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BUENOS AIRES

Pablo Zúñiga Olgado


Este cuaderno no es un diario y tampoco cuenta una historia. Se trata, ni más ni menos, de un reflejo sincero de los diez días que pasé en la ciudad de Buenos Aires, escrito íntegramente durante el viaje, con los pies mojados y un frío del carajo - a excepción, claro está, de esta breve introducción. Esta ciudad y lo que allí viví ha significado mucho para mí por muchos factores, pero, de todos ellos cabe destacar uno por encima del resto: la soledad. Las horas que pasé descubriendo la ciudad me sirvieron para conocerme un poquito mejor a mi mismo. Buenos Aires fue el caldo de cultivo perfecto que hizo hervir mis inquietudes. Una ciudad en la que puedes hacer lo que quieras. Puedes ser quien quieras. Un lienzo en blanco.

Autoretrato efímero. Pelo triturado sobre lienzo.

Exposición Adriana Kozub. Centro cultural Borges, Buenos Aires.


SaHORES 2355, FLORIDA, VICENTE (lÓPEZ)


BUENOS AIRES.

Estamos aquí. Llegó el tren que me ha de llevar a Retiro. Llevo aquí desde ayer. El reencuentro con Tomás fue como si no hubieran pasado los años ni la infancia. Como si nunca hubiéramos dejado de vernos. Somos amigos. Hablamos. Confío en él. He confiado en él más de lo que confío en mis amigos, a los que nunca he dejado de ver. A veces es más fácil ser sincero con personas desconocidas a las que conoces – cómo si hubiera tantas personas así – Pero es la conexión que teníamos y que tenemos lo que permite que nos conozcamos después de 10 años sin conocernos. Salimos de Vicente López, dónde vive Tomás con su padre y su hermano. Juan B. Justo es la parada en la que subo con mi “Sube^”. Pasan las casas, los barrios, las vías del tren. Pasan los momentos y los árboles. Las calles y los coches. Pasan los grafitis y los niños y me pregunto si me estaré perdiendo algo. Las calles a distinto nivel, los escombros, el tren es una barrera. Pienso en ella. Un poco. Bastante. Pienso en la importancia del percurso, del viaje, del camino. Aún quedan dos estaciones. Estoy solo y no sé a dónde me dirijo. Apenas sé que estoy solo. Tenía miedo. Miedo de no querer viajar. Miedo de no disfrutar. Solo. Pero esa exposición capilar. Esa artista mexicana (argentina en realidad), me ha hecho ver con ese ejercicio de introspección que claro que quiero, claro que estoy disfrutando. Y no solo eso: DESCUBRIENDO.


He acabado la primera página de este viaje. Dentro de esa página estaba la toma de contacto. Una toma de contacto que ha tocado varios frentes: Tomás, Buenos Aires y yo mismo. No se aleja tanto la experiencia de algún tipo de “ayahuasca de ojos abiertos”. Autoconocimiento. Aprendizaje. ¿Verdad? Está siendo un buen día. Mojado, pero bueno. Las calles de Buenos Aires se vacían con la lluvia. La ciudad es mía y a la vez se me revela hostil en algunos aspectos cuando no me permite encontrar las relaciones que me han de llevar al próximo lugar. Me estoy mojando por dentro. Con cerveza artesanal Honey Beer en un bar llamado ANTARES. Me lo recomendaron las camareras de otro bar al que fui buscando ambiente en el barrio de San Telmo. Es un bar de mucho ambiente. La cerveza artesanal es un reclamo que, según veo, en Buenos Aires atrae a un público muy concreto: clase media y alta con ganas de ser elocuente y exquisita. Con ganas de saber cosas y sobre todo diferenciarse de la vulgaridad de la cerveza barata. 90 pesos una pinta. Deben ser unos 700ml. Paredes de ladrillo con ventanas adornadas con arcos y rejas metálicas cierran un espacio determinado por barras y mesas en el que se mezclan el olor del lúpulo, la cebada y el perfume de mujer. Una de las camareras me llama la atención. Es


rubia y usa falda de tubo y tacones altos. Se oye el “tac, tac” mientras se mueve de la mesa a la barra y de la barra a la mesa. La música es decente, aunque desconocida. Guitarras eléctricas, batería y una voz ronca que me recuerda a Yuri. Me gustaría cantar bien, pero tendré que conformarme con cantar a secas.


