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Paseo por un Cadáver

CAPITULO I

Noviembre 1974 Buenos Aires

Toda la vida he creído que soy un cobarde, le tengo tanto miedo a la muerte de un paciente que me he dedicado al cuidado de pacientes muertos, en vez de medicina me especialice en taxidermia. Me dedico a hacer momias, y no es poco trabajo lo que eso conlleva, ya lo verán amigos mios a lo largo de mi historia con una de las momias más famosas del mundo, por ahora tengan paciencia conmigo, han pasado tantos años que tengo que invocar no solo a las musas sino a la memoria. Las primeras me auxilian mientras la segunda me traiciona con una maraña de nubarrones románticos y melancólicos. Fueron menos de dos semanas que cambiaron mi vida por completo. Apenas 12 días en los que se me vinieron encima la patria y todos sus protagonistas. Comencemos por el principio: De la presidencia de la república me llamó José López Rega. Después de 17 años perdido había recuperado el general Perón un cuerpo y necesitaban que se reconstruyera la momia que estaba en estado lamentable, en un principio me dijo que se le arreglara solamente los lugares visibles. “Cuello, cara, manos, lo que se ve a simple vista. Para la foto. No necesitamos más.” le expliqué que tenía que verlo personalmente

para poder darle una serie de necesidades de

reconstrucción claras. Por lo menos necesitaría de dos semanas para poder terminar un proceso así. Llegué a la Finca Los Olivos por la mañana, entre pasillos y oficinas militares me llevaron a un espacio de laboratorio amplio en el que contaba con prácticamente todo y hasta más de lo necesario para trabajar mi buen arte de la taxidermia, sobre la mesa se encontraba el cuerpo cubierto por una sábana blanca. En la pared una serie de radiografías que formaban el cuerpo completo de una mujer de 1.70 de estatura sobre una lámpara de fondo. Mientras podía evaluar las placas y me di cuenta a primera vista 2


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de que faltaban dos falanges, el índice de la mano derecha y el dedo medio del pie izquierdo. El tabique nasal estaba roto. Los tapones anales y vaginales estaban intactos lo cual era una gran ventaja para la conservación del cadáver y la boca estaba firmemente cerrada con alambres. Me di la vuelta y pude apreciar claramente el cuerpo tendido sobre una mesa de acero inoxidable. Descubrí la momia y me encontré con algo que era más digno de una casa de espantos que de un homenaje nacional. Era más semejante a una figura de cera rota que a un cuerpo humano embalsamado. Fue la primera vez que la vi, sin el pudor de la vida de por medio, descompuesta, carente de toda dignidad, una monstruosidad expuesta y por exhibirse a la vista de todos los argentinos. Una verdadera tragedia nacional. Entró López Rega con paso seguro hasta el otro lado de la mesa. “Buenos Días” saludé torpemente, “Domingo Tellechea” y le extendí la mano. Me la apretó de una manera demasiado calurosa mientras me decía “ Un gusto, José López Rega” Lo vi por primera vez y me pareció uno más de tantos peronistas europeisistas, un acento madrileño le ceceaba el porteño de nacimiento. Calvo, pulcro, blanco, ojos claros, no mal parecido el tipo, elegantemente vestido y acicalado. Yo, un doctor hippie que escuchaba Reggae y tenía la afición por la política de izquierda, los autores comunistas, con mis patillas a media mejilla y mi melena abundante pero para los estándares peronistas en el poder tal vez demasiado larga. Sentí la mirada de López Rega revisándome como yo revisaba las placas del cadáver unos minutos antes, me desnudó por completo, me sentí expuesto e indigno como la muerta en la mesa. Recuerdo que lo único que atiné a hacer fue a volver a cubrirla con esa sábana blanca que la velaba del mundo. Lo primero que me preguntó fue si la momia había sido penetrada, cosa que era más que imposible con ese cuerpo, me dijo que eso lo celebraba muchísimo puesto que la Señora temía por ello. La momia no había sido penetrada pero sí claramente profanada, le faltaban pedazos y mostraba rastros de golpes y daños como un hachazo en el cuello que le había dejado una rajada grotesca, la nariz destrozada en un 3


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hueco soez a la mitad de una cara grisácea. López Rega me dijo: Pero no profanada sexualmente como temíamos, los pedazos usted se los pone, para eso lo trajimos. Para que usted la deje como una diosa, que es lo que todos esperamos ver. Mostrarla así sería obsceno. Confío en que empezará ya mismo con la reconstrucción, no le quito más su tiempo.” Y como entró desapareció. Me quedé de nuevo solo con Evita, le descubrí el rostro, tome mis pinzas y comencé a limpiar las orejas. Cómo se pudren los ídolos de la gente. No quedaba nada del ídolo de los 50, la diosa, la santa, la lidereza de los trabajadores, la protectora de los descamisados. Evita yacía delante de mí después de 17 años de secuestro, las preguntas me saltaban claras y en una lluvia caótica a la vez: ¿qué había pasado con el lóbulo de la oreja derecha? Un cuerpo momificado es tan duro como la madera, ¿lo habrían arrancado con pinzas? ¿Lo habrían mordido acaso? ¿Qué hicieron con ese pedazo de oreja embalsamada? Con la ayuda de la lupa podía ver el daño en la piel y los detalles de la oreja, comencé por quitarle la pintura, el tono gris desaparecía fácilmente con el solvente pero dejaba ver la piel de un color verde azuloso, moretones, venas, decoloraciones de todo tipo estaban bajo la pintura, el daño era monstruoso. Pasé a trabajar en la boca, había perdido algunas piezas dentales y los dientes se veían manchados y rodeados de alambres negros, esa era la sonrisa que había cautivado a millones, esa mueca descarnada y cerrada en un grito de auxilio mudo. Le limpié los dientes, cambié los alambres, de la cavidad bucal limpié polvo y tierra de muchos lados y de muchos años. Me quedé con ganas de interrogar a las larvas que habían anidado en ella. Pasé al cuello, a limpiar la piel y la herida, los gusanos comenzaron sus retorcidas quejas, antes lucía diamantes y ahora luce gusanos, no hay dignidad en la tumba. Las preguntas, siempre las preguntas, eso me inspiraste desde la primera vez que te vi, una enorme curiosidad, Eva, recuperar a Evita.

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Los pies semejaban globos hinchados. Estaban cubiertos de bolas y solo se distinguían los dedos, también hinchados, en el pie izquierdo faltaba el dedo medio. EL algodón siguió removiendo la pintura gris y dejaba al descubierto moretones verdosos de todas tonalidades. ¿Cuánto tiempo la tuvieron de pie para que los líquidos se hayan concentrado hacia los pies? El pie sin el dedo medio era de espanto, las uñas estaban crecidas y se enroscaban entre si, amarillas y escamosas. Entre los dedos había evidencia de hongos. “Tanto estudiar para acabar de pedicurista.” Al oírme decir esto en voz alta, estallé en una carcajada. Me vi sentado junto a los pies del cadáver, con mi lupa y mis pinzas riendo a carcajadas. Aún riendo tiré las uñas a la basura. José López Rega había entrado en la habitación. “¿Encuentra algo gracioso en su tarea doctor?” “No señor ministro, en lo absoluto, no me malentienda, a veces uno se tiene que tomar las cosas con humor y pues, mire, le estaba cortando las uñas y...” “Las uñas le parecen graciosas, son preciadas doctor, las uñas guardan información importante, más aún cuando crecen después de la muerte. ¿qué hizo con ellas?” “Las tiré a la basura, están infestadas de hongos. Son un foco de infección señor ministro.” “¿Está tirando pedazos del cuerpo a la basura? Cada pedazo, cada costra, cada gusano que retire del cadáver me lo entrega diariamente a mi. ¿Me entendió? Sólo a mí. Todo, hasta los algodones que use, todo ¿me entendió?” Solo asentí con la cabeza, mudo ante el tono y lo desmedido de la petición. Me puse de pie y tomé la bolsa en la que había estado desechando todo y se la entregué a José López Rega. “Aquí está todo lo que se ha tirado hasta ahora señor ministro. Disculpe mi conducta anterior, estuve muy fuera de lugar. Sé que para ustedes este cuerpo es una reliquia muy preciada.” “¿Y para usted no? ¿Acaso no es peronista?” “Claro señor ministro.” López Rega tomó la bolsa y con una fingida compostura me miró fríamente. “No me haga pensar que 5


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cometí un error al comisionarlo doctor, no me gusta equivocarme.” “No se equivocó señor ministro, déjeme demostrárselo con hechos. Si me facilitaran el registro de donde ha estado el cuerpo y en que condiciones ha sido movido sería mucho más fácil dar mi diagnóstico sobre las lesiones que tiene.” “No me haga reír doctor, ¿cuál registro, cuál informe? !Las Bolas! Eso no lo sabe ni Dios Doctor. Y nada de diagnósticos, sólo me interesa que lo antes posible esa caricatura dantesca vuelva a ser la diosa y que el pueblo entero la vea. La Santa Intacta, y de vuelta con sus descamisados. A mi me toca hacer que así sea. Y a usted que se vea que lo hice.” Fijó la mirada en el cadáver, lo tocó sin pudor alguno en la nariz, haciendo evidente que más que una nariz era un hueco a mitad de la cara. “No averigüe doctor, no investigue, no se pregunte cosas.” Suavemente acariciando el rostro con el dedo índice llegó a la oreja arrancada. “Solo vuelva a hacerla como era el 26 de julio de 1952. Rellénele los huecos y restáurela como una porcelana, y no trate de pensar cosas que nunca va a entender. Las cosas pasan sabe, a cualquiera, vivo o muerto, las cosas pasan doctor.” Inspeccionó la bolsa con la preciada basura y una mirada ambiciosa, como la del adicto cuando admira su droga, dejó entrever antojo, deseo. En el interior de una bolsa blanca de plástico puse las nueve uñas de los pies, la gasa, los insectos, los pedazos de piel o pintura que quité de la oreja. La mano de López Rega tomó una de las largas uñas entre su puño, sintiéndola. Una corriente de endorfina le recorrió el cuerpo. Tenía los ojos cerrados. Soltó la uña y sacó la mano. Abrió Los ojos de golpe y su expresión fue automáticamente nula. Cerró la bolsa en su puño con fuerza. “Usted no entiende todavía la importancia de su misión doctor, pero pronto la conocerá, al pasar tiempo con ella. Solita se lo va a ir diciendo, pidiendo... lo difícil ahora no es tenerla, sino recuperarla. Para eso esta ahora usted aquí. Todos somos parte de una gran misión. Ella es el camino.” Con estas bizarras palabras terminó mi segundo encuentro con Lopecito.

