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Staff Idea y dirección: Marcela Predieri http://mpredieri.blogspot.com Vicedirección: Gustavo Olaiz Realización: “DELAPALABRA” Grupos de Estudio y Creación Literaria Secretaria de Producción: Alejandro Gómez Diagramación y armado: Gustavo Olaiz Página WEB: www.delapalabra.com.ar Colaboradores permanentes: Luis Benítez Gabriel Cabrejas (sección Cine) Alejandro Gómez (sección Teatro) Guillermo Blanda (ensayos) Lidia Castro Pablo Zama (ensayos) Corrección: Daniela Riccioni Diseño de Tapa: Gustavo Fogel Publicidad: Guillermina S. Magariños Colaboraciones a: delapalabra@hotmail.com Pellegrini 3637 - 7600 Mar del Plata La dirección no se hace responsable de los conceptos vertidos por los autores. Permitida su reproducción por cualquier medio (es más se agradece) siempre y cuando se respete el nombre del autor y se cite la fuente. Este pliego no es una edición comercial. Ha sido ideado para compartir con amigos y otros escritores nuestra obra. ISSN en trámite.

Nº 42 ÍNDICE

Septiembre 2008

Editorial ............................................. Relatos y cuentos ...................................... Aon / Galliano / Jorgi / Roly S. / Clementi / Sánchez Magariños / Iannella / Notas y ensayos Walt Whitman, el profeta de otra democracia Luis Benítez ......................................... El destino de Borges y su búsqueda Pablo Minitti .................................... Viaje iniciático en “El guardián entre el centeno” Rocío Muñoz Vergara .......................... Reportaje a Don Benigno Sergio Aznar .......................................... El Negro más “canaya” del mundo Pablo Zama .......................................... Humor .......................................................... Ortiz / Olaiz / Araujo / Clementi / Bonatto / Teatro ............................................................ Entrevista a Laura Federico por Alejandro Gómez Poesía .............................................................. Katz / Bianchi Pecaut / Riccioni / Arabia / Servidio / Sánchez Magariños / Valdez / Ardila González / Bruch / Celiz / Carril / Música ............................................................. Cine y TV ........................................................ Reseñas .......................................................... Talleres ............................................................

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Premio Faro de oro VIP 2002 Rubro: Revista Literaria Marplatense

Declarada de interés cultural por la Sub-Secretaría de Cultura del Partido de Gral Pueyrredón 

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Editorial Me cuesta comprar un libro… Mi biblioteca hace tiempo que no recibe títulos nuevos, salvo los prestados y no es porque no quiera comprarlos, sino porque últimamente he quedado asombrado ante el precio de muchos. Tal vez fueron los 150 días de discusión campo-gobierno o quizá se debió a otro tipo de avivada... infaltable en este bendito país. Mientras tanto nuestros gobernantes y ministros de cultura se rasgan las vestiduras mientras explican cómo debe ser manejada la educación. Siendo mal pensado creo que lo están haciendo tal cual ellos lo desean, muy mal. En los últimos años hemos asistido a un largo camino de promesas incumplidas, planes de estudios insólitos en donde aquello que alguna vez fue nuestro orgullo: la educación, ha pasado a ser una tierra de la cual nadie se quiere hacer cargo. Todo ha sido devastado; la escuela pública, las bibliotecas, los centros culturales en un plan estúpido de excluir de una manera simulada a una importante porción de la sociedad, casualmente la de aquellos que más necesitan información por sus pocas posibilidades de futuro. Lamentable, a cierta edad uno ya no busca la excelencia pero al menos espera el equilibrio. Son años escuchando historias parecidas mientras las verdaderas, las reales y más dolorosas permanecen ocultas a los ojos de aquellos que deberían hacer justicia, porque no se han atrevido ni se atreven a indagar porqué un niño no tiene acceso a una educación digna. Solo hay una manera de averiguarlo y es transitar los barrios periféricos que estos hombres caminan llenos de sonrisas y promesas sólo en tiempo de elección. Vidas oscuras que no quieren ver. Ya no hace falta cruzar hacia la periferia para darse cuenta que la mayoría de la gente está Revista La Avispa Nº42

carente de lo más elemental, faltan alimentos, medicamentos, ropa y muchas veces un techo en donde resguardarse. La desnutrición va en aumento al igual que la pobreza y a pesar que existen personas que aportan ayuda con comedores y apoyo escolar con lo cual hacen maravillas, no se les puede pedir que hagan milagros. Por eso es que a veces ante la posibilidad de comprar un libro me arrepiento porque me da vergüenza darme ese lujo cuando a millones de hermanos los siguen bombardeando con índices de precios oficiales, sin lograr explicarles por qué un litro de leche ha aumentado a casi el doble y un kilo de pan se ha convertido en un artículo de lujo. ¿Cómo les explico a esos chicos que leer es cultura? ¿Creen que no lo saben? ¡Sus necesidades son otras! Y cada vez la distancia entre clases se agranda de tal manera que comenzamos a perder contacto con una realidad que deambula invisible a nuestro lado pero tan concreta que nos llena de incertidumbre y temor. Es horrendo ver la autodestrucción de aquellos a quienes culpamos de todos nuestros males, pero ante la imposibilidad concreta de sobrevivir, el hombre se destruye de muchas maneras, bebe, se droga, roba, mientras se despeña en el abismo y pierde los valores ancestrales y comunitarios que acompañaron a sus padres durante décadas quizá no tan distantes. Hace años, no tantos, un pobre era una persona humilde y respetada, hoy en día lo han convertido prácticamente en un marginado sin proyectos y cuyos sueños vaya uno a saber en que parte de esta historia se le perdieron. Repito, me fascina leer, pero no puedo evitar ver lo que está pasando a mí alrededor, entonces ¿cómo quiere que compre un libro? 

Alejandro Gómez


Relatos y cuentos MENTIROSOS URBANOS EL SANADOR

Martín Aon

http://martinaon.blogspot.com http://morirunpocomenos.blogspot.com

Lo siento por los turistas que llegaron a la ciudad en busca de sus playas, pero agradezco a quien corresponda por la tormenta del martes 12 de enero. Al mediodía el cielo se alfombró de negro; pocos minutos después, llovió como para desalentar a Nerón. Nunca imaginé que el chofer del taxi al que subí apurado iba a regalarme la siguiente historia. Mientras trataba de escurrirme la cara con la remera oía que el taxista maldecía en algunas esquinas. Cuando dobló por la calle Moreno me percaté que insultaba solamente en las intersecciones con semáforos. Quise solidarizarme y comenté la falta de sincronización. El conductor movió la cabeza negando mi comentario. Sorprendido ante ese gesto, arremetí contra la superpoblación de pandillas de limpiavidrios. Obtuve otra seña de negación. Ataqué entonces a los automovilistas que prefieren estacionar en doble fila: tampoco; seguía moviendo la cabeza hacia ambos lados. Continué arriesgando: ciclistas, peatones, colectiveros, gobernantes, próceres. El taxista negaba con la convicción de Pedro hasta que –cansado de mi curiosidad– dijo: “no me banco a esos mentirosos” y señaló a un hombre que iba pidiendo de auto en auto, blandiendo un papel gastado con una mano, y con la otra tomándose el pecho. Un gallo me cantó en el cerebro al escuchar “Laburo doce horas con el culo en el asiento para hacer un mango y estos ladrones hacen fortuna en un rato mandándose el cuento del enfermito”. Y a partir de ahí, durante lo que duró mi viaje, su relato y la tormenta escuché a Juan, que tiene 49 años y un hijo, es taxista desde los 38 y vive en la zona del estadio mundialista. “Yo estoy de acuerdo con que si no tenés trabajo en lugar de robar salgas a pedir... qué se yo… es más digno… no sé… pero no es lo mismo ser pobre que ser un mentiroso de mierda.” Juan dice saber distinguir a un enfermo cierto de un impostor. Llevaba años estudiando a los bribones que atacan a los autos en los semáforos solicitando una compensación económica debido a alguna enfermedad, que certifican con una fotocopia que presume de diagnóstico médico o directamente con alguna extremidad vendada, cuando no, la mera cara de afligido. Descubrió la farsa por casualidad, asegura. Unos años atrás, habitualmente paraba con su taxi en la esquina de 11 de septiembre y la Av. Independencia. En esa intersección había un muchacho ciego, con lentes oscuros y bastón blanco. Cuando el semáforo detenía el tránsito, el joven pasaba lentamente entre los autos pidiendo dinero (lo recolectaba en una gorra) a voluntad del conductor ocasional. No le iba nada mal en la recaudación. Cualquiera de los taxistas de esa parada le cambiaba las monedas recaudadas a lo largo del día por billetes. “Juntaba más plata que yo y en menos horas”, afirma Juan, “y se iba antes de que termine la tarde, caminando despacio por Independencia hacia el mar.” Una tarde, Juan accedió a llevar a su hijo a un local de video juegos. “El pendejo me tenía las pelotas llenas con que quería ir a jugar a una máquina nueva que salió, ésa que es para bailar, viste”. Cuando entra al local con su hijo, Juan ve que quien estaba bailando en la máquina era el ciego de la parada de taxis, que seguía las indicaciones de las flechas pantalla. “Me agarré una calentura padre, no sabés... el mismo guacho que tomaba mate al tanteo con nosotros veía mejor que yo. Nos había cagado a todos juntos”. Lo que siguió fue una escena que no llegó Grupo delapalabra 


a la violencia porque el ex no vidente logró ver la puerta de salida antes que lo alcanzaran las patadas de Juan. A partir de ahí, el taxista se propuso descubrir a los falsos enfermos o, como él dice: “curarlos”. La mayoría de los intentos de “cura” –hay que decirlo– no fueron pacíficos. Con el falso afectado cardíaco terminó en la comisaría por escándalo en la vía pública; luego de un largo interrogatorio policial se logró la confesión de sanidad por parte del interrogado, que logró el festejo de toda la dependencia a quienes Juan ya les había explicado la situación. Con el falso sordomudo, en cambio, la cosa quedó sólo en insultos (en la puerta de la catedral); el sordomudo, al verse amenazado en un recoveco del hall de la iglesia por Juan, que le mostró la culata de un revólver en su cintura y lo arrinconó, sacó una preciosa voz de tenor para pedir auxilio. Como el revólver era de juguete, el altercado no pasó a mayores, aunque “hasta el obispo de asomó a ver de quién eran los gritos”. “Ojo que no todas fueron buenas”, aclara Juan. Un sábado a la mañana, mientras llevaba a una pasajera a la terminal, pasó por una esquina en donde había un grupo de muchachos tomando cerveza; uno de ellos tenía los dos brazos enyesados, rectos hacia delante e iba pasando de auto en auto cuando éstos se detenían por el semáforo. Cuando volvía de la terminal Juan decidió volver a pasar por esa esquina, pero esta vez optó por dejar el taxi una cuadra antes e ir caminando. A pocos metros de llegar al grupo notó que los jóvenes estaban jugando con dos tubos de yeso, que se sacaban y ponían en los brazos. Se quedó cerca, de pie, viendo como iban rotando de enyesado cada dos o tres cortes de semáforo (el enyesado saliente era el que cruzaba hasta el quiosco de enfrente y compraba una nueva cerveza con lo recaudado). Juan jura que estaba dispuesto a retirarse para continuar con su trabajo, pero dice haber visto al entablillado de turno golpear con el yeso el techo del auto de una mujer que se negó a contribuir. “¿Pero qué querés que haga? Me volví loco y salí corriendo a encararlo. Le pegué a ese y a dos más, hasta que sentí el botellazo en la cabeza y me desperté en el hospital. Mirá, –detiene el auto; llegamos a mi destino. Me muestra la cicatriz detrás de la oreja: 7 puntos me dieron.” Ya casi no llueve cuando le pago por el viaje. Juan parece no tener apuro y me relata para terminar que la mejor que hizo fue con el paralítico del puerto. Lo estudió una semana hasta que descubrió la farsa. El aparente impedido se hacía empujar la silla de ruedas de un lado a otro por turistas, arguyendo su miseria a causa de la parálisis. Lo hacía en el paseo del puerto, junto a la banquina de los pescadores, en los días y horarios en que los paseantes se sacaban fotos con las lanchas amarillas y los lobos de mar de fondo. Una tarde en la que el paseo estaba lleno de gente, Juan se fue acercando, confundido entre las personas hasta quedar como objeto de la solicitud del imposibilitado. Lo llevó casi de punta a punta del paseo, mientras escuchaba la historia de desgracias y padecimientos y era requerida una ayuda monetaria. Juan apresuró la marcha; trotó, corrió empujando la silla de ruedas y no lo detenían los gritos de los atónitos espectadores ni los insultos del rodante pasajero. Se le nota la alegría cuando dice que llegó corriendo hasta el borde de la banquina y lo arrojó con silla y todo al agua, cerca del borde que tiene los escalones que se sumergen “lo tiré ahí por si no sabía nadar; no lo iba a ahogar, no estoy tan loco” aclara. Y se ríe a carcajadas ahora, mientras me cuenta que el tipo salió del agua despacio, subiendo los escalones, con las manos levantadas hacia el cielo, y caminando entre la estupefacta mirada de toda la gente “el muy hijo de puta me señalaba gritando: me curó… este hombre es un sanador”. Revista La Avispa Nº42




LA CITA © Los golpes en la puerta fueron contundentes. Precisos. Potentes. Él se preguntó porqué no habría tocado el timbre. Comprendió entonces que ella sería muy especial. Tanto como él anhelaba. Tal vez algo chapada a la antigua. Pero nadie que golpea así una puerta puede ser desapasionada, pensó. Y esto lo excitó. Se apresuró a abrir. Antes de girar el picaporte, trató de alisarse el cabello con la mano. Sabía que ella vendría, pero el tiempo se escabulló más rápido que lo planeado. Remoloneó en la cama. Se demoró en la ducha. Y se inquietó ante la posibilidad que ella lo creyera un desconsiderado. Abrió la puerta y quedó perplejo. Ella lucía bellísima. Mucho más hermosa de lo esperado. Totalmente diferente a como él la imaginara. Quizás un poco más oscura. No de una oscuridad lúgubre. Una oscuridad intrigante. Pero no sería un obstáculo. Nunca la oscuridad lo ha sido. Tanta belleza para tan poco tiempo, quizás resultara excesivo, pero imposible de rechazar. Ello tampoco sería obstáculo. El vestido negro, bien ceñido al cuerpo, le sentaba de perlas, a pesar que las perlas más preciadas fueran las blancas y el vestido de brillante negrura. El detalle de los guantes de seda resultaba magnífico. Alta y delgada. Delicada y misteriosa. Se dio cuenta entonces que una gota de sudor le recorría la espalda. Una de aquellas gotas que brotan tibias, pero se desbarrancan heladas. En la penumbra bajo el dintel, ella lo miró fríamente, a la vez ansiosa. Él hizo el ademán gentil para que entrase. Ella agradeció con una leve mueca, un movimiento de cabeza, e ingresó lentamente, desplazándose sobre sus tacos aguja. Pie delante del otro pie en cada paso. Ondulante. Sugerente. Él necesitaba ser un caballero diligente, a pesar de estar despeinado. La invitó a sentarse, le ofreció una bebida. –Diet– escogió ella. Luego él le convidó un cigarrillo. Ella aceptó de buena gana. –Lástima que el tabaco mata –, comentó él, algo nervioso. –Ése es el secreto de su éxito –, respondió ella, mientras exhalaba una bocanada de humo que en espiral ascendente, se alejaba hasta estrellarse contra el cielorraso de yeso. –Te deseo ahora –exclamó ella sin cabildeos, sin dejar de mirarlo. Y su voz redobló seca y tajante en la sala, como convirtiendo un deseo en orden. –Me halagas... pero terminemos el trago... aún es temprano –respondió él. –Nunca es temprano –dijo ella con tono seguro.– Simplemente es o no es. Y no me gusta perder tiempo en lo que no es. –Vamos... dame la chance de unos minutos... luego me tendrás –suplicó él, en tono calmo. Ella se incorporó del sillón y caminó hacia él. Sus pasos no retumbaron en la sala. Se paró a su lado, y con una mano comenzó a acariciar sus cabellos, de por sí despeinados. Él suspiró profundamente. –Veo que eres persistente, nada te detiene ¿verdad? –murmuró mientras entrecerraba los ojos. Su respiración comenzaba a acelerarse. Su corazón pasaba del tranquilo paso al enérgico trote del centauro. –Es mi esencia. Nada ni nadie me detiene cuando lo deseo. Jamás –fue su lacónica respuesta. Y por un instante él pudo observar un dejo de nostalgia o remembranza en el duro rostro de ella. Pero sólo fue un instante. Y los instantes se esfuman en la nada. –¿Lo prefieres aquí... o en el cuarto? –consultó ella ya impaciente, aunque con voz muy pausada, tranquilizante. Seguía penetrándolo con la mirada. Ella manejaba el juego. Cada lapso. Cada 

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pausa. Ambos lo sabían. Él era pura adrenalina. –En el cuarto, por supuesto –respondió él– Es más práctico, me gusta lo clásico. –De acuerdo –disparó ella, mientras el brillo de su sonrisa tornaba pícara la penumbra por un instante. Pero los instantes... Lo tomó entonces de la mano y se dirigió hacia el cuarto. Ella llevaba la iniciativa decididamente, a pesar de ser la primera vez que visitaba la casa. Eso le agradaba a él. Dejarse ser llevado, aunque sea por una vez, resultaba plácido. Al llegar a la habitación, ella giró y se quitó los zapatos. Luego fue el turno de las largas medias de seda, descendiendo por sus estilizadas piernas. Y el enérgico trote del corazón de él se fue convirtiendo en imponente galope de semental en celo. Luego se acercó hasta que ambos cuerpos quedaran casi unidos, de pie. Y casi apoyando sus labios contra los de él, preguntó: –¿En el piso o en la cama? –Él sintió que la sangre hervía en las venas. Sintió como si estuviera desbarrancándose desde la cima más alta, hacia el abismo más profundo. Hacia una pendiente eterna. –Creo... que... en la cama estaría bien... –respondió él titubeante. Y esta vez no por metódico. Simplemente porque ya era hora. Y cuando es la hora, ya no debe abundarse en palabras. –Eres un clásico... claro, eres un hombre. Las mujeres suelen tener más imaginación –exclamó ella, mientras se quitaba los guantes de seda. Y el morbo del comentario hizo que él sintiera un hormigueo en el estómago. Su pecho era ya un corcel desbocado. –¿Algo más antes de hacerlo? –preguntó ella mientras él se acomodaba en la cama, algo tenso, un tanto nervioso. Muy nervioso. –Sí... dime tu nombre –respondió él. –No, ese deseo no es posible. Puedes llamarme como desees. Debo confesar que me excita ser llamada de tantas diferentes maneras. Pero no habrá posibilidad de negociación con esto. Usa tu imaginación –reflexionó ella. –De acuerdo... música entonces. Me encantaría escuchar de fondo una suave música –dijo él. –Dime el tema que prefieres y serás complacido –consultó ella, mientras el vestido negro dejaba de ceñir y caía, dejando al descubierto su total desnudez. Bestial desnudez. –El... el Ave María –respondió con un dejo de vergüenza. –Eres un pervertido... y eso me fascina –respondió ella, lujuriosa. Ya era tarde y cada minuto contaba, debía apresurarse. La música comenzó a poblar los silencios, muy tenuemente hasta perpetuarse plena, invadiendo de pentagramas y nostalgias el cuarto. Ella colocó su desnudez sobre la de él. Desnuda. Acarició su rostro. Besó sus párpados. Y él se entregó totalmente. Se dejó llevar. Libre ya de remordimientos y pecados se dejó llevar. Ya era hora. La hora. Hora de dejarse llevar. –¿Estás preparado? –preguntó ella haciendo alarde de tino y calma. –¡Claro, vamos pronto de una vez! –fue la respuesta, que por primera vez demostró seguridad. Los labios de ella se posaron sobre los de él. Fue sólo un instante. Un eterno instante. Como una succión apasionada. Ella humedeció su abismo en deseo. La noche fue testigo. Retraerse suavemente contra la soledad y embatir a fondo, contra el hastío. Entornar los ojos a lo que vendrá. Él se estremeció. Su cuerpo se convulsionó durante un breve lapso. Y fue entonces la hora. Luego del cimbronazo procedió la calma. Él se quedó quieto, muy quieto. En silencio y sin movimiento. Y comenzó a enfriarse lenta, continua, progresivamente. Ella se incorporó y se alejó de la cama. “Tarea cumplida” se dijo, mientras se dirigía hacia el Revista La Avispa Nº42




baño. Se lavó los dientes tan blancos como perlas. Con el cepillo de él. Y se lavó las manos. Con el jabón de él. Luego de peinarse, se vistió y volvió a calzarse y colocarse los guantes. De seda. Plena. Ya era la hora de visitar otro cuerpo. Otra forma. Otra rutina. Antes de cerrar la puerta del cuarto, se dio media vuelta un instante para dedicarle una última mirada al cuerpo que fuera de él. Yacía tendido sobre la cama. En su rostro parecía reflejarse una mueca, mezcla de sorpresa y tranquilidad. Sólo un cuerpo más, cuerpo ya sin alma. Inmóvil y pálido. Tan pálido. Ella cerró la puerta y se encaminó hacia el ascensor. Ya en descenso consultó en la diminuta agenda su próximo destino. No había tiempo que perder. –No es tarea fácil la de ser Muerte –se dijo, resoplando levemente, a sí misma.– Nunca hay descansos. Se sintió apesadumbrada, pero así era ella. Perseverante, eficiente y solitaria.

