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FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO

1987 2012


FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO

1987 2012


FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO

1987 2012

25 años


José Antonio García-Diego.


Edición Diseño y maquetación Producción editorial Traducción Impresión Encuadernación

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO MARÍA EUGENIA BLÁZQUEZ RODRÍGUEZ EDICIONES DEL UMBRAL BERNARDO REVUELTA POL BRIZZOLIS RAMOS

© de la edición, Fundación Juanelo Turriano © de los textos, sus autores © de las imágenes, sus autores ISBN: 978-84-937754-4-5 D.L: M-38573-2012

Las maquetas que aparecen en las fotos, salvo indicación en contra, pertenecen a la Colección de Maquetas de Obras Públicas del CEDEX

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FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO PATRONATO VICTORIANO MUÑOZ CAVA Presidente JAVIER GOICOLEA ZALA Vicepresidente PEDRO NAVASCUÉS PALACIO Secretario JOSÉ CALAVERA RUÍZ DAVID FERNÁNDEZ-ORDÓÑEZ HERNÁNDEZ FERNANDO SÁENZ RIDRUEJO JOSÉ MANUEL SÁNCHEZ RON Vocales FRANCISCO VIGUERAS GONZÁLEZ Presidente de Honor

COMISIÓN ASESORA FERNANDO SÁENZ RIDRUEJO Presidente ANTXON AGUIRRE SORONDO CARLOS BLÁZQUEZ HERRERO ALICIA CÁMARA MUÑOZ LUÍS ALBERTO DE CUENCA Y PRADO JUAN LUÍS GARCÍA HOURCADE JOSÉ MARÍA GOICOLEA RUIGÓMEZ JOSÉ MANUEL GUINEA PÉREZ MANUEL LOMBARDERO SOTO ALFONSO MALDONADO ZAMORA JOSÉ MAÑAS MARTÍNEZ ROSARIO MARTÍNEZ VÁZQUEZ DE PARGA ANTONIO MONFORT BERNAT ÁNGEL MORENO SANTIAGO CARLOS PEÑA MARTÍNEZ JULIO PORRES DE MATEO Vocales

DIRECTOR GERENTE BERNARDO REVUELTA POL

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Victoriano MuĂąoz Cava en el Deutsches Museum de MĂşnich, 15 de marzo de 2011.


En el XXV aniversario de nuestra FundaciĂłn Juanelo Turriano, es una feliz iniciativa publicar este libro para contar su historia y sus principales actividades a nuestros amigos y colaboradores. Este trabajo ha sido posible gracias a la ilusionada colaboraciĂłn de nuestros patronos, empleados y amigos, coordinados por nuestro director-gerente Bernardo Revuelta. La FundaciĂłn Juanelo Turriano fue creada en 1987 por un atĂ­pico ingeniero de Caminos, JosĂŠ Antonio GarcĂ­a-Diego, quien destinĂł parte de los frutos de una carrera profesional y empresarial llena de ĂŠxitos al estĂ­mulo de la curiosidad intelectual que cultivĂł durante toda su vida: el fomento de la inÂ˜Â‡Â•Â–Â‹Â‰ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?ÂŠÂ‹Â•Â–Ă—Â”Â‹Â…Âƒ†‡Žƒ–¹…Â?‹…ƒ›Žƒ…‹‡Â?Â…Â‹ÂƒÇĄ‡ŽƤÂ?†‡Žƒ —Â?Â†ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?–ƒŽ›…‘Â?‘Ć¤Â‰Â—Â”Âƒ‡Â?•—•‡•–ƒ–—–‘•Ǥ Ni la creaciĂłn de una FundaciĂłn a cargo del mecenazgo privado, ni los mencionados objetivos resultaban habituales en la EspaĂąa de 1987. Sin embargo, un cuarto de siglo despuĂŠs, las iniciativas desarrolladas por nuestra instituciĂłn, el apoyo recibido y la difusiĂłn alcanzada revelan que la decisiĂłn de GarcĂ­a-Diego respondĂ­a a una necesidad cierta y compartida de la cultura espaĂąola. La FundaciĂłn Juanelo Turriano ha promovido multitud de proyectos para impulsar el conocimiento de la historia de la tĂŠcnica, la ciencia y la ingenierĂ­a: libros y publicaciones, exposiciones, becas de doctorado, premios de investigaciĂłn, organizaciĂłn de cursos y conferencias, participaciĂłn en congre•‘•ǥŽƒ„‘”‡•†‡†‘…—Â?‡Â?Â–ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?ÇĄ…‘Â?’”ƒ›Â†Â‹Â‰Â‹Â–ÂƒÂŽÂ‹ÂœÂƒÂ…Â‹Ă—Â?†‡ˆ‘Â?†‘•„‹„Ž‹‘‰”žƤ…‘••‘Â?ƒŽ‰—Â?‘•†‡‡ŽŽ‘•ǤÂ?‡•–‡‹Â?‘ÂƒÂ•Â’Â‡Â…Â–Â‘ÇĄŽƒ —Â?Â†ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?†‡•ƒ””‘ŽŽƒ la ambiciosa digitalizaciĂłn de algunos libros de su biblioteca especializada, que cuenta con 8.000 tĂ­tulos, poniĂŠndolos a disposiciĂłn del pĂşblico a travĂŠs de su pĂĄgina web. ƒ‡š…‡Ž‡Â?Â…Â‹ÂƒÇĄŽƒ’—‡•–ƒ‡Â?˜ƒŽ‘”†‡Ž’ƒ–”‹Â?‘Â?‹‘–¹…Â?‹…‘›…‹‡Â?–ÀƤ…‘Â‡Â•Â’ÂƒĂ“Â‘ÂŽÇĄ›•—‹Â?–‡”Â?ƒ…‹‘Â?ÂƒÂŽÂ‹ÂœÂƒÂ…Â‹Ă—Â?ÇĄŽƒÂ…Â‘ÂŽÂƒÂ„Â‘Â”ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?…‘Â?‹Â?•–‹–—…‹‘Â?‡•Â’ĂŻÂ„ÂŽÂ‹Â…ÂƒÂ•› privadas, asĂ­ como el apoyo a investigadores han sido los principios y objetivos a los que ha dirigido sus iniciativas, variadas pero complementarias. Nos sentimos orgullosos de que la FundaciĂłn Juanelo Turriano sea hoy una referencia para los expertos y todos los interesados en este campo. Â?Ž‘•’”‘›‡…–‘•†‡Žƒ —Â?Â†ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?ÇĄ”‡…‘‰‹†‘•‡Â?‡•–‡Ž‹„”‘ƒÂ–Â”ÂƒÂ˜ÂąÂ•†‡•—Â?‡Â?‘”‹ƒÂ‰Â”ÂžĆ¤Â…ÂƒÇĄŠƒÂ?’ƒ”–‹…‹’ƒ†‘‹Â?˜‡•–‹‰ƒ†‘”‡•›†‡•–ƒ…ƒ†ƒ•’‡”•‘Â?ƒŽ‹†ƒ†‡• de la cultura y la empresa en EspaĂąa. Uno de sus mayores logros ha sido aglutinar el esfuerzo de muchos, que han aportado su sabidurĂ­a y experiencia en la consecuciĂłn de sus objetivos. ƒ —Â?Â†ÂƒÂ…Â‹Ă—Â? —ƒÂ?‡Ž‘—””‹ƒÂ?‘Â?‘…‡Ž‡„”ƒŠ‘›•‘Ž‘•—•˜‡‹Â?–‹…‹Â?…‘ÂƒĂ“Â‘Â•†‡‡š‹•–‡Â?Â…Â‹ÂƒÇĄ•‹Â?‘–ƒÂ?„‹¹Â?Žƒ’Ž‡Â?ƒ˜‹‰‡Â?…‹ƒ†‡•—•ƤÂ?‡•Ǥ‹”ƒƒŽ’ƒ•ƒ†‘ para afrontar con mayor decisiĂłn el futuro. La iniciativa emprendida por GarcĂ­a-Diego, sus objetivos de conocimiento y su ĂĄmbito de aplicaciĂłn son horizontes que, lejos de caducar, siguen formando un proyecto estimulante, exigiendo si cabe mayores afanes en un mundo –tambiĂŠn el de la invesÂ–Â‹Â‰ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?ÂŠÂ‹Â•Â–Â‘Â”Â‹Â‘Â‰Â”ÂžĆ¤Â…ÂƒČ‚“—‡…ƒÂ?„‹ƒ…‘Â?”ƒ’‹†‡œ›’ŽƒÂ?–‡ƒÂ?—‡˜‘•Â†Â‡Â•ÂƒÂˆĂ€Â‘•Ǥ‘•˜ƒŽ‘”‡•†‡Â‹ÂŽÂ—Â•Â–Â”ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?ÇĄÂ‡Â•ÂˆÂ—Â‡Â”ÂœÂ‘ÇĄÂ…Â‘ÂŽÂƒÂ„Â‘Â”ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?›Ž‹„‡”ƒŽ‹†ƒ†“—‡ŠƒÂ? nutrido a la FundaciĂłn desde su creaciĂłn, son los mĂĄs adecuados para afrontarlos y seguir trazando caminos de futuro.

Victoriano MuĂąoz Cava Presidente de la FundaciĂłn Juanelo Turriano

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Ă­ndice

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El ingeniero sentimental o una vida a contracorriente: JosĂŠ Antonio GarcĂ­a-Diego. Antonio Recuero La tecnologĂ­a del siglo XVI en EspaĂąa: algunas observaciones. Thomas F. Glick Ciencia, tĂŠcnica y sociedad en EspaĂąa (siglo XIX). JosĂŠ Manuel SĂĄnchez Ron Un episodio de la historia de la conservaciĂłn del patrimonio tecnolĂłgico en Â•Â’ÂƒĂ“ÂƒÇ¤ƒ†‡•–”—……‹×Â?†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘†‡ —ƒÂ?‡Ž‘‡Â?͙͠͞͠. Daniel Crespo Delgado ÂŽ”–‹Ƥ…‘†‡ —ƒÂ?‡Ž‘—””‹ƒÂ?‘‡Â?‘Ž‡†‘ǣ—Â?ƒ”‡…‘Â?•–”—……‹×Â?ˆ”—•–”ƒ†ƒǤ JosĂŠ Antonio GarcĂ­a-Diego Juanelo Turriano. Vida y obra

Ž”–‹Ƥ…‹‘†‡‘Ž‡†‘ Los Veintiún Libros de los Ingenios y de las Måquinas

El legado de la IngenierĂ­a

Caminos terrestres y marĂ­timos

ConstrucciĂłn

HidrĂĄulica

Ingenieros y constructores

Ingenios y MĂĄquinas

Molinos

Relojes

Anexos


artĂ­culos

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EL INGENIERO SENTIMENTAL O UNA VIDA A CONTRACORRIENTE: JOSÉ ANTONIO GARCÍA-DIEGO ANTONIO RECUERO Director de la Revista Fomento

S

i, como sugiere Ortega y Gasset, la vida no es más que una serie de colisiones con el futuro y no la suma de lo que se ha sido, sino de lo que se anhela ser, hubo al menos dos momentos cruciales en la vida de José Antonio García-Diego (Madrid, 1919-1994) en los “—‡•—ƒŠ‡Ž‘‘ǡ•‹•‡’”‡Ƥ‡”‡ǡŽƒ‹’‘•–—”ƒ†‡•‡”‘–”‘—›†‹•–‹–‘ƒŽ“—‡‡‡•‡‘‡–‘ era, no solo fue determinante en su propia vida sino también en la creación de la que probablemente fue su obra más querida, la Fundación Juanelo Turriano. El primero de esos momentos tuvo lugar en 1939, recién terminada la Guerra Civil, y tuvo que ver con su deseo de hacerse ingeniero de caminos, canales y puertos. Esa decisión no habría tenido en sí nada de excepcional si en su caso no hubiera implicado renunciar o al menos postergar otra vocación, la de historiador, tanto o más fuerte en él, como luego se vería. Su padre, Tomás García-Diego, era ya, desde los años 20, profesor de Arte en la Escuela de Ingenieros y le había inculcado desde muy niño una pasión por la lectura que no abandonaría nunca, y especialmente por ese amplio abanico de saberes que entonces se llamaba genéricamente Humanidades: Arte, Historia, Literatura, Filosofía.

Una vocación inesperada

Busto de José Antonio García-Diego, realizado por Manuel Díaz-Marta y perteneciente a la Fundación Juanelo Turriano. A la derecha, Tomás García-Diego de la Huerga, catedrático de Historia del Arte en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos.

Aunque elegantemente hermético en lo personal, acaso porque cualquier protagonismo siempre se le antojaba tan descortés como abusivo, muchos años después, en alguno de los congresos que hubo de presentar como presidente de ICOHTEC (International Commitee for the History of Technology), José Antonio García-Diego se atrevería a insinuar su nula vocación para la enseñanza y su escasa capacidad para la oratoria. Y quizá fueron esas algunas de las razones que le disuadieron de inclinarse por la Historia, o por cualquiera otra de esas materias en las que ya llevaba un largo camino recorrido, a la hora de emprender los estudios de grado superior. Disciplinas que, entonces como hoy, abocaban sin apenas más opciones al ejercicio de la docencia, para el que quizá muy exageradamente se veía tan sin cualidades. Porque muy humorísticamente, con la aguda ironía que le caracterizaba y entre su círculo de colaboradores más cercanos, en algún momento él mismo también confesaría que si llegó a hacerse inge15


‹‡”‘†‡„‹×†‡•‡”•‘„”‡–‘†‘’‘”‡Žˆƒ–ƒŽ‹•–‹–‘Œ—˜‡‹Ž†‡ƒ•‡•‹ƒ”ƒŽƒƤ‰—”ƒ’ƒ–‡”ƒǡ–ƒ „‹‡†‡Ƥ‹†‘’‘” ”‡—†…‘‘…‘’Ž‡Œ‘†‡†‹’‘ǤŽ‰‘“—‡ƒ…ƒ•‘‘†‡„ƒ‹–‡”’”‡–ƒ”•‡…‘‘ mera broma, pues en esos años, y más aún en el ambiente de las escuelas técnicas, imperaba una fuerte cultura del desdén hacia toda formación que pudiera antojarse demasiado teórica y que se condensaba en la frase: “el que sabe hacer, hace; el que no, enseña, y el que ni esto, escribe un libro”, lanzada con especial ferocidad por parte del alumnado a cuantos profesores les dispensaban algún tipo de molesto magisterio, sin apenas excepciones. Pero más allá de las burlas y enredos del subconsciente, en la decisión de José Antonio GarcíaDiego de hacerse ingeniero sin duda pesaron también otras dos importantes razones. Por un lado, como deja entrever en muchos de sus escritos, un fuerte compromiso ético, su convic…‹×„‹‡ƒƤƒœƒ†ƒ†‡“—‡‡Ž‡Œ‡”…‹…‹‘†‡Žƒ’”‘ˆ‡•‹×†‡”‹˜ƒ„ƒ‡—‡š–‡•‘„‡‡Ƥ…‹‘…‘ï o social. Y por otro, un irrenunciable sentido de independencia y libertad, la de administrar su tiempo y propio criterio sin rendir otras cuentas a más terceros que la propia conciencia. Para entender el primero de esos motivos es preciso subrayar que, en correspondencia, ese bien común y quienes lo hacían posible, los ingenieros, gozaban aún en esas primeras décadas del siglo XX de un reconocimiento y un prestigio sin reparos por parte de la sociedad, extensivos al cuerpo y a la Escuela en la que se formaban, que podían confrontarse sin complejos a los mejores de Europa gracias a los sólidos pilares dejados más de un siglo antes por Agustín de Betancourt. Y gracias también, sin duda, al exigente rigor mantenido en el nivel de conocimientos que debía avalar a cuantos aspiraban primero al ingreso en ella y luego a licenciarse. Ingenieros habían sido quienes iniciaron y continuaban haciendo posible empresas tan heroicas y de tantísima utilidad como las traídas de agua y luz a las ciudades, apreciadas conquistas de un creciente bienestar doméstico; ingenieros eran quienes encabezaban obras tan admiradas como lo fueron en la capital las del Canal de Isabel II, o del Metro, o las de las redes de telégrafos y teléfonos. Ingenieros eran, en suma, quienes convertían los sueños del progreso en cercana realidad. Así pues, sin la objeción ambiental de hoy, en la decisión de hacerse ingeniero por parte de la juventud de entonces latía más un cierto sentido romántico que pragmático, el de responder a la vaga llamada de una atrayente percepción heroica de la profesión, o al menos a la de verse a sí mismos como hombres de acción, capaces de llevar a cabo obras canonizadas como útiles y sólidas y, si también bellas…, que lo dijeran siempre otros.

Estudiar en la posguerra Sin embargo, recién terminada la Guerra Civil hacer realidad los sueños juveniles de una vocación no era tarea fácil. En esa primera posguerra en la que J. A. García Diego inició los estudios de Ingeniería, en el otoño de 1939, en la vieja Escuela del cerro de San Blas, restaurar otra vez la normalidad anterior no era misión sencilla.

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Gracias a la inteligente direcciĂłn de Vicente Machimbarrena, la Escuela habĂ­a recuperado otra vez el esplendor de sus mejores momentos entre los aĂąos 1924 y 1936, cuando su Junta Di”‡…–‹˜ƒ•‡˜‹‘ƤÂ?ƒŽÂ?‡Â?–‡ˆ‘”œƒ†ƒƒ•—•’‡Â?†‡”Žƒ•Â…ÂŽÂƒÂ•Â‡Â•ÇĄ…‘Â?ŽƒÂ?ƒ›‘”’ƒ”–‡†‡Ž…Žƒ—•–”‘†‡ profesores y el alumnado enrolado voluntariamente en uno y otro bando. En 1926, con Rafael Benjumea al frente del Ministerio de Fomento, Machimbarrena habĂ­a logrado obtener el estatuto de autonomĂ­a para la Escuela, lo que habĂ­a propiciado tambiĂŠn la posibilidad de nuevas Â˜Ă€ÂƒÂ•†‡ƤÂ?ƒÂ?Â…Â‹ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?‡‹Â?‰”‡•‘•Ǥ AdemĂĄs de captar para la docencia a los mĂĄs brillantes ingenieros, matemĂĄticos y geĂłlogos del momento (Torres Quevedo, Torroja, Rey Pastor, Clemente SĂĄenz), Machimbarrena fue un decidido impulsor de la formaciĂłn prĂĄctica y tĂŠcnica, al modo de los modelos alemĂĄn e inglĂŠs, cuyas escuelas habĂ­a tenido la oportunidad de conocer de cerca en un largo periplo por Europa, causĂĄndole una excelente impresiĂłn, al contrario de la histĂłrica École Nationale des Ponts y ChaussĂŠes de ParĂ­s, que tambiĂŠn habĂ­a visitado y cuya formaciĂłn se le antojaba ya obsoleta ›†‡Â?ƒ•‹ƒ†‘†‡…ƒÂ?–ƒ†ƒŠƒ…‹ƒ˜‡”–‹‡Â?–‡•…‹‡Â?–ÀƤ…‘njÂ?ƒ–‡Â?ž–‹…ƒ•Ǥ De acuerdo con esas ideas, impulsar la modernizaciĂłn de los laboratorios y lograr el mĂĄs exigente grado de prĂĄcticas para el alumnado fueron dos de sus grandes caballos de batalla al ˆ”‡Â?–‡†‡Žƒ•…—‡ŽƒǤƒ‰—‡””ƒ‹Â?–‡””—Â?’‹×†‡•ƒˆ‘”–—Â?ƒ†ƒÂ?‡Â?–‡‡•‘•’ŽƒÂ?‡•›‡Ž‡†‹Ƥ…‹‘ˆ—‡ destinado a cuartel de guardias de asalto, sufriendo al menos dos bombardeos, aunque al parecer no llegaron a causar daĂąos severos. Reanudadas las clases en el otoĂąo de 1939, con Machimbarrena ya jubilado, aunque la Escuela mantuvo inicialmente su estatuto de autonomĂ­a, la dura realidad de las restricciones presupuestarias hizo difĂ­cil recuperar el impulso de progreso anterior. Esa precariedad de medios debiĂł afectar especialmente en esos primeros aĂąos de posguerra al equipamiento tĂŠcnico de los laboratorios y las clases prĂĄcticas. Manuel Aguilar LĂłpez, su director entonces, lo pone de relieve con mĂĄs o menos delicadeza en un artĂ­culo publicado en el nĂşmero 2757 de la Revista de Obras PĂşblicas dedicado a Madrid en el aĂąo 1945: “Actualmente en los Laboratorios de HidrĂĄulica se hacen ensayos hasta en el suelo, y lo que es peor, alguno tan fundamental como el de la presa de CĂ­jara, se ha hecho al descubierto. Al llegar el invierno no resulta esto posible; pero ÂżcĂłmo decir a la Superioridad y a las empresas que esperen, cuando todos estamos convencidos de que los ensayos en modelos reducidos son fundamentales, tanto desde el punto de vista tĂŠcnico como del econĂłmico? ÂżCoartaremos el ‡•’À”‹–—‹Â?˜‡•–‹‰ƒ†‘”†‡Ž‘•”‘ˆ‡•‘”‡•‰—‹Žƒ›‡…‡””‹Žǥ“—‡–ƒÂ?Â?ƒ‰Â?ÀƤ…‘•”‡•—Ž–ƒ†‘•‡•–žÂ? obteniendo? ÂżQuĂŠ posiciĂłn adoptar sobre los ensayos que se solicitan del extranjero?â€?. En ese Laboratorio y en esos ensayos, bajo la direcciĂłn del citado Antonio del Ă guila y Rada y junto a un escogido grupo de alumnos, pasĂł sus Ăşltimos aĂąos en la Escuela J. A. GarcĂ­a-Diego.

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Estreno profesional Con el profesor Del Ă guila, la relaciĂłn acadĂŠmica se tornĂł pronto en franca amistad, pues am„‘•‡”ƒÂ?›ƒƒ’ƒ•‹‘Â?Ġԥ„‹„Ž‹×ƤŽ‘•›…‘Â?Â’ÂƒÂ”Â–Ă€ÂƒÂ?—Â?Â?—–—‘‹Â?–‡”¹•’‘”Žƒ ‹•–‘”‹ƒ†‡Žƒ¹…Â?‹ca. Experto conocedor de los mĂĄs remotos autores y tratados de Arquitectura HidrĂĄulica, Del Ă guila le guiarĂĄ en la bĂşsqueda de ediciones raras y curiosas. En 1946, Del Ă guila, que es nombrado director de la empresa Aguas y Saltos del Zadorra, inƪ—‹”ž–ƒÂ?„‹¹Â?†‡Â?‘†‘†‡…‹•‹˜‘‡Â?Žƒ˜‹†ƒ†‡ ÂƒÂ”Â…Ă€ÂƒÇŚ‹‡‰‘ǥƒŽ”‡…‘Â?‡Â?†ƒ”Ž‡’ƒ”ƒ•—’”‹Â?‡” trabajo como profesional. ‰—ƒ•›ƒŽ–‘•†‡ŽÂƒÂ†Â‘Â”Â”ÂƒÇĄĆ¤ÂŽÂ‹ÂƒÂŽ†‡Ž–‘• ‘”Â?‘•†‡Â‹ÂœÂ…ÂƒÂ›ÂƒÇĄ–‹‡Â?‡‡Â?–”‡•—•‘„Œ‡–‹˜‘•Žƒ”‡‰—laciĂłn del rĂ­o Zadorra, en Ă lava, para asegurar el abastecimiento de agua y electricidad a la comarca del Gran Bilbao. Para la direcciĂłn de las obras Del Ă guila confĂ­a en Emeterio Cuadrado, que contarĂĄ con Francisco Ruiz de Velasco y JosĂŠ Antonio GarcĂ­a-Diego como ingenieros adjuntos. A GarcĂ­a-Diego, entre otros cometidos, le corresponderĂĄ el seguimiento del proyecto del salto de Barazar, concebido como pieza clave en la generaciĂłn de electricidad.

Durante ese tiempo y aprovechando su estancia en Villarreal de Ă lava, por encargo de Del Ă guila, GarcĂ­a-Diego dedicarĂĄ buena parte de sus ratos libres a recorrer la comarca hasta localizar las presas de contrafuertes diseĂąadas por el caballero Pedro Bernardo Villarreal de BĂŠrriz ‡Â?Žƒ•…‡”…ƒÂ?Ă€ÂƒÂ•†‡ƒ”Â?‹Â?ƒ›‡Â?‡‹–‹‘ǥ…‘Â?•–”—‹†ƒ•Šƒ…‹ƒƤÂ?ƒŽ‡•†‡Ž•‹‰Ž‘

›’”‹�‡”‘•†‡Ž XVIII. Ademås de estudiarlas sobre el terreno, entablarå contacto con algunos familiares, descendientes directos del noble vasco, que le abrirån los archivos que aún conservan y le ayudarån a poner en orden valiosos datos de su vida y obra. Sólo muchos aùos mås tarde, en 1971, García-Diego se atreverå a dar a conocer los resultados de esas investigaciones en un extenso artículo publicado en la Revista de Obras Públicas.

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La experiencia americana Dos aĂąos mĂĄs tarde, en 1948, obtiene una beca como ingeniero en prĂĄcticas en el U.S. Bureau of Reclamation, el mayor abastecedor de agua del oeste de Estados Unidos. AllĂ­ trabajarĂĄ unos …—ƒÂ?–‘•Â?‡•‡•‡Â?Žƒ‘Ƥ…‹Â?ƒ†‡’”‘›‡…–‘•†‡Žƒ•‡†‡…‡Â?–”ƒŽ†‡‡Â?Â˜Â‡Â”ÇĄ’ƒ”ƒ–”ƒ•Žƒ†ƒ”•‡Ž—‡‰‘ƒ Â?‘š˜‹ŽŽ‡›ÂŠÂ‹Â…ÂƒÂ‰Â‘ÇĄƒŽƒ•‘Ƥ…‹Â?ĥ†‡Žƒ‡Â?Â?‡••‡‡ƒŽŽ‡›—–Š‘”‹–›ǥ‡Ž‘–”‘‰”ƒÂ?…‘Ž‘•‘Â?Â‘Â”Â–Â‡ÂƒÇŚ mericano del abastecimiento hidroelĂŠctrico, adscrito tambiĂŠn al Departamento del Interior de ese paĂ­s. Ambas experiencias le permitirĂĄn ser testigo inmediato de los espectaculares progresos alcanzados allĂ­ en materia hidrĂĄulica y en la estandarizaciĂłn y especializaciĂłn de los procesos de construcciĂłn de las mayores infraestructuras para abastecimientos que se han creado nunca, lo que se traduce en unos ahorros de costes y tiempo impensables entonces a este otro lado del AtlĂĄntico. No menos le admirarĂĄn tambiĂŠn el dinamismo y la receptividad de la sociedad norteamericana hacia la innovaciĂłn y los progresos tĂŠcnicos en cualquier parcela, incluida, por supuesto, la hidrĂĄulica, que convierte en autĂŠnticos y exitosos museos vivos obras como la presa Hoover. A su regreso a EspaĂąa, en 1950, una buena parte de todas esas impresiones sobre los avances tĂŠcnicos y otras mĂĄs personales quedarĂ­an recogidas en una serie de artĂ­culos para la Revista de Obras Publicas, con la que empieza colaborar. En ese aĂąo comenzarĂĄ tambiĂŠn a trabajar, en el diseĂąo de presas, para algunos departamentos de proyectos de las grandes empresas constructoras de nuestro paĂ­s. Pero su fuerte carĂĄcter independiente y el estĂ­mulo de su experiencia americana le animan a crear junto a Fernando PĂŠrez Gil y Modesto Vigueras, amigo y viejo compaĂąero de estudios en la Escuela, un proyecto empresarial de nuevo cuĂąo. Bajo el nombre de Onuba S.A. constituyen en 1953 lo que, en principio, no pasa de ser un humilde estudio-escoba que se hace cargo de los pequeĂąos proyectos que otras empresas mĂĄs grandes no quieren o de los que liberan a sus equipos acuciados por otras prioridades. Uno de los primeros trabajos serĂĄ la desecaciĂłn y canalizaciĂłn de las marismas del Odiel con vistas a futuros asentamientos industriales. Posteriormente, la expansiĂłn de las grandes compaùías elĂŠctricas en esos aĂąos cincuenta les permitirĂĄ ir obteniendo poco a poco mĂĄs de un ĂŠxito en algunos concursos importantes. GarÂ…Ă€ÂƒÇŚ‹‡‰‘Ƥ”Â?ÂƒÂ”ÂžÇĄ‡Â?–”‡‘–”‘•ǥŽ‘•’”‘›‡…–‘•†‡Žƒ’”‡•ƒ†‡ƒÂ? —ƒÂ?ÇĄ‡Â?‡ŽŽ„‡”…Š‡ǥ›†‡Žƒ†‡ Fervenza, en el rĂ­o Pindo.

ArtĂ­culo publicado por GarcĂ­a-Diego a su regreso de Estados Unidos.

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La presa de Fervenza, segĂşn un dibujo de Ricardo MuĂąoyerro.

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Una empresa de éxito Mas pronto intervendrán también la especial visión y sentido de anticipación del futuro de García-Diego para dar un giro decisivo en esa actividad y convertir a Onuba en una empresa de éxito. Con las ganancias obtenidas, decide comprar a la Nuclear Chicago Corporation la licencia de importación de los primeros equipos de mediciones basados en radiaciones gamma que se introducirán en España, y que tendrán un amplio abanico de aplicaciones, desde el diagnóstico médico a la teledetección o el control de obra. A esos equipos seguirá la introducción igualmente de los primeros contadores Geiger y de reguladores automáticos de riego. Ž±š‹–‘‡•’”ž…–‹…ƒ‡–‡‹‡†‹ƒ–‘›ƒƤƒŽ‡•†‡Žƒ†±…ƒ†ƒ—„ƒ•‡Šƒ…‘˜‡”–‹†‘‡—ƒ de las empresas europeas más punteras en la aplicación de tecnología nuclear para uso civil. Esos buenos resultados le permitirán potenciar y ampliar también su actividad en el campo de la Ingeniería, participando en algunas de las grandes obras públicas que se desarrollan a lo largo de los sesenta en España, como la autopista Madrid-Ocaña, los túneles del Tibidabo en la autopista barcelonesa del Vallés, el túnel de Guadarrama o el aeropuerto para la base militar de Rota.

José Antonio García-Diego presenta al ministro de Educación Manuel Lora-Tamayo unas muestras de los equipos importados y distribuidos por Onuba. A la derecha, los talleres del servicio técnico de Onuba en la calle Prim de Madrid.

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La vida gira Hacia la primavera de 1968, la del estallido de tantos descontentos, comenzarĂĄn a tener lugar —Â?ƒ•‡”‹‡†‡ƒ…‘Â?–‡…‹Â?‹‡Â?–‘•“—‡ƒŽƒ’‘•–”‡•‹‰Â?Â‹Ć¤Â…ÂƒÂ”ÂžÂ?‘–”‘‰‹”‘†‡ƤÂ?‹–‹˜‘‡Â?Žƒ˜‹†ƒ†‡ ƒ”cĂ­a-Diego, una encrucijada inesperada que le pondrĂĄ, mĂĄs de treinta aĂąos despuĂŠs, otra vez frente al anhelo relegado de su vocaciĂłn por la Historia. ÂŽ’”‹Â?‡”‘†‡‡ŽŽ‘•‡•ŽƒÂ?‘–‹…‹ƒ†‡“—‡Žƒ‘Â?ÂˆÂ‡Â†Â‡Â”ÂƒÂ…Â‹Ă—Â? Â‹Â†Â”Â‘Â‰Â”ÂžĆ¤Â…Âƒ†‡ŽƒŒ‘ŠƒŠ‡…Š‘Â’ĂŻÂ„ÂŽÂ‹Â…Âƒ Žƒ…‘Â?˜‘…ƒ–‘”‹ƒ†‡—Â?…‘Â?…—”•‘…—›ƒƤÂ?ƒŽ‹†ƒ†‹Â?ƒ‡•‡˜ƒŽ—ƒ”Ž‘•’‘•‹„Ž‡•‡ˆ‡…–‘•ƒ†˜‡”•‘• del trasvase Tajo-Segura, de modo singular en el entorno de la ciudad de Toledo. Aunque el proyecto original del trasvase es de Lorenzo Pardo y se remonta a los aĂąos de la II RepĂşblica, el rĂŠgimen franquista ha puesto tanto esfuerzo en hacer de las obras el mejor sĂ­mbolo de sus polĂ­ticas de desarrollo, y con tan excesiva persistencia, que los abusos propagandĂ­sticos han tenido la virtud de suscitar reacciones contrarias a las esperadas, sembrando †—†ƒ•…ƒ†ƒ˜‡œÂ?ž•Â?ƒÂ?Â‹Ć¤Â‡Â•Â–ÂƒÂ••‘„”‡•—•’”‡•—Â?–‘•„‡Â?‡Ƥ…‹‘•ǥ…—ƒÂ?†‘Â?‘ƒ„‹‡”–ƒ•Â…Â”Ă€Â–Â‹Â…ÂƒÂ• que apuntan hacia graves afectaciones por la merma de caudales en amplias zonas de la cuenca. El objetivo del concurso es evaluar todos esos posibles efectos adversos en el curso del rĂ­o y en el entorno de la ciudad.

La razĂłn sentimental Tras leer con cierto detenimiento las bases de esa convocatoria, JosĂŠ Antonio GarcĂ­a-Diego intuyĂł una oportunidad Ăşnica, acaso ese proyecto siempre soĂąado por todo ingeniero para ÂŒÂ—Â•Â–Â‹Ć¤Â…ÂƒÂ”—Â?ƒ˜‹†ƒ›—Â?ƒ‘„”ƒǤ‡ŽƒÂ?ƒÂ?‘†‡•—’ƒ†”‡Šƒ”‡…‘””‹†‘Â?‹Ž›—Â?ƒ˜‡…‡•‡•ƒŽƒ†‡”ƒ que otorga a la ciudad su porte mĂĄs monumental, ha frecuentado las sendas junto a la orilla y sabe de la historia de cada rincĂłn y cada piedra, y de cĂłmo la contaminaciĂłn y el abandono lo han ido daĂąando todo hasta arrasar el paraĂ­so perdido de la infancia. Con la resoluciĂłn implacable de los entusiastas, en el plazo mĂĄs breve que marcan los esta–—–‘•ǥ”‡ïÂ?‡†‡—”‰‡Â?…‹ƒƒŽƒ —Â?–ƒ†‡……‹‘Â?‹•–ƒ•†‡Â?Â—Â„ÂƒÇĄƒŽƒ“—‡Â?ƒÂ?Â‹Ć¤Â‡Â•Â–Âƒ•—‹Â?–‡Â?…‹×Â? de concurrir, y hacerlo, ademĂĄs, con una oferta tan baja que, de seguro, producirĂ­a pĂŠrdidas, sin que haya otra razĂłn para arriesgarse en ese empeĂąo mĂĄs allĂĄ del hecho de que el proyecto coincide en todo con uno de sus mayores intereses vitales.

ƒ’”‹Â?‡”ƒ’”‘’—‡•–ƒ†‡”‡…‘Â?•–”—……‹×Â?†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘†‡ —ƒÂ?‡Ž‘ǥ”‡†ƒ…tada en el aĂąo 1970.

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Obtenida la aprobación sin apenas reparos por parte de la mayoría de socios, desde ese mismo momento asume Êl mismo la dirección de los trabajos, organizando dos equipos tÊcnicos bien diferenciados: de un lado los que se encargarån de los estudios puramente hidrológicos (seguimiento de caudales y aforos aguas arriba de la ciudad, localización y propuestas de infraestructuras alternativas para incrementar y regularizar las reservas hídricas, especialmente en períodos de sequía‌), y de otro los que asumirån las propuestas de recuperación de entornos, especialmente en el tramo mås urbano del Tajo, desde sus orillas hasta el primer lienzo de muralla, el gran trozo de ladera que a lo largo de las últimas dÊcadas se ha convertido en


improvisada escombrera, un campo colector de toda clase de vertidos clandestinos que afea sobremanera la vista más monumental de la ciudad. Y es en esta segunda parte del proyecto en la que García-Diego concentra sus mayores esfuerzos y se reserva también sus mejores bazas. Conocedor como pocos de la historia de la …‹—†ƒ†ǡ…‘‹‡œƒƒƒ‰”—’ƒ”ƒ—Š‡–‡”‘‰±‡‘‡“—‹’‘†‡…—ƒŽ‹Ƥ…ƒ†‘•‡š’‡”–‘•ȋŠ‹•–‘”‹ƒ†‘”‡•ǡ arqueólogos y arquitectos, con Fernando Chueca-Goitia al frente). En su cabeza bulle ya la idea que le deslumbró nada más tener conocimiento del concurso convocado por la Confederación: la oportunidad única para recuperar esa ladera, en la que se concentra un excepcional conjunto de restos históricos (la torre de Hierro, el Baño de la Cava, la casa del diamantista, el acueducto romano, el embarcadero de la Virgen del Valle) en trance †‡†‡•ƒ’ƒ”‹…‹×†‡Ƥ‹–‹˜ƒǡŽƒ’‘•‹„‹Ž‹†ƒ††‡Šƒ…‡”†‡‡ŽŽƒ—’—–‘†‡‡…—‡–”‘…‘†‡‘Ž‡do con lo mejor de su historia. Tras una larga serie de exámenes sobre el terreno y de búsqueda en los más diversos archivos Šƒ•–ƒ…‘Ƥ‰—”ƒ”‡Ž’‘•‹„Ž‡”‘•–”‘’‡”†‹†‘†‡‡•‡–”‘œ‘†‡Žƒ…‹—†ƒ†ǡ—„ƒ…‘…Ž—›‡‡ƒ’‡ƒ• un año un primer estudio que es entregado a los responsables de la Confederación. A grandes rasgos, las líneas maestras de su propuesta se concretan en una recuperación ordenada y respetuosa del paisaje de la ladera y de los restos arqueológicos más importantes, evitando en ambos casos añadidos extemporáneos. Para otorgar mayor potencial turístico y recreativo, que sea un área de expansión incluso para los propios toledanos, se diseñan itinerarios peatonales y paseos que enlazan los distintos monumentos.

La propuesta de reconstrucción se interpreta en un proyecto más amplio, encaminado a la conservación de los niveles del Tajo a su paso por Toledo y la elevación de los márgenes.

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Se trata en suma de un esmerado proyecto pionero que anticipa en mĂĄs de una dĂŠcada lo que serĂĄn luego los grandes preceptos que regirĂĄn la recuperaciĂłn urbana de muchos de nuestros centros histĂłricos: integraciĂłn de los espacios recuperados en la trama urbana, adaptaciĂłn discreta a nuevos usos ciudadanos, potenciaciĂłn del paisaje, mĂĄximo respeto al patrimonio monumental e histĂłrico, etcĂŠtera.

SoluciĂłn a un largo misterio Pero la clave de todo el proyecto, la actuaciĂłn en la que JosĂŠ Antonio GarcĂ­a-Diego ha depositado sus mayores ilusiones y esfuerzos, es la reconstrucciĂłn del Ingenio de Juanelo Turriano. Gracias a la conferencia pronunciada, en 1967, en la propia ciudad, por Ladislao Reti, uno de los mayores expertos en ingenierĂ­a y tĂŠcnica del Renacimiento, el interĂŠs por todos los misterios “—‡ŠƒÂ?”‘†‡ƒ†‘ƒŽƒĆ¤Â‰Â—”ƒ†‡ŽÂ?ž•ˆƒÂ?‘•‘‹Â?‰‡Â?‹‡”‘†‡ƒ”Ž‘• › ‡Ž‹’‡

‡š’‡”‹Â?‡Â?–ƒ—Â?‘ de sus momentos de mayor efervescencia. En la conferencia, Reti desgrana los resultados de su exhaustiva investigaciĂłn de mĂĄs de diez aĂąos en archivos de EspaĂąa y Europa, y expone una hipĂłtesis muy convincente que deja al descubierto los secretos del mecanismo de Juanelo, un persistente enigma que nadie habĂ­a logrado resolver en cuatrocientos aĂąos.

