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© 2012 Loyola Press. Todos los derechos reservados. © 2012 Loyola Press, versión en español. Todos los derechos reservados. Título original en inglés: 2013: A Book of Grace-Filled Days (Chicago, IL: Loyola Press, 2012). Traducción al castellano de Traductores en Red. Los pasajes de las Escrituras fueron sacados del Leccionario I © 1976 Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia del Episcopado Mexicano y del Leccionario II © 1987 Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia del Episcopado Mexicano. Las traducciones de citas no bíblicas son versiones del traductor. Diseño de la portada y diseño interior: Kathy Kikkert ISBN-13: 978-0-8294-3744-7 ISBN-10: 0-8294-3744-4 Library of Congress Cataloging-in-Publication Data Briel, Elizabeth M., 1967[2013, a book of grace-filled days. Spanish] 2013, un año lleno de gracia / Elizabeth M. Briel. p. cm. Includes bibliographical references and index. 1. Catholic Church--Prayers and devotions. 2. Church year--Prayers and devotions. I. Title. BX2170.C55B7618 2012 242'.3—dc23 2012011429 Impreso en los Estados Unidos de América. 12 13 14 15 16 17 Bang 10 9 8 7 6 5 4 3 2 1


a mi esposo


I

N T R O D U C C I Ó N

Dos años antes de la publicación de este libro, incluso años antes de que alguna vez lo hayas tenido en tus manos, yo estaba orando por ti. Es la primera observación que hacer. Para llevar a cabo este libro te tuve en cuenta y, a medida que avancé con las lecturas, te llevé conmigo en cada página. Sin duda, este libro es para ti en todos los aspectos. En segundo lugar, en estas páginas conocerás a algunos de mis amigos, santos, escritores y teólogos preferidos: el beato Juan Pablo II, el beato Juan Henry Newman, Hans Urs von Balthasar, Caryll Houselander, San Pío de Pietrelcina, Thomas Merton, Santa Isabel, Santa Ana, San José, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola y una selección de huestes celestiales, entre otros. Busqué la intercesión de ellos junto con la de nuestra madre celestial, la Virgen María, tanto para ti como para mí. Muchos produjeron obras teológicas de suma importancia, y espero que indagues sobre ellos si no los conocías hasta ahora. Su obra enriqueció mi vida, mi comprensión de la Escritura, la meditación, la oración y la vida espiritual, y confío en que estos escritos harán lo mismo por ti.

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La tercera idea que debemos tener presente es la siguiente: aunque podamos orar en soledad, en privado, tal como nos indica el Señor mismo, no debemos confundirnos y vernos como individuos que buscan sus objetivos independientes, sino como miembros de la familia humana y, más específicamente, de la familia eclesiástica, en busca del rostro de Dios y de la salvación de todos. “El futuro del mundo —escribió el papa Juan Pablo II en Familiaris consortio— pasa a través de la familia”. No hay duda de ello, y la oración es una de las maneras en que ingresamos a la plenitud de nuestro parentesco espiritual; aquí, de rodillas, en privado y en soledad, descubrimos que no estamos solos. No estamos solos en nuestras penas, nuestras alegrías y todas nuestras experiencias humanas. Parte del poder de la oración —esta comunión con Dios— radica precisamente en romper con la ilusión del aislamiento. Pero la oración con la Palabra de Dios es aun más poderosa. Neal Lozano escribe que “La Palabra de Dios tiene el poder de causar lo que significa”. ¿Lo crees? ¿Deseas creerlo? La Palabra de Dios es poderosa. La Palabra de Dios es verdadera. Además, fue escrita teniéndote presente y la Santísima Trinidad la hizo realidad. A veces me inspiro en el trabajo de otros en un esfuerzo consciente por poner de relieve la naturaleza comunitaria

