Periódico Medellín en Escena No. 68

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Periódico

Órgano Informativo de la Asociación de Salas de Artes Escénicas de Medellín. Edición n.° 68 - Agosto de 2020- Edición Digital


Periódico Medellín en Escena

EDITORIAL EL TEATRO EN LA UCI A casi seis meses de encierro, el porvenir de nuestras salas de teatro es incierto; por un lado la pandemia haciendo estragos en el país que hoy ocupa un triste lugar en las estadísticas de contagio y mortalidad, por otro se recrudece la violencia política contra líderes sociales y jóvenes. Aún no cesa la horrible noche y la economía se acerca al desplome mientras los gobernantes siguen dando tumbos emitiendo decretos a diestra y siniestra, muchos de ellos sin aplicabilidad, ni sentido práctico. Con respecto a la cultura y el arte el panorama es muy complejo, pues la mayoría de nuestras acciones tienen que ver con el público presente, somos un arte vivo, de juntanza, y mientras el problema sanitario prevalezca será difícil que artistas y espectadores pactemos un nuevo encuentro. Este fenómeno es lo más grave que le ha sucedido al teatro en toda su historia, muchas salas tendrán que cerrar, pues no aguantarán el tren de costos que conlleva su mantenimiento, el de sus artistas y personal administrativo. El Ministerio de Cultura ha creado un libreto de salvamento que repite permanentemente en redes sociales, manifestando, a boca de jarro, que ha resuelto la mayoría de los problemas de las artes y que su gestión ha llegado a tiempo para mitigar los impactos de la pandemia. No es cierto. Quienes estamos en el ruedo sabemos que esas ayudas no han llegado y son cuantiosas e irrecuperables las pérdidas que tienen el teatro antioqueño y las salas de Medellín, tanto de grande, mediano y pequeño formato, en igual sentido, los grupos y los artistas escénicos independientes de todas las artes. ¿Acaso con los programas ordinarios que manejan las secretarías de Cultura y el Ministerio y los lánguidos apoyos se podrá mitigar esta crisis?

El teatro esta en grave peligro, nunca antes había estado así, y los pronósticos de la Organización Mundial de la Salud no son nada favorables, son los de una epidemia larga, con la cual la humanidad tendrá que convivir por algunos años más y que modificará los sistemas políticos, económicos, de ordenamiento social y donde la cultura sufrirá también grandes transformaciones. El Ministerio reporta miles de cartas, pronunciamientos, protestas, derechos de petición, tutelas desde todos los rincones del país provenientes del sector cultura; muchas de esas acciones las ha emprendido el movimiento teatral colombiano, representado en el Comité Nacional de Coordinación de Teatro, el Consejo Nacional de Teatro, la Asociación de Salas Medellín en Escena, redes de teatro de todo el país, la Asociación Colombiana de Actores (ACA), Corporación Colombiana de Teatro, la Mesa Amplia por el Arte y la Cultura (MAAC), pronunciándonos también en el Congreso de la Republica —Comisión Sexta—, haciendo control político a la ministra y su equipo directivo y reuniéndonos en varias ocasiones con el Ministerio de Cultura para solicitar la promulgación de un decreto de EMERGENCIA CULTURAL Y ARTÍSTICA YA y la creación de un fondo económico de mitigación. Pero la respuesta ha sido de oídos sordos. NOTA AL CIERRE DE EDICIÓN. El Ministerio de Salud acaba de expedir una resolución que viabiliza un protocolo de bioseguridad para la reapertura de las salas de cine y teatro y esto lo hace en medio del pico de pandemia, cuando el país no sabe qué hacer con esta crisis sanitaria. ¡Qué insensatez y falta de sentido común! Mandarnos a nosotros y al público directo a la UCI.

SUMARIO 3

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ENTREVISTA Oscar Campo

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ESCENA REGIONAL La Esfera Teatro

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BIBLIOTECA GILBERTO MARTÍNEZ Por el camino de Dionisos

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ESCENA NACIONAL

La ASAB desde la tras-escena

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ESCENA LOCAL Patio de butacas

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NOTAS EN ESCENA ASOCIADOS: Agité Teatro, Casa Clown, Casa Teatro El Poblado, Colectivo Teatral Matacandelas, Corporación Artística La Polilla, Corporación Artística Ziruma, Corporación Carantoña, Corporación Caretas, Corporación Casa del Teatro, Corporación Cultural Canchimalos, Corporación Cultural Nuestra Gente, Corporación Cultural Vivapalabra, Corporación La Fanfarria, Elemental Teatro, Fundación Circo Medellín, Teatro Barra del Silencio, Teatro Oficina Central de los Sueños, Teatro La Sucursal, Teatro Popular de Medellín. JUNTA DIRECTIVA: Teatro Oficina Central de los Sueños, Elemental Teatro, In-fusión Teatro, Corporación Artística La Polilla, Corporación Caretas. DIRECCIÓN ADMINISTRATIVA: Ana Cecilia Hernández Gallego. REVISOR FISCAL: Darío Calderón. CORRECCIÓN DE ESTILO: Catalina Trujillo CONSEJO EDITORIAL: Cristóbal Peláez, Iván Zapata, Jaiver Jurado, Ana Cecilia Hernández G. COORDINACIÓN EDITORIAL Y DIAGRAMACIÓN: María Fernanda Hernández. COMUNICACIONES: María Fernanda Hernández. FOTOGRAFÍAS: Fotos cortesía. Jaiver Jurado. PORTADA: Freepik.com CONTACTO: periodico@medellinenescena.com www.medellinenescena.com

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Apoyado por el Ministerio de Cultura Programa Nacional de Concertación Cultural


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Oscar Campo

YO SOY UN

COLLAGE ANDANTE Por Cristóbal Peláez González

¿Cómo sabemos quiénes somos? Todos los días nos despertamos pensando que somos la misma persona que se acostó a soñar. Siempre creemos que vivimos una historia coherente que es propia. La pregunta sobre quiénes somos realmente surge cuando algo no funciona, cuando algo falla. Se produce un milagro a partir de ese error. Es un momento de locura en el que nos damos cuenta de que ya no somos nosotros mismos. Una noche de mayo de 2002 cuatro hombres se encontraron para matarse en una discoteca al norte de Cali… Todos éramos la misma persona (Yo soy otro, Óscar Campo)

En Cali de película, el corto de 1973, de Luis Ospina y Carlos Mayolo, la voz narrativa, después de unos lúgubres campanazos, nos introduce en el danzón de imágenes con estas palabras: «En Cali pusieron las tres cruces para que no entrara el diablo, pero el diablo ya estaba adentro y no ha podido salir». La cámara abre su recorrido por las calles de la metrópoli: máscaras, buhoneros, comercio, disfraces, reinas de belleza, cabalgatas, toros, sangre, bestias degolladas y rumba. Una antropología de la complejidad multicolor, un diminuto fresco barroco sobre esa moderna Mahagony que fue La Sultana entre 1960 y 1980, que logró constituirse en lo cultural como la auténtica capital de Colombia. Adentro, entre el auge arquitectónico y la prosperidad industrial y agrícola, se gestaba la rabia, el desorden, la miseria y, asimismo, una contracultura que en el devenir se ha constituido en la imagen más determinante de la época.

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Alrededor del Teatro Experimental de Cali, de Ciudad solar, de los Festivales de Arte, gravitaba el movimiento underground de un grupo de adolescentes que, en medio de la expansión de la violencia, optaron por responder con guijarros intelectuales y estéticos: obras de teatro, pintura, cine, fotografía, literatura, un coletazo de inconformidad y arte vanguardista heredero de los fulgores revolucionarios de mayo del 68. La salsa ya había inundado el asfalto y en esa tierra «verde, parejita, buena», Óscar Campo, el niño precoz y atormentado, con tan solo doce años de edad, de pronto se vio arrojado a los meandros de la calle, envuelto entre imberbes adolescentes que lo fueron arrastrando en medio de la aventura, a codazos de azar, en la elaboración de guiones, hasta ir adquiriendo a plenitud la deseable enfermedad de la «cinesífilis». Docente, guionista, director, lector implacable, todavía guarda de esos años el arquetipo del «enfant terrible», y su apariencia se ajusta a cualquiera de las dramáticas criaturas de Andrés Caicedo. Lo puedo imaginar como Danielito Bang o Solano Patiño o el pretendiente o el atravesado. Se ajusta a cualquier dimensión en esa galería infectada de destinitos fatales.

