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William Su谩rez Ocor贸


William Suárez Ocoró, nació en Buenaventura, Valle del Cauca, Colombia, el 23 de Abril de 1977, hijo de Jaime Suárez y de Doris Alicia Ocoró, es el mayor de seis hermanos, bachiller en ciencias del mar, del colegio Pascual de Andagoya, de la misma ciudad. Siempre le ha gustado escribir, su primer libro escrito fué El Búho, en España tiene publicada la primera entrega de la trilogía Los siete hijos del apocalipsis, junio del 2009.


© del texto: William Suárez Ocoró © Ilustraciones: Rubén Cañuelo © de la presente edición: pasionporlos libros

Edita:

pasionporloslibros www.pasionporloslibros.es

ISBN: 978-84-938190-3-3 Depósito Legal: V-

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LA TUNDA William Su谩rez Ocor贸


AGRADECIMIENTOS.

Estoy muy agradecido con el señor Joan Antón Martínez y su señora esposa doña Gloria Canfranc, por todo el apoyo que me han brindado con este libro. También doy mis agradecimientos a las personas que esperan mucho de mí, como Josélina Amador Montero, Edwin Alexánder Pérez Montero, José Alberto Pérez González, y doy las gracias a las personas que me han colaborado con la leyenda y que con su ayuda pude realizar esta obra: Ervin Satizábal, Harold Viveros Hurtado, Carlos Chávez González y Yuri Reina.


Esta obra está dedicada a todos mis compañeros de bachillerato del curso 11- 1 del colegio Pascual de Andagoya, de la promoción de ciencias del mar de 1994-1995, pero en especial a estos cincos compañeros que estudiamos juntos los seis años de bachillerato, José Luis Sinisterra, Guillermo Leon Gómez, Roger Correa, Edwin Fernando Ramos y Rafael Osorio, también a los profesores y en especial a la profesora de educación básica primaria Martha Isabel Martínez. De la concentración escolar Juan José Rondón de Buenaventura.


LA TUNDA LA FANTASÍA DE TU VIDA, SE CONVERTIRÁ EN TU PEOR PESADILLA

Todos pensaban que era una leyenda Pero estaban equivocados. Porque algunas leyendas tienen algo de realidad


— Luís , Luis ¿donde estás? — se pregunta doña María, una mujer joven de sólo 30 años y de piel negra, ella está parada en la puerta de su humilde casa de madera, de la calle principal del corregimiento de la Bocana, perteneciente a la ciudad de Buenaventura, éste es un poblado en donde sus habitantes viven del turismo y de la pesca artesanal. La gran mayoría de ellos son de piel negra. Doña María está preocupada por su hijo, porque está cayendo una fuerte lluvia y el niño no llega a casa, las palmeras se mueven mucho con la fuerza del viento, aunque está lloviendo fuertemente el sol también está radiante y se puede observar en el horizonte un gran arco iris. Pasados pocos minutos ella decide salir a buscar al niño, agarra una sombrilla y va directo a la playa, el poblado tiene una calle principal que es de arena y todas sus casas enfrentadas hacia el mar, las únicas construcciones buenas que hay en el poblado son las de unos pocos hoteles, doña María se acerca a un grupo de niños que están jugando fútbol en la playa, estos niños tienen casi la misma edad de luis, están entre los 9 y 10 años, y les pregunta. — ¿No está Luís jugando con ustedes? — No, él ya se fue —. Le contesta Jorgito. — ¿Pero en dónde estará este niño? — vuelve y se pregunta doña María. — Doña María, ¿pero usted dejo que Luís volviera a jugar con nosotros? — Le pregunta Jorgito a doña Maria. — ¿Por qué me lo preguntas? — Como usted ya habia venido por él y se lo llevó para la casa. Doña María pone cara de preocupación cuando el niño le dice eso, y entonces ella le responde. — Jorgito, yo no he venido por Luís. — Sí, doña Maria Luís estaba aqui jugando con nosotros y usted vino por él. Le dice Pedrito.

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— ¡Yo no he venido por él! Le contesta muy nerviosa doña María a Pedro. — Sí, usted se lo llevó hace un momento—. Le dice Javier que es otro de los niños. Doña María ya se está desesperando y se está imaginando lo peor y colocándose las manos en la cabeza dice. — Ay Dios mío, la Tunda se me ha llevado al niño. Los otros niños cuando escucharon lo que dijo doña María salieron corriendo en medio de toda esa lluvia para sus casas, y doña María salió gritando por todo el poblado. — Luis, Luis, Luis. Y no dejaba de gritar, las demás personas del pueblo se asoman a las puertas y las ventanas de las casas y miran como está doña María gritando por todo el poblado, y en la casa de Javier que es uno de los niños que estaba jugando con Luis, él está muy asustado y su madre al verlo así le pregunta. — Javier, ¿Y qué le pasó a Luis? — Mamá, parece que la Tunda se lo llevó—. Se lo dice el niño con la voz temblorosa y muy asustado a su madre. Doña María llorando y gritando se metió en lo más profundo del monte buscando a su hijo, en esos momentos salen otras madres para ayudar a Doña María a buscar a Luis, y la lluvia no paraba, cada vez es más fuerte y el sol también era fuerte y cuando en eso dice una de las vecinas del pueblo. — Está pariendo la Tunda. — ¿Por qué dices eso?— Le pregunta otra de las personas. — Es que cuando llueve y hace sol a la vez, es porque está pariendo la Tunda, eso es lo que se dice.

