación de bienes que ya no se necesitan, a través, por ejemplo, de plataformas digitales. El conocido fabricante de equipos de construcción Caterpillar tiene un sitio web en el que se puede intercambiar maquinaria de excavación de segunda mano, tanto de su marca como de otros fabricantes. La reutilización de aguas grises o residuales para otros fines, como la recarga de cisternas de inodoro o el riego, también constituye un buen ejemplo de esta estrategia.
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Un ejemplo de reutilización de materiales que ha recibido algunas críticas es la fabricación de los conocidos como “ecoladrillos” (Universidad Diego Portales, 2021) —botellas llenas de plásticos de todo tipo que se utilizan en la construcción de viviendas—. Si bien se está dando una nueva vida a los plásticos que los componen, al elaborar los ecoladrillos no se distingue entre materiales reciclables y no reciclables, por lo que aquellos que podrían reintegrarse al ciclo productivo no lo hacen, y el problema de qué hacer con esos plásticos se posterga para el futuro. En relación con estas dos últimas estrategias, podemos mencionar también el compartir. Un cambio de mentalidad importante que contribuiría a lograr una verdadera economía circular es priorizar el uso y la prestación de servicios a la posesión de determinados artículos. Dado que no se consumen los productos tecnológicos de la misma manera que se consumen, por ejemplo, los alimentos, podría pensarse que lo importante no es poseerlos, sino poder acceder a ellos cuando se necesitan. La empresa Bundles, de los Países Bajos, brinda acceso a sus usuarios a lavadoras de gran eficiencia y calidad por un monto mensual proporcional a la cantidad de lavados que estos realizan. Cuando el contrato finaliza, la empresa recupera la máquina y puede volver a alquilarla o recuperar sus componentes para fabricar nuevas lavadoras. Algunas empresas practican la simbiosis industrial, recuperando los residuos y subproductos que otras empresas no pueden reintegrar en sus procesos para transformarlos en su materia prima (Comisión Europea, 2014). En Suiza, por ejemplo, una empresa que procesa granadas se asoció con una marca de cosméticos que utiliza las semillas de esta fruta como materia prima para sus productos. Refabricar o remanufacturar y renovar o restaurar son procesos mediante los cuales se devuelve valor o rendimiento a un producto usado (Apiñaniz, 2016). Los productos refabricados —por ejemplo, sistemas de dirección de vehículos, impresoras o equipo fotográfico— se recuperan, se desmontan y se reparan, y sus componentes se reemplazan si es necesario, por lo que pueden venderse con las mismas condiciones y garantías que los productos nuevos. No sucede lo mismo con los productos renovados o restaurados, que no suelen desmontarse y cuya transformación es a veces de naturaleza más bien estética (la rehabilitación de edificios es un ejemplo de esto último). Por último, llegamos a la estrategia más popular: reciclar, es decir, recoger productos usados y desechados para introducirlos de nuevo en el sistema, reduciéndolos al nivel de materiales básicos y utilizando dichos materiales para crear nuevos productos. Como ya se ha mencionado, en un modelo circular, alimentos y otros materiales de base biológica pueden reintegrarse a la naturaleza sin problema y regresan al sistema mediante procesos de compostaje y digestión anaerobia (por ejemplo, el compostaje de residuos orgánicos domésticos para transformarlos en abono natural, proceso del que se habló en el boletín anterior). No obstante, no ocurre lo mismo con los productos, componentes y materiales técnicos. Aquellos que no se han podido recuperar y restaurar mediante estrategias de reutilización, reparación o remanufacturación, deben reciclarse. En realidad, el reciclaje es una estrategia poco eficaz, pues desperdicia el trabajo y la energía que se dedicaron a la creación del producto; el gasto de crear un nuevo producto desde cero, aunque sea con materiales reciclados, es elevado, y siempre se pierde