Ni apacible, ni amable, exhibe una corporeidad de humano sufriente. Tembloroso, excesivamente nervioso como hablante y con unas miradas angustiantes de esas de quien acaba de evadir el horror o va a ingresar a él. Es, por contraste, un creador ajustadamente equilibrado en el momento de su narración cinematográfica. Posee una extensa filmografía en la que se destacan, entre el arrume, sus documentales El ángel subterráneo, El proyecto del diablo, Un ángel del pantano, Recuerdos de sangre, Noticias de guerra en Colombia, junto a los mediometrajes De madrugada, Valeria y Las andanzas de Juan Máximo Gris. Su incursión en el largometraje la realiza con Yo soy otro, una película insular en la filmografía nacional que revela ese mundo interior de desequilibrio psíquico y filosófico del autor y que para muchos se ha convertido en una obra de culto. Las líneas a continuación pertenecen a una divertida conversación que tuvimos años atrás, interior noche/ piscina al fondo, en un pequeño hotel del barrio San Antonio. He optado por darle la forma confesional del monólogo y tiene tres rollos. Echemos a rodar esta cinta.

PRIMER ROLLO

Tengo muchos problemas para entender el mundo. Siempre me despisto a la hora de entender una situación, o un proceso, quizá porque tengo una subjetividad excesiva, tal vez muy asociativa. Trato de destruir el objeto que tengo al frente, mejor dicho, deconstruirlo, llámese personajes o espacios. Veo cómo funciona una cosa, pero intento ir más allá, para transformarla. No es como dices tú, una estética de lo retorcido, es más bien una inclinación por lo siniestro, algo que me emerge de una manera brutal. A la gente las cosas más atroces le parecen normales, entonces trato de encontrar aquello que no se ve o que está naturalizado, tal vez, sencillamente, porque me produce un poco de miedo. Una forma de entenderlo, de neutralizarlo, es transformarlo en otra cosa. Además de lo subjetivo, tengo una fuerte tendencia al delirio, que todo esté atravesado por el sueño, por las asociaciones libres, inconscientes, surreales. Mi modo de pensar es crítico: descomponer, romper. Así funciona mi cabeza. No es que todo lo vea así, sino que cuando estoy creando es lo que me aparece. Y por eso se ve como una estética obsesiva, muy volada. No la veo como una estética enferma, sino, como te digo, siniestra. Pero para que veas, no creas, yo soy más bien religioso. Si te pones a ver parte de mis películas, El ángel subterráneo, El proyecto del diablo, El ángel del pantano, ahí subyace esa inclinación por ángeles y demonios, una vertiente peligrosa de mi religiosidad atea, donde lo religioso se vuelve terrible, insoportable. Mi mamá era monja y mi papá era cura, ergo, yo soy hijo del pecado. Los hijos de los clérigos siempre están condenados porque adquieren una relación con lo religioso a través de lo terrible. Yo heredé lo terrible, no la parte gozosa, tranquilizante, bonita, el boato de la ceremonia, esa parte me produce terror. Toda esa iconografía es muy amenazante. Es un mundo muy asediado por el mal y por el pecado. Mis amigos siempre fueron personas un poco por fuera de la ley y yo doy una versión de ellos que está teñida por la emergencia de la maldad. Y claro, los autores que más me gustan son aquellos que odian la vida. Me gustan Lovecraft, Poe, la literatura oscura; y si lo que hago no tiene ese tinte, me parece aburridor hacerlo. Por eso no puedo hacer realismo. Me gustaría hacer historias sencillas de gente sencilla actuando cosas normales, pero que de pronto está en una pesadilla que las empuja a otra dimensión.

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Si te fijas bien, El proyecto del Diablo es en su fondo una película religiosa. Está inspirada en un personaje bíblico que es Job. O quizá un personaje fáustico, personajes de apuestas que no pueden cumplir, que rompen, que quieren hacer el bien, pero terminan trastornándolo todo.


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Nací en un hogar reprimido, de ese fascismo católico de mitad de siglo, de conductas muy rectas pero con un trasfondo brutal, de fantasía religiosa insoportable, con un tipo de moral que no se puede cumplir en este mundo, solo para que la cumplan los ángeles. Estudié en el colegio San Luis Gonzaga, por donde también pasaron Miguel González, Andrés Caicedo, Ramiro Arbeláez, y luego terminé Comunicación Social. Ahí, desde los doce años, había entrado en un ambiente rebelde que me llevó a conocer a Andrés, al TEC de Enrique Buenaventura y a cualquier cantidad de dementes que andaban por ahí sueltos. Ahí en el teatro nos daba clases de izquierdismo Luis Fernando Pérez: marxismo uno, marxismo dos y Bertolt Brecht. En mi casa todo mundo sabía de mi anarquía, pero nadie hablaba de eso, se hacían los de la vista gorda. Anduve en ese desorden, en ese contexto de andariego donde había mucha droga. Ahí empecé a tirar pepas y hasta marihuana, en una época de barbitúricos, psicobarbitúricos y derivados opiáceos. Era muy popular una droga llamada yumbo. Aquí en Cali había una fábrica de eso. No era en pastilla, sino como harina en polvo, la vendían en bolsas, uno se la llevaba para la casa y se la comía con papel higiénico. Era delicioso porque le quitaba a uno los miedos. Esos barbitúricos eran lo que les daban a los soldados en Vietnam, para librarlos de culpas y de miedos. Puras pepas para «peliones» de calle. Yo no era «pelión», pero me encantaban los tropeles, por pura diversión. Con los hongos lo que sí recuerdo fue en la Universidad del Valle, en esas temporadas que van desde diciembre, cuando se acaban las lluvias y sale el sol hasta febrero. Los hongos crecen bellísimos y los universitarios empezaban sus dietas. Dos meses ahí permanecía un cardumen de universitarios comiendo hongos. Los mejores son los de Silvia, hongos que lo vuelven a uno invisible. Leíamos a Lovecraft y nos daba por ir a saquear tumbas y de pronto a robarles a los indios que se quedaban por ahí tirados borrachos. Silvia era un pueblito divertido, allí es donde Andrés Caicedo escribe Qué viva la música. Después se volvió un centro de guerra. Te digo que Cali era un hervidero de cosas: estaban los círculos psicoanalíticos con Estanislao Zuleta, estaba el Teatro Experimental de Cali, y Los turcos, en La Sexta, con sus tres cafés grandes, un hervidero de jóvenes que se reunían todos los días a discutir, eso estaba lleno de marxistas, psicoanalistas, filósofos, gente de teatro, de literatura, de arte. Además de eso, estaba el Cineclub de Cali; a mí me gustaba ir tarde en las noches de viernes porque presentaban películas de rock, Janis Joplin, Bob Dylan, Jimi Hendrix, proyecciones que iluminaban una nube de bareta y lo que hacíamos era bailar y gritar toda la película, echar madres, saltar y pelear, aquello era un relajo buenísimo. Estaba lleno de pandillas y cuando uno está chiquito le gusta todo ese desorden. La

Yo soy otro (Oscar Campo, 2008) naranja mecánica era de culto, ser como el pequeño Alex es lo que todo el mundo quería. El que programaba era Andrés, pero uno de «pelao» no sabía quién organizaba la cosa.

ta lograr una automamada.