Gustavo Galliano

Rodrigo Martin Campo

Cuentos que es mejor no leer antes de ir a dormir

ggalliano2004@yahoo.com.ar

Rodrigo Martin Campo es un ilustrador y un diseñador gráfico de la ciudad de Mar del Plata. Posee una versatil cantidad de técnicas que implementa para dar vida a sus obras, que son muy abiertas tanto en tematica como en estilos. A realizado trabajos para diarios, fanzines y portadas de libros. Pueden ver su material en: http://lagauchada.blogspot.com/ y pueden consultar una duda o un presupuesto a rodrigomartincampo@gmail.com



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MI NIÑA BORICUA

Para Inocencia Padilla

Vive en Puerto Rico, es docente y escritora y me ha contado que tiene alumnos argentinos en la Universidad. Ante la instancia de un Lanús a la cabeza del Torneo Argentino de Fútbol, le he preguntado si conoce la afición futbolera de los mismos, más precisamente, si hay alguno que sea hincha del Granate. Te averiguo de a poquito… Y de a poquito me fue diciendo que pudo saber, empleando mucho tacto, que José María Salazar, uno de sus alumnos, anda con la radio prendida de onda corta y lleva un escudo estampado en su carpeta… que es el del Club Atlético Lanús. ¡Aleluya!, me digo y le digo a mi niña boricua, porque así la llamo cariñosamente, ya que tenemos una especie de flirt virtual por Messenger. Ella me ha ayudado cuando estuve en Puerto Rico dando unas conferencias sobre Literatura Argentina e Hispanoamericana, me ha presentado en la Academia Santa Teresita, en el barrio de Santurce. Fue el 18 de marzo de 1991 y desde aquel momento llevamos una amistad, en la que intercambiamos pareceres sobre la literatura en general. Hace unos días me ha enviado el libro Los Mandarines de Simone de Beauvoir, cuentos y poemas suyos y por supuesto, noticias de La Isla del Encanto. Mi niña boricua vive en Puerto Rico y me envía besos de guineo y de crema y yo la retribuyo con besos de chocolate y canela. Para ella soy el guapo argentino y así, entre niña y guapo me cuenta que José María Salazar, entre los varios argentinos que conoce, es un alumno que se ha confesado hincha de Lanús. Y sí, niña mía y única, ojalá que llueva café, ese olor a café de la cancha, el viejo Sorocabana Café y que el próximo encuentro no virtual sea en La Ponderosa del viejo San Juan o en donde se dé la cita ansiada para vernos con un café en el medio de la mesa, hablando de Mallea o de Fuentes o de bueyes perdidos. Oye, mi muchacho, guapo argentino, te estaré esperando, sabes… Si, vaya si lo sabré, niña mía boricua, te cuento que acá –díselo a este Joven José María Salazar, tu alumno,– que Lanús es todo granate, que las calles están invadidas de manifestaciones y caravanas festejando por anticipado y que la Avenida 9 de Julio es todo algarabía por la inminencia de Lanús Campeón. ¿Sabes una cosa, niña? Estoy tratando de escribir un manifiesto contra la distancia y contra la virtualidad, una especie de poema carnal para que lo leamos los dos juntos y me digas qué te parece, mientras… mi querida niña boricua… imagino que amanezco entre tus brazos y que pasaremos muchas horas… Las calles son de adoquines el castillo del Morro… y el castillo de San Cristóbal cuando la tarde languidece renacen las sombras y en los cafetales vuelven a sentir… una pena de amor una tristeza… contra tu lamento borincano iremos moliendo la angustia en besos… sí… yoca y tostón… niña mía boricua todita mía. No sabía muchacho que podía volver a amar, ah… me dices… estoy aún en el jardín de Villamil 54 esperándote mientras el jibarito va, estoy en el carro contigo tú manejas te miro y frenas para que comience a volar después de aquel primer beso sin palabras, totalmente impremeditado, robado al azar… Qué habré estado diciendo aquella tarde, embelesado luego de aquel primer beso, que nos dejó sin palabras y sin respiración casi, qué te habré estado contando, de qué habremos estado hablando al regreso. De los vaivenes de la literatura latinoamericana, de Eduardo Mallea y de su obra, olvidada, enterrada casi, eclipsada por otros autores que iban surgiendo y por la Inteligentzia Revista La Avispa Nº42




que distorsionaba adrede la performance de grandes narradores como Mallea. Y las palabras estaban de más en cuanto a lo que acontecería aquella tarde de cinta romántica para nosotros… nosotros que empezábamos a querernos tanto y la noche caía muy tropical sobre Miramar y ahí estabas tú y nadie más que tú solamente tú, mi niña boricua. ¿Fuimos a Isla Verde primero y después a Peggy Sue? Ha pasado tanta arena que la vida se llevó que la siempreviva de tú corazón se desvanece por momentos y de pronto reaparece con furia loca adolescente otro beso esta vez premeditado y ansiado a la salida de un bar solitario en medio del camino… sí, tú me acostumbraste a tantas otras cosas… Yo tampoco sabía… volver a amar… ahora aquí en mi Buenos Aires querido tomando el café que me enviaste… que hoy tiene gusto a barrio de Lanús Campeón, sí, debes decirle a José María que Lanús ganó el campeonato… otra vez la música y Tito Rodríguez cantándome Inolvidable… y Reneé Barrios allá en la boite de Isla Verde dedicándome un bolero… ensayando mi bolero Sabías o mi balada Calla, sí, mi niña boricua… calla, no me cuentes, saber no quiero, nosotros comenzamos hoy a fojas cero, siempre estaremos comenzando… mi niña boricua… Y qué otra cosa te diré… tú me acostumbraste a ver la vida como quiere Manzanero, del otro lado de la luna, tú y tú y tú en todo este tiempo compactado entre tu viejo San Juan y mi Buenos Aires querido, yo de pronto el gaucho argentino transitando tu llanura pidiéndote bésame mucho para galopar en tu Yunque inquieto y único después de descansar en El Morro porque puedo ser el Martin Fierro conquistando la tierra borinquen… después de todo no lo lamentaré como el jibarito que va moliendo café hasta entrar en el desfiladero y ahí ya sin aliento… huinca… ahí voy por ti otra vez porque nadie más que tú me deparará inolvidables momentos… Te estaré esperando en Villamil 54, en esa casa enrejada con un jardín grande, donde estaba yo sentado con una vieja máquina de escribir para terminar una nota que salió en El nuevo día… ya no importa el tiempo verbal… te estaré viendo llegar de un momento a otro en el carro… es que no veo el momento de volver con la líbido elevada y pasear contigo por Santurce en una íntima vereda tropical para que me aumentes con tus besos brujos la poquita fe y enseguida tacatá tacatá monta mi caballito… No sabías que volverías a amar, me dices. ¿Sabes que te envío mis besos en este tiempo? De granada… de grana, porque ya Lanús ha salido campeón del torneo de fútbol, dile a ese alumno José María que tienes allá en La Isla del Encanto, díselo, aunque ya lo debe saber, ya que estará comunicado con argentinos hinchas de Lanús. Mientras imagino que iré bajando entre esos dos montoncitos tuyos hasta el cratercito primero y luego al desfiladero para gritar como el llanero solitario ooooohoooohooooo silver. ¿Me habrás tendido una emboscada? Allá voy lo mismo, mi niña, después de bajar esas dos montañitas mágicas que ostentas en tu paisaje tropical para caer en la trampa del desfiladero, aunque saldré ileso para regresar hacia tu norte en la tierra del Edén de labios rojos… No sabías… quién puede saber que regresará al amor, al menos, a los encantos de tu isla tropical, desde Cabo Rojo a Caguas o desde Ponce a San Juan y beso a beso cómo imaginar el próximo instante en que nuestras energías irán a la mar de nuestras ansias como torrentes blancos y cascada cristalina después porque tú y yo estaremos sentados en alguna roca contemplando el Caribe… acompañados por la voz de Nat Cole y su melodía salvaje deslizada sobre la arena blanca con el viento arrullando un nuevo beso de premeditada alevosía esta vez, alimentando esta alucinante ansiedad de tenerte en mis brazos...

Sebastián Jorgi - sebastianjorgi@hotmail.com



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ESCONDIDO ENTRE ESAS HOJAS

“Me estuve quieto, fumándome un rubio sin apuro, mirándolo ir y venir sabiendo que perdía su tiempo, que volvería agobiado y sediento sin haber encontrado las puertas del cielo entre ese humo y esa gente” (Julio Cortázar)

Se volvió a encontrar caminando por esa extraña ciudad que alguna vez visitó. Ignoraba las razones, pero una y otra vez volvía. Aunque ningún viaje era igual a los anteriores, algo le hacía sentir que era el mismo de siempre. En sus permanentes vueltas por el mundo entero, le era común repetir el mismo ritual. Desperezarse en el avión, asomarse a la ventanilla para apreciar la anatomía de aquellas nubes. A veces, se ponía a conversar de lo que fuera (cuanto más banal mejor) con el pasajero de al lado; mirar a los ojos e intercambiar alguna gracia (en francés, sí) con la azafata de turno; y entregarse a la música que traía consigo, o a la novela o ensayo en que ya se había comenzado a sumergir unos cuantos días antes. Aterrizar, aflojar el cinto de seguridad, levantarse, saludar y caminar hacia el portal. Bajarse, retirar su equipaje, jugar a encontrar en el aeropuerto a algún desconocido parecido a algún conocido de su país (y ante la mirada de asombro del fulano, saludarlo con el apodo que no era... todo para reír a solas). Tomar el taxi hasta el hotel que lo esperaba. Registrarse en la recepción, llegar a su habitación, darle la propina al cadete. Una ducha, la llamada telefónica para tranquilizar a todos. Y la caminata anónima por la ciudad. Un café, la lectura del periódico local (hay que ver qué pasa en el mundo…), el infaltable partido de fútbol televisivo. Un encuentro de ocasión, a veces con uno o dos amigos, a veces con una dama. Y el paseo por los lugares “imposibles de olvidar visitar”... en esa ciudad. Antes de la conferencia, de la clase magistral, del congreso, de la entrevista para la radio, y de la vuelta al avión. Más o menos –siempre– el mismo circuito. Esta vez se sentía perdido en una ciudad sin embargo conocida. Iba y venía por todas las demás, pero algo –que no llegaba a comprender– lo atraía, lo llamaba, lo llevaba, hacia esa ciudad marítima, con un mirador entre dos esfinges grises, desde el cual es posible estar parado, frente a frente, hacia ese gran océano del sur. Decenas de rascacielos a sus espaldas, y mucha, muchísima gente que quiere ser feliz, en los meses de verano. Era pleno invierno. Y una vez más volvió a “su” lugar. El lugar que hacía ya muchos años se había ganado: las bibliotecas. El lugar donde había derrotado a la muerte. Fuera donde fuera, siempre lo estaban llamando, le escribían, o hablaban de él. Especialmente donde se hablara castellano. Fue aprendiendo a internarse, de a poco, en la profundidad de los miles y miles de ojos que lo seguían buscando. Se llevaron al cine algunas de sus aventuras, y no sólo fueron actores los que alguna vez fueron “él”. Lo invocaron, lo impulsaron a seguir viviendo, a seguir viajando, a seguir caminando. Aún más allá de aquel orwelliano mes de febrero.   Hasta que un día nos cruzamos. Iba caminando por esa playa, a la que siempre regresaba cuando me hacía falta. Vaya a saber desde cuando se encontraba oculto entre esas hojas esperándome, sin yo saberlo (ni él tampoco). En aquella biblioteca de mi madrina primero… para luego hacerme, azarosamente, compañía en mi destierro. Alguna vez me preguntaron si lo conocía, pero no tenía yo tamaño gusto… apenas me sonaba su nombre. Un jazz acuático (que nunca supe de Revista La Avispa Nº42

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dónde vino) prestaba su fondo a la complicidad acerca de los juegos de palabras y el análisis de los misterios que estos mismos escondían. Fumaba un cigarro (como en aquella foto) y reía solo. Me dijo que esta vez vino por la autopista, huyendo del perseguidor. Conversamos largas horas, quizá años enteros. En irrealidad, desde siempre… pero en realidad, desde ese día, no dejamos nunca más de dialogar. Y me sumé al círculo de quienes lo llamaban, y lo hacían seguir viajando por los aires… cada vez que volvíamos a leerlo.

Roly Salvatierra

Rodrigo Martin Campo

rolysalvo@hotmail.com

Tributo a un Ent

Reivindicación del Error Hay dos requisitos indispensables para bancarse a la Civilización sin enloquecer. Uno es cierto grado de paranoia, o desconfianza elemental, para que no nos estafen cada dos cuadras. El otro es no tener plena conciencia de todo lo que nos ocurre; ser exhaustivo, en algún punto, nos compromete hasta la depresión. De allí la selecta indiferencia. Entonces dos presuntos defectos corrigen la trayectoria, la sanidad depende de un cierto giro hacia el error. Supervivir, estar alerta aquí y ahora; la conciencia del instante, lejos del reflujo que segrega la ansiedad. Casi una gota del primitivismo añorado, la versión del hommo sacro que ritualiza al entorno. Pero siempre la Evolución exige actualizar sus modos y sus trampas. Entonces traducir, analogizar; la calle no tiene dinosaurios pero tiene otras muertes, otros monstruos que demonizan la conciencia. Sospechan que existe vida en la Tierra –entre otras cuestiones aleatorias– a causa de un asteroide que chocó con Pachamama y desvió su eje de rotación, posibilitando así condiciones favorables para el desarrollo biológico. Habría que reconsiderar al error, al accidente, como algo imprescindible. En opinión del materialismo dialéctico, el momento negativo es el motor de la historia; el Yang, la sombra desde donde nace el opuesto. La madre asesina, el feto que se pudre en la tierra, los gusanos bebiendo los labios de tu amada, son pedazos de esa naturaleza violenta que nos consume, nos escupe y recicla en lo que somos ahora. Y aquello que deseamos es lo que somos. Por eso, cuidado con los deseos. Puede que se cumplan y sean obra de un genio maldito, de un hada lesbiana o simplemente de tu capricho. Algo nos succiona desde el inframundo y otro algo nos eleva. Encontrar la correcta suspensión es el único mandato. Víctor Marcelo Clementi www.lacocuzza.blogspot.com Grupo delapalabra 11


BÚSQUEDA FILOSÓFICA                                                                          

“Hay más cosas entre el cielo y la tierra                                                                                                     Horacio, que las que sueña tu filosofía”                                                                                                     HAMLET – SHAKESPEARE

La gente no sabe por qué a tus 55 años aparentás tener más edad, por qué tus ojos claros se enmarcan detrás de profundas ojeras o por qué jamás una sonrisa aflora en tus labios. Ellos sólo saben que Franco Donatti se fue un día buscando nuevos horizontes, fuera de ese pueblo que también tiene un poco de la amargura de tu rostro. Vos, viuda temprana, casi no salís de esa casa antes llena de luz con macetones floridos. Ya no levantás las persianas, la tierra del jardín se resquebraja bajo el sol y hasta el ciruelo de la vereda ha dejado de dar frutos. Esperás, escuchando la radio o mateando en la cocina, alguna carta con noticias de tu hijo. Todavía escuchás cuando te prometió, hace cinco años, escribirte y mandarte dinero para engrosar la magra pensión que te dejara la muerte repentina del Juan. Todas las noches cumplís el mismo rito: releés la escritura de cada uno de los sobres. “Sra. María Luisa Ferrantino - Posadas 1592 - Ranchos - Pcia de Buenos Aires - Argentina”. Y al dorso “Franco - Piedras 75 - Barrio Las Condes - Santiago de Chile - Chile”. Son apenas tres, correspondientes a los tres primeros cumpleaños tuyos que pasaste en soledad. Adentro, volantes de propaganda de un tal Círculo Hermético Chileno: “¿Quieres crecer como ser humano? ¿Te gustaría vivir en un mundo sin caos? Aprende las leyes de la naturaleza eternas por las cuales se rige la vida. Te ofrecemos un sistema técnico de desarrollo personal que te permitirá actuar con éxito dentro de tu propia realidad. Este aprendizaje se basa en la Filosofía Operativa, una herramienta para alcanzar la paz y la felicidad. Acercate. ¡Y experimentá el Hermetismo!”   Para vos estos papeles no significan nada, son palabras sin sentido. Lo importante son las hojas, arrancadas de cuadernos y con varios dobleces, donde el Franco te informa que encontró su lugar en el mundo, que el trabajo es duro pero a cambio le dan techo y comida y que muy pronto te hará llegar un giro. Nunca te llegó y las cartas tampoco llegaron más. Como es habitual, volvés a guardarlas en el cajón de la mesita de luz y caminás hasta la cocina a matear otro poco. La radio da la señal de las 21 hs. y, mientras masticás distraída una galletita, escuchás el noticiero. Ciertas palabras te suenan familiares, subís el volumen y prestás atención. Sí, están hablando de ese círculo chileno. Parece que hubo una denuncia anónima y la policía allanó el lugar. Te enterás, entre sorbo y sorbo, de que se trata de una comunidad, “secta” repite el locutor, donde sus miembros están privados de libertad y obligados a cometer actos depravados y consumir droga. Bajo sus efectos realizan ceremonias de iniciación de carácter sexual, al mando de una persona que, según pudo constatarse, padece un delirio mesiánico. Tardás unos minutos en procesar la información y al fin se te cae el mate de las manos y la saliva, en tu boca, toma un camino equivocado. Escupís, tosés, levantás los brazos, seguís tosiendo hasta que se te saltan las lágrimas. Arrugás el repasador sobre tu cara porque el llanto desconsolado te sube desde Revista La Avispa Nº42 12


las entrañas. ¡El Franco, tu Franco, está ahí! Lo imaginás flaco, demacrado, trabajando la tierra de sol a sol, las manos llagadas, embrutecido el cerebro por las drogas para que ¡el Franco, tu Franco! sea capaz de realizar actos infames, indignos, perversos sin poder escapar a esa promesa mentirosa de paz y felicidad. Te nace la urgencia de correr a buscarlo, la desesperación de rescatarlo, de abrazarlo y traértelo de vuelta a casa. A tus sopas, tus mates y tus pucheros de gallina. Te sonás la nariz con el repasador, te restregás los ojos y secás apurada los rastros de yerba del piso embaldosado. No hay tiempo que perder. Te subís a la banqueta y bajás del modular la urna con las cenizas del Juan. Abrís la tapa y de un solo manotazo agarrás los billetes que con tanto sacrificio venís ahorrando. ¿Te alcanzarán para llegar a Chile? No lo sabés, pero sos capaz de irte a pie si fuese necesario. La Plata - Mendoza y allí trasbordo a Santiago. Treinta y seis horas de viaje. Por la ventanilla del micro ves pasar los campos de la pampa húmeda, la vegetación agreste de Santa Fe, las serranías de San Luis, y, por último, los extensos viñedos de Mendoza. Pero no ves lo que ves. Por tus ojos pasan las imágenes del Franco dando sus primeros pasos, las caídas en bicicleta, los cuadernos escolares borroneados, las zapatillas negras de jugar a la pelota en el potrero y sus varias novias, ésas que no supieron aferrarlo y satisfacer sus sueños de una familia menos humilde que la mayoría del pueblo. Sus pantalones manchados de cal y pintura, gastados de tanto ladrillo apilado, tantos baldes de arena. El Franco no queriéndose levantar, mateando todo el día en la cama, hablando de irse a buscar la vida a otra parte.   Sólo la cadena montañosa te distrae de tus ensoñaciones. La presencia insoslayable del Aconcagua te deja la mente en blanco. Y por un instante, brevísimo, deseás quedarte mirándolo eternamente. Apartás la vista, avergonzada de haber olvidado por un momento tu amor de madre que derretiría toda esa nieve perenne. Santiago de Chile aparece detrás de la bruma de la madrugada, entre los primeros rayos de sol que se te adhieren a las pupilas. Rezongan tus huesos ante el cansancio pero sacás fuerzas y te encontrás, de golpe, de pie frente a una multitud de gente que pulula por las calles. La tozudez guía tus pasos hasta una oficina de informes turísticos. Revolvés el bolso y sacás esos papeles de colores con la propaganda del Círculo Hermético y bla, bla, bla. Te indican un colectivo para llegar al Barrio Las Condes, después de un montón de preguntas de que para qué querés ir a ese centro si la policía lo ha clausurado. ¡Qué les importa a ellos de tu Franco! ¡Qué saben del dolor de ese silencio de dos años, de esa necesidad de tenerlo de nuevo entre los brazos! El traqueteo del ómnibus te sacude en el asiento. Vueltas y más vueltas por calles donde resuenan bocinazos, frenadas en las esquinas y voces que hablan con esa tonada a radio mal sintonizada. –¿Quién va a Las Condes? –grita el chofer y te levantás como un resorte para bajar a los tropezones. El barrio parece la portada de una de esas revistas caras que promocionan casas de gente famosa, y que vos hojeás en la peluquería de la Norma. ¿Y ahora? ¿Para dónde ir? La cuadra está vacía. Los chalets son suntuosos con jardines bien prolijos, rejas altísimas y farolas en los portones amplios. Caminás sin rumbo, el sol del mediodía dora las tejas de esos castillos mudos. En la tercera cuadra, el sonido del agua de un regador 13

