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Introducción

¡Queridos animadores del servicio de ADEAM,

En esta nueva entrega de “Presencia Misionera” del mes de Noviembre, donde iniciamos con la Solemnidad de los Santos, la cual les invito a celebrarla con alegría y a anhelar esa santidad que, tal vez, no se manifiesta en sucesos extraordinarios, sino a vivirla día a día según las exigencias del bautismo. Los santos nos alientan con su vida e intercesión ante Dios. Algo que caracteriza a los santos es ser realmente feliz, pero el secreto de esa felicidad auténtica tiene su fuente en el amor de Dios. Juntos pidamos la gracia de acoger con alegría esta llamada y trabajar unidos para llevarla a plenitud. También celebramos la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo con el que culmina el año litúrgico, la cual, es una oportunidad de imitar a Cristo, viviendo una vida de verdadera caridad y autenticidad cristiana, conociéndolo y amándolo, y así poder experimentar que el Reino de Cristo ha comenzado para nosotros. Atentamente Hna. Yesenia Arellano.OCV. Responsable Nacional de ADEAM.

Intencionalidad: Ofrece con alegría y devoción al Señor, tu labor cotidiana y pide que te ayude a vivir cada día santamente.

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE LA MUERTE Y RESURRECCIÓN El Papa Francisco habló en su catequesis de la Audiencia General sobre la resurrección de los muertos y en concreto de la de Cristo.

Papa Francisco

Hoy quisiera comparar la esperanza cristiana con la realidad de la muerte, una realidad que nuestra civilización moderna tiende cada vez más a cancelar. Así, cuando la muerte llega, para quien está cerca o para nosotros mismos, nos encontramos no preparados, sin un «alfabeto» apto para esbozar palabras de sentido entorno a su misterio, que aun así permanece. Y también los primeros signos de civilización humana son transitados precisamente a través de este enigma. Podremos decir que el hombre ha nacido con el culto de los muertos. Otras civilizaciones, antes de la nuestra, han tenido la valentía de mirarla a la cara. Era un suceso contado por los ancianos a las nuevas generaciones, como una realidad ineludible que obligaba al hombre a vivir para algo absoluto. Recita el salmo 90: «Enséñanos a contar nuestros días para que entre la sabiduría en nuestro corazón» (v. 12). ¡Contar los propios días hace que el corazón se convierta en sabio! Palabras que nos llevan a un sano realismo, rompiendo el delirio de omnipotencia.


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Reflexionemos sobre la catequesis de la Muerte y Resurrección... ¿Qué somos nosotros? Somos «casi un nada», dice otro salmo (cf. 88, 48); nuestros días pasan rápido: aunque si viviéramos cien años, al final nos parecería todo un suspiro. Muchas veces he escuchado ancianos decir: «La vida me ha pasado como un suspiro...». Así la muerte desnuda nuestra vida. Nos hace descubrir que nuestros actos de orgullo, de ira y de odio eran vanidad: pura vanidad. Nos damos cuenta con pesar que no hemos amado suficiente y de que no hemos buscado lo que era esencial. Y, al contrario, vemos lo bueno que realmente hemos sembrado: los afectos por los cuales nos hemos sacrificado, y que ahora nos tienen de la mano. Jesús ha iluminado el misterio de nuestra muerte. Con su comportamiento, nos autoriza a sentirnos dolidos cuando una persona querida se va. Él se turbó «profundamente» delante de la tumba del amigo Lázaro, y «se echó a llorar» (Juan 11, 35). En esta actitud suya, sentimos a Jesús muy cerca, nuestro hermano. Él lloró por su amigo Lázaro. Y entonces Jesús reza al Padre, fuente de la vida, y ordena a Lázaro salir del sepulcro. Y así sucede. La esperanza cristiana se basa en esta actitud que Jesús asume contra la muerte humana: está presente en la creación, pero es sin embargo, una cicatriz que desfigura el diseño de amor de Dios, y el Salvador quiere sanarnos. En otro momento, los Evangelios cuentan de un padre que tiene la hija muy enferma, y se dirige con fe a Jesús para que la salve (cf. Marcos 5, 21-24, 35-43). Y no hay una figura más conmovedora que la de un padre o una madre con un hijo enfermo. Y en seguida Jesús se encamina con ese hombre, que se llama Jairo. A un cierto punto llega alguien de la casa de Jairo y le dice que la niña está muerta, y ya no es necesario molestar al Maestro. Pero Jesús dice a Jairo: «No temas, solo ten fe» (Marcos 5, 36). Jesús sabe que ese hombre tiene la tentación de reaccionar con rabia y desesperación, porque la niña ha muerto, y él aconseja cuidar la pequeña llama que está encendida en su corazón: la fe. «No temas, solo ten fe». «¡No tengas miedo, continúa solo teniendo encendida esa llama!». Y después, al llegar a casa, despertará a la niña de la muerte y la devolverá viva a sus seres queridos. Jesús nos pone en esta «cresta» de la fe. A Marta que llora por la desaparición del hermano Lázaro opone la luz de un dogma: «Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?» (Juan 11, 25-26). Es lo que Jesús repite a cada uno de nosotros, cada vez que la muerte viene a romper el tejido de la vida y de los afectos. Toda nuestra existencia se juega aquí, entre el lado de la fe y el precipicio del miedo. Dice Jesús: «Yo no soy la muerte, yo soy la resurrección y la vida, ¿tú crees esto? ¿tú crees esto?». Nosotros, que estamos aquí hoy en la plaza, ¿creemos esto? Somos todos pequeños e indefensos delante del misterio de la muerte. Pero, ¡qué gracia si en ese momento custodiamos en el corazón la llama de la fe! Jesús nos tomará de la mano, como tomó a la hija de Jairo, y repetirá una vez más: «Talitá kum», «muchacha, levántate» (Marcos 5, 41). Lo dirá a nosotros, a cada uno de nosotros: «¡Levántate, resucita!». Yo os invito, ahora, a cerrar los ojos y a pensar en ese momento: de nuestra muerte. Cada uno de nosotros que piense en la propia muerte, y se imagine ese momento que tendrá lugar, cuando Jesús nos tomará de la mano y nos dirá: «Ven, ven conmigo, levántate». Allí terminará la esperanza y será la realidad, la realidad de la vida. Pensad bien: Jesús mismo vendrá donde cada uno de nosotros y nos tomará de la mano, con su ternura, su mansedumbre, su amor. Y cada uno repita en su corazón la palabra de Jesús: «¡Levántate, ven. Levántate, ven. Levántate, resucita!». Esta es nuestra esperanza delante de la muerte. Para quien cree, es una puerta que se abre de par en par; para quien duda es un rayo de luz que se filtra por una puerta que no se ha cerrado del todo. Pero para todos nosotros será una gracia, cuando esta luz, del encuentro con Jesús, nos iluminará.