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de nuestra fe y de nuestra vida de oración. Aunque meditemos en privado y oremos en la soledad de nuestra habitación con la puerta cerrada, alejados de los movimientos del mundo, cada oración que pronunciamos se une en una letanía perpetua y universal que se eleva en dirección al cielo. Recurramos a ese poder comunitario, a esa experiencia universal del corazón humano que busca el rostro del Amado que primero nos busca. San Juan María Vianney escribió que “La oración privada se asemeja a la paja esparcida por aquí y por allá en un campo. Si se enciende fuego, la llama tiene poco ardor, pero si se agrupa la paja esparcida, la llama se hace abundante y se levanta hacia el cielo: así es la oración pública”. La oración comunitaria no se extingue con facilidad. Aunque nuestras oraciones y nuestra meditación no sean públicas, es comunitaria a su manera. Este libro, aunque no haya tenido la intención de hacerlo, lleva cada día el mismo pensamiento a la mente de todos nosotros, y de esta manera simple se convierte en una oración comunitaria, que espero tenga un efecto en ti. Tu corazón está junto con el mío y el de tantos otros; nos unimos de esa forma mística que solo la oración puede lograr, y nos ofrecemos a Jesús para que haga con nosotros, nos enseñe, nos forme, nos cure y nos use según sea su voluntad.

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Que esta sea nuestra pequeña Liturgia de las Horas, nuestra oración privada de los momentos comunitarios por la cual nos unamos, no en pequeños destellos, sino en comunión, para encender el mundo; que sea un fuego potente, afectuoso, ferviente y familiar. Mantengámonos unos a otros en la oración.

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D E •

D IC I E M B R E I

D O M I N G O

D E

A D V I E N T O

•

JesĂşs dijo a sus discĂ­pulos: “HabrĂĄ seĂąales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra, las naciones se llenarĂĄn de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar. [...] Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atenciĂłn y levanten la cabeza, porque se acerca a la hora de su liberaciĂłn.â€? —LUCAS 21, 25. 28

Jesús nos invita a adoptar una actitud de esperanza y expectativa confiada y no una postura de derrota y desesperación. Aunque sus advertencias son severas y muy reales —oh, cuånto se nos debe recordar nuestra necesidad de salvación— el Adviento nos llama a adoptar una postura interior en la que estemos erguidos y con la cabeza en alto con la esperanza de que Dios cumple sus promesas.

Jeremías 33, 14–16 Salmo 24 1 Tesalonicenses 3, 12—4, 2 Lucas 21, 25–28. 34–36

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D E •

S A N

D IC I E M B R E F R A N C I S C O

J A V I E R ,

P R E S B Í T E R O

En días futuros, el monte de la casa del Señor será elevado en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas, y hacia él confluirán todas las naciones. —ISAÍAS 2, 2

La verdad es atractiva. Es hermosa, plena e irresistible. Se aloja en el corazón, en la mente y en todo el ser humano; y nos eleva con el fin de colocarnos en lugares privilegiados, lugares sagrados. Esta es la promesa en los días futuros: acompañar al Señor en su casa.

Isaías 2, 1–5 Salmo 121 Mateo 8, 5–11

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4 •

S A N

D E J U A N

D IC I E M B R E

D A M A S C E N O ,

P R E S B Í T E R O

Y

D O C T O R

D E

L A

I G L E S I A

Jesús se llenó de júbilo en el Espíritu Santo y exclamó: “¡Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla!”. —LUCAS 10, 21

Es posible que la imagen más común que tengamos de Jesús no sea la de júbilo, pero, sin duda, Jesús se llena de júbilo en el Espíritu Santo y alaba a su Padre, el Señor del cielo y de la tierra. Se nos revela con este placer inocente. Un corazón agradecido y contento es un corazón floreciente.

Isaías 11, 1–10 Salmo 71 Lucas 10, 21–24

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D E

D IC I E M B R E

Acudió a Êl mucha gente, que llevaba consigo tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros enfermos. Los tendieron a sus pies y Êl los curó. —MATEO 15, 30

Nos tendemos a los pies de Jesús con todos nuestros males, temores y pecados, y todas nuestras debilidades, terquedades y deformidades espirituales. Nos tendemos —ciegos, sordos y doloridos— a sus pies, con humildad y debilidad. Es el mismo Jesús del Evangelio de San Mateo y Êl nos cura tambiÊn.

