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Sumario

Revista electrónica de ideas

Numero 1 | Marzo 2010 | bimestral

Director: Alejandro Rozitchner Mail: positivadeideas@gmail.com

Diseño: Estudio Castños-Rocha www.castanosrocha.com.ar info@castanosrocha.com.ar | 4732-0151

1

Formas de la política Mauricio Macri

2

Partido e Ideología Federico Pinedo

3

No creo en el marketing político Jaime Durán Barba

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Cuatro principios de la visión PRO Marcos Peña

5

Ambientalismo: prioridad más allá de toda demagogia Graciela Gerola

6

Respuestas en la línea de fuego Alejandro Rozitchner

7

Sobre el Blog de Nuevos Medios Julián Rodriguez Orihuela

8

No hay mística sin alegría Enrique Avogadro

9

Ahí vamos Laura Alonso

10

¿Y ahora qué? Reflexiones con vistas al 2011 Matteo Goretti


Positiva

Inauguración La Argentina que viene necesita que nos animemos a discutir los problemas de fondo, escuchando las posiciones del otro sin enojarnos, tratando de buscar las coincidencias. Los debates tienen que terminar teniendo una bajada a los temas de la vida diaria de la gente. La política tiene que asumir el desafío de curar las heridas que generó y recuperar la confianza perdida. Hoy iniciamos la publicación de esta revista electrónica esperando aportar algo a este camino. Espero que muchos se animen y se pongan a escribir. No quiero abundar, sólo mandar un saludo general a todos y celebrar este inicio. ¡Suerte!

Este espacio es para ser nosotros. La sociedad política que encarnamos necesita una revista, una corriente de ideas puestas en textos, porque el ejercicio del pensamiento explícito y buscando comunicar, escrito y leído, es imprescindible para madurar una visión y un proyecto político al que queremos de gran alcance. La idea es la de ir formando esta vía de comunicación de a poco, probando, sin calcar las formas instaladas. El primer impulso es siempre el de hacer las cosas como es costumbre hacerlas. Hay que sobreponerse a esa tendencia y lograr darle a la cosa la forma actual, necesaria, que responda más a los deseo y las necesidades actuales que a la tradición. Aprender a pensar de nuevo, a comunicarnos en un mundo distinto, a redefinir el sentido de lo intelectual, la función y el estilo del pensamiento. Vamos a tratar de evitar, en lo posible –y es algo que hay que aprender, que no sabemos del todo cómo se hace- la retórica política automática. Hay una forma de decir las cosas que de alguna manera, como un automatismo, nos obliga a la repetición. El nos no alude al PRO, sino a la generalidad de los que queremos pensar y hacer política de otra manera. Vamos a buscar un tono coloquial, directo, inteligente sin impostura. Vamos a tratar de tener a la autenticidad como valor principal, para que el intento sea el de decir esa verdad personal que no puede faltar si queremos que las acciones públicas tengan sentido y eficacia. Buscamos esas premisas y perspectivas que ordenan la acción, que esclarecen los objetivos y los acercan. No vamos a plantear, como suele ser nuestro estilo, un discurso crítico sino uno propositivo. Que las palabras sean pasos de comprensión, de crecimiento. No es que no exista la puja de poderes, es que la lucha no justifica cebarse en el otro. No se gana así. No se le gana al otro ni se gana en la creación de una realidad evolucionada y compartida. Todos los sectores del PRO y cercanías tendrán lugar en esta publicación electrónica. Habrá un criterio de selección del material, pero los aportes serán bien recibidos. Los que quieran publicar, escriban por favor a positivadeideas@gmail.com

Mauricio Macri

Comentarios de lectores también serán bienvenidos... Alejandro Rozitchner

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Formas de la política

Por Mauricio Macri mauricio@buenosaires.gov.ar

Estos párrafos son el resultado de la desgrabación de una charla informal, revisada y mínimamente corregida. La no política que hace política Nosotros somos un espacio nuevo que se definiría como la no política que hace política. La no política porque no seguimos ninguno de los usos y costumbres de la política convencional, que es a lo que se le suele llamar política habitualmente. La mayor parte de nuestro tiempo está dedicado a la transformación, a la innovación, a la gestión de los hechos reales. En tiempo menor nos dedicamos a la comunicación, a relacionarnos con el sistema, periodístico, político, y a lo que suele llamarse, la rosca, las mil vueltas que tienen las relaciones de poder. Esta dedicación menos a las ocupaciones convencionales de la política lleva a creer que nosotros no hacemos política, pero es un error. Nosotros nunca tuvimos mayoría absoluta y hemos tenido que negociar todo lo que hemos hecho. Si hemos hecho mucho más en dos años que en los últimos diez años significa que hemos tenido que negociar millones de veces, es decir, hemos hecho política y mucha, y creo que de la que hay que hacer, la que busca la forma de lograr cosas. Cuando nos dicen que nosotros no creemos en la política, siento la necesidad de explicar que es claro que sí creemos en la política, y que por eso sacamos más de trescientas leyes, consiguiendo siempre los votos faltantes para que nos acompañen, incluso de la oposición. Dependiendo del tema y de la problemática trabajamos para lograr distintos acuerdos y apoyos. Ese trabajo de entendimiento es el verdadero trabajo político. Creemos en la innovación y en la transformación, y queremos poner la energía prioritariamente en esos caminos, no en vender la ilusión de lo que vamos a hacer sino en hacerlo. Y sí, también tenemos que trabajar en vender la ilusión, pero tal vez nos volcamos demasiado hacia la realización y perdemos pie en la comunicación. Es algo que tenemos que mejorar. Estos dos años que vienen, habiendo conocido más la dinámica de la gestión, habiendo entendido más claramente por donde vienen las trabas, los obstáculos, los palos en la rueda, vamos a necesitar dedicar menos energía para trabajar por las concreciones, y la energía que quedará libre la vamos a poder poner en comunicar más y darle más sentido al todo. En este concepto de la innovación y la transformación es parte fundamental la de rescatar dos valores que la política tiene que volver a hacerlos suyos. Valores que la Argentina tuvo en otras épocas de su historia, que se hacen evidentes en los países que se desarrollan, valores que la Argentina tiene a nivel de las ONGs, que se ven muchas veces en la empresa

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(no siempre) y que se han perdido en la política. Me refiero al valor del ahorro y al valor de la inversión. Sin estos dos valores no hay futuro. Porque la innovación, la transformación, viene de la mano de la inversión: si todo el presupuesto se dedica al gasto corriente, si todo el dinero disponible va a pagar sueldos, y a pagar la luz y los lápices, no hay lugar para la evolución. Gasto no, inversión ¿A qué me refiero cuando hablo de inversión? Inversión es comprar una computadora. Una computadora genera una oportunidades, un chico que tiene una computadora tiene en sus manos un instrumento para su desarrollo. Innovación es hacer un camino, una autopista, cosas que generan movilidad, que hacen más fácil el transporte. En donde se abre una vía de comunicación se abre la oportunidad del crecimiento. Un centro de salud nuevo es una inversión y es una oportunidad, porque mientras haya más salud las personas se van a sentir mejor y van a poder desarrollarse más. Un centro de salud genera un ambiente de crecimiento a su alrededor. El gasto es plata que muere ahí, destinada a una supervivencia siempre en peligro, mientras que la inversión es plata que se reproduce. Inversión es posibilidad futura, oportunidad futura. El gasto es un recurso que desaparece , y muchos de ellos son inevitables y necesarios, por supuesto, pero la verdad es que si no hay lugar para la inversión no hay lugar para los sueños. Y esto es lo que viene pasando en la Argentina, la política viene utilizando todo el presupuesto público en gasto, cosa que coarta toda posibilidad de evolución. Cuando vas a un lugar como Bariloche, y ves que entre el centro y el Llao Llao, en esa zona tan hermosa y con tanto potencial turístico, la ruta de comunicación sigue siendo la misma que diseñó Bustillo hace no se cuantas décadas, en la que ya no se pueden poner más hoteles porque colapsaría el sistema, sentís que el desarrollo está completamente detenido. ¿Cuántos puestos de trabajo se pierden? ¿Cuántas oportunidades están perdiendo esos argentinos que podrían trabajar recibiendo turistas de todas partes del mundo, que vendrían felices de poder conocer nuestro país, mientras nosotros estaríamos felices de poder atenderlos y de tener un buen trabajo, viviendo en un lugar maravilloso como Bariloche? Cuando no se repara un puente durante treinta años, lo que estaba del otro lado del puente se muere, y esa es la mejor prueba de lo que es no invertir. Hace poco abrimos el viejo


Positiva

puente Pueyrredon. Eso le va a devolver la vida a la zona, es como haber limpiado una arteria, hicimos un by pass y la zona vuelve a vivir. De ambos lados vuelve a haber movimiento, la gente se vuelve a conectar y vaya uno a saber qué cosas podrán surgir con la reapertura de ese puente. Es necesario liberar la iniciativa emprendedora del argentino, si lo hacemos el argentino vuelve a producir. El mejor ejemplo que tenemos es el de San Luis. Todo el mundo se reía de las autopistas de Rodriguez Saa, porque veías las autopistas y no había nadie circulando en ellas, pero ahora están llenas de actividad. Todos los alrededores de las autopistas se llenaron de actividad. Los campos pasaron a valer más porque producen y tienen una vía de salida y entrada de sus productos y de los insumos que necesitan. Este es el fenómeno que hay que lograr estimular, y que muchas veces se minimiza. El uso y la costumbre de la cultura política gira alrededor de la creación de una ficción. Nosotros tenemos que mejorar en la comunicación, es cierto, pero no se puede tomar a la comunicación por el todo, porque llega un momento en que la verdad aparece. Otro caso es el de la Panamericana. Cuando Pascual Palazzo hizo la Panamericana no había nada, y todos pensaban que el tipo era un loco, que lo suyo era una utopía. El tiempo demostró que no, que había que hacer una vía de transporte, una vía de comunicación de avanzada. Lo que hay que hacer es recuperar la cultura del emprendedor y desalentar la cultura del depredador. Tenemos que ponerle limite a la frivolidad y a la irresponsabilidad de cierto progresismo falso que en la Argentina nos ha llevado al peor de los relativismos, en el cual no se puede discutir de moral. Es una visión del mundo a la que le da todo lo mismo: lo lindo y lo feo, lo falso y lo verdadero, el alumno y el maestro. Se piensa que no hay que calificar a los malos alumnos porque con una mala calificación se deprimen, se cree que tiene los mismos derechos el ciudadano que el delincuente, porque todos somos culpables de lo que le pasa al delincuente y de lo que hace. Muchos firman peticiones a favor de ocupas para que no los desalojen pero nunca les dicen “vengan a mi casa”. Les otorgan como una gracia la propiedad de otro, pero no querrían seguramente ceder la propia. Así hemos destruido el concepto de autoridad, de buenas costumbres y de buenas formas, como conceptos que no deben existir más. Se ha creado un agujero, un pozo, entre la juventud y la policía. Se ha instalado la idea de que la democracia no tiene que ver con el orden, con el respeto y la autoridad. ¿No queremos una policía que cuide a nuestros hijos? Por supuesto que la policía no está para reprimir la vitalidad de los chicos, ni para limitar su expresión libre ni su cultura. La policía no debe ejercer su poder arbitrariamente,

como hizo en otra época nefasta de nuestra historia. Pero eso no nos tiene que impedir hoy armar una policía que garantice la libertad de los jóvenes, que la cuide, que la proteja de la delincuencia. Tenemos que recuperar el centro de nuestra democracia, que no puede existir ni fortalecerse si no recuperamos el concepto y el valor de la ley. La ley es lo más importante, lo más solidario entre los seres humanos. El respeto a la ley es el respeto del otro. Así se recupera la cultura, la educación, la participación, el diálogo, aplicando la ley. La ley no puede ser algo opinable las veinticuatro horas del día. Una vez que la consensuamos, que está escrita, tenemos que respetarla todos por igual. Cualquier ciudadano tiene que ser equivalente ante la ley y la ley se tiene que hacer cumplir. Sea pobre, sea rico, sea judío, sea católico, el ciudadano tiene que respetar la ley. Todos tenemos que trabajar para terminar con este relativismo que nos está intoxicando, que le quita a la sociedad posibilidades de desarrollo, que limita nuestra felicidad posible. Inutilidad de la confrontación No creo en la confrontación como un elemento aglutinante, no creo en el ejercicio de la política basada en la lucha contra el otro. Y menos en la necesidad de esas costumbres en un país tan dañado como este. Si hay confrontación en un país como Francia, que tiene una enorme burguesía y un nivel de vida alto, o en Suiza, que está por ahí adormecida y que uno puede pensar que requiere un shock, es una cosa. Pero en Argentina, con semejante nivel de pobreza, con tantas estafas acumuladas a lo largo de los años, donde aquellos que tomaron el atajo se vieron beneficiados frente a los que siguieron el camino de la cultura del trabajo y el esfuerzo personal, necesitamos terminar con la confrontación constante. Hay que consensuar las cosas, hay que lograr debatirlas, conseguir mayorías y después concretar lo decidido en pasos de acción. Cuando hay mucho que hacer también hay mucho que aprender. Venimos de tantos años de desidia y de no hacer que es bastante difícil que no existan conflictos y que un gobierno no tenga fallos, lo que hay que hacer es tratar de minimizar los conflictos y aprender de los fallos. Nosotros creemos haber aprendido siempre de los errores, los errores no son irreversibles. Aprendemos, capitalizamos y seguimos trabajando, hacemos todo lo contrario de lo que en la política se valora a veces como un rasgo de fortaleza: encapricharse, mostrar autoridad, decir “de acá no me muevo”. A eso después lo llaman “profundizar el modelo”, ¿qué significa profundizar el modelo? Es una manera de decir “yo hago lo que se me canta y desprecio las opiones contrarias, aunque sean mayoritarias”. Esa es la profundización kirchnerista del modelo. No me parece algo muy bueno para el país.

