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¿Por qué las mujeres engañan a los hombres?

Lesbia Gallegos Santiago


Derechos reservados Lesbia Gallegos Santiago

Imagen de la portada: Fotografía ¿Por qué las mujeres engañan a los hombres? Propiedad: Olivier Samson Arcand OSA Images.

I.S.B.N.: 978-84-

Edita:

Impreso en España Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación ni de su contenido puede ser reproducida, almacenada o transmitida en modo alguno sin permiso previo y por escrito de la autora.


A mis dos amores: Mi hijo, nuestro milagro de vida, te soñábamos y ahora te tenemos con nosotros hermoso mío. Mi marido, por ser tan “testarudo” que sin ti no hubiese publicado este libro, mi primer libro. A mis padres, por inculcarnos los valores que hoy son el pilar de mi vida. Mamá eres mi heroína, mi ejemplo a seguir. Papá, aunque no estés aquí físicamente, sé que tu alma está siempre conmigo. A mis hermanos, la distancia nos separa pero nunca el cariño. A mi sobrinos Jorge y Julia, por alegrar mi vida con sus frases tan espontaneas. A mis suegros, por apoyarnos siempre, ¡es una suerte tenerlos! No todo el mundo puede decir lo mismo. A mi tía Talita por ser mi musa. A mis cuñados por querer mucho a esta mexicana. A nuestra prima Antonia, porque siempre estás animándonos, cuando deberíamos darte todo a ti. A mis amigos, porque sé que cuento con ustedes a pesar del tiempo y la distancia.

A todos, gracias por formar parte de mi vida.


Soñaba contigo, hasta que te conocí, supe que Dios tenía algo grande para mí, sólo era cuestión de tiempo, de paciencia y de no perder la fe. Gracias por estos maravillosos años de casados, este año cumpliremos 5 años, se dice pronto.


ÍNDICE

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Historia de hombres engañados.

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Descubiertas…comienzo del engaño.

77

¿Duelo y recuperación? ¿Qué sucedió después del engaño?

107

¿Punto final? O ¿una segunda oportunidad?

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Ellas hablan…los motivos que tuvieron para “atreverse” a engañarles.

133

Con el paso del tiempo… ¿Podemos perdonar un engaño?

135

Después de la tormenta ¿viene la calma?

141

¿Sigue la cuenta de hombres engañados?

149

Perfil de un hombre engañado

151

La mentira y el engaño un círculo vicioso.

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El día esperado.


Mi nombre es Laura, soy estudiante de periodismo –esta será mi segunda carrera profesional y creo que esta vez estoy segura de la elección–, en realidad he terminado mis estudios de ingeniería en science computer aunque hasta el día de hoy no he desarrollado esta profesión en el mundo real –a estas alturas dudo mucho que me dedique a ello–, era demasiado joven para saber lo que realmente quería ser “de grande” –mi padre solía preguntarme cuando era niña lo que quería ser de grande– y recuerdo que le decía que sería veterinaria, después cambie de idea y dije que sería antropóloga, y cuando llegó el momento elegí lo que estaba de moda. En 1996 era el “boom” de la informática y todo el mundo lo auguraba como la carrera del “futuro” –y como era una fashion victim– siempre quería estar con última tendencia, no importara que cosa, así que decidí aventurarme y ser una de las pioneras en desarrollar aplicaciones en gráficos tridimensionales, incluso me imaginé en algún momento desarrollar aplicaciones en gráficos para cartoons y trabajar para una gran empresa, lo cierto, es que el mundo de science computer no es lo mío, y no es que me arrepienta haberlo estudiado, pero no me veía a mí misma programando como una poseída el resto de mi vida. Así que años después decidí volver a estudiar, y mi opción fue periodismo, ¿y por qué periodismo? En el Colegio y en la Universidad formé parte de la asociación juvenil y me encargaba de la producción del journal, de dirigir las entrevistas y contenidos. Un día, una amiga me dijo: Tú tendrías que haber sido periodista, ¿por qué lo crees? –le pregunté– porque tus programas favoritos son los noticieros –risas– creo que eres de las pocas mujeres que ven los noticieros casi las 24 horas del día, y cuando nos preguntas algo, parece como si estuvieras entrevistándonos –me respondió–, reímos, a decir verdad, esa es una de mis aficiones. Pensé en lo que me dijo, quizá mi amiga tenía razón, así que apliqué en las universidades de Estados Unidos y para mi sorpresa y alegría fui aceptada en la Universidad Ashland en Ohio. Un cambio de país, de cultura y un nuevo reto para mí, ahora, estoy por terminar la Universidad y tengo que realizar un proyecto final sobre mis estudios, si todo sale bien –espero que sí– este proyecto me convierta en “Journalist”.