En una ocasión apareció un cartel en el que se ofrecían clases de cine en el Colegio Hemingway, que era de unos canadienses, y yo fui con Tofiño, y quien daba las clases era Andrés Caicedo, que tenía un método muy loco, con cantidad de diccionarios de cine, nos ponía a aprendernos de memoria cantidad de películas que nunca íbamos a ver en la vida, nombres de los directores y todas sus películas. Él estaba acostumbrado a memorizarse los créditos, se memorizaba hasta los de las películas que nunca había visto. Es el momento de la nueva ola francesa con Truffaut y Chabrol a la cabeza. Godard casi no llegaba. Tofiño y yo nos fuimos volviendo parches, también con Charlie Pineda y su novio que era un joven alemán nazi. De aquella época recuerdo mucho La Corte del Rey Charlux, de Charly Pineda, a la cual pertenecía la condesa Ludovica Augusta, travestis que tenían un grupo llamado Club Las Diferentes Bellas 2.000, travestis cultas que a veces se atrevían a cruzar el río y mezclarse con las travestis pobres de la calle 15 a oír a Sandro y a Leonardo Favio. Pero como ellas eran ricas del norte, muy finas, muy excelsas, para desayunar oían la misma música que acostumbraba la reina Isabel de Inglaterra en sus desayunos. Eran monárquicas. La condesa Ludovica —que en verdad era Luis Augusto Cuervo— fue un escritor muy bueno, era como el rival de Andrés Caicedo en la escritura.

Había de todo, y uno transcurría entre comunistas, psicoanalistas, trotskistas, nazis, monárquicos, religiosos, travestis, pero, básicamente, entre gente que se drogaba, que estaba en contra de «los caballos», que eran los despreciables, por sanos, porque no se drogaban. Hacia ellos era el odio, ese era el enemigo. Era un desprestigio tener un amigo «caballo». A un «caballo» uno le podía hacer de todo, le podía robar, quitarle la novia, hacerle todo tipo de maldades.

Su gran proeza, que nos causaba admiración a todos, era que había perfeccionado el yoga y se doblaba has-

Estoy hablando de una fauna alrededor de Andrés, fauna espesa de gente muy demente.

Yo tenía un periódico que se llamó Undergraves, porque a las pepas las llamábamos «las graves», y a los peperos los llamábamos «los gravelios», hacíamos cómics con puros parches de esquina, historias de drogos, de sus peleas, sus afanes y cagadas, teníamos un héroe que se llamaba Supertraba, experto en hacer cagadas. A la par teníamos otra revista que se llamaba Mala compañera, inspirada en Bad Company, de Robert Benton. Éramos como una hermandad de desordenados que odiábamos a los psicoanalistas porque no eran drogos, a los comunistas, a los trotskistas, por sanos. Andrés tenía mucho de eso, un odio profundo a los serios, a los adultos y a la gente que no es droga. A la gente del TEC, que era sana, no le teníamos apatía, por aquello del teatro, por ser gente del arte.

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Me acuerdo una vez que nos fuimos de campamento, Andrés había estado internado y había acabado de pelear con Patricia y Guillermo Lemos. Yo tenía una carpa y nos fuimos a comer hongos a ese valle hermoso todo verde, el Valle del Renegado, y ese man lo que hizo fue encaramarse a un árbol electrocutado que había ahí y toda la tarde estuvo trepado quejándose: «¡Ay, ay, ay ay, ay ay, ay ay», a uno le daba como miedo. Yo lo que hice a medianoche fue recoger la carpa y salir corriendo todo honguiao a la carretera a esperar que algún carro me recogiera.

Óscar Campo, Luis Ospina y Oscar Ruiz Navia en la inauguración del Festival de Cine de Cali, 2014.

SEGUNDO ROLLO

Mi acercamiento al teatro empieza con las conferencMi acercamiento al teatro empieza con las conferencias de Enrique Buenaventura y la Corporación. Pero te confieso que iba allí por las niñas de colegio, unas peladas muy bonitas, uno llegaba era a tratar de encontrar novia, pero nada que conseguía, porque a ellas les gustaban los jipis barbudos marihuanerísimos que hablaran de marxismo. El esfuerzo era aceptar esa ley: si uno se volvía marxista, pues podía llegarle a las peladas. Enrique no me interesaba para nada, pero sí me gustaban las obras del TEC, por ejemplo, El canto del fantoche lusitano, un montaje fabuloso que todavía recuerdo, era un teatro de mucho trabajo con el cuerpo. Pero me salí de todo eso porque nunca pude aprender a pararme en la cabeza. Yo sufro de vértigo. Y no se me dio porque para hacer teatro tiene uno que brincar mucho y la verdad es que yo me mantenía todo trabao. En esa época los muchachos tomaban pastillas para todo, si estaba haciendo mucho calor, se tomaban una pastillita que se llamaba Percodán o capitán Perkins, eso bajaba la presión y uno quedaba como con aire acondicionado. Si te ponías muy lento, te tomabas una anfetamina, Daprisal, si estabas muy ansioso, te tomabas un Blues, que era todo lo que fuera barbitúrico, o Diasepán, o Valium. Cuando menos pensabas ya estabas de químicos hasta la coronilla y mi primer campanazo de alerta de lo dañino de todo eso fue la muerte de Andrés. Esa generación no sabía que las drogas hacían daño. Así como tampoco lo sabían los que empezaron a fumar bazuco, ignorantes de todas las mierdas que producía. Uno pensaba que no pasaba nada con eso y no, la gente terminaba loca, suicidándose, vendiendo hasta a la mamá para conseguir una dosis.

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De la muerte de Andrés supe por un amigo. Estábamos oyendo música y de pronto el hombre me lo dijo con mucha calma y puso el disco de Leonardo Favio, Para saber cómo es la soledad, que me parece una porquería de canción. Primero me dio rabia, por el disco, y ya después mucha tristeza, porque claro, yo estaba muy joven y nunca se me había muerto alguien cercano. Yo llevaba cuatro años de conocer a Andrés. Andrés era un tipo raro, estaba metido en el teatro pero odiaba la semiología, odiaba a los comunistas, yo creo que odiaba casi todo, le gustaba robar farolas de carro, se había vuelto experto en arrancarlas, las vendíamos para ir a rumbear, en zonas muy heavies, como la calle 15, de puros ladrones y atracadores; no le gustaba el lugar de los intelectuales, por ejemplo, El Bar de William, que era a donde iban los trotskistas y los comunistas a rumbear con la Sonora Matancera, música que a él no le gustaba. Le gustaba todo lo que fuera extremo, él promovía todo lo alternativo, eso fue su cineclub y eso es su literatura. Y todos los jovencitos que lo rodeábamos éramos muchachos con problemas, estábamos imbuidos por el odio a la religión, a los niños pijos, odiábamos a las estudiantes de colegios de monjas, creo que nos unía el odio. Y Andrés todo el tiempo paseaba una carga de depresión muy fuerte. Todo el día se quejaba y después empezaba a hablar de todas esas cosas horribles que están en sus libros. Y claro, uno todo chiquito ya te imaginas. Yo soy muy depresivo y Andrés me deprimía más.

Mi rendimiento académico no menguaba porque tuvimos profesores muy especiales, entre ellos Estanislao Zuleta. Hubo un primer año en el que estuvo hablando de patologías mentales: esquizofrenias, psicosis, paranoias, melancolía… a mí me salían todas. Y conforme al diagnóstico uno iba cambiando de pepas. Y a mí cada semana me salía una enfermedad mental completamente distinta. Zuleta me gustaba porque era muy borracho, no era un «caballo». Lo que me molestaba eran todas esas viejas burguesas que venían a sus clases de cátedra abierta a solucionar sus problemas sexuales. Eso se llenaba de burguesas, a veces uno no podía ni entrar a clase de lo atestado que estaba el lugar. Lo que hacíamos era cerrar el aula, otras, para espantarlas, nos dábamos a fumar bareta a lo loco, pero qué va, eso no nos funcionó porque esas viejas resultaron más bareteras y peperas que nosotros, muy locas, al final terminamos siendo amigos de ellas. La universidad era muy divertida, hermano. Nosotros que formábamos como una pandilla caicediana nos encontrábamos con toda suerte de galladas en el lago, que era el aeropuerto. Allí había de todo, sobre todo anarcos, admiradores de Baader-Meinhof, hasta tenían correspondencia con ellos. Algunos incluso se fueron para Alemania a incorporarse al Ejército Rojo. Claro, nunca lo lograron. Durante mucho tiempo el campus estuvo tomado por los grupos de izquierda radical, llegaron a expulsar «braviaos» a los del Partido Comunista de allí, cómo le parece, con esas brigadas de choque del partido que eran bravísimas y disciplinadas con sus garrotes. Hasta que llegaron los del M-19 que sacaban al que fuera porque eran más tropeleros que todos. La universidad era un sitio donde uno se divertía a montones. Siempre había un tropel y si no había, para no aburrirnos, lo montábamos. Había cantidad de estudiantes sin plata y lo que hacían era asaltar los buses. No usaban capuchas, sino sombreros y pañuelo tipo forajidos del Far West, como si fueran a asaltar una diligencia. Había un grupo anarco muy fuerte que se llamaba Caperucita Roja, otro que se llamaba TTT (Terrorismo Tras Terrorismo), esos eran los más locos, eran petarderos, y yo le tenía miedo a los petardos.


