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Lubio Cardozo. Lenin Cardozo Parra – Hugo E. Méndez U. Co-editores. METAECOLOGÍA

Y

SU

HORIZONTE

POÉTICO.

Literatura

y

prosa

ambientalista. Primera edición. No esta permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del Copyright. Copyright de este número:

 Portada: Henry Matisse. Icarus. 1847.  Lubio Cardozo. Lenin Cardozo Parra – Hugo E. Méndez U. Co-editores. 2015.

 Editorial

Erato, Octubre 2015.

Isla Dorada, Maracaibo. Concepto, edición, composición y montaje: Hugo E. Méndez U. hugoemendez21@gmail.com

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Y pensar que ese verbo es falso hasta siempre: volver. Y pensar que no podemos: No retornaremos al pozo del río bajo las grandes mijaos. Estarán otra vez las doncellas sobre islas de piedras entre lirios de agua. Atravesará los espinares del altozano el canto de las lavanderas. Pero ya no se puede volver porque el mundo que hicimos mal desde el comienzo es roca en medio de ancho foso que ya no podremos saltar Isla de soledad rodeada de fantasmas. Apenas si disponemos del corazón entre los florecidos huracanes. Lubio Cardozo, ambientalista venezolano

¡Salve, fecunda zona, que al sol enamorado circunscribes el vago curso, y cuanto ser se anima en cada vario clima, acariciada de su luz, concibes! Andrés Bello, La agricultura de la zona tórrida (versos 1–5).

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Dedicado A la Guyana Esequiba, el último territorio con inmensas selvas incólumes, junta a la fauna y flora más variada, abundante e insólita del planeta; de tierras, aguas, atmósfera impolutas; de bellísmia gente.

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Contenido Dedicado Contenido Introducción al libro

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1. La Metaecología y su horizonte poético 1. 2. 3. 4.

¿Cuál es el ser de la poesía? Estar en la poesía El Nativismo en la poesía lírica venezolana Ecopoesía un camino para la reflexión. Entrevista al poeta Lubio Cardozo

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2. La Metaecología y Andrés Bello 1. ¿Cómo armó Bello su composición lírica Alocución a la Poesía? 2. Andrés Bello (1781 - 1865) el primer ambientalista de Venezuela 3. Que tu nativa rustiquez desama: Poesía, libertad, la percepción de Andrés Bello 4. Andrés Bello – Alejandro de Humboldt: los creadores del sentimiento ecológico en el nuevo mundo

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3. La Metaecología y sus creadores 1. 2. 3. 4.

Poema Diosa Tierra por Lubio Cardozo La idea de poesía en Nada Salas: Kosmos La idea de poesía en Teresa Coraspe La idea de poesía de Carlos Agusto León: La belleza uncida al bien

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5. La idea de poesía de Alberto José Pérez: Los llanos occidentales de Venezuela en la obra de su último gran bardo 6. La idea de poesía en Juan Beroes (1914-1975) 7. Un ver los deshabitados paraísos, poemarios de Juan Beroes 8. Las flores y aves de Juan Beroes, ecopoeta venezolano 9. Materia Idea: Materiaidad en dos composiciones líricas de dos poetas venezolanos: Alfredo Silva Estrada y Juan Beroes 10. La poesía sobrevive a la confusión de la esperanza. Fernando Paz Castillo 11. Decorosa del ambiente: La gesta pictórica de Juan Loyola 12. La poesía ecologista de Manuel Felipe Rugeles

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13. Lo órfico y lo nítido en dos poemas a una misma flor 14. Nubes de agua y árboles, en la ecopoesía de Carlos Augusto León 15. Omar Khayyam: testimonio poético de un verdor donde hoy sólo quedan desiertos 16. Homenaje de lector a la poeta María Mercedes Carranza 17. La pintura ambientalista de Luis Alfredo López Méndez

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4. La Metaecología y otros escritos 1. Ecología del testimonio 2. Los espíritus protectores de los árboles en la mitología griega. Dríades, Hamadríades y Hespérides 3. Manifiesto de Mérida / ¡¡¡En el Esequibo Exxon NO!!!

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5. El Autor y sus Co-editores 1. 2.

El Autor Los Co-editores

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Introducción al libro La Metaecología y su horizonte poético Si la ecología investiga la dinámica vinculación de los organismos vivos con el ámbito donde se desenvuelve su presencia, mediante disímiles perspectivas científicas coincidentes en su versión académica. En su versión social-política hizo, en la praxis de la acción, de la prédica de estos conocimientos un apostolado en la defensa real, eficientemente, de los espacios naturales del Planeta en un intento siempre desesperado por detener su deterioro por obra del factor antrópico. Ahora bien, antes del concepto científico de ecología, siempre ha existido en el Hemisferio Occidental, -parodiando la famosa expresión francesa: “l´ ecologie avant l´ecologie”-, un nivel de la creatividad artística donde muestra el mismo amor a la Tierra unido a la angustia por su devenir. Este estrato artístico-espiritual lleno de sentimiento ecológico (sin afán cientificista ni tampoco diatriba) lo hemos nominado METAECOLOGÍA. Desde la poesía de Homero, en la Ilíada, en la Odisea ya se enaltecen exhaustivamente los lindos territorios, islas, regiones continentales de aquella Grecia. Heredó la civilización romana cuanto pudo del conocimiento helénico así también la filia mediante el apoyo descriptivo de la hermosura de los paisajes de la parte italiana del Imperio Romano, bastante para remover el entusiasmo del lector al recordar las Églogas, las Geórgicas de Virgilio. Desde entonces legado permanente, de la poesía lírica occidental. Más no sólo la poesía, durante el Renacimiento europeo los grandes maestros de la pintura respaldaron con sus obras esta presencia de la naturaleza silvestre: Si observan con detenimiento sus lienzos, se percibirán al fondo detrás de los planos de las figuras centrales, encantadores panoramas de la vegetación característica, a veces con sus animales, de las respectivas jóvenes naciones de entonces. Un siglo después, testimonio de aquel fecundo verdor alrededor de las ciudades, en las telas de Watteau, de Poussin y Cruzón, este impulso con la amorosa vehemencia hasta la primera mitad del siglo veinte: la inconfundible luminosidad mediterránea del mediodía francés, junto con su flora, enriqueció con sus verdes, sus caminos, sus 7


azules, sus violetas, sus dorados, la pintura de H. Matisse, de C. Monet y J. H. Fragonard. Por supuesto, la música con su fuerza reveladora de las densas, crípticas, emociones del espíritu expuso con gran intensidad sobre la urdimbre de sus notas, la gracia de los ambientes naturales consubstanciados con la existencia de sus pobladores. Volvamos a oír en el recuerdo –mientras se leen estas páginas- el dulce homenaje de Vivaldi a la primavera, al verano, al otoño, al invierno (Las Cuatro Estaciones), a la Sexta Sinfonía de Beethoven, la Sinfonía Escocesa de Medelssohn, Mi País de Smetana, Finlandia de Sibelius, La Consagración de la Primavera de Stravinski, entre muchísimas otras partituras exponentes de la afectividad por las regiones naturales, por las cautivantes visiones, por los encantamientos del tercer astro del sistema solar, por su rostro más noble: la vida. En Venezuela, tal vez ha sido en la pintura, en los libros sobre plantas y animales, por su sabiduría y propósito: La fauna descriptiva de Venezuela, de Eduardo Röhl, El Manual de plantas usuales de Venezuela de H. Pittier, los sorprendentes volúmenes sobre Hierbas y árboles venezolanos de Jesús Hoyos. En la narrativa, la poesía donde las exuberantes extensiones de la Patria,

halló sus grandes

divulgadores, cabales intérpretes de la beldad de su naturaleza, De la creación pictórica llegan a la memoria Armando Reverón con sus “marinas” y paisajes de la Guaira, Rafael Monasterio, Luis Alfredo López Méndez. En la narrativa el paisaje venezolano ocupa un lugar al mismo nivel de la fábula en la obra, de los personajes, de la tesis; la novela de Rómulo Gallegos lo prueba de manera fehaciente, como nadie, exaltó con un enunciación cargada de filia las grandes extensiones geográficas componentes de Venezuela: Los Llanos (Doña Bárbara, Cantaclaro), la selva (Canaima), la planicie al noroeste del Lago de Maracaibo (Sobre la misma tierra), la Cordillera de la Costa (Pobre negro), más antes de Gallegos igual trataron con discurso noble, aspectos de la superficie del país M. V. Romero García, en el siglo diecinueve con su novela Peonía; a comienzos de la centuria pasada,

virtuosos en esta fortitud descriptiva a la par de salvadora,

dignos representantes de la narrativa fueron L. M. Urbaneja Achelpohl (¡En este País!), Manuel Díaz Rodríguez (Ídolos rotos, Peregrina).

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En la poesía ¡desde Andrés Bello hasta nuestros días! la prolija y abrumadora presencia de la poesía lírica, impide condensar los escritos recogidos sobre ese aspecto por demás innecesario que en sus libros precisamente tratan. Entonces bien, por sobre la noble ciencia de la ecología, hay una versión artística espiritual de ese mismo amor a la Tierra junto a la inquietud por su destino. Siempre el hombre sabio ha percibido ese afecto, esa entrañable visualización del Planeta como la “makros oíkos”,

la extensa casa de todos dentro de la cual

cruzamos la aventura de la existencia, identificados, comprometidos, con su devenir. Significa la poesía del entorno un intenso diálogo con el tiempo, con la eternidad metáfora envolvente de una súplica a Zeus, a Theá, Artemis, a Dea Diana, la Divina defensa silenciosa de la Tierra. Ese horizonte artístico espiritual, pleno de pasión ecológica, la nombramos pues, METAECOLOGÍA. Lenin Cardozo, ambientalista venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2015/08/metaecologia-su-horizonte-poetico.html, Lenin Cardozo, La Metaecología y su horizonte poético. Domingo, 30 de agosto de 2015.

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1. La MetaecologĂ­a y su horizonte poĂŠtico

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1 ¿Cuál es el ser de la poesía? Es el ser de la poesía el canto, lo módico en sí.

Proviene el canto

originario del sonoro manifestarse de las múltiples criaturas de la tierra. No pertenece la mudez a las diversas formas conformantes de la totalidad de la

madre

Gea,

equivaldría

dicha

mudez a algo así como la voz de la nada, mientras el silencio si juega en sus contrastar con los sonidos de la naturaleza, soslayando al humanus, resultaría muy largo nombrar las distintas modalidades de la polifonía de la vida silvestre, la cual se duplicaría al sumar las sonancias de las formaciones inertes. A ambos modos -lo vivo lo inerte- una esencialidad contribuye al sostén de sus cuerpos el encanto, lo encantatorio. Basten dos ejemplos arquetípicos de cada uno, el trino de un turpial desde la cima de un guayabo, el silbo de la fuerte brisa sobre la hierba. ¿Pero de donde emana tal canto? Afirmara esta sentida hipótesis: desde las profundidades del universo, legado de la eternidad. Cala en el humanus a través de la raíz terrea de su soma, asciende hacia su ápice cefálico, el cual mira hacia el cielo, llámese a la capacidad apical de contemplar lo celeste inteligencia, sensibilidad. Es la tierra la más perfecta de las imperfectas formas reminiscentes de los eidos. II En su origen, valga decir Grecia, los disimiles modos expresivos, asi cual los contenidos de la poesía, sobre un cauce común fluían, lo ódico, el canto. Asumieron ese destino esencial, vertidos en distintos ensamblajes, métricos, la épica, la dramática, la lírica monódica, la lírica coral. Permitió el invento del verso ordenar , cohesionar, exponer oralmente ese cantar, significo el verso el armonizar las silabas de las palabras -apellidada después métrica por los retóricos- para, al

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nivel óptico, obtener esa musicalidad del canto, respaldada por un variado instrumental melódico excorporis oportuno, la lira, las flautas, la citara, entre otros. Pero en las extensas vías de los siglos el adecuado e inteligente uso de los pies métricos relegaron el instrumento musical, aunque se quedaron con sus sonidos, con sus cadencias, sus tonos. Le dieron estos intensa sonoridad a las silabas, a los versos, desapareció el instrumento lira (lyra)

más reencarnó en los poemas

herederos de su nombre así cual de su esencialidad. Se despojó pues la poesía de lo accesorio, instrumentos, coros, en fin por las dýnamis del desarrollo intelectual, artístico, social, conservo solo su desnudo ser: el canto, lo ódico, la patente sonancia del ludismo de las voces, sumase a ello el cautivante trueque de los nombres: con el paso del tiempo la singular manera de la composición

en verso nominada lírica (monódica), coral revelo ser la oculta

verdad de la naturaleza ínsita del poema, de la poesía, percepción posible, hoy gracias a la progresión del pensar. Va ella en los versos, en la rítmica de las silabas equivale la lírica a la musicalidad misma de composición abrigante

de los

contenidos fabularios para transmitirlos cual semántica fónica a los oidores, a los lectores. Sucedió así en su evolucionar una maravillosa asunción. Enunciar puedo, por ello, desde este promontorio del hoy: la lírica es la poesía en sí. Afirmar mediante cinco vocablos una misma creación del alma espíritu del humanus. Una resonancia eidética corporizada por la poietiké en realidad: la lírica es la poesía. III Brota, sobre este primer horizonte fértil de la inherencia ódica, la pregunta ¿Cuál es el ser de la poesía? ¿La belleza? No le resta lo obvio su legítimo estar allí en la estratificación de las intensidades de este sentimiento ingénito a los versos en su nivel de natura naturata (lo ya creado) develado por el alma espíritu anudado a la inteligencia, natura naturans (creador, hacedor). Jamás ha existido en el lenguaje del humanus (del hemisferio occidental) un verbo capaz de traducir, de verter en hilvanados vocablos el ser de la belleza. Pertenece ella a otro estrato de existencia. El Empíreo de las Ideas. Manifiéstase en el intelectual cual un culto -religión sin patetismo- cuyos feligreses amorosos de la belleza se declaran sus sacerdotes los 12


artistas, su Dios Apolo. Apolo es la belleza en sí. Debe pensarse su Diosidad, en un momento de su estar corpóreo, en glorioso polen dorado disuelto en deifico aire. Penetrará de tal guisa en el alma espíritu de quien ha nacido creador para dotarlo definitivamente de la piotike, capaz entonces de transmitir la divina belleza en obra artística, poesía, música y pintura, escultura, en fin; o en ciencia cuando esta se coloca en su horizonte de meditación pura. Significa su tangible realidad en la tierra un don descendido, caído por divina gravedad cual la lluvia de oro de Zeus para fecundar a Dánae. Oro nunca palpable más si de vivida fortitud manifiesta. Si por la vía de la terrea raíz del soma del humanus escala hasta el cefálico ápice el canto, a la inversa del camino desciende desde la misma cima, cabeza de las personas, la belleza, hasta en resplandeciente labor objetivarse. Tópanse canto, belleza es el alma espíritu, en la inteligencia, se amorosan para contribuir a la conformación de la poesía Fluirá desde la boca de los trovadores en odas, de los científicos en ascética ciencia, de los religiosas en teología, de los artistas plásticos en cuadros, esculturas, de los músicos en sus siempre sorprendentes melodías sinfónicas, en fin. IV La relación del ser con el humanus es de amor y fuga, aunque entrañable nunca atrapable, eternamente fugitivo. ¿Por qué? Por cuanto el ser del ser infinito se nómina. ¿Cómo someterlo entonces a la definición de un pensar? Reta no obstante el ser en su manifestación, ahora bien cuando se le trata de encerrar en un concepto del percibir huye, desaparece en su propio seno, pero deposita en su evasión un tesoro de entes sucedáneos a lo buscado, a lo meditado. Por ello ninguna pesquisa, estudio, investigación del ser resulta vana, por el contrario enriquece, aporta; el usufructo de sus bienes a la expansión armónica de la vida ayuda. Por eso otra vez la pregunta emerge ¿Cuál es el ser de la poesía? ¿Acaso la verdad? Porta la poesía en si entre las

esencias de su entidad la verdad absoluta la cual define al

indiscutible poder de iluminar las connaturales palabras de su corporeidad, para desde allí echarlas a andar por el mundo a través de la rítmica, de la musicalidad ingénita a las voces. La otra verdad también posee, la del "claro para el ocultarse" tan exhaustivamente meditada por Martín Heidegger, ésta por su inherencia refuerza en dicho sentido el peculiar impulso revelador de lo poético. En el noble estrato de la excelsa sabiduría lo ódico. Y la verdad se identifican. Por cuanto en el

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Hemisferio Occidental el pensamiento creativo, teorético, en la poesía concluye, ella su fin, su tope, su retributiva alegría deificada es. Además de la paradigmática poesía en verso -la épica, la dramática, la lírica- se puede aseverar con continuidad lo inmediato, la matemática de elevado nivel, los Diálogos de Platón, la astrofísica sedienta del universo, las Enéadas de Plotino, las Confesiones de Agustín, la Teología de Tomás de Aquino, la Critica de la razón pura de Kant, el Kosmos de Humbolt, la química de Mendeleiv, la escritura (cartas, discursos) de Bolívar, el pensar de Martín Heidegger, los textos sobre la flora nativa de Jesús Hoyos, la Fauna descriptiva de Venezuela de Eduardo Roel, a manera de un pequeño muestrario arquetípico , tejen en sus peculiares horizontes el cuerpo sagrado de la poesía en sí. Requiérese para ello la cognitiva santidad de la sabiduría, el bíos theoritikós, siempre difíciles de alcanzar. Me he atrevido, en el caso del presente escrito, a una módica reflexión sobre la poesía en sí, atisbado desde este promontorio del hoy. V Finalmente cierro estas breves páginas con dos composiciones de poetas paradigmas de la lírica venezolana del siglo veinte, Alfredo Silva Estrada, Juan Beroes. Estudiados poco por quienes ocupan del mester de la crítica literaria del País. ¿Por qué? ¿Pereza? Cruzar por el denso bosque de la palabra encantada de las (en su totalidad) poesías de ellos dos, innegablemente un gran esfuerzo de inteligencia asentada en latos saberes implica. De Alfredo Silva Estrada, EN EL CANTO DEL PÁJARO Sí, en el canto del pájaro hay un signo lo que no comprendemos algo que no comprendemos eso que no comprendemos y en silencio nos une esa música en sí plenitud olvidada que nos abarca 14


en el canto del pájaro. De: Los moradores. Caracas, Monte Avila, 1975. p. 36. El poema va dedicado a Fernando Paz Castillo. De Juan Beroes, Canto IV Por sus anchos pies bajó el verano y abrió el caudal de las iluminadas golondrinas. Miré sangre con alas en los lienzos del techo, y oí templar guitarras calurosas con fuegos de una mano incendiada. Alguno levantó sus huesos en el sudor de unos tallos de música. El sol ponía donceles en nuestra puerta, y el calor andaba por los palomares. ¿Quién nos decía ¡adiós! , desde un sillón revestido de sombra? ¿Quién al cabalgar por la roja tiniebla, arrojó a mi frente unas llaves parecidas a un sonoro ramo de lágrimas? De: Los deshabilitados paraísos. Caracas, tip. Vargas, 1967. p. 52. Lubio Cardozo, poeta ambientalista venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2015/08/metaecologia-cual-es-el-ser-de-lapoesia.html, Lubio Cardozo, ¿Cuál es el ser de la poesía? Domingo, 30 de agosto de 2015.

