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Nota Editorial Me comí la ansiedad durante tres meses.

¿Sabés lo que es tener una revista así en la computadora y no poder contarle a nadie? Me comí los mocos. Pensé que no salíamos pero acá estamos. Íntegros. Satisfechos. Durante el último mes me escribieron todos y cada uno de los colaboradores. ¿Qué onda, che? ¿Qué pasó con mi dibujo? ¿Murió Nadie quiere morir? Paciencia, chicos. ¿A quién más que a nosotros se le puede ocurrir pedir paciencia en tiempos de Internet? Me comí una caja entera de Ferrero Royer. Literal. Y ojo que hablo de la extra mega grande. Me comí un par de amagues. Salimos a fines de agosto, salimos a principios de septiembre, salimos en octubre. #hola. Me comí cada una de las notas, cuentos, reseñas y entrevistas, los dibujos, las fotos, los diseños. No se me ocurre alguna manera de decir que estoy orgullosa de este trabajo que no suene excesivamente cursi. Hicimos un número íntegramente dedicado a lo que nos mantiene vivos. Comer, mangiare, masticar, darle al diente, deglutir, manducar. Libros o películas, arte o asado, helados, facturas, bombones, chocolate. Comer con la mirada. Comerte un pibe, un garrón, una bola de pelos, una morcilla recién armada. Si además de respirar estás vivo, probá este número. Y buen provecho.


Sumario V 4

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Tentenpié.

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Reflexiones retorcidas.

Comer bien es comer mucho. Por Peteco Muñoz.

Espacios nuevos.

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Relatos breves.

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Poesía.

Morcilla. Por Mercedes Bisordi.

Inspirado en canciones.

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Balada para Godoy Cruz. Por Ivan Dessau.

Gourmet de sensaciones. Por Daniela Fernández.

Delicia de gata. Por Cecilia Romano.

“Cuando el poeta habla de libertad, hay que ponerle mute”. Por Leticia Martin.

Folletín.

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Máximas de un escritor de Solano. Por Walter Lezcano.

Teatro.

Narrativa breve.

Entrevista a Juan Terranova.

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La zaga de los vueltos de la muerte #5. Por Rob Idem

Letras.

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Un Mickey gaucho. Entrevista a Juan Tristán. Por Leticia Martin.

Zombis.

Pico insulínico. Por Ramiro Reyes.

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Entrevista a Alejandra Ordóñez. Por John Jairo Rodríguez Saavedra (Desde Colombia)

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Encontronazos.

Nuevos choques, encuentros de sopetón, cruces sorprendes, repentinos. Por Daniela Regert.

La muerte en 140 caracteres.

Vida y obra de Fernando Legile. Por Sebastián Leonángeli.

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Definiciones de la muerte de una narradora inteligente. Por Alejandra Zina.

48. Fe de erratas. El Sr Toc pide perdón por nosotros.

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COMER BIEN ES COMER MUCHO por Peteco Muñoz. Ilustración: Sofía Lapenta.

Nos volvemos a encontrar, inmeritorios lectores de estas líneas que los exceden en todo rango. Una vez más derramo sobre ustedes mis palabras como quien da de beber whisky añejo a un puñado de cachorros de rata. No es mi altruismo lo que me empuja a dedicar tiempo y esfuerzo a una audiencia paupérrima. Es, acaso, el hecho mismo de la escritura. La tentación de expulsar de mí todo el veneno que guardo hacia la raza humana por el simple hecho de poder hacerlo, sin apoyarme en ningún tipo de esperanza de redención. Esta vez se me ha encomendado hablar del comer. Sí. Comer. Aquella tarde en que me propusieron el tema en mi despacho, no tardé en arrugar la frente mientras observaba a los editores de NQM sentados delante de mi escritorio que, con una tenacidad conmovedora, intentaban venderme el tópico más yermo que escuché en mi vida, de modo que calentara alguna fibra de mi espíritu. De más está decir que no lo lograron, como de costumbre, pero de todos modos mi imaginación es mucho más generosa que mi voluntad, y rápidamente puso manos a la obra en invocar a mi conciencia ricas imágenes e ideas elevadas al respecto. Comer es uno de los actos fundamentales en la supervivencia de la especie humana. Es una forma de persistencia. Ustedes ya conocen mi odio hacia la raza humana, y colegirán a partir de esto que no guardo hacia la alimentación en general ninguna simpatía. Coligen bien. Y conocen también mi afición a descargar mi ira sobre todo lo que me resulta indigno y sucio. Esperan, entonces, un descargo hacia el acto de comer, como los tengo acostumbrados. Bueno, no. Hoy se me antoja hacer una apología.

Habitualmente, en todo hábito de consumo encuentro una razón para el genocidio, pero hay algo que defendí, defiendo y defenderé hasta el final de mi vida, y es el exceso. Todo exceso, por destructivo, me deleita. La gula es uno de ellos. El comer pantagruélico. Uno de los pecados capitales. La aniquilación de la carne por nutrición me resulta, en su paradoja, absolutamente genial. Sueño con el día en que, como burbujas al borde de la superficie, una a una las barrigas de los hombres se rajarán y se abrirán, y la raza humana reventará sin previo aviso como pirotecnia vencida, emanando de sus tripas ríos de bilis y frituras que inundarán las calles con el vaho fétido y glorioso del apocalipsis. Por eso invito a todos y cada uno de los ciudadanos a comer. Encontrarán una variedad inconmensurable de productos prestos a ser devorados sin demasiada vacilación. Es simple, señor o señora. Agarre el primer bártulo que encuentre a mano y métanselo en la boca. Mastique. Trague. Agarre el siguiente. Repita la acción antedicha. Agarre otro, y así. No repare en los sabores o los olores, que son sólo sofismas, son un modo de darle cierto sentido al acto de la alimentación, como cuando uno empieza un curso de yoga queriendo así darle un sentido al acto de vivir. Si lo siguiente que encuentra a mano es un ser vivo, pues agárrelo y mándeselo también, que la diferencia entre la carne viva y la carne muerta reside sólo en un puñado de resortes metabólicos. Cuando llegue a comer más de lo que su cuerpo puede resistir, cuando sienta que las proteínas, la grasa y los carbohidratos están inundando las arterias de su cerebro, recuéstese en el suelo y déjese ir. Y quédese tranquilo, que ha llevado a fondo un acto fundacional de la vida, y si muere por eso es para demostrar que el universo está patas para arriba. Adiós, puñado de carne. Adiós, chuleta con ojos. Soy Peteco Muñoz, y se lo ruego: déjese comer por los gusanos, que así por fin será útil para algo.

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PICO

INSULÍNICO

por Ramiro Reyes. Ilustración: Jimena Salomone. Nos violan. Nos atragantan la mente con estandartes de status quo sin comerla y sin beberla. Es que la mente del ser humano es muy maleable y desde el principio de su vida se somete a cuestionarse a sí mismo a sentir culpas insólitas, a tener temores que en un estado más claro de la visión del mundo no cosquillarían al ser que somos. Esta violación implícita nos hace vivir con miedo, con inseguridad, con ansiedades inventadas que nos prohiben ser nuestros potenciales yo. Te atragantan con la comida chatarra, te la meten por los ojos primero para que lo desees, luego te puntean con el aroma y te estacan con la mierda servida en el plato. A engordar cerdito. Me hacen cuestionarme; hoy la ética es una figurita. Como lo es la política que también fue penetrada. Como lo es todo que pueda atrapar al ser humano porque en realidad es que vivimos en un circo muy bonito con momentos hermosos pero es un circo. ¿Qué es lo que haría un pájaro recién enjaulado si le abriesen la puerta?. El tiempo es muy poco, sobrevivir es un segundo. Desvirgaron nuestra animalidad nuestro instinto de sentirnos en plenitud y en armonía con nuestros pensamientos y con los de los otros. Ese estado relajado de la mente tan difícil de conseguir y cuya frustración al conocer que ese estado existe pero no podemos alcanzarlo nos genera más heridas durante la violación de nuestro núcleo como humanos y cada vez es más difícil clarificar nuestra impronta de la realidad. Hemos llegado al derivado de nuestra capacidad neuronal y no estamos lejos de un zombie.