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He estado pensado en muchas cosas para mi tesis, y aún no se había ocurrido sobre que escribir. ¿Hablaré sobre el cambio climático? ¿La globalización? ¿La guerra de Irak? Un día, sentada en el sofá viendo las noticias de la TV observé la decadencia de nuestra sociedad, una sociedad cada vez más caótica imperando la ley del mínimo esfuerzo, pese al gran desarrollo tecnológico en el que vivimos, parece que tan sólo basta hacer “click” y las cosas aparecen por arte de magia, lo cual cada vez utilizamos menos el cerebro, me pregunto si esto nos hace más listos o más tontos. Yo creo que lo último. Estamos atrofiando nuestros sentidos, y la mayor tristeza que me da, es la decadencia de nuestros valores. La dignidad está en peligro de extinción ¡Hay que ver las cosas que pasan día a día! Atentados, guerras, crímenes, crímenes y más crímenes. Lo de hoy es llevar un conteo de las mujeres maltratadas y asesinadas por sus hombres. Casi siempre se habla de los delitos cometidos por hombres hacia las mujeres, y me preguntaba. ¿Por qué no se habla de mujeres que cometen delitos? ¿Es que nosotras somos unas santas? Yo creo que no, no se habla de mujeres asesinas y crueles porque aún tenemos el estereotipo de ser tranquilas, dóciles, abnegadas y madres. ¡Una madre no puede ser una criminal! Por lo tanto, ¡las mujeres no podemos ser malas! ¿No podemos ser malas? Retrocedo la memoria y recuerdo que conozco a más de una que tampoco son ángeles, muchas tenemos nuestros demonios dentro, y me incluyo porque también tengo a mi propio demonio, dormido –tal vez entre las tinieblas–, pero que si despertase… ¡sería terriblemente malo! Así que creo que ya tengo mi primer borrador para convertirme en Periodista, aunque tengo el riesgo de convertirme en la mujer más odiada entre todas las mujeres de mi universidad o quizá del mundo entero. He decidido, sin meditarlo tanto, escribir sobre aquellas mujeres que engañan a los hombres.


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En teoría, debiera suceder lo contrario, pero en nuestro mundo actual –porque ahora es más visible– la situación ha cambiado. Hay muchos argumentos que pudieran ser aceptables y razonables –para ellas–, pero no para ellos. ¿Tú por que te imaginas que el hecho de engañar a un hombre es válido?, al fin y al cabo, ellos hacen lo mismo, ¿no es así? La situación es que en nuestro mundo moderno y tan globalizado aún hay hombres fieles, –créeme que sí los hay– , estos hombres que aman a su pareja y son felices a lado de ellas, aún hay hombres ingenuos en este planeta –de esos que creen que su sentimiento es correspondido– hasta que por desgracia descubren que la infame y mal parida mujer lo engaña o puede ser peor, que aún viven en el engaño y jamás se enteran. Lo normal es que la mujer sea la engañada, y en el plano más real –o ideal– es cuando la mujer es totalmente abnegada, amorosa y feliz con su hombre –como en los cuentos de hadas– hasta que el desdichado la engaña y la deja –situaciones muy comunes o cotidianas–. Pero esta vez no hablaremos sobre las mujeres engañadas, sino de las mujeres que engañan, los roles han cambiado. En los tipos de mujeres que engañan las hay desde las “avispadas” –aquellas que son hábiles y listas–, hasta las “besugas” – lo que literalmente se les conoce a las más tontas o pendejas– en el reino de las mujeres. Las mujeres “hábiles y listas” saben llevar una doble vida, algunas ¡hasta triples vidas! Y claro, no faltan aquellas que se sienten “súper avispadas” –el más alto nivel en el rango de las hábiles y listas– que creen poder llevar una situación así y finalmente son descubiertas. La habilidad de engañar es un “Don” –una habilidad algo rara, pero que no todas las mujeres pueden desarrollar– que perfeccionan cada día las mujeres “listas” convirtiéndose así en una experta engañadora de hombres. ¿Cómo darnos cuenta, si esa mujer es una engañadora profesional? Eso es algo que descubriremos juntos. Las mujeres también engañan ¿lo sabías? Es probable que ya hayas vivido una amarga experiencia o aún estés en terapia por culpa de tu ex–mujer. Pero esto no es algo nuevo, lo que su-