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2 Partido e Ideología Una polémica epistolar entre Diego Guelar y Marcos Peña sobre la necesidad de fortalecer la ideología del PRO, me lleva a deslizar unas reflexiones sobre el papel (debí decir pantalla, pero soy viejo y me gusta como suena eso del papel; pienso en las cartas a la enamorada, con un poco de arena y un borrón de lágrima). Una ideología no sé bien qué es (ya los marxistas discutieron mucho sobre eso, cuando creían que buceando dentro de las palabras se toparían con la verdad revelada). Me parece que es un conjunto de valores que a uno le gustan y alrededor de los cuáles uno piensa que el mundo o la convivencia en sociedad pueden funcionar bien. Para algunos la “ideología” de alguien debe dar una explicación a todos los temas de la vida y del universo; de ahí la palabra “cosmovisión”. En este sentido, yo creo que, por suerte, el PRO no es ideologista. A Dios gracias. Me daría claustrofobia tener un librito que me explicara todo lo que tengo que hacer y cómo deben ser todas las cosas y cuáles deben ser todas las políticas. Dejémosle eso a los nazis o a los bolcheviques. Pero eso no quiere decir que no tengamos alguna ideología; ya volveremos sobre esto. Un partido, por su lado, es una organización que busca influir sobre las relaciones de mando y obediencia, esto es, sobre el poder, para llevar a la sociedad hacia alguna parte. Esa “alguna parte” es la ideología del partido, como ya veremos. Pero lo importante es que los partidos sirven para unir detrás de ese objetivo a gentes diversas, de distintas extracciones, con distintos intereses, con distintas vocaciones y expectativas. Y además sirven para que el esfuerzo de unos les sea útil a los que los siguen en el mismo partido. En democracia, sin partidos no hay largo plazo y sin largo plazo no hay países, claro. Un amigo, Carlos Maslatón, dice que hay partidos de derecha y de izquierda (momento, no es tan tonto). Dice que los de derecha son aquellos partidos a los que les gusta el poder, mientras que los de izquierda son los que disfrutan cuestionando al poder. Interesante. Según él, el peronismo, los partidos comunistas de la Unión Soviética, Cuba y China, como el conservador inglés o el partido de Sharon, son de derecha, mientras que los radicales y socialistas o demoprogresistas, son de izquierda. Yo mismo, en un apuro, dije que el valor de la derecha es el orden y el de la izquierda la igualdad. Hay muchos izquierdistas que han puesto la igualdad por sobre la libertad personal (como las tiranías comunistas) y por cierto que nazis y fascistas han puesto al orden por sobre la libertad. Por eso la libertad es vista como de izquierda por los fascistas y de derecha por los izquierdistas (porque la libertad genera un orden determinado). Francamente, francamente, creo que el PRO es en este sentido meramente “centrista”. Creemos, todos nosotros, que sin los tres valores juntos (las proporciones varían en cada circunstancia histórica), la cosa no

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Por Federico Pinedo comunicacion.fpinedo@gmail.com

funciona. Y tenemos claro que la libertad personal que cada uno tiene para crear y emprender su propio destino, no debe subordinarse a un patrón del orden o a un iluminado de la igualdad de la cimitarra, que degüella al que asoma la frente por sobre la línea de flotación. Pero además en el PRO tenemos algunos otros valores compartidos, que creo forman nuestra ideología, hasta tanto otros PRO no la cambien. Creo que creemos en el valor del trabajo, del esfuerzo y de la superación personal, como herramienta insustituible de la búsqueda de la propia felicidad. Creo que valoramos el trabajo con amor y calidad, desde lo más modesto, lo del artesano, hasta lo más sublime, lo de Beethoven (o Freddy Mercury, para sus fans). Creo que somos nacionalistas ofensivos y no defensivos. No vemos al mundo como una amenaza, sino como una oportunidad, a la que debemos conocer, comprender, valorar y amar. Pero somos nacionalistas que buscan defender el interés nacional y agrandar la patria chica con la patria grande sudamericana, para pesar más. En esto somos nacionales (perdón Cristina). Creo que (tal vez por ser argentinos y recordar viejas glorias), consideramos que la pobreza extrema es in-a-cep-ta-ble y que la igualdad de oportunidades en educación, pero también en salud y en seguridad es una o-bli-ga-ción del Estado. En esto somos igualitarios y progresistas (perdón intelectuales K). Creemos en el progreso personal y social. Creo que valoramos al valor de la democracia: la tolerancia, el respeto del otro, la idea de que podemos no tener razón y de que es posible que el otro nos demuestre su acierto y nuestro error. Perdón Moreno. Creo que valoramos la concordia por sobre la discordia, la unidad por sobre la división, la construcción colectiva por sobre la destrucción de lo que hay, aunque no nos guste lo que hay. Perdón Kirchner. Creo que pensamos que al poder hay que ejercerlo (la derecha de Maslatón, de los peronistas y de los comunistas), pero que debe respetar las leyes y los límites de los otros poderes y de los derechos de cada humilde habitante (la izquierda de Tocqueville). Hasta ahí llego. ¿Que somos? Humanistas. Progresistas. Evolucionistas. Republicanos. Respetuosos... ¿centristas? Puede ser. Tenemos algunos zurditos y algunos derechosos, pero el grueso somos eso: centristas. ¿Aburrido? Y no, flaco, estamos como cansados del barquinazo, la patoteada y la sangre. Nada más que eso. Nos gustan las cartas con un poco de arena y las letras borradas por una lágrima de esas que salen por las cosas buenas de la vida. Basta, no se psicoanalicen más. Somos eso, qué vamos a hacer. Pero los que nos quieran cambiar pueden hacerlo ¿eh? Chaucito.


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No creo en el

Positiva

marketing político

1. La política no es marketing Algunos latinoamericanos nos hemos planteado en los últimos años, la necesidad de pensar acerca de una nueva forma de comprender la política. Creemos que se deben afrontar las tareas del liderazgo y de la gobernabilidad superando un esquema que caducó con la caída del muro de Berlín. Es curioso que la mayoría de los intelectuales y políticos todavía no asumen que terminó la Guerra Fría, que el experimento del socialismo real fracasó estrepitosamente, que no es civilizado reivindicar ni el holocausto judío, como lo hace la teocracia iraní que encabeza a la izquierda obscurantista del siglo XXI; ni tampoco las brutalidades de las dictaduras latinoamericanas de los setenta, como lo hacen algunos trasnochados de nuestros países, ni el bombardeo de Hiroshima y Nagasaky, ni los horrores del terror rojo en Cambodia y Etiopía. Todas esas atrocidades se explican, aunque no se justifican, dentro de la lógica del siglo de las “ideologías”, la época de la historia en que se asesinó a más seres humanos en nombre de de los delirios de algunos “iluminados”. La política que queremos plantear, trata de superar las viejas prácticas, tiene nuevos contenidos y formas, pero sigue siendo política. Queremos poner la mirada en el futuro, imaginar una América Latina del 2050 que integre todas las transformaciones tecnológicas y sociales, con nuevos valores: solidaria, pacífica, incluyente, respetuosa de las diferencias, desarrollada tecnológicamente, en la que la libertad de los demás permita que cada uno lleve su libertad hasta el infinito. Pretendemos hacer política desde fuera de la política tradicional, pero no desde la banalidad. Lo nuestro, no es de ninguna manera publicidad o marketing. Cuando aparezco en entrevistas o seminarios y me presentan como especialista en “marketing político” suelo aclarar que creo que el marketing aplicado a la política lleva al disparate. Las dos cosas no tienen nada que ver entre sí y cuando se mezclan conducen a los líderes a proyectar una imagen débil y frívola. El nuevo político debe ser consciente que no es una caja de cereal, y que, si permite que los especialistas en marketing o en publicidad sean los que conduzcan su comunicación, terminará mal. Lo experimentamos hace poco en nuestra ciudad, cuando un candidato, que siendo una persona preparada, con buenas posibilidades de ganar las elecciones para Jefe de Gobierno, terminó tercero, con una imagen banalizada, luego de que una ingeniosa publicidad extrajo de su cabeza objetos, hizo carteles inspirados en Andy Warhol y logró dejarlo en ridículo. En otra campaña reciente, en la que participaba mi equipo de colegas, algún publicista propuso hacer un spot de televisión exhibiendo fotos de cacas de perro para decir al final “Vote por mi cliente”. El publicista era conocido en su mundo, y tal vez pudo ganar con ese spot un premio en un festival internacional de spots originales, pero, desde el punto de vista de la consultoría política, el mensaje que comunicábamos era que mis candidatos

Por Jaime Durán Barba jaimeduranb@hotmail.com

eran lo que las imágenes representaban. Obviamente nos opusimos a que se filme esa tontería que pudo llevar al ridículo al candidato y poner en riesgo el éxito de una campaña que, felizmente, ganamos. Los electores no son tan tontos como para votar por un candidato porque tiene un bonito lema como “México es mejor que París”, o porque la propaganda es rosada, verde, o porque la campaña inunda la ciudad con carteles contradictorios y pintorescos. Cuando concurre a las urnas un vecino de Mataderos, al que le asaltaron cuatro veces en este año, que no tiene empleo, que está cansado de que los políticos de siempre vayan periódicamente a pedirle el voto para después olvidarse de él, y que ha votado muchas veces por políticos que le han defraudado, no vota por tonterías. Tiene bronca con lo que ocurre, busca alguien que sea su portavoz, que le dé esperanzas de que su mundo pueda cambiar. Quiere negociar su pequeña parcelita de poder a cambio de algún sueño. El tema lo estudiamos ampliamente en un libro voluminoso que escribí con mi socio Santiago Nieto, “Sexo, mujer, Internet y Política: los nuevos electores latinoamericanos” Lo central para construir una nueva política, no es hacer cartelitos bobos, sino dialogar con el elector, hacer nuestras propuestas respetando su agenda, compartir sus afectos, sus resentimientos, sus temores, sus sueños, averiguar la causa de sus insomnios y pensar, con honestidad, una solución a sus problemas. Suponer que la política puede ser reemplazada por el marketing es ridículo. La publicidad puede ayudar mucho en una campaña, pero cuando pretende reemplazar al pensamiento, lleva a la banalización y al ridículo. Los candidatos no son cajas de cereal, ni los partidos marcas, ni las urnas perchas de supermercado. En la comunicación política moderna la publicidad está supeditada al mensaje que quieren dar los expertos en política y los líderes tienen en la cabeza algo más que avena. La nueva política parte de que han muerto muchos mitos de la época de las ideologías: el hombre comunista, la superioridad de la raza aria y los fantasmas que llevaron a la dictadura de un coronel del ejército que se creía “Caudillo de España Por la Gracia de Dios”. Asume que vivimos una cultura feminizada, en la que las paranoias de los machos alfa han perdido espacio ante al sentido común de las mujeres. La nueva política pone a las personas comunes en el centro del escenario. Lo que importa son sus problemas y sus aspiraciones. Generalmente nace en las grandes ciudades, encarnada en personas que vivieron una infancia con acceso a la tecnología, a la televisión, que viajan, navegan en la Red, acceden a una información que los antiguos desconocían. Mauricio Macri propuso esta forma de hacer política en sus campañas del 2005 y del 2007 y