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¿QUÉ ES LA MUERTE PARA LOS CATÓLICOS? El próximo 2 de noviembre, la Iglesia Católica conmemora a los Fieles Difuntos. Esta fiesta responde a una larga tradición de fe de orar por aquellos fieles que han acabado su vida terrena y que se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio. Por ello, he querido hablarte del tema de la muerte, no como algo trágico, sino más bien, esperanzador por la resurrección de Cristo. La muerte no tiene que ser vista como algo desagradable porque es el encuentro definitivo con Dios. De lo único que tenemos certeza es que algún día moriremos. La muerte en la sociedad es para muchas personas un tabú. La gente no quiere siquiera que se nombre la palabra "muerte", piensan que así se ignora esa realidad. Para los católicos, la muerte forma parte de la vida. Nosotros nos fiamos de Jesús que dio su vida por nosotros para que nosotros tengamos vida eterna. Creemos que Jesús resucitó y también nosotros resucitaremos con Él. ¿Por qué existe la muerte? ¿Por qué tenemos que morir? La respuesta nos la da la Biblia:"Así pues, por medio de un solo hombre entró el pecado en el mundo, y con el pecado la muerte, y la muerte pasó a todos porque todos pecaron." (Romanos 5, 12). "El pago que da el pecado es la muerte; pero el don que da Dios es vida eterna en unión con Cristo Jesús, nuestro Señor."La muerte existe en el mundo como consecuencia del pecado. Como nosotros también somos pecadores, un día moriremos. Desde la fe vemos que en la muerte unida a Cristo también resucitaremos con Él.

PARA LA REFLEXIÓN...

1. ¿Crees que el pecado produce "muerte" en distintos aspectos de la vida? 2. ¿Produce el pecado muerte física? ¿En qué casos? ¿Por qué? ¿Qué hay después de la muerte? Para los cristianos, la muerte es sólo el final de la vida terrena, pero no el final de la vida. Lo que creemos los católicos es lo siguiente: Creemos que tenemos un alma inmortal creada por Dios que no muere con la muerte sino que pervive en una vida eterna. El ser humano es una unidad. Yo soy alma y cuerpo a la vez. Mi cuerpo muere, pero mi "yo" pervive eternamente. ¿Qué es eso de la "Vida Eterna"? La vida eterna no es igual a esta vida. Cada persona que muere vivirá en la vida eterna lo que ha elegido previamente en esta vida. Jesús nos da la salvación (la vida eterna), pero no nos obliga a aceptarla. En la vida eterna, una vez muertos, los católicos creemos que hay tres posibilidades para el ser humano. Tu "yo personal", lo que llamamos "el alma", pasará a una de estas tres opciones: 1. El cielo, contemplando a Dios. 2. El purgatorio, purificándose para poder entrar en comunión con Dios. Acción significativa para la jornada del enfermo

En este mes de noviembre, dedicado también a los difuntos, ofrezcamos una oración acompañados de los enfermos y ancianos, pidiendo por las almas del purgatorio y por el descanso eterno de nuestros familiares y conocidos, que han muerto recientemente.