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LA TUNDA Según la leyenda en la costa pacífica colombiana la costumbres de nuestros abuelos era asustarnos con estas historias, la más popular de estas leyendas es LA TUNDA, pero quién es este personaje y por qué es de la que más se habla en esta región, son muchas las historias y casi muy diferentes, son distintas tanto en el aspecto y la forma de este personaje. De lo que si todos están seguros es que se trata de una mujer, monstruo o visión, que se le aparece sólo a los hombres, sean niños o adultos y que además tiene un pie normal y el otro en forma de molinillo, pero sus principales víctimas son las personas no bautizadas, porque son las más fácil de entundar, esta mujer se les aparece a los hombres adultos como la mujer de sus sueños y a los niños en el aspecto de su madre o de un familiar, y sobre su forma unos dicen que es una mujer vampiro, otros dicen que es la hija del diablo con una mujer negra del pacifico, a sus víctimas las engaña para llevarlas a lo más profundo del monte y así darles los crustáceos que cocina dentro de su cuerpo que son con los que entunda a sus víctimas, por su pie de molinillo es la forma que unos dicen que se le puede reconocer. Un entundado es la persona que LA TUNDA llama por su nombre y poco a poco se lo va llevando hasta internarlo en lo más profundo del monte, también se dice que los padrinos del bautizo de las víctimas, son los únicos que los pueden curar, pero de todas maneras estas personas no vuelven a ser normales. LA TUNDA está falta de amor y por eso se lleva a los hombres para convertirlos en sus amantes, esta persona no les puede hacer daño a las mujeres y utiliza a los entundados para que hagan las cosas que ella no puede hacer, y ellos reciben todas sus órdenes.

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Los vecinos siguen consolando a doña María y se están organizando para ir al monte en busca del pequeño Luis. En el poblado de la Bocana también vive una anciana que se llama Sixta, ella es la curandera del poblado, es una mujer muy mayor, camina muy despacito y casi un poco agachada por la joroba que tiene, tiene el cabello todo blanco y muy largo. Doña María y sus vecinos fueron a casa de Sixta a preguntarle que es lo que se tiene que hacer para recuperar a Luis. Ellos llegaron a la casa de esta señora y llamaron a la puerta, mientras tanto parece que la lluvia está parando al parecer, los pobladores que acompañan a doña María –son más de 30–, han cogidos sus linternas para la noche, por si el niño no aparece antes de que oscurezca, después de un rato de estar llamando a la puerta doña Sixta abre y les pregunta. — ¿Qué es lo qué pasa? — Doña Sixta ha desaparecido un niño del poblado—. Dice Otilia una de las vecinas. — ¿Y cómo desapareció el niño?— Les pregunta. — Al parecer la Tunda se lo llevó al monte—. Le contesta la madre del niño. — ¿El niño está bautizado?— Le pregunta Sixta a la madre. — Si, doña Sixta, lo bautizamos a los dos meses de nacido. Entonces hay que reunir a los padrinos y meternos a lo más profundo del monte para ir a buscar al niño antes de que esté demasiado entundado, esperemos que no se coma esos camarones. Entonces los vecinos fueron a buscar a los dos padrinos del bautizo del niño, y después se fueron más de 20 personas a buscar al niño por todo el monte, ellos fueron gritando el nombre del niño y así mismo también lo hacían los padrinos que son los encargados de encontrar al pequeño Luis para quitarle el entundamiento.

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Va pasando el tiempo y ya casi llegando la noche y no encontraban ningún rastro de Luis, gritando el nombre del niño y no encontraban nada, después de un buen rato y cuando ya la noche había llegado, un grupo de cinco personas escuchan un extraño ruido y uno de ellos muy atento dice. — ¿Escucharon eso? — Si, yo lo escuche. — Es como si fueran muchas ramas moviéndose. Ellos alumbrando con sus linternas, para todos los sitios y así saber de donde proviene el ruido. El ruido que escucharon es como de las ramas de los árboles y cuando uno de ellos ve que hay como una montaña de ramas moviéndose, como si algo estuviera debajo de esas ramas, entonces poco a poco ellos se fueron acercando y las ramas seguían moviéndose, una de las vecinas alumbrando con su linterna ve que en el barro hay una huella de un pie como de una mujer pero sólo hay un pie y el otro era como la forma de un molinillo entonces esta vecina dice: — Miren estas huellas. Los otros se acercan para ver la huella y se dan por enterados que, según las historias, esa huella pertenece a la Tunda, y mientras ellos siguen observando esas huellas, el montón de ramas se vuelve a mover, pero lo más curioso es que las misteriosas huellas se dirigen hacia el montón de ramas. El padrino del niño se fue acercando poco a poco hacia las ramas y cuando las quitó encontró al niño. — ¡Es Luis! Los vecinos que están con el padrino empiezan a gritar. — Lo encontramos.