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Entre todas esas bandolas había estudiantes que eran muy fachos con los gays, que acostumbraban a ir a los bares a perseguirlos. Nosotros, por ejemplo, teníamos como practica ir a los rumbeaderos más pijos, que en esa época era mucho disco y mucho rock, nos sentábamos en una mesa y pedíamos una botellita de algo, cuando la gente se paraba a bailar nosotros nos robábamos las botellas de licor de las mesas y las dejábamos en nuestra mesa, que se vieran. ¡Y reviren! Entonces se armaban los tropeles más hachepés. Había otro comando dedicado a darle camorra a los jipis. Otra pandilla llamada Naturalia, que era de ecologistas que también entraba en tropeles con TTT para impedir que envenenaran los peces del lago. Era como toda esa química malvada de los adolescentes. No obstante, teníamos un periódico, A quemarropa, y el Cineclub U. Todo era divertidísimo. Se montaba teatro guerrilla, y llegaban a asaltar cafeterías: «¡Quieto todo el mundo! Todos al suelo». Y ordenaban: «Rápido, dos empanadas y un huevo». Se hacían sketches de Brecht en la calle y a veces actos que eran brincar sobre los carros.

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Pero hubo gente que se enloqueció del todo y empezó a hacer teatro todo el tiempo. Teatro antiideológico permanente, por ejemplo, caminar al revés, ir a rumbear pero bailar hacia atrás tumbando a todo el mundo, llenar bolsas de monedas e ir a tirárselas desde arriba a los empleados de la parte financiera de la universidad, que les cayera toda esa mierda en las cabezas, sabotear asambleas de mamertos y de trotskistas, entrar disfrazados de Superman. Actos performativos que eran pura mamadera de gallo, tirar el bus de la universidad al lago y salir como buzos, andar por ahí todo el tiempo con capuchas psicodélicas. Todo mundo se graduó, pero yo tardé como dos o tres años más porque estaba pasando muy bueno. Y fíjate, Andrés nunca fue de pandillas, fue siempre un man muy solitario.

TERCER ROLLO

Y con todo terminé la universidad muy bien. Desde muy jovencito fui clasificado como «High Talent», lo que me permitía, desde los doce años, que me eximieran de gimnasia y me mandaran a la biblioteca. Era buenísimo leer a Thomas Mann mientras fumaba bareta. En el bachillerato, para que veas, quedé de segundo en las mejores notas de todo el colegio.

Cuando anunciaron mi nombre nadie se lo creía, todos soltaron una carcajada. Al salir de la universidad, me dio por trotar y hacer ejercicio, pero me enfermé y el médico me dijo que tenía el cerebro cocinado. En la familia me echaron, «ya, tiene que irse», y me metí a trabajar a una agencia grandísima de publicidad, donde ganaba buen dinero, imagínate, uno bien vago y con una cantidad de plata. Y al final me echaron porque en un coctel de la empresa mezclé barbitúricos con wiski y me tosté. Volví a la universidad, pero ya no conocía a nadie, todos mis amigos y conocidos ya se habían ido. Me di a deambular por aquí por allá, hasta que me fui cansando de esa mierda. Cuando quedé sin parche y sin trabajo en ese momento empezó Caliwood y bueno, hermano, algo había que hacer. Arranqué escribiendo guiones con Fernando Vélez, uno de los camarógrafos de Agarrando pueblo, iba por ahí a las filmaciones. Estuve en Pura sangre, quince días de claqueta y me aburrí, la dejé ahí y la cogió Sandro Romero Rey. Me fui llenando de guiones y en ese momento aparece Focine con sus concursos y de una me gané tres cortos y después un largometraje, Píntalo de negro, pero de malas porque el productor, Guillermo Calle, era el mismo de Víctor Gaviria y decidió metérsela toda a Rodrigo D. Cuando ya estaba reuniendo la plata para hacer mi película, se acabó Focine. Mi primer rodaje fue un súper 8, sobre lo único que yo podía hablar y escribir, peperos haciendo locuras. se llamaba Pepo y Cuarto, obviamente de peperos. Un amigo se la llevó a Europa y eso desapareció. Después hice Valeria, con el mismo tema, tenía una novia francesa y a partir de un sueño suyo hice este mediometraje en 16 mm con gente de Cali, Karen Lamassonne, Alejandra Borrero, Sandro Romero, Luis Ospina. Es casi que un documental de esa época. La verdad es que es muy desordenada y yo no tuve mucho control sobre ella. El contrato con Focine me obligaba a trabajar con profesionales y la gente que acababa de hacer Carne de tu carne terminó la película y se vinieron a trabajar conmigo. Sabían más que yo. Felipe Aljure fue mi asistente de dirección, que venía de estudiar cine en Inglaterra. A mí se me ocurría un plano y a él se le ocurrían treinta mejores que el mío, todos. Claro, no tuve ninguna autoridad sobre lo que se estaba haciendo. Finalmente, la película fue más de ellos. Rodada en medio de la locura y de la rumba, ellos tiraban cocaína y yo barbitúricos, o sea, químicamente no nos entendimos. Cuando la vi dije, esto no es mío, empezando porque el editor era Luis Ospina.

Yo soy otro (Oscar Campo, 2008)

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Después hice La leyenda de Juan Máximo Gris en la época en que Mayolo estaba en pleno gótico tropical. Yo me inventé una historia a partir de un bisabuelo mío dizque médico francés, que realmente era un bandido, un Juan Tenorio vampiro que llega al Valle del Cauca, seduce a las chicas y todas mueren de la enfermedad del sueño. Es la época en que salió Nosferatu. De ahí me llamaron de Univalle para unas clases de guion y aparece Telepacífico ofreciéndome un espacio; me inventé la serie Rostros y rastros, el piloto fue Ojo y vista: peligra la vida del artista de Luis Ospina. Manejé el programa durante tres años y ahí metí a toda la gente de cine. Eran tres días de filmación y tres de edición. Se armó un parche muy bacano que incluía cineastas, estudiantes e investigadores. Ahí hice El ángel subterráneo y Recuerdos de sangre, sobre «los pájaros» del norte del Valle, unos viejitos como de ochenta años que querían hablar sobre la época de la violencia. Se pasaba los jueves a las 7 de la noche y tenía mucha audiencia. Recuerdos de sangre lo codirigí con Astrid Muñoz. Tuvo que reeditarse porque recibí amenazas. Uno de los manes entrevistados me mostró las cicatrices, decía que lo habían torturado, lo habían envuelto en alambre de púas y colgado al pie del río Cauca le dieron garrote, muy herido con esas púas enterradas lo arrojaron al río y logró salvarse. Saqué un promo al aire y resultó que el man que le había hecho la cagada era en ese momento senador de la República, que me llama y me dice: «Si usted saca eso, se mete en un problema conmigo». Nos vimos obligados a reeditarlo. Aun así, a pesar de la parte censurada, nos ganamos el India Catalina. Estamos hablando del final de los años ochenta, cuando estaban exterminando a toda la gente del M-19 que se había entregado. A cuenta de los Vengadores Anónimos, llegaban a las fiestas gay a tirar gases lacrimógenos y a acribillar a todos, noches en que llegaron a aparecer como treinta indigentes asesinados, años del exterminio de la Unión Patriótica. Todo el horror estaba ya instalado ahí. Yo dirigía Rostros y rastros, pero había temas que no me dejaban tocar porque era un peligro ¿Quiere hacer treinta programas más o solo uno y aparecer en las noticias? Entonces claro, las películas que hicimos no eran tan beligerantes como la época necesitaba. Debemos reconocernos mucha cobardía. Yo recuerdo que un día llegué a un jardín de Univalle y allí vi tres crucecitas, después eran diez, después veinte, cuarenta, setenta cruces. Eran muchachos del M-19 que los iban matando. Al final aquello era como un cementerio de cruces.

