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LOS SECRETOS DEL REY LOS DOCUMENTOS QUE NO QUIEREN QUE CONOZCAS Número 131• 3,95 €

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I B E R I A

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Árabes

Revista de Historia de España

El auténtico rostro de los "enemigos"

Los mitos de ¿8 siglos de convivencia? EL PIRATA AMARO Nuestro corsario más brutal

30 años de Chernóbil Así vivimos la catástrofe

Cervantes y Shakespeare Dos hombres y un destino

Las tropas españolas de NAPOLEÓN El regimiento olvidado del emperador

Un agente secreto en la Gran Guerra

Jaime Mir: el espía desconocido Melilla, Ceuta y Canarias: 4,10 Euros


Editorial

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ISSN 1699-7913 www.historiadeiberiavieja.com redaccion@historiadeiberiavieja.com Director: Bruno Cardeñosa Redactor jefe: Alberto de Frutos Redacción: Javier Martín García Maquetación: Eugenio Sánchez Silvela Asesor del director de arte: Ignacio Docampo Asesor editorial: Lorenzo Fernández Fotografía: Shutterstock, Thinkstock, Javier Gª Blanco Redacción y publicidad Josefa Valcárcel, 42 3ª pl 28027 Madrid Tel.: 91 423 03 90 Directora comercial: Verónica Lourido • vlourido@prismapublicaciones.com Jefa de publicidad: Pilar Pérez • pperez@prismapublicaciones.com Coordinadora: Trinidad Calzado • tcalzado@prismapublicaciones.com Suscripciones y números atrasados Apartado de Correos nº 50 19080 Guadalajara Tel.: 902 540 000 / Fax: 902 540 060 email: suscripcion@prismapublicaciones.com Imprenta: Rotocobrhi - Tres Cantos (Madrid) Distribución LOGISTA PUBLICACIONES C./ Electricistas, 3 - Polig. Ind. Pinares Llanos 28670 Villaviciosa de Odón (Madrid) Telf. 91 616 09 13 Depósito legal: M-37631-2012 Printed in Spain HISTORIA DE IBERIA VIEJA es una marca registrada de editorial América Ibérica, S.A., empresa domiciliada en Madrid, c/ Lagasca, 105, bajo derecha. Copyright ©2008 HISTORIA DE IBERIA VIEJA está editada y publicada por: Prisma Publicaciones 2002 S.L. Presidenta: Laura Falcó Lara Director General: Albert Terradas Cumalat Director Factoría Prisma: JM Sanchón Directora Digital y Eventos: Cristina de Sicart Directora Eventos y Patrocinios: María Acedo Director de Arte: Xavier Menéndez Controller: Gonzalo María Suárez Distribución: Pilar Barceló Producción: Planeta Innovación

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Esta revista ha recibido una subvención de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas, centros culturales y universidades de España, para la totalidad de los números editados en el año. HISTORIA DE IBERIA VIEJA no es responsable de las opiniones y artículos realizados por los colaboradores y publicadas en la presente edición de la revista. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción total o parcial de cualquier información gráfica o escrita sin autorización escrita por Historia de Iberia Vieja.

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Árabes

Revista de Historia de España

El auténtico rostro de los "enemigos"

Los mitos de ¿8 siglos de convivencia? EL PIRATA AMARO Nuestro corsario más brutal

30 años de Chernóbil Así vivimos la catástrofe

Cervantes y Shakespeare Dos hombres y un destino

Las tropas españolas de NAPOLEÓN El regimiento olvidado del emperador

Un agente secreto en la Gran Guerra

Jaime Mir: el espía desconocido Melilla, Ceuta y Canarias: 4,10 Euros

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Cervantes… ¡presente! TAMPOCO LO HEMOS HECHO TAN MAL. En estos días se celebran los 400 años de la muerte de Miguel de Cervantes y, fiel a mi estilo, iré en contra de casi todos… ¡No lo tenemos tan olvidado! ¡Paremos esta leyenda! A los españoles nos gusta acusarnos mucho –bueno, acusar al resto, pero a uno mismo no– de hacer mal las cosas. Además, se saca mucho rédito de ello en las redes sociales y da visibilidad, pero también debemos echar el freno algunas veces. Y esta es una de ellas. Cualquiera que en otro país vea todo lo que se dice pensará que apenas sabemos quién es y que se trata de una gloria internacional que tenemos olvidada. Seguramente las cosas se pueden hacer mejor, pero tampoco nos faltemos tanto al respeto porque corremos el riesgo de creernos inferiores, por ejemplo, respecto a los ingleses, que celebran el 400 aniversario de la muerte de William Shakespeare el mismo día. Siempre nos faltarán monumentos y recordatorios pero… ¿acaso no vale con los que hay? Tampoco es cuestión de mirar siempre atrás y estar todo el día erre que erre haciéndonos eco del aniversario de su fallecimiento (por cierto, ¿por qué se celebra más la muerte de algunos personajes históricos que su nacimiento?). Hace muy pocos días, en twitter escribí un mensaje que decía: “Si Cervantes no fuera español”, dicen aquí. “Si Shakespeare no fuera inglés”, dicen allí. Todos decimos lo mismo. Una de las respuestas a este mensaje decía lo siguiente: “Aquí, Shakespeare tiene calles, monumentos, los niños le leen, hay teatros, bares… ¡está en todas partes!”. Y yo me pregunto si en España no sucede exactamente lo mismo. Leer su obra, especialmente El Quijote, es obligatorio para los más pequeños, hay casas-museos de Cervantes en medio país, toda España estuvo pendiente del hallazgo de sus restos el pasado año –las autoridades montaron un espectáculo desmedido sobre aquello–, hay monumentos en todos los sitios recordando al personaje, sus símbolos están presentes allá donde miremos… ¿Qué más hay que hacer? Hay librerías que llevan su nombre, editoriales, algunas calles principales –incluso algunas secundarias–, bibliotecas, teatros, cines, bares, barrios… En serio, quizá no todo sea perfecto, pero tampoco se tiene tan olvidado al personaje. ¡Sabemos todo de él! Entre este mes y el pasado todas –repito, todas– las revistas especializadas en historia se han preocupado de acercarse al personaje bajo puntos de vista originales y distintos, tanto que se están agotando los prismas desde los cuales escribir sobre él. Es un ejercicio muy español decir que somos unos olvidadizos, pero no nos pasemos de frenada. “A los afligidos no hay que añadirles más aflicción”, decía el propio Miguel de Cervantes. Su máxima es muy aplicable a esto que digo. Tenemos que mejorar en algunas cosas, quizá en muchas, pero no en todas. ¡Vale ya de acusarnos tanto! A veces, también tenemos que echarnos algunas flores. Somos imperfectos, como todos, pero no tanto. Bruno Cardeñosa Director @HistoriaIberia

© Roberto Garver

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Número 131• 3,95 €

EL ROSTRO DE LOS ÁRABES, 30 AÑOS DE CHERNÓBIL, LAS TROPAS ESPAÑOLAS DE NAPOLEÓN, EL CARDENAL-INFANTE, UN ESPÍA EN LA GRAN GUERRA, CERVANTES Y SHAKESPEARE, EL PIRATA AMARO, ODÓN DE BUEN

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Sumario

SECCIONES

6 Cronos 32 Made in Spain… Benito Loygorri 44 Los 10 mandamientos… Pablo Iglesias 102 Ágora 114 ¿Sabías que…?

Y ADEMÁS 36 El pirata Amaro 46 Miguel de Cervantes 64 Las tropas españolas de Napoleón 72 Odón de Buen 80 Jaume Mir 96 Entrevista con… Alberto de Frutos José Manuel Escribano es crítico cinematográfico y secretario general del Círculo de Escritores Cinematográficos. Javier García Blanco es periodista, fotógrafo y escritor. José Gregorio González es autor de varias obras sobre enigmas y colabora con diversos medios de comunicación de temática científica. José Luis Hernández Garvi es escritor e investigador, autor de Héroes, villanos y genios, premio Algaba 2014. Óscar Herradón es redactor jefe de la revista Enigmas y autor de Los magos de la guerra (Cúpula, 2014). Carlos Montero Rocher colabora con diversos medios de historia y temática heterodoxa. Alejandro Polanco Masa es investigador y mantiene el blog tecnológico Tecnología obsoleta. Fernando Rueda es el mayor especialista en España de espionaje y colaborador de La rosa de los vientos en Onda Cero Radio. Juan José Sánchez-Oro es historiador y coautor de Ooparts. Objetos fuera de su tiempo (Luciérnaga, 2015). Adolfo Torrecilla es licenciado en filología hispánica, profesor y crítico literario en la agencia Aceprensa.

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El rostro de los árabes Cuando en el año 711 el Islam cruzó el estrecho de Gibraltar y derrotó al reino visigodo, en la Península residían dos comunidades religiosas: la cristiana y una minoría judía. Desde entonces, la coexistencia entre los diferentes credos osciló entre la tirantez y el respeto.

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Los secretos del rey La revisión de la figura del rey Juan Carlos era necesaria. Nosotros lo hacemos de la mano de Fernando Rueda, que acaba de presentar El dosier del rey, en el que desgrana los manejos de la CIA, que no solo dirigió la Transición, sino que tejió aquí una tupida red en el contexto de la Guerra Fría.


52 Cervantes y Shakespeare En nuestro Dossier gráfico de este mes, no podíamos resistirnos a trazar las vidas paralelas de estos dos genios de la literatura. En el IV centenario de sus muertes, todo el mundo se llena la boca con sus nombres, pero nosotros estamos convencidos de que el mejor homenaje que podemos rendirles es leerlos. Sirvan estas páginas como invitación a su (re)descubrimiento.

88 Chernóbil En el 30 aniversario del accidente de Chernóbil, miramos hacia atrás para recordar cómo era la España de entonces. Aunque resulte difícil de digerir, los niveles de radiactividad también subieron en nuestro país y la población siguió con temor el avance de la nube. Todo, en un momento en el que el reciente referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN seguía agitando las conciencias ciudadanas.

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Cronos

El Pabellón Puente se hunde de pena

SE FUE MUY JOVEN… La arquitecta anglo-iraquí Zaha Hadid falleció el pasado 31 de marzo a los sesenta y cinco años de edad. Fue la primera mujer que ganó el premio Pritzker, el considerado Nobel de la arquitectura, uno más entre los muchos honores que mereció a lo largo de su vida. Su fantasía creadora se desparramó por todo el mundo, también, claro, por nuestro país. La regeneración urbana de Bilbao con el Master Plan de Zorrotzaurre y, sobre todo, el Pabellón Puente de la Expo de Zaragoza, su obra más emblemática por estos lares, un viaducto de más de 6.000 m2 sobre el río Ebro, lloran hoy su pérdida. La pérdida de una pionera audaz, una inventora de espacios genial y rebelde. No lo tuvo nada fácil –era mujer y era árabe– pero consiguió que todas las ciudades del orbe soñaran sus mismos sueños. Descanse en paz.

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Cronos

Cuando Blas de Lezo quiso navegar de nuevo EL CENTRO NACIONAL de Investigación Ambiental de Reino Unido propuso recientemente

una consulta popular para bautizar su nuevo buque de investigación. Las ideas no tardaron en llegar a la página web creada a tal efecto, pero ninguna tan atrevida como la de un foro que sugirió el nombre de Blas de Lezo. Al poco, convenientemente agitado por las redes sociales, el ilustre marino de Pasajes, héroe de la defensa de Cartagena de Indias en 1741, sumaba decenas de miles de adhesiones, lo que alertó a los organizadores de la iniciativa, que retiraron su nombre de las candidaturas. Se entiende la censura por el “mal perder” de los británicos, que no pueden ver a Mediohombre, tal como era conocido, ni en pintura. Blas de Lezo venció a los ingleses en el citado asedio de Cartagena de Indias con unas fuerzas muy inferiores a las de su rival Edward Vernon, lo que sirvió para garantizar el dominio naval de España en América al menos hasta Trafalgar. Una portavoz del Centro de Investigación Ambiental señaló que el guipuzcoano había sido eliminado del proceso porque su nombre hacía alusión “al hundimiento de navíos británicos”.

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@historiaIberia

Los papeles de Panamá descubren un Modigliani LA FILTRACIÓN de más de once mi-

llones de documentos del despacho panameño Mossack Fonseca ha incomodado a muchas de las grandes fortunas que aparecen “retratadas” en ellos por sus vínculos con sociedades offshores, montadas para eludir el pago de impuestos. El escándalo, que se ha cobrado la cabeza del primer ministro de Islandia, ha servido también para confirmar el paradero de una obra desaparecida de Amadeo Modigliani, Hombre sentado con un bastón, valorada en unos 25 millones de dólares, confiscada por los nazis a los judíos en los oscuros tiempos de la guerra. Su legítimo heredero sospechaba que el cuadro había ido a parar a manos de la poderosa familia Nahmad, quien la habría adquirido en una subasta en 1996. Ahora, los papeles de Panamá avalarían esta versión, al revelar que la compañía offshore International Art Center, en manos de David Nahmad, posee la obra. De acuerdo con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), la falta de regulación de la industria del arte, tan afecta al anonimato, propicia estos “comportamientos cuestionables”.


Tema del mes

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Cronos

Hoy… ayer Por Fernando Rueda

El agente provocador Cuando el Papa dijo no a Franco

Del Seiscientos a la Vespa Una subasta por internet ha puesto a la venta 21 modelos de SEAT valorados, en conjunto, en unos 125.000 euros. Organizada por la empresa Catawiki, la pieza más codiciada ha sido un Seat 600 restaurado para la Copa Legend de 2015, estimado en más de veinte mil euros. Y otra noticia de historia del motor: la mítica moto Vespa celebra su 70 cumpleaños. ¡Felicidades!

Congreso El Museo Arqueológico Regional acogerá del 14 al 18 de septiembre el congreso de la Sociedad Europea para el Estudio de la Evolución Humana, que este año cumple su sexta edición. El museo se convertirá durante unos días en foco de atención mundial en paleoantropología, pues congregará en Alcalá de Henares a los más reputados estudiosos de la evolución humana. Es

FUE LA ESPINA que se le clavó en el corazón y que nunca olvidó. El 4 de mayo de 1938, se cumplen ahora 78 años, el Vaticano reconoció oficialmente la España de Franco, esa que todavía no existiría oficialmente hasta el fin de la Guerra Civil un año después. Puede parecer un evento normal, esperado, con poco polvo mágico para hacerlo especial. La Iglesia, según marca la historia, estuvo del lado de Franco, o al menos lo estuvieron los integrantes de la jerarquía. Sin embargo, la historia no fue exactamente así. Al estallar la sublevación en julio de 1936, el establishment de los franquistas acudió al papa Pío XI para que inmediatamente les reconociera. Era importante para ellos, eran católicos y vendían su sublevación utilizando el término “cruzada”, como las antiguas que emprendían los caballeros católicos contra los infieles. Pero habían cambiado los tiempos y la Santa Sede les mandó de vuelta a casa con un no rotundo. El Papa actuó como nunca Franco se habría imaginado. En los años anteriores a la guerra, los excesos contra la Iglesia Católica habían sido el pan nuestro de cada día. Los

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ataques contra edificios habían sido frecuentes, pero lo peor fueron los asesinatos de curas y monjas. Pero el Papa, como muestran los documentos que han sido desclasificados, tenía claro cuál era la autoridad legítima del país y aunque consideraba a la república seguidora de la URSS, no le gustaba nada el camino que ya seguían a los que llamaba los sublevados, el nazismo. Para él comunistas y fascistas eran un peligro. Con todo el malestar de Franco, tuvieron que pasar dos años para que el Papa se alejara de la República y mandara un nuncio a Franco. Este lo tomó como un gran éxito, pero nunca se lo perdonó al Vaticano. Jamás se fiaría de ellos y cuando en los años 60 se generó un movimiento de sacerdotes en contra de la dictadura, supo que sus quejas ante la Santa Sede nunca serían atendidas completamente. La diplomacia vaticana era algo que empezó a repeler antes de ganar la guerra. FERNANDO RUEDA, uno de los periodistas de investigación más respetados del país, es una de las voces más importantes del programa La rosa de los vientos de Onda Cero. Autor de más de una decena de libros, el último de sus trabajos es El Dosier del Rey (Roca).

la primera vez que la ESHE se reúne en España. Los encuentros se realizan anualmente desde 2011 y las sedes anteriores han sido Leipzig, Burdeos, Viena y Florencia, mientras que la pasada edición se celebró en el Museo Británico de Londres.

El violinista Los Amigos del Museo Nacional de Arte de Cataluña han puesto en marcha una elogiable campaña de micromecenazgo para recaudar los fondos que permitan restaurar El violinista, una escultura que Pablo Gargallo realizó con un alma de madera recubierta de plomo. El objetivo es alcanzar hasta el próximo 30 de junio 46.000 euros a través de distintos cauces. El violinista fue retirada de la colección permanente del museo por su ostensible deterioro, fruto de los materiales que corroían la pieza.


¿Sabías que... y además que...

.. al día siguiente de dejar la presidencia del Gobierno, Juan Carlos I nombró marqués a Arias Navarro? ... la agencia EFE fue fundada por Ramón Serrano Suñer? ... en el siglo XVIII una ley en Bilbao castigaba la ingratitud de sus ciudadanos? el Palace de Madrid se construyó sobre el solar del palacio de los Duques de Medinaceli? Góngora llegó a ser capellán personal de Felipe III? LOS VÍNCULOS eclesiásticos de Luis de Góngora tienen su origen en su tío materno Francisco, que era racionero (canónigo con derecho a ración en una catedral) de la catedral de Córdoba, cargo que traspasó a su sobrino cuando este contaba 14 años de edad, por lo que asumió órdenes de tipo menor. En su juventud fue amonestado por el obispo Pacheco de Córdoba “por acudir pocas veces al coro y por charlar en él”. Además, los clérigos tenían vetado asistir a corridas de toros, a las que Góngora era muy aficionado. Durante una estancia en Valladolid, donde se había trasladado la corte, trabó amistad con el duque de Lerma, valido de Felipe III, y por mediación suya el monarca lo nombró capellán personal en 1617, para lo cual tuvo que ordenarse sacerdote a la edad de 55 años. Góngora vivió en la Corte hasta 1626, si bien sus últimos años allí no fueron fáciles ya que, tras la muerte de su benefactor, el nuevo hombre fuerte del reino, el condeduque de Olivares, no le hizo el menor caso y favoreció a sus enemigos Quevedo y Lope de Vega. No obstante, el cordobés contaba con el apoyo del conde de Villamediana y el humanista Pedro de Valencia. Tras arruinarse comprando cargos y prebendas para sus familiares, se retiró a su Córdoba natal, donde murió de una apoplejía en 1627. Su figura no fue reivindicada como merecía hasta 400 años después por la llamada Generación del 27.

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A PRINCIPIOS del siglo XX, Madrid no contaba con hoteles de categoría y Alfonso XIII, consciente de la carencia, propuso al empresario belga George Marquet la construcción de un hotel de lujo en la capital al estilo del recientemente inaugurado Ritz. Aprovechando que unos años antes se había derribado el palacio ducal de Medinaceli –frente al de Villahermosa, actual sede del Thyssen-Bornemisza–, las obras comenzaron en este solar en 1911, dirigidas por el arquitecto Eduard Ferrés i Puig, que se inspiró en otros hoteles de capitales europeas, principalmente el Palace de Bruselas. Las obras contaron con un presupuesto de 15 millones de pesetas y se prolongaron poco más de un año hasta septiembre de 1912. Durante la Primera Guerra Mundial, sus habitaciones fueron ocupadas por numerosas personalidades de la alta sociedad europea. Unos años después fueron asiduos de la cafetería del hotel algunos genios de la Residencia de Estudiantes como Dalí, García Lorca o Buñuel, y nada más estallar la Guerra Civil su primera planta fue ocupada por la embajada de la Unión Soviética en Madrid, antes convertirse en hospital de campaña.


a Miguel de Molina le dio una paliza por homosexual un futuro alcalde de Madrid? EL RÉGIMEN del general Franco en España no toleraba bajo ningún concepto la homosexualidad que, de hecho, fue tipificada como delito en la Ley de Vagos y Maleantes en 1954. Uno de los artistas más conocidos de la España de los años 30, Miguel de Molina, que interpretó temas como Ojos verdes o La bien pagá, sufrió en sus propias carnes la persecución por su condición homosexual y su pasado republicano, cuando un grupo de tres falangistas, que se hicieron pasar por policías, le propinaron una paliza, lo que le llevó a exiliarse en Argentina en 1942. Años más tarde, una vez restaurada la democracia, Miguel de Molina identificó a dos de sus agresores: José Finat y Escrivá de Romaní, conde de Mayalde, que fue alcalde de Madrid en los años 50; y Sancho Dávila, primo de José Antonio Primo de Rivera.

Cervantes tuvo una hija ilegítima? DESPUÉS de que Cervantes fuera liberado de Argel, volvió a España en 1580 y, tras un tiempo en Lisboa y Orán, llegó en 1581 a Madrid. Aquí, como toda personalidad que aspiraba a hacerse un nombre, acudía a las gradas de San Felipe y al mentidero de la Villa, en cuyas inmediaciones había varias tabernas. Una de ellas, en la calle Tudescos, estaba regentada por Ana Villafranca de Rojas, una joven de 17 años que se acababa de casar con el asturiano Alonso Rodríguez, tratante de ganados en el Rastro. No tardó en saltar la chispa amorosa entre el escritor y la posadera, sin que la diferencia de edad –él tenía 34– fuera impedimento. Fruto de esta relación nació el 9 de abril de 1584 una niña, Isabel, que fue bautizada en la antigua parroquia de Justo y Pastor. La pequeña fue reconocida como hija de Alonso Rodríguez, y Cervantes se desentendió de ella y marchó a Esquivias (Toledo), donde unos meses después casó con Catalina de Salazar. La madre de Isabel murió en 1598 a los 34 años de edad y su padre diez años antes, cuando Isabel contaba solo cuatro años. No está claro si la familia de Cervantes estaba al corriente de las andanzas del escritor en la capital pero su hermana Magdalena sí era conocedora de esta hija y se hizo cargo de ella. El padre de El Quijote se vio obligado entonces a reconocer a su hija, dándole el apellido Saavedra. Isabel tendría también una hija fuera del matrimonio con Juan de Urbina, y en 1608 se vio obligada a casarse con Diego Sanz del Águila para “legalizarla”, siendo su padre Miguel el padrino de la boda. Finalmente, Isabel murió en 1652 a los 68 años de edad y fue enterrada en la iglesia de San Martín junto con su madre Ana Villafranca, su padre adoptivo, Alonso Rodríguez, y Leonor Cortinas, madre de Cervantes. Fue la única hija del escritor, ya que con su esposa no tuvo descendencia, si bien puede que tuviera un varón en Nápoles llamado Promontorio.

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Historia contemporánea

El rey Juan Carlos fue apoyado desde Estados Unidos como sucesor de Franco

El Elegido Tras su abdicación, la figura del rey Juan Carlos I está en revisión. Gracias a la CIA alcanzó el poder en España. En Washington decidieron su futuro. Mientras, el elegido por la Casa Blanca se convirtió en una suerte de espía de los agentes americanos que decidieron que él tenía que ser el sucesor de Franco. En este reportaje os presentamos la crónica de cómo la CIA quiso controlar a España a través del Rey. Es uno de los asuntos en los que se basa el nuevo libro de Fernando Rueda, El dosier del Rey, que ha investigado este episodio y en donde cuenta algunas cosas que harían palidecer a quienes quisieron escribir esta parte de la historia reciente. Sin embargo, sólo son escribas… La verdad está ahí fuera. O en los papeles. FERNANDO RUEDA

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iene casi 20 años y ya está cansado de soñar, pero tras la frontera está su hogar, su mundo y su ciudad. Piensa que la alambrada solo es un trozo de metal, algo que nunca puede detener sus ansia de volar. Libre, como el sol cuando amanece, yo soy libre, como el mar…”. El guía les cuenta a los españoles que lleva a visitar los restos del Muro de Berlín que la famosa canción Libre, del fallecido Nino Bravo, estaba dedicada a Peter Fachter, el primer joven de Alemania Oriental que perdió su vida tratando de huir desde el Berlín comunista hacia el controlado por las potencias occidentales que habían ganado la Segunda

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Guerra Mundial. Se desangró en terreno neutral, sin que los soldados de ambos lados hicieran nada por ayudarle, pese a sus gritos desgarradores. Corría el año 1962 y lo que los españoles de aquella época desconocían era que su país no solo no era ajeno a la Guerra Fría en la que combatía Europa, sino que jugaba ocultamente un papel trascendental. Fue el pago que Francisco Franco hizo encantado con tal de conseguir sacar al país del aislamiento. La derrota de Hitler en la Segunda Guerra Mundial acarreó que en 1946 la ONU recomendara a sus Estados miembros retirar los embajadores, lo que supuso un bloqueo diplomático y económico que convirtió en crítica la situación. Franco lo resolvía todo con manifestaciones de


La foto está tomada el 19 de diciembre de 1973. Kissinger vino a España y fue recibido por el príncipe Juan Carlos; detrás de ellos, los “vigila” el embajador de EE.UU. en España Wells Stabler.

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Historia contemporánea

A la izquierda, Don Juan con su hijo. Bajo estas líneas, el príncipe con Franco.

apoyo al régimen en la Plaza de Oriente, con una utilidad nula. Todo cambió un año después. El enfrentamiento entre los dos bloques iba visualizándose y la URSS quiso tomar medidas concretas, pero Estados Unidos lo frenó, porque España les resultaba imprescindible para hacer frente a su enemigo comunista. Previamente, en 1950 los estadounidenses nombraron embajador en España para comenzar a hablar directamente de lo que quería Estados Unidos y lo que necesitaba España, país en el que nada de lo que sucedía en el mundo parecía afectarle. Los enfrentamientos en la Alemania dividida estaban muy lejos. La Guerra de Corea no la sentíamos ni por proximidad, igual que la crisis de los misiles de Cuba de 1962 o la guerra de Vietnam de unos años después. Nunca se contó, siempre se alegó ignorancia, pero es complicado de creer que el gobierno franquista desconociera que España se había convertido por tierra, mar y aire en uno de los principales espacios utilizado por aviones y barcos nucleares de Estados Unidos. Esa presencia de bases y armas estadounidenses hizo que la URSS incluyera entre sus listados de objetivos a bombardear en caso de un conflicto nuclear a diversas localidades de la geografía española, según probaron planes obtenidos por la inteligencia occidental. Era la prueba de que los soviéticos sabían que España era un bastión importante de sus enemigos. Y LA CIA TOMA POSESIÓN DE ESPAÑA Al mismo tiempo que llegaban los uniformados americanos a España, lo

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En los años 60 la CIA tuvo una información única sobre lo que pasaba en el interior de España gracias a una tupida red de agentes hacían centenares de agentes de la CIA. Desde el acuerdo de 1953, los “ciáticos”, como se les conoce desde aquella época, hacían lo que querían y mandaban sobre todos aquellos temas que les interesaban. España era su territorio, una especie de república bananera. De hecho, asumieron inmediatamente el control de la persecución de los comunistas y de todo lo que pudiera oler a simpatizante de la URSS o colaborador de la KGB.

Juan Carlos y Sofía con el presidente Kennedy en 1962.

A partir de 1954, llegaron a España diversos buques, como el Semiramis o el Crimea, que a lo largo de los siguientes años repatriarían a españoles que estaban presos en la URSS o a los conocidos “Niños de la guerra”. La CIA montó un dispositivo para investigar a cada uno de los miles que retornaban, asumiendo el mando, pagando los gastos e impartiendo órdenes a la Policía y a los espías españoles. Hasta tal punto, que el jefe de estación de los ciáticos ocupa un


despacho en la sede de la Contrainteligencia, que debía ser un terreno vedado para ellos, porque su misión era precisamente evitar que espiaran en España. Además, les pagan un sobresueldo, algo que ahora supondría la detención de cualquier agente español. Este mismo control lo llevaron a cabo con las Fuerzas Armadas. Captaron a militares españoles a los que ofrecieron cursos en unidades de élite estadounidenses y consiguieron que poco a poco los ejercicios castrenses se dedicaran a prever la reacción de las tropas ante la invasión del territorio por fuerzas del Pacto de Varsovia. Es decir, los militares españoles se integraron, sin ser miembros, en las fuerzas de la OTAN que luchaban en la Guerra Fría. Entrados los años 60, la CIA tuvo una información única sobre lo que pasaba en el interior de España. Sabían que se estaban organizando movimientos políticos y sindicales, en los que disponían de colaboradores que les informaban. Eran parte de una tupida red, que algunos consideraron que superaban el número de mil, llena de personas influyentes en la vida política, económica y cultural, con los que mantuvieron muy buenas relaciones. En esos años, comenzaron a poner un énfasis especial en controlar el tejido político, no solo el vinculado al franquismo, sino también el de la oposición. La Administración estadounidense consideraba a España vital para sus intereses estratégicos y no deseaba que cambiara su estatus, para lo que estaban dispuestos a hacer cualquier cosa. Establecieron contactos con todas las fuerzas políticas que se iban estableciendo, menos con los comunistas, a los que vigilaban pero a quienes se juramentan para que en el futuro nunca entraran en la vida política española. CONTROLAR LA TRANSICIÓN Este control les permitió afrontar el inicio de los años 70 con la convicción de que Franco no duraría mucho y era necesario establecer los mecanismos para que hubiera un cambio político que respetara sus intereses creados. La Guerra Fría seguía vigente y España era imprescindible como retaguardia frente a una invasión soviética de Europa. Vernon Walters, que llegaría a ser director adjunto de la CIA, era el hombre de confianza del presidente Richard Nixon para España y a quien le encargó la misión. Walter se reunió con el propio Franco, a quien tuvo las narices de hablar de su muerte y de la necesidad de evitar una revolución.

El autor de El dosier del rey posa sonriente en el muro de Berlín.

El dosier del Rey EN LA MADRILEÑA CALLE DE MENÉNDEZ PELAYO, en pleno centro de la ciudad, hay un edificio elegante, similar a los que le rodean, con vistas al parque de El Retiro. Allí, en el número 49, se escribió una parte muy importante de la historia de España durante la época de Franco y la Transición. La Contrainteligencia, la sección del espionaje dedicada a impedir que espías enemigos actúen en suelo español contra los intereses nacionales, tuvo su sede allí, en la planta baja del edificio. En una puerta con la leyenda “Comisión de estudios” tiene lugar una parte importante de la trama de la nueva novela de Fernando Rueda, El dosier del Rey (Roca Editorial) que ocurre en 1980, una etapa convulsa de la historia de España. Los españoles viven intensamente un cambio político plagado de conflictos, que mantienen el foco alejado de una conflictiva realidad: Estados Unidos y sus aliados –entre los que se encuentra España– combaten encarnizadamente contra sus enemigos de la URSS y el Pacto de Varsovia. Las calles de la ciudad son el escenario de la Guerra Fría, en la que el espionaje español, controlado por militares, actúa demasiado pendiente de los intereses de la CIA, un servicio del que depende hasta niveles insospechados. ETA ha decidido no asesinar durante las primeras elecciones al Parlamento vasco. Mikel Lejarza, El Lobo, tiene que cumplir una

El dossier del Rey FERNANDO RUEDA ROCA EDITORIAL. BARCELONA (2016). 320 PÁGS. 17,90 €.

misión para la Contrainteligencia encargada por la CIA: descubrir la doble vida de una alemana sospechosa de trabajar para la KGB. Pronto comprenderá que en el mundo de las alcantarillas y el espionaje entre servicios secretos nada ni nadie es lo que parece. Paralelamente a su trabajo, en la sede de Menéndez Pelayo se produce un robo de documentos. Allí se guarda el Archivo Jano, elaborado durante el franquismo y actualizado durante la Transición, objetivo de la penetración clandestina. Las investigaciones llevan a concluir que los ladrones han fotografiado un dosier sobre el Rey, elaborado mientras era Príncipe, en el que están los informes del servicio secreto español sobre cómo Estados Unidos y la CIA impulsaron a Juan Carlos para conseguir el trono y alguna de las contraprestaciones que hizo a cambio de ello. Fernando Rueda ha escrito una novela de ficción de ese mundo del espionaje que tan bien conoce, basándose en hechos históricos reales de lo que ocurrió en esos años trascendentales en las alcantarillas del poder en España.

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Historia contemporánea

“El amigo americano” manejó los hijos de la política española desde los años cincuenta. De izquierda a derecha, Franco, el presidente de Estados Unidos, Gerald Ford, y Kissinger.

Kissinger, a la sazón secretario de Estado, saluda al príncipe Juan Carlos bajo la mirada de Wells Stabler.

