Issuu on Google+

EL EX-PRESO DE MEDIODÍA FADE IN COMEDOR DE LA CÁRCEL DE SOTO DEL REAL – INT. – NOCHE El bullicio propio de un gran comedor. Algunos presos cenan sentados ante largas mesas con asientos enfrentados. Otros hacen cola con sus bandejas para ser servidos. Un solitario y asustadizo MIGUEL BLESA come sin ganas en el extremo de una de las mesas, alejado del resto de reclusos. Para su sorpresa, alguien toma asiento justo en frente de él. Es GERARDO DÍAZ FERRÁN. BLESA ¡Gerardo! DÍAZ FERRÁN ¡Shhhh! No me llames Gerardo. Aquí soy El Gerar. Gerardo es demasiado elegante. Y la elegancia en Soto es una debilidad que no puedes permitirte. ¿Cómo estás? BLESA Mal, muy mal. DÍAZ FERRÁN Se te pasará. La primera semana es espantosa. Las siguientes sólo son terribles. Dos presidiarios, bandejas en las manos, brazos tatuados y aspecto pendenciero, pasan junto a ellos para sentarse en una mesa contigua. Uno saluda a Díaz Ferrán. PRESIDIARIO ¡Ese Gerar! DÍAZ FERRÁN ¿Qué tal Mou? (A Blesa, bajando la voz) El Mourinho. Lo llaman así porque se ha cargado a once tíos, los mismos que tiene un equipo de fútbol. El que va con él es Eric El Bosnio. Con siete años le pidió al Papá Noel de un centro comercial que le trajera un kaláshnikov. Con ocho lo apuñaló por no habérselo traído.


BLESA ¡Oh! Por Dios, Gerardo, esto es… DÍAZ FERRÁN Gerar. BLESA Sí, perdona, Gerar. Esto es una pesadilla, no podré soportarlo. DÍAZ FERRÁN Sí podrás. Acabarás adaptándote, como he hecho yo. En realidad la única diferencia entre la cárcel y un consejo de administración es que aquí no está mal visto ir en chándal. Dime una cosa: ¿darías un préstamo a alguno de estos? Blesa levanta la cabeza y mira en derredor para acabar enfrentando la mirada de Díaz Ferrán. Quitándome a mí, obviamente. Blesa niega con la cabeza. ¿Por qué? Exacto. Porque no te inspiran confianza. Pues bien, aquí ellos son el banco y el que pide el préstamo eres tú. Sólo que no estás pidiendo dinero, estás pidiendo respeto. Y para que te lo den tienes que hacerles creer que lo mereces. BLESA ¿Y cómo lo hago, Gerardo? DÍAZ FERRÁN ¡Gerar, joder! Lo primero es buscarte un buen nombre. ¿Se te ocurre alguno? BLESA No sé… ¿Harry? DÍAZ FERRÁN ¿El sucio? (Negando con la cabeza) Está cogido. Lo tiene un chino que tenía un restaurante. ¿Cómo te llamaban en la escuela?


BLESA El Gomina. DÍAZ FERRÁN No sirve. (Piensa un momento) A partir de ahora serás Gomadós. Estás aquí por robar bancos reventando las cajas fuerte con explosivos. ¿Entendido? Blesa asiente. Otra cosa: ¿te sabes rumbas? BLESA ¿Rumbas? DÍAZ FERRÁN Sí, rumbas. Cuando estés solo tienes que cantar rumbas. Eso les hace creer que eres de los suyos. Rajaron a un tío en las duchas porque estaba silbando un aria de Verdi. Díaz Ferrán le pasa a escondidas un trozo de papel. Toma, guárdatelo. BLESA ¿Qué es? DÍAZ FERRÁN La letra de Perros Callejeros, de Los Chunguitos. Apréndetela y tararéala de vez en cuando. ¿Vas a comerte las cortezas del pan Bimbo? Blesa niega con la cabeza. Díaz Ferrán las toma y las engulle con avidez. CORTA A

CELDA DE BLESA/CÁRCEL DE SOTO – INT. – NOCHE Blesa comparte celda con otro interno. En la penumbra, acompañado por los sonoros ronquidos del compañero, le vemos repasar el papel que le dio Díaz Ferrán.


