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Torre La Vega Siglo XX (1988-1993) Crónica Ilustrada de una Ciudad

José Ramón Saiz Fernández (C. de la Real Academia de la Historia)

ediciones

Los Cántabros


© 2013. José Ramón Saiz Fernández (joseramonsaiz.es), Carlos Gustavo Alútiz Ruisánchez Edita: Carlos Gustavo Alútiz Ruisánchez - Ediciones Los Cántabros (Telf. 685 981 649 / info@loscantabros.com)

Esta obra ha sido publicada con una subvención de la Dirección General de Cultura del Gobierno de Cantabria. autor: JOSÉ RAMÓN SAIZ FERNÁNDEZ CoordinaCión gráfiCa: Álvaro Saiz Uría ColaboraCión EspECial: Justo Echevarría Laguillo doCumEntaCión gráfiCa: Archivo Municipal de Torrelavega (AMT), Consejería de Ganadería del Gobierno de Cantabria, Cámara de Comercio e Industria de Torrelavega, Colegio Oficial de Médicos de Cantabria, Amica, Policía Municipal, Agrupación Virgen de las Nieves (Tanos), Tertulia Sago, Grupo 1900, Unión Sindical Obrera (USO), Colección J. Adolfo, Colección José Antonio Torcida, Familia Vicente Trueba, Familia Antonio Díez Vollrath, Familia Fermín Orbe, Familia Rodríguez Ruiz-Capillas, Familia Hilario Terán, Familia Eugenio Escudero (Pancho), Familia Rodolfo Diego, Familia Ignacio Díez, Familia Baudo-Uchupi, Familia Bernardo González Calderón, Familia Álvaro García Díaz, Familia Arpide, Familia Aurelio Bonilla, Familia Andrés Fernández Gatóo, Sociedad Deportiva Torrelavega, Ángel y Horacio Bustamante Hurtado, Avelino Lobeto (fotógrafo de El Diario Montañés), José Luis Vidal, Billy (fotógrafo de Alerta), Ángel (Gelo) Bustamante Amenábar, José Ramón Argos (Expresion), José Antonio Pérez, Carlos Villazón, Manuel Serna del Barrio, Joaquín Santiago Gutiérrez, Eduardo Fernández-Abascal Teira, Ignacio Noguer, Antonio García Martín, Miguel Ángel Lázaro, Luis Castillo Arenal, Justo Echevarría Laguillo, Álvaro Cabeza Díaz, José Ignacio Telechea, José Antonio Magaldi, Joaquina Villar Prieto, José Luis Gutiérrez de Celis, Manuel Gutiérrez (El Nene), Fernando Lavín, Serafín Fernández Villazón, José Antonio Gómez Fernández, Ernesto González de la Vega, José Ángel Herreros Prieto, Antonio Martínez Eguren, Santiago Alútiz Rubio, José Izaguirre Cobo, Flori García González, Álvaro Saiz Uría, José Antonio Sánchez Gutiérrez, Goyo Castañeda y Roberto Terán. Nota: En el tomo VII se publicaron imágenes del Archivo Municipal (AMT) que corresponden a los fotógrafos J. Rosendo (página 38); José Ramón Argos (Expresion) en las pp. 61, 141, 142, 143, 160, 171, 187, 188, 196, 197, 199, 201, 202, 203, 207, 210, 211 y 213; y a Horacio Bustamante Hurtado (pp. 87, 95, 96 y 211). disEño gráfiCo y maquEtaCión: Ediciones Los Cántabros disEño portada: MZ Comunicación dEpósito lEgal: SA-710-2013 isbn: 978-84-616-6948-6 imprEsión: Artes Gráficas Campher S.L.


Fotógrafos de Torrelavega: 130 años captando imágenes de la Villa y Ciudad De los decanos Alfonso Redón y Bernardo Ruiz se pasó a las farmacias locales como lugares idóneos para el revelado de los antiguos “rollos”, siendo habitual encontrar en las viejas boticas una cámara oscura. En los años cincuenta aparecieron los fotógrafos de los periódicos: Lobeto, Billy y Horacio Bustamante, destacaron en los inicios. 18

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ENCUENTRO DE HERMANDAD en la festividad de Santa Lucía con presencia de los fotógrafos ambulantes y con estudio propio: Eugenio Escudero, Pancho (1), Pepín, cuñado de Ricardo Gutiérrez, El Maño, de Cabezón de la Sal (2), Isabel Rodríguez Díaz (3), Ana María Verano (4), Avelino Lobeto (5), Mercedes Gorriz Cerdeño (6), Isidoro Saiz Vallejo (7), María Fernández Revuelta con su pequeña hija María del Mar Díez Fernández (8), Ignacio Díez Ruiz (9), Luis del Barrio Vega (10), Margarita Macho Galarza (11), Antonio Gómez, Pirulo (12), Álvaro García Díaz (13), Concepción Herreros Barrio (14), Elisa Maté (15), María Concepción Bueno de Poo (16), José Lobeto (17), Iluminado Barcos Alarcón (18), Aurelio Lobeto (19), Angelines Fernández García, señora de Litos (20), Gabriel Sánchez Vejerano, Litos (21), Cándido Cuartas (22) y Vicente Hevia Herrera, Vimar (23).

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sin haber recibido aún el título de Ciudad, ya era punto de mira de objetivos, entonces rudimentarios, a cargo de una profesión que comenzaba a tener adeptos, como la de fotógrafo. Sus gentes, sus escenas de laboreo, la evolución fabril, festejos y religiosidad, además de la vida del pueblo, comenzaron a captarse por esta nueva técnica de obtención de la imagen que venía a sustituir a otros medios que se emplearon por el hombre para plasmar en pinturas, tallas, frescos, mosaicos y otras materias su deseo de resaltar el momento o proporcionar perpetuidad a seres, costumbres o paisajes. De esta manera se puede decir que a través de las nuevas técnicas pasamos de la pintura a la fotografía (1). a diferencia de otras profesiones, el fotógrafo tiene la misión de analizar a la persona por fuera y, gracias a esta prospección, saber del hombre o la mujer por dentro, intentos que comen-

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zaron a intentarse a partir de 1727 cuando el científico alemán, Johann Heinrich Schulze, hizo los primeros descubrimientos del ennegrecimiento de cloruro de plata por la acción de la luz. Muchos intentaron encontrar sustancias y soportes en apoyo de este primer hallazgo. louis Daguerre, William Fox Talbot, e incluso nuestro premio Nobel, Santiago ramón y Cajal, buscaron, y encontraron, soluciones para la obtención y perpetuidad de las imágenes obtenidas a través de las lentes de las primitivas cámaras.

CÁMARAS FOTOGRÁFICAS que empleó Hilario Terán en su intensa etapa de fotógrafo, que la familia guarda como oro en paño por su valor y significado. Una colección de marcas acreditadas que viene a reflejar la evolución de estas técnicas, desde las más antiguas –parte superior del expositor– a las modernas. Entre las primeras destacan las llamadas foldings o plegables, algunas de placa de cristal. Según Bernardo Riego, investigador de la fotografía en Cantabria, cuando las plegables fueron cayendo en desuso, el concepto 6x6 o Rolleiflex era sinónimo de uso por fotógrafos artísticos que buscaban mucha calidad. Se usaron también en foto de prensa, aunque no fueron muy populares pues la visión por arriba dificultaba la toma rápida de instantáneas.

el primer fotógrafo que se instaló en la villa fue Bernardo ruiz, que procedía de oviedo y que abrió un gabinete en la calle Mártires, 7, en torno a 1878. Dejó un interesante ejemplo de publicidad directa por medio de la fotografía que ruiz realizó por encargo del relojero de Santoña, Mariano lópez, que iba a instalar un reloj en el ayuntamiento de Torrelavega, entonces en la plaza Baldomero Iglesias o del grano. el relojero lópez se hizo fotografiar con sus herramientas y el aparato, encargando copias del acontecimiento para entregar a cada uno de los miembros de la Corporación Municipal (2). entre las primeras fotografías de la villa –hermosa imagen gráfica, a su derecha– destaca la realizada por el fotógrafo santanderino leandro Desages, quien a petición del Marqués de Comillas cubrió el primer viaje del rey alfonso XII a la villa comillana. leandro se personó en Torrelavega la misma mañana que pasara por la villa la comitiva real –el 6 de agosto de 1881– en el lugar donde se había levantando un arco floral para dar la bienvenida al monarca, que en

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ÉSTA ES UNA DE LAS PRIMERAS IMÁGENES que se conservan de Torrelavega. Fue obtenida por el fotógrafo Leandro Desages el 6 de agosto de 1881, unas horas antes de que pasara por la Villa, con dirección a Comillas, la comitiva del Rey Alfonso XII. (Colección José Antonio Torcida) Torrelavega siglo XX | 183


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EN LA PLAZA BALDOMERO IGLESIAS se registró esta imagen de los profesionales de la cámara: Álvaro García Díaz (1), Eugenio Escudero Irazu, Pancho (2), Isidoro Saiz Vallejo (3), Ignacio Díez Ruiz (4), Avelino Lobeto (5), Juan Luis Vidal, Billy (6), Julián Montes (7), Antonio Gómez, Pirulo (8), Gabriel Sánchez Vejerano, Litos (9), Pepín, cuñado de Ricardo Gutiérrez Arozamena, El Maño (10), Luis del Barrio de la Vega (11) y Rafael Gorriz Cermeño (12). Se identifican, además, las viviendas de Manuel Barquín Agüero (13), alcalde de Torrelavega (1946-53), José Sánchez de Movellán (14) y edificio de la cárcel en cuyos bajos se encontraba el cuerpo de guardia de la Policía Municipal (15). Abajo, anuncio de A. Redón en el reverso de una de sus fotografías.