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Terminé después de tres años la serie en Telepacífico y a tirar juicio, me fui a Univalle a manejar las áreas de estructuras para guion: ficción, documental y experimental. Nosotros comenzamos a hacer cosas en 1988, después de veinte años hemos sostenido una experiencia de producción y experimentación en el tiempo. La acumulación de experiencia en este país es casi imposible, no sé si recuerdas en Memorias del subdesarrollo donde se plantea que el problema del subdesarrollo es que la gente no tiene la posibilidad de crecer porque no acumula experiencia. Aquí en Univalle se posibilita eso, hay un espacio, hay una plata, hay equipo, haga documentales, dé clases, lea, estudie, investigue. Por eso me gusta el medio universitario. En Cali estaba metido en un ambiente de profesores que leían mucho, estaba Estanislao Zuleta, un Jesús Martín Barbero. Era como estar en una pista con atletas de alta competencia y de pronto todos tus amigos o están en la cárcel o están muertos, la gente del cine se ha ido. Y empieza ese declive de Cali en los noventa. Algunas veces iba a Bogotá y me contrataban para hacer cosas culísimas. Una vez me contrataron para escribir sobre un personaje que tenía un cerdo como mascota y yo les dije, no, no joda, yo no puedo escribir sobre un man que tiene un cerdo de mascota, eso es de campesinos, yo no soy campesino. Para mí, ir a Bogotá era como ir al campo. Sí, en Bogotá se movían haciendo telenovelas, pero mientras tanto, aquí en Cali, nosotros estábamos haciendo cosas de avanzada, anarcas, de laboratorio, videoarte, videoclips. Cali, que en los setenta llegó a ser la capital cultural del país, quedó desierta, completamente destruida en la década de los noventa, lo mismo Medellín. ¿Qué había pasado? Que surgen dos empresas terribles: el narcotráfico y la guerrilla; casi toda mi generación se embarcó en eso. ¿Qué hicimos nosotros? Anestesiarnos para aprender a matar, la gente se drogaba preparándose para todo el horror que iba a venir después. La droga exige cierto tipo de personas, endurecidas, sin muchos sentimientos a la hora de realizar cosas. Fuimos los peones de brega de esas dos industrias.

A mí lo que me gusta es enfrentarme a un personaje y destruirlo frente a la cámara. Destruirlo quiere decir que todo aquello que esconde logre aflorar. Algo así me ocurrió en El ángel subterráneo, la filmación fue realmente una tortura para el protagonista, porque claro, él tiene cinco personalidades encima que pugnaban entre ellos mientras le hacíamos la entrevista al hombre. Había un personaje fantasma que era quien más lo torturaba, cuando comenzaba a joderlo él salía huyendo de cámara. Sin embargo, logré que me dijera cosas por las cuales, los otros personajes que él tenía dentro, después lo iban a torturar. Ese personaje fue clave porque con él entendí el funcionamiento de mi cerebro. Te confieso que en Yo soy otro me robé los planos de todas las películas que me gustan. Todo lo que hay ahí es robado. Mi estética es la de ser un collage. Hago collages todo el tiempo. Mis películas son robos. ¿Cuándo me siento feliz? Cuando encuentro alguien a quien robarle, cuando me produce envidia. Soy terriblemente envidioso. Envidio a los hermanos Cohen, envidio a David Lynch, a Brecht, a Tarkovsky, a Bela Tarr, a Scorsese. Me gusta el fragmento Me gusta el plano que no encaja con el siguiente Me gusta mucho Eisenstein Me gusta Godard Me gusta el trabajo con el lenguaje Me gusta Alexander Kluge Amo a Clara y a mi gata negra. Me gustan las calles ardientes, pero odio cuando cae la noche y llega la gritería de los grillos como millones de almas condenadas.

THE END

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Pero bueno, volvamos al cine. Te digo que hay ahora dos tendencias en el documental muy fuertes, una es fenomenológica, realista, y otra que tiene que ver con el ensayo, antinaturalista, muy en la línea de Brecht, cine marxista, psicoanalítico, filosófico. Mi película Yo soy otro la hice más cercana a esto último, ensayo distorsionado a través del surrealismo.

Te confieso que en Yo soy otro me robé los planos de todas las películas que me gustan. Todo lo que hay ahí es robado.


ESCENA REGIONAL

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LA ESFERA

TEATRO Y UN QUIJOTE PAISA Por: Iván Zapata R.

MEE: ¿Quiénes lo integran actualmente? GVV: Actualmente La Esfera-Teatro está integrada por Carlos Guisao, Nataly Montoya, Fernando Mesa, Gilma García, Angélica Salazar, Fredy Monsalve, Miagros Belisario Caldera, John Jairo Monsalve, Juan David González y Gustavo Valencia como director.

MEE: ¿Cuáles son los planes a corto y mediano plazo tiene el grupo? GVV: A corto y a mediano plazo nuestro trabajo se concentrará en la realización de los festivales departamentales de teatro y danza-reinado del folclor y continuar con los semilleros infantiles y juveniles en el municipio. MEE: ¿Cuál considera es el mayor logro del grupo?

Hace 46 años, en San Roque, ese municipio del Nordeste antioqueño, más conocido como «La Tierra de la Cordialidad» —por la hospitalidad de sus habitantes—, nació en medio de los trapiches paneleros La Esfera – Teatro, gracias al tesón y el empuje de un hombre persistente y resistente, como tantos hombres y mujeres de teatro que habitan los municipios de Antioquia y que, con su callada y poco apoyada labor, permiten que el teatro se mantenga vigente en el departamento. Gustavo Valencia Valencia es uno de esos hombres que con las uñas se inventa un nuevo número de prestidigitación y saca de su sombrero, para todos los sanrocanos, cada año, un Festival Departamental La Esfera-Teatro de Provincia. Este año es la XXXV edición de este acto de magia. Gustavo es todo un personaje en su pueblo; sobre él escribió Carlos Guisao Molina: «Es comprender a Gustavo y su amor profundo por contar la esencia de lo que somos. Es descubrir que detrás de él hay un estilo narrativo propio que seguramente lo aprendió en su juventud mientras leía a Carrasquilla, a García Lorca, a Casona, a Sófocles y entre otros, al mismísimo Molière. »Obras inéditas, personajes creados especialmente para el presupuesto artístico de La Esfera y adaptaciones bien logradas de los grandes clásicos del teatro universal, muestran a un Gustavo dedicado a

las letras; a aquellas que escuchábamos nacer en su agotada máquina de escribir, generalmente a media noche a través de la ventana de su casa. »Almas en pena, El mal de moda, Un ángel vestido de harapos, Las cinco medallas, El gamonal y La forastera —esta última, para desgracia de quienes nos suceden, perdida en el maremágnum de ajenas intensiones—, son sus principales creaciones en las que pinta nuestra idiosincrasia tal y como somos».

MEDELLÍN EN ESCENA: ¿Cómo y cuándo nace la Esfera Teatro? GUSTAVO VALENCIA VALENCIA: El 31 de mayo de 1974 con la finalidad de dar rienda suelta a mi afición por el arte dramático y la escritura, e impulsado por una profesora de la Normal Superior de San Roque, conformamos un grupo con diez jóvenes alumnos de la Normal con los que se hizo el montaje de Amargas lágrimas dulces, de mi autoría, presentado en el homenaje a las madres que la institución educativa organizaba en mayo de cada año. Fue tanto el éxito de la puesta en escena que decidimos conformar un grupo de teatro con el nombre La Esfera-Teatro, con el propósito de darle vida cultural permanente y propia a San Roque; lo que hemos hecho hasta ahora.