Nosotros somos carnes blandas, no servimos al propósito dado que desistimos enseguida. Cuando enseñamos al hombre a repetir al padre y no es noticia ninguna violación contada o no contada en algún medio ya que solo nos sirve como espectáculo; la única manera de canalizar la angustia de no creer esto. Muchos crean rituales. Yo acabo destruir mi cuerpo y me violé amí mismo con 15 Rhodesias seguidas. Me siento psicodélico. ¿Cuál es el morbo con el ser humano, porqué el ser humano no se deja en paz?. ¿Porqué la kioskera me dijo que tenía miedo de que la violen por la calle o en su kioskito?.¿Porqué es legal esa inseguridad en el ser?. ¿Cuáles son los valores que manejamos?. Nos violan, violamos a otros o nos violamos a nosotros mismos. Tabaquísmo y cáncer en las familias. Operativos costosos. Niños obesos. La involución de la especie y la escalera al mito darwinístico, somos estelas boreales. Llegamos a la regurgitación del caldo que nos enferma las entrañas y volvemos a entrar en el circo. En lo que no es real porque cada puerta de este infierno nos conduce a ese estado psicodélico. A esa ansiedad tácita que nos caracteriza como especie. Por eso, despertarnos es inminente. Porque la vieja resentida que no quiere hacer la fila en la panadería o el huevón que va apoyando minas en el bondi, cada chico que mira una tira de Cris Morena, nos aleja eones de la especie que deberíamos ser. Este bicho que somos, no está hecho para vivir en temores, está pensado para otra cosa. ¿Porqué somos tan frágiles de mente? ¿En qué pensamos cuando nos juega la duda de pisar una cabeza o no?. ¿Qué nos da de comer que nos tiene aún ahí, en su jaula?. ¿Porqué bebemos así de su sexo todas y todos?.

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Poesía

Morcilla por Mercedes Bisordi. Ilustración: Juan Natch.

Hoy faenamos como veinte chanchos. Ahí tenés, arriba de la mesa, un paredón armado con veinte cabezas. Las apilamos de a una, con cuidado, sin mancharnos. Las llevamos tranquilos, para que los nervios no se noten, después, al masticar. Si te fijás bien, las caras son parecidas, casi iguales. Pero eso no importa, acá lo que tiene que ser parejo es el tamaño, para quehirvanal mismo tiempo…Mirá vos qué hermosura. Para hacer la morcilla tengo que estar yo. Fijate que,desde que llegaste, no paro de revolver, sino se te coagula la sangre. Hacéles entender a éstos que no tienen que dejar de revolver. Yo no me meto en el trabajo ajeno, pero mirá: este mencho te pela un chancho en diez minutos, pero a la hora de hacer morcilla, no sabe ni cuántos pares son tres botas. No quieren entender y te la arruinan. Y después creen que la morcilla es barata porque es fácil de hacer. La morcilla es tan barata porque las cabezas de chancho no se compran ni se venden. Se hirven, nomás. Las cabezas tienen que hervir, hervir, hervir hasta que lassacás, lasgolpeás contra la tabla y caen los pedazos, como si nunca hubiesen estado pegados al hueso.Quedan limpitos los huesos y, así, bien pelados, me los llevo y se los tiro a los chanchos que tengo en el fondo de la casa. Es así no más, como te digo: con el chancho no se pierde nada.

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Música

Inspirado en “Balada para un loco” (Ferrer-Piazzola)

Balada para Godoy Cruz por Ivan Dessau. Ilustración: Federico Endres.

Cómo extraño, Godoy, las flores que nacían de tus veredas y la esquina donde doblaba la curva del deseo ahora que tus adoquines son dientes que cayeron no me quedan ni las ganas de decir que nada queda. Mis pies son oídos que escuchan tu llanto porque bajo esta recia capa de cemento tus cloacas no pueden ahogar el lamento de saber perdido tu mágico encanto. Es que vos también te extrañás, Godoy. Como una vedette cincuentona clavás en tus muros las fotos de lejanas glorias cuando una bola de espejos colgando del cielo iluminaba tu escenario entre paraguay y honduras. Actores haciendo de actrices, gozando su tortura y butacas ambulantes lanzando aplausos y sueños. Pero el diablo metió la cola en tu esquina haciendo estallar vidrios de ventanas envidiosas y creyéndose en derecho de prohibir el deseo el soez vecindaje salió de las sombras aliado fue el notable hoy caído en desgracia que olvidando sus noches de cliente modelo cerró con candado las puertas del cielo y sin pedir perdón, mucho menos permiso arrancó tus flores con gesto sumiso y llevándolas a un frío bosque, bien lejos arrojó con ellas cada átomo de tu gracia.

Pero yo no te olvidé, Godoy por eso hoy volví a tus pagos y aunque Napoleón me diga que es una locura me saco esta piedra nostalgiosa del zapato me calzo peluca, relleno y taco aguja y tambaleándome torpemente a través de tu vereda penetro con suavidad en tu noche cansada y pido a la luna un poco de luz al asfalto aunque sólo sea una sombra de tus noches pasadas.

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Cuento

Delicia de

gata

Por Cecilia Romano. Ilustración: Brenda Fahey.

Camina por toda la casa moviendo la cola. La veo pasar una y otra vez y se me hace agua la boca. Intento pensar en otra cosa pero el pelo dorado rojizo es un imán para mis ojos. Recién se despierta y lo tiene revuelto. Sebastián está en la cocina preparando el mate. Desde acá escucho el ruido de la pava. Ella entra a la habitación, espanta una mosca y se sienta frente a mí. Nos miramos fijo a los ojos. Después de unos segundos, empieza a pasarse lento la lengua por el hocico. De repente se estira y sus bigotes brillan como filamentos. Me acerco despacio, apenas tocando el piso. Ninguno de los dos mueve un músculo. Siento el olor a frutas dulces que se desprende de su cuerpo. Ahora está hecha un ovillo sobre la cama de Sebastián. Salto sobre ella sin pensarlo dos veces. No se asusta y me deja hacer. Le muerdo los pelos de las patas, doy un tirón y salen con facilidad. Los saboreo con detenimiento. Las raíces tienen gusto a bananas; las puntas, a melón maduro. De repente, siento sus dientes en la superficie del lomo. Ella también muerde y tira. Trato de zafarme pero no está dispuesta a soltar su manjar. El mechón se estira como si fuera una porción de hilos de caramelo líquido. Intento arañarla con las garras traseras, me retuerzo de un lado para el otro. Uso mi cola como un látigo pero es inútil. Al final, me doy por vencido. Todavía tengo en la garganta su pelo de seda. Llega Sebastián con el mate en la mano. Estamos desparramados en la cama, uno al lado del otro, con la respiración agitada, masticando.

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Entre vista

“Cuando el poeta habla de libertad, hay que ponerle mute” Por Leticia Martín. Ilustración: Brenda Fahey.