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Pero el niño tenia como la mirada perdida, apenas podía moverse y tiembla mucho, tiene la apariencia de una persona entundada, doña María llegó y le quita el niño al padrino y llorando dice. — Dios mío, ayúdame, salva a mi hijo. Todos los vecinos que acompañaron a doña Sixta, a doña María y a los padrinos a buscar a Luis se dieron cuenta de que en verdad la Tunda se había llevado al niño y que lo tiene entundado. Al niño lo volvieron a llevar al poblado directamente a la casa de doña Sixta pero cada vez empeora más. Pasado unos días la situación del niño no mejoraba, y seguía empeorando, mientras que en la iglesia del poblado están reunidos la mayoría de los habitantes con el padre Julián y se están colocando de acuerdo en algunos temas sobre el caso del niño entundado, el padre Julián es la única persona del poblado de raza blanca. Pero también es muy mayor. — No podemos avisar a la policía de lo que ha pasado—. Dice unos de los vecinos Todos ellos se observan entre ellos y se escucha mucho ruido, y de pronto dice otro de los vecinos: — David tiene razón, si se enteran de lo que pasó no vendrán turistas al poblado y entonces todos perderemos. — Pero tenemos que hacer algo para encontrar a la Tunda y acabar con ella. Cuando de repente la madre de Luis les dice: — Mi hijo está entundado y ustedes solo piensan en el turismo. — María de eso vivimos y no podemos hacer este suceso público porque si lo hacemos, lo que sucederá es que moriremos de hambre—. Dice el sacerdote del poblado.

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— Pero ¿como se puede detener a la Tunda?— Dice otro de los vecinos. La reunión se alargaba y de repente a la iglesia llega doña Sixta y se acerca hasta donde está doña María la madre del niño entundado y se sienta al lado y le dice. — María, Luis ha muerto. — ¿Cómo? ¡Mi hijo no! Doña maría se levanta y sale corriendo de la iglesia hacia la casa de Sixta, el resto de los vecinos no sabían que decir, pero algunas vecinas y doña Sixta salieron también de la iglesia para ir a consolar a María. Doña María estaba ella sola criando a su hijo, ya que su padre los había abandonado y ahora se queda sola. Ella llega a la casa de Sixta y ve el cuerpo de su hijo tendido en el suelo encima de una cobija blanca y rodeado de veladoras, se arrodilla a su lado y dice. — Maldita, ¿Por qué me lo has quitado? Ella agarra el cuerpo de su hijo y lo abraza, los demás vecinos llegan a la casa y todos están muy tristes por todo lo que está pasando con doña María. Al otro día todos los vecinos acompañaron a María al entierro del pequeño Luis, todos están muy tristes con lo que ha sucedido y algunas de las mujeres van rezando. — Dale señor el descanso eterno……… Doña María no dejaba de llorar a su hijo, doña Sixta la lleva abrazada y consolándola, pero lo que doña María está deseando en este momento es morirse, al rato cuando ya le están echado tierra al ataúd, doña María se desespera y empieza a gritar mucho y tanto fue el desespero que termina desmayándose.

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LA TUNDA Es una mujer fea, con una sola pata y otra de molinillo y se le aparece a las personas adolecentes que son un poco rebeldes, como alguien de la familia o alg煤n conocido, ejemplo: si un adolecente es grosero con sus padres, la TUNDA se le transforma en esa persona, y luego lo entunda y se lo lleva al monte y le da de comer camarones cocinados con su ano.

ERVIN ARROYO SATIZABAL. Choc贸-Colombia

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Pasados muchos días en uno de los colegios del distrito de Buenaventura, están los estudiante y el profesor de la clase de recursos vivos del mar en el salón de clases, Gutiérrez es el apellido del profesor de unos 40 años y muy alto. En está asignatura han quedado en que viajarían al poblado de la Bocana, para así estudiar muy bien el ecosistema de los manglares de la zona, algunos estudiantes están sentados y otros están caminando de un lado para el otro en este salón, son aproximadamente 35 alumnos, su camiseta es de color azul cielo y el pantalón es azul oscuro y los zapatos negros, éste es el uniforme del colegio llamado Pascual de Andagoya que está ubicado en la parte de la isla en el distrito — Sánchez usted no ha traido los $10.000 pesos para el viaje del trabajo de campo—, Le dice el profesor. — Sí, los he traído—. Le contesta Sánchez. Sánchez es un joven de 19 años, de piel negra pero de pelo cholo, de ojos negros, no es ni tan gordo y tampoco es muy flaco, Sánchez sentado al final del salón se levanta y le lleva el dinero al profesor, el profesor Gutiérrez ordena a los estudiantes de que tomen asiento y le escuchen lo que tiene que decir. — Mañana estaremos todos a las ocho de la mañana en el muelle flotante para coger la lancha que nos lleve a la Bocana. — Profesor, pero usted nos dejará bañar algún día—. Le pregunta uno de los alumnos. — Cuando terminemos el trabajo, el tercer día lo tomaremos de descanso. — Será el domingo. — Si, el domingo. Y no sé olviden, a las ocho de la mañana, el que no esté se queda.

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Y el profesor Gutiérrez sale del salón de clases, los estudiantes están muy contentos con la salida, cuando Mariela se acerca a la silla de Diana. Mariela es una chica negra de 22 años es la que más edad tiene de todo el salón, es muy guapa tiene un buen trasero y el pelo es liso y muy largo. Mientras que Diana es un poquito gordita y bajita, también negra y con el pelo corto, pero tiene solo 17 años y es muy inteligente. — Tres días solos en el monte—. Le dice Mariela a Diana. — ¿Y en qué estás pensando? — En Eduardo. — ¡No!, ¿te gusta Eduardo? Le dice Diana muy sorprendida. — Es el mejor del salón—. Le contesta Mariela. — Pero tú sabes que él tiene su novia en el salón de al lado. — Tú lo has dicho en otro salón, eso quiere decir que ella no va a estar en la Bocana. — Sabes Mariela, tú eres zorra. — Es lo que hay. Le contesta Mariela. Las dos chicas siguen con su conversación, cuando se les acerca Franklin. Él es un chico muy apuesto, es uno de los más guapos del salón, su piel es trigueña, hijo de madre negra y de padre blanco, con un cuerpo muy bien formado. Y una cara muy fina. — Espero que lleven brasileras. Les dice Franklin a las dos chicas. — A mí, me gusta nadar desnuda, las brasileras me producen alergia. Le contesta Mariela. — ¿Verdad? Le pregunta Franklin.

