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JOSE A. GARCIA-DIEGO ALEXANDER G. KELLER

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GIOVANNI FRANCESCO SITONI Ingeniero renacentista al servicio de la Corona de España

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Sitoni era, hasta ahora, un personaje prácticamente desconocido. Sólo García-Diego le dedicó, en 1984, un artículo. Nació y murió en Milán (1532-1608); o sea, cuando Lombardia pertenecía a la Corona española. Allí trabajó como ingeniero, pero sin llevar a cabo obras importantes, en la primera y última etapa de su vida. Pero también en España, donde Felipe II le apreciaba muchísimo. Se ocupó de la Acequia Imperial de Aragón, el Canal de Colmenar y riegos en Cataluña. Pero estas labores no justifican el elevado sueldo que el rey le concedía, trabajara o no. Una explicación —pendiente de ser confirmada— es que hiciera trabajos secretos que interesaran a la política exterior española. En este libro se publica también, por primera vez, el texto original y la traducción castellana de su manuscrito Tratatto delle virtù et proprietà delléacque, del tronarle, eleggerle, liuellarle, et condurle, et di alcunialtre sue circonstanze; el originai está en una Bibhoteca norteamericana. Es el primer manual de riegos que se escribió en Italia y el segundo tratado renacentista de obras hidráuhcas. Después del fundamental «Los veintiún libros de los ingenios y de las máquinas», obra de un autor aragonés desconocido.

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GIOVANNI FRANCESCO SITONI Ingeniero renacentista al servicio de la Corona de España Con su còdice inédito TRATTATO DELLE VIRTÙ ET PROPRIETÀ DELLÉACQUE, en su idioma originai y traducido al castellano

Su vida y obra por José A. García -Diego Análisis del còdice por Alexander G. Keller

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EDITORIAL CASTALIA

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UNIGRAF, S . A . MÓSTOLES (MADRID)

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ÍNDICE

s u VIDA Y OBRA por José A. García-Diego

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ANÁLISIS DEL C Ó D I C E por Alexander G. Keller

45

T R A D U C C I Ó N DEL C Ó D I C E

63

T R A N S C R I P C I Ó N DEL C Ó D I C E

157

RIASSUNTO IN I T A L I A N O

225

ENGLISH SUMMARY

229

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Su vida y obra por José A. García-Diego

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CAPÍTULO I

HACE YA AÑOS, en la Biblioteca Burndy de Norwalk en el Estado de Connecticut, fundada y, entonces, dirigida por mi gran amigo y extraordinario personaje, Bern Dibner', encontré el manuscrito que escribió Giovanni Francesco Sitoni sobre obras hidráulicas, y cuya traducción al castellano constituye la parte más importante de este libro. Comprobé, más tarde, que nunca había sido publicado; quizá porque, como después se indicará, no es, sin duda, una versión definitiva. Pero, lo que sí me extrañó, es que su autor fuera un personaje prácticamente desconocido; tanto es así, que la única monografía que, según mis noticias, se le ha dedicado, es la que yo publiqué, en inglés, el año 1984^. Ha servido de base para el presente estudio. Aunque ampliada y corregida utilizando, además, documentación descubierta posteriormente. Y sin embargo, este desconocido, además de debérsele el citado tratado, fue un ingeniero importante, en el Milanesado y en España. Sus trabajos, al menos, siempre dieron satisfacción a los altos personajes que los encargaron, aunque a veces sus resultados han quedado en la oscuridad, o fueron controvertidos. Y entonces, ¿por que nadie se ocupó antes de él? Para mí hay varias razones. La primera, de índole general, es bien conocida. La historia de las técnicas y de los que en ellas —desde el ingeniero o arquitecto al obrero— trabajaron, sólo fue considerada como una disciplina autónoma, desde hace relativamente poco tiempo; aunque, desde luego, hay ilustres antecedentes. Hoy va desarrollándose, de modo importante, y también en España. Durante siglos se han considerado fundamentales las historias política, 1 Fallecido en enero de 1988, se han publicado ya varias necrologías. El autor ha escrito una. 2 Giovanni Francesco Sitoni, an Hydraulic Engineer oj the Renaissance. History of Technology, Ninth Annual Volume. Londres, 1984, pp. 103-125.

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C Ó D I C E DE S I T O N I

religiosa, diplomática, del arte, etc. Y la modificación de las formas de pensamiento, que ha tenido lugar desde no hace mucho, ha llevado a sustituir al historiador clásico, por otro que sólo utiliza datos sociológicos y económicos, generalmente con una fuerte base estadística: y no siempre con éxito. Pero, lo que en nuestro caso interesa, creo es lo que quizá puede definirse como considerar al pueblo —incluyendo todos sus estamentos, desde luego— como el protagonista de la historia. Yo simbolizo, aunque bien sé que se trata de un fenómeno complejo y debido a muchas personas, en la figura de mi admirado Fernand Braudel, del que voy a citar tres párrafos. «La llamada historia económica, que aún sólo se está construyendo, se enfrenta con prejuicios: no es ella la historia noble.» En cuanto a tener en cuenta la vida cotidiana: «...¿qué comen? ¿Qué beben? ¿Cómo se visten? ¿Dónde habitan? Preguntas incongruentes, que exigen casi el viaje de un descubridor, pues como sabéis, el hombre no come, ni bebe en los libros de historia tradicional». Y ya, sobre lo que directamente nos atañe: «...y algo parecido se impone con referencia a las técnicas. Maravillosa historia, en verdad, y que se ajusta al trabajo de los hombres y a sus progresos muy lentos en su lucha cotidiana contra el medio externo y contra sí mismos. Todo es técnica desde siempre, el esfuerzo violento, pero también el esfuerzo paciente y monótono de los hombres, modelando una piedra, un trozo de madera o de hierro para hacer una herramienta o un arma ¿No tenemos aquí una actividad a nivel del suelo, conservadora por esencia, lenta m transformarse, y que la ciencia (que es su superestructura tardía) recubre lentamente, y eso cuando lo hace? Las grandes concentraciones económicas llaman a las concentraciones de medios técnicos y al desarrollo de la tecnología: así el Arsenal de Venecia en el siglo X V , la Holanda del X V I I y la Inglaterra del X V I I I . Y cada vez la ciencia, por balbuciente que sea, acudirá a la cita. (Pero) irá a ella a la fuerza»^' Ciñéndome ya al caso concreto de Sitoni, hay que tener en cuenta que el Renacimiento italiano produjo un elevado número de hombres muy distinguidos, en distintos campos de actividad; por lo que el estudiarlos e incluso sólo el recensarlos, es más difícil que si se trabaja en otros períodos y países. No es, desde luego, exacta la frase de Nietzsche, «El europeo actual es enormemente inferior al europeo del Renacimiento»; pero, como en tantas de sus afirmaciones, hay en ella un cierto fondo de verdad. Y entre las habilidades de aquellas gentes destacaba la hidráulica, más desde luego la práctica que la teórica; esta última se desarrollaría, sobre todo, en el siglo siguiente. No es, por tanto, extraño hayan sido ignoradas algunas figuras que pudieron considerarse, en cierto modo, secundarias. 3 Fernand Braudel. La Dynamique du capitalisme. Arthaud, París, 1985, p. 17, 19. 4 Para los que quieran opinar por sí mismos, sobre lo anterior, recomiendo un enfoque, a veces muy crítico, de la Nouvelle Histoire, dentro de la cual se inserta Braudel. François Dosse. L'histoire en miettes. Éditions La Découverte, Paris, 1987.

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s u VIDA Y OBRA

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En España y en parte, por razones a las que después me referiré brevemente, durante el tiempo en que vivió Sitoni, florecieron las bellas artes y, entre ellas, la arquitectura. Hubo también grandes ingenieros, como Juan de Herrera, que se distinguió, entre otras, en ambas actividades. Pero no tantos como en Italia de donde, por ello, se traían cuando era necesario. Su contribución fue importante y, en la mayor parte de los casos, positiva. El que fueran preferentemente italianos se explica porque varios de aquellos Estados pertenecían a la Corona española; mientras que con Francia, aun más cercana, España estuvo enfrentada política y militarmente durante largo tiempo. Vinieron también ingenieros flamencos y germanos, pero menos, quizá en parte, por la mayor diferencia entre los idiomas^. Antes de empezar mi exposición de la vida y obra de Sitoni trataré, aunque sea brevemente, de su ascendencia escocesa, ya que ésta pudo tener que ver con la relativamente elevada posición que parece alcanzó en la Corte de Madrid. Y me referiré algo al estado de la Sociedad y de las técnicas en Lombardia y en los reinos de Castilla y Aragón. Ello, porque hay aún bastantes puntos oscuros en su personalidad y en su labor.

5 David C. Goodman. Power and Penury/Gobemment, technolog)) and science in Philip IPs Spain. Cambridge University Press, Cambridge, 1988. Libro excelente, aunque, desgraciadamente, no incluye a los ingenieros civiles. Hay algún otro trabajo sobre el tema, pero habría que analizar su metodología.

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Figura 1. â&#x20AC;&#x201D; George Seton, quinto Lord Seton. Cortesia de La National Portrait Galleiy of Scotland. FUNDACION .lUANHLO TURRIANO


Figura 2. — María de Escocia y su hijo. Lesile, De origine ... et rebus gestis Scotorum. Roma, 1578. FUNDACION .lUANHLO TURRIANO


Figura 3. — Comienzo del Canal Imperial. El edificio es del tiempo de Carlos V. Grabado del siglo XIX.

Figura 4. — Plano de la acequia.

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Figura 5. — Máquinas empleadas en la construcción del monasterio de El Escorial. Colección de Lord Salisbury. Tomado de George Kubler, Building the Escorial. FUNDACION .lUANHLO TURRIANO


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Figura 6. — Nombres citados, en relación con losriegosde Cataluña.

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Figura 7. — El Fuerte de Fuentes. De un viejo grabado.

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C A P Í T U L O II

ESTIRPE Y JUVENTUD

NACIÓ EN MILÁNel II de noviembre de 1532; su padre fue nombrado por el Emperador Fernando I coronel de un regimiento de caballería. Puede, por tanto, asegurarse que la familia tenía una buena situación, social y económica. Felipe II le concedió la ciudadanía de Milán; en los libros y documentación que he podido consultar no aparece en qué fecha y, tampoco, cuál fue su nacionalidad de origen®, aunque la escocesa es muy probable. He podido consultar un bastante voluminoso expediente de nobleza solicitado probablemente por sus descendientes, pocas generaciones más tarde y, en él, siempre se hace referencia a sus antepasados escoceses. Suponen que éstos eran miembros de la familia Seton (en escocés Seytoun), una de las más importantes y notables de aquel Reino. Y no sólo por su antiguo origen, probado desde 1150, y gran fortuna, sino debido a que muchos de ellos se distinguieron en la política y en las artes. Y, por otra parte, defendieron valerosamente su patria y sus convicciones religiosas o políticas: varios murieron en el campo de batalla y otros fueron ejecutados. En este expediente se cita como el más antiguo de la línea italiana, a Francesco Sitoni que vivió hacia 1485. Y en cuanto a los que habitaban Escocia, afirma que tenían un castillo cerca de Edimburgo, en el río Esca, lo que es aproximadamente exacto. Y en cuanto a los antepasados más antiguos en aquel Reino, a Alessandro Seton el cual, en 1330, siendo «capitán general de la Armada y en defensa de su rey, murió tras haber combatido gloriosamente». Y también, a «Giovanni Sitoni nombrado por Roberto II rey de Escocia uno de sus seis generales principales». En cuanto a la razón del traslado a Lombardia se dice: «Esta familia pasó, por motivos militares, a Francia y a Italia, siguiendo el ejemplo de otras nobles familias escocesas.,.» 6 Fatto Genealogico con Documenti Comprovanti le qualita Generiche e Specifiche con il Blasone Gentilizio della Nobile Famiglia Sitona di Scozia. Archivio della Lombardia, Milan. Araldica, Cartella 120.

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C Ó D I C E DE S I T O N I

El Alessandro Seton citado es, casi seguramente, Sir Alexander Seton, activo entre 1311 y 1340. Firmó en 1320 la carta al Papa declarando la independencia de Escocia y guerreó contra los ingleses. En cuanto al rey Roberto II (1316-1390), ocupó el trono de 1371 a 1390 y fue el primero de la dinastía Stewart. Durante su reinado, turbulento y guerrero el único de la familia que he encontrado es Sir J o h n Seton of Seton, padre de Sir J o h n Seton (tl424) y abuelo de George Seton, primer Lord Seton ( t l 4 7 8 ) ^ ' ^ Interesan especialmente los dos miembros de esta destacada estirpe que tuvieron relación con España. Teniendo en cuenta, desde luego, las posibles exageraciones que aparecen en gran parte de los textos que trataban entonces de genealogías. George Seton (Fig. 1), quinto Lord Seton (1530?-1585) fue un personaje muy importante en la Corte de la reina María (Fig. 2). Posiblemente por ser católico, tuvo que exilarse; pero volvió a su patria hacia 1561. En lo que puede suponerse un segundo exilio —o quizá como embajador discreto de la soberana— estuvo en Flandes probablemente hacia 1569. Entró allí en relación con el duque de Alba que gobernaba el territorio. En la parte dominada por los flamencos, intentó hacer pasar al servicio de España a dos regimientos escoceses, con el designio de que pudieran servir, posteriormente, a su reina. Le descubrieron, pero logró salvarse gracias a la ayuda prestada por sus compatriotas, oficiales de aquellas tropas. Se dice que el duque le ayudo con dinero para esta intriga pero también que, no sé si antes o después, tuvo que mantenerse guiando un carro de cuatro caballos^, cosa rara en un aristócrata. Su tercer hijo. Sir John Seton, Lord Barns, vino muy joven a Espana y textos escoceses dicen que Felipe II le hizo caballero de la Orden de Santiago, gentlemen of his chamber and cavallier de la Boca (Gentilhombre de Casa y Boca) y le concedió una pensión, transmisible a sus herederos, de dos mil coronas. Eran estos honores muy importantes, especialmente el primero. Pero no aparece en el registro de caballeros de Santiago, aunque hay que tener en cuenta que muchos expedientes se perdieron, al haber sufrido el archivo de Uclés dos incendios graves, uno en el siglo XVI y otro en el XVIII. 7 The Dictionary of British National Biography. Oxford University Press, reedición de 1921-1922, Vol. X V I I , p. 1205. Artículo SETON, GEORGE, first Lord Seton (died 1478). 8 Si se deseara completar la información sobre los Seton escoceses, hay la siguiente bibliografía adicional en J . P . Ferguson, Scottish Family Histories in Scottish Lihrairies..., p. 160. Sir Richard Maitland, The Genealogy of the house and surname ofSetoun; with the chronicle of the house ofSetoun, comp in metre by James Kamington, alias Peter Manye. Edimburgh, 1830. The History of the house ofSetoun to the year 1559; with the continuation by Alexander, Viscount Seton, to 1687. Glasgow, 1829. Sir Bruce Gordon Seton. The House of Seton: a study of lost causes. Edimburgh, 1939-41. Sir George Seton. A history of the family of Seton during eight centuries. Edimburgh, 1896. Robert Seton. An old family, or, the Setons of Scotland and America. New York, 1899. 9 Op. Cit. en n. 7, pp. 1206-1208. George Seton, Advocate, A History of the Family of Seton during Eight Centuries. Dos Vol., T , & G. Constable, Edimburgh, 1896, Vol. 1, pp. 173-175.

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ESTIRPE Y J U V E N T U D

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En cuanto a la pensión, la considero improbable, dado el mal estado en que entonces se encontraba la Hacienda. Conviene establecer en qué época tuvo esto lugar. Murió Sir John en 1594 pero, como en el caso de otros muchos de esta familia, no tenemos la fecha de nacimiento. Sólo se dice que falleció «en la flor de su edad, un joven» y el rey Jacobo VI le hizo volver a su país antes de 1581. Es probable, por tanto, que naciera hacia 1555 y estuviera en España, más o menos, entre 1570 y 1580'°. Todo lo anterior está, desde luego, sujeto a revisión y es posible que un buen conocedor de la historia de Escocia pudiera modificarlo; pero considero algo absurdo que, un extranjero como yo, intente emprender una investigación detallada allí, sobre un punto, en cierto modo, secundario. Estoy seguro de que existe un fondo de verdad en lo que se cuenta de estos personajes, aunque embellecido por la vanidad de los familiares que escribieron o hicieron escribir sobre ellos. La razón es que parece lógico que si George Seton, católico y de la más alta aristocracia escocesa había hecho servicios a la Corona española en las guerras de Flandes, esto fuera conocido por Felipe IL Y que acogiera, con complacencia, a un hijo suyo. En cuanto a Sir John, aun rebajando e incluso anulando los favores recibidos, no creo haya por qué negar que estuviera en la Corte y fuera apreciado como un hombre distinguido. Por su origen, pero sin excluir su mérito personal, que al parecer tenía: ya que al volver a Escocia el rey le encargó de cometidos importantes". Vuelvo a Giovanni Francesco Sitoni. No conozco nada de su formación técnica: es bien sabido que entonces muchos ingenieros —o arquitectos hidráulicos, nombre por el que también se les designaba— no pasaban por la Universidad, sino que aprendían trabajando a pie de obra, formación completada, a veces, por lecturas no controladas. Pero es posible que él sí lo hiciera, siendo su familia de clase elevada y también por el estilo literario de su tratado, en las partes en que la corrección avanzó más, si se le compara con otros escritos técnicos más o menos contemporáneos. Asimismo, el del informe en español, al que después haré referencia.

10 Op. cu. en n. 7, p. 120. Op. Cit. en n. 9, Vol. 2, pp. 621 y ss. 1 i Nota d u r a n t e el período de corrección de pruebas. U n libro reciente, David Stevenson, The Origins of Freemasoniy/Scotiand century 1590-1710. C a m bridge University Press, Cambridge, 1988, pp. 27-30, 86 y otras, añade información sobre los Seton y sus actividades. Alexander Seton, conde de Dunfermline, era uno de los cortesanos que, permaneciendo católicos, evitaban actos que pudieran provocar la persecución; probablemente, incluso, acudía a los servicios religiosos de cuando en cuando. Fue diplomático y llevó a cabo una misión en Francia (1584), posiblemente pidiendo ayuda p a r a el restablecimiento de la antigua religión. Su hijo fue un humanista distinguido, especialmente en la arquitectura y en las matemáticas. A principios del siglo XVI hay constancia de otro Alexander Seton, alquimista; se llegó a suponer había fabricado oro. Es curiosa la demostración documentada de la existencia de masonería especulativa antes de la fecha normalmente admitida, en Inglaterra.

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C Ó D I C E DE S I T O N I

Encontré mencionada por primera vez la actividad del personaje en 1556 y entonces trabajaba en las obras del Duomo de Milán y se le denomina ingeniero y agrimensor'^. La última palabra u otras parecidas que definirán a menudo su labor principal, se refieren ai acto de nivelar: hoy diríamos que fiie, especialmente, un topógrafo. Lo que no implicaba ningún demérito en relación con ser ingeniero. Porque la geometría gozaba de un aprecio especial, que quizá comenzó con la admiración por Pitágoras y su obra, aumentada y embellecida. Aunque consta también en textos herméticos más antiAl final del mismo año se le nombró ingeniero extraordinario de la Regia Ducal Camera de aquella ciudad'^. El Colegio de los ingenieros, arquitectos y agrimensores de la ciudad y del ducado de Milán creó en 1563 una comisión para examinar a los que quisieran formar parte de él y decidir sobre si eran dignos de ser admitidos; no es necesario insistir en la importancia que el pertenecer a estas corporaciones tenía, dada la rígida estratificación clasista de entonces. La elección de los que debían formar parte de la comisión dio lugar a protestas, llegándose incluso a recurrir al Senado y al rey. Pero, finalmente, se llegó a un acuerdo sobre seis nombres y uno de ellos era Sitoni, en calidad de agrimensor'^

Como veremos después, su saber topográfico fue duramente puesto en duda y por alguien eminente. Por ello creo que hay que terminar este capítulo con unas cortas observaciones sobre el territorio en que pasó la primera parte de su vida. Lombardia era un dominio de la Corona de España, por un complicado juego político, que aquí no puedo detallar. Nunca produjo ningún beneficio, e incluso se negoció muy seriamente cederlo o venderlo. El nivel de vida de sus habitantes era muy superior al de los españoles. Por otra parte, y aún teniendo en cuenta la historiografía moderna algo más favorable al período de Carlos V y Felipe II en nuestra patria, no hay duda de que las ciencias y las técnicas se desarrollaron, en diversos estados italianos, más que en cualquier otro país de Europa'^. Por tanto, y aún excluyendo el que escribió un tratado, lo que pocos técnicos hacen, sus conocimientos topográficos —técnica que no se cuenta entre las más complejas, por cierto—, sólo teniendo en cuenta los cargos hasta ahora citados, fueron, sin duda excelentes.

12 Annali della Fabbrica del Duomo di Milano. Milan, 1881, Voi. 4.°, año 1556, pp. 22-23. 13 Archivio della Lombardia, fondo autografi, ingegnieri 1556. Cart. 86, fase. 38. 14 P. Mezzanotte, L'architettura da F. M. Richino al Ruggeri, en Storia di Milano. Milan, 1958, Voi. X I , p. 441. 15 Recomiendo, Federico Chabod, Storia di Milano nell'epoca di Carlo V. Giulio Einaudi editore, 1961 y Storia d'Italia, Annalli 3, Scienza e tecnica nella cultura e nella società dal Rinascimento a oggi. A cura di Gianni Micheli. Giulio Einaudi editore, 1980.

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C A P Í T U L O III

PRIMERA ESTANCIA EN ESPAÑA: LA ACEQUIA IMPERIAL

DIO COMIENZO EL TRABAJO que iba a hacerle venir a España, en 1566. Entonces firmó un contrato con Gabriel Casato, presidente del Senado de Milán, por el que se comprometía a «...entender sobre el proseguir de la fábrica de la acequia Imperial de Aragón...»'®. Este canal de riego (Fig. 3) fue un proyecto muy ambicioso: partiendo de Navarra debía llegar a Zaragoza, y su longitud sería del orden de 80 km. Los aragoneses desearon desde antiguo su construcción, que inició Carlos V en 1530; por cierto que tenía en él gran interés e incluso sobrevaloró los resultados que podían obtenerse. Pero la ruina del Estado español, debida a causas diversas —a alguna me referiré más tarde— hizo que los trabajos en la fecha en que Felipe ÍI solicitó el informe al milanés llevaran mucho tiempo interrumpidos. En realidad sólo siglos después, en el brillante aunque corto período de la Ilustración, se reanudaron con un plan aún más ambicioso, en el que debería llegar hasta el Mediterráneo y ser navegable'^. Al leer el citado contrato para su primer trabajo en España sorprende inmediatamente el elevado salario que se le fija, ochenta escudos de oro en oro al mes, desde que dejara Milán hasta que volviera. Y para gastos de viaje el salario de tres meses, más una ayuda de costa extraordinaria de cien escudos, y cuatrocientos de anticipo. Se verá después como, en comparación con lo que ganaban normalmente los ingenieros, esto resulta extraordinario y, aún más, puesto que no hay noticia de que antes hubiera trabajado como ingeniero hidráulico. Aunque el encargo indica que es seguro que lo hizo y 16 Archivo General de Simancas (AGS). Casas y Sitios Reales (CSR): leg. 253, fol. 75 (8.2.1566). 17 E n el libro del Conde de Sástago. Descripción de los canales Imperial de Aragón, i Real de T a u s t e dedicado a los Augustos Soberanos D. Carlos I V i d. M a r í a Luisa de Borbón, Zaragoza, 1796, sólo se indica, en Vol. I, p. 9: «El Sr. D. Felipe II, en el año 1566 traxo de Italia con este destino al Ingeniero de gran f a m a en aquellos tiempos D. J u a n Francisco Sitoni». Esta obra h a sido reeditada, seguida de otros estudios sobre el Canal. Secretaría General Técnica del Ministerio de O b r a s Públicas y Urbanismo, etc. Dos tomos, M a d r i d , 1984.

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entonces, viviendo en Milán, con toda probabilidad sería en la red de canales navegables de Lombardia. Son éstos muy importantes en la historia de las técnicas, pues sólo los franceses, y en el siglo X V I I , hicieron algo semejante. El primero, que después tomaría el nombre de Naviglio Grande, llegó a Milán en 1257 y a él siguieron muchos otros. Había entonces allí una clase dominante interesada por el progreso, y al mismo tiempo la zona resultaba muy apropiada para este tipo de obras: la llanura, cuyo nivel desciende suavemente desde los pueblos a la ciudad, terreno fácilmente excavable y variaciones moderadas en el caudal de los ríos, bastando los aliviaderos de los azudes para controlar las crecidas. Se distinguió como impulsor de este grandioso conjunto hidráulico, Francesco Sforza, en el siglo XV. Después, la falta de recursos económicos a la que tantas veces tengo que referirme, hizo que las obras se redujeran mucho durante el dominio español. Es seguro que las hubo, sin embargo, aunque sólo fueran de conservación y en ellas habría lugar para Sitoni. Pero tengo que decir que faltan huellas de él en el bien conservado Archivio de la Lombardia: aunque, desde luego, no se ha hecho un estudio exhaustivo. Por otra parte estos trabajos colaboraron en el desarrollo científico básico de la técnica hidráulica y no sólo en el Milanesado. Es cierta, al menos en términos generales, la observación de Engels según la cual «toda la hidrostática ha procedido de la necesidad de regular los cursos torrenciales de Italia en los siglos X V I y X V I I » . Esta primera estancia de Sitoni en España fue relativamente corta, pues emitió su informe en agosto de 1566, describiendo la acequia pero llegando a la conclusión de que no se debían continuar las obras por la mala situación financiera en que se encontraba la nación. Pero siguió en Aragón, sin que haya noticia de ninguna labor por él llevada a cabo, hasta finales de 1568; lo prueba el que todo este tiempo le pagó la tesorería de aquel Reino. Volvió entonces a Milán. Lo anterior procede de una excelente obra, muy utilizada por los historiadores de la arquitectura y de las técnicas'®. Pero, además, he encontrado una alusión complementaria interesante y en un l u p r inesperado. El librito de Rafael Laguna, titulado Manual de aguas y riegos^"^ es muy interesante; va dirigido más bien a los usuarios hidráulicos y al lector no especializado, que a ingenieros o eruditos. Pero incluye una parte histórica en la que lo anterior está ampliado. Copio textualmente: «En el año de 1566, mandó Felipe II venir de Milán a J u a n Francisco Sittoni, famoso ingeniero, para que reconociese la acequia Imperial, y con su parecer se perfeccionase esta grande obra. Antes había dispuesto que la visitase el canciller D. Bernardo de Bolea, quien dejó 18 Eugenio Llaguno y Amirola y J u a n Agustín Cean-Bermúdez. Noticias de los arquitectosy arquitectura de España desde su restauración. Madrid, 1829, Voi. I I I , pp. 19. 19 Biblioteca Enciclopédica Popular Ilustrada, Madrid, 1878, pp. 166-167.

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P R I M E R A ESTANCIA EN ESPAÑA: LA A C E Q U I A I M P E R I A L

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en 12 de Mayo del mismo año una instrucción en el lugar de Grisen^°, la cual tuvo presente el ingeniero italiano para formar la puntual y juiciosa relación que presentó al rey en 15 de Agosto de dicho año. A pesar de todo esto, quedó por entonces abandonada la prosecución de la famosa acequia». El citar Laguna dos fechas dentro de un mismo año, me hace pensar que es prácticamente seguro que tuvo a la vista los documentos. Por ello se ha hecho una segunda búsqueda añadiendo, a todos los archivos que aparecen, antes y después, en las notas, el General de la Corona de Aragón^'. Pero también sin éxito.

20 Población cercana a Zaragoza, hoy j u n t o al Canal Imperial: pero las obras no podían haber llegado allí, en la fecha citada. 21 Se ha llevado a cabo sólo u n a investigación parcial en los legajos de Aragón ya que éstos — a diferencia de los referentes a Valencia y C a t a l u ñ a — no están aún inventariados.

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C A P Í T U L O IV

VUELTA A ESPAÑA: LA ACEQUIA DE COLMENAR, EL ENFRENTAMIENTO CON HERRERA Y LOS RIEGOS DE CATALUÑA

EN 1569 estaba otra vez en nuestro país y en febrero tenemos ya la primera mención del nuevo trabajo que iba a serle encomendado. Pues el rey escribe: «Hame parecido bien la prevención de materiales para la acequia de Colmenar mientras viene Francisco Siton»^^. Voy, por tanto, a referirme a esta obra hidráulica, sólo de relativa importancia intrínseca, pero notable en cambio por los ingenieros que en ella intervinieron. En el Real Sitio de Aranjuez, Felipe II encomendó a los dos famosos arquitectos de El Escorial, Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera, la ampliación del antiguo palacio, que hoy-ha desaparecido, siendo sustituido por uno del tiempo de los Borbones. Hizo también plantar hermosos jardines. Asimismo ambos intervinieron, junto con otros, en el proyecto y construcción de un pequeño embalse que, a pesar de lo cual, se llama, desde entonces «mar de Ontígola». Fue uno de los primeros en revivir su utilización para recreo, en este caso de la Corte, que se había perdido desde los tiempos del Imperio Romano^^. Para los jardines había que tomar agua del Tajo. Y esta necesidad coincidía con la de los vecinos del pueblo de Colmenar de Oreja situado a unos 23 km al noreste y relativamente cercano al río, pues querían regar sus tierras de labor. La solución sólo podía ser una acequia y Felipe II mostró un interés especial en ella. En el mismo texto citado, se hace mención de que se ha encargado la nivelación del futuro canal a tres ingenieros pero dejando a Sitoni, a mi parecer, la decisión final ya que se dice «...y venido Sitoni se sepa lo que conviene». Trato brevemente sólo de uno de los tres ingenieros, pues su vida 22 0/Ì. y p . Cit. en n. 17. 23 N o r m a n A. F. Smith, The Heritage of Spanish Dams. Spanish National Committee on large Dams, M a d r i d , M C M L X X . N o está paginado.

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es bastante extraordinaria, incluso en aquellos tiempos de poca especialización. Y creo merecería que algún historiador la estudiara con detalle. Se trata de Ambrosio Mariano Azaro, napolitano y, por tanto, también súbdito del rey de España. Como ingeniero militar intervino en la batalla de San Quintín. Después el rey le encomendó el estudio de la posibilidad de hacer navegable el Guadalquivir desde Sevilla a Córdoba, o sea, 180 km, en un gran río. Y, por último, trabajó en los riegos del Jarama, más los del Tajo a que ahora me refiero; y en estos últimos propuso una solución mucho más ambiciosa que los demás que fueron consultados. Pero paralelamente a sus labores ingenieriles, tuvo una existencia muy complicada. Fue teólogo seglar en el Concilio de Trento, personaje importante en la Corte de Polonia y Caballero de Malta. Le encarcelaron dos años acusado de asesinato aunque finalmente fue absuelto; y entonces perdonó a los que le habían denunciado. Ermitaño en Andalucía, e influido por su amistad con Teresa de Jesús, finalmente carmelita descalzo. Aparece varias veces citado en las obras de la Santa. Se cuentan de él otras cosas, salpicadas de sabrosas anécdotas^^. Mostraba el rey cierta impaciencia en que llegara Sitoni y se hiciera cargo de todo, lo que prueba el que siguió con atención las etapas de su viaje, escribiendo que «vendrá en las galeras que se esperan cada día» y poco despés «...que se tiene aviso que llegó a Zaragoza y se le ha enviado orden de que venga y que luego se le confiera todo y tome en ello la resolución que más convenga»^^. Parecía confiar mucho en él, a pesar de que tenía a su servicio muchos ingenieros, algunos de ellos ilustres y se trataba sólo de un canal de modestas dimensiones. Los que informaron antes de su venida estaban todos de acuerdo, después de ver los azudes de varios molinos, que el mejor para establecer la toma de la acequia era el de Buenamesón. Que,, por cierto, sigue existiendo hoy y utilizado para riegos, con la vieja estructura algo recrecida y, por tanto, no visible. Ello, parece corresponder a lo que aparece en el plano conservado (Fig. 4) en Simancas^®, aunque no he encontrado conexión directa con el documento. La iglesia, por cierto, se conserva. Llegó Sitoni, estudió la obra y emitió su informe. Por cierto en buen castellano como el de Ambrosio el Ermitaño. Es curioso que su prosa sea mejor que la de sus colegas españoles y la del cremonense Juanelo Turriano que también intervino, como después se verá; pero hay que tener en cuenta que todos estos procedían, seguramente, de una clase social más baja. Y, en cambio, el castellano era una lengua de cultura muy apreciada en 24 M á s información sobre el personaje en José A. García-Diego, «Sobre aventuras de ingenieros italianos renacentistas». Incluido en Historia de las obras públicas. Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Madrid, 1984, pp. 158-160. 25 Archivo del Palacio Real (APR). Cédulas Reales (GR): Voi. 3, fol. 109 (18.3.1569). Id.: Voi. 3, fol. 118 v. (8.6.1569). 26 A G S - Mapas, planos y dibujos: XL-13, anverso y reverso.

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los dominios españoles, especialmente entre los universitarios y otra gente cultivada. El informe de Sitoni^^ es técnicamente correcto y permite establecer una comparación económica de las distintas soluciones, prácticamente igual a la que un ingeniero actual haría. Supone la toma del canal en cinco de los azudes que había y pone, en cada caso, la longitud de la acequia, la superficie que puede regarse —separando la que era propiedad del rey de la de los vecinos de los pueblos— y el coste. Yo he dividido costes por superficies y resulta que eligió la segunda solución, o sea no teniendo sólo en cuenta la economía; pero, en cambio, parece que ella tenía ventajas técnicas. Las obras comenzaron en 1570, bajo su dirección, aunque haciéndose la toma en el azud de Sotomayor o sea, no en el que él había propuesto inicialmente. Pero en 1571 empezaron las dificultades. El gobernador de Aranjuez, ordenó vieran la obra Juanelo Turriano y otros dos ingenieros españoles, pues parecía que la acequia iba por un lugar equivocado y convendría señalar otro para hacerla de nuevo^®. Turriano es el más famoso de los ingenieros que trabajaron en España durante este siglo; también se distinguió, entre otras cosas, como astrónomo y autor de dos relojes planetarios que se consideraron sin igual^®. Dos años antes había empezado a funcionar el primero de los ingenios que proyectó y construyó para elevar el agua desde el río Tajo al Alcázar de Toledo Los resultados de la inspección hecha por él y Jerónimo Gili, así como de otra, por separado, de J u a n de Castro, fueron enviadas a J u a n de Herrera y son, relativamente, desfavorables. Propusieron cambiar la toma de la acequia y también el aliviadero que consideraban era insuficiente, y causa de que pasara el agua sobre la presa cuando había crecidas. Los dos primeros, unieron a su informe un plano de la obra, que no he podido encontrar^'. Se hiciera o no caso a estas críticas, Sitoni siguió dirigiendo los trabajos hasta que, en diciembre de 1572, autorizó el rey se fuera por cuatro meses «...al nuestro Estado de Milán, donde sois natural, a ciertos negocios que os "VI

convienen...» . Pero antes, en el mismo año, se produjo un incidente significativo en su vida. Martín de Gaztelu, Secretario de Felipe H y uno de sus más eficaces colaboradores, se dirigió, por orden de éste, a J u a n de Herrera pidiéndole «...me avise de lo que entiende de la habilidad de este Si ton en materia de 27 Archivo del Palacio Real (APR) - Cédulas Reales (CR): leg. 252, fol. 112 (1569). 28 A P R - C R : Vol. 3, fol. 219-220 (20.1.1571). 29 J o s é A. García-Diego. Los relojes y autómatas de Juanelo Turriano. Albatros Ediciones, M a d r i d - V a lencia, 1982. Edición inglesa ampliada: Juanelo Turriano, Charles V's Clockmaker/The Man and his Legend. Monografía n.° 26 de Antiquarian Horological Society (Reino Unido), Editorial Castalia, M a d r i d , 1986. 30 José A. García-Diego. «El artificio de J u a n e l o T u r r i a n o en Toledo; u n a reconstrucción frustrada.» Revista de Occidente, M a d r i d , N.° 64, septiembre 1986, pp. 39-50. 31 AGS-Casas y Sitios Reales (CSR): Leg. 233-225 (26.1.1571). 32 A P R - C R : Vol., 3, fol. 419 v. (1.12.1572). Museo Valencia de D o n j u á n . Envío (61). II, f 3 v. (28.10.1572).

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acequias porque aunque aquí hay otros de su profesión... no sabe S.M. si tienen la práctica y experiencia que el dicho Siton en esto de riegos ni si tiene ya acabado el que hacía en Aranjuez del todo...». Lo que yo interpreto como que se le consideraba bueno, mejor, en principio, que los demás. Herrera devolvió este papel a Gaztelu poniendo al dorso un juicio durísimo que voy a copiar, omitiendo sólo algunas repeticiones: «Cuando J o a n Francisco vino de Italia que S.M. estaba en el bosque de Segovia me preguntó lo que sabía y le dije mi parecer que era que no sabía nada de que S.M. se pudiera servir de él y que para lo que le traían que era para nivelar que él no lo sabía lo cual se mostraba por el instrumento que para ello traía que era falso y que de cosas de fábricas no sabía nada y muchas veces después lo dije al conde de Chinchón, el cual creo que después lo vio por experiencia; todo esto creo se tuvo por sospechoso en aquel tiempo pero yo dije la verdad. En lo demás de decir que se ha entretenido para lo del riego de Jarama, otros muchos hay en el Reino que diciéndoles lo que han de hacer lo ejecutarán con mejores términos que el susodicho y a menos costa, y sepa V.M. que en lo de este riego... se ha aprovechado en recitar lo que yo había dicho acerca de él y Juanelo y no ha innovado cosa alguna... porque las cosas en llegando a un cierto término allí se aquietan y el buscar más en ellas o es andar por las ramas o echarlas a perder y su práctica en materia de acequias cuando aquí vino era ninguna y ahora es casi lo mismo aunque entró experimentado a costa ajena... la falta que él puede hacer en Aranjuez yo no la sé... 3 3 Hay distintas explicaciones posibles para éste enfrentamiento. U n a es que Herrera, que no sólo conocía la topografía sino que había inventado instrumentos —incluso uno que intentaba resolver el famoso problema de la determinación de la longitud geográfica— se sintiera humillado por no haber sido consultado. O bien por cierto rechazo a los extranjeros, aunque Lombardia pertenecía a la Corona española; pero, en mayor o menor grado, la xenofobia es sentimiento universal, o casi. Basta recordar que personajes tan ilustres como Petrarca y Maquiavelo escribieron, refiriéndose a eVíos, fuori i barbari. Pero yo propongo otra solución —desde luego quizá hay más—: y, para ello, conviene considerar el nivel económico de los ingenieros. Era éste relativamente elevado, porque no abundaban, y el de los arquitectos, sólo muy ligeramente inferior. Esto último, a mi entender, porque se invertía mucho más en edificios que en obras públicas civiles e incluso sumando a ellas las militares: lo que puede extrañar, pero ha ocurrido en otros sistemas donde el capitalismo casi no se había iniciado. Tales construcciones (Fig. 5) eran, en gran parte, religiosas, o sea iglesias y conventos. En efecto, la Iglesia recibía un porcentaje desmesurado de la renta nacional, parte del cual lo invertía en 33 A G S - O b r a s y Bosques (OB): Escorial, leg. 7. Los documentos están copiados íntegramente en A. Ruiz de Arcante, JwaK de Herrera arquitecto de Felipe II. Espasa-Calpe, S.A., M a d r i d , 1936, pp. 176-177.

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ayudar a los pobres —a los que había contribuido a crear— pero también en obras arquitectónicas y de otras artes. En cambio la Corona, arruinada, entre otras cosas por una insensata política exterior, más la inflación y los intereses de deudas siempre crecientes, no disponía de demasiados fondos para obras públicas: lo que se dijo antes de la acequia Imperial es buen ejemplo. Esta carencia no pudo ser suplida por los particulares, por el ya citado tardío desarrollo del capitalismo: aunque debe decirse que algo, aunque poco, se intentó, especialmente en la zona mediterránea. Y en cuanto a la nobleza, otro estamento muy favorecido en el reparto, también era un buen cliente de los arquitectos; aunque quizá no tanto como en Italia y Francia. No así la burguesía, clase que tarda en tener una función y medios económicos importantes. Doy a continuación los salarios anuales que cobró Juan de Herrera, que hay que recordar es considerado una de las grandes figuras de la arquitectura mundial y fue buen amigo del rey Felipe II. Como ayudante de Juan Bautista de Toledo cuando éste comenzó la obra de El Escorial en 1563, cien ducados^^. Muerto Toledo en 1567 —que por cierto nunca ganó más de 420— se le aumentó el sueldo a 250. En 1569 obtuvo además un cargo cortesano, no relacionado con su profesión y, entre los dos, ingresaba 650. En 1577 llegó al apogeo de su fama e influencia y, al mismo tiempo, alcanzó su máximo salario como arquitecto: 800 ducados. Porque aunque nunca cesó del todo de trabajar, el juro (renta vitalicia) de 1.000, que cobró a partir de 1587, fue en reconocimiento a su larga y gloriosa carrera al servicio de la Corona. Juanelo Turriano nunca ganó más de 400 ducados, aunque tenía, además, 200 de renta sobre unas propiedades de Milán, merced que le había hecho Carlos V en premio por haber ideado y construido el primero de los citados relojes planetarios. Ingreso, por tanto, extraordinario, y que no debe entrar en una comparación con lo que cobraban otros. Tenemos por tanto que en 1572, cuando recibió la consulta sobre Sitoni, Herrera que construía uno de los más famosos monumentos de Europa, teniendo además tiempo aún para otras obras, en parte de ingeniería y dedicarse a la filosofía, a diversas ciencias y a invenciones mecánicas, ingresaba en su casa 650 ducados. Y Sitoni, 960 cuando trabajaba («se ocupara en cosas de su oficio», dice la Cédula Real) y, lo que es más curioso, cuando no hacía nada, 600: por cierto que expresó su disgusto cuando se le comunicó esta rebaja. Pero si volvemos al momento en que el italiano llegó a España, en 1566 como se ha visto, cobraba la primera de estas cifras y entonces Herrera, cuya opinión era que nada sabía, ¡100! ducados. Debe tenerse cuidado de no caer en anacronismos pero, de todos modos, la enorme diferencia de salarios no se comprende, especialmente porque Sitoni parece no había hecho, hasta entonces, más que un informe de tipo 34 U n ducado equivalía a un escudo.

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general y después nivelar, proyectar y dirigir —bien o mal— una acequia no muy larga. Y aunque puedan hacer descubrimientos futuros investigadores, es difícil que encuentren, creo yo, muchas obras desconocidas, por lo menos importantes: ya que el tiempo de Felipe II fue una apoteosis del control burocrático y todo quedaba registrado. Y lo que, en cambio, se comprende es que J u a n de Herrera —hombre honrado, pero del que nadie ha afirmado que fuera un santo— desarrollara cierta hostilidad hacia el milanés. Para el trato que se le dio, no encuentro otra explicación que la ya expresada, de que se le consideraba noble por su parentesco con los Seton escoceses: y, sólo por ello, fuera apreciado y bien pagado en la Corte. A no ser que hubiera alguna razón de tipo personal que entonces, probablemente, nunca sabremos; pues la historia anecdótica suele ocuparse sólo de personajes importantes. Como puras hipótesis, desde luego sin ningún apoyo documental, pudo ser lo que hoy llamaríamos un agente secreto, quizá ocupado en las relaciones con católicos escoceses o ingleses. O bien tener algún poderoso protector, o protectora. En 1577 se redacta un documento que lleva como título «Juan Francisco Siton/ (En 3 años no ha hecho nada)» y que fue leído en un Consejo del rey^^. De acuerdo con el título, dice que volvió de Milán va para tres años y en todo este tiempo nada ha hecho. Repite los salarios que cobra y dice se queja por recibir menos cuando inactivo, que cuando trabajaba, lo que no es «conforme al concierto con que salió de su casa». Y que, «en caso (de) que se sacase el riego del Jarama... ya V . M . sabe que hay otras personas que lo podrían hacer... y que a este se le podría dar licencia para que se vuelva a casa y excusarse el salario que lleva sin servir». O sea, que sus enemigos —el documento no está firmado— continúan atacando y Herrera, habría fracasado. Pero lo que creo más interesa es la nota al margen, de Felipe H, que parece no querer desprenderse de él. La copio completa: «Aunque (sea) así que hay aquí otros de su profesión todavía no sé si tendrán la práctica y experiencia qual (sic) de esto de riegos. Y no sé si tienen acabado el que hacía en Aranjuez del todo. Bien será que os informéis de Herrera de lo que le parece en cuanto a su habilidad en esto y de Alonso de Mesa (era éste el Gobernador de Aranjuez). Si tiene acabado lo de Aranjuez. (Con) lo uno y lo otro se verá lo que más convenga». Meses después, pero en el mismo año, se establece el concierto entre Colmenar y Aranjuez, aportando el rey a los vecinos de dicha Villa 30.000 ducados. Sitoni aparece como el apropiado para dar orden y asistir en las dichas obras y firma como testigo. En otro documento análogo y de fecha cercana, hace constar ser ciudadano de Milán^®. Poco después vuelve al Consejo el asunto de su sueldo, pero ya se dice 35 Archivo Histórico Nacional ( A H N ) : leg. 15190, Consejos. Cuadernillo H I , n." 3 (20.1.1577). 36 Archivo de protocolos de M a d r i d ( A P M ) . Protocolo 281 de Feo. Testa, f. 237-242 v. (16.10.1577). I d e m . (26.11.1577).

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VUELTA A ESPAÑA: LA ACEQUIA DE COLMENAR...

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que, ante todo, importa vaya a ver la acequia de Cataluña. El rey al margen indica que no se acuerda muy bien de sus retribuciones, pero aprueba^^. Existe aún más documentación de 1577, sobre su salario y los riegos de Colmenar. También sobre la controversia con Herrera pues el rey ordena al anónimo autor se junte con Sitoni para «que se vea la orden que se ha de dar en (sic) poner en ejecución lo que toca al dicho riego, sobre lo que hablaré a Herrera y procuraré el efecto de ello. Como quiera que están muy diferentes» (el subrayado es mío). A los pocos días, ello tiene lugar pero: «...porque pensar que él y Herrera, en efecto, han de ir a entender de ello es por demás, pues no es posible concordarlos y así lo comenzaron hoy a mostrar, ni Sitoni quiere entender en ninguna manera en cosa que haya de concurrir Herrera». Debió valer la pena asistir a la entrevista entre los dos, suponiendo tuviera lugar, lo que no está claro. Pero Felipe no decide, ahora alegando falta de tiempo^® y Sitoni empieza su labor en Cataluña. Este es su tercer trabajo ingenieril en España, y también tiene aspectos oscuros. Hay cortas citas en los documentos de los que últimamente me he ocupado pero la referencia más importante es lo que dice que «habiendo el Rey dado comisión en 10 de Mayo 1576 a su consejero Mosen J u a n Franquesa^® para que ejecutase una acequia en Cataluña con las aguas del río Segre, y una presa entre las villas de Pons y Oliana, mandó S.M. a Sitoni que fuese a hacer los reconocimientos del terreno, y los planos necesarios, a las órdenes del dicho Franquesa; pero nada de esto tuvo efecto»'"^". El milanés no debió intervenir hasta 1578. Es cierto que en la provincia de Lérida existen riegos, algunos de muy antiguo origen, en los ríos Segre y Noguera Ribagorzana; incluso hay una importante presa moderna, precisamente en Oliana. Pero no he visto referencias a la obra de Sitoni, a pesar de existir estudios históricos sobre estas obras hidráulicas; aunque, como otras veces, indico que no se ha hecho una investigación a fondo (Fig. 6). Tiene, por tanto, bastante probabilidad el que sólo redactara un informe, precedido por una nivelación y que después no se construyera nada por falta de fondos, como en la Acequia Imperial. Aunque quizá esté equivocado y se localice algo, aunque sólo sean restos. Pero en el tratado que Sitoni escribió, la cosa se presenta en esta forma: «Pero cuando por la indisposición de algunos caminos o pasos o vías no se 37 A H N , leg. I5I90 Consejos, n." 20 (1) (2) (San Lorenzo, 18.10.1577). 38 A H N : Leg. 15190, n.° 24 (12.11.1577). Idem., Consejos n.° 26 (1) (18.11.1577). Idem., Consejos, Cuadernillo I I I , n." 80, Madrid (20.11.1577). H a y también dos poderes de Sitoni para poder cobrar a Hacienda u a otros. A H P : protocolo 281, de Gaspar Testa, fol. 74 (26.11.1577). Idem., protocolo 281, f 1242 (20.12.1577). 39 Dalmiro de la Válgoma, Mecenas de libros. Su heráldica y nobleza. Madrid, M C M L X V I , p. 228. Debe tratarse de Martín J u a n Franquesa, Familiar de la Santa Inquisición, nacido en Igualada. Entonces la Sociedad no estaba tan organizada como ahora y no debe extrañar que, ostentando tal cargo, interviniera en obras hidráulicas. 40 Op. Cit. en n. 17, Vol. I l l , p. 20.

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pueden trazar y sucesivamente pasar, si no es canales los cuales al descubierto serían profundísimos y por consiguiente costosísimos y casi imposibles, como fue aquel que por orden de su Majestad yo proyecté entre la Villa de Horiola y la de Coscó en el Reino de Cataluña en el año 1578 con el propósito de introducir ahí el agua del Segre, río conocidísimo y muy caudaloso en aquellos parajes, para regar el campo que se dice de Urgel situado entre la ciudad de Lérida y la Villa de Tárrega del mismo Real término en el cual verdaderamente se comprende una llanura de más de ciento cincuenta millas cuadradas...». La superficie parece muy pequeña: quizá es una errata. Viviendo más tarde en Italia, y siendo la naturaleza h u m a n a débil, puede suponerse que a u m e n t a r a la importancia de su intervención en esta zona. Porque en un diccionario de milaneses ilustres, se dice: «...sirvió al Católico Rey en osadas invenciones, hasta el punto de que con pasmo de la naturaleza y el arte, se trazaron canales a través de crestas de montañas para regar provincias enteras, que así se hicieron más productivas y pobladas» Desgraciadamente p a r a España esto no tuvo nunca lugar. *

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*

Esta vida, que parece fue muy cómoda, continuó hasta finales de 1579. Entonces el rey le nombró Ingeniero de la Regia Ducal Camera de Milán y, por los servicios prestados, con derecho a elegir cuál de sus hijos le sucedería en el cargo. O sea que estuvo en España unos once años, durante los cuales no hay huella más que de los trabajos que hemos resumido. Y al final, recibió un sueldo vitalicio, probablemente también elevado, y colocación p a r a uno de sus hijos.

41 F. Argelati, Bibliotheca scriptorum mediolanensium. Milan, 1745, Vol. II, p. 1419.

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CAPÍTULO V

SUS ÚLTIMOS AÑOS

CUANDO VOLVIÓ A SU PATRIA tenía sesenta y siete años, edad muy avanzada en aquella época, pero continuó activo. Mi impresión es que no en asuntos demasiado importantes; ahora, eso sí, en cambio tuvo una muy buena posición social como alto funcionario del Ducado y, quizá, porque habría hecho fortuna. Resumo, a continuación, lo que he encontrado. En 1603 formó parte de una comisión encargada de resolver si las columnas de una de las fachadas del Duomo debían o no tener pedestales, y se decidieron por la afirmativa. Pero el asunto, ya no sé si aun con su intervención, continuaba siendo discutido en 1607^^. He tenido la curiosidad de buscar estos pedestales en uno de mis viajes a Milán, y allí están, en la fachada oriental. También intervino en la erección del Fuerte de Fuentes (Fig. 7), fortaleza española muy importante, en el lago de Como. Se le dio el nombre del que ordenó se hiciera, Pedro Enriquez de Acevedo, conde de Fuentes, general y gobernador del Milanesado a partir de 1600. Hombre notable, cuyos méritos han sido reconocidos incluso por historiadores muy críticos, tanto de la dominación española, como de los gobernantes que eran militares profesionales. Las obras empezaron en 1603 y llegó a alcanzar impresionantes dimensiones; pero tampoco aquí lo que hizo Sitoni está claro. Se dice en el citado diccionario e inmediatamente de las exageradísimas historias sobre sus canales catalanes: «Y no se quedan atrás las (obras) que llevó a cabo en el Milanesado; efectivamente fue asesor del Conde... en la construcción de la fortificadísima cindadela...». Pero sólo conozco un documento en el que aparece —con el nombre de Francesco Sironi, pero seguramente se trata de la misma persona— entre otros varios que miden el fuerte 42 C. Bocciarelli, L'attivila di Francesco Maria Richino nel Duomo di Milano. Congresso in Museo della Scienza e della Tecnica, Milán, 8.12.1968. Vol. 1.°, Milan, 1969.

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en 1608^^; o sea, de nuevo, un trabajo de topografía —mal que le pesara a Herrera—. Otra mínima alusión confirma esto: hizo la valoración (que exigiría, muy probablemente, mediciones y una cubicación previa) del coste necesario para la obra del monasterio de Santo Vittore^. Otras referencias parecen confirmar mi idea de que era en estos años un miembro importante del patriciado de Milán. U n a dice que reunió una colección de varias antigüedades y de reproducciones de las estatuas más bellas de entonces^^. Y también que se le pidió parecer junto con otros, sobre la adaptación para diversas dependencias oficiales del palacio que había pertenecido a Tomaso Marino, duque de Terranova y del que se había hecho cargo el fisco^®. El 11 de agosto de 1608 murió, o sea a los setenta y cinco años.

Su importancia se acrecienta por haber redactado el tratado de obras hidráulicas del que, Alex Keller fundamentalmente y yo de modo mínimo, vamos después a ocuparnos. Querría terminar este capítulo dando ánimos a los historiadores que quieran completar mi modesto estudio. Diré pues que, más o menos durante el mes anterior a aquel en el que terminé de escribir este texto, he tenido conocimiento de dos datos nuevos, creo que interesantes. Para un asunto histórico distinto, escribí a mi amigo el Prof. Augusto Marinoni, famoso leonardista y presidente del Ente Raccolta Vináana; y aproveché la ocasión para mandarle alguno de mis trabajos, entre ellos la citada monografía en inglés, sobre el personaje. Contestó lo siguiente: «...me ha interesado mucho... porque voy a publicar en el número X X r n de Raccolta Vinciana el tratadito "sex quantitatum" que Leonardo atribuía a Al-Kindi, pero en muchos otros manuscritos se atribuye a otros autores. Leonardo se refería a un manuscrito que poseía Marliani, que yo he encontrado en la Biblioteca Nacional de París. El códice lleva al principio la nota Est Jo. Frane. Sitony y contiene varios pequeños tratados de matemáticas. Su estudio es, por tanto, para mí de gran interés, porque muestra la personalidad del propietario que, ciertamente, poseía una biblioteca científica». Es curioso esto, pues parece no casar bien con los comentarios despreciativos de su enemigo J u a n de Herrera que, desde luego, tenía una muy 43 Racolta Ferrari, X V I . Citada por M . L. Gatti, Cose militan: Contributo alia estudio della fortificazioni en Lombardia durante el periodo della dominazione spagnola, 1970, p. 178. P. A. Baldrati, La fortificazione spanala nell'alto Lario, 1970, pp. 213-218. 44 C. Baroni, Documenti per la storia dell'Architettura a Milano nel Rinascimento i nel Barocco. Roma, 1968, p. 214. 45 A. Scotti, I disegni alessiani nelle collezione milanesi. Atti del convegno «Galeazzo Alessi e l'archittetura del Cinquecento europeo», celebrado en Genova en 1974. Genova, 1975, p. 472. 46 Archivio della Lombardia, Fondo UfTici regi. Cartella 748.160.

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buena biblioteca: he repasado su inventario , buscando alguna conexión, pero sin éxito. Y al finalizar la búsqueda en archivos aparece otro viaje a Madrid, en 1583, o sea cuatro años después de su venida, supuestamente definitiva, hasta ahora por mí, a Lombardia: las razones se ignoran pero, desde luego, sigue con cuantiosos ingresos pues dice darse «por contento y pagado» de 1.500 ducados de ayuda de costa para volver a su tierra. Y se titula Gentilhombre de Boca de S.M. —el título exacto sería de Casa y Boca— o sea que hacía antes —o hizo entonces— servicios palatinos, estando cercano al rey.'^^ Por cierto que firman, como testigos, dos criados suyos, escoceses: lo que quizá indica volvió a tener casa aquí. Pero sobre todo, que no perdió contacto con la tierra de sus antepasados; quizá también, su nacionalidad de origen.

47 Luis Cervera Vera, Inventario de los bienes de Juan de Herrera. Albatros Ediciones, Valencia, 1977. 48 A H P . Protocolo 1023, de J u a n Montero, f. 972 v. (27.10.1583).

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C A P Í T U L O VI

TRATADOS TÉCNICOS DURANTE EL RENACIMIENTO

EL ESCRIBIR ESTOS TRATADOS, siguiendo el ejemplo de Vitrubio, fue una ocupación distinguida para una serie de brillantes arquitectos e ingenieros-artistas, desde el siglo XV al XVII. Siguiendo el ejemplo clásico citado, la mayoría de ellos tratan de arquitectura; las referencias a las técnicas, por ejemplo químicas o mecánicas, son sólo marginales. Destacan, pero no son los únicos, los de Alberti, Filarete, Francesco di Giorgio Martini, Palladio, Serlio, Scamozzi... Hasta hace pocos años Biringuzzio y Agrícola eran las excepciones, pues los suyos se dedican a un tema específico distinto. Ambos se imprimieron y son, justamente, famosos. El primero, titulado Pyrothechnia apareció en italiano el año 1540, después de la muerte de su autor Vannuccio Biringuzzio, natural de Siena, y está dedicado a la metalurgia. En 1556, el sajón Georg Bauer, publicó De Re Metalica en latín; también latinizó su nombre, por lo que la posteridad le conoce como Georgius Agricola; trata también de metalurgia pero, en buena parte, de sus aplicaciones a la minería. En cuanto a obras hidráulicas, que es lo que, en este caso, nos interesa, no se imprimió ninguno entonces. Los autores de los tres tratados a los que voy a referirme adquirieron su experiencia, a la vez, en Italia y en España, lo que no es extraño. No sólo en Lombardia, sino en otros Estados italianos había notables obras y máquinas. Y en España las técnicas hidráulicas se desarrollaron mucho también, creo que, principalmente, por razones climatológicas. Siendo la lluvia mucho menor, en gran parte de su territorio, que en casi toda Europa, se hicieron presas de embalse, estructuras muy olvidadas desde hacía siglos en otros lugares; y se modificaron los sistemas de ingeniería, tanto civil como mecánica, para aprovechar al máximo el caudal de los ríos, especialmente en los muy duros estiajes. El más antiguo tratado de hidrotecnología del que tengo noticia es un

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manuscrito que se ha perdido. En efecto, Jerónimo Cardan, en la página 69 de su libro De rerum varietale libri XVII (Avinione, 1558), después de explicar cómo funciona un molino de viento, escribe: «Por lo demás, si a alguien le interesa una descripción pormenorizada y una representación de la máquina, repase el libro del español Jerónimo Giraba (Hieronymi Giraua Hispani), completísimo en dicha materia»''^^. Cuando yo tuve conocimiento de esto, supuse que el códice sería el que estaba en la biblioteca de J u a n de Herrera, en cuyo inventario aparece lo siguiente: «declarazion de vso y fabrica de los ynstrumentos de agua, molinos y otras cosas, en manoescripta, de Geronymo Xiraba»^°. Es curioso que del autor, científico de cierta importancia, no había noticia de que se hubiera interesado por la técnica. Giraba fue cosmógrafo al servicio de Carlos V y pasó bastantes años en Flandes y en Italia. Tradujo, en 1553, parte de un libro de geometría del francés Oronce Fine, cuyo manuscrito se conserva. Y publicó en Milán (1556), una obra titulada «Dos libros de cosmographia» pero que es, en realidad, un compendio de geografía. Hay que hacer constar que su vida y obras no han sido aún estudiadas con detalle. En mi opinión la frase de Cardan sólo tiene sentido si el tratado podía consultarse, quizá incluso adquirirse, sin grandes dificultades. Considero, por tanto probable, el que exista algún ejemplar en las ricas bibliotecas y archivos italianos, pues parece debió ser allí donde se difundió y quizá, incluso, se escribió; no es de extrañar que Herrera lo poseyera, pues acostumbraba a hacer que le trajeran libros del extranjero. Procuraré buscarlo. En cuanto a que Cardan le cita en una página dedicada a molinos de viento no debe inducir a error. Éstos eran una de las dos alternativas para obtener energía y el molino de agua predominaba en ambos países y aún más en España, patria del autor; por lo que es de suponer que el texto trate, en gran parte, de hidráulica: recordamos que dice «...y otras cosas...» en el inventario de Herrera. Tanto el título como la recomendación de Cardan hacen pensar en un texto importante. La fecha j&ojí guem no me parece sería muy anterior a 1558, para no apartarnos de la época en que Giraba estuvo más activo. La existencia del segundo se conocía desde hace siglos pero, hasta hace poco, fue bastante citado —por cierto a veces con errores graves— pero poco leído. Es un extenso tratado que comprende todas las técnicas relacionadas con el agua, incluso algunas que dieron después lugar a disciplinas distintas, y se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. Había sido siempre atribuido a Juanelo Turriano, el ingeniero lombardo a quien, por otras razones, antes me he referido. Lo que yo demostré era falso, y me lo confirmó el gran especialista en las técnicas del Renacimiento Ladislao Reti^'. 49 H a y una edición anterior (Basilea, 1557), pero no he podido consultarla. 50 Op. Cit. en n. 46, p. 167. 51 J o s é A. García-Diego, The Chapter on Weirs in the Codex of Juanelo Turriano: a Question of Authorship. Technology and Culture, Chicago, 1976, pp. 217-234. El capítulo sobre azudes del códice de J u a n e l o Turriano, con una referencia a la atribución. Anales Toledanos, Voi. X V I , Toledo, 1983, pp. 189-209.

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TRATADOS T É C N I C O S DURANTE EL R E N A C I M I E N T O

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En estudiarlo y lograr se publicara me esforcé durante muchos años: y finalmente, en 1983 tuve éxito. La obra a la que puse como nombre del, hasta ahora desconocido autor, «Pseudo-Juanelo Turriano» y cuyo título es Los veintiún libros de los ingenios y de las máquinas, lleva un prólogo mío, que constituye un estudio relativamente detallado^^. La importancia de la obra es muy grande y yo la he emparejado con las citadas de Biringuzzio y Agricola. El texto tiene del orden de 350.000 palabras y 440 dibujos, casi siempre de buena calidad técnica y, en muchos casos, también artística. Puede datarse entre 1590 y 1610 pero, con una probabilidad mayor para los primeros diez años de este período. Pero lo que aquí interesa es, que en el citado prólogo, escribí que el autor, desde luego aragonés, puso en el manuscrito todo lo que sabía del agua y de cómo utilizarla en nuestro país. Pero que tenía un amigo italiano que le proporcionó datos sobre las diferencias que las obras hidráulicas tenían en el suyo: y éste fue, muy probablemente, J u a n Francisco Sitoni. Por lo que incluí un primer resumen de su vida y obra en la citada introducción, fechada el 9 de agosto de 1982. En el artículo en inglés, ya mi opinión se modera. Recuerdo en él que, ya en el texto al que acabo de referirme, había considerado que podía ser posible una solución distinta, y que una relectura del códice italiano había aumentado mis dudas. En consecuencia, que solamente debía mantenerse la hipótesis de que Sitoni, entre otros, podría haber tomado alguna parte en la preparación de Los veintiún libros.... Aun así, reproduje los índices de ambos manuscritos, pero sólo porque, aunque no estuvieran relacionados, eran los más antiguos, hasta hoy conocidos, que tratan de esta técnica^^. Pero seguí ocupándome de este asunto. En 1988 publiqué, en colaboración con el notable filólogo J u a n A. Frago, un libro titulado Un autor aragonés para los veintiún libros de los ingenios y de las máquinas. Copio parte de dos párrafos, incluidos en las páginas que dedico a la autoría^ . «La supuesta ayuda del italiano (Sitoni) me parece ahora que tuvo su origen en mi entusiasmo por el descubrimiento y primer análisis de su manuscrito; pero había algunas otras razones, como su intervención en trabajos relacionados con la Acequia Imperial y los riegos de Lérida, que permiten suponer conoció a ingenieros aragoneses. En cualquier caso dejé de creer en ello en 1984 y, desde entonces, nada se ha descubierto en apoyo de aquella antigua opinión mía». 52 Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, Colección Ciencias, Humanidades e Ingeniería. Ediciones Turner, Madrid, 1984, 3." ed. (1.'' ed. 1983, las tres agotadas). H a y otra edición, autorizada por el Colegio, con prefacio en inglés; The Twenty-one Books of Devices and of Machines, García-Diego C. de B. (Prim 5, 28004 Madrid), 1984. Con el libro se suministra una separata del prólogo en castellano. T a m b i é n hay algunos datos de interés en el folleto; Presentación de la obra Pseudo-Juanelo Turriano los veintiún libros de los ingenios y de las máquinas. Madrid, edición privada, 1984. 53 Op. Cit. en n. 2, pp. 120-123. 54 Diputación General de Aragón, D. L. Zaragoza, pp. 117, 125.

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Y refiriéndome a un propuesto autor: «Hay que decir que el primero que dejó constancia escrita contraria a esta autoría, fiae Marcel Nordon. Ya he citado su análisis de los errores matemáticos. Diré ahora que antes le sirvieron para demostrar que Sitoni no pudo ser coautor^^. Lo que yo, por cierto, nunca había supuesto: pero al menos hace constar que abandoné la hipótesis de que él interviniera en nada referente al códice». Y ello aun sin conocer entonces que tenía una biblioteca con, al menos, opúsculos matemáticos y, seguramente, también libros. Repito, por tanto, que no existe la menor prueba documental y, por otra parte, las críticas interna y externa refutan el que exista relación alguna entre los autores de ambos códices. Hace no muchos meses, y en una de las cartas de Alex Keller relativas a nuestro trabajo conjunto, me dice haber encontrado huella de otro cuarto tratado renacentista sobre hidráulica: y que también estaba en Lombardia. Se refiere a él en el libro de Argelati^®. Su autor, Bartolomeo della Valle y el título. Trattato per Adacquar Terreni. Estaba en la biblioteca de los Clerici Regulares Theatini de Milán. Pero estos teatinos, parece ser que hoy no existen. He preguntado a varios de mis colegas italianos y no saben a dónde puede haber ido a parar este nuevo códice. Pero no perdemos la esperanza de encontrarlo.

Con esto voy a terminar. Mi muy modesta labor de historiador me ha permitido, sin embargo, promover la publicación de los dos primeros tratados de obras hidráulicas que se conocen, ambos escritos en la fase tardía del Renacimiento. También estudiar ambos textos. Y buscar al desconocido autor del primero —aún sin éxito— así como resumir la vida y obra del segundo, un notable personaje olvidado. Después va el análisis del códice que ha escrito Alex Keller y nadie más capaz que él para esta labor. Yo sólo añadiré algunos detalles mínimos. El TRATTATO DELLE virtù et proprietà dellèacque, del trovarle, eleggerle, liuellarle, et condurle, et di alcunéaltre sue circonstanze, tiene 221 páginas, y no está foliado. En las figuras 8 y 9 se reproduce la que lleva el título y una que demuestra se trata de un borrador imperfecto: desde luego hay otras de no tan difícil lectura. Philip J . Weimerskirch, director adjunto de Burndy Library —por cierto perfectamente catalogada— me dice que la ficha en que tenían que estar los datos del manuscrito no se encuentra. Pero yo recuerdo, de mis conversaciones con Dibner, que se compró hace muchos años y muy barato. Y que fue 55 M. Nordon. Introduction and Analysis of the 21 Books of Devices and Machines by Pseudo-Juanelo Turriano. History and Technology. An International J o u r n a l , 1986, Vol. 2, n." 4, pp. 338-339, 364 n. 2. 56 Op. Cit. en n. 40.

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TRATADOS TÉCNICOS DURANTE EL RENACIMIENTO

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prestado, durante largo tiempo, al Dr. Bugliarello, que no parece haber escrito nada sobre él. Y, por último, una cosa me chocó desde la primera vez que lo leí. Al final de la dedicatoria pone alli di 1599. Cosa extraña, aunque a nosotros nos haya sido útil, el que se feche un borrador y dejando en blanco el día y el mes. ¿Le ocurriría entonces algo que obligara a interrumpir el trabajo?

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CAPÍTULO VII

COLABORADORES

ME REFIERO PRIMERO al profesor Alexander G. Keller, de la Universidad de Leicester, autor de los comentarios al códice. H a publicado dos libros, A Theatre of Machines (1964), y The Infancy of Atomic Physics; Hercules in his Cradle (1983), así como veintitrés monografías; omito otras muchas de sus actividades. Es un reputado especialista en las técnicas renacentistas. Pero, en este caso, el que aceptara el encargo ha sido, para mí, un motivo de especial satisfacción. En efecto, él fue quien puso en marcha en el presente siglo —antes había habido otros, pero siempre fracasaron— el proceso que terminó con la publicación de Los veintiún libros... del Pseudo-Juanelo Turriano. En efecto, en 1964, al leer el clásico libro de Picatoste, Apuntes para una Biblioteca científica española del siglo XVI, se dio cuenta de la importancia y rareza de este manuscrito. No disponía, entonces, de fondos para dedicarse a estudiarlo; por lo que informó de ello a Lynn White Jr., importante historiador del Medioevo y del Renacimiento, buen amigo de nosotros dos, desgraciadamente fallecido en 1987. Éste comunicó inmediatamente el mensaje de Keller a Ladislao Reti y ambos comenzaron a trabajar. Este último sobre Juanelo Turriano —al que ya he dicho que entonces se atribuía la obra—, su ingenio toledano y, el códice, en condiciones difíciles pues, al principio tenía que copiarlo a mano. Keller, sobre todo, en la traducción del texto al inglés. Pero un acontecimiento inesperado anuló estos planes. En el invierno de 1964-1965, se redescubrieron en la Biblioteca Nacional dos códices de Leonardo da Vinci a los que después se asignarían los nombres de Madrid I y 11. Y en 1967 el Estado español autorizó la publicación de dos ediciones críticas, incluyendo facsímiles, una en castellano y otra en inglés. Y encargó este trabajo a Ladislao Reti. Grande es el valor de Los veintiún libros..., pero hay que reconocer que la aparición de dos nuevos códices leonardescos, y de los más importantes.