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2 Estar en la poesía En el hemisferio del planeta Tierra nominado Occidente, ante el reto de la poesía el humano amoroso de la creatividad verbal ha respondido con dos actitudes diferentes en el uso de su voz lírica. Asumo, cual irrefutable al respecto la definición de Platón en su diálogo Fedro donde por boca de Sócrates afirma (Diálogos. México, Porrúa, 1972. p. 636): “Pero todo quien

intente

aproximarse

al

santuario de la poesía, sin estar agitado por el delirio que viene de las Musas, o crea que el arte sólo basta para hacerle poeta, estará muy distante de la perfección; la poesía de los sabios se verá siempre eclipsada por los cantos que respiran un éxtasis divino”. Aunque el filósofo ateniense una de las dos actitudes privilegia señala sin embargo la existencia de la otra. La disposición del ánimo poético correspondiente al hombre naturalmente sabio, noble, quien admirado ante la belleza del mundo de su entorno o del lejano –cielo, estrellas, mares, montañas, los días, las ciudades, así hasta el infinito- desea atraparla en la red de las palabras dispuestas en diáfana logicidad, más sin excluir el ludismo contextual, el ínsito juego del ingenio creativo en la literatura (la sutileza de urdir con fulgencia, con gallardía las formas estructurantes del poema lírico) cual un obsequio tanta a sí mismo cual a los otros. En efecto ¿cómo hacerlo? Sabio al fin, aprende la escritura de los versos mediante ese “arte” mencionado por Sócrates. Ayudarán el pathos de este complejo mester escogido los conocimientos. La inteligencia, la sensibilidad del cantor: levantarán sus estrofas una belleza anudada con esta actitud composicional, la pulchritudo nítida (rationalis). Oportuno para concluir este primer tramo del escrito la afirmación de Martin Heidegger: “La lógica como teoría del pensar correcto se

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convierte en meditación acerca de la esencia del lenguaje como nombramiento fundante de la verdad del ser [Seyn]” (Aportes a la filosofía. Acerca del evento. Buenos Aires, 2006. p. 151). Apoyase lo dicho supra en un poema arquetípico. MOLINO Hilandero de vida en la rueca del viento. Galán de las espigas del maduro trigal. Gira el molino, gira como si fuera el corazón del cerro. La aurora –al visitarlecon brisa y aire tejer un juego de blondas. La aurora –al despedirsele deja entre los brazos la mañana. Gira el molino, gira como si fuera el corazón del cerro. Molino –Cristo campesino crucificado en rachas aulladas por los zorrosa tu amparo, tres ranchos se arrodillan y te bendicen con las palabras largas y grises del fogón. Hilandero de vida en la rueca del viento. Galán de las espigas 17


del maduro trigal. Poema de Juan Antonio Patrizi (Mérida, 1911- Caracas, 1950), tomado de su libro Riscos (Mérida, 2003. p. 23). Difiere ésta de la otra disposición del alma ante el reto de la poesía, la concerniente a aquellos cuyos cantos “respiran un éxtasis divino”, según Sócrates en el pasaje citado. Por la voz de estos heraldos de las Musas fluye un desbordado río de resonancias reminiscentes, de armonizadas palabras cautivantes para revelar a los otros los misterios de la Madre Gea –la tierra- uncido a los de Uranus –el cielo-: intemporal, espacial, romántico, órfico, la anamnesis: “Cuando un hombre percibe las bellezas de este mundo y recuerda la belleza verdadera, su alma toma alas y desea volar”… revelación de Sócrates (Op. cit. p. 639). Su lenguaje nunca se sacrificará a un severo orden lógico expositivo de las frases sumisas a la berroqueña realidad inmediata, se elige más bien el melos oracular, el grito, lo profético, el alarido del vidente, del vate, de la pitonisa; brota su cántico con libérrima fuerza desde la arcanidad del soma del humanus, “delirio que viene de las Musas” dice Sócrates. Impone su única razón escritural la belleza consubstanciada con este otro rezar lírico, la pulchritud obscura (orphica). Aunque Sócrates en las líneas citadas a unos trovadores los ubicó en el horizonte de “la poesía de los sabios” a los otros, no los agrupó bajo un rótulo singularizado, más en la remota antigüedad griega a estos bardos se les apellidó “órficos”; aedos, rapsodas seguidores del mítico poeta Orfeo cuyos dulcísonos versos movían las rocas, danzaban los árboles, apaciguaban a las fieras. “Revoloteaban sobre su cabeza infinitos los pájaros, los peces fuera del agua azul al son de sus bellas odas saltaban”. Simónides de Keos (556 – 467 a. C.) ORFEO Hechizo con sus odas las divinidades del mundo subterráneo, el reino del atardecer del Dios Hades. Se ha tejido con el impulso y concepción de lo Kállos órfico, a lo largo de los siglos, una extensa elocución lírica la cual se ha derramado

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más allá de lo propiamente literario para irrigar el hoy olvidado humanismo órfico. Asiste esta segunda parte de la exposición el poema XI de Juan Beroes de su libro Prisión terrena (Caracas, Suma, 1946). Grave tristeza mía al fin aprisionada. Prisionero en tu pecho ¡Oh, tierra desolada mi corazón te canta! ¡Tierra del corazón, madre del sueño! Brazos, al fin, abiertos como la fresca boca que a tu seno me lleva; ¡huesos que te devuelvo, polvo que te reintegro! Tierra fresca y obscura ¡pascua del corazón, madre del duelo! Seca raíz de amor a mi arrancada por mi dolor levante y en ti, feliz, se asome, divague con los lirios se mueva en los trigales. Tierra del corazón: ¡sábeme tan pequeño! Raíz del mi morir de mi nacida torne al seno del árbol castigado,

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árbol solo y de muerte, ciprés crucificado en tus altas colinas, dura tierra! Enséñame tus brazos, brazos para dormir, ¡pequeña dicha! dicha como el morir ¡breve y pequeña! Grave tristeza mía, tristeza que no vive, ¡ay! tierra airada sin tu sordo rumor innumerable. ¡Oh, tierra clamorosa que denuncias el florecido instante de los besos, el paso de los hombres, la sedienta colina en la que el sueño derrama su inocente primavera! ¡Oh, silvestre corteza de los años sin huellas de mi paso por tu arena! ¡Tierra del fallecer, madre del sueño! ¡Por mi joven dolor crucificado este hueso de amor, al fin, te canta! Pero ¿proviene de dónde ese singular lenguaje de los poetas órficos? ¿Ese “éxtasis divino” (Sócrates), esas resonancias reminiscentes con las cuales ellos dicen interpretar las señales de las múltiples manifestaciones de la Madre Gea? “Porque soy dura roca que se parte en los mares y ardorosa ventisca que golpea las ventanas”. Juan Beroes, XII. ¿Ese desorden expresivo, alógico, identificado con el fluir de los misterios de la vida espiritual, de lo sacratus? Sencillamente del principio central del pensamiento órfico, el soma (Σώμα): “El cuerpo es el sepulcro del alma”.

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“Es la hora del alma entre sus muros, ¡quieta noche del sueño!” Juan Beroes, III. (…) “¡Mírame, al fin, oh tierra: sábeme vivo fruto de tu férrea prisión indiferente! En tu polvo me asomo y mi aliento disipas. ¡Y en ti doblo mi tallo pasajero, pues, ciega, me desnudas, y entraña de ti misma, me consumes!” Juan Beroes, XIV. Es, pues, el cuerpo para los órficos el sepulcro del alma. Significa cuerpo, lo corporal, el vocablo griego soma (Σώμα) cuyo paradigma el cuerpo del humanus lo representa, Sema (Σέμα) en la lengua de los helenos, en su sentido originario, traduce: “señal del cielo”, indicio del espíritu, portento, presagio, sepultura. Pues bien, las voces de los poetas órficos de lo más recóndito de ese “sepulcro del alma” salen, arrastran ellas en su salida hacia las odas contenidos presagiales de esencia divina, palabras hechas de íntimos misterios, pálpitos, presentimientos, signos reveladores del ser del espíritu. (…) “¡Que el hombre prisionero levante su clamor enfurecido sobre esta arcilla triste, sobre esta sangre mía sustento de animales y pasto de criaturas!” Juan Beroes, V.

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Pertenecen a lo órfico cual verdades presenciales extasiantes,

lo obscuro, lo

sombrío, lo tenebroso, lo nocturnal, las tinieblas, la noche, el sueño. Constituye el sueño, dentro de esta singular percepción de la lírica, el ser del vivir del humanus. “Oh, sueños desnúdame en tus brazos multiformes bajo esta abierta noche construida de mis ojos, y elévame a tu llama, viva llama en silencio, ¡quemadora tristeza reclinada en los mundos!” Juan Beroes, I. (…) “Y dormido pregunto por el árbol del sueño, -árbol de la existencia por mitades alzadoraíz que a todo me ata y obscura me despoja de un cuerpo que era mío y ya habita en lo creado!” Juan Beroes, XIX. (Corresponden el apoyo en versos al opúsculo de Juan Beroes, Prisión terrena. Caracas, Suma, 1946). Lubio Cardozo, ecopoeta ambientalista venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2015/09/metaecologia-estar-en-la-poesia.html, Lubio Cardozo, Estar en la poesía. Sábado, 5 de septiembre de 2015.

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3 El nativismo en la poesía lírica venezolana 1. El objetivo central de este pequeño escrito no es otro si no el de proponer un

nombre

más,

un

vocablo

funcional, para la lexicografía de la crítica literaria venezolana, una voz referida a la esencia de un aspecto universal y eterno de la literatura (georgicidad). Y a la vez relacionarla con un movimiento literario con el cual se vincula por esencia y se contrasta

por

el

carácter

circunstancial de éste inherente a un momento de la historia de la literatura del País (nativismo). 2. La georgicidad es esencia universal y eterna: Propuesta de un nombre. Ha sido siempre América un Continente verde; aún hoy sus extendidos mantos arbóreos cubren enormes extensiones pese a la barbarie ecologicidad de la civilización contemporánea. Coexisten al lado de sus prístinas selvas, o sus páramos, o sus planicies herbáceas, los panoramas de las tierras sometidas a la agricultura. Junto a la tremenda hermosura salvaje de los anteriores el mundo rural su belleza domesticada ofrece, ahora significa una geografía dulcemente por el hombre domeñada para la obtención del alimento. La fecunda gleba de las llanuras, de las faldas de las colinas, de los valles. Encarna éste un paisaje con un esplendor entre silvestre y humano, un verdor tranquilo, con cierto orden, bajo el cuido y la vigilancia amorosa del agricultor. Surgido ha entonces la comarca salpica da de aldeas, de pueblos, de plantíos sustentadores de esa vida; de rebaños, de flores, de abe jales. Traducen la selva, el páramo, la euforia preñada de poderosa fuerza; definen los campos provinciales la atenuada alegría de la sociedad rural.

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(...) "Id a gozar la suerte campesina; la regalada paz," (...) Andrés Bello, La agricultura de la zona tórrida. Georgicidad viene obviamente del griego georgikós, valga decir el mundo campestre. Mas con georgicidad se ha querido señalar el arte y el contenido de aquella escritura lírica donde el poeta expresa su sorpresa y su maravillamiento ante ese entorno campesino, ante esa belleza híbrida de lo montaraz y de lo agreste, del milagro de la fecundidad del suelo, del humus, en medio de la glauca naturaleza libérrima con toda esa infinidad de entes y fenómenos inherentes a ella: los pájaros, las flores, los frutos, los aromas, los insectos, los ríos, y donde adquieren innegable patetismo los vientos, la lluvia, la noche, las estrellas, "la alma tierra” (Lucrecio). En Latinoamérica el primer bardo en desplegar plenamente la georgicidad en su poesía fue Andrés Bello, un eterno sorprendido y enamorado del orbe rural de este Continente. Continuaron a Bello los bellistas, quienes desarrollaron, entre otras cosas, un aspecto fundamental en el autor de ”ALOCUCIÓN A LA POESÍA”, el tema horaciano del beatus ille, el elogio de la vida retirada en el campo. Cómo no mencionar en este particular a vates decimonónicos cual Luis Alejandro Blanco, al Cecilio Acosta de "LA CASITA BLANCA”, Gerónimo Eusebio Blanco, Amenodoro Urdaneta, Fernando Morales Marcano, entre algunos pocos más. Después, en la esquina de entre siglos, arriban los nativistas con su enorme capacidad creativa, con su formidable vigor calológico volcados en composiciones descriptivas del encanto, la beldad o la miseria del campo venezolano; imposible no recordar cantores como Francisco Lazo Martí -el hegemón entre ellos-, Gonzalo Picón Pebres, José Domingo Tejera, Sergio Medina, Udón Pérez, Mercedes de Pérez Freites. Desaparecerá luego el nativismo cual fervoroso movimiento literario más a lo largo de cuanto va del momento de esos trovadores hasta el presente la poesía de la georgicidad ha continuado y se mantendrá mientras perviva el entorno geórgico conservado por las manos amorosas del campesino, respetuoso de su panorama, de ese magnífico cosmos rusticano. Se hizo, pues, por ello necesario inventar un vocablo más universal, con mayor perennidad, más allá de la circunstancia epocal de las modas literarias: la georgicidad.