‘•¹Â?–‘Â?‹‘ ÂƒÂ”Â…Ă€ÂƒÇŚ‹‡‰‘…‘Â?ƒ†‹•Žƒ‘›Š‹“—‹–ƒ‡–‹ǤŽƒÂ†Â‡Â”Â‡Â…ÂŠÂƒÇĄ—Â?‘†‡Ž‘•’”‹Â?‡”‘•Â?‘†‡Ž‘•†‡ŽÂ?‡…ƒÂ?‹•Â?‘†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘•‡‰ïÂ?Žƒ•Š‹’×–‡•‹•†‡‡–‹Ǥ

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La conferencia, que ha obtenido una gran repercusiĂłn en los ambientes acadĂŠmicos y universitarios extranjeros, proyecta tambiĂŠn el nombre de Toledo otra vez por el mundo y, cercana la conmemoraciĂłn del IV centenario de la inauguraciĂłn del primer Ingenio de Juanelo, las autoridades locales empieœƒÂ?ƒ’ŽƒÂ?–‡ƒ”•‡†‹˜‡”•ƒ•’‘•‹„‹Ž‹†ƒ†‡•ƒƤÂ?†‡†ƒ”Ž‡‡ŽÂ?ƒ›‘” relieve, entre otras la de encargar una reconstrucciĂłn del Ar–‹Ƥ…‹‘ †‡ ƒ…—‡”†‘ ƒ Žƒ• •—‰‡”‡Â?…‹ƒ• †‡Ž ’”‘’‹‘ ‡–‹ǥ ‹†‡ƒ “—‡ ƤÂ?ƒŽÂ?‡Â?–‡“—‡†ƒ”ž’Žƒ•Â?ƒ†ƒ‡Â?Žƒ’”‹Â?‡”ƒ†‡Žƒ•Â?ƒ“—‡–ƒ• a escala construida por el artesano toledano Juan Luis Peces Ventas y que hoy se conserva en el Museo de la DiputaciĂłn. El proyecto de JosĂŠ Antonio GarcĂ­a-Diego va, sin embargo, mĂĄs allĂĄ de la efemĂŠrides y busca hacer de la reconstrucciĂłn del Ingenio, en el mismo lugar de la ribera donde aĂşn se conservan sus Ăşltimos restos, el eje nuclear sobre el que gire la recuperaciĂłn de la ladera y del rĂ­o. SerĂĄ resultado de las aportaciones †‡ÂŠÂ—Â‡Â…ÂƒÇŚ ‘‹–‹ƒ‡Â?‡Ž†‹•‡Ó‘ÂƒÂ”Â“Â—Â‹Â–Â‡Â…Â–Ă—Â?‹…‘†‡Ž‡†‹Ƥ…‹‘›†‡ Ladislao Reti en todos los aspectos tĂŠcnicos y mecĂĄnicos del ”–‹Ƥ…‹‘Ǥ ‘Â?‘…”‹–‡”‹‘‰‡Â?Â‡Â”ÂƒÂŽÇĄ‡Žƒ•’‡…–‘‡š–‡”Â?‘†‡Ž‡†‹Ƥ…‹‘„—•…ƒƒŒ—•–ƒ”•‡Ž‘Â?ž•Ƥ†‡†‹‰Â?ƒÂ?‡Â?–‡ posible a la imagen que de ĂŠl ha perdurado a travĂŠs de algunos de los grabados mĂĄs antiguos. Se trata, sin embargo, de una reconstrucciĂłn muy parcial, pues Chueca-Goitia opta por prolongarlo solo en un corto tramo, desde la gran torre a pie de rĂ­o, que incorpora las norias, Šƒ•–ƒ—Â?ƒ–‡”…‡”ƒ–‘””‡ǥ•—Ƥ…‹‡Â?–‡’ƒ”ƒ’”‘’‘”…‹‘Â?ƒ”—Â?ƒ‹†‡ƒ†‡Â…Ă—Â?‘‡”ƒ–‘†‘‡Ž•‹•–‡Â?ƒ“—‡ ŽŽ‡˜ƒ„ƒ‡Žƒ‰—ƒŠƒ•–ƒ‡ŽŽ…žœƒ”Ǥ‡‡˜‹–ƒ†‡‡•‡Â?‘†‘ƒˆ‡…–ƒ”ƒŽ‘•–”žƤ…‘•“—‡…‹”…—ŽƒÂ?Œ—Â?–‘ al primer cinturĂłn de murallas. En los interiores, ademĂĄs de los depĂłsitos y mecanismos del Ingenio, se habilitan dos espacios Â‡ÂšÂ’Â‘Â•Â‹Â–Â‹Â˜Â‘Â•ÇĄ—Â?‘†‡‡ŽŽ‘•†‡•–‹Â?ƒ†‘ƒƒ…‘‰‡”–‘†‘Ž‘”‡ˆ‡”‡Â?–‡ƒŽ”–‹Ƥ…‹‘›Žƒ˜‹†ƒ›‘„”ƒ†‡ Juanelo, y otro, junto a la entrada principal, dedicado a la Historia de la HidrĂĄulica y a alguna de las obras mĂĄs importantes realizadas por el hombre en ese campo, desde la ĂŠpoca romana al momento presente. •‡‡•–—†‹‘’”‡Ž‹Â?‹Â?ƒ”‡•ƤÂ?ƒŽÂ?‡Â?–‡’”‡•‡Â?–ƒ†‘ƒŽ‘•”‡•’‘Â?•ƒ„Ž‡•†‡Žƒ‘Â?ÂˆÂ‡Â†Â‡Â”ÂƒÂ…Â‹Ă—Â? Â‹Â†Â”Â‘Â‰Â”ÂžĆ¤Â…Âƒ†‡ŽÂƒÂŒÂ‘ÇĄ“—‡ǥ–”ƒ••—‡šƒÂ?‡Â?ÇĄƒ†Œ—†‹…ƒÂ?ƒÂ?—„ƒ‡Ž’”‘›‡…–‘†‡ƤÂ?‹–‹˜‘Ǥ—”ƒÂ?–‡…ƒ•‹ otros dos aĂąos mĂĄs los equipos de Onuba trabajarĂĄn en el desarrollo detallado de cada una de las propuestas contenidas en el estudio, quedando todo el proyecto concluido en 1972.

ƒ’”‹Â?‡”ƒÂ?ƒ“—‡–ƒ†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘ǥ‘„”ƒ†‡ —ƒÂ?—‹•‡…‡•‡Â?Â–ÂƒÂ•ÇĄ“—‡•‡ custodia en la DiputaciĂłn Provincial de Toledo.

Muchos aĂąos despuĂŠs, en una pĂĄginas de la Revista de Occidente, el propio GarcĂ­a-Diego evocarĂ­a la satisfacciĂłn entonces de todos cuantos se habĂ­an involucrado durante casi cuatro aĂąos en los trabajos: “Nos sentimos muy felices y orgullosos de nuestra labor desinteresada, algunos consideraban –con razĂłn, creo– que cuando la obra estuviera terminada, serĂ­a la mĂĄs importante reconstrucciĂłn tecnolĂłgica existente en cualquier paĂ­sâ€?. 25


Proyecto frustrado Aunque el proyecto mereciĂł los comentarios mĂĄs elogiosos, como es sabido ninguna de las actuaciones sugeridas en ĂŠl llegĂł a realizarse, con excepciĂłn quizĂĄ de algunos trabajos de limpieza puntuales en la ladera. Unas veces la falta de acuerdo econĂłmico entre las distintas administraciones implicadas sobre las cantidades a aportar, alguna falsa polĂŠmica cebada de intereses ocultos, otras, han venido aplazando las posteriores tentativas de reconstrucciĂłn del Ingenio. La certeza progresivamente asumida de que el proyecto mĂĄs querido de toda su carrera como ingeniero acaso no se realice, las muertes de su padre y de Ladislao Reti en 1973, irĂĄn induciendo a GarcĂ­a-Diego a buscar y encontrar nuevos sentidos a la vida en los misterios de la Historia. Si en 1971, animado por Reti, publica sus estudios en torno al caballero Pedro Bernardo Villarreal de BĂŠrriz y asiste por primera vez a un congreso de ICOHTEC (Commitee for the History ‘ˆ‡…ŠÂ?Â‘ÂŽÂ‘Â‰Â›ČŒÇĄ†‘Â?†‡…‘Â?‹‡Â?œƒƒˆ”ƒ‰—ƒ”Â?—›Ƥ”Â?‡•ƒÂ?Â‹Â•Â–ÂƒÂ†Â‡Â•ÇĄ‡Â?͙ͥÍ&#x;Í›‹Â?‹…‹ƒ—Â?ƒŽƒ”‰ƒ•‡”‹‡ de investigaciones sobre el terreno en torno a 26 presas extremeĂąas posteriores a la dominaciĂłn romana y con unas singulares tĂŠcnicas constructivas basadas en contrafuertes la gran mayorĂ­a. Ambas investigaciones, que anticipan ya su sagacidad y ĂĄgil capacidad para combinar los mĂĄs variados conocimientos entre sus mejores virtudes como historiador, quizĂĄ no obedecen al azar y guardan el interĂŠs de acotar y perseguir algĂşn cabo suelto que le pudiera conducir hacia la que ya ha comenzado a ser tambiĂŠn su mayor y casi obsesiva empresa: la vida y obra de Juanelo Turriano, a las que dedicarĂĄ casi Ă­ntegros los diez siguientes aĂąos de su vida. En 1974 ingresarĂĄ en la Sociedad EspaĂąola de las Ciencias y las TĂŠcnicas, cuya vicepresidencia asumirĂĄ posteriormente, en 1986. Entre 1970 y 1982, ingresarĂĄ, ademĂĄs, en algunas de las mĂĄs prestigiosas asociaciones de Inglaterra y Estados Unidos dedicadas al estudio de la historia …‹‡Â?Â–Ă€Ć¤Â…Âƒ›–¹…Â?Â‹Â…ÂƒÇĄ…‘Â?‘Žƒ‘…‹‡–›ˆ‘”–Š‡ ‹•–‘”›‘Žƒ ‹•–‘”›‘ˆ…‹‡Â?…‡‘…‹‡–›Č‹•–ƒ†‘• Unidos) y la Newcomen Society (Reino Unido). Fruto de su ardua labor de investigaciĂłn en archivos de EspaĂąa y Europa serĂĄ la publicaciĂłn en 1982 de la primera biografĂ­a del ingeniero cremonĂŠs: Los relojes y autĂłmatas de Juanelo Turrianoâ€?, y un aĂąo despuĂŠs, en 1983, la primera ediciĂłn impresa completa de los cinco volĂşmenes de Los VeintiĂşn Libros de los Ingenios y de las MĂĄquinas, donde ya sugiere que la atribuciĂłn de la autorĂ­a a Juanelo ha sido casi con toda seguridad un error. En esos aĂąos, JosĂŠ Antonio GarcĂ­a-Diego comienza tambiĂŠn a implicarse con su entrega y geÂ?‡”‘•‹†ƒ†’”‘˜‡”„‹ƒŽ‡•‡Â?Žƒ•ƒ…–‹˜‹†ƒ†‡•†‡  Ǥ‡Â?͙ͥ͠͞ǥ…‘Â?Ć¤ÂƒÂ?†‘‡Â?•—•„—‡Â?‘• ‘Ƥ…‹‘•ǥ‡Ž…‘Â?‹–¹‡Œ‡…—–‹˜‘Ž‡‡Â?…‘Â?‹‡Â?†ƒŽƒ‘”‰ƒÂ?Â‹ÂœÂƒÂ…Â‹Ă—Â?†‡•— ‹Â?’‘•‹‘‡Â?Â•Â’ÂƒĂ“ÂƒÇ¤ Aunque renuente al inicio, por el temor acaso de no hallar todas las complicidades y apoyos Â?‡…‡•ƒ”‹‘•‡Â?Â•Â’ÂƒĂ“Âƒ›†‡…‡’…‹‘Â?ƒ”ÂƒÂ•Ă€Â‡ÂšÂ’Â‡Â…Â–ÂƒÂ–Â‹Â˜ÂƒÂ•ÇĄ…‘Â?Ć¤ÂƒÂ?†‘ƤÂ?ƒŽÂ?‡Â?–‡‡Â?•—„—‡Â?ƒƒÂ?‹•tad con JosĂŠ Antonio FernĂĄndez Ordóùez y en el reciĂŠn creado CEHOPU, aceptĂł al cabo el reto, convencido tambiĂŠn de que el esfuerzo podĂ­a merecer la pena si todo ello servĂ­a para estimular en nuestros ambientes universitarios el interĂŠs por unos estudios inexistentes: los 26


de Historia de la Técnica. Y durante la preparación del Simposio, persuadido de que el esfuerzo invertido no debía esfumarse –como casi siempre sucede tan lamentablemente en muchas otras empresas patrias– en la perentoriedad del acontecimiento, se animó a crear en 1987 la Fundación Juanelo Turriano. A ese empeño, que bien pronto supo sería sin duda el último de su vida, dedicó toda su fortuna y energías. Y de tal modo que la ciega enfermedad no pudo evitar que la Fundación acumulara en apenas cinco años, los que siguieron hasta su muerte, un 26 de enero de 1994, toda la solidez y rodaje de una veterana institución, ni que él hallara acaso una probable felicidad en el ”‡‰”‡•‘†‡Ƥ‹–‹˜‘ƒŽ’ƒ”ƒÀ•‘”‡—…‹ƒ†‘†‡ŽƒŽ‡ŒƒƒŒ—˜‡–—†ǡ‡Ž“—‡±ŽŽŽƒƒ„ƒDz‡ŽŽƒ„‡”‹–‘ tranquilo de la Historia”.

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS MANUEL AGUILAR LÓPEZ, “La Escuela de Ingenieros de Caminos y Madrid”, Revista de Obras Públicas, nº 2757, Madrid, 1945. Begoña García-Diego, Bernardo Revuelta García, el notario Pérez Jofre y ‘•±–‘‹‘ ‡”ž†‡œ”†×Ӈœ‡‡Žƒ…–‘†‡ŽƒƤ”ƒ†‡Žƒ…‘•–‹–—…‹× de la Fundación Juanelo Turriano. Litografía de Pablo Serrano dedicada a José Antonio García-Diego.

J. A. GARCÍA-DIEGO, Discurso de bienvenida al XIX Congreso de ICOHTEC, Viena, 1991. ȄDzŽƒ”–‹Ƥ…‹‘†‡ —ƒ‡Ž‘—””‹ƒ‘‡‘Ž‡†‘ǣƒ”‡…‘•–”—……‹×ˆ”—•–”ƒ†ƒdzǡRevista de Occidente, nº 64, Madrid, 1986. VICENTE MACHIMBARRENA, “Memorias de la Escuela de Caminos: época contemporánea del cronista”, Revista de Obras Públicas, Madrid, 1940, 1941 y 1942. LADISLAO RETI, Žƒ”–‹Ƥ…‹‘†‡ —ƒ‡Ž‘—””‹ƒ‘‡‘Ž‡†‘ǣ—Š‹•–‘”‹ƒ›•—–±…‹…ƒ.

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LA TECNOLOGĂ?A DEL SIGLO XVI EN ESPAĂ‘A: ALGUNAS OBSERVACIONES

THOMAS F. GLICK Boston University

E

n un importante libro, escrito para demostrar la relaciĂłn entre la ideologĂ­a de los puritanos ingleses y la prĂĄctica de la ciencia y tecnologĂ­a, el sociĂłlogo Robert K. Merton tambiĂŠn proponĂ­a una explicaciĂłn de cĂłmo ciencia y tecnologĂ­a estĂĄn condicionadas por amplios factores econĂłmicos: una mayor densidad de poblaciĂłn incrementa la demanda de alimentos y de los medios para su transporte a los centros de consumo. A su vez este proceso estimula la inventiva, acrecentando el prestigio de ingenieros e inventores, asĂ­ como de los estudiosos de la ciencia, especialmente en las disciplinas prĂĄcticas, como la geometrĂ­a y la astronomĂ­a aplicada.

ÂŽ…”‡…‹Â?‹‡Â?–‘†‡ŽƒÂ’Â‘Â„ÂŽÂƒÂ…Â‹Ă—Â?›•—Â?ƒ›‘”†‡Â?•‹†ƒ†‹Â?–‡Â?Â•Â‹Ć¤Â…ÂƒÂ?Žƒ•‹Â?–‡”ƒ……‹‘Â?‡•Â•Â‘Â…Â‹ÂƒÂŽÂ‡Â•ÇĄŽ‘ “—‡”‡•—Ž–ƒ‡Â?—Â?‹Â?…”‡Â?‡Â?–‘‡Â?‡Ž”‡…Ž—–ƒÂ?‹‡Â?–‘†‡…‹‡Â?–ÀƤ…‘•‡‹Â?˜‡Â?–‘”‡•ǥ–‘†‘Ž‘…—ƒŽ…‘Â?duce a la institucionalizaciĂłn de la ciencia y la ingenierĂ­a. Este proceso se desarrollĂł en EspaĂąa entre 1500 y los comienzos del siglo XVII. La expansiĂłn econĂłmica que acompaùó al Descubrimiento y al auge del imperio espaĂąol estimulĂł la inversiĂłn en tecnologĂ­a, favoreciendo a su vez Žƒƒ…–‹˜‹†ƒ†…‹‡Â?Â–Ă€Ć¤Â…ÂƒÇ¤•–‡’”‘…‡•‘–‹‡Â?‡…‹‡”–ƒÂ?‡Â?–‡—Â?ƒÂ”ÂƒĂ€Âœ‡…‘Â?Ă—Â?Â‹Â…ÂƒÇĄ’‡”‘Ž‘•ˆƒ…–‘”‡• sociales fueron de gran importancia en el desarrollo tecnolĂłgico. En tanto en cuanto la inventiva, y como resultado la ciencia, se convirtieron en actividades de prestigio, el nĂşmero de sus practicantes aumentĂł, incluso con el patrocinio real, y el crecimiento se alimentĂł a sĂ­ mismo. La Casa de la ContrataciĂłn, el Consejo de Indias y la Academia de MatemĂĄticas llegaron a ser instituciones activas que favorecĂ­an la tecnologĂ­a y la ciencia, y muy en particular la ciencia aplicada. —ƒÂ?†‘ƒƤÂ?ƒŽ‡•†‡Ž•‹‰Ž‘ ‡Ž…”‡…‹Â?‹‡Â?–‘†‡ŽƒÂ’Â‘Â„ÂŽÂƒÂ…Â‹Ă—Â?›Žƒ‡š’ƒÂ?•‹×Â?‡…‘Â?Ă—Â?‹…ƒ†‡…Ž‹naron, operaron los mismos mecanismos, pero en sentido contrario: una menor demanda de Â?—‡˜‘•‹Â?˜‡Â?–‘•›ƒ•—˜‡œ—Â?”‡…‘”–‡†‡Žƒ’‘›‘›†‡Žƒ…‘Â?Ć¤ÂƒÂ?œƒ‡Â?Žƒ…‹‡Â?…‹ƒǤÂ‘Â†Â”Ă€ÂƒÂ?‘•…‘Â?•‹†‡”ƒ”…‘Â?‘’—Â?–‘†‡‹Â?ƪ‡š‹×Â?“—‡Â?ƒ”…ƒ‡Ž…‘Â?‹‡Â?œ‘†‡Žƒ†‡…ƒ†‡Â?…‹ƒ–‡…Â?Â‘ÂŽĂ—Â‰Â‹Â…Âƒ‡Ž’‘…‘ interĂŠs manifestado por la Casa Real en la patente para una mĂĄquina de vapor tipo Savery que presentĂł JerĂłnimo de Ayanz y Beaumont en 1606.

TecnologĂ­a del Renacimiento Manuscrito con la patente para una mĂĄquina de vapor de JerĂłnimo Ayanz y Beaumont, 1606. EspaĂąa. Ministerio de EducaciĂłn, Cultura y Deporte. Archivo General de Simancas. CCA,CED,171.

Dos aspectos de la cultura renacentista, ambos cultivados en EspaĂąa y frecuentemente enfrentados entre sĂ­, fueron, por un lado, la reverencia hacia los antiguos clĂĄsicos y, por otro, la cada vez mayor importancia atribuida a los datos empĂ­ricos. AsĂ­, aunque la geografĂ­a de Pto29


Ž‘Â?‡‘ÂŠÂƒÂ„Ă€Âƒ•‹†‘”‡˜‹•ƒ†ƒ›…‘Â?˜‡”–‹†ƒ‡Â?Žƒ„ƒ•‡†‡ŽƒÂ‰Â‡Â‘Â‰Â”ÂƒÂˆĂ€Âƒ†‡Ž•‹‰Ž‘ ÇĄŠƒ…‹ƒƤÂ?ƒŽ‡•†‡ siglo la cosmografĂ­a antigua habĂ­a prĂĄcticamente desaparecido, abrumada ante la avalancha de nuevas observaciones realizadas por exploradores y navegantes. Ya que resultaba imposible adecuar la abstracta, geomĂŠtrica descripciĂłn ptolemaica del globo a los nuevos datos obtenidos de la observaciĂłn, sencillamente se prescindiĂł de Ptolomeo. Â?‡Œ‡Â?’Ž‘†‡Žƒ—‰‡†‡Ž‡Â?’‹”‹•Â?‘ǥ‡Â?‡Ž“—‡Ž‘•Ç˛Ć¤ÂŽĂ—Â•Â‘ÂˆÂ‘Â•Çłˆ—‡”‘Â?”‡Ž‡‰ƒ†‘•‡Â?ˆƒ˜‘”†‡—Â? procedimiento totalmente novedoso, se produjo en la aplicaciĂłn del mĂŠtodo de patio para la amalgamaciĂłn de la plata, utilizado por primera vez en Pachuca (MĂŠxico) en 1555 por el sevillano BartolomĂŠ de Medina (1493-1567), que decĂ­a haberlo aprendido “de plĂĄticas con un ƒŽ‡Â?žÂ?dzǤÂ…Â—Â”Â”Â‹Â”Ă€Âƒ’‘•‹„Ž‡Â?‡Â?–‡‡Â?ŽƒÂ•Â’ÂƒĂ“Âƒ’‡Â?‹Â?Â•Â—ÂŽÂƒÂ”ÇĄ†‘Â?†‡•‡ÂŠÂƒÂ„Ă€ÂƒÂ?ƒ””‡Â?†ƒ†‘Â?—…Šƒ• Â?‹Â?ĥƒ‡Â?’”‡Â?†‡†‘”‡•ƒŽ‡Â?ƒÂ?‡•ǤÂŽÂ?¹–‘†‘‘„‡Â?‡Ƥ…‹‘†‡’ƒ–‹‘”‡•—Ž–×Â†Â‹ÂˆĂ€Â…Â‹ÂŽ†‡…‘Â?–”‘Žƒ” allĂ­ donde se introducĂ­a, porque requerĂ­a su adaptaciĂłn a las caracterĂ­sticas de los minerales del lugar; por ello su desarrollo fue siempre dependiente de los resultados empĂ­ricos de ensayos realizados localmente. Cuando se observa la destilaciĂłn para la elaboraciĂłn de medicinas y perfumes encontramos —Â?…‘Â?’Ž‡–‘”‡…Šƒœ‘†‡Žƒƒ—–‘”‹†ƒ†…Žž•‹…ƒǤÂŽ…‡Â?–”‘†‡‡š’‡”‹Â?‡Â?Â–ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?‡Â?‡•–ƒÂ?ƒ–‡”‹ƒ•‡ ‡Â?…‘Â?–”ƒ„ƒ‡Â?Žƒ‡ƒŽ‘–‹…ƒ†‡ÂŽÂ•Â…Â‘Â”Â‹ÂƒÂŽÇĄ‹Â?•–‹–—…‹×Â?’ƒ–”‘…‹Â?ƒ†ƒ’‘” ‡Ž‹’‡

ǤÂ?‡Ž•‡Â?–‹†‘ Â?ž•ƒÂ?’Ž‹‘•‡‡Â?–‡Â?Â†Ă€Âƒ…‘Â?‘Â†Â‡Â•Â–Â‹ÂŽÂƒÂ…Â‹Ă—Â?ŽƒÂ’Â”Â‡Â’ÂƒÂ”ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?†‡Dz“—‹Â?–ƒ‡•‡Â?Â…Â‹ÂƒÂ•Çł’‘”’”‘…‡†‹Â?‹‡Â?tos quĂ­micos, no necesariamente con instrumentos de destilaciĂłn propiamente dichos, y esta„ƒ”‡Žƒ…‹‘Â?ƒ†ƒ…‘Â?ŽƒÂ‹ÂƒÂ–”‘“—ÀÂ?‹…ƒ’”‘’—‡•–ƒ’‘”ƒ”ƒ…‡Ž•‘Ǥ•–‡…—‡”’‘†‡…‘Â?‘…‹Â?‹‡Â?–‘•‡ recogiĂł en un amplio tratado titulado Arte Separatoria ... (Sevilla, 1598), escrito por el extremeӑ‹‡‰‘†‡ƒÂ?–‹ƒ‰‘ȋ‹Â?‘…—ƒ”–‘†‡Ž•‹‰Ž‘ ČŒÇĄ•‡‰—‹†‘”†‡ƒ”ƒ…‡Ž•‘ǤÂŽArte de Santiago se fundamenta principalmente en sus propios experimentos, con respecto a los cuales rechaza expresamente la autoridad de los antiguos, porque “cuando la cosa se ve, no tenemos necesi†ƒ††‡ƒ—–‘”‹†ƒ†‡•Â?‹†‡ƒŽ‡‰ƒ…‹‘Â?‡•dzǥƒŽ‘“—‡ÂƒĂ“ƒ†‡“—‡Dz‡Ž“—‡Š—„‹‡”‡†‡•ƒ„‡”…—ƒŽ“—‹‡” cosa, mĂĄs cierta y verdadera la hallarĂĄ en la naturaleza, y por menos rodeos, que no en las ƒ—–‘”‹†ƒ†‡•›Â’ÂƒÂ”Â‡Â…Â‡Â”Â‡Â•ÇłÇ¤‘”‡Â?œ‘Ă—ÂœÂƒÂ”Č‹ca. 1540-1592), que ocupĂł una cĂĄtedra de corta vida sobre medicina quĂ­mica en la Universidad de Valencia (1591-1592), fue tambiĂŠn explĂ­cito en su rechazo de PlatĂłn y AristĂłteles.

MolinerĂ­a y otra tecnologĂ­a hidrĂĄulica

Arte Separatoria, y Modo de Apartar todos los Licores que se sacan por vĂ­a de DestilaciĂłn para que las Medicinas obren con mayor virtud y presteza. Compuesto por Diego de San Tiago... Real Academia Nacional de Medicina.

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‘•‹Â?‰‡Â?‹‡”‘•†‡Ž•‹‰Ž‘ ’”‡•–ƒ”‘Â?‰”ƒÂ?ƒ–‡Â?…‹×Â?ƒŽ‘•Â?‘Ž‹Â?‘•Š‹†”ž—Ž‹…‘•›†‡˜‹‡Â?–‘ƒ causa de la importancia que el trigo, y otros cereales, tenĂ­an en la economĂ­a agrĂ­cola y en la alimentaciĂłn. HabĂ­a tres tipos de molinos hidrĂĄulicos medievales: de rueda horizontal (donde la rueda motriz o rodezno se conectaba directamente a la rueda corredera sin engranajes intermedios), el de rueda vertical o vitruviana (en el que el agua acometĂ­a a travĂŠs de un saetĂ­n a una rueda vertical, lo que requerĂ­a engranajes para transmitir el movimiento a las ruedas molineras) y el molino de cubo, adaptado del ĂĄrabe arubah, en el que el cubo era una torre vertical †‘Â?†‡•‡ƒŽÂ?ƒ…‡Â?ƒ„ƒƒ‰—ƒ“—‡Â’Â‘Â†Ă€Âƒ‡Â?˜‹ƒ”•‡ƒ†‹•…”‡…‹×Â?Šƒ…‹ƒ‡Ž”‘†‡œÂ?‘Ǥ•–‡‹Â?‘–‹’‘ era muy adecuado para lugares donde el suministro de agua era escaso o irregular.


Los molinos verticales se usaban para batir paĂąos y estos batanes fueron el motor de lo que algunos han llamado una revoluciĂłn industrial (o preindustrial) medieval. Los ingenieros rena…‡Â?–‹•–ƒ•…‘Â?–‡Â?’Žƒ”‘Â?‡•–‘•‹Â?‰‡Â?‹‘•†‡•†‡†‘•’—Â?–‘•†‡Â˜Â‹Â•Â–ÂƒÇŁ’”‹Â?‡”‘ǥ’ƒ”ƒ…—ƒÂ?Â–Â‹Ć¤Â…ÂƒÂ”‡Ž rendimiento y asĂ­ comparar unos con otros e introducir las mejoras oportunas y, en segundo lugar, experimentaron con nuevos tipos de molinos con el propĂłsito de maximizar la potencia, teniendo en cuenta la previsible escasez de agua. Dos ejemplos fueron el molino de regolfo y el de sifĂłn. El molino de regolfo, en el que un rodezno se alojaba en una cĂĄmara, creando una turbina ”ƒœ‘Â?ƒ„Ž‡Â?‡Â?–‡‡Ƥ…‹‡Â?–‡ǥˆ—‡ŽƒÂ?ž•‹Â?’‘”–ƒÂ?–‡‹Â?Â?Â‘Â˜ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?†‡‡•–ƒÂąÂ’‘…ƒǤ ”ƒÂ?…‹•…‘‘„ƒ–‘ †‡ŽƒÂ?–‘ȋƪǤÍ™Í?ÍœÍ&#x;ÇŚÍ™Í?Í Í?ČŒÇĄ‹Â?‰‡Â?‹‡”‘ÂƒÂ—Â–Â‘Â†Â‹Â†ÂƒÂ…Â–ÂƒÇĄ†‹•‡Ó×—Â?ƒDz–—”„‹Â?ƒ†‡Â”Â‡ÂƒÂ…Â…Â‹Ă—Â?dzǥˆƒ„”‹…ƒ†ƒ totalmente en metal, cuyos ĂĄlabes eran hidrodinĂĄmicos, anticipando la ley de acciĂłn y reacciĂłn de Newton. GĂłmez Pereira (1500 - …ƒǤÍ™Í?Í?Í ČŒÇĄˆƒÂ?‘•‘Â?¹†‹…‘›Ƥ•‹×Ž‘‰‘ǥ–ƒÂ?„‹¹Â?•‡‘…—’× de molinos, obteniendo una patente en 1563 para un molino que podĂ­a moverse sin un azud de derivaciĂłn, con uno o dos cubos de agua. GarcĂ­a Tapia seĂąala que este molino podrĂ­a estar

relacionado con el molino de sifĂłn de Francisco Lobato, que podĂ­a funcionar con muy poca agua. En todo caso el molino resultĂł un fracaso.

Molinos de rueda horizontal, de rueda vertical y de cubo en Los VeintiÂ?ĂŻÂ?‹„”‘•†‡Ž‘• Â?‰‡Â?‹‘•›†‡Žƒ•ž“—‹Â?ƒ•Ǥ

Los ingenieros militares estaban interesados en los molinos por la necesidad de aprovisionar de pan a las tropas, y un requisito para ello era disponer de molinos que pudieran ser trans’‘”–ƒ†‘•‡Â?—Â?…ƒ””‘ǤÂ?‹Â?‰‡Â?‹‘†‡‡•–‡–‹’‘ˆ—‡‹†‡ƒ†‘’‘”Žƒ•…‘†‡ ƒ”ƒ›ȋƪǤÍ™Í?ÍœÍĄÇŚÍ™Í?Í?Í›ČŒÇĄ un hidalgo toledano que construyĂł un molino con el que un solo hombre podĂ­a moler cuatro fanegas de trigo al dĂ­a y era de tan reducidas dimensiones que un carro podĂ­a transportar dos de ellos. El propio Herrera estuvo ocupado en instalar molinos de cubo en El Escorial y tambiĂŠn construyĂł una mĂĄquina hidrĂĄulica para cortar chapa de hierro. Un discĂ­pulo suyo, CristĂłbal de Rojas (1555-1614), profesor en la Academia de MatemĂĄticas, redactĂł un tratado sobre 31


Molinos de regolfo y de carro en Los VeintiĂşn Libros de los Ingenios ›†‡Žƒ•ž“—‹Â?ƒ•Ǥ

ÂˆÂ‘Â”Â–Â‹Ć¤Â…ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?“—‡‹Â?Â…ÂŽÂ—Ă€Âƒ—Â?Â…ÂƒÂ’Ă€Â–Â—ÂŽÂ‘†‡†‹…ƒ†‘ƒŽ‘•Â?‘Ž‹Â?‘•›†‘Â?†‡ƒÂ?ƒŽ‹œƒ„ƒŽ‘•’”‘„Ž‡Â?ĥ ‡•’‡…ÀƤ…‘• †‡ Žƒ …‘Â?•–”—……‹×Â? †‡ Â?‘Ž‹Â?‘• ‡Â? –‡””‡Â?‘• ƒ”‡Â?‘•‘•Ǥ ‘• Â?‘Ž‹Â?‘• Š‹†”ž—Ž‹…‘• Â?‘ sĂłlo producĂ­an harina sino que tambiĂŠn suministraban buena parte de la energĂ­a necesaria para la industria medieval y renacentista, especialmente en batanes, molinos papeleros y ferrerĂ­as. Por ello no es sorprendente que autores de muy diversa formaciĂłn tĂŠcnica estuvieran interesados en ellos. Es de destacar que entre los ingenieros y artistas de la Corte circulaban todo tipo de ideas para nuevos molinos, si bien el diseĂąo bĂĄsico de ĂŠstos habĂ­a permanecido constante durante siglos. Se sabe que Los VeintiĂşn Libros de los Ingenios y de las MĂĄquinas, que tratan principalmente de cuestiones hidrĂĄulicas, habĂ­an circulado en forma manuscrita entre los ingenieros hidrĂĄulicos (o fontaneros mayores, como entonces se les llamaba). Es una obra tĂ­pica de la tecnologĂ­a ›…‹‡Â?…‹ƒƒ’Ž‹…ƒ†ƒ†‡ƤÂ?ƒŽ‡•†‡Ž›’”‹Â?…‹’‹‘•†‡Ž ǤÂ?‡•–‡•‡Â?–‹†‘ǥ es comparable a la Obra de agricultura de Gabriel Alonso de Herrera, que antes que un libro destinado a transformar la agricultura espaĂąola era mĂĄs bien un manual o vademĂŠcum de las mejores prĂĄcticas de la agricultura tradicional. Al comienzo de mi carrera acadĂŠmica –en los aĂąos 60–, me interesĂł conocer cĂłmo se nivelaban los canales de riego. Alguien me recomendĂł el manuscrito de Los VeintiĂşn Libros, donde encontrĂŠ una lĂşcida descripciĂłn del mĂŠtodo usado por los niveladores de los siglos XIV y XV en Valencia. Utilizaban el nivel de tranco, instrumento de madera en forma de A que era tan grande que debĂ­a ser transportado a lomos de un asno. La razĂłn de su tamaĂąo era que cuanto mayor la escala mĂĄs precisa era la medida –una anticipaciĂłn del mĂŠtodo de observaciĂłn astronĂłmica de Tycho Brahe de un siglo despuĂŠs. AsĂ­, Los VeintiĂşn Libros combinaban las prĂĄcticas tradicionales con nuevos diseĂąos mecĂĄnicos.

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Una relación simbiótica con Italia En El Escorial, Felipe II creó un ambiente proclive a la invención centrado en los ingenieros y arquitectos reunidos allí en torno a Juan Bautista de Toledo (1515-1567) (que había estudiado arquitectura en Roma bajo la tutela de Miguel Ángel) y de su discípulo Juan de Herrera (15301597) (que había servido en Italia como ingeniero militar). En Madrid, los miembros del grupo de El Escorial participaron en la fundación de la Academia de Matemáticas. Muchos de ellos eran o bien italianos o españoles formados en la península itálica, así como españoles que sin tener relaciones personales con Italia seguían y debatían sobre la ciencia y tecnología italianas. Un ejemplo de los primeros fue Juanelo Turriano (Giovanni della Torre, 1500-1585), maestro relojero que construyó la famosa maquinaria que permitía elevar agua hasta una altura de 100 metros, desde el Tajo al Alcázar, en Toledo. Juanelo diseñó un ingenio que funcionaba como un ‰”ƒ”‡Ž‘Œ†‡ƒ‰—ƒǡ‡‡Ž“—‡—ƒ‘”‹ƒ…‘—ƒ…ƒ†‡ƒ•‹Ƥ†‡…—„‘•ǡ‘…ƒŒ‹Ž‘‡•ǡ‡Ž‡˜ƒ„ƒ el agua a lo alto de una torre, de donde pasaba a un ingenioso sistema de cazos montados en armaduras pareadas que iban subiendo el agua a los aljibes del Alcázar. La energía para mover el sistema de cazos provenía de una rueda motriz pareja de la noria elevadora. Este ingenio se convirtió en el símbolo de determinado tipo de tecnología mecánica inspirada en los instrumentos de relojería. ‡Œ‡’Ž‘†‡‡ŽŽ‘Ž‘‡…‘–”ƒ‘•‡ ‡”א‹‘ ‹”ƒ˜ƒȋƪǤ͙͘͝͝ǯ•Ȍǡž•…‘‘…‹†‘…‘‘…‘•mógrafo, pero que fue asimismo autor de un tratado no publicado sobre molinos y otros inge‹‘•Š‹†”ž—Ž‹…‘•ǡ—ƒ…‘’‹ƒ†‡Ž…—ƒŽƤ‰—”ƒ„ƒ‡Žƒ„‹„Ž‹‘–‡…ƒ†‡ —ƒ†‡ ‡””‡”ƒǤ‡†”‘ —ƒ†‡ Lastanosa (comiezos del siglo XVI - 1576), discípulo de Girava, también había vivido en Italia, donde estudió problemas hidráulicos en el río Serino de Nápoles. Entre las máquinas patentadas por Girava se hallaba un molino que funcionaba mediante contrapesos. Aunque Lastanosa, al que García Tapia atribuye la autoría de Los Veintiún Libros, era considerado “ingeniero en máquinas”, fue también sorprendentemente diestro tanto en

Compás de artillería de Luis Collado, 1584. Museo Nacional de Ciencia y Tecnología, Madrid.

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Â?ƒ–‡Â?ž–‹…ƒ•…‘Â?‘‡Â?ÂˆĂ€Â•Â‹Â…ÂƒÇĄ›Â?—…Š‘ƒÂ?–‡•†‡“—‡ ƒŽ‹Ž‡‘Š—„‹‡•‡†‡ƤÂ?‹†‘—Â?ƒÂ–Â‡Â‘Â”Ă€ÂƒÂ?‘derna de mecĂĄnica, habĂ­a determinado experimentalmente el rendimiento de las mĂĄquinas mediante la medida de variables tales como la velocidad, el caudal y la pĂŠrdida de carga. El jesuita Juan Bautista Villalpando (1522-1608) estudiĂł matemĂĄticas y arquitectura con Juan de Herrera, viajando a Roma con su colaborador JerĂłnimo Prado para estudiar las caracterĂ­sticas arquitectĂłnicas del Templo de SalomĂłn, tal como se describen en el ‹„”‘†‡œ‡“—‹‡Ž.