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CÓDICE DE SITONI

constituyó para la historia de las ciencias y del arte —y no sólo para ella— un acontecimiento mundial. No es pues, de extrañar, que Reti abandonara sus anteriores labores. En cuanto a Keller, terminó la traducción al inglés en 1973, así como un comentario a cada uno de los «libros». El publicar esta versión inglesa ha tenido muchas dificultades: pero, cuando escribo esto, hay buenas perspectivas para un fiituro próximo. Ya he contado como yo logré que, más tarde, se imprimiera el texto original. Todo lo anterior, pues, nos une en una labor cultural importante. Y tenemos, además, una muy buena amistad; nos hemos visto muchas veces en Londres, dos en Madrid y una en Bucarest, y carteado abundantemente. Cristina Barbolani, a quien se debe la transcripción y traducción al castellano, es profesora titular de Filología Italiana en la Universidad Complutense de Madrid. H a publicado dos ediciones del Diálogo de la lengua de J u a n de Valdés — u n a en Italia y otra en España— y, aquí, la de A. de Acevedo De la creación del Mundo-, así como numerosas monografías. Aunque no exclusivamente, se interesa en el ensayo, la prosa didáctica, la literatura religiosa y la imitación de los clásicos. Ello, desde el Renacimiento a la Ilustración. Manuel Díaz Marta, ingeniero de Caminos, C. y P., ha escrito un libro sobre algunos problemas actuales de las obras hidráulicas en España, y una serie de artículos sobre las antiguas, tanto aquí como las que, en América, fueron construidas durante el período de la dominación española. En relación con el manuscrito, ha interpretado, para Cristina Barbolani, algunas palabras puramente técnicas. Colaboraron con él María Luisa Lara y Ana Vázquez. Esta última, se ocupó también de la coordinación del texto, para ser entregado al editor. Yo me dediqué, con cierta intensidad, a estudiar a Sitoni y su códice, durante el período 1982-1984. Nunca abandoné este asunto del todo, pero la segunda etapa que ha conducido al texto que ahora termina, puede fecharse entre 1987 y 1989. Quiero también dejar constancia de otros que en diversas épocas, me han ayudado. En Inglaterra: Charles David Ley y Valerle Smith. En Italia: Prof Giulio Bora, Licia Carubelli, Marina Messina, Prof Cario Poni y el Dr. Giuseppe Scarazzini. En España: Dalmiro de la Válgoma, Antonio de J u a n , Prof. Sebastián Mariner (t 1988), José Luis de la Peña y Mari-Nieves Vázquez.

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ANÁLISIS DEL CÓDICE por Alexander G. Keller

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DURANTE CENTENARES de años, los agricultores han ido invadiendo las tierras pantanosas de Europa, drenando ciénagas y mejorando las tierras de pasto mediante el riego. Pocos han sido los cambios revolucionarios en esta historia, ya que el progreso dependía de técnicas que evolucionaron lentamente a lo largo del transcurso de los siglos. Entre las regiones más activas en este aspecto estaba la Italia del norte. En realidad, el proceso comenzó cuando la cuenca del Po era todavía la Galia Cisalpina y no finalizó con la caída del dominio romano, aunque por entonces se perdió algún suelo para la agricultura y los sistemas que dependían de la conservación de los acueductos se arruinaron en muchos lugares. Durante la Edad Media se recuperó todo lo que se pudiera haber perdido y se ganó algo más. A la vuelta de los siglos dieciséis y diecisiete, la conversión de grandes superficies del antiguo delta y de marismas en la mejor tierra de labor de Europa se había completado más o menos, aunque desde entonces se haya ganado más terreno. El libro de Sitoni es el primer intento de un manual sobre el riego en Italia que ha llegado a nuestras manos. Se escribió en 1599, una fecha que puede tener validez como punto de referencia conveniente para mostrar todo lo que ya se había logrado con los métodos tradicionales. Además, la obra es la primera en describir un sistema tecnológico completo, componente por componente, en su orden de funcionamiento. Como tal, adquiere una importancia que compensa sus deficiencias, aunque lo que nos ha llegado es sólo un borrador, con muchas partes borradas y matizaciones posteriores. Nunca se han encontrado los dibujos a los que el texto hace frecuente mención. Con todo, durante más de un siglo no disponemos de otra cosa comparable. Sitoni hace que podamos ver este sistema según había ido creciendo de una forma totalmente empírica, falto de la ciencia de la hidrodinámica, que se inició en las décadas entre su composición y la publicación de la primera obra escrita sobre la materia.

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En la Italia septentrional, la primera tarea importante había sido la de impedir que el Po y sus tributarios se desbordasen y, con no menos primacía, que se obstruyera con sedimentos obstaculizando así la navegación. En realidad, en varias ocasiones, inundaciones desastrosas arruinaron buenas tierras y obstruyeron las canalizaciones. Algunas veces, los intentos de domeñar la indocilidad del río se frustraron y condujeron a perjuicios peores. Durante los últimos años del siglo dieciséis apareció una serie de folletos con planes para prevenir esto. En torno a los límites de la cuenca del Po, en terrenos frecuentemente anegados, los comienzos del cultivo del arroz mostraron cómo incluso tales tierras se podían volver fructíferas si se drenaban. Sin embargo en la llanura central de la Lombardia, el agua tenía que ser llevada a comarcas que recibían pocas lluvias durante la larga sequía del estío. Aunque aquí algunas técnicas eran similares, los objetivos eran diferentes. En el este había que deshacerse de un exceso de agua, mientras que aquí había escasez. Pero el agua no estaba lejos, en su bajada de los Apeninos y de las estribaciones meridionales de los Alpes. Si se pudiera traer desde las fuentes o desde las corrientes tributarias, crecerían praderas exuberantes donde antes sólo había habido campos difícilmente arables. La suave vertiente hacia el este de la cuenca y los afluentes más o menos paralelos (que también tienden a desviarse hacia oriente al aproximarse al Po), alimentados por la fusión de las nieves, hacían a esta región muy adecuada para el riego por canales. Como observa Sitoni, «En Lombardia se captan entre occidente y norte y se conducen hacia levante o hacia el sur con gran facilidad y muy naturalmente», mientras que en otras partes, el ingeniero necesita hacer un estudio más cuidadoso. En toda Europa, los campesinos y los terratenientes de la Alta Edad Media empezaron a pasarse a la ganadería, más provechosa que la producción de cereales. La producción para el mercado, más que para la propia subsistencia de la localidad, significa cultivar para obtener los rendimientos más altos y los productos animales casi siempre han dado más dinero que el grano. Así es como Sitoni nos cuenta el motivo de toda su ingeniería hidráuHca más adelante en su libro, cuando dice: «De cuanta utilidad sean los prados para la humanidad y para su alimentación, lo muestra la variedad de las carnes, mantequilla, quesos y grasas que se derivan de sus hierbas y henos» (cap. 43). De todas lás clases de productos lácteos, sólo el queso se podía conservar el tiempo suficiente para viajar o para almacenarlo durante semanas o meses, en aquellos días anteriores a la refrigeración. Por ello, los beneficios del queso establecieron los cimientos de una gran riqueza agrícola en la Europa moderna primitiva, en Holanda, en Suiza y, no menos, en la Italia septentrional. Comarcas favorecidas de la campiña adquirieron una economía casi urbana y, cosa interesante, estuvieron entre las primeras en establecer instituciones democráticas. En la región central del Po, como en los paralelos transalpinos, los quesos clásicos han conservado su puesto en la despensa. Pero, mientras tanto, era necesario regar el sur para mantener las praderías húmedas y verdes durante el verano. Se pusieron grandes espe-

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ranzas en estos métodos. Unos años antes de que Sitoni escribiese, un ingeniero veronés afirmaba en debates sobre planes para tomar cantidades de agua del Adigio, que su propuesta haría posible que la zona de nuevo riego mantuviese 6.000 cabezas más de ganado y produciría 20.000 carretadas de heno para su ciudad. El estado podría fijar aranceles e impuestos sobre el heno, el ganado y sobre la sal usada para la conservación de la carne de vacuno y sobre la fabricación de quesos. Por entonces, las llanuras estaban entrecruzadas por una red de canales. Mucho antes de la época de Sitoni, el geógrafo Leonardo Alberti exclamaba en Lodigiano: «Se ven allí extensos campos y prados que alimentan al ganado, del que se saca tanto queso como en cualquier otra parte de Italia. Allí la hierba está siempre fresca, por la gran abundancia de agua con que este territorio es regado. Por ello, por todas partes se ve agua clara fluyendo a través de los convenientes canales y conductos, de tal modo que, en algunos lugares, pueden verse tres o cuatro canales, uno sobre otro, hechos con gran ingenio... con lo que siegan el heno tres o cuatro veces al año y, algunas veces, hasta cinco...». Aunque Sitoni también habla un poco sobre los canales navegables, es comprensible que fuese el riego su objetivo principal. De cualquier modo, en la Lombardia, tales canales eran ampliaciones del sistema de riego más antiguo. También dice algo de los abastecimientos de agua potable. Hacer que desde manantiales se pudiera llevar el agua a los sedientos pueblos y Cortes era una preocupación de los ingenieros de finales del Renacimiento. La propia Roma había sido servida por un nuevo acueducto que rivalizaba con los del glorioso pasado, sólo unos años antes de escribir Sitoni y así había sucedido con muchas otras ciudades. Pero, ha sido mucho lo escrito sobre la materia. Cuando Sitoni afirma que «Vitrubio y todos los demás que han escrito sobre esto... han escrito solamente el descubrimiento y la elección del agua, pero de transportarla, usarla y nivelarla, han hecho poca mención» hasta no servir de ayuda en absoluto, está exagerando. Lo cierto es que el Octavo Libro de Vitrubio está dedicado por completo al agua, en él, el Capítulo V trata de los instrumentos de nivelación, y el V I I I constituye nuestra principal fuente de conocimiento de la construcción de acueductos por los antiguos romanos. Mucho más recientemente, el autor toscano Leon Battista Alberti, al compilar su gran obra Sobre la Construcción, aborda muchos de los temas de Sitoni en su Décimo Libro. Eran pocos los arquitectos de los tiempos de Sitoni que no estaban familiarizados con ambos autores. Estos dos famosos predecesores centraban principalmente su preocupación en el agua potable o, por lo menos para el consumo humano inmediato. Generalmente consideran las cosas desde un punto de vista urbano de manera que, como escritor sobre el riego, Sitoni puede reivindicar su prioridad. Habla del pequeño terrateniente, del innovador rural, incluso del campesino y, desde luego, de los agrimensores a quienes emplean. Muy a menudo nos dice lo que piensan los expertos, los «prattiü», ya sean «agricultori» —granje-

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ros— o «agrimensori», en especial los que trabajan en «la profesión del agua». Les urge a que obtengan la confianza de los «signori», explicando exactamente lo que piensan, diciéndoles lo que costará. ¡No hay duda de que se trata de un consejo digno de consideración! Con frecuencia, las artes que desea impartir son conocimientos operatorios tradicionales, casi manuales, que han cambiado poco durante generaciones. Sin embargo, como todos los hombres cultos de su tiempo, Sitoni creía que el conocimiento de los libros conduce al perfeccionamiento de casi cualquier arte. Estaba seguro de que los antiguos habían hecho las cosas mejor que nosotros; aquellos disponían casi siempre de la pauta adecuada para seguir y, desde entonces, hemos caído desde las alturas que ellos alcanzaron. Porque los romanos fueron «inventores de las mejores y más bellas estructuras del mundo», de modo que «mientras su Imperio permaneció y duró su dominio», construyeron magníficos acueductos «sobre altivos arcos de mampostería, a través de valles y ríos», sin ahorrar gastos, desde luego... «como todavía nos muestran los restos de sus ruinas». U n a vez que cayó el Imperio, «spenta quella grandezza, si spensero anche i fatti» y ya no pudieron ser emprendidas tales obras. Para nosotros, lo más interesante reside en la segunda mitad práctica del libro, con su detallada relación del levantamiento y el trazado de los canales de riego, con sus desagües desde las corrientes que los alimentan, las acequias y drenes secundarios, los azudes y esclusas que los controlan y los puentes y conductos subterráneos que conducen a los prados. Pero más de buena mitad de la obra sigue líneas más eruditas. Para empezar, arguye extensamente sobre cuestiones que habían preocupado a los hidrólogos desde los tiempos más antiguos. ¿Qué es, pregunta, el agua? A eso, sólo puede contestar que algunos la consideran el elemento primario, «Principio di tutte le cose». Sea como sea, todos coinciden en que es esencial para la existencia humana, ya que «por medio de ella, reparamos, conservamos y acrecentamos toda nuestra sustancia, y sin ella, no comeríamos pan, ni beberíamos vino». ¿Dónde, pues, encontrar el agua y cómo podemos purificarla? Tales interrogantes reciben una contestación in extenso. Todo esto puede parecemos un preámbulo pero, para los hombres de letras del Renacimiento, el tema se debe situar en un marco que deje ver su gran mérito y la erudición del autor. En primer lugar, tiene que establecer sobre lo que va a escribir y la razón de que para él sea un asunto adecuado. De tal modo, estos capítulos sobre la naturaleza del agua, sobre el origen de los manantiales y sus cualidades, trayendo a colación una vez más controversias muy antiguas, se deben entender dentro de su contexto académico. ¿Se afimentan las fuentes y las corrientes directamente del mar, a través de canales subterráneos o de depósitos bajo tierra en los que está el agua almacenada y desde los que se descarga para mantener a los ríos importantes fluyendo durante todo el verano? U n a gran parte del agua de los ríos debe proceder de la lluvia. Después de todo, las inundaciones se ven precedidas normalmente por aguaceros. ¿Pero qué parte del agua del subsuelo

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procede también de la lluvia? Y ¿mantiene el agua una cantidad constante o se genera nueva agua del aire, quizás a través de la forma intermedia de vapor? En el alba de la filosofía natural, los sabios jonios de Grecia ya habían debatido estas cuestiones. Pero lo que se convirtió en la expresión clásica de este debate, como permaneció hasta bien avanzado el siglo diecisiete, lo encontramos en la Meteorología de Aristóteles, quien conocía el ciclo de la precipitación en una forma primitiva. El calor del sol evapora y eleva el agua de la superficie que, según asciende, se enfría y se convierte en vapor; después de esto, se precipita como lluvia y fluye debidamente hacia los manantiales y los ríos. Y, sin embargo, algunos grandes ríos corren a través de regiones con muy poca precipitación y otros continúan por lo menos fluyendo durante los más secos estíos. Quizás, entonces, las fuentes reciban también agua del mar indirectamente, discurriendo a través de las cavernas bajo la tierra. O, en realidad, pude que se destile allí, «como en un alambique», como escribe Sitoni. Pero, objeta, casi todas las fuentes están situadas a más altura que la del nivel del mar ¿y cómo puede entonces trepar hacia arriba este agua, cuando su naturaleza es siempre correr hacia abajo? Por otra parte, si hay «pantanos, lagos y mares» sobre la superficie de la Tierra, ¿por qué no también en su interior? Sitoni plantea a esta teoría la misma objeción: para alimentar a los ríos, estos depósitos tendrían que estar más altos que los manantiales de aquellos. Como había señalado ya Aristóteles, ¿dónde se encuentran estos enormes depósitos en las montañas? Sitoni añade que aunque existen «cuevas que se encuentran hechas por la mano del hombre o por ímpetu del agua, o de viento, o de gran fuego» rara vez contienen grandes cantidades de agua. Por el contrario, cuando se llenan de agua, se vacían rápidamente. Siendo esto así, acepta la opinión de Aristóteles, la única autoridad a la que por nombre alaba: el agua llega a los manantiales y a los ríos, de la lluvia, el agua celestial («Acqua celeste»), pero suplementada por el aire vaporizado y convertido en agua. Para los antiguos, el carácter elemental del aire y del agua no impedía que uno se convirtiera naturalmente en la otra. Imaginaban que el calor convierte el agua en aire, a continuación de lo cual, el frío la convierte de nuevo en agua en las nubes. Seguramente, Aristóteles pensó —con lo que Sitoni está de acuerdo— que el aire se puede condensar en agua de nuevo dentro de la fría tierra. A diferencia de algunos autores de su tiempo, tales como Agrícola y Besson, Sitoni no expone idea original propia alguna, sino que resume los argumentos del pasado distante, sin mediciones ni experimentos para ver si el aire se puede convertir efectivamente en agua. De igual modo, los expertos locales tenían a veces una noción más clara de lo que ocurría y, más adelante, en su libro, cita sus opiniones, en un capítulo dedicado a la recogida del agua de primavera. En esta hidrología empírica, se había percibido que los sistemas de riego de la Lombardia dependían de los manantiales o «Avesi»^'' asociados de alguna forma con los ríos y veían 57 U n término arcaico local. Quizás «acuífero» sería una aproximación mejor que «manantial».

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que tales veneros profundos parecían proceder del «agua retenida en las rocas, por la toba o la creta» o de los ríos vecinos. El vínculo se demostraba por la tendencia de los ríos y los manantiales a aumentar o disminuir juntos, en ciclos de siete a nueve años, supuestamente, o «en el período más largo, cada diecinueve años, final de cada Número Áureo». Ambos dependen, efectivamente, de la precipitación: «cuanto más nieva y llueve en un país o cuanto más crecen las aguas de sus ríos y de los contiguos a él, tanto más alto y más abundante de agua se encuentra su "Avese"»^^. Dado que el agua es elemental, si sus cualidades y propiedades son tan variadas, debe adoptar el carácter de la tierra y de los minerales a través de los que pasa antes de aflorar a la superficie. Sitoni da un ejemplo del azufre que contamina las aguas alrededor de Puzzuoli. Establece, entonces, que hay aguas buenas y aguas malas. En general, los eruditos concuerdan («concordano i Fisici e i Filosofi») en que el agua de manantial o cualquiera que mane a través de arena o roca, es la mejor. La exposición al sol y al viento también la mantiene «sutil y ligera», mientras que el aire claro y los lugares altos garantizan que estará libre de inmundicia y de «los malos vapores que la corrompen». El agua de lluvia también es buena, pero no si ha estado depositada demasiado tiempo en un lugar, incluso si procede de nieve o hielo. Algunas veces hay que usar agua de cisterna, pero no es la ideal. En cualquier caso, sólo se debe beber cuando la cisterna se ha alimentado de la escorrentía de los tejados, no del suelo. En caso contrario podría ser perjudicial para el pecho y el estómago y si ha adquirido color u olor, será mala para la voz. Sólo más tarde en el libro, en la parte dedicada a los pozos, habla mucho del agua de éstos. Realmente, parece más bien perdido en el debate sobre si ésta será tan buena como la de una fuente abierta al sol y al aire. Quizás el uso regular mejore de algún modo el agua de pozo, alterando la «corrupción y putrefacción» causadas por el estancamiento. Algunos consideran que el agua para beber debe estar a la sombra, para que se mantenga más fría y más clara. Pero también sostienen que el agua de una corriente sólo es segura si la purifican el sol y el aire, de manera que no es buena si el caudal ha discurrido «a través de vaUes profundos sombríos». Finalmente, decide que el agua no debe estar ni demasiado caliente ni demasiado fría. El agua fría puede dar apetito y ayudar a la digestión, pero puede dañar los nervios y a los dientes, mientras que el agua caliente puede hacer que el alimento «flote en el estómago y causar muchos y molestos vómitos». En cualquier caso, el agua hervida será siempre más segura, ya que acaba con las impurezas y las aleja. Cuáles eran estas impurezas no se podría precisar realmente, pues no se sospechaba la existencia de los microbios y corrupción significa, a menudo, más bien un cambio de naturaleza a algo inferior. No es sorprendente, entonces, que el agua de las charcas estancadas y de los marjales se considerase la peor «por su corrupción, la cual se conoce por el hedor que tienen». 58 «quanto più piocca et piove in un paese, o quanto più crescono le acque de i suoi fiume et dei fiume contigui ad esso, che tanto più alto et ahondante di acqua si trova il suo Avese».

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Siguen ahora los usos medicinales de las aguas. Las clasifica en saladas, nitrosas, sulfijrosas, aluminosas y bituminosas, indicando la enfermedad que cada una de ellas se supone que cura. Así, las nitrosas son «frías», purgan la flema, vuelven prolíficas a las mujeres, pero perturban el cuerpo; son abstersgivas y por este motivo curan la sarna». Como estas propiedades curativas proceden de la tierra a través de la que el agua ha pasado, añade algunas categorías minerales más. Por ejemplo, las aguas que se han filtrado a través de vetas de hierro «Alivian el estómago, desobstruyen el bazo, son buenas para el ríñón, fortalecen el hígado y limpian los ríñones y la vejiga». No hemos de imaginar que Sitoni llegase a ejercer alguna vez como doctor, ni que hubiese llegado a leer extensamente tex;tos médicos. Los tratados sobre los efectos de tomar las aguas eran tan numerosos que sería casi imposible identificar sus fuentes. Los remedios minerales habían estado relacionados con las reformas médicas de Paracelso pero, en 1599 eran un tópico. Sea como fuere, algunas de sus clasificaciones se pueden encontrar ya en Vitrubio (Libro V I H , cap. 3). Sitoni añade que el agua de mar también es beneficiosa. Preguntándose si ha sido salada desde la Creación, concluye que así debe haber ocurrido, porque el mar sólo se ve perturbado por los movimientos que le imponen el viento y la luna. Por lo tanto, «al cabo de tanto tiempo, y naturalmente de por sí y con la muerte de los peces, se habrían corrompido» —como un cuerpo casi estancado de agua dulce— de modo que nunca hubiera faltado una peste común que habría «dado fin al mundo». De la misma forma que la tradición sostiene opiniones definidas sobre las calidades de diversas aguas para beber, los campesinos saben cuáles son las mejores para regar. Preferían que fuera fría, dulce y de buen sabor y consideraban imprudente tomar agua para el ríego directamente del río ya que depositaba mucha arena que endurecía y echaba a perder la tierra. El agua de lluvia era preferible, «particularmente la lluvia que cae en verano con viento del norte» porque, además de «lavar las plantas y los árboles del polvo y de los gusanos y piojos que crían de por sí y naturalmente, no calientan tanto las tierras». El exceso de frío también se consideraba dañino y de aquí que se aconsejase a los regantes usar, cuando pudieran, agua que hubiera corrido de una a dos millas por su canal. Supuestamente, eso airea el agua, pero debemos sospechar que la ventaja principal era la de reducir la velocidad de la corriente que, de otro modo, podría erosionar los campos sobre los que se iba a utilizar. Antes de poder decidir si una fuente de agua es buena para los fines que se pretenden, hay que encontrar alguna. En los primeros capítulos, Sitoni había dejado claro que estaba resumiendo una larga tradición, al nutrir su discurso con muchos «algunos dicen» o «algunos considerarían». En la localización del agua también se remite a sus predecesores. A veces parece estar meramente citando a Vitrubio o a Alberti y, desde luego, repite en lo esencial lo que éstos habían dicho. Primero, hay que tenderse boca abajo sobre el suelo y ver si se eleva vapor al salir el sol. Mejor, añade, en agosto o en

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septiembre. También se puede cavar una zanja, colocar en ella una olla boca abajo y dejarla por la noche cubierta con juncos o tablas, mirando a la mañana siguiente si hay rastros de condensación. Otras técnicas se apoyan similarmente en la evidencia de condensación o evaporación. Pero las plantas que sólo crecen en lugares húmedos eran signos de agua en el subsuelo y, así, los carrizos, juncos, sauces, hiedra del suelo. También están las ranas, las moscas y los mosquitos. Las laderas densamente arboladas de las montañas cuyas crestas están cubiertas de nieve son fuente de grandes cantidades de agua. En este punto, Sitoni debe haber estado pensando en los Alpes y en las cadenas septentrionales de los Apeninos, que proporcionaban el agua que regaba la llanura lombarda. Si no se podía hallar buen agua, había métodos antiguos para purificarla. Como «dicen los expertos», se puede filtrar el agua que ha corrido por conducciones abiertas, a través de depósitos de sedimentación de arena o grava fina, en las que se depositan sus inmundicias. Las sanguijuelas y «otros bichitos parecidos que son tan dañinos para los cuerpos humanos» se pueden evitar con cal viva, o poniendo en el depósito peces y anguilas para que se los coman. En realidad, nos explica, eso se hace con regularidad en España, donde ponen peces en los manantiales y en los pozos para mantenerlos libres de gusanos «y de cualquier mal sabor u olor». Originalmente había escrito «en muchas comarcas de España y más en España que en otras partes», por lo que probablemente adquirió esta idea allí y más tarde supo que se empleaba también en otros lugares. Al margen anota que este método es bueno para el invierno, cuando el agua de los pozos y las fuentes está más caliente, pero no para el verano puesto que, entonces, los peces podrían morir de frío. Según la antigua creencia, el frío empujado de la superficie de la tierra por el calor del verano, se refugia subterráneamente en cueva, bodegas y pozos, por lo que éstos son realmente más calientes en invierno y fríos en verano. Hasta la invención de los termómetros no se reveló que esto no es más que un contraste subjetivo con la temperatura del exterior. Aunque las personas que entran en una bodega o en una cueva en un día de verano mediterráneo puedan encontraría fría, lo cierto es que no está más fría de lo que pudiera haber estado en lo más crudo del invierno. Ahora que sabemos dónde está el agua y lo buena que será para nosotros, vamos a cavar nuestro pozo. Sitoni menciona la habitual advertencia sobre las precauciones que hay que tomar contra la inhalación del aire ponzoñoso subterráneo y de la necesidad de ventilación. Cuando le toca el turno al trabajo de construcción, puede dar buenos consejos. Los pozos cavados a través de «tierra sólida dura o de tierra que contenga toba» no necesitan revestimiento de fábrica, excepto en la parte superior para prevenir la erosión por el goteo del agua o del chocar de los cubos al oscilar éstos y golpear contra los lados. Si se profundiza a través de roca más débil y ligera, será necesario un revestimiento. Se empieza con una «tinaja sin fondo, pero de buena madera, alta de cinco a seis pies rodeada por dos o tres aros de

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madera para que no se deshaga al bajarla y con las duelas puntiagudas para introducirlas en el terreno». Esto sirve como una especie de cámara de excavación, dentro de la cual los que cavan pueden retirar la tierra con seguridad. Estos construyen un aro o brocal de piedra o de madera sólida por encima del suelo. Cuando la excavación se ha secado, el círculo completo de alrededor de cinco o seis pies de altura se desliza hacia abajo en el hueco y entonces construyen la pared hasta el nivel del suelo. A continuación excavan más en el interior de la cuba y así sucesivamente, hasta que se llega al agua. Sin embargo, algunos empiezan cubriendo inmediatamente, poniendo capas nuevas de piedra o de madera según se seca la de encima. Ahora, Sitoni disiente finalmente de la relación de Vitrubio y Alberti. El capítulo 7 versa sobre los manantiales, o más bien fonti, incluidos los estanques construidos para recoger el agua de varias fiaentes. El riego exige un embalse mayor que el necesario para un molino, por lo que el proyectista debe comprobar que habrá agua suficiente. Puede resultar mejor inspeccionar el manantial en julio o agosto, cuando las condiciones serán menos favorables. Por desdicha, con su descripción no aparece il presente disegno, por lo que nos debemos conformar con generalizaciones sobre la supresión de obstáculos y con el consejo de dar a la alberca paredes inclinadas mejor que sufrir el gasto de revestirla con una empalizada que, además, podría obstruir el acceso de las aguas superficiales a ella, a menos que sea muy necesaria para impedir que la tierra excavada caiga en la misma. Incluso entonces, sería más sensato desplazar toda la tierra del sitio. En este punto es donde desarrolla su hidrología de los avesi. La experiencia muestra que éstos serán altos cuando el agua de ellos no haya corrido a través de los canales que haya cortado; o pueden, también, estar bloqueados por medio de un estrato gredoso impermeable. Pero las albercas y los acueductos excavados por debajo del nivel de los avesi harán que éstos bajen pronto, según el agua se vaya vaciando en la alberca. Aquí intercala una curiosa historia, casi ilegiblemente garabateada en el margen (y de todos modos tachada posteriormente) que relata un incidente en el que Sitoni asegura haber advertido al propio rey de España, en 1567, que el agua procedente de un manantial hallado por un buscador de aguas («un zahori, como ellos le llaman») desaparecería pronto. Sitoni dice haberse dado cuenta de que este agua estaba fra terra e terra (¿agua interfluente?) y aconsejó que se pidiera a un constructor de molinos holandés que por entonces estaba, construyendo uno en Fresneda, para El Escorial, buscase una fuente de aprovisionamiento más de fiar. U n a vez que tenemos nuestra agua buena y abundante, hay que transportarla hasta donde queramos que esté. Primero, se comprueba que nuestra fuente está lo suficientemente alta por encima de los campos que deseamos regar, tomando el nivel a todo lo largo del recorrido. Con este fin, Sitoni describe dos instrumentos topográficos, a los que llama el Traguardo y el Archipendolo. Desde los días de los faraones egipcios, se habían venido usando instrumentos de medición geométrica muy toscos. Vitrubio nombra dos, a

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los que da los nombres griegos de dioptra y chorobates. Traguardo sería la traducción literal de dioptra, porque significa la mira a través de la cual el observador ve un objeto. Pero el traguardo de Sitoni está, de hecho, muy estrechamente basado en el chorobates de Vitrubio, que es un simple nivel de agua. La diferencia única es que, en esta versión, el agua está contenida en un tubo con aberturas a través de las cuales se puede comprobar el nivel en lugar de con la ranura abierta descrita por Vitrubio. El topógrafo observa con la mira un poste; una bandera de papel, con una franja blanca entre dos negras sirve como marcador, que se puede desplazar hacia arriba y hacia abajo del poste. De estación a estación, el topógrafo anota los aumentos o pérdidas de altura como tantas pulgadas arriba o abajo en cada trabucco. Esta medida local parece ser igual a 6 braccia, es decir, aproximadamente 3 metros. Es curioso que originalmente parece haber intentado estaciones con 16 trabucchi de separación, para cambiar después a 20, es decir, unos 60 metros. Como observa Bennett en un reciente libro sobre tales instrumentos, «la topografía fue la última de las ciencias matemáticas en cambiar en carácter y método con el temprano resurgimiento moderno de las matemáticas y lo hizo con cierta desgana». Así, el archipendolo resulta ser un dispositivo todavía más común y menos complejo que el traguardo, muy parecido al antiguo nivel en forma de A de los constructores, pero marca las distancias en un travesaño. Claramente, el método de Sitoni está falto de cuadrantes, teodolitos y otros instrumentos semejantes introducidos por Tartaglia y, según se suele suponer, popularizados por Cosmo Bartoli y otros bastantes años antes de que fuera compuesto nuestro tratado. Dada la ausencia de los diagramas que debían ilustrar el texto, no podemos estar seguros: la descripción del archipendolo corresponde a un semicírculo cortado por el hilo de la plomada y una fase del procedimiento consiste en la construcción de triángulos. Pero no hay la más ligera mención de cualquier clase de medición de ángulo. El archipendolo se presenta en la forma más primitiva, haciéndolo girar de una pata a la otra, lo que debía ser penosamente lento. Las diferencias de inclinación del suelo se traducen inmediatamente en mediciones de Altos y Bajos, como en el traguardo. Por último, llegamos a los canales propiamente dichos. Sitoni distingue entre conductos para agua potable, más familiares en los libros antiguos, y los para riego. Idealmente, el agua para beber se debe transportar por tubos subterráneos, para mantener su frescura y evitar su contaminación. Estos deben ser de plomo o de algún otro metal, o de alfarería que es mejor siempre que esté vidriada. Hacía mucho tiempo que se había observado que las tuberías de plomo eran malas para la salud. Las conducciones dentro de túneles eran posibles y en realidad se podía recomendar como el primer método que los romanos adoptaron antes de utilizar sus grandiosos acueductos sobre arcos. Sólo unos años antes de la obra de Sitoni se había construido una conducción subterránea por túnel cerca de Teruel, en Aragón, una región que él debió conocer. También éste había sido diseñado por un

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ingeniero expatriado. En otra de sus curiosas notas, relata que trabajando en un esquema para transportar las aguas del Segre, en Cataluña, para regar, había llegado a la conclusión de que los canales abiertos exigirían demasiados cortes profundos a lo largo de la ruta, por lo que propuso túneles que son posibles siempre que la roca («las entrañas y los muros de la tierra») soporte la carga sobre un techo lo suficientemente ancho para atravesar el volumen requerido. Pero este plan no se llevó a la práctica. Ciertamente, hace observar al ingeniero que tal conducción tendría que ser revestida de ladrillo y las paredes enlucidas con cal, para impedir filtraciones y grietas, así como que la cal podría pasar al agua y «excoriar las interioridades del cuerpo humano». Además, todas las conducciones subterráneas necesitan agujeros de ventilación, para que «el aire generado por el peso y la violencia del agua pueda ser exhalado». Su relación del proceso de excavación y construcción es bastante sencilla, basada en reglas empíricas. La ruta del canal se marca con estacas, así como la profundidad que debe tener, para permitir un flujo más o menos rápido. Los terraplenes que contengan el canal deben elevarse por encima del nivel del agua en una magnitud apropiada. Si el canal se excava simplemente en el suelo, el terraplén sólo tiene que tener una altura de unos 30 centímetros por encima de éste, para retener el exceso de agua de lluvia que puede poner en peligro las orillas y arrastrarlas al interior del canal. Todas las demás tierras levantadas durante la excavación se deben depositar a una distancia de por lo menos tres y medio a cuatro metros. Sin embargo, si el lecho del canal se eleva por encima del suelo circundante, se necesitarán orillas más altas, bien afirmadas con pisón. En la parte superior, estos diques deben tener por lo menos la anchura de la superficie de agua y su altura en la base debe ser igual a la suma de la altura y la anchura más la mitad de la suma, siendo esto otra regla empírica. Para contrarrestar la erosión, las paredes de tales canales deben ser inclinadas y estar revestidas de mampostería. El lecho debe ser estrecho, ya que es más fácil ensanchar un canal que reducir su anchura. A diferencia del canal, los puentes y los «acarreos» para llevar el agua a un canal más bajo deben ser lo más anchos posible, para trasladar el máximo de una vez. El lecho también debe estar revestido de piedra labrada o con buena madera, por lo menos en 15 ó 18 metros desde los puntos de salida en los que el agua entra en el saetín, de modo que no erosione su lecho hasta que su nivel caiga por debajo de la esclusa. Añade una nota sobre la limpieza de los canales. Los que tienen menos altura de caída tienen menos flujo y necesitan más limpieza, pero las zanjas pequeñas, como las alcantarillas de las ciudades, se pueden mantener limpias mejor abriendo y cerrando un sistema de compuertas de batiente. La abundancia de codos retardará el curso del agua por lo que, si hay muchos, hay que redondearlos. Da una fórmula sencilla para convertir un ángulo en curva. Algunas veces, los codos pueden ser necesarios para evitar demasiada proximidad a colinas o incluso terreno alto, de los que se pueden desprender tierras que obstruyan el canal y también las inundaciones pue-

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den llenar la acequia hasta desbordarla, de manera que habrá que disponer aliviaderos para verter el exceso. Una vez que el agua está en movimiento a través del sistema, hay que regularla mediante vertederos y compuertas de esclusa, para desviarla a acequias secundarias como y cuando se necesite y también para impedir que las aguas de las crecidas y los despojos flotantes entren en éstas. Pasamos a los vertederos y a las compuertas que regulan la entrada del agua en las zanjas de riego. Los vertederos, situados diagonalmente al canal, a 45", se pueden construir con haces de madera verde, o con vigas, con losas de piedra o con cascote en los intersticios, o bien con fábrica de ladrillo. Pero, de nuevo, faltan las ilustraciones y estas páginas están tan llenas de tachaduras que son casi ilegibles. El vertedero que dirige el agua al canal deseado era la clave de un sistema de riego satisfactorio. Sin buenos vertederos, el agua seguiría o bien su fácil camino, si se escapase, o podría quedar retenida hasta romper los cajeros por delante de ella. Las compuertas admitían el agua a los canales y también tenían que ser hechas correctamente, pues de otro modo dejarían entrar demasiada o insuficiente. Sitoni aconseja cierta tolerancia, para dejar que la madera se hinche en el agua y embutir el extremo inferior de cada tabla en la esclusa, con el fin de que resista la corriente. El constructor debe usar solamente la compuerta de una sola hoja, porque es improbable que sea tan pesada que no pueda ser elevada «con artificio e ingegno», mientras que una compuerta de doble o triple hoja exige un poste central, propenso a que se «enreden ramajes y porquerías». U n a vez en el conducto, necesitaremos aliviaderos, ya sean con sus propias acequias o simplemente un talud de piedra hacia la zanja de desagüe. En lugar de con un declive, se deben construir, como en forma de escalera, para que «non tenghino molto salto» pues podrían verter con tanto impulso que erosionasen su lecho. Las acequias a los aliviaderos no sólo les permiten, que salga el agua en tiempo de crecida, sino que dejan vaciar los canales para recoger peces o para limpiarlos. Desde estas acequias vuelve a las esclusas en los canales navegables, con lo que también se puede retener el agua en tiempo de sequía. Curiosamente, añade que la estructura de la esclusa también ayuda a señalar el curso del canal cuando la zona circundante está anegada y ¡las barcazas pueden discurrir entonces por él! Para prevenir la erosión, será necesario algún revestimiento de piedra en todos los puntos sensibles. Como todas las acequias y canales crean nuevas barreras al tránsito terrestre, hay que edificar puentes. Evidentemente éstos, sobre los canales navegables deben ser más grandes que sobre los conductos de riego, ya que los primeros deben dejar paso a las barcazas, incluso cuando el nivel de crecida es alto, mientras que los últimos sólo tienen que permitir el paso al agua. El tablero de un puente de madera debe tener por lo menos cuatro carriles de ancho, para que puedan pasar las carretas, pero los taludes de los contrafuertes no deben ser tan abruptos que los lados se desplomen y obstruyan el canal. También serán necesarios conductos subterráneos cuando un canal se cruce con otro. En ese caso son realmente mejores que los puen-

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tes. También serían mejor de piedra, pero la buena madera bien tratada es duradera, aunque gran parte de ella esté mojada todo el tiempo. También aquí advierte contra los problemas de los despojos que pueden obstruir el canal y erosionar los laterales. Para hallar la altura de caída de nivel correcta en un canal, hay que construir una esclusa que se pueda subir o bajar para que el agua alcance el de algún lugar previamente determinado más alto. Según observa, las irregularidades en el lecho, causadas por «muchos altos y bajos», ya sean naturales o consecuencia de la ignorancia de los constructores, dan lugar a turbulencias y, por consiguiente, al depósito de cieno. Sabiendo la altura de caída de toda la longitud, se puede obtener fácilmente el promedio para fracciones determinadas de ese total. En cualquier sistema de riego será de primera importancia saber cuánta agua pasará a través de los canales. Los prácticos («prattici et isperimentati nella professione delle acque») entendieron que ésta no era cuestión solamente de la sección trasversal del canal en sí. El canal puede no ir lleno, o puede suceder que vaya más lleno y más rápido que lo usual. Entonces, hay que medir la cantidad de caudal en un momento dado. Pero ¿cómo? Sitoni sugiere que esta operación se debe realizar en lo más alto del verano, cuando los canales están bajos. Describe un dispositivo de su invención para determinar esta cantidad, dado que los expertos convienen en que una altura de caída de 5 cm por encima de lo normal sería una cantidad importante en cuanto a la cantidad de agua transportada, porque el agua «tiene naturalmente un impulso, como todas las cosas pesadas, por la atracción que las cosas bajas y anchas ejercen llamando hacia ellas todo lo que se encuentra más arriba...». Este fragmento de física popular aristotélica no ayuda mucho. Falto de cualquier noción de hidrodinámica, el ingeniero podía hacer pocos progresos. El dispositivo de Sitoni parece consistir en derivar un canal y desviar una cierta cantidad de agua a través de un vertedero en un arca de madera. Por desdicha, este capítulo, tan interesante como intento precoz de medir un caudal, es todavía de más difícil comprensión que la mayoría, porque varios términos clave han desaparecido del idioma italiano. Como él dice, los malentendidos en cuanto a la cantidad que fluía a través de una boca de salida determinada, dio lugar frecuentemente a «mortíferas y escandalosas disputas». Pero no queda claro que tal dispositivo midiese tales cambios ligeros en la velocidad del flujo. Parece que él no ve variación en la cantidad directamente afectada por la velocidad variable. Ello es frustrante, tanto más, cuanto éste es el único caso en que nos dice cómo había hecho la demostración de su instrumento en Carpiano (entre Lodi y Pavía), «en presencia del Hemano Gio. Batt. Verano de la famosa Cartuja de Pavía, quien estaba allí a cargo de las posesiones del monasterio». Desgraciadamente, falta la clave de los datos que nos da; dice que el agua emitida por una boca de salida determinada era 46 X 10 cm «más de seis lo previsto»... pero ¿seis qué? Aquí pasa de la primera persona del singular en la que escribía, «Yo veo», pasando al pasivo, «fue visto», del mismo

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modo que iban a hacer los científicos del fiituro para presentar una imagen de objetividad. Sin embargo, en una serie completa de tales mediciones, no da las cifi-as que muestren los resultados observados... El factor tiempo no entra en una diferente serie de cálculos. Con frecuencia, más de un propietario tenía que compartir el agua de una salida concreta durante una fracción de tiempo, con arreglo a lo cual cada uno recibía tantos días o tantas horas por semana, así que merecía la pena saber cómo igualar tales participaciones, relacionando el tiempo con la sección de salida y el área que se regaba. Todos los cálculos evocan las limitaciones de la aritmética de Sitoni y nos recuerdan la ventaja de usar decimales y numerales, en lugar de palabras. Traducir el lenguaje de las matemáticas a prosa ordinaria le ocasiona algunos fatales enredos. La única vez que Sitoni menciona específicamente un reloj para medir un cierto proceso es cuando plantea qué duración tendrá el riego de una superficie dada y cuánta agua se absorbe realmente. Primero, establece cuánto tiempo transcurre antes de que el agua alcance una altura máxima en la pradera anegada y cuánto transcurre antes de que termine el desagüe, es decir, mide el agua que se vacía en proporción al agua que entra. Da un ejemplo de la cantidad de «aguas de avenamiento que bajan desde una altura de cien perticas de tierra regadas con 7 cm y medio de agua durante doce horas cada semana» y llega a una cifra de absorción de 3/7. Una alternativa a la distribución del tiempo era dividir el canal con tajamares de piedra o madera. Señala que, para esto, hay que dotar a los canales de un lecho de piedra y de una esclusa para que actúe de freno corriente abajo, con el fin de tener la seguridad de que el flujo será igual en cada nuevo canal secundario. En todo esto, mucho dependerá de la definición exacta de las medidas, pero en aquella época y durante bastante tiempo después, variaban en Italia de una ciudad a otra, por lo que Sitoni tiene que explicar que una pulgada de Milán, que es la cantidad que fluye a través de una abertura de doce pulgadas cuadradas, no es la misma que la pulgada de agua de Pavía, Lodi o Cremona, admitiendo que tenía por averiguar a lo que equivalía en otras ciudades lombardas. Además de las dimensiones, la cantidad resulta afectada por la forma de la salida, aunque no del todo como él supone. Las ventajas teóricas de una boca de salida circular, que él prefería, resultaban anuladas sin duda en la práctica por el mayor coste de una construcción cuidada. Finalmente, llegamos al objeto de su razonamiento: los prados que hay que regar para la cría del ganado. Tienen que ser lo más nivelados posible, a menos que tengan una pendiente ligera pero regular, de manera que el agua no se remanse en las partes más bajas dejando en seco a las más altas. Primero hay que nivelar el suelo, a continuación ararlo para levantar la hierba, mejorar las curvas de los posibles surcos, con lo cual se podrá volver a sembrar de hierba posteriormente, y desechar el suelo superfluo. Entonces se puede sembrar con trébol y fertilizarlo con «estiércol fino y descompuesto.

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bien igualado con un rastrillo de hierro». Después de nivelar el suelo, los prados se dividen en franjas por medio de zanjas que conduzcan el agua a las mismas. El tamaño dependerá de las propiedades del suelo, porque la mejor tierra se puede disponer en franjas de hasta 30 metros de anchura, con una pendiente de 1 «dito» cada 3 metros. Pero si el terreno es arcilloso o, por el contrario, arenoso y ligero, las franjas deberán ser más estrechas y tener una pendiente de 2 «dito» en 3 metros. En el último caso, a Sitoni le preocupaba que el suelo fuese demasiado permeable y que fuera más que probable que el agua se perdiera por los túneles de los «ratones y bestezuelas similares», seguramente topos. Las praderas se riegan entonces por medio de zanjas secundarias o «roggiette» de trazado recto desde «la parte más alta y eminente del terreno». Desecha una sugerencia de que nunca deben correr derechas del este al oeste, pues todo lo que se necesita es una «caída satisfactoria y razonable» y una conservación regular, para mantener limpios los canales. Las matas y hierbajos deben ser arrancados con regularidad para el canal no se atasque y, además, si el canal se estrecha demasiado, y corren grandes cantidades de agua a través de él, ésta fluirá con la mayor rapidez y profundidad «y tendrá una caída impetuosa». En la práctica, admite una inclinación muy modesta de dos centímetros y medio en 25 «trabucchi». Si hay una inclinación mayor, habrá que regular el avance del agua por medio de esclusas. De este modo, el suelo tendrá que ser marcado con estacas para indicar la inclinación. El terreno demasiado alto nunca se regará adecuadamente y el agua permanecerá en las zanjas o incluso retrocederá hacia el canal principal. En el terreno más bajo no desaguará y tendrá que ser bombeada. En la zona de desagüe de los campos habrá acequias de evacuación, no sólo para que lleven el exceso de agua, sino también para mantener apartado al ganado. Estas son más estrechas que las acequias de riego, en especial al principio, ya que allí llevan menos agua que más cerca de su desembocadura. En todo caso, una limpieza anual servirá para ensancharlas. No necesitan vertederos, a menos que su caudal se necesite para regar campos de más abajo. Al final, vuelve sobre los grandes canales y acequias, para indicar que sus orillas deben ser consolidadas plantando árboles, como moreras, sauces, álamos, robles o alisos, desmochados para que se puedan mantener con una altura razonable y recoger madera cada tres o cuatro años, puesto que en un suelo tan húmedo tendrán un crecimiento exuberante. Entre árboles más grandes o a lo largo de los conductos menores, se puede plantar sauce rojo o negro, y cortarlo para mimbres. Sigue una serie de advertencias contra la pretensión de ahorrar dinero escatimando esclusas. Algunos utilizan una fila de estacas sujetas a una viga cubiertas con un tejido fuerte y con relleno de tierra suelta delante de ellas, lo que acepta Sitoni cuando este artificio es temporal, aunque habrá que retirar la tierra cuando se desmonte, puesto que de otro modo no tardará en bloquear el canal. Peores son quienes tratan de economizar en puentes y vadean un canal, incluso haciéndolos atravesar por sus caballerías y carruajes, dado que tal práctica daña rápidamente los

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terraplenes de las orillas, obtura el canal y perjudica al terreno vecino. Las carretas del heno rompen pronto el suelo si no se prevén para ellas los senderos adecuados; al final, las pobres bestias tropiezan en el fango que ellas mismas habrán estado agitando. Otros, para ahorrarse la molestia de retirar los detritus de los canales que han limpiado, los apilan sobre el terraplén, desde donde la lluvia no tarda en arrastrarlos de nuevo dentro del canal. La obra termina con una relación muy detallada de la construcción de esclusas, para que sean del manejo más fácil posible, con soleras de piedra firme que resistan la erosión y el desgaste. Por su descripción de los medios para subirlas y bajarlas, debieron ser similares a las descritas por Vittorio Zonca, que compiló su Novo Teatro di Machine et Edificii por aquella época. Nos dice como hay que acanalar los tablones para que se deslicen, cita las cadenas que sostienen las compuertas y el gato de pie («alzapié») que eleva la compuerta lateral para dar entrada o salida al agua de los estanques creados para esclusa. En las últimas páginas, que también podrían estar inspiradas en la obra de Zonca, se nos ilustra sobre cómo hacer funcionar las esclusas, paso por paso, con un guarda que no necesita ser más que «medianamente robusto». Las esclusas parecen ser caras, al estar de acuerdo los expertos en que se deben construir con piedra mejor que con ladrillo, siempre que sea posible, pero a menudo pueden ahorrar varias millas de canal, por lo que son inestimables. De esta manera, queda dispuesto todo el sistema de canafización. En los tiempos de Sitoni, la mano del hombre había creado un paisaje en la cuenca, que dependía de esta serie de construcciones y de dispositivos para regularlas y compensar las pequeñas variaciones de nivel en los contornos o el carácter del terreno. En su fertilidad residía la riqueza del norte de Italia, tan codiciada por los grandes reinos que querían ponerla bajo su dominio. En ninguna parte disponemos de una relación tan clara y completa de cómo se hizo este sistema y se ampfió gradualmente, como en estos capítulos del tratado de Sitoni sobre el agua y su tecnología.

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TRADUCCIÓN DEL CÓDICE

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T R A T A D O DE LAS virtudes y propiedades de las aguas, del encontrarlas, elegirlas, nivelarlas y conducirlas, y de algunas otras circunstancias suyas. Obra e invención de Gio. Francesco Sitoni Milanés, Ingeniero del Católico Don Felipe de Austria, segundo de este nombre. Rey de España y Duque de Milán

Al m u y Ilustre S i m o n e Bosso del C o n s e j o Secreto de Su M a j e s t a d Católica en el e s t a d o d e M i l á n , y Presidente de su M a g i s t r a t u r a O r d i n a r i a

Gio. Francesco Sitoni

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esde el principio en que empecé a escribir y redactar algunas cosas de este Tratado de las virtudes y propiedades de las aguas, del encontrarlas, elegirlas, nivelarlas y conducirlas y de algunas otras circunstancias suyas, tuve intención, y hasta ahora la he tenido siempre, de perfeccionarlo y después dejárselo como dote y herencia a uno o a varios de mis hijos, para que tuvieran inclinación a la profesión de Ingeniero y Agrimensor, a cuyo ejercicio casi constantemente me he dedicado; y hubiera puesto en práctica tal propósito si mis amigos^® no me hubieran disuadido, al recordarme la obligación que tienen los hombres de dejar por escrito y relación a la posteridad los pensamientos de sus ánimos, imitando así a nuestros antepasados, con cuyas doctrinas y escritos hemos llegado a tal grado de entendimiento que, más que postergarlos y olvidarlos, los hemos dilucidado y enaltecido. Aquello pensé hacer para que mis hijos, con sólo ejercitarse en la lectura de este tratado, pudieran en breve tiempo entender sus dificultades y secretos, y con 59 En una primera redacción el autor había puesto «V.S.» (Vuestra Señoría) en lugar de «mis amigos».

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ellos procurarse provecho y honor. Y esto otro determino porque conozco que las gentes en general, al poder ejercitarse en esta lectura, podrán asimismo aportar perpetuo y común provecho; y mis propios pensamientos y sentimientos, con el pasar del tiempo, se irán refinando como el oro con el fuego, y se volverán aún más perfectos. Y con mucho más placer tomo esta determinación, en tanto en cuanto que el arte lo merece y la experiencia que en él he adquirido por largo ejercicio me obliga a ello, mayormente al ver que muchos®" que sobre esto escribieron, y cuya noticia me ha llegado, han escrito tan sólo del encontrar y elegir las aguas. Pero del conducirlas, usarlas y nivelarlas han hecho tan poca mención, tratando de ello de modo tan disperso, que se puede tener en poca o en ninguna cuenta. Por tamaña y tal obligación, pues, como es ésta que asumo y confieso tener, he permitido que éste mi Tratado se publique y dé a la luz al amparo del nombre de V.S. para que, por el respeto que con razón todos y cada uno le tienen y tendrán siempre por sus raras cualidades, más bien sea perfeccionado y favorecido que reprobado y despreciado. Y con la misma reverencia y humildad con que se lo dedico y ofrezco, la suplico aceptarlo como nuevo fruto de éste su jardín. Nuestro Señor guarde la Ilustrísima persona y estado de V.S., y a mí me conceda la gracia de poder servir a su divina Majestad, como es mi deseo y obligación de todos los fieles cristianos. Milán, a...

de ... 1599

Gio. Francesco Sitoni Ingeniero a los Lectores Hace algunos años, muy benévolos lectores, que compilé el presente Tratado, con intención de que sólo sacaran provecho de él mis hijos y herederos con inclinaciones a este arte de encontrar y conducir aguas para beber y regar, al que yo me he dedicado por muchos años, y casi siempre al servicio del Católico Don Felipe rey de España y Duque de Milán, mi ciudad y mi patria, con ese honrado título y cargo que el mundo conoce, del que pueden dar fe las obras por mí dispuestas para tales asuntos y en las mejores partes de España a la vista y satisfacción de su Majestad y de muchos otros expertos. Después tomé la determinación de que se imprimiera, como al presente podéis ver, para cumplir con la gratísima persuasión de quien me lo podía encargar, y también porque comprendí que de este modo resultaría beneficioso para la posteridad y de provecho común y público, y determiné entregarlo, como al final lo he hecho, al estar convencido de que quien lo lea tendrá particularmente en cuenta, según pueda y según yo se lo pido a todos, la intención por la que me he guiado, y suplirá al fallo de mis pocas fuerzas y entendimiento. Que seáis felices. 60 Sitoni escribió antes «Vitrubio y todos los demás».

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TRADUCCIÓN DEL CÓDICE

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TABLA DE LOS CAPÍTULOS CONTENIDOS EN EL PRESENTE TRATADO

Capítulo 1 D e las virtudes y propiedades del agua y cómo es ésta un elemento muy necesario para la vida y la generación de los hombres. Capítulo 2.° Cuáles son las buenas aguas naturales para beber y cómo se analizan. Capítulo 3." De las aguas medicinales. Capítulo 4." Capítulo 5.° Capítulo 6."

De los indicios y signos por los cuales se pueden encontrar aguas bajo tierra, de su diferencia y de cuáles son las mejores. Cómo y de qué manera se remedian aquellas aguas afectadas por algunas deplorables y malas cualidades. Cómo se excavan y fabrican los pozos, una vez encontradas y elegidas las aguas.

Capítulo 7.°

Cómo se captan las fuentes y que una vez encontradas y analizadas sus aguas, se nivelan antes de conducirlas. Capítulo 8.° De la cualidad que han de tener las aguas para regar y cómo se modera la frialdad de las de las fuentes. Capítulo 9.° Qué es nivelar, y de los efectos que se consiguen nivelando. Capítulo 10.° Que a toda clase de agua que se quiera conducir se debe dar siempre una caída adecuada. Capítulo 1 1 Q u e para nivelar existen dos tipos de instrumentos, y que el más usado es el que funciona con agua. Capítulo 12.° De la manera que se procede al nivelar con dicho nivel de agua y cómo se anotan sus operaciones con un ejemplo muy a propósito para éstas. Capítulo 13." Que cuando se está nivelando conviene estar callado y ser breve en el escribir. Capítulo 14.° Cómo se hace la prueba de la cuenta de los tramos de nivelación y lo que el Nivelador ha de saber para hacerla y anotar de tramo en tramo.

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Capítulo 15." Que de la manera que se han de nivelar las aguas y cabeceras de las nuevas fuentes se puede también hacer la prueba de la pasada operación y cuenta. Capítulo 16." Que la dicha manera de nivelar es la apropiada y la buena y que al nivelar se ha de guardar todo el silencio posible. Capítulo 17." De otra manera de nivelar con el mismo instrumento, usada por poco expertos. Capítulo 18." Diseño del susodicho instrumento y de todas sus circunstancias. Del nivel de plomada, segundo instrumento para nivelar, y cómo se divide en partes. Capítulo 19." Cómo se anotan encima del mismo instrumento los tramos de nivelación, y que de tramo en tramo se pueden hacer sus cálculos respectivos. Capítulo 20." De dos otros instrumentos; con uno de los cuales se nivela fácilmente en tiempo de aire, y con el otro se nivelan las alturas y las hondonadas de todo monte. Capítulo 21." De la obligación que los Maestros e Ingenieros denen de consultar con los señores de las obras, sobre las fábricas y sus gastos. Capítulo 22." Cómo se proyectan los conductos de las aguas, y por qué conviene que los descubiertos, que sirven para regar, no sean profundos ni estén cerca de los montes o de sus faldas. Capítulo 23." Cómo se conducen las aguas de las fuentes para beber y para regar. Capítulo 24." Cómo se hacen y se conservan los conductos descubiertos para regar. Capítulo 25." Cómo se hacen las esclusas o presas en los ríos para sujetar las aguas que se quieren conducir para navegar o para regar. Capítulo 26." Dónde y en qué lugar se asientan las compuertas principales de los caces y cómo se hacen para que queden a salvo de las inundaciones de sus ríos. Capítulo 27." Cómo se hacen los desaguaderos, y que a cualquier clase de conductos y caces y en particular a los navegables conviene poner muchos. Capítulo 28." Cómo se hacen los puentes de los conductos y de la diferencia que tienen que guardar entre ellos. Capítulo 29." Cómo se hacen los canales y sifones para pasar agua por encima y por debajo de otra agua, y cuál de estos conductos es mejor y más duradero. Capítulo 30." Cómo se conocen las pendientes de las aguas. Capítulo 31." Cómo y en qué tiempo del año se miden las aguas corrientes para saber sus cantidades con mayor aproximación*.

' Aquí suspende Sitoni el orden correlativo de los capítulos que q u e d a como sigue: 31, 36, 37, 38, 39, 32, 33, 34, 35, 41, 42, 43, 44, 45, 46, 47. Esta extraña n u m e r a c i ó n se debe, sin d u d a , a que se trata de un borrador.

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Capítulo 36.° Lo que se ha de hacer y prevenir para saber la diferencia de la cantidad del agua que pasa por una toma regulada que tenga mayor o menor carga hidrostática de las dos onzas que generalmente se les suele dar. Capítulo 37.° Cómo y de qué manera se ha de formar una toma regulada para que por ella se pueda derivar tanta agua en dos o más días cuanta se puede derivar por otra en una entera semana. Capítulo 38.° Reglas para repartir el tiempo de cada riego, para que uno o más interesados en un agua que sea común entre ellos tenga su parte proporcional y correspondiente. Capítulo 39.° Cómo se reduce o continúa una cantidad de agua que suele derivarse por horas y días de la semana de una toma regulada y cómo y de qué manera se hará otra, por la cual... se pueda derivar después la susodicha cantidad de agua, una vez que esté reducida a continua. Capítulo 32.° Cómo se miden las aguas de avenamiento para saber sus cantidades. Capítulo 33.° De la diferencia que hay entre una onza de agua en la ciudad y Ducado de Milán y otra onza en las otras ciudades de su Estado. Capítulo 34.° Cómo y con qué se hacen las tomas reguladas para sacar aguas de otras cualesquiera clases de aguas, y en cuál tiempo del año se ponen en funcionamiento. Capítulo 35.° Que de las tres formas de tomas descritas en este tratado y contenidas cada una por una misma área, la redonda conducirá siempre mayor cantidad de agua. Capítulo 41.° Cómo se puede derivar una determinada cantidad de agua de un conducto que esté atravesado por muchos módulos sin perjuicio de sus riegos, pero pudiendo por razón derivarlo de arriba y cerca del último de dichos módulos, para evitar otra tanta, o poca más o menos, excavación cuanto hay del derecho del primero de dichos módulos hasta el último. Capítulo 42.° Cómo y de cuántas maneras se reparten las aguas que se conducen para regar y hacer cualquier otro servicio. Capítulo 43.° Cómo se igualan las tierras para hacer prados, o para regar y de las ventajas que se obtienen preparándolas bien desde la primera vez. Capítulo 44.° De la anchura que han de tener los arriates de los prados, y que sus caces de riego se asientan siempre en su parte más alta. Capítulo 45.° Cómo se hacen los caces, caces secundarios y azarbes de los prados, y qué clase de plantas es mejor plantar en sus bordes para reforzarlos. Capítulo 46.° Cómo se reparten las tierras que se quieren cultivar como prados y cuáles son los errores que hay que prevenir en su provecho. Capítulo 47.° De los artefactos con los que se cierran y sujetan las aguas en los conductos, y de su fabricación y uso.

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CAPÍTULO

De las virtudes y propiedades del agua y cómo es ésta un elemento muy necesario para la vida y la generación de los hombres

El sumo Dios general artífice, que todo conoce y sabe, puso alguna diferente y particular virtud en muchas y casi en todas las cosas. Hizo, además, que ninguna de ellas dejara de tenerla, si nosotros lo conociéramos; pero en el agua, además de poner una virtud general, como en uno de los cuatro elementos que juntos toman parte en la generación de las cosas creadas, puso también muchas otras virtudes particulares. Esto se conoce, pues las aguas se encuentran en las fuentes, ríos, pantanos y mares, y la causa procede de que, aunque el agua es de un mismo género, y deriva de un mismo principio, que es el mar, después, una vez metida y sahda, como alambique, por las concavidades y venas de la tierra, toma y participa de la virtud y propiedad de la derra misma por la que pasa, de donde resulta que algunas fuentes son cahentes, otras frías, algunas dulces, otras amargas, otras saladas, y otras de diferentes maneras y condiciones. Aristóteles dice que el aire que está en las oquedades de las fuentes se convierte en agua; como él solo no es bastante para producir y hacer tanta como tenemos, y esto porque se tienen que consumir diez veces tanto de aire para hacer una sola parte de agua, la cual cosa, como parcialmente cierta, nos induce a creer (también parcialmente) que las fuentes abundan por el agua del mar, y que además cogen algo de agua del aire, el cual, por encontrarse unido a la humedad de ellas, se convierte después, y fácilmente, en esencia de agua, con todo y que su parte principal sea de mar y salga continuamente del mar. Como aquello fuera del todo verdad, nos llevaría a decir y afirmar que toda el agua del mundo sería agua del mar, o bien agua derivada de él, aunque se encontrase alguna de diferente sabor de la del mar, y que todos los ríos, torrentes.

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CÓDICE DE SITONI

fuentes y pozos se alimentaran de su agua, puesto que no puede darse ningún efecto sin causa, y que no sería bastante con que la fuente fuese causa del río, si ella misma no tuviera otro mayor subsidio que la alimentara; visto y entendido, además, que ni a los ríos les faltaría agua, ni el mar crecería con ellos, porque si en él entrasen muchas aguas de dichos ríos, de él se saldrían muchas otras. La razón muestra que esto es cierto, y aunque no lo mostrara, debería bastar aquel texto de la sagrada escritura, el cual dice que todos los ríos entran en el mar y que el mar no crece con ellos, que es tanto como si dijera que todos los ríos vuelven al lugar del que salen, para volver a correr por sus acostumbrados recorridos. Y si algunos dijeran que está por demostrar que sea verdad que las fuentes abunden y retomen agua del mar, porque sus aguas no son saladas como lo son las del mar, se les podría contestar y decir que como el agua del mar destila y filtra a través de las arenas, todo su sutil y dulce pasa a través de ellas y va a las fuentes, y lo grueso se queda, lo cual propiamente es lo amargo, que participa de lo gordo de la tierra. Y si otros dijeran que por la misma razón no debería haber pozo de agua salada, a esto otro se podría responder que el agua toma siempre las mismas cuahdades de la tierra por la que pasa, como puede verse que toma la de la costa de Pozzuolo y de Nápoles, la cual es caliente por la abundancia de azufre, que se encuentra en la derra por donde pasa, y por último concluir diciendo que el agua que suele pasar por tierras saladas se vuelve asimismo salada. Pero si se preguntara la causa por qué las aguas de los ríos son dulces, aunque antes de llegar a sus fuentes pasen por tierras y aguas saladas, se podría contestar que por el aire, que se convierte en agua en sus oquedades y venas, y por el movimiento con el cual el agua corre y pasa después por sus ríos, ella se esparce y se vuelve sutil, y por último acaba perdiendo su pesadez y todo lo terrestre que cogió de las tierras saladas, y por consiguiente se vuelve dulce, la cual cosa no ha lugar para los pozos, en los cuales, por tener los manaderos llenos de agua, no puede entrar el aire para convertirse en agua, y por estar en reposo, no abandona la naturaleza de lo salado, que recuperó de la tierra por la que un tiempo pasó. Muchos otros lo entienden de otro modo y dicen que el agua que nace de las fuentes o de los pozos es de dos maneras, es decir, una que se genera dentro de ellas, y otra que la tierra absorbe de las lluvias, y después despide otra vez afuera por otra vía, la cual agua, como la que viene hacia abajo desde el aire, se llama comúnmente agua celestial. Dicen también, y estoy con ellos, que el mar no puede trasladarse y esparcirse en los montes, que son más altos que él, y de los cuales salen muchas aguas, y esto porque por naturaleza el agua nunca va hacia arriba sino que por la pesadez corre hacia abajo, y que ya que el agua, que no se junta por las lluvias y baja desde los montes, no viene del mar, de eso se deduce que no toda el agua que no es de lluvia tiene que venir del mar. Otros son de otra opinión, y dicen que esta tal agua nace de los lagos subterráneos, aduciendo que, como la tierra de fuera sostiene los pantanos, los lagos y los mares, así también la tierra interior, con

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Origen de los manantiales según Kircher en Mundus Subterraneus. su amplitud no sólo abraza las aguas saladas, sino también una gran cantidad de las dulces, porque si la tierra no tuviese tanta abundancia de aguas, que manda hacia afuera por sus venas (como una jarra llena), no se verían tantas y tan perpetuas aguas brotar continuamente de tantas fuentes. A lo que otros responden diciendo que algunas de esas cuevas, que se encuentran hechas por la mano del hombre o por ímpetu de aguas, o de viento, o de gran fuego, no se ven despedir hacia afuera aguas perpetuas, sino que si acaso se llenan, en el mismo momento en que son hendidas y perforadas, las echan afuera todas en breve lapso de tiempo. Dicen también que si las aguas provienen de estos lagos interiores, es inevitable que éstos sean más bajos de lo que es el lugar en el que brotan, o por lo menos a nivel de la misma altura, porque la propia naturaleza del agua es que, naciendo ella alta, venga a salir y caer hacia abajo. De lo que se sigue el que, normalmente, las fuentes abundantes broten a los pies de los montes, las medianas en las colinas, y las que son de agua escasa e inestable en los campos. Y otros dicen que toda agua que no sea originada por las lluvias, y que no se produzca bajo tierra.

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se genera por el aire, que la exhala tan pronto como el frío desecha el calor que hay dentro, y que como la tierra siempre tiene gran abundancia de esta materia, que se convierte en agua, se puede creer con razón que siempre se produce agua, aunque no puede ocurrir en este nuestro aire tan abierto, porque no siempre hace frío, y se condensa, sino que calentándose con el ardor del sol, algunas veces se enrarece y otras veces, agitado por la fuerza de los vientos, con viva fuerza se abre. Por todas las susodichas razones se puede concluir, por lo tanto, y tener claro que las aguas por su naturaleza brotan de las venas de la tierra y que de ellas se originan después las fuentes y los arroyos y por último los ríos, que vemos tan grandes; como se puede concluir también que de las aguas que están bajo tierra, alguna se recoge de las lluvias, alguna otra se forma por las exhalaciones, y alguna otra viene del mar, o de los ríos, y que dichas exhalaciones se producen dentro de la tierra, como se produce allí parte del agua que llueve, y parte de la del mar, y también parte de la de los ríos; de lo que se deriva, necesariamente, que el agua de las fuentes, que brota por sí misma de la tierra, muchas veces se produce por las exhalaciones, como muchas veces se recoge de las lluvias, a diferencia de la que viene del mar o

Una caverna subterránea dentro de una montaña que al llenarse de agua alimenta a una fuente próxima, según Herbinius: History of Hydrology.

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de los ríos próximos, y la de los pozos, la cual por sí misma no sale de la tierra, sino que por arte se saca por nosotros, muchas veces viene del mar, o de los ríos bajos próximos, no se recoge de las lluvias, y poquísimas veces o casi nunca se produce por sí misma. Algunos quieren que el agua sea principio de todas las cosas. Otros le anteponen al fuego. Otros la tierra; y muchos otros al aire. Comoquiera que sea, el agua es un elemento necesarísimo, así para la vida como para la generación humana; es también tan poderosa que sus fuerzas y cualidades no se terminan nunca de conocer. Por medio de ella reparamos, conservamos y acrecentamos toda nuestra sustancia, y sin ella no comeríamos pan, ni beberíamos vino. Por la cual cosa, bien lo dijo Sócrates, y con mucho tino, que los hombres no deberían habitar donde no se administrara la jusdcia ni donde no corrieran perpetuos cursos de agua. Por su propia naturaleza cada agua es una misma, por lo que la diferencia de su bondad y maldad viene, como antes se ha dicho, de las tierras y lugares por los que pasa, y de los jugos de las hierbas que lava cuando llueve. Concuerdan los Físicos y los Filósofos al decir que el agua de la fuente que mira y va hacia oriente, y que corre velozmente lejos de su principio y pasa por lugares arenosos y pedregosos es buena, sutil y ligera, como también lo es aquella que pronto se calienta y se enfría y que fácilmente cuece los alimentos. Quieren algunos que esté descubierta al sol y a los vientos, porque más fácilmente se purifica y se preserva de las putrefacciones. Y otros dicen que la que baja de lugares encumbrados y altos es más pura y nítida, porque por el aire, y por dicho encumbramiento y altura no pueden entrar en ella impurezas ni malos vapores que la corrompan. Alaban el agua de lluvia, y especialmente la que llueve despacito en el verano y que así pura se recoge del cielo, ni se tiene por mala aquella otra que se recoge en el mismo tiempo de verano y con ruidos de relámpagos y truenos, porque cae más aireada y más purificada; pero que la que llueve con furia y tormenta, o la que va goteando de la nieve o del hielo, no se debe usar de ninguna manera, y mucho menos recogida en cisternas, por la corrupción y putrefacción que suele recibir, no moviéndose, y por los perjuicios que causa al pecho y al estómago y a muchas otras partes principales del cuerpo. Por fin la que por la escasez de agua se recoge en cisternas, sólo aquélla se debe recoger, si se puede, de los tejados y no del suelo, como hayan sido lavados por la primera lluvia: pero teniendo cuidado de no beber de ella en el caso de que tenga color u olor, porque por tales causas se corrompen los humores en el cuerpo, y perjudican y hacen mucho daño a la voz del hombre. Sin embargo algunos creen que dicha agua de cisterna no se corrompe tan pronto recogiéndola en invierno e hirviéndola. La de los ríos es buena y mala, según la bondad y maldad de sus fuentes y de las derras por las cuales pasa; pero siempre es mejor, más purificada y menos cruda, cuando no corre entre valles profundos y sombríos y cuando tiene su curso largo y tardío; porque, por el cansancio, deja toda impureza en el camino.

