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Número 1 Diciembre 2013 Torre de Madrid, hacia una nueva arquitectura Monumento al General Martínez de Campos (Bien de Interés cultural) ¿Posibles portales de casas de judíos convesos? La fuente, el lavadero y el primer teatro de los Caños del Peral Jardines con nombre propio del Parque del Retiro Las sabandijas del Alcázar: enanos, bufones y hombres de placer de los Austrias Isabel II: La de los Tristes Destinos Reflejos históricos de la Navidad en Madrid

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En Baltanás* (Palencia) se conserva una figurilla de Belén representando la huida a Egipto del siglo xii, posiblemente mas antigua que el Belén del Hospital de la Sangre de Palma de Mallorca realizado hacia 1480, con esta reproducción actual queremos manifestarles nuestros mejores deseos para una feliz Navidad y que puedan ver cumplidos sus deseos en el próximo año 2014.

*Según nos cuenta Fco. José Gómez en su libro Breve Historia de la Navidad.


Pasea por Madrid N.º 1/Invierno 2013

EDITORIAL SÍ SE PUEDE

Revista Pasea por Madrid ISSN (EN TRAMITACIÓN)

CRÉDITOS EDITORIALES Portada, editorial, diseño, maquetación, composición gráfica, fotografía, corrección ortotipográfica de www.autoediciones.com

AGRADECEMOS LA COLABORACIÓN DE: Aparisi Laporta, Luis Miguel - Cano López, Germán - Castellanos Oñate, José Manuel - Castro González, Benito - Domínguez, Rosalia - García Gómez, Luis - Gómez Fernández, Francisco José - Mateo del Peral, L. Regino - Mediero Velasco, María Isabel

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La pasada primavera asistí a la despedida de una importante revista cultural que trataba la historia de Madrid como fundamento de sus artículos que por una serie de motivos cesaba en su publicación. El público allí congregado, fiel a la publicación, reclamaba que se continuara la labor editorial de forma digital, o al menos, que la impronta dejada por el buen hacer de la revista durante sus años de publicación no desapareciera y quedaran sus números en formato digital en la web del editor. No pudo ser… y este puñado de letras que conforman este editorial es un grito que dice «QUIÉN QUIERE, PUEDE» Pasea por Madrid es una publicación, cuyo primer número tienes en la pantalla de tu ordenador, que intenta demostrar la viabilidad de una revista cultural de distribución gratuita, que bien podía ser una revista impresa, pero ha tomado la decisión de utilizar un medio que poco a poco se impondrá en este tipo publicaciones periódicas, como es el formato digital. La revista puede leerse como cualquier publicación gráfica a través de un enlace a la web de issuu, que se publica en www. autoediciones.com, se puede descargar en formato PDF desde esa misma web para todos aquellos interesados en conservar la revista en su ordenador, también puede leerse desde cualquier tableta que admita Flash Player, y en un futuro cercano la revista incorporara vídeo y audio, completando una nueva experiencia de lectura e información que no pueden tener las publicaciones impresas. Necesitamos conocer las opiniones de nuestros lectores, por ello estaremos encantados de recibirlas a través de nuestro correo paseapormadrid@autoediciones.com y además, por ese mismo medio, pueden enviarnos sus artículos y con mucho interés analizaremos la viabilidad de su publicación. Queremos demostrar «QUE SÍ SE PUEDE» editar una revista sin que sea a través de un medio impreso en artes gráficas. www.autoediciones.com

Las opiniones, comentarios y notas son responsabilidad exclusiva de los firmantes o de las entidades que facilitaron los datos para la confección de los artículos.

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HACIA UNA NUEVA ARQUITECTURA La Torre de Madrid supuso la ruptura con la arquitectura neorrenacentista o neoimperial de los años de la posguerra española, anulando todo motivo ornamental o historicista y apostando por una fachada de aspecto racionalista y moderno, en la cual destacan los balcones situados en las aristas de la torre.

MONUMENTO AL GENERAL MARTÍNEZ DE CAMPOS PRÓXIMO BIEN DE INTERÉS CULTURAL Es este monumento el primero, de entre la espléndida colección que tenemos en Madrid, dentro de su tipología, que se declarará Bien de Interés Cultural, terminología que significa gozará del máximo amparo legal para su conservación.

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¿POSIBLES PORTALES DE CASAS DE JUDÍOS CONVERSOS?

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JARDINES CON NOMBRE PROPIO DEL PARQUE DEL RETIRO

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¿A que obedecería esta costumbre de grabar en las puertas inscripciones religiosas? Una hipótesis,sería que estas casas, en sus orígenes, podrían haber pertenecido a familias de judeoconversos. No obstante, este supuesto, que he indagado sucintamente, necesitaría ser investigado en profundidad,

Desde mediados del siglo xvii en que se dan por concluidas las obras del palacio del Buen Retiro se ha transformado aquel cazadero real en el parque que hoy podemos visitar. Daremos un rápido vistazo al Parterre, la antigua casa de fieras, los jardines de Cecilio Rodríguez y la rosaleda, la ria de patinar y la colina del los ausentes,


CONTENIDO

por Madrid Madrid PPasea asea por

1/ invierno N.º N.º 1/Invierno 10131013

LA FUENTE, LOS LAVADEROS Y EL PRIMER TEATRO DE LOS CAÑOS DEL PERAL Uno de los sectores más singulares del Madrid medieval fue el que hoy podemos ver en la estación de Metro de Opera. El presente trabajo intenta precisar más sobre aquel peculiar paraje y los elementos que lo conformaron, con documentación, gráficos e infografías.

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LAS SABANDIJAS DEL ALCÁZAR ENANOS, BUFONES Y HOMBRES DE PLACER DE LOS AUSTRIAS Entre esta multitud de personas que pululaban en torno a la majestad real, hemos de destacar a unos seres diferentes, marginales, destinados al entretenimiento eran las «sabandijas de palacio», los «hombres de placer, que constituían un ornato en las cortes europeas.

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ISABEL II: LA DE LOS TRISTES DESTINOS Su reinado ha sido objeto de polémica entre quienes sustentan la opinión de que fue una soberana ineficaz, y los historiadores actuales que han revalorizar sus logros, y consideran su reinado una etapa fructífera que coadyuvo a la modernización del país desde un punto de vista político y económico.

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REFLEJOS HISTÓRICOS DE LA NAVIDAD EN MADRID No sabemos cuando se celebró por vez primera. si fue en asentamiento visigodo o por los musulmanes andalusíes que fundaron el castillo, ya que el milád, o Nacimiento, fue una fiesta celebrada entre los sarracenos hispánicos, tanto por tratarse para el Islam de un profeta más, como por la convivencia constante, entre los hombres del «libro».

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¿yporquéno ?

Texto de María Isabel Mediero Velasco

¿PODIA SER CARABANCHEL EL LEGENDARIO MIACUM?

Antigua Prisión Provincial construida en 1940 y desmantela en 2008

Con la demolición de la famosa cárcel de Carabanchel –así conocida por sus convecinos– en el año 2008 y, a dos metros de profundidad, dicen haber hallado restos arqueológicos de lo que fuera una villa romana. Que Carabanchel pudiera tratarse de la legendaria Miacum cada vez es más plausible y la idea de que el famoso mosaico Las Cuatro Estaciones, encontrado durante unas obras realizadas en la Quinta de los Montijo, procediera de una villa romana «aislada» es cada vez más discutible. Desgraciadamente las excavadoras que precedieron al descubrimiento del mosaico citado fueron muy someras y solo se realizaron en el palacio, jardines de la finca donde los nobles pasaban sus veranos; en 1970 se derriba el palacio de Eugenia de Montijo para construir una urbanización donde ya no es posible ninguna excavación.

Ermita de Santa María la Antigua (carabanchel) 4 Pasea por Madrid

Durante las obras realizadas para la construcción del suburbano, se encontraron restos arqueológicos y objetos de gran interés. El yacimiento podría encontrarse no solamente en el emplazamiento de la estación de Aluche, la que fue Prisión Provincial y, el parque Eugenia de Montijo sino que podía alcanzar también la cercana iglesia de Santa María la Antigua y el cementerio que junto a ella se encuentra. Aunque desde primeros del siglo xx, José María Florit, miembro de la Academia de la Historia alertara de la abundancia de restos arqueológicos que se descubrían fortuitamente en estas zonas y que junto con la somera información de los años 1940 en que se construyó la cárcel y el no cesar de aparecer objetos de interés arqueológico, podemos decir hoy que la antigua demanda de los vecinos de Carabanchel y Asociación de Vecinos de Aluche, desde hace veinte años, de un hospital para el barrio debería de ser ahora distinta y solicitud de creación de un parque arqueológico que escavado y catalogado dotara a esta zona de una magnifica proyección cultural y científica.


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Texto de Benito Castro González

Imágenes de Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Fondo Santos Yubero y otras del autor del texto.

TORRE DE MADRID

HACIA UNA NUEVA ARQUITECTURA

La Torre de Madrid se encuentra situada en la Plaza de España 18, esquina a la calle de la Princesa 1, y con vuelta a la plaza Emilio Jiménez Millas.

Es obra destacada del arquitecto Julián Otamendi Machimbarrena, que proyectó el edificio en 1954; la primera fase constructiva se acometió entre 1954 y 1957 y la segunda fase entre 1958 y 1960. Otamendi se tituló el 13 de junio de 1916, falleciendo en Madrid el 15 de febrero de 1966. En el momento se construirse era la torre de hormigón armado más alta del mundo -normalmente las torres solían construirse con estructura de hierro y acero- y sus ascensores los más rápidos de la época al circular a más de tres metros por segundo. 6 Pasea por Madrid

El 28 de octubre de 1954 la Compañía Inmobiliaria Metropolitana compró al Ayuntamiento de Madrid un solar en la Plaza de España, con vuelta a la calle de la Princesa y lindante también con el antiguo callejón de Leganitos y con una plaza en proyecto (la futura plaza Emilio Jiménez Millas). También lindaba este solar con el Convento de las Adoratrices -edificio con fachada a la calle de la Princesa-. La superficie del solar ascendía a 2.790’12 metros cuadrados con forma de un polígono irregular de nueve lados.


La Torre de Madrid tiene dos plantas de sótano, una planta baja comercial más treinta pisos. La construcción abarca toda la superficie del solar desde el segundo sótano hasta la planta séptima, descontando el área hueca dejada por los patios de luces desde la segunda planta hasta la octava. En ésta el edificio se retranquea para reducir a la mitad la superficie edificada. Las alas laterales de la construcción se suprimen a partir de la planta catorce, lo cual implica otra reducción de la superficie edificada y así se levanta el edificio hasta la planta veintitrés con un aspecto de torre muy claro. Desde la planta veinticuatro todo el perímetro de la torre se retranquea en tres metros, manteniéndose hasta el piso treinta y último, sobre el cual se proyectó una terraza parcialmente cubierta. La estructura completa de la Torre de Madrid, en vertical y horizontal, es de hormigón armado sobre cimentación de placa continua. Muros de hormigón armado cierran el edificio en las dos alturas de los sótanos. La fachada consiste en muros dobles, con cámara de aire interna, recubiertos de piedra artificial. Los tabiques interiores son de ladrillo hueco doble en los divisionarios principales y de hueco sencillo en las divisiones interiores. Se previó la instalación de abastecimiento de agua fría y caliente, más calefacción central a vapor con presión inferior a la atmosférica. También se instalaron redes eléctricas de iluminación y fuerza, con

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encendido automático en escaleras y distribuidores. En total la Torre de Madrid fue dotada de ocho ascensores desde la planta baja hasta la número trece, y de ahí hacia arriba cuatro de los ocho ascensores continuarían para dar servicio al resto de plantas. Los sótanos quedaban unidos a la planta baja mediante unos montacargas. Aprovechando la magnitud de la Torre de Madrid y su situación en un lugar estratégico y popular de Madrid, sus funciones fueron varias: tiendas en la planta baja, comercios en la entreplanta y planta primera, despachos y oficinas desde la segunda planta hasta la veintitrés, y viviendas –estando previstos ocho pisos por planta– desde la planta veinticuatro a la última. El acceso a la Torre de Madrid se efectúa por dos entradas: una en Plaza de España y otra en la plaza a la espalda del edificio –en principio esta plaza iba a ser un aparcamiento–. Las dos entradas llevaban a un gran recibidor con los ascensores y escaleras. 8 Pasea por Madrid

Torre de Madrid, Edificio España, Senado y Real Compañía Asturiana de Minas

En el segundo sótano quedaron instalados los cuartos de bombas, calderas, grupos electrógenos, transformadores, talleres de mantenimiento, depósitos, fosos de ascensores y cuartos de aseo para el personal de tales servicios. En el primer sótano se construyó una sala de fiestas, la carbonera, aljibes de agua caliente, cuadros eléctricos, sótanos de tiendas y aseos. La planta baja tiene los techos más altos que las demás para poder instalar una entreplanta comercial. Los locales comerciales y los despachos se dotaron de aseos colectivos; las oficinas tenían un despacho de dirección, uno o varios espacios para el trabajo, vestíbulo y aseo con armario ropero. Las viviendas tienen un número variable de habitaciones, cuarto de baño completo y cocina con office con salida de gases. Toda la ventilación de aseos, baños y offices se hace por patinillos de aireación.


Torre de Madrid desde Gran Vía esquina a plaza de Callao

Dentro de la Torre de Madrid también se construyeron una sala de cine en la planta baja y una sala de fiestas en el primer sótano. Este cinematógrafo, con aire acondicionado, tenía capacidad para quinientas personas, las cuales accedían por un porche de planta circular en la calle de la Princesa. La salida de emergencia conducía a la plaza trasera de la torre. En el nivel inferior del cine estaba el patio de butacas, guardarropa y aseos; y en el nivel superior la zona de club, cabina de proyección y aseos. La sala de fiestas también tenía su acceso por la calle de la Princesa, con sus correspondientes vestíbulo y aseos. Al nivel inferior de la sala de fiestas, en el centro, conducían cuatro tramos de peldaños; y el nivel superior era una especie de balcón sobre el inferior. La orquesta disponía de un tabladillo al fondo del salón.

Torre de Madrid supuso la ruptura con la arquitectura neorrenacentista o neoimperial de los años de la posguerra española, anulando todo motivo ornamental o historicista y apostando por una fachada de aspecto racionalista y moderno, en la cual destacan los balcones situados en las aristas de la torre. La Torre de Madrid fue restaurada integralmente por el arquitecto Manuel Salinas Larumbe en 1996.

BIBLIOGRAFÍA

«Memoria descriptiva para la construcción de un edificio de carácter comercial en la plaza de España con vuelta a la calle de la Princesa, denominado Torre de Madrid, propiedad de la Compañía Inmobiliaria Metropolitana».Por Julián Otamendi Machimbarrena. Madrid, 3 de Noviembre de 1954. Revista nacional de arquitectura, «Rascacielos en España», año X, nº 158, Febrero 1955, pp. 29-44 Pasea por Madrid 9


Musedeos Madrid

Texto de María Isabel Mediero Velasco

MUSEO DEL AIRE

Boeing KC-97L Stratotanker

Cuatro Vientos (Madrid)

Ocupa una superficie de 66.938 metros cuadrados, repartidos en una zona de exposición exterior y siete hangares que albergan más de 140 aeronaves, así como uniformes, condecoraciones, motores, maquetas y otros fondos relacionados con la aviación. La zona exterior está dividida en siete plataformas donde se expone desde el gigantesco avión Stratotanker hasta el diminuto Airtruck, pasando por helicópteros, hidroaviones y reactores de combate.

Aerospatiale SA. 319B Alouette III

Agusta Bell AB-207 (HE.7A-41)

Concluida la guerra civil, y ante la gran trascendencia que la aviación había tenido en la misma, así como la evidencia de la importancia que en un futuro próximo iba a alcanzar, movió a los mandos militares a la creación del Ejercito del Aire.

De manera inmediata surgió entre ellos la idea de preservar el breve pero intenso pasado de la Aviación Española, reclamando para ello un lugar donde perpetuarse al igual que en su momento hiciera el Ejército de Tierra y la Armada. GRUMMAN SA-16B Albatros

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C.A.S.A. 212 Aviocar

C.A.S.A.207 T-7A Azor

Planta del Museo del Aire

Las imรกgenes que figuran en esta pagina pertenecen a www.lasegundaguerra.com

CASA C-352 Junkers

SUKHOI SU-22 Fitters Pasea por Madrid 11


Caza Polikarpov I-16 Mosca/Rata Monoplaza sovietico de los años 30 del pasado siglo, participo activamente en la en la Guerra Civil Española, donde fue llamado Mosca por el bando republicano y Rata por el bando nacional. Participo activamente en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, pero fue pronto superado por cazas mas preparados.

Avión Fokker Dr.I del mítico Barón Rojo Caza alemán de la Primera Guerra Mundial construido por la compañía de Anthony Fokker en 1917, pilotado por Manfred von Richthofen conocido como Barón Rojo, alcanzó un impresionante palmarés de victorias en combate.

En un principio se consideró que el propio edificio del recién construido ministerio acogiera esos fondos, para lo cual se adecuaron diversas salas de la planta baja donde se exponían maquetas y pequeños objetos, aprovechándose los patios interiores para exhibir las pocas aeronaves que por entonces tenía el museo. El incremento constante de esos fondos obligó a buscar una nueva ubicación que además de servir para alojar los fondos con que se contaba en ese momento, tuviera amplias posibilidades para el futuro. Con estas premisas se estudiaron varias alternativas, optándose finalmente por su ubicación actual en Cuatro Vientos. En 1981 se abre al público. A su llegada al museo, sorprende al visitante la impresionante silueta de un avión cisterna construido por CASA y que se incorporó a la colección del museo en 1.985; este avión fue el segundo mayor de los que ha operado en el Ejército de

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Aire. Traspasado este el camino de acceso hacia los hangares, (posee siete hangares), sembrado de aeronaves de distintas épocas. Antes de pasar a los hangares, una placa conmemorativa recuerda al comandante García Morato, considerado el máximo «as de la aviación española», que murió en un trágico accidente en Griñón en 1.939, un mes antes de cumplir los 35 años. Al entrar en el primer hangar, el visitante descubrirá un interior variopinto que comprende todo tipo de aeronaves, motores, armamento, emblemas, maquetas, equipamiento, material técnico, uniformes y un largo etc. que nos muestra como había evolucionado la aviación desde su nacimiento. Capítulo aparte son los fondos documentales, algunos de gran importancia histórica, cabe destacar los diseños constructivos del aeroplano «FLYER» de los hermanos


En el museo se rinde homenaje a los pioneros de la aerostática de nuestro país que viajaron con sus dirigibles por toda Europa contribuyendo a su implantación y estudio. General Pedro Vives Vich

Wright, primeros en volar con motor que el museo custodia en su archivo técnico La mayor parte de los visitantes del Museo desconocen casi por completo el pasado de nuestra aeronáutica, lo anecdótico, lo dramático e incluso lo novelesco de la historia de la Aeronáutica Militar Española. Cuenta igualmente el museo con una buena colección de retratos y fotografías, llamando la atención un retrato del General Pedro Vives Vich, fundador y organizador del Servicio de Aerostación que junto al famoso Capitán Alfredo Kindelán Duany, recorrieron los países europeos surcando los cielos con sus globos dirigibles aerostáticos. Un gran lienzo del infante D. Alfonso de Orleáns y Borbón, piloto militar y uno de los grandes personajes de la Aviación. Otro notable aeronauta militar, piloto de globo, ingeniero y científico Emilio Herrera Linares, retratado por un antiguo soldado de reemplazo y donado al Museo. También se encuentra en dicho hangar restos de la hélice del avión y el casco del capitán Celestino Bayo Lucía, estre-

Capitán General Alfredo Kindelán y Duany

llado en 1912 en Cuatro Vientos mientras completaba su aprendizaje con el avión «FARMA», siendo la primera víctima de la Aviación Militar. Desde Ala-Delta (parapente), Aviones como PAVA (Junkers), CASA (Bimotor de bombardeo), DOUGLAS (anfibio), los famosos FOKKER, BREGUET, BRISTOL. Maqueta del famoso avión del Barón Rojo (Manfred von Richthofen), héroe de los alemanes y respetado por sus enemigos durante la Primera Guerra Mundial. Los MOSCA/RATA, famosos de la Aviación Republicana, así llamados por su forma y su vuelo rápido utilizados en nuestra guerra civil, pasando por colecciones de de Estandartes, ametralladoras, pistolas de bengalas. Así como el autogiro C-19, de Juan de la Cierva, que voló en 1932 y un largo etc.

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Breguet XIX GR (Gran Raid) Jesús del Gran Poder El Breguet XIX de fabricación francesa en 1922 paso a construirse en España por Construcciones Aeronáuticas S.A. en su factoría en Getafe (Madrid) en 1924. El modelo Gran Raid era una variación del Breguet XIX de serie desarrollado para grandes distancias y se intento superar el récord de distancia que estaba 6294 Km en un vuelo sin escalas de España a Filipinas teniendo que abandonar por un fuerte viento cuando habían recorrido 5100 Km en 28 horas de vuelo, con una velocidad media de 180km/h. En un segundo intento se logro recorrer 6550 Km entre España y Río de Janeiro utilizando la linea mas corta.

Además en el Museo del Aire de Cuatro Vientos de Madrid, cuenta con restos y una réplica del avión pilotado por Ramón Franco, fallecido en 1938 durante un vuelo que llevaba a cabo desde la Base de Hidroaviones del Puerto de Pollensa (Mallorca), al estrellarse el hidroavión que pilotaba. Partió de la base con muy malas condiciones atmosféricas con un avión cargado con cerca de mil kilos de bombas y, al adentrarse en una tormenta y no ser capaz de dominar el aparato, cayó en barrena sobre el mar. Su muerte ha dado lugar a rumores indemostrables hasta el día de hoy. Hay una historia muy interesante entre el General Franco y el capitán Alfredo Kindelán, y fue el nombramiento que realizó Franco en la persona de su hermano Ramón Franco, al que ascendió a teniente coronel confiándole el mando de la Base de Hidros de Pollensa, sin haber siquiera informado a Kindelán que era el Jefe de la Aviación. La reacción de Kindelán fue espectacular, comunicando a Franco por escrito su opinión sobre el nombramiento; una carta realmente demoledora que muy pocos se hubieran atrevido a enviar. A partir de ese momento, y a pesar de los favorables resultados en el conjunto de las operaciones durante la guerra civil, su relación con Franco se tornó cada vez más tensa. El Museo y la Aeronáutica Militar Española no están exentas de grandes historias que harán las delicias de toda persona enamorada de la aviación. 14 Pasea por Madrid

DATOS DEL MUSEO SITUACIÓN El Museo está situado en la Base Aérea de Cuatro Vientos. Entrada por la autovía A-5, en sentido Madrid, kilómetro 10,500. PARKING gratuito de 10 a 14 horas HORARIO VISITAS Diariamente de 10.00 a 14.00 horas, excepto lunes. Cerrado los días: 1 y 6 de enero, el mes de agosto, Jueves y Viernes Santos, 12 de octubre, 10 de diciembre (Patrona de Aviación), 24,25 y 31 de diciembre y días establecidos en el calendario anual. VISITAS GUIADAS PARA GRUPOS De martes a domingo de 10:00 a 14:00 horas. Previa petición de autorización por carta o e-mail (museodelaire@ea.mde.es). Se recomienda anticipar las peticiones por teléfono de lunes a viernes. Grupo mínimo de 10 personas

http://www.ejercitodelaire.mde.es

BIBLIOGRAFÍA Ángel Flores Alonso y Pilar Infantes de Miguel: La Aeronáutica Militar Española. Ministerio de Defensa, Madrid 1999. Cecilio Yusta: Pioneros de la Aviación Iberoamericana. Servicio Histórico y Cultural del Ejército del Aire. Madrid 1999.


Editado por el Centro Cultural de los Ejércitos, y escrito por Luis Miguel Aparisi Laporta, académico correspondiente de la Real Academia de la Historia, miembro del Instituto de Estudios Madrileños, y, entre otras corporaciones, también miembro de la Cofradía Internacional de Investigadores. RECOMENDAMOS LEER

Próxima presentación en Centro Cultural de los Ejércitos (Gran Vía, n.º 13)

Pasea po r

Madrid

TESTIMONIOS MILITARES EN MADRID Es un estudio monográfico y exhaustivo de la historia de los monumentos y lápidas que en Madrid, se han erigido en homenaje o como simple recuerdo de la aportación que la Milicia hizo, y sigue haciendo a la sociedad. Advierte el autor, que se trata de libro dedicado a penetrar en la historia del monumento o lápida, y no a la que correspondería al personaje, institución o hecho recordado. Son analizados 120 testimonios en 500 páginas, 388 fotografías y 406 notas referenciales, limitando la actuación a la iconografía, cuya imagen puede considerarse de disfrute y dominio público. Tan sólo dos excepciones, se ha permitido el autor: una estatua del rey Don Pelayo, y el grupo denominado «No importa», homenaje que el Centro Cultural de los Ejércitos hace a quienes dieron su vida por la Patria.

Se inicia el libro con un texto de Presentación, preparado por el Excmo. Sr. Don Carlos Valverde, general de división, director del Centro Cultural de los Ejércitos; sigue el Prólogo, escrito por el Excmo. Sr. Don Francisco José Portela Sandoval, catedrático de Historia del Arte y académico correspondiente de las reales academias de Bellas Artes y de la Historia. Una Introducción del autor da paso a nueve capítulos, iniciando cada uno con un texto justificativo: Jefatura de Estado y de Gobierno; Guerras Carlistas; Guerra de la Independencia; Guerras coloniales; Guerra de África; Guerra Civil; Milicia; Armada y Aviación. La monografía contiene un extenso índice capitular de cada elemento testimonial tratado y tras el noveno capitulo, un Índice de los artífices (escultores y arquitectos), con algunos datos biográficos y el listado de sus obras en Madrid. Se cierra el libro con el Índice (más de dos mil términos) de topónimos, patronímicos e instituciones. La extensión dedicada a cada uno de los ciento veinte elementos, no es significativa de lo representado y tampoco una crítica de arte, es la Historia del monumento o la lápida, formando parte de la Historia de Madrid, cuya extensión, es consecuencia de los fondos documentales estudiados.

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Por Luis Miguel Aparisi Laporta Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia Miembro numerario del Instituto de Estudios Madrileños

MONUMENTO AL GENERAL MARTÍNEZ DE CAMPOS Y ANTÓN

Por diferentes puertas podemos acceder al parque de El Retiro. Sencillas algunas, y otras monumentales, pero el verdadero monumento es el propio Parque. Su flora, su fauna y su patrimonio monumental, significan un orgullo para quienes tenemos la suerte de vivir en Madrid. Vamos a penetrar por la puerta de Madrid, en la calle dedicada al general Leopoldo O’Donnell. Recorriendo el Paseo del Duque de Fernán Núñez (Paseo de Coches, en el decir popular), dejaremos a la derecha, el monumento dedicado a Fray Pedro Ponce de León (en la Plaza de Costa Rica), con el añadido de la lápida dedicada a Juan de Pablo Bonet (algo, ciertamente, no muy ortodoxo). Muy cerca, la Plaza de Guatemala. Allí está el objetivo de nuestro paseo. Un soberbio monumento dedicado al general don Arsenio Martínez de Campos y Antón.