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— Claro que no ¿es que eres tonto? — Tonto yo, vamos a mi cama y te demuestro que de tonto no tengo nada. — Ya quisieras tú, revolcarte conmigo. Le dice Mariela. Y de repente suena el timbre que indica que las clases han terminado. — ¿Tú no te acostarías con él? Le pregunta Diana a Mariela cuando ya Franklin se había ido. — Claro que me acostaría con él, no ves lo guapo que es. Roger es un chico de piel blanca, delgado y de 17 años, pasa por el lado de Franklin y le dice. — No hay manera con Mariela. — ¿Qué has dicho?— Le pregunta Mariela a Roger, que alcanzo a escuchar lo que le dijo Roger, porque lo ha dicho muy fuerte. — Yo no he dicho nada—. Le contesta él a Mariela. En la mañana siguiente en el muelle flotante de la ciudad de Buenaventura uno a uno van llegando los estudiantes, pero recién son las 7:30 de la mañana, el profesor Gutiérrez ya se encuentra en el muelle, se da cuenta que ya son pocos los estudiantes que faltan. Pasados 20 minutos ya están todos los estudiantes y ellos se están montando en la lancha que los va a llevar a la Bocana, curiosamente la lancha se llama El Terror del Pacífico, muy contentos se encuentran todos, y algunos están observando a Edwin que es el más pequeño del curso, pequeño en estatura porque tiene 18 años, al ser bajito parece que fuera menor, se le ve de que se encuentra muy asustado y Mariela le pregunta. — Edwin ¿qué te pasa?

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— Es que no sé nadar. — ¿Tú no sabes nadar? ...Y viviendo en Buenaventura—. Le dice Rafael, que tiene unos 18 años y es de piel trigueña y muy alto. — Eso no tiene nada que ver—. Le contesta Edwin. —Colóquense los salvavidas y quédense callados que ya nos vamos—. Les dice el profesor Gutiérrez. En este curso son 30 y de los 30 sólo hay tres mujeres: Mariela, Diana y Yamileth que es la más tranquila de las tres, tiene solo 18 años, y es una negra muy linda, delgada aunque con el pelo corto y alisado. Todos sentados y el motorista enciende los dos motores de la lancha y salen rumbo a la Bocana, el corregimiento de la Bocana se encuentra a casi 30 minutos de Buenaventura. Muy rápido va el motorista y los chicos van muy alegres porque hasta cantando van. Bello puerto de mar mi Buenaventura….. En el hotel la Bocana, que es donde se hospedarán, el profesor Gutiérrez y sus 30 estudiantes ya está a punto para la llegada, este hotel es de dos plantas y es una de las pocas construcciones del poblado que no es de madera, doña María se encuentra limpiando una de las habitaciones del hotel, ella lleva muchos años trabajando en este hotel, pero en su cara aún se le nota la tristeza de haber perdido a su pequeño Luis. En el embarcadero de la Bocana ya se encuentra la lancha de nombre El Terror del Pacifico y los estudiantes poco a poco van bajándose de ella. — ¡Qué tan lejos estamos de Buenaventura!. Dice Roger. — Profesor ¿Cómo se llama eso que está al frente?— Le pregunta Alex al profesor y apuntando con el dedo hacia el frente de la Bocana.

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— Eso es Punta Soldado—. Le contesta el profesor. — ¡Qué curioso!, si la Bocana estaba primero que la isla Cascajal, entonces ¿Por qué Pascual de Andagoya fundó a Buenaventura más adentro? — Tienes razón Fernando, lo que es Punta Soldado y la Bocana están primero que Buenaventura— le contesta Franklin. — Bueno señores historiadores, a lo que hemos venido—. Les dice el profesor. Unos minutos después van llegando los estudiantes al hotel la Bocana y los van ubicando en habitaciones triples, por supuesto a las tres mujeres del grupo les toca en la misma habitación, Mariela, Yamileth y Diana se están ubicando en su habitación, cuando en eso llaman a la puerta. Y es doña María que les está dando la bienvenida. — Espero que tengan una buena estancia en nuestro hotel. — Muchas gracias—. Le contestan las chicas. Y doña María sale de la habitación, en otra de las habitaciones están ubicados Franklin, Diego y Roger, Diego es el más gordo de la clase, tiene sólo 16 años, es de raza negra y parece que fuera a reventar, y mientras están ubicando sus pertenencias en el armario de la habitación, de repente la ventana se abre brutalmente y un viento muy helado se siente en la habitación, tanto fue el ruido de la ventana que los tres jóvenes se asustaron mucho, y después del susto se reían del miedo que habían pasado ellos mismo. — Ja…ja… ja casi te cagas del miedo, ja…ja…ja—. Le dice Franklin a Diego. — ¡Pero si tú también te asustaste! — ¿Yo?, a mi nada me asusta—. Le contesta Franklin.