Estados Unidos apoyaba al príncipe Juan Carlos como sucesor, ya que le consideraba un político próximo a sus intereses Estados Unidos apoyaba abiertamente al príncipe Juan Carlos como sucesor ya que le consideraba un político próximo a sus intereses. De ahí, el muñidor fue a hablar con el vicepresidente Carrero Blanco, con el que establece los mecanismos para que los servicios secretos de los dos países se coordinen para llevar a cabo la Transición de la manera más segura para ambas partes. Nada debe impedir que Juan Carlos suceda a Franco. Planes como el de la “Operación Tránsito”, que establecía cómo tenía que actuar el nuevo Rey tras la muerte del dictador, son elaborados por los espías del SECED, pero supervisados por la CIA. En 1973 se produjo el asesinato del presidente del Gobierno, Luis Carrero Blanco, por una bomba colocada por ETA. La autoría está clara, lo que no lo está tanto es la identidad de la persona que facilita los datos sobre las vulnerabilidades de Carrero a los terroristas. Ni por qué la embajada de Estados Unidos, siempre tan segura, no descubrió que en las cercanías de su edificio se estuvo cavando un túnel durante semanas para ejecutar el atentado. Otro hecho histórico ocurrió en 1975, pocos meses antes de que se iniciara la Transición. Aprovechándose de la enfermedad terminal de Franco, Marruecos

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organizó la “Marcha Verde”, reclamando el Sahara como territorio propio. Documentos posteriormente desclasificados muestran cómo Estados Unidos, el amigo de España, fue el organizador de una operación ejecutada por el omnipresente Vernon Walter. Un correo del secretario de Estado Henry Kissinger a Hassan dice: “Laissa podrá andar perfectamente dentro de dos meses. Él la ayudará en todo” (“Laissa” es la Marcha Verde y “Él” es Estados Unidos). La clave está de nuevo en la Guerra Fría. En Portugal se ha producido el levantamiento militar contra la dictadura,

conocido como la Revolución de los Claveles, y España está a las puertas de un cambio político, ciertamente planificado, pero susceptible de descontrolarse en el último momento. Además, al otro lado del Estrecho, en el Magreb, Argelia está en la órbita de la URSS, por lo que Estados Unidos no ve clara la estabilidad en la zona. Por eso, aprovecha la debilidad política del franquismo para cambiar de manos el Sahara y entregárselo a su fiel aliado Hassan II, con quien Vernon Walters tiene una fenomenal relación personal. El todavía príncipe Juan Carlos necesita garantizarse el apoyo americano en el proceso que se inicia y tiene que ceder en sus pretensiones. La alternativa, apostar por la guerra, no le parece válida. Piensa que para su futuro y el de España es mejor estar del lado estadounidense. Los pasos a dar, según alguna fuente, los negocia con

Una foto de 2007 en la que el Rey, ya maduro, recibe en el Palacio Real a Gadafi, todavía líder libio.


el omnipresente Walters, el fontanero de la CIA. Las ventajas de esa y otras cesiones llegarán pronto. La primera visita que realiza al extranjero el nuevo Rey, tras el fallecimiento de Franco el 20 de noviembre de 1975, fue a Estados Unidos, donde consiguió el apoyo de la primera democracia mundial. Al año siguiente vendría el cambio de estatus de la relación de los dos países con la firma de un Tratado de Amistad y Cooperación, que no llegaba hasta donde España pretendía, pero suponía dejar de ser un aliado de tercera división e iniciar el camino del respeto mutuo. COTO A SU LIBERTAD DE ACCIÓN En las relaciones en el interior de España hubo pocos cambios. La CIA seguía controlando los resortes de la política infiltrada en todos los ámbitos influyentes. Mantenían su influencia en las Fuerzas Armadas y tenían al servicio secreto a sus órdenes, al menos en las áreas que les interesaban. La Guerra Fría seguía en su apogeo por lo que mantenían su obsesión en contra de la presencia de los comunistas en la vida política española. Hicieron todo lo que estuvo en sus manos, que era mucho, para evitar la legalización del Partido Comunista de Santiago Carrillo. Presionaron en los estamentos que debían impulsar esa legalización. La CIA informaba de sus actividades en el interior y del regreso de los viejos líderes, lo que movió al embajador Wells Stabler a presionar al Rey y a los principales miembros del gobierno de Suárez. Todos sus interlocutores le aseguraron con energía que los comunistas no tenían hueco en España. Fue la primera vez que los políticos engañaron abiertamente a Estados Unidos. En abril de 1977 fueron legalizados; la Transición no habría sido posible sin ellos. El control estadounidense sobre España siguió todavía durante unos años. La División de Contrainteligencia del CESID, creado en 1977, siguió cuidando sus intereses, y la CIA se siguió moviendo con libertad. El intento de golpe de Estado del 23-F demostró que Estados Unidos estaba al tanto de todo. Sin su visto bueno nada se habría llevado a cabo, lo que quedó demostrado con la visita que el jefe de la unidad operativa, José Luis Cortina, realizó al embajador estadounidense unos días antes del golpe.

Vernon Walters y el político alemán Wolfgang Schäuble en una fotografía tomada en 1991.

Vernon Walters: el amigo americano FUE UNO DE LOS HOMBRES más poderosos del siglo XX. Tras la Segunda Guerra Mundial se convirtió en el asesor de siete presidentes de Estados Unidos y en uno de los hombres más decisivos en la historia del planeta. Cuando en 1972 fue nombrado director de la CIA ya había sido quien dictó cómo debían suceder las cosas en el mundo. Como se mantuvo en el cargo durante cuatro años pudo tener libertad de acción para diseñar el futuro de España. Desde los tiempos de Kennedy, la figura de Juan Carlos fue arropada por cada uno de los mandatarios para llevarlo al poder tras Franco quien, sin embargo, estuvo más tiempo del previsto. Finalmente, el dictador murió, y se tejió la red encabezada por Walters y que tenía a Henry Kissiger, entonces Secretario de Estado, como hombre fuerte de la política internacional. En España era embajador Wells Stabler, que dejó constancia en sus documentos de los problemas del futuro Rey debido a su estilo de vida y a su poca discrección: “Es esencial que yo pueda conservar la confianza en el príncipe y que tus contactos con el príncipe sean tratados con la mayor discreción”, escribió a Kissinger.

La “Operación Tránsito”, que reglaba la actuación del nuevo Rey tras la muerte de Franco, fue supervisada por la CIA Hubo que esperar a 1984 a que la relación empezara a cambiar. Ya habían sido expulsados dos agentes de la CIA que habían intentado colocar micrófonos en el palacio de la Moncloa para “escuchar” la conversación del presidente Felipe González con el ministro de Asuntos Exteriores de la URSS, Andrei Gromyko, de visita a España. Ese año, la CIA montó la “Operación Gino” para investigar al vicepresidente Alfonso Guerra, que incluía la colocación de micrófonos en la casa de una amiga.

La investigación fue llevada por la unidad operativa, dirigida por Alberto Perote, al margen de la División de Contrainteligencia, que debía haber sido la responsable. Cuando les pillaron con la mano en la masa, los amigos de los americanos intentaron aparcar el tema, pero Perote se negó y el CESID informó al Gobierno. Toda la cúpula de la CIA fue expulsada 31 años después de que conquistaran España con la firma de un acuerdo con Franco. Acababa oficialmente su colonialismo. ■

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Historia contemporánea

Documentos para la verdad Necesitaremos una vida para revisar los miles de documentos que han visto la luz en los últimos tiempos y que sirven para volver a escribir parte del siglo XX en España. Las filtraciones de Wikileaks, la aparición de las cartas de Don Juan o los archivos de Henry Kissinger son algunos de estos escritos. En ellos se ve que no todo es como nos contaron…

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esde el papel de la Casa Real durante la Guerra Civil hasta las relaciones entre Juan Carlos I y su padre Don Juan pasando por la decisión de Estados Unidos de apoyar al entonces príncipe para liderar la Transición, estos informes son incómodos para todos. Y es que a todos se les han levantado las faldas… y ninguno dijo toda la verdad. En ellos se señala que hasta el día de hoy –y desde hace más de medio siglo– ministros, presidentes y reyes han estado en contacto con la Casa Blanca, que disponía de todos los códigos y posibilidades –24 horas al día– de influir en la política de Madrid. Estos documentos comienzan en la época de la Guerra Civil y llegan hasta el día de hoy. La última alusión al rey Juan Carlos dice que “habló por muchos” cuando le espetó a Hugo Chávez aquella famosa frase en la XVII Cumbre Iberoamericana: “¿Por qué no te callas”. Sin embargo los papeles demuestran que poco a poco fueron erosionándose las relaciones entre la Casa Blanca y el Rey… Esto es lo que dicen algunos de estos documentos.

—La Casa Real en la Guerra Civil— CUANDO SE PROCLA MÓ LA SEGUNDA RE PÚBLICA, Alfonso el abuelo de Juan XIII, Carlos I, abdicó . La monarquía –e el exilio– no tu n vo dudas en posi cionarse del lado Franco en la Guer de ra Civil. De hech o, los realistas tuvieron una deci siva participació n en el triunfo Franco. Eran mome de ntos en los que ex istía una luna de miel entre ambos sectores, aunque ese idilio se ro pió a medida que mse extendía el go bi erno de Franco si que los monárqui n cos tuvieran cont raprestación algu Y aunque tradicio na . nalmente se ha di cho que había op ción entre ambos osigrupos de poder, lo cierto es que cartas de los mi las embros de la Casa Real muestran ot realidad. ra “Cuando la guerra en España tenía un carácter de lu interna, he inte cha ntado formar part e de ella… Actual te, la lucha pare me nce tomar aspecto de una guerra co enemigos exterior ntra es… Yo me incorp oraría directamen y desde luego le te empeño mi palabr a de que no reci ría ni aun a mis biamigos personales … Con mis votos fervientes porque más Dios le ayude en la noble empresa de salvar a España, le ruego acepte el testim onio del respeto con que se reitera a sus órdenes y muy af ectuosamente” (c ar ta de Juan de Borbón a Franco en 1939 ). “A sus órdenes, como siempre, pa ra cooperar en lo qu e de mí dependa a esta difícil ta rea, seguro que triunfará y de qu e llevará a España hasta el fi nal por el camino de la gloria y la grandeza que todos anhelamos” (telegrama de Alfonso XIII a Fr anco en 1939).

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—Las relaciones con Don Juan— LAS COSAS NO FUER ON TAN BIEN entr e padre e hijo. Los documentos, al menos los que es tán fechados a partir de la dé cada de los 60, muestran que el padre –Don Juan– era más crítico co n el poder y su reinado hubier a sido más crític o con la dictadura y el pasado , pese a que inic ia lmente no fue así. Al otro lado del Atlántico qu erían un tránsito suave –al me nos en apariencia – y para ello era mejor favore cer la opción de l príncipe Juan Carlos, que mant enía más cercanía con algunos personajes import antes del régime n. Algunos de esos documentos decían que Don Ju an era más “liberal” –en el se ntido norteameri ca no, es decir, que era más prog resista– que su hijo. “Algunos observad ores pensarán que don Ju an buscará, tras la desapari ción de Franco, regresar de Portugal para vivir pe rmanentemente en España, algo que muchos sectores del régimen ven con cier ta animadversión. Si esos sectores considerasen que don Juan Carlos está exce sivamente influenciado por su padre, esto podr ía causar una situación mu y embarazosa y, tal vez, graves problemas para do n Juan Carlos” (Horacio Rivero, embajador de Esta dos Unidos en España ).

—Esperar a la muerte de Franco— A MEDIDA QUE LA MUERTE DE FRANCO se acercaba –de hecho, los americanos le dieron por muerto en varias ocasiones–, los contactos se intensificaron entre los diferentes órganos de poder, pero en Washington se desautorizaron las voces que pedían mayor implicación. “La desaparición de Franco allana el camino para una era más esperanzadora, pero la desaparición de Juan Carlos abriría las puertas a una lucha de poder entre los comunistas y los extremistas de todos los colores jugarían un papel determinante. El interés de EE.UU. reside en empujar a que Juan Carlos dé un giro gradual, pero de manera decidida y no demasiado lenta, hacia la democratización. Debemos darle el apoyo que claramente está pidiendo. Jugará un papel estabilizador y de apoyo” (Well Stabler, embajador de Estados Unidos en España). “Es muy importante hacer énfasis en las posibilidades que se abren ahora para Occidente y hay que alentar la idea de que la moderación gobernará España, que es la puerta del Mediterráneo, así como las instituciones democráticas” (en los documentos de Henry Kissinger).

ión—

ransic T a l a par Elegido

cabara CO se a N A R F E D — ÉGIMEN , Juan UE EL R onocido Q c A n Í a R h E creía. e QU que se s que s RLOS I o o A t l C i r e N c d A s U n J os e cambio uietó e Según l por el ido inq a p s á i r r pronto. n p s o á ás iendo c fuera m tenía m ue sint e todo f u Carlos q s puede o e l d r n Ca a. Eso idad a s s u r e J e c v e e e n p c ci vi mentos Esa El prín dor. Y os docu a l . t n c n o i e t d g n n Washi nco por el aparece que Fra rechazo os que a i d s r i o a d ñ t e a n m e ¿Fue a om los pañola. e los c e mayor s d u e f e a s o c r t i i n t e bos? deduc la polí alejami ró a am n a e e p s e E s s o . i e s olución qu amb secreto a de ev der lo había c t o l p o a n f l e y a l or ario ía ión por lucha p ás prec envejec c m a a p l y u c o l o é logía ual pre a). endría la ideo u habit n Españ valor t s e r ó s o r o n t d e s i m dos Un rlos mo sición de Esta Juan Ca la Tran r e o e p d s i a a c j d n a r í b más ta “El pr mo” (em cuanto ranquis … f a t ñ s a o p p s en E ario de l escen e a í r e s

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Tema del mes

Los mitos (y la realidad) de la tolerancia

¿Enemigos? ¿Paraíso o infierno? Durante ocho siglos, judíos, cristianos y musulmanes compartieron destino. La convivencia entre credos fue considerada una gran oportunidad para algunos y una irritante opción para otros. Los árabes llegaron a España en una invasión que finalizó tras ocho siglos de ocupación, pero tuvieron que convivir con quienes no creían lo mismo que ellos. ¿Cuál es el verdadero rostro de los invasores? ¿Eran tolerantes? JUAN JOSÉ SÁNCHEZ-ORO

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n 1492 los judíos fueron expulsados de la península Ibérica por los Reyes Católicos. Unas cuantas décadas después, en 1613, Felipe III expulsaría a los últimos moriscos. El cristianismo en su versión católica quedó como la única religión del reino de España. Sin embargo, es bien sabido que, anteriormente y durante unos ocho siglos, los devotos de Moisés, Jesucristo y Mahoma compartieron residencia en Al-Ándalus. Se ha escrito y discutido mucho acerca de aquellas centurias de coexistencia en el solar peninsular. Unos han idealizado el período hasta elevarlo a la categoría de ejemplo ideal de concordia entre culturas. Otros, en cambio, han puesto su empeño en derribar el mito y demostrar, con las fuentes históricas en la mano, que ni mucho menos la paz y la armonía fueron las señas de identidad de aquellos años. El debate continúa y, en verdad, la convivencia no fue perfecta. De hecho, hoy tampoco lo es ni mucho menos, así que difícilmente podemos reclamar a nuestros antepasados lo que nosotros mismos, con muchísima más experiencia y conocimiento

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social, político o histórico no somos capaces de procurarnos. Pese a todo, entre las sombras de aquellos siglos medievales, hubo algunos destellos donde brillaron la colaboración y respeto entre los tres credos. Fueron fogonazos efímeros donde se superaron las diferencias y tejieron alianzas, intercambios, solidaridades o se expresó una admiración mutua. Desafortunadamente, esos fulgores no pudieron generalizarse ni acabar con la animadversión. Siempre hubo poderosas razones políticas para extinguir cualquier rayo de esperanza, pero conviene rescatarlos del olvido como memoria ejemplar de lo que pudo haber sido y no fue. LOS PROTEGIDOS Cuando el Islam cruzó el estrecho de Gibraltar y derrotó al reino visigodo el año 711, en la Península residían dos comunidades religiosas: la cristiana, absolutamente mayoritaria, y una minoría judía, sometida y muy discriminada en los últimos tiempos. Por su parte, los musulmanes tenían una muy particular idea de la conversión ya que permitían la cohabitación entre diferentes credos hasta que, finalmente, una persona determinara

adoptar la fe de Mahoma. El Corán (II, 256) insistía en no imponer bajo coacción ni violencia el mensaje de Alá y las actas notariales andalusíes conservadas reflejan fórmulas de ingreso en la comunidad islámica donde explícitamente se requería que fueran adultos, sanos y libres quienes tomaran tal decisión. La ausencia de alguno de esos tres requisitos anulaba el proceso. Ni Moisés ni Jesucristo fueron vistos por los musulmanes como herejes o paganos. Todo lo contrario. Formaban parte de la misma cadena de profetas que había ido trasmitiendo las enseñanzas de Dios a los creyentes. La diferencia entre ellos y Mahoma radicaba en que este último había venido a clausurar el mensaje divino tras recibir el Corán a modo de enunciación final de la palabra de Alá y superior a cualquier otro texto revelado del pasado. En consecuencia y a ojos del Islam, cristianos y judíos no eran enemigos acérrimos ni infieles, sino gentes del Libro, por ser creyentes en la religión de Abraham, y dignos de ser “protegidos” o dimmíes a la espera de que aceptaran la buena nueva trasmitida por Mahoma. El problema residía entonces en cómo gestionar ese


La tendencia orientalista de la pintura de los siglos XIX y XX subrayaba el encuentro, y no tanto la divisiรณn, entre las culturas y religiones cristiana y musulmana.

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Tema del mes

Salida de la familia de Boabdil de la Alhambra, según la obra de Manuel Gómez-Moreno en el Museo de Bellas Artes de Granada.

Entre las sombras de aquellos siglos medievales, hubo algunos destellos donde brillaron la colaboración y el respeto tiempo de espera y habilitar la convivencia entre los diferentes credos. Pero el Corán también ofrecía una solución para esa complicada coyuntura: “¡Combatid contra quienes habiendo recibido la Escritura no creen en Dios ni en el último día, ni prohíben lo que Dios y Su enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que humillados, paguen el tributo directamente!”. En este versículo coránico o aleya vemos la mención a un tributo. Una tasa que sirvió como base fiscal para posibilitar la creación de un estatuto jurídico muy específico y aplicable solo a cristianos y judíos. Estas comunidades debían satisfacer el pago de ese impuesto llamado yizya, el cual gravaba a todos los adultos varones no-musulmanes residentes en un dominio musulmán. A cambio, las autoridades les protegían y permitían que siguieran practicando sus creencias bajo ciertas

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restricciones. Gracias también a dicha tributación, estos protegidos o dimmíes eludían la obligación de participar en el ejército islámico, un reclutamiento al que estaban llamados todos los varones adultos, libres y sanos residentes en territorio musulmán, siempre que dispusieran de determinados ingresos económicos. Durante algunos siglos, las tres religiones compartieron espacio y el día a día en numerosos núcleos habitados de Al-Andalus dentro de lo que podríamos calificar como un régimen de tolerancia discriminatoria. Y es que los dimmíes gozaban de relativa autonomía, siempre sometida a una condición de inferioridad jurídica frente a cualquier musulmán. No es menos cierto que judíos y cristianos poseían sus propias instituciones de autogobierno, administración, justicia y recaudación de impuestos. A menudo, solían vivir dentro

de un mismo ámbito físico de la localidad, aunque nada ni nadie les obligaba a ello. Parece, de hecho, que los judíos eran más gregarios y procuraban concentrarse tradicionalmente en su propio barrio o judería, mientras que los cristianos tendían más a la dispersión dentro de la urbe. Lo que no quita que hubiera excepciones como Triana, que constituyó el asentamiento característico de los mozárabes en Sevilla. A LA SOMBRA DEL PODER Una primera evidencia de la integración aflora al detectar la abundante presencia de miembros no musulmanes en los órganos y entornos gubernamentales. Naturalmente, los dimmíes siempre operaron al servicio de las autoridades musulmanas, pero ocupando puestos de relevancia en la vida política de sus reinos, lo que refleja que, lejos de ser despreciados, muchos fueron objeto de especial estima. Los ejemplos en este sentido se acumulan. Las élites cristiana y judía colaboraron estrechamente con el emirato y califato omeya actuando como traductores, embajadores o médicos personales de los mandatarios.


En tiempos del emir Muhammad (852886) ganaron notable reputación varios médicos cristianos cordobeses como Jalib b. Yazib b. Ruman, quien adquirió grandes riquezas y fincas en el desempeño de su profesión. Otro galeno cristiano, Ibn Maluka, disponía de treinta sillas a la puerta de su casa para que esperasen los pacientes como excelente indicador de su fama. Mientras que de Ishaq contaban grandes sanaciones y hechos admirables, además de ser padre, nada menos que de un visir o ministro del emir. De estas personalidades cristianas sabemos por autores árabes, los cuales no tuvieron ningún reparo en alabar los méritos de sus colegas no musulmanes. Otro cristiano, Rabí ibn Theodulf, fue elegido jefe de la guardia personal, mayordomo y privado del emir Al-Hakam I (796-822). Asimismo, cuando el califa al-Hakam II (961-976) quiso construir una biblioteca con miles de volúmenes procedentes de todos los lugares del mundo conocido, tampoco dudó en emplear a algunos traductores cristianos como el obispo de Córdoba Isa b. al-Mansur, el de Sevilla Ubayd Allah b. Qasim o el de Elvira Recemundo, en árabe, Rabí b. Zayd. En el ámbito de las relaciones exteriores y una vez concluida la batalla de SimancasAlhandega en 939, el califa envió al judío

El decreto de expulsión de los judíos de España –aquí según el cuadro de Emilio Sala– fue uno de los episodios más lamentables del reinado de los Reyes Católicos.

Acta para la conversión al Islam de un judío PARA CUALQUIER MUSULMÁN que se precie, su religión es la única verdadera y desea verla asumida por toda la Humanidad. Sin embargo, tal conversión no puede ser efectuada de cualquier manera, sino tras un proceso de convencimiento, reflexión carente de presiones y bajo plenas facultades físicas y mentales. Este procedimiento comedido queda patente en las actas andalusíes conservadas para ingresar en el Islam. El fragmento que a continuación se reproduce corresponde al formulario típico hecho por Ibn al-Attar en el siglo XI para que un judío rubricara su aceptación del mensaje de Mahoma. “Testifica Fulano (hijo de Fulano), el converso, por el testimonio de los testigos de este documento, estando sano de espíritu, con buena salud, en plenas facultades

mentales y con capacidad jurídica, que abandona la religión judía, rechazándola y abraza el Islam. […] La conversión se hace delante de Fulano (hijo de Fulano) de quien, si está a cargo de una judicatura, dirás: […], ‘de buen grado y tranquilamente, sin ser coaccionado ni tener temor y sin esperar ninguna recompensa’. Da testimonio del testimonio de Fulano (hijo de Fulano), el converso, contra él mismo, acerca de todo aquello que se ha hecho mención en este documento, después de que él ha reconocido haberlo entendido todo completamente y ha aceptado la obligación de todo ello, quien le reconoce y acaba de escucharlo de su boca. Si quiere podrás decir: aquel que lo conoce personalmente, estando él (converso) en el estado descrito. Todo esto se hace en el mes de tal, de tal año, y de este documento se redactan dos copias o más.

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Tema del mes

La huella genética UN EQUIPO DE CIENTÍFICOS compuesto por investigadores de la Universidad de Leicester (Reino Unido) y la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona analizó las trazas genéticas de la población española actual para ver su origen histórico. Los resultados publicados el año 2008 en American Journal of Human Genetics revelaron que alrededor del 10 % de los españoles del siglo XXI compartía características genéticas propias de los habitantes del norte de África y un 20% con los judíos sefarditas. Estos porcentajes podrían responder a la antigua coexistencia de tales comunidades en el solar peninsular. Aunque más llamativo fue detectar genética con características norteafricanas especialmente al norte del Duero en comparación con las áreas más septentrionales. El motivo podría encontrarse en que los principales grupos de moriscos fueron desplazados al noroeste de Castilla desde su ubicación granadina original para desactivar su rebelión en el siglo XVI. En consecuencia, provincias como Salamanca contarían hoy día con más descendientes de aquellos moriscos exiliados a fuerza que las comarcas equivalentes de Andalucía.

Conviene recordar que tanto Moisés como Jesucristo nunca fueron vistos por los musulmanes como herejes o paganos Hasday b. Saprut a la corte de León al frente de una embajada en cuyo séquito iban los cristianos Abbas b. al-Mundhir, arzobispo de Sevilla, Yaqub b. Mahran, obispo de Pechina, y Abdalmalik b. Hassan, obispo de Elvira. Especialmente los judíos sobresalieron ocupando puestos administrativos importantes. El citado Hasday b. Saprut fue médico, visir y embajador del califa Abderramán III. Hasday, además, ejerció un considerable mecenazgo cultural sobre

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musulmanes y cristianos. Otro judío, Abu Bakr ibn Sadray disfrutó del cargo de secretario y visir para la taifa de Albarracín, gobernada por Abu Marwan. De Abu Bakr dijo el árabe al-Maqqari que fue “uno de los visires más extraordinarios de su tiempo” y “su poesía es más ligera que el céfiro y más fresca que el rocío”. Visir y secretario también fue Abu I-Fadl Hasday b. Yusuf b. Hasday para la taifa de Zaragoza, recibiendo grandes elogios por ello de autores

Ilustración de una familia morisca en el siglo XVI.

musulmanes. La poderosa taifa de Granada disfrutó igualmente en el siglo XI de dos visires judíos, Semuel b. Nagrella y su hijo. Poetas árabes les cantaron alabanzas sin rubor ninguno. Obviamente, unos nombramientos tan importantes como estos levantaron suspicacias, llegando a decir el régulo sucesor de Granada que Semuel “disfrutó a su antojo de todos los resortes del Estado” y “plebe y aristocracia estaban ya hartos de la perfidia de los judíos por las innovaciones que habían introducido, por los puestos que acaparaban, en contra de la tradición, y porque Dios tenía decretada ya su pérdida”. Esta reacción resultará sintomática de una atmósfera donde cualquier colaboración entre credos fue vista por muchos, desde dentro y fuera de su propia comunidad religiosa, como un acto de connivencia, debilidad y perversión de la fe. Quienes pretendían tender puentes entre culturas, navegaron siempre sobre aguas agitadas. LA GENTE CORRIENTE Entre las diferentes élites de poder a menudo hubo entendimiento y colaboración, siendo bien acogidas para la vida política y el entorno cortesano aquellas figuras más sobresalientes del judaísmo y cristianismo. Ahora bien, indagar en el día a día de los vecinos; en sus dinámicas


El rey Don Rodrigo arenga a sus tropas en la batalla de Guadalete, obra de Bernardo Blanco presente en el Museo del Prado (1871).

cotidianas; sus relaciones por los espacios públicos y privados, resulta una tarea mucho más difícil y, no obstante, es ahí donde detectaríamos la auténtica convivencia. Sin embargo, tal empeño no es del todo imposible y algunas pinceladas de lo que debieron ser aquellos siglos de cohabitación estrecha, protagonizadas por las gentes andalusíes más corrientes, nos han llegado a partir de fuentes aisladas. Por ejemplo, mediante las apelaciones que los guardianes de la fe musulmana pronunciaban para que se mantuvieran las distancias entre musulmanes y no musulmanes. Unos llamamientos que, por su reiteración, justamente, nos vienen a indicar que ocurría todo lo contrario de lo que las autoridades perseguían o exhortaban no hacer. Ab l-Hasan al-Qabisí (935-1012) recomendaba que “es mejor que no te asocies con alguien que profesa una religión diferente a la tuya. No hay inconveniente en que le hagas un favor a tu vecino si te lo pide y si lo que pide no es pecaminoso. No hay inconveniente si le respondes con palabras amables a condición

Judíos y cristianos consiguieron desenvolverse en Al-Andalus y tejer lazos con la sociedad islámica D E I B E R IA V I E JA

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Tema del mes

Quienes pretendían tender puentes entre culturas navegaron siempre sobre aguas agitadas de que no lo magnifiquen o coloquen en una posición superior a la suya, o que se sienta a gusto en su religión. Si te saluda (con el saludo ‘la paz sea contigo’) responderás sólo ‘y contigo’. No añadas nada. No hay provecho en interesarse por su salud o la de su familia. No te excedas o vayas demasiado lejos. Cumple lo que se debe dentro de unas buenas relaciones vecinales”. Paradójicamente, cuando las condiciones políticas del Estado musulmán se recrudecieron, será el instante en que asome esa otra cara más informal del entendimiento entre credos. Y el rostro que entonces se esboza resulta bastante más amable de lo que cabría esperar. Así, la llegada de los almorávides a Al-Ándalus en 1086 supuso la intensificación del rigorismo islámico. Los almorávides, procedentes del Norte de África, encarnaron una interpretación restrictiva y especial del Corán. Apostaron por una reforma religiosa sumamente puritana y contraria a cualquier relajamiento de las costumbres y doctrinas promulgadas por Mahoma. EL ACTIVISMO DEL ISLAM Los almorávides impusieron su nuevo orden moral y espiritual, para lo cual denunciaron aquel régimen de cosas vigente en las ciudades y pueblos que contravenía su ideología. Gracias a esas denuncias y críticas, hemos podido acceder a los comportamientos en uso de aquella sociedad multicultural. Uno de los principales activistas de ese nuevo orden fue el faquí andalusí Ibn Abi Randaq al-Turtusí (1059-1127), quien desaprobó la compra de turrones y frutas en la noche del 27 del Ramadán por tratarse de una costumbre practicada a imitación de los cristianos en Año Nuevo. Igualmente, alTurtusí reprendió la ingesta de almojábanas y buñuelos en la celebración del 24 de junio o al-’Ansara por ser también copia de una tradición cristiana. Finalmente, reprendió a las mujeres que acudían a los baños sin cubrir sus cabezas, pues esto resultaba

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Miniatura de las Maqamat de al-Hariri (siglo XIII) en la que un médico atiende a un hombre herido en la espalda.

Las bodas, ¿eran lícitas? UN MUSULMÁN podía casarse con una judía o una cristiana, pero no a la inversa; la descendencia de estos matrimonios mixtos, a todos los efectos, se consideraría musulmana; las compensaciones por los delitos de sangre se elevaban al doble en el caso de que la víctima fuera musulmana; además, los dimmíes tenían prohibido insultar u ofender al Islam o a Mahoma; celebrar sus ritos y procesiones en público o hacer proselitismo religioso entre musulmanes con intención de convertirlos.


Desmontando prejuicios ELTERRORISMO ES UNA PRÁCTICA DE violencia política que tiene su origen en Occidente durante el siglo XIX, auspiciada por los primeros grupos anarquistas. SÓLO DETERMINADOS GRUPOS minoritarios, violentos y radicales, reivindican la recuperación de los territorios andalusíes. La inmensa mayoría del Islam no manifiesta ninguna intención de conquista. Recuerdan Al-Ándalus como un admirable hito cultural de su pasado.

Hasday b. Saprut en la corte de Abderramán III.

propio de las “mujeres del Libro”, y pidió a los musulmanes que tampoco fueran a dichas instalaciones públicas acompañados de no creyentes. Todos estos casos sacan a la luz una sociedad plural que comparte gastronomía, gustos o modas en su nivel más popular y donde la identidad religiosa era vivida con ciertos grados de permeabilidad. Por su parte, el ulema sevillano Ibn Abdún escribió en el siglo XII un Tratado del buen gobierno del zoco en cuyo tenor no ahorró ningún epíteto vejatorio hacia

Avicena, ilustre médico persa.

cristianos y judíos. Ibn Abdún abominaba de que los musulmanes realizaran labores tales como asear letrinas, recoger basuras, dar masajes o cuidar los caballos para las otras gentes del Libro. También pidió a sus correligionarios que retiraran a judíos y cristianos su saludo típico “la paz sea contigo”, así como que dejaran de tocar las campanas en las iglesias, señal de que esta práctica de la liturgia pública cristiana se celebraba sin impedimento. Con enorme vehemencia, reprobó que las musulmanas entraran en las iglesias cuando celebraban alguna festividad cristiana porque “allí comen, beben y fornican con los clérigos, y no hay uno de ellos que no tenga dos o más de estas mujeres con que acostarse”. Al margen de esta última exageración interesada, lo cierto es que los templos cristianos podían ser frecuentados por

Preocupaba también la fascinación que las obras árabes ejercían sobre los cristianos

LA LLEGADA DE LOS MUSULMANES A la Península se produjo en el contexto de un enfrentamiento interno entre facciones visigodas. Los musulmanes acudieron como aliados de uno de los bandos y en su avance conquistador guerrearon, pero también pactaron el sometimiento pacífico de sus rivales en muchas ocasiones. EN EL CORÁN ABUNDAN LOS VERSÍCULOS en los que se postula y describe la igualdad de género y derecho entre hombres y mujeres. En ellos se apoyan muchos exégetas actuales para defender la equiparación entre sexos frente a otras lecturas acentuadamente discriminatorias. COMO CUALQUIER DEVOTO CONVENCIDO de sus creencias, los musulmanes entienden que su religión es la verdadera y aspiran a que todo el mundo se sume a dicha verdad. Sin embargo, el Corán postula que la fe islámica debe ser aceptada por convencimiento maduro y reflexivo, no por imposición o bajo coacción. EN ALGUNOS ESTADOS UNA DETERMINADA interpretación de la religión islámica es la norma por la que se rige la vida del país, pero en otros la religión permanece restringida a unos ámbitos públicos y privados específicos.

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Tema del mes

Bilingüismo OTRO DE LOS RASGOS distintivos donde la convivencia popular suele dejar su huella es en el empleo del idioma. El Al-Ándalus de las tres culturas llegó a manejar el latín, romance, árabe y hebreo. Los cristianos hablaban el latín y romance antes de que los musulmanes trajeran el árabe. Luego, éste quedó como lengua de prestigio en su versión clásica y la arabización se fue extendiendo, aunque el bilingüismo permaneció como seña de identidad de la población cristiana urbana durante mucho tiempo. El mencionado teólogo Alvaro de Córdoba alertó al respecto en el siglo IX quejándose de cómo sus correligionarios olvidaban el idioma, “de tal suerte, que apenas entre todos los cristianos se hallará uno entre mil que pueda razonablemente escribir a su hermano una carta familiar, y, por el contrario, hallaréis muchedumbre sin número que eruditamente declare la pompa de los vocablos caldeos, hasta el punto de componer versos arábigos más pulidos que los de nuestros opresores”. Corrobora esta impresión la existencia de algunos textos bilingües como la traducción del Libro de los Salmos hecha por Hafs B. Albar al-Qutí “el Godo” y el obispo de Córdoba Valencio hacia el año 889. Al siglo siguiente corresponde el llamado Calendario bilingüe de Córdoba que fusiona un almanaque astronómico árabe con el calendario litúrgico cristiano y fue elaborado por el obispo de Elvira a petición del príncipe al-Hákam, futuro califa. Simultáneamente, proliferaron las traducciones al árabe de los Evangelios, los Cánones de la Iglesia y se compusieron diccionarios latino-

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árabes. Por su parte, la comunidad judía preservó mejor el hebreo como lengua perfecta y sagrada, aunque tomaron métodos y conocimientos de lingüística árabe. Pero si abandonamos esta dimensión más culta del idioma, tropezamos con las jarchas. Unas composiciones poéticas realizadas en dialecto hispanoárabe común, que algunos investigadores asocian con los cristianos, pero que también cuentan con elementos tomados del hebreo. Estos breves fragmentos líricos ubicados al final de poemas cultos árabes constituyen la mejor evidencia de esa simbiosis idiomática fraguada por las tres comunidades andalusíes. En definitiva, la sociedad de Al-Ándalus, durante mucho tiempo, mantuvo dos almas. Una repleta de miedo y desconfianza hacia “el otro”, con el que guardaba las distancias y exaltaba las diferencias. Frente a la segunda alma dispuesta a indagar en aquel con quien se compartían espacios y apreciarle por cuanto hubiera de valioso en su forma de vivir o de pensar, aunque profesara una fe distinta. Desgraciadamente, la llegada de los almorávides y de los almohades al territorio musulmán, así como el avance de los reinos cristianos, incrementaron las sospechas y conflictividad entre credos. Las condiciones de vida para los dimmíes andalusíes empeoraron dramáticamente, ganando la partida el rigorismo, las acciones represivas o la deportación de poblaciones. Un deterioro sufrido no solo por cristianos y judíos, sino padecido también por la mayoría de los propios musulmanes.


