Periódico Medellín en Escena No. 72

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Periódico

Órgano Informativo de la Asociación de Salas de Artes Escénicas de Medellín. Edición n.° 72 - Septiembre de 2021 - 6.000 ejemplares - Distribución gratuita


Periódico Medellín en Escena

EDITORIAL

SUMARIO 3 .......................................

ENTREVISTA Lucía González

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FESTIVAL DE TEATRO COMFAMA SAN IGNACIO Ese bien público llamado Teatro

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ESCENA INTERNACIONAL Festival de Teatro Comfama San Ignacio

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.................................. ESCENA NACIONAL Y LOCAL Festival de Teatro Comfama San Ignacio

Ha concluido la 17 Fiesta de las Artes Escénicas de Medellín, la respuesta dada por la Secretaría de Cultura Ciudadana a los medios de comunicación, la ciudadanía y en especial a la Asociación de Salas Medellín en Escena fue:

Nada

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.................................. PROGRAMACIÓN Festival de Teatro Comfama San Ignacio

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Vacío Ausencia

Importante: El público participó de la protesta simbólica, acudiendo a los teatros en la Teatrón y acuñando la frase: ¡AQUÍ HABÍA UNA LINDA FIESTECITA! ¡Nos vemos en la 18 Fiesta de las Artes Escénicas de Medellín y, si no es posible, nos veríamos en el 2024, si ellos dejan y quieren!

Apoyado por el Ministerio de Cultura Programa Nacional de Concertación Cultural

IN MEMORIAM Manel Dalmau Etxalar

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.................................. EL AMOR EN LA DRAMATURGIA DE GILBERTO MARTÍNEZ ARANGO

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.................................. NOTAS EN ESCENA

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.................................. IN MEMORIAM Jaime Jaramillo Escobar

ASOCIADOS: Agité Teatro, Casa Clown, Casa Teatro El Poblado, Colectivo Teatral Matacandelas, Corporación Artística La Polilla, Corporación Artística Ziruma, Corporación Carantoña, Corporación Caretas, Corporación Casa del Teatro, Corporación Cultural Canchimalos, Corporación Cultural Nuestra Gente, Corporación Cultural Vivapalabra, Corporación La Fanfarria, Elemental Teatro, Fundación, Teatro Barra del Silencio, Teatro Oficina Central de los Sueños, Teatro La Sucursal, Teatro Popular de Medellín. JUNTA DIRECTIVA: Teatro Oficina Central de los Sueños, Elemental Teatro, In-fusión Teatro, Corporación Artística La Polilla, Corporación Caretas. DIRECCIÓN ADMINISTRATIVA: Ana Cecilia Hernández Gallego. REVISOR FISCAL: Darío Calderón. CORRECCIÓN DE ESTILO: Catalina Trujillo CONSEJO EDITORIAL: Cristóbal Peláez, Yazmín González, Jaiver Jurado, Ana Cecilia Hernández G. COORDINACIÓN EDITORIAL Y DIAGRAMACIÓN: María Fernanda Hernández. COMUNICACIONES: María Fernanda Hernández. ISSN FOTOGRAFÍAS: Lina Castaño. Alfonso Sánchez. Fotos cortesía. PORTADA: FTCSI CONTACTO: periodico@medellinenescena.com.co www.medellinenescena.com.co


ENTREVISTA

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La vida es la

mentira el teatro la verdad Por Angélica Cervera Aguirre

Me acuerdo que la paloma intenta escapar y yo escucho su aleteo a pesar del ruido aturdidor de las explosiones Venía como un proyectil Y venía hacia mí. Entonces la paloma vuela así velozmente y se interpone entre el artefacto y yo. Y pues le da. Y todo el mundo empieza a decir: ¡Le dieron, le dieron! Y yo veo como un hilo de sangre que se va convirtiendo en un charco, y yo me tiro al suelo para salvarla. Y entonces caían, caían y caían gases al lado de la paloma que solamente quería volar. Pero le volaron la cabeza contra el suelo de la calle 19 con 4.ta. Entonces escucho palomas que lloran, que gritan porque estaban marchando pacíficamente en un cable de alta tensión en el centro de Bogotá. Y de pronto todos, todos los estudiantes de la universidad empiezan a chiflar al primíparo que se acaba de caer en el suelo, en el campus, para darle respiración boca a boca a una paloma. ¡Una ambulancia, una ambulancia! Y yo pienso: Yo si soy mucho primíparo. Solo me acuerdo de eso. Johan Velandia.

La Mona siempre es amorosa en el saludo, abraza con cada gesto hacia el otro. Abrir conversaciones con ella es añorar tertulias en la bohemia. Es de esas —pocas— personas que se mantiene al margen del mutuo elogio, de la «sociedad del espectáculo», como lo define Guy Debord. Por el contrario, es precisa y sincera con las palabras. Es real —del retorno de Hal Foster—. Lucía González conforma el grupo de los once comisionados de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, que busca establecer las causas explicativas del conflicto armado del país mediante un proceso de participación

amplio de todos los actores vinculados, que permita sentar las bases de una construcción de paz. Entre sus líneas están la investigación, la cultura y la comunicación, para mostrar esos hallazgos, para contar de otras maneras —diferentes al informe final que se presentará en noviembre— cuáles fueron las razones de nuestra violencia reciente. Y en ese camino aparecen el Festival de Teatro Comfama San Ignacio (Medellín) y el Festival Internacional de Teatro de Manizales, como lugares donde convergen las necesidades de expresión, de narrarnos, de mirarnos y de incomodarnos. De entender qué sucedió y qué podemos hacer al respecto. Escenarios donde seremos público y protagonistas, donde estas tres entidades se juntan para mostrarnos que la vida es la mentira y el teatro es la verdad. Cinco actos componen esta alianza que a la vez es una búsqueda. Lucía nos da la dramaturgia.

La cultura como causa, circunstancia y medio

Desde la Comisión nos preguntamos cuáles son los asuntos de la cultura que han hecho que el conflicto armado se haya instalado en Colombia, se haya anclado y desarrollado de manera tan cruenta, y que haya sido tan difícil disolver la guerra, pararla. El correlato de esa primera pregunta o línea de investigación es qué de la cultura les ha permitido a las comunidades, a las personas, a los colectivos y organizaciones oponerse, resistir a esa guerra.