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En la habitación de al lado está Edwin, Fernando que es un chico de 19 años y de piel negra delgado y usa el pelo con rizos, y José Luis que tiene 18 años y no es muy alto y es colorado. José Luis en el momento que entró en la habitación se acostó en la cama que está más cerca a la ventana. — En estos tres días me acostaré con Yamileth—. Dice Edwin. — ¿Cómo te la vas a tirar? Si no sabes nadar—. Dice José Luis. — ¿Y es que es el mar el único sitio en donde uno se puede echar un polvo?—. Le contesta Edwin. — Claro que no. Para eso está el monte o esta habitación—. Dice Fernando. — Y en la noche en la playa, y para eso no me tengo que meter en el mar. Cuando José Luis se queda como pensativo, entonces se levanta de la cama y dice: — Yo ya estoy cansado de nuestras compañeras, cuando esté en la playa me buscaré tres turistas rubias, blanquitas y guapas y a las tres les daré a la vez, esa es mi fantasía hacérmelo con tres mujeres a la vez. — Yo si me lo hago con tres espero que sean, Beyoncé, Jennifer López y Shakira—. Dice Edwin. — Pero eso contigo es imposible. Le contesta Fernando. — Soñar no cuesta nada. Dice Edwin. Estos tres chicos siguen con sus conversaciones y de repente la puerta se les abre bruscamente y sienten una brisa muy fría que entra en la habitación.

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— ¡Joder! Con la maldita puerta, el susto que me metió—. Dice José Luis. — Yo también me asusté, ¿Y tú no te asustaste Edwin? — Yo no me asusto con nada. — Claro que usted no se asusta con nada, porque si fuera yo, quien fuera a echarse un polvo con Beyoncé, Jennifer López y Shakira, me moriría del susto—. Dice Fernando. José Luis se levanta a cerrar la puerta, pero antes de cerrarla mira para un lado y para el otro del pasillo y en el lado donde termina el pasillo alcanza a ver a una hermosa morena vestida de blanco que también lo observa a él muy sonriente como si estuviera coqueteándole, y José Luis también se le sonríe, pero ella entra en una habitación y José Luis sale de su habitación y se dirige a la habitación de la hermosa chica negra, cuando llega a la puerta de la habitación observa que esta tiene el numero trece y está pensando si llama a la puerta, pero pasado unos segundos decide no llamar y volver a su habitación, pero quedó muy sorprendido con la belleza de esa chica; cuando vuelve a su habitación le comenta a los otros dos compañeros que están acostados cada uno en sus camas dejando vacía la cama que está mas cerca a la ventana que es la de José Luis, pero Edwin que está en la cama del medio, ve la cara que tiene José Luis y le pregunta. — ¿Qué te pasó? — Acabo de ver la negra mas linda del mundo. — ¿A quién viste a Damaris de Diego? — Esa es muy linda, pero a ésta no le llega ni a las uñas. — ¿Y quién es? Le pregunta Fernando. No lo sé, pero está hospedada en la habitación trece, al final del pasillo,

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pero es que no se cómo describirla, es como las tres de Edwin pero en una sola. — Joder, entonces es una supermujer—. Le dice Edwin. Llaman a la puerta, José Luis se levanta y abre, es el profesor. — En 10 minutos los espero en la playa al frente del hotel. — Sí señor, ya iremos. Le dice José Luis. Pasados unos minutos están todos reunidos en la playa, formando un círculo y con el profesor en el centro, los estudiantes están escuchando lo que les dice el profesor Gutiérrez. — Divídanse en grupos de 5 personas, que a cada grupo le daré una tarea diferente. Los estudiantes empiezan a hacer esos grupos de 5 estudiantes, Mariela, Yamileth y Diana se juntaron con Franklin y Roger, mientras José Luis, Fernando, Edwin, Eduardo y Francisco o Pacho que es uno de los más inteligentes del curso, hicieron otro grupo y así hasta formar los 6 grupos, el profesor entregó unas hojas a cada grupo para así saber qué tiene que hacer cada grupo en el campo de trabajo. Mientras ellos siguen reunidos en la playa, algunos turistas ya van llegando a la playa, dos hermosas mujeres van pasando por el lado de los estudiantes, éstas son dos chicas de piel blanca, pelo rubio y con unos cuerpos muy bonitos, cuando ellas pasan Roger y Franklin se quedaron muy emocionados observándolas y se colocan a hablar entre ellos. — Con esas dos me acostaría. Dice Franklin. — Tú solo piensas en eso. — ¿Y tú no? — Hay cosas más importantes.

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Ellos dos continúan hablando y el profesor les llama la atención. — Ya pueden empezar el trabajo, dentro de tres horas los quiero a todos de nuevo en este mismo sitio, no se olviden dentro de tres horas. En cuanto les acabó de decir el profesor, cada grupo tomó rumbo para hacer su trabajo. Y el profesor regresa al hotel, cuando ya está cerca de la entrada principal el profesor se encuentra con doña María, ella va saliendo del hotel con rumbo a su casa después de haber terminado su jornada de trabajo. La casa de María no está muy lejos del hotel, ella llega a su casa después de dejar sus cosas en ella, vuelve y sale pero esta vez va hacia el cementerio del poblado, desde que murió el pequeño Luis su madre todos los días visita su tumba, María está muy preocupada con la situación del poblado y no sabe qué hacer, sabe que hay muchos turistas en el poblado y lo que le preocupa es que la Tunda vuelva a hacer de las suyas. El grupo de las tres chicas Franklin y Roger están haciendo fotografías a las diferentes plantas que se encuentran en el poblado, Diana, Roger y Franklin llevan cámaras de fotos, Mariela y Yamileth van tomando apuntes y muy tranquilos están haciendo su trabajo. Ellos cinco siguen caminando por el monte y de repente escuchan que el viento sopla muy fuerte, las ramas de los árboles se mueven mucho, pero lo que les pareció más curioso es que no era un viento normal. Ellos se quedan parados observando como se mueven las ramas, parece como si el viento saltara de un árbol a otro. — ¡Que viento tan raro!— Dice Franklin, mirando hacia los árboles. — Sí, realmente es raro—. Contesta Mariela. Siguieron caminando y unos minutos después, cuando Roger quería hacerle una foto a una planta observa una huella rarísima.