Ibn Abdún no ahorró ningún epíteto vejatorio hacia cristianos y judíos, y abominaba de que los musulmanes realizaran labores para estos musulmanes con ocasión de las grandes celebraciones. Varios testimonios literarios así lo atestiguan. En 1075, el poeta de Guadix Abú ´Abdallah b. Haddad recordó en una de sus composiciones como, siendo adolescente, se enamoró de una joven cristiana y acudió a contemplarla a la iglesia. De igual manera actuó otro poeta en Córdoba, Ibn Suhayd, para observar a una dama cristiana durante la ceremonia desarrollada en el interior de otro templo. Todas estas condenas de situaciones concretas expuestas por Ibn Abdún, aunque estén trufadas de desprecio y propaganda, nos dejan entrever que los judíos, musulmanes y cristianos no vivían a espaldas unos de otros. Esta impresión se mantiene cuando el ulema sevillano continúa enumerando otros sucesos comunes que, a su juicio, debían erradicarse de una vez por todas. Por ejemplo, las atenciones médicas que galenos judíos o cristianos prestaban a los enfermos musulmanes. Del mismo modo, algunas reprobaciones demuestran que las transacciones económicas entre los creyentes de las tres religiones eran habituales. Conforme apunta el arabista y profesor de la Universidad de Huelva Alejandro García Sanjuan, “es lícito considerar que

las actitudes y comportamientos que [Ibn Abdún] trata de censurar en relación a los protegidos responden a la realidad de su medio circundante y que, en consecuencia, las situaciones implícitas en dichas prohibiciones se daban con amplitud y frecuencia en la Sevilla almorávide”. Añade este investigador que “al expresar su voluntad de segregar y separar a musulmanes y protegidos, Ibn Abdun nos está, en realidad, poniendo de manifiesto que dicha segregación no estaba en absoluto vigente en su propio medio social, la Sevilla almorávide”. ADMIRACIÓN En otro orden de cosas, Ibn Abdún también lanzó sus dardos críticos contra aquellos musulmanes que vendían tratados de ciencia y filosofía tanto a judíos como a cristianos “porque luego traducen los libros científicos y se los atribuyen a los suyos y a sus obispos”. Semejante acusación, como en los casos anteriores, refleja que hubo un fluir espontáneo de ideas entre las tres comunidades. De hecho, este reproche venía de antiguo porque, tres siglos antes, escuchamos una censura parecida aunque por boca de una autoridad eclesiástica. En el siglo IX, el teólogo Álvaro de

¿Enemigos o socios? No hay una verdad absoluta. A la postre, dependió de los hombres y de cada momento.

Interior de la mezquita de Córdoba por Gustavo Doré.

Córdoba manifestó su preocupación por la fascinación que causaban las obras árabes a los cristianos. Una admiración y curiosidad hacia las obras eruditas musulmanas que también era compartida por algunos creyentes judíos. El rabino, poeta y filósofo granadino Moseh b. Ezra en el siglo XII no tenía ningún reparo en afirmar que “a la hora de citar el Corán de los árabes, no siento la repugnancia consiguiente que adoptan algunos hipócritas de entre los sabios de nuestra comunidad en nuestro tiempo porque […] ‘Todo el que dice palabras sabias, incluso entre las naciones no judías, es llamado sabio’. Y lo que se aprende de sus palabras es el corazón de la ciencia y no la corteza de la forma”. En consecuencia, siempre hubo quien entendió la multiculturalidad de Al-Ándalus como una oportunidad para enriquecerse intelectualmente y no como una losa insoportable a eliminar cuanto antes. Los verdaderos amantes del saber no atendían a diferencias ni prejuicios religiosos. Preferían anteponer el valor de los pensamientos a la profesión de fe de quien los manifestaba. ■

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Made in Spain

Benito Loygorri

El primer piloto Ver volar a un aeroplano allá por 1910 era algo extremadamente novedoso, y si se trataba de contemplar varios a la vez, la cosa ya tomaba un aspecto muy serio. Comentaba el periodista encargado de la crónica, asombrado incluso al trazar lo que acababa de ver, que en presencia del rey Alfonso XIII, de la familia real y de un público numeroso, como también anonadado, los cielos de San Sebastián acababan de ser testigos de un destello del futuro que tuvo en Benito Loygorri un precursor de primer nivel ALEJANDRO POLANCO MASA

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a demostración en los cielos de San Sebastián había tenido lugar el mes anterior, pero seguía en boca de todos los espectadores. Dos aviadores franceses habían realizado diversas acrobacias sobre el Cantábrico y sobre la ciudad, pero lo que más llamó la atención fue ver volar a un joven, al que no dudaban en calificar como “principiante”, a bordo de su biplano tipo Farman.

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El protagonista del evento fue aquel chaval que llevaba la aviación en la sangre: el piloto vasco Benito Loygorri que, si bien era cierto que acababa de llegar al mundo del vuelo en aparatos más pesados que el aire, no parecía un neófito del vuelo, ni mucho menos. Tal y como comentaba el periodista de Vida Marítima: “Loygorri siempre consigue completo triunfo. El rey le condecoró por sus prodigiosos vuelos, entre los que merece especial mención el recorrido Biarritz-San Sebastián. Había abandonado Biarritz en un vuelo recto y decidido, y a los treinta y cinco minutos se presentaba en San Sebastián. Embocó la entrada de la bahía, dio una vuelta por la Concha, llegó al campo de Ondarreta y aterrizó sin novedad alguna. El público no sabía cómo expresar su admiración.” Hace tiempo, en estas mismas páginas, glosé la figura del genial Heraclio Alfaro, constructor del primer avión de fabricación española. Aquello sucedió en 1914, en plena fiebre de la aviación primitiva. Bien, aquella historia no está completa si no se recuerda a un pionero anterior, Loygorri, que cuatro años antes había logrado obtener la primera licencia de piloto de avión de nuestro país. Hay que reconocer que estos pioneros, y otros que les acompañaron en ese tiempo, tenían una audacia y un espíritu aventurero que parece haberse perdido en gran parte en nuestra época.

PASIÓN INFANTIL Benito Loygorri Pimentel nació en la francesa ciudad de Biarritz en septiembre de 1885 y falleció en Madrid en 1976. Lo más curioso de su historia como aviador, además de sus aventuras, se encuentra en que, a pesar de tener una larga vida, su carrera como piloto fue intensa pero muy breve. Avanzado el año 1910 había llegado la noticia a España: teníamos dos pilotos en nuestro país. Puede parecer algo nimio hoy día, pero entonces fue novedad muy comentada. Benito Loygorri, junto a Alfonso de Orleáns y de Borbón, habían conseguido un título oficial de piloto de avión en Francia, siendo además avalados por el Real Aero Club de España. Comenzó así una carrera llena de exhibiciones de vuelo para Loygorri que le llevó, por ejemplo, a realizar el vuelo con el que se inauguró en 1911 el aeródromo de Cuatro Vientos. De ese tiempo, recordaba ya en 1930 el teniente coronel Herrera, testigo de aquellas aventuras, lo arriesgado que era volar. Así lo plasmó el militar en la edición del 9 de mayo del mencionado año en la revista Nuevo Mundo: “En 1911 en Cuatro Vientos se establece la primera escuela de la aviación española. Los únicos pilotos hispanos, con títulos conseguidos en Francia, eran el Infante don Alfonso de Orleáns y Benito Loygorri. Nosotros volábamos con los aparatos de aquella escuela de las maneras más absurdas. No


El público aclama al piloto por su gesta.

se podía virar a la derecha sin jugarse la vida, y para ganar altura, para remontarse sobre la línea telegráfica, había que hacer un recorrido hasta Alcorcón…”. Benito había conseguido su licencia de vuelo unos días antes de que Alfonso de Orleáns consiguiera la suya. La licencia de la Federación Aeronáutica Internacional le llegó oficialmente el 30 de agosto de 1910. No dejó pasar siquiera horas hasta poder volar con su avión Farman. Su pasión por los aviones le venía desde niño. Se cuenta que había quedado “enganchado” al mundo del vuelo cuando vio volar a los hermanos Wright en sus exhibiciones en Francia. En aquellos años todo lo relacionado con esa nueva tecnología se desarrollaba a una velocidad increíble. Eran años en los cuales intentar llegar lejos con los primeros aviones era un sueño que se hacía realidad y se rompían marcas todos los días. Todo ese ambiente llevó a Loygorri a convertirse en ingeniero y, tras completar sus estudios, decidió ir en serio con su pasión. Voló en globo y comenzó a formarse como piloto en una escuela oficial cerca de Reims. Y

Benito Loygorri Pimentel nació en la francesa ciudad de Biarritz en septiembre de 1885 y falleció en Madrid en 1976

A los mandos de un biplano Sommer en Llerena (Badajoz).

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Made in Spain / Benito Loygorri

Farman, el veloz EN EL VERANO DE 1909 había tenido lugar en Reims la primera exhibición aeronáutica concebida como tal, y en ella el industrial del automóvil Henri Farman había presentado su avión capaz de realizar vuelos largos llevando incluso pasajeros. Convertido en afamado diseñador de aviones, Farman había dejado a todo el mundo asombrado al volar cerca de 180 kilómetros en unas tres horas de viaje. Días más tarde, como aquello parecía poco, logró superar los 230 kilómetros de vuelo en menos de cinco horas. La cosa tiene su miga, porque la mayor parte de los intentos de vuelo hasta entonces se limitaban a tímidos saltos, vuelos muy cortos, muchas veces sin giros. Farman construyó sencillos pero audaces aparatos, dotados de timones muy maniobrables y pensados para viajes que merecieran tal calificativo.

así, fruto de ese incontenible deseo por surcar los cielos en aquellas primitivas y peligrosas máquinas, el bueno de Benito acabó por convertirse en el primer piloto con licencia oficial de España, pero aquello sólo era un primer paso en una aventura de amplios horizontes. PRINCIPIANTE AVEZADO Y, ya que había obtenido su título de piloto volando con un avión de los fabricados por Henri Farman, un modelo con motor Gnôme de 50 CV, el siguiente paso lógico

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El piloto en la playa de San Sebastián sobre su Farman (1910).

Su aeroplano de la casa Farman fue el primero de los diversos aviones que el piloto adquirió para aquellas celebraciones aéreas era hacerse con un avión similar para realizar exhibiciones. Ahí es cuando llega la prueba aérea mencionada al comienzo de estas letras, la que tuvo lugar en San Sebastián. Por supuesto que Loygorri era un “principiante”, como escribía el periodista, pues apenas había pasado poco más de un mes desde que lograra su licencia de piloto pero eso no fue un obstáculo para que consiguiera superar a sus rivales, los franceses Tabuteau y Garnier, en aquel concurso de vuelo organizado por el Real Aeroclub de Guipúzcoa. Imaginemos cómo se encontraba Benito en ese momento, ¡había triunfado siendo un piloto recién graduado de apenas veinticinco años de edad! Lo malo es que aquella tarde no terminó del todo bien. Después del concurso, nuestro ganador, feliz y exultante, decidió ofrecer algún bautismo de vuelo. Contaba por entonces Loygorri con una novia donostiarra a la que llevó volando por la costa. Se trataba de María Minondo, que se convirtió a partir de entonces en la primera mujer que voló en España como

pasajera y, de paso, en la primera que se estrelló. No pasó nada grave, por fortuna. El avión de Loygorri volaba sobre la playa de Ondarreta intentando aterrizar tras un fallo del motor, pero terminó planeando sobre las aguas cantábricas hasta finalizar su viaje flotando muy cerca de las arenas y del gentío. La chica se llevó un buen susto y un remojón que a buen seguro no olvidó nunca, además de un enfado monumental que terminó con su relación con el piloto en aquel mismo momento. EXHIBICIONES Lo de San Sebastián fue el primero de muchos eventos de exhibición que Loygorri llevó a cabo en numerosas ciudades españolas. Su avión de la casa Farman, que por lo mencionado en las crónicas fallaba bastante, fue el primero de los diversos aviones que el piloto adquirió para aquellas celebraciones aéreas. No vaya a creerse que la cosa era sencilla. Tener un avión y una licencia de piloto no era suficiente. Los campos de vuelo prácticamente no existían, por lo que nuestro


A sus aventuras como piloto se unió una incansable labor para promocionar la aviación como deporte en España piloto montó toda una compañía, con cierto parecido a un “circo”, con la que recorría los caminos españoles de ciudad en ciudad, de feria en feria, eligiendo campos más o menos adecuados y cargando con gran cantidad de equipamiento, transportado todo ello en tren o con carruajes. Llegado a la ciudad de destino, había que montar el avión, probar los equipos, revisar si el campo era adecuado y, finalmente, volar mientras el público no salía de su asombro. A sus aventuras como piloto se unió una incansable labor para promocionar la aviación como deporte, además de convertirse en representante comercial de los aviones Farman para España. En esos días la aviación militar española estaba naciendo, siendo Loygorri el primer proveedor de aviones para el ejército, concretamente tres unidades de la casa Farman. Fue pionero igualmente del vuelo turístico, pues en 1913 voló desde Peñaranda de Bracamonte en Salamanca hasta Medina del Campo para, al día siguiente, continuar hacia Valladolid, con intención de seguir hasta Burgos. Su familia vivía por entonces en Valladolid, ciudad en la que, mientras nuestro piloto visitaba a su madre, una tempestad averió su avión, terminando con aquella excursión aérea. Llegada la Gran Guerra, con escasez de materiales en Europa, el piloto saltó al otro lado del Atlántico. En México formó a nuevos pilotos durante varios años, hasta que todo cambió para siempre. Sucedió en 1917, en Bridgeport, Estados Unidos. Realizando las pruebas de un avión tuvo un accidente muy grave que a punto estuvo de costarle la vida. Durante un tiempo continuó con su tarea formando pilotos, pero pronto quedó claro que sus lesiones le impedían seguir con su aventura aérea. ■

En tierra, una pareja de guardias civiles a caballo; en el cielo, Benito Loygorri.

Palabra de pionero No fue el final de su pasión por la tecnología, simplemente decidió cambiar de aires. De vuelta a España, viviendo en Madrid, tras casarse en 1918 en Cuba, Loygorri se convierte en representante de diversas industrias. Destaca por encima de todas ellas su labor durante muchos años como gerente para España y Portugal del gigante estadounidense General Motors. Siendo exitoso empresario, recordaba Benito Loygorri sus viejos tiempos de aviador de esta manera en las páginas del diario As, en la edición del 9 de agosto de 1932, a través de una entrevista realizada por F. Díaz Roncero: ¿Cómo se le ocurrió a usted hacerse piloto? Fue un capricho. Yo por entonces podía disponer de dinero para satisfacer mis caprichos, y uno de ellos fue hacerme piloto y comprarme un aparato. Y, en efecto, realicé los primeros vuelos de aprendizaje en la Escuela francesa de Mourmelon. Pero el caso es que, a pesar de haber nacido en Birarritz, yo soy español, y mi deseo fue solamente hacerme piloto en España. ¿Cuánto le costó el primer aeroplano? Treinta y cinco mil francos. Y ¡hay que ver lo que era aquello! Allí no había cabina para el piloto ni las comodidades que llevan los aparatos modernos. El aviador iba al aire, como sentado en el sillín de una bicicleta. ¿Había más españoles dispuestos a volar? Había, sí señor. Precisamente fueron los primeros entusiastas, hombres que después destacaron en la aviación, y otros que perecieron en accidentes cuando fueron desarrollándose los vuelos en Madrid. Entre los primeros figuran Kindelán y Herrera.

¿Qué velocidades hacían los primeros aparatos? Los primeros que tuvimos hacían una velocidad máxima de 65 o 70 kilómetros por hora, cosa que parecía extraordinaria, pero cuando logramos uno que hacía 90 kilómetros por hora de velocidad máxima, según el viento, el asombro fue enorme. Los motores, ¿qué fuerza tenían? El primero que tuvimos era de 50 caballos. Luego conseguimos uno de 90 que nos parecía un bólido. ¡Quién iba a pensar que se iba a llegar a lo que hoy es la aviación en el mundo! ( ) Los aviadores de entonces pensábamos en el avance de la aviación, pero no en la forma tan extraordinaria en que se ha alcanzado. Yo tengo hoy cuarenta y cinco años, y por el progreso de la aviación que he visto, parece que ha pasado un siglo. ( ) Me asombro de las proezas que realizan los aviadores modernos como un neófito, porque ¿quiere usted creer lo que le diga? Cuando vuelo, ahora hay una gran seguridad en los aviones, pero como no los voy pilotando yo… ¡tengo un miedo!

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El personaje

La increíble historia del

pirata Amaro

Equiparable a los mismísimos Drake y Barbanegra y con una patente de corso aún por confirmarse, Amaro Pargo acumuló gracias a la piratería y al comercio de esclavos una de las mayores fortunas de Canarias, lo que derivó con el paso del tiempo en una incansable e infructuosa búsqueda de su tesoro. Estratega e implacable en el combate, Pargo creía estar protegido de forma milagrosa por una mística de su tiempo. Ahora una multinacional de los videojuegos va camino de devolverle el protagonismo del que nunca debió privársele, incorporándolo a la trama de Assassin’s Creed IV: Black Flag JOSÉ GREGORIO GONZÁKEZ

sus últimas leyendas sus secretos su tumba 36

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La tumba del pirata Amaro Pargo puede desvelar muchos secretos sobre este canario universal.

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El personaje

La iglesia del convento de San Francisco, en La Laguna, acoge los restos del corsario.

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a escena no sólo parece sacada de una superproducción de cine, sino que realmente se podría decir que es exactamente así. Bajo los focos y ataviados con impolutas batas blancas, arqueólogos y bioantropólogos descienden a la cripta a la que minutos antes se le había retirado la pesada lápida. El paso del tiempo no ha podido borrar el revelador motivo que decora la misma, nada menos que una calavera con dos tibias cruzadas, el símbolo de la piratería. Estamos en el interior de la iglesia del convento de San Francisco, en La Laguna, a escasos metros del Ayuntamiento y de los mejores ejemplos del rico patrimonio arquitectónico de la ciudad. Todas las fuentes coinciden en señalar que en esa cripta reposan los restos de Amaro Rodríguez Felipe, más conocido como Amaro Pargo, un personaje al que las etiquetas de corsario, pirata y comerciante le encajan de igual manera. Que haya comerciado con esclavos y enviado al otro mundo a un número impreciso de personas no es en absoluto incompatible con ser el más destacado protector y mecenas de su época de diferentes monasterios e iglesias de

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Fue uno de los hombres más ricos e influyentes de su tiempo, pero los prejuicios y la moral lo han relegado a un segundo plano Tenerife. La gigante francesa de videojuegos Ubisoft Entertainment corre con los gastos de la costosa exhumación y análisis de los restos de Pargo, que realiza desde noviembre pasado a través de la empresa Arqueomedia. La idea es incorporar a Amaro Pargo como personaje de una extensión del videojuego Assassin’s Creed IV: Black Flag, una exitosa saga que en su cuarta entrega tiene a los piratas y a las batallas navales como protagonistas. Mientras documentaban el juego original se toparon con este personaje, descubriendo que fue crucial para España y sus intereses en una época en la que los piratas eran dueños del mar. Ubisoft no tiene claro si acabará o no formando parte de una nueva aplicación, pero sí que merecía ser recuperado a toda costa. Por ello y fieles a su filosofía, los creadores quieren atar todos los cabos y ceñirse al

máximo a la rigurosidad histórica. De ahí que además de historiografiar al personaje hayan exhumado sus huesos con el objetivo de averiguar de qué murió exactamente el bucanero así como el aspecto que tenía, indagando en su parentesco genético con quienes en la actualidad dicen ser sus descendientes. En la cripta de tamaño medio aparecieron los huesos de diferentes personas, que según la historia local se corresponden con los del propio Pargo, sus padres, y los de un esclavo llamado Cristóbal Linche al que el corsario había devuelto su libertad antes de morir. Los restos, que fueron trasladados al Laboratorio de Arqueología Forense de Madrid, aparecieron revueltos y desprovistos de sus féretros, algo que podría tener que ver tanto con las obras de remodelación que ha experimentado el templo a lo largo


de los siglos, como con actos de saqueos propiciados por la leyenda de su tesoro perdido. UN PERSONAJE DE LEYENDA Aunque de su biografía se desprende que fue uno de los hombres más ricos e influyentes de su tiempo, es más que probable que los prejuicios y la moral de las generaciones posteriores lo hayan relegado a un segundo y más que discreto plano en la historia. Sacado de contexto, como tantos y tantos personajes históricos, no parece acumular demasiados méritos, pero durante la primera mitad del siglo XVIII no solo fue esencial para los intereses de la Corona española, sino que la prosperidad de su comercio y hazañas propició que acumulara una fortuna equivalente hoy en día a varios millones de euros. Una fortuna que le permitió realizar cuantiosas donaciones especialmente a instituciones benéficas y religiosas, sufragando la construcción o bien la dotación de algunas iglesias y conventos en los que todavía es posible seguir su rastro, al tiempo que creaba tres mayorazgos con el objetivo de perpetuar su legado. El periodista Domingo García Barbuzano, su biógrafo más reciente, apunta que “las propiedades de Amaro Pargo constituyeron una fortuna increíble, formada por más de 900 fanegas de tierra (5.799.600 metros cuadrados), 60 casas, 15 heredades de viñas y tributos monetarios y de trigo, todo ello junto a elevadas cantidades de dinero y las valiosas joyas de su tesoro”. Un tesoro que, dicho sea de paso, continúa siendo buscado con ahínco. Nació en una familia de siete hermanos como Amaro Rodríguez Felipe y Tejeda Machado el 3 de mayo de 1678, aunque adoptaría el nombre de guerra de Amaro Pargo, quién sabe si asumiendo que al igual que el pez con el que comparte nombre, el pargo, su medio natural no era otro que el mar. Nuestro protagonista parecía tener unas dotes innatas para el comercio y desde temprana edad destacó ayudando a su padre en la gestión de negocios y propiedades de la familia. Creció, como la inmensa mayoría de los canarios de su tiempo, con el sobresalto de los ataques navales que todavía por entonces sufrían las islas. La ubicación estratégica del archipiélago en la ruta al Nuevo Mundo y los conflictos bélicos de la Corona, convirtieron a Canarias en un escenario constante de batallas marítimas, asaltos y saqueos, que se afrontaban principalmente

En busca del tesoro AMARO RODRÍGUEZ FELIPE, que falleció el 14 de octubre de 1747, jamás se casó aunque entre sus amores se encontró Josefa María del Valdespino, dama cubana que daría a luz a Manuel de la Trinidad Amaro, declarado en marzo de 1743 hijo natural del corsario por parte del vicario de La Habana. Al parecer Pargo lo quiso traer a Canarias pero ante la negativa de su madre cortó toda relación con ellos, hasta el punto de no incluirlo en el testamento, lo que generaría hacia 1760 un conflicto entre los herederos. Como era de esperar en alguien tan pudiente y que destacó por sus generosas donaciones a la iglesia y por la sensibilidad que mostró también hacia pobres y presos, su entierro fue solemne recibiendo sepultura en el sepulcro familiar de la iglesia de Santo Domingo. Comenzaba con su muerte la leyenda de su tesoro, pues aunque dejó un abultado testamento se le presuponía muchas más propiedades y riquezas que las allí reflejadas, incluyendo botines

de sus asaltos que temporalmente guardaba en la llamada Cueva de San Mateo, en Punta del Hidalgo. La tradición le ha atribuido la propiedad de una casa en el barrio de Machado, en el municipio de El Rosario. Aunque curiosamente no estaba recogida en sus últimas voluntades cuentan que desde allí observaba el océano y podía detectar cualquier amenaza naval. Precisamente allí los cazatesoros han buscado hasta la saciedad el más valioso botín de Pargo, reduciendo la vivienda a un desolador conjunto de ruinas. En su testamento alude a un libro o cuaderno cuyo paradero se desconoce, marcado con la letra “D”, en el que estarían consignadas todas sus riquezas. Al margen de esas suntuosas riquezas, quien sabe sí perdidas para siempre, parte del dinero, de las joyas de oro y plata, así como diferentes piezas valiosas fueron reseñadas en el testamento, un botín que a buen seguro se repartieron tras su muerte quienes le frecuentaban en La Laguna.

Creció, como la inmensa mayoría de los canarios de su tiempo, con el sobresalto de los ataques navales que sufrían las islas gracias a las milicias formadas por el campesinado. También era una época en la que el comercio marítimo con América, que en siglos pasados había representado para España grandes riquezas mediante la importación de tesoros y la exportación de productos locales y europeos, todavía

brindaba la oportunidad de una vida diferente, potencialmente más próspera, a quienes se enrolaban en los navíos. El joven Amaro lo hizo y por las reseñas de sus biógrafos y lo que cuenta la tradición oral en municipios como La Laguna y El Rosario, antes de ser capitán de sus propios barcos

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El personaje no tuvo reparo en aprender los oficios de la mar desde las posiciones más básicas. Con el tiempo llegaría a ser dueño de cuatro barcos compartiendo la propiedad, con algunos capitanes, de varias embarcaciones más. Con ellas comerciaba en tierras caribeñas con productos de su propia cosecha como el vino malvasía y el aguardiente, además de con azúcar, tejidos diversos, tintes, plantas y por supuesto esclavos. Amaro Pargo debió contar con autorización y licencias para comerciar libremente, y de hecho también ejerció de corsario quedándose con los botines de los navíos de las naciones enemigas de España que asaltaba, pero, como era habitual en aquellos siglos, es más que probable que clandestinamente participara también en el contrabando de mercancías vetadas, como podía ser el caso de productos británicos, holandeses o franceses que podían llevar a las colonias americanas. Pocos dudan en señalarlo como el hombre más rico que se podía encontrar en Canarias en aquellos tiempos, por lo que no es de extrañar que tal y como era menester en la sociedad del momento codiciara reconocimientos nobiliarios que le permitieran cultivar sus relaciones sociales. En este sentido García Barbuzano apunta que fue declarado Caballero Hijodalgo el 25 de enero de 1725, y más “adelante obtuvo

Amaro Pargo encriptado EN EL DELICADO SARCÓFAGO de madera policromada en el que descansan los restos incorruptos de Sor María de Jesús, mística y protectora de Amaro Pargo, se pueden leer cinco versos. En uno de ellos aparece encriptado el apodo del corsario, que se forma con la primera letras de cada línea. ¿Un simple guiño hacia el amigo y generoso benefactor de la comunidad o tal vez un mensaje codificado?

A la izquierda, documento de venta del barco de Amaro y, a la derecha, su testamento.

Algunos le presentan casi como un virtuoso que no bebía y que exigía un buen trato para los esclavos que transportaba real certificación de Nobleza y Armas, dada en Madrid, el 9 de enero de 1727, por Juan Antonio de Hoces Sarmiento, que fue cronista y rey de armas de Felipe V”. En consonancia con ello en sus estancias en Tenerife elegía como domicilio entre sus múltiples propiedades una vivienda señorial que había comprado en San Agustín, una de las calles laguneras más importantes, vía en torno a la que desde la fundación de

la ciudad siglos atrás, anidaban las familias más pudientes e influyentes. PROTEGIDO POR SU FE Algunos le presentan casi como un virtuoso que no bebía y que exigía un buen trato para los esclavos que transportaba, al que le gustaba el orden y la disciplina en sus barcos hasta el punto de no admitir en ellos ni el juego ni a las mujeres. Ese

Pare aquí el humano afán A mirar con luz divina Rara ave peregrina Girando al Cielo Guzmán O al trono de Catalina. Ubisoft Entertainment y Arqueomedia encabezan los trabajos de exhumación y análisis.

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La curiosa lápida del pirata en la cripta que alberga sus restos.

recuerdo casi hagiográfico se refleja en muchas anécdotas sobre su vida. Es el caso por ejemplo de su primer viaje, en el que dicen ejerce como alférez y se revela como fundamental para afrontar un ataque naval en desventaja y salir no sólo victorioso, sino con barco propio. El heroico lance habría ocurrido en el año 1701 en el navío Ave María, que fue asaltado por otra nave mejor pertrechada. Amaro Pargo le dijo a su capitán que simulara una rendición, lo que hizo bajar la guardia a la tripulación del otro barco de manera que nuestro protagonista pudo furtivamente inutilizar los cañones enemigos. Al retomar el combate toda la ventaja fue para el Ave María y en recompensa el capitán le regaló la embarcación capturada. Cuentan que en una ocasión salvó a una galera del rey del ataque de un corsario inglés acabando con

Cuentan que en una ocasión salvó a una galera del rey del ataque de un corsario inglés acabando con toda su tripulación toda su tripulación, lo que le granjeó las simpatías de la Corona. En otro episodio se describe su peculiar encuentro con Edward Teach, el legendario y temido Barbanegra, un pulso naval en toda regla que a punto estuvo de terminar en combate. Cuentan que se encontraron en el océano saludándose con sus respectivos cañones, compartiendo durante días una tensa travesía que terminó en un intento de ataque de Barbanegra del que Pargo lograría escapar. Cuentan que sentía predilección por El Clavel, fabricado en Tenerife y

dotado con dos docenas de cañones, al que vio hundirse frente a las costas de Cuba en 1728, aunque bajo su tutela estuvieron barcos como El Fortuna, Nuestra Señora de los Remedios, Isabela, El Blandón o el ya citado Ave María, todos ellos armados en corso aunque la patente no ha podido ser localizada hasta la fecha. Algunas de las historias más increíbles que han llegado hasta nuestros días y que han contribuido a mitificar su figura están relacionada directamente con su documentada admiración y devoción por

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El personaje

El corsario de Dios

MANUEL A. DE PAZ SÁNCHEZ DANIEL GARCÍA PULIDOR ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE SANTA CRUZ DE TENERIFE (2015).

La monja que le protegía LA SIERVITA, como cariñosamente es conocida en Canarias Sor María de Jesús, nació en el seno de una humilde familia en el municipio tinerfeño de El Sauzal el 23 de marzo de 1643, falleciendo el 15 de febrero de 1731 cuando contaba con 87 años de edad. El destino quiso que María de León Bello y Delgado tomará el hábito dominico en 1669, destacando tanto por sus virtudes como por los duros castigos y disciplinas a las que voluntariamente se sometió durante toda su vida conventual. La vida de La Siervita está llena, como es de esperar, de todo tipo de relatos que ponen de relieve las gracias celestiales con las que al parecer fue bendecida, relatos tradicionales que lógicamente resultan muy difíciles de verificar y que estimulan la devoción popular. Su proceso de beatificación está abierto desde diciembre de 1992 y permanece a la espera de algún milagro indiscutible. Su confesor Andrés de Fuentes comenta varios de los aparentes prodigios que rodaban a la religiosa en vida, algunos tan peculiares como los ocurridos cuando se la veía arrobada. “Muchas veces se le caían de las manos los objetos

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que llevaba, por la firme atención que tenía al interior de su alma; sucediéndole por esta cansa no pocos ni pequeños prodigios, pues se dio el caso, de caérsele vasos dé vidrio llenos, y los recogía sin rotura y sin que derramaran lo que contenían”. En sus portentos vemos al menos un episodio de posible levitación, el don de la lectura de almas, la permanente acción curativa sobre sus hermanas de convento que era interpretada como milagrosa, algunas visiones clarividentes y proféticas, y lo que parece ser un caso de estigma interno. Su biógrafo más reciente, el periodista tinerfeño Domingo García Barbuzano, también recoge muchos de estos hechos, algunos de corte parabiológico como es el caso de la emanación de cierta luminosidad de su rostro, así como una elevación destacable de la temperatura corporal “Cuando comulgaba –describe Barbuzano–, su cuerpo era abrazado por un calor divino que le afloraba en el rostro. Era tan grande que, en una ocasión, manifestó: ‘aparta de mi Señor que no puedo sufrir tanta llama’. Disimulaba dicho calor diciendo que era por la capa y el velo del hábito”.

una mística de su tiempo, María de León y Delgado, Sor María de Jesús. Conocida por lo devotos como La Siervita, el cuerpo de esta monja se mantiene incorrupto desde 1731, conservándose en el convento lagunero de Santa Catalina en un sarcófago regalado por Pargo mientras su proceso de beatificación permanece abierto a la espera de un milagro concluyente. Tres de las siete hermanas del corsario fueron monjas de clausura en dicho convento, y una de ellas de nombre Sor Vicente Ferrer fue además compañera de celda de una religiosa que muy pronto destacaría por los peculiares dones de los que hacía gala. Lo más lógico es pensar que la conoció en las

Retrato de Amaro Pargo en la ermita de Nuestra Señora del Rosario.