La segunda pregunta es: ¿cuáles han sido los daños que la persistencia de la guerra le ha hecho a la cultura? En el sentido amplio de la palabra, la cultura de las relaciones, los valores, los principios, los modos de estar en un territorio. Esas transformaciones culturales negativas, pero también cómo a pesar de la guerra y en medio de ella el país ha desarrollado instituciones, valores, aprendizajes. Y la tercera línea es el valor de las prácticas artísticas y culturales en medio del conflicto armado, y cómo han servido para nombrar lo innombrable, hacer visible lo invisible, levantar la voz, fortalecer comunidades e identidades para sanarse. Tantas cosas que ha hecho el arte en medio de esta pervivencia del conflicto armado.

El arte para mirarnos desde afuera y reconocernos dentro

Las mismas comunidades son las que a través de sus prácticas artísticas y culturales han venido expresando muchas de esas verdades que de otra manera no se pueden narrar, o que de otra manera no se pueden entender, porque no solamente son asuntos racionales, sino que también son asuntos emocionales que atraviesan el cuerpo, atraviesan la cultura, atraviesan el territorio. Son muy elocuentes y serán una de las formas por medio de las cuales queremos cumplir esa promesa de movilizar la sociedad para un cambio.

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ENTREVISTA

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Este país hace muchos años está comunicándose, contando lo que nos pasa, intentando hacer visible eso que nos es visible para otros sectores del país. Pero nos falta hacer el esfuerzo adicional por pasar de esa dupla de víctima y victimario, y entender cuál es el contexto explicativo de ese conflicto armado que produce a esos victimarios y a esas víctimas. A los victimarios los hemos llamado, desde la Comisión, sujetos responsables, que pueden redimirse, no es un victimario en definición esencialista. Un victimario no hay de dónde agarrarlo, un responsable también puede ser padre, miembro de una sociedad, una familia. Aquí queremos ser capaces de poner en el teatro los factores de persistencia, el tipo de democracia que tenemos, la manera en cómo se hace la política, o el narcotráfico, no como esas sagas que vemos en televisión, donde los narcotraficantes son esas figuras de poder, de abuso, pero ¿dónde están los efectos reales del narcotráfico en la sociedad? ¿Cómo se sienten? Ahí tenemos todavía que dar un paso, y el arte es la herramienta. También vamos a las comunidades, y además de los testimonios y los diálogos sociales, nos presentan obras de teatro, cantos, performances, y esos son otros insumos para la verdad que vienen desde el arte. En el reciente estallido social las canciones fueron fuente de información, así como el grafiti, una manera de leer lo que estaba pasando, esos han sido lenguajes importantes en estos tiempos.

El teatro: la drama y la épica

como ese espejo, esa mirada oblicua que te permite ver el horror que no podrías ver si fuera el horror real, ver el dolor que no podrías ver si lo estuvieras viendo en la vida real, y que logra conmoverte. Es un acto poético y una especie de protección para llegar con toda esa dureza y esa sensibilidad al corazón. En la obra de Johan Velandia uno puede decir: mataron a Dylan, mataron a un joven que se iba a graduar. Pero solo cuando uno ve esa representación escénica, que además es tan cargada de símbolos y de fuerza, uno entiende a través de la universalidad del arte, que es Dylan, pero podría ser cualquiera; Dylan es la realidad y a la vez es la metáfora de la vulnerabilidad de un ser humano ante un sistema que es opresor, frente a un sistema que ha criminalizado la protesta social, que no defiende los sectores pobres, que no castiga la violencia ejercida por la fuerza pública de manera ejemplar, de modo que ellos sienten que tienen autorización para hacer lo que quieran. En encuentros como estos festivales también podemos mirarnos con los otros, mirar cómo otros países han transitado por la guerra y han tramitado su conflicto. Hemos podido ver en el cine y en el teatro muchas cosas que finalmente se convierten en un acervo cultural que nos ayuda a tener más elementos para trascender lo que vivimos, y dejar de mirarnos tan autorreferidamente, eso permite poner esperanza, construir el relato del futuro, de lo que tiene que ser posible, de superar la condena que nos hemos autoimpuesto a la violencia.

El estallido social pone en evidencia que hay un nivel de conciencia mucho más alto sobre lo que ha pasado en el país; los barrios populares se levantan a decir que lo intolerable es realmente intolerable y que no están dispuestos a soportarlo. Le están exigiendo al país otros modos: inclusión, equidad, transparencia a un Estado. Pero, por supuesto, hay sectores que no están interesados en poner la atención en comprender y creo que una buena parte tiene miedo de enfrentarse a esa cruenta realidad porque es dolorosa, conozco gente que dice: «Yo no soy capaz de ver noticieros, yo no quiero amargarme la vida». También hay una indolencia, hay sectores que se empeñan en negarlo, como la disputa de si hay o no conflicto armado, o que los falsos positivos fueron equivocaciones o decisiones sistemáticas. Ahí hay negaciones que tienen que ver con la protección del statu quo de un sector de la población que es bien pequeño.

Los artistas y su valentía

Estamos hablando de un gran porcentaje que sí es consciente, pero tiene una lectura desde afuera, cuesta mucho trabajo la empatía, ponerse en el lugar de otros, del dolor de los otros, de ese abismo que viven. Y es el arte un medio muy potente para acercar, como nos recuerda el artista Juan Manuel Echavarría, que el arte opera como el escudo de Perseo,

El reconocimiento de estos grandes directores y dramaturgos es también una alianza con ellos, hacerlos parte de esta tarea de la verdad que es nuestro aporte a la paz. Que sientan que están trabajando por ello.

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Hay un nivel de conciencia política superalto en los creadores, y una altura moral que tiene que ver con ser capaz de ponerse en los zapatos del otro, en el dolor del otro, con la urgencia y el compromiso de comunicar una cosa que ese sujeto creador, que ese director sabe que es un imperativo. Hay empatía real y compasión. Creo que los grandes artistas son los que están relacionados con los asuntos esenciales de su época y hacen de eso una tarea histórica. Que están dotados de un coraje y un compromiso con el país que los pone en esa línea, donde no están haciendo una cosa para sí mismos o por entretener, están desarrollando propuestas que transformen, movilicen, conmuevan a una sociedad. Y por eso merecen todo el reconocimiento y todo el respeto, todo.

Esos artistas que emergen de las comunidades y han producido unas puestas en escena que son mezclas de teatro, arte y alabaos, cosas muy bellas. Cada uno tiene una historia que contar y una forma. Lo que nos

hace falta como país es aprender a leer en el arte, lo que nos están diciendo, porque nos estamos perdiendo de algo que es muy potente, todavía creemos que el arte es un divertimento. Por ejemplo, si nosotros leyéramos el hiphop, estaríamos entendiendo qué pasa en los barrios populares urbanos de este país. Si fuéramos capaces de leer de mejor manera lo que nos están diciendo esos chicos, tendríamos un país más pertinente, pero el arte no logra ser un lugar de conocimiento todavía, y hay que convertirlo en eso.

