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Punto Universitario 327

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EDITORIAL: Gabriela de la Fuente Betancourt Editora Colaboración especial Homero Avilés Leonardo Tonatiuh García López Ariadna Ávila García

F. Yazmín Rodríguez Orantes Revisión editorial

puntouniversitariouabcs@gmail.com número 327/ año 2019

Breve’s Historias: A propósito de campanas, Misiones y violencia La danza de los cangrejos

Francisco Toledo, artista plástico mexicano Francisco Benjamín López Toledo (Juchitán, Oaxaca, 17 de julio de 1940) Polifacético artista mexicano que también tiene una destacada labor como activista social y ambientalista, promotor cultural y filántropo. Está considerado uno de los artistas mexicanos más reconocidos en el mundo, y el artista plástico vivo más importante de México. La obra plástica y gráfica de Toledo refleja una gran pasión por la naturaleza. Sus técnicas incluyen la acuarela, el óleo, el gouache y el fresco, pero también la litografía, el grabado, el diseño de tapices, la cerámica o la escultura en piedra, madera y cera, buscando siempre renovar formas y técnicas. Ha apoyado numerosas causas enfocadas a la promoción y conservación del patrimonio artístico mexicano, orientada al libre acceso a la formación artística y el cuidado del ambiente. Es un hombre comprometido con sus orígenes indígenas, es uno de los máximos promotores de la defensa del patrimonio artístico del estado de Oaxaca. Imagen: Autorretrato con pájaro,1975 / Francisco Toledo


Breve’s Historia’s “¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Lo que sí digo sin vacilación es que sé que si nada pasase no habría tiempo pasado; y si nada sucediese, no habría tiempo futuro; y si nada existiese, no habría tiempo presente.” –San Agustín de Hipona, Confesiones.

Si nos diéramos a la tarea de indagar el significado de la palabra campana quizá podríamos encontrar definiciones sencillas como instrumento o dispositivo simple que emite un sonido. Si buscáramos más podríamos enterarnos de que son usadas desde la antigüedad y que quizá desde el siglo V la iglesia católica la ha utilizado como instrumento de trabajo y comunicación. En el texto de Jacques Attali, Historia del tiempo, se señala que la campana se llama así por causa de los campesinos que habitaban el campo y que no sabían estimar las horas sino por el sonido de las campanas con lo que la iglesia como institución se impuso así, poco a poco a través del monasterio, instaurando su propio calendario en el campo y en las ciudades. La iglesia con ello, desempeñó el papel de policía, controlaba las pesas y medidas, administraba los días y los años. Si bien es cierto en la época colonial en la península de Baja California, no fue la campana y el monasterio, los que regulaban el tiempo, las labores y la alabanza a Dios; si lo fueron la misión y la campana. En Europa, sin embargo, la campana se impuso por más de un milenio para asignar las horas canónicas como marcas de la medida del tiempo en la escala de la jornada y para suprimir los medios tradicionales en la determinación de la hora. Decidí iniciar este breve artículo con una alusión a las campanas, a manera de introducción y como un

elemento clave en la historia para entender la importancia de la misma para la imposición de una forma de medir el tiempo y con ello una manera también, de instaurar una forma de vida. En una ponencia publicada en la década de los noventa del siglo veinte, el antropólogo físico del centro INAH de Baja California Sur, Alfonso Rosales López calificó como negativa la labor que el proceso misional jesuita desarrolló dentro de las comunidades indígenas en territorio peninsular entre 1697 y 1768. Lo anterior lo dejó claro al mostrar datos duros sobre la caída demográfica de las tres principales etnias: Guaycuras, Cochimies y Pericúes, al grado que para principios de 1800 las naciones indígenas prehispánicas en la región prácticamente habían desaparecido. Las razones a lo que Rosales López atribuyó la desaparición de los indígenas fueron varias: Las nuevas enfermedades traídas por los españoles y para las que los aborígenes no tenían defensas, el cambio en el régimen alimenticio que promovió sobrepeso, obesidad, problemas gastrointestinales, posibles afecciones cardiacas; enfrentamientos bélicos, uso de ropa, sedentarismo. Lo anterior podría englobarse si se me permite, en un choque cultural, que llevó a un deterioro social, físico y en cuanto a la salud de las comunidades de cazadores recolectores. Esto viene al tema porque considero que en el caso del régimen misional que se estableció en Baja California a partir de la fundación de la Misión de Loreto el 25 de octubre de 1697, se muestra claramente que la forma de medir el tiempo y regular las actividades productivas bajo el modelo religioso occidental y el catolicismo deja claro un proceso de dominación e instauración de manera violenta de una nueva concepción del tiempo. O como escribió Ernst Jünger, en su libro del reloj de arena, “Cuando un europeo y un indígena conciertan una cita, el encuentro entre ellos no es sólo un encuentro entre dos razas, sino también un encuentro entre dos concepciones del tiempo.” Para el caso de los indios Californios, Ignacio del Río Chávez en su texto Conquista y aculturación de la California Jesuitica, dejó escrito “La vida en la misión transcurría con arreglo a un orden establecido y era ineludible que a