Juan Terranova es escritor, crítico literario, y docente del Centro de Estudios Contemporáneos. Su último libro, Los gauchos irónicos (Milena Caserola) recopila once ensayos a partir de los cuales propone un determinado recorte de autores, a la vez que una serie de lecturas posibles, tanto de los textos como del lugar y la época en la que éstos aparecen. Terranova lee y ensaya desde el progresismo intentando desmarcarse de esas filas, aborda su objeto “mientras el objeto ocurre”, pone el ojo en lo monstruoso, lo erróneo y tergiversado, busca y valora la idea novedosa y produce una lectura tan corrida como marginal. De alguna manera ése es también el lugar que elige; el del escritor que se auto excluye del centro del campo, como quien descubre que de lejos se puede ver mejor. ¿Qué tiene que tener un texto para que decidas ensayar a partir de esa materialidad? Si logro rastrear un diálogo con la tradición o con la serie social y veo que aporta una mirada que no conocía sobre esas instituciones literarias, por lo general, me surge una idea crítica. Todas las obras literarias “opinan”. Algunos lo hacen de forma previsible o desabrida. Otros tienen opiniones más sofisticadas pero, en realidad, esto no termina de definir mi interés. El comienzo de la primavera de Patricio Pron me gustó mucho pero al momento de sentarme a escribir no logré hacer cuajar nada que estuviera a su altura. Me gustaría mucho escribir sobre Pron pero todavía no pude, no encontré la forma de hacerlo. La pregunta que me hacés se puede formular de una forma más simple, es la pregunta del por qué escribo y, aunque se la

formule de forma simple, es muy complejo de responderla sin caer en misticismo o diagnósticos falsos o falseados. Uno casi nunca sabe por qué escribe. Supongo que porque somos seres humanos y hay una porción de los seres humanos que hacen eso. ¿Qué tan abiertas pueden ser las lecturas que sugiere la crítica, o hasta dónde es lícito contar detalles de la trama o los finales? Si alguien me pide un texto crítico sobre una obra narrativa y me pone como condición que no le cuente la trama, no me está pidiendo una texto crítico, me está pidiendo una recomendación. Lo lícito y no lícito no debería interesarle a la crítica en ese sentido. ¿Podría pasar que las lecturas fuertes obturen ciertas posibilidad interpretativa de los lectores? Toda lectura obtura posibilidades. Leer es obturar. Valorás en Bruzzone la narración de “aquello que no se sabe”. ¿Cuál es la mejor forma de contar lo que se ignora? Es imposible contar lo que se ignora, siempre se cuenta lo que se sabe. Como mucho se puede contar lo que se intuye. En tu ensayo Querido diario químico afirmás que los blogs y la escritura digital son la verdadera influencia de la escritura de Dorr. ¿Puede un soporte volverse una influencia? Ah, los viejos y queridos blogs y su irrupción

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en el campo rancio del Logos de principios de siglo. Fue un espléndido momento prehistórico de las redes sociales. Aprendí mucho con los blogs. ¿Quién no? Eran pura experiencia, pura práctica. Nadie te decía qué se podía y qué no se podía hacer. Más allá de eso, el soporte determina una forma, la forma determina un contenido, el contenido puede exigir un soporte, y así. Cuando escribimos estamos siendo condicionados. No hay otra forma de escribir. Y no hay otra forma de existir tampoco. Cuando el poeta se queja de que su instrumento, la lengua, es muy poca cosa, y que se siente encerrado en las palabras, él, que habla con lo sublime, que intima con la mística, que se relaciona con el Ser, cuando el poeta habla de libertad, hay que ponerle mute. ¿Por qué es tan importante la labor del crítico en la era digital? Hay que ordenar los flujos del logos contemporáneo. Señalar el talento, autonomizar esas hilachas para justipreciarlas. Existen, desde ya, antecedentes en este esfuerzo, la mayoría ligados a la producción de arte popular. A veces en Twitter leo líneas que tienen más verdad y potencia que muchos versos de poemas contemporáneos, pero vienen, esas líneas, envueltas en el maremagnum microscópico y veloz del Time Line. El crítico debería separar la paja del trigo digital, como lo vienen haciendo desde los principios de los tiempos con las producciones analógicas.

¿Creés que la literatura es impersonal, inseparable de los soportes, y que tiende a ser colectiva, como afirma Baraglia en un artículo en la web? No, no creo eso. ¿Literatura colectiva? ¿Muerte del autor? Vamos, los egos siguen ahí, cuchicheando como viejos en la oscuridad. ¿También vamos a hablar de la muerte de la novela? Y el autor, épico o tragicómico, sigue trabajando. Todos escribimos en la marea de Twitter, y parece que estamos haciendo algo en común, algo que se mezcla, pero los tuits vienen bien firmados. El que habla de impersonalidad y colectivización no entiende las redes sociales. Seguramente viene de la cultura apacible y monocorde del libro, entra en la web y piensa “Dios mío, ¡qué quilombo es esto!”. Pero si usás cinco minutos Facebook te das cuenta rápidamente que hoy más que nunca lo que importa es el autor, la cara del autor, la marca del autor, el estilo del autor, la forma en la que se saca la autofoto en el baño de su casa. Somos parte de la modernidad. Y uno de los efectos de la modernidad es creer que es posible fundirse con el paisaje, que las cosas se aceleran hasta la destrucción, pero no, la unidad sigue ahí. La cosa va a cambiar cuando nos podamos enchufar un cable en la cabeza. Hasta que eso suceda, seguimos el proceso que comenzó con la primera revolución industrial, repetimos esas marcas y esos síntomas. Hoy leemos el Facundo como un texto canónico y nadie recuerda que fue publicado como un folletín por entregas en un diario chileno. Los soportes caen, el Logos se transforma y continúa. Varias veces te escuché argumentar en desmedro del cuento y ahora, en tu ensayo El fetichismo reciente sobre la antología argentina,  escribís que es una forma híbrida y anacrónica. ¿Por qué ese ensañamiento con el género? El cuento y la novela nos jalonan hacia atrás. A veces nos dejamos llevar, es estimulante esa vuelta. Volvemos a viejas revistas y leemos a Poe. En un bar repasamos una novela polvorienta. Pero inevitablemente, luego de esa excursión que puede durar horas o días, volvemos a conectarnos al universo lírico de la web. Ya tenemos muchos dispositivos para leer, muchas pantallas con diversas utilidades y prestaciones, los géneros de esas pantallas se van dejando ver de a poco. Quizás nuestros géneros narrativos actuales logren incorporarlos, quizás tengamos que prepararnos para leer otras formas.


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Folletín Cap.3

Vida y obra

de Fernando Legile. Por Sebastián Leonangeli Ilustración: Apen - Concurso de alumnos

De: Alfonso Martins <amartins@albumeditora.com.ar> Para: Arturo Novero <arturonet2303@gmail.com> Asunto: RE: Va primer borrador decime qué opinas Ok, me gustaría leerlo revisado, y lo del título dejalo para el final Artu, no te enredes con eso que lo ideal sería lanzar esto antes de que se caiga la fiebre del nano. ¿Viste el programa el viernes pasado? Todavía no puedo creer que no te hayan invitado, son unos hijos de puta. Escuchame, seguí escribiendo que venís bien, no le des tanto al escabio y concéntrate, que acá la gente está con el pulgar arriba para el libro. Si necesitas cualquier cosa me avisas, ¿dale? No seas boludo. Abrazo grande. Al. ---El mié 3 de Abr , Arturo Novero<arturonet2303@gmail.com> escribió: Alf, perdón por la demora, la verdad, los últimos tres o cuatro días (ni los pude contar) los tengo como en una nebulosa. Hoy me desperté y me encontré con todo tipo de escándalos como una ventana rota (dicen que fue una botella que tiré a la calle, pero por todo lo que sé alguien me podría haber tirado algo a mí hacia adentro…), papeles que me tiraron por debajo de la puerta con amenazas de echarme y bueno, cuando vi el celular estaban todas las llamadas que no tenés que hacer. La típica. En fin, esto viene vertiginoso. Volví a Rosario a esperar a que Lydia me hable. Te paso lo que tengo hasta ahora, pero lo del título no sé, estoy en eso todavía. Hay como ocho mil palabras, creo. O sea, esto ni arranca. Capaz que tenga que meterle algo heavy al principio, pero ni idea qué. Así que leelo con eso en mente, no como si fueran las primeras páginas del libro. En otro orden de cosas estoy hinchado los huevos de estar acá. Estoy muy acostumbrado al puto ruido, y acá nadie hace quilombo y no conozco a nadie así que me paso el día acá solo en el hotel (aparentemente hice eso los últimos días también). Si en media semana no me da bola Lydia me vuelvo, porque ya no aguanto más. Por ahora estoy escribiendo las cosas que me acuerdo, pero quiero juntar más testimonios. ¿Ideas? Bueno, no creo que éste vaya a ganar un premio o ni siquiera si va a quedar bien escrito, que se yo, espero nomas hacerle justicia al Nano, vos sabes que se la debo. En fin, eso es todo. AN