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¿Qué es el Juicio Final después de la Muerte? Los católicos creemos que una persona cuando muere queda sometida a un juicio inmediato del Señor. En el Nuevo Testamento hay varios ejemplos donde se nos habla de que la persona nada más morir, recibirá su retribución según hayan sido sus obras en la tierra: Lc 16, 19-31: parábola de Epulón y Lázaro. Lc 23,40-43: Jesús al buen ladrón. ¿Qué es "el Cielo"? Para los cristianos, el cielo es el estar con Dios para toda la eternidad. San Pablo nos dice:"Ni ojo vio, ni oído oyó, ni el hombre pudo pensar lo que Dios ha preparado para los que le aman." (1 Cor 2,9). Al cielo llega inmediatamente una persona que acaba de morir en gracia y amistad con Dios. "Cuando vaya y les prepare sitio, vendré de nuevo y les acogeré conmigo; así, donde estoy yo estarán también ustedes. Y para ir adonde yo voy, ya saben el camino. “(Jn 14,3-4). La Palabra de Dios nos habla del cielo dándole varios nombres distintos: vida, luz, banquete de bodas, vino del reino, casa del Padre, Jerusalén celeste, paraíso...Ten en cuenta que el cielo no es "un lugar" al que vamos, es un estado en el que se encontrará nuestra vida (el alma).

Intencionalidad: Te propongo visitar el cementerio el día de los difuntos u otro día, es una buena oportunidad para orar por ellos y afirmar nuestra fe en la resurrección.

¿Qué es el "Infierno"? Es la condenación eterna. Es cuando una persona rechaza conscientemente en su vida terrenal a Dios. Dios nos invita a salvarnos, nos invita al cielo, pero los seres humanos somos libres para elegir. Si rechazamos a Dios, si no lo tenemos en cuenta en nuestra vida, estamos autocondenándonos. "Tampoco tengan miedo de los que matan el cuerpo, pero no pueden matar la vida; teman si acaso al que puede acabar con vida y cuerpo en el fuego." (Mt 10,28). En el Evangelio se puede presuponer por las palabras de Jesús que existen y existirán personas condenadas en el infierno: “vayan malditos al fuego eterno..." Mt 25,41. Qué es el "Purgatorio"? Es un estado, tampoco es un "lugar" o espacio físico. La Iglesia siguiendo el consejo de la Escritura (2 Macabeos 12,46) siempre rezó por los difuntos. Creemos que los que mueren en gracia y amistad con Dios sin estar, sin embargo, plenamente purificados o con algún resto de pecado, sufrirán una purificación antes de llegar a Dios. El rezar por los difuntos, y de una manera especial la santa misa, ofrecida por los difuntos puede ayudar a su pronta purificación. ¿Qué es la "Resurrección de la Carne"? Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él los resucitará en el último día:"Y éste es el designio del que me envió: que de todo lo que me ha entregado no pierda nada, sino que lo resucite el último día. Porque este es el designio de mi Padre, que todo el que reconoce al Hijo y le presta adhesión tenga vida definitiva, y lo resucite yo el último día. “(Jn 6, 39-40).


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Reflexiona sobre la historia de Ana y Simeón. Preparación para el encuentro con la Palabra de Dios: Oh Dios, nuestro Creador y Padre! Tú has querido que tu Hijo, engendrado antes de la aurora del mundo, fuese miembro de una familia humana; revive en nosotros la veneración por el don y el misterio de la vida, para que los padres se sientan partícipes de la fecundidad de tu amor, los ancianos donen a los jóvenes su madura sabiduría y los hijos crezcan en sabiduría, piedad y gracia, para gloria de tu Santo Nombre. Amén.

Lectura orante de la palabra (leer varias veces todo el texto)

Lucas 2, 25-38 Y he aquí, había un hombre en Jerusalén, llamado Simeón, y este hombre, justo y pío, esperaba la consolación de Israel: y el Espíritu Santo era sobre él. Y había recibido respuesta del Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Cristo del Señor. Y vino por Espíritu al templo. Y cuando metieron al niño Jesús sus padres en el templo, para hacer por él conforme á la costumbre de la ley. Entonces él le tomó en sus brazos, y bendijo á Dios, y dijo: Ahora despides, Señor, á tu siervo, Conforme á tu palabra, en paz; Porque han visto mis ojos tu salvación, La cual has aparejado en presencia de todos los pueblos; Luz para ser revelada á los Gentiles, Y la gloria de tu pueblo Israel. Y José y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían de él. Y los bendijo Simeón, y dijo á su madre María: He aquí, éste es puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel; y para señal á la que será contradicho; Y una espada traspasará tu alma de ti misma, para que sean manifestados los pensamientos de muchos corazones. Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Phanuel, de la tribu de Aser; la cual había venido en grande edad, y había vivido con su marido siete años desde su virginidad; Y era viuda de hasta ochenta y cuatro años, que no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. Y ésta, sobreviniendo en la misma hora, juntamente confesaba al Señor, y hablaba de él á todos los que esperaban la redención en Jerusalén.