Festivales: conexión entre el público y el legado

Este año abrimos la línea del legado, lo que nosotros tenemos que dejarle al país, y que de eso se encargará más adelante el Centro Internacional para la Justicia Transicional. Ese legado está compuesto de la narrativa, los aprendizajes hechos en este transcurso de tiempo, y las recomendaciones del informe final de la Comisión que tenemos que dejar instalar en la sociedad, entendiendo que el informe final y este trabajo no es un asunto para el Gobierno ni para el Estado solamente, sino para el conjunto de la sociedad. Si uno no sabe, no entiende y no apropia exactamente qué es lo que nos ha pasado este tiempo, es muy difícil encontrar las razones y los asuntos a transformar. Desde ahí estamos pensando en herramientas para comunicar esa narrativa, ese legado. Por eso nos hemos unido a unas propuestas del orden nacional, como lo es el Festival Internacional de Teatro de Manizales y el Festival de Teatro Comfama San Ignacio, porque sabemos que ahí hay una plataforma que es potente, que llega a otros públicos a los que seguramente no seríamos capaces de llegar; que no les interesa el tema duro de la guerra, pero que a través del


FESTIVAL DE TEATRO COMFAMA SAN IGNACIO

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arte pueden llegar a él, que no están buscando contenidos propiamente del conflicto y sus soluciones, pero que pueden entrar por ahí. La Comisión tiene claro que el informe final no es un relato de un montón de verdades, la información estará agrupada en factores de persistencia del conflicto armado que son históricos, que los hemos visto muy poco porque nos habíamos quedado en un análisis muy limitado. Este país ha hecho la memoria que ningún otro país había hecho antes de una Comisión de la Verdad, eso hay que decirlo, tenemos ahí un saber muy grande, pero el relato ha estado muy en clave de víctima y victimario. Cuando analizamos los factores de persistencia tenemos que entender los contextos explicativos, irnos a la manera en que los Estados se despliegan en el territorio, al modo en que la democracia se ha desarrollado, o si hay o no democracia en este país, los modelos económicos en la manera de hacer política. Eso va a un asunto que en el fondo es el que promueve, habilita, anima o no la guerra. No es que haya unos malos que matan a unos buenos, como decía el finado ministro de Defensa. Los factores de persistencia nos indican dónde están los daños, las dificultades, dónde están los anclajes de la guerra, y a partir de ellos vamos a construir las recomendaciones que tenemos que dejarle al país. Ahí es donde el escenario, los artistas, el teatro en este caso, nos ayudará en ese relato.

Ese bien público llamado

teatro

Híbrido, inmersivo, experiencial, transmedial, presencial. Así regresa el Festival de Teatro Comfama San Ignacio, que en su cuarta edición vuelve a realizarse en ese territorio del corazón de la ciudad que le dio su nombre y que ahora llamamos Distrito San Ignacio. Del 25 de septiembre al 3 de octubre, y en conjunto con el Festival Internacional de Teatro de Manizales, volveremos a encontrarnos en el escenario. Esta vez con un aliado adicional: la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, entidad con la que se ha creado conjuntamente una línea curatorial de las más importantes obras que han narrado el conflicto armado en Colombia para ambientar la entrega del informe final y construir un espacio de construcción de la importancia de la verdad como ese bien público necesario para transitar hacia la paz.

de teatro, también los claustros de San Ignacio, la plazuela, los parques, las pantallas y hasta un supermercado, en una edición del Festival que permitirá recoger también aquellas propuestas experienciales nacidas a partir de la pandemia. Serán más de setenta actividades que también incluyen música en vivo, recorridos, audioguías y radio teatro. Como componentes adicionales estarán el Festival de Cantautoras y el Tercer Congreso Iberoamericano de Teatro, componente académico organizado por la Escuela de Espectadores de Iberoamérica y el Caribe, la Universidad de Buenos Aires y los festivales de teatro de San Ignacio y Manizales. Actividades con cobro y de ingreso libre permitirán como siempre tener un público diverso y amplio, conocedor de la escena teatral pero también el desprevenido que circula por el centro, vive y trabaja.

Teatro y Verdad será la línea principal de este Festival, que a su vez continúa con su misión principal de poner a conversar las artes escénicas locales con propuestas nacionales e internacionales por medio de su estrategia Residente/Visitante, donde los grupos de teatro del centro de Medellín no solo harán parte de la programación, sino que también acompañarán e intercambiarán experiencias con los grupos invitados. Serán 177 artistas durante estos 9 días, entre los del territorio (72), los nacionales (82) y los internacionales (23). El Festival es organizado por el Centro Cultural y Educativo Claustro Comfama, como parte del proyecto San Ignacio: Patrimonio, Cultura y Educación.

«Este año queremos volver a ver las salas llenas, sin abandonar a ese público que logramos cautivar en la edición pasada, ese que aprendió a consumir teatro por medio de la tecnología, y volver a celebrar que a pesar de todo, de la guerra, del conflicto, de la pandemia, el arte y el escenario vuelve a juntarnos», dice Sergio Restrepo, director del Festival.

Artistas de Argentina, Uruguay, Chile, Colombia, España, Portugal y Francia habitarán no solo las salas

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La boletería podrá conseguirse en La Tiquetera. Las personas afiliadas a Comfama, que sean tarida A y B, tendrán un descuento adicional del veinte por ciento en compra a partir de la tercera boleta de cualquiera de las obras. La programación completa en: www.festivaldeteatrosanignacio.com


INTERNACIONAL

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La escena internacional

Audioguías para supermercados en tiempos de pandemia. Cabosanroque de España.