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rompe el silencio. Te parás timidamente frente al hombre que riega los canteros de pensamientos amarillos y rojos. Preguntás por la calle Piedras Nº 75. Notás la desconfianza con que te mira, pareciera que no entiende tu idioma. Decidís alabar las flores y al menos, una mueca conseguís arrancarle de su rostro de piedra. El hombre estira el brazo y señala la vereda opuesta. Ni te molestás en darle las gracias, sabés que no te escucharía. Cruzás la calle con el corazón en la boca. El caserón apenas se ve entre el muro de ladrillos huecos. Una placa de bronce reluce con las letras “CÍRCULO HERMÉTICO CHILENO - REFUGIO FILOSÓFICO”. Espiás a través de los agujeros de la pared. Descubrís un paraíso verde, con caminos de pedregullo que se pierden entre pinares y alamedas. Hay bancos de madera e hierro forjado ideales para tomarte los mates de la siesta. Y también, una gran fuente blanca con la figura de una mujer hermosa pero sin brazos emergiendo de las aguas. Es el edén. ¿Cómo es posible que tanta belleza sea escenario de las atroces calamidades que mantienen cautivo al Franco? Tus latidos acelerados son mazazos en el pecho. Pulsás el botón del portero eléctrico con dedos temblorosos. Dos, tres veces tal es tu ansiedad. –¿Quién llama? –te responde una voz dulce y pausada. Jadeás, no podés articular palabra, el corazón en la garganta. –¿Quién llama? –preguntan nuevamente con la misma dulzura. –¿Podría hablar con Franco Donatti? –susurrás apenas. Silencio. –Soy su madre, vengo de Argentina –hacés un esfuerzo por elevar la voz. –Lo lamentamos, señora. No podemos dejar entrar a nadie hasta que nuestro líder, el gran maestro Franco, el amado guía espiritual, sea liberado por los jueces. Tus oídos no dan crédito a lo que acabás de escuchar. Se te aflojan las piernas, tus ojos claros se hunden hasta el fondo de las ojeras y te sentís realmente veinte años más vieja. Las sombras de la tarde santiaguina se posan como cuervos sobre tu espalda encorvada. Ya no te importa en qué punto del planeta estás parada. Todos saben que el viaje ha terminado.  

Rodrigo Martin Campo

María Guillermina Sánchez Magariños                          

guiller48mina@yahoo.com.ar

Centaura

(Mar del Plata)

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CITA TEXTUAL Genéticamente heredé de mi abuelo paterno su sonrisa, sus cejas arqueadas y el tono de su piel. En el plano material sólo conservé de él una pieza de metal que perteneció, según dijo al entregármela, al gramófono de Leopoldo Marechal. Desconozco si conoció al escritor y tampoco supe nunca cómo llegó a sus manos el aparato musical del que me dejó sólo una parte. El objeto metálico, redondo y simple, era conocido con el nombre de pick up. En él se colocaba, ajustada por un pequeño tornillo, la púa que recorría los surcos de los discos y que, según me refirió un tío, cuando no se conseguía era reemplazada con éxito por una espina. El hecho es que mantuve durante años en un cajón, envuelta en el mismo papel en que me fue dada, la fría pieza de metal. Me había olvidado totalmente de su existencia hasta que mi hijo Sebastián, buscando no recuerdo qué cosa, la encontró. Me preguntó qué era y le conté la historia. Le pareció increíble asociar un elemento cotidiano con un escritor famoso del que se hablaba tanto en virtud de que se cumplían cien años de su nacimiento, motivo por el cual se le rindieron varios homenajes durante el transcurso del año dos mil. Mi hijo me pidió un libro de Marechal y le entregué “Adán Buenos Ayres” que tenía en mi biblioteca para que lo hojeara. También le entregué el objeto heredado diciéndole que podría servirle como amuleto para sus estudios. Sebastián desayunaba leyendo y se acostaba a la noche con el libro en sus manos, cautivado por la obra. Empezó a llamar portapúa al pick up que mantenía en sus manos mientras leía, como estableciendo una comunicación con el escritor. Me causaba sorpresa que una historia del Buenos Aires de ayer lograra la atención de un joven acostumbrado a los juegos de computadora y a Internet y que, pese a la rebeldía de sus trece años, disfrutara de un clásico de nuestra literatura. A los pocos días, al entrar a su habitación observé el libro sin abrir sobre la mesa de luz y se lo hice notar. –Ya no leés más, por lo que veo –comenté poniendo la mano sobre el libro. –No viejo –dijo sin mirarme– ya terminé de leerlo. –¿Ya lo terminaste? –Si. Ah, hablando del tema, tenés que firmar una nota en el cuaderno de comunicaciones –agregó mientras continuaba recostado panza arriba en su cama. Sin demasiada expectativa comencé a leer: “solicitamos su presencia para informarlo sobre expresiones de su hijo en el aula”. Le pregunté a Sebastián qué había pasado y me contestó simplemente que en la clase de lengua él había citado a Marechal y la maestra se sorprendió mucho. Durante la cena comenté el tema con mi señora y coincidimos en suponer que nos felicitarían por la actitud de nuestro joven lector. A la mañana siguiente, mientras desayunaba antes de ir al colegio por la citación, no pude evitar imaginarme a la maestra acompañada por la directora, alabando ambas al alumno que en séptimo grado había aludido a un gran escritor contemporáneo. Supuse también que me aconsejarían que incentivara las condiciones literarias de Sebastián y, debo confesarlo, tuve en ese momento la certeza que elegirían a mi hijo para escribir las palabras para el acto de fin de curso y que él mismo las leería luego de dejar, momentáneamente, la bandera de ceremonias Grupo delapalabra 15


en manos del primer escolta. Busqué Adán Buenos Ayres para hojearlo unos instantes pero no lo pude ubicar y partí hacia la escuela. Cuando llegué la maestra estaba muy seria y me recibió en el patio y de pie. Su cara no se condecía con lo que yo esperaba oír. Me dio la mano y me preguntó sin más: –¿Le contó su hijo por qué lo cité? –Temo que no me lo aclaró del todo –contesté titubeando y a la defensiva. –¿Qué es lo que no le aclaró? –me dijo ásperamente. –Bueno, en realidad él me comentó que había citado a Marechal, el escritor –susurré. –¿A Marechal? –preguntó la mujer casi gritando mientras fruncía el ceño sorprendida y sin entender. –Eso es lo que Sebastián me dijo, le aseguro. La maestra giró dirigiéndose al aula con paso nervioso moviendo los brazos como en desfile militar. Volvió enseguida acompañada por mi hijo que arrastraba sus zapatillas desabrochadas, traía una bolsa en la mano y se mordía los labios como escondiendo una sonrisa. Yo conocía muy bien esa expresión que logró rápidamente que la imagen de abanderado comenzara a desdibujarse. La maestra metió ambas manos en los bolsillos de su guardapolvo mientras golpeteaba en el piso la punta de su zapato derecho, algo adelantado con respecto al izquierdo. Al instante, luego de alzar el mentón en forma exagerada, dijo con voz de docente: –A ver si aclaramos esto, Sebastián. Ayer en clase pedí que dijeras una frase para analizar sintácticamente ¿no es así? –y mientras hablaba se fue acercando hasta quedar a quince centímetros de la cara del sospechoso. –Si, señorita –contestó mirándola a los ojos con sobreactuada cara de ingenuo. –¿Y qué pasó? –preguntó ansiosa la mujer remarcando cada sílaba. –Yo dije una frase –contestó mi hijo. –¡Si! pero ¿qué frase fue? –insistió ella con un grito. Sebastián nos miró a los ojos a ambos, dijo por lo bajo: “eh… tanto nervio”, tomó la bolsa y con adolescente parsimonia la abrió. Sacó el portapúa del gramófono de Marechal y se lo puso en el bolsillo derecho del guardapolvo después de mostrármelo sonriendo, como haciéndome partícipe de la situación, luego sacó el ejemplar de Adán Buenos Ayres que yo no había encontrado en casa y expresó: “Voy a leer la frase que dije en clase, que es la última de este libro. La cito textualmente: Solemne, como pedo de inglés”.

Horacio Jorge Iannella

Este cuento obtuvo el primer premio en el primer certamen de narrativa breve del Centro Cultural Julio Cortazar año 2003

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Notas y ensayos Walt Whitman: el profeta de otra democracia

Por LUIS BENITEZ

Todos tenemos impresas imágenes de poetas en nuestros cerebros. Son las que quedaron definitivamente instaladas como las representaciones más cabales de ellos, aquéllas con las que los identificamos inmediatamente, las que aparecen al instante en nuestras mentes cuando leemos sus nombres o alguien los menciona. Así, Charles Baudelaire será siempre un hombre serio que mira de frente, eternamente abrigado por un raído gabán, el rictus permanente de un desdén francés; Edgar Allan Poe, un hombrecito de frente anchísima, bajo la que se abren dos ojos negros y enormes, el bigote fino cubriendo como una sombra los labios delgados y apretados. Walt Whitman se parecerá, en cambio, a una especie de Santa Claus vestido de cowboy o de leñador, iluminado el rostro por una compasiva sonrisa, el cabello largo y blanco acariciándole los hombros, la barba espesa cubriéndole el pecho, en una toma fotográfica realizada en sus años postreros, cuando ya estaba paralítico. Ningún otro poeta norteamericano influyó más en las generaciones posteriores, de su país y del extranjero, y casi ningún otro fue tan negado y hasta vituperado en vida como Whitman. Veamos por qué.

Aquel que modificaría para siempre la manera de escribir poesía en los Estados Unidos y luego en el resto del mundo, nació el 31 de mayo de 1819 en Huntington, cerca de Nueva York. Su padre fue un modesto carpintero, que apenas podía abastecer las necesidades de sus diez hijos. El medio en el que nació y vivió Walt durante su primera infancia fue francamente rural: la todavía bastante salvaje Long Island de comienzos del siglo XIX, cubierta de bosques y atravesada por malos caminos, ofrecía sin embargo muy poco trabajo para los requerimientos de una familia numerosa. Cuando el trabajo escaseó aun más, el animoso carpintero y los suyos se trasladaron a la ciudad, buscando nuevos horizontes en Brooklyn. De Brooklyn –unas décadas después de la llegada de los Whitmans– saldría también otro norteamericano destinado a ser muy famoso, aunque por razones bien distintas: el mundo lo conocería como Billy The Kid. En 1823, ese suburbio de Manhattan estaba habitado por inmigrantes alemanes, suecos,

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y sobre todo irlandeses, que venían a buscar en América lo que Europa no podía darles. También formaban parte de la población inmigrantes del interior del país, a los que América tampoco les había dado nada. Eran tiempos duros para todos: a los 10 años de edad Walt, como sus hermanos mayores ya lo habían hecho, tuvo que dejar la muy elemental escuela pública para conseguir un trabajo. Lo obtuvo como aprendiz de imprentero, pero ni sus doce horas de trabajo diario de lunes a sábado ni el esfuerzo del resto de la familia alcanzaban para evitar que las deudas acosaran a los Whitmans. La imprenta fue el primero de los tantos trabajos que tendría el joven Walt; sucesivamente fue un empleadito de oficina, como el inmortal Bartleby de su compatriota Herman Melville; repartidor de periódicos, aprendiz de tipógrafo en una nueva imprenta; leñador, pescador y granjero, otra vez en Long Island, adonde la familia tuvo que volver tras su poca fortuna en Brooklyn… Finalmente, Walt decidió que trabajar como maestro era más conveniente para él que cortar leña o plantar papas, como sus hermanos lo hacían. En 1830, cuando comenGrupo delapalabra


zaba la fiebre del oro en la lejana California, un joven y esperanzado Whitman recorría pueblos y aldeas montando escuelas improvisadas al aire libre, cobrando magros salarios –cuando lograba cobrarlos– pero atento a que la lectura se iba volviendo una necesidad de su espíritu, tan imperiosa como la de su estómago. En este deambular de pueblo en pueblo, el joven maestro se preocupaba más por leer todo lo que se ponía a su alcance que por preparar sus clases. Paulatinamente, mientras su entusiasmo por las letras iba creciendo hasta convertirse poco a poco en el centro mismo de su vida, de igual manera iba disminuyendo su interés por la enseñanza, visto y considerando el magro resultado económico que había obtenido. Con un corto apoyo económico que pronto desapareció, el emprendedor Walt decidió en 1838 fundar un periódico, convencido de que las suscripciones al mismo le permitirían llevar una vida más desahogada. Así surgió el Long Islander, en la misma Huntington que lo viera nacer: una simple hoja impresa de ambos lados, que contenía notas del periodista Walt Whitman, corregidas por el editor Walt Whitman y voceadas por Walt Whitman, pero ningún aviso publicitario o auspicio comercial de ningún tipo. Whitman volvía a fracasar.

culturalmente provincianos y muy poco seguros de sí mismos; el estilo en poesía seguía puntillosamente la escuela inglesa y campeaba por sus fueros el romanticismo “a la norteamericana” de Edgar Allan Poe, a quien Whitman particularmente detestaba. Whitman presentía que existía una correspondencia misteriosa entre el despertar de su gran país y la necesidad de expresar en poesía una nueva manera de tratar las tópicas del género. Correspondiente a un impulso democrático y una vitalidad que estaban destinadas a modificar el mismo perfil de todo occidente un siglo después, la poesía norteamericana debía liberarse de las ataduras heredadas, las pesadas métricas, los medidos pasos de una tradición que se imponía en la época de Whitman como el único modelo a seguir. Adelantado a su tiempo y a las posibilidades que tenía su tiempo de comprenderlo, Walt Whitman volvió otra vez a Nueva York, dispuesto no sólo a vivir de su escritura, sino también a transformarla definitivamente. En 1841 Edgar Allan Poe llevaba un año de muerto aunque sus seguidores vivían y escribían muy activamente. La poesía de Whitman fue bastante mal juzgada por los émulos del creador del género policial (que murió sin saber nada de su paternidad). Aunque Walt escribía muy esforzadamente, convencido de que había encontrado una veta nueva y original para expresar poéticamente el nuevo mundo, y con no menos insistencia enviaba sus obras a periódicos y revistas literarias, la repulsa por sus trabajos era generalizada. No le perdonaban el verso blanco, pero sobre todo, la ruptura violenta con los cánones más sagrados (y mineralizados) que regían la estética de entonces. Sucesivamente, Whitman fue catalogado como “ramplón”, “desmañado prosista metido a poeta”, “improvisado charlatán”, “granjero torpe ajeno al género” y otras lindezas por el estilo. Desde luego, esto amargó mucho al poeta, pero no fue suficiente para que abandonara el

De nuevo en Nueva York Convencido de que Huntington no era la clase de lugar adecuado para ejercer sus talentos, nuevamente Walt cruzó el Río del Este y se dirigió a Brooklyn, donde ejerció el periodismo con alguna mayor fortuna: inclusive, con el apoyo del partido demócrata, llegó a ser editor del semanario Brooklyn Eagle. Sólo que su apoyo posterior a otra facción política se llevaría su empleo dos años después, obligándolo a emigrar nuevamente, esta vez a New Orleans: de esta época nómade datan sus primeros poemas publicados, que seguían bajo la órbita de la escuela más tradicional. Los Estados Unidos de aquel entonces eran Revista La Avispa Nº42

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camino que se había trazado. Antes bien, lo que hizo Whitman en ese trance fue concentrar sus poderes poéticos en lo que había descubierto, ahondar todavía más en un vitalismo que roza casi el panteísmo, proclamar un liberalismo y un sentido democrático de la vida para los cuales –al menos en poesía– los Estados Unidos no estaban preparados. El hecho de que, políticamente, Whitman fuera coherente con sus ideas poéticas, tampoco ayudaba a granjearle muchas simpatías entre editores y periodistas. Pensemos que, por aquel entonces, toda la economía del sur del país se sostenía en base a la mano de obra esclava y que en el norte, tempranamente industrialista, la infamia de la esclavitud era mal vista pero no repudiada frontalmente… Whitman había nacido con mucha anticipación, se había adelantado muchas décadas a su época y ello siempre se paga caro. En 1855, cuando publicó su primer libro de poesía –titulado “Hojas de hierba”– era apenas un poco más que un desocupado y tuvo que pagar la modesta edición de su bolsillo: ningún editor había aceptado aquel volumen, el más importante libro de poesía publicado en los Estados Unidos durante el siglo XIX y uno de los más relevantes de la literatura occidental.

ya inefectivas. El más importante de estos visionarios fue Ralph Waldo Emerson, primera figura de las letras estadounidenses, quien se apresuró a escribirle a Whitman una elogiosa carta. En ella, le vaticinaba una extraordinaria carrera literaria y le expresaba el deseo de conocerlo. Sin embargo, el apoyo de Emerson no alcanzó para colocar a Whitman en el sitio que genuinamente le correspondía; ni siquiera logró impulsar las ventas del libro, ignorado en el rincón más oscuro de las librerías. Sin reparar en estos inconvenientes más de lo necesario, Whitman no sólo publicó al año siguiente una segunda edición de “Hojas de hierba”, sino que además siguió trabajando en un nuevo libro, “Cálamo”. Emerson leyó los originales de “Cálamo” antes de que se entregaran a la imprenta y se ruborizó, recomendando a su amigo que no los editara: se trata de una colección de poemas que cantan abiertamente el gozo del amor entre hombres, para la pacatería de aquel momento, y unas de las más interesantes piezas salidas de la prolífica pluma whitmaniana, para lo contemporáneo. En 1881, cuando el poeta había pasado ya las seis décadas de vida y un fulminante ataque cardíaco lo había dejado paralizado del lado izquierdo, se publicó la séptima edición de “Hojas de hierba”, siempre aumentado el texto original por nuevos poemas. Whitman vivía –o mejor dicho, malvivía– en las afueras de Filadelfia, en la casa de uno de sus hermanos. Hasta allí lo persiguió la saña del fiscal del distrito, que lo acusó de obscenidad y procuró que el libro fuera secuestrado de las librerías. Para entonces nuestro autor ya gozaba de cierta fama en Inglaterra y, aunque apenas podía moverse por medios propios, continuó Whitman publicando las sucesivas ediciones de sus “Hojas de hierba” hasta el fin de sus días. El 26 de marzo de 1892, a los 73 años de edad, en Camden, Nueva Jersey, murió a conse-

América ha encontrado por fin a su poeta La aparición de “Hojas de hierba” fue todo un escándalo: demasiada celebración del cuerpo y los sentidos, exceso de vitalidad y sensualidad desatada, y hasta un cierto tufillo de homosexualidad que hizo que diversos libreros rechazaran exhibir o siquiera ofrecer esa edición a su delicada clientela. Otros prefirieron directamente ignorar la aparición del libro fundacional de la poesía moderna en el Nuevo Mundo. Sólo un reducido grupo de intelectuales comprendería, en aquel comienzo, que algo distinto y original había surgido de entre tantas rimas archimanidas, de entre tantas fórmulas 19

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cuencia de la tuberculosis, en la más extrema pobreza y sin ser plenamente reconocido como el padre de la nueva poesía norteamericana. Sin Walt Whitman no habrían existido, muy probablemente, William Carlos Williams, Wallace Stevens, los poetas de la generación beat estadounidense, desde Allen Ginsberg hasta Gregory Corso, ni el mejor Neruda, entre muchos otros… Nosotros mismos, los poetas

latinoamericanos de fines del siglo XX, no seríamos los que somos, ni nuestros continuadores, las nuevas promociones que comienzan a publicar sus libros en esta todavía flamante vigésima primera centuria. Tan fundamental es Whitman que ya es una parte nuestra, ineludible: sin sus “Hojas de hierba” la poesía occidental sería diferente y no me animo a imaginar en qué forma.