Silencio de encuentro con Dios. Contempla mentalmente esta escena bíblica y hazle muchas preguntas tanto al texto, como a tu vida. ¿Cuál era el propósito de la vida de Ana en sus 50-60 años de viudez? Ahora imagínese cómo era la vida de Simeón hasta el día que conoció a Jesús - ¿Cuáles eran sus alegrías y tristezas? ¿Qué significaba la promesa de Dios para Simeón? ¿Qué significa para una persona mayor tener algo que esperar con alegría? ¿Cómo podía Simeón reconocer al Señor Cristo en el bebé de una familia pobre? ¿Qué se necesita para que uno diga que está listo para morir? Aplique las palabras de Simeón en su propia vida. ¿Qué vocación tenían estos dos ancianos hasta el fin de sus vidas?


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Compartir lo experimentado Acción de gracias, alabanzas, revisión de vida, Compromiso… MENSAJE: El profeta Simeón y la profetisa Ana –movidos por el Espíritu de Dios – se presentan en el templo y saludan como representantes del Israel creyente al «Mesías del Señor» (Lc 2,26). A Simeón se le describe con tres cualidades: es justo, es piadoso y espera la consolación de Israel. Un hombre justo: es el que vive en y de la Palabra de Dios, vive en la voluntad de Dios. Simeón es «piadoso», vive en una íntima apertura personal hacia Dios. Está interiormente cerca del templo, vive en el encuentro con Dios y espera la «consolación de Israel». Vive orientado hacia lo que redime, hacia quien ha de venir. En la palabra «consolación». Simeón es uno que espera y aguarda, y justamente así se posa ya ahora en él el «Espíritu Santo». Podríamos decir que es un hombre espiritual y, por tanto, sensible a las llamadas de Dios, a su presencia. Por eso habla ahora también como profeta. En un primer momento toma al Niño Jesús en sus brazos y bendice a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz» (Lc 2,29). Junto al profeta Simeón comparece la profetisa Ana, una mujer de ochenta y cuatro años que, después de estar siete años casada, vivía viuda desde hacía decenios. «No se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones» (Lc 2,37). Ella es la imagen por excelencia de la persona verdaderamente piadosa. En el templo se siente simplemente en su casa. Vive cerca de Dios y para Dios en cuerpo y alma. De este modo, es realmente una mujer colmada de Espíritu, una profetisa. Puesto que vive en el templo –en adoración–, está allí cuando llega Jesús. «Presentándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén» (Lc 2,38). Su profecía consiste en su anuncio, en la transmisión de la esperanza de la que ella vive.

CANTO: En el Templo te esperaba / aquel hombre justo y sabio, / a quien el Espíritu de Dios / reveló tu Santo Nombre, / a quien una voz del corazón / dijo que eras el Cristo, / Redentor, Salvador. Presuroso anunciaba / lo que tanto había guardado / en su noble corazón, / Tú serás el Mesías, / y a tu Madre muy serio señalaba: / "Dura espada atravesará tu alma / María, pues Él dará su vida / para salvar los corazones". Coro: Ahora puedes, Señor, según tu querer / dejar que este siervo se vaya en paz / porque han visto mis ojos el misterio de tu salvación, / la que has preparado a la vista de todos tus pueblos. / Ilumíname, para poder dar gloria a tu Cruz.

Oración conclusiva Perdóname Señor, las tantas veces que no he sido luz, que no he llegado hasta el calvario para dar testimonio de ti, y me he quedado en la vida pública; sin trascender lo que de sufrimiento lleva negarse a sí mismo por tu Evangelio. Dame la fuerza para que sostenga este sí hasta el final de mis días…pues la debilidad que me alberga puede traicionarlo, pero si tú me asistes podremos llegar a la meta. Amén.

Acción significativa En el próximo encuentro Comparte con tu grupo de ADEAM lo experimentado.


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FIESTA DE TODOS LOS SANTOS. El Día de Todos los Santos fue instaurado por la iglesia Católica a principios del siglo IV por la Gran Persecución de Diocleciano. Fueron tantos los mártires causados por el poder romano, que la iglesia decidió marcar un día para dedicárselo a ellos. Aunque durante los primeros siglos no hubo una fecha fija, Gregorio III decidió fijarla el 1 de noviembre. El papa Gregorio IV, por su parte, extendió la celebración a toda la iglesia en el siglo IX. Para nosotros es una gran oportunidad de agradecer todos los beneficios, todas las gracias que Dios ha derramado en personas que han vivido en esta tierra y que han sido como nosotros, con las mismas debilidades, y con las fortalezas que vienen del mismo Dios. Hoy es un buen día para reflexionar todo el bien espiritual y material que por intercesión de los santos hemos obtenido y tenemos hasta el día de hoy, pues los santos que desearon la Gloria de Dios desde aquí en la tierra lo siguen deseando en la visión beatifica, y comparten el mismo deseo de Nuestro Señor Jesucristo de que todos los hombres se salven, que todos los hombres glorifiquen a Nuestro Señor. En este día tan importante para toda la Iglesia detenernos a pensar en todo el bien que Dios ha dado a la humanidad por medio de tantos hombres y mujeres que fieles a la voluntad de Dios, fieles a su amor fueron testigos del Reino del Señor. La cantidad de santos, santas y mártires que dejaron una huella tan profunda en su paso por esta tierra que ni el tiempo ni los cambios de generaciones han podido borrar.