Isaías 25, 6–10 Salmo 22 Mateo 15, 29–37

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D E

D IC I E M B R E •

S A N

N I C O L Á S ,

O B I S P O

Abran las puertas para que entre el pueblo justo, / el que se mantiene fiel, / el de ánimo firme para conservar la paz, / porque en ti confío. —ISAÍAS 26, 3

El salmista grita: “Mi corazón está firme, oh Dios, mi corazón está firme”. ¿Dónde está firme mi corazón? ¿Estamos firmes con nuestro propósito en la voluntad de Dios? ¿Conocemos nuestro propósito? La paz llega a quienes fijan la mirada en Jesús y confían en él.

Isaías 26, 1–6 Salmo 117 Mateo 7, 21. 24–27

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D E •

S A N

D IC I E M B R E

A M B R O S I O ,

O B I S P O

Y

D O C T O R

D E

L A

I G L E S I A

La bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Ármate de valor y fortaleza y en el Señor confía. —SALMO 26, 14

Toda la vida cristiana está marcada por la más profunda espera. Se nos exhorta en cada misa con estas palabras: “mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador, Jesucristo”. Cada tiempo litúrgico parece promover una actitud de espera. ¿Por qué debe la Iglesia ofrecer tantas oportunidades de practicar la paciencia? ¿Cuán bien lo hacemos? ¿Aguardamos con un aplomo espiritual y un corazón resistente? ¿Qué significará para nosotros el fin de esta espera?

Isaías 29, 17–24 Salmo 26 Mateo 9, 27–31

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D E

S O L E M N I D A D

D E

D IC I E M B R E L A

I N M A C U L A D A V I R G E N

C O N C E P C I Ó N

M A R Í A

D E

L A

S A N T Í S I M A

Con Cristo somos herederos también nosotros. Para esto estábamos destinados, por decisión del que lo hace todo según su voluntad: para que fuéramos una alabanza continua de su gloria, nosotros, los que ya antes esperábamos en Cristo. —EFESIOS 1, 11–12

A la Virgen María se le eligió y se le preparó de una manera única, es cierto. Sí, ella cumplió la voluntad del Padre con una calidad extraordinaria. Pero una de las virtudes más importantes de su fe es recordarnos que a nosotros también se nos eligió. Estaremos preparados para nuestro llamado y existiremos para la gloria mayor de Dios si podemos hacer nuestra la oración de la Virgen María: Hágase en mí según tu palabra.

Génesis 3, 9–15. 20 Salmo 97 Efesios 1, 3–6. 11–12 Lucas 1, 26–38

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D E •

D IC I E M B R E I I

D O M I N G O

D E

A D V I E N T O

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El Seùor guiarå a Israel en medio de la alegría / y a la luz de su gloria, / escoltåndolo con su misericordia y su justicia. —BARUC 5, 9

¥QuÊ magnífica compaùía! Alegría y gloria, misericordia y justicia. No se puede separar a Dios de estas cualidades; son imprescindibles para su esencia. Si te acercas al Seùor, te acercas a su alegría, justicia, luz y misericordia. ¿Podemos desear mejores compaùeros de vida? ¿Hay algo que nos impida buscar dicha amistad?

Baruc 5, 1–9 Salmo 125 Filipenses 1, 4–6. 8–11 Lucas 3, 1–6

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D E

D IC I E M B R E

Digan a los de corazón apocado: / “¡Ánimo! No teman. / He aquí que su Dios, / vengador y justiciero, / viene parasalvarlos”. —ISAÍAS 35, 4

¿Lo crees? ¿Qué harías si no temieras? ¿De qué manera cambiaría tu vida si supieras de corazón que “ha venido para salvarnos”?

Isaías 35, 1–10 Salmo 84 Lucas 5, 17–26

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D E

D IC I E M B R E •

S A N

D Á M A S O

I ,

PA PA

“El Padre celestial no quiere que se pierda uno solo de estos pequeños”. —MATEO 18, 14

Dejarte de lado no es la voluntad del Padre. Sin importar cuánto te hayas apartado, cuán distraído o cansado puedas estar, cuán insignificante crees que eres, cuán perdido, abandonado u olvidado puedas sentirte, Jesús puede encontrarte en cualquier lugar y traerte a casa.