BREVE SELECCIÓN DE POEMAS DE WALT WHITMAN (Traducción de Luis Benítez) PODRÍA VOLVER A CONVIVIR CON LOS ANIMALES Podría volver a convivir con los animales, tan sufridos son, y tan plácidos. Puedo observarlos durante muchos días, sin cansancio. No hacen preguntas, no se quejan de su condición; no despiertan por la noche, no lloran sus pecados. No me perturban con discusiones respecto de sus deberes para con Dios... Ninguno está descontento, ni enloquece de ganas de poseerlo todo. Ninguno dobla las rodillas delante de los otros, ni ante los que han muerto hace ya miles de centurias. En ninguna parte encuentro uno que sea infeliz o digno de veneración. Me muestran su condición de parientes míos y yo la acepto. Me proporcionan testimonios de mí mismo, aquellas que poseen y me muestran. ¿En dónde las encontraron? ¿Pasé al lado de ellas hace tiempo y no reparé en su presencia? Hoy, ayer y siempre marcho hacia delante, más rico y más rápido siempre, ilimitado, repleto de todos y de la misma manera que todos, sin preocupación alguna ante los portadores de recuerdos, eligiendo al que más amo y marchando con él en un abrazo de hermanos. Este es un caballo ¡Mirénlo! Espléndido, Revista La Avispa Nº42

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tierno, sensible a mis caricias, su frente es altiva y amplia, sus ancas son de satén, su prolija cola prolija barre el polvo, sus ojos son vivaces y brillantes, sus orejas finas, sus movimientos llenos de flexibilidad... Mientras lo aprietan mis talones, su nariz se ensancha, la perfección de sus músculos tiembla alegremente corriendo por la pista... Yo apenas puedo estar contigo un momento. Te dejo, corcel extraordinario. Si yo corro más de prisa, ¿para qué necesito tu ligero paso? Esté erguido o sentado, soy más veloz que tú. WALT WHITMAN, UN UNIVERSO... Walt Whitman, un universo, el hijo de Manhattan, turbulento, carnal, sensual, comiendo, bebiendo y engendrando, no un sentimental, uno que observa desde arriba a los hombres y las mujeres; tampoco me aparto de ellos, no soy más púdico que impúdico ¡Quitan las cerraduras de las puertas! ¡Quiten las puertas mismas! Quien humilla a otro me humilla a mí, y todo lo que hace o dice vuelve en definitiva a mí. voces de períodos de gestación y de desarrollo, y de los hilos que comunican a las estrellas, y de los úteros y del jugo paterno, y de los derechos de los sometidos, de los deformes, los comunes, los sencillos, los bobos, los despreciados, neblina en el aire, bichos que empujan pelotas de estiércol.

La inspiración surge y surge de mí, soy atravesado por la corriente y el índice. Pronuncio la contraseña primordial, doy la señal de la democracia, nada aceptaré, ¡lo juro!, si los demás no pueden tener lo mismo en iguales condiciones. Voces desde hace mucho tiempo mudas me atraviesan, voces de generaciones sin fin de prisioneros y de esclavos, voces de enfermos y desahuciados, de ladrones y de enanos, 21

Voces prohibidas me atraviesan, voces de sexo y de lujuria, veladas voces cuyo velo corro, voces sin recato que yo purifico y transformo.

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No tapo mi boca con mi mano, trato con igual delicadeza a los intestinos que al cráneo y el corazón, el acto sexual no es para mí más grosero que la misma muerte. Creo en la carne y en los apetitos, y cada porción, cada brizna de mí es un milagro. Soy divino por dentro y por fuera, y vuelvo santo cuanto toco o me toca. Para mí el aroma de las axilas es más hermoso que una oración, esta cabeza es más bella que los templos, que las biblias y que todos los credos.

AMO TODO LO QUE CRECE A LA INTEMPERIE Amo todo lo que crece a la intemperie, de los hombres que cuidan el ganado, de los que sienten el bosque o el océano, de los que construyen barcos y de los que manejan timones, de los empuñan el hacha y de los jinetes, podría compartir el pan y el sueño con ellos cada semana. Yo soy lo más ordinario, cercano y sencillo, buscando siempre mi chance, entregándome para recibir la mejor recompensa, acicalándome para brindarme al primero que quiera tomarme, sin exigirle al cielo que baje porque yo lo quiero, desparramándolo con libertad y para siempre.

PARA MÍ, UNA PIZCA DE HIERBA... PARA mí, una pizca de hierba no vale menos que el trabajo diurno de las estrellas, e igualmente perfecta es la hormiga, del mismo modo un grano de arena y el huevo de un pájaro. La rana arbórea es una obra maestra, digna de escogidas personas, Tú, mi alma, allí donde estás la mora podría engalanar las habitaciones aislada, rodeada celestes, de grandes extensiones de vacío, la articulación más pequeña de mi mano cavilando, lanzándote, escudriñando se burla de todas las invenciones humanas, sin pausa las esferas la vaca, rumiando con la frente inclinada, para unirlas, es más hermosa que cualquier escultura; hasta que se establezca el puente que necesitas, un ratón es un milagro capaz de provocar hasta que tu garfio fuertemente quede asido, el asombro de millones de hombres sin fe. hasta que la telaraña que tejes se afirme en alguna parte, mi alma. UNA ARAÑA PACIENTE Y SILENCIOSA Observé una araña silenciosa, paciente, sobre una pequeña elevación, solitaria, arrojando al vacío alrededor hilos e hilos, hilos de sí misma.

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EL DESTINO DE BORGES, Y SU BÚSQUEDA PABLO MINNITI

pminniti@yahoo.com - (USA) Homero tiene a Príamo que besa las manos homicidas de Aquiles. Sófocles tiene un rey que descifra enigmas a quien los hados harán descifrar el enigma de su propio destino. Lucrecio tiene el infinito abismo estelar y las discordias de los átomos. Dante, los nueve círculos infernales y la rosa paradisíaca. Shakespeare, sus órbitas de violencia y de música con todos los defectos humanos. Borges tiene el universo, todas las literaturas del mundo, todas las religiones, todas las filosofías, y todo lo que lo puede llevar a entender del por qué ocurren las cosas. En poemas, ensayos y cuentos se pregunta continuamente quién es. Cree que en el momento de la muerte, sabrá quién realmente es. “Quizá del otro lado de la muerte, sabré si he sido una palabra o alguien.” [La Cifra] Y además poder ver la cara de Dios. Tal vez lo supo esa mañana del sábado catorce de junio de mil novecientos ochenta y seis a las siete cuarenta y siete de la mañana. Nació el 24 de agosto de 1899, en Buenos Aires, donde transcurrirá toda su vida. Allí soñará con su mundo de espejos, laberintos, tigres, los cuchilleros que no le tenían miedo a la muerte. En 1930, cuando prologa su libro, Evaristo Carriego, dice: ”Yo creí, durante años, haberme criado en un suburbio de Buenos Aires, con un suburbio de calles aventuradas, lo cierto que me crié en un jardín detrás de una verja con lanzas, y una biblioteca de ilimitados libros.“ Muchas veces afirmó que nunca dejó la biblioteca de su padre, quien prolongó en el hijo su vocación de escritor. Desde pequeño, dice que supo que su destino era escribir. Sabemos que leyó y releyó a Berkeley, Hume, Herbert Spencer, Schopenhauer, y también Las Mil y Una Noches, esa vasta imaginación del oriente. El padre no escatimó ningún esfuerzo para que el hijo, sólo viviera para escribir, y le aconsejó que rompiera y no se apurara a publicar. Podemos inferir que para él, el mundo existe, porque existe la literatura. En su obra busca el orden y la perfección. La magia de Borges, como cuentista radica, en hacernos asistir a un mundo imaginario, para luego, con fina destreza, persuadirnos que ese mundo ficticio es el nuestro. En 1923, antes de viajar a Europa, publica su primer libro de poemas: Fervor De Buenos Aires. De él dice que se reconoce, “más que en otros libros aunque creo que el lector pueda reconocerme. Pienso que ahí he estado a punto de escribir lo que escribiría treinta o cuarenta años después.” En este libro redescubre, al regresar, su ciudad, y su voz poética se inclina hacia las cosas simples: las calles, los patios, los aljibes, el cementerio, el arrabal, el atardecer, y el amanecer. “Y sentí Buenos Aires. Esta ciudad que yo creí mi pasado es mi porvenir, mi presente, los años que he vivido en Europa son ilusorios, yo estaba siempre (y estaré) en Buenos Aires”. [Fervor de Buenos Aires] 23

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El poeta parece meditar en la ciudad, y sus poemas son una especie de conversación íntima. “A mi ciudad de patios cóncavos como cántaros y de calles que surcan las leguas como un vuelo, a mi ciudad de esquinas aureoladas de ocaso y arrabales azules hechos de firmamento…” [Luna de Enfrente] Y por todas las cosas que ve, presiente y canta, tratando de compartir todo ese misterio, finaliza diciendo, “Así voy devolviéndole a Dios unos centavos del caudal infinito que pone en mis manos.” [Luna de Enfrente] Tal vez el éxtasis, el asombro, o la angustia intemporal, movilizaron su espíritu, para que escribiera esa maravillosa página, “Sentirse en muerte” [Historia de la Eternidad]. También uno siente que su diálogo interno, es como un continuo descubrir, cuando dice. “Haber sentido el círculo del agua en el secreto aljibe, el olor del jazmín y la madreselva, el silencio del pájaro dormido, el arco del zaguán, la humedad, esas cosas, acaso son el poema.” [Fervor de Buenos Aires] Borges nos lleva del simple plano emocional, al metafísico. “Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras: Los astros y los hombres vuelven cíclicamente…” “No sé si volveremos en un ciclo segundo como vuelven las cifras de una fracción periódica; pero sé que una oscura rotación pitagórica noche a noche me deja en un lugar del mundo…” [El Otro, El Mismo] Su conocimiento de filosofías esotéricas, siempre se desliza en algún poema, cuento o ensayo. Siempre hay algo que nos atrapa, y despierta nuestra curiosidad. Borges diría que el lector debe ser un cómplice un poco secreto, para llevar a cabo los sueños del amanuense que los escribió. En el Poema Conjetural, en el cual se refiere a uno de sus antepasados, Francisco Laprida, también toma el instante de la muerte, en el cual uno puede ver su rostro, no como en un espejo velado, sino en todo su esplendor. Fue en ese momento cuando Laprida conoce su verdadero destino. Revista La Avispa Nº42 24


“Yo que anhelé ser otro, ser un hombre de sentencias, de libros, de dictámenes, a cielo abierto yaceré entre ciénagas; pero me endiosa el pecho inexplicable un júbilo secreto. Al fin me encuentro con mi destino sudamericano.” [El Otro, El Mismo] Y también es el destino de Borges: “A esta ruinosa tarde me llevaba el laberinto múltiple de pasos que mis días tejieron desde un día de la niñez…” [El Otro, El Mismo] Ya en Evaristo Carriego, nos habla del truco, nos deja entrever la importancia de la metafísica: “Su juego es una repetición de juegos pasados, vale decir, de ratos de vivires pasados. Generaciones ya invisibles de criollos están como enterradas vivas en él: son él, podemos afirmar sin metáfora. Se trasluce que el tiempo es una ficción, por ese pensar. Así, desde los laberintos de cartón pintado del truco, nos hemos acercado a la metafísica: única justificación y finalidad de todos los temas.” Siguiendo con el quehacer literario de Borges, sabemos que perteneció a varios movimientos, entre ellos el ultraísmo. En la revista Martín Fierro tratan de promover una voluntad nacionalista, en el año 1924. Sin embargo el crítico H. A. Murena sostiene “que hacer literatura en ese momento, representaba crear un arte nacional para una comunidad cuya nacionalidad no estaba formada.” Afirma que: “Borges es un conocedor profundo de las corrientes estéticas europeas de la postguerra, familiarizado con la literatura universal, dueño de una sensibilidad artística admirable, en suma un literato lúcido e impecable…” Que: “usa temas nacionales en su literatura, pero sin participación dice que el único sentimiento verdadero para el poeta, es el sentimiento de la soledad.” [Condenación Para Una Poesía, SUR, 1948] Adolfo Prieto también aportó su parte negativa, tildando a Borges de europeísta, antipatria, de frío, de intelectual. “De un literato sin literatura… De una literatura prescindible… Un arte y una literatura sin contenido, un artista y un escritor que no tienen que decir aunque estén exquisitamente dotados para la expresión.” [Adolfo Prieto, La Nueva Generación] Vemos, no obstante que la obra de Borges empezó a trascender paulatinamente, por su originalidad y su universalismo, a partir de la publicación en Francia. Su fama empieza a crecer, cuando en 1960 gana el premio del congreso internacional de editores, que comparte con Samuel Beckett. Desde entonces las tesis doctorales, ensayos e interpretación sobre su obra es como un río que sigue creciendo. Al dedicársele tanta atención, inferimos que su literatura tiene sustancia porque ha meditado sobre temas que pertenecen a toda la humanidad. Su contribución nos ha enriquecido. A través de toda su vida nos hablo de Dante, Virgilio, Plotino, Spinoza, Cervantes, Shakespeare, siempre 25

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ensanchando nuestra percepción de la realidad y del mundo, de suerte que nuestra imagen se volvió universal. Casi al final de su vida, como una posible explanación de quién era, escribió: “Soy lo que contaron los filósofos. Soy cada instante de un largo tiempo, cada noche de insomnio escrupuloso, cada separación, cada víspera. [La Cifra] “Soy aquel otro que miró el desierto y que en su eternidad sigue mirándolo. Soy un espejo, un eco. El epitafio. [La Cifra] Quiero hablar brevemente de algo que ocurrió en 1941, Borges se presentó a concurso con su libro, El Jardín De Senderos Que Se Bifurcan. El jurado lo descalificó. A raíz de eso, la revista SUR publica un número especial de desagravio en su homenaje en el que colaboran los más importantes escritores argentinos del momento. Eduardo Mallea: “Por eso la circunstancia de que algunos argentinos nieguen a este escritor, no es una anulación de Borges, es una anulación de algunos argentinos ante Borges.” Gloria Alcorta: “Todos nosotros, escritores, artistas, o lectores, le debemos a Borges algo de nuestra seguridad de espíritu. Démosle gracias.” Enrique Amorín: “De Borges se hablará durante muchos años. Y no por cierto de premios más o menos literarios.” Finalmente, Borges dice: “Absuelto de las máscaras que he sido, seré en la muerte mi total olvido…” “Ni siquiera soy polvo. Soy sueño que entreteje entre el sueño y la vigilia mi hermano y padre, el capitán Cervantes, que militó en los mares de Lepanto y supo unos latines y algo de árabe… Para que yo pueda soñar al otro cuya verde memoria será parte de los días del hombre, te suplico: mi Dios, mi soñador, sigue soñándome.” [Historia de la Noche] Tal vez desde la otra orilla, Borges nos sigue soñando.

