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1) Contexto político del Siglo XX: Este contexto de finales del siglo XIX y la gran cantidad de políticos a favor de reivindicar el derecho de los trabajadores , incubo el pensamiento reformista del ministro de salubridad y prevención social Eduardo Cruz- Coke, proponiendo una nueva ley de salubridad que consigo traía anquilosada un nuevo cambio de lógica, el progreso de la medicina y de la política de salud pública se tornan un motor esencial para el desarrollo social del país, al mejorar las condiciones de vida de sus trabajadores y ciudadanos. Las políticas sanitarias, dejan de ser aisladas y comienzan a sumarse al proyecto nación.

ANÁLISIS HISTÓRICO DE LAS ISAPRES Hacia la primera mitad del siglo XIX, las políticas sociales de salud, se abocan principalmente a resolver los fuertes problema de higiene y sanidad que sufrían el grueso de la población obrera (principalmente en los campamentos mineros), la explosión de enfermedades en los campamentos mineros en conjunto con el hacinamiento, inyectaba la necesidad de reforma en los círculos médicos del país. Es así, como se crea en 1918 el código sanitario, el cual establece responsabilidades públicas por la salubridad y programas de salud preventiva; la ley del seguro social, promulgada en 1924 y que aseguro cobertura y atención de salud para los obreros y sus cargas familiares. El punto culmine se alcanza en 1924 con la creación de ministerio de salud. Hacia fines de los cuarenta, se dan las condiciones para el cumplimiento de una aspiración de juntar las instituciones hasta ese momento dispersas, creándose el Servicio Nacional de Salud (SNS) en 1952, basado en principios de solidaridad, integralidad y servicio público. El servicio atendía a grupos tanto de la población urbana como rural, asegurados de la más importante de las cajas de previsión, que aglutinaba alrededor del 80% de la población trabajadora, de la caja del servicio del seguro social, y de otras; e indigentes, estudiantes y campesinos. Sin embargo, su avanzado diseño se encontraba alejado de su ejercicio real, pero si situaba como la primera gran apuesta por mejorar el modelo. Es importante considerar que los empleadores no fueron incluidos como beneficiarios del SNS, impidiéndole al servicio tomar su carácter integrador de toda la población chilena

En otra línea, Salvador Allende publicó en 1939 su libro “La realidad medico-social Chilena” el cual se transformaría en la base de las reformas sanitarias en su mandato de ministro de salubridad y prevención por el Frente Popular el mismo año. Para Allende, se debe invertir el “círculo vicioso enfermedad-pobreza” porque son los factores sociales, económicos y ambientales los que inciden directamente en la salud, cabiendo al Estado actuar sobre todos ellos Allende ratifica el derecho del pueblo a exigir un saneamiento del país , luchando contra los vicios y flagelos , llevando la medicina social a los rincones más remotos del país. El capital humano como la base esencial del desarrollo económico y de la nación, ha sido abandonado a su propia suerte, impidiendo que la población se torne densa, sana, capaz de producir y de hacer florecer el desarrollo industrial y económico.

2) El giro mercantil del sistema de salud chileno. Con la llegada de la dictadura militar, se produce un cambio radical en la estructura de la previsión social de salud. Se impulsa un nuevo paradigma en la construcción de políticas públicas, donde prima el sentido mercantil por sobre el sentido social de las medidas adoptadas. Las administraciones pasadas son vistas como ineficientes, al estancar un grueso porcentaje de capital económico en políticas de salud, educación, previsión, etc., sin otorgarle un dinamismo de mercado que permitiese aumentar el gasto y la inversión privada El gasto social del gobierno central de Chile disminuyo a menos de la mitad entre 1972 y 1977. Paralelamente, la relación privado/publico en el PIB , paso de ser 0.74 en 1970 a 1.39 en 1977 ; es decir no solo revirtió la relación , sino que prácticamente la duplico a favor del primero.


Dentro del periodo se ha registrado un aumento en los indicadores de salud. Pero, esos indicadores esconden las desigualdades existentes en el país, puesto que no toman en cuenta las distribuciones regionales que notaban diferencias evidentemente abismantes. Ejemplo, el 2001, la mortalidad infantil era de 42,2 por mil nacidos vivos en el municipio más pobre del país (en la región sur) mientras que era de 2,62 por mil en el municipio más rico (en Santiago). De cualquier forma, los datos demostraban el continuo progreso en los indicadores básicos de salud debido a factores como la manutención de programas focalizados en el grupo maternoinfantil; la erradicación del analfabetismo, la expansión de las redes de saneamiento básico, que cubre prácticamente al 100% de la población urbana. Las tensiones que vive el sector salud de Chile reflejan, en resumen, la permanencia de proyectos antagónicos alineados con la polarización ideológica del país, dividiendo políticos, dirigentes y profesionales: volver a la medicina socializada, a los tiempos del SNS, o convertir al FONASA en una gran Isapre.

3) Las reformas de la neodemocracia: A lo largo de la década de los 90, no obstante, se observaron progresos en la adopción de medidas para corregir las distorsiones más flagrantes, aunque manteniéndose el mismo formato del sistema de salud: fracturado, estratificado, inicuo y deficitario. En 1994 el MINSAL definió la equidad como un principio básico de las políticas, tomando varias iniciativas tópicas en el ámbito de la ampliación de la cobertura del SNSS. Por ejemplo, primero, pasó la Atención Primaria a ser gratuita y fue determinado prestar atención gratuita y otros beneficios a los mayores de 60 años inscritos en el FONASA, después de constatarse que, del total de adultos mayores en el país, solamente el 10,9% estaba afiliado a una Isapre. De la misma manera se procedió con el parto, dado que sólo el 4,7% de las mujeres en edad fértil estaban inscritas en una Isapre. El cambio en el patrón de financiación en la década fue positivo: los recursos fiscales aumentaron cerca de un 50% mientras que las contribuciones, en particular los copagos, disminuyeron significativamente.

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