Isaías 40, 1–11 Salmo 95, 1–2. 3. 10. 11–12. 13 Mateo 18, 12–14

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D E •

D IC I E M B R E

N U E S T R A

S E Ă‘ O R A

D E

G U A D A L U P E

•

Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que eståbamos bajo la ley, a fin de hacernos suyos. — G à L A TA S 4 , 4

En The Reed of God [La caĂąa de Dios], Caryll Houselander escribe: “El Adviento es el tiempo del secreto, el secreto del crecimiento de Cristo, del crecimiento del amor divino en silencioâ€?. Para la Virgen MarĂ­a, “toda la experiencia que tiene del mundo se reuniĂł para que Cristo creciera en ellaâ€?. Y nosotros “debemos creer que ĂŠl estĂĄ creciendo en nuestra vida; debemos creerlo con tanta firmeza que no podamos evitar relacionar todo, literalmente todo, con esta casi increĂ­ble realidad. Cada labor que emprendamos debe ser una parte de Cristo que se forma dentro de nosotrosâ€?.

MÊxico: Eclesiåstico (Siråcide) 24, 23–31 Salmo 66 Gålatas 4, 4–7 Lucas 1, 39–48

EEUU: Zacarías 2, 14–17 o Apocalipsis 11, 19a, 12, 1–6a, 10ab Judith 13, 18abcde. 19 Lucas 1, 26–38 o Lucas 1, 39–47

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D E •

S A N TA

D IC I E M B R E L U C Í A ,

V I R G EN

Y

M Á RT I R

“Yo, el Señor, te tengo asido por la diestra / y yo mismo soy el que te ayuda. / [...] para que todos vean y conozcan, / adviertan y entiendan de una vez por todas, / que es la mano del Señor la que hace esto”. —ISAÍAS 41, 13. 20

Santa Lucía es la patrona de los ciegos y de quienes tienen problemas de la vista. Sin embargo, resulta curioso observar que su nombre significa “luz”. Dios tiene la intención de que lo conozcamos, lo veamos, observemos su obra poderosa y, al hacerlo, lleguemos a adorarlo verdaderamente. Necesitamos su luz —la iluminación de los sacramentos, los santos, la oración y el estudio— para que nos muestre la mano salvadora de Dios que trabaja constantemente en nuestro mundo cotidiano. Santa Lucía, ora por nuestra visión interior. Isaías 41, 13–20 Salmo 144 Mateo 11, 11–15

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S A N

J U A N

D E D E

L A

C R U Z ,

D IC I E M B R E P R E S B Í T E R O

Y

D O C T O R

D E

L A

I G L E S I A

“Yo soy el Señor, tu Dios, / el que te instruye en lo que es provechoso, / el que te guía por el camino que debes seguir”. —ISAÍAS 48, 17

San Juan de la Cruz escribe: “Lo que más necesitamos para progresar es permanecer en silencio ante este gran Dios con nuestras ansias y nuestra lengua, pues el idioma que él mejor escucha es el amor silencioso”. El Adviento es el tiempo para los movimientos tranquilos y silenciosos del Espíritu Santo, que nos visita mediante ángeles y sueños. Practica el silencio para conocer el camino que debes seguir.

Isaías 48, 17–19 Salmo 1, 1–2. 3. 4. 6 Mateo 11, 16–19

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D E

D IC I E M B R E

Elías ha venido ya, pero no lo reconocieron. —MATEO 17, 12

Toda la vida espiritual es un movimiento encaminado a una revelación más profunda: revelar quiénes somos y que nos vean verdaderamente. Dios está constantemente revelándose a nosotros y, muy a menudo, lo desaprovechamos por completo. Concédeme mejores ojos, Señor. Quítame aquello que impide que te reconozca, te contemple y te ame en todo tu ser.