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La que está retenida de la manera que lo está la de los lagos, estanques y pantanos es mala y dañina en extremo, por su corrupción; la cual se conoce por el hedor que tiene. Esta debe moverse y usarse a menudo; si no, produce efectos feos y malos, causa muchas enfermedades difíciles de curar, y a veces corrompe el aire. El agua hervida; si debemos creer a los Médicos y autores que han escrito sobre este particular de las aguas, además de enfriarse pronto y calentarse pronto, se vuelve más clara que todas las otras crudas, y dene el primer lugar entre ellas; porque la separación que el fuego produce entre ella y las partes pesadas, arenosas y viscosas que tiene, haciéndolas bajar a la parte inferior, y por el gas que le quita resolviéndolo en vapor, ella queda más sana que cualquier otra que bebemos, la cual no es simple por su propia naturaleza, sino mezclada de tierra y aire. Sin embargo exigen que sea cocida en vasijas de barro que estén bien limpias.

C A P Í T U L O 2."

Cuáles son las buenas aguas naturales para beber y cómo se analizan Aquellas aguas que son claras, frías, lisas, transparentes y sin colores ni olores, y que por último son más ligeras, son las mejores para beber, más agradables y sanas para el cuerpo, y su ligereza se conoce pesando dos medidas de volumen de aguas que sean de diferentes cualidades, o bien pesando dos trozos de tela iguales y de una misma clase, mojados cada uno en diferentes aguas y después tendidos y dejados terminar de gotear, porque aquél que habrá sido mojado en agua más ligera será asimismo el más ligero. Por buenas también son tenidas aquellas aguas que se dan donde los hombres no padecen dolores de inflamación de ríñones y donde no tienen enfermedades de los ojos, ni son gotosos, sino que están del todo sanos, robustos y de buen color.

C A P Í T U L O 3."

De las aguas medicinales Las aguas medicinales son las saladas, las nitrosas, las sulfurosas, las aluminosas, las bituminosas, y muchas otras que son de varias y diversas especies, las cuales toman el sabor y la fuerza de las venas por donde corren o bien del principio de donde nacen, y una vez bebidas actúan y son del mismo provecho que serían los minerales de los que toman el nombre. A. Las saladas (ver nota 91).

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T R A D U C C I Ó N DEL CÓDICE

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Las saladas purgan y consumen la flema, adelgazan, y esbeltecen el cuerpo, deshacen la hidropesía, y arreglan las ventosidades del vientre, producen gran sed, y causan picor e inflamación del hígado. Por agua salada se tíene toda agua en la que no pueden cocerse las legumbres, y particularmente los garbanzos, las habas, las lentejas y aquellas otras que en las dulces y (...) B. Las nitrosas son frías, purgan la flema, vuelven prolíficas a las mujeres, pero perturban el cuerpo, son abstersivas y por este motivo curan la sarna.

Observador examinando los humores exhalados al despuntar el sol por la tierra húmeda desde un hoyo profundo. Los veintiún libros de los ingenios y de las máquinas. Las sulfurosas suavizan y calientan los nervios, mitigan los dolores que son producidos por causa del frío, bajan las hinchazones y durezas de las arüculaciones, resecan la sarna y son extremadamente útiles para muchas enfermedades del frío, aunque debilitan algo el estómago. Las aluminosas alivian y fortalecen el estómago, disminuyen el flujo de la menstruación, guardan a los mujeres de malos partos®', y curan las llagas de la boca y las hinchazones de las encías, si se mojan con eflas; recogen la sangre del pecho, sueldan las venas rotas y reprimen el sudor superfluo y todo otro tipo de destilación. Las bituminosas sirven para los mismos efectos que sirven las sulfurosas, pero llenan de todos los sentimientos el cerebro y los órganos vitales. Las otras que pasan por venas de hierro o de acero alivian el estómago, desobstruyen el bazo, son buenas para el riñón, fortalecen el hígado, y limpian los ríñones y la vejiga. Las del mar, aunque no sean minerales, son apropiadas para varias enfermedades, adelgazan los cuerpos, sirven contra los dolores de los nervios y de las rupturas, curan la sarna, y tomando su vapor, cuando están bien tibias, es provechoso para la epilepsia. Navegando sobre ellas, aprovechan a los tísicos, y a los que padecen dolor de ojos y de cabeza. Son saladas y amargas, y algunos quieren que hayan sido así desde el principio, porque si hubieran sido dulces, como las aguas viejas y reposadas, y con movimiento no mayor del que les hace hacer el viento y la luna, al cabo de tanto tiempo, y naturalmente de por sí y con la muerte de los peces se habrían corrompido, de modo que nunca hubiera faltado una peste común, que habría dado fin al mundo. 61 «Malos partos» puede significar también «abortos».

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C A P Í T U L O 4."

De los indicios y signos por los cuales se pueden encontrar aguas bajo tierra, de su diferencia y de cuáles son las mejores y cómo se analizan. Al descubierto y mostradas por la naturaleza están las aguas del mar, de los ríos, estanques, lagos, pantanos y de algunas fuentes que corren, a diferencia de muchas otras de fuentes y pozos que están escondidas y bajo tierra. De éstas tenemos que tratar por la necesidad que a menudo tenemos de ellas, sea para beber, sea para regar, y para muchos otros usos humanos, procurando siempre, sea la abundancia, sea la bondad, y además la situación en un aire saludable: puesto que lo uno y lo otro son el verdadero fundamento para conservar la salud, y para vivir largo tiempo, con muchas comodidades, provechos y placeres. Los indicios y signos para encontrarlas son diferentes, pero el más seguro es el de los vapores, que en tiempo sereno exhalan de la tierra al despuntar el alba de cada día del mes de agosto, y de septiembre, entendido que de donde salen dichos vapores, allí abunda el humor extraído por el sol, y por consiguiente la buena agua. Estos vapores se ven tumbándose uno sobre el plano del horizonte y con la barbilla en el suelo para que la vista mire a una altura igual y a nivel de donde los vapores suban alrededor. Y para cerciorarse se cava un hoyo cuadrado de tres o cuatro pies largo y profundo, en el que al ponerse el sol se coloca, boca abajo, una vasija nueva de barro, u otra de cobre, o de plomo, que esté untada de aceite, o de sebo, y después de cubrirlo con cañas o tablas, y por último con tierra, para que no respire, se deja, y al día siguiente se saca afuera, y encontrando que la dicha vasija de tierra pesa más de lo que pesaba antes, o que una de las otras tiene gotas de agua, es indicio seguro de que allí no ha de faltar el agua. Asimismo sirve de indicio si se pone ahí un poco de lana esquilada y seca, y que cuando se saca y se exprime, se encuentra con agua, o bien poniendo ahí una lámpara encendida y llena de aceite, la cual tenga respiración para poder arder toda la noche, y que al descubrirla al día siguiente se encuentre apagada con aceite y pabilo, o bien si la tierra del dicho lugar, calentada por buenas brasas, echa afuera un vapor nebuloso parecido al aliento del hombre, cuando hace frío, o al humo que sale de la leña verde cuando se quema. Evidentes signos e indicios para encontrar aguas son también los lugares cóncavos y bajos, por las aguas de lluvia que en ellos se recogen y penetran, y aquellos otros que sin abundancia ni contribución de tales aguas, de modo natural producen y crían cañas, sauces, cañuela, yedra, juncos y otras plantas similares. Al pie de los montes opuestos al Norte, y especialmente al pie de los que están mucho tiempo cubiertos de nieve, y donde hay sombras de tupidos y espesos árboles, los cuales defienden la tierra de los rayos del sol, se encuentran por lo general muchas aguas; como también se encuentran debajo de

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Varica de barro poroso, o de cobre, o plomo untadas con aceite o sebo, a colorear con la boca hada abajo en un hoyo a fin de saber, por diferencia de peso, si hay indicio de agua en la tierra.

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Lámparas con respiración y provisión de aceite para toda la noche, cuando se apagan indican humedad en el suelo. >

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-O. Brasas que calientan la tierray permiten por la observación del vapory el humo, saber si hay agua en el suelo. Los veintiún libros... las tierras que forman los valles, y que al pisarlas dejan algún trozo pegado a los pies, y de aquellas otras encima de las cuales se ven revolotear y detenerse infinidad de mosquitos, ranas e insectos. La superficie de las tierras, y las propias tierras en donde se buscan las aguas, ofrecen indicio, muchas veces, de si las hay, y de su abundancia y bondad, como se sabe que lo ofrecen las siguientes por relación de muchos que han escrito de ellas y hecho con ellas diferentes experimentos.

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La tierra fina y con color ofi-ece indicios de abundancia de agua, pero de mal sabor; a diferencia de la que da la derra negra y compacta. Las otras tierras compactas y bien prietas denen por lo regular poca agua, a diferencia de las sueltas, las cuales participan de mucho humor, aunque sus aguas no se encuentran sino bajas y muy profundas. En la grava se suele encontrar poca agua, pero de iDuen sabor; pero en la que va mezclada con arena se encuentra agua abundante y buena. En la arcilla se encuentra poca agua, y esa poca, aunque sutil, no tiene buen sabor, y en la tierra fangosa se encuentra a cierta profundidad, y es mala. En las rocas rojas se encuentra abundante y buena, pero se suele perder por los veneros, y en la arcilla se encuentra más ligera y más dulce que las otras. B. En las regiones y países donde llueve mucho se encuentra abundancia de agua. Se ve, excavando en cualquier parte suya cóncava, porque por los humores que allí bajan, y por la pesadez y sutileza de las lluvias, que penetran y gotean por sus tierras, allí se encuentran las aguas en cualquier tiempo; a diferencia de las otras, que se encuentran donde llueve poco y raras veces. A. En los lugares de los que se extrae el yeso, se encuentra la mayor parte de las veces agua salada y de mal olor y sabor. Una vez encontradas las aguas a través de uno o más signos e indicios expuestos, o comoquiera que sea, se conocen y se prueban las buenas viendo que en sus hoyos o pozos no se apagan las lámparas de aceite encendidas, que se dejan dentro; a diferencia de las malas y minerales, con el humo y el vapor de las cuales no sólo se apagan y mueren dichas lámparas encendidas, sino también las vidas de las personas que ponen la boca encima de ellas, si no se quitan de ellas en seguida. Se conocen y anahzan también poniéndolas en vasijas de cobre o de latón que sean limpias y brillantes, o hirviéndolas en calderas limpias y bien lavadas, porque las que no dejan manchas, o que después de hervidas no dejan impurezas ni suciedades en su fondo, son buenas, como también lo son las claras, que son frías, y aquellas otras que mezcladas con algo de la tierra en la que han nacido, la dejan ir al fondo, quedando ellas purísimas de colores, olores y sabores.

CAPÍTULO 5." Cómo y de qué manera se remedian aquellas aguas afectadas por algunas deplorables y malas cualidades Las aguas son de tanta necesidad para la alimentación y para el uso humano cuanto se ha dicho al principio de este tratado. De tal manera entendemos que son en particular las que se han de beber, porque no siempre ni en todas sus partes se encuentran perfectas; nosotros estamos obliga-

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dos a procurarnos para eso toda clase de remedios, para que lo sean, quitándoles las deplorables y malas cualidades que denen. Los expertos en esto dicen que las aguas al descubierto, que participan de algún mineral, o que son espesas, viscosas y contaminadas, se remedian conduciéndolas por largo espacio entre tierras buenas y lodosas, o a través de gravas menudas y arenas, y que las otras, que pasan por conductos profundos y subterráneos y que son crudas, se remedian exhalándolas con varios pozos dispuestos a poca distancia uno de otro, altos de boca y de paredes, para que en tiempo de lluvias los desechos e impurezas de las tierras en las cuales son abiertos y fabricados no se cuelen en ellos. Quieren, además, que las que, bien por ser conducidas al descubierto, o bien por algunas tierras de mala calidad, antes que lleguen a su depósito y receptáculo se vuelven turbias y por consiguiente son insanas, se remedien, fabricando en sus conductos muchos depósitos llenos de grava menuda y arena, porque en el tiempo que dichas aguas corren dentro de ellos y pasan, todas sus impurezas y turbiezas reposan, y van al fondo, y las propias aguas quedan claras, y purgadas de todo mal sabor. Y que aquéllas que producen y tienen sanguijuelas u otros bichitos parecidos que son tan dañinos para los cuerpos humanos, se remedian con cal viva, o con echar dentro peces y anguilas, porque éstos se las comen y las destruyen, y aquélla {la cal) los abrasa y disipa de todo. Es verdad que después se deben limpiar tanto de la cal como de todas las demás inmundicias que tienen. Por esta causa, en muchas partes de Europa, y más que en otras partes en España, se acostumbra tener peces en las fuentes y pozos, porque sus aguas quedan más limpias de todo gusano así como más purgadas de todo mal sabor y olor. Pero los dichos peces se ponen hacia la mitad del invierno, porque en este tiempo las buenas aguas de los pozos y de las fuentes están calientes, a diferencia de lo que están en el verano, en el cual tiempo, si se pusieran, se morirían en seguida por la frialdad que dichas aguas tienen, la cual frialdad, se entiende, procede de la reverberación que hacen los rayos del sol sobre la tierra en dicho tiempo de verano. Esto se ve en todas las partes del mundo, porque cuando hace más calor, el frío huye y como enemigo de todo calor se esconde, parte en los lugares más internos y profundos de dicha tierra, y en los pozos y cavidades subterráneas, y parte en lo alto del intersticio o espacio del medio, el cual está entre las nubes y el aire, y por la mayor parte se producen los granizos y tormentas que caen en dicho tiempo. El mismo efecto que (produce) generalmente el frío con el calor, suele hacer el calor con el frío, porque en el invierno el calor huye y se esconde en las partes más bajas de la tierra, como hace el frío en el verano. Lo muestran las aguas de los pozos, los cañamares y todos los otros lugares subterráneos y profundos, los cuales en dicha estación siempre están cahentes y evaporan. Y todo procede del sol el cual, a pesar de que en el invierno está más cerca de la tierra que en el verano, sin embargo sus rayos la hieren oblicuamente, lo que es causa de que no tengan tanta fuerza para hacer huir el frío cuanta tienen en verano hiriendo la tierra perpendicularmente.

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CAPÍTULO 6.° Cómo se excavan y fabrican los pozos, una vez encontradas y elegidas las aguas Guardan diferencia los pozos con las fuentes en el movimiento y curso del agua y no en otra cosa, aunque se encuentren algunos en los cuales corre en abundancia. Éstos, teniendo agua condnua, se pueden llamar, por la mayor parte, fuentes profundas, y las fuentes en las que se acaba el agua, o se queda quieta y reposada, se llaman no fuentes, sino por lo general pozos poco profundos. Los unos y las otras, sin embargo, están casi unidos y juntos por afinidad. Se excavan todos los pozos en la tierra perpendicularmente y casi siempre redondos, hasta llegar a la superficie de sus aguas, y se hacen de dos maneras. Los que se excavan en terrenos compactos y duros o que tengan toba no se revisten, si no es en lo que dura la altura de su agua y de una braza (o poco más) por arriba de su superficie, y esto sólo se hace por las ruinas y peligros que pueden causar los manaderos de las propias aguas y los golpes que dan los cubos u otros instrumentos con los que se sacan las aguas, balanceándolos y llegando a golpear a menudo las bases de sus paredes. Los otros que se excavan en terrenos débiles y ligeros se revisten todos. Algunos después de haberlos excavado hasta el agua, de tanta anchura como desean que sea, se revisten con los muros que se hacen con «argamasas» que son piedras cocidas y puestas con cal y yeso: allí introducen una cubeta sin fondo pero de buena madera, alta 5 o 6 pies, y ancha por arriba cuanto tiene que ser el hueco y la anchura del pozo, y por abajo un poco más, rodeada con dos o tres aros de madera para que no se deshaga al bajarla, la cual cubeta tenga las duelas inferiores puntiagudas para introducirlas y meterlas poco a poco y de una en una, con mayor facilidad y rapidez, y después de metidas las duelas e introducida igualmente toda la cubeta fabrican encima y alrededor de sus dichos bordes los muros y paredes hasta arriba, excavando después toda la derra y toda otra cosa que se encuentre dentro de dicha cubeta; y otros, por miedo a que se derrumben, las excavan cinco o seis pies bajo tierra, y en el fondo de dicho espacio colocan un aro de piedra dura o de fuertes y gruesas maderas que nosotros llamamos «gavelli»®^, de aquella redondez y anchura que quieren que sean anchos los dichos pozos, y encima construyen un muro alto al igual que el nivel de la tierra y grueso una media braza o poco más, el cual muro después dejan que se seque. Después, alrededor y debajo de dicho cerco y muro, con otro tanto (o poco más o menos) cuanto han hecho la primera vez, en el fondo de la cual excavación cae inmediatamente perpendicular todo el dicho cerco de muro seco, encima del cual se vuelve después a revestir hasta igualar el muro del susodicho nivel de 62 «Gavcllo»: en dialecto milanés es la cuarta parte del cerco de madera en el que encajan los ravos de las ruedas.

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la tierra. Hacen después lo mismo hasta que alcanzan el agua, y hasta lo que quieran ir para abajo y por debajo de dicha agua, sacando siempre fuera aquella tierra y grava que queda dentro, y de este modo los terminan como les guste, sin peligro de sus personas y vidas. De piedra en seco y no con cal quieren muchos que dichas fábricas se revistan desde la superficie del agua hasta abajo, y esto para que no se obstruyan ni impidan los veneros y el curso de sus aguas manantiales, las cuales las más veces no se encuentran si no es desde la superficie o nivel de sus aguas para abajo, o bien a partir de las superficies de las aguas de las fuentes o ríos próximos a ellos. De estos pozos muchas veces suelen exhalar malísimos vapores, mientras se excavan y se construyen, por la cual cosa, no teniendo precaución, peligran sus constructores. Algunos ponen remedio a ello con las siguientes pruebas. Ponen en ellos una lámpara de aceite encendida, y viendo que se queda encendida, entran y excavan sin peligro; pero si por la fuerza de los vapores se apaga, como en algunos de ellos siempre ocurre, mayormente en tiempo de verano, o bien lo remedian con fuegos abrasadores, o bien practican por sus partes algunas aberturas por las cuales puedan exhalar cómodamente. Una vez excavados los dichos pozos y encontrado que tienen agua abundante, y de la cahdad que se busca, se revisten y fabrican del modo ya dicho. Es verdad que su agua está considerada siempre menos buena que las otras, porque no es visitada por el sol ni por el aire que la purifican, y por este motivo se alaba la de los {pozos) descubiertos y no muy profundos, y de los que se saque continuamente o muy a menudo, aunque no sea ni tan fría ni tan clara, siendo así que por moverla y por usarla a menudo se impide la corrupción y putrefacción que suele causar estando retenida, y que la naturaleza, mientras tanto, renueva y envía fresca y nueva agua una vez que se encuentra gastada la primera. Algunos quieren que sean cubiertos, diciendo que las aguas cubiertas por las sombras son más frías y más claras, pero más crudas de lo que son aquéllas visitadas y atravesadas por el sol y por el aire. Y otros dicen que las aguas alcanzadas por mucho sol, además de ser calientes en verano y frías en invierno, son por la mayor parte saladas y viscosas. Comoquiera que sea, las aguas cuando se beben no deben estar ni frías ni calientes, porque aunque las frías ayuden a la digestión y abran el apetito, después perjudican a los nervios, y mayormente a los dientes, y las calientes perjudican al estómago y corrompen los alimentos, haciéndolos flotar en el estómago, y causan muchos y molestos vómitos. Se corrompen estas aguas de los pozos por sí solas en pleno mes de agosto o cuando se renueva la luna de dicho mes, por la cual cosa hay prohibición de que se beban en dicho tiempo, ni se entiende que esto proceda de otra causa sino del cambio de la estación o de la alteración que hace el calor por el movimiento del frío venidero.

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CAPÍTULO 7." Cómo se captan las fuentes y que una vez encontradas y analizadas sus aguas, se nivelan antes de conducirlas Del mismo modo y con las mismas precauciones contra los vapores con que se ha dicho que se excavan los pozos, se captan las ñrentes, y particularmente las que son para beber, porque por lo general se conducen encubiertamente y bajo derra. Son diferentes únicamente en la anchura de sus manantiales y nacimientos, porque éstos se vuelven mayores o con más fuentes que confluyen alrededor, para que las aguas de todas se reúnan y tengan mayor y más abundante cantidad. Y las otras que han de servir para regar y moler o para otros tales y semejantes usos, y que por necesidad han de ser más abundantes de agua, y por consiguiente más expuestas a aterrarse por las inmundicias que en ellas entran y las que crían ellas mismas; además se captan con únicamente las particularidades y advertencias siguientes: se conducen también al descubierto, para evitar los gastos enormes que implicarían si se hicieran y se cubrieran del mismo modo que las otras. Por lo

Trinchera excavada al pie de los montes para captar las aguas de sus arroyos y veneros. Los veintiún libros de los ingenios y de las máquinas.

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tanto, antes de nivelarlas y captarlas para conducirlas, se recorre el paraje en el cual se quieren captar y conducir, para ver los dos extremos, es decir el lugar de donde se quiere extraer, y el lugar adonde se quiere conducir y los caminos por donde se la ha de hacer pasar y, lo que más interesa, los puntos en los cuales se recogen las aguas de lluvia y para ver, además, si las otras fuentes que están en los mismos parajes son profundas, constantes y buenas, y si tienen poca o mucha pendiente o si denen en ellas algunos módulos o esclusas, como por la mayor parte se ve que son las de Lombardía, las cuales se captan entre occidente y norte y se conducen hacia levante o hacia el sur, con mucha facilidad y con tanta naturalidad como se conducen las cosas altas hacia abajo, y sobre todo cuando las tierras que se quieren regar tienen generalmente pendiente; a diferencia de otros países y regiones, en las cuales encontrándose el Ingeniero, para tal finalidad siempre tendrá que ver y entender bien su nacimiento y su curso, siendo así que con semejantes cuestiones puede él sacar ganancia y renombre; y una vez visto todo esto y hecha la elección de la parte más baja, al principio se excavan pozos de anchura no mayor que la de un pozo corriente, o de la que es suficiente para poder ver, probar y gustar si en dichas fuentes están las aguas que se buscan, sin que se derrumben sus paredes. Una vez excavadas, y profundizado todo lo posible o por lo menos más que en otras, para saber si debajo hay toba u otra piedra dura que pueda ser de impedimento a su manantial (como algunas veces se encuentran) y también para ver si dichas aguas son manantiales o no, se dejan con alguna señal en los meses de julio o de agosto, el tiempo naturalmente más seco del año, y en el cual por lo general se menguan todos los manantiales o se secan del todo; se ve si se han secado, si han crecido o si no, y si se encuentra que no han hecho ninguna mutación, se nivelan desde el fondo o suelo que tienen, el cual es su principio, hasta el final, para que, antes de conducirlas o de hacer otros gastos de materiales, se sepa si pueden servir o no para los lugares a que van destinadas. Pero en el caso de que en el conducirlas se bajen o se pierdan del todo, se hacen volver a excavar las dichas cabeceras tanto hasta encontrar más agua, y SI en esta operación se topa con algún tajo u otra piedra dura que esté cubierta y rodeada de alguna agua quieta, la cual (piedra) pueda impedir tal excavación, entonces para remedio del impedimento de dicha agua y para que un cantero u otro oficial pueda trabajar en ello cómodamente, se la rodea con una barrera de buena arcilla, gruesa y bien apretada, tanto espacio encima de dicho tajo o piedra, cuanto puede ser la circunferencia de un pozo ancho, y después así rodeado se seca el dicho espacio y después se excava hasta encontrar el agua manantial y natural, con lo que, después de verla hervir y reposar, se puede hacer después toda oportuna nivelación. Quieren algunos que dichas aguas manantiales que en Lombardía se llaman «avesi» o «barze»*"^ se deriven de las que están retenidas por las 63 «A\-cs»: en el dialecto de Milán significa en la actualidad el agua manantial de la tierra de Lombardía.

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piedras de toba o de arcilla o de aquellas de los ríos cercanos de la comarca, puesto que dichos manantiales se alteran cuando llueve y nieva, o cuando las aguas de dichos ríos crecen y menguan. Y dicen que este «avese» se ve moverse por lo general, de siete en siete años, o de nueve en nueve, o a lo más de diecinueve en diecinueve, final de todo Aureo número, y que la verdadera correspondencia de las fiientes con los ríos o con otras aguas principales próximas a ellas no se conoce más que cuando se mudan o se secan; porque entonces las dichas fiientes cesan, o quedan con poquísima agua.'Por estas razones, como sean ciertas, hay que creer que cuanto más nieva y llueve en un país, o cuanto más crecen las aguas de sus ríos y de los contiguos a él, tanto más alto y abundante de agua se encuentra su «avese». La experiencia muestra que donde no hay conductos profirndos a través de los cuales corran y desagüen las aguas pluviales, o bien donde hay tierras arcillosas que suenen al pisarlas y en las que no puedan sumergirse y penetrar dichas aguas, que los «avesi» están altos y abundantes de agua, y que en cuanto cerca de ellos se captan fiientes u otros conductos de agua, se bajan en conformidad con la profundidad y bajura de sus acueductos, por el curso, escape y profundidad que toma y busca todo tipo de aguas por su naturaleza. A. B. Para los dichos signos A. B. véase lo que he escrito en los papeles grandes. A. B.®'' Estas pruebas y experimentos son las más veces falaces y engañosos, como lo son también las aguas que se encuentran por medio de ellos, porque mientras se las está conduciendo se bajan y se pierden, y nunca, o rara vez se encuentran al nivel de su primitiva señal. Con sus propios ojos lo comprobó nuestro Rey en el año de 1567 después de haberle dicho yo que no creía que a partir de los meses de julio y agosto s e g u i r í a corriendo el agua que había sido encontrada por medio de un zahori (que así se llaman los que hacen profesión de encontrar el agua y decir que debajo de tal y tal tierra se va a encontrar de tal calidad y a tantos palmos), el agua manantial, por la razón de que yo no la consideraba como tal manantial sino como agua entre tierra y tierra; él se quedó asombrado y le dijo a un holandés encargado de sus fábricas que dejase de fabricar el molino ya empezado por orden suya en la fresneda que pertenece al Escorial en España (...) y en el dicho tiempo en que paró la fábrica y antes de que pasara un mes, toda la dicha agua se perdió como agua manantial y acabó de salir al valle en el cual se había encontrado entre tierra y tierra. C. D. Se excavan, pues, de la anchura que se ha dicho, dejando sus paredes con mucha escarpa o con algunas banquetas dentro para que se sostengan más fácilmente y se limpien, y porque de este modo se evita el estacarios, cosa que sale muy cara y que no hace más que perjudicar, porque con este procedimiento de estacar se obstruyen los manantiales de las aguas, 64 Este pasaje fue sustituido por una nueva redacción, sin embargo ofrece información adicional de gran interés.

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apretando y haciendo compactas las tierras de las cuales proceden, que son a veces ligeras y de grava, las cuales producen siempre más cantidad de agua que las otras, y esto sin ningún provecho de las tierras que se encuentran excavadas, y puestas con tantos gastos en sus bordes, ya que por dichas estacadas [las tierras) no dejan de caer ni más ni menos en dichas fuentes cuando llueve y cuando nieva. Es verdad que como se necesitaran para sostener algún cimiento de edificio o de carretera que estuviera cerca de dichas fuentes, o de sus conductos, en ese caso sería ventajoso forrarlas de tablas o entretejerlas de mimbres u otras cosas que pudieran sujetar su üerra; pero como sea para sujetar las paredes y la tierra que se excava de las fuentes y de sus conductos, es mucho mejor que dicha tierra se lleve y transporte lejos, de una sola vez, pudiendo, aunque esto sea más costoso de lo que pueden valer dichas estacadas, puesto que este gasto se hace de una vez para siempre, y que la tierra extraída y llevada lejos no puede volver por su propio movimiento al lugar del que en principio se extrajo, y puesto y entendido también que, si las paredes de las cabeceras, estacas y conductos de cualquier fuente o caz no son altas ni cargadas de tierra, son más seguras en cuanto a no caerse, y a ocupar sus caudales y curso de sus aguas en el tiempo de regar, y es más fácil poder echar encima de ellas cualquier desbrozo que se saque de dichos conductos. Ni®^ en dichas cabeceras, ni por tanto espacio y debajo de ellas cuanto se puede entender que las aguas se reflejen y remansen, se ha de permitir que otras clases de aguas distintas de los propios manantiales se introduzcan en dichos manantiales, porque por causa de la tierra y de impurezas que por lo regular llevan dichas otras aguas consigo, se obstruyen los veneros y las más veces se pierden los orígenes de dichos manantiales, y los dineros que se han gastado en la obra. Sin embargo en caso de necesidad y para evitar todo gasto que se pudiera originar desviando las dichas aguas hacia otras partes diferentes de dichos manantiales, se podría mandar hacer una cisterna o foso lejos de sus orígenes, un espacio conveniente {que) fuese tan profundo como lo son las aguas de las propias cabeceras, porque a través de él, manteniéndolo bien limpio y puro, se sumergirían y pasarían siempre unas aguas en otras, sin perjuicio de sus manantiales.

CAPÍTULO 8.° De la cualidad que han de tener las aguas para regary cómo se modera la frialdad de las fuentes Los agricultores dicen que las aguas para regar han de ser dulces y de buen sabor, para que las tierras que con ellas se riegan se vuelvan más 65 A partir de este punto hasta el final del capítulo el texto se ha escrito dos veces. Publicamos la segunda y definitiva redacción, más legible, que tiene ligeras variantes respecto a la primera.

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fértiles y las hierbas y los árboles produzcan sus frutos más dulces y más sabrosos. Alaban las medianamente frías, porque con ellas las üerras se refrescan y alegran, a diferencia de lo que hacen con las calientes, las cuales abrasan las tierras y sus frutos; y critican las que se extraen de los ríos mediante caces, por la mucha arena que, al correr, dejan encima de las üerras que riegan, y porque se les quita la calidad y la bondad al regar a menudo, dejándolas al final espesas y privadas de todo vigor. Quieren que se eviten las saladas por la incompatibilidad que tienen con las plantas, secándolas y volviéndolas sarnosas, y tienen en gran aprecio las de lluvia, y sobre todo las que en verano caen con viento del norte, porque además de que lavan las plantas y los árboles del polvo, y de los gusanos y piojos que crían de por sí y naturalmente, no calientan tanto las tierras como hacen las otras. Aprecian también las de las fuentes y las consideran buenas, una vez que hayan corrido por lo menos el espacio de una milla o dos por encima de la tierra y que queden aireadas antes de que rieguen, y por mucha pendiente que tengan, no quieren que se usen (aunque pudieran usarse) antes de que hayan recorrido dicho espacio, aduciendo con razón que son tan frías que hacen gran daño a las tierras fuertes, y poco, antes bien ningún provecho a las ligeras. Están de acuerdo, además, en afirmar que la frialdad de éstas se modera agitándolas o conduciéndolas desde lejos con pendiente moderada, y en que se vuelven más abundantes, dulces y densas por las aguas de lluvia y de avenamiento que suelen entrar en ellas ordinariamente y por lo largo del recorrido.

CAPÍTULO 9." Qué es nivelar, y de los efectos que se consiguen nivelando Nivelar es propiamente oficio de saber la diferencia de la altura a la que se encuentran los extremos de la superficie de un espacio de tierra, o de cualquier otra cosa, poca o mucha que sea su distancia. Aquel espacio de derra, el cual se nivela una vez, se llama tramo de nivelación. Alto en los tramos de nivelación, se dice cuando se encuentra que la superficie de la tierra la cual está al final de un tramo de nivelación, es más alta que la superficie de su principio. Y Bajo se dice cuando se encuentra lo contrario, es decir, cuando la superficie de la tierra la cual está al final de un tramo de nivelación, se encuentra más baja que la superficie de su principio. A nivel, o igual se dice que es aquel tramo de nivelación el cual tiene sus terminaciones y extremos no más altos uno que otro, aunque el espacio comprendido entre ellos sea de línea curva o sinuosa.

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CAPÍTULO 10." Que a toda clase de agua que se quiera conducir se debe dar siempre una pendiente adecuada Todas las cosas pesadas, aunque sean esféricas, si se han de mover y llevar de un lugar a otro sin violencia, deben tener el principio de su camino más alto de lo que pueda ser su final. Por lo tanto a las aguas que se quieren conducir para beber o para regar se ha de dar siempre poca o mucha pendiente, siendo así que sin ella, por el peso que tienen, no correrían ni podrían ser útiles en ninguna parte, y en caso de que se utilizaran, como algunas que cerradas y reposadas sirven para navegar, o para hacer algún pequeño lago o puerto, se aterrarían muy pronto por las suciedades y turbulencias que por lo general entran y se depositan en el fondo de las aguas quietas y reposadas''''. A las aguas que se conducen para beber se les da la mayor pendiente posible, porque con ella se airean en el camino, y al final quedan más purificadas y sabrosas; pero a las que se conducen para regar, cuando son claras o se derivan de aguas claras, que algunos llaman agua blanca, se les da generalmente de pendiente por lo menos la tercera parte de la medida con que se miden mil de ellas por encima y en el camino o espacio que han de atravesar, aunque a mayor pendiente puede ser suficiente menor anchura de excavación. A las otras, que se derivan de aguas de color, o que se enturbian a nada que crezcan, se les da un poco más de pendiente, como se da también a las de las fuentes que se conducen para regar. A éstas para ayudar a la poca fuerza que los comienzos de sus manantiales tienen, y para que pierdan lo crudo y se puedan utilizar más pronto y fácilmente, y a aquéllas para que su suciedad y turbieza no se les depositen y obstruyan o llenen tanto sus conductos como lo harían si tuvieran menor pendiente. Por fin a las otras que se conducen para navegar, no se les da más pendiente que la sexta parte de la dicha medida, y esto para que más cómodamente se puedan llevar y conducir las embarcaciones hacia arriba y en sentido contrario al curso de las dichas aguas.

CAPÍTULO 11." Que para nivelar existen dos tipos de instrumentos, j que el más usado es el que funciona con agua Los dos instrumentos corrientes y principales con los que se nivelan las aguas y los terrenos son dos, es decir, el nivel de agua y el de plomada. Éste último, que lleva una numeración del modo que oportunamente se va a 66 A continuación puso Sitoni el título «De la pendiente que de ordinario se da a todo tipo de agua que se conduce. Cap. 11» con el número 11 tachado. Se trata ciertamente de un capítulo aparte, incorporado después al capítulo 10.

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explicar, y con sólo una pesa de plomo o de otro metal bien atada, muestra sin más medidas la diferencia que tiene cada tramo de nivelación de uno a otro de sus extremos por corta que sea, y aquél, una vez reposada el agua que se echa en su caño, con mucha facilidad y aún más rapidez se ajusta, y nivelando muestra la dicha diferencia en tanta distancia cuanta puede ser apreciada cómodamente por el Nivelador, entre el nivel del principio y del final de cada tramo. Este nivel se suele hacer de hierro o de otro metal con un tubo del ancho de un dedo en redondo, y de largo dos o tres brazas, y con el bastón o pie sobre el que se sostiene (como una balanza), no más alto de la distancia que hay entre el pie y la barbilla del Nivelador, por comodidad de poder nivelar por encima de él. Se tapa cada extremidad de dicho tubo, y a poca distancia de ambas se ponen y se sujetan por la parte superior, dos miras cuadradas de igual altura, y encima y a lo largo de dicho tubo tres boquillas, una en el medio, del tamaño y altura que suele ser el hueco de dicho tubo, para recibir el agua que se le echa dentro, y las otras dos, de la mitad de la otra o poco más, para saber y ver si está el agua por igual en dicho tubo; por debajo y en medio se hace un empalme circular del mismo metal y dos anillas a los lados, a alguna distancia de la posición de las dos boquillas, estas anillas para atar el tubo con la clavija de su bastón, y aquél {empalme) para encajar y unir firmemente como macho con hembra en la punta de dicho bastón. De dos piezas, tal como macho con hembra, que uno entra en otro, se hace el dicho bastón o pie de dicho nivel por comodidad de poderlo volver para los dos lados sin moverlo todo, y en la mitad de la pieza superior, cerca de donde se juntan dicho macho con la hembra, se hace una pieza cuadrada en la cual se introduce un pequeño pivote giratorio y ajustado, largo tres o cuatro dedos, que asimismo tenga en el medio un tope para parar, y la extremidad o final bien remachado, y en la otra pieza en la cual se pone y sostiene lo que queda del dicho macho, hecho a modo de una pequeña clavija y en el orificio de tal pie se hace un manguito y en el fondo de tal pie, en el cual manguito cabrá justamente el grueso y el largo de dicha clavija, la cual clavija después habrá de avanzar tanto al fondo de dicho manguito, que se pueda cerrar con una pequeña llave. {Este pie) se hace de tanta altura cuanta es la largura de dicho> manguito, con el cual hay que soldarlo, y tiene que tener tres puntas no muy agudas para que, ajustado con su nivel encima, no se resbale del lugar donde de una vez se le ha colocado. Se ajusta después el dicho nivel de agua colgando de una de las susodichas anillas una cuerda que, gruesa de tres cabos retorcidos y prietos, esté enrollada por lo menos dos vueltas a la clavija de su palo y atada con muchos nudos a la otra anilla, girando, bien de un lado y bien del otro, la dicha clavija hasta que el agua que se encuentra en dicho tubo se iguale con sus boquillas próximas a sus miras. Por el dibujo siguiente se podrá entender fácilmente cómo se fabrica el dicho nivel de agua.

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El nivel llamado combate por Vitrubio y nivel de agua por el vulgo, según los VeintiiSn libros de los ingenios y de las máquinas. Este aparato es menos preciso que el descrito por Sitoni para determinar la línea horizontal —en el corobate por una caja alargada con agua y en el texto de Sitoni por un tubo largo de dos boquillas verticales de vidrio en sus extremos—pero ambos coinciden en sus principios básicos y en su sistema de sustentación y giro.

CAPÍTULO 12.° De la manera que se procede al nivelar con dicho nivel de agua y cómo se anotan sus operaciones con un ejemplo muy a propósito para éstas Dicho nivel se usa de esta manera. U n a vez visto primero el lugar adonde se quiere derivar el agua y el recorrido por el que se ha de pasar junto con la parte más alta del lugar que se ha de regar, o bien sus dos extremos

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(los cuales muchas veces por causa de algunos obstáculos no se pueden ver si no es con grandes fuegos encendidos o señales de humo) se planta una estaca igual a la superficie que dicha agua suele tener en tiempo de sequía; y, distante de dicha estaca la longitud de diez trabucos de derra de Milán''', ya que en dicha distancia no hay altos ni bajos tan excesivos que puedan dificultar el poder ver cómodamente la parte superior de lo blanco de la siguiente banderola, (sea que esté levantada, sea que esté bajada al nivel de las miras ya descritas), se pone y asienta el nivel de agua perpendicularmente y a nivel y lo más posible en línea recta con el camino y la estaca, llenando su tubo con agua clara echada en él sutilmente y poco a poco con un jarrón o jarra que tenga el pico bien agudo, porque echándola de otro modo se podría llenar de aire; y, ajustada y hecha mantenerse encima de dicha estaca una regla derecha y a plomo, larga seis brazas como es largo uno de los dichos trabucos, dividida y repartida en brazas, onzas y cuartos de onza, y al lado de ella otra de dos brazas repartida de modo similar, que de un extremo tenga una banderola de cartón o de otro material del tamaño de un palmo cuadrado, dividida en tres partes, las dos extremas negras, y la del medio blanca, se nivela por encima de sus miras, haciendo levantar o bajar tanto la parte superior de lo blanco de dicha banderola, que esté a nivel con dichas miras, y clavar en la regla grande un espontón tanto más arriba del derecho de dicha parte superior, cuanto importa la pendiente de cada tramo de nivelación, la cual pendiente por lo menos ha de ser los 12/25 de una onza, dándose 24, que son dos brazas o tercera parte de un trabuco por cada mil de esos trabucos. Después en el derecho de los dichos nivel de agua y estaca, se sigue en línea recta el camino que se ha de nivelar, y a distancia de dicho nivel de agua por otros diez trabucos; pero en el caso de que en dicha distancia hubiera obstáculo que impida la vista, como se dijo antes, se planta una estaquita con un taco al lado, que significa primer tramo de nivelación, y sobre el rellano o superficie de terreno que está más cerca y alrededor, se hace poner y sostener otra vez la dicha regla de la marca o espontón y pegada a ella la otra de la banderola, como y de la manera que se pusieron encima de dicha primera estaca, teniendo la precaución siempre de que la cabeza o parte superior de dicha regla de la marca no se cambie {de sentido) poniéndola en la parte que se quiere, y esto para no equivocar la verdadera altura y punto en el que se encuentra la dicha marca. Y una vez reconocido que las boquillas del instrumento están a nivel y que su tubo está lleno de agua y no de aire, y hecha levantar o bajar la banderola tanto que en la parte superior de su parte blanca esté justa y derecha y al nivel de las miras de dicho nivel de agua, se mide la diferencia que hay desde la dicha marca a la rasante de dicha parte superior, y, medida, se anota en el libro o cuaderno 67 En el original Irabucco. antigua medida de longitud, superficie v volumen usada en la Italia septentrional y en Cerdeña (Battisti-Alessio). En el actual dialecto milanés «trabuc» es una medida agrícola.

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por Alto, si se encuentra más bajo que la marca, y por Bajo, encontrándose más arriba, que es tanto como si dijéramos que la superficie del fin de un tramo de nivelación estuviese más alta o más baja que su principio. Y encontrándose más baja, como sería de seis onzas, o más o menos, se dice: en veinte trabucos Alto onzas 6, hay que cavar 6 onzas que es la diferencia de la marca a la parte superior de lo blanco, y tanto más de dichas seis onzas cuanto importa la altura que se presupone ha de tener el agua en su conducto. Y encontrándose más alta, como sería de 3 onzas, se dice: en 20 trab. Bajo onzas 3, hay que subir onzas 3 que son la diferencia de dicha parte superior de lo blanco a la marca o bien hay que bajar tanto menos de la altura que debe tener el agua con el conducto, cuanto importa la altura de dichas tres onzas. Pero encontrándose igual, se dice: en 20 trab. igual con bájese o súbase del modo que reza su partida anterior. Después, comoquiera que sea, bien que se tenga que bajar, o bien se tenga que subir, o bien se encuentre igual, se escribe o anota en el susodicho fibro o cuaderno lo que en efecto se encuentra, para que de estaquita en estaquita se sepa puntualmente cuánto hay que bajar y subir. Y ocurriendo, como a menudo ocurre, el tener que pasar con susodichas nivelaciones por vías o caminos que no están llanos, como son colinas, cuestas y bajadas de montañas, o por otras partes tortuosas que no se pueden nivelar si no es de trabuco en trabuco, o de poco más espacio y distancia, y girando el nivel, a diferencia de lo que antes se ha dicho, se orienta dicho nivel y se ajusta sin mover su pie, o se hacen medir dichos caminos y recorridos con una cuerda larga 25 o 30 trab. o con alguna otra medida conocida, sin poner el espontón más arriba de la parte superior de lo blanco de la banderola, porque de este modo, terminadas las nivelaciones de estas partes difíciles, no solamente se saben sus precisas longitudes y distancias, sino también la pendiente que respectiva y debidamente allí se ha de dar desde el principio hasta el fin. Conclusión de la manera en que se procede para anotar en el Hbro de los tramos de nivelación, con un ejemplo muy a propósito*'''. Anotada que tengamos la dicha primera pardda y tapadas con estopa, de tramo en tramo, las tres boquillas del dicho nivel de agua junto con algunas puntas de maderos u otras cosas para que el agua de su tubo no se pierda, y se use enturbiada'''' (cuajada) cuando se quiere reajustar, se hace poner de nuevo dicha regla grande encima del rellano o superficie de derra que está alrededor de dicha segunda estaquita, y sacado el espontón y acercada a él la otra regla de la banderola, se pasa adelante el nivel o nivel de agua de otros tantos trabucos, si se puede, y en la misma dirección, como antes, caso de que se pueda proceder en línea recta al final de los cuales trabucos se vuelve a plantar y a ajustar el dicho nivel de agua, una vez

68 Esta li ase era el título de un nuc\ o capítulo, el 14.". incorporado después al texto. 69 En el original «causi di lat.c» forma no registrada en ninguno de los numerosos diccionarios consultados. «C:ua¡ada» es conjetin-a que no satisface, fundada en que «caolat» en milanés actual es un dulce hecho con nata líquida >• yemas de hue\ o.

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ajustado y hecho coincidir lo blanco de dicha banderola con las miras de dicho nivel de agua, y vuelto a plantar el espontón en dicha regla grande pero en el derecho del agujero señalado poco más arriba de lo blanco de dicha banderola, y una vez acabada del todo la operación descrita, se anota en el libro la diferencia encontrada desde la superficie que está alrededor o cerca de la 2.'' estaquita, hasta la superficie encontrada cerca de la tercera estaquita, al lado de la cual se pondrán dos tacos, para indicación del fin del segundo tramo de nivelación, con la cual diferencia después se sabrá cuánto hay que subir o bajar el dicho fin. Lo mismo se hace de todo lo demás que falta para llegar al término que se pretende regar, pero volviendo siempre el dicho nivel de agua de tramo en tramo de nivelación. Y como por lo general las tierras por las que se suelen hacer pasar dichos conductos son desiguales, y tienen muchos altos y bajos, y por su larga distancia son necesarios muchos tramos de nivelación, la diversidad de los cuales causa a veces errores en quien no tiene práctica ni experiencia, por la diferencia que puede haber sea en el agua de sus boquillas, sea en las miras por no estar éstas tal vez bien ajustadas, siendo así que con el dicho volver {el instrumentó) lo que se pierde en una vez se puede ganar en la otra. Se pone el siguiente ejemplo para que se vea cómo se han de anotar las partidas de cada tramo de nivelación y la manera en que se ha de proceder en echar las cuentas de los Altos y Bajos. Ejemplo. Suponiendo que haya un río copioso y abundante de agua, téngase que derivar de él un cuerpo de la altura de una braza y de tres de ancho en el suelo o fondo de su conducto y presuponiendo también que se quiera saber cómo nivelar dicha agua... al... deseado. Primero se planta una estaca suficientemente gruesa y larga en la orilla de dicho río, igual que la superficie de su agua habitual, y desde la cima de dicha estaca se empieza a nivelar de la manera ya exphcada, anotando, después de la previa nivelación y de la altura que ha de tener generalmente el agua en dicho conducto, las partidas de cada tramo de nivelación de este modo, es decir: en 20 trab. Alto onzas 14, que es tanto como decir: en el fin de 20 trabucos se encuentra alta la superficie del terreno cerca de la 2.'' estaquita marcada con un taco 14 onzas más arriba de su principio, y según esta cuenta hay que bajar asimismo onzas 14 de más de las susodichas 12, altura normal del agua de dicho río, que son en todo 26.

CAPÍTULO 13." Que cuando se está nivelando conviene estar callado y ser breve en el escribir Muchos denen por costumbre escribir profusamente sobre dichos tramos de nivelación, narrando de uno en uno el camino por el cual pasan, y las cosas que a lo largo de él encuentran, no dándose cuenta de la facilidad con la cual, por tal causa, pueden cometer error, equivocándose y escribiendo

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una cosa por otra, y de que no hay nada que obhgue al buen Nivelador a que gaste y consuma el tiempo en charlas, siendo así que la finalidad de esta operación de nivelar consiste sólo en echar cuentas y en plantar con tino las estaquitas indicadas, marcadas con tantos tacos cuantos son los tramos de nivelación, cerca de las cuales estaquitas se podrá hacer un montículo de tierra para poder encontrar mejor y más seguramente el fin de cada tramo de nivelación. Pero no se dejan de anotar al margen del libro y en su sitio, es decir a la derecha de los tramos de nivelación, las cosas que interesan, como son puentes, canales u otras semejantes obras, para poder saber después, una vez terminada del todo la nivelación, las cosas que son necesarias. Volviendo ahora a la primera partida, la cual dice como antes vimos, y siguiendo con las otras, que son del mismo modo, se dice: 1.^ En 20 trab.

2.^ 3.^ 4.^ 5.^

8.^ 9.^ 10.^

» » » » » » » » »

20 20 20 20 20 20 20 20 20

» » » » » » » » »

Alto oz. 14,0 (incluyendo 12 oz. bájese oz. 26,0 que es la altura del agua, en todo) Alto Alto Bajo Bajo Alto Bajo Bajo Bajo Alto

»6,6 »2,0 » 1,3 »3,6 »0,6 »0,3 »6,6 » 1,0 »3,9

bájese bájese bájese bájese bájese bájese bájese bájese bájese

» » » » » » » » »

32,6 34,6 33,3 29,9 30,3 30,0 23,6 22,6 26,3

CAPÍTULO 14.° Cómo se hace la prueba de la cuenta de los tramos de nivelación y lo que el Nivelador ha de saber para hacerla y anotar de tramo en tramo Son 10 los tramos de nivelación, como arriba se ve, y el último de ellos dice que hay que bajar oz. 26 1/4, la cual cuenta se puede revisar, sumando los altos y bajos por separado unos de otros, y restando los de menor cantidad de los de mayor, y añadiendo a lo que queda la altura del agua, como por ejemplo: los Altos sumados juntos hacen 26,9 onzas y los Bajos son oz. 22,6; éstos sustraídos de aquéllos se quedan en oz. 14,3 de Alto, con los cuales, después de añadida la altura del agua la cual es 12, hacen 26,3, y veinte y seis onzas y un cuarto hay que bajar en el fin de dichos diez tramos de nivelación, como en la cuenta pasada se ve. Esta razón procede de que: cuando después de la pardda que dice bájese, sigue Alto, se suma su cantidad con la canüdad de la partida bájese, y el resultado se escribe o ajusta diciendo bájese. Y cuando después de dicha partida bájese sigue Bajo, y su cantidad es menor que la cantidad de la partida del bájese, se resta la dicha

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cantidad del Bajo de la otra cantidad y el resto se escribe diciendo bájese. Pero cuando la cantidad de la partida Bajo es mayor que la otra del bájese, se resta la menor de la mayor y el resto se escribe diciendo súbase. Cuando después de la partida que dice súbase sigue Bajo, se suma su cantidad {del Bajo) con la cantidad de dicha partida súbase, y el resultado se escribe diciendo súbase. Pero cuando después de dicha partida súbase sigue Alto, y su cantidad es menor que la susodicha partida súbase, se resta la cantidad del Alto de dicha otra cantidad de súbase y el resto se escribe súbase. Después, cuando la cantidad de dicho Alto es mayor que la cantidad de la partida súbase, se resta la menor de la mayor, y el resto se escribe diciendo bájese. Y si después de una de estas dos partidas bájese o súbase, sigue Igual, se escribe y ajusta la partida de la manera ya expuesta, y donde dice súbase se entiende tanto más de la dicha partida cuanto es la altura del agua, a diferencia de cuando dice bájese. Y prosiguiendo con dicha nivelación: ll.'' En 20 trab. Alto Bajo 12.^ » 20 » Bajo 13." » 20 » Igual 14.=* » 20 » 15." » 20 » Alto 16.^ » 20 » Alto Bajo 17." » 20 » Bajo 18." » 20 » Igual 19." » 20 » 20." » 20 » Alto

oz. 2,0 » 7,6 » 4,0 » » 8,3 » 0,6 » 10,0 » 18,9 » » 2,6

»

bájese » bájese » »

bájese » bájese » bájese » »

súbase » súbase »

28,3 20,9 16,9 16,9 25,0 25,6 15,6 3,3 3,3 0,9

Para conocer y comprobar si el susodicho cálculo está bien, se suman y restan los Altos y Bajos, como arriba, y se resta el resto de las primeras 10 partidas del resto de las segundas, y si el resto es conforme a la última partida de las dichas segundas partidas, la operación está bien. Esto se dice cuando los restos son de diferentes cualidades, pero cuando son semejantes, se suman y se juntan. Y siguiendo con la nivelación: 21." En 20 trab. Alto 22." » 20 » Alto 23." » 20 » Alto 24." » 20 » Igual 25." » 20 » Bajo 26." » 20 » Alto 27." » 20 » Alto 28." » 20 » Bajo 29." » 20 » Bajo

oz. 17,0 » 3,6 » 1,3 » » » » » »

0,6 0,9 1,3 3,6 7,0

bájese bájese bájese bájese bájese bájese bájese bájese

oz. 16,3 » 19,9 » 21,0 » 21,0 » 20,6 » 21,3 » 22,6 » 19,0 » 12,0

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30.'' Y al final de 20 trab., fin asimismo de la nivelación, se encuentra Bajo 12,0 igual al fondo del agua respecto a la superficie de la tierra que se quiere regar, donde si en el correr que hacen las aguas no se menguaran todas las aguas, debería encontrarse el agua alta las dichas oz.l2 encima de la superficie de dicha tierra. La cuenta de la cual última partida será exacta si, una vez sumados y restados los Altos y Bajos de todas ellas, como arriba hemos dicho, y por último restado del resultado de ellos el resultado de las dichas segundas diez partidas, el resto será en calidad y cantidad conforme a la dicha última partida.

CAPÍTULO 15.° Que de la manera con que se han de nivelar las aguas y cabeceras de las nuevas fuentes se puede también hacer la prueba de la pasada operación y cuenta Nivelando de modo diferente a lo que hemos dicho en el capítulo anterior, es decir empezando por abajo alrededor y cerca de la última estaquita donde está el principio de la tierra que se quiere regar, y yendo hacia arriba de tramo en tramo de nivelación, hasta la primera estaca que se presupone plantada en la orilla de dicho río, como se debe nivelar cuando se quiere saber la profundidad que debe tener el agua de una cabecera o nueva cabecera de fuentes para que con ella se pueda regar, o utilizarla para algún artefacto de molino u otra cosa semejante, se puede también hacer la prueba de la pasada operación y cuenta. Esta manera es tan fácil de utilizar como se ve que es la otra, y su diferencia consiste sólo en que se ha de poner siempre el espontón en la regla grande tanto más abajo de la parte superior de lo blanco de la banderola, cuanto importa la pendiente que por cada tramo de nivelación se ha de dar, o bien que en lugar de Alto se disponga Bajo. Ejemplo. Pongamos que se comience el primer tramo de dicha nivelación encima de la estaquita plantada al igual {al nivel) de la superficie de la tierra que antes hemos dicho que queremos regar, y que conservando el susodicho orden se termine en la punta de la estaca plantada en la orilla y al nivel de la superficie del agua que de ordinario pasa por dicho río, y se encuentren los tramos de nivelación que son como abajo se indica, es decir: En 20 trab. fin del 1.'' En 20 trab. 2.^ » 20 » S.'^ » 20 » 4.^ » 20 » 5.^ » 20 » 6.^ » 20 » » 20 » 8.^ » 20 » » 20 »

primer Alto Alto Alto Bajo Bajo Alto Igual Bajo Bajo

tramo de nivelación oz. 12,0 bájese oz. 12,0 y así siguiendo » 7,0 bájese » 19,10 » 3,6 bájese » 22,6 » 1,3 bájese » 21,3 » 0,9 bájese » 20,6 » 0,6 bájese » 22,0 » bájese » 21,0 » 1,3 bájese » 19,9 » 3,6 bájese » 16,3

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10." 11." 12." 13." 14." 15." 16." 17." 18." 19." 20." 21.^ 22." 23." 24." 25." 26." 27." 28." 29."

20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20

Bajo Bajo Igual Alto Alto Bajo Bajo Igual Alto Alto Bajo Bajo Alto Alto Alto Bajo Alto Alto Bajo Bajo

17,0 2,6 18,9 10,0 0,6 8,3 4,0 7,6 2,0 3,9 1,0 6,6 0,3 0,6 3,6 1,3 2,0 6,6

súbase oz . 0,9 súbase » 3,3 súbase » 3,3 bájese » 15,6 bájese » 25,6 bájese » 25,0 bájese » 16,9 bájese » 16,9 bájese » 20,9 bájese » 28,3 bájese » 26,3 bájese » 22,6 bájese » 23,6 bájese » 30,0 bájese » 30,3 bájese » 29,9 bájese » 33,3 bájese » 34,6 bájese » 32,6 bájese » 26,0

30." Y en el fin de los 20 trab. del tihimo tramo de nivelación, puesto que se encuentre Bajo 14,0 se dice bájese oz. 12,0 más abajo de la dicha primera estaca plantada en la orilla del río al igual {al mismo nivel) de dicha superficie del agua, las cuales doce onzas son la altura del agua, la cual se propuso al principio de este ejemplo y se dijo que debe tener de ordinario el dicho conducto, aunque en el curso que hacen las aguas, todas se encuentren menguadas en su fin.

CAPÍTULO 16.° Que la dicha m.anera de nivelar es la apropiada y la buena, y que al nivelar se ha de guardar todo el silencio posible Visto, pues, y conocido por dicho cálculo que la dicha operación es exacta, y que en el fin de cada tramo de nivelación se ha encontrado un mismo bájese o súbase, se debe nivelar de la susodicha primera manera y procurar en ello el {mayor) silencio posible, para que no ocurran errores, como se producen a menudo, por causa del mucho hablar, escribiendo y equivocándose Alto por Bajo, y anotando un número por otro.

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CAPÍTULO 17° De otra manera de nivelar con el mismo instrumento usada por poco expertos Sin plantar estaquitas y sin llevar más cuentas que demostrar al final de cada tramo de nivelación la cantidad que se ha de bajar o subir del modo que se ha dicho en las dos maneras anteriores, se podrá también nivelar desde el principio hasta el fin, con tal de que se tenga cuenta de los Altos y Bajos, siendo así que por ellos se puede saber, una vez terminada la operación, si el agua que se suele conducir está más alta o más baja que el lugar que se pretende regar, y la pendiente que se puede dar a cada tramo de nivelación; pero viendo y entendiendo ya que no se puede evitar que cada tramo de nivelación no tenga más o menos la susodicha pendiente y que el gasto de la obra, en el caso de que pueda resultar buena y a propósito, se ha determinado hacerlo, es mucho mejor que se nivele o se proceda de la primera manera, porque al realizar la obra se sabe si hay más o menos pendiente de la que hace falta, se conoce el camino por donde es mejor pasar, se sabe si se ha de pasar por debajo o por encima de otros conductos, y por último se saben las dificultades que hay de excavar y terraplenar, y una vez que están plantadas las estaquitas y al final de cada tramo de nivelación con una señal de recuerdo de lo que hay que excavar o terraplenar, con un montículo de tierra al lado de cada, para mayor y más segura señal, y esto para que se baje o se deje alto el fondo de dichas conducciones más o menos de lo debido, y después de echada la susodicha cuenta de los Altos y Bajos, de diez en diez partidas; se puede, no sólo revisar si la operación del nivel es exacta o no, sino también el cálculo de ella, sumando dichos Altos y Bajos, y restando los unos de los otros, sin tener obligación de añadir la pendiente, y por último tomar determinación sobre todas las obras de los puentes, sifones y canales, y saber, poco más o menos, la cantidad de dinero que hay que proveer p a r a dicha ejecución.

CAPÍTULO 18.° Diseño del susodicho instrumento y de todas sus circunstancias. Del nivel de plomada, segundo instrumento para nivelar, y cómo se divide en partes El segundo instrumento del nivelar es el nivel de plomada. Se hace de madera seca y buena, pero no más alto que una altura y media de hombre, ni más ancho, de un pie a otro, de dos (alturas humanas), así para que quede derecho y ligero, como para que sea fácil de manejar, y con un peso de diez o doce liras colgado de un sutil hilo de cobre, que caiga verticalmente en su traviesa: se sujeta y se maneja, subiéndolo y bajándolo, conforme a como se encuentra alta o baja la superficie y espacio que se ha de nivelar.

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Se arman dichos pies con hierros que tengan las puntas no muy agudas, para que no se despunten ni desgasten al cambiarse de lugar tantas veces como se cambian, y para que no resbalen fuera de los huecos de las dos zapatas encima de las que se alojan dichos niveles de plomada, de tramo en tramo de nivelación. Estas zapatas se hacen de hierro o de algún otro metal, cada una del grueso de un dedo y anchos tres o cuatro {dedos) en cuadro con un pequeño hueco redondo en medio de su parte superior y abajo con una punta por cada esquina, para que una vez puestas y colocadas que estén en el suelo, y encima del hueco de dichas zapatas los pies del dicho nivel de plomada, no se aparten ni se resbalen ni uno ni otro de los puntos fijados. En pies, o en palmos divididos en onzas y puntos, o bien en otros tipos de medidas menudas, como abajo {se ve) se reparte el frente de la regla o línea transversal de dicho nivel de plomada en la cual línea cae verticalmente y va a dar el hilo de su pesa, la mitad de la cual línea se asigna para los Altos y la otra mitad para los Bajos. Algunos, después de que han encontrado y ajustado dicha línea vertical con el punto mediano de la otra línea transversal, reparten regularmente ajustando dicho nivel de plomada encima de un reglón derecho y puesta a nivel, que tenga otro reglón empotrado perpendicularmente y en ángulos rectos, encima del cual está señalada y repartida la justa medida que quieren y pueden repartir en la dicha línea transversal, y levantando uno de los pies de dicho nivel de plomada y acercándolo a dicha división ven adónde cae y va a dar su hilo, y así lo señalan de un lado y del otro con el compás, tirando líneas con una regla grande y derecha desde el centro o agujero de donde sale dicho hilo a cada punto señalado. O bien, ajustada que tengan dicha línea mediana, trazan en un plano dos líneas a lo largo y en ángulos rectos, y en la una reparten y señalan los pies o minutos que quieran, y en la otra dibujan un triángulo igual al triángulo que contiene dicho nivel de plomada desde su agujero hasta la punta de cada pie, y desde un pie a otro, con su perpendicular en medio, y desde las dichas divisiones trazan tantas bases cuyos vértices coinciden con la otra línea, y encima de ellas tantos triángulos iguales al susodicho triángulo, cuantas son dichas divisiones, y desde los vértices superiores tiran las perpendiculares que caen cada una encima de su base, paralelas a dicha Hnea dividida, y la distancia que cada una hace desde la línea del medio de cada triángulo suyo, señalan y apuntan de un lado de la línea perpendicular del primer triángulo, como alturas iguales a las otras repartidas en dicha primera línea, causadas por el levantar del nivel de plomada, de la manera y como en los siguientes dibujos se puede ver.

Otros, una vez afinada y ajustada la línea perpendicular con el punto medio de la línea transversal de dicho nivel de plomada dibujan el triángulo que él contiene con su perpendicular y con su traviesa, y reparten la mitad

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B JjLrti'tÚL Graduación de un nivel de plomada. Los veintiún libros de los ingenios y de las máquinas. de su base en tantos palmos, onzas o puntos, o bien en tantas otras clases de medidas, cuantas quieren, y de un lado de dicha perpendicular trazan un semicírculo de diámetro no mayor que toda o parte de dicha línea, la mitad de la cual reparten en tantas partes, cuantas son las de la mitad de la dicha base, y después de repartidas las señalan en la circunferencia inferior de dicho semicírculo, desde la línea diametral en adelante, cruzando cada una con líneas descendientes y trazadas desde el ángulo superior de dicho triángulo hasta la otra mitad de su base, como en el siguiente dibujo se puede ver.

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Después en el medio y a través de la superficie o parte superior de dicha línea transversal adonde cae el hilo del plomo, se clava una punta, u otra cosa que quede en relieve sobre esa superficie para que sea suficiente como

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Otro tipo de nivel de plomada. Los veintiún libros de los ingenios y de las máquinas. señal, y de un lado y de otro se hacen cinco series de agujeros, la primera de tres, que significan puntos, la segunda de cuatro, que significan cuartos de onza o dígitos, la tercera de tres, que significan onzas, la cuarta de cuatro, que significan palmos, y la quinta de diez que significan brazas. Los cuales agujeros se pueden asignar, es decir los de la parte izquierda de dicha línea transversal a los Bajos que siguen por los tramos de nivelación, y los de la derecha a los Altos, como por ejemplo: Se hacen asimismo en la superficie o parte superior de la pata derecha cuatro series de 10 agujeros por cada una. La primera de las cuales significa diez números de tramos de nivelación, de la medida que se encuentra que es la línea o distancia que hay desde la punta de un pie de dicho nivel de plomada a la otra. La segunda diez decenas. La tercera diez centenares y la cuarta diez millares; para que de diez en diez o de más números de tramos de nivelación, se pueda saber, una vez que estén restados los Altos de los Bajos, o los Bajos de los Altos, que tanto hay que levantar o bajar el término y lugar en el cual se encuentra el Nivelador con dicho nivel de plomada.

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CAPÍTULO 19.° Cómo se anotan encima del mismo instrumento los tramos de nivelación, y que de tramo en tramo se pueden hacer sus cálculos respectivos Después de hechas y señaladas todas las cosas susodichas, se procede y se nivela fácilmente, porque una vez que se tengan ajustados los pies de este nivel sobre sus zapatas, se presupone, como por ejemplo, que se tengan en el primer tramo de nivelación, es decir el izquierdo encima de la estaca que se iguala con la superficie del agua principal de la cual se quiere derivar la accesoria, y el derecho sobre una zapata, tanto más alto que el nivel de la punta de dicha estaca, que por ello se consiga que el hilo del plomo del nivel de plomada caiga justo en la línea o punto marcado cuatro palmos en la parte izquierda: se pone un clavo o palito en el cuarto agujero de la serie establecida para los palmos y supuesta en la parte derecha, que es tanto como si se escribiera Alto cuatro palmos, o se dijera que debajo de dicho pie hay que quitar la altura de cuatro palmos más de la altura del agua que generalmente debe tener su conducto; y si en el segundo tramo de nivelación, dando la vuelta al nivel, como de tramo en tramo se le ha de dar la vuelta, y colocado el pie izquierdo sobre la otra zapata, se encuentra el dicho pie tan alto que el hilo del plomo caiga en la marca de dos palmos y tres cuartos de la parte derecha, se pone otro clavo o palito en el segundo agujero de los palmos, y en el tercero de los cuartos de dicha parte izquierda, o bien se restan dichos dos palmos y tres cuartos de Bajo de los dichos cuatro palmos de Alto, y el resto que es un palmo y un cuarto se anota con dos clavos o palitos, poniendo uno en el primer agujero de los palmos, y el otro en el otro primero de los cuartos, y quitando el del cuarto de los palmos, aunque para no tener que restar y contar de uno en uno los tramos de nivelación se pueden ajustar los Altos y Bajos en sus términos, como se ha dicho arriba, y en el fin de diez o de más números de tramos de nivelación, restar los unos de los otros, haciendo clavar una estaquita al nivel con la superficie de la tierra, con un montículo cerca, y en dicho palito, o bien en un cuaderno sólo para esto, anotar la canddad que se ha de bajar o subir la dicha superficie. Pero se ha de saber que cuanto mayor es el ángulo superior del nivel de plomada, tanto mayor altura o profundidad se nivela de un solo tramo de nivelación. La variedad de los siguientes triángulos dibujados a semejanza de niveles de plomada, algunos con las patas iguales y las bases diferentes, y algunos otros al contrario, hace conocer fácilmente que con el nivel de plomada fabricado con ángulo obtuso se nivela siempre, en un mismo tramo de nivelación, altura o profundidad mayor de la que se nivela y puede nivelar con cualquier otro que esté fabricado con ángulo recto o con agudo, como tenga cada uno las patas o bases de igual longitud. Y esto porque la línea perpendicular del medio de cada nivel de plomada fabricado con mayor ángulo es siempre más corta que la de cualquier otro que esté fabricado con menor, y que en el levantar o bajar uno de sus pies, constituye y hace mayor circunfe-

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renda desde el punto del cual sale el hilo de su plomo, cuando está a nivel, a la línea que se supone perpendicular y paralela a la otra línea mediana, y por consiguiente, mayor circunferencia, altura o profundidad con la punta de dicho pie móvil, sin peligro de que salga el plomo fuera de la pata del pie inmóvil y de lo que puede hacer, levantándose o bajándose, cualquier otra de cualquier otro nivel de plomada fabricado con menor ángulo.

CAPÍTULO 20.° De dos otros instrumentos; con uno de los cuales se nivela fácilmente en tiempo de aire,y con el otro se nivelan las alturas y las hondonadas de todo monte Con un larguero de buena madera derecha y pesada, de un trabuco de largo y tres o cuatro onzas de grueso, ajustada a nivel sobre dos montículos de tierra hechos en el medio de cada tramo de nivelación y elevados del rellano tanto cuanto es suficiente para que los Niveladores, puestos cómodamente encima, como aquí debajo se ve dibujado, o bien ajustado y colocado sobre dos banquetas hechas con sus tornillos cómodos de levantar y bajar, se puede nivelar, en dempo de viento mediano, poniendo y encajando en la parte superior de cada lado una mira cuadrada de madera, o de hierro, para mirar a través para nivelar, del modo explicado en el primer instrumento. Y con otro larguero parecido o, para menor trabajo, con una regla derecha, firme y larga otro tanto, se podrán nivelar toda clase de montes y hondonadas, con tal de que a un extremo y en la parte superior de dicha regla esté un nivel de plomada, ligero pero justo y repartido en dos partes iguales, y al otro extremo esté colgado un plomo que por medio de una cuerda sutil recogida en un carrete y en caso necesario una polea, conformemente, y que de uno en uno estén anotados y descritos los resultados de dicha regla, junto con las pendientes de cada tramo de nivelación que se encontrarán en el viaje; y como muchas veces suelen producirse al tiempo en que se nivela unos vientos furiosísimos que impiden el reposo de dicho plomo y de cualquier otro instrumento de nivelar, se recuerda, por los dibujos que siguen, que será bien que cada hombre con tino pueda comprender que será menester que el Nivelador se sirva para tal efecto de algunas telas o sábanas o de algún lienzo bien extendido del lado en que ve soplar dicho viento.

CAPÍTULO 21." De la obligación que los Maestros e Ingenieros tienen de consultar con los señores de las obras sobre las fábricas y sus gastos Hechas las nivelaciones, y al haber constancia de modo manifiesto de que las obras que se pretenden hacer son factibles, sin pérdida de los gastos.

