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L o s VEINTIÚN LIBROS DE LOS INGENIOS Y MÁQUINAS DE JUANELO TURRIANO

Transcripción del manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional de Madrid


NORMAS DE TRANSCRIPCIÓN

P a r a la realización de esta transcripción n o se han seguido unas normas paleográficas rigurosas a fin de facilitar la lectura de esta obra. Sin embargo se ha p r o c u r a d o conservar, en t o d o lo posible, el estilo de texto original. 1. La grafía original del texto h a sido actualizada. En el uso de mayúsculas y minúsculas, acentuación de las palabras y puntuación del texto, se ha seguido el sistema empleado actualmente. 2. E n la separación de palabras se ha seguido también el sistema actual, uniendo las letras o sílabas de una palabra que aparecían escritas p o r separado, y separando las que iban unidas incorrectamente. 3. E n el caso de las contracciones en desuso, como «deste», «della», «del», etc., se ha a d o p t a d o el criterio de desarrollar lo abreviado (de este, de ella, de él) para que ofreciese m e n o s dificultades de interpretación. 4. Las consonantes dobles (ss, ff) se han transcrito como sencillas a fin de facilitar la lectura. La g ha sido sustituida p o r su valor de c ó z. 5. Se han desarrollado, escribiéndolas con todas sus letras, las palabras abreviadas, a u n q u e sin indicar las letras suprimidas. 6. C u a n d o alguna palabra ofrecía dificultades de interpretación debido a la falta de alguna letra o sílaba de la misma, éstas se han agregado al texto, figurando entre corchetes y en cursiva. 7. Las aclaraciones y explicaciones al texto se han indicado en nota. 8. Igualmente, se han indicado en nota las adiciones al texto de las palabras que van al margen o interlineadas, así como las anomalías y tachaduras. 9. E n el caso de las repeticiones inútiles de sílabas o palabras en el texto, para facilitar la lectura, en los casos del cambio de folio se han suprimido y, en el resto, se han indicado en nota. 10. Las lagunas p r o d u c i d a s en el texto, debidas a que el escribano ha dejado un hueco en blanco, se h a n indicado entre paréntesis y en cursiva (en blanco). 11. El paso de u n folio a otro se ha indicado mediante una línea inclinada y en cursiva el n ú m e r o de folio, con indicación del recto o vuelto: /fol. 254r, /fol. 254v. 12. Los verbos se han actualizado en su mayoría, aunque, en algunos casos, al no plantear problemas de comprensión se han dejado en su forma original (allegar, abajar, apegar, abastar, afijar...). 13. Los adverbios: ansi, agora, mesmo, dende, dempues, abastante, etc., han sido actualizados (así, ahora, mismo, desde, después, bastante). 14. Aquellas palabras que aparecen escritas de dos maneras, a u n q u e estén aceptadas p o r la Real Academia de la Lengua Española, se han cambiado p o r la acepción actual. 15. Las palabras, actualmente en desuso, recogidas en el Diccionario de la Lengua Española, se han dejado como aparecen en el manuscrito (soterráneo, rompidas, berniz, anorias, etc.) E n los casos que no estaban recogidas se han modificado si se conocía su equivalencia m o d e r n a (hipotenusa por potemisal, p u d r i r p o r podrecer, etc.).

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Los Veintiún Libros de los Ingenios y Máquinas de Juanelo, los cuales le mandó escribir y demostrar el católico Rey D. Felipe Segundo, Rey de las Españas y Nuevo Mundo

Dedicadas al Serenísimo Señor Don Juan de Austria, hijo de el católico rey D. Felipe Cuarto, rey de las Españas.


Los cinco Libros Primeros de los Ingenios de Juanelo, Ingeniero Mayor de la Majestad de el Rey D. Felipe Segundo Rey de las Españas y Nuevo Mundo.

Conságralos al mismo Señor Rey D. Felipe Segundo, su Señor, por mano de Juan Gómez de Mora, su Valido.

TOMO PRIMERO

Trátase en el Primero Libro, de las calidades de las aguas, de sus propiedades y de su generación o nacimiento. En el Segundo, se trata de las experiencias que se han de hacer para hallar agua. El Tercero trata de cómo se puede conocer el agua ser buena o no. El Cuarto trata de los niveles y sus formas para estas fábricas. El Quinto trata de diversas maneras de betunes.


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LIBRO PRIMERO De las calidades de las aguas y de sus propiedades y de su generación o nacimientos

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abiendo determinado de investigar las cosas de la naturaleza, las cuales hay dentro de la tierra y el modo cómo se engendren, conveniente cosa será considerar primero su nacimiento y causas. Porque las cosas que naturaleza engendra dentro de las entrañas o en el regazo de la tierra o en sus concavidades o cavernas, las cuales cosas hay parte de ellas, las cuales se nos manifiestan de si mismas y hacenden 1 arriba encima de la2 tierra, como es el humor, la exhalación, el aire y el fuego. Y parte de estas cosas se cavan con industria y fuerza de brazos de dentro de la tierra, como es algún metal o tierra que tenga en sí alguna particular virtud, como es algún jugo congelado o alguna piedra que sea de naturaleza, como son aquellas cosas que llamamos mixtos. Convendrá que, para esto tratemos primero de la generación y de las causas3 de la primera materia porque, aún esas, son elementos, las cuales se van llegando a la naturaleza de los elementos 4 y son muy cercanas o propincuas a ellos. De modo que de la tierra se engendran las cosas que son de una tercera especie y, queriendo empezar, de la primera, la cual es el humor, hállase en él que se comprenden 5 dos cosas o dos naturalezas, que es la agua y el jugo. Y porque el agua es una cosa sutil, la cual es casi como cosa simple, sin Ufol. lv] ninguna mezcla, y el jugo es una materia crasa y mezclada y, por tanto, trataremos primero del origen del agua. Hay o tienen duda algunos, si la agua que mana de las fuentes o pozos, si el agua de estas fuentes o pozos, si ella se recoge toda ella de las aguas de las lluvias e si tiene de la misma tierra su principio o nacimiento, o si la una parte de 1

Por:

2

Tachado:

3

Tachado: de las cosas.

4

Tachado: las cuales cosas.

5

Tachado: en él.

¿ascienden? misma.

[83]


TOMO

I

esta agua es de las lluvias y la otra parte si se engendra dentro de las mismas concavidades de la tierra. Hay algunos que tienen opinión que toda la agua que se allega, que sea de las lluvias, la cual ha penetrado dentro de la tierra. Y hay algunos de ellos que lo prueban esto, en esta manera: que en aquellas partes donde acostumbra llover a menudo y muchas y grandes lluvias, que es en aquellas partes que son templadas, que no son muy frías, ni muy calientes, las cuales partes son hacia el Norte o de Mediodía, que en estas tales partes manan muchas aguas y que hay en ellas muchas fuentes, por donde se ven muchos ríos y arroyos correr, de los cuales se riega la tierra. Y por el contrario, en las partes donde casi no suele llover o, si llueve, llueve muy tarde, las cuales tierras se hallan siempre dispuestas a grandísimos calores del sol, y en ellas se hallan muy poquísimas fuentes manar y6 ríos que se vean caminar o correr por aquellas tierras. Mas al fin va en aquellas partes, las cuales aguas vienen de muy aparte de aquellos lugares, que son muy apartados de estas tierras cálidas. Y con esta razón concluyen que toda, o sea de fuentes o de pozos, que es de agua que llueve y que se va embebiendo por de dentro de las fibras de la tierra y que así se va recogiendo el agua en este modo. Hay otros que son de otra opinión, como lo cuenta o refiere Aristóteles, los cuales lo prueban, en esta manera, diciendo: que las aguas que se sacan para [¿?r]riba en el aire, por causa del sol, y como va lloviendo, y después de caída va Ufol. 2r] penetrando por las fibras de la tierra, la cual agua se va después recogiendo junta en un lugar, del cual7, después, va manando como de un vaso muy grandísimo 8 o recipiente y de ahí va9 a todos los ríos. Y que esto va10 procediendo y que no se engendra ninguna agua dentro de las concavidades o cavernas de la tierra, y que así se van11 llegando y congregando en una las aguas. Y que de esta manera (que en el invierno y que así)12 se van engendrando tantos ríos y tantas fuentes y arroyos. Y13 por esta causa se ven, ordinariamente, en los inviernos manar más aguas y en más cantidad que no hace en el verano. Y que hay algunas aguas que vienen a faltar y otras no faltan, porque aquellas aguas que tienen el vaso grande y muy capacísimo de tanta agua, que le abaste para todo el tiempo que dura el año, hasta que vuelva a llover al invierno viniente. Y hay otras aguas que son perpetuas, que jamás vienen a secarse aquellos ríos o fuentes que tienen menores o más pequeños vasos, que por esa causa de ser pequeños tienen poca cantidad de agua y, por esta causa, se secan muy fácilmente, por causa que se les vacía muy presto su vaso y antes que se les vuelva a llover y que se tornen a henchir de nuevo su vaso. Es cosa muy cierta y no hay que dudar cuanto a esta opinión, primero, que aquella parte de tierra que se halla, ordinariamente, sujeta a los grandísimos ca6

Tachado: muy

7

Tachado: lugar.

8

Tachado: va manando como de un solo vaso.

9

Tachado:

poquitos.

manando.

10

Tachado: va de mano en mano.

11

Tachado: a.

12

En el original aparece entre paréntesis.

13

Tachado: que.

[84]


Libro

Primero

lores del sol en aquellas partes tórridas, que están quemadas del sol, y que esta parte en sí tiene muy pocas aguas o fuentes, ni aún ríos. Y que la parte que es hacia el Norte es habitada, y que la parte contraria, o oposita a esta, que es hacia el Mediodía, tiene muchas fuentes y ríos. Ufol. 2v.] Mas no por eso sigue que la agua no tenga su nacimiento dentro de la tierra, en alguna parte. Y por tanto, donde habría tantos ríos y tan grandes y tan perpetuas sus aguas, sin jamás faltar ni secarse aquellas pocas fuentes de los ríos, que se ha dicho, se sabe y se lee que no todas estas partes, que son tórridas, que de muy aparte les viene sus aguas. Mas conviene que también ahí les nazcan aguas y algunos ríos, así como algunos geógrafos [dicen] que el río Nigro nace en el monte Tela, y el río Masitolo y en aquel otro monte que llaman el Carro. Los cuales montes son en Libia interior y muy pocas veces les llueve muy continuamente. Tienen un continuo verano, de modo que necesariamente habían de ser faltos de aguas, mas vese que en todo tiempo del año corren aquellos ríos y vese en el Hesponto y en otras partes, que en esta distancia de tierra se hallan, puesto que se les suelen secar, muy a menudo, en el verano las fuentes y aún los ríos. Y en las partes de Alemania, cuando hay algunas grandes sequedades de tiempo, que es muy larga, de modo que en una semejante tierra, por razón de la grande sequedad se les debía secar todas las aguas por causa del larguísimo verano, que casi hay un continuo verano. Y si no se engendrasen aguas dentro de aquellos montes, mas que, solamente, manasen aquellas aguas, que de solas las lluvias se ajuntan de necesidad, se habían de secar. Mas porque aquí, en estas partes se secan las aguas, y de aquí se colige y, aún, concluyen que no todas las aguas de las lluvias se juntan, mas conviene que en la misma parte que nazcan estas aguas. Ni menos se puede argüir que aquellos montes se. atraen las aguas o se beben las aguas, que de las nieves se van derritiendo de otras partes, que por causa de la grande calor Ufol. 3r] del sol se van deshaciendo, por causa de su muy grandísima altura que tienen. Y que por esta causa tienen estas tales tierras ríos ordinarios, que manan siempre de sus fuentes. Y dado caso que en lugares tan tórridos tengan el cielo, se hagan nieves, las cuales muy menos que no son las lluvias, que en esas tierras haya nieves. De modo que en el deshacerse estas nieves causaría que creciesen los ríos, mayormente, las del río Nigro y las del río Masitolo, como suele acaecer en las lagunas del río Nilo por causa de las nieves que se derriten del monte Luna. Y si creemos a Anaxágoras Calcemino y a los demás de los que siguen su opinión, los cuales escriben del río Nilo y de sus crecidas, si la verdad nos escriben, pues que vemos que por causa de las nieves crecen, tan sólo, los ríos de más cantidad de agua. Mas estas nieves no son la causa de hacerlos, ni que manen perpetuamente, como vemos que ellos manan. Pues conviene que confesemos que esos ríos manan de aguas que son perpetuas, pues vemos que esos tales ríos corren perpetuamente sin jamás faltar de correr, y por esta razón son ellos tan ordinarios, sin faltar punto sus aguas. Y no hay de que dudar, que también en los lugares que son muy sequísimos, se hallan aguas cavando en aquellas tierras, pozos, doscientos o trescientos pies; se ven manar aguas, muy abundantes vetas de aguas. La otra opinión es de Aristóteles reprobada, el cual dice en esta manera: que quien hiciese un vaso tan grande o tan capaz que toda la agua que corre, el cual [85]


TOMO

I

vaso fuese bastante para recoger toda, se podría ver con facilidad cuanta agua se hubiese recogido en espacio de un año. Y se hallaría tanta cantidad de agua congregada que sería muy mayor, que no es toda la tierra, ni su redondez. Y caso que no allegase a tanta cantidad, faltaría muy poco y, por tanto, no hay que dudar que por todos los años, corren y manan por [/fol. 3v] todas las partes aguas, ordinariamente. Y también, se pueden repugnar a esta misma opinión y contradecirla en esta manera: si este vaso o recipiente de aguas es dentro de la tierra, de fuentes, no puede echar para arriba sus aguas y enviarla para en alto hasta salidas de las fuentes, por causa que el agua no puede de suyo ir para arriba, ni menos es ella hasta hacer eso. Por causa de su gravedad y peso no va ni puede ir para arriba. Y si este vaso está encima de las fuentes, puede vaciar sus aguas, como hacen las arcas de las fuentes que se llevan por caños o arcaduces, porque no echaría más agua afuera, si una vez se hubiese vaciado. Mas esto no es ello así, porque si esto fuese verdad, un tal vaso se habría ya hallado en especial. Y aquellos que cavan las minas de los metales, los cuales del todo han allanado los montes y los han revuelto de alto abajo, y jamás no han hallado un semejante vaso. Pues conviene que confesemos y digamos que tales vasos no hay dentro de la tierra y, si caso hay tales vasos, y que ellos no son causa de hacer ninguna fuente. Pues de aquí se sigue que no todas las aguas de las fuentes, ni de la de los pozos, sean de aguas de las lluvias allegadas. Aquellos que al contrario de lo de arriba dicen, que toda agua nace debajo de la tierra, los cuales se mueven por dos razones que toman de las cuestiones naturales de Séneca. Y la una es esta: que no hay ninguna lluvia que sea tan grande, que por grande que sea ella, no puede penetrar dentro de la tierra más de diez pies y que no moja más abajo ninguna lluvia por muy grandísima que ella sea. Porque la superficie de la tierra está tan seca encima que se toma ésa y se incorpora en sí o consigo todo aquel humor. Y si la tierra es humedecida o mojada muy bien de agua no recibirá más, tan sólo una gota y, entonces, deshecha la agua de sí y [/fol. 4r] envíala para los arroyos y barrancos, y a las partes donde pueda correr y ir a los ríos. La otra razón es esta: que vemos algunos montes, los cuales no participan punto de tierra encima de ellos, ni menos tienen encima la menor yerba que ser pueda, los cuales montes no tienen más de sólo piedra sobre sí. Y vemos que estos tales montes, que manan o nacen de ellos muy grandísima cantidad de aguas, las cuales aguas no pueden ser de aguas de lluvias congregadas o recogidas dentro de estos montes, por causa que las peñas o piedra, que es materia sólida, y no tienen en sí parte por donde puedan recibir dentro de sí, ni se puede el agua de las lluvias empaparse en las piedras. Pues conviene que concluyamos que toda la agua de las fuentes y de los pozos que dentro de la tierra se engendra, y es cosa muy cierta que todas las especies de las tierras, que cada una de ellas tienen sus vetas o fibras, mas la una las tiene más anchas que la otra y que no penetran por una misma manera. Penetran las lluvias y descienden abajo, en las entrañas de la tierra, por causa de las muy pequeñas fibras o vetas que tiene la tierra. [86]


Libro

Primero

Mas aquellos que sólo han tenido cuenta con sólo la estrechura y menudencia de las vetas y a la angostura de ella, y no han tenido cuenta ni han mirado a las muy anchas venas, y a las muy altas fibras y a las juntas y hendiduras y aberturas que tienen las peñas, y han dicho que no mojar más abajo la agua de diez pies dentro de la tierra. Mas las aguas de las lluvias penetran y descienden por las grandes aberturas y por la ralez de la tierra, y de las vetas desciende y penetra abajo, hasta lo íntimo de aquélla. Y de esto se nos hace muy manifiesto y se nos da muy clara noticia, aquellos montes que han sido cavados a fuerza de brazos, para hacer en ellos algunas cavas o bodegas o fundamentos de edificios, [//o/. 4v\ para tener vinos o otros licores. Y por esta razón, aún, que se hallen más fuentes y mayores en las partes que son hacia la parte del Norte o Septentrión, o de Mediodía o en aquellas partes que ordinariamente son muy cálidas. Y en las partes de Alemania vese que en el tiempo del verano, cuando hace muy grandísimos calores, algunas fuentes vienen muy a menos, y otras se vienen a secar del todo sus aguas, aunque las aguas que llueven van corriendo para abajo por los despeñaderos y breñas de peñas, sin participar punto de tierra, para que pueda recibir en sí gota de agua. Mas no por eso deja de penetrar para abajo por resquicios de las peñas y por juntas y rendijas y vetas de aquélla y de la tierra, las cuales no son muy apartadas de aquellas caídas de las peñas y declinación muy grandísimas. Y así se la van atrayendo a sí la agua esas caídas y estas aguas con las demás, que en otro modo van después manando por alguna peña, por hacia fuera. De estas razones sacamos muy al contrario: no toda agua, así de fuentes como de pozos, se engendra dentro de las concavidades de la tierra. Pareciéndoles, pues, que la experiencia les mueve a decir que: hay dos maneras de aguas que de las fuentes o de los pozos manan. Y que la una agua se engendra dentro de la tierra, y que la otra manera de agua es aquella que la tierra se atrae del agua que llueve y de nuevo se vuelve a salir de la tierra por la otra manera. La Acostumbramos llamar agua del cielo, y es por razón que desciende del aire a la tierra abajo. Mas hay quien duda de esto diciendo: si la agua, que no es allegada de las lluvias, si, desde ab inicio, desde el principio del mundo, si nacía toda, y que, después, va manando ordinariamente de aquélla. O si se va engendrando ordinariamente de nuevo cada día continuamente. O si en alguna parte se va de aquella antigua agua manando. O que en alguna parte se vaya engendrando de continuo Ufol. >]. Hay cerca de esto dos opiniones: que esta agua que no se engendra. Y que la primera, que es muy antiquísima, los Geólogos dicen: que toda agua viene de la mar, porque dicen para esto, que la mar entra muy escondidamente por las concavidades y cavernas, escondidas dentro de la tierra, y va, después, derramándose por todas las venas de la tierra. Y porque va penetrando y pasando por tantas partes del mundo, se va colando a un cierto modo que va perdiendo lo amargo y salado, y toma un buen sabor y simple. Y después, como se va saliendo de la tierra libremente por sus venas y, entonces, viene a hacer muchas fuentes por diversas partes. Las cuales aguas se van allegar o ajuntar en hacer ríos con ellas mismas y, de dulces y buenas, se vuelven a la misma mar, y vuelven donde salieron de primero, saladas y amargas. [87]


TOMO

I

Es verdad que hemos de considerar, que la mar con sus aguas moja la tierra, porque en algunas partes penetra por ella muy adentro de la tierra, por sus vetas o venas y fibras. En algunas fuentes marítimas se ve como se le aumenta la agua, mas no puede la mar entrar a esparcirse dentro de los montes, que son muy más altos que la mar. Y porque es cosa ordinaria, que jamás la vemos ir de suyo para arriba, antes bien, vemos que por ser ella pesada, camina y corre para abajo, mas porque el agua no se allega o ajunta de las lluvias y descienden de los montes y no viene de la mar. La otra opinión quieren que esta agua que mane de los lagos, que son soterráneos, porque dicen en esta manera: así como la tierra sustenta intrínsecamente las lagunas y lagos y mares, y que así que la parte interior, que con su grande anchura no tan sólo tiene abrazadas las aguas saladas, [//o/. 5v\ mas aún muy grandísima cantidad de aguas dulces. Y si la tierra no tuviese una tan grande cantidad de aguas, a manera de un vaso lleno, que las va vertiendo por sus venas, para afuera, no se vería tantas aguas, ni tan ordinarias, como se ven manar de tantas fuentes y tan perpetuas y tan ordinariamente. Mas a esta razón se les responde que algunas cuevas se hallan haber sido hechas a fuerza de brazos dentro de la tierra o por causa de las inundaciones de las aguas, o por causa de algún grandísimo viento, o por causa de algún fuego. No se ve en estas tales cuevas o concavidades que echen aguas de sí que sean perpetuas. Mas si alguna vez se suelen henchir, muy presto se vacían, por causa que son rompidas y agujereadas, y que dentro de ellas duran muy poco tiempo las aguas. Y acerca de esto, si la agua nos mana de estos lagos, que son interiormente dentro de la tierra, de necesidad conviene que en ellos sean asimismo nivel de donde vierten o manan sus aguas y aún más altos, a lo menos a una misma igualdad. Porque el agua tiene esta propiedad, que empezando a manar, va descendiendo siempre cabeza abajo, en especial, cuando el agua es más alta del lugar que ella vierte o sale, por donde, ordinariamente, se ve que al pie de los montes manar fuentes. Y si la agua nace igual a su alteza, ella se va derramando en ancho y no corre con facilidad. Y si ella nace más baja, sale, mas no sube para arriba, porque haría el efecto contrario a su naturaleza. Y de esto puede hacer la experiencia cualquiera persona y no digo, aunque no sea un ingenio muy delicado, mas aún, rústico labrador. Pues si estos lagos fuesen [/fol. 6r] más altos que sus fuentes o que fuesen en un mismo igual o en altura, aquellos que cavan los montes, por razón del cavar las minas de los metales, habrían hallado algunos de estos lagos en tantos tiempos que se cavan en tantas partes del mundo, y nunca han hallado. Sigúese que no siempre estos lagos, que son interiormente dentro de la tierra, no sacaron sus aguas ni las fueron derramando afuera por las bocas de las fuentes, antes bien, de todas estas cosas se nos sigue que de estos lagos secretos, escondidos dentro de la tierra, no tan solamente no sale afuera toda el agua, mas ni aún, ninguna manera de agua. La otra opinión es de aquellos, los cuales dicen que no toda el agua es de las lluvias, sea causada y que se engendre debajo de la tierra, y que ella se engendre dentro de la tierra, del aire y de las exhalaciones y, luego, que el frío va echando la calor que había. Y porque la tierra tiene ordinariamente mucha abundancia de esta materia, y hay por lo mismo siempre del frío, que la convierte en [88]


Libro Primero

agua. Y por esta razón se han movido a decir que siempre se va engendrando agua dentro de la tierra. Y a más de esto, dicen que esto no se puede hacer en este nuestro aire, tan espacioso, ni puede acaecer, por causa que siempre hay frío y se va condensando. Mas calentando después el sol, a las veces, se asutila y, a las veces, es movido de los vientos, y vase abriendo. Y porque las cosas húmedas ahora, sea agua o jugos o tierra con agua o con jugo mezclados, son aquellas solas que exhalan, es menester que nazcan sólo la exhalación de donde ha habido primero el humor o tierra que con humor se haya enhumedecido. Las exhalaciones no son pues ellas más causas de las aguas que se hagan [/fol. 6v\ de las exhalaciones, por do fueron humedecidas de primero de aquellos cuerpos terrestres y embebidos de humor, que no es exhalación, de las cuales se han engendrado las aguas. Aristóteles fue el que sembró esta opinión, porque él dice que la tierra de suyo es seca, mas que tiene en sí mucho humor, que de las lluvias allega y recoge. El cual humor calentado, engendra las exhalaciones, y más añade, que los lugares breñosos y enhiestos y que son montuosos, y que son casi como una esponja suspendida, que después, a poco a poco, va destilando o goteando a todas partes agua, y que la van recogiendo dentro de sí, y que por esto atraen muchas lluvias y resfrían, y se convierten en agua las exhalaciones que se levantan para arriba. Mas no fue declarando Aristóteles cuál fuese esa raleza de los montes, para que se pudiesen comparar o cotejar a una esponja. Mas no todo el cuerpo de los montes son hechos de tierra ni de piedras ralas, que ellos puedan recibir en sí las aguas, ni dijo cuáles fuesen las exhalaciones que son para poderse convertir en agua. Mas la materia es en este modo: que los montes, aunque ellos no tienen la tierra rala, ni las peñas y piedras, no por eso no dejan de tener sus juntas y fibras y vetas, y algunos tienen cavernas y cuevas y concavidades, por las cuales pueden las exhalaciones moverse y ahí de nuevo congelada, y por el frío convertirse en agua, y las canales de los montes, en las partes que son muy excesivamente calientes, donde muy pocas veces suele llover tres meses del año, mas no se pueden tantas aguas de las lluvias allegarse, para que abasten para los nueve meses, en los cuales es tan seca la tierra, porque las piedras que son tan unidas y condensadas y sólidas que ocupan las más partes de los [/fol 7r] montes, no reciben en sí ningunas aguas de las lluvias las vetas o hendiduras de las peñas de los montes, las cuales no dejan de recibir alguna porción de las aguas de las lluvias, ni desechan de sí todo humor. Mas las fibras de las piedras o peñas son ellas muy unidas y sólidas, y que el agua no pueden recibir, mas los resquicios y aberturas y hendiduras de las piedras, por lo más que ellas sean altas o anchas, no son más que la octava parte, de un dedo de ancho. Y estas hendiduras, pues son ellas tan estrechas, cómo podrán recibir tanta cantidad de agua, las cuales no pueden recibir sino muy poquita. Mas dado caso que las tierras y las piedras se mojen intrínsecamente dentro de sí, no por esto la décima parte de los montes son aptos o aparejados a poder recibir en sí aguas, por causa de ser muy ralas las juntas de las hendiduras o muy apartadas las unas de las otras en las peñas o piedras, las cuales la mayor parte así por causa que son aún muy más apartadas las fibras, por causa que muchas veces que hay cien pies de la una a la otra de las vetas, y hay aún mucha [89]


TOMO

I

más distancia. Y también, porque por la mayor parte de los montes no tienen en sí concavidades o cavernas, y por esta causa no se pueden engendrar exhalaciones, ni de ellas agua, más de lo que la tierra ha sido humedecida de humor, por donde han nacido las exhalaciones y han sido causadas. Y según la opinión de Aristóteles, la agua que mana y corre es mucha más que no es el grandor de la tierra, o es muy poco menos, y quien no advierte y mira que aquí Aristóteles menos quiere aceptar ni conceder de aquellos que el decía, aquellos que decían que el agua manaba y descendía de sus vasos y recipientes, y la enviaba afuera de ellos. Pues que él quiere que ultra de la agua de las lluvias, que se halle V/fol. 7v\ de una otra agua, mojada y humedecida la tierra, y dentro de esa agua, volviéndose a calentar, pueda continuamente engendrar de sí agua y exhalaciones, por donde nazca después tan grande cantidad de agua, que pueda manar de continuo, todos los años perpetuamente, fuentes y pozos en las partes que son muy quemadas del sol. Séneca, el cual va más desmenuzando y particularizando y recogiendo las causas y el origen, quiere que la tierra sea mutable y que todo aquello que en ella corre, por no tener ahí el aire abierto y libre, que él se haga craso y grueso, y que se convierta muy más presto en humor. Y dice que todos los elementos14 se hacen, el cual dice muy bien, que la tierra sea mutable, porque todo cuanto es debajo de la Luna es mutable, y los elementos con sus cuerpos que de ellos son compuestos, se hallan en el más bajo lugar del mundo, no puede ningún elemento ser inmutable, por donde se sigue que la tierra es mutable. Mas no dice muy bien, en decir que todo lo que corre se haga craso y que se vuelva muy presto en agua, porque siendo dos las especies de las exhalaciones, y la una es cálida y húmeda, la cual llamamos propiamente exhalación, la otra es cálida y seca, que llamamos vapor. Las exhalaciones enfriándose, se convierten en agua si sus dos calidades no se mudan, porque del vapor no se puede convertir en agua, si primero 110 se mudan, porque del vapor no se engendrará el aire, si no se convierte primero su sequedad en la materia contraria, ni del aire no se engendrará la agua, si no se aparta de ello la calor, y esto no se puede hacer tan presto, como muchos se piensan. Y por tanto, no todo lo que concurre en la tierra, no se convierte muy presto en humor, aunque todos los elementos de todos [/fol. 8r] se engendren, es verdad que del fuego se puede engendrar agua, aunque entre sus dos calidades van contrariando, y también se puede de la tierra engendrar, aunque ella tenga en sí cosas que son muy crasas sus partes. Estas mutaciones no por eso es de los elementos, por razón que no se hacen tan presto, sin que se le entreponga otras mutaciones, no puede una tan grande cantidad de agua administrar a la tierra y, por esto, es menester buscar de una materia que con más facilidad se mude o c o M m u t e , porque se haya de engendrar toda la agua que de la lluvia se allega y, porque esta materia así hecha no se halla, sigúese que de toda el agua que mana hacia fuera de la tierra, parte de la tierra. Pues tratemos un poco de su nacimiento y cómo se engendre. Es ella, sin ninguna duda, se engendra de exhalaciones, la cual exhalación, llevada encima de 14

Repetido: los

elementos. [90]


Libro

Primero

los canales de la tierra y ahí congelada del frío, se convierte en agua y, por causa de su gravedad, desciende abajo, y va descendiendo de mano en mano, va creciendo y corriendo su curso y corrida de las aguas si hay de ella, y si esta exhalación hace su camino por la anchura del, cuando ella se halla muy apartada del lugar donde ella fue engendrada, le sucede lo mismo. Y por esta manera se engendra el agua y esto nos enseña el alambique o alquitara para destilar, porque muy presto que siente la calor, aquello que es en la cazuela del alambique, empieza a exhalar y esta exhalación levantada en lo alto del alambique y es del frío convertida en agua y que sale afuera después por el pico del alambique. En esta manera, puntualmente, se engendra el agua de continuo debajo de la tierra y porque, cerrado el aire dentro de las tierras ralas o sajos o piedras y dentro de sus juntas, y por lo mismo dentro [//o/. 8v] de las fibras y de las cavernas y concavidades de la tierra, hallándose de la tierra exhalada muy a tarde se suele calentar y se levanta más antes, mas presto se enfría y queda en una cierta manera inmovible, por donde se viene a convertir en agua. Y el aire de su naturaleza es caliente y húmedo, mas cuando el frío le vence la calor, es necesario que se convierta en agua o en alguna otra cosa que tenga con ella alguna semejanza o similitud, y esto es puntualmente que en este nuestro aire vemos acaecer, porque cuando él se refría, suelen nacer del tres cosas, cuando se enfría y este enfriamiento es mediano, se engendra de él agua, y si es muy enfriado, se engendra de él nieve, y si en diversos lugares, diversamente, es en el enfrior, se engendra mucho el granizo. Porque la agua que es en la parte de arriba se engendra, mientras que desciende abajo, en la parte inferior, que del grande frío es congelada, y si el aire fuese muy fortísimamente resfriado y desecado, ninguna de estas tres cosas acaecería, por causa que el demasiado frío y seco, así como el demasiado calor y sequedad, no engendra ni lluvia, ni nieve, ni granizo. Mas el frío que está en las cavernas, que están escondidas dentro de la tierra, se halla antes engendra agua y no nieve, ni granizo, ello engendra primero de las exhalaciones, algunas de ellas juntadas, se hacen después gotas grandes y después éstas, apretadas en sí, empiezan a gotear para abajo. Y de aquí, se nos hace manifiesto otros pozos, como las muy profundas concavidades, porque se ven ellas que la una parte es húmeda tan solamente, y en otra parte va goteando agua, y en otra parte vese correr mucha cantidad de agua, que va manando, por donde se hace después salida, porque las juntas de las piedras se van Ufol 9r] a descargar en las fibras que halla cerca y venas y las estrechas y en las más anchas, y estas después las envía en los pozos y a las cavas y concavidades áridas y secas, hasta tanto que, el aire que se halla encerrado en ellas, no se enfría jamás, se hallarán humedecidas de agua. Después las aguas, de sí mismas y por su misma o propia naturaleza, v i e n e M a manar de las venas de la tierra, y se nos va demostrando en este nuestro aire, y de aquí se viene hacer las fuentes, de las cuales nacen después los ríos, y de estos tan pequeños principios se hace, después, los ríos que son tan grandísimos, en especial, cuando entran en ellos muchos arroyos y ríos. Abaste cuanto a esta materia. Vengamos ahora a tratar de la del agua que viene de la mar o de los ríos. Es cosa necesaria que la tierra se moje del licor y después rescalde, primero que se engendren exhalaciones en las partes que son muy [91]