Eclesiástico (Sirácide) 48, 1–4. 9–11 Salmo 79 Mateo 17, 9–13

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D E •

I I I

D IC I E M B R E D O M I N G O

D E

A D V I E N T O

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El Seùor es mi Dios y salvador, con Êl estoy seguro y nada temo. —ISA�AS 12, 2

El temor puede ser una fuerza muy poderosa. Cuando amenaza con sobrepasarme, recuerdo lo que una vez me dijo un mentor espiritual: “No le digo a Dios cuĂĄn grandes son mis problemas; les digo a mis problemas cuĂĄn grande es mi Diosâ€?. AmĂŠn. Dios es tu salvador, quien “goza y se alegra contigo, renovando su amor, se llena de jĂşbilo por tiâ€?. Ten confianza y no temas; el SeĂąor, que estĂĄ cerca, es tu fuerza y tu coraje.

Sofonías 3, 14–18 Isaías 12, 2–3. 4. 5–6 Filipenses 4, 4–7 Lucas 3, 10–18

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D E

D IC I E M B R E

De [María] cual nació Jesús, llamado Cristo. —MATEO 1, 17

¿Qué haremos con las diversas genealogías de Jesús? Simplemente podríamos concentrarnos en el hecho de que apuntan a una historia más larga, grande y vívida que nuestras propias vidas y nuestra época. Formamos parte de ese linaje; somos partícipes de la historia de salvación. Sabemos que él —Jesús, el Cristo— nació de la Virgen María; y su nombre aparece en nuestras genealogías establecidas por Dios al igual que sus amados hijos e hijas.

Génesis 49, 2. 8–10 Salmo 71 Mateo 1, 1–17

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D E

D IC I E M B R E

He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros. —MATEO 1, 23

Un nombre significa mucho. ¿Se ha convertido el nombre del Evangelio de hoy en uno demasiado familiar? ¿Lo dejo de mencionar o lo acepto y me arrodillo porque lo reconozco como sagrado y real?

Jeremías 23, 5–8 Salmo 71 Mateo 1, 18–25

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D E

D IC I E M B R E

A esa mujer se le apareciĂł un ĂĄngel del SeĂąor y le dijo: “Eres estĂŠril y no has tenido hijos; pero [...] vas a concebir y dar a luz un hijoâ€?. —JUECES 13, 3

Ă ngeles, ĂĄngeles por todas partes. “Es el tiempo de que aparezcan: a MarĂ­a, a JosĂŠ, a los estĂŠriles y a los que no tienen hijos. Llegan anunciando vida donde no deberĂ­a haberla. Llegan proclamando respuestas a las oraciones y planes sagrados mĂĄs allĂĄ de las palabras. Vienen y nos consuelan con las palabras ‘no temas, tu oraciĂłn fue escuchada’â€?.

Jueces 13, 2–7. 24–25 Salmo 70 Lucas 1, 5–25

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D E

D IC I E M B R E

“Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. —LUCAS 1, 36–37

En mí hay zonas estériles que están a la espera de que la gracia de Dios las convierta en fecundas. Hay obstáculos imposibles que están listos para que se eliminen. Señor, conviérteme en tu Isabel.

Isaías 7, 10–14 Salmo 23 Lucas 1, 26–38

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S A N

D E P E D R O

D IC I E M B R E

C A N I S I O ,

P R E S B Í T E R O

Y

D O C T O R

D E

L A

I G L E S I A

Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven. [...] déjame ver tu rostro y hazme oír tu voz, porque tu voz es dulce y tu rostro encantador. — C A N TA R

D E L O S C A N TA R E S

2, 13–14

Esta es la voz del Cristo silencioso de la Eucaristía, la invitación a la adoración, íntima y personal. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que visitaste a Jesús en adoración eucarística y le permitiste mirarte con un amor perfecto y un gozo sagrado?