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y una vez entregada la cuenta del todo a los señores de ellas, se dibujan en su presencia y también en presencia de hombres competentes los conductos subterráneos o descubiertos que se quieren hacer, con sus presas, embocaderos, desagües, puentes, sifones y canales; para que el todo se determine bien y con tino, y que al fabricar no se originen esos desacuerdos que muchas veces suelen seguir por malicia de envidiosos, para daño y deshonra no sólo de dichos señores, sino también de los Maestros e Ingenieros. Y una vez dibujado y bien determinado todo, y hecha la provisión de los materiales necesarios para sus obras, llevan a efecto cada una de ellas de la manera y orden que sigue. Pero teniendo la advertencia de que, primero y antes de que se fabriquen las presas y terraplenes en los ríos, se fabriquen los embocaderos y primeros desagües de las conducciones, porque en seco, o bien con poco impedimento de las aguas de dichos ríos y de los manantiales, se pueden fabricar; y que se abran las conducciones terminadas entre ellos, porque al tiempo y mientras se fabrican dichas presas, tengan las aguas por donde pasar y desaguar cómodamente.

CAPÍTULO 22.° Cómo se proyectan las conducciones de las aguas, y por qué conviene que los descubiertos, que sirven para regar, no sean profundos ni estén cerca de los montes o de sus faldas Siendo así, como es, que la línea recta es la línea más corta que se traza entre dos puntos, y siendo así que por experimentarlo se ve que por un conducto que sea derecho y de moderada anchura y profundidad, no sólo se conduce mayor cantidad de agua, y con más pendiente, de lo que se conduce a través de otro oblicuo, sino que también se ahorra espacio y terreno para fabricarlo y muchas veces el gasto de limpiarlo por el rápido curso que tienen sus aguas. Por líneas rectas y no oblicuas se dibujan dichas conducciones y en particular los descubiertos, que sirven para regar, cuando por su curso derecho y camino o paso no se encuentran impedimentos que produzcan allí muchos ángulos o codos, como a menudo los causan algunos altos y bajos que están de más, costosísimos de excavar o rellenar; obras de piedras o de ladrillos, y otras cosas importantes, las cuales, como es justo, se deben evitar, o bien cuando por las estaquitas de sus nivelaciones se conoce que fabricándose dichas conducciones quedan sus bordes o muros no más altos ni bajos, de su fondo para arriba, de lo que lo son las aguas que generalmente han de conducir, junto con la pendiente, y un pie o dos que conviene que tengan de más en cada lado, para poder, si es necesario, y con dicha capacidad, represar las dichas aguas y guardar las otras, que en tiempo de crecidas pueden entrar aUí desde fuera sin peligro de que se inunden las tierras y las regiones aledañas. Por eso se alejan de toda altura y se hacen pasar por las partes más bajas

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que se puede, como se conocen capaces y cómodos para poder servir en lo que se pretende; porque de este modo, no haciéndose profundos, por consiguiente no están tan expuestos a derrumbarse y aterrarse. Son más fáciles y menos costosos de construir y limpiar, y en ellos se recogen mayores y mucho más cantidades de aguas y escorrentías, cuando llueve y nieva, y cuando se riegan las derras de los vecinos, lo que es causa de que se crezcan y aumenten las otras que generalmente se conducen. También se alejan de los montes y de sus faldas, sea para que las aguas que de ellos bajan en dempo de lluvias no les derriben los muros y los bordes, sea para que eviten los peligros que tienen de llenarse y aterrarse muy pronto. Pero cuando no se pueden alejar, por encontrarse, como muchas veces se encuentran, las superficies de las tierras más bajas de lo que conviene, para poder guardar el cuerpo o altura de sus aguas, de la manera que arriba hemos dicho; entonces se acercan y para evitar el grandísimo gasto que supondría teniéndose que levantar sus bordes y su suelo con terraplenes y pequeños contrafosos, que se hacen entre ellos, se defienden lo mejor que se puede, desaguando las aguas de lluvia con canales atravesados por encima o bien con sifones hechos de buenas y firmes fábricas por debajo. Pero cuando por la indisposición de algunos caminos o pasos o vías no se pueden trazar y sucesivamente pasar si no es con canales los cuales al descubierto serían profundísimos y por consiguiente costosísimos y casi imposibles, como fue aquel que por orden de su Majestad yo proyecté entre la villa de Horiola y la de Cosco en el reino de Cataluña el año de 1578 con el propósito de introducir ahí el agua del Segre, río conocidísimo y muy caudaloso en aquellos parajes, para regar el campo que se dice de Urgel situado entre la ciudad de Lérida y la villa de Tárrega del mismo Real término en el cual verdaderamente se comprende una llanura de más de ciento cincuenta millas cuadradas; entonces, después de haber bien visto y reconocido que las entrañas y paredes de la tierra, encima y dentro de las cuales han de ir las aguas de las dichas conducciones, son suficientes para sustentar no sólo la carga que, al peligrar por las excavaciones, se les puede quedar encima, sino también para defenderse de los desgastes que allí puede hacer el curso de las aguas que se quieren introducir ahí; se proyectan y excavan del modo que muestra el siguiente dibujo; pero advirtiendo que allí se hagan todas esas lumbreras y aberturas que se pueda, por las cuales, si se necesita, se podrá quitar la tierra, y exhalar ese aire y vientos que las mismas aguas originan y llevan consigo. En las tierras en pendiente y casi llanas, en las cuales hay libertad de poder pasar con cualquier clase de conducto, una vez que hayamos llegado, nivelando y con sus señales, a partes donde se encuentre su justa y conveniente profundidad; no se tiene en cuenta sino el seguir procediendo a nivel, y de tal modo que el fin de cada tramo de nivelación concuerde con su principio, añadiéndole después siempre la pendiente debida, como por ejemplo: si en el principio de uno de estos tramos de nivelación se encuentra que lo blanco de la banderola o su término apuntado es Alto 24 onzas desde la superficie de la tierra para arriba, por consiguiente en su fin

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se ha de encontrar otro tanto, y si no se encuentra se gira el nivel, poco a poco y de modo que ajustado se encuentre y se adecúe con la misma altura de las 24 onzas. Y como no siempre, al hacer las nivelaciones, quedan dichas señales de la dirección (como, pudiendo, se ha de procurar), no habiendo entre ellas menos diferencia, una vez que se han terminado, se hacen plantar en dichas señales algunas cañas o estacas muy derechas, las cuales se van mudando y dirigiendo bien de un lado y bien de otro, para evitar todo lo posible los ángulos y codos descritos. De las oblicuidades descritas procede que muchos ángulos, sean agudos u obtusos, se redondean todo lo posible, y como con esa redondez se facilita el curso de las aguas que les pasan cerca, y porque los muros y los bordes de los que están redondeados no se corroen tan pronto como los otros que no se

Averiguación del ángulo que forman las alineaciones de un punto dado hada el origeny haría el final de una conducción. Los veintiún libros de los ingenios y de las máquinas. redondean, dejando la corrosión siempre fango o poso de las aguas turbias en aquella parte del suelo y fondo de sus conductos que se encuentra más baja y más cerca de la parte menor y más estrecha de cada uno de dichos ángulos. Esta redondez se encuentra fácilmente, cada vez que, distante de la parte interior de cada ángulo, por tres veces tanto en los ángulos agudos, dos en los rectos y uno en íos obtusos, por lo menos, respecto a la que es la anchura de su conducción, se planta un clavo en la línea que lo divide en dos partes iguales y desde él (como desde el centro de un círculo en el cual esté clavado

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el cabo de una cuerda), se tiran y marcan con el otro [cabo] las dos líneas circulares que están incluidas entre las otras líneas rectas, que constituyen ambos ángulos, interior y exterior de cada ángulo o codo, como se ve que son los tres siguientes dibujados como ejemplo.

CAPÍTULO 23." Cómo se conducen las aguas de las fuentes para beber y para regar Acostumbraron un tiempo los antiguos romanos, inventores de las más hermosas y mejores fábricas del mundo, conducir sus aguas de beber por conductos subterráneos, y con mucho tino, porque quedaban más seguras de los enemigos y menos expuestas a los ardores del sol y a los hielos, y por consiguiente más frías y mejores. Quisieron después que, para más comodidad y con mayor abundancia, sirvieran a todas las casas, jardines, estufas, molinos y otros artefactos necesarios para su alimentación y placeres, lo cual fue causa de que, mientras duró su Imperio y gobierno, se condujeran sin violencia por acueductos hechos sobre altísimos arcos hechos de murallas, a través de los valles y ríos que se encontraran, en línea recta, sin evitar ningún tipo de gastos, como hoy en día lo muestran las reliquias de sus ruinas. Acabada aquella grandeza, se apagaron también los hechos, y por los grandes e insostenibles gastos que después se supo que traían tales obras, se volvieron a conducir, como todavía se conducen, por canales subterráneos revestidos por todas partes, abovedados, o por cañerías de plomo, o de otro metal, o bien por caños de barro cocido, respetando siempre la cantidad del agua, la cual, cuando es poca, basta con llevarla por caños o tubos, y cuando es mucha, por canales de capacidad conveniente, después de hacer en primer lugar las debidas diligencias de aunar las aguas de sus cabeceras y orígenes, de la manera y como se dijo en el Capítulo séptimo. Dichos canales, si antes no se encuentran las entrañas del terreno ni las laderas de su foso suficientes para sustentarse por sí mismas, se hacen de sóhda y firme obra construida sobre cimiento bueno y estable, de tanta anchura y altura cuanta es bastante para que allí quepan las aguas que por ellos se han de conducir. Se revocan y se alisan por dentro con cal bien preparada y se cubren con bóvedas del grueso conveniente, para que las aguas no se recahenten por lo ardores del sol, y para que no se escapen pasando por las rendijas de sus piedras o ladrillos. Los caños, como se ha dicho, se hacen de plomo u otro metal y los tubos de barro cocido. Pero todos de anchura conveniente para que suavemente y con poca violencia conduzcan sus aguas. Con ellos y más particularmente con los que se ponen en las partes bajas y curvadas de sus conductos, se

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tiene gran cuidado para que su orillo y entorno sea grueso todo lo posible, sea para que no revienten, como para que sean menos frágiles. En algunas cosas son diferentes los caños de plomo o de otro metal de los tubos de barro cocido. Éstos siendo esmaltados por dentro, además de resultar económicos, y de poderse arreglar más cómodamente en caso de que estén mal sellados y mal empalmados, o que tengan otro desperfecto, conservan las aguas más sanas y más sabrosas y no generan ni crían tan fácilmente hierbajos, como los otros, que producen retención de las aguas y a menudo el que revienten y se rompan. Y las cañerías de metal son causa de que las aguas que corren por ellas durante largo tiempo provoquen excoriaciones de las partes interiores en los cuerpos humanos, y que los señores dueños de los conductos, por lo caros que resultan, se queden con las bolsas vacías; y por eso están en descrédito y echadas en olvido, aunque a través de ellas se pueden conducir y se conducen más fácilmente las aguas violentas. Estos caños y tubos se introducen y meten uno en otro del modo y manera que muestra el presente dibujo, y se juntan y se sellan con cal muerta y batida con aceite y estopa cortada muy menuda o bien con cal y manteca de cerdo. Se ajustan y afirman con buena mampostería y se cargan todo lo posible por arriba, y mayormente donde se doblan, y donde se ve que por el peso y violencia del curso de las aguas que conducen, tengan peligro de reventar y levantarse, y no se ahorran si no es donde están los dichos pliegues y recodos, los cuales, generalmente, se hacen de buena piedra horadada justo en la dirección que indican las curvas y de los caños o tubos que allí acometen, o bien donde se encuentran piedras, tobas u otros terrenos consistentes o que son suficientes a sostenerse por sí solos, ya que por ellos se puede pasar sin impedimento del curso de sus aguas, al descubierto o por vía subterránea. Gomo quiera que se conduzcan dichas aguas, o por cañerías de plomo o por tubos de barro cocido, en el principio y donde se juntan se hace un receptáculo de buena mampostería a modo de una cabaña que sea del largo y ancho justo, con el suelo bastante más bajo y profundo que el fondo de su conducto, para depósito y reposo de las impurezas que dichas aguas llevan consigo; y delante de la boca de dicho conducto (la cual generalmente ha de tener una reja de hierro o de otro metal para retención de las ramas de los árboles, frondosidades e impurezas que allí llegan) se hace una compuerta para cerrar las aguas, para que no entren, ya cuando están turbias, ya cuando sus conductos necesitan alguna reparación; y teniendo la comodidad de algún valle o lugar bajo cercano, por el que se puedan desaguar las inundaciones y las impurezas que reposan en dicho su receptáculo, se hace otra {compuerta) que no se abre si no es a tales efectos. Después, a distancia de dichos receptáculos por espacio de doscientas brazas, o menos, se hacen depósitos de obra a lo largo de la rasante, en la parte del medio y en la parte de abajo de sus conductos, del mismo largo, ancho y de la misma profundidad de dichos receptáculos, y para que las aguas tengan donde reposar sus turbiezas, y facilidad de pasar y correr hacia

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SU término y depósito, más puras y más destiladas; y para que se puedan remediar más fácilmente los defectos y daños que se producen en dichos sus conductos sin deshacer ni romper toda la obra. Pero no se hacen donde las aguas empiezan a bajar o subir, ni tampoco donde quedan más bajas y profundas, sino donde denen el curso más igual y continuado, lo cual se procura siempre por encima de todo, y si entre ellos se hacen, como conviene que se hagan, algunos pozos o respiraderos, un tanto más altos de boca de lo que son las superficies de las derras por las cuales pasan sus conductos, o del nivel y plano al cual suben o pueden subir sus aguas, éstas quedan más purificadas y sabrosas, y los conductos menos expuestos a reventar, exhalando el aire que se genera dentro de ellos por el peso y la violencia de las dichas aguas. Este peligro de reventar se evita frenando el curso y pendiente de las aguas, con ondulaciones y vueltas suaves, trazadas bien del lado derecho, bien del izquierdo, y con varias bajadas y subidas. Y las juntas o comisuras de los caños o tubos de los acueductos que no están bien soldadas y selladas se arreglan y obturan si con el agua que entra allí la primera vez se mezcla ceniza, y se deja correr en ellas poco a poco. Se conducen también estas aguas por canales o encañados de madera puestos uno en otro, de la manera que se ha dicho de los caños y tubos, pero si no están enterrados y a salvo del sol y del aire, además de envejecer pronto, pronto dan enseguida mal sabor y color a las aguas. Por fin las que son para regar se conducen al descubierto, del modo explicado en el séptimo Capítulo arriba expuesto y que para mayor claridad se va a exponer en el siguiente.

CAPÍTULO 24.° Cómo se hacen y se conservan las conducciones descubiertas para regar Por la desigualdad de la superficie de las tierras por las que se pasan las conducciones de las aguas que son para regar, algunas de dichas conducciones se excavan en la tierra, bien más, y bien tanto o poco más de lo que son de ordinario las alturas de sus aguas. Y algunas otras se levantan con terraplenes de tierra echada encima a tanta altura cuanta es la que se encuentra anotada en el cuaderno o en las estaquitas de sus nivelaciones, o bien en la que se conoce conveniente y necesaria, aunque será siempre mucho mejor, más seguro y más económico el excavar e ir flanqueando que el terraplenar. Los que se excavan en la tierra se excavan escarpados, es decir con las paredes inclinadas del plano superior, hasta el suelo, y con parte de su tierra se levantan sus orillas con un borde no más grueso ni más separado de ellas de pie y medio, o de dos, y no más alto de medio pie o poco más, para que las aguas de lluvia, que bajan de sus partes encumbradas, no caigan en ellos y les rompan los costados; y con el resto de dicha tierra excavada se levantan

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algunos bajos , o , si no hace falta, se lleva lejos todo lo posible de una vez; o por lo menos doce o quince pies de uno y otro lado de dichas orillas, o donde más nos convenga, aunque cueste, bajándola y allanándola de modo que se pueda trabajar o por lo menos que no perjudique dichas conducciones, como lo haría en el caso de que, por ser tan baja, puedan pasar y entrar (en dichas conducciones) las inundaciones de los ríos de los cuales se derivan sus aguas, o bien algunas otras riadas y residuos que los aterren. Después, las conducciones que se levantan más que la superficie de la tierra firme y que se sujetan con terraplenes, se hacen con tierra sobrepuesta, la cual no tenga hierba ni madera dentro, y esté apisonada y batida por igual con picos y azadas y con tal orden que por lo menos sus orillas en la parte superior tengan el grueso de la mitad de la anchura de la superficie del agua, y su pie o fundamento ancho o grueso una vez y media tanto cuanto ha de ser lo ancho de la parte superior con su altura, como por ejemplo: si la parte superior es doce y la altura seis, sumando estos dos números hacen dieciocho, y con su mitad de más veintisiete, y veintisiete ha de ser ancho y grueso el pie o base. Teniendo cuidado, en lo posible, de que tales elementos sobrepuestos no tengan el suelo más bajo ni más profundo de lo que son los palitos de las nivelaciones porque muchas veces, por el agua estancada que queda dentro, con encima el peso excesivo de la otra que corre y continuamente roza con tales márgenes y terraplenes, como la tierra no es buena ni fuerte, dichos bordes y terraplenes se derrumban, con grandísimo daño de las tierras limítrofes, y de los regadíos que tendrían que hacer; así como tambiéi^ se ha de tener la precaución de que, para tener tierra con la que terraplenar y sujetar las aguas de dichas conducciones, no se ensanche la solera más de lo debido, o de que allí no se haga ni excave foso lateral y próximo más profundo que dicho suelo, como lo suelen hacer algunos inexpertos, porque por todo eso las más veces dichas aguas se pierden o se quedan estancadas, sumergiéndose, en perjuicio de los riegos y de sus dueños. De modo semejante se ha de advertir que, cuando las dichas conducciones se han de profundizar más de 4 o 5 tr., no conviene que se eche la tierra fuera de ellos, sino que se excave y se haga allanar inmediatamente, o llevarla de una vez tan lejos como se pueda, sirviéndose de ella para allanar valles y elevar sus dichas orillas, si hace falta, y para arreglar las regiones que están cerca, ya que el gasto asimismo no será más que por una vez. Se evitará especialmente en ellos el peligro del derrumbe por erosión u otro accidente, y se evitará tener obstaculizado el curso de sus aguas, y por último se evitará el recurso de ocupar el terreno con banquetas para sujetar la dicha tierra excavada. Caso de que las aguas de dichas conducciones tengan gran pendiente, y que en sus altos y sus lomas en donde hay que ahondar y ensanchar, se encuentre tierra ligera y arenosa la cual con las mismas aguas se pueda hacer conducir hacia el llano y los valles, entonces se pueden fabricar los dichos terraplenes para ensanchar y fosos con el propósito de levantar y estrechar dichas conducciones, y de levantar y engrosar los dichos sus terra-

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plenes, y allanar, si es necesario, los dichos fosos y toda otra excavación lateral que se encuentre hecha. Pero cuando se encontraran con poca pendiente y en sus conducciones se pudiera tener cómodamente agua con algunas barquillas para navegar, entonces se podría con poquísimo gasto, y menor que de cualquier otro modo posible, rebajar los dichos altos y las banquetas que estuvieran hechas, y llevar de un lugar a otro su tierra y toda otra cosa necesaria para hacer tales bordes, para elevarlos y hacerlos más gruesos, y para elevar asimismo las soleras (si hay necesidad) de las conducciones mismas, y sus valles contiguos, porque de esta manera se evitaría también el perder o pagar el área del terreno que con tanta inadvertencia y sin ninguna ventaja se ocupa. Pero si por un acaso los terrenos que se quisieran regar estuviesen llanos e iguales, o bien más altos de lo que son los cauces por los cuales se tendrían que llevar y conducir sus aguas (casos fastidiosos por la tardanza que hacen dichas aguas teniendo que subir y llenar sus conducciones para regar tales altos) se puede, sea para mayor seguridad y rapidez de los riegos, sea para que sus aguas no se pierdan rebosando, bajar parte de dichos terrenos y con la misma derra levantar la dicha comarca, aunque fuera muy costoso, por una vez, ya que todo sería de mejor calidad y más duradero. O bien, dejar de regar tales altos, siendo más apropiados para sembrar y hacer viñedos de lo que lo son los bajos, y siendo así que, con la misma cantidad de agua, se podrá siempre regar más cantidad de terrenos bajos que no de altos, sin pehgro de que las aguas rebosen o se pierdan, como hacen en particular las de los manantiales, las cuales son pocas y tienen poca pendiente. Por lo tanto antes se debe dejar de regar los dichos terrenos altos que dejar el agua estancada en sus conductos, porque por experiencia se ve que se regarán más pronto cien pérticas de tierra con poca agua que tenga buena pendiente que no se regarán diez con mucha agua que tenga poca {pendiente). Más cerca y en la mayor proximidad que se pueda de las tierras y lugares que se pretenden regar se empiezan después a abrir y excavar estos conductos, y procediendo, se abren hasta que se llegue al suelo de su principio, plantando en el fin de cada 25 trab. una estaquita que sea una onza más alta que dicho su principio por pendiente, hasta que se llega al suelo de dicho su principio, siendo el agua que se conduce agua de manantiales; pero siendo de otra clase, se procede en la relación que sea con la pendiente que antes se ha dicho que es de 50 pérticas, así como también se abren sus desaguaderos, para que las aguas que excavando se encuentran en ellos, o que por otro accidente alh entran, tengan donde desaguar, y para que los trabajadores, sin impedimento de agua y con poco gasto, puedan fácil y cómodamente excavar y ahondar en cualquier parte. La escarpa o inclinación de sus cajeros ha de ser tanta cuanta es la altura de los propios muros, o no menos de las tres cuartas partes, para que la erosión que continuamente hacen las aguas que corren junto y al pie de ellos no excaven y se caigan junto con las otras tierras que están encima, y aterren los cauces para daño de las tierras que se riegan, o de los molinos que

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muelen, y de las bolsas de los señores dueños de ellos, las cuales en los tiempos presentes no necesitan estar vacías. (INSERT: Memoria de tratar en este cap. 30 del modo de asentar los caños para que se pueda hacer que las aguas se levanten en las fuentes o en otros lugares, de dos maneras). Los fondos de todas las dichas conducciones se dejan más bien estrechos que anchos, siendo así que después por sí mismos se ensanchan, principalmente por la erosión causada por el curso de sus aguas y por el hielo y las hendiduras y otros diversos accidentes, y siendo así que, cuando no se ensancharan de tal modo, siempre pueden ensancharse a mano y pronto, pero no estrecharse, si hace falta, a diferencia de las construcciones de sus puentes, canales y sifones, que se hacen anchos y holgados por comodidad de poder hacer pasar mayores y mucho más cantidades de aguas de lo que en el principio pasan, y porque, una vez construidas, no se pueden cambiar sino con mucho gasto y daño. A estas soleras se les da la pendiente con un nivel de plomada no más largo ni pesado de lo que pide la comodidad del que lo lleva y la propia longitud de sus conductos, plantando de tramo en tramo de nivelación, o de dos en dos, una estaquita de un palmo al igual de su superficie, y esto para que los obreros sepan dónde y cuánto cavar con la guía de dichas estaquitas. Con tres alidadas que sean de igual altura y de la manera que son las dibujadas al final de este capítulo se puede hacer lo mismo, bajando o levantando primero la tierra de dichas conducciones en los extremos de cada tramo de nivelación, tanto que se llegue al fondo que tienen que tener, y colocando encima de cada uno de dichos extremos o de dichas ahdadas la cual tenga su punta superior a nivel, y por último bajando o levantando el espacio que queda entre los dos dichos hoyos tanto que, una vez que esté colocado el tercero en cualquier parte del dicho espacio, se vea que asimismo su parte superior, punta y extremidad esté asimismo derecha y como quien dice tirada a cordel respecto a las otras de los dos ya mencionados. De sillería o de buenas tablas de madera se hacen las dichas soleras, desde las compuertas de los embocaderos para abajo, largas cincuenta o sesenta pies, para que al caer y entrar que hacen las aguas en el principio de dichos conductos no se excaven ni se hundan de tal modo que las aguas de los ríos pasen por debajo de dichas compuertas. Y cada cien brazas o poco más deben tener una piedra cuadrada de un pie, o una estaca del grueso justo, colocada cada una al nivel de la estaquita que se encuentra plantada en el dicho término, con el fin de que los obreros, en el tiempo de las hmpias, sepan dónde tienen que cavar o no cavar más de lo debido. Después se conservan dichas conducciones, y especialmente aquéllas por las que se conducen aguas de fuentes al descubierto y con justa pendiente, desbrozándolas una vez al año, empezando su desbrozo por abajo y terminándolo arriba y evitando en lo posible atravesarlas con obras de módulos o de molinos o con otros impedimentos de sujeciones de cerramientos, viveros de peces o lino puesto a macerar, que retrasen o puedan retrasar e impedir el

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curso de sus aguas, siendo así que por tales obstáculos más fácilmente se aterran y se pierden sus manandales, y que sus aguas en tiempos de estrecheces pueden ser robadas más tranquilamente. No se desbrozan tan a menudo aquellos otros que tienen poca pendiente, porque además de que sus aguas quedan estancadas o proceden con poca fuerza, y por su pesadez no pueden subir más una vez que otra, se sumergen y se pierden como también se pierden sus manantiales, junto con los dmeros que se gastan con su desbrozo. Además aquellas conducciones que son para uso púbhco, como lo son algunos caces regadores, y las alcantarillas o cloacas, que pasan por las ciudades y villas principales, con el agua de las cuales se purifican y limpian sus inmundicias: se desbrozan pudiendo, rápidamente y en seguida y no de otro modo, sirviéndose de muchísimos cerramientos y de muchísimos obreros, y esto para que, si llueve o tienen que correr otras aguas por dichos conductos en el tiempo en que se desbrozan, no se ensucien ni aterren las partes ya desbrozadas y limpias con las aguas y fangos que se les depositan encima. Los canales y ríos navegables que asimismo necesitan ser desbrozados, se desbrozan, pues, de uno de estos modos, o a través de escorredores apropiados a tal efecto, o bien cerrándolos con varios cerramientos de tablas tupidas y cruzadas en muchos puntos, para que no tenga que luchar uno solo [cerramiento) en un solo trecho con la abundancia y fuerza de sus aguas cuando se están vaciando y desbrozando los espacios comprendidos entre dichos cerramientos. Estas esclusas como estén derechas y bien construidas resisten a los ímpetus de dichas aguas, pero mejor y mucho más fieramente lo hacen cuando están en arco o tienen su lomo vuelto hacia la parte superior del agua, pero cada una un poco más alta de lo conveniente, para que al elevarse su agua superior, no cayera desde tan alto que llegara a excavar el lecho del río en el cual se encuentran y que poco a poco se acercara a la fuente que es su origen y principio; y se dice por esto que toda agua empujada se alborota y cuando cae desde arriba perturba y se lleva todo el terreno excavado que encuentra debajo de ella.

CAPÍTULO 25." Cómo se hacen las esclusas o presas en los ríos para sujetar las aguas que se quieren conducir para navegar o para regar Derechas y no menos largas, en proporción a la anchura de los ríos, de lo que son las diagonales de los cuadrados con cada uno de sus lados, se hacen las presas con las que se cierran y sujetan las aguas de dichos ríos que se quieren conducir para navegar o regar, y esto para que fácilmente se emboquen en sus conducciones, y que en tiempos de inundaciones tengan más espacio para poder desaguar por arriba.

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TRANSCRIPCIÓN DEL C Ó D I C E

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Algunas se hacen con tantos lechos de fajinas verdes, largas y bien atadas, cuantos se conoce que son necesarios para la altura de las aguas que se quieren conducir. Pero se ponen con su corte vuelto hacia arriba y en contra del curso de dichas aguas, y se estacan de lecho en lecho con palos agudos y tupidos. Otras se hacen de vigas gruesas perforadas bien estacadas y entretejidas con piedras de sillería bien puestas y colocadas en los huecos que están entre dichas vigas y particularmente en las laderas y declives que tienen a la caída de sus aguas, y a falta de dicha sillería se rellenan y refuerzan con cuales-

Tipo de azud o presa rudimentaria. Los veintiún libros de los ingenios y de las máquinas. quiera gruesos escombros mezclados con fajinas puestas todas en inclinación, porque el agua que cae encima caerá rota y muy cansada. Otras se hacen de piedras o de ladrillos argamasados con base buena y sólida de la manera y como puede verse en los siguientes dibujos. Otras se hacen sólo con escolleras, rocas y piedras redondas llamadas «borioni» por los milaneses™, y todas en üempo de verano o cuando las aguas están más bajas. Comoquiera que sean, se hacen a nivel, pero no tan altas cuanto lo son las orillas de sus ríos en las cuales se asientan sus estribos. Esto para que en tiempo de crecidas e inundaciones las aguas no suban excesivamente y con su curso excaven y rompan dichas orillas dejando en seco las presas; y aquello para que pasen llanas y a nivel por encima y por cada parte de dichas presas. Aunque con las presas altas se sujetan las aguas más altas, en las cuales después flotan mejor y más cómodamente los barcos, y no se crían tanto las hierbas, las bajas no están sometidas ni han de resistir tanto a los golpes e 70 Los «borioni» deben ser piedras de forma aproximadamente cilindrica ya que «borlón» significa en milanés actual rollo, cilindro.

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inundaciones de las aguas como ocurre con las altas. Son menos costosas y corren menos peligro de derrumbarse, y se mantienen con mayor seguridad de no perderse las aguas, y crían más fácilmente hierbas. Se hacen lo más bajas posible, y mayormente cuando se ve que las aguas que con ellas se sujetan pueden servir con conveniente y razonable pendiente a las navegaciones o regadíos que se quieren hacer, aunque en las altas floten mejor y más fácilmente las embarcaciones, y allí no se críen tantas

Armazón de madera estaqueado al suelo que se llena con piedras o gruesos escombros a veces entremezclados con fagina para formar una represa de poca altura. Los veintiún libros de los ingenios y de las máquinas. hierbas y hielos, y son más pronto secadas por el sol de lo que lo son las altas; pero si en los regadíos se encuentran iguales en caudales, darán tanto rendimiento las bajas que se transporten en conducciones anchas como las altas en estrechas; una vez cerradas las unas y las otras en su embocadura establecida. Se mantendrán y regularán siempre mejor las orillas de sus canales si están desde el principio bien sujetas. Y, háganse altas o bajas dichas presas, cada una de ellas deberá impermeabilizarse y consolidarse bien y de manera que sus aguas no penetren por ellas ni se pierdan. Y los extremos de dichas presas se pondrán tan adentro de las orillas y márgenes de los ríos cuanto se verá que pueda ser bastante para que la fuerza de las aguas que se van a sujetar no los excave ni rompa, dejándolos en seco y demás como arriba hemos dicho. Algunos expertos quieren, y con mucha razón, que en las presas y esclusas que se hacen en los ríos navegables se dejen algunas tomas o aliviaderos tan espaciosas, altas y distantes de las embocaduras de los canales que por medio de ellas se sacan, cuanto puede entenderse que sea conveniente para que en tiempos de inundaciones los transeúntes, viendo lo derechos que están ellos y sus canales, cómodamente y sin peligro de sus vidas pasen con sus embarcaciones y repletas balsas de madera. En las orillas de los cuales aliviaderos se hacen dos hendiduras para

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TRANSCRIPCIÓN DEL CÓDICE

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comodidad de poner e introducir en ellas tantos tablones o maderos del ancho de un pie o menos cada uno, cuantos pies u otras medidas han de ser altas dichas presas y esto todo para que en tiempo de sequía dichas tomas se puedan cerrar, para retener y sujetar las aguas de los riegos u otras necesidades. Quieren también, y no les falta razón, que tanto más suavemente se cierren y detengan las aguas de dichos ríos, cuanto más se expanden a lo ancho, y lo muestra la experiencia, ya que los que son constreñidos por los márgenes y cerrados en menor lecho, conducen sus aguas altas e impetuosas en su bajada; a diferencia de los otros que están contenidos en lechos mayores y más anchos, los cuales suelen llevar retardado y lento el curso de sus aguas. Recuerdan, además, que no se debe permitir que en la parte superior de los márgenes contiguos a dichas presas se planten ni se dejen ninguna clase de plantas que puedan impedir y perturbar la suavidad del curso de las aguas, como en cambio no harían rebrotes, ramajes, juncos y otras clases de hierbas que crían barbas y son flexibles, duraderas y de ningún impedimento a las aguas, y ninguno de éstos se enfrenta con las aguas que inundan y llevan consigo algunos troncos y ramas; aduciendo que, cuanto más se contrapone al agua, más ella se esfuerza en corroer con perfidia y en hacer fuerza contra quien se le enfrente. Pero no permiten que su curso o pendiente sea ni demasiado veloz ni demasiado lento, por ser perjudicial tanto lo uno como lo otro, y porque aunque con éste (tardío) se mantiene mucho más el agua, produce sin embargo hierbas y juncos, como se ha dicho que producen todas las aguas bajas; y aquél [veloz) excava por abajo y hace derrumbarse los márgenes, aunque para su defensa son muy útiles las empahzadas hechas con estacas frecuentes y fuertes, y que tienen por detrás tablas alineadas y clavadas o, para menor gasto, enrejados tejidos de mimbre de robles o de otras tales maderas, dispuestos uno encima de otro para abajo respecto al agua, y bien enterrados.

CAPÍTULO 26.° Dónde y en qué lugar se asientan las compuertas principales de los canales y cómo se hacen para que queden a salvo de las inundaciones de sus ríos Al principio de las acequias o canales por los cuales se conducen aguas especialmente para regar, y lo más cerca posible de las orillas de los ríos de los que se derivan, se asientan las compuertas principales de los embocaderos de dichos canales, cuando no se pueden colocar cómodamente cerca o un poco más abajo de sus primeros desaguaderos, sea para que las inmundicias que pasan por dichos ríos en tiempo de inundaciones no tengan entre dichas compuertas y los ríos ningún espacio y lugar donde reposar mientras dichas

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compuertas están cerradas, como para que, cuando se abren, no entre en todos los dichos conductos nada que los aterre o que impida el curso de sus aguas. De tablones dobles y bien derechos se hacen dichas compuertas, aunque se podrían hacer sencillas si son muy gruesos. Se clavan y j u n t a n los de un lado y se ponen atravesados con los otros del otro lado, porque de este modo no se doblan tan fácilmente. Pero no se hacen tan anchas como son las distancias que guardan entre ellos las acanaladuras o brencas en que han de entrar, ni tan gruesas como son de anchos dichos canales, porque como deben estar, como en efecto están, casi continuamente en el agua, se hinchan y después de hinchadas se abren y cierran con mucha dificultad. Y siendo necesario que se armen con hierro, para que estén derechas, o para que puedan resistir a algún gran peso de agua, se arman en la parte vacía que queda entre una acanaladura y otra, o bien en la parte exterior y vuelta hacia el agua principal, porque si se refuerzan con hierro en los extremos que están vueltos hacia sus conductos, los hierros y clavos no las dejan acercarse a las acanaladuras de los módulos ni por consiguiente [las dejan) cerrar y taponar con estopa las aguas de modo que no se salgan. Algunas se hacen de la altura de su agua ordinaria, con un tabique o entablamento de madera encima y a los lados, tanto más alto que la altura de dichas aguas cuanto se ve que lo son las señales dejadas por el nivel de las pasadas inundaciones. Y otras se hacen de la altura de dichas señales, o poco más, y por defenderlas de las suciedades que en dichos tiempos suelen allí entrar, se hacen custodiar por guardas u otras personas de confianza para que a su debido tiempo se cierren. Dobles y distanciadas algo una de otra se hacen dichas compuertas, porque de esta manera se sujetan y encierran mejor las aguas. Y como cualquiera de dichas compuertas, por ancha y pesada que sea, se puede con arte e ingenio levantar y bajar; pero no siendo de peso y forma desmesurados, o no siendo los canales muy anchos, no se cerrará ni atravesará la boca o frente de ningún canal si no es con una compuerta, si se puede, porque con dos se ha de dejar a la fuerza un pilar en el medio, y con tres, dos; en los cuales, al abrir dichas compuertas, muchas veces se enredan ramajes y porquerías, que las detienen, o no las dejan cerrar del todo y hasta el suelo.

CAPÍTULO 27.° Cómo se hacen los desaguaderos, y que a cualquier clase de canales y caces y en particular a los navegables conviene poner muchos De dos maneras se hacen los desaguaderos de los canales. La primera se hace con tantas compuertas o aberturas cuantas son las de los embocaderos, pero no más altas, del suelo para arriba, de la altura a la que se encuentran las aguas ordinarias que pasan por dichos canales. Y la otra se hace sin

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Bocales de piedra de un canal y de una acequia con sus correspondientes brencas para encajar maderos, módulos o compuertas de toma. Los veintiún libros de los ingenios y de las máquinas. compuertas con un muro inclinado o sea escarpado hacia la parte baja de su cavidad, o con una escalinata tan llana, lo suficiente para que las aguas, cuando desaguan, no tengan mucho salto y pendiente, el cual muro no sea más alto hacia dichos canales de lo que son altas sus aguas ordinarias, ni más largo que la anchura que tienen sus superficies. Estos desaguaderos sirven para desaguar las aguas sobrantes, que en tiempo de inundaciones pasan por dichos canales. Y los otros, levantando sus compuertas, sirven para desaguar sea las sobrantes sea las ordinarias, y para dejar en seco dichos conductos en tiempo de pesca o de desbrozo. Ambos tipos {de desaguaderos) deben tener sus cajeros o paredes laterales tanto más altos que el susodicho muro, compuertas y agua ordinaria, cuanta es la altura que sus conducciones tienen en ese lugar, para poder colgar o suspender en ellas, con goznes o quicios, boj as de madera, las cuales cerradas y

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juntadas defiendan los conductos de las crecidas e inundaciones de los ríos en los cuales desaguan las aguas de dichas conducciones, al tiempo que las de dichos ríos crecen, o son más altas de lo que son las dichas primeras compuertas; y para poder con dichas hojas, o bien con algunos tablones encajados en dichos cajeros, represar, o subir las aguas en las conducciones mismas para regar. De diferentes clases se hacen dichas compuertas o cerramientos. Algunas se hacen con hojas de madera colgadas cada una de tres quicios puestos en dichos caj eros, con los dos extremos vueltos para arriba para sostenerlas, y el del medio vuelto hacia abajo para detenerlas que no se salgan, levantadas como están por causa del agua, o bien para que no sean robadas por algunos malhechores. Otras se hacen con hojas asimismo de madera, suspendidas de dos únicos goznes o quicios puestos en su parte superior, para que sean más ligeras. Y otras se hacen sólo con tablas de un pie de ancho, o poco menos cada una, las cuales se encajan y meten, cuando se quiere y se necesita, en una acanaladura que se hace en cada uno de dichos cajeros, distante del derecho de dichas primeras compuertas lo suficiente para que su abrir y cerrar no les sea impedido, como se puede ver por los dibujos siguientes. Dichos desaguaderos se hacen frecuentes y con mucha pendiente, si se puede, y especialmente en los canales navegables, sea para que las aguas que en tiempo de inundaciones pasan por dichos canales no inunden los pueblos aledaños ni rompan sus muros y orillas, teniendo donde desaguar bien y holgadamente; así como para que, al romperse dichos muros o bordes, se puedan reparar en seguida, vaciando las aguas por otro lado que los propios canales, y alejando o apartando la tierra caída. Y en su parte final se hace un trozo de solera con sus cajeros de piedra o de madera, para que los saltos que hacen las aguas que por ella pasan no desgasten ni hundan sus otros fondos naturales de tierra tanto que al final se acerquen los ríos, y por la proximidad queden destruidos los canales o se malogren del todo. Cerca de dichos desaguaderos y atravesando sus canales principales se hace un cerramiento con brencas o compuertas, tan alto cuanta es la altura de su agua ordinaria junto con la pendiente que tiene en esa parte: tanto para que, una vez cerrado cada uno de ellos, en tiempo de desbrozo o similar, se puedan lavar los suelos de sus cauces superiores de todo el barro e inmundicias que tienen sin que pase para abajo y en las demás partes de dichos cauces, como para que, en caso de necesidad, se puedan subir y sujetar sus aguas para regar.

CAPÍTULO 28.° Cómo se hacen los puentes de los conductos y de la diferencia que tienen que guardar entre ellos De diferentes maneras son los puentes de los canales, aunque sus materiales no sean sino de piedra o de madera. Entre ellos se diferencian en las

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alturas y anchuras de los ojos, porque los de los canales navegables deben ser altos y tan anchos respecto a la superficie de sus aguas ordinarias cuanto lo son y puedan ser las embarcaciones cargadas que han de pasar por dichos conductos en tiempos de crecidas. Y los otros no han de ser más bajos de su superficie, para que el curso de sus aguas quede libre y sin impedimentos, o por lo menos no más altos de lo que son los bordes y partes altas de los muros de sus conductos, para que su paso quede llano por uno y otro lado. Dondequiera que hagan falta dichos puentes, como en particular en los caminos transitados, atravesados por dichos canales, se hacen de buena calidad, sin ahorrar gasto, porque haciéndose de otro modo, si las aguas se encuentran más bajas y a mayor profundidad que los caminos, y por ellas se vadea y se pasa, la tierra de las orillas de dichos canales se cae, y por el reflujo que hacen las aguas por dicha causa, tanto los pasos como los caños que estén encima o debajo de dichos canales se aterran con mucho impedimento del curso de sus aguas. Y encontrándose más altas, como algunas {aguas) se encuentran, y sujetas con terraplenes, los caballos y los carros que pasan por encima de ellas los destruyen con no poca pérdida de dichas sus aguas. Son los dichos puentes de madera más fáciles de hacer y menos costosos en su principio, pero si se considerase bien el perjuicio y el interés que resulta de su poca duración frente a la variedad de los accidentes atmosféricos con los cuales se resecan por causa del sol y de los vientos, o se humedecen por los vapores nocturnos y por las aguas que los hacen rápidamente consumirse y apolillarse; y si se considerara también el gran peligro en el cual incurren muchas veces los hombres y sus animales, por ser poco menos que continuamente amenazados^'; no ya de piedra con sus pilares y respaldos bien fundamentados, sino de acero se harían y eternos; pero se ha de tener la precaución de que, cuando se hacen de madera, se hagan con cuatro vigas debajo por lo menos, y esto porque las ruedas de los carros posan allí bien cómodamente a diferencia de lo que hacen sobre tres. Se clavan y se entierran bien para que queden defendidos todo lo posible de las aguas, de los vientos y del sol, como se ha dicho arriba. Y cuando en un mismo lugar se ha de hacer un puente o un cerramiento u otra construcción tal, que sea de piedra o de madera, será aun más provechoso y de mucha mayor duración que para refuerzo y consolidación de dicho cerramiento el puente quede en parte debajo, y que ambos queden unidos, atados y bien encadenados juntos, porque, además de que se podrán más fácil y cómodamente abrir y cerrar las compuertas de dicho cerramiento, costarán menos dinero, serán más fuertes uno por otro, y se mantendrán mucho más tiempo.

71 Palabra ilegible en el manuscrito.

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CAPÍTULO 29° Cómo se hacen los canales y sifones para pasar agua por encima y por debajo de otra agua,y cuál de estos conductos es mejor y más duradero Por canales abiertos se pasan aquellas aguas que se pretenden cruzar por encima de algún río o corriente de agua, y por sifones las que {se pretenden cruzar) por debajo. Las fábricas de ambos se hacen de madera, o de piedra, y aunque éstas de piedra o de ladrillos sean mejores, con todo, aquéllas otras, como se hagan de buena madera y bien trabajada, sirven y duran mucho tiempo, y sobre todo cuando están llenas de agua, como lo están la mayoría de las veces las que pasan por debajo de otras aguas. Dichas fábricas se hacen anchas, a diferencia de sus conductos de tierra, siendo así que, una vez hechas, ya no necesitan ser ensanchadas, aunque en dichos conductos se acreciente cantidad de aguas, y siendo así que por ellas corren las aguas más libre y fácilmente que por las estrechas, y que con mayor comodidad y prontitud se pueden desbrozar de las basuras originadas por la rapidez de las lluvias y por el baraño o hierba segada en ellos, que muchas veces por detenerse allí en el principio de dichas fábricas, retrasan e impiden el curso de las aguas. Dichas aguas, sin embargo, no deben hacerse pasar por encima de ningún otro canal pudiendo pasarlas cómodamente por debajo, porque no se pierdan tan fácilmente ni pueden ser robadas, y sus fábricas duran y se mantienen más tiempo. Dichos sifones o «tomboni» que se llaman^^, han de ser siempre más anchos en su salida que en la entrada, y esto para que las inmundicias que en tiempo de crecida suelen entrar, puedan salir más holgadamente, a diferencia de los canales los cuales han de ser algo más anchos en sus bocas que en su salida.

CAPÍTULO 30.° Cómo se conocen las pendientes de las aguas Con mucha facilidad o con una sola esclusa o cerramiento que se haga en cualquier parte de cada conducción, la cual cierre y levante tanto el agua, que se vea reflejar hasta su principio, o hasta el principio de alguna distancia determinada, se puede conocer la verdadera pendiente de las aguas que corren, siempre que los fondos de todos sus conductos tengan una pendiente igual y continua desde su principio hasta el fin; pero siendo así que todos, o la mayor parte, tienen muchos altos y bajos, bien causados por la naturaleza e inevitables, o bien por la ignorancia de sus primeros constructores, o bien 72 U n o de los significados de «tomba» es el de canal subterráneo abovedado. En milanés actualmente se llaman «tombon» a dos grandes arcos bajo los que pasa el Naviglio (canal navegable que atraviesa la ciudad).

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Puente cmud de fábrica sobre un curso de agua.

Canaleta y puente de madera con dos vigas empalmadas para el cruce de un barranco.

Canaleta y puente análogo al anterior pero con tres vigas empalmadas y longitud total hasta 150 pies. Los veintiún libros de los ingenios y de las máquinas.

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Obra de fábrica para el paso de una corriente de agua continua o discontinua sobre un canal. Los veintiún libros de los ingenios y de las máquinas por las suciedades que las propias aguas hacen entrar en sus conducciones, las cuales, con el dempo, y poco a poco se posan y forman fondo ora en un punto ora en otro, y que por dichas causas, por muchas experiencias que se hagan, jamás se pueden encontrar las dichas pendientes iguales y seguras en todas las partes. Con mayor facilidad se pueden conocer nivelando sus aguas desde la superficie de su principio o desde la superficie del principio de cada distancia que se quiere saber, hasta la superficie de su fin, dividiendo lo poco o mucho que se encuentra de caída en el fin de cada una de dichas distancias por el número de las brazas o de otras medidas con las cuales se miden dichas distancias. Ejemplo: Sea una conducción de agua largo 3 millas con oz. 36 de pendiente en su fin, y de ella se quiera saber la parte correspondiente (de caída) que denen cada cien brazas de dicho conducto. Se dividen dichas tres millas (que son nueve mil brazas, de la medida de la braza de muro o de madera de Milán) por cien: salen noventa; y treinta y seis noventavos de onza tienen y han de tener de pendiente cada cien brazas de dicho conducto, que son, de las 90 partes de 100 onzas, las 36, o bien de cada cinco partes las dos de una onza. Son, además, tantos y tan variados los efectos que las aguas hacen en su curso, aunque se conduzcan por canales de anchura igual y continua desde su principio hasta el fin, que muchas veces, por las diferentes pendientes que tienen y por sus fondos desiguales y mal allanados, por culpa de los que los

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hacen o por las inmundicias y fangos que se dedenen y reposan sobre ellos, se muestran más copiosas y abundantes en una parte que en otra. Si en una parte más que en otra de dichos conductos hay la misma cantidad de agua y la misma pendiente, se muestra y conoce fácilmente también midiendo su altura y anchura de distancia en distancia, o bien tan sólo de aquellas partes en las cuales se ve que tienen más o menos pendiente; porque la diferencia de una altura o profundidad con otra da a conocer y muestra que los fondos no tienen continua ni igual pendiente, y que por consiguiente las aguas que pasan por encima y sobre ellos no son tantas cuantas las que entran en sus principios; y aunque {fueran) tantas en altura y anchura en alguna parte, corrientes o estancadas que sean, por causa de algunos altos asentados en sus fondos, que las retrasan e impiden su curso ni las dejan pasar del todo, por lo menos no tantas cuantas serían si sus fondos tuvieran continua e igual pendiente desde su principio hasta el fin.

CAPÍTULO 31." Cómo y en qué tiempo del año se miden las aguas corrientes para saber sus cantidades con mayor aproximación En toda época del año, pero más oportunamente en los meses de junio, jufio y agosto, tiempo de mayor sequía, se miden las aguas de los ríos y de las fuentes y también todas las demás que se derivan de ellas, sea por toma regulada, sea por otro modo cualquiera, guardando el siguiente proceder. Se explora primero el agua que se quiere medir, y con ella su pendiente y el conducto por el que pasa, para saber si, dentro, y a través de ella hay algún módulo o molino, con los cuales se pueda restringir y cerrar del todo dicha agua, y también para saber, caso de que no haya ni uno ni otro, adónde se pueda fácilmente hacer o asentar uno que sea conveniente para este servicio. Si se los encuentra, todo Ingeniero puede valerse de ello como sus brencas estén plantadas perpendicularmente y distantes una de otra lo que diremos más adelante, y que encima de su umbral se añada una mampara que esté a nivel y dos onzas más alto de lo que se encuentra que es la superficie de dicha agua, y que debajo, y contiguo a dicha mampara se enganche y clave un conducto o canal de tablas de madera, hecho con sus bordes y clavado, dos onzas más bajo que la parte superior de la dicha mampara, es decir una en su principio y la otra al final, y hacia el abajo del agua, y el cual canal sea largo por lo menos ocho o nueve brazas, y ancho en la parte de arriba y donde ha de clavarse con la dicha mampara cuatro onzas más de la abertura de dicha mampara; las cuales después han de repartirse por igual, o sea dos por cada lado de dicha abertura, y en la parte de abajo, tantas onzas de más de dicha abertura y de las dichas cuatro onzas, cuantas se estima con verosimilitud que puedan ser, en cantidad, las onzas de toda la susodicha agua. Pero en el caso de que no se encontrase ningún

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cerramiento, se ha de fabricar uno en lo más estrecho de dicho conducto, y donde se ve que el agua tiene mayor corriente, y de tal modo que [el agua) una vez levantada, no pueda reflejar ni devolver la imagen de cosa de relieve, la cual mampara tenga asimismo las susodichas particularidades y esté construida de tal manera que ninguna parte de dicha agua pueda pasar por sus junturas ni por otra parte que por la dicha su abertura. Hecho todo esto, se quita el obstáculo de tierra o de otro material que para detener dicha agua y construir dicho módulo se había hecho en la dicha conducción, y una vez quitado se deja correr y pasar toda la dicha agua, sea por la abertura, sea por el susodicho canal, por el espacio de 10 o 12 horas, o hasta que se vea que ya no crece ni mengua más de lo que en dicho tiempo lo ha hecho, y en el acto de correr: se le pone dentro un listón de madera derecho, y de tanta longitud cuanto hay desde la mitad de una brenca de dicho módulo hasta la mitad de la otra, y ancho dos onzas, el cual listón siendo móvil como conviene que sea, se apoya en las dichas brencas, palotes u otra cosa que se ponga para restringir el agua, o se encaja en el medio de ellos, de la manera que se encaja y se pone un portillo y después se levanta y baja tanto en dicha agua cuanto se ve que se levanta y baja su superficie. Después, una vez que se ve que la superficie de dicha agua no crece ni mengua más y que queda asimismo igualada con la punta del dicho Hstón, se mide la abertura de dicho módulo y la altura comprendida entre la punta del dicho umbral y la cima del dicho listón, y hecha la dicha medición, y restadas de dicha altura las dos onzas de dicho listón, que son las que se han de dar de carga hidrostática, por costumbre y uso antiguo de todas las tomas reguladas, y puestas en funcionamiento, y una vez multiplicada dicha anchura con el resto de dicha altura, o sea las onzas de la una por las onzas de la otra, y dividido su producto por doce, o por ese número que conviene al lugar y población donde se hace dicha medición, el resultado es la verdadera y precisa cantidad de dicha agua. Sin el mencionado listón con el cual se sujetan las aguas que se quieren medir y se reducen a nivel por un buen espacio arriba, y hacia su curso, no se podría saber precisamente la altura de las que pasan por las aberturas de los dichos módulos, en tiempo de tales mediciones, y esto por el impulso, curvatura y resalto que de ordinario hacen todas las aguas cuando salen de un lugar estrecho y entran en uno ancho y más bajo que su principio; como también, sin la carga hidrostática de dichas dos onzas de agua que se suele y debe dar encima de cada boca, en tiempo de sequía, y cuando se establecen y regulan las dichas tomas, sus compradores o conductores no estarán tan seguros de tenerlas, como lo están con esta ventajosa precaución; siendo así que, en dicho tiempo de sequía, y mayormente cuando las aguas son extremadamente necesarias para regar, faltan o menguan tanto que sus tomas no quedan llenas, y cuando no son tan necesarias, o que por lo menos tienen poca o casi ninguna importancia, crecen de tal manera que inundan sus tierras próximas. Mutación que en verdad suele ocurrir cuando se juntan las aguas de las lluvias con las de los «avesi» {acuíferos), y cuando las unas y las otras son agitadas por las corrientes subterráneas.

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Armadura de un dispositivo que adaptado en un canal, acequia o cauce natural sirve, según el método descrito por Sitoni, para medir su caudal en onzas de agua. La figura muestra, en su parte superior, una armadura de cuatro vanos, para el aforo de corrientes de caudal muy variable, y en su parte inferior, la armadura de un dispositivo con un solo vano. En el despiece de la figura superior puede verse: la pieza de solera (n." 1), la tablilla de dos onzas de ancha (n.'" 5y 6) que desliza entre ranuras verticales formadas al ensamblar las piezas 3y 4, así como las otras piezas de madera que dan forma y consistencia a la armadura y permiten recubrirla con tablas para completar el dispositivo.

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Pero se debe advertir, y por encima de cualquier otra cosa, de que no todas dichas aguas se miden de una manera, porque de las de los ríos o de fuentes, o bien de otra clase que se conduzca sin regulación, o que tenga gran pendiente, basta con considerar la cantidad que de modo verosímil puede ser la que se ha de medir, y respecto de la abertura que se ha de hacer, donde ésta se ha de estrechar, para medir; la cual abertura ha de ser por lo general de onzas cuatro en altura, más allá de su carga hidrostática; hágase después el susodicho su módulo, o estrechamiento, tan ancho de una brenca a otra cuanta ha de ser la cabida y capacidad de toda la cantidad de dicha agua. Pero si son aguas que se deriven de cualquier otra clase, por el procedimiento de tomas reguladas, se hace la abertura de su dicho estrechamiento, del ancho y de la forma que se encuentra que tiene cada una de sus tomas reguladas. Además, si son de aquellas aguas de fuentes las cuales tienen poca pendiente, entonces se hace su estrechamiento de tanta anchura cuanta se puede, porque ésta y toda otra clase de agua que se levanta con una pantalla y más de lo ordinario, más fácilmente pasa por una abertura ancha de lo que lo hace por una estrecha, y porque cuanto menos se levanta {el agua) menos se refleja y remansa, y por consiguiente ocupa menos la salida de los manantiales que nacen en sus cabeceras. Por precaución también se miden las dichas aguas en salida de sus acequias, y sobre todo cuando se derivan de canales navegables o de otros canales principales, para saber si son de mayor caudal que las que son reguladas en sus tomas; y muchos que las miden, al encontrar (cómo fácilmente encuentran) que lo son, ignorando la causa, y no teniendo las precauciones que deberían tener en tales asuntos, con poca consideración y menor tino, incurren en declararse por tales ignorantes, manifestando primero dicha su ignorancia y después la diferencia de dicho caudal de agua, y sin haber hecho indagaciones, diciendo que el remedio consiste en que o se estrechen las tomas principales o se pague el precio del sobrante de dicha agua. Declaración temeraria y muy malvada, causada por poca educación y menor inteligencia, porque si entendieran (como deberían), se preocuparían de que el módulo o restricción donde miden dichas aguas fuera de la misma anchura que debe ser y es la anchura de su boca, y de que el agua, junto con la carga hidrostática que le dan, cuando se levanta en el dicho módulo, fuese de la misma altura que es la del agua y de la carga hidrostática que se encuentra ser en la dicha toma, ni encontrarían diferencia, ni nada de lo que alguna de las partes tuviera que quejarse, aunque es verdad que cada agua que se encuentra cayendo por cualquier toma con mayor carga hidrostática y salto y en más ancho canal que su normal, se encontrará también siempre de mayor caudal midiéndose en vertical y en un estrechamiento con sus debidas circunstancias.

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CAPÍTULO 36.° Lo que se ha de hacery prevenir para saber la diferencia de la cantidad del agua que pasa por una toma regulada que tenga mayor o menor carga hidrostática de las dos onzas que generalmente se les suele dar Quieren todos los peritos y expertos en la profesión de las aguas que se conducen para regar y accionar molinos y similares usos, que por una toma regulada que tenga carga hidrostática mayor de las dos onzas que generalmente se le suele dar, pase y transcurra siempre mayor cantidad de agua de la que haría por otra que fuese de la misma abertura, pero no de la misma carga hidrostática; aduciendo que esto ocurre sea por la impulsión que hace el agua naturalmente y todas las cosas pesadas y cargadas, al bajar, sea por la atracción que las cosas bajas y anchas ejercen llamando hacia ellas todo lo que se encuentra más arriba y más estrecho que ellas, como se ve que hace toda agua que está encima de dichas tomas al caer en canales o encañados más bajos y anchos que sus aberturas. Pero nunca han demostrado por escrito, ni oralmente, como se pueda conocer y saber la diferencia de dichas cantidades, por importante que sea, entre vendedores y compradores, y entre toda otra clase de semejantes —contratantes— los cuales, por no saber en qué consiste el término y fundamento de semejantes diferencias, incurren a menudo en otras mayores, por las cuales se derivan después contiendas mortales y escandalosas. Para saber, pues, y conocer tal diferencia, y también la diferencia y falta de la cantidad de agua que no pasa, como debería pasar, por una toma regulada, por no ir llena su abertura y con su debida carga hidrostática: se hace plantar en la estaca de la acequia por la que pasa el agua que se quiere examinar un módulo con las particularidades ya descritas, el cual módulo esté tan abajo y por debajo de dicha primera toma regulada, lo bastante, y sea de tanta abertura cuanta es la de dicha toma regulada, y puesto obHcuamente respecto al otro caz principal del que se deriva el accesorio. Y, presuponiendo que la carga hidrostática de esta toma regulada sea dos onzas más alta de su ordinario, se tiene cuenta de dicha altura y se anota; después se deja correr el agua por el dicho módulo durante 4 horas, más o menos, o si no, tanto hasta que se vea que la dicha agua no crece, ni mengua más. Hecho esto, se mide, como antes se ha dicho, y de la cantidad que resulta se resta la otra que se presupone que es la de dicha toma regulada, aunque ahora tenga mayor carga hidrostática de dichas dos onzas, y del resto se hace memoria aparté. A la propia toma regulada y al susodicho módulo construido en el dicho cauce accesorio se le puede hacer la misma prueba, y la prueba de toda otra clase de carga hidrostática sea mayor o menor de la dicha carga hidrostática ordinaria de dos onzas, y también de aquella agua, poca o mucha, que pasa sólo por el hueco de dicha toma constituida como regulada, como en la orilla superior, y hacia la parte de arriba del agua donde se encuentra plantada y mphzad?" dií^^T^ toma resrulada, sea (póngase) un escorredor a través del

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cual se pueda bajar y moderar el agua del canal navegable o cauce principal del cual se deriva el susodicho accesorio, y {se pueda) llevar su carga hidrostática a la altura que se quiera, como por ejemplo sería a una onza y 3/4 de más de lo corriente, a una y 1/2, a una y 1/4, a una, a 3/4 de onza, a media onza, a un cuarto, y al igual que el borde superior y también a todo ese «menos» que ella se encontrase de hecho, y como se tenga buena cuenta de todo, y en particular de la proporción del caudal del agua de cada toma, la cual basta para saber declarar después tales diferencias sin hacer otras pruebas ni experimentos; dicha manera la apliqué yo^^ en Carpiano en presencia de M. Fray Giovan Battista Verano profeso del venerable Monasterio de la Cartuja de Pavía y de administradores de sus bienes situados en dicho lugar, por el cual experimento yo encontré^^ que el agua que salía y corría por una toma ancha onzas 18 y alta onzas 4, la cual otrora fue regulada en diagonal respecto de un cauce principal, por toma regulada con dos onzas de carga hidrostática tenía entonces cuatro, y en un módulo que yo había hecho plantar para tal experimento, con sus debidas particularidades, en el cauce y caño en el cual caía el agua de dicha toma, encontré^^ más de las seis {onzas) que verosímilmente tenían que ser las de dicha toma regulada. Después por medio de un escorredor, que estaba poco más arriba de dicha toma, hice bajar la dicha agua principal de media en media onza, conforme a como estaban marcados sobre la dicha carga hidrostática de onzas cuatro, y sobre un lado de la altura de dicha toma; y así después de bajada y medida siempre en el susodicho módulo encontré^ que la de onzas 3 1/2 de carga hidrostática no fue sino ... La otra de onzas 3 resultó ser oz. ... La otra de oz. 2 1/2 resultó ser oz. ... La otra de oz. 2 resultó ser oz. 6 que hemos razonado arriba. La otra de oz. 1 1/2 resultó ser oz. ... La otra de oz. 1 resultó ser oz. ... La otra de 1/2 oz. resultó ser oz. ..., y la otra que fue igual al labio superior de la dicha toma resultó ser oz. ... Después la otra de media onza más baja de dicho labio resultó ser oz. ... La otra de oz. 1 más baja resultó ser oz. ... La otra de oz. 1 1/2 más baja resultó ser oz.... La otra de oz. 2 más baja resultó ser oz.... La otra de oz. 2 1/2 más baja resultó ser oz.... La otra de oz. 3 más baja resultó ser oz. ... y la otra de oz. 3 1/2 más baja resultó ser oz. ... Por las susodichas mediciones se podrá, pues, fácilmente saber en qué consisten diferencias semejantes causadas por mayores o menores cargas hidrostáticas de lo corriente y por el no ir llenas de agua las tomas reguladas, como se tenga en cuenta respectivamente, la proporción que hay de un caudal de agua a otro de cada una de dichas tomas, que equivale a decir propiamente como si por la regla de tres se dijese: si una toma de oz. 6 de

73 «Apliqué», «yo encontré», «encontré» se encuentran corregidos con una expresión impersonal («fue aplicada», «fue encontrada»), sin que esté tachada, sin embargo, la primera redacción. El autor no estaba decidido del todo a protagonizar el caso que relata. 74 Aquí, como en otros pasajes (ver Cap. 33), el autor ha dejado unos espacios en blanco, proponiéndose hacer este cálculo en otro momento.

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agua gana oz. ... por causa de tener una carga hidrostática de oz. 4 en lugar de {una) de oz. 2 que generalmente debería tener, ¿cuánto gana una de oz. 8? O bien se dijera por la misma regla: si una toma regulada de oz. 6 pierde oz. ... por tener su carga hidrostática de media onza menos de las dos onzas que generalmente ha de tener, ¿cuántos perderá una de oz. 1? y así de los semejantes.

CAPÍTULO 37.° Cómo y de qué manera se ha de formar una toma regulada para que por ella se pueda derivar tanta agua en dos o más días cuanta se puede derivar por otra en una entera semana Todas las tomas por las cuales, con regulación, se derivan todo tipo de aguas que se conducen para regar o para hacer moHnos o semejantes usos, son de la manera descrita en los capítulos precedentes. Algunas sirven de modo continuo para uno o más particulares. Otras sirven intermitentemente, como sería tres días de la semana para uno y los demás para otro, o de otro modo. Este uso muchas veces se muda, o por acuerdos o por otras circunstancias. Y aunque a algunos a los que se le propusieran tales cambios, tal vez pueda parecerles que son cosas fáciles de resolver, sin embargo, como no sabemos cuál es y de dónde depende su fundamento, no será de extrañar que muchos de ellos de repente tropiecen y queden confusos para un rato. Con los ejemplos, pues, que aquí se van a aducir, se podrá entender fácilmente el fundamento y la regla general para poder hacer cada uno de dichos cambios. Sea alguien que tenga interés en derivar continuamente 6 onzas de agua de un cauce principal por medio de una toma regulada de 18 onzas de ancho y de 4 onzas de alto, y que este señor, para complacer al dueño de dicho caz principal, se conforme (queriendo dicho dueño vender todo lo demás, o parte de dicha su agua) con poder, por medio de una nueva toma, valerse durante dos días de la semana de su caño por el cual conduce las dichas seis onzas de agua, pero con la condición de que allí se construya otra toma reducida y ampliada de modo que sea bastante para poder derivar tanta agua en los restantes 5 días que quedan cuanta puede ser verosímilmente la de dichas 6 onzas en toda la semana, y que de todo eso se quiera saber la solución. Se multiplican los siete días de la semana por el número y cantidad de las 6 onzas de agua que se deriva, y el producto se parte por el día o número de días en los cuales se quiera unir la misma cantidad de agua que se deriva en toda dicha semana, y lo que salga será la cantidad buscada de las onzas de agua, por la cual se habrá de formar después la nueva toma. Se multiplicarán, pues, los siete días que son los primeros días de dicha razón con las 6 onzas que asimismo son las primeras onzas de la primera

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toma, y harán 42, los cuales partidos por 5 resultarán 8 2/5, y onzas 8 2/5 será la cantidad de las onzas por las cuales se tendrá que constituir y formar la nueva toma regulada, la cual después conducirá tanta agua en cinco días como haría la primera en los siete. O bien se dirá por la regla de tres. Si en siete días se disfrutan 6 onzas de agua, ¿cuántas se disfrutarán en cinco? Y así multiplicando seis por siete hará 42, los cuales partidos por 5 resultarán los mismos 8 2/5 que arriba hemos dicho. Aquí detrás de esto ha de ir el siguiente capítulo 42, o bien:

CAPÍTULO 38.° Reglas para repartir el tiempo de cada riego, para que uno o más interesados en un agua que sea común entre ellos tenga su parte proporcional y correspondiente Ocurren a cada momento tantos y tan diversos accidentes en cuestión de aguas y acueductos cuantos ocurren en cualquier asunto, y por esto no se van a extrañar los lectores si en la presente memoria se ponen problemas semejantes, con sus soluciones; porque, aunque a simple vista pueda parecer a algunos que son problemas de poca importancia y más bien evitables, sin embargo cada cual podrá conocer, como los haya bien considerado y entendido, que son necesarios y muy difíciles de resolver, y que por la tal causa merecen semejantes explicaciones. Véanlo por el ejemplo siguiente y después lo dirán: alguien dispone de onzas 10 de agua derivada por toma regulada y con su debida carga hidrostática por un día natural de cada semana, o bien por un día y un cuarto, que son 30 horas, cuando a la dicha carga hidrostática le falta alguna mínima parte. Ahora bien, sea que el dicho usuario quiera, paga:ndo de su bolsillo y con buena licencia de los otros interesados introducir en el mismo acueducto 3/4 de onza de agua de más de las susodichas onzas 10, y que por dicha introducción él quiera saber el tiempo respectivo en que podrá utilizar y hacer uso de dicha agua de más del susodicho día. Se dirá por la regla de tres: si en 7 días, que son una semana entera, todos los interesados en dicha agua disponen de las dichas onzas 10, ¿de cuántas dispondrá el dicho particular en un solo día? Se multiplicará y dividirá, y el resultado de ellos será oz. 1 3/7 que son la primera ración que dicho usuario debe tener en las dichas onzas 10. A esta cantidad de oz. 1 3/7 se añadirán los otros 3/4 de onza que se quieren introducir de nuevo, y harán oz. 2 5/8 y por la misma regla de tres se dirá también, si por dicha oz. 1 3/7 se dispone {del agua) un día natural de la semana, que son 24 horas, ¿cuántas {horas) se disfrutarán por las oz. 2 5/8? Se multiplicará y dividirá, y lo que resulte serán horas 36 3/5 que son el tiempo que se busca. O bien se dirá si oz. 1 3/7 dan 24 horas, ¿qué darán 3/4 de onza? Se multiplicará y dividirá y resultarán horas 12 3/5. Las cuales sumadas con 24 harán las susodichas y mismas horas 36 3/5. Además por la diferencia de la ya mencionada reducción de la carga

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hidrostática, se dirá: si horas 24 se vuelven 30 horas, ¿cuántas se volverán 36 3/5 horas? Y con las debidas operaciones se volverán horas 45 3/4. Y así se hará de las semejantes.

CAPÍTULO 39.° Cómo se reduce a continua una cantidad de agua que suele derivarse por horas y días de la semana de una toma regulada, y cómo y de qué manera se hará otra, por la cual se pueda derivar después la susodicha cantidad de agua, una vez que esté reducida a continua Así a primera vista y súbitamente, sin haber leído más adelante, pocos habrá que no piensen que la exposición del presente capítulo es parecida a las otras del capítulo pasado, pero como la lean con atención y entiendan bien su solución la encontrarán muy distinta y diferente. Ejemplo. Uno va a usar por 3/4 de día natural de cada semana 6 onzas de agua que suele derivarse de una acequia, por medio de una toma regulada y tendrá permiso, dejando esta forma, de derivar de ella tanta continuamente de la misma acequia por medio de otra toma regulada, cuanta puede ser la susodicha primera [agua) verosímilmente. Y por esto quisiera saber ahora cuánta podrá ser la dicha primera cantidad, una vez que esté reducida a continua, y la forma que ha de tener la nueva toma por la cual pueda después derivar la dicha agua. 1. Este problema puede resolverse de una de dos maneras; o bien reduciendo todos los siete días de la semana a cuartos, por ser tal la denominación de los 3/4 del susodicho día. Y de los 28 que salen multiplicando los siete días por 4, coger tres y ponerlos como aquí se ve, o sea 3/28 ya que estos 3/28 de toda una semana equivalen, en su especie, a los 3/4 de un solo día. O bien reduciendo a horas sea los dichos 3/4 de un día, sea todos los dichos siete días, y una vez reducidos ponerlos de modo semejante, o sea 18/168 los cuales, simplificados, son los mismos 3/28 que en el modo ya expuesto se han encontrado. Con estos 3/28 se distribuyen por las dichas 6 onzas y de eso resultan 9/14 y 9/14 de una onza de agua son la verdadera y precisa cantidad que el dicho usuario tiene en todas las susodichas 6 onzas. Pero se ha de advertir que para acertar dichas cuentas y repartos de aguas, hace falta que todos los días de la semana sean reducidos siempre a la denominación de los picos [fracáones) que cada cual al que le surjan estos casos, se encuentra que tiene en dichas semanas, sea por medios días de la semana, sea por tercios, y cualquier otra clase de fracciones, ya que, si fueren medios, habrán de reducirse los siete días de dichas semanas a 14 medios, si son tercios a 21 tercios, y así prosiguiendo en todos los demás. Para mayor comprensión servirá también este otro ejemplo. Sea que el usuario tenga razón de disfrutar de 6 onzas de agua por 26 horas de cada semana, que son un día y 1/12, y que tenga permiso para reducir toda la

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dicha cantidad y tiempo a tanto tiempo continuo para ser derivada por una toma regulada y que por todo esto quiera saber tanto la dicha cantidad como la forma de la nueva toma. Se reducen las dichas 26 horas que son un día y 1/12 a tantos doceavos y serán 13/12, lo mismo se hace con los 7 días de la semana y serán 84. Estos 13 y 84 se asentarán como se ve, o sea 13/84 y con ellos se dividirán las dichas oz. 6 y resultarán 28/84 que, simplificados, son 13/14 de una onza, y de 13/14 de una onza se ha de hacer el orificio de la dicha nueva toma. (Sigue parte y tabla tachada). Pero siempre serán más fáciles los dichos cálculos y repartos si se reduce el todo a horas. Véase por la experiencia, ya que 26 horas para ración del dicho usuario, son 26/168 de una semana, los cuales simplificados se quedan en 13/84 que son lo mismo que arriba hemos encontrado reduciendo dichas 26 horas a doceavos. Después para formar una toma de orificio para derivar los susodichos 9/14 de una onza se cogen los 9/14 de doce onzas cuadradas, que en todo son una sola onza de agua, según medida de agua en nuestro Ducado de Milán, y de ello resultarán 7 5/7, y de onzas 7 5/7 cuadradas ha de ser el orificio de dicha toma, la cual, queriendo después reducirla a una toma cuadrada, se podrá siempre reducir observando las reglas de Euclides y el siguiente modo.