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cede en el siglo XXI es que ahora somos más las mujeres que rompemos muchas reglas y estamos creando una nueva revolución, una nueva era. El engaño es algo que va desde una mentirilla piadosa hasta una mentira planeada con alevosía y ventaja, inicia con el pensamiento hasta convertirlo en una realidad carnal. No importa si es soltera, comprometida o casada. Hechos factibles, ¡las mujeres no nos andamos con tonterías! Me interesó el aspecto de la mentira y del engaño como punto de investigación en las relaciones humanas, en especial en las relaciones de pareja. Pero hoy los papeles se invierten, y mi objeto de estudio son ellas, las féminas – o zorras como nos suelen llamar si salimos del patrón de las mujeres tradicionales y nos convertimos en “avispadas”–. Hoy en día, en un mundo tan agitado y estresado las relaciones personales dejan de ser un punto primordial en la vida de los seres humanos, estamos más preocupados por obtener un nivel de vida social aceptable a los ojos de los demás, al sabor del triunfo, del dinero y del poder que nos olvidamos de nuestra pareja y de todos los sentimientos genuinos que conlleva una relación sana, los gestos de cariño y muestras de amor han sufrido un cambio tan grave que fracturan cualquier relación, estos sentimientos ahora son manipulados y gesticulados tan falsamente que nos olvidamos poco a poco de nosotros mismos, estamos llegando a una sociedad de lo desechable: Si se echa a perder, bótalo. Si no sirve, déjalo. Estos son algunos casos reales, de hombres que han sido engañados por sus mujeres, y los motivos que ellas tuvieron para hacerlo, un conjunto de sentimientos llenos de rabia, impotencia y amor. Mucho amor para seguir soportando una vida con ella, pensando que, algún día las cosas cambiarían. ¿A que están dispuestos estos hombres a hacer?


Historia de hombres engañados

Podría mencionar una lista enorme de hombres en el mundo engañados por sus novias, prometidas, esposas, incluso hasta de sus propias amantes. ¡La lista podría ser interminable incluso podría hasta sorprendernos! Esta vez, hablaré de gente real, como tú, como yo, que ha vivido de cerca estas historias, porque tal vez tu mejor amigo, tu hermano, o incluso hasta tu padre ¿por qué no? Pudieron pasar –o viven en esta situación– con alguna “avispada” que ha dejado a esa persona que tú conoces, completamente destrozado.

La Historia de Alejandro Alejandro, es un tipo con gran carisma, atractivo, de buena familia, deportista, sabe tocar la guitarra y canta espectacularmente –aunque él diga que hace el ridículo–. Es además políglota, entre los idiomas que habla están el Inglés, el Francés, el Alemán y por si fuera poco el muy complicado Japonés. Después de haber estudiado la Maestría en Inglaterra, ha tenido una carrera profesional ascendente y exitosa, lo que le ha permitido estudiar un Doctorado en Tokio. Actualmente trabaja para una compañía de nuevas tecnologías muy importante a nivel internacional, y es Chief Executive de I+D para el continente americano... ¡wow! un buen “partido” para muchas chicas ¿no? Pues parece ser que su novia no opinaba lo mismo. Alejandro es además una persona romántica y hasta muchas veces supera lo cursi. No sólo le regalaba flores a Sarah, sino que además le llevaba serenatas y era él mismo quién tocaba la guitarra y le cantaba. Alejandro conoció a Sarah por medio de unos amigos, en un bar. A él le pareció la mujer más bella que jamás había visto. Sarah era modelo, esta demás decir que era sumamente atractiva y guapa.