aquel momento contaba con un torrelaveguense como Jefe de su Cuarto Militar, en concreto el teniente general Francisco de Ceballos y vargas (que había sido ministro de la guerra entre 1875-79). la copia de esta imagen –que se reproduce por su interés histórico– ha sido facilitada por el estudioso de la fotografía, José antonio Torcida, existiendo un original en el Archivo del Palacio Real de Madrid. Considerando que Bernardo ruiz no estuvo mucho tiempo en las funciones fotográficas, se considera a alfonso redón garcía como el primer fotógrafo instalado en Torrelavega de forma permanente. Desde Santander se percató del crecimiento de la villa vecina y con una moderna máquina se dedicó a plasmar cuanto se pusiera delante de su objetivo. Instalado en el Pasaje de Saro, frente a la Plaza de la villa, logró que su fama de buen hacer profesional traspasara los límites de la pequeña urbe torrelaveguense, entonces con una población que apenas pasaba de los tres mil habitantes, sumando casi siete mil todos los pueblos del municipio. Ya en el anuario El Dobra, correspondiente a 1889, apa-

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CUADRO DE FOTÓGRAFOS –muchos de ellos ambulantes– que ejercían la profesión en la comarca: Juan Luis Vidal, Billy (1), Gabriel Sánchez Vejerano, Litos (2), Pepín, cuñado de Ricardo Gutiérrez, El Maño (3), Iluminado Barcos (4), Manuel Serna del Barrio (5), Álvaro García Díaz (6), Antonio Gómez, Pirulo (7), Julián Montes (8), Luis del Barrio de la Vega (9), Cándido Cuartas Fernández (10) e Ignacio Díez Ruiz (11).

rece el siguiente anuncio: “Fotografía artística de A. Redón. Ampliaciones desde el tamaño más pequeño al natural, pintadas al claro-oscuro y al colorido, Reproducciones grupos y toda clase de trabajos concernientes al arte. Se trabaja todos los días aunque esté nublado de 9 de la mañana a 4 de la tarde”. los primeros datos oficiales de su presencia en Torrelavega se encuentran en la Matrícula de Contribución Industrial de la villa en la que aparece alfonso redón garcía en el libro correspondiente al ejercicio 1890-91, así como al del año 1892 que aparece el fotógrafo –primero de la villa– con el número 272 y la clase 7, según el informe fechado el 11 de agosto de 1891 que está firmado por Federico Santa María, interventor accidental de la Subdelegación de Hacienda en Torrelavega (3). la presencia de alfonso redón en esta lista de contribuyentes se mantiene en los primeros años del siglo XX hasta que en 1924 aparece su hijo, antonio redón valcázar, en el mismo Pasaje de Saro. en esta misma Matrícula de Contribución Industrial figura también como fotógrafo –desde la memoria correspondiente a 1917– enrici Fernández, con estudio en la calle Joaquín Hoyos, que después trasladó a José María de Pereda. Nada más se sabe de este profesional que por su nombre podría tener origen italiano. la presencia de alfonso redón en Torrelavega alcanzó otras facetas no menos significativas de su vida, al compartir su presencia en las logias masónicas Cantabria, de Torrelavega y Luz del Ebro, de reinosa. en concreto, en la logia de Torrelavega formó parte con quien tiempo después ejerció de alcalde, Florencio Ceruti (Sócrates) y el abogado republicano Santiago gervasio Herrero (Lincoln), que no debe confundirse con gervasio Herrero, comerciante, alcalde de la ciudad de 1899 a 1901. entre otros compañeros de logia figuraba el periodista Francisco Tornero Navarrete, que ejercía de Venerable Maestro. alfonso redón aparece en los registros de la Logia Cantabria con el nombre de antonio, con domicilio en el Pasaje de Saro, fotógrafo de profesión y 54 años de edad, ejerciendo de secretario de la logia a fecha 31 de diciembre de 1886 (4).

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Como otros fotógrafos masones, alfonso redón garcía tomó el nombre simbólico de Daguerre desde su incorporación a la Logia Cantabria, de Torrelavega, el 21 de junio de 1885. la elección de este nombre tenía su lógica. louis Daguerre (1787-1851) fue el primer divulgador de la fotografía, tras inventar el daguerrotipo. la aportación de Daguerre –que en 1838 realizó la primera fotografía con personas vivas– consiguió reducir a un período comprendido entre los cinco y los cuarenta minutos el tiempo necesario para la toma de imágenes, frente a las dos horas necesarias por los procedimientos vigentes. en sus inicios, redón realizó una preciosa colección de tarjetas postales con calles y alrededores de la entonces villa, destacando trabajos para la Real Compañía Asturiana de Minas y otras empresas, así como una colección de imágenes del Cristo de limpias, en un momento de gran

ANTONIO REDÓN VALCÁZAR, hijo de Alfonso, en una imagen tomada en los años cuarenta. Continuador de la labor de su padre desde el estudio del Pasaje de Saro, realizó gran parte de las fotografías de la ciudad desde los años veinte. A la izquierda, un retrato con la firma A. Redón.

devoción popular por este hecho de emotiva religiosidad. También en este tiempo, 1886, publicó una colección de doce vistas fotográficas “en tamaño de tarjeta americana” sobre la vida en reinosa y Campoo, en concreto, imágenes de la Plaza, la Iglesia, el espolón, Cupido y varias calles de la capital campurriana, además de la obligada en estos casos que era el nacimiento del ebro. en el semanario reinosano El Ebro se informa del precio de esta colección de postales: cincuenta reales. Treinta años después, alfonso redón presentó al público nuevas colecciones dedicadas a la región campurriana, entre las que destaca la serie de imágenes de reinosa con nieve. la firma redón representa, sin duda, el inicio torrelaveguense en la fotografía; así, aparece citado en varios trabajos de investigación como el único fotógrafo censado en Torrelavega en 1901 (5). en este año ya existía la figura romántica de los minuteros, fotógrafos ambulantes que recorrían playas, paseos y ferias retratando a las gentes para venderles luego la fotografía “al minuto”. Iban de pueblo en pueblo, en ocasiones transportando su caballo de cartón o sus fondos decorados con temas diversos, y la cámara de cajón. el tema habitual se centraba en parejas de novios paseantes, familias con niños y otras reuniones de interés social, procediéndose de inmediato al revelado que se realizaba en una cubeta colgada de la cámara. Una vez realizado el proceso se entregaba la postal, normalmente en formato de nueve por catorce.

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JULIO GARCÍA DE LA PUENTE, acreditado fotógrafo vallisoletano de finales del XIX y principios del XX, que en 1902 realizó una colección de postales de Torrelavega, etapa en la que residió en Reinosa. En el anuncio de la siguiente página se aprecia que diez tarjetas se vendían a 1,25 pesetas. Arriba, una de las postales realizadas por la cámara de García de la Puente. (Izq. Colección José Antonio Torcida, Dcha. Colección Ramón Villegas López)

en la Guía de 1908 editada por Sebastián Hidalgo –que contaba con un centro de periódicos y revistas en la calle Comercio, frente a la Plaza Mayor– se anunciaba el establecimiento de Fotografía Artística A. Redón con domicilio en Pasaje de Saro. Se indicaba que “este antiguo y acreditado establecimiento fotográfico, que cuenta más de 25 años de existencia, se halla actualmente dotado de todos los últimos aparatos concernientes al arte, realizando trabajos completísimos y de gran precisión”. Se ofrecían grandes colecciones de postales al bromuro de Suances, las Caldas, Barreda y Torrelavega, imágenes que también podían adquirirse en todos los establecimientos de objetos de escritorio. entre sus reclamos destacaban: “ampliación en hoja de platino inalterable, a 17 pesetas y especialidad de retratos de niños al platino, mate y esmalte”, ofreciéndose para realizar toda clase de trabajos fuera de la galería y que se trabajaba todos los días, aun en los nublados, desde las nueve hasta las dieciséis horas. en los años cuarenta, la tienda de fotografía de antonio redón valcázar pasó del Pasaje de Saro a la calle Consolación. al fallecer en 1951 –a los sesenta y dos años de edad– este maestro de la fotografía, sus descendientes alquilaron la tienda a Ángel gonzález (Julnay), también fotógrafo. No obstante, el apellido redón permaneció en el comercio local con Pedro –hermano de antonio– relojero de profesión, negocio que pasaría más tarde a su hijo alfonso redón echaves (1913-2012), con una tienda de joyería en los exteriores de la Plaza de Abastos, que se mantiene en su tercera generación. Una de las últimas colecciones gráficas de antonio redón valcázar perteneció a Flori garcía gonzález, fallecida en el discurrir de 2011, entre las que se encontraban imágenes de una concentración de coches en la llama en la tercera década del XX, interiores de la antigua sede de la Cámara de Comercio –entidad para la que trabajó– cuando se impartían clases de mecanografía y de diferentes rincones de la ciudad (6). en esta versión de las tarjetas postales y con referencia a Torrelavega, hay que destacar la figura del fotógrafo vallisoletano Julio garcía de la Puente (1868-1955), que realizó una colección de vistas de Torrelavega que está fechada en su etapa reinosana (1900-02). Su época de mayor actividad fotográfica coincidió con el apogeo de la tarjeta postal en españa, y buena parte de sus fotografías fueron reproducidas en series de tarjetas postales que tuvieron un gran éxito. a partir de 1901 editó algunas de las primeras series de tarjetas postales de Santander, Torrelavega y reinosa.