CAPÍTULO 32.° Cómo se miden las aguas de avenamiento para saber sus cantidades Las aguas de avenamiento son las más veces aguas inciertas e inseguras, como también son muy costosas si se cuidan y de grandísima tarea y trabajo si se descuidan. Se miden de modo diferente a como se miden todas las otras clases de aguas, aunque en los mismos tiempos, y no por otra causa sino porque en su curso y paso no siguen tanto tiempo en una altura, como siguen las principales de las cuales dichas aguas de avenamiento descienden, antes de que rieguen y se hundan en las tierras. Los módulos o estrechamientos donde se concentran dichas aguas de avenamiento para medirlas se hacen de la misma manera y en los mismos cursos de agua en que se hacen los de las otras aguas. Cerca, pues, de dichos módulos, y con en la mano un reloj que esté bien en hora se tiene cuenta del tiempo regulado que se detienen al correr y al pasar, y de la altura y bajura a la cual llega su superficie una vez puesta allí primero su carga hidrostática, para saber después por último, tanto la adecuada porción de tiempo que corren, como su preciso caudal y medida, como por ejemplo: Si de las aguas de avenamiento de cien pérticas de tierra que bajan desde una altura y que se riegan con tres onzas de agua en doce horas de cada semana, se quiere saber su caudal, se permanece en su estrechamien-

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to con un reloj desde el principio en que llegan dichas aguas de avenamiento hasta que pasen. Y suponiendo que se detengan 10 horas en levantarse poco a poco dos onzas encima del umbral de su módulo ancho doze onzas, y otro tanto en el bajarse y terminar de pasar por él: se coge la mitad de la dicha altura, la cual es una onza, y una onza de agua se dice ser el agua que por dicho estrechamiento pasa en veinte horas, la mitad creciendo y la otra mitad menguando, teniendo consideración de que dicha agua es ancha en la boca de su estrechamiento doce onzas, y alta una, la cual onza de agua en veinte horas de cada semana es tanto como serían cinco cuarentaidosavos de una onza de agua continua, siendo así que una semana es de ciento sesenta y ocho horas, y que las dichas veinte son los cinco cuarentaidosavos de dichas ciento sesenta y ocho; a diferencia de lo que son las tres onzas principales, las cuales corren doce horas de cada semana, que es tanto como nueve cuarentaidosavos de una onza de agua continua, de los cuales nueve cuarentaidosavos, sustraídos después los cinco cuarentaidosavos, quedan cuatro cuarentaidosavos de onza, que se pierden, por el sumergirse y el detenerse que hacen las dichas aguas principales. Y manteniéndose las dichas aguas de avenamiento un tiempo en una altura y otro en otra, como muchas veces ocurre, se tiene cuenta aparte de una y otra altura, cada una con su tiempo, y se reducen todas a un género y denominación, y por último se suman, de la manera que arriba se ha dicho, y como se puede entender mejor por este otro ejemplo. Dado que desde mil pérticas de tierra que se riegan con tres onzas de agua continua una vez cada semana, bajen sus aguas de avenamiento, y que desde el momento en que llegan al umbral del estrechamiento donde se quieren medir empiecen a levantarse, y poco a poco y hasta el fin de un día natural se levanten la altura de una onza, y una vez levantadas se detengan en ella tres días, y pasados dichos tres días vuelvan a levantarse y poco a poco y en doce horas se levanten otra onza más de la dicha primera altura, y en aquella se detengan otro día, y por último mengüen o bajen poco a poco en el término de otro día y medio hasta que hayan pasado del todo; se coge la mitad de la primera medida, la cual fue de una onza, que se levantaron poco a poco dichas aguas de avenamiento encima de dicho umbral, y aquélla se anota aparte, diciendo media onza de agua en altura y veinticuatro en anchura, que en la medida de Milán son una onza, pasan en el tiempo de veinticuatro horas, que son un séptimo de una semana, y de dicha onza de agua. Después se anota la segunda medida, la cual continuó tres días más en la misma altura de una onza, diciendo: una onza de agua en altura y veinticuatro en anchura, que según dicha medida son dos onzas, pasan en setenta y dos horas, que son tres séptimos de una semana, y de cada una de las dichas dos onzas de agua. Después se anota la tercera medida, de la cual (como se levantó poco a poco en doce horas de más del dicho tiempo, otra onza más de dicha altura) se coge la mitad, y ésa se añade a la altura de la segunda medida, diciendo

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una onza y media de agua en altura y veinticuatro en anchura, que en dicha medida son tres onzas, pasan en doce horas, que son un catorceavo de una semana y de cada una de las dichas tres onzas de agua. Después se anota la cuarta medida, la cual continuó un día más del susodicho tiempo en la misma altura de dos onzas diciendo: dos onzas de agua en altura y veinticuatro en anchura, que en la dicha medida son cuatro onzas, pasan en veinticuatro horas, que son un séptimo de una semana y de cada una de las dichas cuatro onzas de agua. Y después se anota la quinta medida, de la cual, como se bajó poco a poco las dichas dos onzas en treinta y seis horas de más de todo el susodicho tiempo, y terminó de pasar: se coge la mitad, diciendo: una onza de agua en altura y veinticuatro en anchura, que en la dicha medida son dos onzas, pasan en treinta y seis horas, que son tres catorceavos de una semana y de cada una de dichas dos onzas de agua. Y por último se suman las porciones del tiempo que continúan dichas aguas de avenamiento, y de las onzas de agua de cada una de dichas medidas, las cuales son, a saber, la primera un séptimo de una semana y de una onza, la segunda tres séptimos de una semana, que son seis séptimos de dos onzas, la tercera un catorceavo de una semana, que son tres catorceavos de tres onzas, la cuarta un séptimo de una semana, que son cuatro séptimos de cuatro onzas, y la quinta y última tres catorceavos de una semana, que son seis catorceavos, o tres séptimos de dos onzas, que todas suman una semana; y de dos onzas y tres catorceavos de una onza de agua^^ continua'®.

CAPÍTULO 43.° Cómo se reducen a precisay continua cantidad, como de aguas continuas, las aguas de avenamiento'^^ y se reducen a precisa y continua cantidad, como si fueran aguas vivas, que corrieran durante un tiempo De todas las aguas de avenamiento, pues, y de todas las otras que corren temporalmente, se sabrá la continua cantidad, una vez sabido el tiempo que corren, o la razón y obligación que tienen de correr, como por ejemplo: Si de tres onzas de agua viva, o de otra clase de agua, con la cual se riegan cuatrocientas pérticas de tierra en dos días naturales de cada quince, se quiere saber la cantidad continua, se distribuyen dichas tres onzas durante dos quinceavos que son la parte correspondiente de los dos días de quince, y el producto es lo que se busca. Multiplicando, pues, dos por tres hacen seis, y esos partidos por quince producen seis quinceavos, que son dos quintos, y dos quintos de una onza de agua continua son las dichas tres onzas de agua. 75 Al margen se añade: «Ver cap. 42». 76 A continuación título de un capítulo 43 luego suprimido. 77 Restablecemos «las aguas de avenamiento» que está tachado, p a r a d a r sentido a la frase.

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Y queriendo saber la cantidad continua de seis onzas de agua que corren tres días y medio naturales de cada trece, se parten las dichas seis onzas por siete veintiseisavos, que tantos son en proporción los tres días y medio con los trece, y el producto es lo que se busca. Multiplicando pues los siete por seis, hacen cuarenta y dos, los cuales partidos por veintiséis producen uno y ocho treceavos, y una onza y ocho treceavos de agua continua son las dichas seis onzas de agua.

CAPÍTULO 33.° De la diferencia que hay entre una onza de agua en la ciudady Ducado de Milán y otra onza en las otras ciudades de su Estado Así como son diferentes todas las medidas de muro, de madera o de tierra entre la Ciudad de aquel Ducado y las otras ciudades de su Estado, así son las de las onzas y caudales de sus aguas. Se explica porque en la Ciudad y Ducado de Milán una onza de agua se entiende por aquella cantidad de agua la cual pasa o puede pasar por un orificio de cualquier tipo que contenga el área de doce onzas cuadradas de la medida que son las onzas de la braza de muro, o de madera de Milán, a diferencia de la onza de cualquier otra ciudad de este Estado. En la ciudad de Pavía y su comarca una onza de agua en sí es asimismo la capacidad de doce onzas cuadradas, pero de la medida de sus onzas de tierra, las cuales, reducidas a medida de las de Milán no hacen la misma medida y cantidad de Milán. Y una onza de la ciudad de Lodi y su comarca es la que contiene nueve onzas, asimismo de la medida de sus onzas de tierra. Y una onza de la ciudad de Cremona y su comarca es la que contiene asimismo diez onzas, y de la medida de sus onzas de tierra, las cuales doce onzas cuadradas reducidas a la medida de las de Milán no hacen sino... de la misma medida y cantidad de Milán. Faltan La Ciudad de Novara y su comarca La Ciudad de Como y su comarca La ciudad de Alessandria y su comarca La ciudad de Tertona y su comarca La ciudad de Vigevano y su comarca Comarca de Bobbio CAPÍTULO 34.° Cómo y con qué se hacen las tomas reguladas para sacar aguas de otras cualesquiera clases de aguas, y en cuál tiempo del año se ponen en funcionamiento De forma redonda, cuadrada o rectangular se hacen estas tomas y de tanta grandeza y capacidad, o por mejor decir de tan gran orificio, cuanto ha de ser el caudal de agua que por cada una de ellas se ha de conducir.

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Más que ninguna se usa la rectangular, por ser tan usada y ordenada por la Ilustre Magistratura de las aguas, y particularmente en los reales canales navegables. Pero no se hacen más altas de cuatro onzas, pero tan largas cuanto es conveniente, para cumplir la cantidad y número de sus onzas de agua. Se corta y se forma la que se quiera en una piedra gruesa de tres onzas por lo menos y, una vez formada, se la orilla con un reborde de hierro trabajado directamente y en ángulos rectos, y después emplomado en ella, y esto para que no sea corroída por el üempo (como puede serlo fácilmente) y por el agua, o bien por cinceles o limas de malintencionados^® para perjuicio de los que han contratado dichas aguas. Después en los tres meses de junio, julio y agosto, tiempo más seco y de mayor sequía de todo el año, después de haber determinado previamente el lugar y sitio donde cada una de dichas tomas se ha de colocar y poner en funcionamiento, y hecha una señal estable del punto al cual llega la superficie de las aguas principales, de las cuales se han de derivar las que se han de conducir por dichas tomas; se quita toda el agua y, en dirección oblicua respecto a la dirección de la orilla en la cual se ha proyectado poner la toma, se manda hacer un trozo de bueno y sólido muro de fábrica, de ocho o diez brazas de largo, grueso y bien profundo, y alto cuanto es la superficie ordinaria de dicha agua, en medio del cual muro se coloca la toma con su borde superior a nivel, pero tanto más abajo del punto ya señalado, cuanto importan las dos onzas de carga hidrostática que ha de tener y tanta parte de su altura cuanta es la proporción de su anchura a la misma anchura más la anchura del canal principal, juntas, la cual tanta parte proporcional se puede saber fácilmente sumando dichas dos anchuras y partiéndolas por la sola anchura de dicha toma, y por último, restando la dicha proporción de la altura de dicha toma, como por ejemplo sería, si se añadieran 18 onzas —ancho de la toma— con 54, anchura del canal, harían 72, con los cuales 72 la proporción de los 18 sería como es uno respecto al cuatro, o sea el cuarto del todo, y una onza, la cual es la cantidad de dichas cuatro, altura de la dicha toma, sería la dicha parte correspondiente, la cual sumada después con las dichas dos onzas de carga hidrostática, harían tres; y de tres onzas se habría de bajar el dicho labio superior de dicho punto y término señalado al principio. Determinadas y establecidas las cosas susodichas, se manda hacer también otro muro de fábrica del mismo grueso, profundidad y altura, pero no menos largo de dos brazas, el cual esté en frente y equidistante de las dos últimas e inferiores brazas de dicho primer muro, con una sujeción transversal que sea de buena mampostería gorda, pero no más alto de lo que se encuentra alto el fondo de dicho conducto, incluido un umbral de granito que se ha de poner encima a nivel, o bien incluida una viga de madera dura, en la cual esté encajada una reja de hierro convenientemente ancha y bien clavada. Pero esto se entiende cuando el agua de dicho canal principal se 78 Añadimos «de malintencionados» para dar sentido al pasaje un tanto oscuro en el que probablemente «cinceles o limas» son términos irónicos por «saboteadores».

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encuentra tan alta o más de lo que son las dichas onzas más la altura de dicha toma sumadas; pero cuando no, se anota la diferencia y después de puesta la toma hasta el fondo de dicho canal, se levanta el dicho muro o sujeción que la atraviesa, ese tanto de más del dicho fondo que se ha encontrado ser la dicha diferencia, con la cual operación de levantar se sube asimismo el agua y de modo que la toma queda después siempre llena, y con dos onzas de carga hidrostática. Después, junto a la parte de abajo de dicho primer muro de fábrica y de la toma ya instalada, se hace construir un canal de buenas piedras calizas al principio del canal por el cual se ha de conducir el agua que dene que caer de la misma toma, el cual canal sea de dos trabucos que son el largo de 8 o casi 9 brazas, y ancho en su comienzo, o sea entre orilla y orilla dos onzas por lado de más de lo que se encuentra ser la abertura u orificio de dicha toma, y en la parte final tantas onzas de más cuantas son las del agua que por ella se ha de derivar, aunque la dicha Magistratura acostumbra reglamentar que el final de dichos canales sea ancho seis onzas de más de su principio, en contra de los usos antiguos. Dichos bordes habrán de ser de altura conveniente, y el fondo ha de tener dos onzas de caída para que sean repartidas, es decir una en dicho su principio e inmediatamente debajo de la cima del umbral de dichas tomas y la otra en el final del dicho canal. Después se deja reposar la dicha fábrica y que se consolide, y, después de reposada, se hace correr el agua principal y la accesoria, y por último, visto que su toma va llena y con las dos onzas de carga hidrostática, se aprueba y se da por buena toda la obra. Pero se debe advertir que, como se tuvieran que poner en funcionamiento más tomas reguladas en los costados de cualquier canal navegable o principal, las cuales fueran de diferentes cantidades de agua, para que no pase relativamente más por una que por otra (como se ve que por algunas pasa, por malicia o por ignorancia) es menester que se guarde y observe este orden, o sea que todas las tomas sean de una igual altura y que la primera y más alta sea colocada de la manera y como ya se ha dicho, y que después de colocada y puesta en funcionamiento, se deje correr y pasar por ella su agua tanto tiempo que baste para poder coger la señal del nivel al cual llega la superficie del agua de dicho canal navegable, o caz principal, donde se ha de colocar la segunda toma, y, colocada ésta, hacer lo mismo para la tercera, y consiguientemente para todas las otras hasta la última. CAPÍTULO 35.° Que de las tres formas de tomas descritas en este tratado y contenidas cada una por una misma área, la redonda conducirá siempre mayor cantidad de agua Tanta es la perfección que la superficie circular tiene entre las otras superficies que contengan una misma área, que a ojo se puede decir, como se

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dice, que por una toma de forma redonda se conducirá siempre mayor cantidad de agua de la que se conducirá por cualquier otra, de cualquier forma o clase, como sea de la misma área o capacidad. Y la causa de esto se deriva principalmente de estar la dicha superficie terminada por una sola línea más corta y breve de las que determinan las otras de la misma área, y de no tener ella ángulos que la ocupen como tienen todas las otras de figura angular, cuyos términos sumados son iguales al único y solo término que encierra la dicha superficie circular. Es suficiente la diferencia que hay entre los términos de las siguientes superficies para ver claramente en qué consiste la perfección de dicha superficie circular respecto de cada una de las otras que sea de una misma área o término.

Cada una de las cuatro primeras superficies contiene, como se ve, treinta y seis de área, y el contorno de la circular es R® 452 4/7 que es poco menos de 21 y 1/4, y el de la cuadrada es 24^®. El otro de la primera rectangular, los dos lados opuestos de la cual son de 9 cada uno, y los dos otros de 4, el uno es 26 de área, y el otro de la segunda rectangular, cuyos dos lados opuestos son de 12 cada uno, y los otros dos de 3, es 30 de perímetro. Visto, pues, como lo hemos hecho, que de las dichas cuatro primeras superficies, que son de una misma área y capacidad, el término circular es el más corto e igualmente distante de su medio o centro, y visto también que ninguna de las otras cuatro siguientes, que son cerradas y rodeadas de diferentes®° términos, no contiene más área ni capacidad de lo que contiene la circular: se puede decir y concluir que ella sola es la más perfecta y, por las mismas razones, que la dicha toma redonda conducirá siempre mayor cantidad de agua de lo que conducirá cualquier otra al uso de forma angular, que contenga la misma área y capacidad, como conducirá también por la mayor carga hidrostática y peso de agua que su abertura tiene arriba y abajo, no tocando más que con un solo punto de su circunferencia la línea recta o superficie del agua que por ella se emboca, a diferencia de lo que puede tener cada una de las otras. Por cada una de las otras tomas, o por una semejante a la ya descrita se conducirá aún mayor cantidad de agua siempre que tuviesen mayor carga hidrostática, o por mejor decir, más alta la superficie del agua de lo que es la parte alta de sus aberturas, o bien que estuviesen puestas de pie, como en los siguientes dibujos se puede ver, o que se les diera mayor pendiente en seguida, al salir, que agua sale de ellas, o bien mayor cabida y conducto. Si se puede, no se dejan dichas tomas reguladas sin las dos onzas de agua por carga hidrostática como se ha recordado en el cap. 39.°, ya que sirve 79 R' 453 1/4 equivale a V 4 5 3 1/4 = 21 1/4. 80 «Diferentes»: antes escribió Sitoni «iguales» (sin tachar).

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también para evitar, con dicha su altura, que las impurezas e inmundicias que las aguas principales llevan consigo sean sujetadas de manera que no puedan entrar por sus aberturas e impedir el curso de las aguas que se suelen derivar por dichas tomas. Pero generalmente y por la mayor parte se hacen dichas tomas de forma cuadrangular y no por otro motivo más que porque sus cargas hidrostáticas quedan más largas y de una igual altura las aberturas, y las pendientes mayores que todas las demás, de lo que se deriva después que por la impulsión que hace lo uno y lo otro y el todo, las aguas que pasan por ellas son siempre de mayor cantidad, como lo son también cuando entran allí las aguas de frente, o bien cuando las aguas tienen gran pendiente, así por arriba como por debajo de dichas tomas, o bien cuando las piedras en las que están hechos sus orificios son más sutiles de lo que deben, o bien cuando las propias tomas son de las primeras en sacar sus aguas, o de canales navegables, o de cualquier caz principal. Después de que se encuentra ya hecha y establecida cada una de las dichas tomas, no será desatinado, para servicio de quien vende o concede la derivación de sus aguas, y para que cada cual tenga y disfrute lo suyo, que por onzas 100 de salto de cada encañado o canal que se diga, de dichas tomas, se haga un freno a través de su conducto casi a manera de módulo, cuyo umbral sea una onza más bajo de lo que se encuentra que es la superficie inferior de dicho canal, y la abertura no niás larga de brenca a brenca que la abertura inferior de dicho canal.

CAPÍTULO 41.° Cómo se puede derivar una determinada cantidad de agua de un conducto que esté atravesado por muchos cerramientos sin perjuicio de sus riegos, pero pudiendo por razón derivarlo de arriba y cerca del último de dichos cierres, para evitar otra tanta, o poca más o menos, excavación cuanto hay del derecho del primero de dichos módulos hasta el último A nivel de la superficie que tienen las aguas de los canales o acequias de riego, los cuales generalmente están atravesados por muchos módulos, para que las aguas que pasan por ellos se suban y se sujeten todo lo posible mientras riegan, se colocan y levantan las partes altas de las aberturas de esas sus tomas por las cuales razonablemente pueden derivar aguas de dichas acequias de arriba, y en medio o cerca del último de dichos módulos, guardando en el resto la forma y manera que se guarda en el colocar y poner en funcionamiento las tomas por las que se han de derivar aguas de canales navegables o de otra clase de conducciones, y dejando en una compuerta de cada cierre simple o doble que sea, el cual quede más alto que las dichas tomas, otra toma de la misma altura y capacidad, por la cual pase continuamente o por el tiempo prescrito otra tanta agu-^ cuanta ha de pasar por cada una de

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dichas tomas principales en el tiempo en que dichos cierres están cerrados. Pero cuando se han de colocar por debajo de los últimos módulos, se dejan correr y pasar las aguas por todas las tomas de las compuertas de dichos módulos el tiempo conveniente y necesario y a nivel de la superficie que entonces tienen dichas aguas; se colocan dichas tomas de la manera descrita en el cap. 45.°

CAPÍTULO 42.° Cómo y de cuántas maneras se reparten las aguas que se conducen para regar y hacer cualquier otro servicio De tres maneras se suelen repartir las aguas con las cuales se riegan las tierras. La primera es la que por parcelas de tierra determinadas o medidas se reparte sin limitación de tiempo, como por ejemplo lo son aquellas aguas que riegan uno o más pedazos de tierra de un particular, y después otros de otros, a discreción únicamente de los encargados de los riegos. La segunda es la que por días y horas de la semana o de otro tiempo regulado se reparte, como se hace cuando para regar una cantidad de tierra de algún particular está asignada el agua de un caz por tres días naturales y continuos de cada semana y para regar otra está asignada la misma agua para los otros cuatro días. Y la tercera es la que por módulos o divisorios fabricados a través de sus cuerpos se reparte, cada uno por su parte correspondiente, como por mitad, por tercio, o por otro reparto similar. Las otras dos maneras son más fáciles y apropiadas para evitar las fricciones y diferencias que suelen originarse entre los usuarios de dichas aguas, en tiempo de sequía, como se haya tenido buena cuenta del tiempo, aunque difícilmente, por la larga experiencia que hay que tener con ellos, de qiíe los partidores estén fabricados bien y justamente. Éstos se hacen de piedra o de madera, y de cualquier otra clase; se reparten trazando primero una línea recta longitudinal y por el medio o tercio o por otra parte menor o mayor de la largura de los conductos de las aguas que se han de partir, para poder asentar con ángulos iguales los umbrales, tajamares y cajeros de cada boca, como por ejemplo: Teniendo que dividirse en dos partes el agua de un caz ancho seis brazas, se traza una línea o «ghiffata»^' que llaman los Agrimensores en el medio de él, desde el punto donde se ha de fabricar su partidor hacia arriba por quince o veinte brazas, y a través de ella se establece el umbral a nivel del fondo de dicho caz, y en ángulos rectos de la dicha línea, y después de hacer esto y de haber apisonado una buena solera en la parte superior e 81 Dejamos sin traducir el término «ghifFata», probable dialectalismo o tecnicismo que no hemos podido encontrar en ninguno de los diccionarios consultados.

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inferior de dicho umbral a nivel, y con igual pendiente, se fabrica encima de ella y en medio y en ángulos iguales de dicha línea el tajamar o partidor y con igual distancia los cajeros de bueno y sólido grosor, y tan incorporados a dicho umbral y solera que el agua de dicho caz no pueda pasar por otra parte más que por encima de dicha solera y por las dichas dos aberturas. Después, debajo de cada uno de dichos partidores, por el espacio o distancia de cien brazas, poco más o menos, se hace un freno a manera de módulo del mismo ancho que son sus tomas, el cual freno esté a través de su conducto con el umbral no más bajo de una onza del umbral de dicho partidor, o con no más relieve el uno que el otro; para que las corrientes de las aguas de ambos sean iguales y que no lleve más agua el uno que el otro, cuidando, sobre todo, de que los terraplenes que quedan entre dichos conductos sean tan gruesos y anchos que el agua del uno no entre ni pase al agua del otro, y que, desbrozándose, puedan aguantar y contener la tierra y el desbrozo que se saca de ambos. Y teniendo que dividir en tres partes iguales se traza la dicha línea o «ghiffata» longitudinal, y en medio de dicho conducto, y una vez asentado el umbral y hecha la solera del modo arriba descrito, se diseñan y fabrican tres tomas o conductos de igual anchura, con dos tajamares uno por cada parte de la boca del medio, de ángulos iguales, y de igual distancia de la dicha línea, y con sus cajeros se da cuerpo al todo de tal manera que el agua no se pierda ni pase por otra parte que por dichas tomas, aunque la parte del medio atraerá siempre en proporción más cantidad de agua de la que atraerá cada una de las otras dos, la cual cosa se deriva, sea de la mayor derechura, sea de la menor ocupación de sus lados que siempre tendrá por arriba y por abajo la dicha parte del medio. Pero si se tuviera que partir la susodicha agua de otro modo, es decir dándole a un particular la tercera parte y al otro los otros dos tercios, se traza dicha línea o «ghiffata» longitudinal y por la tercera parte de la anchura de dicho conducto, y una vez asentado el umbral a nivel y a ángulos rectos, y fabricada su solera superior e inferior conforme a como se ha dicho antes, se diseña y fabrica en la dirección de dicha línea y hacia la toma menor de dicha agua la tercera parte del tajamar o partidor, y hacia la otra mayor, las otras dos terceras partes, y con distancia doble de la que hay desde dicho tajamar al cajero de dicha toma menor, el otro cajero de la toma mayor, y el todo de manera que el agua de dicha acequia no pueda pasar por otra parte más que por las dichas dos tomas; o bien en caso de alguna pretendida susceptibilidad, siendo así que una sola parte o tercio que sea, no dene tanta fuerza, en proporción, cuanta denen los dos otros unidos juntos, se parte la dicha agua en tres partes iguales, como arriba hemos dicho, y entre ellas se hacen dos tajamares y el todo se conduce separadamente hasta su freno el cual de todos modos ha de hacerse, y después se dejan reunirse, o como quiera el señor, aunque de cualquier manera de las dichas dos partes la que tenga los dos tercios de agua siempre tendrá más de la que no tiene sino uno, por las susodichas razones.

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CAPÍTULO 43° Cómo se igualan las tierras para hacer prados, o para regar, y de las ventajas que se obtienen preparándolas bien desde la primera vez De cuánta utilidad sean los prados para la humanidad y para su alimentación, lo muestra de modo claro y evidente la variedad de las carnes, mantequillas, quesos y grasas que se derivan de sus hierbas y henos. Las tierras de éstos se igualan, y mucho mejor y más adecuadamente se preparan de una sola vez, que de otro modo, porque, además de evitar muchos gastos, arreglándolas e igualándolas, al mismo tiempo que se pueden dedicar a prados, se pueden regar más fácilmente y con mucha menos agua. Se acostumbra hacer esta igualación así en los altos y lomas como en los bajos de las tierras que se quieren hacer prados, ya que con más facilidad los dichos altos se riegan y los bajos no se inundan, por lo que primero se nivelan sus superficies y en ellas se plantan sus estaquitas a la altura o bajura que deben tener. Después se aran las superficies o cespederas de las partes que se han de bajar y levantar, y con su tierra se hacen muchos montones los cuales se dejan cocer por el gran calor y frío. Con esta tierra, después de haber bajado toda la necesaria y haberla levantado en los valles y bajos del mismo fondo que se quiere regar, o afuera y tan lejos de él que no pueda perjudicar, se cubre aquella parte donde se ve que el terreno es más arenoso, y si hace falta también se siembra de trébol, y se abona con menudo y podrido estiércol bien igualado con el rastrillo de hierro. Y en el caso de que las tierras ya estén con prados, pero desiguales e incómodas para regar, entonces se cortan las cespederas de las partes desiguales en cuadraditos, no más anchos ni largos de una braza, y no menos gruesos de una cuarta®^, y después de bajar los altos o llenar los valles, se vuelven a colocar dichas cespederas adonde se ha quitado terreno, ya que colocadas con razón y orden producen tanta y mucha más hierba que antes. Se igualan también los valles con mucha facilidad si al tiempo que están llenos de agua se señalan alrededor y en el medio con muchas estacas plantadas en ellos a nivel de la superficie de dicha agua y después de sacar afuera el agua se llenan de tierra todos los vacíos y bajos que quedan entre una estaca y otra. U n a vez igualadas las tierras, sus riegos son más fáciles y se riegan con mucha menos agua; mayormente cuando se tiene en cuenta que las tablas y bancales de los prados sean iguales, es decir cada una de la anchura que es conveniente respecto a la calidad y cantidad de sus tierras y de las aguas con las cuales se han de regar.

82 Con «una cuarta» damos la traducción más aproximada del término italiano del original «un sommesso» que según el antiguo diccionario de la Academia de la Crusca equivale a lo que mide un puño cerrado con el dedo pulgar levantado.

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CAPÍTULO 44." De la anchura que han de tener las tablasy bancales de los prados, y que sus caces de riego se asientan siempre en su parte más alta Están de acuerdo los agricultores, y particularmente los expertos de los prados y tierras de regadío, y dicen que las tierras que tienen grava y son ligeras consumen mucha agua, las buenas y fuertes poca, y las arcillosas, sólidas o frías, menos. Y por esta diferencia quieren que las tablas y bancales de los prados que se encuentran situados en tierras fuertes y buenas, y que tienen abundante agua para poderse regar, y con mucha pendiente, sean mayores y más anchas, pero no más de cien pies cada una, con un dedo de pendiente por cada diez pies, desde los márgenes de sus caces regadores hasta los márgenes de sus azarbes; y las otras que se encuentran en tierras arcillosas, sólidas y frías, y que tienen poca agua y aun aquella poca con poca pendiente, sean estrechas y no más anchas de cincuenta pies cada una, con dos dedos de pendiente por cada diez pies, como arriba. Y las que se encuentran en tierras con grava y ligeras y que tienen abundante agua, quieren que sean medianas, como lo son cuando se hacen de setenta u ochenta pies cada una, con la misma pendiente de dos dedos por cada diez pies, y esto porque si se encuentran más estrechas, por su ligereza y poca densidad, las más veces no pueden resistirse a que no penetren por ellas sus aguas principales, y a que los topos y otros animalitos semejantes no las perforen en muchas partes con pérdida de sus dichas aguas. Pero se hacen todas las dichas tablas de igual anchura, si se puede, porque se riegan más pronto y con menos agua, y mayormente cuando sus aguas tienen gran pendiente; a diferencia de las que tienen poca, las cuales, o tardan en llenar sus caces y regar sus tierras, o se pierden por la detención que hacen en el viaje. Después en la parte más alta de estas tierras, y en medio de sus tablas, si se puede, se hacen sus caces maestros y regadores de la anchura que es conveniente para la calidad de dichas tablas y para la cantidad de las aguas que se han de conducir, para que pronto, con la subida de las aguas, se puedan regar de uno y de otro lado. Pero se trazan derechos, todo lo posible, también los otros caces accesorios y los azarbes que se hacen por dichas partes, sea para que se gasten menos tierras en ellos, sea para que tarden más en aterrarse por el rápido curso y pendiente que tienen sus aguas. Después se alejan las partes finales de dichos caces secundarios y (...) de sus azarbes principales cuanta es la anchura de una de dichas tablas, tanto por seguridad de dichos caces como para firmeza y sujeción de sus módulos. Algunos las trazan y ponen en la parte más alta de dichas tierras y no tienen ningún recato de pasar por medio de ellas, y esto porque encuentran las tierras así dispuestas ya por la naturaleza. Es verdad que evitan el gasto de deshacerlas e igualarlas, pero pierden mucha agua y las riegan tardando más, porque al mismo tiempo que riegan las tablas menores u orillas cerca-

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ñas a sus caces, riegan también otro tanto o poco más que las mayores, y para regar después lo que queda, pierden otra tanta agua por arriba, y sin provecho de las menores, cuanta se consume en ello, y mayormente cuando los arcenes de los caces son iguales y a nivel entre ellos como deben ser todos, y que abajo y al final de dichas orillas o tablas menores hay fosos o azarbes por los cuales pueden escaparse las aguas, y sumergirse del todo. Salen perdiendo también muchas veces porque, por encontrarse las tablas menores más altas que las mayores, no se pueden regar, y por consiguiente se vuelven improductivas de manera que no aprovechan mucho; por la cual cosa se puede concluir que mejor y más útil gasto será siempre el deshacerlas, igualarlas y reducirlas, como se ha dicho, quitando de una sola vez la tierra que sobra y llevándola a distancia y lejos de dichos prados cuanto se pretende y quiere que sean anchas dichas tablas.

CAPÍTULO 45.° Cómo se hacen los caces, caces secundarios y azarbes de los prados, y qué clase de plantas es mejor plantar en sus bordes para reforzarlos Derechos, si se puede y no oblicuos se hacen los caces de los prados, los caces secundarios y azarbes pequeños que están entre dichos canales secundarios, por las razones explicadas sea en el capítulo veintinueve como en el anterior. Y aunque algunos quieran que se tracen de norte a sur, y no de oeste a este, aduciendo que la sombra que generalmente causan las plantas que se plantan en sus bordes daña a los prados y tierras que están cerca de ellos. Y es más, muchos otros sabios concluyen que lo más corriente es que los dichos caces y caces secundarios estén colocados en la parte más alta y eminente de las tierras que se han de regar, sin preocuparse de más mientras sus aguas tengan pendiente conveniente y razonable, y que, en tiempo de regar, no salgan ni viertan más de un lado que de otro, como se ve que hacen antes y arriba y en la parte más alta de dichos caces y caces secundarios, que abajo, cuando tienen poca pendiente o están llenos de agua e invadidos por hierbas u otras inmundicias, a diferencia de cuando tienen mucha pendiente y poca agua y asimismo están limpios de toda impureza, porque (las impurezas) más pronto empiezan a salir por abajo en su parte más baja, que por arriba. H a n de tener los dichos caces y caces secundarios otra tanta pendiente o no menos de una onza por cada 25 trabucos, o bien como la que dijimos ya que han de tener las aguas de los caces principales, y en caso de que las tierras por las que pasan tengan más pendiente o caída que la susodicha de los caces; una vez excavados, cada uno de tanta anchura en su final cuanta en el principio, y profundizados lo bastante para que quepan las aguas que por ellos se han de conducir, se atraviesan con módulos o con otras clases de sujeciones, en todas aquellas partes donde se ve que tienen mayor pendiente.

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para cerrar y sujetar las dichas aguas desde toda pendiente hacia arriba, y después se bajan por igual de un lado y de otro sus orillas y bordes, y con ellos los tablas de los prados que quedan a los lados y debajo de dichos módulos, conforme a como de modo natural se bajan las superficies de dichos prados, para que mejor y más cómodamente se puedan regar. Alrededor y en la parte más baja de dichos prados se hacen fosos y azarbes para escurrir las aguas que sobran, después de regados, y defender sus entradas de los animales. Estos azarbes se hacen generalmente estrechos, pero mucho más en su principio que en su parte final, por la poca cantidad de las aguas que en cada uno de dichos sus comienzos entra, y porque con el curso de sus aguas, y por el dragado frecuente, ya que se deben desbrozar cada año, se inundan y siempre pueden ensanchar. Se hacen estrechos, o al menos no más anchos ni profundos de lo que conviene, para que las aguas que allí entran quepan, con no menos bajada y pendiente, si se puede, de la que tienen los caces regadores y los caces secundarios de los que salen y las cabeceras de los que se hacen entre los caces secundarios y en el medio de las tablas de sus prados, se hacen distantes de los caces mayores por otro tanto espacio cuanto es la anchura de una de dichas tablas por lo menos; para que por la poca densidad y la ligereza que tienen algunas tierras, las aguas de dichos caces, una vez represadas para regar, no penetren en ellos y sucesivamente en los otros azarbes principales. Pero se distribuyen los dichos canales secundarios y azarbes con intervalos iguales, y de manera que en lo final y último de dichas particiones no se encuentren cerca dos de dichos caces secundarios ni dos de dichos azarbes, que todo será más fácil diseñando a continuación de uno de dichos caces secundarios un azarbe del modo que arriba se ha dicho. Hechos que estén todos los azarbes y asentados cada uno en aquella parte que se ve más cómoda y que más lo necesita, los pequeños para escurrir las aguas de dichas tablas y los grandes para recibir las de todos, no se dejan atravesar con módulos, sujeciones u otros impedimentos que puedan retrasar el curso de sus aguas y volver atrás, si no es en caso de sequía, o de que dichas aguas hagan falta y puedan, después de unidas, ser conducidas para regar en otro lado, como si fueran aguas de unos caces o caces secundarios de riego, y que no sólo los dichos azarbes tengan grandísima bajada y pendiente, sino también las tierras de alrededor y de debajo de las dichas sujeciones e impedimentos. Después para fortificación de los bordes de dichos caces, caces secundarios y azarbes maestros, y por el provecho y beneficio que por dicha causa se puede sacar de tres en tres años, o de cuatro en cuatro, se plantan cerca de ellos morales negros, sauces, chopos, robles, alisos y otras plantas semejantes, y árboles podados y desmochados por igual desde el suelo para arriba, en altura de tres o cuatro brazas, puesto que por la humedad que procede de dichas orillas, por la continuidad de las aguas que pasan por dichos conductos, dichas plantas y árboles crecen y dan su fruto y madera corriente cada tres o cuatro años, a diferencia de lo que dan las otras plantas de bosque, las

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cuales, además de tardar los treinta y cuarenta años en crecer y ser de algún valor, con su sombra y muchas veces con su caída por causa de los grandes vientos que las arrancan, causan mucho daño a los dichos prados y caces, desmoronándose las orillas y buenos pedazos de cespederas. Los saucillos negros y rojos que se llaman mimbres o estopas son también de mucha utilidad por la madera que dan anualmente. Estos se plantan generalmente cerca unos de otros y a lo largo de los bordes de los azarbes pequeños, o bien entre una planta y otra de las descritas arriba, y se desmochan o podan igualmente cada año, de abajo arriba, en altura de tres o cuatro pies o de la manera que guste a sus señores.

CAPÍTULO 46.° Cómo se reparten las tierras que se quieren cultivar como prados y cuáles son los errores que hay que prevenir en su provecho Por la mayor parte son las superficies de las tierras tan variadas y diferentes entre ellas, por la variedad y diferencia que tienen en sus términos, que por tal razón en aquellas que por primera vez se quieren dedicar y convertir en prado, después de haberlas visto y considerado bien, no se atiende más que a buscar su parte encumbrada y más alta para poder situar bien los caces maestros, los secundarios y los azarbes y repartir las tablas que con sus aguas se han de regar. Con el nivel plantado y asentado en el medio de dichas superficies, y después vuelto ahora de un lado y ahora de otro, hacia sus términos, se encuentra su dicho punto más elevado, y una vez encontrado, y proyectado y excavado en él el caz maestro con el cual se une el principal, se reparten después sus tablas, cada una de la anchura que es conveniente, como se reparten también sus caces secundarios y azarbes con la tierra de dichas tablas; una vez que están fabricados y excavados se igualan y se allanan de tal modo las dichas tablas, que cómodamente y según su necesidad, desde su principio hasta su fin, si se puede, se pueden regar y desaguar una vez regadas. Esta igualación se hace plantando en el principio de cada borde y orilla de dichos caces, caces secundarios y azarbes una estaquita, y de cincuenta en cincuenta brazas, o de más o menos número, otra, que tengan todas su cabeza a nivel de la superficie y altura que han de tener dichos bordes y orillas, y estén derechas, o en ángulo recto la una con la otra, lo más que sea posible; para que con cuerdas echadas de una estaca a otra, y cruzadas desde las de los caces y caces secundarios a las de las orillas de los azarbes se vean y se conozcan la diferencia de los puntos altos y bajos que están entre dichos bordes, y se igualen y se arreglen con su debida pendiente valiéndose de la tierra que sobrará al hacer dichos caces, caces secundarios y azarbes para llenar todos los bajos y huecos que quedan entre dichas cuerdas y las

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superficies inferiores de dichas tablas, orillas y bordes; y como muchas veces dichos bordes no pueden tener igual y continua pendiente desde su principio hasta el fin, por no tenerlo tampoco las superficies de las tierras por las cuales han de pasar sus caces, caces secundarios y azarbes, lo que es causa de que por la falta de la tierra las estaquitas no se pueden plantar con la sola bajada y pendiente que les es necesaria, o bien de que, plantándolas, queden en alguna parte tan altas que después para llenar e igualar sus vacíos y los vacíos que quedan entre las tablas próximas a ellos, y sus azarbes, se gastan muchos dineros, tiempo y trabajo. Por eso es necesario que primero se planten dichas estaquitas con su debida bajada y pendiente desde su principio hasta el fin, y hasta los azarbes, y que cerca de cada una se plante otra, que tenga igualmente su punta tanto más baja que ninguna otra de las dichas primeras, cuanto se entiende que puede ser la dicha merma (de tierra), o bien que se allanen dichos bordes conforme a como se encuentran en pendiente las tierras próximas, sujetando las aguas con las cuales se han de regar, de la manera y modo que se ha dicho en el capítulo pasado. Pero se dejan siempre las cabezas de dichas estacas más bien altas que bajas, como la altura y la cabeza de todas sea igual, puesto que se conoce mejor por dicha su altura si el terreno falta o sobra más en una parte que en otra, para poder después igualar dichos bordes y tablas, y puesto también que con mayor facilidad se pueden bajar que levantar. Pero en caso de que por error se encontraran más bajas de lo que pudiera ser la parte alta de la tierra después de allanada, y que por tal causa tuvieran que quedar cubiertas y con peligro de bajarse por el allanar de dicha tierra, cerca de ellas se plantan otras (estacas) todas por un igual y tanto más altas cuanto se conoce que lo necesitan, dejando las susodichas primeras en su lugar, hasta tanto que las últimas estén igualmente plantadas, como se ha dicho arriba, o que se haya terminado de igualar y allanar la dicha tierra. Se acostumbra tener este cuidado de repartir e igualar todas las tierras que se dedican a prados por primera vez, tanto porque se riegan más pronto y con menos cantidad de aguas, como porque producen más hierba y son más fáciles de segar. Por ignorancia, y tal vez también por ahorro, se dejan algunas desigualadas, error, por cierto, de no poca importancia, porque sus bajos, por fáciles que sean de regar, no siempre desaguan, y aún si desaguan por su natural, o con un procedimiento artificial, inundan y empantanan las tierras próximas de alrededor, y muchas veces las pierden y arruinan del todo; y los altos, además de ser difíciles de regar, y que nunca se riegan perfectamente, son causa de que sus aguas queden en los conductos como estancadas, y que a menudo, por su subida, produzcan reflujo en ellos, hasta sus comienzos, con tal inconveniente, que ni las que han de entrar por sus tomas o partidores por tiempo regulado o continuo, entran, si no es con pérdida y falta; ni las otras, que brotan en las cabeceras de los manantiales, suelen brotar, sino que por la mayor parte se obstruyen y se aterran por causa del reflujo descrito y de las suciedades que en tiempo de inundaciones se posan y hacen fondo en ellas.

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Difíciles de regar son también aquellos bordes de los caces que están más altos y encumbrados que las superficies que tienen sus aguas cuando corren o se represan en ellos; ni se pueden mejorar haciéndoles muchos caces secundarios por dentro ya que los espacios que quedan entre ellos nunca se riegan. Por las mismas causas se cometen muchos otros errores en dichos prados y en sus caces y azarbes, los cuales, por no corregirse pronto, son al final de mayor y mucho más perjuicio para sus dueños que cualquier ahorro, conio se puede conocer clara y evidentemente por los siguientes ejemplos más importantes. Algunos para ahorrar módulos, o estacas con guías adosadas y plantadas en el suelo con encima algunos listones bien rematados u otros cerramientos apropiados para cerrar las aguas de regar, las sujetan en los caces con sólo esclusas de tierra hechas de este modo. A la altura que ha de tener la superficie de las aguas y al través de sus conductos ponen una buena y fiierte vigueta a la que apoyan muchas y anchas estacas hasta el suelo, que tengan ,un poco de inchnación en el pie, y en el sentido del curso de dichas aguas, para que mejor y más adecuadamente puedan resistir al ímpetu y curso de las mismas aguas. Después las cubren con mantas de tela gruesa, y las cargan con tanta tierra, de la de los bordes de dichos caces, o de la superficie y cespedera de los prados más cercanos, cuanta conocen que es necesaria para que las aguas se represen y estén altas y bien unidas. Con tales esclusas riegan donde quieren, y una vez terminado de regar, las eliminan del todo. Después las guardan, para poderlas usar en otra parte, pero no siempre sacan fiiera de sus conductos la tierra que allí echan, lo que es causa no sólo de que dichos conductos se aterren más pronto y que el gasto de desbrozarlos sea mayor, sino que es causa de que se detengan y se pierdan las aguas, los henos y los otros firutos que produciría la dicha tierra si se la dejara sin roturar y en su sitio como estaba antes. Otros para ahorrar un puente o dos más de ellos encima de algún caz o azarbe, vadean o dejan vadear por ellos, con carros y con caballos, de lo que se siguen, casi siempre, roturas de bordes y de orillas, y por la tierra que cae de ellos, atasco de dichos caces y pérdida de las aguas, inundaciones dañinas para las tierras de alrededor, y por último, además del destrozo y pérdida de los prados y tierras más próximas, un gasto perpetuo de rehacer dichos bordes y de tener limpios dichos caces. Otros para evitar el gasto de mandar hacer un camino o vía alta y en relieve entre dos caces secundarios o azarbes de dichos prados, cosa que fácilmente podría hacerse con tierra de algunos altos o con el desbrozo de dichos caces, caces secundarios y azarbes mezclado con aquellas piedras que se encuentran por dichos prados, sin más consideración consienten que sus carros cargados de heno o de cualquier otra cosa, pasen y crucen por todas sus partes, sin darse cuenta de que por causa de tantos y tan desordenados caminos, ellos se perjudican por el poco rendimiento, y sus animales, tirando del carro por tierras fangosas y regadas, pasan grandes fatigas, hundiéndose en ellas como muchas veces se hunden.

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Otros también, para no gastar y evitar el gasto de dinero, después de que han hecho bajar algún alto, y que por ello haya quedado la tierra destrozada e inútil, dejarán de hacerla arar y sembrar con cebada o con trébol de heno y allanarla después con la grada, con todo que estén seguros de que pronto se compactaría y daría muchos frutos. Otros además, una vez que tienen barridos sus caces y azarbes, dejan durante mucho tiempo, y a veces para siempre, su desbrozo encima de los bordes o no muy lejos de sus orillas, y sólo para ahorrar el dinero que podría costar llevarlo lejos llenando y allanando con él los bajos y valles que tienen en sus prados; permiten y son causa de que dichos bordes y orillas no den el fruto que darían si no estuvieran ocupados, y que en tiempo de aire y lluvia queden sus caces en el peligro de que el propio desbrozo caiga en ellos, llenándolos y aterrándolos como antes. Y otros, por encontrar como encuentran sus tierras mal dispuestas por la naturaleza, y poco amigos de gastar, no cuidan de bajar todos los altos y con su tierra allanar e igualar los valles, allanándola y llevándola lejos de una vez; lo cual es causa de que ríeguen siempre poco y mal.

CAPÍTULO 47.° De los artefactos con los que se cierranj> sujetan las aguas en los conductos,y de su fabricación y uso Todas las aguas que se conducen para beber, regar y navegar, por desigual pendiente o bajada que tengan en sus conductos, y por altas, bajas y anchas que estén, se sujetan y represan, si hace falta, y donde se quiera, con módulos, compuertas y esclusas o cascadas que se llamen, fabricadas cada una de la manera siguiente. De sillería, o de ladrillos bien cocidos, colocados con cal fresca y bien colada sobre buenos y bien estacados cimientos se suelen hacer los cajeros y soleras de las esclusas, y esto para su mayor resistencia, puesto que con sus compuertas se pueden represar, casi siempre, muchas cantidades de aguas, dentro de las cuales no se consienten impedimentos de pilares, o de otras cosas semejantes, que puedan impedir el paso de las embarcaciones y de las aguas e inmundicias que en ellas y en su proximidad se encuentran, a diferencia de cualquier otro sistema. Y de fuerte y buena madera se hacen generalmente los módulos, aunque duren poco, porque se les suele oponer el sol y el aire al encontrarlos descubiertos de agua y de tierra. Éstos se usan más que los demás, y particularmente en los conductos por los que pasan pocas cantidades de agua, por la facilidad que tienen de cerrarse y abrirse y porque, con poco más cimentación de lo que generalmente tienen los fondos donde se han de asentar y colocar, se hacen más pronto, y con menos gasto; con la cual madera sin embargo no se mezcla otra clase de material, por lo poco y mal que se lleva con todos, ni se trabaja puliéndola,

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por buena y fuerte que sea, pero sí bien derecha y al hilo en sus juntas. Comoquiera que sean dichos módulos, se componen de umbrales, agujas y cabezales, y de cajeros, fondos y compuertas. Los umbrales sobre los cuales caen y se cierran perpendicularmente sus compuertas, después de bien allanados en su superficie, y de tener plantados a sus lados y juntas las agujas y maderos necesarios, se ponen en obra, atravesados, y a escuadra de sus conductos, pero siempre más abajo de su solera principal, sea porque quedan más firmes y menos en peligro de ser excavados por las aguas que se represan con dichos módulos, como también porque, con sólo quitar el otro umbral pequeño y móvil, que se pone encima de cada uno de los grandes ya unido con sus brencas, encajado entre una brenca y la otra, y al ras de dicha su solera principal, se pueden, si hace falta, con mucha facilidad desbrozar y profundizar sus conductos sin deshacer ninguna parte de sus fábricas. En los caces que son anchos y abundantes de agua se hacen dichas brencas gruesas y tan largas desde la superficie de sus umbrales para arriba, cuanto son dos alturas de agua que cerca de ellas se han de represar, y esto porque, una vez que están atravesadas por sus cabezales, los obreros y cuidadores de dichos caces, cuando abren y cierran sus compuertas, tengan donde detenerse y quedar seguros de no caer al agua, y donde poder colgar y asegurar las dichas compuertas para que no sean robadas ni retiradas. Pero en los otros {caces) que son estrechos y con no mucha abundancia de agua, basta que sus brencas sean tan altas, desde dichos umbrales para abajo, cuanto han de ser altas sus aguas represadas. Después se acanalan dichas brencas en un lado, y muchas veces en dos, con canales derechos, y mucho más anchos y encajados por arriba que por abajo, y de lo que son gruesas las compuertas que se ponen dentro de ellos, para que sean más fáciles de levantar y bajar, y después de repartidos por igual, o de la manera que más conviene, se atraviesan con cabezales dobles o simples bien clavados y afirmados en sus puntas para que queden más derechos, y con mucha más fuerza de poder resistir al ímpetu de las aguas, y para que los dichos obreros tengan asimismo paso y sobre qué subirse para abrir y cerrar dichas compuertas y una vez abiertas tenerlas suspendidas y colgadas, cada una con una atadura debajo para que no sean robadas como se ha dicho. Después los cajeros con los que se unen las primeras y últimas brencas de dichas fábricas para su refuerzo y para mayor retención de sus aguas, se hacen más cortos los superiores o sea aquellos que están hacia arriba de las aguas, de conveniente anchura e inclinación, pero no más altos de lo que son dichas brencas, y los inferiores inclinados y a escarpa, y con algunos refuerzos detrás, mayormente cuando son de piedras, pero no más altos en su terminación que un pie o poco más de lo que están o pueden estar altas las aguas que generalmente pasan por dichos módulos cuando están abiertos. Y los que son de madera se hacen derechos y a plomo, por la incomodidad de poderse plantar de otro modo las estacas que los sostienen, y con los cuales cajeros y estacas se plantan y se hacen con todo el cuidado posible para que puedan con más seguridad resistir al peso del agua y de la tierra que queda

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cerca de ellas, la cual tierra, como no sea muy húmeda, se va levantando con picos y azadas, así como se va levantando y terminando la fábrica de los dichos cajeros sobre los cuales después, para que se mantengan mucho más, se hace una cubierta con losas de piedra dura o bien con buenas y gruesas cespederas de prados; entre uno y otro de estos cajeros se hacen las soleras, y mayormente cuando los módulos son para represar cantidad de aguas, tanto para que una vez represadas no se escapen ni huyan por debajo de ellos y de sus umbrales, como para que, en el tiempo que se dejan correr las dichas aguas no socaven, con el desnivel y peso que generalmente tienen, no excaven (sic) los otros fondos de tierra que se encuentran más cerca de ellos, de la manera que los suelen excavar cuando dichos primeros fondos no están bien fundamentados y estacados. Las compuertas con las cuales se represan, como se ha dicho, cantidad de aguas para regar o para conducir hacia otros usos de necesidad, se hacen y componen casi de la misma manera que se hacen y componen los descritos módulos. Tienen diferencia en las técnicas con que se abren y se cierran, pero, por anchos que sean los conductos donde se fabrican, se sostienen con no más de dos hojas colgadas de goznes, las cuales, por mucho que pesen, son fáciles de cerrar y abrir, mayormente cuando se tira de ellas con cadenas enrolladas en algún torno o molinillo, de la manera que aquí abajo se muestra, y que por las portezuelas y azarbes que tienen en su extremidad y por el azarbe que se hace por lo menos a un lado de dichas esclusas, son descargadas primero las aguas que sujetan y sostienen sus orillas estando ellas (¿as compuertas) cerradas del todo. Estas portezuelas se sostienen asimismo, cada una con una hoja sola de madera, y ambas con dos, pero están suspendidas de tal modo y tenidas en vilo por sus goznes, que con el solo peso de las aguas se abren, una vez que están abiertos los alzapiés de hierro que tienen en sus lados, y se cierran con cadenas contra el curso de sus mismas aguas. Después las esclusas o cascadas que se hacen en los conductos navegables, sujeciones en verdad muy adecuadas para refrenar los saltos y la pendiente sobrada de sus aguas, y para levantar y bajar las embarcaciones que se conducen por ellas, sin ninguna clase de peligro, se hacen de tanta grandeza y capacidad cuanta es conveniente para que en cada una holgada y cómodamente quepa una de dichas naves, por larga, grande y cargada que esté. Todas se componen del modo que muestra el siguiente dibujo y, de piedras o de ladrillos que se fabriquen, como ya se ha dicho, no se ahorra ni gasto ni cuidado para que queden perfectas. Los expertos en fabricar en las aguas están de acuerdo en que las soleras de estas esclusas sean de sillería, y a falta de dichas piedras las hacen de ladrillos atravesados con mucha y buena madera, como hacen también el frente de los escalones en los que reparten la pendiente que dichas soleras tienen. Y para que puedan resistir al salto de las aguas que continuamente les cae encima, las recubren con tablones al hilo y bien clavados, los cuales deben ser de madera fuerte y buena.

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DI M A C H I N E ET EDIFICII. PORTE PER >SOSTENNER L'A^VA D'ALCA/N FIVME PER BKOGNO

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Dibujo que muestra una esclusa de la época con las puertas para dar paso a las embarcaciones, los desagües y embocaduras de los conductos que sirven para llenar o vaciar su reducto, las casetas para resguardo y maniobra y los tramosfluvialessuperior e inferior de la esclusa. Nuovo theatro di machine et edificii.

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TRANSCRIPCIÓN DEL CÓDICE

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De piedras asimismo hacen sus cajeros y partes para que no se erosionen tan pronto como se erosionan haciéndolas de ladrillos, y no las tienen más altas de lo que generalmente está alta el agua con una embarcación encima, al cual nivel tienen asimismo las partes superiores de las hojas con las cuales cierran y abren las partes extremas de dichas esclusas, aunque entre ellas haya tanta diferencia en altura cuanta es la que se encuentra que hay entre un fondo y el otro, es decir entre el superior y el inferior de dichos sus conductos, y las cuales hojas son de la misma manera que son las otras de las compuertas ya descritas. U n a vez fabricadas, se mantienen cada una con un solo hombre de resistencia conveniente y mediana, guardando la siguiente regla y manera. Se tienen generalmente abiertas sus hojas inferiores y las dos portezuelas de las superiores, éstas para dar salida a las aguas de sus conducciones y oponerse a que las naves se precipiten cuando son llevadas hacia abajo, y hacia ellas [hojas) mismas, y aquéllas para que las otras que son traídas y conducidas hacia arriba, no tengan obstáculo en su entrada. Por lo tanto en el tiempo que se quiere bajar una nave, se cierran dichas dos portezuelas, como se cierran también las hojas inferiores, y en cuanto estén cerradas, se vuelven a abrir en seguida las portezuelas, y así se dejan hasta tanto que el agua de su conducto haya llenado la esclusa y no tenga más corriente en ella. Se abren después las hojas superiores y en la esclusa se pone y entra la nave, y una vez entrada, se vuelven a cerrar y así cerradas se tienen tanto tiempo que por las portezuelas de las hojas inferiores y por su desagüe lateral pase el agua de la dicha esclusa, y con ella la dicha nave, una vez que se han abierto de nuevo las dichas hojas inferiores. Pero cuando se quiere levantar o conducir alguna otra nave hacia arriba, no sólo se cierran dichas primeras portezuelas, sino también sus hojas principales, una vez puesta y llevada a la esclusa la susodicha nave; las cuales hojas se dejan así hasta tanto que se levante y se llene de agua la dicha esclusa, y que la dicha nave sin ninguna otra violencia haya entrado y se haya puesto en su conducción superior, una vez abiertas asimismo las dichas sus hojas superiores. Con dichas esclusas, y con tener altas y bien recogidas las aguas en sus conductos, se facilita el paso de las naves, y además de evitar y abreviar el camino de los pasajeros, se evita también el grandísimo gasto que habría en cada uno de sus canales, cuando para ahorrar una o más de estas esclusas se tuvieran que alargar ese tanto que importa proporcionalmente su pendiente, como por ejemplo sería si para evitar una sola esclusa que tuviese tres brazas de caída, fuese necesario alargar su canal cinco o seis millas y pasarlo por tierras excesivamente altas o bajas. Se sujetan también toda clase de aguas, por copiosas y abundantes que sean, sea para regar, sea para conducir para todo otro uso, con tal de que no sean navegables, atravesando sus conductos con sujeciones fabricadas en piedras o en ladrillos, de la manera y como se puede comprender por los siguientes dibujos, o bien con molinos, u otros artefactos semejantes, siempre que tengan su debida y conveniente pendiente.

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virtù et proprietà delle acque, del trovarle, eleggerle, livellarle, et condurle, et di alcune altre sue circonstanze.

Opera, et inventione dì Gio. Francesco Sitoni Milanese, Ingegnerò del Catolico Don Filippo d'Austria, di questo nome secondo, Re di Spagna, et Duca di Milano.

Al M o l t o Illustre Signor S i m o n e Bosso del Consiglio Secreto di S u a Cattolica M a e s t à nel Stato di Milano, Presidente del suo M a g i s t r a t o ordinario.

Gio. Francesco Sitoni

D

a l p r i n c i p i o , c h ' i o c o m i n c i a i a s c r i v e r e , e t c o m p i l a r e a l c u n e cose d i q u e s t o

T r a t t a t o delle v i r t ù , et p r o p r i e t à d e l l e a c q u e , d e l t r o v a r l e , eleggerle, l i v e l l a r l e , et c o n d u r l e , et d i a l c u n e a l t r e sue c i r c o s t a n z e , t e n n i , et

fin'adesso

ho tenuto sempre

i n t e n t i o n e , d a p o i d i h a v e r l o r i d o t t o a d a l c u n a p e r f e t t i o n e , d i l a s c i a r l o p e r d o t e , et heredità ad uno, o più de i miei

figliuoli,

c o m e fussero i n c l i n a t i alla

professione

d ' I n g e g n e r ò , et A g r i m e n s o r e , a l l a q u a l q u a s i d i c o n t í n o v o h o atteso et d a t o o p e r a io, e t c o n e f f e t t o h a v r e i e s s e q u i t o c o t a l i n t e n t i o n e , se i m i e i a m i c i ® ^ n o n m i h a v e s s e r o ritirato, r i c o r d a n d o m i l a obligatione, che gli h u o m i n i tengono d i lasciare a i posteri i n s c r i t t o , et p e r r e l a t i o n e l o r o , i p e n s i e r i d e i s u o i a n i m i , a d i m i t a t i o n e d e i n o s t r i m a g g i o r i , c o n le d o t t r i n e , et s c r i t t i / d e i q u a l i s i a m o p e r v e n u t i a t a n t o i n t e n d i m e n t o , che p i ù tosto g l i h a b b i a m o d i l u c i d a t i , et i n n a l z a v i , che s p e n t i , et s m e n t i c a t i . Q u e l l o p e n s a i d i fare, p e r c h è c o n s o l a m e n t e c h e si essercitassero d e t t i m i e i

figliuoli

con la

l e t t u r a d i esso T r a t t a t o , p o t e s s e r o , c o n b r e v i t à d i t e m p o , i n t e n d e r e l e d i f f i c o l t à , e t secreti suoi, et c o n q u e l l i g u a d a g n a r s i et u t i l e , et h o n o r e . E t q u e s t o d e t e r m i n o , p e r chè io conosco, che p o t e n d o s i essercitar le g e n t i i n generale, p o t r a n n o

medesima-

m e n t e r e c a r p e r p e t u o , et c o m u n g i o v a m e n t o , et i m i e i p r o p r i j p e n s i e r i et s e n t i m e n t i .

83 i miei amia; e n la p r i m e r a r e d a c c i ó n Sitoni h a b í a p u e s t o V.S.

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160

C Ó D I C E DE S I T O N I

andando il tempo, si affineranno, come l'oro co'l fiioco, et si faranno assai più perfetti. Et tanto più volentieri lo determino, quanto che, et l'arte lo merita et la isperienza, che per longa essercitatione ho fatto in essa, mi obliga, maggiormente vedendo che molti®^ che sopra di questo hanno scritto, et che a mia notitia son venuti, han scritto solamente dell'in / ventioni, et elettioni delle acque. Ma del condurle, usarle et livellarle, ne han fatto così poca mentione, et quella così variamente trattato, che non se ne può fare se non poco et quasi niun capitale. Per tanta et così fatta obligatione adunque, come è questa, che io approvo, et confesso tenere, ho permesso che detto mio Trattato si publichi, et dia in luce sotto l'ombra del nome di V.S. perchè per il rispetto che ragionevolmente ogni uno le tiene, et terrà sempre, per le sue qualità®^, più tosto sia emendato et favorito, che detrattato et biasimato. Et con quella riverenza®® che io se lo dedico et dono, con quella medesima la supplico ad accettarlo®^. Nostro Signore conservi la molto Illustre persona et stato di V.S. et a me dia gratia di poter servire a sua divina Maestà, come io®® et tutti li fedeli christiani siamo obligari. In Milano alh... di... 1599.

Gio. Francesco Sitoni Ingegnerò a i Lettori. Alcuni anni sono, Benignissimi Lettori, che io compilai il presente Trattato, con intentione di che solamente se ne profittassero i miei figliuoli et heredi inclinati a quest'arte di trovare et condur acque per bevere et adacquare, alla quale ho atteso io molti anni, et quasi sempre in servino del Catolico Don Filippo Re di Spagna, et Duca di Milano, Città et patria mia, con quell'honorato titolo et Stipendio che il mondo sa, et che le fabriche ordinate per me in cotali affari, et nelle migliori parti di Spagna, a vista et sodisfatione di sua Maestà, et di molti altri intelligenti ne possono far fede. Determinai dapoi che s'imprimesse, come a questa hora lo potete vedere, per compire con la gratissima persuasione di chi me lo poteva commandare, et perchè io intesi anchora che di questa maniera ne risultarebbe beneficio alla posterità et comune / et publico giovamento, mi risolsi di farne dono, come in ultimo ho fatto, persuadendomi che chi lo leggerà terrà particolar conto, potendo, et come io tutti prego, della intentione per la quale mi son mosso, et supplirà al difetto delle poche forze et intendimento che io tengo. State felici.

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molti; Sitoni había puesto anteriormente Vitrmio et tutti gli altri. le sue qualità; en la primera redacción le sue rare qualità. riverenza; antes humiltà. accettarlo; en la primera redacción añade come novo frutto di questo suo giardino. io et tutti; en la primera redacción io desidero e tutti.

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C A P I T O L O L°

Delle virtù et proprietà dell'acqua, et come questo è un Elemento^^ molto necessario per la vita et generatione de gli huomini Il sommo Iddio artefice generale, che tutto conosce et sa, pose in molte et quasi in tutte le cose alcuna differente et particolare virtù. Fece anchora che niuna di esse resta di tenerla, se noi altri lo conoscessimo; ma nell'acqua, oltre che pose una virtù generale, come in uno de i quatro Elementi che concorrono nella generatione delle cose create, pose anchora molte altre virtù particolari. Vedesi, poiché nelle fonti, fiumi, stagni et mare elle si trovano, et la causa procede da che, anchora che l'acqua sia di un medesimo genere, et derivi da un medesimo principio, che è il mare, messa et cavata poi, come lambicco, per le concavità et vene della terra, piglia et participa della virtù et proprietà della medesima terra, per la qual passa, da dove risulta che alcune fonti sono calde, altre fredde, alcune dolci, altre ama / re, altre salate, et altre di differente maniera et conditione. Aristotele dice che l'aere che sta nelle concavità delle fonti si converte in acqua, perchè egli solo non basta per causarne et farne tanta, come tenemo, et questo perchè si hanno prima di consumare dieci volte tanto di aere, per farne poi uno solo di acqua, la qual cosa, come vera in parte, ne fa similmente credere in parte che le fonti abondano per l'acqua del mare, et che etiandio pigliano alcun'acqua dall'aere, il quale per trovarsi unito con la humidità di esse, si converte poi, et facilmente, in natura di acqua, con tutto che la sua parte principale sia et esca di continovo dal mare. Se questo fusse poi vero del tutto, ne farebbe poi dire et affirmare che tutta l'acqua del mondo fusse acqua del mare, overo acqua derivata da lui, anchor che se ne trovasse alcuna di differente sapore della sua, et che tutti li fiumi, torrenti, fonti et pozzi si cibassero della sua acqua, visto che niun effetto si può dare senza causa, et che non bastarebbe che / la fonte fusse causa del fiume, se essa medesima non tenesse altro maggior sussidio che la cibasse, visto et inteso anchora che nè a i fiumi mancherebbe acqua, nè il mare crescerebbe con loro, perchè se in lui entrassero molte acque da essi fiumi, da lui ne 89 Anteriormente essa (lei) è un Elemento...