parte del material original, por lo que constituye un proceso que no preserva tanto valor como otras estrategias como la reutilización o la remanufacturación y que consume más energía (Ellen MacArthur Foundation, 2017). Lo principal, como se señaló más arriba, es intentar no crear el residuo en primer lugar, diseñando correctamente materiales, componentes, productos, sistemas y modelos de negocio (Torres, 2017). No obstante, una vez generado el residuo, es importante saber cómo deshacerse de él de forma correcta. La gestión responsable de los residuos, centrada en aprovechar y maximizar los recursos y minimizar y reutilizar los desechos, es esencial. En la actualidad, numerosas empresas llevan a cabo proyectos innovadores de reciclaje, pero como consumidores también es posible contribuir, separando los distintos tipos de residuos que se generan en el hogar y llevándolos a los puntos de reciclaje locales, donde se depositan en contenedores específicos para cada material. Si no se cuenta con un servicio municipal de recogida de residuos para reciclaje en el barrio o la ciudad, en algunos lugares existen empresas especialistas en reciclaje que se dedican a retirarlos a domicilio de manera puntual o regular. No obstante, aunque las prácticas de reciclaje de los consumidores sean impecables, es importante ser conscientes de que gran parte de los residuos que se generan no se recicla. ¿Por qué sucede esto? Materiales como el polipropileno flexible, que se utiliza en envases de tallarines o arroz, son
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reciclables, pero poco reciclados. Este plástico es muy liviano, por lo que su reciclaje no compensa su costo económico por transporte y venta, que se realiza por tonelada. Además, no tiene mucha salida en forma de otros productos. Por lo tanto, que un material se recicle o no dependerá de la capacidad instalada y la tecnología para reciclar, su rentabilidad económica y su demanda (Todos Reciclamos, 2020) (véase el diagrama 3). Diagrama 3 Tipos de plásticos
Fuente: En Estado Crudo, “Tipos de plásticos” [en línea] https://www.enestadocrudo.com/tipos-plastico/. Nota: El tipo de plástico que se usa en cada producto puede variar según su fabricante.
Por ejemplo, según datos de Todos Reciclamos (2020), los plásticos menos reciclados actualmente en Chile son el polipropileno flexible (número 5), utilizado en paquetes para alimentos perecederos, snacks y congelados, y el poliestireno (número 6), que se encuentra en bandejas de alimentos, envases de postres y yogures, y embalajes de plumavit. Los plásticos que no se reciclan en absoluto son el PVC (número 3), utilizado en tuberías de agua y alcantarillado, y la categoría “otros” (número 7), que se encuentra en envases y artículos fabricados con distintos tipos de resinas y materiales, muy difíciles de separar, por lo que no se reciben en puntos limpios ni se reciclan en las plantas de valorización. Conocer lo que sucede con los productos que se adquieren cuando ya no resultan útiles permite empezar a reducir el impacto del consumo en términos de generación de residuos, tomando mejores decisiones y aplicando las estrategias que se han resumido en esta sección. Pueden encontrarse más ejemplos interesantes de prácticas que contribuyen a evitar la generación de residuos en los siguientes recursos:
PriceWaterhouseCoopers, “Closing the loop – the circular economy, what it means and what it can do for you”, 2018 [en línea] https://www.pwc.com/hu/en/kiadvanyok/assets/pdf/Closing-the-loop-the-circular-economy.pdf.
Q. Gutiérrez Villach, “Ejemplos de economía circular”, Sostenible o Sustentable, 7 de junio de 2021 [en línea] https://sostenibleosustentable.com/economia-verde/ejemplos-economia-circular/. 9
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Circular Economy Toolkit [en línea] http://18.135.225.126/circulareconomytoolkit.org/.
Consejo Empresarial Mundial de Desarrollo Sostenible, “Strategies and examples”, Circular Economy Practitioner Guide [en línea] https://www.ceguide.org/Strategies-and-examples.