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CAPITULO II

Recorrer la carretera panamericana es una maravillosa experiencia en un Mercedes Benz, su estrella refulgente es símbolo de poder y potencia, majestuoso El Puerto de Santa María del Buen Aire con su plaza de Mayo y su Casa Rosada. La estrella de tres picos de Mercedes Benz es no solo una marca en buenos aires, es la evidencia a gritos de lo que fue la corrupción y las patadas de ahogado de la Alemania de la post guerra, pero para ello mi historia debe continuar y para ello nos debemos remontarnos a la Casa Rosada en 1947. De un bello Mercedes Benz 1946 descendieron dos invitados vestidos de gala, se trataba de una pareja, Juan Antonio Duarte, hermano de Evita, y Marina Mannetti, una estrella de la radio y el cine en ciernes, asistían a una recepción de gala en la casa presidencial, algo tenía de particular, la orquesta tocaba Polka, no Tango, Polka, tomaban cerveza y los asistentes hablaban en Alemán. Meseros de librea atendían mesas de 10 comensales rubios y de ojos azules en su mayoría. Juan Antonio y Marina llegaron a una mesa, saludaron a los comensales tomaron su lugar y Juan Antonio en un desplante protagonista levantó su copa hacia dos cuadros monumentales de Eva y Perón diciendo: “Hoy celebremos -a pesar de los ausentes- los preparativos para la gran cosecha industrial germano argentina. Gracias al esfuerzo de estos grandes amigos. Hermanos Germanos a los que celebramos hoy también. Gracias Herr Schmidl y Herr Muellen.” Herr Muellen levantó su copa. “Gracias a usted Antoñito. Y al General y a la Señora por tomar tanto interés personal en nuestro asunto. Les dará mis, ¿como se dice? ¿gratitudes y bendiciones? ¿Plegarias? Herr Schmidl su compatriota inseparable no tardó en agregar: “Y las mías. Por favor.” Nomas pasa la toma de poderes el 4 y el 6 sale la Señora para Europa, en esa gira pasará por Suiza. Ella personalmente hará los depósitos, así que a más tardar en dos o tres meses estemos operando. Continuó 7


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Antoñito optimista. Algo nervioso Schmidl agregó: “Pero los documentos de identidad de los 40,000 inmigrantes los podemos asignar desde la toma de poderes.” La respuesta diligente no se hizo esperar: “Así es, de eso se encargará Freude antes que nada. De la política Freude, de los negocios, yo. Así jugamos acá. Pisando la Señora Suiza firmamos la Mercedes Benz Argentina con 20,000,000.00” Schmidl y Muellen no pueden disimular su alegría. Salamero Schmidl dijo: “Le tengo un regalo muy especial a la Señora, se lo pensaba dar hoy, pero no tuve la fortuna de verla.” Un estuche de joyería negro contenía un emblema de la Mercedes Benz en platino. “Es una estrella de diamantes, la hicimos especialmente para ella.” Muellen se acercó: “Una fina lluvia de chispas de los más puros diamantes sobre la base de platino.” Por primera vez en toda la noche Marina abrió la boca: “¿La puedo ver?” Muellen se la ofreció, ella la tomó entre sus manos, y se la prendió del punto más bajo del escote de su vestido. El pecho se irguió para lucir la joya. Juan Antonio perdió la mirada en los pechos de Marina, Herr Muellen y Herr Schmidl se pusieron incómodos. Herr Schmidl abruptamente llevó las manos a los pechos de Marina ésta automáticamente saltó y el prendedor se desprendió de su vestido en manos de Schmidl. El alfiler del prendedor le hizo un rasguño entre los senos y ella gritó tanto por el dolor como por el susto. Schmidl, ahora dócil, guardó el prendedor en su estuche y lo dejó en la mesa frente a Antoñito que lo veía furioso pero cómplice. “La joya esta hecha especialmente para la Señora.” La mesa quedó en silencio.

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CAPITULO III

Buenos Aires, hoy.

En el foro de “Las Diez”, programa de televisión conducido por Diego Armando Maradona están cuatro invitados, un sacerdote joven, bien parecido, vestido de negro con collarín, un rabino también joven, un lama envuelto en una túnica color azafrán, un chamán sanador, vestido de cuero y portando collares, anillos, pulseras, lleva unas botas tipo indio apache, es guapísimo. Se escucha el tema del programa, una canción pegajosa que precede a M AraDONA que hace su entrada y se para a mitad del foro decorado con paneles blancos y luces de colores. La música hace fade out. El publico aplaude, él sonríe enormemente. “Tengo la sonrisa más grande hoy. ¿Vieron? Y tengo que agradecérselos a ustedes, al público, porque desde que me dijeron que rompimos raiting no me he podido quitar esta sonrisa del rostro.” El público aplaude. “Y para celebrar su preferencia hoy hemos dedicado el programa al tema que más les preocupa, lo que más quieren ver, al personaje que más quisieran conocer según una serie de encuestas, entrevistas e investigaciones que el equipo de producción, llevan meses los boludos en eso, que cosa, bárbaro el trabajo de los chicos, y bueno dimos con el tema que mas le interesa al argentino. Y no, contra todos mis pronósticos no fue futbolista, aunque hubo varios mencionados, tampoco una belleza escultural del mundo del espectáculo, lo que me preocupó francamente fue que al personaje que tooodos quieren conocer es al único que no podemos invitar. A Dios.” “Y tratamos de invitarlo, pero no encontramos su teléfono, dimos con algunas direcciones de mail, muchas, otros decían que me hablaran a mi. Así que tuvimos que invitar a algunos expertos en él.” El foro se ilumina más y podemos ver claramente a los cuatro hombres sentados. Maradona se acerca al 9


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sacerdote, lo abraza y voltea a cámara. “El padre Felipe de las Casas, sacerdote católico. Enseguida repite el acto con el rabino. “El Rabino Josef Arankowsky, Rabino.” Sigue con el Lama. “El monje Sri Lariam, monje budista.” Se acerca al Chamán. “Juan Tehuelche, chamán.” Dirigiéndose a los cuatro: “La pregunta obligada ¿Soy Dios?” Todos ríen.

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CAPITULO IV

Buenos Aires, Noviembre de 1974.

Queridos lectores espero no haberlos aburrido hasta ahora con mi caótica forma de narrar lo que pasó y ahora sé. Hablo del día que comencé con la restauración de las manos de Evita, imagino mi pinta, vestido de doctor pero haciendo labores de escultor, cubrí el rostro de Eva con un molde de yeso para reconstruir la nariz y los labios. Las fotos que me había dado López Rega me permitían tener una clara idea de a dónde tenía que llegar con mi trabajo. En lo que estaba el molde me puse a trabajar en las manos y vi claramente que los dedos que una vez estuvieron finamente entrelazados sosteniendo un rosario de concha nácar se habían incrustado unos con otros y el alambre del rosario subía hasta las muñecas donde había quemado en la piel cada una de sus cuentas. Faltaba el dedo índice. Liberé los pedazos del rosario con las pinzas. Cuando acabé me dispuse a trabajar la zona pélvica, nunca he acabado de entender lo que siento cuando toco los genitales de los muertos. “Con su permiso Señora.” dije en voz alta como si eso me excusara de lo que le iba a hacer a la dama. Tomé unas pinzas. De inmediato escuche el golpe del metal con el metal del tapón que cedió. Maniobré difícilmente entre las piernas de Eva pero liberé el primero de los tapones. Me puse de pie para quitar la máscara del rostro. Esta se despegó fácil. Sobre la mesa coloqué el molde. Regresé ante la camilla y di vuelta al cuerpo. Pude apreciar daños de todo tipo sobre la espalda, piedras y pedazos de metal incrustados por todo el cuerpo, como si le hubieran sido martillados. El peinado que era el cabello por debajo era una maraña de insectos. “Mejor le lavo el pelo Señora. Lavado en seco, por supuesto. ¿Qué te dijo papá de jugar a las muñecas?” Iba a comenzar a reír cuando sentí algo duro entre el cabello, de entre la maraña saqué un pico de ave, alfileres, listones... “Yo no, pero definitivamente estuvieron jugando contigo a las 11


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muñecas.” Tomé de nuevo el instrumento y comencé a maniobrar entre las piernas. Forcejee, solté la pinza y metí los dedos tratando de girar el tapón anal hasta que logré liberarlo. Se trataba de un cilindro metálico de 25 cm. “¿Para qué un tapón anal tan largo? Alguna fijación del Dr. Ara, o de Perón. O de ella.” Cuando volteé el tapón cayeron 4 figuras cilíndricas. “¿Y esto qué es? Tomé uno de los cilindros entre mis dedos, lo sacudí, sentí que algo se movía ligeramente dentro de él, como un estuche de joyería lo abrí entre mis dedos y vi que tenía llaves adentro. Las saqué, puse una bajo mi lupa, tenía algo escrito en ella: “NSB 60-F”

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CAPITULO V

TEATRO LEPE DE BOIS, PARIS. 1970 Un escenario de tipo italiano, baúles con ropa por todo el escenario, sobre cámara negra penden cortinas rosadas, un capitel se suspende del techo. Una cama revuelta. Un Travesti viste una bata vaporosa y hace el papel de Eva Perón con el típico peinado. En la escena otro travesti gordo hace el papel de Juana Ibarguren, su madre. Eva, sosteniendo un vestido entre las manos: “No me lo voy a poner así como está. !Anda a llamar a Perón para que lo planche!” “No despertés al pobre Perón, que tiene migraña, Evita.” “¿Y qué? Yo tengo cáncer.” “No empieces con tu historia del Cáncer.” “!Tengo cáncer! ¡Y estoy harta de las migrañas de Perón! Tiene migrañas de 15 años que van a la secundaria mirá vos.” “No le contestes así a tu madre.” “Voy a morirme y a vos te importa un pito. A nadie le importa. Están esperando el momento en que yo reviente para heredar me! ¿quieres conocer el numero de mi caja fuerte en suiza? ¿eh vieja zorra? !El número de mi caja fuerte no se lo doy a nadie! !Me voy a morir con él!” Se cierra el telón, el público aplaude.

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CAPITULO VI Finca los Olivos, Buenos Aires, 1974.

