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Un año para mantener la cordura

Luego de la algarabía de la campaña, el país necesita recuperar la serenidad y la mesura. Este es un buen momento para enseñar a las nuevas generaciones, así como a quienes observan el país desde fuera, que Ecuador es capaz de gestionar sus transformaciones políticas en orden. Dejar bien sentado ese mensaje marcaría una nueva época en nuestra historia institucional.

El correísmo amenaza con dejarse llevar por el frenesí de la victoria. Exaltado, el expresidente Rafael Correa busca sembrar un falso sentido de urgencia; bajo el falaz argumento de que el país desaparecerá si no se ‘interviene’ ya, persigue la destitución del presidente Guillermo Lasso. Esos comportamientos insensatos son, precisamente, los que perjudican la imagen del país y debilitan nuestra democracia.

Este es el momento de apreciar los factores en su justa medida. El correísmo ha triunfado, pero tampoco es la fuerza imparable de hace quince años. Su masa de votantes no ha crecido sustancialmente en comparación con elecciones pasadas y las victorias de este fin de semana —aunque políticamente importantes— tampoco equivalen a las conquistas directas y totales de poderes del Estado a los que estaba acostumbrado. Mal harían en entregarse a un arrebato prematuro.

El Gobierno ha hecho oportunos llamados a mantener la cordura. Este año que empieza —sin campaña ni elecciones, con un régimen que promete cosechar resultados y con autoridades locales fresquitas en el puesto— es un buen año para trabajar en calma y competir, sanamente, con resultados tangibles. Eso, no más inestabilidad, sería la mejor antesala para la gran contienda de 2025.

Café y huevos para Carondelet

Muchos pensarán que el triunfo en las seccionales del correísmo era lo peor que le podía pasar al país. El ‘regreso’ del correísmo, que a manera de esas enfermedades crónicas invisibles, nunca se fue, tiene un principal responsable: el Gobierno vega- no de Guillermo Lasso. El rechazo de la mayoría manifestado en la consulta y en la elección de las autoridades locales es un duro golpe para las autoridades porque siguen tomando decisiones con el estómago. A esto le sumamos que, en el primer pronunciamiento público tras la derrota, el presidente Lasso se limitó a reconocer la pérdida, minimizando el resultado y, de alguna manera, jugando al “no era tan importante”. Mostrando así, muy poca humildad y dando cuenta de que, ni él ni su gabi- nete entendieron el mensaje de rechazo de los ciudadanos. El Gobierno vegano de Lasso quedó pegado con saliva y deja un panorama para que la Asamblea, donde tampoco tiene fuerza, se lo coma y lo siga manteniendo de rodillas. Presidente, es hora de que alguien pinche su burbuja. Es momento de reaccionar y dejar de gobernar con esas ‘focas’ que le aplauden todo y que no muestran capacidad para trabajar por el país, antes de que sea demasiado tarde. Genere los cambios necesarios en su equi- po, demuestre que recibe esta dura lección con humildad y madurez. Genere puentes con las autoridades locales electas, reciba sus aportes; ellos conocen las necesidades de sus pobladores. Incorpore funcionarios con carácter, capacidad y cercanía con los ciudadanos. Cumpla con el país y deje de presentar libros con títulos utópicos que no responden a la realidad. Trabaje por la gente, que para eso es su cargo, porque el país no es un banco que se maneja con números fríos.

Estamos ante un grave peli-

PABLO ESCANDÓN MONTENEGRO

“Me muero, qué susto, vuelve el diablo…”. “Gente de m… que no sabe votar bien”. Estas son las expresiones que escuché y que leí, luego de los resultados electorales. Para estas personas, la ciudad única y real es la que circunda su casa; los ciudadanos que tienen derechos son aquellos conocidos de su colegio, de su trabajo, pues alguien de menor ‘categoría’ no es un ciudadano igual ni su similar. Los verdaderos damnificados de las elecciones votaron por candidatos que dispersaron al electorado y se creyeron dueños de hacienda: políticos viejos en carcazas de iPhone no son modernos, son los ‘jóvenes de ayer’, como cantaba Seru Girán.

Y es que la experiencia de hace cuatro años tampoco fue aleccionadora. Hasta ahora no saben cómo les ganó Yunda: “porque tiene radios”, dijeron. Entonces se llenaron de propaganda y salidas en medios, como si eso bastara para las nuevas generaciones de electores.

Y es que esos electores nuevos no están en la TV viendo Master Chef, ni en los noticieros, menos aún en los concursos bailables de famosos; están en otras redes donde los ‘jóvenes de ayer’ quieren aparecer como frescos. Y es que la culpa de haber perdido una elección no es del candidato, tampoco de su equipo de comunicación. La culpa es de ese electorado ignorante.

Y es que esa masa de votantes no fue seducida ni emocionada por esos ‘jóvenes de ayer’, que no empatizaron nada con los ‘ignorantes’. Entonces solo los ‘pensantes’, esa aristocracia local que longuea y que hace de menos a los que viven fuera de su ‘urbanización’, son ciudadanos inteligentes porque no votaron como los demás.

Y es que para ellos si no se comparte lo que piensan, los otros no sirven. No se dan cuenta que su tiempo pasó y viven de recuerdos, como dice la letra argentina: “Con sus bronceados de domingos familiares/Y sus caras de kermesse/Grandes valores del ayer/Serán los jóvenes de siempre/Los eternos, los que salen por TV”.

gro por su pésima gestión: que regresen aquellos que tanto daño le hicieron al país y que, mediante políticas mañosas manipulen todo para eternizarse en el poder.

Finalmente, presidente Lasso, le mandamos mucho café para que se mantenga despierto escuchando las reales necesidades de su pueblo y una cubeta de huevos extra grandes para que se llene de energía, coraje y empiece a tomar decisiones valiosas . No todo está perdido. ¡Menos Estado, más libertad!

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