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(...) "adorne la ladera el cafetal; ampare a la tierna teobroma en la ribera la sombra maternal de su bucare; aquí el vergel, allá la huerta ría..." (...) A. Bello, La agricultura de la zona tórrida. 3. El nativismo es un movimiento poético más circunscrito en el tiempo. De los fenómenos literarios en la extremidad del diecinueve y comienzos de la actual centuria el nativismo resulta uno de los menos conocidos en su globalidad, se le ha pesquisado poco sobre su índole como movimiento, sobre su estilo, sus búsquedas expresivas, su idearium o cosmovisión ideológica. Algunas de sus figuras descollantes -como Lazo Martí, Udón Pérez, Sergio Medina- estudios hondos de carácter monográfico merecieron, pero aún insuficientes. Se le puede conceptuar un movimiento literario por las subsecuentes razones: existencia de documentos, manifiestos, epístolas, artículos, ensayos, de los propios poetas, de signo teórico donde obsérvase una conciencia creadora, una reflexión sobre sus escritos y su rol histórico y social como intelectuales; dichos documentos los identifican y los unen en sus planteamientos, amén de diferenciarlos, en el terreno de las ideas estéticas, de la heterogénea circunstancia literaria de su época. Hállase tanto en sus poesías como en esos textos teóricos una meridiana conciencia generacional y por lo mismo de una suerte común en el campo de las letras venezolanas. Un estilo de rasgos muy peculiares posee, el cual los asemeja, y los destaca en relieve de la poesía del pasado inmediato y de las otras tendencias literarias contemporáneas a ellos. Su tiempo: Cronología de los principales poemarios nativistas: 1893. Caléndulas de Gonzalo Picón Pebres (no todos los poemas del libro responden al estilo nativista). 1895. Claveles encarnados y amarillos de Gonzalo Picón Febres. 1896-1911. Corpus de poesías nativistas de Samuel Darío Maldonado en El Cojo Ilustrado). 1901. Silva criolla de Francisco Lazo Martí. 25


Música criolla de José Domingo Tejera. Poemas de sol y soledad de Sergio Medina. 1913. Ánfora criolla de Udón Pérez. Poesías originales de Emilio Constantino Guerrero (los poemas más importantes del texto están dentro del estilo nativista). Églogas andinas de José Domingo Tejera. 1916. Versos de Mercedes de Pérez Freites (Mercedes Gue-vara Rojas de Pérez Freites). 1927. Cigarras del trópico de Sergio Medina. Poemario na-tivista muy tardío, en el cual ya se aprecia una retórica del movimiento. También poesía nativista escribieron en su hora Pedro R. Buznego Martínez (El Cojo ilustrado, 1904) Sisoes Finol. "PAISAJE De pericos la banda vocinglera en el maizal el labrador espanta y la luz que los montes abrillantan en las mazorcas de oro reverbera. Se columpia y susurra la palmera, la onda azul en su lenguaje canta y esponjado el vellón de la garganta va pescando la garza en la ribera. Resuena el estridor de la algarada que entona jugueteando en la espesura de las aves silvestres la parvada, y la tierra se agita alborozada: hay en su estremecimiento la ternura de un ensueño de virgen desposada.” Samuel Darío Maldonado. Antecedentes, relaciones intelectuales e influencias: Innegablemente un hermoso abolengo existía en la tradición literaria venezolana del cual arrancan los nativistas,

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Bello y la generación surgida bajo su ejemplo, los bellistas, sobre todo a partir de las temáticas del "beatus ille" y del "lar nativo"1. Sin embargo en Bello y los bellistas no prevalecía una mera visión poetizada del paisaje campesino, no, sino más bien en su obra privaba un planteamiento extraliterario, el llamado a desarrollar las fuerzas productivas del agro (lo cual no le restaba calidad estética sino todo lo contrario, le aportaba mayor densidad en su literatura). Con excepción de Silva criolla de Lazo Martí esa cuestión no se propone en los nativistas, en ellos su tesis ideológica constríñese a lo estético literario, en la poetización del mundo campesino quédanse. Paralela va en el tiempo la poesía nativista a la narrativa criollista y coeva al modernismo. En ella dos herencias confluyen: la fuerte carga sentimental de los románticos en su mistificación del paisaje; y de los parnasianos adquieren la sensualidad en el tratamiento de algunos temas, y el cuidado de las formas, la musicalidad, cierto léxico. Con todo lo anterior y con su propio talento y de nuevo una poesía nueva conforman, una poesía de recio sabor nacional en su momento, cantan la vida rural venezolana: el hombre del campo, su paisaje, su sociedad, su drama, valga decir la llamada cultura campesina de ese entonces. La utopía literaria del autoctonismo: Abarca un período muy concreto la actuación intelectual, creativa, de los nativistas, y además muy significativo. A partir de la tesis y pauta de Peonía en 1890 germinan, y cierran práctica mente su producción en 1915. Apóyanse, tanto su nacimiento como su muerte en dos planteamientos ideológicos: para 1890 impera el modernismo en Latinoamérica, sobre todo la primera faz de esta corriente literaria, la mirada exótica, de cara hacia Europa, etc., y en Venezuela además del modernismo los últimos parnasianos acentuaban esa tendencia. Entonces un grupo de poetas nacidos y formados en la provincia se dan a la tarea de reverdecer la vieja tesis de la autoctonía literaria, de intentar expresar el alma nacional, de componer una poesía autóctona auténtica, americana, venezolana. Para ellos el toque de diana de esta posibilidad es la venusta Peonía.

Lubio Cardozo, La poética de Andrés Bello y sus seguidores. Caracas, Academia Nacional de la Historia, 1981 (El Libro Menor, v. 20). 1

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En su coetaneidad encuentran aliento, -o mutuamente respáldanse- para su utopía del autoctonismo en los criollistas, y en cuanto a la tradición, como ya apuntóse ut supra, Bello y los bellistas significan unos ilustres precursores. Pero por otra parte el perfil intelectual real de un país determínalo la superestructura, espejo reflejador del modo y las relaciones de producción, y el modo de producción en Venezuela, aunque inserta en su globalidad en el capitalismo, por su forma y el aparato de producción era de una economía transicional feudal y mercantil para ese momento histórico circunscrito entre 1890 y 1915: país agrario más de una agricultura atrasada, extensiva, centrada en los rubros del café, del cacao, la caña de azúcar y la ganadería, fundamentalmente; cuyas relaciones de producción hacían de Venezuela un país con un marcado rostro campesino, cuya unidad productora clásica la constituían la hacienda y el hato, con relaciones de clase bien precisas, por un lado los propietarios, del otro el sector humano de las fuerzas productivas, los peones; además de una serie de escalones sociales intermedios como la servidumbre do-méstica, los arrendatarios, los medianeros, etc. Por supuesto en las ciudades habitaban los mercaderes dedicados a la importación, exportación y distribución interna a través de las llamadas "casas comerciales", almacenes, bode-gas. Todo lo cual conformaba a ese país económico bien llamado por Rodolfo Quintero "la Venezuela pre-petrolera" en su libro Antropología del petróleo2. Por ello cuando ese grupo de bardos en sus versos cantan, con gran lirismo, la Venezuela de su tiempo, la Venezuela campesina, la Venezuela rural, reviven la efímera utopía literaria del autoctonismo; reverdecen esa vida equilibrada, autárquica, de la hacienda sumergida en un paisaje eclógico, pero la cual pronto desaparecería, la nación rápidamente transformaríase en un país minero, preñado de violentas contradicciones sociales, generador de otra literatura. A esa Venezuela rural de los nativistas pocos años de vida quedábanle, en 1914 estalla el primer pozo petrolero en su fase de exploración y explotación, el Zumaque Nº 1 en el estado Zulia. De allí en adelante, poco a poco, el petróleo cambiará las relaciones de producción en el país. A partir de 1922 con el reventón

2

Rodolfo Quintero, Antropología del petróleo. México, Siglo Veintiuno, 1972. 28


de Los Barrosos en Cabimas comenzará el campesino a migrar hacia los pozos petroleros en busca de medrar su vida con mejores salarios, y en su reverso la producción agrícola entrará en crisis. La nación mostrará un nuevo perfil. Ya no tendrá el objeto de su canto la poesía nativista; y por eso la fecha de cierre de este movimiento, desde el punto de vista académico, será el año de 1915 cuando sale un poemario posesor de un nativismo algo tardío, las Poesías originales de Emilio Constantino Guerrero. En 1927 imprime su Cigarras del trópico Sergio Medina, libro donde recogió poemas escritos entre 1913 y esa fecha, y ya en él nótanse pautas retóricas como señalamientos normativos de la estética del movimiento, in tentó de atajar en el papel un mundo en vías de cambios profundos, típico síntoma de haber llegado el final de esa tendencia, la realidad venezolana transformábase y esa realidad, por supuesto, comprendía la vida rural. El enfoque socio-económico de la crisis de la oligarquía agraria en las tres primeras décadas del siglo veinte Nelson Osorio en su libro La formación de la vanguardia en Venezuela3 defínela así: "El fortalecimiento de nuevos sectores económicos, el crecimiento y concentración urbanos, la incorporación a la escena política del proletariado, son hechos de gran importancia en la transformación de la vida política, social y cultural que se produce en esos años. Todo esto hace patente y agudiza el paulatino desplazamiento de los valores rurales

y

oligárquicos

que

dominan

en

una

formación

anterior

pre

dominantemente agraria, resquebrajándose así la superestructura ideológica que amalgamaba las sociedades, con lo cual se abre un verdadero período de cuestionamiento y crisis en este plano". En cuanto a la naturaleza de la expresión o estilo formal de los nativistas: En este particular el nativismo una gran herencia mantiene -o si se quiere, influencia-, la perfección formal de la poesía parnasiana: gran musicalidad, rigor constructivo del poema, conocimiento del ars poético. También de los parnasianos toman la

Nelson Osorio T., La formación de la vanguardia literaria en Venezuela. Caracas, Academia Nacional de la Historia, 1985. P. 38 (Biblioteca de la A.N.H., v 61). 3

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sensualidad plástica y la sensualidad erótica; la sensualidad plástica no orientada a la descripción de ruinas y de civilizaciones desaparecidas, claro está, sino a la naturaleza nativa, el campo o paisaje agreste, local, regional, junto a un vocabulario veteado, aunque sin excesos, de ruralismos; pero hay fruición, goce sensual, visual, sonoro, de formas, colores y sonidos, patéticos en su naturaleza eglógica. Hállase la sensualidad erótica en la descripción de la mujer amada, al respecto resulta importante descollar algunos atributos de la figura femenina en la poesía nativista: social^ mente es una rústica, una campesina -en el más hermoso sentido de la palabra-, no caen en la idealización de la mujer del campo como sucedió en la literatura pastoril o bucólica europea: no hay idealización ni moral ni física, y en cuanto al amor éste propónese en los niveles del amor-deseo o del amor-pasión; los buenos nativistas no manifestaron el amor sentimental en sus versos. Paradigma del amor de los nativistas en sus composiciones es el largo poema "TAMALEYA" de Samuel Darío Maldonado, donde el bardo significa la expresión del orgasmo de la amada con un mugido. Se copia apenas un fragmento, (...) "Todavía, Tamaleya, tu recuerdo me marea. Y un silencio provocante, y el calor como de hoguera; un turpial cantaba lejos y en el patio de la hacienda ladró un perro. ¡Qué sorpresa! Me estrechaste con espanto, pero nada, nada era, y la calma vino luego, ¡solo un pavo hacía la rueda! Te mordí los labios rojos, me mordiste con fiereza, te encogiste y exhalaste un mugido de becerra. Todavía, Tamaleya, yo recuerdo la arboleda y la hora turbulenta y el mugido de becerra y el olor que tú exhalabas los sentidos me enajena. ¿No te acuerdas, india mía? ¿no te acuerdas, Tamaleya? El calor era de horno, solo un pavo hacía la rueda.”

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La diferencia con los parnasianos no sólo va en el objetivo del canto poético sino en la elocución del lenguaje poético. La frase rítmica y lírica nativista -el verso- no es erudita, no responde al mundo de la cultura erudita sino concierne a la cultura rural, en ellos hay una voluntad de sencillez. Armoniza el léxico con el contenido expresa do, insértase en el llamado "sermo ruralis”, o por mejor decir, órlase en cierta medida de un vocabulario campesino, mas no en demasía por cuanto el poeta nativista pertenece a la clase culta del campo. En cuanto al mundo expresado o contenido de la poesía nativista: Ya se explicó en párrafos anteriores cómo el modo de producción crea una superestructura y cómo ésta condiciona en gran parte el rostro cultural del país, y exponíase el marcado perfil campesino de 1 a Venezuela de entre siglos (con excepción de la Caracas y de otras pocas ciudades salidas de la transformación guzmancista, las cuales por cierto constituían las "urbes” de los escritores modernistas). Si ello resulta así, si el resto del país era agrario, fueron entonces los nativistas en su tiempo quienes mejor expusieron en su poesía el tema prevalente de sus desvelos: Venezuela, mas no la Venezuela total sino el mundo local, regional, de su "país", su Venezuela pequeña, su tierruca; y vale como cuestión nuclear de la poesía nativista, entendiéndola en toda su riqueza polisemántica. Poe tizaron el pequeño universo donde nacieron, y en el cual creyeron, vivieron, amaron: el lar nativo sobre la base histórica de la esquina de entre siglos, en la cual sucedieron se los gobiernos federales, todo el régimen de Cipriano Castro, y los primeros lustros de la dictadura de Juan Vicente Gómez. "RESURRECCIÓN Tengo el amor del campo. Como abrigo a mi vieja y recóndita tristeza, vengo a vivir en tí, Naturaleza, para vivir en comunión contigo. Amo tu paz y tu frescor; bendigo al lirio que reviste de pureza el tupido pajar de la maleza, y soy del agua y de la luz amigo. Me place, por las rientes madrugadas, aspirar en las frondas perfumadas el tibio ambiente de la entraña abierta,

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y la canción del pájaro en mi oído arranca de los senos del olvido mi pura alma infantil que juzgué muerta.” José Domingo Tejera. Filosofía de la vida o idearium: Directa o indirectamente, y en diversos momentos los poetas nativistas recibieron la influencia, en mayor grado unos, en menor otros, de la filosofía positivista. Filosofía nueva -para ese entonces- generada desde una reflexión objetiva sobre la realidad, sobre la ciencia, enriquecida y fortalecida por el método científico, y cuyo foco principal de irradiación en Venezuela partía de la nueva universidad creada con Guzmán Blanco y dirigida bajo la brillante orientación de Adolfo Ernest y Rafael Villavicencio, y a través de los colegios federales este nuevo sistema de ideas expandióse por todo el resto del país pensante. Apréciase dicha concepción filosófica en la fuerza materialista de la obra de estos poetas. En ellos no hay proloquios místicos, religiosos, y su Dios cuando lo invocan tiene mucho de panteísmo, es un Dios natural. Toda su poesía encamínase hacia la naturaleza -humana, ambiental- casi como pintores paisajistas con el verso. Tal vez por ello su poesía es optimista, vital, alegre, plástica, sensual, detrás de la cual colúmbrase la formación científica del poeta, patética en Lazo Martí, Picón Febres, Samuel Da río Maldonado. Finalmente, se concluye este pequeño ensayo con dos pequeñas estrofas del poema "RENACIMIENTO” de Gonzalo Picón Febres, muy significativas con la intención del movi-miento nativista, (...) "Venid, venid al campo, que ya torna coronada de luz la primavera, y de flores los cármenes exorna, y de mullido césped la pradera. Venid, que entre fulgores, y esencias y sonrisas y rumores, el insecto fugaz alegre canta, reverbera la perla de rocío, deliciosa frescura se levanta de las espumas del angosto río, y el chorro de agua trémulo y sonoro lampos refleja de esmeralda y oro.

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(...) Venid, que aquí se siente el corazón radiante de alegría y de hermosas imágenes la mente; y entre besos de luz y poesía se brinda alivio al doloroso anhelo, se piensa y el pensar es más profundo, y se olvidan los crímenes del mundo." Lubio Cardozo, ecopoeta venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2015/09/metaecologia-el-nativismo-en-lapoesia.html, Lubio Cardozo, El nativismo en la poesía lírica venezolana. Sábado, 26 de septiembre de 2015.

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4 Ecopoesía un camino para la Entrevista al poeta Lubio Cardozo Lubio

reflexión.

Cardozo

ensayista,

(1938)

investigador

y

Poeta, crítico

literario. Licenciado en Letras en la Universidad Central de Venezuela, con

Postgrado

Documental

en

en

Investigación

la

Escuela

de

Documentalistas de Madrid. Desempeñó diversos cargos en la Universidad de Los Andes en el estado venezolano de Mérida, donde reside. Coordinó la revista Actual de la mencionada casa de estudios. Es reconocida su valiosa labor investigativa en historia, teoría y crítica, con más de treinta títulos publicados. Además es autor de los poemarios Extensión habitual (1966), Apocatástasis (1968), Contra el campo del rey (1968), Salto sobre el área no hollada (1971), Fabla (1974), Paisajes (1975), Poemas de caballería (1983), Solecismos (1986), Poemas (1992), Lugar de la palabra (1993), El país de las nubes (1995), Un verso cada día (1995) y Ver (1999). Toda su poesía ha sido reunida en el volumen La cuarta escogencia (Ediciones Mucuglifo, 2006). Máximo exponente de la poesía ambientalista latinoamericana. Ing. Lenin Cardozo Parra, Ecologista. Escritor venezolano y ambientalista. Estudios realizados en la Universidad del Zulia, Universidad Complutense de España, Universidad de Burgos de España. Cursos post-universitarios en MBA, Management Público, Filosofía e Historia. Doctorado en Ciencias. Director Ejecutivo Canal Azul 24 https://anca24latam.wordpress.com/ y Blue Chanale 24 www.bluechannel24.com. www.azulambientalistas.org,

Fundador email:

de

la

Azul

Ambientalistas

Lenincardozoparra@gmail.com

y

el

Blog http://Lenincardozo.blogspot.com/.

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Lenin Cardozo: ¿Poeta Lubio al presente podemos decir que existe la poesía ambientalista o la Ecopoesía?

Poeta Lubio: ¿Por qué el poeta suele a veces sembrar en medio de sus composiciones árboles, hierbas, el verdor? Viene la tradición desde Orfeo, desde Homero. Los árboles, los arbustos, las matas: padres– madres de la vida son; conocen suficiente de esa realidad, en el uso de su recta razón, el ecólogo, el botánico, científico, pero el poeta lo sabe. Verá él en los representantes de la vegetación nunca solo objeto del entorno sino afectuosidad. Dialoga el poeta hondamente, por su condición de vidente, con ellos, con los seres verdes, ya mediante voces insonoras del horizonte contemplativo, ya en otras basta el intenso entenderse reciproco de la presencia. Se percata el trovador del verdadero escuchar, del oír. Goza cuando percibe el júbilo de las plantas, también siente su terror ante la llegada de los odiados arboricidas. El poeta el canto coral de la selva, de la fronda, de los matorrales, de los morichales. Celebra la fiesta del bosque o se entristece con la mustiada, la marchitez. Lenin Cardozo: ¿Puede la poesía ambientalista ser considerada como la poesía del siglo XXI?

