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Revista de Aventura, Deportes Extremos, Medio Ambiente y Turismo. Registro de la propiedad Intelectual. Dirección: 65 nº 287 (1 y 115), La Plata Bs As Tel:(0221) 4254577 E-mail: info@andaresaventura.com.ar y andaresorg@hotmail.com Queda prohibida la reproducción no autorizada total o parcial de los textos publicados, mapas, ilustraciones y gráficos incluidos en esta edición. La Dirección de esta publicación no se hace responsable de las opiniones en los artículos firmados, los mismos son responsabilidad de sus propios autores. Las consecuencias de practicar deportes extremos pueden ser muy peligrosas. Las notas publicadas en este medio no reemplazan la debida instrucción por parte de personas idóneas. El staff de Andar Extremo colabora ad-honorem, si deseás publicar un relato o nota comunicate a nuestro mail.


os meses de preparación, más de 15 horas de helicóptero para acceder al lugar y unos cien mil dólares necesitó el paracaidista chileno Julio Muñoz para realizar uno de los saltos más espectaculares de los que se tenga registro: Se arrojó al vacío en una moto desde cuatro mil metros de altura. La proeza "Proyecto B.A.S.E. Los Andes" la realizó en un sector cercano al Cerro El Plomo denominado Loma de Rabona, en la Región Metropolitana, lugar al que sólo se puede acceder por vía aérea. Julio Muñoz, de 37 años, se hizo famoso en noviembre del año pasado al saltar en paracaí-

das desde lo más alto del edificio en construcción Costanera Center de Santiago de Chile, el que fue su primer salto público, y que quedó registrado en un video que se difundió rápidamente por Internet. Tras aquella arriesgada maniobra, el experimentado deportista se enfocó en su segundo gran desafío, aunque esta vez con mayor producción. "Este tipo de saltos es imposible de realizar sin el auspicio de una empresa privada. Y para conseguir eso necesitas ganar credibilidad, así que lo de la torre Costanera me ayudó", reconoce Julio.

"Empiezas a hacer currículum, y a demostrar que esto no es un juego. No hacemos esto por hobbie, es realmente profesional, y como todo deportista necesitamos apoyo", afirma. Muñoz contó con un equipo de 15 profesionales de alto nivel, tanto para la preparación del salto, como para su grabación con 12 cámaras y en alta definición. Una vez que tocó suelo sano y salvo tras su último salto, el chileno comenzó ya a pensar en su siguiente desafío que, advierte, podría ser en territorio extranjero. "Perú tiene uno de los cañones más profundos del mundo", dice, aunque no descarta hacer algo en Torres del Paine. "Soy un chileno haciendo este tipo de cosas en Chile. Esto no es producción estadounidense, como la que estamos acostumbrados a ver. Nosotros competimos contra los mejores del mundo, tenemos esa vara al frente y queremos superarla", afirma aún con la adrenalina de su salto en moto.


Y sobre la moto... "No quedó mucho de ella, pero recogimos sus partes y no hubo daño al cerro. Soy deportista y me preocupo de eso también", finalizó.

Soy instructor de paracaidismo, vivo de ello y tengo una empresa llamada Skidive Andes, la cual se dedica a realizar saltos en paracaídas. Allí hacemos paracaidismo, base dumping y salto B.A.S.E. Que significa saltar de edificios (Building), Antenas, Puentes (Span) y salientes rocos o acantilados (Earth).

Unos está pensando siempre en donde puede saltar. En otro salto encontramos este acantilado y pensando en hacerlo un poquito más adrenalínico y para agregarle mas deporte al salto, definimos que una moto era una buena forma de despegue. *Entrevista CNN Chile

Fueron dos meses enteros de organización, fueron doce cámaras, tres helicópteros, la rampa. Todo esto había que trasladarlo arriba de la montaña ya que el lugar, que queda atrás del Cerro El Plomo al final del Cajón del Albarado llamado Loma Rabona, está a 4000 metros sobre el nivel del mar; en tiempo: a 20 minutos de helicóptero de Valle Nevado.

La idea es mostrar más de este deporte, en Chile, llevamos años promocionando el paracaidismo y, a través de esta área: el salto BASE, demostrar que se pueden hacer cosas a nivel mundial.

Tenía una en la cabeza, una en una pierna, en los helicópteros, en la rampa de despegue, en donde aterricé, en todos lados.

Sentí mucha emoción y muchas ganas de estar cayendo por el aire, que es lo que yo se hacer. Miedo nos sentí nunca, la parte de la moto era lo mas difícil yo no soy un experto en motos, pero me atreví y la pase muy bien.

Esto fue logrado gracias a varias empresas como Big Time, Mall Sport, Skidives Andes, Motocicletas Pro Circuit, 24 7 Tv, Paraíso Films, Cosmo Films y Nostrum Chile.

La moto se destruyó, pero la recuperamos, la tenemos nosotros para un futuro museo y aparte no estaba bien dejarla en el cerro, por la contaminación.


lullaillaco suena a lejano, perdido en la nada como aquellos lugares de los cuentos de García Márquez; más aún cuando nos encontramos invariablemente lejos de los demás. En lo personal el mensaje de texto de Jorge llegó en un camino de tierra cerca de Zapala con mi hija de 11 meses en el asiento trasero del auto. La miré como pidiéndole permiso y su sonrisa lo dijo todo… Jorge es así, no sabe dónde estás ni que etapa de la vida estás atravesando, simplemente te invita con la única mención del nombre; lo demás, los preparativos, equipamiento ya están planificados y resueltos en su mente. Es una persona que cuando se le ocurre algo entra en un proceso de positivismo y garra hasta el final. En los días que siguieron desde La Plata escribía a todos para obtener más información. Damián contestaba muy esporádicamente con texto tipo telegrama, Jorge con monosílabos así que terminamos con Dominique (la única

dispuesta a escribir mas de un reglón) resolviendo o adivinando las cuestiones y dudas de la expedición: quienes van?, cuantos días ?, que nos falta ?, etc. Rescato una frase premonitoria de mi amiga escrita en uno de sus mail: “al final terminaremos siendo los mismos de siempre mirándonos la cara mientras pelamos cebollas.” Dos meses después, la ciudad de Salta nos reunió nuevamente. El tiempo pasa pero hay gente que a pesar de ello no cambia de aspecto ni de costumbres. Vaya uno a saber si por destino o cábala pero Dominique llegó de nuevo pálida, ensuciando el ómnibus debido al mareo y descompostura que le produjo el viaje; Jorge parco como si hubiese compartido con uno toda la semana anterior y Damián a los abrazos pero rezongando pues siempre hay un motivo. Cerveza negra de por medio para ponernos al día y en taxi al hotel Continental. El tiempo que permanecimos en la capital se repartió en caminar por la ciudad, conocer sus

lugares típicos, acordar encuentros con el resto de los integrantes de la expedición Pedro Lamas y Christian Vitry, luego la entrevista con Mirta, directora del Museo Antropológico, quien nos recibió calidamente en su oficina y Damián filmando, y así fue hasta el final. Dice que no le gusta hacerlo pero tiene buen ojo para el oficio. Mencionar el volcán, aún en Salta y más tarde en San Antonio de los Cobres, seguía siendo un lugar remoto y expuesto a condiciones climáticas atemorizantes; es la cantinela que se escucha de mucha gente con quién hablábamos y los niños hallados en su cumbre, parecía un tema prohibido por momentos, algunos sienten orgullo, otros no y pocos quieren hablar de eso. Es algo simple de entender en una ciudad de marcado contraste social como muchas en nuestro país. Hace pocos años E. Galeano denunciaba en uno de sus libros una navidad en la que la catedral de Salta se quedó sin pesebre; lo retiraron, debido a las quejas por sacrilegio y amenazas de incendio ya que las figuras sagradas tenían rasgos y ropas indígenas… Dos días después estábamos en camino a San Antonio de Los Cobres a través de la Quebrada del Toro donde la vegetación que cubre la región se va extinguiendo en cobertura y diversidad. A medida que las horas pasan, ascendemos, el frío, la falta de agua, los pajonales y cactus Pasacana se van adueñando del paisaje rocoso junto a la luz de una luna llena que con la caída del sol se iba escurriendo en las montañas. El Quebradeño no es sólo un ómnibus, es un transporte a otro tiempo y cultura. Las distancias se acortan, los lazos familiares se mantienen, los niños acceden a la educación escolar, y las


ventas ocurren a través del trueque entre lugareños y turistas mezclando vestimenta, dialectos y costumbres, donde la sonrisa fácil y los ojos azules de Dominique llamaban más la atención que los caramelos que convidaba a los niños. San Antonio de los Cobres o Sanánto (como lo llaman allí) es un pueblo bastante tranquilo, de casas simples donde abundan los matices marrones, negros y grises pero creo que un toque de colores alegres la harían más bonita. Su gente es muy servicial, amables y donde abundan los niños de mirada curiosa que con confianza se reunían alrededor nuestro cuando escribíamos en el Cíber. -De la escuela viene aquí y pasan el tiempo con los jueguitos de guerra hasta que se les acaban las monedascomenta el dueño del local. Yo recordaba esa frase que dice “Internet informa pero no forma”. Uno de los niños me preguntó de dónde era y le dije de lejos, de una ciudad cerca de un río grande pero cuando era chico como vos vivía cerca del mar. y porqué estas acá ? Porque ahora de grande me gusta la montaña- le dije. Pedro es el típico poblador de la región, parece que lo moldearon con los elementos del lugar y le dieron vida. Es una persona abierta, con un hablar sincero y carente de ego que más allá de sumarse a la expedición, nos brindó

alojamiento, mucha información del objetivo que perseguíamos y otras montañas como es el caso del Volcán Tuzgle que ascendimos los cuatro para mejorar la aclimatación, probar equipo y ver como funcionaba el grupo…como siempre: Damián y Jorge dirigen, Dominique y yo asienten… De regreso en Sanánto realizamos los últimos arreglos y compras para continuar hacia la cordillera. Gendarmería nos cede el traslado al Volcán en un camión que se dirigía hacia el puesto fronterizo en Socompa. Por esos días nos enteramos que Christian Vitry no podrá subir con nosotros. La idea era ir hasta Tolar Grande, pernoctar una noche en el refugio franco argentino y luego continuar hasta las laderas del Llullaillaco donde estableceríamos el campamento base. La mañana amaneció muy fría y a lo lejos se veían las cumbres con nieve nueva de la noche anterior. El camión avanzaba perdiéndose en esa inmensidad de cerros y salares. Por momentos un grupo de vicuñas rompía esa monotonía inanimada. Cristian y Severino, los gendarmes, tenían dudas sobre el clima, ya que quedarse varado en esos lugares cuando el frío aprieta no es nada agradable. Todo queda lejos a pie y el

relato y tumba del holandés congelado que encontraron junto a su equipaje muchos años atrás no dejaban dudas de la rigurosidad del clima en esa región. Viento fuerte y frío nos recibieron en la cara sureste del volcán donde decidimos armar el campamento. Al día siguiente realizamos una larga caminata hacia el hito fronterizo donde fue posible divisar las estacas que señalan las minas, aún activas, colocadas por Chile durante el conflicto fronterizo en 1978. La vista sureste del Volcán es la más impactante, y bonita de fotografiar sumado al hecho que la nieve cubría gran parte del mismo producto de las nevadas recientes. Algunos problemas mecánicos con el camión y un mal clima llevaron a la decisión de retornar a Tolar. La perspectiva de quedar sin medio de transporte en este lugar tan aislado, nos convence que no hay otra solución. Desarmamos en campamento de manera apresurada, un poco desordenada, porque la noche esta por llegar. Por desgracia a poco tiempo de esa salida, en una pendiente pronunciada, notamos que el camión no avanzaba, así que descendimos del mismo, ya noche cerrada, un cielo estrellado, límpido y un frió tremendamente intenso. El combustible se había transformado en unos cuantos bloques de hielo. En un instante se tomaron decisiones. Fueron encendiéndose calentadores a gas, a benzina para poder descongelar el tanque. En la desesperación de no quedar parado en este lugar tan inhóspito, se hecharon unos pedazos de madera acumulados en el camión al medio de las llamas, hierbas arrancadas al suelo congelado, todo fue bueno para quemar, hasta el colchón de uno de los gendarmes!!!!. El tanque con casi 50 litros, se fue descongelado, (Damián, sí, lograste la meta), pero el camión no arrancó. Decepción en las tropas, quería decir pasar la noche a la intemperie, con el camión parado al medio de una salina a 200km del primer pueblo y la verdad, nos echamos sin mucho ceremonial en el camión. La noche no fue muy agradable, el frió se hacia sentir en el piso metálico del camión y a través las lonas, pero a la mañana siguiente, todavía en nuestros sueños, nos despertó el ruido del camión en marcha, Cristian, el chofer encontró la solución sacándole el filtro, sonrisa, alivio, y en unos minutos estábamos de vuelta en el camino, sin poder creer lo que había pasado. Miradas por la parte atrás del camión, entre las lonas, se aprecia al volcán y en realidad con esa capa de nieve fresca es sinceramente muy bonito, pero te hace sentir la decepción, tema aún no hablado hasta ese momento, tenemos que volver a Tolar, y sin vehículo en condiciones, ninguna aproximación es posible y en otras palabras se termino la expedición!. Paramos en esa vuelta morosa en “La Casualidad”, pueblo donde nació Pedro. En la gran época de las explotaciones mineras de la región, llego a albergar hasta 3000 personas, hoy es un pueblo fantasma. Quedan las estructuras vacías de las casas, muros derrumbados, mineral esparcido, los


edificios de la mina, pilas de bolsas de azufre reventadas. Visión surrealista, la mirada atrapa objetos familiares dispersados, destruidos por el viento, por el tiempo y el olvido. Recuerdos de una vida pasada, de niños corriendo por la calle detrás de una pelota, de las campañas de la iglesia el domingo, del vaivén de los camiones que salían cargados, y hoy el viento, y nosotros un poco heridos por el intento fallido del Llullaillaco. Hay pocas palabras, lo de afuera solamente refuerza lo de adentro. Nosotros, en la casa de Pedro, vacía de su contenido comimos, bebimos, escuchando sus relatos de niños, cuando jugaba en estas calles. De vuelta a Tolar, Jorge que nunca se da por vencido, partió enseguida en la búsqueda de otro medio de transporte, y lo consiguió!, el día siguiente partíamos de vuelta por el campamento base del volcán, esta vez íbamos a intentar la aproximación por la cara norte. Instalamos nuestro campamento base a 4900 msnm, y nos pusimos rápidamente a cubierto. Esa noche cenamos un guiso de lentejas con peceto donde Jorge demostró una vez más que es un excelente gourmet de alta montaña,

como me gusta llamarlo y nosotros le hicimos honor como comensales de su elaboración culinaria. El día siguiente, se realizó el porteo al campamento de altura, a los 5900msnm, y vuelta al campamento base. En los relatos de las expediciones anteriores aparece la opción de realizar dos campamentos de altura, uno a 5900msnm, otro a 6300msnm, pero decidimos realizar el asalto a la cumbre a partir de los 5900msnm. El día del porteo fue largo, la caminata en acarreo dificulta bastante la progresión. Volvimos al campamento base cansados y un poco desanimados, las condiciones climáticas y el terreno son difíciles. Al día siguiente nos organizamos y dejamos comida, carpa y un poco de materiales escondidos bajos unas piedras. Ese mismo día llegaron los cordobeses, gente amistosa por naturaleza, con un equipo y envidiable provisión de comida y bebida, que nos hacia sentir los carenciados del Llullaillaco. Nuevamente otro día de subida, idéntico, al día anterior, largo, pero el tiempo cambió, hace ahora más frió y se levantó bastante viento.