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calidísimas, excepto algunos meses del año no les llueve jamás. Pues de aquí se sigue, que por alguna otra manera es necesario que venga el agua por donde se engendren las continuas exhalaciones que, convertidas en agua, manan de aquellas montañas las fuentes. Los moradores de las partes, donde muy tarde les suele llover, han advertido que la mar va derramando sus aguas en los lugares interiores de la tierra, por las venas y fibras de la tierra, y, porque faltándoles a ellos agua, han cavado en sus lugares, cerca de la marina, pozos y han hallado aguas harto dulces y que eran purgadas de lo salado y amargo, pues que la mar se extiende y se derrama sus aguas tan anchísimamente por las canales de la tierra, cuanto la razón y la natura del globo terrestre lo permite que las extiendan. [/ fol. 9v] Porque es ahí acabado el límite y término, no puede la mar en esta latitud de este globo, ultra del cual término, el mar no puede ensancharse, porque no se ensancharía ni se derramaría, si él pasase ese término, mas convenía que él se levantase en alto, antes que ensancharse más de lo que \\_e] es permitido, lo cual no puede él hacer por su naturaleza grave y pesada la agua. Los ríos por lo mismo, cuando crecen, que salen de sus riberas por causa de las crecidas, entonces se van derramando sus aguas por las venas de la tierra, y así van tan anchamente derramando sus aguas, que muchas veces vemos que se hinchen muchas bodegas, cuando los ríos crecen, las cuales están debajo de tierra y también algunas que están en algunos llanos. Y esto viene por causa de su naturaleza, por ser ella grave y pesada, va a lo bajo con mucha facilidad y, si no va, es aquí por causa de ser ella mucha o por causa de ser el lugar dificultoso o en otra parte se va. Y de todo esto sacamos que de las aguas que son debajo de la tierra, que alguna de ellas se ajuntan y se allegan de las aguas que llueve, y alguna otra se engendra de las exhalaciones y alguna otra agua viene de la mar y parte de los ríos, pues siendo ello así, es de necesidad que la agua de las fuentes que de sí misma mane de la tierra y la vemos como sale para fuera, y muy a menudo se engendra y no de las lluvias, se allega muy tarde de la mar o de los ríos mismos, que están cercanos. Aquella agua de los pozos no viene de sí misma afuera de la tierra, la cual sacamos nosotros arriba con instrumentos y viene muchas veces de la mar o de los ríos que son muy bajos, y muy tarde de las lluvias se Y!fol. lOr] congrega agua y muy tarde se engendra, ora pues de aquella agua de las fuentes, porque muchas veces se engendra, y las partidas de las tierras, que son muy calidísimas, no están sin ella, pues que vemos que muy tarde les llMeve, que no se les puede allegar aguas. Las tierras que son puestas o están hacia el Norte o a sus partes, en mucha más cantidad de fuentes tienen que no hacen los que moran hacia el Mediodía, ni en aquellas que son muy calidísimas tierras, por causa que la tierra de estas partidas, no tan solamente del agua que le viene de la mar o de los ríos, es humedecida de aquellas aguas de las lluvias y, aún yéndose rescaldando, engendrasen mayor cantidad de exhalaciones, porque esta misma de las fuentes a muy pocas veces viene de la mar o de los ríos cercanos. Pocas fuentes saladas se hallan cercanas a la mar que se hallan o en las campañas que son llanas fuentes dulces, porque es menester que de la mar o de los ríos que son muy más altos que no son las salidas de las fuentes o de la fuente, [92]


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estas fuentes saladas, porque cuando el agua de la mar crece, crecen y crecen cuando falta, y así faltan las dulces por la misma manera y muy más presto, cuando se hallan los ríos en alguna sequedad, también ellos se d i s m i n u y e n y, también, se hallan de ellos sin agua. Y aquellas fuentes no son perpetuas o que de las lluvias tienen toda su agua o de las exhalaciones que hay en la tierra de las lluvias es mojada, y de ahí se engendran de la agua de los pozos, porque viene muchas veces de la mar o de los ríos que riegan mucho hacia abajo, dentro de las tierras. Y no se hallarán sin ella las regiones que son muy calidísimas, con tal que queramos cavarlos, porque esta misma de los pozos muy tarde es de las lluvias que se alleguen. En las partes donde llueve ordinariamente, a menudo no es menester cavar muy hondos los pozos para ver de hallar agua, Ufol. lOv] porque muy tarde se engendra en las partes que son muy cálidas. Por esta razón y causa los pozos que son muy hondos, por la mayor parte o las más veces, se hallan sin agua, y a las veces, por ser la tierra muy cavernosa y llena de concavidades, la agua que en estas concavidades se engendra y se va esparciendo por las venas de la tierra y en los pozos que no son muy hondos, porque cavando un pozo se va cavando toda la agua que le está cercana, o que esta agua viene de la mar o de los ríos o de las exhalaciones que han sido engendradas, o que ella sea de las lluvias allegada o ajuntada, la cual agua viene a descender aquí, en el más bajo lugar que halla cavado, y allí se va congregando.

De los efectos de las aguas y de las cosas que hacen dentro de la tierra Abaste hasta M q u í de esta materia. Ahora empecemos a tratar de los efectos de las aguas, las cuales ellas van cavando por de dentro de la tierra, todo cuanto haya dentro de la tierra, y por la misma manera que hace acá de encima la tierra, lo mismo hace dentro de ella, en tal modo que no tan solo cava, más cavales y más hace muy grandísimas concavidades y grandísimas cuevas, de lo cual nadie se debe maravillar, pues que los geógrafos nos cuentan no tan solamente las fuentes, mas aún de algunos grandes ríos, los cuales van penetrando y calándose dentro de las cuevas y concavidades de la tierra, las cuales aguas se van encerrando y escondiendo por gran espacio de tierra, y después en un súbito o instante vuelven a parecerse o a demostrársenos, volviendo a manar de nuevo como hace el río Nilo en la Etiopía y el río Tigris en Mesopotamia, el cual hace su camino por debajo de tierra con su agua y hace muy grandísimos Ufol. llr] estruendos y tales que se oyen hasta en tierra de los Sidines, en aquellas montañas que llaman Schula. Y estas aguas han hecho algunas veces muy grandísimas concavidades o cuevas dentro de la tierra, como se lee que después hundido montes y ciudades, y con muy grande parte de sus campos, y más de esto ha podido causar tanto viento dentro de sí, que después haber echado para arriba en el aire muy grandísimas piedras, y de lo que estos vientos han echado para lar]riba, han hecho grandes collados y montes, y han sido causa de tan grandísimos terremotos y tan espantosos. Estas cosas que han causado muy grandísimo horror en [93]


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las gentes y han arruinado del todo las ciudades, y esta miseria ha acaecido estos años pasados a Puzol 15 , cerca de Nápoles, en Italia. De manera que estas aguas caminan por debajo de tierra, con tanta furia y ímpetu, que todas las veces que estas aguas se encierran o se van apartando de su camino o canales, por donde caminan, abren tan presto otros caminos de nuevo o se vuelven por algún otro de nuevo, o otro canal antiguo que había sido dejado, y así con esta orden van guardando perpetuamente todos los siglos y se van opilando y cerrando los canales de barros. Y también, por causa de algunas ruinas que han caído y han cerrado el lugar o aquella parte donde pasaban estas aguas, de modo que conviene todas las veces y esto acaece que suelen dejar sus caminos y que de nuevo haga otra canal por donde puedan pasar estas aguas. Esto abaste cuanto a esta materia de los efectos de las aguas soterráneas. Ahora empecemos a tratar de los jugos como se ha dicho, que por causa de su craseza son de las aguas distintos o distinguidos. Y estos [/fol. llv] jugos se suelen engendrar por diversas maneras. Y esto acaece cuando la calor mezcla alguna cosa que es seca con otra húmeda, que recuece esta mixtura, y por esta manera se engendran la mayor parte de los jugos, o cuando las aguas por causa del continuo ir lamiendo la tierra se hacen crasas o gruesas, y en este modo las más veces se suele hacer salado y amargo el jugo, o cuando algún humor está encerrado, el cual va rodeando o royendo alguna materia de algún metal, en especial el alambre, y le va consumiendo o royendo, y por esta manera se hace el jugo, del cual se engendra la crisocola, y lo mismo hace cuando el humor va royendo o recomiendo el pleite que participa de alambre, y esta materia se desmenuza y de ello se engendra un jugo agro, por donde de ése se hace la caparrosa o vedriol y el alumbre líquido. Y finalmente los jugos se hacen por razón de la fuerza de la calor de las tierras, sacado expresamente, y porque esta fuerza es muy grande y de aquí viene a salir afuera el jugo de la tierra, como hace puntualmente la pez de los árboles, donde ella se saca cuando se queman estos árboles; y si la fuerza de la calor no es muy grande, vase destilando el jugo de las tierras, como hace el árbol lárice y el anete, y otros semejantes árboles, los cuales destilan de ellos la resina y trementina. Y en esta manera decimos que se engendran, dentro de la tierra, las maneras de los betunes, y en la misma manera se engendran en los cuerpos de los animales varios humores, y así va pariendo o produciendo la tierra aguas y jugos de diversas calidades, aunque entre ellos sean muy diferentes en el tacto y en el sabor, y en el color y en el olor, y en la craseza y en el peso y ligereza. Y la causa de esto y calidades [/fol. 12r], yo me esforzaré en demostrar, por qué la agua es de su naturaleza fría en grandísima manera. Y de aquí me parece que será razón que busquemos primero las causas de las aguas calientes, las cuales llaman vulgarmente baños. Pues es menester que la causa de esto sea una de dos cosas, o que es el calor o sea de alguna otra cosa que caliente esta agua, o que sea el mismo fuego, o si es alguna otra cosa la que calienta las aguas. 15

Actualmente Pozzuoli. [94]


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Es menester que veamos si es el sol, o si es el viento, o si es el moto o movimiento, o si es el calor intrínseco de la misma tierra, o si es aquella materia que vapora encima de la agua y corre encima de las aguas. Pues aquellos que se creen que sean la causa de esto los rayos del sol, que calientan estas aguas, dicen que cerca de las fuentes que son calientes, que la tierra es muy muelle y rala, y que penetrando por esta raleza el calor del sol en las muy altas cuevas o cavernas de la tierra y que ahí calientan la agua que hay dentro. Mas los que son de esta opinión se engañan, porque no puede calentar la agua un tal calor que sea causa que venga a hervir, y si esto fuese verdad, no habría podido un tan grande calor, no habría endurecido esta tierra que es muelle y casi todos los montes que están cerca de estos valles, donde hay estas aguas calientes, que hierven que tengan la tierra rala, y si uno o dos montes la tuviesen rala, por caso en breve tiempo o en espacio de tiempo, debiera ser endurecida aquella tierra con tanto calor o ardor del sol, y no se había de hallar en los montes aquella raleza que estos tales dicen, por causa de ser por la mayor parte de los montes son de peñas o piedras. Mas supongamos que los montes sean así tan muelles y ralos, y que por ellos pueda penetrar el sol debajo de la tierra. Es Ufol. 12v] muy cierta cosa que en el tiempo del verano los podía calentar, mas en el invierno no los calentaría, lo cual vemos que no son menos calientes estas aguas, que en el acercársenos o apartársenos el sol, no mudan punto de su calor, así en el invierno que en el verano del calor que tienen. Pues esto no es el sol que calienta las aguas que son debajo de la tierra; cómo podrá calentar el sol aquellas aguas en tal manera, debajo de tierra, que en las partes que son muy calientes, en tanto modo cuanto lo habitado, mas nunca vemos que calienta tanto algún lago que le haga hervir. La otra opinión es de aquellos que hallándose pues el viento empujado y encerrado dentro de las entrañas de la tierra, que se caliente, y calentándose y estriñiéndose en gran modo con las aguas, y las hace calentar en la misma manera. Mas no advierten estos tales, aunque el viento pudiese calentar las aguas, ellas no podrían calentarse en tanta manera que viniesen a hervir estas aguas, por causa que no podrán parar ni encerrar, ni refrenar estas aguas, por muy presto que estas cavernas echasen afuera esas aguas, por muy presto que saliesen afuera, también saldría afuera el viento, juntamente con la agua, y salida una vez afuera esta agua caliente, luego vendría tras de esta caliente de la agua fría. Lo cual no vemos acaecer así, porque quien lee los autores antiguos o escritores, quien duda que en Italia, que en tanto tiempo y en tantos siglos, que de las mismas fuentes de las aguas calientes que manan y ultra de esto, que este viento no podía, ese viento caliente y encendido, en tal manera calentar las aguas que no viniese su calor a separarse de las aguas con su frialdad o separarse y sin algún fómite o inflamamiento o relámpago, no podría, así encendido, durar tanto tiempo ni tan largo discurso. Ufol. 13r] La tercera opinión, la cual casi es conforme a ésta dicha, dicen que las aguas que por causa [de] variar tan fuerte su movimiento o moto y que mientraM que va hiriendo y golpeando en las peñas o piedras, se irá calentando, mas esta opinión es como materia o razón muy gruesa. Es necesario sacarles esta opinión de la cabeza a estos tales, por causa que cotidiano se nos manifiesta muy claramente con la experiencia, los que cavan en las minas, aunque las aguas que son soterráneas, sean de muy vario movimiento y que tengan muy re[95]


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císimas sus corrientes, y que su movimiento es muy rápido y muy veloz, no por eso se hacen calientes, ni se nos vuelvan calientes gamas. Esto mismo lo puede comprender cada uno que quisiere considerarlo, que se hallan algunos ríos y arroyos que caminan muy largo camino debajo de tierra, mas nunca se vuelven calientes sus aguas, mas siempre las hallamos frías y son frías como es el río Alfeo, el cual río va a caer o descender dentro de una espelunca o cueva o concavidad, en el Peloponeso, que hoy día llaman la Morea, el cual camina una muy larguísima distancia debajo de la mar y en su salida es muy frío, la cual salida es en Sicilia, en la parte de Suragosa 16 , donde llaman a la fuente de este río Aretusa, pues vese que el moto no es causa del calor del agua. La cuarta opinión es que quieren que dentro de la tierra, en aquellos lugares donde hay estas aguas calientes y que manan ordinariamente, que haya ahí un grandísimo calor, el cual calor es causa que hace después de hacer aquel efecto. Mas aquellos que están en esta opinión, no se conforman entre ellos, porque parte de ellos creen que las aguas que son dentro de las cavernas o concavidades encerradas que reciben aquel calor. Ufol. 13v] La otra parte de ellos tienen opinión que cuando está la tierra mojada de agua, que calentándose, que vaya echando para [¿zrjriba sus exhalaciones calientes, y que de ahí aquellas aguas nacen calientes. Mas cómo puede ser esto, que sabemos que el calor, que es soterráneas, va desecando poco a poco y calienta las tierras mojadas. La tierra mojada engendra varios humores y es causa de muchas otras cosas, y hace varias obras en naturaleza, y no es tanta la fuerza que tiene que pueda totalmente calentar las aguas que son frías, y que pueda hacerlas hervir, o que las venas de las tierras húmedas que sus exhalaciones puedan volverse, en muy grande manera, calientes. Antes bien, estas fuentes de aguas calientes que son en la isla, que está enfrente del Timao, como Plinio escribe, que con el flujo y reflujo de la mar crecen y menguan en gran modo; de manera que esto se nos manifiesta muy claramente, que las aguas calientes no nacen de las exhalaciones calientes, mas del flujo de las aguas. La quinta y última opinión es que la materia por donde van caminando estas aguas, las pueda hacer calentar y por esto algunas de estas aguas calientes hieden a azufre, por razón que pasan por encima de venas de azufre, de lo cual dicen que no nos debe parecer cosa muy maravillosa o de admiración, pues que cada día vemos que las aguas donde nosotros echamos cal viva, que luego hierve. Nosotros, aunque no negamos que la materia donde corren por encima estas aguas calientes le dan aquel mal olor, y del sabor que tiene la tal materia y de sus virtudes que tiene en sí, o la tal cosa; mas no es de conceder, porque es en el [¿zjzufre o en el betún o otra cosa que recibe muy de presto en sí el fuego y que pueda calentar las aguas y por- [/fol. 14r] que no está en estas materias el fuego escondido, como está en la cal viva, en la cual si es echada agua por encima la calienta. Y por tanto no es pues eso la causa de estas aguas calientes, ni tampoco la calor del sol, ni el viento, ni menos el movimiento, ni el calor extrínseco de la tierra, ni la materia por donde camina por encima la agua, mas es el fuego mismo, al cual a sólo él pertenece el calentar en grande manera las cosas. 16

Actualmente Siracusa.

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Mas conviene que volvamos de nuevo a considerar si este fuego, del cual hablamos, si está debajo de los canales por donde pasan estas aguas por encima, y no en otra manera se pueden hacer calientes las aguas, como hacemos nosotros cuando calentamos alguna agua con fuego, que le ponemos por debajo con caños de alambre, a manera de culebras retorcidas, o de otras semejantes figuras. Y porque las aguas frías que ponemos nosotros dentro de estos tales vasos sufren mucho más la fuerza del fuego, y no se pueden calentar tanto, por causa que los canales por do pasan estas aguas son de tierra y no son de metal, aunque de la tierra se engendran muchas veces los metales, mas ellos son de piedras y de tierra y no tienen ninguna similitud con los caños de bronce. Es verdad que con los arcaduces tienen alguna conveniencia, por ser ellos de barro y algunos caños de piedra. Aquellos que cavan las minas, que de cada peña o piedra sábese que las rompen con fuego, y que por durísimas que ellas sean, y tanto más presto se rompen, tanto cuanto más se halla la peña mojada de humor. Y nosotros vemos que, cuando los vasos de barro o de greda o de tierra, no pueden resistir a un muy grandísimo fuego mucho tiempo, que se rompen por causa del grandísimo ardor del fuego y, muy presto pues, concluyamos que la agua que sale de una misma [//o/. 14v] fuente grandes tiempos del siglo, no pueden en los canales así de tierra, como hace en las fístulas o caños de metal o de bronce, sustentarse por causa del fuego tan caliente que tiene debajo de ella, de lo cual movió a otros por aventura a esta, ponderaron haberse de apartar algún tanto de la opinión de Empédocles, porque dijeron que un cierto vapor hirviente, nacido de aquellos encendimientos de la tierra, el cual entrando por las venas de la tierra, y por las vetas y juntas de ella, y de las piedras y de los canales de las aguas, y calentadas las partes interiores de los canales, no en otra manera de como se hacen las estufas, se haga aquel vapor caliente, que se hace de las muy ardentísimas fornazas que son hechos por el medio de los caños o fístulas, o de algunas piedras toscas que por medio de ellas echan sus calores muy hirvientísimos. Mas estos tales no advierten que este herviente vapor no puede calentar tanta cantidad de agua, y que éste tan ordinariamente la pueda calentar, en tal manera que haya de hervir, porque esto, como hemos dicho, a sólo el fuego pertenece hacer esto. Por donde la opinión de estos tales es buena, pues es menester que concluyamos que los canales tengan ellos dentro de sí mismos el fuego. Mas veamos si este fuego que calienta la agua, que queme primero las piedras de la cal, como lo creen algunos, porque encerrado aquí adentro, como cosa muerta y escondida, o que se mantiene o se sustenta de algún sustentamiento, o de algún relámpago que se halla ahí dentro y que de éste se mantiene por largo tiempo firme y lucido y claro. Aquellos que dicen que está escondido, quieren que se avive de su calor por vía de las aguas que aquella piedra Vfol. Ur] de cal la van mojando y que así vaya calentando las aguas. Mas esta opinión es muy falsísima, porque tanto aquella peña de cal calentaría las aguas, cuanto no fuese de las aguas mismas apagado, lo cual se vería acaecer de muy pocas horas, y por lo mismo acaecería que se vendría a deshacer con mucha facilidad y muy presto que ella fuese de las Mguas muerto o apagado, por donde nunca jamás vemos nosotros tal cosa acaecer. No se niega que las aguas calientes no dejan de tomar alguna cosa de la piedra de cal, mas no quemada, de la cual se engendra de los canales las piedras por [97]


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las causas ya dichas. Es pues menester que haya alguna materia que de aquella se sustente y se vaya renovando por un tan largo fuego, sin ninguna cosa de que se mantenga, por causa que no duraría muy largo tiempo. Mas se duda si esta materia, si es árida o seca, o semejante a la tierra; que los pueblos Caucusi de la Sajonia, los cuales son llamados hoy día Dorsa o sea muy grasa, como tierra que está llena de betún, porque la una y la otra quema, de la cual los Caucusi van cortando esta tierra de las lagunas o almarjales y la secan y, después de seca, con ella cuecen sus comidas o viandas y lo demás que han menester guisar, como hacen algunos que queman aquella materia que los zurradores raen de los cueros que adoban. El betún líquido también quema, como se ve en muchas partes. Mas cómo puede la cosa árida o seca de aquella cálida que conserve aquel fuego perpetuamente, la cual materia después muy presto se consume con el fuego y la mata el agua. Ello pues será necesario que ella sea grasa, y porque las cosas grasas, hay de muchas calidades dentro de la tierra, se en- Ufol. 15v\ gendran como es la marga, el [¿z]zufre, el betún y de éstos vemos de qué materia participan ellos o de qué sean o de cuál sea esta materia que a este fuego conserva. En la marga es otra tierra grasa y quema y, si no se mezcla el [a\zufre o con betún, el M zufre arde y bien, mas la agua lo mata y muy presto, de modo que en lo uno o en lo otro puede ser esta materia de aquel fuego oculto. Y de aquí se sigue que sea el betún, el cual arde y quema dentro de las aguas y se mantiene su licor, y por tanto aquellos que hacen los fuegos artificiales, que echándolos dentro del agua, no se matan, porque se mezcla siempre en estas composiciones alguna parte de betún o de espalto o otra cosa que de betún se engendre. Las piedras, como escribe Plinio, que son en los montes de la Lisia, que de dentro del agua queman, créese que ellas sean betuminosas y lo mismo hace las arenas, las cuales son de esta misma propiedad. Decimos pues ni menos no negamos que ya que el [¡2]zufre, que es seco, puesto en los lados de los canales donde el agua caliente mana, no le vemos jamás quemar, como hace el betún mismo, y que aún así no son ni sirve a calentar estas aguas en este modo de dentro de la tierra, donde él se engendra, y la agua caliente, la cual se hace tibia cuando es bien abajo o hacia dentro calentada, corre muy largo espacio antes que mane y salga afuera por sus canales, aunque cuanta agua mana y en tanta cantidad, la cual no se puede calentar en tal modo que el fuego la haga hervir, porque si ella viene muy de parte caliente por su camino o canales, y aunque ella se enfríe, le queda siempre algún mal sabor y aún su maligno olor, y aún tiene gastado el color, y el mismo fuego hace V/fol. 16r] que el jugo que le da la fuerza del calor que se halla de la tierra y sacada siempre conserva consigo alguna calor. Abaste esto cuanto a lo del calor y de las obras de los humores. Digamos de la calor de las aguas tanto cuanto más es pura el agua, tanto más tiene verdadero color y blancura de las aguas, tanto cuanto más se halla mixta o mezclada con jugos con las tierras y con las {en blanco) y menuderías que son como limaduras de las piedras y tanto más toman de la color de las otras cosas, y por esta causa las aguas calientes, que ellas se hallan mixtas, son ordinariamente las más veces negras, mucho más que no son las otras aguas que son claras. Nosotros vemos aquella agua ser negra, la cual se le mezcla algún jugo negro y mixto y la que es colorada, es cuando ella se halla mezclada con algún jugo colorado, y por [98]


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esta misma orden es de todas las demás colores, según que se hallan más o menos con la tierra o con las {en blanco) de las piedras si son coloradas. Esto se halla por muchas causas las colores en los jugos, porque la color, o primeramente, lo puede hacer los fuegos de blancos colorados y de colorados amarillos, y de amarillos hacerlos verdes o negros y no en otra manera. Mas como se engendra la flema dulce por causa del cocimiento y la sangre de la sangre por causa demasiada de calor de la cólera, y de la cólera por el medio de la adustión la melancolía, así que por este ejemplo un cierto betún será líquido y será blanco por haberle una calor suave de la tierra tomado y sacado. Esto nos lo enseña la dulzura del sucino blanco que de este betún se hace, y un otro betún será amarillo por causa de participar de mayor calor y, gustándole éste, remueve y escuece con un cierto agror. Un otro Ufol. 16v] betún será negro, por haber tenido o participado de mayor y más grandísima calor, por donde la tierra lo echa hacia fuera, no en este modo como hace la tea para sacar de ella la pez negra, cuando la grande fuerza de la calor la va apretando, por donde las resinas y las gomas que de estos mismos árboles saca el sol, serán ellas las más veces blancas o amarillas, o de color de miel o coloradas, aunque esto acaece muy pocas veces que ellas sean negras, a más de esto el frío las puede de blancas o de colorados hacerlos verdes o negros los jugos, como saben muy bien los médicos esto, porque apagándose la calor en el animal, algunas veces orina verde o negra la orina. Mas la calor hace aquello que engendra tener o buen o mal color. El frío no causa ningún olor que tengan las cosas y en esta manera que por vía o medio del olor tenemos noticia de la causa que hace los colores, y aún se puede tener noticia por vía de la materia que con el agua se mezcla y a donde se engendra después el jugo, y aún ella da a los jugos las colores. Y finalmente la cosa que tiene el jugo que ya es engendrado y engendra una color que es muy semejantísimo a sí o algún tanto más remiso, cuando aquella cosa que tiene, y cuando es poca o es mucho más poderosa del nativo color del jugo teñido en él. Mas la color que se engendra de los metales, o es por causa de cocción, azul claro, o que va para verde, y entonces no tiene semejanza con la materia en color, por causa que17 va royendo o que toca, o que es causa de corroer o comer, mas tocada no sale, por causa de su comistión o mezclamiento viene en aquella manera que hace una tercera manera, la clareza que hay en las aguas o se halla en la agua, se obscurece, si con ella recibe mucha mezcla sale quita del todo la claror y si es la agua de heces y el jugo negro que se va derramando por ella, y en esta manera Ufol. 17r] la pureza o limpieza de los jugos y el ser de obscuridad o de negro libres ellas son de la clareza causa, como por el encontrario como la mezcla y el negror los ennegrece. Pasemos a tratar del sabor, de lo cual no hay ninguna duda que ella es dentro de la tierra y que ahí se engendra, como las fuentes y los helados jugos no le demuestran. Hay duda si son los sabores dentro de la tierra o no como son en las plantas, porque parece que Aristóteles dice que si por donde 18 que de los antiguos naturales muchos de ellos dijeron que tal era la agua, cual era la tierra por donde 19 pasaba. 17

Tachado: se.

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Tachado: dice. Tachado: camina y corría y.

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Teofrasto dice que no hay, niega lo que no es verdad, pues que de las cosas que de la tierra se sacan o cavan o manan, no se ve jamás algún señalado sabor, ni áspero, ni agro, ni otros semejantes que se vean. Mas la razón misma y el efecto, las cuales son muy contrarios a Teofrasto, porque esta es la más clara y mayor prueba que de ello se pueda hacer, que vemos de la tierra nacer fuentes de agua dulce, y de aguas grasosas, y de agua salada, y agua amarga, y agua acetosa, y agua estítica o restrinitiva, como dicen de las aguas agrias, por donde se puede decir que todos los sabores se engendran dentro de la tierra, excepto lo acerbo y lo áspero, los cuales solos estos parece que sean de las frutas de los árboles o de los licores que de estas frutas se sacan. Es verdad que yo no negaría que aún estos sabores no se pueden engendrar dentro de la tierra. Bien se hallan fuentes de agua muy dulcísimas y vese que nace de la tierra un jugo vinoso que entre los sabores dulces se pone, y el mismo Teofrasto lo escribe que una parte del río Himera, en Sicilia, \_/fol. 17v] la cual es hacia el monte Etna, corre como escriben que toma de la tierra un jugo dulce y aún ello es de sabor dulce, como lo es en Lípari un río que es grasoso. En la Sicilia a un río que pasa por venas grasas y dicen que mana y que se ve esta agua como una agua de aceite que le va por encima nadando y corre, lo cual no es otro que el betún líquido, que a las veces parece como aceite que de las fuentes nace, que ya el jugo graso por causa de su ligereza que del aire, que tiene en sí, se halla, el cual nada por encima de la agua y no se mezcla muy fácilmente con la agua. En Germania tienen muy grande cantidad de aguas saladas y también se hallan de amargas y lo mismo es en España, porque las aguas que se hallan en Marmerica de la del río Arsión, que son calientes, que nacen parte de ella se hace sentir en el gustarlas que son amargas, y en parte son saladas. De estas aguas hay en Aragón en diversas partes, que participan de amargo y de salado. Y una muy pequeña fuente o arroyo que con el río Hipano, río muy grandísimo, se mezcla por causa de su amargor, aún causa que este río tan grande sea amargo. Este río es en Ponto. En la Germania hay muchas aguas acedas y entre muchas que hay, aquella que a dos leguas nace de Albogenera, pueblo de la Bohemia. En Esmolico hay un pozo, la cual agua es muy estítica en grandísima manera y restrinitiva, y tiene en sí una cierta agrimonia o gror que tiene consigo. Que la tierra engendre jugo agrio y muy violento, lo cual es pues contra la opinión de Teofrasto y de esto nos dará noticia el río Estige, que puesta [//o/. 18r] de su agua dentro de cualquier vaso, ahora sea de hierro, o de alambre, o de plata, o de oro, los agujera y rompe, y esto se conoce que es esta agua muy violentísima, o muy fuerte, o agrísima, la cual es semejante a la agua fuerte que llaman de partir el oro de la plata. Mas en otra parte se tratará de esta materia más largamente. Bástanos la autoridad de los fieles escritores, la cual es fundada sobre la experiencia. Y porque los Geógrafos y aquellos que han caminado y andado el mundo, han ellos como nosotros gustado y probado las aguas dulces y de las saladas, y de las amargas, y de las acedas, y de las estíticas o restriñitivas, y han visto algunas de ellas grasas, por razón que veían nadar por encima, y aún han visto aguas agrias de Estigi que rompían los vasos de metal, como hemos dicho haber visto de las aguas fuertes que llaman de partir los alquimistas. De modo que de esta materia se nos hace harto claro a los sentidos que tocan y sienten [100]


Libro

Primero

que dentro de la tierra las aguas de las fuentes y los jugos se engendran, todos los sabores dentro de la tierra se engendran, y por lo mismo no se aparta de la razón y de la experiencia, y por tanto a las venas de la tierra no les falta materia de algún sabor, ni menos les faltan a ellas la causa eficiente, y de aquí se sigue que con facilidad se pueden todos los sabores engendrar. Mas para más claridad, demostraráse dónde se engendren los sabores y nacen. Ningún elemento tiene de por sí algún sabor. Es menester que confesemos y digamos de necesidad, que de su comistión Ufol. 18v] los sabores se engendren, y que entonces, cuando particularmente un cuerpo terrestre con un húmedo se mezcla o, por el contrario, cuando un húmedo con un terrestre, en tal manera que ahora el uno, ahora el otro, se vence el uno al otro. De aquella primera manera de la comistión o mezclamiento nacen los sabores de las aguas y de los jugos, de la segunda nacen aquellos de la tierra. La materia del sabor es la tierra y la agua, y el calor soterráneo es aquel que cuece y después muda la materia y la forma, y si se halla dispuesta a el aire, y este efecto lo hace el sol y juntamente con esto demostrar así la causa del sabor de las tierras por aquella de las aguas y de los jugos. Y porque digamos primero de las aguas, cuando son ellas muy puras y tienen menos mixtura, tanto más son sin sabor ellas y entonces se van más allegando a la naturaleza de su elemento, y ellas por esta causa principalmente, si ellas toman algún sabor, es porque se han mezclado con alguna tierra insípida y han sido algún tanto cocidas del calor, y porque corren por tierra que tiene algún sabor o algún jugo helado, o por encima de alguna piedra o sobre algún metal, o porque traen consigo un jugo líquido, que tiene algún sabor, o que finalmente tome consigo alguna exhalación, o que se mezcle consigo, como vemos que en algunos lugares que queman, que acaece en la primera manera, no son pocos los sabores que se ven engendrar en las aguas. Y en la segunda manera se vuelven las aguas estíticas, que reprietan, pasando por Ufol. 19r] lugares de alumbre se vuelven saladas y pasando por los lugares salados, se vuelven amargas, y pasando por lugares salitrosos o por los lugares llenos de cal (en blanco) y otros semejantes, se vuelven de sabor de hierro y pasando por venas de hierro cobran un muy mal sabor, y pasando por lugares de azufre y de betunes los jugos adquieren después consigo sabores, o porque las aguas por donde ellas son, se condensan y se engendran y tienen aquel sabor que han habido como de las aguas aluminosas o de alumbre, las cuales son estíticas y reprietan, y se engendra el alumbre líquido; es estítico por la misma manera, y restriñen. Y porque tenga la calor recocidas las aguas con la tierra mezcladas o mixtas, de lo cual porque puede diversamente acaecer, se viene a distinguir de varios sabores los jugos el olor, después por la misma manera y causas se engendran las aguas calientes azufradas. Tienen el olor muy asqueroso de azufre, o porque se traen a sí un jugo que tenga buen o mal olor. Y por esto las aguas calientes de Perosa, porque estas son mezcladas con un betún negro, hieden en una cierta manera o modo, y se ven negras, o porque son mezcladas con alguna parte de tierra y son algún tanto cocidas, porque se para|>] por algún espacio de tiempo en las cavernas, se corrompen, aunque el olor de los jugos se convengan con el sabor, con tal que el sentido pueda juzgar aquellos jugos, no por eso se hacen más que los otros en el olor, se sienten cuando se hallan de algún grande calor engendrados, como acaece puntualmente del betún líquido. Ufol. 19v\ [101]


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De la craseza de las aguas La agua se hace crasa por hallarse con algún cuerpo terrestre, mezclada con algún jugo que es poco. Que la craseza de los jugos nace del mucho o grande cocimiento, la cual craseza es causa de la gravedad y peso [de] los jugos gruesos. Empero por aquella parte aires que en sí tienen, son más ligeros que no son los otros y, por esto, como yo decía, nadan por encima del agua. Y esto baste cuanto a esta materia.