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De: Arturo Novero <arturonet2303@gmail.com> Para: María VictoriaEiler <vickyeiler@hotmail.com> Asunto: Hola

Abriste el mail, eso es bueno :) Antes que nada, me declaro en total desconocimiento de lo que hablamos ayer. Vi la llamada y vi que duró bastante, pero ya te habrás dado cuenta que no estaba en la más óptima de mis condiciones. Como sea, tengo una idea bastante precisa de lo que te debo haber dicho (a menos que hayas estado veinte minutos pateándome, lo cual sería totalmente entendible) así que no me voy a meter en eso. Lo que quería hacer (como siempre termino haciendo) es pedirte disculpas. Esta vez ni siquiera sé por qué, pero me conozco y sé que te las debes merecer. Y si no es por la llamada de ayer, es por todo lo otro. En fin, el libro marcha lento, Lydia no me quiere hablar. Se lo saca de encima como a un saco viejo pero los derechos los sigue cobrando igual. Digo, ¿qué hizo ella para dársela de superior moral? Lo dejó como a una rata, y encima yo por querer ayudarlo me morfé que no me hablara más, pero bueno, basta, sé que siempre vuelvo sobre lo mismo. Ya van varias veces que me pregunto si todo esto es una buena idea. ¡Qué sé yo! Siento que se lo debo, pero me está liquidando. Sí sé, que si estuviera con vos, por lo menos no sería tan difícil. Estoy tomando menos, posta. Te lo juro, lo de ayer fue porque me sigue pegando fuerte todo este tema, pero voy dejando de a poco. Estaba pensando que capaz cuando termine el libro nos podríamos ir a pasar unos días a Madryn, como esa vez. Seguro que estoy libre para la temporada de ballenas. ¿Te imaginás? Yo no me imagino nada que me gustaría más. Bueno, pensalo, pero no lo pienses mucho porque sos inteligente y te vas a dar cuenta que no te convengo. Pero una cosa te juro, no quiero a nadie como te quiero a vos, y no quiero estar con nadie que no seas vos. Perdón por el exceso de equipaje emocional que te acabo de tirar, pero las cosas, por su nombre. Te extraño A


Folletín Cap.3

De: Arturo Novero <arturonet2303@gmail.com> Para: Nano Legile<legilef@arnet.com.ar> Asunto: Nano: Nano, nano, nano, nano hijo de puta te extraño la puta que te parió. El otro día leí un libro donde los muertos andaban por internet, así que capaz que podés leer esto hermano. Vos sabés que siempre pude decir mejor las cosas escribiendo que hablando, pero ahora no me sale nada. Capaz que me podrías dar una mano, vos siempre supiste qué decir para destrabarme. No sé si te llegan las noticias donde estás, pero estoy escribiendo tu biografía. Espero hacerte justicia. Fuiste un groso Nano. Fuiste lo más groso y yo tuve el privilegio de ser tu amigo. Perdoname. Perdoname. Qué sé yo, ya sos la segunda persona del día a la que le pido que me perdone. A ver si adivinas cual fue la primera. Otro tema. Calate esta. El otro día volví a leer “Vértigo sin altura”. Fue la primera que publicaste después de que nos conocimos. Pero ¿la tenías escrita de antes? Porque te digo que el personaje de Raúl es igualito a mí, papá. No sé cómo no me di cuenta antes. Te juro que si estuvieras vivo te haría juicio por los derechos. Por lo menos nos hubiéramos cruzado en una misma sala, ¿no? No sabés cómo me gustaría verte una vez más, amigo; aunque siguieras enculado. Perdón, vos muerto y yo jodiéndote con mis pelotudeces. Te quiero, imbécil. Te extraño. Lo siento mucho, por todo. Nada, chau AN Arturo hizo click en el botón de “Enviar” y se desplomó hacia atrás en la silla. Se acordó de una frase que solía ser su lema: “Evite la resaca, manténgase ebrio” y se sirvió un vaso de whisky. Ya habría tiempo para dejarlo cuando Vicky lo acepte de nuevo. Después de dar el primer sorbo escuchó que alguien golpeaba la puerta de la habitación. Se paró con el vaso todavía de la mano para girar el picaporte ¿Quién sería?

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Tentenpié

TOQUE ALEJANDRA

Por: John Jairo Rodríguez Saavedra

Alejandra Ordoñez (30) vive en La Soledad y no es metáfora. En ese barrio de la capital colombiana, esta diseñadora industrial de la Universidad Javeriana hace funcionar Waira: diseño y tradición, su marca de ropa y accesorios que mezcla lo autóctono de su tierra con otros materiales más convencionales. Con ella hablamos sobre la relación entre el arte y la cocina, tema de este nuevo número de Nadie Quiere Morir. INVIERNO 1:30 p.m. El Parway, en Bogotá, está saturado de tedios y transeúntes. No llueve. Dan ganas de salir de allí, volando, pero en ese lugar es la cita, y ni modo. En el Café Oma, debajo del teatro casa Ensamble, espero. Una mariposa adulta se posa en una flor agonizante del jardín vecino, y recuerdo el desastre que, según una amiga, anuncian las mariposas. Lo recuerdo, pero me niego a creerle esta vez y me tranquilizo un poco. Pasadas las dos de la tarde Alejandra llega y de una vez embiste: chaqueta de jean azul claro, pantalón estampado, zapatos tenis verdes y anteojos grandes de marco café. Realmente no es como aparece en las fotos. Es más linda. Me saluda de sonrisa y caminamos hacia el oriente. -Hay que buscar una tienda para comprar los ingredientes que faltan, me dice, y a las dos cuadras la encontramos. Papas, cebolla, brócoli, berenjena, tomates, zanahorias, maní. La idea es preparar Lapingachos, unas arepas de papa rellenas con queso propias de su tierra natal en el departamento de Nariño, y que Alejandra no dudó un segundo en escoger cuando le pregunté sobre sus platos preferidos.

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VERANO El apartamento de Alejandra está en un quinto piso y la cocina es pequeña pero agradable. La sala-comedor está llena de sombreros, bolsos, chaquetas, aretes, pulseras, collares y una edición rara de la Odisea con tapa amarilla reposa solitaria en uno de los muebles. De repente, alguien timbra. Alejandra sale, recibe una sartén y vuelve a entrar. -Era el cela. Me viene a devolver la sartén en la que le pasé un poco de comida, me cuenta, y vuelve a la tarea en la cocina. El cela, es el celador, el conserje, el encargado de custiodar el edificio. Pica la cebolla, pela las papas, la berenjena. Todo lento, como danzando, como si se guiara por el Lullaby de Johannes Brahms.

es importante, y la posibilidad de generar olores agradables. Eso es muy erótico. Y si se cocina con música y tomándose un brandy, las cosas quedan más ricas, dice Alejandra. Un plus. Enamorar. Si las recetas de Alejandra son medianamente parecidas a la ropa y a los accesorios que diseña, estamos jodidos, porque nos enamora a todos. Y su música preferida está por los lados del pacífico colombiano, esa música que incluye sonidos de marimba como el grupo Socavón, Herencia Timbiquí, entre otros, sin abandonar la salsa clásica, claro. No por nada, se ha dado a la tarea de buscar en su árbol genealógico alguna raíz negra porque siente que por dentro tiene algo de esa raza.