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VIAJE INICIÁTICO EN EL GUARDIÁN ENTRE EL CENTENO

ROCÍO MUÑOZ VERGARA Universidad de Sevilla – (ESPAÑA) romuver82@gmail.com

Me gustaría comenzar con una pregunta: ¿Qué pasa en invierno con los patos de Central Park, cuando el lago se hiela? ¡En serio! ¡Tienen que planteárselo en serio! ¡Si no, no vale! ¿Se mueren? ¿Se los llevan? ¿Emigran ellos solitos? De acuerdo, no es relevante. Tengo todas las razones del mundo para sentirme incomprendida y sola si nadie me secunda en mis pesquisas, porque se supone que ésta no es manera de comenzar una charla, a menos que se justifique como técnica de introito o de captatio. En principio los patos de Central Park no le interesan nada al receptor, al menos en este contexto situacional, porque en esta situación el receptor, que son ustedes, no lo olvidemos, todos estamos implicados en cualquier experimento comunicativo del que participemos, con lo que el receptor, ustedes, probablemente tengan la expectativa de preguntarse casi cualquier cosa menos ésa. Se trata por tanto de una pregunta fuera de tono, fuera de sitio, desubicada. Des-ubicarse significa salirse del lugar adecuado, del lugar correcto. La adecuación y la corrección están determinadas por la norma. La norma lógicamente tiene que ver con lo normal, y lo normal viene dado por el consenso. El consenso busca una igualación que des-identifica al sujeto concreto e individual para identificarlo únicamente como parte de un todo, de una sociedad. La presión es fuerte. La persona que se percata puede llegar a sentirse aplastada o incluso ninguneada. Hay quien escapa, y al hacerlo puede convertirse en una abominación o en un héroe. El héroe encarna los ideales de una sociedad entera, pero los ideales que la propia sociedad silencia porque suponen una ruptura de la norma establecida. Esto quiere decir que el héroe hace lo que haría cualquiera si pudiera, si fuera capaz, si se atreviera, si tuviera los medios... a saber. De esta manera el héroe pasa a representar a su sociedad, y así adquiere la fama y la gloria por la que posteriormente se le reconoce. Por eso el diccionario de la Real Academia lo define en su segunda acepción como varón ilustre y famoso por sus hazañas o virtudes. Sin embargo circula por ahí una definición menos ortodoxa pero quizá más afinada: “individuo que, a diferencia del resto, no pudo salir corriendo”. Claro que, más allá de la broma, cabría preguntarse qué significa exactamente eso de salir corriendo. No es lo mismo correr cuando todo el mundo corre, que correr cuando todo el mundo se queda, ni es lo mismo quedarse cuando todo el mundo se queda, que quedarse cuando todo el mundo corre. El que opta por la opción que nadie más elige, es el raro, el desmarcado. En este caso, supuestamente, el que enfrenta al peligro diferenciándose así del resto es el héroe, y el que huye, diferenciándose así del resto, es el antihéroe, y todo porque “luchar” se entiende como acción heroica y “huir” como acción antiheroica”. Volviendo al diccionario, la Real Academia define al antihéroe así: “En una obra de ficción, personaje que, aunque desempeña las funciones narrativas propias del héroe tradicional, difiere en su apariencia y valores”. Aparte de preguntarnos por qué a la Academia le parece que no puede haber antihéroes en la realidad, y subraya con tanto ahínco eso de “en una obra de ficción”, y aparte de descubrir también que nuevamente esta observación no viene al caso, deducimos de la definición dada que héroe y antihéroe son dos caras de la misma moneda. Es decir, narrativamente hacen lo mismo, y sólo se diferencian en el juicio moral que nos merecen. Grupo delapalabra 27


¡Entramos otra vez en la norma! Decíamos que el que huye del peligro es el antihéroe y el que lo enfrenta el héroe. Lo que ocurre es que cuando la concepción de “peligro” no está clara en una sociedad, cuando la huida puede equipararse al enfrentamiento, las nociones de héroe y antihéroe se entrecruzan, se mezclan, se confunden. Es razonable que la herencia de una guerra sea fundir y/o confundir los valores heroicos con los antiheroicos. Se habla de “héroes de guerra”, pero se sabe también que la guerra sólo trae desdichas, por mucho que se gane. El guardián entre el centeno se publica en 1951, apenas 5 años después de que acabara la II Guerra Mundial, con toda su catástrofe imborrable. El protagonista, Holden Cawlfield, tiene 16 años, es un adolescente. No viene de la guerra, no participó en la guerra, ni siquiera habla de la guerra, pero, como no podría ser de otra manera, vive en el mundo. Y el mundo en el que vive no le gusta. Cuando decide marcharse solo del colegio, solo y de noche, comienza en términos pragmáticos su errancia, su búsqueda, y simbólicamente, su viaje iniciático. Vamos a estudiar el caso en términos meramente narrativos, actanciales, desde la narratología clásica, sin abundar en juicios o interpretaciones. Y así, para comenzar, ¿qué se entiende tradicionalmente por viaje iniciático? Aquél en el cual el viajero, aún no iniciado, enfrenta una serie de dificultades externas e internas, que le permiten conocerse mejor a sí mismo, y por ello también al mundo que lo rodea. Estos viajes suelen tener un horizonte, una meta, y sus etapas están bien delimitadas, (codificadas): separación –transición– incorporación. Son ritos de pasaje, en los que coinciden todas las culturas y las mitologías. El viajero parte huyendo de algo o de alguien, o buscando algo o a alguien, vive una serie de experiencias, mediante las cuales debería ir adquiriendo conocimiento, y finalmente regresa, transformado, purificado. Si durante su viaje ha aprendido, los acontecimientos vividos producirán en él un renacimiento espiritual, de modo que cuando regrese lo hará convertido en lo que realmente es. Vale decir, el viajero regresa ya iniciado en el camino de la sabiduría y el conocimiento. Vuelve para reconciliarse con el mundo del que se separó, y para transmitir lo que aprendió en su camino individual. Tradicionalmente se ha dicho además, que todo viaje hacia fuera, centrífugo, es además un viaje hacia dentro, centrípeto. El paisaje externo funciona siempre como metáfora de la profundidad humana, se resitúa. De ahí que Heidegger dijera aquello de que “Sólo lo que se idea es lo que se ve, pero lo que se idea es lo que se inventa”. El viajero construye lo que pasa afuera desde y con su subjetividad, como Dante el Infierno o como Colón América. En la discordancia está la prueba, y su superación conduce al aprendizaje. De este modo, el protagonista tradicional realiza una a una las distintas pruebas que le permiten trascender en la escala del ser. Pero ¿por qué y cómo se origina este viaje? La épica clásica o el folklore son ejemplos inestimables, modélicos, raíz de la literatura universal de todos los tiempos, y por eso a ellos vamos a referirnos. Ante una situación dada, el héroe protagonista dice “no”. Su negación se efectúa mediante una acción y esta acción desencadena la trama y el conflicto. Por ejemplo, ante la imposibilidad de regresar a casa por la venganza de Poseidón, Ulises dice “no”, y se enfrasca en la Odisea. Ante la posibilidad más que probable de que su amo muera de pobreza, o al menos se mantenga en ella, el gato con botas dice No, y arma todas las tretas ingeniosas que narró Perrault. Hablamos de historias clásicas. Holden Cawlfield no es un personaje “clásico”. ¿No? Veamos. Revista La Avispa Nº42

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Estudiando estas estructuras Propp llegó a la conclusión de que se producen por una primera función, es decir, un primer motivo narrativo, que es la privación o carencia. Así, a Ulises se lo priva del regreso al hogar, igual que al amo del gato con botas, aunque en el primer caso hablemos de un hogar físico, concreto, delimitado, Ítaca, y en el segundo quizá de un hogar emocional, (el padre ha muerto, la estabilidad familiar se ha roto, la herencia del amo es paupérrima porque es el hijo tercero). Podemos tomar cualquier otra historia clásica y encontraremos los mismos elementos. Vayamos ahora a Holden. Ha sido expulsado de Pencey, que era el hogar que se le había impuesto, y que supuestamente debería aceptar como hace todo el mundo. De hecho, para acentuar el contraste, Salinger presenta a los demás compañeros. Teniendo en cuenta la intertextualidad, observamos una diferencia con los otros hogares. El de Holden no le es grato, lo coarta, lo angustia porque ni es producto de una elección, ni lo conecta con el centro de sí mismo, como es el caso de la familia, sobre la cual hace continuas referencias. Y además, o por eso, ha sido expulsado. Esto supondrá una terrible decepción para su “hogar primero”, su familia, si se entera, y además todavía debe permanecer en el colegio algunos días, hasta Navidad. Dada esta situación de carencia, Holden dice No, concretamente grita “¡Que durmáis bien, tarados!”, y se fuga, dando comienzo así a su aventura. Resaltábamos antes que se marchaba de noche, porque la noche es el lugar de la errancia, de la sombra, de la duda. De ahí la “noche oscura” de San Juan de la Cruz. Es el primer paso hacia la revelación, el descenso a los Infiernos. La metáfora se realiza físicamente. La soledad de Holden se hace “real”, empírica. Se ha salido del lugar correcto. Se ha des-ubicado, y por eso vaga sin rumbo. Previamente, en los 7 primeros capítulos, Salinger ha presentado el marco del que Holden se des-marca. Ahora entra el juicio moral y la interpelación al lector. ¿Esa fuga nocturna se entiende como huida o como enfrentamiento? ¿Dónde está el peligro? ¿Holden es cobarde, valiente o temerario? Como no hay una respuesta clara y hemos quedado en que el protagonista clásico representa a su sociedad, el propio Holden tampoco lo tiene claro y por eso sufre. El libro no resuelve, sólo interroga, des-ubicadamente, puede ser, por eso se prohibió tanto, y por eso, también, se leyó tanto. Dijimos que no entraríamos en juicios, así que seguimos observando los hechos que la novela narra. Al perderse en la noche de la gran ciudad, taxi, bares, hotel, y hasta una prostituta, Holden ni entiende lo que pasa ni entiende lo que le pasa. Ahora bien, ¿es realmente raro, o enarbola los “valores” de todos los demás, los no expulsados? Holden quiere marcharse más lejos, aún más lejos de todas las dudas. No pierde su inocencia, no se acuesta con la prostituta, supera esa prueba, pero intuye también que ya perdió la inocencia al fugarse. Para recuperarla vuelve a su hermana Phoebe, el personaje “ayudante” en la teoría actancial de Greimas. Para entonces ha pasado otro día entero de búsqueda. ¿Infructuosa? Según. Holden nunca sabe por qué hace exactamente las cosas, así que pararnos a preguntárnoslo sería interpretarlo. Pero hay una respuesta que puede dar sólo a causa de la noche y el día enteros que ha pasado vagando, extra-vagando como buen extra-vagante, solo por Nueva York. En la conversación que mantiene escondido en su propia casa, que ha dejado también de ser hogar, Phoebe, que lo conoce le señala que a él nunca le gusta nada. Y para demostrárselo le pregunta qué es lo que le gusta, o por ejemplo, qué le gustaría ser. Primero Holden titubea, está claro que es una pregunta difícil, que nunca supo responder, pero finalmente recuerda algo que le pasó esa mañana, y al recordar conoce, y dice:  

PROPP, Vladimir J. Morfología del cuento. Madrid Akal, 1998, p. 288. GREIMAS, Julien. En torno al sentido: ensayos semióticos. Madrid Fragu, p. 375.

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«–¿Sabes lo que me gustaría ser? ¿Sabes lo que me gustaría ser de verdad si pudiera elegir? –¿Qué? –¿Te acuerdas de esa canción que dice, “Si un cuerpo coge a otro cuerpo, cuando van entre el centeno... “? Me gustaría... –Es “Sí un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando van entre el centeno” –dijo Phoebe–. Y es un poema. Un poema de Robert Burns. y sé que es un poema de Robert Burns. Tenía razón. Es “Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando van entre el centeno”, pero entonces no lo sabía. –Creí que era, “Si un cuerpo coge a otro cuerpo” –le dije–, pero, verás. Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.» Ahora sí ha encontrado una respuesta, aunque sea pequeñita e irrealizable. Sólo así puede tener lugar y ocasión el regreso, que ya está próximo. Este regreso necesario se produce por mediación de Phoebe, en el tiovivo que gira y gira mientras Holden mira desde abajo recuperando o acaso accediendo por fin a la felicidad. «De pronto me sentía feliz viendo a Phoebe girar y girar. Si quieren que les diga la verdad, me sentí tan contento que estuve a punto de gritar. No sé por qué. Sólo porque estaba tan guapa con su abrigo azul dando vueltas y vueltas sin parar. ¡Cuánto me habría gustado que la hubieran visto así!» Phoebe restituye el sentido perdido y abre una brecha en la esperanza, como siempre, no sólo para Holden, sino para todos los que lo siguieron en su viaje al borde del mismo precipicio en el que él quiere evitar que caigan los niños. ¿Conclusiones? No hay. Sólo que posteriormente Estados Unidos puso todo el empeño que pudo en explicar qué era exactamente un héroe, pero que en 1951 el afamado “sueño americano” está maltrecho y Holden se dedica a proclamarlo desde su confusión adolescente, y que su autor, Salinger, no es ni inocente ni adolescente y también lo proclama, y que no sabemos si finalmente su protagonista es héroe o antihéroe pero ahí quedan, para siempre, su gesta y su des-ubicación. Holden pensaba en los patos de Central Park cuando tenía que estar haciendo cualquier otra cosa como escuchar la reprimenda de su profesor de Historia. Holden pensaba que era una lástima que al enseñar a hablar en público se censurara gravemente la digresión porque a veces las digresiones son lo mejor de un discurso. Holden en sí era pura digresión y por eso tuvo que realizar un viaje iniciático que lo devolviera a sí mismo, a la individualidad arrebatada. Podemos hablar de una enseñanza venenosa, de un libro venenoso porque el asesino de John Lennon lo llevaba encima en el momento del crimen. Podemos acusar a Salinger de voltear las categorías clásicas, o hasta de instigar la corrupción de la juventud, tipo Sócrates, pero la pretensión única de este pequeño esbozo es sólo reflexionar sobre dos categorías conceptuales que han significado tanto a lo largo de la Historia para Norte América y para el mundo, y desRevista La Avispa Nº42

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REPORTAJE A DON BENIGNO Por SERGIO AZNAR

El viejo de la bolsa

Rodrigo Martin Campo

cubrir que el protagonista de El guardián entre el centeno, se encuentra peligrosamente en la encrucijada, y de ella huye y hacia ella se dirige, disparando al centro de la paradoja irritante irresoluble. Casi sobra añadir que quienes hablan de un libro maldito también están malditos, por hablar, por nombrar la sombra. Sin embargo, uno siempre puede acogerse al complicado truco de no decir diciendo. Eso es precisamente lo que hace Holden. Rompe a medias un silencio hostil y deseoso de refugio. Sus vivencias, cada vez más intensas, más críticas, más crípticas, no acaban en el reformatorio sino en el tiovivo. Su rabia no es aún la de Chapman o la de Hinckley. Salinger enciende una mecha que no explota dentro sino fuera del libro, de ahí, parte de la atracción irresistible. La teoría de la recepción hablaría del lector implícito y de las piezas que éste debe encajar. Nosotros hemos intentado breve y precipitadamente, todo hay que decirlo, reunir algunas de esas piezas y acompañar a Holden en su viaje iniciático en una espiral cada vez más vertiginosa que lo llevará hasta el centro de sí mismo. El héroe, el hombre, el antihéroe, el antihombre... ¿Quién es Holden Caulfield? Y en otro orden de cosas, ¿cuál es el papel de ese “lector implícito” que no se atreve a mirarlo de frente sin reconocerse?

alasvidasalvaje@hotmail.com

José Benigno Flores es una persona más de las que transitan por este rincón del planeta. Con sus taitantos años a cuestas, ha llevado una vida simple y sin estridencias, algo así como la suya y la mía. José Benigno aceptó mansamente, aunque demostrando en sus claros ojos un cierto orgullo que lo sacaba de la vaina cuando le pregunté si me permitía copiar alguno de sus conceptos y vivencias. Grupo delapalabra 31


Entonces alisó su pelo con su mano derecha y acomodó las tazas de café que se mostraban junto a la azucarera, las migas, servilletas y masitas desparramadas, adoptando una pose elegante, creyendo que tal vez desde el otro lado del salón le estarían por sacar una fotografía para ser publicada en algún lado. Cuando el grabador estuvo en posición, apreté la clavija y le dije, deseoso de escuchar sus conceptos: –Hable nomás, Don Benigno. Déle, que lo escucho. A partir de allí su tradicional verborragia dio rienda suelta a los pensamientos que desde su alma y a través de su garganta emanaban. Dijo allí Don Benigno: –Cruel es el tiempo en el que vivimos, Sergio. Las máximas de Discépolo, la Biblia y el calefón han pasado a la historia. Acaso sea porque ya estemos transitando el siglo XXI y ni nos hayamos dado cuenta de ello. Es todo tan vertiginoso. Don Benigno miró entonces pasar una pareja abrazada por la acera, y luego continuó su monólogo, sin dar importancia a la falta de hilo argumental. –El país esta así como está por muchos factores. Uno de ellos es la famosa penetración cultural, aquella que allá por los ochenta era advertida sólo por los pensadores y artistas, que no hacían más que pregonar acerca del daño que causaría a futuro y que supo calar profundamente, más que nada, en nuestros principios morales. Las empresas de servicio extranjeras han hecho otro tanto, al capacitar en una sola área a su personal, que ni por asomo intenta asimilar mayores conocimientos en beneficio de sus clientes. Lo puede ver todos los días: –Vengo por tal cosa, Usted pregunta. Y le contestan –Ah, Yo no sé. Pase por acá al lado y saque número, mientras su interlocutor continúa jugando un jueguito en la computadora. Pero, ahí no termina la cosa, porque el que está detrás suyo seguro que le dice: –El país está así porque le falta cultura. ¿Sabe que en Francia...? Y bla, bla, bla… –Yo me pregunto: ¿En realidad será como este tipo dice o estará dejándose llevar por su imaginación y/o el chisme de los otros? ¡Cuestión de cultura! ¡Me niego a aceptar eso! Un Don Benigno algo ofuscado y con la mano derecha vacilante tomó la taza y luego dio un sorbo al café que comenzaba a ponerse frío. Entonces prosiguió: –Ya no es el “no te metás” al que nos tenía acostumbrados el pasado. La cosa excede y grandemente en la sociedad actual con situaciones teñidas de maldad manifiesta. A menos que la vanidad sea la que lleve a los protagonistas de ciertos desaires a la despreocupación sobre todas las cosas. –No entiendo, Don Benigno, dije. –Si, muchacho. Es sencillo, respondió mirándome a los ojos, y luego continuó: –Me refiero, por ejemplo a… ¿Ves ese Encargado? Fijate: acaba de limpiar la vereda de su edificio y ese otro retardado mental pasa con su motocicleta por arriba como si nada, embarrándolo todo. Ya no existe cuidado ni prudencia. Ni mucho menos ética. La amabilidad ha sido desterrada en este rincón de la tierra. –En particular, continuó, yo adhiero a la idea que indica que la falta de respeto por el semejante es el causal de la mayoría de los problemas sociales. –Mozo. Más café, por favor, solicité con la mente entumecida al hombre de blanco que desde la barra nos miraba ajeno a nuestro mundo. –Siempre fue Boca o River, Radicales o Peronistas, Campo o Gobierno… Mañana inventaremos nuevos polos antagónicos por el estilo. O sea continuamente existe y existirá el Blanco o Revista La Avispa Nº42

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el Negro... Parece que en este país no existen los matices y, es hora de abrir las cabezas. Es hora que la gente entienda que tras esas líneas que lideran unos pocos sólo se ocultan los más suculentos negociados. –Yo, en realidad, prefiero estar lejos de las manadas. Suelo adaptarme mejor en la escala de los grises. Esto me da la posibilidad de ser imparcial en mis apreciaciones, dijo pensativo y luego continuó, un poco sobresaltado: –Es una inconciencia derramar leche durante un corte de rutas, sobre todo si se tiene en cuenta el hambre de un grueso de la población, tanto como lo son esas sucias peleas entre hinchadas que inhiben a cualquier mortal de ir a la cancha. –¿De quién es la culpa? Los blancos y los negros se tiran la pelota, pero la realidad manda y quién paga es siempre la plebe. Don Benigno revolvió el azúcar dentro de la tercera taza de café y largó otra parte del rollo: –Amparado en una cierta necesidad (que intuyo, más desconozco), alguien decidió que lo mejor era cambiar las reglas del juego, entonces reformó las líneas de enseñanza de los docentes y otros tantos preceptos que tan bien funcionaban. La consecuencia: una sociedad cada vez más inculta, con falta de principios éticos y morales. Se sabía el maquiavélico resultado: la ausencia de una educación sana y coherente llevaría a los dirigentes a manejar con mayor facilidad el poder. Lo que no se tuvo en cuenta (¿o si?) fue que las masas con menos posibilidades ubicadas en este plan crecerían vertiginosamente, y de ese modo inundarían la calle de despiadados malvivientes. Basta un mínimo poder de imaginación para comprender que muy en breve los enfrentamientos entre “malos” y “buenos” serán aún mayores y más encarnizados. Y lamentablemente, la balanza se inclinará hacia la mayoría, o sea, hacia el poder de la barbarie y la fuerza. Anárquico y probablemente incontrolable. –Ay, Don Benigno, dije ya preso de una angustia desmesurada. Las palabras del hombre eran sinceras y parecían tener no sólo el apoyo que le dan los años sino también la claridad de un ser rigurosamente pensativo. –¿Cómo volver a las antiguas costumbres?, pregunté al fin desesperanzado. –Muchacho, contestó solemnemente al tiempo que se incorporaba y palmeaba mi espalda. Es imposible regresar a viejos períodos. Pretender ello es como regresar en el tiempo: Una verdadera quimera. La sociedad en su conjunto ha sido la responsable de este hundimiento, y hacemos mal en echarles culpas a los gobiernos, a las diferentes iglesias o agrupaciones. No obstante, toma de aquí lo que te sirva para el lento aprendizaje que da la vida. Y si es posible, trata de transcribirlo, pues de ese modo mi alma y la tuya sabrán que han dicho una verdad a otros, aunque esta verdad sea solo la nuestra. –No, Don Benigno, no sólo es nuestra tal verdad. Es la de muchos, la de la mayoría silenciosa, respondí dándole fraternalmente la mano, despidiéndome luego hasta la próxima cita. Ahí se iba Don Benigno, con su mundo a cuestas, sus historias, análisis e interrogantes. Le observé partir como otras tantas veces, con su gastado gamulán de cuero negro y zapatillas de lona antiguas. Miré el plomizo cielo de junio, y allí ansié el momento en que, Dios mediante, pudiéramos tomar otros cafés. Fue en ese instante en que me dije, como otras tantas veces: –Tengo la profunda convicción, que, mientras en el mundo existan los librepensadores, y entre ellos los artistas, poetas, clérigos, músicos y escritores, ningún grito con ansias de salvación podrá ser callado. Así será, mientras alguien nos escuche. 33

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Roberto Fontanarrosa:

El Negro más “canaya” del mundo El jueves 19 de julio de 2007 se fue un grande del humor y la literatura popular argentina. Aquí va un homenaje basado en la visión que este ilustre rosarino tuvo sobre el fútbol. El hombre que unió el deporte más popular del mundo con el dibujo y las letras. Un genio.