De las señales que hay para haber de hallar agua, de la que es dentro de la tierra escondida Pues que determiné de tratar materia de agua, aunque mi intento no fue tratar del nacimiento de las aguas, ni menos de sus calidades, ni tampoco de causas de la calor de ellas, ni de sus sabores, ni la causa de ello, mas sólo fue intención de tratar cosas de edificios de agua, y eso fue mi principal intento tratar, y no en ninguna otra cosa de las aguas. Mas pues me puse el trabajo, determinado de dar las señales y indicios cómo se puedan hallar las aguas condidas, en qué partes las podemos hallar muy más presto.

de las mi de he es-

En dos maneras las hallamos, la una cavando pozos dentro de la tierra, y esta manera de hallar agua es muy antiquísima, según leemos en la Sagrada Escritura, como Abraham hizo cavar pozos y también Lot, y como Jacob quitó la piedra de la boca del pozo, para que abrevasen sus ganados las hijas de Labán, y también como [/fol. 20r] halló el criado de Abraham a Rebeca al pozo que sacaba agua, de modo que es materia muy antigua y muy notoria a todo género de gentes los pozos. De modo que para haber de hallar agua, que está escondida dentro de la tierra, conviene que nos sirvamos de las diligencias que los antiguos Filósofos y Arquitectos que han inventado para hallar aguas. Digo que, ultra de las muchas señales y experiencias que han acostumbrado para ello, conviene que también nazca de nosotros una cierta diligencia con una sagaz discreción de ingenio, para que de ellas nos podamos aprovechar de estos trabajos ajenos. Conviene que va [yelmos investigando con mucha diligencia en aquellos tales lugares, donde pretendemos hallar el agua que vamos buscando. Es cosa muy notoria que en cualquier parte que cavemos dentro de la tierra que hallaremos agua, según los lugares, por razón no hallaremos igualmente agua en todos los lugares, por razón que en una parte la hallaremos harto cerca de la superficie de la tierra y otras las hallaremos cerca, mas muy hondas, y otras mucho más, según la calidad del lugar para haberla de hallar y esto nos interviene en los lugares que son muy sequísimos, y aún en las tierras que son muy cálidas, que por causa de los grandes calores que causa el sol, han consumido aquel humor que había cerca de la superficie de la tierra, y por esta causa conviene cavar mucho y muy hondo estos pozos para haber de hallar el agua que buscamos. Y el hallarla de buen sabor o de malo, esto no está en nuestra elección ni [102]


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en nuestra mano, ni aún del que cava, que no puede comprender de las cosas que están ocultas de dentro de la tierra. Ufol. 20v] Es verdad que está en mano del que quiere hacer el pozo, de escoger y hacer elección del lugar, mas no de la bondad del agua, y porque es cosa tan común el cavar de los pozos, no me curaré decir sino una cosa de ellos en este lugar. Hay una otra manera para hallar agua, la cual es muy más dificultosa y de más ingenio y aún de industria, el haberla de hallar esta agua que es dentro de la tierra, y dado caso que ello sea todo cavar en las dos maneras, que los pozos son para tener aguas recogidas, las cuales estaban derramadas dentro de la tierra. La otra manera para hallar agua que sea viva, que ordinariamente que corra de por sí, después de haberla hallado, que vaya manando, esta manera de saberla hallar, es cosa que es muy dificultosa. Es necesario muchos avisos para ello y sabernos valer de las experiencias y avisos de los Filósofos y antiguos Arquitectos, las cuales son muchas para que tengamos certificación de ello de haber de hallar agua. De modo que las señales que hemos y cuales de ellas serán las más ciertas y más verdaderas, según la diversidad de los lugares, y porque las cosas de naturaleza que son dentro de la tierra están escondidas, conviene pues que usemos mucho artificio para sacar estas aguas escondidas, y conviene tener cuenta en qué especie de tierra se ha de cavar y cuáles señales serán muy más verdadero en aquello y qué tal calidad de tierra, y qué forma ha de tener en sí aquel tal lugar, para que efectuemos nuestro intento en esta materia, después de haberla, con qué invención las hemos de llevar estas aguas, así para beber, como para el servicio humano. La primera señal para haber de hallar agua, ha de ser en este modo: que sea un lugar que de suyo sea hecho como de un vaso para tener Ufol. 2Ir] agua dentro de sí, que ha de ser llano y hundido para abajo, como un plato este tal lugar. En lugar que ordinariamente hiere el sol, no se debe cavar, por causa que el sol deseca mucho el humor, por causa del demasiado calor que se encierra en aquella parte. De modo que muy pocas veces se hallará agua y caso que se halle, será muy poca, y muy pequeñas vetas y ultra de esto la tal agua será muy pesada y viscosa, y aún casi ordinariamente salada. Maravillaránse algunos que la calor del sol pueda penetrar tan adentro de la tierra, que sea parte para desecar el humor que hay dentro de la tierra, no hay de qué espantarse de esto. En los montes que son hacia el Norte o Septentrión, donde suele haber muy grandes lugares sombríos o opacos, cavando se hallará muy grandísima cantidad de agua. En los montes y al pie de los tales montes, donde suelen tener encima nieves o prados llanos, siempre se hallará grande cantidad de agua, y esto es cosa muy ordinaria que los más de los ríos tienen sus principios de estos tales montes, porque estos20 montes suelen ordinariamente tener debajo de sí la tierra muy densa y muy unida, y si caso estos montes tendrán alderredor de ellos llanos que vayan declinando hacia M b a j o , y que estarán enselvados o cubiertos de árboles, o si tendrán en el pie de una tierra rala y suelta, y no unida, si se irá considerando verán que le desciende o de la una parte o dé la otra, como si cayese agua recogida y que por causa de la hendidura se va 20

Tachado: tales. [103]


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por aquella parte rezumando alguna poquita de agua y de aquí viene que toda tierra que fuere húmeda y condensada en sí misma, suele tener muy poquita agua [//o/. 21v] dentro de sí y lo que no hallarás en otras calidades de tierras, que no suele acaecer eso que en las tierras ralas y sueltas o que ellas sean muy poco unidas, las cuales tienen la tierra a hiladas o a vetas, en ella se suele hallar ordinariamente aguas y en grande cantidad de ella. Y porque en estas tierras que son ralas y sueltas y mal unidas suelen abundar de mucho humor, mas en esta calidad de tierra no se hallará la agua muy cerca, antes es necesario cavar muy hondo, para abajo, para hallarla, mas hallaráse en muy grande cantidad, cuanto más irán hacia el centro del mundo, para haber de sacar agua de esta calidad de tierra. Dice Plinio que después que han sido cortadas algunas selvas de árboles, que después han manado aguas en harta cantidad, la cual agua no manaba antes que los árboles no fuesen cortados, por causa que se atraían a sí el humor del agua que había en aquella parte y por esta causa no corría. Tácito dice que cuando Moisés llevaba el pueblo de Israel por el desierto de Moab, que por la grande necesidad que tenía el pueblo de agua, que padecía de sed, y visto Moisés la grande miseria, fue conjeturando la calidad de la tierra y halló por las señales de algunas yerbas, que había agua en aquel lugar. Hizo cavar unos pozos por donde halló agua bastante a librar al pueblo de la miseria que padecían de agua ellos y sus animales. Emilio, aquel capitán romano, llevando su ejército tuvo muy grande necesidad de agua el ejército, y por causa de la grande sed venía muy (en blanco), de modo que para librar el ejército de tan grande trabajo, fue conjeturando por aquella parte, para haber de cavar unos Ufol. 22r\ pozos y como hallase en el campo una cierta verdura de unas yerbas, y de ahí tomó indicio que había agua en aquel lugar; hizo cavar por donde halló agua y esto fue que halló unos árboles muy verdes, y de ahí tomó certidumbre que había agua en aquel lugar, porque si esos árboles no tuvieran algún humor de agua debajo, no pudieran estar tan verdes. En el camino colatino iban buscando y no hallaban agua, y una moza que les topó, les mostró ciertas señales de agua que apenas se podían comprender y de ahí tomaron ánimo para cavar, y así hallaron agua en muy grande cantidad, que si no dieran crédito a las palabras de la moza, perecieran de sed. Mas no todas las veces cavando se halla agua cuando la tenemos menester, si no nos disponemos a buscarla. Es cosa muy averiguada que muy pocas veces se cavará donde haya señales de agua que se deje de hallarla o buena o mala.

De las señales que hay para hallar agua y cuales son muy verdaderos Grandes diligencias ponen los hombres en buscar agua, en aquellos lugares que no la hay y mayormente agua viva, y esto es por razón de la necesidad que de ella tenemos. El buscar el agua es en dos maneras, la una es que se va buscando agua para la necesidad de los hombres; y la una manera de estas dos es [104]


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Primero

que la una agua se nos manifiesta de sí misma y a esto no hay que tomar trabajo, mas de sólo buscarla. La otra manera es que la vamos buscando por señales por la tierra en el campo y por yerbas conjeturando, de modo que cuanto a la primera agua que se nos demuestra de sí misma, no tenemos menester señales para hallar. La otra manera de hallar la agua que está escondida. Para ésta hemos menester Ufol. 22v\ señales para haberla de hallar. Las señales que para esto han hallado los antiguos Filósofos y Arquitectos con la experiencia la podemos hallar y saber ir discerniendo donde la hallaremos. La primera señal para hallar agua es muy verdadera, es cuando hallamos el suelo donde pisamos es la tierra floja y húmeda, y que pisando el suelo se abaja por razón del peso del que pisa encima. Esta es cierta señal, que la tal tierra tiene en sí agua, y si esa tierra se apegare a los pies, será cosa muy cierta que hay agua debajo en aquel lugar. Hay otras señales, las cuales son muy cercanas a la verdad a quien las sabrá bien discernir para de hallar agua debajo de tierra; los cuales lugares suelen producir aquellas cosas que de suyo no suelen ellas nacer, sin tener debajo grande humor que les ayuda a crecer, que sin el tal humor no nacen, ni menos crecen después de nacidas y, aunque ellas nacen, no crecen sin tener agua debajo de sí y porque estas tales cosas son muy deseosas de agua y la aman mucho, como son los sauces silvestres, como son unas ciertas cañas que son muy delgadas, como son las yedras, como es el junco grueso y menudo; y muy más cierta es el agua en el junco delgado y aún el esparto grueso no nace sin tener humor debajo, como es la yerba que llaman pie de muleto los castellanos, la cual yerba no nace sino que haya agua, como es la yerba capilus veneris o falcia o culantrillo de pozo. Las cuales cosas nunca las vemos nacer sin tener abundancia de agua a la redonda o de humor para poder nacer, y otras infinitas yerbas y por no ser ellas necesario nombrarlas. Columela dice que se hallará agua en aquella tierra que produce unos arañencillos silvestres y la agua no será muy baja; donde [//o/. 23r] se crían vides silvestres, ten por cierto que hallarás agua en aquella tierra o lugar. En la tierra que la vid abunda de muchísimas hojas, téngase por muy cierto que hay agua en aquel lugar. En tierra donde nace la yerba malvavisco, ten por cierto que hallarás agua cavando en ella. En la tierra que nace la yerba trébol de tres hojas, no está sin agua debajo, y en todas estas calidades de tierras que producen de estas cosas que se ha dicho, hallarás muy buena agua para beber y harto dulce. Y donde hallarás rañas, aunque no se vea ninguna agua, es señal evidentísima que ese lugar no está sin agua. Donde se hallarán muchos mosquitos muy chiquitos que van en grande multitud juntos o cínifes, hallarás agua en el campo, es una señal muy cierta de hallarla. Donde se hallará mucha cantidad de mariposas blancas que van juntas y amarillas, no carece el lugar de agua. Donde hallarás unos mosquitillos muy pequeños que van un grande bulto juntos, es señal que hay agua en aquella parte. Donde se hallará mucha cantidad de langostas juntas, es muy buena señal de haber agua en aquella parte. Y no sean tan groseros los hombres que ahí donde hallan estas señales que se ha dicho, que puntualmente la hallarán ahí, y que en aquel pedazo de tierra se hallará el agua, porque donde vienen esas cosas, no carece de agua como se ha dicho. [1051


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Demás de todas estas señales han hallado los que van buscando agua muchas experiencias en diversas maneras, que ultra de estas señales que queden muy certificados de ello, y aún han ido considerando, si todas las tierras si son de la calidad de los montes, los cuales están hechos a hiladas o a vetas, o a modo de un juego de naipes, que un naipe va encima del otro y el otro encima del otro, [/fol. 23v] y así van de mano en mano estas hiladas o vetas, una encima de la otra, aunque las hiladas de la tierra no van tan a compás, como el símil que se ha dado, porque una hilada va a veces muy apartada de la otra, y otras veces muy más cerca, y unas son muy más gruesas y otras muy delgadas, y una veta es de tierra más densa o más húmeda y otra más suelta o más rala, de modo que los montes así se van considerando, si ellos son hechos en esta manera, con estas dobleces como tienen las cebollas los cascos o como van las hiladas de las piedras de la cantería, que las unas hiladas son más gruesas y otras más delgadas. De modo que estas líneas van o a la una parte del monte o a la otra, y estas van hasta lo llano del monte, que es a lo bajo a todas partes del monte, mas en la parte interior del monte estas líneas todas van al centro del monte, de manera que van d e s c e n d i e n d o abajo con la cara de arriba igualmente y a cada cien pasos o cien pies se van parando estas hiladas en manera de gradas, y en el ir que hacen para abajo van al travieso del monte, y cuando se rompen unas de estas cortezas y por causa de este rompimiento de estas cortezas, aún el lado del otro monte hasta llegar al centro. Se ha visto estas tales cosas de los hombres de buen ingenio comprendidas con muy gran facilidad, que las aguas en estos montes o que en ellas son engendradas ahí dentro o que son de exhalaciones o que son estas aguas de lluvias, como se ha dicho que se cría recogida en estos lugares, y que ella se haya ido descendiendo entre estas vetas o hiladas, como los cascos de las cebollas tienen este allegamiento de hiladas, y por las más íntimas partes del monte, las cuales se vuelven a humedecer, y de aquí se arguye que dentro de estos montes VIfol. 24r] hallaremos agua, la cual está como cosa depositada dentro de este monte, en aquella parte donde las tales hiladas se van a juntar con la tierra la una con la otra. Aquellas líneas que van descendiendo hacia abajo en este lugar, es cosa muy cierta y muy verdadera señal para haber de hallar agua entre tales collados de un monte, como aquí le hemos pintado, aunque esta materia es algo escabrosa y dificultosa de comprender. Y cuando estas hiladas se van a juntar las unas con las otras y hacen una concavidad entre sí o entre ellas, es cosa muy cierta que parece que un semejante lugar lo haya hecho naturaleza para tener agua recogida dentro de sí, en especial cuando suelen parar ahí muchas aguas cuando llueve, de manera que es casi imposible que un tal lugar pueda estar sin agua o poca o mucha. Y más de esto nos lo enseñan muy manifiestamente las vetas de la tierra, que un tal lugar tiene agua. En estos tales lugares hay diversas calidades de tierras por donde se van embebiendo las aguas de las lluvias y éste es señal evidentísimo para hallar agua. Demás de las precedentes señales hallamos otras infinitas rollizas, las cuales tienen color de carne, y hay otras algo más encendidas de color, las cuales piedras se hallan húmedas de humor de agua, y también suelen engañar a los que no son prácticos en tal ejercicio, porque suele el agua correr muchas veces por las vetas de esta piedra y suele caminar o correr por debajo de semejantes piedras. [106]


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Primero

También es muy buena señal en las piedras que se llaman guijarreñas, las cuales suelen ser llenas de un humor o jugo, las cuales piedras son vivas, hallándose al pie de algún monte y rompiéndolas, y después de rompidas, si se hallare áspera de dentro, es buena señal para hallar agua y con mucha facilidad, [/fol. 24v] Y cuando hallaremos una tierra que sea muy sutil o muy delgada, nos dará muy grande esperanza de hallar agua en mucha cantidad, aunque hallándose, no será de muy buen sabor esta agua. En la arena gruesa o cascajosa o grana, la cual se hallará suelta y no unida como peña, nos da grandísima esperanza de hallar agua en mucha cantidad y muy buena y sana y aún muy durable. En la greda es cosa muy al contrario, por ser ella muy densa y muy húmeda en sí, que por causa de ser tan apretada y seca de suyo que muy pocas veces se hallará agua en ella. Es verdad que cuando se halla agua en ella, se conserva muy bien en sí la tal greda y aún la agua que en ella es puesta. En la (en blanco) se halla agua muy sutil, mas esta calidad de agua participa de mucho cieno y aún sabe al cieno o tiene sabor de cieno y, puesta en vasos, deja mucho cieno en el suelo de ellos. En la arcilla se suele hallar en ella muy sabrosa agua y muy sutil, más que de ninguna otra calidad de tierra, por razón que es tierra muy densa y muy unida y grasa, conserva mucho el agua dentro de sí misma. De la piedra tosca se suele hallar agua que es muy fría y muy clara y muy destilada. Es cosa muy ordinaria hallar agua donde hay piedra tosca, la cual piedra sea muy ligera, casi como madera, y que tiene muy grandes agujeros, así la cual piedra se suele criar muy pocas veces sin agua. De la tierra negra se suele hallar manar muy clara y muy limpia y de razonable sabor, aunque las más veces será muy blanda o muelle. Del cascajo o cospillo, que es muy suelto y muy menudo, hay muy poca esperanza de hallar agua en él, y de mi consejo nadie se debe poner a cavar en él, por razón que será el trabajo en balde y, caso VIfol. 2 > ] que se halle agua, luego se perderá por causa de la raleza del cascajo, y es cosa muy averiguada. Mas si este lugar fuere húmedo y el cascajo unido, hallándose en él estas señales, podráse cavar con grande esperanza de hallar agua. Y cavando, la primera agua que hallarás, será muy buena y de muy buen sabor. Es cosa muy notoria que con la buena diligencia y con el buen ingenio y con el artificio se podrá conocer el lugar que hay agua en él. Los antiguos hanse servido de muchas diligencias, y aún han hecho muchas experiencias los especuladores de esta ciencia para darnos muy clara noticia cómo podamos hallar agua, ultra de las muchísimas señales que nos han dado para esto y, no contentos con las señales, nos han enseñado muchísimas experiencias que hicieron para ello, con muy grandísima certidumbre de verdad, haciéndolas con diligencia.

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LIBRO SEGUNDO De las experiencias que se han de hacer para hallar agua

uando queremos ir investigando para haber de hallar agua, ultra de las muchas señales que se ha dado para ello21, conviene que se levante muy de mañana, antes que el sol sea salido, hase de estar en la parte [/fol. 25v\ donde se pretende hallar agua en el campo, el que ha de buscar el agua. Y esta diligencia se ha de hacer o en el principio de la primavera o en el principio del otoño, por causa que en el invierno no se puede hacer esta diligencia, ni tampoco en el verano, como es en estas dos sazones del año, aunque en todo tiempo del año se puedan hacer estas experiencias. Mas son muy más cómodas estas dos, por razón que son más templados estos dos tiempos, por causa que no participan de ningún extremo, como hacen estos otros dos tiempos. Después que estuviere en el campo donde se pretende hallar agua, conviene que se ponga en el suelo, tendido boca abajo, y empiece a ir mirando a la redonda, hacia todas partes, con mucha diligencia. Y donde se verán levantar unos vapores o exhalaciones en alto de tierra, a modo de un humo o como en el invierno, que alentamos, que se levanta en alto aquel aliento como humo o como una nubecilla (Figura 1), y cuando verá esto, levántese y señale el lugar donde vio salir o ascender esa exhalación o vapor. Y si tuviere compañero será mucho mejor por causa que lo señalará en el preciso lugar donde vio levantar esa señal. Figura 1.

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Repetido: para haber de hallar agua, ultra de las muchas señales que se ha dado para ello.

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FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


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Haráse esta otra experiencia para quedar más certificado de lo que has hecho con lo que señalaste. Convendrá que, en aquel mismo lugar donde viste levantar la exhalación, cavaras hasta ocho palmos Ufol. 26r] en hondo y, donde has cavado, entonces, tomarás un vaso de barro, que sea recién cocido, y entonces le pesarás y, visto lo que pesa, pondrás ese vaso dentro del hoyo que cavaste en la tierra. Y hase de hacer esto cuando se quiere poner el sol. Y puesto habrás el vaso boca abajo, cubrirás el lugar cavado con algunas ramas o con otra cosa. Y déjale así una noche o más. Y, cuando le irás a sacar, conviene volver a pesarle para ver si ha crecido de peso. Has de tener por muy cierto que hay agua en aquel lugar, por causa que abunda de mucho humor aquel lugar. Y advierte que conviene que cubras muy bien el hoyo que hiciste para que no exhale el humor de aquel lugar. Y advierte que no ha de ser vidriado el vaso. (Figura 2) Figura 2.

Hay otra experiencia para el mismo efecto, para quedar muy certificado de ello. Y también se podrá hallar el hombre en tal parte que no se hallara vaso así recién cocido y, en falta de esto, tomarse ha un vellón o vellocino de lana o una piel de carnero o de cordero o de cualquier otro animal, con que tenga pelo, y pesar el mismo vellón o piel. Y, visto lo que pesa, ponerlo dentro del hoyo, como se hizo el vaso, y después sa- [//o/. 26v\ carie y ver cuánto ha aumentado de peso. Y si habrá aumentado, es señal que hay agua en aquel lugar. Y caso que no se hallase vellón ni piel, tomarás un vaso de alambre o de latón, y untarle has por la parte de afuera. Y ponle dentro del hoyo, como se hizo las cosas ya dichas. Y cuando le sacaras este vaso de la hoya, si hallares a la redonda del vaso algunas góticas, como cuando uno suda, es señal que hay agua. Y advierte que conviene que el vaso se ponga boca abajo, como hiciste el de barro. Y conviene sacarle antes que el sol salga. Y el hoyo que cavaste hasle de cubrir muy bien y ha de estar tres o cuatro días dentro antes de sacarle. (Figura 3) Figura 3.

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Libro Segundo

Y si caso no quedases satisfecho de todas estas invenciones o experiencias, tomarás una lucerna o candil que esté muy aparejado con pábilo y aceite, el cual aceite sea bastante para poder quemar toda una noche. Y si caso no tuvieses aceite de olivas, es muy bueno el aceite de linuezo o de nueces, o con sebo a falta de olivas. Cuando no hallases aceites de ningún género, será muy bueno cualquier otra cosa que pueda quemar. Y, puesta esta lucerna dentro del hoyo, y entonces cubrirásle muy bien y que arda hasta la mañana. Y cuando lo sacares este candil encendido y si no habrá consumido mucha cantidad de aceite, de lo que acostumbra quemar, es señal que [//o/. 27r ] en aquel lugar hay agua. (Figura 4)

Y si no quedase satisfecho con todas estas experiencias, tomarás vaso de barro crudo, el cual sea seco, y ponerle dentro de aquel hoyo que hiciste, y ponerle dentro y cubrirásle como hiciste las demás experiencias. Y antes que pongas el vaso dentro del hoyo, conviene que le peses y, en la mañana, cuando le fueres a sacar, conviene que le vuelvas a pesar. Si hallares que ha crecido de peso, entonces, ten esperanza que has de hallar agua en aquel lugar. No importa ninguna cosa que se ponga en cualquiera hora del día, mas de que esté un día con su noche dentro del hoyo22. (Figura 5)

Si en este lugar, o en otro cualquier, donde pretendes hallar agua, si encima de alguna parte encendieres fuego y, después que se habrá quitado el fuego, vieres que la tierra echa de sí un cierto vapor o humeando y no tiene fuego encima, es señal que hay mucho humor debajo. (Figura 6) [/fol. 21 v] Cuando se hicieren estas experiencias, conviene que se hagan con mucha diligencia y con mucho cuidado, porque no tienen engaños, tú mismo en hacer estas diligencias.

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Este párrafo aparece tachado en el original. [111]

FUNDACION JUANELO TURRIANO


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Estas experiencias, ellas, son muy verdaderas y ciertas, con tal que se sepa discernir lo uno de lo otro. Estas experiencias se deben hacer en todo tiempo del año, mas en los lugares que son secos conviene hacerlas en el otoño. En los lugares que son sombríos, aunque es verdad que en los días caniculares se pueden hacer estas diligencias, por causa que en esa sazón abundan de más humor los cuerpos de los hombres y de los animales y, en sazón, abundan más que en ningún tiempo del año, y vemos que en los árboles, que debajo de la corteza tienen mucho humor cualquier árbol y, por esta causa, los árboles se hienden en esa sazón más que en ninguna otra del año. En el tiempo de la canícula continúan mucho más los flujos del vientre o la disentería que en ningún otro del año, tan umversalmente, por causa de la mucha humedad que participan los cuerpos. Y en esta tal sazón suele haber más calenturas que en ningún otro tiempo del año. Y en este mismo tiempo tiene muy mayor la fuerza el humor. Teofrasto se piensa que la causa de esto sea porque soplan más los vientos meridionales, los cuales son de suyo muy húmedos y llenos de nieblas húmedas. Aristóteles también confiere en esto mismo: que es forzada la tierra a echar afuera sus vapores, los cuales son causados por el fuego natural, el cual fuego es mezclado dentro de la entrañas de la tierra. Siendo así que estos fuegos son causa de esto, sería muy buen tiempo cuando estos fuegos están en su mayor vigor y fuerza Ufol. 28r] y que, en este tiempo, son menos molestados los humores y que, entonces, hay menos cantidad de este humor en aquella parte de la tierra, la cual es seca y quemada del todo en sí, que en ningún tiempo será más cómodo hacer estas diligencias que en esta sazón de la canícula. (Figura 7) Una otra experiencia para hallar agua, la cual es muy ingeniosa, a quien la supiere acertar a hacer, para sacar agua de la tierra. Donde hallamos la tierra algo húmeda, en sí, podráse servir de esta invención o artificio para hallar agua. Tomaráse un vaso de vidrio, el cual vaso ha de ser grande, a modo de una garrafa o gorgorita, que tenga el cuello muy largo. Este vaso se ha de hacer particularmente para este efecto, que tenga grande vientre y muy largo cuello y que en el asiento que esté llano y que sea muy recio. Y ponerle boca abajo que firme muy bien en el suelo la boca y, después, hace fuego en el asiento del [112]

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Libro Segundo

vaso en la parte que estará arriba y, como será muy bien calentado, veráse como irá trayendo la calor el agua para arriba. Y esto veráse muy manifiestamente por donde se podrá acertar a sacar agua que mane ordinariamente. Mas conviene tener una diligencia en hacer esta experiencia y, acertándola a hacer, veráse subir el agua, por el cuello de la redoma arriba ordinariamente, mientras durare el fuego encima del asiento de la redoma, arriba. Y podríase hacer tal y en tal lugar esta diligencia y, con tal sazón, que manase ordinariamente agua en ese lugar. Este vaso [//o/. 28v\ se podrá hacer de barro o de alambre o de cualquier otro metal, con tal que el vaso sea muy largo de cuello y muy ancho de vientre. Y muy poco importa que sea transparente, que eso no es para más del regalo y contento de la vida para ver subir la agua por el vaso arriba.