Â?–‡Â?–ƒÂ?†‘†‡ƤÂ?‹”Žƒ•…‘Â?†‹…‹‘Â?‡•†‡‡“—‹Ž‹„”‹‘ǥ‡•…”‹„‹×‡Ž’”‹Â?‡”‡Â?•ƒ›‘Â?‘†‡”Â?‘•‘„”‡‡•tĂĄtica, basĂĄndose, segĂşn Pierre Duhem, en los teoremas y demostraciones de Leonardo –una ÂƒĆ¤Â”Â?ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?‹Â?’‘•‹„Ž‡†‡’”‘„ƒ”’‡”‘…‘Š‡”‡Â?–‡…‘Â?‡ŽƒÂ?„‹‡Â?–‡‹–ƒŽ‹ƒÂ?‹œƒ†‘†‡ŽƒÂ?ƒ–‡Â?ž–‹…ƒ espaĂąola. Sabemos tambiĂŠn que Villalpando conocĂ­a a Clavius y otros matemĂĄticos del Colegio Romano. Dado este entorno, no es sorprendente que varios manuscritos de Leonardo da Vinci llegaran a EspaĂąa y fueran estudiados por ingenieros y artistas (uno de los cuales dejĂł anotaciones al margen). En Europa, la apariciĂłn de nuevas tecnologĂ­as provocaba, en sus fases iniciales, un trasiego de tĂŠcnicos, tambiĂŠn de libros y manuscritos, que iban y venĂ­an de uno a otro paĂ­s. La relaciĂłn †‡Â•Â’ÂƒĂ“Âƒ…‘Â? –ƒŽ‹ƒ‡•—Â?‡Œ‡Â?’Ž‘†‡‡ŽŽ‘Ǥ•–ƒ†‡Â?•‹†ƒ††‡…‘Â?—Â?Â‹Â…ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?’‡”Â?Â‹Â–Ă€Âƒ”‡ƤÂ?ƒ”› difundir las innovaciones, a lo que se aĂąade, desde el siglo XVI, el efecto multiplicador de la imprenta. Este fenĂłmeno se observa claramente en tiempos modernos, con la mĂĄquina de vapor, el aeroplano o la radio, pero tambiĂŠn puede detectarse mĂĄs tempranamente, como por ejemplo en el binomio balĂ­stica-armas de fuego. La balĂ­stica como ciencia aplicada aparece con dos libros del matemĂĄtico italiano Niccolò Tartaglia (1500-1557), la ‘˜ƒ…‹‡Â?–‹ƒ (1537) y las —‡•‹–‹‡–‹Â?˜‡Â?œ‹‘Â?‹†‹˜‡”•‡ (1546). Estos libros, ›‡Â?‡•’‡…‹ƒŽ‡Ž•‡‰—Â?†‘ǥ–—˜‹‡”‘Â?—Â?ƒÂ?‘–ƒ„Ž‡‹Â?ƪ—‡Â?Â…Â‹ÂƒÇĄ’‘”“—‡‡•–ƒ„Ž‡…‹‡”‘Â?ÇĄ•‡‰ïÂ?Â•Â‡Ă“ÂƒÂŽÂƒ •–‡„ƒÂ?‹Ó‡‹”‘ǥ—Â?ƒDz…‘Â?‡š‹×Â?Â‡Ć¤Â…ÂƒÂœÇł‡Â?–”‡ÂˆĂ€Â•Â‹Â…ÂƒÇĄ‰‡‘Â?Â‡Â–Â”Ă€Âƒ›Žƒ’”ž…–‹…ƒ†‡Žƒ‰—‡””ƒǤ”‡ƒron el modelo para futuras obras sobre el tema, sentando sobre la geometrĂ­a la base de la nueva ciencia. Siguieron una serie de tratados prĂĄcticos en latĂ­n, italiano y espaĂąol que culminaron con la Pratica Manuale dell’artiglieriaÇĄ†‡—‹•‘ŽŽƒ†‘†‡‡„”‹ŒƒȋƪǤÍ™Í?͠͞nj͙Í?ÍĄÍšČŒÇĄ‹Â?‰‡Â?‹‡ro militar espaĂąol destinado en LombardĂ­a (publicado en italiano en 1586, con una traducciĂłn espaĂąola de 1592), y que es la mĂĄs completa disertaciĂłn sobre esta materia en el siglo XVI. La Â–Â‡Â‘Â”Ă€ÂƒÂ„ÂƒÂŽĂ€Â•Â–Â‹Â…Âƒ†‡‘ŽŽƒ†‘‡•Žƒ†‡ƒ”–ƒ‰Ž‹ƒÂ?Â‘Â†Â‹Ć¤Â…ÂƒÂ†Âƒ…‘Â?ƒ’‘”–ƒ…‹‘Â?‡•„ƒ•ƒ†ƒ•‡Â?•—’”‘’‹ƒ experiencia.

‘˜ƒ…‹‡Â?…‹ƒ de Niccolò Tartaglia, 1537.

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Cuadrante geométrico, en Levinus Hulsius,‹……‹‘ƒ”‹—‡—–•…ŠǦ –ƒŽ‹¡‹•…Šǡ—† –ƒŽ¡‹•…ŠǦ‡—–•…ŠǡFrankfurt, 1605.

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Instituciones La Casa de ContrataciĂłn de Sevilla, creada en 1503, fue un centro de formaciĂłn prĂĄctica en cuestiones de matemĂĄtica y navegaciĂłn. Veinte aĂąos despuĂŠs de su creaciĂłn se introdujo un nuevo cargo, cuyo tĂ­tulo, “CosmĂłgrafo y maestro de hazer cartas e astrolavios e otros imgenios para la navegaciĂłnâ€?, era indicativo de la cada vez mayor profesionalizaciĂłn y especializaciĂłn de los practicantes de la geometrĂ­a. Juan de Herrera convenciĂł al rey de la necesidad de procurar a los tĂŠcnicos una formaciĂłn de mĂĄs alto nivel. AsĂ­, Felipe II creĂł en 1582 la Academia de MatemĂĄticas, bajo la direcciĂłn del cosmĂłgrafo portuguĂŠs Juan Bautista Lavanha (1555-1624), que habĂ­a estudiado matemĂĄticas en Italia. El rey nombrĂł como ayudante a Pedro Ambrosio OndĂŠriz (? - …ƒǤ 1596), un humanista al que se le encargĂł traducir al castellano libros de texto latinos y en otros idiomas. Las clases, que eran gratuitas, se impartĂ­an en la sede de la Academia frente al AlcĂĄzar Real de Madrid. Herrera creĂ­a que estas lecciones serĂ­an Ăştiles para los geĂłmetras encargados de las nivelaciones (diestros en mediciones), cosmĂłgrafos, pilotos, arquitectos, artilleros, relojeros y otros, es decir para la prĂĄctica totalidad de las actividades tecnolĂłgicas. El humanista Pedro SimĂłn Abril (1530-1595), maestro de OndĂŠriz, era un reformista de la enseĂąanza, preocupado por las carencias de la formaciĂłn tĂŠcnica: “Es cosa realmente digna de dolor que, en tanta hacienda como se gasta en las pĂşblicas escuelas, no haya doctrina ninguna de tres cosas que tan necesarias son para la vida, que son el (sic) agricultura, el (sic) arquitec–—”ƒ›‡Žƒ”–‡Â?Â‹ÂŽÂ‹Â–ÂƒÂ”ÇĄŠƒ„‹‡Â?†‘–ƒÂ?–ƒ•Ž‹…‹‘Â?‡•†‡˜ƒÂ?ĥÂ•Â‘Ć¤Â•Â–Â‡Â”Ă€ÂƒÂ•ÇłČ‹’—Â?–ƒÂ?‹‡Â?–‘†‡Â…Ă—Â?‘•‡ deben reformar las doctrinas, 1589). ƒ…ƒ†‡Â?‹ƒ†‡ƒ–‡Â?ÂžÂ–Â‹Â…ÂƒÂ•ÇĄ’‘”–ƒÂ?–‘ǥ„ƒŒ‘Žƒ‹Â?ƪ—‡Â?…‹ƒ†‡ ‡””‡”ƒ›•—…À”…—Ž‘ǥˆ—‡’‡Â?•ƒ†ƒ para reforzar las bases matemĂĄticas de las diversas disciplinas practicadas por los ingenieros de la Corte: arquitectura, ingenierĂ­a civil y militar, geografĂ­a, cartografĂ­a y navegaciĂłn. AdemĂĄs †‡•—’”‘‰”ƒÂ?ƒÂ‡Â†Â—Â…ÂƒÂ–Â‹Â˜Â‘ÇĄŽƒ…ƒ†‡Â?‹ƒˆ‘Â?‡Â?–׎ƒÂ–Â”ÂƒÂ†Â—Â…Â…Â‹Ă—Â?ƒŽÂ‡Â•Â’ÂƒĂ“Â‘ÂŽ†‡–‡š–‘•…‹‡Â?–ÀƤ…‘• y tĂŠcnicos, tanto latinos y griegos como en otros idiomas modernos europeos. El Real Ingenio de la Moneda de Segovia fue otra empresa basada en la tecnologĂ­a del molino Š‹†”ž—Ž‹…‘ǤÂ?Í™Í?Í Í? ‡””‡”ƒ‹Â?Â•Â–ÂƒÂŽĂ—ŽƒÂ?ƒ“—‹Â?ÂƒÂ”Â‹ÂƒÇĄ’”‘…‡†‡Â?–‡†‡Â—Â•Â–Â”Â‹ÂƒÇĄ‡Â?—Â?‘•‡†‹Ƥ…‹‘•“—‡ previamente habĂ­an alojado molinos de harina y papeleros. La maquinaria disponĂ­a de rodillos para imprimir los relieves de las monedas en chapas de plata y cobre, troquelĂĄndose despuĂŠs, en lo que era una especie de cadena de montaje.

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Vista de Madrid segĂşn Anton Van den Wyngaerde, hacia 1562. Ă–sterreichische Nationalbibliothek, Ms. Min. 41, f. 35

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Tecnología y empirismo Suele decirse que la magnitud de nuevos datos provenientes del Nuevo Mundo creó un est폗Ž‘’ƒ”ƒ‡Ž‡ˆ‘“—‡‡’À”‹…‘†‡Žƒ…‹‡…‹ƒǡ•‡–ƒ†‘Žƒ•„ƒ•‡•†‡Žƒ”‡˜‘Ž—…‹×…‹‡–ÀƤ…ƒǡ‡ parte porque destruyó los fundamentos del universo estático de Aristóteles. Esto es hasta cierto punto verdad, pero debe también tenerse en cuenta que los ingenieros-artistas de la segunda mitad del siglo XVI se movían, trabajaban y pensaban inmersos en un contexto o episteme italiano, cuyo campo técnico primordial era la ingeniería hidráulica, para la cual los italianos del siglo siguiente desarrollaron las modernas disciplinas de la hidrostática e hidrodinámica. Las invenciones contribuyeron a sellar el destino tanto del conocimiento clásico como del escolástico. La introducción de las armas de fuego fue testimonio de la superioridad de la tecnología moderna sobre la clásica. No se descartó a todos los clásicos. En el ámbito de la ingeniería mecánica, tanto Vitruvio como Arquímedes eran ampliamente citados como ejemplos de Ƥ‰—”ƒ•…Žž•‹…ƒ•“—‡…‘’”‡†ÀƒŽƒ”‡Žƒ…‹×‡–”‡‰‡‘‡–”Àƒ‡‹‰‡‹‡”ÀƒǤ Juan Luis Vives (1493-1540) atacó a la escolástica, señalando su falta de interés por la tecnología. Los ingenieros-artistas italianos adquirieron un considerable prestigio social, en parte porque sus obras eran, a la vez, agradables estéticamente y prácticas. Los ingenieros militares estaban en la cúspide, siendo muchos de ellos italianos o españoles relacionados con Italia. De hecho Lastanosa encontraba molesto que los ingenieros militares se considerasen capacitados para opinar sobre cualquier materia, tanto si tenía que ver con la guerra como si no: “hoy en día de los que el vulgo llama yngenieros y por major dezir de los que se hacen llamar ingenieros, y estos han tomado este ejercicio pretendiendo que las cosas de la Guerra y las fábricas de agua son una misma cosa…” (II, 558). Y sin embargo, aquellos a los que criticaba probablemente se habían ganado el derecho a presentarse como profesionales con amplias competencias. Es indudable que en el siglo XVI la ingeniería militar era la disciplina técnica de mayor prestigio y que los escritos de los ingenieros militares representaban, de alguna manera, el más alto nivel cultural de la ingeniería de la época. No obstante, Arquímedes, que había sido célebre como ingeniero militar, y que era considerado un modelo a seguir por estos ingenieros, había expresado sus dudas sobre la calidad intelectual de estas actividades. En su Vida de Marcelo, Plutarco señala que Arquímedes, si bien famoso por sus inventos para la guerra, “nunca quiso dejar un libro sobre la materia, antes bien

Retrato de Cristóbal de Rojas por Pedro Román, en Cristóbal de Rojas: ‡‘”‹…ƒ›’”ƒ…–‹…ƒ†‡ˆ‘”–‹Ƥ…ƒ…‹‘ǡ…‘ˆ‘”‡ƒŽƒ• ‡†‹†ƒ•›†‡ˆ‡•ƒ•†‡•–‘•–‹‡’‘•, Madrid, imprenta de Luis Sánchez, 1598. Abajo, Bernardo de Vargas Machuca, en su ‹Ž‹…‹ƒ›†‡•…”‹’…‹×†‡Žƒ• †‹ƒ•, Madrid, 1599.

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consideraba la labor del ingeniero y cualquier otra actividad relacionada con las necesidades cotidianas como innobles y aptas tan sĂłlo para artesanosâ€?. Pero los sucesores de ArquĂ­medes •‡Ć¤ÂŒÂƒÂ”‘Â?‡Â?•—•”‡ƒŽ‹œƒ…‹‘Â?‡•’”ž…–‹…ƒ•›Â?‘‡Â?•—•’—Â?–‘•†‡˜‹•–ƒ•‘„”‡Žƒ…‹‡Â?…‹ƒǤ‡‘Â?ƒ”†‘ es un buen ejemplo de un genio al que se valoraba como ingeniero militar, con independencia de sus otros logros. Hacia mediados de siglo, sin embargo, aunque la ingenierĂ­a militar disfrutaba del mayor prestigio, otras ramas iban rĂĄpidamente adquiriendo importancia. Muchos, por no decir casi todos los ingenieros militares que hemos mencionado fueron tambiĂŠn ingenieros hidrĂĄulicos, y el propio Leonardo habĂ­a considerado sus inventos hidrĂĄulicos como iguales a los militares. De Š‡…Š‘ǥŽ‘•ÂƒĂ“‘•…‡Â?–”ƒŽ‡•†‡Ž•‹‰Ž‘’—‡†‡Â?…‘Â?•‹†‡”ƒ”•‡—Â?’—Â?–‘†‡‹Â?ƪ‡š‹×Â?…—ƒÂ?†‘ǥƒ’‡•ƒ” de las ideas en contra de ArquĂ­medes, las potencias imperiales se dieron cuenta de que todas las ramas de la ingenierĂ­a tenĂ­an valor en la lucha por la hegemonĂ­a.

NOTAS BIBLIOGRĂ FICAS Para la confecciĂłn de este artĂ­culo me han sido fundamentales las obras colectivas, ‹•–‘”‹ƒ†‡Žƒ…‹‡Â?…‹ƒ›†‡Žƒ–¹…Â?‹…ƒ ‡Â?Žƒ‘”‘Â?ƒ†‡ÂƒÂ•Â–Â‹ÂŽÂŽÂƒÇĄ

Ǥ‹‰Ž‘• ›

, ed. dirigida por JOSÉ MARĂ?A LĂ“PEZ PIĂ‘EIRO (Salamanca: Junta de Castilla y LeĂłn, 2002) y ¹…Â?‹…ƒ‡‹Â?‰‡Â?Â‹Â‡Â”Ă€Âƒ‡Â?Â•Â’ÂƒĂ“ÂƒÇĄ ǤÂŽ‡Â?ƒ…‹Â?‹‡Â?–‘ǥed. dirigida por MANUEL SILVA SUĂ REZ, 2ÂŞ ed. (Zaragoza: Real Academia de IngenierĂ­a, 2008), sobre todo sendos capĂ­tulos (en ambos libros) de MARIANO ESTEBAN PIĂ‘EIRO y NICOLĂ S GARCĂ?A TAPIA, y de VĂ?CTOR NAVARRO BROTĂ“NS, en el segundo. TambiĂŠn citar el artĂ­culo de

A ÇĄDz‘•Â?‘Ž‹Â?‘•›Ž‘•…‹‡Â?–ÀƤ…‘•Â‡Â•Â’ÂƒĂ“Â‘ÂŽÂ‡Â•†‡Ž‡Â?ƒ…‹Â?‹‡Â?–‘dzǥ‡Â?ŽƒRevista de Folklore, 9 (1989), 111-21.

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CIENCIA, TÉCNICA Y SOCIEDAD EN ESPAÑA (SIGLO XIX) JOSÉ MANUEL SÁNCHEZ RON Real Academia Española Universidad Autónoma de Madrid

L

a Fundación Juanelo Turriano, creada por José Antonio García-Diego hace ahora ˜‡‹–‹…‹…‘ƒÓ‘•ǡ–‹‡‡’‘”Ƥ’”‹‘”†‹ƒŽǡ…‘‘”‡œƒ•—••–ƒ–—–‘•ǡ‡Ž†‡’”‘‘˜‡”Dz‡Ž estudio de la historia de las técnicas y a continuación el de las ciencias así como de las materias que con ellas pudieran estar en alguna forma conectadas”. Visto retrospectivamente, la de nuestro fundador fue no sólo una generosa iniciativa –en un país en el que la promoción ›ƒ’‘›‘ƒŽ…‘‘…‹‹‡–‘Š‹•–×”‹…‘†‡Žƒ…‹‡…‹ƒ›†‡Žƒ–±…‹…ƒƒ’‡ƒ•ŠƒƤ‰—”ƒ†‘‡–”‡Ž‘• objetivos de los, por otra parte tampoco muy numerosos, mecenas– sino también una muy •ƒ„‹ƒǡ ’‘”“—‡ǡ …‘‘ „‹‡ •ƒ„‡‘•ǡ Žƒ –‡…‘Ž‘‰Àƒ › Žƒ …‹‡…‹ƒ Ƥ‰—”ƒ ‡–”‡ Ž‘• ‡Ž‡‡–‘• que más contribuyen a determinar el presente y el futuro de una sociedad. Que la historia †‡Žƒ–±…‹…ƒǡ†‡Žƒ–‡…‘Ž‘‰Àƒǡ‘…—’‡—Ž—‰ƒ”’”‡‡‹‡–‡‡–”‡Ž‘•Ƥ‡•†‡Žƒ —†ƒ…‹×‡• también digno de encomio –y escribe esto un historiador de la ciencia–, puesto que con más frecuencia de la conveniente es la ciencia la que atrae más el interés y la admiración general, ƒ”‰—‡–ƒ†‘“—‡Žƒ–‡…‘Ž‘‰Àƒ‡•ǡƒŽƤ›ƒŽ…ƒ„‘ǡŠ‹Œƒ†‡Žƒ…‹‡…‹ƒǡƒŽ‰‘“—‡‘•‹‡’”‡‡• cierto, como demuestra, por ejemplo, la Revolución Industrial, que fue anterior a la ciencia, la termodinámica, que se ocupa de los intercambios energéticos, la base de aquella revolución. Basta considerar el caso del pionero de los estudios termodinámicos, Sadi Carnot (1796-1832), y de su memoria de 1824 ±ƪ‡š‹‘••—”Žƒ’—‹••ƒ…‡‘–”‹…‡†—ˆ‡—‡–•—”Ž‡•ƒ…Š‹‡•’”‘’‡• †±˜‡Ž‘’’‡”…‡––‡’—‹••ƒ…‡, para comprobar la deuda que la termodinámica, esto es, la ciencia, tiene con la técnica. Ciencia y técnica, técnica y ciencia, están íntimamente relacionadas entre sí, y ambas con –‘†‘ƒ“—‡ŽŽ‘“—‡…‘Ƥ‰—”ƒŽƒ•‘…‹‡†ƒ†Ǥ’ƒ”ƒ…‘–”‹„—‹”‡‡•–ƒ’—„Ž‹…ƒ…‹×…‘‡‘”ƒ–‹˜ƒƒ poner de manifestó tales relaciones, y al mismo tiempo hacer honor al objetivo de la Fundación Juanelo Turriano de contribuir a la historia de las técnicas y de las ciencias, “así como de las materias que con ellas pudieran estar en alguna forma conectadas”, he pensado que no estaría de más echar un vistazo a un siglo, el XIX, en el que las relaciones entre ciencia, técnica y sociedad fueron particularmente intensas. Estudios de este tipo han sido y son frecuentes en los casos de Alemania, Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, pero mucho menos en el de España, al que están dedicadas las páginas que siguen.

Ciencia, técnica y política en la España el primer tercio del siglo XIX ƒ”ƒœ×—›‹’‘”–ƒ–‡†‡–”ž•†‡Ž”‡–”ƒ•‘Ȃ“—‡‡š‹•–‹×Ȃ…‹‡–ÀƤ…‘›–‡…‘Ž×‰‹…‘‡•’ƒÓ‘Ž durante una buena parte del siglo XIX, se halla en la política. La inestabilidad política del siglo 41


XIX hispano, en el que no faltaron ni guerras ni revoluciones, al igual que diferentes regĂ­menes ’‘ŽÀ–‹…‘• Č‹Â?‘Â?ÂƒÂ”Â“Â—Ă€ÂƒÇĄ Â”Â‡Â’ĂŻÂ„ÂŽÂ‹Â…ÂƒČŒ ˆ—‡ Â…Â‘ÂŽÂ‘Â•ÂƒÂŽÇĄ › Žƒ ‹Â?Â˜Â‡Â•Â–Â‹Â‰ÂƒÂ…Â‹Ă—Â? …‹‡Â?Â–Ă€Ć¤Â…Âƒ › Žƒ ‹Â?Â?Â‘Â˜ÂƒÂ…Â‹Ă—Â? y desarrollo tecnolĂłgicos necesitan de una situaciĂłn polĂ­tica estable. AsĂ­, la Guerra de la

Â?†‡’‡Â?†‡Â?Â…Â‹ÂƒÇĄ…‘Â?Žƒ“—‡’”ž…–‹…ƒÂ?‡Â?–‡…‘Â?‡Â?ÂœĂ—‡Ž•‹‰Ž‘ǥ•‹‰Â?‹Ƥ…×—Â?ƒ„”—’–‘ƤÂ?ƒŽ’ƒ”ƒŽ‘• ‡•ˆ—‡”œ‘•†‡‹Â?Â?Â‘Â˜ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?–‡…Â?Â‘ÂŽĂ—Â‰Â‹Â…Âƒ›†‡Â”Â‡Â…Â—Â’Â‡Â”ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?…‹‡Â?Â–Ă€Ć¤Â…ÂƒŽŽ‡˜ƒ†‘•ƒ…ƒ„‘†—”ƒÂ?–‡‡Ž siglo XVIII, el Siglo de la IlustraciĂłn. ‹‰Â?Â‹Ć¤Â…ÂƒÂ–Â‹Â˜Â‘‡Â?‡•–‡•‡Â?–‹†‘‡•Ž‘“—‡•—…‡†‹×‡Â?ƒ†”‹†ƒŽƒ•…—‡Žƒ†‡ƒÂ?‹Â?‘•›ƒÂ?ƒŽ‡•› al Real Observatorio AstronĂłmico. La primera, establecida cuando despuntaba el nuevo siglo, en 1802, fue cerrada en 1808 como consecuencia de la insurrecciĂłn de los madrileĂąos ante las tropas napoleĂłnicas, y no volviĂł a abrir sus puertas hasta 1821. Las colecciones del Real Gabinete de MĂĄquinas (absorbido por la Escuela), que eran utilizadas para las clases prĂĄcticas, fueron trasladadas desde el palacio del Buen Retiro (convertido en cuartel donde se alojaban tropas francesas) a las salas de dibujo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde permanecieron hasta la liberaciĂłn de Madrid por el ejĂŠrcito espaĂąol tras la victoria de BailĂŠn en julio de 1808. Devueltas al Buen Retiro, durante el asedio del ejĂŠrcito de NapoleĂłn en diciembre (1808) el palacio fue asaltado sufriendo la colecciĂłn pĂŠrdidas, lo que obligĂł a trasladarlas nuevamente, esta vez al palacio de Buenavista, en cuyos sĂłtanos permanecieron Šƒ•–ƒŽƒÂŽÂ‹Â„Â‡Â”ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?†‡ƤÂ?‹–‹˜ƒ†‡Žƒ…ƒ’‹–ƒŽ‡Ž͚͠†‡Â?ƒ›‘†‡͙͙͛͠Ǥ‹Â?‡Â?Â„ÂƒÂ”Â‰Â‘ÇĄÂ?‘˜‘Ž˜‹‡”‘Â? entonces a la Escuela de Caminos, sino a los locales que la Real Sociedad EconĂłmica Matritense de Amigos del PaĂ­s tenĂ­a en la calle del Turco (hoy marquĂŠs de Cubas), donde en 1816 se realizĂł un inventario que mostrĂł las graves pĂŠrdidas que se habĂ­an producido durante los aĂąos de ‰—‡””ƒǤÂ?Í™Í ÍšÍœÇĄŽƒ•…‘Ž‡……‹‘Â?‡•’ƒ•ƒ”‘Â?ƒŽ‡ƒŽ‘Â?•‡”˜ƒ–‘”‹‘†‡”–‡•ǥƒ—Â?‡†‹Ƥ…‹‘–ƒÂ?„‹¹Â? en la calle del Turco que albergaba el Real AlmacĂŠn de Cristales, donde la colecciĂłn terminĂł por desaparecer. Si a todo esto le unimos que una vez abiertas de nuevo las puertas de la Escuela de Caminos en 1821, tampoco se mantuvieron mucho tiempo en tal estado, ya que en 1823 fue clausurada, esta vez debido a la reacciĂłn absolutista, situaciĂłn en la que permaneciĂł Šƒ•–ƒÍ™Í ÍœÍ›ÇĄ…—ƒÂ?†‘…‘Â?‡Â?ÂœĂ—•—Â?—‡˜ƒ›†‡ƤÂ?‹–‹˜ƒƒÂ?Â†ÂƒÂ†Â—Â”ÂƒÇĄ–‡Â?‡Â?‘•“—‡ƒ“—‡ŽŽƒÂ?ƒ‰Â?Ă€Ć¤Â…Âƒ Š‡”‡Â?…‹ƒ ‹Ž—•–”ƒ†ƒ Â–ÂƒÂ”Â†Ă— ‡Â? ‹Â?…‘”’‘”ƒ”•‡ › …‘Â?–”‹„—‹” ƒŽ †‡•ƒ””‘ŽŽ‘ –‡…Â?‘Ž×‰‹…‘ › …‹‡Â?–ÀƤ…‘ Â‡Â•Â’ÂƒĂ“Â‘ÂŽÇ¤ Č‹Â? †ƒ–‘ Â?‘ •—’‡”ƪ—‘ ‡Â? Žƒ ’”‡•‡Â?–‡ Â‘Â…ÂƒÂ•Â‹Ă—Â? ‡• Ž‘ “—‡ •—…‡†‹× …‘Â? ‡Ž ˆ—Â?†ƒ†‘” › primer director de la Escuela, AgustĂ­n de Betancourt [1758-1824], a cuya biografĂ­a y obra JosĂŠ Â?–‘Â?‹‘ ÂƒÂ”Â…Ă€ÂƒÇŚ‹‡‰‘ –ƒÂ?–‘• ‡•ˆ—‡”œ‘• †‡†‹…×ǥ …‘Â?‘ ’”—‡„ƒ •— Â?ƒ‰Â?ÀƤ…‘ Ž‹„”‘ǥ En busca †‡‡–ƒÂ?…‘—”–›ƒÂ?Âœ [1985]. En 1808 se exiliĂł a Rusia, en cuyo ejĂŠrcito alcanzĂł el grado de teniente general. Entre sus logros allĂ­ se encuentran la organizaciĂłn del Instituto del Cuerpo de Ingenieros de VĂ­as de ComunicaciĂłn –establecimiento anĂĄlogo a la Escuela de Caminos madrileĂąa– y el diseĂąo de un vasto plan de obras pĂşblicas. Mientras Betancourt urbanizaba San Petersburgo, en Madrid ni siquiera habĂ­a dinero para contratar, en 1816, los servicios de uno de sus mĂĄs estrechos colaboradores, el maquinista y artista BartolomĂŠ Sureda, que vivĂ­a cesante en Palma de Mallorca.) En cuanto al Observatorio AstronĂłmico, tenemos que, transformado en cuartel por los franceses, su excelente telescopio Herschel fue desmontado para aprovechar su madera, y su archivo •ƒ“—‡ƒ†‘…‘Â?‡ŽƤÂ?†‡‡Â?…‡Â?†‡”ˆ—‡‰‘‡Â?–‘”Â?‘ƒŽ…—ƒŽŽƒ•–”‘’ƒ•ˆ”ƒÂ?…‡•ƒ•’—†‹‡”ƒÂ?…ƒŽ‡Â?–ƒ”•‡ durante el invierno. 42


ÂŽƤÂ?ƒŽ†‡Žƒ‰—‡””ƒÂ?‘•‹‰Â?‹Ƥ…×ǥ•‹Â?‡Â?Â„ÂƒÂ”Â‰Â‘ÇĄ—Â?”‡–‘”Â?‘ƒŽƒÂ•Â‹Â–Â—ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?†‡‡•–ƒ„‹Ž‹†ƒ†Â’Â‘ÂŽĂ€Â–Â‹Â…Âƒ que caracterizĂł en general el siglo XVIII espaĂąol. Aunque en el primer periodo absolutista de Fernando VII se pensase restaurar algunas de las instituciones de la ĂŠpoca de Carlos IV, no se hizo esto y asĂ­ vinieron sucesos como la sublevaciĂłn de Riego, el trienio liberal, el regreso al poder de Fernando VII, las guerras carlistas y las continuas crisis de gobierno. Hasta pasada la mitad del siglo, ya en el reinado (1833-1868) de Isabel II no comenzĂł a mejorar la situaciĂłn polĂ­tica, aunque enseguida llegĂł la revoluciĂłn de 1868 y el Sexenio Revolucionario, cerrado por la vuelta de la monarquĂ­a en 1874 con Alfonso XII.

Ciencia, tĂŠcnica e industria —Â?–‘ƒŽƒ‹Â?‡•–ƒ„‹Ž‹†ƒ†Â’Â‘ÂŽĂ€Â–Â‹Â…ÂƒÇĄ‘–”‘†‡Ž‘•Â?‘–‹˜‘•†‡Ž”‡–”ƒ•‘…‹‡Â?–ÀƤ…‘›–‡…Â?‘Ž×‰‹…‘Â‡Â•Â’ÂƒĂ“Â‘ÂŽ•‡ encuentra en la situaciĂłn industrial. En el siglo XIX, EspaĂąa fue un paĂ­s centrado en la agricultura, con una industria muy poco desarrollada. En la balanza comercial hispana primaban, a gran distancia, las exportaciones de productos agrĂ­colas o minerales, mientras que tenĂ­a que importar ŽƒÂ?ƒ›‘”’ƒ”–‡†‡Ž‘•’”‘†—…–‘•“—‡‹Â?’Ž‹…ƒ•‡Â?ÂƒÂŽÂ‰ĂŻÂ?”‡ƤÂ?ƒÂ?‹‡Â?–‘–¹…Â?‹…‘Ǥ–‘†‘’ƒ”‡…‡‹Â?†‹…ƒ” que sin una industria poderosa y creativa existen graves problemas para desarrollar una ciencia que tambiĂŠn sea poderosa y creativa, y por consiguiente, a su vez, como pescadilla que se muerde la cola, generadora –o, simplemente, ayuda destacada– de una industria activa. Y si hablamos de industria, hay que hablar de economĂ­a. A pesar de que la economĂ­a liberal se consolidase en la EspaĂąa del perĂ­odo que va de 1808 a 1874, formĂĄndose un cierta base industrial a continuaciĂłn, a efectos de la economĂ­a y la tĂŠcnica avanzada, con posibilidades de competir en los mercados internacionales, una tecnologĂ­a que necesitase de la ciencia, y salvo unas pocas excepciones, EspaĂąa fracasĂł en sus intentos de tomar parte en la RevoluciĂłn Industrial que de manera tan, en muchos aspectos, radical Â?‘†‹Ƥ…׎ƒÂ•Â‹Â–Â—ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?•‘…‹‘‡…‘Â?Ă—Â?‹…ƒÂ‡Â—Â”Â‘Â’Â‡ÂƒÇ˘‡Â?‡•–‡•‡Â?–‹†‘ǥ—Â?†ƒ–‘‹Â?’‘”–ƒÂ?–‡‡•“—‡Žƒ balanza comercial espaĂąola muestra que en el dominio tecnolĂłgico predominaban con mucho las importaciones; las exportaciones eran fundamentalmente de productos agrĂ­colas y, sobre todo, de minerales. En la medida en que capitalismo e industrializaciĂłn recorren caminos parecidos, la situaciĂłn de la EspaĂąa del Ochocientos ha sido razonablemente bien resumida por Miguel Artola (ƒÂ„Â—Â”Â‰Â—Â‡Â•Ă€Âƒ”‡˜‘Ž—…‹‘Â?ƒ”‹ƒČ‹Í™Í Í˜Í ÇŚÍ™Í Í&#x;ÍœČŒ; 1990, p. 291): “La economĂ­a de base agraria que los liberales reorganizaron dio paso con gran rapidez a las manifestaciones de un capitalismo incipiente, que se desarrollarĂĄ con gran lentitud en todos los sectores, a excepciĂłn del ferrocarril, de forma que se ha podido decir con justicia, si se toma en cuenta la importancia del sector capitalista de la economĂ­a en la formaciĂłn de la renta nacional, que la formaciĂłn del capitalismo es en EspaĂąa un fenĂłmeno del siglo XXâ€?. Y si es cierto que capitalismo e industrializaciĂłn son elementos particularmente importantes en la institucionalizaciĂłn y desarrollo de la ciencia, de, en particular, las ciencias fĂ­sico-quĂ­micas durante el siglo XIX, se podrĂ­a parafrasear a Artola diciendo que “las condiciones necesarias para que se pudiese aspirar a una implantaciĂłn medianamente satisfactoria de las ciencias fĂ­sico-quĂ­micas, –ƒŽ›…‘Â?‘•‡ˆ—‡”‘Â?…‘Â?Ć¤Â‰Â—Â”ÂƒÂ?†‘ƒŽ‘Žƒ”‰‘†‡Ž•‹‰Ž‘ ÇĄÂ?‘•‡†‹‡”‘Â?‡Â?Â•Â’ÂƒĂ“ÂƒŠƒ•–ƒ‡Ž•‹‰Ž‘ dzǤ•‹Â?Žƒ‹Â?’ŽƒÂ?Â–ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?†‡‡•ƒ•…‹‡Â?…‹ƒ•‡Ž†‡•ƒ””‘ŽŽ‘‹Â?†—•–”‹ƒŽ•‡˜‡•‡”‹ƒÂ?‡Â?–‡Â†Â‹Ć¤Â…—Ž–ƒ†‘Ǥ 43


ÂŽÂ?‡”…ƒ†‘Žƒ„‘”ƒŽ’ƒ”ƒ‹Â?‰‡Â?‹‡”‘•›…‹‡Â?–ÀƤ…‘• En una naciĂłn abrumadoramente agrĂ­cola, que dependĂ­a de importaciones del extranjero en Ž‘“—‡ƒŽÂ?—Â?†‘‹Â?†—•–”‹ƒŽ›–‡…Â?‘Ž×‰‹…‘•‡”‡Ƥ‡”‡ǥÂ?‘‡•Â‡ÂšÂ–Â”ÂƒĂ“Â‘“—‡‡ŽÂ?‡”…ƒ†‘†‡–”ƒ„ƒŒ‘ ’ƒ”ƒ Ž‘• …‹‡Â?–ÀƤ…‘•ˆ—‡•‡ Â?—›”‡†—…‹†‘Ǥ ‡ Š‡…Š‘ǥ Žƒ‡•…ƒ•‡œ †‡ ’—‡•–‘•†‡ –”ƒ„ƒŒ‘ ÂƒÂˆÂ‡Â…Â–Ă— incluso a los ingenieros, mĂĄs prestigiosos y capaces tecnolĂłgicamente que los licenciados de las Facultades de Ciencias. El ingeniero industrial, catedrĂĄtico de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central, acadĂŠmico de Ciencias y durante algĂşn tiempo director de la revista ƒ ‡Â?ƒÂ?ƒ Â?†—•–”‹ƒŽ, Gumersindo VicuĂąa (1840-1890) seĂąalĂł este punto en su discurso de apertura del curso 1875-76 de la Universidad Central (—Ž–‹˜‘ƒ…–—ƒŽ†‡Žƒ•…‹‡Â?…‹ƒ•ÂˆĂ€Â•Â‹Â…‘nj Â?ƒ–‡Â?ž–‹…ƒ•‡Â?Â•Â’ÂƒĂ“Âƒ; 1875, pp. 40-41): las Escuelas de Ingenieros, declarĂł entonces, “las mĂĄs „”‹ŽŽƒÂ?–‡•‡Â?—Â?–‹‡Â?’‘ǥƒ“—‡ŽŽƒ•ƒ“—‡…‘Â?Â…Â—Â”Â”Ă€ÂƒŽƒƪ‘”†‡Â?—‡•–”ƒŒ—˜‡Â?–—†ǥ›…—›‘•”‹‰—”‘•‘• estudios produjeron ingenieros de tanto mĂŠrito, viven hoy lĂĄnguidamente, sin alumnos entre “—‹‡Â?‡•‡•…‘‰‡”ǥ•‘Â?„”ƒ’žŽ‹†ƒ›–”‹•–‡Â”Â‡ĆŞÂ‡ÂŒÂ‘†‡•—ƒÂ?–‹‰—‘‡•’Ž‡Â?†‘”Č?ǤǤǤČ? ‘›ǥŽ‘•ƒŽ—Â?Â?‘• que pasan al cuerpo, tropiezan con excedencias o falta de ocupaciĂłn, y tienen que ejercitar su actividad individual luchando con los ingenieros antiguos en nuestra aniquilada producciĂłn. Falta el porvenir, languidece la escuelaâ€?.  •‹ ‡•–‘ ‡”ƒ ÂƒÂ•Ă€ ’ƒ”ƒ Ž‘• ‹Â?‰‡Â?‹‡”‘•ǥ Ǐ“—¹ Â?‘ Â‘Â…Â—Â”Â”Â‹Â”Ă€Âƒ …‘Â? Ž‘• …‹‡Â?–ÀƤ…‘•Ǎ ‘• Dz‹…‡Â?…‹ƒ†‘• › Doctores de las Facultades de Cienciasâ€?, aĂąadĂ­a VicuĂąa, “sĂłlo pueden aspirar a cĂĄtedras de Instituto o Facultad, modestamente retribuidas, y despuĂŠs de obtenerlas por una oposiciĂłn con sus compaĂąeros o con los mismos ingenieros, mientras que estos reclutan su profesorado entre los que el Gobierno cree mĂĄs aptos sin oposiciĂłn ninguna. Si quieren entrar en la mayorĂ­a de las escuelas civiles de estos ingenieros, o en las militares, no se les abona una sola asignatura de las que han aprobado, y hasta recientemente se ha visto que la Escuela de ingenieros militares ha admitido las ganadas en ciertas Escuelas especiales y no las universitarias anĂĄlogas, ni las de las Escuelas de Arquitectura e Ingenieros industriales en las que sirven las enseĂąanzas universitariasâ€?. ÂŽ Â?•–‹–—–‘ ‡‘‰”žƤ…‘…‘Â?•–‹–—›‡—Â?„—‡Â?‡Œ‡Â?’Ž‘†‡Žƒ’‡Â?—”‹ƒŽƒ„‘”ƒŽ†‡Ž‘•Ž‹…‡Â?…‹ƒ†‘•‡Â? Ciencias espaĂąoles. Reclutaba su personal superior entre los cuerpos facultativos, militares y civiles, preferentemente entre los primeros, sin conceder un solo puesto a los doctores en Ciencias, ni siquiera a los dedicados a la fĂ­sica o a la matemĂĄtica, que habĂ­an cursado la AstronomĂ­a y Geodesia en que se supone se basaban los problemas centrales del Instituto, mientras que los facultativos citados no habĂ­an tenido que estudiar en sus Escuelas ambas asignaturas con la extensiĂłn que se hacĂ­a en la Universidad. Los doctores en Ciencias solamente tenĂ­an la posibilidad de intentar acceder a las plazas inferiores del Instituto mediante oposiciones. Otro buen ejemplo, ĂŠste relativo a las matemĂĄticas, lo proporciona JosĂŠ Echegaray (1832-1916), para muchos el mejor matemĂĄtico espaĂąol del siglo XIX. En la soledad de AlmerĂ­a, su primer destino profesional, lejos de su familia, de sus amigos y de la activa vida teatral madrileĂąa que tanto le atraĂ­a, una de las pocas distracciones a las que tenĂ­a acceso era el estudio de las matemĂĄticas. Ahora bien, ÂżquĂŠ salidas tenĂ­a adoptar como profesiĂłn las matemĂĄticas? Veamos lo que dijo sobre este particular en sus Recuerdos (tomo I; 1917, pp. 405-406):

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Retrato de José Echegaray en la sala de juntas de la Fundación.