MUSEO DE ARTE MODERNO DE BUENOS AIRES 1. “ La paradoja del centro: Ritmos de la materia en el arte argentino de los 60’s” Raúl Hozza - No es casualidad. El formalismo plástico de la obra crea espacios en el lienzo que se estructuran del mismo modo que el espacio arquitectónico en planta. Emilio Pettoruti – El futurismo y el cubismo comparten aspectos reconocibles en la pintura de Le Corbusier.


“Prohibido” es, a mi modo de ver, una vagina con clavos. Muy explicativo. Reflexionar. La obra “Tres arroyos” de Nelson Blanco grita y se sale del cuadro a través de las texturas y el óleo seco, en otra hora maleable, extendible, ahora inmutable. Permanente.

Los colores se mezclan con los volúmenes. La adición de elementos estructura el formato. El elemento destacado es claramente el sujeto del cuadro.

Marta Minujín. [Performance. Arte vivo. El arte es su vida. Se expone ella misma.] Me recuerda al disco que escucha2. “La sala de escultura” mos ayer de Cortázar cuando habla de ¿Cuál es el punto la “obra muerta”. del observador? ¿existe si quiera? Totalmente mutable. “Cada paso alrededor de la obra es descubrir una obra nueva”


3. “Debates en el centro: Abstracción y figuración en la colección de arte moderno de BB.AA. 1950 – 1970” Es innegable el poder de la abstracción en la obra. Marcar lo necesario y transmitir el conjunto y mucho más. Para que exista la abstracción es necesaria la existencia del objeto concreto. Reinterpretación, no creación del elemeto figurativo. Juan del Petre Emilio Petrorutti - El azul sigue teniendo algo que despierta algo en mi. La combinación del elemento figurativo con la abstracción. Juan Carlos Castaguino.


4.

“Borrar” Bernardo Ortiz.

INSPIRADORA !

Una verdadera obra alentadora. El proceso tivo, la confusión y la incertidumbre siempre pañadas por perseverancia y determinación. uno mismo, en que crees en lo que haces otros pueden creer.

creaacomFe en y que

Fin del museo. La despistada visión de un muy mediocre “museo de artesanía argentina” me llevó por el camino de la izquierda. Puede que fuera la intuición o puede que la suerte – creo que ambas me están acompañando en este vaje – pero el hecho es que acabé en ese tugurio chino de comida por kilo. Comí más de lo que necesitaba, comí con los ojos y fue muy gratificante. Claro que después de toda buena comida es necesaria una buena cagada y buscando un lugar dónde reposar mis posaderas y librarme de esa carga vital recién adquirida, llegué a este “Hilton pobre” o “Hilton de segunda”, dónde pude cumplir mis objetivos de una forma lujosa que no esperaba después de la comida de 60 pesos. Pero heme aquí. Sentado. Como un rico más con el sonido envolvente de alguna banda vocal de los 80´s, entre dos vidrieras que separan estratos sociles más elevados que mi austera presencia. Es un lugar bonito. El patio abraza con formas quebradas y asimétricas un espacio amplio y diáfano, con vegetación discreta, amable, fresca. El porche me protege de la lluvia y nadie parece reparar en mi presencia. Ni si quiera me ofrecen un café, deben intuir que


no estoy dispuesto a pagarlo, peo continúa siendo una experiencia placentera. Encontré un lugar de descanso.