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LIBRO TERCERO Cómo podremos conocer la agua ser buena o no

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espués que la hayamos hallado, tomarás un vaso de metal, el cual sea muy bien bruñido y liso. Y este vaso ha de ser de latón o de alambre o de estaño, mas conviene que no haya servido. Y para conocer esto, se echarán unas cuantas gotas de agua encima del vaso, y si le mancha no es buena y si no le mancha es muy buena. Podremos conocer la agua, si es buena, en otra manera. Que tomemos legumbres y cocerlas con esa agua, en especial garbanzos. Que si la agua es buena se cocerán muy presto, y si no es buena nunca se acaban de cocer, aunque los hagan hervir mucho tiempo. Las aguas que nacen en tierra donde hay muchos limos no es buena, y si no los cría es buena. La agua que tiene juncos consigo no es buena. La agua que nace donde no se cría cieno es buena. La agua que cría espadañas dentro de sí no es buena. La agua que sabe a cieno no es muy buena. La agua que no cría de estas yerbas será buena, y si criare de estas otras [//o/. 29r] no será buena. Esto se ha de entender dentro de sí misma y, esto, se entiende de cualquier yerba que criare dentro de sí misma. Conviene que hagamos un nuevo discurso acerca de lo que se ha tratado de las aguas, así del agua simple como del agua mixta o que tiene mezclas consigo; y de los colores y del sabor y del olor, y de las otras infinitas calidades y particularidades que tienen consigo. Y, también, de los jugos que tiene mezclados en sí mismos, que son líquidos. Y cómo se podrán conocer cada una de estas cosas, particularmente con el tacto y sentido. Y de qué mixturas participa cada una de ellas en particular, y cómo se podrán conocer. Conviene que tratemos primero del agua simple. Ella es como los otros licores, que son sanos, sin ninguna infición, sirven para la salud bebiéndolos. Así, el agua bebida nos humedece las viandas en el estómago, las que son sólidas, para que ellas puedan dar de sí virtud al estómago, el cual las convierte en otra materia. Y esa materia es, como dijo Hipócrates, que es un cierto que necesario para [115]


TOMO I

el vigor de la sangre. Y cuando se parte del hígado y se va distribuyendo para las otras partes del cuerpo, se va esparciendo después de bebida o que ella se aplica intrínsecamente al cuerpo. La agua humedece y refresca las partes interiores del cuerpo. Las aguas que participan de alguna mixtura, las cuales son compuestas, y tienen diversas virtudes por razón de la composición, la cual nace de este componimiento, [/fol. 29v] y porque realmente tiene en sí algunas virtudes por razón de las cosas que con ellas son mezcladas. Las aguas que se hallan de exhalaciones inficionadas y dañosas, las cuales matan, por causa de la virtud que tienen en sí, a los animales, como suelen hacer muchas aguas, como son aquellas del lago que está entre Serapela y Seburgo que, en cierto tiempo del año, mata los peces que en ella hay. Las aguas de las exhalaciones son muy dañosas. Las que solamente están teñidas, dado caso que luego no matan los animales, mas en discurso de tiempo los mata. La agua que no tiene más de sólo haber padecido la fuerza del calor, y su violencia es del fuego, aunque ella no sea muy caliente, -no tiene fuerza de hacer más de sólo humedecer, como hacen las aguas simples. Las aguas que son algún tanto ácidas han padecido algún poquito de calor soterráneo y, bebidas estas aguas, hacen orinar y provocan el mal de piedra, y a los que son borrachos los quita la borrachez, que es lo que suelen hacer las aguas del río Linceste. Y, en contrario, que emborrachen como hace el vino a los que de él beben mucho, así hacen estas aguas a quien de ellas beben mucho. Las aguas que participan de mucho jugo son aquellas que se hallan embebidas o mezcladas de muchos jugos, el cual jugo tiene calidad de se poder convertir en piedra. Estas aguas hacen morir a quien de ellas bebe mucho tiempo, porque este jugo no es otra cosa que yeso deshecho con la [/fol. 30r] agua, y debajo del humor se endurece, por donde coliga las visceras o entrañas y opila en tal manera las venas, las cuales no pueden atraer por ellas el jugo o el humor en el hígado, ni del hígado a las venas no puede ir la sangre, ni menos distribuirse en el cuerpo humano. Dado caso que algunas semejantes aguas no maten luego a quien de ellas bebe, pero dañan mucho al vientre a quien de ellas acostumbra a beber. Las aguas que participan de muy poco jugo, la cual es apta a poderse convertir en piedra y, siendo (en blanco) de este jugo, hallamos que aquéllas no son tan dañosas si este jugo desciende al suelo de las aguas, y esto es causa de su brevedad, así que el agua que está encima puede ser buena y muy sana para beber. Las aguas que participan de tierra, o tienen consigo mucha mixtura de tierra, dañan a todos aquellos que de ellas beben, por causa que suelen opilar el vientre y engendra en los ríñones piedra o arenas. Y si la mixtura es poca no es tan dañosa, y si de esta agua fuere mezclada con tierra será estítica o repretativa, o estriñe o tiene alguna virtud. Y si es de tierra esta mixtura es que conglutina o que apega una cosa con otra y tiene propiedad de apegar. Suelen tomar las aguas alguna virtud señalada con alguna grande fuerza. La agua que participa de algún jugo congelado. Estas aguas, verdaderamente, todas calientan y desecan y, cuanto más se hallan con los jugos mezcladas, estas aguas, aprovechan para los que están destemplados por causa de algún fríor [116]


Libro Tercero

que le haya procedido, o de humedad. Y aprovecha a los accidentes que suelen venir por causa de la flema. Estas aguas son muy dañosas a los destemplamientos que suelen venir por causa de calor y de sequedad, y a los accidentes que proceden de la cólera o de todo humor caliente. Antes dañan mucho Ufol. 30v] a los destemplamientos de calor y a la cólera seca, esta es, principalmente al fríor y a la sequedad no aprovecha su calor de esta calidad de agua. Daña a todo destemplamiento que de sequedad haya procedido. Las aguas que son saladas ligeramente, o poco, o que participan de salado, aprietan o estriñen. Tendrán la misma calidad o propiedad que tiene el agua de la mar. Esta misma agua salada tendrá la misma fuerza que tiene la de la mar. Y si esta agua participara, más o menos, de salado que tiene la de la mar, en sí tendrá más o menos fuerza según participara de lo salado. Mas supongamos que tiene una misma calidad, con la agua de la mar, y que ella es de un mismo temperamento. Aquellas aguas que naturalmente son calientes tienen muy mayor fuerza que no hacen las aguas de la mar y, tanto las de la mar cuanto las calientes, nacen de la tierra, y si ellas se calientan hacen mayor efecto y con mayor vigor. Las aguas que participan de mucha sal, bebidas desterminan mucho el vientre y le ponen en muy grandísima revolución; y traen la flema y la sangre congelada; y enflaquece mucho el cuerpo. Mas, después que ha consumido la flema, dañan mucho al estómago y roen los intestinos y hace llagas en ellos. Y engendran sarna y dañan a la sangre y la inficionan con lo salado que tiene en sí. Y si participare esta agua de muy poca sal, tardará mucho a hacer su efecto y, si los hace, hácelos con mayor tibieza y muy más remisos, y no dañan al estómago en tal manera. Ni menos suele hacer llagas en los intestinos, y aún daña menos a la salud y a la disposición del cuerpo. Las aguas, cuando son de suyo tibias, asutilan la flema, y, cuando son calientes, quitan los torzones y dolor del vientre. Y los baños de agua salada quitan y enmiendan una Ufol. 3Ir] cierta disposición que ha nacido de la flema, y aprovecha a los accidentes de los nervios que son encogidos, y al pecho que es de catarros trabajado, y al vientre frío, y al estómago que es frío y húmedo. Y sana la sarna que ha nacido de la flema y, si no hay sarna despierta, arma el prurito, y en pocos días le sana. El vapor del agua salada, cuando está hirviendo, quita la pesadumbre y el dolor de las orejas. La cual agua, aplicada por defuera, deshace y quita los temblores o tumores que por causa de alguna enfermedad le ha quedado en el cuerpo, o que ha nacido de flema. Y también aprovecha a los hidrópicos y conforta las partes flacas del cuerpo, y vuelve la color, como de primero, a los que la tienen perdida. Las aguas salitrosas, si son bebidas, ponen al vientre en grandísima revolución y sacan afuera la flema. Y hace más, que dispone la madre a las mujeres para que puedan concebir y empreñarse, y disminuye el tumor que causa las porcelanas. Y los baños de estas aguas quitan la mala disposición que ha nacido por causa de la flema, y aprovecha a la enfermedad de los nervios, y al pecho y a los catarros que trabajan mucho a los hombres. Y, finalmente, tienen estas aguas las mismas virtudes que tienen las aguas saladas, más con mayor eficacia y con mayor prontitud. No reprietan, mas limpian y purifican el cuero, y sanan la sarna. [117]


TOMO I

Esta agua echada dentro de los oídos, los sana de las cosas podridas que hay dentro de ellos, y el mismo efecto hace si los oídos son hinchados y quítales un cierto zumbido o ruido que dentro de ellos se suele sentir. La agua que participa de alumbre, o que son de alumbre, la cual agua hace í/fol. 31v] su efecto en repretar las carnes mucho más que no hacen las aguas que antes de ésta hemos dicho. Bebida esta agua, conforta el estómago y lo corrobora, el cual estómago es muy flaco y no detiene ninguna cosa, que luego la vomita. Y sana las úlceras de la vejiga; y aprovecha a las mujeres para sanarlas cuando tienen desconcertada la purgación ordinaria, que les venga ordinariamente, como conviene en sus tiempos a hacer su purgación. Aprovecha mucho a las mujeres que suelen afollarse o abortarse o malparir, y a las que, ordinariamente, suelen tener dolores. Y si tienen de esta agua en la boca, sana las llagas que en ella se hacen; mitiga el dolor y temor de las encías. Y, si con esta agua se gargarizan, cura las llagas de la garganta. Los baños de esta agua aprovechan a todos los accidentes dichos, en especial a las llagas exteriores del cuerpo, las cuales han sido causadas por abundar de muchos humores malos. Aprovecha a los nervios y estanca la sangre que sale del pecho, o del sieso o de las partes bajas. Aprieta esta agua los poros a los que mucho sudan. Y, estas aguas, aunque ellas son muy provechosas para muchísimos efectos, mas ellas son dañosas a los que son inclinados a fiebres, digo a los que de cada mínima cosa luego les toma fiebre. Para estas tales complexiones de hombres le es muy dañosa esta agua. Las aguas que participan de vidriol o caparrosa (en blanco) o de calcitide o de (en blanco) tienen todas las virtudes que tienen todas las aguas de alumbre, mas hacen sus efectos o operaciones con muy mayor efecto y eficacia, por razón que tienen mayor virtud en sí y más restriñitiva y con mayor agrimonia que tiene en sí. Esta agua aprovecha a las llagas, que ellas se van [ / f o l . 32r] comiendo de sí mismas y que van siempre adelante caminando. Y si estas aguas fuesen muy demasiadamente agrias, matan. Y esta calidad de agua parece que fuese de la del río Estige, que es en Tesalia, con la cual agua Antípatro mató a Alejandro Magno. Las aguas que participan de azufre o azufradas. Y, bebidas, ablandan los nervios que son encogidos o retirados, los cuales son endurecidos o arrugados, y que tiemblan. Y, bebidas estas aguas, mitigan los dolores y quitan los tumores de las partes articulares o artéticas del cuerpo. Y, por esto, sirven estas aguas a curar la chiragra o la podagra o gota, y la ciática y otras enfermedades artéticas o articulares. Y quitan el dolor del hígado y del bazo, y del vientre, y deshace los tumores. Mas ellas gastan el estómago y el ventrículo. Y ellas sanan la sarna y las llagas que de sí mismas nacen en el cuerpo. Y quita las pecas y el paño de la cara, las cuales son unas manchas blanquinosas que nacen por todo el cuerpo. Y, bebidas estas aguas que participan de esta materia, cura todos estos accidentes que se han dicho. Las aguas que participan de materia de betún, de modo que ellas son betuminosas, bebidas, curan las dolencias y los accidentes interiores del cuerpo. Los baños de estas aguas calientan los nervios poco a poco y, en discurso de tiempo, los ablandece. Mas hinchan la cabeza y todos los sentidos y, particularmente, dañan a los ojos. Las aguas que son de color cerúleo o azuleñas o verdes, o de color de crisocola, y bebida esta agua que participa de estos colores, hacen vomitar. Los [118]


Libro Tercero

baños de estas aguas aprovechan para las llagas que [/fol. 32v] se comen de sí mismas. Las aguas que participan de color amarillo, o que son teñidas de oropimente, calientan el estómago y reprietan el vientre. Y lo mismo hacen las aguas que participan de color de sandáraca, la cual color es como de un oropimente colorado o quemado. La cual agua purga y aclara mucho la voz y es muy provechosa para aquéllos que padecen accidente de asma, el cual accidente es que no pueden alentar sin grande trabajo y, bebida de esta agua, curan de ello. Las aguas que corren encima de piedras que son congeladas por causa del frío, las cuales piedras es la sílice o guijarreño, la cual piedra es muy durísima, que puesta en el fuego no se quema aunque sea puesta dentro de un horno de cal. Y porque estas aguas toman muy poco o nada del sabor, digo de aquel congelamiento de estas piedras, son casi simples y puras. La virtud de esta agua es que son frías y crudas y bebida, tarda mucho a descender abajo, a la vejiga. Las aguas que caminan por encima de otras piedras, y si esas piedras son duras y muy magras, ellas toman muy poco sabor. Y si caminan encima de piedras blandas y grasas, mucho se tiñen o toman del sabor y no toman de la color. Y en esta manera hemos dicho ser la piedra de la calcina, la cual, las aguas que son calientes, la ablandan y la hacen muelle. Esta agua es corrosiva y deseca, mas no es mordicativa y no muerde mucho. Y lo mismo hacen las aguas que de suyo son embebidas de yeso y empapadas. Y si estas aguas participan de mucho yeso que en sí tengan embebidas, malan. Aquellas aguas que participan de amatista o amatite que son tenidas 23 , reprietan y estancan la [/'fol. 33r] sangre24 que sale de las venas o de otras partes del hombre, ahora sea ello por dolencia o accidente, o por heridas en otra cualquier parte que ella salga. Las aguas que son tenidas o embebidas o empapadas de piedra judaica, o de belenite o de trochite, estas tales aguas rompen la piedra que se halla dentro del cuerpo humano, en la vejiga o en otra parte. Y por esta misma manera se debe hacer juicio de todas las demás aguas que hay. Las aguas que son calientes, ellas van escomiendo de la cosa por donde caminan por encima, como son las que caminan por encima de piedras, toman más sabor, que no hacen las aguas que son frías de suyo. Y, por esta causa, tienen estas aguas más virtud y fuerza y mucho más poderío para obrar en los cuerpos humanos, más que no hacen las aguas que son frías, los que de estas tales aguas beben. Las aguas que participan de diversas calidades, como son las que caminan encima de venas de oro o de plata o de plomo, o de antimonio o estibio o estibie, estas aguas, ordinariamente, suelen endurecer los vientres a quien las bebe y entesecerlos y henchir de flema; todos los miembros del cuerpo hincharle. Y estas aguas hacer a las personas papudos, a quien de ellas bebe, y les engordece la gola como se ve en el Norio, muy buen pueblo, y como se ve Valcamonega, que 23

Por: ¿teñidas?

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Repetido: la sangre. [119]


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todos son papudos, y como es en los lugares de los Alpes, en el valle Cilerax, la cual es del río Oeno. Estos moradores de este valle parece que fueron llamados de Vitrubio, estas gentes Meduli. En el valle Sinderra, que es a cuatro leguas aparte del pueblo Curia, pueblo de la Recia, en Italia, en Camonca Ufol. 33v] en tierra de Bressa, todos aquellos moradores participan de ese accidente que es tener papos. En tierra de Recia, donde se halla una fuente, demás de otras muchas que hay, que aquellos que de esta agua beben les daña mucho y les ofende a la cabeza y al cerebro y hacen al hombre insensato y loco y le sacan de seso. En Italia, en la parte donde se llama Tallacoci, la agua que ahí se bebe hace hinchar la garganta aquellas gentes de aquellos pueblos que moran en aquella parte. Ha habido algunos que se han creído que las aguas que corrían encima de oro y de plata pura, y que estas tales aguas que eran encima de tales metales, que debían de alegrar mucho el corazón, lo cual es un engaño muy manifiesto creer eso; antes bien, suelen hacer mucho daño estas tales aguas a quien las bebe. Las aguas que caminan encima de azogue o argento vivo, o que ellas sean embebidas de este jugo de esta materia metálica, bebiendo de estas aguas, luego suben a la cabeza y la hinchan, en grande modo, de diversos humores que consigo suele tener. Los cuales humores, después, vuelven a descender abajo y gastan las encías y los miembros del cuerpo humano. Y de esto se nos hace harto claro y manifiesto en las composiciones y unciones que se hacen del argento vivo, las pildoras y medicinas que de ello se hace. Y tampoco no niego que no se halle dentro de la tierra otras cosas que tengan las mismas calidades que tiene el azogue para poder dañar. La agua que camina por encima de venas de alambre, las cuales van ordinariamente lamiendo, estas aguas, la tal materia, y van tomando a que sabor y aún el olor que tiene el mismo alambre. Y, bebida esta agua, aprovecha mucho al mal de la boca y a los Ufol. 34r\ males que nacen dentro de la gola, en el principio de ella, en especial cuando se suele hinchar aquella lengüezuela que en ella hay, o los costados. Aprovecha para lo mismo a los ojos por razón que los purga y les quita aquellas cosas que le impiden la claridad para ver. Las aguas que caminan por encima de venas de hierro, las cuales son muy provechosas para el estómago y bazo y ríñones, aprovechan al dolor de la cólica y quita los dolores artéticos y son muy provechosas a los dolores que se causan en la vejiga. De esta calidad de agua, en Toscana, cerca de Roma, a diecisiete leguas, y cerca de Nápoles, a una milla, hay de esta calidad de agua, la cual llaman agua ferrata y otros la llaman vijigaria. Eran estas aguas, como las llamamos hoy día, las aguas aceradas, como escribe Marcelo, médico. Y el lugar donde hay estas aguas que fuese de Milon Broco, pretor, de lo cual, hoy día, no se halla esta agua que tenga esta calidad. En cuanto a los mixtos, sí la agua se hallara que tenga participación de aquel jugo. Las aguas que participan del jugo de plomo o de materia de plomo, estas aguas tienen muy grandísima conformidad con las aguas que participan de alambre, o que han ido lamiendo materia de alambre, o piedra que tiene alambre, de manera que sus fuerzas y virtud ya lo hemos dicho, y del alambre. Las aguas que son inficionadas de materia (en blanco), de modo que la agua que participa de (en blanco) come mucho y roe mucho y corroe las partes inte[120]


Libro Tercero

riores del cuerpo, que es las entrañas del cuerpo. Y si la (en blanco) participara de mucha plata no dañará VIfol. 34v] tanto como haría aquella que no participa punto de plata. Los betunes líquidos nadan, ordinariamente, encima del agua; con facilidad se pueden coger. Los moradores de algunas partes lo recogen, este betún líquido, a vuelta del agua, con los vasos. Y si hay poco lo van recogiendo con unas hojas de una yerba que llaman papiro. Y también lo recogen con unos paños de lienzo delgado y claro o con aquello que llaman (en blanco) o con aquellas telezuelas de las cañas, como Plinio lo escribe acerca de esto, por causa que luego se les apega este licor o betún. Estas cosas, las cuales tienen tanta fuerza y virtud de fuego, que untada alguna cosa con este betún, en especial en aquella especie de betún que llaman nafta, que acercándole al fuego la tal cosa untada, luego se le aprende el fuego con muy grande facilidad, y arde. Y no se puede matar con agua por mucha que se le eche encima. Mucho más presto se mata con echarle lodo encima, o con tierra o polvo, o echándosele encima o con cosa que sea enjuta, por causa que con muy grande facilidad se enciende. Y, por tanto, es cosa muy antigua el servicio de ello para quemar en las lucernas o candiles, como es aquel betún que se saca cerca de Módena, en Italia, el cual betún es líquido, el cual es como aceite y se llama aceite petróleo y otros le llaman olio de Sasoferrato, por causa que el lugar se llama Sasoferrato. Este betún quema dentro del agua sin ningún otro artificio mas de sólo encenderle. Este betún es tan aéreo que puesto dentro de un vaso, y si no estuviere muy bien cerrado, dentro de muy pocos días se convierte en aire, por causa que tiene sus partes tan sutiles [/fol. 35r] y airosas. Como es cerca de Sicilia, junto de un pueblo que llaman Agrigento, por donde ha sido llamado aceite siciliano. De este betún nace en diversas [partes] del mundo, del cual se sirve en medicina. Bebiéndole, es como agua bituminoso, deseca y deshace la sangre congelada, hace provocar el menstruo a las mujeres o de su purgación; untando con él las ovejas sarnosas, las sana, y lo mismo hace a los otros animales, los sana. El betún de Babilonia es muy provechoso para el mal de los ojos cuando es causado por sangre que está derramado por la persona, o que se hace algunas manchas por el cuerpo, que es un cierto mal que se hace en la barba o que empieza a nacer en ella, y de ahí se va derramando y se hacen llagas. Y sana el prurito y gallillo de la garganta, y el cuerpo. Si se untan con este betún la gota o podagra, es un remedio muy excelente para quitar el dolor. El alumbre líquido tiene las mismas calidades y virtudes que tienen las otras especies de alumbres. El jugo que es apto a empedrecerse o convertirse en piedra. Esta calidad de agua va goteando por los resquicios de las peñas y luego se va a convertir en piedra. Antes que vayan a caer en tierra se van endureciendo, y se hacen piedra. Y, así, quedan colgadas estas gotas en la misma peña, de donde vienen a descender abajo, de modo que se ven infinitísimas partes que, antes que vayan a caer a tierra, son convertidas en piedra. De las cuales he visto infinitísimas cosas de esta materia, y tantas formas que de esta materia se hacen en aquellas cuevas, como es aquella tan nombrada que es cerca de Amberga, VIfol. 35v] donde se ve hecho en esta manera muy blanquísimas columnas y otras cosas de diversas formas, como he visto en Aragón (en blanco) unas formas, como unas [121]

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T O M O II

uvas de cuatro y cinco palmos hechas de esta materia. Y en una cueva que es en el mismo Reino, que hay ciertas piedras hechas de esta materia, como de huesos de animales. Como en Cataluña, cerca de Cardona, que hay una cueva que del agua que se convierte en piedra se hacen tantas formas y tan varias, así en forma como de colores. Y como escribe Plinio, que en una cueva que llaman Fansia (en blanco) de Rodas se ven columnas hechas de esta materia. En Demoneso, isla de los cartagineses, hay una cueva que llaman Polita, que este tal jugo, que se empedrece todas aquellas cosas que de esta agua se mojan. También crecen las piedras en aquella laguna de Recia, en Italia, y en otras diversas partes hay diversas cuevas de tal jugo. Las aguas que son mixtas, las cuales tienen muchas virtudes en sí mismas. Estos jugos o licores que son mezclados con las aguas, que se convierten en piedra todas las cosas que dentro de ellas se ponen, y quedan en su primera forma o figura, como se puede ver en la Islanda, en una fuente, la cual no está muy aparte del monte Hecta, el cual monte quema ordinariamente. Hay una fuente semejante a ésta en Curmeroe, que tiene esta misma virtud, así como el río Crocano, en Italia, en Calabria; como es el río Sarno, en.tierra de Labor, y otros muchos infinitos, que tienen esta misma propiedad, que hacen convertir en piedra las cosas que en estas tales aguas se ponen dentro. Mas no todas ellas obran en una misma manera ni en un mismo tiempo, Vfol. 36r] ni aún hacen un mismo efecto, por causa que unas tardan mucho más en hacer su efecto y otras los hacen muy repentinamente. Las aguas que participan de diversos mixtos, como se ha dicho, las cuales son compuestas de tantas mixturas, como por ejemplo se halla agua que es mixta o mezclada con sal y con alumbre, esta agua, bebida caliente, deseca. Y porque es cosa muy común hacer estas dos cosas o estos dos efectos, mas si esta agua tendrá más porción de sal que no de alumbre, pondrá en grandísima revolución el vientre. Mas ni en el vientre ni en los intestinos no daña mucho porque la alumbre aprieta y refrena y impide la fuerza de la sal. Y si la agua participara más de alumbre que no hará de sal, aprieta y refrena o mitiga el vientre, y le endurece. Mas en esta manera se ha de juzgar de todas las otras fuentes que participan de dos o de más jugos. Conoceránse sus virtudes y fuerzas que tienen, en los efectos que harán y en sus calidades que ellas harán. Paréceme que he traspasado, algún tanto, los límites o términos de lo que yo había prometido de tratar acerca de esta materia. Que mi intención no fue de tratar de las virtudes ni medicamentos de las aguas, mas con sólo dar noticia de lo que las aguas participan o tenían consigo mezclado, sólo para los que tratan o hacen profesión de esta materia de llevar aguas, que el vulgo llama fontaneros o zahoríses, tuviesen alguna noticia de las calidades de las aguas. Y para que sepan discernir y hacer elección de la buena a la mala, y de qué materia participan más de una que de otra; para que puedan conocer estas diferencias que hay entre ellas, así en general Ufol. 36v] como en particular; para el que quisiere ser curioso en saber las calidades y diversidades que hay de las aguas, lea a Plinio y a otros muchos historiadores. Que hallarán en sus obras tantas y tan diversas calidades de aguas, y tan diversos efectos. Que de ellas hacen memoria de sus virtudes y propiedades; y también hallarán tantas aguas que matan y que causan tantos daños y males, cuanto creo que nunca pensó hallar en tantos autores que de ellas escriben, de esta materia de aguas. [122]


Libro Tercero

Pues hemos tratado de las calidades de las aguas y de sus efectos, ahora conviene que tratemos de las experiencias que hemos de hacer para conocer de qué materia participan las aguas, y de qué calidad es el agua, y qué efectos hará y qué virtudes y propiedades tienen en sí, para lo bueno como para lo malo que ellas nos pueden causar. Aunque en esto del conocer, de las aguas, la calidad es cosa muy ajena de los que profesan el ejercicio de fontaneros. Los cuales no es más su ejercicio que saber nivelar un agua para saber si podrá subir o bajar para el servicio de los pueblos o para regar o moler, ésta es toda su inteligencia. Aunque ella es materia o ejercicio de Arquitectura, el saberlas, mas el saberlas y conocerlas, y distinguir las unas de las otras, es materia de Filosofía o de Medicina, que no de oficiales de semejante ejercicio, porque esta materia, toda, pende de Filosofía o de Física, que no de tales oficiales. No trato de los sabios, mas de los imprudentes. Digo que conviene que sepa de qué calidad participa la agua que habrá hallado, para haber de llevar para beber. Que si fuere para regar, Wfol. 37r] no es menester tener tanta cuenta en ello como es en la que es para beber, porque conviene saber si es buena o mala, porque no siendo buena, no valdrá ninguna cosa su trabajo. Como vi yo que uno hizo gastar muchos centenales de ducados a un pueblo y la agua no era buena para beber, que aún los animales no la querían beber, por causa que era amarga y salada la agua que había llevado. Si en el principio supiera conocer las causas, o la falta del agua, de modo que el gasto y el trabajo todo fue perdido. Dado caso que la agua es siempre buena para las cosas necesarias de los pueblos, aunque no valiese para más que para lavar paños y al servicio de las cosas comunes, como es para regar las casas y otras cosas que en ellas se ofrecen para el servicio humano, de esta calidad de agua muy pocas veces falta a quien quiere tomar trabajo de cavar pozos. De lo cual me parece que es una muy grande afrenta, y aún daño notable, no haber advertido a una cosa tan importante como es ésta, de modo que conviene que sepa conocer de qué materia participa el agua que querrá llevar, por no caer en una falta tan notable como es la que se ha dicho de esta fuente. Y porque no caigan en ignorancia tan crasa, he querido advertir a estas tales cosas, cuanto a mí posible fuere, en esta materia de las aguas, y para que pueda hacer elección de lo bueno y huir lo malo, y para que sepa, en general y en particular, de qué calidad participa el agua que habrá de llevar y de qué jugos tienen la mezcla consigo. Y que sepa qué cosa es la sal y qué efectos hace, como hemos dicho, cuando se halla una agua mezclada con materia salada; y qué sabor tendrá el agua que participa de sal. Y que sepa qué cosa es Ufol. 37v] alumbre y qué sabor tiene tal agua, y qué olor, para que con más facilidad lo pueda saber discernir. Y qué cosa es salitre y qué efectos hace hallándose mezclado con el agua. Esto se entiende cuando el agua le tiene mezclado en sí, que gustándole o oliéndole sepa hacer la experiencia que conviene para ello, para conocer estos mezclamientos. Y también qué cosa es vidnol o caparrosa qué gusto tiene el agua gustándola o oliéndola, y qué color tiene en si, y qué cosa es el (en blanco) y la calcitide. Y qué cosas son estas que muchas ve ees se hallan las aguas inficionadas de estos jugos. Y qué cosa es la (en blanco) o< marquesita y todos los demás minerales que se suelen mezclar con el agua sus jugos Y también saber qué cosa es betún líquido y los otros betunes, que muchas veces se hallan las aguas embebidas de estas tales materias. Y qué cosa es azufre [123]


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y todas otras cosas semejantes que se pueden mezclar con el agua o ellas participar, como en el Libro de las causas y efectos de las aguas se ha dicho. Y eso también se verá en el discurso de la materia más a lo largo. Porque muy pocas veces se hallan las aguas tan puras ni tan buenas como conviene, ni como las querríamos hallar, ni aún como las deseamos de hallar, de modo que muchas veces nos conviene tomar las que hallamos y no las que queremos, por causa que no está en nuestra mano escoger las que son buenas y dejar las malas, porque si esta elección se pudiese hacer de las aguas nunca se "tomarían de las que son malas, de modo que muchas veces nos conviene tomar de las que hallamos, con tal que ellas no sean Ufol. 38r] tan dañosas, que de ellas nos podamos aprovechar para ninguna cosa. Pues los que no son pláticos en conocer aguas, como en las cosas metálicas, y que en ello son muy diligentes, podrán con mucha facilidad saber discernir y separar o distinguir, las cosas que hallarán mezcladas con las aguas. Las cuales hallará en las aguas unas cosas como limaduras de metales y que son de la tierra y de los jugos congelados. Y con el sentimiento o sentido del gusto se sabrá determinar lo que es sal y lo que es salitre, y lo que es alumbre y lo que es vedriol, y lo que es azufre y lo que es betún. Mas, para proseguir y conocer este tal conocimiento universal, conviene que hagamos experiencia tomando un vaso lleno de agua de la calidad o especie que queremos hacer la experiencia. Y este tal vaso, lleno de agua, conviene le dejemos reposar por algún espacio de tiempo. Y después que esta agua fuere reposada dentro del vaso, es necesario que este tal vaso le pongamos al fuego y, después de puesto, se le ha de dar al principio un fuego muy lento y muy suave, y después que el vaso habrá hecho su decocción será, con diligencia, considerando y mirando la materia que ha quedado en el suelo del vaso. Y habiendo dejado alguna materia en el suelo, sacaráse y pondráse encima de una tabla limpia que sea llana, y se pondrá a secar al sol hasta tanto que esté la materia muy bien seca. Y miraráse lo que hay en ella, porque el sol abra aquellas partes coaguladas o juntadas y endurecidas. Y mira que esta experiencia no valdrá ninguna cosa si la secares, a la sombra, esta materia. De modo que aquellas partes que se hallarán que se habrán condensado por causa del sol, las del salitre y las del alumbre, hace que ellas toman lustre cada cosa. Muy mejor se conocen las del azufre y las partes Ufol. 38v] vidrioleñas. Y entonces verás delante de tus mismos ojos la cosa de los metales y lo que tiene mezclada consigo el agua, y también lo de las piedras. Y con estas diligencias podrás muy bien ir especulando y discerniendo la calidad de la cosa y de cada cosa, y de qué materia participa esta agua, y esto sabrás en general y en particular haciendo estas experiencias. Podráse conocer, el agua de una fuente, de qué calidad es, por razón de la tierra y de las piedras que están mezcladas con la tierra y con la misma agua. Aprovecharános mucho el saber la naturaleza del agua y de qué materia participa. Y para que de ella nos podamos muy mejor servir, hanos dado naturaleza los sentidos a los hombres, para conocer las calidades de las cosas, en especial de la agua. Pues las conoceremos, las podremos juzgar, en especial, con la vista y con el gusto y con el olfato y con el tacto. Más las conoceremos con la vista. Que con ningún otro sentido las sabremos discernir, que es con la lengua. Y también se conoce con las narices muchas de ellas. Y con el tacto no conocemos más de sólo las que son tibias o caliente o frías. De modo que el que fuere diligente se verá ir quitando y apartando cada cosa, si fuere necesario, quitar la superficie de la tierra a la redonda de la fuente. Y irá contemplando y mirando [124]


Libro Tercero

la calidad de la tierra y, por lo mismo, las piedras de qué especie son. Y tendrá cuenta por dónde va la veta del agua, si va revolviendo y cómo va subiendo. Y tendrá cuenta con lo que hay en el suelo del agua, ahora sea arroyo o río, o que esta tal agua se va calando, sea por caños o por arcaduces o por otra cosa. Y también mirará en cualquier parte donde el agua se parare y qué es lo que deja en el suelo la tal agua. Y con esta manera se podrá conocer la causa de qué Ufol. 39r] materia participa. Podráse conocer la causa de qué materia participa el agua, y esto se conoce por la experiencia que de ello se hace. Tomaráse un vaso y se henchirá de agua de la que se pretende hacer la experiencia; y pondráse ese vaso a calentar al fuego, aunque muchas veces se conoce en el olor que de sí echa el agua, de modo que ella de sí misma se hace conocer, sentir de qué materia participa, empezando a calentarse, y cuando no quedase ninguna cosa en el suelo del vaso, entonces, vuélvase el vaso al fuego y darle tanto fuego que toda la agua desconsuma dentro del vaso. Y consumida toda la agua, entonces, irás, con mucha diligencia, contemplando aquella materia que en el suelo del vaso ha quedado, y gustaráse con la lengua de qué materia participa. Y si no lo supieres discernir a qué cosa sabe, entonces, tomarás de esa materia que había quedado en el suelo del vaso, que no supiste discernir de qué materia participaba, y hazla quemar encima de algún pedazo de vaso roto y, quemándose, en el olor conocerás a qué sabe y de qué materia participa. Y porque no puede ser que no de de sí alguna señal de qué materia tiene en sí. Y con estas diligencias que habrás hecho tendrás muy larga cuenta, con el buen entendimiento, y irás discerniendo de qué cosa participa. Algunas aguas no participan de más de una sola cosa consigo tiene mezclado. Conviene que hagamos claro lo que es obscuro, cuando con el juicio juzgamos, y con los sentidos, y entendemos, en particular de todas aquellas cosas que se suelen mezclar con las aguas. Las aguas que matan a los animales, ellas son Ufol. 39v\ de exhalaciones inficionadas. Las aguas que se quieren poner dentro de unos vasos en otros, para ver si en el vaso se le apega alguna cosa a la redonda de los costados del mismo vaso y en el suelo, y si de esta tal agua queda alguna cosa que participa de cosa que mate o que ella sea de tal calidad, que se convierta en piedra las cosas que en ella son puestas, las cuales vayan luego al fondo del agua, y que no se tenga noticia que esa agua mate, ni que ella es pestífera por causa de su corrupción, por ser ella podrida, la conocemos, pues, en esta manera: que cuando las aguas matan los peces que en ella hay, estas tales aguas son llenas de exhalaciones y de humores mortíferos que con la misma agua son mezclados. Las aguas que tienen vapores, que causan muerte a quien de ellas bebe, estas aguas tienen, en todo tiempo, estas calidades de matar. Las aguas que tienen consigo malas exhalaciones, las cuales dañan, mas no matan luego, con sus dañosos efectos, los cuales son muy ocultos y oscuros y no se conocen luego, si no es en largo discurso de tiempo. Entonces, se conoce en los animales, los cuales son dañados por causa de algún accidente de la tal agua. Pues que con los ojos podemos discernir y saber juzgar de la agua, de qué mixtura participa y qué materia es la que tiene mezclada consigo, y si ello es exhalaciones. Las aguas que han sentido fuego soterráneo o del color que hay dentro de la tierra, y que de aquel color han tomado esas aguas, se conocen con el tacto por [125]