Cruzamos un primer tambo inca, uno de los cuantos que cruzaremos a lo largo del ascenso. La arquitectura será siempre igual, pero se reproducirá la misma emoción cada vez. Vestigios de los pasos que dejaron los incas en Argentina, en sus montañas y volcanes más altos. Siempre tienen en la base una capa de piedras de pequeño tamaño, y después hacia arriba se organizan, se alternan y se juntan perfectamente piedras de tamaño mayor. La puerta es perfecta y tan estrecha que nos cuesta pasarla, pero no deja de ser a la vez una invitación al interior de la pirca y la imaginación. Todas parecen tener el mismo diámetro, como una reproducción idéntica a lo largo de los flancos del Volcán junto a unas ramas de Queñoa torcidas, deformadas por el tiempo y la intemperie, pero apuntan a la cumbre y nos indican el camino acompañándonos a lo largo de la subida.

El día siguiente de nuestra llegada al campamento 1 se presentó muy frío y ventoso, por lo cual decidimos postergar el ascenso final a la cumbre. Ese día nos movimos poco, solo recorrer los alrededores del campamento, ordenar la carpa. Por momentos el único lugar agradable es la bolsa de dormir y la idea de no salir de allí. Derretir nieve, tomar mate, té, amargo serrano, jugo, sopa. Dentro de la carpa en altura, uno parece un sapo: vive para hidratarse. Día de espera, de sueño, de ocio. Es una pregunta recurrente cuando uno vuelve, que hicieron todo el día prisionero de la carpa ?, en realidad es una oportunidad increíble, un día completo de tranquilidad, de reflexión interna, aún en la incomodidad que ofrecen esos pocos metros cuadrados para 4 personas. En realidad nos conocemos bastante para superar la promiscuidad y respectar la intimidad de cada uno. Los temas de discusiones se suceden, y no son muy diferentes de los que uniera 4 personas en la llanura. A la noche aparecieron unas nubes amenazantes en el cielo, envolviendo la cima del volcán. Mal presagio.

Es temprano, aún de noche, Damián abre el cierre de la carpa y dice está estrellado. Bueno que quieren hacer ?.-Para esto vinimos!- dice


Jorge poco convencido ya que afuera hace mucho frío y el calor de la bolsa esta muy agradable. El resto silencio y así pasan algunos minutos. Luego Damián preparando lo que podría llamarse el desayuno, con la resignación de quién realiza esa tarea desde hace mucho tiempo, comenta Esta es la parte más difícil, levantarse, prender los calentadores, tomar algo, comer lo que se puede, juntar unos caramelos, unas galletitas para la caminata, vestirse con todo el equipo y salir afuera y recibir la noche, sentirla, palparla, es solo la oscuridad, cielo estrellado, silencio, frío. Hay que ponerse las botas heladas, encender las linternas, y empezar a caminar, dejando atrás la protección de la carpa. Pero de golpe se piensa solo a arreglar el paso sobre el paso del otro, y subir, y si es posible hasta lo mas alto. Pasan las horas, levantas la vista, ves que está amaneciendo, te sentís mejor y continuas más animado. Desayunamos y pienso que eso es su vida, lo que le gusta hacer pero esos primeros momentos son una parte jodida del asunto. La montaña y el grupo te enseñan muchas cosas, nadie va hacer lo que vos tenés que hacer, nadie te viste, nadie te lleva el equipo, el agua, el abrigo y mucho menos nadie te lleva para arriba. Y Damián que me dice que soy lento aunque en realidad lo mío es parsimonia. Falta el aire, cuesta recuperarse, y a cada paso el piso suelto de roca volcánica se desplaza ladera abajo o el pie se entierra en la nieve hasta la rodilla y todo te dice que estas cansado, que abandones, que no tiene sentido seguir, pero delante ves a tu compañero que sigue y entonces caminas hacia arriba tras sus huellas. Encontramos nuevos vestigios de los Incas

durante el camino hacia la cumbre y parece que uno viaja al pasado. Se genera una sensación colectiva de respeto al lugar, por aquello que representó y hoy persiste. Se avanza como pidiendo permiso en cada paso. Pasan las horas, avanzamos, cada uno a su ritmo, a la cabeza va Damián y Jorge se quedó a unos 200 mts abajo sentado, no nos mira, mira la inmensidad y decide volver. Al final después de varias horas de pendiente a 45 grados, arribamos a 6200 msmn a un cambio de pendiente que nos posiciona a un faldeo para acceder a una canaleta de piedras mayores muy sueltas, la marcha es lenta, y nos coloca sobre otro canal del norte con hielo verglass y nieve suelta, por fin después de largo terreno plano, se levanta la cumbre, pilas de piedras erigida como una pared, como las paredes de las pircas que cruzamos a lo largo del camino, pero mucho mas alto. Falta muy poco y la verdad a este momento preciso, no se piensa mucho, sacarse los grampones y clavarlos en la nieve, los bastones iguales, y subir entre las piedras, que son grandes y ofrecen bastante seguridad, no se mueven. Allí en la cima estaba todo, las pircas, maderas inalteradas y uno se imagina como habrá sido el ritual a esa altura, en esa época con los precarios abrigos y elementos que poseían los Incas. Del lado chileno el cráter del volcán, un desplomo alucinante, que con el viento no da muchas ganas de acercarse, del lado norte, en el horizonte, salinas, mar sin olas, volcanes. La cumbre es como llegar a la tierra prometida, la culminación del esfuerzo hacia arriba y la lucha interior. Sencillamente uno no puede hacer otra cosa que emocionarse hasta llorar porque sabe que llegó donde no sabía si

llegaba. Fotos, chistes entre compañeros y empezamos a bajar. Encontramos a Jorge en el campamento con un té caliente, hay luz aún, hay buen tiempo, pero decidimos pasar la noche a 5900m, y bajar con toda tranquilidad el día siguiente. Otra noche en altura, pero con el cansancio dormiremos sin problema. El día siguiente levantamos el campamento, y bajamos hasta el base donde nos espera la camioneta de gendarmería. Volvimos a encontrarnos con el grupo de Cordobeses. Nos saludan, nos ofrecen comida, bebida para darnos ánimo, y subimos a la camioneta. Estamos en el momento donde hay felicidad de haber logrado la meta, pero que cuesta darse cuenta, expresarlo. Nos espera el camión de la gendarmería, y empieza un largo, cansador y polvoriento camino de vuelta hasta San Antonio de los Cobres y de allí a Salta. Llegamos a Salta, al mediodía, pizza, cerveza en la estación, y poco tiempo para charlar, para despedirnos, ya que salen los ómnibus de regreso. Juan llegó a La Plata el día siguiente donde lo esperaba su hija, un poco asustada por esa cara demasiada barbuda. Dominique, tiro la mochila llena de polvo bajo el escritorio y empezó su trabajo en el laboratorio. Parece que Damián al día siguiente casi pierde el ómnibus para Mendoza. Jorge sin duda ya estaba soñando otro escenario, otro desafío, otro lugar de encuentro.


Más de 40 cadáveres siembran los últimos 800 metros de la cara norte del Everest. Azotados por una ventisca perpetua que los mantiene siempre visibles al sempiterno escalador. Beck Weathers, un adiestrado alpinista norteamericano, compartió postura y convivió con todos ellos mientras esperaba en coma su muerte durante la primavera de 1996. Con sólo la cara y una mano al descubierto permaneció hundido e inconsciente bajo la nieve más de 36 horas antes de que su cerebro inexplicablemente decidiera salvarle eck Weathers perteneció a la infausta expedición protagonista del “Desastre del 96“. El año más mortífero de la historia en el Everest, con 15 fallecidos; 9 de ellos tras una repentina y extraña ventisca a escasos metros de la cumbre. “Al principio creí que se trataba de un sueño, cuando volví en mí, pensé que estaba en la cama. No sentía frío ni nada. Me puse de lado, abrí los ojos y vi la mano derecha delante de mi cara. Entonces reparé en lo congelada que estaba y eso me ayudó a reaccionar. Al final, desperté lo suficiente como para darme cuenta de que estaba hecho una mierda y de que la caballería no vendría a salvarme, de modo que tenía que despabilarme por mí mismo” Beck Weathers La historia de su segundo nacimiento está llena de hechos tan increíbles como inexplicables. Un equipo de especialistas de la National Geographic comandados por el Doctor Ken Kamler acompañaron a la anciada expedición de Beck para investigar sobre el movimiento de las placas tectónicas y dar fe científica de todo lo acontecido. El mismo equipo que dio por muerto hasta tres veces- al pobre Beck. Beck Weathers, de 49 años, tenía 10 años de experiencia en alta montaña cuando se embarcó en el difícil ascenso del Everest. No sin antes pasar varios meses de durísimo entrenamiento coronando seis de las siete cumbres más altas del planeta. Estaba preparado. Un año antes, incluso, se había operado los ojos para corregir su miopía y encarar con mejor visión el desafío, en lo que sería la decisión desencadenante de su desgracia. 10 de Mayo. Cuando todos los escaladores llegaron al borde sudoeste, pasado el campamento IV y a escasos 450 metros de la cumbre; una descomunal tormenta no prevista les sorprende en la última cuerda montañosa. Y digo

cuerda montañosa porque en esa arista, un puente de 300 metros que conduce a la cima, nadie va atado; no hay cuerdas entre los alpinistas porque hacia cualquier lado la pendiente es tan vertical que si te atas a alguien, le arrastras contigo en caso de caída. A la izquierda 2.500 metros antes de aterrizar en Nepal; a la derecha 3.600 metros antes de dar con tus huesos en el Tibet. En esa tesitura, a una temperatura de -50 grados centígrados, con vientos de 90 kilómetros por hora y en el apogeo del derroche láctico; los

Aspecto que presentaba el rostro de Beck unas horas y unas semanas después

alpinistas empezaron a colapsar con el último martillazo de la naturaleza; entregándose al destino e hincando las rodillas a escasos metros de su objetivo. En ese momento había 20 escaladores y un parte de tiempo equivocado en los últimos 600 metros de ascensión. El drama acababa de comenzar. Rob Hall daba el parte por radio al campamento III de la cabecera de la expedición a escasos metros de la cima. Su compañero Doug Hansen estaba exhausto y no podía ni continuar ni bajar. Se quedaría con él a esperar los refuerzos. También informó que Beck Weathers, nuestro protagonista, había colapsado durante la tormenta y yacía muerto en la nieve una decena de metros más abajo. Desde el campamento conminaron a Rob a que abandonase a Doug para poder salvar su vida. Rob contestó: “Imposible. Ambos estamos escuchando…” Rob firmo con serena lealtad su sentencia de muerte no sin antes pedir al campo III que le pusieran en contacto -vía satélite- con su mujer, embarazada de siete meses, en Nueva Zelanda; de la que se despidió en la más absoluta soledad después de decidir el nombre de su futuro hijo. Desde el campo III salió un equipo de rescate hacia la arista. Todd Burleson y Peter Athans, ayudantes del médico de la expedición, arriesgaron sus vidas en la imposible tormenta para salvar otras, quizás las menos. Al llegar al


caos conminaron a los más fuertes a bajar hasta el Campo III, a 7.310 metros y estabilizaron a los colapsados en espera de imposibles. No encontraron a Beck Weathers. Los compañeros le buscaron durante todo el día para certificar la muerte antes anunciada, pero la ventisca hacía imposible ver más allá de un par de metros. Además el propio Beck, como contaría más tarde, se había desviado unos metros de la cuerda a causa de la ceguera que le estaba provocando la congelación de sus globos oculares. Las cicatrices de su antigua operación habían reventado por el frío y su visión antes de desvanecerse era prácticamente nula. Beck decidió antes de 'doblar la rodilla' resguardarse del fuerte viento en un recoveco de nieve para esperar la bajada de sus compañeros. Se barruntaba el fin. El día 11 de mayo. 24 horas después de su desmayo. El equipo encontró el cuerpo de Beck Weathers, al lado del cadáver de la japonesa Yasuko Namba y cubierto completamente de hielo excepto media cara y la mano derecha que se erguía como un palo, congelada con los dedos abiertos y por encima de la nieve, como saludando. Comprobaron con dificultad que aún respiraba débilmente desde el coma y decidieron, ante la imposibilidad de efectuar un traslado imposible, certificar su segunda 'muerte'. Al fin y al cabo nadie había despertado nunca en la montaña de un coma hipotérmico. Lo que ocurrió a partir de ese momento es un completo misterio para la ciencia. El Doctor Ken Kamler construyó y explicó su particular teoría para luego pasearla en infinidad de conferencias y TED talks de turno. Beck permaneció 30 horas en un estado catatónico. El oía a sus compañeros pasar y decir “está muerto” pero no podía ni moverse ni parpadear cuando marchaban. El cerebro del alpinista había revertido una hipotermia irreversible. ¿Cómo lo hizo? Según las especulaciones del doctor Ken el lóbulo temporal, en lo más profundo del cerebro y encargado de guardar los recuerdos; fue el último en abordar la hipotermia. Becks consiguió despertar porque los fuertes recuerdos de su familia mantuvieron la glucosa y la energía en la parte del cerebro donde también radica la voluntad: Las circunvoluciones del cuerpo calloso. 36 horas después del inicio de la gran ventisca Beck apareció tambaleándose como

Simulación de un 'SPECT' del cerebro de Becks en las cuatro fases de su agonía: 1.- Escaner en estado normal. Flujo distribuido. 2.- Lóbulos frontales con mayor flujo. Se pone atención en los músculos. Apenas hay actividad en el centro o de 'recuerdos'. 3.- Flujo desaparece. Casi no hay actividad. 4.- La parte central o de recuerdos se ilumina de nuevo, al pensar en su familia.

una momia en la tienda médica del campo III: Hola Ken… ¿Dónde me puedo sentar? [...] ¿Aceptas mi seguro de salud? El primer chequeo fue desolador. Tras su aparente lucidez se escondía un cuerpo congelado y rígido. La mano derecha era una piedra y en la cara asomaba ya la necrosis negra del tejido muerto. Los primeros tratamientos iban encaminados a paliar el dolor que despierta el calor del cobijo. Beck fue reservado en una de las carpas mientras atendían al resto de pacientes no desahuciados. Durante esa noche, la ventisca destrozó la tienda donde estaba en solitario el alpinista y parte del nylon cayó sobre su cabeza, asfixiándole mientras le dejaba a la intemperie. Inmóvil pasó

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la noche entre gritos estériles y estertores de frío infinito. Cuando el equipo despertó y vieron el panorama pensaron en el desenlace fatal pero Becks… había vuelto a conseguirlo por tercera vez. Con una camilla de sogas sus compañeros consiguieron evacuarlo al campo base, a 6.500 metros. Un helicóptero lo trasladaría, desde allí a un hospital en lo que se considera el rescate a mayor altura que ha hecho nunca una aeronave de esas características. Beck Weathers pasó hasta 10 veces por el quirófano durante su larguísima convalecencia. Le amputaron el brazo derecho a la altura del codo y los dedos de la mano izquierda y de los pies. También le reconstruyeron la nariz con trozos de piel de las piernas. Nunca más volvió a la montaña.