Los formatos no convencionales son la principal característica de los grupos internacionales que vendrán al Festival de Teatro Comfama San Ignacio. De sur a norte empezamos con Chile: La Laura Palmer presentará Ahora el mundo entero es un acantilado, experiencia sonora en la que una pareja de artistas que han compartido más de diez años de vida y trabajo, invitan a un grupo de colegas de diferentes partes del mundo a investigar sobre la crisis desde el lugar que habitan y desde su presente. También estará la compañía La Ropa Sucia se Lava en Casa, con Eternos hielos, una obra unipersonal de carácter inmersivo, también sonoro (llamada telefónica), que invita a explorar las diversas formas en que las enfermedades mentales empiezan a congelar los cuerpos y las vidas. Pasando a Argentina, los claustros de San Ignacio (Paraninfo y Comfama), especialmente sus espacios verdes, serán el espacio para también escuchar la propuesta de Aliana Álvarez y Florencia Lavalle, Jardín sonoro, una experiencia

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que interviene el espacio público a través del cruce del teatro con nuevas tecnologías. Se trata de un recorrido por medio del cual se pueden escuchar seis obras escritas, dirigidas e interpretadas por dramaturgas argentinas contemporáneas que exploran su relación con la naturaleza. Una de las grandes joyas del Festival viene en idea original desde Uruguay, específicamente desde la Sala Verdi y Marianella Morena, con su propuesta Pecados Capitalistas. Híbrido Performativo. Para San Ignacio y Manizales habrá una adaptación en la que se realizará una entrevista en vivo entre una periodista, un político, una actriz y un músico en un escenario. La conversación girará en torno a los siete pecados capitales. Un espectáculo político y artístico con personajes reales que además serán filmados para posteriormente realizar una serie. Desde Europa estará Terra Nullius, un proyecto de la performer y directora portuguesa Paula Diogo que invita a recorrer los espacios, en este caso el centro de Medellín, agudizando los sentidos,

cruzando espacios y narrativas personales y colectivas, creando superposiciones y diálogos a partir de dos acciones: caminar y escribir. Siguiendo con los espacios abiertos en la franja de teatro de calle estará Les Goulus de Francia, con TchernOcircuS, una propuesta de burlesque con títeres, y por España estará el gran dramaturgo Mario Vega, de Unahoramenos Producciones, con Moria, teatro documento enfocado en la denuncia social, la investigación y la innovación escénica, que relata la historia de dos mujeres que han tenido que ver a sus familias morir en bombardeos y ataques para tomar la decisión de huir de sus países. También desde España estará Cabosanroque con Audioguías para supermercados en tiempos de pandemia, un experimento que se realiza en un supermercado, uno de los espacios que, a diferencia de los teatros, nunca cerró durante la pandemia. Es una experiencia que invita a que los asistentes se pregunten sobre esas sensaciones que genera lo que conocemos como «nueva normalidad».


NACIONAL - LOCAL

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La escena local y nacional

Historia de una oveja. Teatro Petra de Bogotá.

La franja de Teatro y Verdad, y toda la narrativa del conflicto armado, pero también de resistencia y construcción de paz, abarcan gran parte de la selección de obras nacionales en el Festival de Teatro Comfama San Ignacio. La Congregación Teatro, dirigido por Johan Velandia, traerá una radiografía de la más reciente protesta social con sus obras Rojo y Solo me acuerdo de eso, esta última inspirada en los hechos que llevaron al asesinato del joven Dylan Cruz. También desde la capital estará Teatro Petra, con dos obras dirigidas por Fabio Rubiano: El interrogatorio e Historia de una oveja. La primera sigue las investigaciones acerca de una serie de asesinatos y desapariciones, en la que suceden hechos tan salvajes que parecerían creados únicamente para la escena, pero que han sucedido y suceden en el país. La segunda también nos acerca a esa realidad del desplazamiento forzado.

En esa misma línea va La mirada del avestruz, de la compañía de danza L’Explose, con un reflejo para observar la forma en que los cuerpos son agredidos y amenazados mientras parecen refugiarse en un mundo interior y ocultar la mirada frente a la realidad agobiante. Quinta Picota, con Barrio Malevo, trae los tangos y las tabernas de las esquinas problemáticas y febriles de la ciudad. Haciendo un acercamiento a la región está la corporación Camaleón de Urabá con Érase una vez un Pueblo Bello, basada en el hecho histórico de la masacre de esta población antioqueña, con un mensaje de reflexión y reconciliación por medio del folclor y el bullerengue que mezcla danza, teatro, poesía y música. Saliendo de la temática de conflicto, y volviendo a otros escenarios, el Festival tendrá el componente de Residentes a la Calle en la Plazuela San Ignacio. Aquí estarán los grupos locales como Pantolocos, Agité Teatro, Teatro

El Trueque, Colectivo Teatral Infusion, Malas Compañías Danza y el Circo de la Rúa. El Teatro Matacandelas y Música Corriente presentarán en estreno su obra experimental En el espectro visible. Para el público infantil y familiar también habrá una amplia programación además del teatro de calle, pues en sala estarán el concierto didáctico Cuando el Río Suena, Pinocho con Tropa Teatro y los Cantos al Centro con la Ópera Metropolitana de Medellín. En el ámbito académico y como novedad en el Festival, de manera virtual, se presentarán los work in progress de diferentes dramaturgos colombianos que, por medio de una invitación de la Comisión de la Verdad adelantan una serie de obras como parte del contenido para la divulgación de la investigación realizada por esta entidad durante los últimos años.

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IN - MEMORIAM

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Manel Dalmau Etxalar

EL VENGADOR TÓXICO o LA COSA NEGRA DEL PANTANO Por María Camila López Isaza

«Porque yo soy el tipo de chico que anda siempre deambulando. Dondequiera que deje mi sombrero, ese es mi hogar». Where ever I lay my hat (that´s my home). Marvin Gaye

ESCENA 1 INT. DÍA. TABERNA LA ISLA. SABANETA. Quedamos de vernos a las ocho de la mañana. No lo conozco lo suficiente para saber si es de los que llega temprano a sus citas, pero, siendo consciente de mi inevitable tendencia a la impuntualidad, decido madrugar un poco más y logro llegar minutos antes de la hora pactada. Es Miércoles Santo y el parque de Sabaneta empieza a despertarse. Miro de un lado a otro, a ver por dónde aparece. Finalmente, entre los vecinos ensimismados con su lectura del periódico y las tertulias acompañadas del primer café de la mañana, aparece caminando con paso acelerado y despistado. Su inocultable obsesión con el séptimo arte la reafirma una camiseta negra de Scarface, con el rostro de Al Pacino, que trae puesta. Viste unos jeans sueltos, Converse negros y una gorra del mismo color, que lleva un rotundo NO en la parte frontal. Me saluda con beso doble —uno en cada mejilla—, ese gesto tan europeo y tan raro por estas latitudes, al que hasta ahora no he podido acostumbrarme cada vez que lo veo.