Cantar de los Cantares 2, 8–14 Salmo 32 Lucas 1, 39–45

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D E

D IC I E M B R E

“Mi alma glorifica al Señor / y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, / porque puso sus ojos en la humildad de su esclava. / Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, / porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. / Santo es su nombre, / y su misericordia llega de generación en generación / a los que lo temen. Ha hecho sentir el poder de su brazo: / dispersó a los de corazón altanero, / destronó a los potentados / y exaltó a los humildes. / A los hambrientos los colmó de bienes / y a los ricos los despidió sin nada. Acordándose de su misericordia, / vino en ayuda a Israel, su siervo, / como lo había prometido a nuestros padres, / a Abraham y a su descendencia, / para siempre”. —LUCAS 1, 46–55

Amén. ¿Qué diría tu Magníficat?

1 Samuel 1, 24–28 1 Samuel 2 Lucas 1, 46–56

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D E •

I V

D IC I E M B R E D O M I N G O

D E

A D V I E N T O

•

Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirå cuanto te fue anunciado por parte del Seùor. —LUCAS 1, 45

Es posible que nuestro problema no siempre sea la confianza. Distinguir con claridad la voz del SeĂąor en la algarabĂ­a de nuestra cultura y de nuestra vida cotidiana agitada podrĂ­a representar el mayor desafĂ­o. ÂżDe quĂŠ manera nos ubicamos mejor para oĂ­r la voz de Dios? ÂżCĂłmo es su voz? La oraciĂłn, los sacramentos, la meditaciĂłn con la Escritura y una disciplina diaria de algo de silencio; estos son buenos lugares para comenzar a desarrollar un oĂ­do que escuche para el corazĂłn que cree.

Miqueas 5, 1–4 Salmo 79 Hebreos 10, 5–10 Lucas 1, 39–45

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D E

D IC I E M B R E

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, / nos visitará el sol que nace de lo alto, / para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, / para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. —LUCAS 1, 78–79

Ternura y luz. Orientación y paz. Estos son los buenos dones que Dios nos prometió.

2 Samuel 7, 1–5. 8–12. 14. 16 Salmo 88 Lucas 1, 67–79

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D E •

D IC I E M B R E

N A T I V I D A D

D E L

S E Ñ O R — N A V I D A D

Y aquel que es la Palabra se hizo hombre / y habitó entre nosotros. / Hemos visto su gloria, / gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre, / lleno de gracia y de verdad. —JUAN 1, 14

“La Palabra se hizo hombre”. No es una abstracción, una idea, ni un concepto. No es un cuento de hadas ni una teoría. Es él, un bebé, un Rey, el Mesías; frágil, inocente y real, que ingresa en la historia humana de manera silenciosa por la noche. Es Jesús.

Misa de la aurora: Isaías 62, 11–12 Salmo 96 Tito 3, 4–7 Lucas 2, 15–20 Misa del día: Isaías 52, 7–10 Salmo 97 Hebreos 1, 1–6 Juan 1, 1–18 o 1, 1–5. 9–14

Misa vespertina de la vigilia: Isaías 62, 1–5 Salmo 88 Hechos 13, 16–17. 22–25 Mateo 1, 1–25 Misa de medianoche: Isaías 9, 1–3. 5–6 Salmo 95 Tito 2, 11–14 Lucas 2, 1–14

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D E •

S A N

D IC I E M B R E E S T E B A N ,

P R O T O M Ă RT I R

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En tus manos encomiendo mi espíritu y tú, mi Dios leal, me librarås. Tu misericordia me llenarå de alegría. —SALMO 30, 5. 7

“Padre, en tus manos encomiendo mi espĂ­rituâ€?. Tendemos a pensar que esta oraciĂłn determina el tĂŠrmino de la vida, el final de nuestro servicio, pero me pregunto si podrĂ­amos incorporarla al comienzo de cada dĂ­a, cuando iniciamos nuestras labores de servicio. “Encomendarâ€? significa confiar el cuidado o la preservaciĂłn, para ser recordado con amabilidad. EncomiĂŠndate hoy a JesĂşs y alĂŠgrate por su misericordia.