Marcelo De Bernardis lleva cuatro años participando de la Marathon que se realiza en las islas Malvinas. Paralelamente hizo cumbre en varios montes en donde la historia y el deporte se conjugan en los sentimientos más profundos, en donde también tuvo la oportunidad de homenajear a los caídos en una travesía en bicicleta n cada una de nuestras vidas, suelen presentarse situaciones inesperadas, y con ellas oportunidades únicas para el aprendizaje en todas y cada una de sus formas. Aprovecharlas en su máxima dimensión depende de cada uno de nosotros. Aún en escenarios en donde la interacción entre humanos podría definirse como de cierta complejidad, el Deporte, en su más puro estado, vuelve a demostrar su tremendo poderío a la hora de establecer ese puente firme y seguro, basado exclusivamente en el noble y genuino compromiso de dar el máximo de los esfuerzos posibles de cada una de las partes. Así lo pusieron de manifiesto figuras paradigmáticas de la Historia, de la talla de Pierre de Coubertain y Nelson Mandela. Pero…, y que hay de nosotros, personas comunes, aquellos que no tenemos ni el poder de líderes, ni la inteligencia de Leonardo Da Vinci ó Michelangelo Buonarroti, en donde lo único que asumimos es nuestra avidez de conocimiento…? Pues, a mi modesto entender, creo que se trata lisa y llanamente de transitar el camino, persiguiendo el instinto individual, basado un tanto en la intensidad de los sueños personales, y otro poco en la intuición de la manera de cómo concretarlos. Este instinto, en muchas ocasiones, no aparece alineado al mandato lógico o racional. Si bien mis inquietudes sobre la mística de Malvinas tenían su génesis algunos años atrás, mi desembarco en las Islas nace en marzo del 2008, fecha en la que tuve la oportunidad de participar por primera vez, como ciudadano argentino, en la 3º edición de la Standard Chartered Stanley Marathon, el maratón de 42K fiscalizado más austral del Planeta. Ocupé el 3º lugar en el podio, y eso derivó en una situación impensada, ya que tal como me lo dio a entender en ese momento Gladys, una compatriota que trabaja en el Banco organizador del Maratón, tuve el extraño privilegio de ser

Cráter de bomba de Harrier Finisher: Maratón de Bs As 04, 05, 07, 08 y 2010, Boston Marathon, USA 05, 06 y 07, Stanley Marathon (Malvinas) 08, 09 y 2011, Toronto Waterfront Marathon, Canadá 09. y Athens Classic Marathon, Grecia 2010.

Peligro de Minas

el primer argentino en la historia en ser aplaudido por la comunidad de Isleños. Ese momento quedó totalmente eclipsado un año después, cuando regresaba a Malvinas ya no sólo, sino integrando un contingente de ocho argentinos, entre los cuales se encontraban compañera de entrenamiento Andrea Mastrovincenzo, y tres Veteranos de Guerra, Javier Estrada, Esteban Pino, y Marcelo Vallejo, que regresaban a Malvinas después de largos 27 años del Conflicto Armado, dispuestos a enfrentar sus incertidumbres a través del maratón, como agregado al desafío planteado. Andrea obtuvo la victoria en la categoría femenina, y Germán, Esteban y Marcelo concluyeron exitosamente el maratón. La experiencia de compartir esa semana plagada de emociones intensas con quienes fueran protagonistas de lo vivido en el ´82, derivó no sólo en una especie de redención colectiva, sino que para aquellos que estuvimos allí mismo, poder capitalizar el testimonio de estos Soldados, en su faz racional como sensitiva, fue absolutamente enriquecedor e invaluable. El próximo viaje del 2010 tendría la oportunidad de medir nuestras fuerzas en otros terrenos. Luego de compartir 5 meses y medio de extenuantes entrenamientos junto a mi amigo y Veterano de Guerra Marcelo Vallejo, nuestra intención de participar en una nueva edición del maratón quedó frustrada cuando tras dos intentos fallidos de aterrizaje por las pésimas condiciones meteorológicas, cinco argentinos, un británico, y un zelandés, quedábamos fuera de competencia. Pudimos mantener nuestro espíritu en alto, corriendo el día lunes nuestro propio maratón, mientras que el día miércoles, junto a Marcelo y sobre dos bicicletas que llevamos desde el continente, hicimos una Travesía Homenaje a los Caídos, uniendo desde Puerto Argentino o Stanley, hasta el Cementerio Argentino de Darwin. La distancia a recorrer sumaban 95 km. de ripio, pero las condiciones del viento en contra hicieron que se demandaran siete horas y media de esfuerzo constante para su concreción. Los días restantes de la semana elevaron nuestras exigencias a otro nuevo umbral: en tan sólo tres días, hicimos cima en los montes Williams, Tumbledown, Sapper Hill, Dos Hermanas, Kent, Wireless Ridge, y Longdon, algo así como 125 km. a pie sobre terreno en donde aún hoy quedan testimonios de las batallas libradas en cada una de esas elevaciones. La edición de la Standard Chartered Stanley Marathon 2011 me pondría al frente de un reducido grupo de compatriotas que, más allá de los altos costos devengados por el itinerario aéreo Buenos Aires - Santiago de Chile Punta Arenas - Malvinas, manifestaban todo su interés por participar en el evento. Fue así como junto a Manuel Méndez, un experimentadísimo atleta marplatense, y Leandro Hidalgo, un médico de La Plata, acompañado por su mujer Jorgelina y su hijo Juan Martín, de cuatro años, pusimos pie en Malvinas. Minutos antes de la competencia conocimos a Federico Gargiulo, oriundo de Ushuaia, que se uniría a nuestras actividades. Manuel obtuvo la


victoria, y los demás completamos exitosamente nuestros maratones. Y tras ello, otra semana de nuestras vidas plena de intensidad. Una nueva visita al Cementerio Argentino de Darwin, pasando por Goose Green y San Carlos. Las últimas jornadas estarían reservadas para recorrer palmo a palmo Monte Longdon y Monte Tumbledown, dos de los escenarios en donde se han librado los combates más duros de la Guerra de Malvinas. La premisa de este año, fue rodear ambos montes y conocer todas sus laderas, introduciéndonos dentro de cada posición y cada trinchera, para intentar de alguna manera, en un contexto mucho más benévolo como el que la Paz puede ofrecer, recrear las perspectivas de nuestros Soldados que desde allí combatieron valientemente. Allí, donde todavía las cocinas de campaña evidencian su presencia a través del tiempo, íntegramente pintadas de óxido pero aún de pie, compartimos nuestros almuerzos y rondas de mates en silencio, interactuando con la soledad, el viento y el frío, con el sólo objeto de homenajear a nuestros 649 Héroes, y aquellos que dieron el máximo de sus esfuerzos y más aún, en pos del cumplimiento del deber. Quiero agradecer a todos y cada uno de mis compañeros de estas incursiones a Malvinas. Pertenecen a una minoría selecta de compatriotas llenos de inquietudes personales, que lejos de conformarse simplemente con soñar, dan todo de sí para la concreción de sus sueños. Cada instante compartido con ellos en las Islas está signado por una marcada profundidad, irreemplazable, que ha derivado en un crecimiento personal muy importante, entendiendo que esto último es posible debido a un escenario tan único y especial para los argentinos, como el referido. Mi especial gratitud para con Garmont, por sumarse a la nómina de Sponsors, ocupándose de mi indumentaria de alta montaña, acorde a las durísimas condiciones climáticas y dificultad topográfica de los sitios visitados.


El 28 y 29 de mayo se desarrolló unas de las carreras de aventura más exigentes de nuestro país, la XK Race en La Cumbrecita. Fueron 200km sin parar de mountain bike, trekking, kayak y cuerdas; obviamente una carrera en la que se necesita saber de orientación para poder participar. Andar extremo mandó un equipo para que nos cuente los vericuetos de esta dificilísima competencia ¿Cómo contarles una carrera expedicionaria multidisciplinaria en un paraíso?...¡Gracias a la vida !” Pero... creo que la carrera empezó el día anterior a la largada oficial, ya que con Diego llegamos a las 19:30 hs del 27, fuimos al lugar de inscripción, retiramos mapas, cartas, hojas de ruta, pasaporte, handy e indumentaria y nos comunicaron que la charla técnica era a las 20 hs; deslinde, foto de rigor y nos vamos para allá. Encuentro, amistad, saludos, hacen de la

previa a la charla técnica, un lugar lleno de camaradería, hasta que la pantalla con sus mapas satelitales y planimétricos (ja, la cara de Diego… es su primer XK!) nos va mostrando el desafío y da lugar a una primera planificación que terminó 22:30 hs. Corrimos a registrarnos al hotel, corrimos para ir a comer, corrimos para planificar nuestra carrera y algunas opciones, y corrimos a dormir. Día 28 largada 10:00 hs: desde temprano control de los elementos obligatorios para toda la carrera, que eran muchos, y de allí fuimos al puente de La Cumbrecita. Ya ahí, debíamos elegir sólo 2 de los 3 PC (puestos de control) posibles que nos indicarían minutos antes de la largada, Cerro Wank y Cascada Escondida fueron nuestras elecciones (15 km). Ansiedad, mucha adrenalina y se largó!!... “atacamos” el PC Wank que tenía mucha altura con relación a donde estábamos; su ascenso era agresivo y nos obligaba a ir paso a paso; una vez marcado, disfruté de la impresionante vista y al próximo PC . Navegando bordeamos varios cerros y llegamos al Valle de Cascada Escondida, en el único árbol del valle estaba el PC, ¡qué lugar!; y retornamos por senderos hasta la largada. El PC4, AT1 (área de transición); montamos las mtb, nos dirigimos a una "pampita" y de ahí a una senda que va a Villa Alpina, el primer tramo muy técnico, la hoja de ruta marcaba precaución por la pendiente y las piedras sueltas, así era. Muy lento y forzada la marcha, el equipo

se luce: llegamos a La Villa un lugar hermoso, pero sus casas enarbolaban banderas Francesas y Holandesas, no me gustó. Marcamos el PC 5 y al 6 por caminos bien marcados que nos dejaron estirar las piernas y encontrar muy buen ritmo en las continuas subidas y bajadas. Cabe destacar que mi coequiper acomodó detalles que mejoraron nuestro andar (por su experiencia en montaña); marcamos y al PC7, larguísimo!. Pasamos por todo tipo de lugares y superficies característicos de la sierra, todos espectaculares. Para darnos respiro, en el último tramo, un gran descenso de 8 km, (llegamos a marcar 55 km aprox.) hasta llegar a la confluencia de los ríos Reartes y Del Medio, el PC era virtual, copiamos códigos. Es en este momento de la carrera, que sin saberlo se nos presentó otra clase de desafío, primera pinchadura, cambiamos rápido y seguimos por un camino costero,… yyyy!!!! se vienen la 2da y 3ra pinchadura, ya la cabeza


Elite Mixtos 1° "BikeGroup Giant" Taddeo, Velazco, Matulich y Muñoz 22:54:00 2° "Banco Hipotecario Zenith"Romera, Ferroni, Helling y Galosi 23:15:00 3° "Rustik Merida Ansilta" Ayesa, Sabio y Diaz 25:04:00 Elite Caballeros 1° "Squadra Italiana" Cannata, Giusti y Mainardi 23:16:00 2°"Alcance Leones" Moccicafredo, Capellades 24:16:00 3° "Sportotal I"Vallejo, Vallejo, Vallejo y Gonzalez 24:44:00

Desafío Mixtos. 1° "Meliquina MDP" De Achaval, Oneto, Prandi 27:54:00 2° "Sin Rastro" Fleiderman, Madoery y Fuentes 29:34:00 3°"MDP Y Quilmes Way" Dolso, Touceda, Dolso y Maryncak 30:02:00 Desafío Caballeros 1° "Alquimistas" Acevedo, Verri y Corral 26:15:00 2° "Zarate Team" Lopez y Breunig 27:16:00 3° "DC Integral" De Cilia, Ramos y Sutter 29:33:00

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empezaba a jugarle una mala pasada a Diego, todo fue a su bike, cuando se daba cuenta que estábamos bastante bien posicionados y veía pasar a otros equipos. Marcamos PC8 en Puerto del Águila y continuamos al otro PC. En este tramo tuvimos problemas en su rueda trasera sumado al viento en contra junto al lago. Pronto a llegar al PC9, complejo "Rincón del Lago " 4ta pinchadura, ni les cuento la cara que tenía Diego!, y llegamos (mtb 80km aprox). Luego vino la parte de kayak AT2 (20 km) en el embalse Los Molinos, todo nocturno, eran cerca de las 20hs. Tuvimos un tiempo muerto, que por ser tan breve no nos dejó arreglar la bici. Fue una etapa brillante, estuvimos entre los mejores tiempos y eso que era de noche, pero el frío se hizo sentir con fuerza en nuestros pies mojados. Fuimos unos de los últimos equipos en salir (la etapa se suspendió, por pérdidas y las inclemencias del tiempo), marcamos el PC10 en un muelle alejado, a 10 km, y retornamos, fue dificultosa por el viento y corriente que nos derivaba. Al llegar (22hs) presenté signos de enfriamiento, era el de adelante en el sit on top (Kayak).Vino el PC11 AT3, Stop obligatorio de 1h que tomamos 2h, sacándole 1h al próximo que era de 4hs, teníamos que arreglar la bici (última cámara), cambiarnos las mudas de ropa y comer algo, para afrontar la siguiente etapa. El equipo decidió un camino más largo para llegar a La Cumbrecita, los dos eran ascendentes

pero uno tenía puertos de altura muy agresivos, así que optamos por un constante ascenso pero menos exigencia (eso creíamos) también cuidando las bike. Fue así que cerca de las 24hs salimos rumbo a La Villa Los Reartes, 15km de ruta asfáltica, bajadas y subidas, un tramo rápido, hasta un camino que nos conectaba directamente con La Cumbrecita. ¿Se acuerdan de los 8 km en bajada?, ahora subida!!! y a eso le agregamos 21 km más (todo tierra-arcilla), “guau” que lindo esfuerzo!, pedal y garra sostenidos por mucho tiempo no nos dio respiro, solo 2 tramos de 500m planos. Fue una noche fría pero se sentía ese calorcito, es en esos momentos que están “todos”: como par, mi compa, yyyy… mis sobrinos, mi familia, mis amigos, mi gente querida y el "gracias". Llegamos a la rotonda de Villa Berna, cartel de La Cumbrecita 9 km de ruta asfáltica y logrando alcanzar esta etapa a las 4:00 hs, entregamos pasaporte y stop obligatorio de 4 hs (nosotros 3hs) fuimos al hotel a descansar. Día 29, 7:30 hs última jornada de trekking /cuerdas. Salimos rumbo al Valle del Abedul, encontramos un camino que le decían “de las 4x4”, muy difuso pero nos llevó, hermoso lugar como todo, al PC virtual, marcamos códigos y continuamos para el siguiente. Era el PC Casa vieja, navegamos, yo era el encargado de la orientación y nos daba por lugares con muchas quebradas y fuimos. Les digo que mi compa me dijo: ¡por ahí!, y