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Caminamos unas cuantas cuadras y llegamos a La Isla, una taberna tradicional con no más de cinco clientes por el momento. Nos sentamos en la mesa más próxima a la calle para poder fumar sin problema. —¿Quieres un tinto? —Bueno —respondo. —¿Cómo que «bueno»? —pregunta divertido y se dirige hacia el dueño del local. Pide las bebidas y enciende un Lucky Strike con su mechero azul. Desde que nos encontramos no ha dejado de quejarse de la enorme chaqueta de «oso polar» que trae consigo. Sabe que será un encarte pues, poco a poco, el frío de la mañana le va abriendo paso a un día cálido y soleado. Lo he visto antes con bigotes tipo Dalí, pero nunca sin algo que tape su cabeza, ya sea gorra, pañoleta o boina. No sé si habrá pelo allí arriba. Lo cierto es que una barba gruesa y espesa le cubre hoy la mitad del rostro, acompañado siempre por unos anteojos rectangulares marca Toscani. Su expresión aparentemente huraña, casi caricaturesca, le añade contundencia a un acento bien marcado que los paisas no le han logrado quitar. Tiene su oreja izquierda perforada. En ella, dos aros de distinto tamaño le cuelgan. Sus manos exhiben cuatro anillos: en la

derecha ensarta uno en su dedo meñique y otro en el anular. En la izquierda, con la que fuma, va el tercero en el pulgar y el cuarto en el corazón. Algunos lo llaman «El monstruo del pantano» o «El vengador tóxico» por sus peculiares gustos cinematográficos. Pero su nombre es Manel. Manel Dalmau Etxalar. Un catalán, nativo de La Pobla de Segur, que hace seis años llegó a Medellín para darle un poquito de música y cine a quienes asisten a los ciclos y las batallas de sonido que programa como Coordinador Cultural de la Casa Museo Otraparte, dedicada al maestro Fernando González, en Envigado. Allí se inventó un segmento llamado La Greca de Otraparte, en el que retrataba a los asistentes a la casa junto a la cafetera y acompañaba sus imágenes con un pequeño perfil sobre la vida del visitante en cuestión. Mientras «tintiamos» no oculta su molestia frente al consumo abusivo de algunos personajes, que no van sino por café gratis. «Amigos de Fernando los cojones. Amigos de la chupagreca», reniega exasperado. Llevaba más de cien fotografías publicadas en Facebook hasta que, un domingo de marzo, la greca desapareció, dejando a la gente sin tinto gratis… y a Manel sin sus simpáticos ejercicios narrativos.


IN - MEMORIAM

De su morral oscuro saca una libretica y me la regala. Es de un proyecto documental del cual es el curador, llamado Retratos de violencia no anunciada: memorias, resistencias y vidas. Aprovecha para mostrarme una bolsa en la que guarda uno de sus utensilios favoritos. «Yo siempre voy con mi sartén», dice, haciendo honor a su buena reputación de cocinero. Esta noche improvisará un poco en la cocina del Teatro Matacandelas con su famosa tortilla española. La intensa actividad cultural que ha desarrollado en Medellín lo ha convertido también en un doliente de las condiciones de una sociedad violenta y contradictoria. «14.500 muertos y este país no se entera […] lo más doloroso es que te das cuenta de que a la gente le importa un bledo». Para Manel, Colombia es «un país en constante estado de luto» al que le faltan respuestas para una barbarie que, según él, plantea tres preguntas clave: ¿Por qué? ¿Para quién? Y la más peligrosa: ¿Quién? Está harto de las manifestaciones e iniciativas ciudadanas que se quedan en eso: en ideas que duran un día o un mes. No cree en el tal Partido LAIN (La Inteligencia Nacional) que hace unos meses, en Otraparte, lanzó como sus candidatos a alcaldía y gobernación a escritores muertos. Lo define como «una cosa publicitaria, nada más». «No hay movilización de la gente […] os habéis convertido en una compañía teatral. ¿Quién se ha movilizado? Nadie […] De salir a la prensa a ser mediáticos, es otra cosa. Nadie está hablando de LAIN». --He conocido fumadores profesionales, pero ninguno como Manel. Sin interrumpir la conversación, enciende un cigarrillo tras otro, mientras reprocha la indolencia de una ciudad de la que se enamoró hace más de una década, cuando la visitó por primera vez. Cuenta que nunca le perdonará a Medellín lo ocurrido en el derrumbe en el barrio La Gabriela, en Bello, casi cinco años atrás. Recuerda que, al enterarse de la noticia, se puso sus botas y se fue a cavar cuatro días seguidos, aguantándose la ira al ver cómo una ciudad enterraba a sus muertos en la absoluta indiferencia frente al dolor. «Medio barrio a tomar por el culo», dice, y las celebraciones navideñas en pleno furor: chivas, luces y villancicos en medio de una tragedia masiva. Pedimos otro café. Esta vez me percato de que le echa cuatro cubitos de azúcar al suyo. Prende otro cigarro. Dejando a un lado su discurso sobre las necesidades de esta ciudad, a la que quizá conoce mejor que algunos de sus propios habitantes, se despliega a hablar sobre otro tema que lo obsesiona: la música. Manel es stoniano por excelencia, pero piensa que Mick Jagger es un «chulangas» a quien nunca le

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gustaría conocer; contrario a lo que uno pensaría, dado que su gato se llama Jagger. Pese a ser fan absoluto de una de las agrupaciones más emblemáticas del rock mundial, le huye a los hits que todo el mundo canta y prefiere irse por lo desconocido, por lo que casi nadie escucha, por esas melodías olvidadas que incluso quienes dicen ser admiradores de los Rolling Stones ni siquiera conocen. «Estoy hasta los cojones de Satisfaction», afirma. Y ni qué decir de lo que piensa con respecto al cuarteto de Liverpool. «No me aguanto a los Beatles. Yellow Submarine me da urticaria». No está para darle gusto a la gente. Recuerda que, una vez, programando música de los Stones, no incluyó la canción que todos querían escuchar. Y no le importó. Prefiere explorar antes de irse por lo seguro. «No puse Angie. Angie estaba tomando guaro por ahí».

ESCENA 2 INT. DÍA. RESTAURANTE FRANKFURT. EL POBLADO.

