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REVISTA JUDICIAL C00
MARTES 10 DE JULIO DE 2012 La Hora QUITO, ECUADOR REVISTA No: 10023
LUNES 24DE NOVIEMBRE DE 2008 La Hora QUITO, ECUADOR
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AUTOR: DR. STALIN RAZA CASTAÑEDA
DEBATES POR LA DEMOCRACIA Resulta particularmente interesante lo sostenido entre Dworkin y Jeremy Waldron , sobre la “concepción constitucional de la democracia”, donde se hace presente esta tensión aparente entre democracia y derechos, a partir del punto focal que supone la afirmación de que los derechos constituyen “cartas de triunfo” (Dworkin), frente a posibles actuaciones arbitrarias de las mayorías representadas en el poder legislativo, cuando adoptan decisiones (leyes) que desconocen o vulneran tales derechos y que en tal sentido, se sigue como necesario, que sean órganos distintos de esas propias mayorías (los jueces), los idóneos para decidir aquellos casos; pero que al hacerlo, deben actuar en consecuencia con la construcción colectiva (novela en cadena) de que son parte y que supone la práctica jurídica, para encontrar dentro de ella, la “respuesta correcta” (paradigma hercúleo de R. Dworkin). Waldron cuestiona estas afirmaciones, partiendo del argumento fundamental de que en las sociedades reales como en las que vivimos, a diferencia de las imaginadas por Dworkin, es constante el “desacuerdo” sobre aspectos fundamentales de la vida social y que dicho desacuerdo no es malo en sí, de suerte que no se lo debe encubrir construyendo una supuesta “práctica” regular y pacífica a la que acudir para encontrar las respuestas; sino que por el contrario, se debe transparentar dicho “desacuerdo” y a partir de aceptarlo, buscar la mejor forma de llegar a consensos que permitan la vida social y que en ello radica precisamente el mérito de la democracia; pero concluye que la manera “más democrática” de resolver tal desacuerdo radica sin lugar a dudas, en las decisiones mayoritarias,
Concepción constitucional de la democracia
adoptadas por en los centros de representación social por antonomasia, que son los parlamentos; y que de ello, se sigue necesariamente que cualquier interferencia judicial en dichas decisiones resulta ilegítima; y, fundamenta tal ilegitimidad en dos afirmaciones:
FUNDAMENTOS DE LA ILEGITIMIDAD Por una parte, en el hecho de que los jueces carecen absolutamente de legitimidad democrática, pues en el mejor de los casos se representan a sí mismos o al grupo político o académico al que pertenecen y en consecuencia, resulta arbitrario que dichos
individuos o grupos impongan sus visiones a las decisiones emanadas de quienes en cambio si se encuentran investidos de representación social; y por otra parte, que de cualquier forma, en los tribunales y cortes que deciden contramayoritariamente, el criterio de adopción de las decisiones es también mayo-
ritario y en tal sentido, siempre será mejor que quien decida sea una mayoría mucho más representativa y dotada de legitimidad democrática, antes que una írrita minoría, conformada por quienes carecen de tal legitimidad. Alternativamente a estos debates, han surgido también posiciones que abogan por concepciones de “democracia deliberativa” , según las cuales, la inclusión y el debate son condiciones sine qua non para la construcción de una democracia sustancial; y otras que acentúan la importancia de los derechos, llevándolos a configurar un “espacio de lo indecidible” . Las primeras cuestionan que se tenga a los derechos como fetiche intocable e inmutable de un sistema jurídico basado en la democracia y lo hacen a partir de que si bien los derechos constituyen un punto de encuentro para resolver ciertas cuestiones relevantes socialmente, no es menos cierto, que son al mismo tiempo el punto de partida de nuevos y quizá más profundos desacuerdos, en cuanto a su fundamento axiológico, contenido y delimitación; así como en cuanto a su rol en un sistema democrático; y en tal sentido, que es erróneo concluir de manera necesaria que son los jueces quienes deben tener la última palabra al momento de resolver sobre esos contenidos y delimitación; así como sobre las decisiones políticamente trascendentes , debido a lo cual, postulan formas de participación e inclusión de la ciudadanía en estas decisiones, a través de mecanismos como audiencias públicas o como el funcionamiento del juicio por jurados. Las otras, van mucho más allá de la noción de Dworkin de los derechos como cartas de triunfo, para afirmar en cambio, que el conjunto de derechos integra la ya aludida “esfera de lo indecidible”, como aquel espacio que resulta intangible para toda decisión de las mayorías que pretenda vulnerarla CONTINUA EN LA PÁGINA - C2
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