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razón, o que ellas son muy calientes, o que hierven, o que ellas son tibias. Y después que se han enfriado, Ufol. 40r] se conocen con sólo la vista. Se sabe discernir por causa del olor que el agua tiene, por ser gastada y corrompida. Y con el gusto se saben discernir por causa de su mal sabor y la mala olor que ellas suelen dar de sí, por causa que muy pocas veces se halla el agua que ha padecido algún daño dentro de la tierra o alguna violencia de fuego. Muy pocas veces las hallamos, estas tales aguas, que dejen de participar de estas cosas. Los jugos líquidos son los betunes, que son a manera de aceite, los cuales van nadando por encima del agua. Y con esta señal los conoceremos, los betunes, y la agua que tiene betunes, porque siempre va nadando encima de ella. La agua que participa de alumbre, o que ella es que está teñida de esta materia, y con tocarla con la lengua se conoce con mucha facilidad, porque con el gusto se sabe discernir. Y no se sabrá discernir de aquellas aguas que participan de alumbre colorado o de alumbre congelado, salvo si en el suelo de algún vaso, le viésemos dentro del agua alguna partezuela del alumbre, que habrá quedado vaciando el agua. Las aguas que participan de algún jugo, el cual es apto a convertirse en piedra y que convierte en sí los palíeos y otras cosas menudas que dentro de ella se le echa, se conoce en ella que tiene la color gastada. Las aguas que tienen consigo mixtura, muy tarde suelen tener buena color porque, ordinariamente, tiene mala color. La agua que es simple y pura no tiene ningún olor. De modo que, con tantos advertimientos, no podrá dejar de quedar bien instruido cualquier persona de las que pretenda tratar semejante materia. Y no puede ser que deje de quedar bien [/fol. 40v] instruido, en cuanto requiere esta materia, salvo si no que fuese un grande idiota. De las aguas, las cuales unas son muy mejores que las otras, y éstas van de grado en grado en su calidad. De cada una particularmente, Celso Físico, dijo, acerca de las aguas, cómo cada una en su género es buena. Por donde empieza y dice que el agua de las lluvias que es muy ligerísima, mucho más que ninguna otra agua, mas no dijo en qué tiempo del año, mas dijo que tenía el primero lugar de las aguas en bondad; mas no señaló la sazón, mas tiénese por la más común opinión que fuese en el otoño las mejores aguas de las lluvias. La segunda agua es la de las fuentes en bondad, más que ninguna en su género. La tercera agua es la de los arroyos en bondad, según su género. Y esto se entiende siempre que igualando en bondad con la primera y con las demás aguas. La cuarta agua es la de los pozos, mas entiéndese siendo en bondad con las otras iguales, y no se dejará ésta por ninguna de las otras de arriba, siendo ella buena. La quinta es el agua que se hace de las nieves que se deshacen, y de los hielos. La sexta agua es la de los lagos, la cual agua es siempre muy más pesada que ninguna otra agua. [126]


Libro Tercero

La séptima agua, y última, es el agua de los estanques, la cual es muy más ruin que ninguna, según la opinión de Celso Físico. La de los estanques, y lagunas, de modo que ésta última es la más ruin de todas las aguas que aquí se han hecho memoria. Entiéndese esto de las que arriba se ha hecho memoria. Si todas fuesen una misma agua, de la cual se hubiese puesto en cada una de estas partes, siendo los suelos, todos, de una misma especie [/fol. 41r] de tierra en sí, donde corriese como manase, o estuviesen quedas las unas, y las otras corriesen, que por causa del lugar o posición o asiento siempre habría diferencia. Por causa de la quietud del agua, o las unas se asutilarían y otras se harían pesadas, y otras viscosas, de modo que harían siempre variación por causa del movimiento que hará la una más que la otra; por causa de participar de ruines exhalaciones y otras de más humor. Y así irán25 haciendo muy grandes diferencias entre sí, las unas de las otras, por causa de participar de mucho sol, y otras de muy poco, por donde habrá muy grandísimas diferencias entre ellas. Porque vemos que hay aguas de lluvias que no son buenas, y por lo mismo de fuentes, como aguas de ríos, que son malas y dañosas; y como de algunos pozos, de modo que son muy malas y dañosas a quien de ellas bebe. Y lo mismo vemos de los lagos y estanques y lagunas, y de nieves y hielos, más las de los estanques que son del todo pestilenciales. Las de los lagos participan de muy ruines exhalaciones y vapores y, por tanto, se ha de entender en la manera que se ha dicho y hecho la distinción de los grados de cada una de ellas, en este lugar. Entiéndese siempre de las buenas aguas para beber y, buena por buena, siempre será la mejor la de las lluvias, según la opinión de este Físico. Las calidades que han de tener las aguas, para ellas ser buenas, y cómo les podremos ir quitando algunos malos sabores, para que las podamos beber y quitarles de sus accidentes, que consigo traen y participan. Las calidades que han de tener las aguas para que Ufol. 41v] ellas sean buenas para beber, sease el agua en cualquier parte que se quiera del mundo. La agua que mana o nace de piedra tosca es muy buena y pura, y de muy grande claror, y es muy purgada y es, ordinariamente, muy fresca en el verano. La agua que nace en la tierra que es pura, es muy buena. Y tomado esta agua y puesta dentro de un vaso, y puesto al fuego, y si esta agua se calienta muy presto, es muy bonísima. Y agua que tiene esta calidad no puede dejar de ser buena. Se hará ella en cualquier parte que fuere porque, esta tal agua, no será muy demasiadamente fría, porque ella es muy sutil y ligera. Y esto lo causa la buena disposición que en ella hay. Y es agua muy bien digesta, y por esta razón es muy buena a todo género de gentes. Para , que la podamos conocer muy más enteramente, si es buena una agua, es necesario hacer esta experiencia: tomar legumbres y ponerlas a cocer en esta agua, y si estas legumbres cuecen bien, que ellas estén muy bien cocidas, y por esto es señal evidentísima que la agua es muy buena. Y no haciendo esto en las legumbres, esta agua es cruda y mala. 25

Tachado: de mano en mano. [127]


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Otra experiencia para ver la diferencia que hay entre dos aguas: tomar de un lienzo y hacer dos pedazos, y mojarlos a un mismo tiempo, y ponerlo a enjugar a la sombra. Y el que primero se enjugare, ésta será la mejor agua y más ligera y más útil; y la que más tardare a enjugar, ésa será más cruda y más pesada. El modo cómo podremos quitar los malos sabores a las aguas y enmendarlas de los accidentes que suelen tener las aguas consigo. Las más veces, nos suelen faltar las aguas puras y simples, y buenas para beber. Y porque pocas veces hallamos las aguas que tengan aquellas partes que se Ufol. 42r] requieren que tengan, de modo, que conviénenos, y aún somos forzados o fuérzanos la necesidad, de haber de tomarlas como las hallamos, aunque ellas sean corrompidas, con muchos malos sabores y olores, por causa que las más veces son mezcladas y no son puras. Y porque los pueblos que no tienen ni fuente ni río esles forzoso, y no necesario, beberías, no de ríos ni de fuentes, mas de balsas, las cuales aguas son muy gruesas y ásperas y, no teniendo otras, conviene que las bebamos tales cuales las hallamos, con infinitos accidentes, cuando con barros, cuando con infinitas inmundicias que tienen a mezcla nanacuajos y estiércol, y orinas de animales, y viscosas y gruesas y ásperas y crudas indigestas, las cuales caminan por tierras cálidas y secas, esles forzoso beberías amargas. Y los que navegan por mar, acaéceles beberías saladas y corrompidas y hedientes, que, para haberlas de beber, taparse las narices por razón del mucho hedor que echan de sí. Los que moran en montañas las beben que hieden a metales y a otras cosas dañosas, de modo que conviene que demos orden cómo se les puedan quitar estos olores malos y los accidentes, para que ellas sean buenas para beber, así los malos sabores como los malos olores que tengan consigo26. Primeramente, las aguas que son limosas, que participan de barros, esta agua, para haber de remediar este accidente, se han de tomar unos vasos grandes y hacerlas pasar de un vaso a otro. Los cuales vasos conviene que ellos sean de barro cocidos. Y después que serán llenos, conviene dejarlos [/fol. 42v~\ reposar, y después que se habrá reposado el agua, conviene vaciarla en otros vasos, y así irla mudando, de mano en mano, hasta ser del todo quitados los limos. Porque, así como los limos o barros se van asentando en el suelo de los vasos, al tiempo que se irá mudando de un vaso al otro, conviene hacerlo con una poca de diligencia a causa que no se vaya revolviendo el limo con el agua. Y si no se hiciese eso, no se habría hecho ninguna cosa. Y en el trasmutar esta agua en los vasos, conviene dejarla reposar mucho más la segunda vez que no se hizo la primera, por causa que dejó con más facilidad el limo la primera vez, que no hará la segunda. Y así estará mucho más en la tercera vez que no hizo la segunda, por causa que tenía mucha más materia la primera vez que la segunda, y así estará mucho más la tercera vez, por causa que aquella parte tiene de limo es muy más ligera y más sutil que no era en las otras veces. Y por esta causa estará mucho más tiempo en asentarse, porque en el principio era muy más pesada y había mucha más cantidad. Este trabajo se ha de hacer tantas veces cuanto fuere necesario, hasta haber dejado del todo el cieno; que quede su licor puro y claro, y que no sienta que hay en la agua ningún olor ni sabor. Para purgar las aguas saladas, y hacerle perder lo salado que consigo trae o tiene, es menester tener mucha diligencia. Y conviene proveer de muchos vasos 26

Tachado: las aguas.

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Libro Tercero

grandes, ahora sean vasos de barro o de madera o de otra cualquier materia, como son bajos o a modo de vasos grandes. Y tanto cuanto serán mayores estos vasos, Ufol. 43r\ más efectuarán el intento y púrgase mucha más cantidad de agua. Porque conviene que se le haga a esta agua, que pase por tierras que sean dulces en sí, la cual tierra conviene que ella sea densa y húmeda, como es la tierra arcilla (en blanco). Y pasando la agua salada por esta tierra, irá dejando lo salado. Esta tierra se ha de poner dentro de los vasos y, pasándola unas cuantas veces, será muy buena para beber, y podrá ser que con la primera vez dejase lo salado. Y esto se ha de hacer como quien quiere hacer lejías para hacer salitre, o lejías para hacer jabón, que estas aguas se pasan de un vaso al otro como va aquí [ajbajo 27 señalado. (Figura 8) Figura 8.

Ellos se han de poner mediados de tierra y lo demás henchirlos de agua salada, y hanse de dejar de modo que el agua pase del un vaso al otro. Y cada vaso ha de tener un espiradero por donde pueda pasar el agua a colar. También se podrá hacer esto mismo, de las aguas amargas, haciéndolas pasar de esta manera misma, como esta agua salada, así que vaya, de vaso en vaso, en esta misma manera, en especial de las aguas que participan de salitre. Y haciéndoles este mismo remedio de irlas transmutando de vaso en Ufol. 43v] vaso, y de uno en otro, y haciendo así irán perdiendo lo amargo y lo áspero. También aprovecha cocer estas aguas, para que dejen lo salitroso, y cociendo un pan y poner en cada vaso, que le quita ese amargor que tiene. El agua que es corrompida se purgan cociéndolas muchas veces. Y de una cocedura a la otra, es necesario dejarla enfriar; y después de fría, volverla a cocer. Y haciéndose este remedio quedarán muy buenas para beber, porque habrán perdido lo malo que tenían consigo, y se vuelven buenas y quedan muy sutiles estas aguas cocidas. Las aguas que participan de olores de metales, o que tienen sabor de ellos, estas aguas no pierden su olor ni sabor, si no es cociéndolas muchas veces no se pueden beber. Dice Solino que si se tomase del agua de la mar, y ponerla dentro de unos vasos grandes, y ponerlos hasta el medio de tierra arcilla o (en blanco) o de greda, que sea grasa, y pasando el agua por esta tierra arcillosa muchas veces, mudando de cada vez la tierra, que el agua habrá pasado muchas veces y quedará buena para beber. Y también si se pasare esta agua de mar por arena que sea 27

Interlineado: bajo. [129]

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delgada, de río, que dejará lo salado y aún lo amargo. Mas conviene lavar la arena muchas veces y, pasando el agua muchas veces, quedará muy buena y dulce de beber. Pues se ha empezado a dar diversos remedios para que las aguas sean buenas y poderlas beber, y para conservarlas muy largo tiempo, sin que se vuelvan a gastar dentro de los vasos en que se tienen puestas, para que se conserve sin se gastar, conservaráse el agua mucho tiempo V/fol 44r] dentro de un vaso o vasos sin se corromper. Tomaráse un vaso de vidrio que sea grande y grueso; henchiráse de sal y, después, cerrará el vaso con calcina, la boca del vaso. Esta calcina se entiende con hacer de ella betún para cerrar y, esta calcina, conviene que sea muerta con aceite común. Y este vaso ha de estar cerrado en tal modo, que en ninguna manera no pueda entrar agua en él. Y este vaso se ha de poner dentro de una cisterna, en tal modo que no toque a ninguna parte. Y este vaso conservará el agua dentro de la cisterna muy largo tiempo, sin corromperse ni gastarse. A más de lo dicho, para conservar el agua dentro de una cisterna, tómese un vaso de vidrio que sea muy grueso y se hencha de azogue, y cerrársele muy bien la boca del vaso, que no pueda salir el azogue. Y con este remedio, dicen algunos filósofos que no se corrompen las aguas dentro de una cisterna. Hay otros que tienen opinión que tomando un vaso nuevo de barro y henchirle de vinagre, que sea de lo más fuerte que se pueda hallar, que quita aquel reumático del agua, entiéndase aquel cierto sabor que tiene del húmedo de la tierra, como tienen algunos vinos, que tienen sabor de madera por causa del vaso, digo, aquel cierto olor que tiene, que dentro muy poco espacio se la quita. Dicen algunos que las aguas de las cisternas de los pozos, que son muy mejores poniéndoseles dentro algunos peces pequeños, que ellos se mantienen de aquello que llamamos reumático o húmedo, que es aquel olor que echa el suelo de sí. Y después que sea quitada, la agua V/fol. 44v\ da de sí un cierto olor. Dice aquella sentencia de que aquellas aguas que una vez se han corrompido, que si se vuelven a purgarlas, que en discurso de tiempo, que ellas se vuelven buenas para beber y que jamás se vuelven a corromper. Dícese que la agua que se habrá empezado a corromper, o a heder, que quebrantándola y rompiéndola con muy recio movimiento, muchas veces, y pasándola de un vaso a otro, se vuelve buena para beber y dejará el hedor que tenía en sí, como hacen los vinos que toman mal sabor, que vaciándolo del un vaso al otro se vuelven buenos y pierden el mal sabor y el mal olor. Y lo mismo hace el aceite, mudándole de vaso en vaso deja aquel olor muy fuerte que tiene de recocido. Dice Josefo de Antiquitatibus, que estando Moisés en los desiertos de Moab, que eran muy secos aquellos montes, y muy estériles, y no hallando el pueblo aguas para beber, si no era la agua de un pozo que era muy sucio, y la agua era muy amarga y aún hediente, de modo que Moisés tomó unos cuantos mancebos robustos y mandóles que sacasen agua aprisa, y que la volviesen a echar adentro del pozo de modo que, con este quebrantamiento que hicieron en la agua, en poco espacio de tiempo se hizo buena para beber y perdió lo amargo y el hedor. Y con este trabajo quitó la sed del pueblo y a sus animales. Las aguas que participan de amargo y de salitre, quítaseles mucha parte de éso con ponerle dentro un pan de hordio frito con aceite común, y que dentro [130]


Libro Tercero

de tres horas la hace que se pueda beber. Poniendo este pan dentro de un vaso que tenga esta agua amarga y salitrosa, también le quita [/fol. 45r] lo amargo y lo salado, y la vuelve buena para beber. Estos vasos, que en ellos se han de poner la agua que tiene limos, conviene que ellos tengan los costados que caigan derechos, a causa que si luego empezasen a tener el costado redondo, se le iría asentando los limos o cieno en los costados, de modo que no se sacaría agua que limpia fuese. Conviene que todo el limo se asuele o asiente en el suelo del vaso, para haberla de sacar más limpia la agua y, sin levantar los vasos, conviene que él tenga dos agujeros, uno más alto que no es el suelo, y el otro en el mismo suelo, para que se pueda vaciar la agua limpia, por el uno, y, por el otro, la inmundicia que habrá dejado. Y en todos los vasos se verán estos agujeros. Y estos vasos han de estar en rengle. (Figura 9) Figura 9.

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LIBRO CUARTO De los niveles y sus formas

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os que van investigando por donde podrán hallar agua, así para mo para pozos, en mucha cantidad, aunque se ha tratado muy esta materia en lo de las señales y experiencias que se han de hacer de hallar agua, la cual está escondida debajo de tierra, esto que sigue una regla universal para toda parte.

fuentes colargamente para haber servirá por

Digo, que ultra de las señales y experiencias que se ha dado en lo precedente, digo, que demás de las cosas que se han dicho para ello, conviene tener una muy grandísima diligencia en saberse servir del buen juicio en esta parte y en todas las demás. Digo, que cuando se querrá ir buscando lugar para haber de hallar agua, en aquellos lugares que nos parece que la podremos hallar, considerando el asiento de la tierra, es necesario grandísima advertencia en la consideración. Conviene que cuando consideremos un lugar, tal cual deseamos de haber de hallar agua, el cual lugar conviene que sea en este modo como lo iremos pintando. Que ello sea un collado y que él sea harto llano y que sea a principio de algún valle, el cual valle no sea muy hondo, mas que él empiece a ir declinando como un llano, aunque ello se vaya bajando, mas no como valle hondo. Y en este tal lugar se debe tener cuenta si es tierra que produce mucha yerba de suyo y si, en el tal lugar, hay las yerbas muy verdes, y si son muy crecidas mucho más en ese lugar las [/fol. 46r] yerbas que no es su ordinario, o suelen venir ordinariamente en otros lugares. Y si se viere algún lugar que parezca que está cavado a modo de un receptáculo de aguas, y si se demuestran más verdes las yerbas en un lugar que en otro, es cierta cosa que se tendrá por muy cierto haber agua, cavando en un semejante lugar. Es cosa muy cierta que se hallará agua, mas conviene, para esto, hacer una trinchera que sea de largo unos cincuenta pasos y de hondo, a lo menos, quince palmos y de ancho cuatro palmos. Y esto se hace a causa de ir recogiendo la agua, porque travesando tanto trecho de tierra no es posible dejar de hallar mu[133]


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chas vetas de agua en ello. Y así se irán recogiendo en un lugar, como va aquí señalado, (Figura 10) [/fol. 46v] toda la agua en un mismo lugar, en la trinchera. Y ésta es una de las más importantes diligencias que se puedan hacer para este efecto.

El saberse aprovechar del artificio es cosa importante saber recoger todas las vetas en una parte, las cuales estaban derramadas por la tierra. Y, para haberlas de recoger todas, es cosa incierta, mas, al fin, hacer lo que debe en si el artífice, no hace mucho 28 . De modo que, muchas veces, se suele hallar agua en el campo, la cual agua se nos demuestra de sí misma que hay agua en aquella parte, de lo cual, los que estas tales cosas van buscando, no hacen mucho en saberla sacar a luz, aunque ella no corra. Bástales sólo verla para aprovecharse de lo que ellos van buscando. Sólo señale en el suelo alguna poca de humedad encima de la superficie de la tierra, eso es señal de haber agua, mas no pienses que luego la tienes en la mano, que eso es señal que el agua se derrama por diversas vetas. Y cuando se hallan tales señales, que no haya más que hacer en ello, y empezando a querer edificar se hallan burlados, que después no hallan nada, que se les pierde entre manos. Y esto es la causa: que esta tal agua viene de muy aparte, de alguna fuente que camina por debajo de tierra, y esta tal agua pasa por algún lugar estrecho por donde no puede pasar libremente, como era la cantidad del agua, y, por esta causa, se levanta el agua en alto, va humedeciendo en alguna parte la tierra. O por causa de pasar alguna poca por alguna fibra, y ella es tan poca que no tiene ninguna fuerza para pasar. Y así se derrama y, en cavando, no se halla ninguna cosa. Y esto es por el levantamiento que hace. Se derrama, como se ha dicho, y esto es que tiene su nacimiento muy más bajo, que no es donde señala ella. Y esto no es por donde está encaminada. Y como ella no halla lugar tan ancho y espacioso para pasar, causa este humedecido encima de la superficie, de modo que era necesario, entonces, que ella se nos manifestase más como cosa derramada. Y pensar [/fol. 47r] de haber de hallar su origen o nacimiento luego, es muy grande engaño o era necesario tener espíritu de ángel, porque acaecerá estar muy aparte de aquel lugar. Y siempre que se hallara agua en esta manera, tenga por muy cierto que no tiene muy bajo el derramamiento, mas no confíe tampoco de hallarle tan cerca 28

Tachado: en hacer lo que debe de su parte.

[134]


Libro Cuarto

como lo piensas, porque, si fuese muy hondo su nacimiento, no se derramaría en muchas partes, como hace esta tal agua que aquí vamos pintando. De modo que nadie debe tomar trabajo de cavar en aquel lugar por causa que en balde será su trabajo, porque, si bien va considerando, hallarán esta agua en diversas partes señalarse, y esto lo causa la raleza de la tierra. Y porque en unas partes es muy más densa y más húmeda la tierra, no se puede así derramar con tanta facilidad como hace en la rala y suelta. Y esto se ve en algunos llanos o en algunos valles que no son muy hondos. Y porque he visto semejantes cosas ir rezumando en diversas partes en un valle, aunque su principio era más de una legua, y íbase derramando en diversas partes, como he dicho, y en esa distancia había muchos collados desde el un lugar al otro. Es cosa muy ordinaria que el agua camina siempre por debajo de tierra y, no hallando impedimento que le interrumpa el camino, ella se va por su camino y, hallando cosa que le impida, entonces ella se va derramando según la disposición haya el lugar, y de la tierra ser floja o bien densa. Y así tiene muy aparte su principio de su derramamiento, como se ha dicho. Pues estas aguas no se pueden llamar vivas, pues ellas son muertas, pues no corren en ninguna sazón, ni aun vemos ninguna cantidad de agua, mas de solo ver húmedo el suelo, y no otra cosa. El querer hallar el nacimiento de ella es cosa muy incierta. Mas al fin, quien quisiese hallar su nacimiento, conviene ir a buscarle a lo alto y al principio del valle o en lugar llano. Y este trabajo ha de ser con tener muy grande advertencia en saber como lo ha de hallar, porque, aunque quisiese escribir la materia, Wfol. 47v] no se le puede dar aquella discreción que conviene en esto. Yo he visto infinitos ríos y otras aguas caminar por debajo de tierra, muy grandes trechos, sin verse señal de agua y, si alguno cavase en aquel trecho que camina debajo de tierra, sería posible hallarla por causa de romperle el camino por donde ella camina. Y va tan derramada por la tierra que apenas se halla señal de agua. Yo he visto a un amigo mío querer porfiar de querer recoger un agua que así se iba derramando por un valle, que no era de ancho treinta pasos, y cavó una trinchera harto honda para haber de querer recoger la agua que iba por debajo, y hizo una pared en la trinchera, harto gruesa, a causa que el agua no pudiese pasar por bajo, que en topando con la pared se hubiese de levantar en alto, y no le halló ningún remedio para hacerla levantar en alto29, por causa que ella iba muy baja, aunque se le mostraba en diversos lugares del valle y aun corría algún trecho. De modo que le fue forzado subir arriba, para haberla de coger, y cavó más de ocho varas en hondo, y esto era a menos de cien pasos de donde ella se demostraba de sí misma. De modo que conviene tener muy grandísimos advertimientos en estas cosas de agua. Así que nadie debe confiar en cosas inciertas, de modo que se debe de usar toda diligencia en el ir conjeturando la calidad de la tierra, si es suelta o rala o densa o muy húmeda, por causa que donde es la tierra rala no cumple cavar, porque no se hallará agua, y, caso que la hallases, en romper donde estaba recogida, luego se te perderá por causa que ella se va derramando y no camina unida ni recogida. Y, caso que ella vaya recogida, ira muy hondísima, salvo si 29

Tachado: y no le halló ningún remedio para hacerla levantar en alto. [135]


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abajo viniese alguna peña que ella no pudiese penetrar más abajo. En tal caso, se podría hallar por razón del impedimento que ella hallaría Ufol. 48r] abajo, que le estorbaría el camino porque, cuanto más cavas, en tanto más honda iría, pues hallase lugar para ello. Yo vi uno que cavaba una agua y, a poco de trecho que hubo cavado, halló una poca de agua y, pareciéndole que era muy poca, quiso cavar mucho más abajo, más de quince pies, pretendiendo hallar mucha más cantidad de agua, y nunca halló más agua de la primera que halló, y aún se le perdió algún tanto de lo que había hallado al principio. De modo que es menester tener muy grande advertimiento en estas cosas de agua. De modo que cuando el agua no camina unida, y caso que camina unida irá muy hondísima dentro de tierra, y cuando no va junta, es por causa que halla lugar para poderse derramar por diversas partes. Y, por esta razón, se hace esa trinchera, para ir recogiendo muchas vetas de agua en un lugar solo, y así se recoge mucha cantidad. Donde hay la tierra densa y unida, por causa que en esa tierra no se puede ir derramando, y, por esto, se hallarán muy más unidas estas aguas, que vamos buscando, que en ningún otro lugar. Podíanme preguntar por qué causa en tierra floja ora el agua se pierde, pues como puede ser que por la tierra densa pueda pasar o penetrar. Y a esto respondo que, ordinariamente, la tierra, sus fibras o venas, como tienen los animales sus venas por donde pasa la sangre de una parte a la otra del animal, y por esa misma manera tienen todas las tierras sus venas por donde pueden pasar. Mas no digo mucho, pues vemos manar aguas de medio de la peñas, por donde se enforrece que, pues las peñas tienen sus vetas por donde penetra el agua, pues esto es cosa tan ordinaria y tan manifiesta, no hay de que maravillarse, si el agua tiene en la tierra sus vetas Ufol. 48v] y fibras por donde puede pasar por ellas. Es verdad que en las tierras densas no tiene tantas partes por donde penetrar y, por esta razón, se hallaran antes en estos tales lugares, que no hará por la tierra rala o suelta. Así como penetra el agua por las peñas, penetra por la tierra y con mucha más facilidad, que no hace por las peñas, pues de esto no nos hemos de maravillar pues naturaleza nos lo enseña cada día. De modo que, para conseguir su intento, se debe hacer una trinchera, como se ha dicho, de una parte a la otra del valle, como el valle no sea tan ancho, que más sería necedad que no artificio en hacer un gasto semejante. Y haráse siempre en el medio del valle, por causa que el agua, de suyo, siempre se va a lo más bajo, como elemento pesado. Esta trinchera sea de larga, a lo menos, cincuenta pasos, o más o menos, según la disposición del lugar lo requiera hacer. Y haráse de honda quince o dieciocho, y de ancho aquello que sea suficiente para poder trabajar en ella cómodamente. Y, de este modo, irá cortando las vetas y fibras de la tierra, y, de esta manera, hallarás agua, y, con esta invención, la hallarás aunque ella vaya por diversas partes repartida, porque verás en estas trincheras manar agua por diversas partes y de muchas se viene a hacer una sola, por razón de irla recogiendo en esta trinchera. Y el hacerla tan larga es por causa de no tener noticia del lugar precisamente donde se hallaría. [136]


Libro Cuarto

Cierto, digo, que quien supiese de cierto el lugar, que sería un muy notable yerro hacer un semejante gasto, pues se supiese particularmente donde hallarla, de cierto que se podría imputar a una muy grandísima ignorancia. Mas como tengo por muy cierto que nadie puede saber particularmente el lugar, si no fuere por arte diabólica, aunque he entendido que hay hombres que conocen [/fol. 49r] esto muy particularmente y saben ir discerniendo, sin cavar ni hacer ninguna experiencia que de arquitectura sea, cómo van las vetas de abajo de tierra del agua, de modo que a mi nadie me lo hará creer que la vista del hombre pueda penetrar a ver las cosas que están debajo de tierra. Que yo veo que sólo una hoja de papel impide el objeto, que no se puede ver ninguna cosa. Pues una cosa tan mínima impide, cuanto más tanta cantidad de tierra, que es materia densa y corpórea que está encima de estas tales aguas, cómo se puede ver. Y, por esta causa, se hace este edificio tan largo, a causa que es imposible dejar de hallar agua. Caso que ella no fuese mucha cantidad, al fin hallaríase agua por causa de la disposición del lugar nos la manifestara. Aunque yo vi cavar a uno en medio de un valle más de sesenta palmos de hondo y no halló agua que fuese aun bastante para pozo, porque fue ella tan poca que aun no sirvió para eso. Y fue la causa, que fue hecho con muy poca consideración. Que si él hubiera hecho una trinchera que travesara un pedazo del valle, hubiera hallado agua harta para lo que deseaba, pues que en seis píes había hallado, que mucha más hubiera hallado en una larga distancia por donde hubiera efectuado su intención, pues la tierra demostraba en sí señales de agua. Y también he visto que uno cavaba para hallar agua y, cierto, pensó que a lo menos había de descender cavando treinta pies. Y hallóla a doce pies y halló mucha cantidad de agua. Y, más de esto, he visto un pueblo asentado encima de un [/fol. 49v] collado, aunque arriba es llano, las de todas partes que a él se vaya, es menester subir, por causa que tiene a la redonda muchos valles. Y en ese pueblo apenas se pueden cavar bodegas. Todo esto helo dicho a causa que tengan mucha advertencia quien busca estas cosas, que estén muy advertidos porque las cosas de naturaleza son muy ocultas sus secretos. Al fin, con el buen juicio del artífice, puede hallar muchas cosas que están ocultas mas, al fin, con el largo discurso de la experiencia y práctica que por razón de haber ejercitado su ejercicio, viene alcanzar muchas cosas de esta facultad. Para haber de tratar de materia de niveles, como he prometido, convenía que yo fuese otro Julio Frontino o otro Vitrubio o otro Arquímedes, por ser ello cosa de mucho y más artificio de lo que el vulgo se piensa. Para saber fabricar semejante cosa requiérese geometría, para hacer un nivel, que al vulgo les parece cosa muy fácil y cosa de muy poca calidad y cosa muy común de hacer, que no hay labrador que no pretenda hacerle, ni empedrador. Mas dejando esto aparte, el hacer de los niveles, es cosa muy necesaria a muchos ejercicios, como es para el labrador, como para los que empiedran calles y para canteros y maestros de casas. Mas para quien más conviene estos instrumentos son para los que profesan llevar fuentes y aguas de una parte a otra, como son aquellos que el vulgo llama fronteros, para saber conocer la diferencia que hay de una parte a otra en altura y para saber cuanto es más baja una tierra [137]


T O M O II

a la otra. Y con estos instrumentos se conoce la traviesa o diferencia, y sin instrumentos no se puede conocer en ningún modo, si no fuere por razón de algún instrumento que nos lo averigüe cual es más Ufol. 50r\ alto o más bajo. Y para conocer esto hay diversos instrumentos, y en diversos géneros fabricados, y que para tal efecto han inventado diversos filósofos y astrólogos. El primero y más ordinario instrumento es el nivel de tranco. Por ser este instrumento más ordinario entre todos los demás instrumentos y, aun, entre las más gentes, lo he puesto el primero. El cual instrumento es hecho a modo de una A antigua, y también es hecho sobre un triángulo esagonio aunque no tiene más de dos piernas. Ellas conviene que sean iguales desde la A a la B, y de la B a la C que tenga una misma distancia. Y la traviesa que va en el medio, donde señala la escala altímetra de los puntos de las líneas, es D E. Y esta traviesa se pone siempre al altor del pecho del hombre porque sea muy más cómodo al que nivela. Este instrumento cuanto fuere mayor tanto más gusto o fino será en el nivelar con él, y porque pueda, muy más cómodamente, ir mirando los puntos del nivel. Y a donde viene a herir el plomo o peso del nivel, que es G y señala en F. Y cuando el peso G se irá apartando de la línea F tanto más irá levantándose el un cabo y bajando el otro del nivel. Y con este instrumento se conocerá la diferencia que habrá de una parte a la otra por razón de la líneas que hay en el medio del nivel. Y cuando estará el cordel F en la línea del (Figura 11) Ufol. 50v] medio, entonces, estará con igualdad el peso, que ni subirá ni bajará más el un costado que el otro. Figura 11.