Ahí mismo tomamos un vuelo con destino Quarzazate Marruecos. Cada corredor tenia asignada su Jaima (carpa), la nuestra compuesta por 5 argentinos (Luis Menéndez, Luis Barco, Roberto Fussaro, Mario Oyhola y yo) y tres Españoles, Mónica, la ganadora, en su categoría, de la edición 2010, Ángel y Sebastian, un periodista español. 2 de Abril. Es el día previo a la carrera, d i v i d i d o s d e a d o s c i e n t o s, d e b í a m o s presentarnos a la organización para chequear los elementos obligatorios para la carrera; Brújula, Silbato, Aspira veneno, Bolsa de Dormir, Informe Medico junto con electrocardiograma, y otros, una vez aprobado el Chequeo Medico y General, te entregaban la bengala, que debías llevar en todo momento y debías dejar todas tus pertenencias, quedándote a partir de ese momento, con lo necesario para afrontar los siete días de carrera. Realmente, otro momento donde

el nerviosismo afloro, que difícil es poder desprenderte de tus cosas y quedarte en el medio del Sahara con una mochila, para el resto de los días……. Sin dudas es la noche más difícil, la noche previa, estas a horas de largar, de dejar salir todas las sensaciones que durante tanto tiempo dieron vueltas por la cabeza: miedos, incertidumbre, adrenalina, euforia, ganas de empezar, y hacer realidad el doble objetivo de terminar . Largada, Primera Etapa 32km. 3 de Abril A las seis en punto de la mañana llegaban cuatro camiones con unos cincuenta lugareños, contratados por la organización para levantar las Jaimas (carpas), esto te obligaba a levantarte er

cruzamos varias quebradas con ríos, dos hileras de pircas que se perdían en las sierras, marcamos y al PC Del Puente. Diego que a esta altura estaba mas entero que yo, atacó el PC con extrema precisión, íbamos a un ritmo de trote parejo. Marcamos y seguimos a la parte de cuerdas en El Peñón del Águila, tomamos un camino más corto pero casi de escalador la última parte, aparecimos por donde nadie, “ganándonos” a la gente encargada de las cuerdas, descenso, enganche en cable de acero, impulso y llegar al otro lado, subir por una escalera colgante y encontrar la tirolesa de 500m. ¡Qué bueno volar entre las sierras!. Marcamos el PC, para ir rumbo a la llegada (13hs). ¿Qué decirles?!!, mil pensamientos, imágenes, corazón latiendo y cuerpo exhausto ... Arco de llegada, mirada de alegría cómplice con mi compa y el abrazo. Yyyy…. estaban todos, mis sobrinos, mi familia, mis amigos, mi gente querida y mi manera de decir " Gracias a la Vida". Destacados: A mi compañero Diego Meroni que nos conocimos 2 semanas antes de la carrera, solo entrenando una, A la organización XK Alito, Pablo, Colores, y troup siempre a la altura de semejantes logísticas requeridas. A los que posibilitan que corra estas carreras, Andar Extremo, Timex, Polo Torres, OKorral, A.E.A Obras e Insumos y Bon Voyage.

Timex Argentina Multisports S.A. Representante Comercial - La Plata y GBA Leonell Scilingo 0221 155737151 - Cap Fed Marcelo Guglielmi 011 1531369809


Lo que suponía un reto más en solitario a bordo de mi Kayak circunavegando toda la costa del Lago de Maracaibo, para seguir sumando kilómetros a mis recorridos por las costas, se convirtió en una experiencia repleta de vivencias que me agarró desprevenido. Los casi 500 km de su costa requirieron 11 largos días para recorrerla a diversidad del mundo que se sucede en los alrededores del lago fue un descubrimiento, pasar horas navegando con las toninas en las costas totalmente solitarias del sur del lago, compartir la vida con los apacibles pobladores de los pueblos de agua o una suculenta cena en alguna de las miles de prósperas haciendas que rodean la costa. El contraste brutal de escenarios como los intimidantes amasijos de metal de la industria petrolera y la paz de las lagunas en la Reserva Natural del Parque Ciénaga de Juan Manuel. La magia del relámpago del Catatumbo. La fascinante historia de los pueblos antiguos. Todo un mundo, cada uno digno de su propia historia. El gentilicio Zuliano me desbordó en atenciones y tiene que ser una de las características más resaltantes de estas gentes amables, no solo nos hospedó en su casa el Pollo (Jesús Villalobos) a quien acabábamos de conocer, todo el viaje fue una muestra de amabilidades. Las paradas en fincas en la costa donde pensábamos guindar un chichorro en la playa se convirtieron en suculentas cenas e invitaciones a dormir en las casas de las haciendas, cada vez que había que cargar el kayak había manos amigas para ayudar, ofertas de pescadores que cuando curiosos con mi kayak ,se paraban a conversar y les contaba a

donde iba, me ofrecían llevarme en sus botes, de nada valía que les explicara que debía cumplir mi reto atlético con el aspecto moral, ellos me decían ¨pero si nadie se va a enterar que lo llevamos¨, al tiempo descubrí que la única forma de calmarlos era decirles que estaba cumpliendo una promesa, automáticamente cambiaban de actitud y me daban su bendición. Edgar Guariguata, columna vertebral de la expedición, compañero de unas cuantas aventuras y soporte de tierra en esta, nunca imaginó que él viviría su propia aventura por los cientos de kilómetros de carreteras de tierra y de alcabalas que le tocó sortear para poder encontrarnos en los puntos de llegada acordados. La salida fue desde La Concepción, justo al sur de Maracaibo, básicamente por razones lamentables de explicar pero que conocemos todos los que de alguna manera estamos

involucrados en estos deportes de riesgo controlado, es preferible salir discretamente de un punto donde no haya mucha presencia de autoridades. A buen entendedor pocas palabras. Navegar en un Lago era una primicia para mí, la bienvenida fue sublime, los rangos de colores del amanecer solo podían augurar un día excelente. Horas más tarde sintiendo la brisa en mi espalda y como mi kayak constantemente comenzaba a levantar la popa (cola) en la ola, comencé a surfear ola tras ola, empapándome constantemente con el salpicar de las crestas, calmando la euforia divina que sentía con la velocidad al descender cada ola, supe en mi interior en ese momento y tuve un presentimiento -que me daba miedo decretar porque era muy pronto todavía- que este viaje iba a ser memorable. Los primeros días de navegación bajando al sur por la costa occidental -en sentido antihorario- empezaron a ilustrarme como sería gran parte del paisaje del lago, una costa llena de vegetación alta, tupida, avanzando agresivamente hasta la orilla buscando el agua, playas casi inexistentes, mucha pesca artesanal, cangreja, raya, pescados de muchos tipos.


por Mauricio Camocardi

Pescadores amables que se paran a conversar y me dan valiosa información sobre puntos de llegada. Ganado que aparece entre la vegetación, olor a fincas. Desde ya comienzo a ver torres, plataformas, algún taladro, debo confesar que tengo algo de aprensión con la navegación entre estas estructuras, en esta parte estaban lejos todavía, pero la navegación de la costa oriental fue de días nerviosos, de estrés entre torres y estructuras, lanchas enormes con motores ruidosos que sentía podrían devorarme, agua sucias de petróleo y de ciudad, tendidos de cables y amasijos de metal caídos en el agua en lo que asemejaba mas una chivera que lo que uno se supondría de la industria principal del país. La navegación a Chamita fue uno de los días más duros, salí del Congo Mirador con las últimas lluvias de una noche interminable de tormenta y relámpagos, la desembocadura del Catatumbo, que suponía un gran caudal, no fue tal, de acá en adelante, con cero brisa y la temperatura cerca de los 38 grados, la navegación fue un infierno que me hizo consumir mi reserva de 6 litros de gatorade y 1 de agua cuando todavía estaba a dos horas, estaba en una burbuja de vapor donde el horizonte se perdía, el sudor me rodada por la cara y me

picaba en los ojos, tuve que parar a un peñero que por fortuna me regalo una botella de agua. En el Sur del lago las aguas se tornaron más frías, a consecuencia de la cantidad de afluentes que bajan de la cordillera, la brisa también me refrescaba, en estas aguas mucho más limpias me regalaron la aparición de las toninas, que me acompañaron constantemente por los próximos tres días, girando tímidamente en torno a mí por horas. Llegar a Santa Marta, Bobures y sobre todo Gibraltar, pueblos antiguos fundados a finales de 1.500 -donde una multitud de niños salió a recibirnos- fue descubrir historias que desconocía de la importancia y prosperidad que tuvieron en su tiempo donde la gente y productos de comercio de esta zona de Mérida, Colombia y Trujillo, se embarcaban en lo vapores que viajaban por el Lago de acá a Maracaibo y posteriormente, en un vapor más grande que hacía la ruta Maracaibo, Aruba, Puerto Cabello y La Guaira. En esos tiempos este viaje fluvial era muchos más rápido que pretender viajar por tierra. Henry Morgan saqueo Gibraltar en su tiempo, quizás es una prueba de la riqueza de estos pueblos en esa época. En lo personal quizás lo cumbre de mi expedición fueron los tres días en solitario y autosuficientes en los pueblos de agua, sin

contacto con tierra firme, sin señal de teléfono y tan solo con el Spot para mandar un mensaje vía satélite para avisar que estaba bien, las cortesías de la gente del agua, traducidas en invitaciones a comer, permisos para guindar en algún palafito en los pueblos flotantes de San Isidro y el Congo Mirador fueron bienvenidas, pues no hay otra opción en esta zona de Ciénagas y lagunas para poner los pies en algo firme. La vida en estos pueblos a flote es todo un mundo aparte, los habitantes son casi todos nacidos acá, una gran mayoría son de pieles, cabellos y ojos claros, se mueven de casa a casa en sus botes a palanca con una habilidad anormal, el tono de su voz el altísimo, necesario para poder gritarse de casa a casa, recogen agua de lluvia para el consumo y usan la que tienen alrededor para todo lo demás. Tener la oportunidad de poner todos mis equipos de pernocta y cocina a prueba en estos días fue una práctica bienvenida pensando en la navegación autosuficiente del Kuna Yala Panameño que tengo previsto para fin de año. Colarme un café en la lluvia de la mañana fría y el ritual de saborearlo mientras preparaba mi salida son privilegios sencillos difíciles de describir. El Congo Mirador está a menos de 10 km


del río que da su nombre al Relámpago del Catatumbo y transcribo: "Este fascinante fenómeno que se caracteriza por ser un r e l á m p a g o c a s i c o n t i nu a d o y s i l e n t e (especialmente por las grandes distancias), que se produce en nubes de gran desarrollo vertical formando arcos eléctricos entre los 2 y los 10 kilómetros de altura (o más), a medida que los vientos alisios penetran en la superficie del Lago en horas de la tarde (cuando la evaporación es mayor) y se ven obligados a ascender por el sistema montañoso de Perijá (de 3.750 msnm) y la Cordillera de Mérida, el ramal venezolano de los Andes (de 5.000 msnm, aproximadamente). El origen de este fenómeno está en el efecto orográfico de estas cordilleras que encierran y

frenan a los vientos del noreste produciéndose nubes de gran desarrollo vertical, concentradas principalmente en la cuenca del Río Catatumbo. Según el Ciclo del Nitrógeno, este tiene que pasar por este fenómeno y la creación del ozono atmosférico (el azul del cielo) también consigue origen en él, por lo que se puede decir que el Relámpago del Padre Río Catatumbo nutre nuestros suelos y pinta de azul a nuestro planeta". Zapara, el Señor del Lago, parece haber sido mi cómplice ayudándome en la ruta con vientos y corrientes a favor hasta pasado San Timoteo. Cuenta la leyenda que Zapara, en un impulso de cólera por perder a su hija Maruma a quien amaba, ante su pretendiente Tamare, pateó con la fuerza de su pie lo que era una selva rica en vegetación y la hundió, la cantidad de ríos que había en la selva llenaron la enorme cuenca que se creó formando el Lago de Maracaibo. Mis primeros encuentros con petróleo, que ocurrieron del tercer al quinto día de navegación y luego se repitieron en la zona petrolera de la costa oriental, comenzaron una penuria que tenía prevista pero había decidido ignorar hasta que sucediera, sentir como los dedos de las manos se pegaban unos con otros, ver mis cutículas negras e ir viendo como todo en el bote empezaba a agarrar un tinte oscuro, sentir en mi rostro el petróleo que la brisa frontal me salpicaba, fueron quizás mi motivación principal para navegar las distancias más largas que había hecho jamás -días de 63 y 62 km- paso por Bachaquero, Lagunillas, Ciudad Ojeda, Tía

Juana, rápido y un poco estresado, además no me gustan todas esas estructuras metálicas y la cantidad de obstáculos en el agua producto de todos los desplomes de estas, al final las uso para protegerme y navego de una a otra, sabiendo que ninguna embarcación de calado importante se acercaría, navego rápido , sin parar por en el afán de salir rápido de acá, promedio más de diez horas al día sentado en mi kayak. La zona petrolera, no deja de tener su interés, es irónico ver como los tradicionales pueblos de agua con sus palafitos pequeña Venecia- han dado pie a una gran Venecia de enormes estructuras petroleras, flotando sobre el agua de igual manera. Esta parte de la costa está protegida por el Dique Costanero que los resguarda de hundirse en las aguas del Lago, ya que estos pueblos han quedado por debajo del nivel del lago a raíz de la explotación petrolera, este Dique me cobra una cuota pues es una pared que hace imposible parar a lo largo de ella. Me queda el recuerdo incómodo de la llegada a Ciudad Ojeda, con 63 km encima, 10:30 horas en el Kayak y el sol cayendo bajo el horizonte, me hablaron de un puerto de pescadores que no lograba ubicar, la sólida pared de piedra del Dique Costanero se abre en bocas que dan entradas a puertos para las lanchas enormes que entran y salen por doquier, es viernes y supongo que agarré la hora pico porque en cada una de las 18 bocas a puertos que paso, debo parar para no cruzar su trayectoria, me pego mucho al Dique para no estorbar pero la contra ola que se forma es potente y viene de todos lados, sopla un viento fuerte del norte que complica las cosas, voy pasando bocas, esperando encontrar un punto propicio para entrar pero nada, considero llamar por radio pero no puedo hacerlo con el movimiento severo, voy sintiéndome torpe y vulnerable, ya con el sol escondido y pasados todas las bocas y puertos encuentro un recodo donde guarecerme, llamo por radio y mi gran compañero e indiscutible valioso soporte de tierra Edgar Guariguata me pasa una posición para descubrir que estoy a menos de 500 metros, suavizo mi palada y navego en la penumbra tranquilo y satisfecho, tocar tierra fue gratificante luego de haber hecho el día más


largo de navegación de mi vida, habiendo superado por segundo día consecutivo los 60 km y la barrera mental de los 50 km que parecía haberme colocado yo mismo. Como en toda travesía larga siempre hay una sorpresa inesperada que no estaba en los planes y convierte un día normal de navegación en uno exigente. El día comienza tranquilo con un café en taparita con los amigos pescadores. Pasando Cabimas, luego de bordear la punta que me protegía del norte y enfilando a mi próximo rumbo a Santa Rita, encuentro un obstáculo que se va haciendo difícil de sortear, tengo un viento frontal y una ola que me obligan a buscar la protección de la costa, la rompiente me baña constantemente pasando sobre el kayak, cosa que agradezco pues son las horas del mediodía con sol amado en el zenit, pero para llegar a donde asumo que quedaré a sotavento, debo navegar unos 10 km en estas condiciones, que se tornan interminables al notar que con los casi 45 grados de corrección en el rumbo que mantengo, la velocidad no sube de los 3 km/hr, clavaba la pala en el agua pero no avanzaba, es como meter la pala en cemento. El salpicado del agua, que viene horizontalmente desde las

crestas blancas de las olas, me hace daño en los ojos que vienen muy sensibles e irritados de los días pasados y siento agujas en el rostro. En esta penuria paso unas 3 horas sin parar hasta que empiezo poco a poco, a sentir cada vez más la protección de la costa, navego pegadito a la vegetación, se va calmando todo y disfruto del placer gratificante del esfuerzo reciente, me duelen la espalda y los abdominales, pero me siento bien, veo grandes bandadas de garzas, el sol va cayendo pero voy en hora, veo el atardecer llegando a Santa Rita después del día más largo de navegación en tiempo, casi 11 horas para recorrer 50 km con viento de frente, estoy contento. La vista del puente sobre el lago y navegar por debajo es emocionante. Llegar a Maracaibo entre los enormes cargueros es un poco intimidante pero emocionante a la vez, hay 9 barcos en la zona de los cuales 2 están en movimiento, hay tráfico que entra y sale, paso midiendo muy bien todo, la ciudad va creciendo en el horizonte y noto que paleo muy duro con la emoción de sentirme cerca de mi meta, después de 10 días-2 horas-48 minutos, con 462,66 km a cuestas y 80:24 horas de navegación, termino mi

reto discretamente y en silencio, con solo el Pollo, Jesús junior y Edgar para recibirme en Los Andes Yatch Club. La satisfacción es enorme y siento una relajación inmediata, como siempre me pasa, no puedo dejar de pensar en el próximo reto. Regreso a casa un poco golpeado, tengo una conjuntivitis seria y a los 2 días me operan de emergencia una infección en el dedo que los antibióticos orales no controlan y que me inmoviliza la mano por una semana. Pero es una experiencia rica en contenido, con vivencias memorables. Ya estamos editando un video para presentar en el Festival Ascenso de Videos de Aventura en el auditorio Polar en Junio de este año. Tenemos material como para otro video mas documental, producto de lo rico en anécdotas e historias que esta última aventura nos regalo.