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CÓDICE DE SITONI

uscirebbono molte altre anchora. La ragione mostra che sia vero, et quando non lo mostrasse, quel testo della sacra scrittura dovrà bastare, il qual dice che tutti i fiumi entrano nel mare, et che il mare non cresce mai con loro, che tanto importa, come se si dicesse che tutti i fiumi tornano al luogo dal quale escono, per ritornare a correre per suoi soliti corsi. Et se alcuni dicessero, dato et non concesso che fosse vero che le fonti abondassero et ripigliassero acqua dal mare, perchè non sono salate le sue acque, come sono quelle del mare? Si potrebbe rispondere et dire che perchè l'acqua del mare stilla et cola per le arene, tutto il suo sottile et dolce passa per esse, et va a dette fonti, et il grosso resta, il quale propriamente è l'amaro che participa / della grossezza della terra. Et se altri dicessero che per la medesima ragione non vi dovrebbe esser pozzo di acqua salsa, a questo altro si potrebbe rispondere che l'acqua piglia sempre la medesima qualità della terra per la quale passa, come si può vedere che piglia quella della costa di Pozzuolo, et di Napoli, la quale è calda, per l'abondanza del Solfo, che si trova nella terra per dove passa, et ultimamente conchiudere et dire cha l'acqua solita passare per terre salse si fa similmente salsa. Ma se si dimandasse la causa perchè le acque de i fiumi sono dolci, anchor che prima che arrivino alle sue fonti, passino per terre et acque salse, si potrebbe rispondere che et per l'aere, che si converte in acqua nelle concavità et vene di esse fonti, et per il movimento co'l quale l'acqua corre et passa da poi per i suoi fiumi, ella si sparge et diventa sottile, et in ultimofiniscedi perdere la gravezza et tutto il terrestre che pigfiò dalle terre salse, et per conseguente / torna dolce, la qual cosa non ha luogo per i pozzi, ne i quali, per tener i sorgenti pieni di acqua, non può entrar l'aere, per convertirsi in acqua, et per star riposata, non spoglia la natura del salso, che ricuperò dalla terra, per la quale già passò. Molti altri la intendono differentemente, et dicono che l'acqua che dalle fonti o da i pozzi nasce è di due sorti, cioè una, che vi si genera dentro, et l'altra, che la terra tira dalle pioggie, et poi rimanda per altra via fuori, la qual acqua, come quella che viene giti dall'aria, comunemente si chiama acqua celeste. Dicono anchor, et io vengo con loro, che non può il mare traporsi et spargersi ne i monti, che sono più alti di lui, et da i quali escono molte acque, et questo perchè naturalmente l'acqua non va mai in sù, ma per la lei gravezza scorre in giù, et che perchè l'acqua che non si aduna dalle pioggie, et scorre dalU monti, non viene dal mare, ne seguita che non ogni acqua che non è di pioggia venga dal mare. Altri hanno altra opinione, et dicono che questa tal acqua / nasce da i laghi sotterranei, allegando che come la terra estrinseca sostiene le paludi, i laghi, et i mari, così anchora la interiore, con la sua ampiezza, non solo abbraccia le acque salse, ma anchora una gran copia delle dolci, perchè se la terra non havesse tanta copia di acque, la qual sempre, come quasi da un certo vaso pieno, ne manda per le sue vene fuori, non si vedrebbono tante et così perpetove acque scaturire continovamente da tanti fonti. Alla qual cosa altri rispondono, et dicono, che alcune di quelle caverne, che si trovano fatte per forza di mano, o per impeto di acque, overo di vento, o di gran fuoco, non si veggono mandar perpetue acque fuori, ma se alle volte si empiono, subito che sono rotte o forate, le mandano fuori, et in breve tempo tutte. Dicono anchora, che se le acque vengono da questi laghi interiori, che conviene, per necessità, che essi sieno più bassi che non è il luogo nel quale scaturiscono, o almanco a livello et di egual altezza, perchè la propria natura dell'acqua è che, nascendo lei alta, venga ad uscire et cadere al basso. Da dove segue che di ordinario / le fonti copiose scaturiscono nelle radice de i monti, le mediocri ne i colli, et quelle che sono

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TRANSCRIPCIÓN DEL CÒDICE

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di poca et instabile acqua nelle campagne. Et altri dicono che ogni acqua che non sia causata dalle pioggie, et che non si generi sottoterra, si generi dall'aere, che la essala così presto come il freddo caccia il caldo che vi è dentro, et che perchè la terra ha sempre gran copia di questa materia che si converte in acqua, che si può ragionevolmente credere che sempre vi si generi acqua, anchor che non può in questo nostro aere così aperto avenire, perchè non sempre è freddo et si condensa, ma riscaldandosi dall'ardore del Sole, alle volte si assotiglia, et alle volte commosso dalla forza de i venti gagliardamente si apre. Per tutte le sudette ragioni si può conchiudere adunque et tener per cosa chiara che le acque di sua natura scaturiscono dalle vene della terra et che da esse hanno poi principio le fonti et i ruscelli, et ultimamente i fiumi che così grandi si veggono, come si può conchiudere anchora che delle acque / che sono sotterra, alcuna si raccoglia dàlie pioggie, alcun'altra si generi dalle essalationi, et alcun'altra venga dal mare, o da i fiumi, et che dette essalationi si generano nella terra, come si genera parte dell'acqua che piove, et parte di quella del mare, et parte anchora di quella de i fiumi, da dove seguita, per necessità, che l'acqua delle fonti, la quale di sua natura scaturisce dalla terra, spesse volte si genera dalle essalationi, come spesse volte si raccoglie dalle pioggie, a differenza di quella che viene dal mare, o da i loro fiumi vicini, ma quella de i pozzi, la quale da se stessa non viene fuori della terra, ma con artificio si tira su da noi, molte volte viene dal mare, o da fiumi bassi a lei vicini, come molte volte si raccoglie dalle pioggie, et rarissimo o quasi mai si genera da se stessa./ Alcuni vogliono che l'acqua sia principio di tutte le cose. Altri prepongono il fuoco. Altri la terra, et molti altri l'aere. Come vogli che sia, l'acqua è un elemento necessarijssimo, così per la vita, come per la generatione humana. E' anco tanto potente che le sue forze et qualità non si finiscono mai di conoscere. Per suo mezzo ripariamo, conserviamo, et accresciamo tutta la nostra sostanza, et senza lei non mangiaressimo pane, nè beveressimo vino; per la qual cosa ben disse Socrate, et con molto giudicio, che gli huomini non dovrebbono habitare ove non si amministrasse giustitia, et ove non corressero perpetovi rivi di acqua./ Di sua natura ogni acqua è una medesima, però la differenza della sua bontà et malitia viene, come di sopra si è detto, dalle terre et luoghi per i quafi passa, et da i sughi delle herbe che lava quando piove. Concordano i Fisici, et i Filosofi dicendo che l'acqua della fonte che mira et va verso oriente, et che con velocità corre lontana dal suo principio, et passa per luoghi arenosi et petrosi sij buona, sottile et leggiera, come anchora è quella che presto si scalda et raffredda, et che facilmente cuoce le vivande. Vogliono alcuni che sia scoperta al Sole et alli venti, perchè piii facilmente si purifica et preserva dalle putrefattioni. Et altri dicono che quella che discende da luoghi eminenti et alti è più pura et netta, perchè et per l'aere et per detta eminenza non vi ponno entrar bruttezze, nè mali vapori che la corrompino./ Lodano la piovana, et spetialmente quella che piove quietamente nella state, et che così pura si raccoglie dal cielo, nè si tiene per mala quell'altra che si raccogfie nel medesimo tempo, et con romore di fulgori et tuoni, perchè cade più rotta et più purgata; però quella che piove con furia et tempestà, o che cola dalla neve o ghiaccio, non si ha di usare in niun modo, et molto manco quando si raccoglie in cisterne, per la corruttione et putrefattione che suol ricevere, non movendosi, et per i nocu90 emineza; antes altezza-

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C Ó D I C E DE S I T O N I

menti che causa al petto et stomaco, et a molte altre parti del corpo. Quella poi, che per sola carestia di acqua si raccoglie in cisterne, si ha di raccogliere, potendo, da i tetti et non dal terreno, come siino lavati dalla prima pioggia, avvertendo però di non beverne in caso ch'ella tenghi colore overo odore, perchè per tali cause si corrompono et fanno molto danno alla voce dell'huomo. Credono però alcuni che detta acqua di cisterna non si corrom- / pa così presto, raccogliendola di verno et cuocendola. Quella de i fiumi è buona et mala, conforme la bontà et malitia delle sue fonti, et delle terre, per le quali passa. E' però sempre migliore, piii purgata et manco cruda, quando non corre fra valli profonde et ombrose, et quando tiene il suo corso longo et tardo, perchè per la stanchezza lascia ogni lordura nel camino. L'altra ritenuta della maniera che è quella de i laghi, stagni et paludi è mala et dannosa in estremo, per causa della sua corruttione, la quale si conosce dalla puzza che tiene. Questa si ha di movere et usar spesso, altrimenti genera cose brutte et male, causa molte infirmità difficili di curare, et alle volte corrompe l'aere. L'acqua cotta, se si ha di credere a i Medici et auttori che sopra di questo particolare dell'acque han scritto, oltre che presto raffredda, et presto si ris / calda, si fa piil chiara di tutte l'altre crude, et tiene il primo luogo fra esse, perciò che per la separatione che fa il fuoco fra lei et le parti gravi, terrestri et viscose che tiene, facendole discendere nella parte inferiore, et per la ventosità che le leva rissolvendola in vapore, ella resta piìi salutifera di ogni altra che beviamo, la quale non è simplice di sua propria natura, anzi mescolata di terra et di aere. Vogliono però che sia cotta in vasi di terra, che sieno ben netti.

C A P I T O L O 2.°

Quali sono le buone acque naturali per bevere, et come si isperimentino Quelle acque che sono chiare, fredde, pari, trasparenti et senza colore et odore, et che finalmente sono piii leggieri, sono le migliori per bevere, piìi gustevoli et salutifere al corpo. La sua leggierezza si conosce, pesando due uguali misure corporee di acque che sieno di differenti quafità, overo pesando due pezzi di tela uguali, et di una medesima sorte, bagnati ciascuno in differenti acque et poi stesi et lasciati finiti di gocciolare perchè quello che sarà stato bagnato in acqua piOi leggiera, sarà medesimamente piii leggiero./ Per buone sono ancho tenute quelle acque che nascono ove gU huomini non patiscono dolori di fiamme di rognoni, et ove non tengono male a gfi occhi, o sono gossuti, ma che del tutto sono sani, robusti et di buon colore.

C A P I T O L O 3.°

Delle acque medicinali Le acque medicinafi sono le salate, le nitrose, le sulfuree, le alluminose, le bituminose, et molte altre che sono di varie et diverse specie, le quaU pigliano il sapore et la forza dalle vene per dove corrono overo dal principio donde nascono et bevute operano, et sono del medesimo giovamento che sarebbono i minerali da i quali pigliarono il sopranome.

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T R A N S C R I P C I Ó N DEL C Ó D I C E

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Le salate, vedi il pápele cucito®': Le salate purgano et consumano la fleuma, dimagriscono et assotigliano il corpo, disfanno la idropisia, et rissolvono le ventosità del ventre, generano gran sete, et causano prurito et infiammatione del fegato. Per acqua salsa si tiene ogni acqua nella quale non si ponno coucer i legumi, et particolarmente i ceci, fave, lenti et quegli altri, che nelle dolci et Le nitrose sono fredde, purgano la flema, fanno le donno / prolifiche, però conturbano il corpo, sono astersive et per questa causa sanano la rogna. Le sulfuree mollificano et scaldano i nervi, mitigano i dolori che procedono da fredda causa, rissolvono le enfiaggioni et durezze delle giunture, dissecano la rogna et sono estremamente utifi a molte infirmità fredde, anchor che rilassano alquanto il stomaco. Le alluminose confortano et fortificano il stomaco, ristringono il flusso del menstruo, guardano le donne da mali parti, et sanano le piaghe della bocca, et le enfiaggioni delle gengive bagnandole con esse, ristringono il sangue del petto, saldano le vene rotte, et reprimono il superfluo sudore et ogni altra sorte di distillatione. Le bituminose servono a i medesimi effetti che servono le sulfuree, però riempiono il cervello et gl'intromenti di tutti i sentimenti./ Le altre che passano per vene di ferro o di acciaio confortano il stomaco, desopilano la milza, giovano alle reni, fortificano il fegato, et nettano i rognoni et la vessica. Quelle del mare, anchora che non sij no mineraU, sono appropriate a diverse infirmità, dimagriscono i corpi, servono contra i dolori de i nervi et delle rotture, sanano la rogna, et pigliando il suo vapore, quando sono ben tepide, giova contra il mal caduco. Navigandosi giovano a i tisici et a quei che patiscono male agli occhi et al capo. Sono salate et amare, et alcuni vogUono che così fussero nel suo principio, perchè se fussero state dolci, come sono vecchie®^ et con non più movimento di quello che il vento et la luna le fanno fare, al fine di tanto tempo, et naturalmente, et con la morte de i pesci si sarebbono corrotte, di maniera che non sarebbe mancato mai una peste ordinaria, c'havrebbe / dato fine al mondo. C A P I T O L O 4.°

Degl'indicij et segni per i quali si possono trovar acque sottoterra, della differenza loro et quali sono le migliori et come si isperimentino^^ Aperte et dimostrate dalla natura sono le acque del mare, de i fiuni, stagni, laghi, paludi, et di alcune fonti che corrono, a differenza di molte altre di fonti et pozzi, che sono ascose et sottoterra. Di queste si ha di trattare per la necessità che molte volte si tiene, et per bevere, et per adacquare, et per molti altri usi humani, procurando sempre et abondanza et bontà, et con esse sito di buon aere, visto che l'uno et l'altro è il vero fondamento per conservar la salute, et per viver longamente, con molte comodità, utili et piaceri. 91 El borrador, aquí muy deteriorado, tiene u n inserí en un papel añadido y cosido, que no nos es posible leer en su revés. 92 vecchie; antes vecchie et riposate. 93 come si isperìmentino primero quedó eliminado y después Sitoni anuló el signo de tachado.

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CÓDICE DE SITONI

Gl'indicij et segni per trovarle sono diversi, però il più certo è quello de i vapori, che in tempo sereno eshalano dalla terra nel far dell'aurora / d'ogni giorno del mese di Agosto, et di Settembre, inteso che da dove escono detti vapori ahonda l'humore tirato dal Sole, et per conseguente la buon'acqua. Questi si veggono, stendendosi l'huomo nel piano dell'orizonte, et co'l mento in terra, perchè la vista miri a uguale et livellata altezza, ove salghino all'intorno. Et per certificarsi si cava una fossa quadrata di tre o quattro piedi longa et profonda, nella quale nel tramontar del Sole si mette, bocca abbasso, un novo vaso di terra cotta, o altro vaso di rame o di piombo, che sia unto di oglio, o di sevo, et dapoi coperto di canne o tavole, et ultimamente di terra perchè non respiri, si lascia et nell'altro giorno si cava fuori, et trovando che il detto vaso di terra pesi più di quello che pesava prima, o che uno de gli altri tenghi goccie d'acqua, è indicio certo che non vi mancará acqua. E'indicio medesimamente mettendoci un poco di lana / succida et secca, et che al tempo che si cava et spreme, si trova con acqua, o mettendoci una lucerna accesa et piena d'oglio, la qual respiri per poter ardere tutta la notte, et che scoperta nel giorno seguente si trovi morta con oglio et papero, overo se la terra del detto luogo riscaldata da buone bragie manda fuori un vapor nebuloso simile al fiato dell'huomo quando fa freddo, o al fumo il qual esce dalla legna verde, quando si abbruscia. Evidenti segni et indicij per trovar acque sono anchora i luoghi concavi et vallosi per le acque pioviali che in essi si raccogliono et sommergono, et quegli altri che naturalmente et senza abondanza et concorso di tali acque producono et criano canne, salici, cannetti, hellera, giunchi, et altre piante simifi. Al pie'de i monti opposti a Settentrione et spetialmente di quelli che stanno molto tempo / coperti di neve, et ove sono ombre di folti et spessi arbori, le quali diffendono le terra da i raggi del Sole, si trovano di ordinario molte acque, come si trovano anchora d'abbasso delle terre che avallano et che soppresse lasciano alcuna loro parte attaccata a i piedi, et di quell'altre, sopra le quali si veggono raggirare et trattenere infinità di zanzare, ranocchi et moscherini. La superficie delle terre et le stesse terre ove si cercano le acque danno indicio molte volte, se vi sono, et dell'abbondanza et bontà loro, come si sa che lo danno le seguenti per relatione di molti che ne han scritto et fatto diverse isperienze. La terra sottile et colorita un poco dà indicio di abondanza di acqua, però di mal sapore, a differenza di quella che dà la terra negra et forte. Le altre terre forti et ben servate hanno di ordinario poca acqua, a differenza delle sciolte le quali participano di molto humore, se bene le loro acque non si trovano se non basse et assai profonde./ Nella ghiara è solito trovarsi poca acqua, però sottile et di buon sapore; ma nella mescolata con arena si trova et ahondante et buona. Nella creta si trova poca acqua et quella anchor che sottile non tiene buon sapore, et nella terra fangosa si trova profonda et mala. Ne i sassi rossi si trova ahondante et buona, però si suol perdere per le vene, et nell'argilla si trova et più leggiera, et più dolce dell'altre. B. Nelle regioni et paesi ove piove assai si trova abondanza di acqua. Vedesi cavando in ogni loro luogo concavo, perchè per gli humori che vi discendono et per la grandezza et sottigliezza delle pioggie che penetrano et stillano per le sue terre, vi si trovano le acque d'ogni tempo, a differenza dell'altre che si trovano ove piove poco et di raro.

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A. Ne i luoghi ove si cava il giesso si trova il più delle / volte acqua salsa et di mal odore et sapore. Trovate che sono poi le acque, della maniera di uno o più segni et indicij recitati, o come vogli che sieno, si conoscono et provano le buone, vedendo che nelle loro fosse o pozzi non si estinguono le lucerne accese che dentro vi si mettono, a differenza delle cattive et minerali, co'l fumo et vapore delle quali non solamente si estinguono et muoiono dette lucerne accese, ma anchora le vite delle persone che vi stanno con la bocca sopra, se prestamente non si levano da essi. Si conoscono et provano anchora, mettendole in vasi di rame o di ottone che sieno netti et lucidi, o cuocendole in caldaie nette et ben lavate, perchè quelle che non lasciano macchie, o che cotte non lasciano bruttezze et lordure nel suo fondo, sono buone, come sono anchora le chiare, che sono fredde / di state et calde di verno, et quelle altre che, mescolate con un poco di terreno nel quale sieno nate, lo lasciano andare nel fondo, restando elleno purissime di colore, odore et sapore.

C A P I T O L O 5.°

Come et in qual maniera si rimediano quelle acque che patiscono alcune triste et male qualità Sono le acque di tanta necessità et per il vitto et per l'uso humano, quanta si è detto nel principio di questo trattato. Sono s'intende di tal maniera et particolarmente quelle che si hanno di bevere, che perchè non sempre nè in tutte le parti si trovano perfette, noi altri siamo obligari di procurarvi ogni sorte di rimedio, perchè lo sieno, levandoci le triste et male qualità che tengono./ Gli esperti in questo dicono che l'acque scoperte, che participano di alcun minerale, o che sono grosse, viscose et corrotte, si rimediano conducendole per longo spatio fra buone terre et lotose, o fra minute ghiare et arene, et che l'altre, che passano per condutti profondi et sotterranei, et che sono crude, si rimediano eshalandole con spessi pozzi, alti di bocca et sponde, perchè nel tempo delle pioggie le lavature et bruttezze delle terre nelle quali sono aperti et fabricati non scorrino in essi. Vogliono poi, che quelle che per condursi a scoperto o per alcune male qualificate terre, diventano torbide, innanzi ch'arrivino al vaso et ricettacolo loro, et che per conseguente sono mal sane. Si rimedijino fabricando ne i suoi condutti spesse conserve piene di minuta ghiara et arena, perchè dentro di esse, nel tempo che dette acque corrono / et passano, tutte le bruttezze et torbidezze loro riposano, et fanno fondo, et le medesime acque restano chiare et purgate di ogni malo sapore. Et che quelle che generano et tengono sanguisughe o altri animaletti simili, che sono di tanto danno a i corpi humani, si rimedijno con calcina viva, o con metterci pesci et anguille dentro, perchè questi gli mangiano et distruggono, et quella gli abbragia et dissipa del tutto. Egli è il vero che si hanno dapoi di nettare et della calcina et di tutte l'altre immonditie che tengono. Per questa causa, in molte parti di Europa, et più in Ispagna che altrove, si usa il tener pesci nelle fonti et pozzi, perchè le loro acque restano et più nette da ogni verme, et più purgate da ogni malo sapore et odore. Vi si mettono però i detti pesci a mezo il verno, perchè in questo tempo le buone acque de i pozzi et delle fonti sono calde, a differenza di quello che sono nella state, nel qual tempo, se vi si mettessero, morirebbono / di subito, per la frigidità che dette acque tengono, la quale frigidità

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C Ó D I C E DE S I T O N I

procede dalla riverberatione che fanno i raggi del sole sopra la terra in detto tempo di state. Vedesi questo in tutte le parti del mondo poi che all'hora et quando fa più caldo, il freddo fugge, et come nemico di esso si asconde parte nelle parti più interiori et profonde di essa terra, et nei pozzi et caverne soterranee, et parte nello alto dell'intersticio o spatio di mezo il quale è tra i nuvoli et l'aria et ove ordinariamente si generano le grandini et tempeste che in detto tempo cadono. Il medesimo effetto si trova che fa il freddo co'l caldo, che fa il caldo co'l freddo, poi che nell'inverno il caldo fugge et si asconde nelle parti più basse della terra, come fa il freddo nella state. Lo mostrano le acque de i pozzi, le caneve, et tutti li altri luoghi soterranei et profondi, i quali, in detta stagione, sono sempre caldi et evaporano. Et tutto procede dal sole, il quale, se bene nel verno è più appresso alla terra che nell'estate, tuttavia i suoi raggi la feriscono obliquamente, che è la causa che non tengono tanta forza per far fuggir il freddo, quanta la tengono di state ferendo la terra dirittamente.

C A P I T O L O 6.°

Come si cavino et fabrichino i pozzi, ritrovate et elette che sono le acque Nel moto et corso dell'acqua tengono differenza i pozzi con le fonti, et non in altra cosa, anchor che se ne trovino alcuni, nei quali abondantemente vi corre. Questi, tenendo acqua continova, si ponno chiamare, per il più, fonti profonde, et le fonti nelle quali cessa l'acqua, o sta quieta et riposata, non fonti, ma pozzi per il più poco profondi si dicono. Sono però gli uni et gli altri quasi congiunti di affinità insieme. Gavansi tutti i pozzi a perpendicolo, et quasi sempre ritondi nella terra, infino che si arriva alla superficie delle loro acque, et di due maniere si fabricano. Quelli che si cavano in terreni sodi et forti, o che tengono tufo, non si murano se non per quanto dura l'altezza della loro acqua et di un braccio o poco più di sopra della sua superficie, et questo per solamente fuggir le rovine et pericoli che sogliono causar i sorgenti delle medesime acque, et i colpi che danno i secchi, o / altri istromenti, co'i quali si cavano, ondeggiandole et sbattendole sovente ne i fondamenti delle loro pareti. Gli altri che si cavano in terreni deboli et leggieri si murano tutti. Alcuni dapoi di havergli cavati fino all'acqua, in tanta larghezza quanta vogliono che sieno con la grossezza delle sue muragUe le quali si fanno con cugnoli, che sono pietre cotte messe in opera con calcina et creta, vi ficcano una tina senza fondo, però di buon legname, alta cinque o sei piedi, et larga per di sopra quanto ha di essere il vacuo et larghezza del pozzo, et per di sotto un poco più, cerchiata con due o tre cerchi di legno, perchè non si disfaccia nell'abbassarla, la qual tina tenghi le doghe inferiori acute, per mettere et ficcare a poco a poco, et di una in una, con maggiore et più ispedita faciUtà, et messe, et ficcata ugualmente tutta, vi fabricano sopra et all'intorno delle sue sponde le muraglie et pareti fin in cima cavando poi tutta le terra et ogni altra cosa che si trova dentro di essa terra; altri per sospetto che non rovinino, le cavan cinque o sei piedi sotto terra et in fondo di detto spacio vi mettono un cerchio di pietra viva o di forti et grossi legnami che noi chiamiamo gavelli per la ritondità della larghezza che vogliono che sieno larghi fi detti pozzi, et sopra di esso cerchio fabricano una muragfia alta all'eguale del piano della terra, et grossa un mezo braccio, o poco più, / la qual muraglia lasciano dapoi asciugare. All'intorno poi, et sotto di esso cerchio et muragfia, C2i(van) un'altra volta tanto, o poco più o manco, quanto han fatto prima volta, sul fondo della qual escavatìone subito incontinenti

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cade a perpendicolo tutto il detto cerchio et muraglia asciutta, in cima della quale torna («oj poi a murare fino allo uguale del già detto primo piano di terra. Fanno poi il simile infino che (trova) no l'acqua, et infino che vogliono andar in giù et sotto della detta acqua, cavando sempre fiiori quel terreno o ghiara che vi resta dentro, et di questa maniera li finiscono come lor piace, senza pericolo delle persone et vite loro. Di pietre in secco et non con calcina vogliono molti che dette fahriche si murino dalla superficie dell'acqua in giù, et quello perchè non si stoppino et impediscano le vene et corso delle loro acque sorgenti, le quali il più delle volte non si trovano se non dalla superficie o piani delle sue acque in giù, overo dalla superficie di quelle delle fonti o dei fiumi loro vicini. Da questi pozzi sogliono molte volte eshalar cattivissimi vapori, nel tempo che si cavano et fahricano, per i quali, non vi avertendo, pericolano i fabricatori di essi. Come pericolano, / alcuni fi rimediano con la seguente esperienza. Mettono in essi una lucerna accesa et, vedendo ch'ella resti accesa, entrano et cavano senza pericolo, ma se per causa della forza de i vapori si estingue come in alcuni di essi sempre accade, maggiormente in tempo di estate, o vi rimediano con ardentissimi fuoghi, o vi fanno dalle loro parti alcuni spiragli per i quali possano eshalar poi comodamente. Cavati poi che sono i detd pozzi, et trovato che tenghino acqua abondante, et della bontà che si ricerca, si murano et fabricano della maniera recitata. Egli è vero che la sua acqua è tenuta sempre per manco buona dell'altre, per non esser visitata dal Sole et dall'aere che la purificano, et per questa causa è lodata quella de i scoperti, et non molto profondi, et de i quali se ne cavi di continovo, o ben spesso, anchor che non sij nè così fredda, nè così chiara, essendo che, per moverla, et per usarla sovente, si disturba la corruttione et putrefattione, che vi suol causare, stando ritenuta, et che la natura in quel tempo rinova et invia fresca et nova / acqua, consumata che trova la primiera. Alcuni vogliono che sijno coperti, dicendo che l'acque coperte dall'ombra sono et più fredde et più chiare, però più crude che non sono quelle visitate et ferite dal Sole et dall'aere. Et altri dicono che l'acque toccate da molto Sole, oltre che sono calde di estate et fredde d'inverno, sono per la maggior parte salse et viscose®'^. Come vogli che sia, nè fredde nè calde hanno di esser le acque quando si bevono, perchè ancher che le fredde aiutino la digestione, et dieno appetito di mangiare, dannificano dapoi i nervi, et maggiormente quelli de i denti, et le calde nuocono il stomaco et corrompono le vivande, facendole nuotare nel stomaco, et causano molti et fastidiosi vomiti. Si corrompono queste acque de i pozzi da loro medesime nel principio del mese di Agosto, o quando rinova la luna del detto mese, per la qual cosa sono vietate, più non si bevono in detto tempo, nè s'intende che questo proceda da altro che dalla muatione delle stagioni o dalla alteratione che fa il caldo per il movimiento del futuro freddo.

CAPITOLO 7°

Come si cavino le fonti, et che trovate et isperimentate che sono le sue acque, si livellano, innanzi che si conduchino Della medesima maniera, et co'i medesimi avvertimenti contra i vapori che si è detto che si cavano i pozzi, / si cavano le fonti, et particolarmente quelle che sono per 94 viscose: viscosi en el manuscrito.

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CÓDICE DE SITONI

bevere, perchè di ordinario copertamente et sotterra si conducono. Solamente sono differenti nella larghezza delle loro teste et principi], perchè queste si fanno maggiori o con più fonti all'intorno, che concorrino insieme, affme che l'acque di tutte si raunino et tenghino maggiore et più ahondante copia. Et l'altre che hanno di servire per adacquare et macinare, o per altri tali et simili usi, et che per necessità hanno di essere più copiose di acqua, et conseguentemente più soggette a ceccarsi per l'immonditie che vi entrano, et che di suo naturale creano, oltre che si cavano con solamente le circostanze et avvertimenti che seguono: si conducono ancho a scoperto, per evitar le grandissime spese, che vi entrarebbono fabricándole et coprendole della maniera dell'altre. Innanzi adunque che si livellino et cavino per condurle si trascorre il paese nel quale si sogliono cavare et condurre, per vedere li due estremi, cioè il luogo ove si vuol pigliare, et il luogo ove si vuol condurre, et le contrade per le quali si ha di passare et, quello che più importa, i luoghi et siri ne i quali si raccogliono le acque piovali, et per vedere anchora se l'altre fonti che sono nel medesimo contorno sono profonde, stabili et buone, et se hanno poca o molta decaduta, o se hanno in essi alcuni incastri, o chiuse, / come per il più si vede che sono quelle di Lombardia, le quali si cavano fra occidente et tramontana et si conducono presso mattina o presso mezogiorno con molta facilità et tanto naturalmente come si conducono et vanno le cose alte al basso, et maggiormente quando le terre che si vogliono adacquare hanno conveniente decaduta; a differenza di altri paesi et parti nelle quali trovandosi l'Ingegnerò, per tale effetto dovrà sempre veder et intender bene il nascimento et corso loro, essendo che con simili inventioni egli potrà guadagnarsi et urile et honore; et visto il tutto, et fatta elettione della parte più bassa, si cavano di non più larghezza nel principio di un pozzo ordinario, o di quanto si conosce che basta per vedere, provare et assaggiare, se in esse fonti vi sono le acque che si ricercano, senza pericolo che caschino le sue pareti. Cavate poi et profondate che sono tutto il possibile o almanco più dell'altre, per sapere se sotto vi è tufo o altra pietra dura che possa impedire il sorgente loro come alcune volte se ne trovano, et per vedere anchora se dette acque sono sorgenti o no, si lasciano con alcun segnale, ne i mesi di Luglio o di Agosto, tempo naturalmente più asciutto dell'anno, et nel quale di ordinario si sminuiscono tutte le acque sorgen..i o .lociugano del tutto; si vede se sono asciutte, cresciute o se no, et trovate che non habbino fatto alcuna mutatione, si livellano dal suolo, il qual è suo principio, fino al fine, perchè prima che si conduchino o che si faccino altre spese di materiali si sappia se ponno servire a i luoghi destinati o no. Ma caso che nel condurle sia che si abbassino o perdano del tutto, si fanno ricavar le doi teste tanto che si trovi altra acqua, et se in quell'atto s'intoppa in qualche cespo, o altra pietra dura che sia coperta circondata da alcuna acqua stante per la qual possa impedire cotal escavatione, all'hora et per riparo fatto impedimento di acqua, et perchè un tagliapreda o altro ufficiale possa comodamente / lavorare, si circonda con un argine di buona creta grosso et ben battuto tanto si spacio sopra detto ceppo o pietra, quanto può essere la circonferenza, et circondato si asciuga il detto spacio di un largo pozzo, et poi si cava infino che si trova l'acqua sorgente et naturale con la quale dapoi di vista bolfire et riposare, si può fare ogni opportuna livellatione. Vogliono alcuni che dette acque sorgenti chiamate in Lombardia Avesi o Barze derivino dalle ritenute da i sassi, dal tufo o dalla creta, o da quelle de i loro fiumi circonvicini, visto che dette sorgenti si alterano quando piove et fiocca o quando le acque con i detti fiumi crescono et calano. Et dicono che questo Avese si vede movere per ordinario, di sette in sette anni, o

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di nove in nove, et al più longo tardare, di diecinove in diecinove, fine d'ogni aureo numero, et che la vera corrispondenza delle fonti con i fiumi, o con altre acque principali loro vicine non si conosce senon quando si mutano, o asciugano, perchè allhora le dette fonti cessano, o restano con pochissima acqua. Per le quali ragioni come siano vere, si può credere®^ che quanto più fiocca et piove in un paese, o quanto più crescono le acque de i suoi fiumi et de i fiumi contigui ad esso, tanto più alto et ahondante di acqua si trovi il suo Avese. La isperienza / mostra che ove non sono condotti profondi, per i quali scorrino et disacquino le acque pioviafi, overo ove sono terre cretose che soppresse risonano, et nelle quali non si ponno sommergere et penetrar le dette acque, che gli Avesi stanno alti et ahondan ti di acque, et che subito che appresso di loro si cavano fonti o altri acquedotti, si abbassano, conforme alla profondità et bassezza de i suoi acquedotti, per il corso, fuga et profondità che naturalmente piglia et cerca ogni sorte di acque®®. (A.B. Per detti segni A,B. si vederà quello che ho scritto nelli papeli grandi. A.B. Queste prove et assaggi sono il più delle volte fallaci et ingannevofi, come lo sono anchora le acque ritrovate per mezo loro, perchè al tempo che si conducono si abbassano o perdono, et mai, o di raro, si trovano a livello del suo primer segnale. Ocularmente lo vide il nostro Re l'anno 1576 quando dapoi di haverli detto che io non credeva che dalli mesi di Luglio et di Agosto correrebbe l'acqua che si era ritrovata per mezo di un zahori, che così si chiamano quelli che fanno professione di trovare et dire che sotto di tale et tal terra si trovará a tanti palmi l'acqua sorgente, per causa che io non la tenevo per acqua sorgente ma si per acqua fra terra et terra, egli restò maravigfiato et disse ad un Holandese suo fabricaro che cessasse di fabricar il molino già cominciato di suo ordine nella fresneda terra dell'Escuriale in Spagna infino a detto tempo, come cessò, et innanzi il detto primo mese, tutta la detta acqua si perse, come acqua non sorgente et che finì di uscire dalla valle nella quale si era trovata fra terra et terra. Per la qual cosa si può conchiudere che trovandosi dette acque di cotali quafità o molto profonde, overo con poca decaduta, che il lasciar di finire et®^... le sue teste è sempre bene, però trovando / che anchor che le sue acque si abbassino, lasciano di tenere honesta et conveniente decaduta, si cavano et finiscono, ciascuna della lunghezza et larghezza che l'huom vuole, anchor che, in iscambio di una gran et spatiosa testa si lodano più assai sempre due mediocri pur che tenghino alcuna distanza fra loro, sì perchè nelle due si trovano assai più vene di acqua che nell'una, come perchè occupando elleno maggior et più spatioso sito, di ragione si tengono più lontani i vicini che le ponno salassare, o rubar le acque, facendo et cavando alcune altre fonti più profonde, et la terra che si cava da esse più comodamente si può allanciar sulle rive, con badili et altri simili stromenti et in detta distanza mettere et trattenere la terra cavata, et ogni altra sorte di occupatione.) C.D. Si cavano adunque della larghezza che si è detto, lasciando le pareti loro con molta scarpa, o con alcune banchette dentro, della maniera che mostra il presente dissegno, perchè più facilmente si sostentano et spazzano, et perchè di questi maniera s'iscusa il paUficarle, cosa dispendiosa, et dalla quale non risulta senon molto danno, poi che et con esse palificate si otturano le vene delle acque, stringendo et assodan / do le terre dalle quali procedono, come sono alle volte le leggieri et 95 si più credere esento antes si ha di credere. 96 Véase nota 64. 97 Palabra ilegible en el borrador.

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giarose, le quali producono sempre più quantità di acque dell'altre, e questo senza niun profitto delle terre che si trovano cavate et poste con tante spese sulle rive loro poi che per dette palificate nè più nè manco restano di cadere in esse fonti et quando piove, et quando fiocca. E'vero che, come fussero necessarie per sostentar alcun fondamento di edificio o di strada che fusse vicina a dette fonti overo a i suoi condotti, che all'hora sarebbono di profitto fodrandole di Tavole, o tessendole con vimini o con altre cose che potessero trattenere la loro terra, però come non sij no se non per sostentare le pareti et terra che si cava dalle fonti et da i suoi condotti, molto meglio è che detta terra si porti et conduchi lontano di una sola volta, potendo, anchor che costi più di quello che possono costare dette palificate, visto che detta spesa è spesa fatta per sempre, et che la terra cavata et condotta di lontano non può ritornare, di suo proprio moto, dentro del luogo ove primieramente si cavò, et visto et inteso anchora che se le pareti delle teste, haste et condotti di qual si vogfi fonte o roggia, non sono alte et caricate di terra che sono et più sicure di non cascare et occupare i loro sorgenti et decorso delle sue acque nel tempo dell'adacquare, et più facifi di poterci buttar sopra qualunque spazzatura che da essi condotti si cava. ®®Nè in dette teste nè per tanto spatio et di sotto da esse, quanto si può intendere, che le acque®® riflettere et dar indietro, si ha di permettere che altre sorti di acque che le proprie sorgenti s'introduchino in quelle di detti fontanifi, perchè per causa della terra et torbidezza che ordinariamente portano dette acque con seco, vi si otturano le vene, et il più delle volte si perdono le sorgenti di essi fontanili, et i dinari che si sono spesi nelle loro fabriche. Si potrebbe però, in caso di necessità et per fuggir ogni spesa che potesse costare il divertire le dette acque in altre parte che in dette teste, far fare una cisterna o fossa lontana dalla loro nuca et lati, un spatio conveniente, et fusse così profonda come fussero le acque delle medesime teste, poi che per essa, tenendosi ben netta et monda, sommergerebbono et passarebbono sempre le une acque nelle altre, senza danno de i sorgenti loro.

C A P I T O L O 8.°

Delle qualità che hanno di tenere le acque per adacquare, et come si moderi la frigidità di quell delle fonti Gfi Agricoltori dicono che le acque per adacquare hanno di essere dolci, et di buon sapore, perchè le terre che con esse si adacquano, si fanno più / fertifi, et le herbe et gli arbori producono i loro frutti et più dolci et più saporiti. Lodano le mediocremente fredde, perchè con esse le terre si rifrescano et allegrano, a differenza di quello che fanno con le calde, le quali abbragiano le terre et i frutti loro. Biasima98 El pasaje que aquí empieza, hasta el final del capítulo, tiene en el manuscrito dos redacciones, de las que hemos transcrito la que parece la definitiva. H e aquí la redacción anterior: «In dette teste per mille piedi distanti et di sotto di esse se tanto si può distare, si lasciano entrar altre sorte di acque, che le proprie sorgenti, perchè per causa della terra et torbidezza che ordinaria portano dette altre acque con seco vi si otturano le vene, et il più delle volte si perdono le sorgenti et i denariche si sono spesi nella fabrica di esse teste». 99 Palabra ilegible en el borrador.

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no le cavate da i fiumi per roggie, per la molta arena che, correndo, lasciano per in cima delle terre che adacquano, et per il fiore et bontà che le leva, co'l spesso adacquare, lasciandole ultimamente sode et dissipate di ogni vigore. VogKono che si fiigghino le salate per la contrarietà che tengono con le piante, disseccandole, et facendole rognose, et in molto stimano le piovane, et particolarmente quelle che di state cadono con vento di Tramontana, perchè, oltre che lavano la verdura et arbori dalla polvere, et da i vermi et pedocchi, che di suo et naturalmente criano, non scaldano / tanto le terre come fanno l'altre. Stimano anchora quelle delle fonti et le tengono per buone, scorse che sieno un migfio o due per il manco sopra la terra il spacio et che restino derrotte innanzi che adacquino et per molta decaduta che tenghino, non vogliono che si usino, anchor che si potessero usare, prima di haver caminato il...'° , allegando ch'elleno sono tanto fredde che fanno gran danno alle terre forti, et poco, anzi niun profitto alle leggieri. Concorrono poi, et in che la frigidità di queste si moderi derrompendole o conducendole di lontano et con honesta decaduta, et in che si facciano più abondanti, dolci et grasse, per le acque piovali et scolaticie, che di ordinario et per lungo camino sogliono entrare in esse.

CAPITOLO

Che cosa è livellare, et degli effetti che seguono livellando Livellare, propiamente, è ufficio di sapere la differenza dell'altezza nella quale si trovano gli estremi delle superficie di un spatio di terra, o di qual si vogli altra cosa, per poco o molto distanti che sijno. Quel spatio di terra, il quale una volta si livella, si / dice livellata. Alto nelle livellate si dice quando si trova che la superficie d'ogni loro fine è più alta di quella d'ogni suo principio, et Basso si dice quando si trova il contrario, cioè quando la superficie d'ogni loro fine è più bassa di quella d'ogni suo principio. A livello, o uguale si dice esser quella livellata, la qual tiene i suoi termini et estremi non più alti l'uno dell'atro, anchor che il spacio che fra essi si trova sia di linea curva o montuosa.

C A P I T O L O 10.°y n . °

Che ad ogni sorte di acqua che si vuol condurre si ha di dar sempre una conveniente decaduta Tutte le cose gravi, per sferice che sieno, se si hanno di movere et condurre da un luogo all'altro senza violenza, hanno di tenere il principio del suo camino più alto che non è il suo fine. All'acque adunque che si vogliono condurre per bevere o per adacquare si ha di dar sempre poca / o molta decaduta, essendo che senza essa, per il peso che tengono, non correrebbono, nè potrebbono servire in niuna parte, et caso che servissero, come alcune che serrate et ripresate servono per navigare, o per far alcun laghetto o porto, si accecarebbono molto presto, per le lor100 Palabra ilegible que empieza por d.

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C Ó D I C E DE S I T O N I

dure et torbidezze che di ordinario entrano et fanno fondo nelle acque stanti et riposate. Della decaduta che di ordinario si ha di dare a tutte le sorti di acqua che si conducono'"'. All'acque che si conducono per bevere si dà la maggior decaduta che si può, perchè con essa si derrompono nel camino, et in ultimo restano piii purgate et saporite; però a quelle che si conducono per adacquare, quando sono o si derivano da acque chiare, che da alcuni sono chiamate acque bianche, si dà di ordinario, o per il manco, di decaduta, la terza parte della misura con la quale si uniscono mille di esse sopra et nel camino o spatio c'hanno di passare, anchor che di maggior decaduta, minor larghezza di cavo può bastare. All'altre, che si derivano da acque colorate o che per / ogni poca crescenza s'intorbidiscono, si dà un poco piii decaduta, come si dà anchora a quelle delle fonti, che si conducono per adacquare. A queste per aiutar la poca forza che i principij de i loro sorgenti tengono, et perchè perdino la crudezza et servino piii presto et facilmente, et a quelle per la bruttezza et torbidezza loro non facci riposo, et accechi o empia tanto i suoi condotti, come farebbe tenendo minor decaduta. Alle altre poi, che si conducono per navigare, non si dà piii decaduta della sesta parte della detta misura, et questo perchè piii comodamente si possino tirare et condurre le navi all'in sii, et contra il loro corso.

CAPITOLO

Che per livellare vi sono due sorti d'istromenti, et che il più usitato è quello che con l'acqua si assesta Gli due ordinarij et principali stromenti con i quali si livellano le acque et piani sono due, cioè il Traguardo et l'Archipendolo. Questo ripartito della maniera che a suo luogo si dirà, et con solamente / un peso di piombo o d'altro metallo ben firmato, mostra senz'altra misura la differenza che tiene ciascuna livellata dall'uno de i suoi piedi all'altro, per corta che sia. Et quello, riposata che sia l'acqua che si butta nel suo cannone, con molta facilità et con assai più prestezza si assesta, et traguardando mostra la detta differenza, in tanta distanza, quanta commodamente si può vedere per il Livellatore, dal Traguardo el principio o fine di ciascuna livellata. Di ferro o di altro metallo si suol fare questo Traguardo con un cannone del vacuo di un dito in ritondo, et di due o tre braccia lungo, et co'l palo o piè, sopra il quale si sostenta come bilancia, non più alto dell'altezza, la qual è dal piè del Livellatore al suo mento o barba, per commodità di potervi traguardare per in cima. Otturasi ciascun capo del detto cannone, et poco lontano da tutti due si mettono et firmano, verso la parte superiore, due mire quadrate di ugual altezza et sopra et al lungo di esso cannone due bocchelli, / uno nel mezo, della grandezza et altezza che suol essere il vacuo di detto cannone, per ricever l'acqua che dentro vi si butta, et gfi altri due della metà dell'altro, o poca cosa più, per conoscere et vedere se l'acqua sta ugualmente in detto cannone. Di sotto et nel mezo del quale si fa un nodo circolare 101 Esta frase era anteriormente el título de u n capítulo 11, que q u e d ó después incorporado al texto. 102 C a p . 11; antes 12.

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del medesimo metallo et due annelli dalle parti un poco distanti dal dritto de i due bocchelli, questi annelli per legar il cannone con la chiavella del suo palo, et quello per incassare et firmare come maschio con femina nella cima del detto palo. Di due pezzi, medesimamente come maschio con femina, che l'uno entra nell'altro, si fa il detto palo o piè di esso Traguardo per comodità di poterlo voltare da ogni parte senza moverlo tutto, et al mezo del pezzo superiore vicino a dove si congiungono il detto maschio con la femina, si fa un bottone quadrato nel quale si mette una volubile et aggiustata chiavella di tre o quattro diti lunga, che parimenti tenga al mezo un bottoncino per detentione et il capo o fine ben ribattu / to et nell'altro pezzo nel quale si mette et sostenta il restante del detto maschio fatto a maniera di una spinella di vasello; et nel fondo si fa un cannone attaccato al pie; nel qual cannone capia giustamente la grossezza et longhezza di detta spinella, la quale spinella poi havrà di avanzar tanto in fondo del detto cannone che si possa serrare con una chiavella. Questo piè si fa di tanta altezza quanta è la longhezza d'esso cannone, col quale va saldata et si ha di porre tre punte non molto acute, perchè assestato col suo Traguardo incima non sblissighi dal luogo ove una volta si è firmato. Si assesta poi il detto Traguardo attaccando ad uno de i sudetti due annelli una corda di tre spaghi grossa ben ritorta et tirante che sia ravolta al manco due volte alla chiavella del suo palo et legata con molti lacci all'altro suo annello voltando hora da una parte et hora dall'altra la detta chiavella, infino che l'acqua che si trova in detto cannone si eguali con i suoi bocchelli vicini alle sue mire. Per il disegno seguente si potrà facilmente intendere la fabrica del detto Traguardo.

C A P I T O L O 12."

Della maniera che si tiene livellando con detto livello da acqua et come si notano le sue operationi con un essempio molto a proposito per essi Usasi il sudetto livello di questa maniera. Primieramente visto il luogo dove si vuol derivar l'acqua, et il camino per il quale si ha di passare, con la piii alta parte del sito che si ha di adacquare, overo i due estremi loro, i quali molte volte per causa di alcuni ostacofi non si ponno vedere, se non con accesi et grandi fuochi o fumi; si pianta un palo all'uguale della superficie che dett'acqua suol tenere in tempo di siccità, et distante da esso palo la longhezza di dieci Trabucchi da terra di Milano, come in detta distanza non sij alto o basso così eccessivo che causi difficoltà di poter vedere comodamente la parte superiore del bianco della seguente bandiera, alzata o abbassata ch'ella sij, all'iguale delle recitate mire si mette et assesta il Traguardo perpendicolarmente et a livello et anchora piii a dritto del camino et palo che si può, empiendo il suo cannone con acqua chiara buttata sottilmente et a poco a poco in esso, con un vaso o bocale, che tenga il pico ben acuto perchè, buttata altrimenti, si potrebbe empire di vento; et assestato et fatto tenere in cima di esso palo una riga dritta et al piombo di sei braccia longa come è longo uno di detti Trabucchi, la qual riga divisa et ripartita in braccia, onde, et quarti di oncia, et appresso di essa un'altra di due braccia ripartita similmente, che dall'un capo tenga una bandiera di cartone o di altra materia della grandezza di / un palmo quadrato, divisa in tre parti, le due estreme negre, et quella di mezzo bianca, si traguarda per in cima delle sue mire, facendo alzare o abbassar tanto la parte superiore del bianco di essa

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C Ó D I C E DE S I T O N I

bandiera che stia con esse mire a livello, et ficcar nella r i p grande un spontone tanto piil in sù del dritto di detta parte superiore, quanto importa la decaduta di ciascuna livellata, la qual decaduta, per il meno, ha di essere fi dodici vinticinquesimi di un'oncia, dandosene vinùquattro, che sono due braccia, terza parte di un Trabucco per ogni mille d'essi Trabucchi'®^. Nel dritto poi de i detti Traguardo et palo, se dritto segue il camino che si ha di livellare, et distante da esso Traguardo per altri dieci Trabucchi, in caso però che in detta distanza non sij ostacolo che impedisca la vista, di sopra si pianta un paletto con una tacca al lato, che significa prima livellata, et sopra il piano o superficie della terra che vi è più appresso et all'intorno si fa mettere et tenere un'altra volta la detta riga del spontone et attaccata l'altra della bandiera come et nella forma che si messero sopra il detto primo palo, avvertendo / sempre a che il capo o parte superiore di detta riga del spontone non si muti, mettendo la parte che ... et questo per non errare la vera altezza et punto, nel qual si trova il detto spontone. Et riconosciuto che i bocchelfi dell'istromento stieno a livello et che il suo cannone sia pieno di acqua et non di vento, et fatto alzare o abbassar tanto la bandiera che la parte superiore del suo bianco assesti et sia in dritto et a livello delle mire di esso Traguardo, si misura la differenza la qual è dal detto spontone al dritto di essa parte superiore, et misurata, si nota nel fibro o cartapaccio per Alto, trovandosi più bassa del spontone, et per Basso, trovandosi più alta, che è tanto come se si dicesse che la superficie del fine di una livellata fusse più alta o più bassa del suo principio. Et trovandosi più bassa, come sarebbe di sei onde, o più o manco, si dice: In vinti Trabucchi Alto onde sei, va cavato onde sei che è la differenza del spontone alla parte superiore del bianco, et tanto più di dette sei onde quanto importa l'altezza che si presuppone che ha di tener l'acqua nel suo condotto. Et trovandosi più alta, / come sarebbe di tre onde, si dice. In 20 Trab. Basso on. 3 va alzato on. 3 che sono la differenza di detta parte superiore del bianco al spontone, overo va cavato tanto meno dell'altezza c'ha di tener l'acqua nel condotto, quanto importa l'altezza di dette tre onde. Ma trovandosi uguale, si dice. In 20 Trab. uguale, con va cavato o alzato della maniera che recita la sua partita anteriore. Come vogli poi che sia, o che si habbi di cavare, o pure che si habbi di alzare, overo che si trovi uguale, si scrive o nota nel sudetto fibro o cartapacchio quello che in effetto si trova; affine che di paletto in paletto si sappia puntualmente quanto va cavato et alzato. Et accadendo, come molte volte accade, di haver di passare con le sudette livellationi per vie o passi che non sieno piani, come sono colli, safite, et scese di monti, o per altre parti tortuose, le quafi non si ponno livellare se non di Trabucco in Trabucco o di poco più spatio et distanza, et torcendo il livello; a differenza di quello che di sopra si è detto, si torce il detto livello et si aggiusta senza mover il suo piè, o si fanno misurare detti passi et vie con una corda longa 25 o 30 Trabucchi o con alcun'altra conosciuta misura, senza metter il spontone più in sù della parte superiore del bianco della bandiera, perchè di questa maniera, finite le livellationi di quelle partì dificultose, non solamente si sanno le loro precise longhezze et distanze, ma anchora la decaduta che rispettiva et debitamente vi si ha di dare del principio al fine.

103 En el manuscrito hay u n a nota ilegible al m a g e n izquierdo.

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C A P I T O L O 14.°

Conchiusione della maniera che si tiene di notar nel libro le livellate, con un essempio molto a proposito^^'^ Notata che si tiene la detta prima partita et stoppati di livellata in livellata tutt'e tre i bocchelli del detto Traguardo con alcune punte di legnazzi o di altra cosa perchè l'acqua del suo cannone non si perda, et usasi causi di latte'°^ quando si vuol riassestare; si fa rimettere detta riga grande in cima del piano o superficie di terra che è all'intorno di detto 2.° paletto, et / spiccato il spontone et appressatavi l'altra riga della bandiera, si passa innanzi il livello o Traguardo altrettanti Trabucchi, potendo, et nel medesimo dritto, come di sopra, caso però che drittamente si possa caminare, nel fine de i quali Trabucchi si ripianta et assesta il detto Traguardo, et assestato, et fatto egualare il bianco di detta bandiera con le mire del detto Traguardo, et ripiantato il spontone in detta riga grande nel dritto però del buco signato poco più in sù del bianco di detta bandiera, et finita del tutto la operatione recitata, si nota nel libro la differenza trovata dalla superficie la qual è all'intorno o appresso del 2.° paletto alla superficie trovata appresso del 3.° paletto, al lato del quale si faranno due tacchi, per dimostratione del fine della seconda livellata, con la qual differenza poi si saprà quanto va alzato et abbassato il detto fine. Il medesimo si fa di tutto il restante che manca per arrivare al termine che si pretende di adacquare, voltando però sempre di livellata in livellata il detto Traguardo per la differenza che può essere et nell'acqua de i suoi bocchelli et nelle mire per non esser elleno forse ben aggiustate, essendo che con il detto voltare quello che in una volta si perde, si può guadagnare nell'altra. Et perchè ordinariamente le terre per le quafi si sogliono passar detti condutti sono ineguafi, et tengono molti Alti et Bassi, et per la longa distanza loro, sono necessarie molte livellate, la diversità delle quali causa spesse volte errore a chi non è ben prattico et esperto; si pone il seguente essempio, affine che si vegga, co / me si hanno di notar le partite di ciascuna livellata et la maniera che si ha di tenere nel far i conti de gfi Alti et Bassi. Essempio. Presupposto che da un fiume copioso et ahondante di acqua si habbi di derivare un corpo dell'altezza di un braccio et di tre di larghezza nel suolo o fondo del suo condotto, et presupposto anchora che si vogfia sapere per via di livellare detta acqua... al... desiderato.'®® Primieramente si pianta un palo sufficientemente grosso et lungo nella riva di esso fiume, all'eguale della superficie della sua acqua ordinaria, et dalla sommità di esso palo si comincia a livellare della sudetta maniera notando, dapoi del preambulo della livellatione, et dell'altezza che ha di tenere di ordinario l'acqua in detto condotto, le partite di ciascuna fivellata in questo modo, cioè in 20 trab. Alto onde 14, che tanto vuol dire come: Nel fine di 20 Trabucchi, vicina al 2° paletto signato con una tacca, si trova alta la superficie della terra quattordici oncie di più del suo principio, et che a questo conto / va cavato similmente oncie 14 di più delle sudette 12, altezza ordinaria dell'acqua del detto fiume, che sono in tutto 26.

104 C a p . M. El n ú m e r o está tachado. 105 causi di laUe; ver nota de la traducción. 106 Palabras ilegibles en el manuscrito.

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C Ó D I C E DE S I T O N I C A P I T O L O 13°

Che livellando conviene esser tacito et breve nel scrivere Tengono molti per costume di diffusamente scrivere le dette livellate, narrando di una in una il camino per il qual passano, et le cose che per esso trovano, non si avvedendo della facilità con la quale, per così fatta causa, ponno errare, equivocando et scrivendo una cosa per un'altra, et di che niuna cosa obliga il buon livellatore a che spenda et consumi il tempo in dicerie, essendo che il fine di questa operatione di livellare consiste solamente nel far de'conti, et in che sieno piantati con ragione i recitati paletti signati con tante tacche quante sono le livellate, appresso a i quali paletti si potrà fare un montoncino di terra per poter meglio et piii certamente trovare il fine di ciascuna livellata. ^ Non si lasciano però di notar nella margine del fibro et a suo luogo, cioè nel dritto delle liveUate, quelle cose che importano, come sono ponti, canali o altre simili fabriche, per poter poi sapere, finita la livella / tione, le cose che sono necessarie. Tornando hora alla prima partita, la qual dice come di sopra, et seguitando con l'altre, che sono della medesima maniera, si dice: In 20'°® Trab. Alto oz. 14,0 va cavato, comprese oz. 12, che sono l'altezza dall'acque, in tutto oz. 26,0 » 2." 20 Trab. Alto oz. 34,6 » 2,0 » » Alto 3." 20 33,3 » 4." 20 » Basso » 1,3 29,9 » 3,6 » 5." 20 » Basso » 30,3 » 0,6 » 6." 20 » Alto » 30,0 » 7." 20 » Basso » 0,3 » 23,6 » 6,6 » 8." 20 » Basso » 22,6 » 9." 20 » Basso » 1,0 » 26,3 » 3,9 » 10." 20 » Alto C A P I T O L O 14.°

Come si provi il conto delle livellate, et quello che il Livellatore ha di sapere per farlo et notarlo di una in una Dieci sono le livellate, come di sopra si vede, et la ulti / ma di esse dice va cavato oz. 26'/4, il conto della quale si può rivedere sommando gfi Alti et Bassi separatamente gfi uni da gfi altri, et restando quelfi di minor quantità da quelli di maggiore, et al rimanente aggiungendo l'altezza dell'acqua, come per essempio. Gfi Alti sommati insieme sono oz. 26,9 et i Bassi sono oz. 12,6; questi detiatti da quegli restano in oz. 14,3 di Alto, con i quali, aggiunta l'altezza dell'acqua, la qual è 12, fanno 26,3 et vinti sei oncie et un quarto va cavato nel fine di esse dieci livellate, come nel conto passato si vede. Questa ragione si cava da che: Quando dopo la partita che dice va cavato segue Alto, si somma la sua quantità 107 E H 5 escrito encima de otro n ú m e r o corregido. 108 Aquí y en la lista que sigue, así como en las de las páginas 46 y 48; Sitoni había escrito el n ú m e r o 16, posteriormente siempre corregido en 20. 109 C a p . 14; corregido sobre otro n ú m e r o (¿16?).

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TRANSCRIPCIÓN DEL CÓDICE

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con la quantità della partita va cavato, et il produtto si scrive o assetta dicendo va cavato. Et quando dopo detta partita va cavato segue Basso, et la sua quantità è minore della / quantità della partita va cavato, si detra la detta quantità del Basso dall'altra quantità, et il restante si scrive dicendo va cavato. Ma quando la quantità della partita Basso è maggiore dell'altra quantità va cavato, si detra la minore dalla maggiore, et il restante si scrive dicendo va alzato. Quando dopo la partita che dice va alzato segue Basso, si somma la sua quantità con la quantità di detta partita va alzato, et il produtto si scrive dicendo va alzato. Ma quando dopo detta partita va alzato segue / Alto, et la sua quantità è minore della su detta partita va alzato, si detra la quantità dell'Alto da dett'altra quantità di va alzato, et il restante si scrive dicendo va alzato. Quando poi la quantità di esso Alto è maggiore della quantità della partita va alzato, si detra la minora dalla maggiore, et il restante si scrive dicendo va cavato. Et se dopo una di queste due partite va cavato, o va alzato, segue uguale, si scrive et assetta la partita della recitata maniera, et ove dice va alzato, s'intende egli tanto più della detta partita, quanto è l'altezza dell'acqua, a differenza di quando dice va cavato. Et seguendo detta livellatione: 11.^In20Altooz. 12.® » 20 » Basso 13.'' » 20 » Basso 14.^ »20 » Iguale 15.® » 20 » Alto 16.® » 20 » Alto 17.® »20 » Basso 18.® »20 » Basso 19.® »20 » Iguale 20.® »20 » Alto

2,0 va cavato 7,6 » 4,0 » » 8,3 » 0,6 » 10,0 » 18,9 va alzato » 2,6 »

oz. 28,3 » 20,9 » 16,9 » 16,9 » 25,0 » 25,6 » 15,6 » 3,3 » 3,3 » 0,9

Per conoscere et rivedere se il su detto conto è giusto, si sommano et detrano gli Alti et Bassi, come di sopra, et si detra il restante delle prime dieci partite dal restante delle seconde, et essendo il rimanente conforme alla ultima partita delle dette seconde dieci partite, la operatione è giusta. Questo si dice quando i restanti sono di differenti qualità, però quando sono simili, si sommano et giungono insieme. Et seguendo la livellatione: 21.® In 20 Trab. Alto oz. 22.® »20 » Alto 23.® » 20 » Alto 24.® »20 » Iguale 25.® » 20 » Basso 26.® » 20 » Alto 27.® » 20 » Alto 28.® »20 » Basso 29.® »20 » Basso

17,0 va cavato 3,6 » 1,3 » » 0,6 » 0,9 » 1,3 » 3,6 » 7,0 »

oz. 16,3 » 19,9 » 21,0 21,0 » 20,6 » 21,3 » 22,6 » 19,0 » 12,0

30.® Et nel fine di 20 Trab., fine parimente della livellatione, si trova Basso 12,0 all'uguale del fondo dell'acqua et della superficie della terra che si vuol adacquare,

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C Ó D I C E DE S I T O N I

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ove se nel decorso che fanno le acque non si assotigliassero tute le acque ad..."° dovrebbe trovar l'acqua alta le dette oz. 12 in cima della superficie di essa terra. Il conto della qual ultima partita sarà giusto, se sommati et detratti gli Altri et Bassi di tutte esse, come di sopra si è detto, et ultimamente detratto dal restante di essi il restante delle dette seconde diece partite, il rimanente sarà in qualità et quantità conforme alla detta ultima partita./

C A P I T O L O 15.°

Che con la maniera con la quale si hanno di livellare le acque et teste delle nuove fonti, si può provar anchora la passata operatione et conto Livellando differentemente di quello che si è detto nel capitolo passato, cioè cominciando abbasso all'intorno et appresso l'ultimo paletto, ov'è il principio della terra che si vuol adacquare, et andando in sii di livellata in livellata fino al primo palo che si presuppone piantato nella riva d'esso fiume, come si ha et deve livellare quando si vuol sapere la profondità che l'acqua di una testa o nuovo capo di fonte ha di tenere perchè con essa si possa adacquare, o servire ad alcun'artificio di molino o di altra cosa tale, si può provare anchora la passata operatione et conto. Questa maniera è così facile di effettuare, come si vede che lo è l'altra, et la sua differenza consiste solamente in che si ha di metter sempre il spontone nella riga grande tanto piii abbasso della parte superiore del bianco della bandiera, quanto importa la decaduta che per ciascuna livellata si ha di dare, overo che per Alto si assetti Basso./ Essempio: Sia che si cominci la prima livellata di detta livellatione in cima del paletto piantato all'uguale della superficie della terra che dinanzi si è detto di voler adacquare, et che serrato l'ordine su detto, si finischi nella cima del palo piantato nella riva et a livello della superficie dell'acqua che di ordinario passa per detto fiume, et si trovino le livellate essere come d'abbasso, cioè: In 20 Trab., fine della prima livellata, PrimaTrab. Alto oz. 12,0 va cavato

oz. 12,0

et seguendo: 2." 20 Trab. 3." 20 » 4."20 » 5." 20 » 6." 20 » 7."20 » 8." 20 » 9." 20 » 10." 20 » 11." 20 » 12." 20 »

Alto Alto Basso Basso Altooz. Iguale Basso Basso Basso Basso Iguale

7,0 va cavato 3,6 » 1,3 » 0,9 » 0,6 » » 1,3 » 3,6 » 17,0 va alzato 2,6 » »

19,0 » 22,6 »21,3 » 20,6 oz. 21,0 »21,0 » 19,9 » 16,3 » 0,9 » 3,3 » 3,3

110 Palabra ilegible en el manuscrito. 111 El 15 corregido sobre 17.

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T R A N S C R I P C I Ó N DEL C Ó D I C E

13.® 20 Trab. 14.® 20 15.® 20 16.® 20 17.® 20 18.® 20 19.® 20 20.® 20 21.® 20 22.® 20 23.® 20 24.® 20 25.® 20 26.® 20 27.® 20 28.® 20 29.® 20

Alto Alto Basso Basso Iguale Alto Alto Basso Basso Alto Alto Alto Basso Alto Alto Basso Basso

18,9 va cavato 10,0 » » 0,6 » 8,3 4,0 7,6 2,0 3,9 1,0 6,6 0,3 0,6 3,6 1,3 2,0 6,6

» » » » » » » » » » » »

181

» » » » » » »

25,6 25,0 16,9 16,9 20,9 28,3 26,3

» 22,6

» » » » » » » »

23,6 30,0 30,3 29,9 33,3 34,6 32,6 26,0

30. Et nel fine degli 26 Trab. dell'ultima livellata, si trovi Basso 14,0, si dice va cavato oz. 12,0 più abbasso del detto palo piantato nella riva del fiume all'uguale della detta superficie dell'acqua, le quali dodici oncie sono l'altezza dell'acqua, la quale nel principio di questo essempio si propose et disse c'ha di tenere di ordinario il detto condotto, anchor che nel decorso che fanno le acque si assotigfiano tutte nel suo fine.

C A P I T O L O 16.°

Che la detta maniera di livellare è la propria et buona, et che livellando si ha di guardare ogni silentio possibile Visto adunque et conosciuto per detto conto, che la / detta operatione è giusta, et che nel fine di ciascuna livellata si è trovato un medesimo va cavato o alzato, si deve livellare della su detta prima maniera, et procurare com essa il silentio possibile, afilne che non succedino errori, come sovente succedono, per causa di molto parlare, scrivendo et equivocando Alto per Basso, et notando un numero per un altro.

C A P I T O L O 17.°

Di un'altra maniera di livellare co'l medesimo istromento usata da poco esperti Senza piantar paletti et tener altro conto di dimostrare nel fine di ciascuna livellata la quantità che si ha di cavare o alzare della maniera che si è detto ne i due modi passati, si potrà anchora livellare dal principio fino al fine, pur che si tenghi conto de gli Alti et Bassi, essendo che per essi si può sapere, finita la operatione, se 112 El 16 corregido sobre el 18. 113 El 17 corregido sobre el 19.

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C Ó D I C E DE S I T O N I

l'acqua che si vuol condurre è più alta o più bassa del luogo che si pretende di adacquare, et la decaduta che si può dare a ciascuna livellata, però visto et inteso già che non si può iscusare / che ciascuna livellata non tenga per il meno la su detta decaduta, et che la spesa dell'opera, in caso che possa riuscir buona et a proposito, è determinata di farsi, molto meglio è che si livelli o operi della prima maniera perchè operando si sa se vi è più o manco decaduta di quella che è bisogno, si conosce il camino per dove è meglio passare, si sa se si ha di passare di sotto o di sopra da altri condotti, et si sanno le difficoltà che vi sono di cavare et arginare ultimamente; et piantati che sono i paletti ner fine di ogni livellata, con un ricordo di quello che va cavato o arginato, et con un montone di terra appresso di ciascuno, per maggiore et più certo segnale di questo perchè però si cavi o lasci alto il fondo di detti condotti, et poi tenuto il su detto conto de gli Alti et Bassi, di dieci in dieci partite, si può, non solamente rivedere se la operatione del livello è giusta o no, ma anchora il conto di essa, sommando detti Alti et Bassi, et restando gfi uni da gfi altri, senza tener obligatione di aggiungerci la decaduta, et ultimamente determinare tutte le fabriche de i ponti, tomboni et canafi, et sapere, poco più o manco, la quantità del dinaro che per detta essecutione bisogna provedere. Dissegno del su detto Istromento et di tutte le sue circostanze./

C A P I T O L O 18.°

Dell'Archipendolo secondo Istromento per livellare et come si riparte Il secondo Istromento di livellare è l'Archipendolo. Questo si fa di secco et buon legname, però non più alto di una statura et meza di un huomo, nè più largo dall'un piè all'altro di due, sì perchè resti dritto et leggiero, come perchè sij agevole di maneggiare, et con un peso di dieci o dodici fire attaccato ad un filo sottile di rame, che cada perpendicolarmente nel suo traverso; si regge et governa alzandolo et abbassandolo, conforme a come si trova alta et bassa la superficie et spacio che si ha di livellare. Si ferrano detti piedi con ferri che tenghino le punte non molto acute, perchè non si spuntino et corrodino mutandosi molte volte come si mutano, et perchè non sblissighino fuori de i cavi de i due sottopiedi, sopra i quafi si assettano detti Archipendofi, di livellata in livellata. Questi sottopiedi si fanno di buon ferro o di alcun altro metallo, cias / cuno della grossezza di un dito, et larghi di tre o quattro in quadrato con un cavetto ritondo nel mezzo della sua parte superiore et con una punta d'abbasso per ciascun angolo, perchè posti et assettati che sijno nel suolo, et sopra et nel cavetto di essi i piedi del detto Archipendolo, non s'appartino, o sblissighino nè l'uno nè l'altro da i punti terminati." A piedi, o a palmi ripartiti in oncie et punti, overo in altre sorti di misure diminuite, come d'abbasso si riparte la fronte della riga o linea traversale di esso Archipendolo, nella qual linea perpendicolarmente cade et batte il filo del suo peso, la metà della quale linea si assigna per gfi Alti, et l'altra metà per i Bassi. 114 A continuación venía el título del C a p . 21, posteriormente tachado.

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Alcuni, trovata et aggiustata che hanno detta linea perpendicolare co'l punto di mezo dell'altra linea traversale, la ripartono metricamente assettando detto Archipendolo sopra di un travotto diritto et posto a livello, che tenghi un altro travolto incas / sato perpendicolarmente et ad angoli retti, sopra del quale sij segnalato et ripartito la giusta misura, che vogliono et ponno ripartire nella detta linea traversale, et alzando l'un piè dell'Archipendolo, et appressandolo al detto ripartimento veggono ove cade et batte il suo filo, et così lo segnalano da una parte, et con un compasso dall'altra, tirando linee con una riga grande et dritta dal centro et buco ov'esce il detto filo a ciascun punto segnalato. Overo, aggiustata che tengono detta linea di mezo, tirano in un piano due linee in longo et ad angoli retti, et nell'una ripartono et segnalano i piedi et minuti che vogliono, et nell'altra dissegnano un triangolo uguale al triangolo che contiene il detto Archipendolo dal suo buco alla punta di ciascun piè, et dall'un piè all'altro, con la sua perpendicolare nel mezo, et da i detti ripartimenti tirano tante basi coangolate con l'altra linea, / et sopra di esse tanti triangoli uguali al sudetto Triangolo, quanti sono detti ripartimenti, et da gli angoli superiori tirano le perpendicolari cadenti, ciascuna sopra della sua base, parallele alla detta linea ripartita, et la distanza che ciascuna fa dalla linea di mezo di ciascun suo triangolo, segnalano et apuntano da una parte della linea perpendicolare del primo triangolo, come altezze uguali all'altre ripartite nella detta prima linea, causate dall'alzare dell'Archipendolo, della maniera et come ne i seguenti dissegni si può vedere. Altri, affinata et aggiustata che tengono la linea perpendicolare co'l punto di mezo della linea traversale di detto Archipendolo, dissegnano il Triangolo ch'egli contiene con la sua perpendicolare et traverso, et ripartono la metà della sua base in tanti palmi, oncie et punti, overo in tante altre sorti di misure, quante vogliono, et da una parte di essa perpendicolare tirano un simicircolo di non maggior diametro du tutta o parte / di detta Unea, la metà del quale ripartono in tante parte, quante sono quelle della metà della detta base, et ripartite la segnalano nella inferiore circonferenza di detto semicircolo, dalla linea diametrale innanzi, attraversando ciascuna con linee discendenti et tirate dall'agolo superiore di detto Triangolo all'altra metà della sua base.. "^Nel mezo et al traverso poi della superficie o parte superiore di essa linea traversale, ove cade il filo del piombo, si pianta un chiodetto, o altra cosa tanto rilevata da essa superficie, che basti per segnale, et dall'una parte et l'altra si fanno cinque schiere di buchi, la prima di tre, che significano punti, la seconda di quattro, che significano quarti di oncie o digiti; la terza di tre, che significano oncie, la quarta di quattro, che significano palmi, et la quinta di dieci, che significano braccia. I quafi buchi si possono appropriare, cioè quelfi della parte sinistra di detta finea traversale a i Bassi che seguono per la livellata, et quelli della diritta a gli Alti"®. / 115 Antes de este párrafo Sitoni había escrito e! título de u n C a p . 43, después suprimido. 116 A eonünuaeión Sitoni puso come per essempio, luego suprimido. Después de un espacio blanco p a r a el dibujo, la siguiente página se encabeza con el título de u n C a p . 24, posteriormente tachado.

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C Ó D I C E DE S I T O N I

Si fanno similmente nella superficie o parte superiore della gamba dritta quattro schiere di dieci buchi per ciascuna, la prima delle quali significa dieci numeri di livellate, della misura che si trova essere la linea o distanza che è dalla punta dell'un piè di detto Archipendolo all'altra. La seconda dieci decene. La terza dieci centinaia, et la quarta dieci migfiaia; affine / che di dieci in dieci, o di più numeri di livellate, si possi sapere, restati che sieno gli Alti da i Bassi, o i Bassi da gli Alti, che tanto va alzato o cavato il termine et sito nel qual si trova il Livellatore con esso Archipendolo.