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Vista frontal del monumento de Benlliure del general Martínez de Campos y al fondo la estatua ecuestre de Alfonso XII, también obra de Benlliure, que corona el monumento a la Patria Española.

EL MONUMENTO Una de las obras magistrales de don Mariano Benlliure. Y, prudente nos parece, antes de recrearnos en el monumento, hacerlo en la persona del militar. Nació en Segovia, el 14 de diciembre de 1831, falleciendo en Zarauz (Guipúzcoa), el 23 de septiembre de 1900. Importante su intervención en Marruecos, en las guerras carlistas y en Cuba. Ostentó la Cruz Laureada de San Fernando, y fue Capitán General de Cataluña, pero su entrega a la sociedad fue más allá de lo estrictamente militar. Colaborará directamente con Antonio Cánovas en la proclamación de Alfonso XII (Sagunto, 29 de diciembre de 1874). Presidente del Senado y del Consejo de Ministros, también será ministro de Defensa (de la Guerra), y será durante su ministerio, cuando se fundará la Academia Militar de Toledo. En 1991, en homenaje al destacado militar, a su hijo Miguel se le otorgará el título de marqués del Baztán. Formando eje con el monumento a Alfonso XII, y no de forma casual. Recordemos que la instauración borbónica se producirá gracias al pronunciamiento militar de Martínez Campos en Sagunto (Valencia). Antonio Berenguer y José Ibáñez Marín, profesores de la Academia de Toledo, serán quienes propondrán la erección del monumento; propuesta que sería bien acogida por el general Cassasola, ministro de la Guerra, pero la idea quedará en barbecho hasta que el marqués de Cabriñana interviene, año 1904, organizando una suscripción popular (la primera aportación es de Alfonso XIII quien contribuye con 10.000 pesetas, seguida de la de su esposa, con 5.000 pesetas); el infante Carlos, con 2.000 pesetas y su hermana 18 Pasea por Madrid

Isabel, con 1.500, pesetas. Otras 10.000, pesetas fueron aportadas por el Banco de España. Destaca la participación, a título privado, de muchos jefes y oficiales del Ejército. La realización del monumento se adjudicará a Mariano Benlliure, habiendo presentado propuestas Agustín Querol (quedó en segundo lugar), Aniceto Marinas, Trilles y Carretero. Una gran roca hace de pedestal. Parece como si Benlliure se condicionó al peñasco al dar forma al caballo. Iniciativa de Berenguer y de José Ibáñez Marín, secundada por el de Cabriñana, que publicará una extensa carta abierta en prensa, de la que destacamos: Según he leído en diferentes periódicos, se ha acordado por el Ayuntamiento de Madrid la traslación del arbolado de los Jardines del Retiro al Salón del Prado, que quedará convertido en un precioso Parque, limitado en sus extremos por las estatuas de Castelar y Sagasta.


Inauguración de la estatua ecuestre del general con asistencia de la Familia Real que escucha el discurso del presidente del Consejo de Ministros Sr. Maura. Portada de ABC (29 de enero de 1907)

Nada tengo que objetar á tal acuerdo, si es exacta la noticia; pero ¿no cree usted, mi querido amigo y Director, que construidas como están las estatuas de D. Antonio Cánovas, la del Marqués del Duero y otras de menor altura, como lo es la de Cassola, y en vías de modelarse las de Sagasta y Castelar, que tiene ya un busto en el Congreso, ha llegado el momento de que empecemos á acordarnos del que vertió su sangre en África, del pacificador del Norte y Cataluña, del caudillo de La Seo, del héroe del Baztán, del que finalizó la primera guerra de Cuba, del que supo sacrificarse en la segunda, exponiendo su vida en combates tan personales y heroicos como el de Limonar y Peralejo, del único político y General español que tuvo el valor cívico de declararse fracasado después de aconsejar y pedir, como ninguno, la autonomía de la Isla, que no le concedieron, del noble y desinteresado General Martínez Campos, que expuso su porvenir, su tranquilidad y su vida al dar prematuramente (según muchos alfonsinos), el grito de Sagunto?.

PERFIL HUMANO DEL GENERAL Cuando Arsenio Martínez de Campos regresa a la península, tras haber pacificado la isla de Cuba, conocido por todos que el general carecía de patrimonio personal, situación normal en quien de verdad se había ocupado en el servicio de lo público, por iniciativa de Ignacio Escobar, marqués de Valdeiglesias, director de La Época, se organizó una cuestación para ofrecer al militar un capital con el que pudiera ver con tranquilidad los nuevos derroteros de su vida. Costó convencer al general para que aceptara las más de ciento cincuenta mil pesetas que se habían recaudado. Antes de que aquel dinero pasara a las manos del militar y político, se organizó una cuestación a favor de los heridos de guerra. El general exigiría que el dinero que le iba a ser entregado, se ingresara en la cuenta de la nueva cuestación.

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Trofeo militar, en bronce, junto al estandarte de la Caballería y la bandera de Infantería.

Esta larga misiva tendrá un eco positivo en la prensa. Se sugerirá erigir una estatua del general, integrándola en el monumento a la Patria Española personificada en Alfonso XII. Quizás en ese querer relacionar el sugerido monumento al general Martínez Campos con el monumento a la Patria, entonces en avanzada ejecución, esté el acertado lugar que poco más tarde se asignaría al del general. Animando al marqués de Cabriñana, aparecerán notas como la publicada por La Correspondencia Militar: El Ejército respondía espontáneamente á la invitación. ¡Bien sabía el Marqués de Cabriñana que no se llama nunca en vano á la puerta de los cuarteles, cuando la llamada obedece á algo honrado!1

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El 21 de febrero de 1905, se constituyó en el Senado la Comisión organizadora del monumento. Se nombrará presidente al general Primo de Rivera; como vicepresidentes, Segismundo Moret y Francisco Silvela. Y como secretario, quien había demostrado un sincero interés por el monumento, el marqués de Cabriñana. El Ejército, el Senado y el Congreso; la Academia de Bellas Artes, y otras instituciones, estuvieron presentes en la Comisión. Incluso una representación cubana. Desde la Comisión se hará público un manifiesto que sin duda ayudaría al feliz resultado económico; algo, ciertamente, inusual: ... A LA NACIÓN: Reunidos algunos españoles de buena voluntad que, unos en lances de guerra, otros, en vicisitudes de Gobierno,


Relieve en el pedestal de base, con escenas de sus campañas militares

OPINARON SUS CONTEMPORÁNEOS Primo de Rivera supo añadir al homenaje a Martínez Campos, el público reconocimiento al buen hacer de Benlliure: ... monumento al genio de la guerra por el genio del arte, el cual ha sabido darle forma, esculpiendo al soldado valeroso en la pelea y generoso con el vencido; al soldado que sólo pensó, como lo hizo, en luchar por el honor de la Patria, por la Monarquía constitucional, la que restauro.

También Antonio Maura hará público reconocimiento de las virtudes del militar, y del artista que ayudaba al recuerdo: Este bronce, antes de que el cincel le infundiese el aliento vivificador del artista inspirado, por ser imperecedero, ya simbolizaba este triunfo de espíritu de aquel hombre contra el insolente poderío de la muerte. Cuando todos nosotros hayamos dejado de existir, contemplarán los venideros esta hermosa efigie.

Don Enrique Pastor Mateos con referencia a este monumento y comparándolo con la estatua de Alfonso XII, también en El Retiro, dejaría escrito: vieron y sintieron de cerca lo que eran el alma y el corazón del General Martínez Campos, entienden cumplir deberes para con la Historia y la conciencia de la Patria, promoviendo la construcción en la Capital de la Monarquía de un monumento dedicado á aquel insigne caudillo, y creen honrar su memoria y satisfacer una deuda nacional convocando para contribuir á la obra á todos los españoles. No representa el nombre del General Martínez Campos, en las luchas y discordias del pasado siglo, interés de partido, preponderancia de clase, triunfo ó sacrificio en pró o en daño de una ú otra idea de Gobierno; consagrado estuvo durante su vida entera al culto y exaltación de la Patria; su sangre, sus afecciones personales, la gloria ya adquirida, hasta las inclinaciones más íntimas de su convicción, estuvieron constantemente sometidas á lo que en cada momento demandaban los supremos intereses del país: Monarquía y Ejército, gobierno y guerra, fueron para él altares donde rendir los tributos de su adoración al enaltecimiento de la Nación por la concordia y la paz.

Alfonso XII es la imagen de la Paz...

y continúa: Martínez Campos se sitúa en un invierno penoso pero esperanzado, hay algo claramente ascendente en su estampa. Alfonso XII en una primavera indefinida que bien puede ser un otoño2.

Serrano Fatigati, un clásico en la historiografía del arte escultórico madrileño, nos dice: Solo le falta la pátina del tiempo, para figurar entre las de primera línea de las engendradas por la fecundidad española de todos los siglos3.

1. La Correspondencia Militar, 26 de diciembre de 1904. 2. PASTOR MATEOS, Enrique: «Mariano Benlliure, en Madrid y en la vía pública», en Villa de Madrid, nº 54, pág. 34. 3. SERRANO FATIGATI, Enrique: La escultura en Madrid desde mediados del siglo xvi hasta nuestros días. Madrid, 1912. Hauser y Menet.

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La Comisión4, que no iba a administrar un presupuesto de la Administración, sino aquellos fondos que desde una iniciativa privada se recaudasen, con muy buen criterio, se reservó: La libre facultad de dejar el proyecto que considere más aceptable dentro de su peculiar criterio, sin que se abra concurso oficial ni se concedan premios ni indemnizaciones por los proyectos que no se acepten.

También se reservaba el derecho a decidir qué lugar se solicitaba del Ayuntamiento para el emplazamiento del monumento. Obviamente, la aceptación o no del lugar, se reconocía como competencia municipal. Desde un principio se tuvo claro debía tratarse de un monumento ecuestre. Y como lugar, elección precipitada, pues se hacía sin conocer cómo sería el monumento, algo absolutamente incomprensible, a no ser que se pretenda condicionar la forma y estética al lugar. El lugar prefijado, en la Calle de Alcalá, en el inicio de la innominada Gran Vía, aprovechando el ensanchamiento, y por su relativa proximidad al entonces ministerio, y hoy Cuartel General del Ejército, y a la Escuela de Estado Mayor. Pero el proyecto de la Calle de Alcalá no prosperó. El 4 de julio, nuevo escrito de la Comisión solicitando autorización para el emplazamiento. Cinco alternativas se plantearán ante el Ayuntamiento: 1º.- La plaza donde estaba el Obelisco de la Castellana, de la cual arranca la calle del General Martínez Campos. 22 Pasea por Madrid

Relieves alusivos a la campaña de África. 2º.- El paseo de la Castellana, en la unión con la calle de Lista, donde podría trazarse fácilmente una plaza en forma análoga á la que ocupa la estatua del General Marqués del Duero. 3º.- La plazoleta llamada de Guatemala, próxima al paseo de carruajes del Retiro3, situada entre el estanque grande y el establecimiento de aguas oxigenadas. 4º.- El centro del paseo de carruajes del Retiro, en la unión con las plantaciones que lo dividen, frente al castillete del Observatorio y Baños del Elefante, y 5º.- La plaza rectangular comprendida entre la verja del Palacio Real y la Catedral en construcción.

No gustó al Concejo municipal ninguna de las cinco propuestas; y en sesión celebrada el 11 de agosto, acuerda se instale el monumento en la Plaza de San Marcial: «Futura avenida de cuarenta metros de ancho, que por su proximidad al Regio Alcázar, á los cuarteles de la Montaña y Conde Duque, y por la importancia que ha de adquirir la proyectada Gran Vía, es, sin duda alguna, el sitio más adecuado para ostentar el recuerdo de aquel insigne caudillo». El 30 de enero de 1906, la Comisión expone ante el Ayuntamiento su rechazo hacia el lugar seleccionado por éste. Las argumentaciones de la Comisión serán consideradas por el Concejo. Nuevo Acuerdo Municipal, el 16 de marzo, reconsiderando la negativa global a la propuesta del 4 de julio, concediendo la oportuna autorización para ubicar el monumento en la Plaza de Guatemala. Se había hecho público por la


Comisión, que hasta el mes de abril, los escultores que quisieran podían presentar sus ideas y presupuestos en el domicilio del duque de Tamames, pero el día 5 de ese mismo mes, la Comisión visitará diversos trabajos, directamente en los estudios de los artistas, tomando decisión aquel mismo día. Ciertamente, contradiciéndose en lo por ella misma advertido, en cuanto al plazo. La precipitación de la Comisión no gustará a algunos de los artistas, y Aniceto Marinas junto con Miguel Ángel Trilles y Carretero, publicaron en prensa una carta en la que exponían su protesta por el proceder de la Comisión5. Razón, entendemos, no les habría faltado, si su protesta se hubiera fundamentado en cuanto a haberse acortado el plazo, pero en el escrito de queja exponen su rechazo por la forma que la Comisión adoptaba para seleccionar el trabajo. Planteamientos con los que ganarse a la opinión popular, pero no por ello la razón. En la parte delantera, un trofeo militar, en bronce, junto al estandarte de la Caballería y la bandera de Infantería. En la trasera, también en bronce, relieves con episodios de la batalla de los Castillejos, donde intervino Martínez Campos a las órdenes del general Prim, siendo comandante. Con asistencia de los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia, junto a los infantes María Teresa, Isabel y Carlos, acompañados por el duque de la Seo de Urgel, hijo del general; por Antonio Maura, presidente del Gobierno, ministros, alcalde, gobernador, capitán general, el obispo de Sión, y otras personalidades, se inauguró el monumento el 28 de enero de 19076. Con motivo de la inauguración, se concederá la Gran Cruz del Mérito Militar al escultor, y por la Comisión del monumento, se encargará un medallón conmemorativo a Benlliure. En el anverso, el retrato sedente del general y la leyenda: «ARSENIO MARTÍNEZ CAMPOS, CAPITÁN GENERAL DEL EJÉRCITO ESPAÑOL. 14 DICIEMBRE 1831 – 23 SEPTIEMBRE 1900», y en el reverso, el monumento y las fechas de algunas batallas en las que intervino Martínez Campos: «ÁFRICA, 1859 A 60», «MÉJICO, 1861 A 62», «CUBA, 1869 A 72-77 A 78 Y 95», «CATALUÑA Y NORTE, 1873 A 76». Esta medalla, así como la placa de bronce de 22 centímetros de diámetro que se utilizó en la prueba, procedentes del legado de la viuda de Sorolla, se custodian en el Museo del Ejército. En el año 1947, se fundiría en la fábrica de Trubia una maqueta del monumento, en bronce, custodiada así mismo en el Museo del Ejército.

OTRAS OPINIONES En Miscelánea matritense, de Federico Carlos Sainz de Robles, pequeño libro en su formato, pero con interesantes reflexiones, leemos: …La Avenida de Perú se eslabona con el Paseo de Venezuela y la Glorieta de Martínez Campos (en cuyo centro se alza la estatua ecuestre de este general español recordado con gran gratitud por los pueblos hispanoamericanos por su noble comportamiento al combatirlos)7.

Y en Madrid en sus animales, Aparisi Laporta nos advierte: Es singular este caballo. Hay una perfecta compenetración entre jinete y montura. Se sale de los estereotipos de la estatuaria militar madrileña. No se representa al militar victorioso que regresa laureado y desfila ante la multitud, o en festiva parada militar. Aquí, el General y su caballo, con esfuerzo que no tratan de ocultar, han llegado a la cima de una roca, desde donde mejor pueda verse al enemigo, para seguir la lucha. No hay pomposos uniformes; un corto capote militar, al viento, y por casco imperial un ros. La cabeza del General en una perfecta verticalidad, índice de la enorme tensión que el cuerpo soporta. La cabeza del caballo, girada, con las patas delanteras tensas, coge aire sin permitirse el reposo; sabe que su misión aún no ha concluido, y está presto a interpretar y obedecer las órdenes de su compañero. Mariano Benlliure llenó de humanidad a todo el monumento8.

4. Con todos nuestros respetos a aquella Comisión, manifestamos nuestra protesta por el desprecio (o cuanto menos, no aprecio) hacia la toponimia. Desde el Acuerdo Municipal de fecha 9 de febrero de 1874, este paseo tiene el nombre de Paseo del DUQUE DE FERNÁN NÚÑEZ. Ha transcurrido más de un siglo, y popularmente, sigue llamándose «Paseo de COCHES». Aceptamos la compatibilidad entre el topónimo oficial y la expresión popular, pero sólo en términos populares; nunca en el escrito de una seria comisión. Y aún más grave nos parece, que en el mismo parque figure el rótulo de Paseo de FERNÁN NÚÑEZ. Recordemos que en el Distrito de Chamartín, Barrio de Hispanoamérica, tenemos en 1958 la Calle de FERNÁN NÚÑEZ. 5. El Liberal y El País, 14 de abril de 1905. 6 ABC, 29 de enero de 1907. 7. SAINZ DE ROBLES, Federico Carlos: Miscelánea matritense, Ediciones Ábaco, año 1977, pág. 16. Errata al citar «…la Glorieta de Martínez Campos»; se trata de la Plaza de Guatemala. 8. APARISI LAPORTA, Luis Miguel: Madrid en sus animales, Editorial Rubiños-1860, Madrid, 1999, páginas 155/156.

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PRÓXIMA DECLARACIÓN DE BIC Es este monumento el primero, de entre la espléndida colección que tenemos en Madrid, dentro de su tipología, que se declarará Bien de Interés Cultural, terminología que significa gozará del máximo amparo legal para su conservación. Lección de arte, y por encima del arte, lección de Historia que nos habla de páginas pasadas, y nos advierte de la necesidad de preservar para el futuro. Importante es la economía en la sociedad, pero muy por encima, están los valores de la propia sociedad. Sólo desde mentes muy ruines se puede considerar baladí el que se decrete la conservación y protección de un monumento. Monumento que vieron nuestros padres, y que, gracias a esta disposición oficial, se garantiza verán nuestros nietos, al haberse puesto trabas a los caprichos de los administradores de turno, no siempre bien intencionados. El 18 de abril de 2013, en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid se publicará «RESOLUCIÓN de 18 de febrero de 2013, de la Dirección General de Patrimonio Histórico, por la que se incoa el expediente para la declaración de Bien de Interés Cultural a favor del Monumento Ecuestre al General Martínez Campos en el Parque del Retiro, de Madrid, de Mariano Benlliure». «Tras vincular la excelencia del monumento con la personalidad del escultor Mariano Benlliure, binomio inseparable, y como si de una lección en cátedra de Historia del Arte se tratara, leemos una correcta Descripción del bien objeto de la declaración. Como es preceptivo, la Real Academia de la Historia emite informe sobre el Expediente incoado desde la Consejería de Empleo, Turismo y Cultura, de la Comunidad Autónoma de Madrid. Informe preparado por el académico de número don José Luis Díez, y aprobado por la Real Academia el 22 de marzo, que concluye declarando: «Por todo lo expuesto, y en plena coincidencia con la Resolución citada de la Comunidad de Madrid, se considera que la obra objeto del presente informe reúne de forma singular y relevante todas las características y consideraciones necesarias para la declaración como Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento.9

9. Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo CCX, cuaderno 1, enero-abril 2013., págs. 167/168.

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Texto e imágenes de

Germán Cano López

Investigador

¿POSIBLES PORTALES DE CASAS DE JUDÍOS CONVERSOS?

En mi deambular por el casco histórico de Madrid, y de otras ciudades españolas, he observado la existencia de portales, en algunos inmuebles, que presentan unas características comunes: están construidos con sillares de granito de diferentes medidas y formas —los hay rectangulares y adovelados— y en el dintel de los mismos aparecen grabadas diferentes inscripciones de signo cristiano, como Josef, María, JHS, Jesús, o simples cruces, alguna de ellas acompañadas de jaculatorias.

¿A que obedecería esta costumbre de grabar en las puertas estas inscripciones? Una hipótesis, que intenta dar una explicación a estos grabados, sería que estas casas, en sus orígenes, podrían haber pertenecido a familias de judeoconversos. No obstante, este supuesto, que he indagado sucintamente, necesitaría ser investigado en profundidad, consultando fuentes que nos facilitaran un tipo de pruebas más definitivas.

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Hay que remontarse a 1391, cuando el problema de los judíos se desata de una manera inapelable y con una situación inestable. Desde el punto de vista cristiano se busca dar una solución encaminada a provocar y exigir la conversión. A partir de entonces, hay un incremento de judíos que se convierten al cristianismo. Comienza entonces el problemático tema de los conversos: se empieza a sospechar de


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estos nuevos cristianos y a establecer una diferenciación entre cristianos nuevos y cristianos viejos. Se pueden establecer dos límites temporales bastante distantes: 1391 y 1492, entre ambas fechas se desatará un espíritu de persecución y de animadversión, incluso de exterminio1. Así llegamos a mediados del siglo xv, en el que estallan revueltas contra los conversos: la más significativa tuvo lugar en Toledo, durante la cual se promulgó un estatuto que prohibía a los conversos el acceso a cualquier cargo municipal. Esto fue un antecedente del estatuto de Limpieza de Sangre, que se generalizó a mediados del siglo xvi. Los judeoconversos estaban siempre, bajo la sospecha de practicar su antigua religión en secreto, lo que la inquisición definió como «judaizar» y se les aplica el calificativo de marranos: sufrieron una implacable persecución y se les mantuvo discriminados social y jurídicamente. El numero de judíos conversos a principios del 28 Pasea por Madrid

siglo xvi, sería alrededor de 300.000, un 5% de la población2 En Madrid, no se conoce la existencia de una judería establecida como en otras ciudades, Toledo, Córdoba, Gerona etc., con su personalidad jurídica y fiscal propia y separada del resto de habitantes, mas hay fuentes, que establecen en Madrid algunos núcleos de judíos aislados. Resulta muy interesante el estudio sobre la ubicación de estas familias de judíos en Madrid que elaboró el historiador Manuel Montero Vallejo3. En él se desmitifica el emplazamiento de la judería, que otros historiadores habían situado en la zona del Avapies (Lavapies). Montero Vallejo refiere la existencia de judíos en 1385 en la zona de la collación de Santa María, (próximo a la manzana 445, lo que luego serían las caballerizas reales) con documentación que indica la existencia de una aljama, casas lindantes «… con la sinagoga de los judíos…casas que son agora sinagoga de los judíos…».


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Fuentes documentales del Archivo de Villa de Madrid, informan de la existencia de algunos judíos dispersos en la zona de lo que hoy es la calle Argumosa, pero en donde hay más evidencias documentales de la localización de judíos, es en el área de la Cava Baja, Cava San Miguel y también por la calle Segovia (Barrio de la Morería), hoy calle del Nuncio, e Iglesia de San Pedro4. No hay evidencias documentales que nos aporten una prueba fiable de que las inscripciones que nos ocupan, grabadas en los portales, fueran realizadas por judeoconversos, pero lo que sí es cierto, y existen abundantes testimonios documentales de ello, es que las autoridades y sus propios vecinos no se fiaban de esta conversión y ejercían un control sistemático sobre ellos. Cabría, por tanto, pensar, que los judíos, para demostrar ante sus vecinos que eran cristianos modélicos, hicieran afirmación pública de su fe cristiana y además, para testimoniar que nadie tenía que albergar temor alguno, grabaran

esas inscripciones en las puertas de sus casas. Este podría ser el motivo. La aparición de estas inscripciones en muchos portales también se podría considerar como consecuencia de una sociedad fuertemente católica que, con el paso del tiempo, estableció este primitivo uso como una costumbre, ya que, muchos años después, se siguen grabando en muchas casas de los siglos xvii, xviii y xix, cuyos moradores ya no eran judeoconversos, sino cristianos.

1. SANZ- BADILLO, Ángel: Judíos entre Árabes y Cristianos, ed. El Almendro. Cordoba, 2000. 2. DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio: Los judeoconversos en la España Moderna, Madrid, 1992. 3. MONTERO VALLEJO, Manuel: El Madrid Medieval, Ed. Avapies, Madrid 1987. 4. URGORRI, Fernando: «El Ensanche de Madrid en tiempos de Enrique IV, la urbanización de las Cavas», Revista de la Biblioteca Archivo y Museos, volumen XXIII, Madrid, 1954.

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SITUACIÓN DE LOS DINTELES Una somera exposición de estos dinteles de granito, con inscripciones grabadas, en forma de cruz y con las siglas JHS (Jesús) y con las palabras Joshef y María y en algunos también aparecen fechas pueden verse en: FOTO 1: Portada de la calle de la Esgrima n.º 11 (grabado: JESÚS, MA, JOSEF, sin fecha). FOTO 2: Portada de la calle Lope de Vega n.º 9 (grabado MARIA, JHS, una cruz, JOSEPH y fecha AÑO 1701). FOTO 3: Portada de la calle de Atocha n.º 14 (grabado MARIA sin fecha). FOTO 4: Portada de la calle Ribera de Curtidores n.º 1 (grabado: JHS y fecha 1659). FOTO 5: Portada de la Plaza de San Martín (grabado MARIA, una cruz, JHS SISF y fecha 1660). FOTO 6: Portada de la calle de la Esgrima n.º 12, (grabado: MARIA, una cruz, JOSEPH, y fecha 1618). FOTO 7: Portada de la calle Embajadores n.º 16 (grabado: JHS, una cruz sin fecha). FOTO 8: Portada de la calle Santiago n.º 22 (grabado ESLA, JHS, una cruz y CNMC sin fecha, este inmueble se derribo en 2006).

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Parque del Retiro, paso a paso Pasea por Madrid 31


Jardines con nombre propio del Parque del Retiro Texto e imágenes de Luis García

Desde mediados del siglo xvii en que se dan por concluidas las obras del palacio del Buen Retiro hasta los primeros años del siglo xxi se han realizado un gran número de adaptaciones en los jardines, en función de modas o necesidades particulares, así se han llevado a cabo la creación espacios singulares, con mas de mas de cincuenta puntos de interés entre monumentos, fuentes y edificios, que en otro momento comentaremos y una serie de actuaciones de jardinería que han transformado aquel cazadero real en el parque que hoy podemos visitar.

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TRASFORMACIONES EN EL PARQUE La primera transformación importante fue realizada por Felipe V, en 1712 sobre un umbrío y sobrio lugar, situado frente al salón de baile del antiguo palacio, conocido como el jardín ochavado que paso a ser un plantel de cuidadas formas geométricas que se conserva en nuestros días y es conocido como El Parterre. La incorporación de Cecilio Rodríguez como jardinero mayor, tuvo como consecuencia, además de una importante labor de mantenimiento y ornato, la creación de tres espacios singulares, La Casa de Fieras (1921), transformada en 1972 en Jardines de Herrero Palacios; la Rosaleda (1915) que trajo, consigo el traslado de la un estanque de pequeñas dimensiones que se utilizaba para patinar a otro lugar del parque, hoy conocido como la ría y la construcción de una ampliación de la antigua casa de fieras (1941) que hoy se utiliza para paseo y celebraciones protocolarias del ayuntamiento, que se conoce con el nombre de este genial jardinero. Y el último en crearse se debe al recuerdo de las víctimas de un importante atentado terrorista en el año 2004 con importantes repercusiones políticas, el Bosque del Recuerdo o la Colina de los Ausentes.