David Bottome ha recorrido con su kayak toda la costa Norte de Venezuela ¨Reto a la Costa¨, la costa norte de Colombia ¨Reto Colombia¨, el Estado Nueva Esparta y Golfo de Cariaco entre otros. Es Piloto Comercial de Profesión. Vive en Valencia con su esposa Silvia Pérez y sus 5 hijos.


na carrera en seis etapas, de 33, 38, 38, 82, 42 y 19 km respectivamente, con un límite de tiempo cada una. Mil inscriptos de 54 países, fueron de la partida, con un nivel realmente muy alto, dado que en su mayoría eran profesionales del Running, depor tistas destacados a nivel mundial, incluso varios de ellos participaron de Campeonatos mundiales o Juegos Olímpicos. Esta carrera tiene la particularidad de tener que llevar en tu mochila, todos los elementos necesarios, comida, indumentaria deportiva y de

abrigo, (recordemos que de día llegó a los 55 grados y de noche unos grados por debajo de cero), bolsa de dormir, aislante y todo lo necesario para afrontar los siete días de carrera, la organización solo te provee de 10 litros de agua por día. Creí oportuno sumarle un objetivo extra y que la superación sea total, visité varios establecimientos con necesidades básicas y para esta primera etapa elegí cinco: La Escuelita del Rosario de San Fernando, El Hogar Cura Brochero y El Hogar de ancianos Pelliza, de

Vicente López, El Hospital Thompson y Escuela N 10 de San Martín. Con las empresas que me apoyan en mi proyecto “Superarse es Ganar”, les propuse por cada km recorrido sumar donaciones y de común acuerdo acordamos donar: Reebok: 1 par de zapatillas por Km. Recorrido, Omint: elementos de higiene para todas las entidades Weber: 30 Kg. de revestimiento por km Recorrido, Oroweat: 10 Kg. de pan por km, Nature Crops: 10 barritas de cereales por km, Mormaii: 1 par de lentes de ver por km Recorrido, Pole Position: 1 Kit escolar por km recorrido, Gatorade: 1 litro de Gatorade por km recorrido y Codere: 1 Respirador Artificial para el Hospital Thompson. 31 de marzo de 2011 Llegó el día de la partida, con tanta ilusión me despedí de las dos personas incondicionales y mas importantes en mi vida, mis hijas Fely y Justy, que con los ojitos llorosos, me abrazaron y me dieron las cartitas, es lo único que me impediría correr, no tener esas líneas escritas por el motor de mi vida, mis dos hijas, me podría faltar cualquier otra cosa, pero esas cartitas, no. 1 de Abril En esta carrera, el punto de encuentro fue Madrid, realmente un momento muy especial, al grito de Argentino!!! Varios corredores de diferentes paises me reconocieron de otras carreras, son esos premios que solo uno puede sentir como te llegan hasta el corazón y el alma. Ahí mismo tomamos un vuelo con destino Quarzazate Marruecos. Cada corredor tenia asignada su Jaima (carpa), la nuestra compuesta por 5 argentinos


(Luis Menéndez, Luis Barco, Roberto Fussaro, Mario Oyhola y yo) y tres Españoles, Mónica, la ganadora, en su categoría, de la edición 2010, Ángel y Sebastian, un periodista español. 2 de Abril. Es el día previo a la carrera, d i v i d i d o s d e a d o s c i e n t o s, d e b í a m o s presentarnos a la organización para chequear los elementos obligatorios para la carrera; Brújula, Silbato, Aspira veneno, Bolsa de Dormir, Informe Médico junto con electrocardiograma, y otros; una vez aprobado el Chequeo Médico y General, te entregaban la bengala, que debías llevar en todo momento y debías dejar todas tus pertenencias, quedándote a partir de ese momento, con lo necesario para afrontar los siete días de carrera. Realmente, otro momento donde el nerviosismo afloró, qué difícil es poder desprenderte de tus cosas y quedarte en el medio del Sahara con una mochila, para el resto de los días. Sin dudas es la noche más difícil, la noche previa, estas a horas de largar, de dejar salir todas

las sensaciones que durante tanto tiempo dieron vueltas por la cabeza: miedos, incertidumbre, adrenalina, euforia, ganas de empezar, y hacer realidad el doble objetivo de terminar.

A las seis en punto de la mañana llegaban cuatro camiones con unos cincuenta lugareños, contratados por la organización para levantar las Jaimas (carpas), esto te obligaba a levantarte temprano. La largada está prevista a las 9. Y como siempre me pasa, el primer día es el más duro, los nervios, la adrenalina, los miedos, la primer noche de antes de largar un gran sueño. Con un gran dispositivo de seguridad, camionetas 4x4, cuatriciclos, helicópteros y mil almas con un deseo único: terminar la competencia. Cada uno con sus propias convicciones. Yo con el sueño de terminar la carrera, con la bandera Argentina y la mayor cantidad de km recorridos, lo que me daría la

posibilidad de darle mas cosas a las cinco entidades. La cuenta regresiva se puso en marcha, 3,2,1 Go!!!, un escalofrío me envolvió todo el cuerpo, me paralizó por unas milésimas de segundos, estaba participando de la carrera más dura y emblemática del mundo, rodeado de profesionales, campeones del mundo, deportistas destacados en diferentes deportes, y ahí estaba yo, con mi humilde equipamiento, con mi inexperiencia, con todos los miedos pero con una fuerza interna única, se los puedo asegurar. Siempre para mi es la etapa más dura, y en esta en especial, largué con una mochila que pesaba 16 kg. Cuando el promedio llevaba entre 7 y 8 kg. Mis dos consignas fundamentales eran: comer y dormir bien. Así fue como pude sentir en carne propia que llevaba un exceso de peso importante, que poco a poco pude acomodar. Terminada la etapa, ya la tenía, sentía que había logrado superar el primer paso y multiplicar por 32 las donaciones, estaba Feliz.


Con la llegada de los “Desarmacarpas” aproveché a sacarle peso a la mochila, regalándoles algunos implementos que no creí imprescindibles, sobre todo comida. Ese regalo, nos permitió disponer de la carpa por media hora más, en medio de una tormenta de arena y viento, que hacía imposible cualquier actividad. Fue una etapa muy dura, el viento cada vez era más fuerte, la arena te pegaba y se te metía por todas partes. Tuve que improvisar un barbijo para taparme la cara. La visibilidad era prácticamente nula, no veías a más de dos o tres metros, se complicaba mucho ver las señales de la carrera, y eso generaba un nerviosismo particular, dado que podías perderte o salirte fácilmente del recorrido de la competencia. Delante mío estaba el corredor número 11, un Italiano, que parecía conocer el desierto, era increíble como bordeaba o rodeaba los médanos con el fin de guardar energías, evitando lo que la mayoría hacía, subirlos y bajarlos manteniendo un rumbo derecho. Tuve que esforzarme para poder seguirlo, realmente tenía un ritmo mejor que el mío. Al finalizar la etapa, fui a saludarlo y agradecerle, me abrazó y me dijo: “Me di cuenta que me estabas siguiendo, también que le pusiste mucha garra, estas muy bien físicamente, pero sobre todo mentalmente, se nota que es tu primera vez, tu mochila esta muy pesada, yo también tuve una primera vez y me ayudaron” Me fui caminando muy lento a mi Jaima (carpa), pensando en lo lindo del mensaje que me había dado un desconocido y en la mano importante que me dio. Con los aplausos y gritos de mis compañeros de Jaima (cada vez que llega un corredor todos los que ya llegaron aplauden y te alientan, es un rito de este tipo de carreras) me dieron los mails que me escribieron mis familiares y seres queridos. Otro momento sublime, poder leer: “vamos, vos podes!!!”, “lo vas a lograr!!!” por mas simple que sea el mensaje, es el abrazo, el contacto mas lindo y profundo que podes sentir en el medio del Sahara. Un apoyo único, una inyección de energía y apoyo, inigualable, con lágrimas en los ojos y el corazón lleno de afecto, me fui a dormir.

Con la salida del sol, pude darme cuenta que la tormenta ya había quedado atrás, ahora vendría el temido sol abrasador, tan típico de lugares desérticos. Este cambio metereológico cambiaba por completo la estrategia y la forma de encarar la etapa. A partir de ahora todo cambiaría y así fue. Apenas largué, se podía sentir que el Sol tomaría su lugar de protagonista que la tormenta de viento y arena, le había arrebatado. En el primer control, me embadurné de protección solar factor 50, el agua había que racionarla, yo llevaba dos litros para afrontar cada parcial de las etapas. El agua, a medida que pasa el tiempo, se va calentando, llega casi a la


temperatura de un mate tibio y se hace más difícil tomarla. Yo llevé algunas vitaminas/sales efervescentes con sabor a limón o naranja, que la hacían más tomable. En esta etapa un error en mis cálculos hizo que me quedara sin agua faltando dos horas para llegar al abastecimiento. No está dentro de nuestras posibilidades diarias sentir sed, uno tiene el agua a su alcance. Pude sentir realmente sed, la garganta seca y una preocupación importante. No podía sacarme de la mente mi heladera con bebidas frías, con mucho hielo, las propagandas, los carteles con bebidas, hubiera pagado todo lo que tenía por un vaso de agua fresca. Estos son los límites que uno enfrenta y supera en este tipo de carrera, para mí los logros más importantes, poder llegar a superar tus propios límites. Al llegar a la meta lo único que quería era mucha agua, mucha…….. a pesar de que mañana tendría la etapa de la Muerte, 82 Km …..

No pude dormir en toda la noche, leía y leía las cartitas de mis hijas y los mails, la curación del pie izquierdo, vendado, realmente me dolía mucho. Sentía una fuerza extraña que me empujaba, que me decía: hoy vas a superar otra etapa, con el Plus que era el cumpleaños de mi hermano Nico.

Así largué la etapa mas dura de mi vida, con miedo, incertidumbre, pensando que largaría a las 9 hs del 6/4 y llegaría después del medio día del 7/4. Realmente no sabía qué hacer, pero poco a poco fui sintiéndome mejor, desaparecieron las sensaciones y sentí realmente que lo lograría. Al llegar al segundo puesto de control, decidí parar, unos 30 minutos, almorzar y ver cómo estaba mi pie izquierdo. Comer me dio una energía única, me levantó mentalmente, porque al ver como estaba mi pie, realmente sentí que podía llegar a tener que abandonar por cómo se había abierto la herida. El calor fue terrible, ya ni la crema factor 50 me cubría de los rayos, pero la música me dio otro envión, me puse a fondo mi música y cantando, con los brazos en alto, como incentivando al imaginario público, hizo que recuperara esa fuerza interna que siempre me acompaña. Llegué de noche al cuarto puesto de control, con casi tres horas de antelación al límite impuesto por la organización, eso fue realmente un alivio, seguía en carrera. Para festejar me hice la cena, comida deshidratada, me tocaba arroz con pollo, el más rico que comí en mi vida, con jamón crudo y agua fresca. Intenté dormir una hora, pero sentí la necesidad de seguir, y en contra a lo que recomendaba la organización, salí solo a la 1 de la madrugada a hacer la quinta etapa. Fue increíble, solo en el medio del Sahara, nadie adelante, nadie atrás, fue un viaje a mi

interior a donde nunca había llegado; lloré gran parte de la noche, recordando uno a uno, todos los que me apoyaban, por otro lado quería evitar nuevamente tener que correr bajo el sol. A partir de esta etapa, sentí, a pesar de todos los dolores, mi pie y el peso de la mochila, que la terminaría. El amanecer me sorprendió en la última parte de la etapa, fue realmente duro, no podía comer nada, el agua era para servir un té, pero quería terminar, soñaba con tirarme y sacarme todo. Al ver el campamento, pude sentir que estaba terminando otra etapa, pero el campamento era tan grande, piensen en que había 1000 corredores y 400 personas de la organización, 160 4x4 y unas 180 carpas, la dimensión del campamento era tan grande, que cuando lo veías, parecía que estaba muy cerca y la verdad, parecía que a medida que te acercabas, se alejaba más, no llegabas nunca. Llegué, como lo soñé, me tiré en la primera carpa que vi(la de Prensa), me tomé un ibuprofeno, tenía fiebre y dormí tres horas, hasta que mis compañeros de jaima (carpa) me encontraron y me acompañaron a la Jaima 39, la nuestra. El premio inesperado, fue cuando por los micrófonos avisaron que entregarían una lata por corredor de una gaseosa fría. Otro momento único.