Por PABLO ZAMA - www.zamaloescupe.blogspot.com

“No crecí queriendo ser como Julio Cortázar. Crecí queriendo ser como Ermindo Onega. Por eso llegué a la literatura por la puerta de atrás, con los botines embarrados y repitiendo siempre el viejo chiste: ‘Mi fracaso en el fútbol obedece a dos motivos. Primero: mi pierna derecha. Segundo: mi pierna izquierda’ ” (Roberto Fontanarrosa).

Esperó el último centro en un área taciturna y fugaz que a la vez pasó a ser la eternidad de sus alegatos futbolísticos en papel y en esa letra apretada por la emoción, y en el desconcierto de los epílogos de cada historia, el Negro puso su música, puso el gol y la victoria en tiempo de descuento. Desparramó a cualquier defensa en cualquier estadio antes de irse, llevando consigo el desequilibrio exacto para dejar pasmado al más impávido lector. El Negro tuvo la picardía justa de un centrodelantero nato. No dejó por eso de tener la aspereza de un zaguero central y el sarcasmo de un cinco clásico, enganchando y abriendo la bocha hacia los costados. El Negro fue un digno atajador de pesimismos, sublimando cada mal menor o mayor para convertirlos en risa desde su escritorio, transformándolos en el campeonato de la alegría futbolera. El arquero Fontanarrosa saca de punta al medio del campo… “A la cancha me llevó mi viejo, porque yo le hinchaba las pelotas para que me llevara alguna vez. A él mucho no le entusiasmaba; a pesar de que veía muy bien el fútbol, porque era un tipo muy analítico (después fue técnico de básquet). Ahí uno se da cuenta, porque yo lo repetí con mi hijo, que se debuta en partidos que no son importantes –me acuerdo que fui a ver Central y Tigre–; nunca te van a llevar a un clásico”, recordaba el Negro. Revista La Avispa Nº42

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Fontanarrosa es sinónimo de humor. Quedó sellado como una de las mayores plumas argentinas de la literatura popular. Pero, más allá de eso y tan cerca de antagonismos imposibles de presenciar antes, el Negro, además de gran literato y humorista gráfico, será por siempre sinónimo de fútbol. Hincha de Rosario Central hasta los tuétanos. Futbolista frustrado que sublimó ese doblez de la vida creando mundos, infinitos espacios dentro de cualquier cancha, donde se animó a jugar con galera y bastón. El papel fue entonces el soporte para describir el sarcasmo y los relatos con finales imprevistos en cada historia. El absurdo fue parte de su magia y un ejemplo imprescindible que sirve para soslayar cualquier premura tácita en que sus detractores lo quisieron encasillar, fue aquel relato, tal vez poco recordado ahora, del jugador que lloraba todo el tiempo, cada vez que fallaba, o antes de cada encuentro y no paraba de sollozar por horas interminables. Por eso, la pintura futbolística y la imaginación sin límites del Negro recuerda también el cuento en que otro futbolista dormía la siesta en el entretiempo de cada partido. Y ese apolillo era permitido por sus compañeros y sus angustiados técnicos, porque el futbolista pertenecía a la casta de los grandes, a los creativos que dan vuelta un partido en el momento más inesperado, bah… un irresponsable con gambeta y gol… Apasionado, argentino puro, irracionalmente futbolero: “Cuando ya pasan dos domingos sin


apasionamientos empezaba a ser rutilante. Fueron los primeros relatos futboleros de algo que para el mundo de la literatura no es muy frecuente. Por eso, aquellos que declaman como frívola la pasión del hincha de fútbol se vieron envueltos en el desconcierto que les puso enfrente un grande de las letras, un genio, escribiendo sobre historias de la verde gramilla argentina. “Área 18” y “Puro Fútbol” fueron otros títulos de su obra maestra, cargados de fútbol, marcando el antagonismo con Cortázar, Borges y tantos otros de pluma más intelectual, más filosófica. El Negro, en cambio, prefirió la filosofía de lo cotidiano a través de un lenguaje general que conoce la gran mayoría de los argentinos y escribió con la pelota atada a sus pies, un crack. El win izquierdo rosarino pisa la pelota cerca del área, se abre un poco, gambetea a dos adversarios, la gente se levanta de sus asientos… Historias efímeras pero eternas. Historias contadas con el alma en la boca y las vísceras en las manos desde una tribuna popular. Aquel cuento en que los hinchas de Central deciden llevar a un abuelo, vetusto, enfermo del corazón, a la cancha, porque era la cábala del equipo. Y tras vencer a Newell´s en el final del partido, en una tarde agónica, por la mínima diferencia, el viejo se alegra tanto que muere en la tribuna del club de sus amores de un ataque al corazón, y con la camiseta canalla reflejada en su partida; la reflexión fue que: murió feliz. Después queda boyando en el aire, como queriendo escaparse en dirección a algún remoto potrero otro relato inconfundible, pero en este caso tomado de una historia real. Un hincha de “la contra”, Newell´s, decide viajar a ver a su equipo a Buenos Aires en un partido muy importante. El joven está a unas horas de recibirse de ingeniero en Rosario, pero viaja con sus amigos a presenciar el partido. Su equipo pierde y ese grupo de fanáticos no quiere

fútbol te empezás a dar cuenta que la vida es un aburrimiento, que no tiene sentido”. Imposible saber hasta dónde hubiera llegado el Negro para poder ver a su Central. Y él, tan consciente y desvergonzado, siempre dijo que la pasión, con el tiempo, se acentúa. Que es mentira que las manías del hincha de fútbol con los años se disipen. La radio, la cancha, su Central fueron y son su vida, antes de la propia vida y después de su partida. En el mediocampo, el Negro, con la cinco en la espalda toma el balón, engancha hacia fuera y abre a la izquierda… “Los trenes matan a los autos”, un título que no dice demasiado para los amantes del balompié, pero que lleva consigo, en la impresión más reciente, el debut, en los años ´70 de la unión de su pluma con su primer y gran amor: el fútbol. Una carrera que de la mano de sus dos 35

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de 2007 y la sorpresa lo sigue eternizando. Toda la hinchada de Central lo acompaña en su despedida. Un lector suyo llama a la radio para decir que se enteró de la muerte del Negro cuando iba en su auto y le fue inevitable soltar lágrimas. La familia y los amigos se niegan a velarlo en el estadio canalla porque hay hinchas de Newell`s que también querrán ir a despedirlo. Los dirigentes de la Academia rosarina deciden que la butaca que él ocupó en los últimos tiempos en la platea quedará vedada para los demás hinchas, porque esa butaca es y será solamente de él. Una multitud se acerca a darle el último adiós, pero el Negro y su fútbol permanecen en la respiración de todos. Y ahora, la sensación es que ese Negro canalla y loco por el fútbol, pintor de relatos inolvidables, nunca dejará de asistir a la cancha de Central. Y, tal cual un cuento de su autoría, seguirá hablando de fútbol en el Paraíso con los amigos que se fueron antes que él; porque Fontanarrosa murió, pero su amor por el fútbol, la literatura y el humor, jamás se irá…

volverse al barrio. Para el protagonista nada más tiene sentido, el dolor por haber perdido representa mucho más que la idea de recibirse de ingeniero. Finalmente, sin ganas, se presenta a rendir, termina de dar su examen y el decano de la facultad, que presidía esa mesa, decide pasarle un papel, por bajo cuerda, que dice algo así como: “Yo sé lo que te pasa pibe, siento lo mismo que vos, estoy hecho pelota, nunca deberíamos haber perdido ese partido de mierda”. El centrodelantero hincha de Central recibe el pase del volante y de media vuelta define al medio del arco… Es la presentación de un libro de Arturo PérezReverte y el Negro, que ya terminó de dar su discurso, pide permiso y se retira del lugar ante la mirada atónita de los presentes y la cara desencajada de Pérez-Reverte. El motivo lo explicita bien claro: “Les pido disculpas, tengo que retirarme porque en quince minutos juega Central…”. Aquejado por una enfermedad neurológica, Fontanarrosa traslada la juntada de los jueves con sus amigos desde el café El Cairo a su casa porque ya no puede moverse de ahí. No pierde el buen humor y sigue hablando de fútbol en sus reuniones semanales. Pero el final está cerca. Inesperadamente, después de mostrar una leve mejoría, fallece el jueves 19 de julio Revista La Avispa Nº42

El goleador Roberto Fontanarrosa acaba de marcar, en tiempo de descuento, para Central y para todo el fútbol argentino, fue un gol de potrero. Y ese campeonato, su vida, será inolvidable… “Yo llego a escribir sobre fútbol a través del propio fútbol, no a través de la literatura. No soy un tipo que estuvo siempre en la literatura y de pronto me digo que sería lindo escribir sobre fútbol. Al revés, soy un tipo apasionado por el fútbol que he tenido una práctica de escritura a través de las historietas, de trabajar en publicidad, que me parecía que me habilitaban para contar algo sobre, en este caso, fútbol” (El Negro)

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Humor Matemáticas de la narración por Abelardo Festivo En el eje de las “x” graficamos el transcurrir del tiempo de lectura. En el eje de las “y” la intensidad de la tensión literaria generada en el lector. El relato no tiene alteraciones en la tensión. Es uniforme la misma a lo largo del tiempo.

Cría cuervos... Todo bicho que camina... Tanto va el cántaro a la fuente...

El cuento clásico crece en tensión uniformemente hasta el final sorprendente. Todo juega para un final de máxima tensión. El período de tiempo se considera menor a media hora, caso contrario se habla de nouvelle en vez de cuento. La segunda historia se manifiesta en el final.

En el cuento moderno el final es el máximo de tensión, pero el lector continúa pensando el cuento. Se llama “remanencia” según Dardo Sextino. Vemos que luego de la tensión máxima que es el final, la tensión disminuye lentamente, suavemente, en las elucubraciones del lector. Todo el tiempo hay primera y segunda historia. 37

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Cuentos posmodernos:

y tendrás muchos.

En el cuento multiorgásmico hay varios puntos de clímax. La tensión termina oscilando de aquí para allá. El cuento tiene varios finales, o sea acaba varias veces. El lector lee o imagina una, dos o muchas más historias.

Gustavo Ortiz

va a parar cuando se cansa. Gustavo Ortiz

que al final se moja.

En el cuento emo la tensión es negativa desde el comienzo de la lectura hacia un pozo sin fondo aparente.

Gustavo Ortiz

elorni65@hotmail.com

ABELARDO FESTIVO CHINO BÁSICO

Salsipuedes 1941.

Ensayista del Séptimo Día. Su libro de ensayos más conocido es “Y la muerte no tendrá dominio punto com” sobre Dylan Thomas. Tiene multitud de libros de ensayos nunca publicados. Seguramente la muerte lo sorprenderá ensayando.

En el cuento satánico es característico como la flecha del tiempo va hacia el otro lado. Así como los mensajes satánicos de las cintas al revés de los grupos de rock.

Próximas entregas de Abelardo Festivo:

La geometría no-euclidiana de la poesía. Metáforas paralelas y el infinito poético. Revista La Avispa Nº42

Gustavo Olaiz - gsolaiz@gmail.com 38

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ESTIMADO COLEGA La siguiente es la desgrabación de la charla-debate sobre el sonado caso del paciente XXX que el periodista especializado en temas de la salud, Dr. Adalberto Farías Núñez realizó con el prestigioso experto en trastornos de conducta no tipificados, Dr. Ernesto Zaldívar en el aula Magna de la Facultad de Derecho de nuestra ciudad, auspiciada por el Departamento de Psicología Social de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Mar del Plata. –Dr. Zaldívar, sabiendo de su modestia y también que nuestros colegas aquí presentes ya conocen sobradamente sus lauros académicos y además, que la lectura de su currículum nos llevaría un largo tiempo, por favor excúseme de leerlo para que podamos aprovechar mejor este espacio que nos hizo en su apretada agenda. –Por favor colega, coincido plenamente con usted. Utilice el tiempo como mejor le parezca. Y muchas gracias por sus elogios. Es un honor viniendo de quien vienen. –Usted se lo merece Dr. Zaldívar. Pero ya ingresando en tema, coméntenos por favor cuáles son las causas que a su modo de ver coadyuvaron para que se produjera el caso del paciente XXX, motivo de la entrevista que hoy nos convoca. –Ejem, Dr. Farías Núñez, ya en mi libro “La Psicosis Urbana como expresión del exceso en el consumo de Polifenoles”, desarrollo un apartado en el capítulo trece acerca de los desvíos conductuales del individuo. Las conclusiones de esta investigación son perfectamente aplicables para desentrañar el patrón de conducta del paciente XXX. –Entiendo Dr. Zaldívar, pero hay algo que me plantea algunas dudas. –Plantéelas, estimado colega. –Gracias Dr. Zaldívar, le tomo la palabra. Su teoría se basa en estadísticas tomadas en un grupo étnico reducido, ubicado en la Puna Jujeña, y la muestra es de las primeras décadas del siglo veinte. No parecen datos muy confiables. No comprendo cómo puede extrapolar sus conclusiones a un caso con caracteres particulares tan diferentes en tiempo y lugar. Todo esto dicho con la mejor intención de ayudar a la riqueza de nuestra entrevista. –¡Cómo no!, apreciado colega. Su cuestionamiento no molesta, pues el modelo elaborado es perfectamente aplicable al caso que nos ocupa. Lo comprende hasta un alumno del curso de ingreso a Medicina, lo cual ya es mucho decir. Le explico: los efectos derivados de la multiingesta de polifenoles se activan y desactivan a lo largo de una cadena genética con la secuencia generacional uno-cero-cero-uno. Así, es perfectamente posible que en los ascendientes de nuestro sujeto de análisis encontremos la razón de su accionar. Todo esto dicho sin la menor intención de subestimarlo, estimado Dr. Núñez. –Bueno, ejem, digamos que tomo como válida su explicación, y también sus disculpas, Dr. Zaldívar. Por favor llámeme Dr. Farías Núñez. Sin embargo es evidente la discordancia entre la conclusión que usted plantea para este caso y la que presentó para el caso del Acosador de la Villa La Bacana. –Me tranquiliza saber que se ocupó de leer. Ya lo dudaba. ¿Yo me disculpé? –Siguiendo, usted utilizó los mismos elementos de juicio y elaboró una deducción opuesta. Tomó su anterior informe y le cambió el final, aunque con iguales antecedentes y datos pertinentes debió haber llegado a un resultado intelectual semejante. En fin, podríamos decir que se aprovechó de sí mismo para justificar una momentánea anemia de ideas. Como usted dice, esto podría comprenderlo hasta un ayudante de su cátedra. Por favor sáquenos de esta duda, 39

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usted que tanto nos ha iluminado. –Vaya que es bueno Núñez, primero me denosta impiadosamente... –Por favor, mi nombre es Dr. Farías Núñez. –Está bien, Núñez, decía que primero me ataca y luego me hace un halago. Eso es propio de los adulones que se prepararon en traumatología de la Hipófisis del Codo y ahora se dedican a entrevistar a eminencias de la medicina. Además, no le pedí disculpas. Ni lo haría. No puedo disculparme por decir la verdad. Usted es el ejemplo más claro de la neurosis introspectiva: niega lo evidente. Pero siguiendo con el tema, yo me encuentro aquí por mis lauros académicos consolidados en numerosos congresos de Psiquiatría Forense. Mis teorías han sido examinadas en estudios publicados en la revista Science (que no creo que usted conozca), realizados en conjunto por los centros de salud más importantes de Europa. Todo esto dicho sin ánimo de generar controversia con usted Farías, o como se llame... –Llámeme Dr. Farías Núñez, nada más. Acepto que la modestia no sea una de sus virtudes, tanto como que la pereza intelectual es uno de sus tesoros. Pero para continuar con el objeto de la entrevista que ha convocado a tan selecta concurrencia, preferiría que nos aboquemos al caso en estudio y dejemos nuestras diferencias personales para más adelante, Dr. Zanzíbar. Dígame ¿Qué piensa concretamente del caso del paciente XXX? Si no es mucho esfuerzo para su agotado sesito, perdón, digo cerebro, Dr. Banzíbar. –Dando por terminada la disputa, por temor a exceder su limitada capacidad racional le comento que el caso de XXX se explica como una agresión neurótico regresiva producida por el exceso en sangre de los polifenoles ya mencionados, los cuales combinados con los antecedentes genético depresivos encontrados en su tatarabuelo se coordinan exactamente con mi teoría del uno-cero- cero-uno causante del acto en cuestión. –Muy bien Banzíbar. Según su conclusión que XXX apoyara su miembro viril en un hormiguero obedece a un impulso ocasionado por la ingesta de polifenoles de su tatarabuelo hace cien años... –Así es Núñez Zacarías, todo esto combinado con la presión social de poseer un miembro desproporcionado, efecto producido por las múltiples picaduras de la especie en cuestión, acorde con los deseos y exigencias femeninas supuestamente imprescindibles para todo macho que se precie de tal. No sé si me entiende, pseudo periodista de temas que no conoce. –Por supuesto, Banzíbar, te espero a la salida, ya vas a saber acerca de qué conozco. Ya vas a conocer sobre miembros desproporcionados en los lugares incorrectos, medicucho comprador de informes, sobornador de pasantes en desgracia. –No es necesario esperar a tanto. Venga payasito de circo, que no se atreve a ejercer porque compró el título con la platita de mamá... –Hablando de platita, Calzíbar, ¿en qué quedó el tema del juicio por acoso que tenés con el camillero del Hospital? –Ejem, colega ¿cómo era su nombre? ¿Dr. Farías Núñez? Bueno, digamos que ese no era el tema de la entrevista. Si a usted le parece podemos charlar acerca del costo de este reportaje. Creo que se le fue la mano con lo que me pidió. Porque no sé si nuestra audiencia sabe que usted cobra por hacer estas “entrevistas”. –Ejem, bueno. Continuando, estimado colega, dígame ¿qué piensa acerca de las lesiones cutáneas de XXX?... Revista La Avispa Nº42

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Aquí finaliza la desgrabación de la entrevista, pues lo que sigue no es funcional a nuestro trabajo. A continuación la descripción de las lesiones y la explicación de XXX al médico de guardia del Hospital Interzonal General de Agudos, asentada en el parte del día correspondiente: Lesiones observadas en el paciente XXX: agrandamiento del pene, excesiva sensibilidad, amoratamiento de la piel, imposibilidad de la micción, ronchas pruriginosas incontables y duplicación del tamaño de la bolsa escrotal con imposibilidad manifiesta de utilización de prendas sobre la zona afectada. Comentarios del paciente sobre el origen de las mismas (palabras textuales): “yo estaba caminando por Camet, loco, iba en bola ¿viste? Resulta que estuvimo jugando al truco y perdí hasta lo lienzo, loco, ¿viste? Y del pedo que tenía salí a pateá y me dio sueño, fierita, y me tiré en el pasto, y me desperté con las bola en la garganta y el que te jedi de almuerzo pa’ las coloradas, nada má fierita, ¿viste cómo pican las turras?”