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por eso logró metas que parecían imposibles. Lo hizo también la campaña de Francisco De Narváez en la provincia de Buenos Aires en el 2009, cuando se presentó “desperonizada”, como una alternativa novedosa, distinta del peronismo y del radicalismo. Esa fue su fuerza y el resultado de la elección sorprendió al país y al continente. Si un candidato sabe ocupar ese mismo espacio derrotará en la provincia a los candidatos de los partidos tradicionales el 2011. 2. La politica y la historia Para repensar la política, hay que superar el pasado, y para hacerlo hay que revisar la historia, no para empantanarnos en sus albañales, sino para rescatar el legado positivo de nuestros mayores y levantar los ojos hacia el futuro. Los humanos nos diferenciamos de los otros simios en que somos capaces de acumular una memoria histórica. Somos simios con historia. Lo han proclamado así distintas culturas. En el incario el peor insulto que existía era “huayrapamushka” (hijo del viento). No tener raíces, no tener historia era para los incas lo más denigrante. Por un lado, debemos recurrir a la historia oficial. Eso es propio de todo político serio, y en eso deberíamos coincidir con políticos tradicionales de buen cuño. Para hacer política en la Argentina, necesitamos comprender y aprender del peronismo, uno de los movimientos populares más importantes del siglo XX en América Latina. Según uno de sus estudiosos, Gino Germani, el peronismo incorporó a la sociedad a grandes sectores populares, organizó al movimiento obrero, fue un pionero en el continente en ese sentido. La historia de sus líderes provinciales hunde sus raíces en la de los caudillos federales que dieron origen a las Provincias Unidas del Río de la Plata. Pero recordemos siempre que respetar el legado histórico es una cosa, y congelarse en el pasado otra. Decir que proponemos una nueva política desde dentro del PJ, con una organización, un liderazgo y una liturgia tan antiguos sería ridículo. Queremos proponer algo nuevo, una salida alternativa. No podemos representar a la nueva política y pedirles a los jóvenes que aprendan la letra de una novedosa “Marcha de los Muchachos Peronistas”. Esas son canciones que, con la Internacional Comunista, nos emocionan a los que las cantamos en los setenta, cuando el mundo era otro. Todo cambió, ahora ya no se usa el telégrafo, sino la Internet, desaparecieron las estampillas, las máquinas de escribir, aparecieron los celulares y resulta ridículo cantarle a cualquier Presidente “que grande sos”. No podemos pedir a las nuevas generaciones que compartan nuestras remembranzas. Tampoco puede plantearse una nueva política sin rescatar el legado republicano de los radicales, su lucha por el sufragio universal y secreto, la herencia de Alem, de Yrigoyen. La

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izquierda argentina dejó también una huella importante. Buenos Aires fue la única ciudad del nuevo mundo que celebró el primero de Mayo en 1890, de acuerdo a lo que dispuso la Internacional Socialista; los archivos anarquistas más importantes del mundo, actualmente en Ámsterdam, fueron creados por el argentino Diego Abad de Santillán; Aníbal Ponce fue, con el peruano José Carlos Mariátegui, uno de los pensadores más originales de los que iniciaron el pensamiento marxista en América Latina en los albores del siglo XX. Esa es la historia oficial que también hay que recordar. Pero la nueva política debe rescatar otra historia, que es poco importante para los políticos tradicionales. Esa es la historia de la gente común, que hizo nuestro país, que luchó por causas vistas con desprecio por las élites tanto de la izquierda como de la derecha, que inventó lo que comemos, lo que forma parte de nuestras alegrías cotidianas. Tenemos que recordar entonces a la pionera del voto femenino en el país, Julieta Lanteri, que votó en 1911 en las elecciones de la ciudad de Buenos Aires. Luchadora incansable, fue la quinta mujer que se recibió como medico en el país, y la única mujer que logro votar en la Argentina hasta que el gobierno peronista aprobó el voto de la mujer en 1953. También es parte de nuestra historia José Napoli, que en su boliche, frente al Luna Park, inventó la milanesa napolitana allá, en la década del cincuenta, cuando se le quemó la única milanesa que le quedaba y se le ocurrió cubrirla con tomate, jamón y gratinarla, o el Coronel Gramajo que elaboraba el revuelto que hoy lleva su nombre para servirlo en los desayunos del Presiente Roca o a Luis F. Leloir, que nos enorgullece porque ha sido uno de los pocos argentinos que se hizo acreedor al premio Nobel, pero también porque invento la salsa golf, otra comida argentina que ha roto fronteras y forma parte de las alegrías cotidianas de la gente. Todo eso es comprender la historia desde la nueva política. Una nueva forma de ver el mundo, propia de una post modernidad que ha desmitificado el pasado y que quiere vivir un mundo con menos héroes que matan a otros por sus delirios y con más gente que quiere ser libre y feliz. Esa visión de la historia se expresó con Mauricio Macri recorriendo las calles con los vecinos en sus campañas, sin buscar el aplauso de gente pagada en las arenas del Luna Park. Se expresó también cuando en el 2007 hicimos el mejor homenaje a Julieta Lanteri, candidateando a Gabriela Michetti, una mujer luchadora e idealista como ella, que se convirtió en la primera Vice Jefe de Gobierno de la historia de la ciudad. Hacemos política con la gente, desde la gente, para la gente. Todas estas ideas, las expreso fuera de mi rol profesional de consultor político, simplemente como un latinoamericano que ama a nuestro país y que quiere poner en el tapete algunas ideas para que las discutamos y construyamos una alternativa a la vieja política argentina.


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Cuatro principios

de la visión del PRO

Parto de una premisa: el PRO tiene un marco conceptual, porque creo que ante todo es una idea, un concepto. Claro que también es un partido político creado por el liderazgo de Mauricio Macri y luego seguido por muchos dirigentes, algunos que venían de la política, otros que no, que se comprometieron con la idea. Pero sería un error nuestro limitar lo que somos al hecho de seguir una persona. O discutir si nuestra propuesta es la mejor o no para liderar el país, desde las cualidades o defectos de esa persona. Probablemente un gran defecto nuestro haya sido no trabajar en explicitar el marco conceptual que está detrás de la idea que nos convoca, como para poder transmitirla mejor y desde allí convencer a los escépticos. ¿Esa idea es que somos buenos gestionando? ¿O que somos la nueva política? No lo creo. A continuación voy a exponer las que creo son algunas de esas ideas base que nos unen y que muchas veces se nos pasan por alto. 1. Optimismo estructural Compartimos un optimismo estructural sobre nuestro país. Creemos que la Argentina es un gran país, que es el lugar donde queremos vivir y donde queremos que crezcan nuestros hijos. Un país que tiene un aporte importante que hacer en este mundo globalizado. Que merece más de lo que hoy es. También creemos que la realidad que hoy vivimos no va a cambiar por arte de magia. No hay una persona, ni de adentro ni de afuera, que pueda venir y mágicamente solucionar nuestros problemas. Al contrario, muchos de los problemas que hemos tenido en nuestra historia vienen de ese pensamiento mágico y paternalista que deposita en una persona todas nuestras esperanzas y luego todas nuestras frustraciones. La realidad puede cambiar si nos comprometemos, si nos dejamos de hacer los distraídos, los espectadores eternos de frustraciones colectivas, para transformarnos en protagonistas de la vida pública, en gente activa y positiva que desde el hacer de la política y el Estado generan y respaldan los cambios. Esto es un quiebre con otra visión de la Argentina propuesta hoy por los Kirchner pero reflejada en muchos argentinos, la cual cree que en realidad este es un país de mafiosos y picaros individualistas, sólo gobernable con una alta concentración de poder, que si bien comete excesos son muchos menos que los de los “grandes enemigos del pueblo”, que buscan concentrar la

Positiva

Marcos Peña marquitospena@gmail.com

riqueza y hambrear al pueblo. Esa es una visión destructora de la autoestima y de la esperanza. Es la idea de resignarnos a que la única discusión sea cuán malo será nuestro futuro, quien es el que menos daño hará de toda la banda de mafiosos que tiene o quiere el poder. Alimenta el “no te metas” y luego el “que se vayan todos”. Nosotros decimos: ¡metete! Nada va a cambiar si no te involucrás. 2. Hacer transformador Una segunda idea central es que estamos en esto para transformar la realidad mediante el hacer. Eso es bien distinto del modelo de buscar el poder para conservarlo e incrementarlo. Lleva a tomar decisiones que a veces parecen poco recomendables, especialmente desde la lógica política imperante, porque generan conflictividad y son riesgosas. Pero esas decisiones nos nutren diariamente de una alegría en el hacer, alimentan el optimismo en el que está basado nuestro compromiso. Nuestra energía viene de las realizaciones, de esas transformaciones que uno va pudiendo hacer en la vida de la gente, generalmente tan olvidada en pos de grandes ideologías o dogmas. La idea de que cada uno haga lo que tiene que hacer, que cumpla con el rol que le toca, es una idea revolucionaria para nuestro país. Cumplir con la tarea. No dedicarse a opinar sobre la tarea no cumplida del otro, sino en todo caso buscar desde la creatividad y el entusiasmo ideas nuevas para alimentar la tarea de uno. Creemos que eso nos hace más plenos como personas, más felices, menos frustrados, menos resentidos. 3. Pluralidad de ideas Una de las grandes virtudes de Mauricio Macri fue la de convocar a gente que pensaba distinto y que tenía trayectorias diversas a ser parte de este proyecto. Eso nos marca de raíz, porque desde su conformación en el PRO convive gente que viene de distintas experiencias políticas y no políticas. Eso nos obliga a buscar los puntos de encuentro en el futuro, no en el pasado. Esta diversidad no anula el debate sobre cómo llegamos al presente y cuales son las raíces históricas de los que nos pasa, pero si nos obliga a ser respetuosos: no estamos obligados a llegar a conclusiones cerradas y monolíticas. No vinimos a eso. La discusión sobre nuestra ubicación relativa en una grilla (izquierda/derecha) que ya no es re-

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presentativa electoralmente para la gente y que no refleja nuestro sistema político nos parece una trampa estéril, peligrosa y artificial. Nosotros queremos un país más normal, más alineado con lo que está ocurriendo en gran parte de los países del mundo y de nuestra región, que vaya logrando una democracia estable con instituciones que funcionan, con políticos que administren su turno pero respeten las políticas de estado centrales, con libertades individuales, con una economía abierta donde la riqueza se distribuya equitativamente y haya oportunidades para todos a partir de una verdadera igualdad de oportunidades , donde el mundo no sea visto como una amenaza sino como una oportunidad. Esos valores hoy son compartidos por las históricas fuerzas políticas de muchos países, independientemente de si vienen de una tradición de izquierda o derecha. En nuestro país varias fuerzas políticas e ideológicas consideran que estos son valores relativos, en el mejor de los casos. Muchos dirigentes, generalmente autodenominados de centro izquierda o progresistas, descalifican a cualquiera que no avale su conjunto de ideas como gente que no debe tener participación política alguna. Usando el cliche de la “derecha” o el “neoliberalismo” buscan anular cualquier debate de ideas o de modelo de país, desde el infantil mecanismo de plantear que todos los males de nuestra historia se deben a intereses oscuros y extranjerizantes que buscaban entregar al “pueblo” y sus riquezas. El pragmatismo de entender que no hay un solo libreto totalizador posible para solucionar todos los problemas es un valor central para nosotros, y también para gran parte de los líderes mundiales más reconocidos del momento. Vivimos en el medio de una de las transformaciones más importante de la historia de la humanidad, a partir del aceleramiento de la globalización, la revolución tecnológica, el cambio cllimático y la aparición de un orden multipolar a partir del resurgimiento como actores mundiales de China e India, entre otros. Esas transformaciones aún hoy son imposibles de dimensionar en términos de impacto sobre nuestras vidas y más aún sobre la de nuestros hijos. Navegar la imprevisibilidad es uno de los desafíos centrales que tenemos por delante. Si dedicamos nuestra energía a debatir en irrelevantes polémicas que no contribuyen en nada a mejorar nuestras vidas, entonces estaremos seguramente dedicándole poco tiempo a entender y a protagonizar el futuro que es hoy.