OTOÑO

-¿Te gusta cocinar? ¿lo haces frecuentemente? -La cocina, para mí, es muy importante. Me gusta cocinar, y cada vez que puedo, trato de hacerlo en casa. No soy muy ordenada para comer. A veces por el trabajo no me queda tiempo, pero si dependiera de mí cocinaría siempre, para mí, para mi pareja, para mis amigos. Después de abandonar estudios de medicina (dos años), Alejandra les soltó el balde de agua fría a sus padres y les contó que había decidido estudiar diseño industrial. Y con esa se quedó, aunque sus padres casi la asesinan. Se graduó de diseñadora industrial, y pensando en un trabajo de tesis que le sirva a la vez para graduarse y para trabajar como independiente el resto de su vida, empezó con el desarrollo de un proyecto totalmente ecológico, hasta llegar a lo que es ahora, una marca de artesanía contemporánea. La relación entre el arte y la cocina para Alejandra es clara: importan tanto los colores como los sabores, y si se saben mezclar y amasar con justeza, el éxito está asegurado, la obra de arte puede celebrarse. -La cocina también sirve para enamorar. La forma de acariciar las frutas y los ingredientes

Como buena colombiana, y sobre todo como buena nariñense, a Alejandra le va bien con el café. Desde niña, su abuela, en vez de tetero, le daba café. Lo toma mucho, y lo sabe preparar de maravilla, y como muestra de lo dicho, me prepara uno, me lo pasa y además, me da la buena noticia de que puedo fumar en su apartamento. Es una bendición. Los fumadores, a este tiempo, somos vistos como asesinos, como palomas con falda, como peces cantando a Wagner. La tarde ya está hecha, y sin darme cuenta, los lapingachos están listos. Alejandra me los sirve con jugo de lulo y los pruebo. -Cuando diseño y cuando cocino, trato de recuperar cosas ya estipuladas y les pongo mi toque personal, esa partecita de mí que, aunque muchas veces aparenta ser muy loca, termina dando resultado, dice. Yo conozco los Lapingachos y los he probado algunas veces, pero nunca acompañados de una ensalada de verduras. Ahí está el toque Alejandra, en el acompañamiento, en la ensalada, en eso que sus paisanos de Nariño jamás pensarían en combinar con sus arepas de papa. Lo del ají de maní también lo conozco: el picante mezclado con maní molido para untar en las


Tentenpié

arepas, y eso también lo conocen sus paisanos y lo usan, no sólo con los Lapingachos, sino con casi todas sus comidas. Y en los diseños también se nota el toque Alejandra. Chaquetas de jean con trozos de tela tejidos a mano, sombreros de iraca en colores vivos, pulseras con figuras indigenistas, bolsos de cuero con estampados. La clave para saber si una obra es buena o no, como dijo alguna vez alguien, es pensar en si te dan ganas de llevártela a la casa. Si te la quieres llevar, es buena, y así pasa con las obras de Alejandra: uno se las quiere llevar todas para la casa. Después, otro café, como buenos colombianos. Y otro cigarro.

PRIMAVERA La vista desde el apartamento de Alejandra no es muy prodigiosa, pero se ven cosas: ventanas, media calle, un jubilado con su perro pequinés, un charco, un semáforo. El recuerdo de la mariposa del jardín vecino del Café Oma aún se mantiene, pero el desastre no aparece. Mientras estoy con ella todo es limpio, claro, primavera. Tal vez los desastres no dependan de las mariposas, o quizás, la única desgracia sea relacionar a una simple mariposa con algo trágico. O de pronto, los peores desastres están gestándose justo ahora en el Congreso, que no tiene nada que ver con las mariposas. A la hora de salir de su apartamento, se monta una bufanda y gentilmente me acompaña, no sólo a la salida, sino que camina conmigo por el barrio y me regresa al sitio en donde me encontró, como a un juguete al que un niño vuelve a poner en el lugar que le corresponde para mantener el orden. -Tómate un café más conmigo, aquí, le digo, y ella acepta.

Durante el café hablamos del clima, del costo exagerado de los servicios públicos, de su idea de irse a vivir con su pareja, del colectivo la Komarka, otro proyecto por el que también se la está jugando y que se encarga de hacer video clips sobre género aprovechando algunos de los conciertos que se presentan en Bogotá. El último que hizo con la Komarka fue en el pasado Rock al Parque, sobre la participación de las mujeres en ese festival. Todo fluye hasta que suena su celular. -Tengo que irme, me dice, poniendo cara de culpable, como si dejarme solo fuera un delito. Yo me despido agradeciéndole el tiempo y la generosidad. Alejandra se acomoda la bufanda y se pierde hacia el occidente. El Parway sigue saturado de tedios y de transeúntes. Aún no llueve. No lo soporto, y ahora sí salgo volando de allí porque la cita terminó. Alejandra ha participado con Waira en los festivales Imagina Diseño, Jóvenes empresarios, Stereo Picnic, Festival de moda urbana, y en algunas otras ferias independientes en Colombia, e incluso ha dado a conocer muestras de sus diseños en países como Brasil y Argentina.

***

Alejandra Ordoñez. Pasto (Nariño) Colombia. 30 años. Diseñadora Industrial de la Pontificia Universidad Javeriana con énfasis en desarrollo de producto y especialista en Diseño y Gerencia de Productos para Exportar. Trabaja con comunidades fortaleciendo organizaciones artesanales e indígenas, capturando la esencia de su cultura y tradición, de su artesanía, sus inspiraciones, sus saberes y formas de hacer. a partir de nuevos manejos del que hacer y las evoluciones para un mundo contemporáneo.

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Entre vista

Entrevista al coordinador cultura del Museo de La Caricatura Severo Vaccaro.

Un Mickey gaucho

por Leitica Martín. Foto: Federico Barreña.

En 1945 el químico Vicente Vaccaro funda en la calle Lima 1037 –y en honor de su hermanoel Museo de la Caricatura Severo Vaccaro, personaje destacado de la cultura argentina quien promovió de un intenso movimiento de difusión del humor gráfico y la ilustración. A partir de su intervención de Severo Vaccaro comenzaron a exponerse y coleccionarse las obras de ciertos artistas del dibujo y la historieta, de los orígenes de la sociedad de masas. Luego de su paso por muchas etapas, incluida la inundación de 2010, este año el museo reabre sus puertas al público, tras un inmenso trabajo de restauración y reparación histórica. Conversamos con Juan Tristán, coordinador de las actividades culturales de este espacio. ¿Cuál es la historia del Museo de la Caricatura Severo Vaccaro, en qué momento se inaugura? ¿Qué sabés de aquel primer lugar en la Avenida de Mayo? Su nacimiento fue bastante fortuito. Fue así. Severo Vaccaro era un hombre bastante importante de la cultura porteña de su tiempo. Tenía una casa de cambio y agencia de lotería, ubicada justamente en la Avenida de Mayo al 600. Él había sido canillita; y también había trabajado como cadete en la Revista Caras y Caretas. De ahí venía su amistad con muchos de los protagonistas de esa época, lo que aprovechó para generar exposiciones y colgadas. La mayoría de los dibujantes de aquel entonces expusieron alguna vez en su local. Rápidamente el espacio, que era muy pequeño, se llenó de obras importantísimas. Luego de la muerte de Severo, su hermano Vicente –que era un bioquímico- fun-