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Eran una pareja perfecta, ¡eran bellos y triunfadores! ¿Que más podían pedirle a la vida? Sarah era hija de un importante empresario petrolero y una chica de muy buenos modales –eso parecía–. Alejandro pensaba que era la mujer de su vida, la futura madre de sus futuros preciosos hijos. No había un momento en que no dejara de pensar en ella, narraba Alejandro, con un tono de voz nostálgico. Mi vida sólo se limitaba a mi trabajo y Sarah, no había nada más en mis pensamientos y aun estando ocupado buscaba la oportunidad de estar con ella, de escaparnos a la playa, a los spas privados y lugares llenos de romanticismo para disfrutar de ella y de todo el amor que me tenía, que nos teníamos. Cuando Sarah se convirtió en mi novia, fui el hombre más afortunado, déjame decirte que era una chica muy difícil. –¿Difícil? Replique. ¿A qué te refieres con difícil? Sí, me refiero a que no me hacía caso, ni siquiera me miraba, yo creía que era tan arrogante –por el medio en el que vivía– y porque además es una niña acostumbrada a otras cosas, es de padres ricos, con una educación muy estricta, era diferente a mí. –¿Diferente? –aplicando mi espíritu de periodista le dije: la riqueza no la hace ni más ni menos, eso no es garantía de que la niña que tú dices tenga una intachable educación. Bueno, tienes razón, pero también debes estar de acuerdo en que tiene otras oportunidades y acceso a muchas cosas que otras personas no pueden tener, su educación es distinta. –Si te refieres a que con el dinero puede comprar lo que quiere, sí, estoy de acuerdo contigo, pero aún cuando “tu niña” sea una niña de mucho mundo, no la hace diferente a las demás, la clase y la educación es algo que se aprende en casa, desde mi punto de vista, aunque me interesa saber más el tu punto de vista –agregué–. Creo que nunca llegaremos a estar de acuerdo con lo que pensamos Laura.


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–Tal vez Alejandro, sólo cuéntame de ella y de ti. (A Alejandro lo conozco más de media vida y casi siempre discutimos por pensar de manera distinta, esta vez era mi objeto de estudio así que dejé que siguiera contándome su historia) La conocí un día antes de la fiesta de graduación de la Universidad, y la invité a que me acompañará a la fiesta de graduación, ¿la viste? –No, no la recuerdo, sólo te recuerdo a ti que te veías realmente atractivo... pero, ¿no se supone que Sarah era una niña muy difícil? ¿Como entonces decidió ir contigo a la fiesta de graduación, si apenas te había conocido?, ¡no había pasado un día! –Ja ja –reía Alejandro– ¡no se te escapa nada Laura!, yo sólo le pregunté que si podía acompañarme a la fiesta de graduación de la Universidad, para serte sincero, esperaba que me respondiera que no, y mi sorpresa fue que sí acepto. Y como suelo hacer a menudo en las conversaciones, iba a interrumpirle… Antes de que me interrumpas amiga mía, déjame seguir contándote, ella me dijo en la noche de la graduación que nunca antes había aceptado una salida con alguien a quien apenas conoció, pero que yo era diferente a los demás, y que le había agradado. ¡Mi ego se hizo enorme! la mujer más bella de la ciudad había decidido salir conmigo, y lo mejor es que no le era indiferente. A partir de entonces, le llamaba con frecuencia, salíamos a cenar, al cine, y pasaron los meses, dos, tres, ¡no recuerdo cuántos!, me sentía como un niño de secundaria, no sabía cuándo era oportuno pedirle que fuera mi novia, cada vez que la veía estaba tan nervioso, pero quería que esta vez mi vida fuera diferente, me había encontrado con una mujer diferente. Y es allí cuando comienza mi historia con ella. Recuerdo cuando me preguntó: –Alejandro, ¿aceptarías ir a cenar a mi casa? Mis padres quieren conocerte, me han preguntado quién es el chico con el que he estado saliendo, y me gustaría presentártelos. Me dijo Sarah con una voz tan angelical. Claro que me gustaría ir Sarah, sería un placer.