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FOTOGRAFÍA MADRILEÑA que instaló su estudio en la calle Comercio. Se desconoce su propietario y el tiempo de permanencia. Arriba, tarjeta postal del fotógrafo Joaquín Montesino, con residencia en Barreda. A la derecha, anuncio de postales de García de la Puente (Colección J.A. Torcida).

licenciado en Derecho en Salamanca, fue miembro de la Real Sociedad Fotográfica, y presentó fotografías a muchos concursos nacionales, ganando diversos premios, siendo uno de los principales representantes en Cantabria de la corriente, retratando la vida y costumbres de la comarca de Campoo a través de una obra de importante contenido etnográfico, y reflejando en sus fotografías la Cantabria idealizada que en lo literario describía José María de Pereda, en quien se inspiró, y de quien obtuvo permiso para ilustrar fotográficamente dos de sus obras: Peñas Arriba y El sabor de la tierruca, que dieron título a dos series de postales de gran éxito (7). Dos firmas de fotografía existieron en Torrelavega en los inicios del siglo XX, sin que se tengan más noticias que unas pocas huellas de su paso por la ciudad: Joaquín Montesino, en Barreda (reproducimos el anverso de una de sus imágenes) y Fotografía Madrileña, con estudio instalado en la calle Comercio (8). Teniendo en cuenta que esta calle pasó a denominarse José María de Pereda por acuerdo municipal de 1911, es más que previsible que existiera desde unos años antes, aunque no tengamos más noticias. otra firma fotográfica muy acreditada en la ciudad, a partir de 1910-11, fue la de José Montes ruiz (Fotografía Montes era su nombre comercial), que aparece en el padrón municipal de 1925 con treinta y cuatro años (nacido, por tanto, en 1891). Con su hermano Julián –que vivió en Torrelavega poco más de una década– instaló su primer estudio en el edificio de su casa familiar en Joaquín Hoyos, 1, para trasladarse posteriormente al número 20 de la calle José María

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La falta de luz salvó a dos personas de perecer en el Santa Isabel En los obligados paseos por los portalones, era una delicia contemplar –la evocación corresponde a Julio Ruiz de Salazar– las grandes vitrinas de la casa de fotografía Montes, con las muestras de su arte. Persona muy conocida y amante de reuniones y tertulias. José Montes fue miembro del grupo El Botellín, que tenía su sede en el bar Cuca, en las proximidades de la estación de la costa. Este grupo-tertulia que se fundó en torno a 1948 y que vivió intensamente los años cincuenta, estaba formado por empleados de algunas importantes empresas y profesionales autónomos como el fotógrafo Montes, que coincidían en este histórico establecimiento a la hora de tomar un vino que entonces se servía en botellines. Llegó, incluso, a tener estatutos propios. José Montes solía comentar a amigos que retratar a un niño venía a tardarse diez minutos, pero que si iba acompañado de la mamá o de sus tías, podían ser JOSÉ MONTES se estableció en Torrelavega en 1910, siendo uno de los cinco horas. En una ocasión establecimientos más acreditados de la ciudad que llegó a superar el narró que dos señoras le encarga- medio siglo. De su primer estudio en la calle Joaquín Hoyos, pasaron a ron unas fotos para su pasaje en otro más espacioso en José María de Pereda. el Santa Isabel, indicando que no pudo hacérselas a tiempo por falta de luz. Total, que no pudieron embarcar. A los pocos días se supo que el Santa Isabel había naufragado pereciendo más de doscientos pasajeros. Aquellas señoras –declaró– “vinieron a darme las gracias por mi retraso; habían vuelto a nacer”. Este hecho luctuoso ocurrió el 2 de enero de 1921, apenas tres o cuatro días después de que recogiera pasajeros en el puerto de Santander. Perteneciente a la Compañía Trasatlántica Española, cuyo presidente era el marqués de Comillas, sólo se salvaron medio centenar entre pasajeros y tripulación. El terrible suceso ocurrió en la isla de Salvora –próxima a La Coruña– cuando en una madrugada de fuerte temporal, inesperadamente el buque embistió contra unos bajos rocosos y empezó a hundirse de proa tras partirse el casco en dos. José Montes también contó alguna cosa curiosa sobre el arte de modificar algunos rostros; así, en una ocasión retocó el estrabismo en un ojo de una mujer que cuando regresó para recoger la foto “me dijo que aquella no era ella, que ella era bizca del todo…” (1). 1. Entrevista en Dobra realizada por Gelo de Pin, seudónimo del abogado y caricaturista, José Ángel de Lucio.

Pereda, y, finalmente, en los soportales de la misma calle, aprovechando un gran patio interior con excelentes condiciones de luz. Tenía espacios amplios con elegantes decorados en donde posaban las afamadas caras guapas que adornaban la ciudad. en los obligados paseos por los portalones, era una delicia contemplar las grandes vitrinas, con las muestras de su arte. existe en el Archivo Municipal una petición de José Montes, fechada el 14 de marzo de 1927, dirigida al ayuntamiento para construir un edificio a destinar a taller de fotografía en los terrenos propiedad de las hermanas Sofía, loreto y Carmen Santibáñez de la Hoz, finalmente aprobada por la Permanente municipal siendo alcalde Isidro Bustamante. la fachada de este estudio era de 9,50 metros, por lo que tuvo que abonar 14,25 pesetas a la hacienda municipal (9).

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CÁMARA NEGRA O DE REVELADO de la tienda de José María de Pereda en la que aparece Horacio Bustamante con el empleado, Ángel García Barreda, que trabajó desde los doce años para la firma. A la derecha, Ángel Bustamante Hurtado que realizó numerosos trabajos, especialmente los referidos a la elaboración de tarjetas postales de Torrelavega –como la colección sobre el Mercado Nacional de Ganados–, así como de las villas veraniegas cercanas. Horacio –también en la foto inferior– fue un destacado profesional que alcanzó dimensión nacional al publicar sus fotos en Marca y ABC, así como en los periódicos regionales El Diario, Alerta y La Gaceta del Norte.

Montes contó con local propio en José María Pereda, 20, por espacio de 53 años, es decir, hasta 1963, a raíz de la obra de edificación que sobre sus locales primitivos se llevó a cabo. en agosto de 1965 regresaba a sus antiguos locales, ya remozados, “después de la experiencia recibida en el transcurso de los años y deseando ofrecer siempre lo más adecuado a nuestros días (…) lugar donde tantos seres plasmaron su imagen en sus días más felices o como simples recuerdos”, según expresó en un anuncio publicitario. en este regreso al número 20 de la calle José María Pereda, Fotografía Montes anunciaba que volvía “al mismo sitio y con el mismo arte, pero con un aspecto totalmente renovado”, para añadir: “Ahora, desde su nueva y modernísima instalación, llevada a cabo con el más exquisito y refinado estilo, y desde su gran estudio, elegantemente decorado, FOTOGRAFÍA MONTES sigue poniendo el arte fotográfico a su disposición, como desde hace 55 años lo viene haciendo” (10). en una guía local de 1922 aparecen dos anuncios: el estudio de a. redón, en el Pasaje de Saro, con ampliaciones y toda clase de trabajos fotográfi-

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cos, y el establecimiento de Montes que anunciaba ampliaciones, retratos, grupos y postales, disponiendo de los aparatos más perfectos para la fotografía industrial. Fueron las farmacias con sus estancias dedicadas a la preparación de formulas magistrales, los lugares idóneos para el revelado de los antiguos “rollos”, siendo habitual encontrar en las viejas boticas una cámara oscura. Prueba de ello es que aficionados fotógrafos tuvieron sus primeros revelados en alguna de las farmacias locales. es el caso de Hilario Terán (de Droguería Hilario, en la calle ave María) y antonio Fernández Ingelmo –tareas en las que recibió el apoyo de su sobrino, Juan antonio amenábar– que formaron parte de la plantilla de las boticas de Ceballos y de Zúñiga. Fernández Ingelmo acostumbraba a exponer las fotografías que realizaba en el escaparate de la botica de Zúñiga. al independizarse, parte de su trabajo era acudir a lugares en donde hubiera un acontecimiento para tirar fotos y exponerlas para su posterior venta a peseta la unidad, entonces allá por los años cincuenta. a juicio de Pablo Duomarco, fotógrafo histórico de los de Santander, la fotografía era una profesión “muy complicada; además de fotógrafos teníamos que saber de química y nos ayudábamos de libros con fórmulas del oficio”. (11) en 1945 abrió sus puertas la tienda de fotografía de los hermanos Horacio y Ángel Bustamante Hurtado, en la calle José María Pereda, número 18, esquina con las famosas escalerillas que permitían entonces el acceso a la calle la Paz. el proyecto para instalar un establecimiento fotográfico, laboratorio y objetos de óptica fue presentado por Horacio Bustamante el 12 de marzo de 1945, según proyecto realizado por el arquitecto Federico Cabrillo y el aparejador gerardo Cavadas. Se instaló en el interior de la finca de la señora ruiz de villa, en la calle José María Pereda, con un presupuesto de construcción de siete mil pesetas. Horacio también tuvo sus antecedentes en otra botica, la de Quintana. Un auxiliar de la farmacia de Cacho, llamado aparicio, le enseñó la técnica del revelado. Con escasos medios y una máquina Contax, inició y triunfó en una aventura novedosa en aquel momento. en vez de estudio de salón, se introdujo en trabajos de grandes y pequeñas empresas. Fue reportero oficial de prensa (Marca, la agencia Efe, El Diario Montañés y La Gaceta del Norte), acudiendo a cuantos eventos se celebraran, bien por trabajo o por cariño a su ciudad, como sobradamente demostró día a día. Su labor ha proporcionado a su hijo, Gelo Bustamante amenábar, un importantísimo legado: un archivo gráfico de la historia local en años destacados por el impulso del desarrollismo económico y el crecimiento de una nueva Torrelavega. en 1966, Horacio Bustamante –tras separarse de su hermano Ángel– solicitó abrir un local en la calle José María de Pereda, 31, cuya autorización recibió después de abonar 2.837 pesetas como derechos municipales. en 1985 amplió la actividad instalando una máquina fotocopiadora en el mismo local propiedad de generosa y luis Molleda ruiz, con una renta de seis mil pesetas anuales en 1976 (12). en este establecimiento prosiguió su brillante trayectoria, frenada por una enfermedad. Su hijo Gelo Bustamante, con gran oficio, continuó el negocio con la particularidad de que, además, ha hecho de la fotografía un arte como ha demostrado desde que con once años ganó su primer premio.