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EL PARTERRE El jardín simula un tapiz y esta creado para verse desde cierta altura, es de forma rectangular, con cabecera semicircular y un pasillo central, que nos recuerda la planta de una catedral gótica; la planta dominante es el boj, que se poda formando cuidadas formas geométricas, y se respeta la simetría, respecto al eje central, tanto de plantas ornamentales como de dos estanques de poca profundidad, que se integran en la decoración. La llegada de Felipe V, en el año 1700 trae una nueva dinastía al trono de España, los Anjou, con un estilo de gobierno nuevo. En su primera visita al palacio se extrañó de su aspecto exterior y de la baja calidad de su construcción, con manifiesta pobreza de materiales arquitectónicos, sin menoscabo de su riqueza interior en decoración y obras de arte, de los mas afamados artistas de nuestro Siglo de Oro. Su distribución, muy alejado del estilo de los palacios franceses y los jardines sin las simetrías axiales imperantes en la época, hacían del Palacio del Buen Retiro un lugar que desagradaba al recién llegado monarca. Si además de todo ello, sumamos que el anterior monarca, Carlos II y su lúgubre esposa, no eran muy amantes de, fiestas, bailes y frivolidades palaciegas, hicieron que la atención que habían prestado al palacio fuera casi nula.


En definitiva, el Palacio del Buen Retiro, no fue del agrado de la nueva dinastía, y ademas en la noche del 24 de Diciembre de 1734, el Alcázar, residencia habitual del monarca se incendia y la familia real se ve obligada a habitar el Palacio del Buen Retiro, mientras se realizan las obras del Nuevo Palacio Real de la Plaza de Oriente, viéndose obligados a realizar algunas obras para acondicionar tanto el palacio como los jardines. Existiendo incluso en la Biblioteca Nacional de París, proyectos de un nuevo palacio y trazados nuevos para los jardines, al gusto francés. Se actuó sobre la zona que se encontraba frente al Casón, el Jardín Ochavado, que se transforma en el Parterre, aunque se mantienen los desniveles del terreno con acusadas pendientes en sus limites, se despeja la zona de los paseos umbríos y cubiertos de vegetación que formaban las calles en forma de túneles, del jardín diseñado un siglo antes, por Felipe IV. ASPECTO ACTUAL Isabel II, en 1841, remodela las obras del Parterre realizadas un siglo antes y lo transforma básicamente en lo que es hoy en día; se reconstruye el muro de ladrillo de la cabecera y las rampas de acceso, se coloca la fuente de piedra caliza con los tritones, de cuyas bocas sale el agua que llena la pileta semicircular.

El actual Parterre es un ejemplo de jardín francés, con muy pocas variaciones del original del siglo xviii, creado por Felipe V, sobre el antiguo jardín Ochavado mandado construir por Felipe IV, tiene su acceso a través de una puerta monumental con el nombre del rey que mando erigir el palacio.

ASÍ COMENZÓ LA HISTORIA DEL RETIRO Felipe IV, recibió como regalo, una finca adosada al monasterio de los jerónimos, de mano del Conde-Duque de Olivares para dedicarla a la caza y el recreo, y decide la construcción de un nuevo palacio que complementaba al Alcázar Real y al resto de las posesiones de la Corona en las proximidades de Madrid: Casa de Campo, El Pardo, Aranjuez, el Escorial... y comienza la construcción del que seria conocido mas tarde como Palacio del Buen Retiro. Para conseguir recursos suficientes, eleva los impuestos a los vecinos de Madrid, pide contribuciones extraordinarias a los Consejos del Reino y realiza ventas de municipios de la Corona a favor de terceros, para conseguir los tres millones de ducados que fue el coste del nuevo palacio.

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PUERTA DE FELIPE IV Puerta construida en 1690, para conmemorar la entrada en Madrid de la segunda esposa de Carlos II, Mariana de Neoburgo, obra de Melchor Bueras.

MONUMENTO A JACINTO BENAVENTE Obra de Víctor Macho situada en 1962, que rinde homenaje al dramaturgo madrileño que recibió el Novel de literatura en 1922.

BUSTO DEL DOCTOR PULIDO Copia del busto original de Miguel Blay, del doctor, acompañado por una escultura de Antonio Cruz Collado, situado en este emplazamiento en 1954.

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Se sitúan las maravillosas fuentes de alabastro del siglo xviii, en dos hornacinas realizadas en ladrillo, situadas a cada lado de las rampas de acceso, que se traen de la Casa de Campo y que han sido restauradas recientemente. Allí estuvo la de Daoiz y Velarde de José Solá, hoy en la Plaza del Dos de Mayo y podemos ver las de Jacinto Benavente, nuestro premio Novel de literatura de 1922, la de su padre conocidísimo pediatra doctor Mariano Benavente y la del también medico el destacado doctor Pulido. En 1968, a tenor de las reformas que permitieron el cambio en la forma de riego, se realizaron obras de reacondicionamiento de la jardinería, que se encontraba desbordada, a causa del excesivo crecimiento de los setos y se trató de devolver el aspecto que un parque de este estilo debió tener en los primeros momentos de su trazado. Se recuperaron las fuentes de alabastro, que estaba deterioradas así como, otros elemento ornamentales de la época de Isabel II. EL CIPRÉS CALVO En este entorno se encuentra el árbol más antiguo de Madrid, se trata de una variedad de secuoya, Taxodium Mucrunatum conocido como «ciprés calvo», dado que pierde la hoja en invierno y es de un porte magnifico, su hábitat son las aguas encharcardas y se calcula tiene una edad de más de cuatrocientos años , su magnifico porte resalta con una variedad de pinos enanos de aspecto macizo y bello tronco que se encuentran muy cerda de este gigante.


Masas de arbolillos de boj de muy lento desarrollo que decoran el Parterre.

Su altura, cercana a los treinta metros, el perímetro de su tronco de casi seis, y el diámetro de su copa de veinticinco, hacen de este árbol él decano de nuestros jardines. Se caracteriza por el espectacular color rojizo que presenta en otoño, por la dispersión de sus ramas formando un candelabro y por perder la hoja al llegar el invierno, fenómeno que solo ocurre en nuestras latitudes, ya que es de hoja perenne en su hábitat natural. Cuenta con una maravillosa vitalidad, y parece ser, que aunque resistió la ocupación francesa del parque en nuestra guerra de la Independencia, –el parque fue arrasado, talaron árboles, abrieron zanjas y utilizaron leña para encender hogueras– hubo de pagar su tributo al ser desmochado de sus ramas, que se utilizaron como cureña de cañón, debiendo su actual forma a esa dramática poda. Apena existen datos históricos de este árbol, ni tan siquiera esta datado sus años, seria sencillo hacer un taladro sobre su corteza y conocer su edad exacta, pero, si existen incontables leyendas sobre su origen; hay quien dice que fue el mismo Cristóbal Colón quien lo trajo de América, de donde es oriunda la especie; otros consideran que fue el explorador Cabeza de Vaca quien lo introdujo después de sus expediciones por Texas y hasta el mismísimo Hernán Cortés figura entre sus posibles importadores, pero en realidad nada se sabe.

CIPRÉS CALVO Posiblemente el árbol decano de Madrid, de incierta historia y muchas leyendas.

BUSTO DEL DOCTOR BENAVENTE Obra del escultor Ramón Subirat y Codorniú, esta trabajada sobre mármol de carrara y fue erigida por suscripción popular en 1886.

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Entrada al actual jardín de Herrero Palacios, anteriormente Casa de Fieras.

FAUNA EXÓTICA Carlos III en 1744 manda construir un parque de animales en la actual cuesta de Moyano, cerca de la estación de Atocha, cuyos terrenos formaban parte de los Jardines del Palacio del Buen Retiro; esta instalación era complementaria del proyecto de Museo de Ciencias Naturales que pensaba situar en la actual pinacoteca del Prado y junto al Jardín Botánico. Se conoce de este primer Zoo, la existencia de fauna avícola de origen americano, así como la llegada de un barco a Toulon (Francia) procedente de Constantinopla con camellos, dromedarios, una parejas de elefantes, leones, tigres, pelícanos y más de veinte mulas. A finales de siglo se trasladan las instalaciones Zoológicas a la esquina del Jardín del Retiro, junto a la actual Puerta de Alcalá, colocando las jaulas de forma parecida a un ruedo taurino, pero formando un octógono, en el centro se exhibían herbívoros y animales mansos.

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EL RESERVADO DE FERNANDO VII Con la llegada de Fernando VII se amplían y mejoran las instalaciones de una primitiva Casa de Fieras, como comenzó a llamarse el Gabinete Real de Ciencias Naturales, perdurando su nombre hasta el año 1972, en que se trasladó a la Casa de Campo; se construyó, partiendo de una esquina del Retiro, el conocido Reservado, con una montaña artificial, la Montaña de los Gatos, junto a ella se situaron recintos para herbívoros, que se extendían hasta las jaulas de los felinos –copia de la ménagerie del Jardín de las Plantas de París– que se agrupaban en línea, formando una batería de jaulas, además de un sobre-piso destinado a habitaciones para uso del monarca. La fauna en cautividad aumento mucho, conociéndose por el hecho de que los animales que morían, pasaban al Museo de Ciencias para ser disecados y expuestos, existiendo una completa relación de los envíos. Isabel II amplió el recinto dedicado a los animales construyendo un segundo patio para herbívoros y comprando animales en Marsella a un conocido tratante, entre ellos una pareja de elefantes, la hembra murió al poco de llegar y el macho negándose a comer moría pocos meses después, se comentó mucho la «muerte por amor» del paquidermo, aunque parece ser que realmente murió de pulmonía. La jaula dejó paso a la llegada de la elefanta Pizarro, procedente de un circo, que merece mención aparte. Con la Revolución de 1868 el Parque del Retiro se abrió al público y el ayuntamiento asumió la función de cui-


[1] Ejemplo de esculturas, de escaso valor artístico que se encuentras diseminadas por el Parque del Retiro: [1] pareja de leones que coronan dos pilares en la entrada al jardín, [2] Hércules y el León y [3] estatua de un efebo (varón con ropas de mujer) único ejemplo en Madrid de un joven travestido.

darlo, vigilarlo y mantenerlo, incluyendo la Casa de Fieras, pero el problema llego con el vandalismo del público con los animales y con los gastos de mantenimiento, que obligaban a realizar subastas de los sobrantes –sobretodo aves– para conseguir recursos y poder hacer algunas compras a tratantes de animales, generalmente vinculados con el circo, como fue Luigi Cavanna, que mas tarde arrendo el lugar. La familia Cavanna tenía un comportamiento singular con los animales expuestos y era habitual el que estos fueran sacados de sus jaulas; paseaban un cocodrilo, utilizaban los animales viejos y moribundos para luchas por las plazas de toros, sacaban a diario de su jaula a la elefanta Pizarro a tomar un baño a un estanque cercano, situado a los pies de las actuales ruinas del Observatorio Meteorológico, donde también estaba permitido el baño de perros –en las horas en que no era utilizado por la elefanta – manteniendo esa actividad hasta el año 1968, en que se cegó el estanque. El viaje al baño diario de la pacifica hembra de elefante, Pizarro, –fue pareja circense con otro elefante conocido como Cortes– terminó cuando una mañana escapó de su cuidador y en su huida por la calle de Alcalá entro en un establecimiento, haciendo suyo el refrán popular que menciona a un elefante y una cacharrería. El 31 de Diciembre de 1918 el Ayuntamiento ordena la incautación del Parque Zoológico del Retiro, por denuncia del contrato con la familia Cavannes, que a pesar de la muerte de Luigi continuaba con la explotación su hijo José.

[2]

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Banco de jardín, decorado con azulejos que esta situado a la entrada del Jardín de Herrero Palacios, como paso denominarse desde 1976 en homenaje al arquitecto municipal que realizó la reforma.

Oso en piedra, situado junto a su pareja muy cerca del acceso que unía la Casa de Fieras con el Jardin de Cecilio Rodríguez.

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LA IDEA DE CECILIO RODRÍGUEZ Las instalaciones creadas por don Cecilio se inauguran en 1921 con gran aceptación de prensa y público, llegando a ser uno de los lugares de mayor aceptación del Parque. Tras ser sometidas a una remodelación a partir de la desaparición de la Casa de Fieras en 1972 pasaron a ser conocidos con el nombre de Jardines de Herrero Palacios, que hoy podemos visitar. Con la llegada de la República, don Cecilio es «jubilado» y el parque atraviesa un serio estancamiento en las adquisiciones de animales, las penurias de la Guerra Civil española deja prácticamente el parque a punto de cierre, mueren de inanición varias fieras y se sacrifican otras para consumo humano, como tres yakc y algunos otros bóvidos. La finalización de la contienda nos trae de nuevo a Cecilio Rodríguez como responsable y la llegada de la Guerra Europea sitúa al Parque de Madrid en una situación envidiable, a causa de la neutralidad que mantuvo España en el conflicto internacional, recibe animales evacuados de distintos zoológicos de capitales europeas, sobre todo de Berlín, hábilmente dirigido por el doctor Lutz Heck. En su primera etapa en 1921, don Cecilio, había presentado planes de expansión de esta zona, hasta las instalaciones del castillete del Observatorio Meteorológico, que no son atendidas en su totalidad y después de reintegrarse a su puesto, al final de nuestra contienda civil, pudo llevarlas a cabo siendo conocidas como Jardines de Cecilio Rodríguez, de las que hablaremos más adelante. Muere Cecilio Rodríguez en el año 1953, después de realizar importantes mejoras en el entorno del Parque y una hábil gestión de los recursos del mismo, que continúan con su sucesor, don Ramón Ortiz.


Estanque de aves acuáticas, hoy en desuso y oso en piedra, que se acompaña de una pareja, que representamos al pie de esta pagina Al Parque llegan, nuevamente, animales procedente del Zoo de Munich, nuevos osos, tigres y leones, incluso un jaguar negro, y una maravillosa colección de primates, junto a otras aportaciones particulares; se instala una clínica veterinaria y comienza un reconocimiento popular a la magnífica dirección, consiguiéndose en los últimos años, anterior al traslado de animales al nuevo Zoo de la Casa de Campo, puntas de visitas verdaderamente asombrosas: 20.000 visitantes en algunos días festivos, más de millón y medio de visitas en el año 1967. La Casa de Fieras albergaba más de 550 ejemplares de animales correspondientes a 83 especies. TRANSFORMACIÓN EN JARDINES DE HERRERO PALACIOS En 1972 cierra sus puertas la antigua casa de Fieras del Parque del Retiro y las abre el nuevo Zoo de la Casa de Campo. Las transformaciones realizadas en este entorno por Herrero Palacios consistieron en la desaparición del enrejado exterior de las jaulas que estaban adosadas al edifico principal, que pasó a utilizarse como oficinas del Departamento de Parques y Jardines, años después a ser dependencias de la Junta Municipal del Distrito de Retiro, actualmente en obras. Los estanques en los que nadaban todo tipo de aves acuáticas han sobrevivido, incluso sus casetas de madera pueden verse en la actualidad; la enorme pajarera de aves, ha desaparecido dejando un espacioso parque infantil y la verja límite entre la casa de fieras y el resto del Parque, por su parte interior, fue desmontada, situándose en su lugar, recortados setos de arizónicas El jardín ha quedado transformado, con un agradable paseo central, otros dos, más estrechos a ambos lados, rodeado todo de cipreses recortados, tejos y laureles, innumerables pérgolas que los adornan y arcos para plantas trepadoras. Fueron inaugurados en 1976 y recibieron el nombre del arquitecto municipal autor de la reforma.

[1] Antiguo foso para la exhibición de monos. [2] Antigua jaula de osos hoy decorada con un duende de José Noja.

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Fuente de las gaviotas, y una gaviotas en vuelo realizadas por Vicente Pimentel, regalo de la embajada de Noruega.

JARDINES DE CECILIO RODRÍGUEZ

Busto de don Cecilio Rodríguez, situado en un discreto lugar del jardin que lleva su nombre. 42 Pasea por Madrid

El éxito de crítica y público de las realizaciones de don Cecilio sobre la Casa de Fieras que inaugura en 1921, le llevaron a proyectar la ampliación con un jardín para paseo. La ampliación alcanzaba hasta la puerta de Granada, manteniendo la misma linde, dentro del parque, que tenía la casa de Fieras; los terrenos eran conocidos con el nombre de Plan de Román y aunque se comenzaron las obras, se suspendieron por falta de presupuesto. El cese de Don Cecilio, al advenimiento de la República, paró definitivamente las obras y a su regreso, después de la contienda civil, las retoma a partir del año 1941 comenzando la ampliación de los jardines de la Casa de Fieras. Su primera actuación fue la creación de una plaza de perímetro cuadrado, rodeada de pilares y adornadas con figuras mitológicas, una fuente central y un pavimento de teselas de tipo mosaico romano. La plaza ha sido transformada en la actualidad desapareciendo las teselas que ha sido sustituidas por adoquines de piedra, una nueva fuente se ha adosado a la circular creada por Don Cecilio y se situó una escultura regalo de la embajada de Noruega representando una bandada de gaviotas en vuelo, obra de Vicente Pimentel. El jardín que se creó a partir de esta plaza, fue cercado con verjas propias, del resto del Parque que se cuida con mucha dedicación, pues en su extremo sur se ha construido sobre


Características pérgolas, muy frecuentes en la decoración de don Cecilio, para que pueda crecer el jardin en altura.

un inmenso foso (que en principio se concibió para albergar leones) un edificio muy funcional, destinado a recepciones oficiales de la corporación municipal. El jardín es de forma rectangular y en su centro se ha proyectado un estanque franqueado por parterres muy bajos, de recortados setos y abundantes flores de temporada, todo el conjunto esta adornado con cipreses recortados muy cuidadosamente y una gran cantidad de pérgolas muy características, dentro del gusto ornamental de Don Cecilio que dan sombra al paseo pavimentado, franqueado por pasillos con bancos y con profusión de pavos reales que pasean por el interior del jardín, en plena libertad. Cuatro pabellones en piedra, que en principio fueron creados para albergar animales, están situados en cada uno de sus extremos, aunque son utilizados actualmente como almacenes del servicio de mantenimiento del parque; así como un mirador con un pequeño estanque en su base, cerca de la verja que lo limita de la avenida Menéndez Pelayo, estas son las únicas construcciones civiles que tiene el Jardín, excluyendo el pabellón utilizado para recepciones oficiales. En 1945 se concedió a Don Cecilio la Gran Cruz del Mérito Agrícola, por su trayectoria profesional, se propuso denominar a estos jardines con su nombre y la colocación de un busto del jardinero, que se llevó a efecto cuatro años después y podemos ver en un discreto rincón.

Pabellones en piedra, que ne principio se pensaron para albergar animales pero que nunca han cumplido este cometido y han sido utilizados como almacén.

Edificio utilizado en celebraciones protocolarias del Ayuntamiento anteriormente se encontraba en este lugar un foso para leones que nunca llego a utilizarse.

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JARDIN CENTRAL DE LA ROSALEDA. El espacio que en la actualidad ocupa el estanque fue el antiguo emplazamiento de la estufa regalada al ayuntamiento por el conde de Peñalver.

LA ESTUFA INVERNADERO En 1883 se coloca en el lugar ocupado por el estanque de Patinar la estufa que el marqués de Salamanca tenía en su palacio del paseo de Recoletos y permutó al Ayuntamiento en una importante operación inmobiliaria. La estufa se construyó en Londres y se transportó hasta el jardín del Marques, siendo la primera de una serie de construcciones metálicas y cristal que adornaron los palacios de la Castellana, era de forma rectangular y bóveda de cañón, en su interior se cultivaba especies exóticas de plantas y se mantenía la humedad por una serie de termosifones, disponiendo además de cuatro fuentes para su ornato e instalación de gas para el alumbrado.

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LA ROSALEDA La configuración actual de esta zona proviene de una reestructuración del Jardín realizada al finalizar la contienda civil (1936-1939) por el Jardinero Mayor del Parque Cecilio Rodríguez. En 1870 se habilitó en esta zona un lago de muy poca profundidad, en el que sin peligro se podía patinar en invierno, los patinadores pagaban una peseta y la instalación consistía en una balsa de 8.000 m3 de agua, de forma circular y con una pequeña y modesta caseta de madera en la orilla. Por estar en un lugar muy soleado el hielo duraba poco tiempo y se habilita en 1876 una ría para este ejercicio en un lugar más umbrío, dentro del llamado Campo Grande. En 1915, el Jardinero Jefe del Retiro, nombrado un año antes por decisión del consistorio madrileño, Don Cecilio Rodríguez realiza la reestructuración de la zona para la creación de una Rosaleda, idea del Alcalde de Madrid, que por esas fechas era Don Carlos Prats y quería construir un jardín similar a los existentes en otras capitales europeas para la exhibición de rosas. Cecilio Rodríguez viaja a París donde adquiere 12.000 rosales de más de 350 especies diferentes. Como consecuencia de nuestra Guerra Civil, esta zona queda totalmente destruida y en 1941 se procede a la remodelación tal y como aparece ahora. Se desmonta el invernadero del marqués de Salamanca que había sido permutado por este magnate de las finanzas del siglo xix, por terrenos edificables en la zona del Paseo de Recoletos, se realizó un estanque que mantiene las medidas y geometría del invernadero, se acomete la instalación de pérgolas para soportar plantas trepadoras en los paseos que se abren entre planteles de rosas y se cierra el entorno con un seto de cipreses. La organización de los planteles no era la más adecuada para las exhibiciones y en 1956, se crea otro jardín en el Parque del Oeste, para concursos, que se encuentra en plena actividad.


Paseo con pérgolas para rosales trepadores muy habitual en la decoración de Cecilio Rodríguez. El entorno cuenta con una serie de bustos y estatuas conmemorativas de varios prohombres según la intención mostrada por la Corporación Municipal de dotar al Parque estatuas de ilustres y que se plasmó en el decreto del Ayuntamiento de 1901 y podemos ver hoy:

Busto de Federico Chueca (18461886), realizado por Pedro Estany, compositor madrileño autodidacta, autor de La Gran Vía y participe importante en la moda, de los cafés-cantantes de Madrid, que salva su irregular formación académica, en lo musical, con un enorme intuición y gracia para la melodía y el ritmo, además de tener siempre importantes profesionales que colaboraban en sus obras.

Al médico Miguel Tolosa-Latour (1857-1919) fundador del Instituto Biológico, redactor del Diario Médico y editor de varias revistas sobre la infancia. Con su iniciativa y apoyo se aprobó la Ley de Protección a la Infancia en 1904 por lo que se representa, en el monumento, a una matrona romana que elevando a un niño desnudo le ofrece una corona de laurel.

Miguel Moya (1856 1920) director del diario El Liberal, y diputado republicano que defendía la autonomía para Puerto Rico y Cuba desde su tribuna parlamentaria. La escultura de Benlliure de 1928 representa un busto del periodista y dos figuras en bronce que representan a un redactor y a un vendedor de periódicos, indicando que la actividad de prensa es obra de todos: de quien la dirige, la realiza y la vende.

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Placa en honor de Julio Romero de Torres de Antonio del Real situado en el paseo que lleva su nombre en 1972, frente a ella se encuentra el puente de madera, representado en la imagen de abajo que da entrada a la isleta que esta en el centro de la ría de patinar.

Pagina siguiente, diferentes fotografías de la ria en la actualidad.

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Explanada de acceso a la ría, donde se encontraba la caseta de alquiler de patines

RÍA DE PATINAR Siempre existió en los Jardines del Buen Retiro lugares dedicados a la práctica deportiva, En invierno las rías que desembocaban en el Estanque Grande se helaban con facilidad debido a las bajas temperaturas invernales de Madrid y a la poca profundidad que tenían. Cuando el jardín pasó a ser de uso público se instaló en 1870, un depósito circular de poca profundidad para dedicarlo a pista de patinaje invernal, en la zona hoy ocupada por la Rosaleda, a causa de ser una zona despejada y muy soleada, el hielo duraba poco tiempo y fue preciso elegir un lugar más resguardado. El lugar seleccionado fue una Ría situada en el Campo Grande, configurada como un circuito cerrado ya que en su interior se encuentra situada una pequeña isleta y los árboles de sombra plantados por Isabel II formaban una zona muy umbría que permite el mantenimiento del hielo en la época invernal. Por su parte exterior la ría dispone de una glorieta despejada de vegetación, por la que el acceso al hielo era más fácil que a través de sus orillas, cerca de ella existía una caseta de madera que prestaba servicio a los patinadores, desapareciendo en la década de 1950. En la exposición de Filipinas de 1887, que inauguró la regente María Cristina, se realizó un ramal que unía la ría con el pequeño lago que hoy podemos ver enfrente del palacio de Cristal, que fue cegado a primeros del siglo xx y permitió integrar esta paraje con el entorno de la exposición. En la actualidad esta zona es una de las más gratas para el paseo en los meses de verano, su acceso puede hacerse por cualquiera de los puentes que la atraviesan, siendo el más utilizado, el que se abre por el paseo de Julio Romero de Torres, marcado por una placa en homenaje a este pintor; el acceso a la isleta se hace por puentes de madera, con barandillas, desde ellos se puede apreciar todas las gamas de colores de la magnífica y variada vegetación que cubre sus riberas.


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BOSQUE DEL RECUERDO

Acceso a la colina.

Lengua de agua que rodea la colina

Panorámica de la colina.

Camino de acceso.

Vistas desde la cima.