Me quedé observando mis hallazgos. 4 estuches abiertos y sus contenidos ordenados debajo de ellos. Del primero que saqué salieron 8 llaves de seguridad. Del segundo salieron 8 placas metálicas con inscripciones bancarias, del tercero un pequeño esqueleto, del cuarto solo tierra. Las llaves y las placas eran información, ¿pero el esqueleto y la tierra para qué? Dentro de mi cabeza escuché la voz de Lopecito que me decía: “No averigüe doctor, no investigue, no se pregunte cosas.” Escuché sus pasos que se acercaban y tapé mis tesoros con la sábana, me senté en mi banco a fingir que trabajaba sobre el cuerpo cuando entró López Rega. “¿Cómo van sus hallazgos doctor? ¿Me tiene muchas noticias verdad?” “Ni tantas señor ministro, encontré estas incrustaciones que le estoy quitando ahora, parecen algunas piedras sueltas y pedazos de hierro que no me explico como pudieron clavarle así.” Con su tono de lo sé todo me dijo: “Probablemente el peso y el tiempo sobre ellos.” Le expliqué que un cadáver momificado es tan duro como la madera, o más aún, tuvieron que ser golpes muy fuertes para clavarse de esa manera.” Lopecito veía los dos tapones sobre la mesa con gran curiosidad. “Los tapones vaginal y anal, los removí para estar seguro de que no haya hongos por dentro del cadáver.” “¿Y hay?” “¿qué?” “Algo dentro del cadáver.” “Solo había entre el cabello una colilla de puro, huesos de algún ave, alfileres, listones, lo puse en la basura.” “Uhm, deme su basura, y no cambie de bolsa hasta que venga yo por ella mañana.” Fui por la basura mientras por el rabillo del ojo veía a Lopecito merodear alrededor de la mesa. Me puse delante de él y le dije, “mucha basura, ya vi cuanto le gusta”. Lopecito tomó la bolsa disgustado y salió al momento en que empecé a descomponerme y el miedo me brotó por todos lados. López Rega y sus peculiaridades me ponían los pelos de punta. Ahora sabrán ustedes por qué. 14


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CAPITULO VII Finca los Olivos, 1974.

Lopecito me parecía peculiar, rarito, extraño, fanático, pero estaba yo muy lejos de imaginar lo que realmente hacía Lopecito con sus ratos de ocio. Alguna vez me di a la tarea de merodear por donde pasaba y rondaba y di con su altar, su adoratorio, su capilla sixtina del vodka o lo que fuera que hacía el desgraciado ese. Hoy he pensado varias veces que debí haber matado a ese ser siniestro cuando tuve la oportunidad, pero no fue suficiente motivación entonces, ahora, 40 años más tarde y muchos muertos y desaparecidos después me acuerdo tanto de Lopecito. Tenía una habitación completamente cubierta de telas con motivos tribales, al fondo un gran altar plagado de máscaras y estatuillas, animales disecados, huesos amarrados, pequeños platos con dientes humanos, huesos humanos, pareciera un osario. Se iluminaba de velas negras por todos lados, algunas hechas como figuras humanas cuyas cabezas ya se habían consumido. Fotografías en blanco y negro aparecían junto a cada vela. Al centro y en lugar de honor estaba un caldero. Sus asas sobresalían como garras y en su centro la cara de una gárgola con las fauces abiertas es espeluznante. Vi a Lopecito vestido de blanco de pies a cabeza y portando collares prendiendo un gran trozo de papel para encender los leños debajo del caldero. Conté 4 gallinas negras y dos gatos negros rondando por la habitación. En una mesa de aluminio estaban las dos bolsas de basura que había recolectado. Tomó una y vació su contenido sobre la mesa, hizo lo mismo con la segunda. Ahí esparcidos quedaron las uñas, los insectos, la gasa, cabello, la colilla, el pico, los listones, los alfileres, los restos del rosario. Lo vi tomar un mortero, tomó cuidadosamente las uñas y las comenzó a moler. Añadió los insectos, molió todo muy bien. Dejó el mortero a un lado y rezando algo extraño que sonaba así: Nsala Malekun Nzambi, Nsala Malekun Mpungu, Nsala Malekun Nkisi, Nsala Malekun Nfumbi que kwenda Ngando ndilé. Kwenda Burukutú Buruseco Nsila Ndyaka hasta que Nfwiri pa’ 15


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campo nfinda, hasta que Ntoto kwaba. Caminaba como si bailara detrás de una gallina. Hasta que la pescó por el cuello y se la llevó a la boca. La mordió y la sangre de la gallina le manchó el rostro y la ropa. Seguía con sus rezos: Sikirimato mboa ngei ntukwa: Ya makaya kongo mwinda kunalemba, kunamensu kwini mambé wá. Luna Kongo wantatre mboa makuto viva; Nsale Nsale viva makuto. Tres Personas y un Solo Dios, verdadero... Tomó a la gallina muerta y dejó que la sangre cayera en el Nganga ardiente. Tomó los restos del rosario y los tiró dentro del caldero. Santo tomás, ver para creer. Nsila via bike Ntangu mabise kongo ngei patikuna mbonga bike Nzambi Mpungu kuna Ntango Dialemba. Comenzó a rondar otra gallina, sus cantos se hacían más vehementes. Mambo que mboa yo Kindinsasi Mboa kongo kunanwansa. Ndoki Malongo que yo Mboa: Tu mismo son mi Yayi, Tu mismo son mi Tata, Tu mismo talakanmoko kunansen kryumba. Abre Nkuto wirindinga: Gallina come maíz entero, y ensucia maìz molido. remolino da vuelta, no puede llegar a Nsulu. Otra gallina degollada, más sangre en el caldero: Candela Infierno no te quema porque tu mismo son infierno. Tiró la gallina al suelo y fue por el mortero, vaciándolo mientras decía: Yo entierra vivo, yo lleva muerto, sacrumato son cosa mala, yongirinkombo matende bana sanguijuela no pega hierro. Tomó de la mesa la colilla y la encendió con un papel, dando grandes bocanadas. En el fondo del cuarto vi a la mujer rubia, sentada con una túnica blanca y con el prendedor de mercedes benz puesto en el escote. López Rega le daba vueltas alrededor y la bañaba de humo. Borrico tonto, arriero bobo, cabeza mala que tié tu amo. Membiala Kongo no son manteca y Ndiame que sea manteca, Mundo Kwaba. Nfumbi que kwenda fondo canasta nkutare mismo Tata (Yayi, Ngeye) que kwenda vititi mensu arriba Ntoto. Kwenda mbote Como nzambi manda. Con un cucharón sacó la sangre hirviendo del caldero y la ofreció a la mujer. “Ahora esta sangre tiene todo el poder del nganga, tómala y te llenarás de su poder, serás más poderosa que ella.” La mujer tomaba del cucharón como si se tratara de una delicia. 16


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“Cada grito, cada aullido, cada muerto que ha dejado su poder en y por ella acaba de pasar a ser tuyo. Este caldero es para poder tuyo, nada podrá detenerte.” “Lo siento, siento su poder.” balbuceaba la mujer. “Te lo ha dado todo, ahora tú le debes de hacer una ofrenda al nganga. Tienes que alimentar el poder del caldero con tu sangre.” La luz de las velas me dejaba ver claramente que ella se subía la túnica ofreciéndole el sexo abriendo las piernas frente a él. Por un momento creí que la bendecía en la frente, pero sus dedos descendieron hasta sumergirse en su vagina con fuerza. Yo sudaba inmóvil. El le sacó los dedos llenos de sangre y se los llevó a la boca, luego fue al caldero y escupió en él diciendo: Kwenda mbote Como nzambi manda.

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CAPITULO VIII

En la caja tonta Maradona decía ante sus cuatro invitados: “¿Quién es Dios? Padre, para la iglesia dios es tres figuras en una, padre, hijo y espíritu santo.” Felipe de las Casas respondió: “Visto teológicamente así es, ahora el hecho del padre y la referencia del hijo, implican en sí una madre, se es padre gracias a que da a luz una madre a un hijo, no de otra manera, no es excluyente del género femenino sino que lo lleva implícito, y es gracias a ese espíritu santo que se repite el fenómeno padrehijo. En micro y macro cosmos. El gran fractal de la creación, ese es dios. Dios se le revela a cada quien que lo busca.” “Y vaya que si lo buscamos. ¿Dónde está?” El chamán tomó la palabra: “En vos. En mí, en todas las personas. Lo llevamos dentro, es nuestro camino. Cada quien tiene maneras de buscarlo, pero todos buscamos lo mismo: sentido.” El Rabino entró a la conversación: “Dios es el sentido, el origen, el hogar.” La cámara se centró en el Lama: “Dios está en el silencio total de pensamiento.” “Pero ante todo dios esta en cada acto de bondad que tengamos con nuestro prójimo.” Remató el sacerdote. “O sea que no importa qué tanto meditemos, si no ayudamos al prójimo dios no estará con nosotros. Y con esto vamos a un corte, porque hasta Dios necesita patrocinadores. En el otro lado del foro 3 modelos esculturales están posando ante 3 preciosos Mercedes último modelo. De vuelta a los panelistas Maradona continúa: “Ahora estamos preocupados por nuestra salud, física, mental, espiritual, en los primeros dos casos un médico nos puede diagnosticar, pero ¿quién nos puede diagnosticar salud espiritual?” Arankowsky contestó: “Cada quién se diagnostica a si mismo y sabe qué necesita de Dios, la conciencia lo sabe, lo busca, es un instinto.” “Todos sabemos la intención de nuestros actos, por instintivos que sean sabemos por qué los hicimos. A qué respondieron y qué satisfacción obtuvimos de ellos. Nuestras necesidades son muchas. Estas afectan todo nuestro desarrollo, también el espiritual.” añadió el chamán. 18


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“Se tocan tres temas de suma importancia: Josef ha dicho “conciencia” y Juan ha dicho “intención” y “satisfacción” creo que el tema que estaríamos tratando en común sería el de la voluntad. Voluntad, yo quiero, por lo tanto necesito actuar, pensar o hacer de tal o cual manera para conseguir lo que quiero. Creo que la salud espiritual seria la pauta en la que ejerces tu voluntad, tu libre albedrío.” Afirmó el padre De las Casas. “La salud espiritual es el punto como el consciente y voluntario ejercicio del espíritu.” continuó el Lama. La caja tonta y su conductor futbolista estallaron con “¿Y qué pasa cuando uno no conoce su espíritu? Cuando uno no puede visualizar eso que llaman espíritu, alma, cuando uno se pregunta si la tiene.”