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Esa noche fue la más nerviosa de mi vida pensaba cómo me verían sus padres, si sería la persona adecuada para su hija, pero todo salió perfecto. Su madre era una bellísima persona, su padre recuerdo que estaba un poco serio, era un hombre de pocas palabras –o al menos conmigo–, mientras su madre era la que me preguntaba acerca de mi familia y de mi infancia. –¿Cuáles son sus aspiraciones Don Alejandro?, ¿que piensa hacer de su vida ahora que ha terminado la Universidad? Me preguntó su madre. Estudiaré una maestría en electrónica en Inglaterra, fui seleccionado por la Universidad y me he ganado una beca –y en ese momento el padre de Sarah articulo por fin algunas palabras– –¡Felicidades!, estoy seguro que será una gran apertura para tu desarrollo profesional. Gracias Don Manuel. –Y después de ello, ¿que harás? ¿Regresas al país o vivirás en el extranjero? A partir de ese momento, su padre no dejaba de preguntarme y nerviosamente le respondía. Tengo pensando regresar a nuestro país, yo creo que aquí tenemos oportunidades, sólo hay que estar en el momento oportuno para ello. Además, para mí es importante estar cerca de la familia –le respondí– –Estoy de acuerdo contigo, la familia es importante en nuestras vidas, me agrada que pienses así, –me dijo con una sonrisa–. Esa noche me gané la aceptación de los padres de Sarah. Su padre me contó cómo la compañía de petróleos en la que era socio tenía proyectos emprendedores a nivel mundial. Fue una noche interesante y agradable. –No me habías contado sobre tu viaje a Inglaterra –dijo Sarah con una voz triste– Perdón no lo había hecho porque pensaba en el momento oportuno para decírtelo. Quería que lo supieras de otra forma.


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Sarah me agrada estar contigo, nunca antes había sentido lo que siento por ti, y para serte sincero, jamás me imaginé que estuviera aquí…junto a ti. Me gustas mucho, eres una niña bella que se ha robado mi corazón. –Alejandro, tu también me gustas mucho y me agrada estar contigo. La tomé de la mano y me acerqué a ella, la besé y ella me correspondió. No pudo haber sido mejor, fue la noche más bella y perfecta en mi vida, algo que jamás había planeado. Esa misma noche le pedí que fuera mi novia, y ella aceptó. Tendré que pedir el consentimiento de tus padres, para que nuestra felicidad sea mayor, le dije– ella aceptó muy contenta– y sus padres aprobaron nuestro noviazgo. Faltaban algunos meses para que viajara a Inglaterra, y cada día antes de mi partida lo aprovechábamos al máximo, solíamos correr en la playa todas las mañanas, no me cansaba de verla todos los días, su compañía llenaba mi vida. Y llegó el momento más difícil, irme a Inglaterra y separarnos, al menos durante dos largos años...estaba en un momento de mi vida pensando no viajar a Londres y quedarme en México y buscar una maestría similar. –No lo hagas, yo esperaré el tiempo que sea necesario hasta que regreses a mí. Te amo tanto que no podría dejarte ir...pero sé lo mucho que te has esforzado por tener esta oportunidad, y no quiero ser egoísta contigo. Estaré aquí hasta que vuelvas... Sólo eso me bastó oír para saber que era la mujer de mi vida, alguien que se merecía algo más de lo que yo podría ofrecerle, la amaba demasiado que pensaba que mi amor no sería suficiente para ella, tenía que ofrecerle algo mucho más que todo mi amor, tenía que ofrecerle una vida mejor, una vida a la que ella estaba acostumbrada. Me amaba y lo mejor de todo, es que esperaba mi regreso. Me fui a Inglaterra, y no había un día en que no dejara de pensar en ella, de volver a México y pedirle que fuera mi esposa. Pero tenía primero que buscar un empleo para ofrecerle una vida digna a mi lado, y ella debía terminar la Universidad.