“Las matemáticas fueron, y son, una de las grandes preocupaciones de mi vida, y si yo hubiera sido rico o lo fuera hoy, si no tuviera que ganar el pan de cada día con el trabajo diario, probablemente me hubiera marchado a una casa de campo muy alegre y muy confortable, y me hubiera dedicado exclusivamente al cultivo de las Ciencias Matemáticas. Ni más dramas, ni más argumentos terribles, ni más adulterios, ni más suicidios, ni más duelos, ni más pasiones desencadenadas, ni, sobre todo, más críticos; otras incógnitas y otras ecuaciones me hubieran preocupado. Pero el cultivo de las Altas Matemáticas no da lo bastante para vivir. El drama más desdichado, el crimen teatral más modesto, proporciona mucho más dinero que el más alto problema de cálculo integral; y la obligación es antes que la devoción, y la realidad se impone, y hay que dejar las Matemáticas para ir rellenando con ellas los huecos de descanso que el trabajo productivo deja de tiempo en tiempo.”

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Las Escuelas de Caminos e Industriales En la cita que he utilizado hace un momento, Gumersindo VicuĂąa seĂąalaba, en 1875, que las •…—‡Žƒ• †‡ Â?‰‡Â?‹‡”‘• Ç˛ÂŽÂƒÂ• Â?ž• „”‹ŽŽƒÂ?–‡• ‡Â? —Â? –‹‡Â?’‘ǥ ƒ“—‡ŽŽƒ• ƒ “—‡ …‘Â?Â…Â—Â”Â”Ă€Âƒ Žƒ ƪ‘” †‡ nuestra juventud, y cuyos rigurosos estudios produjeron ingenieros de tanto mĂŠrito, viven hoy ŽžÂ?‰—‹†ƒÂ?‡Â?–‡ǥ•‹Â?ƒŽ—Â?Â?‘•‡Â?–”‡“—‹‡Â?‡•‡•…‘‰‡”ǥ•‘Â?„”ƒ’žŽ‹†ƒ›–”‹•–‡Â”Â‡ĆŞÂ‡ÂŒÂ‘†‡•—ƒÂ?–‹‰—‘ esplendorâ€?. Éste es, naturalmente, un punto importante a la hora de estudiar la situaciĂłn de la tĂŠcnica en la EspaĂąa del siglo XIX, asĂ­ que es preciso comprobar si la lĂşgubre visiĂłn de VicuĂąa se ajustaba a la realidad. Esto implica, por supuesto, ocuparse de las diferentes Escuelas de IngenierĂ­a, algo que supera las posibilidades de estas pĂĄginas. Me limitarĂŠ, por tanto, a decir algo sobre las dos ingenierĂ­as mĂĄs relevantes en un estudio que se ocupa de tĂŠcnica y ciencia: las de Caminos e Industriales. La ingenierĂ­a de Caminos era una profesiĂłn prestigiosa, pero ÂżcuĂĄl era el destino de sus ’”‘ˆ‡•‹‘Â?ÂƒÂŽÂ‡Â•ÇŤ ‡ Â?Â—Â‡Â˜Â‘ÇĄ ‡Ž …ƒ•‘ †‡ ‘•¹ …Š‡‰ƒ”ƒ› ‡• ‹Ž—•–”ƒ–‹˜‘Ǥ Â? ͙͠Í?ÍœÇĄ –”ƒ• ƤÂ?ƒŽ‹œƒ” Žƒ carrera, el futuro premio Nobel de Literatura fue destinado al distrito de Granada. LlegĂł a esta ciudad en enero de 1854 y el Ingeniero Jefe del distrito le enviĂł a AlmerĂ­a, trasladĂĄndose a esta ciudad a caballo, ya que no existĂ­a ninguna carretera. AllĂ­ su funciĂłn consistĂ­a en conservar una carretera de cinco kilĂłmetros y medio que habĂ­a hasta Gador y vigilar la, ciertamente monĂłtona, prolongaciĂłn de un muelle de escollera. El destino no era, ciertamente, muy atractivo, mĂĄs aĂşn de un nĂşmero 1 de su promociĂłn. CabrĂ­a en este punto decir aquello de “QuĂŠ buen vasallo si hubiese buen seĂąorâ€?; esto es, no basta con poseer una gran capacidad, deben existir ‘’‘”–—Â?‹†ƒ†‡• ’ƒ”ƒ ’‘Â?‡”Žƒ ‡Â? ’”ž…–‹…ƒǤ  ‡Â? ‹Â?‰‡Â?Â‹Â‡Â”Ă€ÂƒÇĄ ‡•–‘ •‹‰Â?Â‹Ć¤Â…ÂƒÇĄ ‘„˜‹ƒÂ?‡Â?–‡ǥ —Â?ƒ buena, moderna y competitiva infraestructura industrial (cuĂĄl, depende de la especialidad de que se trate). El empleo que Echegaray recibiĂł en 1854, vigilando la conservaciĂłn de una carretera de cinco kilĂłmetros y el que desde Granada a AlmerĂ­a tardase tres dĂ­as, puesto que no habĂ­a ninguna carretera entre ambas ciudades, nos conduce directa e inevitablemente a, al menos, mencionar uno de los obstĂĄculos que afectaron al desarrollo socioeconĂłmico espaĂąol, asĂ­ como a las carreras profesionales no sĂłlo de los ingenieros de Caminos sino tambiĂŠn a los ingenieros Industriales. “Aunque la construcciĂłn de carreteras se acelerĂłâ€?, escribiĂł Antonio GĂłmez Mendoza ( ‡””‘…ƒ””‹Ž‡• › …ƒÂ?„‹‘ ‡…‘Â?Ă—Â?‹…‘ ‡Â? Â•Â’ÂƒĂ“ÂƒÇĄ ͙͠Í?Í?nj͙͙ͥ͛; 1982, p. 35), “la infraestructura ˜‹ƒ”‹ƒ‡”ƒ‹Â?•—Ƥ…‹‡Â?–‡Šƒ…‹ƒ͙͠Í?͘Ǥ†‡Â?ž•ǥ•‡Â…ÂƒÂ”Â‡Â…Ă€Âƒ†‡Žƒ…Žƒ•‡†‡–”ƒÂ?•’‘”–‡“—‡Â”Â‡Â“Â—Â‡Â”Ă€Âƒ —Â?ƒ Â”Â‡Â˜Â‘ÂŽÂ—Â…Â‹Ă—Â? ‹Â?†—•–”‹ƒŽǤƒÂ?–‘ Žƒ …‘Â?Ć¤Â‰Â—Â”ÂƒÂ…Â‹Ă—Â? †‡Ž –‡””‹–‘”‹‘ …‘Â?‘ ‡Ž ”‡Ž‹‡˜‡ ‹Â?Â’Â‡Â†Ă€ÂƒÂ? Žƒ construcciĂłn de una red de canales como alternativa a los caminos. El transporte tradicional en carros o caballerĂ­as resultaba demasiado oneroso, era estacional y su oferta rĂ­gida. Puesto que la apertura de canales era imposible, la Ăşnica alternativa resultarĂ­a el ferrocarrilâ€?. La siguiente tabla muestra cĂłmo fue creciendo la red de transportes en EspaĂąa en un periodo centrado en el siglo que nos interesa aquĂ­, el XIX (James Simpson, ƒ ƒ‰”‹…—Ž–—”ƒ Â‡Â•Â’ÂƒĂ“Â‘ÂŽÂƒ Č‹Í™Í&#x;ÍžÍ?nj͙ͥ͞Í?ČŒÇŁŽƒŽƒ”‰ƒ•‹‡•–ƒ; 1997, p. 124):

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Extensión de carreteras empedradas y ferrocarril, 1750-1908 (km) Carreteras

Ferrocarril

1749

0

0

1779

400

0

1800

2.000

0

1834

4.000

0

1855

10.323

440

1868

19.815

5.269

1884

23.368

8.165

1890

28.621

9.083

1908

41.466

11.362

Cronológicamente, España ocupó el noveno lugar en el mundo en la implantación del ferrocarril. La célebre línea Barcelona-Mataró fue la primera en entrar en funcionamiento, en 1848; la precedieron: Inglaterra (primera línea abierta el 27 de septiembre de 1825), Austria (30-IX-1828), Francia (10-X-1828), Estados Unidos (28-XII-1829), Bélgica (3-V-1835), Alemania (7-XII-1835) y Rusia (10-IX-1839). Con relación a la velocidad de construcción del ferrocarril, ésta fue reducida en España en comparación con la de otros países, con tan sólo 440 kilómetros terminados en 1855, comparado con los 1.207 de Italia, los 5.037 de Francia y los 11.744 del Reino Unido. En cuanto a posición, la de España no era una situación excesivamente retrasada, aunque si nos ƤŒƒ‘•‡Ž‘•ƒÓ‘•“—‡‘••‡’ƒ”ƒ”‘†‡Žƒ’”‹‡”ƒŽÀ‡ƒ‡•–ƒ„Ž‡…‹†ƒǡ‡ ‰Žƒ–‡””ƒǡ–‡‡‘• que fueron 23 años, casi una generación. Y las ventajas del nuevo sistema de transportes eran grandes. “Se ha calculado que hacia 1878 el ferrocarril, que sustituyó una fuente de energética animal por otra mineral, ahorraba el equivalente a medio millón de mulas y bueyes, y alrededor de 1,12 millones de hectáreas de cebada necesaria para alimentarlos [...] el transporte ferroviario ’‡”‹–Àƒ‘•×Ž‘‡Ž–”ƒ•Žƒ†‘†‡…ƒ”‰ƒ•—…Š‘ž•’‡•ƒ†ƒ•ƒ—ƒ˜‡Ž‘…‹†ƒ†•‹‰‹Ƥ…ƒ–‹˜ƒ‡–‡ mayor, sino que además tenía la capacidad de aumentar el producto sin recurrir al sistema agrícola nacional. Los costes por unidad transportada se redujeron, propiciando la expansión †‡Ž‡”…ƒ†‘ǡŽƒ‹–‡•‹Ƥ…ƒ…‹×†‡Žƒ—”„ƒ‹œƒ…‹×›‡Žƒ—‡–‘†‡Žƒ‡•’‡…‹ƒŽ‹œƒ…‹×ƒ‰”À…‘Žƒdz (Gómez Mendoza, Ferrocarriles y cambio económico, p. 126). –”‘ †ƒ–‘ ‹’‘”–ƒ–‡ “—‡ Šƒ› “—‡ –‡‡” ‡ …—‡–ƒ ‡• “—‡ –ƒ’‘…‘ •‡ „‡‡Ƥ…‹ƒ”‘ †‡ Žƒ implantación del ferrocarril todo lo que hubieran podido y acaso debido algunas industrias nacionales. Así, en 1884 y salvo una pequeña parte de la longitud de raíles, fabricados por Duro y Compañía, en Asturias, y Nuestra Señora del Remedio, de Pueblo Nuevo, todo el material ƤŒ‘ › ×˜‹Ž ‡’Ž‡ƒ†‘ ‡ Ž‘• ˆ‡””‘…ƒ””‹Ž‡• ‡•’ƒÓ‘Ž‡• ˆ—‡ ‹’‘”–ƒ†‘ †‡ ‰Žƒ–‡””ƒǡ ±Ž‰‹…ƒ › ”ƒ…‹ƒǤŽ‘“—‡•‡”‡Ƥ‡”‡ƒŽƒ•Ž‘…‘‘–‘”ƒ•†‡˜ƒ’‘”’ƒ”ƒˆ‡””‘…ƒ””‹Ž‡•ǡŽƒ’”‹‡”ƒ†‹•‡Óƒ†ƒ y construida por un ingeniero, mano de obra y material nacional, fue una que entró en servicio en 1884 entre Silla y Cullera (Valencia). Ciertamente, tampoco una fecha temprana para aquel mundo tecnológico hijo y padre al mismo tiempo de la Revolución Industrial. 47


La ingenierĂ­a de Caminos tenĂ­a prestigio, surgida al menos en parte de la herencia histĂłrica a la que respondĂ­a, una herencia que hundĂ­a sus raĂ­ces en el siglo XVIII, pero desde el punto de ˜‹•–ƒ†‡Ž’‘†‡”ȋ‡…‘Â?Ă—Â?‹…‘ǥ‹Â?†—•–”‹ƒŽ›Â’Â‘ÂŽĂ€Â–Â‹Â…Â‘ČŒ“—‡•‡‡•–ƒ„ƒ‹Â?•–ƒŽƒÂ?†‘Ƥ”Â?‡Â?‡Â?–‡‡Â?Žƒ• sociedades decimonĂłnicas, se puede pensar que la ingenierĂ­a Industrial tenĂ­a una importancia acaso mayor. De hecho, con el trĂĄnsito del Antiguo RĂŠgimen al sistema liberal surgieron las modernas enseĂąanzas tĂŠcnicas, y en particular las enseĂąanzas industriales, creadas por el Decreto de 4 de septiembre de 1850. Al aĂąo siguiente entran en funcionamiento el Real Instituto Industrial de Madrid y las Escuelas industriales de Barcelona, Sevilla y Vergara. No ‘„•–ƒÂ?–‡ǥŽƒ•Â†Â‹Ć¤Â…—Ž–ƒ†‡•†‡Žƒ‹Â?Â†Â—Â•Â–Â”Â‹ÂƒÂŽÂ‹ÂœÂƒÂ…Â‹Ă—Â?›Žƒ’”‹Â?‡”ƒ‰”ƒÂ?…”‹•‹•†‡Ž…ƒ’‹–ƒŽ‹•Â?‘Â‡Â•Â’ÂƒĂ“Â‘ÂŽÇĄ que comenzĂł en 1866, produjeron el cierre de casi todas estas escuelas. La Escuela Industrial Barcelonesa, declarada superior en 1857, fue la Ăşnica en la que pudo cursarse la ingenierĂ­a Industrial hasta la creaciĂłn de la Escuela de Bilbao en 1899 (la de Madrid tuvo que esperar hasta 1901). Sin embargo, fue poco para el esfuerzo empleado.

El caso de la quĂ­mica El caso de la quĂ­mica constituye otra muestra de la insatisfactoria situaciĂłn de la ciencia y la tĂŠcnica hispanas. Recordemos que la quĂ­mica fue crucial en el proceso de institucionalizaciĂłn de la ciencia y del desarrollo industrial que se produjo durante el siglo XIX. Fue, en efecto, gracias a los trabajos de Justus Liebig en la Universidad de Giessen y a cĂłmo enseùó a sus alumnos la prĂĄctica de la investigaciĂłn como la quĂ­mica orgĂĄnica comenzĂł a mostrar su poder industrial y econĂłmico, y a atraer en consecuencia la atenciĂłn de los gobiernos. El poder polĂ­tico que alcanzĂł Alemania tuvo de hecho mucho que ver con los logros de sus quĂ­micos. Y que era asĂ­ se entendiĂł tambiĂŠn en EspaĂąa, como atestigua el discurso de apertura del curso 1888-1889 de la Universidad Literaria de Granada, pronunciado por el catedrĂĄtico de la Facultad de Ciencias JosĂŠ Alonso y FernĂĄndez (ƒ —ÀÂ?‹…ƒ › Žƒ †Â?‹Â?Â‹Â•Â–Â”ÂƒÂ…Â‹Ă—Â? Œ—†‹…‹ƒŽ › Â?—Â?‹…‹’ƒŽ; 1888). “Sirve la QuĂ­micaâ€?, manifestĂł entonces, “de poderoso auxilio a la gestiĂłn de los Gobiernos. Hoy dĂ­a no se pueden concluir tratados de comercio sin consultar con la QuĂ­mica industrial y agrĂ­cola; para imponer y hacer efectivos los derechos de aduanas y de consumos es indispensable la QuĂ­mica, y de igual modo en las industrias sostenidas o intervenidas por el Gobierno, en las subastas y otra multitud de servicios de la AdministraciĂłn civil y militar, la QuĂ­mica tiene que prestar su valioso concursoâ€?. —‡•„‹‡Â?ÇĄǏ“—¹Â’ÂƒÂ•Ă—‡Â?ŽƒÂ•Â’ÂƒĂ“Âƒ†‡…‹Â?‘Â?Ă—Â?‹…ƒ‡Â?Ž‘“—‡ƒŽƒ“—ÀÂ?‹…ƒ•‡”‡Ƥ‡”‡Ǎ‘Â?˜ƒ”‹ƒ•Žƒ• formas de intentar hacerse una idea del estado de esta ciencia entonces. Una es considerando la situaciĂłn en que se encontraban los laboratorios quĂ­micos universitarios, de los que en Alemania partiĂł el movimiento que harĂ­a de la quĂ­mica un valor estatal. Un interesante dato en este sentido es lo que seĂąalaba en 1855, en el epĂ­logo que como traductor MagĂ­n Bonet (1818-1894), mĂĄs tarde catedrĂĄtico de AnĂĄlisis QuĂ­mica de la Universidad de Madrid, aĂąadiĂł a la versiĂłn espaĂąola de un libro debido al quĂ­mico de la Universidad de Giessen Heinrich Will (1812-1890), titulado Žƒ˜‡†‡ŽƒÂ?žŽ‹•‹•“—ÀÂ?Â‹Â…ÂƒÇĄ‘•‡ƒ…—ƒ†”‘•’ƒ”ƒ‡Ž‡•–—†‹‘†‡ŽƒÂ?žŽ‹•‹•“—ÀÂ?‹…ƒ cualitativa:

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Dz‘Ž‘”‘•‘‡•†‡…‹”Ž‘ǡ’‡”‘‡•Žƒ’—”ƒ˜‡”†ƒ†ǡ›’”‡…‹•‘‡•“—‡•‡…‘Ƥ‡•‡’ƒ”ƒ“—‡•‡–”ƒ–‡†‡ ponerle el correctivo oportuno. El atraso en la Química, que tanto se hace notar entre nosotros, no depende de los alumnos, no de la falta de disposición no de aplicación de su parte, sino del mal sistema que hasta ahora se ha seguido en su enseñanza... ¿Se pondrá el oportuno remedio a este mal en el nuevo plan de estudios que se está ‡Žƒ„‘”ƒ†‘ǫ Ǭ‡†”‡‘• ƒŽ Ƥ —ƒ ‡•…—‡Žƒ “—À‹…ƒ ‡•’ƒÓ‘Žƒǫ Ǭ—‹‹•–”ƒ”ž —‡•–”ƒ• ‹˜‡”•‹†ƒ†‡• ‡ Ž‘ •—…‡•‹˜‘ ƒŽ—‘• †‹‰‘• †‡ Ƥ‰—”ƒ” ƒŽ Žƒ†‘ǡ ‘ ›ƒ †‡ Ž‘• “—‡ ƒ””‘Œƒ las escuelas alemanas, sino las francesas o las italianas siquiera? Todo depende de que se adopten las disposiciones convenientes en el nuevo arreglo: basta que lo quieran los que en él intervienen, para que nuestros deseos se cumplan. El Gobierno actual, y las Cortes en su caso, estamos seguros de que por su parte no escasearán los recursos necesarios, cuando tan cuantiosas sumas se invierten en otros diversos ramos del servicio público. ¿Hay acaso alguno que sea más digno de llamar su atención que aquel sobre el cual se apoyan los indestructibles cimientos de las sociedades modernas, verdaderamente progresistas y civilizadoras?” Clave de Will tuvo éxito, y tuvo una segunda edición en 1878, esto es, 23 años después de que apareciese la primera. En esta nueva edición, continuó apareciendo el epílogo de Bonet, pero ampliado. En efecto, después de las anteriores palabras se leía: “•–‘ †‡…Àƒ‘• ‡Ž ˜‡”ƒ‘ †‡ ͙͠͝͝. Han transcurrido ˜‡‹–‹–”±• ƒÓ‘• y la enseñanza de la Química sigue absolutamente lo mismo. Todas las naciones, en este largo período, han hecho ’”‘‰”‡•‘•ƒ‹Ƥ‡•–‘•ȏǤǤǤȐ‡ƒ“—À‡Ž‰”ƒ‘˜‹‹‡–‘…‹‡–ÀƤ…‘“—‡•‡ƒ†˜‹‡”–‡‡–‘†ƒ•‡•–ƒ• ƒ…‹‘‡•ȏǤǤǤȐ•’ƒÓƒȏǤǤǤȐ‘Šƒ›‘˜‹‹‡–‘…‹‡–ÀƤ…‘˜‡”†ƒ†‡”‘‡‡•–‡’—–‘ǡ’‘”ˆƒŽ–ƒ de laboratorios. Y no es que no se haya demostrado así a la Superioridad, pues se ha hecho presente siempre que hubo ocasión oportuna. En prueba de ello, la Facultad de Ciencias de Žƒ‡–”ƒŽ”‡…‹„‹×ǡŠƒ…‡„ƒ•–ƒ–‡•ƒÓ‘•ǡ‡Ž‡…ƒ”‰‘†‡‡•–—†‹ƒ”—‡†‹Ƥ…‹‘‡“—‡‡•–—˜‹‡”ƒ reunidas todas sus enseñanzas. Sus dignos profesores, animados del mejor celo, se pusieron a trabajar sin descanso hasta facilitar al Arquitecto los datos que debían concurrir para el trazado de los planos. Estos fueron concluidos [...] pero no ha dado ulterior resultado”. Otra forma de hacerse una idea de la situación de la química decimonónica hispana es a través de los libros de química que se publicaron entonces. Aunque no es demasiada la información al respecto, disponemos de algún repertorio de textos publicados, y cuando se estudian se †‡–‡…–ƒ‹‡†‹ƒ–ƒ‡–‡Žƒ…‘‡š‹×…‘Ž‘•‹–‡”‡•‡•ǡ†‡‡•…ƒ•‘”‡Ƥƒ‹‡–‘–‡…‘Ž×‰‹…‘ǡ existentes en la España de aquella época. Así, tenemos que cuando se analizan los títulos de los libros y folletos de esa ciencia publicados entre 1801 y 1900, la abrumadora mayoría tienen que ver con cuestiones aplicadas del tipo de: ”ƒ–ƒ†‘†‡“—À‹…ƒ’”ž…–‹…ƒ›…ƒ•‡”ƒǡ‘…‘Ž‡……‹×†‡ ”‡…‡–ƒ•ǣ͙oǡ’ƒ”ƒˆƒ„”‹…ƒ”Ž‹…‘”‡•Ǣ͚oǡ’ƒ”ƒ…‘””‡‰‹”‡ŽƒŽ‰—•–‘†‡Ž‘•˜‹‘•›Šƒ…‡”‡š…‡Ž‡–‡•˜‹‘• ‡š–”ƒŒ‡”‘•…‘˜‹‘†‡Ž’ƒÀ•Ǣ͛oǡ’ƒ”ƒ…‘’‘‡”˜ƒ”‹‘•„ƒ”‹…‡•Ǣ͜oǡ’ƒ”ƒŠƒ…‡”†‹˜‡”•‘•‘„Œ‡–‘•†‡ ’‡”ˆ—‡”Àƒǡ‡–…Ǥ (Valladolid, 1843), de Antonio Bellout; ŽŽ‹„”‘†‡Ž˜‹–‹…—Ž–‘”Ǥ”‡˜‡”‡•—‡†‡ Žƒ•’”ž…–‹…ƒ•ž•Ž‡•’ƒ”ƒ…—Ž–‹˜ƒ”Žƒ•˜‹Óƒ•›ˆƒ„”‹…ƒ”„—‡‘•˜‹‘• (Madrid, 1855), de Eduardo Abela Sainz de Andino; o ”ƒ–ƒ†‘’”ž…–‹…‘†‡ƒžŽ‹•‹•“—À‹…‘†‡Žƒ•ƒ‰—ƒ•‹‡”ƒŽ‡•›’‘–ƒ„Ž‡•Ǣ …‘ ‹†‹…ƒ…‹× †‡ Žƒ• ˆ—‡–‡• †‡ ƒ‰—ƒ• ‹‡”ƒŽ‡• †‡ •’ƒÓƒǡ •— …‘’‘•‹…‹×ǡ ‡ˆ‡”‡†ƒ†‡• ƒ …—›ƒ…—”ƒ…‹×•‡ƒ’Ž‹…ƒǡ›ï‡”‘†‡‡ˆ‡”‘•“—‡ƒ‡ŽŽƒ•ƒ…—†‡ƒ—ƒŽ‡–‡ (Madrid, 1866), 49


de Antonio Casares Rodrigo. Si estos textos son representativos, habrĂ­a que concluir que en EspaĂąa, una naciĂłn eminentemente agrĂ­cola, la quĂ­mica atraĂ­a atenciĂłn sobre todo en –ƒÂ?–‘“—‡Dz…‹‡Â?…‹ƒ‘–¹…Â?‹…ƒŽdzǤ–”‘•Š‡…Š‘•ƒ„—Â?†ƒÂ?‡Â?‡ŽÂ?‹•Â?‘•‡Â?–‹†‘Ǥ‘Â?‘‡Ž’‡”ƤŽ profesional de los 400 alumnos que entre 1805 (el aĂąo en que fue creada) y 1822 siguieron los cursos de la cĂĄtedra de QuĂ­mica de la Junta de Comercio de Barcelona, establecida en el siglo XVIII: cirujanos, 27 por 100; farmacĂŠuticos, 20 por 100; artesanos, 18 por 100; comerciantes, 13 por 100; y mĂŠdicos, 9 por 100, con un 13 por 100 procedentes de profesiones diversas. SegĂşn el –Žƒ•†‡Žƒ‹Â?Â†Â—Â•Â–Â”Â‹ÂƒÂŽÂ‹ÂœÂƒÂ…Â‹Ă—Â?†‡Â•Â’ÂƒĂ“Âƒ, dirigido por Jordi Nadal, la industria quĂ­mica Â‡Â•Â’ÂƒĂ“Â‘ÂŽÂƒ–—˜‘‡Â?‡Ž•‹‰Ž‘ Dz—Â?ƒ””ƒÂ?“—‡–ƒÂ?’”‡…‘œ…‘Â?‘†‹Ƥ…—Ž–‘•‘Ǥƒ’”‘†—……‹×Â?†‡ž…‹†‘ sulfĂşrico, el reactivo omnipresente, que iniciara el francĂŠs François Cros, en los aledaĂąos de Barcelona, en una fecha tan temprana como la de 1820, sĂłlo [dejĂł] de ser despreciable a partir de 1872, cuando la Sociedad EspaĂąola de la Dinamita [empezĂł] a obtenerlo en su fĂĄbrica de explosivos de Galdakao, y mĂĄs claramente desde 1884, en que los descendientes del citado Cros lo [produjeron] en mayor escala en su fĂĄbrica de fertilizantes agrĂ­colas de Badalona. De la Ăşltima fecha en adelante, el progreso del ĂĄcido sulfĂşrico se desarrollarĂĄ en paralelo con el de los superfosfatos. De ahĂ­ la buena posiciĂłn de EspaĂąa en 1934, una fecha en la que nuestro paĂ­s ocupa uno de los primeros puestos en el ramo de los abonos fosfatadosâ€? (Atlas de la ‹Â?Â†Â—Â•Â–Â”Â‹ÂƒÂŽÂ‹ÂœÂƒÂ…Â‹Ă—Â?†‡Â•Â’ÂƒĂ“ÂƒÇĄÍ™Í&#x;Í?Í˜ÇŚÍšÍ˜Í˜Í˜; 2003; p. 192). Ahora bien, se aĂąade, “el lapso de tiempo transcurrido entre la llegada del primer Cros y el establecimiento de su nieto en Badalona, vio ‡Â?—”‘’ƒ‡Ž–”‹—Â?ˆ‘†‡Žƒ•‘•ƒÂƒÂ”Â–Â‹Ć¤Â…Â‹ÂƒÂŽ’‘”‡Ž’”‘…‡†‹Â?‹‡Â?–‘†‡‡„ŽƒÂ?Â…Č‹Â–Â”ÂƒÂ–ÂƒÂ?‹‡Â?–‘†‡Žƒ•ƒŽ comĂşn con el ĂĄcido sulfĂşrico). La riqueza pirĂ­tica y salinera de nuestro paĂ­s parecĂ­an destinarle a una posiciĂłn relevante en dicha especialidad. Sin embargo, la parvedad del consumo (y la extrema carestĂ­a del carbĂłn mineral) frustrĂł todas las expectativas y la fabricaciĂłn alcalina se Â?ƒÂ?–—˜‘‹Â?ÂąÂ†Â‹Â–ÂƒŠƒ•–ƒ…‘Â?‹‡Â?œ‘•†‡Ž•‹‰Ž‘ÇĄ…—ƒÂ?†‘Žƒ•‘•ƒ‡„ŽƒÂ?Â…ÇĄƤÂ?ƒŽÂ?‡Â?–‡Â‘Â„Â•Â‘ÂŽÂ‡Â–ÂƒÇĄ habĂ­a dejado el puesto a otras mĂĄs modernasâ€?. Otros datos interesantes en este mismo sentido son los que aparecen en el estudio de Ă ngel Toca sobre la planta que Solvay instalĂł en Torrelavega. “Hasta la apariciĂłn de los mĂŠtodos sintĂŠticosâ€?, leemos en ese estudio (ƒ‹Â?–”‘†—……‹×Â?†‡Žƒ‰”ƒÂ?‹Â?†—•–”‹ƒ“—ÀÂ?‹…ƒ‡Â?Â•Â’ÂƒĂ“ÂƒÇ¤‘Ž˜ƒ››•—’ŽƒÂ?–ƒ †‡‘””‡Žƒ˜‡‰ƒ ȋ͙͠͠Í&#x;nj͙ͥ͛Í?ČŒ; 2005, pp. 83-84), “EspaĂąa fue el principal exportador europeo de sosa. A lo largo de la costa mediterrĂĄnea existieron una serie de establecimientos dedicados a la Â‡ÂšÂ–Â”ÂƒÂ…Â…Â‹Ă—Â?›Â’Â—Â”Â‹Ć¤Â…ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?†‡Â•Â‘Â•ÂƒÇĄ‘„–‡Â?‹†ƒƒ’ƒ”–‹”†‡Žƒ…‘Â?„—•–‹×Â?…‘Â?–”‘Žƒ†ƒ†‡ƒŽ‰—Â?ĥ’ŽƒÂ?–ƒ• salĂ­feras. Estos productores llegaron a exportar cuatro millones de libras de barrilla en 1792, pero la caĂ­da de precios asociada a la apariciĂłn de la sosa Leblanc provocĂł su desapariciĂłn, siendo sustituidas sus modestas fabricaciones por la importaciĂłn. A partir del segundo cuarto del siglo XIX conocemos la presencia de establecimientos dedicados a la fabricaciĂłn de sulfato de sodio y ĂĄcido clorhĂ­drico, productos que se obtenĂ­an en la primera de las dos reacciones que constituĂ­an el procedimiento Leblanc. En efecto, los productores de ĂĄcidos instalados en los alrededores de Barcelona utilizaron esta reacciĂłn para obtener ĂĄcido clorhĂ­drico. Por otra parte, el sulfato de sodio sustituyĂł muchas veces a la sosa en la producciĂłn de vidrio, razĂłn por la cual recibiĂł el …‘Â?ˆ—•‘Â?‘Â?„”‡†‡„ƒ””‹ŽŽƒÂƒÂ”Â–Â‹Ć¤Â…Â‹ÂƒÂŽÇ¤Â?‡†‹ƒ†‘•†‡•‹‰Ž‘ǥÂ?—Â?‡”‘•‘•‹Â?†—•–”‹ƒŽ‡•‡š–”ƒŒ‡”‘Â?› Â’Â—Â”Â‹Ć¤Â…ÂƒÂ”Â‘Â?‡Ž•—Žˆƒ–‘†‡•‘†‹‘’”‘˜‡Â?‹‡Â?–‡†‡Ž‘•”‹…‘•›ƒ…‹Â?‹‡Â?–‘•Â?ÂƒÂ†Â”Â‹ÂŽÂ‡Ă“Â‘Â•Č‹‹‡Â?Â’Â‘ÂœÂ—Â‡ÂŽÂ‘Â•ÇĄ Aranjuez y Valdemoro), burgaleses (Cerezo del RĂ­o TirĂłn) y zaragozanos (Mediano). Esto les 50


permitió en algunas ocasiones levantar pequeñas plantas Leblanc, ya que la naturaleza ofrecía la materia prima de la segunda reacción del procedimiento sin necesidad de utilizar el costoso ácido sulfúrico. Ejemplos de este tipo de instalaciones fueron la fábrica de cristalización de sulfato de sodio de Ciempozuelos, la cual a su vez alimentaba una pequeña planta de producción de carbonato en Valdemoro, y la planta que la sociedad francesa Compañía de Minas de Sosa de Aranjuez levantó diez años más tarde para suministrar sosa a la fábrica de vidrio hueco de la Ž‘…ƒŽ‹†ƒ†Ǥ‡•‹‹Žƒ”‡•…ƒ”ƒ…–‡”À•–‹…ƒ•†‡„‹×•‡”Žƒ’‡“—‡Óƒ’Žƒ–ƒ†‡’—”‹Ƥ…ƒ…‹×†‡•—Žˆƒ–‘›Ž‘• hornos de obtención de carbonato construidos en 1846 en la localidad burgalesa de Cerezo del Río Tirón. Las pequeñas dimensiones de todas estas instalaciones, el elevado precio del carbón en nuestro país y la dura competencia que plantearon los grandes productores británicos y franceses, hicieron que estos establecimientos terminasen por desaparecer antes de alcanzar el último cuarto del siglo XIX”. Entre los hechos que se deducen de la cita de Nadal está uno que, podríamos decir, caracteriza una buena parte de la historia industrial y tecnológica española: la importancia capital de la presencia †‡…‘’ƒÓÀƒ•‡š–”ƒŒ‡”ƒ•ǤDz’”‡•‡…‹ƒ‡š–”ƒŒ‡”ƒdz•‹‰‹Ƥ…ƒ“—‡ƒŽ‡‘•’ƒ”–‡ȂŠƒ„‹–—ƒŽ‡–‡ —ƒ’ƒ”–‡‹’‘”–ƒ–‡Ȃ†‡Ž‘•„‡‡Ƥ…‹‘•“—‡•‡‘„–‹‡‡…‘Žƒƒ…–‹˜‹†ƒ†‡…—‡•–‹×ƒ„ƒ†‘ƒ las fronteras nacionales.