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Horacio Bustamante Hurtado, Medalla de Plata de la Agencia EFE

TRES GENERACIONES se han sucedido, por el momento, en el establecimiento de fotografías Bustamante Hurtado enfrente del Boulevard Demetrio Herrero: Horacio, su hijo, Gelo Bustamante Amenábar (a quien su padre desde niño ya inculcó la profesión) y el hijo de éste, Ángel Bustamante Cayón. Abajo, primera tienda que regentaron Ángel y Horacio a partir de los años cuarenta, lindando con las famosas escaleras de la calle la Paz.

Horacio Bustamante Hurtado (19221999), fue galardonado en 1984 con la Medalla de Plata de la Agencia EFE para la que comenzó a colaborar en 1945, con toda probabilidad con alguna imagen sobre algún acontecimiento local de alcance nacional. El gran tema de Horacio no fue otro, desde entonces, que salvar para la posteridad las imágenes sepias de una época ya pretérita, labor que ha continuado su hijo Gelo Bustamante Amenábar. Durante más de cuatro décadas, estuvo vinculado a la prensa, hasta el punto de que fue colaborador gráfico de los tres medios regionales. Con dieciséis años ya entregaba su primera fotografía al público, siguiendo los pasos de su hermano Ángel (1918-89), que también destacó en la fotografía regional. Horacio recordaría siempre con humor los cientos de matrimonios que posaron para sus primitivas cámaras, cuando todavía no existía el flash, “poniéndose nevado el traje azul del novio por el polvillo de pólvora y clorato que se desprendía del manganeso”. Prácticamente todos los acontecimientos de relevancia para la ciudad quedaron registrados en las cámaras de Horacio, que siempre sintió una especial debilidad por la marca Contax. Sobre una de estas máquinas existe una anécdota. En 1947 Horacio vendió una de sus Contax preferidas, que después de varios propietarios llegó a las manos del doctor Pedro Peña, vinculado a la familia Fernández-Diestro. Un día –ya en la década de los noventa– este doctor se acercó al establecimiento de Hurtado y entregó a su hijo, Gelo, la cámara que había sido de su padre. De la extensa e intensa labor de Horacio hay que señalar que dio numerosas pruebas –como otros fotógrafos conocidos– de amar una profesión en la que muchas veces la motivación del arte por el arte superaba el aspecto mercantil.

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Ángel Bustamante Hurtado tuvo igualmente un importante protagonismo como fotógrafo, con su tienda de la calle José María de Pereda donde se mantuvo tras ser derribada la casachalet donde se instaló inicialmente el laboratorio que abrió con su hermano Horacio. en esta etapa –ya independiente– Ángel contó con el apoyo como empleado de Ángel garcía Barreda (1931-2006), quien simultaneó los trabajos de la ÁNGEL BUSTAMANTE HURTADO (en el centro), acompañado de sus tienda con los de revelado y dos empleados: Ángel García Barreda y su hijo Jesús Adolfo García. Abajo, colaborador gráfico. garcía Ángel midiendo la luz con un fotómetro. La Cámara es una Linhof con la que Barreda se inició a los ocho años hacía las postales, que adquirió en los años cincuenta. Entonces se vendían como mancebo en una farmacia muchas postales, tanto de Torrelavega como de las villas turísticas del entorno. local y a los doce ya trabajaba de ayudante gráfico con los hermanos Bustamante Hurtado hasta que se jubiló en 1989, una vez que falleció Ángel. a partir de 1971, su hijo, José adolfo garcía Álvarez (1957), comenzó a estrenarse en la profesión teniendo a su padre como maestro. Ángel Bustamante Hurtado, con sus colaboradores, se especializó en el mercado de las postales, entonces de gran aceptación, siendo autor de varias colecciones en color de la ciudad, destacando la referida al Mercado Nacional de Ganados a raíz de su inauguración en 1973, así como de las villas marineras próximas a Torrelavega como Suances, Comillas, San vicente de la Barquera o las villas históricas de Santillana del Mar y Cartes. al fallecer Ángel Bustamante Hurtado en junio de 1989, su empleado histórico, Ángel garcía Álvarez, se jubiló, mientras que el hijo de éste, José adolfo garcía Álvarez, abrió una tienda en el mismo local el 1 de septiembre de 1989, hasta su traslado posterior en la misma calle pero en el número 37. a lo largo de los años cuarenta, en las grandes capitales y en pequeños núcleos de provincias, fueron gestándose agrupaciones fotográficas locales –una de las primeras en la ciudad fue la de la empresa Sniace– en las que se desarrollaban modestas exposiciones y concursos de ámbito reducido. estas agrupaciones fueron durante años el lugar idóneo donde combatir el tedio, auténticas (y únicas) escuelas donde se mantenía muy vivo el interés por la fotografía, agrupando en su seno a cuántos en aquel tiempo podían contar con una máquina de retratar, que por supuesto no eran todos. además de promocionar la fotografía, estas agrupaciones fomentaron el cine amateur que Sniace organizó durante casi una veintena de ediciones para aficionados residentes en territorio nacional, cualquiera fuera el formato: de 8 milímetros, de 16 milímetros o de Super 8. el principal trofeo de este certamen nacional fue la Hoja de Eucalipto de Oro, con un importante premio en metálico.

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LEOPOLDO SAÑUDO RUIZ-CAPILLAS (a la derecha), gran amigo de Rodolfo y destacado aficionado ya que fue el primero en instalar en su casa el revelado en color y el único que llevaba al papel las diapositivas. En la otra imagen, entrada al laboratorio de fotos Diego al que acudían muchos aficionados para el encargo de los trabajos de revelado.

Procedente de Santander llegó a la ciudad en los inicios de la década de los cincuenta, rodolfo Diego Hevia (19271980), hijo de Félix Diego guzón, fotógrafo santanderino muerto en el bombardeo de Santander de diciembre de 1936. Conocido afectivamente por Fofo, abrió su laboratorio en la Plaza Mayor. a pesar de que tenía muy arraigado el cariño a su bahía y a su Puertochico, no tardó en hacerse del pueblo y ganarse toda clase de simpatías y amistades. Incluso encontró aquí su media naranja, rosario Pérez garcía (Sarín). entre sus grandes amigos por la afinidad fotográfica sobresalió leopoldo Sañudo ruiz-Capillas (1920-2011), destacado aficionado y precursor de diversas técnicas en Torrelavega, creando el primer laboratorio profesional de fotografía en color en la ciudad, con un procesador de revelado de negativos casero y una máquina procesadora de papel Durst pionera en el sector. leopoldo Sañudo fue el primero en instalar en su casa el revelado en color y el único que llevaba al papel diapositivas. en la antesala del estudio de rodolfo Diego siempre había algún amigo que le iba a visitar y a charlar un rato o a pedirle un favor, pues conocía a infinidad de gente y atendía a cuantos se lo pedían. estas distracciones le obligaban a madrugar y preparar sus negativos, lo que hacía con ejemplar arte y destreza. en su tienda-laboratorio de la Plaza Mayor destacó por el retrato en todas sus modalidades, pasando por el estudio multitud de personas y familias para realizar fotografías por distintos motivos sociales. en los últimos años llamaba la atención una gran máquina, marca Anaka, que no llegó a usar. en el viejo edificio de la Plaza Mayor en la que tenía el estudio, contaba entre sus vecinos con el periodista Manolo Haro, al frente de la corresponsalía de La Gaceta del Norte y de Radio Popular de Santander y el experto en temas administrativos y sociales gabino Suero. la entra-

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da estaba anunciada con el rótulo profesional del negocio y como laboratorio de aficionados, pues allí acudían a revelar sus rollos los aficionados en general, destacando también algunos fotógrafos de los periódicos locales. Cuando comenzó su enfermedad, su hija rosario Diego Pérez (Charo) comenzó a hacerse cargo del estudio de la Plaza Mayor, número 5, con especialidad en fotos de primeras comuniones, bodas, pasaportes, carnets en blanco y negro y color. Se ofrecía, además, un gran surRODOLFO DIEGO se estableció en la Plaza Mayor. Siempre al día en técni- tido en marcos y venta de toda cas de laboratorio, su máquina preferida fue una Mamiya. Tras fallecer muy clase de material fotográfico. Ya joven, sus amigos crearon un certamen fotográfico con su nombre. entonces la familia había abierto Foto-Cine Diego, en la calle Serafín escalante, 11, que atendía Sarín Pérez, que falleció en 1986. en la guía de la Sociedad Deportiva correspondiente a 1983, se anunciaba el estudio con fotos de primeras comuniones, bodas, pasaportes, carnets en blanco y negro, invitándose a ver la exposición. De su buen hacer pueden dar fe quienes, por afición u oficio, acudían a su lugar de trabajo a escuchar sus consejos y aclarar sus dudas, o los que contemplábamos fotos salidas de su estudio de indudable valor técnico y artístico. Sus máquinas y su preferida, una Mamiya, fueron sus colaboradoras para atender a una numerosa clientela y dejar documento gráfico de innumerables bodas. Por méritos a sus cualidades humanas, sus amigos, después de su fallecimiento, iniciaron un certamen fotográfico con el nombre de Rodolfo Diego cuyo jurado estuvo presidido por José María Sastre –el introductor del hockey sobre patines en Torrelavega– con el apoyo de rolando Diego y Joaquín araúna. en 1984 se presentaron 22 autores con un total de 91 fotografías con un primer premio de quince mil pesetas. De igual procedencia, del mismo equipo de fútbol y con idéntica enseñanza, llegó casi al tiempo Ángel gonzález (Julnay), que se instaló en la tienda de Consolación que hasta 1951 regentó antonio redón. No hubo competencia entre Diego y Julnay, aun cuando realizaban trabajos muy artísticos y meritorios. Con ellos y otros relevantes fotógrafos de la ciudad, se pasó a otra etapa más moderna del color y la digitalización. Mención aparte por su tipismo merecen los hermanos Los Maños, dos de ellos fallecidos en accidente y el tercero asesinado en 1941 (13). Colocado en la esquina de los portalones, frente a la Plaza Mayor, exhibía su máquina de instantáneas frente a mugrientos decorados con escenas de playa o toros. Calidad y precio iban en consonancia. Todos los días de feria y mercado montaba al aire libre su estudio particular y con frecuencia se oía “quieto, que sale el pajarito” mientras apartaba un trapo negrísimo –que hacía las veces de cámara oculta– al tirar la fotografía. anunciaba fotografías al minuto, para posteriormente instalarse en un local de la calle alcalde del río. en distintos momentos fueron tres los Maños que se dedicaron a la fotografía, uno de ellos fue asesinado (los tres declarados culpables por un Consejo de guerra fueron fusilados en la llama el día de la Patrona de 1941) y otro enseñó este arte a Juan luis vidal (conocido por Billy), que trabajó muchos años para Alerta y que contaba con un estudio en los bajos del portal del edificio del Bar Toledo, en la calle José Felipe Quijano, conocida por calle ancha.