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— Muchachos miren esto—. Les dice. Ellos se acercaron y observan la huella, es la huella de un solo pie y al lado había un extraño círculo, de lo que dedujeron que no eran dos pies, y siguiendo las huellas llegan a un manglar, éstos son árboles con unas grandes raíces, pero es un poco tenebroso este manglar, y Roger lo está fotografiando. — Sabes que será. — ¿Qué es?— Le pregunta Mariela a Roger. — Una chunca o un chunco, le faltará una pierna y la otra huella es una muleta. — Tienes razón eso puede ser. Mientras ellos están agachados observando las huellas detrás del tronco de un gran árbol parece que hay alguien observándolos, ahí escondido sin que ellos lo vean. — Sigamos con nuestro trabajo. Dice Yamileth. Se levantan y continúan, pero alguien los sigue observando detrás de un árbol, mientras que otro de los grupos se encuentra en la orilla de la playa, el grupo de Fernando, José Luis y Edwin, también haciendo fotos y tomando apuntes, de repente dice Edwin. — ¿Y esas huellas? Este grupo se encontró con las mismas misteriosas huellas, pero esta vez en la playa, la huella de un pie y un extraño círculo al lado. — ¿Qué pasa con esas huellas?— Le pregunta José Luis. — Es raro, solo un pie. — Algún nativo inválido que quiso darse un baño.

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Acostadas en unas toallas en la arenas tomando el sol se encuentra un grupo de chicas. — ¿Qué hacen guapetones? Les pregunta una de ellas. Los chicos muy contentos sonríen viéndose entre ellos y entonces contesta Edwin. — Un trabajito del colegio. — ¡Hay que bueno son estudiantes! Son seis chicas las que están hablando con los chicos. — ¿No les gustaría darse un bañito con nosotras? Cuando esa chica acaba de decir eso, los chicos se ríen y Edwin suspira mucho, y se acerca hasta las chicas. — Es que el profesor no los tiene prohibido. — ¿Y tú cómo te llamas? — Edwin. — Hay, sabes que estas buenísimo. — ¿Verdad?, es la primera vez que me lo dicen. — Si papi, cuantos años tienes. — 18 añitos, soy un pollito. — Si quieres cuando termines me buscas y nos damos un chapuzón. — Ja…ja… ja… ja. Es la risa de los otros cuatro del grupo. — ¿Y qué les pasa a tus amigos? — Esos son unos tontos. — ¿Y tú como te llamas?

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— Virginia, y le hago honor a mi nombre. — ¿Eres Virgen? — Así mismo. — ¿En qué hotel estas hospedada? — En el hotel La Bocana. — Igual que nosotros. — ¡ah sí! — Estamos en la segunda planta en la habitación 8. — Estamos en la misma planta, Leonor, Mónica y yo estamos en la 12 y estas otras tres en la 11. — ¿Y ustedes de dónde son?— Les pregunta Edwin. — De Bogotá. ¿Y ustedes son de aquí de la Bocana? — No, somos de Buenaventura. — Edwin ¿Qué haces?— Le pregunta el profesor. El profesor Gutiérrez pilló a Edwin hablando con las chicas y le llama la atención, Edwin vuelve con los otros y el profesor les dice. — Saben que estamos en trabajo de campo y que no pueden hablar con los turistas. — Si profe, es que sólo me estaban preguntando que cómo se llama lo que está al frente de la Bocana y yo les dije que Punta Soldado. — Que no vuelva a pasar, porque si vuelve a pasar le quito un punto al grupo de la calificación final. Los chicos siguieron con su trabajo y el profesor se quedó ahí parado en la playa, se coloca a ver a las chicas y ellas le sonríen.

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Otro de los grupos está en el monte, uno de los chicos se llama Miguel, es muy bajito, así como Edwin, también negro y con un poco de barriga, pero sus compañeros le llaman Miguelito, porque tiene muchos años y también es bajito, este chico va caminando con su grupo cuando de repente mira hacia atrás, y no ve a nadie, más adelante sigue caminando y vuelve a mirar hacia atrás, pero no ve a nadie. Él va detrás de sus compañeros, pero siente como si alguien viene detrás de ellos, tiene esa sensación pero él no ve a nadie, siguen caminando y detrás de un árbol se encuentra alguien que los está observando. El grupo de Roger, Franklin y las tres chicas, están tan adentro del monte que se encontraron con el cementerio del poblado, ellos ven muchas tumbas para un poblado tan pequeño, Yamileth se encuentra muy incomoda y siente mucho miedo. — Estamos como muy lejos de la playa. — No pasa nada Yamileth, sabremos regresar—. Le dice Roger. — Qué morbo—. Dice Mariela. — ¿Cómo dices Mariela? — Lo que escuchaste Roger. — ¿Y por qué lo dices? — Tú te imaginas echarse un polvo en un cementerio. — Mariela por el amor de Dios qué dices. — Diana tu vas de santa y quien sabe lo que haces. — Yo haré mis cosas, pero no soy como tú, eres una enferma del sexo. — Piensa lo que quieras—. Le contesta Mariela a Diana. Las dos chicas continúan discutiendo, y del cementerio una persona viene saliendo, es doña María que aún continuaba en él.