De la física a la industria de la electricidad Me acabo de referir a la química, pero ¿y la física? No olvidemos que la institucionalización de la ciencia y la industrialización que, como indiqué, se produjo durante el siglo XIX tuvo dos pies: la química orgánica y la física del electromagnetismo, estrechamente relacionada con el desarrollo de las comunicaciones (telecomunicaciones), alumbrado y transporte. Dicho de otra forma, si se desea estudiar la cuestión de ciencia, técnica y sociedad en el siglo XIX, no hay más remedio que considerar también el caso de la física. ¿Cuál era la situación en España de esta ciencia, generadora durante todo el siglo de riqueza económica y poderío industrial? La respuesta a esta cuestión es que la situación fue mala; que los físicos o ingenieros españoles no aportaron nada original de valor a la física. Ahora bien, el que España no aportase nada a la física del electromagnetismo no quiere decir que no existiese una industria de la electricidad. Siguiendo de nuevo el Atlas de Jordi Nadal (pp. 88-89), tenemos que “en España, la electricidad se introdujo con muy poco retraso respecto a los países pioneros. En 1875, meses después de haberse patentado, se importaron las primeras dinamos de Gramme y en los años siguientes se realizaron instalaciones en diversas fábricas. En 1882 se constituyó en Barcelona la primera compañía eléctrica de servicio público, la Sociedad Española de Electricidad, cuyo ejemplo fue seguido inmediatamente por un sinnúmero de empresas de todo tamaño y origen. La pasión por la electricidad sólo puede comprenderse si recordamos la débil implantación que tuvo en España el gas de hulla. La mayor parte de los españoles pasaron directamente de la luz de aceite a la bombilla eléctrica sin transitar, como la mayoría de los europeos por la lámpara de gas”. 51


Otro dato en el mismo sentido es el gran crecimiento que experimentĂł la longitud de las lĂ­neas Â–Â‡ÂŽÂ‡Â‰Â”ÂžĆ¤Â…ÂƒÂ•›‡ŽÂ?ĂŻÂ?‡”‘†‡‘Ƥ…‹Â?ĥ‡Â?Â•Â’ÂƒĂ“Âƒ†‡•†‡͙͠Í?Í?Šƒ•–ƒ͙͘͠͠Ǥ‡Í&#x;͙͛Â?‹Ž×Â?‡–”‘•›͙͜ ‘Ƥ…‹Â?ĥ‡Â?͙͠Í?Í?ÇĄ•‡Â’ÂƒÂ•Ă—ƒ͙͞Ǥ͙͚͜Â?‹Ž×Â?‡–”‘•›͛͞Í?‘Ƥ…‹Â?ƒ•Ǥ…‘Â?‘‡•„‹‡Â?Â•ÂƒÂ„Â‹Â†Â‘ÇĄ—Â?ƒ†‡Žƒ• manifestaciones de la “revoluciĂłn electromagnĂŠticaâ€? decimonĂłnica tuvo que ver con la telegrafĂ­a. •–‡ Š‡…Š‘ǥ —Â?ƒ †¹„‹Ž ‹Â?ˆ”ƒ‡•–”—…–—”ƒ …‹‡Â?Â–Ă€Ć¤Â…Âƒ “—‡ •‡ ˜‡ ƒ…‘Â?Â’ÂƒĂ“ÂƒÂ†Âƒ ’‘” —Â? ”‡Žƒ–‹˜ƒÂ?‡Â?–‡ rĂĄpido desarrollo industrial, tiene diversas lecturas. Una de ellas es que no es necesaria una ciencia poderosa para incorporar en la “infraestructura tecnolĂłgica de serviciosâ€? nuevos avances tecnolĂłgicos: basta con comprar maquinaria o/y patentes, como ya vimos que tambiĂŠn sucediĂł en el caso de la quĂ­mica. De hecho, semejante situaciĂłn ha acompaĂąado y acompaĂąa todavĂ­a a Â•Â’ÂƒĂ“ÂƒÇ¤‡’—‡†‡•‡”—Â?Â’ÂƒĂ€Â•‹Â?…Ž—•‘”‹…‘ǥ–‡Â?‹‡Â?†‘—Â?ƒ„ƒ•‡…‹‡Â?Â–Ă€Ć¤Â…Âƒ’‘„”‡Ǥ

Las ciencias naturales y las ingenierĂ­as de Montes y Minas Hasta ahora me he ocupado bĂĄsicamente de la tĂŠcnica y ciencias basadas en el conocimiento ÂˆĂ€Â•Â‹Â…Â‘ÇŚÂ“Â—Ă€Â?‹…‘ǥ’‡”‘Â?‘…—„”‡Â?‡•–ƒ•…‹‡Â?…‹ƒ•–‘†‘‡Ž‡•’‡…–”‘…‹‡Â?–ÀƤ…‘›–‡…Â?‘Ž×‰‹…‘Ǥ•–žÂ? –ƒÂ?„‹¹Â?Žƒ•…‹‡Â?…‹ƒ•Â?ÂƒÂ–Â—Â”ÂƒÂŽÂ‡Â•ÇĄ‡Â?Žƒ•“—‡‡Ž’”‘–ƒ‰‘Â?‹•–ƒ‡•‡ŽÂ?‡†‹‘ÂˆĂ€Â•Â‹Â…Â‘›ŽƒĆŞÂ‘”ƒ›ˆƒ—Â?ƒ existente en ella. Estas ciencias gozaron en el siglo XIX de una situaciĂłn mĂĄs satisfactoria que las “hijas de la fĂ­sica y la quĂ­micaâ€?, debido (no es, sin duda, la Ăşnica razĂłn pero sĂ­, creo, la mĂĄs importante) a su dimensiĂłn taxonĂłmica, menos exigente desde el punto de la teorĂ­a y de la instrumentaciĂłn –de la industria– para la indagaciĂłn experimental, y a tener como material de partida la propia naturaleza, disponible en principio sin necesidad de los recursos que exige una actividad como, digamos, la industria quĂ­mica. En otras palabras: para un paĂ­s como EspaĂąa, retrasado tecnolĂłgica y econĂłmicamente, era mĂĄs fĂĄcil ocuparse de las ciencias naturales que de las fĂ­sico-quĂ­micas y matemĂĄticas. Y no sĂłlo mĂĄs fĂĄcil, tambiĂŠn, en mĂĄs de un sentido, mĂĄs necesario y primario, ya que la primera obligaciĂłn de una naciĂłn es conocer la “materia primaâ€? de que dispone; esto es, conocer su territorio, especies animales y vegetales que la pueblan y el estado en que se encuentran, asĂ­ como los minerales que posee. Precisamente por esto, en 1849 se estableciĂł una ComisiĂłn encargada de “formar la Carta geolĂłgica del terreno de Madrid, y reunir y coordinar los datos para la general del reinoâ€?, segĂşn manifestaba el correspondiente decreto. No prosperĂł, sin embargo, esta iniciativa, habiendo que esperar a 1870 cuando se reorganizĂł bajo el nombre de “ComisiĂłn del Mapa GeolĂłgico de EspaĂąaâ€?. Las ciencias naturales tambiĂŠn poseen, es evidente, una dimensiĂłn “tĂŠcnicaâ€? a la que ningĂşn paĂ­s puede escapar. Por ello, no es posible limitarse a tratar Ăşnicamente de sus aspectos mĂĄs acadĂŠmicos, aquellos que tienen que ver con profesionales cuyo dominio son preferentemente Facultades universitarias o museos de ciencias. Y en este punto surgen, inevitablemente, ingenierĂ­as como las de Montes y de Minas. Â?Ž‘“—‡ƒŽƒ‹Â?‰‡Â?Â‹Â‡Â”Ă€Âƒ†‡‘Â?–‡••‡”‡Ƥ‡”‡ǥÂ†Â‡Â•Â–ÂƒÂ…ÂƒÂ”ÂąŽ‘•‡•ˆ—‡”œ‘•“—‡•‡”‡ƒŽ‹œƒ”‘Â?’‘” introducir los nuevos conocimientos y las nuevas tĂŠcnicas que en Europa, especialmente en Ž‡Â?ƒÂ?Â‹ÂƒÇĄ•‡‡•–ƒ„ƒÂ?†‡•ƒ””‘ŽŽƒÂ?†‘†‡•†‡ƤÂ?ƒŽ‡•†‡Ž•‹‰Ž‘

›“—‡ǥ…‘�‡Ž�‘�„”‡†‡Ciencia

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DasonĂłmica, buscaban conciliar la explotaciĂłn racional del bosque con la conservaciĂłn del Â?‹•Â?‘Ǥ‡Â?‡ŒƒÂ?–‡Â’Â”Â‡Â‘Â…Â—Â’ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?•‡’Žƒ•Â?Ă—Â‘Ć¤Â…Â‹ÂƒÂŽÂ?‡Â?–‡…‘Â?ŽƒÂ’Â—Â„ÂŽÂ‹Â…ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?†‡Žƒ•”†‡Â?ƒÂ?œƒ• generales de Montes de 22 de diciembre de 1833, en las que se contemplaba la creaciĂłn de una DirecciĂłn General de Montes, lo que a su vez obligaba a disponer de personas con formaciĂłn …‹‡Â?Â–Ă€Ć¤Â…Âƒ‡Â?Â?ƒ–‡”‹ƒˆ‘”‡•–ƒŽǤ‹‰Â?‘†‡”‡…‘”†ƒ”‡•ǥƒ•‹Â?‹•Â?‘ǥŽƒ’”‘Â?Â—ÂŽÂ‰ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?†‡—Â?†‡…”‡–‘ (1 de mayo de 1835) que disponĂ­a la creaciĂłn, en octubre de 1835, de una Escuela Especial de Ingenieros de Bosques, aunque su aplicaciĂłn se fue demorando. De hecho, hubo que esperar a otro decreto, promulgado el 18 de noviembre de 1846, para que la Escuela fuera †‡ƤÂ?‹–‹˜ƒÂ?‡Â?–‡Â…Â”Â‡ÂƒÂ†ÂƒÇĄƒ—Â?“—‡Žƒ•‡Â?Â•Â‡Ă“ÂƒÂ?œƒ•Â?‘•‡‹Â?‹…‹ƒ”‘Â?Šƒ•–ƒ‡ŽÍ™†‡‡Â?‡”‘†‡͙͜͠͠Ǥ A pesar de su evidente dimensiĂłn prĂĄctica, en la ingenierĂ­a de Montes espaĂąola la “modernizaciĂłnâ€? tuvo como uno de sus ejes preferentes de orientaciĂłn la ciencia; la “razĂłn econĂłmicaâ€?, que la hubo, por supuesto –los bosques constituĂ­an un valor evidente–, no fue lo •—Ƥ…‹‡Â?–‡Â?‡Â?–‡‹Â?’‘”–ƒÂ?–‡…‘Â?‘’ƒ”ƒ“—‡•‡’”‘†—Œ‡•‡ƒŽ‰‘“—‡ÂƒÂˆÂ‡Â…–×’”‘ˆ—Â?†ƒÂ?‡Â?–‡ƒ otros campos de los mundos hispanos relacionados con la tecnologĂ­a; a saber, la dependencia, o la invasiĂłn, de capital extranjero. •–‡‹Â?‘’—Â?–‘•‡Â?ƒÂ?Â‹Ć¤Â‡Â•Â–Âƒ…‘Â?’ƒ”–‹…—Žƒ”Â?‘–‘”‹‡†ƒ†‡Â?‡Ž…ƒ•‘†‡Žƒ‹Â?‰‡Â?Â‹Â‡Â”Ă€Âƒ†‡‹Â?ƒ•Ǥ La importancia de esta especialidad era tan obvia que la creaciĂłn de un centro de enseĂąanza superior no tuvo que esperar, como en el caso de la ingenierĂ­a de Montes, al siglo XIX: la Escuela de Ingenieros de Minas fue creada en 1777, bajo el reinado de Carlos III, en AlmadĂŠn (Ciudad Real) (cuando se fundĂł, apenas existĂ­an centros de este tipo en Europa; las Academias de Minas de Friburgo (Alemania) y de HungrĂ­a y el Instituto Especial de Minas de San Petersburgo (Rusia) fueron establecidas unos aĂąos antes, mientras que la Escuela parisina no hizo su apariciĂłn hasta 1778). Y esa misma importancia no pasĂł desapercibida en el extranjero, no siendo capaz EspaĂąa de aprovecharse completamente de semejante valor, como muestra el “—‡ƒƤÂ?ƒŽ‡•†‡Ž•‹‰Ž‘ Žƒ•…‘Â?Â’ÂƒĂ“Ă€ÂƒÂ•Â?ž•‹Â?’‘”–ƒÂ?–‡•“—‡‘’‡”ƒ„ƒÂ?‡Â?•—‡Ž‘Š‹•’ƒÂ?‘‡”ƒÂ? mayoritariamente extranjeras: RĂ­o Tinto Co. Ltd. (britĂĄnica), SociĂŠtĂŠ Minière et Metallurgique PeĂąarroya (francesa); Tharsis Sulphur and Cooper Co. Ltd. (britĂĄnica); Compaùía de Ă guilas (francesa); Compagnie Royale Asturienne des Mines (belga); y Orocnera Iron Ore Co. Ltd. (britĂĄnica). Todas tenĂ­an capitales superiores a las espaĂąolas que operaban en el campo: Sociedad MetalĂşrgica Duro-Felguera, Compaùía Minera de Sierra Menera, Sociedad Hullera, y a la franco-espaĂąola Compaùía EspaĂąola del Rif. Es cierto, por supuesto, que algunos historiadores de la economĂ­a han argumentado que las inversiones extranjeras tuvieron efectos positivos, debido al empleo que dieron a recursos ociosos (mano de obra y tĂŠcnicos), a la explotaciĂłn de unos yacimientos que, sin su presencia, •‡Š—„‹‡”ƒÂ?ƒ„ƒÂ?†‘Â?ÂƒÂ†Â‘ÇĄƒŽÂ?‡Â?‘•‡Â?Â’ÂƒÂ”Â–Â‡ÇĄ›ƒŽƒ‰‡Â?Â‡Â”ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?†‡—Â?‘•‹Â?’‘”–ƒÂ?–‡•ĆŞÂ—Œ‘•†‡ capital, decisivos a la hora de equilibrar la balanza de pagos, pero no es de esto de lo que yo me estoy ocupando aquĂ­, sino de la capacidad o incapacidad de sacar partido a las potenciales que la tĂŠcnica y la ciencia ponĂ­an a disposiciĂłn a lo largo del siglo XIX de los posibles interesados.

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Ciencia, tĂŠcnica y poder a propĂłsito de la pĂŠrdida de Cuba AbordarĂŠ por Ăşltimo otro aspecto de las relaciones entre “ciencia, tĂŠcnica y sociedadâ€?, uno en el que polĂ­tica y sociedad se mezclan de manera especialmente evidente en la EspaĂąa de ƤÂ?ƒŽ‡•†‡Ž•‹‰Ž‘ ›…‘Â?‹‡Â?œ‘•†‡ŽǤ En la historia de EspaĂąa de este periodo, un episodio destaca por sus consecuencias: la pĂŠrdida, en 1898, de Cuba en la guerra con Estados Unidos y con ella de los Ăşltimos vestigios del antiguo imperio americano colonial espaĂąol. Algunos asociaron la derrota con la situaciĂłn de la ciencia hispana. Uno de ellos fue Ricardo MacĂ­as Picavea (1847-1899), que en su cĂŠlebre libro, ÂŽ’”‘„Ž‡Â?ƒ nacional (1899), escrito muy poco tiempo despuĂŠs de “El desastreâ€?, manifestaba: “Sigue abundando entre los togados la garrulerĂ­a verbosa, investigadores originales, experimentalistas concienzudos, laboradores del conocimiento positivo en la literatura, en la historia, en la Ć¤ÂŽÂ‘ÂŽÂ‘Â‰Ă€ÂƒÇĄ‡Â?ŽƒÂˆĂ€Â•Â‹Â…ÂƒÇĄ‡Â?Žƒ“—ÀÂ?Â‹Â…ÂƒÇĄ‡Â?ŽƒÂ„Â‹Â‘ÂŽÂ‘Â‰Ă€ÂƒÇĄ‡Â?‡Ž†‡”‡…Š‘Č?ǤǤǤČ?Ǐ†×Â?†‡Ž‘•ÂŠÂƒÂ›ÇŤ—‡†‡ que lleguen hasta una docena de nombres propios, y tres o cuatro Institutos acadĂŠmicos o …‹‡Â?–ÀƤ…‘•Ǣ•‹‡Â?’”‡ǥ‡•‘•Àǥ‡Â?…‘Â?†‹…‹‘Â?‡•Šƒ”–‘Â?‘†‡•–ƒ•›’”‡…ƒ”‹ƒ•’‘”‡ŽÂ˜ÂƒÂ…Ă€Â‘ÂƒÂ•Ć¤ÂšÂ‹ÂƒÂ?–‡ de que se ven rodeadosâ€? . Y luego concluĂ­a: “Nuestra cultura es sĂłlo cultura de segunda mano, epidĂŠrmica, yuxtapuesta, no nacional, advenida casi exclusivamente por el arcaduz francĂŠsâ€?. Otro de los que se manifestĂł en semejante sentido fue nada mĂĄs y nada menos que Santiago ƒÂ?Ă—Â?›ƒŒƒŽȋ͙͠Í?ÍšÇŚÍ™ÍĄÍ›ÍœČŒÇĄ‡Ž‰”ƒÂ?…‹‡Â?–ÀƤ…‘Â‡Â•Â’ÂƒĂ“Â‘ÂŽÇĄ“—‡‡Â?—Â?ÂƒÂ”Â–Ă€Â…Â—ÂŽÂ‘“—‡’—„Ž‹…ׇÂ?͙ͥ͠͠‡Â? El Liberal manifestaba: Dz”ƒÂ?•ˆ‘”Â?ƒ” Žƒ ‡Â?Â•Â‡Ă“ÂƒÂ?œƒ …‹‡Â?Â–Ă€Ć¤Â…ÂƒÇĄ Ž‹–‡”ƒ”‹ƒ ‡ ‹Â?†—•Â–Â”Â‹ÂƒÂŽÇĄ Â?‘ ƒ—Â?‡Â?–ƒÂ?†‘ǥ …‘Â?‘ ƒŠ‘”ƒ estĂĄ de moda, el nĂşmero de asignaturas, sino enseĂąando de verdad y prĂĄcticamente lo que tenemos. Bajo este aspecto habrĂ­a que decir de nosotros cosas atroces. La media ciencia es, sin disputa, una de las causas mĂĄs poderosas de nuestra ruina. A la hora de manejar los caĂąones no les han faltado a nuestros artilleros conocimientos matemĂĄticos, sino la prĂĄctica de dar en el blanco. Digo lo mismo de los mĂŠdicos, fĂ­sicos, quĂ­micos y naturalistas; todos son doctĂ­simos pero pocos saben aplicar su ciencia a las necesidades de la vida y rarĂ­simos los que dominan los mĂŠtodos de investigaciĂłn hasta el punto de hacer descubrimientos. ƒ›“—‡…”‡ƒ”…‹‡Â?…‹ƒ‘”‹‰‹Â?ÂƒÂŽÇĄ‡Â?–‘†‘•Ž‘•ה†‡Â?‡•†‡Ž’‡Â?•ƒÂ?‹‡Â?–‘ǣĆ¤ÂŽÂ‘Â•Â‘ÂˆĂ€ÂƒÇĄÂ?ƒ–‡Â?ÂžÂ–Â‹Â…ÂƒÂ•ÇĄ quĂ­mica, biologĂ­a, sociologĂ­a, etcĂŠtera. Tras la ciencia original vendrĂĄ la aplicaciĂłn industrial de los ’”‹Â?…‹’‹‘•…‹‡Â?–ÀƤ…‘•ǥ’—‡••‹‡Â?’”‡„”‘–ƒƒŽŽƒ†‘†‡ŽŠ‡…Š‘Â?—‡˜‘ŽƒÂ‡ÂšÂ’ÂŽÂ‘Â–ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?†‡ŽÂ?‹•Â?‘ǥ‡• †‡…‹”ŽƒÂƒÂ’ÂŽÂ‹Â…ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?ƒŽƒ—Â?‡Â?–‘›ƒŽƒ…‘Â?ԠܠĠ†‡Žƒ˜‹†ƒǤÂŽƤÂ?ÇĄ‡Žˆ”—–‘†‡Žƒ…‹‡Â?…‹ƒƒ’Ž‹…ƒ†ƒƒ todos los Ăłrdenes de la actividad humana, es la riqueza, el bienestar, el aumento de la poblaciĂłn y la fuerza militar y polĂ­ticaâ€?. Y concluĂ­a: “Hemos caĂ­do ante los Estados Unidos por ignorantes y por dĂŠbiles, que, hasta negĂĄbamos su ciencia y su fuerza. Es preciso, pues, regenerarse por el trabajo y el estudioâ€?.

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El 23 de junio de 1899, ideas no muy diferentes a las de Cajal encontraban eco en las Cortes, donde el diputado Eduardo Vincenti manifestaba: “Yo no cesaré de repetir que, dejando a un lado un falso patriotismo, debemos inspirarnos en el ejemplo que nos ha dado los Estados Unidos. Este pueblo nos ha vencido no sólo por ser más fuerte, sino también por ser más instruido, más educado; de ningún modo por ser más valiente. Ningún yanqui ha presentado a nuestra escuadra o a nuestro ejército su pecho, sino una máquina inventada por algún electricista o algún mecánico. No ha habido lucha. Se nos ha vencido en el Žƒ„‘”ƒ–‘”‹‘›‡Žƒ•‘Ƥ…‹ƒ•ǡ’‡”‘‘‡‡Žƒ”‘‡Žƒ–‹‡””ƒdzǤ No se podía ser un país poderoso, se argumentaba, al margen de la ciencia y de la técnica. Todavía hoy, más de un siglo después, algunos seguimos creyendo eso. Las imágenes de libros reproducidas en este artículo corresponden a ediciones conservadas en el fondo antiguo de la Biblioteca de la Fundación Juanelo Turriano.

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UN EPISODIO DE LA HISTORIA DE LA CONSERVACIÓN DEL PATRIMONIO TECNOLÓGICO EN ESPAÑA. LA DESTRUCCIÓN DEL ARTIFICIO DE JUANELO EN 1868

DANIEL CRESPO DELGADO Fundación Juanelo Turriano

D

esde su creación, la Fundación Juanelo Turriano ha promovido la puesta en valor †‡Ž Ž‡‰ƒ†‘ †‡ Žƒ ‹‰‡‹‡”Àƒ › Žƒ –±…‹…ƒǡ ‘ •‹‡’”‡ •—Ƥ…‹‡–‡‡–‡ ƒ’”‡…‹ƒ†‘ › protegido. De hecho, una obra estrechamente vinculada con la Fundación revela la compleja historia de la conservación y preservación de este patrimonio en la España moderna. ‘•”‡ˆ‡”‹‘•ƒŽƒ‡’”‡•ƒž••‹‰‹Ƥ…ƒ†ƒ†‡ —ƒ‡Ž‘—””‹ƒ‘ǡ‡Ž…‘‘…‹†‘…‘‘”–‹Ƥ…‹‘†‡ Toledo, cuyos últimos restos materiales se dinamitaron a principios de 1868. Durante el siglo XIX la exportación, robo o destrucción de patrimonio histórico fue moneda común en España. La eliminación de obras del pasado en nombre del progreso o, simple y llanamente, su mera desaparición resultó habitual en un siglo tumultuoso como pocos. No todos permanecieron sordos ante el estruendo de tanta ruina. Lamentos y llamamientos en defensa del legado histórico español irrumpieron en artículos, libros, discursos, tertulias y hasta en los ámbitos de decisión política. La conservación patrimonial se convirtió en una ’”‡‘…—’ƒ…‹× ’ï„Ž‹…ƒǤ ‡ ƒŠÀ “—‡ Žƒ †‡‘Ž‹…‹× †‡Ž”–‹Ƥ…‹‘ †‡ —ƒ‡Ž‘—””‹ƒ‘ ‘ †‡Œƒ•‡ indiferente a ciertas personalidades e instituciones.

Šƒ”Ž‡•Ž‹ơ‘”†ǡ”…‘…‡–”ƒŽ†‡Ž’—‡–‡†‡Ž…ž–ƒ”ƒ›”—‹ƒ•†‡Ž ”–‹Ƥ…‹‘†‡ —ƒ‡Ž‘, 1858.

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El 1 de marzo de 1868, apareciĂł en El Averiguador, semanario nacional de corta pero intensa vida, un contundente artĂ­culo denunciando la destrucciĂłn del Ingenio de Juanelo. El encabezamiento del artĂ­culo no dejaba lugar a duda del juicio que la voladura le habĂ­a Â?‡”‡…‹†‘ ƒ •— ÂƒÂ—Â–Â‘Â”ÇŁ Ç˛Â„ÂƒÂ”Â„ÂƒÂ”Â‹Â‡ÇłÇ¤ ‘ Ƥ”Â?Ă— ‡Ž ’”‘’‹‘ †‹”‡…–‘” †‡Ž •‡Â?ƒÂ?ÂƒÂ”Â‹Â‘ÇĄ ’”‘Š‘Â?„”‡ †‡ las letras y la cultura decimonĂłnicas, Gregorio Cruzada Villaamil. Sus palabras no pasaron inadvertidas porque rĂĄpidamente la ComisiĂłn de Monumentos HistĂłricos y ArtĂ­sticos de Toledo redactĂł una carta en la que intentaba aclarar las circunstancias de la demoliciĂłn del ”–‹Ƥ…‹‘ › ‡š…—Ž’ƒ”•‡ †‡ –‘†ƒ ”‡•’‘Â?•ƒ„‹Ž‹†ƒ†Ǥ ‹…Šƒ …ƒ”–ƒ ˆ—‡ ’—„Ž‹…ƒ†ƒ ‡Â? El Averiguador del 22 de marzo de 1868, si bien acompaĂąada de profusas notas de Cruzada Villaamil en las que respondĂ­a uno por uno a los argumentos exculpatorios de la ComisiĂłn. Su tono crĂ­tico no menguĂł en estas notas. ‡”‘Žƒ˜‘Žƒ†—”ƒ†‡Ž‘•”‡•–‘•†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘Â?‘•×Ž‘…‘Â?Â?Â‘Â˜Â‹Ă—ƒ’‡”•‘Â?ƒŽ‹†ƒ†‡•‹Â?†‹˜‹†—ƒŽ‡•› encontrĂł eco en la prensa. Este caso consiguiĂł movilizar a las dos instituciones que tenĂ­an encomendado por el gobierno el control de la salvaguarda del patrimonio: la Real Academia de la Historia y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Los efectos devastadores de las desamortizaciones, guerras y otros desmanes que se sucedieron en las primeras dĂŠcadas del siglo XIX impulsaron la creaciĂłn de las llamadas Comisiones de Monumentos (1844). Establecidas en cada provincia, dichas comisiones asumieron la misiĂłn de velar por las antigĂźedades y el patrimonio de su respectiva regiĂłn, si bien se creĂł una ComisiĂłn Central para su supervisiĂłn y coordinaciĂłn. Aunque ya en 1857 las academias de historia y de bellas artes asumieron el papel de la Central, tal dependencia se …‘Â?Ƥ”Â?Ă—…‘Â?‡Ž”‡ƒŽ†‡…”‡–‘†‡͚͜†‡Â?‘˜‹‡Â?„”‡†‡͙͠͞Í?Ǥ•–‡†‡…”‡–‘ˆ—‡Žƒ‡•’‹Â?ƒ†‘”•ƒŽ de la legislaciĂłn espaĂąola sobre la conservaciĂłn patrimonial en las dĂŠcadas siguientes. No casualmente fue citado en varias ocasiones por quienes terciaron en la polĂŠmica desatada por Žƒ†‡Â?‘Ž‹…‹×Â?†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘Ǥ La normativa, pues, consagrĂł la responsabilidad de las academias de historia y de bellas artes en la protecciĂłn del patrimonio. Por ello no debiera sorprender su reacciĂłn ante la destrucciĂłn †‡Ž”–‹Ƥ…‹‘Ǥ En sesiĂłn ordinaria de la Academia de San Fernando celebrada el 10 de febrero de 1868, el ‹Â?ƪ—›‡Â?–‡‹Â?–‡Ž‡…–—ƒŽ‡†”‘†‡ƒ†”ƒœ‘†‹‘…—‡Â?–ƒDz†‡Ž†‡•Â?žÂ?ŽƒÂ?‡Â?–ƒ„Ž‡…‘Â?‡–‹†‘’‘”‡Ž Alcalde Corregidor de Toledo haciendo volar las ruinas de la cĂŠlebre construcciĂłn conocida por ‡Ž”–‹Ƥ…‹‘†‡ —ƒÂ?‡Ž‘dzǤƒ…ƒ†‡Â?Â‹ÂƒÇĄ•‘”’”‡Â?†‹†ƒ›Â†Â‹Â•Â‰Â—Â•Â–ÂƒÂ†ÂƒÇĄ†‡…‹†‹×†‡Â?—Â?…‹ƒ”‡•–‡Š‡…Š‘ al ministro de la GobernaciĂłn –de quien dependĂ­a la administraciĂłn provincial–, rogĂĄndole aclarase las circunstancias en las que se autorizĂł y llevĂł a cabo un acto que no se dudĂł en Â…ÂƒÂŽÂ‹Ć¤Â…ÂƒÂ”†‡˜ƒÂ?†žŽ‹…‘Ǥ La Academia de Historia tampoco permaneciĂł en silencio. Es mĂĄs, sus actuaciones fueron de Â?ƒ›‘”Â…ÂƒÂŽÂƒÂ†Â‘ÇĄ•‡‰—”ƒÂ?‡Â?–‡’‘”“—‡•‹‡Â?†‘Ž‘•”‡•–‘•†‡•–”—‹†‘•’‡”–‡Â?‡…‹‡Â?–‡•ƒ—Â?‡†‹Ƥ…‹‘ histĂłrico mĂĄs que artĂ­stico, lo considerĂł propio de su competencia. NombrĂł a dos de sus miembros para que se trasladasen a Toledo y recabasen informaciĂłn sobre las circunstancias de la detonaciĂłn. El encargo recayĂł sobre el ingeniero de caminos Eduardo Saavedra y 58


el abogado y arqueĂłlogo malagueĂąo Manuel Oliver y Hurtado. Actuaron con presteza ya que el 20 de febrero de 1868 elevaron un informe detallado a la Academia, que tras quedar enterada, les solicitĂł que junto al lĂ­der conservador Antonio CĂĄnovas del Castillo propusiesen “lo que haya de decir al Gobierno y a la ComisiĂłn provincial de monumentos de Toledoâ€?. El triunvirato Saavedra-Oliver-CĂĄnovas solicitĂł al gobierno que aclarase las responsabilidades de las autoridades locales que impulsaron esta empresa, en especial de su mĂĄximo instigador segĂşn todas las fuentes, el alcalde de Toledo. Las referencias a la ComisiĂłn de Toledo fueron mĂĄs contundentes si cabe. Los acadĂŠmicos manifestaron su sorpresa porque en ningĂşn momento, ni siquiera despuĂŠs de la voladura, la ComisiĂłn hubiese manifestado su oposiciĂłn o, simplemente, se lo hubiese comunicado a la Academia tal como la normativa –esto es, el citado reglamento de 1865– prescribĂ­a. Â?–‡‡•–ƒ•Â…Â”Ă€Â–Â‹Â…ÂƒÂ•ÇĄŽƒ‘Â?‹•‹×Â?†‡‘Ž‡†‘ÂƒÂ”Â‰Â—Â›Ă—“—‡Žƒ†‡Â?‘Ž‹…‹×Â?†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘•‡‹Â?Â•Â…Â”Â‹Â„Ă€Âƒ‡Â? un proyecto necesario para la ciudad y aprobado por el ayuntamiento y el gobernador. Nadie les habĂ­a consultado su parecer sobre el valor de los restos a destruir. No habĂ­an actuado de ‘Ƥ…‹‘–ƒŽ…‘Â?‘‘”†‡Â?ƒ„ƒ‡Ž†‡…”‡–‘†‡͙͠͞Í?’‘”“—‡…‘Â?•‹†‡”ƒ„ƒÂ?“—‡Ž‘“—‡’‡”Â?ƒÂ?Â‡Â…Ă€Âƒ‡Â? ’‹‡†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘Â?‘‡”ƒ—Â?ƒ‘„”ƒ†‡Ç˛Â˜Â‡Â”†ƒ†‡”‘Â?¹”‹–‘‘‹Â?–‡”¹•Â?ƒ…‹‘Â?ÂƒÂŽÇłÇ¤‡”‘ƒŽƒ…ƒ†‡Â?‹ƒ de Historia esta respuesta no le pareciĂł convincente y volviĂł a incidir en que lo ocurrido revestĂ­a especial gravedad al destruirse un importante monumento de la historia espaĂąola de manera impune, sin que un Ăłrgano competente examinase previamente su necesidad. —‡†ƒ Â…ÂŽÂƒÂ”Â‘ÇĄ ’—‡•ǥ “—‡ Žƒ ˜‘Žƒ†—”ƒ †‡Ž ”–‹Ƥ…‹‘ •—’—•‘ —Â? ”‡˜—‡Ž‘ …‘Â?•‹†‡”ƒ„Ž‡ ‡Â? Ž‘• Ăłrganos y estamentos implicados en la conservaciĂłn del patrimonio. El cruce de cartas entre instituciones e incluso en medios pĂşblicos como la prensa, nos permiten trazar las posiciones de los implicados, los principios que entraron en juego en la desapariciĂłn de los Ăşltimos ˜‡•–‹‰‹‘•†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘†‡ —ƒÂ?‡Ž‘›Ž‘•‡•‰”‹Â?ܠԥƒŽ˜ƒŽ‘”ƒ”†‹…Šƒ†‡•–”—……‹×Â?Ǥ Quienes lamentaron la demoliciĂłn partieron de una premisa: la indiscutible relevancia histĂłrica †‡Ž”–‹Ƥ…‹‘›ǥ’‘”…‘Â?•‹‰—‹‡Â?–‡ǥ†‡Ž‘•”‡•–‘•…‘Â?•‡”˜ƒ†‘•ǤÂ?ŽƒœƒÂ?†‘…‘Â?—Â?ƒÂ–Â”ÂƒÂ†Â‹Â…Â‹Ă—Â?‡•…”‹–ƒ nunca detenida desde que su complejo mecanismo se pusiese en funcionamiento en el Ăşltimo cuarto del siglo XVI, los eruditos decimonĂłnicos subrayaron el ingenio extraordinario, “mezcla rara de empirismo y de cienciaâ€?, que construyĂł el relojero cremonense Juanelo Turriano para izar, en mĂĄgico vuelo, las aguas del Tajo hasta el AlcĂĄzar toledano. Â‡Ă“ÂƒÂŽÂƒÂ”Â‘Â? “—‡ •—’—•‘ǥ –ƒŽ …‘Â?‘ Žƒ• ˆ—‡Â?–‡• …‘‡–žÂ?‡ƒ• Ž‘ Â”Â‡ĆŞÂ‡ÂŒÂƒÂ„ÂƒÂ?ÇĄ —Â?‘ †‡ Ž‘• ‹Â?˜‡Â?–‘• mĂĄs sorprendentes de su ĂŠpoca, testimoniando el alto grado de desarrollo alcanzado por Žƒ …‹‡Â?…‹ƒ › Žƒ –‡…Â?Â‘ÂŽÂ‘Â‰Ă€Âƒ ‡Â? Žƒ Â•Â’ÂƒĂ“Âƒ ”‡Â?ƒ…‡Â?–‹•–ƒǤ ‘ Â…ÂƒÂŽÂ‹Ć¤Â…ÂƒÂ”Â‘Â? …‘Â?‘ —Â?ƒ Ç˛Â‰ÂŽÂ‘Â”Â‹Âƒ ’ƒ”ƒ ‡Ž paĂ­s que aventajaba entonces al resto del mundo en la protecciĂłn dispensada a las artes, a las letras, a los inventos Ăştiles y a los nuevos descubrimientosâ€?. Un argumento en absoluto trivial en el siglo XIX, sacudido por una fuerte crisis de identidad colectiva y en el que EspaĂąa se sentĂ­a descolgada de los adelantos –especialmente tĂŠcnicos– que dĂ­a a dĂ­a y a una velocidad vertiginosa daban sus envidiados vecinos. —…‡”…ƒÂ?Ă€ÂƒƒŽƒ‘”–‡ƒ‰”ƒ˜ƒ„ƒÂƒĂŻÂ?Â?ž•ǥ•‹Â…ÂƒÂ„Â‡ÇĄŽƒ˜‘Žƒ†—”ƒ†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘Ǥ‘Â?‘•‡ƒ’—Â?–× desde la Academia de San Fernando, un paĂ­s que pretendĂ­a pasar por culto y civilizado no 59


podĂ­a permitirse la vergĂźenza de soportar la destrucciĂłn de un testimonio tan relevante de su historia y de su ciencia, a escasos cien kilĂłmetros de su capital, sin denunciarla. El prestigio del gobierno y de sus instituciones culturales se habĂ­a puesto en entredicho. ”‡Â?–‡ƒ‡ŽŽ‘ǥŽƒ‘Â?‹•‹×Â?†‡‘Â?—Â?‡Â?–‘•†‡‘Ž‡†‘†—†×†‡ŽƒÂ?ƒ›‘”ǤƤ”Â?Ă—Žƒ•‹‰Â?Â‹Ć¤Â…ÂƒÂ…Â‹Ă—Â? ÂŠÂ‹Â•Â–Ă—Â”Â‹Â…Âƒ †‡Ž”–‹Ƥ…‹‘ǥ ’‡”‘ …‘Â?•‹†‡”× Ž‘• ˜‡•–‹‰‹‘• …‘Â?•‡”˜ƒ†‘• †‡ ‡•…ƒ•ƒ ‹Â?’‘”–ƒÂ?Â…Â‹ÂƒÇĄ —Â? Dz•‹Â?’Ž‡”‡…—‡”†‘dzǤ‡‡•…—†ƒ”‘Â?‡Â?‡ŽŽ‘’ƒ”ƒÂŒÂ—Â•Â–Â‹Ć¤Â…ÂƒÂ”Â?‘Šƒ„‡”ƒ…–—ƒ†‘ƒÂ?–‡•—†‡•–”—……‹×Â?Ǥ ĥÂˆÂ‘Â–Â‘Â‰Â”ÂƒÂˆĂ€ÂƒÂ•›‰”ƒ„ƒ†‘•ƒÂ?–‡”‹‘”‡•ƒ•—†‡Â?‘Ž‹…‹×Â?”‡˜‡ŽƒÂ?“—‡Ž‘“—‡“—‡†ƒ„ƒ†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘ en 1868 era una arquerĂ­a doble de fĂĄbrica a orillas del Tajo. Esta arquerĂ­a conformarĂ­a el ’‡”ÀÂ?‡–”‘†‡Ž‡†‹Ƥ…‹‘“—‡ÂƒÂŽÂ„‡”‰×‘”‹‰‹Â?ƒ”‹ƒÂ?‡Â?–‡Žƒ•”—‡†ƒ•›•—•–‡Â?Â–ÂƒÂ”Ă€Âƒ‡Žƒ…—‡†—…–‘’ƒ”ƒ conducir el agua hasta el primer nivel de la maquinaria ideada por Juanelo. Incluso la ComisiĂłn llegĂł a poner en duda que tales muros perteneciesen a la obra originaria de Juanelo y no a —Â?ƒ †‡ Žƒ• ‹Â?–‡”˜‡Â?…‹‘Â?‡• ”‡ƒŽ‹œƒ†ƒ• ‡Â? ‡Ž”–‹Ƥ…‹‘ †—”ƒÂ?–‡ Ž‘• •‹‰Ž‘• 

 ‘ 

Ǥ”—œƒ†ƒ

Luis Masson,—‹Â?ĥ†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘†‡ —ƒÂ?‡Ž‘—””‹ƒÂ?‘(antes de 1868). FotografĂ­as de la Real Academia de la Historia.

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Villaamil contestó este intento de la Comisión de minusvalorar los vestigios dinamitados: su …‘Ƥ”ƒ…‹×†‡Žƒ‹’‘”–ƒ…‹ƒ†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘…‘ŽŽ‡˜ƒ„ƒŽƒ”‡Ž‡˜ƒ…‹ƒ†‡–ƒŽ‡•”‡•–‘•Ǥ‘…ƒ„Àƒ escudarse en que eran un “simple recuerdo”, anotando Villaamil que en demasiadas ocasiones “todas las grandes tradiciones y muchísimos hechos históricos” eran poco más que eso. Pero la Comisión no sólo arguyó sobre el valor o la relevancia de ciertos recuerdos. Era el ’”‡•‡–‡Ž‘“—‡ƒƤ”×‡•–ƒ„ƒ‡Œ—‡‰‘Ǥ–ƒŽˆ—‡‡Ž—†‘‰‘”†‹ƒ‘†‡–‘†‘‡•–‡ƒ•—–‘Ǥ •—•…‘—‹…ƒ…‹‘‡•ǡŽƒ‘‹•‹×‹•‹•–‹×‡”‡…‘”†ƒ”“—‡Žƒ†‡‘Ž‹…‹×†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘•‡Šƒ„Àƒ realizado por una razón de peso: para construir en ese mismo lugar –el más adecuado según los expertos– una moderna máquina hidráulica que elevase las aguas del Tajo a Toledo. El argumento era rotundo: habían desaparecido restos inútiles para erigir una obra necesaria ’ƒ”ƒŽƒ…‹—†ƒ†Ǥ‘Ƥƒ„ƒ‡‡•–‡’Žƒ–‡ƒ‹‡–‘›ƒ“—‡Žƒ‘‹•‹×‡”ƒ…‘•…‹‡–‡†‡“—‡•‹‡Ž problema lograba situarse o entenderse como un pulso entre el progreso y el pasado, su posición resultaría prácticamente inexpugnable. En la carta enviada a El Averiguador ƒƤ”ƒ”‘ que de no construir una obra moderna de abastecimiento en el mismo lugar, hubiese merecido la pena conservar las ruinas del ”–‹Ƥ…‹‘Ǥ ‡”‘ ”‡…‘”†ƒ”‘ “—‡ ‘Ž‡†‘ •‡ asentaba sobre una densa historia, casi tan sólida como la roca que le servía de base, y “—‡ …ƒ†ƒ —‘ †‡ •—• ‡†‹Ƥ…‹‘• –‡•–‹‘‹ƒ„ƒ su rico pasado. Pretender conservarlo todo sería embalsamar la ciudad, “condenar a este pueblo a la inmovilidad y renunciar en él a todo progreso”.