Intencionalidad: Estar en gracia de Dios, es estar en Amistad con Él, así que aprovecha de confesarte. La confesión es una de las cosas que los santos anhelaban. Te invito a imitarlos.

Y si decimos que es de todos los Santos es porque también celebramos a tantos Santos y Mártires que Dios ha querido tener en el anonimato, y que nosotros no conocemos por su nombre, pero sabemos por la fe que están dando gloria a Dios. Querido (a) hermano (a), te animo a que no tengas miedo de ser los santos del Nuevo Milenio: de asumir con determinación, valentía y gozo, el reto a vivir la vocación universal a la santidad que se nos ha sido dada en la gracia bautismal y también a desplegar toda su fuerza transformadora y misionera, llegando a ser la presencia viva de Cristo, presencia tan viva y real que tiene el poder de transformar la historia. Celebremos con gozo este día, y pidámosle a Dios Nuestro Señor nos conceda disfrutar en esta tierra de la protección de sus santos y que un día nos conceda estar con ellos para glorificarlo en su eternidad. Que Santa María Reina de los santos nos conceda la alegría de servir con humildad a Dios esta tierra para verle y gozarle en la vida eterna.


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¿Que significa para ti, la fiesta de los Santos? ...Compártelo. Preparación para el encuentro con la Palabra de Dios: ¡Oh Dios!, que has puesto la plenitud de la ley en el amor a ti y al prójimo; concédenos cumplir tus mandamientos para llegar así a la vida eterna. Amén.

Lectura orante de la Palabra (Leer varias veces).

Lucas 9, 1-6 Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Y les dijo: «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí. Y si algunos no os reciben, salid de aquella ciudad y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos.» Partieron, pues, y recorrieron los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes.

Silencio de encuentro con Dios Contempla mentalmente estas palabras de Jesús y reflexiona con las siguientes preguntas: ¿Cómo encarnamos la Palabra, que acabamos de escuchar? ¿qué pensó el Señor para mi? La participación en la comunidad ¿te ha ayudado a acoger y a confiar más en las personas, sobre todo en los más sencillos y en los pobres? ¿Cuál es el punto de la misión de los apóstoles que tiene más importancia para nosotros hoy? ¿Por qué?


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Compartir lo experimentado

Cantos, Alabanza, Acción de gracias,Compromiso…. MENSAJE: El poder y autoridad que otorga Jesús tiene dos objetivos: anunciar el reino de Dios y liberar a la gente del mal y las enfermedades. El reino se concreta en acciones de misericordia y liberación. El anuncio de la Palabra no puede estar desligado de la realidad del ser humano. Esto significa que la evangelización no es una tarea sólo de corte "espiritualista"; ella debe implicar la integridad del ser humano, incluyendo especialmente aquellos cuerpos dolidos por la marginación. La evangelización es también una actividad marcada por la libertad de las ataduras económicas. Jesús propone a sus discípulos no llevar elementos materiales, sino sólo la Palabra en su boca, la misericordia en el corazón y la calidez en sus manos, para estar siempre dispuestos a abrazar la hospitalidad que ofrece la gente. La misión es siempre una actividad de diálogo y de doble vía, donde el misionero da lo mejor de sí y está dispuesto a escuchar, recibir e integrar a su proyecto misionero la realidad de cada comunidad. Recordemos que para la misión existe un proyecto común, que es el de Jesús, pero con formatos diversos que se adaptan a cada comunidad de acuerdo a su cultura y sus necesidades.

CANTO:

El señor envió a sus discípulos, los mando de dos en dos. Es hermoso ver bajar de la montaña Los pies del mensajero de la paz (bis) Los mandó a las ciudades Y a lugares donde iba a ir El. La cosecha es abundante, Les dijo el señor al partir. Al entrar en una casa, Saluden anunciando la paz.

Oración conclusiva Señor nadie esta ajeno a estar en problemas, en tentaciones, con enfermedades, y tú nos has dado el poder para que desde nuestra pequeñez, desde nuestra insignificancia podamos darlo todo, que significa lo mucho para aquellos que lo necesitan, por ello te pedimos que nos des la humildad, la alegría y el amor para ir a ayudar, a llevar paz y a sanar a quien lo necesite y también que nosotros tengamos la habilidad y la capacidad para acercarnos a ti y quien nos pueda ayudar cuando estemos en las mismas circunstancias.