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Instalado en La Chopera. Antiguo cementerio, mandado construir por Carlos III, para el personal de servicio del Palacio y de la Real Fábrica de Porcelanas. Aunque, la zona ha sido conocida como «la Chopera» en el último siglo no había plantado ningún árbol de esta variedad. En esta zona las intervenciones de jardinería no fueron muy notables, siendo de destacar las plantaciones mandadas realizar por Isabel II en sus alrededores, conocido como jardín madrileño, formado por planteles de árboles de sombra encerrados en simétricos recuadros que producen paseos tranquilos y umbrosos. Este lugar dedicado a cementerio del personal de servicio, quería ser un ejemplo de modernidad, respecto a la costumbre de enterramientos en las iglesias que intentó suprimir sin conseguirlo Carlos III y hasta bien entrado el siglo xix no fue posible la creación de sacramentales, tal como hoy las conocemos. Sufrió la ocupación militar de los ejércitos de Napoleón y durante años se utilizó para la enseñanza de hípica, siendo muy frecuentado por el Príncipe Alfonso hasta la construcción del Hipódromo de la Castellana y después paso a ser usado como parque infantil de tráfico, con alquiler de bicicletas y triciclos, durante la década de 1950. Fue uno de los primeros lugares de la capital donde se realizaron instalaciones deportivas urbanas, para juego de tenis y baloncesto, que aún existen y se utilizó para proyecciones cinematográficas en los meses de verano, durante algunas temperadas de finales del siglo pasado. El Bosque del Recuerdo, anteriormente conocido como Bosque de los Ausentes en las instalaciones provisionales de la Glorieta de Atocha, fue trasladado a este lugar de forma permanente, para rendir homenaje público a las 191 víctimas de los atentados del 11 de marzo de 2004, en Madrid. Tiene una extensión de 118 áreas con 192 árboles (22 olivos y 170 cipreses), uno por cada una de las víctimas. Se ha realizado una elevación del terreno a modo de colina con un paseo que llega hasta su cima, desde donde se divisa una panorámica del jardín inferior, todo ello rodeado de una banda de agua encauzada, adornada con puentes para poder ser franqueada. Una Ría situada en uno de los extremos de la explanada, de las muchas que se encuentran por este sector le otorga frescor y sombra, muy necesaria en los meses de verano ya que por ser una plantación reciente aparece aún muy desnuda de vegetación. Se inauguró en el año 2005 en el primer aniversario de los atentados. Durante la ceremonia no se pronunció ningún discurso por petición expresa de los familiares de las víctimas. Todos los asistentes guardaron un riguroso silencio durante cinco minutos; sólo se oyó el sonido de fondo de una joven chelista tocando El cant dels ocells de Pau Casals.

Mas información en: https://vimeo.com/82842699


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José Manuel Castellano Oñate destacado historiador en el ámbito del medievo madrileño cuenta con otros libros como El Madrid de los Reyes Católicos. Las Murallas Medievales de Madrid. Guía Visual de Arquitectura, de obligada lectura para todos los interesados en la historia y urbanismo de Madrid.

Madrid

MEMORIAS MEDIEVALES DE MADRID (siglos X - XV)

MEMORIAS MEDIEVALES DE MADRID (Siglos X - XV)

Nos encontramos ante una excelente narración dictada por el mismísimo Madrid al autor José Manuel Castellanos, que nos descubre la relación pormenorizada de amor, odio e indiferencia, de los reyes castellanos medievales con la Villa: su reconquista de manos árabes a castellanas, los pormenores del largo proceso de luchas con Segovia por la utilización y posterior colonización del Real de Manzanares y las relaciones con los gobernantes trastámara, hasta la cesión del trono del débil Enrique IV a su hermanastra Isabel la Católica. Lo más destacado, la excelente documentación medieval utilizada en la exposición de la cronología de los cinco siglos, desde el x al xv, que desgranan el lento paso de Madrid, de una pequeña población de frontera, a una villa de cierta importancia, que termina siendo casi residencia real. Lo más significativo, las enormes ganas que quedan de solicitar al autor la continuación de las relaciones de la villa con los Reyes Católicos, Austrias… para posteriores libros. El libro es una cronología histórica, de los hechos más notables de la vida política de Madrid en relaFormato 15x24 cm ción con los reyes, en esta ocasión castellanos, que Paginas 182 nos gobernaron durante cinco siglos. Edición restringida Su lectura es fácil, y la inclusión en la narración Edita:www.autoediciones.com de documentación de archivos históricos, hace que Solicitud de ejemplares: la calificación que otorga la ciudad a sus gobernantes, de buenos amigos y de malos recuerdos, tenga info@autoediciones.com un fundado argumento, que queda claramente exVenta en tienda: Librería Felipa puesto al lector. telf.: 91 355 96 47 Todos los innumerables sinsabores que la ciudad dirección: C/ Pilar de Zaragoza 37. ha tenido, por la elección equivocada de sus lealtaDescarga de prólogo, índice y bibliografía: des a reyes que nos trataron injustamente, quedan al descubierto y son debidamente analizados. http://issuu.com/madrid_historico/docs/memorias_2__medievales_de_madrid

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Restos de la fuente de los Caños del Peral, expuestos en la estación de Metro de Ópera

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La fuente, los lavaderos y el primer teatro de los Caños del Peral

Texto, infografías y documentación histórica de José Manuel Castellanos Oñate.

Uno de los sectores más singulares del Madrid medieval fue el situado extramuros de la puerta de Valnadú, a orillas del arroyo del Arenal. El único estudio serio sobre su configuración espacial lo hizo Fernando Urgorri Casado en 1954, y fue luego aceptado, sin apenas variaciones, por Agustín Gómez Iglesias y Manuel Montero Vallejo. El presente trabajo intenta precisar un poco más la reconstrucción ideal de aquel peculiar paraje y de algunos de los elementos que lo conformaron.

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Plano de la hondonada del Arenal

LA HONDONADA DEL ARENAL Era una plataforma sensiblemente horizontal de 190 metros de longitud por 65 de latitud, formada por la erosión del arroyo del Arenal (que la surcaba de este a oeste) y otros manaderos dispersos por ella, y quedaba encajonada entre el lienzo septentrional de la muralla y los barrancos de Santo Domingo, Santa Catalina y la Priora. En la documentación de la época nunca se nombra dicho paraje como tal, sino sólo sus elementos individuales; las denominaciones barranco del Arenal o barranco de las Hontanillas que se le atribuyen son modernas. Al este de la hondonada se alzaba el barranco de Santa Catalina, escarpado tapón natural que hacía curvarse en zigzag el cauce del arroyo, y que tomó nombre del cercano hospital de Santa Catalina de los Donados, fundado en 1460. Igual de áspero, pero más extenso, era el barranco de Santo Domingo, límite de la plataforma por el norte, sobre el que se estableció a principios del siglo xiii el monasterio de religiosos (luego, a los pocos años, monjas) de dicha orden; toda la zona próxima al escarpe la ocupaban las huertas del 52 Pasea por Madrid

convento. Por el oeste, el barranco de la Priora interrumpía abruptamente la hondonada y la hacía desplomarse varios metros sobre los terrenos próximos al alcázar. El arroyo del Arenal nacía a la altura del templo de San Ginés, discurría por la calle que tomó nombre de él y bordeaba la hondonada por su lado norte1. A continuación, caía por el barranco de la Priora y enfilaba hacia el Manzanares por la actual cuesta de San Vicente, uniéndose durante ese trayecto al arroyo de Leganitos. El otro curso de agua que regaba la zona era el arroyo de los Tintes, de menor entidad que el anterior, con nacimiento próximo a la confluencia de las calles actuales del Mesón de Paños y del Bonetillo; hacía funciones de foso natural a la vera de la muralla y alcanzaba la hondonada vertiendo sus aguas en el del Arenal. Probablemente un ramal suyo llenó el foso del sector septentrional del recinto murado madrileño. Este tramo norte de la muralla avanzaba a media ladera a lo largo de la vertiente sur del arroyo del Arenal, por un talud menos empinado que los barrancos de enfrente. En su centro


ELEMENTOS URBANOS ALLÍ EXISTENTES 1. Arroyo del Arenal 2. Arroyo de los Tintes 3. Barranco de Santa Catalina 4. Fuente de los Caños del Peral 5. Camino a los Ángeles 6. Pretil 7. Barranco de Santo Domingo / Huerta de las monjas 8. Camino a Santo Domingo 9. Muladar 10. Fuente alta de la Priora 11. Barranco de la Priora 12. Huerta de la Priora 13. Paredón de Valnadú 14. Fuente baja de la Priora 15. Estanque

se abría la puerta de Valnadú, flanqueda a corta distancia por las torres de Alzapierna y de los Huesos. Hacia 1535 comenzaron a adosarse casas a la muralla, extramuros, formándose en paralelo la calle del Juego de Pelota, así denominada por el frontón que estableció en ellas unas décadas después Bartolomé de Santoyo, ayuda de cámara del rey. La fuente de los Caños del Peral se situaba al este de la hondonada, en la margen derecha del arroyo. Las primeras menciones conocidas la nombran fuente de Valnadú, fuente de Hontanillas o fuente denmedio, desde 1477; la denominación definitiva no se documenta hasta 1541. Más al oeste hubo dos fuentes de la Priora. La primitiva se encontraba a escasos treinta metros de la muralla, extramuros, al pie del barranco de la Priora y a la altura de la torre de los Huesos. Proporcionaba agua a un estanque contiguo a ella, utilizado para el riego de las huertas próximas al alcázar. En algún documento se la denomina fuente baja. En 1484 se construyó la fuente alta y nueva de la Priora (aunque la vieja se mantuvo en uso), al noroeste de la hondonada, a media ladera y protegida por un pretil2. Se surtía de varios manaderos próximos, cedidos por la priora de Santo Domingo a cambio de un asno franco en la renta del agua. Tenía dos caños y un pequeño casetón con ventanas.

16. Huerto de San Martín 17. Huerto de don Bernardino 18. Alcantarilla vieja 19. Huerta de Alcocer 20. Lavaderos / Pilar viejo 21. Alcantarilla nueva 22. Pilar nuevo 23. Cava 24. Calle del Juego de Pelota 25. Torre (restos en el aparcamiento de la plaza de Oriente) 26. Torre de los Huesos 27. Puerta de Valnadú 28. Torre de Alzapierna 29. Huerta de Burgos

Aparte de las dichas, hubo otras fuentes en la hondonada. Pero al carecer de nombres específicos, las menciones documentales son demasiado cambiantes y, a veces, contradictorias, como para poder enumerarlas y situarlas: fuente denmedio, las fuentes, fuentes darriba, fuente dencima de Valnadú, fuente del rincón. Sobre ellas no se puede, de momento, precisar mucho más.

1. Fernando Urgorri afirmó que el arroyo la atravesaba bifurcándose en dos brazos, septentrional y meridional, pero ningún documento lo avala. Y mucho menos podría el supuesto brazo sur haber llegado hasta la cava delantera del alcázar, pues para ello debería haber recorrido un trayecto topográficamente imposible a la vista del perfil del terreno, que desde la hondonada del Arenal ascendía unos ocho metros hasta la fortaleza, como demostraron las excavaciones de la plaza de Oriente. 2. Allí el terreno ascendía –y todavía lo hace– hacia el solar del monasterio de la Encarnación, por lo que dicho pretil tenía un sentido contrapuesto al que le otorgó Urgorri: el suelo interior había de estar más bajo que el exterior, no a la inversa; así lo muestra el plano de Texeira y, sobre todo, el de Chalmandier (1761), en el que dicha superficie interna se dibuja sombreada. El pretil desapareció entre 1806 (plano de Laborde, en el que todavía se dibuja) y 1808 (plano de J. Stockdale, que ya no lo incluye).

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Perspectiva de la hondonada del Arenal desde el noroeste

Todas ellas tenían una estructura similar. El agua de los manaderos de origen se conducía por cañerías de cal y ladrillo hasta una arqueta, en la que se colocaba un caño final de hierro; si los manaderos estaban dispersos se añadían otras arquetas intermedias que iban recogiendo sus aportes parciales de agua. Fueron también característicos de la zona los pilares, depósitos grandes de piedra que recogían el agua de una o varias fuentes o del propio arroyo. El pilar viejo, con uso de lavadero, quedaba situado cerca del barranco de Santo Domingo, y se llenaba con agua del arroyo a través de una fuente adosada a éste3; puede datar de 1485, fecha en que se estaba construyendo «el pilar en que an de lavar». Más al este, acercándose a la fuente de los Caños, estaba el pilar nuevo, que se surtía directamente del arroyo y servía de abrevadero. La abundancia de aguas del paraje favoreció la proliferación de huertos y tenerías. Éstas eran establecimientos para el curtido de las pieles, proceso que requería un suministro constante de grandes cantidades de agua. Los propietarios, a cambio de la que utilizaban en su industria, se obligaban a mantener reparadas las fuentes más próximas a sus locales, pagan54 Pasea por Madrid

do ellos los materiales y pertrechos necesarios, y costeando la villa la mano de obra. Los conflictos con el concejo fueron frecuentes, bien porque los propietarios construían estacadas o presas para desviar el agua del arroyo hacia sus tenerías, bien porque los residuos de sus locales contaminaban tierras y aguas, o bien porque resultaban afectadas las propias fuentes, llenándose de arena y quedando cegadas. En 1495, el Consejo Real ordenó que las tenerías se trasladaran fuera de la villa; el concejo quiso reubicarlas inicialmente en un terreno «a las fuentes de Tocha… camino d’Alcalá», dando los solares gratis, pero los propietarios se negaron. Se buscó nuevo destino en San Lázaro, y finalizando 1496 se comenzó el traslado, aunque no desaparecieron completamente del Arenal hasta 1544. En lo relativo a los huertos, se han documentado tres en el terreno de la hondonada. El principal perteneció a Bernardino de Mendoza, regidor de la villa, y estaba situado en la vertiente sur del arroyo, entre la puerta de Valnadú y la torre de los Huesos. Frente a él y al otro lado del arroyo estaba el huerto de Sebastián de San Martín, pellejero. Y, por último, la huerta de Álvaro de Alcocer se localizaba más al este, cruzando el camino de Valnadú a


Plano 1 Expediente acerca del reconocimiento de censo sobre unas casas en el sitio del Juego de Pelota (1620) Plano 8: fragmento del Plano de Madrid de Pedro Texeira (1656)

Santo Domingo, a los pies del barranco y huertas del monasterio. Al oeste de la hondonada, intramuros, estaba la huerta de Burgos (en los terrenos de la futura Casa del Tesoro) y, más próxima al alcázar, la del licenciado Ribadeneira. En paralelo a éstas, pero extramuros, se situaba la enorme huerta de la Priora. También había en esta explanada un muladar o estercolero establecido allí por el concejo, quizá en la mitad meridional de la manzana 405, semejante a los existentes a la salida de otras puertas de la villa (Alvega, Cerrada, Moros, Atocha, Sol…). En fecha desconocida, pero sin duda posterior al desmantelamiento de las tenerías instaladas en la hondonada, una parte del arroyo se canalizó a través de una bóveda o alcantarilla subterránea que tenía su entrada (enbocadero del agua en el Plano 4 pág. 59) en la esquina sureste de la manzana 404, al pie de la guerta de las monxas; aquí mismo, como ya se dijo, había una fuente cuyo sobrante surtía al pilar viejo. Esta alcantarilla biexa terminaba, presumiblemente, en el cruce del arroyo con el camino de Santo Domingo. En 1634 se construyó un nuevo tramo de veinte metros de longitud (alcantarilla nueba en el Plano 5 pág. 59), que adelantaba la embocadura antigua hasta la esquina noroeste de la fuente de los Caños, dejando así soterrado el arroyo en todo la anchura del arranque de la costanilla de los Ángeles. Era en este nuevo

punto de entrada donde las aguas sobrantes de la fuente se unían a las del arroyo del Arenal. La alcantarilla añadida era una galería con paredes de mampostería y bóveda de cañón de ladrillo, con dimensiones interiores de 4 pies de anchura por 6 de altura (1,12 por 1,68 metros). El tramo de 15 metros de longitud hallado en la intervención arqueológica de 2009-2011 tiene una sección ligeramente mayor (1,30 por 2,26 metros) pero idéntica estructura, por lo que quizá corresponda a una ampliación posterior del colector. El tránsito a través de la hondonada se realizaba por dos caminos principales, ambos con inicio en la puerta de Valnadú. Uno de ellos enfilaba directamente al convento de Santo Domingo; el otro, tras bordear la cara extramuros de la muralla, pasaba por la fuente de los Caños, dejaba a su izquierda el pretil biexo y continuaba hasta el convento de los Ángeles. Tras el derribo de la torre de Alzapierna, esta segunda senda tuvo comunicación directa a la villa a través del vacío dejado por ella. En ambos caminos había pequeños puentes para cruzar la cava y el arroyo.

3. En el Plano 5, a la izquierda, se dibuja un semicírculo de unos 3 metros de diámetro adosado al arranque de la alcantarilla biexa, representando, sin duda, la fuente que mencionamos. De ella salen dos líneas discontinuas que indican pilares biexos, en dirección exacta hacia la posición que luego tendría el estanque del lavadero.

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Superposición del plano actual sobre la hondonada del Arenal

URBANIZACIÓN DEL PARAJE En 1535 se inició la urbanización de aquel áspero paraje, haciéndolo más transitable y solucionando los problemas de insalubridad que siempre había padecido. Lo primero fue canalizar las aguas de la cava y formar una pequeña placita a la salida de la puerta de Valnadú. En 1561 Felipe II inició la compra de las casas y huertos situados al este del alcázar, sobre cuyos solares se construyeron la Casa del Tesoro, las Cocinas Nuevas, la Casa de los Oficios y los jardines de la Reina y de la Priora. En 1567 se derribó la puerta de la muralla y la torre de Alzapierna, mejorándose notablemente la comunicación con el interior del caserío, y se levantó el paredón de Valnadú, con traza de Juan de Herrera, estructura de 71 metros de longitud por 15 de anchura construida sobre la línea del barranco de la Priora haciendo las veces de enorme muro de contención que permitiría nivelar todo el terreno de la hondonada y dar mayor privacidad a los jardines reales contiguos; sobre él se alzaría en 1611 el pasadizo de la Encarnación. Seguramente por estas mismas fechas se construyó también la alcantarilla biexa, que dejaba soterrado al arroyo a lo largo de casi toda la superficie de la hondonada.

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LA FUENTE Se desconoce el aspecto de la fuente primitiva de los Caños del Peral, aunque probablemente se redujera a un caño único y una simple pileta. La primera reforma conocida, cuando ya disponía de siete caños, se realizó hacia 1565, pues un Memorial sobre las obras de la villa de Madrid elaborado para Felipe II aconsejaba que el monarca «mande a Juan Bautista, su obrero maior, que juntamente con los alarifes de esta villa, vean las siete Fuentes del Peral y hagan una traça como conviene para que se acaben conforme a lo comenzado. Y que visto y dado su parescer cerca de lo que falta de minar… se mande de continuar… no teniendo consideración ni respectos a ningún particular, porque ha esta causa ha habido alguna dilación y embarazos por tocar al contador Peralta». La fuente, en efecto, se adosaba por el frontal de los caños a las casas de Urbán de Peralta, regidor de Madrid, que vivía en la manzana 402. Dos años después, durante la obra de reforma, se desplomó una de las paredes del conjunto, y el concejo demandó «a las personas que pareciere que han tenido culpa en averse hundido el paredon que se hazia en las fuentes del Peral». Juan Bautista de Toledo, arquitecto real de Felipe II, elaboró en 1569 un nuevo proyecto (¿modificación del ya referido?) para rehacer la fuente.


Fuente de los Caños del Peral (vista global)

Los primeros datos gráficos conocidos provienen de un documento de 1621 (Plano 2), en el que se dibuja con precisión la estructura de la fuente. El conjunto forma un rectángulo de unos 36 por 11 metros: en uno de los lados mayores se disponen cinco caños, y en los lados menores los dos restantes, uno por lado; aunque el dibujo no lo aclara, es de suponer todos ellos irían empotrados en una pared corrida. En los dos lados menores se añaden lo que parecen ser unas gradas sencillas, quizá ascendente la de la pared norte y descendente la de la pared sur, adaptándose así a la topografía del terreno, mientras que en el lado opuesto a los caños se aprecia un colector corrido que recogería el agua sobrante. Ésta, según se indica, habría de ir por un albañal «hacia los lauaderos, para que el agua de los caños salga por donde sale la de los lauaderos». En el lado del colector se anota «Aquí es el muro que se ha de hazer hacia la calle», y sobre la plataforma interior «Este llano ha de ser de losas empedrado». Con respecto a la plazuela que había a la salida, se propone rellenarla de tierra «para que quede más alta… y se empedrará de piedra gruesa y bien metida en el suelo para que fortifique mejor la obra». Y, finalmente, se especifica que ha de quitarse «el estanque que está al muro de los lauaderos, que no sirue de cosa, para que quede descombrado y limpio». No parece que dicho estanque sea el propio depósito de los lavaderos, pues éstos siguieron en uso hasta comienzos del siguiente siglo; creemos que podría referirse al antiguo pilar nuevo.

Sin embargo, parece que este pilar nuevo no fue finalmente derruido, sino que recuperó su función original, a tenor del acuerdo tomado en 1626 para servirse de «cierta cantidad de agua considerable de los remanentes de las fuentes de Tomas de Angulo» (contador y secretario, con casas en la manzana 403, entre la calle de los Caños del Peral y la Costanilla de los Ángeles) «y de las Monjas de Santo Domingo, que van perdidas sin aprovechamiento», encauzándolas y llevándolas «al pilón grande que está seco y sin aprovecharse de el a los Caños del Peral, que serviría para beber las cabalgaduras y regar en tiempos de verano».

Plano 2: Proyecto de reforma de la fuente de los Caños del Peral (1621)

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Fuente de los Caños del Peral (pared sureste)

El siguiente documento gráfico, de 1634, es un proyecto de Jerónimo Fernández Hurtado, alarife de la Villa, en el que se precisan nuevos detalles de la fuente (Plano 4). El recinto se dibuja incompleto (falta el lado meridional y parte del occidental), y adosada a su lado norte se representa una «escalera de adoquines y empedrado» que comunicaba la plazuela con la «calle que baxa de los Ángeles» (en referencia al convento de los Ángeles fundado en 1564). Sobre el cerramiento del lado oeste se anota «antepecho y bolas de los Caños del Peral», lo que indica que el muro que refería el plano de 1621 sólo llegó a levantarse hasta media altura. Y en este mismo lado se dibuja una entrada al conjunto, con escalones. En otro dibujo de este mismo proyecto (Plano 5) se especifican dos nuevos detalles: la existencia de «colgadiços en el respaldo de los caños» (bajo los cuales se situaba la galería de distribución de los siete caños), y la localización exacta de la salida de aguas sobrantes, en la esquina noroeste del recinto, que se juntaban con las «aguas que baxan de la calle del Arenal» justo a la entrada de la «alcantarilla nueba».

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En dicho plano, además, se remodela por completo el espacio existente entre el lado norte de la fuente y las huertas del convento. El recinto de las fuentes siempre se había visto perjudicado por la proximidad del arroyo del Arenal y, sobre todo, por las aguas que descendían por la calle de los Caños del Peral, tal como reflejan los documentos de la época: «el suelo delante de las fuentes de los caños… está muy lleno de tierras e inmundicias de manera que están los caños bajos que no se puede coger el agua de la fuente de los Caños… y este daño procede de las avenidas de las aguas de los arroyos que bajan y encuentran con las dichas fuentes». Las medidas tomadas para evitar tales problemas son diversas. Dos de ellas afectan propiamente al espacio urbano citado: se añade, como ya hemos visto, un tramo de alcantarilla nueba para soterrar por completo el arroyo en esa embocadura de la calle. Y, además, se modifica sustancialmente el trazado topográfico de la zona: parte del pretil biexo que corría paralelo a la guerta de las monxas estaba ya desplomado, y ahora se sustituye


Planos 4 y 5 Proyecto de Jerónimo Fernández Hurtado, alarife de la Villa, para la obra del paredón de las pilas de los Caños del Peral y la alcantarilla (1634). Lleva una solapa lateral cosida en la que se dibuja el alzado y la sección de la «alcantarilla nueba»; aquí se ha colocado centrada para no tapar ningún elemento significativo del plano.

Plano 5

INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA 2009-20011

Plano 4

por un muro de contención adosado al nuevo tramo de alcantarilla; y se empiedra el terreno «desde el alcantarilla haçia el juego de pelota, lo que bastara para haçer suabe la subida por çima del alcantarilla». Las otras se centran en la propia fuente y en su entorno más inmediato: se mejora el sistema de desagüe, decidiéndose «que pegado a los caños se haga un conducto con un canal de piedra en que se recojan los remanentes de las fuentes y caiga en una arca y desde allí vaya por sus caños cerrados… hasta pasar el lavadero»; se afianza el suelo de la lonja, que habrá «de quedar muy bien empedrado de piedra crecida con que quedará defendida la entrada de las mareas y suavizada la de las cabalgaduras»; se refuerza el cerramiento septentrional del recinto y parte del occidental mediante un muro de mampostería de pedernal y caliza; y, finalmente, se limpia «lo demás de la plaza y la basura e inmundicias que están a la entrada de las alcantarillas».

En esta intervención arqueológica se recuperaron partes importantes de la fuente. El paredón de los caños era de granito gris y alcanzaba una altura de tres metros: el cuerpo superior se componía de dos hiladas de sillares almohadillados; el central constaba de cuatro hiladas de sillares de perfil convexo muy acusado; y el inferior tenía una sola hilada, con la cara visible totalmente plana. Los caños metálicos se encastraban en hornacinas rematadas por una bóveda con forma de venera, y vertían el agua en pilas exentas talladas sobre un único sillar rectangular. La galería de distribución se adosaba a la parte posterior del paredón de los caños; en su interior se disponían cañerías de barro cocido por las que circulaba el agua, que se repartía a los caños mediante piletas individuales de decantación situadas detrás de cada uno de ellos. La galería, de metro y medio de ancho y dos y medio de altura, se cubría con bóveda de medio cañón de ladrillo macizo. También se localizaron, en el cuarto superior del muro occidental, los restos del umbral de la entrada a la lonja, así como las escaleras de acceso. La desaparición de la fuente ocurrió a comienzos del siglo xix, tras los sucesivos proyectos de reforma y nueva nivelación que afectaron a la plaza: quedó oculta bajo tierra, a unos ocho metros de profundidad.

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Lavaderos (detalle de la estructura de las pilas y del depósito)

LOS LAVADEROS Uno de los edificios que se proyectaba incluir en el espacio que ahora se urbanizaba y saneaba era un lavadero público, que formaría parte de los propios de la villa y sería arrendado a censo. Su construcción comenzó en 1590, tras derribarse las últimas tenerías expropiadas. Se diseñó como un gran corralón rectangular de 582 metros cuadrados de superficie, a cielo abierto, cercado con pared de tapial4. Además de este recinto, también pertenecía al lavadero otro espacio sin cercar de 214 metros cuadrados, sin duda contiguo al corral, que no es posible ubicar con mayor precisión. El lado oriental lo ocupaba el depósito de agua5, que no era sino el propio pilar viejo construido el siglo anterior, convenientemente ampliado al efecto, que como dijimos se surtía directamente del arroyo del Arenal, no del sobrante de la fuente de los Caños. Adosadas a él, por el interior del corralón, se colocaron las pilas de lavado, en número indeterminado, aunque se sabe que medio siglo después eran nueve, construidas en piedra con un metro de anchura y casi dos de longitud; tenían la misma estructura que se ha mantenido durante siglos: pila propiamente dicha y fregadero. En el lado meridional, en el que se abría la entrada al recinto, se construyó una pequeña vivienda para alojamiento del arrendador. 60 Pasea por Madrid

Las obras concluyeron en 1592, con el enlosado del patio y la construcción de una alcantarilla «para llevar desde los labaderos el remanente del agua dellos a la guerta y jardín de su Magd. junto a la Priora» y unas «escaleras cortadas de piedra», ambas con traza de Francisco de Mora. En 1642 se añadió un cobertizo de madera sobre las pilas, apoyado por el lado de éstas en cinco pilares de madera sobre peanas de granito, con jabalcones en los extremos, y por el lado del depósito en una estructura ligera de madera reforzada con paredes de yeso, con un tejadillo a un agua que dejaba sobre el pilón abertura suficiente para su aireación. La traza era de Jerónimo Fernández Hurtado, alarife de la Villa (Plano 6). Al mismo tiempo, se rehicieron los muros norte y oeste del corral, que se habían derrumbado: por una parte, «el antepecho que mira hacia las monjas de sto. domingo se está vndiendo y con mucho peligro; tiénese de derribar de manera que no aga daño a el sitio y pilas de abajo»; y, por otra, se reconstruiría también «el lienço que se cayó que mira a palacio con su rebuelta en ochabo asta topar con lo que estubiere bien fabricado del lado de la puerta del labadero». El nuevo cerramiento consistió en un muro de medio metro de espesor y tres de altura, con aparejo toledano


Lavaderos de los Caños del Peral

Plano 7

Plano 6

y compuesto por un zócalo de pedernal, dos cajones de mampostería entre verdugadas de ladrillo y pilares de idéntico material, más anchos en su mitad inferior (Plano 7). Se sabe que desde 1663 el Ayuntamiento intentó vender el lavadero, forzado sin duda por las muchas necesidades económicas de la villa. En 1665 se tasó el agua sobrante, el solar y el edificio, estimándose un valor total de 98.200 reales. Sin embargo, la venta nunca llegó a materializarse.