Alexandre de Laborde, Vista de Toledo en el ‘‰ƒ‰‡’‹––‘”‡•“—‡‡– Š‹•–‘”‹“—‡†‡Žǯ•’ƒ‰‡ǡ 1806-1820.

Cruzada Villaamil volvió a incidir en el peligro de abrazar alegremente ciertos principios. Si la utilidad devenía un criterio absoluto, ¿qué impedía arramblar con la antigua sinagoga de Santa María la Blanca, también sita en Toledo, y levantar en su lugar un matadero o una fábrica de velas? La conservación del patrimonio exigía ampliar los valores que entraban en juego al gestionar los lugares y el territorio. Aun así, era evidente que resultaba ‹•—Ƥ…‹‡–‡ƒ–‡‡Ž†‡„ƒ–‡’Žƒ–‡ƒ†‘ȋƒ‰—ƒ•À - agua no) remitirse a valores genéricos. Por ello, los “conservacionistas” propusieron que el agua para el abastecimiento de la ciudad se podía haber tomado en otro punto; incluso la Academia de Historia planteó dudas acerca de la ‡Ƥ…ƒ…‹ƒ†‡Ž’”‘›‡…–‘ƒ”‡ƒŽ‹œƒ”›”‡…‘”†×“—‡‡‡Ž…‘…—”•‘‘”‰ƒ‹œƒ†‘•‡Šƒ„Àƒ’”‡•‡–ƒ†‘ ‘–”‘• “—‡ •À …‘–‡’Žƒ„ƒ Žƒ …‘•‡”˜ƒ…‹× †‡ Ž‘• ”‡•–‘• †‡Ž ”–‹Ƥ…‹‘Ǥ ‡ –‘†‘• ‘†‘•ǡ es muy interesante comprobar que la Academia dejase bien claro en sus comunicaciones 61


institucionales que nunca habĂ­a pretendido que el respeto a las antigĂźedades supusiese un embarazo a la vida de los pueblos. Es mĂĄs, advirtiĂł del peligro de caer en un celo excesivo. ƒ…ƒ†‡Â?‹ƒ‹Â?•‹•–‹×‡Â?“—‡Â?‘•‡‘’‘Â?Ă€Âƒˆ”‘Â?–ƒŽÂ?‡Â?–‡ƒŽ†‡””‹„‘†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘•‹Â?‘ƒÂ…Ă—Â?‘•‡ ÂŠÂƒÂ„Ă€ÂƒÂ”Â‡ÂƒÂŽÂ‹ÂœÂƒÂ†Â‘ÇĄ†‹Â?ƒÂ?‹–žÂ?†‘•‡—Â?‡†‹Ƥ…‹‘Š‹•–×”‹…‘•‹Â?“—‡Ž‘Š—„‹‡•‡’”‡…‡†‹†‘—Â?‡šƒÂ?‡Â? †‡–‡Â?‹†‘ ’‘” —Â?ƒ ‹Â?•–‹–—…‹×Â? Â…Â—ÂƒÂŽÂ‹Ć¤Â…ÂƒÂ†ÂƒÇ¤ ‡•—Ž–ƒ„ƒ —Â? ’”‡…‡†‡Â?–‡ ’‡Ž‹‰”‘•‘ › Â?ž• ‡Â? —Â?ƒ EspaĂąa donde se acumulaban los ejemplos reveladores de que la preservaciĂłn del patrimonio era una asignatura pendiente. Pero el control y las garantĂ­as demandadas por la Academia de Historia resultaban difĂ­ciles de establecer. Las autoridades locales no siempre se someterĂ­an gustosas a un examen ajeno. Las exigencias del presente resultaban, en ocasiones, demasiado acuciantes como para depender de decisiones externas. Las fuentes insisten en que el ayuntamiento de Toledo, encabezado por su alcalde-corregidor Gaspar DĂ­az de Labandero, promoviĂł el abastecimiento de agua como una medida para la puesta al dĂ­a y mejora de los servicios de la ciudad. Fue una iniciativa mĂĄs de las sucedidas a lo largo del siglo para modernizar Toledo. Suministrar agua a ŽƒƒÂ?–‹‰—ƒ…ƒ’‹–ƒŽ–‡Â?Ă€Âƒƒ†‡Â?ž•—Â?Š‘Â?†‘•‹‰Â?Â‹Ć¤Â…ÂƒÂ†Â‘’ƒ”ƒŽ‘•–‘Ž‡†ƒÂ?‘•ǥ‹Â?ˆ—Â?†‹¹Â?†‘Ž‡•ƒŽ‰‘ †‡…‘Â?Ć¤ÂƒÂ?œƒ‡Â?•—‹Â?…‹‡”–‘ˆ—–—”‘Ǥ‘•×Ž‘‡”ƒƒ‰—ƒŽ‘“—‡•‡’”‡–‡Â?Â†Ă€ÂƒŽŽ‡˜ƒ”Ǥ PrĂĄcticamente desde su fundaciĂłn, el abastecimiento de agua de la ciudad habĂ­a supuesto un grave problema. Con el desarrollo tecnolĂłgico vivido en el siglo XIX, el consistorio toledano reviviĂł el sueĂąo largamente acariciado de hacer llegar mecĂĄnicamente el vital elemento a la ciudad. De mediados de siglo datan los primeros proyectos en este sentido, mas fue el presentado en 1861 por el ingeniero Luis de la Escosura el que, al menos en parte, se realizĂł. PreveĂ­a la traĂ­da de agua desde la fuente del Cardenal de la dehesa de La Pozuela para el consumo humano y la elevaciĂłn de aguas del Tajo para los otros usos. La captaciĂłn de La Pozuela se concluyĂł en 1863, pero el proyecto de Escosura de elevaciĂłn de aguas del Tajo acabĂł desechĂĄndose. El ayuntamiento convocĂł un concurso en 1865 para que se presentasen otros proyectos de elevaciĂłn desde el Tajo, manteniendo la toma en el paraje de AlcĂĄntara y el AlcĂĄzar como cota ya establecida por Escosura como mĂĄs conveniente. En 1867 el ayuntamiento aprobĂł el proyecto del ingeniero JosĂŠ LĂłpez Vargas, cuyas obras, como sabemos, se iniciaron a principios de 1868 con una voladura. El dĂ­a que se inaugurĂł la traĂ­da de aguas de las fuentes de La Pozuela, el ayuntamiento organizĂł unos sonoros festejos. TambiĂŠn la puesta en funcionamiento en enero de 1870 de Žƒƒ•ƒŽ‡˜ƒ†‘”ƒ†‡Ă—’‡œƒ”‰ƒ••‘„”‡‡ŽƒÂ?–‹‰—‘”–‹Ƥ…‹‘Â?Â‘Â–Â‹Â˜Ă—…‡Ž‡„”ƒ…‹‘Â?‡•Ǥƒ”ƒ—Â?ƒ ciudad consciente de su decadencia, imbuĂ­a de esperanza llevar a cabo una obra como la del abastecimiento, que suponĂ­a superar una carencia secular y dotarse de una infraestructura moderna. Tanto la Academia de San Fernando como los acadĂŠmicos enviados por la de Historia a Toledo ’ƒ”ƒ ƒ…Žƒ”ƒ” Žƒ• …‹”…—Â?•–ƒÂ?…‹ƒ• †‡ Žƒ ˜‘Žƒ†—”ƒ †‡Ž ”–‹Ƥ…‹‘ǥ Â•Â‡Ă“ÂƒÂŽÂƒÂ”Â‘Â? ƒŽ ƒŽ…ƒŽ†‡ ƒ„ƒÂ?†‡”‘ como su principal instigador. Le reconocieron su celo modĂŠlico, pero tambiĂŠn su ansia de protagonismo que lo llevaba a querer abanderar cualquier obra que supusiese una mejora de la ciudad. Para la comisiĂłn extraordinaria de la Academia de Historia, fue su pretensiĂłn 62


de obtener toda la gloria de acometer la empresa de la subida de las aguas del Tajo, la que empujĂł a Labandero a actuar con premura y saltarse cualquier formalidad. Las circunstancias del momento, ademĂĄs, incitaron al alcalde. Toledo sufrĂ­a una fuerte crisis producida por una intensa sequĂ­a, un alza de los precios del pan y un paro abrumador. La situaciĂłn de las clases populares era insostenible y la realizaciĂłn de obras pĂşblicas suponĂ­a un medio para procurar trabajo. De hecho, la diputaciĂłn provincial, con el gobernador a la cabeza, y el ayuntamiento de Labandero impulsaron distintas obras para aliviar la penosa situaciĂłn social. Los comisionados de la Academia de Historia detectaron rivalidades entre el gobernador y el alcalde, en especial por parte del segundo. AsĂ­, la rapidez …‘Â?Žƒ“—‡ƒ„ƒÂ?†‡”‘‹Â?•–‹‰×Žƒ˜‘Žƒ†—”ƒ†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘Žƒ‡š’Ž‹…ƒ„ƒÂ?’‘”•—’”‹•ƒ en “anticiparse a otra obra pĂşblica y en mayor escala que el gobernador preparaba con parecido objetoâ€?. Ante una obra como la del abastecimiento de agua, largamente anhelada y que ademĂĄs se presentaba como un alivio de los mĂĄs necesitados, la Academia se explicaba el silencio de la ComisiĂłn de Monumentos y de hasta el mismĂ­simo gobernador. La ecuaciĂłn agua y pan frente a pasado resultaba demasiado contundente como para oponerse a ella sin levantar recriminaciones en la ciudad. Aun asĂ­, la Academia de la Historia subrayĂł que las urgencias y necesidades polĂ­ticas, aunque superpuestas a las mĂĄs urgentes de la sociedad, no podĂ­an consagrarse como un criterio exclusivo en la determinaciĂłn del destino del patrimonio histĂłrico.

Francisco Javier Parcerisa, Puente de AlcĂĄntara con las ruinas del ”–‹Ƥ…‹‘ǥ‡Â?‡…—‡”†‘•›„‡ŽŽ‡œƒ•†‡Â•Â’ÂƒĂ“Âƒ, 1853.

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‡•‰”ƒ…‹ƒ†ƒÂ?‡Â?–‡ǥ –”ƒ• ‡Ž †‡””‹„‘ †‡Ž ”–‹Ƥ…‹‘ǥ Â?‹ ‡Ž hambre ni la miseria desaparecieron de Toledo. En cuanto al abastecimiento de agua, la elevadora de LĂłpez Vargas arrastrĂł problemas desde su inauguraciĂłn y no consiguiĂł solucionar el problema del suministro de ÂƒÂ‰Â—ÂƒÇĄ —Â? –‡Â?ƒ Â?‘ ”‡•—‡Ž–‘ †‡ƤÂ?‹–‹˜ƒÂ?‡Â?–‡ Šƒ•–ƒ „‹‡Â? entrado el siglo XX. Ž‡‰ƒ†‘•ƒ‡•–‡’—Â?–‘ǥ’‘†‡Â?‘•ÂƒĆ¤Â”Â?ƒ”“—‡Žƒ˜‘Žƒ†—”ƒ †‡Ž ”–‹Ƥ…‹‘ …‘Â?†‡Â?•× ƒŽ‰—Â?‘• †‡ Ž‘• Â†Â‡Â•ÂƒÂˆĂ€Â‘Â• “—‡ Žƒ conservaciĂłn del patrimonio histĂłrico presentĂł a lo largo del siglo XIX. DesafĂ­os que, no pocos, siguen presentes en cierta medida. En primer lugar, nos revela la falta de una legislaciĂłn clara y de unos instrumentos precisos para su aplicaciĂłn. Sin catĂĄlogo monumental o alguna categorĂ­a ’ƒ–”‹Â?‘Â?‹ƒŽ Â‡Â•Â’Â‡Â…Ă€Ć¤Â…Âƒ …‘Â?…‡†‹†ƒ ’‘” Žƒ• ÂƒÂ—Â–Â‘Â”Â‹Â†ÂƒÂ†Â‡Â•ÇĄ de nada se podĂ­a culpar a los promotores del derribo †‡Ž”–‹Ƥ…‹‘‡š…‡’–‘†‡ƒŽ‰—Â?ƒˆƒŽ–ƒĠÂ?‹Â?‹•–”ƒ–‹˜ƒŽ‡˜‡ o de una disposiciĂłn incorrecta; las competencias de unas ya de por sĂ­ voluntariosas comisiones provinciales –ƒÂ?’‘…‘”‡•—Ž–ƒ„ƒÂ?…Žƒ”ƒ•ǤÂšÂ‹Â•Â–Ă€ÂƒÇĄ’—‡•ǥ†‡Â?ƒ•‹ƒ†ƒ‹Â?†‡ƤÂ?‹…‹×Â?’ƒ”ƒ—Â?’”‘„Ž‡Â?ƒ…‘Â?’Ž‡Œ‘ › ’ƒ”ƒ —Â?ĥ ‹Â?•–‹–—…‹‘Â?‡• …ƒ”‡Â?–‡• †‡ Žƒ •—Ƥ…‹‡Â?–‡ •‘Ž‹†‡œǤ Â? •‡‰—Â?†‘ ÂŽÂ—Â‰ÂƒÂ”ÇĄ Žƒ •‘…‹‡†ƒ† decimonĂłnica experimentaba profundas transformaciones no siempre fĂĄciles de armonizar con los restos materiales del pasado. Esperanzados por lo moderno, los hombres del siglo XIX vieron no pocas veces el pasado como un inconveniente o un lastre. La falta permanente de recursos de un paĂ­s empobrecido no ayudaba ni a conservar ni a promover polĂ­ticas de largo alcance. Las carencias de dinero eran excesivas como para oponer otras realidades. AsĂ­, el ”–‹Ƥ…‹‘•‡†‹Â?ƒÂ?‹–×’‘”“—‡”‡•—Ž–ƒ„ƒÂ?ž•„ƒ”ƒ–‘“—‡Â?ƒÂ?–‡Â?‡”Ž‘‘‹Â?–‡‰”ƒ”Ž‘‡Â?—Â?ƒÂ?—‡˜ƒ obra. Aunque en crecimiento, el turismo, a mediados del siglo XIX, todavĂ­a no habĂ­a alcanzado un desarrollo tal como para que el patrimonio proporcionase ingresos notables. TambiĂŠn se Â…ÂƒÂ”Â‡Â…Ă€Âƒ†‡•—Ƥ…‹‡Â?–‡•‡Â?•‹„‹Ž‹†ƒ†ǤÂ?•—•‹Â?ˆ‘”Â?‡••‘„”‡‡•–‡Â…ÂƒÂ•Â‘ÇĄŽƒ…ƒ†‡Â?‹ƒ†‡ ‹•–‘”‹ƒ incidiĂł en que uno de los objetivos de las comisiones provinciales debĂ­a ser crear un clima favorable entre las autoridades y la opiniĂłn pĂşblica respecto al patrimonio. La Academia era consciente de que la protecciĂłn del patrimonio pendĂ­a, en Ăşltimo tĂŠrmino, de un cambio de sensibilidad. La multiplicaciĂłn de escritos, incluso en la prensa, distribuida entre un pĂşblico amplio y heterogĂŠneo, defendiendo la necesidad de preservar el patrimonio histĂłrico cumpliĂł un papel clave en la conformaciĂłn de dicha sensibilidad.

Luis de la Escosura, ÂŽ”–‹Ƥ…‹‘†‡ —ƒÂ?‡Ž‘›‡Ž—‡Â?–‡†‡ —Ž‹‘ÂąÂ•ÂƒÂ”, Madrid, 1888.

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A mediados del siglo XIX, la preocupaciĂłn por la conservaciĂłn del patrimonio no era en absoluto desconocida en EspaĂąa, manejĂĄndose conceptos y principios que iban adquiriendo progresiva consistencia. No deja de ser revelador que la Academia de Historia defendiese la ‹Â?’‘”–ƒÂ?…‹ƒÂŠÂ‹Â•Â–Ă—Â”Â‹Â…Âƒ†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘…‘Â?‘Dz—Â?‹Â?†‹…‹‘’ƒ”ƒ‡Ž‡•–—†‹‘›…‘Â?‘…‹Â?‹‡Â?–‘†‡Ž‡•–ƒ†‘ de las ciencias mecĂĄnicasâ€? en el momento de su construcciĂłn. En otro lugar se dijo que era un monumento que servirĂ­a “de estudio para los progresos del arte y de la industria humanaâ€?. Esto es, el legado tĂŠcnico, aquel que permitĂ­a analizar un elemento ya juzgado determinante


’ƒ”ƒ‡Ž†‡•ƒ””‘ŽŽ‘†‡Žƒ••‘…‹‡†ƒ†‡•…‘Â?‘‡Ž•ƒ„‡”…‹‡Â?–ÀƤ…‘›–‡…Â?‘Ž×‰‹…‘ǥ•‡…‘Â?Â•Â‹Â†Â‡Â”ÂƒÂ„ÂƒÇĄ con pleno derecho, patrimonio histĂłrico de un paĂ­s. De todos modos, la ComisiĂłn de Toledo ‹Â?ÂˆÂ”ÂƒÂ˜ÂƒÂŽÂ‘Â”Ă—Ž‘•”‡•–‘•†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘ÂƒĆ¤Â”Â?ƒÂ?†‘“—‡‡”ƒÂ?—Â?ƒÂ?‡”ƒÂƒÂ”Â“Â—Â‡Â”Ă€Âƒ•‹Â?Ç˛Â˜Â‡Â”Â†ÂƒÂ†Â‡Â”Â‘Â?¹”‹–‘ ‘‹Â?–‡”¹•Â?ƒ…‹‘Â?ÂƒÂŽÇłÇ¤•Â?ž•ǥ‡ŽÂ?—‡˜‘‡†‹Ƥ…‹‘“—‡•‡‹„ƒƒ‡”‹‰‹”‡Â?•—Ž—‰ƒ”…—Â?Â’ÂŽÂ‹Â”Ă€ÂƒŽƒÂ?‹•Â?ƒ ˆ—Â?…‹×Â?“—‡‡Ž”–‹Ƥ…‹‘ǥÂ?‘Šƒ„‹‡Â?†‘DzÂ?‘–‹˜‘’ƒ”ƒŽŽ‘”ƒ”ŽƒÂ’ÂąÂ”Â†Â‹Â†Âƒ†‡Žƒ•”—‹Â?ĥ†‡ —ƒÂ?‡Ž‘•‹ Ž‘“—‡‡ŽŽƒ••‹‰Â?Â‹Ć¤Â…ÂƒÂ„ÂƒÂ?Šƒ†‡”‡‡Â?’Žƒœƒ”•‡…‘Â?‘–”ƒ…‘•ƒÂ?ž•‹Â?–‡”‡•ƒÂ?–‡dzǤƒ‹†‡Â?Â–Â‹Ć¤Â…ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?ÇĄ pues, de las dos obras, la vieja y la nueva, al cumplir una misma funciĂłn que era la que se creyĂł Žƒ•†‡ƤÂ?Ă€ÂƒÇĄˆ—‡–ƒŽ“—‡Â?‘•‡ŽƒÂ?‡Â?–׎ƒÂ’ÂąÂ”Â†Â‹Â†Âƒ†‡ŽƒÂŠÂ‹Â•Â–Ă—Â”Â‹Â…ÂƒÇ¤ En EspaĂąa la puesta en valor y la conservaciĂłn del patrimonio tecnolĂłgico, observado eminentemente desde dicha funcionalidad prĂĄctica, fue lenta. Hasta los aĂąos setenta del siglo Â?‘’‘†‡Â?‘•†‡…‹”“—‡ˆ—‡•‡—Â?’”‹Â?…‹’‹‘ˆ—‡”–‡Â?‡Â?–‡ƒ””ƒ‹‰ƒ†‘ǤÂŽ…ƒ•‘†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘ˆ—‡ excepcional porque la preocupaciĂłn decimonĂłnica por la preservaciĂłn patrimonial se centrĂł en el legado histĂłrico (entendido ĂŠste desde un punto de vista tradicional) y artĂ­stico. Y lo fue ’‘”“—‡‡Ž”–‹Ƥ…‹‘‡”ƒ—Â?ƒ‘„”ƒĂŻÂ?‹…ƒ‡Â?‡Ž’ƒÂ?‘”ƒÂ?ƒ–‡…Â?‘Ž×‰‹…‘Â‡Â•Â’ÂƒĂ“Â‘ÂŽÇĄƒŽÂ?‡Â?‘•‡Â?…—ƒÂ?–‘ ƒ •— ˆƒÂ?ƒ •‡ ”‡Ƥ‡”‡Ǥ ‡•†‡ •— Â…Â”Â‡ÂƒÂ…Â‹Ă—Â? ÂŠÂƒÂ„Ă€Âƒ †‡•’‡”–ƒ†‘ —Â?ƒ ĠÂ?Â‹Â”ÂƒÂ…Â‹Ă—Â? ‹Â?…‘Â?’ƒ”ƒ„Ž‡ “—‡ ÂŠÂƒÂ„Ă€Âƒ ŽŽ‡‰ƒ†‘ ƒ ”‡…‘‰‡”•‡ ‡Â? †‡•–ƒ…ƒ†ƒ• ˆ—‡Â?–‡• Ž‹–‡”ƒ”‹ƒ• ‡ ÂŠÂ‹Â•Â–Â‘Â”Â‹Â‘Â‰Â”ÂžĆ¤Â…ÂƒÂ•ÇĄ Ž‘‰”ƒÂ?†‘ mantener viva su memoria todavĂ­a mucho tiempo despuĂŠs de que dejase de funcionar. AdemĂĄs, pertenecĂ­a a una ĂŠpoca considerada gloriosa para el paĂ­s, una suerte de siglo de ‘”‘ǥ›•‡—„‹…ƒ„ƒ‡Â?—Â?ƒ…‹—†ƒ††‡’”‘ˆ—Â?†‘••‹‰Â?Â‹Ć¤Â…ÂƒÂ†Â‘Â•Š‹•–×”‹…‘•›•‹Â?„׎‹…‘•Ǥ‡ÂƒÂŠĂ€“—‡ las proclamas para su conservaciĂłn como legado tĂŠcnico fuesen mĂĄs una excepciĂłn que una norma en el panorama espaĂąol de mediados del siglo XIX. No obstante, nuestras Ăşltimas ÂŽĂ€Â?‡ƒ•ŠƒÂ?”‡˜‡Žƒ†‘“—‡Žƒ‹†‡ƒ†‡’ƒ–”‹Â?‘Â?‹‘…‹‡Â?–ÀƤ…‘nj–¹…Â?‹…‘Â‡ÂšÂ‹Â•Â–Ă€ÂƒÇĄƒ—Â?“—‡Â?‹‡Ž…‘Â?…‡’–‘ Â?‹Žƒ‡š…‡’…‹‘Â?ƒŽ‹†ƒ††‡ŽÂ?‘Â?—Â?‡Â?–‘…‘Â?•‹‰—‹‡•‡Â?‡˜‹–ƒ”“—‡Ž‘•”‡•–‘•†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘ǥ—Â?Â†Ă€Âƒ†‡ principios de 1868, volasen por los aires. La conservaciĂłn del patrimonio de la ingenierĂ­a civil tambiĂŠn tuvo una lenta implantaciĂłn. La antigĂźedad y monumentalidad de alguna de sus obras hicieron que, desde fechas tempranas, ciertos puentes y acueductos se protegiesen e incluso se restaurasen con criterios historicistas. Pero paralelamente se sucedieron destrucciones y violentas adaptaciones a los usos modernos por su consideraciĂłn de meros artefactos Ăştiles. En ciertos casos se generĂł una interesante documentaciĂłn (prĂĄcticamente inĂŠdita y que la FundaciĂłn se encuentra en estos momentos recopilando) que revela que en el siglo XIX y primeras dĂŠcadas del XX surgiĂł una preocupaciĂłn y se iniciĂł un debate en torno al legado ingenieril y tĂŠcnico. Debate que sigue necesitado de ideas, estudios y recursos, de instituciones implicadas en ello y que desarrollen la consideraciĂłn de que las obras de ingenierĂ­a y tecnolĂłgicas son, tambiĂŠn y en su acepciĂłn mĂĄs elevada, cultura. En una de las Ăşltimas publicaciones de la FundaciĂłn Juanelo Turriano, a cargo de Inmaculada Aguilar, se expone con solidez cĂłmo ya los ingenieros del siglo XIX tuvieron una amplia visiĂłn de su disciplina, ahondando en su historia y marcando unos caminos que, a principios del siglo XXI, siguen teniendo sentido pleno para hacer del legado de la ingenierĂ­a y la tĂŠcnica un elemento activo de desarrollo y enriquecedor de la sociedad.

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historia de la fundaci贸n


Vida y obra

Juanelo Turriano Nacido en Cremona hacia 1500, Juanelo Turriano alcanzó fama y reconocimiento por sus trabajos como ingeniero, relojero y astrónomo. Desarrolló sus primeros trabajos ‡—‘†‡Ž‘•’”‹…‹’ƒŽ‡•ˆ‘…‘•…‹‡–ÀƤ…‘•›…—Ž–—”ƒŽ‡•†‡ la época, el norte de Italia, alcanzando gran notoriedad. Acompañó a Carlos V a Yuste y tras la muerte del Emperador entró al servicio de Felipe II, encargándose de diversas tareas ingenieriles y astronómicas.

JUANELO TURRIANO

‡•—’‡”‹‘†‘‡•’ƒÓ‘Ž†‡•–ƒ…ƒ‡Ž”–‹Ƥ…‹‘ǡ—ƒ•‘”’”‡dente máquina para elevar el agua del Tajo hasta el Alcázar de Toledo. En 1585, murió en Toledo endeudado y arruinado, pero habiendo dejado tras de sí uno de los Ž‡‰ƒ†‘•–±…‹…‘•›…‹‡–ÀƤ…‘•ž•‘–ƒ„Ž‡•›…ƒ”ƒ…–‡”À•–‹cos del Renacimiento.

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Vida y obra

Las investigaciones de José Antonio García-Diego sobre Juanelo Turriano se plasmaron en este libro, publicado en 1982 en español y 1986 en inglés, anterior por tanto a la creación de la Fundación. Esta biografía no recoge la última etapa de la vida y obra del cremonense, lo que se proyectaba hacer en un libro posterior, titulado El relojero y el río, pero que García-Diego ya no pudo concluir.

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JUANELO TURRIANO

Aunque los estatutos de la Fundación no lo contemplen de forma expresa, la promoción y difusión de los trabajos de investigación sobre Juanelo Turriano han sido siempre un objetivo prioritario de las actividades fundacionales, como muestran estos libros que recogen diversos aspectos de la biografía y trabajos del ingeniero lombardo.

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Vida y obra

Pedro Laín Entralgo, presidente de la Comisión Asesora, interviene en el acto de presentación del libro Breve Discurso a su Majestad el Rey Católico en torno a la reducción del año y reforma del calendario, que tuvo lugar en el Instituto Italiano de Cultura en 1990. A su lado, José Antonio García-Diego y Antonio Rumeu de Armas, vicepresidente de la Comisión.

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JUANELO TURRIANO

Con motivo de la exposición Felipe II. Los ingenios y las máquinas, se realizó una reproducción del busto de Juanelo que se custodia en el Museo de Santa Cruz de Toledo, reproducción que actualmente preside el vestíbulo de la sede de la Fundación.

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ยŽย”ย–ย‹ฦคย…ย‹ย‘ย†ย‡ย‘ยŽย‡ย†ย‘ ย‘ย…ยƒย• ย‘ย„ย”ยƒย• ย†ย‡ ย‹ยย‰ย‡ยย‹ย‡ย”ร€ยƒ ยŠยƒย ยƒยŽย…ยƒยยœยƒย†ย‘ ยŽยƒ ยˆยƒยยƒ ย†ย‡ยŽ ย”ย–ย‹ฦคย…ย‹ย‘ ย†ย‡ ย—ยƒยย‡ยŽย‘วค ยŽ ย’ย”ย‹ยย‡ย” ยย‰ย‡ยย‹ย‘ ย‡ยย–ย”ร— ย‡ย ย•ย‡ย”ย˜ย‹ย…ย‹ย‘ ย‡ย อ™ออžอก y un segundo en 1581, con la intenciรณn de llevar el agua del Tajo hasta el Alcรกzar de Toledo. Juanelo tuvo que superar un desnivel de casi cien metros, una extraordinaria distancia para la รฉpoca. Admirado por todos aquellos que tuย˜ย‹ย‡ย”ย‘ย ย‘ย…ยƒย•ย‹ร—ย ย†ย‡ ย˜ย‡ย”ยŽย‘วก ย‡ยŽ ย”ย–ย‹ฦคย…ย‹ย‘ ยˆย—ย‡ ย…ย‹ย–ยƒย†ย‘ ย’ย‘ย” ยย—ยย‡ย”ย‘ย•ย‘ย• ย‡ย•ย…ย”ย‹ย–ย‘ย”ย‡ย• ย› ย‡ย”ย—ย†ย‹ย–ย‘ย•วค ยƒ ย…ย‘ยย’ยŽย‡ยŒย‹ย†ยƒย† ย†ย‡ยŽ ยย‰ย‡ยย‹ย‘ ยŠย‹ยœย‘ que rรกpidamente se abandonase y a principios del siglo XVII dejรณ de funcionar. En 1868 se volaron sus รบltimos restos. ยƒ ย—ยย†ยƒย…ย‹ร—ย ย’ย‘ย•ย‡ย‡ ยƒย„ย—ยย†ยƒยย–ย‡ ย‘ย„ย”ยƒ ย‰ย”ยžฦคย…ยƒ ย”ย‡ยŽยƒย–ย‹ย˜ยƒ ยƒยŽย”ย–ย‹ฦคย…ย‹ย‘วกยƒย—ยย“ย—ย‡ ยŽยƒย• ย‹ยยžย‰ย‡ยย‡ย•วก ยย‘ ย•ย‹ย‡ยย’ย”ย‡ ย†ย‡ ย‰ย”ยƒย ย”ย‹ย‰ย‘ย” ย†ย‘ย…ย—ยย‡ยย–ยƒยŽวก ยย—ย‡ย•ย–ย”ยƒยยŽยƒย‘ย„ย”ยƒย…ย‹ย˜ย‹ยŽย’ย‡ย”ย‘ยย—ยย…ยƒยŽยƒยยƒย“ย—ย‹ยยƒย”ย‹ยƒวกย…ย—ย›ยƒย‡ยšยƒย…ย–ยƒย…ย‘ยฦคย‰ย—ย”ยƒย…ย‹ร—ยย•ย‹ย‰ย—ย‡ย•ย‹ย‡ยย†ย‘ย—ยย‡ยย‹ย‰ยยƒวค

ร“leo sobre cartรณn, de autor anรณnimo, en el que se repreย•ย‡ยย–ยƒยยŽยƒย•ย”ย—ย‹ยยƒย•ย†ย‡ยŽย”ย–ย‹ฦคย…ย‹ย‘ย†ย‡ ย—ยƒยย‡ยŽย‘ย’ย‘ย…ย‘ยƒยย–ย‡ย•ย†ย‡ย•ย— voladura en 1868. Adquirido en 2011.

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JUANELO TURRIANO

Una de las imรกgenes mรกs conocidas de los edificios que albergaban el Artificio es este grabado fechado hacia 1650. Puede verse la sucesiรณn de cuerpos escalonados con cubiertas a un agua que ascienden hasta encontrar el Alcรกzar junto a una de sus torres.

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Ž”–‹Ƥ…‹‘†‡‘Ž‡†‘

͙͡͡͠Žƒ —†ƒ…‹×ƒ…–—ƒŽ‹œ×Ž‘•ƒ–‹‰—‘•–”ƒ„ƒŒ‘•†‡”‡…‘•–”—……‹×’ƒ”…‹ƒŽ†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘ǡ”‡†ƒ…–ž†‘•‡Ž‘•’”‘›‡…–‘•†‡‡Œ‡…—…‹×†‡‡†‹Ƥ…‹‘›ƒ“—‹ƒ”‹ƒǡ’‡”‘…‘‘‡Ž‘•‹–‡–‘•ƒ–‡”‹‘”‡•–ƒ’‘…‘‡‡•–‡…ƒ•‘’—†‹‡”‘‡Œ‡…—–ƒ”•‡Žƒ•‘„”ƒ•Ǥ‡•–ƒ sección pueden verse las torres de cucharones oscilantes, diseño elaborado a partir de la solución propuesta por Ladislao Reti.

ƒ“—‡–ƒ†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘“—‡•‡…—•–‘†‹ƒ‡Žƒ‹’—tación de Toledo, realizada por José Luis Peces Ventas siguiendo las ideas de Ladislao Reti.

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El presidente de la FundaciĂłn, Victoriano MuĂąoz Cava, presenta Žƒ…‘Â?ˆ‡”‡Â?…‹ƒ“—‡•‘„”‡ —ƒÂ?‡Ž‘›•—”–‹Ƥ…‹‘’”‘Â?—Â?…‹×Ă ngel Moreno, doctor ingeniero del ICAI y asesor de la FundaciĂłn, en la sede del Colegio de Ingenieros Industriales de Madrid.

JUANELO TURRIANO

AdemĂĄs de la hipĂłtesis de Reti ha habido otras propuestas de soluciĂłn del mecanismo del ArtiƤ…‹‘ǥ…‘Â?‘Žƒ‡Žƒ„‘”ƒ†ƒ’‘”‡Ž‹Â?‰‡Â?‹‡”‘ƒ˜‹‡” Jufre, publicada en 2008 con la colaboraciĂłn de la FundaciĂłn.

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Ž”–‹Ƥ…‹‘†‡‘Ž‡†‘

Â?ÍšÍ˜Í™Í˜ÇŚÍšÍ˜Í™Í™Žƒ —Â?Â†ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?’”‘Â?Â‘Â˜Â‹Ă—ÂŽÂƒÇĄŠƒ•–ƒŽƒÂˆÂ‡Â…ÂŠÂƒÇĄ’”‹Â?‡”ƒÂ‡ÂšÂ…ÂƒÂ˜ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?ÂƒÂ”Â“Â—Â‡Â‘ÂŽĂ—Â‰Â‹Â…Âƒ†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘†‡ —ƒÂ?‡Ž‘ǤŽ‡˜ƒ†ƒƒ…ƒ„‘ ’‘” —ƒÂ?ƒÂ?—‡Ž‘Œƒ•›•—‡“—‹’‘ǥŽ‘•–”ƒ„ƒŒ‘••‡…‡Â?–”ƒ”‘Â?‡Â?Žƒœ‘Â?ƒ…‡”…ƒÂ?ƒƒŽ”À‘ǥ…‘Â?‘…‹†ƒ…‘Â?‘†‡Ž‘•Â?‘Ž‹Â?‘•†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘Ǥ Esta prospecciĂłn ha permitido conocer la relevancia del lugar para la historia del abastecimiento de agua a Toledo, las diversas instalaciones que se sucedieron desde la Edad Media hasta el siglo XX y ha aportado nuevos datos para el mejor conocimiento del Ingenio de Juanelo Turriano.

Vista de la cubierta superior de la cĂĄmara de la turbina instalada en el siglo XX, des…—„‹‡”–ƒ‡Â?Žƒ•‡š…ƒ˜ƒ…‹‘Â?‡•‡Â?Žƒœ‘Â?ƒ†‡Ž”–‹Ƥ…‹‘ǥ†‘Â?†‡•‡”‡˜‡ŽƒŽƒ’‡”Â?ƒÂ?‡Â?–‡ reutilizaciĂłn de este espacio para el abastecimiento de agua de Toledo.

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JUANELO TURRIANO

Canal donde se alojaba la noria elevadora.

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Los VeintiĂşn Libros de los Ingenios y de las MĂĄquinas

Los VeintiĂşn Libros de los Ingenios y de las MĂĄquinas de Juanelo Turriano es el tĂ­tulo de un manuscrito custodiado en la Biblioteca Nacional de Madrid que, a pesar de su nombre, no fue escrito por Juanelo Turriano ni se compone exactamente de veintiĂşn libros o capĂ­tulos. Žƒ„‘”ƒ†‘‡Â?Ž‘•‹Â?‘•†‡…‡Â?‹‘•†‡Ž•‹‰Ž‘ ÇĄ‡•—Â?–”ƒ–ƒ†‘†‡‰”ƒÂ?ƒÂ?’Ž‹–—†ǥ…‘Â?Â?ž•†‡“—‹Â?‹‡Â?–ƒ•Ć¤Â‰Â—Â”ÂƒÂ•ÇĄ…—›‘–‡Â?ƒ‡•‡Ž conocimiento y aprovechamiento de las aguas. Considerando al agua como el primero de los cuatro elementos, habla extensamente de abastecimientos, baĂąos, canales, azudes, presas, molinos y mĂĄquinas hidrĂĄulicas, incluso de puentes y puertos. ÂŽÂ?‹˜‡Ž…‹‡Â?–ÀƤ…‘›–¹…Â?‹…‘†‡ŽÂ?ƒÂ?—•…”‹–‘Šƒ•‹†‘Â?ƒ–‡”‹ƒ†‡†‹•…—•‹×Â?‡Â?–”‡Ž‘•‡•–—†‹‘•‘•Ǥ‡ĠÂ?‹–‡‰‡Â?‡”ƒŽÂ?‡Â?–‡Žƒ…ƒŽ‹†ƒ† de la obra cuando trata de molinos y mĂĄquinas, pero se discute la que tiene en otros temas, como es el caso de los puentes. Es de ŽƒÂ?‡Â?–ƒ”“—‡Â?‘ˆ—‡•‡Â’Â—Â„ÂŽÂ‹Â…ÂƒÂ†Â‘ÇĄŽ‘“—‡‹Â?†—†ƒ„Ž‡Â?‡Â?–‡Ž‡Š—„‹‡”ƒ’‡”Â?‹–‹†‘—Â?ƒÂ†Â‹ÂˆÂ—•‹×Â?…‘Â?’ƒ”ƒ„Ž‡ƒŽƒ†‡Ž‘•Â?ž•…¹Ž‡„”‡• tratados europeos contemporĂĄneos. –”‹„—‹†‘–”ƒ†‹…‹‘Â?ƒŽÂ?‡Â?–‡ƒ —ƒÂ?‡Ž‘—””‹ƒÂ?‘ǥ ‘•¹Â?–‘Â?‹‘ ÂƒÂ”Â…Ă€ÂƒÇŚ‹‡‰‘› —ƒÂ?Â?–‘Â?‹‘ ”ƒ‰‘…‘Â?…Ž—›‡”‘Â?“—‡‡Žƒ—–‘”†‡ Los VeintiĂşn Libros‡”ƒ—Â?ƒ”ƒ‰‘Â?¹•ǥ“—‡‹…‘Žž• ÂƒÂ”Â…Ă€Âƒƒ’‹ƒ‹†‡Â?–‹Ƥ…×…‘Â?‡†”‘ —ƒÂ?†‡ƒ•–ƒÂ?‘•ƒǤ•–ƒŠ‹’×–‡•‹•Â?‘ˆ—‡ ƒ…‡’–ƒ†ƒ’‘”–‘†‘•ǥ†ƒÂ?†‘Ž—‰ƒ”ƒ—Â?‹Â?–‡Â?•‘†‡„ƒ–‡ǤƒÂƒÂ’ÂƒÂ”Â‹Â…Â‹Ă—Â?‡Â? Ž‘”‡Â?…‹ƒ›ƒ”…‡Ž‘Â?ƒ†‡‘–”ƒ•†‘•˜‡”•‹‘Â?‡•†‡ŽÂ?ƒÂ?—•…”‹–‘ÂƒÂ„Â”Â‹Ă—Â?—‡˜ƒ•Â˜Ă€ÂƒÂ•†‡‹Â?Â˜Â‡Â•Â–Â‹Â‰ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?ÇĄƒ—Â?Â?‘•—Ƥ…‹‡Â?–‡Â?‡Â?–‡‡š’Ž‘”ƒ†ƒ•Ǥ

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La presentación de la edición de Los Veintiún Libros en la Academia de Bellas Artes de San Fernando fue también motivo de homenaje a García-Diego, fallecido dos años antes. Desde la izquierda, José Antonio Fernández Ordóñez, Luis Cervera Vera, Begoña García-Diego, Pedro Laín Entralgo, Ángel del Campo y Alex Keller, autor de la versión en inglés del manuscrito.

