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3€ S E P T I E M B R E 2 0 1 3 Nº 6

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H I S T O R I A S

EL CASO SNOWDEN

Por Edwy Plenel

Cataluña, desde

Catalunya Por Xavier Casals, Pérez Andújar, Pere Rusiñol, Guillem Martínez y Sergi Picazo

ESTAFADOS Por Carlos Fonseca Página 13

ESTRELLAS LATINAS LOS TRAPOS Por Ramón Lobo Página 26 DE LA IZQUIERDA EN EL FÚTBOL ESPAÑOL Por Federico Díaz-Granados, Por Patrycia CHINA Por Georgina NUEVA YORK

Higueras Página 30

Centeno Página 45

Ramón Cote y Juan Tallón Página 42


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SUMARIO

We

Cataluñ/nya

4: Cataluña, desde Catalunya

Por Xavier Casals, Javier Pérez Andújar, Pere Rusiñol, Sergi Picazo y Guillem Martínez

13: El corralito español Por Carlos Fonseca

15: Falsa izquierda,

verdadera derecha Por Gonzalo López Alba

18: E l último bandolero andaluz Por Andros Lozano

20: Contra el Estado de excepción Por Edwy Plenel

23: WERT, LIANTE CUM LAUDE

Por La Salita Gráfica y Elena Reina

26: NUEVA  YORK, LA ciudad en la que no caben más sueños Por Ramón Lobo

28: VUELVEN LOS MEJORES Despachos de guerra

Por Antonio García Maldonado

30: Q inghai: donde el río amarillo es verde

Por Georgina Higueras

33: 40 AÑOS DEL GOLPE EN CHILE

Por Miguel Ángel Villena, Antonio García Maldonado, Juan Cristóbal Peña y Patricio Fernández

38: la muerte de pen-pen Por Roberto Valencia

42: Estrellas latinas

en el fútbol español P  or Federico Díaz-Granados , Ramón Cote y Juan Tallón

45: ¿la izquierda no puede vestir bien? Por Patrycia Centeno

SEPTIEMBRE 2013 Nº6

Por JAVIER VALENZUELA

D

e vivir en Cataluña, no me gustaría pertenecer a esa España casposa, marrullera y corrupta representada por buena parte de nuestro actual establishment (esa España, de hecho, no me gusta ni aun viviendo en su fortaleza de Madrid). Puedo comprender, pues, la frustración de mis amigos catalanes ante la triste evolución en los últimos años tanto del conjunto de España como de las relaciones entre Cataluña y el resto de España. Si España se ha ido degradando moral, política y económicamente, dando manifiestas muestras del agotamiento del modelo de la Transición, sus relaciones con uno de sus componentes esenciales, Cataluña, también han ido de mal en peor. Desde el tijeretazo de una cuadrilla torera de jueces a un Estatut votado por dos parlamentos y la ciudadanía hasta el delirante propósito del ministro Wert de “españolizar” a los niños catalanes, pasando por la estigmatización sistemática de lo catalán que practica cierta derecha política y mediática rojigualda, todo es irritante. Pero también hay otras Españas distintas de la hoy nuevamente hegemónica, Españas tan viejas y auténticas como la que más, Españas ilustradas, tolerantes y pluralistas que siempre han tenido uno de sus pilares en lo mejor de Cataluña. Algunos de mis amigos catalanes señalan que, ante la colisión frontal de los nacionalismos españolista y catalanista, se han escuchado pocas voces de esas otras Españas proponiendo algo distinto. Tienen razón: el federalismo, la fórmula que mejor sirve para la pluralidad española -y para la europea- no ha contado con mucha gente que lo propusiera abiertamente en Madrid. En esas ocasiones en las que pienso que, de vivir en Cataluña, la presente España oficial aún me gustaría menos de lo que me gusta, también me digo que no estaría tan seguro de que la independencia sea la solución. Y no

Director editorial: Jesús Maraña Director: Javier Valenzuela Editor: Miguel Ángel Villena

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sólo por los follones que conllevaría (qué pena que el único principal argumento del Madrid oficial contra el independentismo sea evocar amenazadoramente todo tipo de catástrofes). También porque supondría un doble desgarro traumático: entre los catalanes que piensan una u otra cosa, y el de los catalanes con el resto de los españoles. Y, además, qué carajo, no me atrae nada el proyecto de Cataluña independiente que, a tenor de sus hechos, tiene en la cabeza su derecha: una especie de gran Andorra de economía ultraliberal, paraíso fiscal para los pudientes, corrupción de sus líderes, escasos servicios sociales, religiosidad hipócrita, insolidaridad con los de fuera y denigración de los inmigrantes oscuros y los ciudadanos de comunidades meridionales como la andaluza. No. Creo que no sería independista. El derecho individual y colectivo a las múltiples identidades me parece básico para que el siglo XXI camine por la senda de libertad abierta por la Ilustración y las revoluciones norteamericana y francesa. Me siento granadino, andaluz y español, europeo, mediterráneo y meridional, latino, hispano y ciudadano del mundo, y no veo razón alguna, excepto la voluntad uniformadora de los fundamentalismos políticos, religiosos o nacionales, para tener que escoger entre alguno de esos ingredientes de mi personalidad. Así que creo que el federalismo, la negativa a tener que escoger entre papá y mamá, sigue siendo la fórmula. ¿Que para ello debe reformarse la Constitución? Por supuesto, el sucedáneo del autonomismo ya da para poco. Voy más lejos: la Constitución debería reformarse sin tardanza para eso y para muchas otras cosas; incluso cabría, por qué no, abrir un nuevo proceso constituyente. Quizá esa fuera la tarea que podría volver a reunirnos fraternalmente a millones de ciudadanos de uno y otro lado del Ebro, la tarea de evitar un doble desgarro construyendo una nueva Cataluña en una nueva España.

Edita: Ediciones Prensa Libre S. L. PRESIDENTE: Daniel Fernández Consejera delegada: Anna Ardid Gerente: Juan Pescador Directora de márketing: Gema García Herráiz Imprime: CALPRINT Distribuye: LOGISTA Publicaciones Distribuidora Librerías: SGEL LIBROS Depósito legal: M-7533-2013


ES .

CATALUÑA LAS CLAV

Del populismo al independentismo

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En vísperas de la Diada del 11-S, la petición de un referéndum es más que un giro de los nacionalistas. El proceso soberanista ha convertido a Cataluña en el laboratorio de España y Barcelona actúa como el epicentro de tendencias populistas que cuestionan tanto al Estado como a la clase política catalana.

C

ataluña, nuevo Estado de Europa” fue el lema de la gigantesca manifestación del 11 de septiembre de 2012 que galvanizó Cataluña, pues Convergència i Unió (CiU), liderada por Artur Mas, dio un giro independentista y apostó por convocar comicios autonómicos en noviembre. Estas elecciones generaron un hemiciclo fragmentado y Mas perdió un 8% de votos, pero las formaciones partidarias de la separación de España superaron el 48%. Desde entonces la celebración de una consulta sobre la independencia es el leitmotiv de la política catalana y, en gran medida, española. Un sondeo del Centre d’Estudis d’Opinió [CEO] de la Generalitat de junio de 2013 apuntó que en un referéndum de autodeterminación un 55,6% de encuestados votaría a favor y un 23.4% en contra. Esta eclosión del secesionismo se enmarca en un proceso que ha hecho de Cataluña el laboratorio político español al vincularse aquí la crisis económica con una

Por Xavier Casals Historiador y ensayista catalán , compagina la docencia con la publicación de libros sobre política contemporánea. Entre sus últimas obras destacan El oasis catalán (1975-2010) ¿Espejismo o realidad? (Edhasa, 2010) y El pueblo contra el Parlamento (Pasado&Presente, 2013).

doble desafección: hacia el Estado y hacia la clase política catalana. Ello ha expandido tendencias populistas, siendo el plebiscito separatista su manifestación más vistosa, como pretendemos demostrar. Desde nuestra óptica, el año 2003 fue el inicio de la situación actual al comenzar a gestarse el nuevo Estatuto (que desembocó en un alejamiento de amplios sectores catalanes del Estado) y al emerger en los comicios locales de mayo dos formaciones nuevas (la ultraderechista Plataforma per Catalunya [PxC] y la independentista y anticapitalista Candidatura d’Unitat Popular [CUP]), que fueron el primer síntoma visible de desafección hacia los grandes partidos. A partir de aquí intentaremos explicar las claves de esta doble desafección. Tras los comicios catalanes de 2003 se constituyó el primer Ejecutivo tripartito de la Generalitat. Presidido por Pasqual Maragall, unió al Partit dels Socialistes de Catalunya [PSC], Esquerra Republicana de Catalunya [ERC] e Iniciativa per Catalunya-Verds [ICV]

CATALUNYA, EL PROCESO CONSTITUYENTE MÁS ADELANTADO. O EL MÁS RETRASADO

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¿Qué está pasando en Catalunya? Pasa que el Régimen del 78 se muere / muere y camina, como los zombies. Por otra parte, el fin del Régimen, en España, se está traduciendo en el perceptible fin de los grandes partidos. En Catalunya, pues también. ¿Qué está pasando en Catalunya? Entre otras mil cosas, está pasando que los grandes partidos están luchando por la vida con una violencia desconocida aún en el resto de la Península. La lucha por la vida de CiU es particulármente llamativa si se atiende a su trayectoria. No sólo es un partido del Régimen, sino que lo es hasta

Por Guillem Martínez la médula. Verbigracias: fue ponente constituyente a través de Miquel Salvainfantas Roca, ha sido determinante en el dibujo del Régimen a través de sus pactos con PSOE y PP, y ha sido pionero en el Estado en la transición del Régimen hacia la Postedemocracia -ya saben, una democracia representativa deslocalizada en instituciones no democráticas, como la UE o el FMI, que dictan una agenda política que, mayormente, queda reducida al pago de deuda-. Estos últimos movimientos, CiU los ha ejecutado dentro de la escuela estética de los grandes partidos españoles. Como en PP y PSOE, en el

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y promovió un nuevo Estatuto. Este último se aprobó mediante referéndum en 2006 en medio del desencanto: ERC pidió el voto negativo por las modificaciones que el texto conoció en las Cortes, la abstención llegó al 51% y se llevó al Gobierno de Maragall a la tumba al convocarse nuevas elecciones ese año en las que éste ya no repitió candidatura. Le sustituyó José Montilla, que lideró un segundo tripartito hasta los comicios de 2010, cuando venció Mas al frente de CiU. A la vez, el Estatuto se enfrentó al rechazo de sectores amplios de la sociedad española liderados por un Partido Popular (PP) de actuación contradictoria, pues impugnó ante el Tribunal Constitucional 136 de los 223 artículos del texto estatutario aprobados por las Cortes y al mismo tiempo lo emuló. Así, mientras Mariano Rajoy recogía firmas contra el Estatuto, círculos populares de Galicia y Valencia lo tomaron como un eventual referente de nuevos estatutos. ¿La causa? Según el expresidente balear Jaume Matas, el proceso


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catalán hizo que “los demás [líderes autonómicos] nos viéramos obligados, por razones de supervivencia y de intereses amenazados, a emprender nuestras reformas autonómicas”. El resultado fue que el proceso estatutario catalán alumbró un anticatalanismo rampante en España mientras en Cataluña suscitó una desafección creciente hacia sus dirigentes y hacia “Madrid”, como símbolo de un Estado en el que sus demandas no hallan encaje. Luego la desafección fue avivada por la larga negociación del sistema de financiación catalán entre el Ejecutivo de Montilla y el de José Luis Rodríguez Zapatero, que no logró un acuerdo hasta 2009, y la hizo más profunda el rechazo que suscitó la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el texto estatutario impugnado por el PP, visible en una gran manifestación de protesta celebrada en Barcelona el 10 de julio de 2010. Esta desafección hacia el Estado habría conformado un fenómeno que el ensayista italiano Paolo Rumiz bautizó como “secesión ligera” en La secessione leggera (2001). Con esta expresión designó la protesta que en Italia encarnó la Liga Norte en los años noventa del siglo pasado. Liderada por Umberto Bossi, esta formación abrazó un nacionalismo padano (en alusión al valle del Po) de nuevo cuño alzado contra “Roma la ladrona” (como símbolo de una Italia corrupta e ineficiente) y un mezzogiorno asistido. Incluso proclamó una secesión virtual del Norte en 1996. Rumiz describió así esta “secesión ligera”: “Levemente, de manera inadvertida, un hombre nuevo ha crecido en el ethnos italiano, y la secesión está antes que nada en su cabeza: es un alejamiento mental de la política, del Estado, de la res publica, incluso hasta de aquel supremo bien común que se llama territorio”. A la luz de esta experiencia, cabe pensar que Cataluña ha conocido en la última década un proceso similar (un alejamiento mental del Estado), pero que se ha manifestado con discursos distintos y opuestos a la derecha populista xenófoba que encarna el liguismo. Este sentimiento difuso se afirmó como un independentismo explícito a partir de

trance de realizar el pack de contra-reformas democráticas, ha pesado más su dinámica que su inteligencia. Los partidos catalanes -ERC incluida-, se parecen a los españoles en que no poseen ya la capacidad de leer o imponer la realidad. ¿Qué está pasando en Catalunya? Entre otras cosas está pasando que un Gobierno del Sur, como el español, el portugués, el griego, el italiano, está apenas descubriendo su carácter anecdótico en el nuevo orden europeo de la crisis. Y no lo asume. CiU no es un partido independentista. Es más, su negociado, su razón de ser, su participación en el Régimen, consistía en prolongar eternamente el conflicto territorial -el único conflicto permitido en la Cultura de la Transición-. Metáfora: un mes antes de la manifestación gigantesca del 11S del año pasado, Govern y CiU estaba preparando,

por todo lo alto, su campaña publicitaria por un pacto fiscal. Abandonó esa idea el 12S, ante el éxito de aquella manifestación. Que, por cierto, no era una seta. Confirmaba la pujanza social del independentismo, una opción anecdótica en los 70’s, que fue adquiriendo forma tras el encontronazo que supuso el recorte absoluto de estatuto federalizante que hizo el Tripartit y que, zas, fue invalidado por el Tribunal Constitucional, esa otra institución zombie presidida por un zombie. ¿Qué está pasando en Catalunya? Entre otras cosas, está sucediendo una meditación de la sociedad catalana sobre el nacionalismo español, ese gran ausente cuando se habla de nacionalismos peninsulares, aunque, glups, ese nacionalismo sea el más determinante, sanginario y gore del siglo XX. Posteriormente a la derogación intrínseca del

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nuevo estatuto, se fueron organizando en toda Catalunya referéndums municipales por el derecho a la autodeterminación, ese tema aplazado en los 70’s y que estaba en las agendas de las izquierdas los pocos meses que esas agendas existieron. Esos referéndums -el primero, en Arenys, un municipio gobernado por las CUP- estaban organizados por ciudadanos. Los partidos tenían poco peso específico. En muchas zonas de Catalunya, esos colectivos de ciudadanos se mezclan con el 15M. Es decir, están en abierta beligerancia con el Govern y sus recortes. ¿Qué está pasando en Catalunya? CiU, un gobierno del Sur, no muy diferenciado del de la CA de Madrid en su cultura y corrupción, y en sus políticas sociales, sanitarias o educativas, el 12S optó por una de las demandas que exigía la calle. Concretamente, la única que, si


CATALUÑA EL VOTO . la manifestación de septiembre de 2012. Desde entonces, la independencia dejó de ser un fin o una meta a la que se accedía mediante un eventual gradualismo reivindicativo porque con la crisis económica devino un medio para mantener un Estado del bienestar sólido. El politólogo Joan Ridao, exdirigente de ERC, lo ha expresado gráficamente: “Se ha extendido la conciencia de que, para los catalanes, ser español tiene un alto coste para su bienestar que ahora incluso se convierte en inasumible” (Podem ser independents? 2012). En este sentido, conviene destacar que en Cataluña se habla poco de esencias patrias y mucho de fiscalidad, infraestructuras, sanidad, educación y servicios.

El fin de la vieja política

De modo paralelo a esta desafección hacia el Estado, los catalanes han desarrollado otra hacia su clase política que tampoco cesa de crecer: ya en enero de 2010 un sondeo del CEO mostró que los políticos eran el segundo problema después del paro para la ciudadanía y en diciembre un 84,6% de encuestados creía que la corrupción estaba muy extendida entre los partidos y, ante casos de ella, un 53,8% declaró que no les votaría. Este alejamiento se ha advertido en la erosión electoral de sus cinco grandes partidos (CiU, ERC, PSC, PP e ICV), que entre los comicios locales de 2003 y los de 2011 pasaron de representar un 56,6% del censo total a un 44,5%. El resultado es que Cataluña figura como el lugar de España donde han emergido primero nuevas formaciones: las mencionadas PxC y la CUP, Ciutadans [C’s] y Solidaritat Catalana per la Independència [SI], que encabezó inicialmente el expresidente del FC Barcelona, Joan Laporta. Estos partidos, pese a su diversidad, comparten cuatro grandes rasgos. En primer lugar, articulan un discurso populista sobre dos banderas: la protesta contra la política tradicional y el establishment y la afirmación identitaria (sea catalana, española o “autóctona” ante la inmigración). En segundo lugar, pretenden constituir “partidos-movimiento”, al menos en apariencia: ante el desprestigio de las formaciones tradicionales se autodefinen como

bien ajena a su mundo, podía entender desde su cultura y hacerle sentir gobierno: un Estado propio. CiU, en ese sentido, ha gestionado esa demanda desde su cultura. La Cultura de la Transición. Ha intentado apropiarse de la demanda ciudadana, liderarla y reservarse lka posibilidad de aplazarla. Ha intentado unir la idea de un referéndum sin fecha a su continuidad como gobierno. Para ello dispone de -por primera vez en Catalunya-, un amplio sistema de medios de comunicación -tan engrasado y cotidiano como el que dispuso el Aznarato durante los 90 en Madrid-. ¿Qué está pasando en Catalunya? Una dinámica tan española como las lentejas: el rapto de las iniciativas sociales/la identificación del proyecto democrático con un gobierno.

La movilización por la independencia incluye múltiples fórmulas. En la foto, partidarios de la independencia en la playa de Palamós en agosto pasado. EFE

emanaciones de la sociedad civil que quieren restablecer una democracia “real”, pretendidamente secuestrada o desvirtuada por las últimas. En consecuencia, sus denominaciones sustituyen la palabra partido por alusiones a apiñamientos cívicos ideológicamente transversales que tienden a remitir a valores (“ciudadanos”, “plataforma”, “solidaridad” o “candidatura de unidad popular”) y no a ideologías. En tercer lugar, otorgan a Internet un papel relevante o decisivo, pues la red permite articular una organización de coste mínimo. Por último, estos nuevos actores emergen en los ámbitos más próximos al ciudadano: consistorios y parlamentos autonómicos. Lo expuesto hace de Cataluña el laboratorio político estatal, ya que la actual expansión del populismo tiene su epicentro en Barcelona, que lo irradia hacia el resto de España.

Lo testimonian rótulos dispares que aúnan protesta antiestablishment y afirmación identitaria como Foro Asturias Ciudadano, Compromís, Alternativa Galega de Esquerda o Bildu, mientras solo Unión Progreso y Democracia [UPyD] incide en el centro. De este modo, la dualidad Madrid-Barcelona encarna una dicotomía entre “vieja” y “nueva política”. Esta doble desafección política catalana se plasmó en un populismo plebiscitario que ha tenido dos proyecciones: las llamadas consultas populares por la independencia y los indignados. Las mencionadas consultas fueron referendos locales sobre la independencia sin validez legal que organizaron entidades. Bajo el lema Catalunya decideix [“Cataluña decide”] se realizaron en 554 municipios (de un total de 947) entre septiembre de 2009 y abril de 2011 con esta pregunta: “¿Está usted

con el Govern. Para ellos, hablar de política -es decir, contradecir a CiU/ERC y hablar de la forma del futuro Estado, de los derechos que aportará, de su posible vinculación con la empresa privada-, es atacar el proceso. Para otra parte de la sociedad, el proceso consiste, precisamente, en hablar del futuro Estaincapaz de aprobar unos presupuestos, incapaz de comunicar do, de lo que es un Estado en el siglo XXI, de nuevos la brutalidad económica y social que ello supone, el govern va derechos, de nueva demotirando sin política alguna, más allá de los recortes y la bandera cracia, de impago de deuda, de solución a la crisis en un marco europeo. ¿Qué está pasando en envolvimiento de sí mismo en una bandera. Ha Catalunya? Una parte de la sociedad acude a superado los márgenes pactados con ERC para manifestaciones folclóricas, de reafirmación facilitar una fecha y una pregunta clara para el nacional y de reafirmación de un Gobierno referéndum, sin que ello haya violentado mucho críptico. Como la Cadena Humana del próxia ERC. Una porción de la sociedad se identifica EL Govern ha conseguido -por los pelos, de forma precaria- cierto margen. Incapaz de realizar presupuestos, incapaz de comunicar la brutalidad económica y social que supone prorrogar los presupuestos anteriores, va tirando sin política alguna, salvo los recortes y el

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de acuerdo en que Cataluña sea un Estado de Derecho, independiente, democrático y social, integrado en la Unión Europea?”. Los gestionó una apartidista Coordinadora Nacional per la Consulta sobre la Independència y participó en ellos casi el 19% del censo previsto: la nada despreciable cifra de 884.508 personas. Estos plebiscitos devinieron un gran ejercicio de democracia directa y escenificaron la doble desafección citada, pues se votó al margen de los partidos para rechazar al Estado. Las votaciones tuvieron un doble impacto: instalaron la independencia en la agenda política catalana e internacional (dado su eco mediático) y extendieron un afán de democracia participativa que sintonizó con el cuestionamiento de la “vieja política” representada por los grandes partidos. De este modo, la demanda de soberanía “nacional” catalana que se reclama en la calle es paralela a una exigencia de devolución de soberanía al “pueblo”. El resultado es que el lema “Cataluña decide” que enarbolan las entidades independentistas tiene una doble lectura: no sólo “la nación” tiene derecho a decidir, como ethnos o comunidad nacional, sino que también lo tienen los ciudadanos individuales, como démos. En estos plebiscitos, pues, no sólo se expresó de forma simbólica una demanda de cambio de relaciones entre Cataluña y España, sino también del juego político imperante. En este marco, la eclosión de los indignados el 15 de mayo de 2011 reafirmó este proceso y marcó otro hito en relación a las expresiones populistas precedentes: si los nuevos partidos suponían una protesta dentro del sistema y los plebiscitos por la independencia fueron una protesta al margen del sistema, los indignados articularon una protesta contra el sistema. Por una parte, encarnaron el deseo de conformar una democracia horizontal y directa, sin mediación de partidos ni líderes. Por otra, se autoerigieron en representación del “pueblo” ante las élites políticas y económicas, como mostró el “asedio” del Parlamento catalán y la Bolsa de Barcelona. Finalmente, otro elemento hace singular la política catalana: un clima de insumisión civil creciente, fomentada no solo por entes

civiles, sino amparada en ocasiones por la Generalitat (como demostró la campaña del Ejecutivo en favor del distintivo “Cat” en la matrícula tapando la “E” en julio de 2011) o consistorios (especialmente con la supresión de la enseña española oficial). Ello ha reflejado el clima de protesta creciente de parte de la ciudadanía, cuya capacidad de autoorganización afloró en la protesta antipeaje de marzo de 2012: la inició un ciudadano, Josep Casadellà, que insertó un video en youtube en el que se filmó negándose a abonar un peaje. Espontáneamente surgió la campaña #novullpagar [#noquieropagar] a través de las redes sociales y fue seguida por miles de conductores pese a la amenaza de multas.

¿MODELO EscocÉS o ItaliaNO?

A tenor de lo expuesto, la demanda de referéndum sobre la independencia posee gran consistencia al conformar un anclaje entre una política institucional desprestigiada y una demanda de democracia plebiscitaria en la que anida un clima de insumisión civil. Por esta razón, la exigencia del plebiscito persistirá, ya que articula un complejo y contradictorio ensamblaje de política parlamentaria y protesta antiestablishment que canaliza tanto la desafección ciudadana hacia Madrid como las ansias de construir una democracia más participativa y directa. Así las cosas, la irrupción del independentismo ha generado una italianización territorial que se sobrepone a las tendencias mencionadas. ¿En qué sentido? Consideramos que el secesionismo catalán pone de relieve un problema de vertebración territorial similar al que plasmó la irrupción de la Liga Norte en Italia en la época, ya que expresa la protesta del Norte ante la política fiscal del Estado. En este marco, las tensiones interterritoriales no han hecho más que empezar, como refleja el afán del presidente extremeño, José Antonio Monago, de erigirse en caudillo del mezzogiorno español contra la insolidaridad atribuida a Cataluña. La consecuencia de todo lo expuesto es que el independentismo catalán, si bien ha asumido la vía plebiscitaria del escocés y del quebequés, proyecta las mismas facetas de

Las convulsiones políticas catalanas anuncian que la democracia española debe reinventarse

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crisis del Estado que el politólogo Ilvo Diamanti constató en Italia al hacer eclosión la Liga Norte en Il male del Nord (1996): tensión entre sociedad, economía y política; entre Norte y Sur; y entre viejos partidos y formas nuevas de participación de masas. Llegados aquí, podemos apreciar que reducir la situación catalana a una pugna sobre la independencia asociada a un giro oportunista de CiU oscurece sus dinámicas profundas. Estamos ante una realidad poliédrica que puede marcar la política estatal hasta extremos insospechados, no solo por una hipotética ruptura del Estado, sino también porque la quiebra del sistema político catalán anuncia la del estatal.

el ocaso de la era juancarlista

Cataluña es el laboratorio político español, como han mostrado la emulación de su proceso estatutario por otras comunidades autónomas o la irrupción de nuevos partidos políticos semejantes a los catalanes. En la actualidad, la desafección que impera aquí hacia la política institucional iniciada hace una década es cada vez más visible en el resto de España, como demuestra la erosión acelerada del bipartidismo que recoge la demoscopia. Según un barómetro del CIS del pasado mes de julio, PSOE y PP sumarían el 59,7% del voto y el 42,7%, según El País (11/V/2013), cuando en las elecciones generales del año 2011 era el 73,3% y en las de 2009 el 83,8%. Pero no solo cae la valoración de los políticos, sino también de la Corona y la Justicia. Este declive de confianza en las instituciones es simultáneo a la irrupción de tendencias populistas (que combinan insumisión civil y discursos antiestablishment), conflictividad interterritorial y controversia sobre la articulación del Estado entre visiones recentralizadoras, federalistas y secesionistas. En suma, el independentismo catalán es la manifestación más ostentosa de un descontento territorial, pero también del declive de la era juancarlista. Y es que las convulsiones políticas de Cataluña anuncian que la democracia española debe reinventarse, tanto en la vertebración del Estado como en su representatividad. Un doble desafío que no es menor.

mo 11S. Otra parte de la sociedad participará el próximo 11S haciendo una Cadena Humana alrededor de La Caixa y de hospitales que sufren recortes. Ambos grupos de ciudadanos se manifestarán por la independencia. ¿Qué está pasando en Catalunya? Está habiendo un gran cambio político. Se está gestando, por otra parte, un Frente Nacional, una nueva derecha catalana, esencialista, independentista nominalmente que, paradójicamente, puede aplazar la independencia eternamente, como CiU aplazó el conflicto territorial. Y, por otra parte, se está gestando un proceso constituyente de una nueva República ibérica, similar en sus lógicas y demandas a otros procesos peninsulares. ¿Qué está pasando en Catalunya? a) Lo de siempre. b) Algo radicalmente nuevo. Guillem Martínez es escritor y periodista

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CATALUÑA LA URB E .

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Barcelona en la vida de todos nosotros

la capital catalana está en sus libros, en sus músicas y en su gente, en unos vecinos que defienden sus derechos ante las agresiones del poder. barcelona no es una marca, sino la vida de aquellos que desfilan por sus calles.

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ablemos a solas en el Rompeolas”, pocos grupos han sido tan de Barcelona como Radio Futura, que eran zaragozanos con sede en la movida madrileña. Santiago Auserón viene a la Rosa de Fuego en busca de su Negra Flor y capta a la primera lo que tiene esta ciudad de maravilloso. Es un rompeolas. Pero no de todas las Españas como el Madrid sitiado de Antonio Machado sino de todos los mares, de todo lo que viene de lejos. España está también lejos, sí; pero por aquí no viene. Bueno, sí viene, pero dando una vuelta (como cantaba el Último de la Fila). A Barcelona se llega siempre por la costa y así lo hacen hasta los Reyes Magos el día de la cabalgata. Está en su semilla mitológica. Se dice que el padre de Aníbal, Amílcar Barca, llegó a golpe de remeros con sus naves cartaginesas para refundar la ciudad. Pero no nos vayamos tan lejos. Existe un pasado remoto y existe también un pasado profundo, que está más cercano. ¿Recuerdan la película Malagueña, de Ricardo Núñez Lissarrague? Espero que no. Es de 1956, de cuando empieza el desarrollismo y los solares de la parte alta de la ciudad se venden a 30 pesetas el palmo y los de la Verneda a ocho pesetas. Trata de una chica malagueña que en esos días en que la sangre ya se secaba en los paredones, pero corría a mansalva por los sótanos de las comisarías, viaja a Barcelona para asistir a su abuelo. El pobre está ciego y malvive en el puerto. Ella es Lolita Sevilla, y en ese mundillo portuario conoce a Antonio Molina, que le canta la copla Barcelona a bordo de las Golondrinas. “Barcelona, ay qué grande y qué señorona”. Sí, tiene mal rimar el nombre de nuestra ciudad. Pero, como cantaron los Focomelos, los inventores del electroclash, “todo lo que rima es verdadero”. En efecto, Barcelona tiene algo de grande y señorona, de Castafiore con las joyas robadas por una urraca. Y sin embargo este divismo delirante y rococó, que es el del Liceo, encuentra su antídoto en la Mary Santpere de los teatros del Paralelo, que era el paseo de Gracia de los pistoleros. Otra vez la Rosa de Fuego del primer siglo XX, la Negra Flor de los años ochenta, la Barcelona rumbera y callejera de Gato Pérez, que vino de Buenos Aires para cantar rumba catalana. El Gato pasará antes por Zeleste, por la onda layetana, pero enseguida va a darse cuenta de

Por Javier Pérez Andújar Periodista y escritor catalán hijo de emigrantes, ha trabajado en televisión y en prensa escrita y fue redactor jefe de la revista Taifa. Ha publicado libros de ensayo y tres novelas, todas ellas en la editorial Tusquets (Paseos con mi madre, Todo lo que se llevó el diablo y Los príncipes valientes).

que lo más progresivo es tocar las palmas. En 1978, Gato Pérez saca su primer disco, Carabruta (Cara sucia) y mete ahí La rumba de Barcelona, una canción que va citando todos los barrios y ciudades colindantes de la metrópolis. Así dibuja una Barcelona de todo el mundo, de todas las razas, de todas las juergas posibles. “La Rumba neix al carrer / filla de Cuba i d’un gitanet” (La Rumba nace en la calle / hija de Cuba y de un gitanillo), dice la letra. Ese mismo año transicional, la Banda Trapera del Río ya está cantando por los descampados de Cornellà su himno, que se va a convertir en el himno nacional de todos los rockeros que viven en los barrios de bloques: Ciutat Podrida. Calles llenas de fuego, gritos de gente perdida, la noche, el miedo, el estallido del viento y una libertad que no avanza, así son sentidos en esta canción los arrabales de Barcelona. La nuestra. Y es verdad que eran así. Ésa es la Barcelona a la que pertenecemos unas cuantas generaciones. De ahí venimos y es la que nos gusta. No digo que me guste pisar charcos, pero sí lo que pasó en ellos. Pasaban cosas muy feas, de acuerdo; pero no eran siquiera un 3% de feas de lo que ha pasado en el Palau de la Música.