Un ambicioso videojuego ha sido el pretexto para desenterrar a este olvidado corsario y comerciante.

visitas conventuales a sus hermanas. Todo apunta a que se estableció una relación de amistad y que Amaro Pargo buscaba en ella consejo y orientación espiritual, además de protección en sus siempre arriesgadas aventuras de ultramar. Es en este contexto en el que se sitúan diversos “prodigios” relacionados tanto en la biografía de la monja como del propio pirata. En algunos peligrosos trances vividos por Pargo, el veterano marino invocaba la protección de la monja saliendo ileso de los mismos, mientras, en el convento, se veía a la religiosa aturdida y afligida rezando por la vida de su amigo. En una ocasión, estando Pargo en tierras americanas fue cosido a cuchilladas a la salida de una taberna, saliendo ileso de aquel ataque mortal. Incluso su agresor, al día siguiente, no pudo más que confesarle su autoría y reconocer el desconcierto que le había provocado aquel incidente, que Pargo atribuyó a la monja. Al regresar a Tenerife y visitar a Sor María de Jesús, la dominica sin mediar palabra le enseñó un cobertor lleno de cuchilladas. Otro incidente destacable del que se conserva una “prueba” indirecta en el museo dedicado a la religiosa tuvo que ver una terrible tempestad en aguas del Caribe. Todo apuntaba a que el endiablado mar y

En algunos peligrosos trances, el veterano marino invocaba la protección de la monja saliendo ileso de los mismos los vientos huracanados acabarían para siempre con la vida de Pargo, quien viéndolo todo perdido imploró la protección de la monja lanzando al mar el brazo de un cilicio cruciforme que la religiosa le había dado para protegerle. MÁS PORTENTOS Al momento la tormenta cesó sin que tuvieran que lamentar pérdidas humanas ni daños reseñables en el navío, conservándose en el citado museo el resto de la reliquia que la monja custodió hasta el final de sus días. La monja parecía ejercer una acción protectora no sólo sobre el corsario, sino también sobre sus allegados y sus intereses comerciales. Al menos eso es lo que cabría deducir de otro de sus portentos. En medio de una tempestad, según describe el sacerdote y también biógrafo de la religiosa José Rodríguez Moure, “el Capitán vio distintamente á una monja que los socorría, el que viniendo á la casa a dar cuenta del viaje, refirió el hecho, afir-

mando que distinguió tan claro á la religiosa, que si la viera, seguramente la reconocería. Llevado al Convento de Santa Catalina por el confesor de la Comunidad, fueron llamadas al locutorio las monjas, y luego que fijó su vista en la Sierva de Dios la señaló, diciendo era aquella la que había visto”. Al cabo de tres años de fallecida la monja se descubrió que su cuerpo permanecía incorrupto, lo que contribuyó a reforzar la fama de santidad que ya arrastraba. Es entonces cuando Pargo dona el sarcófago en el que se ha de conservar el cuerpo de la religiosa hasta nuestros días, una pieza de madera que cuenta en su decoración con unas orlas en la que fueron grabados cincos versos, uno de los cuales codifica el nombre de nuestro protagonista. Otra de las curiosidades de la urna es que cuenta con tres llaves que abren en diferentes sentidos, llaves que además se custodiaron durante mucho tiempo en tres lugares diferentes conservando el corsario una de ellas. ■

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Los 10 mandamientos

Pablo Iglesias... El original ¡eh! EL 2 DE MAYO DE 1879, un grupo de

intelectuales fundaba oficialmente en Casa Labra, un bar restaurante ubicado en las inmediaciones de la Puerta del Sol, un partido político que iba a resultar fundamental en la vida pública de la España contemporánea, el Partido Socialista Obrero Español, el PSOE. Al frente de aquel grupo, se situaba un joven tipógrafo gallego de 29 años: Pablo Iglesias Posse. Hoy es considerado el padre del socialismo en España. Iglesias Posse había nacido en 1850 en El Ferrol. La muerte de su padre cuando Pablo tenía nueve años, provocó que se trasladara con su madre y su hermano menor a Madrid. Aquella familia humilde, sin apenas recursos, esperaba poder contar con la ayuda de un pariente que residía en la capital. Sin embargo, los Iglesias quedaron desamparados al llegar a la gran ciudad.

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Su protector había muerto. La situación era desesperada. Tanto que el niño Pablo hubo de ingresar en el madrileño Real Hospicio de San Fernando de la ciudad. Muy probablemente, en ese ambiente de pobreza y necesidad, se forjaría su conciencia social, su compromiso de defensa de los más desfavorecidos, quizá su vocación política. No era de extrañar, las durísimas condiciones en las que vivían aquellos niños lo marcarían para el resto de su vida, dejándole incluso secuelas permanentes. Una vez concluidos aquellos estudios, se formó como tipógrafo, oficio a partir del cual comenzó a iniciarse en las acciones reivindicativas, formando parte de asociaciones de trabajadores como la Asociación General del Arte de Imprimir, de la que llegaría a ser presidente. La lucha por el bienestar de los trabajadores se convertiría desde entonces en la médula

de su vida pública. Coincidiendo con la Exposición Universal de Barcelona, de 1888, su carisma fue la fuerza motor para que, durante un congreso obrero celebrado en el Teatro Jovellanos de la ciudad, se crease la Unión General de Trabajadores (UGT). Antes, en el año 1886, había fundado el periódico El Socialista para extender las ideas del partido recién creado. Su elección como diputado por Madrid en 1910 fue su primer éxito político nacional, aunque cuatro años antes ya había sido nombrado concejal del Ayuntamiento de la capital. Desde su escaño atacó con intensidad la corrupción del sistema de la Restauración. Después, entre 1914 y 1917, repitió escaño, desde el que continuó resguardando la defensa de los derechos de los trabajadores. Una manifestación multitudinaria lloró en Madrid su muerte el 9 de diciembre de 1925./J.M.G.


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El personaje

El hombre que escribió

el libro

de los libros Y dijo Dios: “Hágase Miguel de Cervantes”, y Miguel de Cervantes fue hecho. ¿Acaso cabe concebir la existencia de un hombre así sin una particular inclinación divina? Para escribir como el autor de El Quijote, no basta la insignificancia de una vida, así que tal vez Miguel de Cervantes disfrutara de varias. Todas empezaron un 29 de septiembre de 1547 en Alcalá de Henares. ALBERTO DE FRUTOS

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u padre se llamaba Rodrigo y Leonor de Cortinas era su madre. Fue el cuarto de siete hermanos, aunque el mayor murió al poco de nacer. Miguel se parecía un poco al quinto, llamado Rodrigo como su padre, también soldado en Lepanto y cautivo en Argel. Amaban la milicia. Su hermano murió en batalla, en Las Dunas de 1600, y Miguel lo sobrevivió dieciséis años, para que, justo en estas fechas, podamos celebrar su IV centenario. ¿Quién era Miguel de Cervantes? ¿Heredó de su padre, un humilde cirujano, los instrumentos que le facultaron para diseccionar al hombre en la opípara mesa renacentista? ¿Leyó la Gramática de Nebrija y aprendió ya de niño a trastear con las palabras? De muchacho, le gustaban los entremeses

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de Lope de Rueda, “unos coloquios como églogas entre dos o tres pastores y alguna pastora”. Disciplinado alumno del Estudio de la Villa de Madrid, que regentaba Juan López de Hoyos, escribió versos, se embebió de los clásicos y se reconoció en el espejo de Garcilaso de la Vega. Nunca fue, pues, un "ingenio lego", y a los veintidós años ya se había lucido con tres solventes poemas de circunstancias sobre la difunta Isabel de Valois. AÑOS ITALIANOS No era el joven Miguel pendenciero, solo joven a secas, y por lo que fuera se enfrentó a un maestro de obras, Antonio de Segura, a quien hirió con la espada. Condenado a que le cortaran la mano derecha, puso pies en polvorosa y recaló en Italia. El calendario nos informa de que estamos en 1569, y sus compatriotas

le perderán de vista hasta 1580. Desde el puerto de Mesina (Sicilia), Cervantes partió en la nave Marquesa rumbo a la gloria de Lepanto. No le importaba morir, aquellos eran otros tiempos, y se enfrentó febril a los otomanos “en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros”. “Católico y fiel cristiano” como su ingenioso hidalgo, tras salvar la mano derecha de la justicia salvaje de Felipe II, perdió el uso de la izquierda en aquel golfo de sangre. El inexperto soldado que era había recibido varios arcabuzazos en mano y pecho. El joven que, en septiembre de 1575, quiso volver a España en una flotilla armada en Nápoles, tras cinco años de sinsabores y escaramuzas varias por el Mediterráneo, ya había madurado. Durante sus años de “exilio” y su bautismo de fuego, había conocido lo


MuĂąoz Degrain, Cervantes escribiendo la dedicatoria de su obra al Conde de Lemos (BNE).

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El personaje

La batalla de Lepanto definió la biografía de Miguel de Cervantes.

mejor y lo peor del ser humano, pero aún le faltaban las palabras, o tal vez el tiempo para contarse y contarnos. Los mares eran un nido de piratas, y las galeras turquescas acechaban por doquier. Apresado a la altura de Roses, Girona, por la flota de Arnaut y Dalí Mamí, comenzó su cautiverio en Argel. Aquí hay que poner otra vez el contador a cero. Cinco años. Cinco años. Scheherazade mantuvo al rey despierto mil y una noches. Cervantes superó con creces esa marca, pero ningún sultán le pidió la ofrenda de su imaginación a cambio de conservar la vida. Es considerado por los corsarios “soldado principal” y por él pedían 500 escudos de oro de rescate, y es que en sus alforjas llevaba el alcalaíno cartas de hombres prominentes, Juan de Austria y el Duque de Sessa. Pululaban por el Mediterráneo y Argel miles de cautivos como él, amarrados algunos “al duro banco” y otros en ese mercado de oprobio y obscena supervivencia. Los conversos se multiplicaban a medida que pasaba el tiempo, y Cervantes persistía en sus planes de fuga, todos, los cuatro, frustrados. No fue hasta 1580 cuando los

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Es considerado por los corsarios “soldado principal” y por él se piden 500 escudos de oro de rescate

El cautiverio en Argel inspiró algunas de las mejores páginas del complutense.


El libro de los libros

trinitarios lo libertaron (tres años antes, Miguel había preferido que rescataran a su hermano). Al frente de la misión, se hallaba fray Juan Gil, y hoy, cada vez que paseamos por Arévalo, Ávila, y vemos su estatua, sabemos a quién agradecer el placer que dispensa la lectura del libro de los libros. EL AMOR A LOS LIBROS Narra Jordi Gracia en esa impecable biografía que ha subtitulado La conquista de la ironía (Taurus, 2016): “Regresará a Madrid en torno a la segunda semana de diciembre de 1580, pero ha tenido mes y medio para rondar por la importante y rica ciudad (Valencia) a la búsqueda de cosas que hace tiempo que no ve ni expuestas ni nuevas, y entre ellas libros y librerías, como la que tiene en la calle Flasaders el también impresor y dramaturgo Joan de Timoneda”. ¿Quién no haría lo mismo? La vida ha seguido su curso y el Imperio sus fatigas. Las cortes de Tomar aceptan a Felipe II como soberano y Portugal se incorpora a la piel de España. Al segundo de los Felipes lo llaman allí primero y Cervantes se pone otra vez

A LO LARGO DE DOS PARTES, publicadas con diez años de diferencia –en 1605 y 1615–, Cervantes nos convida a una fiesta del lenguaje y la imaginación, que sigue los pasos de un hidalgo, que, a fuerza de leer libros de caballería, enloquece y se obstina en imitar a sus héroes. Tras rumiar su nombre durante ocho días, se hace llamar Don Quijote de La Mancha y busca una dama de quien enamorarse, que será la aldeana Aldonza Lorenzo, natural de El Toboso (Toledo). En su primera salida, se arma caballero en una venta y un mozo de mulas le propina una paliza, hasta que un vecino suyo lo manda de vuelta a casa. Allí, sus amigos, el cura y el barbero, resuelven quemar los libros que tanto daño le han hecho, pero Don Quijote sigue en sus trece y, en el curso de su convalecencia, persuade a otro vecino suyo, el labrador Sancho Panza, “hombre de bien pero de muy poca sal en la mollera”, de que lo acompañe en calidad de escudero, con la absurda promesa de que le hará gobernador de una ínsula. Así empieza su segunda salida, repleta de lances, batallas y aventuras. Don Quijote de La Mancha es una humorada genial que, partiendo de la parodia de un género literario –el de los libros de caballerías–, muestra el camino que seguirá la novela moderna, ya sugerido unas décadas antes por el Lazarillo de Tormes. Al igual que aquel, pero con una ambición desbordante, Don Quijote es un personaje que evoluciona constantemente. Su proyecto vital, descrito ya en la primera página, va virando hasta quedar revocado en los últimos capítulos por el peso de la realidad. Los papeles del caballero y el escudero se invierten. El idealismo de uno, Don Quijote, contagia el realismo del otro, Sancho Panza, y viceversa; y ese es solo uno de los hallazgos que ha deparado la lectura de El Quijote a lo largo de los siglos. Porque, en efecto, la recepción de la obra no siempre fue igual, aunque rara vez fuera adversa. La verdad es que cuando el periodista César González Ruano dijo en el Ateneo de Madrid que parecía claro que Cervantes era manco porque había escrito El Quijote “con los pies” o cuando Borges confesó que, tras leerlo por primera vez en inglés, el texto de Cervantes le pareció una “mala traducción”, a uno se le viene a la cabeza el viejo concepto de “épater le bourgeois”, esto es, descolocar –o despatarrar– al burgués mediante la provocación pura y dura. Estamos seguros de que a Cervantes, el primer comentarista y crítico de su libro, le habrían encantado esas salvas...

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El personaje

El itinerario de un viajero

Roma

Valladolid Lisboa

Madrid

vida de Miguel de Cervantes fue un vaivén de la cuna a la tumba. Además, su matrimonio no fue feliz. Escribió porque nadie es más fuerte que su vocación, pero la vida le exigió otros sacrificios. Es una pena –no: una desgracia– que hayamos perdido tantos “trabajos de amor” de este maestro de las letras. De su obra La confusa él mismo señaló que “bien puede tener lugar señalado por buena entre las mejores”. Se había hecho un nombre. Se le respetaba. Pero seguía siendo un vagabundo de las estrellas. Nápoles

Alcalá de Henares Toledo

Sevilla Orán

Argel

Golfo de Lepanto

Trabaja como espía, o diplomático, o ambas cosas, y, libre de ataduras, solicita un puesto en las Indias remotas que no consigue a su servicio. Nos lo encontramos en Lisboa y en Orán. Trabaja como espía, o diplomático, o ambas cosas, y, libre de ataduras, solicita un puesto en las Indias remotas, que no consigue, mientras emborrona cuartillas y sigue muy de cerca lo que se escribe y lo que se piensa. Su primera obra de envergadura, la primera parte de La Galatea, que no

conocería una segunda, nace en esos años, y también su hija Isabel de Saavedra, fruto de sus amoríos con Ana Villafranca de Rojas, esposa de un tabernero. Al poco, se casa en Esquivias, Toledo, con Catalina de Salazar y Palacios, a la que dobla sus diecinueve años. ¿Sentó entonces la cabeza y se puso escribir sin contratiempos? ¡Quiá! La

EL RECAUDADOR Tras Lepanto, una nueva empresa concentró los esfuerzos reales, la Felicísima Armada de 1588, y como no hay una sola manera de servir a la patria Cervantes lo hizo, esta vez, recaudando trigo por los pueblos de Andalucía para aprovisionar a la flota. Si de Argel se sacó Los tratos y Los baños y la historia del cautivo, de su trasiego por el sur de España tomó los paisajes de Rinconete y Cortadillo, una novela ejemplar que hace de la Sevilla de los siglos XVI y XVII una Chicago de pícaros y hampones. Sacó el paisaje y el paisanaje, las caras y los acentos del pueblo. Tuvo problemas por un quítame allá esos trigos, pero salió airoso de las acusaciones de tráfico de excedentes. No así en 1597, cuando lo encerraron unos meses en la cárcel nueva de Sevilla –su padre también había probado esas sombras–, tras la espantada de un banquero a quien había confiado la recaudación de las tercias y alcabalas, otro oficio de sobreviviente en que hubo que desempeñarse. Una pena. No: una

La filosofía de Cervantes “PARA NUESTRO AUTOR, lo posible y lo imposible, lo verosímil y lo inverosímil, no son algo meramente objetivo, sino que depende de la relación del objeto con el sujeto, es decir, de un elemento ideal y subjetivo: ‘hanse de casar las fábulas mentirosas con el entendimiento’ (Quijote); ‘la mentira hace disonancia en el entendimiento’ (Persiles). Coordinado con esto, es forzoso interpretar el pasaje del Viaje del Parnaso, en que Cervantes afirma que siempre buscó en sus obras la ‘consonancia’ y rechazó la ‘disparidad’, como el programa consciente de un arte basado en idealismo renacentista. La armonía y el acuerdo no es sólo una cualidad objetiva, sino un proceso activo de conocimiento. Américo Castro, El pensamiento de Cervantes (1925).

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Últimos momentos de Cervantes, obra de Víctor Manzano expuesto en el Prado.

La muerte de Felipe II supuso el cierre de los teatros durante varios meses.

desgracia esos desvelos contables en quien había nacido para contar leyendas de gigantes. Pero las musas lo seguían cuidando. Ya sabemos que en 1598 murió Felipe II, un rey que no estuvo a la altura de su súbdito, y, como era costumbre, los teatros cerraron sus puertas en señal de duelo. Malos tiempos para Talía, pero, ¿cuándo fueron buenos? En 1599, Mateo Alemán dio a la imprenta el Guzmán de Alfarache, que Cervantes gozó y leyó con prurito de mejorar. Ignoramos la fecha exacta en que el “manco de Lepanto” puso la primera piedra de El Quijote, esa catedral insomne que ha procurado las mejores horas de lectura a los mejores lectores: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”. Lo que sabemos, porque no puede ser de otra manera, es que su invención no fue fortuita o espontánea. El hombre que

Aun después de El Quijote y de la aparición del apócrifo de Avellaneda, que confirmaba su fama, no cesaron los sinsabores alumbró El Quijote era ya un veterano: en 1605, cuando vio la luz la primera parte, tenía 58 años, diez más cuando completó la segunda. Pudo ser una breve novela ejemplar, y acabó convertida en un templo de prodigios y experiencias, que pintó con el pincel de sus canas. Con palabras de Bruce W. Wardropper, Cervantes borró con su historia la línea “entre lo actual y lo potencial, lo real y lo imaginario, lo histórico y lo ficticio, lo verdadero y lo falso (...). Ha escrito una novela, la primera novela”. ÚLTIMOS AÑOS ¿Y qué más? Que residió unos años en Valladolid, donde se había trasladado la corte, ya con su hija Isabel, y sus hermanas Andrea y Magdalena, “las Cervantas” de vida alegre que recibían a caballeros a cualquier hora del día o de la noche. Y que, en la ciudad del Pisuerga, un desfile festejó por las calles el nacimiento del príncipe Felipe, que habría de reinar como Felipe IV, y, entre

los disfraces, se reconocía a unos que iban como Don Quijote y Sancho. Aun después de El Quijote, sin embargo, y de la aparición del apócrifo de Avellaneda que en el fondo confirmó su fama, no cesaron los sinsabores para su creador. Tal vez el día de su muerte, a los 68 años de edad, en una calle del Madrid de los Austrias, evocara en él la claudicación de su ingenioso hidalgo, quien, en su último lecho, le pedía perdón por haberle dado motivo para escribir “tantos y tan grandes disparates”. No se fue Cervantes de este mundo, al menos, sin haber visto las Novelas ejemplares, el Viaje del Parnaso, la segunda parte de su obra magna y las Comedias y entremeses al buen recaudo de los impresores. El Persiles (“Puesto ya el pie en el estribo/ con las ansias de la muerte/ gran señor, esta te escribo”) y el hábito de la tercera orden de San Francisco, en que profesó unas semanas antes de su muerte, fueron su mortaja. ■

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Dossier grรกfico

Cervantes y Shakespeare

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Es el año de Cervantes. Y de Shakespeare. Deberían serlo siempre pero los centenarios es lo que tienen. Que a veces provocan apagones porque todas las bombillas se encienden a la vez. Cuando se cumplen 400 años de sus muertes, repasamos en las siguientes páginas lo que hay de vivo en el legado de ambos genios de las letras. William y Miguel, Guillermo y Mike: tal es su universalidad que su nombre se puede leer en todos los idiomas. ALBERTO DE FRUTOS

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Dossier gráfico

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O SABEMOS cómo era, aunque no falten retratos suyos.Trazado en el prólogo de las Novelas ejemplares, su autorretrato literario –”Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada (...)– es quizá la “pintura” más exacta del genio, a quien la mayoría de nosotros imaginamos, no obstante, con los rasgos que le adjudicó Juan de Jáuregui, a la derecha de estas líneas. No obstante, ni siquiera ese óleo, que se cuenta entre los fondos de la Real Academia Española, está libre de “pecado” o de polémica, ya que su paternidad no está clara, ni mucho menos que se realizara en vida del autor. Hay otras muchas aproximaciones, y aquí hemos seleccionado dos. A la izquierda, la interpretación decimonónica del retratista Eduardo Balaca, que copió un grabado anterior; y, en la otra página, su escultura en la plaza de España de Madrid, según el proyecto presentado por el arquitecto Rafael Martínez Zapatero y el escultor Lorenzo Coullaut Valera en 1929.

Tal y como eran

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L BARDO DE STRATFORDUPON-AVON le pasa lo mismo que a su coetáneo español. A falta de retratos hechos en vida –aunque el pasado año un historiador británico pudo localizar uno en una obra de botánica y en 2009 se “descubrió” otro en una colección particular–, nos tenemos que conformar con las visiones de artistas ulteriores. ¡Un capítulo más para esta suerte de Vidas paralelas que estamos componiendo en estas páginas! Uno de los más famosos es el que apareció en la portada del conocido como First Folio, una recopilación de 36 obras teatrales que vio la luz solo siete años después de su muerte. Aunque, si cerramos los ojos, quizá nos lo representemos mejor con la fisonomía del Retrato Chandos,

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atribuido a John Taylor, y en el que se distingue su proverbial pendiente, tal como lo encontramos en las ilustraciones que traemos aquí. A la izquierda, una estatua erigida en 1874 en plena Leicester Square, en Londres, obra de Giovanni Fontana según el diseño de Peter Scheemakers.


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E DICE, y bien dicho está, que Don Quijote de La Mancha es el libro más traducido del mundo después de la Biblia. No hay una sola lengua que no haya gozado de la música de sus cerca de 400.000 palabras, y, sin embargo, las encuestas nos chivan que solo el 21,6% de los españoles lo ha leído completo alguna vez. El recelo viene de lejos. Unamuno señaló que España era una de las naciones en que menos se leía El Quijote, y echó la culpa de ello a “los críticos y comentadores que como nube de langostas han caído sobre nuestro desgraciado libro”.A través de su personaje Cide Hamete Benengeli, Cervantes señala que no fue otro su propósito que “poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas historias de los libros de caballerías”,pero es evidente que la intención era otra, o que esa se le quedó pequeña. En cambio, cumplió con creces Cervantes el deseo que expresara en el prólogo: “sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse”.

Don Quijote y Hamlet

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UIZÁ LA PRIMERA VEZ que nos acercáramos a Hamlet fuera de la mano de Laurence Olivier en una película que cosechó cuatro Oscars en 1948. O puede que nos dejáramos llevar por la versión de su heredero natural, Kenneth Branagh. Quizá la leyéramos en una edición de bolsillo o en un volumen con las obras completas del dramaturgo. Sea como fuere, es imposible sustraerse al hechizo del príncipe más dubitativo, aquel danés que se fingió loco para acompasarse al ritmo de un mundo desquiciado. Escrita a caballo entre los siglos XVI y XVII, Hamlet, la pieza más larga y representada de su autor, es más que una obra de teatro: es la memoria viva del hombre, de su conciencia y sus contradicciones. En palabras de su mejor lector, Harold Bloom, su enigma radica en que tantos personajes se identifiquen con él, cuando él no quiere ni necesita esa identificación. Si hasta la calavera de Yorick parece mirarlo con ojos comprensivos...

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OS ESCENARIOS de sus sueños… y de sus pesadillas. Empezamos con una de ellas: el mercado de esclavos de Argel. De regreso a España tras una larga estadía en Nápoles, el escritor fue apresado por una flotilla turca y adjudicado como esclavo al renegado Dalí Mamí, hasta su rescate cinco años después por los padres trinitarios. La Mancha es el territorio vinculado a Cervantes, que sigue los pasos de un hidalgo, Alonso Quijano, quien, a fuerza de leer libros de caballería, enloquece y se obstina en imitar a sus héroes. Y otros dos escenarios, que sirven a su vez como sendas recomendaciones: Numancia –escenario de la tragedia El cerco de Numancia (1585)– y La cueva de Salamanca, uno de sus entremeses.

Los escenarios de sus sueños

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I BOSQUEJAMOS rutas literarias siguiendo las huellas de Robert Langdon, ¿cómo no vamos a hacer lo propio con los personajes de Shakespeare? Imposible viajar a Verona sin quemar la cámara de fotos en el balcón de Romeo y Julieta (aunque en la obra del bardo ni siquiera se mencione ese lugar, a la izquierda de estas líneas). Desde Copenhague podemos viajar a Helsingør, donde se alza el castillo de Hamlet, en la otra página, y flotar en las aguas prerrafaelitas de John Everett Millais, que inmortalizó el suicidio de Ofelia en el cuadro que mostramos en su ángulo inferior derecho. Y de castillo a castillo: el de Glamis, en Angus, Escocia, se pretende escenario de la tragedia Macbeth, si bien la fortaleza de Cawdor aspira al mismo honor. Fue el don, el privilegio de Shakespeare, un tipo capaz de convertirnos en los conjurados que mataron a Julio César en el Capitolio de Roma y a renglón seguido en el pueblo que lamentaba su muerte.

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Vidas paralelas

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E LA VIDA de Shakespeare sabemos bastante... pero no todo, por lo que sus coordenadas se mueven siempre en un terreno brumoso. He aquí algunas claves a modo de pistas: a la izquierda, su casa natal en Stratfordupon-Avon; sobre estas líneas, la cabaña de su esposa Anne Hathaway cerca de Stratford; y, en la otra página, el teatro del Globo a orillas del Támesis y recitando Macbeth ante la reina Isabel I.

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A MÁS ALTA ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros”, escribió Cervantes sobre la batalla de Lepanto (1571), en la que resultó herido por unos arcabuzazos y perdió la movilidad de la mano izquierda. El autor, nacido en Alcalá de Henares en 1547, residió una temporada en Valladolid, probó fortuna en Madrid, recorrió Italia, vivió en Portugal, se casó

en Esquivias (Toledo), fue comisario de provisiones y recaudador de impuestos en Andalucía y sus huesos se perdieron en algún lugar del convento de las Trinitarias de Madrid… Su vida fue tan inquieta como la de tantos escritores del Siglo de Oro, y sorprende, al igual que en el caso de Lope o Quevedo, que sacara tiempo para escribir obras tan lúcidas y serenas como El Quijote o las Novelas ejemplares. De

hecho, hoy, que tantos viven de Cervantes –profesores, críticos, traductores, escritores, comisarios de exposiciones, políticos y hasta antropólogos forenses–, solo cabe lamentar que a nuestra mayor gloria apenas le dejaran tiempo para sus ensoñaciones. Cervantes, hombre de armas y letras, espía al servicio de Felipe II, preso en España en varias ocasiones, puso el listón tan alto, que nadie ha podido igualarlo.

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Dossier gráfico

Otros libros

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REINTA Y SIETE obras de teatro y 154 sonetos que pasan por ser los mejores de la lengua inglesa. Hay pocos personajes tan vivos como Macbeth, Otelo, El rey Lear, Coriolano o Romeo y Julieta. Al igual que en el caso de Cervantes, Shakespeare podía manejar todos los registros. Se le daban igual de bien las tragedias y las comedias, las obras históricas y las fantásticas, y el público lo agradecía llenando los teatros. Sus obras han sido tan representadas y han ejercido una influencia tal, que ya no podemos pronunciar los nombres de Cleopatra, Ricardo III o Enrique V sin la sombra luminosa de sus palabras.

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O ES DE RECIBO olvidar aquí el resto de obras de Miguel de Cervantes, quien, por encima de El Quijote, prefería entre sus libros Los trabajos de Persiles y Sigismunda. Quienes no quieran acordarse de ese lugar de La Mancha pueden probar con La gitanilla, a la que vemos danzar sobre estas líneas, Rinconete y Cortadillo, a la que pertenece el cuadro de Manuel

Rodríguez de Guzmán de la otra página, El licenciado Vidriera, El coloquio de los perros o cualquiera de sus Novelas ejemplares. El padre de Alonso Quijano y Sancho Panza fue siempre consciente de su valía y también de sus carencias. La poesía, reconoció, fue una gracia que no quiso darle el cielo, pero, si bien Lope, Quevedo y Góngora lo aventajaran en esas lides, compuso

en verso su Viaje del Parnaso, sus obras de teatro y algunos entremeses, y sembró Don Quijote de poemas, algunos buenos y otros incluso mejores. Sobre el arte de la novela, no mintió cuando advirtió, en el prólogo de La Galatea, “que yo soy el primero que he novelado en lengua castellana”, aludiendo a que, hasta entonces, la práctica común era refundir textos extranjeros.

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La batalla

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La división del norte y el batallón José Bonaparte

La División Azul de Napoleón Antes de que miles de jóvenes españoles se enrolaran voluntarios en unos casos y forzados en otros en la fuerza expedicionaria que Franco puso a disposición de Hitler en la Segunda Guerra Mundial, hubo otra División Azul. Hablamos del regimiento “José Bonaparte”, un cuerpo de españoles que tuvo, bajo las órdenes del mismísimo Napoleón Bonaparte, una participación más que activa en la campaña de Rusia. Esta es su historia. CARLOS MONTERO ROCHER

Napoleón en el campo de batalla de Borodino, obra del artista A. P. Apsit para una edición de Guerra y paz, de Tolstoi, publicada en 1914.

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La batalla

Los fusilamientos del 3 de mayo, de Francisco de Goya, simbolizan el horror de la invasión francesa de la Península.

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finales del año 1806, el emperador galo solicitó, acogiéndose al pacto de San Ildefonso firmado con España (ver recuadro), que Carlos IV enviase un considerable contingente de tropas al Norte de Europa para formar parte como ejército auxiliar y como el mismo Napoleón reconocía, España obtendría a cambio: “…la ventaja de instruir sus soldados…”. En marzo de 1807 volvió a solicitar de su aliado 3.000 caballos y que la división que estaba en Liorna partiese para Augsburgo, desde donde se dirigiría hacia Altenburgo para oponerla a los desembarcos que se preveía iban a realizar los ingleses. España no solo respondió a esta demanda del emperador francés, sino que además aumentó la cifra de efectivos que Napoleón pedía para dejarlos en un total de 14.000 hombres, entre los cuerpos de

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caballería e infantería, dispuestos a acatar las órdenes del ejército francés y dejando el mando de este contingente al marqués de la Romana. Se constituía así la llamada “División del Norte”, la cual avanzó de forma separada en dos bloques. Las primeras tropas salieron a finales de abril de 1807 en dirección a Hannover, donde se integraron en el ejército del mariscal Brune. Esta primera tanda de tropas iba al mando del general Kindelán y estaba formaba por los regimientos de infantería de Línea de Zamora y de Guadalajara, la de Infantería ligera de voluntarios de Cataluña, los Cazadores de Villaviciosa y el regimiento de caballería de Algarve, además de las piezas de artillería que se aportaran como apoyo. El otro contingente de tropa era el constituido entre otros por los regimientos de infantería ligera de Asturias y de infantería ligera de voluntarios de Barcelona, así como los Dragones de

El marqués de la Romana jugó un papel decisivo durante toda la contienda.


La batalla de Trafalgar

Carlos XIV fue mariscal de Francia y más tarde rey de Suecia y Noruega.

TRAS LA FINALIZACIÓN con la firma de la paz de Basilea de la guerra hispanofrancesa del Rosellón en 1795, que había enfrentado a la España de Carlos IV con la Francia gobernada en aquellos momentos por el Directorio, ambos países decidieron unirse contra un enemigo común y muy peligroso para sus respectivos intereses: Gran Bretaña. En aquellas fechas, los franceses se encontraban guerreando contra la Primera Coalición, una liga de países con Gran Bretaña a la cabeza, mientras que nuestro país asistía impotente a los ataques que la flota británica lanzaba contra los intereses españoles en las colonias americanas. Por esos motivos las dos naciones, Francia y España, decidieron firmar el tratado de San Ildefonso en 1796, por el que ambos estados se comprometían a hacer frente común contra el enemigo británico en caso de que uno de los dos se sintiera amenazado. El tratado incluía, como cláusulas más importantes, la obligación de socorrer a la otra parte, es decir, al estado atacado por Gran Bretaña, mediante el envío de una flota de 15 navíos, seis fragatas y cuatro corbetas así como tropa de infantería compuesta por 18.000 infantes y 6.000 soldados de caballería, más la dotación de artillería necesaria para cubrir a estos efectivos. El tratado tendría su punto trascendental nueve años después de su firma, en 1805, en la batalla de Trafalgar, cuando la flota hispano-francesa comandada por el vicealmirante galo Pierre Villeneuve, hizo frente a los buques de la escuadra mandada por Nelson en un intento de romper el bloqueo a que se había sometido a la flota de los aliados. Aquella batalla naval, una de las más importantes del siglo XIX, acabó con la derrota de la flota hispano-francesa y con Nelson convertido en todo un héroe nacional para los suyos. Sin embargo, sirvió como detonante para que Napoleón hiciera uso de nuevo del tratado de San Ildefonso para asegurarse un buen refuerzo a sus tropas de cara a sus propios intereses estratégicos.