Acción significativa Preparen una catequesis clara, y concisa En el próximo encuentro para después trasmitírsela a los enfer- Comparte con tu grupo de ADEAM lo mos, ancianos y limitados físicos que experimentado. estén en la posibilidad de compartirla.


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DÍA DEL ABRAZO EN FAMILIA El Día del Abrazo en Familia se celebra el 2º domingo del mes de noviembre, este año se celebra el 12 de noviembre de 2017. Se trata de un día en el que se pretende unir lazos familiares entre todos los miembros que forman parte de la familia de una persona. El Departamento de Pastoral Familiar en el año 1990 decidió la dedicación de un día para unir a las familias, el Día del Abrazo en Familia. Con este día se quiere consolidar los valores de respeto, amor y fraternidad entre todos los miembros de la misma. Un abrazo es una muestra de amor y cariño hacia las personas más allegadas. La persona que recibe el abrazo recibe afecto, energía, alegría..., aunque dependiendo del contexto un abrazo puede ser un símbolo de condolencia o consuelo. El Día del Abrazo Familiar es un día cargado de emociones entre todos los miembros de la familia. Hoy en día muchas familias tienen dificultades para juntarse por varios motivos: trabajo, lejanía, etc. Muchos miembros que forman la familia pasan largas temporadas e incluso años sin estar cerca de los suyos. Gran parte de la sociedad siente nostalgia de las personas que quiere que no pueda tener cerca. Al mismo tiempo las personas que se encuentran lejos echan de menos a sus familias, padre, hermanos, sobrinos, etc.

Intencionalidad: En esta segunda semana, procura dar a conocer de que se trata la celebración del abrazo en familia y ora por todas las familias.

En el día de hoy se pretenden romper todas las barreras que separan a los miembros familiares y unir de nuevo a la familia. Para ello normalmente los miembros de la familia que se encuentran viviendo en otras ciudades hace todo lo posible para juntarse son los suyos y dar y recibir el abrazo familiar que tanto tiempo llevan esperando. Mediante ese abrazo reciben un cariño especial cargado de emoción y de sentimiento. El abrazo puede durar desde segundos hasta minutos. Los dos familiares que se encuentran abrirán sus brazos y se abrazarán fuertemente para expresarse todo lo que se quieren aunque no se lo puedan expresar a diario. El abrazo familiar se convierte de este modo es una expresión de cariño, de amistad, de entrega, etc. que no se puede en muchos casos llegar a expresar con palabras sólo puede sentirse.Durante los días anteriores a la celebración de este día, los niños en los colegios preparan este día realizando manualidades, dibujando, etc. Para los niños los abrazos son muy gratificantes, en el abrazo encuentran a una persona que los quiere de verdad y con la que se encuentran protegidos. Ellos también con los abrazos expresan cariño y emoción. Queridos hermanos, feliz día del abrazo en familia.


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¿Celebras la semana de la familia con tus seres queridos? Preparación para el encuentro con la Palabra de Dios: Espíritu Santo ven a estos momentos donde nos disponemos de corazón y mente para escuchar el mensaje de Dios y ponerlo en acción en nuestra vida. Amén.

Lectura orante de la palabra (leer varias veces) Lucas 9,22-25 Jesús dijo a sus discípulos: “El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día”. Después dijo a todos: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?

Silencio de encuentro con Dios. Repasa mentalmente esta escena Bíblica y después hazle muchas preguntas al texto como a tu vida . ¿Entiendo que Cristo me dice: renuncia, vence todo lo que impide que hagas buenas acciones, hazlas, aún con tus pecados o problemas? ¿Me doy cuenta que el Señor vendrá a pedirnos, a preguntarnos por la buenas acciones que hicimos? ¿Cuál es tu meditación, tu reflexión personal?


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Compartir lo experimentado Cantos, Alabanza, Acción de gracias, Compromiso... CANTO:

MENSAJE: Este texto es muy conocido por “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.”. Renunciar, es decir a todo aquello que nos impide cumplir la Palabra de Dios, la indecisión, la pereza, el conformismo, la vergüenza, la indiferencia, etc. y aún con nuestros problemas y pecados seguir a Cristo, en acciones y buenas actitudes. El camino que Cristo propone es difícil. Pero ¿qué es aquello que ha movido a tantos hombres y mujeres a seguir a alguien que predica todo lo contrario que el mundo de hoy ofrece? Es cierto, que hay algo de locura en esto. Una locura que experimentan sólo quienes han conocido a Cristo y, por consiguiente, le han experimentado vivo y enérgicamente atractivo. Deja que Cristo sea para nosotros el camino, la verdad y la vida. Deja que sea nuestra salvación y nuestra felicidad. La Cruz no es fatalismo, ni es exigencia del Padre. La Cruz es la consecuencia del compromiso libremente asumido por Jesús de revelar la Buena Nueva de que Jesús es Padre y que, por tanto, todos y todas deben ser aceptados y tratados como hermanos y hermanas. Por causa de este anuncio, Cristo fue perseguido y no tuvo miedo a dar su vida. No hay mayor amor que dar la vida por los hermanos.