4. Este lavadero corresponde al edificio señalado con el nº 65 en el plano de Wit (Plano 3), y al patio cerrado que se dibuja en el Texeira (Plano 8), aunque en éste la leyenda Lavaderos sólo se ve parcialmente. 5. Su posición se especifica en el Plano 4 («balsas de putrifaçión»), en el que también se dibujan, adosadas a él, las «pilas donde se laba».

Plano 6 Obras para el colgadizo del lavadero de los Caños del Peral (1642). Plano 7 Obras para el colgadizo del lavadero de los Caños del Peral (1642). Detalle del muro.

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Plano 11 Plano del Desaguadero, de J. López (1767).

EL CORRAL DE TRUFALDINES En 1708, la compañía italiana de cómicos los Trufaldines solicitó a la villa el viejo local de los lavaderos «a efecto de fabricar un teatro de representar para el bien público». Tras un acuerdo privado con Catalina de Aramburen, que tenía el usufructo, los cómicos se hicieron con el arriendo por un plazo de seis años y dos meses, con la condición de que pasado este plazo dejaran el edificio en las mismas condiciones en las que ahora se encontraba. Tras realizar las obras de acondicionamiento necesarias, el teatro quedó listo para su uso a finales de ese mismo año. Los Trufaldines lo denominaban Coliseo de los Caños del Peral, pero popularmente fue conocido como Corral de Trufaldines, a semejanza de los otros teatros madrileños. Las obras afectaron al patio de los lavaderos, adosándose diversas galerías a lo largo de su perímetro, pero no al conjunto de pilas y depósito, que seguramente se conservaron sin modificaciones importantes: entre dicho conjunto y el nuevo edificio quedaría, así, un amplio zaguán descubierto en el que se situaría la entrada principal; además de ésta, y siguiendo las costumbres de la época, se habilitó otra entrada secundaria con acceso directo a la cazuela, para que no se mezclaran hombres y mujeres al entrar y al salir3. El patio del teatro estaba porticado en tres de sus lados, seguramente con gradas en 62 Pasea por Madrid

ellos, mientras que en el otro se situaba la caja del escenario; quedaba rodeado por catorce «pies derechos con sus abrazaderas de hierro con sus puentes de pie a pie derecho… con sus jabalcones a los tirantes y su armazón de madera que cubre todo el teatro y su puerta corriente a la plazuela». La denominación de coliseo hace sospechar que este patio pudo haber estado cubierto. Seguramente tuvo tres pisos sobre la planta baja: el primero acogería la cazuela; el segundo dispondría de distintos aposentos particulares, entre ellos el reservado a la Villa; y en el tercero estarían los desvanes. Toda la estructura, las armaduras del tejado y los aposentos eran de madera. Sus dimensiones y aforo resultaron similares a las de los corrales de la Cruz y del Príncipe. Probablemente existió un pasadizo volado en su fachada sur, sobre la calle del Juego de Pelota, que lo comunicaría con los edificios de la manzana 421. Así parece indicarlo el proyecto de Rabaglio (1737, Plano 9); la Planimetría General (1749, Plano 10) y el plano de Espinosa (1769) lo muestran como edificio totalmente exento, pero el Plano del Desaguadero (1767, Plano 11) vuelve a dibujarlo unido con pasadizo a la manzana 421. Las dos primeras temporadas tuvieron un cierto éxito de público, pero la siguiente fue desastrosa y la compañía hubo de disolverse en 1711, cuando sólo había transcurrido la mitad del plazo acordado, quedando clausurado el teatro. Dos años después solicitaron la cancelación del arriendo; Teodoro Ardemans, maestro mayor, y Juan de Morales, alarife, inspeccionaron las obras ejecutadas por los Trufaldines en el antiguo lavadero y las tasaron en 22.600 reales. Para no tener que abonarles esta cantidad, propusieron que la villa reparara los tejados y que los cómicos demolieran los pisos y aposentos y pudieran vender en su propio beneficio la madera recuperada: de esta forma, «se podrá erigir un almacén para carbón con poca costa». Sin embargo, la Junta de Propios desechó la idea por el peligro que supondría dar ese uso a un


Plano 9 Proyecto inicial para el nuevo teatro, sobre la planta del antiguo lavadero, dibujado por Virgilio Rabaglio (1737)

Plano 9

Plano10

Plano 10 Planimetría General, manzana 411 (1749)

inmueble tan cercano a Palacio, y se dejó el edificio tal cual estaba, posponiendo la decisión sobre su destino futuro. En 1715 la compañía se reagrupó de nuevo, y en septiembre del año siguiente la villa les volvió a ceder «la casa y teatro que está a los Caños del Peral, que… está en la misma conformidad que la dejamos a Madrid cuando cesamos en el arrendamiento de ella». El teatro, abandonado y sin uso desde 1711, se reabrió de nuevo y los cómicos retomaron su actividad. Las representaciones continuaron durante más de una década, hasta que en 1723 la compañía se disolvió definitivamente. El Ayuntamiento, obligado por la ruina del corral del Príncipe, utilizó éste de los Caños para que las compañías españolas representaran en él durante la reparación; así lo hicieron hasta 1735, y en 1737 fue demolido definitivamente el viejo corral del lavadero. Felipe V compró el solar para construir un nuevo teatro, encargando la obra al marqués de Scotti; el proyecto fue de Virgilio Rabaglio, y la inauguración se llevó a cabo el 16 de febrero de 1738. El nuevo Coliseo de los Caños del Peral, cuya fachada principal seguía dando frente a la fuente de los Caños del Peral, ocupaba un solar rectangular de 22 por 51 metros, duplicando la superficie del desaparecido corral de Trufaldines4. En 1850 fue sustituido por el actual Teatro Real.

BIBLIOGRAFÍA - ARTRA, S.L.: Memoria final de intervención arqueológica. Proyecto: “Obras de implantación de nuevos ascensores en la estación de metro de Ópera”. 2011. - COTARELO Y MORÍ, Emilio: Orígenes y establecimiento de la ópera en España hasta 1800. Tipografía de la RABM. Madrid, 1917. - DOMÉNECH RICO, Fernando: La Compañía de los Trufaldines y el primer teatro de los Caños del Peral. Tesis Doctoral. Universidad Complutense de Madrid, 2005. - PENEDO COBO, Eduardo: La plazuela de los Caños del Peral. Investigaciones arqueológicas en la estación de Ópera. Metro de Madrid, 2011. - SAMBRICIO, Carlos: «Virgilio Rabaglio. Arquitecto de los Caños del Peral». Archivo Español de Arte, tomo 45, núm. 179, año 1972, pp. 320-321. - URGORRI CASADO, Fernando: «El ensanche de Madrid en tiempos de Enrique IV y Juan II». Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo del Ayuntamiento de Madrid. Año XXIII, núm. 67, enero 1954.

6. El proyecto de Virgilio Rabaglio de 1737 (Plano 9) es el único documento gráfico que permite conocer la disposición espacial del Corral de Trufaldines. El dibujo incompleto del nuevo Coliseo, con muros de color oscuro, se superpone a una estructura de tono más claro, que sin duda corresponde al corral: en ella se reconoce fácilmente el patio, rodeado de aposentos; el escenario quedaría a la derecha, y un poco más allá, fuera ya de lo dibujado en el plano, se localizaría el conjunto de pilas de lavado y depósito de agua. 7. La primera representación volumétrica de este nuevo coliseo es la que ofrece el plano de Chalmandier de 1761.

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LAS SABANDIJAS DEL ALCĂ ZAR Enanos, bufones y hombres de placer

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Existe un magnífico estudio de Veronique Gerard sobre el Alcázar de Madrid, en el que dice: «sea cual fuere la civilización que represente, un palacio manifiesta y simboliza, casi siempre, el recuerdo de un monarca». Pero el vetusto Alcázar madrileño simboliza mucho más. En él y en su evolución desde fortaleza a palacio, está presente toda la historia viva de la villa de la que fue su núcleo primigenio, que creció a su alrededor y llegó a ser capital de las Españas. Texto de Rosalia Domínguez Licenciada en Historia del Arte y ex directora de La Casa Natal de Cervantes, Museo Picasso, Museo Ulpiano Checa y Museo Taurino.


EL ALCAZAR DE MADRID El desaparecido Real Alcázar de Madrid estuvo situado en el solar donde actualmente se erige el Palacio Real, construido como fortaleza musulmana en el siglo ix; después de la capitulación árabe en favor de Alfonso VI, el edificio fue ampliándose y mejorándose con el paso de los siglos, hasta que el fuego lo destruye en la Nochebuena de 1734, El alcázar fue el marco privilegiado que enfatizaba la grandeza de una monarquía poderosa y el elemento más imponente de su representación.

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EL ALCÁZAR EN EL SIGLO XVII Durante el reinado de Felipe IV (1606-1665) el alcázar alcanza su máximo esplendor En esta época dorada, en el interior, el embellecimiento y la fastuosidad decorativa del alcázar alcanzó su más alto grado. Sus salones se ornamentaron con las obras pictóricas más señeras de Ticiano, Rubens, Alberto Durero, Tintoretto, Veronés, Correggio, Carraci, Rafael y, como no, del pintor favorito del gran dilettante que fue Felipe IV, Diego Velázquez que, fue quién orquestó la fastuosa decoración palatina tanto de la sala Ochavada, como del salón de los Espejos, construidos durante el reinado de este rey culto y poeta, aunque muy mal gobernante. Sus muros se adornaron con mármoles y jaspes y las bóvedas con los frescos de Colonna y Mitelli, artistas italianos, estrellas de la decoración barroca contratados por Velázquez por encargo de su señor en el segundo viaje que realiza a Italia, donde permaneció por espacio de dos años. El alcázar madrileño vivió en este tiempo sus días de máximo esplendor. Vamos a centrarnos ahora en su vida interna, ya que el alcázar de los austrias constituía un mundo autónomo, enormemente complejo y profundamente vivido, maraña de dependencias y funciones, muchas veces superpuestas, con un total aproximado de quinientos aposentos, sumadas las habitaciones reales, las salas de audiencias, fiestas y recepciones, las dependencias palatinas y las estancias burocráticas. En este inmenso edificio, esplendoroso y sombrío a la vez, palacio de leyendas, de grandes contrastes, donde junto a estancias amuebladas con lujo fastuoso se encontraban aposentos tétricos y miserablemente conservados, donde las


escaleras y pasadizos secretos y las entradas misteriosas se abrían donde menos podía esperarse, paraíso de la intriga política y la aventura amorosa, transcurría la vida del rey, su gobierno, los altos dignatarios y los Consejos, asistidos por una populosa pléyade de mayordomos, criados, ayudas de cámara, caballerizos, aposentadores, guardias, damas, gentilhombres y muchos otros que sería prolijo enumerar, sometidos a una rigurosa etiqueta que dominaba todas las manifestaciones de su existencia y que incluía tanto al Rey y su familia como a los más ínfimos servidores de su casa. Entre esta multitud de personas que pululaban en torno a la majestad real, hemos de destacar a un grupo de seres diferentes, marginales, destinados no al servicio, sino al entretenimiento de las personas regias: eran las «sabandijas de palacio», los «hombres de placer, que desde la Edad Media constituían un ornato indispensable en las cortes de los príncipes y grandes señores.

En el año 1562 fecha en que se estableció la Corte de Felipe II en la villa se realizaron las vistas de Madrid por Anton Van den Wyngaerde por encargo del rey. Estas vistas panorámicas se conservan en la Biblioteca Nacional de Viena, bajo la denominación de Vistas de Viena.

A MODO DE CLASIFICACIÓN Carl Justi, en su estudio sobre Diego Velázquez y su Siglo, publicado en Bonn en 1888, clasificó a estas sabandijas en dos grupos: La de los truhanes, bufones o albardanes, que no tenían deformidad física, pero sí mental: locos verdaderos o fingidos, chocarreros, es decir, aquellos truhanes que eran diestros en los juegos de manos y naipes, volatines, etc. bobos e idiotas, etc. Vinculados a los graciosos de palacio estaban los improvisadores y repentistas, hombres de gran ingenio que tenían muchísima facilidad para versificar «de repente» sobre cualquier tema que se les propusiese. Pasea por Madrid 67


Carl Justi nace en Marburgo, en 1832. Fue uno de los pocos historiadores del arte alemanes que, en el siglo xix, se centró en la investigación del arte español del Siglo de Oro. Su obra capital está dedicada a Diego Velázquez. Pero escribió asimismo biografías de Winckelmann, Murillo y Miguel Ángel. Muere en Bonn en 1912.

La infanta Isabel Clara Eugenia con Magdalena Ruíz de un discípulo de Alonso Sánchez Coello. Museo Nacional del Prado.

El segundo grupo lo componían los seres contrahechos, cuya anormalidad radicaba bien en la pequeñez de su cuerpo: los enanos, bien en la enormidad de su tamaño: los obesos y gigantes; bien en una deformidad peculiar contraria a toda norma, como una mujer barbuda. Sin embargo, su propia extravagancia o su peculiar donaire o desvergüenza, les proporcionaban una posición de privilegio en la vida palatina y muchos de ellos vivieron en la intimidad de las reales personas, a quienes trataban con gran familiaridad que a veces traspasaba toda norma, llegando incluso a la más irrespetuosa insolencia. Eran seres despreciados, merecedores de burla, pero no pobres, salvo en raras excepciones.

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Muchos de ellos obtuvieron pequeñas fortunas y gozaron de pingües sueldos. Francisco de Santos, en su obra El Diablo anda suelto, retrató magníficamente el concepto de bufón, en el que se refleja el espíritu de aquellos seres tan singulares: «Quité pesares, dí alegrías, entretuve el tiempo, fui querido y buscado, lucí y medré y llegué a puertos donde granjeé alhajas y hacienda, hice a muchísimos bobos, sin serlo yo, pero no puedo negar la verdad aquí, donde la dice la boca del condenado: fui bufón.» Vamos a mostrar ahora, como en una galería de retratos, los perfiles de las más sobresalientes sabandijas, cuyas vidas transcurrieron entre los muros del vetusto Alcázar madrileño.


CORTE DE CARLOS I En el reinado del emperador Carlos, destacó entre los bufones un cristiano nuevo, de inigualable ingenio, D. Francesillo de Zúñiga, autor de una Crónica Burlesca del Emperador Carlos V. Desvergonzado, atrevido, con una lengua afiladísima y mordaz, se procuró grandes enemigos, como prueba su muerte violenta, fruto de la venganza de un noble ofendido. De esta misma época reseñaremos también al gigante Antoncico, de origen flamenco, que formaba parte de los arqueros del Emperador, a Cristóbal Cornelio, enano lituano; al truhán Mena, llamado Menica, y al loco fingido D. Alonso Enríquez de Guzmán, caballero sin fortuna que se convirtió en bufón –simulando una demencia inexistente– para poder medrar y conseguir llenar sus exhaustos bolsillos.

Pejerón, loco del conde de Benavente, con calzas y jubón blanco y una baraja de naipes en la mano derecha. Ricamente vestido, con traje propio de un cortesano, sólo su cabeza grande, sus piernas cortas y su mano deforme, con la que sostiene la baraja –símbolo de la ociosidad–, advierten de su condición, «el oficio de burlas». Tomas Moro. Museo Nacional del Prado.

CORTE DE FELIPE II No fue tan austera ni aburrida como se ha pretendido, y el propio monarca gustaba mucho de la compañía de los bufones, a alguno de los cuales distinguió con su favor, como Miguelillo de Antona, Perico de Santervás, o Pero Hernández de la Cruz, apodado Perejón, retratado magníficamente por Antonio Moro. La loquilla Magdalena Ruíz –una de sus preferidas– fue ama de las Infantas, «las niñas de sus ojos» como él las llamaba, Catalina Micaela e Isabel Clara Eugenia, con quién aparece retratada en el lienzo de Sánchez Coello. Otra gente de placer de la Corte filipina fueron Luis Tristán, los enanos Estanislao y Mordacheo, de origen

polaco y húngaro respectivamente, Agustín Profit, llamado el Calabrés, que llegó a ser nada menos que Alcaide de la Casa de Campo, Sancho de Morata o Manuel Ribelo de Fonseca. La tercera y más amada esposa de Felipe II, reina Isabel de Valois, tuvo a su servicio a un enano francés, François Montaigne, llamado comúnmente Montaña, que ejercía de espía para su país, con quién jugaba mucho a las cartas, ya que era un magnífico jugador de dados y naipes. La cuarta esposa del Rey Prudente, Ana de Austria, tuvo en mucho aprecio a dos hermanas, enanas las dos, llamadas D.ª Ana y D.ª Luisa de Cabrera.

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Felipe IV cuando era niño, retratado junto a Soplillo por Rodrigo de Villandrando. Museo Nacional del Prado.

Soplillo, de vida muy longeva, pues su existencia transcurrió hasta prácticamente el final del reinado de Felipe IV, con quién aparece en alguno de sus retratos. Fue durante años una de sus más gratas compañías y tomó parte en las fiestas de palacio, siendo el único hombre que participó en la comedia La Gloria de Niquea, del Conde de Villamediana, que se representó en Aranjuez con la reina Isabel de Borbón, primera esposa de Felipe IV, en el papel de diosa de la belleza. No era nada tonto y fue uno de los enanos que tuvo mayor influencia en la Corte y uno de los que más afecto despertó.

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CORTE DE FELIPE III Más austera y timorata, que la de los austrias mayores, pero aun así, también contó con la presencia de algún famosos hombre de placer. Fue objeto de admiración un gigante catalán, de ventiun años, llamado Juan Biladons, y el truhán Alcocerico. Pero sobre todo, el enanito Bonamí, uno de los regalos de la reina de los Países Bajos Isabel Clara Eugenia enviado a Castilla en 1605 como regalo para el recién nacido Felipe IV. Su pequeñez asombró a la Corte y se contaba la historia de que un caballero «en un tapiz lo dejó colgado por un alfiler». Muy estimado, murió a los 27 años y Lope de Vega compuso para su sepulcro el siguiente epitafio burlesco: Ten el paso, caminante a ver lo que no has de ver; aunque si tienes que hacer puedes pasar adelante pero si el verlo te place tan pequeño yace aquí el átomo Bonamí, que no se sabe si yace. El mas conocido ya que paso a la posteridad al ser pintado por Villandrando y representado en esta pagina fue, Soplillo, su nombre era Juanito, y fue regalado también por Isabel Clara Eugenia, para su sobrino el futuro Felipe IV, cuando éste tenía nueve años, y lo primero que hizo fue retratarse con él.


CORTE DE FELIPE IV PINTADA POR VELÁZQUEZ Y llegamos a la época de Felipe IV. Su corte, fastuosa y amable, estaba plagada de todo tipo de gentes de placer. Muchos de ellos forman la extraordinaria galería de retratos que de estos seres realizó su pintor de cámara favorito, Diego Velázquez, cuyos mágicos pinceles los elevó a la categoría de inmortales. Son tan numerosos los locos, truhanes y bufones que vivieron en el Alcázar de Madrid durante el reinado del monarca a quién bien podemos denominar «velazqueño», que solo reseñaremos, los más sobresalientes: Empezando por los truhanes, destacaremos a Pablillos de Valladolid, nacido en la Villa de Vallecas. Se creía un magnífico actor, un cómico genial. Se pasaba las horas recitando fragmentos de las obras de Lope y sus gracias mejores consistían en caricaturizar a los graciosos de más fama en los corrales e imitaba muy bien al mejor actor cómico de su tiempo.

El Cómico o Retrato de un bufón con golilla que se llamó Pablillos de Valladolid. Destaca una perspectiva muy poco utilizada en pintura para dar énfasis al personaje, como es la carencia de una linea que separe el suelo del fondo, dando una sensación etérea.

Barbarroja, llamado en realidad Cristóbal de Castañeda y Pernía, fue bufón del conde-duque de Olivares antes de pasar al servicio del rey. De aspecto bravucón y amenazador, tenía un acento bronco y usaba un léxico de soldadote en la taberna. Más que truhán era un chocarrero, ya que sus grandes habilidades consistían en los trucos de manos y los jeroglíficos. En 1634 fue desterrado a Sevilla porque al preguntarle D. Felipe en Balsaín –que es monte de pinos– si había olivas, replicó: «Señor, no hay olivas, ni Olivares, gracias a Dios».

El bufón Barbarroja, don Cristóbal de Castañeda y Pernia: Esta serie de cuadros de Velázquez de retratos de sujetos célebres, y de placer, estaban situados en la escalera y aposentos menores del palacio del Buen Retiro. Museo Nacional del Prado. Pasea por Madrid 71


El bufón Calabacillas, posiblemente Juan Calabazas, también apodado el bizco, retratado por Velázquez en mas de una ocasión, existe otro lienzo en el museo de Cleveland con pose distinta. Museo Nacional del Prado.

El bufón llamado don Juan de Austria, posiblemente en referencia al hijo natural de Carlos V, en realidad se tratara de un viejo soldado, con manías de grandeza enfundado en un anticuado traje con trofeos militares. Museo Nacional del Prado.

Otro gran truhán fue Juan de Austria, que se vanagloriaba de ser un bastardo real, aunque en realidad había nacido en el barrio de la Morería madrileña hijo de pelandusca y padre incierto. Era un tipo bravucón y presumido que gastaba mucho dinero en su atuendo. Gran desvergonzado, tenía verdadero gracejo contando chascarrillos. Alanceaba muy bien los toros, por lo que tenía un cierto pique con otro de los hombres de placer de Felipe IV, llamado Juan Cárdenas, torero bufonesco, pero muy bueno en esas lides, que pertenecía al duque de Medina Sidonia, que pasó al servicio del monarca cuando éste lo vio torear 72 Pasea por Madrid

con pericia en el bosque de Doñana en 1624, pues era bien sabido la gran afición taurina del Rey. Fue retratado por Velázquez, sombrero en mano, en un cuadro hoy perdido. Continuando con el grupo de los truhanes tenemos que mencionar a Juan Calabazas, más conocido como Calabacillas, era un pobre idiota con un cretinismo patente. Estuvo al servicio del Cardenal Infante D. Fernando. Su cara presentaba un tremendo estrabismo que ni siquiera Velázquez pudo atenuar en el extraordinario retrato que le hizo. Gozaba de gran favor y era muy regalado, pues además de copiosas raciones alimenticias y dotación de prendas de vestir, llegó a disfrutar de carruaje con mula y acémila. Cosme Pérez, más conocido como Juan Rana, quién también actuaba con mucha frecuencia en el teatro del Alcázar, en el Salón Dorado, y fue el cómico preferido de Mariana de Austria. Se enfadaba mucho cuando Felipe IV organizaba representaciones teatrales sin consultar con él.


La familia de Felipe IV pintada por Velázquez representado un momento íntimo de la familia real, muestra lo cotidiano del trato entre sus miembros con estos seres que pululaban cómodamente por las estancias del palacio en las Meninas podemos ver a dos de ellos: Nicolasito Pertusato, italiano de origen, concretamente de Alesssandría de la Palla, es el enano que tuvo la suerte de ser inmortalizado en este lienzo, ingresó en la Corte en 1650, maravillosamente bien formado, más bien parecía un niño juguetón, compañero de travesuras de la infante Margarita, que un hombre adulto, aunque diminuto. Trabajó en la Corte hasta el año 1700 año en el que la dinastía de los Austria se extinguió con la muerte de Carlos II. Estuvo muy bien considerado en ella, ya que de adulto llegó a ser ayuda de cámara del rey. Falleció alrededor de 1710, cuando ya reinaba en España la nueva dinastía de los Borbones. También se encuentra retratada la enana de la reina Mariana de Austria llamada Mari Bárbola, de origen alemán, cuyo verdadero nombre era Bárbara Asquin, debió estar muy considerada en la corte española, pues llegó a contar con un criado a su servicio cuando pasó a residir en el alcázar madrileño en 1651, año en que dejó la casa de la Condesa de Villerval. Poseedora de una fealdad notable, se enamoraba con facilidad y sintió una fuerte atracción hacia D. José Nieto, Aposentador de la reina D.ª Mariana de Austria. Más tarde su amor se dirigió al duque de Medinaceli, a quién trató de hacer ingerir un bebedizo afrodisíaco para conseguir su amor sin que, por supuesto, lo lograra. Más tarde sus amores se dirigieron hacia su inmortalizador, Diego Velázquez. Parece ser que por estas cosas y por su pestilente aliento, la expulsaron de palacio. En 1700 abandonó la corte y regresó a su país natal. Pasea por Madrid 73


Es de dudosa identificación como «sabandija de Palacio» y por tanto como Francisco Lazcano, el bufón del príncipe Baltasar Carlos de niño, ya que se le representa en una cueva, con marcados rasgos de bobería y con una baraja en la mano, mas parece una alegoría de la estupidez humana que confía en el juego, que un bufón. Museo Nacional del Prado.