UNA CIUDAD DE DIBUJANTES

Muchas culturas y procedencias conviven en una ciudad tan plural como Barcelona.

Porque nuestra Barcelona no la han hecho los banqueros ni los especuladores, sino antes los dibujantes de tebeos. Ahí está Nazario, que vino por mar y se quedó en la plaza Real, rodeado de palmeras como un pachá. Él cuenta, modestamente, que llegó en tren; pero no es cierto. Nazario venía de América con el rock and roll y con los cómics que traía de la base americana de Morón, en Sevilla.

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Nazario va a ser el creador de la Barcelona de Anarcoma, la Rosa Underground de los años setenta. De los contraculturales de las Ramblas abucheando a los burgueses en las puertas del Liceo. Ahora son los burgueses los que silban a los príncipes desde sus palcos de la ópera. Y va a ser otro dibujante de tebeos de su misma generación, Mariscal, quien, con Cobi, la mascota de los Juegos Olímpicos, le entregue 15 años después el finiquito a esta ciudad, a esta manera de vivir, que ahora ya se la llama la Barcelona preolímpica como confinando todo eso a la prehistoria a fuerza de prefijos. (En un mundo en que cada vez más faltan las palabras abunda el uso de los prefijos como prótesis, como parches de significado igual que hay parches de nicotina). Pero no es prehistoria, ya existía la escritura. Escrito está todo en el Star y en el Ajoblanco. Es historia moderna y contemporánea. Aunque las autoridades estén empeñadas en ocultarlo, nuestra Barcelona todavía existe. Pero les da miedo la Barcelona de la calle. Temen a la ciudad en la que mandan. Prefieren tener turistas a tener ciudadanos. A veces se manifiesta nuestra Barcelona como un espíritu, como una cara de Bélmez, en una película que parece hablar de otra cosa. Cuando el director Óscar Áibar rueda la historia de El gran Vázquez, el dibujante creador de Anacleto, las Hermanas Gilda, la Familia Cebolleta..., y lo persigue por las Ramblas, por los pisos donde vivía, por los catres de la Modelo donde le metieron un par de veces..., está contando una biografía, por supuesto, y explicando una época; pero además está retratando una Barcelona buscavidas, libre, salvaje, que se toma todo el oxígeno que quiere


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sin necesidad de respiración asistida, donde lo de buen rollito sólo sirve para hacer rollitos de primavera. Es la Barcelona subterránea, y lo es al pie de la letra. Va a haber en Barcelona una calle emblemática por debajo de la tierra, entre plaza de Cataluña y las Ramblas, hasta que le pusieron encima un centro comercial que la aniquiló. Es la avenida de la Luz, a la que Loquillo y sus Trogloditas llamaron: “un buen lugar para acabar borracheras, / el Heartbreak hotel de mi ciudad”.

LA BIBLIOTECA COMO MEZCLA

Está Barcelona en los libros, en todos los libros del mundo. Porque si hay algo que de verdad, por encima del fútbol, mezcla y amalgama a la gente de la ciudad y de su periferia es la increíble red de bibliotecas de la Diputación. Jamás se había visto una cosa así: llega a todos los barrios, a los más pobres y a los más ricos (sí, pobres y ricos, aquí nunca ha dejado de crecer la brecha social: según El País, datos de 2011, ahora una familia de Pedralbes dispone de una renta siete veces superior a una de Nou Barris). Es en las bibliotecas donde la gente lee los periódicos, los de aquí y los de los países de donde viene, revistas, cómics, libros, consulta internet, estudia, se lleva películas, discos, conciertos, escucha conferencias, ve exposiciones... Así es como se aglutina uno, se integra uno, no en un club, sino en el mundo. En algunas bibliotecas la presencia de personal emigrante les quita el corte a otros emigrantes que todavía no se atreven a entrar. Y así es como el mundo se amalgama a su vez con la ciudad. Y Barcelona está también en sus escritores. En las novelas de Francisco Casavella (premio Nadal, 2008), que había contado en el Triunfo cómo era el canalleo de ir tocando la s palmas por las calles del chino, y que en la trilogía de El día del Watusi detallaría el itinerario que condujo a Barcelona del chabolismo a la especulación olímpica y a la corrupción moderna. La están desmantelando perpetuamente, es cierto, como un castigo mitológico. En cada época, el poder quiere borrarla a su manera. Hoy (mientras los turistas pagan 14 euros para visitar la Sagrada Familia, el templo de la burguesía barcelonesa), a orillas del mar, bajo la ruta de los aviones que llegan a la ciudad, desmantelan por dentro las instalaciones de las tres majestuosas chimeneas de la central térmica de la Fecsa con que Barcelona, ciudad obrera, ha creado un skyline proletario. Esas tres chimeneas son el templo expiatorio de la clase obrera, con su mártir asesinado por la policía franquista cuando se construían. Sólo va a quedar de ellas, mientras no tengan dinero para derribarlas, la carcasa. Vaciarla de contenido, eso es lo que pretende el poder con Barcelona. Tarea inútil. La ciudad es la gente. La historia es un río de gente que llega de todas partes y no para de fluir. Ahora, hoy mismo, en verano de 2013, en Barcelona la gente está defendiendo la casas de sus vecinos acosados por bancos para impedir que los desahucien. Barcelona no es una marca, sino la vida de cada uno. Así es la de muchos.

Un gran negocio en horas bajas ARTUR MAS REUNÍA TODAS LAS CONDICIONES PARA QUE LA BURGUESÍA LO CONSIDERARA UNO DE LOS SUYOS. PERO EL PRESIDENTE CATALÁN HA DECIDIDO JUGAR A LA ÉPICA.

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l mundo del dinero no suele gustarle el lío y Catalunya no es una excepción. Por esto  los empresarios y directivos de más peso llevan meses tratando de recomponer los puentes –a través de instrumentos como el Foro Puente Aéreo, que reúne a la crème de la crème empresarial de Madrid y Barcelonapara que la ola soberanista no rebase en la práctica los límites de la   pirotecnia habitual en el régimen surgido de la Transición, por mucho que formalmente suban los decibelios de la retórica. Son gestiones siempre discretas, entre bambalinas, porque el frame oficial catalán es otro: el de la patria dispuesta al martirio con tal de avanzar hacia el “derecho a decidir” y, en última instancia, la independencia. La gran paradoja es que, una vez consolidado el terreno de juego oficial, ampliamente soberanista, ni siquiera los poderosos que en buena medida han contribuido a crear el frame oficial sienten que pueden salirse de él sin aparecer como modernos botiflers. Y menos en vísperas de los fastos del 300º aniversario del fin de la Guerra de Sucesión, mito sagrado del nacionalismo catalán que colocó el sanbenito de botifler a los catalanes partidarios del borbón Felipe V y que, en su acepción contemporánea, significa simplemente “catalán traidor a Catalunya”.

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Por Pere Rusiñol Socio y redactor de la revista Alternativas Económicas e impulsor de Mongolia, desempeñó diversas tareas y responsabilidades durante años en los diarios El País y Público, tanto en Barcelona como en Madrid.

Convergència i Unió (CiU), la coalición que ha gobernado 27 de los 33 años de autonomía tras la recuperación de la democracia, nunca ha sido el “partido de la burguesía” que sí fue, en buena medida, la Lliga de Francesc Cambó en el primer tercio del siglo XX. La burguesía pata negra de Barcelona siempre miró por encima del hombro a Jordi Pujol, al que veía como un parvenu poco refinado, con maneras rurales y actitudes mesiánicas, que enredaba en asuntos que consideraban secundarios. Pero siempre hubo una fructífera alianza electoral del que ambas partes sacaron mucho provecho. La desconfianza era mutua: se conllevaron porque la alianza les beneficiaba a todos. Agitar la bandera tuvo siempre su recompensa compartida: Pujol y CiU consolidaron una poderosísisma base de poder en Catalunya y cada vez que levantaba la bandera catalana la clase dominante acababa obteniendo alguna ventaja, ya sea a través de una rebaja de impuestos, de ayudas a la internacionalización de la empresa o de la asunción de la agenda en materia laboral que propugnaba la patronal, dirigida durante tantos años por el hoy jefe de la CEOE, Joan Rosell, con el cerebro del ex trotskista Joaquín Trigo. El relevo al frente de CiU, cuando Pujol designó heredero a Artur Mas, parecía que iba a engrasar aún mejor el esquema, en la medida en que el nuevo líder sí tenía


CATALUÑA EL PU EBLO . ya las condiciones para que la burguesía barcelonesa le considerara uno de los suyos: un tecnócrata con currículum de gestor empresarial –en lugar de un Mesías- con formas exquisitas –afrancesadas- y pasado entre la alta burguesía de Barcelona, que nunca ha dejado de hablar castellano en la intimidad. De ahí la estupefacción actual entre la burguesía y el mundo del dinero: el tecnócrata quiere superar en épica nada menos que a Moisés; incluso a riesgo de hacerlo saltar todo por los aires. Al principio, con la demanda del pacto fiscal, parecía que iba a repetirse el esquema de siempre, pero aumentado de decibelios.  Y echar gasolina para calentar la manifestación del 11 de septiembre de 2012 –como hizo La Vanguardia y el Grupo Godó, propiedad de un conde Grande de España y con un Consejo de Administración con múltiples vínculos al PP- era en el fondo volver a andar un camino ya conocido: acumular fuerzas para una negociación que, con la bandera desplegada, siempre acababa comportando avances de clase en toda España.

LIBERTADOR O ENTERRADOR

La sorpresa vino luego: elecciones anticipadas, batacazo electoral de CiU y, pese a ello, empecinamiento en un programa que, según todas las encuestas, lleva a la federación nacionalista al descalabro e incluso a ser víctima del sorpasso de ERC en el campo nacionalista. La Vanguardia y el Grupo Godó –el más decisivo a la hora de crear el terreno de juego en Catalunya, ya sea directamente o a través de sus tentáculos que gestionan los medios públicos- y el poder económico casi sin excepciones –FemCat, el lobby patronal impulsado por los convergentes más entusiastas, como los Sumarroca o Tatxo Benet, de Mediapro, apenas cuenta- presionan entre bambalinas para encontrar una salida al entuerto que evite el choque. Pero se encuentran con un Mas enrocado, ajeno a las encuestas y a su propio pasado, obnibulado por la posteridad y por lo que van a decir de él las enciclopedias de la patria liberada. Frente a la cantinela oficial que subraya que Catalunya cada vez exporta más fuera de España, los empresarios saben perfectamente que las grandes empresas catalanas se han convertido básicamente en grandes empresas españolas: Repsol, Caixabank, Gas Natural… Y conocen bien la realidad del “España nos roba”, que ve la mano negra de Madrid hasta en la ausencia del corredor mediterráneo del tren de alta velocidad que tanto beneficia a Abertis, la concesionaria de autopistas participada por la Caixa. La Catalunya oficial sigue ensimismada en lo que llama “el proceso”, y el poder económico que en el fondo alimenta esta misma Catalunya oficial ya ha empezado a asumir que, aunque le pese, Mas tendrá efectivamente un papel destacado en las enciclopedias. Pero no necesariamente como libertador de Catalunya. Más bien, quizás, como enterrador de CiU.

¿Por qué los catalanes se quieren largar? ASPIRACIONES POLÍTICAS, INTERESES ECONÓMICOS Y DEFENSA DE LA IDENTIDAD EXPLICAN QUE UNA MAYORÍA DE CATALANES DESEE UN REFERÉNDUM. EL RECHAZO DEL ESTATUTO POR EL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL ESTÁ EN EL ORIGEN DEL CONFLICTO.

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a guerra de banderas es el más visible, simbólico y quizá superficial terreno de reivindicación nacional -de unos y de otros- en esta, según poesía de Salvador Espriu, “pobre, sucia, triste, disortada” Cataluña de hoy. Esteladas, señeras o rojigualdas adornan los balcones como no se había visto antes. Los acontecimientos políticos se han atropellado en los últimos cinco años. El choque de placas tectónicas iba a ser tan profundo y ruidoso que pocos lo vieron venir. Desde el fracaso del Estatut de Autonomía hasta la manifestación del millón de catalanes del 11 de Septiembre, el seny (sentido común) catalán ha dado paso a la rauxa (furia) ¿Durará? ¿Llegará hasta el final? Terremoto de 10 grados, escala de Richter. La Transición se acaba aquí. Ahora comienza la Historia. Yo me crié en uno de esos barrios del extrarradio de la Barcelona de los años ochenta: el Carmelo. Aquella montaña era un laberinto de callejuelas empinadas, geranios obreros en las ventanas y muchas ganas de salir de ahí. Nunca oí hablar en el barrio sobre independencia. Todos daban apoyo a la selección española de fútbol -incluso cuando no pasaba de los cuartos de final-, hablaban castellano y solían votar a socialistas o comunistas. Sin embargo, nadie tenía ninguna duda de que sus hijos fueran del Barça, tuvieran que aprender catalán y los bocadillos de la merienda se hicieran con pà amb tomaquet. Ahora mi barrio, a medio camino de Serrat y Sabina, del pulpo gallego y de la escudella barrejada, vislumbra con escepticismo e ilusiones el innegable proceso soberanista catalán. De algunos de los pequeños balcones del barrio cuelgan banderas españolas, pero también alguna, aunque menos, catalanas. Casi todos los veranos pasaba unos días en casa de mis tíos en la Costa Brava. En aquel pueblecito de L’Empordà, los niños jugaban al

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Por sergi picazo Redactor de política en el diario El Punt Avui, ha colaborado durante años en proyectos de periodismo independiente en Cataluña como las revistas Directa y El Triangle.

fútbol en catalán y se peleaban en catalán. Hoy allí el independentismo es mayoritario. Mi tío, que había nacido murciano y tan obrero como el que más, habla un catalán con indiscutible acento gironí, se siente más catalán que español y es lo más parecido a uno de esos viejos pescadores de L’Empordà de los que hablaba Josep Pla. Sal de mar en las heridas, atardecer mediterráneo, tramontana golpeando las ideas. La Costa Brava, a medio camino de Llach y la rumba, que lloró al ver partir a Machado al destierro de Collioure, que acoge turistas suecas o de Calatayud, vislumbra con escepticismo e ilusiones el innegable proceso soberanista catalán. Hoy en las viejas masías se ven señeras y esteladas y, de vez en cuando, alguna rojigualda. Se acabó el blanco y negro. Dejen los prejuicios en la papelera de reciclaje.

LA POLÍTICA

Todo comenzó el 16 de noviembre de 2003. Hace 10 añitos ya. Aquel día las izquierdas catalanistas ganaban las elecciones por primera vez desde la Segunda República y ponían fin a la era pujolista. El intento federalista lanzado por aquel gobierno de Pasqual Maragall era una nueva oportunidad para la Iberia imaginada por Pi i Margall, la CNT, Francesc Macià, Lluís Companys, los luchadores antifranquistas del PSUC o del que fuera nombrado “Español del Año” por el diario ABC, Jordi Pujol... Pero la cosa topó con el mal humor del Tribunal Constitucional, la agresividad del PP y la desidia del PSOE. Después de ser aprobado por mayoría en el Parlament, en el Congreso y en las urnas, los jueces, a petición del PP, pusieron el freno de mano. Cataluña, según los 881 folios de la sentencia del TC, no es una nación (sino una nacionalidad), está integrada en la “indisoluble unidad de la nación española”, no puede hacer referendos, no


tiene derecho a un sistema judicial propio y la lengua catalana no puede ser preferente en la Administración o la escuela. Aquello precipitó las portadas de los diarios y las protestas en las calles. El PSOE y el PP, los dos partidos mayoritarios en España, habían señalado el fin de la autovía autonómica: el PP, campaña de recogida de firmas mediante, no aceptaba ni siquiera el Estatut “cepillado” salido de la comisión presidida por Alfonso Guerra; y el PSOE, pese a que Zapatero prometió “apoyaré el Estatut que salga del Parlament”, no consiguió imponer su tesis de un sistema federal . ¿Y los intelectuales progresistas españoles? ¿Protestaron en los Goya los actores? Silencio. No es nuestro problema. En 2005, en pleno debate estatutario, Òmnium Cultural, la entidad cívica con más socios de Cataluña, montó un acto de apoyo al Estatut en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Pocos, muy pocos políticos o intelectuales no catalanes apoyaron la iniciativa, salvo Santiago Carrillo, Gaspar Llamazares o los profesores Javier Sádaba y Carlos Taibo. La España plural de Zapatero mostraba sus límites. Hasta aquí se puede llegar. Ni un centímetro más. El portazo fue ensordecedor. El sueño federal -quizá solo soñado por los catalanes- se hizo trizas. Zapatero, igual que negaba la crisis, negó la bomba de relojería catalana. El entonces presidente catalán, José Montilla, nacido en Iznájar (Córdoba), poco sospechoso de independentismo, avisó una y otra vez de lo que se venía a sus camaradas del Comité Federal. “José Luis, te queremos mucho, pero queremos más a Cataluña”, le dijo a ZP en un mitin. Sepharad confiaba en que las aguas volvieran a su cauce por arte de magia. Sucedió justo lo contrario. El independentismo hoy, según todas las encuestas publicadas el último año, ya es la primera opción de los catalanes.

Si abrimos el foco, se ve mejor. Las encuestas del CEO (las más amplias que se hacen en Cataluña) preguntan qué modelo de relación con España prefieren los catalanes: Estado independiente, federal, autonómico o centralista. Primera foto: la independencia recogía en 2005 un exiguo 13% mientras que hoy ronda el 45%. Segunda foto: la opción federal siempre fue la favorita y, si se sumaba a la autonómica, rebasó durante la última década el 60% de apoyo. Tercera foto: el terremoto se deja sentir la primavera de 2012 cuando por primera vez la independencia superó al federalismo: 34% a 28%. Desde entonces la opción de largarse se ha disparado. Las últimas elecciones catalanas, convocadas por un Artur Mas al filo del precipicio después de pactar con el PP los mayores recortes sociales, cambiaron el panorama. Por primera vez, los dos partidos nacionalistas, CiU –con un cada vez menos ambiguo soberanismo- y ERC -apostando por el independentismo exprés- fueron primero y segundo y han unido fuerzas para convocar una consulta sobre la independencia. En el Parlament están de acuerdo en ejercer el derecho democrático a decidir 107 de los 135 diputados: en contra, PP y Ciutadans. Según una encuesta del Gabinete de Estudios Sociales y Opinión Pública, el 70% de los catalanes desea votar en una consulta el futuro estatus catalán. El eje izquierda-derecha se está viendo desplazado, sobre todo en los medios de comunicación, por el eje nacional España-Cataluña. El independentismo se ha convertido en lo más parecido a un movimientode masas: está en la calle (manifestaciones), realiza actos simbólicos y populares (este 11 de septiembre se hará una cadena humana de Norte a Sur, unos 400 kilómetros, emulando la Via Báltica de 1989 impulsada por los independentistas de los países bálticos), crea organizaciones nuevas (Asamblea Nacional Catalana) y tiene

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el apoyo de Convergència, la familia Pujol, ERC, las CUP, Òmnium, artistas como Dyango o Lluís Llach, exdirigentes socialistas como Antoni Castells o Ernest Maragall, referentes del 15-M como Arcadi Oliveres o la monja benedictina Teresa Forcades. El historiador y articulista Joaquim Coll, contrario al independentismo, admite el éxito del reclamo: “Ponen paradas los fines de semana en los mercados, cuelgan estelades gigantes o encienden miles de velas en las plazas de los pueblos. Eso ofrece una imagen romántica de un momento que ellos ven como histórico”. El analista Josep Ramoneda, que tampoco es independentista, escribió en el diario El País que el éxito del independentismo ha sido proponer algo que hoy escasea: “Un proyecto político”,“la construcción de un futuro distinto”. “Derecha e izquierda”, según Ramoneda, “se escudan en el día a día para evitar el verdadero debate político. Solo el independentismo ha roto este pacto implícito. La ciudadanía quiere sentirse partícipe de proyectos que ilusionen y no solo carne de cañón de la impotencia de la política frente al dinero”. Los sectores independentistas han convocado en los últimos años consultas, en las que han participado más de 800.000 ciudadanos. / EFE

El 70% de los catalanes, según las encuestas, desea votar en una consulta el futuro estatus político de Cataluña

EL DINERO

La crisis crispó aún más el debate. Cataluña, la antigua locomotora de la Península, se hundía. Ya no inventaba nada, ya no lideraba nada. La industria, desde el textil que hizo nacer la burguesía hasta la automovilística Seat, se deslocalizaba. Cataluña quiso participar en la fabricación del Eurofighter, y se lo dieron a Albacete. Cataluña tuvo AVE después de Ciudad Real y Toledo. El sistema de cajas de ahorros catalán se hundió en solo dos años. ¿Y la industria editorial que publicó a García Márquez, Vargas Llosa, Vila-Matas o Quim Monzó? Ciudad de los prodigios en declive. Sólo resiste el turismo, algo de exportación (vinos, cava, tecnología) y el Barça. Todo se decide en Madrid, alegan muchos catalanes de perfiles muy distintos. Incluso el cabreo de los empresarios, siempre apostando por el seny, el famoso sentido común catalán, comienza a ser llamativo. La puntilla es el déficit fiscal de la Generalitat respecto al Estado de los últimos 30 años. CiU, ERC e incluso PSC, ICV-EUiA y el PP están de acuerdo en que los recursos que aporta la Generalitat a las arcas de Hacienda y que luego no vuelven en forma de inversiones y gasto social en territorio catalán deberían reducirse. Cataluña, según las balanzas fiscales publicadas por el Ministerio de Economía en 2010, aportaba como la segunda autonomía -por detrás de Baleares- y en cambio recibía por debajo de la media. Cada catalán aporta al Estado unos 2.000 euros anuales más de los que recibe. Esta reivindicación ha provocado que desde algunos puntos de España se tildara a los catalanes de insolidarios y egoístas. No se discute, sin embargo, el concierto foral del País Vasco y Navarra. El argumento lo usó el presidente Artur Mas para intentar conseguir un “nuevo pacto fiscal en la línea del con-


LA CATALUÑA JUV ENTUD . cierto” durante el año 2012. El Gobierno de Mariano Rajoy le dio un enésimo portazo. No se sabe si Mas quería realmente negociar; lo que es seguro es que Rajoy no tenía nada que ofrecer. El problema fue que aquella no era una negociación normal en el antiguo esquema pujolista, el que había funcionado durante años con distintos gobiernos. Ahora las cosas eran diferentes porque, unos días antes del encuentro entre Mas y Rajoy, el 11 de septiembre de 2012 un millón y medio de personas colapsaron las calles de Barcelona en una histórica manifestación. Había sido la celebración más multitudinaria de la Diada Nacional de Cataluña. La marcha tenía un lema inequívoco: “Cataluña: nuevo Estado de Europa”. Estaba claro que el marco mental del catalanismo político había dado un salto cualitativo.

LA IDENTIDAD

El Gobierno del PP no cedió ni un milímetro y dio alas al argumentario independentista de que España “nos odia” y “nos maltrata”. La involución centralista, el déficit fiscal, el boicot a los productos catalanes (como el cava), la caída de las inversiones en infraestructuras, pagar peaje para ir a cualquier lado, las sentencias judiciales contra el modelo de inmersión lingüística en las escuelas, la Ley Wert de Educación y su “interés por españolizar a los niños catalanes”, la unidad de mercado… Tampoco ayudaban al entendimiento los exabruptos de algunos dirigentes políticos tanto del PP como del PSOE. Las finanzas de la Generalitat tocaron fondo. La antigua locomotora no tenía ni para pagar las nóminas de los profesores, médicos y mossos d’esquadra. Nadie en el mundo le presta dinero a un interés tolerable. La comunidad autónoma recortó su gasto público antes que nadie y ha reducido el presupuesto de Sanidad o Educación en torno al 15% en los últimos dos años. El orgullo estaba tocado. Los que se creían invencibles mordían el polvo. Las cifras del hundimiento han afectado a las clases medias y, sobre todo, a los más débiles. Las cifras de pobreza extrema se han multiplicado por cinco desde 2008 y la tasa de riesgo de pobreza alcanza un 25% de la población. Sólo Cáritas atendió a cerca de 290.000 personas sin recursos en 2012, y 50.000 niños catalanes están en riesgo de malnutrición a causa de la crisis: si no van a la escuela, no comen. El relato económico independentista, crítico con el despilfarro, la corrupción y la burbuja inmobiliaria, hace fortuna entre clases medias urbanas e incluso entre clases más bajas en la Cataluña de comarcas. “Piensan que la respuesta a la crisis es la independencia, la ven como una utopía activa”, opina Joaquim Coll. “Tiene un olor progresista y liberador, aunque en el fondo interese a los sectores más neoliberales”, asegura. Cataluña no es una cuestión de comunidades étnicas enfrentadas. Para el nacionalismo, importan, y mucho, la lengua, la cultura,

una forma de ser y de entender el mundo, la bandera, Montserrat y el Barça. Pero el independentismo realmente existente se parece más a un caos difícil de entender porque la identidad ya no determina necesariamente el voto a favor o en contra en un hipotético referéndum. El mito del conflicto entre el burgués nacionalista de derechas y el obrero federalista de izquierdas pierde aguas. Si se cruzan los datos de las encuestas resulta que el 70% de los que votarían sí a la independencia se sitúan a la izquierda. En las últimas elecciones, los mejores resultados para el PP en Barcelona se produjeron en Pedralbes (el barrio más rico y burgués) y en Nou Barris (distrito obrero); los nacionalistas de CiU y de ERC arrasaban en comarcas rurales de Vic o Manresa y en barrios modernos y bohemios barceloneses como Gracia o Sants; Iniciativa, los antiguos comunistas, y el fenómeno de las CUP, de extrema izquierda independentista, suman más votos en barrios de clase media de Barcelona que en los antiguos feudos obreros. En el Madrid de los ministerios y las embajadas no se quiso ver que una nueva generación de catalanes, sin los miedos del 18 de julio ni los tabús de la Transición, ha decidido pasar a pedir algo que en los años noventa era minori-

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Castellers en el Día de Andalucía en Cataluña en L´Hospitalet de Llobregat. / RAMÓN COSTA

Una nueva generación de catalanes, alejados de la guerra y de la Transición, pide ahora la independencia

tario: la independencia. Lo explica Ramoneda: “Esa nueva generación ha sido formada en la escuela catalana, con unos referentes culturales distintos y ha asumido con naturalidad la condición de Cataluña como país. Los hijos de quienes llegaron a Cataluña en los años sesenta desde el resto de España nacieron aquí y tienen unos parámetros sentimentales distintos”. El choque de placas tectónicas puede hacer daño. El nacionalismo español no se ha quedado esperando. Justamente, en las últimas elecciones catalanas, PP y Ciutadans crecieron. El PSC, que apuesta por el federalismo y que asumió la identidad de los charnegos, es hoy el paradigma de un partido en crisis. A un suspiro de romperse. En 2010 gobernaban la Generalitat, el Ayuntamiento de Barcelona, las diputaciones y tenían ministros en Madrid. Lo perdieron casi todo. Cataluña se convertirá en 2014 en un laboratorio político televisado, leído y tuiteado desde toda Europa. ¿Están ustedes preparados? Vuelven tiempos revueltos. La pena es que en los sesudos análisis de la prensa internacional no vaya a aparecer merodeando por el barrio del Carmelo ninguno de los personajes del novelón de Juan Marsé Últimas tardes con Teresa. Hoy ¿sería el Pijoaparte un independentista?


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El corralito español

dos juicios contra Caja Madrid por la venta de participaciones preferentes a ancianos revelan el mayor escándalo financiero de nuestro país. Las víctimas del engaño han tenido que asumir la pérdida de todos sus ahorros.

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alvador Cannavo Quagliata es viudo, tiene 82 años de edad, estudios primarios y ningún conocimiento financiero. El pasado mes de julio vivió un episodio que nunca hubiese imaginado: compareció ante la jueza Dolores Norte, titular del juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Alcorcón, para declarar por la demanda que interpuso meses antes contra Caja Madrid por engañarlo para que invirtiera todos sus ahorros, 79.000 euros, en participaciones preferentes de la entidad. Una historia más de las de cientos de miles de ciudadanos atrapados en un producto financiero complejo y de alto riesgo que bancos y cajas les vendieron como si fuera seguro y con liquidez inmediata. Ahorros que muchos han perdido en su totalidad y otros han recuperado con importantes pérdidas, en lo que es el mayor escándalo de la historia de nuestro sistema financiero. El caso recuerda al corralito que vivió Argentina en 2001, cuando el Gobierno prohibió que los ciudadanos pudieran disponer de más de 250 dólares semanales de los ahorros que tenían depositados en los bancos del país para evitar la fuga de capitales por la situación económica del país. Un año después, el Ejecutivo derogó la convertibilidad automática entre el peso y el dólar, que había equiparado ficticiamente el valor de ambas monedas, devaluó la moneda nacional y dejó a los argentinos sin parte de sus ahorros y empobrecidos. Lo que se conoció como el corralón.

TOTAL IMPUNIDAD

Salvando las diferencias, es lo mismo que en nuestro país le ha ocurrido a los tenedores de participaciones preferentes y deuda subordinada como Salvador, a los que el Gobierno ha impedido recuperar el dinero que tenían invertido en ambos productos tras la quiebra de las entidades que los habían emitido, mal gestionadas y que durante años maquillaron sus balances para simular una falsa solvencia. Cuando el Ejecutivo ha permitido que los ahorradores recuperen su dinero lo ha hecho obligándoles a que asuman importantes pérdidas o a que pierdan todos sus ahorros, sin que los banqueros responsables de tal escándalo hayan asumido responsabilidades penales por ello e incluso se hayan marchado a sus casas con indemnizaciones multimillonarias.