Poeta Lubio: Los poetas a igual que los filósofos son grandes lectores de su época y en su obra suelen dar respuestas a las grandes interrogantes que tiene que ver con el destino de la humanidad. No solo por la sensibilidad obvia del poeta sino porque la poesía también se arma con la música (la rítmica) y el pensamiento.

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Dice Heidegger que quienes buscan el ser de la existencia con mayor fuerza es el poeta, el poeta “funda” es decir, crea y da respuestas a su contemporaneidad. Hoy por hoy, lo que para la mayoría de las personas tal vez pueda pasar desapercibido al poeta no se le escapa: el drama del planeta Tierra entendiéndolo en su complejidad el planeta y sus pobladores, los animales de la tierra, los animales del mar, los animales del aire, la vegetación y el humanus. Esto no determina el futuro de la poesía hacia un rumbo pero innegablemente cada día especifico la tragedia ecológica, la reflexión ambientalista tocara las puertas de los poetas y ellos la abrirán. Lenin Cardozo: ¿Tiene la poesía ambientalista precursores en América Latina?

Poeta Lubio: En el “Viaje a las regiones equinoxiales del Nuevo Continente”, tal nominó Humboldt al nuevo mundo, o mejor conocido en el lenguaje cotidiano como Hispanoamérica, la poesía nace identificada con el paisaje valga decir, con el ambiente de esta región. Andrés Bello es ese poeta quien inaugura la exaltación de la verde tierra novomundana. Es el primer poeta ambientalista de este Continente, porque su poesía expresa mediante el diáfano talento de este venezolano, una defensa patética de la naturaleza del nuevo mundo. Hizo su lirica mediante el tejido de las rítmicas palabras con lo vegetal, de la musicalidad verbal con el verdor, del sentido de las voces con las hierbas, los arbustos, los árboles, las flores, en fin. Andrés Bellos es el primero que nombra -en la poesía- los arboles de la fronda novomundana. Ya en 1810 en su etapa caraqueña tres vigorosas odas al verdor compuso: El Anauco, Mis deseos, A un samán. Su composición El Anauco (escrita en 1800) se refiere a un pequeño rio de la Caracas de aquel entonces, en medio de un afectivo entorno boscoso, “Tú, verde y apacible ribera del Anauco, para mí más alegre, que los bosques idalios y las vegas hermosas de la plácida Pafos,”…

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En el soneto Mis deseos por primera vez en la lírica hispanoamericana dos emblemáticos árboles, el cocotero junto al sauce aparece. Verdadero poema acuarela donde bello dice, “De Aragua a las orillas un distrito que me tribute fáciles manjares, do vecino a mis rústicos hogares entre peñascos corra un arroyito. Para acogerme en el calor estivo, que tenga un arboleda también quiero, do crezca junto al sauce el coco altivo.”… También en su poema A un samán, Bello exalta a este gigante de la flora nativa, “Extiende, samán, tus ramas sin temor al hado fiero, y que tu sombra amigable al caminante proteja.” Ya fuera de las fronteras de su patria, tanto en su estancia de Londres, cual su final residencia en Chile, la ecología botánica de las “regiones equinoxiales del Nuevo Continente” humboldtiana, la lírica de Andrés Bello nativa exhaustivamente, consustancializa su alma poética, sobre todo lo relacionado con la flora de la agricultura, así como la de otras especies. Es importante señalar que esta defensa ecológica de la vegetación del nuevo mundo inaugurada por Andrés Bello favorablemente tuvo muy buena continuidad en todo el Continente. Este rumbo que fortalecería de manera originaria la esencia de la lírica del nuevo mundo tiene como punto de partida el poema LA AGRICULTURA DE LA ZONA TORRIDA de Andrés Bello, composición consagratoria de un muy digno camino de la lírica de este Continente, pero sobre todo en el espacio comprendido entre el Trópico de Cáncer y el Trópico de Capricornio, lo que para Humboldt eran “las regiones equinoxiales del Nuevo Continente”, Bello la nominó con un concepto radical La Zona Tórrida. Lenin Cardozo: ¿Poeta Lubio de su gran producción poética, a partir de que poema se pudiera decir que usted funda o inicia la poesía ambientalista?

Poeta Lubio: Yo tuve la suerte de pasar buen parte de mi infancia en un pueblo muy boscoso, cruzado de un gran rio y muchas quebradas, rodeado de haciendas cafetaleras y cacaoteros y limitado por el mar, Choroní (al norte del estado Aragua, Venezuela). Esos

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paisajes de mi infancia comenzaron a aparecer en mi escritura lirica a partir de mi poemario Paisajes (1975). Se podría decir que con este libro se comienza eso que tu llamas la poesía ambientalista o eco poesía. A continuación recito: LA RISA, LAS DONCELLAS, LOS LIRIOS, EL POZO DEL RÌO Y pensar que ese verbo es falso hasta siempre: volver. Y pensar que no podemos: No retornaremos al pozo del río bajo las grandes mijaos. Estarán otra vez las doncellas sobre islas de piedras entre lirios de agua. Atravesará los espinares del altozano el canto de las lavanderas. Pero ya no se puede volver porque el mundo que hicimos mal desde el comienzo es roca en medio de ancho foso que ya no podremos saltar Isla de soledad rodeada de fantasmas. Apenas si disponemos del corazón entre los florecidos huracanes. Lenin Cardozo, ambientalista venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2011/12/entrevista-al-poeta-lubio-cardozo.html Lenin Cardozo, Ecopoesía un camino para la reflexión. Entrevista al poeta Lubio Cardozo. Martes, 13 de diciembre de 2011.

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2. La Metaecología y Andrés Bello

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1 ¿Cómo armó Bello su composición lírica Alocución a la Poesía? "Las cosas bellas son difíciles". Platón, Hipias Mayor (Frase final del diálogo en boca de Sócrates). Yace, detrás de la escritura lírica de ALOCUCIÓN (Londres,

A

LA

POESÍA

1823),

una

dilatada

experiencia de laboreo intelectual. ¿Cómo armó Bello el poema? El primer

recurso

utilizado

-básico,

sustentador- lo constituye la cabal sabiduría del escritor sobre el ser de la poesía, valga decir: arte composicional, métrica, retórica, historia de la ódica occidental desde los griegos hasta la literatura española contemporánea a él, afortunados conocimientos de las lenguas griega, latina, castellana, dinamizado ello por el permanente pensar, teorizar sobre dichas disciplinas intelectuales. Trasmutados esos saberes en energía nutriente a nivel puro de su creatividad. Representa el segundo impulso el insoslayable reto moral de cantar al Nuevo Mundo, a la geografía abarcada por las antiguas colonias españolas, en el momento cuando devienen a conformar volitivamente un perfil propio, autónomo, definido, radical, cual expresión espiritual y política exigido por la Guerra de Emancipación de esas provincias. Nominó Bello, con precisión geodésica, esas extensiones del Nuevo Continente la "Zona Tórrida", la comprendida entre el Trópico de Cáncer del hemisferio borejí, el Trópico de Capricornio del hemisferio austral, divididos por el círculo máximo del Ecuador, pero sólo el ámbito circunscrito al Nuevo Mundo. Mas ¿cómo pudo Bello concebir para luego plasmar en sus dos grandes silvas esta enorme visión cosmográfica? e o Había nacido en Caracas en 1781, antes de cumplir los treinta años viajó a Londres (1810) donde residenciará hasta 1829 cuando se traslada a Santiago de Chile, en esa ciudad transcurrió el resto de su 40


vida, murió en 1865. Cubrió apenas su existencia en "Venezuela los espacios del valle de Caracas, sus aledaños, también algo de la región de Aragua; estudió su paisaje nativo, amicus arborum señaló testimonios de algunos de ellos en sus primera trovas: el “coco altivo", el samán, el sauce. Es, sin embargo, en la capital de Inglaterra donde el poeta una percepción totalizante del Nuevo Mundo obtendrá: se la prodigó su lectura de la monumental obra científica del sabio alemán Alejandro de Humboldt Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, traducida al ingles en ese idioma Bello la leyó. Revela Humboldt por primera vez a los hispanoamericanos, en todo su esplendor, realidad, riqueza, temperie, la tierra donde nacieron, habitan, perecen. Nadie hasta ese momento había descrito con tanta exactitud, exhaustividad la Zona Tórrida de esta parte del planeta; por eso Bolívar en carta de 1820 define a Humboldt "el descubridor científico del Nuevo Mundo". Este hallazgo de la majestad natural del Nuevo Continente, no al través de una experiencia vivencial sino por la aventura de transitar las páginas del libro mencionado de Humboldt, significó el segundo incentivo para Bello escribir sus dos silvas novomundanas, ALOCUClÓN A LA POESÍA, LA AGRICULTURA DE LA ZONA TÓRRIDA (Londres, 1826). El tercer horizonte estructurante de las dos grandes composiciones de Bello la libertad se llama: el emerger en esos años con insólita fortitud la Idea junto al sentimiento de la libertad en el Nuevo Mundo. Botaron las guerras por la independencia de las antiguas colonias españolas en América (1810-1824) a sus habitantes de un concepto de la emancipación de la sociedad absolutamente novedoso, ennoblecedor, transformador para la humanidad occidental. Se fusionaron por primera vez en la mente del humanus el vocablo libertad con su Idea, con su ser. Los niveles sociales de la política, de la democracia, del republicanismo, de la sexualidad, de la familia, de lo económico quedaron comprendidos en esa autonomía, conducidos por un nuevo género humano, el mestizo: "Nosotros somos un pequeño género humano” poseemos un mundo aparte; cercado por dilatados mares, nuevo en casi todas las artes y ciencias" (Bolívar, Carta de Jamaica, 1815); (…) "no somos europeos, no somos indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles.” (Bolívar, Discurso de Angostura, 1819). Manifestóse también esta revolución en el lenguaje, en la gramática; “No tengo la pretensión de escribir para los castellanos. Mis lecciones se

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dirigen a mis hermanos, los habitantes de Hispano América" (A. Bello, Gramática, 1847 "Prólogo"); marcó también su perfil esta esencial rebeldía en la lírica. La nueva percepción de la conducta del humanus brotada con la Guerra de Independencia Bello por los ríos de sus versos la transmites. Había arribado la gran oportunidad para desarrollar, expandir la espiritualidad, desalojar de manera definitiva en los liberados espacios de la Zona Tórrida a las expresiones dogmáticas de la cultura europea, sobre todo de la española. Si la Poesía (con P mayúscula) significa la divinidad esenciante de los versos, la Diosa de la creatividad -poietiké- entonces el poeta adecuadamente el término usa cuando inicia su poema con estos versos, "Divina Poesía, tú de la soledad habitadora, a consultar tus cantos enseñada con el silencio de la selva umbría, tú a quien la verde gruta fue morada, y el eco de los montes compañía; tiempo es que dejes ya la culta Europa, que tu nativa rustiquez desama, y dirijas el vuelo adonde te abre el mundo (...) su grande escena". "Las cosas bellas son difíciles" dice Platón por boca de Sócrates en el diálogo Hipias Mayor. Iluminar con la belleza la lírica de ALOCUCIÓN A LA POESÍA, LA AGRICULTURA DE LA ZONA TÓRRIDA exigió una labor en ningún momento fácil. Además de la intuición intelectual de Bello, de sus conocimientos sobre la composición poética, de la rítmica de los versos, de la musicalidad de las estrofas, requirió de la fortitud moral, espiritual, de allegar a esos dos poemas cardinales los horizontes estructurantes ya mencionados. Necesitó de su sabiduría escritural, de la energía heroica de la Guerra de Independencia, de la nueva visión de la libertad, del espacio existencial de la Zona Tórrida, la ..."fecunda zona, que al Sol enamorado circunscribes el vago curso, y cuanto ser se anima en cada vario clima"... de su admiración por Alejandro de Humboldt cuyo raigal texto Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente (1807) dejó sugestivas señales en esas dos silvas. El armónico entrecruzamiento de dichos estratos en su unidad esencial elevó estos dos poemas básales de la lírica hispanoamericana hacia el Sol, para tomar un poco de su calidez, de su luz, de poesía, de eternidad.

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Lubio Cardozo, ecopoeta ambientalista venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2015/09/metaecologia-como-armo-bello-su.html, Lubio Cardozo, ¿Cómo armó Bello su composición lírica Alocución a la Poesía? Sábado, 26 de septiembre de 2015.

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2 Andrés Bello (1781-1865) ambientalista de Venezuela Ni

los

el

primer

llamados

conquistadores

españoles ni sus descendientes, los colonizadores, es decir desde 1500 hasta 1810, nunca se interesaron en conocer el territorio por ellos tomado a la fuerza, por lo menos así sucedió en el caso venezolano.

Su interés por

estas tierras del Nuevo Mundo giro en torno al sometimiento brutal de los indígenas a quienes esclavizaron bajo el régimen de siervos de la agricultura. De la minería, a la desforestación de los bosques para llevarse los arboles maderables, a la caza de animales de vistosa pieles o plumaje, a la bárbara extracción de las perlas en las islas del mar caribe venezolano. Ellos, los conquistadores, los colonizadores, nunca conocieron la realidad del entorno donde habitaban: ignoraban los nombres de las tierras, de las montañas, de los ríos, de los árboles, de los animales, en fin. De ahí, que tuvieron que imponer una nomenclatura traída de España inapropiada para cada una de estas comarcas, produciéndose una discordancia con la realidad, favorablemente con el paso del tiempo volvieron a usarse en muchas circunstancias los nombres indígenas. Por ello siempre debe enfatizarse con palabras de Bolívar dichas en 1820 que el verdadero descubridor científico del nuevo mundo se llamo Alejandro de Humboldt quien además lo dio a conocer a Europa en su formidable obra: Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente (comenzó a publicarse por entrega desde 1814 a 1819 en francés e inglés simultáneamente).

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Ahora bien, si nos circunscribimos a Venezuela le corresponde a Andrés Bello ser sin lugar a dudas el primer ecólogo conservacionista, revelador y defensor de nuestros paisajes, de nuestro ambiente natural, es decir el fue el primer ambientalista de ese entonces.

Antes de poder expresar él sus inventarios

conservacionistas sobre el paisaje silvestre y urbano de la parte mas conocida de Venezuela para esa época, la franja norte de su territorio Andrés Bello comprendió la necesidad de darle a los venezolanos por primera vez una descripción de su geografía física, política, administrativa, poblacional, hidrográfica, marítima, para eso escribió y publico su Calendario manual y guía universal de forasteros en Venezuela para el año de 1810, en ese primer libro impreso en el país se definía ese espacio ubicado alrededor de la provincia de Caracas limitado -en palabras de Bello- por el norte con el mar Caribe, por el sur la provincia de Barinas hasta el Apure, al este la provincia de Cumana y al oeste la de Maracaibo. Sobre ese mapa coloco las ciudades y pueblos correspondientes, su orografía, ríos; cifra su población en 450 mil habitantes, distribuidas en 8 ciudades, 6 villas, 54 pueblos, 3 puertos marítimos.

Luego habla de sus instituciones (universidad, iglesias,

poderes públicos, cabildo); su agricultura de subsistencia elemental: carne de vacuno, de porcino, queso, cazabe, maíz, y también de la agricultura de exportación: añil, café, cacao, azúcar, algodón, cuero. Pero es mediante la poesía como Andrés Bello mejor revela nuestros paisajes nativos, como mejor defiende la naturaleza virgen de esos ambientes donde el habitó en su etapa de Caracas. El representa el primer poeta quien celebra en sus versos con orgulloso entusiasmo el ambiente vegetal del nuevo mundo. Vivió Bello 29 años en Caracas, conoció en detalle la ciudad, su conformación urbana, el entorno geográfico de esa provincia, incursiona hasta los valles de Aragua. De Caracas dejo el testimonio de un río situado al norte de la ciudad, fluyente entre haciendas y bosques: EL ANAUCO, el cual inmortalizo en hermosa composición lírica de la cual solo se copiaran 15 versos, … "Tú, verde y apacible ribera del Anauco, para mi más alegre, que los bosques idalios y las vegas hermosas

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de la placida Pafos, resonarás continuo en mis humildes cantos; y cuando ya mi sombra sobre el funesto barco visite del erebo los valles solitarios, en tus umbrías selvas y retirados antros erraré cual un día"… A. Bello. EL ANAUCO (1800). De aquel hermoso río de ese poema hoy solo quedan el nombre de un puente y el hilete de aguas negras que corre debajo de el en el sector San Bernardino de Caracas. Andrés Bello nombra por primera vez en la literatura venezolana la región llamada por siempre Aragua en un soneto titulado MIS DESEOS (1800). También en esos versos se mencionan por primera vez dos árboles emblemáticos de esas tierras cálidas, el cocotero y el sauce. Se copian apenas las dos estrofas centrales …"De Aragua a las orillas un distrito que me tribute fáciles manjares, do vecino a mis rústicos hogares entre peñascos corra un arroyito. Para acogerme en el calor estivo que tenga una arboleda también quiero, do crezca junto al sauce el coco altivo." Posee la misma intensión de despertar el interés conservacionista por el paisaje de la Patria su romance octosilábico rotulado A UN SAMAN (1806). A este gigante de la flora del continente verde, de las regiones equinocciales humboldtianas Bello lo perenniza al insertarlo por primera vez en el lenguaje de la poesía del Nuevo Mundo.