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Eso no quita que debemos tener un marco de previsibilidad en nuestras ideas. No todo debe dar lo mismo. Debemos definir en que campos marcamos postura innegociable, en cuales dejamos un marco para un disenso ordenado y en cuales vamos a poder disentir abiertamente. La gente debe saber qué vota cuando nos vota. Pero eso no puede llevarnos a la pereza de hacer un “copy paste” de ideologías del pasado o de otros países, nos debe desafiar a escribir nuestro propio relato, siempre respetuosos del conocimiento específico y de las lecciones del pasado. 4. Política abierta La comunicación política moderna es una herramienta fundamental para el dialogo permanente que debemos tener como dirigentes políticos con nuestra sociedad. Pero debe estar basada en lo que somos, no en lo que queremos aparentar. Esa ha sido siempre uno de las grandes virtudes de la estrategia planteada desde el 2004 por Jaime Durán Barba. Como no creemos que la gente sea tonta y haya que ilustrarla con nuestros brillantes dogmas, vamos hacia un dialogo abierto y permanente. Debemos escuchar, debemos explicar, debemos estar cerca de los problemas reales, porque sino se gobierna desde la fantasía paternalista que siempre subestima a la gente. Creemos que un gobierno es mejor si es abierto y transparente. Si no tiene miedo de abrirse a la participación ciudadana, o de trabajar en articulación con las distintas expresiones de la sociedad civil. Creemos que equivocarse es normal, más si uno buscar transformar y no hacer la plancha. Que en esos casos lo mejor es corregir los errores, explicarlos y seguir adelante con la tarea, sin miedo a que la gente nos juzgue como débiles o ingenuos. La mayoría de los que estamos en este espacio no tenemos experiencia en el viejo manejo del país. Puede ser que eso nos lleve por momentos a cometer equivocaciones, pero superamos día a día la falta de experiencia buscando nuevas formas de solucionar los problemas, escuchando y dialogando con todos aquellos que tienen algo para decirnos, sin encerrarnos en nosotros mismos. Resumiendo: optimismo estructural, hacer transformador, pluralidad de ideas y política abierta son algunos de los valores que creo que componen nuestro marco conceptual, que definen lo que somos y por qué estamos en esto. No tenemos que escaparle a la ideología, tenemos que fortalecer la idea que está detrás de lo que hacemos para así enamorar a más gente con el sueño posible de una Argentina mejor.


5 más allá de toda demagogia Ambientalismo: prioridad

Positiva

Por Graciela Gerola ggerola@buenosaires.gob.ar

El tema ambiental ha sido considerado tradicionalmente secundario en cualquier gestión de Gobierno. A nivel nacional nunca llegó a parecer lo suficientemente importante como para dedicarle un Ministerio, su presupuesto en cualquier ámbito siempre ha sido magro, y ningún gobernante lo priorizó ya que, de no ocurrir alguna catástrofe, no aparece en los medios de comunicación ni es motivo para que la población exija cumplimientos. En general está ausente de los medios y de la agenda política. Si en la Ciudad de Buenos Aires realizáramos una encuesta preguntando cuales son los principales problemas ambientales de esta ciudad, sin duda la mayoría respondería: la contaminación del Riachuelo, la gestión de la basura y el ruido. Esto es lo que mas percibe el ciudadano. ¿Y cuales son en verdad los problemas ambientales a resolver en la ciudad de Buenos aires? Sin duda esos...y muchos otros mas . Temas que, si se resuelven bien, son ni más ni menos que los que garantizan la buena calidad de vida y la salud de la población. Pero esta garantía de calidad no se puede dar si antes no se trabaja en diagnosticar los problemas, si no se logra planificar y diseñar las políticas necesarias para solucionarlos y si, por ultimo, no se gestiona lo necesario para su implementación. Y estas políticas, como todas las ambientales, tienen que ver con el mediano y largo plazo. Muy poco se puede hacer si se piensa en una gestión de inmediatez, si se quieren efectos ya. La planificación, la definición de metas, la educación para cambiar malos hábitos, la producción sustentable, no son temas a resolver en pocos meses: a veces lleva años lograr su perfecta implementación. Cualquiera que revise las paginas web ambientales de otras ciudades como México, Bogotá, o hasta la misma Santiago de Chile, podrán ver que muestran resultados de acciones que llevan años implementándose. No empezaron hace 2 años a entender en que hay que trabajar par tener una mejor calidad de vida. No empezaron hace dos años a equipar la ciudad para poder tener real calidad de aire, para cuidar el agua o disminuir el ruido. Estar trabajando desde hace unos cuantos años en esos temas los posiciona de distinta manera respecto a otras ciudades. Dar respuesta a los ciudadanos requiere que

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haya mediciones, de otra forma se compromete la salud de todos sin poder tomar rápidas medidas de mitigación. ¿Y que pasa en Buenos Aires? La ciudad tiene un gran atraso respecto a estos modelos. Es verdad que no tenemos los problemas de contaminación que tiene México o Santiago de Chile, pero nuestro aire no es el más puro y la ciudad es una de las más ruidosas del mundo ¿Cuales son los motivos de semejante atraso? Los que enunciamos al principio. Desinterés y desconocimiento de cuales son en verdad las políticas ambientales y cuales son los beneficios de las mismas. Solo interesa la gestión del día a día, sin planificación a futuro. La elaboración de planes y programas que direccionen correctamente las políticas son las que permiten tomar medidas en virtud de una estrategia y evitar las acciones rápidas, esporádicas, que solo garantizan -a veces- una buena cobertura mediática, pero que rápidamente se diluyen sin afectar el problema de fondo. Este desconocimiento también lleva a no valorar lo que una Autoridad Ambiental debe y puede hacer. No se conoce lo importante que es tener un buen control de las actividades de la misma. Para esto es necesario auditar y hacer cumplir las normativas que impiden la contaminación .Esa misma contaminación que sin duda va a afectar, en nuestro caso, al Rio de la Plata, que va a deteriorar cada vez más al Riachuelo, a las napas subterráneas o al suelo mismo. ¿Se entiende realmente que hay que trabajar mucho para controlar la indiferencia de algunos empresarios y ciudadanos que no les incumbe el bien común? ¿Cuántos de los políticos argentinos conocen la magnitud de la tarea, y saben lo que se debe trabajar para que los responsables de estas actividades entiendan y cumplan la normativa existente o simplemente piensen que no viven solos en esta metrópolis? Luego nos rasgamos las vestiduras hablando sobre ese desastre que es el Riachuelo. Muy distinto hubiera sido el estado de este riacho si en las décadas anteriores las políticas de la ciudad hubieran incluido el control de las acciones de contaminación que provocan algunas industrias, y hubiéramos puesto énfasis en valorar y desarro-

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llar el sur de la ciudad sin dejarla abandonada a su suerte… Si se hubieran tomado medidas hace ya muchísimo tiempo necesarias, hoy la parte que nos corresponde como responsables de la contaminación del Riachuelo no sería tan difícil de resolver. También hay que señalar que esta misma responsabilidad, o una en realidad infinitamente mayor, es la que le cabe al conurbano bonaerense donde está localizada la mayor superficie de la cuenca del Riachuelo. Si las políticas hubieran tomado en cuenta el problema con el tiempo suficiente hoy sería otro cantar y no estaríamos como estamos, padeciendo un rio muerto. ¿Cuanto sabe el ciudadano de lo importante de esta tarea y del trabajo de concientización y educación que habría que haber hecho para revertir estas conductas, más allá de la políticas que los distintos gobiernos deberían haber implementado? La tarea de control de todas las actividades humanas de una ciudad necesita de educación, concientización y promoción. Es una tarea ardua y difícil. Se puede engañar fácilmente a la autoridad haciendo que todo funcione perfectamente cuando se va a controlar y luego volver a contaminar inmediatamente. Otro tema paradigmático es la basura. La misma ciudadanía entendió claramente la necesidad de producir menos desechos y de reciclar… pero sigue sin entender el daño que provoca a una buena gestión el sacar la bolsita a cualquier hora provocando la suciedad en calle y veredas con residuos desparramados a doquier. En la Agencia recibimos innumerables denuncias por ruidos molestos, ya sea por fuentes fijas (bares, restaurantes) o fuentes móviles (colectivos, vehículos). Actuamos con rapidez tomando las mediciones necesarias y multando y clausurando las fuentes que lo provocan. Pero muchas de estas acciones podrían preverse si contáramos con algunas herramientas como la que denominamos ”mapa de ruido”. Este instrumento no es más que un mapa digital donde pueden visualizarse los niveles de ruido en cada calle de acuerdo a los datos referentes al transito, ancho de calle, altura de edificios, etc. Esta herramienta, que cualquier otra ciudad de la magnitud y del nivel de Bs As posee, recién ahora la hemos adquirido y la estamos implementando. Podremos contar con los datos debidamente chequeados y validados a mediados de este año.


Éramos de las pocas ciudades que no teníamos equipos para poder medir esta contaminación. No se había pensado, o la idea habrá quedado en el reclamo de algún buen funcionario que entendía del tema y que fue desoído con la idea de que existen otras prioridades. Siempre existen otras prioridades, hasta que nos quedamos sin mundo. Este mismo ejemplo sirve para comprender la importancia de las mediciones de contaminación de aire. Sólo una anécdota: en el año 2008 sufrimos en Capital Federal la llegada del humo de la quema de pastizales en el norte de Bs As y Sur de Entre Ríos, llegando en un momento a preocuparnos seriamente, ya que la composición del humo traía contaminantes que estaban afectando la salud de la población. En ese momento corríamos de un lado a otro con mediciones manuales para saber cómo evolucionaba la composición del humo y su dirección, y así poder determinar los barrios que se afectarían y poder ir dando mensajes de prevención. Si eso ocurriera en este momento la situación sería muy distinta, y más manejable, ya que ahora contamos con los equipamientos que adquirimos al comienzo de la gestión, equipos fijos y móviles que garantizan una gran cobertura de la ciudad y nos da la posibilidad de poder dar respuestas rápidas y eficaces. Otra de las aéreas beneficiadas con estas tecnologías es el área de transporte. Efectivamente, a partir de ahora si ese área decide que es más conveniente realizar un cambio en la red de transito, introduciendo la doble mano en una avenida, o desviando alguna línea de colectivos porque desde el punto de vista del transporte público es más conveniente, tiene un elemento adicional para analizar y mejorar la planificación, que es la consideración objetiva de la contaminación del aire y la presencia del ruido. Para eso trabajamos en conjunto, para que los cambios en otras áreas puedan colaborar con el objetivo general de mejorar la vida de la ciudad y su calidad ambiental. Los técnicos utilizan los resultados de los mapas con que cuenta la Agencia buscando la mejor alternativa que beneficie al ciudadano. Se trata de mejorar no sólo sus tiempos de transporte sino también de garantizar a la población que vive en esas calles y avenidas que la medida mejorara la calidad de su aire y su experiencia sonora. Es un valor agregado que antes no se tenía en cuenta. Estas políticas, que en otras ciudades son el pilar de las acciones de gobierno, recién ahora y con dificultades estamos logrando aplicarlas aquí. Es necesario que se entienda qué las

hace tan necesarias. Todo estos y muchos más temas los estamos encarando desde la Agencia. Pero dos años no son nada para todo lo que falta hacer. Estamos conformes porque la mayoría de las areas de gobierno han comprendido la problemática, ya que la gestión ambiental es transversal a todas ellas. Nada podemos hacer si no trabajamos con transporte, con desarrollo urbano, con salud, con educación, con acción social, con vivienda. Por eso fue importante crear una Agencia Ambiental despegándola de las acciones de Espacio Público. La gestión diaria de los residuos, del arreglo de baches, del cuidado de las plazas, del arbolado urbano, etc, no se pueden mezclar con las políticas estratégicas ambientales que son temas de mediano y largo plazo. El funcionario que se preocupa de resolver los temas diarios, no debe ser el mismo que se ocupa de planificar y dictar políticas de largo alcance. Para eso se creo la Agencia. En eso hemos venido trabajando estos dos años. ¿Que esperamos? Escuchemos a los alcaldes de ciudades como Londres, Toronto, París, Bogotá… Sus discursos siempre tienen que ver con la intención de crear una “ciudad sustentable“. Y esto se logra ampliando la mirada. Por eso nuestro mensaje se basa en trabajar para priorizar la calidad de vida, cuidar nuestro entorno, sumar medidas para mitigar el cambio climático, hacer más eficiente el consumo de energía eléctrica, trabajar en energías alternativas, construir sustentablemente, cambiar tecnologías de transporte, tener políticas en la gestión de nuestros residuos. Esto es lo que verdaderamente nos va a dar una ciudad adaptada a este siglo. No podemos abandonar todas las otras tareas que se necesita realizar diariamente, pero no despreciamos, ni minimizamos la otra visión, mas estratégica y de más largo plazo. Entendemos que la prioridad ambiental es una prioridad política, y que el impacto ambiental es también impacto político. Esto nos garantiza la relevancia que le estamos dando a este tema.