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CAPITULO IX

Finca Los Olivos, 1974. Me quedé viendo los moldes que hice en yeso, el rostro, las manos, los pies. Con plastilina comencé a reconstruir la nariz. Vi el reloj, eran casi las 12 de la noche. Detuve mi tarea y me puse de pie para quitarme la bata. Tomé una sabana y cubrí el cuerpo sobre la mesa. “Devolverle un poco de pudor durante unas horas no le vendría mal Señora.” Vi los cilindros y sus contenidos. “¿Qué hago con esto? Por lo pronto ponerlo como estaba.” Guardé los contenidos en cada cilindro. Los puse dentro del tapón. “¿Y ahora? Hacete el boludo y llevalo a casa. Eso es lo que queres. Hazlo. Y si te corta las bolas Lopecito no te quejes. Anda, roba a los muertos.” Dejé el tapón sobre la mesa y me dirigí al escritorio. Tomé el sobre de fotos de Eva. “Gracias por las fotos Señora. Que pase una linda noche.”

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CAPITULO X Mi modesto auto compacto modelo 72 me esperaba en el estacionamiento de la finca Los Olivos. Subí y me puse en marcha sin percatarme que un flamante Mercedes Benz 1974 seguía mis pasos. Por las calles de Buenos Aires escuchaba No Woman No Cry con Bob Marley & the Wailers. En la luz roja revisé las fotografías del sobre. La luz se puso verde y seguí mi camino. Llegué a mi apartamento dejando el portafolios sobre una silla en la entrada, entre directamente al cuarto de baño, me sentía completamente cubierto de Eva, todas las partículas de Eva me rociaban el cuerpo pero no me sentía sucio, me sentía terriblemente necesitado de afecto, de aceptación, necesitaba sentirme y tocarme así, cubierto de Evita. El ruido de la regadera y la tibieza del agua fueron el abrazo que tanto anhelaba. En la recámara dormida estaba Maru, mi esposa, me escuchó salir del baño y encendió la mesita de luz. Yo salí del baño en toalla y me metí desnudo a la cama. “No te quería despertar Maru, dormí.” “Vení acá.” Su abrazo estalló en todo mi ser, la toalla mojada al pie de la cama, y la noche fundiéndose en un beso que solamente se empañaba por tanto recuerdo del día con Evita. Me sentí en los brazos de Eva cuando Maru tiró su camisón a un lado y se pegó a mi desnuda. “Te extrañé.” “Ya estoy aquí.” Abajo del apartamento aparcado esta el Mercedes Benz que me había seguido, en él dos pasajero, el piloto fumaba con la ventanilla abierta. “Vive donde dijo.” “Parece. ¿nos vamos?” “No, aquí lo esperamos.” “¿Me estas jodiendo?” “Aquí esperamos toda la noche hasta que salga para los olivos mañana.”

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CAPITULO XI La Casa Rosada, 1947.

Juan Antonio Duarte entró a la casa presidencial en un flamante Mercedes, de nuevo el emblema que abría todas las puertas. En el asiento del conductor lleva el estuche de la joya que le diera Schmidl. En la llave del coche pendía otro emblema de Mercedes. Llegó a la entrada principal y sonó tres veces la bocina y bajó corriendo. “Juan, Eva, miren lo que les tengo. Bajen.” El general Perón, exclamó juguetón, “Que quilombo Antoñito, ¿Qué nos traes?” “¿Y Eva?” “Tendrás que disculparla, no se ha sentido bien. Se quedó en cama.” “Con lo que le traigo se va a sentir re bien. Pero mira lo que está a la puerta.” “Otro Mercedes.” “Yo se lo mucho que te gusta regalarlos.” “Hace buena prensa regalarlos.” Antoñito le entregó el estuche. “Para Eva de nuestros amigos alemanes.” “Se lo daré.” El prendedor brilló sobre el fondo de terciopelo negro.

La oficina de Juan Antonio era espaciosa y bien iluminada, al fondo había dos grandes ventanales, al centro un rota folios, muebles de madera y cuero, los implacables retratos de Eva y Perón, su escritorio estaba siempre ordenado y tenía ahí ocho chequeras en las que Antoñito escribía los cheques a mano y José Oliva, su ayudante, certificaba los cheques con una máquina de palanca, Oliva llevaba claramente las cuentas. “18 millones para Daimler Benz sobre los 3000 taxis,” escupió el ayudante. “Nadie negará el estilo que tendrá la ciudad con una flotilla de Mercedes nuevos como taxis, ¿de cuanto es la comisión?” “3.6 millones.” ”Que notifiquen del depósito en suiza para confirmárselo a Eva” “Yo me encargo.” “Y de gastos de viaje, ¿como andamos?” “Vamos en 3000 emigrados de todas partes de Europa, miembros del partido casi todos, esperamos 37000 mas este año.” “Ya tienen documentos los

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3000?” “Si, nuevitos nuevitos, todo nuevito, nombre dirección, fecha de nacimiento, todos son nuevos ciudadanos argentinos.” “Ese sistemita de ponerles los nombres alfabéticamente resulto muy bien eh.” “Muy bien. Y ubicarlos en puestos que no tienen mayor importancia también. Eichmann ahora es un electricista,” “Un electricista, que vueltas da la vida che, que de vueltas que da carajo.” “El precio de estar libre pero esta muy bien, con su familia y en su casa, qué más puede pedir después de haber perdido la guerra.” “Es una labor humanitaria la que hacemos recibiendo a estos vencidos, es una vergüenza que lo tengamos que hacer a escondidas cuando es un orgullo nacional tenderle la mano al caído che” “Si, eso es, pura labor humanitaria, nos deberían exentar los impuestos carajo.” “Buen punto, pidámoslo al ministro de hacienda.”

El ruido de la campana del teléfono detuvo la charla, una secretaria anunció al señor Schmidl que entró cargando tres grandes portafolios. “Pues mi amigo Antoñito, aquí tenemos los fondos para que sigan las compras de automóviles y para pagar los traslados de los 39.998 inmigrantes alemanes gracias a la Hospitalidad del General y su Señora.” “Todo lo contrario Herr Schmidl, gracias a ustedes y a su enorme generosidad que nos permiten ser buenos anfitriones nada más.” “Gracias a estos grandes anfitriones el Reich tiene una nueva senda en un nuevo lugar, no es poco lo que se ha conseguido. Y más que se conseguirá con estos 20,000,000 de dólares más.” “Antes de que lo sepamos estarán de vuelta en Alemania, cual debe de ser.” “El Reich le estará eternamente agradecido.” “Un placer hacer negocios con ustedes.”

En ese mismo momento en el Aeropuerto un grupo de personas, familias enteras, ancianos, niños, casi todos rubios y germano parlantes hacían la fila para que cuatro guardias aduanales sellaran sus pasaportes. Un año después, en un día soleado, las mismas familias reunidas hicieron un asado, 23


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comieron y platicaron entre ellos en alemán hasta que un muchacho vestido de camisa de manga corta y shorts caqui tocó su corneta. Todos se formaron. Prendieron antorchas. En un pequeño estrado subió Schmidl. “Heil” Todos los formados saludaron de igual manera con la mano en alto extendida, entre ellos está Antoñito. Se escuchó el vuelo de las walkyrias de Wagner. Acción Cotidiana, un partido político de extrema derecha argentina, neo nazis, se me vienen ahora a la mente cuando veo sus spots publicitarios con el mismo vuelo de las mismas walkyrias sobre la imagen de la bandera argentina Vote Colotto Diputado Nacional Vote Biondini Para Legislador Por Buenos Aires. Qué obvia me parece la historia.

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CAPITULO XII

TEATRO LEPEE DE BOIS, 1970. En el mismo escenario vemos a Eva con su madre. Eva sostiene un vestido blanco entre sus manos. “¡Pero si seras lerda! ¡mirá como has dejado mi vestido! Te dije que llamaras a Perón para que lo planchara, has arruinado mi vestido presidencial.” “Acabala, todos tus vestidos son presidenciales, ponete otro y listo.” “Perón, Perón, vení acá este instante, ¿Dónde estás hijoeputa? Malnacido, desgraciado, ¿Dónde estáaaaaas carajo?” Entró Perón corriendo. “Aquí estoy negrita, aquí estoy junto a ti.” “¿Y Donde estabas hace unos minutos que mama quemo mi vestido?” “Estaba firmando unos tratados, amor mío, pero ya llegué.” “Mamá, podrías ir a tu cuarto, quiero estar a solas con mi marido.” “Sí como no, con la concha radioactiva que tenés querrás estar sola con tu marido, como no, mejor decime que no queres que oiga y acabala.” “¡Concha Radioactiva!, estoy cundida en cáncer y me decís concha radioactiva, no tenès corazón, sos de piedra, Perón, cuando me muera tírala a la calle como a un perro, mirá lo que me dice.” La madre salió. “Perón, amor mio, vení, sentate aquí juntito a mi, te voy a pedir un favor muy grande, algo que solo tu me podes dar, solo el gran Perón del que me enamoré en aquel concierto de beneficio. Vení angel mio, vení que te digo.” Juan Domingo Perón se acercó cariñoso. Le puso la mano sobre el vientre, Eva, lanzó un grito de dolor, Perón quitó la mano, “El cáncer” Perón se acercó a besarla, Eva Lanzó un grito aterrador a la vez que decía: “El maquillaje.” Perón se alejó pero a la vez trató de llevar su mano a la cabellera de ella, de nuevo grita: “El peinado.” Perón se sentó junto a ella sin intentar más contacto. “Me muero, cada segundo que pasa me muero más, siento esta enfermedad de mierda creciendo dentro de mi y no acaba por llevarme, pero temo a la muerte Perón, solo a ella le temo, porque una vez muerta estaré indefensa y necesitare de tus cuidados amor mío, más que viva, no quiero estar sola 25


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pudriéndome, quiero estar siempre en le CGT siempre, acompañada de mis grasitas, y ante todo no quiero pudrirme, no quiero ser banquete de gusanos, júrame que me harás embalsamar con el mejor del mundo...” “De eso ya me encargué, el doctor Ara embalsamó a Lenin.” “Y que a mi muerte taparás todas las farolas con gasas negras y pondrás un gran moño negro en el balcón presidencial. Ya tengo a unos camarógrafos de la tuenti century fox para que hagan un documental de mi velorio. Se llamará la Argentina detuvo su corazón. Será mi mejor papel, a ver qué actriz de segunda ha filmado muerta eh, eso es ser profesional boludo.”