Hechos 6, 8–10; 7, 54–60 Salmo 30 Mateo 10, 17–22

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D E •

S A N

J U A N ,

D IC I E M B R E A P Ó S T O L

Y

E VA N G E L I S TA

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró. —JUAN 20, 4–5

Aquí tenemos un maravilloso festín para nuestras reflexiones de Adviento: el momento de la Resurrección pascual. Hay algo tan encantador y libre en Juan, que lo lleva con más rapidez al sepulcro. Y, sin embargo, no entra. Permite que Pedro lo haga primero. El gran amor puede hacernos ligeros y libres como el viento. También puede hacernos tranquilos y livianos como una paloma, ágiles para los movimientos importantes del espíritu que llegará a toda la historia de la humanidad.

1 Juan 1, 1–4 Salmo 96 Juan 20, 2–9

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D E •

L O S

D IC I E M B R E

S A N T O S

I N O C E N T E S ,

M Á RT I R E S

En Ramá se ha escuchado un grito, se oyen llantos y lamentos: es Raquel que llora por sus hijos y no quiere que la consuelen, porque ya están muertos. —MATEO 2, 18

Hay muchas maneras de matar la inocencia. Mediante la intercesión de los Santos Inocentes, oremos hoy por todos aquellos cuyas vidas o inocencia se perdieron por el abuso, la negligencia, la traición o las presiones culturales. Oremos en acción de gracias por nuestro Dios generoso que puede recuperar todo lo que se perdió, que puede devolvernos a un estado apropiado de asombro inocente por su bondad y sus dones misericordiosos de vida y amor eterno.

1 Juan 1, 5–2, 2 Salmo 123 Mateo 2, 13–18

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D E •

S A N T O

D IC I E M B R E

T O M Á S

B E C K E T,

O B I S P O

Y

M Á RT I R

Y a ti, una espada te atravesará el alma. —LUCAS 2, 35

En este tiempo de luz y alegría se proyecta una sombra. ¿Qué hacemos con este presentimiento? ¿Es posible que nuestra alegría sea completa, madura e íntegra solo en el contexto de la eternidad? ¿Puede ser que la alegría sea simplemente tristeza y sufrimiento que maduraron? ¿Es posible que cualquier sufrimiento que podamos experimentar esté vinculado a nuestra futura alegría, como las raíces embarradas y ocultas que sostienen un árbol fuerte y floreciente?

1 Juan 2, 3–11 Salmo 95 Lucas 2, 22–35

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D E •

D IC I E M B R E

F I E S TA

D E

L A

S A G R A D A

FA M I L I A

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Que en sus corazones reine la paz de Cristo; que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza. —COLOSENSES 3, 15. 16

Es posible que la celebraciĂłn de esta fiesta no sea fĂĄcil para todos, especialmente para quienes hayan crecido en familias donde no haya reinado la paz. Hoy rezo por todas las familias, en especial por las que estĂĄn en crisis, aquellas que se esfuerzan por honrarse y amarse, y por quienes sienten que no tienen familia. Que nuestra amabilidad y fe les recuerde que Dios es fuente de paz y los ama.

Eclesiåstico (Siråcide) 3, 3–7. 14–17 Salmo 127 Colosenses 3, 12–21 Lucas 2, 41–52 Opción: 1 Samuel 1, 20–22. 24–28 Salmo 83 Juan 3, 1–2. 20–24 Lucas 2, 41–52

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D E •

D IC I E M B R E S A N

S I LV E S T R E

I ,

PA PA

Todas las cosas vinieron a la existencia por él / y sin él nada empezó de cuanto existe. / El era la vida, y la vida era la luz de los hombres. / La luz brilla en las tinieblas / y las tinieblas no la recibieron. —JUAN 1, 3–4

“Las tinieblas no la recibieron”. Tal vez se dificulte creerlo algunos días, con las guerras, los desastres naturales, las enfermedades, el hambre, el divorcio, el aborto, la codicia y toda clase de pecados y temores que azotan la faz de la tierra. Pero también sabemos esto: la Palabra de Dios es verdadera. Hoy, ¿dónde encontrarás luz en la oscuridad? Búscala. Espérala. Confía. Deja que Jesús te sorprenda y te fortalezca para que te conviertas en una luz en el año venidero.

1 Juan 2, 18–21 Salmo 95, 1–2. 11–12. 13 Juan 1, 1–18

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2013: Un año lleno de gracia  

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