Almansa. Dicha fuerza pasó a Francia a través de La Junquera. El marqués de la Romana, que viajaba separado del resto de su ejército, se presentó a Napoleón en la ciudad de Maguncia y puso a sus fuerzas a su disposición. Después de varios meses de marcha, entrenamientos y ajustes, la División del Norte se encontró, en agosto de 1807, ya unificada en Hannover e integrados en el ejército del príncipe de Pontecorvo, futuro rey Carlos XIV de Suecia. 2 DE MAYO DE 1808 Durante el tiempo de estancia en tierras alemanas, la División del Norte estuvo sometida a los ejercicios de maniobras precisos para mantenerse operativa y en plena forma de cara a alguna futura intervención militar. El 3 de marzo de 1808 Napoleón dio la orden al ejército del príncipe de Pontecorvo de penetrar en Dinamarca con intención de

Las primeras tropas salieron a finales de abril de 1807 en dirección a Hannover y el otro contingente pasó a Francia por La Junquera D E I B E R IA V I E JA

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La batalla

José I Bonaparte fue rey de España entre 1808 y 1813.

Las fuerzas comandadas por Kindelán no opusieron ningún reparo, pero el resto de la División protestó contra los franceses ocupar este país y evitar así que los daneses se unieran tanto a los suecos como a sus aliados ingleses. La División se puso en marcha un día después y se le ordenó que marchase hacia la ciudad de Odense. Aunque en un primer momento se dispuso que la tropa española siguiera a la división francesa de Dupa, pronto se recibió la orden de adelantar a los franceses para que la División del Norte fuera en cabeza hasta llegar a su objetivo y establecerse en la región de Fionia. Después de tomar varias posiciones, como la isla de Langeland por parte del regimiento de Infantería Ligera de Cataluña, el marqués de la Romana mandó al teniente coronel Luis Moreno y al capitán José Agustín del Llano a España. Estos volverían un tiempo después portando nuevas inesperadas y fatídicas: las noticias de los hechos del 2 de mayo,

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que habían sido presenciados por los emisarios del Marqués de la Romana y de las cuales había sido informado rigurosamente, puso en una encrucijada a la División del Norte. Nada más saberse los acontecimientos que ocurrían en España, el mariscal Bernadotte exigió al marqués de la Romana que tanto él como sus hombres jurasen fidelidad al ejército y al imperio francés, cosa que ya había ocurrido con la Junta de Bayona. La exigencia llegó también hasta el general español a través de un comunicado firmado por el ministro Urquijo, en el que se le ordenaba que se diese parte de los soldados que se revelasen contra aquella nueva situación. La tropa perteneciente a la División del Norte se encontraba en esos momentos diseminada por distintos puntos de Dinamarca y no todos reaccionaron de la

misma forma a la orden del juramento de fidelidad a Napoleón. Las fuerzas comandadas por Kindelán y destinadas en Jutlandia no opusieron ningún reparo, pero el resto de la División se vio sometida a protestas y desaires hacia los franceses, teniendo que intervenir en muchos casos los oficiales españoles para calmar los ánimos de sus soldados, a los que les repugnaba la idea de apoyar José Bonaparte como nuevo Rey de España. Poco a poco y a regañadientes, la situación se tranquilizó y los franceses obtuvieron el deseado juramento. Sin embargo, desde el mismo momento en el que se tuvo conocimiento de la ocupación francesa en territorio español, la mente de los soldados destinados en Dinamarca fue unánime: dejar sus puestos y partir hacia España para combatir a quienes hasta ese mismo momento habían sido sus propios camaradas. Aquel deseo de abandonar el ejército napoleónico pudo llevarse a cabo gracias a, paradójicamente, quienes hasta ese momento habían sido el enemigo a batir: los británicos. El general Castaños había estado manteniendo diversas reuniones con el gobernador británico de Gibraltar para realizar las gestiones oportunas que permitiesen repatriar a aquellas tropas que tan importantes resultaban para combatir al invasor francés. Como resultado de aquellas gestiones, el gobierno inglés acordó enviar a un emisario para entrevistarse con el marqués

El general Francisco Javier Castaños en un retrato en el Museo del Prado.


Divide y vencerás

El general Louis Friant combatió en los escenarios más calientes de Europa.

de la Romana y exponer el plan de repatriación de la División del Norte, que consistía en embarcar a los hombres en buques ingleses en la zona de Fionia. Poco a poco se fue reagrupando a los soldados españoles en Langeland para su repatriación. Al mismo tiempo, al general Kindelán se le dio la orden de que agrupase a sus tropas acantonadas en Jutlandia y, previa captura de cuantos barcos hiciese falta, pasar a Fiona. Pese a haber conseguido los barcos, Kindelán acudió al cuartel general de Bernadotte para denunciar la huida de la División del Norte y poner sus tropas al servicio, nuevamente, de Napoleón. A pesar de este revés, la División ocupó en el mes de agosto Nyborg y reunió por fin todos los regimientos, excepto los de Kindelán, en Fionia, y se procedió así al embarque de tropas el 21 de agosto. Desembarcaron en Santander, donde entraron en combate y se dio por finalizada la andadura de la División del Norte como parte integrante del ejército de Napoleón. Sin embargo, una parte de aquellos soldados que habían partido hacia las frías tierras del norte de Europa se habían quedado atrapados y obligados a seguir defendiendo una causa que, en aquellos momentos, se había convertido el algo totalmente opuesta a sus ideales. NACE EL REGIMIENTO JOSÉ BONAPARTE Aquellos hombres a los que Kindelán había entregado a los franceses quedaron confinados en diversos campos de concentración diseminados por tierras alemanas hasta que en el año 1809 se les dio

UNO DE LOS MOTIVOS para alistarse en el regimiento José Bonaparte fue la esperanza que muchos soldados españoles albergaban de ser enviados a combatir en España, no con el ánimo de guerrear contra sus propios compatriotas sino para aprovechar esta circunstancia para desertar del ejército francés y pasar a luchar junto al ejército español. Pero, anticipándose a esta posibilidad, Napoleón puso en práctica su táctica estrella de “divide y vencerás” que tan buenos resultados había dado en los campos de batalla y decidió aplicarla al regimiento español desmembrándolo y acoplándolo a puntos alejados de la península Ibérica. Joaquín Mañes Postigo, en su obra Españoles en la Legión extranjera francesa, señala con detalle cómo fue esa separación de los batallones españoles, acabando con sus esperanzas de ver España de nuevo: “Mayoritariamente creían que alistándose tendrían más posibilidades de regresar a España, pero la situación en la Península lo desaconsejó, por lo que el regimiento fue dispersado enviándose sus batallones a distintos puntos de Europa. El 2º y el 3º Batallones fueron a pasar al norte de Europa, a Amberes y Maastricht; y los otros dos, el 1º y el 4º, al sur, a Mónaco y a la región de los Alpes, en Italia. El Batallón de depósito fue destinado a Avignon y, posteriormente, enviado a Maastricht, para terminar en Namur”.

Kindelán se encargó de recorrer los campos de prisioneros para confeccionar una fuerza que se uniese al regimiento de José Bonaparte la opción de recobrar la libertad a cambio de jurar fidelidad al nuevo rey de España, José Bonaparte, hermano de Napoleón, y alistarse nuevamente en el ejército francés. El mariscal de campo Kindelán entró nuevamente en escena. Fue él quien se encargó de recorrer estos campos de prisioneros para confeccionar una fuerza

militar que se uniese al regimiento que José Bonaparte estaba tratando de confeccionar en nuestro país, sin éxito, para poder dar cobertura y apoyo a su hermano. Es posible que, a pesar del rechazo que provocaban los franceses en los prisioneros españoles, las duras condiciones de vida de aquellos campos hiciera que muchos

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La batalla

El testimonio de un soldado EN SU OBRA Españoles en la Legión extranjera francesa, Joaquín Mañes recoge el patético y desolador estado de estos hombres, según el testimonio de uno de estos soldados, llamado Gallardo de Mendoza: “Pudimos constatar las miserias de los supervivientes del río Beresina y de Vilna. Los hombres parecían haber envejecido veinte años, unos tenían los cabellos blancos, otros se habían quedado calvos y, muertos de hambre, se abalanzaron sobre los víveres con la voracidad de las bestias. Vi a uno de nuestros tenientes, Corbalán, comerse doce panes de media libra cada uno en su primer almuerzo”.

La campaña de Rusia sería la tumba del victorioso Napoleón... y de miles de sus hombres.

de ellos aceptaran enrolarse en este regimiento, que ya se conocía como el de “José Bonaparte”, como una vía de escape y, por otro lado, al lograr esta semilibertad, poder intentar escapar y volver a la ansiada y añorada patria. Así, mediante un decreto de febrero de 1809, se constituía el “Regimiento José Bonaparte” compuesto por un total de cinco batallones y en febrero de 1810 se quedaba ya totalmente formado con un total de 4.155 hombres. LA CAMPAÑA DE RUSIA En 1811, mientras España se había convertido en un verdadero infierno para los ejércitos de Napoleón destinados en nuestro país, tuvo lugar la ruptura de la alianza ruso-francesa que en su día habían firmado el zar Alejandro I y el emperador francés, debido a la decisión por parte de Rusia de conquistar Constantinopla y exigir la retirada del ejército galo de los territorios de Prusia y Pomerania. Debido a ese agravio, Napoleón tomó la decisión más nefasta de su carrera al declarar la guerra a Rusia y lanzarse a la conquista de este territorio tan vasto y amplio. Le Grand Armeé, la fuerza

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Napoleón tomó la decisión más nefasta de su carrera al declarar la guerra a Rusia y lanzarse a la conquista de este territorio tan vasto militar que debía someter a los rusos, estaba formada por 600.000 hombres. Engrosando esta cifra, enorme para la época, se encontraban dos batallones del Regimiento José Bonaparte. En concreto, se integraron el 1º y el 4º batallones a la 2ª División, comandada por el general Friant y la cual fue asignada al I cuerpo del ejército del Mariscal Davout. En su libro 1812. La trágica marcha de Napoleón sobre Moscú, Adam Zamoyski da fe de la presencia española entre las tropas napoleónicas: “Había dos batallones de voluntarios españoles pertenecientes al Regimiento de José Napoleón, con uniformes blancos y guarniciones verdes, que habían pasado el último año al mando de Davout en Alemania”. De este modo, obligados a acudir a una guerra que no era la suya, los cerca de 4.200 soldados españoles se lanzaron a la

El general Auguste Marmont luchó en la batalla de Los Arapiles, entre otras.


conquista de Rusia en 1812 dispuestos a luchar por quien, al mismo tiempo, estaba asolando la patria de estos hombres. Pronto entrarían en combate en la zona de Vitebsk. El día 17 de agosto de 1812 participaron en la batalla de Smolensk, ciudad que tomaron mediante el asalto con la bayoneta calada y luchando cuerpo a cuerpo contra las fuerzas del zar. Pero fue en la batalla de Borodino donde, según recoge Joaquín Mañes Postigo, les llegó su momento de máxima gloria puesto que: “…el primer 1º y 4º Batallones intervinieron e una de las acciones más sangrientas de Borodino, el asalto llamado ‘Gran Reducto’, una fortificación situada en el centro del despliegue ruso”. Después de esta hazaña los españoles participarían en la batalla de Zelkovo, en las que también se vieron envueltos en los encarnizados combates que ofrecían los rusos al avance napoleónico. ESPAÑOLES EN MOSCÚ A pesar de todas las dificultades encontradas durante la marcha, Napoleón pudo tomar Moscú finalmente en septiembre de 1812 y hasta esta ciudad llegaron, exhaustos, los apenas 300 españoles que habían sobrevivido a los sangrientos combates y al penoso avance por tierras rusas. Napoleón pensaba que el zar le rendiría la ciudad, como se solía hacer en aquella época, pero este no solo no lo hizo sino que entregó a su enemigo una ciudad vacía, saqueada y que ardía en numerosos puntos al haber sido incendiada por las tropas rusas para evitar que los galos se abastecieran con el fruto de los pillajes y saqueos y llevando la táctica de la “tierra quemada” al extremo de destruir una de sus más importantes ciudades. El estado de las fuerzas napoleónicas era realmente deplorable debido a que no tenían víveres y sus ropas no era las idóneas para hacer frente al durísimo invierno ruso. Por eso, cuando el 18 de octubre las tropas del zar iniciaron la ofensiva, Napoleón, sabedor del estado de su ejército, ordenó la retirada de lo que quedaba de su ejército. Los pocos españoles que quedaban, y que habían sido en un principio acantonados en las cercanías del palacio del gobernador de Moscú con la orden de responder a los pequeños combates que en forma de guerra de guerrillas les presentaban los rusos, fueron los encargados de cumplir las órdenes de

Napoleón decretó la disolución de todos los regimientos y cuerpos extranjeros y los soldados españoles pudieron volver a España

Soldados franceses ejecutan a un partisano ruso, según una ilustración de A. P. Apsit para Guerra y paz, de Tolstoi.

quemar todo lo que no pudiera llevarse el ejército invasor durante su retirada y prestando, asimismo, los servicios más peligrosos en la retaguardia de las tropas del Mariscal Ney y teniendo que iniciar su propia retirada un día más tarde que el resto de la Grand Armeé. Cuando por fin llegaron a Gogau y se supieron a salvo de las hordas rusas, tan solo quedaban en pie 160 españoles. El resto había ido cayendo víctimas de los combates, del hambre y del “general invierno”. LOS RESTOS DEL REGIMIENTO Estos 160 hombres volvieron a reunirse con sus camaradas del “Regimiento José Bonaparte” que no habían tenido la mala fortuna de acompañarles en su aventura por tierras rusas. Una vez reagrupado el

regimiento, sumaban un total de unos 800 efectivos que se reorganizó en dos batallones. Uno de estos se quedó destinado en Magdeburgo mientras que el otro batallón fue integrado en la 2ª División del VI Cuerpo del Ejército del mariscal Marmont y a cuyas órdenes volvió a combatir en batallas como la de Lutzen, Bautzen y Meissen. Después de las derrotas de Leipzig, los restos de este regimiento quedaron reducidos a una unidad de zapadores, hasta que el 25 de noviembre de 1813 Napoleón decretó la disolución de todos los regimientos y cuerpos extranjeros y se les permitió a los soldados españoles, después de una estancia en Perpignan, volver por fin a su añorada España en 1814. ■

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El personaje

El sabio que soñaba con el mar

Un buen hombre Podría ser sólo un juego de palabras, pero es la realidad. Así era Odón de Buen. Vivió a caballo entre los siglos XIX y XX, pero sus ideas eran tan adelantadas para su tiempo que hoy siguen plenamente vigentes. La figura del sabio aragonés fue condenada al ostracismo a pesar de que su legado científico lo revela como una de las grandes mentes de la España moderna al que se ignoró porque pensaba. JAVIER GARCÍA BLANCO

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as aguas del mar –ese que tanto amaba– le dieron a Odón de Buen sus momentos más felices, pero también los más amargos. Fue surcando las olas, a bordo de una veterana fragata de la Marina de Guerra española, cuando descubrió la vocación de su vida: estudiar la flora y la fauna de los siete mares para compartir aquel tesoro maravilloso con el resto del mundo. Sin embargo, el mar fue también escenario de sus momentos más oscuros. Fue un barco el que le transportó de Mallorca a Valencia tras más de un año en una cárcel fascista, y otro navío –esta vez en un viaje mucho más largo– lo trasladó al otro lado del Atlántico, a México, buscando un puerto seguro que lo protegiera de la sinrazón y el fanatismo. En uno y otro caso, Odón de Buen llevaba el alma comida por la pena. En el primer viaje lloraba la pérdida de su hijo Sadí, fusilado por los falangistas, y en el segundo extrañaba a su esposa Rafaela,

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fallecida el año anterior, en el exilio francés de Banyuls-sur-mer. La dictadura se esmeró en ocultar los logros de aquel aragonés bueno y brillante, que por su condición de republicano, ateo, librepensador y masón encarnaba todo aquello que detestaba el régimen. Fruto de aquel olvido forzado, Odón de Buen es hoy un gran desconocido para el público, pese a que debería ocupar un lugar de honor como uno de los grandes científicos de nuestro país y renovador de las enseñanzas universitarias. Esta es su historia. ALUMNO BRILLANTE Odón de Buen nació en Zuera en 1863, en el seno de una familia trabajadora y humilde que hizo todo lo posible por darle la mejor educación. Inició los estudios en su localidad natal, pero en el primer año de bachillerato sus notas eran tan brillantes que sus padres decidieron mudarse a la cercana Zaragoza con el fin de ofrecerle las mejores oportunidades. Aunque el ayuntamiento de

Zuera concedió una ayuda al prometedor alumno, tanto sus padres como el muchacho tuvieron que esforzarse para salir adelante en la capital aragonesa. Para arrimar el hombro, Odón actuaba a menudo como comparsa en las obras que se representaban en el Teatro Principal de la ciudad –donde trabajaba su padre– y al mismo tiempo daba sus primeros pinitos como profesor dando clases de repaso a estudiantes más jóvenes. Así, con estudio y mucho trabajo, Odón de Buen consiguió acabar el bachillerato y se matriculó en la Universidad de Zaragoza. Su intención, sin embargo, era cursar Ciencias Naturales, estudios que sólo se impartían en Madrid. Fue así como, a comienzos de la década de 1880, aquel zufariense llegaba a la capital de España –de nuevo con ayuda de sus padres y una exigua beca del Ayuntamiento de Zuera y el Ministerio de Fomento– para cumplir sus sueños. En Madrid se alojó en modestísimas pensiones “de a tres pesetas y media todo incluido” y, mientras avanzaba en sus estudios de la


Un grafiti en un mural de Zuera (Zaragoza) homenajea a su hijo mรกs ilustre.

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El personaje

Nuestro personaje se inició en la masonería de la mano de su futuro suegro, Fernando Lozano Montes.

mano de reputados profesores como Ignacio Bolívar o José Macpherson, financiaba sus gastos dando clases de repaso –como ya hiciera en Zaragoza– a otros estudiantes. Casualidades del destino, uno de sus alumnos fue Miguel Primo de Rivera, el futuro dictador, con quien siempre mantuvo una buena amistad a pesar de las enormes diferencias ideológicas que les separaban. Cuando no estaba en las aulas o impartiendo clases, el Odón universitario ocupaba sus horas libres en visitas a museos de la capital, pero también era asiduo asistente a muchas de las tertulias que se celebraban aquellos años en los cafés madrileños. En aquellas tertulias, como las del Café de la Marina o el Café Imperial, Odón conoció a Nicolás Salmerón (quien se convertiría en uno de sus referentes políticos) y a Emilio Castelar, pero también a Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza, figura con la que compartía inquietudes similares. Aquellos años forjaron también las inquietudes políticas del aragonés. En las tertulias de la capital conoció a Fernando Lozano Montes, su futuro suegro y propietario de Los Dominicales del Libre Pensamiento, una publicación de ideología republicana en la que pronto comenzó a colaborar con sus escritos. Pero Lozano no fue sólo su mentor político, sino que también le abrió las puertas a la masonería, hermandad en la que no tardó en iniciarse y cuyos postulados sirvieron para cimentar sus ideales progresistas y librepensadores.

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Debería ocupar un lugar de honor como uno de los grandes científicos de nuestro país y renovador de las enseñanzas universitarias LA AVENTURA DE LA BLANCA En 1885, cuando tenía 22 años, se produjo uno de los hechos más trascendentes en su vida. La Marina de Guerra planeaba realizar un viaje de formación para guardiamarinas que duraría tres años y daría la vuelta al globo, y la Sociedad Española de Historia Natural consiguió del gobierno el permiso para incluir un reducido grupo de científicos en la embarcación. Cuando Ignacio Bolívar –entonces director del Museo de Historia Natural– se enteró de la travesía, propuso la creación de una comisión científica, y los escogidos para dirigirla fueron su brillante

El científico contrajo matrimonio con Rafaela Lozano en 1889.

alumno Odón de Buen y el ingeniero de montes Tomás Erice. De Buen era ya un apasionado defensor del darwinismo, y la aventura le hizo sentirse un poco como su admirado Darwin a punto de embarcar en el Beagle. Por desgracia, los limitados recursos del gobierno acabaron convirtiendo lo que iba a ser un viaje de tres años en una travesía de sólo cinco meses por aguas europeas y del norte de África. Odón se enteró poco después de llegar a la fragata para instalar el instrumental científico, y pese a la decepción inicial, se dispuso para cumplir su tarea con entusiasmo.


Perseguido por la iglesia

El francés Henri de Lacaze-Duthiers fue una de sus inspiraciones.

La Blanca zarpó de Cartagena el 21 de junio de 1886 con destino Plymouth (Reino Unido) y unos 350 hombres a bordo. Comenzaba así una travesía que les llevó a las costas de Inglaterra, Noruega, Finlandia, Suecia y otros territorios del norte. A menudo, los científicos desembarcaban en algún punto y se separaban de la fragata, visitando por tierra ciudades como Berlín, donde Odón se empapó de los métodos de enseñanza y las prácticas de aquellos países. Tras la primera etapa, la Blanca puso rumbo de nuevo al Mediterráneo, y tras una escala en Francia –donde visitaron el Laboratorio de Zoología Marina de Villefrance-sur-mer–, se dirigió al norte de África. Allí los comisionados científicos se quedaron en Argelia y emprendieron una apasionante expedición a la cordillera del Atlas y al desierto del Sahara, culminando su aventura en Tuggourt. Odón y sus compañeros consiguieron recoger ejemplares de distintas especies marinas, pero también pequeños mamíferos, aves, plantas y fósiles, piezas valiosas que pasaron a engrosar la colección de

Cuando no estaba en las aulas, Odón de Buen ocupaba sus horas libres en visitas a museos de Madrid

DURANTE LOS ÚLTIMOS años del siglo XIX, Odón no sólo dedicó su tiempo a la enseñanza en la cátedra y a sus numerosas excursiones, sino que también escribió numerosos trabajos sobre ciencias naturales, al tiempo que continuaba colaborando con textos de índole política en Los Dominicales del Libre Pensamiento. En el terreno científico publicó una completísima Historia Natural, así como un Tratado elemental de Geología y un Tratado elemental de Zoología. Estos últimos libros estaban pensados como apoyo a sus clases en la universidad, pero no tardaron en dar inicio a uno de los episodios más singulares en la vida de Odón de Buen. Unos años antes de su llegada a Barcelona, Odón había publicado un escrito en Los Dominicales proponiendo la creación de un monumento dedicado a Giordano Bruno, quemado en la hoguera por la Inquisición en 1600 a causa de sus “heréticos” planteamientos. En los últimos años de la centuria, la universidad española era un bastión antievolucionista, en el que las teorías de Darwin se consideraban un ataque directo a la doctrina católica. En este ambiente oscurantista había no obstante numerosos profesores que defendían las teorías evolucionistas –o transformistas– y Odón de Buen era uno de ellos. El científico había incluido algunas menciones a tales ideas en sus tratados, y la Iglesia catalana no pasó por alto aquel hecho. En verano de 1895 el obispo de Barcelona, Jaume Catalá, había hecho notar a sus superiores varios párrafos “heréticos” presentes en la obra de De Buen, y el mismísimo papa

Jaume Catalá, obispo de Barcelona.

Charles Darwin, anatemizado en la universidad española.

León XIII las condenó en un decreto, siendo incluidas en el Índice de Libros Prohibidos. Poco después, coincidiendo con el arranque del nuevo curso, una asociación católica de Barcelona elevó sus quejas a las autoridades, amparándose en un apartado de la llamada Ley Moyano, en la que se prohibía la enseñanza de cuestiones contrarias a la doctrina católica por ser esta la oficial del estado. El rector, Julián Casaña, decidió despedir temporalmente a De Buen de sus funciones docentes. A pesar del castigo, Odón se presentó al inicio de las clases el 7 de octubre. Los ánimos no tardaron en caldearse entre el alumnado, en su mayoría favorable al catedrático, y al día siguiente una marabunta de 300 estudiantes lo acompañaron hasta su casa, coreando vivas a la libertad, a la enseñanza libre y a su maestro, mientras pedían la muerte del obispo. En el camino de vuelta, los alumnos se detuvieron para apedrear la casa de este, y con aquel gesto dieron inicio varias semanas de altercados que tuvieron un sonoro eco en la prensa nacional. La disputa acabó meses después, cuando el capitán general de Cataluña, Valeriano Weyler, aconsejó al gobierno que De Buen fuese restituido a su cátedra con el fin de acabar con los disturbios.

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El personaje

Un año a la sombra... que llenó de luz EL SERVICIO DE INFORMACIÓN de Valencia informaba, en agosto de 1937, de las penalidades de Odón de Buen, que había permanecido un año, “enfermo y medio ciego” en la cárcel de Mallorca, “incomunicado y durmiendo en el suelo”.Los sublevados le tenían ganas por sus simpatías políticas, que pesaron más que su avanzada edad y su prestigio internacional como oceanógrafo.Tras la presentación del Servicio de Información, el propio Odón toma la palabra para relatar sus penurias hasta su liberación gracias a la mediación de los cónsules danés y británico: “Compartía una habitación con otros presos, en su mayoría intelectuales (...); llegamos a ser veinticinco hacinados en un cuarto de proporciones reducidas”. Pero, tal como relatamos en este artículo, el sabio no se desesperó, y entretuvo las horas organizando charlas sobre fauna y flora entre los presos.

Retrato del sabio.

Asistía junto a otros intelectuales a muchas de las tertulias que se celebraban en los cafés madrileños los museos madrileños. De Buen plasmó sus impresiones en el libro De Kristiania a Tuggurt. Tras aquellos cinco meses, tenía claro cuál era su vocación científica. Anhelaba convertirse en un brillante oceanógrafo, una disciplina que en aquellas fechas comenzaba a dar sus primeros pasos. LA REVOLUCIÓN PEDAGÓGICA En los años siguientes, el joven pasó algún tiempo estudiando en la Universidad de Burdeos y entabló contactos con el zoólogo francés Henri de Lacaze-Duthiers, en aquel entonces director del Laboratorio Oceanográfico Aragó, en Banyuls-sur-mer, a 10 km de la frontera española. Gracias a la buena disposición del sabio galo, pudo aprovechar sus instalaciones, embarcándose en el navío Roland y realizando campañas en las islas Baleares y diversos puntos de la costa catalana. Fue en esta época cuando conoció al príncipe Alberto de Mónaco (auténtico pionero de los estudios oceanográficos), entablando rápidamente una amistad que se prolongaría durante años y que le permitió entablar contacto con los investigadores más señalados de la especialidad oceanográfica. Poco después, en 1889, se produjo otro avance en la ya imparable carrera del

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Palabra de científico “Conocía el mar; lo contemplé soberbio, imponente, en tempestades violentas, moviendo nuestro fragatón de madera con desprecio a su insignificancia y arrancándole gemidos agudos (…). Y sentí afanes insaciables por conocer los secretos ocultos bajo las olas, y las causas, poco aparentes, del origen y de la vida de los océanos; y leí mucho, y pensé mucho, y formé decisión firme de dedicarme a la Oceanografía, que entonces alboreaba”.

El zufariense y su hijo junto a los miembros de una expedición oceanográfica.

científico maño. Aquel año ganó la cátedra de Zoología en la Universidad de Barcelona, puesto que ocuparía nada menos que 22 años. Sin embargo, Odón de Buen no pensaba limitarse a impartir clases “magistrales” a sus alumnos. Sus clases se basarían en tres pilares fundamentales: lecciones orales, prácticas en el laboratorio y excursiones al campo. Las prácticas tardaron algún tiempo en llegar por falta de medios, pero poco después de hacerse con la cátedra Odón inició las excursiones al campo con sus alumnos. Algunas de ellas eran obligatorias (siempre gratuitas y por lo general cerca de Barcelona) y otras voluntarias, que solían coincidir con las vacaciones. En una ocasión, Odón organizó un ambicioso viaje de estudios a Italia en el que, acompañado por unos cincuenta alumnos, visitaron Génova, Milán, Pisa, Roma y Nápoles, incluyendo un ascenso al Vesubio y visitas a laboratorios de biología marina. Entre sus acciones pedagógicas también destacó su implicación en la llamada Extensión Universitaria, una iniciativa que seleccionaba a los mejores alumnos para que impartiesen conferencias y cursos destinados a la población, y especialmente a las clases con menos recursos. REGRESO A MADRID Mientras tanto, en 1911 Odón de Buen había abandonado la cátedra de la Universidad de Barcelona para trasladarse a Madrid, consciente de que en la capital gozaría de mayores oportunidades para seguir progresando en su labor científica. En un primer momento ocupó la cátedra de Mineralogía y Botánica –además de convertirse en director de la Escuela

Botánica de la universidad–, y más tarde ejerció como catedrático de Biología y Geología. Al igual que había hecho en Barcelona, se embarcó en la tarea de renovar la enseñanza de ciencias en el ámbito universitario. Aplicó de nuevo su esquema de clases orales, prácticas de laboratorio y excursiones al campo. En esta ocasión, sus estudiantes tuvieron oportunidad de visitar los alrededores de Madrid, pero también Andalucía y, en especial, un rincón de

Cuenca que siempre cautivó al catedrático: la Ciudad Encantada. Odón dedicó no pocos artículos y estudios a esta singular formación geológica, y favoreció tanto su promoción –atrayendo visitantes nacionales e internacionales–, que las autoridades decidieron bautizar uno de sus rincones con el nombre del científico. También hubo ocasión para viajes voluntarios al extranjero, como el que se llevó a cabo en 1913 a Mónaco –siendo recibidos por el príncipe Alberto– y que fue reflejado en la prensa de la época.

Ni siquiera en la cárcel, privado de libertad y sin salud, consiguieron sus captores poner freno a su pasión por el conocimiento

El oceanógrafo posa con su familia en este retrato.

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De concejal a senador

A bordo del buque Hernán Cortés, el cuarto por la izquierda.

LA LUCHA EN LAS AULAS y su imparable actividad científica no impidieron, sin embargo, que Odón de Buen continuara con su implicación política. Durante su etapa universitaria en Madrid el científico había frecuentado la compañía de Nicolás Salmerón y, ya iniciado el siglo XX, dio un paso más en su implicación con sus ideales republicanos. Así, De Buen se sumó a las filas del partido de Salmerón, y llegó a ser elegido concejal de Barcelona entre 1903 y 1906, y más tarde senador por la provincia en 1907 en las filas de Solidaritat Catalana. En el desempeño de su labor política, Odón se destacó como defensor de la autonomía de Cataluña –siempre desde la unidad de España– y de la protección a su lengua, su cultura y su tradición literaria. Con la muerte de Salmerón

en 1908, y al no ser reelegido senador, el científico decidió abandonar la carrera política para dedicarse de lleno a sus investigaciones oceanográficas y a la docencia. En cualquier caso el aragonés continuó fiel a sus ideales republicanos y librepensadores. Al recordar en sus memorias su breve carrera política, Odón hizo notar sus fuertes convicciones –además de un notable optimismo– al asegurar al respecto: “España ganó un oceanógrafo pero perdió, quizá, un presidente de la República”. Centrado por completo a su faceta docente e investigadora, en los años siguientes De Buen consiguió algunos de los mayores logros para la oceanografía española. En el año 1906 logró, por fin, poner en marcha el Laboratorio Biológico Marino de Porto Pi (Palma de Mallorca), que arrancó sus actividades con un estudio de las costas de Ibiza a bordo de un pequeño barco incautado por las autoridades a unos contrabandistas. A aquella primera campaña siguieron otras por el norte de África –en 1908 y 1912–, y se propició la creación de otros laboratorios en Málaga, Santa Cruz de Tenerife o Vigo. El mayor éxito, sin embargo, tuvo lugar en 1914, cuando se constituyó el Instituto Español de Oceanografía, entidad que sigue vigente aún en nuestros días y que presidió en sus primeros años Odón de Buen. Con el ejemplo de los institutos que había conocido en el extranjero, la institución acometió diversas expediciones por todo el litoral español a bordo de navíos como el Núñez de Balboa o el Hernán Cortés, situando a España a la altura de otros países europeos en materia oceanográfica.

El país azteca le recibió con los brazos abiertos, y De Buen conservó ánimos para impartir algunas clases en la Universidad Autónoma de México

Fotografía de la campaña llevada a cabo por el Hernán Cortés fechada en 1916.

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Mientras continuaba con sus investigaciones y clases, el zufariense favoreció la participación de España en destacados eventos y sociedades científicas, logrando la creación de la Comisión Internacional del Mediterráneo en 1919 o la participación en el Consejo Oceanográfico Iberoamericano. En marzo de 1923, coincidiendo con la visita a España de Albert Einstein, fue el encargado de presentar al sabio alemán ante una expectante audiencia en el Ateneo de Madrid, e incluso llegó a proponer al gobierno que el físico dirigiese un proyecto de investigación español, cosa que por desgracia no llegó a suceder. Cuando falleció su gran amigo el príncipe Alberto de Mónaco, fue nombrado para sucederle como presidente de la sección oceanográfica del Consejo Internacional de Investigaciones Científicas. En 1933 cumplió 70 años, edad estipulada en aquella época para la jubilación, pero gracias a la insistencia de sus alumnos, obtuvo el permiso para dar


Las amistades de un genio

De Buen se sintió fascinado por las formaciones de la Ciudad Encantada.

clase un año más. Cuando al curso siguiente llegó la hora definitiva de la jubilación, escogió dar su discurso de despedida en la Universidad de Barcelona, centro en el que había iniciado su labor docente y que le brindó un entrañable y caluroso adiós. GUERRA, PRISIÓN Y EXILIO Aunque oficialmente jubilado de sus labores docentes, a menudo visitaba los diferentes laboratorios fundados por él en distintos puntos de la geografía española. Precisamente se encontraba en el primero de ellos, el de Porto Pi (Palma de Mallorca) cuando le sorprendió el inicio de la guerra. Bien conocido por sus ideas republicanas y su condición de masón, las tropas sublevadas lo detuvieron y, a pesar de su edad –tenía 73 años–, fue encarcelado. Las malas condiciones de la cautividad y su delicado estado de salud –padecía diabetes– obligaron a su traslado al hospital. Ni siquiera allí, privado de libertad y sin salud, consiguieron sus captores poner freno a su pasión por el conocimiento, pues organizaba charlas sobre fauna y flora que compartía con sus compañeros de convalecencia y prisión. Por suerte, y gracias a la intervención de los cónsules de Dinamarca y Reino Unido, Odón de Buen fue puesto en libertad después de más de un año de cárcel. Ironías del destino, el aragonés consiguió la libertad al ser intercambiado por tres presas de gran valor para los nacionales: María del Carmen y Pilar Primo de Rivera y Sáenz

ODÓN DE BUEN fue un genio no exento de contradicciones. No en vano, habiendo nacido a las puertas de los desérticos Monegros, dedicó su vida al estudio de los océanos. A pesar de sus inquebrantables y profundas convicciones republicanas y progresistas, Odón antepuso siempre la relación con las personas frente a las ideas, por lo que mantuvo una estrecha amistad durante buena parte de su vida con Miguel Primo de Rivera, a quien en su juventud ayudó a preparar sus estudios para el acceso a la Academia Militar de Zaragoza. Años más tarde, entabló también una sólida amistad con el archiduque Luis Salvador de Austria, un personaje interesado en numerosas disciplinas científicas, propietario de una gran finca en Mallorca, a la que Odón acudía a menudo durante las excursiones a la isla con sus alumnos. La amistad con el príncipe Alberto de Mónaco –uno de los fundadores de la oceanografía moderna– también jugó un importante papel en la carrera del aragonés, pues además de ponerle en contacto con otras grandes figuras de la disciplina, le permitió alcanzar notoriedad internacional. No faltaron tampoco relaciones con el rey Alfonso XIII, con quien tuvo un trato cordial a raíz de la creación de la Ciudad

Luis Salvador de Austria fue uno de sus influyentes amigos y valedores.