Iglesia de san José del Cabo destruida por el ciclón de 1918.


A propósito de campanas, Misiones y violencia a ese orden ajustaran sus pautas de comportamiento todos los eventuales componentes del poblado. En el pueblo, el indio no tenía más opción que la de someterse a un modo de vida radicalmente diferente respecto del que por tradición y necesidad seguía cuando se hallaba fuera de la misión”. Y como instrumento de dominación, como señal de regulación del tiempo y de las labores de dicho régimen era utilizada la piedra que canta: La Campana. El padre Nicolás Tamaral quien en 1720 fundó la misión de La Purísima, dejó por escrito su labor como administrador de dicha misión y que en sus documentos se lee, eran iguales en el resto de las misiones de Baja California, narra las labores cotidianas y repetidas todos los días: La distribución ordinaria del tiempo es esta: al querer amanecer se tocan las avemarías; entonces toda familia doméstica acude a la iglesia, rezan y saludan a la santísima virgen, cantan el alabado, primero los hombres, después las mujeres, después los dos coros, hombres y mujeres; y en ésta y en todas las distribuciones de concurrencia de hombres y mujeres, siempre están aparte los hombres, juntos y en lugar separado las mujeres, juntas; y de la misma suerte los niños y muchachos en lugar separado y las muchachas juntas en otro lugar. Después, los que tienen ocupación van a sus oficios, como son los de la cocina y los que aparte hacen el desayuno para los trabajadores, para enfermos, viejos, huérfanos, etcétera. Los que no tienen entonces ocupación acuden… a la misa. Que se dice todos los días y, acabada la misa, rezan y cantan el alabado a coros como queda dicho. Después el padre les reparte el desayuno, que es atole. Acabado éste, cada uno acude a lo que se le ha encargado: los hombres al trabajo de campo o fábrica de la iglesia, que al presente se está haciendo; las mujeres, unas a hilar lana y algodón, otras a hacer medias, otras a sus tejidos que ya hacen de lana y algodón. El temastián instruye para confesar [a] las rancherías que van viniendo a sus tiempos y a los viejos y viejas rudos; el padre atiende a todos. Labores repetidas por todos e iniciadas con el día, después señala el mismo padre Tamaral: A las diez del día se toca la campana y acuden a la iglesia todos los niños y niñas de doctrina y, puestos a partes unos de otros, rezan toda la doctrina y, acabada, cantan a coros el alabado con pausa decente. Al medio día se toca la campana y, puestos de rodillas todos saludan a la santísima Virgen y cantan una vez el alabado. Después se reparte la comida que es, a los trabajadores, pozole; a los viejos y viejas, niños y niñas, atole y algo de pozole. Después de comer descansan hasta las dos y entonces cada uno prosigue el trabajo que se le ha encomendado.