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Respuestas en la línea de

fuego (verbal, por suerte)

Por Alejandro Rozitchner alejandro.rozitchner@100volando.net

Este artículo reproduce algunas preguntas que me hicieron en formspring.me, un site en el que uno abre una cuenta y recibe preguntas, anónimas o firmadas, sobre cualquier cosa. Las que seleccioné son todas sobre Mauricio y sobre el PRO, y el objetivo de reproducirlas aquí es el de ofrecer un material de batalla, una muestra de las cosas que van y vienen en nuestra relación con los participantes de las redes sociales, es decir, con votantes jóvenes y en muchos casos cargados de prejuicios. Coincidiremos en que es necesario formar en el movimiento que compartimos la capacidad de responder sencilla y directamente a los cuestionamientos que se nos hacen, algunos injustos y otros interesantes. Tenemos que ejercitar el arte de la buena respuesta, lograr un tono simple y claro, realista, que avance con nuestras verdades hacia el universo mental que aun no nos comprende. Quise aquí mostrarles mis resultados en este experiencia, no porque los crea el ejemplo a seguir, sino porque me pareció una manera de poner en evidencia la importancia de lograr resolver esta cuestión. Algunas de mis respuestas les parecerán útiles, otras les sugerirán alternativas posibles. De más está decir que son mis respuestas personales, y que no repre-sentan al PRO en su conjunto, pero creo que uno de nuestros valores es que no debemos ceñirnos todos a un discurso único. Nos interesa trabajar a partir de coincidencias fundamentales, no formar un bloque uniforme, ¿verdad? En todo caso, juntos podremos hacer evolucionar el diálogo que nos desafía. 1. ¿Cual es el motivo profundo por el cual los progresistas atacan tan obstinadamente a Mauricio Macri? Porque los progresistas son un movimiento reactivo, que necesita estar en contra de algo para definirse y encontrar un sentido. No saben querer, saben oponerse. Macri marca con una x muchos casilleros que lo hacen perfecto para ese odio: es millonario, hombre de empresa, tiene ganas de cambiar el juego de la política convencional, habla a favor de algo, no es intelectual, no es “popular”, etc. Lo peor es que esa aversión es completamente irracional y no hay cosa que la pueda cambiar. No se trata de razonar, nunca lo van a querer. Ni son capaces de aceptar los logros, cuando son evidentes, como lo son en muchas cosas del Gobierno de la Ciudad.

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Positiva

Van a encontrar siempre el modo de negarlo. Pero un país se hace igual, pese a que siempre vaya a haber una cantidad de gente, no decisiva, que piense “en contra”, que esté dominada por el resentimiento y odie al que puede algo, al distinto, al que no logran colonizar con el pensamiento simplista. No hay que engancharse en ese aspecto, porque el progresismo es, pese a lo que parezca por los medios, un fenómeno superficial. El votante no es progre, quiere que le solucionen los problemas. 2. ¿De verdad todas las críticas a Macri son viles mentiras difundidas por los medios? ¿Será que el establishment teme que llegue a presidente y haga grandes transformaciones? No todas, el PRO y Macri cometen errores. Como lo haría cualquiera que no fuera un profesional del poder y tuviera las mejores intenciones. Como lo haría cualquier humano, también, Pero la mayoría de las cosas que se dicen es por lo que vos señalás, si. Podríamos hacer una lista y ver punto por punto. Por otra parte: no son los medios los que difunden las mentiras, son los militantes progres en las redes sociales. Muchos de ellos contratados por el gobierno nacional para tal cosa. ¿Vos sos amateur? También hay, eh, no digo que no... En realidad no es el establishment, que es un concepto sonso y progre, es la llamada “corporación política”, los que viven y se sirven de un modo de hacer política que beneficia a sectores muy parciales pero no a la gente. Una política que no hace crecer al país, que no logra distribuir el ingreso aunque se llena la boca con eso, que no acude a los mejores argentinos para que se ocupen de los temas que manejan, que se aísla del mundo, etc etc. Si Macri llega a ser presidente, claro que va a haber unos despelotes tremendos, pero también creo que tendremos una oportunidad para dar un paso evolutivo importante. Un paso evolutivo, no digo que se vaya a solucionar todo. Pero después de tantos pasos para atrás, nos va a venir bien.

mundo, desarrollar el país, trabajar. Además, los pasos concretos prueban un compromiso mucho más fuerte con las cosas que importan: la nueva policía es un ejemplo. En vez de hacer declaraciones y chicanas se construye una fuerza para ordenar las cosas. Cualquier político convencional sostiene que es una locura hacerla, porque va a traer problemas. El PRO no teme tener problemas, avanzar, meterse en las cosas. Eso no me parece descafeinado, lo que me parece descafeinado es creer que la política se hace con declaraciones en los medios y mirando siempre a ver qué hacen los adversarios para decidir qué va a hacer uno. 4. ¿Por qué nunca te pronunciaste sobre la UCEP? ¿Es porque creés que se trata de otra mentira de tus odiados Kirchner en contra de tu adorado Macri? La mayor parte de las cosas que se dicen de la UCEP son falsas. Me cansa tener que andar dedicándome a argumentar contra personas que inventan todo el tie-mpo cosas nefastas, con intenciones que no revelan, fortaleciendo a políticos que nunca han hecho nada por la gente. No me parece que esta pregunta, como tantas otras, busque entender nada. Sólo quieren joder, sembrar ideas falsas, debilitar lo que es verdaderamente una opción valiosa hoy (el PRO) para tanto desastre (los K, y los políticos de siempre). 5. ¿Estás de acuerdo con las nuevas picanas y la tortura a los sospechosos de la policía de Macri? ¿Te creés que mintiendo todo el tiempo van a lograr parar la transformación? Te equivocás. En vez de inventar cosas, tratá de hacer algo útil. ¿Qué estás defendiendo al mentir? ¿A la inseguridad, a las mafias del delito, a la política que se despreocupa totalmente de lo que le pasa a los ciudadanos? Se terminó la época de la política miserable en la que militás, vamos a evolucionar. Tratá al menos de no impedir que la gente que quiere hacer algo pueda hacerlo. Estás militando en la defensa del fracaso, de la pobreza, de la mentira y del engaño. 6- ¿Como toman la gente del PRO tu condición de ateo?

3. ¿No te parece que el PRO es demasiado descafeinado, y parece no querer comprometerse con ninguna idea?

Muy bien. Hay unos cuantos, además. Me parece que en el PRO hay ganas de lograr acuerdos y ocuparse de las cosas importantes, no de andar magnificando las diferencias.

No, me parece que a muchos les parece eso porque el PRO intenta otra cosa que la de siempre. No quiere hacer grandes declaraciones y jugar el juego del poder entre pares, quiere hacer

Si mirás al PRO más allá del prejuicio vas a ver que es el grupo político que tiene más cantidad de jóvenes y el que más trabaja para hacer cosas que sirvan. No hacen política en el sentido tradicio-

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nal de la rosca, quieren hacer cosas útiles. 7. ¿Por que la nueva Policía Metropolitana tiene en su cúpula a gente tan cuestionada, incluso por el PRO y que Macri se empeña en mantener? ¿Comprás mentiras al por mayor? Cuando aparece un grupo de gente que quiere trabajar en serio y modificar una situación llena de intereses y de vicios, ese grupo suele ser muy cuestionado. Con falsedades, principalmente en este caso, con operaciones, y haciendo también alusión a la inexperiencia y a los errores que se cometen. ¿Preferirías que no se hiciera nada? Yo creo que hay que dar la batalla. No me parece que se critique a la Policía Metropolitana de cualquier forma, siendo justo un intento serio por modificar una situación de inseguridad alarmante. 8. Si Macri no es de derecha, ¿quién es de derecha en Argentina? ¿Por qué el miedo a declararse de derecha? ¿No es un prejuicio? Derecha e izquierda no son categorías útiles para hacer la política que necesita la gente, no explican nada, no aportan nada. Separan, crean ilusiones, distorsionan las iniciativas, llevan todo para el lado de la discusión ideológica, lo que es ya en parte un fracaso a la hora de hacer. Me parece que insistir con esto es no querer hacer avanzar nuestra realidad compartida. 9. ¿Qué opinás de la destitución de Ibarra a partir de la tragedia de Cromag-non? Con el mismo criterio, ¿no habría que destituir a Macri por el tema de las escuchas telefónicas? Creo que esta pregunta no puede ser considerada con seriedad. Me preocupa que mucha gente sea tan ciega frente a las realidades políticas. Ibarra representa la transa política por definición. Gente que se aburre con la gestión, que se dedica al ciego juego del poder. No sirven a la sociedad, la utilizan. Y lo de Cromagnon fue realmente muy grave, no hay que usarlo para decir boludeces: 194 muertos.

capacidad de decir pero no tienen sustancia para su decir. Podés ser muy inteligente en un sentido intelectual y no querer nada, o desconfiar del mundo, o no tener contacto con otras personas, o no tener ganas de vivir. Mauricio es inteligente porque está, me parece, comprometido con el crecimiento, porque sabe tratar a la gente y armar equipos, porque entiende que cualquier cosa que quieras hacer necesariamente te va a enfrentar con una serie de pro-blemas y momentos difíciles pero que eso no es grave, que es una condición inevitable de todo hacer. Y porque quiere hacer cosas buenas para todos. Lo cual es una inteligencia extraña, pero también abundante. Hay muchas personas que quieren hacer cosas buenas, pero que no logran entrar en el mundo de la política o no logran llevarlas a lo concreto mediante ella. 11. Admiro tu individualismo y posturas anti-fascistas (en el sentido clásico de la palabra), ¿no ves algo contradictorias esas posturas y apoyar a PRO? En lo más mínimo, todo lo contrario. El PRO no tiene nada de fascista, es un movimiento súper respetuoso de las instituciones, abierto, no represivo, con ganas de hacer y conectado con la sensación de felicidad que provocan los logros. Lo pintan como fascista, los que forman parte de la corporación política, porque no les conviene que cambien las reglas del juego. Si supieras la cantidad de mentiras que se dicen del PRO te espantarías. Es gracioso: los nefastos dicen que el PRO es nefasto, y al hacerlo ponen en escena su miseria humana, no la del PRO. El PRO es lo más moderno y distinto de la política argentina. Te sugiero que mires la realidad de los hechos, más que las mentiras que se dicen de él. No compres buzones, es inútil. 12. ¿Hay libertad de expresión en argentina? Me gusta como pensás, pero eso no me animo a decirlo frente a mis compañeros de trabajo. ¿El temor más grande en Argentina es ser tildado de facho?