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da el museo que más adelante, en 1981, muda todas esas obras a un espacio más grande en la calle Lima, que es donde estamos ahora. Hoy podemos decir que el museo de la caricatura recibió obras de prácticamente todos los grandes humoristas gráficos de la Argentina, y algunos de otras partes del mundo. ¿Y qué características tienen las obras? ¿Hay algún rasgo común que las una? Sí, tal vez la unión es la política de consecución de los trabajos, que un poco es en honor de Severo y de su praxis política. Todas las obras del museo fueron donadas. No existe ninguna que haya sido comprada o subastada. Es decir: hay más de 450 obras, todas de un valor histórico altísimo, todas donadas voluntariamente. ¿Ni siquiera la obra que les hizo Walt Disney, la del Mickey Gaucho? No, ni siquiera esa obra. Ninguna. Contanos cómo llega ese dibujo al museo. Bueno, en el año 1941 Walt Disney viaja a la Argentina a un encuentro de dibujantes, a encontrarse con Molina Campos, con García Ferré y todos los personajes de la comunidad de dibujantes de acá y hace un Mickey gaucho. Lo caracteriza con pañuelo, bombachas de campo, gorro y botas. como un gaucho que mide 1,50 x 1,50 metros. La comunidad de dibujantes que se había congregado alrededor de Vaccaro decide que ese trabajo debe quedar en el museo, por ser ese el lugar más propicio. Además de eso tenemos unos bocetos en los que Disney le enseña a Greco Vaccaro, -el hijo de Vicentecómo se hace para dibujar a Mickey. ¿Cómo llegan ustedes, Gonzalo Piñeiro y vos a la administración del museo? A fines de 2010 hubo un problema edilicio. En ese momento el museo abría sólo los días viernes y tenía muy poco movimiento. Un día, entre semana, se rompió un caño en el techo del segundo piso y los consejeros de aquel mo-

mento se enteraron del hecho porque estaba saliendo agua por la puerta de adelante. Eso en términos museológicos es una catástrofe. Se cataloga así. Se arruinaron muchas obras, se humedeció otro montón, hubo que hacer trabajos de restauración, y a partir de ese problema edilicio se decidió cerrar el museo momentáneamente. Y ese cierre se demoró más de lo imaginado. Gonzalo, que había tomado clases de dibujo hacía un tiempo, se acercó al museo para retomar y se enteró que estaba cerrado. Le contaron que estaba cerrado y por qué. Después él me lo contó a mí y como nosotros estábamos buscando un espacio para nuestros talleres, seminarios, ciclos y actividades de nuestra editorial, Chuquisaca Talleres, preguntamos si había intenciones de reabrir, armamos una propuesta formal, y se la acercamos a la comisión directiva de la Fundación Severo Vaccaro. Ellos aprobaron nuestra propuesta y nos pusieron el museo a disposición. En julio de 2012 nos dieron el espacio para hacer las mejoras y reparaciones tanto del lugar como de las obras y museo. ¿Las obras que tienen son todas de las décadas del 60´? Tenemos un recorrido inmenso. Desde la primera obra que consigue Vaccaro, que es de 1898, pasando por todas las décadas y hasta el 2010. Porque los dibujantes siguieron donando aún después de la muerte de Vaccaro. Actualmente tenemos tres salones. En el Salón Caras y Caretas tenemos treinta tapas originales de la emblemática revista y algunas ilustraciones de Sucesos Ilustrados, que fue una revista de humor gráfico que dirigió Severo Vaccaro. También hay dibujos de Diógenes Taborada, por nombrar alguno. En la recepción, que es la otra sala, tenemos un salpicado de obras de dibujantes muy reconocidos como Quino, Caloi, Walt Disney, Mordillo, Ferro, Guerrero, Liniers, Landrú, Lino Palacios. Y en el Tercer Salón, el Itinerante, tenemos a Federico Parodi un artista Plástico actual que estamos promoviendo desde el museo.


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TentenpiĂŠ

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Porque copa. Porque ya han sido infectados el cine, la televisi贸n y hasta la literatura. Porque no siempre hay que sentir asco por las modas. No entendemos como hasta hoy, en pleno siglo XXI, el teatro independiente no se mand贸 una buena historia de

ZOMBIS #5

Por Rob Idem Ilustraciones: Cristian Zarbo


Tentenpié

Edgardo y Yanina están escondidos detrás de una góndola de supermercado. Del otro lado, rodeado de un lago de sangre, un zombi regordete está chupando los huesitos de un cadáver humano. Yanina (susurrando.): Edgardo.

Yanina: Digo... me pregunto si podrán saborear los zombies. Lo único que hacen es comer, comer, comer. Es en todo lo que piensan. ¿Qué matices encontrarán en comer? Tienen que percibir muchas más cosas que nosotros. Viven para comer, digo... Nosotros hacemos otras cosas.

Edgardo: Shh. Yanina: No me hagas sh. Se escucha más el sh que si te hablo susurrando. Edgardo: Te va a escuchar, pelotuda. Yanina: No me escucha. ¿No ves que tiene las orejas podridas? Se le deben haber roto los tímpanos. No les pueden durar para siempre los tímpanos.

Edgardo: No creo que saboreen. Ellos muerden, desgarran, mastican y tragan. Es lo que hacen. No hacen más que eso. Yanina: Los animales también hacen sólo eso y sin embargo no ves a un perro mordiendo gente por ahí todo el tiempo. Edgardo: Los perros tienen como un alma.

Edgardo: ¿Te parece ponernos en el riesgo de comprobar eso?

Yanina: Bue, ¿ves? Ahora estás diciendo boludeces.

Yanina: Edgardo, te quería preguntar...

Edgardo: Un perro te quiere, no te va a comer. Tiene como un alma.

Silencio.

Yanina: No todos los perros me quieren. Sólo los que me conocen. ¿Por qué no me comen, los otros? Edgardo: Qué sé yo, Yanina...

Edgardo: ¿Qué? ¡Dale! Ahora me intriga. Yanina: ¿Por qué tanta desesperación por la carne humana? ¿Tan ricos seremos?

Yanina: Debemos ser deliciosos, digo yo. Saladitos. Sabrosos. Porque comemos mucha porquería, como los chanchos. Los chanchos son ricos.

Edgardo: ¿Qué me preguntás, Yanina? Por Dios... Qué mal gusto... Silencio. Yanina se acerca a Edgardo. Lo huele. Yanina: Ay, él quiere conservar la etiqueta... Por favor, Edgardo, estamos viendo a un tipo podrido morfándose a otro tipo. ¿Me dejás ponerme un poco existencialista? Edgardo: ¿Qué sé yo si somos ricos o no somos ricos? No quiero enterarme.

Edgardo: ¿Qué hacés? Salí, mirá... Ni se te ocurra. Que te pego un mamporro que ni de carne para muerto vas a servir.

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Letras

Máximas de un escritor de Solano @walterlezcano

La reputa madre: si tenés ganas de escribir sentate y meté palabritas en la página. No es nada del otro mundo. Ahora, si flasheás con toda esa mierda del “mundo de la literatura” eso es otra cosa. No es escribir. Una cosa es el laburo y otra cosa es el circo. Fijate qué te cabe y canalizá bien tu energía, wacho. Te vas a sentir mejor, vas a ver. *** Me chupa la pija no tener tiempo, no estar preparado, no tener ganas, no saber qué es la inspiración: yo escribo igual. *** Voy aprovechar esta semana larga en casa para terminar una novela. Y todo lo que queda del año para corregir lo que salga de eso. Deseame suerte.

*** A la gente que escribe bien lo único que se le puede hacer es robarle. *** Hay un punto donde me parece indescifrable qué hace que un texto funcione fakin bien. En fin, hay que seguir escribiendo, leyendo y culiando. *** No desperdicien tanto los adjetivos: les quitan toda la onda, wachos. *** Yo solo le pongo onda a leer, escribir y culiar. Lo demás, ya saben, es un fakin laburo. *** Es muy difícil aprender a leer. Y es re jodido aprender a escribir. So what? Venceremos. *** Carver ya fue. Ahora empiecen a escribir como Emmanuel Carrere. *** Terminé de corregir la novelita. Si es que eso es posible.