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CAPITULO XIII Buenos Aires, 1952. Un hombre vestido de oscuro llevaba una cubeta de pintura y una brocha, la calle estaba desierta, vio hacia el palacio unzué e hizo una puteada con las manos. Sobre la Barda comenzó a escribir algo con pintura roja dio grandes brochazos: VIVA EL CÁNCER. Al fondo se ven los ventanales de la oficina presidencial, en ella el general Perón, flanqueado por sus retratos oficiales y su enorme escritorio aunque la oficina era de una sobriedad casi gélida, había retratos de él con diferentes personajes de la política engalanando una pared, la bandera tenía un lugar preponderante entre los dos retratos oficiales. Sobre el escritorio en un marco estaba una foto de la pareja saludando en un desfile, los dos sonríen. Perón estaba sentado detrás de su escritorio, vestido de general, demacrado y muy triste, tenía un vaso con whisky en la mano y una botella en el escritorio. Tomó del vaso grandes tragos y sirvió más whisky. Un teléfono de malaquita negra sonó sobresaltándolo tanto que soltó el vaso mojándose el traje. El vas rodó por el suelo, él tomó el teléfono. El auricular se escuchó lejos. “Que pase.” Se sacudió el traje y se alisó el cabello, sacó un pañuelo y se secó la solapa. La puerta se abrió y entró Pedro Ara, era español, tenía 53 años, vestía un traje gris, un pañuelo de seda le hacía juego con la corbata y un maletín de doctor. “Pase amigo, pase, tome asiento, ¿whisky?” “Con agua por favor” “Sé que apenas son las 10 de la mañana doctor, pero creo que el asunto que nos convoca más vale suavizarlo con un poco de whisky.” “Lo que lo haga sentirse mejor general.” “No sé si mejor, pero sí se siente menos. Esto de disecar a mi mujer es cosa dura, pero es su voluntad, y yo la cumpliré hasta el día que me muera.” “Embalsamar, no disecar, es un proceso muy distinto.” “Va a estar como dormida, siempre, sin envejecer, sin pudrirse?” “Así es, como una princesa dormida, intacta, impoluta, le daremos a su piel el brillo de la vida, sus manos en pura contemplación. Crearemos una santa.” “No pongo en duda sus métodos y su efectividad, ¿cuánto tiene usted pensado cobrar por sus servicios?” 27


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“Mi cuota es de 50,000 dolares general.” “Le pagaré el doble doctor, pero necesito un favor especial, Eva tiene ciertos efectos personales que se tienen que guardar en ella.” “¿Qué tamaño tienen estos efectos personales?” “8 Llaves, 8 placas de seguridad, una osamenta de nonato y un puño de tierra de su pueblo natal.” “¿Los puedo ver?” El general sacó de su escritorio las 8 llaves, las 8 placas y dos pañuelos. Los abrió cuidadosamente uno contenía una pequeña osamenta y el otro tierra. Pedro Ara los tomó entre sus manos y los observó cuidadosamente, apiló las llaves, las placas, vio la osamenta y la tierra. “¿Usted quiere esto dentro de la momia?” “Yo no, la momia, digo, Eva quiere que así sea.” “Todos son materiales dañinos al cadáver, no pueden ir en contacto directo con la piel, necesitaríamos fabricarle un estuche, probablemente en el tapón anal, si lo hacemos lo suficientemente grande.” “¿Tapón anal?” “Al embalsamarse los cuerpos se les taponan todos los orificios mi general. Nariz, orejas, la boca se atornilla para que esté permanentemente cerrada. Igual la vagina y el ano se taponan para que contengan el relleno.” “No me dé tantos detalles, no quiero saberlo, solo necesito que esto quede en ella para siempre.” “Me encargaré de que así sea general. En su momento se los pediré para introducirlos en el cadáver.” “¿Y no se le ocurre otro lugar que el orto para ponerlos doctor?” “Sinceramente creo que es lo mas conveniente general. Ahí contamos con el tapón para que sirva de estuche y no dañe el cadáver. El orto es definitivamente lo mejor.” “Válgame Dios Eva.” Perón dio un largo trago a su vaso. Ara incómodo hizo lo mismo, a la expectativa de la reacción del general. Este se le quedó viendo “¿Le gusta su trabajo doctor?” “Sí general, me gusta mucho mi trabajo, y espero hacer de su esposa mi obra maestra, la obra maestra del embalsamamiento del siglo XX. Será el cadáver más famoso del siglo. Pero es un proceso largo y necesitaré trabajar en él durante años para mantenerlo en perfectas condiciones.” “Así que nos estaremos viendo mucho doctor. Disponga lo que vaya a necesitar por escrito y veré que se le provea de lo necesario en la CGT, ahí 28


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estará el cadáver, entre sus cientos de vestidos y joyas y zapatos y sombreros, ahí en un budoir nacional quiere estar.” “La vanidad de las mujeres perdura más allá de su muerte.” “Eva está determinada a no desaparecer, a permanecer a pesar de la muerte misma, es una sobreviviente aun ante la muerte.” “Créame que estará en las mejores manos.” Perón sacó de su bolsa una chequera y una elegante pluma fuente “¿a nombre de …?” “No es necesario el adelanto, no se moleste general,” “¿adelanto? De una vez le doy sus cien mil doctor, en este país uno nunca sabe que pase mañana y con Eva muerta, ufff, la puta que me parió! Todo puede suceder,” “Pedro Ara, a , r , a” “Que poquita tinta me gasto en usted doctor. Me temo que no nos veremos en mejores circunstancias,.” “Lo acompaño en sentimiento desde ahora general.” Perón le extendió el cheque y Ara lo tomó. “Cien mil dolares de sentimiento doctor.”

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CAPITULO XIV TEATRO LEPEE DE BOIS 1970,

En el escenario está Eva con Juan Domingo Perón. Ella está acostada en la cama, rodeada de remedios por todos lados. Un gran espejo extensible se sostiene de la pared reflejándola en aumento, Perón a gatas busca algo en la alfombra. “¿Y estos diamantes en el suelo?” “¿No te encantan?le dan una textura exquisita a la alfombra. Me gusta pisarlos cuando me paro al baño.” “¿De donde los sacaste?” “Crees que me fui de compras, estaré yo para ir a comprarme diamantes mirá vos anormal, son los que tenía en los tacones de mis 400 pares de zapatos. Me estoy muriendo y a vos solo te importa la guita, malnacido, desgraciado, da gracias a dios que me muero porque la boca me revienta de las ganas de decir lo que sé de vos. Pero no lo hago porque te necesito, te necesito mucho Juan, necesito al compañero más que nunca, ya no me tendrás que comprar diamantes nunca mas, porque estaré muerta, tiesa, un fiambre, indefensa, solo cuento contigo para cuidarme, y si el enemigo triunfara, me llevarás contigo al exilio, júrame Juan que me llevaras, mirá que si te largas a la mierda sin mi te cagó la vida Juan.” “¿Como abandonarte negrita mía? sos mi luna y mis estrellas, mi sol y mis nubes, mi peor miedo es vivir sin vos. Una vida sin Eva.” “Pero siempre estaré ahí, dormida, soñando en la vida maravillosa que me diste amor mío, mi negrito, mi soldadito, mi protector, mi guardián, mi vigía.” “Yo te cuidaré y defenderé hasta la muerte.” “Si amor mio, porque si no, ay de ti negro de mierda si me pierdes, impotente poco hombre, ay de ti si me pierdes.” “Anda a cagar, si te pierdo pierdo también las 8 cajas de seguridad y las 8 cuentas con los alemanes mirá vos si te voy a perder.” “Eso es mio, por eso me lo llevo conmigo a la tumba, es mio.” “Todo tuyo y metido en el orto te lo vas a llevar.” “¿Me estas Jodiendo? ¿en el orto?” “Dijo el doctor que solo ahí podían ir.” “Pero qué hijos de puta que son los dos, meterme las llaves en el orto pero que guachada. Y tu no pediste que fuera en otro lugar? Poco hombre 30


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desgraciado” “Sí, si pedí pero no se puede por el material y el cadáver entonces los van a poner en el tapón anal” “¡Tapón anal!” “Cuando te embalsamen te van a poner tapones en todos los agujeros.” “Cállate no quiero saber, me repugna, solo déjenme mis cosas conmigo. Y vos asegúrate bien de siempre tenerme contigo.” “Siempre negrita, estarás siempre.” “Aun cuando te vuelvas a casar mil veces, me tendrás siempre contigo. Conmigo.” “Sí sí siempre más allá de tu muerte.” “Muertita, indefensa, con un tesoro dentro.” “Vos entera sos mi tesoro.” “Me muero, dios mio ayúdame que ahora mismo me muero, que dolor, que sufrimiento más grande, llévame señor, llévame ya que el cuerpo no da más. Me muero Juan me muero, ¿está la prensa?” “Todos, y los camarógrafos esperando,” “Que agonía más espantosa, me queman las entrañas y me duele el alma, me muero Juan, me muero, prométeme Juan, aaaay prométeme Juan...” “Lo prometo lo prometo” “¿Qué prometes tu subnormal si aun no te digo lo que quiero. Prométeme Juan que no desampararás a mis cabecitas negras, que seguirás mi obra social a pesar de todo, que mandaras a los milicos a la mierda y harás un gobierno de trabajadores, y que regarás las plantas de las 283 habitaciones cada tercer día.” “Lo prometo lo prometo”Entra el TRAVESTI MADRE al cuarto. “¿Qué hacen?” “Me estoy muriendo.” “¿Así nomas, sin avisarme? No estoy pintada eh. Ten la delicadeza de avisar por lo menos.” “Me muero.” “Mirá, ¿no era tan difícil verdad?” Eva Perón queda inerte sobre la cama, Perón le cubre la cara con la sábana. Sale de su habitación. El Juana Ibarguren se tira sobre la cama “Que desgracia, qué desgracia más grande dios mio, pobre hija mía, acoge su alma señor, que desgracia, ¿qué va a ser de mi?” Mientras dice esto recoge diamantes del suelo y se los guarda, revisa la mesa de noche para llevarse alguna joya más.

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CAPITULO XV 26 de julio 1956. Buenos Aires El día que la Argentina detuvo su corazón fue el día que murió Evita. Un locutor con la camisa desarreglada y la cara de insomne rezaba:

“Interrumpimos este programa para leer el siguiente

comunicado: Es estricto deber de informar al pueblo argentino que Eva Perón, líder espiritual de la nación, entró a la inmortalidad hoy a las 20:25 horas.”