Universitaria de Madrid, proyecto en el que colaboró el científico. En otros ámbitos sociales, Odón de Buen también desarrolló una notoria amistad con personajes de la vida cultural y científica española, como Ramón y Cajal y artistas de la talla de Rusiñol o Benlliure. Su interés por la pedagogía y la enseñanza laica le acercó algunos años a Francisco Ferrer y Guardia, responsable de la Escuela Moderna, con quien las fuerzas políticas más reaccionarias intentaron relacionar tras los hechos de la Semana Trágica, suceso que acabó con el fusilamiento de Ferrer.

Su salud estaba ya muy deteriorada, y finalmente falleció en agosto de 1945. Fue enterrado en el Panteón Español de México D.F. de Heredia, y Margot Larios, hijas y nuera respectivamente del que había sido su amigo durante años, Miguel Primo de Rivera. Tras obtener la libertad –y apenado por la muerte de su hijo Sadí, fusilado en Sevilla por miembros de Falange–, Odón y su esposa Rafaela se trasladaron a Banyulssur-mer, la localidad francesa donde tan buenos momentos había pasado. Allí murió su mujer en 1941, y poco después el aragonés embarcaba de nuevo, esta vez rumbo a México. El país azteca le recibió

con los brazos abiertos, y De Buen conservó ánimos para impartir algunas clases en la Universidad Autónoma de México. Sin embargo, su salud estaba ya muy deteriorada, y finalmente falleció en agosto de 1945, siendo enterrado en el Panteón Español del distrito federal. Pasado más de medio siglo, y prácticamente desconocido por el ostracismo franquista, sus cenizas regresaron a Zuera, donde descansan en un mausoleo que honra la memoria del que fue uno de los científicos más brillantes de su tiempo. ■

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Jaime Mir: un agente secreto en la Gran Guerra

El espĂ­a desconocido

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N Fue uno de los espías españoles más importantes de la Primera Guerra Mundial, sin embargo, su nombre apenas es recordado por la historiografía hispana. A pesar de la neutralidad española, la sociedad de entonces se polarizó entre aliadófilos y germanófilos, y Madrid y otras ciudades se convirtieron en verdaderos focos de espionaje internacional. La gesta de este catalán que amaba Bélgica ayudó en gran parte a decidir la victoria aliada.

ÓSCAR HERRADÓN

o sabemos apenas nada de los primeros años de vida de Jaime Mir. Tan sólo que era catalán y que su labor sería de vital importancia para la causa alidada. Fue el mayor experto español en espionaje, el Dr. Domènec Pastor Petit, quien fue tras sus pasos para recomponer su fascinante historia. En Espías españoles del pasado y del presente, el citado autor señalaba que es en 1909 cuando aparece por primera vez una referencia biográfica sobre Mir. Fue por aquel entonces cuando se instaló en Bélgica, en Bruselas, con su esposa y dos hijos. Al parecer, la única pista que permitió a Petit seguir el rastro del agente fue un libro de memorias publicado en París por el propio Mir años después, una biografía que en España sería publicada en 1933 por la editorial Fénix, bajo el título de Por qué me condenaron a muerte. (1914-1918). Pero ni siquiera en sus fascinantes páginas se hace alusión a qué hizo antes de 1909. Al parecer era una persona ilustrada, que dominaba varios idiomas. Tras el estallido de la Gran Guerra, España permanecería neutral, aunque polarizada entre aliadófilos y germanófilos. En este marco se encuadra la historia de nuestro protagonista. Su singladura en el campo del espionaje comenzó a finales de agosto de 1914, cuando su viejo amigo, un abogado también español de nombre José David, le sugirió la posibilidad de organizar un servicio de correspondencia clandestino entre Bruselas y Ostende, situada aproximadamente en el centro de la costa belga, frente a Inglaterra y lugar de especial interés estratégico en el escenario bélico. En un principio se trataba de transportar de forma secreta correspondencia comercial y diplomática que más tarde se transformaría en material militar de cariz más delicado y relevante. Debido a su amor por Bélgica, Mir aceptó de inmediato, momento en el que José David concertó una entrevista con el administrador delegado de nombre Theys –no ha trascendido su verdadera identidad, algo habitual en las historias de espías–, con el que realizarán la planificación de tan arriesgada empresa. Fueron los primeros pasos, discretos, de la que acabaría siendo una gigantesca operación de Inteligencia. UNA RUTA SECRETA Gracias a la neutralidad española, Mir pudo conseguir la documentación adecuada a través de la embajada de nuestro país, lo

que fortalecería su tapadera. Tras ello, pudo iniciar su primer viaje, comprobando cómo el salvoconducto le abría todas las puertas. Una vez en Herzele-Moortzele, cuenta Pastor Petit que el catalán, reconvertido ya en agente, expidió numerosos telegramas al gobierno en Londres y, tras haber llegado éstos a su destino, 48 horas después inició el camino de regreso a Bruselas. Fue el inicio de una ruta que realizaría cada día durante un mes, un itinerario que aprovecharía para llevar hasta Bruselas, en un principio, rotativos franceses e ingleses y otro tipo de documentos aparentemente inocuos. Durante uno de sus viajes, entró en contacto con un norteamericano de nombre desconocido, quien parece que le puso en comunicación con el cónsul de Gran Bretaña en Bruselas –Petit hace referencia a un tal Mr. Jeffries del que no he logrado obtener referencia biográfica alguna y que probablemente responda al pseudónimo de otro alto diplomático de aquel tiempo–. El inglés solicitó a Mir que transportara la correspondencia entre los miembros de la colonia británica en Bruselas y las islas. Ni qué decir tiene que el agente español también aceptó aquel encargo, y poco a poco toda una serie de peticiones en el mismo sentido hicieron que la cantidad de sus paquetes y lo abultado de los mismos complicara su misión clandestina. El primer incidente en la frontera lo tuvo con un oficial alemán que empezó a sospechar de sus frecuentes viajes. Fue cuando Jeffries solicitó un salvoconducto para el espía al cónsul de EEUU, que obtuvo poco después. Gracias a aquel documento oficial, Mir pudo seguir realizando su labor, con un encargo añadido: transportar la correspondencia de la embajada norteamericana hasta el cónsul de dicha nacionalidad en Ostende. En sus Memorias, señala que durante un tiempo prolongado transportará no sólo correspondencia, sino también grandes cantidades de dinero; asimismo, facilitará el paso de soldados aliados a territorio no ocupado y se entregará en cuerpo y alma a la causa a la vez que aprovechará sus continuados viajes para establecer importantes contactos. Entonces, comenzó a realizar viajes cargando equipaje en el que escondía en dobles fondos los documentos secretos no sólo a Bélgica, sino también a Holanda, Francia e Inglaterra. Será en diciembre de 1914 cuando un inspector del Estado belga – que Pastor Petit cita como Adolphe Braem–, insta a Jaime Mir a abandonar su labor en

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La IGM fue el escenario donde desarrolló su red de espionaje Jaime Mir.

el transporte de correo para dedicarse a labores de espionaje al servicio del gobierno belga, siendo instruido por expertos belgas del Deuxième Bureau, el servicio de Información del Ejército francés. A pesar de que su tapadera continuaría siendo la de correo comercial, presentándose en los puestos fronterizos como el encargado de transportar correo y obtener víveres en Holanda, su trabajo se hará más arriesgado. Ocultar los informes secretos en maletas ya no era una opción, más cuando los oficiales alemanes comenzaban a sospechar de sus continuos traslados. UN CARRO TIRADO POR CABALLOS Sería durante uno de sus habituales viajes, concretamente a los Países Bajos, cuando al agente se le ocurrió la feliz idea de ocultar la información secreta en un tilburí, que la RAE define como un coche de caballos ligero para dos personas con dos ruedas grandes, sin cubierta y tirado por una sola caballería. Jaime Mir compró uno y también un caballo. Aunque en un principio esta idea pueda parecer inocente, lo cierto es que el espía, con la ayuda de su amigo Henri Wysman, en un taller en la localidad francesa de Rosendaël, adaptaron el carruaje, creando compartimentos secretos de doble fondo. El encargado de realizar una auténtica proeza del disimulo en la madera del asiento y en la vara del carruaje, sería el carpintero Antoine Van Roosbroeck. El trabajo resultó

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A pesar de que su tapadera continuaba siendo la de correo comercial, su trabajo se iría haciendo cada vez más arriesgado un rotundo éxito: los compartimentos estaban perfectamente disimulados. Gracias a su ingenioso tilburí, Mir podría entrar y salir de Bélgica y Holanda con total tranquilidad. Al menos por el momento. Puesto que los primeros trayectos fueron exitosos, el espía regresó al taller de Roosbrock, quien creó unos huecos para la ocultación de hasta veinte kilos de papeles. Pastor Petit apunta que “a partir de entonces, en sólo dos o tres viajes por semana, transportaba de Holanda a Bélgica enormes sumas de dinero y documentos secretos”. Sin embargo, el riesgo era cada vez mayor. Hacia marzo de 1915, la presencia continuada del catalán en las aduanas suscitaba cada vez mayores recelos. Contribuyó a extender las sospechas que uno de los agentes que trabajaban en aquella red de espionaje, Ferdinand Lenoir, fuera detenido por los alemanes. Capturado en Gante, tras un breve proceso fue fusilado. Aunque en un acto de coraje no había traicionado a ninguno de sus compañeros de organización. El contraespionaje alemán, poco después, detenía a otro compañero de Mir, un inglés de apellido Goldsmith.

Puesto que la información que transportaba era cada vez más comprometedora –informaciones sobre los aeródromos enemigos, armamento, número de divisiones…– el agente español extendió su red de espías reclutando enlaces, colaboradores y los célebres “buzones”, como se conoce en la jerga de los servicios secretos a los domicilios de las personas que reciben y entregan, mediante santo y seña convenido, los documentos más secretos. Gracias a los mensajes entregados, se pudieron identificar puntos estratégicos de los alemanes en la Bélgica ocupada que fueron bombardeados con éxito por la aviación inglesa. Sus éxitos se sucedían, dando una gran ventaja táctica a las fuerzas aliadas, y se valía sólo de los compartimentos secretos de su carruaje, no usando escritura cifrada, ni emisoras clandestinas ni escritura invisible, sin duda un verdadero riesgo. Tras sus logros en diversas misiones, Mir ya empezaba a acusar el cansancio y la presión de un trabajo tan exigente. Llegaba a realizar trayectos a Holanda de alrededor de 100 km en apenas 12 horas en su pequeño tilburí. La contrainteligencia alemana sabía


Informes de incalculable valor

que aquel español ocultaba algo. Puesto que la red había crecido considerablemente, y también el número de mensajes, dinero y otros objetos que el agente debía transportar, necesitaba un escondite seguro para guardar el material que más tarde escondería en su carruaje. Fue a través de su amigo Henry Wysman por el que consiguió acceder a la Escuela Profesional de Artes Aplicadas de Bruselas, en una de cuyas estancias construyeron un armario con doble fondo. UNA RED PARA FUGITIVOS Con el tiempo, Jaime Mir comenzó a trabajar en el traslado de soldados ingleses, franceses y belgas –así como personas que huían por diversas razones de los alemanes–,

La guerra de trincheras llegó a su máxima brutalidad en la Gran Guerra.

de Bélgica a Holanda, valiéndose de pasaportes falsos de mayor calidad. Las cosas empezaron a ponerse feas para el espía cuando su lugarteniente, Wysman, fue detenido por la policía alemana el 28 de septiembre de 1915. En los días posteriores, detuvieron a más de treinta personas relacionadas con la red aliada, entre ellos varios telegrafistas. Un ingente número de agentes de Información anglofranceses fueron traicionados por confidentes. Aquello obligó a Mir a exponerse para retirar del armario secreto de la Escuela toda la documentación comprometedora y trasladarla a lugar seguro. Según cuenta en sus memorias, un día, en Esschen, fue obligado por la policía de fronteras

LA INFORMACIÓN CLASIFICADA que logró transmitir Jaime Mir a los Estados Mayores aliados fue abultada y de gran importancia estratégica. A través del abogado y senador socialista belga Émile Vinck, obtuvo la localización exacta de las instalaciones de las bases de submarinos alemanes del litoral belga. Mir descubrió a su vez que los astilleros de Hoboken, cerca de Amberes, estaban al servicio de Alemania, donde se construían los submarinos enemigos que, desmontados pieza a pieza, eran devueltos a la costa, concretamente en Zeebrugge, donde se procedía a su reensamblaje y armamento. Gracias al croquis realizado por Jaime, que llegó a trasladarse al lugar para trazarlo, la aviación británica pudo bombardear con éxito los talleres de construcción naval que servían al Eje. A ello siguieron numerosos éxitos en el campo de la Inteligencia: descubrió a los aliados depósitos de municiones, acantonamiento de tropas, zonas de concentración y movimiento de trenes… informes que hacía llegar a Rotterdam a manos de un ciudadano francés, de enigmático nombre “M”, quien a su vez los entregaba a los agentes anglofranceses.

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El personaje a descender del vehículo y un grupo de oficiales se afanó en registrar el tilburí. Tan bueno había sido el trabajo de Roosbroeck, que los oficiales no lograron descubrir los compartimentos. Parece que después del registro, Mir sufrió una crisis nerviosa, y su agotamiento se hizo evidente. Pero estaba dispuesto a seguir adelante con su trabajo de espía, aunque ello le costara la vida. Entonces se ocultaba en el domicilio de su amigo y miembro de la red Víctor Moreau, en la aldea de Rosendael, una casa campestre en cuyo granero guardaba el tilburí y el caballo. Según cuenta el propio Mir, fue alertado por un ciclista de la proximidad de espías que seguían sus pasos. Así, decidió llevar los documentos secretos al punto convenido para las entrevistas, en una vía muerta, al matrimonio Moreau. Aunque éstos creían indispensable que el catalán debía desaparecer, Mir argumentó que si eso sucedía pondría en riesgo las vidas de los demás miembros de la red, pues “los alemanes verán confirmadas sus sospechas”; y les comunicó que “No debo permanecer aquí, sino regresar de inmediato a Bélgica”. Aunque Víctor Moreau le advirtió de que probablemente se encaminaba a una muerte segura, Mir decidió seguir adelante. La única medida de seguridad que adoptó fue cambiar su nombre en clave –hasta entonces “Lafourmi” –, y escogió como nombre de guerra la cifra “66”. REGRESO AL PELIGRO A la mañana siguiente, según Petit, nuestro protagonista emprendió el camino de vuelta a Bruselas a bordo de su tilburí, que, una vez más, en la frontera de Esschen, sería sometido a un minucioso registro… sin resultados. A los guardias no les quedó más remedio que dejarle pasar, aunque llegaría a Bruselas de madrugada, agotado. La lluvia y el frío le habían penetrado hasta los huesos y tuvo que guardar cama durante ocho días. Cuando todo parecía volverse cada vez más gris, su amigo Henri Wysman, quien aguantó estoicamente los interrogatorios y las torturas, fue puesto en libertad. Sin embargo, las redes de espías aliados caídas se saldaron con importantes penas: el que fue conocido como “affaire” Parenté, se saldó con 34 condenas, de las que nueve terminaron en pena capital. En cuanto a la desarticulación de la red de Adelin Colon, resultó con 19 condenas, cinco de ellas a muerte. Jaime Mir estaba cada vez más acorralado: un grupo de agentes de la contrainteligencia germana se presentó

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Las fuerzas alemanas ocuparon Bélgica en el año 1914.

La red clandestina encabezada por el español se había extendido de tal forma que llegaba a penetrar incluso en suelo alemán en su domicilio para examinar los libros de contabilidad y hacer un minucioso registro del inmueble, aunque una vez más se marcharon con las manos vacías. Sabedor de que los alemanes estaban al corriente de que transportaba mercancía clandestina en su carruaje, Mir se vio obligado a realizar a partir de entonces sus viajes en ferrocarril. Puesto que los controles y registros eran cada vez mayores, los compartimentos secretos en una maleta no habrían sido efectivos. Así, el agente se puso en contacto con un amigo suyo, de profesión orfebre, quien le fabricó una cigarrera de plata con doble fondo, que no despertaba tanta curiosidad entre los alemanes, donde había espacio para contener dos hojas de papel. Para mayor seguridad, los Moreau le pusieron en contacto con un belga de su confianza, cuyo nombre no ha trascendido, que le entregó una botella de líquido que no era sino tinta invisible –o simpática–. Pronto la red volvió a funcionar de forma eficaz: Mir y sus contactos facilitaban innumerables datos secretos militares del enemigo.

LA BATALLA DE VERDÚN Este 2016 se han cumplido cien años de una de las batallas más decisivas y sanguinarias de la historia, la de Verdún. Precisamente en torno a este escenario bélico tuvo gran importancia la labor de nuestro protagonista. Entonces Mir logró informaciones de gran valor, obteniendo de soldados que actuaban en la célebre guerra de trincheras a orillas del Mosa, principalmente alsacianos y loreneses, datos certeros acerca de los planes de ataque y la localización de las reservas alemanas. Y es que, siguiendo el trabajo de Petit, “muchos de tales alsacianosloreneses habían sido incorporados, con uniforme imperial, al servicio del Káiser, y venían a Bélgica a comprar productos alimenticios para sus unidades”. Al parecer, Mir logró abrir un almacén que dispensaba dichos productos en la calle Neuve, incrementando sus contactos con la tropa que le facilitaba información militar, que él se encargaba de hacer llegar al Estado Mayor francés.


España, nido de espías

La red clandestina encabezada por el español se había extendido de tal forma que llegaba de Verdún hasta Luxemburgo, Viton, Mézières, Charleville, Mons, Flandes oriental, el litoral belga y el norte de Francia, penetrando incluso en suelo alemán. Pronto, las crecientes sospechas acerca de su actividad hicieron que fuera vigilado de forma constante. Fue entonces cuando el servicio de contrainteligencia germano exigió de la administración comunal de Bruselas una importante cantidad de tarjetas de identidad para los ciudadanos belgas que debían estar firmadas por la autoridad correspondiente y provistas de sellos oficiales, lo que facilitaba que los germanos extendieran los documentos a los numerosos confidentes y espías a su servicio, pudiendo así, según Petit, “lograr la infiltración en gran escala en los medio clandestinos de la resistencia”. No obstante, el catalán seguía brindando al Estado Mayor galo información de un valor incalculable. El riesgo era tan alto que finalmente Mir fue detenido por el jefe de la Policía de Lieja, tras haber caído en un engaño que orquestó un tal “agente 55- T”, que en realidad era un espía alemán. Fue rodeado en dicha ciudad belga el 2 de octubre de 1916, por una docena de agentes que lo introdujeron en un automóvil y lo

A PESAR DE SU NEUTRALIDAD en la Gran Guerra, nuestro país fue cuna de espías de ambos bandos, al igual que lo sería también durante la Segunda Guerra Mundial. La sociedad española se polarizó entre aliadófilos y germanófilos, y algunos personajes, como en el caso de Mir, estuvieron directamente implicados en la contienda en pro de una u otra causa que consideraban con cierto aire de romanticismo. En la España de la Gran Guerra hizo de espía el célebre escritor alemán del género fantástico Hanns Heinz Ewers – más tarde simpatizante de los primeros años del movimiento nazi–, así como una de las figuras más importantes durante el Tercer Reich, el almirante Wilhelm Canaris, jefe del Servicio de Espionaje del Ejército bajo la esvástica que espió para su país en la Gran Guerra, residiendo durante un tiempo en Madrid bajo la identidad falsa del campesino chileno Reed Rosas. Pero Canaris no fue el único espía en España durante la Gran Guerra: también realizó labores de este tipo la escritora Pilar Millán Astray, hermana del fundador de la Legión y mano derecha de Franco, quien colaboró con los alemanes, una más de la larga lista de personajes apasionantes que espiaron en el conflicto.

El escritor alemán Hanns Heinz Ewers, espía en España.

Durante diez días fue interrogado, sometido a careos, víctima de amenazas y malos tratos, sin sábanas, jabón o vestimenta trasladaron a la Kommandantur. Mir fue llevado a una amplia sala de interrogatorios donde se hallaban tres máquinas de escribir, registrado a fondo, obligado a desnudarse e instado a entregar sus “mensajes secretos”. Él mismo señala que llevaba un diminuto papel escrito con tinta invisible en un pequeño bolsillo de su pantalón y, mientras se quitaba la ropa, fingió un fuerte acceso de tos y, tras pedir un pañuelo, introdujo una mano en el bolsillito y extrajo el documento, tragándoselo.

Gracias a aquella ingeniosa puesta en escena, el agente catalán no brindó a sus interrogadores la prueba que le habría llevado a una muerte segura. Sin embargo, su salud se resintió de tal forma que estuvo al borde de la muerte por una fuerte bronquitis. Durante diez días fue interrogado, sometido a careos, víctima de amenazas y malos tratos, sin sábanas, toallas, jabón o vestimenta. Su desesperación le llevó al punto de llorar como un niño. Él mismo escribe: “Sentía vergüenza de haber llorado,

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El personaje

La ciudad belga de Ypres fue rodeada por tres flancos por el ejército alemán.

ciertamente, mas la sangre fría volvió a mi y penetraron en mi cuerpo nuevas energías”. Decidió no claudicar ni confesar nada aunque le costase la vida. Una mañana, un médico militar se presentó en su celda, lo examinó y ordenó que lo trasladaran a una celda aireada. Su esposa pudo hacerle llegar, cada semana, paquetes con ropa y alimentos y durante aquel tiempo el servicio de contraespionaje alemán hizo uso de distintas tretas para obtener informaciones del español. Introdujo a diversos chivatos en la prisión que entablaron contacto con él y le hicieron llegar falsos mensajes provenientes de la resistencia. Aún así, Mir no cayó en la trampa y siguió hermético. El martes 2 de febrero de 1917, el agente fue trasladado de Lieja a Bruselas y ocho días después hubo de comparecer ante el juez. Hubo que esperar, no obstante, hasta el 23 de marzo, para que tuviera lugar el consejo de guerra en el Palacio de la Nación, en Bruselas. Un juicio sin testigos, policías ni defensor en el que varios oficiales alemanes, presididos por un general, le sometieron a un duro interrogatorio. Una jornada que se prolongó hasta el mediodía, y donde finalmente se dictó la pena de muerte, por el crimen de alta traición de guerra. Aunque Mir insistió en su inocencia, su destino parecía estar sellado. Gracias a la intercesión de su abogado, el citado José

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Tras la guerra, el rey de Inglaterra le nombró miembro de la división civil de la Orden del Imperio Británico David, Mir pudo recibir en prisión la visita de sus dos hijos, y se realizó una petición de ayuda a la Embajada española en Bélgica, para que hiciera llegar al rey de España, Alfonso III, una solicitud de clemencia que éste debía interponer ante el mismo Káiser. Mientras el espía esperaba con resignación y dignidad el día de su ejecución, hacia las diez de la mañana del día 4 de abril de 1917, dos individuos penetraron en su celda y le leyeron una extensa carta en alemán que poco tenía que ver con lo que el reo esperaba: el milagro se había consumado y el general coronel Moritz von Bissing le comunicaba que había sido conmutada la pena de muerte por la de trabajos forzados. Parece que fue decisiva la intervención del embajador de España en Bélgica. Al día siguiente fue conducido a una prisión alemana, donde permanecería hasta el 19 de septiembre de 1917, fecha en la que fue trasladado de nuevo, en un convoy con otra cincuentena de prisioneros, a Brandebourgsur-la-Havel, cerca de Berlín. Allí permaneció hasta la hecha del armisticio, el 11 de noviembre de 1918, aunque la orden

de liberación no llegó hasta veinte días después, el 1 de diciembre. El catalán que había arriesgado la vida por la causa aliada estaba libre por fin el 6 de aquel mes, y el día 15 se reunía en Bruselas con su esposa y sus dos hijos. Según apunta Pastor Petit, después “densa niebla envuelve al personaje, a la vez que nos asaltan innumerables interrogantes”. Hoy conocemos su gesta gracias a que publicó sus citadas Memorias en 1926, en París, en la Librairie Plon, donde narró todos los pormenores que le convirtieron en un verdadero héroe. La verosimilitud de su relato la corrobora el hecho de que el rey de Inglaterra le nombrase miembro de la división civil de la Orden del Imperio Británico el 17 de octubre de 1919, y Alberto de Bélgica a su vez, por decreto, el 17 de junio de 1920, Caballero de la Orden de Leopoldo, haciéndole entrega de la cruz cívica de primera clase (1914-1918). Jaime Mir recibía así su justo reconocimiento, a pesar de que en su país de origen su gesta haya sido injustamente olvidada. Valgan estas humildes líneas para recordarle. ■


UNA EXPERIENCIA EN BUSCA DE UN PASADO IGNORADO

Descubre con Bruno Cardeñosa el pasado nazi en Madrid.

El escondite de los horrores. — RUTA: VIERNES 20 DE MAYO —

Hubo nazis en Madrid. Y muchos. Es una parte de la historia que ignoramos… Se ha borrado y la desconocemos, porque aunque España no entró en combate en la Segunda Guerra Mundial sí se convirtió en un país importante para todos y, especialmente, para la Alemania de Hitler, que transformó a Madrid en su refugio y retaguardia. En aquellas fechas, la capital de España estaba tomada por los nazis. En nuestra ruta lo vamos a demostrar.

Juntos vamos a conocer algunos de los lugares más importantes y secretos que tuvieron los nazis en Madrid. Acompánanos a descubrir esta historia perdida…

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Historia contemporánea

A primeras horas de la madrugada del 26 de abril de 1986, los habitantes de la ciudad de Prípiat, en la actual Ucrania y muy próxima a la frontera con Bielorrusia, se despertaron sobresaltados al escuchar el sonido de las sirenas de los coches de bomberos circulando a gran velocidad por la principal avenida de la localidad. Al asomarse a las ventanas para ver qué era lo que pasaba pudieron ver un extraño fulgor que procedía del lugar donde estaba la central nuclear de Chernóbil, sin imaginar la magnitud del desastre que se acababa de producir. 88

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JOSÉ LUIS HERNÁNDEZ GARVI


30 años después

Chernóbil

Así vivimos en España el accidente nuclear que conmocionó al mundo

El paisaje desolador de la central de Chernóbil tras la catástrofe.

E

n la década de los ochenta del siglo XX, Prípiat era la típica ciudad de la era soviética surgida de la nada para alojar a las familias de los trabajadores de una instalación estratégica, en este caso la cercana central nuclear bautizada con el nombre de Vladímir Ilich Lenin, en honor al líder de la Revolución Rusa, aunque todo el mundo la conocía por Chernóbil por su proximidad a la población homónima que existía antes de su construcción. Sus bloques de apartamentos levantados con secciones prefabricadas, sus desvencijados autobuses urbanos y los ruidosos y humeantes Ladas circulando por sus calles, daban a Prípiat el aspecto gris y triste de muchas

ciudades industriales de la antigua URSS. Los coloristas azulejos con que estaban decoradas las fachadas de algunos edificios intentaban romper la monotonía del paisaje urbano, en el que destacaba la chimenea del reactor número cuatro de la planta nuclear que daba empleo de forma directa o indirecta a la mayoría de la población. Bautizada como la ciudad del futuro por la propaganda soviética, Prípiat fue fundada a principios de 1970, dos años antes de que se iniciasen los trabajos de construcción de la central nuclear, situada a unos tres kilómetros de distancia. Los urbanistas que la diseñaron pretendieron crear un entorno agradable para los trabajadores y sus familias, construyendo amplias

avenidas rodeadas de parques y zonas recreativas. Rodeada por un bello entorno, con temperaturas relativamente suaves en invierno y no demasiado calurosas en verano, con la llegada del buen tiempo las orillas cubiertas de césped del río de aguas cristalinas que daba nombre a la ciudad servían de lugar de esparcimiento para sus habitantes durante los fines de semana. Prípiat atraía a gentes llegadas sobre todo desde otras partes de Ucrania. Los salarios de los trabajadores de la central eran altos y el nivel de vida era muy superior al de otras capitales del país, convirtiéndose en poco tiempo en una ciudad próspera en la que un alto porcentaje de la población era muy joven. En apenas dieciséis años

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Historia contemporánea

Las ruinas de Prípiat y otras localidades cercanas a la central ofrecen impactantes imágenes que parecen extraídas de una película sobre catástrofes apocalípticas.

La central nuclear y la ciudad eran presentadas por la propaganda soviética como ejemplo de los logros del comunismo su número de habitantes se multiplicó hasta alcanzar los cincuenta mil, con unos índices de natalidad que superaban los mil nacimientos por año. La central nuclear y la ciudad levantada en sus proximidades eran presentadas por la propaganda soviética como ejemplo de

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los logros alcanzados por el comunismo y su tecnología. En un principio se había previsto construirla a sólo veinticinco kilómetros de Kiev, pero los científicos de la Academia Ucraniana de las Ciencias desaconsejaron su emplazamiento tan cerca de la capital por motivos de seguridad. Durante el desarrollo

del proyecto nadie pensó que Prípiat se convertiría en una gran ciudad. En 1986 la central de Chernóbil contaba con cuatro rectores en funcionamiento del tipo RBMK, acrónimo de Reaktor Bolshoy Moshchnosti Kanalniy (“Reactor de Canales de Gran Potencia), cada uno capaz de producir 1000 megavatios. Diseñada por Víktor Bryukhanov, ingeniero con buenos contactos en el partido comunista, se construyó en un tiempo récord para cumplir con los plazos exigidos desde la cúpula del estado, sin prestar demasiada atención a los aspectos relacionados con la seguridad


y la calidad de los materiales empleados en la construcción. Al margen de estas graves deficiencias, los reactores RBMK eran muy inestables a baja potencia, lo que suponía un riesgo añadido. Sin embargo, nadie pareció prestar atención a los fallos de diseño y el proyecto siguió adelante. EL ACCIDENTE La noche del 26 de abril de 1986 los controladores de la planta habían programado un apagado rutinario del reactor número cuatro para su mantenimiento. También se iba a realizar una evaluación para comprobar cuánto tardaba en entrar en funcionamiento el último sistema de seguridad compuesto por dos generadores. El test consistía en medir el tiempo que las turbinas, a la espera de la puesta en marcha de los generadores, hubieran continuado girando y suministrando electricidad en caso de un apagón imprevisto, manteniendo operativas las bombas de refrigeración y los motores de las barras de control que servían para desactivar el reactor. La prueba era de vital importancia y debía haberse realizado antes de volver a encender la planta, pero fue pospuesta ante la necesidad de poner en funcionamiento lo antes posible el reactor número cuatro. Ante la presencia de varios técnicos del Ministerio Soviético de la Energía, llegados expresamente desde Moscú para supervisar el experimento, se procedió a reducir el nivel de potencia. Durante esa fase el sistema de emergencia fue desactivado para que no interrumpiese el proceso. En ese momento ningún técnico de la central se dio cuenta del defecto inherente que afectaba a los reactores del tipo RBMK, propensos a aumentar peligrosamente su inestabilidad cuando funcionaban a baja potencia durante un cierto periodo de tiempo. De esa forma comenzaba una sucesión de errores humanos y técnicos que acabarían provocando el desastre. Cuando los operarios se dieron cuenta de que la temperatura del reactor había llegado a un punto crítico ya era demasiado tarde. Dominados por el pánico, intentaron poner en marcha el sistema de emergencia, que tardaba veinte segundos en iniciar su secuencia de encendido cuando bastaban tan sólo tres para que se produjese la fusión del núcleo del reactor. De pronto, una violenta explosión sacudió toda la central. Las cerca de mil toneladas del hormigón armado del techo del reactor

Los dosimetristas realizan análisis periódicos de la zona afectada.

Los liquidadores EL EQUIPO DE EXTINCIÓN de incendios de la central nuclear de Chernóbil y los bomberos de la ciudad de Prípiat fueron los primeros en llegar al lugar del siniestro cuando el reactor número cuatro saltó por los aires. Sin la preparación adecuada y sin equipos de protección, se enfrentaron al fuego como si se tratase de un incendio más, sufriendo espantosas quemaduras al exponerse a unos niveles de radiactividad incompatibles con la vida. Treinta y uno de ellos fueron las primeras víctimas. Después hubo muchos más héroes, los llamados liquidadores. Miles de soldados, pilotos, bomberos, técnicos, operarios de maquinaria, mineros, médicos y científicos llegados desde todos los rincones de la Unión Soviética trabajaron sin descanso durante semanas para reducir los efectos del mayor desastre nuclear de la historia. Todos acudieron voluntariamente al llamamiento de la Madre Rusia sin que nadie les explicase la naturaleza del peligro al que se enfrentaban. Algunos llegaron atraídos por la promesa de una gratificación o la concesión de un privilegio que les facilitaría el acceso a un piso del estado o la compra de un coche. Otros lo hicieron porque era su deber. Cuando se estropearon los robots por control remoto que operaban sobre el techo reventado de la central, fundidos por los altísimos índices de radioactividad, fueron sustituidos por hombres con obsoletas mascarás antigás y trajes improvisados que habían sido forrados precariamente con plomo, que a paladas y corriendo arrojaban al interior del núcleo incandescente los escombros expulsados al exterior por la explosión. Valerosos pilotos de helicópteros volaron durante semanas hasta el límite de sus fuerzas, arrojando sobre la central toneladas de boro, dolomita, arena, arcilla y plomo, materiales que debían servir para extinguir el incendio del grafito y absorber la radiactividad, exponiéndose a las emisiones asomando la cabeza por las ventanillas abiertas de la cabina para acertar en el blanco. Una gran parte de los miles de liquidadores que participaron en las tareas de limpieza y en la construcción del sarcófago lo pagaron con sus vidas, sufriendo atroces agonías que consumieron sus cuerpos. Todos recibieron una medalla en reconocimiento a sus servicios a la patria. Monumento en Kiev a los liquidadores.