Emblematiza este inmenso árbol con su colosal fronda las planicies

cálidas del hoy estado Aragua donde se le reconoce como su árbol emblemático. 46


…"Extiende, samán, tus ramas sin temor al hado fiero, y que tu sombra amigable al caminante proteja". (1806). Viajo Bello a Londres en 1810 en la célebre misión diplomática junto con Bolívar relacionada con el proyecto independentista de los venezolanos.

Nunca más

retorno a Venezuela pero su proyecto conservacionista del paisaje novomundano nunca los abandono. Leyó en Londres el libro de Alejandro de Humboldt Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente (1814-1819), gracias a ese libro se identifica con las tesis ecológicas de Humboldt y con base a las informaciones contenidas en esa importante obra pudo componer sus dos formidables poemas donde revela Bello al mundo de América y Europa la inmensa riqueza ecológica de este continente: esos dos poemas se titulan ALOCUCIÓN A LA POESÍA (1823), LA AGRICULTURA DE LA ZONA TÓRRIDA (1826), ambos publicados en Londres. Lubio Cardozo, ecopoeta venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2015/06/andres-bello-1781-1865-el-primer.html, Lubio Cardozo, Andrés Bello (1781-1865) el primer ambientalista de Venezuela. Sábado, 27 de junio de 2015.

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3 Que tu nativa rustiquez desama: libertad, la percepción de Andrés Bello Dotaron

las

independencia

Poesía,

guerras

por

de

antiguas

las

la

colonias españolas del Nuevo Mundo (1810-1824) a sus habitantes de una concepción de la libertad, junto a un sentimiento de la misma, nunca antes conocido

por

occidental.

Los

la

humanidad

horizontes

de

lo

político, lo social, lo económico, lo moral,

lo

religioso

quedó

comprendido en esa emancipación, mas también lo artístico, valga decir las bellas artes, y la lírica. La poesía, en potencia, libertad significa, pero requiere para ello de valentía en el hacerse, necesita aventura, audacia en la creatividad -poietiké- verbal. El coraje de ser aportativo, la palabra franca, el sacro misterio milagro de la belleza el alma poética esencian. Andrés Bello así lo entendió? pensó había llegado la gran oportunidad de la ódica para desarrollar, expandir su creatividad formal, espiritual, de elucidar en sus niveles más profundos, extraer de allí la autónoma fortitud para desalojar de manera definitiva en los liberados espacios de la Zona Tórrida a la dogmática retórica de la poética europea. Claramente en su siempre admirable composición Alocución a la Poesía (Londres, Biblioteca Americana, 1823) lo expondrá, "Divina Poesía (...) tiempo es que dejes ya la culta Europa que tu nativa rustiquez desama," (...) ¿Qué expresa en su verdad el plano evocado del verso de Bello "que tu nativa rustiquez desama"? Por supuesto cualquiera interpretación simplista se descartas los rústico, su rustiquez deambulan por todos los Continentes. El Diccionario de la

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Real Academia Española (1992) los defines "Rústico, ca. Perteneciente o relativo al campo. Tosco grosero. Hombre de campo." "Rustiquez: Calidad de rústico". En cuanto al epíteto nativo, nativa, precisa el DRAE: "Que nace naturalmente. Perteneciente al país o lugar en que uno ha nacido." No se trata, pues, de repetir lo obvio. Encierra, por el contrario, en esa verso la perspicacia de Bello la metáfora de un concepto trascendental, novedoso, desafiante: "nativa rustiquez" la libertad significa, esa virtud, ese sentimiento innato al Nuevo Mundo. Sobran los testimonios de como esa libertad ínsita a los primigenios pobladores de este Continente sorprendió a la par de producir una profunda aversión e incomprensión absoluta a los llamados conquistadores españoles. Cuando éstos arribaron a los territorios novomundanos ya vencían enfermos por esa patología anímica nominada luego por Eric Fromm "el miedo a la libertad". Afirmó categóricamente el filósofo Federico Guillermo José Schelling en su libro Sobre la esencia de la libertad humana (1809) lo siguiente: "Sólo quien haya experimentado la libertad puede sentir la necesidad de hacerlo todo análogo a ella, de difundirla por todo el universo". Jamás supieron los conquistadores españoles de ese excelso sentimiento, por el contrario invadieron poseídos por el morbo de esclavizar (de manera cobarde por su superioridad militar), de obtener riqueza fácil mediante el robo, el genocidio, la "auri rabida sitis". Produjo en ellos, en su estrecha ética, en su pensamiento domado por la dura dogmática de su cultura hispánica, en su psique, pánico esta revelación existencial propia de los íncolas de la Zona Tórrida. Por eso, con la conquista; los invasores hispanos no sólo se apoderaron de las riquezas a la mano, de los minerales nobles, de las tierras, sino también asaltaron esa libertad, quisieron extirparla de mil formas; exterminaron, esclavizaron, genocidiaron a los aborígenes pero la libertad escondió su viva llama, debajo de las cenizas del cataclismo; trescientos años después constituirá "la originaria forzosa necesidad" (M. Heidegger), la fuerza espiritual, la energía moral, el combustible muscular de quienes -mestizos, indios, negros, blancos- conducirían victoriosamente la “Guerra de la Independencia” (…) "que tu nativa rustiquez desama”, en definitiva, una bella metáfora de la libertad entonada en un armonioso endecasílabo yámbico. Encarna Bolívar el primer gran intérprete del pensamiento y del espíritu de la libertad del Nuevo Mundo. Dotó Bolívar de una nueva esencia a la Idea de la libertad. En la antigüedad clásica los griegos, por supuesto, dicho concepto poseyeron, lo nominaron eleuthería, en medio sin embargo de una paradoja, 49


uncida a la minoría libre una inmensa colectividad de esclavos cohabitaba. Hállase igual contradicción, más aguda aún, en la sociedad romana; junto a su vocablo libertas enormes masas de siervos provenientes de una periferia de estados sometidos. Relativizaba entonces esa aporía el ser de esas dos palabras originarias sustentadoras del concepto. Vertió Bolívar su novísima interpretación de la libertad en constituciones, leyes, discursos, proclamas, en su hacer militar casado con el destino de independizar estos pueblos e inclusive en la mera sintaxis de la elocución estructurante de su oratoria, de sus epístolas; aporta ahora si para Occidente un ser, una realidad efectiva, a la noción de autonomía absoluta. La convierte en una acción en un instrumento, con apoyo nutricio teórico, con ejemplaridad práctica. Le da esa espiritualidad objetiva -originaria del Nuevo Continente- en la acepción hegeliana. Proporciona Bolívar, pues, desde ese ser genesíaco brotado del mestizaje, a partir del "recuerdo interiorizante del inicio” (Heidegger), de la memoria originaria-originante, en fin de la arkhé -del fundamento, de la raíz- un horizonte nuevo, revolucionario, metafísico. Por eso las jóvenes repúblicas de la "Salve, fecunda zona, / que al sol enamorado circunscribes", de "las regiones equinocciales del Nuevo Continente” a Bolívar lo nominaron El Libertador. Tal vez en el inconsciente colectivo su Dios de la Libertad sea. Canta Bello en la composición paradigma seleccionada para este escrito, última estrofa, (...) "Mas no a mi débil voz la larga suma - d.e sus victorias numerar compete; a ingenio más feliz, más docta pluma, su grata patria encargo tal comete; pues como aquel samán que siglos cuenta, de las vecinas gentes venerado, que vio en torno a su “basa corpulenta el "bosque muchas veces renovado, y vasto espacio cubre con la hojosa copa, de mil inviernos victoriosa; así tu gloria al cielo se sublima, Libertador del pueblo colombiano; digna de que la lleven dulce rima y culta historia al tiempo más lejano." (Alocución a la Poesía). Invita Andrés Bello a la Poesía -cual una divinidad- a venir a estos inmensos territorios designados por Humboldt, con su precisión de científico, "las regiones 50


equinocciales del Huevo Continente", aunque Bello con un concepto también originario los nominó la Zona Tórrida, la comprendida entre los dos Trópicos, el de Cáncer, el de Capricornio, mas sólo la parte circunscrita en el Huevo Mundo. Por cuanto aquí la divinidad Poesía hallará -para asumirla de cara al futuro su "nativa rustiquez"- un estrato consubstancial del ser de la ódica, de los cantos: la intrínseca libertad; difícil de alcanzarla, en su pertinente plenitud natural, en Europa por el viejo impedimento de la compleja red de dogmas conformantes de su sociedad en aquel entonces: fanatismos religiosos, políticos, morales, sus fosilizados credos estético-formales, en fin. Pilosa metáfora contra el dogmatismo literario europeo la expresa Bello con "encina carcomida". Reafirma más adelante Bello, en la misma composición, esta visionaria tesis cuando escribe en sus versos, dialogando por supuesto con la "Divina Poesía" (...) "Descuelga de la encina carcomida tu dulce lira de oro, (...) y sobre el vasto Atlántico tendiendo tus vagorosas alas, a otro cielo, a otro mundo, a otras gentes te encamina, (...) América, del Sol joven esposa, del antiguo Océano hija postrera, en su seno feraz cria y esmera". Con otro designio, sobre el relámpago de sus frases, Bolívar en su Carta de Jamaica (1815) la misma visión expone, piensa: "Nosotros somos un pequeño género humano; poseemos un mundo aparte; cercado por dilatados mares, nuevo en casi todas las artes y ciencias". Si la esencia del hombre su propia aventura la define, esta esenciaventura en el trovador el camino de los versos asume de manera autónoma, independiente, espontánea, se verterá en su ritmo interior, depositará en ello lo pirro -el oro- de cuanto en ese existente ha sucedido, hace la entidad más ósea del poema, su realidad.

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F.G.J. Schelling, en la mencionada obra, señala concluyente: "El sentimiento de la libertad está íntimamente grabado en cada uno, aunque para asomar a la superficie se requiere una fuerza y profundidad de sentido mayores a lo habitual" (...) (p.7l). Añado, también para finalizar: La emancipación -de cualquier condicionamiento externo, de todo compromiso espurio- es una necesidad interna del poema para manifestar (phafnein) su ser. Andrés Bello en su grata silva, ya citada, exhaustiva, fehacientemente muestra la identidad consubstancial def ser de la libertad con la poesía; las regiones equinocciales del Nuevo Continente, el Nuevo Mundo, la Zona Tórrida, a ello coadyuvaron. Cien años después de Bello, otro admirable poema, el CHEBO de Miguel Ángel Asturias, lo ratifica. "Creo en la libertad, madre de América, creadora de mares dulces en la tierra, y en Bolívar, su hijo, señor nuestro, que nació en Venezuela". (...) Lubio Cardozo, ecopoeta venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2015/09/metaecologia-que-tu-nativarustiquez.html, Lubio Cardozo, Que tu nativa rustiquez desama: Poesía, libertad, la percepción de Andrés Bello. Sábado, 26 de septiembre de 2015. ASISTENCIA BIBLIOGRÁFICA: 1. Miguel Ángel Asturias, Creido. Mérida, Erato, 2011 (Afiche pliego, con ilustraciones. 2. Andrés Bello, Poesías. Caracas, La Casa de Bello, I98I (Obras completas, v. I: ALOCUCIÓN A LA POESÍA, PP.-43-64; LA AGRICULTURA DE LA ZONA TÓRRIDA, pp. 65-74). 3. Simón Bolívar, Carta de Jamaica (1815) En: Simón Bolívar, Siete documentos esenciales. Caracas., Presidencia de la República, 1973. 4. Diccionario de la lengua española. Madrid, Real Academia Española, 1992. 2 v .DRAS/, Eric Fromm, El miedo a la libertad. Barcelona, Paidós, 2008. 5. Martin Heidegger, Aportes a la filosofía. Acerca del evento. Buenos Aires, Biblos, 2006.

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6. Martin Eeidegger, Conceptos fundamentales. Madrid, Alianza Editorial, 1994. 7. Alejandro de Humboldt, Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente. Caracas, Biblioteca Venezolana de Cultura, 1941-1942. 5 v. 8. Federico G. J. Schelling, Sobre la esencia de la libertad humana. Buenos Aires, Juรกrez Editor, 1969.

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4 Andrés Bello – Alejandro de Humboldt: los creadores del sentimiento ecológico en el nuevo mundo El primer poeta lírico nacido en Hispanoamérica quien celebra en sus versos, con orgulloso entusiasmo, el paisaje del Nuevo Mundo se llama Andrés Bello (Caracas, 1781- Santiago de

Chile,

1865).

Vivió

Bello

veintinueve años en Caracas, en sus aledaños, inclusive incursionó hasta los valles de Aragua. Amigo de la sabiduría, estudió en esos años gramática latina, castellano, literaturas clásicas; junto a estos conocimientos humanísticos indagó también en la botánica, en la geografía de su entorno. Amicus arborum, dejó vigorosos testimonios de amor por su ámbito vegetal: a un pequeño río situado al norte de la ciudad, fluyente entre haciendas y bosques, el Anauco – quedan hoy de él apenas el nombre de un puente, un hilo de aguas negras y el poema de Bello-, le hizo una hermosa composición imbricada de referencias helenísticas, de la cual se copian para los lectores quince versos, (…) “Tú, verde y apacible ribera del Anauco, para mi más alegre que los bosques idalios y las vegas hermosas de la plácida Páfos, resonarás continuo en mis humildes cantos; y cuando ya mi sombra sobre el funesto barco visite del Erebo los valles solitarios, en tus umbrías selvas y retirados antros erraré cual un día,” (…) (A. Bello, EL ANAUCO. En: Poesías. Caracas, 1981. pp. 5-6). Escribió asimismo en su etapa caraqueña su célebre soneto “MIS DESEOS” donde por primera vez en la lírica venezolana dos emblemáticos árboles, muy peculiares por sus tallos, el cocotero junto al sauce aparecen, de igual modo la región nominada por siempre Aragua. En Venezuela dos especies de la familia de las Salicaceae hay, el conocido en el sermo ruralis sauce llorón (Salix babylonica L.) 54


traido al País durante el gobierno de Guzmán Blanco, y el nativo, el sauce común (Salix humboldtiana); el expresivo cocotero, de la familia Palmas Arecaceae, simpática bandera verdeamarilla de los trópicos enriquece la acuarela fijada en los versos de Bello, (…) “De Aragua a las orillas un distrito que me tribute fáciles manjares, do vecino a mis rústicos hogares entre peñascos corra un arroyito. Para acogerme en el calor estivo que tenga una arboleda también quiero, do crezca junto al sauce el coco altivo.” (A.Bello, “MIS DESEOS”. En: Poesías. Caracas, 1981. p. 7). Puede decirse lo mismo de su pequeña composición en romance octosilábico rotulada “A UN SAMÁN”. A este gigante de la flora del Continente verde, de “las regiones equinocciales” humboldtianas, Bello lo inmortaliza al insertarlo por primera vez en el lenguaje de la ódica del Nuevo Mundo. Emblematiza este inmenso Pithecellobium samán (Leguiminosae Mimosaceae) con su colosal fronda las planicies cálidas del occidente del País, hoy árbol de las simbología institucional del estado Aragua. (…) “Extiende, samán tus ramas sin temor al hado fiero, y que tu sombra amigable al caminante proteja.” (A.Bello, “A UN SAMÁN”. En: Poesías. Caracas, 1981. p. 32). “Al salir del pueblo de Turmero, a una legua de distancia, se descubre un objeto que se presenta en el horizonte… No es una colina ni un grupo de árboles muy juntos, sino un solo árbol, el famoso Samán de Güeré, conocido en toda la provincia por la enorme extensión de sus ramas que forman una copa hemisférica de 576 pies de circunsferencia. El Samán una vistosa especie de Mimosa, cuyos brazos tortuosos se dividen por bifurcación. Su follaje tenue y delicado se destaca agradablemente sobre el azul del cielo. Largo tiempo nos detuvimos debajo de esa bóveda vegetal”… (Alejandro de Humboldt, Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente. Caracas, Monte Ávila Editores, 1985. t. III, p. 87). Viajó Bello a Londres en 1810 en una misión diplomática, junto con Bolivar, relacionada con el proyecto independentista de los venezolanos. Nunca más a su País retornaria. ¿Se conocieron Bello y Humboldt en el breve ínterin de este último en Caracas? Sólo hay conjeturas al respecto sin apoyo historiográfico, más en la historia posible ello ha debido suceder. La expedición organizada por el naturalista, geólogo, botánico, astrónomo Alejandro de Humboldt (Berlín: 17691859) y el médico, botánico Aimé Bonpland (La Rochelle, Francia, 1773 – Uruguay, 1858) llegó al puerto de Cumaná en la desembocadura del río Manzanares el 16 de