Me pides Señor que yo te siga, me pides que me ponga a caminar Difícil para mí es complacerte, es mucho lo que tengo que dejar. Me llamas, Señor, a ser apóstol; sabes que es mucho para mí; Quisiera algún día yo seguirte; es mucho lo que tengo que dejar. Ven y sígueme, no esperes más; yo junto a ti siempre estaré; No temas qué palabras tendrás que decir, yo por tu boca hablaré.

Oración conclusiva Mi Señor, así como siento que me hablas y me dices, solo haz buenas obras, buenas acciones, se que tienes una cruz de pecados, pero tu amor es tan grande, tan misericordioso, tan bondadoso, que solo nos pides eso, buenas obras y lo demás vendrá por si solo; ayúdame mi Señor a vencer esos prejuicios, esos miedos, esos obstáculos y finalmente a seguirte. Amén.

Acción significativa

Celebra la semana de la familia y prepárate para la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo.


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Solemnidad de Cristo Rey. Día de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Se celebra el último domingo del año litúrgico y fue instituida por el Papa Pío XI el 11 de Marzo año 1925. Tiene lugar el último domingo del tiempo. El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey. Posteriormente se movió la fecha de la celebración dándole un nuevo sentido. Al cerrar el año litúrgico con esta fiesta se quiso resaltar la importancia de Cristo como centro de toda la historia universal. Es el alfa y el omega, el principio y el fin. Cristo reina en las personas con su mensaje de amor, justicia y servicio. El Reino de Cristo es eterno y universal, es decir, para siempre y para todos los hombres. Con la fiesta de Cristo Rey se concluye el año litúrgico. Esta fiesta tiene un sentido escatológico pues celebramos a Cristo como Rey de todo el universo. Sabemos que el Reino de Cristo ya ha comenzado, pues se hizo presente en la tierra a partir de su venida al mundo hace casi dos mil años, pero Cristo no reinará definitivamente sobre todos los hombres hasta que vuelva al mundo con toda su gloria al final de los tiempos, en la Parusía.

Intencionalidad: Celebremos con gozo la Fiesta de Cristo Rey y dispongamos nuestro corazón para vivir el tiempo de adviento como preparación a la Navidad.

La Iglesia tiene el encargo de predicar y extender el reinado de Jesucristo entre los hombres. Su predicación y extensión debe ser el centro de nuestro afán vida como miembros de la Iglesia. Se trata de lograr que Jesucristo reine en el corazón de los hombres, en el seno de los hogares, en las sociedades y en los pueblos. Con esto conseguiremos alcanzar un mundo nuevo en el que reine el amor, la paz y la justicia y la salvación eterna de todos los hombres. Para lograr que Jesús reine en nuestra vida, en primer lugar debemos conocer a Cristo. La lectura y reflexión del Evangelio, la oración personal y los sacramentos, que son medios para conocerlo y de los que se reciben gracias que van abriendo nuestros corazones a su amor. Se trata de conocer a Cristo de una manera vivencial y no sólo teológica. Acerquémonos a la Eucaristía, Dios mismo, para recibir de su abundancia. Oremos con profundidad escuchando a Cristo que nos habla, para conocerlo y amarlo de manera espontánea. El amor nos puede llevar a pensar como Jesús, por eso es importante, imitar a Cristo. Cuando imitamos a Cristo, entonces podemos experimentar que el Reino de Cristo ha comenzado para nosotros. Por último, vendrá el compromiso apostólico que consiste en llevar nuestro amor a la acción de extender el Reino de Cristo a todas las almas mediante obras concretas de apostolado. No nos podremos detener. Nuestro amor comenzará a desbordarse. En la fiesta de Cristo Rey celebramos que Cristo puede empezar a reinar en nuestros corazones en el momento en que nosotros se lo permitamos, y así el Reino de Dios puede hacerse presente en nuestra vida. De esta forma vamos instaurando desde ahora el Reino de Cristo en nosotros mismos y en nuestros hogares, empresas y ambiente.