A

Para haber de hacer este instrumento conviene tener aparejado un f u s t e de pino, el cual sea muy bien cuadrada y seca, y sin nudo. Y, es menester, que sea tres dedos de grueso, y que sea muy bien cimentado, y que este fuste de veta derecha sea, a causa que no se tuerzan los dos brazos. A B, A C conviene que sean iguales, y que este instrumento sea de alto veinte palmos, por razón que cuanto fuere mayor tanto más gustosa será la nivelación que con el se hará. B C ^ Conviene que se afije en A, y la traviesa D E que esté ensamblada muy bien para que esté muy firme. Después que esté armado, algunos los hacen unos tornillos30 de hierro, para poderle desarmar y llevarle muy más cómodamente este instrumento. Y el señalar la pieza del medio, donde irá señalado la escala altímetra, que es señalar en sus líneas los palmos y medios palmos y cuartos de palmos, de modo que el señalar estos palmos se dividan en treinta y dos partes cada palmo. 30

Tachado: caracoles.

[138]


Libro Cuarto

Y el modo de hacer la escala altímetra se hace en diversas maneras, aunque todas vuelven a una misma cuenta. Hecho que será el nivel de madera, conviene asentarle encima de una cosa llana y que no decline a ninguna parte y, después, tomar su peso y colgarle en el A, y que se caiga el plomo G en F, que es el medio del nivel. Y, hecho esto, señalar en la traviesa D E la línea de la rectitud, que así se llama, y después volver el nivel a la otra parte y ver si cae el peso que responda a la otra línea F. Si corresponde, es señal que está justo y que no tiene la Ufol. 5Ir] una pierna más larga que la otra. Entonces, volver el nivel como le pusiste de primero y señalar los palmos en la tabla donde tienes el nivel asentado y, entonces, ir tirando líneas, como quien quiere hacer alguna cosa de perspectiva. Y, con esta orden, ir tirando líneas, así de la parte D como de la parte E, por los palmos que se habrán señalado en aquella tabla en el suelo, así los medios palmos como cuartos de palmo y minutos. Este es el modo más simple que se hacen estos niveles, que es en el modo como es la figura, y lo enseña. Yo no he querido poner muchos palmos por no confundir el juicio del que quiere entender esta materia de niveles. Y la tabla donde van asentando el nivel, es menester que esté algún tanto alta, causa que el que ha de señalar las líneas las pueda más cómodamente señalar en el nivel, los palmos y minutos. Y aquella tabla ha de estar muy firme y con mucha diligencia, como la figura lo demuestra, y los números. (Figura 12) Ufol. 51v] Después de haber señalado los palmos y los minutos, como conviene, es necesario, para haber de ir nivelando, que alguno vaya escribiendo la ganancia y la perdida que se hace en ir subiendo o bajando. Y, para esto, conFigura 12. viene tener una persona de confianza a causa que no asiente un número por otro. Y ésta es cosa muy importantísima. Un hierro semejante han i n v e n t a d o algunos que, p o r huir de estos errores, y también por no estar escribiendo y que ellos mismos puedan llevar la cuenta de lo que nivelan, hanse servido de una invención de unas clavijas, las cuales van p o n i e n d o por la traviesa en la parte de arriba, y tienen unos agujeros p o r d o n d e p o n e n los minutos y cuartos de palmo, de modo que cuando tiene cuatro minutos ponen un cuarto, y cuando tienen cuatro cuartos ponen un palmo, y cuando tienen diez palmos ponen un diez, y así van procediendo, de mano en mano, hasta llegar a mil y a más. Cierto a mi me parece también esta invención muy laboriosa, que fácilmente se puede trastrocar en el poner esas clavijas. La cual invención va aquí abajo, que es A y B, aunque para mi no me serviría de ella por causa de haber hallado una invención muy diferente y muy más segura, sin que en ello pueda haber yerro por ninguna manera, la cual irá debajo de ésta. (Figura 13) [139]

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T O M O II

Figura 13.

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Esta es la traviesa del nivel donde van señalados los palmos. Y esta invención se ha de hacer a las dos partes del nivel, la una al un cabo y la otra al otro. El modo que yo \he\ inventado para esto es: las dos tablas que van a los dos costados del nivel encajadas, que estén Ufol. 52r\ fijas, y en ellas van cavados dos redondos que sean algo grandes. Y en la circunferencia de ellos, que vayan señalados los minutos y, juntamente, los palmos que han de tener, dieciséis es un palmo. Y esto es para quitar trabajo de ir contando tantos minutos que en ellos habrá. La tabla es A B, y el redondo de los minutos es C, y un índice que va señalando es D. Y encima de este índice hay otro redondo muy más pequeño, y también en éste va señalado a la redonda con sus repartimientos iguales. Y encima de este redondo va otro índice que no es más largo que el mismo redondo, el cual tiene señalados los cientos que van entre los dieciséis. El redondo pequeño es E y su índice es F, los cuales van fijados con una clavija de hierro que los tiene muy firmes, que es G. Y, aunque vaya en redondo el índice D, no por eso se mueve el redondo E. Ni tampoco que se mueva el índice F, no se mueve D. De modo que estas dos ruedas, la una que servirá para la ganancia y la otra para la pérdida, como podemos decir que una sirve para lo que asciende, que es lo que se pierde, y la otra, que descendemos, que es la ganancia que se hace para llevar el agua, y por esta razón lo llamamos estos nombres. Y esta causa que se nos va levantando, arriba, la tierra por donde vamos nivelando. Los índices, que vaya el uno al revés del otro, así los grandes como los pequeños de cada rueda. (Figura 14) 14.

Ufol. 52v\ Hay otro instrumento, el cual instrumento Júnior Columela, en su obra De Re Rústica, le llama ciconia, el cual es hecho en una manera de aspa o de X, letra del abecedario. Y, encima de esta aspa, se le asienta una otra pieza, como es la letra T latina, tiene asido el peso para poder conocer la subida y bajada de lo que nivelamos. Y este instrumento va señalando en los costados del aspa, por razón que como viene a sentarse esa T en el medio del aspa, y esto hace muy diferentemente de lo que hacen los demás instrumentos o niveles. La T es A B, y C es donde está colgado el cateto o peso. Donde asienta en el medio del aspa, es D, y la aspa es E F G H. Los cuales cabos y pesos es I, y en los dos brazos de arriba, que es K y L, van los minutos señalados, en aquellos dos [140]


Libro Cuarto

brazos con sus líneas. Como conviene a tales instrumentos, es necesario que los cuatro brazos de este instrumento, que ellos estén iguales, como si hiciésemos esta aspa para ponerla dentro de un cuadro perfecto que hubiese de tocar en los cuatro ángulos del cuadro perfecto, y la aspa ha de ser, como tengo dicho, de cuadro perfecto. Vfol. 53r] Hay otro instrumento para nivelar que se llama Nivel de Grados, el cual es muy diferente en su forma y hechura de los demás niveles, aunque sirve a lo mismo como hacen los demás instrumentos que para este efecto se hacen. Mas éste sirve muy diferentemente y con mayor efecto que no hacen los demás. Con este instrumento se mide puntualmente la longitud y la latitud del camino del que nivela y también se conoce la profundidad o hondura, lo que no hace ninguno de los otros instrumentos que para nivelar se hacen. El modo o fábrica de este instrumento es en este modo: que se hace un pie de madera a modo de un velador de los que se ponen los candiles, y asiéntasele en el medio una regla que sea de una madera muy sólida y muy bien escuadrada, y sea seca y sin nudos, gruesa en cuadro tres dedos y larga, a lo menos, quince palmos de alto; que sea de veta derecha y muy bien seca y escuadrada muy perfectamente; y lo más que se puede hacer de alto ha de ser de veinte palmos o menos y según cada uno le pareciere. Y el pie habrá de ser hecho conforme al altor de la regla, y este pie ha de ser hecho en triángulo. Y, en lo más alto de esta regla, ha de haber una traviesa afijada en el modo de una escuadra, y ha de estar esta regla, que atraviesa, muy bien afijada en la regla que está asentada en el pie, y ha de ser en tal modo que no pueda hacer ningún movimiento. Y esta traviesa ha de tener, a los dos cabos, dos poleas o garruchicas que jueguen. Y, por ella, ha de pasar un cordel con un peso al un cabo, y el otro esté afijado en el pie derecho. Y este cordel Vfol. 53v\ ha de ser muy largo, que toque hasta el suelo y aún que pase mucho más, por causa que cuando se nivelara para abajo allegue en el suelo. Y la regla que está afijada en el pie ha de tener, en el medio, una tabla a un altor de un hombre, y que pueda jugar. Y en ésta ha de haber colgado un pesico para conocer si el pie está asentado derecho o no. Y en aquella tabla ha de haber un manil que tenga aquel cordel largo, para poderle coger o alargar cuando fuere menester. Y este cordel ha de estar señalado con alguna cosa que señale los palmos. Y en la tabla han de estar señalados unos minutos para poder conocer lo que sube o baja el suelo que se nivela. Y la rueda ha de tener señalados los minutos que caben en el palmo. Y las señales del cordel han de ser que con facilidad se puedan conocer, sin estar mucho en ello devaneciendo en mirar, en el cordel, cuántas señales hay en ello. Y conviene que haga ángulo recto donde la traviesa está afijada en el pie, y en esta traviesa convendrá poner alguna cosa que le sustente, a causa que no se tuerza ni haga algún mudamiento en torcerse. Y convendrá afijarle en el pie y en la traviesa para que esté muy firme. Y cuando se querrá nivelar convendrá que el peso cuelgue tanto que toque en la línea de la planicie. Este es el nivel de los Vfol. 54r] grados, de modo que es muy más alto (Figura 15) el monte, que no es el asiento del nivel, porque desde el peso hasta la línea de la planicie hay cuatro palmos, como por las líneas y números se puede Vfol. 54v] ver el valor del instrumento. El suelo adonde esta asentado el instrumento es K, y el pie, que es un triángulo, es A, y el astil o regla derecha es B, y la rueda por donde se envuelve el cordel es C, y la traviesa es D, que tiene a los dos cabos las garruchas, que es E F. La G es la pieza que [141]

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Figura 15.

ayuda a sustentar la traviesa que hace escuadra; el plomo es H, y31 donde está afijada la traviesa. Para conocer cuánto es la manera del medir o nivelar con este instrumento, note cuánto hay desde el suelo, adonde está asentado el instrumento, hasta en lo alto de la traviesa D, que son diez y nueve divisiones. Y note cuántas hay desde la garruchica E hasta llegar al suelo, donde toca el plomo H, que no hay más de quince divisiones y32, de modo que es cuatro palmos más alto donde toca el plomo, que no es donde está asentado el instrumento. 31

En el original pone y, pero en el dibujo aparece I.

32

Por: ¿ahí?

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Libro Cuarto

Y, más, que también se puede medir muy justísimamente la longitud, y esto es por razón que el instrumento nunca se tuerce a ninguna parte, como hace el nivel de tranco. Y en este instrumento se puede llevar la cuenta en la misma rueda. Como en el nivel precedente conviene que tenga asentado un pesico en la regla que asciende para arriba, que es L el peso que está asentado. De modo que cada nivelada que se hace se camina catorce palmos, por donde se puede saber, nivelando con este instrumento algún monte para hacer alguna mina, cuánto es alto el monte y cuánto hay de distancia del monte hasta lo hondo de la mina. Y siempre es muy mejor empezar a nivelar [/fol. de abajo para arriba, que no es de arriba para bajo, porque se causan menos errores de abajo para arriba, y hay un más, que es muy más cómodo el caminar para arriba. El llamar este instrumento de Grados es por razón que sirve como las gradas de las escalas. Puédese saber cuánto es de largo un monte, de una parte a la otra, con este instrumento, por razón de no ir declinando ni a una parte ni a la otra. Porque con ningún otro instrumento se puede saber esta distancia que hay del un cabo del un monte al otro, sino es con este instrumento, que con los demás no se puede conocer esta cantidad de línea recta. Y porque se conozca la diferencia que hay en el nivelar con un instrumento o con otro, aquí abajo pondré una figura para desengaño de los que están protervos en su opinión cuanto a esto. El cuadrado A es siete palmos y medio de ancho, como por las divisiones se puede ver. El cuadro B es de la misma cantidad que (Figura 16) la A, y levantárnosle de su línea D, en alto, tres palmos, hasta en E. Véase cuánto se acorta de su basa D, que es tres cuartos de palmo, por haberse levantado eso poco, cuánto más haría en mucha cantidad. Y vese que la línea perpendicular hacer el mismo costado del cuadro B, mas hacele muy más largo de lo que es el costado E F, que lo que en esta línea se alarga, todo aquello que se acerca en la línea G y H. Y aquí se conoce el engaño que Ufol. 55v\ hay en el linear por línea recta o por oblicua. Y solo esto ha sido causa de hacer esta demostración, para demostrar la diferencia que hay de lo uno a lo otro en los instrumentos, para demostrar cómo se puede y debe tener orden en el señalar los puntos en los niveles de tranco, Figura 16.

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para saber señalar los palmos y minutos en la traviesM \_d\e 1 nivel con la escala altímetra. Y para hacer esto conviene tomar una tabla que sea muy bien justa por el un cabo y por el un costado, para poderla poner que esté rectamente. Y en el un costado ir señalando los palmos y medios palmos y cuartos y minutos, como mejor conviene a cada una. Y, señalados, ir cortando la tabla en los palmos señalados, y después, asentar la tabla sobre la una cosa, que haga ángulo recto la línea A B. Y la tabla de los palmos es A C. Y después tomar el nivel que esté muy igual con sus piernas, y que tenga su peso colgado como conviene que esté. Y después tomar el peso y ponerle encima de la línea A B, y empezar a ir levantado el nivel, de palmo en palmo, o de medio palmo en medio palmo, que es desde la A a la C, como conviene. Y entonces verá donde va a señalar el peso en la traviesa del nivel, y ir señalando con mucha diligencia, como conviene que estos puntos estén señalados, yendo levantando y señalando, E, adonde va a caer el peso del nivel. (Figura 17) [/Jol. 56r] Aunque yo he señalado los tres palmos en la33 traviesa, los cuales están tirados en modo de perspectiva, mas no es ése el modo del señalar que conviene hacer. Mas, como tengo dicho, es el modo verdadero, es ir levantando de palmo en palmo, y así como se va levantando, ir señalando. Y, hecho el un costado, volverse de la otra parte de la tabla A D C, la cual está asentada en la línea A B, y tomar la pierna F y ponerla donde está la pierna G, que está en el tercero palmo levantada. Figura 17.

C t

A

B

Y con esta invención señalan justamente los niveles de tranco. Y conviene que estos tales niveles sean en triángulo perfecto, aunque para mí es muy grandísimo abuso de Arquitectura, por razón que como se hagan las señales, como he demostrado, que no importa ninguna cosa estar más alto que ancho, ni más ancho que alto, pues ello se ha señalado con mucha diligencia. Y así se conoce la diferencia que hay de un instrumento a otro. Y esto es la causa que hay tantas faltas en las cosas que nivelan algunos, como lo veo en muchas partes, tan llenas de errores, y esto lo causa la grande ignorancia que hay en los que se sirven de estos instrumentos. El Corbate, que así es llamado de Vitrubio, y el vulgo le llama nivel de agua o peso, el cual se hace en la forma que se sigue. Que donde es la A es el pie, el cual es de madera, con aquellos tres pies, y de una madera muy seca y sólida. Y la 33

Repetido: en la.

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Libro Cuarto

B es un pie del Corbate, la cual pieza es agujereada, como se puede ver. Que la pieza D tiene una ánima que pasa por dentro de la pieza B Ufol. 56v] (Figura 18) y acaba en K. Y donde es la C es un manil que juega a la redonda y es de hierro, en el cual va envuelto el cordel I para templar el nivel o Corbate para que venga a estar derecho en la línea de la dirección. Y la pieza D se va a encajar en F y juega en una pieza que está fijada en el Corbate E y juega en redondo, como la figura lo demuestra. Y en esa pieza E, en la parte L, está cavada para poner agua para conocer cuando estará igual el un cabo con el otro. Y a los Ufol. 57r] dos cabos hay dos traviesas con dos frontispicios que son G G, en las cuales van colgados dos pesicos, en el medio, que es H. Y con este instrumento se nivela a borneo. Y abajo, en los frontispicios, se afijan dos planchezuelas de hierro, las cuales son agujereadas para bornear por ellas. Este instrumento ha de ser a modo de una T latina, y ha de ser de alto cuanto es el artífice que de ello se ha de servir, que sea alto hasta los ojos del que nivela con este instrumento. No se conoce en él ni palmos ni minutos porque no los señala en sí, bien que con él se conocen. Y con este nivel se puede nivelar a la redonda, sin moverle de un lugar, que no decline ni de una parte ni de la otra, por razón del cordel que va asido en aquellos dos herrezuelos I, que son agujereados para asir en ellos un cordel para templar el nivel, para le poner en la línea de la rectitud. Para servirse de este instrumento conviene ir midiendo lo que se quiere nivelar o bornear. Que de cincuenta pasos en cincuenta pasos ha de estar distante [1451


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aquel que lleva la banderilla, y, juntamente con la banderilla, ha de llevar el altor del nivel, y en el asta de la banderilla ha de tener señalados los palmos y minutos para ver si sube más alto de lo que es la medida del nivel, se pierde, y si es más bajo, se gana. Y para ver si su nivelación va justa ha de dejar, donde bornea, un hombre con una regla larga y que tenga señalado la primera estación, y que tenga cosa, en aquella señal, que se pueda ver desde la primera nivelación. De modo que Ufol. 57v\ el nivel o Corbate ha de hallarse apartado cincuenta pasos desde el de la banderilla al mismo nivel, y, otros tantos, del de la regla, de modo que desde el que tiene la regla al de la banderilla ha de haber cien pasos, y el nivelador está enmedio de los dos. Y de esta manera se ve si va justa la nivelación, porque vuelve a nivelar aquello que ha nivelado, si corresponde con lo mismo que había nivelado antes y por el mismo número y modo que había hecho antes, como cuando caminaba para adelante, cuando se ha vuelto para atrás. Y así se conoce cuánto se va abajando o levantando, con esta orden. Mas conviene tener muy buena vista y muy buen objeto en saber bornear, porque conviene tener muy grande cuenta en el bornear por no se abajar mucho con la vista, que señalan muy más alto de lo necesario. Antes conviene levantarse mucho con la vista, a causa que siempre abaja mucho más la nivelación, y de los dos males es siempre mejor el que menos daño nos causa. Y porque en esta materia es siempre mejor el que menos daños nos causa, es siempre mejor que descendamos algún tanto que no subir, por causa que nunca puede llegar, a aquella altitud, la agua que llevamos por ser camino contrario a su naturaleza, por serle violento ese camino. Y por esta razón conviene antes descender para abajo, que no ascender arriba con tal elemento. Aunque yo ni alabo el uno ni menos lo otro. Hay otro instrumento casi en la misma manera aunque Y/fol. 58r\ varía algún tanto, por razón que con éste se puede, nivelando, tomar las longitudes, aunque él sirve para el mismo efecto, como el de arriba dicho, mas tiene afijado en la dioptra o traviesa una tablica que es de un pie de ancho, y escuadrada perfectamente, como se puede ver por la figura que se sigue. Y ésta se ha de afijar en el nivel, como tengo dicho, que venga a la mano derecha del agrimensor, y en los dos cantos ha de tener sus números como se hace en los cuadrantes geométricos que tienen su escala altímetra. El modo como se mide en otra parte se dirá. Y esta tabla pasa por el medio del pie, que está hendido, en modo que puede pasar muy libremente abajando en aquella parte el instrumento, como por la figura se puede comprender el efecto del instrumento. Y aunque yo lo pongo de madera también se puede hacer de hierro. Y en este instrumento (Figura 19) se le ha de colgar un pesico para que se pueda conocer si está derecho o no. Y por donde están aquellas dos planchicas de hierro que son C C, por aquellas, se bornea la cosa. Y la tabla de los números Ufol. 58v\ es D, y el peso que pasa por ella es E, y por donde juega la pieza B es en A, y por donde pasa el cuadro D es H. Y también juega a la redonda la pierna A, que tiene su ánima que pasa en el mismo modo del otro instrumento de arriba. Puedese nivelar con diversos instrumentos y para esto pondré aquí abajo, ultra de los puestos, señalaré un nivel de tranco, aunque en la hechura es muy diferente, en que éste no lleva peso colgado, mas lleva un brazo, como llevan las balanzas con dos pesos, a los dos cabos, de plomo, los cuales son de una misma cantidad y forma. Mas este brazo es colgado al revés que aquella lengua o ín[146]


Libro Cuarto

dice que señala cuando se declina más a una parte que a otra, es vuelta para abajo. La cual va señalando a cada parte lo que se va bajando o levantando el nivel. Y este brazo está asido en el mismo triángulo y puede jugar a las dos partes, como la figura lo enseña. El señalar los palmos en la traviesa ya se ha demostrado en lo precedente. Este índice ha de ser tan largo como la mitad del brazo. De modo que el nivel es A, y también, en figura de la misma letra y traviesa, es F, donde van señalados los palmos (Figura 20) \_/fol. 60r]}A y medio más bajo del nivel. Y el que tiene la banderilla P, que es O. Es dos palmos más alto el suelo en O que no es en Q, y es más bajo el suelo M, tres palmos y medio. Y con esta orden se va nivelando lo necesario a hacer para saber la manera del conocer las bajadas y subidas que hace el suelo en el nivelar. Otro instrumento se acostumbra entre los agrimensores, que, nivelando, pueda saber cuántos pasos hace cada borneo. Porque después de haber borneado y abájase el nivel hasta que tiene la banderilla. El cual instrumento hace el efecto que he dicho. Y el cuadro que tiene afijado en el medio se ha de repartir en trescientas divisiones. El cual cuadro será dos palmos por cada costado, y porque conviene que sea muy justamente hecho y dividido. Y este cuadro ha de estar afijado con la pieza que bornea. El agrimensor es I, y el nivel es A B, y el rayo visual es K. Las pínulas por donde pasa el rayo visual es C D, el de la banderilla es L. El cuadro de los grados es G, el cual se pasa por el pie del nivel O. De lo cual supongamos que el cuadro de los grados que se esconda cinco, por causa de haberle bajado cinco, que habrá desde el agrimensor sesenta pasos 34

En el manuscrito hay un salto en la foliación: del folio 58v pasa al 60r. [147]

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hasta el de la banderilla, haciendo en este modo, cinco veces sesenta hace treinta decenas, que es toda la cantidad del cuadro de las trescientas divisiones. Y así que con esta misma orden se puede ir nivelando y midiendo el camino que harán de la nivelación. De modo que el nivel se baja o declina cuatro palmos y medio más bajo, el señal de la banderilla, que no es el nivel, el de la banderilla es M y la banderilla L, de modo que en la cuenta del35 cuadro dirá si trescientos me [//o/. 60v] dan cinco, que es el quinto de toda la cantidad, de modo que dividiendo 36 trescientos en cinco partes me viene sesenta, que es la dicha distancia (Figura 21). Si por caso el nivelador no supiese llevar esa cuenta del cuadro geométrico, sírvase de esta cuenta que suelen llevar los ballesteros, la cual es muy fácil de llevar tomando la materia por esta orden. Teniendo cuenta cuánto hay de su ojo hasta tierra, que es por donde pasa el rayo visual de la línea que pasa por las pínulas del nivel o pinácides, y después mida desde la línea del pinácides hasta tierra, que es B, que es la parte declinada hacia tierra. Y con esta invención podrás, con mucha facilidad, hallar la distancia que hay del que mide hasta el de la banderilla. Y podrás tener una tabla hecha con un pliego de papel, la cual tabla será hecha en esta manera. Que hagas un cuadro que sea perfecto, y hacerle de palmos pequeños. Y al altor del nivel va travesando el mismo cuadro por las líneas que dividen el cuadro. Y su- [/ fol. 61r] pongamos que esas divisiones que son palmos o pies, según medirá los dos cabos del nivel. Sí son palmos, hacerlos palmos o medios pies, así que con su tabla podrá hallar su número, que va buscando. Y así hallarás tu número, que deseas hallar, porque hallarás que la línea visual con la línea del suelo. Y así, con el compás, podrá hallar cantidad de los pasos o pies o palmos, según habrá medido los dos cabos del nivel. Así hallará su distancia que iba buscando. Por ser la distancia poca del papel, no se puede demostrar, como conviene, todas estas líneas, mas con estas pocas se puede conocer cuanto es cada una de largo, en esta manera: que midiendo cada una desde la C hacia la D, y no es menester ir midiendo de la A [¿z] la D, porque esas líneas no sirven así, diagonal35

Repetido: del.

36

Tachado: que

dividiendo.

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Libro Cuarto

mente, que el medir de las distancias es por el suelo y no en ninguna otra manera, así que todas las longitudes de esta líneas se medirán en la manera que tengo dicho, si midieres por pasos o por pies o por palmos. Y con esta tabla puedese saber, y mucho más de hacer. Y siempre empezarás de la C, como tengo dicho, hacia la D. Hay otros muchos instru- Ufol. 61v] mentos para nivelar, mas ellos son muy dificultosos de entender. Hay el báculo mensorio o báculo Jacob, y el astrolabio, el chilindro, el ánulo astronómico, el cuadro geométrico, la escuadra de Tartalla o el cuadrante geométrico, el trígono geométrico. Hay tantos instrumentos para este ejercicio, que querer (en blanco) ponerlos todos sería una letanía muy larga. Así que, para haberse de valer de ellos, conviene saber aritmética. Y sin ella no se pueden servir de ellos en ninguna manera, por razón del haber de multiplicar y partir y saber ver lo que resulta del número partido. De modo que me ha parecido que son los más fáciles y más comunes los que yo he puesto. Porque todos los que he puesto sus nombres, más sirven para astrología, que no para nivelar tierras, y por esta razón no haré memoria como se ha de servir de ellos. El cuadro geométrico puede servir para nivelar poniéndole una dioptra que esté afijada en el ángulo A, la cual Ufol. 62vY conviene que sea tan larga que alcance en D, y, aun, que pase algún tanto más. Y esta dioptra ha de tener dos pínulas o dos pinácides, y éstas han de estar afijadas a los dos cabos de la dioptra, y han de ser agujereados para que pueda pasar por ellas el rayo de la línea visual. Y la dioptra ha de ser de hierro, aunque ella puede servir de madera. Y el cuadro conviene que él sea grande, de siete o ocho palmos de alto, y ha de ser muy igual. Y la dioptra ha de estar afijada en A en tal modo que se pueda mover. Y, luego, debajo de la A ha de haber un pesico de dos o tres palmos de largo, a causa que con él se vea si el cuadro está igual. Y, más de esto, en la dioptra ha de haber otro pesico asido en la misma dioptra, a causa que la dioptra esté firme en el lugar donde se pusiere el que bornea, para que esté firme en el número donde se habrá puesto. Y en la dioptra ha de haber, señalado por ella, números, como va señalando en el canto del cuadro, y aún van mucho más números, que no hay en el costado del cuadro, por ser ella más larga. Y se puede medir toda cosa. Y cuando se quieren medir cosas altas, se vuelve el cuadro de alto para bajo, y la A de ser38 puesta abajo, adonde está la C. Y con este instrumento se conoce cuánto es alta la cosa que se Ufol. 63r] mide. (Figura 22) Este es el cuadro geométrico. Donde está A, está afijada la dioptra con un clavo o tornillo 39 , que tiene la regla K, con sus pínulas H I. Y el filo que la tiene colgada es G, y su peso es F, y el pesico, para saber si el cuadro si está a peso derecho, es E. Y con este instrumento se nivela planicie y se mide altitudes. Y en la regla se dividen las mismas anchuras que se ha dividido el cuadro, y así se van poniendo los mismos números. Aunque aquí van de 25 en 25, en el cuadro grande 37

En el manuscrito hay un salto en la foliación: del folio 61v pasa al 62v. Por: la A ha de ser. 39 Tachado: caracol. Interlineado: tornillo. 38

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TOMO I

Figura 22.

se ha de ir señalando 1, 2, 3, 4, 5, y así, de mano en mano, hasta llegar a los seiscientos. Y hase de tener esta cuenta y regla. Que, supongamos, que la dioptra bajase cinco divisiones, harás así: dirás, el quinto de seiscientos es ciento y veinte pasos o pies [//o/. 63v] o palmos y con esta orden podrás hacer en los demás. Pues he demostrado diversidad de instrumentos para nivelar con ellos, y ahora quiero demostrar como se pueden servir de ellos, en especial del Corbate de Vitrubio, cómo podremos saber a que parte del mundo se vuelven las líneas que se hacen o camina para llevar una fuente de una parte a otra, y de un valle a un pueblo, y por qué no se llevan todas las cosas por línea recta, que en el camino hace alguna quiebra por donde se hacen diversas líneas, por causa que una va a una parte y otra a otra, aunque ellas siempre son líneas rectas, así vuelvan a cualquier parte que se vuelvan. Y, por esta causa, llamo a eso hacer diversas líneas, como se puede ver en la materia que se sigue. Supongamos 40 que estando en un monte mirando donde está una fuente y también mirando hacia el pueblo donde ella se ha de llevar, y para saber si la hemos de llevar de Levante a Mediodía, o de Oriente a Septentrión, y para ver esta diferencia allanaremos un pedazo hasta diez o doce palmos y, en lo allanado, haremos un redondo en el suelo. Y póngase el agrimensor en la parte de afuera del redondo, y que tenga un palo hincado en el canto del redondo, que esté derecho a peso puesto, y bornear desde ahí a la fuente. Y entonces hacer señalar en el canto del redondo. Y entonces tirar una línea del palo a la señal que se hizo en el redondo 41 , [/fol. 64r] Y, hecho eso, volverse a la otra parte y hacer lo mismo, como ha hecho y señalado, y verá si las dos líneas corresponde[«] a una 40

Tachado: pro.

41

Repetido: y entonces tirar una línea del palo a la señal que se hizo en el redondo.