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julio de 1799: Emprendian, pues, desde Venezuela estos dos grandes varones de la ciencia la primera gran exploración por el conocimiento riguroso de la naturaleza del Nuevo Mundo, con su posterior corolario de la honda repercusiónen la ransformación de la mineralogía, geografía, eodesia, astronomía, zoología, botánica, cosmología, entre otras. Así describe Humboldt su profunda emoción al contemplar por primera vez el verdor del Nuevo Continente. “Habiamos llegado al fondeadero, frente a la embocadura del río Manzanares, el 16 de julio, al despuntar el día más no pudimos desembarcar sino muy tarde de la mañana, porque estábamos obligados a aguardar la visita de los oficiales del puerto. Se fijaban nuestras miradas en los grupos de cocoteros que ribeteaban la costa, cuyos troncos de más de sesenta pies de altura dominaban del paisaje. La planicie estaba cubierta de conjuntos de Casias, Cápparis y de esas mimosas arborescentes que, semejantes al pino de Italia, extienden sus brazos en forma de quitasol. Las hojas pinadas de la palmeras se destacaban sobre el azul del cielo cuya pureza ningún vestigio de vapores enturbiaba. Subía el Sol rápidamente hacia el zenit. Difundíase una luz deslumbradora por el aire, por colinas blanquecinas tapizadas de Nopales cilíndricos, y por un mar siempre sosegado, cuyas riberas están pobladas de alcatraces, de garzas, flamencos. Lo brillante del día, el vigor de los colores vegetales, la forma de las plantas, el variado plumaje de las aves, todo anunciaba el carácter prominente de la naturaleza en las regiones ecuatoriales.” (A. de Humboldt, op. cit, t. I. p. 377). El 21 de noviembre de ese año, “por la tarde”, arribarían a Caracas donde permanecerían escasos dos meses. “Dos meses pasé en Caracas. Habitábamos el Sr. Bonpland y yo en una casa grande casi aislada, en la parte más elevada de la ciudad. Desde lo alto de una galería podíamos divisar a un tiempo la cúspide de la Silla, la cresta dentada de Galipán y el risueño valle del Guaire, cuyo rico cultivo contrasta con la sombría cortina de las montañas en derrador. Era la estación de la sequía.” (A.De Humboldt, Op. Cit; t. II, p. 329). La ruta de Humboldt-Bonpland por el territorio de la Provincia de Venezuela fue la siguiente: De Caracas a los Valles del Tuy, Valles de Aragua: La Victoria, Turmero, Maracay, Valencia, Las Trincheras (aguas termales), Puerto Cabello;

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enrumban hacia los Llanos Centrales: Calabozo, Apure (San Fernando), conectan por el río al Orinoco (abril de 1800): San Carlos de Río Negro, Caño Casiquiare, Descendieron por el Orinoco hasta Angostura (hoy Ciudad Bolívar), tomaron luego el camino llanero para El Pao hasta Barcelona, de allí otra vez a Cumaná. Desde este puerto se embarcaron rumbo a la Habana. “Habíamos pasado 16 meses en estas costas y en el interior de Venezuela. (…) Nos separamos de nuestros amigos de Cumaná el 16 de noviembre (de 1800). La noche era fresca y deliciosa. Y no fue sin emoción que vimos por última vez el disco de la Luna iluminar la copa de los cocoteros que rodean las riberas del Manzanares.” Dejó Humboldt en su largo recorrido de dieciséis meses (16-VII-1799 al 16-XI-1800) por el territorio venezolano fehacientes descripciones de la agricultura en ese momento de la historia, expuso con detalle los cultivos originarios: el maíz, la yuca, la papa, el cocotero, el cacao, la lechosa, las sapotáceas, las anonanéceas, la piña, la guayaba, junto a tantas otras. De las plantas exóticas, traídas por los europeos, destacó el cafeto, la caña de azúcar, algunos frutales (manzanas, duraznos, naranjas), en fin. Señales de estas plantas sativas reveladas por el cientifico alemán renacerían después en los versos de Andrés Bello. Revela Humboldt en su maravillosa aventura intelectual, científica, rotulada Viaje a las regiones

equinocciales

del

Nuevo

Continente,

por

primera

vez

a

los

hispanoamericanos el esplendor, la realidad, la riqueza, la belleza, la temperie, del a tierra donde habían nacido, habitan, donde luego depositarán sus huesos: el Nuevo Continente. Por eso Bolívar en carta de 1820 define a Humboldt “el descubridor científico del Nuevo Mundo”. El Libro comenzó a editarse primero en francés a partir de 1814, ese mismo año se inicia la versión inglesa, impresa en Londres. Esta última fue la leída por Bello durante su larga permanencia en la capital de Inglaterra. Significó este acontecimiento el encuentro existencial definitivo entre el gran poeta y el gran naturalista. Desde la brumosa lejanía de Inglaterra a Bello se le reveló con dicho hallazgo la majestad natural del Nuevo Mundo intelectualmente iluminado por la inteligencia y la cientificidad de Humboldt. Sólo así pudo Bello componer sus dos formidables poemas novomundanos, “ALOCUCIÓN A LA POESÍA” (1823), “LA AGRICULTURA DE LA ZONA TÓRRIDA (1826).

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Dos largas silvas donde por primera vez se invita a amar, cuidar, entar el espacio natural – su flora, su fauna, sus ríos, su aire, su luz, su tierra, sus mares- de la llamada por Humboldt con sorprendente precisión geodésica “la zona tórrida”, la comprendida entre el Trópico de Cáncer del hemisferio boreal, el Trópico de Capricornio del hemisferio austral, dividida por el círculo máximo del Ecuador, pero sólo el ámbito circunscrito al Nuevo Mundo. Para los lectores de: Azul Ambientalistas se copian apenas los primeros cincuenta versos de su poema. LA AGRICULTURA DE LA ZONA TÓRRIDA ¡Salve, fecunda zona, que al Sol enamorado circunscribes el vago curso, y cuanto ser se anima en cada vario clima, acariciada de su luz, concibes! Tú tejes al verano su guirnalda de granadas espigas; tú la uva das a la hirviente cuba; no de purpúrea fruta, o roja o gualda, a tus florestas bellas falta matiz alguno; y bebe en ellas aromas mil el viento; y greyes[rebaños] van sin cuento paciendo[comer pastos] tu verdura, desde el llano que tiene por lindero el horizonte, hasta el erguido monte, de inaccesible nieve siempre cano. Tú das la caña hermosa, de do la miel se acendra[purificar], por quien desdeña el mundo los panales; tú en urnas de coral cuajas la almendra que en la espumante jícara[vasija] rebosa; bulle carmín[insecto] viviente en tus nopales,

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que afrentafuera al múrice de Tiro; y de tu añil [arbol] la tinta generosa émula es de la lumbre del zafiro. El vino es tuyo, que la herida agave para los hijos vierte del Anahuac feliz; y la hoja es tuya, que, cuando de suave humo en espiras vagorosas huya solazará [descanzara, aliviará] el fastidio al ocio inerte. (…) Para tus hijos la procera [eminente, alta] palma su vario feudo cría, y el ananás sazona su ambrosía [manjar de los dioses]; su blanco pan la yuca; sus rubias pomas la patata educa; y el algodón despliega el aura leve las rosas de oro y el vellón de nieve. Tendida para ti la fresca parcha En enramadas de verdor lozano cuelga de sus sarmientos trepadores nectáreos globos y franjadas flores; y para ti el máiz, jefe altanero de la espigada tribu, hincha su grano; y para ti el banano desmaya al peso de su dulce carga; el banano, primero de cuantos concedió bellos presentes Providencia a las gentes del ecuador feliz con mano larga.” (…)

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(A. Bello, “LA AGRICULTURA DE LA ZONA TÓRRIDA”. En: Poesías. Caracas, 1981. pp 65-69). Lubio Cardozo, ecopoeta venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2012/06/andres-bello-alejandro-de-humboldtlos.html, Lubio Cardozo, Andrés Bello – Alejandro de Humboldt: los creadores del sentimiento ecológico en el nuevo mundo. Lunes, 11 de junio de 2012.

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3. La MetaecologĂ­a y sus creadores

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1 Poema Diosa Tierra por Lubio Cardozo

Diosa Tierra Pongo el oído sobre la piel de la tierra: Un rocal silencio responde, sueño el eco de tu inmenso misterio. Gran Diosa Madre de la existencia, clemente. Nunca nos desampararás. Cruzamos en ti la aventura del extraño viaje por el abismo infinito. ¿Qué somos oh Madre Gea? Sea cual haya sido el derrotero tomado en el espacio de la vida ella siempre benigna en sus senos nos recibirá. Denso térreo perdón por todos los errores. Ser un puño de tierra, divino orgullo. Lubio Cardozo, ecopoeta venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2015/01/poema-diosa-tierra-por-lubio-cardozo-mi.html, Lubio Cardozo, Diosa Tierra. Miércoles, 7 de enero de 2015.

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2 La idea de poesía en Nada Salas: Kosmos …”por los bellos dones de las Musas ceñidas de violetas y por la dulce lira de los cantos”… Safo. Conforman las piedras circuidas por las espirales del vacio el Universo, en la amorosa dynamis eterna del Caos uncido

al

Cosmos,

infatigables

espíritus de la existencia. Hay entre ellos un rey, el sílex junto a su corte de mil nombres minerales, origen o principio de todo lo demás. En este bello planeta llamado Gea por los griegos, Tellus por los romanos de la latinitas, Tierra en nuestra voz, sobre sus rocas descansan los océanos, sobre sus riscos comenzaron un largo camino los líquenes, los licopodios, los musgos, los gimnospermas, hasta el advenimiento de los árboles con flores, los insectos, los vertebrados, el humanus. Si paseando por un camino alguien una menuda piedra recoge y grita: “¡Tengo en mi mano un pedazo de Universo!” Dice la verdad sin lugar a dudas. Ese mismo grito pero en el tejido de los versos expresado para armar sus diáfanas odas, lo disparó a los cuatro vientos Nada Salas en su primer poemario “Lapislázuli” (1993). Las composiciones de este singular libro de Nada Salas, rinden un homenaje a los minerales dotados de la sorpresa, lejos de cualquier calificativo banal, van sólo en esas páginas por cuanto poseen algo robado a la naturaleza del relámpago. Disciplinada poeta. Nada Salas, ante estas piedras admirables cualquiera tentación erudita soslaya, apenas un poco de su encantamiento extrae, para equivalerlo con aspectos de la vividura del humano enamorado del Universo:

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"ZAFIRO Pedazo de cielo venido a menos. Añico del techo celeste. De la profunda tierra sumida en tinieblas precioso tragaluz. (…)” (p. 189) Este ludismo de cruzar los ejes de la gracia del metal con perfiles de la contingengencia del viandante muy bien lo registra en “EL AZOGUE (…) ¿De qué fragua fantástica manan tus gotas pulidas y pesadas? ¿En qué magnífico manantial fueron forjadas? (…) Azogue. Tan desconcertante como el mismo corazón del hombre: Puedes roer como un diente feroz y brillar, a la vez, como la Luna redonda.” (p. 41).

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El ámbito inmediato, continuo, envolvente de los guijarros, de los riscos, de la arena milagrosamente compactada en sus brillantes formas, se nomina celeste atmósfera, maternal abrigo transparente del Planeta. Entiendo acá, erigió con sus sentimientos junto a sus reflexiones sobre las estrofas, la poeta, un ara de ofrenda lírica al gran ciudadano de la humanidad Alejandro de Humbolt “el descubridor científico del Nuevo Mundo” tal lo definió Bolívar. Pues bien, vuelca la atmósfera desde las estrellas la cornucopia de los prodigios de la luz, de los vientos, de la lluvia, el rayo siempre sorprendente, la fiesta del trueno, la femenina inquietud del relámpago, el esplendor de la nieve, la vorágine de los huracanes, las tormentas del malhumorado Bóreas o las cálidas corrientes empujadas por el muelle Notos, ya la en todas partes Aura -la tan deseada brisa- ya Céfiro con su viento suave, templado, del oeste tan amado de los trovadores. Para aquellos antiguos griegos -creadores de Occidente- eran las Horas: Eirene, Eunomía, Dike, las responsables de los caballos del Sol, custodiaban las puertas del cielo, disponían las nubes, atalayas en fin del clima, de la temperie. Una vez le preguntaron al filósofo presocrático Anaxágoras de Clazomene (s. V a. c.) cual fin tenía la vida, él respondió: “para contemplar el Sol, la Luna, las estrellas, el cielo”. Más de dos mil años después Kant categóricamente afirmará en el “Colofón” de su “Crítica de la razón práctica”: “Dos cosas colman el ánimo con una admiración y una veneración siempre renovadas y crecientes, cuando más frecuente y continuamente reflexionamos sobre ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí”. Pero revelar en la red de los versos ese capítulo del Planeta Azul fácil no resulta. Además de la autenticidad de la empatía erótica con la tierra, el vate o la vidente deben poseer la fortitud del vocablo helénico “parresía”: con esa voz los escritores grecorromanos identificaban la libertad del lenguaje, la autonomía de hablar, la franquía de decir, hasta de disparatar por placer. Más la libertad de la palabra exige valentía. Clamaba Pïndaro con vehenencia por esa virtud para los cantos de sus coros: “Oh augusta Musa, madre nuestra, yo te suplico”. (NEMEA III). Palabra libre, coraje, belleza el alma poética esencian. Nadie es dueño de la poesía -a no ser Homero, Píndaro, Garcilaso, Darío-, el regalo divino de la creatividad lírica no posee dueño, sí la máxima exigencia, sí apuntar hacia lo bello en el espacio

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de la ódica. Escribió Nada Salas a la atmósfera, a su intrincada riqueza fenoménica, un hermoso opúsculo: “Celajes” (2011). Laboreo sutil, videncia, emotividad verbal para depositar en esos cantos el inquietante relampagueo de lo sorpresivo, transmutado en brillo, en artisticidad expresiva. Certum esse: Se pone ante los ojos del lector el inmediato poema al azar tomado. “CIELO ABORREGADO DE NUBES Guiados por pastores invisibles, al son de pifanos inaudibles por la grey de abajo, en trashumancia serena y segura, hacia ignotos prados se desplazan por los campos celestes. ¡Qué solemnidad silente! ¡Qué contraste con el paso de la gárrula gente que no sabe cómo orientar sus pasos, mientras en turbelento desfile se traslada hacia los ineludibles prados del poniente!” (p. 27). La poesía libertad significa, pero esa libertad requiere de la valentía en el hacerse, necesita aventura, audacia en la creatividad verbal –“poietiké”. El sacro misterio milagro de la belleza, el coraje de ser aportativo, la palabra franca, la esencia de la lírica vigorizan. Presente dicha “virtus fortitudinis” en Nada Salas, porello en sus textos ódicos se atrevió plasmar los alaridos de la fronda, el murmullo de la floresta. “Raigambre” (2001) un fehaciente obsequio del valor de escribir así sobre

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este horizonte de laberíntico mundo del Planeta Azul, más de cien odas para celebrar el reino vegetal. Grita la Madre Gea sus salmos al través de las formas de sus criaturas. Sabe oirlas Nada Salas. Escucha el díalogo de las plantas con el viento, el clamoreo de los cerros, de los ríos, del mar, el bramar de las ventiscas, el rin-rin del grillo, el trombón de los abejorros, el croar de las ranas, el serio rugir de los felinos, el trino de los pájaros celajes. Con la misma devoción por los escenarios botánicos de este Continente del cantor de la “Zona Tórrida” Andrés Bello, vertió con sabiduría la poeta en las estrofas de “Raigambre” las cantigas de los padres árboles percibidas por el encantamiento del verdor, mediante la constante presencia del entrecruzamiento lúdico de los entes de la naturaleza exterior con la ventura íntima del humano, así pues tradujo al papel el susurro de: “EL MANGO Pomo paradisíaco. Seductora manzana de la Zona Tórrida nacida de ramaje que periódicamente -ya porque la Luna brilla ya porque las aves cantan y perfume esparce la brisaal aire decide echar una cana cambiando por rojo cobrizo el verdor de su cabellera. Si en el jardín de Hurácan fuiste modelada por voluptuosas manos sin forma. Si te sazonaron los ósculos miel-canela del astro canicular. Si te pintó

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el pincel abigarrado del ocaso tropical. Si hálitos ajenos a esta tierra aromaron a delicia de tu pulpa….. ¿Serían tus carnes de Eva y no las curvas de una fruta con casto corazón de nieve lo que Adán no pudo resistir allá en el Edén?” p. 80). Las amadísimas Diosas de los dominios nemorosos, las selvas, la fauna silvestre, Artemis, Diana, al contemplar el laboreo composicional de Nada Salas, agradecidas sonreirán por la amorosa centinela de sus reinos aunque sólo utilice para la defensa de esos territorios las saetas de sus ritmos. Hasta el presente (2012) en cada unidad composicional lírica de Nada Salas tres ejes paradigmáticos rielan: el ente proveniente del paisaje sólo iluminado en su belleza, la cual a si vez reflecta el gesto, un rasgo espiritual de la poeta o de otro noble humanus, segundo eje; el tercer nivel reposa en el tratamiento literario de la elocución, en su melodía, en la escogencia de los vocablos, en la elegancia expresiva: en este último carril, meramente formal, la voluntad de lo novedoso perfila, basada en la unicidad, en la imparidad bien tramada de dichas odas cual invisibles estructuras de apoyo a la sorpresa, de invitación a la lectura. Celebre, a colación, el axioma de León Tolstoi: “Sin novedad no hay arte”. Ocupa el reino animal el corpus de su grato libro “Arca de Papel” (2006). Admírase la espontaneidad de la escogencia de sus invitados a la eternidad del canto, igual así su bondad de alumbrar a estos amables compañeros suelo nominarlos, por lo menos a los vertebrados, ‘humánidos’ de la maravilla de la andanza. Tal vez la poesía para Nada Salas la gran aventura durante su peregrinaje por el dilatado

