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Los cuentos tradicionales han llegado a nosotros desde muy lejos. Sus orígenes se remontan a la noche de los tiempos, cuando los bosques cubrían toda la extensión de lo conocido y eran el abrigo y el hogar de la humanidad que aún no escribía historias. Pero sí las contaba, las transmitía oralmente, de padres a hijos, de hijos a nietos, como el patrimonio de la tribu: ritos de iniciación, salmodias para ahuyentar a los malos espíritus, fórmulas para amansar la naturaleza. Así, siglo tras siglo, el eco de la memoria ha resonado en humildes cabañas, se ha quedado a vivir al amor de la lumbre en las casas campesinas, ha visitado los palacios más selectos y, finalmente, se ha hecho urbano y se ha adentrado, incluso, en las aulas universitarias. Los escritores europeos los transformaron en literatura: Perrault convirtió a Chaperon Rouge en mito, los hermanos Grimm «encontraron diamantes entre la hierba» y los mostraron en sus Cuentos para la infancia y el hogar. Los folcloristas románticos reivindicaron la voz del pueblo, y en toda Europa (Afanásiev en Rusia, Calvino en Italia, Rodríguez Almodóvar en España) los recopiladores se encargaron de ordenar y clasificar toda la exuberante riqueza oral que no ha dejado nunca de manar desde la gran fuente de la palabra compartida. No es de extrañar, pues, que los grandes pintores e ilustradores, a lo largo de las épocas, se hayan inspirado en los cuentos populares para crear obra o ilustrar libros: desde Doré, que iluminó con sus grabados los Cuentos de la Mamá Oca de Perrault, pasando por los que ilustraron los cuentos de los Grimm, hasta el maestro Roberto Innocenti, que nos presentará muy pronto a la siempre joven (pero eterna) Caperucita. Los artistas plásticos han sido subyugados por la fuerza y frescura de la cultura popular. En esta exposición, ocho artistas nos muestran su particular visión de los cuentos tradicionales. Están representadas las tres categorías que forman el corpus de los cuentos clásicos: de animales, de costumbres, y maravillosos. Están también representadas distintas técnicas de ilustración: los collages de Marc Taeger, los acrílicos de Federico Fernández y Óscar Villán, los montajes fotografiados de Pablo Mestre, Ana Míguez y Sofía Rodríguez, y las propuestas digitalizadas de Pablo Auladell y Gabriel Pacheco. Todos los artistas han puesto su buen hacer al servicio de la cultura popular para transformarla en estos libros que hoy se pueden ver, leer y tocar. Esperamos que sus ilustraciones os inviten a seguir transmitiendo la voz de la memoria para que la gran fuente de la tradición oral nunca deje de manar. Xosé Ballesteros DIRECTOR DE KALANDRAKA


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Garbancito y otros cuentos