Acabé mi cigarrillo y me despedí de la camarera que nunca me atendió, ya que percibió con mi hola lo mismo que con mi adiós. Fui decidido a volver la Plaza de Mayo y conocer Puerto Madero y sus lujos, su ostentação, pero una vez más el destino, la casualidad, la intuición, me hicieron tropezar con un plano que indicaba claramente que me había perdido cosas. Así que cambié mi rumbo una vez más en dirección a la catedral ortodoxa, que resultó ser un truño pintado de azul, pero que me llevó a recorrer y encontrar eso que te hace enamorarte de una ciudad: sus rincones. Calles estrechas, serpenteantes y sorprendentes. En el parque Lezama encontré varios recuerdos. Algunos que no consigo ubicar y otros tan claros como la Loba Capitolina. Escogí continuar de vuelta para la Plaza de Mayo, esta vez por nue-


nuevas rutas en las que encontré otra cara de Buenos Aires. Más sucia. Más pobre. Más real. Encontré policías evitando que ex – orfanatos sean ocupados. Encontré graffitis que hablaban de sueños y mostraban mentes facetadas con alas. Encontré parte de Suiza, parte de Grecia, órdenes gigantes y personas perdidas. Y lo que más valoro de todo lo encontrado es que nunca lo busqué. ¿Podemos hablar, entonces, de verdadero descubrimiento? Tenía miedo de no haber planificado, pero ahora, después de sentir la excitación de ese “descubrimiento”, me alegro de no haberlo hecho.

Ahora me encuentro solo y quiero hablar conmigo mismo. Sabina me ayuda con eso. En ese aspecto es como si él también hablara conmigo. Como decía ayer Cortázar: “vos no existes para mí, pero ¡Vaya si existes! Yo no existo para Sabina, pero ¡Vaya si existo! Pienso en ella, no puedo evitarlo. Soy feliz sin ella, eso lo sé. Pero quiero ser feliz con ella. Son esas las historias que me invento. Ya que tanto lo preguntas. Ahora soy yo el que hablo contigo, a pesar de que nunca leerás esto, por lo tanto, a efectos prácticos, tu tampoco existes… Pero, ¡Vaya si existes! Se ha hablado mucho de aceptación en estos días, pero no se si es lo que quiero. No se que es lo que quiero aceptar. ¿Es necesario saberlo? ¿Fue un error? Sabes que algo no fue fluido. Algo estaba pinchándola y no era yo. Era algo externo. O alguien. ¿Son esto celos? Sí.


En el metro, “solo le pido a Dios”. Recuerdos anónimos me asaltan, perdidos en el tiempo. Paramos en Salabrini, y se va con la música a otra parte. 3 Estaciones más. Y mujeres bonitas. Siempre mujeres bonitas.

Una persona murió debajo del tren, equivocado, que creía que me llevaría a casa. Murió debajo de mí. Debajo de la chica del tren. Debajo de este dibujo inacabado. Después confusiones con Juan B. Justo, avenida y estación. Florida, en general desconocida, aún más por mí que salí despreocupado. Pero al fin, llegué. Después de cuatro horas, algo de miedo y bastante estrés. Recuerda demasiado a Budapest. Hoy voy a iniciar una nueva aventura en “La Recoleta”. Barrio pijo, europeo, cultural. Me esperan el MALBA y el cementerio.


Quiero sol para sentarme a dibujar. gentes tren

que

a Retiro. son

solo

eres

bo-

nitas

lo

que llama mi

aten-

ción. El

trazo

inquieto por

el

traqueteo del sobre

tren los

durmientes, adquiere un matiz muy apropiado para la realidad que describe. Llegamos a Retiro. Pasé por las embajadas, zonas ricas, con señores poderosos y arrugados hablando de la influencia de Argentina en África. Calles con casas palaciegas neoclásicas y galerías de arte en cada esquina. Después cementerio, tras ingerir algo de pan, queso y jamón cocido. Los contrastes entre la ciudad de los vivos y lade los muertos me llaman la atención. Como compar


ten el espacio y dialogan entre sí, a

pesar de

los muros que las separan.

Se acabó el tiempo del cementerio. Vamos para...