Ahora esta etapa pasó a ser mi filtro, si pasaba ésta, me quedaría la última de 19km. Desayuné un rico té con galletitas, la herida del pie izquierdo seguía creciendo, tuve que tomar la decisión de no sacarme la tela adhesiva que los médicos me habían puesto, porque de hacerlo, levantaría toda la piel, y seguir con la herida abierta hasta el final, ya no había vuelta atrás. Me enfundé los pies y los reforcé con cinta, para tratar de evitar que la arena me invadiera mis zapatillas y heridas. Planta del pie destruida

Zapatillas destruidas


Podía ver a varios corredores en condiciones similares, algunos con bastones improvisados con palos, otros con vendajes y otros al límite del abandono, pero algo nos impulsaba a todos, algo nos convencía que lo lograríamos. El sol a pleno, mucho calor, la temperatura llegaría a los 54 grados, pero sabía que era la última etapa larga y estaría a tan solo 19 km de lograr este sueño. La sed volvió a ser protagonista, no alcanzaba con llenar las tres caramañolas que llevaba, usaba dos para tomar y uno para mojarme la cabeza o el gorro tipo beduino, quería evitar a toda costa una insolación, que tan frecuentemente atormentaba a los corredores. Otro mal cálculo, hizo que me quedara sin agua, otra vez la sed, la preocupación. Pero como tengo mi Ángel de la guarda, mi padre, que me cuida desde el cielo, como por arte de magia y cuando realmente estaba extenuado, detrás de un medano veo una caramañola, fue una doble sensación, a alguien se le había caído y tal vez le haría falta, por otro lado, mi salvación. Así fue, tomé hasta la última gota, era un jugo con sabor a limón y me prometí llevarla al campamento y averiguar de quien era, para devolverla y agradecerle, seguramente no tendría ni idea de lo que me había ayudado y así fue, un Italiano llamado Carlo, se presentó buscando su caramañola, por el contrario, se acercó temeroso, ya que cualquier objeto encontrado de un corredor, recibiría una penalidad. Al ver que yo la tenía se sorprendió, me agradeció sin saber que el agradecido era yo. Nos dimos un fuerte abrazo y las palabras no hicieron falta, los dos sentimos que de alguna manera nos ayudamos mucho. Esa noche la organización, instaló en el

medio del desierto un escenario, donde la Filarmónica de Francia dio un recital y de fondo un gran medano iluminado. Otro momento increíble, donde la emoción fluía en todos los corredores, sean profesionales o amateurs. Con una noche estrellada, las cartitas de mis hijas, los mails que seguían llegando y 19 km por recorrer mañana, me fui a dormir.

Era el ultimo día, no hizo falta que nadie me levantara, quería largar ya mismo. Nos sacamos una foto los ocho integrantes de la jaima 39, con la bandera argentina flameando. A la distancia parecen cosas simples o sin sentido, les puedo asegurar que en ese momento sentir y ver los colores de tu bandera, de tu país, es algo único. Regalé todo el alimento que me había quedado, algo de ropa a los chicos Tuareg (nómades del Sahara), doblé cuidadosamente la bandera Argentina y con una marcha lenta, fui calentando los motores hasta lo que sería la última largada. Antes de largar, hacen un comentario de la etapa los que abandonaron,y en este caso, que faltaban solo 19 Km. para hacer realidad un sueño. El calor era sofocante, y en medio de la etapa, en un pueblito muy precario y pequeño encuentro un negocio, sería un locutorio; al asomarme veo una heladera y le pido me venda algo frío, cuando abre la heladera, tenia yogurt y comida, yo soñaba con una gaseosa helada, pero a un costado veo una botella de agua que seguramente ellos tenían para su consumo, se la mostré y sin dudarlo me la regaló, no podía creer

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estar tomando agua fría. Faltando unos 8 Km., paso por otro pueblito en construcción, en medio de los escombros, engancho mi zapatilla izquierda con un fierro y me la abre como si fuera una lata de sardinas, suerte que las zapatillas que uso tienen un refuerzo delantero, sino, podría haber sufrido una herida importante en los dedos. Me saqué la zapatilla, y terminé los últimos 8 Km. con la zapatillas del pie derecho y el izquierdo en medias. La llegada fue pura emoción, saqué mi bandera celeste y blanca, la organización al ver mi pie izquierdo complicado, empezó a aplaudir y alentarme, se sumaron los corredores que ya habían llegado y fue inevitables, llorar de orgullo y emoción. Haber terminado esta dura carrera, haber podido cumplir con el proyecto solidario, haber llegado a superar mis propios límites, haber sido nombrado y reconocido por la organización y la prensa de varios países como España, Francia, Italia, Inglaterra y otros, haber recibido el abrazo y palabras de admiración de los corredores Profesionales, haber podido llevar la bandera Argentina al Sahara, en Marruecos y haber dejado un mensaje claro: “Superarse es Ganar”, me hizo sentir el orgullo de ser Argentino, el orgullo de ser un deportista, y que con Pasión, Sacrificio, Trabajo y Humildad, no hay límite. Todos podemos lograrlo. Gracias a todos, pude sentir el apoyo a la distancia. Gracias a las empresas: Reebok, Oroweat, Omint, Nature Crops, Weber, Gatorade, Mormaii, Codere, Pole position y Subsecretaria de Deportes de la Ciudad. Gracias a todos de corazón, Sebas.


acia allí nos dirigimos los 4 integrantes de la expedición: Marcelo Cuadrado y Gustavo Massara de Gral. Pico La Pampa y Andrés Orozco y quien escribe de Córdoba. Elegimos la ruta Oeste que comienza desde el pueblo de El Moreno ubicado en plena Puna al Sur del paso internacional de Jama que cruza a Chile. Después de visitar las salinas grandes y desviando por la famosa ruta 40 llegamos a El Moreno 3600 mts de altitud y aquí nos quedaríamos a dormir para empezar con la aclimatación. La noche pasó sin problemas y después de hablar de libros, escritores y música más que de montaña en el salón que nos prestaron muy amablemente detrás de la capilla del pueblo nos fuimos a dormir ya que al otro día salimos al campamento base Casa Mocha al pié del Chañi. Desayuno de por medio salimos en la camioneta hacia el CB, después de dejar la huella consolidada nos adentramos en una bastante rota que nos hizo bajar la velocidad y Andrés que manejaba mostró sus cualidades para llegar sin problemas a destino. Estamos a 4250 mts de altura y armamos las tiendas en las pircas de los corrales que se utilizan en verano para los animales. Pasó la noche fría pero sin viento y un

inmejorable clima, aprovechando esto al día siguiente porteamos material y agua al campo de altura distante unas tres horas del campo base a 4900 mts en un refugio de una antigua mina al que le pusieron techo así que no hace falta subir las tiendas ya que se puede dormir en él y desde allí salir a cumbre, dejamos los materiales y regresamos al CB a dormir y seguir con el plan de aclimatación, después de otra noche muy buena en cuanto al clima armamos las mochilas para ir nuevamente al campo de altura, Andrés decidió quedarse porque no venia muy bien con los efectos de la Puna y le restaron fuerza para el intento de cumbre. Nuevamente nos pusimos en marcha hacia el refugio y llegamos sin problema después del medio día con un clima ex c e l e n t e , c o m i m o s , hidratamos y preparamos todo para el día de cumbre, el horario acordado de salida es a las 6 hs de la mañana aprovechando la ausencia de viento, la luna llena y el sol que después de las 8 hs ya ilumina y empieza a calentar el intenso frío que en esta época del año hace a casi 6000 mts de altitud.

Son las 4 hs de la mañana y en una noche de luna llena que se torna mágica suena el reloj, como siempre se cruzan las miradas, ansiedades y las pocas ganas de salir del calor de la bolsa de dormir para prepararse y ponerse las heladas botas, uno a uno vamos juntándonos y prendemos la cocina para calentar agua, desayunar y terminar de preparar todo. Salimos a las 6 hs como estaba previsto. La luna alumbra la fría noche y los frontales ayudan a buscar el camino en un acarreo de piedras bastante duro pero molesto, subimos casi sin parar y llegamos al col o abra que une a las dos rutas, la Este que viene desde la quebrada de León y la Oeste desde donde venimos nosotros, son las 8.30 hs de la mañana con el sol empezando a dar en las espaldas, desde aquí se puede ver la cumbre y la impresionante cara sureste de la montaña, también se ve el interminable filo de hielo que nos separa de la cumbre, todavía faltan 600 mts de desnivel, una


larga distancia y unas 4-5 hs de ascenso, seguimos ya por hielo duro con pequeños penitentes que dificultan el andar, le damos la vuelta a un pico secundario y llegamos al filo final donde empieza una parte de pendiente muy fuerte y el uso de grampones es indispensable, vamos cerca de las cornisas de hielo que dan al precipicio de la cara sureste y enormes rampas de hielo hacia el noroeste así que hay que andar con precaución y concentrados ya que la altura y el cansancio se hace sentir a cada paso, avanzamos y poco a poco la cumbre se acerca, ultimo esfuerzo y casi sin darnos cuenta a las 13 hs estamos en la cumbre. Entramos justito los tres ya que a ambos lados las paredes caen mas de 600 mts, la vista es impresionante y como siempre emociona, abrazos, felicitaciones y a

disfrutar de una de las cumbres mas lindas de los Andes, acá estamos los tres solitarios aprovechando la libertad que se siente cuando estás donde no se puede ir mas alto. La bajada sin problemas, dura por lo largo del filo y lo incomodo de los penitentes pero el clima ayuda y nos regala un sol que calienta lo justo para poder disfrutar de la montaña a pesar del cansancio, llegamos al campo de altura en tres horas y en un par mas ya estamos en el CB donde Andrés nos espera para desarmar campamento y bajar a Tilcara en busca del tan ansiado festejo que se daría al día siguiente con un buen asado de Llama y unos vinitos de la zona.


Felipe Passolas es un aventurero y fotógrafo español que viaja 265 días al año, ha recorrido 35 países; ha vivido en Osaka, NY, Río de Janeiro, Madrid, Atenas, Leeds y ahora reside en Bogotá. Los últimos 3 años de su vida lo ha dedicado a expediciones, tales como el Sahara con Tuareg, el Amazonas en canoa o recorrer zonas polares con trineos de perros. Indudablemente recorrer Mongolia a caballo en solitario y sin ayudas mecánicas desde Kazajistan hasta China fue una de sus máximas proezas oy un analista financiero, fotógrafo y aventurero español que hoy quiere compartir con ustedes la experiencia vivida en lo que ha sido uno de los grandes viajes de mi vida: Expedición Mongolia 08/09. ¿Qué es Expedición Mongolia? Un viaje de otros tiempos, donde un hombre con dos caballos sin ayudas mecánicas y en solitario intentará recorrer Mongolia desde Altai, en Kazajstán, hasta la frontera con China. Atravesando 2500 kilómetros de montañas, desiertos y estepas.

¿Cómo preparé durante más de un año este proyecto, cómo el transiberiano me llevó hasta la capital de Mongolia, Ulan Bator, o el porqué de mis patrocinadores apoyaron este proyecto?, será algo que les cuente en otro pasaje de mi cuaderno de viajes. Hoy, permítanme describirles qué encontré y qué aprendí en las estepas de Asia central. Después de casi tres semanas viajando por tierra, alcancé el pueblo de Olgi, zona montañosa en la parte occidental de Mongolia y desde ahí

partí para encontrarme con la familia que debía venderme los caballos en las montañas. Mi aventura comenzó en el mes de julio, época calurosa en zonas de cotas bajas. Nunca encontré intentos similares de recorrer Mongolia a caballo en Internet, revistas o medios de comunicación, así que asumí que sería imposible atravesar el país con temperaturas que rondan los cuarenta grados bajo cero. No sería capaz de encontrar comida para mis animales, ni podría cargar la cantidad de equipo que precisaría una


expedición de invierno. Por no mencionar que el presupuesto sería el triple. Mi mente siempre se centró en encontrar a lo largo del camino agua para los animales, rutas nómades donde poder encontrar ayuda y en prevenir los riesgos de una caída. Mongolia tiene una extensión que es tres veces la de España, casi tres millones de habitantes para unos 12 millones de caballos. Mi plan era seguir rutas donde la salinidad de los lagos fuese la adecuada de manera que me permitiese dar de beber a mis animales para poder sobrevivir. Yo podía transportar agua para mí, pero los caballos consumirían alrededor de dieciséis litros de agua por día, cada uno, con las altas temperaturas de las zonas áridas que tendríamos que atravesar. A un ritmo entre veinticinco y treinta y cinco kilómetros diarios, el camino se haría largo. Tenía

que gestionar no solo mis recursos físicos y materiales, sino los anímicos y psicológicos. Las montañas no eran el mejor lugar para empezar porque los pastos no son buenos y el frío me debilitaría. Así que una vez herrados los caballos, decidí apresurarme a partir. Los primeros días de cabalgata eran relativamente alentadores ya que podía ver en el horizonte, yurtas (en idioma mongol, “ger”: tienda de campaña tradicional usada como vivienda). Cuando uno monta a caballo por territorios indómitos e interminables aprende a trasladar la distancia en kilómetros en días a caballo. Pero no olvidaré que la primera semana fue durísima, no pude grabar ni hacer fotografías; los caballos y el equipo rústico comprado en los mercados locales me daban tantos problemas que los mosquitos y alimañas perdían protagonismo. Me costó algo de tiempo establecer mis rutinas; cargar y descargar el equipo, preparar los caballos, gestionar el campamento y sopesar la ruta diaria. Necesitaba cubrir la distancia marcada por día para que mis visados fueran válidos al llegar a la frontera de China y que el invierno no llegara antes de terminar la expedición. Pronto surgieron mis primeras escaras de aguantar tantas horas en la silla. Curaron, pero molestaron bastante. Los caballos empezaban a hacerse a mí, y yo a ellos, pero los veía lentos y

débiles. Nunca pensé que fueran los caballos adecuados para esta expedición, pero en las montañas no pude elegir nada mejor. Siempre consideré que era un error comenzar la expedición en estas condiciones. Ver yurtas en el horizonte era tranquilizador. Las familias nómades siempre tenían un poco de agua y algo de comida, lo que agradecía sobremanera. Pero en una ocasión aprovecharon mi cansancio para intentar robar mis dos caballos, el de silla y el de carga. Después de horas de bastante tensión y agresividad conseguí escapar con mis équidos, bien es cierto que perdiendo bastante tiempo y algo de equipo, en especial más de treinta metros de cuerda. Esa noche me sentí totalmente vulnerable. Supongo que decidieron dejarme escapar, ya que en mis condiciones de


cansancio y con la mala salud de mis caballos, no podía competir con los míticos jinetes mongoles bien entrenados y descansados. Me fijaba pequeñas metas cotidianas para motivarme; muchos pequeños logros a lo largo de la jornada, que hacían más fácil la lucha mental. Los atardeceres eran el mejor momento del día. Los caballos y yo estábamos cada vez más unidos por nuestro cabalgar cansado y decadente. Las temperaturas eran frescas tras caer el sol y buscar la mejor ubicación para el campamento se volvía una tarea gratificante. Después de algo menos de dos meses de travesía, casi la mitad del camino recorrido y con mis caballos agotados, decidí abandonar y salvar los caballos de una muerte por agotamiento y por ende a mí mismo, ya que sin ellos yo no sobreviviría mucho.Yo necesitaba esos animales vivos, por lo que habían hecho por mí y porque tenía que venderlos para recuperar el dinero que necesitaba para invertir en mi vuelta a casa. Fue increíblemente duro no poder culminar con éxito un proyecto en el que trabajé durante tantos meses. Representaba no solo un gran viaje y un reto poco común, sino que se había convertido para mi vida en el símbolo de una nueva forma de viajar.