En el Palacio Unzué la habitación de Eva se había convertido en un mausoleo. Entró Pedro Ara seguido de su ayudante Josep Salat, los dos vestían de bata y traían una camilla y sendos maletines. En la habitación oscura solo se observaban las velas prendidas a los lados de la cama. De entre las sombras emergió Juan Domingo Perón. “Estamos en lo convenido doctor.” “Mi más sentido pésame general, le presento a Josep Salat, mi ayudante.” “Ojalá lo conociera yo en mejores circunstancias, supongo que el tiempo apremia,” “Si, entre mas pronto intervengamos es mejor.” “Los dejo, ah Doctor, tenga el tesoro.” Le entregó las llaves las placas y los dos pañuelos envueltos en uno mas grande. “Se lo encargo mucho doctor.” “No tenga pendiente general.” Pedro Ara abrió su maletín y sacó un cilindro de 25 cm, le desenroscó el fondo y sacó de él 4 estuches. Colocó los contenidos frente a la vista de Perón, lo cerró, y lo puso de nuevo en el maletín. “Listo.” “Los dejo. Se la encargo mucho.” Le dijo cariñoso al cadáver: “Te van a preparar negrita, como querías, y Julio te va a peinar. Solo te dejo un momento.” Le tomó las manos entre las suyas besándola. “Todavía estás tibia.” Se puso de pie tratando de esconder que lloraba, salió sin decir más. Ara se dirigió a su ayudante: ”Pobre hombre”. “Si pobre hombre qué dolor.” “Llevémosla al baño.” Entre los dos hombres le desconectaron los catéteres de suero, colocaron el cuerpo en la camilla y se dirigieron con él al baño. Prepararon sus utensilios, grandes jeringas, bombas y perillas, mangueras transparentes, prepararon grandes agujas. La primera 32


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fue para el cuello, el primer catéter se llena de sangre y desahoga en la tina blanca. Pequeñísimos ríos rojos se dibujaron sobre el mármol blanco de la tina. Lo mismo sucedió con cada vena mayor del cuerpo de Eva. La palidez comenzó a apoderarse del cuerpo. Pedro Ara preparó lo necesario para efectuarle un enema al cadáver. Una gran jarra con agua y una perilla de hule, sacan un cómodo, Josep Salat levanta el cuerpo mientras Pedro Ara le coloca el cómodo debajo. “¿También le canalizo los pies?” “Mejor prepara las bolsas de glicerina.” “16 bolsas de glicerina y formol doctor,” “Prepara dos más” “La ducha vaginal doctor” “Gracias”

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CAPITULO XVI Buenos Aires, 1974. El ruido del wc anticipó mis pasos hacia la cocina donde Maru preparaba el desayuno ignorante de todo lo que me había pasado en tan pocos días. Me coloqué detrás de ella y la abracé. “Y si hoy hubiera amanecido rico muy rico ¿me querrías más?” “Claro que te querría más boludo, pero te quiero bastante.” La solté y me senté a la mesa, ella me sirvió cafe. “Soñé que encontraba un tesoro.” Le dije. “Pues si lo encontrás me comprás un Mercedes.” me contestó. Los dos reímos. “Pero de veras, ¿qué harías si tuviéramos mucha guita?” “Viajaríamos todo el tiempo. Eso haría.” “Te tengo que decir una cosa Maru, es serio.” “Me espantas boludo.” “No es de espantar, bueno un poco, ayer que inspeccionaba el cuerpo en los olivos, encontré cosas...” “¿Cómo que cosas?” “Cuatro estuches.” “¿En el cuerpo?” “En el tapón anal.” “Que asco, que cosas?” “Llaves, placas con numeros y letras, una osamenta diminuta y tierra” “Domingo Tellechea mantén esas cosas lejos de mi casa o te mato.” “No mujer, no están aquí, las deje como las encontré.” “Deja todo igual Domingo, què sueños con guita ni qué nada. Dejá eso como está.” “sí Maru.” Salí del edificio con mi sobre de fotos de Evita en la mano, no me percaté del Mercedes que estaba estacionado frente al edificio y subí a mi coche. Cuando me fijé en el coche de enfrente. “Un Mercedes te voy a regalar yo, ya veras. Me tendría que haber quedado calladito, pero que boludo, que boludo que soy.” Vi un puesto de flores y me detuve, no pensé en lo que estaba por hacer, ese entusiasmo de llevar un regalo me invadía, el puesto era hermoso y lo atendía una Señora de edad. “Buen Día, quiero un ramo muy lindo.” “Ahora le hago uno lindísimo,” “Le gustaban las lilas” “¿Gustaban? ¿es para una difunta?” “Sí, y una muy especial. Un gran ramo entonces con todos los colores, que no le falte nada.”

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Mis vigilantes extrañados comentaban “¿Qué hace comprando flores este boludo?” “Serán para alguna piba que verá más tarde.” “Apunta, 9:46 a.m., el sujeto compra flores en la esquina de Belgrano y valle.” “Y valle, listo.” Entré en el laboratorio y abrí las cortinas de par en par. “Sol, sol Señora mía, el máximo regalo. Buen Día” Puse las flores junto a su cabeza, los pétalos rozándole la cara. ”Flores Señora, flores para su piel y su recuerdo. Flores de bienvenida y despedida, flores para usted. Para vos. Comencemos a tutearnos, la reconstrucción se me da mejor en un entorno intimo. De hoy en adelante habrá flores diario. Hoy vamos a deshinchar los pies. ¿Cuánto tiempo te tuvieron parada?” Preparé agua caliente y paños para ponerle compresas en los pies hinchados. Faltaba uno de los dedos medios. “¿Y ese dedo? ¿Cómo lo perdiste? En algún traslado de esos hijos de puta.” Después supe que un par de soldados en un depósito habían ocasionado la pérdida.

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CAPITULO XVII Era un depósito lleno de cajas alumbrado por un foco de sesenta watts y lo hicieron dos oficiales. “B8967-L” En lo alto de una estantería se veía una caja que ostentaba esa clave. “Traeré la escalera.” “¿Pesa mucho?” “Bastante.” “Déjala caer boludo” “Quítate” La caja cayó de lo alto hasta el suelo parada y luego de cabeza. “Detenéme la escalera boludo.” Al levantar la caja se desfondó dejando la cubierta sobre el suelo y el cadáver sobre ella boca abajo. “La puta que me parió ya se rompió.” “Nomás la nariz y un dedo del pie.” “No pesa nada”. En el suelo quedó el dedo tirado. En el laboratorio me di a la tarea de moldear suavemente los pies de Eva, recuperaron su tamaño normal y perdieron su coloración verdosa. “Así es, muy bien, van a quedar intactos, ya veras, y te pintaremos las uñas de los pies con esmalte rosa y luego transparente, muy naturales ya vas a ver vos, muy muy naturalitas. ¿Sabes que pienso? Pienso que si Pedro Ara te viera hoy se daría un tiro. El que te cuidó como princesa, y así vas a quedar, una princesa dormida. Ya veras vos, ya veras.”

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CAPITULO XVII Palacio Unzué el día de la muerte de Eva. Reconstruí en mi mente con todo detalle lo ocurrido con Eva a partir de su muerte, puede documentarme extensamente y realmente me armé la película en la cabeza. Vi perfectamente el cuerpo tapado con una sabana sobre una camilla luciendo una melena Rubia, Julio, su peluquero de toda la vida parado junto a ella. Ara y Salat le dejan el cuerpo, “Parece la princesa dormida de un cuento. Gracias doctor.” Comenzó a acariciarle la melena, “Ya estoy aquí negrita, te voy a dejar preciosa. Y te voy a venir a cuidar el peinado siempre. ¿Verdad doctor que necesitará mis servicios siempre?” “Eventualmente así será.” “Dice el doctor que si negrita, que si te puedo seguir peinando,” Comenzó a peinarla con destreza, de abajo, de la nuca, seleccionó un mechón, tomó la tijera y lo cortó. “Para el relicario de tu madre, ella me lo pidió, no le puedo decir que no a doña Juana negrita.” Tocaron a la puerta y entró Paula, la enfermera que había estado al cuidado de Eva. “Disculpe doctor, la Señora me pidió que le quitara el esmalte rojo y le pusiera brillo solamente, ¿puedo pasar a hacerlo?” Ara accedió afectuoso. “Pase enfermera. Proceda con la petición de la Señora.” “Buen día Julio, temprano como siempre, listo para peinarla.” “Si, mi negrita tiene que salir muy linda de este cuarto.” Paula quitó el esmalte de las uñas llorando. Lo hizo rápido. Les puso un esmalte brilloso con la mano temblorosa saliéndose de la uña. JULIO le puso la mano en el hombro. Consolándola. “ Traé el vestido Paula, el que ella escogió.” Paula fue hacia el closet y sacó un vestido champán envuelto en una funda de razo y lo llevó hasta el peluquero. “Lindísimo. Rubia platinada y el vestido beige, que le luzca la cabellera. Primero el vestido y luego la acabo de peinar.” Paula le puso el vestido por la cabeza y el cadáver recobró su dignidad. “Ahora sí el peinado. Un gran peinado para una gran Señora.” EL cadáver quedó radiante. Paula tomó de la mesa de luz el estuche de un rosario de concha nácar. Lo sacó y se lo colocó sobre el pecho al cadáver y dijo: “Es el rosario que le regaló el santo padre.” El 37


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doctor se acercó y lo tomó entre sus manos, lo enredó entre las muñecas y lo hizo parecer como rezando entre las manos del cadáver. “Así,” “Parece una santa.” “Ya van a traer el sarcófago para que la sellemos. Ya va a estar lista para que la vean.” Eva lucía majestuosa tendida sobre unas mantas champán. De vuelta al laboratorio y la realidad dije en voz alta: “Las plegarias se las lleva el tiempo, como todo. ¿En verdad rezabas? ¿Por quién pedías? ¿pedías por tus grasitas? ¿pedías por ti? Tendrás un rosario nuevo, pero no será el mismo que te dio el santo padre, le puedo pedir al obispo que le bendiga, o al papa actual, pero no llegaría a tiempo, eso te hubiera gustado, en fin, tendrás otro rosario igualito de concha nácar, y tendrás dedo. Eres única eh, el rosario entre las manos y la guita en el orto. ¡Única que sos!”