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Historia contemporánea

Mijaíl Gorbachov, Secretario General del Partido Comunista de la URSS en el momento de la catástrofe.

La explosión liberó a la atmósfera una gran cantidad de sustancias radiactivas que contaminaron los dos hemisferios del globo saltaron por los aires mientras las paredes se desmoronaban, dejando escapar una nube radiactiva que se elevó a una altura de once kilómetros mientras el grafito al rojo vivo y el combustible de la central se esparcieron entre los escombros. La explosión liberó a la atmósfera una gran cantidad de sustancias radiactivas que arrastradas por el viento contaminaron los dos hemisferios del globo, precipitándose con la lluvia. La emisión de radiactividad se prolongó durante diez días y prácticamente toda Europa resultó contaminada, haciendo que saltaran las alarmas. El 29 de abril se

registraron niveles anormalmente altos en Polonia, Alemania, Austria, Rumania, Finlandia y Suecia. Al día siguiente la nube radiactiva llegó a Italia y Suiza. A primeros de mayo se había extendido rápidamente por Francia, Bélgica, Holanda, Gran Bretaña y Grecia. La dispersión de las partículas alcanzó rápidamente al resto del mundo, llegando a Japón, China, la India, Estados Unidos y Canadá. En poco más de dos semanas, el accidente de Chernóbil se había convertido en una catástrofe humanitaria y medioambiental de magnitudes nunca vistas hasta entonces.

Se acababa de celebrar el Referéndum de la OTAN cuando el Gobierno del Presidente Felipe González tuvo que lidiar con el asunto de Chernóbil.

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REPERCUSIÓN EN ESPAÑA En España, como en el resto del mundo, las noticias sobre lo ocurrido en la central nuclear tuvieron una amplia repercusión en los medios. Las primeras filtraciones llegaron a la redacción de Radio Nacional de España el 29 de abril, mientras algunos rumores poco tranquilizadores hablaban de la posibilidad de una fusión parcial del núcleo del reactor. Un día después la prensa europea se hizo eco de la impactante noticia, haciendo hincapié en la escasa transparencia informativa ofrecida por las autoridades de Moscú. En la misma línea, las páginas de los periódicos españoles publicaron editoriales y artículos firmados por expertos en los que se criticaba la falta de seguridad de las centrales nucleares soviéticas, aludiendo al atraso tecnológico de la URSS respecto a Occidente en esta materia. En los días siguientes a aquel fatídico 26 de abril las noticias sobre Chernóbil coparon las portadas de los periódicos y las cabeceras de los informativos. En los titulares que pudieron leerse en los medios españoles algunos hacían referencia a la petición de ayuda solicitada por la URSS a las potencias occidentales para controlar los efectos del escape radiactivo. También aparecieron las primeras estimaciones sobre víctimas mortales provocadas por el accidente y las imágenes que llegaban sobre las evacuaciones masivas que se estaban llevando a cabo en Prípiat y en otras poblaciones cercanas a la central. Mientras las pastillas de yoduro potásico, tomadas para impedir que la glándula tiroides absorba partículas radiactivas, se agotaban en muchos países europeos, los portavoces del EURATOM, organismo público de la Comunidad Europea para la Energía Atómica, emitieron varios comunicados en los que afirmaban que la fuga de Chernóbil no suponía ningún riesgo de contaminación para los países comunitarios. Sin embargo, la evidencia de los hechos se encargó de desmentir los mensajes tranquilizadores que pretendían transmitir las autoridades europeas. Las lecturas en los aparatos de medición contradecían a los políticos mientras nadie sabía cómo parar la nube radiactiva y defenderse de sus nocivos efectos. En una rueda de prensa pronunciada por expertos del Instituto de Técnicas Energéticas de la Universidad Politécnica de Cataluña, se anunció que una segunda nube radiactiva, procedente de Ucrania y


Estructura del nuevo sarcófago que cubrirá el reactor número cuatro de la central.

El sarcófago

En los días siguientes las noticias sobre Chernóbil coparon las portadas de los periódicos y las cabeceras de los informativos diferente a la que había afectado al Norte de Europa, había alcanzado España, cubriendo extensas áreas del levante español. A Cataluña habría llegado a partir del 3 de mayo, precipitándose por culpa de la lluvia de aquellos días y contaminando el suelo y las plantas de hoja ancha, penetrando a su vez en la cadena alimenticia. CONTAMINACIÓN EN LA PENÍNSULA Mientras entre los ciudadanos se extendía el temor a que las partículas radiactivas fueran absorbidas por la vegetación y los animales para después pasar al hombre, las informaciones de los medios de comunicación españoles comparaban las características de las centrales nucleares soviéticas con las que funcionaban repartidas por la península, preguntándose si cumplían con todas las medidas de seguridad y si existía el riesgo de que se pudiera producir un accidente como el ocurrido en Chernóbil. El diseño de las centrales nucleares occidentales, incluidas las españolas, poco

tenía que ver con el de las plantas soviéticas. Las que estaban en funcionamiento en nuestro país contaban con reactores mucho más estables y un refuerzo de las medidas de seguridad, aunque nunca podía descartarse del todo la posibilidad de un accidente. El rasgo más distintivo y visible era la presencia de un elemento de contención cubriendo la vasija del reactor donde se encuentra el combustible, estructura de seguridad construida con gruesos muros de hormigón que en caso de accidente debían impedir la emisión de radiaciones. El reactor número cuatro de Chernóbil carecía de esta protección para abaratar el coste de su precipitada construcción. En respuesta a las informaciones aparecidas en la prensa, Francisco Pascual Martínez, presidente del Consejo de Seguridad Nuclear, entidad pública independiente constituida para velar por la seguridad de las instalaciones nucleares españolas, hizo unas declaraciones en las que insistió en que no existía ningún peligro en

DESPUÉS DEL ACCIDENTE se construyó a toda prisa el llamado sarcófago, una enorme cubierta de acero y hormigón sobre el reactor para evitar la emisión de radiación. Concluido en noviembre de 1986, se estimó que aguantaría treinta años. Sin embargo, al poco tiempo de su finalización se detectaron fisuras por las que se filtraban al exterior gas, agua y polvo radiactivo. En caso de que el sarcófago se derrumbase, la catástrofe crearía un escenario parecido al que se vivió cuando la central reventó. Para que eso sucediera bastaría un pequeño terremoto, sin contar con la posibilidad de que el combustible nuclear que todavía contiene en su interior pudiera alcanzar un punto crítico que diera lugar a una reacción en cadena y una nueva explosión. En previsión de lo que pudiera suceder, en 1998 se reemplazaron algunas partes de su estructura, obras financiadas con fondos del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo. En realidad se trató de una reparación de urgencia que no subsanó las deficiencias del sarcófago y que tan sólo sirvió para posponer la instalación de una nueva cubierta. En la actualidad se está trabajando en la construcción de una gran cúpula que lo sustituya. Diseñada por ingenieros británicos, el proyecto se ha enfrentado a graves dificultades derivadas de su complejidad y la contaminación del entorno. Se ha cumplido el plazo de treinta años y el nuevo sarcófago todavía no está terminado.

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Cartel indicativo de carretera a la salida de Chernóbil.

Los niveles de radiactividad aumentaron en áreas del País Vasco, Cataluña y el litoral mediterráneo las ocho centrales nucleares que entonces se encontraban en funcionamiento en nuestro país. Sus aclaraciones ante los medios no tranquilizaron a la población, que veía con preocupación cómo aumentaban los niveles de radiactividad en áreas del País Vasco, Cataluña y el litoral mediterráneo. Ejemplo del temor provocado por las preocupantes noticias que llegaban desde Chernóbil fue lo ocurrido en las Islas Baleares, donde las autoridades autonómicas prohibieron la caza, comercialización y consumo de tordos, debido al riesgo de que estas aves migratorias pudieran impregnarse de partículas radiactivas al volar sobre zonas de Europa contaminadas. El accidente de Chernóbil coincidió con un delicado momento político en España. En esas fechas todavía no se había cumplido un mes del Referéndum sobre la permanencia de nuestro país en la OTAN, cuestión que había generado una gran controversia entre los partidos de izquierda y la opinión pública. El resultado de la consulta fue favorable al “sí” por un estrecho margen, reforzando el liderazgo de Felipe González al frente del Gobierno socialista que presidía. Pero las discusiones políticas habían sensibilizado a la sociedad española

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sobre el peligro de las armas nucleares, reavivando de paso el debate sobre las centrales y sus riesgos. El lema “nuclear, no gracias”, impreso en pancartas, pegatinas y camisetas contaba con muchos partidarios y los representantes del Gobierno, en plena precampaña electoral de las elecciones que se iban a celebrar el 22 de junio de ese año, temiendo que el PSOE pudiera sufrir un duro desgaste en su cita con las urnas, no tomaron partido en un asunto que consideraban de política internacional, limitándose a adoptar medidas sin demasiada trascendencia que sirvieran para tranquilizar a la opinión pública pero sin perjudicar los intereses de los grupos industriales detrás de las centrales nucleares españolas. TRAGEDIA HUMANA La incompetencia de las autoridades soviéticas para afrontar la crisis volvió a ponerse de manifiesto dejando que transcurrieran treinta y seis horas después del accidente antes de que decidieran dar la orden de evacuación de la zona próxima a la central. Hasta entonces se había instado a los habitantes de Prípiat y otras localidades cercanas a continuar con su vida normal, ignorando las voces de los

Imagen del centro abandonado de Prípiat devorado por la maleza. Al fondo a la derecha puede verse la noria del parque de atracciones, imagen icónica de la tragedia.

científicos y especialistas que recomendaron desesperadamente la adopción de medidas urgentes para proteger a la población. Cumpliendo las órdenes del Kremlin, el Ejército Rojo tomó el control de la situación. Las tropas y los agentes de la Milítsiya recorrieron las calles obligando a los residentes a abandonar sus hogares precipitadamente bajo la promesa de que regresarían en un plazo de tres días. Tan sólo se les permitió llevar un mínimo equipaje, dejando el resto de pertenencias en sus casas. Una minoría, formada por ancianos apegados a la tierra, se negó a abandonar sus casas. Mientras tanto, los soldados iniciaron el exterminio sistemático de todos los animales domésticos y de compañía, cazándolos a tiros para impedir que pudieran ser transmisores de la radiactividad. Según los testimonios recogidos en el libro Voces de Chernóbil, escrito por la periodista bielorrusa Svetlana Aleksiévich, ganadora del Premio Nobel de Literatura del año 2015, las escenas apocalípticas de aquellos dramáticos días recordaron a las vividas durante la Segunda Guerra Mundial. En el transcurso de la operación se calcula que fueron evacuadas más de cuarenta mil personas. Otras 400.000 fueron expulsadas más allá de los treinta kilómetros de la zona de exclusión. La inmensa mayoría jamás pudo regresar a sus casas, perdiendo todos sus bienes, sus puestos de trabajo y sus vínculos familiares y sociales. Actualmente nueve millones de bielorrusos, ucranianos y rusos viven en zonas que superan


con creces los límites de radiactividad peligrosos para la salud, consumiendo agua y alimentos altamente contaminados. El ochenta por ciento de ellos sufren algún tipo de patología vinculada a los efectos de la radiación. En las zonas próximas a Chernóbil se han multiplicado un doscientos por cien los casos de leucemia, cáncer de tiroides y tumores cerebrales. En los niños nacidos desde entonces se ha constatado un aumento de un sesenta por ciento de las malformaciones causadas por mutaciones genéticas que afectan a las extremidades, los órganos sensoriales y el sistema óseo, muscular y cardiovascular. En estas regiones los nacimientos de bebés prematuros o con grandes malformaciones irreversibles han aumentado un cincuenta por ciento. Sus madres, en muchos casos niñas cuando sucedió la catástrofe, ven como se mueren sus hijos sin que la medicina pueda curarles. Es posible que en los próximos años comencemos a ver el verdadero impacto de la tragedia sobre las generaciones futuras. De momento, según los cálculos de organismos independientes, en todo este tiempo el accidente de Chernóbil ha causado más de un millón de muertes. En términos económicos, el coste por las pérdidas materiales asciende a varios billones de dólares. A la hora de manejar cifras, resulta imposible cuantificar el dolor y el sufrimiento humanos. La superficie de terreno contaminado donde es peligroso vivir comprende actualmente más de doscientos sesenta mil km2, algo más de la mitad de toda la

La escritora Svetlana Aleksiévich.

Según cálculos independientes, en todo este tiempo el accidente de Chernóbil ha causado más de un millón de muertes extensión de España. Los científicos calculan que la radiactividad permanecerá en la zona varios miles de años. Hasta entonces no será seguro residir allí. La entrada libre a la zona de exclusión no está permitida y el ejército controla los accesos. Sin embargo, algunas agencias de viaje ofrecen visitas guiadas autorizadas a aquellos que quieran vivir la experiencia de ver Chernóbil con sus propios ojos. El horror como destino turístico. Mientras los edificios de Prípiat y otros pueblos abandonados agonizan estancados en el pasado de la era soviética, la vegetación

exuberante y la fauna salvaje se ha apoderado de las ruinas. A pesar de la prohibición, algunos que no tenían adónde ir se atrevieron a regresar, sobreviviendo durante años con lo que cultivaban en sus huertos, los huevos que ponían sus gallinas y la carne de la abundante caza. A ellos se unieron pequeñas comunidades de refugiados rusos de las minorías expulsadas de antiguas repúblicas soviéticas. Por las noches hay que tener cuidado de las manadas de lobos y de las partidas de bandidos que merodean por los alrededores. La vida sigue en Chernóbil. ■

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Entrevista

Alberto de Frutos ha escrito la historia de España a través de la literatura

“Cada libro es el reflejo de una época” Acaba de aparecer Breve Historia de la Literatura Española (Nowtilus, 2016). Es uno de los mejores libros de nuestro tiempo. Su autor es un genio, un amigo, un gran periodista, un mejor escritor y una persona dotada de un halo especial. Es Alberto de Frutos, redactor-jefe de nuestra revista y autor de obras como Utopías (Cydonia, 2008) y Familias estructuradas (Paréntesis, 2013). Y una de las personas que más sabe sobre las letras españolas. BRUNO CARDEÑOSA

Breve historia de la literatura española

ALBERTO DE FRUTOS DÁVALOS NOWTILUS. MADRID (2016). 320 PÁGS. 14,95 €.

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oder entrevistar a Alberto de Frutos es una excusa para dejar por escrito lo que uno siente sobre él. Se le pueden hacer mil preguntas; las responderá genialmente. Se puede hablar con él de todo –menos de fútbol, especialmente porque los futbolistas se han empeñado en que no lo hagamos– y descubrir que leer mucho debe de ser lo mejor que se puede hacer: sólo hay que conocerlo y saber que existe. Igual el mundo es una creación de nuestra mente, pero si es así, es que necesité crear alguien así.

Como escritor es un fuera de serie. Los lectores de la revista saben que son suyos los mejores textos que aparecen aquí, pero me interesa sobre todo otra cosa de él. Siempre lo tuve al lado y, cuando lo he necesitado –él sabe más que nadie sobre todo– lo he tenido al lado. No conoce la palabra “no”; al menos, no la conoce para las cosas importantes. Es de una fidelidad asombrosa. A veces, pienso que debe estar harto de mis neuras, pero tenerlas, teniendo a mi lado a una personalidad como la suya, es una de las pocas caricias del destino que quiero llevarme a la tumba (o al florero, o a

la taza del váter, que es mi sitio elegido). No sé cómo darle las gracias por todo… Ha ganado más de cien premios, y le falta obtener los más importantes; escribe como los ángeles y está al nivel de los mejores. Tiempo al tiempo. No he leído tanto como él, pero lo suficiente para saberlo y para darle las gracias por brindarnos un trabajo como este en el que nos demuestra que nuestra historia es la historia de la literatura o al revés. Con ustedes… un genio (él se pondrá rojo porque se lo diga, pero no me importa porque sé que todos los que le conocen piensan lo mismo). Os dejo con él.

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Entrevista

HIV Dedicas tu libro a los profesores de literatura. ¿Están en extinción? Lo digo porque quieren cargárselos… Alberto de Frutos Las humanidades llevan años en la diana de los planes de estudio, pero, por suerte, los profesores de literatura son más fuertes que los dinosaurios. Es una dedicatoria sentida: tiene mucho mérito desmagnetizar a los chavales de la

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televisión o el móvil por un libro. Cuando lo consiguen, es casi un milagro. P Dedicas casi todos los días a leer, y a visitar bibliotecas… ¿Cómo haces para llegar a todo? R Ahí el mérito es de quien hizo los días de veinticuatro horas… No, en serio, cuando las cosas se hacen con gusto

el trabajo no se nota, tú lo sabes. La escritura es una carrera de fondo. En una de cien metros, llegaría el último. Defiendes a los clásicos, aunque hemos oído mucho eso de que los profesores mandan leer a los alumnos cosas muy tediosas y que no incitan a la lectura. P


“EL ADN DE LA LITERATURA ESPAÑOLA, CREO YO, ES EL ESTILO CON TROPEZONES, COMO LA PAELLA” que Harry Potter, Maese Pedro hacía cosas maravillosas con el monito en su retablo. ¿Hay que ser amante de la literatura para acercarse a los libros? ¿Se está convirtiendo en una afrenta en tiempos en los que se lee poco? R Hay que amar al ser humano, y la literatura es una forma de hacerlo: cuando lees un libro, dialogas con su autor, descubres a los personajes que ha creado, y así comprendes el mundo en el que vives y te conoces mejor a ti mismo. Desde luego, es mejor leer que no hacerlo. Quizá la lectura no nos salve de convertirnos en unos monstruos, pero tampoco hace daño. Y a veces, es curioso, no somos nosotros quienes nos acercamos a los libros, sino los libros los que se acercan a nosotros. Sería una grosería por nuestra parte darles con la puerta en las narices. P

P A ver si me sacas del dilema: se lee poco y sin embargo se publica más que nunca. ¿Es posible resolver esta ecuación o se miente en algunos de sus elementos? R Probablemente se mienta; si no, tendríamos que aceptar que la industria editorial está en manos de mecenas desinteresados, lo que refutaría la acepción de industria como “negocio”. También es cierto que los “pocos felices” que leen, leen una barbaridad. Conozco a locos que leen un libro, ¡o más!, a la semana en vez de ver Hombres, mujeres y viceversa.

R Es verdad, hay que tener cuidado con eso. No creo que se deba imponer la lectura de un libro solo porque figure en el canon, pero también hay que vencer los prejuicios que nos suscita la palabra “clásico”. Hay obras medievales enormemente divertidas a las que no hincamos el diente porque creemos que no van con nosotros. ¿Y qué mejor libro de aventuras que El Quijote? Mucho antes

P Dedicas un capítulo al tema… ¿existe un ADN de la literatura en español? R Así titulo uno de los capítulos, sobre la picaresca, un género muy nuestro, aunque sus raíces se remonten a la literatura latina. El ADN de la literatura española, creo yo, es el estilo con tropezones, como la paella, o sea el Barroco, la música de las palabras y la mirada –compasiva o lacerante– sobre los más desfavorecidos. Somos un híbrido de Quevedo y Valle-Inclán.

¿Hay diferencia entre la literatura española y la hispanoamericana? R Hay vasos comunicantes, y también diferencias notorias. Pero, como recuerdo en el libro, nuestro país fue la principal P

puerta de entrada a los escritores del boom, muchos de los cuales vivieron aquí, publicaron aquí sus libros y fueron premiados en “nuestros” certámenes literarios. Realismo mágico es García Márquez, Juan Rulfo y Miguel Ángel Asturias. Pero también Cervantes y las crónicas de Indias. ¿Es más literatura hablar que tener seguidores en facebook? R Las redes sociales son un gran invento. La torre de marfil ha caído, o se ha hecho de barro, y los escritores se han “humanizado”. Pero, por otra parte, hay una propensión al exhibicionismo que yo no comparto. Escribir es el mandato de los escritores; vender, la carga de los vendedores. A todo esto, ¡cómo no echar de menos las tertulias de los cafés! ¿Cómo nos vamos a hacer selfies con los “Pessoas” de nuestros días, si ya no nos reunimos en A Brasileira? Digo yo que Zuckerberg creará un icono para estatuas virtuales pero… ¡no me gustan! P

Hay dos tipos de autobiografías, aquellas que hacen de la vida que uno ha experimentado un arte y aquellas que obligan a ser fuerte para no perder amor por ese género… ¿Qué tiene que tener una autobiografía para ser literatura? R Jajaja. Es verdad. No todo el mundo tiene algo que contar, aunque sea un personaje muy popular. Una golondrina no hace verano, ni el careto de un famoso en una portada hace autobiografía. Como cualquier género, la primera exigencia es que esté bien escrita. Que la experiencia del autor sea interesante o significativa también ayuda. Si me permites, recomendemos aquí La arboleda perdida, de Rafael Alberti, o Confieso que he vivido, de Pablo Neruda. P

Hablando de esto… ¿hay literatura buena o mala? ¿O lo segundo no puede considerarse literatura? R Bueno, lo que consideramos habitualmente literatura mala es simplemente lectura, en el mejor de los casos entretenimiento. Y no estoy diciendo que sea malo leer, todo lo contrario. P

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Entrevista

“QUIZÁ LA LECTURA NO NOS SALVE DE CONVERTIRNOS EN UNOS MONSTRUOS, PERO TAMPOCO HACE DAÑO” ¿Se puede conocer la historia gracias a las pulsiones que los autores expresan en sus libros? R Sin duda. Cada libro deja un poso de su época. Los grandes autores son capaces, aunque sea de modo velado, de dejar para la posteridad un reflejo lúcido del mundo en el que viven. Escritor no es simplemente aquel que puede modificar la sensibilidad de un individuo. Para mí, escritor es quien tiene la capacidad de modificar la sensibilidad de toda una sociedad. P

También hablas mucho del teatro. ¿Ha desaparecido como género literario? ¿Ha sido sustituido por el guion de cine? R Voy bastante al teatro, y en ocasiones veo las salas con más público que en el cine (también depende de la obra y de la película, y de la pirotecnia promocional que rodee a ambas). Se escriben obras para la escena magníficas, y hay guionistas estupendos. Son artes que se complementan a la perfección. Lo que hay que conseguir es enganchar al P

público más joven para que disfrute de una comedia de Lope de Vega igual –más, a ser posible– que de Los vengadores. No vale el pretexto de que el teatro suena menos real, o más artificial, que el cine. ¿Menos real? ¿Más artificial? Por Dios, que estamos hablando de Thor y El capitán América. Nos enseñaron mucho sobre las generaciones, que si la del 98, la del 14, la del 27… ¿Existieron en realidad o es una demostración de que somos tan cuadriculados que es necesario encuadrar las cosas? R El concepto generacional siempre surge a posteriori, a veces con una intención pedagógica, lo que resulta legítimo. La cuadrícula no tiene por qué ser mala siempre que no se fuerce. Lo malo es inventarse grupos donde no los hay, como una estrategia de marketing que valide propuestas que por sí solas no se sostendrían. En el caso del 98, el 14 y el 27, se dan ciertas conexiones que justifican que hoy sigamos hablando de ellas. Lo malo P

de estos paradigmas es olvidar todo lo que quedó en los márgenes. ¿Qué pasará en el futuro? ¿Habrá papel o todo se sustituirá por el libro electrónico? R Supongo que convivirán ambos formatos, pero, puestos a soñar en un mundo ideal, confío en que el primero prevalezca sobre el segundo. Nunca he leído un libro electrónico. P

Antes escribir estaba al alcance de muy pocos. Ahora, son muy pocos los que deciden guardarse lo que sienten. ¿Hay muchos literatos por descubrirse a sí mismos? R Escribir está al alcance de todo aquel que haya aprendido a hacerlo en la escuela. Otra cosa es ser escritor, me refiero a ser capaz de aportar cierta magia. Jugar una pachanga de fútbol con los colegas de la universidad no quiere decir que seamos futbolistas, ni escribir un tuit ingenioso, un post o un vademécum entero quiere decir que seamos escritores. P

P En los tiempos actuales hay agentes y lectores profesionales… ¿Por que ambos quieren cargarse la literatura? R No creo que nadie pueda cargarse la literatura. Más que nada porque literatura solo es aquello que trasciende, que sobrevive a los cambios sociales y que incluso los impulsa. Agentes y lectores profesionales pasarán de largo: la literatura de verdad se escribe y permanece como tinta invisible en el cuerpo de la historia.

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“DESPUÉS DE IMAGINAR TANTAS SOCIEDADES IDEALES, LOS ESCRITORES COMPRENDIERON QUE CUALQUIER TIEMPO FUTURO SERÍA PEOR” P ¿No consideras que las utopías son sólo un sueño de los literatos y que sólo anunciaron el futuro los distópicos? R Absolutamente. O quizá las utopías fueran el huevo del que salió la gallina distópica. Después de imaginar tantas sociedades ideales sin que ninguna llegara a materializarse, los escritores comprendieron que cualquier tiempo futuro sería peor y dejaron a un lado la ingenuidad de sus padres. Hoy Casandra se forraría poniendo un consultorio de malos agüeros.

Precisamente, uno de tus libros anteriores se titula Utopías. ¿Si tuvieras que escribir un relato en ese libro sobre la literatura para el futuro qué conceptos se te ocurrirían? P

R Distópicamente hablando, se nos adelantó Bradbury con Fahrenheit 451. Imagino, como él, un mundo de “hombres-libro” en una especie de comuna o leprosería. Y me temo que leeremos cada vez menos, pero, a la vez, estoy convencido de que los autores seguirán siendo los forenses de su tiempo.

Permíteme que te pregunte, pero este tema se me ocurre a propósito de otra colección de relatos tuyos, Familias estructuradas. Creo que tú (y en parte los de tu edad y de refilón aún la mía) vivimos eso de las familias estructuradas. ¿Se está perdiendo la familia? ¿Fue una quimera? ¿Somos hijos de nuestro tiempo y lo que mañana consideremos “familias estructuradas” no será lo que hoy consideramos “familias estructuradas”? P

R Bueno, en aquel trabajo traté de ironizar un poco sobre esto que me preguntas. En cierto modo, creo que las familias, como buena parte de las entidades sociales, siempre han estado, están y estarán desestructuradas. Otra cosa es que de puertas afuera la imagen que se presentaba antiguamente era muy distinta. Claro que estoy generalizando. En el fondo, escribir ficción es generalizar, pero generalizar profundizando. P Y me pregunto si tiene algo que ver todo esto con la literatura... Pero, ¿no son las familias el origen de la literatura? ¿O todo lo contrario? R Desde luego, la familia es fundamental en la literatura, desde el mismo momento en que lo es en el ser humano. Así que la familia está en el origen de la literatura, sí, y también en su fin.

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Retrato de Miguel de Cervantes, ca. 1800. © Museo Casa de Cervantes, Valladolid.

Ágora

El libro del mes

El artífice de la modernidad

Miguel de Cervantes La conquista de la ironía

JORDI GRACIA

TAURUS. BARCELONA (2016). 472 PÁGS. 23,90 €.

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CATEDRÁTICO de Literatura Española en la Universidad de Barcelona, Jordi Gracia (Barcelona, 1965) es autor de diferentes ensayos sobre los intelectuales españoles durante la Segunda República y el franquismo. Ahora, con motivo del cuarto centenario de la muerte del autor de Don Quijote de la Mancha, se centra en retratar al hombre y al escritor. Esta biografía “no es –escribe Gracia– una historia de la literatura” sino que “cada una de sus obras se explica vertebrada con su vida y de forma intermitente y secuencial”. Gracia ha tenido en cuenta para su redacción otras muchas biografías y estudios que se han publicado sobre Cervantes. A diferencia de otros libros, se atiene a lo que dicen los documentos y evita estériles polémicas biográficas que, además, añaden muy poco a la biografía humana que quiere trazar de Cervantes. Para Gracia, “Cervantes fue tan real y genial como normal y corriente”, y esta valoración se traslada a su manera de contar su vida. El hilo narrativo es cronológico. Sin avasallar, aporta Jordi Gracia suficiente información para contextualizar la vida y la obra de

Cervantes. Se cuenta a menudo qué autores son los que estaban más de moda, qué géneros literarios eran los preferidos, cuál era el ambiente literario en Madrid, cómo influye en la literatura de aquella época el clima político, social y religioso, más en un momento en el que se ha producido la reforma de Lutero, que provocó la celebración del Concilio de Trento, que impulsó cambios para garantizar la difusión y consolidación de los dogmas católicos. Gracia describe el ambiente familiar en el que crece Cervantes, siempre con problemas de dinero y cambios de residencia, lo que será habitual en su vida. Luego habla de su formación en Alcalá y Madrid y de su salida hacia Italia, que le llevó a alistarse en el ejército y combatir en la Batalla de Lepanto. Después, la mala suerte de ser apresado por unos piratas berberiscos y pasar cinco años como cautivo en Argel. El regreso a Madrid en 1580 lleva a Cervantes a recuperar con fuerza su carrera literaria, aunque las cosas no le salen muy bien. Su teatro se ha quedado un tanto acartonado ante la novedad que representan las comedias de

Lope de Vega. Escribe su primera novela, La Galatea, pero la literatura no le da para vivir. Tras su matrimonio con Catalina Salazar, a quien conoce en Esquivias (Toledo), se convierte en comisario del rey para abastecer de víveres a la armada que se estaba preparando para combatir con los ingleses. Son años duros, en los que Cervantes se ve inmerso en cantidad de problemas por la dificultad de llevar a cabo su oficio. A su regreso, vive en Madrid y Valladolid. En 1605 publica la Primera Parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, novedosa novela que tiene un importante éxito popular, aunque pocos descubren la originalidad de su modo de novelar. Los últimos años de su vida, hasta su muerte en 1616, son de intensa actividad literaria. Gracia mezcla las vicisitudes de su vida con su faceta como escritor en marcha. En este proceso, dedica una especial atención a El Quijote, obra revolucionaria que para Gracia supone la introducción de la ironía en la literatura, clave para la construcción de la modernidad./A.T.


No tan elemental UNO NO PUEDE entender la cultura occidental sin Ulises, D’Artagnan o Sherlock Holmes. Son personajes tan reales, tan vivos, que, si nos cruzáramos con ellos en Ítaca, París o Londres, nos limitaríamos a saludarlos y les ahorraríamos el sonrojo de un selfie. Como son eternamente jóvenes, resucitan cada vez que leemos sus aventuras y, en algunos casos, la fascinación se renueva con la puesta al día de sus casos. Bonnie MacBird nació en San Francisco pero tiene alma victoriana. Arte en la sangre desentierra a Sherlock Holmes y a su inseparable Watson para un misterio que asoma entre los copos de nieve del Londres de finales del siglo XIX, prosigue en París y crepita en los páramos de Lancashire. El asesinato de unos inocentes y el robo de una estatua saben al mejor Conan Doyle. Bonnie MacBird conoce y respeta a su maestro y entabla un fértil diálogo con él, ante la agradecida mirada de sus lectores./A.F.D.

Arte en la sangre BONNIE MACBIRD

HARPERCOLLINS IBÉRICA. MADRID (2016).

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osotros estuvimos ahí… Por Alberto de Frutos

La decisión de Sophie SE ESCRIBEN muchos libros, cada vez más, pero los buenos siguen siendo excepcionales. Qué suerte que haya editores como Pere Sureda, de Navona, que en la colección Los ineludibles nos hace partícipes de la mesa celestial de sus lecturas. Cuando William Styron (1925-2006) publicó La decisión de Sophie, era ya un gigante de las letras americanas. La joven promesa que, a la edad de 28 años, se había sometido al interrogatorio de Peter Matthiessen y George Plimpton en The Paris Review era ya el autor del clásico Las confesiones de Nat Turner y estaba a punto de recibir el National Book Award por su epopeya sobre una superviviente del Holocausto, Sophie Zawistowska, católica y polaca, a la que muy pronto pondría rostro Meryl Streep en la película de Alan J. Pakula. Styron tuvo un sueño. “Extraño y apremiante”, lo califica en el prólogo. Todos tenemos sueños, pero luego hay que materializarlos y eso es tan infrecuente como una plegaria

atendida (o como un libro excepcional). La protagonista de su sueño era una muchacha a la que él había tratado brevemente en 1947. En su muñeca, un número tatuado, y, en sus ojos, el calvario todavía humeante de los campos de exterminio. Se questa è una donna... RESURRECCIÓN La decisión de Sophie es la historia de ese fantasma que se le apareció a Styron una noche, y es, por tanto, la búsqueda de un cuerpo, una voz y una conciencia para esa muchacha que casaba los pedazos de su vida en una pensión de Brooklyn, junto a un judío desequilibrado, Nathan Landau. Es una lección de vida, un escrutinio de pérdidas y de pasiones, una resurrección a través de los recuerdos y del silencio. En su día, su publicación no dejó indiferente a nadie, y sería una pena que este rescate cayera con tibieza. Aunque ya nada nos importe y pocos dolores nos duelan, podemos sombrearnos unas lágrimas mientras leemos el encuentro

entre Sophie y el doctor nazi Jemand von Niemand, hacia el final de la novela. O pintarnos, en otros fragmentos, una sonrisa, porque no hay espacio en el mundo que pueda revocar la esperanza y los aperos para labrarla. William Styron quiso personificar con Sophie Z. el horror y el sufrimiento de Auschwitz, que la mayoría de americanos ignoraba todavía en 1947 y aun después. “¿Qué es Owswitch?”, pregunta uno de los personajes. A la tarea de responder a esa pregunta y descifrar ese abismo se aplica el narrador, Stingo o Styron, a lo largo de más de 700 páginas, sabedor de que Auschwitz “solo es impenetrable mientras no intentemos penetrarlo, aunque sea de forma inadecuada”. Ojalá hubiera más libros como este, ya no digo excepcionales, que degradarían el valor de ese adjetivo, sino osados, honestos y representativos, un poco como los hombres de Emerson. Libros que nos hicieran mejores.