“la bomba del tiempo”


CENTRO CULTUR AL MATTA.

Embajada de Chile.

Catalina Sminburn en “Extraterritorial” trata el tema de las fronteras y las migraciones en nuestro tiempo. Concertinas que se funden en el mármol.

Amo a Rubén Darío. Amo la literatura, la poesía, el lenguaje, el dibujo. Estoy en la

BIBLIOTECA NACIONAL. Lo escribo en mayúsculas porque se ha convertido en un lugar importante para mí en apenas una hora que llevo aquí. Los dibujos a tinta y acuarela que vi en la exposición, nada más entrar, me recuerdan y reafirman mis objetivos de futuro. Quiero dibujar y quiero escribir. Quiero leer y que me lean, no necesariamente con palabras. Está siendo un año clarificante, pero este viaje lo está siendo aún más. Hay que perseguir los sueños, y yo cada vez tengo más claro que mi sueño es ser artista. Bohemio. Rubén Darío. “Lo primero, no imitar a nadie, menos a mí.” Eso le dijo Wagner a su discípula, Augusta Holmes. No quiero imitar a nadie, pero quiero aprender de muchos. De muchísimos. No sé que vendrá después de este viaje, de este año, o de todos los horizontes que se van marcando ante mis ojos, pero sé que llevaré un boli encima cuando llegue el momento.


Ya es Junio. Miércoles. Me dirijo a Tigre aprovechando que el sol ha decidido hacernos una visita tras tres días de ausencia absoluta. El tiempo está volando. Casi no he visto a Tomás pero ayer fue muy agradable pasar la noche hablando con él. Reflexionando sobre mi vida y la suya. Contando anécdotas. Hablando de literatura, cine, mujeres. Todo viene a ser lo mismo. Historias. El tren está también siempre lleno de historias. Lo prefiero mucho antes que el colectivo. Están de moda las plataformas, sobre todo si van precedidas por unos tobillos ágiles y unas piernas… se me escaparon las piernas, pero eran bonitas. Fuertes pero delicadas. Estoy en Tigre en el Tren del Agua. Las barcas navegan por el delta, por los estuarios, llevando personas y mercancías hasta este lugar apartado de lo que conocemos como “civilización”. Es un lugar perfecto para retirarse a pensar o para esconderse tras cometer un crimen horrible. Nadie hace preguntas. Los muelles se suceden, anónimos, sin que nadie repare en ellos. Ha sido un paseo pintoresco. Construcciones sobre plilotes se protegen de las inundaciones a ambos lados de los arroyos del Delta. Los perros protegen las casas y me acompañan durante el corto paseo.

Vale la pena, pero no es lo mejor de Buenos Aires.


El museo, tras un kilómetro de paseo, es un palacio estilo S.XVI, como tatos otros. Ostentação. La exposición permanente es una chusta, pero me gustó mucho la obra expuesta sobre la percepción. Era


algo sobre apariencia y realidad.“La Realidad de la Pintura”. Bastante inspiradora. Sobre todo los dibujos estilo boceto. Muy expresivos y con un uso muy inteligente del lápiz o la tinta. Tengo ganas de coger mi lápiz. El bueno. El verde.

LOS SILOS DE DORREGO Parecen un conjunto plurifamiliar de hijos de puta. Ricachones miedosos que se creen seguros tras sus muros y su ostentación. Evidentemente se creen mejores que el resto. Hasta ls guardias de seguridad, con certeza unos muertos de hambre, se creen parte de ese mundo al que sirven y en el que nadie los ve más que como parte del mobiliario. Un nido de chinches envueltas en sedas en el que habría que tirar una buena cerilla.


