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LAS RAZONES DE ARISTÓTELES

Juan Manuel Jurado Serie Las razones de Aristóteles Terra / Aer / Aqua / Ignis / Æther Óleos sobre lienzos

Juan Manuel Jurado

Unos afirman que es el fuego, otros que el aire, otros que el agua, otros que varios de esos elementos, otros que todos, los que son la naturaleza de los seres.

ARISTÓTELES Física


De prodigios y asombros están hechas estas tierras, espacios abiertos y sueños improbables por las que rodeo el territorio evaporado de tu piel, quimera geográfica que dibuja la cartografía de lo íntimo.

TIERRA

Peregrino por el camino trazado a través de tus abruptas pendientes, de tus llanos y suaves lomas, construyendo una arquitectura fragmentada por unos paisajes de composición imposible.

Arenas, piedras, extractos de polvo, amalgama de lo vivido y que aún perdura, de lo que ha de llegar y nos hará libres, tierra hecha con el ritmo de un reloj sin horas, de tiempo inconcluso y memoria desatendida aguardándome en el horizonte perfilado por tu presencia.


Mis volátiles pensamientos se aventan por ese deseo de espacios abiertos y sueños improbables que tu falda, jugadora del viento, me ha propuesto en esta noche de pálidas formas

AIRE

y pieles transparentes.

El fronterizo hálito de mis labios rodea tus aéreas piernas, construyendo una arquitectura de frágiles certidumbres, de apuntes y notas erráticas que emborronan mi cuaderno del crecimiento.

Un Céfiro universal llega agitando todas tus latitudes, aires que se apresuran para hablar de tiempo inconcluso y memoria desatendida durante tus horizontales suspiros.


He de encontrarte en este mar de espacios abiertos y sueños improbables ofrecido por tus líquidas manos.

Varado en los meandros de tu cuerpo, encallado en la playa de tu piel a la que abordo y conquisto,

AGUA

me he acostumbrado a estos naufragios del misterio. Sin horizonte, sin senda para el tránsito, construyendo una arquitectura disfrazada de deseo, perfilo la desnudez que te viste con la acuosa claridad de la inquietud.

Ahora, anegado por los ríos de tu boca me sumerjo en tus profundidades, lugar de mi reposo donde se esconde una eternidad de tiempo inconcluso y memoria desatendida que cae como una lluvia azul sobre mis interiores.


De nuevo me aproximo a las llamas que iluminan tus espacios abiertos y sueños improbables con los que se confunde mi suerte, imprudente y encendida por el calor que me invita

FUEGO

a ser inquilino de tu cuerpo.

Llamas que limpian las dudas y hacen bullir a los pretéritos fantasmas, elevándose como violentos brazos, construyendo una arquitectura que prende sobre la hoguera de nuestras madrugadas. Fuego interno que sólo arde si tú lo llamas.

Nacemos para la ceniza, para un sueño sometido al perpetuo paso de las diarias horas, de tiempo inconcluso y memoria desatendida por el incendio de la noche, que no sabe de recuerdos, sólo de presentes.


Sé que te has escondido en este universo de espacios abiertos y sueños improbables que es la soledad de mi cuerpo, nostálgico por la marcha del vapor que te ciñe.

Avanzo hacia mi etéreo horizonte

ÉTER

contemplando el arqueado firmamento de astros, planetas y cuerpos celestes que transitan por el invisible e impaciente fluido, construyendo una arquitectura de imprudentes órbitas alrededor de tus manos extendidas, parábolas de geometría inconstante que sueñan, en un ejercicio de audacia cósmica, invadir tus cercanías para rozarte, pulsarte o respirarte, ser testigos momentáneos de tu cintura, acompañarte durante el instante formado de tiempo inconcluso y memoria desatendida que se pierde en el infinito de tus ojos asombrados.


Tierra, aire, agua, fuego, ĂŠter... espacios abiertos y sueĂąos improbables

construyendo una arquitectura

de tiempo inconcluso y memoria desatendida


Las razones de Aristóteles