Por Carlos Fonseca Periodista y escritor, es autor del libro Trece rosas rojas (Temas de Hoy, 2004), llevado al cine por Emilio Martínez Lázaro en 2007. Trabajó en medios como Ya y Tiempo y ha sido colaborador de radio y televisión. Fue elegido Periodista del Año en 2005 por la Asociación de Revistas de Información (ARI). Tras escribir varios libros sobre la memoria histórica, publicó en 2011 Luz negra (Temas de Hoy), una novela ambientada en el País Vasco.

Natural de la localidad siciliana de Forza d’Agro, un pequeño municipio de poco más de seiscientos vecinos, Salvador lleva en España desde 1973, cuando su mujer, a la que conoció como inmigrante en Coventry (Gran Bretaña), le convenció para regresar a nuestro país. “Me fui de mi pueblo con 21 años porque no había trabajo. En Inglaterra me coloqué en una fábrica y conocí a la que sería mi mujer, que trabajaba en una compañía de alfombras. Ella era madrileña (falleció años atrás) y con el tiempo nos vinimos a Madrid –cuenta mientras espera a que la secretaria judicial le cite para entrar en la sala e iniciar la vista de su demanda-. Mi cuñado era zapatero y entre sus clientes había una mujer que le encargaba zapatos a la medida. Su marido era un alto cargo de Ericson y le pidió que me echara una mano para encontrar trabajo. Me hicieron un contrato de seis meses y aproveché para pedir la nacionalidad”. El matrimonio se estableció en Alcorcón y abrió una cuenta corriente en la sucursal de Caja Madrid de la calle Betanzos de la localidad madrileña, en la que fue ingresando los ahorros de su trabajo. Tras unos minutos de espera, la secretaria judicial citó a las partes iniciar la vista hora. La magistrada pidió a Salvador que se pusiera delante del micrófono colocado en mitad de la sala para que su testimonio se escuchara con claridad. Jueza.- ¿Qué nivel de estudios tiene? Salvador.- Primarios. Jueza.- ¿Desde cuándo tiene su dinero en Bankia? Salvador.- Desde hace veintiocho o treinta años. Doña Marisol (se refiere así a la empleada que le atendía habitualmente) me llamaba de vez en cuando para informarme de que había un producto que me podía rentar un dinerillo, iba al banco y firmaba los papeles que me decía. Tenía plena confianza en ella. Jueza.- ¿Cómo invirtió sus ahorros en participaciones preferentes? Salvador.- Tenía los ahorros en un fondo que me venció en 2009; entonces doña Marisol me llamó para que me pasara por la oficina. Allí me dijo que tenía un producto muy rentable y, como siempre, firmé lo que me dijo sin preocuparme de más. Jueza.- ¿Conocía el altísimo riesgo que corría? Salvador- No señora. Jueza.- A parte de los 79.000 euros que invirtió en participaciones preferentes, ¿tiene

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más dinero en otros productos bancarios? Salvador.- No, sólo tenía los 79.000 euros. Salvador relató que a partir de abril de 2012 dejó de cobrar los intereses de su inversión y que fue entonces cuando se enteró de que tenía participaciones preferentes de las que hablaba la prensa. “Doña Marisol me juró por su vida que ella no sabía nada y yo la creo. No la culpo porque creo que me vendió un producto que ella creía bueno. ¿Cómo iba a desconfiar de ella, si hasta me ayudó con la testamentería cuando murió mi mujer?” La historia de Salvador es idéntica a la de la mayoría de afectados por participaciones preferentes y deuda subordinada. La única diferencia es que cada caso tiene su protagonista y su propia historia personal. A todos les convenció el director de la caja de toda la vida, el hombre afable que les llamaba por su nombre y apellidos y les invitaba a pasar a su despacho para ofrecerles los nuevos productos que la entidad ponía en el mercado, siempre seguros y con liquidez inmediata para que pudieran recuperar el dinero cuando lo necesitaran.

un negocio redondo

Las participaciones preferentes y la deuda subordinada son dos productos de alto riesgo que los bancos y las empresas cotizadas en bolsa comenzaron a emitir en nuestro país en 2003 (desde 1998 se emitían tan sólo desde paraísos fiscales a través de sociedades instrumentales). Un negocio redondo porque los clientes confían al banco su dinero de manera perpetua (las preferentes no tienen vencimiento), y éste no lo contabilizaba en sus balances como una deuda, como dinero que tiene que devolver, sino como fondos propios que el inversor sólo puede recuperar si otros clientes compran sus participaciones atraídos por los intereses que devengan (cupón). A diferencia de las imposiciones a plazo y de las cartillas y cuentas de ahorro no tienen la cobertura del Fondo de Garantía de Depósitos, que garantiza un máximo de 100.000 euros por cuenta y titular en caso de insolvencia de la entidad. La estrategia utilizada por las entidades financieras para vender este producto deja en evidencia que actuaron en beneficio propio a costa de los clientes. Caja Madrid, la entidad que vendió las preferentes a Salvador, repartió a sus oficinas de manera previa a la emisión de 2009 un ‘argumentario


comercial’ para captar clientes que es revelador del engaño, como el propio ministro de Economía, Luis de Guindos, definió este producto financiero en mayo de 2012, cuando el escándalo ya había estallado. La crisis llevaba dos años instalada en nuestro país y el ‘pinchazo’ de la burbuja inmobiliaria atrapó a bancos y, sobre todo, a las cajas de ahorros con numerosos créditos hipotecarios a constructoras y particulares que no podían hacer frente a los pagos, generando un enorme agujero en las cuentas de las entidades, algunas de las cuales quebraron. Pese a lo evidente de la situación, la Gerencia de Marketing de Caja Madrid decía en el documento antes citado que “el sistema financiero español, del que forma parte Caja Madrid, cuarta entidad financiera nacional, es un sistema sólido y solvente”, y ponía de relieve que la venta de esos productos era una ‘práctica habitual’. En 2009 la caja emitió 2.700 millones de euros en participaciones preferentes y deuda subordinada (una cantidad similar a la que comercializó en 2004), que comparaba en su documento con los 7.000 millones puestos a la venta por el Banco de Santander en 2008, los 1.500 del BBVA, y los 2.500 millones de La Caixa, también en 2009. Para convencer a los clientes más desconfiados, la caja redactó una serie de respuestas tipo a lo que presumía iban a ser las preguntas más frecuentes de los posibles compradores. A los ahorradores les preocupa su dinero, y lo primero que había que hacer era convencerlos de que éste no corría ningún peligro porque tenía ‘la garantía 100 por cien de Caja Madrid, que en los último últimos 30 años ha presentado un historial creciente y sostenido de beneficios, incluso en épocas complejas como la actual”. Para trasladar más confianza comparaba el sistema financiero español con

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el de otros países para destacar “su solidez y solvencia”, en el que aseguraba que Caja Madrid tenía “una posición de privilegio”. Superado el primer escollo, lo más probable es que los clientes preguntaran “¿qué pasa si necesito mi dinero?”, a la que los empleados de la entidad debían responder que existía “un mercado secundario en la propia entidad (otros clientes), donde sus participaciones serán adquiridas en un plazo máximo de siete días (…) Su atractiva rentabilidad y seguridad hace esperar una demanda continua de estos títulos de los clientes que no hayan tenido la oportunidad de adquirirlos durante el periodo de suscripción”. Es decir, que tenía liquidez inmediata y que él era uno de los clientes elegidos para beneficiarse de la oferta por delante de otros, muestra de la deferencia de la caja hacia su persona. Finalmente, la entidad hacía una llamada al compromiso de sus trabajadores con la empresa ante “una emisión vital para la entidad”, en la que “todos debemos participar en la venta activa”. Este compromiso se cuantificaba en la obligación de colocar 50.000 euros diarios las oficinas grandes; 35.000 euros las mediadas, y 20.000 euros las pequeñas en los 31 días hábiles de campaña. Caja Madrid orientaba a sus empleados sobre los potenciales clientes a los que tenían que debía dirigirse: los que tenían Imposiciones a Plazo Fijo (este sí un producto seguro) con vencimientos cercanos, o depósitos sin invertir. Los casos en que los pequeños ahorradores han sido expoliados son múltiples y los tribunales vienen dando la razón con cuentagotas a los que han demandado a su banco y reclamado su dinero. El miedo al colapso en los tribunales ha llevado a los bancos y al Gobierno a habilitar mecanismos para evitar las

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La desesperación de muchos afectados ha llevado la protesta a las calles.

demandas judiciales con su canje por acciones u otros productos con vencimientos a largo plazo e intereses ridículos, o mediante arbitrajes en los que los perjudicados se juegan su dinero en una especie de lotería. Muchos clientes, asesorados por despachos jurídicos que se han hecho cargo de numerosas demandas con minutas asequibles, han llegado a la convicción de que no van a recuperar todo su dinero salvo que un juez condene al banco a que se lo devuelva.

un peligroso inversor

“Ayúdeme, señoría, no puedo pagar un abogado. Tengo 81 años y mire usted lo que han hecho conmigo”

Así lo cree Jacinta Carmen García Paredes, de 86 años, que en junio acudió al juzgado de Primera Instancia nº 63 de Madrid para intentar recuperar todos sus ahorros, 12.000 euros, que se han quedado en 2.305,45 euros tras su conversión obligada en acciones de Bankia y su posterior venta en Bolsa. Viuda, ama de casa y sin estudios, acudió al juzgado acompañada de uno de sus seis hijos. Su sola presencia física evidenció que no estábamos ante una avezado inversor, sino ante una modesto ahorrador. La obviedad hizo que la jueza le dijera antes de comenzar la vista que estuviese tranquila y que si no entendía algo lo dijera para repetirle las preguntas tantas veces como fuese necesario. Su relato fue un calco del de Salvador Cannavo. “¿Sabía dónde metía el dinero?, ¿quería arriesgarlo a cambio de más intereses?”, le preguntó la magistrada al final de su testimonio. “¡Cómo voy a querer eso, si yo me voy a comprar el pan donde cueste más barato! Le juro que he dicho la verdad”. La letrada de Caja Madrid dejó claro que la entidad no estaba dispuesta a devolverle ni un solo euro e intentó demostrar que Carmen había sido informada correctamente. “Si no lo entendió podía haber insistido y


preguntado”, dijo la abogada, para quien “la decisión de comprar fue exclusivamente suya” y no inducida por la comercial que la atendió. Para terminar, leyó un alegato que traía escrito y que sonó a un discurso tipo que el banco hubiese distribuido entre sus abogados para defender sus intereses ante los tribunales aunque, como en este caso, tan solo estuviesen en juego 12.000 euros. La falta de estudios de Carmen, dijo la letrada, “no supone que no tenga capacidad cognitiva” y, además, “nunca presentó quejas ni dijo nada mientras cobró intereses”. En definitiva, que la única culpable era la propia víctima.

dAVID CONTRA GOLIAT

Junto a casos como los de Salvador y Carmen, el desconocimiento, el miedo a pleitear y la imposibilidad de pagar abogado y procurador han hecho que muchos perjudicados vuelquen su desesperación en interminables cartas que remiten a todas las autoridades imaginables relatando su caso y reclamando sus ahorros como un favor. Es lo que hizo Fernando Olmedo, de 81 años, que desde 2012 ha enviado decenas de misivas manuscritas al actual presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri; al gobernador del Banco de España, Luis María Linde; al Fiscal General del Estado, Eduardo Torres Dulce, y al magistrado de la Audiencia Nacional Fernando Andreu, que instruye la causa contra los 33 consejeros de Bankia y su matriz, el Banco Financiero de Ahorro (BFA), por la salida de la entidad a Bolsa con unas cuentas maquilladas que reflejaban unos beneficios de trescientos millones de euros cuando en realidad tenía tres mil millones de pérdidas. “Ayúdeme señoría –le dice al juez en su misiva- no puedo pagar un abogado. Le pido encarecidamente que me ayude. Tengo 81 años y mire usted lo que han hecho conmigo. Con gracias anticipadas, y que Dios y Jesucristo le protejan eternamente. Un saludo afectuoso”. La desesperación por escrito para intentar recuperar 12.000 euros de ahorro con los que completar la pensión. Modestas reclamaciones que contrastan, por ejemplo, con los salarios de quienes gestionaron las cajas que llevaron a cabo el engaño. Rodrigo Rato, exministro de Economía con José María Aznar, entre otros muchos cargos, y presidente de Caja Madrid, primero, y de Bankia, después, tenía en 2010 (último dato disponible) una retribución de 2.760.701 euros, o lo que es lo mismo, 230 veces los ahorros de toda una vida de Fernando y Carmen, y 35 veces los de Salvador. Su antecesor en el cargo, Miguel Blesa, que llevaba doce años al frente de la caja cuando le cedió el despacho, cobró 800.000 euros entre retribución fija y variable por 28 días de trabajo (del 1 al 28 de enero de 2010 cuando fue sustituido por Rato) y una indemnización de 2.725.500 euros. En total, tres millones y medio de euros. Una excelente compensación para un abogado sin experiencia en el sector financiero. La evidencia de que siempre pierden los mismos.

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Falsa izquierda, auténtica derecha Algunos dirigentes del PSOE han hecho una política cercana en muchos aspectos a los conservadores. sus ideas religiosas y sus tesis neoliberales han pesado en la derechización de los socialistas.

s

on nacionalistas españoles, combatieron la dictadura de Franco y buscaron acomodo político en función de sus creencias religiosas: los creyentes, seguidores de la doctrina social de la Iglesia católica, en el PSOE; los no creyentes, en el PCE y en algunas organizaciones de extrema izquierda, por las que algunos pasaron antes de recalar en el PP. Constituyen “la falsa izquierda” que, para muchos, es “la auténtica derecha”, en la que se encuadra también la “izquierda Peter Pan”, la que tiene soluciones para todo, pero no hace nada y sabiéndose minoría, quiere seguir siéndolo. El sociólogo y diputado socialista José Andrés Torres Mora explica que izquierda y derecha “empezaron por ser simplemente los lugares en los que se sentaban los diputados constituyentes franceses en la época de la Revolución, pero el lugar en el que se sentaban terminó por dar nombre a sus ideales, y sus ideales terminaron por dar un contenido político a las palabras izquierda y derecha”. El barómetro del CIS de enero reflejaba que la mayoría de la población española identifica las ideas de “tradición” y “orden” con la derecha, y los términos “igualdad, derechos humanos, libertad individual, progreso, solidaridad, idealismo y tolerancia” con la izquierda, mientras que “honradez” y “eficacia” no se asocian a ninguna ideología concreta. Pero “tener una retórica de izquierdas no es ser de izquierdas”, puntualiza Gaspar Llamazares, diputado de Izquierda Unida. Con esta cuaderna, dos de los principales arquetipos de “falsa izquierda, auténtica derecha” han sido José Bono y Francisco

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Por Gonzalo López Alba Periodista de información política, ha desarrollado su labor en Diario 16, ABC y Público, entre otras publicaciones. Es autor del libro El relevo (Taurus), sobre la reciente historia del PSOE

Vázquez. Gracias a su capacidad para pescar en los caladeros de voto conservadores, estos dos militantes del PSOE fueron durante más de dos décadas gobernantes hegemónicos en territorios con mayoría sociológica de centro-derecha (Castilla-La Mancha y A Coruña, respectivamente). A los dos les une, además de su militancia predemocrática en las filas socialistas, una privilegiada relación con la jerarquía eclesiástica, que en el caso de Vázquez propició su nombramiento como embajador ante la Santa Sede. Azote de los nacionalistas periféricos, el exministro de Defensa y expresidente del Congreso, que en 2000 perdió frente a José Luis Rodríguez Zapatero la batalla por el liderazgo del PSOE, nunca ha ocultado su estrecha amistad con dirigentes del PP como Alberto Ruiz-Gallardón o Eduardo Zaplana, con el que promovió la Fundación España Constitucional. Con una trayectoria diferente, aunque con algunas amistades similares, se encuadra también en este grupo a Enrique Múgica, que llegó al PSOE procedente del PCE y, tras ser ministro de Justicia con Felipe González, fue nombrado Defensor del Pueblo a propuesta de José María Aznar. Pero, aunque estos son algunos de los ejemplos más evidentes para sus propios correligionarios, Llamazares sostiene que “la principal falsificación de la izquierda se ha producido en la política económica, abrazando los planteamientos neoliberales con algún matiz social, y en la política exterior”, donde el caso más notorio es el de Javier Solana, que pasó de defender “de entrada, no” a la OTAN, a convertirse en secretario general de la Alianza Atlántica por deseo de Estados Unidos.


De izquierda a derecha, José Bono, Enrique Múgica, Francisco Vázquez y Miguel Boyer.

Donde más dificultad ha tenido la derecha española para infiltrar el pensamiento de la izquierda ha sido en el ámbito de la cultura y de la intelectualidad, aunque también aquí hay algún ejemplo paradigmático, como el del escritor Arturo Pérez Reverte, que, como émulo menor del filósofo francés BernardHenri Lévy, reparte lecciones de radicalismo ético para acabar defendiendo casi siempre posiciones asociadas con postulados reaccionarios. En este arquetipo encajan también algunas gentes que hacen política de tertulias y de ocasionales colaboraciones periodísticas.

DEL PSOE AL “TDT PARTY”

la izquierda neoliberal

La “falsa izquierda” ha tenido una especial influencia en el ámbito económico. Aunque históricamente los gobiernos socialdemócratas han atenuado la desigualdad y mejorado la redistribución, a partir de 1980 “fueron asumiendo políticas económicas aparentemente alineadas con la nueva ortodoxia neoliberal”, entre otras razones porque “las antiguas políticas socialdemócratas ya no eran viables debido a la movilidad de capitales y a la autonomía de la política monetaria respecto de los gobiernos nacionales [el condicionante de la pertenencia a la zona euro]”, lo que dejó a la socialdemocracia sin un programa propio, según explica José María Maravall (Las promesas políticas, 2013). Pero no sólo se trata del tipo de políticas que aplicaron. Además, los responsables económicos en los gobiernos del PSOE han

demostrado tener la misma cintura que los de la derecha para transitar por la puerta giratoria entre lo público y lo privado. Así ha ocurrido desde Miguel Boyer, que de ser el primer ministro de Economía de Felipe González pasó a apoyar a José María Aznar, hasta Elena Salgado, que tres meses después de su cese fichó por la eléctrica Chilectra, filial chilena de Endesa. Según quienes se reclaman “economistas de izquierdas”, la izquierda económica nunca ha estado en los centros de decisión de los gobiernos de izquierda. Pero el fenómeno no se registra únicamente en la política y en la economía. También se da en la judicatura, con ejemplos como el de Luciano Varela Castro, que fue fundador de la asociación Jueces para la Democracia e instruyó la causa contra Baltasar Garzón por sus investigaciones sobre los crímenes del franquismo.

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La izquierda económica nunca ha estado en los centros de decisión de los gobiernos progresistas

Uno de los casos más notables es el de Cristina Alberdi. Procedente de una familia de raigambre católica y conservadora, se afilió al PSOE después de que Felipe González la nombrara ministra de Cultura y, tras postularse a media voz para liderar el partido, lo abandonó argumentando, como Rosa Díez, que Zapatero daba “alas al nacionalismo soberanista”. Ahora es miembro activo del “TDT party”, desde el que contribuye a la manufactura del pensamiento único que, no de forma casual, tiene en la civilización cristiana una de sus manifestaciones más perfectas. En sus cadenas de televisión se la ha podido escuchar clamando con indignación contra la publicación de los cuadernos de Bárcenas, ateniéndose al argumentario oficial del PP: no se puede dar crédito a fotocopias, aunque se les dio en la investigación de la trama de los GAL. La “falsa izquierda” no es un fenómeno circunscrito al PSOE. También ha habido destacados casos de “comunistas de derechas”, como Ramón Tamames, que en 1956 ingresó en el PCE, de cuya dirección llegó a formar parte, para acabar en 1989 su periplo de militante como afiliado al CDS, fundado por el expresidente Adolfo Suárez. Hay otros que pasaron de la extrema izquierda al PP, como el exministro Josep Piqué, que en su juventud militó en el PSUC, la antigua franquicia del PCE en Cataluña, y luego en Bandera Roja, de orientación maoísta, por donde también pasó la igualmente exministra Pilar del Castillo. También Celia Villalobos, vicepresidenta del Congreso y casada con Pedro Arriola, oráculo demoscópico del PP, tuvo sus coqueteos con la izquierda, en su caso en el sindicato Comisiones Obreras. En el prólogo del libro Puntos de reflexión. Manual del progresista, del autor George Lakoff, escribe José Andrés Torres Mora: “Quizá el peor de todos los errores sea asumir inconscientemente las ideas del contrario, volverse uno mismo un propagandista de éstas. No es algo difícil o infrecuente. De igual modo que el personaje de Molière hablaba en prosa sin saberlo, hay quien habla en la prosa de la derecha sin ser consciente de ello”. Se equivoca Torres Mora. Lo peor no es cuando se habla su prosa, sino cuando se aplica su letra.


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El último bandolero andaluz

antonio manuel sánchez vivió durante cinco años en las montañas gaditanas de la sierra de grazalema huyendo de la justicia. su detención acabó con la oscura leyenda de el lute de cádiz que atemorizaba a pastores y senderistas.

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos”. Miguel de Cervantes. anolito deseaba ser libre a toda costa. Por eso desoía las llamadas de la Justicia. Resguardado entre montañas escarpadas, con morral al hombro y trabuco en mano, el último bandolero andaluz fue un quebradero de cabeza para la Guardia Civil hasta el último segundo que se mantuvo prófugo. Años atrás se juró a sí mismo: “Antes de volver a pisar una cárcel, me tiro al monte”. Y cumplió su palabra pese a que en su historial no había delitos de sangre. Su ocaso comenzó el 15 de abril de 2011. Ese viernes, el sino de Antonio Manuel Sánchez cambió sustancialmente con la aparición de los primeros rayos de sol. Mientras el rocío dibujaba lágrimas en los abetos de Grazalema, un dispositivo de 70 guardias civiles, un helicóptero y perros de rastreo cercaba la sierra Margarita, entre las poblaciones gaditanas de El Bosque y Benamahoma. “Llegados hasta aquí ya no se nos escapa”, pensó el jefe del operativo. El objetivo era claro: detener al hombre que cinco años antes se había lanzado al monte para huir de la ley y que, hasta esa fecha, había atemorizado a pastores y senderistas como salteador de caminos. Eran las seis y media de una mañana fría. El prófugo dormía en una tienda de campaña instalada cerca del sendero que une las dos localidades serranas, incrustadas en el parque natural de Grazalema. La abrupta orografía del entorno resultaba un enclave perfecto para alguien escurridizo como él. La Benemérita llevaba meses estudiando cómo y cuándo capturaría tan codiciada pieza. Pero Antonio Manuel, perro viejo, se percató de la presencia de los agentes e intentó huir. En ese instante comenzó una persecución montaña arriba, entre peñascos que se desprendían y ladridos de canes. En un arrojo de valor, El Lute de Cádiz, como la leyenda lo había apodado entre los vecinos, se lanzó a un arroyo desde tres metros de altura, llevándose por delante a dos guardias.

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Por ANDRoS LOZANO Periodista valenciano, viaja por el mundo en busca de historias. Publica con asiduidad en El Mundo y colabora con FronteraD y El Heraldo hondureño. Ha cubierto desde campañas electorales hasta el último cónclave en El Vaticano. En mayo recorrió Honduras para escribir reportajes sobre el país más violento del mundo.

Samanta, novia de El Lute, sostiene una foto del bandolero cuando era más joven.

Su tenacidad por evitar que unas gélidas esposas rozaran sus muñecas resultó insuficiente. Fue capturado entre forcejeos y a punta de pistola. Con su detención cayó el último exponente del bandolerismo andaluz, mezcla de mito y realidad con tintes románticos cuyos referentes nacieron en los siglos XVIII, XIX e inicios del XX. El listado es largo: José María El Tempranillo, José Ulloa Tragabuches, Juan José Mingolla Pasos Largos… En su mayoría, se

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refugiaron también en las montañas de Cádiz y Málaga burlando la Justicia. Antonio Manuel también tenía un romance oculto. Lo evidenció ese corazón de fieltro rojo con un “Te Quiero” bordado en blanco que llevaba siempre en su morral y que la Guardia Civil encontró en su choza. Se lo había regalado su prima hermana Samanta, un niña de 14 años que había pasado la noche con él. El día de la detención de Manolito, desconociéndolo ambos, la chica estaba embarazada de tres meses.


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La leyenda de Manolito nace en 2006, tras volver a casa. Después de pasar enrejado un lustro en la cárcel de Oviedo por líos con drogas, nada más salir, en 2004, comete un robo en un establecimiento. Sin aprender la lección y con el botín en sus bolsillos, unos cientos de euros, cruzó España en tren para recomenzar su vida entre las montañas que lo vieron crecer.

EN BUSCA DE COBIJO

A Benamahoma, donde nació el 21 de agosto de 1970, volvió a punto de cumplir 34 años. Lo acogió en su casa la abuela que lo crió, a quien quería cuidar hasta su muerte. Pensó que sus problemas con la Justicia habían acabado. Pasó un par de años tranquilos trabajando como albañil y mozo de jardinería. Aprendió a convivir con algunos vecinos que, sabedores de su pasado, lo increpaban por la calle. Hasta que un día los nudillos de un guardia civil volvieron a sacudir su puerta. Según narran algunos lugareños, entre varios agentes le pegaron una “brutal paliza” ante su resistencia a ser detenido. Dolorido y maldiciendo, volvió a prisión, donde sólo pasó 15 días ya que el juez lo dejó libre. Pero ni de lejos había logrado deshacerse de su pasado. A finales de 2006 le llegó una nueva notificación judicial. “Antes de volver a pisar una cárcel, me tiro al monte”, se perjuró. Y lo hizo, aunque con ello sufriera su abuela, la mujer que nunca le falló. En la sierra se instaló en una amplia tienda de campaña de tela azul. A su lado levantó otra de menor tamaño para sus tres perros amaestrados, que usaba para atemorizar al extraño. Incluso cultivó una pequeña plantación de marihuana para fumar porros. En aquella zona boscosa se sentía como en casa, pues en su infancia el monte era el principal -cuando no el único- recurso para muchas familias de la sierra gaditana. Pensaba que sería capaz de sobrevivir con lo que cazara. Pero el monte es feroz. En el macizo de Grazalema, la zona más lluviosa de España, el clima es durísimo. Pronto comenzó a perder kilos, se le agrió el humor. Ante la escasez de comida y la necesidad de utensilios, el forajido cometió pequeños robos a pastores y en tiendas de pueblos cercanas para no alertar en Benamahoma, donde sus 400 vecinos sabían que durante los inviernos se resguardaba en

“En la prisión de Sevilla sufrió un trauma, por eso tenía tanto miedo a volver y decidió lanzarse al monte”

cuevas de la sierra disimuladas entre caminos “inaccesibles y poco transitados”. Allí ocultaba machetes y hachas. Su vida se tornó rutinaria y él un lobo solitario. Con su macuto a la espalda - y dentro, siempre ese corazón de fieltro, una cajetilla de cigarrillos, un mechero y un paquete de antiinflamatorios - recorría la montaña en busca de animales que después asaba en fuego de leña. En septiembre de 2009 amenazó de muerte a dos agentes forestales que lo sorprendieron practicando caza furtiva. Ambos, encañonados, huyeron aterrados. Quince meses después, un senderista se cruzó con él. Tras robarle la comida, también lo ahuyentó con su arma. Una noche, viéndose acorralado por una pareja de guardias civiles que hacían una batida rutinaria, los apuntó y los obligó a lanzarse al suelo para luego cobijarse entre la penumbra. Pudo haberlos matado allí mismo, mas no quiso sangre. El delito que mueve a la Guardia Civil a intentar apresarlo lo cometió en enero de 2011. El Lute gaditano atracó de madrugada la única gasolinera de El Bosque. Al verla cerrada, pensó que no había nadie. Fue su error. El guarda que la vigilaba intentó evitar el hurto. Incapaz de contener su ira, Antonio Manuel lo golpeó en repetidas ocasiones con su escopeta. En su huida, pegó varios disparos al aire para cubrirse. En 1976, la madre del bandolero, Antonia, soltera y sin trabajo, se vio obligada a trasladarse a Sevilla para “servir en una casa”. Fue entonces cuando su abuela Ana se hizo cargo de él. Sin la figura de un padre que se desentendió de su hijo al nacer, la yaya inculcó en Antonio Manuel los saberes de la sierra y una educación basada en el esfuerzo y la rectitud. Ella lavó, vistió, mimó, regañó y dio de comer a su nieto. Antonia decidió llevarse a Sevilla a su hijo cuando tenía 10 años. Allí inició su “declive”. Comenzó a conocer a chicos mayores que él que consumían drogas. Manolito, fascinado tras llegar del mundo rural, sucumbió al ambiente del menudeo, razón por la que años después entraría en prisión. “Allí sufrió un trauma, por eso tenía tanto temor a volver. Ésa es la verdadera razón por la que decidió lanzarse al monte”, explica Joaquín Gómez, íntimo amigo de niñez de Manolito. El golpe más duro recibido por este bandolero del siglo XXI llegó hace cinco años, cuando

murió su abuela. Entonces ya vivía asilvestrado. Su último deseo fue: “Quiero ver a mi Manolito”. Su nieto, avisado por algún familiar, bajó raudo de la sierra para despedir a la mujer más importante de su vida. Lloró mucho al verla morir, cuentan sus allegados. No acudió al entierro para evitar su detención. La madre de Antonio Manuel, una señora delgada de 62 años, pelo corto y rubio, vive junto a su segundo marido en Benamahoma desde que la abuela enfermara de Alzheimer. El matrimonio comparte techo con Samanta, la niña que encontraron durmiendo sin bragas junto a Manolito en su choza. Cuando el bandolero aún vivía en el monte, ella, cautivada por el romanticismo de ser la amante de un forajido, caminaba durante una hora cargando una mochila con latas, café o huevos desde su casa hasta el escondite de su hombre. Luego, corría el sexo. Hoy, a sus 16 años, sostiene en sus brazos a Libertad, una niña de 22 meses hija de Antonio Manuel. La pequeña, que sufre de espina bífida, no puede andar. “Él la quiere mucho”, dice la menor.

LÁGRIMAS POR (LA) LIBERTAD

En la antigua habitación de su hijo, Antonia mantiene todos los objetos personales de Manolito. Una mochila de piel marrón, una mini-cadena, un antiguo televisor o una correa de perro. En un armario con las puertas descolgadas se observan chaquetas de cazador y un par de vaqueros. La mujer explica que su hijo no dormía todas las noches en la sierra. Como una sombra sibilina a la luz de la luna, se movía entre matorrales para bajar a su antiguo hogar. “Venía a ducharse y a por ropa limpia de vez en cuando”. Lo hacía cruzando el río que separa el pueblo de la sierra y que pasa a un metro del patio trasero de la casa. Al forajido le ponían una tabla de madera para evitar caer al agua. Manolito, tras concedérsele el tercer grado, desde mediados de julio cumple los últimos meses de condena en un centro evangelista de Carmona (Sevilla). Cada vez que su madre y su pareja le llevan a su hija, derrama un mar de lágrimas. En su pueblo cuentan que el bandolero también lloró cuando lo capturaron. Tal vez lo hizo al percatarse de que ya no dormiría entre aullidos de lobos ni en mitad de un cielo raso de una gélida noche de invierno.