10- ¿Creés que Mauricio Macri es un tipo inteligente?

Hay completa libertad de expresión en la Argentina. El asunto es que la libertad depende también de lo que cada uno sea capaz de hacer. Y, como bien decís, el temor nos restringe.

Mucho. En un estilo tranquilo, sobrio, atento. Es una inteligencia del hacer, no necesariamente explícita como la de un intelectual. De todas maneras, también hay intelectuales que tienen mucha

Muchos, en vez de aceptar ese temor, dicen que no hay libertad porque el sistema no la permite, pero es falso, es una manera de sacarse de encima la responsabilidad.

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Positiva

Lo cual no quiere decir que uno tenga que transformarse en un kamikaze e ir al choque en todas las situaciones. Hay muchas personas que ejercen el fascismo diciéndole “facho” a todo el que quiere usar la libertad en vez de quedarse encerrado en las visiones habituales. Pero decir lo que uno piensa es muy liberador, hace bien, te fortalece. Hay que saber que nunca todos vamos a estar de acuerdo y que está bien que sea así. Tratar de no padecer demasiado la diferencia y decir la verdad propia tranquilamente. 13- ¿Qué ves de de positivo en estos 2 años de gestión Macri y qué ves de negativo? De positivo: que se cambió la tendencia al abandono y a la rosca, que la hipocresía demagógica no domina la escena de la gestión. Que se hizo en dos años más que en los anteriores diez. Esto no es una “opinión”, son hechos. De negativo: creo que son cosas que tienen que ver con el aprendizaje, errores. Salir de un quilombo comprando otro, sin saber, por falta de experiencia e ingenuidad. Cosa que prefiero, claro. Por suerte hay voluntad de admitir errores y cambiar las cosas cuando es necesario. Nadie dijo, ni podría decir, que el PRO o Macri sean perfectos. Nadie lo es, ni en este grupo ni en ningún otro. 14- Con macri como presidente, ¿volveríamos a las relaciones carnales con EE.UU.? Me parece que no. De todas maneras yo no puedo responder eso.

mundo como es... 15. ¿Crees qué Macri tiene posibilidades de llegar a ser presidente sabiendo que tiene más capacidad en el ámbito de la administración que de la política? Sí, claro que tiene, muchas. No es que no tenga capacidad política, sino que hace otro tipo de política. Y por eso, precisamente, es que tiene posibilidades. 16. Estas tan enamorado de Macri que de a ratos pareces estar a sueldo, ¿no te da miedo expo-nerte tanto? Yo trabajo con él. Pero trabajo con él porque creo en ese proyecto. No digo estas cosas “porque me pagan”, porque no trabajaría si no creyera en el proyecto. Además, es un poco absurdo considerar el pago como algo indigno o como prueba de deshonestidad. ¿Miedo exponerme? Un poco te da, pero me parece que vivir cuidándose todo el tiempo es una cobardía y te produce mucha infelicidad. Si en una democracia uno no puede hablar libremente de política, ¿para qué la tenemos? Creo que tenemos, en Argentina, mucha más libertad de la que somos capaces de usar. Y es responsabilidad nuestra usarla y vivirla. No me gusta el yo temeroso que no dice lo que piensa porque otros se pueden enojar, me prefiero despreocupado y libre.

Te digo lo que yo querría (y me parece que el PRO también puede querer): que fuéramos aliados de ese país sensacional, nos beneficiáramos de su ayuda, de su buena voluntad, y de comerciar ampliamente con ellos.

17- ¿Cómo definirías la ideología del PRO?

Si de algún país los argentinos tienen que aprender algo es de ese país, de su entusiasmo, de su capacidad, de su locura creativa, de su libertad, de su apego a la ley. Estados Unidos no es ese monstruo maligno que los cortos quieren hacernos creer: es la potencia artística y cultural de las últimas largas décadas.

18- Si Macri fuera morocho, ojos negros, viviese en una casilla en La Matanza y hubiese llevado una “vida de pobre”, creés que habría gente que cambiaría su discurso sobre él?

Como imperio, jamás hubo uno tan volcado a la libertad. Lograron un presidente negro, ¿no es clara la cosa?

Desarrollismo moderno. Política positiva. Ganas de hacer.

En todo caso no podrían intentar parar el cambio que él impulsa mediante los argumentos que usan ahora. Tendrían que usar otros. Pero siempre habrá gente que se resista a cambiar el estado de las cosas, que defiendan lo establecido, los privilegios actuales, la mala política, etc. Si lo hace un hombre de fortuna le dirán facho, si lo hace un hombre pobre le dirán alguna otra cosa.

Si, habrá quien diga que es una operación inauténtica de maquillaje: chicos, crezcan, miren al

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Presentación del Blog de la 7 Dirección de Nuevos Medios

Por Julián Rodriguez Orihuela julian@aireyluz.com

Bueno, antes que nada me presento: Soy Julián Rodriguez Orihuela, trabajo en la Dirección General de Nuevos Medios que dirige Ernesto Skidelsky, en el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, y Alejandro me pidió que escribiera un poco sobre el blog que estamos armando para y sobre la dirección. Creo que desde el primer momento de la dirección (hace un par de meses) todos coincidimos espontáneamente en que teníamos que tener un blog, aunque no teníamos del todo claro por qué, para qué, ni qué contenidos íbamos a poner. Pero por lo menos la primera intención estaba en todos nosotros. Así que, como para dar una patada inicial y romper la inercia (ya que todos estamos con muchos proyectos y tareas y no tenemos mucho tiempo como para dedicarnos a escribir por ahora) empezamos el blog hace un mes con la idea de tener un repositorio de enlaces a cosas que se están haciendo en otros lados con respecto a comunicación por la web de hechos de gobierno, interacción con los ciudadanos y gobierno abierto, además de comentar en algunos casos de qué forma nos pueden servir esas cosas que vemos en la gestión de la ciudad. Ahora que estamos un poco más acomodados, nos pusimos a definir los objetivos y contenidos principales que puede tener el blog y calculo que vamos a estar más activos a partir del mes que viene.

Además queremos relacionarnos con oficinas de nuevos medios de otros gobiernos municipales del país y de todo el mundo (¡Para algo es Internet!) e intercambiar experiencias, con bloguers locales que nos den su mirada sobre la ciudad, con ciudadanos interesados en los temas que vamos a estar desarrollando, y que nos pueden dar algunas ideas que no se nos hayan ocurrido a nosotros. Una vez más, como queremos servir un poco de ejemplo para las otras áreas, obviamente también queremos que éstas interactúen con áreas similares de otras ciudades y países. Otro de nuestros objetivos es ir mostrando nuestros progresos propios (en redes sociales que administremos, videos realizados por nosotros, gráficos, etc.), y nuestros progresos con otras oficinas del gobierno, con las que coordinamos estrategias de comunicación y a las que ayudamos a utilizar nuevas herramientas de la web para hacer más eficientes sus tareas. Creo que nuestros objetivos más a largo plazo son imponer a la dirección como el recurso para las áreas de gobierno sobre cómo trabajar con herramientas web y comunicarse con los ciudadanos, y ser el referente nacional de implementación de gobierno abierto en la web. Por ahí es medio pretencioso, pero no por eso vamos a andar achicándonos...

En la dirección somos 6 por ahora:

Como conclusión, creo que un objetivo de esta gestión debe ser lograr la visión de un gobierno que interactúa de forma mucho más abierta, transparente, amena, accesible y receptiva con los ciudadanos, tratar de ser lo opuesto de las pesadillas que escribía Kafka, y nuestra tarea es la de cumplir ese objetivo a través de las herramientas que la web nos da.

• Nuestro director, Ernesto, entrepreneur y activador de potencias dormidas o subutilizadas • Dos diseñadores de imagen y sonido, Eduardo y yo • Un economista especializado en estadísticas, Alejandro • Un “social media editor”, cosa que no sabemos bien lo que significa, pero Rudi definitivamente lo es • Una periodista todo terreno, editora de contenidos, Julieta

Un par de muestras de lo que hicimos desde la Dirección: • Flickr de Buenos Aires Playa, en el que podés ver y bajarte las fotos que saca el fotógrafo en la playa. Tiene más de 3.000 fotos y más de 150.000 visitas. • Acción sobre el Taser: Le llevamos al Ministro de Seguridad todas las polémicas y preguntas que surgían por la web para que las respondiera. Este video es el resultado. • En colaboración: con la Dirección de Festivales para armar su página de Facebook, y con Atención Ciudadana para armar el Twitter de BA147

Uno de estos objetivos que estamos definiendo es el de servir como inspiradores para otras áreas de gobierno, para que se animen, vean que es sencillo armar un blog, o una página en Facebook (no importa tanto la herramienta), y logren comunicar con más soltura sus tareas, sus pensamientos e ideas, sus intereses y sus búsquedas, como también conectarse e interactuar con gente que tenga inquietudes en esa misma área y pueda tirar ideas, críticas constructivas, y, en definitiva, aportar algún valor.

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Nuestro blog:

http://nuevosmedios.posterous. com/


N o hay mística sin alegría 8 (apuntes irreverentes) En este mes de enero de calor tropical y porteño estoy cumpliendo años. Hace doce meses me tocó hacerme cargo de la Dirección de Industrias Creativas y Comercio Exterior, incluyendo la gestión del maravilloso Centro Metropolitano de Diseño (CMD), en el Ministerio de Desarrollo Económico de la Ciudad. Tengo el privilegio de estar trabajando todos los días con los creativos de Buenos Aires, cuyas industrias representan el 10 por ciento de nuestro producto bruto y más del 10 por ciento del empleo. Estoy hablando de proyectos en el mundo audiovisual, la industria de la música, los videojuegos y la animación, la industria editorial, la moda y el diseño y la tecnología en general. También me toca representar a nuestra ciudad en el exterior, apoyando y acompañando a empresas y emprendedores en la internacionalización. Y tengo la enorme fortuna de comandar a un grupo de gente entusiasmada con su trabajo de la que aprendo siempre algo nuevo. Sé que puede sonar algo naif (¿los idus de enero?) pero quiero aprovechar el envión para reflexionar sobre algunas cuestiones que hacen a nuestro trabajo (en sentido más amplio del término) y a su circunstancia. En particular, me interesa destacar algunos principios básicos que rigen nuestro accionar sin que jamás los hayamos postulado explícitamente. Pretendía escribir un decálogo pero la imaginación se estancó en los ocho, por lo que aquí los comparto en clave autoayuda: 1. Alegría en el hacer: Nuestro trabajo es interesante, tiene impacto real y tangible y contribuye a generar oportunidades concretas de desarrollo económico... pero sobre todo es muy divertido. El entusiasmo contagia y entendemos que es fundamental aprovecharlo para conectarnos de manera más franca con empresas y ciudadanos. 2. Pensar en red: Permanentemente sumamos nuevas patas a la mesa, invitando a instituciones a trabajar con nosotros en la definición de nuestros objetivos e iniciativas. También buscamos siempre sumar a colegas de otras áreas de gobierno. Este esquema fortalece nuestro trabajo y trae ideas nuevas. 3. Mezclarlo todo: Las industrias creativas son, por definición, producto del pensamiento lateral. Buscamos provocar esos cruces, juntando, por ejemplo, a empresas de videojuegos con sus pares de la industria de la música, para que aparezcan perspectivas originales y nuevos proyectos. 4. Es de todos: Queremos abrir el espacio público que nos toca administrar a la mayor cantidad de gente posible e invitamos a diferentes organizaciones a desarrollar sus proyectos en nuestras instalaciones o con nuestro apoyo. 5. Animarse a hacer: Manejamos bienes públicos y queremos hacerlo con responsabilidad pero eso no tiene por qué intimidarnos. Experimentamos todos los días. A veces nos equivocamos.