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— ¿Qué hacen tan lejos de la playa?— Les pregunta doña María. — Estamos haciendo un trabajo del colegio—. Le contesta Mariela. — Usted es la señora que trabaja en el hotel. — Si, he venido a visitar a mí hijo. — ¿Y hace mucho que murió su hijo? Le pregunta Franklin. — Hace poco. — ¿Y de qué murió? — Mejor no estén por estos lados y vuelvan más cerca de la playa o del hotel. Doña María no le quiso contestar la pregunta a Franklin. Ella salió y ellos siguieron en los alrededores del cementerio. — Sí, es mejor que salgamos de acá. Les dice Yamileth. Y ellos obedecen y empiezan a salir del monte con dirección a la playa, porque ya casi está por cumplirse el tiempo que les dio el profesor Gutiérrez para el trabajo, pero cuando ellos van caminando uno detrás de otro por el pequeño camino, escuchan un ruido detrás de ellos, y Roger que es el que va detrás de todos se voltea para ver qué es lo que está haciendo ese ruido, pero él no ve a nadie y continua. Minutos después están todos los grupos reunidos en el lugar en donde el profesor Gutiérrez les había indicado, y después de una pequeña reunión volvieron al hotel; Edwin está muy contento con la cita que tiene con las chicas que conoció en la playa. Al rato todos los clientes del hotel bajaron para el almuerzo, están los estudiantes con el profesor y los turistas que están hospedados en ese hotel, en una mesa están Edwin y José Luis, ellos dos están pendientes de la mesa de las chicas de Bogotá, y ellas también están pen-

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dientes de ellos, sonríen los unos y sonríen las otras, es como si hubiera química entre ellos, Roger desde su mesa ve que Edwin y José Luis están coqueteando con las turistas, entonces él se levanta de su mesa y va hasta donde están ellos y les pregunta. — ¿Y esas turistas de dónde son? — Son bogotanas—. Le contesta Edwin. Todos están comiendo muy tranquilos, las chicas de Bogotá terminan y se levantan de la mesa y Virginia con la cabeza le hace una señal a Edwin de que ella va hacia la habitación, Edwin ve la señal y le dice a Roger. — Me hizo señas con la cabeza. — Si, ya la vi. — No le digamos a nadie y nos vamos para la habitación 12. — Oye, Fernando ¿Te apuntas? — Eso no se pregunta, claro que sí. Roger vuelve a su mesa y los tres también terminan de comer y suben para la habitación, y las chicas van subiendo muy sonrientes. — Estos negritos están muy buenos. Dice Leonor — Leonor, tu siempre con tus cosas. La habitación 12 está al final del pasillo de la segunda planta, Virginia antes de entrar se queda esperando para saber si los chicos vienen detrás de ellas, y ellos terminan de subir la escaleras, ella los ve y entra en la habitación y les deja la puerta abierta. Segundos después Edwin ve que la puerta está abierta y los tres pasan a la habitación, ésta es igual a la de los chicos, también hay tres camas individuales y cada una de las chicas está sentada en su cama, Edwin cierra la puerta y

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ellos se hacen al frente de ellas, estaban ahí parados como pensando ¡a cual agarro! Se decidieron Edwin se sentó en la cama de Virginia, que es la cama del medio. José Luis en la cama de Leonor que es la que está cerca a la ventana y Fernando en la cama de Mónica. — ¿Y ahora qué hacemos?— Les pregunta Virginia. — Lo que ustedes quieran—. Le contesta José Luis. Mientras que en el comedor del hotel, cuando los estudiantes van terminando de comer, se dirigen a sus habitaciones a reposar un rato, Roger llama a la puerta de la habitación de Edwin y compañía pero nadie le abre. — ¿Y estos dónde están?— Se pregunta. — Ellos subieron a la habitación—. Le contesta Franklin. El profesor Gutiérrez también sube y le pregunta a Franklin. — ¿Edwin está en la habitación? — Creo que en esta habitación no hay nadie. — ¿Cómo que no hay nadie si ellos también subieron? El profesor está un poco enojado, cuando las amigas de Virginia van pasando por el lado de ellos para su habitación, el profesor se acuerda de que vio a Edwin hablando con esas chicas y entonces les pregunta. — ¿En qué habitación están ustedes hospedadas? — Nosotras en la 11—. Dice una de ellas. — Y su otra amiga, la que estaba hablando con uno de mis estudiantes. — ¡Ah Virginia! Ellas tres están en la doce. Mientras, en la habitación 12, los chicos están muy contentos, y en-

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tonces Virginia, que es la chica que está con Edwin, se levanta de la cama y dice. — ¿Pero es que no vamos a hacer nada? — Ya le dijimos que haremos lo que ustedes quieran. — Entonces quítense la ropa—. Les dice Virginia. Edwin sorprendido se queda viendo a Fernando, y Fernando se queda viendo a Edwin, y después Edwin voltea hacia el otro lado a ver a José Luis, y se colocan de pie y empiezan a quitarse la ropa, primero se quitan las camisetas y cuando Edwin ya se va a quitar la bermuda, llaman a la puerta. Ellos rápidamente se vuelven a colocar las camisetas. — Deben de ser una de estas muchachas—. Dice Virginia. Y se dirige a la puerta para abrirla y sin preguntar quien es, ella abre la puerta y para sorpresa es el profesor Gutiérrez. Edwin cuando lo ve se levanta rápido de la cama. — ¿Y ustedes qué hacen aquí?— Les pregunta el profesor. Rápidamente los tres chicos salen de la habitación y ninguno contesta la pregunta al profesor, cuando pasan por el lado de él, con la cabeza moviéndola de un lado para el otro y viendo pasar a estos chicos el profesor dice: — No sé qué voy a hacer con ustedes. El profesor vuelve a ver a las chicas y se va detrás de sus estudiantes, Virginia cierra la puerta y muy decepcionada dice. — Ese maldito profesor nos espantó el polvo.