D. Hojas de ruta y el futuro de la economía circular en América Latina y el Caribe Una hoja de ruta es un plan estratégico que define una visión a largo plazo y establece las principales iniciativas que es necesario implementar para alcanzar dicha visión. Las hojas de ruta son documentos de alto nivel que sirven como herramientas de comunicación y ayudan a articular el pensamiento en torno a desafíos comunes y a los planes para abordarlos. El modelo de economía circular ya se está aplicando en muchas partes del mundo. Varias organizaciones internacionales, países y ciudades han elaborado hojas de ruta, planes o estrategias de economía circular y, como se ha mencionado en la primera sección de este documento, algunas de ellas han surgido en nuestra región, en países como Chile, Colombia, el Ecuador y el Perú. Además, diversas comunidades, empresas y organizaciones nacionales —incluidas muchas de Chile (Rubik, 2018)— están impulsando cambios importantes a través de un enfoque circular. La transición al modelo de economía circular se está viendo impulsada por distintas tendencias y desafíos, entre los cuales destacan:
las amenazas que representan el cambio climático y la degradación de los ecosistemas;
la escasez de materias primas y recursos naturales;
el desarrollo de nuevas tecnologías que potencian las soluciones circulares;
las regulaciones cada vez más exigentes sobre residuos, reciclaje, diseño de productos y plásticos;
los compromisos internacionales, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, y
una ciudadanía cada vez más informada y empoderada.
1. ¿Qué ocurre en Chile? Por un lado, estamos generando cada vez más residuos5, la mayor parte de los cuales termina en rellenos sanitarios. Por otro lado, los actuales rellenos sanitarios cuentan con apenas 12 años más de vida útil en promedio (SUBDERE, 2017). Si no se modifica este patrón, en los próximos años Chile necesitará construir y empezar a operar varios rellenos sanitarios nuevos. Esta, sin duda, no es una solución sostenible, dados los graves efectos socioambientales que dichas instalaciones tienen sobre los territorios en que se emplazan, lo que genera rechazo por parte de las comunidades locales y provoca que los períodos de desarrollo y construcción habitualmente superen los diez años. Como se explica en la Propuesta: hoja de ruta nacional a la economía circular para un Chile sin basura 2020-2040, la hoja de ruta es un compromiso a largo plazo, un camino para cambiar los paradigmas de la economía lineal y avanzar hacia un modelo de economía circular a lo largo de los próximos 20 años. Supone una transición significativa que requiere el establecimiento de consensos y la articulación de los distintos actores de la sociedad civil y los sectores público, privado y académico (Gobierno de Chile, 2020a). Las hojas de ruta son instrumentos que ayudan a identificar qué se necesita mejorar y qué acciones deben llevarse a cabo para lograrlo. Se trabaja participativamente con los distintos gremios y el sector privado, porque son ellos los que van a transitar hacia esa economía circular6. No se busca establecer orientaciones para sectores específicos, sino más bien promover acciones que impulsen la economía 5
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Según el Primer Reporte del Manejo de Residuos Sólidos en Chile (CONAMA, 2010), se estima que en 2009 la generación de residuos municipales fue de 6,5 millones de toneladas y la generación per cápita fue de 1,05 kg por persona al día, mientras que en 2018 se generaron aproximadamente 7,5 millones de toneladas y 1,22 kilos de residuos diarios por habitante (SUBDERE, 2019). Gunther Merzthal, Director General de Educación, Ciudadanía e Información Ambiental del Ministerio del Medio Ambiente (MINAM) del Perú [en línea] https://www.paiscircular.cl/consumo-y-produccion/el-camino-hacia-la-economia-circular-en-el-peru/.