Positiva

Por Enrique Avogadro eavogadro@gmail.com

6. El más allá: Tenemos la obligación de pensar en la continuidad de nuestras acciones en el largo plazo. ¡Aunque hagamos todo bien algún día nos iremos! La gente se aburre y el cambio es sano. 7. Arena pública: Inventamos más bien poco. Nuestra tarea es, en realidad, estar atentos, proveer el espacio para que se produzca el intercambio de ideas e interpretarlas en pos de los objetivos comunes. 8. Transparentes: Estamos en Facebook desde hace rato, creamos blogs para todas las áreas y nos subimos a Twitter. Buscamos mostrar lo que hacemos bien y reflexionar sobre lo que hacemos mal. La gente se va enganchando, comenta, sugiere y suma. El punteo es caprichoso pero refleja un estado de ánimo particular, la energía con la que encaramos cada mañana, y probablemente ilustre la forma de “hacer política” de nuestro gobierno. Hace más de diez años que estoy involucrado, de una u otra manera, con la res publica y por primera vez encuentro un espacio genuinamente abierto y participativo, en el que se alienta la experimentación aún a riesgo de equivocarse, con la consecuente capacidad para reconocer los errores e intentar enmendarlos. Este es un gobierno horizontal en extremo, donde uno tiene la chance de hablar de igual a igual con cualquier ministro, intercambiar ideas con colegas de todas las áreas y hasta desayunar de vez en cuando con el Jefe de Gobierno. Por estos días estamos embarcados en un proyecto que da buena cuenta de lo mencionado anteriormente. En el Ministerio de Desarrollo Económico estamos organizando un concurso de ideas abierto a todo el equipo, buscando promover la creatividad y las ganas de participar de la gente, aprovechando la amplísima experiencia de muchos en la función pública. En poco tiempo más aquellos que hayan craneado las ideas ganadoras estarán presentándolas al Jefe de Gobierno para su evaluación y posterior puesta en marcha. La idea del concurso surgió de nuestra Dirección y probablemente se extienda al resto de los ministerios, lo cual nos llena de orgullo. Otra iniciativa que merece destacarse es el Compromiso 2020, un proceso de diálogo iniciado el año pasado con organizaciones de la sociedad civil en torno a las problemáticas más urgentes de la Ciudad de Buenos Aires y que involucró a todos los funcionarios. Son apenas un par de ejemplos del camino que estamos recorriendo. Por supuesto, tenemos por delante enormes desafíos. Muchas veces pecamos de insensibilidad para entender las necesidades de la ciudadanía. En un contexto político tan convulsionado tenemos la obligación de seguir apostando al consenso como medida de la acción y a la pasión como instrumento de cambio. Estoy convencido que estamos trabajando para alcanzar un futuro mejor pero tenemos que hacerlo con todos adentro.

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9 Ahí vamos

Por Laura Alonso laurita.alonso@gmail.com

Tenemos que participar. Ésta es una de las claves del presente y del futuro de la Argentina. Participar nos cuesta. Nos entregamos fácil a la queja pero muy difícilmente al compromiso de participar.

Carlos Santiago Nino definió a la Argentina como un país anómico. Ese país que vive al margen de la ley y a pesar de tenerlo todo, su desarrollo está atrofiado por la enfermedad de la anomia provocada por la desobediencia a las normas.

La Argentina tiene un déficit de ciudadanía participativa. Porque la historia le jugó una mala pasada a la participación, porque nos metieron miedo, porque nos hicieron lenta y gradualmente recluir en nuestras vidas privadas. Por todo eso y mucho más. Pero sin participación, sin mayor compromiso por lo público, va a ser difícil cambiar.

Vale preguntarse si creemos que todas las veces que torcemos, sorteamos o violamos las normas estamos haciendo un país mejor. En este contexto, ¿ayuda hacer lo que conviene y no lo que corresponde?

No podemos seguir echando culpas de todo lo malo a los políticos. Porque los políticos que tenemos mala prensa en las encuestas y los estudios de opinión, no venimos de otro planeta. Los políticos fuimos a las mismas escuelas que vos, leímos los mismos libros que vos y miramos los mismos programas de tele que vos. Entonces por un rato, pensé que estaría bueno dejar de criticar a los políticos para mirarnos como sociedad. Si nuestros políticos son corruptos, nos preguntamos alguna vez qué hicimos para que así sea, o, mejor dicho, ¿qué es lo que nunca supimos, pudimos o quisimos hacer? Ciudadanía de baja intensidad Como dice Guillermo O’Donnell, la Argentina tiene una ciudadanía de baja intensidad. Votamos cada dos años y eso es todo. Después que hagan lo que quieran. Nos gusta ‘delegar’ en ese señor o esa señora que nos dice que nos va a salvar, los votamos y después que hagan lo que quieran. Total, ellos serán los responsables de todo. Y todo eso sucede porque la historia nos condiciona, es cierto. Pero también sucede porque algo nos pasa. Ese ‘algo’ tenemos que cambiarlo. Primera cuestión: la participación. Nos cuesta participar. ¿Somos cómodos? ¿No sabemos? ¿No nos dan el lugar? ¿Nos da miedo? Probablemente sea todo eso mezclado. Este déficit de ciudadanía le ha hecho el camino más fácil a la injusticia, a la corrupción y a la decadencia. Todos esos males nos ganaron de mano. Desobediencia y anomia Seamos sinceros. La historia nos muestra que a los argentinos no nos gustan las normas. En realidad decimos que nos gustan pero cuando no nos favorecen, dejan de gustarnos rapidísimo. Esta es la segunda cuestión: la desobediencia.

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Las normas morales, sociales o jurídicas establecen reglas que hacen previsibles los comportamientos. Sin embargo, nosotros siempre tenemos alguna razón para cuestionarlas. ‘Si la luz del semáforo es verde, puedo cruzar pero si está roja debo mantener frenado el vehículo que conduzco, ¿no? ¿Y si la cruzo? Total, no viene nadie’. ‘Si las botellas plásticas dañan el medioambiente, no debo dejarlas tiradas en la playa, ¿no? ¿Y si la dejo?. total nadie me conoce’. ‘Si la basura se debe sacar entre las 21 y 22 hs, la saco en ese horario, ¿no? Pero hoy no puedo porque llego tarde. Entonces la saco ahora, total a nadie le importa’. ‘Si soy funcionario público no puedo sacar ventaja de mi posición para enriquecerme. ¡Si compro tierras fiscales a un costo irrisorio nadie se va a dar cuenta!’ ‘Si no voy a votar a pesar de ser obligatorio, no pasa nada, ¿no? Me citaron para ser presidente de mesa, siempre me llaman, cada dos años y prefiero quedarme en casa, no pasa nada si no voy, ¿no?’ Así somos. Así pensamos. Así actuamos. No siempre, no todos. Por suerte. Menos mal. Con distintos ejemplos de la vida cotidiana y también política, vemos como se violan, ultrajan y burlan repetidamente las normas. Esos son micro, pequeños y grandes actos de desobediencia. Sin embargo, todos sabemos (y repetimos) que las normas fueron hechas para cumplirse y que de estar mal o desactualizadas, siempre existe un procedimiento para cambiarlas. Todo esto lo sabemos muy bien pero como el procedimiento es largo y engorroso y no nos garantiza el éxito, entonces mejor, vemos cómo hacer para que nadie se dé cuenta de que no cumplimos una norma. Aprender a dialogar


Positiva

A pesar de que hablamos mucho, nos cuesta dialogar porque no sabemos. También en la historia de este país podemos encontrar algunas razones explicativas. El diálogo nos ayuda reconocer a los que piensan diferente y tratar de ponernos un ratito en sus zapatos y mirar con sus lentes. El diálogo nos atempera y nos ayudar a mejorar nuestra convivencia. El diálogo no elimina el conflicto. Por el contrario, el diálogo ayuda a enfrentarlos y a transitarlos con menos angustia. El diálogo es un proceso de transformación personal y colectiva. Tercera cuestión: el diálogo o cómo aprender a dialogar. La desconfianza Sinceramente a mí me preocupa no poder confiar. En varios estudios sobre Argentina se revela que somos desconfiados, extremadamente desconfiados. Y yo creo, como decían los griegos, que todo puede estar bien y siempre y cuando se dé en su justa medida. Desconfiar con medida es bueno porque nos alimenta la curiosidad, nos genera preguntas y nos ayuda a avanzar. Sin embargo, cuando los niveles de desconfianza interpersonal e institucional alcanzan los más altos extremos, la cosa se complica. No se puede desconfiar todo el tiempo de todo y de todos. Esa desconfianza que empieza en cada uno de nosotros escala a niveles insospechados. Si nosotros desconfiamos de lo que podemos lograr, ¿por qué tenemos que pedirle al mundo que confíe en nosotros? La desconfianza es el producto de la falta de diálogo. Tanto la desconfianza como la inseguridad son resultado de la desigualdad, la injusticia y la corrupción. La desconfianza nos ha distorsionado la vida. No tengo dudas. Como tampoco las tengo cuando creo que tenemos que romper la barrera de la desconfianza y apoyarnos en otros para construir juntos. ¿Por qué te involucraste en política? Porque no me gusta que seamos desconfiados. Porque no me gusta que no podamos dialogar. Porque no me gusta que no respetemos las normas. Porque quiero dejar de quejarme. La política es una actividad noble. La política es diálogo y acción. La política es debate. La política es conflicto. La política es comunicación. La política es transformación. La política

es la forma que hemos encontrado para interactuar en sociedad. Por supuesto que también en política hay corruptos como los hay en las empresas, en el periodismo, en las iglesias, en las universidades, en los sindicatos, en los medios, en la policía y sigue la lista. La Argentina está enferma de corrupción pero la corrupción no define ni a la política ni a los políticos ni tampoco nos define como sociedad. La corrupción es una práctica que define la forma de actuar de algunas personas que operan o trabajan en distintos ámbitos de la vida en sociedad. Decidí involucrarme en política (en la fea para muchos: la electoral, la partidaria, la parlamentaria) porque quiero participar para que tengamos un futuro mejor. En política, como en tanto otros ámbitos, hay muy buena gente preocupada por hacer bien las cosas. Recibí muchas críticas por mi pasaje a la política – algunas hasta podría compartirlas. Sin embargo, en lo más profundo de esas críticas vislumbré algo de frustración. Pueden criticar, pueden pensar distinto, puede no gustarles determinada posición pero no pueden ser indiferentes y, por eso, tienen el deber de involucrarse. Cuantos más hagamos política, más rápido dejaremos atrás el pasado trágico del ‘no te metás’. Las condiciones están. Podemos hacerlo porque en estos años hemos construido una democracia imperfecta, pero democracia al fin, en la que nuestros derechos y libertades están garantizados. Muchos optan por participar en organizaciones sociales (yo misma lo hice por años) y creo que es una forma muy buena de comprometerse y tratar de cambiar las cosas. Se necesita más gente que participe en las ONG y también se necesita más gente que lo haga en política. La política la cambiamos todos los que creemos que es el medio para vivir mejor. Soy optimista Soy optimista. Tenemos ciudadanía de baja intensidad, no respetamos las normas, somos desconfiados y nos cuesta dialogar. Sin embargo, somos buenos amigos, cuidamos a la familia como un tesoro y nos preocupa el futuro de nuestros hijos. Nos hemos dado cuenta de que algo no funciona bien y que tenemos que cambiarlo. Hablamos de la Argentina en nuestras casas, en las iglesias, en los clubes, con amigos. No somos indiferentes. Perdimos el miedo. Vamos de a poco. Ahí vamos.