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CAPITULO XIX No podía dejar de pensar en el día de tu muerte, en Ara, en Salat, en Perón. ¿Tuviste el mismo efecto en él que en mi? ¿Qué sintió cuando puso tu cuerpo en el sarcófago? Cuando menos cuenta me di te estaba abrazando pero en mi mente se recreaban las estampas de tus horas pasadas, Ara decía: “Una vez cerrada estará sellada y por nada del mundo se debe de abrir. Pondré en la caja unas sustancias que consumirán todo el oxigeno para que ningún microorganismo pueda vivir ahí.” Salat le acercó unas bolsitas de gasa. Pedro Ara las tomó y las colocó entre las ropas del cadáver. “Ciérralo ya” De ahí en tu caja de cristal te llevaron al hall principal donde te esperaban tus huestes y Perón completamente abatido sostenía entre sus manos el prendedor de mercedes benz y tu durmiendo el sueño eterno. “Este prendedor también llevátelo negrita,”y sin más comenzó a abrir las perillas para acceder al cuerpo. Cuando el cristal cedió el retrocedió

ante el olor. “UFFF que olor” Observó el

cuerpo dormido, le colocó el prendedor en el escote. Acercó su cara a la del cuerpo y le dijo al oído. “Estaremos siempre juntos, siempre , en la hermandad y por siempre, mas allá de esta tu muerte, estaremos siempre juntos negrita mía.” Comentaba Ara en su diario que le dijo a Perón: “¿Qué hace? ¿Está loco? Ese sarcófago tiene que estar sellado. ¿Quiere echar todo nuestro trabajo a la mierda?” “Lo siento, no me pude contener.” Ara cerró de nuevo el sarcófago. Vi claramente a Eva portar el prendedor. “Tu primera morada después de la muerte fue tu querida CGT, ahí Ara te cuidó y si me viera ahora resanándote el cuello con esta espátula se daría un tiro. ¿Y Perón? ¿Porqué no dijo nada de las llaves? ¿Qué estaba pensando? Perder el cuerpo y el botín de guerra a la vez, qué boludo, pero que boludo de veras y morirse sin decir nada. ¿sabría en el 71 que le devolvieron el cadáver que todavía tenía las llaves en él? ¿tendría las pelotas como para inspeccionar el contenido del cadáver? Seré ahora el único que sabe tu contenido secreto. Me siento halagado. Sabes una cosa, si yo hubiera sido Perón nunca te hubiera perdido. ¿Qué estaba pensando el boludo?” 39


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Me imaginé perfecto al boludo con una joven amazona de 15 años besándolo apasionadamente cuando le llegó la notificación del golpe de estado. “El cuerpo, sáquenlo de la CGT” cuando la CGT ya había sido tomada. “Dios mío, Eva.” Un batallón de infantería tomó por asalto la CGT, cargaban una caja de madera. Entraron hasta el laboratorio y enfrentaron al doctor Ara que trató de interponer su cuerpo entre el batallón y el cadáver. “Quítese doctor o lo quitamos.” “¿A donde la llevan?” “A darle cristiana sepultura y terminar con este circo de difuntos que ha hecho Perón.” Ara se quitó de en medio. Rápidamente abrieron el sarcófago y sacaron el cadáver para colocarlo en una caja de madera de pino. “No puede estar al contacto del aire, se va a pudrir.” “¡Que se pudra de una vez la turra!” De ahí en adelante imagino tu cuerpo peregrinar entre cuarteles y garajes. En una oficina casi austera entraron los del batallón cargando la caja. El capitán avanzó. El general tomaba mate sentado en su escritorio ante una máquina de escribir con papel listo. “Aquí tiene usted el objetivo de la CGT mi general.” “Sus nuevas ordenes Capitán” “Para ser embarcado el 20 a Bruselas, entendido mi general.” “Dejen el objetivo en la bodega hasta el día de su traslado a puerto.” “Sí mi general.” De ahí a Puerto Madero, te embarcaron en un buque ante los ojos de todos los pasajeros. En el puerto de Bruselas descendieron los pasajeros y la carga del buque, unos militares recibieron y entregaron a otros militares la preciada caja. De ahí por tren te llevaron a Bohn, a la embajada Argentina, ahí te recibió una hermana lega, vestida de azul y apestando a virgen, con ella te fuiste a Italia, a Milán, donde te sepultaron no sin un formal entierro entre un cura, dos acólitos, dos enterradores, y un nombre falso, María Maggi de Magistri 1919-1957 “Bajo tierra, y ahora estabas en mis manos con todos tus secretos” pensaba yo mientras te inyectaba sustancias en el cuerpo y cerraba las venas de tus dedos con pinzas. Lo terrible del procedimiento me hacía una sensación de placer y cariño, “Ya nos falta poco.” Mi mirada se detuvo en otro gran ramo de 40


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flores que le habĂ­a dejado junto a la camilla.

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CAPITULO XX CASA DE HIERRO. MADRID 1967 En su casa de exilio en Madrid Juan Domingo Perón acabado y anciano tomaba whisky en un vaso. Dejó el vaso y se dirigió al balcón, lo abrió de par en par y en bata hizo el saludo con las manos en alto. Una multitud imaginaria lo ovacionó: “Perón Perón” Saludó de nuevo a la multitud en su cabeza, pero las voces comenzaron a traicionarlo “Perón, Evita, Perón... Evita, Evita” Una paloma emprendió el vuelo espantada. “No puedo darles a Eva, Eva esta en manos de los caníbales, Eva esta perdida, la perdí, yo la perdí.” Se detuvo del barandal llorando a gritos. Años antes, en 1958 en Paraguay Perón admiraba un número de mambo con una serie de coristas y orquesta. Usaban tocados de plumas y altos tacones de colores diferentes, eran 5 las bailarinas. Fijó su mirada en una de ellas, una rubia de 24 años, la recorrió de arriba abajo como si la tragara con la mirada. Era María Estela Martínez. “Esa, la rubia de rosa, quiero que venga a cenar con nosotros.” Los acompañantes agregaron: “Yo invito a la morocha de azul.” “Yo invito a las tres que quedan.” Tres años después en el salón principal de la casa de exilio de Perón en Madrid se casaba con Isabelita, como él la llamaba, intercambiaron anillos frente a López Rega y al mismísimo Francisco Franco que fue el testigo del novio. Vestido de general y ostentando la cabellera pintada de negro tomaba entre sus manos las de ella intercambiando anillos, el contraste de las manos ancianas de Perón con las manos jóvenes y tersas de Isabelita era obsceno. Me imaginé la tumba desierta de Eva en Milán, la lápida solitaria con un nombre y fechas falsos y una tonada triste acompañó mi pensamiento.

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CAPITULO XXI Lopecito le hacía al profeta, en Madrid se granjeó los favores de Isabelita a punta de leerle la fortuna, tunante y mercachifle sabía halagar a quien le convenía la porquería de ser humano aquella. En casa de hierro fue la primera vez que leía a Isabelita. “Es la primera vez que me leen el tarot.” “Eso me hace tu padrino, veras que linda tirada que te salio.” “¿Qué ves? Decídeme.” “¿Eres acuario?” “Sí, ¿ahí lo ves?” “Más bien lo siento que lo veo, pero sí, aquí esta la estrella, que representa a acuario, y veo mucha gente a tu alrededor.” “Ojalá, en este encierro me pudro.” “Pues hay mucha gente que depende de vos, y veo que tienes una misión que cumplir, eres una elegida, tienes la estrella coronándote. Tú antes de un año te casas.” “Bárbaro” “Pero tenés enemigos, tenés que cuidarte, las envidias destruyen el poder del alma, nos acaban, tenés que cuidarte mucho porque los lobos están sueltos y listos para morderte.” “Esos milicos de mierda.” “Un tauro, un acuario un Escorpio y un leo, los apóstoles, son los cuatro enemigos, uno yergue la ley, otro yergue el ejército, otro yergue la letra impresa y otro mas la espada. Te voy a preparar una limpia de protección con fuego, así no podrán alcanzarte.” “Sí si por favor, y tenés que leer a Perón, por favor. Y hacéle una limpia también, tiene tantos enemigos mi pobre Perón.” “Leamos al general pues...” El anciano y aburrido Perón se prestó como siempre a los caprichos de Isabelita y se sentó frente a Lopecito y sus naipes. “Listos, usted es un guerrero, un guerrero en el exilio vive en el infierno general, pero créame que tiene buen fin, recuperará la patria robada, pero no solo le robaron la patria, usted perdió algo muy preciado.” “Perdí mi corazón cuando se llevaron a Eva” “Pues la va a recuperar, no ahora, falta, falta mucho por hacer, pero no deje de insistir en buscarla, porque la va a recuperar como que me llamo José López Rega.” “¿Dónde está?” “Yo la veo bajo tierra, enterrada, está enterrada.” “¿En Argentina?” “No, en otro lado, otro continente tal vez, no sé. Pero de que está enterrada, bien enterrada que está.” “¿Eva va a volver a mi?”“Ella quiere volver con vos. Y el guardián te está 43


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buscando.” “¿Cómo sabés vos del guardián?” “Soy mayombero mi general, sabe lo que es eso o nos leemos la baraja entre gitanas. ¿qué guardianes le puso?” “Una osamenta de nonato y la tierra del panteón de su pueblo.” “Eso no falla mi general, lo están buscando.” Lopecito tenía a la pareja fascinada con sus malas artes y sus conocimientos de magia africana, no pasaron más que unos días cuando le dijo Isabelita: “mirá Lopecito, te invitamos para hacerte una oferta que nos gustaría mucho al general y a mí que tomaras.” “Queremos ofrecerte un puesto aquí en la casa, de mayordomo, pero que te vengas a vivir aquí con nosotros es lo que nos interesa, y siendo tan capaz, Isabel quiere aprovecharte para que le ayudes con la casa y sus cosas.” “Es un gran honor para mi, me conmueve profundamente que me abran las puertas de su hogar, gracias acepto de todo corazón.” “Y a las visitas les encanta que las leas, siempre preguntan por vos, así puedes atendernos a todos.” “Será un honor poder hacer tan gran servicio.” “Pues bienvenido a casa de hierro.”