GVV: Permanecer vigente durante 46 años con el reconocimiento local y departamental sobre nuestro quehacer cultural en los múltiples proyectos que ha desarrollado La Esfera-Teatro durante todos estos años.

MEE: ¿Y la mayor frustración? GVV: En San Roque hay mucha cultura teatral, pues el teatro se llena en todas las funciones, más en los festivales de teatro, pero desde hace diez años para acá es muy difícil contar con nuevos actores, tanto, que es necesario salir a buscarlos: personas que por tono de voz, expresión facial y corporal y disponibilidad de tiempo, responsabilidad y buena voluntad son reclutados, si así se puede decir, actores naturales que hay que trabajarlos con paciencia y vocación. Pero que resultan siendo buenos actores. Esa es nuestra principal frustración: no tener un grupo de planta estable y permanente en el tiempo. MEE: ¿Cuál es su visión del movimiento teatral en las regiones de Antioquia? GVV: En el Nordeste, buena; en el Magdalena Medio, regular; el Norte, bueno; en el Suroeste, buena; en el Occidente regular; en el Oriente, muy buena; Bajo Cauca, regular, y Urabá, floreciente. En síntesis, los grupos de larga trayectoria y de constante quehacer escénico, según mi percepción, se han mantenido en el tiempo garantizando, por tanto, que el teatro siga vigente.

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Por el camino de

Dionisos Átropos, conversatorio del teatro griego. Casa de Teatro de Medellín, Biblioteca Gilberto Martínez.

¡Ya tomad posesión de vuestra morada subterránea; allí tendréis ofrendas y los vetustos ritos y las sagradas víctimas sin par! ¡Y el pueblo todo a una voz aclame! Euménides, Esquilo. No es el espíritu de Dios el que pasa: es solo el suspiro agudo; para el pueblo y el verdugo; de la pecadora moribunda, que espera una inesperada ayuda, o el morir y ser enterrada, cosa que se nos ha avisado le ha sido negada y negado. Que su cuerpo golpeado y mutilado sea colgado de las barandas de las casas donde se alojan los vencedores para escarnio y aviso. Aquí se ensaya Antígona, Gilberto Martínez.

Gozosos de que el teatro griego clásico esté presente desde el siglo V a. C., Átropos invita a la comunión con héroes, dioses, hombres y mujeres protagonistas de tan excelsas obras. En honor al dramaturgo, actor, director e investigador Gilberto Martínez Arango, Átropos, fue fundado por Daniela Castaño Molina, en Casa del Teatro de Medellín y su Biblioteca el 5 de febrero del 2019, con el objetivo de realizar un acercamiento al sentido trágico, a través de la lectura de la tragedia griega clásica.

de la humanidad, tomando como ejemplo las considerables versiones de Antígona, Las Troyanas y Electra; además de estas adaptaciones teatrales se han presentado versiones cinematográficas, como es el caso del guion de Edipo Alcalde, en 1996, escrito por Stella Malagón y Gabriel García Márquez. Cada vez que la tragedia griega clásica se actualiza, independiente del formato artístico, denuncia el contexto social que se traduce en la actualidad manteniendo las mismas preocupaciones desde hace 2500 años.

El grupo es invocado con el nombre de Átropos, una de las tres parcas de la mitología griega; divinidad que se encarga de cortar el hilo del destino, dado que la tragedia griega invita a reconocer la reafirmación de la vida con la muerte y la caída del héroe. Aristóteles afirma que los héroes poseen una falla intelectual que no les permite reconocer todas las consecuencias de sus decisiones y las posibilidades entre ellas, lo que conduce al padecimiento de la hybris o desmesura; por lo tanto, esta naturaleza de lo trágico pertenece a la condición humana.

Átropos se ha convertido en un espacio en el que sus integrantes han fusionado sus quehaceres con la lectura, el análisis y la reflexión de la literatura griega clásica desde una mirada interdisciplinar, confrontando opiniones e imaginarios a través del contexto particular de las obras en discusión con las acciones, los pensamientos y las posturas actuales, hallando lazos que unen las historias griegas del teatro en sus adaptaciones modernas. Desde Grecia nos acompañó en una de las secciones la directora, actriz y dramaturga Georgina Tsangaraki, quien ha hecho adaptaciones de algunas tragedias griegas clásicas. En la literatura colombiana encontramos, por ejemplo, La sembradora de cuerpos, obra que actualiza el conflicto sofocleano de Antígona, del autor Philip Potdevin, a quien tuvimos también como invitado. Asimismo, hemos compartido nuestro espacio con el semillero de investigación de Estudios Antiguos de la Universidad

Una de las características que hace posible la vigencia del teatro griego clásico como representación y fuente de adaptaciones es el hecho de que estas exponen inquietudes que están inscritas en el corazón

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Católica Luis Amigó, y el Grupo Kinoks, organizador del foro Stoa de filosofía del Carmen de Viboral. En el acogedor espacio de la Biblioteca Gilberto Martínez —ágora propicia para el debate— se realizan los encuentros semanales entre alimentos y lecturas. Allí nos reunimos como héroes que buscan curar la hybris entronizados a Dionisos, padre del teatro. Inspirados en la figura de Ulises hemos perseverado en nuestro ágape; a pesar de las peripecias seguimos con nuestra mirada fija en Ítaca, deseando que Átropos se consolide como un centro de estudios. La poética griega clásica genera catarsis en el alma junto con los acontecimientos propios que se entremezclan en las sensaciones que produce el teatro. Extendemos la invitación a todas las personas interesadas, independiente de su condición académica o social, para compartir en Casa del Teatro Medellín, junto a Átropos, la celebración del teatro que unifica lo mistérico y lo humano para construir reflexiones frente a la vida y la sociedad. Átropos continúa actualmente reuniéndose de forma virtual dada la emergencia sanitaria. Para más información, escribir al correo atroposclubdelectura@gmail.com. Escrito por los miembros de Átropos.


ESCENA NACIONAL

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LA

ASAB

DESDE LA TRAS-ESCENA Por: Sandro Romero Rey ¿Existe una metodología académica precisa para enseñar a actuar? ¿Es posible aprender a dirigir teatro? ¿Se puede construir una ética de los artistas desde la academia? Estas preguntas saltan todos los días entre todos los miembros del Programa de Artes Escénicas, Facultad de Artes-ASAB, de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, de Bogotá. He sido profesor de la institución desde 1992, y desde el año 2015, tras realizar mis estudios doctorales, soy coordinador de esta aventura de la creación. La ASAB, tal como se le conoce de manera coloquial, reúne programas de Arte Danzario, Artes Visuales, Música y Artes Escénicas. Empezó siendo la Academia Superior de Artes de Bogotá y hoy es una Facultad de Artes que cuenta con los citados programas de pregrado, sumándole a ellos, cursos preparatorios, el Programa de Reconocimiento de Saberes para colegas que deben homologar su experiencia escénica, el Máster en Estudios Artísticos y el reciente Programa de Estudios Doctorales. En el caso del programa al que le destino algunos de mis mayores esfuerzos, contamos con dos líneas específicas: una para actores y otra para la formación de directores. Durante diez semestres, los estudiantes atraviesan la vida artística con cursos especializados en música, técnica vocal, trabajo corporal, estudios teóricos y talleres integrales, donde los alumnos de actuación prueban sus energías con los alumnos de dirección. Desde las primeras horas de la madrugada hasta altas horas de la noche, nuestros estudiantes deben vivir en función del teatro. La vida y el arte se convierten en un solo asunto. A partir de quinto semestre, comienzan a foguearse con el público y se trabaja, como materia básica, con el texto dramático y los géneros convencionales —comedia, tragedia, tragicomedia, farsa, pieza, obra didáctica, melodrama—. Tienen la posibilidad de tomar cursos de asignaturas electivas de múltiples aspectos —apreciación cinematográfi-