Contra el estado de excepción

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La reacción del poder ante las filtraciones de edward snowden sobre el espionaje norteamericano AMENAZA GRAVEMENTE la libertad de información. EDWY PLENEL REFLEXIONA SOBRE EL TEMA EN ESTE ARTÍCULO.

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n este póker diplomático, el rifirrafe entre rusos y americanos a propósito del caso Snowden esconde algo esencial que nos concierne a todos: la extensión del estado de excepción bajo una apariencia democrática tomando como coartada la Patriot Act o Ley Patriótica, puesta en marcha en Estados Unidos en el otoño de 2001 supuestamente para luchar contra el terrorismo. La batalla para hacer retroceder esta situación se juega aquí, en Internet. Contra el Estado de derecho, el estado de excepción se convierte en la regla aupado por nuestra culpable indiferencia. Una excepción planetaria, sin fronteras y sin límites, que querría imponerse como una norma universal con la fuerza de la evidencia y el refuerzo de la costumbre. Originado en la respuesta norteamericana a los atentados del 11 de septiembre de 2001, este golpe de Estado silencioso contra nuestras libertades fundamentales se ha aceptado bajo la excusa de la guerra contra el terrorismo y bajo el secreto de una vigilancia generalizada que unifica más allá de banderas e himnos. Internet es el campo de batalla en el que se juega este enfrentamiento global entre nuestros derechos individuales y una forma de hacer política reducida a las prácticas policiales y dispuesta a sacrificarlos en nombre de un derecho superior a la seguridad colectiva. Este combate se libra, por tanto, en la red y más ampliamente en todos esos nuevos territorios de comunicación abiertos a nuestras curiosidades e intercambios gracias a la revolución digital. Como suele ocurrir en los tiempos de transición (al estilo de lo que fue el Renacimiento europeo, tiempo tanto de apertura como de cerrazón, de guerras oscuras y pensamientos liberados, de invenciones y de destrucciones), nuestra era digital está en la encrucijada de su destino. Todavía duda entre la llegada de un nuevo espacio público, donde toma forma una democracia reencontrada y reinventada, y la emergencia secreta de un mundo orwelliano sospechosamente indistinto y vigilado permanentemente.

Por Edwy Plenel Fundador y director del diario digital francés Mediapart, socio de infoLibre, fue director de la redacción de Le Monde durante ocho años. Es autor de varios libros, entre ellos, Combate por una prensa libre (Edhasa, 2012).

Traducción: Elena herrera

Es esto lo que está en juego con el caso de Edward Snowden. Las revelaciones aportadas por el antiguo trabajador de la CIA –y las que están por venir– obligan a enfrentarse a la deriva liberticida asumida por Estados Unidos y sus efectos contagiosos en Europa. Escondida tras la coartada de la seguridad, la National Security Agency (NSA) espía al mundo entero obviando cualquier mandato o control judicial. Espía tanto a instituciones como a ciudadanos ordinarios, a embajadas de países aliados e incluso emails o conversaciones de Skype de gente corriente. La novedad no es la vigilancia planetaria –ya documentada a finales del siglo XX con la revelación del programa Echelon– sino su dimensión desbocada y desmesurada, fuera de control y sin límites, poniendo a cualquier persona o cosa en el punto de mira. Esta extensión infinita de su dominio, al calor de las nuevas formas de comunicación favorecidas por la revolución digital es la consecuencia del ilegalismo innato de la Ley Patriótica. Sin embargo, la opinión pública mundial ha descubierto de repente que estos poderes especiales que en principio sólo afectan a los supuestos enemigos terroristas, conciernen a todos y cada uno de los internautas. Las inconmensurables violaciones de derechos humanos –secuestros, torturas, aislamiento, detenciones sin juicio, ejecuciones extrajudiciales, golpes a ciegas...– han sido banalizadas por la instauración de una guerra irregular contra el enemigo terrorista. Se trata de una vieja norma, que ya experimentó Francia durante la guerra de Argelia con los “poderes especiales” votados por la izquierda. Y es que toda instauración de un poder de excepción tiene el riesgo de corromper las normas democráticas hasta ponerlas en peligro. Nuestra gran indiferencia colectiva respecto a la suerte de los presos de Guantánamo, convertidos en la máscara de hierro de una política del miedo sin fronteras, nos ha desarmado frente a las intenciones expansionistas de los aparatos policiales y militares y a su tentación recurrente de actuar al margen de miradas, debates y control. No haber sabido defender los principios de la justicia y

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el Derecho, incluso para aquellos que no los respetan, nos ha expuesto al debilitamiento progresivo de nuestras propias libertades y nos ha habituado ver como normales los estados de excepción. El hecho de que los Estados puedan legítimamente defenderse de las amenazas identificadas, y llevar a cabo para tal fin tareas de seguimiento y espionaje en secreto, no es cuestionable. Sin embargo, al igual que la lucha contra el terrorismo no evita la guerra, el espionaje no es una práctica sin límites de la que la sociedad entera pueda ser víctima. Al menos en una democracia.

el derecho a la información

El trato que se da al derecho a la información es un buen termómetro de lo que ocurre en estos Estados desdoblados, democráticos en la superficie, pero de excepción policial en el interior. La persecución contra los escasos individuos que se atreven a filtrar esta información –lo único que han hecho es escuchar su conciencia ciudadana frente a los crímenes de los que eran testigos– es sólo la constatación de la transgresión política cometida. La verdad es tan escandalosa que, de cualquier forma, hay que hacer callar a los que la revelan. Calumniarles y desacreditarles. Además de su audaz juventud, su radicalidad democrática y su cultura digital, el soldado Bradley Manning, el hacktivista Julian Assange y el informático Edward Snowden tienen en común haber sido tratados por Estados Unidos como espías, como enemigos extranjeros e incluso como adversarios sin legitimidad ninguna. Extraño espectáculo el que ofrece en este asunto una democracia, económica y militarmente todopoderosa, que se ensaña contra algunos disidentes individuales como lo harían (y lo hacen, en China por ejemplo) regímenes autoritarios. Ofuscados como lo estaría un Goliat acosado por el tirachinas de un David digital. Este es el caso de Manning que, a sus 25 años, ha sido condenado a 35 años de cárcel por haber alertado, vía WikiLeaks, de las violaciones de derechos humanos cometidas por el


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Ejército norteamericano y de haber puesto al descubierto una política imperialista, agresiva y dominadora. También el de Julian Assange, fundador de WikiLeaks. Vive desde hace dos años en una habitación sin ventanas de la Embajada de Ecuador en Londres para evitar una posible extradición a Estados Unidos. Y de Edward Snowden, de 30 años, convertido en un paria por haber desvelado, a través de The Guardian, las prácticas de espionaje del Gobierno norteamericano. No defenderlos es abandonarlos, renegar de ellos. No darles asistencia es renunciar a nuestros propios ideales, los mismos que nuestros Gobiernos se afanan en airear cuando se trata de enfrentarse a regímenes totalitarios. Con los casos de Snowden, Assange y Manning están en juego principios democráticos, derechos individuales y libertades fundamentales. Sus perseguidores quieren llevarnos a aceptar este retroceso a través de nuestro silencio o nuestra indiferencia. ¿Qué ciudadano, qué periodista, puede discutir que las informaciones reveladas por estas tres personas tienen un interés público esencial, no sólo para el futuro de nuestros Estados democráticos, sino también para avanzar hacia un mundo más solidario y pacífico? ¿Quién podría negar que los hechos desvelados guardan algún tipo de relación con ese derecho a saber que tanto celebró la democracia norteamericana cuando se divulgaron los papeles del Pentágono? ¿Quién podría rebatir que estas revelaciones pueden ser tan útiles para el debate público y para la reflexión democrática como lo fueron en su día aquellas 7.000 páginas de documentación clasificada facilitadas en el año 1971 por el analista Daniel Ellsberg a The New York Times? No está permitido equivocarse. Ir contra estos pioneros de la información en la era digital es ir contra el oficio de informar. E informar, hacer saber lo que no se sabe o lo que algunos quieren esconder, es beneficiar las filtraciones, es decir, las fuentes que ponen en riesgo la obligación del secreto profesional en nombre del interés público. Vale con visitar la página norteamericana de Reporteros Sin Fronteras (RSF), organización poco sospechosa de rendirse ante los poderes autoritarios, para tomar conciencia de lo que nos jugamos con este asunto. Además de la toma de posición sin reservas a favor de Edward Snowden, Bradley Manning o Julian Assange, encontramos en ella la firme condena de la vigilancia de la que han sido objeto

Los casos de Snowden, Assange y Manning ponen en riesgo principios democráticos y libertades básicas

Las revelaciones del exagente de la CIA Edward Snowden han provocado un conflicto entre Vladímir Putin y Barack Obama.

periodistas de la agencia Associated Press y el recuerdo del caso del periodista Barrtt Brown, de 31 años, detenido desde 2012 en relación con el trabajo que realizó en la agencia de investigación privada Stratfor y cuyos correos electrónicos fueron difundidos después por WikiLeaks. Su proceso se retomará el próximo mes. ¡Se enfrenta a 105 años de prisión! El 3 de mayo de 2012 el presidente Barack Obama hizo una declaración solemne en el marco de la celebración del día internacional de la libertad de prensa. Defendió “el papel de la prensa libre en la creación de democracias sólidas y sociedades prósperas”. Y recordó lo recogido en el artículo 19 de la Declaración universal de los derechos humanos, que dice lo siguiente: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a cau-

sa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Sin embargo, subrayó que este derecho sigue estando en peligro en muchos países. Y sólo citó los siguientes: Birmania, Vietnam, Siria, Eritrea, Ecuador, Bielorrusia y Cuba. El mismo día de 2013 no hizo ninguna declaración. Sin duda es más fácil denunciar los atentados contra la libertad que cometen los regímenes autoritarios de algunos países que preocuparse de su regresión en su propio imperio democrático. ¿Qué puede decirle el presidente de Estados Unidos a la Rusia de Vladímir Putin –una democracia de baja intensidad y decir eso es ya de por sí un eufemismo– después de haberle suplicado que le entregara a Edward Snowden? ¿Cuál será, en el futuro, la legitimidad de Obama para reprochar a la China del partido único su persecución de las informaciones no controladas por el poder? ¿Cómo promover un principio para los demás cuando no se defiende para uno mismo? La única falta que han cometido Manning, Assange y Snowden ha sido dar vida a un

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actor democrático cada vez más reconocido por la comunidad internacional: la figura del filtrador. Los filtradores no son los chivatos que en un Estado policial ofrecen información sobre sus oponentes, sino actores esenciales de la democracia que hacen prevalecer el interés público sobre sus deberes profesionales. Lo cierto es que la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos es tan explícita como constante en su defensa de los que denuncian casos de corrupción: “En un sistema democrático –puede leerse en una sentencia de 2008– las acciones u omisiones de los gobiernos pueden ser controladas no sólo por los poderes legislativo y judicial, sino por los medios de comunicación y la opinión pública. El interés de la opinión pública por cierta información puede ser tan relevante que puede predominar sobre una obligación de confidencialidad impuesta por ley”. Una resolución adoptada en 2010 por la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa también anunció principios de protección de los filtradores, invitando a los Estados miembros a remar en esa dirección en sus legislaciones nacionales: “La definición de las revelaciones protegidas debe incluir todos los preámbulos de buena fe en contra de los diversos tipos de actos ilícitos, incluso las violaciones de derechos humanos, que afectan o amenazan a la vida, la salud, la libertad u otro interés legítimo de los individuos”. También en 2010, en la Cumbre de Seúl, los dirigentes del G-20 no dudaron en hacer de la protección de los filtradores uno de los asuntos prioritarios de la política mundial de lucha… contra la corrupción. Pero, ¿qué ocurre si los Estados esconden bajo sus faldas actos ilícitos, violaciones graves de derechos humanos y atentados contra las libertades? El trato recibido en Suiza por el francés Pierre Condamin-Gerbier, que filtró datos sobre evasores fiscales de ese país, pone en evidencia que la seguridad nacional puede ser coartada para proteger la corrupción cuando un Estado identifica sus propios intereses con los del mundo financiero. Bajo la presión de las revelaciones aportadas por Edward Snowden y su entorno, Barack Obama reconoció que la raíz del problema era precisamente no haber puesto coto durante su mandato a la Ley Patriótica y no las filtraciones a la prensa. Además, en una conferencia de prensa que tuvo lugar el pasado 9 de agosto, reconoció también que su mayor fracaso era no haber desmantelado


el estado de excepción instalado desde entonces en su país. ¿En qué consiste esa Ley Patriótica? Simplemente se trata de una norma que otorga a un Estado el paraguas legal para actuar al margen de la ley. Sin ningún procedimiento, orden o mandato judicial, con el único soporte del poder ejecutivo y sólo con el aval del presidente. Incluir la noción de seguridad contra los poderes democráticos y fuera del control parlamentario o mediático, haciendo de la guerra (contra el terrorismo), no una excepción sino una norma sin fin, fue el triunfo de los neoconservadores. En resumen, esta ley es en sí misma un crimen contra la democracia. Una demostración de la motivación de nuestros filtradores es el hecho de que Edward Snowden eligiera a Glenn Greenwald, abogado convertido en bloguero en 2005, que, a través de su bitácora ¿Quién querría una Ley Patriótica? denunció esta norma de manera incansable. Durante su mandato, Barack Obama sólo ha atajado algunos efectos, pero no la causa. La tortura ha sido afortunadamente desterrada, pero la base de Guantánamo sigue ahí, con presos sometidos a aislamiento sin haber sido todavía juzgados y cuya única arma de protesta es la huelga de hambre. Es importante destacar que las operaciones en el terreno de la seguridad del Estado han continuado su expansión aprovechando la revolución industrial, cultural y tecnológica. Por su alcance insospechado, tanto la guerra de los drones como el espionaje en Internet son la traducción práctica de la ascensión de un estado de excepción del que pueden emerger nuevas formas de dominación total. Y es que en democracia, la frontera entre las crispaciones conservadoras o autoritarias y las derivas totalitarias nunca es totalmente estanca. Sólo la vitalidad del debate, la vigilancia de la opinión y la fuerza de los contrapoderes pueden consolidarla. Basta escuchar los lugares comunes en los que cae el ministro del Interior francés, Manuel Valls, al hablar de la guerra contra el terrorismo para sentir la voz de este estado de excepción que supedita la política las fuerzas de seguridad. La seguridad que promete Valls es una ilusión, en la que se pierde y se arruina la democracia: su vitalidad, su pluralismo, sus conflictos creadores, su diversidad, etc. Como ha sido ilustrado por la cobardía europea –y más concretamente francesa en la afrenta hacia el presidente de Bolivia, Hugo Morales, frente a la suerte de Edward Snowden, no debemos contar con nuestros gobernantes para conjurar este peligro. Al menos no de primeras... Hay que empezar por nosotros mismos. Superar la indiferencia, asumir nuestra indignación, tomar riesgos. Es la lección aprendida de los filtradores globales: el surgimiento de una nueva política, de redes y vínculos, de lo desatendido y lo imprevisto, de lo débil a lo fuerte, en la que los frágiles latidos del mundo

La defensa de un Internet libre, abierto y universal se convierte en un reto político decisivo

que viene revelan mejores estrategas que la potencia ciega de un mundo en declive. Debemos defender más que nunca la libertad en Internet “Internet, el mejor de los instrumentos a nuestro alcance para la emancipación, se ha convertido en la herramienta más temida del totalitarismo que hayamos conocido nunca. Internet es una amenaza para la humanidad”. A principios de 2013, apenas varios meses antes de las revelaciones de espionaje generalizado en la NSA, se publicaba en Francia esta alerta alarmista con la firma... de Julian Assange. En defensa del intercambio con otros hackivistas digitales, entre ellos el francés Jérémie Zimmermann, Menace sur nos libertés (La amenaza de nuestras libertades), de Ediciones Robert Laffont, no hace más que describir lo que fue más tarde confirmado por las revelaciones de Edward Snowden: “Si esta transformación no hace ruido, es porque aquellos que son conscientes trabajan en la industria de la vigilancia global y no tienen ningún interés en tomar la palabra”.

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de un Internet libre, abierto y universal, se convierte en un reto político decisivo, donde la humanidad se juega la apropiación de su destino. “Es la herramienta más importante de la que disponemos para hacer frente a los problemas globales. Su preservación es una de las tareas más importantes de nuestra generación” insiste en el mismo libro Jérémie Zimmermann. Lejos de ser la obsesión de un militante marginal, esta reflexión se une a la de uno de los grandes pensadores de la era digital, Manuel Castells, sociólogo nacido en España y que ha vivido en Francia y Estados Unidos. Su reciente obra Communication Power (2009) acaba de ser traducida en Francia. En el prólogo, Alain Touraine la describe como “uno de los libros más importantes de las ciencias sociales contemporáneas que nos ayuda a orientarnos en el mundo cambiante y confuso en el que vivimos”. Ahora bien, Communication Power es una reflexión sobre las condiciones de la emancipación frente a la sociedad de la vigilancia que acompaña a la sociedad de la comunicación.

UN NUEVO ESPACIO PÚBLICO

Edward Snowden se ha convertido en un pionero de la información en la era digital.

Tomar conciencia de la catástrofe es la mejor manera de evitarla. La dialéctica de la inquietud y de la esperanza, la alerta temprana lanzada por Assange y sus colegas tiene como objetivo la movilización. La batalla no ha concluido. “El Estado nos ha privado de la independencia sobre la que habíamos soñado”, escribe Assange, interceptando “masivamente los flujos de información de este nuevo mundo –su propia esencia– cuando todas las relaciones humanas, económicas y políticas se desarrollan en él”. Es aquí donde se juega la batalla, sigue Assange. “En la medida en que el Estado se fusiona con Internet, el futuro de nuestra civilización se convierte en el futuro de Internet, por lo que es necesario redefinir la relación de fuerzas”. Hay, por tanto, una batalla a librar “entre la potencia que proporcionan las informaciones recogidas por esos Estados fantasmas de la información, que se están desarrollando multiplicando los vínculos con el sector privado, y la proliferación de espacios compartidos en los que Internet es una herramienta que facilita el diálogo entre las personas”. Por consiguiente, la defensa de Internet,

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Y es aquí precisamente donde llega la siguiente reflexión. “Las tecnologías de la libertad no son libres. Los gobiernos, los partidos, las empresas, los grupos de interés, las confesiones religiosas y los delincuentes, así como los aparatos de poder de cualquier origen y clase posible, buscan explotar el potencial de la autocomunicación de masas a fin de ponerla al servicio de sus intereses específicos. Además, pese a la diversidad de estos intereses, el dispar grupo que forman los poderes establecidos comparten el mismo objetivo: limitar la potencia liberadora de las redes de autocomunicación de masas”. Se trata de un nuevo episodio –añade Castells– de “la lucha continua que opone la disciplina del ser a la libertad del devenir”. El espacio colectivo, que la revolución de la comunicación ha creado, está amenazado por la expropiación “con el objetivo de permitir la expansión del entretenimiento con ánimo de lucro y la mercantilización de la libertad personal”. Por consiguiente, impedir esta confiscación supone defender Internet, su libertad, su integridad y su vitalidad, su potencial emancipador, sus comunicaciones horizontales y, en definitiva, defender a todos aquellos que se han convertido en militantes audaces. “Los movimientos sociales más importantes de nuestra época”, concluye Castells, “son precisamente aquellos que luchan por la preservación de un Internet libre frente a la influencia de los gobiernos y de las empresas, con el fin de crear un espacio autónomo de comunicación que pueda constituir la fundación de un nuevo espacio público en la era de la información”. Si hay que situar a Mediapart, bastará con decir que forma parte de este movimiento, contribuyendo a su diversidad y abrazando la novedad y sus audacias.


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La ciudad en la que no caben más sueños

FORMADA POR LAS QUIMERAS DE EMIGRANTES DE MUCHOS PAÍSES, EN NUEVA YORK SÓLO QUEDA LUGAR PARA AQUELLOS QUE YA HAN ALCANZADO SU SUEÑO. pESE A ELLO LA CIUDAD MANTIENE UN IMÁN ENTRE LAS VENAS QUE ATRAE A LOS SOÑADORES.

F

rancisco es de Puebla, México. Tiene trabajo cerca del puente de Brooklyn, uno de los iconos de la ciudad. Su cubículo carece de vistas: ni rascacielos, ni río, solo mesas en espera de ser alimentadas y comandas garabateadas en papel amarillo. Francisco no tiene tiempo para soñar con un futuro mejor porque todo su presente está ocupado en trabajar a destajo en la pizzería Grimaldi’s. Es el encargado de alisar la masa y cubrirla de ingredientes. Parece un robot: una pizza tras otra. “Nunca he contado las que preparo en un día, pero deben ser muchas”, dice. El responsable del horno también es de Puebla, hermano de un tercer mexicano que atiende al público. En Nueva York, el servicio de los restaurantes está en manos de hispanos distribuidos por nacionalidades y afinidades sanguíneas. En Katz’s, el paraíso del sándwich de pastrami y de la comida judía kosher, donde Meg Ryan fingió un orgasmo de película en Cuando Harry encontró a Sally, son dominicanos, como Iván; y de la misma familia para evitar deslealtades. El diario The New York Times escribió hace poco un texto que merecía incluirse en

Texto y foto por RAMÓN LOBO Periodista de internacional, ha recorrido medio mundo para cubrir guerras y conflictos, desde Bosnia a Afganistán. Ha trabajado durante 20 años en El País y ha publicado novelas, como Isla África, y ensayos, como Cuadernos de Kabul.

el libro de E. B. White, Esto es Nueva York (Minúscula), que sigue siendo el mejor retrato psicológico de la metrópoli. White describía en 1948 una ciudad que atraía a soñadores y artistas de todo el mundo. Nueva York era como Zobeida, una de las ciudades invisibles de Italo Calvino, la que levantaron hombres llegados de diversas naciones que perseguían el sueño de la mujer soñada. Nueva York está fabricada del sueño colectivo de irlandeses, italianos, polacos, hispanos, coreanos, vietnamitas, holandeses, alemanes, británicos… Personas que llegaron persiguiendo un deseo; artistas desconocidos que anhelaban vender cuadros, escribir grandes novelas, crear música inmortal, protagonizar películas. El gran cambio que citaba el Times es que ahora es una ciudad cara en la que sólo pueden vivir los que ya han conseguido su sueño; son los que pelean por defender su estatus. No hay espacio para nuevas quimeras, sólo lo hay para náufragos ricos. En la calle 110, donde comienza o termina Central Park, en pleno Harlem, se alza un edificio moderno en el que dan ganas de vivir. Salió en los periódicos como ejemplo

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de la renovación del barrio que sabe a jazz, blues y ritmos caribes. Ese edificio hermoso es la cabeza de playa de una nueva invasión, la del dinero que se expande sin sentimientos en busca de gangas para convertirlas en oro. Sucedió en Brooklyn, que está perdiendo su condición de barrio bohemio a precios accesibles; ahora es un barrio bohemio de lujo para artistas consagrados. Goldman Sachs, una firma poco inocente en el estallido de la crisis financiera de 2008, cuyas consecuencias globales aún penamos, levantó su edifico de cuarenta y tantas plantas en el 200 de West Street, cerca del Memorial del 11-S y de Wall Street, su campo de juego. Antes de septiembre de 2001, el barrio era un lugar más o menos inhóspito, repleto de oficinas con luces encendidas y despachos vacíos por la noche, escaso en viviendas y poco seguro. Ahora es el lugar de moda entre yuppies, brokers y demás expertos en el abracadabra. Para recibir a los chicos de oro se abrieron tiendas de vinos caros, restaurantes de lujo, bares para el reposo de los guerreros, gimnasios donde dejarse el estrés de los millones y floristerías para los detalles amorosos. La llegada de los profetas del dinero dis-


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paró los precios. Edificios que alquilaban apartamentos a 5.000 dólares las dos habitaciones pertenecen a empresas que ya no desean rentar, sino vender y los inquilinos deben buscarse otro sitio. En uno de esos bloques desde cuyas ventanas se ve la Estatua de la Libertad y la isla Ellis, donde se hacinaban los inmigrantes en el siglo XIX y comienzos del XX, tiene casa, una de ellas, Leonardo Di Caprio. Para acceder a una ayuda que permita pagar un piso en esta zona tan exclusiva (la ley obliga a cada comunidad a un porcentaje de vivienda social) hay que ganar 100.000 dólares al año. Menos de eso es Tercer Mundo.

nuevos exilios

El metro de la línea 2 acaba en el Bronx, un territorio comanche que ha sido poco a poco domado. Cuando el convoy emerge de los túneles, la ciudad es otra, aparecen los grafitis, las casas desconchadas, una cierta pobreza ambiental. Ese Bronx que Hollywood convirtió en Zombieland o algo peor: el barrio gobernado por las pandillas y las drogas, es hoy un nuevo Harlem, en el que surge una especie de clase media dentro de la penuria. Quedan zonas sin ley, pero sobre todo quedan las leyendas urbanas. Algún día la especulación entrará también en el Bronx. La especulación es como la ciudad: nunca duerme, siempre está alerta. La ciudad vertical es dinámica, siempre con los codos extendidos, abriéndose paso a empellones. Hay un éxodo constante de personas que deben abandonar sus casas. En el extremo de la cadena están los paupérrimos, los nadie. No abundan los desahucios, pero los hay, ni se ve a la policía antidisturbios arrastrando familias delante de las cámaras de televisión. Es el sistema el que crea unas condiciones económicas irrespirables. Es un desahucio limpio, invisible, casi natural. Muchos de los que cruzaron el Hudson hacia Nueva Jersey buscan ahora nuevos exilios en los pueblos de

Hay un éxodo constante de personas que deben abandonar sus casas. Es un desahucio limpio e invisible

La Estatua de la Libertad fue reabierta el pasado julio tras las reparaciones por el huracán Sandy.

Pensilvania, a dos horas y media de sus trabajos neoyorquinos. Cinco horas de viaje al día por el sueño de pisar terrenito cada fin de semana. Ese movimiento errante de la pobreza, y de las pandillas, hacia el norte y fuera de Manhattan, ha liberado zonas que antes eran inseguras. White sostiene en su libro que la ciudad cambia de una calle a otra; parecen mundos separados por una linde invisible, una especie de línea verde, como la de Beirut o la de Mogadiscio. Nueva York está repleta de comercios que ofrecen manicura, pedicura, masajes en los pies y en otras partes del cuerpo. La mayoría de estos establecimientos, como las tintorerías, están en manos de asiáticos. Hay una cultura de mimarse, una cierta elegancia en la pasarela. Una amiga medio francesa sostiene que nosotros, los españoles, somos muy simpáticos pero sin glamour. En los Upper Side, en las avenidas de postín, Park Avenue, Madison en la zona excelsa, y en la Quinta Avenida bulle una riqueza visible como si formara parte de un decorado: hombres y mujeres vestidos de noche a cualquier hora del día que parecen arrancados del plató de una película. White escribía en 1948 que Nueva York era una ciudad acostumbrada al bullicio, a las celebridades, a los suicidios, en la que cada habitante tenía derecho a decidir si esos hechos extraordinarios le afectaban o no; en cambio hay otras urbes en las que la caída de una teja afecta a todos, sin excepción, sin escapatoria. Esta ciudad cosmopolita y libre también ha muerto de alguna manera, como murió la que aceptaba sueños lejanos.

UNA INDIVIDUALIDAD RADICAL

Desde el 11-S, desde aquellos atentados, Nueva York se siente vulnerable, frágil, tal vez un poco asustada, recelosa. El memorial a los muertos de aquel día es emotivo. En el lugar donde estaban las torres se han creado dos agujeros cuadrados de cuyas paredes cae una cascada de

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agua que desaparece por el centro. Un homenaje poético. En los lados de esos monumentos están escritos todos los nombres y los apellidos de los muertos. Se pueden acariciar. Incluso hay carteles que animan al visitante a tocarlos. En algunos está pinchada una bandera o una flor. Un familiar escribió aprovechándose de la capa de humedad: “Feliz cumpleaños”. La Estatua de la Libertad, reabierta el 4 de julio tras las reparaciones necesarias por el paso del huracán Sandy, atrae miles de turistas que cruzan en ferry desde el Battery Park. Me tocó un día gris, lluvioso, desapacible. La punta de Manhattan era la proa de un barco. Con el vaivén de las olas parecía navegar. La estatua se mostraba entre brumas, como la libertad que representa, otro sueño colectivo. Nueva York es una ciudad caótica. No hay plan urbanístico pero sí mucha belleza arquitectónica; todo parece levantado desde una individualidad radical, una de las señas de su identidad. Por la avenidas circulan coches particulares, taxis, camionetas, autobuses urbanos y turísticos. También bicicletas y monopatines, algunos en dirección contraria. Si Sevilla sabe moverse en masa cada Semana Santa, la ciudad insomne se mueve caóticamente cada día con un orden preciso. Es el paraíso de los ciclistas. No sólo por Central Park, sino por el Riverside que une Battery Park con Harlem y más allá. Pese a tener puesto el cartel de completo por exceso de sueños, Nueva York sigue siendo la capital de un tipo de mundo onírico en el que no todo se compra y se vende, que aún admite personas como el pizzero Francisco y el camarero Iván que se ganan la vida con trabajos sin horario. Pese a la dureza de la vida cotidiana de los inmigrantes, la frialdad de la jungla de asfalto, la humedad pegajosa de agosto y los turistas, la ciudad mantiene un imán entre las venas, un lugar en que cualquiera con suficiente dinero sabe que puede ser feliz. Esto sí que es un sueño. Feliz viaje a Nueva York.


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Vuelven los mejores despachos de guerra

EL PERIODISTA MICHAEL HERR NARRÓ EL CONFLICTO DE VIETNAM DESDE UNA NUEVA PERSPECTIVA MÁS LITERARIA E INTERPRETATIVA Y MENOS plana e INFORMATIVA. el libro que publicó, reeditado ahora por Anagrama en españa, se ha convertido en un texto clásico del movimiento del nuevo periodismo.