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¿Y ahora qué? 10 Reflexiones con vistas al 2011 La ideología Mauricio Macri es una persona con una fuerte ideología. La primera vez que me encontré con él, cuando todavía comandaba Boca, me la recitó sin atajos. Para mi fue un descubrimiento: en un mundo en el que las ideas pierden valor, que Macri se definiera a través de una ideología que consideraba relevante no sólo para él sino para el resto de los argentinos, resultaba auspicioso para una persona con vocación de conducir el país. Sus valores son los que compartimos: la visión del mundo y del lugar que debe ocupar la Argentina, la vocación por transformar a nuestro país en una sociedad moderna y desarrollada, la educación como herramienta de crecimiento individual y social, la preferencia por los valores democráticos, la prédica por el esfuerzo y el trabajo, el respeto por la diversidad y la búsqueda del consenso. Creo que esta ideología va camino a expresar y representar a la mayoría de los argentinos. La cuesta es ascendente, pero empinada. En efecto, nuestro país viene transitando desde hace décadas un camino signado por el predominio de una ideología de la decadencia y de la frustración, que creció en las prácticas del exterminio del contrincante durante la dictadura y prosiguió, con el advenimiento de la democracia, a través de las luchas por el poder como fin en sí mismo antes que como medio para el logro de mayor bienestar para la población. La mejor expresión de ello es la ausencia de una clase dirigente con liderazgo y vocación de transformación y la presencia de prácticas políticas y sociales definidas a través de la violencia. Durante décadas compartimos esta tendencia con los demás países de la región. Sin embargo, Chile, Colombia y Brasil recientemente lograron dejar atrás la decadencia y transitan ahora un camino virtuoso, con sociedades abiertas y plurales, más justas y libres, y con gobiernos que respetan las instituciones democráticas e impulsan políticas que generan oportunidades para todos. Una explicación del cambio de tendencia en estos países es la que sostiene que los sectores dirigentes acordaron dejar atrás el populismo y orientar a sus comunidades hacia el desarrollo y el bienestar. Para ello, promovieron y fueron parte sustancial del debate de nuevas ideas, modificando la matriz ideológica imperante, e impulsaron políticas exitosas y de largo aliento. Hoy, estas sociedades son más democráticas, más desarrolladas y progresistas.

Por Matteo Goretti mat.goretti@gmail.com

nera de contribuir a sostener el cambio y la transformación, trabajando sobre las matrices culturales, explicando el porqué y mostrando el para qué. Es un trabajo arduo, que genera resistencia en amplios sectores de la población que sólo han conocido el fracaso y, en muchos casos, la exclusión. Tenemos que convencer. Afortunadamente, no tenemos opción. El debate es necesario no sólo para modificar las matrices ideológicas sino también para gobernar con éxito, sobre todo si buscamos torcer el rumbo. Todo aquello que genera cambios requiere de la discusión de propuestas. Es por ello que al debate no hay que evitarlo, sino promoverlo. Además, en el mundo mediático que nos toca vivir no es posible obviar el debate; éste sucede, aunque no querramos. Esto es así porque las decisiones que buscan modificar la situación imperante –construida y afianzada a lo largo de décadas –impactan sobre los marcos culturales y sociales y pone en alerta a los intereses establecidos, que se reflejan y se expresan a través de los medios de comunicación. Finalmente, el debate de ideas y propuestas sirve, además, para generar los consensos para gobernar y las definiciones claras de dónde se quiere ir. En definitiva, es el mecanismo para convencer a los demás, para incorporar y mantener a los que comparten nuestros valores, para dirimir pacífica y democráticamente las diferencias con los que piensan distinto. Es la gente la que opta, y para ello es mejor que las posiciones sean claras para volver a ser un país normal, lo que supone proponer opciones competitivas y diferenciadas, ya que la decadencia argentina se ha sostenido por muchos años a la sombra de una dirigencia vernácula que, para permanecer, prefirió mudar de piel sin ser desollada. Gobernar la ciudad de Buenos Aires

El debate de ideas

Como señalé anteriormente, considero que los valores y propuestas que encarna PRO van camino a representar a la mayoría de los argentinos. Mi afirmación se basa en una certeza y en algunos indicios. La certeza: hemos ganado las elecciones y gobernamos la ciudad de Buenos Aires, el distrito electoral más “progresista” y demandante de soluciones a los problemas de sus ciudadanos. Es la “vidriera” de la República. Los indicios: el creciente hartazgo de la población de las prácticas que están en nuestras antípodas, es decir, la violencia, la crispación, el clientelismo, la violación de la Constitución, el aumento de la pobreza, la corrupción.

Nuestra responsabilidad es promover y dar el debate de ideas en nuestro país, de tal ma-

Haber llegado hasta aquí significa que deberemos encarar nuevos desafíos desde la gestión

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y la política, a los cuales me referiré más adelante. Gobernar esta Ciudad no sólo permite que podamos implementar nuestras propuestas sino, además, nos brinda la oportunidad para desarrollar nuestras capacidades políticas. Es un ámbito real para el aprendizaje, para escuchar, conversar, dar respuestas con responsabilidad, comprender, y contribuir a generar y mantener un marco adecuado a los diferentes grupos e intereses para que se expresen y convivan en libertad y lograr los consensos necesarios. Eso es, precisamente, lo que denominamos “representar”, con mayúsculas. Gobernar significa aceptar las restricciones. Nos obliga a rever y mejorar nuestras herramientas de gestión y de la política, y nos esfuerza a buscar resultados. Gobernar esta Ciudad nos ha permitido poner a prueba a nuestros equipos técnicos, integrados por una mayoría de jóvenes con vocación pública que llegan por primera vez a la gestión. Algunos desafíos El liderazgo tradicional ya no es suficiente. Es parte del fracaso. Lo sabemos y por lo tanto decidimos que esa no sería nuestra opción y que, por ende, nuestra propuesta debía expresar y representar nuevos valores y contribuir a establecer nuevas formas de hacer política. Tenemos algunas ventajas: por ejemplo, no somos parte de los partidos políticos tradicionales que vienen gobernando el país y que son responsables de lo que padecemos. Carecemos, por lo tanto, de las restricciones de origen y de trayectoria. Algunos analistas y políticos, incluyendo a varios del PRO, sostienen que esa ventaja es, en realidad, un problema, ya que dificultaría significativamente tanto la gestión de gobierno como la construcción de una opción nacional integrada por PRO y liderada por Macri. Desmenucemos esta afirmación. Desde la gestión, es cierto que la falta de trayectoria política o de experiencia política “suficiente” genera costos en la gestión y en la construcción de una opción nacional. Sin embargo, estos costos son infinitamente menos gravosos hubiera provocado gobernar con un partido tradicional y a través de las viejas y conocidas formas de hacer política, cuyos resultados están a la vista. Esto no nos exime de la obligación de resolver nuestras falencias políticas; gobernar la ciudad más importante del país nos brinda una muy buena oportunidad para hacerlo, tomando como límite que no deberemos cruzar las formas de liderazgo del fracaso, es decir, las que nos han llevado a fracasar como país. Nuestro desafío es aprender a hacer política desde la gestión

(y basar la gestión en el pensamiento y la práctica de la política), de tal manera de ligar las acciones y sus resultados con la demandas de la población. Se trata de un faltante en el soft y no del hard de PRO y, por tanto, debería ser fácilmente superable, siempre que se tome la decisión correcta y se instale progresivamente el programa que nos permita decodificar la realidad en términos políticos y, consiguientemente, actuar en la construcción política. La segunda crítica es que PRO no es un partido político y que Macri debe tener uno como los que conocemos para llegar al poder nacional. En primer lugar, considero que no es posible, ni deseable, ni necesario impulsar la conformación de un partido a semejanza de los partidos tradicionales como el PJ y la UCR, porque estos son el resultado de décadas de participación en la vida política y en los gobiernos de nuestro país, lo que explica su inserción en el tejido social, si bien ha disminuido respecto del pasado. Resulta obvio que este conjunto de factores no puede ser reproducido por una fuerza política nueva, por lo menos en el corto y mediano plazo. En segundo lugar, porque los partidos políticos tradicionales están en crisis aquí y en el mundo, debido sobre todo a la transformación de las democracias representantivas en delegativas, en las cuales el poder se concentra en unas pocas personas elegidas democráticamente (y en sus burocracias técnicas) con el fin de dar respuestas rápidas a las demandas cada vez más exigentes de la población. En buena medida los liderazgos individuales han tomado el lugar que antes monopolizaban los partidos, poniendo en apuros a los fundamentos de la democracia representativa como, por ejemplo, la separación de los poderes y la regla de la mayoría. En efecto, las mayorías parlamentarias oficialistas aprueban sin discutir ni chistar las decisiones de los ejecutivos. Por su parte, las elecciones para cubrir las jefaturas de los estados y de los gobiernos son cada vez más reñidas en cuanto a sus resultados, obligando a los ganadores (ganadores por poco) a apelar a prácticas plebiscitarias y al uso discrecional de los recursos, siempre al límite de la legalidad, limitando el accionar de las instituciones políticas y atacando a los medios de prensa y algunos sectores que son acusados de “poner palos en la rueda”. Esta situación se ve favorecida por la irrupción de los medios masivos de comunicación, el creciente desinterés de la población por la acción política y el surgimiento de organizaciones de la sociedad civil con peso propio que compiten con éxito en la representación de la sociedad. La descripción que acabo de realizar no surge de mi aprobación o preferencia por los factores que le han dado forma. Mi propósito es poner de manifiesto una realidad que salta a simple

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vista y que ha sido estudiada por las disciplinas humanísticas y que explica porqué no debemos insistir en la construcción de un partido político a semejanza de los tradicionales, aunque éstos hayan sido otrora una herramienta exitosa de acceso al poder. Que no debamos construir exitosamente un partido político tradicional no significa que no resulte necesario dotarnos de una organización política capaz de llegar al poder y gobernar el país. Considero que ese es nuestro principal desafío, por las razones que explicaré a continuación. PRO logró ser el receptáculo de la transformación de un liderazgo personal en un proyecto político compartido. Si bien el liderazgo de Macri fue y es central para explicar el recorrido y lo seguirá siendo para lograr el premio mayor, el éxito alcanzado hasta aquí se debió a su capacidad de identificar y aprovechar una oportunidad: el espacio vacante que dejaban los partidos políticos tradicionales luego de décadas de gestiones consideradas fracasadas por la gran mayoría de la población. Con ese marco como referencia, al fundar PRO Macri decidió avanzar en la senda de la institucionalización de sus atributos personales. El surgimiento de una fuerza política nueva (y no sólo de un candidato nuevo), la incorporación de jóvenes con vocación pública y política ajenos a las peleas y divisiones de la política tradicional, la creación de un espacio compartido de valores y propuestas, son todos datos de grupo –y no individuales- que Macri entendió que serían importantes para construir y lanzar una opción política exitosa. Resultado: fue electo jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

tales los cuales, en muchos casos, son relativamente nuevos en la historia de la democracia representativa, como es el caso del rol de los medios masivos de comunicación y de las organizaciones sociales no partidarias. La identificación de los desafíos que acabo de proponer es producto de la reflexión y convicción personal y de un sano debate que está teniendo lugar en el PRO. En definitiva: para convertirnos en una opción nacional y gobernar Argentina no es suficiente con expresar los mejores valores e ideas. Liderar significa “representar”, y para ello debemos utilizar un método conocido y probado en las otras democracias modernas que nos permita llegar y permanecer a partir de la construcción de consensos mayoritarios y perdurables para tomar decisiones en nombre de todos. Esta necesidad organizativa no contradice el camino ya recorrido en el PRO ni tampoco se opone a nuestra voluntad de seguir siendo una opción nueva y diferente. Por el contrario, permitirá que lleguemos a la meta, tarea que, considero, realizaremos exitosamente.

La organización que sostuvo hasta aquí nuestras prácticas y procesos decisorios requieren de una actualización o, mejor aún, una ampliación con vistas a construir un liderazgo político capaz de gobernar el país a partir de 2011. Debemos focalizarnos en desarrollar las ventajas que conlleva la actividad partidaria, y fortalecerlas. Me refiero a las principales funciones de los partidos modernos como, por ejemplo, generar liderazgos territoriales competitivos, sostener una identidad de grupo y estructurar propuestas, ser máquinas electorales en los comicios, reclutar partidarios, simpatizantes y personal para los equipos de gobierno, generar acuerdos internos y consensos externos, potencializar los debates y, en definitiva, hacer política. Algunas son actividades que contribuyen a ganar una elección; otras, para gobernar con mejor capacidad de respuesta y apoyos más amplios. Son todas ventajas que los partidos políticos aportan en mayor o menor medida, aunque no exclusivamente, que nos permitirán recorrer con éxito la senda hacia la presidencia y gobernar el país. Este listado no exhaustivo de los desafíos que deberemos enfrentar para ser una opción de poder en Argentina no intenta disminuir ni relegar en el análisis a otros factores fundamen-

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“fin del primer número de Positiva”


Positiva de Ideas Número 1