ca, actuación para la cámara, lenguajes posdramáticos, improvisación, entre otros— y, en los últimos semestres, se consolida con prácticas completas de montaje en verso. Para completar, dos experiencias con directores invitados —uno nacional, otro internacional—, externos al programa, donde se pone en tela de juicio todo lo que la formación convencional les brindó. Nuestros egresados son profesionales en distintas partes del mundo; son protagonistas de la actividad teatral, televisiva, audiovisual o de gestión en diversos lugares del país. Y si debo encontrar un denominador común que nos identifique, puedo decir que somos una comunidad que se forma para convertir la creación en una actitud de vida o muerte. Cada semestre, tenemos un promedio de 25 estrenos gratuitos en las principales salas de Bogotá. Y es allí, en el contacto con los espectadores, cuando sabemos a ciencia cierta si tiene sentido o no, el sacrificio de los escenarios. Hasta el momento, al parecer, ya tenemos la respuesta. El 2020, por supuesto, ha sido el año con el desafío más grande de nuestras vidas. Desde que empezó la pandemia, decidimos tomar al toro por los cuernos, antes de que la realidad se nos adelantara: nos virtualizamos. No perdimos tiempo en discusiones previas. Si había que hacer el teatro desde casa, lo asumimos. Las reflexiones, los debates, las críticas o los lamentos los dejamos para desarrollarlos en la mitad del camino. Entre abril y agosto pudimos avanzar con todos nuestros estudios como un laboratorio de emergencia, en el que había que crear desde la distancia. Nuestros estudiantes y profesores, nuestros técnicos y nuestros asistentes están en Riohacha y en Cusco, en Cali y en Medellín, en Suba y en Bosa Laureles. Desde nuestras trincheras familiares hemos traicionado nuestro oficio, para que ese mismo oficio no se extinga. Y, al menos en este semestre, lo hemos logrado. 360 estudiantes haciendo teatro desde las 6 de la mañana hasta la medianoche pensando, reali-

zando, editando, equivocándose, corrigiendo. La nueva generación que estudia artes escénicas pertenece a eso que se ha dado a llamar «los nativos virtuales». Así que lo que hacen a diario en sus redes sociales lo ponen al servicio de la creación artística. Y así se han montado textos de Fernando Pessoa, García Lorca, Emil Cioran, Ernesto Sabato, Edgar Allan Poe o de dramaturgia nacional. Una plataforma de acceso gratuito soporta nuestros trabajos de fin de semestre y, mientras los teatros están cerrados, hemos decidido optar por un nuevo modelo de creación transitorio. Los montajes de grado los realizaron dos videoartistas que se han integrado sin problemas a las exigencias del teatro. Y lo han logrado. Ya no solo pensamos en el espacio escénico sino en el ciberespacio. Alguna vez le dijeron a Bertolt Brecht que lo que él hacía no era teatro. A Brecht no le importó y decidió que, si querían, lo llamaría «taetro». Somos conscientes de que lo que estamos haciendo no tiene que ver con las artes presenciales. Pero, en última instancia: ¿qué es lo que nos mueve para dedicarnos al arte? ¿No se trata de inventar formas, de recurrir a insólitos procedimientos? ¿No se trata de atreverse a fracasar, como lo dictaminaba Samuel Beckett? En mi generación, nos subíamos a las tablas pensando en el futuro. Hoy, nos hemos visto obligados a luchar por el presente, por el día a día, por aferrarnos a herramientas «enemigas» y ponerlas de nuestro lado. Así lo hemos sentido en los 26 montajes que estrenamos en el primer semestre de 2020 y nos preparamos a fondo para los agotadores exámenes de admisión, por primera vez virtuales en nuestra exigencia. A los estudiantes que ingresaron este año no los conocemos: los vemos a través de una pantalla. Ellos aceptaron el reto y nosotros les damos todas las herramientas esperando que la vida recomponga sus asuntos. Mientras tanto, aplaudimos solos frente a nuestros ordenadores.

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ESCENA LOCAL

PATIO DE BUTACAS

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ESCENA LOCAL

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El lugar del otro que atisba hoy está vacío, lejano recuerdo ¿El espectador rumia aún las palabras de un personaje? no puede olvidar su vínculo sagrado, se acabaría el rito Y mientras la infección avanza actores y actrices se pasean por los escenarios como blancos fantasmas soñando los tiempos de la creación antes del último aplauso. J.J.G.

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DIRECTORIO DE SALAS ASOCIADAS Teatro La Sucursal Cra. 42 54-50 Centro - 4993087 plataformacultural@gmail.com

Elemental Teatro Cra. 42 44-46 Centro - 2176375 teatroelemental@gmail.com

Canchimalos Cl. 47DD 88 - 24 Santa Lucía - 448 97 40 culturacanchimalos@gmail.com

Casa Clown Cra. 44 69-71 Manrique - 2116570 colectivoinfusion@gmail.com

La Polilla Cl. 23 76-85 Belén - 3433627 info@lapolilla.org

Agité Teatro Cl. 52 39A -30 Centro - 2280361 agiteteatro@gmail.com

Matacandelas Cl. 47 43-47 Centro - 2151010 matacandelas@matacandelas.com

Barra del Silencio Cl. 45C 75-151 - Velódromo - 4135583 barradelsilencio@gmail.com

Caretas Cra. 126B 61A-71 San Cristóbal - 4270698 caretas@une.net.co

Nuestra Gente Cl. 99 50C-38 Santa Cruz - 2580348 nuestragente@une.net.co

Vivapalabra Cl. 55 43-63 Centro - 2396104 corporacionculturalvivapalabra@gmail.com

Oficina Central de los Sueños Cra. 43 52-50 Centro - 2394179 comunica.oficinacentral@gmail.com

La Fanfarria Cra. 84 42C-54 La América - 2509230 fanfarria@une.net.co

Ziruma Cl. 64 39-18 Villa Hermosa 2843462 arte-ziruma@hotmail.com

Teatro Popular de Medellín Cl. 48 41-13 Centro - 2166262 teatrotpm@une.net.co

CasaTeatro El Poblado Cra. 47B 17BSur-30 poblado - 3211100 info@casateatropoblado.org

Circo Medellín Cra. 53 30A-155 Cerro Nutibara - 2652369 info@circomedellin.com

Carantoña Cra. 75 24-47 Belén - 3434022 corporacioncarantona@gmail.com

Casa del Teatro de Medellín Cl. 59 50A-25 Prado Centro - 5017170 administracion@casadelteatro.org.co

www.medellinenescena.com


NOTAS EN ESCENA

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Festival Internacional de Títeres La Fanfarria El XXIX Festival Internacional de Títeres La Fanfarria (Fitif) promueve y estimula el intercambio cultural a través de la circulación de artistas locales, nacionales e internacionales, hecho que contribuye al aprendizaje colectivo y la interacción de diversas propuestas técnicas, musicales y dramatúrgicas. Esta edición, por efectos de la pandemia generada por la Covid-19, nos forzó a hacerlo de manera virtual y nos obligó a cambiarle su fe-

cha tradicional de abril-mayo para octubre-noviembre, pensado que en esa época volveríamos a la presencialidad, pero no será posible. Este año nos acompañarán 13 grupos de España, Brasil y Costa Rica, y por Colombia de Bogotá, Pasto, Urabá, San Carlos, Jericó y Medellín. Te invitamos a conectarte, compartir, escribirnos y apoyarnos en nuestra página de Facebook: Corporación La Fanfarria, a través de los Facebook Live.

TALLER DANZA DEL FÉNIX “RAÍZ Y FRUTO, UN CAMINO HACIA TU ESENCIA” Casa del Teatro de Medellín te invita a danzar con tus arquetipos “Madre Tierra” y “Niño mágico”, a través de la Danza del Fénix, abriendo un espacio para el amor incondicional y el infinito potencial creativo de tu esencia. En este taller exploraremos estos arquetipos a través del movimiento consciente, la danza meditativa y terapéutica, técnicas de danzas ancestrales y el yoga, con el objetivo de despertar estos recursos creativos y de abrazo interno, que nos permiten liberarnos de patrones de comportamiento y pensamiento aprendidos que bloquean nuestra creatividad.