Gustavo J. Araujo

gustavojaraujo40@yahoo.com.ar

Efectos Espaciales Muchos extraterrestres sabelotodo consiguen laburo en nuestro planeta, merced a las observaciones que realizan acerca del Cine y la TV. Ellos notaron que los humanos les atribuimos poderes sobrenaturales, los creemos omniscientes, cuando en realidad vagan por el espacio sin saber donde recalar desde hace milenios. Hace generaciones que habitan las naves, desconocen tierra alguna, excepto por las changas que les ofrecemos involuntariamente. Por lo general los ET abren consultorías para profesionales con dudas técnicas e incógnitas metafísicas. Por ejemplo, acuden astrónomos, matemáticos, biólogos y algún teólogo pro, todos ellos con cuestiones irresolutas. Entonces los Bichos resuelven cada una de las problemáticas. Muchos inventos actuales tienen origen incierto o data insatisfactoria, como la afeitadora de cuatro hojas, los accesorios para gimnasia hogareña, los cursos de autoayuda y en general, la mayoría de productos que comercializa Sprayette; ninguno tiene sentido para seres humanos Standard, a nadie se le hubiese ocurrido inventarlos. Entonces sólo resta que sean consecuencia de mentes absolutamente al pedo, con todo el tiempo disponible y ganas de gozar a unos subdesarrollados cósmicos. Los ET nos catalogan como los piqueteros de la Vía Láctea: arrojamos satélites y chatarra espacial por los suburbios del planeta, contaminamos con emisiones ridículas a cuanta forma de vida aparezca y otros maltratos que rozan el masoquismo. ¿Qué diría Carl Sagan si viviera? La tan mentada Danza Galáctica, hoy es una pachanga, convertimos al Sistema Solar en una bailanta de avería. Y acaso algún coleccionista conserve al Voyager en una tienda de baratijas, un artefacto primitivo en exposición, un saldo de la miseria humana en el Museo de Todos los Tiempos. Víctor Clementi - Mayo 2008 www.lacocuzza.blogspot.com Grupo delapalabra 41


El Autófago Ya de bebé era complicado, gritaba muy fuerte en la cuna y cuando la madre corría a calmar su llanto, lo descubría sentado en un grito sin lágrimas, con los ojos impávidos y fijos en la puerta. Angustiada no supo qué hacer con este hijo que tuvo una dentición temprana y sin succionar la teta, clavaba los dientecillos en los pezones con fuerza notable para su tierna edad. Cuando empezó a gatear se sumó un problema, el nene comía cuanta cosa podía rasgar de las paredes, deglutía cascaritas de pintura vieja o puñaditos de revoque arrancado a fuerza de paciencia; como si esto fuera poco, la madre observó que el nene luego de hacer dáctilo pintura con la caca, engullía con fruición las obras plásticas impregnadas en los muebles de su pieza. En la consulta con el pediatra, éste dijo: –Coprofagia. Habitual en perros y gatos. La respuesta no la satisfizo y preguntó qué podía hacer a un veterinario amigo, luego de lo cual tomó la decisión de atarle las manos con un pañal cuando lo sorprendía en plena tarea. Superada esta etapa, ya en el colegio primario, era notable la tenacidad y fuerza que usaba para comerse las uñas, aunque pareciera que no le bastaban y empezó a incluir en el menú esos retazos de piel que se muestran flojos alrededor de las mismas. Lo distintivo en él, era que al revés del común de las personas, no escupía a un lado el fruto de sus mordidas, sino que se las tragaba con algún esfuerzo y ayuda de un vaso de agua de ser necesario.Tal vez fue ése el momento en que empezó a manifestarse una compulsión, un impulso interno, una especie de vértigo que lo impelía a conductas cada vez más especiales. En la preadolescencia tomó su cuerpo como hoja de dibujo, las palmas y el dorso de las manos, pies, muslos y antebrazos, todo cuanto estuviera a su alcance está dibujado de rayas y círculos. No era una tarea paciente y concienzuda, lo hacía con una velocidad casi feroz, las biromes recorrían la piel de una punta a la otra, rayando una y otra vez en vueltas interminables. En ese tiempo empezó también a conocerse, es decir explorar sus sentidos, por lo que se masturbaba en forma compulsiva en cuanta ocasión le venía en ganas y era a cada rato por cierto. La práctica de estas manualidades no tendría que haber tenido mayor inconveniente, si no fuera que, cuando estaba abstraído, no se detenía en verificar si había alguien alrededor. Fue así que en cierta ocasión, viajando en colectivo, se pudo escuchar a una compañera de asiento gritar como posesa: –Carmen, Carmen, hay un pendejo pajero al lado mío meta matar el gato, y me va a salpicar en cualquier momento. Tras las patadas que cosechó en ese tiempo llevó sus ganas al ámbito privado y una nueva costumbre invadió su piel. Tatuajes de águilas, tigres, palomas, cruces célticas, puñales y nombres de mujer poblaban el universo visible, y escondido debajo de los pelos del sobaco habitaba un Juan, recuerdo de una experiencia homosexual, que quizás hubiese podido encauzar su líbido en otra dirección y siempre en tren de hipótesis su destino hubiese sido otro. Su peinado variaba, de rastas a una bocha afeitada al ras sin dejar siquiera una trenza. A poco andar su cuerpo estaba atravesado por distintos piercings, es así que tenía las orejas, nariz, labios, ombligo, glande y escroto portadores de adornos metálicos. Un día se hizo tallar los dientes, a lo caníbal se los talló. Revista La Avispa Nº42 42


Diez triángulos amarillentos detrás de la sonrisa y los piercings labiales. Hasta ahí todo normal digamos, aunque puede que haya sido el momento en que empezaron los problemas. El tema de la comida de las uñas persistía y quizás sus dientes afilados, al cortar algo más que piel, le despertaron el hambre y fue así que en plena compulsión, una madrugada de insomnio feroz, perseguido por el viento de la locura, se amputó el dedo meñique del pie izquierdo. Lo cocinó a la cerveza negra junto con unos codillos de cerdo. De ahí en más entró en franco deterioro, alguien lo vio rengueando, le faltaban casi todos los dedos de los pies, y las manos contaban con tres dedos menos, de sus orejas sólo quedaban unos recortes. Dijo que no se había cortado más dedos de la mano, porque en ese caso no podría practicar el cinco contra uno con la intensidad debida. Había vuelto a la coprofagía primigenia y agregado la costumbre Gandhiana de beber su propia orina. Su ansiedad no se licuaba con nada, los ansiolíticos eran como chicles y los remedios que le habían recetado pareciera que rebotaban en su organismo. Lo cierto que más que impulsos eran mareas de gravedad, tormentas emocionales que tenían a su cuerpo como objeto de un lado al otro, casi un trompo loco. Un psicólogo que se atrevió a tratarlo un tiempo, opinaba que esa corrida permanente, esa mezcla de asfixia y ahogo, no tenían explicación coherente alguna. Una sola actividad otorgaba alguna pausa a su manía, cocinaba con paciencia y probaba diversos platos con recetas exóticas, para sí solo por cierto, puesto que a esta altura ya había perdido todo contacto con amistades y familia. Alucinando, deambulaba mascullando voces; fue así que, en el colmo del delirio, cortó sus testículos y preparó con ellos unas papas aderezadas con tomillo, cúrcuma, jengibre y vino blanco. Desde entonces no se lo pudo ver en los lugares que solía frecuentar, se esfumó digamos. Algunos dijeron: –Sin el contrapeso se fue pa’ arriba. La madre enterada del corte y su posterior desaparición, sólo atinó a decir: –Al menos no me va a dar nietos.

Fernando Bonatto

Bestia

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Rodrigo Martin Campo

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Teatro LAURA FEDERICO

INCANSABLE ACTRIZ, DOCENTE Y DRAMATURGA Tener esa imagen de esta talentosa mujer no es una falacia, es sólo un intento de mostrar de alguna manera cómo se puede expresar una pasión a través de los años con la misma frescura del comienzo. Alta, delgada, con un rostro agraciado, pero sobre todas las cosas con una expresividad y sensibilidad exquisita, Laura Federico sigue transitando escenarios con la misma pasión que la acompaña desde sus comienzos por los años 80. Prácticamente ha trabajado con la mayoría de los elencos de la ciudad sin contar sus intervenciones como invitada por elencos en tránsito, que sabedores de su ductilidad hacen uso de su talento en las temporadas teatrales de la ciudad. Nacida en Mar del Plata, se formó en actuación con Edgardo León (1980/82), Agustín Alezzo, (1983/87), Lisardo Laphit (1984), Susana Milderman (1983), Escuela Municipal de Teatro Ciudad de Buenos Aires (1984/86), actuación ante cámara con Diana Álvarez (2000), entre otros. Enumerar su trabajó teatral en las diversos espectáculos en los que ha intervenido y que figuran en su prolijo currículum sería largo de detallar, pero se pueden mencionar algunas obras como “Prohibido no pisar el césped”, “Gris de ausencia”, “Acuerdo para cambiar de casa”, “La palabra en Bergman”, “Ricardo III”, “Perseo el héroe”, “Mateo”, ”Discépolo, esa mezcla milagrosa”, “Cupido y Psique”, “Romeo... ¿Y Julieta?”, “Tartufo” entre otras tantas. Por su trabajo en la obra “La Irredenta” recibió el premio Estrella de Mar 2002 por “Mejor actuación femenina marplatense”. Revista La Avispa Nº42

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En cine y televisión trabajó en “Cambio de casa”, “Papá querido” y “La manzana azul”, producciones de Claudio Lentz, además de “Mil grullas”, de Blanca Caraccia y “Güeros en tránsito” y “Metidos en algo”, ambas producciones dirigidas por Julio Lascano. Sus trabajos como dramaturga son “Perseo, el Héroe” (infantil), “El Sexo en los Ojos” (Monólogo de humor), “Psique y Cupido” (infantil), “Romeo... ¿Y Julieta?”, adaptación del clásico de Shakespeare y “Cirano, el Fiero” adaptación de Cyrano de Bergerac.  Como docente en el año 1993 dictó taller de teatro infantil en el Colegio del Parque; del 2000 al 2003 taller teatral y terapéutico “El cuerpo un escenario posible” dictado junto a la  Lic. Susana Rasinsky y auspiciado por la Municipalidad de General Pueyrredón. Ac-


En el arte no hay diferencias. 13) ¿Se sienten cuidados desde la subsecretaria de cultura? ¿Por qué? El estado está manejado por políticos que no les interesa la cultura les interesa el negocio. 14) ¿Qué es lo que ha hecho esta temporada 2007-2008? Justo ésta, la primera que estuve de espectadora. La próxima voy a estar con dos obras 15) Sigue leyendo nuevas obras o mantiene en carpeta viejos proyectos, si es así ¿Cuáles son? Leo nuevas obras, en julio estrené “Llanto de perros” que su autor es de Azul y en diciembre “…pero que se vea el mar” y su autor es de Miramar. 16) Hay un empuje en el teatro independiente que provoca que constantemente se estrenen obras a pesar de los pocos elementos con los que cuentan. ¿Cuál es tu pensamiento al respecto? No lo veo como empuje sino pasión. Uno “es” actor o actriz y si no trabaja se seca. Muere.

tualmente da clases de actuación en su propio espacio cultural “La extensión”, junto a Julio Lascano. Amable y divertida se presta a esta nota con respuestas breves y precisas   1) ¿Cómo llega usted al teatro? Por un novio, hacía luces y sonido y yo trabajé en la boletería (Grupo 77 en el año 1979). 2) ¿Recuerda el primer guión que leyó? Medea. 3) ¿Qué obra suya o de otro director le gustaría reponer? Ricardo III. 4) ¿Tiene algún tipo de ritual antes de subir a un escenario? Ir al baño varias veces, pero no es un ritual son miedos. 5) Existe la comunión Teatro-Política ¿Piensa que al público le interesa esa propuesta? Por suerte hay público para todo. 6) ¿Cómo inserta en lo cotidiano su labor teatral? El teatro es lo cotidiano en mi vida. 7) ¿Qué temas no abordaría? No tengo autocensuras. 8) ¿Actuar o dirigir? Actuar. 9) ¿Se piensa en la obra o en el espectador o viceversa? ¿Por qué? Lo dejo un poco en manos del director. Yo pienso si ese personaje me puede hacer crecer como actriz. 10) ¿Qué tipo de teatro le provoca admiración? Yo amo el teatro, lo que me provoca admiración es una buena interpretación. 11) ¿Se siente acompañada o el medio teatral es solitario y competitivo? No generalizo. Yo no soy ni solitaria ni competitiva. 12) ¿Cree usted que la labor de la mujer es sustancialmente diferente de la del hombre en esta profesión?

PING - PONG

1.  ¿Una obra? Romeo y Julieta. 2.  ¿Un autor? Shakespeare. 3.  ¿Un docente? Agustín Alezzo. 4.  ¿Un escritor/ra marplatense? Marcelo Marán 5.  ¿Un actor o actriz marplatense? Pedro Benítez. 6.  ¿Un libro? La novena revelación. 7.  ¿Un amigo? Gracias a Dios no puedo nombrar a uno solo. 8.  ¿Un color? Naranja. 9.  ¿Una fecha? 26/8/90 10. ¿Un sueño? Actuar en cine.

Alejandro Gómez (Mar del Plata)

halegomez2003@yahoo.com.ar

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Poesía MILONGA DEL TIEMPO Mareo de piernas en el embarazo del piso Olor a esquina al viejo barrio La mujer cierra los ojos para dibujar al hombre que la abraza como a una hembra primigenia El mismísimo varón –Adán de salón o purgatorio– reivindica en el barro a la mujer que ya es toda existencia y la nombra

EL INTERIOR DEL GLOBO ANEMONE (Inspirado en el desarrollo filosófico)   Si la vida es un sueño ¿Dónde estoy durmiendo? Cuando despierte lo sabré. ¿Cuándo despertaré? ¿Despertaré cuando muera? Entonces la muerte es vida, sueño y un mágico despertar, aquél que necesitamos para morir, vivir y dormir para soñar despierto en este sueño de sueños infinitos que son: la vida, la muerte, el dormir y el despertar. aunados en el “Globo anemone”. Brzzzzzz...  

El Tiempo calla sus espantos y estertores para bailar una pícara milonga con tu Destino.

Damián E. B. Katz

damikatz@yahoo.com.ar

Federico Bianchi Pecaut fede.bp@hotmail.com

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CONFINES

Ríe a solas    la risa tensa      del loco que camina puentes    la risa lánguida      de esperas y agujas   Perro agazapado    en pajonal de agostos vaga círculos encierra al núcleo agreste   Casi una meta Pluma en el aire    flota   El espejo revela sin magia    la silueta turbia      rumbo a la hora del cansancio   De vez en cuando         entre dientes comprime soliloquios de invierno   Umbrales y soledad   Apenas han pasado seis horas    desde el mediodía  y ya oscurece  

Daniela Riccioni (Mar del Plata)

CARMELO No recuerdo tus últimas palabras, ni el tono de tu voz, ni tus costumbres. Ni tu andar, ligero o lento, ni las eternas cartas de tu partida. No servirá de nada preguntar esas cosas, porque recuerdo las tardes de silencio, en esa triste esquina, en donde compartíamos el sol, que todavía quemaba. Era una huerta tu escondite, tu única puerta a la soledad, ahora que entiendo, y que busco las mismas cosas. No recuerdo ninguno de nuestros diálogos, a no ser algunas palabras, que sólo tú pronunciabas de esa forma. Porque camino aún hoy esas mismas cuadras a tu lado, saludando a quienes ya me conocen. Eras tan grande, que no sólo eras el padre de mi padre, sino Carmelo, un nombre que jamás volví a escuchar; a no ser cuando alguien te recuerda, siempre con gracia y lágrimas en su sonrisa. Un hombre es inmortal en vida, cuando ya pasea en un carruaje sin puertas; y cuando en la memoria de un niño, es sólo bondad, amistad y cariño. Una tarde, como cualquier otra, tuve que acostumbrarme a la desdicha de saber que no volvería a encontrarte. Salvo en los sueños, en los efímeros recuerdos, y en la viva imagen de mi padre.

Juan Arabia

revistamegafon@hotmail.com

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MORADA SEGUNDA: DESAFÍO Desafiar el destino renunciar a la asignación preestablecida en la mitad de la mano arrojar las malas cambiar los tantos y aunque no gane la partida sin ser rey ni esclavo, resistir y evitar que ruede mi cabeza en el festejo entrecortado de dientes enemigos. Regodearme en la paz y en la alegría y ocultar la aflicción en ajena sepultura.

Victoria Servidio

victoriaservidio@yahoo.com.ar

Secretaria General de Revista DECIRES

www.revista-decires.blogspot.com

CAUDAL        por los caños rotos se me escapa la vida desagüe de cloaca          me voy en locura          a chorros infecto          salpico           ahogo. mancha burda          cruel lodazal   que estanca mis venas abiertas a machetazos          pozo ciego de pestilencia y píldoras hasta la última g o t a espero el derrame vendrá la muerte           y será quien                      cierre el grifo.                      

SIN LUNA NI OCASO

María Guillermina Sánchez Magariños

Orlando Valdez

como plegaria de muchedumbre se hunde con filo de cuchillo donde nadie salva a nadie ni nada la sangre de la ofrenda de rostros que miran llegar en lentitud de noche otro que no viene del polvo sin luna ni ocaso con metal en los ojos como si algún Dios creara en él o viceversa huracanes   como chispas   taciturnos guerreros de la oscuridad

guiller48mina@yahoo.com.ar Revista La Avispa Nº42

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www.orlando-valdez.blogspot.com (Rosario)


SI YO SUPIERA Si yo supiera, que mis pasos no caminan rumbo al cotidiano desierto que calcina mis píes sino, hacia la pradera de tu ser… remanso de mi alma.   Si yo supiera, que al levantar mi lánguido rostro no lo apagaría el cielo eclipsado por tecnologías sino, que se anegaría del café y la luz de tu mirada.   Si yo supiera, que en mis labios no se posa más el pan amargo y escaso sino, la huella de un beso tuyo… dulce, apasionado  y repetible.   Si yo supiera, que mis manos no siguen siendo forjadoras de riquezas para Forbes sino, más que todo para acariciar los tesoros clandestinos de tu piel desclasificada.   Si yo supiera, que no es a la utopía que vuela mi corazón alado pálido al galope necio, buscando al final del arco iris… el cielo para todos sino,  igualmente maravilloso cabalgara, en ancas de cromáticas curvaturas en pos del rojo celestial… al comienzo de tu piel.   si yo supiera, no renunciaría a seguir diseñando igualdades                                                 que nos incluya ni a la idea de seguir viviendo                                                 que es seguir insistiendo sino que, juntos en rojo apasionado singular                                                caminaríamos infranqueables                                                conjugando rojas mañanas en plural.   si yo supiera… construir la idea de tu complicidad si yo supiera…    

Hernando Ardila Gonzalez

hargo821@hotmail.com                 

Del Poemario “POEMAS PARA HACER EL AMOR… Y LA REVOLUCIÒN” residente en COLOMBIA

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NOCHECITA COPLERA

Cuando el canto del grillo se alimenta del llanto de la baguala                      el mundo parece detenerse en el amplio campo de Santiago. Un coplero anuncia su tristeza de la manera más dulce del mundo. Un indígena asoma su rebelión por entre las estrellas                                   de la noche. Un poeta cadencioso                               pide permiso                         para desflorar el silencio. Y una extranjera extenuada                     pretende abarcar el mundo con una sola palabra.  

1. como salteando del espacio a algún retorno del espacio donde el agujero temporal es tiempo el ciclo vuelve al punto donde hay tierra 2.

la rotación del pulso es a la esfera de las cosas en la derramación de zona de principio Gabriela Bruch no como punto gabrielabruch@hotmail.com www.laiguanarevistadepoesia.blogspot.com en la frecuencia en que es el tacto revertido hacia la pulsación del poro entre la sangre como condensación casual de los dos cuerpos

Liliana Celiz

lilianamariaceliz@yahoo.com.ar (Buenos Aires)

Ilustraciones (en sección Poesía): Mario de la Fuente Revista La Avispa Nº42

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ÉFESO EN LLAMAS Nuestra ruina y nuestro pueblo, Flor de dos cenizas enfrentadas, Y todo un siglo de niños Que miran fríos hacia un muro Ardiendo tras los árboles, La desdicha de crecer en estos días Que ninguna miel puede curar Pues en esta leche negra También muere el báculo del sabio. Nuestra ruina y nuestro pueblo, Esa voz gigante afeminada Por la espina fría del vértigo, Y la rama violácea que se expande Sobre los retratos de los niños, La desdicha de crecer en estos días Que ninguna ley puede hostigar Porque también en la boca de la vida Se ha plantado la semilla de la muerte. Nuestra ruina es nuestro pueblo –decidieron los sabios en la noche– Hay que esperar nuevos veranos, Dijo el labrador, Pues la espiga está crecida Pero brota del veneno, Y salva sólo la contemplación De quien resiste gravemente La dureza sin rostro, El invierno necesario De este Éfeso en llamas, Y sin griegos.