N

o tengo los instintos de un periodista y no poseo ni el entrenamiento ni la disciplina de un periodista”, confesó en una ocasión Michael Herr. Se refería, sobre todo, al tipo de periodismo estadounidense que había cubierto la guerra de Vietnam hasta el año 1967, el que atendía religiosamente los comunicados de su Ejército y tomaba sin disimulo un partido patriótico. Los despachos se enviaban a Washington, Nueva York o Los Ángeles con una intención tanto informativa como propagandística. Así había sido en la Segunda Guerra Mundial, esa contienda moralmente incontestable en la que Estados Unidos interpretó el papel de salvador providencial, ¿por qué habría de ser distinto ahora? “Vietnam es lo que tuvimos en vez de infancias felices”, escribió Herr. La escalada en la guerra en el país asiático había hecho que en 1967 las bajas militares se doblaran y las civiles se multiplicaran aún más. Había sobre el terreno casi 500.000 soldados estadounidenses, y Lyndon Johnson era ya el atribulado

el silencio de la selva

A

Por antonio garcía maldonado Periodista, editor y traductor literario, ha colaborado con medios latinoamericanos, como Arcadia y El Malpensante (Colombia), El Puercoespín (Argentina) o La Prensa (Nicaragua) y con diarios españoles como El País.

personaje shakesperiano que daría el asunto por irresoluble y renunciaría a su reelección como presidente. Lejos quedaba la moral de hierro de la Segunda Guerra Mundial y el prestigio del país estaba por los suelos. Las protestas contra la guerra se sucedían en el mismísimo suelo de Estados Unidos. En ese año se produjo la marcha sobre el Pentágono que Norman Mailer, uno de sus impulsores y protagonistas, inmortalizaría en otro clásico del periodismo narrativo, Los ejércitos de la noche. En este contexto, el periodismo al que estaban acostumbrados las agencias y los diarios norteamericanos era ya impracticable desde una posición mínimamente ética. Y pronto comenzaron a aparecer artículos que, además de cambiar el enfoque estilístico (de los despachos supuestamente asépticos a crónicas mejor escritas y más crudas en su acercamiento a la sangre), introducían elementos de crítica y desvelaban secretos que las Fuerzas Armadas trataban de ocultar. Caso paradigmático fue la revelación en 1969 de la masacre de Mi Lay por el periodista Seymour Hersh en el St. Louis Post Dispatch.

Dos años antes, el periodista John Sack había encandilado a la crítica con su cobertura de la ‘Compañía M’. El que fuera responsable de CBS en Madrid se sentía cansado de su trabajo rutinario, y convenció al director de Esquire, Harold Hayes, para que le pagara un pasaje a Vietnam y aceptara sus crónicas. Desde allí, sus despachos, aunque interesantes, no obtuvieron al principio el beneplácito de sus editores cuando quiso publicarlos como libro. Le conminaron a que leyera una crónica que un tal Michael Herr había escrito para la revista Holiday. Se llamaba Fort Dix: The New Army Game, y la intensidad y el dramatismo que Herr introducía en la narración y en los personajes era, precisamente, lo que le faltaba a los textos de Sack. La reescritura de los despachos convirtió M en uno de los primeros referentes del Nuevo Periodismo, y la descripción de la brutalidad y la vesania paranoica del comportamiento de la compañía fue ponderada como un gran ejercicio de renovación periodística. El moderno reporterismo de guerra había nacido, y este hecho convenció al editor Hayes de que era

Por MICHAEL HERR

A veces, por la noche, todos los ruidos de la selva cesaban

Podías conservar esa sensibilidad mucho tiempo, hasta

Algunos los consideraban afortunados (nunca supieron lo

de pronto. No había un descenso o un atenuamiento, todo se

que empezaba de nuevo el balbuceo y parloteo y cacareo

que les liquidó), otros los consideraban jodidos (si hubiese

iba en un solo instante, como si le hubiesen transmitido una

de la selva, o hasta que algo familiar te sacaba de ella, un

estado alerta...), pero era peor que una discusión académica,

señal a la vida: murciélagos, aves, culebras, monos, insectos,

helicóptero volando sobre tu tienda, o el cercano rumor

se hablaba de la muerte de cada uno, era un modo de igua-

conectados a una frecuencia que mil años de selva podían

extrañamente tranquilizante de un cargador entrando en la

lar e invertir constantemente la suerte. Y era difícil llegar al

condicionar a recibir, mientras tú, dada tu situación, te pregun-

recámara. Una vez oímos algo realmente aterrador que bajaba

sueño verdadero. (Conocí a un batidor-recondo que podía

tabas qué no escuchabas ya, pendiente de cualquier ruido, de

atronando de un aparato del servicio de operaciones psico-

ponerse a dormir así, decía, «Creo que voy a dormir un poco»,

cualquier fragmento de información. Yo había oído antes esto

lógicas que radiaba el sonido del llanto de un niño. Aquello

cerraba los ojos y allí estaba, día o noche, sentado o tumbado,

en otras selvas, en el Amazonas y en Filipinas, pero aquellas

habría resultado espantoso a la luz del día, no digamos ya

dormido para algunas cosas pero no para otras; una radio

selvas eran «seguras», había muy pocas posibilidades de

de noche, en que el volumen y la distorsión caían a través

alta o un 105 disparando fuera de la tienda no le desperta-

que anduviesen por ellas cientos de vietcongs deslizándo-

de dos o tres capas de fronda y nos dejaron helados a todos.

rían, pero un rumor entre los matorrales a veinte metros sí,

se, acechando, viviendo allí sólo para hacerte daño. La idea

Y no aliviaba nada la aguda histeria el mensaje que siguió,

o un generador parado.) La mayor parte del sueño de que

de que uno pudiese convertir cualquier silencio súbito en

hipervietnamita como un gancho de hielo en la oreja, algo

disfrutabas era del extremo agitado del semisueño, creías

un espacio que llenabas con todo lo que creías que estaba

así como «Amistosamente, chico, chico del GVN, no permitas

estar durmiendo pero sólo estabas en realidad esperando.

oculto en ti, podía situarte incluso en las proximidades de la

que le pase esto a tu niño. Resiste hoy al Vietcong».

Sudores nocturnos, ásperas funciones de la conciencia, entrar

clariaudiencia. Creías oír cosas imposibles: húmedas raíces

A veces era tal el cansancio que se te olvidaba dónde

y salir sin rumbo de tu propia cabeza, clavado a un jergón en

respirando, fruta sudando, actividad febril de insectos, los

estabas y dormías como no lo habías hecho desde niño.

algún sitio, mirando un techo extraño o fuera, a través de la

latidos de los corazones de los animalitos.

Sé que mucha gente no salió nunca de ese tipo de sueño.

cubierta de la tienda, al centelleante cielo nocturno de una

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AP /Horst Faas

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Helicópteros de Estados Unidos sobrevuelan el sur de Vietnam en 1965.

hora de informar sobre Vietnam sin conmiseraciones patrióticas. Michael Herr estaba deseando entrar de lleno en Vietnam. “Quería ir allí a escribir un libro, el mejor libro de guerra”, dice. Hijo de clase media judía, nacido en Siracusa (Nueva York) en 1940, Herr había comenzado como crítico de cine, y había sido enviado especial de la revista Holiday en Venezuela, Guam, Taipéi y otros sitios. Su talento explotaría en 1966 en la mencionada Fort Dix: The New Army Game, la crónica que tanto influiría en John Sack para convertir sus crónicas de Vietnam en uno de los mejores libros de periodismo bélico. Pero Herr quería darle otra vuelta de tuerca a su acercamiento a la guerra, y cambió la revista Holiday por Esquire. En una carta a Harold Hayes le habló de “alcanzar la cumbre del periodismo”. Herr no quería enviar notas informativas clásicas, para las que se sentía negado y en las que, además, no creía. Buscaba otra cosa. “Anécdotas, textos bien estructurados, esbozos de mapas geográficos, perfiles de personalidades, incluso reportajes sobre los combates”, afirmaba.

Aunque el conflicto de Vietnam fue muy televisado, Herr creía que el periodismo escrito era el mejor modo de narrar la guerra

Herr llegó con 27 años a Saigón, a finales de diciembre de 1967. El 30 de enero, encontrándose en una base de las Fuerzas Especiales, comenzó la Ofensiva del Tet, que cambió la percepción general (también la suya) de que Estados Unidos tenía ganada esa guerra a poco que insistiera. “Todas las viejas suposiciones sobre la guerra, sobre nuestras posibilidades de conseguir la ‘victoria’ más innoble han cambiado”, escribió a su editor. El panorama desolador que Herr vivió los días posteriores a la Ofensiva del Tet marcó su nueva visión de la guerra de Vietnam: heridos y muertos amontonados en las carreteras, ataques de mortero que explotaban a escasos metros, esquirlas que dejaban tuerto al conductor del jeep que lo transportaba… Herr estaba inmerso en el infierno, y se sorprendía ante los corresponsales que insistían en enviar noticias alentadoras desde posiciones alejadas del frente. “Algunos corresponsales son increíblemente falsos, viven tan bien de sus nóminas que puede que nunca sean capaces de adaptarse a la paz”, escribió con ironía. Aunque el conflicto de Vietnam fue profusa-

mente televisada, Herr creía que el mejor modo de narrar la guerra era el periodismo escrito, a través de crónicas y libros. “Con toda mi arrogancia y mi ignorancia quise ser aquel que lo demostrase”, dice. Y lo consiguió: el estilo de los despachos que envió en aquella época es lírico a veces, seco y cortante las más, siempre insistente, como el ruido de las metralletas. Los soldados de EE UU no son piezas mecánicas, sino personas con afanes y con miedos, embrutecidas por una guerra inmisericorde que los animaliza. “No había nada noble en la guerra”, diría Michael Herr. Herr abandonó Vietnam en 1969, pero no sería hasta 1977 cuando publicara Despachos de guerra, una narración de su experiencia en la guerra a partir de los despachos que desde allí mandó a Esquire. Fue un éxito instantáneo. The New York Times dijo: “Despachos de guerra es sencillamente uno de los mejores libros escritos sobre la guerra de Vietnam. El estilo de Herr proviene de la era del rock psicodélico, las películas de los Beatles y de ese drogata llamado Hunter S. Thomson”. Appocalypse now, la película sobre Vietnam de Francis Ford Coppola, está basada tanto en la novela de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas en lo que hace al viaje iniciático, como en Despachos de guerra en las historias y la ambientación de Vietnam. La narración de gran parte de los Despachos recuerda la atmósfera con la que Martin Sheen remontaba el río en su barca, rodeado de silencios y peligros, reales e imaginarios. Como el atribulado Kurtz al que dio vida Marlon Brando en ese filme, Herr se retiró enseguida del oficio y de la vida pública. Apenas participó en la escritura de algún guión, como el de La chaqueta metálica de Kubrick, que reconoció también la influencia de los Despachos, y poco más. Actualmente vive en Dehli, un pequeño pueblo del Estado de Nueva York, sin conceder entrevistas. Toda su lección de periodismo está escrita en Despachos de guerra que ahora reedita Anagrama y de los que tintaLibre publica un extracto. El viejo Nuevo Periodismo sigue vivo para enseñarnos las verdades eternas del oficio.

zona de lucha. O dormitar y despertar bajo el mosquitero

una por semana, las blancas pequeñas todos los días, y no

residuo acuoso de la energía engendraguerra del último año.

cubierto de sudor pegajoso, intentando absorber aire que

te olvides ni un día, hagas lo que hagas. Hay enfermedades

Divisiones enteras funcionando como en una pesadilla, reali-

no tuviese un noventa y nueve por ciento de humedad, una

por aquí que pueden acabar con un peso pesado como tú en

zando una extraña serie de maniobras sin ninguna conexión

bocanada limpia para cortar en seco tu angustia y el olor a

una semana.») A veces no podías soportarlo más y enfilabas

con su fuente. Yo hablé una vez, unos cinco minutos, con un

agua estancada del propio cuerpo. Pero todo lo que conseguías

hacia los acondicionadores de aire de Danang y Saigón. Y a

sargento que acababa de traer a su escuadrón de una larga

y todo lo que había eran coágulos nebulosos de aire que te

veces la única razón de que no te dominase el pánico era que

patrulla hasta que comprendí que la película drogotonta de

corroían el apetito y te quemaban los ojos y hacían que los

no tenías suficiente energía.

sus ojos y la vaporosa abstracción de sus palabras venían

cigarrillos supieran a gordos insectos liados y fumados en

Todos los días moría gente allí por algún pequeño detalle

del sueño profundo. Estaba allí de pie en el bar del club de

vivo, crepitantes y húmedos. Había puestos en la selva en que

que no eran capaces de molestarse en apreciar. Imagina lo que

suboficiales con los ojos abiertos y una cerveza en la mano,

tenías que tener siempre un cigarrillo encendido, lo fumases

es estar demasiado cansado para cerrar el chaleco antibalas,

enredado en una conversación de sueño allá por el interior

o no, sólo para que los mosquitos no se te amontonasen en

demasiado cansado para limpiar el rifle, demasiado cansado

de su cabeza. De veras que me puso los pelos de punta (era el

la boca. Guerra bajo agua, fiebre de los pantanos y control de

para estar atento a una luz, demasiado cansado para estar

segundo día de la ofensiva del Tet, nuestra instalación estaba

peso instantáneo involuntario, malarias que podían quemarte

pendiente de los márgenes de seguridad de medio centímetro

más o menos rodeada, la única vía segura para salir de allí

y enterrarte, hacerte dormir veintitrés horas al día sin darte

que el andar por la guerra solía exigir, demasiado cansado,

estaba cubierta de vietnamitas muertos, la información era

un minuto de descanso, dejándote allí para que escucharas la

en fin, tanto que ya te importase todo un huevo y murieses,

escasa y yo estaba también muy nervioso y cansado) y creí

música extasiada que decían que acompañaba al desplome

en consecuencia, por ese agotamiento. A veces, la misma

por un segundo que hablaba con un muerto. Cuando se lo

cerebral definitivo. («Tómate las pastillas, muchacho», me

guerra toda parecía vaciada de su vitalidad: enervación épica,

conté después, se limitó a reírse y me dijo: «Qué coño, eso

dijo un médico en Can Tho. «Las grandes de color naranja

la máquina arrastrando el culo, deprimida, alimentada con el

no es nada. Yo siempre estoy así.»

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Qinghai, donde el río Amarillo es verde

HACE 30 AÑOS NADIE SE ATREVÍA A PRONUNCIAR eL NOMBRE DE QINGHAI, UNa zona AISLADA que era EL GULAG CHINO. hoy la provincia está abierta al turismo y salpicada de rascacielos como símbolo de los enormes cambios en china.

L

os fardos son tan grandes que apenas se ve al hombre o la mujer que los carga. Sólo se distinguen las piernas, que unos pies embutidos en botas de loneta mueven con dificultad entre las masas que se agolpan en la enorme plaza de la estación central de Xi’An, unos tratando de sumarse a la cola de entrada y otros descansando antes de emprender un nuevo tramo. Miles de vendedores dificultan su marcha: comida, bebida, ropa, postales, juguetes, todo se puede adquirir antes de subir al tren. Hace ya más de un siglo que las estaciones ferroviarias de China son un espejo de los profundos cambios que agitan el Imperio del Centro. En Xi’An, como en otras muchas ciudades, ya hay dos estaciones diferenciadas. La tradicional de los trenes lentos, ocupados en buena medida por los más de 200 millones de huidos del campo a la ciudad, en la que reina un caos ordenado y sofocante que permite, por el empuje de la masa, andar sin poner los pies en el suelo. Y la nueva de los trenes de alta velocidad en los que viajan funcionarios, empresarios, turistas y familias acomodadas, dominada por los grandes espacios y la tecnología punta para informar a los pasajeros, que en lugar de fardos llevan tabletas, móviles inteligentes o cualquier otro artilugio que les mantiene amarrados a las redes. A veces sucede, como en el caso de Xining (capital de la provincia de Qinghai), que la ciudad aún no se ha visto agraciada por la llegada del tren bala y entonces son tres clases, como pasaba antes, las que se ocupan de separar a las ingentes masas de chinos que se mueven de un lado a otro del país. El expreso que une Xi’An con Xining recorre en 11 horas y media los 900 kilómetros que separan la antigua capital imperial con el corazón de la meseta de Qinghai. Los compartimentos de primera son para cuatro personas y aún falta media hora para que el tren se ponga en marcha, cuando entra de golpe y protestando una joven llamada Feifei. No soporta el gentío. Se seca el sudor con

Por GEORGINA HIGUERAS Periodista especializada en Asia, ha desarrollado su carrera en medios como la agencia Efe y el diario El País y es una de las profesionales de la información que mejor conoce China. Ha cubierto como enviada especial conflictos, guerras y catástrofes en medio mundo. Es autora de China, la venganza del dragón y El despertar de Asia, ambos publicados en Península.

un pañuelo y saca del maletín un par de bolsas de plástico con algo dentro y un zumo, que coloca encima de la mesa. Tiene 32 años y ha montado en Xining, su ciudad natal, un negocio familiar de moda, que le obliga a viajar por las distintas provincias chinas para aprovisionarse. “Xining ha cambiado mucho”, comenta. “Ahora la gente es muy exigente y sabe lo que quiere. No se les puede vender cualquier cosa. Además, hay mucha competencia. Nuestro negocio va muy bien, pero tengo que estar todo el día de un sitio a otro buscando novedades”.

campos de concentración

Qinghai fue siempre la provincia más pobre y más atrasada de China. Pese a su romántico nombre, Verde Mar —que se debe al mayor lago de agua salada que hay en el país, situado a 3.200 metros de altitud y a 150 kilómetros de Xining—, para la mayoría de los chinos evoca la pesadilla de los tiempos pasados. Desde poco después de que se fundara la República Popular, en 1949, en el vasto territorio de Qinghai se instalaron campos de concentración y de reeducación por el trabajo en los que fueron encerrados cientos de miles de chinos hasta mediados de la década de los setenta. Hace 30 años nadie pronunciaba Qinghai en voz alta. Era el Gulag chino, donde convivieron criminales de todo tipo con intelectuales invitados en 1956 por Mao a criticar al Partido Comunista Chino (PCCh) en la

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campaña de las Cien Flores: “Permitid que cien flores florezcan y que cien escuelas de pensamiento compitan”. Y cuando muchos de esos prisioneros políticos salieron, entraron los acusados de “derechistas” por los guardias rojos de la Gran Revolución Cultural (19661976). Qinghai, que despliega sus 720.000 kilómetros cuadrados de extensión —casi una vez y media España— entre el desierto de Gobi y Tíbet, fue también campo de experimentación del Ejército Popular de Liberación, que realizó pruebas nucleares y de misiles, hoy prohibidas. En el interior del lago, cuyas aguas son consideradas sagradas por los tibetanos, aún se ven las estructuras utilizadas por los militares para las pruebas con misiles agua-tierra. Feifei estudió Periodismo en la Universidad de Xi’An y a su vuelta a Xining trató de encontrar un trabajo en televisión, pero sólo lo consiguió en la radio local. “Trabajé dos años en la radio, pero yo veía que ahí no se ganaba dinero y me establecí por mi cuenta. Ahora no tengo tiempo ni para casarme, pero yo hoy invito a proveedores a cenas que me cuestan el sueldo de entonces”, dice con cierta chulería. Y como si su estómago la hubiera oído, recuerda que no ha cenado, abre una de las bolsas de plástico y comienza a engullir corazones de pollo hervidos, con la misma naturalidad que si fueran cacahuetes. La revisora abre la puerta a un matrimonio de jubilados, que pronto se suman a la


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conversación. Como la familia de Feifei, son originarios del noreste de China y sus padres, en 1954, ‘fueron invitados’ por el PCCh a instalarse en esta tierra para evitar los peligros secesionistas del millón de nómadas tibetanos, hui (musulmanes), salar y kazajos, que mayoritariamente poblaban Qinghai. El Gobierno central logró con las migraciones forzosas de hanes —el 91% de los habitantes de la República Popular pertenece a esta etnia, a la que en Occidente se identifica simplemente como chinos—, equilibrar la población provincial entre una mitad han y la otra mitad repartida entre las distintas minorías étnicas. Qinghai supera ahora los seis millones de habitantes, de los que uno y medio viven en la capital. “Mi padre era ferroviario y lo mandaron a Xining con su mujer y sus seis hijos antes de que terminaran de tender las vías desde Lanzhou”, cuenta Li. Él tenía entonces cinco años y está tan habituado a la forma de vida de su ciudad adoptiva que no quiere irse, aunque tiene problemas de corazón y dificultad para respirar por la altura. “Aquí el ritmo es más lento. Las casas son más grandes y como hace mucho frío durante nueve meses, la acogida siempre es calurosa”, dice con una sonrisa. A aquel trayecto de 218 kilómetros, que presentó bastantes dificultades por el fuerte desnivel del terreno hasta alcanzar la meseta —Xining se encuentra a 2.150 metros de altitud—, se le concedió una enorme importancia, porque unía Qinghai, a través de la capital de Gansu, con el resto del país, lo que facilitaba el control del territorio. Además, con la llegada de los nuevos pobladores se explotaron los ricos recursos mineros de la región –carbón, petróleo, hierro, sal y metales raros, entre otros—y se inició la industrialización con la apertura de la primera fábrica textil en Xining, la capital de Qinghai, aunque el cambio más notorio que aplicaron los hanes fue la expansión de la agricultura. Hasta entonces, Qinghai era más ganadera. Cuando se transita por las impresionantes autopistas que el Gobierno ha construido por todo el país es fácil distinguir si las aldeas que se dejan a los lados están habitadas por tibetanos o por hanes. Las casas de estos últimos tienen los tejados curvilíneos y se encuentran rodeadas por tierras de cultivo. Las de los tibetanos tienen los tejados rectos y en su entorno siempre hay ovejas, caballos y yaks.

TURISMO Y MODERNIZACIÓN

Pese a la belleza inigualable de sus paisajes, no se permitió la llegada de extranjeros a la región de la represión y de la búsqueda de nuevas armas hasta 1987. Sólo a partir de entonces, se aplicó la política de apertura al exterior que preconizó Deng Xiaoping —el llamado ‘arquitecto de la reforma’— en diciembre de 1978, por la que en los primeros años de la década siguiente se abrieron al turismo extranjero cientos de ciudades chinas. La modernización y el desarrollo tampoco llegaron hasta que en el año 2000 se estableció en Xining una zona económica especial, que ofrecía facilidades tributarias a quien invirtiera y promociona-

El Gobierno logró con las migraciones forzosas equilibrar las diferencias étnicas entre la población

La provincia de Qinghai, cercana a Tíbet, ha pasado de ser una zona prohibida a una de las regiones con más crecimiento económico de China.

ra la región. El cambio experimentado desde entonces ha sido asombroso. Con el nuevo siglo, el Gobierno se empeñó en cumplir el objetivo que se marcó al conectar Qinghai a la red de ferrocarril: llevar el tren a Lhasa, la capital de Tíbet. El primer tramo de 814 kilómetros —de los 1.972 que separan las dos capitales— ya se había construido en la década de los setenta, aunque sólo entró en funcionamiento en 1984, y transcurre de norte a sur de Qinghai hasta la segunda ciudad de la provincia, Golmud. El tramo que faltaba requería un esfuerzo titánico y un prodigio de ingeniería, ya que debía construirse casi en su totalidad a más de 4.000 metros de altura y en algunas partes por encima de los 5.000. El tren llegó a Lhasa en 2006 y los beneficios económicos que aportó a Tíbet se dejaron sentir en Qinghai. Ahora hay multitud de vuelos que conectan la antigua provincia maldita con las principales ciudades del país, pero el ferrocarril ha sido fundamental en la explosión de vitalidad que presenta, incluida la expansión del turismo exterior. Muchos turistas, encaprichados con Tíbet, prefieren hacer el trayecto en tren para ir aclimatando poco a poco el cuerpo a la altura, y hacen un alto en el camino para recrearse en la espectacular naturaleza de la zona. Como el desfiladero de montañas peladas que alternan sus tonalidades entre el rojo, el azul y el verde, para abocarse sobre el valle de Güide, por el que corre el río Amarillo sorprendentemente verde. El Amarillo, cuna de la civilización china, nace en el norte de Qinghai, en las montañas

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Tangula, cerca de la región de Xinjiang. Sus aguas discurren cristalinas y gélidas por el territorio de la provincia pero, al llegar a la vecina Gansu, recogen los limos que teñirán definitivamente su cauce hasta llegar a la desembocadura. En Güide tiene un extenso lecho que conforma una playa en una de sus orillas, lo que en los últimos años ha impulsado la conversión de esta antigua aldea en un próspero balneario. Muchos chinos cada día más angustiados por la contaminación de las grandes ciudades del este del país, comienzan a explorar los cielos limpios y azules del oeste. Muchas familias acaudaladas y deseosas de huir en el verano del calor del sureste de China están comprando en Qinghai una segunda residencia. Cientos de torres de 30 plantas han cambiado la fisonomía de Xining que, al igual que otras ciudades de China, ha visto cómo las apisonadoras destruían el centro y los hutong (callejones) para dejar paso a desangeladas plazas y cuatro grandes avenidas: dos de Norte a Sur y dos de Este a Oeste. Bajo esas arterias, que se cruzan por pasos subterráneos, se ha montado un laberinto de tiendas y centros comerciales, por los que se mueve mucha más gente que en la calle, lo que resulta agobiante. Hay bosques de torres construyéndose a un tiempo. Zhang Xin, una guía de la asociación de escritores, asegura que todos los pisos están vendidos y que los precios suben mes a mes. “En el centro”, comenta, “los apartamentos cuestan ya 10.000 yuanes (1.220 euros) por metro cuadrado y en la periferia rondan los 6.000. Los jóvenes no podemos pa-


9 llegado a Xining en 1954 procedente de la provincia de Shandong, ha sido hasta su jubilación profesor de la escuela del PCCh. Sin embargo, rechaza valorar la brutal represión desatada en Xining en la primavera de 1967, tras el sangriento enfrentamiento por el control del Diario de Qinghai entre guardias rojos y soldados del EPL en el que, según distintas fuentes, murieron 173 personas, cuatro de ellas militares. “Yo no había nacido y mi padre nunca habla del pasado”, dice muy cortante. Un empleado del periódico, que ahora ocupa una sede distinta a aquella en la que se produjeron los choques armados, declara con cara de pocos amigos que lo ocurrido en Xining “no fue extraordinario. El caos reinaba por todo el país y en todas las ciudades hubo matanzas”.

PEREGRINACIÓN A TÍBET

garlos y el Gobierno no hace nada por impedir la especulación ni por ayudarnos”. Los sueldos también han aumentado mucho, pero no al ritmo de la vivienda. El salario medio de un funcionario se sitúa en torno a los 5.000 yuanes al mes. No es mucho, pero tienen coberturas sociales, mientras que mucha gente que trabaja por su cuenta o para empresas privadas gana más, pero tiene que pagar de su bolsillo el seguro médico y los gastos farmacéuticos y ni siquiera tiene pensión. La edad de jubilación de China es de 60 años para los hombres y 55 para las mujeres. A Zhang Xin, de 31 años, le indigna que Pekín se gaste el dinero en construir aldeas para los nómadas tibetanos. Son pueblos fantasma que nadie habita. En los 150 kilómetros que separan Xining del lago Qinghai pueden verse vacíos tres de estos poblados de pequeñas viviendas unifamiliares o adosadas. “El Gobierno pretende que dejen de ser nómadas, pero ellos no quieren que nadie les controle, ni que les organicen su forma de vida. Cuando tienen dinero se compran un piso en la ciudad y si no viven en sus yurtas (tiendas de campaña)”, sostiene. Los jóvenes se muestran muy críticos con los actuales gobernantes y con la corrupción rampante, pero si es la extranjera la que inicia la crítica, recogen velas y repiten la cantinela que se oye por todo el país: “Sin lugar a dudas, China está mucho mejor de lo que estaba”. El nacionalismo hace mella en muchos de ellos y, aunque aseguran que no les interesa la política, adoptan decisiones que revelan lo contrario, como el boicoteo de los productos

japoneses. “Yo tenía un Toyota, pero lo vendí el año pasado y ahora tengo un coche coreano. Ya no utilizo nada de Japón. No tienen derecho a reivindicar la soberanía sobre las islas Diaoyu (Senkaku en japonés)”, afirma Pan, de 33 años, que trabaja como delineante en una constructora.

UNA JUVENTUD SIN IDEOLOGÍA

Pan señala que sus abuelos eran de Qingdao, la principal ciudad portuaria de Shandong (este de China) y cuando era niño su abuela le contaba historias sobre el brutal comportamiento de los japoneses durante el tiempo que controlaron la ciudad. Se la arrebataron a los alemanes en 1914 al estallar la Primera Guerra Mundial. Tuvieron que devolvérsela a China en 1922 y volvieron a ocuparla en 1938 hasta la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial (1945). Según Pan, su generación ni entiende ni le preocupa el comunismo, pero la de sus padres sigue respetando al presidente Mao. “A nosotros nos da igual Mao que Deng Xiaoping. Lo que nos preocupa es el trabajo y ganar mucho para poder casarnos sin agobios”. Aunque en Xining hay Universidad desde 1958, Zhang Xin, al igual que Feifei y muchos otros se fueron a estudiar a la Universidad de Xi’An para disfrutar de una ciudad más cosmopolita. Son jóvenes optimistas, orgullosos de lo que hacen y hablan con una libertad inusitada. “Yo no quise ingresar en el partido porque no tengo interés en trabajar para el Gobierno y en la empresa privada no se valora la militancia”, afirma tras indicar que su padre, también

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“El pasado nos da igual. Lo que nos preocupa es el trabajo y ganar mucho dinero”, dicen los jóvenes

El pasado es para muchos una especie de película de miedo que es mucho mejor no recordar. Solo Wei, una tibetana casada con un han, que regenta un pequeño restaurante cerca del monasterio de Kumbum, el más importante de la provincia, reconoce que su tío estuvo preso en un campo de concentración, en el norte de Qinghai, desde 1967 a 1978. Wei, de 36 años y madre de un chico de 14, asegura que en la Gran Revolución Cultural la peor parte se la llevaron los tibetanos “por la intolerancia que entonces se vivía hacia la religión”. Muchos peregrinos inician en Kumbum la ascensión hasta Lhasa. Van a pie, por el arcén de la carretera, y cada tres pasos se postran hasta quedarse tendidos en el suelo con los brazos extendidos. Llevan las provisiones en una carreta que adelantan unos kilómetros y luego se vuelven para andarlos rezando. Tardan entre nueve meses y un año en llegar al templo Jokhang, el lugar más sagrado para los budistas de la secta amarilla, que es la dominante en Tíbet. Wei no ha hecho la peregrinación, ni quiere hacerla, pero afirma que siente un “profundo respeto” por quienes la emprenden. Siguen la autopista que une Xining con el lago, que es la ampliación de la carretera que construyeron los soldados del EPL en 1954. Antes, mucho antes, en el siglo VII, ese camino también lo siguió la princesa Wengcheng, enviada por su padre el emperador Taizong a casarse con el líder tibetano Sontsan Gambo. A unos 70 kilómetros del lago, que en invierno se convierte en un inmenso bloque de hielo de 360 kilómetros de diámetro, se atraviesa el desfiladero de las montañas del Sol y la Luna, llamadas así porque, según la leyenda, la princesa tiró allí el espejo que su padre le había dado para recordarlo y los dos trozos en que se rompió semejaban uno al sol y otro a la luna. Después, Wengcheng miró llorando hacía el Oeste y se formó el río de las Lágrimas, el único que fluye en China del Este al Oeste para desembocar en el lago. Su viaje a Lhasa, la capital del Tíbet, duró tres años y hasta ahora fascina a los chinos.