*** Todo lo que sea cool hay que hacerlo mierda. Dejemos lo que conmueva, lo que moviliza, lo verdadero.

*** El adjetivo es un problema. Los diálogos son un problema. Encontrar la voz es un problema. So what? Venceremos.

*** La idea es escribir, seguir escribiendo. Ya con hacer eso debería alcanzar. Si no te alcanza con eso, estás meando fuera del tarro, wacho

*** Me chupa la pija la hoja en blanco. Yo le doy masa hasta que algo sale.

*** Metí paginita y media. Chupame la pija, Lunes. *** Tiempo, paciencia y saber conjugar los verbos. *** Hoy le metí cuatro oraciones a la novelita. Es un avance.

*** A no mariconear: terminar lo que se empieza a escribir. *** Mi vieja nunca me compró un libro. Y no me puse a llorar. *** Mi biblioteca: esa es mi década ganada.

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Gourmet

de sensaciones Por Daniela Fernรกndez


Teatro

“A Ciegas Gourmet” es una obra del Teatro Ciego de Buenos Aires que permite experimentar la música, la comida y el teatro a través de los sentidos del tacto, el olfato, el gusto y la audición. NQM estuvo allí para vivir la experiencia. Una cena normal en un restaurante en Buenos Aires. Esperás en la recepción con tu novio, amigo o familiar a que te faciliten un lugar. Conversás, aguardas las indicaciones, te ubican en una mesa y una vez que tu pedido está listo comenzás a saborear el plato que ordenaste mientras establecés una conversación con tu acompañante. Probás de todo: pescados, carnes, verduras y postre. Durante la cena se desarrolla un show en el cual los actores te sitúan en época y espacio sumergiéndote en la historia de un Buenos Aires lejano. Una cantante deslumbra a todos los presentes con su cálida voz entonando los mejores tangos y boleros de la época. Intervalo. Charlas, seguís comiendo, pedís más vino o gaseosa. Diez minutos después cuando el show comienza nuevamente, los murmullos y risas se apagan para dar lugar al segundo acto. Finaliza la obra, los actores saludan y el público aplaude. Las personas presentes continúan charlando y algunos dan por terminada la velada y preparan sus bolsos para emprender la partida a sus hogares. Ahora, imaginen que esta situación sucede en completa oscuridad. ¿Qué pasaría si tenés la posibilidad de experimentar la realidad desde sensaciones diferentes utilizando los sentidos del tacto, el oído, el gusto y la audición para intentar percibir lo que sucede alrededor?. Si por una vez en tu vida podés sentir lo mismo que siente una persona no vidente. La respuesta a esta pregunta es el móvil principal de la obra de teatro realizada por el Teatro Ciego, “A ciegas gourmet”. A las 20.35 horas llegué a la solitaria calle de Zelaya, a dos cuadras del Abasto. El frío acompañaba la espera de lo que prometía ser una experiencia nueva e inolvidable. El público ansioso aguardaba fuera del teatro expresando sus expectativas de lo que iban a vivir en minutos y algunos turistas estaban excitados por entrar. “Si necesitan ayuda, pídanle a Jesús” bromeó el guía que nos brindó algunas indicaciones antes de entrar a la sala. Nos pidieron que hagamos fila apoyando las manos sobre el hombro del compañero y advirtieron que los

primeros minutos iban a ser difíciles, pero que luego nos íbamos a acostumbrar a la oscuridad. Y lo logramos. Cuando ingresas a la sala, no ves nada, absolutamente nada, ni un sesgo de luz que pueda ubicarte aunque sea un poco. Una vez que te acomodan en tu lugar comenzás a sondear, buscás cómplices en la voz del otro, hablás con extraños porque el solo hecho de escuchar otra voz te tranquiliza y ubica en la situación. Tomás la mano de alguien conocido potenciándose el sentido del tacto. Y esto es lo sorprendente: al no poder utilizar la vista, el resto de los sentidos se refuerzan saliendo a la luz otra perspectiva que te permite ver desde otro lugar la realidad. Lo primero que querés hacer después de cinco minutos aproximadamente, es sacar el celular. ¡Pero no podés!. Dos horas si revisar el celular. “Si quieren ir al baño, háganlo ahora” había advertido el guía antes de ingresar a la sala , una indicación que recordás con frecuencia después de tomar el segundo vaso de gaseosa faltando un tiempo prolongado para que finalice el acto. Y efectivamente, si necesitás ir al baño o te querés ir tenés que gritar ayuda para que alguien te lleve afuera, donde está la luz.

Una vez que superás las primeras sensaciones comenzás a explorar la comida. ¿Cómo saber que alimento tenés delante tuyo? A menos que tengas idea del menú con anterioridad, es necesario utilizar tus conocimientos previos para ir descubriendo con el tacto, el gusto y el olfato el menú de la noche. Particularmente a mi me encantan los dulces, por lo cual, la única comida que identifiqué rápidamente fue un muffin de dulce de leche que había de postre. También sentí olor fuerte a pescado y la contextura de un brochette de queso y jamón que se encontraban en el medio del plato, el sabor dulce del postre y la contextura dura del pan que contenía verduras. Las personas que son vegetarianos o celíacos tienen la posibilidad de solicitar con 48 horas de anticipación un menú especial para no encontrarse con alimentos que no pueden comer. En ese momento, todos los presentes juegan a ser detectives e intercambian deducciones acerca de que será aquello que saborean sus bocas. “Alguien quiere un brochette? Tomá, cuando sientas que te pincho ahí lo podés agarrar” exclamó uno de los presentes tratando de desenvolverse en la oscuridad. Una

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moza se acerca preguntando qué bebida vas a tomar mientras tanteas con tu mano buscando el vaso. Desde ya, no cenás con cubiertos por lo catastrófico que puede resultar su utilización en una cena a ciegas de personas videntes. Es por eso que el espectáculo está preparado para que degustes los platos con la mano y puedas manejarte con facilidad.

do por los aplausos. Y claro, si no podemos ver no es necesario montar una producción enorme porque la imaginación puede lograr más que cualquier super producción material.

Cinco minutos después de la degustación, comienza el show. Y aquí es cuando entra en juego otro elemento importante de la obra: la imaginación es una herramienta más que puede potenciar el espectador al tener libertad de vuelo. Los actores interpretan a sus personajes de forma creíble y te transportan a la historia que narran pero la escenografía y el vestuario no existen y eso lleva a que a partir de los olores, de la tonalidad de las voces, de las interpretaciones y los sonidos, cada mente cree su propio escenario. Un camarero poco tolerante, un hombre ebrio que cuenta sus experiencias vividas y una joven mujer seductora que canta con un tono de voz dulce y sensual son los personajes de esta historia. La música principal del Rey León se escucha en el segundo acto y el sonido de un animal te transporta a una selva. De golpe alguien está detrás tuyo, te empujan y continúa el sonido del león. Uno de los personajes cuenta una anécdota que sucede en Brasil, se va de pesca con una mujer y el sonido del agua, de la preparación de la caña de pescar para ser lanzada al agua te llevan a ese lugar, a pesar de que en verdad nada sucede. Se escuchan risas del público en toda la obra, algunos se emocionan al final e incluso en el intervalo suena el instrumental de la canción de Queen “We are the champions” y muchos de los presentes empiezan a cantar librados de cualquier vergüenza visual. Y es al final de la obra, el momento en que la luz regresa y recuperás la visión, cuando la realidad irrumpe de una manera inesperada y ya nada es como lo imaginabas: no hay escenario, no hay vestuario, ni lluvia, ni café. Nuestros ojos nos muestran dos sencillas mesas negras, platos blancos, un cuarto angosto y a los protagonistas, los actores, agradecien-