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Eugenio Escudero (Pancho), el último artesano de la fotografía Varias generaciones de torrelaveguenses y de gentes de la comarca recuerdan el estudio fotográfico de Pancho, en los bajos del número 3 de la calle Ancha. Además de retratos familiares, Pancho, que se llamaba Eugenio Escudero Irazu, restauraba viejas fotografías vistiendo a los personajes y recuperando entrañables recuerdos familiares antes de que se perdieran totalmente. En este establecimiento contaba con el apoyo de su esposa, Isabel Rodríguez Díaz, con la que compartía, además, el mismo día de nacimiento: el 13 de mayo de 1928; Eugenio, en el PANCHO, conocido fotógrafo de la ciudad, califica- pueblo de Sierrapando, muy cerca del viejo cuardo como el “último artesano” por su capacidad para tel de la Guardia Civil, e Isabel en Las Traídas. restaurar imágenes antiguas. Con su esposa, Isabel El nombre de Pancho se lo debe a su madre, que Rodríguez Díaz. desde niño le llamaba por este nombre por su tez morena y pelo rizoso. Con apenas catorce años, Eugenio Escudero comenzó a trabajar como aprendiz y recadista en el estudio fotográfico de José Montes, con quien aprendió las técnicas de la fotografía. Después de un tiempo en Bilbao, tras el servicio militar se instaló en Torrelavega, abriendo el pequeño estudio de la calle Ancha, al tiempo que realizaba fotografías de acontecimientos sociales por los municipios de la comarca. Pronto su nombre artístico logró fama y prestigio, dedicándose a la fotografía en su estudio céntrico de la calle Ancha en cuyas tareas encontró siempre el apoyo de su esposa que recuerda que “sentía profundamente” la fotografía y que demostraba esa vocación e identidad a la hora de restaurar imágenes antiguas. En estos años el matrimonio vivió en la calle San José, Sierrapando y, finalmente, en Félix Apellániz, 3. Eugenio Escudero, Pancho, falleció el 9 de noviembre de 1987, contando 59 años. José Ramón Argos, Monete, fotógrafo titular de la firma Expresion, le dedicó un sentido obituario recordando su condición de “último artesano” de la fotografía.

entre 1936 y 1939, en plena guerra civil, nuestros ambulantes y minuteros realizaban muchas fotos de soldados. Tras la contienda, la habilidad de nuestros fotógrafos ambulantes quedó patente al no existir ninguna firma dedicada a la fabricación de las cámaras de minuto, por lo que el fotógrafo se veía obligado a amañárselas como podía comprando los componentes por separado: el fuelle a un curtidor, el chasis a un vendedor de hojalata, el cajón a un ebanista, o comprando restos de otras cámaras en el mercado de segunda mano y procurarse una óptica francesa o alemana. Son tiempos en los que estos profesionales reponían su material en las droguerías radicadas en su ciudad o en la población más cercana. en estas tareas de ingenio y destreza destacó Álvaro garcía Díaz (1927-2001) que tuvo su residencia en la calle la estrella (encima de Licores El Coco). Cuando acudió al servicio militar, fue capaz de montar una cámara doméstica con una lente de las gafas de su madre y una caja de cartón. avanzados los años cuarenta –recién terminada la segunda guerra mundial– e inicios de la década de los cincuenta, la cámara Leica revolucionó el mercado, si bien su alto precio la hicieron poco atractiva para muchos fotógrafos. esta marca compitió en este tiempo con la alemana Contax que después de recuperarse tras la segunda gran guerra y el expolio realizado a esta marca por la Unión Soviética y la república Democrática alemana, logró las cámaras más complejas y mejor construidas del mercado. Tanto los modelos Contax o Rolleiflex ocuparon la publicidad que informaba de las novedades en fotografía que, poco a poco, fueron mejorando sus técnicas con avances muy rápidos. Se trataba de la primera línea en cuanto a nuevas técnicas se

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HISTÓRICOS del reporterismo gráfico. A la izquierda, Juan Luis Vidal, Billy, que trabajó para Alerta durante los años de Antonio Bartolomé. A la derecha, Avelino Lobeto, vinculado a El Diario Montañés, etapa de Paco Cayón, labores que compaginaban con sus quehaceres en la profesión. Abajo, José Ramón Argos, de Expresion, que trabajó para Alerta.

refiere. eran tiempos difíciles en españa con una realidad en la que mandaban las cartillas de racionamiento en el marco del nacional catolicismo triunfante, con un menú bien conocido para las generaciones de este tiempo: entremeses de hambre, Franco de primero, Franco de segundo y Sección Femenina a los postres. en la fotografía, por supuesto, dominaba el blanco y negro, también, como en el extranjero, pero en nuestro caso bastante más negro. No se puede olvidar en este flash de recuerdos a aquellos que, maquina en ristre, estaban presentes en todos los eventos, y cuyos archivos, muchos perdidos, otros empolvados, y algunos olvidados, fueron y son muestra de la vida de un pueblo. recordemos a alguno de ellos como ramón Montesinos (trabajaba en la Real Compañía Asturiana de Minas y realizaba muchas fotografías de acontecimientos sociales como bautizos y bodas); al igual que Isidoro Saiz vallejo, avelino lobeto que comenzó en Puente San Miguel (con muchos años en El Diario Montañés como colaborador gráfico de Paco Cayón); luis del Barrio, Litos, (fotógrafo ambulante hasta que entró a trabajar en la Seguridad Social), y Juan luis vidal, Billy, corresponsal gráfico del diario Alerta que se ingenió el recordado slogan publicitario: “No es el mejor, pero es bueno”. la cita detallada de avelino lobeto Cossío viene marcada por su intensidad en el mundo de la fotografía a través de las páginas de Torrelavega de El Diario Montañés que dirigía Paco Cayón. Nacido en Toporias (Udías), estuvo primero en Ceuta y después en Toledo por su enfermedad pulmonar de la que fue operado con éxito por el conocido doctor Segundo lópez vélez. Se instaló, primero, en Puente San Miguel, pasando por requejada para finalmente residir en la calle Martínez y ramón (o de la estrella), enfrente de la plazuela del Sol. Casado con ana María Martínez –con la que tuvo dos hijos– en su profesión estuvo apoyado, además, por sus hermanos rafael y José, dedicándose a la fotografía como ambulante –con su máquina Balda– acudiendo a los pueblos y escuelas en una Lambretta. Después pasó a El Diario Montañés, encontrándose en sus páginas miles de fotos que tiró en los años sesenta y setenta. Tras jubilarse a los sesenta años, falleció tres años después.

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También destacó en el otro diario –Alerta, perteneciente a Prensa del Movimiento y posteriormente a Medios de Comunicación Social del Estado– el fotógrafo Juan luis vidal Barcia (Billy). residente en el poblado obrero de la avenida de Solvay, de Barreda, el 19 de octubre de 1966 solicitó autorización para abrir un pequeño local en el número 2 de la calle ancha (oficialmente José Felipe Quijano) para revelado de placas o películas, copias, ampliaciones, etcétera. el ayuntamiento procedió a autorizar su ubicación, debiendo abonar 330 pesetas por derechos municipales. Desde entonces, su firma gráfica en las páginas de Alerta, fichado por antonio Bartolomé Suárez, a la sazón corresponsal del periódico, fue habitual y se extendió hasta los inicios de los años ochenta. en Alerta –una vez que se privatizó– cogió el testigo José ramón argos, Monete (1955), que contaba con un establecimiento de fotografía desde 1978. Formado artísticamente en Madrid en el Centro de Enseñanza de la Imagen, se perfeccionó técnicamente con asistencia a convenciones, jornadas técnicas y talleres de fotografía. además de colaborar en sus inicios con El Diario Montañés, imágenes con su firma han aparecido en cabeceras nacionales al ejercer como free-lance para diversas agencias nacionales. Dentro de este apartado adquiere singular relevancia el trabajo efectuado en Cuba, durante la visita oficial a la isla de Juan Pablo II. a lo largo de varios años fue fotógrafo oficial del Ayuntamiento de Torrelavega, Feria de Muestras de Cantabria y Fundación Santillana. Muchas de las imágenes que existen en el Archivo Municipal desde finales de los ochenta y década de los noventa, corresponden a su autoría. además, ha realizado portadas de publicaciones, discos y posters. la firma de sus fotografías lleva el nombre de Expresion, que es el de su establecimiento fotográfico.

otro profesional con establecimiento abierto en la ciudad durante muchos años fue Manuel Serna del Barrio. Nacido en la castiza Plaza de San Bartolomé (1943), tuvo como primeros maestros a don arcadio y Salomón Calle, asistiendo también a la Academia Estudios. Con dieciséis años llevó la contabilidad de Cándido estrada, en concreto de la Sociedad Anónima Torrelaveguense, que gestionaba el Garaje Estrada. Pasó a la fotografía en 1961 con su tío (el también fotógrafo luis del Barrio), realizando fotografías en pueblos con motivo de romerías y otros acontecimientos sociales. ejemplo de fotógrafo ambulante, Serna no tenía una zona concreta de trabajo. Para las bodas, por ejemplo, consultaba las proclamas o contaba con personas amigas que le informaban. Serna contó con estudio en la Plaza San Bartolomé, en general Ceballos (domicilio) y en una tienda que instaló en la calle Carrera donde estuvo veinte años hasta su jubilación: FotosColor Serna. Por tanto, pasó de ir en busca del cliente a recibir en su tienda al cliente. en su vida profesional realizó cientos de bodas, teniendo problemas como toda la profesión con muchos sacerdotes. en este sentido, vivió un incidente en un pueblo próximo a Torrelavega. el obispado, por fin, había autorizado realizar fotos de ceremonia, sin embargo, el cura de este pueblo le dio una negativa de manera tajante. Como insistiera Serna, el sacerdote se excitó y le