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circular a nivel transversal, con una estrategia sistémica que ayude a ordenar los esfuerzos y generar sinergias para avanzar con la fuerza necesaria. No obstante, existen en Chile iniciativas de economía circular más específicas que ya están en marcha. Entre ellas, pueden mencionarse la Ley 20920 que establece un marco para la gestión de residuos, la responsabilidad extendida del productor y fomento al reciclaje, la Propuesta Estrategia Nacional de Residuos Orgánicos 2020-2040 (Ministerio del Medio Ambiente, 2020), la Hoja de ruta RCD economía circular en construcción 2035 (Gobierno de Chile, 2020b), el fuerte impulso que han dado al tema la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) y la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático, y los cientos de emprendimientos e innovaciones que existen a lo largo de todo el país.
E. Renovación del Edificio Norte: la aplicación de la economía circular en la sede de la CEPAL en Santiago Durante 2022 y 2023, se realizarán obras en el Edificio Norte de la sede de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en Santiago —que alberga las Divisiones de Recursos Naturales, de Desarrollo Sostenible y Asentamientos Humanos, y de Documentos y Publicaciones, así como al CELADE-División de Población y a la Sección de Tecnologías de Información y Comunicaciones—, con el fin de transformarlo en un edificio de energía neta nula7. Ello implica que autogenerará toda la energía necesaria para su operación y que se reutilizará la totalidad de sus aguas servidas. Se han aplicado los principios de la economía circular a este proyecto desde su concepción, así como en la fase de diseño y en la de construcción, que actualmente está en proceso de licitación.
1. Reutilizar, revalorizar, reciclar Si bien la distribución interior, los materiales y los cerramientos exteriores del edificio experimentarán un cambio radical, se ha planteado la reutilización de gran parte de su estructura. Los elementos que deban ser retirados de la actual construcción no terminarán en un vertedero, sino que se analizará de forma detallada la posibilidad de reutilizarlos en el nuevo edificio y, si esto no fuera posible, los elementos constructivos que estén en buen estado y a los que les quede vida útil se reutilizarán en otros proyectos o serán donados a instituciones de interés social. En última instancia, cuando los elementos retirados no puedan reutilizarse, se enviarán a plantas de reciclaje para que puedan ser transformados en otro tipo de productos. La consultora a cargo del proyecto de renovación ha elaborado una completa descripción y catalogación de materiales, equipamiento y sistemas constructivos, con el fin de diseñar un plan de reciclaje que deberá ser implementado por la empresa constructora a la que se adjudique la realización de la obra.
2. Ecodiseño En el diseño del nuevo edificio se ha previsto la utilización de materiales y productos que forman parte de la lógica de la economía circular. Por ejemplo, en el caso del hormigón que se usará en los pavimentos o muros, se sustituirán los áridos —cuya extracción genera un gran impacto ambiental— por escoria negra, un residuo de los procesos de la industria metalúrgica. Para el aislamiento de cielos y muros, se utilizará un aislante fabricado con fibras vegetales en vez de sintéticas, de producción local y muy bajo impacto ambiental. Con el fin de estimular las economías locales, dentro del nuevo edificio se contempla la posibilidad de aplicar un revestimiento de arcilla de producción artesanal en algunas áreas, lo que haría partícipes de un proyecto con altos estándares tecnológicos a un grupo de pequeños productores. Mediante un programa informático especializado, la huella de carbono generada durante el proceso de construcción y la posterior operación del edificio será monitoreada para cumplir con los estándares internacionales más estrictos en la materia.
3. Energía circular Sobre la cubierta de la nueva edificación, se proyecta construir una planta solar fotovoltaica, que generará la energía suficiente para abastecer toda la demanda energética de la nueva edificación. En días de bajo consumo, dicha energía podrá redistribuirse entre otros edificios de la sede de la CEPAL e incluso podrá ser devuelta a la red pública. La totalidad de las aguas servidas que se generen en el edificio serán tratadas y reutilizadas para el riego de las áreas verdes de todo el complejo. 7
Véase [en línea] https://www.energy.gov/eere/buildings/zero-energy-buildings.
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Comité de Gestión Ambiental
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