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país de los días signifique. Pero ¿de dónde brota esa singularidad de su escritura lírica? ¿Reminiscencias de la absoluta noche originaria interpeladas cual un don o un destino, enhebradas en estrofas mediante la imaginación enriquecedora? Misteriosa (¿explicita evocación por ello?) su composicion “Falena” del mencionado opúsculo, “Noctívaga”. En desatinada errancia su solemne vuelo. Desde la oscuridad del insomnio aterrizó delante de mi lecho. De la luz enamorada condenada a ser sombra. Fantasma en solitaria ronda buscando adónde despojarse de su pena.” (p. 53). La esencia de la creatividad de Nada Salas libertad se llama, insisto. Exige la anámnesis expedita vía, franquicia elocutiva sobre los rieles de una auténtica musicalidad para asomarse a lo recóndito por los postigos de los versos. Hace más de dos mil años el dramaturgo romano Gneo Nevio (s, II a.c.) lanzó su solemne a la par de famoso reto: “Libera lingua loquemur” (“dejemos la lengua hablar con libertad”). “QUETZAL En cenital ascenso desprendida del arcón de la selva una esmeraldina gema

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enjoya el aire de la mañana. ¡Es un quetzal en vuelo! (…)” (p. 95) ¿Es Nada Salas, su poesía, cual esa ave? NOTA: Inicia el rótulo de este escrito la palabra KOSMOS, en laude a la monumental obra de Alejandro de Humbolt, “Kosmos o descripción física del mundo” (Berlin, 1845-1859), rica en abundantes descubrimientos e investigaciones aportativas del ilustrísimo intelectual alemán. Nada Salas, heredera sentimental del gran hombre, le prodiga, indirectamente, tributo con su obra lírica. Lubio Cardozo, poeta ambientalista venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2015/08/metecologi-kosmos-la-idea-de.html, Lubio Cardozo, Kosmos: La idea de poesía en Nada Salas. Sábado, 15 de agosto de 2015. Breve reseña biográfica de Nada Salas Nada Salas es de nacionalidad croata, nacida en Chicago y ciudadana venezolana por haber contraído matrimonio con el notable médico merideño Rafael Ángel Salas Viloria. Profesa la religión católica. Habla croata, inglés, español, y lee francés, alemán y ruso. Ha viajado por los Estados Unidos, Norte América, México y Panamá. De Sudámerica solamente no ha visitado Bolivia y Paraguay. Ha viajado también en Europa por España, Francia, Italia, Alemania y Yugoslavia, y de África conoce Marruecos. Ella es una mujer de refinada educación y gran cultura que transmite a su interlocutor el mismo encantamiento que entrega en sus poemas. Habita en Caracas, donde espera vivir hasta el final de sus días. Pertenece al Círculo de Escritores de Venezuela. Ahora es feliz cuidando hijos y nietos. Trabaja en nuevos libros. Uno de motivos humanos, otro para los animales que se llama Zoociedad, sobre la naturaleza, morfología, características y belleza inherente a algunos animales. De todo lo anterior ha escrito zoopoemas como solamente puede lograrlo el talento excepcional del poeta, y ella lo es en grado

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sumo, porque serlo es precisamente hallar poesía donde ella se encuentra y está escondida o se expresa de manera manifiesta. He allí también el milagro de la poesía, que no solamente es hallar y no sólo expresar sino saber expresar de manera original y bella. Es ver donde nadie ve; sentir cuando nadie siente y expresar hermosamente cuando otros no han podido hacerlo de frente al fenómeno que proporciona la materia prima original y viva, para poder lograrlo. ¡Oh poesía revelación, hallazgo y milagro! Nada Salas: Magia de la palabra Ensayo 17. En 1998 recibió el premio Editor´s Choice Awards de The National Library of Poetry de Maryland, Estados Unidos. En el prólogo de su libro Lapislázuli, en su columna Candideces, el fallecido escritor y poeta Luis Beltrán Guerrero dijo: “De la nada ha brotado un mundo poético. Nada Salas es poeta por la gracia de Dios. Su poesía concentra toda la gama de su sentir y expresión, cascada de metáforas, peñasco de fulgores, iris de rápidos y deslumbrantes reflejos. Nada Salas es una artista nata y neta, conocedora de su propio valer, y por tanto, humilde y orgullosa al par. Ella, gran señora, sabe de sedas y terciopelos en los salones; gran madre, de pañales infantiles; sabe de azúcares en la cocina, y de pinceles y colores sobre el lienzo”. Breve Reseña Literaria Por una afortunada casualidad han llegado hasta mí, dos libros de la escritora venezolana Nada Salas: Arca de papel y Lapislázuli, los que he leído ávidamente, para mi complacencia. Registra en ellos la naturaleza de las flores, los árboles, las piedras, las gemas preciosas, los metales. Su curiosidad sin límites y la aguda observación que posee, le ayudan a desentrañar lo poético que tiene todo lo que existe. Ninguna cosa escapa a su percepción atenta e insistente. Es casi increíble que alguien cuyo idioma materno es extranjero, domine de manera tan perfecta el más puro español, el más atildado castellano. Más aún, quedando estrecho este idioma a su prodigiosa imaginación, crea las palabras que necesita para expresarse y consigue las desinencias apropiadas a su objetivo. Se ve que ha estudiado nuestra lengua con amor, para el apasionado ejercicio de escribir y describir cuanto ven sus ojos y contempla su mirada. Dispone de un vocabulario infinito para decir y bien decir lo que su creatividad inventa de manera tan compleja y sencilla. En algunos poemas muchos “por qué” quedan sin respuesta, sin que este interrogante mengüe el encanto casi metafísico de ellos. Su talento poético florece en cada uno de sus poemas y su oído profundo jamás pierde el ritmo de las palabras que se expresan en verso blanco perfecto. No hay sílabas que sobren en la melodía subyacente de cada idea. Dora Castellanos

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3 La idea de poesía en Teresa Coraspe Sólo la poesía a sus amorosos ampara; el abandonar su exigente comarca entonces

las

raras

–selváticas-

pasiones de la intemperie o la Nada aguardan. Algunos poetas lo saben, otros no éstos yerran, se disuelven, desaparecen. No hay más amparo para el trovador sino la poesía. Anda holgadamente Teresa Coraspe en el laberinto de su difícil romería por haber revelado en ella esa otra dimensión del contemplar, el ver salvante – dispicecere- hecho de las Ideas. Entender así la aridez del arraigamiento cual una tentación únicamente acreedora del olvido o apenas sí recordar su escalofrío. Asumió ella en la estrella de caminos, veredas, sendas del misterio milagro de la belleza el de la poesía, el alto principado de las encandecidas palabras, imperceptible más certísimo don de Theós Apollo. “Estos pasos que no me pertenecen detienen su cansancio junto al mar Ah rostros visionarios he andado hacia el fondo allí donde terminan mis huesos” (T.C., Vuelvo con mis huesos, 1978). Corporiza la Idea de poesía en la escritura ódica de Teresa Coraspe, la maestitia. Pero ¿qué habla la tristeza en la lírica? Cuando al territorio de la existencia se desciende empréndese al romper la búsqueda para tratar de descubrir entre la opima heterogeneidad del mundo, en su tosca versión terrenal, lo belloverdaderobueno (la kalokagathía de aquellos lejanos 72


griegos) cual pieza clave del puzle o el mapa donde de inmediato se vislumbraría la ruta infalible del retorno, la esperanza de enterrar para siempre bajo los peñascos de la eternidad al acechante dragón de la miseria de la temporalidad, escondido entre las ralas yerbas en la pradera de los días. Escasos quienes esa cifra, esa alhaja hallan. Ante el desasosiego de no toparse con la seña, el cuerpo oferta a cambio el señuelo, mediante la imperativa lectura del Sol, la posibilidad de los placeres somáticos, infinitos aunque robados a la naturaleza del relámpago, jugar al salto de la cuerda sobre a boca del vacío. Pero los poetas, personajes muy severos en su altivo silencio, optan por la propuesta restante, la melancolía. Empieza así el romeraje por los vericuetos de la vividura sobre el singular caballo con un verbo por nombre, “Esperar”. Dejando va al cantor o la cantora a lo largo del sendero los testimonios de sus pesquisas o de su fe en la reminiscencia (en la anamnesis) cual tributo de lealtad al destino o al misterio sobre el filo del riesgo de una creencia sus poemas. “Una mujer se va camino del verano sin domingos Se va sin detenerse invadida de extrañas memorias comienza a andar a la inversa una mujer” (T.C., Vértice del círculo, 1987). Soledad, pueblo en la costa crinoquense del estado Anzoátegui situando, lo arrulla un rosario de hermosas circunstancias, desde su nombre, Yacente en una levemente inclinada planicie; en lo alto del declive, en lontananza se observa un cerrado verdor, parecieran bosques; en la parte opuesta el Orinoco sus orillas moja; el muy pálido azul de los cielos de Guayana en el verano lo envuelve. Conforman la parte vieja de la pequeña urbe dos o tres plazas a las cuales llegan las antiguas calles flanqueadas por casas construidas con dignidad arquitectónica, gallarda, encantadora, rasgo de las edificaciones domésticas de los poblados históricos de Venezuela. Pueblo nada tosco en los sectores originarios de su urbanismo. Por el contrario sosegado, amurallado por la venustez de su conformación plástica.

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Cruzan por sobre sus techos las cálidas brisas provenientes de las selvas de la Orinoquia, uncida a ellas corretea también, a veces, la tristeza, dicen. Allí, un día de 1970 –hasta la eternidad- Teresa Coraspe nace. Heredará su escritura lírica el aboliendo de ese afectivo entorno geográfico, la pulchritudo maiestatis de su paisaje el cual luego, desde dentro, mostrará en voces, en canto, la ódica de su existencia revelada en las estrofas de sus seis poemarios publicados hasta el presente. Incrementará ese tesoro emotivo, obviamente, a lo largo de su deambular por los parajes de los días con sus lecturas, su pasión por los saberes de los múltiples rostros de lo artístico, con su incesante pensar, más por sobre lo dicho, con la vida misma. Hay, empero, otra soledad. Compuso Safo de Mitilene (s. VI a.c.) –“Safo, de trenzas violeta, pura Safo de dulce sonrisa”, Alceo- en su gratísima, fértil, isla de Lesbos arropada por las auras del Mar Egeo, un patético poema -“al son de la flauta de Lesbos Aquíloco- donde rima en sorprendentes versos cortos (la estructura estrófica inventada por ella, después llamada sáfico-adónica) el patetismo de una mujer sola en su lecho mientras transcurren las horas de la noche, "Έχουν σίγουρα κρυμμένο φεγγάρι και οι Πλειάδες. Τα μεσάνυχτα, στη συνέχεια, αφήστε ώρες, αλλά εγώ, μόνος, κοιμάμαι ". Traduzco: “Se han ocultado ciertamente la Luna y las Pléyades. Medianoche entonces, se marchan las horas, pero yo, sola, duermo”. Vigoriza, definitivamente, la solicitud los cantos. Aguardar las noches, sola en su cama una mujer -¡una mujer!- ha sido tema desde la literatura hasta el cine. Aunque conocedora de la ódica de Safo, en la composición siguiente de Teresa Coraspe, no hay influencia sino esa coincidencia existencial o tal vez fabularía. 74


“Tejo y destejo cual Penélope a la espera de Odiseo sólo que yo no espero a nadie sino el amanecer frio y sin voces donde el recuerdo enhebra las edades y da cuenta de las cosas idas que ya nunca más vuelven Tejo y destejo la madrugada” (T.C., La casa sin puertas, 2004). Reposa la elocución lírica de Teresa Coraspe en seis libros publicados hasta el presente (2001); versos, estrofas, composiciones depositarias de su pulchiritudo cantici. Concebidos en Ciudad Bolívar, valga decir en el extremo sur del País, muy lejos de las metrópolis posesoras de sus grandes instituciones culturales: de Universidades, bibliotecas, librerías, museos de arte, galerías, enormes teatros, cinematecas, complejos talleres de impresión; distante pues de Caracas, Maracaibo, Mérida. Dificultades objetivas transformadas paradójicamente en piedras de toque para probar su talento creativo. Autora Teresa Coraspe de una poesía sugestiva en su densidad existencial, de pensamiento, de vivencialidad. Trabajados sus opúsculos con responsabilidad ante la tradición humanística venezolana, con dedicación en la escogencia con tino de los vocablos adecuados para el fluir de sus sentimientos. Escritura dignísima donde se graba un acontecer de la condición humana, la melancolía, la maestitia. “Hoy amaneció la tristeza Me acompañó por la ciudad La sentí como una delgada luz plateada Y era azul el sentir Mágica montaña que no se logra alcanzar Allí estabas con una incomprensible alegría. Con la nostalgia de mi ser la delgada luz de plata en mi interior y el mágico azul de mi sentir me despedí”. (T.C., Este silencio, siempre, 1991).

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Podría asumir acaso Teresa Coraspe, en el horizonte de su actual temporalidad, la frase de Cicerón acie mentis dispicio

(“Veo con la agudeza de los ojos del

espíritu”). En fin, sólo la poesía salva a sus feligreses, a sus feligresas, cuando son verdaderos, auténticos, cuando la dignifican. Del libro: Tersa Coraspe, Tanta nada para tanto infierno. 91 poemas. Ciudad Bolívar, [s.e.], 1994. ANTIGUO ESPLENDOR ahí había vivido, crecido, amado. Mis antepasados vivieron y murieron. Las paredes hablan en silencio; aún puedo oir el eco de lejanas voces; hoy recorro cada lugar desdibujado con un grito apretado a mi espalda. Todos han muerto me repiten los árboles secándose ante un sol sin clemencia todos han muerto me dicen las campanas de la Iglesia cercana; todos han muerto y mis pasos resuenan sobre el polvo de alfombras deshechas. Los habitantes ya no existen; los espejos son espectros de imágenes llorosas. Yo camino, piso descalza el polvo desleído del tiempo; piso descalza el filo del olvido; piso descalza una lágrima apretada entre mis ojos; piso descalza el pico agresivo del cuervo y avanzo Voy reconstruyendo cada rincón desdibujado voy colocando las flores secas sobre floreros rotos; voy sacando del fondo del vacío rostros de seres

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que no olvido; voy quitando telarañas, polvo seco desleído de las honduras que ya son tristeza. La casa me persigue como un fantasma sonámbulo Abuela siempre vivió a la orilla del río. Madre jamás estuvo más de dos años en ningún lugar. Yo no tengo recuerdos La memoria de la vieja casa es la historia de un que será real dentro de otro tiempo Sigo tejiendo telarañas para el olvido sigo pisando descalza la cabeza del cuervo; los rostros de un daguerrotipo me sacan la lengua. Voy descalza a la inversa del recuerdo. Lubio Cardozo, poeta ambientalista venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2015/09/metaecologia-la-idea-de-poesia-en.html, Lubio Cardozo, La idea de poesía en Teresa Coraspe. Sábado, 5 de septiembre de 2015

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4 La idea de poesía de Carlos Agusto León. La belleza uncida al bien Recorre la obra lírica de Carlos Augusto León, sin distinguir temas, fábulas, aspectos, intenciones, una Idea

sublimes

manifiesta

gallardamente el bien uncido a la belleza.

Este

pensar

genesíaco

nutriente de sus versos ("Es la poesía en su inherencia un pensar" M. Heidegger), expresado con ostensible valor,

posee

un

noble

abolengo

originado en lo mejor de la sabiduría de la Grecia clásica, lo nominaron aquellos griegos kalokágathía: en ese vocablo dos conceptos fundamentales sobre sus dos voces se fusionan para crear una palabra portadora de una esencia salvante, entre muchas otras, de Occidente, cuya versión se deja a criterio de la sensibilidad e inteligencia del lector. Esas dos voces se dicen* kállos (belleza), agathós (lo bueno, el bien). Escribe Platón en Fedros "Es deífico todo lo bello bueno verdade_ ro, y todo lo análogo, ello nutre, fortifica las alas del alma." Constituye, pues, la kalokágathía la Idea de poesía profunda, sabia, sustentadora de la Ódica de Carlos Augusto León* la belleza consubstanciada con el bien unida a la verdad (la alétheia) "Cada noche es un viaje un puente que cruzamos." C.A.L., Los dísticos profundos, p. 27. Presentís la kalokágathía en los disimiles senderos andados por el poeta en su aventura por el bosque de la palabra encantada. Verso, estrofa, composición, in-clusive los epígrafes, al lado de su contenido primario, hacia esa Idea apuntan.