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agredió delante de los novios. Insólito, pero cierto. generalmente los párrocos no permitían fotos en el interior de las iglesias, teniendo que interceder los contrayentes. realizó trabajos gráficos en el servicio militar en aravaca (vitoria), que en 1965-66 se pagaban a siete pesetas unidad. Prefirió siempre el sistema analógico o manual desde su criterio de dirigir la cámara, no que la cámara le dirigiera. Sus cuatro Nikon fueron manuales, teniendo también tres Zenza Bronica, marca también japonesa que apareció en 1958. en su tiempo, los fotógrafos se reunían habitualmente en el Bar Recreo para cambiar impresiones. la fotografía en Torrelavega tuvo su gran época desde los años cincuenta a los ochenta cuando un importante grupo humano de vocacionales fotógrafos se reunían en camaradería en torno a un almuerzo con motivo de la fiesta de Santa lucía. Muchos de aquellos fotógrafos eran ambulantes y realizaban fotografías en cualquier momento y lugar, con motivo de alguna ceremonia familiar, social o deportiva. Contaban con su propio laboratorio en blanco y negro, desde las cubetas hasta las ampliadoras, pasando por el resto de los componentes fotográficos. aunque sus técnicas las aprendieron desde su etapa de aprendices o como ayudantes de farmacia, tenían capacidad para reparar cualquier avería dentro de la tecnología fotográfica de entonces. además, algunos de estos fotógrafos se hicieron especialistas en retocar las fotos deterioradas con el paso del tiempo, incluso según avanzaron las técnicas aportaron color manualmente a los trabajos de blanco y negro, llegándose a retocar sobre el negativo. en general, los que se dedicaban a este oficio, recorrían las ferias, verbenas, fiestas y eventos varios. Todo ello de manera rústica, a pie, en bicicleta, vespa o en lambretta. Después, se popularizaron marcas más industriales con el desembarco generalizado de cámaras japonesas desde principios de los años sesenta, que permitieron acceder a este nuevo mercado a numerosos profesionales. en este capítulo hemos realizado un recorrido por las biografías y trabajos de fotógrafos que hicieron historia. otros, con las nuevas técnicas, siguen esta labor desde otras perspectivas. Sus nombres y protagonismo –que recogeremos en otro trabajo– son alfonso Cantolla, José Ángel Chamero, Pedro Fernández Cabanas, Jesús adolfo garcía, alberto gómez Mendiguchía, José antonio Pérez, Ciuco gutiérrez, José Carlos labrador, Maxi limeres rodríguez, Tony limeres, luis Palomeque, Goyo Castañeda, Carlos villazón, Carlos Quintana Portilla e Ildefonso ruiz gonzález. estos profesionales, además de Gelo Bustamante y José ramón argos, participaron en una destacada exposición celebrada en el Centro Nacional de Fotografía de Torrelavega en 2001. Con el paso de los años, la foto está al alcance de todos, más desde que salieron al mercado las cámaras digitales o los teléfonos móviles que permiten tomar imágenes. es cierto que el placer de la instantaneidad impresa como recuerdo en el momento no existe, pero se pueden ver las fotos de inmediato. Se pueden borrar y volver a tomar. ¿Cuánto cuesta eso? Nada. Después se pueden ver si nos las envían por correo electrónico, en un ordenador, optando cuando así se desea por su impresión en un establecimiento especializado. Todo cuesta. No mucho, pero cuesta. la magia ahora es pura tecnológica al alcance de todos. 1. Artículo de Julio Ruiz de Salazar en El Diario Montañés de 27 de enero de 2008. 2. Riego Amezaga, Bernardo en su obra Cien Años de Cantabria a través de sus fotografías. Lunwerg ediciones, 1987. 3. Archivo Municipal de Torrelavega, Lg 0182, 8, 1. 4. Archivo de la Memoria Histórica de Salamanca, sección Masonería, expediente 20A, legajo 728. 5. Gallego Giménez, Alberto en su obra La Fotografía en Santoña hace un siglo. Santoña 2001. 6. Esta colección de fotografías de Antonio Redón fue entregada por los herederos de Flori García a Justo Echevarría Laguillo. 7. Del blog de fotografías antiguas de José Antonio Torcida (fotografiaantiguadecantabria.blogspot.com) y de Manuela Alonso Laza, en su libro Julio García de la Puente, Ed. Cantabria Tradicional, 2005. 8. Torrelavega en la tarjeta postal ilustrada, de José Antonio Torcida. Cantabria Tradicional, 2008. 9. Archivo Municipal de Torrelavega, Lg. 207, 1, 18. 10. Hoja del Lunes de 16 de agosto de 1965. 11. Entrevista en Alerta de 9 de febrero de 1949. 12. Archivo Municipal de Torrelavega Lg. H. 530, 3, 6. 13. Torre La Vega, tomo II, pp. 147-50. Torrelavega siglo XX | 199


Otros fotógrafos locales con huella propia Aparte los fotógrafos de prensa y otros conocidos por contar con establecimiento propio en la ciudad, existieron otros profesionales de la imagen que como ambulantes cubrían numerosos acontecimientos sociales, festivos y religiosos en los barrios y en los pueblos de la comarca del Besaya. Estos reporteros gráficos que recorrían las poblaciones próximas dejaron una huella personal que deseamos evocar en reconocimiento a su buen hacer y profesionalidad. Con seguridad fueron más de los que aparecen en este relato, quedando algún nombre en el olvido (involuntario, por supuesto). En su actividad se encontraron, en muchas ocasiones, con las lógicas incomprensiones de la época, en concreto los curas que no permitían su acceso al interior de la iglesia para las fotos de una boda o un bautizo. Por otra parte, muchos de los recuerdos de la presencia de varias generaciones en las escuelas nacionales –es decir, de nuestra etapa escolar– en tiempos en los que la fotografía no estaba al alcance de las familias, se debe a estos profesionales que en su visita a las escuelas de pueblo montaban el escenario apropiado –el mapa, el globo terráqueo e, incluso, nos colocaban una corbata de las de chicle– para realizar la foto de rigor. En fin, recuerdos entrañables entre los que se encuentran, por supuesto, estos fotógrafos ambulantes que acudían a sus citas en bicicleta, o en vespa y lambretta. Estos son los nombres y su apretada biografía. Isidoro Saiz Vallejo (1919-2008). Aunque nació en Campino de Bricia (Burgos) su vida quedó vinculada a Torrelavega al iniciarse como electricista en Sniace, actividad que compaginó con la fotografía, una pasión a la que se dedicó durante muchos años. Se casó en la iglesia de la Asunción –en mayo de 1947– con Concepción Herreros Barrio, Conchita, empleada del comercio Luis Merino. El matrimonio instaló un laboratorio fotográfico en su domicilio de la calle Consolación (encima de la tintorería La Cubana), desde donde logró hacerse un nombre en el mundo de la fotografía. Su suegro, Fabriciano Herreros, empleado municipal, tenía un puesto de venta de leche en Cuatro Caños. A Isidoro Saiz Vallejo se le considera en la profesión como un hombre bueno, servicial y con gran sentido del humor, teniendo Isidoro Saiz Vallejo especial gusto en contar chistes. Era un fijo en la fiesta anual de confraternidad entre los fotógrafos locales. Ignacio Díez Ruiz (1925-1995). Nacido en Liendo, en los años cincuenta se estableció en Torrelavega donde contrajo matrimonio, en la iglesia de la Asunción, con Dolores Fernández Revuelta. Instaló un estudio artesanal en su domicilio en la calle Juan XXIII del barrio La Inmobiliaria y en su moto Lambretta recorría los pueblos de la zona de Buelna-Iguña realizando fotografías de los escolares, bautizos, bodas y fiestas de los pueblos. Llegó a ser torero, de ahí que pueda entenderse su gran afición por la fotografía taurina, siguiendo de manera insistente las hazañas taurinas de Pablo Rueda, El Norteño. Igualmente realizó una excelente colección de los interiores de las Cuevas de Altamira. Contó con las máquinas de moda de los años cincuenta, en concreto, de las marcas Zenit y Minolta. En 1961 creó la pequeña empresa de limpieza Crisol, pero mantuvo su afición a la fotografía. Sus hijos María del Mar y Mariano continuaron con la empresa. En el ejercicio de la profesión, mantuvo una gran amistad con Juan Luis Vidal, Billy. Ignacio Díez Ruiz Torrelavega siglo XX | 200