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LA TUNDA Unos dicen que solo se lleva a los niños que no están bautizados, y que entunda a la gente dándoles de comer camarones que cocina dentro de su culo. También he escuchado que LA TUNDA es la hija del diablo con una negra de esta región, pero esto es sólo una leyenda y nos las contaban nuestros padres para que nos portáramos bien.

HAROLD VIVEROS HURTADO. Buenaventura-Colombia

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Los tres chicos volvieron a la habitación ocho y cada uno sentado en sus respectivas camas y al rato entra el profesor Gutiérrez y se queda viéndolos, Edwin cuando ve al profesor agacha la cara. — ¡Como que les espante el momento!, ¿Qué es lo que pasa? — Profe, solo estábamos haciendo amigas. Dice Edwin. — Que sea la última vez, que ustedes tres andan por ahí calientes. Y el profesor sale de la habitación. En la playa de la Bocana aún hay muchos turistas y cuando de repente empieza a llover, y ésta es una lluvia muy fuerte, todos salen corriendo hacia sus hoteles. — Está lloviendo. Dice Mariela en su habitación. — Mejor, así no salimos y nos quedamos un momento más en el hotel. Después de muchas horas y cuando ya son casi las seis de la tarde, es cuando la lluvia va pasando, así que los estudiantes no volvieron a salir y les tocó quedarse en el hotel. En la habitación de Edwin, José Luis y Fernando, ellos tres se encuentran dormidos, pero en esa habitación hay alguien más, la sombra de una mujer se refleja en la pared, poco a poco se va acercando a la cama de Fernando, se ve un vestido blanco y está mujer está de espaldas al frente de la cama de Fernando, cuando de repente llaman a la puerta, Fernando se despierta y se levanta para abrirla pero en esa habitación no hay nadie más. Esa persona ya no estaba, había desaparecido. El que llama a la puerta es un empleado del hotel que les avisa que ya es la hora de cenar, Fernando va y despierta a los otros dos, y después de un rato bajan hacia el comedor y cuando salen y cierran la puerta, dentro de la habitación aparece de nuevo esa misteriosa mujer. Ya están todos los huésped del hotel cenando, ya son casi las siete de la noche, y escuchan unos gritos que vienen de la calle.

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— ¡Mi hijo, mi hijo no está!, ¡Dios mío mi hijo no está! Es doña Teresa la que está gritando, es una mujer gorda de 35 años, su hijo ha desaparecido. Algunos vecinos del poblado salen a consolarla, pero ella sigue desesperada. El encargado del hotel les dice a los huéspedes. —No se preocupen, no pasa nada, es una vecina del pueblo que está buscando a su hijo. Los vecinos que están con doña Teresa le preguntan. — ¿Pero dónde estaba Gabriel? Gabriel es un chico de 17 años, demasiado gordo y de piel negra, como todos los pobladores de la Bocana. — Mi hijo, se lo llevó la Tunda. — Doña Teresa no diga eso. — ¡Sí, se lo llevó la Tunda!. ¡Se lo llevó la Tunda!—. Y muy desesperada, y mandando las manos a la cabeza, doña Teresa no deja de decir lo mismo, y lo repite una y otra vez. Los pobladores se quedan viéndose entre ellos. — No puede ser—. Dice Pablo un vecino del poblado que tiene aproximadamente 60 años, es muy negro pero tiene el cabello muy blanco. Pablo agarra a doña Teresa y la lleva a casa de Sixta, algunos pobladores vuelven para sus casas a buscar linternas y salir a buscar a Gabriel. Una turista que estaba observando todo lo que pasaba, escuchó lo que dijo doña Teresa y entró al hotel, Mariela como es tan curiosa ve entrado a la chica y le pregunta. — ¿Usted sabe qué pasó? — Una señora que se le perdió el hijo.

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— ¿Y cómo se le perdió? — No lo sé, pero dijo que se lo había llevado la Tunda. — ¿Eso dijo? — Si, perdone ¿Usted sabe que es la Tunda?— Le pregunta la turista con mucha curiosidad a Mariela. — Es una leyenda de aquí del pacifico, pero no tiene nada que ver con la realidad. Es solo una leyenda. Mariela se queda pensativa y se levanta de la mesa, va hacia la mesa en donde está Roger y Franklin y les dice. — ¿Quién fue el que le hizo las fotos a las huellas que encontramos en el monte? — Yo le hice las fotos—. Dice Roger. — ¿Alguno de ustedes ha escuchado algo sobre la Tunda? Les pregunta Mariela. — Sí, yo he escuchado algo. — ¿Qué has escuchado Franklin? — Que se lleva a los niños que no son obedientes con sus padres. Después de que terminó la cena, todos los huéspedes volvieron a sus habitaciones, José Luis asomado en la ventana de su habitación, observa que los pobladores se están reuniendo y llevan linternas. — Creo que aún están buscando al hijo de esa señora. — Ahora que se duerman todos podemos ir a la habitación de las bogotanas—. Dice Fernando. — Yo creo que el profesor me la tiene montada y no quiero que me vuelva a pillar—. Les dice Edwin. Mariela también está asomada en la ventana de su habitación.

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Novela de terror

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