La decisión de Sophie

WILLIAM STYRON NAVONA. BARCELONA (2016). 774 PÁGS. 34 €.

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Ágora Desde mi torrecilla

Adolfo Torrecilla

Masacre en Casas Viejas Nacido en 1901 en Chalamera de Cinca (Huesca), Ramón J. Sender vivió como soldado en el Rif, en 1923, la experiencia de la guerra de Marruecos, sucesos que más tarde aparecerían ficcionados en su novela Imán, de 1930. Luego, se trasladó a Madrid para ejercer como periodista. Durante la dictadura de Primo de Rivera pasó unos meses en la cárcel por la virulencia de sus artículos, que empezó a publicar en El Sol y que, más tarde, con su progresiva radicalización política, aparecieron en La Libertad y en Solidaridad Obrera.

Viaje a la aldea del crimen RAMÓN J. SENDER

LIBROS DEL ASTEROIDE. BARCELONA (2016). 212 PÁGS. 16,95 €.

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SENDER estuvo vinculado al anarquismo, que abandonó para ingresar en el Partido Comunista. Durante la Guerra Civil española, en la que mataron a su mujer y a un hermano, combatió al lado de Enrique Líster y fue miembro del Alto Estado Mayor del Ejército Republicano. En la Guerra, se distanció de los comunistas, lo que le provocó algún problema en su posterior exilio, primero en México hasta 1942 y luego en Estados Unidos, donde fue profesor en diferentes universidades. A partir de la década de los sesenta, comenzó a viajar a España periódicamente. Incluso en 1969 obtuvo el Premio Planeta con su novela En la vida de Ignacio Morel. Murió en San Diego (EEUU), en 1982. Durante los años veinte y treinta compaginó su actividad periodística con la literatura,

siempre con una marcada finalidad política. Fruto de su actividad periodística es este libro, Viaje a la aldea del crimen, que publicó en 1934 y en el que juntó y amplió con más información las crónicas que había escrito en enero de 1933 para el periódico La Libertad sobre los hechos acaecidos en Casas Viejas, una pedanía de Medina Sidonia (Cádiz) de apenas dos mil habitantes. Ante la magnitud y gravedad de los acontecimientos, pocos días después de los sucesos, Sender se trasladó a Casas Viejas para reconstruir en sucesivas crónicas periodísticas lo que allí había pasado, la trágica muerte de unos veinte campesinos que se habían levantado en armas contra el gobierno de la República para proclamar el comunismo libertario. El día 10 de enero de 1933, pensando que formaban parte de una

revolución de carácter nacional, un grupo de campesinos asaltó el Cuartel de la Guardia Civil provocando varios heridos. El Gobierno de la República reaccionó rápidamente enviando a Casas Viejas varias docenas de guardias civiles y guardias de asalto que provocaron una masacre en el pueblo. Sender cuenta todos estos sucesos sirviéndose de entrevistas a algunos de los supervivientes, a los vecinos y familiares. Llegó a Casas Viejas muy pocos días después y escribió las crónicas de manera acelerada, explicando los pormenores de la matanza. Tuvieron tanto éxito que un año después decidió publicarlas en un libro, añadiendo datos e informaciones que tomó de las declaraciones en los juzgados de las personas implicadas y en la comisión parlamentaria que se creó para analizar estos hechos. El resultado es un ejercicio periodístico que utiliza las técnicas literarias y que está en la línea del “nuevo periodismo” que por esas fechas cultivaron otros periodistas de renombre como Gaziel, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y, años después, Augusto Assía. Sender narra lo sucedido en directo, con técnicas que aportan más realidad, aunque en ocasiones se le vaya la mano. El libro tiene, además, una clara intencionalidad política.


Múltiple y plural

Una radiografía muy italiana EL AUTOR SICILIANO Leonardo Sciascia (1921-1989) está considerado como un clásico del siglo XX, y sigue siendo un referente para un buen número de escritores sicilianos actuales. En español tiene publicadas una quincena de novelas, entre las que destacamos El día de la lechuza, El Consejo de Egipto, El caballero y la muerte, Puertas abiertas, El contexto, La bruja y el capitán o La desaparición de Majorana. Durante unos años, fue maestro en su tierra natal, hasta que comenzó a dedicarse al periodismo y a la narrativa. Escritor moral y comprometido, con su obra literaria denunció el abuso de poder. Su literatura suele moverse en el ámbito de lo histórico.

Una gran parte de su creación literaria se desarrolla en la Sicilia de la posguerra, donde la mafia, con su peculiar actividad y proyección social, se convierte en el eje de algunos de sus argumentos. Una comedia siciliana es una colección de veinticinco artículos, relatos y breves historias que están en la línea de lo que constituye su mundo personal y literario. Las que figuran en esta selección fueron escritas entre los años 1947 y 1975. El libro lleva el título de una de ellas, que relata una historia que posee aires de drama y de sainete, de amores y bodas, dimes y diretes de una aldea siciliana en aquellos difíciles años./A.T.

Una comedia siciliana

LEONARDO SCIASCIA GALLO NERO. MADRID (2016). 197 PÁGS. 18 €.

Una crónica del Renacimiento

Rezar por Miguel Ángel CHRISTIAN GÁLVEZ

SUMA DE LETRAS. BARCELONA (2016). 456 PÁGS. 19,90 €.

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LA TRILOGÍA de los artistas que Christian Gálvez emprendió con Matar a Leonardo da Vinci prosigue ahora con Rezar a Miguel Ángel y se completará con Salvar a Rafael. En esta entrega, el autor nos presenta un complejo fresco del Renacimiento inspirado, como nos anuncia en la nota previa, en hechos reales. Florencia y Roma son los principales escenarios de una trama absorbente, muy entretenida, que se desarrolla también en

Madrid, Valladolid y Sevilla, entre otras ciudades. Sus personajes son “más grandes que la vida”. Junto a Miguel Ángel piden la voz el emperador Carlos, el papa Gregorio VII, el rey de Francia Francisco I o Martín Lutero. La épica se da la mano con la lírica y las descripciones, siempre rigurosas y eficaces, aportan verosimilitud a la narración. Tras la novela, una serie de apéndices nos ilustran sobre el contexto histórico./A.F.D.

JUAN PABLO FUSI, catedrático emérito de la Universidad Complutense de Madrid, realiza en este libro una sugerente síntesis histórica que abarca desde la Edad Media hasta la actualidad. De manera resumida, se explican las claves de los cambios históricos que se van dando en Occidente (y que determinan la evolución histórica también de otras latitudes). Fusi manifiesta su entusiasmo por episodios históricos a los que da un alcance considerable, como la independencia de Estados Unidos (y la filosofía política que sustenta el nuevo régimen) y, sobre todo, la Revolución Francesa. A la vez que se repasan los principales hitos históricos, Fusi destaca las manifestaciones artísticas como claros ejemplos de los nuevos procesos políticos y culturales. Sus comentarios llegan hasta el presente. El libro proporciona una inteligente, analítica y breve mirada de conjunto, que ayuda a comprender mejor el alcance de determinados cambios históricos./A.T.

Breve historia del mundo JUAN PABLO FUSI

GALAXIA-GUTENBERG. BARCELONA (2016). 304 PÁGS. 14,50 €.


Democracias populares EN 1951, Czeslaw Milosz (1911-2004), premio Nobel de Literatura en 1980, decidió exiliarse en Francia tras cinco años de trabajar como diplomático para el Gobierno comunista que se hizo con las riendas del poder en Polonia al final de la Segunda Guerra Mundial. La traumática experiencia de todo lo que vivió Polonia durante la Segunda Guerra Mundial, que pasó en Varsovia, modificó su percepción de la poesía, de la política y de la realidad. No llegó a militar nunca en el Partido Comunista, pero en un momento dado pensó que era la mejor solución para reconstruir un país hundido. Poco le duró ese pensamiento. Sólo dos años después de su exilio, en 1953, publica este ensayo, donde intenta desmenuzar cómo funciona el pensamiento

humano en las democracias populares, centrándose especialmente en los escritores y artistas, que desempeñan en estos países una misión muy especial. Milosz conoce desde dentro la manera que tiene el poder de atraer a los intelectuales, pieza básica para la construcción de un sistema homogéneo donde es imposible ser un disidente./A.T.

La Córdoba de Abderramán III EL AUTOR de la trilogía Banu Qasi, Carlos Aurensanz, vuelve a las librerías con una novela histórica sobre el esplendor de la Córdoba de Abderramán III, a través de la figura de un médico judío, Hasday ben Shaprut, que existió realmente y a quien el autor nos descubre en sus primeros años. Figura preeminente de la Edad de oro de la cultura judía en la Península, Hasday prestó valiosos servicios al califa y se ganó su aprecio, hasta el punto de que pronto su misión científica trascendió y amplió sus tareas a la representación diplomática y la administración del califato. Aurensanz es un escritor sólido, imaginativo, que sabe plantear y resolver las distintas acciones de la novela, conjugando hábilmente la ficción con la realidad. Hay vida en sus personajes y mucha energía en sus páginas./A.F.D.

La mente cautiva

Hasday, el médico del califa

GALAXIA GUTENBERG. BARCELONA (2016). 276 PÁGS. 23,90 €.

EDICIONES B. BARCELONA (2016). 672 PÁGS. 21,50 €.

CZESLAW MILOSZ

CARLOS AURENSANZ

Para que no lo olvides

LA MUERTE no le sienta bien a nadie, pero mucho menos a los escritores. Ejemplos hay cientos. Tras los fuegos artificiales de elogios, tras las lágrimas de admiración y los pañuelos mojados de los días siguientes, se cierne el silencio, muchas veces el olvido más absoluto. Parece que de los artistas hay que hablar poquito a poco, porque

cuando se acumulan demasiadas palabras sobre ellos, en pocos días el personaje explota y se ignora. Y esto es algo que perfectamente podría haber sucedido a alguien ya en vida alérgico a los oropeles de la vida literaria y que solo se dio a conocer al gran público –probablemente sin desearlo– gracias al éxito

de su magnífica Crematorio en 2007. Pero cuando en el verano de 2015, y sorpresivamente, Rafael Chirbes falleció, dejaba un testamento que iba a prolongar su figura más allá de los caprichos de la existencia. Tomó el nombre su herencia de París-Austerlitz, y es tan excelente esta breve novela, que a quienes amamos su literatura nos ha dado un puñetazo tal que cualquier atisbo de sacar de la memoria a Chirbes se torna cada vez más complicado. Por resumirla en una frase –que resumir a Chirbes es un poco lo de menos, porque lo que de verdad importa es la forma en que va rozándote cada una de sus frases–, digamos que se centra en la relación en París entre un joven pintor

madrileño y Michel, un hombre maduro de origen normando. Todo ello, con la enfermedad como afanosa compañera de viaje. Para que tengamos memoria./J.M.G.

París-Austerlitz RAFAEL CHIRBES

ANAGRAMA. BARCELONA (2016). 160 PÁGS. 15,90 €.

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Ágora

El puzzle de los Balcanes “NACIONALISMO y juegos de poder en la destrucción de Yugoslavia” es el subtítulo de este libro, escrito por todo un experto en la guerra de los Balcanes. Explicar las claves de aquella guerra, cuyas consecuencias siguen siendo visibles en las relaciones entre aquellos países, es el objetivo de este libro, que pone las cosas en su sitio y que busca eliminar estereotipos y tópicos, muy presentes cuando se habla de un conflicto tan complejo como este. El autor echa mano de la historia, la pasada y la reciente, y presenta las claves de un conflicto histórico difícil de explicar y encasillar, que transcurre además en unos países que no responden a los habituales clichés occidentales. Poco a poco, el discurso hipernacionalista fue sentando las bases de una manera

excluyente y partidista de interpretar la historia que ocasionó, cuando se desencadenó la guerra, miles de muertes en uno de los episodios más sangrientos que ha vivido Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Un libro absolutamente necesario./A.T.

Y llegó la barbarie JOSÉ ÁNGEL RUIZ JIMÉNEZ ARIEL. BARCELONA (2016). 456 PÁGS. 19,90 €.

A ambos lados del alambre COMO NOS TIENE acostumbrados, Vila-Matas escribe sobre el alambre, pero no trata de hacer equilibrios sobre él, se deja caer a uno y otro lado sin miedo, pisando con firmeza sobre lo que para casi todos los demás es vacío. En este caso, con su ironía y voluntaria ligereza acostumbrada, explora de nuevo el enigma de la creación, en una suerte de prórroga de su anterior obra Kassel no invita a la lógica. En Marienbad eléctrico el arte contemporáneo se cuela como excusa para reflexionar sobre el hecho de escribir, de crear en general. En este caso, el libro parte de un encargo hecho por la

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artista francesa Dominique Gonzalez–Foerster, compañera de tertulia del escritor durante años en el café Bonaparte de París, con motivo de la retrospectiva de la primera en el Centro Pompidou. Arte y literatura, realidad y ficción, amistad: Vila Matas./J.M.G.

Marienbad eléctrico ENRIQUE VILA-MATAS

SEIX BARRAL. BARCELONA (2016). 128 PÁGS. 16,50 €.

La Italia de la posguerra EL 14 DE JULIO se cumple el centenario del nacimiento de Natalia Ginzburg (1916-1991), una de las escritoras más importantes de la literatura italiana del siglo XX. La novela, publicada en 1952, ofrece una visión del periodo de la resistencia y posterior clandestinidad en una Italia en guerra, a través del concierto de las voces de unos jóvenes de familia burguesa. En la mirada de Ginzburg lo que importa son las trivialidades y pequeñas grandezas de los personajes, tratados con mimo por su autora, que no les

ahorra, sin embargo, un destino difícil. La prosa, condensada y lírica, desvela una singular maestría en el retrato íntimo del alma humana./A.T.

Todos nuestros ayeres NATALIA GINZBURG

LUMEN. BARCELONA (2016). 360 PÁGS. 20,90 €.

La guerra de Afganistán CUARTO libro que se traduce de la autora bielorrusa, premio Nobel de Literatura 2015. En esta ocasión, se trata de un libro publicado en la URSS en 1994 que provocó mucha polémica, pues Alexievich dedica el libro a los soldados víctimas de la guerra de Afganistán (que regresaban de aquella guerra en ataúdes de zinc), en la que se vio inmersa la URSS de 1979 a 1989 y que causó más de 50.000 bajas. Como en sus otros libros publicados, Voces de Chernóbil, La guerra no tiene rostro de mujer y El fin del “homo sovieticus”, Alexiévich vuelve a hablar con cientos de personas que directa o indirectamente han padecido las consecuencias de la guerra. La “poética de la escucha” que emplea la Nobel hace que los entrevistados hablen y hablen, mientras ella selecciona los pasajes más genuinos y auténticos que atrapen de manera original una idea, una sensación, un sentimiento. Con habilidad y respeto, cede su voz a las personas anónimas que sufrieron

aquella guerra y que son las que pueden aportar un punto de vista original sobre lo que sucedió, pues sus comentarios no tienen en cuenta las restricciones políticas o militares que presenta el discurso oficial. Alexiévich habla con las madres de los soldados, con enfermeras, con soldados supervivientes… Estamos ante un espléndido reportaje periodístico y literario que presenta una mirada coral, dura y distinta sobre la guerra./A.T.

Los muchachos de zinc SVETLANA ALEXIEVICH

DEBATE. BARCELONA (2016). 416 PÁGS. 22,90 €.


Entre risas anda el juego

Relatos de Márkaris

HE AQUÍ una novela de esas que se ríen y que después van un poco más allá. El talento de su autor, JoséMaría Guelbenzu, dirige su marioneta con una precisión más que difícil, cuando el disparate y las situaciones inverosímiles se reproducen por todo el texto sin cese. Pero es que Los poderosos lo quieren todo es una novela de humor, sí, de mucho humor, pero, claro, va más allá. En ella cabe la ternura, la fábula moral y, sobre todo, la crítica de aquellos que manejan los hilos del poder sin caer en la cuenta de lo ridículo de todas sus actitudes. Échense unas risas, que a carcajadas es como mejor se piensa./J.M.G.

ESTE NUEVO Márkaris (Estambul, 1937) es una colección de ocho relatos en los que solo en dos aparece el conocido inspector Kostas Jaritos, frecuente protagonista en las otras novelas policiacas de este autor griego. Uno de los relatos, “En terrenos conocidos”, tiene como protagonista a otro comisario que se traslada a Alemania a ver a su padre, un turco que se niega a volver a su país. Una mínima intriga policial le permite al autor explicar cómo vive la numerosísima población turca residente en Alemania. Otros relatos se ambientan entre la población griega en Turquía y en Chipre, descubriendo exquisitos detalles de la vida diaria de

estos pueblos. También se tocan temas actuales y sensibles como el drama de los refugiados o el anhelo de paz. Libro distinto a los habituales, pero igual de entretenido./A.T.

dos también por Crítica, nos sumerge en este aspecto poco conocido de la contienda en La Guerra Secreta. Espías, códigos y guerrillas. 1939-1945. El propósito del autor es ofrecernos una visión global de lo que fue en ambos bandos esta “guerra secreta” en que “cientos de miles de seres humanos arriesgaron sus vidas, y muchos la perdieron”. Su exhaustivo, extenso aunque ameno libro nos ofrece un panorama fascinante de personajes, espías más conocidos y otros ignorados, como el “agente Max”, que contribuyó a la derrota alemana en Stalingrado –y que apenas mencionan los libros de historia. Hastings recuerda también a los científicos que descifraron los códigos –como el de la máquina Enigma– que ayudaron a los aliados a ganar la guerra, a los miembros de los equipos de operaciones especiales –como el SOE británico, creado por

Churchill para “prender fuego a Europa” o la OSS estadounidense, antecesora de la CIA, en la que militaron desde un actor de Hollywood como Sterling Hayden hasta un político como Allen Dulles, y los guerrilleros yugoslavos o rusos cuyas acciones apenas son recordadas. Protagonistas de cientos de historias que el autor nos cuenta con garra narrativa y gran sabiduría./O.H.

Los poderosos lo quieren todo JOSÉ MARÍA GUELBENZU SIRUELA. MADRID (2016). 320 PÁGS. 19,95 €.

Entre bambalinas EXISTEN infinidad de libros que hablan sobre las batallas más decisivas de la Segunda Guerra Mundial, los grandes líderes, los aspectos más siniestros de aquel periodo, como el Holocausto o el lanzamiento de la bomba atómica…, pero en castellano la bibliografía sobre lo que sucedió entre bambalinas: la lucha secreta que llevaron a

cabo los servicios de espionaje tanto del Eje como de los Aliados, es más bien escasa. Max Hastings, uno de los mejores periodistas británicos especializados en aquel momento histórico, autor de libros tan destacados como Armagedón. La derrota de Alemania, 1944-1945, La Guerra de Churchill o Se desataron todos los infiernos, todos ellos edita-

La muerte de Ulises PETROS MÁRKARIS

TUSQUETS. BARCELONA (2016). 184 PÁGS. 17,50 €.

La Guerra Secreta Espías, códigos y guerrillas (1939-1945) MAX HASTINGS

CRÍTICA. BARCELONA (2016). 704 PÁGS. 27,90 €.

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Ágora El cine histórico con Josemanuel Escribano

Una victoria contra los prejuicios

El héroe de Berlín

DIRECTOR: STEPHEN HOPKINS. PRODUCCIÓN: STEPHEN HOPKINS, KARSTEN BRÜNING Y OTROS. GUION: JOE SHRAPNEL, ANNA WATERHOUSE. INTÉRPRETES: STEPHAN JAMES, JASON SUDEIKIS, JEREMY IRONS.

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HUYENDO DEL RACISMO imperante en el sur de Estados Unidos en los años 20, la familia de Jesse Owens se trasladó de Alabama a Cleveland; y en 1933, con apenas veinte años, Jesse fue a estudiar a la Universidad de Ohio. Todavía el autobús reservaba la incómoda parte de atrás para pasajeros “de color”, y en los vestuarios de la universidad los atletas blancos no compartían las instalaciones con los negros. Este es el momento en que se inicia la película de Stephen Hopkins, un director con amplia experiencia en series televisivas –24, Californication, House of Lies y la reciente Houdini and Doyle, por ejemplo– y con algunos títulos de interés también en la pantalla grande: Perdidos en el espacio, Bajo sospecha y La cosecha, entre otros. El héroe de Berlín cuenta la vida de Jesse Owens desde el comienzo de su carrera deportiva hasta su consagración en los Juegos Olímpicos de 1936 en la capital alemana. Con evidente acierto, la narración fluctúa entre el

seguimiento al atleta y el desarrollo de los acontecimientos que estuvieron a punto de hacer naufragar, de alguna manera, la convocatoria olímpica. BATALLA POLÍTICA Mientras Owens, acogido y preparado por el entrenador y antiguo velocista Larry Snyder, progresa extraordinariamente en lo deportivo –en su primera cita importante, en Michigan en 1935, batió cuatro records mundiales– y madura afectiva y personalmente, se desencadena toda una batalla política: la Unión Atlética americana, presidida por el juez Jeremiah Mahoney, se opuso a la participación de los atletas estadounidenses en unos Juegos organizados por el gobierno nazi; lo que equivalía, de hecho, a dejarlos sin valor, carentes de una de las mayores –si no la mayor ya en esos momentos– potencias deportivas del mundo. Tratando de encontrar una solución, el presidente del Comité Olímpico de los Estados Unidos Avery Brundage –que dirigió luego,

entre 1952 y 1972 el Comité Olímpico Internacional– se trasladó a Berlín para comprobar la marcha de la construcción de las sedes y, sobre todo, para extraer de las autoridades alemanas el compromiso de juego limpio y de permitir la participación de atletas judíos, negros y de cualquier otra procedencia. BOICOT OLÍMPICO La película narra algunos jugosos momentos –muy posibles en la realidad– de las entrevistas entre Brundage y Goebbels, el todopoderoso ministro de Hitler que consideraba los Juegos como suyos; una de ellas incluye la asistencia y el apoyo de la cineasta Leni Riefenstahl, encargada de la película oficial. Y, en cualquier caso, la misión concluyó con el éxito deseado. Aun así, el relato nos brinda un minuto de suspense, cuando el Comité americano vota y Brundage gana por un escasísimo margen. Todavía Jesse y sus valedores tienen que salvar un par de escollos. Las organizaciones radicales de la minoría negra


Para desesperación de la maquinaria política nazi, Jesse ganó cuatro medallas de oro, proeza no igualada hasta Carl Lewis le piden que él, personalmente, boicotee las Olimpiadas negándose a participar; y además, su preparador y amigo Larry Snyder queda fuera del equipo americano, al no ser entrenador oficial del equipo. Naturalmente, ambas dificultades son soslayadas por el atleta, que embarca junto con toda la delegación de su país rumbo a Alemania. Los Juegos Olímpicos se celebran y mientras los asaltos y detenciones de judíos prosiguen inexorablemente –y la cámara de Stephen Hopkins da cuenta de ello–, el gigantesco estadio hierve de emoción por el acontecimiento… y por la presencia

de Adolf Hitler. Pero Owens no se deja impresionar: él ha ido allí a vencer y su voluntad, unida a su descomunal capacidad de velocista, no flaqueará. Son los momentos de la absoluta épica, y las imágenes se recrean en las horas de gloria para el campeón y para todo el espíritu olímpico. Para desesperación de la maquinaria política nazi, Jesse gana cuatro medallas de oro –100 metros, 200, 4x100 y salto de longitud, proeza no igualada hasta la llegada de Carl Lewis, cuarenta y ocho años después– dinamitando para siempre las teorías de la supuesta primacía de la raza aria.

Historia de una amistad BERLÍN, 1936. El canciller de Alemania, Adolf Hitler, presencia desde la tribuna la prueba del salto de longitud. Es el duelo del siglo. No solo se van a enfrentar los hombres más etéreos y voladores de su tiempo, sino unas ideas hostiles e incompatibles. Por eso, el nombre del ganador no importa tanto como su raza: es, en realidad, una querella librada en la frontera entre civilización y barbarie. Aquella prueba, la del salto de longitud, la ganó un negro llamado Jesse Owens, y Carl Ludwig –Luz– Long, nacido en Leipzig el 27 de abril de 1913 y licenciado en Derecho por la Universidad de esa ciudad, quedó en segunda posición. Como pueden imaginar, el führer no se lo tomó con deportividad. Ver a un negro en lo más alto del podio en los Juegos de Berlín del 36, no significaba, sin embargo, que el rubio de ojos azules que estaba a su lado, saludando al modo nazi, se sintiera humillado. Al contrario. Para él, fue un honor perder a manos de su amigo; y cuando los jueces confirmaron el oro para Jesse, Luz Long corrió a abrazarlo y juntos dieron la vuelta a la pista para estupor de los jerarcas nazis, que se miraron entre estupefactos e iracundos./A.F.D.

El contubernio de Munich CON ESTE ENSAYO, subtitulado “Esperanza y fracaso de una transición democrática”, que enmarca bastante bien su contenido y sus conclusiones, Jordi Amat (Barcelona, 1978) ha conseguido el XXVIII Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias que concede la editorial Tusquets. Se trata de un ensayo histórico que conecta con personajes y temas que el autor ha abordado en otras publicaciones. Aquí, con una técnica narrativa singular, se inmiscuye en el relato en primera persona para contar sus investigaciones y conclusiones. El resultado es un apasionante viaje a un episodio histórico que fue, en principio, fuente de esperanzas para la oposición democrática al régimen de Franco y, después, constatación de un fracaso político, pues la ansiada transición política no llegó hasta después de la muerte de Franco. Los valedores de la nueva transición se encargaron de mitificar aquel encuentro como si fuese la antesala de los cambios que estaban llegando. En junio de 1962, en un hotel en Múnich, se reunieron 118 antifranquistas con la idea de trazar la hoja de ruta hacia una transición democrática. Amat se centra en dos de los asistentes y organizadores, a los que sigue en su evolución política e intelectual: Julian Gorkin, de pasado comunista, y Dionisio Ridruejo, jerarca falangista hasta convertirse en opositor al régimen de Franco. Resultan muy inte-

resantes las investigaciones que realiza el autor para entender cómo se organizó aquella reunión, la actividad del Congreso por la Libertad de la Cultura y la constatación de su posterior fracaso. “Este libro habla –escribe Amat– de una transición democrática fracasada porque seguramente su propuesta era prematura, minoritaria y carente de capacidad de conectarse con su sociedad”. Pero muchas cosas de las que aparecen en este libro se habían contado de otra manera./A.T.

La primavera de Múnich JORDI AMAT

TUSQUETS. BARCELONA (2016) 480 PÁGS. 22,90 €.

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Ágora Agenda LA MEMORIA DEL PODER Y EL PODER DE LA MEMORIA

Miguel de Cervantes:

AMIGOS DE LA HISTORIA NAJERILLENSE

de la vida al mito

amigosdelahistorianajerillense.com

BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA Pº de Recoletos, 20-22 - Madrid Tel.: 91 580 78 00 www.bne.es

cado de prensa

San Jerónimo leyendo una carta. © Museo Nacional del Prado. Depósito del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.

COINCIDIENDO con el cuatrocientos aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes, la Biblioteca Nacional de España y Acción Cultural Española ofrecen hasta el 22 de mayo esta gran muestra, coordinada por el presidente de la Asociación de Cervantistas, José Manuel Lucía Megías. Dividida en tres secciones (Un hombre llamado Miguel de Cervantes, Un retrato llamado Miguel de Cervantes y Un mito llamado Miguel de Cervantes), la exposición reúne el más completo conjunto de obras relacionadas

GEORGE DE LA TOUR MUSEO DEL PRADO

Ruiz de Alarcón, 23 - Madrid Tel.: 91 330 28 00 www.museodelprado.es

La personalidad artística de Georges de La Tour ha sido descubierta recientemente. Vivió en un momento crítico para la historia de la Lorena que finalizó con la pérdida

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con Cervantes y su obra provenientes de la colección de la propia Biblioteca Nacional de España –la mayor colección cervantina del mundo–, que se complementará con obras de otras instituciones nacionales y extranjeras. Entre las piezas expuestas, destacan el retrato de Cervantes pintado por Jáuregui, que durante mucho tiempo se consideró la imagen real del escritor, su partida de nacimiento y dos ejemplares de la presunta carta que envió al Cardenal Sandoval pocos días antes de su muerte.

Como todos los años, Nájera (La Rioja) acoge su tradicional semana de estudios medievales, que en esta ocasión se celebrarán entre el 26 y el 29 de julio. Organizada por la Asociación Amigos de la Historia Najerillense, habrá diez conferencias y otras actividades culturales, en la que participarán diversos especialistas de la Universidad de ParísSorbona, la de Salamanca, la Rovira y Virgili o el CSIC, entre otras instituciones. La organización dará Madrid, 17 de de 2016 certificado de marzo asistencia y habrá reconocimiento de créditos por la UNED.

junio el Museo del Prado presenta una muestra que aborda sus primeros años, sus distintas series y su Casaevolución de la final. Moneda recibe

La Real la Placa de Honor de la Real Orden de Isabel la Católica

RECONOCIMIENTO A LA REAL CASA DE LA MONEDA En un acto celebrado el pasado 14 de marzo en la Sala de

En un acto celebrado enMuseo la Sala dedeColón del el Museo Casa Colón del Casa la Moneda, Canciller de lade Realla Orden de Isabel la Católica Moneda, el pasado 14 de marzo, el Canciller de la Real Orden de Isabel la y Subsecretario de Asuntos Católica y Subsecretario de Exteriores y Cooperación, Asuntos Exteriores y Cooperación, Cristóbal González-Aller don Cristóbal González-Aller Jurado, entregó al de la independencia Jurado entregaba al Presidente dede la FNMTPresidente política del ducado. En RCM, Jaime la FNMT-RCM, Jaime Sánchez Sánchez esas adversas Revenga, la “Placa de condiciones concibió una de Honor Revenga, la "Placa de Honor de la Real Orden de pintura lirismo de Isabel ladotada Real deOrden la Isabel la Católica” que, el sorprendente, sobre todo Católica" que, el pasado 6 6de pasado de diciembre de en sus escenas nocturnas, diciembre de 2015, S.M. el Rey 2015, el Rey concedió a la casi todas ellas religiosas. Real Casa de concedía la Real Casa de la la Moneda en Son pinturas de a colorido a sus 400 años de casi monocromo Moneda eny formas atención a atención sus 400 servicios a la Corona y la monumentales, años de ininterrumpidossociedad servicios españolas. impregnadas de soledad y a la Corona y sociedad españolas. silencio. Hasta el 12 de

A la lealtad acrisolada

El Presidente de la FNMT-RCM recibe del Subsecretario de Asuntos Exteriores y Cooperación la “Placa de Honor de la Real Orden de Isabel la Católica"

Fundada el 24 de marzo de 1815 por Fernando VII, la Real Orden de


¿A que tampoco sabías...?

... el papa Luna sufrió un intento de envenenamiento?

EN 1394 MORÍA CLEMENTE VII, designado papa en Aviñón (Francia) por cardenales franceses. Como sabemos, no fue reconocido por toda la Iglesia católica, y se le consideró antipapa. Tras su muerte, fue sucedido por el aragonés Pedro Martínez de Luna, quien adoptó el nombre de Benedicto XIII. A la sazón, el nuevo papa era solo diácono, por lo que tuvo que ser ordenado sacerdote y obispo a toda prisa. Como era súbdito de la Corona de Aragón, Francia le retiró su apoyo y presionó para que abandonara el cargo (por aquel entonces Benedicto solo era reconocido papa por Castilla, Aragón, Sicilia y Escocia). Aunque en su tiempo llegó a haber tres papas – Gregorio XII, Juan XXIII y él mismo– Benedicto siempre defendió que él era el único legítimo, ya que había sido elegido cardenal antes del Cisma de Occidente. “Si entendéis que no soy Papa legítimo, no podéis negar, al menos, que soy el único cardenal auténtico y, como tal, puedo aceptar la ‘vía cesión’ (la vía cesión era un intento de que uno de los dos , o los dos, antipapas abdicaran) que tanto os entusiasma, y nombrarme por segunda vez a mí mismo. Y si no queréis que el papa sea yo, al menos no podéis impedir que sea yo el único que puede nombrar a un nuevo papa”. Un maestro de la retórica... En 1416 llegó a Peñíscola, donde se parapetó en su castillo, conocido como castillo del papa Luna. Según contaba, dos años después sufrió un intento de envenenamiento con arsénico, al que sobrevivió gracias al buen hacer de su médico personal, Francesc Ribalta. Por cierto, su negativa a abdicar como papa en favor del elegido por Roma, Martín V, fue el origen de la expresión “mantenerse en sus trece”; cuando le pedían insistentemente la abdicación, su única respuesta era “Non posumus” (“No podemos”).

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Otros envenenamientos SISEBUTO, REY VISIGODO. La teoría más extendida afirma que su otrora fiel amigo Suintila, que había participado a la órdenes del rey en la guerra contra los bizantinos, acabó con su vida. ARCHIDUQUE CARLOS DE AUSTRIA. Conocido como Carlos III de España por el bando austracista en la Guerra de Sucesión Española, murió presumiblemente por una intoxicación de setas. JOSÉ FERNANDO DE BAVIERA. Fue instituido heredero de Carlos II por su testamento, truncado por su muerte en 1699 a los siete años en extrañas circunstancias (circuló el rumor de envenenamiento). Como es sabido, en el siguiente testamento Carlos II se decantó por el lado francés.


Iberia vieja - Árabes  
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