Alvaro García Díaz

Luis del Barrio

Iluminado Barcos

Álvaro García Díaz (1927-2001). Natural de Los Corrales de Buelna, fijó su residencia en Torrelavega, concretamente en la calle La Estrella (encima de Licores El Coco), siendo su padre guardia civil y su madre María, la Estanquera, en la Plaza del Grano. Persona de gran vocación e identidad con la fotografía, fue capaz de montar una cámara doméstica con una lente de las gafas de su madre y una caja de cartón que usó en el servicio militar. Los que le conocieron destacan que era “todo un manitas”, una persona de “gran ingenio”. Acudía a las romerías y a otros eventos sociales en los pueblos limítrofes, montado en su bicicleta y cargado con una cámara antigua que pesaba lo suyo. Contaba con estudio para el revelado en el cuarto piso de la calle Argumosa, 12, a raíz de contraer matrimonio en 1955. Fue un fotógrafo de referencia en la ciudad. Empleado de Ferretera, se pensionó por enfermedad cuando tenía 57 años, abandonando entonces la fotografía. Álvaro tuvo dos hermanas, Araceli y Teresa, la primera casada con un hermano del también desaparecido fotógrafo torrelavegense Juan Luis Vidal, Billy. De sus tres hijos –Álvaro, Rafael y Pablo– este último hijo instaló un establecimiento de fotografía en 1999 en la calle Berta Perogordo. Luis del Barrio de la Vega. Nacido en 1924 en Bolmir (Reinosa), de muy pequeño se trasladó a Torrelavega, acudiendo a las escuelas de Solvay. A los 18 años se trasladó a trabajar (con papeles) a Alemania, pero regresó un año después. Hizo el servicio militar en Regulares en África, pero enfermó de tuberculosis y por consejo médico regresó a Torrelavega. La enfermedad fue larga y estuvo a punto de morir. Autodidacta en la fotografía, fue fotógrafo ambulante por la zona de Suances, pero también en Campoo y otras comarcas de la provincia. A muchos pueblos acudió con su Lambretta. Colaboró con el Maño. Se casó con Margarita Macho Galarza con la que tuvo una hija, Margarita. Instaló un laboratorio en su casa, primero, de la calle General Ceballos, pero se incendió y se trasladó definitivamente a la calle San José, 14. Tenía un pequeño cuarto donde trabajaba sus fotografías. Su hija Margarita colaboró en algunos trabajos. Realizaba bodas y otros acontecimientos para regresar de inmediato a casa, revelaba las fotos y antes de que el banquete finalizase ya estaba en el baile para exponer las imágenes. En sus últimos años trabajó en el Centro de Higiene de Torrelavega, colaborando en las campañas de vacunaciones. Tenía gran amistad con Litos y Billy. Al dejar la fotografía, regaló todo su patrimonio profesional a sus amigos más próximos: máquinas, ampliadora, negativos, etcétera. Iluminado Barcos (en las imagen) fue otro destacado fotógrafo que recorría los pueblos de la comarca, al igual que hiciera Ramón Montesinos, especializados en fotografías de acontecimientos de ambiente en romerías y celebraciones familiares.

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FOTÓGRAFOS QUE MARCARON UNA ÉPOCA. De izquierda a derecha y de arriba a abajo, Isidoro Saiz Vallejo con su esposa, Concepción Herreros, acompañados de su sobrina Concha Herreros; Ignacio Díez Ruiz (El Marqués) en alguna de sus visitas a pueblos en fiestas; Álvaro García Díaz con su esposa (Pablo, uno de sus hijos, tiene un negocio de fotografía en la calle Berta Perogordo); Ignacio Díez y Luis del Barrio de la Vega; carnet profesional de Carlos Villazón (su hijo también continúa la tradición en la calle Julián Ceballos) y, finalmente, Casto Arpide con su hermana. Torrelavega siglo XX | 202


Carlos Villazón

Casto Arpide

Jesús Adolfo García

Carlos Villazón Arrizabolaga (1937), comenzó con la actividad de fotógrafo en 1961 cuando el Sindicato de Actividades Diversas le concedió el carnet reglamentario firmado por el Gobernador civil. Pero anteriormente ya realizaba reportajes fotográficos en Sierrapando, su pueblo, y en otros limítrofes. Recuerda que, en ocasiones, llamaba a otro fotógrafo, Álvaro, para que le prestara su máquina para cubrir algún acontecimiento en el pueblo. Si era de noche le pedía el flash, pero a veces se tenía que conformar con una pequeña bombilla. Cuando acudió al servicio militar con dieciocho años ya llevó su cámara fotográfica, lo que no era habitual entonces. En 1961 ingresó en la Policía local, estando asignado al turno de noche, cuerpo en el que solicitó excedencia en 1988 al dedicarse al negocio de la fotografía tras abrir una tienda especializada, en 1980, en la calle Julián Ceballos. Recientemente con su vieja cámara de mediados de los años cincuenta, cubrió las bodas de oro de su paso por el servicio militar con antiguos compañeros y jefes. Jubilado, desde 2002 regenta el negocio su hijo Carlos Villazón Gutiérrez (1972). Otros nombres destacaron en la fotografía y, en estos casos, o bien no hemos obtenido recuerdos gráficos o carecemos de datos esenciales para reconstruir sus biografías. Son nombres como los de Casto Arpide Villegas, nacido en Torrelavega en los años veinte y fallecido en la década de los sesenta. Con residencia en Tanos –en cuya vivienda familiar tenía un pequeño laboratorio– trabajó en Sniace y compaginó estas tareas con la fotografía, cubriendo romerías y actos sociales, principalmente en la década de los cincuenta. Quienes le recuerdan –en la imagen de la izquierda– evocan que vestía como un dandy. Manuel Terán, natural de Brañosera, vivió con un hermano en el número 26 de la calle Juan XXIII. Fotógrafo ambulante, cubría especialmente las romerías de la comarca, mercados, ferias (en muchas ocasiones para El Diario Montañés) y partidos de fútbol de competiciones regionales. Fue también fotógrafo de las ferias ganaderas de la Llama y del Mercado de Ganados. Otro fotógrafo destacado fue José María Colsa, que comenzó el oficio en el establecimiento de fotos. Contó con un estudio fotográfico en el número 15 de la calle Julián Ceballos. Se especializó en bodas y primeras comuniones. Tras jubilarse, su negocio de fotografía pasó a ser regentado por su cuñado, Pedro Cabanas, en la Llama. Jesús Adolfo García Álvarez (1957) es, actualmente, el último fotógrafo minutero de Cantabria, después de que se retirara en 2008 el decano, Mariano García. Todos los fines de semana acude a Santillana del Mar con la boina y la bata propia de estos profesionales, y con su máquina IKA de 1910 realiza fotografías al minuto (aunque generalmente se entregan a los diez minutos). Jesús Adolfo cuenta actualmente con una tienda profesional de fotos en José María de Pereda, 37.

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DOS IMÁGENES CURIOSAS captadas por la cámara –amante de las marcas Zenit y Minolta– de Ignacio Díez Ruiz, fotógrafo ambulante que con su Lambretta recorría pueblos en fiestas, ferias ganaderas y otros actos sociales y religiosos de relevancia. La imagen superior ofrece el sabor de la vida de los pueblos de los años cincuenta: el viejo autobús de línea es auxiliado por algunos vecinos –entre ellos nuestro fotógrafo– para recuperar la marcha y proseguir la ruta. Ignacio Díez creó en 1961 una empresa –Limpiezas Crisol, con sede en la calle Leonardo Torres Quevedo, 14– que regentan sus hijos María del Mar y Mariano Díez Fernández. Abajo, una acción oportuna de Ignacio Díez que como fotógrafo acudió con rapidez al lugar del accidente de un camión que se salió de la calzada cargado de madera.

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Hilario Terán: Un fotógrafo que se inició en la farmacia Ceballos Un protagonista con nombre propio destacó en la fotografía a partir de los años treinta: Hilario Terán Terán, nacido en Santander (1911), que tras su primera comunión en Santoña llegó con sus padres a Torrelavega. El motivo: su padre ejercía de auxiliar de farmacia en la acreditada botica Ceballos, sita entonces en la calle José María de Pereda, 12, concretamente en los bajos del Hotel Bilbao, que pasado el tiempo ocupó el banco Hispano-Americano, hasta que el noble edificio terminó derribado a pesar de su solera y estilo arquitectónico. Hilario Terán Terán fue conocido por “Hilario el de la farmacia” ya que HILARIO TERÁN TERÁN (1911-1984), tuvo una vida inten- en sus tiempos mozos ejerció de auxisa entre la Cruz Roja, el Club de Solteros, la botica de Ceballos liar de farmacia, lugar en el que tuvo en la que trabajó ocupando el puesto que dejó su padre, su comer- sus primeros contactos con la fotogracio en la calle Ave María y la fotografía, su pasión más activa, que fía. Siguiendo los pasos de su padre, le llevó a instalar un laboratorio en su casa de la calle Carrera. que era auxiliar practicante de farmaAbajo, con su esposa, María Dolores Villoria y las dos hijas del cia, en 1932 –siendo un chaval de matrimonio: Catalina (Katty) y a la izquierda Dolores (Loly). veintiún años– ingresó en Cruz Roja, tareas de asistencia benéfica para las que encontró las facilidades que siempre recibió –tanto de Antonio Ceballos como de José Cobo– para realizar estas actividades solidarias. Al fallecer su padre, Hilario pasó a ocupar su puesto. Es el momento en el que inicia su contacto, ya más permanente, con la fotografía al montar en su casa de la calle Carrera un laboratorio. Transcurrían los primeros años de la década de los treinta, cuando poco a poco fue recibiendo encargos, lo que le animó a continuar –en las horas libres que le dejaba la farmacia, sobre todo los fines de semana– en la fotografía. Esta vocación y actividad le llevó a dotarse de un buen equipo fotográfico para atender la demanda de fotografías y recoger con su cámara los acontecimientos más llamativos de la época: procesiones, desfiles, reuniones de amigos, etcétera. En esta vida de juventud estuvo presente en dos manifestaciones especiales: la Cruz Roja y el Club de Solteros, grupo éste con el que realizó numerosos viajes por España, además de campañas pro-Cruz Roja. A este Club pertenecieron conocidos torrelaveguenses de la época, entre otros los hermanos Pablo y Pepín del Río, Gelín Menéndez y Cándido Román. Esta asociación se hizo famosa en toda España por los numerosos festivales que organizó para obtener fondos a favor de la acción benéfico-asistencial de Cruz Roja. Sobre la institución benéfica, hizo el servicio militar como soldado primero auxiliar de farmacia en Peralta (Navarra), alistándose en 1932 como voluntario en Cruz Roja local, donde prosiguió toda su vida ostentando el título de Brigada Socorrista. Hilario Terán recordaría que Cruz Roja realizó siempre servicios gratuitos. Cuando ingresó, la institución tenía