CORTA A PATIO DE LA CÁRCEL – EXT. – DÍA Los presos pasean en grupos. Díaz Ferrán fuma un cigarro apoyado en un muro. Desde allí observa que en el centro del patio se forma un pequeño tumulto. Se acerca para ver qué ocurre. Unos cuantos hombres rodean a Blesa. DÍAZ FERRÁN ¿Qué pasa, Mou? ¿Cuál es el problema? MOU Este tío. Estaba cantando Perros Callejeros con la música de Aidalai de Mecano. DÍAZ FERRÁN Tranquilos, es Gomadós, un colega. Es tan rebelde que le jode que le digan qué música tiene que poner a las canciones. ¿No es verdad, Gomadós? Blesa intenta sobreponerse seguridad impostada.

al

acoso

y

responde

con

BLESA Esto… Sí, tíos. Soy Gomadós y nadie me dice cómo tengo que cantar las rumbas. MOU ¿Ah, sí? Pues creo que vas a tener que asistir a algunas clases de canto en las duchas. ¿No es así, chicos? Los reclusos asienten amenazadoramente divertidos. Resulta que aquí nos gustan las rumbas como son. Con su letra y su música original. Para sorpresa de Díaz Ferrán, que contempla la escena con enorme preocupación, Blesa, imbuido de una desesperada valentía, le replica. BLESA ¿Pero qué os pasa? ¿Es que os han puesto bromuro en las agallas? Nos encierran aquí, nos tratan como escoria y vosotros lo agradecéis cantando las


rumbas como le gustaría a la SGAE que las cantáramos. ¿Sabéis qué? Me dais lástima. Si Manzanita viviera os echaría de sus conciertos. Eric el bosnio se acerca amenazadoramente a Blesa. ERIC EL BOSNIO Cuidado, españolo. Ha costado mucha trabajo aprender rumbas para ahora venir tú a cambiar música. BLESA Eso es porque las cantas de memoria. Las rumbas no se cantan con esto (llevando el dedo índice a la sien de Eric). Las rumbas se cantan con esto (punzando con el dedo el corazón de El Bosnio). ¡¿Pero es que no lo entendéis?! Si Pitingo fuera tan conformista como vosotros jamás se hubiera atrevido con Killing me softly. La unanimidad de los reclusos parece resquebrajarse. RECLUSO 1 Killing me softly está bien. RECLUSO 2 Sí, no es Volando Voy pero Killing me softly tiene su punto. RECLUSO 3 Yo una vez salude a Pitingo. Y le robé el iPod. La incipiente rebelión avivada por las palabras de Blesa convence a Mou. MOU Está bien, ¿qué propones, Gomadós? BLESA Libertad de rumbas. Que cada uno las cante como quiera. Mou medita durante un momento la difícil decisión. MOU ¿Tú qué dices, Eric?


ERIC (Se encoge de hombros) Rumbas no importar, pero, por favor, no cambiar villancicos. MOU De acuerdo: libertad de rumbas. Pero si oigo a alguien cantar a Verdi lo rajo. Los reclusos se felicitan. Justo en ese instante, megafonía del recinto se pone en funcionamiento. OFF Recluso Miguel Blesa, acuda al puesto de control.

la

Blesa mira el reloj. BLESA Las doce. Debe de ser la fianza. Me dijeron que a esta hora la tendrían. Tengo que irme. Os mandaré CD de Azúcar Moreno. Conozco una gasolinera donde es fácil robarlos. Los reclusos dicen adiós amistosamente a Blesa y vuelven a sus paseos. Sólo quedan Díaz Ferrán, el propio Blesa y Mou que se despide con afectuosa sinceridad. MOU Me alegro de que te vayas, Gomadós. Tienes madera de líder y, tarde o temprano, acabaríamos enfrentados. BLESA Gracias, Mou. Cuida del Gerar. DÍAZ FERRÁN Te acompaño. Blesa y Díaz Ferrán se alejan de Mou en dirección al puesto de control. Has estado fenomenal. No había visto a nadie hacer algo tan temerario. BLESA Yo sí: la vez que te presté ciento treinta millones de euros. FADE OUT


El ex-preso de mediodía