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La publicación en 1996 de la edición facsimilar de Los Veintiún Libros supuso la culminación de uno de los más queridos proyectos de García-Diego. Los nueve volúmenes incluyen las transcripciones en español e inglés del texto manuscrito.

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Los Veintiún Libros de los Ingenios y de las Máquinas

El catedrático e ingeniero de caminos Javier Goicolea, vicepresidente del Patronato, y bajo cuya gestión como gerente de la Fundación se realizó la edición facsimilar, interviene en una mesa redonda celebrada en la Biblioteca Nacional en 2007, con motivo de la VII Semana de la Ciencia, cuyo tema era Los Veintiún Libros y su autoría. Las transcripciones inglesa y española pueden actualmente consultarse en la página web de la Fundación.

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Molino de rueda vertical en el ejemplar de la Biblioteca Nacional, a la izquierda, y en el manuscrito de Barcelona, a la derecha.

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El legado de la Ingeniería La Historía de la Tecnología española, y en particular de la Ingeniería, ha constituido el tema central de las actividades de la Fundación a lo largo de sus veinticinco años de vida. Han sido trabajos de investigación y divulgación que se han difundido a través de libros, exposiciones, cursos, congresos y documentales, realizados en su mayoría en colaboración con otras instituciones.

La ingeniería de los Austrias y de las épocas romana y medieval fue recogida en tres grandes exposiciones, dirigidas por Ignacio González Tascón, comisario de las mismas, encargándose Bernardo Revuelta del diseño. Las instituciones organizadoras, a partir de los proyectos realizados por la Fundación, fueron la Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Carlos V y Felipe II, el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Fomento, a través de CEDEX-CEHOPU.

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HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

Ignacio González Tascón, asesor, patrono y luego director de la Fundación, en su despacho de la antigua sede en Prim 5. Anteriormente, como Gerente de CEHOPU, había promovido la colaboración entre ambas instituciones, lo que se materializó en varias exposiciones y libros. Falleció en 2006, cuando estaba preparando la exposición Ars Mechanicae.

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El legado de la IngenierĂ­a La FundaciĂłn ha mantenido una estrecha y fĂŠrtil colaboraciĂłn con el Centro de Estudios HistĂłricos de Obras PĂşblicas y Urbanismo, CEHOPU, dependiente del CEDEX, de la que surgieron proyectos tan notables como la exposiciĂłn y el consiguiente catĂĄlogo Betancourt. Los inicios de la IngenierĂ­a moderna en Europa, en la que participaron tambiĂŠn el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, la Escuela TĂŠcnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid y la Universidad Estatal de VĂ­as de ComunicaciĂłn de San Petersburgo. Â?͚͙͙͘Žƒ —Â?Â†ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?›‡ŽČ‹‡Â?–”‘†‡•–—†‹‘•›š’‡”‹Â?‡Â?Â–ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?†‡„”ƒ•ĂŻÂ„ÂŽÂ‹Â…ÂƒÂ•ČŒƤ”Â?ƒ”‘Â?—Â?…‘Â?˜‡Â?‹‘’ƒ”ƒŽƒ‹–‹Â?‡”ƒÂ?cia de varias exposiciones, que ya estĂĄ permitiendo y va a permitir en un futuro su difusiĂłn en gran parte de la geografĂ­a espaĂąola. ‘Â?‡ŽŽ‘•‡”‡ˆ—‡”œƒ‡Ž”‡–‘†‡Žƒ —Â?Â†ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?’‘”Žƒ’—‡•–ƒ‡Â?˜ƒŽ‘”†‡Ž’ƒ–”‹Â?‘Â?‹‘†‡Žƒ‹Â?‰‡Â?Â‹Â‡Â”Ă€ÂƒÇĄÂ?‘•‹‡Â?’”‡•—Ƥ…‹‡Â?–‡Â?‡Â?–‡ conocido por el gran pĂşblico.

Vista de la exposiciĂłn Betancourt. Los inicios de la IngenierĂ­a moderna en Europa, en el Real JardĂ­n BotĂĄnico de Madrid (1996)

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HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

Victoriano Muñoz Cava en la inauguración en la Casa de la Moneda de Segovia de Artifex. Ingeniería romana en España. Le acompañan el alcalde, Pedro Arahuetes, a la izquierda, y Mariano Navas, director del CEDEX. Abajo, la alcaldesa de Logroño Cuca Gamarra, en la inauguración en la Casa de las Ciencias. A la derecha, una vista de la exposición en el Museo Cemento Rezola de San Sebastián.

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El legado de la Ingeniería

–”‡Ž‘•ƒÓ‘•͚͘͘͜›͚͘͘͝Žƒ —†ƒ…‹×…‘Žƒ„‘”ׇŽ‘•‰—‹‘‡•›ƒ•‡•‘”Àƒ…‹‡–ÀƤca de once capítulos sobre la Ingeniería romana en España pertenecientes a la serie documental de TVE La aventura del saber, que se emitieron en La Dos y el Canal internacional de Televisión Española. Posteriormente se hicieron otros capítulos sobre Tecnología medieval, bajo el título de Herencias de Hispania, de los que se extrajeron unos cortos para la exposición Ars Mechanicae.

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HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

El Premio Internacional García-Diego se convoca cada dos años, dotado con 12.000 euros y destinado a premiar trabajos inéditos de investigación en el campo de la historia de la tecnología, y especialmente de la ingeniería. La presidenta de la Fundación, Begoña García-Diego, con los patronos José María Aguirre y Javier Goicolea, en el acto de entrega de la II edición en el año 2004.

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El legado de la Ingeniería

Francisco Vigueras, presidente de honor de la Fundación, con Edelmiro Rúa, presidente del Colegio de Ingenieros de Caminos, y Victoriano Muñoz Cava, presidente de la Fundación, bajo el retrato de José María Aguirre Gonzaloǡ‡‡Žƒ…–‘†‡ŽƒƤ”ƒ‡͚͘͘͡†‡Ž…‘˜‡‹‘‡–”‡ƒbas instituciones, cuyo objeto es la promoción de la investigación y la difusión de la historia de la ingeniería civil en España.

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HISTORIA DE LA TECNOLOGรA

La actitud de los ingenieros ante su propia historia es el tema de este libro de la catedrรกtica Inmaculada Aguilar, publicado en 2012 en coediciรณn con la Cรกtedra Demetrio Ribes de la Universidad de Valencia.

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El legado de la Ingeniería

Además de las publicaciones propias de la Fundación, frecuentemente se ha colaborado con otras instituciones mediante ayudas ’ƒ”ƒŽƒ”‡ƒŽ‹œƒ…‹×†‡Ž‹„”‘•…—›‘…‘–‡‹†‘ˆ—‡•‡’”ך‹‘ǡ…‘‘‡•–‘•‡Œ‡’Ž‘•‡†‹–ƒ†‘•”‡•’‡…–‹˜ƒ‡–‡’‘”‡Ž‘Ž‡‰‹‘Ƥ…‹ƒŽ de Ingenieros Industriales de Madrid y por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid.

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A la derecha, Edelmiro Rúa conversa con José María Aguirre González, ingeniero de caminos y patrono de la Fundación en el acto de presentación del libro, presidido por el retrato de Fernández Ordóñez.

HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

Un caso especial de colaboración fue la antología de textos de José Antonio Fernández Ordóñez, editada por el ingeniero de caminos y catedrático José Ramón Navarro Vera y publicada en 2009. El ingeniero, catedrático y académico José Antonio Fernádez Ordóñez fue patrono de la Fundación desde la creación de la misma hasta su fallecimiento acaecido en el año 2000.

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El legado de la Ingeniería Aunque la ingeniería civil ha tenido un papel protagonista en las labores de la Fundación, otras ramas de la Ingeniería y Tecnología también han sido objeto de atención. La V edición del Premio García-Diego fue ganada por un trabajo sobre la explotación de la ”‡•‹ƒ‡•’ƒÓƒ›•—‹ƪ—‡…‹ƒ‡Žƒ•’‘ŽÀ–‹…ƒ•ˆ‘”‡•–ƒŽ‡•Ǥ

En el centro, el autor galardonado, Juan Luis Delgado Macías, junto a José María Aguirre González, que presidió el Jurado del Premio, Victoriano Muñoz Cava, presidente de la Fundación, José Carlos del Álamo, presidente del Colegio y Asociación de Ingenieros de Montes, y Bernardo Revuelta Pol, director gerente de la Fundación.

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El historiador y catedrático Ricardo Córdoba de la Llave fue ganador ex aequo del III Premio García-Diego con este trabajo sobre los procedimientos y técnicas aplicadas en la acuñación de moneda en la España Bajomedieval, publicado en 2009.

HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

Minería y metalurgia en la exposición Artifex, en una vista de su montaje en el Museo de Historia Antigua de Valencia.

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El legado de la Ingeniería

Los estudios sobre la recuperación del patrimonio de la Ingeniería y Obra Pública han sido el tema de dos de los Cursos de Verano que la Fundación organiza con la Universidad de Granada desde 2005. Arriba, visita al restaurado acueducto del Águila en Nerja, en 2012, y entrega de diplomas. Abajo, alumnos y profesores del curso de 2011, impartido bajo el título Fuentes de energía. Pasado y presente, y visita a la central térmica de Carboneras.

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Alicia Cámara, catedrática de Historia del Arte de la UNED, presentando al ingeniero de Caminos y profesor de la Escuela de La Coruña, Manuel Durán, en el curso celebrado en Segovia, bajo el título Ingeniería romana. Que la majestad de tu Imperio cuente con el ƒ†‡…—ƒ†‘’”‡•–‹‰‹‘†‡‡†‹Ƥ…‹‘•’ï„Ž‹…‘•.

HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

Participantes del curso de verano de 2007, que se centró en la Recuperación del patrimonio industrial y de la obra pública.

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El legado de la Ingeniería García-Diego mantuvo un estrecho contacto con historiadores de todo el mundo a través de su activa participación en ICOHTEC (International Committee for the History of Technology), organismo que llegó a presidir entre 1991 y 1993. Ya por entonces la Fundación había establecido una colaboración materializada principalmente en la concesión de ayudas económicas para facilitar la asistencia a los congresos de ICOHTEC de investigadores de países del Este. Esta colaboración se mantiene a día de hoy, aunque las ayudas se orientan ahora hacia investigadores jóvenes y estudiantes de todo el mundo. Asimismo, la Fundación colaboró con la Fundación AENA en la organización de las Jornadas de Estudios Históricos Aeronáuticos que se celebraron entre los años 1997 y 2002.

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Con motivo del Congreso Internacional de Historia de la Ciencia, celebrado en Zaragoza en 1993, García-Diego recibió un homenaje de la SEHCYT, cuyo presidente, Mariano Hormigón, le hace entrega de una placa. A la izquierda, Ignacio González Tascón, entonces gerente de CEHOPU.

HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

En 1988, al poco tiempo de su creación, la Fundación colaboró en la organización del Simposio de ICOHTEC que se celebró en el Museo del Ferrocarril en Madrid. En el centro de la imagen, Mari Nieves Vázquez, secretaria de la Fundación y posteriormente miembro de su Patronato.

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El legado de la Ingeniería El XXIX Simposio de ICOHTEC, en el que la Fundación presentó varias comunicaciones, se celebró en 2012 en Barcelona, aunque una de las jornadas tuvo lugar en el Museu de la Ciència i de la Tècnica de Catalunya en Terrassa, donde vemos a su director Eusebi Casanelles i Rahola dirigiéndose a los congresistas.

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Ponencia Imagen e identidad de la ingeniería civil a principios del siglo XIX en España, presentada por la Fundación en el Simposio de ICOHTEC de 2012.

HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

ICOHTEC concede anualmente un premio para jóvenes investigadores cuyas tres primeras convocatorias han sido patrocinadas por la Fundación. En la foto, Dick van Lente, presidente del jurado del año 2012, con Victoriano Muñoz Cava en los momentos previos a la entrega del premio en Barcelona.

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El legado de la Ingeniería

Arriba, Ignacio González Tascón y Javier Goicolea en Lieja, Bélgica, durante el Congreso de ICOHTEC de 1997. Abajo, Javier Goicolea y Begoña García-Diego en Budapest, donde asistieron al Simposio de ICOHTEC del año 1996. A la derecha, Bernardo Revuelta en Tampere, Finlandia, donde se celebró el Congreso de 2010.

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HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

Una de las más importantes colaboraciones de la Fundación con ICOHTEC fue la organización del Simposio de 2002, celebrado en Granada. Arriba, un grupo de participantes en una visita a la Alhambra. Abajo, James Williams se dirige a los miembros del Comité Ejecutivo de ICOHTEC, entre ellos Javier Goicolea.

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Caminos terrestres y marítimos Las obras de ingeniería que conforman los caminos de mar y tierra, ya sean calzadas, puentes, puertos o faros han desempeñado un papel protagonista en las actividades fundacionales, especialmente en exposiciones y libros, pero también en cursos y comunicaciones en congresos o mediante actuaciones de patrocinio, como la que se lleva a cabo con la revista El Nuevo Miliario, dedicada a las vías romanas.

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En 2009, como parte de unos trabajos realizados en colaboración con Ingeniería75 para un proyecto de Museo del Agua en Córdoba, se diseñaron y fabricaron unos señalizadores para algunos de los principales hitos de la ingeniería ligada al río Guadalquivir a su paso por la ciudad andaluza, como éste montado frente al puente romano.

HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

El ingeniero de caminos y asesor de la Fundación Manuel Díaz-Marta y el historiador García Rueda, Jefe de Documentación de la Fundación hasta su fallecimiento en 2006, junto al puente de Ajuda en 1993, con motivo de su participación en el Simposio de Hidráulica Monástica en Arrábida, Portugal.

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Caminos terrestres y marítimos Publicado en 2001, este documentado trabajo en dos volúmenes de José Ramón Navarro Vera, da una visión sistemática, cronológica y crítica de la mirada de los ingenieros civiles españoles sobre el puente, paradigma de la profesión.

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HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

Maquetas del proceso de construcción de la pila de un puente y del faro de Brigantium, Torre de Hércules, diseñadas por Bernardo Revuelta para la exposición Artifex. Ingeniería Romana en España.

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Caminos terrestres y marítimos Los puentes del Guadalquivir constituyeron el tema que ganó, ex aequo, la primera edición del Premio García-Diego, obra escrita por el ingeniero de caminos Francisco Javier Rubiato. El V Curso de Verano, bajo el título de Puertos andaluces y su historia, se celebró en Almuñécar en colaboración con la Universidad de Granada. Abajo, profesores y alumnos asistentes en una visita al embarcadero de mineral conocido como Cable Inglés, en Almería.

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HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

El historiador toledano Julio Porres Martín-Cletoˆ—‡—Ƥ‡Ž›“—‡”‹†‘…‘Žƒ„‘”ƒ†‘”†‡Žƒ —†ƒ…‹×†‡•†‡Žƒ…”‡ƒ…‹×†‡Žƒ‹•ƒǤ†‡ž•†‡•—•ƒ’‘”–ƒ…‹‘‡••‘„”‡ —ƒ‡Ž‘›•—”–‹Ƥ…‹‘ǡ‡•…”‹„‹×‡•–ƒ‘‘‰”ƒˆÀƒ•‘„”‡‡Ž’—‡–‡†‡„ƒ”…ƒ•…—›‘•”‡•–‘• •‘…‘‘…‹†‘•…‘‘ƒÓ‘†‡Žƒƒ˜ƒǡ‘„”ƒ’—„Ž‹…ƒ†ƒ‡͙͙͡͡ǤŽƒˆ‘–‘ƒ’ƒ”‡…‡Œ—–‘ƒ ”ƒ…‹•…‘‹‰—‡”ƒ• e ‰ƒ…‹‘ ‘œžŽ‡œ ƒ•…א‡—ƒ…‘‹†ƒ†‡Žƒ‘‹•‹×•‡•‘”ƒǤ

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ConstrucciĂłn ƒÂ†Â‹Â˜Â—ÂŽÂ‰ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?†‡Ž‘•’”‘…‡•‘•…‘Â?•–”—…–‹˜‘•†‡‡†‹Ƥ…‹‘•›‘„”ƒ•Â’ĂŻÂ„ÂŽÂ‹Â…ÂƒÂ•ÇĄ—Â?ƒ•’‡…–‘“—‹œž•Â?‡Â?‘•…‘Â?‘…‹†‘’ƒ”ƒ‡Ž’ï„Ž‹…‘Â?‘ especializado, ha merecido que se le destine un esfuerzo preeminente en las actividades de la FundaciĂłn, como puede verse en estas imĂĄgenes de las exposiciones Artifex y Ars Mechanicae.

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HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA


Construcción

Alejandro Ricart ganó, ex aequo, el III Premio García-Diego con el trabajo Pirámides y Obeliscos. Transporte y construcción: una hipótesis, en el que se expone una argumentada teoría sobre algunos aspectos de la construcción en el antiguo Egipto, y que fue publicado por la Fundación en 2007. Una de las publicaciones de mayor éxito de la Fundación ha sido la obra Ingeniería romana en Hispania. Historia y técnicas constructivas de Ignacio González Tascón, ingeniero de caminos y catedrático de Historia y Estética de la Ingeniería de la Universidad de Granada, que incluye también un glosario de términos técnicos latinos a cargo de la profesora Isabel Velázquez.

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HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

Arriba, en primer plano, modelo de bóveda de crucería realizado bajo la dirección del arquitecto y catedrático Enrique Rabasa para la exposición Ars Mechanicae. Enrique Rabasa Díaz es también el editor del libro El manuscrito de cantería de Joseph Gelabert, publicado en 2011 por la Fundación en coedición con el Colegio de Arquitectos de Baleares.

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Construcción

Arriba, maqueta del mercado cubierto de Pola de Siero, encargada por la Fundación para la exposición Ildefonso Sánchez del Río. El Ingenio de un legado. A la izquierda, modelo de bóveda de arista con aparejo románico de encuentros contrapeados, de la exposición Ars Mechanicae. Ingeniería medieval en España.

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HISTORIA DE LA TECNOLOGĂ?A

ÂŽ‡Â?–”‘†‡Ž‘•Ƥ…‹‘•†‡‡×Â?Â?‘Â?–ׇ•–ƒÂ„Ă—Â˜Â‡Â†Âƒ†‡Â…Â”Â—Â…Â‡Â”Ă€Âƒ’ƒ”ƒŽƒ‡š’‘•‹…‹×Â?Ars Mechanicae. IngenierĂ­a medieval en EspaĂąa, en el JardĂ­n BotĂĄnico de Madrid.

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Construcción

El arquitecto Enrique Nuere fue ganador, ex aequo, del I Premio García-Diego con este trabajo sobre carpintería. Profundo conocedor de esta materia, también es autor de la maqueta de la cubierta de una iglesia en construcción para la exposición Ars Mechanicae.

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HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

El catedrático y académico Pedro Navascués, patrono de la Fundación, se hizo cargo de la comisaría de la exposición Ars Mechanicae, en sustitución de Ignacio González Tascón. En la foto inferior, tres bloques representativos del proceso de labra de un capitel, expuestos en dicha exposición.

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Construcción

Maqueta de la cimentación y de las bóvedas formadas por arcos-onda del Palacio de Deportes de Oviedo para la exposición ‘‘‰”žƤ…ƒ•‘„”‡‡Ž‹‰‡‹‡”‘ Ž†‡ˆ‘•‘ž…Š‡œ†‡ŽÀ‘ǡ‘”‰ƒ‹œƒ†ƒ’‘”Žƒ —†ƒ…‹×‡‹ƒ—‰—”ƒ†ƒ‡Žƒ•‡†‡ƒ†”‹Ž‡Óƒ†‡Ž Colegio de Ingenieros de Caminos en el año 2011.

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HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

Estructuras laminares de Félix Candela. Maquetas realizadas por la Fundación para la exposición Félix Candela. La conquista de la esbeltez.

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Construcción Una obra clásica para la historia de la ingeniería y construcción en España es el ”ƒ–ƒ†‘†‡ ‘”–‹Ƥ…ƒ…‹××”–‡†‡…‘•–”—‹”Ž‘•†‹Ƥ…‹‘•‹Ž‹–ƒ”‡•ǡ›‹˜‹Ž‡•, del inglés John Muller, traducido al español y considerablemente ampliado por Miguel Sánchez Taramas, director de la Real Academia Militar de Barcelona, donde se publicó en 1769. La Fundación ha digitalizado y puesto en línea el ejemplar de su biblioteca, una vez restaurado tras su adquisición en 2009.

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HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA


Hidráulica El ingeniero David Fernández-Ordóñez, patrono de la Fundación, dirigió la reedición ampliada del libro de García-Diego sobre las presas romanas, medievales y renacentistas de Extremadura, que se publicó en 1994, ya fallecido su autor. Una de las obras más interesantes de entre las descritas en el libro es el Estanque de Guadalupe, del que se muestra una maqueta realizada para la exposición Ars Mechanicae. El ingeniero José Antonio Juncá Ubierna redactó por encargo de la Fundación un informe para promover la declaración como Bien de Interés Cultural de esta presa bajomedieval.

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Manuel Díaz-Marta y Javier Goicolea, acompañados de sus esposas, en una de las visitas programadas durante las Jornadas de Hidráulica Monástica celebradas en Portugal en 1993.

HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

Coedición, con Caja Toledo, del trabajo de Manuel Díaz-Marta sobre las presas de Pontón Grande, Pontón Chico y Ontígola, así como sobre la Fuente Grande de Ocaña.

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Hidráulica

Arriba, los alumnos del III Curso de Verano asisten a la exposición de la arquitecta Isabel Bestué, directora de los cursos de verano de la Fundación, sobre los sistemas hidráulicos de la Alhambra. „ƒŒ‘ǡ‡Žƒ˜‹•‹–ƒ”‡ƒŽ‹œƒ†ƒƒŽ’—‡–‡Ǧƒ…—‡†—…–‘†‡Ž†‡•Ƥladero del Chorro, obra del ingeniero Eugenio Ribera.

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HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

Buen ejemplo de la presencia de la hidráulica en las exposiciones de la Fundación son las maquetas de las presas de Proserpina para Artifex. Ingeniería romana en España y de Tibi para Felipe II. Los ingenios y las máquinas.

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Ingenieros y constructores ‡ —ƒÂ?‡Ž‘—””‹ƒÂ?‘‡Â?‡Ž•‹‰Ž‘ ƒ Ž†‡ˆ‘Â?•‘žÂ?…Š‡œ†‡ŽÀ‘‡Â?‡Ž•‹‰Ž‘ÇĄ˜ƒ”‹ƒ•Ć¤Â‰Â—Â”ÂƒÂ•Â•Â‡Ă“Â‡Â”ÂƒÂ•†‡Žƒ Â?‰‡Â?Â‹Â‡Â”Ă€ÂƒŠƒÂ?•‹†‘‘„Œ‡–‘ de los estudios de la FundaciĂłn. QuizĂĄs la mĂĄs destacable haya sido la de AgustĂ­n de Betancourt, ya que no en vano fue GarcĂ­aDiego el que denominĂł “Club de los Betancouristasâ€? al grupo de ingenieros e historiadores que habĂ­an investigado la vida y obra del gran ingeniero canario. Patronos, asesores y colaboradores habituales de la FundaciĂłn fueron reconocidos “Betancouristasâ€?, como Antonio Rumeu de Armas, Manuel DĂ­az-Marta, Ignacio GonzĂĄlez TascĂłn o Fernando SĂĄenz Ridruejo. La Biblioteca de la FundaciĂłn dispone de varias primeras ediciones de las obras de Betancourt, entre las que destacan las ediciones francesa e inglesa del Ensayo sobre la ComposiciĂłn de las MĂĄquinas, escrito por AgustĂ­n de Betancourt en colaboraciĂłn con JosĂŠ MarĂ­a de Lanz.

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HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

Entre las primeras publicaciones de la Fundación se encuentran estas dos monografías relativas a Betancourt y Lanz, escritas respectivamente por el historiador y académico Antonio Rumeu de Armas y el hispanista francés Jorge Demerson.

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Ingenieros y constructores

El ingeniero e historiador Fernando Sáenz Ridruejo, presidente de la Comisión Asesora y patrono de la Fundación, interviene en el IV Curso de Verano, de 2008, cuyo tema era En torno a Betancourt. La ingeniería entre la Ilustración y la Revolución Industrial.

La Fundación Canaria Orotava de Historia de la Ciencia ha digitalizado la documentación disponible de Betancourt, haciéndola accesible a través de la Red. Fue un proyecto patrocinado sucesivamente por CEDEX-CEHOPU y la Fundación Juanelo Turriano, cuyo resultado se presentó en el Colegio de Caminos en Madrid, en 2010. Desde la izquierda, Sergio Toledo, presidente de la Fundación Canaria Orotava, Victoriano Muñoz Cava, presidente de la Fundación Juanelo Turriano, Pedro Rodríguez, secretario del Colegio, Manuel Echevarría, subdirector del CEDEX, y Fernando Sáenz Ridruejo.

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HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

Dirigida la edición por la catedrática Alicia Cámara, asesora de la Fundación, este volumen incluye textos del profesor Rafael Moreira sobre la etapa portuguesa de Leonardo Turriano y del profesor Marino Viganò sobre sus orígenes italianos, documentando el parentesco de Leonardo Turriano con Juanelo. También se incluye la transcripción, a cargo de Daniel Crespo, de un manuscrito inédito sobre Orán y Mazalquivir, junto con la reproducción de sus numerosas y excelentes ilustraciones.

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Ingenieros y constructores

Dos personajes dados a conocer mediante las publicaciones de la FundaciĂłn fueron el vasco Pedro Bernardo Villarreal de BĂŠrriz, que escribiĂł en 1736 MĂĄquinas hidrĂĄulicas de molinos y herrerĂ­as y gobierno de los ĂĄrboles y montes de Vizcaya, y el italiano Giovanni Francesco Sitoni, contemporĂĄneo de Juanelo y autor de un manuscrito sobre las aguas, hasta entonces inĂŠdito, cuya transcripciĂłn se incluye en el libro. En 1998 la FundaciĂłn publicĂł junto a la Real Sociedad Bascongada de Amigos del PaĂ­s una extensa monografĂ­a sobre el ingeniero y empresario JosĂŠ Francisco Navarro Arzac, cuyas obras e iniciativas tuvieron una gran ”‡’‡”…—•‹×Â?‡Â?•–ƒ†‘•Â?ܠԥƒƤÂ?ƒŽ‡•†‡Ž•‹‰Ž‘ Ǥ

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HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

Entre los libros del fondo antiguo de la Biblioteca de la Fundación que se encuentran en proceso de digitalización para su libre consulta en línea, se encuentra ya disponible el tratado de Villarreal, donde, entre otras materias, se describen las presas de contrafuertes por él construidas. Arriba, la presa de Bedia.

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Ingenieros y constructores

Con la exposición Félix Candela. La conquista de la esbeltez, de 2010 y realizada en colaboración con la Universidad Politécnica de Madrid, la Fundación entró en el campo de la historia de la ingeniería y construcción del siglo XX, actuación que se prolongó con la inmediata producción de la muestra Ildefonso Sánchez del Río. El ingenio de un legado, inaugurada en 2011.

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HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

Maquetas realizadas para la exposición Félix Candela. La conquista de la esbeltez, actualmente cedidas en depósito por la Fundación al CEDEX.

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Ingenieros y constructores

El presidente de la Fundación, Victoriano Muñoz Cava, la arquitecta y comisaria de la exposición, Pepa Cassinello, el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, y el rector de la Universidad Politécnica de Madrid, Javier Uceda, en un momento de la inauguración de Félix Candela. La conquista de la esbeltez, en el Centro Conde Duque en Madrid.

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HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

Una versión itinerante de la exposición sobre Félix Candela viajó en 2011 a la Universidad Técnica de Berlín y al Deutsches Museum de Múnich, frente al cual vemos a algunos de los asistentes a la inauguración: Bernardo Revuelta, Victoriano Muñoz Cava, Dirk Bühler, Javier Uceda, Antonio Lamela, Pepa Cassinello, Luis Maldonado, María Rosario Fernández Villa y José Antonio Torroja.

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Ingenieros y constructores

Juan Ignacio Chacón fue el ganador de la VI edición del Premio García-Diego con un trabajo sobre el proyecto, construcción y pruebas del submarino “Peral”, actualmente en proceso de edición. El acto de entrega del premio tuvo lugar en el Cuartel General de la Armada, el 9 de mayo de 2012. En la mesa, detrás del premiado, Fernando Sáenz Ridruejo, Victoriano Muñoz Cava, el director del Museo Naval, almirante Gonzalo Rodríguez González-Ayer, y Bernardo Revuelta Pol.

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HISTORIA DE LA TECNOLOGÍA

La exposición Ildefonso Sánchez del Río. El ingenio de un legado, producida íntegramente por la Fundación, se inauguró en octubre de 2011 en la sede madrileña del Colegio de Caminos. Pepa Cassinello y Bernardo Revuelta se encargaron de la comisaría y el diseño. Abajo, la exposición en su itinerancia en la Casa de Cultura de Pola de Siero.

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Â?‰‡Â?‹‘•›ž“—‹Â?ĥ De Vitruvio a Betancourt, la descripciĂłn, el diseĂąo y la construcciĂłn de todo tipo de mĂĄquinas ha constituido una parte esencial †‡Ž–”ƒ„ƒŒ‘†‡‹Â?‰‡Â?‹‡”‘•›ÂƒÂ”–ÀƤ…‡•Ǥ Â?‰‡Â?‹‘•›ÂƒÂ”–‹Ƥ…‹‘•“—‡Šƒ•–ƒŽƒÂ”Â‡Â˜Â‘ÂŽÂ—Â…Â‹Ă—Â?‹Â?†—•–”‹ƒŽ‡”ƒÂ?Â?‘˜‹†‘•’”‹Â?…‹’ƒŽÂ?‡Â?–‡’‘”Žƒ energĂ­a del agua, aunque tambiĂŠn eran de tracciĂłn de sangre o impulsados por el viento o por la energĂ­a mecĂĄnica de resortes ‘Â’ÂąÂ?†—Ž‘•ǥ…‘Â?‘Ž‘•’‡“—‡Ó‘•ÂƒÂ—–×Â?ƒ–ƒ•…‘Â?•–”—‹†‘•’‘” —ƒÂ?‡Ž‘Ǥž“—‹Â?ÂƒÂ•ÇĄ›•—ÂŠÂ‹Â•Â–Â‘Â”Â‹ÂƒÇĄ•‹‡Â?’”‡’”‡•‡Â?–‡•‡Â?Žƒ‹„Ž‹‘–‡…ƒ ›‡Â?Žƒ•ƒ…–‹˜‹†ƒ†‡•†‡Žƒ —Â?Â†ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?Ǥ

A caballo entre dos ĂŠpocas, AgustĂ­n de Betancourt proyectĂł mĂĄquinas hidrĂĄulicas tradicionales, como el molino de sĂ­lex (arriÂ„ÂƒÇĄ …‹‡Â?…‡ —•‡—Â?ÇĄ ‘Â?Â†Â”Â‡Â•ČŒÇĄ ’‡”‘ ˆ—‡ tambiĂŠn pionero en el uso de la nueva energĂ­a del vapor, como en la draga de Kronstadt (abajo, Universidad Estatal de VĂ­as de ‘Â?—Â?Â‹Â…ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?ÇĄƒÂ?Â‡Â–Â‡Â”Â•Â„Â—Â”Â‰Â‘ČŒÇ¤

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Ademรกs del ya citado Ensayoย†ย‡ยƒยยœย›ย‡ย–ยƒยย…ย‘ย—ย”ย–วกย‡ยŽ ย‘ยย†ย‘ยย–ย‹ย‰ย—ย‘ย†ย‡ยŽยƒย‹ย„ยŽย‹ย‘ย–ย‡ย…ยƒย†ย‹ย•ย’ย‘ยย‡ย†ย‡ย‘ย–ย”ยƒย•ย‘ย„ย”ยƒย•ย†ย‡ย‡ย•ย’ย‡ย…ย‹ยƒยŽย‹ยย–ย‡ย”ยฑย• ย‡ยย‡ย•ย–ยƒยยƒย–ย‡ย”ย‹ยƒวกย“ย—ย‡ยƒยย‡ย†ย‹ย†ยƒย“ย—ย‡ย•ย‘ยย†ย‹ย‰ย‹ย–ยƒยŽย‹ยœยƒย†ยƒย•ย•ย‡ย’ย‘ยย‡ยย‡ยยŽยƒย’ยžย‰ย‹ยยƒย™ย‡ย„ย’ยƒย”ยƒยŽยƒยŽย‹ย„ย”ย‡ย…ย‘ยย•ย—ยŽย–ยƒย†ย‡ยŽย’รฏย„ยŽย‹ย…ย‘วค

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Foto Agencia EFE

‰ƒ…‹‘ ‘œžŽ‡œƒ•…א‡š’Ž‹…ƒǡ‡†‹ƒ–‡—ƒƒ“—‡–ƒǡ‡Žˆ—…‹‘ƒ‹‡–‘†‡Žƒ•‹‡””ƒŠ‹†”ž—Ž‹…ƒ†‡”ƒŒ—‡œƒŽƒ‹‹•–”ƒ†‡ Educación y Cultura, •’‡”ƒœƒ‰—‹””‡Ǥƒ‡š’‘•‹…‹× ‡Ž‹’‡

Ǥ‘•‹‰‡‹‘•›Žƒ•ž“—‹ƒ•ǡ‹ƒ—‰—”ƒ†ƒ‡‡Ž‡ƒŽ ƒ”†À‘–ž‹…‘†‡ƒ†”‹†‡͙͡͡͠ǡ‘„–—˜‘—‰”ƒ±š‹–‘ǡ•‹‡†‘˜‹•‹–ƒ†ƒ’‘”…‡”…ƒ†‡…‹‡‹Ž’‡”•‘ƒ•Ǥ

Varias de las maquetas de mᓗ‹ƒ•”‡ƒŽ‹œƒ†ƒ•’ƒ”ƒ‡•–ƒ‡š’‘sición se hicieron a partir de los dibujos de ‘•‡‹–‹ï‹„”‘•†‡ Ž‘• ‰‡‹‘•›†‡Žƒ•ž“—‹ƒ•†‡ —ƒ‡Ž‘—””‹ƒ‘, como las de dra‰ƒ•“—‡•‡˜‡‡Žƒˆ‘–‘‰”ƒˆÀƒǤ

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LA INGENIERÍA MECÁNICA

’”‹‡”’Žƒ‘ǡƒ“—‡–ƒ†‡‘”‹ƒ†‡–”ƒ†‹…‹×ž”ƒ„‡ǡ›ƒŽˆ‘†‘ǡ‘”‹ƒ†‡•ƒ‰”‡†‡Žƒ••ƒŽ‹ƒ•†‡ ×ǡ‡Žƒ‡š’‘•‹…‹× ”•‡…Šƒ‹…ƒ‡Ǥ ‰‡‹‡”Àƒ‡†‹‡˜ƒŽ‡•’ƒÓƒǡ‹ƒ—‰—”ƒ†ƒ‡͚͘͘͠Ǥ‹‡œƒ•’‡”–‡‡…‹‡–‡•ƒŽǤ

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 ‡†‹…‹×Â? †‡Ž ”‡Â?‹‘ ÂƒÂ”Â…Ă€ÂƒÇŚ‹‡‰‘ ˆ—‡ ‰ƒÂ?ƒ†ƒ ’‘” —Â? –”ƒ„ƒŒ‘•‘„”‡‡Ž‡ƒŽ Â?‰‡Â?‹‘†‡Žƒ‘Â?‡†ƒ†‡Â‡Â‰Â‘Â˜Â‹ÂƒÇĄ…‡…ƒ movida por energĂ­a hidrĂĄulica que proyectĂł Juan de Herre”ƒ’ƒ”ƒ ‡Ž‹’‡

Ǥ Arriba, los autores premiados, Jorge Soler, ‘•¹ÂƒÂ”Ă€Âƒ œƒga y Ž‡Â?Â?—””ƒ›, con Â‡Â‰Â‘Ă“Âƒ ÂƒÂ”Â…Ă€ÂƒÇŚ‹‡‰‘ en el acto de entrega del premio en la Academia de Bellas Artes de San ‡”Â?ƒÂ?†‘‡Â?͚͘͘͜ǤÂŽ–”ƒ„ƒŒ‘ˆ—‡’‘•–‡”‹‘”Â?‡Â?–‡’—„Ž‹…ƒ†‘ ’‘”Žƒ —Â?Â†ÂƒÂ…Â‹Ă—Â?Ǥ

Í™Í?Í 


Firma del Convenio entre el alcalde de Segovia, Pedro Arahuetes, y el presidente de la Fundaciรณn, Victoriano ย—ร“ย‘ยœยƒย˜ยƒ, acompaรฑados de ย‡ย†ย”ย‘ยƒย˜ยƒย•ย…ย—ยฑย•, patroยย‘ย†ย‡ยŽยƒ ย—ยย†ยƒย…ย‹ร—ย ย—ยƒยย‡ยŽย‘ย—ย”ย”ย‹ยƒยย‘ย›ย’ย”ย‡ย•ย‹ย†ย‡ยย–ย‡ย†ย‡ยŽยƒ ย—ยย†ยƒย…ย‹ร—ยย‡ยƒยŽ ยย‰ย‡ยย‹ย‘ย†ย‡ยŽยƒย‘ยย‡ย†ยƒย†ย‡ย‡ย‰ย‘ย˜ย‹ยƒวค