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Chile: 40 años sin Allende

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a portada de Triunfo colgaba en los quioscos españoles con un fondo negro y unas letras mayúsculas inmensas, en color blanco, que decían simplemente Chile. Aquella portada simbolizaba magistralmente el luto de todos los demócratas españoles por el final sangriento de la vía chilena al socialismo, de aquel primer experimento en la historia de una toma del poder de la izquierda marxista a través de las urnas. Éramos jóvenes, muy jóvenes, en septiembre de 1973 y aquellas imágenes del palacio de La Moneda bombardeado, de un presidente Salvador Allende con casco mirando al cielo y de los militares golpistas desplegándose en Santiago nos conmovieron de tal manera que 40 años después siguen muy vivas en nuestra memoria. Del mismo modo resuena todavía en nuestros oídos aquel discurso de Allende, un médico socialista honesto, desde

Por Miguel ÁNGEL VILLENA

Radio Magallanes, con esa voz quebrada y firme a la vez, que terminaba con una frase que estremecía: “Más temprano que tarde de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”. Atrás quedaron en Chile las canciones de Víctor Jara y los poemas de Pablo Neruda, confinados en campos de concentración y en estadios de fútbol habilitados como prisiones. Llegó una despiadada represión de la mano del siniestro general Augusto Pinochet y los demócratas chilenos se vieron condenados al exilio, la cárcel o el paredón de fusilamiento. Una dictadura, amparada por Estados Unidos, machacó a aquellos campesinos, obreros e intelectuales que Allende había evocado en su último discurso hasta que comenzó a cambiar el viento de la historia en América Latina y Pinochet perdió, contra todo pronóstico, un

referéndum que había convocado en 1990 para perpetuarse en el poder. Entretanto, supimos de la dictadura chilena a través de La casa de los espíritus, de la novelista Isabel Allende, sobrina del presidente; o de la película Missing, de Costa Gavras. Llegó la transición democrática a Chile y los enemigos de antaño se reconciliaron. Presidentes elegidos en las urnas ocuparon La Moneda. Cuatro décadas después de aquel 11-S de 1973, Chile transita por una vía democrática, al igual que la mayoría de países latinoamericanos. A pesar de las desigualdades y de los déficits democráticos, Chile camina por esas alamedas de futuro que anunciara Allende. Y el mejor homenaje ya ha sido escrito y cantado por Pablo Milanés. “Yo pisaré las calles nuevamente / de lo que fue Santiago ensangrentado / y en una plaza liberal / me detendré a llorar por los ausentes”.

Óscar Soto MÉDICO DE salvador ALLENDE

“Las alamedas se han entreabierto” Cuando en 1970 el entonces candidato de la izquierda chilena, agrupada en la Unidad Popular, Salvador

Cristiana”, afirma de uno de los actuales partidos aliados del socialista

Allende, sufrió una angina de pecho en plena campaña, el galeno encargado de restablecer la salud

en la Concertación con la que han gobernado en varias legislaturas.

del líder socialista fue Óscar Soto Guzmán, un reconocido y joven cardiólogo nacido en 1935. “La

Una de las últimas controversias sobre el expresidente chileno ha

verdad es que en esta cuarta campaña, en la que ganó la presidencia y yo lo acompañé, era cuando

tenido que ver con su muerte, así como con la del poeta Pablo Neruda.

yo estaba más escéptico respecto a sus posibilidades”, confiesa desde su casa de Madrid. Desde

¿Suicidio o asesinato? “Los que estuvimos hasta el final no tuvimos

entonces lo acompañó durante la campaña hasta su último y fatídico día, en el que Soto estuvo

ni tenemos ninguna duda: Allende se suicidó. Yo había estado con él

junto a él en el palacio de La Moneda desde primera hora de la mañana, momentos que consignó

treinta segundos antes”. Las palabras de Soto traslucen pesimismo al

en el libro El último día de Salvador Allende (RBA, 2008).

hablar de la telaraña institucional que el pinochetismo tejió para dejar

“El presidente me llamó a primera hora para que acudiera a palacio pues estaban ocurriendo cosas raras”, cuenta. Esas rarezas no eran otras que el golpe de Estado de 1973 con el que Pinochet

todo “atado y bien atado”, y que no se reduce sólo a la Constitución de 1980. “Me temo que Chile está abocado a una parálisis institucional que impedirá grandes cambios debido a esté corsé”.

y su Junta Militar instaurarían una dictadura cruel y represiva hasta 1990. ¿Nunca pensó Allende

En el imaginario colectivo ha quedado grabado a fuego su temple al grabar un discurso de

que esto podría ocurrir? “Verbalmente nunca expresó que esperaba un golpe, pero deducía algún

esperanza antes de descerrajarse un tiro en la cabeza. ¿Veinte años después del regreso de la

tipo de pronunciamiento, pues unos días antes conversamos y nos preguntó si teníamos los pasa-

democracia y de varias legislaturas de gobiernos de su partido, se han vuelto a abrir por fin las

portes al día”, dice. ¿Y nadie avisó de que había ruido de sables cuando comenzaron a principios

alamedas en Chile? “Se han entreabierto, porque el presidente Ricardo Lagos (2000-2006) tuvo

de septiembre? “Durante la noche del 10 de septiembre, en su residencia personal, Allende estaba

que lidiar con cierto estatus heredado, y Michele Bachelet (2006-2010) poco pudo hacer porque la

reunido con varios asesores, y el ministro del Interior, Carlos Briones, comenzó a informar de los

Constitución con la que trabajan es antidemocrática, aprobada en 1980, en plena dictadura, aunque

sucesos que empezaban a saberse a través de militantes del partido en Valparaíso y Santiago, de

si alguien puede cambiar algo es ella, aunque las esperanzas son moderadas”, dice reafirmando su

que había movimientos extraños, pero el golpe se le avisa temprano, antes de dirigirse a La Moneda

simpatía por el Partido Socialista.

a la mañana siguiente”, aclara. “Lo que decantó la suerte del golpe fue la traición de la Democracia

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Antonio García Maldonado


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19 73

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El odio mató a Arancibia Clavel

AUTOR DEL ASESINATO DE CARLOS PRATS, UN MILITAR QUE PLANTÓ CARA A PINOCHET, EL AGENTE chileno ARANCIBIA fue asesinado EN BUENOS AIRES EN 2011. A TRAVÉS DE SU SÓRDIDA HISTORIA DESFILAN LAS MISERIAS DE LAS DICTADURAS DEL CONO SUR.

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ay un muerto, hay un muerto! El que gritaba era un muchacho que el conserje del edificio describió como una nena presa de un ataque de nervios. Un marica de unos 20 años, precisó. Decía ser el ahijado del hombre que vivía en el 1° D. Decía que minutos antes, caía la noche en Buenos Aires, había encontrado a su padrino tendido boca abajo sobre un charco de sangre. -Venga, por favor, venga, hay un muerto –suplicó. La alerta del conserje movilizó al mismísimo jefe de la División Homicidios de la Policía Federal, que no dudó en marcar el número de la viceministra de Seguridad, Cristina Caamaño. La funcionaria se dirigió a la escena del crimen tras ser informada, quién sabe por qué curiosa razón, que el fallecido era Galvarino Apablaza, exsubversivo chileno acogido a asilo político y reclamado en su país por la muerte de un senador. Ya en el lugar de los hechos quedó claro que se trataba de un chileno muy distinto al que se creía. Un chileno tanto o más célebre, que merecía el sensacional despliegue que estaba en marcha. Enrique Arancibia Clavel, 66 años, exagente de la dictadura de Pinochet condenado por el crimen del general Carlos Prats y su esposa, había sido brutalmente apuñalado en su departamento de Lavalle 1438, en pleno centro de la ciudad. La noche de 28 de abril de 2011, cientos de víctimas de las dictaduras de Chile y Argentina se cobraban justicia de una manera insospechada. Lo que vio el muchacho que encontró el cadáver y más tarde la viceministra y la policía y los médicos era para poner los nervios de punta a cualquiera: un cuerpo tendido boca abajo sobre el piso de una salita de estar que hacía las veces de oficina; el reguero de sangre que avanzaba hacia el pasillo, la toalla ensangrentada cubriendo un cuerpo perforado. En esa escena, un tipo de crimen que se repite como la cara más violenta de la homofobia, víctima del odio, murió el espía más siniestro de Pinochet.

Por Juan Cristóbal Peña Periodista chileno, profesor de narrativa y guionista. En 2008 recibió de manos de Gabriel García Márquez el premio Nuevo Periodismo Iberoamericano por su reportaje Viaje al fondo de la biblioteca de Pinochet. En su libro Los fusileros (Debate, 2007) narra los orígenes y destinos de los protagonistas del fallido atentado al general Augusto Pinochet en 1986.

El informe de la autopsia, elaborado esa misma noche, estableció que el exagente había recibido 34 lesiones de distinta profundidad realizadas por arma blanca. Los cortes más comprometedores se encontraban a la altura del cuello. La salita no presentaba muestras de una escena violenta, siquiera un forcejeo. En el lugar había una gran pantalla LCD, un juego de sillones, un minibar y esa fabulosa colección de películas clasificadas del uno al 6.000, que llamó la atención de la policía. La mayoría eran de corte familiar: dramas, bélicas, comedias románticas, y algunas pocas porno. De no ser por algunas salpicaduras de sangre, el vídeo club personal de Arancibia exhibía una pulcritud admirable. Temblando, entre sollozos, el muchacho que se identificó como David Elías Borelli dijo que su padrino vivía solo. Y que esa tarde, como no contestaba los llamados, decidió ir a verlo a su departamento. Que lo había encontrado. A la medianoche, en la División Homicidios, reconoció que Arancibia no era su padrino sino su novio, que lo había conocido en un foro por Internet. En un par de meses cumplirían dos años de relación. Borelli decía desconocer el pasado de Arancibia Clavel. Para el muchacho, entonces de 19 años, estudiante nocturno de secundaria, el chileno era una persona “muy culta”, aficionado al cine y la literatura, que vivía con cierta comodidad gracias a una flota de taxis que administraba por intermedio de un testaferro al que conoció en prisión. Unos meses después, Rodolfo Gutiérrez, jefe de la División Homicidios de la Policía Federal, dirá que desde un primer momento, por razones obvias, David Elías Borelli encabezaba la lista de sospechosos. También dirá que ese muchacho flacuchento, que tenía un modo de nena, tan sumiso, tan frágil, no encajaba con el perfil de un asesino. Con la melena a la altura de los hombros, estilo Roberto Carlos, Hugo “Adrián” Zambelli fue al aeropuerto de Ezeiza para recoger a su novio chileno que volvía de un viaje de negocios. Era noviembre de 1978. Chile y Argentina

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estaban próximos a irse a la guerra por tres islas del canal de Beagle. El efusivo beso con que recibió a Enrique Arancibia Clavel quedó a la vista de los agentes encubiertos argentinos que seguían los pasos de la pareja. Luego de que subieran a un auto, la policía los detuvo. El chileno estaba acusado de espiar al Gobierno argentino por encargo del Gobierno de su país. Un buen embrollo quedaba al descubierto. El doble agente tenía una doble vida. Arancibia lo había conocido a principios de 1974, cuando Zambelli, bailarín y peluquero argentino, formó parte de la primera compañía de revistas montada por Susana Giménez, La revista de oro, éxito de taquilla del teatro Astros. A su modo, en el contexto de la época, Zambelli era una celebridad. Había grabado un disco intrascendente que tituló Ay, amor, dime que sí, y su nombre figuraba en espectáculos de revistas de Moria Casán, Valeria Lynch y la Giménez. Compartían un departamento en Virrey Loreto, en barrio Belgrano, y secretos de alcoba que también eran secretos de Estado. En 1978 Arancibia informaba a su país del amorío que mantenía el almirante Massera con la vedette Graciela Alfano, compañera de trabajo de Zambelli. “Últimamente se ha sabido de costosos regalos que le fueron hechos” a la vedette por el marino, se lee en el cable secreto que reveló los alcances de una relación afectiva. La del agente y el bailarín era una relación estable y seria, de compromiso. El coreógrafo Salvador Estévez, que dirigió la Revista de oro, testificó ante la justicia que el vínculo entre ambos “era íntimo por su estrechez y por la importancia que tenía para ambos”. Un vínculo secreto. Tan secreto como las actividades de espionaje que el chileno desarrollaba tras una fachada de ejecutivo bancario. Arancibia era hijo, nieto y hermano de militares chilenos. Militares machos, conservadores y de derecha, cuyas vidas parecen predestinadas aún antes de nacer por una matriz de rectitud que no admite fisuras. Arancibia, a su modo, formaba parte de una matriz de fisuras. Tras un corto paso por la Escuela Naval,


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voz y esa inconfundible estela a colonia Flaño, muy de moda entre los machos chilenos de la época, que el agente dejaba a su paso. En su declaración judicial, Elgueta recordó que fue sometida a la picana eléctrica y que el agente chileno jugaba al policía malo mientras otro, de origen argentino, hacía de bueno. En estas cosas ocupaba sus días el hombre que entonces se hacía llamar Luis Felipe Alemparte Díaz, falso ejecutivo bancario que en las noches se confundía con la rutilante decadencia de la farándula porteña.

ASESINATO POR SORPRESA

Enrique Arancibia, interrogado por la policía (a la izquierda); Prats con Pinochet (arriba) y Prats con el presidente Allende.

y mientras estudiaba Ingeniería en la Universidad trasandina, se vinculó a grupos subversivos de derecha que pretendieron impedir el ascenso al poder de la izquierda en Chile. Su nombre aparece mencionado en el proceso judicial que se siguió por la muerte del excomandante en jefe del Ejército René Schneider. Cuando fue identificado por la justicia ya estaba refugiado en Buenos Aires. Era 1971, primer año de experimento de Gobierno socialista a la chilena. En Argentina se vinculó a nacionalistas decididos a enfrentar con todos los medios de lucha el avance de la izquierda en el continente. Y esos medios se facilitaron enormemente una vez que los militares tomaron el poder en Chile y más tarde en Argentina. Según quedó acreditado en la sentencia judicial que lo condenó a cadena perpetua por el crimen del general Prats, desde marzo de 1974 Clavel operó oficialmente como agente del Departamento Exterior de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), “cargo de extrema confianza” que ejerció bajo la cobertura de gerente bancario. Para esos efectos operaba con el nombre de Luis Felipe Alemparte Díaz. “El ingreso de Arancibia a tan selecto grupo pudo hacerse realidad en virtud de la estrecha ligazón familiar que existía entre su padre y hermanos -todos ellos militares de profesión- y los círculos castrenses”, se lee en la sentencia. También se lee que la asociación ilícita de la que participó activamente tenía “el fin de perseguir, reprimir y exterminar sistemáticamente a los opositores políticos del nuevo régimen dictatorial establecido en la República de Chile”. El papel que le cupo en la persecución de opositores comenzó a revelarse en toda su magnitud a partir de 1978, cuando fue detenido en compañía del bailarín de Susana Giménez. Al allanar la casa que ambos compartían en Belgrano la policía encontró un completo archivo con informes secretos que el agente enviaba regularmente a Chile. Un archivo del horror que documenta los alcances de la colaboración entre los servicios de inteligencia del

El agente chileno montó una maquinaria de espionaje que se ocupaba de los más mínimos actos de disidencia

Cono Sur para eliminar opositores. En esos informes está la punta de la madeja de casos de personas a las que se les perdió el rastro para siempre o que aparecieron muertas. Ayudado por la Secretaría de Inteligencia de Estado argentino, el agente chileno tenía montada una máquina de espionaje que se ocupaba de los más mínimos actos de disidencia. En un cable fechado en diciembre de 1974, comunicaba a Santiago sobre las actividades del grupo musical chileno Los Jaivas, cuyas canciones “en un 90% son dedicadas a insultar al actual Gobierno nuestro”. Luego de clasificar el repertorio del conjunto como “música de protesta”, el agente recomendaba que “sería interesante tomar medidas a nivel oficial con esta gente”. Si bien los cables quedaron adjuntos al proceso judicial por la acusación de espionaje, estos no cobraron publicidad sino hasta 1986, cuando la periodista chilena Mónica González los encontró en un armario judicial. Catorce años después, esos cables sirvieron como medios de prueba para condenar a Arancibia Clavel por su papel en la planificación del atentado explosivo que, en septiembre de 1974, despedazó al general Carlos Prats y a su esposa Sofía Cuthbert. Una segunda condena se le vino en 2002. Las chilenas Laura Elgueta y Sonia Díaz reconocieron a Arancibia como uno de los hombres que las torturaron en el campo de detención Club Atlético. Lo delató su rostro, su

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En el estilo parco y notarial de la Justicia, el fiscal a cargo del caso recogió el informe de la médico legista Ana Patricia Spinetti para dar cuenta de algunos hechos observados en el lugar donde fue hallado el cuerpo de Arancibia Clavel: “Se dejó constancia que el cadáver fue hallado tapado parcialmente por una toalla ensangrentada, la cual fue removida por personal del SAME (Sistema de Atención Médica de Emergencia) al momento del arribo; que poseía una camisa, un jogging deportivo y no tenía ropa interior, poseyendo colocados un reloj y un anillo”. En cuanto al examen lesionológico se dejó asentado que se observaban múltiples lesiones causadas por arma blanca punzo-cortante en varias regiones corporales, concentradas especialmente en rostro, cuello y parte superior de tórax. Por otro lado, se ha indicado que la puerta de entrada a la vivienda no se encontraba forzada, lo que permitía presumir que la víctima permitió el ingreso del agresor, también se indicó en cuanto al número de atacantes que presuntamente fue uno solo, aunque no puede descartarse la participación de otra persona; escasos signos de violencia en la morada en sí, cuya mayoría de objetos y muebles no revelaban el desorden de una gran lucha, y escasos signos de lesiones de defensa en las manos del occiso. Asimismo se ha dejado asentado que todas las lesiones fueron causadas por un arma blanca y son vitales, es decir, han sido ocasionadas en vida de la víctima, como así también que las heridas resultan ser de dos clases: incisas o cortantes y punzo cortantes, cuyas características permiten presumir que el arma se trataba de un elemento cortante de buen filo. En cuanto al ataque se ha sostenido que resultó fulminante y por sorpresa, no dando margen a maniobras de defensa significativas o de escape a la víctima, estimándose en muy breve tiempo de sobrevida de la víctima “como consecuencias de las cuantiosas hemorragias en virtud de las numerosas y extensas lesiones en la región del cuello”. Al caer la noche, este edificio del centro de Buenos Aires cobra un aire triste. Las oficinas de abogados, médicos y contadores comienzan a vaciarse y la calle, que ha tenido un nervioso ajetreo, se torna inhóspita y fantasmal: una tierra de nadie.


19 73 S 11 Tras acogerse a una rebaja de pena que le permitió ahorrar años de cárcel, Arancibia llegó a vivir aquí en 2007. Ocupaba un departamento de dos ambientes y era uno de los pocos residentes del edificio. No es extraño entonces que en esa tarde de abril nadie hubiera escuchado gritos, siquiera un alboroto, proveniente del 1° D. A partir del testimonio de su novio y de los pocos que lo frecuentaban con regularidad, se puede establecer que su día arrancaba tarde, hacia el mediodía, con un café, un cigarrillo, una batería de suplementos vitamínicos y minerales y una aspirina. Luego de una ducha encendía el computador. Ya fuera por pereza o seguridad, Arancibia no era de salir. Lo hacía por asuntos muy puntuales. Para comprar cigarrillos Winston en el quiosco de la entrada del edificio, para recoger la recaudación del día de los taxis o cenar en algún restaurante del barrio. El resto del tiempo transcurría frente a la pantalla del computador.

El fiscal dijo que Arancibia conseguía la mayoría de sus contactos sexuales a través de Internet

ENGANCHADO A INTERNET

Para un exagente secreto como Arancibia, que vivía bajo libertad vigilada, que no podía salir del país ni confiarse demasiado, Internet era todo. Un mundo virtual, solitario, monótono. Mataba el tiempo leyendo la prensa en línea y navegando entre correos, foros y juegos de rol. Glory of Rome lo tenía atrapadísimo: el juego exige la conquista estratégica de territorios para la conquista de una civilización superior. A alguna hora del día, entre las películas y los comentarios en distintos foros, Arancibia también trabajaba. Marcelo Roma, el fiscal que llevó la investigación, dirá que Arancibia anotaba cada peso que entraba o salía de los taxis. Lo mismo hacía con su colección de películas, de las que llevaba un registro acabado de títulos ordenados alfabéticamente y numerados del uno al seis mil y tanto. Quizás por su formación militar, quizás por sus estudios de ingeniería, el exagente era un hombre estructurado como un cubo, de ideas fijas y rutinas inalterables. Esa manía enfermiza por el orden y las cuentas lo llevó a conservar el archivo de cables secretos que la policía encontró a fines de los setenta. Probablemente esa manía también ayudó a que el negocio de los taxis marchara sobre ruedas. Llegó a tener cuatro. En los días en que fue apuñalado estaba próximo a comprar un quinto. El fiscal Roma dirá también que la mayoría de los contactos sexuales los conseguía en foros de Internet. A David Elías Borelli lo conoció así. Borelli estaba con Arancibia por algo más que un interés económico. El chileno lo obligaba a pagar las cuotas del teléfono celular que le había comprado. Así era Arancibia. Desde la División Homicidios de la Policía Federal, un lugar frío y silencioso, el subcomisario Rodolfo Gutiérrez dirá que, si bien

Arancibia, de joven en la foto, pasó poco tiempo en cárceles argentinas pese a dos condenas, una por el asesinato de Prats y otra por torturas.

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nada podía descartarse en la investigación, desde un comienzo se pensó en un crimen pasional. Todos los elementos apuntaban a eso. El perfil de la víctima. El ensañamiento irracional del victimario. Los objetos valiosos que nadie robó. El círculo íntimo de Arancibia se reducía a tres personas. Cuatro, contando al novio. Estaban Borelli, una empleada doméstica; un joven asistente que se relacionaba con los chóferes de la flota de taxis; y un socio y testaferro al que había conocido mientras estuvo detenido en el Edificio Centinela.

UN GENDARME como TESTAFERRO

Juan Carlos Ortigoza era el gendarme encargado de llevar el almuerzo y la cena a los pocos y renombrados detenidos que se encontraban en el Centinela. Ahí trabó amistad con el chileno, a quien respetaba por su deferencia y su buen trato. También por su cultura, especialmente en “temas literarios”, según le dirá al fiscal. Entre ambos había una un respeto, una estima mutua, no más que eso, precisará Ortigoza. Una vez que el chileno salió en libertad, Ortigoza terminó confiándole sus ahorros para la compra de taxis que quedaron a su nombre. Al testaferro de Arancibia la política lo tenía sin cuidado. Recibía un porcentaje de las ganancias y se mostraba agradecido. De la recaudación se encargaba su joven ayudante, sino él mismo, que bajaba a calle Lavalle a buscar la recaudación del día. Se la entregaban los chóferes. No tenía buen trato con ellos, dirá el fiscal. Desconfiaba, los miraba en menos, especialmente a los paraguayos. Los chóferes, como el novio, el socio y el asistente personal estuvieron en la mira de la investigación. Los contactos sexuales de ocasión, también. La policía revisó el historial de los computadores y los teléfonos. A dos semanas del crimen, después de un largo desfile de chicos, surgió una pista. El 28 de abril Arancibia había recibido una llamada hecha desde un locutorio telefónico de la Avenida de Mayo. Tras revisar los vídeos del local, y poner un policía de custodia, identificaron a un chico con heridas en brazos y piernas. Se llamaba Ángel Gabriel Cabral. En la habitación que compartía con otro muchacho, la policía encontró un cuchillo cocinero con manchas de sangre y el teléfono móvil de Arancibia. -Cuando lo detuvimos, el chico lloró y confesó –me dirá Gutiérrez-. Pero después se mostró tranquilo y guardó silencio… ¿Cómo era? Un chico, normal, delgado, pelo crespo, morocho, 20 años, bien vestido. Me parece que venía de Misiones. Un lindo chico. Ángel Gabriel Cabral no declaró ni lo hará. Permanece detenido desde entonces, a la espera de un juicio por un hurto, previo al asesinato de Arancibia. El fiscal lo acusa de homicidio agravado y pide cadena perpetua.

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Lo inculpan los objetos hallados en su poder y las muestras de sangre encontradas en el departamento. El novio de Cabral sí declaró. Francisco Javier Arzamendia dijo que en los días previos al crimen Cabral estaba de muy mal humor, irritable, agresivo. Algo lo violentaba profundamente. Se habían conocido hace pocas semanas en las cercanías del Obelisco. Arzamendia era botones de un hotel; Cabral decía ser empleado de una empresa de aseo, aunque en realidad se ganaba la vida como taxi boy. El día del crimen Cabral llegó con cortes en los brazos y las piernas. Le dijo a su novio que habían intentado asaltarlo. Esa noche lo invitó a cenar. El ánimo mejoró con el correr de los días. Ya detenidos, y aprovechando un traslado, Cabral y Arzamendia volvieron a reunirse. Cabral negó haber matado a Arancibia pero al rato, según Arzamendia, confesó: “Me explicó que él había matado a ese señor, que había sido en calle Lavalle, en el departamento del sujeto entre las 13 y las 14. Le pregunté por qué lo había hecho. Me dijo que era por una cosa muy fea que él le había hecho y no quería hablar del tema, pero finalmente me lo contó. Me dijo que a este hombre lo conocía desde hacía ya meses, que había sido drogado y abusado por este hombre, y que eso lo hacía el señor cuando lo invitaba a su casa. Me dijo que él se despertó un día y estaba desnudo, sin saber lo que había pasado y que desde ese día lo volvió a ver una vez más y me confesó que fue por ese motivo que lo tuvo que matar”.

extraña justicia

A partir de los antecedentes disponibles en el proceso judicial, y de algunos otros aportados por testigos y policías, se puede establecer algunos supuestos. Cabral salió de la pensión que compartía con Francisco Javier Arzamendia con la intención de matar a Arancibia a cuchillazos, para eso se llevó un cuchillo cocinero. Cabral no era la única pareja ocasional de Arancibia, pues en su poder se encontraron llaves de otros departamentos. David Elías Borelli desconocía que Arancibia tenía otras parejas y que se enteró de eso en el transcurso de la investigación. Enrique Arancibia Clavel fue atacado por sorpresa, probablemente por la espalda. Pese a las fuertes estocadas, intentó algún acto de defensa. Arancibia nunca reconoció culpa o responsabilidad alguna en casos de Derechos Humanos, cuanto más, alguna vez admitió haber colaborado con los servicios policiales de Pinochet, pero de eso no estaba arrepentido, sino más bien lo contrario. Fue juzgado por un porcentaje mínimo de los crímenes en los que estuvo implicado. Es muy probable que, de no ser por Cabral, Arancibia hubiera seguido caminando por Buenos Aires. La justicia tarda y, a veces, impulsada quizá por fuerzas sobrehumanas, acude en momentos y modos insospechados, a veces particularmente crueles. Publicado originalmente en la revista Anfibia


La derecha chilena

Los conservadores chilenos no han repudiado nunca por completo el pinochetismo, afirma el director de the clinic. su nueva candidata presidencial reivindica explícitamente el legado del general golpista y dictador.

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ste septiembre se cumplen 40 años del golpe de Estado, pero el pasado vuelve una y otra vez, para recordarle a la totalidad de la derecha chilena no sólo que llamó a los militares, sino que tras 15 años de dictadura, miles de torturados, muertos y desaparecidos, votó para que continuara. El único que sufragó en contra fue Piñera, el presidente. Pero Piñera entonces era demócrata cristiano. Todos los demás fueron entusiastas pinochetistas. La actual candidata presidencial de dicho bando salía en los spots publicitarios llamando a prolongar la obra de Pinochet. Su padre fue miembro de la junta de Gobierno que lo acompañó durante el último tiempo. Cuando por obra y gracia del juez Garzón lo detuvieron en Londres, Evelyn Matthei, la actual candidata del sector, llamó a no consumir productos ingleses y españoles. La derecha estaba dispuesta a todo, pero jamás a sacrificar el whisky. Después ella viajó a visitar, junto a varios de sus correlegionarios, a don Augusto a su clínica británica. Y no les da vergüenza. Por momentos los complica, porque las explicaciones a dar no son fáciles, pero superado el escollo con argumentos irracionales, o sea, por cansancio, vuelven a respirar con satisfacción. La derecha chilena continúa siendo ultra conservadora. Cohabitan en su interior grupos más liberales, pero aún hoy siguen siendo minoritarios. La derecha chilena, salvo contadas excepciones, se opone apasionadamente al aborto terapéutico y también a que una mujer violada pueda interrumpir su

Por Patricio Fernández Fundador y director del semanario chileno The Clinic, estudió Literatura, Filosofía e Historia del Arte y trabaja como periodista. Nacido en Santiago de Chile en 1969, es autor de diversos libros de ficción y no ficción.

Salvador Allende defendiendo La Moneda frente al asalto de las tropas del general Pinochet (a la derecha).

embarazo. Acaban de salir a la luz dos casos escabrosos, de niñas de once años violadas, una por su padre y otra por su padrastro, que quedaron embarazadas. Piñera celebró la madurez de Belén, una de ellas, por querer tener su guagua. Olvidaba que ninguna niña se opondría a recibir la muñeca perfecta, y que la ley que él juró cumplir y hacer cumplir, le niega sin ambigüedades a cualquier menor de esa edad la posibilidad de ser maduro. El senador Chahuán, cuando le pregunté qué opinaba al respecto, respondió que permitir el aborto a las violadas podía incentivar más a los violadores. Es una derecha “fetochista” y neoliberal. Le tiene fobia al Estado. Como toda derecha que se jacte de tal, su valor principal es el orden. Las manifestaciones callejeras le ponen los pelos de punta. Sería exagerado decir hoy que son antidemocráticos, y falso sostener que les encanta la democracia. La gran sabiduría, para ellos, es el conocimiento de los mercados. Consideran bobos los argumentos políticos que se enfrentan a los económicos. El arte que vale es siempre una buena inversión. Cuelgan en sus muros depósitos a plazo. El otro día, en las costas de Caldera, en el desierto de Atacama, encontraron unos rieles, a los que amarraron personas para que desaparecieran. Ya es de mal gusto preguntarles qué piensan de eso, pero Corbalán, un famoso agente de los organismos de seguridad, cuando fue consultado acerca del paradero de los cadáveres, respondió: “Pregúntenle a los cangrejos”. Quizás ellos sepan también cómo entiende esta gente el concepto de comunidad.