decorart


El 5 de Junio en el Parque Provincial Pereyra Iraola, predio cedido por el Ministerio de Asuntos Agrarios, se desarrolló la carrera de mountain bike "Desafío de La Reserva". Fue un evento muy bien organizado, con gran cantidad de corredores , lo cual tomó por sorpresa a la organización de la carrera. Se convirtió en la carrera de mayor convocatoria de esta zona y, si no me equivoco, la tercera del país, solo por debajo del "Desafío Río Pinto" en Córdoba y el "Rally de Las Sierras" de Tandil. El día amaneció muy frío, pero con el correr de las horas fue apareciendo el sol y nos permitió disfrutar de una excelente jornada; la cual en la previa a la carrera nos dejó ver entrando en calor a destacados corredores que vienen de la rama rutera del ciclismo como Gerardo Fernández, Walter Pérez, Sebastian Donadio, Santiago Denicio, David Asensos y Tito Arga corredores de las ruedas anchas entre otros, lo cual presagiaba una muy buena carrera. Cerca de las 13hs se dió la largada de la carrera la cual se empezó a desarrollar a un ritmo muy intenso por caminos muy rápidos. Entrando a los 8 km se llegó a la primera parte técnica del circuito (un puente peatonal de 50mts) que había que subir y bajar por escaleras. Por mi parte, traté de apurar el ritmo para subir en los primeros lugares y no quedar metido en esos nudos que se

forman cuando un pelotón compacto llega a una parte trabada. Este puente fue el primer filtro de corredores y de ahí en adelante solo quedaron los más preparados, al bajar se dio el primer ataque de la carrera y Asensos junto con Denicio (compañeros de equipo) se dieron en fuga. En el pelotón, de 10 o 15 corredores, comenzaron los relevos para conectar a los fugados, destacándose el trabajo de los del team Banco Provincia que eran en la previa los candidatos a la victoria. Se rodó muy fuerte durante unos cuantos

kilómetros por caminos rotos pero abiertos hasta que se empezó a llegar a la zona de los senderos, la cual iba a ser la decisiva para el que tuviera intenciones de ganar la carrera. Los senderos se rodaron cada cual a su ritmo pero cuando terminaron solo quedamos seis corredores, con posibilidades de llevarse la general, se anduvo por unos kilómetros en una zona de pasto, se cruzó nuevamente el puente peatonal y se hicieron varios kms por caminos rápidos, todo esto con continuos ataques de


diferentes corredores pero nada rompió el grupo de seis, la definición se daría en un sprint. Se transitó la última curva y de allí solo faltaban unos 500mts para la manga de llegada que tenía dos curvas y contra curva, cuando restaban unos 300mts para la llegada decidí atacar ya que sabía que de no hacerlo y esperar un poco mas no podría ganarle un mano a mano a Walter Pérez, que venía entre los seis corredores, me aferré a la cuerda interna de la primer curva para que nadie se me colara por ahí y al llegar a la siguiente

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curva hice lo mismo y sentí el ruido de las caídas ya que el piso tenia muy poco grip y me di cuenta que la carrera era mía. Muy contento me abrasé con mi familia ya que venía teniendo un “no” muy buen año ciclístico. Quiero agradecerle a Giant 021Sports que me dan un gran apoyo económico y una máquina infernal como es la XTC Composite 0 y también a mi entrenador Fernando Loreto (VO2max) que de no ser por él jamás hubiera podido ganar.

Damas 43 k 1° Brugnoli Jaquelini 1:32:01 2° Canistra Soledad 1:35:00 3° Fahn Monica 1:39:42 4° Rati Adrian 1:45:08 5° Zervino Adriana 1:49:08

Caballeros 43 k 1° Wenzel Diego 1:20:41 2° Parola Javier 1:20:42 2° Debeneditti Jor. 1:20:42 3° Arreceygon J. 1:20:44 4° Denicio San. 1:20:46 5° Asensos Dav. 1:20:48

Damas Promo 23 k 1° Carosio Mariela 00:59:30 2° Moyano Valeria 01:02:52 3° Cardoso Soledad 01:03:43 4° Gonzalez Castro Ma. 01:04:16 5° Perez Iglesias Raquel 01:04:21

Caballeros Promo 23 k 1° Echeverre Nico 0:53:02 2° Centurion Rod. 0:53:03 3° Aguirre Christian 0:53:51 4° Cunioli German 0:53:59 5° Reyes Lara Alejandro 0:54:29

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El desafío que me había planteado al finalizar la temporada de Aconcagua, era un poco ambicioso: organizar toda una expedición a los Himalaya, para luego escalar en solitario y sin oxígeno el Lhotse, la cuarta montaña más alta del mundo ealizar una expedición así, es una aventura, pero realizarla solo, es una prueba extrema donde la parte mental es tanto o más importante que la parte física. Hay muchos relatos detallados, de cada sector de estas inmensas montañas, cada p e n d i e n t e, c a d a t ra m o d e e s c a l a d a , graduaciones de dificultad, etc. Pero lo que no siempre se cuenta es el juego psicológico que uno debe afrontar cuando se escala, y mucho menos de aquellos que lo hacemos en solitario y sin oxígeno. Es mi deseo compartir mi experiencia, pero desde el lado de los sentimientos y pensamientos que discurren en una ascensión de este tipo. Organizar una expedición en un mes a los Himalaya no es algo común y que muchos podrían pensar que es imposible, pero quiero decirles a todos que con mucha motivación y fe no hay imposibles. Por sobre todo fe, y confianza en los pasos que se van dando, porque muchas veces se deben dar pasos a ciegas confiando de

que vas a tener un camino, por más que no lo veas… Empezaré el relato, desde los últimos momentos sobre el avión. Estoy sobre la ciudad de Katmandu, y la duda de no saber si mi contacto nepalí me esperara o no en el aeropuerto, me pone un poco nervioso. Lo he contactado a través de internet, pero no tengo ninguna certeza, encima le he tenido que girar unos cuantos dólares para reservar el permiso. Había dos opciones, que no lo viera nunca y disfrutara de la plata que le había enviado o que todo resultara bien, como al lanzar una moneda tenía cincuenta por ciento de probabilidades que salga cara o ceca. Afortunadamente ahí está el: Mr Dendi Sherpa, con una pequeña foto mía en su mano y una gran sonrisa. Respiro tranquilo. La ciudad se presentaba ruidosa y con un caos de tráfico, que increíblemente funciona, y donde las bocinas son imprescindibles para su desarrollo, por lo que no quería pasara muchos días ahí. El simple hecho de caminar por las calles de Katmandu, tratando de memorizar el camino de regreso a tu hotel, es un trabajo que requiere de tu concentración, estás solo y tienes que atender todos los detalles, al mismo tiempo que te cuidas de que ningún auto o moto te atropelle. Luego debo hacer las compras en el supermercado para la comida de altura, no te podes olvidar nada, una sola chance, por eso compro cosas de mas, el único problema es que no cuento con sherpas, así que luego tendré que cargar tanto hacia arriba como hacia abajo el excedente de equipaje.

Todo recae sobre tus hombros. Solo en el lujoso hotel que Mr. Dendi reservo para mí, se puede respirar un aire de paz y tranquilidad. Donde aprovecho a preparar mis petates, casi en forma automática, los años de experiencia en Aconcagua, hacen que esta tarea sea sencilla A la mañana siguiente me dirijo al aeropuerto para tomar mi vuelo a Lukla, un poblado situado a unos 2860 mts. Pero como le ha ocurrido a muchos expedicionarios, tengo que regresarme al hotel con todos los bártulos, debido a que las condiciones climáticas no son las adecuadas. Con mucho pesar, debo regresar al hotel, y volver a caminar por las ruidosas calles de Katmandú . Otro día más para acostumbrarme al cambio de horarios (Jet lag), pero no puedo evitar despertarme a las 00:30 y no me puedo dormir, justo cuando empiezo a quedarse dormido, la claridad entra por mi ventana, “ya tendré tiempo para dormir en la montaña”, me consuelo. Finalmente al otro día los dioses están de mi


lado, puedo elevarme en un antiguo avión ruso y llegar en unos 45 minutos al poblado de Lukla. Preparo mi mochila, que contará finalmente con unos 23kg, ya que intentaré primero, aclimatar en el Island peak, de unos 6189 mts. Para consolarme por tan pesada carga, pienso que será un excelente ejercicio para empezar a estirar mis piernas, pero cuando veo pasar a todos los extranjeros con sus pequeñas mochilas e inmediatamente detrás de ellos, y con una naturalidad increíble, los sherpas llevan con sus pesadas cargas, no puedo dejar de sentir un poco de envidia. Afortunadamente la cumbre del Island Peak

(6189 mts), se presenta hermosa y sin viento, un regalo al alma, para motivarme aún más en este viaje donde todos los lugares son increíblemente hermosos. Ahora fijo el rumbo hacia el campo base del Everest, un lugar con tanta historia, tantos sueños, y ahora el mío se estaba haciendo realidad. El campo base se está empezando a poblar y ya tenía proporciones titánicas. El glaciar del Kumbu llegando hasta el campo base, con todos sus seracs inmensos, te llena de interrogantes, preguntándote por dónde irá la línea, para poder subir hacia el campo 1. Luego de unos días de aclimatación y de

subir varias veces a campo2, y haber alcanzado campo4, descanso unos días esperando por la ventana de buen tiempo. Es alrededor del 7 de junio, y mi ansiedad me lleva a hacer un intento un poco prematuro, y encima desde el campo2 situado a unos 6500 mts, qué locura estaba cometiendo!!, salgo muy temprano como a las 20:00 hs del campo2 y en una noche de luna llena, logro pasar fácilmente por campo3 y alcanzo el campo4 con las primeras luces. Pero el frío era muy importante, el hecho de haber caminado toda la noche y sin oxígeno, cubierto solamente con un buff, y un aire tan seco y frío (algo más de -30 °C, mi termómetro no podía

V


registrar menores temperaturas), que produjo una lesión en mi garganta, y la tos que me provocó, me obligan a bajarme. Igualmente el viento que se deja ver en la cumbre asusta. Me quedo en campo cuatro esperando que amaine un poco el viento, durante una media hora, pero la situación no cambia y el frio cala hondo. Decido bajar, ya habrá otra oportunidad, lo tomo como parte de la aclimatación. Humildemente emprendí mi retirada, temeroso de que la lesión en las vías

respiratorias no sea muy grave, sabiendo que por ejemplo un edema pulmonar o una neumonía, me dejaría fuera de juego por el resto de la temporada. Había emprendido una tarea cuasi imposible, pero a pesar de haber fallado, me sentía bien, por haber intentado algo distinto, de plantearme un imposible, hay veces que me salen, otras no. Quiero llevar mi escalada al límite, construir mi propia historia. El volver al campo2 fue tranquilo pero agotador, había subido desde los 6500 a los

7900 mts, y había tenido que regresar, y esa noche en la que tenía que descansar, una fuerte tormenta de nieve y viento azoto el campamento, hasta casi pasado el mediodía del día siguiente. Me sentía muy cansado y saber que tendría que desarmar mi pequeño campamento con un insistente viento, no era nada alentador. Me encontraba cansado anímicamente, la soledad me estaba golpeando duro, y para colmo no había logrado nada y tenía una tos que me hacía temblar todo el cuerpo. Realmente en este punto quería abandonar, si alguien me ofrecía un regreso a mi casa lo aceptaría sin dudarlo, el hecho de estar tanto tiempo solo en los campamentos de altura, el hecho de tener que hacer todo solo, se había acumulado de golpe. El no poder dormir durante varias noches, ya que debía de empezar a caminar muy temprano a la mañana, y luego hace tanto calor durante el día, que es imposible dormir, todo eso hace que tu mente se agote, tu fuerza de voluntad se ve disminuida, pierdes la capacidad de conservación. Nadie te dice que es bueno que tomes agua, que comas, nadie te anima, ahí estas solo, sin música, nada de nada. Es la mayor prueba tanto psicológica como física que he tenido que afrontar. No puedes compartir tus miedos e inquietudes, y sabes que no puedes cometer errores, estas solo entre un mar de gente. Aprendí muchas cosas sobre mi, que no había vivenciado antes, pude saborear la soledad en todas sus formas. Cuando caminas, no tienes con quien compartir la belleza de estas montañas, ni las ideas que van surgiendo al transitar por estos nuevos lugares, el silencio te envuelve, los


pensamientos se amontonan en tu cabeza y por momentos sientes que te vas a volver loco, sino hablas con alguien en “argentino”. La estadía en los campamentos de altura son eternos, y no tienes con quien compartir los mates y las latas de atún, contemplas las otras carpas que se agrupan en grandes números, ves a los sherpas que charlan entre si y uno no puede entender nada, todo transcurre delante de tus ojos como si fuera una película en la que no puedes tener participación, solo tu respiración y tu molesta tos te resultan reales. Durante el día el calor es insoportable, y la única ventaja de estar solo, es que puedes estar desnudo dentro de la carpa. Otra nueva prueba a mi espíritu, otra nueva lección, trato de repetir que estoy ahí porque es

mi pasión, por elección propia, pero a veces no alcanza. Nadie te alienta a seguir, está en vos abandonarte o seguir adelante, a nadie le importa. Solo el recuerdo de que hay mucha gente en tu país que espera ansiosa por tu regreso, debes aferrarte a ese pensamiento, es todo lo que tienes para seguir adelante. La tos me empieza a preocupar, y afortunadamente el viento amaina, por lo que empiezo mi retirada al campo base. Una vez que comí e hidraté, mi siguiente parada seria el servicio médico, donde me informaron que mi tos se debía a la exposición al aire frio, es como si se me hubiese quemado la garganta, y pequeños pedacitos de piel se desprendían de la misma. Por lo que debía bajar a recuperarme más

debajo del campo base, así lo hice y me llevo unos 6 días entre subir, quedarme en un lodge en Dengbuche a unos 3800 mts, y regresar al campo base. No solo me sirvió para recuperar mi garganta, sino psicológicamente. Regrese al campo base y no pasaron más de dos días para realizar otro intento a la cumbre. Recorro el muy conocido a campo2, paso una agradable noche allí, y luego de cambiar de botas, ajustar el equipo y otros pequeños detalles me dirijo hacia campo4. Cargo todo nuevamente, carpa, bolsa de dormir, calentador, gas, poca comida. Llego un poco cansado por toda la carga, aun así agarro la pala y me dispongo a construir la terraza para colocar la carpa, cada 3 paladas caigo exhausto, jadeando, el sol empieza a


calentar de manera extraordinaria, debo ser rápido, pero no puedo, tardo demasiado para mi gusto, estoy a 7900mts trabajando con la pala, con una temperatura que debe estar trepando a los 30°. No hay nadie en este campamento, pensar que si me pasara algo, no habrá nadie a quien pedir ayuda, recién llegarían los sherpas para cuando yo estoy bajando de este campamento un día y medio más tarde. La soledad es total Finalmente y en una precaria terraza coloco mi carpa, para refugiarme del sol. Pasar todo el día dentro de esta precaria carpa, fue cansador, no había manera de acomodarse bien, el piso cedía con el calor y adquiría nuevas extrañas formas a medida que transcurría el día. Aprovecho mi cámara para hablar con alguien, me hace recordar a la pelota (Wilson),que usaba el náufrago en la película de Tom Hanks. En la soledad, usas cualquier cosa, para no sentirte tan solo. Finalmente llega la noche y con ella el frío, tomo una sopa, y pongo la alarma para despertarme a la medianoche. Es una tarea casi imposible dormir a esta altura, finalmente me rindo y duermo un par de horas. Suena el despertador y me resisto a levantarme, quiero dormir, hace un par de días que veo muy disminuido las horas de sueño. Estiro un poco más el descanso y me levanto a las 2 AM, no me siento muy bien, y abro rápidamente la carpa, para vomitar la frugal comida de la otra noche. No es un buen