LA INGENIERรA MECรNICA

ยƒ ย—ยย†ยƒย…ย‹ร—ย ยยƒยย–ย‹ย‡ยย‡ ย—ยยƒ ย’ย‡ย”ยยƒยย‡ยย–ย‡ ย…ย‘ยŽยƒย„ย‘ย”ยƒย…ย‹ร—ย con el Ayuntamiento de Segovia orientada a la recupeย”ยƒย…ย‹ร—ย ย†ย‡ยŽ ย‡ยƒยŽ ยย‰ย‡ยย‹ย‘ ย’ยƒย”ยƒ ย•ย— ย—ย•ย‘ ย…ย‘ยย‘ ย—ย•ย‡ย‘ ย†ย‡ ยŽยƒ ย‘ยย‡ย†ยƒย›ย‡ย•ย’ยƒย…ย‹ย‘ย…ย—ยŽย–ย—ย”ยƒยŽวคยƒย”ยƒย‡ยŽยŽย‘ย’ย”ย‘ยย‘ย˜ย‹ร—ยŽยƒย…ย‘ยย•trucciรณn de tres ruedas hidrรกulicas que, diseรฑadas por ย‘ย”ย‰ย‡ย‘ยŽย‡ย”ย› ย‘ย•ยฑยƒย”ร€ยƒ ยœยƒย‰ยƒย›ยˆยƒย„ย”ย‹ย…ยƒย†ยƒย•ย’ย‘ย”ย‹ย‰ย—ย‡ยŽ ยย‰ย‡ยŽย‘ย”ย‡ยย‘วกย›ยƒย•ย‡ย‡ยย…ย—ย‡ยย–ย”ยƒยย‹ยย•ย–ยƒยŽยƒย†ยƒย•ย›ยˆย—ยย…ย‹ย‘ยยƒยย†ย‘วกยย‘ย˜ย‹ย†ยƒย•ย’ย‘ย”ยŽยƒย•ยƒย‰ย—ยƒย•ย†ย‡ยŽย”ร€ย‘ย”ย‡ย•ยยƒวค

อ™ออก


ย‘ยŽย‹ยย‘ย• ย‘ย•ยฑยย–ย‘ยย‹ย‘ ยƒย”ย…ร€ยƒวฆย‹ย‡ย‰ย‘ย•ย‘ยŽร€ยƒย…ย‘ยย–ยƒย”ย…ย‘ยย•ยƒย–ย‹ย•ยˆยƒย…ย…ย‹ร—ยย“ย—ย‡ย‡ย”ยƒย—ยยŠย‘ยย‘ย”ย•ย‡ย”ย‡ยŽรฏยย‹ย…ย‘ยย‹ย‡ยย„ย”ย‘ย‡ย•ย’ยƒร“ย‘ยŽย†ย‡ วกยŠย‡ ยย–ย‡ย”ยยƒย–ย‹ย‘ยยƒยŽ ย‘ยŽย‹ยย‘ยŽย‘ย‰ย‹ย…ยƒยŽย‘ย…ย‹ย‡ย–ย›วคย—ยƒยย†ย‘ย˜ย‡ย”ยƒยย‡ยƒย„ยƒย‡ยย‹ยƒย”ย”ย‹ย–ยœย”ย‡ย…ย‹ย„ร€ยƒยŽยƒย˜ย‹ย•ย‹ย–ยƒย†ย‡ยย–ยšร—ยย‰ย—ย‹ย”ย”ย‡ย›ย‘ยŽย†ย‘ย‹ยœยƒย”ย”ยƒยŽย†ย‡วกย›ย‡ยย‡ย•ยƒย•ย”ย‡ย—ยย‹ย‘ยย‡ย•ย†ย‡ ยƒยยƒยย–ย‡ย•ย†ย‡ยŽย‘ย•ยย‘ยŽย‹ยย‘ย•ย•ย—ย”ย‰ย‹ร—ยŽยƒย‹ย†ย‡ยƒย†ย‡ย…ย”ย‡ยƒย”ย—ยยƒยƒย•ย‘ย…ย‹ยƒย…ย‹ร—ยยย‘ยŽย‹ยย‘ยŽร—ย‰ย‹ย…ยƒย‡ยย•ย’ยƒร“ยƒวค ย†ย‡ยƒย“ย—ย‡ย•ย‡ยยƒย–ย‡ย”ย‹ยƒยŽย‹ยœร—ยƒร“ย‘ย•ย†ย‡ย•ย’ย—ยฑย•ย…ย‘ย วกย•ย‘ย…ย‹ยƒย…ย‹ร—ยย’ยƒย”ยƒยŽยƒย‘ยย•ย‡ย”ย˜ยƒย…ย‹ร—ยย›ย•ย–ย—ย†ย‹ย‘ย†ย‡ยŽย‘ย•ย‘ยŽย‹ยย‘ย•วกย…ย‘ยยŽยƒย“ย—ย‡ยŽยƒ ย—ยย†ยƒย…ย‹ร—ยยŠยƒย–ย‡ยย‹ย†ย‘ย›ย–ย‹ย‡ยย‡ย—ยยƒย‡ย•ย–ย”ย‡ย…ยŠยƒย”ย‡ยŽยƒย…ย‹ร—ยวค

ย‹ย‡ยย„ย”ย‘ย•ย›ยƒยย‹ย‰ย‘ย•ย†ย‡ยŽยƒ ย—ยย†ยƒย…ย‹ร—ยยƒย•ย‹ย•ย–ย‡ยย–ย‡ย•ยƒยŽย”ย‹ยย‡ย”ย‘ยย‰ย”ย‡ย•ย‘ยƒย…ย‹ย‘ยยƒยŽย†ย‡ย‘ยŽย‹ยย‘ย•วกย…ย‡ยŽย‡ย„ย”ยƒย†ย‘ย‡ยยƒยย–ย‹ยƒย‰ย‘ย†ย‡ย‘ยย’ย‘ย•ย–ย‡ยŽยƒ ย‡ยŽยƒร“ย‘อ™อกอกอวคย‡ย•ย†ย‡ยŽยƒย‹ยœย“ย—ย‹ย‡ย”ย†ยƒวกยยƒยƒย”ร€ยƒย—ย‹ย‰ร—ยย‡ยœ ยœยƒ, ยƒย”ย…ร€ยƒย—ย‡ย†ยƒ, ย‡ย‰ย‘ร“ยƒ ยƒย”ย…ร€ยƒวฆย‹ย‡ย‰ย‘, ย‡ย’ย‹ย–ยƒยฑยŽยŽย‡ยœ, ย‰ยยƒย…ย‹ย‘ ย‘ยยœยžยŽย‡ยœ ยƒย•ย…ร—ย, Francisco Vigueras, Esther Carmona, ยƒยย—ย‡ยŽร€ยƒยœยƒย”ย–ยƒ y ยƒย˜ย‹ย‡ย” ย‘ย‹ย…ย‘ยŽย‡ยƒวค

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ยย‡ยŽ

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LA INGENIERรA MECรNICA

ยƒ ย’ย”ย‹ยย‡ย”ยƒ ยฑย’ย‘ย…ยƒ ย†ย‡ Molinumวก ย„ย‘ยŽย‡ย–ร€ย ย†ย‡ วก tuvo una importante participaciรณn de Esther Carmona, secretaria de la Fundaciรณn, y de ยƒย”ย…ร€ยƒ ย—ย‡ย†ยƒ, ยŠย‹ย•ย–ย‘ย”ย‹ยƒย†ย‘ย”ย› ย‡ยˆย‡ย†ย‡ย‘ย…ย—ยย‡ยย–ยƒย…ย‹ร—ยวค

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Foto Agencia EFE

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En la inauguraciรณn de la exposiciรณn ย‡ยŽย‹ย’ย‡

วคย‘ย•ย‹ยย‰ย‡ยย‹ย‘ย•ย›ยŽยƒย•ยยžย“ย—ย‹ยยƒย•, ย‰ยยƒย…ย‹ย‘ ย‘ยยœยžยŽย‡ยœยƒย•ย…ร—ย muestra a ย•ย’ย‡ย”ยƒยยœยƒย‰ย—ย‹ย”ย”ย‡ย—ยย”ย‘ย†ย‡ยœยย‘ย…ย‡ย†ย‹ย†ย‘ย’ยƒย”ยƒยŽยƒยย—ย‡ย•ย–ย”ยƒย’ย‘ย”ย‡ยŽย‡ย•ย–ย—ย†ย‹ย‘ย•ย‘ย›ย…ย‘ยŽย‡ย…ย…ย‹ย‘ยย‹ย•ย–ยƒย†ย‡ ยŽยƒยŠย‹ย†ย”ยžย—ยŽย‹ย…ยƒร—ยย—ยŽ ยƒย˜ยƒย”ย”ร—วค

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ยƒ ย—ยย†ยƒย…ย‹ร—ยย…ย‘ยŽยƒย„ย‘ย”ร—ย‡ยยŽยƒย’ย—ย„ยŽย‹ย…ยƒย…ย‹ร—ย ย†ย‡ ย—ย ย‡ย•ย–ย—ย†ย‹ย‘ ย†ย‡ยŽ ย’ย”ย‘ยˆย‡ย•ย‘ย” ย‘ย•ยฑย‹ย‰ย—ย‡ยŽย‡ย›ย‡ย•ย‡ย•ยƒย“ย—ย‡ยŠยƒย…ย‡ un amplio recorrido por la historia y tipologรญa de los molinos harineย”ย‘ย•วก ย‡ย•ย’ย‡ย…ย‹ยƒยŽยย‡ยย–ย‡ ย‡ย ยŽยƒ ยœย‘ยยƒ ย†ย‡

ย”ยƒยยƒย†ยƒวก ย†ย‘ยย†ย‡ ย•ย‡ ย’ย—ย„ยŽย‹ย…ร— ย‡ย•ย–ย‡ ย–ย”ยƒย„ยƒยŒย‘ย‡ยอšอ˜อ˜อ™วค A la derecha, maqueta de un moliยย‘ย†ย‡ยƒยŽยยƒย†ย‡ยย‡ย–ยƒย•วกย”ย‡ยƒยŽย‹ยœยƒย†ยƒย’ยƒย”ยƒ la exposiciรณn de ย‡ยŽย‹ย’ย‡

วคย‘ย•ย‹ยย‰ย‡nios y las mรกquinasวค

LA INGENIERรA MECรNICA

ยƒย“ย—ย‡ย–ยƒย•ย†ย‡ยŽยƒย•ย†ย‹ย˜ย‡ย”ย•ยƒย•ย–ย‹ย’ย‘ยŽย‘ย‰ร€ยƒย•ย†ย‡ย”ย—ย‡ย†ยƒย•ยŠย‹ย†ย”ยžย—ยŽย‹ย…ยƒย•ย’ยƒย”ยƒยย‘ยŽย‹ยย‘ย•ย†ย‹ย•ย‡ร“ยƒย†ยƒย•ย›ย’ย”ย‘ย†ย—ย…ย‹ย†ยƒย•ย’ยƒย”ยƒยŽยƒย‡ยšย’ย‘ย•ย‹ย…ย‹ร—ยย”ย•ย‡ย…ยŠยƒยย‹ย…ยƒย‡วค

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LA INGENIERÍA MECÁNICA

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ย‘ย•ยยƒย‡ย•ย–ย”ย‘ย•ย”ย‡ยŽย‘ยŒย‡ย”ย‘ย•ย…ย‘ยย‘ ย—ยƒยย‡ยŽย‘ยˆย—ย‡ย”ย‘ยย–ยƒยย„ย‹ยฑยย‰ย”ยƒยย†ย‡ย•ย…ย‘ยย‘ย…ย‡ย†ย‘ย”ย‡ย•ย†ย‡ยŽยƒยƒย•ย–ย”ย‘ยย‘ยร€ยƒวกย›ย—ยยƒย†ย‡ยŽยƒย•ย’ย‘ย…ยƒย•ย‘ย„ย”ยƒย•ย†ย‡ ย—ยƒยย‡ยŽย‘วกย’ย‘ย”ยย‘ย†ย‡ย…ย‹ย”รฏยย‹ย…ยƒวกย“ย—ย‡ยŠยƒยยŽยŽย‡ย‰ยƒย†ย‘ยƒยย—ย‡ย•ย–ย”ย‘ย•ย†ร€ยƒย•ย‡ย•ย—ยยƒย‡ย•ยˆย‡ย”ยƒยƒย”ยย‹ยŽยƒย”ย“ย—ย‡ย•ย‡ย…ย—ย•ย–ย‘ย†ย‹ยƒย‡ยยŽยƒย‹ย„ยŽย‹ย‘ย–ย‡ย…ยƒยย„ย”ย‘ย•ย‹ยƒยยƒย†ย‡ ย‹ยŽยžยวคยอ™อกอกอšย‡ยŽย‹ยย‰ย‡ยย‹ย‡ย”ย‘ย›ย…ยƒย–ย‡ย†ย”ยžย–ย‹ย…ย‘ ย‘ย•ยฑยย–ย‘ยย‹ย‘ ย‡ย”ยยžยย†ย‡ยœย”ย†ร—ร“ย‡ยœย’ย”ย‘ยย‘ย˜ย‹ร—ย†ย‡ย•ย†ย‡ยŽยƒ ย—ยย†ยƒย…ย‹ร—ยวกย†ย‡ยŽยƒย“ย—ย‡ย‡ย”ยƒย’ยƒย–ย”ย‘ยย‘วก ยŽยƒย‡ย†ย‹ย…ย‹ร—ยย†ย‡ย—ยยŽย‹ย„ย”ย‘ย•ย‘ย„ย”ย‡ยŽยƒยŠย‹ย•ย–ย‘ย”ย‹ยƒย†ย‡ยŽยƒย‡ย•ยˆย‡ย”ยƒยƒย”ยย‹ยŽยƒย”วคยƒย’ย”ย‘ยˆย‡ย•ย‘ย”ยƒย‡ย”ย…ยฑย‘ยย‡ย•ย•ย‡ยŠย‹ยœย‘ย…ยƒย”ย‰ย‘ย†ย‡ยŽย‡ย•ย–ย—ย†ย‹ย‘วกย“ย—ย‡ยย‘ย’ย—ย†ย‘ ย’ย—ย„ยŽย‹ย…ยƒย”ย•ย‡ย‡ยย‡ย•ย‡ยย‘ยย‡ยย–ย‘วค ยƒยŽยŽย‡ย…ย‹ย†ยƒย‡ยอšอ˜อ™อ˜วกยŽยƒ ย—ยย†ยƒย…ย‹ร—ยย›ยŽยƒยย‹ย˜ย‡ย”ย•ย‹ย†ยƒย†ย†ย‡ยƒย”ย…ย‡ยŽย‘ยยƒยŠยƒยย…ย‘ย‡ย†ย‹ย–ยƒย†ย‘ย‡ย•ย–ย‡ย–ย”ยƒย„ยƒยŒย‘วกย”ย‡ย˜ย‹ย•ยƒย†ย‘ ย’ย‘ย”ย‡ยŽย’ย”ย‘ยˆย‡ย•ย‘ย” ย—ยŽย‹ย‘ยƒยย•ร—วค

LA INGENIERรA MECรNICA

ยŽย…ย‘ยย•ย–ย”ย—ย…ย–ย‘ย”ย†ย‡ย”ย‡ยŽย‘ยŒย‡ย• ย‘ย•ยฑย‘ย†ย”ร€ย‰ย—ย‡ยœย†ย‡ย‘ย•ยƒย†ยƒย–ย—ย˜ย‘ย—ยยƒย„ย”ย‹ยŽยŽยƒยย–ย‡ย–ย”ยƒย›ย‡ย…ย–ย‘ย”ย‹ยƒย‹ยย–ย‡ย”ยยƒย…ย‹ย‘ยยƒยŽวกย‡ย•ย’ย‡ย…ย‹ยƒยŽยย‡ยย–ย‡ย‡ยยŽยƒ ยย‰ยŽยƒย–ย‡ย”ย”ยƒ ย˜ย‹ย…ย–ย‘ย”ย‹ยƒยยƒวกย’ย‡ย”ย‘ย•ย‡ยŽย‡ย”ย‡ย…ย—ย‡ย”ย†ยƒย•ย‘ย„ย”ย‡ย–ย‘ย†ย‘ย’ย‘ย”ย•ย‡ย”ย‡ยŽยƒย—ย–ย‘ย”ย†ย‡ยŽย”ย‡ยŽย‘ยŒย†ย‡ยŽยƒย—ย‡ย”ย–ยƒย†ย‡ยŽย‘ยŽย†ย‡ยƒย†ย”ย‹ย†วคย—ย…ย‘ยย’ยŽย‡ย–ยƒย„ย‹ย‘ย‰ย”ยƒยˆร€ยƒยˆย—ย‡ย’ย—ย„ยŽย‹ย…ยƒย†ยƒย’ย‘ย”ยŽยƒ ย—ยย†ยƒย…ย‹ร—ยย‡ยอ™อกอกอวกย‡ย•ย…ย”ย‹ย–ยƒย’ย‘ย”ย‡ยŽย’ย”ย‘ยˆย‡ย•ย‘ย”ย‘ย„ย‡ย”ย–ย‘ย‘ย”ย‡ยย‘วค

167


‡Ž‘Œ‡•

‡‡–”‡Žƒ•—…Šƒ•‘„”ƒ•’”‡•‡–‡•‡Žƒ‹„Ž‹‘–‡…ƒ‡•…”‹–ƒ•’‘”—‹• ‘–ƒÓ±•ǡŠ‹•–‘”‹ƒ†‘”†‡Žƒ”‡Ž‘Œ‡”Àƒ›ƒ‹‰‘†‡ ƒ”…ÀƒǦ‹‡‰‘ǡ†‡•–ƒ…ƒ‡Ž–”ƒ„ƒŒ‘“—‡•‡’—„Ž‹…ׇ—ƒ‡†‹…‹×Ž‹‹–ƒ†ƒ‡͙͙͡͞Ǥ

ƒ˜‹† ‡”ž†‡œǦ”†×Ӈœ, ingeniero de Caminos y patrono de la Fundación, ‡—ƒ˜‹•‹–ƒ”‡ƒŽ‹œƒ†ƒ‡͙͙͡͡ƒŽ…‹‡…‡—•‡—†‡‘†”‡•ǡ…‘‘–‹˜‘†‡ •—’ƒ”–‹…‹’ƒ…‹×ǡ…‘ ƒ”…ÀƒǦ‹‡‰‘ǡ‡ ‡Ž‹’‘•‹‘†‡ ǡŠ‡ –‡”ƒ–‹‘ƒŽ ‘Ž‹‘Ž‘‰‹…ƒŽ‘…‹‡–›Ǥ

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LA INGENIERรA MECรNICA

ยƒ ย„ย‹ย„ยŽย‹ย‘ย–ย‡ย…ยƒ ย†ย‡ ยŽยƒยย‹ย˜ย‡ย”ย•ย‹ย†ยƒย† ย†ย‡ยƒยŽยƒยยƒยย…ยƒ ย…ย—ย•ย–ย‘ย†ย‹ยƒ ย—ย ยยƒยย—ย•ย…ย”ย‹ย–ย‘ ย“ย—ย‡วก ย’ย‘ย” tratar de cuestiones de astronomรญa y estar escrito en italiano, se atribuyรณ durante ย•ย‹ย‰ยŽย‘ย•ยƒ ย—ยƒยย‡ยŽย‘วกยŽย‘ย“ย—ย‡ยˆย—ย‡ย”ย‡ยˆย—ย–ยƒย†ย‘ยŠยƒย…ย‡ย—ยย‘ย•ยƒร“ย‘ย•ย’ย‘ย”ยŽยƒย‹ยย˜ย‡ย•ย–ย‹ย‰ยƒย†ย‘ย”ยƒยƒย”ยย‡ย ยƒย•ย–ย”ย‹ยŽยŽย‘วคยย‡ยˆย‡ย…ย–ย‘วกย‡ย•ย–ย‡ย–ย‡ยšย–ย‘ศ‹ย†ย‡ยŽย“ย—ย‡ย•ย‡ย”ย‡ย’ย”ย‘ย†ย—ย…ย‡ย—ยยƒย’ยžย‰ย‹ยยƒยƒยŽยƒย†ย‡ย”ย‡ย…ยŠยƒย†ย‡ ย‡ย•ย–ยƒย•ยŽร€ยย‡ยƒย•ศŒย‡ย•ย—ยยƒย–ย”ยƒย†ย—ย…ย…ย‹ร—ยย†ย‡ย—ยยƒย‘ย„ย”ยƒย†ย‡ย‰ย”ยƒยย‹ยย’ย‘ย”ย–ยƒยย…ย‹ยƒย‡ยยŽยƒยŠย‹ย•ย–ย‘ย”ย‹ยƒย†ย‡ la ciencia espaรฑola, el ย”ยƒย–ยƒย†ย‘ย†ย‡ยŽยƒย‡ย•ยˆย‡ย”ยƒวกย‡ย•ย…ย”ย‹ย–ย‘ย’ย‘ย” ย—ยƒยย†ย‡ย‘ยŒยƒย•ยƒย”ยย‹ย‡ยย–ย‘ย‡ย ยŽยƒย–ร€ยย›ย‡ย†ย‹ย–ยƒย†ย‘ย‡ยยƒย”ร€ย•ย‡ยย‡ยŽยƒร“ย‘อ™อออ™วคยย‡ยŒย‡ยย’ยŽยƒย”ย†ย‡ย‡ย•ย–ยƒย’ย”ย‹ยย‡ย”ยƒย‡ย†ย‹ย…ย‹ร—ยยŠยƒย•ย‹ย†ย‘ ย”ย‡ย…ย‹ย‡ยย–ย‡ยย‡ยย–ย‡ยƒย†ย“ย—ย‹ย”ย‹ย†ย‘ย›ย”ย‡ย•ย–ยƒย—ย”ยƒย†ย‘ย’ย‘ย”ยŽยƒ ย—ยย†ยƒย…ย‹ร—ยศ‹ยƒย„ยƒยŒย‘ศŒวค

อ™อžอก


anexos Patronato Comisi贸n Asesora Directores Publicaciones Exposiciones Premios Colaboraciones Cursos Becas Biblioteca


ƒ–”‘‘•ǡƒ•‡•‘”‡•ǡ’‡”•‘ƒŽ›ƒ‹‰‘•†‡Žƒ —†ƒ…‹×‡—ƒ˜‹•‹–ƒƒŽƒƒ•ƒ†‡Žƒ‘‡†ƒ†‡‡‰‘˜‹ƒ‡‘˜‹‡„”‡†‡͚͙͙͘Ǥ 172


PATRONATO

COMISIÓN ASESORA

PRESIDENTES

PRESIDENTES

DIRECTORES

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‡†”‘ƒÀ–”ƒŽ‰‘ ͙͟͡͠Ǧ͚͘͘͘

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‡‰‘Óƒ ƒ”…ÀƒǦ‹‡‰‘ ͙͜͡͡Ǧ͚͘͘͞

–‘‹‘—‡—†‡”ƒ• 2001-2006

‰ƒ…‹‘ ‘œžŽ‡œƒ•…א 2004-2006

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‡”ƒ†‘ž‡œ‹†”—‡Œ‘ †‡•†‡͚͘͘͠

‡”ƒ”†‘‡˜—‡Ž–ƒ‘Ž desde 2006

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(ȗȌEn activo en 2012

173


Publicaciones

174


2012

2012

2011

  ÇĄ Â?Â?ƒ…—Žƒ†ƒ

ǥ‡”…°

El discurso del ingeniero en el siglo XIX. Aportaciones a la Historia de las Obras PĂşblicas

Historia de la esfera armilar. Su desarrollo en las diferentes culturas

 ÇĄÂ‡Â’ÂƒÇ˘ÇĄ ‡”Â?ƒ”†‘Č‹Â‡Â†Â•Ç¤ČŒ

2011

2010

2010

Aǥ�”‹“—‡

ÇĄÂŽÂ‹Â…Â‹ÂƒÇ˘ ÇĄ ƒˆƒ‡Ž›

VÇĄƒ”‹ƒÂ?‘

 ÇĄ‡’ƒČ‹Â‡Â†Ç¤ČŒ

El manuscrito de canterĂ­a de Joseph Gelabert

Leonardo Turriano, ingeniero del rey

Ildefonso SĂĄnchez del RĂ­o PisĂłn. El ingenio de un legado

FĂŠlix Candela. La conquista de la esbeltez

2009

2009

2008

ÇĄ ‘•¹ƒÂ?Ă—Â?

VÇĄ‹…ƒ”†‘

Pensar la Ingeniería. Antología de textos de JosÊ Antonio Fernåndez Ordóùez

Ciencia y TĂŠcnica monetarias en la EspaĂąa Bajomedieval

 VÇĄ ‰Â?ƒ…‹‘ › 2 ÇĄ‡†”‘Č‹Â‡Â†Â•Ç¤ČŒ

2008

2008

2008

  AÇĄ ”ƒÂ?…‡•…ƒ˜‹‡”

 lÇĄŽ‡ŒƒÂ?†”‘

ǥ�–‘�‹‘

ÂŽÂƒÂ”Â–Â‹Ć¤Â…Â‹Â‘†‡ —ƒÂ?‡Ž‘—””‹ƒno para elevar agua al AlcĂĄzar de Toledo (s. XVI). Modelo con escaleras de Valturio

PirĂĄmides y Obeliscos. Transporte y construcciĂłn: una hipĂłtesis

FundaciĂłn Juanelo Turriano (1987-2008)

Ars Mechanicae. IngenierĂ­a medieval en EspaĂąa

175


Publicaciones

2006

2005

2001

 ÇĄ Ž‡Â?Â?Ǣ    ÇĄ ‘•¹ÂƒÂ”Ă€Âƒ› ÇĄ ‘”‰‡‹‰—‡Ž

 VÇĄ ‰Â?ƒ…‹‘ › ÇĄ •ƒ„‡Ž

ÇĄ ‘•¹ƒÂ?Ă—Â?

El Real Ingenio de la Moneda de Segovia. Maravilla tecnolĂłgica del siglo XVI

176

IngenierĂ­a romana en Hispania. Historia y tĂŠcnicas constructivas

El puente moderno en EspaĂąa (1850-1950). La cultura tĂŠcnica y estĂŠtica de los ingenieros

2001

1997

1996

ǥ ‘•¹‹‰—‡Ž

ǥ�‰‡Ž†‡Ž

AnĂłnimo

EvoluciĂłn y tipos de molinos harineros. Del molino a la fĂĄbrica

‡Â?„ŽƒÂ?œƒ‹…‘Â?Â‘Â‰Â”ÂžĆ¤Â…Âƒ de Juanelo Turriano

Los VeintiĂşn Libros de los Ingenios y de las MĂĄquinas de Juanelo Turriano

1996

1995

1994

ǥ—‹•

ǥ‘„‡”–‘

Anj  ǥ ‘•¹�–‘�‹‘

‘…—�‡�–‘•„‹‘‰”žƤ…‘• de Juanelo Turriano

JosĂŠ RodrĂ­guez de Losada. Vida y obra

Presas antiguas de Extremadura

1992

1991

1990

AÇŚÇĄƒÂ?—‡Ž

Anjǥ —Ž‹‘

ǥ ‘”‰‡

Cuatro obras hidrĂĄulicas antiguas entre la Mesa de OcaĂąa y la Vega de Aranjuez

Un enigma histĂłrico. El BaĂąo de la Cava

JosĂŠ MarĂ­a de Lanz: Prefecto de CĂłrdoba


1990

1990

1990

ǥ�–‘�‹‘

 lÇĄÂ•Â–Ă€Â„ÂƒÂŽÂ‹Âœ

El Real Gabinete de MĂĄquinas del Buen Retiro. Una empresa tĂŠcnica de AgustĂ­n de Betancourt

Pedro Bernardo Villarreal de BĂŠrriz (1669-1740). Semblanza de un vasco precursor

AÇŚ  ÇĄ ‘•¹ Â?–‘Â?‹‘ › ÇĄŽ‡šƒÂ?†‡” Ǥ

1985

1986

1990

Anj  ǥ ‘•¹�–‘�‹‘

Anj  ǥ ‘•¹�–‘�‹‘

 ÇĄ —ƒÂ?‡Ž‘

En busca de Betancourt y Lanz

Juanelo Turriano. Charles V’s Clockmaker. The man and legend

Breve discurso a su Majestad el Rey CatĂłlico en torno a la reducciĂłn del aĂąo y reforma del calendario

Giovanni Francesco Sitoni. Ingeniero renacentista al servicio de la Corona de EspaĂąa

177


Exposiciones Ildefonso SĂĄnchez del RĂ­o. El ingenio de un legado ”‰ƒÂ?‹œƒ†ƒ’‘” —Â?Â†ÂƒÂ…Â‹Ă—Â? —ƒÂ?‡Ž‘—””‹ƒÂ?‘

2011

Sede ‘Ž‡‰‹‘†‡ Â?‰‡Â?‹‡”‘•†‡ƒÂ?‹Â?‘•ǥƒÂ?ƒŽ‡•›—‡”–‘•†‡ ƒ†”‹† ComisarĂ­a Pepa Cassinello ‡”Â?ƒ”†‘‡˜—‡Ž–ƒ‘Ž Fecha 6 octubre 2010 / 3 noviembre 2011

FĂŠlix Candela. La conquista de la esbeltez ”‰ƒÂ?‹œƒ†ƒ’‘” —Â?Â†ÂƒÂ…Â‹Ă—Â? —ƒÂ?‡Ž‘—””‹ƒÂ?‘ Â?‹˜‡”•‹†ƒ†‘Ž‹–¹…Â?‹…ƒ†‡ƒ†”‹†

2010

Sede ‡Â?–”‘‘Â?†‡—“—‡ǥƒ†”‹† ComisarĂ­a Pepa Cassinello Fecha ͚͛ˆ‡„”‡”‘Č€͙͠ƒ„”‹Ž͚͙͘͘

Ars Mechanicae. IngenierĂ­a medieval en EspaĂąa ”‰ƒÂ?‹œƒ†ƒ’‘” ‹Â?‹•–‡”‹‘†‡ ‘Â?‡Â?–‘ǥ Sede ‡ƒŽ ÂƒÂ”Â†Ă€Â?‘–žÂ?‹…‘ǥƒ†”‹†

2008

ComisarĂ­a

‰Â?ƒ…‹‘ ‘Â?œžŽ‡œÂƒÂ•Â…Ă—Â? ‡†”‘ÂƒÂ˜ÂƒÂ•Â…Â—ÂąÂ•ƒŽƒ…‹‘ Fecha Í™Í&#x;‘…–—„”‡͚͘͘͠Č€Í&#x;‡Â?‡”‘ÍšÍ˜Í˜ÍĄ

Í™Í&#x;Í 


Artifex. Ingeniería romana en España ”‰ƒ‹œƒ†ƒ’‘” ‹‹•–‡”‹‘†‡†—…ƒ…‹×ǡ—Ž–—”ƒ›‡’‘”–‡ ‹‹•–‡”‹‘†‡ ‘‡–‘ǡ —†ƒ…‹× —ƒ‡Ž‘—””‹ƒ‘ Sede —•‡‘”“—‡‘Ž×‰‹…‘ƒ…‹‘ƒŽǡƒ†”‹†

2002

Comisaría

‰ƒ…‹‘ ‘œžŽ‡œƒ•…א Fecha ͚͘ƒ”œ‘Ȁ͟Œ—Ž‹‘͚͚͘͘

Felipe II. Los ingenios y las máquinas. Ingeniería y obras públicas en la época de Felipe II ”‰ƒ‹œƒ†ƒ’‘” Sociedad Estatal para la Conmemoración de los ‡–‡ƒ”‹‘•†‡ ‡Ž‹’‡

›ƒ”Ž‘• Sede ‡ƒŽ ƒ”†À‘–ž‹…‘ǡƒ†”‹†

1998

Comisaría

‰ƒ…‹‘ ‘œžŽ‡œƒ•…א Fecha ͙͘•‡’–‹‡„”‡Ȁ͙͘‘˜‹‡„”‡͙͡͡͠

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”‡‹‘• ƒ”…ÀƒǦ‹‡‰‘†‡ ˜‡•–‹‰ƒ…‹×†‡Žƒ ‹•–‘”‹ƒ†‡Žƒ‡…‘Ž‘‰Àƒ ƒ —†ƒ…‹× —ƒ‡Ž‘—””‹ƒ‘…‘˜‘…ƒ…‘…ƒ”ž…–‡”„‹‡ƒŽ‡Ž”‡‹‘ –‡”ƒ…‹‘ƒŽ AǦ  ǡ†‘–ƒ†‘…‘͙͚Ǥ͘͘͘‡—”‘•ǡ con el tema de ˜‡•–‹‰ƒ…‹×‘‹˜—Ž‰ƒ…‹×†‡Žƒ ‹•–‘”‹ƒ†‡Žƒ‡…‘Ž‘‰Àƒǡ‡…—ƒŽ“—‹‡”ƒ†‡•—•”ƒƒ•ǤŽ…‘…—”•‘‡•–žƒ„‹‡”–‘ƒ Žƒ’ƒ”–‹…‹’ƒ…‹×†‡…—ƒŽ“—‹‡”’‡”•‘ƒˆÀ•‹…ƒ†‡ƒ…‹‘ƒŽ‹†ƒ†‡•’ƒÓ‘Žƒ‘‡š–”ƒŒ‡”ƒǡ“—‡’”‡•‡–‡—–”ƒ„ƒŒ‘‡‡•’ƒÓ‘Žǡ‘”‹‰‹ƒŽ‡ ‹±†‹–‘Ǥ

VI Edición Premio García-Diego 2011

V Edición Premio García-Diego 2009

—„ƒ”‹‘‡”ƒŽǤÀƒƒ†Àƒ†‡•—…‘•–”—……‹×ǡˆ—…‹‘ƒ‹‡–‘›’”—‡„ƒ•

Historia técnica de la resina en España ȋ͙͚͠͞Ǧ͙͛͡͞Ȍ

—ƒ ‰ƒ…‹‘Šƒ…א—Ž‡•

—ƒ—‹•‡Ž‰ƒ†‘ƒ…Àƒ•

IV Edición Premio García-Diego 2008

III Edición Premio García-Diego 2006

Premio desierto

El transporte de grandes pesos en el Antiguo Egipto Ž‡Œƒ†”‘‹…ƒ”–ƒ„ï• Ciencia y técnica monetarias en la España Bajomedieval ‹…ƒ”†‘ה†‘„ƒ†‡ŽƒŽƒ˜‡

II Edición Premio García-Diego 2004

I Edición Premio García-Diego 2000

Ž‡ƒŽ ‰‡‹‘†‡Žƒ‘‡†ƒ†‡ Segovia

‘•’—‡–‡•†‡Ž —ƒ†ƒŽ“—‹˜‹”

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Colaboraciones con otras instituciones ƒ —†ƒ…‹× —ƒ‡Ž‘—””‹ƒ‘Šƒ…”‡À†‘•‹‡’”‡‡Žƒ—–‹Ž‹†ƒ††‡Žƒ…‘Žƒ„‘”ƒ…‹×…‘‘–”ƒ•‹•–‹–—…‹‘‡•’ƒ”ƒŽƒ”‡ƒŽ‹œƒ…‹×›†‹ˆ—•‹×†‡•—•’”‘›‡…–‘•ǡ–ƒŽ‡•…‘‘’—„Ž‹…ƒ…‹‘‡•ǡ‡š’‘•‹…‹‘‡•ǡ…—”•‘•‡•’‡…‹ƒŽ‹œƒ†‘•‘…‘‰”‡•‘•…‹‡–ÀƤ…‘•ǡ‡–”‡‘–”‘•ǡ’ƒ”ƒ Ž‘…—ƒŽ•‡ŠƒƤ”ƒ†‘ƒ…—‡”†‘•›…‘˜‡‹‘•†‡…‘Žƒ„‘”ƒ…‹×…‘†‹˜‡”•ƒ•‡–‹†ƒ†‡•Ǥ

INSTITUCIONES

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Cursos de verano y extensión universitaria

Fundación Juanelo Turriano y Universidad de Granada Directora: Isabel Bestué

Fundación Juanelo Turriano y Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) Directora: Alicia Cámara

2012

2012

La restauración de la obra civil y el patrimonio industrial

Ingeniería romana. Que la majestad de tu Imperio cuente con el adecuado ’”‡•–‹‰‹‘†‡‡†‹Ƥ…‹‘•’ï„Ž‹…‘•

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Segovia

2011 Fuentes de energía. Pasado y presente Ž—Ó‡…ƒ”Ǥ ”ƒƒ†ƒ 2010 Maestros del hormigón Ž—Ó‡…ƒ”Ǥ ”ƒƒ†ƒ 2009 Puertos andaluces y su historia Ž—Ó‡…ƒ”Ǥ ”ƒƒ†ƒ 2008 En torno a Betancourt: la ingeniería entre la Ilustración y la Revolución Industrial Ž—Ó‡…ƒ”Ǥ ”ƒƒ†ƒ 2007 Recuperación del patrimonio industrial y de la obra pública Ž—Ó‡…ƒ”Ǥ ”ƒƒ†ƒ 2006 Técnica e industria en la España medieval Ž—Ó‡…ƒ”Ǥ ”ƒƒ†ƒ 2005 Arte y técnica en el Siglo de Oro español (IV Centenario de El Quijote) ‘–”‹ŽǤ ”ƒƒ†ƒ

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Becas

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Convocatoria 2009-2011   A  ��•‹•†‘…–‘”ƒŽǣŽŽ±š‹…‘†‡Ž‘•‹‰‡‹‘•›ž“—‹ƒ•‡‡Ž‡ƒ…‹‹‡–‘Ǥ ‹”‡…–‘”†‡–‡•‹•ǣ͔ ‡•ï•ƒ…Š‘—“—‡ȋ‹”‡…–‘”ƒ†‡Ž‡–”‘†‡ ˜‡•–‹‰ƒ…‹‘‡•‹‰òÀ•–‹…ƒ•†‡Žƒ‹˜‡”•‹†ƒ††‡ƒŽƒƒ…ƒȌǤ 2 ‡•‹•†‘…–‘”ƒŽǣ”ƒœƒ†‘†‡Žƒ…—‡†—…–‘”‘ƒ‘†‡ž†‹œǤ ‹”‡…–‘” †‡ –‡•‹•ǣ ƒˆƒ‡Ž —…ƒ• —‹œ ȋƒ–‡†”ž–‹…‘ †‡ Žƒ‹˜‡”•‹†ƒ† †‡‡˜‹ŽŽƒǤ ‡’ƒ”–ƒ‡–‘†‡‘•–”—……‹‘‡•”“—‹–‡…–א‹…ƒ•

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Convocatoria 2011-2012   ‡•‹•†‘…–‘”ƒŽǣ•–—†‹‘†‡Ž‘•‡Ž‘Œ‡•†‡Žˆ‘•‘Ǥ†‹…‹×†‡Žƒ—•…”‹–‘›ƒžŽ‹•‹•†‡ ˆ—…‹‘ƒ‹‡–‘†‡Ž‘•”‡Ž‘Œ‡•†‡‰—ƒǡ”‰‡–‹˜‘›ƒ†‡ŽƒǤ ‹”‡…–‘”†‡‡•‹•ǣ —Ž‹‘ƒ•×‘›ƒȋ‹˜‡”•‹–ƒ–—–֐‘ƒ†‡ƒ”…‡Ž‘ƒȌǤ   ‡•‹•†‘…–‘”ƒŽǣŽ’ƒ–”‹‘‹‘‹†—•–”‹ƒŽ›•——•‡ƒŽ‹œƒ…‹×ǣ ž„”‹…ƒ•†‡ƒ —ƒ†‡Ž…ƒ”ƒœǤ ‹”‡…–‘”†‡–‡•‹•ǣ ‘”ƒ…‹‘ ‡”ž†‡œȋ‹˜‡”•‹†ƒ††‡ƒ•–‹ŽŽƒǦƒƒ…ŠƒȌǤ ‘†‹”‡…–‘”†‡–‡•‹•ǣƒ”Àƒ†‡Žƒ”‡ƒÓ‹œƒ”‡•—‹œȋ‹˜‡”•‹†ƒ††‡ƒ•–‹ŽŽƒǦƒƒ…ŠƒȌǤ

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Biblioteca

188


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Este libro se terminó de imprimir en los primeros días de diciembre de 2012, coincidiendo el año con el bicentenario de las ‘”–‡•†‡ž†‹œ



Fundación Juanelo Turriano: 1987-2012 : 25 años