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La muerte de Pen-Pen

Un policía acabó con la vida de un asiduo de la cárcel de Bluefields, una ciudad del Caribe nicaragüense DONDE las celdas preventivas de la policía se han convertido en un sistema penitenciario en condiciones infrahumanas.

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l cuerpo de Pen-Pen todavía está manejable; aún respiraba hace apenas seis horas. Lo tienen sobre una camilla metálica, envuelto con una sábana blanca manchada por la sangre que sale de los orificios. Miriam, la madre, está sentada cerca. Los grandes rulos en su cabello cano dejan entrever lo inesperado de esta muerte. La casa es de madera, como se estila en el Caribe, y sin ningún tipo de ostentación. Además de Miriam, la habitación está llena de familiares, amigos y curiosos. Todos son negros. Casi todos son jóvenes. El silencio se torna más silencio cuando en la puerta aparece uniformado el comisionado mayor Manuel Zambrana Bermúdez, la máxima autoridad de la Policía Nacional nicaragüense en 100 kilómetros a la redonda. Antes de entrar le ha tocado escuchar de todo. También para él ésta ha sido una noche larga. —Dos o tres chavalos gritaban en la calle molestos cuando llegamos –me dirá en su despacho el comisionado Zambrana dentro de dos días–, pero si usted indaga quiénes son, verá que son delincuentes con un rosario de antecedentes, con el mismo perfil de Pen-Pen. El comisionado Zambrana viene del hospital, de unas horas aún más tensas, pero quiere presentar sus condolencias. “Sentimos mucho lo que pasó –le dice a la madre– y aquí estamos para ayudar en lo que podamos”. Después, le cuenta la versión oficial: al verse emboscado, Pen-Pen disparó y un policía respondió al fuego con los cinco o seis balazos que lo acabaron. Miriam le responde que está convencida de que su hijo presentía su muerte. La conversación es corta. Apenas termina, el comisionado Zambrana se despide con un abrazo tímido y se retira. En los días siguientes la muerte de PenPen estará en boca de todos en Bluefields. Los 45.000 habitantes de su casco urbano son la mayor concentración humana en los 541 kilómetros de costa caribeña nicaragüense. Bluefields tiene título de ciudad desde 1903, pero basta desembarcar en el muelle municipal para comprobar que sigue siendo un pueblón, sin edificios ostentosos, sin grandes avenidas, con la cordialidad propia de los lugares donde todos se conocen. En Bluefields el camión de la basura es un tractor de la basura, y en los próximos días se colocará el primer semáforo. La calle que corre paralela a la bahía se convierte, entrada la mañana, en una prolongación del mercado. Las aceras se llenan

Por Roberto Valencia Periodista con 13 años de experiencia como redactor y editor en América Latina y Europa. En la actualidad escribe en el diario digital El Faro (El Salvador), además de publicar en Gatopardo (México/Colombia), Frontera D (España), Confidencial (Nicaragua) y El Periódico (Guatemala). Las fotos de este reportaje son suyas.

de puestos que venden peces del tamaño de un brazo, radios, quesos de todas las texturas, accesorios para celulares y una generosa variedad de frutas y verduras que se exhiben en grandes canastos de mimbre. No hay carretera asfaltada alguna que comunique con Managua, pero un ferry sube y baja varias veces por semana el caudaloso río Escondido, desde el municipio de El Rama, y la ciudad está bien surtida, incluso paradójicamente atestada de pequeños taxis que se mueven como hormigas alborotadas. Pero lo más característico de Bluefields es que se trata de una población indiscutiblemente multiétnica, donde conviven en aparente armonía –aparente– todas las tonalidades de piel imaginables entre el blanco nórdico y el negro subsahariano. Mestizos y creoles (negros) son los más numerosos, pero hay también indígenas miskitos y ramas, y negros garífunas. El idioma inglés se escucha casi tanto como el español. La historia explica mucho de esta heterogeneidad. El mismísimo Cristóbal Colón navegó frente a la bahía de Bluefields en septiembre de 1502, pero pasó de largo, un anticipo de la desidia por toda esta zona que los españoles mostrarían los tres siglos siguientes. Ese vacío de autoridad fue aprovechado por los piratas primero –el nombre de la ciudad se relaciona con un corsario holandés de apellido Blauvelt–, y por los británicos después, que comenzaron a tomar posiciones a mediados del siglo XVIII. Con ellos llegaron los esclavos. La independencia de Nicaragua poco o nada afectó al hecho de que Bluefields siguiera viviendo de espaldas al resto del país. De hecho, durante buena parte del siglo XIX pasó a ser la capital de un Estado prácticamente independiente, la Mosquitia, bajo tutela de británicos y estadounidenses. No fue hasta 1894, siete décadas después, cuando Managua consiguió, por la vía militar, imponer la bandera nicaragüense. Pasaron los duros años del somocismo y la esperanza de la Revolución, pero aún hoy el Caribe sigue siendo una zona mal comunicada, distante en todos los sentidos del Pacífico, con mutuos recelos y resentimientos, intensificados quizá por la agresiva migración promovida por el Gobierno en la segunda mitad del siglo XX, que terminó por convertir a los mestizos en la comunidad étnica más numerosa en Bluefields. Para referirse a los mestizos de forma despectiva, en especial a los venidos desde la costa pacífica, los negros usan la palabra pañas, en relación a España, para remarcar

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los distintos pasados de unos y otros. Para referirse a los negros de forma despectiva, los mestizos los llaman simplemente negros. Philmore Nash Price, alias Pen-Pen, nació en Bluefields el 17 de septiembre de 1975, en un barrio de negros llamado Puntafría, hijo de Miriam Price y de Cayaton Nash. Nació pobre y pobre era cuando murió a los 35 años de edad. “Son gente muy pobre. Dicen que la Policía les dijo que iban a ayudar, pero parece que nada, porque hoy vino una prima a decirme que no tenían ni para la caja”, me dijo en el porche de su casita Selma Clarck, de 75 años, una de las líderes del barrio. La prima le pidió otro favor en esa visita: que fuera a la Policía Nacional a pedir la fotografía de archivo de Pen-Pen, porque en casa no tenían ni una imagen suya.

DELINCUENTE HABITUaL

Pen-Pen era un delincuente consuetudinario. Su vida fue un constante entrar y salir de las celdas de la Policía Nacional o de la pequeña cárcel que el Sistema Penitenciario Nacional tiene en Bluefields. El largo expediente de antecedentes policiales tiene como punto de partida el 23 de julio de 1991: “Detenido por presunto autor de lesiones graves”. Tenía 15 años. De ahí, el rosario al que se refiere el comisionado Zambrana. Los delitos que se repiten con más frecuencia son robo con violencia y robo con intimidación, si bien la lista incluye amotinamiento, amenazas, lesiones, extorsión, daños a la propiedad, fuga, atentado contra la autoridad y sus agentes… Si hubiera que buscar en Nicaragua un ejemplo de rotundo fracaso en el objetivo constitucional de reeducar a los privados de libertad para reintegrarlos en la sociedad, ese sería Pen-Pen. La Policía, pues, lo tenía en la mira, y también buena parte de los blufileños en un pueblón donde todos se conocen. La primera vez que lo oí mencionar fue en boca de la mesera del primer comedor en el que me senté apenas llegué a la ciudad. “Esta madrugada –me dijo– mataron a un hombre en Puntafría, por la cancha; era un ladrón, un asesino, un violador… lo tenía todo, pues... completo”. En febrero de este año había sido juzgado en ausencia. Se sabía un objetivo de la Policía y ya no vivía en Puntafría. Unos dicen que tenía una casita en Willing Cay, un cayo ubicado unos 50 kilómetros al sur. Otros dicen que se había instalado más al sur todavía, en San Juan del Norte. Hay más unanimidad en


afirmar que, meses atrás, había encontrado en el mar un fardo con cocaína, algo relativamente habitual en el Caribe nicaragüense, y se había comprado una panga con motor con la que, muy de vez en cuando, regresaba a Bluefields para visitar a su madre, a su esposa, a sus hijos. La noche de su muerte estaba con unos amigos, muy cerca de la casa de su madre, dicen que jugando cartas. Cargaba una pistola. El comisionado Zambrana aseguró que el forense confirmó que estaba drogado, que en su short le hallaron una pipa para fumar crack. Él andaba loco, me dijo. Locura o no, Pen-Pen le había dicho a más de una persona que estaba harto de huir como un fugitivo y que estaba dispuesto a morir, pero que no se iría solo. El Banco Mundial presentó en abril de 2011 el informe Crimen y violencia en Centroamérica, uno de esos gruesos documentos fruto de costosos estudios que se lanzan con bombo y platillo y que, a pesar de que se usan para poco más que llenar un par de páginas de los periódicos al día siguiente, contienen datos interesantes. Contiene un mapa de Centroamérica coloreado en función de la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes. Los departamentos menos violentos aparecen en amarillo; se pasa al verde cuando la tasa comienza a elevarse; el verde se oscurece hasta convertirse en azul; y el azul es a su vez más oscuro en los lugares donde más sangre se derrama. La oscuridad azulada –una tasa arriba de 50– predomina en Honduras, en El Salvador y, en menor medida, en Guatemala. En Costa Rica, Panamá y Nicaragua todo es verde y amarillo. Dentro de esa relativa tranquilidad que se vive en Nicaragua hay matices. La Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS), cuya capital es Bluefields, está coloreada con un verde muy oscuro. En 2009 la RAAS cerró con una tasa

El Bodegón, uno de los dos lugares en los que la Policía Nacional de Nicaragua alberga a los detenidos en Bluefields.

“El día lo pasaba amarrado al tubo del martirio, le tiraban comida como a un cerdo. Todavía lo usan como tortura”

de 30 homicidios por cada 100.000 habitantes, una cifra escandalosamente alta si se tiene en cuenta que el promedio nacional fue de 13. Teorías hay muchas, como la falta de oportunidades, el mismo racismo, o el hecho de que sea un enclave estratégico en la ruta caribeña de la cocaína, pero ninguna es concluyente. Bluefields es un lugar inexplicablemente violento dentro de un país inexplicablemente tranquilo que está dentro de Centroamérica, la región que, también inexplicablemente, es la más violenta del mundo. Y aun así, ese nivel de violencia trasladado para Bluefields, con su población de 45.000 residentes, supone el asesinato de unas 14 personas al año. Un poco más de un homicidio al mes. Aun así, la de Bluefields sigue siendo una sociedad en la que la máxima autoridad de la Policía Nacional llega a dar el pésame a la casa de la madre de un delincuente cuando un agente lo ha abatido. Me lo contó alguien que en 2006 coincidió con Pen-Pen en las celdas de la Policía Nacional: “En el patio de la Preventiva hay un tubo de hierro de dos pulgadas. Es el tubo del martirio. Ahí esposaban a Pen-Pen, las manos y también un pie. Lo tenían amarrado día y noche. Le tiraban la comida como a un cerdo. No podía movilizarse. En la noche le quitaban el grillete del pie, para que pudiera medio acostarse. Nueve meses estuvo así. Él pasó amarrado todo el tiempo que yo estuve adentro. Soy testigo del maltrato que se hacía contra los negros, ofensivo, con ánimo de desaparecer a las personas. El hacinamiento era total. ¿El trato que dieron a Pen-Pen? Totalmente discriminatorio. Él los puteaba. Los vulgareaba. Les decía perros asesinos. Les decía de todo, pero era lo justo. Solo al final se flexibilizó un poco. El día siempre lo pasaba amarrado al tubo. En la noche lo tiraban a dormir en una sala de detención. El tubo todavía ahí está. Todavía lo usan como tortura.

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El resentimiento de Pen-Pen hacia los policías era normal. Yo también lo tendría. Para mí, la Policía lo asesinó”. La capacidad es para 60, me dijo ayer el comisionado Zambrana, 80 máximo, pero en las celdas de la Policía Nacional en Bluefields se amontonan esta semana más de 130 seres humanos. La matemática suena asfixiante y urgente, pero el hacinamiento es un problema menor en la lista interminable de violaciones a los derechos de los privados de libertad. —¿Cuál es el motivo de la visita, por favor? –se alza sobre el murmullo una voz áspera. La Preventiva. Así se conoce el sector donde encierran a los más conflictivos. Decir que aquí hace calor es decir poco, y está tan oscuro que a las 11 de la mañana los bombillos los tienen encendidos. Hoy hay unos 70 internos repartidos en seis celdas, me dice Wismar Lewis, el risueño agente que me acompaña. Los otros 60 están en el Bodegón, el otro sector al que iré después. —Quiero escribir sobre las condiciones en las que están –respondo. —Está bien, man, dale… Hay muchas cosas que nos gustaría que se supieran afuera. La celda #3, la primera a mano derecha según se entra por el pasillo, es amplia, alta y caliente como sauna; encierra a 10 jóvenes, un televisor, un calendario, ropa, un montón de recipientes plásticos, dos literas de madera y hamacas, varias hamacas suspendidas de la reja que tienen por techo, bajo unas láminas que la lluvia sabe burlar, y en Bluefields llueve con ganas; todos, casi todos, se amontonan en los barrotes de la entrada por la insólita visita, y hablan atropellado: dicen que se mojan cuando llueve, dicen que antes les daban jabón y papel higiénico, dicen que su comida está de tirarla y pegarla en la pared, dicen que en lugares así debería de haber psicólogos y gente comprensiva, y el calor ahoga, y las secuelas del burumbumbún, y uno


llamado Carlos Coronado me dice que le gustaría que los jueces de vigilancia vigilaran, y otro grita desde su hamaca suspendida que necesitan una fumigación, por las chinches y los zancudos, y otros dicen que aquí hay reos con condena firme que deberían estar en una cárcel del Sistema Penitenciario Nacional y no en celdas de la Policía, y eso es lo mismo que me dijo el comisionado Zambrana. —Oye, un favor: ¿tenés dos pesos para comprar hielo? Hace calor y está oscuro… ¿Cuántos aquí? Se acercan a los barrotes, descamisados como si fuera sauna, y sí, casi todos son jóvenes, casi todos quieren contar su caso, como si nadie nunca les hubiera preguntado, y acá casi todos están por error, dicen, y luego piden que tome una foto a la comida que les dan, la chupeta que llaman, una combinación de mucho arroz y poco frijol que en verdad está de tirarla y pegarla en la pared, hervida no más, sin sal, sin ajo, porque la Policía no tiene presupuesto para exquisiteces, todos los días de la semana lo mismo, y luego me piden otra foto, y se animan, y posan como si fueran equipo de fútbol, rifando barrio, y se ponen unos a otros las manos cachudas en la cabeza, como niños traviesos. —Por lo menos están sonriendo, ¿no? –me dice el risueño agente Lewis. —¡¡¡Periodista!!! –grita alguien–. Pero esto debería de contarlo en Managua, para que vean cómo la pasamos aquí. El que peor lo tiene es el del patio de la entrada, metido bajo el sol caribeño dentro de una caja metálica granate que usan como celda de castigo, parecida a un ascensor, solo que larga y estrecha, muy estrecha, y de la que ahora apenas salen los dedos de dos manos y una mirada de rencor; pero hasta él podría estar peor, porque enfrente de la caja metálica hay un tubo de hierro de dos pulgadas al que los privados llaman El Poste y que aún se usa para amarrar –las manos esposadas en la espalda, el tubo en medio– a los peor se portan. Aquí es, pienso, donde Pen-Pen pasó amarrado como un perro, torturado. —Mirá, español –dice la voz que hay dentro de la caja metálica, quién sabe si bromeando–, ahorita no te vamos a hacer nada, pero algún día… —Yo te voy a robar –interrumpe otro. —No, yo no –retoma la palabra–; yo no soy ladrón. Yo lo único que soy… yo soy asesino ya. Las celdas más pequeñas son la #6-01, la #6-02 y la #6-03, porque las tres eran una sola, solo que la pedacearon para acoger por separado a mujeres y a menores de 18 años, y pienso en lo irónico que resulta que, entre tanta vulneración de derechos, se haya invertido en este logro mínimo. Hay otro al que llaman Perro y me pide un euro, que me lo va a guardar, dice, y otro despotrica contra la Policía, que son más ladrones que ellos, que algunos son calmados, como el risueño agente Lewis, pero otros los golpean, los maltratan, y eso lo oigo también en este otro sector, en el Bodegón, donde están los más disciplinados

Bluefields se encuentra en un enclave estratégico en la ruta caribeña de la cocaína.

en otras tres celdas amplias y un poco menos oscuras y menos calientes con 23, 21 y 15 personas hoy, entre las que hay un viejito de 81 años llamado Juan Cruz Pérez, que también quiere contar lo suyo, pero ahora con quien me interesa hablar es con el hermano de PenPen, negro también, creole, como la mayoría en estas celdas, que lleva encerrado aquí tres meses y medio, y de quien el comisionado Zambrana me dijo que tiene el mismo historial que su hermano. —Mataron a Pen-Pen, y ni la jueza ni la Policía me dieron permiso para llevarme al velorio o al funeral –se queja. —¿Y aquí qué se maneja que pasó? —No me ha venido a contar nadie nada, pero lo que yo oí por la radio fue que la Policía lo remató en el suelo. —Un crimen, eso es un crimen –dice otra voz, colérica. —¿Y tú veías seguido a tu hermano? —No, él vivía en Willing Cay. Él vino hace poco. Pero la Policía no debía de matarlo como animal, porque él no mató a nadie. Todavía no, quizá, pero Pen-Pen sí matará.

DISCRIMINACIón racial

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En una de las ciudades más violentas de Nicaragua, decenas de personas cumplen su condena hacinadas en celdas policiales

En Bluefields hay una ONG llamada Creole Communal Government, que podría traducirse como el Gobierno Comunitario de los Negros. Tienen una modesta oficina en el barrio Fátima, en el segundo piso de un edificio situado cerca de la Lotería Nacional. Dolene Miller y Nora Newball, sus dirigentes más destacadas, me reciben una calurosa mañana para hablar sobre Pen-Pen. La conversación arranca con una interpretación de la historia en la que la incorporación definitiva de la Mosquitia a Nicaragua la ven como una anexión, el aprendizaje del español lo ven como una imposición, y la migración masiva desde el Pacífico la ven como la madre de todos los problemas. Están convencidas de que la sociedad nicaragüense es racista y, no importa de qué hablemos, en su discurso es evidente la diferencia entre el nosotros y el ellos: nosotros, los negros; y ellos, los mestizos, los pañas. —Nosotros tenemos un resentimiento histórico con el Pacífico –admite Dolene, una sonriente psicóloga, la que más habla–, pero ellos lo agravan más con el maltrato, y lo digo con conocimiento de causa. —Por ejemplo –dice Nora, una elegante

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y enjoyada señora, diputada suplente en el Parlamento Centroamericano–, en nuestros barrios negros no hay pulperías (el equivalente de las tiendas de barrio salvadoreñas); en los barrios mestizos, sí. Eso es por los programas del Gobierno, porque a ellos les dan ayuda, créditos, cada vez les financian más y más, pero solo a ellos mestizos; para nosotros, los negros, los trámites son más engorrosos. Y ojo, que nosotros no estamos justificando ningún asesinato ni ningún robo, pero hay que ser realistas. A Pen-Pen lo conocen de oídas, por la fama que le precedía, pero sobre todo por lo que sobre él se ha dicho y escrito desde su muerte. Cuando lo defino como un delincuente, me corrigen de inmediato: era una persona con un problema en la sociedad. —Para nosotros –dice Dolene–, la Policía lo quería muerto. ¿Por qué? Eso no lo sabemos. Pero parece como si la Policía estuviera haciendo una limpieza social camuflada. —En dos años –interrumpe Nora, airada– han matado como a cuatro muchachos que para ellos eran como un estorbo en la sociedad, ¿me entendés? Mire, la Policía va a terminar matando a todos nuestros jóvenes... Casi al final, me admitirán que ni se acercaron a la casa de Pen-Pen para preguntar qué es lo que realmente ocurrió. Burumbumbún en la Preventiva. Es mediodía del martes y, después de más de 24 estériles horas en huelga de hambre, los privados de libertad deciden subir el tono de su protesta. Lo primero siempre es romper los candados. Cualquier objeto contundente sirve; de preferencia, la madera recia de las pocas camas que quedan en las celdas. —¿Y qué hacen los policías? –preguntaré a Chandy mañana. —La Policía solo queda ahí, viendo a uno… ¿qué van a hacer? Na’. Subir pa’rriba a decir al jefe –me responderá en su limitado castellano. Chandy Vargas –joven, tatuado, musculoso, negro– estará en libertad mañana, después de tres meses y 17 días en la Preventiva, pero eso será mañana; ahora es uno a los que más parece entusiasmar este motín originado por la retardación de justicia. No tardan en destrozar los candados para salir todos al patio donde está El Poste; ahí gritan, chillan, golpean las paredes con objetos contundentes, queman lo que encuentran…


Es lo que Chandy llama el burumbumbún. La idea es llamar la atención, conscientes de que la delegación policial está a apenas dos cuadras del mercado municipal. Los policías están tan acostumbrados que poco se alteran ya. Se repliegan y los dejan hacer, siempre y cuando no intenten pasar del patio. Hay un pacto tácito de no agresión. Después llegará alguna autoridad policial o algún defensor de derechos humanos o periodistas o Miss Popo o, si la cosa se pone realmente fea, alguien en nombre del Poder Judicial. —Casi siempre protestan por lo mismo: la retardación de justicia –me dirá el comisionado Zambrana. —¿Casi siempre? ¿Cada cuánto se amotinan? —Es una constante. En cuatro meses hemos tenido cuatro de relevancia, pero conatos hay a cada momento. Aquí, en Bluefields, las celdas preventivas de la Policía se han convertido en un sistema penitenciario. El centro penal tiene a 90 presos, y nosotros, a 130, de los que casi la mitad tienen condena firme. Aquí solo deberíamos tener a 10 o 12. Las leyes nicaragüenses son explícitas. Cuando la Policía detiene a alguien, debe pasar ante un juez de audiencia en menos de 48 horas; si el juez decide prisión preventiva, el encierro se hará en un centro penal del Sistema Penitenciario Nacional. En Bluefields hay una pequeña cárcel que está a la par de las celdas policiales, pero el Sistema ignora desde hace años las leyes y recibe internos a cuentagotas bajo el argumento de que la cárcel está llena. La consecuencia es que, en unas de las ciudades más violentas de Nicaragua, decenas de personas cumplen su condena o su prisión preventiva hacinadas en las celdas policiales, sin beneficios carcelarios ni controles ni talleres ni personal calificado; fuera, en definitiva, de la institución que tiene como objetivo “la reeducación del interno para su reintegración a la sociedad”. Y todos esos privados de libertad dejan de serlo algún día. Consciente de que el problema lo generan otras instituciones, al comisionado Zambrana le toca lidiar con los burumbumbunes, y lo hace lo mejor que le dejan. La máxima autoridad de la Policía Nacional en 100 kilómetros a la redonda es una persona accesible y franca, que gusta de mirar a los ojos de su interlocutor; sin su uniforme, parecería más

Arriba, la celda de castigo de la Preventiva, un reducido habitáculo metálico a la intemperie. Abajo, dos jóvenes encarcelados en la Preventiva.

un profesor de secundaria que un comisionado mayor. En menos de un mes, y sin haber pasado siquiera un año en Bluefields, lo regresarán a Managua, dicen que por atreverse a encerrar a Frank Zeledón, uno de los mestizos intocables de la ciudad. Al conocerse la noticia, miles de blufileños se tomarán las calles para protestar por el traslado.

miss popo, líder social

Se llama Dalila Marquínez, aunque todos en la ciudad la conocen como Miss Popo o la Popo. El sobrepeso la hace ver mayor, pero tiene 46 años, y es una de las líderes más respetadas de la comunidad negra de Bluefields. Su mañanero programa en Radio Rhythm, una emisora local, es un referente indiscutible. Las autoridades, incluida la Policía Nacional, la consideran una mediadora capaz de aplacar conflictos sociales; los reos también piden su presencia cada vez que en las celdas hay un motín. Miss Popo vive en un barrio de negros llamado Beholden, uno de los más conflictivos y míseros, sin aceras, lleno de láminas oxidadas y con regueros de aguas blanquecinas y fétidas que corren libres por los pasajes. La casa de Miss Popo, sin embargo, es de reciente construcción, grande, y tiene un espacioso porche caribeño. Ahí nos sentamos para hablar sobre Pen-Pen. Ella acompañaba al comisionado Zambrana la mañana en la que llegó a dar el pésame a Miriam, la madre. Todos eran negros. Casi todos eran jóvenes. A Miss Popo

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le tocó mediar para calmar los ánimos. Esta no es ni la hora ni el momento para actuar así, les dijo, el hombre quiere entrar para hablar con la mamá. —En la Policía –me dice ahora Miss Popo, con su particular voz, tan poderosa que parece un regaño– hay un expediente de todo lo que hizo y lo que no hizo Pen-Pen. Pero yo te voy a decir algo: ahora todo mundo va a echarle flores porque lo mató la Policía, pero yo estoy segura de que casi toda la gente de Puntafría está en paz porque han matado a Pen-Pen. No lo van a decir así, porque son unos pares de hipócritas, pero segurito de que están felices por lo que ha pasado. Al filo de las dos de la madrugada del martes 10 de mayo de 2011 un agente de la Policía Nacional nicaragüense acribilló a Pen-Pen. El cuerpo quedó no muy lejos de la casa de madera donde se crió, cerca de una hilera de láminas oxidadas, sobre una angosta acera en la calle del 4 Brothers, el bar que da nombre a todo ese sector del barrio Puntafría. Su muerte es verdad inamovible. Pero cómo se llegó a esa situación depende de los prejuicios y de los intereses de quien cuente lo que pasó. Hay unanimidad en que una llamada telefónica de alguien de Puntafría alertó a la Policía Nacional de que Pen-Pen estaba en el barrio. Un pick up con cuatro agentes del turno nocturno se desplazó a la zona, formaron dos parejas, y acordaron una maniobra envolvente para evitar la huida. Parece ser que Pen-Pen jugaba naipes con un primo y otros conocidos. Al ver a dos policías en un extremo de la calle, se paró y huyó en dirección contraria, rumbo al pasaje más cercano. Al embocar, se topó de bruces con la otra pareja de agentes. La versión policial asegura que Pen-Pen huía pistola en mano y disparó a un agente en la cabeza a muy corta distancia; la instintiva respuesta del compañero fue vaciarle el cargador. La versión de familiares, amigos y del Creole Communal Government asevera que Pen-Pen en efecto disparó primero, pero que un agente respondió con un certero balazo en la pierna de Pen-Pen, lo que provocó que cayera al suelo y perdiera su pistola; al comprobar que su compañero uniformado estaba malherido, el agente se acercó y remató al negro desarmado que se retorcía de dolor. Sea como fuere, Pen-Pen murió de inmediato; entró directo en la morgue cuando lo llevaron al hospital de Bluefields. El suboficial de la Policía Nacional Evert Fernández ingresó en Emergencias con un balazo en la frente, sin orificio de salida. Lo lograron estabilizar y se gestionó de urgencia una avioneta para, al amanecer, trasladarlo al Hospital Lenin Fonseca, de Managua. En los días siguientes la muerte de PenPen estuvo en boca de todos en Bluefields. Es lo que sucede en sociedades en las que un homicidio aún es un elemento disonante. Diez días después, el suboficial Fernández murió en Managua. Publicado originalmente en la revista EL FA RO


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La Liga, reinvención de mi infancia

LA AFICIÓN POR EL FÚTBOL COMO ACERCAMIENTO ENTRE ESPAÑA Y AMÉRICA LATINA SE REMONTA A DÉCADAS ATRÁS Y SE HA REFORZADO EN LOS ÚLTIMOS AÑOS. es un viaje de ida y vuelta que DA sentido A una lengua, una cultura y un juego.

ESPAÑA, A TRAVÉS DEL FÚTBOL

El Mundial de España en 1982 fue la excusa para que llegara el primer televisor a color a mi casa y con la complicidad de mi padre llené entonces el respectivo álbum de figuritas de Panini donde las láminas de Maradona y Zico eran las más difíciles de conseguir. Gracias a ese álbum con Naranjito de mascota supe por primera vez de Madrid, Barcelona, Sevilla, Alicante, La Coruña, Valencia y Zaragoza nombres que de por sí ya eran para mi un poema. Era 1982 en todos los almanaques del mundo y España 82 no era el campeonato de los latinoamericanos, que no alcanzaron

Por FEDERICO DÍAZ-GRANADOS Poeta y periodista colombiano, ejerce también como profesor de Literatura y divulgador cultural. Es subdirector de la revista literaria Golpe de Dados.

instancias finales, razón por la cual todavía le del uruguayo Cabrera en el Valencia. Luego debo a mi padre la apuesta que pactamos por llegarían los días del esplendor carioca en la la final: él iba por la Italia de Paolo Rossi y yo madre patria con Romario, Bebeto y Roberto por la Alemania de Karl Heinz Rummenigge. Carlos que acaban de renovarse con la arriDespués llegarían los días de mayor frusbada de Neymar. Y, como no mencionar la llegada de la legión colombiana comandada tración. Colombia renunciaría a la organizapor Carlos Valción de la Copa Mundial de 1986 derrama, René y así se alejaba la Higuita, Leonel posibilidad de ver Álvarez y Franen vivo y en direccisco Maturana al Valladolid y to a los héroes de Adolfo “El dominicales en Tren” Valencia las canchas de mi al Atleti. Todavía país. Así, “la recuforma parte del peración semanal anecdotario nade la infancia” seguía siendo la cional aquel tiro señal diferida de de esquina en el los goles de las liBernabeu donde Michel le toca los gas europeas, los genitales a Valálbumes y los suplementos de los derrama ante la días lunes dedicaincredulidad y desconcierto de dos a los resultanuestro 10. Tudos futbolísticos internacionales. vieron que pasar La llegada de Messi y Neymar, las nuevas estrellas latinas . dos décadas de los futbolistas laaquello y de los festejos de Chilavert y el “Bam Bam” Zamoratinoamericanos a España siempre es como un nuevo Modernismo, un regreso de las cano para sentir como propio cada gol de Falcao en el Atlético de Madrid. rabelas que llenan de sentido y significado Pero tal y como me lo recordó el entrañauna lengua, una cultura y un juego. Así los jugadores brasileños, mexicanos, colombianos ble maestro Héctor Rojas Herazo que “uno y peruanos llevaban la danza y la alegría de sus es del lugar donde están los amigos porque naciones y los jugadores argentinos, chilenos, son ellos quienes nos inventan” que confirmé uruguayos y paraguayos, aportaban la garra las razones por las cuales Joan Manuel Serrat característica del cono sur del continente. (Barcelona) o Almudena Grandes y Chus Visor Los domingos en la noche mientras prepa(Atlético de Madrid) trasladan sus afectos al Santa Fe en Colombia y al Boca Juniors en raba mis útiles escolares y mi uniforme para el Argentina y el poeta Luis García Montero día siguiente todo era maravilla. A las derrotas (Real Madrid) hacia Millonarios y River Plate, del Santa Fe la compensación eran los goles respectivamente. Porque todos reconocen a de Hugo Sánchez con el Real Madrid, algunas sus pares en el mundo. En mi caso aprendí a atajadas de Fillol y goles del “Polilla” Da Silva hinchar por el Granada CF porque lo he senticon el Atlético de Madrid y jugadas de creación Toni Garriga (EFE)

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o he podido determinar qué fue primero: si el fútbol o la poesía. Porque ambos iluminaron los ámbitos de mi infancia como instantáneas multicolores que inventaron y reinventaron en cada instante el asombro. Por eso cuando Javier Marías nos recuerda que “el fútbol es la recuperación semanal de la infancia” mi memoria se llena de gambetas, taquitos y por supuesto de goles o sea la síntesis misma de lo más lírico y verdadero. Desde aquellos días he sido hincha del Independiente Santa Fe, razón fundamental para haber conocido desde muy niño el esplendor y la dignidad de la derrota que fortaleció el corazón y templó el carácter. De ahí que las derrotas dominicales en el estadio “El Campín” y las humillaciones del rival de patio fueran compensadas con los goles europeos que llegaban en diferido por la antena repartidora de La Florida, comentadas por Eucario Bermudez y que, con ocho o 10 horas de retraso, llegaban a nuestros televisores a través de Noticias Uno o Teledeportes. En esa señal diferida la poesía se trasladaba a la ligas italiana, inglesa y, por supuesto, española en una especie de lejanas imágenes que forjaban certezas y emociones que quedarían para siempre.