Peláez, director del Teatro Matacandelas, el mismo que le ha otorgado el título de Vengador Tóxico. «Uno cuando quiere a las personas las mete en sus escritos», me explica. Después de saludar a David y bromear un poco, pide un bocata de jamón y un café con leche. Mientras lo traen, conversamos lo evidente: su hábito de fumador. Aunque reconoce que puede acabar con dos cajas y media de Lucky Strike al día, me dice que ya dejó la época de los porros. «Nunca he sido muy drogata […] si este Lucky pudiera hablar… se sabe todos mis secretos». Me hace notar que no se traga el humo del tabaco nunca y que, sin proponérselo, a veces incita y antoja a sus interlocutores a fumar. No lo niego. Llevo como medio paquete. En la década de los ochenta la heroína causó estragos en su tierra. «Si aquí caían por narcotráfico, en mi país caían por sobredosis de heroína». Sus amigos siempre fueron mayores que él y asegura que perdió a más de veinte a causa de la droga. Recuerda que en el invierno del 93 probó la coca cuando le ofrecieron

Después de dos tintos en La Isla tomamos un taxi hacia El Poblado, donde Manel va a encontrarse con un amigo catalán para desayunar. Durante el recorrido compruebo lo que he intuido desde el principio: no es un hombre de territorios seguros. Le gusta vivir con el riesgo al lado, según me cuenta. Al Vengador Tóxico no le gustan las zonas predecibles. Cree que ha llegado al tope en Medellín. Tras seis años aventurando en la capital antioqueña, siente que es hora de partir. No hay mucho más que hacer por aquí. La fecha de regreso a La Pobla de Segur está clara: 20 de diciembre de este año. No quiere perderse un segundo más lejos de sus padres. Es el tiempo correcto para volver. Llegamos a Frankfurt, un restaurante con aire campestre, manejado por David, uno de los amiguetes de Manel. Nos sentamos en una de las mesas al aire libre —para poder fumar, por supuesto— y, como si se tratara de un morral sin fondo, con cabida para cuanto objeto se le ocurra meterle, Manel saca un bloc de cuadrículas, lleno de apuntes en letra mayúscula y con tinta negra. Sus notas hacen parte del proyecto en el que ha venido trabajando desde hace cinco años: Las crónicas del brujo, una historia para televisión de dos temporadas, con once capítulos cada una. Se trata de un relato tipo Sherlock Holmes para actualizar a Fernando González y darlo a conocer. En su versión, Manel bautiza a Medellín como Ciudad Fierro. Y a Colombia como la República del Sagrado Corazón. El reparto de personajes, además del mago de Otraparte, incluirá a León, Tomás y Manuel (referencias directas a León de Greiff, Tomás Carrasquilla y Manuel Mejía Vallejo). El archienemigo se llamará Wilson Peláez Uribe, el Profe. Me confiesa que, para este personaje, solo piensa en Cristóbal

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IN - MEMORIAM

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«pegarse un tiro». Tenía gripa y el polvo blanco se le quedó pegado en las paredes nasales. «Vaya mierda de droga. Hasta ahí me llegó la aventura». Le decían Lennon por los anteojos redondos que utilizaba. Era algo así como un «neohippie nerd» vestido con la ropa de su abuelo. Al llegar a Barcelona por primera vez, fue todo un rockero motero. «Soy motero de carretera —tipo Norton, Yamaha y Harley—», dice, a la vez que presume la Vespa original del 64 que tiene en Cataluña. «Pesa la puta madre que la parió. Tiene culo de costeña cocinera», remata. --Manel Dalmau es hipocondriaco, paranoico, ansioso de tiempo completo y, por si no ha quedado claro, melómano. Cuando programa música en algún lugar es intransigente con su lista de reproducción. «Respeta, tío. Si te gusta, bien. Si no te gusta, te largas», dice. Cada melodía está cuidadosamente planeada: «Hago un guion, no improviso […] Me llaman el Dr. NO. Llevo la gorra con el puto NO», asegura. Pocas veces lo corcharán con alguna película. En su perfil de Facebook, usted encontrará más fotos de actores y directores de cine —con su respectiva reseña y comentario—, que de él mismo. Me da a probar su bocata. Antes de meterle el primer mordisco, afirma: «¡La puta joya! Esto es veneno». Y con un: «¡Me cago en Dios!», se mete el bocado final. Pide un segundo bocata, esta vez con cerveza Lubzer. Mientras llega, conversa con David —quien se ha armado un porro— sobre el negocio y lo culpa de haberle robado su encendedor azul. «Qué chorizo (ladrón) que es. Roba mecheros», comenta. Más tarde llegan Edgar, otro amiguete español, y su novia. Bromean e intercambian una que otra palabra en catalán, a la vez que debaten sobre dos temas infaltables: cine y música. De un momento a otro, a Manel se le acaban los Lucky y tiene que pasarse a Marlboro rojo. Un cambio nada agradable. En medio de la varieté de asuntos sobre la mesa, su regreso a La Pobla de Segur entra en la discusión. Ni sus amigos conciben la idea de que se vaya. Nadie le cree, pero él parece tener su decisión clara. «Ese agite, esa música carrilera. Ya no puedo más […] necesito un bus donde no me pongan rap», asevera. Se viene la próxima batalla de sonidos, un evento en el que Manel se enfrenta a otro contrincante con una lista de canciones elegidas bajo un tema específico. Esta vez será música de plancha. Mientras discute con Edgar sobre la lista de canciones que incluirá, meto mi cucharada ignorante cuando digo que solía pensar que Nino Bravo era argentino.

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En ese momento, Manel se para inmediatamente de la mesa y da una vuelta sobre su eje. «No me jodas, me voy a recuperar», dice, llevándose las manos a la cabeza en un gesto dramático.

Cuando termina la proyección hace un foro sencillo con los asistentes, sale al encuentro de su novia María Clara, agarra su morral y entonces es hora de ir a festejar un poco.

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ESCENA 4 INT. NOCHE. TEATRO MATACANDELAS. BOMBONÁ. CENTRO DE MEDELLÍN.

Nuestra estadía en Frankfurt se prolonga por una película que Manel descarga en su computador, Enemigo a la puerta, de Jean Jacques Annaud. La misma que va a proyectar esta tarde en Otraparte. Siendo casi las dos, tras cuatro horas con los amiguetes, partimos a la casa del Brujo.