Y tras el descanso, ya por la tarde: A las cinco de la tarde se toca la campana y acuden los niños y niñas a la iglesia a rezar las oraciones y doctrina, cantando al coro los alabados al fin. Al anochecer se toca las avemarías y, de rodillas, rezan y saludan todos a la santísima Virgen; como al mediodía, después de cenar van todos a la iglesia y con el padre rezan a coros el rosario, letanías y cantan el alabado. Hácese entonces y no antes esta distribución porque ya entonces están todos desocupados de sus oficios y pueden acudir todos a devoción tan importante. Después de rezar el rosario y cantar a coros el alabado en la iglesia, salen todos, los hombres con su temastián y las mujeres con su temastiana; en lugares totalmente distintos rezan la doctrina y se van a recoger. Este modo de vida rutinario y regido estrictamente a toque de campana, representaba sin duda un choque de frente con las formas de vida de los indios Californios de quienes otro misionero, el padre, Juan Jacobo Baegert los describe gentiles de poca labor y poca creatividad, que solo vivían descansando y comiendo: “En la noche, después de llenarse la barriga, solían acostarse o juntarse para platicar hasta cansarse de tanta palabrería o hasta que ya no se les ocurría nada; en la mañana solían dormir hasta que el hambre o su glotonería los obligaba a levantarse y una vez bien despiertos, reanudaban la tragantona”. Esto –agregaba el jesuita- si les había quedado algo del día anterior, de lo contrario entre risas y chistes se dispersaban en el monte con la intención simple de buscar alimento. Finaliza Baegert, esto lo realizaban, un día, un mes, un año sin mayor preocupación. Sin duda esto último da muestra del choque cultural en la concepción del tiempo entre europeos e indígenas como señalamos párrafos arriba, sin duda un desacuerdo pleno entre la sorpresa, la duda y el capricho frente a las reglas del monasterio o las reglas acuñadas como regla de Benito. Para concluir podemos decir que queda expuesto el choque cultural, el enfrentamiento de dos concepciones del mundo y del tiempo entre dos grupos que representaban civilizaciones distintas. Quizá por ello también durante la rebelión Pericú en el sur de la península, en particular en la Misión de Santiago de los Cora Añiní en 1734, los indígenas sublevados tras quemar la Misión y dar muerte al padre jesuita Lorenzo Carranco arrancaron la campana y fueron a tirarla en una zona de arroyo. Esto como respuesta al objeto que representaba la opresión y el símbolo más sentido de la nueva forma de concebir el tiempo y el instrumento a través del cual se regía la vida en la región.

Por Homero Avilés


La danza de los cangrejos

Por Leonardo Tonatiuh García López (estudiante de Biología marina) y Ariadna Ávila García (Profesora-Investigadora)

El

comportamiento de los animales es algo que ha llamado la atención desde hace muchos años, pero su estudio ha tomado mayor importancia en los últimos 40 años debido a que nos ayuda a conocer de mejor manera a las especies. Estos estudios están dominados en conocimiento en los mamíferos y aves, sin embargo, en el caso de los crustáceos, uno de los grupos con mayor diversidad en el mundo, es poco conocido, encontrando sólo algunos estudios en cangrejos sobre ámbitos alimenticios, agresividad y migraciones. El cangrejo Uca beebei, comúnmente llamado cangrejo violinista, es uno de los crustáceos que han recibido atención especial por parte de los investigadores, resaltando el trabajo realizado por John Christy en 1987 sobre la competencia para el cortejo, observando como los machos atraen a las hembras a su madriguera, la cual tiene una especie de pilar de arena en la entrada, no mayor a 2 cm de altura, para competir con otros y así llamar la atención de las hembras de mejor manera. Otro estudio similar, es el de Juan Baeza y colaboradores en el 2002, los cuales realizaron una investigación sobre el comportamiento del cangrejo de porcelana Allopetrolisthes spinifrons, el cual vive en anemonas, descubriendo que pueden llegar a ser muy territorialista y pelear por quedarse en la anemona. Así como John H. Christy y Juan Baeza, actualmente se han sumado otros investigadores al estudio del comportamiento de los crustáceos, creando una nueva línea de investigación de la cual no se conoce mucho en el mundo.

Allopetrolisthes spinifrons tiene un caparazón característico cubierto con gránulos y tubérculos, su frente tiene cinco lóbulos, el mediano es más ancho en su base, triangular, los laterales son redondeados. Su color varía desde el rosado hasta el café morado con pequeñas manchas de color rojo encendido. Su caparazón tiene una longitud máxima de 2 cm. Imagen tomada de Naturalista, autor Marcel Rojas González.

El cangrejo violinista busca entre las hembras a una que se vea saludable y bien alimentada, que se traduzca en una buena nidada. Para atraerla, ondea de un lado a otro —una y otra vez— las enormes tenazas que tiene. De ahí que “parezca un violinista agitando el instrumento vigorosamente” según John Christy.


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