En cuanto a los intérpretes, la artista que más me llamó la atención fue la cantante Belén Cabrera. Su versión de “Contigo a la distancia” junto con el piano de Carlos Cabrera, es una de las mejores que escuché. Cuando empieza a cantar, no necesitás más que escuchar su cálida voz que pasa de una nota musical a otra sin ningún esfuerzo. Se aleja del público y su canto se escucha lejano, para luego acercarse lentamente, tocando los hombros de los espectadores y cantándoles al oído , creándose una relación más cercana. Durante todas las canciones que interpreta se crea un clima especial, cálido, confortable que deja al público conforme y con ganas de seguir escuchando. Algunos de los espectáculos que también se desarrollan en el Teatro Ciego son: Mi amiga la oscuridad (La puesta está pensada para que niños, a partir de los 4 años, puedan ingresar por primera vez a una sala de teatro ciego), A Ciegas con luz, El Infinito Silencio (comedia romántica basada en la vida de Diego R. Oxley), Luces de Libertad, Stereotipos a Ciegas. Además se dictan clases de tango en total oscuridad los miércoles a las 1930 horas. Una obra recomendada si querés vivir una experiencia de una hora y media de duración completamente diferente a lo que estamos acostumbrados. Muchos turistas estuvieron presentes, ya que este tipo de presentación es única en el mundo y originada en Argentina. Tanto actores ciegos como videntes forman parte del elenco. Muy recomendable para ir acompañado ya que al comienzo te desorienta un poco el contexto y vas a necesitar una mano, o una voz conocida para disfrutar la experiencia…


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ENCONTRONAZOS.

Por Daniela Regert Ilustraciones: SofĂ­a Barrera


Había una vez un marinero borracho que vió a una señora en el muelle, y como había un barco cerquita y agua a su alrededor, y esta señora llevaba una pollera de tubo que se cerraba hasta los pies, pensó que era una sirena. Le habló toda la noche y la sirena le cantó unas canciones con preciosa voz. Al día siguiente, el marinero había perdido todo su dinero, su casa, su mujer e hijos.

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Dos ratoncitos y una oruga vivían en una zapatilla de un valdío. Cuando la oruga se convirtió en larva y luego en mariposa los ratoncitos no aceptaron su transformación y lo hecharon de casa. ¡Pero la mariposa hizo buenas amistades en la calle y otros lados y nunca volvió a su casa, y cuando creció les hizo juicio!


ENCONTRONAZOS.

Por Daniela Regert Ilustraciones: SofĂ­a Barrera

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ENCONTRONAZOS.

Por Daniela Regert Ilustraciones: SofĂ­a Barrera


Una noche, mientras el lobo vagaba por el bosque en soledad, escuchó unos ruidos y fue a ver rapidamente. Encontró una luna caída, enredada a un arbol. El lobo la liberó y jugó con ella toda la noche. Cuando el lobo despertó, era de día y la luna ya no estaba. Decidió volver a la noche al bosque y la luna no bajó esa noche ni ninguna noche más. La luna nunca más bajó a la tierra. Sin embargo, el lobo, esté donde esté, siempre vuelve al bosque, para encontrarse con la luna, y eso es extrañar lo que está lejos y amar lo que no existe, ya lo entenderán.

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Tentenpié

#muerteen140 por Alejandra Zina.

Ilustración: Damián Lubenfeld.

Es una conciencia que me aparece de forma intermitente. Como la luz de un faro. Aparece y desaparece, aparece y desaparece.

De chica creía que los viejos morían de enfermedad y los jóvenes, en espantosos accidentes de auto. Como Grace Kelly.

Hoy entiendo que la muerte es parte de la vida, que no es un castigo, pero que podría serlo.

#muerteen140

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Sr. T.O.C. Toda vez que comienzo a escribir para esta columna se me cae una lágrima del ojo derecho. Es, acaso, una de las empresas más severas que me ha tocado llevar adelante, y derramo medio litro de sangre por cada palabra que me obligo a completar en estas páginas de penitencia. Hemos cometido nuevos errores. Sí, usé el plural. Han sido varios. Y han sido errores. Flagrantes errores que denuncian a voz en cuello nuestras falencias. Somos seres perfectibles, y debemos aceptarlo por atroz que esto suene. Voy a comenzar esta enumeración diabólica penando el tiempo que hemos tardado en sacar el número cinco de NadieQuiereMorir. Los plazos son las herramientas que Dios nos otorgó para establecer una armonía en el caos de la existencia. Nosotros hemos orinado sobre los plazos, sobre Dios, sobre la armonía y sobre la existencia de la humanidad. Desde luego, no fue intencional, pero cabe preguntarse cuál es el límite entre la voluntad y el accidente. Lo único real es el hecho irrevocable de haber demorado. Y duele. Duele mucho. En segundo lugar, extiendo mis disculpas personales, en nombre de todo el equipo editorial, al fotógrafo Nahuel Alfonso, por las irregularidades cometidas en la entrevista que le hicimos para el número cuatro de esta revista. Lo cierto es que somos un equipo joven que todavía tiene mucho que aprender, y estas impericias aparecerán una y otra vez denunciándolo. Pero, ¿qué

estoy haciendo? ¿Estoy, acaso, justificando un traspié? ¿Qué clase de demonio de la mediocridad me ha invadido? No, señor. Pido disculpas, sí, y asumo enteramente la responsabilidad sobre nuestra torpeza, pero no pienso suavizar el tormento con comprensión. El fuego desgarrador es lo único que purifica, y escribiendo estos párrafos es que me sumerjo en él. Por último, arribaré al puerto que bordeamos durante todo este tiempo. Meteré el dedo en la llaga sacando a la luz, resaltando, nuestro mayor defecto: nunca pudimos o supimos sacar esta revista de la pantalla. Quisimos imprimirla. No lo logramos. No tengo mucho para decir al respecto. El dialecto americano del inglés tiene una expresión que pinta al óleo lo que pienso al respecto. We suck. Apestamos. Somos un puñado de escoria con pretensiones. Y no crea el lector que estoy sumido en un arrebato de cinismo. Mi computadora está al borde del cortocircuito porque mis lágrimas están inundando la habitación y colman sus contactos. Lloro. Lloro un llanto amargo y filoso. Lloro porque caigo en la cuenta de que estoy condenado al martirio de la imperfección. Lloro porque la muerte me alcanzará pronto, y yo estaré tendido ante la quimera de lo inmaculado, sin haberla tocado nunca con la yema de mis dedos. Lloro porque mi vida no tiene sentido, y esta revista es la prueba de ello. Lloro.

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revistadearte

En NQM, cada número tendrá nuevos colaboradores, nuevos escritores, nuevos artistas invitados, nuevos ilustradores; por que no queremos dejar afuera a nadie. Deseamos que todos muestren lo mejor de sí y tengan la oportunidad de compartirlo. En esta ocasión, nos enorgullece presentar a los que tuvieron el agrado de publicar lo propio, de mostrarse, de disfrutarse. Pero las puertas siempre estarán abiertas. Rejuvenecer en cada número será nuestro desafío y el de todo aquel que quiera formar parte de NQM, la revista que llegó para darle lugar al arte independiente desde el arte independiente.

Directores. Leticia Martin Fernando Rodil Gustavo Pascaner Lucas Bustillo


Colaboran en este número Redacción Peteco Muñoz Ramiro Reyes Mercedes Bisordi Ivan Dessau Cecilia Romano Sebastián Leonángeli John Jairo Rodríguez Saavedra (Colombia) Rob Idem Walter Lezcano Daniela Fernández Daniela Regert Alejandra Zina El Sr Toc.

Fotografía Federico Barreña. Gustavo Pascaner.

Ilustraciones Sofía Lapenta Jimena Salomone Apen (concurso de alumnos) Bren Fahey Federico Endres Cristian Zardo Sofía Barrera Barby Imposti Damian Lubenfeld Otta Soria Juan Natch

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NQM #5  

Me comí la ansiedad durante tres meses. ¿Sabés lo que es tener una revista así en la computadora y no poder contarle a nadie? Me comí los...

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