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¿Ya Cristo reina en tu corazón? Preparación para el encuentro con la Palabra de Dios: Conviértenos a ti, Dios Salvador nuestro; ilumínanos con la luz de tu palabra, para que produzca en nosotros sus mejores frutos. Amén. Lectura orante de la palabra

(leer varias veces). Mateo 25: 31 - 46 »Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, con todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones se reunirán delante de él, y él separará a unos de otros, como separa el pastor las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda.»Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: “Vengan ustedes, a quienes mi Padre ha bendecido; reciban su herencia, el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento; necesité ropa, y me vistieron; estuve enfermo, y me atendieron; estuve en la cárcel, y me visitaron.” Y le contestarán los justos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos como forastero y te dimos alojamiento, o necesitado de ropa y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te visitamos?” El Rey les responderá: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí.” »Luego dirá a los que estén a su izquierda: “Apártense de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y ustedes no me dieron nada de comer; tuve sed, y no me dieron nada de beber; fui forastero, y no me dieron alojamiento; necesité ropa, y no me vistieron; estuve enfermo y en la cárcel, y no me atendieron.” Ellos también le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, o como forastero, o necesitado de ropa, o enfermo, o en la cárcel, y no te ayudamos?” Él les responderá: “Les aseguro que todo lo que no hicieron por el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron por mí.” »Aquéllos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

Silencio de encuentro con Dios. Repasa mentalmente esta escena Bíblica y después hazle muchas preguntas al texto como a tu vida . 1.- ¿Cuándo es el momento y dónde es el lugar en que este juicio se lleva a cabo? 2.- ¿Quién está siendo juzgado? 3.- ¿Quiénes son “estos mis hermanos”? 4.- ¿Cuáles son las consecuencias de este juicio? 5.- ¿Qué es lo que más te ha llamado la atención en la parábola del Juicio Final? 6.- Piensa: si el Juicio final fuera hoy, ¿tú estarías del lado de las ovejas o de los cabritos? 7.- ¿Jesús tiene un lugar especial en su corazón para quienes dejan la comodidad de su hogar para poder ir a proclamar el Evangelio?


PASTORAL CON ENFERMOS Y ANCIANOS

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Compartir lo experimentado Cantos, Alabanza, Acción de gracias, Compromiso... CANTO:

MENSAJE: El Evangelio nos enseña que si nuestra fe en Cristo es verdadera, entonces se transforma en caridad. Cristo reinará en nuestro corazón, en la medida en que amemos a nuestro prójimo. Una fe sin caridad, es como una fe muerta, seca y sin frutos. Estamos llamados a expresar nuestro amor a Cristo en el amor hacia el prójimo. Este es el criterio que el Señor usará para juzgar nuestro corazón al final de nuestra existencia. Que no nos suceda que nos consideramos cristianos, pero somos indiferentes a las necesidades de los demás; que pensamos que seguimos a Cristo, pero luego nos rehusamos a tratar a todos con respeto y caridad; que comulgamos, y no nos ejercitamos en la virtud de hablar siempre bien de los demás. ¿De qué sirve nuestra vida de fe si no se convierte en servicio desinteresado a todos? La amistad con Cristo debe influir en nuestra vida. Si nuestra fe en Él es verdadera, entonces viviremos en una entrega constante a los demás. Esforcémonos para que tengamos un corazón más de Cristo y menos de nosotros mismos. Él está esperando que nosotros vayamos a su encuentro en el servicio a los más pobres, a los que más necesitan de un abrazo, una sonrisa o que tal vez sufren de hambre para que así, de esa manera, solo coronamos a quien es realmente Rey, es decir a Jesús. A lo largo del año, en las lecturas en las Eucaristías, domingo tras domingo, hemos escuchado con atención y fe las palabras que Jesús comparte con nosotros. Por esa razón ahora, al llegar al final de este camino espiritual, es necesario que meditemos sobre nuestro caminar en él y sobre cómo se ha realizado su Reino en nosotros, ese que Él predicó y que quiere renovar la fe en Jesús Rey del Universo.

Tú reinarás, este es el grito que ardiente Exhalan nuestra fe. Tú reinarás, oh Rey Bendito pues tú dijiste ¡Reinaré! Reine Jesús por Siempre. Reine su corazón en nuestra patria, en nuestro suelo que es de María la nación Tu reinarás, dulce esperanza, que el alma llena de placer; habrá por fin paz y bonanza, felicidad habrá doquier.

Oración conclusiva Señor Dios, tú has constituido a tu Hijo Jesús rey y juez universal. Él vendrá al final de los tiempos para juzgar a todas las naciones. Él viene cada día a nosotros de mil formas y nos pide que lo acojamos. Lo encontramos en la Palabra y en el partir del pan. Y lo encontramos también en los hermanos partidos y desfigurados por el hambre, la opresión, la injusticia, la enfermedad, el rechazo de la sociedad. Abre nuestros corazones para saber acogerlo en el hoy de nuestra vida, para ser por Él acogidos en la eternidad del cielo. Te lo pedimos por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.

A todos un fraterno saludo Misionero! Que tengan todos un feliz mes de noviembre; espero que vivan con mucha alegría, la culminación del año litúrgico y se preparen para recibir el nuevo año con esperanza, pues entraremos en el tiempo de adviento.

Presencia Misionera - Noviembre 2017  

Órgano informativo de la Agrupación de Enfermos y Ancianos Misioneros - ADEAM.

Presencia Misionera - Noviembre 2017  

Órgano informativo de la Agrupación de Enfermos y Ancianos Misioneros - ADEAM.

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