XXIX FESTIVAL INTERNACIONAL DE TÍTERES LA FANFARRIA 20 de octubre a 9 de noviembre a través de

Dictado por Alejandra Lehmann, Máster en Dirección de Cine (Universidad Ramón Lull, Barcelona). Comunicadora Audiovisual (UCM). Profesora de Hatha Yoga certificada por la Escuela Sivananda de Madrid. Profesora de Danzas ancestrales y facilitadora de terapias corporales con 15 años de experiencia. Creadora del método Danza del Fénix. Domingo 20 y 27 de septiembre de 2020 Hora: 10:00 am a 2:00 pm Plataforma: Zoom, link privado Más información: 319 7297209 comunicacionescasadelteatro@gmail.com

GRUPOS INVITADOS: Cia Trucks de Brasil, El Silfo de España, Contraluz de Costa Rica, La Libélula Dorada, El Castillo del Gato y Sol o Burbujas de Bogotá, La Comarca de Pasto, Corporación Cultural Camaleón de Urabá, Teatro Tironeta de San Carlos, Teatro de Títeres Sol y Luna de Jericó, Edgar Gutiérrez y sus Títeres, Jabrú y La Fanfarria de Medellín. WhatsApp: 316 456 87 32 / www.lafanfarria.com / teatrofanfarria@gmail.com / Facebook: Corporación La Fanfarria

CARETAS ESTÁ DE FESTIVAL . 13 FESTICOLORÍN COLORAO…, este cuento ha comenzao . Del 16 al 26 de octubre de 2020 Son 30 funciones y la “Exposición: El Títere a la escuela” un recorrido por las técnicas y manejo del teatro de Títeres la cual está a cargo de los titiriteros Rodolfo Gómez y Lelis Sierra de la entidad organizadora. La cual desarrolla esta investigación para difusión y conocimiento sobre el quehacer titiritesco a las nuevas generaciones. Son 15 los invitados los cuales harán la delicia de niños y niñas con historias maravillosas y creativas: Títeres Arlequín de Cúcuta, Titirimito de Cali, Títeres La Zotea de Piedecuesta, Títeres de Lucila Chica de Barrancabermeja, Títeres Mamarrachos de Cartagena, Canti-Ando la fusión de Música con los

artistas de la Guajira y Bogotá, el cuentero de Cuba Joel Sánchez, Teatro el Telón de Barraquilla, y por Medellín: Títeres Pertrechos, Títeres Caretas, Títeres sol y luna, Títeres Camaleón, y las cuenteras Adriana Mejía, Katerine Pombo y Lelis Sierra. Evento apoyado por el Ministerio de Cultura Programa nacional de Concertación Cultural, Apoyos Concertados 2020 con la Secretaria de Cultura Ciudadana Alcaldía de Medellín y Medellín en Escena. Para más información al teléfono 3206257743- 4270698- caretas@une.net.co

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NOTAS EN ESCENA

ÍNTIMA

Estreno Teatro Oficina Central de los Sueños Esta nueva pieza teatral del Teatro Oficina Central de los Sueños, es un Biodrama que combina en su dramaturgia, aspectos significativos de la vida de una actriz de la ciudad, girones de su vida en el barrio, su particular mirada sobre la infancia en la que manifiesta haber tenido una gran libertad y conexión con la naturaleza, la dura adolescencia, el encuentro con una vida de joven liberta, influenciada por la música punk, el furor de las drogas, el amor que se presenta en toda su complejidad existencial, llevándola a una relación tóxica y depresiva, para continuar con el descubrimiento del teatro como un vasto campo de lucha y realización humana. En esta obra se destacan jirones claves de su vida mezclados con facetas de personajes de teatro realizados a lo largo de su estancia en el teatro por más de 13 años de experiencia, que han provocado en ella la decisión de ser artista. De igual manera la pieza no tiene un tratamiento cronológico convencional, va y viene en el tiempo de manera lúdica. Es una obra donde el universo sonoro amplía y da significación a los “momentos, el trabajo con la danza es para ella, una apuesta a un teatro in-

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tegral, las coreografías son inspiradas en momentos cruciales, rupturas, cambios y deseos oníricos y que esta obra propone como reto estético y narrativo. La idea plástica es un espacio subliminal, aséptico, con algunas estructuras inspiradas en la obra de Alexander Calder. Finalmente cabe destacar que parte de la dramaturgia es realizada por la propia actriz, que tiene gran inclinación a la escritura y que ahora busca proyectarse en este campo. VIERNES 4 DE SEPTIEMBRE DE 2020 8:00 P.M. / YOUTUBE Teatroofcentral Actuación: Natalia Martínez Ospina Luces y sonido: Felipe Castrillón Escenografía (Diseño): Felipe Castrillón Carlos Ríos Asesoría Danza: Cynthia Shmulkovsky, Andrés Castañeda Asesoría musical: Bryan Bedoya, Carolina Restrepo Dramaturgia: Natalia Martínez, Jaiver Jurado Dirección: Jaiver Jurado Giraldo


NOTAS EN ESCENA

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VIRTUAL

Del 4 al 12 de septiembre de 2020

9° FESTIVAL VAMOS A TEATRO El Teatro Oficina Central de los Sueños se complace en lanzar la novena versión del FESTIVAL VAMOS A TEATRO. Durante las últimas 8 versiones, se ha logrado construir una importante plataforma de circulación de artistas locales, regionales y nacionales de las artes escénicas, centrando su actividad en la comuna 10 La Candelaria, en pleno centro de la ciudad de Medellín. Con VAMOS A TEATRO se ha logrado la participación de más de 12 salas de teatro de Medellínen donde han circulado los grupos invitados, y además se han unido al festival unas 10 entidades culturales de la comuna 10 - La Candelaria en forma de Red. En estos 8 años han participado alrededor de 1200 personas y hemos realizado alrededor de 80 eventos.

Arriba: Teatro La Candelaria de Bogotá / Abajo: Gorcy Edú de Guine Ecuatorial

VAMOS A TEATRO es un evento esperado, todos los años en especial por los jóvenes y estudiantes que ven una opción de arte, cultura y esparcimiento. Su carácter de abarcar distintas artes

escénicas le brindan públicos diversos. Para esta versión, las redes sociales se llenarán de teatro, con 25 funciones, talleres, conciertos, grupos internacionales, nacionales, regionales y locales. Entre los grupos internacionales se presentará Tejido Abierto de Argentina y Gorsy Edú de Guinea Ecuatorial. Los grupos nacionales invitados son el Teatro La Candelaria de Bogotá, y Actores en Escena, de Manizales. También nos acompañan Teatro Escena 3 de Copacabana y La Tartana de Itagüí representando a los grupos regionales. El circuito de salas de teatro que nos acompaña en esta novena versión son: Agité Teatro, Teatro Matacandelas, Teatro Popular de Medellín, Elemental Teatro, Pequeño Teatro, Casa del Teatro de Medellín, Teatro Pablo Tobón Uribe, Teatro Oficina Central de los Sueños, Teatro La Sucursal.

Habrá talleres para todos los gustos e interese, como el Taller de escritura teatral impartido por el maestro Henry Díaz Vargas, Taller artesanal de pintura y decoración por Cindy Viviana Rojas y el Taller Los colores de la voz por la actriz Lina Morales. Cerraremos esta edición del FESTIVAL VAMOS A TEATRO con una VERBENA Y CONCIERTO con los artistas Jader Clown. Azúcar Canela y clavo. Compañía Flamenca de Medellín. Jerson Herrera y Alejandra Cardona. Tango Show “Ecos de Amor”. Cuentero Cosiaca. Concierto Son Cubano. Músicos Oficina Central de los Sueños Ver toda la programación en: http://teatrooficinacentral. com/programacion/ Encuéntranos en nuestras redes sociales Twitter: @teatrooficina Facebook: Teatro Oficina Central de los Sueños Instagram: @teatro.oficinacentral

Sexto Encuentro Sainetiando DIÁLOGOS DE LA MEMORIA EN FIESTAS POPULARES Del 1° al 7 de septiembre de 2020 Charlas, diálogos, rueda de negocios, funciones de sainete. Con invitados especiales de las diferentes fiestas populares del país: Carnaal de Barranquilla, Carnaval de Riosucio, Carnaval de Pasto, Carnaval de Cali Viejo, Fiestas Populares en La Tebaida, Fiestas Populares en Boyacá. Facebook live @teatrobarradelsilencio

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