C A P I T O L O I9.°

Come sopra et nel medesimo Istromento si notano le livellate et come di una in una si possono fare tutti i suoi conti Fatte et segnalate tutte le su dette cose, si opera et liveUa facilmente, perchè, assettati che si tengono i piedi di questo livello sopra i suoi sottopiedi, come per essempio si presuppone che nella prima livellata / si tenghino, cioè il sinistro in cima del palo che si ugnala con la superficie dell'acqua principale, dalla quale si vuol derivare l'accessoria, et il dritto sopra di un sottopiè tanto più alto del livello della cima di detto palo, che per esso si causi che il filo del piombo dell'Archipendolo cada nel dritto della linea, o punto signato quattro palmi nella parte sinistra; si mette un chiodo o paletto nel quarto buco della schiera deputata per i palmi presupposta nella parte dritta, che è tanto, come se si scrivesse Alto quattro palmi, o si dicesse che sotto di esso piè va cavato l'altezza di quattro palmi oltre l'altezza dell'acqua che di ordinario ha di tenere il suo condotto. Et se nella seconda livellata, voltato il fivello, come di una in una si ha di voltare, et assettato il piè sinistro sopra l'altro sottopiè, si trova il detto piè tanto alto che cadi il filo del piombo nel dritto di due palmi et tre quarti della parte dritta, si mette un altro chiodo, o / paletto nel secondo buco de i palmi, et nel terzo de i quarti di detta parte sinistra, overo si detrano detti due palmi et tre quarti di Basso da i detti quattro palmi di Alto, et il resto che è un palmo et un quarto si nota con due chiodi o paletti, mettendone uno nel primo buco de i palmi, et l'altro nell'altro primo de i quarti, et levando quello del quarto de i palmi, anchora che, per non tener che restare et contare di una in una livellata, si ponno assettare gfi Alti et Bassi ne i suoi termini, come si è detto di sopra, et nel fine di dieci, o di più numeri di livellate, restare gfi uni da gfi altri, facendo piantar un paletto uguale alla superficie della terra, con un montoncigfio appresso, et in detto paletto, overo in una memoria per solamente questo effetto, notar la quantità che si ha di abbassare, o alzar la detta superficie. Si ha però di sapere che quanto maggiore è l'angolo superiore / dell'Archipendolo, tanto maggior altezza o profondità si livella in una sola livellata,"^ et che la varietà de i seguenti triangoli dissegnatì a somiglianza d'Archipendofi, alcuni con le gambe uguali et le basi differenti, et alcuni altri al contrario, fa conoscere facilmente che con l'Archipendolo fabricato con angolo ottuso si fivella sempre, in una sola livellata, altezza o profondità maggiore di quella che si livella et può livellare con ogni altro che sij fabricato con angolo retto, o 117 Esta frase era anteriormente el título de u n Gap. 26, que quedó después incorporado al texto.

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con acuto, come ciascuno tenghi le gambe o basi di ugual longhezza. Et questo perchè la linea perpendicolare del mezo di ciascuno Archipendolo fabricato con maggior angolo è sempre piìi corta di quella d'ogni altro che sij fabricato con minore, et che nell'alzare o abbassare l'uno de i suoi piedi, constituisce et fa maggior circonferenza dal punto dal quale esce il filo del suo piombo, quando sta a livello, / alla linea che si presuppone perpendicolare et parallela all'altra linea di mezo, et per conseguenza, maggior circonferenza, altezza o profondità con la punta di esso piè mobile, senza pericolo che esca il piombo fuori della gamba del piè immobile et di quello che può fare, alzandosi o abbassandosi, qual si vogli altra di ciascun altro Archipendolo fabricato con minor angolo./

C A P I T O L O 20.°

Di due altri Istromenti, con l'uno de i quali facilmente sì livella in tempo di aere et co'l'altro le altezze et bassezze di ogni monte Con un travotto di buon legname diritto et pesato, di un Trabucco lungo et di tre o quattro oncie grosso, assettato afivellosopra due montoncini di terra fatti nel mezo di ciascuna livellata, et elevati del piano tanto che basti perchè il Uvellatore in ginocchioni posto (possa) comodamente (traguard) arvi"® sopra al modo come qua giù si vede dissegnato, overo assettato et posto sopra due banchi fatti con suoi tornigli commodi per alzarlo et abbassarlo; si può livellare, in tempo di mediocre vento, mettendo et incassando nella parte superiore di ciascun capo una mira quadrata di legno, o di ferro, et contraguardarvi in cima, della maniera recitata nel primo Istromento./ Et con un altro simile travotto o, per minore travaglio, con una riga diritta, ferma et lunga altrettanto, si potrà livellare qual si vogfi sorte di monti et profondità, pur che ad un capo et nella parte superiore di essa riga soprasti un Archipendolo leggiero, però giusto et ripartito in due parti eguali, et all'altro sia coricato un piombino che per via di corda sottile ravolta ad un rocchetto scorra perpendicolarmente et per il suo bisogno una girella conforme et che di una in una sieno notate et descritte le portate di essa riga, insieme con le decadute di ciascuna livellata, che per il viaggio si troveranno, et perchè sogliono molte volte accadere, nel tempo che si livella, furiosissimi venti che impediscono il riposo del detto piombo et di ogni altro Istromento apparecchiato per livellare, si ricorda che sarà bene che il Livellatore si serva di alcune tele o lancinoli, o di qualche padiglione ben teso dalla parte ove vede correre il detto vento. Per i dissegni che seguono ogni giudizioso potrà capire tutto quello che per cotal effetto sarà bisogno./

C A P I T O L O 2 L°

Della obligatione che Ingegneri tengono di conferire con i Signori delle opere, le fahriche et spese loro Fatte le livellationi, et constato manifestamente che le fahriche che si pretendono di fare sieno riuscibifi, senza perdita delle spese, et dato il conto del tutto a i Signori 118 Palabras ilegibles del manuscrito, restituidas por conjetura.

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di esse; si dissegnano in sua presenza, et in presenza anchora di huomini intelligenti i condotti sotterranei, o scoperti che si vogliono fare, con le sue prese, imhoccatori, disacquatori, ponti, cornigi et canali; affine che il tutto si determini bene et con ragione, et che nel fabricare non seguino di quei dispareri, che molte volte per malitia d'invidiosi, sogliono seguire, a danno et dishonore, non solamente di detti Signori, ma anchora de i Maestri et Ingegneri. Et dissegnato et ben determinato il tutto, et fatta la provigione de i materiali necessarij per le sue fabriche, si effettuano, ciascuna della maniera et ordine che segue. Avvertendo però a che primieramente et innanzi che / si fabrichino le prese o sostegni ne i fiumi, si fabrichino gl'imboccatori et primi disacquatori de i condotti, poi che in asciutto, overo con manco impedimento dell'acque di essi fiumi et delle sorgenti, si possono fabricare; et che si aprino i condotti terminati fra essi, perchè nel tempo, et mentre che si fabricano dette prese, tenghino le acque per dove comodamente passare et disacquare.

C A P I T O L O 22.°

Come si dissegnino i condotti delle acque, et perchè conviene che i scoperti, che servono per adacquare, non sieno profondi, nè vicini a monti o a coste loro Essendo, como è, che la linea dritta è la più corta finea che sij tirata fra due punti, et essendo che per isperienza si vede che per un condotto che sia dritto et di moderata larghezza et profondità non solamente si conduce maggior quantità di acqua, et con più decaduta, di quello che si conduce per un obliquo, ma che anchora si risparmia sito et terreno per fabricarlo, et molte volte la spesa di nettarlo, per il rapido corso che le sue acque tengono. Per / linee dritte, et non per oblique, si dissegnano detti condotti, et particolarmente i scoperti, che servono per adacquare, quando per la loro drittura et camino, o passo, non si trovino impedimenti che vi causino molti angoli o- gombidi, come sovente lo causano alcuni soverchi alti, o bassi, costosissimi di cavare et sopraponere, fabriche di pietre o di mattoni, et altre cose importanti, le quali, per giusta ragione, si hanno di schivare, overo quando per i paletti delle loro livellationi si conosce che, fabricandosi i detti condotti, restano le sue rive et muraglie non più alte o basse, dal loro suolo in sù, di quello che sono le acque che ordinariamente hanno di condurre, aggiunto con la decaduta, et un piè o due che conviene che tenghino di più in ciascuna parte, per poter, bisognando, et con essa capacità, ripresar le dette acque, et guardar le altre che in tempo di piene vi possono entrare per di fuori senza pericolo che s'innondino le terre et paesi circonvicini./ Si allontanano però da ogni eminenza, et si passano per le più basse parti che sì può, come si conoschino capaci et commodi per poter servire ove si pretende; perchè di questa maniera non facendosi profondi, per conseguente non sono così pericolosi di cascare et accecarsi, sono più facili et manco costosi di fabricare et nettare, et in essi si raccogliono maggiori et assai più quantità di acque et scolaticij, quando piove et fiocca, et quando si adacquano le terre de i vicini, che sono causa di che s'ingrassino et aumentino le altre che di ordinario si conducono. 119 El n ú m e r o 22 corregido sobre u n antiguo 29.

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Si allontanano anchora da i monti et coste loro, sì perchè le acque che da essi discendono in tempo di pioggie non gli rovinino le muraglie et rive, come perchè schivino i pericoli che tengono di empirsi, et accecarsi molto presto. Ma quando non si ponilo allontanare, per ritrovarsi, come molte volte si ritrovano, le superficie delle terre piii / basse di quello che conviene per poter guardare il corpo o altezza dell'acque loro, della maniera che di sopra si è detto, all'hora si accostano per fuggire la grandissima spesa che converrebbe, havendosi di alzare le sue rive et suolo con argini, la terra s o p r a . . . c o s ì pericolosa di cadere et rovinarsi per ogni poca innondatione di acque, et con piccoli contrafossi, che si fanno fra essi, si difendono al meglio che si può, disacquando le acque pioviali con canali attraversati per in cima, overo con cornigi fatti di sode et buone fahriche per di sotto. A. Ma quando per la indispositione di alcuni camini o passi non si ponno disegnare et successivamente passare se non per cavi, i quali a scoperto sarebbono profondissimi et per conseguente costosissimi et quasi impossibili, come fu quello che di ordine di detta Sua Maestà io dissegnai fra la villa d'Horiola et la di Coscó nel regno di Catalogna l'anno 1578 con proposito d'introdurci l'acqua di Segre fiume notissimo et molto capitale in quelle parti, per adacquare il campo che si dice di Urgel situato fra la città di Lerida et la Villa di Tarrega, termino nel quale si chiude un piano di più di cento et cinquanta migfia quadrate; all'hora, ben visto et conosciuto che le viscere et partì della terra, sopra et dentro delle quali hanno di caminar l'acque de i detti condotti, sieno sufiicienti per sostentar non solamente il carico che minandosi loro può restar in cima, ma anchora per diifendersi dalla corrosione che vi può far il corso dell'acque che vi si vogfiono introdurre; si dissegnano et minano della maniera che il seguente dissegno mostra, avvertendo però a che si faccino tutti quei lumi et spiragfi che si può, per i quali, bisognando, si possa cavar la terra, et eshalar queU'aere et vento, che le medesime acque generano et portano conseco. Nelle terre pendenti et quasi piane, nelle quafi si ha fibertà di poter passare con / qual si vogli sorte di condotto, arrivato che si è, livellando et co'i suoi segnali in parte ove si trovi la giusta et conveniente profondità loro, non si tiene conto se non di proseguire il restante a livello, et di tal sorte che il fine di ciascuna livellata si concordi co'l suo principio, aggiuntavi però sempre la debita decaduta, come per essempio: Se nel principio di una di queste liveUate si trova che il bianco della bandera o suo termino apuntato sia alto 24 oncie dalla superficie della terra in su, per conseguenza il suo fine si ha di trovar altrettanto, et non trovandosi, si volge il livello poco a poco, et di maniera che assestato si trovi et confacci con la medesima altezza defie 24 onde. Et perchè non sempre, nel far le livellationi, restano detti segnali a drittura come potendo si ha di procurare, non vi essendo però fra loro meno differenza, finite che sono, si fanno piantar in essi segnali alcune canne o ben dritte bacchette, le quafi si van mutando et indrizzando hora d'una parte et hora da un'altra, per fuggir tutto il possibile gfi angofi et gombidi recitati./ B. Per le allegate obfiquità procedono molti angoli et, acuti overo ottusi che siano, si ritondano tutto il possibile, et perchè con essa ritondità si facilita il corso delle acque che vicino loro passano, et perchè non così presto si corrodono le muraglie et rive de i rotondati come si corrodono le altre che non si ritondano, lasciando sempre la corrosione, fango, o posatura dell'acque torbide in quella parte del suolo et fondo de i loro condotti, che più basso et vicina si trova alla minore, o più stretta parte di ciascuno di detti angoli./ 120 Palabra ilegible en el manuscrito.

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Questa ritondità si trova facilmente ogni volta che distante dalla parte interiore di ciascun angolo, per tretanti nelli angoli acuti, due nelli retti et uno nelli ottusi almanco, quanta è la larghezza del suo condotto, si pianta un chiodo nella linea che lo divide in due parti uguali, et che da quello, come dal centro di un circolo nel quale sij fitto il capo di una corda, si tirino et segnalino con l'altro le due linee circolari, che s'inchiudono fra l'altre linee rette, che costituiscono tutti due gli angoli, interiore et esteriore di ciascuna angolo o gombido, come si vede che sono i tre seguenti dissegnati per essempio.../

C A P I T O L O 23.°

Come si conduchino le acque delle fonti per bevere o per adaquare Usarono un tempo gli antiqui Romani inventori delle piii belle et migliori fabriche del mondo, di condurre le loro acque da bevere per condotti sotterranei, et con molta ragione, perchè piii sicure da gli inimici et manco esposte a i Soli et ghiacci restavano, et per conseguente pili fredde et migliori. Volsero poi che piii comodamente servissero et con maggior abondanza a tutte le case, giardini, stufe, molini et altri artiflcij necessarij al vitto et pia / ceri loro, che fu causa che, mentre che durò il suo Imperio et governo, si conducessero senza violenza per acquedotti fatti sopra altissimi archi di muraglia, a traverso delle valli et fiumi, che per il dritto camino si trovarono, non perdonando a niuna sorte di spese, come hoggidì lo mostrano le reliquie delle rovine loro. Spenta quella grandezza, si spensero anchora i fatti, et per le grandi et terribiU spese, che dapoi si conobbe ch'importavano tali fabriche, si tornarono a condurre, come tuttavia si conducono, per canali sotterranei murati da ogni parte, con le volte sopra, o per canne di piombo, o di altro metallo, overo per cannoni di terra cotta, havendo rispetto sempre alla quantità dell'acqua, la quale, quando è poca, basta che si conduchi per canne o cannoni, et quando è molta, per canali di conveniente capacità, et a che primieramente si facciano le debite difigenze di unire le acque delle teste et origini loro, della maniera et come si disse nel settimo Capitolo. Detti canali, non trovandosi prima le viscere del terreno, o i / fianchi della loro fossa bastanti per sostentarsi da se medesimi; si fanno di soda et firme muragfia fabricata sopra buono et stabile fondamento, et di tanta larghezza et altezza quanta basta perchè vi capiano l'acque che per essi si hanno di condurre. S'intonicano et fisciano di dentro con calcina ben preparata et si coprono con volte di honesta grossezza, et perchè l'acque non sijno riscaldate da i Sofi, et perchè non passino per le commissure delle loro pietre o mattoni. Le canne, come si è detto, si fanno di piombo o di altro metallo, et i cannoni di terra cotta. Tutti però di larghezza conveniente, perchè piacevolmente et con poca violenza conduchino le loro acque. Con essi et piìi particolarmente con quelfi che si pongono nelle parti basse et piegate de i loro condotti si tiene gran conto, perchè il suo orlo et intorno sij grosso tutto il possibile, sì perchè non scoppino, come perchè sijno manco fragifi. In alcune cose sono differenti le canne di piombo et di ogni altro metallo da i cannoni di terra cotta. Questi essendo vitriati di / dentro, oltre che sono di poca spesa, et che con maggior comodità si ponno rimediare, sempre che sijno mal stuc-

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TRANSCRIPCIÓN DEL CÓDICE

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cati et commessi, o che vi succeda altro danno, conservano le acque et più sane et più saporite, et non generano nè criano così facilmente herbe, come gli altri, le quali causano le detentioni dell'acque, et molte volte scoppio et rompimento loro. Et le canne di metallo causano che l'acque che per esse corrono, per longo spado, induchino escoriatione dell'interiora ne i corpi humani, et che i Signori de i condotti votino le loro borse, per lo molto che costano. Et per ciò sono biasimate et lasciate in oblivione, anchor che con esse si possino condurre, et si conduchino più facilmente le acque violenti. Queste canne et cannoni si entrano et mettono l'uno nell'altro, della maniera et come mostra il seguente dissegno, et si commettono et stuccano con calcina spenta et battuta con oglio et stoppa minutamente tagliata, overo con calcina et assungia di porco. Si assettano et firmano con buona muragha, et si caricano / tutto il possibile per in cima, et maggiormente ove si piegano, et ove si vede che per il peso et violenza del corso dell'acque che conducono, tenghino pericolo di scoppiare et sollevarsi, et non si risparmiano se non ove sono le dette pieghe o inginocchiature, le quali, di ordinario, si fanno di buona pietra forata al giusto et dritto degli angoli loro, et delle canne o cannoni che vi si commettono, overo ove si trovano sassi, tufi o altri terreni serrati et bastanti per sostentarsi da se stessi, poi che per essi, a scoperto, o per mina, si può passare senza impedimento del corso deUe loro acque. Come vogli che dette acque si conduchino, o per canne di piombo, o per cannoni di terra cotta, nel principio et ove si uniscono, si fa un ricetto di buona muraglia deUa maniera di una capanna, che sia di honesta longhezza et larghezza, co'l suolo alquanto più basso et profondo del suolo del suo condotto, per sede et riposo delle bruttezze che dette acque portano con seco; et di / nanzi della bocca di esso condotto, la quale di ordinario ha di tenere una ragna di ferro o di altro metallo per ritentione de i rami de gli arbori, fiondi, et bruttezze che vi arrivano; si fa una porta per serrar l'acque, et quando sono torbide perchè non vi entrino, et quando i suoi condotti hanno bisogno di alcuni rimedij, et tenendo commodità di alcuna vicina valle o bassezza, per la quale si possa disacquare et le inondationi et le bruttezze che nel detto loro ricetto riposano, se ne fa un'altra, la quale non si apre se non per tali effetti. Distante poi da detti ricetti per spatio di ducento braccia, o di altro minor numero, si fanno conserve di muraglia nel dritto, mezo, et sotto de i suoi condotti, della medesima lunghezza, larghezza et profondità che sono gli stessi ricetti, et perchè le acque tenghino ove riposar le torbidezze loro, et agio di passare et correre al suo fine et ricettacolo, et più pure et più stillate, et perchè più facilmente si ponno rimediare i diffetti et danni, che / nascono ne i detti suoi condotti, senza disfare et rompere tutta la fabrica. Non si fanno però ove le acque cominciano a discendere o salire, nè anchora restano più basse et profonde, ma ove tengono il corso più uguale et continovato, il quale sopra ogni cosa si procura sempre. Et se fra loro si fabricano, come conviene che si fabrichino, alcuni pozzi o eshalatori, alcun tanto più alti di bocca di quello che sono le superficie delle terre per le quali passano i suoi condotti, o del livello et piano al quale ascendono o possono ascendere le sue acque; et esse restano più purgate et saporite, et i condotti più liberi dal scoppiare, eshalando l'aere che dentro vi si genera per il peso et violenza delle dette acque. Questo pericolo di scoppiare si fugge, raffrenando il corso et decaduta delle acque, con pieghe, et volte piacevoli, tirate hora da destra, et hora da sinistra parte, et con diverse scese et salite. Et le giunte o commissure delle canne o cannoni de gli acquedotti, che non sono ben saldate et stuccate, si rimediano et otturano, se con

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l'acqua che la prima volta vi si mette si mescola cerere, / et si lascia correre poco a poco in esse. Si conducono anchora queste acque per canali o per trombe di legname messe l'una nell'altra, della maniera che si è detto delle canne et cannoni, però se non sono sotterrate et ben difese dal Sole et dall'aere, et presto invecchiano, et presto danno malo sapore et colore all'acque. Quelle poi che sono per adacquare, si conducono a scoperto, della maniera recitata nel su detto settimo Capitolo, et che per maggior chiarezza si reciterà nel seguente.

C A P I T O L O 24.° '21

Come si fanno et conservino i condotti scoperti per adacquare Per la inequalità della superficie delle terre, per le quali si passano i condotti dell'acque che sono per adacquare, alcuni di essi condotti si cavano nella terra hora più et hora tanto, o poco di più, di quello che sono le altezze delle loro acque ordinarie. Et alcuni altri si alzano con argini di terra sopraposta in tanta altezza, quanta è quella che si trova notata nella memoria o paletti delle sue livellationi, overo, / in quella che si conosce conveniente et necessaria anchora che molto meglio, più sicuro et di manco spesa sarà sempre il cavare et costeggiare che l'arginare. Quelfi che si cavano nella terra si cavano a scarpa, cioè con le pareti inchinate dal piano superiore fin'al suolo, et con parte della loro terra si alzano le sue rive con un argine non più grosso et desviato da esse di un piè e mezo, o di due, et non più alto di mezo o poco più, perchè l'acque piovali, che dalle loro parti più eminenti discendono, non caschino in essi, et gfi rompino le muraglie et co'l resto di essa terra scavata si alzano alcuni bassi o, non essendo bisogno, si porta lontano, di una volta, tutto il possibile; o per il manco dodici o quindici piedi, dall'una et l'altra parte di dette rive, o dove più ci accommoda, anchor che costi, abbassandola et spianandola di maniera che si possi lavorare, o almanco che non porti danno a i detti condotti, in caso però che per tal bassezza non vi tenghino passo et entrata le innondationi de i fiumi, da i quafi si derivano le sue acque, overo alcune altre piene et bruttezze, che gfi accechino. Questi altri poi che si alzano più della superficie della terra firme, et che con argini si sostentano, si fanno con terra sopra / posta, la qual non tenghi herba nè legname dentro, et sij calcata et battuta ugualmente con becchi o pisoni, et con tal ordine che per il manco le sue rive sijno grosse neUa parte superiore tanto, come è la metà della larghezza della superfice dell'acqua, et il suo piè o fondamento largo o grosso una volta e mezo tanto, quanto ha di essere, et è la larghezza della parte superiore, con la sua altezza, come per essempio. Se la parte superiore è dodici et l'altezza è sei, sommando questi due numeri fanno dieciotto, et con la sua metà di più vintisette, et vintisette ha di esser largo o grosso il piè o fondamento. Avvertendo, tutto il possibile, a che cotali sopraposti non tenghino il suolo più basso et profondo di quello che sono i paletti delle loro livellationi, perchè sovente et per l'acqua morta che vi resta dentro, con sopra l'eccessivo peso dell'altra che corre et contrasta continuamente con i detti argini, et perchè la terra non è buona et forte, detti argini et sopraposti rovinano, a grandissimo danno delle terre circonvicine, et 121 El n ú m e r o 24 escrito sobre u n anterior 31.

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de gli adacquamenti c'havrebbo / no di fare, come si ha ancho di avertire a che per tener terra con che arginare et sostentar le acque di essi condotti, non si allarghi il detto suolo più del suo dovere, o che si facci o cavi fosso laterale, et appresso più profondo di esso suolo, come lo sogliono fare alcuni poco pratici, perchè per tutto esso il più delle volte dette acque si perdono o restano morte, sommergendosi in pregiudicio degli adacquamenti et de i principali loro. Similmente si ha di avertire che quando i detti condotti si hanno di profondare piedi 4 o 5 tr., non conviene che fuori di essi si butti la terra, ma che si cavi et faccia raggiar di subito, o portar tanto di lontano per una volta, quanto si può, valendosene per spianar valli et alzar i detti loro argini, bisognando, et per acconciar le contrade che vi sono appresso, poi che la spesa non sarà parimente per più di una volta. Si fuggirà il pericolo di cader più in essi, per corrosione o per altro accidente, et di tener impedito il decorso delle loro acque, et ultimamente si fuggirà l'incontro di occupar il terreno in banche, per sostentar la detta terra scavata. Nel caso che le acque di detti condotti tenghino gran decaduta, et che ne gli alti et dossi loro, ove bisogna profondare et allargare, si trovi terra leggiera et sabbionina, la quale con le proprie acque si possa far condurre abbasso et nelle valli, all'hora si ponno fabricar i detti argini et fossi per allargare co'l proposito di alzare et stringere i detti condotti, et di alzare et ingrossare i detti argini, et dispianar, bisognando, i detti fossi, et ogni altro cavo laterale che si trovi fatto. Però quando si trovassero con poca decaduta et ne i condotti loro si potesse comodamente tener acqua con alcuni barchetti per navigare, all'hora si potrebbe, con pochissimo et minor dispendio di ogni altro modo proposto, abbassar i detti alti, et le barche che fussero fatte, et condur da un luogo all'altro la sua terra, et ogni altra cosa necessaria per far cotali argini, per alzarli et ingrossarli et per alzar similmente, bisognando, i suoli de i medesimi condotti, et le valli loro contigue, poi che di questa maniera s'iscusarebbe ancho il perdere o pagare il sito del terreno che con tanta inadvertenza et senza niun utile si occupa./ Ma se per aventura li terreni che si volessero adacquare fussero piani et eguali, overo più alti che non sono le strade, per le quali si havessero da passar et condur le acque loro (incontri fastidiosi per la tendenza che fanno le dette acque havendo di montare et empire i suoi condotti per adacquar cotali altri), si può per più prestezza et sicurezza de gli adacquamenti et delle loro acque, perchè non si perdano rigurgitando, abbassar parte di essi terreni, et con la medesima terra alzar la detta contrada anchor che fussere di molta spesa per una volta, poi che il tutto sarebbe et più buono, et più durabile. Overo lasciare di adacquare cotali alti, essendo più atti per seminare et far vigne che non sono li bassi, et essendo che con la medesima quantità di acqua si potrà sempremai adacquare più quantità di terreni bassi, che non de gli alti; senza pericolo che le acque riflettino o si perdano, come particolarmente fanno quelle de i fontanili, le quali sono poche, et hanno poca decaduta. Si deve adunque più presto lasciar di adacquar i detti terreni alti, che lasciar l'acqua morta ne i loro condotti, poi che per isperienza si vede che si adacquaranno più presto cento pertiche di terra con poca acqua che tenga buona decaduta, che non si adacquaranno dieci con molta acqua che ne tenga poca. Più vicino et appresso che si può delle terre et luoghi che si pretendono di adacquare, si cominciano poi ad aprire et cavare questi condotti, et procedendo, si aprono infino che si arriva al suolo del loro principio, piantando nel fine di ogni 25 trab. un paletto che sia un'oncia più alto di detto suo principio per decaduta, infino che si arriva al suolo del loro principio, essendo l'acqua che si conduce acqua di

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fontanili, ma essendo di altra sorte che sia alla rata della decaduta che di 50 pertiche si è detto, come si aprono anchora i suoi disacquatori; et perchè le acque che cavando si trovano in essi, o che per altro accidente vi entrano, tenghino ove disacquare, et perchè i lavoratori, senza impedimento di acqua et con poca spesa possano agiata et comodamente cavare et profondare in qual si vogli parte. La scarpa o inchinatione delle loro muraglie ha di esser tanta, quanta è l'altezza delle medesime muraglie, o non manco de i tre quarti, affine che per la corrosione che di continovo fanno le acque che vicino et / nel piè di esse corrono, non si scavino et caschino insieme con l'altre che vi sono in cima, et accechino i condotti a danno delle terre che si adacquano, o de i molini che macinano, et deUe borse de i Signori di essi, le quafi in così fatti tempi non hanno bisogno di esser vote. I suoli di tutti i detti condotti si lasciano piii tosto stretti che larghi, poi che da loro medesimi si allargano, principalmente per la corrossione causata dal decorso delle loro acque, et per il gielo et spacciatura et per diversi altri accidenti, et essendo che quando di cotal maniera non si allargassero, manualmente et presto si ponno sempre allargare, ma non stringere essendo larghi, a differenza delle fabriche de i loro ponti, canafi et cornigi, le quafi si fanno larghe et spatiose, per comodità di poterci passare maggiori et assai piii quantità di acque di quello che nel principio si passano, et perchè, una volta fatte, non si ponno mutare se non con molta spesa et danno. A questi suoli si dà la decaduta con un archipendolo / non più largo o pesato di quello che la comodità et del portatore et della larghezza de i loro condotti ricerca, piantando di livellata in liveUata, o di due in due, un paletto di un palmo all'iguale della superficie loro, et questo perchè i lavoratori, con la guida di essi paletti, sappine ove et quanto cavare. Con tre miratori che sijno di ugual altezza et della maniera che sono i dissegnati nel fine di questo capitolo, si può fare il medesimo, cavando o alzando primieramente la terra de i detti condotti negli estremi di ciascuna fivellata tanto che si arrivi al suolo c'hanno di tenere, et assettando in cima di ciascuno di detti estremi uno di essi miratori, il qual tenghi la cima a livello, et in ultimo cavando, o alzando tanto il spatio che fra detti due fori resta, che assettato che sia il 3.° in qual si vogli parte di detto spatio, si vegga che medesimamente la sua cima et sommità stia medesimamente dritta et come chi dice tirata a corda con l'altre de i detti due./ Di pietre lavorate, o di buone tavole di legname si fanno i detti suofi, dalle porte degl'imboccatori abbasso, in longhezza di cinquanta o sessanta piedi, perchè per il cascare et entrare che fanno le acque nel principio di detti condotti, non si scavino o profondino di maniera che l'acque de i fiumi passino per d'abbasso di dette porte. Et di cento in cento braccia o poco più, hanno di tenere una pietra quadrata di un piè o palo di honesta grossezza, assettato ciascuno a livello del paletto che nel detto termine si trova piantato, affine che i lavoratori, nel tempo delle spazzature, sappino ove hanno di cavare, o non cavino più del dovere. Si consevano poi detti condotti, et spetialmente quelli per i quafi si conducono acque di fonti a scoperto, et con honesta decaduta, spazzandogli una volta ogni anno cominciando la loro spazzatura per di sotto, et finiendola per di sopra, / et iscusando, tutto il possibile, di attraversargli con fabriche d'incastri o di mofini, o con altri impedimenti di sostegni di chiuse, di peschiere et di fino in macero, che ritardino o possino ritardare et impedire il decorso delle loro acque, essendo poi che per tali estacoli, et più facilmente si accecano et perdono i loro sorgenti et con maggior comodità possono esser rubate le sue acque in tempo di necessità.

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Non si spazzano così spesso quegli altri che tengono poca decaduta, perchè oltre che le sue acque restano morte o vanno con poca violenza, et per la loro gravezza non possono ascendere piìi una volta che l'altra, si sommergono et perdono, come si perdono anchora le loro sorgenti, insieme con i dinari che si spendono in tali spazzature. Quegli poi che sono di compagnia, come lo sono alcune roggie adacquatrici, et le canterane o cloace che passano per le Città et ville principali, con l'acqua de' quali si purgano et nettano le immonditie loro; si spazzano, potendo, di presto et ad un tratto, et non altrimenti, co'l mezzo di spessissime chiuse et lavoratori, et questo perchè pioven / do, o havendo di correre altre acque per detti condotti, nel tempo che si spazzano, non si bruttino et accechino le parti già spazzate et nette, con le acque et fanghi che vi restano superiori. I navigli et fiumi navigabifi, che similmente hanno bisogno di esser spazzati, si spazzano poi in uno de i seguenti modi, o per scaricatori appropriati a questo efieto, overo serrandoli con diverse chiuse di legnami fitte et attraversate in diversi luoghi, perchè una sola non habbi in un medesimo tratto da combattere con l'abondanza et forza delle loro acque, quando sono in termino di votarsi et spazzarsi gli intervalli che sono fra esse chiuse. Queste, come sieno dritte et ben fatte, resistono a gli impeti di dette acque, ma meglio et assai più gagliardamente quando sono arcuate o hanno il dorso loro volto verso l'in sù dell'acqua..., però più alta ciascuna dell'honesto, acciochè nel crescere o gonfiare che facesse la sua acqua superiore ella non cadesse da tanto alto che scavasse poi il fondo e letto del fiume nel quale si trovano, et che poco a poco si avicinasse alla fonte sua origine et principio; questo si dice per ciò che ogni acqua spinta si comove et quando cade da alto perturba et porta via tutto il terreno scavato che ritrova sotto.

C A P I T O L O 25.°

Come sifanm le chiuse o prese ne i fiumi per sostentar le acque che si vogliono condurre per navigare et adacquare Diritte et non manco lunghe, in proportione della larghezza de i fiumi, di quello che sono le diagonali de i quadrati con ciascuno de i suoi lati si fanno le prese, con le quali si chiudono et sostentano le acque di essi fiumi che si vogfiono condurre per navigare o adacquare, et questo perchè comodamente s'imbocchino ne i / loro condotti, et che in tempo d'innondationi habbino più spacio per poter disacquare per in cima. Alcune si fanno con tanti letti di fassine verdi, longhe, ben legate, quanti si conoscono esser bisogno per l'altezza delle acque che si vogfiono condurre. Si mettono però in opera co'l loro tagfio volto all'in sù et contra il corso di dette acque et si palaficano di letto in letto con acuti et spessi pali. Altre si fanno con travi grossi forati ben palificati et tessuti con pietre lavorate ben poste et assettate ne i vacui che sono fra detti travi et particolarmente nelle falde et scarpe che tengono al cascare delle loro acque, et in difetto di dette pietre lavorate si empiono et fortificano con quali si voglino grosse rovine mescolate con fascine 122 El n ú m e r o 25 escrito sobre un anterior 32.

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tutte poste a pendio, perchè l'acqua che vi corre in cima cadrà rotta et molto stanca. Altre si fanno di pietro o di mattoni messi in calcina con buono et sodo fondamento, della maniera et come ne i seguenti dissegni si può vedere, et altri si fanno con soh brizi, sassoni (borioni si chiamano da' Milanesi), et tutte nel tempo di state, o quando le acque sono più basse. Come vogli che sieno, a livello si fanno, però non tanto alte quanto sono le rive de i loro fiumi nelle quali si fermano i suoi capi. Questo perchè in tempo di piene et innondationi le acque non sormontino, et co'l loro corso scavino et rompano le dette rive, lasciando in secco le prese; et quello perchè passino piane et a fivello sopra et per ciascuna parte di esse, / se bene con le alte si sostentano più alte le acque, nefie quafi si reggono et meglio et più comodamente le navi, nè vi si generano tanto le herbe. Non sono sottoposte nè hanno, le basse, di resistere tanto a i colpi et innondationi delle acque come hanno le alte. Sono manco dispendiose et pericolose di rovinare, et si mantengono con maggior sicurezza di non perdersi le acque, se bene criano più facilmente et herbe et giacci, et sono più presto asciugate dal sole che non sono le alte; ma se nelli adacquamenti si trovaranno pari in quantità, faranno tanto effetto le basse che saranno rinchiuse in cavi larghi, come faranno le alte in cavi stretti, serrate che saranno le une et le altre al dessignato loro incastro. Si manteneranno et governaranno sempre megfio le rive delli loro cavi come elle sieno da principio ben costrutte. Et alte o basse che dette prese si faranno, ciascuna si otturarà et assodarà bene, et di ma / niera che le sue acque non penetrino per esse et si perdino. Et tanto a dentro delle sponde et rive delli loro fiumi si metteranno i capi di esse prese, quanto si conoscerà che possano bastare perchè la forza delle acque che sostentaranno non fi scavi et rompa, lasciandoli in secco il resto, come di sopra si è detto. Vogliono alcuni, et con molta ragione, che nelle prese et chiuse che si fanno ne i fiumi navigabili, si lascino alcune bocche o portigli tanto spatiosi, alti et distanti da gl'imboccatori de i condotti che nel mezo loro si cavano, quanto si può intendere che convenga perchè in tempo d'innondationi, vista da i passeggieri la drittura di essi portigli et de i suoi canali, agiatamente et senza pericolo delle vite loro, passino con sue barche et cepate intiere di legnami. Nelle sponde de i quai portigfi si fanno poi due incastri, per comodità di metterci et entrarci tanti assoni o tasselli della larghezza di un piè o di manco ciascuno, quanti piedi o altre misure havranno di esser alte le dette prese, et tutto perchè in tempo di siccità esse bocche si possino serrare per intrattenere et sostenere le acque degli adacquamenti et altri suoi bisogni. Vogliono ancho, et ha del verissimile, che tanto più piacevolmente si chiudono et ristagnino le acque di detti fiumi, quanto più larghi si spandono, et la isperienza lo mostra, poi che quelfi che sono ristretti dalle rive et serrati in minor letto, conducono le sue acque alte et al cedere impetuose; a differenza de gli altri, che sono serrati in maggiori et più larghi letti, i quali sogfiono guidare il corso delle loro acque tardo et lento. Ricordano poi che non si deve permettere che nella parte superiore delle rive contigue alle dette prese si piantino et lascino niune sortì di piante che possano impedire et irritare la piacevolezza del corso delle acque, come non farebbono virgulti, giunghi et altre sorti di herbe che producono barbe et sono flessibili, durevoli et di niun contrasto alle acque, et che niuno si contrapponghi a quelle che innondano et portano con seco alcuni tronchi et rami, allegando che quanto più si contrappone all'acqua, ella si sforza di corrodere con perfidia et di far forza a chi vi si contrapone./

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Non permettono però che il corso o decaduta loro sia nè troppo veloce nè troppo tardo, per esser così nocivo l'uno come l'altro, et perchè se ben con questo si mantiene assai piii l'acqua, genera niente di meno herbe et giacci, come si è detto che generano tutte le acque basse; et quello scava sotto, et le fa rovinare le rive, se bene per difesa loro giovano assai le palificate fatte con spessi et forti pali, et con di dietro asse rifilate et inchiodate, o per manco spesa g r a d i s c e t e s s u t e di vimini di rovere o di altro legname tale, poste in opera l'una sopra l'altra aU'in giù dell'acqua et interrate bene./

CAPITOLO

26:o 124

Ove et in qual luego si assettano le porte principali delle roggie et come si fanno perchè sieno difese dalle innondationi de i loro fiumi Nel principio delle roggie o condotti per i quafi particolarmente si conducono acque per adacquare, et più vicino che si può delle rive de i fiumi da i quali derivano, si assettano le porte principali degl'imboccatori di esse roggie quando comodamente non si ponno assettare vicino o poco di sotto de i suoi primi disacquatori, sì perchè le bruttezze che per detti fiumi passano, in tempo d'innondationi non tenghino fra esse porte et i fiumi niun spatio et luogo ove riposarsi, mentre stanno serrate, come perchè, quando si aprono, non entri cosa in tutti fi detti condotti, che gli accechi, o impedischi il corso delle sue acque. Di tavole dupficate et ben dritte si fanno dette porte, anchor che simplici si potessero fare per la molta grossezza loro. S'inchiodano et giuntano insieme quelle di una parte et si attraversano con l'altre dell'altra parte, perchè di / questa maniera non così facilmente si torcono. Non si fanno però così larghe come sono le ditanze che tengono fra loro i canali o incastri ne i quafi hanno di entrare, nè così grosse come sono larghi i detti canali, perchè come hanno di stare, come stanno, quasi di continovo nell'acqua, si gonfiano, et gonfiate si aprono et serrano con molta difficoltà. Et essendo necessario che si ferrino perchè stijno dritte, o perchè contrastino a qualche gran peso di acqua, si ferrano nel loro vacuo, il qual resta fra l'un incastro et l'altro, overo nella parte esteriore et volta verso l'acqua principale, perchè ferrandosi nelle estremità che sono volte verso i loro condotti, i ferri et chiodi non le lasciano appressare a i canali degl'incastri, et per conseguente serrare et stoppare le acque di maniera che non eschino. Alcune si fanno dell'altezza della loro acque ordinaria, con una muraglia o tavolato di legname in cima et dalle parti, tanto più alto delle sommità di dette acque quanto si ve / de che sono i segnali lasciati dalle superficie delle passate innondationi. Et altre si fanno dell'altezza di detti segnali o di un poco più; et per difensione delle bruttezze che in detti tempi vi sogliono entrare, si fanno guardare da campari, o da altre persone fidate, perchè à suoi tempi si serrino. Doppie et distanti alcun poco l'una dall'altra si fanno dette porte, perchè di questa maniera si chiudono et serrano meglio le acque. Et già che facilmente qual si vogfi di esse porte, per larga et pesata che sij, si può con artificio et ingegno alzare et abbassare, non essendo però dismisurata forma et peso, o non essendo i condotti 123 gradisce no se lee nmuy bien en el manuscrito. 124 El n ú m e r o 26 escrito antes 33.

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C Ó D I C E DE S I T O N I

molto larghi, non si serrará o attraversarà la bocca o fonte di niun condotto, se non con una porta, potendosi, perchè con due se vi ha di lasciar per forza un pilastro nel mezo, et con tre, due, a i quali, nel aprir di dette porte, molte volte si aviluppano rami et bruttezze che le detengono, o non le lasciano serrar del tutto et fi / no al suolo.

CAPITOLO

Come si fanno i disacquatori, et che a qual si vogli sorte di condotti et roggie, et particolarmente a i navigabili ne convengono molti Di due maniere si fanno i disacquatori de i condotti. La prima si fa con tante porte o aperture, quante sono quelle de gl'imboccatori, però non più alte, dal suolo in su, di quello che si trovano alte le acque ordinarie che per detti condotti passano. Et l'altra si fa senza porte con una muraglia inchinata, cioè a scarpa verso la parte bassa del suo cavo, o con una scafinata tanto piena, quanto basti perchè l'acque, quando disacquano, non tenghino molto salto et decaduta, et la qual muraglia non sij più alta verso detti condotti di quello che sono alte le sue acque ordinarie, nè più longa della larghezza nella quale si trovano le sue superficie. Questi disacquatori servono per disacquar le acque soprabondanti che in tempo d'innondatione passano per detti condotti. Et gli altri, alzando le sue porte, servono per di / sacquare et le soprabondanti et le ordinarie, et per asciugar detti condotti, in tempo di pescagione o spazzatura. Ambe due sorti hanno di tenere le sue spalle o pareti dalle parti tanto più alte della su detta muraglia, pote, o acqua ordinaria, quanto è la decaduta che i suoi condotti tengono nel loro dritto, per potervi attaccar et sospender, con cardini o gangheri, ante di legname, le quali, serrate et giunte insieme difendine i condotti dalle piene et innondationi de i fiumi, ne i quafi si disacquano le acque di detti condotti, al tempo che quelle de i detti fiumi crescono, o sono più alte di quello che sono le dette prime porte; et per poter con esse ante, o con alcune tavole incassate neUe dette spalle, ripresare o alzar le acque de i medesimi condotti per adacquare. Di diverse sorti si fanno dette porte o serragli. Alcuni si fanno con ante di legname attaccate ciascuna a tre gangheri messi in dette spalle, gfi due estremi volti in su per sostentarle, et quel di mezo volto in giù per / ditenerle che non escano, alzate che sieno dall'acqua o perchè non sieno rubate da alcuni maligni. Altri si fanno con ante, parimenti di legname, sospese da due soli cardini o gangheri posti nella loro parte superiore, perchè sieno più leggiere. Et altri si fanno con solamente tavole larghe un piè, o poco manco ciascuna, le quafi s'incassano et mettono, quando si vuole et è bisogno, in uno incastro che si fa in ciascuna di dette spalle, tanto distante dal dritto di dette prime porte, quanto basti perchè il suo aprire et serrare non sij impedito, come per i seguenti dissegni si può vedere. Spessi si fanno detti disacquatori, et con molta decaduta, potendo, et spetialmente ne i condotti navigabili, sì perchè le acque che in tempo d'innondationi passano per detti condotti non innondino i paesi circonvicini, nè rompino le muraglie et rive loro, tenendo bene et comodamente ove disacquare, come perchè, rompendosi dette muragUe o rive, si pos / sino remediar di presto, vacuando le acque per altra parte che per gl'istessi condotti, et allontanando o discostando la terra rovinata. Et 125 El número 27 esento antes 34.

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T R A N S C R I P C I Ó N DEL C Ó D I C E

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nel loro fine si fa un pezzo di suolo, con le sue spaUe di pietra o di legname, perchè i salti che fanno le acque che per essi passano, non corrodino tanto gfi altri suoi suoli naturali di terra, che neU'ultimo si avvicinino i fiumi et per la vicinanza si distrugghino i condotti, o si rovinino del tutto. Vicino a detti disacquatori et attraverso de i suoi condotti principafi si fa un serraglio con incastri o porte, così alto quanta è l'altezza della loro acqua ordinaria aggiunta con la decaduta che in quella parte tiene; sì perchè, serrato che sij ciascuno di essi, in tempo di spazzatura, o altrimenti, si possino lavar i suofi de i loro condotti superiori da tutto il limo et immonditie che tengono, senza che passi abbasso, et nel resto de i detti condotti, come perchè, bisognando, si possino alzare et sostentar le loro acque per adacquare./

C A P I T O L O 28.° '26

Come si fanno i ponti de i condotti et della differenza c'hanno di tenere fra loro Diverse sono le maniere de i ponti de i condotti, anchora che le materie di essi non sijn se non di pietra o di legname. Fra loro tengono difierenza nell'altezze et larghezze de gfi occhi, perchè quelli de i condotti navigabili hanno di esser tanto alti dalla superficie delle sue acque straordinarie, et tanto larghi, quanto sono et possino essere le barche caricate che per essi condotti hanno di passare in tempo d'innondationi. Et gli altri non hanno di essere più bassi della loro superficie, perchè il decorso delle sue acque resti libero et ispedito, o almanco non più alti di quello che sono le rive et sommità de le muragfie de i loro condotti, affine che il suo passo resti piano dall'una et l'altra parte. Ove vogfi che detti ponti sieno bisogno, come particolarmente lo sono ne i camini passaggieri attraversati da detti condotti, si fanno buoni, non risparmiando spesa, perchè facendosi altrimenti, se l'acque si trovano più / basse et profonde de i camini, et per esse si vadea et passa, la terra delle rive di essi condotti cade, et per il reflusso che le acque fanno per detta causa, et i passi et i cavi di sopra et di sotto di essi condotti si accecano, con molto impedimento del decorso delle sue acque. Et trovandosi più alte come alcune si trovano, sostentate con argini, i cavalli et carri che per in cima di essi passano gfi distruggono con perdita di dette loro acque. Sono i detti ponti di legname et più facili di fare et manco dispendiosi nel suo principio, ma se bene si considerasse il danno et l'interesse che risulta per la poca durata loro, rispetto alla varietà de i temporafi con i quafi si seccano per causa del Sole et de i venti, et hora si humidiscono per i vapori notturni et per le acque che fi fanno prestamente consumare et intarlare, et si considerasse anchora il gran pericolo nel quale incorrono molte volte gli huomini et le loro bestie per esser poco manco che di continovo... non di pietra con suoi pilastri et spalle ben fondate, ma di acciaio si farebbono, et eterni; si ha però di avvertire che quando si fanno di legname si facciano con quattro travi sotto, per il manco, et questo perchè le ruote delfi carri vi riposano ben comodamente, a differenza di quello che fanno sopra tre. S'inchiodano et s'interrano bene, perchè restino difesi tutto il possibile dalle acque, da i venti, et dal Sole, come di sopra si è detto. Et quando in un luogo medesimo si ha da 126 El n ú m e r o 28 escrito antes 35. 127 Palabra ilegible en el manuscrito.

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C Ó D I C E DE S I T O N I

fare un ponte et un incastro, o altro edificio tale, che sia di pietra o di legname, sarà sempre giovevole, et di molta più durata che, per barbacana et fortezza del detto incastro, il ponte resti in parte di sotto, et che tutti due sieno uniti, legati et ben concatenati insieme, perchè in oltre che più commoda et facilmente si potran aprire et serrar le porte del detto incastro, costaranno manco dinari, sarano più forti l'uno per l'altro, et si manteneranno assai più tempo. C A P I T O L O 29.°

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Come si fanno le canali et comigi per passar acqua di sopra et di sotto di altra acqua, et quali di questi passi è migliore et più durabile Per canali aperti si passano quelle acque che di sopra di alcun fiume o condotto di acqua si pretendono di attraversare, et per cornigi quelle che di sotto. Le fahriche di ambe due si fanno di legname, o di pietra, et anchor che queste di pietra o di mattoni sieno migliori, tuttavia quell'altre, come si faccino di buon legname et ben lavorato, servono et durano molto tempo, et maggior / mente quando stanno piene di acqua, come lo stanno il più delle volte quelle che di sotto di altre acque passano. Larghe si fanno dette fabriche, a differenza de i loro condotti di terra, essendo che una volta fatte, non hanno bisogno di essere allargate, anchor che in essi condotti si accrescessino quantità di acque, et essendo che per esse più libera et facilmente decorrono le acque, che per le strette, et che con maggior comodità e prestezza si ponno spazzar le bruttezze causate dalla rapidità delle pioggie, et dalla lima o herba segata in essi, che molte volte per la detentione che fanno nel principio di dette fabriche, ritardano et impediscono il corso di esse acque. Dette acque non si passano però mai per di sopra di niuno altro condotto, potendole comodamente passare per di sotto, perchè non così facilmente si perdono et ponno esser rubate, et le sue fabriche durano et si mantengono più tempo. Detti cornigi o tomboni che si dicano hanno di essere sempre mai più larghi nella loro uscita che nella entrata, et questo perchè le bruttezze che in tempo di piena vi sogliono entrare sieno più comode di poter uscire; a differenza de i canali, i quali vogliono essere un poco più larghi nelle loro bocche che nella sua uscita. C A P I T O L O 30.° '29

Come si conoschino le decadute dell'acque Con molta facilità, et con una sola chiusa o serraglio che si faccia in qual si vogli parte di ciascun condotto, la qual chiuda et inalzi tanto l'acqua che si vegga ri / flettere fino al suo principio, o fino al principio di alcuna determinata distanza, si può conoscere la vera decaduta dell'acque correnti, come i suoli di tutti i loro condotti tenghino un uguale et continovato pendio dal suo principio fino al fine; però essendo che tutti, o la maggior parte, tengono molti alti et bassi causati o dalla natura et sopportabili, o dalla ignoranza de i loro primi fabri, overo dafie torbidezze che le medesime acque entrano ne i suoi condotti, le quafi, co'l tempo, et a poco a 128 El número 29 escrito sobre un anterior 36. 129 Capítulo 30, antes 37.

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poco si riposano et fanno fondo hora in una parte et hora in un'altra, et che per dette cause, per molte isperienze che si faccino, giamai si ponno trovare le dette decadute uguali et certe in tutte le parti, con molto maggiore facilità si ponno conoscere livellando le sue acque dalla superficie del loro principio, o dalla superficie del principio di ciascuna distanza che si vuol sapere fino alla superficie del suofine,ripartendo lo poco o molto che si trova di decaduta nelfinedi ciascuna di dette dis / tanze per il numero deUe braccia o di altre misure con le quafi si misurano esse distanze. Essempio. Sij un condotto di acqua longo tre migfia con oz. 36 di decaduta nel suo fine, et di essa si vogfi sapere la rata parte che tengono ogni cento braccia di esso condotto. Si partono dette tre miglia, che sono nove mille braccia della misura del braccio da muro o da legname di Milano, per cento; ne escono novanta, et trentasei novantesimi di oncia tengono et hanno di tenere di decaduta ogni cento braccia di detto condotto, che sono, delle 90 parti di un'oncia, le 36, overo d'ogni cinque parti, le due di un'oncia. Sono poi tanti et così varij gli effetti che le acque fanno nel loro corso, anchor che si conduchino per cavi di uguale et contonovata larghezza dal suo principio fino al fine, che molte volte, per le differenti decadute che tengono, / et per i loro disuguali et mal spianati suofi, causati da quelfi che fi fanno o dalle bruttezze et fanghi che sopra di essi si detengono et fanno riposo, si mostrano piii copiose et abondanti in una parte che nell'altra. Si mostrano et conoscono facilmente anchora se in una parte più che nell'altra di detti condotti è la medesima quantità di acqua et decaduta misurando l'altezza et larghezza loro di distanza in distanza, overo di quelle parti solamente nelle quafi si vede che tengono più o manco decaduta; perchè la differenza di una altezza o profondità con l'altra fa conoscere et mostra che i suofi non tengono continovata et ugual decaduta, et per conseguenza che l'acque che in cima et sopra di essi passano, non sono tante quante sono quelle che entrano ne i suoi principij, et se pur tante in alcuna parte in altezza et larghezza, correnti o morte che sieno, per causa di alcuni alti riposati ne i loro suoli, che le ritardano et impediscono il corso, nè le / lasciano passare del tutto, al manco non tante quante sarebbono se i suoi suoli tenessero continovata et egual decaduta dal suo principio fino al fine.

C A P I T O L O 3L°

Come et in qual tempo dell'anno si misurino le acque correnti per sapere le loro più prossime quantità In ogni tempo dell'anno, ma più opportunamente ne i mesi di Giugno, Luglio et Agosto, tempo di maggior siccità, si misurano le acque de i fiumi, et delle fonti, et tutte le altre anchora che si cavano da esse, sì per bocche limitate, come per altro qual si vogli modo, servando la seguente forma. Si visita primieramente l'acqua che si vuol misurare, et con essa la sua decaduta, et il condotto per il quale passa, per sapere se dentro et al suo traverso è alcuno incastro o molino, con i quafi si possa ristringere et serrare di tutto punto la detta 130 A continuación Sitoni escribió el título de u n capítulo 38, posteriormente suprimido ( a u n q u e no está enteramente tachado). 131 Capítulo 31, antes 39.

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CÓDICE DE SITONI

acqua, et per sapere anchora, in caso che non vi sia nè l'uno nè l'altro, ove comodamente se ne possa far o piantar uno che convenga a questo servitio. Se vi se ne trova, ogni Ingegnerò se ne può valere, come li suoi stivi sieno piantati a piombo, et / distanti l'uno dall'altro quello che si dirà d'abbasso, et che di sopra della sua soglia si aggionga un soino, che sia a livello, et due oncie più alto di quello che si trova essere la superficie di essa acqua, et che di sotto, et contiguo ad esso soino si attacchi et inchiodi un canale o tromba di asse fatta con le sue sponde, et inchiodato, due oncie più basso della cima del detto soino, cioè una nel suo principio et l'altra nel fine, et verso l'in giù dell'acqua, et il qual canale sia lungo per il manco otto o nove braccia, et largo nella parte di sopra et ove si ha d'inchiodare co'l detto soino, quattro oncie di più dell'apertura del detto incastro; le quali si hanno poi di ripartire egualmente, cioè due per parte di essa apertura, et nella parte di sotto, tante oncie di più di detta apertura, et deUe dette quattro oncie, quante verissimilmente sono giudicate che possono essere in quantità le oncie di tutta la sudetta acqua. Ma caso che non vi si trovi alcuno incastro, se ne ha di fabricar uno nel più stretto del detto condotto, et ove si vede che / l'acqua tiene maggior corrente, et talmente che, alzata che sia, ella non possa riflettere, et dare indietro cosa di rilievo; il qual incastro tenga similmente le sudette particolarità, et di tal maniera costrutto, che niuna parte di. detta acqua possa passare per le sue giunture, nè per altra parte che per la detta sua apertura. Fatto tutto questo, si leva l'ostacolo di terra, o di altra cosa, che per detentione di essa acqua et construttione del detto incastro sarà stato fatto nel detto condotto, et levato si lascia correre et passare tutta la detta acqua et per la detta apertura et per il sudeto canale, il spacio di dieci o dodici hore, o tanto che si vegga che più non cresca o scemi di quello che in detto tempo ha fatto, et nell'atto che corre vi si mette dentro un listone di legname dritto et di tanta lunghezza quanta è dal mezo dell'altro, et largo due oncie, il qual listone, come mobile che conviene ch'egfi sia, si appoggia alli detti stivi, paloni o altro che sia posto per ristringere l'acqua, o s'incassa nel mezo di essi, / nel modo che vi s'incassa et mette una portina, et poi si alza et abbassa tanto in essa acqua quanto si vede che si alza et abbassa la sua superficie. Visto poi che la superficie di detta acqua non cresca o scemi più, et che resta parimente eguale con la cima del detto listone, si misura et l'apertura del detto incastro, et l'altezza, la quale è fra la cima del detto soino, et la cima del detto listone, et fatta la detta misura, et da tutta essa altezza detratte le due oncie di esso fistone, che sono quelle che vi si hanno di dare di battente, per solito et uso antico di tutte le bocche fimitate, et poste in opera; et multipficata la detta larghezza co'l rimanente di essa altezza, cioè le oncie dell'una per le oncie dell'altra, et diviso il suo prodotto per dodici, o per quel numero che conviene al luogo et paese ove si fa la detta misura, quello che risulta è la vera et precisa quantità di detta acqua. Senza il recitato fistone, co'l quale si mortificano le acque che si vogliono misurare, et si riducono a livello per un buon spacio di sopra et verso il loro corso, non si potrebbe precisa / mente sapere l'altezza di queUe che passano per le aperture de i detti incastri, in tempo di così fatte misure, et questo per la impulsione, piega et salto che ordinariamente fanno tutte le acque quando escono da un luogo stretto et entrano in uno largo et più basso del suo principio, come anchora senza il battente di dette due oncie di acqua che si suole et deve dare di sopra di ogni bocca in tempo di siccità, et quando si constituiscono et limitano le dette bocche i compratori o conduttori loro non sarebbono così certi di haverle come lo sono con questo avantaggio, essendo che in detto tempo di siccità, et per il più quando le acque sono bisognosissime per adacquare, mancano o scemano tanto che le loro bocche non

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restano piene, et quando non sono così bisognose o che almanco sono di poca et quasi di niuna importanza, crescono di maniera che annegano le sue terre circonvicine. Mutatione veramente solita succedere et quando si congiungono le acque delle pioggie con quelle de gli Avesi, et quando le une et le altre sono agitate dai venti sotterranei./ Si ha però di avvertire, et sopra ogni altra cosa, a che non tutte le dette acque si misurano di una maniera, perchè di quelle de i fiumi, o di fonti, overo di altra sorte, la quale si conduchi senza limitatione, et che tenghi gran decaduta, basta che si consideri la quantità che verissimilmente può essere quella che si ha di misurare, et che al rispetto dell'apertura che si ha di fare, ove ella si ha di restringere, per misurare; la qual apertura ha di essere per ordinario di oncie quattro in altezza, oltre il suo battente; si faccia poi il sudetto suo incastro o ristretto tanto largo da un stivo all'altro, quanto ha di esser la continenza et capacità di tutta la quantità di essa acqua. Ma se sono acque che si derivino da altre qual si vogfi sorti, per via di bocche limitate, si fa l'apertura del detto lor ristretto della larghezza et quafità che si trova essere ciascuna delle sue bocche limitate. Se sono poi di queUe acque di fonti, el quafi tengono poca decaduta, aU'hora si fa il suo ristretto di tanta larghezza quanta si può, perchè et più facilmente queste et ogni altra / sorte di acqua che si alza con un soino et più del suo ordinario, passa per un'apertura larga, che non fa per una stretta, et perchè quanto manco si alza, manco riflette et da indietro, et per conseguenza occupa manco l'esito de i sorgenti che nascono nelle loro teste. Per cautela si misurano anchora le dette acque in hasta delle loro roggie, et massimamente quando si derivano da Navigfi o da altre roggie principafi, per sapere se sono di maggior quantità di quelle che sono le limitate nelle loro bocche. Et molti che le misurano, trovando, come facilmente trovano, che lo sono, non sapendo la causa, nè havendo le avvertenze, che in simifi negotij doverebbono bavere, incorrono, con poca consideratione et manco peritia, a dichiararsi per ignoranti, manifestando primieramente detta loro ignoranza, et poi la differenza della detta quantità di acqua, et senza essere ricercati, dicendo che il rimedio consiste in che o si ristringano le bocche principali, o si paghi il predo del soprapiù di essa acqua. Dichiaratione temeraria et molto maligna, causata da poca civiltà et manco intelfigenza, / perchè se intendessero, come sarebbe ragione, attenderebbono a che l'incastro o ristretto ove misurano le dette acque fusse deUa medesima larghezza che deve essere et è la larghezza della loro bocca, et a che l'acqua, insieme co'l battente che vi danno, quando si alza nel detto incastro, fusse della medesima altezza che è queUa dell'aqua, et del battente che si trova essere nella detta bocca, nè trovarebbono differenza, nè cosa per la quale niuna delle parti si havesse di dolere, anchora che sia vero che ogni acqua che si trovi a cadere da qual si vogli bocchello con maggior battente et salto et in più l a r p tromba del suo ordinario, si trovará sempre di maggior quantità misurandosi in hasta, et in un (ristretto) con le sue debite circostanze

132 Este pasaje fue añadido al margen sustituyendo u n a primera redacción, tachada.

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C Ó D I C E DE S I T O N I C A P I T O L O 36.7

Quello che si ha di fare et prevenire per sapere la differenza della quantità dell'acqua che passa per un bocchello limitato, il quale tenga maggior o minor battente delle due onde che ordinariamente vi si suol dare. Vogliono però tutti li pratici et isperimentati nella professione delle acque che si conducono per adacquare, et far molini et simili, che per un bocchello limitato il qual tenga maggior battente delle due oncie che ordinariamente vi si suol dare, passi et decorra sempre maggior quantità di acqua di quella che farebbe per un altro che fusse della medesima apertura, ma non di tanto battente, allegando cho questo procede et per la impulsione che naturalmente fa l'acqua et tutte le cose gravi et ponderose, discendendo et per l'attratione che le cose basse et larghe fanno chiamando a sè tutto quello che vi si trova superiore et più angosto di loro, come si vede che fa ogni acqua che soprasta l'apertura di detti bocchelli, cadendo in canali o trombe più basse et larghe delle loro aperture. Ma non hanno però mai mostrato in scritto, nè in voce, come si possa conoscere per sapere la differenza di dette quantità, per importante ch'ella sia, fra venditori et compratori, et fra ogni altra sorte di simili contraenti, i quali, per non sapere in che consista il termino et fondamento di somigliante differenza incorrono molte volte in altre maggiori, per le quali ne succedono poi contese / mortali et scandalose. Per sapere adunque et conoscere cotale differenza, et la differenza et mancamento anchora della quantità dell'acqua che non passa come dovrebbe passare per un bocchello limitato, per acusa di non andar piena la sua apertura, et co'l suo debito battente, si fa piantare nell'hasta della roggia per la qual passa l'acqua che si vuol isperimentare, un incastro con le circonstanze recitate di già, il quale incastro sia tanto in giù et di sotto del detto primo bocchello limitato, quanto basta, et sia di tanta apertura quanta è quella di esso bocchello limitato, et posto in fregio dell'altra roggia principale dalla quale si deriva l'accessoria. Et presupposto che il battente di questo limitato sia due oncie più alto del suo ordinario, si tiene conto di detta altezza, et si nota; poi si lascia correre l'acqua per il detto incastro il spacio di quattro o più o manco hore, o se non tanto, che si vegga che la detta acqua non cresca o cali più. Fatto questo, si misura, come di sopra si è detto, et dalla quantità che risulta si detra l'altra che si presuppone esser quella del detto bocchello limitato, anchor che al / presente tenga maggior battente delle dette due oncie, et del rimanente se ne fa memoria a parte. Al medesimo bocchello limitato et al sudetto incastro construtto nella detta roggia accessoria, si può fare la medesima isperienza et la isperienza di ogni altra sorte di battente, maggiore o minore che sia del detto battente ordinario delle due oncie, et ancho di quell'acqua, poca o molta, che passa per solamente il vacuo di esso bocchello constituito per limitato, come nella riva superiore, et verso l'in sù dell'acqua ove si trova piantato et constituito il detto bocchello limitato, sia un scaricatore per il quale si possa abbassare et moderar l'acqua del naviglio o roggia principale, dalla quale si deriva la sudetta accessoria, et tirare il suo battente all'altezza che si vuole, come per essempio sarebbe ad un'oncia et 3/4 di più dell'ordinario, ad una et 1/2, ad una et 1/4, ad una, a 3/4 di oncia, a meza oncia, ad un quarto et all'eguale del labro superiore, et anchora a tutto quel manco ch'ella si trovasse in fatti, et come si tenga buon conto del tutto et particolarmente della proportione della quantità dell'acqua di ogni bocchello, la quale basta per sapere poi dichiarare / cotali diffe-

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renze senza farne altre prove et isperienze, della maniera che fu fatta'^^ la seguente in Garpiano alla presenza di Ms. Frate Gio. Battista Verano professo del venerando Monastero della Certosa di Pavia, et amministratore delli suoi beni situati in esso luogo, per la qual isperienza fu trovato'^'^, che l'acqua che usciva et decorreva per un bocchello lungo oz 18 et alto oz 4 il qual altre volte fu constituito in fregio di una roggia principale, per bocchello limitato con due oncie di battente, ne haveva all'hora quattro, et ad un incastro che per tal isperienza si era fatto'^^ piantare, con le sue debite circonstanze, nella roggia et cavo nel quale cadeva l'acqua del detto bocchello, se ne trovaron oz'^®... di più delle sei che verissimilmente haveva di esser quella del detto bocchello limitato. Per mezo poi di un scaricatore, il qual era poco più in su del detto bocchello, si fece'^^ abbassare la detta acqua principale, di meza in meza oncia, conforme a come erano signati sopra il detto battente di oncie quattro, et sopra un lato dell'altezza di detto bocchello; et così abbassata et misurata sempre al sudetto incastro, fu trovato che quella di oz. 3 1/2 / di battente fu se non oz... L'altra di oz. 3 fu se non oz... L'altra di oz. 2 1/2 fu se non... L'altra di oz. 2 fu oz. 6 ragionate di sopra. L'altra di oz. 1 1/2 fu se non oz... L'altra di oz. 1 fu se non oz... L'altra di 1/2 oz. fu se non oz... Et l'altra che fu eguale al labro superiore del detto bocchello fu se non oz... L'altra poi di meza oncia più bassa del detto labro fu se non oz... L'altra di oz. 1 più bassa fu se non oz... L'altra di oz. 1 1/2 più bassa fu se non oz... L'altra di oz. 2 più bassa fu se non oz... L'altra di oz. 2 1/2 più bassa fu se non oz... L'altra di oz. 3 più bassa fu se non oz... Et l'altra di oz. 3 1/2 più bassa fu se non oz... Per le sudette misure adonque si potrà facilmente sapere in che consistano somiglianti differenze causate da maggiori o minori battenti dell'ordinario et dal non andar pieni di acqua i bocchelli limitati, come si tenga conto rispettivamente della proportione la qual è da una quantità di acqua all'altra di ciascuno di essi bocchelli, che tanto vuol dire propriamente come se / per la regola del tre si dicesse: Se un bocchello limitato di oz. 6 di acqua guadagna oz... per causa di bavere un battente di oz. 4 in cambio di oz. 2 che per ordinario dovrebbe bavere, quanto ne guadagnarà uno di oz. 8 overo se si dicesse per la medesima regola: Se un bocchello limitato di oz. 6 perde oz... per causa di bavere il suo battente di meza oncia manco delle due oncie che di ordinario ha di bavere, quante ne perderà uno di oz. 1, e così de i simili.

C A P I T O L O 37.°

Come et in che modo si ha di formare un bocchello limitato perchè per esso si possa derivare tant'acqua in due overo piìi giorni, quanta si può derivare per un altro in una settimana intiera Tutti i bocchelli per i quali, limitatamente, si derivano ogni sorti di acque che si conducono per adacquare o per far molini o simili, sono della maniera recitata ne i 133 134 135 136

fu fatta; antes io feá. fu trovato; antes io trovai. si era fatto; antes io haveva fatto. oz...; Sitoni dejó u n espacio blanco en lugar del número, como las d e m á s veces a lo largo de esta página. Probablemente en el m o m e n t o de redactar no tenía estos datos a su alcance. 137 si fece; antes io feci. 138 Capítulo 37, antes 41.

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C Ó D I C E DE S I T O N I

capitoli precedenti. Alcuni servono di continovo ad uno o piii particolari. Altri servono interpolatamente, come sarebbono tre giorni della settimana ad uno, et il restante ad un altro, o diversamente. Questo uso molte volte si tramuta o / per conventioni o per altri accidenti. Et se bene ad alcuni a chi sieno proposte tali mutationi parrà forsi che sieno cose facili da risolvere, tuttavia, come non sappiamo quale sia il fondamento loro, non sarà molto che molti di essi inchiampino all'improviso et restino confusi per un pezzo. Con gli essempi adunque che qua giù si addurranno, si potrà facilmente intendere et il fondamento, et la regola generale di poter fare ciascuna di esse tramutationi. Sia chi habbi ragione di continovamente derivare sei oncie di acqua da una roggia principale per via di un bocchello limitato di oncie 18 largo et di oncie 4 alto, et che questo tale per compiacere al patrone di essa roggia principale si contenti, volendo esso patrone alienare tutto il resto o parte di detta acqua, che egli possa, mediante un nuovo bocchello, valersi per due giorni della settimana del suo cavo, per il quale conduce le dette sei oncie di acqua, con conditione però che vi sia construtto un altro bocchello ridotto et ampliato / di maniera che basti per poter derivare tanta acqua nelli altri cinque giorni che restano, quanta verissimilmente può essere quella di dette sei oncie in tutta la settimana, et che di tutto esso si voglia sapere la risolutione del tutto. Si multiplicano insieme li sette giorni della settimana co'l numero et quantità delle sei oncie di acqua che si deriva, et il prodotto partito per il giorno o numero de i giorni ne i quali si vorrà unire la medesima quantità di acqua che in tutta detta settimana si deriva, et quello che ne verrà sarà la ricercata quantità delle oncie di acqua per la quale si havrà poi di formare il novo bocchello. Si multiplicaranno adunque li sette giorni, che sono li primi giorni di detta ragione, con le sei oncie che parimente sono le medesime prime oncie del primo bocchello, et faranno 42, i quali partiti per 5 risultaranno 8 2/5, saranno la quantità delle oncie, per le quali si havrà constituere et formare il novo bocchello limitato, il quale condurrà poi tanta acqua in cinque giorni, come faceva il primo in tutti li sette. Overo si dirà per la regola del tre: Se in cinque giorni si godono sei oncie / di acqua, quanti se ne goderanno in sette. Et così multiplicando 6 per 7 saranno 42 i quali partiti per 5 risultaranno i medesimi 8 2/5 che di sopra si è detto. Quivi addietro ha di venire il capitolo seguente 42 overo.

