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VICENTE I.AMPÉREZ Y ROMEA

Eos cuadros de la Edad Media nos muestran como se usaban todas estas losetas: solas o combinadas con ladrillos o baldosas lisas y monocromas. Bel último sistema se conserva un ejemplar del siglo x v i en el claustró alto de la catedral de Pamplona, y son muy numerosos en las iglesias de Andalucía, aunque en éstas tienen carácter mudéjar. Estas losetas se llamaban olambrillas; sus dibujos son de cruces, castillos, leones, cabezas, estrellas, animales, etc., etc. (i). También en las pinturas medievales se representan pavimentos de maderas incrustadas (larsias, áel italiano intarsiatura) ; pero no conozco ningún ejemplar español. Debieron ser también frecuentes los pavimentos de hormigón, más o menos bien ejecutados, pues Jovellanos cita el del castillo de Bellver (Mallorca), becbo con cal, piedra, yeso y color, tan bien pulimentado que parecía de mármoles y pórfidos. Fachadas.—Numerosas fueron las fachadas de la Arquitectura ojival española. Pero la acción del tiempo, de los elementos (más activa en el exterior) y de los hombres (en su deseo de mejora y embellecimiento) dieron al traste con los principales ejemplares. Así sucedió con la catedral de Toledo, que no conserva íntegro ninguno de sus hastiales; con la de Cuenca, en la que uno solo (el más insignificante) tiene sus líneas primitivas; con la de Barcelona, cuyo hastial principal es una discutible obra moderna, y, en fin, con tantas y tantas iglesias españolas. No obstante esta penuria, no deja de haber en Espaiía notabilísimos ejemplares de fachadas; todas entran, sin violencia ninguna del arqueólogo, dentro de tres grupos, que no son sino los mismos de la marcha general de la arquitectura ojival. Primer grupo (pertenece a la transición). — Eos hastiales principales de este grupo son la prosecución de los románicos (tomo II, pág. io8); mas sólo en sus líneas y disposición generales, no en su carácter. Tienen, como aquéllos, un muro central apiñonado, y dos laterales que marcan las tres naves; sendos contrafuertes indican la colocación interior de los apoyos. Eos huecos que la animan son: una puerta (pocas veces tres) de arcos abocinados, un gran ojo de buey o una ventana sobre ella y dos menores en los muros laterales. Cornisas, más o menos espléndidas, y cruces o antefixas en los vértices completan el conjunto, y no faltan algunas con dos torres laterales. Como se ve, esta composición es igual a la románica; pero en los detalles varía. Por el cambio introducido en la decoración, prefiriendo la flora a las historias, y sin duda por la influencia cisterciense, que preconizaba la sencillez, desaparecen de las fachadas ojivales de zíransício« aquella serie de arquerías ciegas, de metopas esculpidas, de frisos historiados, etc;, etc., que hacían de las fachadas románicas un inmenso tapiz ornamental. Das ojivales brillan por su sencillez: domina el macizo uniforme; los arcos, simplemente moldurados; las tracerías de ventana, simplicísimas. Eas fachadas de este tipo son muy numerosas. Das tienen, desde luego, todas las iglesias del Cister, como Fitero, Veruela, Huerta, Rueda, A r m e n t e i r a (fig. 412), etcétera, etc., o hechas bajo su influencia, como la catedral de Lérida, San Miguel de Córdoba, etc., etc., y las iglesias del gótico primitivo, como la de S a s a m ó n (Burgos). Variantes de este tipo son: las fachadas del Oeste de L a s Huelgas, de B u r g o s , y (i) Historia de los barros vidriados sevillanos, -por el Sr. D. José Cestóso y Pérez.—^ Sevilla, 1904.

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HISTORIA DE LA ARQUITECTURA CRISTIANA_VOL_02_ParteII_OPT  

Historia de la arquitectura cristiana según el estudio de los elementos y los monumentos / por Vicente Lampérez y Romea

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