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Libro Cuarto

Figura

Jwiío.D o no. En el medio del redondo conviene hacer una cruz que sea muy justísima y, con ella, se divide en cuatro partes el redondo, y desde ahí se ve a qué parte se ha borneado las dos veces que se ha borneado. Supongamos, para mayor inteligencia de lo que tratamos, que la primera línea que se borneó, que fue entre Oriente y Mediodía, que es A B, y la segunda, que es entre Mediodía y Poniente, que es C D, que va entre Oriente y Septentrión. Y esto no se puede bien hacer sin cuadrante o brújula de navegar. Y con esta orden se ve el camino que se ha de hacer, como por la figura se puede ver. (Figura 23) De modo que vese que el camino que hace esta fuente, que es caminar desde la D hacia la C, [/fol. 64v] y de la B hacia la A, así que viene hacer ángulo, como por las líneas se puede ver el camino que hace, que las dos líneas no corresponden en una. Y así se puede servir de esta invención para este efecto en muchas partes, en el camino que hace, por razón de los inconvenientes que hay en llevar estas aguas. Así que bien se que los maliciosos podrán decir que toda esta materia de este redondo, que es cosa infructuosa y que sin nada de esto se llevan aguas. Mas, si bien se considera esto, se verá ser cosa muy necesaria para esto y para infinitas cosas de esta calidad. Así que se ve que en el medio del redondo que hacen las líneas un ángulo obtuso. Puédese hacer esto en otra manera, con más artificio, como la figura lo demuestra. Y por razón del planisferio que tiene encima el nivel, que tiene42 (Figura 24) encajado un cuadrante en el medio, se conoce a cuantos [//o/. 65ñ grados se aparta cada línea a qué parte del mundo. El planisferio conviene que tenga señalado, a la redonda, los trescientos y sesenta grados, y con su aguja que señala el Mediodía. Y a los cabos del nivel conviene tener colgado dos pe42

Repetido: tiene. [151]


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sos, que sean largos los hilos, que casi lleguen a tierra, para que se pueda señalar muy mejor en el canto del redondo, borneando con el nivel y pasando el rayo visual por las pínulas, como la figura lo demuestra la diferencia del camino de un borneo al otro o de una línea a otra, por razón de los grados del planisferio. También se puede hacer el planisferio cuadrado, con los mismos grados que tiene el redondo, y en cada cuadro señalar 90 grados, que las cuatro partes hacen trescientos y sesenta grados. Y por el mismo modo puede servir encima del nivel, que hará el mismo efecto poniendo a este planisferio una dioptra en el medio que tenga sus pínulas. No queriendo servirse del nivel grande, se puede conocer la distancia que habrá de un pueblo a otro nivelando de donde yo estoy, al un pueblo y al otro, sin mover el instrumento de donde está asentado. Tan sólo se ha de mover la dioptra. Y hase de tener cuenta por qué grados pasó la línea visual. Y después tomar el instrumento sin que se mueva la dioptra, ni menos la aguja, y pasar adelante el instrumento treinta pasos, o volver atrás, como mejor y mas cómodo le vendrá, y volver a bornear en esta segunda instancia a cada pueblo particularmente. Y tener mucha cuenta por cuantos grados pasa la línea visual. Y, hecho esto, se tendrá, tomando Ufol. 65v] tres distancias que hay del agrimensor a la torre o pueblo o casa, y lo mismo se verá cuanto hay de un pueblo al otro sin nivelar, solo por las líneas que se harán de las dos estaciones. Que hay, del instrumento A al otro B, veinte pasos. Y con esta distancia que hay del un instrumento al otro se puede saber cuanto hay de los instrumentos a los dos lugares y, más, lo que hay del un lugar al otro, por solo líneas, sin saber ninguna aritmética. Que con solo tirar las líneas (Figura 25) por los grados, y donde ellas se vienen a cruzar, ahí es justamente el lugar infaliblemente, de modo que hay desde el instrumento A, a la torre C, ciento y treinta y cinco pasos, y hay del mis[152]


Libro Cuarto

mo instrumento A, a la torre D, ciento y setenta y siete pasos. Y hay desde el instrumento B, a la torre C, ciento y cincuenta pasos, y hay del mismo instrumento B, a la torre D, ciento y sesenta y cuatro pasos, y hay de la torre C, a la torre D, setenta pasos, como por la figura se ve. Puédense hallar estas longitudes [//o/. 66r] en diversas maneras, mas solo pondré una que es muy fácil de entender, y aun de hacer, que casi lleva ese orden aunque con más facilidad, que sin ningún instrumento se puede hacer, aunque es necesario una escuadra y unas cuerdas. Haráse en este modo: que se hincará en el suelo dos palos43, distantes el uno del otro seis pasos. Y los palos pondránse muy a peso, y después hincaránse otros dos que hagan un cuadro perfecto, y señalaránse en el suelo los pasos, a cada uno hacer su raya. Y después ponerse al un ángulo del cuadro y bornear de un palo al otro, y si los dos concurren en la misma línea, y a la cosa que se bornea están bien. Y después ir al ángulo del otro cabo, y bornear por el mismo palo a la cosa que miraste, y ver por cual de las rayas de los pasos pasa la línea visual y, tomando en memoria eso, y encima de un papel, hacer un cuadro de los mismos pasos pequeños, y tirar rayas en el modo que borneaste. Hallaráse la distancia por razón de venirse a cruzar las dos líneas. Y con esta orden 44 se puede hacer dos estaciones, como se hinquen los palos en una misma línea, aunque ellos estén distantes el uno del otro cien pasos, y por la demostración lo enseña. Y con esta misma invención se puede medir las mismas distancias de la invención pasada, con los dos (Figura 26) [/fol. 66v~] instrumentos. Así que en él habrá hecho su cuadro, pies o palmos o varas, espacios, aquello que se habrá medido el cuadro, aquello mismo le saldrá, justamente, yendo con el compás buscando esa distancia 45 desde la A B, hasta la E, y lo mismo que hay de la A a la E. Hay otro nivel harto diferente y muy extraño en la hechura de los otros hechos, el cual sirve de bornear y de nivelar todo a un tiempo. El cual es un redondo puesto encima de una escuadra que asienta su ángulo en el suelo, de modo que el instrumento es A, que es la escuadra, y el nivel es B. Y tiene, en lugar 43

En el original pone palmos con la m tachada.

44

Tachado: orden.

45

Tachado: que se busca que era la distancia que se busca que era la distancia que había. [153]

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de peso, un badajo de hierro que va señalando los grados o palmos del redondo, que es casi al modo del cuadro geométrico. De modo que esa escuadra se hace de tablas que sean delgadas, aunque tiene un palmo de hueco por razón que sirve de dioptra aquel vacío, y por pínulas. Y encima se le afija el redondo y hácesele un medio redondo tomando del canto del mismo redondo hasta llegar al punto del centro del redondo. Y, en aquel mismo círculo, se le van señalando los palmos y medios palmos y minutos. Y después se tiran unas líneas desde do está colgado el peso, y se tiran tan largas que allegan hasta el cabo de la escuadra, y así se señalan estas líneas con números, tan sólo los palmos. Y con este nivel se ve lo que asciende y se va declinando por bajo. Y este nivel sirve, como los de tranco, en la nivelación. Pues [/ fol. 67r\ (Figura 27) que se ha tratado de las líneas para saber las distancias, no será bien callar aquello que dicen los cosmógrafos, que tirando una línea en una planicie, que en mil pasos, que no se hallará de vacío entre la línea y el suelo más de diez dedos, en cualquiera parte del suelo con la línea, y esto se entiende en tierra llana. Porque tomando desde el cabo adonde empieza la línea a tocar en el suelo y donde acaba, que no hay más intervalo de la línea al suelo del globo de la tierra. Y este advertimiento sirve para los que llevan cosas de agua. Figura 27.

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Libro Cuarto

Y porque se entienda que esta materia yo no la he puesto sin causa, ella servirá de aviso cuando se nivela, que a cada mil pasos que conviene dar de declinación, a lo menos que se pueda dar, diez dedos de bajada, en especial al agua que va encerrada en caños. Y hay algunos que tienen opinión que les abasta a los mil pasos ocho dedos de caída, Ufol. 67v] en particular a las aguas que van encerradas en caños. Es cierta cosa que agua que camine en acequia abierta, que esa cantidad de caída que no es bastante a poder caminar en ninguna manera, que le conviene, a lo menos, a mil pasos, dos pies de caída. Y hase de tener cuenta si la agua de la acequia si es mucha o poca, que en esto importa mucho en tener esta advertencia. Y porque el globo de la misma tierra nos demuestra y enseña la caída que hemos de dar a las cosas. Así que con esta regla, nos ha dado el Hacedor del Universo, no se puede errar, entendiéndola bien. Y así se ve, muy manifiestamente, que hay diversas opiniones en el llevar de las aguas. Porque hay quien tiene opinión que el agua que se lleva por caños, que a cada ocho estadios, que se le debe dar un pie de caída. Cada estadio es ciento y veinte y cinco pasos, así que ocho estadios es mil pasos. Y esta caída que se da al agua no se ha de dar en una vez sola, antes bien en muchas veces, en esta manera: que a cada cien pasos dar un dedo, así vendrá a estar repartida la cantidad de los diez dedos en los mil pasos. Hay otros que tienen diferente opinión en esto de la caída, diciendo que a cada cien pies se le debe dar un dedo. Y, cierto que, más me cuadra esta orden que no hace la de los pasos, por causa que un paso simple es dos pies en largo, que es mucha distancia a tan poca caída. Mas si fuere acequia para navegar por ella barcas, conviene tener muy diferente cuenta de lo de los caños, que estas acequias se le debe dar de caída, a cada ocho estadios, seis Ufol. 68r] pies de caída, a causa que tenga razonable caída con buena corriente los barcos. Los que nivelan a borneo, cuanto más cortas harán sus borneaduras tanto menos error harán en su nivelación. Y tomen mi consejo, si lo quieren hacer muy bien su oficio, no sea más de cincuenta pies cada vez que bornearen, y estos medidos cada vez que habrá de bornear, que verá que en ello hará muy poco error en lo que nivelará. (Figura 28) Figura 28.

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LIBRO

QUINTO

De betunes de diversas maneras, el cual es el quinto libro

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ara embetunar todo género de arcaduces, así de fuentes o cualquier otra cosa, que por él haya de pasar alguna licor, para que le detenga, que no salga por las juntas, el cual betún se hace en esta manera: tómase calcina viva, ladrillo molido, pedazos de platos y de escudillas de barro, y molerlas; escoria de hierro molida, estopa muy bien cortada menuda, y claras de huevos y aceite común. Los polvos han de ser iguales en cantidad y hásele de poner un poco de sebo con aceite común, y amasar todo junto con las claras de los huevos. Y ha de haber mucha más cantidad de las claras que no será el aceite, y hase de amasar como se hace la masa del pan, que se pueda tratar con las manos. Y cuanto más se irá meneando o hiñendo, tanto más será mejor este betún. Y este betún se guarda en panes algún poco de tiempo sin secarse, y cuando se querrá servir de él convendrá untar de aceite la cosa, que sea del común, aunque muy mejor sería aceite de linoso, por razón que es muy más secante que no el aceite común. Betún para pegar madera que sirve en lugar de cola. Toma queso tierno del que tiene unos ojos en él, y córtale a tajadas que sean delgadas, y ponías a remojo con lejía que no sea fuerte, que sea hecha de ceniza de sarmientos, o en agua caliente, aunque es muy mejor la lejía. Y si fuere agua, la mudarás hasta que salga clara la agua, y irle revolviendo dentro de la agua caliente. Y cuando la agua restará clara y limpia, entonces, el queso será endurecido. Y tomaráse entonces el queso, y ponerle encima de una tabla limpia. Irásle meneando como quien quiere moler colores de pintores, con un pedacillo de tabla que sea alisado con un manís para poderle tener en las manos. Y, después de haberle molido el queso, entonces, lo pondrás dentro de un mortero y le irás picando con agua. Y dentro de la tal agua se habrá deshecho goma arábiga y, después, le pondrás dentro una poca de calcina viva y volverle a picar hasta tanto que se haga espeso el queso con la calcina. Irle añadiendo calcina viva, como dicho es. Y éste es un betún maravilloso para apegar madera, mas conviene servirse de él luego porque se seca presto.

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T O M O II

Este betún es muy excelente para pegar madera y hueso juntos. Toma idrocolon, dos onzas, y leche de higuera y leche de titimios, y yerba lechera, iguales partes, una onza. Y estas leches y el idrocolon, los cuales mezclarás juntos y los cocerás con una poca de goma arábiga. Y éste es un betún maravilloso y bueno para lo dicho. [//o/. 274v]46 Para pegar piedras rompidas, con que no sea muy grande. Toma almastique del más claro y póntele en la boca, y irle llevando así por la boca hasta tanto que se haya vuelto blando. Y entonces, así blando, unta la piedra rompida y junta los pedazos. Y, después, apriétalos muy bien con un cordel, muy estrechamente, y déjales secar. Y después que serán secos, tomarás un poco de almastique con un hierro caliente y le irás asentando el almastique por encima de la junta. Y vuélvele a ligar muy fuertemente hasta que sea seco, y estará muy firmísimo. Y esto es para piedras de valor, como son piedras finas. Betún que resiste al fuego y a la agua. Toma espuma de hierro, una libra, y polvos de ladrillo molido, dos libras, cal viva, cuatro libras, aceite de linoso, cuanto abastare a incorporar los dichos polvos con el aceite de linoso. El cual resiste al fuego, como se ha dicho, y a la agua. Y cuando se querrá apegar la cosa, o embetunarla, conviene untar la cosa con el mismo aceite de linoso cuando se querrá servir. Betún para pegar cualquier cosa. Tomarás calcina viva, luego que la sacar del horno, y pénela a remojar con vino. Y después tomarás higos secos y ásalos, y, asados, tomarás sebo o saín de puerco y pica todo junto en un mortero. Y conviene picar muy bien todo. Y, después, con este betún, apegar la cosa que quisieras. Y, después de seca, será tan fuerte como una piedra. Y en esto no habrá ninguna diferencia en la dureza del betún a la piedra. Y este betún trae Plinio. Para apegar piedras que sean húmedas. Toma berniz de pintores y blanquete y blerniza, y todo hecho polvo y mezcla con el berniz, y apega la cosa que deseas que se apegue, que con esto se apegará maravillosamente. Betún para embetunar jetas de fuentes o de caariches que sea de agua. Tomarás cal viva y estopa cortada muy menudamente, y claras de huevos, la cual conviene que sea muy bien batida. Y, después, mezcla la cal y la estopa con la clara de los huevos y, hecho esto, irás poniendo a la redonda de la jeta de metal, así fresco. Y, después que será seco, este betún será muy fuerte. Para hacer un betún para pegar toda cosa, tomarás pez de coca y cal viva, y polvo de piedra que sea nueva, y escalla del hierro de la que cae del mismo hierro cuando le sacan de la fragua, que le van martillando, y cera nueva, y de todas estas cosas sean iguales en cantidad. Y picarlo todo muy bien, que sean polvos muy sutiles, y pasarlos por cedazo, y hacer el betún con la cera, derritiéndola al fuego, que sea muy manso. Y después de haber mezclado muy bien los polvos con la cera, sácale del fuego, y servirte has de él teniendo siempre caliente el betún en la ceniza mientras que harás las cosas con el dicho betún. Ufol. 275r\ Betún para apegar vidrios y cosas de barros. Tomarás cal viva en polvo y canillas o huesos de animales, y hacer polvo de ellos quemándolos pri46

A lo largo de todo el libro quinto hay un salto en la foliación, terminando el libro cuarto en el folio 68r e iniciando éste último en el folio 274v.

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Quinto

mero, antes de hacer los polvos. Y, después de quemados, se harán polvos; y ha de haber tanta cantidad de los polvos de los huesos como de la calcina. Y tomar una onza de blanquete y dos onzas de acereón, y un poco de verdete y un poquito de ros de bota o tártaro o heces de vino secas. Y tomaráse dos onzas de cada cosa, y cada una de estas cosas haráse en polvo de por sí. Y conviene que sean muy sutilmente hechas polvos. Y, después, toma berniz líquido y mezclar todas las cosas con el berniz, que sean muy bien mezcladas los polvos con el berniz. Y hecho esto, tendrás un betún maravilloso para apegar lo dicho. Otro betún para apegar piedras y vidrios. Tomarás polvos de vidrios, que sean muy sutilmente, y calcina viva, iguales partes. Y mezclados estos polvos con leche de higuera y con leche de los titimos, y luego que habrás mezclado estos polvos con la leche, inmediato, has de apegar la cosa que quieres apegar. Y si no la pegas luego, no vale después nada el betún por causa que luego se seca. Betún para apegar piedras juntas como sería algunos mármoles o piezas que fuesen delgadas, para adornar algunos aposentos con algunas tablas, jaspes o mármoles, las cuales fuesen muy delgadas, en especial cuando fuesen piezas de valor. Tomarás cera vieja y pez y resina y almastique o almártega, y gomas de cualquier manera que sean, con tal que la goma se pueda fundir o deshacer puesta dentro de agua o de lejía. Y, siendo remojada, hase de poner todos estos materiales dentro de un vaso vidriado, al fuego, y hacer que cuezan juntos. Y después, cuando se querrán servir de este betún, conviene calentarle poco a poco las piedras, por causa que toman muy mejor el betún, y también el betún. Y así se puede ir asentando las piedras, y con ellas haciendo diversas labores, con muy poca cantidad de piedra, con poco gasto. Betún el cual sirve para pegar toda cosa de barro, en especial arcaduces de barro, y también sirve apegar cosas de barro rompidas. Tomarás almastique espolvorizado y cera nueva, y pez de coca y pez líquido o alquitrán o pez naval, y póngase tanto del uno cuanto del otro. Y póngase todos estos materiales dentro de una olla nueva vidriada, al fuego, y la cera y la pez al fuego, que sea lento. Y después que será fundido y deshecho y mezclado, siempre que se ofrecerá de servirte de ello, conviene calentarle muy bien. Y mientras se irá calentando, conviene irle meneando. Y así, tan hirviente, se debe apegar la tal cosa que se querrá apegar. Ufol. 275v\ Otro betún para lo mismo. Tomaráse acerco y albayalde y calcina viva y glaza, y sean de cada uno igual en cantidad. Y cada una cosa pasarla por cedazo, y muy sutilmente. Y, después, mezclarlo todo junto en polvo. Y, después, tomar claras de huevos que sean muy bien batidas. Y, después, amasar todo juntos los polvos con las claras de los huevos, y luego que será amasado, conviene apegar luego las cosas, por causa que este betún se endurece tanto que después no hay orden de ablandarle, por causa que es muy repentino su endurecimiento. Betún para apegar toda cosa que sea de piedra. Toma pez de coca o pez griega o colofonia, y almastique, y tomar cascos de platos o escudillas y hacerlos polvos, y tomar cera nueva, partes iguales de cada cosa. Y mezclar juntas, y ponerlas dentro de un vaso nuevo alvedriado, y ponerle al fuego con todas estas cosas. Y cueza un poco, y ir meneando todo muy bien con un palo, a causa que no se queme. Y cuando te querrás servir de ello para pegar la cosa, conviene ca[159]


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lentar la piedra, y también conviene calentar el betún, que, juntamente, sean calientes los dos, así el betún como la cosa que se ha de embetunar. Betún para apegar piedras que se hayan quebrado y, por lo mismo, cosas de barro quebradas, el cual betún es muy maravilloso. Toma cera nueva, pez griega y almastique hecho en polvo, y incienso espolvorizado, y ladrillo molido, y todas estas cosas sean iguales en cantidad. Y ponerle dentro de un vaso vidriado, y ponerle al fuego y irle meneando muy bien, a causa que se incorpore todo junto los materiales. Y así, caliente, apegaránse las piedras juntas o caños. Y lo mismo hace tomando blanquete y mezclarle con berniz de pintores o de espaderos, y limaduras de hierro o escoria muy bien molida. Es muy buen betún para apegar toda cosa. Betún para apegar madera con piedra, todo junto. Toma almastique y cera nueva, y caliéntala dentro un vaso. Y, después, junta la piedra y la madera y, con el betún, embetuna; y mira que ha de ser caliente. Y después de haber embetunado, conviene ligar muy bien la piedra con la madera, y muy estrechamente el uno con el otro, y déjese secar. Y después que será seca, vuelve a embetunar por encima de la junta de la cosa que juntaste, y déjalo secar. Estará muy fortísimamente apegados junta, la piedra y la madera. Betún para apegar dos pedazos de piedra juntas. Toma azufre o alcrebite y almastique y blanquete o albayalde, y sean iguales en cantidad. Y tomarás las sobredichas cosas, y muele las que son de moler, cada una por sí, y, después, añádele una poquita de ceniza, que sea muy bien cernida. Y, después, junta todas estas mixturas juntas y póngase dentro de un vaso [//o/. 276r] a fundir el azufre, y mezclar los materiales con el azufre. Y cuando se va calentando, conviene mezclar muy bien todo, y calentar muy bien las piedras, y untarlas, así calientes, y juntarlas lo más prieto que ser pueda. Y echar después, encima, una poca de agua fría, a causa que el betún se enfríe muy más presto y apegue mejor. Otro betún para apegar piedra y madera, juntas las dos cosas. Toma calcina viva, tres onzas, ros de bota o tártaro, una onza, y muélase cada cosa de por sí. Y, después de molidas, mézclense con berniz de pintores o berniz líquido, y será un muy buen betún. Y este betún conviene que sea un poco claro a causa que la calcina lo endurece mucho. Y cuando se ha de servir, conviene calentarle un poquito. Para hacer betún que apega madera con oro y con vidrio. Toma berniz de pintores y metal con él, y con eso tendrás un betún maravilloso. Y este betún conviene hacerle al fuego. Es menester tener cuenta en qué punto estará como conviene, y así apegarás con esto lo dicho, aunque con este género de betún no se puede apegar muy grande cantidad de cosas. Betún que resiste al fuego y a la agua, y encima de piedras. Toma calcina viva hecha polvo, y ciérnela con cedazo muy sutilmente y, después, mézclala con claras de huevos, la cual sea muy bien batida, y con berniz líquido. Y luego que lo habrás hecho, ponía encima de una losa donde se muelen las colores, y muélela un buen rato hasta que todo esté bien incorporado. Y entonces, te podrás servir de él a tu voluntad en lo dicho. Otro betún para lo mismo de arriba. Tomarás almastique, una onza, y tomarás cera blanca; cinco onzas de vidrio, muy bien molido y muy sutilmente, pol[160]


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vo de piedra, cinco onzas. Las cuales cosas pondrás dentro de una olla vidriada, que sea nueva, y ponle al fuego. El cual vaso si fuese de vidrio será muy mejor, y haz que se caliente un poco, hasta tanto que el almastique se deshaga líquido. Y, después, irle mezclando los polvos muy bien. Y después de mezclado conviene, que así caliente, que apegues lo que has de apegar. Y éste es un betún muy maravilloso. Para apegar vidrios, toma yemas de huevos y de las habas verdes, y calcina viva, partes iguales de cada cosa, y pícalas muy bien en un mortero. Y cuando serán muy bien picadas, que todo sea muy bien mezclado, todas las cosas juntas, entonces tendrás un betún maravilloso para apegar vidrios quebrados. Si quieres hacer un betún muy bueno para apegar piedras que se hayan quebrado cuando se labran, o después de labradas que se hayan rompido, tomarás cera que sea vieja, de la que ha servido, y toma pez de coca o pez griega, tanto del uno Ufol. 276v\ como del otro, y toma un poco de ladrillo molido. Y esto se ha de poner, dentro de un vaso, al fuego, y hacer que se derrita y que se mezcle todo junto. Puedes hacer cualquier molde para estampar en él cualquier cosa. Y con este betún se puede asentar piedras que vayan haciendo labores, así en suelos como en paredes. Y con éste se pueden ir asentando conchas de mar en fuentes, dentro de jardines, con tal que haya de ir todo cuajado de ellas, haciendo labores. Y cuando te querrás servir de este betún, conviene que sea caliente para asentar las cosas. Para hacer otro betún, el cual se hace de piedra, la cual ha de ser molida y hase de picar dentro de un mortero que sea de metal o de piedra. Y la piedra que se ha de moler ha de ser blanca y conviene molerla muy sutilmente. Y después de molida toma clara de huevos, que sea muy bien batida, y toma aceite de linoso y goma de enebro que sea muy bien deshecha, y amasar el polvo de la piedra y, con el aceite y clara, mezclar todo muy bien. Y con este betún puedes hacer cualquier cosa, aún con él puedes moldear. Y este betún, después de seco, es tan duro como la misma piedra y con ello se puede embetunar cualquier cosa. Y con este betún se puede embetunar cualquier cosa de agua. Y también sirve para embetunar cosas de fuego y para formar con él cualquier cosa que sea de relieve, que queda muy bien moldeada. Y también sirve para hacer moldes, para vaciar en ellos cualquier cosa que se haya de vaciar. Para hacer un betún muy fortísimo, el cual sirve para hacer moldes, para vaciar en ellos cosas de cera y de yeso y de otras mixturas, con que no sean metales, tomarás vidrio y muélele muy bien. Y después toma azufre y ponle, dentro de un vaso, a fundir y, después de fundido, pondrás dentro el vidrio y revolverás muy bien el vidrio con el azufre. Y vacía con esta mixtura cualquier cosa, que realmente parecerá de piedra. Y si quisieras variar de color, entonces, es menester poner dentro alguna color, la cual variará también su propia color. Y conviene hacer esta variación mientras estuviere caliente la mixtura. Y con este betún se puede vaciar cosas muy delicadas y muy menudas. Esta mixtura, después de enfriada, está dura como piedra. Conviene advertir que el vidrio sea muy bien molido. Y si quieres que sea colorado el betún, poner bermellón, y si verde, poner verdete o cardenillo, y si amarillo or[o]pimente, y si azul, flor de pastel, y si blanco, poner blanquete. Y todos estas colores han de ser en polvos muy sutiles y muy bien mezcladas con el betún. Y si quieres hacer que parezca [161]


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jaspes, que vaciarlas podrás de diversos colores, en el betún y, así, harase a modo de jaspes. Ufol. 277r] Hay otro modo de betún, el cual se puede hacer una mixtura que con él se puede embetunar cosas donde no intervenga cosas húmedas. Y con él se puede imprimir cualquier cosa, por delicada que ella sea. Y es tan fuerte que después de seco es como piedra, y hácese en este modo. Tómase goma adragante y ponía a remojar en lejía hecha de ceniza de sarmientos, y cuando la goma será deshecha en la lejía, conviene que la goma sea algo espesa. Y, después, toma yeso muy blanco y muy bien cernido, y que no sea muy fuerte, y amasarle como se hace la masa con la goma, en tal modo que se pueda tratar con las manos, y conviene irle hiñendo como se hace la masa de los panes. Y cuanto más se trata con en las manos se hace muy mejor, y es también que se endurezca luego, aunque reviene con poner una poca de goma en ello. Y así, en fresco, conviene imprimir las cosas que se quieren imprimir. Conviene espolvorizar el molde con un poco de yeso y poner dentro tu mixtura y ir apretando con las manos muy bien, y, después que habrás moldeado la cosa, ponía a la sombra a secar, y que no le toque mucho aire. Y con esta mixtura se puede moldear cosas muy menudas. Para hacer un betún para embetunar las juntas de los arcaduces o caños de barro, toma pez líquida de la que empegunta las naos, y calcina viva, y ir mezclando la cal con la pez en manera que se pueda tratar con las manos a modo de masa. Y cuando querrás embetunar conviene que untes la cosa con aceite común o de linoso. Y si caso que no tuvieres pez, se puede poner aceite de enebro que hará el mismo efecto. Y puédese con este betún embetunar cosas de licores y otra cualquier cosa, con ello. Mas este betún no es bueno para asentar jetas, por causa del amargor, mas dejándole algunos días, hasta que ello sea seco, es muy bueno. Un betún muy facilísimo y muy excelente para embetunar cualquier cosa, mas conviene servirse de él caliente. Toma pez de la líquida, y a cien libras de pez pondrás veinte de azufre o alcrebite, y funde todo junto, y, después de fundidos, pon dentro un poco de sebo, que a cien libras de pez pon cinco de sebo. Y con esta mixtura puedes empeguntar cualquier cosa. Y este betún resiste al agua muy maravillosamente. Puédense hacer diversas cosas con betunes, que parecerán de piedra de diversas colores. Tomar cera con trementina y cocer la cera con la trementina. La trementina ha de ser de la común. Y después de fundidas o derretidas, conviene poner dentro un poco de vidrio que sea muy bien molido. Y con esta mixtura se puede hacer de cualquier color. Y si quieres hacer el betún blanco, conviene que la cera sea blanca, y con albayalde o blanquete mezclar con la trementina. Y hase de advertir que no ha de bullir mucho esta mixtura, y también no es menester que las colores bullan con la mixtura, por causa que sean negras. Y también, si bulle mucho esta mixtura, se endurece mucho. Y las colores que se han de poner Ufol. 277v] dentro han de ser muy bien molidas, en polvo, porque de otro modo valdrían muy poco. Y para hacer este betún colorado, es menester bermellón, y si quieres hacerlo verde poner verdete o cardenillo muy bien molido. Y si quieres amarillo pone[r] oropimente, mas no se ha de dejar bullir punto más de cuanto le mezcles con la trementina, por causa que se volverá negro. Y al oropimente conviene poner cera blanca. Y si quieres azul, pondrás flor de [162]


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pastel o indio, y estos conviene que sean molidos. Y para hacer el azul convendrá47 poner un poco de blanquete y cera blanca, y un poco de almastique dentro de la trementina, a una libra de trementina poner tres onzas de cera y una de almastique. Este betún se quiere servir caliente en el lugar donde se ha de servir, y conviene ponerle con un pincel de cerdas de puerco cortadas, a causa que sea fuerte este pincel, a causa que sea muy áspero, y cuando pondrás este betún queda muy áspero y brozno. Conviene tener un hierro que sea caliente y ir calentando por encima, mas con el hierro no has de rozar el betún porque le harías negro, mas de llevarle por encima para que se caliente y, en calentándose, se allana y queda igual y muy liso, que parece un esmalte, por causa que queda con mucho lustre. Y con esta mixtura se puede contrahacer jaspes de diversas maneras, sabiendo variarlos con las colores. Esta invención de betún es para embetunar arcaduces, fístulas o caños de metal o de barro o de piedra y de madera. El cual betún dice Vitrubio que se tome calcina que se haya muerto en vino y, después de muerta, tomarla y mezclarla con graso de puerco o manteca de puerco y pez griega. Y mezclar estos materiales juntos y picarlos muy bien dentro de un mortero de piedra, y conviene picarlos mucho. Y después te puedes servir de él a embetunar lo dicho de arriba. Y opila toda junta y toda endedura de los caños, en especial los caños de plomo, por razón que el plomo es muy desecativo de suyo y por esta causa se le mezcla el saín del puerco, a causa que no se seque demasiadamente, porque en secándose de repente se hendería, de modo que la pez es causa que se endurezca y hace muy grandísima presa, que en breve tiempo se hace tan fuerte como una piedra. Esta mixtura la llama Plinio malta. Y cuando se quieren servir de esta malta conviene que primero se unte la cosa con aceite común o de linoso, antes que se embetune ninguna cosa. Otro modo de betún para embetunar caños y arcaduces de barro. Tomarás calcina viva y hace[r]la polvo. Y tomarás ladrillo molido y escoria de hierro molida, y claras de huevos muy bien batidas, y toma pez líquida y aceite común, que sea otro tanto como la pez, y mezclar los polvos con la pez y el aceite y amasar muy bien todo junto, que se pueda tratar con las manos. Y cuanto más se irá mezclando, tanto mejor se hará este betún. Y cuando se querrán servir de él conviene primero untar la cosa con aceite común. Este betún sirve para embetunar cualquier género de vaso para tener licores dentro de ello. Un otro Ufol 278r] modo de betún para embetunar cosas donde no haya de haber cosa de agua. Tomarás trementina común y calcina viva, y mezclar todo junto. Y conviene hacerle algo duro a causa que reviene mucho, mas no sea tampoco tan duro que de ello no te puedas servir. Y este betún sirve para apegar piedras quebradas y también a cerrar rendijas de vasos y también a los que han de tener licores. Mas cuando se habrá apegado la cosa no se quiere tocar hasta que sea seca. Y este betún se hace muy fortísimo después de seco. Y también puede servir berniz de pintores en lugar de trementina, y sirve para apegar cualquier cosa por menuda que sea. Betún para apegar cualquier cosa de piedras de cualquier género que ellas sean. Toma almastique y cera vieja que haya servido, y azufre y un poco de pol47

Tachado:

convendrá. [163]

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TOMO

I

vo de la misma piedra, y una poca de pez líquida. Y poner todos estos materiales juntos en un vaso nuevo vidriado, y ponerle al fuego. Y conviene que se vaya calentando muy a poquito, con un fuego manso, hasta tanto que todos estos materiales sean muy bien derretidos. Y cuando verás que se han bien mezclado, entonces tendrás un vaso aparejado con agua, y vacía dentro este betún del vaso del agua y irle meneando muy bien entre las manos, macerándole un grande rato, mientras que estuviere blando que se pueda tratar con las manos. Y después hacerle en pedazos como hacen los apotecarios los cerotes redondos, de un dedo de largo y otro dedo de grueso. Y cuando se querrán servir es menester calentar muy bien la piedra que quieres apegar, así la piedra como el pedazo. Y conviene calentar también el betún y ir untando la piedra y el pedazo y, en habiendo pegado el pedazo, es menester echar agua encima, que sea fría, a causa que se enfríe muy más presto este betún. Y queda muy fortísimo y quiébrase antes por otra parte, que no hará por la misma junta donde fue apegada. Hay otro betún para apegar alabastros quebrados y mármoles que sean cosas grandes. Toma cola de garofas o cola fuerte de la más clara, y si puedes haber cola de pescado es muy mejor, y ponía a remojar -en agua clara. Y después que fuere remojada ponía en una olla limpia y hervir con agua. Y después de haber hervido, que ella esté bien fuerte, tomarás polvo de alabastro o de mármol y mézclale con la cola en manera que se pueda tratar, que no sea muy espesa. Y calienta las piezas que quieres apegar, y poner de esta materia por las piezas y dejarles secar, que muy presto es seco. Y este betún resiste al fuego y sirve a pegar muchas cosas, así mármoles como alabastros y toda otra piedra. Un otro modo de betún para embetunar cosas de agua y para que tenga cosas de licores. Tomarás calcina viva, y mátala, y toma piedra y muélela muy delgadamente en un mortero de piedra. Y, después, cernida con cedazo de seda, y tomarás los polvos y amasarlos con la agua de la calcina. Y toma de la misma calcina y mézclala con los polvos en tal manera que se haga una masa todo, y esta masa hase de revolver con un hierro, que la dé hierro, y hásele de ir añadiendo de los polvos. Y estos polvos han de ser de mármol o de piedra franca o de otra piedra que sea blanca, con tal que no sea alabastro, aunque es blanco no vale nada por causa que yende mucho. Y cuando [//o/. 278v~\ se irán mezclando los polvos que mientras que esta mixtura se apegare al hierro, iráse añadiendo polvos a la calcina. Esta mixtura la llaman estuco. Y hecho esto podrás embetunar cualquier cosa que sea de agua o de vino o de aceite. Y después conviene untar con aceite de linoso todo lo que habrás embetunado, por encima, dos o tres veces hasta tanto que haga una tez por encima. Con esta mixtura puedes labrar figuras de relleno y hacer otras diversas labores, así de Arquitectura. Y después de seco es cosa harto fuerte, más no sirve a pegar las cosas juntas. Este betún se defiende de la agua. Y la piedra clara es harto buena para moler y aun la greda que haya sido cocida en fino. Las figuras y las otras cosas no se han de untar. Betún que sirve para los que funden metales a cerrar las hendiduras de los vasos donde funden los metales, el cual betún se hace en esta manera. Tomarás cal viva y sangre de buey o de cualquier otra sangre, y amasar la calcina con la sangre, así caliente, como sale del animal cuando le degüellan. Y pondrás dentro una poquita harina a vuelta de la calcina y de la sangre. Y la harina conviene que sea muy bien cernida.Y con esta mixtura podrás embetunar cosas que [164]