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do lo más cercano a una novela de aventuras, a una saga épica donde la grandeza no se mide por los resultados y las posiciones en la tabla sino por la medida de sus fracasos y lealtades. La talla exacta del corazón. Después de leer No vuelvas a decir que es imposible. Tragedia y milagro del Granada Club de Fútbol, del joven poeta y sufrido hincha Fernando Valverde, que supe irremediablemente y para siempre que el Granada sería el otro equipo de mi vida, porque, como me ocurre con la literatura, solo me interesan los asuntos que hablen de las fragilidades del hombre, de sus grandes interrogantes y sus pequeñas victorias personales. Así el Granada CF era la metáfora perfecta, el cante jondo, el verso andaluz y el abrazo postergado.

que pase el balón, no el jugador

Y como buen hincha del Granada supe de aquella temible y legendaria defensa suramericana que integró las filas del club en los años setenta: el paraguayo Pedro Fernández, el argentino Ramón Aguirre Suárez y el uruguayo Julio Montero Castillo, más conocidos como los Granaguayos. Temidos y respetados por sus rivales sabían ellos que, si pasaba el balón, nunca pasaría el jugador. Muchos jugadores de la época afirmaban que jugar en Los Cármenes era como ir a la guerra por la voluntad, agresividad y fuerza de esta defensa y mediocampo suramericano en tierras andaluzas. El paraguayo Fernández lo justificaba: “El fútbol es para pobres. Con un balón nos entreteníamos 20 chicos mientras que el tenis costaba dinero. En las canchitas, en los potreros había muchos roces, mucho choque. Se aprende mucho. Se aprende a pegar, a sobrevivir”. Fernández fue el primer jugador sancionado en la Liga española por la ayuda de las cámaras de televisión: 15 fechas de suspensión después de aquella entrada al crack del Real Madrid, Amancio, a quien le rompió el cuadriceps. Hace poco, a raíz de la muerte del “Negro” Aguirre Suárez se han revivido anécdotas de esta época. “La Pareja quirúrgica” eran llamados Fernández y Aguirre Suárez por la prensa en hinchadas rivales, pero sus nombres forman parte ya de la mitología de afectos de los hinchas granadinos. Son por todos estos motivos que armo hoy mi cartografía de recuerdos para comprobar que, al igual que me pasa con la literatura, es desde España donde conozco mejor mis tradiciones. Solo cuando los futbolistas latinoamericanos pasan por su Liga los reconozco mejor en sus talantes. Alfredo Di Stéfano, Diego Armando Maradona y Leonel Messi son tan poetas como Joaquín Sabina cantando un tango para Valdano o la “intuición del instante” de la noche de los cinco goles de Falcao en el Vicente Calderón al Deportivo de La Coruña o como el autogol de Cristiano Ronaldo en Los Cármenes son hechos de total justicia poética y porque, a través de esos raptos, de esos breves instantes de asombro mi infancia regresa y se recrea, reinventa y justifica llenando una vez más de certezas mi vida.

Mi (Real) Madrid LA QUINTA DEL BUITRE MARCÓ EL FÚTBOL ESPAÑOL DE LOS AÑOS OCHENTA EN PLENO MADRID DE LA MOVIDA. EL AUTOR DESCUBRIÓ EN ESA ÉPOCA SU PASIÓN POR EL FÚTBOL.

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e tendrán que perdonar, pero mi afición al Real Madrid es un tanto tardía. La mayoría de las personas confiesan –y contraen- su pasión a una edad temprana, pero la mía, por circunstancias geográficas, se produjo a los 17 años cuando llegué a Madrid a vivir con mi abuela. Venía de Colombia, donde el nombre de Di Stefano en su paso por Millonarios todavía llenaba páginas de la leyenda de El Dorado, y de quien todos sabíamos que de allí había ascendido las gradas hacia la gloria blanca. Fue en el Madrid de los ochenta donde las cosas cambiaron para siempre. A mi abuela le gustaba el fútbol y lo veíamos en la tele de la sala. Fue la época, cómo no, de la Quinta del Buitre. Ver su juego estirado, pausado y elegante, que se alargaba y encogía como si fuera elástico, me cautivó para siempre. Me parecía increíble que un balón pudiera alcanzar un nuevo estado, superior a todo lo visto, se pudiera manejar de esa manera, con la máxima belleza, destreza y eficacia, en una ecuación reservada a los más grandes. Con pocos amigos hablaba de fútbol cuando estudiaba Filología Hispánica, pero hubo uno con quien sí lo hacía, con tanta vehemencia y belicosidad, como debe ser, que un día me hizo caer en cuenta de las frases maravillosas de Valdano. “Pero si es el Séneca del fútbol”, me repetía Jose Expósito, amante del Madrid y experto en Juan Ramón Jiménez, una mezcla aparentemente improbable, pero si se piensa bien, absolutamente complementaria. Como todos los amores verdaderos, el mío era un amor secreto, porque hablar de literatura en Filología o de pintura cuando estudiaba Historia del Arte estaba bien, pero hablar de fútbol estaba fatal. Borges sí, Sanchís no, parecía ser la tácita consigna de entonces por los pasillos de la facultad. Por eso devoraba a escondidas, como si fuera una revista pornográfica, los artículos de El País, El Mundo, el ABC y Marca, con fruición pagana. Pero entrar en el Bernabéu fue otra cosa. Y allí fui a parar una noche de octubre de 1983, con un frío pelante, para ver en directo lo que había visto a distancia. Fue toda una revelación, una epifanía, con el añadido de los coros, algarabía y pipas por doquier, y ese tum tum que estalla en el esófago al ritmo de ese par de sílabas que como la sístole y la diástole inflaman el corazón. Fue, y no es por humillar, el famoso 5-0 al Atlético de Madrid. Y después siguieron más visitas al santuario de la Castellana, espaciadas eso sí, en plena movida madrileña. Comprobar con mis propios ojos que

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Por RAMÓN COTE Poeta, ensayista e historiador colombiano, ha recibido importantes premios de poesía y su obra ha sido traducida al inglés, francés e italiano.

Alfredo Di Stéfano, en el vestuario del Real Madrid tras un partido.

nadie podía ser tan joven en el mundo, ni tan delgado, letal y escurridizo como Butragueño, ver la maestría de voladas de Buyo, el empuje constante de Martín Vázquez, y los infaltables calcetines caídos a la altura de los tobillos de Rafael Gordillo quien corría por la banda izquierda como si lo persiguiera una manada de rinocerontes. Y ya atreverse a llorar allí, después de un gol de Hugo Sánchez, ya hacia el 86, con su celebración incluida de salto mortal en el aire y posterior apretada de puños. Siempre me impresionó, y desde entonces, esa especie de premeditada calma chicha que le imprimía a las jugadas la Quinta del Buitre, que se ha convertido en marca de la casa, como si el partido no fuera con ellos, y de repente el zarpazo súbito, la velocidad frenética, el paso preciso y el grito de gol inmediato. Era el Madrid de los ochenta en el Madrid de los ochenta. Ya me dirán: cinco copas seguidas, con la Cibeles ya mareada de tanta celebración. Pero también hubo derrotas. Recuerdo un titular del ABC, que mi abuela recibía religiosamente y que me huele a tostadas quemadas y a mermelada de naranja, que decía de manera admonitoria en la tapa: “El Madrid no debe amilanarse”. Y claro, el Milan nos amilanó con un 3-0... Al día siguiente en Barajas coincidí con el equipo triunfador y pensé que me iba a cruzar con una escuadra cojeante, digna de un ejército de coraceros napoleónico regresando de Moscú. Pero, para mi decepción, una impecable colección de trajes Armani uniformizaba a todos los jugadores que sonreían burlonamente a diestra y siniestra. Tamaña humillación no ha sido olvidada. Estuve en la Cibeles viendo pasar la carroza negra de Tierno Galván, al lado de unos punkis que se subieron a una farola y cantaban como último homenaje al viejo profesor Y bailaré sobre tu tumba, de Siniestro Total. Y yo también bailé y canté en la Cibeles la última Copa que me tocó en suerte, mientras la carroza de la diosa se llenaba de bufandas blancas. Ese era Madrid, mi real Madrid.


a Panadero, a Leivinha, a Aragonés, a Gárate, a Ayala… Tú te encoges de hombros. Tienes siete años y no entiendes esa obcecación por la victoria que enarbola tu tío. En cambio, no necesitas que nadie te explique por qué hay que ser del Atlético. Lo entiendes, sin más. En el sentido que entiendes a Henry Hill en Uno de los nuestros, de Scorsesse, cuando asegura que para él «ser gánster es muchísimo mejor que ser presidente de Estados Unidos».

UN MINUTO DE FELICIDAD BASTA

Luis Aragonés, como entrenador, flanqueado por Pereira y Leivinha en los años setenta.

Por qué somos del Atlético LA AFICIÓN COLCHONERA ES SUFRIDORA E INCONDICIONAL DE SU EQUIPO. SON UNOS HINCHAS QUE SE ACOSTUMBRAN A SER PERDEDORES PARA SABOREAR MÁS LAS VICTORIAS.

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as épicas futbolísticas se cuecen siempre sobre una gran victoria, o una victoria imposible, o inesperada, o agónica. Esto es así. No necesita demostración. Tengo razón. Raramente un equipo se vuelve singular sobre una derrota atroz, horrible y bella. Por eso los seguidores del Atlético de Madrid somos, en general, gente rara. Crecimos identificándonos con cierto sentido trágico de la vida. Nos gusta ganar, claro, pero sólo de vez en cuando, para hacer gárgaras con el resultado y quitarnos de la boca, temporalmente, el sabor de la frustración. Nunca podríamos ser de otro equipo. Menos aún si ese equipo posee un gran palmarés, como Madrid o Barcelona, y despierta la pasión de la mayoría. Todos los atléticos, aunque no lo leyésemos, hemos asimilado a Mark Twain y sabemos que cada vez que te encuentras del lado de la mayoría «es tiempo de hacer una pausa y reflexionar». En el fútbol aprendimos que la vida

Por Juan Tallón Escritor de Galicia, publicó dos novelas en gallego (A pregunta perfecta y Fin de poema) y una novela en castellano: El váter de Onetti (Edhasa). Publica el blog descartemoselrevolver. com.

va de perder, caer, levantarse, perder, caer, levantarse, ganar, perder, caer, levantarse… En la vida hay una pauta. Esa es otra verdad que se desnuda sola. Y si eres del Atlético la descifras enseguida. Y aprendes muy pronto a levantarte del suelo. No es fácil ser del Atlético. Todos nosotros, cuando cumplimos siete años, tenemos un tío del Barça o del Real Madrid que el día de Reyes se presenta en casa con la camiseta oficial de su equipo y nos la regala convencido de que es esa clase de oferta que un niño de siete años, con mocos, no podrá rechazar. Es su último intento –bochornoso– para que abandones tu obstinación pueril y vacía por ser del Atlético. Pobres. No saben que a menudo el camino correcto parece erróneo al principio. «¿No quieres ganar?», te pregunta cuando te reafirmas en ser rojiblanco, como tu padre, que un día se fue a Madrid, en los años setenta, y extrañaba tanto su pueblo que sólo encontraba consuelo viendo jugar a Pereira,

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Nadie te pide nunca que seas del Atlético. Es, de alguna manera, una depresión que contraes voluntariamente, feliz. En ocasiones sucede, de hecho, que te piden, cuando aún eres un niño, que no seas del Atlético, como cuando te dicen que no veas Bambi o que no leas a Schopenhauer, para no sufrir. Bah. Chorradas. Tú sabes, y los que son atléticos como tú también, que la infelicidad a veces te hará feliz. Has visto padecer a tu padre y te gustaría sufrir así, con esa fe en el dolor y en que éste pocas veces dura cien años. Ni siquiera cincuenta. Hay en ese achaque cierta apacibilidad. Te acuna. Nunca conviene fiarse de una felicidad prolon-gada, por otra parte. Recuerdo con lástima al protagonista de El crepúsculo de los dioses, de Billy Wilder. «Yo era guionista” advierte al comienzo de la película. “Mi mayor deseo siempre fue tener piscina. Conseguí la piscina y morí en ella». A eso me refiero. Cuando la felicidad es muy grande, y tus sueños a menudo se cumplen, corres el riesgo de ahogarte en ellos. A veces un minuto de felicidad basta. En nuestro último paseo por el desierto, esperando ganar al Real Madrid, dejamos transcurrir 14 años de derrotas y sed. No hallábamos el momento idóneo para ganar, como si vencer en cualquier partido, fuera de una fecha histórica, fuese un derroche. Acaso nos ocurría lo que a Oscar Levant, que para evitar la felicidad le dio las espaldas al alcohol: «Yo no bebo. No me gusta. Me hace sentir bien», decía. Cuando nos pareció que la hora había llegado, y todo estaba en nuestra contra, ganamos. Quiá. Fue un minuto, pero no tengo que explicar qué clase de minuto. Baste decir que a veces llamo por teléfono a la Federación Española de Fútbol para que me pellizque. Necesito que un empleado me confirme que el resultado, aún después del final del partido, no se ha movido del 1-2. Un atlético nunca se fía de una buena racha, como si temiese a aquel verso de Rilke, según el cual «la belleza no es sino el principio de lo terrible». Nos resulta difícil no pensar, desde que el Cholo Simeone se hizo con el banquillo, y el equipo comenzó a ganar competiciones, que antes o después pagaremos tanta prosperidad. Naturalmente, disfrutamos de ella, pero cuando nos metemos en la cama, y apagamos la luz, es inevitable que temamos a la resaca. Porque hay una tercera verdad en la vida que no hay que explicar: después de la borrachera llega el malestar profundo. Pongamos, pues, que sobrellevamos el éxito con pánico, pues nada causa más pavor que la alteración de una pauta. Y este año, además, ha llegado Villa.


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¿La izquierda no puede vestir bien?

la autora de el espejo de marx, de próxima publicación en península, hace una ingeniosa reflexión sobre las razones por las que tantos progresistas creen que ponerse cuatro trapos es lo más coherente con sus ideas.

A

nte mis ojos todavía incrédulos, el grueso marco de madera de aquel viejo y olvidado espejuelo se tornó rojo, y en el cristal se manifestó el retrato más famoso de Karl Marx. Camuflado por el ropaje de un burgués decimonónico -monóculo a modo de péndulo incluido con el que un día se advirtieron las desigualdades que padecía el proletariado-, tan sólo su barba levantisca -más direccionada en el caso de Engels, más anárquica en Bakunin pero casi siempre revolucionaria desde Jesús- confirmaba estéticamente que aquel era el padre del socialismo. Y váyase a saber por qué, no se me ocurrió otra cosa -antes, claro, de salir por pies a contarlo- que formularle al espectro la siguiente pregunta: “¿La izquierda no puede vestir bien?” Como el anciano frunció el ceño, interpreté, quizás apresuradamente, que debía justificar mi interrogante no fuera a ser que debido a un malentendido me abandonara a mí, y a toda mi generación, a la más absoluta de las precariedades y miserias laborales que la patronal, con el apoyo, casualmente, de otra alemana, anda tramando. Le relaté entonces la perplejidad de la mayoría de mis interlocutores cuando citaba en la nómina de políticos mejor vestidos – valorándolos en función de su coherencia ideoestética (concordancia entre ideales y apariencia)- a Xosé Manuel Beiras o Juan Manuel Sánchez Gordillo. También, le hablé de mi estupor al descubrir que los asesores de Cayo Lara le recomiendan ocultar sus camisas moradas de cuello mao bajo sobrias americanas. Reproducimos varias veces la queja irónica de Gaspar Llamazares: “Hay gente que piensa que los de izquierda tienen que ir vestidos de mono y vivir debajo de un puente”. Visionamos un vídeo en el que un “chatín” llamaba “feos” a los indignados y otro, en el que Alfredo Pérez Rubalcaba, ataviado como un miembro más de la troika a la que pretendía condenar, se atrevió a vociferar: “Yo vengo de un país del que de Europa sólo recibe hombres de negro y de gris”. Asimismo, repasamos una innumerable lista de dirigentes que -haciendo una lectura simplista y superflua- confunden la moda y el lujo con marcas caras, y fracasan al defender el ecosocialismo enfundados en prendas low cost

Por PATRYCIA CENTENO Gallega residente en Barcelona, es una pionera en el estudio de la indumentaria como herramienta de comunicación política. Licenciada en Periodismo, analiza la actualidad desde el punto de vista de la imagen. En 2012 publicó su primer ensayo Política y moda, la imagen del poder (Península). También es la autora de www.politicaymoda.com.

“Hay gente que piensa que los de izquierda tienen que ir vestidos de mono y vivir debajo de un puente”

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(dañinas para el medio ambiente, irrespetuosas con los derechos del asalariado y ofensivas para la propiedad intelectual). Sin percatarme, poco a poco, la imagen del teórico se disipó y su lugar lo ocupó un enorme diván por el que empezaron a desfilar grandes líderes comunistas, de hoy y de ayer. Gracias a Dios -bueno, a Marx-, el primero en transmitirme su parecer fue el bueno de Salvador Allende. Arreglado como el más perfecto de los miembros de la gauche divine europea, “El Pije”, distinguido por sus características gafas Magnum, reflexionó en alto: “Después de todo, el camino hacia la revolución precisa de luchadores conscientes, no mal vestidos”.

revolución francesa

Tal defensa vino acompañada de un homenaje a la Revolución Francesa y a los sans culottes. A fin de cuentas, el traje burgués, que la derecha impuso como uniforme de la dictadura capitalista y que sirvió para ridiculizar y marginar cualquier otra vestimenta (reservándole el (des)calificativo de “inmoral”, “indigna” “indecorosa”, “informal”, “radical”…), procede de un germen contestatario. Y es que el primer atuendo republicano -pantalón largo de rayas, carmañola (chaqueta corta y entallada), zapato con cordones y gorro frigio- surgió por oposición al estilismo de Luis XVI y su corte. Pronto, Santiago Carrillo, viéndose comparado con el lucir de Enrico Berlinguer, se apresuró a remarcar la gran perversión que la élite había cometido al apoderarse de ese vestido. Pues aquel traje se modificó deliberadamente, con los primeros años de la industrialización, para enaltecer el gesto del inactivo al caminar, al sentarse, al escribir… y no para favorecer al hombre productivo. Como bien anotó el crítico de arte John Berger, “la arquitectura del traje deforma al trabajador” o, dicho de otro modo, en un encuentro entre dueño y obrero, aunque fueran vestidos idénticamente, el porte –el habitus, en palabras de Pierre Bourdieu- del

segundo desvelaría al instante su origen dejándole automáticamente en clara desventaja. Pero aunque finalmente, la socialdemocracia y el eurocomunismo acabaran acatando tales vestimentas como un compromiso indiscutible en favor de la paz (alienación indumentaria que supuso el inicio de la extinción de la estética claseobrerista en el panorama político), el uso del esmoquin, el chaqué o el frac se etiquetaron, sin reservas, de reaccionarios. Así que, según este acuerdo tácito, el estilismo que lucieron Carme Chacón y José Luis Rodríguez Zapatero en la polémica Pascua Militar de 2009 o Felipe González, y tantos representantes de la supuesta progresía de este país, en la boda de los príncipes de Asturias era “clasista” y, por lo tanto, reprochable. “Puede ser un prejuicio, pero lo cultivo amorosamente”, añadió Carrillo antes de desaparecer tras la nube arrojada por su sempiterno cigarrillo. Mientras, ya se había formado un corrillo en el otro extremo del espejo en el que Pasionaria intentaba convencer a Hugo Chávez sobre la idoneidad de colores más discretos: “El negro es lo lógico para una persona de clase modesta como yo. Con un vestido negro, aunque sea de tela barata, puedes ir a cualquier sitio. ¿Cómo voy a salir a la calle vestida de rojo como una bandera?” Malcolm X le daba la razón a Dolores e incluso, ahora, recibía el apoyo de Cristina Fernández. La argentina, sin embargo, chocaba frontalmente con el infundado ascetismo de Mao. “¿Tendría que disfrazarme de pobre para ser una buena dirigente política?”, preguntó, sin esperar respuesta, la viuda de Kirchner. “Es mejor caminar descalzo que robando zapatillas”, murmuró su compatriota, el Che Guevara. El comandante contó enseguida con la sonrisa cómplice de José Mujica que, sin necesidad de galas folclóricas como Evo Morales y Rafael Correa, maldijo las ataduras del lazo burgués: “Yo tomo la presidencia como un trabajo y para trabajar no necesito corbata”. Lenin se abstuvo de contradecir al uruguayo y exprimió su famo-

13 “No, la izquierda no puede vestir bien si se uniformiza en nombre de la igualdad, pero olvida la libertad”

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sa gorra obrera entre sus manos. A todo esto, Stalin y Kim Jong Il requirieron acomodarse mejor en el diván para confesar, por fin, que su apariencia trataba de disimular infinidad de complejos e inseguridades. Más relajada, jugueteando con el brillo de su piercing, se mostraba la joven y atractiva Camila Vallejo: “Yo no he escogido mi aspecto físico, pero sí mis batallas”. De repente, se hizo el silencio: acababa de aparecer Fidel Castro, el antes quijote de la guerrera verde olivo, en chándal. “No, la izquierda no puede vestir bien”, concluyó finalmente el espejo de Marx sobre la cuestión que le había sido planteada. Pero cuando la derecha se precipitó en celebrar la confirmación de tan tremenda condena para su rival y la progresía se dispuso a darle ya la espalda para siempre a aquel humillante reflejo, el cristal interrumpió a su impetuoso público y prosiguió gozoso con su discurso: “No, la izquierda no puede vestir bien si eso significa someterse a las reglas estilísticas ordenadas por el conservadurismo para perpetuar un sistema político reaccionario. No, la izquierda no puede vestir bien si eso equivale a enfundarse un traje y atarse un lazo en el pescuezo, no por convicción o estrategia, sino por desidia. No, la izquierda no puede vestir bien si desconoce la historia con la que se tejió su guardarropía. No, la izquierda no puede vestir bien si se muestra avergonzada e insegura frente al cuerpo y la indumentaria. No, la izquierda no puede vestir bien si es incapaz de defender su rico y plural vestuario y sentirse orgullosa, y no temerosa, ante las burlas constantes que emitirá su adversario para desestabilizarla. No, la izquierda no puede vestir bien si su adorno no respeta sus propias convicciones y valores. No, la izquierda no puede vestir bien si se uniformiza en nombre de la igualdad pero olvida la libertad. No, la izquierda no puede vestir bien si no entiende que la moda, como revolución, le pertenece. No, la izquierda no puede vestir bien si no vuelve a tomar conciencia”.


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C

umple en estos días 70 años. Ha compuesto más de 300 canciones y se centra en su último disco, El niño que miraba el mar, que dice que le aterra, y que espera que aguante el paso del tiempo. Fuma sin parar, y le agobia estar sin hacer nada. Sigue pintando y haciendo poesía. Y dice que cada vez tiene más cosas que contar: suena a amenaza..

No hay lo que tiene que haber para presentarse a las próximas

Le caen ahora los 70. Rebasa con creces la edad de jubilación y sigue

Evidentemente, a los 70 estos trotes ya no son los mismos que los de hace treinta años. Pero hay otros valores que empiezan a aflorar y que están muy bien. Y que de alguna forma compensan la falta de troterío.

en la brecha, dando la vara.

Sigo en la brecha, pero sin intentar dar ninguna vara. Escribir, pintar o hacer música forma parte de mi vida. No lo considero trabajo.

elecciones.

No. Una cosa es la responsabilidad y la administración, que eso es un monstruo que habría que estudiar cómo descabezar, y otra aportar ideas. El erotismo siempre ha formado parte de su vida y de su obra. ¿Está para estos trotes?

Recuerdo que dedicó un tema a Sharon Stone, supongo que para

Usted siga haciendo canciones. Pero sabe que lo que le va a pedir

ver si le llamaba. ¿Triunfó, o siguió con el amor propio?

la gente es Al alba, Las cuatro y diez, Pasaba por aquí.

Nada, no me llamó. Me quedé con el amor propio, sí [ríe]. A Sharon la tengo muy presente. Y eso sin saberlo ella.

Pero no se puede uno quedar anclado, como si te dijeran: haz siempre la misma novela. Ocurren más cosas, pasa el tiempo y puede haber otras albas.

“Estoy convencido de que en otra vida fui perro. Creo que también lo seré en mi

¿Es tiempo de poesía?

próxima reencarnación”. ¿Va progresando

Pues yo creo que sí, aunque las infraestructuras están totalmente en contra de cualquier mínima manifestación poética. Con la crisis la gente está haciendo trabajos más íntimos, más asequibles, más artesanales. Se van recuperando síntomas de vida y de convivencia.

hacia el animalismo?

Yo es que soy muy animalista. Y muy taurino. Me gusta la liturgia taurina, aunque reconozco, sin duda alguna, que es cruel. Todo tiene una razón de ser en la tauromaquia. El conflicto entre la fuerza bruta y la inteligencia. Para mí, el toro es el macho, y el torero, la mujer. La inteligencia, la mujer, y la fuerza bruta, el macho. Entran el miedo, el valor, la mentira, el engaño, la magia, el orgasmo, el aburrimiento, la medida, los tiempos. Y, además, la muerte es de verdad. Creo que si hay seres racionales en el planeta son los animales. Siempre funcionan en consecuencia con su racionalidad: no se contradicen, no mienten, no engañan.

Usted, que descubrió el erotismo con Marilyn Monroe…

…Fue la primera paja que me hice. …¿A quién ve sensual y erótico en la política española?

De los establecidos no veo a ninguno. Yo era muy anguitero [de Julio Anguita], me caía bien. Pero erótico, no, cuidado. No hay nada más antitético que los políticos y el erotismo. Recuerdo su Autotango del cantautor. Mucha crítica a los cantautores, pero no para.

Bueno, era una canción irónica, un poco coñazo, intentando siempre hacer esto con seriedad. Debería ser un poco más frívolo.

“Yo no quiero crecer; no quiero ser mayor”

¿Es el más coñazo de los cantautores?

Yo intento no serlo. No hay nada que pueda asustarme más que ser un coñazo. Lo peor que hay en el mundo es el aburrimiento.

Se definió como “la inseguridad con patas, sufridor y neurótico”. ¿No es una cruz aguantarle?

Estoy demasiado cerca de mí mismo como para tener capacidad de ser objetivo. Yo supongo que no debe de ser fácil convivir conmigo, porque soy muy caótico, muy irresponsable y muy inútil. Solo caótico, irresponsable e inútil.

¿Se vive mejor aquí o en Albanta?

Muy.

Albanta no es ni el país de las maravillas de Alicia ni el país de Nunca Jamás. Es un espacio, inventado por mi hijo mayor, con todo lo contrario a lo que tenemos aquí. Otra condición humana. En teoría, se viviría estupendamente. Pero tampoco se viviría tan mal aquí. ¿Solución al desastre? Bastaría con eliminar unas cuantas cosas: la banca privada, los paraísos fiscales, la bolsa, los lobbies de presión, la industria armamentista. Toda esa pasta invertida en educación, cultura, sanidad, investigación. Sería un mundo no diría que ideal, pero sí infinitamente mejor.

¿Qué hará el niño cuando termine de mirar al mar?

Si termina de mirar al mar es que ha palmao. Acabamos siendo verdugos de ese niño. La vida nos obliga primero a matar al padre, y luego a matar al niño que éramos. Pero creo que hay una turba infame, llamada los artistas, que no quieren crecer. Peter Pan permanente.

Un poco Peter Pan permanente. Yo me divierto haciendo lo que hago. Es seguir jugando. Y yo no quiero crecer. Mientras agarre la guitarra y me ponga a pintar, a hacer garabatos, estoy jugando, intentando retener a ese niño todo el tiempo que pueda.

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la chirigota y el brindis Hilvanando chirigotas me pone cuerpo de jota la calor. La serpiente del verano me se introduce en el ano, qué dolor. Se amotinan los llanitos del Peñón que es un garito financiero. Mientras las putas de Rota sueñan con la sexta flota casi en cueros. Las nuevas generaciones del PP, manda cojones, cantan misa. ¿Les suena Martín Artajo? ¡ Qué talento con los fajos de divisas! Mientras la telebasura sube en bolsa la cultura pierde el paso. Yo brindo con mis amigos y no me miro el ombligo por si acaso. En Egipto los Imanes riman con los talibanes por las malas. Y el centurión nasserista con el sable pasa lista y mete bala. Sevilla Madrid en AVE, Arenas huele a cadáver sin futuro. Cospedal juega sus cartas, Bárcenas corta la tarta con cianuro. Dalí cuelga en el Sofía su onanista gota fría con esporas. Gala ejerce de cajera disecando sus caderas pecadoras.

brindis

Brindo por el negrito sin patera por la sangre torera de Morante por el grito del blues de la frontera por los mares del sur, por el Levante.


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