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Un día recibí una llamada telefónica en mi habitación, era Sarah, estaba en Londres. –¿Sorprendido? dijo Sí, y feliz de saber que estás aquí, ¿vienes con tus padres? Le pregunté –Sólo con mi madre, estuvimos en Madrid, tomaré un pequeño curso de verano. ¿De verás? ¡Qué bien!, me da gusto por ti, y ¿sobre qué será tu curso? –Diseño de modas, voy a cortar la llamada, te veo en un momento. ¡Me muero por abrazarte! Yo también bonita, ¡te extraño tanto! No podía creer que estuviera allí. Sarah se mudó un par de meses a Madrid, y como ella tenía más posibilidades económicas que yo, viajaba a Londres cada fin de semana a verme. –Y dime – no podía contener las ganas de saber más y le pregunté a Alejandro: ¿Se dio algo entre ustedes? ¿Algo más allá de? ¿Quieres saber si ya habíamos tenido sexo? No, la respetaba mucho, te lo dije antes, era una niña diferente, y la traté con mucho respeto, como toda una dama. ¿Continúo mi relato? Sí Alejandro, continúa. El verano fue tan corto, pero tan intenso que mi amor por ella, cada vez era mucho más fuerte. –¿Sabes Alejandro? El estar en España era sólo un pretexto para poder estar cerca de ti, bueno, la distancia es menor que si volara desde México, ¿estás de acuerdo? no sabes lo que me costó convencer a mi padre de que podría estar sola, mi mamá sólo estuvo conmigo un par de días, ella no puede dejar a mi padre por mucho tiempo, lo extraña demasiado, cómo yo a ti. ¡Que linda! Yo tampoco puedo estar sin ti, y me encantó que me sorprendieras de esta forma mi pequeña, te prometo que siempre te haré feliz. –Alejandro, y ¿si me quedo contigo en tu dormitorio?...podríamos...


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No Sarah, te respeto, y respeto a tus padres que me han dado toda su confianza, no puedo defraudarlos –respiré profundamente y aunque la deseaba más que a nadie, le respondí acariciándole suavemente el rostro– no podemos hacerlo. –Pero, ellos no lo sabrán, sólo tú y yo. Sarah, ya llegará el tiempo para ello, mi pequeña – le dije mirándola dulcemente – ¡te amo tanto! Irónicamente le pregunté ha Alejando: vaya vaya, entonces, ¿Sarah te propuso tener sexo con ella antes de que tú lo hicieras? Si, pero eso es natural ¿no?, tal vez ella pensaba que yo era lo suficientemente tímido para no pedírselo, o tal vez porque quería tener todo de mí y sentía que ella debía dar el primer paso. ¡No conjetures Alejandro!, ¿le preguntaste alguna vez por que lo deseaba? ¿Por qué ella tomó la iniciativa? No, no me atreví, no quería que pensara que sólo “eso” me interesaba de ella. Error amigo, muy mal error...te habrías dado cuenta de si tu Sarah era una niña con sexualidad “más explorada”, además ella estaba en un ambiente dónde el alcohol, el sexo, las drogas, y muchas otras cosas eran parte de sus actividades... Si, pero su madre no se le despegaba cuando salía a algún evento de moda, era imposible que ella fuera así, ella era distinta. Mi querido Alejandro, aun cuando lleves el perro con su correa se te puede escapar... Tal vez tengas razón. ¿Y qué pasó después de eso? Las cosas continuaron igual, en realidad no pasaron grandes acontecimientos, nuestra relación se volvió de larga distancia y nuestro mejor aliado fue el teléfono, así transcurrió durante los dos años que viví en Inglaterra, sólo podría viajar cada seis meses a México, mi beca no era suficiente y la vida en Londres era demasiado cara para un “pobretón” como yo.