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IGLESIA DE LA VIRGEN GRANDE que en 2014 conmemora el cincuenta aniversario de su inauguración. Desde el establecimiento Hilario se podía seguir, día a día, los avances de la construcción de la iglesia impulsada por el párroco Teodosio Herrera. Hilario captó con su máquina momentos claves de su construcción: desde el solar con la vieja Torre y el templo de la Consolación derribado en 1936, lugar histórico en el que se construyó la nueva iglesia, pasando por los trabajos de la nave circular y la cúpula. Arriba, a la izquierda, se puede ver al fondo el establecimiento de Hilario, además de otros trabajos. Abajo, misa solemne celebrada en homenaje de la Patrona cuando proseguían las obras finalizadas en 1964. Torrelavega siglo XX | 207


un local en el Mortuorio y a los enfermos o heridos se les trasladaba –después de una primera cura– a Santander en camilla. Se hacía por ferrocarril, pero en el año 1934 Cruz Roja ya realizaba servicios con ambulancia tras abrir un local más amplio en la calle Santander. Un año más tarde, la institución ya contaba con un quirófano y otro local con algunas habitaciones. Aquellas curas de urgencia eran siempre gratuitas, cuentas que se saldaban con una colecta al año, casi siempre por la Patrona, obteniéndose veintitantas mil pesetas, con lo que la entidad benéfica tiraba todo el año (1). En 1937 fue incorporado al ejército como sanitario militar. Desde entonces y a lo largo de su vinculación a Cruz Roja, conoció a los siguientes presidentes: Luis Ramón, Saturnino Acacio, Dámaso Salmones, Luis Merino y David García Nuevo. En cuanto al soldado más FAMILIA TERÁN-VILLORIA en los años sesenta. Aparecen en la imagen, en veterano en este tiempo, el centro, el matrimonio de Hilario Terán y Dolores Villoria, con sus dos hijas: apuntó el nombre de Catalina (izquierda) y Dolores, que llevaron la tienda hasta su jubilación en 2013. Recaredo Fernández, más conocido por Caredo. Acabada la guerra civil, Hilario continuó con sus trabajos de auxiliar de farmacia, labores que compaginó con las de masajista de la Real Sociedad Gimnástica (en sus archivos figuran muchas imágenes de fútbol en este tiempo), además de practicante. Pero a pesar de tanta ocupación, no abandonó la fotografía, que siguió realizando a instancias de muchas familias. Tras contraer matrimonio con Dolores Villoria en 1943, pasaron a vivir al barrio La Llana, en Sierrapando, donde también Hilario montó otro laboratorio de revelado, pues en aquellos años ya contaba con muchos clientes. En 1950 se construyó el Edificio de los Trueba y la familia vuelve a vivir en Torrelavega (Pasaje Saro, en el que estuvo la tienda de fotografía abierta a finales del XIX por Alfonso Redón), muy cerca de su trabajo y del jardín de Pequeñeces donde realizaba, por encargo, muchas fotografías familiares. El 24 de noviembre de 1948 Hilario Terán procedió a solicitar al Ayuntamiento autorización para instalar una droguería en la calle Serafín Escalante (Casa Quijano), petición que fue atendida por la Comisión Municipal Permanente siendo alcalde Manuel Barquín. Fue entonces cuando estableció su domicilio familiar en la calle Serafín Escalante, 1, como comerciante, creando Casa Hilario, dedicada a droguería, perfumería, pinturas y algunos derivados. En esta casa montó su nuevo laboratorio, aunque siempre se le conociera como “Hilario, el de la farmacia”. En 1957 se comenzó a construir la Iglesia de la Virgen Grande, y ahí se explayó, pues desde la primera piedra sacó fotos de las distintas fases de su construcción. A partir de 1965, ante la proliferación de tiendas de fotografías en exclusiva, abandonó el laboratorio de revelado, aunque no su afición. Enseñó las técnicas de fotografía a cuantos se interesaron por este arte, destacando el caso de Manuel Bartolomé García, hijo del cronista Antonio Bartolomé, que aprendió con Hilario a realizar fotografías por contacto, que lograba a través de una caja de galletas y un cristal, además de aprender las técnicas del fijador, revelador y limpiador. Hilario Terán Terán falleció el 24 de noviembre de 1984. La familia conserva en magnífico estado (como si se tratara de un pequeño museo en su recuerdo), algunas de las muchas cámaras que usó, como queda constancia en la página segunda de este capítulo. 1. Entrevista en Alerta de 15 de marzo de 1968.

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El fotógrafo Ángel González (Julnay), que sucedió a Antonio Redón

GELO GONZÁLEZ Y OLGA LACALLE se dedicaron desde muy jóvenes a la fotografía, compartiendo quehaceres en el negocio. A la derecha, Gelo (Julnay), realizando fotografías que para él significaba un arte, aunque finalmente le atrajo más la óptica.

En la primavera de 1952 se instaló en el Hotel Comercio una joven pareja de recién casados, que llegaba de Santander. Ambos eran hijos de fotógrafos, pero se conocieron no por ello, sino por su afición común, la pintura, en cuyo aprendizaje compartieron un mismo maestro: José Cobo Barquera. Los dos aprendieron fotografía con sus padres y colaboraban durante los veranos en los respectivos estudios de fotografía Julnay (propiedad de Julián González Gómez en la calle Jesús de Monasterio) y Amer (de Santiago Lacalle Quijano en la calle Becedo), que casi uno enfrente de otro estaban situados en el centro de Santander. Olga se dedicaba fundamentalmente a retocar clichés y colorear las fotografías, técnica de fotografía iluminada mientras que Gelo se inclinaba por colocar a los modelos y disparar el objetivo. Antes de la guerra comenzaron a llegar del extranjero los descubrimientos en óptica y lentes, tanto en la visión como en los objetivos fotográficos y nuevas cámaras, avances que determinaron el futuro de Gelo: aprenderá óptica y abrirá un nuevo comercio que incorpore a la fotografía este nuevo complemento. Después de terminar el bachiller, durante dos años, se formó en una óptica en Madrid. En un tiempo en el que los fotógrafos de Torrelavega y Santander se conocían y compartían celebraciones propias de la profesión, las familias de Gelo González y Olga Lacalle recibieron la información de que el destacado fotógrafo Antonio Redón Valcázar –su padre Alfonso fue el primero que se estableció en la Villa (en el Pasaje de Saro), allá por el último tercio del siglo XIX– tenía intención de jubilarse y traspasar el negocio del que era titular en la calle Consolación. Desde ese momento, entraron en contacto con Antonio Redón hasta que concretaron las condiciones del traspaso del negocio, que representaba una gran oportunidad para Gelo y Olga. Poco antes de la boda se inaugura en la céntrica calle Consolación el nuevo comercio: Fotografía y Óptica Julnay, filial del que ya existía en Santander con el mismo nombre, anagrama del nombre de Julián, padre de Gelo, quien muy pronto comenzó a ser conocido en Torrelavega con el nombre comercial. El matrimonio tuvo cuatro hijos: Olga, Virginia, Genma y Ángel González Lacalle, éste fallecido en 2013.

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EL MATRIMONIO GonzálezLacalle con su hija Olga en un acto social.

Los primeros años, el grueso del comercio y del beneficio económico llegaría de la fotografía de estudio. Niños de tres meses hacían su primer posado sosteniendo la cabeza sobre la piel disecada de un lobo. Mujeres vestidas de blanco enrollaban sus largas colas alrededor. Marineritos y monjas muestran su candidez juntando las manos. Gelo coloca y dispara el objetivo; en el cuarto oscuro ambos revelan las placas y las fotos en papel que tienden en el patio, al olor del Horno San José. Olga retoca con pinceles, tinta china y cuchillas en un fotoshop manual alargando pestañas, dando brillo a los labios y la mirada. La supresión en 1953 del bloqueo económico ayudó al desarrollo y al crecimiento económico, aportando y permitiendo el acceso a las novedades en la fotografía amateur y en óptica. Las nuevas cámaras de 35 mm, los proyectores, el ektacrhome, las películas de 8 y 16 mm, el color es ya una explosión. La moda se impone y el diseño llega a las gafas; Indo inicia la fabricación de los primeros cristales graduados en color. El acceso a la nueva maquinaria permitió el biselado automático de los cristales y se pasó de la artesanía a la técnica. Ángel González (Julnay) fue dejando la fotografía de estudio poco a poco. El revelado en blanco y negro lo hacía él en la tienda y el color lo mandaba fuera, lo que era corriente en todos los establecimientos fotográficos de la época. También realizaban reproducciones de fotografías antiguas del estudio de fotografía Benjamín, que se encontraban en la calle Calvo Sotelo de Santander. Gelo González hacía la reproducción (el negativo y luego en papel) y su mujer, Olga, las retocaba con sus cuchillas, tintas, etcétera. A Julnay le gustaba más la óptica, colocar bien las gafas sobre el rostro, enseñar que se puede ver bien y explicar que la cara es lo primero que miramos, que poco a poco le llevó a abandonar la fotografía en favor de la óptica. En 1997 decidió jubilarse, cerrando el negocio de la calle Consolación. Nota del autor. en el capítulo dedicado a los fotógrafos de torrelavega incluido en el tomo VIII, se hizo una pequeña mención al negocio fotográfico de Julnay (propiedad de Julián González y olga lacalle), instalado en la calle Consolación, que había pertenecido al legendario fotógrafo de la ciudad, antonio redón. en esta entrega hemos querido profundizar más en la historia de la que fue una acreditada firma comercial durante más de treinta años, además de ofrecer la imagen gráfica de sus protagonistas.

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Fotógrafos de Torrelavega: 130 años captando imágenes de la Villa y Ciudad  

Este capítulo forma parte del tomo VIII de "Torre La Vega, Crónica Ilustrada de una Ciudad" de José Ramón Saiz, de Editorial Los Cántabros...

Fotógrafos de Torrelavega: 130 años captando imágenes de la Villa y Ciudad  

Este capítulo forma parte del tomo VIII de "Torre La Vega, Crónica Ilustrada de una Ciudad" de José Ramón Saiz, de Editorial Los Cántabros...

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