comienzo empezar con el estómago vacío, el asedio a un ocho mil. Me visto rápidamente, me coloco mis crampones y salgo de la carpa. Afuera la noche era tranquila y no soplaba viento, perfecto pensé, va a estar bueno el día. Luego me daría cuenta que no sería tan así. Atravieso un nevé de una inclinación de unos 40° para llegar al canal que conduce a la cumbre, toda esta parte la realizo sin la ayuda de ninguna cuerda fija. Una vez dentro del mismo, una cuerda nueva de 9mm, marca mi camino, coloco mi jumar que es una gran ayuda a estas alturas, te brinda seguridad y un buen punto de apoyo para progresar, pero la nieve, es onda y dificulta el ascenso. Todo transcurre tranquilo dentro de este canal, pero a medida que mas calienta el sol, mas alcanzo a divisar el terrible viento que se desata en la cumbre, debo regresar pienso. No tengo altímetro y no sé cuanto más falta para la cumbre, me siento un poco perdido entre la nieve que se arremolina. Ahora tan solo quedan rastros de cuerdas viejas. Es aquí cuando empiezan los interrogantes, son las once de la mañana y no tengo certeza de la cumbre. Es aquí donde empieza el juego mental. Sé que es tarde, el viento blanco es realmente aterrador, trato de documentarlo en mi videocámara, se que sin oxígeno puedo sufrir congelaciones, es lo que la mayoría me dijeron. Mi mente empieza a cometer los errores típicos de la gente que sufre accidentes en la montaña y que luego deben ser rescatados. Pienso que ya debe faltar poco, que si me bajo ahora y en realidad falta poco, luego me lamentaré, pienso en que si me bajo ahora voy a defraudar a toda la gente que confió en mí en este proyecto, pienso que voy a defraudar a mi familia. Quiero pensar que no es tan tarde, que tengo tiempo para subir y bajar. Pienso en la plata que gasté en venir acá, los miles de dólares que invertí. Pienso también en lo triste que es

regresar de un viaje tan grande como este con las manos vacías. Todas estas cosas son las que llevan a la gente a perderse en la montaña, a caer exhaustos, a tener que ser rescatados, o en el peor de los casos, son los razonamientos estúpidos que te llevan a la muerte. Son las redes que teje el ego, el exitismo, y que distorsionan la realidad. Pero afortunadamente para mi, logro llegar a la cumbre envuelto en un viento blanco que me empuja y me desorienta por momentos. Debo sacar algunas fotos de la cumbre, y hacer algunos videos para tener de testimonio, de mi ascenso, cosa que se me dificulta mucho, no es una de los mejores días para hacer tomas desde la cumbre, solo algunas banderas de oración y unos tubos de oxigeno viejos marcan la cumbre. Estoy exhausto y todavía debo emprender la bajada. Doy mi último vistazo a mí alrededor, agradezco a los dioses y bajo, acompañado por el incesante viento. Los primeros metros de rapeles, me descuelgo por cuerdas tan viejas que se les ve el alma de la misma por momentos, delicadeza resuena en mi mente. El viento asciende por el canal de una manera, que levanta la nieve y golpea mi cara como si fueran granos de arena, como si tratar de moverse a más de ocho mil metros no fuera suficiente desafío. Al rapelar por una de las cuerdas que habían fijado los sherpas hace poco, siento como pierde


tensión, y me arroja de espaldas a la nieve, mi dos manos no hacen más que sujetar la inútil cuerda, que momentos antes me brindaba seguridad. Ruedo unos 10 metros hacia abajo, tratando de detenerme, finalmente lo logro, y no sin antes maldecir a los anclajes, me sacudo la nieve y continúo el descenso. Ya se había hecho bastante tarde, y como a las 5 de la tarde alcanzo mi carpa, que por precaución la había desarmado. Otro nuevo desafío, sacar la nieve que se había acumulado sobre la misma, y volverla a armar. Maldigo a mi soledad, pero no hay tiempo para lamentos. Simplemente me saco los crampones y me arrojo dentro de la carpa. Esa noche dormiría, vestido y con las botas puestas, sabiendo que si me sacaba las mismas sería una tarea imposible volver a ponérmelas al día siguiente. Mi segunda noche a 7900 mts, es igualmente de dura que la primera. Con las primeras luces del día siguiente emprendo mi regreso al campo2 donde tenía muchas de mis cosas , todavía no he podido chequear si he sufrido alguna clase de enfriamiento en los dedos de mis pies. Con muchas pausas en mi camino alcanzo campo2, donde paso una noche más, pero no cualquier noche, puedo dormir!!! Qué bien se siente. Nuevamente la montaña te enseña a valorar esas pequeñas grandes cosas. Al día siguiente la caminata al campo base es tarea fácil, con un hermoso clima. Lo único que molestan son los mas de 20kg que llevo en la espalda. Recién ahora empiezo a disfrutar de la cumbre. En el campo base todo es alegría, sol radiante, torta de bienvenida , y todo los demás festejos, hasta unos mates!!. Por fin gente, basta de soledad, ahora a empezar a disfrutar de la cumbre, que es volviendo a casa y compartir las anécdotas con la gente de mi país. Ya empiezo a soñar con volver el año que viene por el hermoso Everest, es increíble que piense esto después de todo lo vivido, pero así somos la gente de montaña, hemos escuchado el llamado, como el encanto de una sirena, y no podemos dejar de oírlo, y nos atrae de una manera hipnótica. Lástima que mi país y los gobiernos de las provincias no brindan nada de apoyo para este deporte, que rescata tantos valores positivos y hermosos. Y que reivindica a la Argentina de una manera silenciosa. Sin golpes, sin romper estadios, sin violencia. Gracias familia, por toda la incertidumbre que tienen que soportar. Amigos: gracias por los mensajes de felicitaciones. Garmont: gracias por la indumentaria de montaña. Gobiernos: me gustaría poder darles las gracias, pero no han aportado ni apoyo moral. Espero el año que viene poder decirles gracias. Este es mi pequeño aporte al andinismo argentino, que se construye día a día con muchas voluntades y en silencio, y que creo que está pasando por un muy buen momento, como lo muestran los diferentes hechos.


l término de esta edición los integrantes del Agua Manda estaban dejando tierras brasileras para ingresar en Paraguay. En su blog manifestaban: “Desde Puerto Mourtiños, Brasil, a pocos kilómetros del río Apa que hace de frontera con la República del Paraguay, comenzamos a meternos en territorio exclusivamente Guaraní.” “Destacamos el gran apoyo que hemos recibido de la gente de este país, del Ejercito Brasileño, como también las Prefecturas de Diamantino, Barra do Bugres, Caceres, Poconé y Corumbá. Generalizamos el agradecimiento a este país tropical que en su calidez climática ha hecho un pueblo a su semejanza.” “Nos despedimos con mucha saudade do Brazil!!!” Movidos por la necesidad de establecer contactos verdaderos y legítimos con nuestros ríos deciden emprender esta expedición denominada “Expedición a la tierra sin mal, en defensa de los ríos libres”. Comenzaron la remada a mediados de mayo de 2011 de la naciente del río Paraguay, que nace en Sete Lagoas, en la región brasileña de Diamantino. El río Paraguay tiene una longitud total de 2.625km, de los que: 1.308 km (brasil); 57Km. (frontera entre Brasil y Bolivia); 328km (Brasil y Paraguay; 537Km. (Paraguay); y 390km. (Argentina y Paraguay) desde aqui ya en territorio Nacional 1200km del Paraná y 35km del Río de la Plata. Para llegar hasta Puerto Madero recorriendo a 4000km de ríos.

a expedición S.O.S Glaciares es un proyecto Deportivo y Científico medioambiental que unifica el Montañismo con la concientización del cuidado del medioambiente de las Montañas y sus Glaciares. Se realizarán expediciones de Montaña en la totalidad de las Provincias Andinas en donde existen Glaciares de suma importancia para el ecosistema. Las expediciones se llevarán a cabo en la Montaña más representativa de cada Provincia Andina donde se intentará su cumbre y se realizarán estudios científicos. Se tomará en un pequeño recipiente una muestra de hielo en el extremo más próximo del glaciar y se documentará por GPS el lugar exacto de la muestra, también los científicos que formarán parte de las expediciones tendrán la oportunidad de tomar muestras y realizar estudios en los glaciares para diagramar esquemas de preservación. Desafío: Luego de transcurridos 10 años se realizarán las mismas expediciones, se volverán a tomar muestras y se realizarán los estudios científicos exactamente en el mismo lugar para ver la evolución de los Glaciares y comparar los resultados. Las fechas de realización de las expediciones en los Andes son a partir de la temporada de montaña 2012 -2013, en Pirineos y Alpes 2014 y en Himalaya 2015

urora Canessa se convirtió en la primera mujer argentina que cruzó el océano Atlántico a bordo de un velero en solitario. Le gusta definirse como navegante, pescadora y empresaria, en ese orden. Navega desde los 4 años en el Río de la Plata y en todos los mares. Hasta los 40 años lo hizo en botes de goma, lanchas y cruceros. Luego cambió de estado civil y lo primero que hizo fue comprar un velerito de 8 pies, “Microtonner”, luego tuvo el “Fulano 2” con el cual realizó muchas regatas de 500 millas. A partir de allí compró el “Shipping”, velero que utilizó para cruzar el Océano Atlántico en solitario. Tiene 66 años y el 16 de abril de 2010 se despidió del náutico de Olivos, un año y pico mas tarde, precisamente el 2 de julio de 2011 llegó a Portugal luego de cruzar el océano en solitario, recorriendo en total 6575 km, es decir, unas 3500 millas náuticas.


l cierre de esta edición se había largado la X-Alps 2011 y por primera vez un argentino, el cordobés Martín Romero, está entre los 31 atletas seleccionados por resistencia, capacidad de vuelo, coraje y determinación. Son 864 kilómetros topando las cumbres más altas del continente, recorriendo los Alpes de uno a otro extremo, desde Salzburgo a Mónaco, únicamente en parapente o a pie, atravesando Austria, Italia, Suiza y Francia.

aciek Kozerski logró literalmente caminar sobre las aguas del Mar Muerto. Este joven de 26 años se impulsó con un kite para, una vez alcanzada la velocidad necesaria, soltar el kite y saltar de la tabla para continuar sin ningún tipo de ayuda, justo frente a la histórica iglesia de Cafarnaum. Se hundió un centenar de veces usando su kite para surcar las aguas a máxima velocidad, con la intención de soltarse y saltar de la tabla para continuar avanzando varios metros sin ningún tipo de asistencia técnica. En uno de los intentos el kite resultó totalmente destrozado. El mayor obstáculo fue el viento: cuando la intensidad era suficiente como para alcanzar la velocidad necesaria, el oleaje impedía continuar la carrera; y cuando finalmente la superficie del agua se encontraba lo suficientemente lisa, el viento resultaba demasiado suave. Hasta que al cuarto día lo logró, dejando testimonios del “Milagro”.

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abía una lista de héroes entre mis amigos, Wolfgang Güllich, Reinhold Messner, Ron Kauk. Mallory decía uno, y hasta otro que la jugaba de original citaba a Mummery y a Saussure; sea como fuere el chiste es que nos juntábamos después de los entrenamientos en la palestra del gimnasio y nos pasábamos libros fotocopiados, hablábamos de películas y videos de escalada, y citábamos constantemente a nuestros ídolos, recordando sus aventuras. Mi héroe en ese entonces era el viejo Orozco, no sólo porque había salido del pueblo y había escalado en los mismísimos Alpes, sino porque lo había hecho junto con mi viejo. Papá tenía guardadas algunas fotos de esa época, y cuando yo le preguntaba me decía “éste, escala en serio” El viejo Orozco había abierto el noventa por ciento de las rutas de escalada que nosotros frecuentábamos, fue él quien le encontró potencial a la cantera, fue el primero que trajo sogas y equipo al pueblo, y era el que escalaba con mi papá. Cuando el viejo Orozco venía a casa decía “Gran tipo, tu viejo” y tomaba vino tinto. Leí un libro suyo una vez. Era una edición casera pero cuidada, con pocas fotos pero bien ilustrada. El viejo había incluido algunos retratos de carbonilla y unos croquis que había hecho papá. Lo leí como se lee un libro de poesía, o sea que no lo leí, me dejé llevar por él. Hay pasajes que todavía puedo citar de memoria. Yo quería, lo sabían todos porque yo siempre lo decía, algún día seguir el camino del viejo Orozco; y mientras el resto hablaba de Messner y de Kurtyka, yo les recordaba al viejo que había escalado con papá y que nos había abierto tantas puertas.

La historia se nos metió entre medio, y un día coincidimos en las paredes del fondo del valle. Íbamos con planes distintos, el viejo pensaba subir por una de las rutas más clásicas y de allí seguir hasta el Melissa por el valle superior; yo, en cambio, sólo iba por unas repeticiones a unas deportivas. Ese día arreglamos para hacer un intento al Curier, entrándole por el oeste. Voy a contar ahora que para el flaco Aharoni su ídolo era el Nanga Parbat, y el flaco defendía su postura elogiando sus flancos casi invencibles, su imponente belleza y su rudeza de ochomil. “El Nanga nunca te falla, si alguien sube es porque el cerro lo deja subir” y después de esa salida con el viejo Orozco, tipo que admiraba hasta la admiración, entendí lo que el flaco decía. Ese día yo andaba por los veintidos, el viejo Orozco había pasado los 40 no hacía mucho, y es cierto que en esa época ya le decíamos viejo, cosa de pibes. Así y todo me llevó varias horas casi a la rastra, también es verdad que mi mochila pesaba el doble que la suya, pero eso no alcanzaba para emparejar. Me comí un buen reto cuando paré por un par de fotos, y empecé a sospechar cuando lo pescaba mirando cada tanto su reloj. A dos tercios del camino me dijo que mis opciones eran apurarme o seguir solo, que

cuando él había hecho esa ruta con Candara (David Candara era otro amigo de papá, también) les había tomado dos horas veinticinco menos llegar hasta ese punto, y que de ahí para arriba me iba a llevar enganchado para ganar minutos. Completamos la travesía, a mi pesar, en muy buen tiempo, creo que le bajamos en una media hora a la última repetición. Me quedé con ganas de ver la arista del Lucía porque, la verdad, sólo iba mirando mis pies. Cuando volvimos hicimos noche en el refugio del Mhirón, mientras yo preparaba algo para comer el viejo escribía, anotaba números y sacaba cuentas, escribía como se escribe en un libro de contabilidad, o sea que no escribía, calculaba. Me excusé de leerlo cuando me lo cedió. Después de esa salida, que fue para mí un viaje iniciático, entendí al flaco Aharoni y a su ídolo de piedra que nunca lo defraudaba. Al viejo Orozco no lo entendí pero tampoco lo juzgué. No le conté que ya no quería ser como él, porque poco le importaba. Tuve que reconocer, a partir de ese encuentro, que si en algún tiempo quise que dijeran de mí “Ese, escala en serio” prefiero ya que digan “Gran tipo” como dicen de mi papá, que se toma su tiempo para sacar buenas fotos, dibuja a la carbonilla, y sube montañas cada tanto porque le gusta.


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REVISTA ANDAR EXTREMO N° 15