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Sólo contaba los días por volver a México, buscar un trabajo y casarme con Sarah. Ella ya me había demostrado que me quería, pues estaba esperando por mí. Por fin volví a México, en Navidades, ¡que mejor fecha para volver! Pero me encontré con una situación muy triste, la madre de Sarah estaba hospitalizada. Tenía cáncer terminal y los médicos habían dicho que sólo le quedaba un par de semanas de vida. Fue un momento doloroso para mi novia, su madre estaba muriendo y no podíamos hacer nada por salvarla. Su padre había decidido viajar a Houston, Texas e internarla en el mejor hospital de oncología, un helicóptero esperaba por ella para trasladarla, pero los médicos dijeron que era irremediable el fin, y que el viaje sólo apresuraría su agonía. Me quedé a cuidarla una noche, mi novia y su padre estaban muy cansados y me ofrecí a quedarme para que ellos pudieran descansar un poco. –Alejandro, acércate, quiero pedirte algo. Dígame señora. –Alejandro, yo veo como quieres a mí hija, sé que la respetas y la amas mucho. Eres un gran muchacho, y te agradezco que cuides a mi pequeña. Alejandro, yo estoy muriéndome y no podré verlos más, me duele mucho pensar que dejaré a mi pequeña y a mi esposo. Pero al mismo tiempo estoy feliz, porque sé que estás tú para cuidarla. Sé que tu podrás hacerla feliz, te pido que siempre la cuides y la protejas. Lo haré señora, no se preocupe, nunca dejaré sola a Sarah. Fue un momento doloroso para mí, nunca antes había vivido algo así, y le prometí a la madre de mi novia en agonía que siempre cuidaría de ella. Al día siguiente la madre de Sarah falleció. Días después viaje a la ciudad de México, al D.F. Tenía una entrevista de trabajo, un puesto que podía interesarme. Me aceptaron y comenzaba a trabajar inmediatamente.


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¡Por fin tenía un trabajo! En poco tiempo podría establecerme económicamente y me imaginaba con ella, casados, viviendo en nuestra propia casa. ¡Felices para siempre! Hablaba con ella por teléfono casi cada hora –ahora que lo digo, eso es ser muy pesado ¿no? ¡Que hostigante era!, tal vez por eso se harto de mí– No digas tonterías Alejandro, sigue contándome, y si quieres saber algo, creo que si eras pesado, mira que llamarle cada hora ¡Dios estos hombres!–risas– Como te decía, le llamaba constantemente, quería saber como estaba y le contaba mi experiencia en el trabajo. Así pasaron los meses y Sarah no podía superar la muerte de su madre, y fueron meses que los que no pude verla porque estaba destrozada. Un fin de semana decidí ir a verla, tal vez ella necesitaba de mi presencia. Así que viajé de México, DF a Oaxaca. Y me llevé una gran sorpresa cuando llegué: Un camión de mudanzas “saqueaba” las cosas de su casa, me acerqué y les pregunté que hacían. –¿Que no ve? ¡Nos llevamos las cosas! Sí claro, eso lo sé, pero ¿a dónde? –A Veracruz… ¿es usted de la familia? No...Bueno sí, algo así, soy el novio de la chica que vive aquí –al tiempo que respondía pensaba en las razones, estaba intranquilo, no sabía que estaba sucediendo, ¿Por qué se iban? ¿Por qué no me había dicho nada? – ¡Ah! ´Pos para ser de la familia parece que está usted bien enterado ¿no? –dijo el transportista irónicamente y con una risa un tanto burlona– Perdón ¿alguno de ustedes ha visto a Don Manuel o a su hija? –¡Huy! Joven ´pos ellos ya están en Veracruz. Se me hace que ya lo abandonaron –y se oyeron las risas de todos esos hombres que sacaban los muebles de la casa– ¡se rieron de mi los muy cabrones! ¡Sarah se había ido sin avisarme!, al mismo tiempo que pensaba, trataba de darle un sentido a que se hubiera ido sin decirme nada.

Por que las mujeres enganan a los hombres  

La habilidad de engañar es un “Don” –una habilidad algo rara, pero que no todas las mujeres pueden desarrollar– que perfeccionan cada día la...