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CAPITULO XXII Terminé de resanar todo el cadáver, en las antiguas heridas ahora se veían suaves emplastes de color rosado que contrastaban con el gris del cuerpo. Coloqué el dedo que faltaba del pie que ahora tenía dimensiones normales. Coloqué también la prótesis en la nariz. Con un taladro semejante al de un dentista le hice las fosas nasales. En ellas inserté dos tornillos. Sentí qué tan fija había quedado tomándola entre mis dedos índice y anular como haciéndole un cariño. “¿Te gusta tu nueva nariz? Te ves mucho mejor con nariz. Y con dedo en el pie.” Descubrí el hueco del índice de la mano. “Este lo cortaron con pinza, es liso el corte, y no se ve tan viejo, ni demuestra golpe alguno. ¿Qué demonios hicieron con tu dedo?” En el cementerio de Milano, un hombre vestido de luto y acompañado por un oficial uniformado presencian la exhumación de la tumba de María Maggi de Magistri. De ahí la trasladaron a un cuartel militar. Con una pinza el hombre de negro le corta el dedo índice y apunta en una etiqueta “María Eva Duarte, para reconocimiento.” El día que volviste a Perón te esperaron los tres en el andén, Isabelita, López Rega y el general. “¿Estas seguro de que éste es el andén?” “Seguro general.” “Has tenido boca de profeta Lopecito. Eva regresa a mí, como bien dijiste hace muchos años.” “Ya que llegue el tren, hace frío carajo.” dijo Isabelita molesta. “Yo no lo siento.” Fue lo que dijo el general mientras el ruido del tren acercándose apagaba las voces. De un vagón de carga sacaron la caja semi podrida, tenía maderas que le habían sido agregadas, se veía que había sido reconstruida para que aguantara el viaje. Al llegar la caja a tierra Perón se lanzó a abrazarla en un muy melodramático gesto. Isabel lo vio con franco disgusto. Un maletero se les acercó y colocó la caja en su carrito. “Llévela con cuidado amigo, es Eva Perón El maletero no le entendió pero asintió con la cabeza y siguió con su tarea de llevarla por el andén. 45


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En uno de los salones de la casa Perón dispuso un pequeño mausoleo, cuadros de Eva y fotografías por todos lados. Al centro había un gran altar con un gran sarcófago abierto. José López Rega estaba a solas con la caja sobre el suelo abierta, tomó el cadáver y lo colocó en el sarcófago. La miró con desdén. Vio el prendedor que colgaba de los restos del vestido. Cerró el sarcófago tras de sí y salió. “Listo Isabelita, ya lo puede pasar a ver el general.” Juan Domingo Perón se veía bastante acabado y anciano, se sentó con trabajos en un sillón y puso una mano sobre el sarcófago. “Negrita, mi negrita, apenas acabas de llegar y ya me tengo que ir de nuevo, sabés, han regresado los partidos a la argentina, también el nuestro, y parece que vamos a contender, y aprendí mi lección negrita. Nombraré a Isabel como vicepresidenta, ay negrita, que gran vicepresidenta hubieras hecho vos. Pero Isabelita hará un gran trabajo, eso lo sé. Seré de nuevo presidente y vendré por vos, pero ahora no te puedo llevar conmigo, ¿entendés? No sé que suelo piso negrita, pero aquí te cuidarán bien, y estarás a salvo. Y cuando vuelva por ti sí será para estar juntos siempre, cuando vuelva por ti será para siempre negrita, como te prometí.”

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CAPITULO XXIII

Sentado junto a Eva procedí a taladrar la falange faltante, introduje una varilla pequeña que sobresalía una pulgada por encima del dedo, tomé un dedo índice prostático y lo inserté en la varilla, el dedo era de otro color que el cadáver. Tomé una pistola de pintura y preparé colorante color carne. Comencé por pintarle las manos. La piel recobró su color. “Perfecto, esta quedando perfecto, qué color, este dedo quedó idéntico, ya casi estamos listos para que te vean preciosa, ya casi estamos listos, me faltan detalles, pero importantes, detalles que tu no hubieras perdonado.” El pelo ahora era liso y pajoso, peinado, me puse unos guantes de hule y comencé a preparar un tinte para el cabello, como si trabajara en una estética le apliqué el producto en la cabeza, lo froté todo para que se integrara bien. “Nada como un buen tinte y un gran peinado. Las trenzas que tenías originalmente.” Me volteé a ver el retrato presidencial de Isabel Perón. “Ahora ella es presidenta. Pero vos hasta muerta sos mucho más linda que ella.” Recordé los spots publicitarios de campaña del general e Isabel, inmediatamente los imaginé en su recámara, el general en pijama e Isabel en camisón, extendiéndole su vaso de whisky: “Vos sin hielo que no has estado bien de la garganta.” “Cuanto me cuidas vos.” “Hay que cuidar al señor presidente.” “Antes me cuidaba de mis enemigos políticos, ahora me cuido de un resfrío, qué maldición es hacerse viejo carajo.” “Vos no estas viejo, vos sos más joven que yo.” “He estado pensando Isabelita en lo que me pediste, y poner a un elemento de confianza como Lopecito en el ministerio del interior o de bienestar social no está mal, es muy capaz.” “Es lo mejor, es el que mejor y más nos cuida.” “El Brujo, así le dicen, El Brujo” “Lo es, es mejor que le tengan miedo, así le tendrán respeto.” ”Nada como el miedo para ganarse el respeto de los demás.” “Y Lopecito sí da un miedo que te cagás.” “El ministerio de Bienestar Social creo que le vendría mejor.” “Gracias amor mío.” Isabel besó la frente de Perón en 47


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un gesto de profunda condescendencia. No existía ni pizca de pasión, solo un mecánico gesto de agradecimiento y conveniencia, así como el goce de la victoria sobre la voluntad del vencido. Para el 73 Lopecito ya tenia su oficina en el Ministerio de Bienestar Social y se reunía con el jefe de la policía. “Usted designe a los mejores entre sus fuerzas para la lucha anticomunista.” “¿Unos quinientos efectivos le parecen bien señor ministro?” “Para empezar está bien, pero quiero que se capaciten a más elementos para fortalecer el cuerpo anticomunista. No les vamos a dejar un centímetro de argentina a esos hijoeputas.” “Con quinientos efectivos y operativos claves podremos tener impacto suficiente contra los subversivos.” “No quiero impacto, quiero eliminarlos, que terminen sus ideas ahí con ellos.” “Eliminar por completo llevará muchos efectivos aparte de las instalaciones necesarias para efectos de interrogatorios e inteligencia.” “Pues haga sus números VILLAR, la ALIANZA ANTICOMUNISTA ARGENTINA tiene fondos suficientes para operar desde este momento.” “En la tarde los tiene señor ministro.”

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CAPITULO XXIV

Un agonizante Perón rodeado por 5 médicos y José López Rega e Isabel los dos muy descompuestos. Juan Domingo Perón muy anciano se incorpora difícilmente en la cama, el Doctor Taiana se acerca al enfermo. “Doctor, me voy de esta vida... Esto se acaba... Mi pueblo... Mi pueblo” Tras decir esto su rostro se tornó de color violáceo y cayó inerte sobre la cama. Ante este gesto los cuatro doctores más se acercaron a la cama para tratar de revivirlo. Uno le golpeó el pecho, otro le tomó el pulso, otro le dio respiración de boca a boca, Taiana le puso una intravenosa en el brazo. José López Rega se abrió paso entre los médicos hasta los pies de Perón, los tomó por los tobillos y zarandeó fuertemente el cuerpo a la vez que gritaba ”Quiero retener al General en esta tierra... Faraón, siempre le di mis energías. Volvamos como antes.” Isabel lo observaba expectante, como si quisiera que el alma del general se quedara en Lopecito. Más tarde Isabel emitió el siguiente mensaje:

“Con gran dolor debo transmitir al pueblo el

fallecimiento de un verdadero apóstol de la paz y la no violencia. Asumo constitucionalmente la primera magistratura del país, pidiendo a cada uno de los habitantes la entereza necesaria dentro del lógico dolor patrio, para que me ayuden a conducir los destinos del país hacia le meta feliz que Perón soñó para todos los argentinos. Que Dios me ilumine y me fortifique para cumplir con lo que Dios y Perón me otorgaron como misión.” Al salir del aire Lopecito se le acercó: “Necesitamos darle al pueblo en duelo lo que necesita. Necesitamos que tengan a Perón y a Eva para que lloren su dolor completo. Habrá que traerla ya.” “Eva, sí claro, hay que traerla, brillante. Que lloren a los dos.” ”Por lo pronto velaremos el cuerpo del general, ya que tengamos a Eva los exhibimos juntos. Y habrá que arreglarla. Cuando la vi en casa de hierro tenia un aspecto repugnante, así no la pueden ver.” ”Agh, ni me digas, bastante me repugna Eva sola sin que tenga que saber en qué estado está su momia.” “Nada de eso 49


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querida, justo con su momia tú vas a ser ella resucitada, la primera mujer presidenta, con la fuerza de Eva, dame un trozo de su momia, una uña, un cabello, y yo te daré todo su poder.” “Todo el poder de Eva, mío.” “Pondré a 15 efectivos de la TRIPLE AAA a que lo traigan y yo personalmente veré que lo restaure el mejor que haya en el país.”

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CAPITULO XXV Mi último día con Eva lo celebré con un gran ramo de margaritas y un neceser. Puse las flores en agua con la actitud de un amante nervioso. “Cualquiera diría que con tantos químicos en el cuerpo las flores se marchitarían pronto, están como nuevas, les gusta estar aquí con vos, como a mi”. El cuerpo ya ostentaba una cabellera rubia en trenzas. Con gran cariño comencé por ponerle polvo con una esponja, colorete con una brocha, un poco de brillo en los labios que le puse con los dedos. Eva se veía resucitada, le puse rímel en las pestañas. El rostro literalmente cobró vida. “Entre más linda te dejo, más pronto me dejas vos a mi, no nos volveremos a ver. Estarás demasiado ocupada con tantos y tantos visitantes que irán a verte y ya no tendrás más tiempo para mi. Estarás finalmente con el boludo de Perón como querías, no en la CGT pero bueno, con él. Nos tenemos que despedir, bueno, yo me tengo que despedir de vos.” Quité la sabana inferior. El cuerpo desnudo y restaurado era perfecto, una diosa desnuda, la piel rosada, perfecta, la contemplé mientras me acerqué al ramo de margaritas y regresé a mi silla junto a la camilla. “Sos divina.” Tomé una margarita y trocé la flor del tallo, la coloqué sobre su sexo, recosté mi cabeza sobre su hombro y con otra margarita le recorrí los labios. “Me chupa un huevo si tiene Lopecito cámaras, qué va a hacer, ¿mandarme a la triple a por tocarte con una flor? ¿Y qué si te beso? Me va a mandar a la triple a por robarte un beso. Por robarle un beso a Eva,” Acerqué tímidamente mis labios a los suyos, suspiré largamente y volví a reposar mi cabeza en su hombro. “Gracias por el regalo de despedida.” Le puse las manos sobre las suyas y cerré los ojos, me quedé pensando en los cuatro estuches negros que había puesto en mi neceser. “Y si Lopecito te corta las bolas no te quejes boludo.”

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