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hayan de estar al fuego. Esta mixtura la llaman los antiguos malta, y también Vitrubio. Este betún sirve para cerrar las hendiduras de los crisoles y otros vasos y calderas que se hacen de plomo para los alumbres y caparrosos, y también para cualquier otro vaso que sirva al fuego. Y otro betún que sirve para los plateros, para tener sus piezas, para poder tener firmes para ci[«]celarlas y hacer labores en ellas, el cual betún se hace de pez y con polvo de ladrillo molido y una poquita de cera. Y cuando se ha de servir de ello es menester calentarle y asentar en él, así caliente, la pieza que ha de estar firme. Y también sirve a tener otras cosas firme que estén engastadas en hierro o en otra cosa. Otro betún hay, el cual los aconchadores de piedras finas y de éste se sirven cuando 48 quieren hacer algún engaño en las piedras que son de alguna valor, y apegan la fina encima de otra piedra que es de poca valor. Toman el almastique y le hacen líquido y apegan las dos piedras juntas, que realmente parecen una sola, como es una tabla de diamante encima de un cristal o encima de otra piedra de esa misma color. Y, como se hace de un diamante, se hace de cualquier otra piedra que sea de valor y que sea transparente. Y con este material hacen de estos engaños los lapidarios. Y este betún no tiene cuerpo para oscurecer la color de la piedra y, entonces, parece la piedra de mayor cantidad de lo que ella es en sí, para que valga mucho más interese. Un betún, el cual es muy maravilloso para apegar madera, aunque hay otro de la misma manera, aunque es otro diferente en el modo de hacerle, el cual betún se hace en esta manera. Tómase queso que sea fresco, no que ello sea recién hecho, más que sea ni muy duro ni muy fresco, y cortarle en tajadas delgadas y ponerle en remojo en lejía que no sea muy fuerte. Y caso que el queso no se hallase fresco, también servirá aunque ello sea muy duro. Y después de remojado lavarle muy bien con agua clara hasta que ella Ufol. 279r] salga limpia. Después ponerle el queso encima de una tabla o encima de una losa y irle moliendo con un manil de fuste de tabla, que sea redondo la parte baja, y tener cal viva en polvo y, así como le irás moliendo el queso, irle echando de la cal, a poco a poco, y poner algunas gotas de la lejía de cuando en cuando, hasta que tengas molido y en manera que ello se pueda tratar para apegar maderas juntas, que después de seco este betún es un cosa muy fortísima. Y este betún tiene dentro de la agua y nunca se despega. La cosa que con él se apegare nunca henderá por aquel mismo lugar donde fue juntado aunque se quiera hacer que se hallenda por el mismo. Puédese apegar toda cosa de barco. Este betún no dura mucho después de ser hecho pero causa que luego endurece más. Acostúmbrase a hacerle de poco a poco, que el no dura más de un día fresco, con estar dentro de lejía. Puédese apegar cosas de vidrio, que tiene muy bien cualquier vaso, aunque con él se beba. Solo consiste en asentarle a saberle hacer, que poco artificio hay en el hacerle, solo se le acierte el punto en poner la calcina. Otro betún se hace para hacer tener vasos, así de vino como de agua, el cual betún se hace de sebo que sea muy bien picado. Y después mezclar con el sebo carbón que sea muy molido, en polvo, y con esta mixtura se suelda cualquier vaso que por las juntas se sale, así en frío tratándole. Y éste sirve para cualquier vaso que tenga licor dentro y que se trasvine. 48

Repetido: se sirven cuando. [165]


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Hay otro género de betún, el cual se hace de corteza de raíces de olmo y de la yerba que se hace el vesque. Este se hace picando juntas estas dos cosas y conviene picarlas mucho, hasta tanto que se vengan a hacer una pasta las dos. Y este betún no sirve para más de cerrar rendijas y cosas de madera. Este resiste al agua y detiene que no se salga la licor donde está puesto. Y este betún no se hace muy duro, antes está casi siempre de un modo. Y también sirve solo la raíz del olmo picándola con vino, mojando el mazo con que se pica las raíces, y en vino tinto picándola, de por sí, hace el mismo efecto. Y también la yerba que se hace el vesque, más ésta sirve en diversas maneras, ésta sirve con mezcla de calcina. Con el este betún se endurece mucho por causa de la calcina, resiste al agua muy maravillosamente, vale para toda cosa húmeda, para el fuego no vale ninguna cosa. Para haber de remediar un vaso hendido de los que sirven para el fuego para que no se salga por la rendija, toma el vaso y caliéntale muy bien en aquella parte donde está hendido. Y, después de muy bien caliente, toma unos ajos y estrega en aquel lugar muy fuerte, hasta que el ajo tenga hecho cuerpo encima de la rendija. Y que no tenga temor que en aquella parte se salga punto. Y también hace el mismo efecto la sangre caliente, calentando el vaso y pasar por Vfol. 279v~\ encima muchas veces de la sangre hasta que haya hecho cuerpo encima de la rendija, que resiste muy bien al fuego. Y la sangre ha de ser de carnero o de cabrón o de buey o de cualquier otro animal. Aunque en esta materia de los betunes he sido un poco largo y haber traspasado algún tanto los límites de la materia, por razón que muchos de estos betunes no se pueden servir para esta materia que tratamos, por ser toda materia de agua, más al fin verán que no me he apartado tanto cuanto parece a prima faz de la materia que tratamos, que siempre sirven para algún efecto de lo que tratamos aunque parezca cosa muy diferente. Ufol. 283r]49 Pues he dado la orden como se ha de nivelar la tierra para llevar fuentes y otras aguas para el servicio de los pueblos y, también, para remediar las necesidades, así para beber, como para regar, para navegar. Y porque conviene que de el orden cómo se han de hacer las acequias, las cuales sirven de vasos para tener las tales aguas. Las acequias conviene hacerlas más anchas en el alto que en el suelo, la cuarta parte. Esto es por una regla general, aunque se ha de tener cuenta de la calidad de la tierra por donde ellas se cavan, que en unas tierras será necesario de las hacer mucho más anchas de lo dicho y, en otras, muy menos, por razón que la tierra es muy más unida y densa, y otras tierras, que ellas son muy más ralas o muy más flojas, y esto ha de ser a discreción del buen juicio del artífice50. Las acequias han de ser en el suelo doce pies y en la orilla, arriba, quince. Y con esta regla podrás hacer mayores o menores teniendo siempre esta cuenta en ellas. Y porque no pueden estar los costados, por razón que en discurso se iría cayendo de sí mismos los costados, cuanto más con la lluvias. Y, a más de esto, 49 El folio 280r está en blanco. En el manuscrito hay un salto en la foliación: del folio 280r pasa al 283r. 50 Este párrafo aparece tachado en el original. Al margen pone: Retrato esto en el lugar que trata de las acequias del libro 2o.

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cuando se cavan las acequias conviene apartar un trecho de la51 acequia la tierra, por razón, como es cosa movida, luego vuelve a caer dentro de la misma acequia cuando llueve, y así se va encoriando. Así que conviene tener mucha advertencia en esto aunque parece cosa de poco interés. Así que las acequias, de ellas, se hacen grandes y, de ellas, medianas y, de ellas, pequeñas, y, de ellas, van por línea derecha y otras por línea curva, y, de ellas, participan de las dos32. Será bien, que, pues hemos tratado el modo que se ha de tener en el hacer de las acequias, que se trate el modo cómo se hacen los arcaduces, y de qué materia, y cuáles son mejor. Estos, cuáles hacen mejor agua y cuáles son más durables, y de cuántas maneras se hacen los más universales. Los arcaduces de barro son los más ordinarios y los más comunes a todos, siendo cocidos, y los que hacen mejor sabor de agua, por razón que la agua, estando en la tierra, está en su asiento universal, porque esle natural al agua la tierra más que ningún otro elemento. Y a los arcaduces de barro se le puede dar más principal lugar, así en bondad como de menos gasto. Y de estos arcaduces de barro se hacen de ellos de diversas maneras, como por las figuras se pueden ver. Estos se hacen según la cantidad de la agua que por ellos ha de pasar. Ellos se hacen de tres palmos de largo y uno de grueso, en el un cabo y, en el otro, la cuarta parte menos grueso. El grueso del barro es de un dedo de travieso y los arcaduces se encajan el uno dentro del otro y, siempre, la parte más ancha se ha de poner enfrente de la agua, y lo más estrecho hacia el corriente de la agua. Ellos se encajan como la figura lo demuestra. La A es hacia la agua (Figura 29) Ufol. 283v] B se encaja en el otro arcaduz C. Y estos se embetunan con sus betunes muy bien, donde se juntan los dos, como lo demuestra la A y C. Estos son de los más llanos arcaduces que se pueden hacer y con menos artificio en ellos. Figura 29.

El segundo modo de arcaduces son estos B C D, los cuales tienen aquella represa que es E, la cual no deja entrar el arcaduz mas de cuanto allega a la E, que los de arriba no cesa de entrar hasta que no puede más, que a veces se entra un palmo dentro del otro. (Figura 30) Figura 30.

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Tachado: tierra.

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Este párrafo aparece tachado en el original. [167]

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Hay otro modo de arcaduces, los cuales llaman aguilones, los cuales son cuadrados, a modo de canales de madera, mas ellos no son mas largos de tres palmos y medio. Y éstos los hacen alvedriado[j], mas, cierto, ellos no valen ninguna cosa, ni alvedriados ni por alvedriar, porque hay tanto trabajo en ellos, en buscar donde se pierde la agua como en los redondos y, a más de esto, ellos son de dos piezas y son más fáciles a romperse, que no los redondos. Y, a más de esto, la agua, en tiempo de lluvias, viene sucia, como va corriendo por la tierra. Y ultra de esto, que la pieza de arriba no se embetuna y por ella puede entrar cualquier raíz, por pequeña que sea, de modo que ellos son más dificultosos de hacer y más fáciles para romper, por razón que conviene que asienten muy llanos y que no le quede ningún vacío debajo, que el mismo peso de la tierra los rompen. Yo he visto que les han hecho a los costados dos paredes, a causa de conservarles, que no se quiebren por causa del peso de la tierra que tienen encima. Y con las paredes no había ninguna cosa encima más de que estaban exentos, que ninguna cosa les tocaba. Y estas paredes iba[«], de la una a la otra, unas losas atravesadas con tierra encima, y así estaban en vacío estos aguilones. Y, con todo, estaba muy más sucia la agua por causa de estar así, en vacío, que eran gusanos de la misma tierra, sapos, sabandijas, culebras y otras infinitas cosas que le podía causar daño. Mas, supongamos que estos caños fuesen cerrados del todo, como lo son los redondos, de una sola pieza. Ellos son muy más dificultosos de hacer y más fáciles a poderse romper, y el alvedriarlos ha sido con una pretensión muy simple y es, que suponen aquellos oficiales que de ellos se sirven, que por estar barnizados, que en ellos no se le ha de apegar ninguna cosa de lo que las más aguas suelen traer consigo, que es limos que se apegan a los caños, y por ellos se vienen a cerrar. Otras aguas traen tosca que carga mucho en los caños y, que por estar muy lisos, que no se les puede apegar ninguna cosa, y de eso viven muy engañados los que tal pretenden, porque la agua no deja de hacer sus efectos más en una cosa que en otra. Ello es [/fol. 284r] verdad que carga muy más presto en una cosa que en otra, por estar más dispuesta una materia que otra a la poder recibir, mas en discurso de tiempo todo lo hace igual y a ninguna cosa hace diferencia. Ellos van asentados en esta manera, como se ve por las letras, y se cubren con ladrillos en la manera que es la D. Y hay aun más inconveniente, (Figura 31) que en el tiempo que suele haber temporales de lluvias suelen crecer las fuentes, en tanto modo, que en estos caños se vierte el agua de ellos por no estar embetunados los ladrillos con los caños. Y, en falta de ladrillos, los cubren con losas y con tierra por encima, donde nunca la agua está limpia. Hácense otros que son cuadrados y cerrados por las cuatro partes, más no por eso son mejores que los ya dichos, y aun muy más dificultosos de hacer, y Figura 31.

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Libro

Quinto

Figura 32.

aun de mayor gasto. Los cuales son A B, los cuales no valen más por ser ellos cuadrados del todo. Así que para mi nunca (Figura 32) yo me serviría de ellos. Hácense otros caños de madera de pino, de haya, de roble y de otra cualquier madera que sea gruesa. Y estos caños se hacen de doce pies de largo, de una pieza, los cuales se van barrenando con unas barrenas que son hechas para este propósito. Y la madera la toman verde, a causa que con más facilidad se barrenan verdes que no secos. Y estos caños, después de barrenados, si se socarran o chamuscan con fuego, duran muy largo tiempo debajo de tierra sin corromperse. Y el ajuntar el uno con el otro se hace en esta manera: que se hacen unas argollas de hierro anchas, de tres dedos, las cuales están a los53 dos costados, casi como cortantes, las cuales son más anchas que no es el redondo de la barrena. Y tiénese hecho en los dos caños con señal redondo, y pónese la argolla en los dos señales y con un mazo se le va dando, en tal modo que la argolla le viene a encajar en los dos caños. Y, con esta orden, les van juntando, de mano en mano, sin poner betún en ellos. El modo del barrenarlas al fin de ellos se pondrá. Y estos maderos no les cumple quitarles la corteza, ni menos (Figura 33) escuadrarlos, que en la manera que ellos se traen de los montes, así se ponen en obra, después de haberlos barrenado. Y, con esta orden, se van poniendo. Y estos caños duran muy largo tiempo de54 tierra. Sólo una cosa, que luego puestos en obra no hacen buena saFigura 33.

w bor al agua. Mas después que ellos han dejado aquella que tenían, Ufol. 284v] que daba mal gusto a la agua, son muy buenos. Y la señal para poner la argolla lo hace la barrena cuando acaba de barrenar con un hierro que hay en el manil de la barrena. Por otro orden se ajuntan estos maderos, los cuales se juntan a macho y hembra y estos se embetunan con betún. Y en esto hay más trabajo en ellos, en hacer la hembra y el macho, que esto se hace al torno porque en ninguna manera ello no se puede (Figura 34) hacer que ello esté bien. Los cuales se encajan el uno dentro del otro, que A entra en C, y el caño B y D se juntan. Y, si acaso, cuando se ponen estos maderos dentro de tierra la madera fuese demasiadamente seca, se le podrá hacer este remedio. Como se van asentando, tomar carbonina 55 de aquel carbón menudo como tierra, y ir poniendo a la redonda. Ese le conservará muy largo tiempo sin que se corrompa la madera, que ese car53 54 55

Tachado: la. Por: ¿en tierra?. Por: ¿carbonilla? [169]

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bón no deja penetrar a la madera aquella humor de la tierra que causa aquella corrupción en la madera. Hácense caños de otras materias de más coste y también duran muy más largo tiempo, los cuales son hechos de plomo, que Vitrubio los llama fístulas y otros los llaman trombas. Y estos caños se vacían como los caños de los órganos y, después, se sueldan. Y estos se hacen muy largos, mucho más largos que ningún otro género de caños, por razón que se vacían tan largas las planchas cuanto se quieren vaciar, que en ello no hay límite, que como haya plomo fundido tanto se hará de largo las planchas, aunque este modo de vaciar no es muy notorio a todos los que vacían. Hácense también caños de alambre y hay opiniones que hace el alambre mala sabor a la agua, aunque dicen que causa el accidente de la disentería o cámaras o flujo de vientre y que causa un cierto desollamiento de intestinos. Y lo mismo dicen de los caños de plomo, que son causa de hacer que la agua haga una cierta mordicación de vientre y que causa el morbo caduco o gota coral, el cual es un accidente muy trabajoso. Cierto que yo creería más que la agua misma tenía, en sí, esas calidades antes que ella fuese puesta por esos caños, porque vese que hay caños de estos metales en tantas partes del mundo y que no causan ninguno de estos accidentes, como lo cuentan algunos autores, como es Vitrubio, Julio Frontino y León Baptista y otros que los siguen. De modo que todo lo vemos por experiencia al contrario. Así que si no fuere donde hay algún surtidor de agua donde conviene acomodar muchos caños pequeños, para hacer el efecto del surtir de la agua, o donde conviene que el caño sea doblegado para hacer algún ángulo en tal lugar, yo aconsejar que se sirvan, o de plomo o de alambre, como mejor convendrá, aunque los caños de alambre son de mucho trabajo y de mucho gasto. Figura 35.

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La- A es plomo, la B es alambre. Los caños de alambre (Figura 35) U/ol. 285r] no se pueden soldar, uno con otro, como se hace[»] los de plomo. Los de alambre se sueldan muy diferentemente, como la figura lo demuestra. Que donde se juntan B D conviene poner una argolla del mismo alambre, de dos dedos de ancho o más, que venga a cubrir las juntas de los dos caños y, entonces, soldarlo o embetunarla como mejor le vendrá al oficial. También se pueden hacer caños de vidre, aunque ellos no pueden ser muy largos ni tampoco muy gruesos. Ellos se pueden hacer harto largos, mas muy delgados, por causa de llevar, en el aire, el vidre con aquella trompa con que so[170]


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plan. De modo que ellos servirían más por gentileza que por otro efecto, si no fuese sólo por una cosa, que sería ver pasar por ello la agua, que para ninguna cosa no siento que ellos valiesen, más de ver la transparencia de la agua. Ellos se han de hacer como los de barro, y conviene embetunarlos como los de barro o con otro modo de betún. También se pueden hacer de plata, no porque ellos valiesen más para el efecto, mas sólo por la valor, que ellos serían de materia de más calidad. Y también se pueden hacer de oro, aunque es metal de muchos deseado, mas no conviene hacerlos de tales metales por ser ellos de mucho valor. Puédense hacer caños de piedra, que es materia muy más vil y de menos trabajo, porque estos caños de piedra se agujeran muy diferentemente que los que se hacen de madera, y es con una barra de hierro y con agua. Y puédense hacer de ocho palmos de largo y aún de diez, mas agujéranse derechos, de punta hacia arriba. Escójese una piedra que sea buena y que no sea muy fuerte, como es piedra caracolina o piedra franca, y hácese del grueso que conviene. Y ellos se hacen cuadrados y, con el pico o con el cincel, agujéranse lo más bajo que pueda la piedra. Y, después, tomar la barra de hierro, la cual es harto gruesa y al un cabo tiene punta y al otro cabo tiene cavado, de manera que hace cuatro puntas, a causa que dando en la piedra que coma o rompa con más facilidad. Y esto se hace siempre echando agua por el agujero, ordinariamente. Y hase de advertir que la piedra no sea demasiada de fuerte. Y a estos caños se les hace sus encajamientos que entre el uno dentro del otro. El caño A es por agujerar y el agujerado B, y el que agujera C y el vaso de la agua es D, y el hierro con que se agujera la piedra es E. Y con estos hacen el mismo efecto que hacen todos los demás caños, y aun son muy más seguros, en especial donde se teme de algún peligro que se hayan de romper los de barro o donde de hacer una grande fuerza la agua (Figura 36) Vfol. 285v] Yo he visto servirse de otro género de caños, Figura 36.

los cuales eran hechos a modo de unas grandísimas tejas hechas de barro sobre un molde de madera. Y éstas las van poniendo como se hacen las tejas y, después, se van cubriendo como se hallan en los tejados. Mas conviene que las que han de cubrir las rajas, que ellas sean muy más grandes, a causa de la tierra que se les pone encima. Aunque estas tejas, y todos los demás caños de barro, se [171]

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han de asentar con calcina. Y ella sirve de betún para estas tejas y así quedan bien asentadas. Porque haber de embetunar estas canales fuera de mucho gasto por causa del mucho betún que entra entre ellos. Este modo ha de ir al principio de los arcaduces. (Figura 37) Figura 37'.

En el asentar de los caños conviene tener un instrumento que señale la declinación de lo que ha de ir declinando, el cual ha de ser una regla de veinte pies el largo y que tenga a los cabos dos pedazos de madera afijados. Y que estos dos pedazos, que cada uno tenga un pesico, porque cuando la regla estuviere asentada llana en el suelo, que estos dos pedazos señalen la declinación que han de tener los caños, la cual es harto poca, que ha de ser un quinto de la anchura de un dedo, que vendrá a cada cien pies un dedo. Y, con esta orden, no pueden dejar de ir muy bien asentados, y no hará ninguna quiebra, en el camino que hará, esta agua que por ellos llevaren, ni en ello no hará bajada ni subida. Y, con esta orden, caminará libremente la agua. El instrumento es A, y a la parte que ha de declinar es en B, y toda la regla es C. (Figura 38) Figura 38.

Pues he dado el modo y orden como se hacen los arcaduces o caños y fístulas y trompas, ahora conviene que se de el orden de los betunes con que se embetunan los cabos o sus juntas. Mas, antes que pasemos más adelante, conviene que se diga el modo de asentar cada género de arcaduces o caños. Los de barro conviene asentarlos encima de cal hecha mortero, con su arena, y que no haya en ello piedras que sean más gruesas que una avellana. Y la arena ha de ser de casia, que es muy mejor que no es la de los ríos. Y, caso que no se quiere hacer tanto gasto, asiéntese encima de arcilla, hecha a modo de lodo, que es muy fuerte materia y muy tenacísima, o con greda o sagallón. Los caños de madera se deben poner verdes aquéllos que se han de poner debajo de tierra, por razón que conservan muy largo tiempo, en si, aquel humor natural, la cual les preserva de la corrupción. Y, si acaso se han de poner caños de madera que sean secos, convendrá asentarles encima de carbón, a causa que el húmedo de la tierra no los gaste dentro de muy poco tiempo. Y el carbón consérvalos de esa corrupción, y en otra [//o/. 286r\ manera duran muy poco tiempo. Los caños de plomo será muy mejor asentarlos encima de greda o de la tierra que sirve a los pelaires a quitar el aceite de los paños, por causa que la cal[172]


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Quinto

ciña los gasta y los corrompe, que los va calcinando y comiendo hasta agujerearlos. Yo he visto unos caños puestos para recibir unas aguas de unos techos, los cuales eran de plomo, y la cal los había comido, en tal manera, que eran como papel muy delgado. Y lo mismo hace al alambre, que la cal los va comiendo, que en discurso de tiempo los gasta. Los caños de piedra, esos que se asienten con cualquier materia, ninguna cosa les hace daño porque la cal es de su propia naturaleza. Y estos caños de piedra conviene que sean de piedra franca o de piedra caracolina o de piedra calar, o de piedra arenisca que sea fuerte, o de piedra arenisca que participa de piedra de yeso. Todas estas piedras son muy buenas para este efecto y también, según los rejones, así se han de valer de las cosas los artífices.

Libro que enseña cómo se hagan los caños de plomo o fístulas y trompas de metal. Es del cuarto libro (sic) Los antiguos tuvieron muy grande curiosidad y grandísima cuenta en la modulación de los caños, como lo escribe Vitrubio y Plinio, y, muy más particularmente, Julio Frontino, que hace dos libros de esta materia, en dar el modo del medir de la agua, para saber qué tan grandes habían de hacer las planchas de las fístulas, para que cuando fuesen vueltas en redondo, que por ellas cupiese la agua que por dentro había de pasar. Y a cada cantidad de caño les tenían sus nombres, porque era esa una costumbre muy antigua y muy común para saber qué tanta cantidad de agua era la que se había de llevar, y por estas causas y razones les tenían esos nombres, como en el discurso se entenderá. Ahora fuesen los caños o fístulas, trompas de plomo, como de alambre, como de bronce o arcaduces de barro o de cualquier otra materia que ellos fuesen, los llamaban quinaria, por razón del diámetro, el cual era compuesto de cinco partes de un dedo. Y tenían esta misma cuenta, en todos los instrumentos de esta calidad, hasta veinte, y porque es diámetro compuesto de cuatro veces cinco, de modo que es compuesto de cuatro cincos, que hacen veinte. La senaria, la cual tiene seis partes en cada diámetro. Y en la setinaria, la cual es de siete cincos. Y, con esta orden, se va procediendo, con el mismo aumento, hasta la veintena, la cual contiene en sí diez y seis quinarias. Y porque los círculos o diámetros, los cuales van ni más ni menos que van los cuadrados con los diámetros de los mismos cuadrados. Y de la vicinaria arriba va la cuenta de otra manera, la cual cuenta se hace del número de los dedos56 de estas medidas. Se entienden en cuadro, que es cubando o cuadrando la [//o/. 286v] cantidad de los dedos, los cuales van en este modo. (Figura 39) Que en este cuadro hay veinte cuatro dedos, los cuales se han de reducir al diámetro del redondo en esta manera: que en el círculo venga a caber estos dedos dentro de su circunferencia. Así que estos dedos se hallan en cada vaso, en cual más o menos, según su capacidad. Así que los instrumentos o fístulas o máquinas, las cuales toman este nombre por razón que el instrumento que tiene veinte y cinco dedos cuadrados de circunferencia nombre también, ni más ni menos, el instrumento que llaman 56

Repetido: de los dedos. [173]


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tricenario o de treinta dedos. Y de ahí arriba se le va añadiendo la cuadratura de los dedos hasta ciento y veinte. Y de este número adelante no hay, pasar más adelante, instrumentos de fístulas en el modo que se ha dicho. Vitrubio pone que estando de cinco en cinco hacen que no haya menos de ciento y da de largaria, a todos, diez pies, y pénelos por peso su cabida o capacidad. Dice el mismo Vitrubio que se entiende los nombres de los vasos según su cabida de los dedos que tiene las planchas de ancho, las de metal, antes que de ellas se formen de ellas las fístulas o vasos. Hase de entender que cuando la plancha tiene cien dedos y de ella se hace el vaso. Y si tiene cincuenta dedos de ancho se nombre de cincuentos quincuagenaria y, por el mismo orden, todos los demás vasos. Frontino, esto, no lo aprueba ser así, porque él dice que es cosa incierta. Y da la razón y dice que la lámina o plancha de plomo se tuerce y se va volviendo en redondo, y como la parte de dentro de la plancha se va estrechando, y la parte de fuera se va alargando la tal plancha, y que esto es la causa que no lo aprueba por muy verdadero. Los antiguos han tenido estas cosas, en diversos tiempos, diversas maneras de fístulas, de modo' que el quinario de. Vitrubio ha sido de mayor capacidad o de mayor cabida que no ha sido el senario de Frontino, porque las planchas o láminas eran en ancharía de cinco dedos, que es, a saber, veinte cuadrantes con cuatro oncenas. Y que la encavadura, que ella, no se embebe nada, como dice Frontino, principalmente en los quinarios que están fundidos encima de cuero muy delgado, no se embeben nada en los vasos que son mayores, si son diestros los que funden el plomo. La forma del quinario era la más común y la más alabada de todas. Todas las otras medidas, y no tan solamente de los vasos, mas aun de las canales, se reducen a quinarias en los comentarios del Príncipe. Y esto dice Frontino en muchas partes, especialmente en la Agua Apiana, porque hasta donde se junta un ramo de la Agua Agusta, dice que hallaba hondura de agua de cinco pies y de ancharía un pie y medio. Dice, de este modo, que se hacen ocho pies o poco más espacio, los cuales hacen, sumados, mil y ochocientos y veinte y cinco quinarias, y en esta suma un poco más sobra de lo que es verdad. Y como lo dicho sea la deciseisena parte de un pie, y la quinaria es espacio de dedo, los cincuenta quinarios son la vigésima cuarta parte o la veintecuatrena parte de una ducentésima, digo que de un espacio de ocho pies y medio es, a saber, dos mil y doscientos y cuarenta dedos y de [//o/. 287r] aquí se colige que son mil y ochocientos y veinte cuatro quinarias, con dos quincuagésimos quintos, no se colige mil y ochocientas y veinte y cinco, pero el autor no se curó de tan poca diferencia, o que el lugar esté falso, como se ve en otras partes en el libro. Modulaban o modificaban, en otra manera, para aumentar los instrumentos. Y eran por quinarias y de ellas encerraban muchas dentro del mismo espacio, de modo que el aumentar de las quinarias, así iban aumentando la anchura del lugar, así iban creciendo las quinarias. Era en esta manera: que el instrumento que tenía cabida o capacidad de ochenta quinarias tenía el diámetro de su fundamento, en el medio, proporcionalmente, entre las líneas de los cinco cuadran[174]


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tes y de la línea de los cien dedos, o en otra manera, entre la línea de los dos dedos y medio y la otra de cincuenta, y así hacían de todos los demás. Cosa muy cierta que hoy día, de cuantos tratan de esta materia, que no se hallará uno tan solo que entienda esta materia de estos números, y qué cosa sea quinarias ni modulación. De cuantos he visto no he hallado ninguno, de cuantos artífices que profesan este ejercicio, que me hayan sabido dar la menor razón, aunque eran personas que pretendían haber allegado a lo sumo de esta materia, de modo que sólo de una cierta práctica que ellos tienen. Y aun más, digo que cuantos arcaduces, que casi todos se hacen por un mismo orden y forma, ahora sea la agua poca o mucha que por ellos ha de pasar, lo que más tienen cuenta, que ellos sean siempre más grandes de lo necesario. Y si acaso aciertan no es por artificio, mas es acaso haber hecho que sea al propósito de la materia. De modo que me parece, que según veo, que de balde fueron sus trabajos de estos autores en demostrar la diferencia que hay de una quinaria a otra, y que la de Frontino es muy más pequeña que la de Vitrubio. Y esto nos da noticia que en diversos tiempos han tenido diversas medidas los antiguos en el hacer de las fístulas de plomo o de alambre o de barro, que todas corresponden a una medida, salvo en la materia, que en ello son diferentes estos vasos, mas, en efecto, se vienen a una misma manera. Las fístulas no deben ser menos largas de diez palmos, cuando ellas se funden las planchas. Y si fuere fístula centenaria tendrá de peso cada una 1.200, y si ella fuere de ochenta, de otiginaria, será su peso 960, y si fuere quínqueginaria, su peso es 600, y si es cuadraginaria, su peso 480, y si fuere trecenario, su peso es 360, y si es de veinte o vicenaria, su peso es 240, y si quindenion, su peso es 180, y si decen, es su peso 120, y si fuere ocho, o trinum, será su peso 96, y si fuere de cinco, que es quinario, su peso será 60. Esto es la largueza ancheza de las planchas, según tendrá los dedos antes de ser redondeados y hechas caños. Si caso fuere que trayendo alguna agua, para que ella suba en alto, conviene alguna vez hacer que haga ángulo. Conviene57 hacerlo en alguna piedra, y agujerearla por las dos partes para que se encuentren el uno con el otro. Y, caso que se haya de hacer ángulo, ahora se ponga arcaduces o fístulas o trompas, [/fol. 287v] Convendrá encajarlos con la misma piedra y embetunarla muy bien, la piedra, con los caños, y hacer subir la agua en alto. Y conviene que se pongan encima muy grandes pesos porque la agua con la muy grande fuerza. La piedra que ha de ser agujereada ha de ser en el modo que va aquí abajo dibujada, que es A y B. (Figura 40) Y hase de poner en esta manera: que A esté abajo asentada, y B que vaya para arriba. Y hásele de atar al cabo de arriba una encavadura donde asiente el caño, por razón que la agua no tope en el caño o arcaduz al tiempo que sube para arriba, que podría hacerle tal fuerza que lo levantase en alto aunque hubiese otros muchos caños encima de la piedra. Aunque la cantidad de la agua no puede ser mucha, mas con el muy grande tesón que hace para haber de subir, causa una muy grande violencia en el lugar del ángulo C. Y a esta causa conviene que sea piedra en tal ángulo, porque de barro que fuese, muy presto sería rompido, y aunque sea de madera. De modo que conviene que 57

Tachado: a saber. [1751

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Figura 40.

c

A

sea de piedra o de metal, y aun aconsejaría que los dos caños más propincuos a este ángulo, que ellos fuesen de metal, que fuese muy más fuerte que plomo, que sería de latón o de alambre. Y esto es a mayor seguridad del edificio y estará con muy más seguridad que con ninguna otra cosa. En abriendo el pozo para buscar agua, así que se halle la humedad, tirando un tiro, cargado el arcabuz con sal y perdigones y- una bala, brotará el agua, arriba, a la superficie del dicho pozo.

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Veintiun libros de los ingenios y máquinas de Juanelo Turriano - Transcripción al español - Tomo I