Tras un largo día de caminar por la ciudad de Buenos Aires, el Café Tortoni se me presenta como un lugar de intelectuales y artistas. Parece obligatorio intentar escribir unas líneas para evocar recuerdos ajenos, de personas desconocidas. El ansia de ser bohemio. Pero como dijo aquel estudioso del modernismo y de La Semana del 22: “El simple hecho de querer ser modernos, quería decir que no lo éramos.” Sin embargo no es que yo quiera ser bohemio, yo soy bohemio, eso es innegable. Ahora, ¿soy poeta?; ¿soy escritor?; ¿soy artista? Me gustaría serlo. Quiero ser artista, pero aún no lo soy. Sin embargo no creo que eso sea una barrera. Al contrario. Es un objetivo. Y como el resto de las cosas que nos proponemos en la vida, requiere determinación y trabajo duro. Pero nada es imposible y lo tengo cada vez más claro. De un modo u otro, quiero que el arte forme parte de mi vida. Justo como el Café Tortoni ha sido parte de la vida de muchos artistas.


Día de paseo. Casi me pierdo la calle Caminito, por ir mirando al frente y hacia arriba. Me ha parecido singular, pero totalmente sobrevalorada. Una aglomeración de ventas ambulantes de mierdas y cachivaches que se distribuyen a lo largo de una “favela” pintada de colores. ¡Oh! ¡Que creatividad! Lo mejor, las mismas putas que inventaron el tango hoy lo aprovechan para mostrar su exuberancia a los turistas, montar sus tiendas de campaña y sacarse una foto con ellos. Totalmente ridículo. Turismo de miseria para idiotas. Aún si fuera a conocer otra realidad de Buenos Aires, pero me ha parecido básicamente una mierda pintada de colores y llena de purpurina. Eso sí, me he encontrado con un grupo de turistas que iban en un Free Walking Tour y he aprendido un par de cosas sobre BB.AA. Lo más curioso del día ha sido cuando al final del Tour, dos chicas han decidido venir conmigo a descubrir la ciudad en lugar de seguir con el guía. Literalmente, le he robado dos chicas al guía. Una era Brasil, Bianca. La otra Francia y Australia, Cleménce. La francesa era sexy. Pelo corto e interesante. 31 años. Hablamos bastante y al final del día le dije que si le parecía atractivo. Me dijo que sí. Intenté besarla y se rio y me dijo que “no podía”. Aún no lo entiendo pero no le pregunté más. Al despedirnos fue ella quien me besó, solo un poco, en los labios y me volvió a decir “no voy a besarte, no puedo”. Le parecía divertido y a mi también en realidad. Estoy sonriendo. Me gustaría verla esta noche. Me dijo que “después de dos cervezas me besaría”. Cómo le gusta a la gente europea complicarse la vida. Podríamos habernos


besado y tomar las cervezas despuĂŠs. He descubierto que me gusta ver pasar personas, ver comer, ver beber, ver hablar. Me gusta dibujarlos en los bares mientras son felices sin saberlo.


Se acaba el viaje y aún no he acabado este cuaderno. Siento algunos vacíos. Siento que la despedida fue fría. A veces soy frío con las personas que me importan. Me cuesta aceptar que esas personas me afectan emocionalmente. He aprendido mucho en este viaje, aún sin haber aprendido el masaje tántrico. Las conversaciones con Tomás, Joaco y Franco fueron reveladoras. Me gustó moverme en esos círculos aunque me doy cuenta de que o mis habilidades sociales están un poco oxidadas, o se retraen un poco con esas descargas de ambiente bohemio tan fuertes. Sé que solo faltó tiempo. El tener el vuelo tan temprano no ha ayudado. El vuelo se retrasa. Perfecto… Escucho I´m looking through you de los Beatles. Se me presenta como una música melancólica y optimista al mismo tiempo. Creo que es una visión bastante acertada de como me siento. Me alegro de haber cambiado.

En cuanto a ti, Buenos Aires, volveré. Para más tiempo. El teatro de hoy, los museos, la Bomba del Tiempo… Creo que a pesar del tráfico y los desplazamientos necesito una gran ciudad. Necesito vivir Buenos Aires, Sidney, Barcelona, Londres… Pero necesito aprovecharlo. No parar. Actuar.


Buenos Aires. Pablo Zúñiga Olgado.