ESCENA 3 INT. TARDE/NOCHE. CASA MUSEO FERNANDO GONZÁLEZ. OTRAPARTE. ENVIGADO. 2:10 p.m. Su jornada parece suave para el día de hoy. Después de saludar a Lucía, una de sus compañeras de trabajo, vamos por un tinto al Café de Otraparte y él aprovecha para adelantar algunos asuntos de su próxima batalla de sonidos. A esta hora de la tarde no es capaz de quedarse quieto en un lugar. Camina, bromea, conversa, le tira papelitos con un pitillo a un niño, se sienta, fuma. Tiene de nuevo sus Lucky Strike. Hora de abandonar el Marlboro. Me regala lo que queda en el paquete. Fuma. Fuma. Fuma. El resto de la tarde la ocupa en trabajos y asuntos de computador. Cuando se va acercando la hora de la proyección de la película, organiza el espacio en silencio, revisa el sonido y deja la reproducción lista para comenzar. Mientras llega la gente, camina solitario alrededor de la casa. Se sienta en uno de los muros y da una que otra indicación breve a los visitantes desorientados. Fuma. Fuma. Fuma. A las seis de la tarde comienza el ciclo. Su presentación de la cinta es precisa y medida. Es serio, contenido y los datos (nombres extranjeros, fechas, lugares relacionados con el largometraje) salen de su boca a borbotones. No hay ninguna duda, en ningún momento. Durante la proyección espera callado afuera, asomándose cada tanto para ver en qué va la película. Cruza algunas palabras con dos amiguetes borrachines que toman cerveza y ron. Pero, indudablemente, el Lucky es su compañero entrañable, cómplice idóneo de sus meditaciones, de su silencio y de la incontrolable bostezadera que lo ha cogido a esta hora.

Llegamos al teatro a las 9:40 de la noche, cuando los espectadores salen de la función que hace poco ha terminado. Manel entra directo a la cocina y, con la quinesia de quien no está completamente familiarizado con el espacio, empieza a buscar los ingredientes y los utensilios necesarios. Por supuesto, la primera en hacer su entrada es la famosa sartén que ha esperado todo el día guardada en el morral. Primero corta cuidadosamente la papa criolla y el pimentón, acompañando el ritual con una cerveza fría. Quiebra los huevos con un cuchillo y empieza a meter los ingredientes en el aceite caliente. «Para cocinar se necesita paciencia. El que tenga prisa que se vaya a una pizzería», afirma, tomándose el tiempo necesario para mezclar los ingredientes, disfrutar de su birra y fumarse un cigarrillo. «Venir al Mata a cocinar se me ha vuelto una adicción», dice refiriéndose al grupo de teatro en el que encontró cómplices, amiguetes, hermanos.


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Después de poco más de una hora en la cocina, las tortillas están listas y son el plato que ameniza la conversación abajo, en el primer piso. Una tertulia con sabor a tortilla española… A tortilla de Manel. Con la tarea cumplida, se sienta en una de las mesas, junto a su novia. No habla mucho. Más bien escucha. Se deja seducir por un vino de nombre La Huerta que ha comprado para compartir con el que se antoje. Sin embargo, el voleo de whisky, cerveza y ron ya va en otros niveles. De todas formas, abre la botella y se sirve cada tanto en su vaso.

El amor en la dramaturgia de

Gilberto Martínez Arango convergen al amor para sobrevivir y superar sus necesidades, cultivan en familia, sufren juntas su pobreza, pero aman, tienen fe, Dios está presente en ellas y sobre todas las cosas, al igual que la Virgen de Chiquinquirá, que auxilia a los personajes en los momentos difíciles de su vida. Los personajes aman la patria y luchan por la libertad; se unen para defender la causa libertadora.

Me pregunta si la sombra ha terminado. Concluimos que sí. Son más de las doce. El miércoles se ha acabado. Mañana empezará tres días de desconexión total en la casa de sus suegros y asegura que no abandonará sus pijamas ni para ir a comprar cigarrillos.

En El grito de los ahorcados encontramos aspectos descriptivos del paisaje, de la condición humana, a través de elementos dramáticos épicos, poéticos y líricos. Martínez utiliza un lenguaje sobrio, propio de la época, en el que su condición como director y estudioso del teatro le permite fundamentar los conceptos de la puesta en relieve, considerada como la partitura de la escena que, junto con el libreto, los actos de habla, la creación, la construcción de personajes y los materiales, compone la puesta en escena.

Lo dejo sin sombra casi a las tres de la mañana, cuando busca tabaco desesperadamente, pues los Lucky se han acabado de nuevo y ya no hay quién le venda nada. Lo dejo sin sombra, pero con Marlboro; los mismos que me regaló hace horas y que aún no me he fumado. Se resiste, pero al final acepta. El cinéfilo. El melómano. El stoniano. El Vengador Tóxico. Más allá de todos los calificativos con los que pueda nombrársele, Manel Dalmau es de aquellos personajes a los que se recuerda a través del sonido: el de su voz con inconfundible acento; el de su repertorio musical o el de la lista infinita de películas que tiene grabadas en su memoria. Alguien me dijo, refiriéndose a Manel, que este hombre le recordaba un poco a Ramón Vinyes, el escritor español que inspiró el personaje del sabio catalán en Cien años de soledad. Aquel hombre llegó a Barranquilla a principios del siglo XX, abriendo un espacio de encuentro en torno a la literatura, una actividad en la que se desempeñó a lo largo de su vida. A Medellín llegó también un catalán. Probablemente rehusará que le digan sabio. Le diremos entonces el catalán de Otraparte. Afectuoso como sabe serlo, aventurero irremediable. Un catalán inmenso, sensible, radical. Un catalán que, al final del día, no es más que un loco hablando con su sombra. Abril de 2015.

Celebremos el mes del amor y la amistad sumergiéndonos en la lectura y con un breve rastreo literario de cuatro obras de teatro del director, actor, teórico y dramaturgo colombiano Gilberto Martínez Arango (19342017): El grito de los ahorcados, Manuela, la mujer… guardiana insepulta del amor huracanado, Francisca o quisiera morir de amor y La ceremonia. En estas obras el amor está permeado por el contexto, el sometimiento de la sociedad, los propios condicionamientos y las contradicciones. Te invitamos a consultarlas en la Biblioteca Gilberto Martínez, colección Casa del Teatro. En El grito de los ahorcados evidencia un amor que se entremezcla con la historia de nuestro país. La obra trata de las injusticias que se cometieron en contra de los campesinos en las postrimerías del período colonial, hechos históricos que empañaron la Nueva Granada en 1781, con el acontecimiento de la revolución comunera, siendo la génesis preparatoria para el grito de independencia en 1810, cuando se luchó por la libertad de la Nueva Colombia. En esta obra se refleja el sentimiento de amor filial; las familias campesinas