C A P I T O L O 38.°

Regola per ripartir il tempo di ogni adacquamento, acciochè uno o più interessati in un'acqua che sia comune fra essi habbia la sua rata et contingente portione Occorrono d'ogni hora tanti et così diversi accidenti in materia di acque et acquedotti, quanti occorrono in altro qual si vogli soggetto, et per questa causa non si maravigliaranno i lettori, se nel presente memoriale si porranno somiglianti quesiti, con le loro risolutioni, perchè se bene a prima vista pareranno ad alcuni che siano quesiti di poca importanza et più tosto iscusabili che altrimenti, tuttavia, come ciascuno li havrà considerati et ben intesi, conoscerà che sono et necessarij et difScultosi di risolvere et che per tal causa meritano simili dichiarationi. Vegganlo per la propositione che segue, et poi lo diranno. Sia chi goda oncie dieci di acqua derivata per bocchello limi / tato, et co'l suo debito battente per un

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giorno naturale di ogni settimana, overo per un giorno et un quarto, che sono hore 30, quando il detto battente manca di alcuna minima parte. Sia hora che il detto utente voglia a sue spese, et con buona licenza de gli altri interessati introdurre nel medesimo acquedotto 3/4 di oncia di acqua di più delle sudette oz.lO, et che per detta introduttione egli ricerchi di sapere il tempo che alla rata potrà godere et usare della detta acqua, di più del sudetto giorno. Si dirà per la regola del tre: se in 7 giorni, che sono una settimana intiera, tutti gli interessati in essa acqua godono le dette oz.lO, quante ne goderà il sudetto particolare in un sol giorno. Si multiplicará et partirà et ne risultarà oz. 1 3/7 che sono la prima ragione che il detto utente disse bavere nelle dette oz.lO. A questa oz. 1 3/7 si aggiungeranno li altri 3/4 di oz. che si vogliono introdur di novo, et faranno oz. 2 5/8 et per la medesima regola del 3 si dirà anchora: se per detta oz.l 3/7 si gode un giorno naturale della settimana, che sono hore / 24, quante se ne goderanno per le oz. 2 5/8. Si multiplicará et partirà, et quello che risultarà saranno hore 36 3/5, che sono il tempo ricercato. Overo si sirà se oz.l 3/7 danno hore 24, che daranno 3/4 di oncia. Si multiplicará et partirà, et ne risultaranno hore 12 3/5, le quali aggiunte con 24 faranno le sudette et medesime hore 36 3/5. Per la differenza poi del già detto mancamento di battente si dirà: se hore 24 tornano in hore 30, quante tornaranno 36 3/5, et operando tornaranno in hore 45 3/4, et così di farà delle simili.

C A P I T U L O 39.°

Come si riduce in continova una quantità di acqua solita derivarsi per hore et giorni della settimana da un bocchello limitato, et come et di che maniera se ne farà un altro per il quale puntualmente si possa poi derivar la sudetta quantità di acqua, ridotta ch'ella sia in continova A prima vista et di subito, senza haver letto più innanzi, saranno pochi quelli che non pensino che la propositione del presente capitolo sia consimile all'altra del capitolo passato, ma come la leggano con attentione et intendano bene la sua risolutione, trovaranno che ella è molto diversa et differente. Essempio. Sia uno per 3/4 di un giorno naturale di ogni settimana sei oncie di acqua solita derivarsi da una roggia, per via di un bocchello limitato, et havrà facoltà, lasciando questa forma, di derivarse tanta di continovo dalla medesima roggia per via di un altro bocchello limitato, quanta verissimilmente può essere la su detta prima. Et per questo vorrebbe sapere hora et quanta potrà esser la detta prima / quantità, ridotta ch'ella sia in continova, et la forma che havrà di tenere il novo bocchello, per il quale puntualmente egli possa poi derivare la sudetta acqua. 1 — Questa propositione si può risolvere in uno di due modi, overo riducendo tutti li sette giorni della settimana in quarti, per esser tale la denominatione delli 3/4 del sudetto giorno. Et delli 28 che riescono, multiplicando li sette giorni per 4, pigliarne tre, et assentarli, come qua si vede, cioè 3/28 di tutta una settimana, sono tanto, in sua spetie, come sono li 3/4 di un giorno solo. Overo riducendo in hore et li detti 3/4 di un giorno, et tutti li detti sette giorni, et ridotti assentarli similmente, cioè 18/168 i quali schissati sono li medesimi 3/28 che nel già detto modo si sono 139 Capítulo 39, antes 42.

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trovati. Con questi 3/28 si partono poi le dette sei oncie di acqua, et ne risultano 9/14, et 9/14 di un'oncia di acqua sono la vera et precisa quantità che il detto utente ha in tutte le sudette sei oncie. 2 — Si ha però di avvertire a che per accertar i detti conti et ripartimenti di acque, bisogna che tutti li giorni della settimana sieno ridotti sempre nelle denominationi de i rotti, che ciascuno per il quale si prepongono casi tali, si trova bavere in esse settimane, vogli per mezi giorni della settimana, vogli per terzi, et vogli per ogni altre sorti di rotti, poi che se saranno mezi, si havranno di ridurre tutti li sette giorni di essa settimana in 14 mezi, se terzi in 21 terzi, et così seguitando in tutti gli altri. 4 — Per maggior intelligenza servirà questo altro essempio anchora. Sia che l'utente habbia ragione di godere altrettante oz. 6 di acqua per hore 26 di ogni settimana, che sono un giorno et 1/12, et ch'egli tenga facoltà di ridurre tutta la detta quantità et tempo in tanto tempo continovo da esser derivata per un bocchello limitato, et che vogli per tutto questo sapere et la detta quantità, et la forma del novo bocchello: si riducono le dette hore 26 che sono un giorno et 1/12 in tanti duodecimi, et saranno 13/12; il medesimo si fa delli 7 giorni della settimana; saranno 84 questi 13 et 84 si assentaranno, come si vede, cioè 13/84, et con essi si partiranno le dette oz. 6, et ne risultaranno 28/84, che schissati sono 13/14 di un'oncia, et di 13/14 di un'oncia si havrà di far il forame del detto novo bocchello./ Saranno però sempre più facili et i detti conti et i detti ripartimenti come il tutto si riduchi in hore. Veggasi per la isperienza, poiché 26 hore, prima ragione del detto utente, sono 26/168 di una settimana, i quali schissati tornano in 13/84, che sono il medesimo che di sopra si è trovato nel ridar le dette hore 26 in duodecimi. Per formar poi un bocchello di puntual forame per derivar li sudetti 9/14 di un'oncia: si pigliano li 7/4 di dodici oncie quadrate, che in tutto sono una sola oncia, a misura di acqua nel nostro Ducato di Milano, et ne risultaranno 7 5/7, et di oz. 7 5/7 quadrate havrà di essere il forame del detto bocchello, il quale, volendo poi ridur in un bocchello quadrato si potrà ridur sempre, come si osservino le regole di Euclide et il seguente modo./

C A P I T O L O 32.°

Come si misurino le acque scolaticie per sapere le loro quantità Le acque scolaticie sono per il più acque incerte et mal sicure, come sono ancho di gran spesa tenendone conto, et di grandissimo travaglio et fastidio negligendole. Differentemente si misurano di quello che si misurano tutte l'altre sorti d'acque, anchor che ne i medesimi tempi, et non per altra causa che perchè nel suo decorso et passo non continovano le principali, dalle quali esse scolaticie discendono, innanzi che adacquino et si sommerghino nelle terre. Gl'incastri, ristretti ove si serrano dette acque scolaticie per misurarle, si fanno della medesima maniera et ne i medesimi correnti, che si fanno quelli dell'altre acque. Vicino poi a detti incastri et con un horologio nella mano, il quale sij ben giusto, si tiene conto et del tempo limitato che si detengono in correre et passare, et dell'altezza et bassezza alla quale arriva la loro superficie, postovi che vi sia in prima 154 Capítulo 46, antes 52.

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TRANSCRIPCIÓN DEL CÓDICE

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il SUO battente, per sapere in ultimo et la rata portione del tempo che corrono, et la loro precisa quantità et misura, come per essempio. Se dell'acque scolaticie, che discendono da cento pertiche di terra, che si adacquano con tre oncie d'acqua in dodici hore di ogni settimana, si vuol sapere la sua / quantità, si sta con un horologio al suo ristretto, dal principio che arrivano dette scolaticie, infino che passano. Et presupposto che si detenghino dieci hore nell'alzarsi poco a poco due oncie in cima della soglia del suo incastro largo dodici oncie, et altrettante nell'abbassarsi et finir di passare per esso: si piglia la metà della detta altezza, la quale è un'oncia, et un'oncia di acqua si dice essere l'acqua che per detto ristretto passa in vinti hore, la metà crescendo, et l'altra metà calando, havendo consideratione a che dett'acqua è larga nella bocca del suo ristretto dodici oncie, et alta una, la qual oncia d'acqua in vinti hore d'ogni settimana è tanto come sarebbono cinque quarantaduesimi di un'oncia d'acqua continova; essendo che una settimana è di cento sessanta otto hore, et che le dette vinti sono gfi cinque quarantadueesimi di dette cento sessanta otto; a difierenza di quello che sono le tre oncie principafi, le quali corrono dodici hore d'ogni settimana, che / sono tanto come nove quarantadueesimi di un'oncia di acqua continova, da i quafi nove quarantadueesimi detratti poi gfi cinque quarantadueesimi, restano quattro quarantadueesimi di oncia, che si perdono, per la sommersione et detentione che fanno le dette acque principali. Et mantenendosi le dette scolaticie un tempo in un'altezza, et un altro in un'altra, come molte volte accade, si tiene conto a parte dell'una et l'altra altezza, ciascuna co'l suo tempo, et si tirano tutte in un genero et denominatione, et in ultimo si sommano insieme, della maniera che di sopra si è detto, et come meglio per quest'altro essempio si può intendere. Dato che da mille pertiche di terra che si adacquano con tre oncie di acqua continova una volta in ogni settimana, discendine le sue scolaticie, et che dal tempo che arrivano dalla soglia al ristretto ove si vogliono misurare, comincino ad alzarsi, et poco / a poco, et infino al fine di un giorno naturale si alzino l'altezza di un'oncia, et alzate si detenghino in essa tre giorni, et passati detti tre giorni tornino ad alzarsi, et poco a poco, et in dodici hore si alzino un'altra oncia di piii della detta prima altezza, et in quella si detenghino un altro giorno, et in ultimo scemino o calino poco a poco nel termine di un altro giorno et mezo, infino che sijno passate del tutto. Si piglia la metà della prima misura, la qual fu di un'oncia, che si alzarono poco a poco le dette scolaticie in cima della detta soglia, et quella si nota a parte, dicendo: Meza oncia di acqua in altezza, et vintiquattro in larghezza, che alla misura di Milano sono un'oncia, passano nel tempo di vintiquattro hore, che sono un settimo di una settimana, et di detta oncia d'acqua. Poi si nota la seconda misura, la qual continuò tre giorni di piii nella medesima altezza di un'oncia, dicendo: Un'oncia di acqua in altezza, et vintiquattro in larghezza, / che alla detta misura sono due oncie, passano in settanta due hore, che sono tre settimi di una settimana, et di ciascuna delle dette due oncie d'acqua. Poi si nota la terza misura, della quale, perchè si alzò poco a poco in dodici hore di pili del detto tempo, un'altra oncia di più di detta altezza, si piglia la metà, et quella si aggiunge all'altezza della seconda misura, dicendo: un'oncia et meza di acqua in altezza, et vintiquattro in larghezza, che alla detta misura sono tre oncie, passano in dodici hore, che sono un quattordicesimo di una settimana, et di ciascuna delle dette tre oncie d'acqua. Poi si nota la quarta misura, la quale continuò un giorno di più del su detto

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tempo nella medesima altezza di due oncie, dicendo: due oncie d'acqua in altezza, et vintìquattro in larghezza, che alla detta misura sono quattro oncie, passano in vintiquattro hore, che sono un settimo di una settimana, et di cias / cuna delle dette quattro oncie d'acqua. Et poi si nota la quinta misura, della quale, perchè si abbassò poco a poco le dette due oncie in trentasei hore di piii di tutto il su detto tempo, et finì di passare, si pigUa la metà, dicendo: un'oncia di acqua in altezza, et vintiquattro in larghezza, che alla detta misura sono due oncie, passano in trentasei hore, che sono tre quatordici esimi di una settimana, et di ciascuna delle dette due oncie d'acqua. Et in ultimo si sommano le portioni del tempo, che continovano le dette scolaticie, et delle oncie di acqua di ciascuna delle dette misure, le quafi sono, cioè la prima un settimo di una settimana et di un'oncia, la seconda tre settimi di una settimana, che sono sei settimi di due oncie, la terza un quatordici esimo di una settimana, che sono tre quatordici esimi di tre oncie, la quarta un settimo di una settimana, che sono quattro settimi di quattro oncie, et la quinta et / ultima tre quatordici esimi di una settimana, che sono sei quatordici esimi, o tre settimi di due oncie, che tutte fanno la somma di una settimana, et di due oncie et tre quatordici esimi di un'oncia d'acqua continova. Di tutte le acque scolaticie adunque, et di tutte l'altre che per tempo corrono, si saprà la continova quantità, saputo che sij il tempo che corrono, o la ragione et obligatione che tengono di correre, come per essempio. Se di tre oncie di acqua viva, o di altra sorte di acqua, con la qual si adacquano quattro cento pertiche di terra in due giorni naturali di ogni quindici, si vuol sapere la continova quantità, si partono le dette tre oncie per due quindici esimi, che sono rata parte delfi due giorni di quindici, et il produtto è il quesito./ Multipficando adunque i due per tre, fanno sei, et quelfi partendo per quindici, producono sei quindici esimi, che sono due quinti; et due quinti di un'oncia d'acqua continova sono le dette tre oncie d'acqua. Et volendo sapere la quantità continova di sei oncie di acqua che corrono tre giorni et mezo naturafi di ogni tredici, si partono le dette sei oncie per sette vintisei esimi, che tanti sono in proportione i tre giorni et mezzo con i tredici, et il produtto è il quesito. Multipficando adunque i sette per i sei, fanno quarantadue, i quali partiti per vintisei producono uno et otto tredici esimi, et un'oncia et otto tredici esimi di acqua continova sono le dette sei oncie di acqua.

C A P I T O L O 33.°

Della differenza la quale è fra un'oncia di acqua nella città et Ducato di Milano, et un'altra onda nell'altre città del suo stato Sì come sono differenti tutte le misure da muro, da legname et da terra fra la città di Milano et Ducato, et l'altre città del suo stato, così sono quelle delle oncie et quantità delle acque. Spiegasi perchè nella città et Ducato di Milano un'oncia di acqua s'intende per 141 A continuación el título de un Capítulo 43, luego suprimido. 142 Capítulo 33, antes 44.

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quella quantità di acqua la quale passa o può passare per un buco di qual si vo / gli genero, che contenga l'area di dodici oncie quadrate della misura che sono le oncie del braccio da muro, o da legname di Milano, a differenza dell'oncia di ciascun'altra città di questo stato. Nella città di Pavia et suo contado una oncia di acqua è similmente la continenza di dodici oncie quadrate, però della misura delle oncie da terra, le quali, ridotte a misura di quella di Milano, non fanno della medesima misura et quantità di Milano. Et di una oncia della città di Lodi et suo contado è quella che contiene nove oncie similmente et della misura delle sue oncie da terra. Et di un'oncia nella città di Cremona et suo contado è quella che contiene dieci oncie similmente, et della misura delle sue oncie da terra, le quali dodici oncie quadratte ridotte alla misura di quelle di Milano non fanno se non...''^^ della medesima misura et quantità di Milano. Mancano la città di Novara et suo contado. La città di Como et suo contado. La città di Alessandria et suo contado. La città di Tortona et suo contado. La città di Vigevano et suo contado. Contado di Bobbio./

C A P I T O L O 34."

Come et con che sifanm i bocchelli limitati per cavar acque da altre qualsivogli sorti di acque, et in qual tempo dell'anno si mettono in opera In forma ritonda, quadrata o quadrangolare si fanno questi bocchelli, et di tanta grandezza et capacità, o per meglio dire, di così gran forame, quanto ha di essere la quantità dell'acqua che per ciascuno di essi si ha di condurre. Più di tutte si usa la quadrangolare, per essere et così usata, et così limitata dall'Ili.tre Magistrato delle acque, et particolarmente ne i Navigli Regij. Non si fanno però più alti di quattro oncie, ma così lunghi quanto conviene per compire la quantità et numero delle loro oncie di acqua. Qual si vogli s'intaglia et forma in una pietra di tre oncie grossa, per il manco, et formato si orla con un telaro di ferro lavorato dirittamente, et ad angoli retti, et poi impiombato in essa, et questo perchè non sia, come facilmente può essere, corrosa dal tempo et dall'acqua, overo da scalpelli et lime, a danno delli contrahenti di esse acque. Nelli tre mesi poi di Giugno, Luglio et Agosto, tempo più asciutto et di maggior siccità di tutto l'anno, determinato prima il luogo et sito, come ciascuno di detti bocchelli si ha di assettare et porre in opera, et fatto un segnale stabile del punto al quale arriva la superficie delle acque principali dalle quafi si hanno di derivar quelle che per essi bocchelli si hanno di condurre, si leva via tutta l'acqua, et in fregio et dritto della riva nella quale si è dissegnato di mettere il bocchello, si fa fare un pezzo di buona / et soda muraglia, di otto o dieci braccia lunga, grossa et ben profonda, et 143 Sitoni dejó el d a t o en blanco. 144 Capítulo 34, antes 45.

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CÓDICE DE SITONI

alta quanta è la superficie ordinaria di essa acqua, in mezo della qual muraglia si assetta il bocchello co'l suo labro superiore a livello, ma tanto piii in giri del punto già segnalato quanto importano et le due oncie di battente le quali ha di avere, et tanta parte della sua altezza quanta è la proportione della sua larghezza alla medesima larghezza et alla larghezza del cavo principale, aggiunte insieme, la qual tanta o rata parte si può facilmente sapere aggiongendo insieme le dette due larghezze, et quelle partendo per la sola larghezza di esso bocchello, et in ultimo levando la detta proportione dall'altezza del detto bocchello, come per essempio sarebbe se si aggiongessero 18 oncie, larghezza del bocchello, con 54, larghezza del cavo, farebbono 72, co'quali 72 la proportione delle 18 sarebbe come sono uno con quattro, overo il quarto del tutto, et un'oncia la qual è il quarto nelle dette quattro, altezza del detto bocchello, sarebbe la detta rata parte, la quale aggionta poi con le dette due oncie di battente, farebbono tre, et per tre oncie si havrebbe di abbassare il detto labro superiore dal detto punto et termino segnalato nel principio. Determinate et stabilite le sudette cose, si fa ancho fare un'altra muraglia della medesima grossezza, profondità et altezza, ma non manco lunga di due braccia, la qual sia in fronte et equidistante delle due ultime et inferiori braccia di detta prima muraglia, con un sostegno attraversato che sia di buon muro grosso, ma non / piii alto di quello che si trova alto il fondo di esso condotto, compresa una soglia di sarizzo, che a livello vi si ha di porre in cima, overo compreso un travo di legname duro, nel quale sia incassata una regia di ferro, honestamente larga et ben inchiodata. Questo s'intende però quando l'acqua di detta roggia principale si trova tanto o più alta di quello che sono le dette oncie più l'altezza del detto bocchello aggionte insieme, ma quando no, si nota la differenza et, messo che si è in detto bocchello fin su'l fondo di essa roggia, si alza il detto muro o sostegno che la attraversa, quel tanto di più del detto fondo che si è trovato esser la detta differenza, con la quale alzata s'innalza similmente l'acqua et di maniera che il bocchello resta poi sempre pieno, et con due oncie di battente. Attaccato poi alla parte di sotto di detta prima muraglia et del bocchello già piantato si fa construere un canale di buone pietre in calcina, nel principio del cavo per il quale si ha di condur l'acqua che ha di cadere del medesimo bocchello, il qual canale sia di due trabucchi che sono da otto et quasi nove braccia lungo, et largo nel suo principio, cioè fra sponda et sponda, due oncie per parte di più di quello che si trova essere l'apertura et forame di detto bocchello, et nel fine tante oncie di più quante sono quelle dell'acqua che per esso si hanno di derivare, se bene il detto Magistrato usa che il fine de i detti canali sia largo 6 oncie di più del suo principio, contra le forme antique. Dette sponde hanno di essere di conveniente altezza, et il suolo ha di tenere due oncie di decaduta, da esser ripartite, cioè una nel detto suo principio, et subito di sotto della cima del labro inferiore di esso bocchello et l'altra nel fine di detto canale. Si lascia poi riposare la detta fabrica et far un poco di presa, et, riposata, si fa correre et l'acqua principale et l'accessoria, et visto ultimamente che il bocchello va pieno, et con le due oncie di battente: si approva et da per buono il tutto. Si ha però di avvertire che, come si havessero di mettere in opera più bocchelli limitati nelle rive di qual si vogli naviglio o roggia principale, i quali / fussero di differenti quantità di acque, che perchè non ne passi alla rata più per l'uno che per l'altro, come si vede che per alcuni passa, malitiosa o ignorantemente, è necessario che si guardi et osservi questo ordine, cioè che tutti li bocchelli sieno di una egual

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altezza et il primo et superiore sia assettato della maniera et come già si è detto, et che da poi di assettato et posto in opera, si lasci correre et passare per esso la sua acqua tanto tempo, che basti per poter pigliare il segnale del livello al quale arriva la superficie dell'acqua di dettò navigfio o roggia principale, ove si ha di assettare il secondo bocchello, et, assettato, far il medesimo per il terzo, et conseguentemente per tutti gfi altri, fino all'ultimo./

C A P I T O L O 35.°

Che delle tre forme di bocchello descritte in questo trattato, et contenute ciascuna da una medesima area, la ritonda condurrà sempre maggior quantità di acqua Tanta è la perfettione che la superficie circolare tiene fra le altre superficie che contengono una medesima area, che a viva voce si può dire, come si / dice, che per un bocchello di forma ritonda si condurrà sempre mai maggior quantità di acqua di quella che si condurrà per ciascun'altro, di qual si vogfi forma o genero, come egfi sia della medesima area o capacità. Et la causa di questo procede principalmente per essere la detta superficie terminata da una sola linea più corta et breve di quello che sono terminate l'altre della medesima area, et per non tener lei angofi che la occupino, come gfi tengono tutte le altre di figura angolare, i cui termini giunti insieme, sono uguafi all'unico et solo termine che rinchiude la detta superficie circolare. Basta la difierenza la qual è fra i termini delle seguenti superficie perchè chiaramente si vegga in che consista la perfettione della detta superficie circolare et quella di ciascun'altra che sia di una medesima area o termine./ ® Ciascuna della quattro prime superficie contiene, como si vede, trentasei di area, et il termine della circolare è R.e 452 4/7 che è poco manco di 21 et 1/4, et quello della quadrata è 24. L'altro della prima quadrangolare, i due lati oppositi deUa quale sono di 9 l'uno, et fi due altri, di circonferenza di 4 l'uno è 26 di area, et l'altro della seconda quadrangolare, i due lati oppositi della quale sono di 12 l'uno, et gfi altri due di 3, è 30 di circonferenza. Visto adunque, come si è, che delle sudette quattro prime superficie che sono di una medesima area et ca / pacità, il termine circolare è il più corto et ugualmente distante dal suo mezo o centro, et visto anchora, che niuna parte dell'altre quattro seguenti, che sono chiuse et circondate da differenti'^' termini, non contiene più area et capacità di quello che contiene la circolare, si può dire et conchiudere che lei sola sia la più perfetta, et per le medesime ragioni, che il detto bocchello ritondo condurrà sempre maggior quantità di acqua, di queUo che condurrà qual si voglia usitato di forma angolare, che contenghi la medesima area et capacità, come condurrà anchora per il maggior battente et peso di acqua, che la sua apertura tiene in cima et d'abbasso, non toccando se non con un sol punto della sua circonferenza la linea retta o superficie dell'acqua, che vi s'imbocca, a differenza di quello che ciascun altro può tenere. 145 Capítulo 35, antes 46. 146 Aquí se dejó espacio para un dibujo. 147 differenti; antes Sitoni escribió uguali.

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Per ciascuno de gli altri bocchelli, o per un simile al recitato, si condurrebbe anchora maggior quantità di / acqua, sempre che tenessero maggior battente, o per meglio dire piii alta la superficie dell'acqua di quello che è la sommità delle sue aperture, overo che fiissero posti in piè, come ne i seguenti dissegni si può vedere, o che se gli dessero maggior decaduta, subito all'uscire, che esce l'acqua di essi, overo maggior vaso et condotto. Potendo, non si lasciano detti bocchelli limitati senza le due oncie di acqua per battente, come nel 39 capitolo è stato ricordato, perchè servono anchora per evitar con la detta loro altezza che le lordure et bruttezze che portano con seco le acque principafi siano sostentate di maniera che non possano entrare per le aperture loro, et impedire il corso dell'acque quelle che per detti bocchelli si sogliono derivare. Si fanno però di ordinario et per il piii i detti bocchelli di forma quadrangolare, et non per altra causa che perchè i battenti loro restino più lunghi et di una eguale altezza, le aperture et decadute maggiori di tutti gfi altri, da dove segue poi, che per la impulsione che fa l'uno et l'altro et il tutto, le acque che passano per essi sono sempremai di maggior quantità, come lo sono anchora quando vi entrano le acque per drittura, overo quando le medesime acque hanno gran decaduta così di sopra come di sotto di essi bocchelfi, o quando le pietre nelle quali sono costituiti i loro forami sono più sottili del loro dovere, overo quando i medesimi bocchelfi sono dei primi a cavar le loro acque, sieno di fiumi, o di navigli, o sieno di qual si vogli reggia principale. Fatti et constituiti poi che ciascuno di detti bocchelli si trova, non sarà fuor di proposito per servitio di chi vende o concede la derivatione delle loro acque, et perchè ogrfiuno babbi et goda il suo, che per pertiche 100 di sotto di ciascuna tromba o canale che si dica, di detti bocchelli, si faccia un freno al traverso del suo condotto, a manera quasi di un incastro, la sogfia del quale sia una oncia più bassa di quello che si trova essere la superficie inferiore del detto canale, et l'apertura non più lunga da stivo a stivo deU'apertura inferiore del medesimo canale./

C A P I T O L O 4L°

Come si può derivare una limitata quantità di acqua da un condotto che sia attraversato da molti incastri, senza danno de i suoi adacquamenti, potendola per ragione derivar di sopra et appresso dell'ultimo di essi incastri, per iscusar altrettanto, o poco più o manco cavo, quanto è dal dritto del primo di detti incastri fin'all'ultimo Afivellodella superficie che tengono le acque de i condotti o roggie adacquatrici, le quali ordinariamente sono attraversate da molti incastri, perchè le acque che per esse passano, si alzino et sostentino tutto il possibile, in tempo che adacquano, si assettano et alzano le sommità delle aperture di quei boccheUi, per i quafi, di ragione, si ponno derivar acque da esse roggie di sopra, et in mezo, o appresso dell'ultimo di detti incastri, servando nel resto la forma et maniera che si serva nell'assettare et metter in opera i boccheUi per i qua / fi si hanno di derivar acque di navigli, o di altra sorte di condotti, et lasciando in una porta di ciascuno incastro, simplice o doppio che sij, il qual restì superiore a i dettì bocchelfi, un altro bocchello della medesima altezza et capacità, per il quale passi di continovo, o per il tempo limitato, 154 Capítulo 46, antes 52.

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altrettanta acqua, quanta ha di passare per ciascuno di detti bocchelli principali, nel tempo che i detti incastri stanno serrati. Però quando si hanno di assettar d'abbasso degli ultimi incastri, si lasciano correre, et passar le acque per tutù i bocchelli delle porte di detti incastri, il tempo conveniente et necessario et a livello della superficie che aU'hora tengono dette acque, si assettano detti bocchelli della maniera recitata nel 45.° capitolo.

C A P I T O L O 42.°

Com et in quanti modi si partono le acque che si conducono per adacquare et fare qual si vogli altro servitio Di tre modi si sogfiono partir le acque con le quali si adacquano le terre. Il primo è quello che per pezzi di / terra terminati o misurati si riparte, senza limitatione di tempo, come per essempio lo sono quelle acque che adacquano uno o più pezzi di terra di un particolare, et dapoi altri di altri, a sola discrettione de gfi adacquatori loro. Il secondo è quello che per giorni et hore della settimana, o di altro fimitato tempo si riparte, come si fa quando per adacquare una quantità di terra di alcun particolare vi è assegnata l'acqua di una roggia per tre giorni naturafi et continovi di ogni settimana, et per adacquarne un'altra vi è assegnata la medesima acqua, per gfi altri quattro giorni. Et il terzo è quello che per incastri o partitori fabricad al traverso de i loro corpi si riparte, ciascuno per la sua rata parte, come per metà, per terzo, o per altro simile ripartimento. Gli ultimi due modi sono più facifi et appropriati per evitar le lesioni et differenze che sogliono nascere fra gli uten / ti di esse acque, in tempo di siccità, come sia tenuto buon conto del tempo, se ben difficilmente per la lunga isperienza che per essi bisogna bavere, o di che i partitori sijno bene et giustamente fabricati. Questi si fanno di pietra o di legname, et di qual si vogfi sorte che sijno; si ripartono, tirando primieramente una linea retta al longo, et per il mezo o terzo, o per altra minore o maggior parte della longhezza de i condotti dell'acque che si hanno di partire, per poter assettare con uguali angofi le soglie, speroni et spalle di ciascuna bocca, come per essempio. Havendosi di partire in due partì l'acqua di una roggia larga sei braccia, si tìra una linea o ghiflata, che dicono gfi Agrimensori, nel mezo di essa, dal punto ove si ha di fabricare il suo partitore in su per quindici o vinti braccia, et al traverso si assetta la soglia a livello del suolo di detta roggia, et ad angoli retti della detta finea, et fatto et massicciato un buon suolo / nelle parti superiore et inferiore di detta sogfia a livello, o con ugual decaduta, si fabrica in cima di essa, et nel mezo, et ad angofi uguafi di detta finea il sperone o partitore, et con ugual distanza le spalle di buona et soda grossezza, et talmente incorporate con detta sogfia et suolo, che l'acqua di detta roggia non possa passare per altra parte che per in cima di detto suolo, et per le dette due aperture. D'abbasso poi di ciascuno de i dettì partitori, per il spatio o distanza di cento braccia, poco più o manco, si fa un freno a maniera d'incastro, della medesima 139 Capítulo 39, antes 42.

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larghezza che sono le sue bocche, il qual freno sia al traverso del loro condotto con la soglia non più bassa di un'oncia della soglia del detto partitore, o con non più decaduta l'una che l'altra; affine che i correnti delle acque di ambi due, sieno uguali, et che non tiri più acqua l'uno che l'altro, avvertendo, sopra il tutto a che gli argini che restano fra detti condotti sieno talmente grossi et larghi, che l'acqua dell'uno / non entri et passi nell'acqua dell'altro, et che spacciandosi possino sostentare et capire la terra et spacciatura che da tutte due si cava. Et havendosi di partire in tre parti uguali, si tira la detta linea o ghiffata al longo et nel mezo di detto condotto, et assettata la soglia, et fatto il suolo della maniera recitata di sopra, si dissegnano et fabricano tre bocche o condotti di ugual larghezza, con due speroni, uno per parte della bocca di mezo, di angoli uguali, et di ugual distanza dalla detta linea, et con le sue spalle s'incorpora di tal forma il tutto, che l'acqua non si perda o passi per altra parte che per dette bocche, anchora che la parte di mezo tirará sempre alla rata più quantità di acqua di quello che tirará ciascuna delle altre dui, la qual cosa procede et dalla maggior drittura et dalla manco occupatione de i suoi lati, che terrà sempre di sopra et di sotto la detta parte di mezo. Ma se per haver di partire la sudetta acqua di un altro modo, cioè havendosi di partire dando ad un particolare il terzo, et all'altri li altri due terzi, si tira la detta linea o ghiffata al longo, et per la terza parte della larghezza di esso condotto, et assettata la soglia a livello et ad angoli retti, et fabricato il suo suolo superiore et inferiore conforme a come si è detto di sopra, si dissegna et fabrica nel dritto della detta linea, et verso la / bocca minore di dett'acqua la terza parte del sperone o partitore, et verso l'altra maggiore, le altre due terze parti, et con duplicata distanza di quella che è da detto sperone alla spalla di detta bocca minore, l'altra spalla della bocca maggiore, et il tutto di maniera che l'acqua di detta roggia non possi passare per altra parte che per le dette due bocche, overo in caso di qualche pretesa lesione, essendo che una sola parte o terzo che sia, no tiene tanta forza, alla rata, quanta tengono li due altri uniti insieme, si parte la detta acqua in tre parti uguali, come di sopra si è detto, et fra esse si fanno due speroni, et il tutto si conduce separatamente infino al suo freno, il quale in ogni modo vi si ha di fare, et da poi si lassano ridurre insieme, o come vuole il Signore, anchor che di qual si vogli maniera che sia la parte che havrà li due terzi di detta acqua havrà sempre più...'®° di queUa che ne havrà se non uno, per le tafi ragioni.

C A P I T O L O 43.°

Come si ugualino le terre per far prati, o per adacquare, et del beneficio che risulta acconciandole bene la prima volta Di quanta utifità sfino i prati al genero humano per / il suo vitto, chiara et evidentemente lo mostra la diversità delle carni, butiri, formaggi et grassi, che per causa delle loro herbe et fieni procede. Le terra di questi si ugualano, et molto megfio et più acconciamente si riducono di una volta sola, che altrimenti, perchè, oltre che si iscusano molte spese, acconciandole et ugualandole nel tempo che si pongono a prati, più facilmente et con molto manco acqua si adacquano. 150 Palabra ilegible. 151 Capítulo 43, antes 49.

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T R A N S C R I P C I Ó N DEL C Ó D I C E

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Usasi et si fa quest'agguaglianza così ne gli alti et dossi, come ne i bassi delle terre che si vogliono mettere a prato, poi che con più facilità i detti alti si adacquino et i bassi non inondansi; però prima si livellano le sue superficie, et in esse si piantano i suoi paletti all'alto o basso c'hanno di tenere. Si arano poi le superficie e cotiche dalle pard che si hanno di abbassare et alzare, et con la loro terra si fanno spessi montoni, i quafi si lasciano cuocere dal gran caldo et freddo. Con questa terra, dapoi di haver abbassato tutto il bisogno, et levatolo nelle valli, o bassi / del medesimo fondo che si vuol adacquare, overo fuori et tanto lontano da esso, che non vi possi nuocere, si copre quella parte ove si vede che il terreno è più magro, et, bisognando anchora, si semina di trefoglio, et si carica di minuto, et putrido letame ben ugualato co'l rastello di ferro. Et in caso che le terre sijno a prato ma disuguali o discomode di adacquare, aU'hora si tagfiano le cotiche deUe parti disuguali in quadretti, non più longhi et larghi di un braccio, et non manco grossi di un sommesso, et dapoi di abbassati gfi alti, o empite le valfi, si assettano, et ritornano dette cotiche, ove si è levato via il terreno, poi che assettate con ragione et ordine producono tanta et assai più herba che di prima. Si ugualano anchora le valfi con molta facilità, se al tempo che sono piene di acqua, si segnalano all'intorno et nel mezo con spessi paletti piantati in esse a livello della superficie di essa acqua, et dapoi di tirata via l'acqua, si empiono di terra tutti i vacui et bassi che res / tano fra l'un paletto et l'altro. Ugualate che sono le terre, et più facili sono i suoi adacquamenti, et con assai manco acqua si adacquano; maggiormente quando si tiene conto che le ale o prese de i prati sieno eguafi, overo ogni una della larghezza che conviene rispetto alla qualità et quantità delle loro terre, et dell'acque con le quafi si hanno di adacquare.

C A P I T O L O 44.°

Della larghezza c'hanno di tenere le ale et prese de i prati, et che le sue roggie adacquatrici si assettano sempre nel più alto loro Concorrono gli Agricoltori, et particolarmente gfi esperti de i prati et terre adacquatone, et dicono che le terre ghiarose et leggieri consumino molt'acqua, le buone et forti poca, et le cretose, sofide o fredde, manco. Et per questa differenza vogfiono che le ale et prese de i prati che si trovano situate in terre forti et buone^ et che tengono abondante acqua per / potersi adacquare, et con molta decaduta, sijno maggiori et più larghe, però non più di cento piedi l'una, con un dito di pendio, per ogni dieci piedi, daUe rive delle sue roggie adacquatrici fino alle rive de i loro scolatori. Et le altre che si trovano in terre cretose, sofide et fredde, et che tengono poca acqua, et queUa poca anchora con poca decaduta, sijno strette, o non più larghe di cinquanta piedi l'una, con due diti di pendio per ogni dieci piedi, come di sopra. Et quelle che si trovano in terre ghiarose et leggieri, et che tengono abondante acqua, vogfiono che sijno mediocri, come lo sono, quando si fanno di settanta o ottanta piedi l'una, co'l medesimo pendio di sue diti per ogni dieci piedi, et questo perchè se più strette si trovano, et per la leggierezza et rarità loro, il più delle volte non ponno resistere a che per esse non penetrino le sue acque principali, et a che i topi et altri animaletti simili, non le traforino in molte parti con perdita di dette loro acque./ 139 Capítulo 39, antes 42.

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C Ò D I C E DE S I T O N I

Si fanno però tutte le dette ale di egual larghezza, potendo, perchè et piil presto, et con manco acqua si adacquano, et maggiormente quando le loro acque tengono gran decaduta; a differenza di quelle che ne tengono poca, le quali o tardano ad empir le sue roggie et adacquar le lor terre, o si perdono per la detentìone che fanno nel viaggio. Nella pili alta parte poi di queste terre, et nel mezo delle loro ale, potendo, si fanno le sue roggie maestre et adacquatrici della larghezza che convengono alla qualità di dette ale et alla quantità delle acque che hanno di condurre, perchè con la eminenza delle acque di presto et ugualmente si possino adacquare dall'una et l'altra parte. Si tirano però diritti, tutto il possibile, come si tirano anchora le altre roggiette accessorie et i scolatori che dalle dette parti si fanno, sì perchè si consumano manco terre in esse, come perchè piii tardi si accecano per il rapido corso et decaduta che le sue acque tengono. Si allontanano poi i fini delle dette roggiette da i loro scolatori principali quanta è la larghezza di una di dette ale, sì per la sicurezza di dette roggie accessorie come per la fermezza et sostentatione de i loro incastri. Alcuni le tirano et fanno sì nel piii alto di dette terre, ma non hanno riguardo alcuno di passare per il suo mezo, et questo perchè trovano le terre così disposte già dalla natura; è vero che scusano la spesa di disfarle et ugualarle, però perdono molt'acqua, et con maggior tardanza le adacquano, perchè nel medesimo tempo che adacquano le ale minori o coste vicine alle loro roggie, adacquano anchora altrettanto o poco pili delle maggiori, et per adac / quar dapoi il loro rimanente, perdono altrettanta acqua per in cima, et senza profìtto delle minori, quanta si consume in esso, et maggiormente quando gli argini delle roggie sono uguali et a livello fra loro, come tutti hanno di essere, et che d'abbasso et nel fme delle dette coste o ale minori vi sono fossi o scolatori per i quali le acque ponno fuggire et sommergersi del tutto. Perdono anchora perchè molte volte, per trovarsi le ale minori piii alte delle maggiori, elle non si ponno adacquare, et per conseguente si fanno sterili o di maniera che non profittano molto; per la qual cosa si può conchiudere che migfiore et pili utile spesa sarà sempre il disfarle, ugualarle, et ridurle, come si è detto, levando di una sol volta la terra che sopravanza, et conducendola tanto distante et lontana da i detti prati, quanto si pretende et vuole che sieno larghe le sue ale./

C A P I T O L O 45.°

Come si fanno le roggie, roggiette et scolatori de i prati, et qual sorte di piante è meglio che vi si pianti nelle rive per fortificatione loro. Diritte, potendo, et non oblique si fanno le roggie de i prati, le roggiette et scolatori picciofi che sono fra esse roggiette, per le ragioni recitate et nel vigésimo nono capitolo et nel passato. Et se bene alcuni vogliono che sijno tirate da Settentrione a Mezodì et non da Ponente a Levante, afiegando che l'ombra che di ordinario è causata dalle piante che si piantano nefie loro rive fa gran danno a i prati et terre loro vicine. Nientedimeno molti altri giudiciosi conchiudono che il più comune è che le dette roggie et roggiette sieno assestate nella più alta et eminente parte delle 154 Capítulo 46, antes 52.

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TRANSCRIPCIÓN DEL CÓDICE

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terre che si hanno di adacquare, senza haver altro riguardo mentre che le acque loro tenghino honesta et ragionevole decaduta, et che nel tempo dell'adacquare non eschino o versino più da una parte che dall'altra, come si vede che fanno prima et più presto / di sopra et nella più alta parte di dette roggie et roggiette, che di sotto, quando tengono poca decaduta o sono piene di acqua, et occupate da herba, o da altra bruttezza, a differenza di quando esse ale tengono molta decaduta et poca acqua, et che similmente sono nette et monde di ogni bruttezza, perchè più tosto cominciano ad uscire di sotto et nella più bassa loro parte che di sopra. Hanno di tenere le dette roggie et roggiette altrettanta o non manco decaduta di un'oncia per ogni 25 trab., overo quanta è quella che si disse già che hanno di tenere le acque delle roggie principali, et in caso che le terre per le quali si passano tenghino più pendio o decaduta della su detta delle roggie, cavate ch'elle sono, ciascuna di tanta larghezza nel suo fine, quanta nel principio, et profondate a bastanza perchè capiano le acque che per esse si hanno di condurre, si attraversano con incastri o con altre sorti di sostegni in tutte quelle parti, ove si vede che tenghino maggior pendio, per serrare et sostentare le dette acque da ogni pendio in sù / et poi si abbassano ugualmente, et dall'una parte et l'altra le sue rive et argini, et con essi le ale de i prati, che restano dalle partì et di sotto di dettì incastri, conforme a come naturalmente si abbassano le superficie di essi prati, perchè megfio, et più comodamente si possino adacquare. AU'intorno et nella più bassa parte de i detti prati, si fanno fossi et scolatori per scolar le acque che vi avanzano, dapoi di adacquati, et diffendere le sue entrate dalle bestie. Questi scolatori si fanno di ordinario stretti, però assai più nel loro principio che nel fine, per la poca quantità dell'acque che in ciascuno di detti suoi principij entra, et perchè co'l decorso delle loro acque, et per il spazzarsi sovente, come si devono spazzare ogni anno, si aUargano et ponno sempre allargare. Si fanno stretti, o almanco non più larghi et profondi di quello che conviene perchè le acque che vi entrano capiano, con non manco decaduta / et pendio, potendo, di quello che tengono le roggie adacquatrici et le roggiette dalle quali escono; et i capi di quelfi che si fanno fra le roggiette, et nel mezo deU'ale de i loro prati, si fanno distanti daUe roggie maggiori per altrettanto spatio, quanto è la larghezza di una delle dette ale, per il manco, affine che per la rarità et leggierezza che alcune terre tengono, le acque di dette roggie, ripresate che sono per adacquare, non penetrino in essi et successivamente ne gli altri scolatori principafi. Si partono però le dette roggiette et scolatori con eguali intervalfi, et di maniera che nel fine et ultimo di detti ripartimenti due di esse roggiette, o due di essi scolatori, non si trovino appresso, che tutto sarà facile, dissegnando dapoi di una di dette roggiette un scolatore nel modo che di sopra si è detto. Fatti che sono tutti i scolatori et assettati ciascuno in quella parte che più comoda et necessaria si conosca, i picciofi per scolar le acque di dette ale, et i grandi per ricever quelle di tutti, non si lasciano attraversare con incastri, sostegni o altri impedimenti che possino ritardare il decorso deUe loro acque et dar indietro se non in caso di siccità, o di che dette acque sieno di bisogno, et possino, unite che sieno, condursi per adacquare altrove, come se fussero acque di alcune roggie o roggiette adacquatrici, / et che non solamente i detti scolatori tenghino grandissima decaduta et pendio, ma anchora le terre circonvicine, et d'abbasso de i detti sostegni et impedimenti. Per fortificatione poi delle rive di dette roggie, roggiette et scolatori maestri, et per l'utile et frutto che per detta causa si può cavare di tre in tre, o di quattro in

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C Ò D I C E DE S I T O N I

quattro anni, si piantano, loro vicino, moroni, salici, pioppie, rovere, onizzi et altre simili piante et legnami, cimate et gabbate ugualmente, da terra in su, in altezza di tre o quattro braccia; visto che, per la humidità che da esse rive procede, per la contìnovanza delle acque che per detti condotti passano, dette piante et legnami crescono et danno il loro frutto et legname ordinario ogni tre o quattro anni; a differenza di quello che danno l'altre piante da cima, le quali, oltre che tardano in crescere et essere di / alcun valore, i trenta et quaranta anni, causano con la loro ombra et spesse volte co'l loro cadere per causa de i grandi venti che le stirpano, molto danno a i detti prati et roggie, rovinandole le rive, et di buoni pezzi di cotiche. I salicetti neri et rossi che vimini o stroppe si chiamano, sono anch'essi di molto utile, per il legname che annualmente danno. Questi si piantano di ordinario vicini, et lungo le rive de i scolatori piccioli, overo fra l'una pianta et l'altra delle allegate di sopra, et si cimano o gabbano ugualmente ogni anno, da terra in su, in altezza di tre o quattro piedi, o della maniera che piace a i loro Signori.

C A P I T O L O 46.°

Come si ripartono le terre che si vogliono mettere a prato, et quali sono gli errori che per suo beneficio si hanno di avertire Sono per la maggior parte le superficie delle terre così varie et differenti fra loro, per la varietà et differenza che tengono ne i suoi termini, che per così fatta causa, non ad altra cosa si attende più in queUe che novamente si pretendono di / mettere et ridur a pratOj dapoi di haverle viste et ben considerate, che a trovar la eminenza et più alto loro, per poter situar bene le roggie maestre, le roggiette et scolatori, et ripartir le ale che con le loro acque si hanno di adacquare, Co'l livello piantato et assestato nel mezo di esse superficie, voltato poi, hora da una parte et hora dall'altra, verso i suoi termini, si trova detta loro eminenza; et trovata, et in essa dissegnata et cavata la roggia maestra,, con la quale si unisce la principale, si ripartono poi le loro afi, ciascuna deUa larghezza che conviene, come si ripartono anchora le sue roggiette / et scolatori con la terra di esse afi; fabricati et cavati che sono, si ugualano et spianano talmente le dette ale che comodamente et conforme al bisogno loro, dal suo principio fino al fine, potendo, si possino adacquare et adacquate scolare. Questa agguagfianza si fa piantando nel principio di ciascun argine et riva di esse roggie, roggiette et scolatori, un paletto, et di cinquanta in cinquanta, o di più o manco numero di braccia, un altro, che tutti tenghino le loro sommità a liveUo della superficie et alto, che hanno di tenere detti argini, et rive, et stieno dritti, o più ad angoli dritti l'uno con l'altro, che sia possibile, affine che con corde tirate da un paletto all'altro, et incrocicchiate da quelfi de gfi argini delle roggie et roggiette a quelfi delle rive de i scolatori, si vegghino et conoschino le differenze degfi alti et bassi che sono fra esse rive, et queUe egualar et aggiustare con la sua debita decaduta, valendosi della terra che sopravanzarà facendo le dette roggie, roggiette et scolatori, per empire tutti i / bassi et vacui che restano fra esse corde et le inferiori superficie di dette ale, rive et argini. Et perchè molte volte detti argini non ponno tenere uguale et continovato pendio dal suo principio fino al fine, per non tampoco 154 Capítulo 46, antes 52.

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tenerlo le superficie delle terre per le quali hanno di passar le sue roggie, roggiette et scolatori, che è causa che per il mancamento della terra, i paletti non vi si ponno piantare con solamente la decaduta o pendio loro necessario, o che, piantandogli, restino in alcuna parte tanto alti che per empir dapoi, et agguagliar i loro vacui, et i vacui che restano fra le ale loro vicine et i suoi scolatori, si spendino molti dinari, tempo et fatica. Per esso è necessario che primieramente si piantino detti paletti con la sua debita decaduta et pendio, dal principio fino al fine, et fino alli scolatori.. et che appresso di ciascuno se ne pianti un altro che tenghi ugual / mente la sua sommità tanto piii bassa di ogni altra de i detti primi, quanto s'intende che può essere il detto mancamento, overo che si spianino detti argini, conforme a come si trovano pendenti le terre loro vicine, sostentando le acque con le quali si hanno di adacquare, della maniera et come si è detto nel capitolo passato. Si lasciano però sempre le sommità di detti pali più tosto alte che basse, come l'altezza et soprapiù di tutti sia uguale, visto che meglio si conosce, per detta loro altezza, se il terreno manca o soverchia più in una parte che nell'altra, per poter poi con esso agguagliar detti argini et ale, et visto anchora che con maggior facilità si ponno abbassare che alzare. Ma in caso che per errore si trovassero più bassi di queUo che potesse essere la eminenza della terra da / poi di spianata, et che per tal causa havessero di restar coperti et pericolosi di abbassarsi per il spianar di detta terra, vicino loro se ne piantano de gfi altri, tanto più alti et ad un uguale tutti, quanto si conosce il suo bisogno, lasciando i sudetti primi a suo luogo, infino a tanto che gfi ultimi sijno piantati ugualmente, come si è detto di sopra, o che sij finita di agguagliare et spianar la detta terra. Usasi questa diligenza di ripartire et agguagfiar tutte le terre che novamente si mettono a prato, sì perchè si adacquano più presto, et con minor quantità di acqua, come perchè producono più herba et sono più facili di segare. Per ignoranza, et forse anchora per risparmio, se ne lasciano alcune disagguagliate, errore certamente di non poca importanza, perchè et i suoi bassi, per facili che / sieno d'adacquare, non sempre scolano, et se pur scolano, di suo naturale o con artificio, allagano et innondano le terre circonvicine, et molte volte le perdono et rovinano del tutto, et gli altri, oltre che sono difiicifi di adacquare, et che mai sì adacquano compitamente, sono causa che le sue acque restino ne i condotti, come morte, et che sovente, per il loro montare, riflettano in essi, fino a i suoi principij,^ con sì fatto contrasto che nè quelle ch'hanno di entrare per sue bocche o partitori per tempo fimitato o continovo, entrano, se non con perdita et mancamento, nè l'altre che sorgono nelle teste de i fontanili, sorgono al solito, anzi, per la maggior parte, si stoppano, et accecano, per causa del recitato reflusso, et delle torbidezze che in tempo d'inondationi riposano et fanno fondo in esse. Difficili di adacquare sono anchora quegli ar / gini delle roggie che più alti et eminenti sono delle superficie che le sue acque tengono, quando corrono o si ripresano in esse; nè loro giovano che per dentro vi si faccino spessi roggiuoli, poi che i spatij che restano fra essi non si adacquano mai. Per le medesime cause si commettono molti altri errori in detti prati et nelle sue roggie et scolatori, i quafi, per non emendarsi presto, sono nell'ultimo di maggiore et assai più danno a i loro patroni che non importa qual si vogli risparmio, come per i seguenti più importanti essempi chiara et evidentemente si può conoscere. Alcuni per risparmiar incastri o pali con soini attaccati et piantati nella terra con 155 Palabra ilegible en el manuscrito.

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CÓDICE DE SITONI

sopra alcune asse ben refilate, o altri appropriati serragli per chiudere le acque per adacquare, le sostentano nelle roggie con solamente chiuse di terra fatte di questa maniera. All'alto che la superficie defie acque ha di tenere, et al traverso de i condotti loro, pongono un buo / no et forte travetto, al quale appoggiano spessi et lunghi pali fin al suolo, che tenghino un poco di scarpa nel pie et lungo il corso di dette acque, perchè megfio et piOi bastantemente possino resistere aU'impeto et corso delle medesime acque. Li coprono poi con mante di grossa tela et con tanta terra gli caricano, di quella deUe rive di esse roggie, o della superficie et cotica de i prati piii vicini, quanta conoscono esser bisogno perchè le acque si ripresine et stijno alte et ben unite. Con sì fatte chiuse adacquane ove vogliono et, finite di adacquare, le stirpano del tutto. Guardanle poi, per potersene servir altrove, però non sempre cavane fuori de i loro condotti la terra che vi buttano, che è causa, non solamente che i detti condotti si accechine piìi presto et che la spesa di spazzargli sia maggiore, ma della detentione et perdita delle acque, fieni et altri frutti che la sudetta terra produrrebbe, lasciandola / ceticata et a suo luogo come prima. Altri per risparmiar un pente, due o piii numero di essi in cima di alcuna roggia e scolatore, vadeano, et lasciane vadear per essi, et con carri et con cavalli; da deve ne seguono, quasi sempre, rompimenti di argini, et rive, et per la terra che da esse cade, cecità di esse roggie et perdita delle acque, inondationi dannose afie terre circonvicine; et in ultimo, oltre la scoticatione et perdita de i prati et terre piii propinque, una perpetova spesa di rifar detti argini et di tener spazzate dette roggie. Altri per iscusar la spesa di far fare un alte et rilevato camino e strada fra due roggiette o scolatori di detti prati, cosa che facilmente si potrà fare con terra di alcuni alti o spacciatura di dette roggie, roggiette et scolatori, mescolata con di què sassi che si trovano per detti prati, senz'altra consideratione consentono che i suoi carri caricati di fieno o di altra qual si vogfi cesa passine et attraversine per ogni loro parte, non si avedendo che per causa / di tanti et sì disordinati camini, eglino, per il poco frutte, ricevono danno, et le sue bestie, tirando per terre fangose et adacquate, passano gran travaglio, afibndando come molte volte affondano in esse. Altri anchora, per non spender et iscusar il dinaro, da poi che hanno fatte abbassare alcun alto, et che per esso sarà restata la terra scoticata et inutile, lasciaranne di farla arare et seminare, o con semenzina, o con bulla di fieno et poi rapegarla, con tutto che sieno certi che toste si ceticarà et fruttarà assai. Altri pei, spazzate che tengono le sue roggie et scolatori, lasciane, per molto tempo, et diverse volte per sempre, la loro spazzatura su gfi argini, o non molto lunge daUe sue rive, et per solo risparmiar il dinaro che potrebbe costare il condurla di lontano, empiendo et spianando con essa lei i bassi et valfi che ne i suoi prati tengono, permettono et seno eausa che dettì argini et rive non dijne il frutto che darebbene, se non fussero occupate, et che in tempo di aria et pioggia, restino le sue roggie con pericolo di che la medesima spazzatura caschi per la porta in esse, empiendole et accecandole, come prima. Et altri per trovare, come trovane, le sue terre mal disposte dalla natura, poco amici di non spendere, non curane di abbassare tutti gfi alti, et con la loro terra, di spianare et egualar le valfi, raggiandola et conducendola per una volta, di lontane, che è causa che adacquane sempre pece et male./

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CAPITOLO 47°

Degli artifiüj con i quali si serrano et sostentano le acque ne i condotti, et della fabrica et uso loro Tutte le acque che per bevere, adacquare et navigare si conducono per disugual pendio, o decaduta, che tenghino ne i suoi condotti, et per alte, basse et larghe che sieno, si sostentano et ripresano, bisognando, et ove huom vuole, con incastri, porte et conche (o cataratte che si dicano), fabrícate ciascuna della maniera seguente. Di pietre lavorate, o di ben cotti mattoni, assettati con fresca et ben colata calcina sopra buoni et ben palificati fondamenti, si sogfiono fare le spalle et suofi delle conche, et questo per maggior fortezza loro, visto che con le sue porte si sogfiono ripresare quasi sempre molte quantità di acque dentro alle quafi non si sofieriscono intoppi di pilastri, o di altre cose simifi, che possano vietar il passo delle navi et delle acque et bruttezze che in esse et vicino loro si trovano, a difierenza di ogni altro artificio. Et di forte et buon legname si fanno comunemente gl'incastri, anchor che durino poco, per il contrasto che vi suol fare il Sole, et l'aria, trovandogfi scoperti dall'acqua et dalla terra./ Questi si usano più de gfi altri, et particolarmente ne i condotti per i quafi passano poche quantità di acque, per la facifità che tengono di serrarsi et aprirsi, et perchè con poco più fondamento di quello che ordinariamente tengono i suoli ove si hanno di piantare et assettare, più presto et con manco spesa si fanno, co'l qual legname però non si mescola altra sorte di materia, per lo poco et male che confà con tutte, nè, per buono et forte che sij, si lavora pofitamente, ma sì ben dritto et refilato nelle sue giunture. Come vogfi che detti incastri sieno, di soglie, stivi, et capelfi, et di spalle, suofi et uschiere si compongono. Le soglie sopra quafi caggiono et si serrano perpendicolarmente le uschiere loro, dapoi si ben spianate nella loro superficie, et di tener piantati a i suoi lati et unitamente i stivi necessarij, si pongono in opra, al traverso et in squadra de i suoi condotti, però sempre più / abbasso del loro suolo principale, sì perchè restano più ferme, et manco pericolose di esser scavate dalle acque che con detti incastri si ripresano, come perchè, con solamente levar via l'altra picciola et mobile soglia, che sopra di ciascuna grande già unita cò suoi stivi si mette incassata fra l'un stivo et l'altro, et all'uguale del detto loro suolo principale, si possano, bisognando, et con molta facilità, spazzare et affondare i suoi condotti, senza disfar niuna parte delle sue fabriche. NeUe roggie che sono larghe et copiose di acqua, si fanno detti stivi grossi et tanto lunghi daUa superficie delle sue sogfie in sù, quanto sono due altezze dell'acqua che appresso di loro si ha di ripresare, et questo perchè, attraversati che sono con suoi capelli, habbino i campari et curatori di esse roggie, quando aprono et serrano le loro porte, ove detenersi, et stare sicuri di non cader nell'acqua, et ove poter attaccare et assicurare le dette porte, perchè non sieno rubate nè ritirate. Ma neUe altre che sono et strette et con non molta copia di acqua, basta che i suoi stivi sieno se non tanto alti, da dette soglie in su, quanto hanno da essere alte le loro acque ripresate. Si accanalano poi i detti stivi in un lato, et molte volte in due, con canali dritti, et alquanto più larghi et incassati di sopra che di sotto, et di queUo che sono grosse le uschiere che vi si mettono dentro, acciochè sieno più facili di alzare et abbassare, et 139 Capítulo 39, antes 42.

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CÓDICE DE SITONI

ripartiti che sono ugualmente, o della maniera che più conviene, si attraversano con doppi o simplici capelli / ben inchiodati et firmati nelle loro cime, perchè restino più dritti, et con assai più forza di poter resistere all'impeto delle acque, et perchè i detti campari tenghino similmente passo, et sopra che montare, per aprire et serrare le dette porte, et, aperte, tenerle sospese et attaccate, ciascuna con un galillo sotto perchè non sieno rubate, come si è detto. Le spalle poi con le quali si uniscono i primi et ultimi stivi di queste fabriche, et per fortezza loro, et per maggior detentione delle sue acque, si fanno più corte le superiori, cioè quelle che sono verso l'in sù delle acque di honesta lunghezza et inclinatione, ma non più alte di quello che sono i detti stivi, et le inferiori inchinate et a scarpa, et con alcuni contraforti di dietro, maggiormente quando sono di pietre, ma non più alte nel suo fme, di un piè o di poco più di quello che sono o possono essere alte le acque che di ordinario passano per detti incastri, quando sono aperti. Et quelle che sono di legname si fanno dritte et a piombo, per la incomodità che tengono i pali che le sotentano di potersi piantare di altra maniera, le quali spalle et pali si piantano et fanno con tutta la diligenza possibile / perchè possano con più sicurezza resistere al peso dell'acqua et della terra che vicino loro resta; la qual terra, come non sia molto húmida, così si va alzando et calcando con becchi et pisoni, come si va alzando et finiendo la fabrica delle dette spalle, sopra le quafi poi, perchè si mantenghino più assai, si fa una coperta con lastri di vino, overo con buone et grosse cotiche di prati; fra l'una et l'altra di queste spalle si fanno i suofi, et maggiormente quando gl'incastri sono per ripresar quantità di acque, sì perchè ripresate non scappino o fugghino di sotto di essi et delle sue soglie, come perchè, nel tempo che si lasciano correre le dette acque, non scavino co'l salto et peso che di ordinario tengono, gli altri suoli di terra che più vicino loro si trovano, della maniera che gfi sogliono scavare, quando detti primi suofi non sono ben fondati et palificati. Le porte con le quafi si ripresano, come si è detto, quantità di acque per adacquare, o per condurre ad altri usi necessarij, si fanno et compongono della medesima maniera quasi, che si fanno et compongono i recitati incastri. Tengono differenza ne gfi artificij con che si aprono et serrano, però per larghi / che sieno i condotti ove si fabricano, si reggono con non più di due ante sospese da cardini, le quafi, per molto che pesino, sono facifi di serrare et aprire, maggiormente quando sono tirate con catene avolte ad alcun torno o molinello della maniera che qua giù si mostra, et che per le porticelle et scolatori che tengono nel suo fine et per il scolatore che per il manco si fa ad un lato di esse ante, sono scaricate primieramente le acque che sostentano et soperchiano le loro rive, stando elleno serrate del tutto. Queste porticelle si reggono medesimamente ciascuna con un'anta sola di legname, et intrambe con due, però sono di tal modo sospese et bilicate da suoi cardini che con solo il peso delle acque si aprono, aperti che sono gli alzapié di ferro che ne i suoi lati tengono, et con catene si serrano contra il corso delle loro medesime acque. Le conche poi o cataratte che nei condotti navigabili si fanno (sostegni veramente altissimi per raffrenar i salti et la soverchia decaduta delle loro acque, et per alzare et / abbassar le navi che per esse si conducono, senza niuna sorte di pericolo) di tanta grandezza et capacità si fanno, quanta conviene perchè in ciascuna agiata et comodamente cappia una di dette navi, per lunga, grande et caricata che sij. Tutte si compongono della maniera che mostra il seguente dissegno, et, di pietre o di mattoni che si fabrichino, come già si è detto, non vi si risparmia nè spesa, nè diligenza perchè restino perfette. I prattici di fabricar nelle acque concorrono in che i suofi di queste conche sieno

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T R A N S C R I P C I Ó N DEL C Ó D I C E

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di pietre lavorate, et per necessità di esse pietre gli fanno di mattoni attraversati con spessi legnami (et ove) come fanno anchora la fronte de i scalini ne i quali ripartono la decaduta che i detti suoli tengono. Et perchè possano resistere al salto dell'acqua che di continovo cade loro in cima, gli coprono con tavole refilate et ben inchiodate, le quali sieno di forte et buon legname. Di pietre similmente fanno le sue spalle et pareti, / perchè non così presto si corrodono come si corrodono facendosi di mattoni, et non piìi alte le tengono di quello che ordinariamente è l'acqua con una nave sopra; al qual livello tengono medesimamente le sommità delle ante con le quali si chiudono et aprono gli estremi di dette conche, anchor che fra esse sij tanta differenza nell'altezza quanta è quella che si trova esser fra l'un suolo et l'altro, cioè fra il superiore et l'inferiore de i dettì suoi condotti, et le quali ante sono della medesima maniera che sono le altre delle recitate porte. Fabricate che sono, si reggono ciascuna con un sol huomo di ragionevole et mediocre lena, guardando la regola et modo seguente. Aperte si tengono di ordinario le sue ante inferiori, et le due porticelle delle superiori, queste per dar esito alle acque de i suoi condotti, et ostare a che le navi non precipitìno, quando sono condotte / all'in giii et verso loro medesime, et quelle perchè l'altre che sono tirate, et condotte all'in sii, non tenghino ostacolo nella loro entrata. Però nel tempo che si vuol abbassar una nave, si serrano le dette due porticelle, come si serrano anchora le ante inferiori, et serrate che sono, si riaprono subito le porticelle, et così si lasciano, infino a tanto che l'acqua del suo condotto habbi empito la conca et non tenghi piii corrente in essa. Si aprono poi le ante superiori, et nella conca si mette et entra la nave, et, entrata, si riserrano, et così riserrate si tengono tanto tempo che per le porticelle delle ante inferiori et il suo scolatore laterale passi l'acqua della detta conca, et con essa la detta nave, riaperte che sono le dette ante inferiori. Ma quando si vuol alzare o condurre alcun'altra nave all'in sù, non solamente si serrano le dette prime porticelle, ma anchora le sue ante principali, messa et tìrata che sij nella conca la sudetta nave; le quali ante così si lasciano, infmo / a tanto che si alzi et empia di acqua la detta conca, et che la detta nave, senza niun'altra violenza, sia entrata et messa nel loro condotto superiore, aperte che sieno similmente le dette sue ante superiori. Con dette conche, et con tener alte et ben raccolte le acque ne i loro condotti, si agevola il passo delle navi, et in oltre che s'iscusa et abbrevia il camino de i passaggieri, s'iscusa anchora la grandissima spesa ch'entrarebbe in ciascuno de i suoi cavi, quando per risparmiar una o più di queste conche si havessero di allongar quel tanto che alla rata importa la sua decaduta, come per essempio sarebbe se per iscusar una sola conca, che tenesse tre braccia di decaduta, fusse necessario allongar il suo cavo cinque o sei miglia, et passarlo per terre di so / verchia altezza o bassezza. Si sostentano anchora tutte le sorti di acque, per copiose et abondanti che sieno, et per adacquare, et per condurre ad ogni altro uso, purché non sieno navigabili, attraversando i suoi condotti con sostegni fabricati di pietre o di mattoni, della maniera et come si può comprendere ne i seguenti dissegni, overo con molini o altri simili artiflcij, come tenghino la sua debita et conveniente decaduta.

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Giovanni Francesco Sitoni has been relatively unknown until now. There is only to be found one monograph dedicated to him a few years ago and some references to his written work. He was bom and died in Milan (1532-1608); it must be remembered that at that time Lombardy belonged to the Spanish crown. He worked there as an engineer in the first and last part of his life, on the cathedral, the fort of Fuentes, the monastery of St. Victor, the palace of the Duke of Terranova and other projects. He also worked in Spain where he was highly esteemed by Philip II. There he was concerned with the Imperial channel of Aragón, the canal of Colmenar and irrigation projects in Cataluña. His participation in these various works, however, does not seem to be sufficiently important to justify the high salaiy that was granted to him by the king, whether he worked or whether he did nothing. One explanation —that still awaits confirmation— could be that he did secret work that was of interest to Spanish diplomacy, as he was related to the Setons, a powerful aristocratic Scottish family. In this book there is also published, for the first time, both the original text as well as the Spanish translation of his manuscript entitled Tratatto delle virtù et proprieta delle acque del trouarle, eleggerle, liuellarle, condurle, et di alcunialtre sue circonstanze, which can be found in a library in the United States of America. It is the first known manual on irrigation projects in Italy and the second renaissance treatise on hydraulic works, after the very important work by an unknown Aragonés author T h e twenty-one books of devices and of machines.... Its publication was due, also, to José A. Garcia-Diego and the first person who went back to locate it in recent times was Alex Keller. Both are authors of studies prior to the treatise of Sitoni.

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Giovanni Francesco Sitoni è rimasto, fino ad ora, un personaggio praticamente sconosciuto. Un solo studio monografico gli è stato dedicato pochi anni fa, e parimenti sono stati fatti alcuni accenni ai suoi scrìtti. Nacque e morì a Milano (1532-1608); dobbiamoricordareche a quei tempi la Lombardia apparteneva alla Corona di Spagna. Lì lavorò come ingegnere, soprattutto nella prima e nell'ultima epoca della sua vita: opera del Duomo, Forte dei Fonti, Monastero di San Vittore, Palazzo del duca di Terranova... Ma anche in Spagna, ove era molto apprezzato da Filippo IL Lì si occupò del canale Imperiale dell'Aragona, del canale di Colmenar e di irrigazioni nella Catalogna. Il suo intervento in questi lavori non sembra però essere stato abbastanza importante da giustificare il cospicuo stipendio concessogli dal re, sia durante il lavoro, sìa quando non svolgeva nessuna attività. Una spiegazione —tuttora in attesa di opportuni controlli e verifiche— potrebbe essere cercata nell'ipotesi che realizzasse lavori di carattere segreto al servizio della diplomazia spagnola. Perchè apparteneva, fra l'altro, ad una famiglia scozzese, i Seton, aristocratica ed influente. In questo libro si pubblica anche, per la prima volta, tanto il testo originale come la traduzione spagnola del suo manoscritto intitolato Trattato delle virtù et proprietà delle acque, del trouarle, eleggerle, liuellarle, condurle, et di alcune altre sue circostanze, e che si trova in una biblioteca degli Stati Uniti. È il primo manuale di irrigazioni in Italia che si conosca, e il secondo trattato del Rinascimento di lavori idraulici. Dopo l'importantissimo Los veintiún libros de los ingenios y de las máquinas, opera di uno sconosciuto autore aragonese, la cui pubblicazione è stata arwh'essa a cura dij. A. Garda-Diego, e di cui per primo si è occupato recentemente Alex Keller. Ad entrambi sono dovuti ora i rispettivi studi previ al trattato di Sitoni.

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Se acab贸 de imprimir este libro el d铆a 14 de febrero de 1990

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Títulos publicados: 1. GIOVANNI FRANCESCO SITONI

Ingeniero renacentista al servicio de la Corona de España. Su vida y obra por José A. García-Diego y análisis del códice por Alexander G. Keller. Con su códice inédito «Tratatto delle virtù et proprietà delleácque...» en su idioma original italiano y traducido al castellano. 2 . JUANELO TURRIANO

Breve Discurso a su Majestad el Rey Catolico en torno a la reducción del año y reforma del Calendario. Con la explicación de los instrumentos inventados para enseñar su uso en la práctica. Con una introducción de J.A. Garda-Diego y un análisis del codice por J.M. González Aboin, así como el manuscrito inédito, en su idioma original italiano, y traducido al castellano. 3. ANTONIO R U M E U DE ARMAS

El Real Gabinete de Máquinas del Buen Retiro. Origen, fundación y vicisitudes. Una empresa técnica de Agustín de Betancourt. Con el facsímile de su Catálogo inédito, conservado en la Biblioteca del Palacio Real, y un estudio sobre las máquinas e índice, por Jacques Payen. 4 . J O R G E DEMERSON

José María de Lanz, Prefecto de Córdoba.

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