Bautista, el del Ajedrez, llamado también El Rojo tanto por el color de su cabello y barba como por vestir siempre unas extrañas dalmáticas coloradas, jugaba como un maestro al ajedrez y nunca se dejó ganar por el Rey, que lo apreciaba mucho, en los cientos de partidas que jugó con él. Solía mofarse, además, de la impericia de D. Felipe a quién llegó a dar de ventaja la reina, la torre y un caballo. Pero el monarca jamás se enfadó con él y tenía ordenado que se le pasara puntualmente cinco reales diarios. Murió muy anciano en el Alcázar, en Diciembre de 1639. Tenía cerca de cien años. Manuelillo de Gante, albardán muy apreciado por D.ª Mariana de Austria, protagonizó un incidente en la Corte cuando un día, al terminar de comer, la soberana pidió confites y le respondieron que el confitero no los quería dar porque no le pagaban y ya le debían mucho, lo que ponía de manifiesto lo exangüe de las arcas reales. El 74 Pasea por Madrid

Retrato de bufón con perro. Representa a un enano o bufón de la corte elegantemente vestido con traje de color ocre y bordados dorados, con paños blancos de encaje en cuello y puños, el sombrero en una mano y espada al cinto, junto a una perra mastín casi de su tamaño para subrayar su pequeñez. Museo Nacional del Prado.

truhán sacó entonces de su bolsillo un real de a cuatro y dijo con gesto imperativo a los servidores correspondientes: Traigan luego los confites, aprisa, para que esta buena señora acabe con ellos de comer. Como repentistas o improvisadores de versos o coplas, destacaron en la corte de Felipe IV –como herederos de los antiguos juglares– Atilano de Prada y Cristóbal Martínez, llamado el Ciego. Ambos versificaban de repente, con gran fluidez, sobre cualquier tema que se les proponía. Vamos ahora con el grupo de enanos, que formaban mundo aparte entre las gentes de placer: Francisco Lezcano, conocido también como El Niño de Vallecas y el Vizcaíno, fue bufón del Principe Baltasar Carlos, con quién apareció retratado cuando el Infante era casi un bebé, como una contraposición de lo regio y lo hermoso frente a la ruindad y fealdad del enano.


Don Sebastián de Morra, que sirvió en primer lugar al cardenal infante don Fernando de Austria y a su llegada a España entro al servicio del príncipe Baltasar Carlos que lo tuvo en cuenta en su testamento con muy buenos enseres de caza, ya que posiblemente fue su compañero en aventuras cinegéticas. Disponía de un criado y se le permitía un cierto atildamiento –cuello y puños de fino encaje– en su forma de vestir, en contra de pragmática austeridad que imperaba en el palacio. Museo Nacional del Prado.

Más conocido es el bellísimo retrato que Velázquez le hizo años después, en el que el pintor no atenuó su cretinismo, y nos lo presenta con su rostro de expresión torpe y bobalicona y su boca sin cerrar. Debía tener en la época de este retrato unos 14 años. Se sabe que murió en 1649. D. Antonio, el Inglés, era un enano de una presunción y petulancia insultantes. Vestía con fastuosa y afectada elegancia y tenía un criado llamado Tomás Pinto a quién trataba con una arrogancia tal que producía la hilaridad de quienes le conocían, ya que el tal Pinto era un hombre de considerable altura. Era irritable y quisquilloso y poseía una prodigiosa memoria. Existe también un maravilloso retrato de este enano junto a un perro casi tan alto como él. D. Sebastián de Morra, cuyo extraordinario retrato es una de las cimas de la pintura velazqueña. Nadie supo jamás donde había nacido, y él lo ocultaba con celo así como

su vida hasta los treinta años. Parece ser que era italiano y que tomó su nombre o apodo morra del juego tan popular entre tahures y gente baja de Roma llamado así. No era un bobo ni un cretino. Hablaba perfectamente italiano, francés y alemán. Había viajado por toda Europa y el Cardenal Infante D. Fernando, hermano del Rey, lo envió como regalo a su sobrino Baltasar Carlos, heredero de la corona española. Como hombre muy inteligente que era, estaba evidentemente descontento de su condición y suerte. Le entretenían los juguetes del príncipe y las infantitas y lloraba haciendo pucheros por cualquier tontería, sin embargo, era un verdadero maestro diciendo procacidades. Dos veces estuvieron a punto de echarle del Alcázar por hablar groseramente delante de ellos y fue el principito quién consiguió su perdón, muy interesado en que el enano le siguiera tallando en madera los más primorosos juguetillos. Pasea por Madrid 75


Don Diego de Acedo se le representa manejando un infolio y un libro en el suelo con hojas sueltas y un tarro con pegamento, quizás rememorando su trabajo de encargado de la estampilla con la firma real Museo Nacional del Prado.

Retratos de Eugenia Martínez Vallejo de Juan Carreño de Miranda, mandados realizar por Carlos II, el primero con un lujoso traje rojo, regalo del rey y el segundo posando a imitación de Baco. Museo Nacional del Prado.

D. Diego de Acedo, el Primo, no era hombre de burlas ni un loco, sino un alto funcionario de Palacio encargado de la estampilla con la firma real. En el maravilloso retrato que le hizo Velázquez resalta la nobleza de su cabeza y su mirada, aunque su cuerpo fuera risible. Parece ser que tenía pretensiones de alcurnia. En opinión de Carl Justi, estaba envanecido por el título de primo que el rey le daba. Cuando lo retrató Velázquez, D. Diego de Acedo le suplicó que le dejara tener en las manos un Nobiliario que él había anotado en los márgenes con minuciosidad. Fue protagonista de un gran escándalo en el Alcázar en 1643, cuando el Aposentador del Rey, Marcos Encinillas, mató a cuchilladas por celos a su mujer, quién creía le engañaba con el enano, que tenía fama de mujeriego y conquistador, y lo hubiera matado a éste también, si no hubiera estado ausente de palacio. La tarde anterior se había trasladado 76 Pasea por Madrid

con el rey al Buen Retiro. Decepcionado, el celoso marido se intentó suicidar, pero solo lo consiguió a medias. No curó jamás porque se había lesionado un pulmón.. La desgracia rondaba sin duda al Primo, pues en uno de los Avisos de Barrionuevo, del año anterior, se lee la siguiente noticia: «El jueves, a 17... por la mañana salió el señor conde-duque del Humilladero, como acostumbraba, donde vio pasar la compañía del señor marqués de Salinas... y a la vuelta... una escuadra de arcabuceros, que era la primera hilera, le hizo una salva. Entre los que tiraron disparó uno con bala y otros dicen que con taco fuerte. La bala o taco dio en la barra del coche, hacia la parte de proa y rompió la barra... y con la pólvora y pedazos que chaspó hirió en la cara a un enano que iba allí, que se llamaba el Primo». Se salvó de puro milagro.


CORTE DE CARLOS II En este reinado destacó un enano, llamado Luisillo, de una gran belleza. La estupenda cotilla Condesa D’Aulnoy en su Viaje por España en 1679, nos lo describe así: «Nunca ví cosa tan linda como un enano del Rey llamado Luisillo. Nació en Flandes; maravilla su pequeñez y está perfectamente proporcionado. Tiene linda cara, bonita cabeza y más talento del que pueda imaginarse pero, sobre todo, un ingenio agudo y comedido». La misma Madame D’Aulnoy cuenta cómo Luisillo, que montaba muy bien a caballo, quiso lidiar toros «por amor a su adorada D.ª Elvira, una criatura de siete a ocho años de admirable belleza», niña de origen desconocido, pero que todos suponían de alcurnia, y había estado cautiva de los corsarios antes de que fuera recogida en la Corte de Carlos II. Como verán, todo un romántico argumento para una novela. Otro prodigio de la corte del último Austria fue la niña Eugenia Martínez Vallejo, cono-

cida por la Monstrua, a quién Carlos II hizo retratar, vestida y desnuda, a su pintor de Cámara Juan Carreño de Miranda. El asombro de los cortesanos ante una niña «blanca y no muy desapacible de rostro» como se la describía, pero de un tamaño y una obesidad desmesurados, no tuvo límites, máxime teniendo en cuenta que la gordura en aquella época – lo mismo que en la actual, y en eso no han cambiado mucho las cosas– era, además de una dolencia, una indelicadeza, y las damas y algunos caballeros de entonces no dudaban en fajarse de forma extremada para parecer delgados y oírse llamar «pino de oro», frase en la que se encerraba el ideal de belleza de los hombres y mujeres del Siglo xvii. Los bufones terminaron con los Austrias y no tuvieron cabida en la corte de sus sucesores, los Borbones. Con la nueva dinastía entraron en España nuevos aires, ideas diferentes y una nueva mentalidad que significaría el comienzo de un cambio profundo en la sociedad española y la majestad real ya no precisaba de estos seres marginales para reafirmarse. Pasea por Madrid 77


Grabado de Isabel II jurando la Constitución de 1837 ante las Cortes el 10 de noviembre de 1843 al termino de la regencia de su madre. Texto e imágenes de L. Regino

Mateo del Peral

Del Instituto de Estudios Madrileños Profesor de la UNED

ISABEL II

LA DE LOS TRISTES DESTINOS El reinado de Isabel II ha sido objeto de polémica entre la historiografía más tradicional, donde incluimos aquellos que sustentan la opinión de que fue una soberana ineficaz, y los historiadores más modernos quienes, mediante una investigación más rigurosa, han intentado revalorizar sus logros, manteniendo el criterio que sus errores, en todo caso, serían imputables a esas camarillas intrigantes y políticos interesados que la rodearon.

En esa serena reflexión y exhaustivo análisis destacan los testimonios aportados por escritores, historiadores y biógrafos como Benito Pérez Galdós, León y Castillo, Luis Bonafoux, Juan Pérez de Guzmán y otros posteriores y más actuales como Carmen Llorca, José Luis Comellas, Gonzalo Anes, José Montero Alonso, Herrero de Miñón, Juan Velarde, Manuel Espada Burgos, Isabel Burdiel, Germán Rueda y otros que han investigado con rigor su trayectoria personal, condicionada en su quehacer como 78 Pasea por Madrid

soberana por esas presiones familiares, palaciegas y políticas que malograron sus buenas intenciones, como ya hemos indicado al comienzo de este trabajo. En realidad, y en vida de ella, los pioneros en reconocer sus méritos fueron precisamente tres insignes personalidades: el embajador en París, Fernando de León y Castillo, Marqués de Muni, Benito Pérez Galdós y Nicolás Salmerón, tercer presidente de la I República española. Habría de esperar hasta el año 2004 para que entidades

tan prestigiosas como la Real Academia de la Historia, Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y La Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, además de renombrados escritores, biógrafos, historiadores y periodistas resaltaran su valiosa aportación en esa labor que contribuyó al esplendor y modernización de la España de su época en la que se consolida el constitucionalismo y el liberalismo español y desaparecen definitivamente los vestigios del Antiguo Régimen.


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María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, reina de España. Vicente López. Museo Nacional del Prado

EL CONFLICTO SUCESORIO

Fernando VII con sus dudas y vacilaciones fue el causante de un conflicto sucesorio. En sus tres matrimonios anteriores el rey no había conseguido descendencia (El monarca contrajo esponsales con María Antonia de Borbón-Dos Sicilias, que solo llegó a ser princesa de Asturias, María Isabel de Braganza, María Josefa-Amalia de Sajonia y María Cristina de Borbón). En la elección de su cuarta esposa María Cristina desempeñó un papel bastante relevante su cuñada Luisa Carlota, hermana mayor de aquella, que destacó ante el monarca las virtudes de la candidata, sobrina también de Fernando VII, como mujer idónea para él, con la garantía además de que era una mujer fértil y le proporcionaría un heredero al trono por línea directa.

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El monarca influido por su esposa María Cristina, promulga la Pragmática Sanción, documento jurídico, que autoriza la entronización de mujeres en caso de primogenitura femenina, siempre que no haya hermanos varones, en contra de la Ley Sálica que expresamente lo prohíbe. Isabel II nació el día 10 de octubre de 1830, a las 16,15 horas, como fruto del matrimonio de Fernando VII con su cuarta esposa, el rey de nefasto recuerdo fue conocido como, el rey felón, El Calígula español, El Narizotas y El Tigrekán (en alusión a los sátrapas asiáticos). El bautizo de la infanta tuvo lugar el día 11 del mismo mes en la capilla del Palacio Real, siendo sus padrinos sus tíos Francisco de Paula y Luisa Carlota. Concluida la ceremonia religiosa se celebraron diversos festejos que finalizaron por un acontecimiento luctuoso al fallecer el padre de la reina María Cristina el rey de las Dos Sicilias. Este nacimiento causó la indignación de Carlos María Isidro que veía como sus aspiraciones al trono se disipaban cuando estaba esperanzado de que él sería el sucesor de su hermano, teniendo en cuenta que María Cristina había dado a luz a una hembra, la infanta Isabel. Los realistas puros se aglutinaron en torno al pretendiente para defender sus derechos sucesorios. Sus partidarios consiguieron persuadir al influ yente ministro Francisco Tadeo Calomarde, quien junto el embajador napolitano Antonini, y los condes de Alcudia, Brunetti, Solaro y Telesforo Peña, confesor de la reina, logran convencerla que esta medida legislativa no era del agrado de los españoles y consiguen que el monarca enfermo deje sin efecto y derogue la Pragmática Sanción, mediante el codicilo de 18 de septiembre de 1832. En consecuencia, la Ley Sálica, de nuevo, era la disposición vigente.


Carlos María Isidro Benito de Borbón y Borbón-Parma, infante de España y conde de Molina, fue el segundo hijo de Carlos IV y María Luisa de Parma y hermano de Fernando VII. Posible sucesor de su hermano en el trono de España en caso de haberse mantenido la Pragmática Sanción por su hermano. También fue conocido como Don Carlos o Carlos V de España.

Pero el día 22 de septiembre, cuando el rey se restablece parcialmente de su grave enfermedad, los infantes Francisco de Paula y su esposa Luisa Carlota acuden a La Granja y convencen a la reina y al monarca para que cesen a Calomarde. Es famosa la anécdota de cómo la infanta Luisa Carlota indignada exigió a Calomarde el codicilo que anulaba la Prágmatica Sanción. Calomarde duda y finalmente le hace entrega del mismo. La reacción de la infanta no se circunscribe solo a proceder a la ruptura del escrito y hacerle añicos, sino que propina una gran bofetada a Calomarde y este dominando sus sentimientos, impasible, sonríe a la infanta y la dice: «Señora, manos blancas no ofenden».. El día 31 de diciembre de 1832, Fernando VII realiza una pública declaración en la que manifiesta la nulidad a todos los efectos de la derogación de la Pragmática Sanción1 de 18 de septiembre de 1832. LAS GUERRAS CARLISTAS. El carlismo, sus líderes y los conflictos bélicos surgidos como consecuencia de la oposición a la monarquía liberal y democrática han suscitado normalmente cierta desorientación para el público en general sobre las diferentes etapas históricas en las que acaecieron esas confrontaciones y los personajes y componentes que encabezaron esta tendencia. No cabe duda que el carlismo tiene unas características singulares como su larga duración, consecuencia de haber sabido adaptarse a los hechos y acontecimientos que han acaecido en nuestro país en el transcurso de los siglos xix y xx, como pone de manifiesto Jordi Canal en su obra El carlismo. Los postulados carlistas forman parte de una doctrina política, con una orientación marcadamente antiliberal y contrarrevolucionaria. Los términos carlí o carlín surgen por vez primera en Cataluña, mientras en castellano los sustantivos carlista y carlismo aparecen posteriormente. Estas denominaciones ha-

cen referencia desde los albores del siglo xix a aquellos que aún no formarían parte del bando carlista, partidarios de Carlos María Isidro. La formal configuración del carlismo como tendencia o corriente política, según describen Aróstegui, Canal y González Calleja en el Carlismo y las Guerras Carlistas, no acaecería hasta la muerte de Fernando VII. Por otra parte, Jordi Canal hace referencia a que el término carlista o carlino se identifica con el movimiento contrarrevolucionario y que superó a otras denominaciones como las de ultras, apostólicos, serviles e incluso realistas. 1. Promulgada el 29 de marzo de 1830, para restablecer el acuerdo adoptado por las Cortes, el 30 de septiembre de 1789, reinando Carlos IV, según el cual podían reinar las mujeres, en virtud de la costumbre ancestral, reflejada en la ley 2.ª, título XV, partida 2.ª de las Partidas de Alfonso X el Sabio, que establecía que en caso de que el monarca no tuviera vástago varón el trono sería asumido por la hija mayor. La Pragmática dejaba sin efecto el Auto de Felipe V, de 10 de mayo de 1713, denominado, igualmente, Nuevo Reglamento de Sucesión, que puso en vigor la Ley Sálica, según la cual, siguiendo con el criterio ya tradicional de la dinastía borbónica, no podían ocupar el trono miembros pertenecientes al sexo femenino.

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Francisco de Asís María Fernando de Borbón y Borbón-Dos Sicilias hijo del infante de España Francisco de Paula de Borbón, hijo de Carlos IV, y de Luisa Carlota de Borbón-Dos Sicilias, fue rey consorte al contraer matrimonio con su prima Isabel II.

La puesta en vigor, de nuevo, por el rey felón de la Pragmática Sanción sería el punto de partida de un conflicto armado entre carlistas y liberales que ensombrecería la convivencia entre los españoles a lo largo del siglo xix con sucesivas etapas bélicas2 y numerosas víctimas. El 1 de octubre de 1833, mediante el Manifiesto de Abrantes, Carlos María Isidro desde Portugal reivindicó sus derechos al trono y el día 2 del mismo mes, por la noche, en Talavera de la Reina, Manuel María González, funcionario, lleva a cabo la primera proclamación como monarca de D. Carlos, mediante el grito de ¡Viva Carlos VI!, ratificada el día 5 en Bilbao y Vitoria. Surgen grupos de apoyo al carlismo por todo el territorio nacional, especialmente en el norte, Cataluña, Aragón, Valencia y en las zonas campesinas. Una de las banderas esgrimidas por el carlismo para encontrar el máximo de adeptos fue la de apoyar una política foral en contra del centralismo característico de los Borbones, cuando eran recalcitrantes absolutistas y su lema el de: «Dios, Patria, Rey y fueros». 82 Pasea por Madrid

EL DESDICHADO MATRIMONIO DE ISABEL Entre los diversos pretendientes para desposarse con la Reina, José Luis Comellas, en su obra Isabel II, reseña que en un principio los candidatos fueron los hijos de la hermana de Doña Cristina, Doña Luisa Carlota, Francisco de Asís y Enrique. Francisco débil y afeminado quedó inmediatamente descartado. Quedaba la opción de Enrique, hombre valiente y de ideas progresistas y revolucionarias. Su candidatura, también se frustró, como consecuencia de su osadía al sublevarse con un barco de la Marina. Otra alternativa era la de que contrajera matrimonio, con Carlos Luis de Borbón y Braganza, conde de Montemolín, hijo de Carlos María Isidro, quien abdicó en él con la pretensión, apoyada por Jaime Balmes y Donoso Cortés y el pontífice, Gregorio XVI, que intercedió ante la madre de Isabel, María Cristina de Borbón, considerando que de este modo acabaría la confrontación entre liberales y carlistas, pero tampoco prosperó esta opción, ya que a Isabel no le gustó el conde, según reseña Carmen LLorca, Cuando la mostraron un retrato del candidato la Reina puso de manifiesto que había percibido que era bizco y comentó que De ningún modo me caso yo con un bisojo . Otra posibilidad, y dentro de la misma dinastía, según Comellas, era que se casara con el conde de Trápani, que aunque fuera tío de Isabel, solo era tres años mayor que ella, alternativa, igualmente, fue desechada, al igual que las de don Pedro de Portugal y el duque Leopoldo de Sajonia – Coburgo. Finalmente, se decide que los dos matrimonios de Isabel II y Francisco de Asís y de la Infanta Luisa Fernanda y Antonio de Orleáns, Duque de Montpesier tuvieran lugar el mismo día 10 de octubre de 1846, en Palacio. ¡Qué pena¡. Al final, como precisa Carmen LLorca, Isabel se desposó con Francisco de Asís, Duque de Cádiz que:


Los Borbones en pelota es un álbum de láminas satíricas antiguas, se agrupan en 89 (de las 107 que se publicaron) escenas procaces y hasta pornográficas, donde se caricaturiza a personajes públicos de finales del reinado de Isabel II. Los originales están depositadas en la Biblioteca Nacional y firmadas con el seudónimo SEM abreviatura de semen, firma habitual de los hermanos Bécquer y posiblemente de otros humoristas gráficos de finales del siglo xix encuadrados en la Unión Liberal.

... reúne un mérito que no tenía ninguno de los otros candidatos: no gustar a nadie. Y porque posee un conjunto de perfecciones negativas que satisfacen a Luis Felipe por su sospechada falta de condiciones físicas, a María Cristina porque seguirá mandando en Palacio, a los moderados porque le estiman manejable. Queda la Reina. Es una pobre niña un tanto malucha y de la que se espera no tenga descendencia.

En definitiva, LLorca, alude a que: María Cristina lo ha hecho todo mezquino, lo ha embrollado todo y los partidos lo han arruinado

Pobre Isabel, obligada a contraer matrimonio con Francisco de Asís con disfunciones sexuales. Cuando le comunicaron quien iba a ser su esposo exclamó: ¡Con Paquita no! Como afirma J. A. Vidal Sales en su libro: Los Borbones: una dinastía trágica, Isabel le dijo claramente a María Cristina: «Yo no le he buscado para que sea mi esposo, por tanto no lo quiero». Mal la quería su madre cuando con Felipe de Orleáns maquinó estos esponsales en contra de la voluntad de su hija que lloró desconsoladamente por esta situación irrevocable. María Cristina y el monarca galo pensaban que ante la dificultad de tener hijos, el heredero a la corona sería el descendiente de su segunda hija, Luisa Fernanda, casada con el hijo de Felipe, el duque de Montpesier, pero no contó María Cristina de Borbón que su hija Isabel, empujada al adulterio tuvo varios hijos, con varios amantes. El Rey consorte puede que tuviera la enfermedad de hipospadias, una malformación genética que le impedía realizar sus necesidades menores de pie e inexcusablemente te-

nía que orinar en cuclillas como las damas. Esta deformidad sexual era un obstáculo insalvable para poder procrear hijos y de boca en boca se propagaban coplillas satíricas y de mofa acerca de esa anomalía del rey consorte. Manuel Barrios en Los amantes de Isabel II: una apasionante vida amorosa, relata en diferentes capítulos(2 al 16) los amores que en distintas etapas tuvo la Reina, romances a los que denomina según la época con apelativos como «El amor adolescente, el amor efímero, el amor furtivo, el amor frustrado, el amor romántico, amores de paso, el amor desleal, el amor apacible, el amor incauto, el amor imposible, el amor ilustrado, amores y amoríos, el amor generoso, el amor aventurero y el amor marchito3».

2. Las Tres Guerras Carlistas del siglo xix tendrían lugar la primera de 1833 a 1839 que, como indica Honorio Feito, es conocida también como la contienda de los siete años. La segunda guerra se desarrolló de 1846 a 1849, llamada del Matiners (Madrugadores) y la tercera entre los años 1872 a 1876. Los monarcas de la dinastía carlista son: Carlos V (Carlos María Isidro); Carlos VI; Juan III; Carlos VII; Jaime I; Alfonso Carlos I; Carlos VIII; Javier I; Carlos Hugo I (fallecido en 2010). EL actual pretendiente al trono carlista es Carlos Javier de Borbón-Parma y Orange Nassau. 3. Entre los amantes que tuvo se pueden reseñar al general Serrano, al que Isabel apodó: El General Bonito; el marqués de Bedmar ;el capitán Enrique Puig Moltó (Parece ser que fue el padre del futuro Alfonso XII, conocido como el puigmolteño), José María Ruiz de Arana (El pollo Arana, considerado como el padre de la infanta La Chata); el compositor, Emilio Arrieta; el cantante, Mirall; Carlos Marfori; el conde Valmaseda; y el poeta Miguel Tenorio. Francisco de Asís aceptaba con resignación que su esposa diera a luz, pero para que reconociera su paternidad por cada vástago que la reina tuviera tenía exigia el abono de un millón de reales, antes de presentar el nacido a la vista del pueblo.

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El 23 de junio de 1844, Agustín Fernando Muñoz y Sánchez, fue designado duque de Riánsares. Contrajo matrimonio, en secreto, en 1833 ,con la reina regente: María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, cuando estaba estipulado que aquella, por su regencia, no podía desposarse.

ETAPAS DEL REINADO DE ISABEL Y EL NACIMIENTO DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS Las fases del reinado de Isabel comienzan con la regencia de 1833 a 1840 de su madre María Cristina, la Reina Gobernadora, sustituida como regente por Espartero, de 1840 a 1843. María Cristina tuvo que dejar la regencia ya que Espartero la amenazó con hacer público que contrajo matrimonio con el guardia de corps Fernando Muñoz, cuando falleció Fernando VII, a los tres meses de su muerte. Según el testamento del Rey no podía ser regente si se casaba en segundas nupcias, ya que perdía la tutela de las hijas y, en consecuencia, la regencia, El 8 de noviembre de 1843, en el Diario de Sesiones de las Cortes se recoge la mayoría de edad de Isabel II y comienza la llamada década moderada (18331844). El punto de partida es el paso del gobierno progresista de Salustiano Olózaga al moderado de González Bravo, hasta la llegada al poder de Narváez en 1844, que impone una línea autoritaria y es reemplazado en 1852 por Bravo Murillo. Cesa Bravo Murillo y es sustituido por gabinetes poco relevantes. 84 Pasea por Madrid

El núcleo inicial de la formación de los partidos políticos se remonta a los liberales de las Cortes de Cádiz de 1812. En el Trienio liberal (1820-1823) los liberales se dividen en doceañistas y exaltados o veinteañistas, según se atuvieran a la Constitución de 1812 o propugnaran reformas más avanzadas. Los moderados y progresistas se configuran ya como partidos políticos durante la regencia de María Cristina. La base ideológica del moderantismo es el liberalismo, con un carácter conservador y doctrinario. Son partidarios de un régimen constitucional, pero el sujeto de la soberanía es compartido por el rey y las Cortes. Sus principios se plasman en la Constitución de 1845. El progresismo estuvo constituido por el ala izquierda del liberalismo español. Su apelativo de progresistas se utiliza en las Cortes de 1837 y son partidarios de un progreso lineal constante. Los progresistas apoyan el concepto de la soberanía nacional, la ampliación del sufragio y la implantación de libertades más amplias que las de los moderados. Los progresistas se escindieron en dos tendencias y la más radical fundó otro nuevo partido el demócrata que se constituyó en 1849. De 1854 a 1858 tiene lugar el bienio progresista y de 1856 a 1858 el bienio moderado En 1858 se inicia un nuevo periodo el de La Unión Liberal de O’Donnell cuyos acontecimientos más relevantes fueron la Guerra de África y la intervención en Ultramar, como reseña Rafael Sánchez Mantero, en La España de Isabel II. En 1863 gobiernan los moderados que se turnan en el poder con los unionistas hasta 1868 , en que acaece la Revolución: La Gloriosa . Los partidos más significativos del país fueron: La Unión Liberal, los Moderados, los Progresistas, los Carlistas y los Demócratas. El ala más a la izquierda de los demócratas propicia la existencia de grupos republicanos y socialistas.


Actual fachada del Congreso de Diputados. El proyecto de su construcción fue elaborado y ejecutado por el arquitecto Narciso Pascual Colomer, iniciándose el 10 de octubre de 1843 y siendo inaugurado el 31 de octubre de 1850 por la reina Isabel II. Durante los siete años que duraron las obras los diputados se vieron obligados a reunirse en el salón de baile del Teatro Real de Madrid.