En Manuela, la mujer… guardiana insepulta del amor huracanado, enmarca a la puta «divina» del Libertador, la amiga, compañera y confidente, la amante, concubina y librepensadora, la guerrera, caballeresa del sol: Manuela Sáenz. Personaje principal en esta dramaturgia basada en la novela del venezolano Denzil Romero, La esposa del doctor Thorne. Gilberto Martínez se inspiró en la vida erótica de Manuela Sáenz, «obra escrita con retazos de existencias». Según el mismo autor: «La obra transcurre en el final de la vida de Manuela Sáenz, conocida con el nombre de la Libertadora del Libertador, quien recibe la visita del reconocido escritor peruano Don Ricardo Palma. Este llega a Paita, puerto de Perú, en el momento en el cual se está enterrando a la negra Jonatás, nana y amiga de Manuela durante toda su existencia. Manuela recibe en su casa al inusitado visitante y le recuerda el artículo que él había escrito sobre ella. El escritor peruano solo está interesado en que Manuela le cuente cuál cree fue el momento decisivo de su vida; es entonces cuando la Libertadora del Libertador hace un repaso de los momentos que consideró cruciales en su existencia. Al final vemos cómo Manuela muere víctima de la difteria». En esta obra se visualiza el amor apasionado, ardiente, que viven Manuela Sáenz y Simón Bolívar, que después de conocerse en un baile de gala en Quito, Ecuador, unieron sus corazones; ella lo amó durante ocho años y lo veneró por veintiséis más. Era un amor fiel,

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BIBLIOTECA GILBERTO MARTÍNEZ leal e intenso por Bolívar y sus ideales, le entregó su destino junto con su corazón. También, el amor se ve reflejado por la libertad de América, donde Manuela se destacó por su valentía y compromiso en la gesta independentista. En la puesta en relieve de Manuela, el amor se devela y le da significado a través de la canción Manuela, compuesta por la cantautora Sonia Martínez, en un homenaje a esta mujer insepulta del amor huracanado, que refuerza ese sentimiento por Bolívar y finaliza cantando: «Se rindió al Libertador, voluntaria... voluntaria prisionera… MANUELA: la Libertaria».

Francisca o quisiera morir de amor fue escrita por Gilberto Martínez y Mario Ángel Quintero. Cuenta la historia de María Francisca Pascuala Xaviera de la Santísima Cruz Arango y Ángel, quien siendo aún muy niña hace un voto de castidad a los siete años, y se encierra voluntariamente en el sótano de su casa a los doce, sometiéndose a un suplicio repleto de ayunos, flagelaciones, tierra por cama, cilicio, y otros placeres culposos que la llevaron de manera irremediable a querer morir de amor. Dentro de la obra, el amor aparece desde el inicio como un rito de muerte que se va extendiendo por el escenario de manera ritual y envuelve y toca a cada uno de los espectadores. Es allí donde el suplicio de Francisca hace que pase de un estado de dolor extremo o agonía a un estado de éxtasis o intenso gozo y deleite. Francisca desfallece de amor, se desgarra. En esta obra el amor estático se presenta de una manera corporal, lo que ocurre en

el interior de Francisca, la escisión entre la tierra y el cielo, posee su cuerpo encarnando el deseo de morir de amor. Los lenguajes de amor en esta obra se pueden representar en el aspecto de la corporalidad, cuando desde el primer movimiento, con una mano, Francisca, busca alcanzar el cielo, el tan anhelado encuentro con lo divino. Pero su otra mano tan solo conoce, se aferra a la desnuda tierra que la envuelve entre sus brazos, de la que no puede separarse. Esta escisión hace que Francisca se rinda ante un erotismo que se confunde con el pecado, uno que brota desde lo más íntimo y que hace que ella se satisfaga a sí misma. Francisca, a lo largo de la obra va creciendo como una flor a los ojos de quien la mira, se van llenando de luz todas las sombras, sin embargo, continúa en la penumbra. Sus movimientos delicados hacen lo que el cuerpo pida para abrir una flor de luz. Francisca conoce más las espinas que las rosas, a pesar de su corta edad no ha sabido amar como quien ama un río sino, como quien se arroja sobre las piedras para, purificarse con el agua del río de todos esos pecados que le impiden tocar ese jardín de la perfección divina.

La ceremonia es un poema dramático, está inspirado en una historia real protagonizada por Angelina Bianchini, hija de una prestigiosa familia de moral y principios estrictos e inflexibles. Angelina «tenía numerosos pretendientes, pero se enamoró de su profesor de piano llamado Francesco. La familia descubrió estas

relaciones y también que él estaba casado. Entonces, como castigo a haber deshonrado al apellido Bianchini, la encerraron en una habitación de la casa»; al lograr salir, después de la muerte de sus padres, decide convertirse en una recolectora de chatarra. Esta obra está ambientada en el dolor de un amor no consumado que causa la locura de Angelina. Martínez, mediante el lenguaje del delirio, hace que Angelina confronte a sus padres y al público, recreando a través de los actos del habla su pasado, actos comunicativos de mucha riqueza con una variedad textual que permea en lo actoral. Cuando avanza el poema dramático, se hace notable un amor y apego a las creencias religiosas al Angelina preparar todo para un acto simbólico y doloroso en el que resaltan los símbolos del matrimonio: las prendas de vestir y sus colores, la música que envuelve el vals matrimonial. En esta obra todo se marchita, hasta el honor de esta familia que ella niega en palabra, enterrando el legado familiar. El amor en la dramaturgia del antioqueño Gilberto Martínez Arango, confronta lo religioso, lo político, lo pasional y lo visceral, poniendo en escena al amor como conflicto dramático, evidenciando su naturaleza dentro de la condición humana y atravesando el cuerpo del actor y el espectador en la puesta en relieve. Autores: Guillermo Álvarez Marín, Yazmín González Toro, Luis Fernando Orozco Escobar y Valeria Isaza Jiménez. Miembros de Átropos, conversatorio de teatro griego.

NOTAS EN ESCENA

Conversatorio: De la dirección de actores y la estética del espacio escénico. invitada especial Alba Irene Gil Una experiencia que se fue descubriendo y revelando en el quehacer teatral, en el proceso de aprendizaje continuo como actriz, maquilladora, luminotécnica...pero sobre todo como formadora, tallerista y aprendiz de maestra de teatro en los procesos de formación con niños, jóvenes y adultos en la Corporación Cultural Nuestra Gente. Viernes 24 de septiembre 6:00 p.m. Modalidad de ingreso: trueque e inscripción previa

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IN - MEMORIAM

Periódico Medellín en Escena

Apólogo del paraíso Eva, transformada en serpiente, ofreció a Adán una manzana. Fueron arrojados del Paraíso, pero ellos llevaron semillas consigo, y Adán y Eva encontraron otra tierra y plantaron allí las semillas del paraíso. Podemos hacer siempre el Paraíso alrededor de nosotros dondequiera que nos encontremos. Para eso sólo se requiere estar desnudos.

Jaime Jaramillo Escobar

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