David Carril (ESPAÑA)

2007: Publicación de Catecismo del Labriego, Ediciones Atlantis. 2007: Colaboración en la antología de cuentos y poesía Tic-Tac, Cuentos y poemas contra el tiempo, Ediciones Atlantis. 2005-2007: Colaboraciones en diversos números de la revista La Sombra del Membrillo, en su edición digital y de papel. Colaboraciones en el taller de poesía en red Versoados.

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Música GARDEL EN MAR DEL PLATA                                                     Los arcanos

Tiempo de quintas y canteras, de lunas y misterios, de ajenjo y pernod, en los boliches de Cabeza o Marcón, con el rumor de sapos laguneros y de los grillos atenorando el silencio suburbano del barrio San José de Mar del Plata. En la mítica esquina que cruza la Avenida Independencia con la calle Matheu, durante la década de los años 20, transitaron el mismo espacio y el mismo tiempo los dos íconos del tango en el mundo del este nuevo milenio... Carlos Gardel y Astor Piazzola.                                Llegaba con una clara misión El Ferrocarril había extendido su ramal y la Estación de cargas, ligaba la actividad productiva a los centros de consumo del país. Hasta allí llegó el impenitente turfman, trayendo en un vagón especial a los caballos de su propidad (la Paisanita) junto a otros a quienes representaba en el importantísimo Hipódromo de la ciudad, enclavado en el perímetro que delimitaba la Avenida Juan B. Justo –entonces Cincuentenario– desde Dorrego a Peralta Ramos –con recodo en la Diagonal Lisandro de la Torre, –por entonces llamada diagonal de los studes– y la otra por donde hoy corre la avenida de Las Olimpíadas. Por ello es, que los historiadores de Gardel no tengan registradas las desapariciones del Zorzal. Quedan el misterio que cubrió su vida... Pero nosotros, los marplatenses sí, por que conocemos los pasos y los motivos que impulsaban al “inoxidable” a llegar recurrentemente a la ciudad que tanto lo atraía y a la cual le dedicara una ranchera, la que grabó y la llamó “Desde la tranquera”.                                                Esquina mítica de la ciudad En el barrio existían solo dos “boliches”... enclavados en la misma esquina de Matheu e Independencia y los dos se miraban de ochava a ochava... el de Marcón, situado en la esquina noreste y el de Cabeza –Bar y Almacén El retiro– en la suroeste. Allí es donde concurrían vecinos de barrio –Maffione, Llamazares, Manetti, Cuevas, Longhi– allí se realizaban tertulias literarias, entre Tomás Ciudad –el hombre que regenteaba los viveros de la calle Paso desde España a Dorrego– quien oficiaba de escritor y a veces poeta. El padre de Antonio Cuevas –aquel maravilloso boxeador peso mediano que combatió con todos los mejores de su época y que sería sin dudas hoy campeón del mundo– y que leía a los grandes de la literatura hispana y gauchesca. Siendo también concurrida por músicos, y artistas en general... Separada medianera por medio estaba pegada la casa de la quinta de los Manetti, donde había nacido Asunta, la mamá de Astor Piazzolla quien por esos años era asediada por un joven que con el estruendo de sus motos despertó a más de un vecino remolón. Era Vicente Piazzolla, desde que su hijo lo bautizó es conocido mundialmente como “Nonino”.                                                  Aparece el Zorzal No fue extraño, entonces donde decidiera recalar Carlos Gardel...  (continúa en la próxima edición)

Rodolfo de Paolo

Revista La Avispa Nº42

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rodolfodepaolo@hotmail.com


Cine y TV Cine yanqui sin nominaciones Viejos héroes, nuevos villanos El cine yanqui sabe obrar milagros, conocido su hábito estético-mercantil por mirarse al espejo en el peor perfil. Batman el caballero de la noche (Christopher Nolan) y La conspiración (Paul Haggis), meten púa desde ángulos muy distintos sobre un tema predilecto de Hollywood: heroísmo y sociedad.

El anti-Batman. De todos los superhéroes, Batman siempre fue el más humano. No se lo hizo huérfano y pobre para que después un arácnido lo transformara endócrinamente como Spiderman, ni vino de otro planeta sobredotado y aéreo como Superman, ni una descarga de rayos gamma lo volvió versión siglo XX del dr. Jekyll como Hulk, ni encontró una máscara que hizo milagros sobre su fisiología como The Mask. Tan normal es Bruce Wayne que su metamorfosis se parece demasiado a la más elogiada por el imaginario yanqui: se hizo rico y de puro solidario se calzó el traje de murciélago y salió a desfacer entuertos, acorde a la gran utopía de una ciudadanía individualista: conjurar el mal, única mácula de una sociedad socialmente promocional. Tanto que hubo que inventarle una ciudad alrededor, Gótica, en vez de la cotidiana Nueva York, donde lo extraordinario se imponía solo para resolver males extraordinarios. A Batman debemos la primera gran mitología de las modernas ciudades mesocráticas, una colección de monstruos en disfraz y malévolos que, lo sabemos, perderán siempre pero difícilmente mueran, no en pos de la inevitable secuela, sino porque nos gusta verlos de nuevo, más calculadores y poderosos, ojalá, secretamente, invencibles. El Batman the dark night de Christopher Nolan concreta otra resurrección, ahora que no hay dioses y necesitamos ver a alguno filmado. La serie de tv y un Adam West con pancita que todavía añoramos no dejaba margen a que

se lo tomara en serio hasta que apareció Tim Burton (1989, 1992), y pasó a ser gótico en conjunto; Joel Schumacher, dos veces seguidas (95, 97), lo trivializó pero nunca logró que George Clooney ni Val Kilmer se sintieran cómodos dentro de la escafandra; Nolan pone las cosas en su lugar, pasa del negro al gris y tenemos el primer Batman casuístico, el que puede dedicar más de dos horas a elucubrar una película como ciencia moral. Y, adelantamos, no le sale nada mal maridar acción y filosofía, además de reunir a un casi inmejo53

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Uma Thurman– realmente produce escozor. Mérito de Ledger, se enharinó mal la cara, que siempre se ve desprolija, como a punto de borrarse, representando, igual que su fea ropa de colores, una parodia de los trajes chillones de los malos batmanianos, y la certeza de que solamente un detalle nos separa de él. La escena en que camina rengueando vestido de enfermera, con la pesadilla de un hospital que va estallando paso a paso de un extremo al otro de la pantalla da ganas de aplaudir e imprime una de las exiguas secuencias de explosiones que quedarán registradas del cine actual. Nolan recopila records de aplausómetro. No pone música incidental en las tomas de acción, maneja con nervio el vértigo de la narración y consigue que no le sobre metraje no obstante la longitud. Está obligado a postular buenos de una pieza, y sin embargo se ven flatulentos, indecisos y débiles ante un mal que se jacta de no tener precio. Concede, sí: ningún pasajero del barco oprime el botón que hará volar al otro, pero en la duda no nos convence que prefieran sacrificarse. La conversión del fiscal de distrito de intachable a vengativo ofrece a Aaron Eckhart la oportunidad de su vida como actor. El mismo Christian Bale asume un laburo que no le conocíamos desde American Psycho (2000). Y el dream team redondeado por Morgan Freeman, Michael Caine y Gary Oldman demuestra cómo puede ser eficaz la unión de grandes personalidades y una marcación exacta. Batman el caballero oscuro da origen a un nuevo mito: el comic del universo absurdo, del Mal Mayúsculo dueño y señor a la vuelta de la esquina, simbolizado en ese fiscal del Estado con medio rostro en calavera desnuda. Detalle no menor, jamás contemplamos el cadáver del Guasón vencido. Despedida tremenda para un actor inmenso del que se hablará siglos.

rable elenco de actores. Batman inicia (2005) no pasó de ser un intento personal de alejarse de los fantasmas, a partir de un director que prometía ser la gran esperanza blanca, después de filmes rupturistas e inesperados en la industria como Memento (2000) y El gran truco (2006). Éste es más Nolan que el del primer Batman, y puede decirse, inaugura un modelo de film sobre superhéroes, el cual, con el tiempo, tal vez termine artefacto de culto. Fundiendo ideas de dos comics de Batman de los ochenta, The Dark Knight returns (de otro transgresor del género, Frank Miller) y Killing Joke (Bolland/ Moore), se construye una realidad aparte: la lectura de una sociedad frágil, a punto de caer bajo el caos total, tan necesitada de héroes cotidianos y tan patéticos éstos que la seducción del mal es una posibilidad inquietante de los propios buenos. The Dark pasará a la historia, además, por ser el postrer trabajo, magistral, del Guasón Heath Ledger, que se suicidaría poco después rubricando una carrera fugaz y perfecta como la de otros jóvenes inclasificables, James Dean o River Phoenix. El Joker de Jack Nicholson y el Pingüino de Danny de Vito eran rarópodos de maquillaje y su anomalía moral provenía de intríngulis psicológicos; claro, hablábamos del mundo freudiano de Burton. El Guasón que compone Ledger apenas si hace mención al padre. Encarna al mal puro, gratuito, insobornable. Los mismos dealers de droga a su lado dan pena, mientras él incendia la fortuna, parte de su botín, en impresionante pirámide, y sigue su macabra faena. No le interesa siquiera el poder, es el villano del poscapitalismo. Quiere demostrar que el Mal está en los demás, que sólo falta la chispa que les exponga su lado oscuro a la luz, que él no causa sino incita. Se trata del primer malvado –en años– que a pesar, o por, su aspecto grotesco, pero nunca exagerado –recordemos las caricaturas vivientes de Tommy Lee Jones, Jim Carrey, Schwarzenegger, Revista La Avispa Nº42

La deuda interna. Hank Deerfield, ex militar en busca de su hijo, aún ignora que fue 54


descuartizado por sus propios compañeros, y no en Irak sino de regreso y tras una parranda de drogas y alcohol. Ve una bandera nacional invertida y le explica al salvadoreño que la cuida: al revés significa clamor de ayuda internacional, “que no tenemos una oración para nosotros mismos”. También ignora que al volver sobre su camino, la pondrá, de nuevo, de cabeza... Todo un nombre parlante el de Tommy Lee Jones –el mismo, muy lejos del Doscaras de Batman–: Deerfield es campo de ciervos, como se llama en la Biblia al Infierno, y tiene remembranzas de The deer hunter, el francotirador que Michael Cimino filmó hace tres décadas para revisar, discurso fascistoide mediante, el heroísmo en Vietnam. In the valley of Elah, título original, se refiere al campo de batalla entre David y Goliat, que el viejo guerrero le relata al hijo de la detective Charlize Theron: “así vences a los monstruos, los atraes hacia tí y entonces les disparas”... Paul Haggis no pinta como un Ken Loach a la americana, pero cuando dirige no se queda callado. Antes de La conspiración fue el responsable de Crash/ Vidas cruzadas (2005), ese fresco coral del Los Ángeles racista multiclase, y ahora presenta este Coming home del 2000 poniendo el lente en el mismo tipo de veterano de Vietnam ya padre de dos milicos, ambos sacrificados pero no en la Lucha por la Patria sino en la retaguardia, uno en un accidente y otro a manos de sus amigos del frente en licencia. Lo que sorprende aquí es el medio tono, la sobriedad sin apelación al lagrimal, un lenguaje entre confidencial y policial, ya que Jones y Theron, asimétricos Sherlock y Watson, o Quijote idealista y Sancho realista, reconstruyen un crimen y entretanto exhuman la gusanera de la invasión bushiana. Y lo que sucedió arriba de una humvee artillada a través de Bagdad o Faluya, arrollando chicos en la calle o torturando heridos, que Jones/Deerfield observa en su laptop, sigue en las afueras de

una base militar acá no más, con soldaditos que regresaron adictos, suicidas y asesinos de sus pals, capaces de desmembrar a uno de ellos y luego ir a cenar pollo frito. El rol de Jones, autocontenido, a punto siempre de disolverse en bronca o llanto pero sin que lo veamos nunca, revela en puntas de pie a un sistema atroz y filicida que todos quieren barrer bajo la alfombra y del cual queda esa enseña puesta del revés, el grito mudo de auxilio de un imperio que extravió el norte moral y ya no sabe por qué, ni por quién, pelea. Excusa a la cámara ante el dolor hogareño, y Susan Sarandon, esposa y madre que sepulta a dos hijos, llora y la toma desde arriba, sin verle la cara; de lejos el matrimonio, en plano general, para que los adivinemos desolados pero sin espiarlos a un palmo. La historia abre el abanico de los pequeños horrores que los USA no supieron conjurar y en cuyo nombre salió a distribuir muerte, pues lo que no se arregla en casa se duplica afuera. La Theron –cada vez mejor actriz--, y su duelo personal de madre soltera y discriminada al ser mina en la policía; la denunciante de violencia familiar, que nadie atiende, y termina ahogada en sangre víctima de otro veterano de guerra; el soterrado desprecio contra los espaldas mojadas ilegales que persiguen en la frontera y mandan a morir por esa Patria esquiva al Golfo. Un thriller político social como Crash era un drama múltiple con la misma intención. For the children, dice, secamente, la dedicatoria final del film. Bella en su dureza desapasionada, La conspiración ya no inspira héroes de ficción o comic. El Joker, junto a los canallas que matan niños u ordenan hacerlo, es un aprendiz de payaso.

Gabriel Cabrejas

(Mar del Plata) gabcab2003@yahoo.com.ar 55

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Reseñas LO ALBERGADO María Paula Alzugaray Edición de la autora. Rosario, Argentina. 2008 (101 Págs.)

jetos e iluminarlos consolidando un manejo propio de lenguaje. Como muchas obras, ésta es paralela a las de su época, es decir, oscila entre los extremos del barroco y el objetivismo denotado aquí como un filme en sepias y de otras tierras. Con parquedad se forjan imágenes que se ahondan y perduran en la memoria del lector. Oda a la pausa, Fiesta simple, Eso aún no y Compañías ofrecen instantes de delicadeza porque hay cordialidad imaginativa en su escritura, un punto vibratorio y preciso en donde se dibujan coordenadas o líneas de transformación evolutiva. Líneas que no se han quedado ancladas ‘en ningún círculo’, sino que siguen bautizando diagonalmente, como andando su propio fluir en la busca de un equilibrio entre materia y sentimiento. Lo albergado fue publicado en una edición artesanal de tirada reducida, hecho valiosamente significativo y que no se debe únicamente a una circunstancia económica, sino también al deseo inquebrantable de la autora por preservar una identidad sin pretender una autorización del canon. Ante el vértigo tecnológico regido por el consumo y el hedonismo desenfrenado de nuestra época, la edición casera de Alzugaray concibe —lejos de las ferias de las vanidades y sus productos de mercadeo— al libro como un uso acotado y de expansión que no posee target ni discursos publicitarios ni defensores de la corriente que lo nombren. La autoedición aquí es un gesto de resistencia y especialmente de extrema humildad ante la palabra. Paradójicamente, esta personalísima poetisa santafesina enseña que la poesía excede los libros y que llegar al corazón de las personas es una revolución. Ambos jalones son objeto de Lo albergado.

La autora de este poemario nació en Rosario, pero vivió varios años en Coronda cuyos cielos límpidos y tardes lentas abrevaron desde su infancia, un imaginario con paisajes interiores que irían encontrándose con una sutil estética de la escritura en suave diálogo con la naturaleza. Lo albergado –su primer libro editado– está dividido en tres partes: lo dado, lo querido y lo viviente, con poemas que se despliegan y conversan de lo que se ha vivido, de lo latente de las moradas y sus recuerdos, yendo todos hacia un concepto: “lo que queda” como topografía espiritual de Alzugaray. En este libro existe una gran libertad formal y temática que la poeta intenta perpetuar en albas, noches y siestas bajo el crudo sol de las tres, y que elaboran figuras del ansia: atravesados / por el deseo bestial / de lo que falta; de la dicha: Ah lo gozante... hay ingenuidades que son culpables; de la angustia: El fermento que te trae / resiste noctámbulo al brindis, / a esta fiesta atragantada, deshora de vos / donde pace un temblor; o de la remembranza: alojado allí, ese instante/ ahora antiguo / se entrega a la soledad / como las manos de un preso. Hay una voz que entreteje un mundo sencillo desde el que chispean sus talismanes, prueba de ello es la dimensión hacia la instantaneidad de lo eterno. En este tríptico subyace el cuidado extremo de la palabra. Ni vanguardia ni tendencia, poesía en estado de movilidad, en estado de turbulencia que no exige garantías. Poesía más bien discreta, sin estridencias en donde ‘la lírica’ es un producto exquisito del trabajo con la palabra. La mesura y serenidad van dando a sus versos un tono clásico y pudoroso que se precia en el modo de nombrar ob-

Revista La Avispa Nº42

Augusto Munaro augusthxx@yahoo.com.ar

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EN DEFENSA PROPIA Raquel Mongiello POESÍA Y CUENTOS   Tan huérfano como todo insistir que confusamente ebrio vaga bajo un sol que apenas lo sostiene. En “En Defensa propia”, el ojo interroga a Dios bajo un bache dolorido;  las sombras, que  crecen sin ser llamadas, piensan que como todo pasó sin avisar, tal vez, con la impertinencia de un idioma escrito en días con minúscula, nada es como ayer. ¿Qué pasó con las maderas vírgenes?, se pregunta Mongiello, por eso no interrumpe los misterios, sólo desviste los rostros y, quieta, pone un silbido de tango a la soledad. Incómoda, cavándose en un sueño como si fuera vino espumante que cae sobre sus  hombros, el cuerpo y las cornisas no se marean sobre espermatozoides inútiles. Lo jura… bajo días muertos.   Luis Escobar luislupreste@yahoo.com.ar

SOLTAR AMARRAS POEMAS PARA HOY Mari Betti Pereyra Córdoba. Realidad. Algunos se suicidan de a ratos contra el desamor de la tarde. Por eso Mari Betti Pereyra inventa una armadura, aunque la vida desangre y el dolor esté parado en plena calle. ¿Y el mar? A veces la vida sigue, sigue…y llega detrás de las pestañas a los ojos de los otros. En “Soltar Amarras”, la iglesia está  cerrada, se suicidan las mariposas y el dolor se convida. ¿Será el miedo a ese niño que no sabe que sólo en el amor habrá retorno? ¿O será acaso recordar que sólo en sus cabritos mansos encontrará colores rotos? Así Mari comparte la denuncia, tal vez para que la vida no juegue sola. Soltar amarras: soñar boquiabierta con una cruz sobre la cama,  o bajo las cenizas del corazón; para llamar a la luz, para pintarle la boca de amarillo al mundo que está detrás de los relojes.   Luis Escobar luislupreste@yahoo.com.ar

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Talleres Cadáver exquisito

Quiero que te mires al espejo y te des cuenta de lo absurdo que te rodea LEANDRO

Tal vez, si regresara y buscara en tu vereda te encontraria tal cual estabas en mis sueños con tus quejas de alambre y tus manos pan redondo de palabras solo así exprimirás la naranja agria, exorcizada las coserás una a una con un punto cruz ateo hasta que el cajón sea uno con su interior.

Si fuera un hacha podría cortar el frío del silencio NORMA

Los poetas son peligrosos PEPE

Si la locura existe prefiero reír

por el verdulero

LUIS

Locos son aquellos tipos que prefieren estar enamorados de su libertad GUILLERMO

Taller Literario Amigos del Tiempo

La locura dispensa a la locura

Autores: Alberto Casquero Lucas Tosi Alicia Violante Susana Trajtemberg Damian Katz

ANÓNIMO

Si yo muriera sé que una lágrima vendría a mí DAMIÁN

www.amigosdeltiempo.blogspot.com

Taller Palabra Clara

Clínica Neuropsiquiátrica Clara del Mar

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Revista La Avispa 42  

Revista de septiembre del 2008

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