VALORACIÓN DEL REINADO DE ISABEL II. Benito Pérez Galdós publicó un reportaje, en el diario El Liberal, el 12 de abril de 1904, en donde incluye la entrevista que realizó a Isabel II, en 1902, en París, en la que hace constar al inicio el respeto que le causó cruzar con ella sus primeras palabras, hasta que a los diez minutos de conversación ya se sentía cómodo por la naturalidad que le transmitió. Menciono una breve parte del texto de Galdós: ... Nadie niega ni desconoce la inmensa ternura de aquella alma ingenua, indolente, fácil a la piedad, al perdón, á la caridad… Fue generosa, olvidó las injurias, hizo todo el bien que pudo… en la concesión de mercedes y beneficios materiales se reveló por un altruismo desenfrenado, y llevaba en el fondo de su espíritu un germen de compasión impulsiva en cierto modo relacionado con la idea socialista, porque de él procedía su afán de repartir todos los bienes de que podía disponer y de acudir a donde quiera que una necesidad grande o pequeña la llamaba. ..

Isabel fue denominada por Benito Pérez Galdós la de Los Tristes Destinos, pero en realidad la autoría de esa expresión fue utilizada con anterioridad a la Revolución septembrina de 1868 por el diputado Aparici y Guijarro, al que hace referencia en un reportaje, publicado por José Suarez y Vicens en la portada del periódico: El Siglo Futuro, el 11 de abril de 1904, dos días después del fallecimiento de Isabel II. En el primer párrafo de dicha crónica Suárez indica: En un memorable discurso, joya de la oratoria castellana, que será admiración de las edades mientras no se pierda el tesoro de nuestra literatura, con frase shakesperiana llamó Aparici y Guijarro á Isabel II, antes que la revolución la destronase, reina de los tristes destinos.

En otra parte del artículo Galdós menciona las palabras exculpatorias de la soberana en a cuanto sus equivocaciones durante sus primeros años de reinado: ¿Qué había de hacer yo, tan jovencita, reina a los catorce años, sin ningún freno en mí voluntad, con todo el dinero á mano para mis antojos y para darme el gusto de favorecer a los necesitados; no viendo más que personas que se doblaban como cañas. Ni oyendo más voces de adulación que me aturdían? ¿ Qué había de hacer yo?...Póngase en mi caso...

Iglesia del convento del Espíritu Santo en que se reunían los diputados a partir de 1834, hasta la decisión de construir el nuevo edificio. Pasea por Madrid 85


SAGASTA

PRIM

SERRANO

TOPETE

AYALA LORENZANA

RUÍZ ZORRILLA ROMERO ORTIZ FIGUEROLA

Gobierno provisional del 8 de octubre de 1868 tras la caída de Isabel II. Biblioteca Nacional

Asimismo, Luis Bonafoux, el 9 de abril de 1904, sábado, en el Heraldo de Madrid, publicó una crónica con la denominación de: Muerte de Isabel II. Merece citar un breve párrafo del autor sobre la reina: Isabel II fue una mujer muy española. Recordándolo el pueblo se inclina hoy respetuosamente ante su tumba.

Hace constar que el punto de partida de los defectos que se achacaron a Isabel fue consecuencia de su desafortunado matrimonio con Francisco de Asís. Isabel se negó en principio a contraer el matrimonio con él e incluso pensó ingresar en un convento y no ocupar el trono. Cuando le comunicaron a Isabel el enlace con Francisco exclamó: «¡Con Paquita no!» . Bonafoux glosó la figura de la soberana, los aspectos positivos de su reinado y su encantadora personalidad e imputó a los moderados el hecho de que Isabel no pudiera reinar con criterio certero y justo. Ellos fueron culpables, según Bonafoux: «de los errores tremendos de que la que se llamó, La Reina de los tristes destinos..». A mayor abundamiento, la inestabilidad de los numerosos gobiernos que se sucedieron 86 Pasea por Madrid

durante su mandato, en torno a cincuenta y nueve, marcaron su criterio desafortunado para llevar con acierto las riendas del país. Asimismo, Bonafoux realizó una comparación entre las monarquías de Victoria I de Inglaterra e Isabel II de España, considerando una injusticia atribuir a la soberana británica las glorias de su reinado y a Isabel las desdichas del suyo. Lo que configuró el destino de los dos reinados es que Victoria contrajo matrimonio con el príncipe Alberto, modelo de príncipes y además contó con estadistas de gran talla como Robert Peel, lord Melbourner, Palmerston Gladstone y Disraeli, mientras que ,en ese sentido, la suerte le fue adversa a Isabel al casarla obligatoriamente con su primo, Francisco de Paula, hombre débil, carente de virilidad, y que no disponía de una preparación política adecuada. También, Isabel tuvo consejeros y estadistas mediocres que fueron los principales culpables de los mayores errores cometidos por Isabel. En ese nefasto matrimonio de Isabel y la ausencia de cualificados e imparciales políticos estriba el origen de los fallos del mandato de la Reina.


El embajador español en París León y Castillo tuvo la oportunidad de entablar una sincera amistad con Isabel II en su exilio parisino y resaltó su chispa, encanto y simpatía. El diplomático quedó gratamente satisfecho de la personalidad de Isabel y afirmó, como reseña Carmen Pérez Llorca, que «en verdad era un encanto oírla». Con frecuencia la ex reina compartía con él por las tardes interesantes momentos de tertulia en los que Isabel le relataba esas experiencias positivas y amargas que pasó durante su reinado. En esta estima que en sus últimos años suscitó Isabel, podemos, igualmente, poner como ejemplo la audiencia que concedió al que fue tercer presidente de la República Española, Nicolás Salmerón, que, sorprendido agradablemente por el encanto de su anfitriona, glosó sus virtudes. Juan Pérez de Guzmán, en una reseña publicada en el periódico La Época, el 9 de abril de 1904, hace referencia con las siguientes palabras a la valoración de su reinado: Todo el reinado de Isabel II fue una perpetua resurrección nacional, en medio de la calamidad perpetua de las divisiones políticas. La cultura española jamás había alcanzado igual altura.

Una de sus mayores satisfacciones era la de proceder al indulto de la pena capital, actividad que podía realizar el día de Viernes Santo. En ese sentido, la Reina era una avanzada para su época por esa disposición para que el reo no fuera ajusticiado. Las camarillas formadas por Sor Patrocinio4, el padre Fulgencio, el padre Claret – único que pudo tener cierta influencia positiva– y el padre Cirilo, constituyeron un freno para la evolución política del país, así como el autoritarismo del Espadón de Loja, Narváez, que ostentó el cargo de presidente del gobierno nada menos que en siete ocasiones. Nadie pude poner hoy en duda sus fecundas realizaciones en su dilatado reinado5 de 1833 a 1868. Así la Real Academia de la Historia, en la exposición sobre Isabel II y su época del 2004, rindió un merecido homenaje a Isabel II, aportando todo un material que acreditaba su positiva labor, además del catálogo editado y el texto de las siete conferencias impartidas por prestigiosas personalidades que abarcaban diferentes facetas relativas a la economía, sociedad, política y cultura en la España de Isabel II.

Ramón María Narváez pintado por Vicente López. Tras rechazar cualquier tipo de cargo durante el reinado de Fernando VII, se incorporó en 1834 al lado de los isabelinos durante las Guerras Carlistas. Al alcanzar la mayoría de edad Isabel II en 1843, fue nombrado presidente del gobierno y impulsó la nueva Constitución de 1845.

También la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, fundada por Isabel II, el 9 de septiembre de 1857, se sumó al homenaje a la soberana, que en 1847 había ya creado la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, En dicho acto tanto Juan Velarde como Miguel Herrero de Miñón resaltaron las aportaciones de la Reina, reivindicando su figura y su apoyo para la modernización del país. Velarde disertó sobre el tema: El cambio económico del reinado de Isabel II y glosó las diversas reformas y realizaciones en este ámbito y Herrero de Miñón centró su intervención en: El significado constitucional del reinado de Isabel II. 4. María Rafaela Dolores del Patrocinio conocida por el sobrenombre de La monja de las llagas. 5. Durante su minoría de edad desempeñaron el cargo de regentes: La Reina Gobernadora de 1833 a 1840 y Espartero de 1840 a 1843.

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Estatua de Isabel II en la plaza que lleva su nombre en Madrid. La proclamación de la mayoría de edad de Isabel II fue anticipada, a propuesta de Joaquín María López y el 8 de noviembre de 1843, con solo 13 años, obtuvo la citada mayoría.

LOGROS DEL REINADO DE ISABEL II En el haber del reinado de Isabel cabe reseñar los logros que cita la mencionada Academia y otras entidades: La consolidación de la Monarquía constitucional y del estado liberal, la división provincial de nuestro país, obra de Javier de Burgos en 1833, la introducción del sello postal en 1851, la nueva Ley de Carreteras de 7 de julio de 1851, la Ley de arreglo de la Deuda Pública de 1 de agosto de 1851, el Servicio de Telégrafos en 1852, la Exposición Nacional de Bellas Artes en 1854, la Ley de Desamortización General de 1855, denominada Ley Madoz, el Banco de Isabel II, fusionado con el de San Fernando, que a su vez se refundieron en una única entidad: el Banco de España, la reforma de la Hacienda Pública 1845, leyes de Minas 1849 y 1859, la fundación del teatro de la Ópera de Madrid, el Liceo, el Real Conservatorio Superior de Música y la revitalización del Ateneo, la donación de su valiosa colección de pintura para el Real Museo de Pintura y Escultura actual Museo del Prado, la fundación de la Biblioteca Nacional la reforma del sistema pedagógico, la desaparición del régimen de servidumbres, la desvinculación de los mayorazgos, el código de 1848, las Leyes: hipotecarias de 1861, del notariado de 1862, y de aguas de 1866, la inauguración primera línea ferrocarril Barcelona-Mataró el 26 de octubre de 1848, en Madrid el primer tren, conocido como el tren de la Fresa (Madrid-Aranjuez), el 7 de diciembre de 1851, la línea, pionera, en Cuba el 10 de noviembre de 1837 que enlazaba Güines con la Habana.

Con motivo de las disertaciones impartidas por ambos académicos la mencionada entidad editó una publicación en donde se recoge el texto de las conferencias. En la introducción de aquella, denominada «Isabel II, y el gran cambio de la vida española», merece destacar los testimonios que vienen a paliar la incomprensión e injusticia cometidas contra la soberana y muestra de esa ceguera es la falta de afecto durante su fallecimiento y en el sepelio que se organizó para el enterramiento de sus restos, reconociendo la Real Academia que: Tenía una deuda con la Reina fundadora,–esa jovencita– que contempla desde su cuadro todas las actividades solemnes de esta Corporación…

Reconociendo así mismo: ... Cien años después, libres ya de mil disparates sobre este reinado lanzados por personas de buena pluma, pero insolventes como historiadores, España contempla de otro modo a Isabel II. Esta Corporación, con este acto, se suma a esta rectificación y muestra con claridad su admiración por aquella joven que supo, con su acción, procurar que la de su reinado fuera otra hora de España. Y esto es lo que queremos dejar ahora claro.

Si analizamos este texto observamos la contundencia de las palabras contenidas en el mismo que, a través de ese testimonio, reconocen con claridad meridiana la necesidad de dejar constancia que el reinado de la de los tristes destinos fue una etapa fructífera en la que hubo consecuciones de gran calado que coadyuvaron a la modernización del país desde un punto de vista político y económico.

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Francisco José Gómez, autor de libros de temática histórica de las religiones como Dioses, templos y oráculos, texto que ya ha sido traducido a otros idiomas, Breve historia de Jesús de Nazaret, y Madrid, una ciudad para un Imperio, detalla minuciosamente los orígenes de las costumbres navideñas, en esta, su cuarta monografía. RECOMENDAMOS LEER

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Madrid

BREVE HISTORIA DE LA NAVIDAD

La Navidad y su celebración es una constante en nuestra cultura desde hace más de mil quinientos años. Francisco José Gómez expone en su ya cuarto libro: Breve Historia de la Navidad, el origen, la evolución y la propia crónica de tales festejos y de sus peculiares costumbres; presenta época a época las ceremonias, personajes y usos que la caracterizaron; aborda los episodios históricos navideños más notables, propios de época tan benévola y piadosa, además de otros aspectos de diversa índole. Y así, partiendo del estudio de las fuentes escritas, y del material visual que se facilita, hace desfilar por estas páginas personajes, sucesos, tradiciones y anécdotas que han configurado la celebración de la Natividad. En este libro puramente histórico, el autor ha conseguido trasladar al lector la vivencia y estado de las fiestas navideñas en cada periodo de la Historia, con lo que ha logrado una obra completa que no debe ser leída exclusivamente durante este periodo del año. Francisco José Gómez Fernández, tras estudiar Historia Antigua en la Universidad de Valladolid, se dedicó muy especialmente al conocimiento de las religiones antiguas. Fruto de estos estudios son sus muchos artículos en revistas de tema histórico, tales como Hispania Antiqua, Historia de Iberia Vieja, Medieval, El Basilisco, Historia y Vida y la prestigiosa revista Arqueología entre otras. Ha impartido múltiples cursos y conferencias relacionadas con el mundo de las religiones antiguas, la Biblia y los orígenes del cristianismo, y colaborado en diferentes espacios de radio. Desde hace un año imparte un curso sobre Historia de las Religiones Antiguas en el Instituto Bíblico y Oriental de León.

Formato 13x19 cm Páginas 306 ISBN 978-84-9967-536-7 Edita: nowtilus También bajo demanda y formato digital Mas información en: www.brevehistoria.com

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Reflejos históricos de la Navidad en Madrid Texto de Francisco José Gómez Fernández

Licenciado en Historia

Son las celebraciones de Navidad unas de nuestras más antiguas, hermosas y profundas tradiciones en valores, cultura y espiritualidad. Su sentido, su prolongada historia en el tiempo, y su amplia aceptación en el mundo occidental generaron, a lo largo de los siglos, ceremonias y prácticas religiosas, manifestaciones culturales, y actitudes que siguen vivas entre nosotros hoy. Madrid, especialmente desde el momento en el adquirió la capitalidad, como cabeza y reflejo de España, ha vivido de manera privilegiada a lo largo de la Historia, estas solemnidades y sus principales manifestaciones, ofreciéndonos una imagen nítida de las celebraciones de la Navidad en nuestro país, en sus múltiples vertientes. Junto a las peculiaridades propias de nuestra capital, en las siguientes páginas descubriremos lo centenario y rico de muchas de nuestras tradiciones, que han llegado hasta nosotros gracias a las vivencias y costumbres de nuestros antepasados, que nos legaron una de las manifestaciones más propias y características de nuestra cultura, haciéndonos a su vez herederos y garantes de las mismas para las generaciones futuras.

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Elaboración de figuras en barro en el taller de J.Malo S.L.

Este asunto inquietaba desde antiguo a las autoridades islámicas, que advertían de lo inadecuado que era aceptar las palabras y costumbres propias de las religiones del Libro, esto es, de la Biblia. En este sentido se había manifestado, hacía ya más de un siglo el segundo califa ortodoxo, Umar ibn al Jattáb1: ... Apartaos de las fiestas de los cristianos y judíos porque la cólera divina caerá sobre ellos en sus reuniones, y no aprendáis sus forma de hablar para que no toméis nada de su carácter.

AQUELLAS DESCONOCIDAS PRIMERAS NAVIDADES EN MADRID Ciertamente no sabemos cuando se celebró la Navidad en Madrid por vez primera. De haber sido sus orígenes, tal y como parecen revelar algunas excavaciones, un pequeño asentamiento urbano visigodo llamado Matrice, sería lógico pensar que fue en aquel siglo vii cuando estas tierras conocieron la liturgia y la celebración propia de la Natividad de Jesús. Quizás, y aunque parezca extraño, también la celebraran los musulmanes andalusíes que fundaron, por orden del emir Muhammad I (852-856), el primitivo alcázar que dio lugar al viejo Mayrit musulmán, Magerit para los antiguos castellanos. Y es que el milád, o nacimiento de Jesús, fue una fiesta muy celebrada entre los sarracenos hispánicos, tanto por tratarse para el Islam de un profeta más, que anunció la llegada de Mahoma, como por la convivencia constante, que se daba con los cristianos, en ciudades musulmanas tales como: Zaragoza, Sevilla, Córdoba, Tortosa, Alicante, Toledo, Granada… 92 Pasea por Madrid

En el siglo xi, más en concreto en el año 1083, Madrid fue conquistada por el rey Alfonso VI, e incorporada a la corona de Castilla y León. El enclave se cristianizó, y la población y sus habitantes vivieron a partir de aquel momento inmerso en las costumbres propias de las poblaciones cristianas de su época. Y así, aquellos madrileños, transcurrido el tiempo previo de penitencia y oración que forma el «Adviento», recibieron la Nochebuena con las alegrías propias con las que se hacía en todo el mundo cristiano, y asistieron a la Misa del Gallo, donde se representaban los primeros belenes vivientes, y se daban algunos excesos, en especial con el bueno de san José, en el deseo de los feligreses de manifestar su convicción profunda de que el Niño que acababa de nacer era hijo de Dios, y no de hombre. Seguramente, y al igual que en el resto de la Cristiandad, a tal punto llegaron las burlas y abusos, también en aquel Madrid, que hubieron de aplicarse las prohibiciones, promulgadas en el año 1207, por el papa Inocencio III (1198-1216), contra los espectáculos que bajo forma de teatro sacro se daban especialmente entre la fiesta de los Santos y la Navidad, en el interior de los templos.


De vez en cuando, tiene lugar en las propias iglesias, espectáculos teatrales, y no sólo se introducen, con fines de escarnio, mascaradas monstruosas, sino que también, en los tres días de fiesta que siguen a la Navidad de Cristo, los diáconos, los sacerdotes y los subdiáconos, por turnos, ostentando las extravagancias de su propia locura, con sus propios gestos, con obscenas exaltaciones a la presencia del pueblo, degradan el decoro sacerdotal. Inocencio III, Compilatio Tertia, 1207

En los reinos de Castilla y León la prohibición se aplicó igualmente, síntoma inequívoco de la similitud de la situación, sin embargo la piedad a la que movían las representaciones más respetuosas entre el pueblo cristiano, llevó al Papa a reconsiderar su decisión, y así como a los monarcas castellanos, que levantaron tales prohibiciones: Pero representación hay que pueden los clérigos hazer: así como de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, en que muestra cómo el ángel vino a los pastores e cómo les dijo cómo era Jesucristo nacido. E otrosí de su aparición como los tres Reyes lo vinieron a adorar. E de su resurrección, que muestra que fue crucificado e resucitó al tercero día, etc. Alfonso X el Sabio, Las siete partidas, Partida I.

Pero fueran como fuesen aquellas primeras navidades madrileñas, y pudiendo añadir mucho más a lo ya escrito, por pura similitud con el resto del mundo cristiano, lo cierto es que las líneas anteriores sólo son puras especulaciones, las más lógicas sin duda, y posiblemente las más acertadas, pero teorías que no podemos probar, por lo cual debemos centrarnos en aquello que sabemos, y no sólo en lo que suponemos. Y a este respecto merece ahora la pena dar un salto en el tiempo hasta nuestros siglos del Imperio, en los que Madrid, ya capital del España, que era lo mismo que decir capital del mundo, centra las miradas de reyes, estadistas, santos, cronistas y hombres en general, que poblaron sus calles, movieron a sus gentes y dejaron testimonios ciertos de unas magníficas celebraciones navideñas, en las cuales ya podemos identificar las nuestras propias, como herederos que somos de aquellos españoles afincados, como dirá Francisco Santos, escritor del xvii «…en la gran Patria del Mundo, en la madre de los nacidos, en el oratorio del Cielo, en el abrigo de los pobres, en el Imperio del Orbe, en la silla de los Mayores Monarcas de la Tierra, en Madrid».

EXTRACTO DEL TRATADO DE AL AZAFI En referencia al milád, podemos extractar el texto de Al Azafi2: En estas fiestas se hacen unos a otros, preciosos regalos que han elegido de antemano y ciudades en la que forman e inventan diversas figuras. Los ricos montan en sus casas puestos como el de los tenderos y arreglan esmeradamente. Hay gente que permite que sus familiares comer de ellos y otros se los prohíben. Los adornan como si se tratase de una desposada subida en su estrado. Los hay que venden una parte de aquello y venden el resto. Nos ha contado más de un viajero que en algunas ciudades de Al Andalus estos puestos llegan a valer setenta dinares o más, por los quintales de azúcar que contienen, las arrobas de alfeñiques, la variedad de frutas frescas, bolsas de dátiles, sacos de pasas e higos de diferentes clases, especies y variedades, y toda suerte de cascajo: nueces, almendras, avellanas, castañas, bellotas y piñones; amén de caña de azúcar y toronjas y toronjas, naranjas y limas de la mejor calidad. En algunas ciudades hacen cazuela de pescado en salazón en lo que gastan hasta treinta dirhams y otras comidas por el estilo (...) Sueltan a los niños de las escuelas, y con ello les llenan el corazón de amor por estas innovaciones que ya han echado raíces.

1. Nacido en La Meca hacia el 581, combatió en un primer momento contra Mahoma y los fieles de la nueva religión, pero más tarde se convirtió al islam y llegó a ser uno de los lugartenientes más fieles del profeta. Era además suegro de Mahoma, ya que éste se casó con su hija Hafsa. Una vez elegido califa, Umar luchó contra el Imperio bizantino y Persia. Se lanzó a la conquista del Mediterráneo oriental, echando las bases del imperio islámico que sus sucesores extenderían 2. Abu al-Abbas al-Azafi (1162-1236) fue un erudito y miembro de los Banu al-Azafi que gobernó Ceuta en lo religioso y legal siglo xiii. Era un experto en el análisis de la tradición oral (riwaya wa Diraya) y escribió una biografía del santo Sidi Abu Berber Yaaza Yalnour ibn Abdallah ibn Maimun Dukkali Hazmiri al-Garbi (572/1157): La Columna de certeza en el liderazgo de los conscientes de Dios) y Su obra más importante Kitab ad-Durr fi al-munazzam i ‘al-Mu’azzam-l mawlid. estableció la costumbre de celebrar mawlid en Ceuta y se propagó por todo el Magreb Al Andalus

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Belén viviente de un pueblo de la periferia de Madrid.

LAS ESPLÉNDIDAS NAVIDADES MADRILEÑAS DE LOS SIGLOS DEL IMPERIO Fue en 1561 cuando aquella villa a orillas del Manzanares se convirtió por secreto y expreso deseo de Felipe II en la capital de España. A partir de ese momento el interés, y las noticias recogidas, sobre multitud de aspectos relativos a la vida de la población y de sus habitantes, creció de manera singular, abarcando también sus celebraciones en general, y a la Navidad en particular. Gracias a tales testimonios tenemos actualmente una idea cierta y precisa de cómo se festejaban, en estos siglos xvi, xvii y xviii, las Pascuas de la Natividad de Jesús en aquel Madrid, que constituye el mejor reflejo de cómo se hacía en toda España. Tras las preparaciones y devociones que se realizaban en Adviento3, las cuatro semanas previas al 25 de diciembre; llegaba la Nochebuena, en la que antes de la Misa del Gallo, se hacía la última de las frugales colaciones propias de este tiempo penitencial, con la que terminaba el ayuno. A continuación, y cerca de la medianoche, la población, en su práctica totalidad, pues en la España de entonces se consideraba que junto con el Corpus Christi y la Semana Santa, la Navidad era una de las tres grandes fiestas de la Cristiandad; se dirigía a las iglesias con el fin de participar de la liturgia que celebraba el nacimiento del Señor. Había comenzado la Navidad y las alegrías propias de este tiempo de esperanza. 94 Pasea por Madrid

Entonces los júbilos y jolgorios tomaban los templos, las calles y los hogares, pues la fiesta posterior se prolongaba durante toda la noche. Cofradías, asociaciones, grupos de amigos…, organizaban ceremonias religiosas y diversiones, como aquellas en las que, durante muchos años, participó Lope de Vega, en la Cofradía del Caballero de Gracia, ubicada en la calle del mismo nombre. Sabemos que nuestro genial dramaturgo iba acompañado de comediantes y músicos, en ocasiones de la compañía de un tal Riquelme. El Duque de Sessa le prestaba su coche para el desplazamiento, partiendo de su casa a eso de las diez de la noche y recogiéndole de nuevo en la Cofradía a las dos de la mañana, lo que da un margen de cuatro horas, en el transcurso de las cuales tenía lugar la Misa y los posteriores bailes y juegos. Los propios monarcas gustaban de tales fiestas, tal y como nos relata el propio rey Felipe II: «la pasada noche me acosté a las tres porque se acabó poco antes la Misa del Gallo...», escribía el rey Prudente a sus hijas, el día de Navidad del año 1581, desde Lisboa. Las sucesivas noches del tiempo de Navidad la fiesta se trasladaba a los hogares. En la España del Imperio, la celebración se vivía de puertas para adentro, especialmente entre las clases altas. La aristocracia y la alta burguesía organizaban reuniones en sus casas, a las que invitaban a los familiares y amigos más cercanos, y en las que se disfrutaba de


La Adoración de los Magos de Peter Paul Rubens. Escuela Flamenca. Barroco Siglo XVII

la conversación, se presenciaban o interpretaban pequeños dramas, se bailaba, y se desarrollaba el festejo en general. Las veladas y la tertulia eran muy valoradas, considerándose que esta era la época del año adecuada para practicar semejantes «artes». Lucas hidalgo, escritor de finales del xvi e inicios del xvii, da fe de ello en sus Diálogos de apacible entretenimiento, a través de uno de sus personajes DOÑA MARGARITA: - ¿Cuándo nos tornaremos a juntar a gozar destos tan agradables ratos, señor Fabricio? FABRICIO: - Arabién está, que si por la vecindad no se murmurare de nuestra conversación y viéremos que se recibe con gusto lo pasado en estas Carnestolendas, nos volveremos a juntar para las noches de Navidad, que son a propósito para formar segunda parte de nuestra conversación, con el favor del Cielo. Gaspar Lucas Hidalgo, Diálogos de apacible entretenimiento, Valladolid, Sebastián de Cormellas, 1603.

Igualmente reveladora, es la obra de es Mariana de Carvajal Navidades de Madrid y noches entretenidas en ocho novelas, publicada en 1663. La autora narra en su libro con

gran naturalidad el ambiente social al que ella pertenecía, el de la pequeña nobleza y burguesía madrileñas. El marco en el que se encuadra la acción es el domicilio de una viuda rica y hermosa, doña Lucrecia de Haro, que reune en su casa, próxima al Prado durante las noches del tiempo de Navidad, a vecinos y amigos de uno y otro sexo, que conversan animadamente, leen novelas en voz alta, recitan poesía, escuchan música y bailan. Evidentemente, tantas noches de jolgorios y divertimentos conllevaban un considerable derroche de imaginación, a fin de evitar la repetición y el consiguiente tedio. Pero esto no suponía un problema para aquellos españoles, a juzgar por las obras publicadas por algunos autores que inventaban o recopilaban textos con entretenimientos adecuados para las veladas.

3. El «Adviento» o venida del Redentor (adventus Redemptoris) es el primer período del año litúrgico cristiano, que consiste en un tiempo de preparación espiritual para la celebración del nacimiento de Cristo. Su duración suele ser de 22 a 28 días, dado que lo integran necesariamente los cuatro domingos más próximos a la festividad de la Natividad.

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Belén montado en un Seat 600, Archivo de la Comunidad de Madrid, fondos de Santos Yubero.

Don Antonio Sánchez Tórtoles, publicó en Madrid en 1673, un libro de contenido muy heterogéneo y diverso, con curiosidades y divertimentos de interés, y un título muy revelador y llamativo: El entretenido. Primera parte. Repartido en catorce noches, desde la víspera de Navidad hasta la del día de los Reyes. Celebradas en metáfora de academias, de verso y prosa, en que se ostentan varios asuntos, muy provechosos y entretenidos. Era propio también de estos siglos felicitar por escrito las Pascuas de Navidad, aunque no bajo la forma postal característica de nuestro tiempo, sino dentro de una carta; desear un feliz Año Nuevo, e igualmente dar aguinaldos, costumbre ya constatada a finales de la Edad Media. Así era, en las Navidades de 1514, el cardenal Cisneros, desde Alcalá de Henares, en un escrito dirigido al canónigo Diego López de Ayala, le pide que le felicite las Pascuas al rey y a otros notables de la Corte. Don Francisco de Quevedo, por su parte, en las Navidades de 1630, envía al Duque de Medinacelli, un escrito en el que escribe: «Dé Dios a V.E. estas Pascuas con la salud y el contento que yo deseo». La condesa D’Alnouy, aristócrata y escritora francesa, nos relata en sus Memorias de la Corte de España, escritas a finales del xvii, que: «Como se aproximaba el fin del año, cumpliendo la costumbre, fui a felicitar a la reina y a desearle muchas prosperidades». En cuanto a los agui96 Pasea por Madrid

naldos o cestas de Navidad se refieren autores como don Luis de Góngora (1561-1627),, don Francisco de Rojas Zorrilla (1607-1648), o don Miguel de Cervantes, que dice en su entremés La cueva de Salamanca (1615): «La canasta es de Pascua, porque en ella hay empanadas, fiambreras, manjar blanco y dos capones… y todo género de fruta». Semejantes veladas y saraos tenían lugar ya frente a un Belén, pues en no pocas casas, en iglesias y conventos existía la costumbre de colocar estas figuraciones durante el tiempo de Navidad. Tal representación en miniatura de los misterios del nacimiento de Jesús había nacido allá por el siglo xiii, en Italia, llegando a nuestras costas levantinas esa misma centuria. Sin embargo, la primera y más antigua de nuestras tallas conservadas, una huida a Egipto, se encuentra en un pueblo de Palencia. Nuestro primer Nacimiento completo es el del Hospital de la Sangre, de Palma de Mallorca, realizado a finales del siglo xv por los reconocidos hermanos Alamanno. En cuanto a los belenes domésticos hemos de decir que, dada la antigüedad de sus figuras, su escaso valor económico y los endebles materiales con los que estaban realizados, apenas nos han llegado muestras. No obstante no faltan los testimonios escritos que corroboran su existencia. El ya citado Lope de Vega, fallecido en 1635, legó a su hija Antonia Clara, en su testamento, diversas figuritas


Figuras del Belén de Francisco Salcillo

que guardaba en un arcón. Ésta, a su vez, hizo constar en su pliego de últimas voluntades, fechado el 2 de octubre de 1669, su deseo legar a su hermana estas mismas imágenes: «… dejo a mi hermana Marcela un cofre con todas las figuritas que están dentro de él que se ponían en el nacimiento». Igualmente, gracias a una carta que el escritor remitió a su protector, el duque de Sessa, sabemos que, en este siglo xvii, ya se empleaban lienzos pintados que servían de fondo para ambientar los nacimientos. Los conventos madrileños, sobre todo las clausuras, han sido excelentes custodios de algunas de las mejores muestras de estos altaricos de Pascua. Las Descalzas Reales de Madrid conservan algunas piezas extraordinarias, como un Belén realizado en plata, coral y esmaltes, procedente de Trápani, (Sicilia, Italia), de cuya calidad da idea el hecho de que en un primer momento fuese un regalo para Felipe II. Dentro también de los muros de este cenobio se conserva un Belén napolitano, regalado a las religiosas por la a Duquesa de Béjar; además de unas figuras de los Reyes Magos en adoración, de unos 25 cm de altura, realizadas en la primera mitad del siglo xvi, en madera dorada y policromada. Otro ejemplo de Nacimiento de la época es el Belén de la infanta Isabel Clara Eugenia, conservado en el Monasterio de San Lorenzo del Escorial.

Con la llegada de los borbones en el siglo no aparecieron grandes novedades, sino tan sólo algunas modificaciones en lo relativo a los Belenes. Nuestro monarca Felipe V (1700-1746) era un gran aficionado a estas representaciones. Todos los años, y antes de la Navidad, mandaba montar en el Palacio del Buen Retiro de Madrid, un nacimiento que le había regalado el Virrey de Nápoles, y permitía la entrada del pueblo en la sala, para que esta obra pudiera ser contemplada. Su hijo Carlos III, rey de España entre los años 1759 y 1788, fue un hombre piadoso y un entusiasta del belenismo, hasta el punto de participar personalmente en el montaje del Nacimiento de Palacio. Fue el introductor del «Belén Hispano-Napolitano» en nuestro país, una modalidad muy peculiar de representación de la Natividad, caracterizada por su magnitud, vistosidad y la gran cantidad de tipos populares y escenas cotidianas que aparecen en el mismo. Este monarca regaló a su hijo, el que habría de ser Carlos IV (1788-1808), el denominado «Belén del Príncipe», un nacimiento napolitano que llegó a tener seis mil figuras. Actualmente se pueden contemplar algunas piezas de estos conjuntos en el Palacio Real de Madrid, en el Museo Salzillo de Murcia o en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

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Vendedora de lotería del 22 de diciembre. Sorteo de Navidad. Fondos Santos Yubero. Venta de casitas y figuras para belenes. Fondos Santos Yubero.

NAVIDADES CASTIZAS DE LOS SIGLOS XIX y XX Posiblemente el recuerdo más vivo entre nosotros de unas Navidades madrileñas históricas, entendiendo por tal no contemporáneas, sea aquel que más próximo se halla, y que hemos formado gracias a la literatura, la música, los álbumes de fotos antiguas, o quizás las conversaciones con nuestros abuelos. Éstas serían, por tanto, las Pascuas de finales del xix y de la primera mitad del siglo xx, fiestas cuyas imágenes han anidado en nuestra memoria y han marcado en gran medida nuestra forma de celebrarlas actualmente. Dejando ahora a un lado las solemnidades religiosas, y su sentido, pues unas y otros no han sufrido modificaciones en su esencia, prácticamente desde la Edad Media, la preparación de las Navidades en el Madrid del xix comenzaba con las visitas a los mercadillos de la capital, siendo el primero de ellos el que se ubicaba en la Plaza de Santa Cruz, frente al actual Ministerio de Asuntos Exteriores. Sabemos de su existencia ya en el siglo xvii, cuando sus puestos se dedicaban a la venta de alimentos, flores y otros artículos. Con el paso del tiempo este mercadillo evolucionó, y aunque sito en el mismo lu98 Pasea por Madrid

gar, en el xix sus productos habían cambiado, tratándose en este momento de comestibles propios de la gastronomía navideña matritense: lombardas, pavos, turrones, mazapanes, dulces, cascajo… Años después, fue el mercadillo de la Plaza Mayor el que acogió la venta de estos alimentos, mientras que su semejante de Santa Cruz se especializó en artículos de broma, panderetas, zambombas, juguetes, abetos, figurillas de Belén... El primer reglamento que regulaba estos negocios llegó de manos del Ayuntamiento en el año 1834. Su objetivo era el de marcar unos precios ajustados y evitar abusos y desórdenes, lo que llevó a varias reactualizaciones de tales ordenanzas en los años 1911 y 1944, momento, este último, en el que el Ayuntamiento decidió concentrar los mercadillos en la Plaza Mayor y prohibir en ellos la venta de alimentos en ellos. Los comestibles que se adquirían en los citados puestos callejeros eran los propios de la dieta característica de la Nochebuena madrileña. Ésta es relativamente moderna, pues quedó fijada hacia el siglo xviii. La cena de Nochebuena del madrileño medio, y también la comida de Navidad, se componía de los siguientes platos: Para abrir boca se servían unas fuentes de embutidos y croquetas, también la lombarda o bien sopa de almendras.


Venta de cestas de Navidad. Fondos Santos Yubero. Compra de pavos en la Plaza Mayor. Fondos Santos Yubero.

A continuación, y acompañado de ensaladas, llegaba el pavo relleno de ciruelas y piñones, el cordero asado o el popularísimo besugo al horno. Debemos resaltar que este pescado, tan identificado con Madrid en estas fiestas, es uno de los platos más antiguos que se pueden degustar en nuestras mesas, pues de él nos han llegado noticias desde el siglo xv. El poeta y cronista Pedro de Gratia Dei (+ 1530), ya hace referencia a esta afición de los madrileños por el mencionado besugo: Besugada teneredes si la pasáis en Madrid, grato pescado gallego, besugos del Cantabrí.

La receta para prepararlo adecuadamente fue determinada en aquella centuria, cuando se cocinaba al horno con pan rallado, ajo, cebolla, perejil y las típicas rajitas de limón, necesarias para disimular el sabor y el olor que desprendía el besugo, tras los días pasados en los vehículos de los carreteros maragatos, que lo traían procedente de los puertos del norte. Para terminar se consumían los dulces: barquillos o suplicaciones, mazapanes, turrones y el cascajo, esto es, los frutos secos. El vino de Valdepeñas, regaba el ágape, mientras que el café, los licores, y el chinchón de 78 grados para los más atrevidos, cerraban el mismo.

Pero si había una jornada especial en la España decimonónica, además de la Nochebuena y la Navidad, esa era la tarde de Reyes, especialmente a partir de mediados del siglo, cuando los Magos de Oriente, comenzaron a dejar juguetes a los niños. En la misteriosa y mágica noche del 5 al 6 de enero los pequeños colocaban sus zapatos en los balcones, junto a un plato con fruta o unas copas con moscatel para los Reyes, y un cubo con agua y paja para los camellos. Inicialmente, los diferentes presentes estaban asignados a cada uno los monarcas: Melchor regalaba zapatos o ropa; Gaspar dejaba dulces, peladillas, frutos secos, miel…; y Baltasar, a aquellos infantes que lo merecían por su comportamiento, les obsequiaba con carbón, leña o piedras. La tradición de escribir una carta cada año, con los deseos de los niños, nació en el primer cuarto del siglo xix. Como por aquel entonces el servicio de correos no se hacía cargo de las mismas, estas misivas se dejaban en el balcón de las casas, por ser este el mismo lugar en el que se colocaban los zapatos, y los Reyes depositaban sus regalos. La primera cabalgata de Reyes de nuestra historia tuvo lugar en Alcoy (Alicante), en el año 1887, inauguran-

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Puesto de adornos para el Belén en la plaza de Santa Cruz. Fondos Santos Yubero.

do una original tradición exclusivamente española, adoptada tan sólo por algunos de los países hijos de nuestra cultura. En Madrid se comenzó a celebrar a inicios del siglo xx, siendo la más notable de estas primeras la del año 1929, promocionada por el periódico El heraldo de Madrid. La tarde de Reyes era de un gran bullicio en los barrios, muy superior al de hoy día. Los chicos de cierta edad, adolescentes especialmente, sirviéndose de la ilusión y la impaciencia de los más pequeños, convencían a estos del peligro que corrían de que los Magos, y su caravana cargada de regalos, pasaran de largo sin advertir su ciudad, por lo que era muy conveniente hacerse notar haciendo un gran ruido. Como consecuencia ante tan severa advertencia los chiquillos recorrían las calles tocando zambombas, trompetas y todo tipo de instrumentos capaces de producir un ruido formidable. Los mayores, por su parte, encendían ristras de ajos y escobas, o volteaban trozos de soga encendida, como señales luminosas para atraer a Sus Majestades. 100 Pasea por Madrid

Una vez vencidos los nervios y acostados los pequeños era costumbre en Madrid, así como en León, y en otras muchas de nuestras ciudades, ir a buscar a los Reyes. Esta tradición no era sino una manera de pasar un buen rato, a cuenta de un pobre inocente en una noche tan señalada. La broma consistía en que, una vez reunidos los amigos, se decidía ir a esperar la llegada de Sus Majestades de Oriente, convenciendo al más incauto de todos, a ser posible uno que acabara de llegar a Madrid, que este acontecimiento se iba a dar realmente, y que para observarlo mejor era necesario cargar con una escalera que él mismo había de llevar. El grupo comenzaba a caminar por la ciudad, haciendo paradas en tabernas y antros, hasta que llegaban a un punto alejado. Entonces, uno de los amigos subía y decía no ver nada, momento en el cual otro de estos comentaba haber oído que la caravana se acercaba por otro lado de la capital, bastante lejano por cierto. Y así de nuevo, haciendo paradas en idénticos locales que a la ida, se encaminaban hacia el di-


Puesto de venta de zambombas y panderos en la Plaza Mayor. Fondos Santos Yubero.

UNA CENA DE SAINETE

cho lugar, llevando el pobre incauto de nuevo la escalera a cuestas. El juego terminaba cuando la partida se había reído lo suficiente o el pobre infeliz abandonaba derrengado. Esta práctica aún se daba en el Madrid de los años 60 del siglo xx.

El escritor Ramón de la Cruz (1731-1794), en uno de sus sainetes, da cuenta de la cena de Nochebuena que han de pasar a solas una pareja de madrileños, en cuyo diálogo aparecen algunos de los citados platos. Pepa: ¿Con que, en efecto, Manolo,te has encerrado en el tema de que hemos de estar sólitos a cenar? Manolo: Es conveniencia del bolsillo y la salud. Mira: se pone la mesa con lo poco o mucho que hay, y, arrimando dos silletas, yo enfrente de ti, y tú enfrente de mí; a este lado de la vela, la servilleta a este otro lado, en el suelo las botellas, va trayéndonos la moza las viandas; se conversa un rato; se bebe siempre que los gaznates se secan o se atraviesa el bocado; si empalagan las menestras, a la izquierda está la fruta, y el cascajo a la derecha; se hace boca al hipocrás, y, sin voces ni etiquetas, cenamos «como señores»

●●●●●●●● Y así, transcurrida la noche de Reyes, desde hace siglos, terminan nuestras solemnidades de Navidad. E igualmente, y desde hace mucho tiempo más, enviamos felicitaciones, elaboramos comidas, ponemos belenes, reunimos a la familia y participamos en ceremonias religiosas, continuando con las viejas tradiciones recibidas de nuestros mayores, que son buenas no por ser antiguas, ni por haberlas recogido de quien nos las legó, sino por los valores que las inspiran y lo que revelan de nuestra cultura. En este sentido pocas tan importantes y profundas como la Navidad.

BIBLIOGRAFÍA ARBETETA MIRA, Letizia: Ya vienen los Reyes. Belenes en Castilla y León. Catálogo de la exposición, Santander, 2001. L. REGINO MATEO DEL PERAL, La Navidad en Madrid, Madrid, 2003. F. J. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Madrid, una ciudad para un Imperio, Madrid, 2011. F. J. GÓMEZ FERNÁNDEZ, Breve historia de la Navidad, Madrid, 2013.

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Hemos estado en...

El pasado mes de noviembre, se celebro una charla coloquio, para resaltar la figura de doña Felipa Asenjo conocida por sus innumerables clientes como Felipa, singular personaje que favoreció la venta de libros de textos universitarios en la deprimida posguerra, fuimos invitados y acudimos muy ilusionados al acto.

Participantes en la charla-coloquio de izquierda a derecha don Damián Galerón, don L. Regino Mateo del Peral, don Joaquín M. Barrero, Juan José Asenjo Hita María y doña Jesús Martínez Martínez.

EL 28 de noviembre de este año se celebró la citada charla. En la mesa presidencial se encontraban: María Jesús Martínez Martínez, en representación de la citada Comunidad (casualmente, también sobrina nieta de doña Felipa) Asimismo, formaron parte de la mesa: Damián Galerón, historiador y teólogo; L. Regino Mateo del Peral, profesor de la UNED, perteneciente al Instituto de Estudios Madrileños; Joaquín M. Barrero, escritor; y Juan José Asenjo Hita, el propietario de la actual Librería Felipa. María Jesús Martínez, realizó una breve semblanza de ella, considerando justo ese merecido homenaje, cediendo la palabra a los distintos miembros de la mesa. En primer lugar, Damián Galerón disertó sobre el tema de la historia del libro, explicando que hasta que no apareció la escritura no se puede considerar que se inicia la historia y fue en el país del Sumer, donde surgieron los primeros soportes de la escritura. Galerón realizó un amplio recorrido por las diversas civilizaciones y épocas históricas, detallando el tipo de escritura y los diversos documentos escritos hasta el descubrimiento de la Imprenta por Johannes Gutenberg. Seguidamente, intervino L. Regino Mateo, quien puso de relieve diversos aspectos de la personalidad y forma de ser de Felipa, con diversas anécdotas. Asimismo, centró su intervención en la explicación la historia de la calles Jacometrezo y de los Libreros. 102 Madrid Histórico

A continuación le correspondió intervenir al novelista, Joaquín M. Barrero, quien eligió un tema tan sugerente como es la historia de la Gran Vía, ya que la construcción de la misma incidió en la reducción de las calles Jacometrezo y de los Libreros. Pormenorizadamente, explicó Barrero, como se construyeron los tres tramos de la Gran Vía, que llegó a ser una de las rutas más apreciadas y valoradas en Europa y América. Para Barrero no es lo mismo aquella Gran Via de antes que la de hoy. Aquella deslumbraba por sus construcciones, locales de ocio como cines y teatros, salas de fiestas y otros lugares que eran dignos de admiración. Finalmente, Juan José Asenjo puso broche a estas disertaciones, relatando sus vivencias personales y cómo era Felipa y otros aspectos que enriquecieron el modo de ser de esta señera figura. Antes de que Alberto Mendoza cerrara el acto con una bella poesía, se entregó a José Asenjo, sobrino de Felipa y padre de Juanjo, un bello trofeo por su amplia dedicación al negocio de su tía. Este intento de revalorizar la figura de Felipa, no se circunscribe solo al artículo y charla-coloquio que hemos mencionado, sino que existen varios proyectos como el de celebrar más charlas sobre su meritoria labor, por ejemplo, en la Casa de Guadalajara en Madrid, provincia donde Felipa nació, o el de escribir un libro sobre lo que significó Felipa, o el de realizar una petición al Consistorio madrileño para colocar una placa conmemorativa en alguna calle de la capital.


Antigua librería Felipe en la popular calle de Libreros en Madrid

LA SEMILLA DE LA INICIATIVA Nos cuenta el Sr Regino Mateo que: Un determinado día caminaba por la acera de los números pares de la calle Azcona, en dirección a la calle Francisco Silvela, al cruzar la calle Pilar de Zaragoza, a su izquierda, observé que en el número 37 de la calle, estaba situada la Librería Felipa, nombre recordado por cualquier estudiante universitario de los duros años de la posguerra madrileña de mediados del pasado siglo. Entro y recibido por el actual propietario que regentaba la librería resulto ser un sobrino nieto de Felipa, Juan José Asenjo Hita, continuador de aquella otra Librería Felipa, emblemática tienda-almacén, que en la segunda mitad del siglo xx se hallaba en la calle de los Libreros.

El hecho de que se hubiera producido esta agradable sorpresa, fue el acicate que le incentivó para que redactara un artículo, publicado en el nº 48 la revista Madrid Histórico, de noviembre/diciembre del 2013, con la denominación: Historia de la Librería Felipa, como homenaje a aquella mujer alcarreña. Escribir unas páginas sobre Felipa, no fue nada difícil, ya que esta entrañable librera, siempre generó una corriente de simpatía por parte de todos los colectivos que acudimos a su local, tanto estudiantes, como profesores, escritores y proveedores. Felipa autodidacta, de una prodigiosa memoria, poseía unas cualidades que su clientela supo valorar, ya que su gestión comercial se basaba en la compra-venta de libros de texto a precios muy asequibles, destacando por su generosidad y popularidad que alcanzó cotas inimaginables y, por ello, su evocación ha sido una gratificante tarea a fin de rememorar su destacada personalidad. Su comercio, por tanto, fue cita obligada para sucesivas generaciones de estudiantes que adquirieron el material docente

para cursar sus estudios, no solo de Madrid, sino también del resto de provincias españolas. (no insistimos sobre los rasgos de su personalidad y su bine hacer y remitimos al lector al articulo realizado en Madrid Histórico). EL DÍA A DÍA DE NUESTRA PROTAGONISTA Felipa atendía personalmente el mostrador de su librería, durante aquellas largas jornadas laborales, habituales de aquella época, que consiguieron que en una década se alcanzara un desarrollo social y económico, que hoy añoramos con sana envidia. Para después del cierre, controlar y organizar el fichero de existencias, la larga lista de libros encargados, y la correspondencia habitual de un negocio a escala nacional en una época en que la única comunicacional posible era la postal. Cuando el establecimiento estaba repleto de público, sobre todo a principios de curso, Felipa tenía la suficiente habilidad para organizar a los estudiantes y con su peculiar lenguaje era capaz de seleccionar las distintas peticiones de cada uno (unos que iban a comprar, otros a vender, otros a encargarla libros). Era una gran fisonomista, y poseía una memoria prodigiosa, facultades que le ayudaban a identificar a sus compradores.

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En «Felipa de la calle los Libreros» encontrabas todos aquellos textos que marcaron una época y que eran los más solicitados por los alumnos de distintas carreras universitarias, como en Derecho los libros de Alonso Olea (Derecho del Trabajo) y Rodrigo Uría (Derecho Mercantil); en Políticas, el Sabine ; en Económicas, el Samuelson , en Medicina, el Harrison (medicina interna); en Físicas, el Alonso y Finn; en Químicas, el Babor e Ibarz; en Arquitectura, el Neufert; y en Matemáticas, la serie Schaum’s. LA INICIATIVA DE LA MESA REDONDA A raíz de la oportunidad del artículo y contrastando diversas opiniones, en las que se puso de manifiesto el injustificado olvido de Felipa, excepto en algún artículo de la prensa escrita como los de Carmen Deben y José Antonio Plaza, `publicado en el Ya, (1 de diciembre de 1961) y el de Alfonso Álvarez, publicado en ABC , (2 de noviembre de 1982), que denominaba: «La tía de los estudiantes de la calle Libreros. El apasio104 Madrid Histórico

nante mundo de la Felipa», tanto su sobrino Juanjo, actual propietario del antiguo negocio familiar, como el autor del articulo publicado, en Madrid Histórico decidieron que era buena ocasión para que se convocara una charla-coloquio sobre la figura de Felipa, su emblemática familia, que tanto la apoyó y continuo con la actividad iniciada por ella, sus antiguos clientes (que no la olvidan) y un sin fin de amigos y matrimonios que se conocieron en las largas colas que se creaban ante su establecimiento en la dura década del Madrid de los cincuenta. La mesa redonda se realizo con nutrida asistencia en el Salón de Actos de la Biblioteca Pública Manuel Alvar de la CAM, situada en la calle Azcona, 42, de Madrid y se continuo a su cierre, en la cercana librería que conserva su recuerdo en el rotulo y en el buen hacer y trato de su propietario, y es una satisfacción personal añadir por el que redacta estas lineas la singularidad de que el coloquio se prolongo hasta altas horas de la noche.


Libreria

FELIPA

Fundada en 1944

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ESPERAMOS ESTAR DE NUEVO CON USTEDES PARA LA PRIMAVERA

NUEVAS SECCIONES PARA DIALOGAR CON NUESTROS LECTORES ¿Qué sucedió aquí?

¿Sabes qué es esto?

Historias, leyendas, anécdotas, chismes salpican nuestra geografía urbana, muchas son conocidas, otras ignoradas. Cuéntanos lo que sabes o pregunta lo que ignores. Un rincón urbano, una escultura, una pieza de un museo una fotografía... nos sorprende por lo poco que de ella sabemos, aquí podemos intercambiar lo que conocemos y lo que queremos conocer.

Toponimia madrileña

El nombre de muchas calles nos desconcierta sabemos realmente el origen de su actual denominación. En esta sección hablamos del porqué y respondemos a tus preguntas.

Edificios históricos

Iglesias, conventos, palacios, cafés y teatros encierran una historia, muchas conocidas por todos, algunas por unos pocos, en este sitio intercambiaremos opiniones

¿Sabes quien fue?

De los monumentos que encontramos en Madrid dedicados a militares, reyes, políticos o simplemente ciudadanos sabemos mucho, pero de algunos tenemos unas grandes incógnitas, aquí hablaremos de ellos.

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Escrito por Juan Jiménez Mancha, archivero bibliotecario del Ayuntamiento de Madrid y miembro colaborador del Instituto de Estudios Madrileños, especialista en temas relacionados con las formas de ocio en la capital y editado por www.autoediciones.com LOS ORÍGENES DEL RAYO VALLECANO

Pasea po r

Madrid

LOS ORÍGENES DEL RAYO VALLECANO Riguroso estudio de los primeros años del popular equipo de fútbol de Vallecas, desde su nacimiento hasta su asentamiento como sociedad y su ascenso a Segunda División, con datos hasta ahora desconocidos y multitud de anécdotas. Contextualizado en el fútbol modesto madrileño, en la edad de oro del fútbol amateur, con referencias a equipos míticos como la Ferroviaria o el Cuatro Caminos, y en la evolución del llamado deporte rey, con la progresiva incorporación de nuevas normas que resultan hoy muy curiosas. Son 247 páginas, con algo más de medio centenar de fotos de prensa antigua y archivos. Destacan las ilustraciones de las primeras noticias en prensa del nacimiento del equipo y de sus primeros partidos.

Estructurado en cuatro capítulos. El primero narra la historia del club como equipo sin federar y concluye en 1939, sorprendentemente con un guardia civil como primer presidente y vistiendo el equipo de blanco. Al año 1924 se dedican veinte páginas que ejemplifican cómo nacía y daba sus primeros pasos un humilde equipo de barrio. El segundo capítulo cuenta sus años en la regional madrileña, con la aparición de la franja roja en su camiseta, emblema de la afición vallecana. El tercero su vida en Tercera División, creciendo en fama el equipo pero sin dejar de sufrir en ningún momento graves problemas financieros, y el cuarto la temporada de su ascenso a Segunda División, vivida en Vallecas y en Madrid como un acontecimiento extraordinario y con entrañable emotividad.

Formato 15x24 cm Páginas 247 ISBN:978-84-616-7278-3 Edita:www.autoediciones.com Solicitud de ejemplares: info@autoediciones.com ENLACES A ACTOS DE PRESENTACIÓN DEL LIBRO: www.autoediciones.com/posts/Primer_exito.php


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Revista de contenido histórico sobre Madrid, sus calles monumentos y jardines. Con enlaces a contenido multimedia (hiperenlaces y vídeo) Ma...

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