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Usa en el desarrollo de su discurso filosófico Platón el término kalokágathía pero sin profundizarlo más allá del lenguaje académico (República, Filebo); si saca a la luz Aristóteles la energía contenida en la esencia del vocablo ductor de este escrito, en sus tratados Ethlca Eudemia, Magna Moralia» Esa noble actitud existencial del humanus (no del inhumarais) el cantor Carlos Augusto León sólo por la vía de sus trovas la expone con sutil, alongada vehemencia, es su pathos cantici. En un anterior estudio de quien esto escribe titulado "Lo poético en Carlos Augusto León" ( Paseo por el bosque de la palabra encantada» Mérida, ULA, 1997 pp. 87-105) se revela el soporte formal escritural de esta Idea: los recursos expresivos artísticos del lenguaje ódico. Se explicitan en dichas páginas con expositiva exuberancia la retórica de su lírica uncida necesariamente a la casuística de sus respectivas apoyaturaso. Sobre

esa

base

retórica

fundamental

mencionada,

dos

horizontes

hay,

estructuran-tes definitivos de sus composiciones: una, la asunción de la música cual otra semántica esencialmente imbricada al sentido de las palabras de sus estrofas; dos, su percepción del discurrir cotidiano de su contemporaneidad en su trágica dialéctica con la naturaleza en su acepción ecológica. Se estudiaron, para exponer los dos asuntos mencionados, los siguientes volúmenes de versos de Garlos Augusto León (Caracas: 1914-1997) El río fértil (1980), el cual a su vez comprende treinta y ocho poemarios publicados antes de esa fecha; Lo infinito por decir (1980); Coplas de amanecer para Lupe (1983); Los dísticos profundos (1984), Juegos del yo (1989). Obviamente: C.A.L., Las siglas del trovador. "EL PAÍS DEL OLVIDO El país del olvido no tiene fronteras ni caminos. Se llega a él de pronto cuando no lo pensamos. 0 bien se va entrando lentamente como en agua dormida. El país del olvido no tiene árboles ni nubes ni nadie que recorra sus extensiones solas porque aquel que lo haga también es ya olvido, 79


de sí mismo se olvida." C.A.L., El río fértil, p. 322. La musicalidad de la tierra Así cual lentamente se expande la luz desde la alta madrugada, iluminando va uno a uno los diversos objetos, formas, faces del espacio terrestre, les insufla entidad, les otorga su manifestación, los salva de la ocultación de la obscuridad, con igual propósito las odas de Carlos Augusto León los variados aspectos, perfiles, actos dignos de la existencia celebran: vida poética les dan. Asumió con autenticidad, defen-dió con valentía, pregonó a los espacios destinales de la rosa de los vientos -y jamás lo negó- la maravilla del mundo. Rapsoda, pues, mas no de antiguos versos hazañosos sino de su propia épica, cantó su amoroso arraigamiento en las estancias de los días. Nada excluyó en el desenvolvimiento de su ventura composicional, ni el rostro del mal ni la dureza del dolor, pero siempre privilegió lo bello en sus múltiples niveles, el bien enraizado en el sentimiento moral en coyunda con la ver-dad, encabalgados en su sentida lírica. "Quisiera para el verso la nitidez del trino". C.A.L., Los dísticos profundos, p. 64. Constituye la poesía una forma, una de las corporeidades de la música, la vocal. Podría explicarse a la inversa, la música conforma el ser absoluto de la poesía, con o sin la asistencia de la voz. Un fin, esta vieja aporía en su ir y venir subsiste en su ludismo. Traído esto a colación por cuanto la musicalidad singulariza una de las esencias trascendentales patéticas -en el buen sentido del vocablo- de la pulcritudo poesis del profeta de las Musas Carlos Augusto León. Más allá de la obvia cadencia inherente a lo lírico, en él la música significa además transmitir un pensar para acercarse a sus realidades, a las cosas en si, al noúmeno focalizado (revelación) por el poema, iluminarlo (desocultarlo), reconocerlo (meminisse), luego entregarlo al concluir el proceso de la alquimia de la creación videncial, a sus lectores. Pues bien, esta sustentación rítmico-genesíaca de sus versos una de las columnas fundamentales de su trova manifiesta. Pero, ¿de dónde viene la musicalidad de sus estrofas? Sabe el poeta, por su condición intrínseca de vate, su destino, ser la voz de la tierra, de la arcilla de la proveniencia, de la greda de la 80


pertenencia. Representa ella, la tierra, en una de sus múltiples formas, el soma del humanus. Yace en el cuerpo aunque no inerte ni oculta ni silente; desocúltase ella, precisamente, al través de la melodía verbal cual paradigma de su grito, de su mostración sonora; la punta de la saeta en esa larga evolución de la voz significa los sentimientos, las emociones, las pasiones, el cavilar, la creatividad sólo en el canto corporeidad, realidad, adquiere. Posee, entonces, la tierra y la Tierra, entendidas en su globalidad —la Madre Gea: su azul atmósfera, sus aguas, sus piedras, sus climas, sus Continentes— en su inherencia el son, la cadencia, la armónica sonoridad, la cual lanzan -cantigas al mundo- sus hechuras más desarrolla-das, los grillos, las ranas, los pájaros, las ballenas, los genuinos dueños del reino de la selva, pero la más sugestiva en esa secuencia rítmica de las voces, de los tonos, lo encarna el humanus. Obsequia también dicha musicalidad la Madre Gea en el viento, en las olas del mar, en el correr del rio. (...) Con el viento que es mar a donde van las voces del hombre, de la bestia, de la selva dormida, el sonido del día y el rumor de la noche, a solas con la vida.” C.A.L., El rio fértil, p. 155 ”Soy en el Cosmos molécula que canta.” C.A.L., Los dísticos profundos, p. 28. La naturaleza en su acepción ecológica Organizó su concepción del mundo, de su participación en la sociedad Carlos Augusto León con base a la filosofía del materialismo científico engelsiano, enriqueció esa visión ideológica de su discurrir el aporte de su formación profesional de ingeniero civil, conocedor entonces de altos niveles de la ciencia matemática. Alimentan a la par, adecuadamente, dichos saberes su desarrollo espiritual junto a sus disciplinados sentimientos. Hombre de una gran bondad innata sin lugar a dudas, le allegó su seno familiar una muy bien perfilada moralidad la cual a lo extenso de. Lubio Cardozo, ecopoeta ambientalista venezolano

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http://lenincardozo.blogspot.com/2015/09/metaecologia-la-idea-de-poesia-de.html, Lubio Cardozo, La idea de poesía de Carlos Agusto León. La belleza uncida al bien. Sábado, 26 de septiembre de 2015.

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5 La idea de poesía de Alberto José Pérez: Los llanos occidentales de Venezuela en la obra de su último gran bardo “Son raros quienes logran triunfo sin trabajo, el resplandor colmante de la vida entera con las obras cumplidas”. Píndaro, Olímpica X. Dorado, el color del oro, éste lo único tangible

puro; la

dimensión

de

lo

poesía, en la intangible,

lo

equivale. Es el ser del poema la poesía, lo demás a la prosa pertenece. Han salido de los llanos venezolanos significativos poetas, aportativos en el hilvanado de la cultura humanística del país. Con su obra lírica un estrato literario singular dignísimo conformaron. Con su escritura culta, de variada fabulación, de temática rica en sus múltiples ángulos de pensamiento, en un lenguaje de alta exigencia, crearon sus cantos de elevado nivel cual una continuación en su sugestividad, en sus emociones, de la respetuosa tradición genuina, nativa; pareja en su precio histórico esta ódica fijada en la letra de aquella otra, la épica del siglo anterior hecha mediante el valor, la temeridad, las lanzas, la guerra heroica registrada no sólo ya en la poesía sino en el acontecer estructurante de la patria. “como centellas/ aparecen los jinetes/ que un día estremecieron el mundo” (A. J. Pérez, En la alta noche, 2010, p. 42). Reveló a los venezolanos la solariana melodía de los llanos con sorprendente fuerza descriptiva, por primera vez, Francisco Lazo Martí (1869-1909), timonel del nativismo lírico. Más allá de la épica realizada sobre ese extenso territorio —Las Queseras del Medio, Mucuritas, Mata de la Miel, por los varones Páez, Zaraza, Aramendi, Pedro Camejo, uncidos a los caballos, las lanzas, las espadas para

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escribir con la sanguínea tinta de la valentía la literatura del fragor—, alumbra Lazo Martí otras estampas de la fisiografía de ese espacio ocupante del corazón de Venezuela: la hermosura de las planicies de Calabozo, la gente, la flora, los animales —sativos o silvestres—, su suelo, su cielo, el verano, las lluvias, junto a la existencialidad del bardo mismo, con un lenguaje prestado al relámpago, el trueno, al fuego celeste de esas llanuras del centro de la nación. Rotuló sus cantos en las páginas de muchos gratos sonetos pero súbditos éstos alrededor de una composición central, La Silva criolla (1901). Nacieron un poco más allá al este de Calabozo, en los nominados llanos orientales, dos cardinales trovadores, en Cantaura, Mercedes Guevara Rojas de Pérez Freites (1885-1921), José Tadeo Arreaza Calatrava (1885-1970) en Aragua de Barcelona. Mirando ahora hacia el oeste, la lírica de los altos llanos occidentales tres nombres la honran: de Barinitas, Alfredo Arvelo Larriva (1883-1934), Enriqueta Arvelo Larriva (1901-1963), de Barinas (la ciudad) Alberto Arvelo Torrealba (1905-1971). Cierra este brillante ciclo de la ódica de los llanos un cantor de la misma cepa nacido en 1951 en el pueblo de El Samán del estado Apure, Alberto José Pérez, hoy por hoy en Barinas residente. ¿Por qué usar el vocablo ciclo para esta generación colocada holgadamente en el tiempo? Salieron a la vida en comarcas situadas sobre una peculiar fisiografía la cual matizó de alguna forma sus versos, en unos más en otros menos. Con excepción del último escritor mencionado, sus obras se ubican en el siglo veinte, diez décadas cuando Venezuela un perfil definido de la contemporaneidad del mundo occidental adquiere. A partir del presente siglo veintiuno distinta silueta intelectual pareciera comenzar a dibujarse en el país. ¿Se puede hablar entonces de homogeneidad generacional en ellos? Quien esto pergeña así lo concibe: encima de la raíz de la sólida tradición literaria nacional, regional, ellos su creatividad genuina irguieron al percibir la lírica cual una santa continuidad venida desde Grecia —Safo, Arquíloco, Píndaro—, reimpulsada hacia el oeste europeo durante el Imperio Romano —Virgilio, Horacio, Ovidio, Tibulo, Propercio—. Helenismo, latinidades uncidas en la estructuración esencial —material, espiritual— de Occidente, volcaron en ese espacio humano los tesoros de sus saberes, de su artisticidad. Con la conquista española de “las regiones equinocciales del Nuevo Continente” ninguna de estas riquezas espirituales llegó. Así como la lengua era, según Nebrija, compañera del imperio español, también lo fue de la ignorancia bien inoculada, bien administrada (“nos dominaron más por el engaño que por la 84


fuerza. La esclavitud es la hija de las tinieblas”: Bolívar, Discurso de Angostura, 15 de enero de 1819). Durante la Guerra de Independencia, luego en plena existencia republicana democrática, arribó a la América de habla castellana el helenismo, la latinidad, Occidente. Y ya hoy toda esa inmensa geografía cubierta por el manto del Occasus, las dilatadas regiones donde el Sol se pone, conforma la Grecia de contemporaneidad; la vieja amada Hélade o Hellas singularizaría sólo el omphalós, el umbilicus, de la nueva, de ésta esparcida desde las costas del Mar Egeo hasta la pétrea Cordillera de los Andes y las orillas americanas del Océano Pacífico, las tierras del Occasus. “Intentaremos volver a encontrar el acceso al mundo griego cuyos rasgos fundamentales, aunque escondidos, dislocados, desplazados y cubiertos, siguen siendo los nuestros” (M. Heidegger, Introducción a la metafísica. Barcelona, Gedisa, 1977. P. 118). Entendieron estos trovadores su noble reto a la hora de la escritura, fundir primero en la compleja psiquis su natividad mestiza brotada en el suelo llanero con el peso cósmico de su dilatada herencia espiritual, artística occidental. Luego ese río de fuego sacro de su alma traducir en versos, en estrofas. Cumplieron. Dejaron en sus inmarcesibles opúsculos la pulchritudo cantici. Apuntadas sus creaciones líricas de cara a lo absoluto, sean cuales sean las vivencias de sus fábulas, los afectos, los conflictos, lo social, lo histórico, lo íntimo, lo familiar, angustias, emociones, pasiones, su pensar, su existencialidad, en fin. Pero intransigentes en la escogencia de la espigada calidad expresiva, formal, de sus composiciones. Los poetas, personajes muy severos en su altivo silencio, optan por la aguzada verdad de sus voces: es el ser del poema la poesía; bizarros al conducir hacia ella la pureza, la valentía espiritual, hasta alcanzar los portones de bronce del sacro misterio milagro de la belleza: el único límite. Ritma Eurípides en Bacantes, cantado por el coro, este verso, “Lo bello es grato siempre” (Madrid, Gredos, 1979. V. III, p. 385). Recreará dicho concepto dos mil años después el inglés John Keats en el inicio de la primera estrofa de su largo poema Endymión: “A thing of beauty is a joy for ever” (Barcelona, Libros Río Nuevo, 1978. V. I, p. 166). Vigorizaron así, ennoblecieron en múltiples sentidos, ampliaron ellos el mapa de la densa literatura nacional. Trazan, pues, un ciclo, inaugurado en 1901 al salir de la imprenta de Herrera Irigoy en Silva criolla de Francisco Lazo Martí. Lo concluye el epos lírico, todavía en su fase de revelación, de Alberto José Pérez.

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II El oro, lo único tangible puro; la poesía, en la dimensión de lo intangible, lo equivale. El Ser del poema la poesía es, lo demás a la prosa atañe. En los anaqueles de mi humilde biblioteca trece poemarios de Alberto José Pérez, al inicio del 2011, reposan. La inicial composición de su primer opúsculo lírico, Los gestos tardíos (1975), posee una metáfora vanguardista la cual ya predice al caro trovador al inicio de la maravillosa aunque difícil cuesta, dice: “El perro desnudo de la noche” (p. 7). Para el inteligente teórico de la literatura en la clasicidad tardía, Casio Longino (s. III d.c.), el delicado encanto de lo poético nunca cubre toda la composición sino apenas un momento —unos versos, una estrofa o una mera palabra— el cual el lector, mediante su mirada sabia, detona, irradiáse de inmediato así su carga lumínica y envuelve ésta la oda, la hace poética. En su exquisito tratado De lo sublime (Peri ypsous, se manejó la edición: Buenos Aires, Aguilar, 1972), Longino ubica ese espacio donde lo poético espera en el escrito lírico a su lector para al través de él explosionar su carga de belleza e iluminar el todo: hállase ese locus en los recursos expresivos artísticos del lenguaje literario, sea una metáfora, una hipérbole, una perífrasis en fin, o ya en lo patético de la elocución (entusiasmo, emoción, pasión) o ya en el superior grado intelectual de la revelación de la verdad, de un concepto sorprendente. Podría resultar un buen báculo para andar, a la par de disfrutar, por el bosque de la palabra encantada de Alberto José Pérez la obra de Longino. Por cuanto el bardo barinés de Apure con su innata creatividad supo separar el grano de la paja para salvar del naufragio de la escritura de esos años la poesía. Por ejemplo, sólo en los cuatro versos finales de “Jugamos”, del mencionado primer opúsculo, lo sublime revienta (p. 39), Jugamos a cada rato y a cada rato perdemos mientras tanto una hiena vigila los colores que se tejen en el cielo.

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De igual manera cabe citarse: “Antes de vestirnos los ojos de relámpago” (p. 29), “El viento lee / en los ojos de la noche” (p. 51). (...) Ya no seríamos tristes papagayos buscando la libertad estirando la cola sobre cualquier colina (p. 59) Mas Longino, discípulo en el tiempo de la Poética de Aristóteles se mantuvo fiel, en sus concepciones teóricas sobre la belleza del epos literario, al racionalismo del estagirita —ese gigante arquitecto de la lógica (Werner Jaeger, Aristóteles)—, por eso él llegó sólo hasta los tropos, las figuras, lo patético, lo gnómico, cual depositario de la sublime del discurso escrito, se quedó pues en la pulchritudo rationalis. Por su misma herencia intelectual soslayó el plantearse, el preguntarse, la naturaleza esencial, más allá de la armazón lingüística, de dichos tropos o de las figuras literarias; esquivó indagar, fuera del sendero racional, ese sobrecogimiento recóndito, ese arcano capaz de producir el éxtasis en el lector. ¿Dónde reside ello, esa quidittas? ¿Quid est res poesis? Tal vez los escritores órficos, tal además los pitagóricos, contemporáneos en distintos tiempos de Aristóteles como de Longino, algunas respuestas a dicha interrogación dilucidarían. Por salirse del ámbito racionalista ni los órficos ni los pitagóricos jamás fueron incluidos en los registros, en la casuística, en los ejemplos citados cual respaldos en la Poética, en la Retórica, tampoco en De lo sublime. Se les negó por entonces título de existencia a lapulchritudo orphica. Sólo dos mil años después, cuando Sigmund Freud sus libros cardinales sobre la oniria publica, se pudo profundizar, capturar —arrimando a un lado el ensamblaje lingüístico— la naturaleza de la metáfora, valga decir de los tropos. En su obra ejemplar La interpretación de los sueños, resumida aunque con nuevos aportes

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años después en Los sueños (se utilizaron las Obras completas, Madrid, Biblioteca Nueva, 1996, t. I), categóricamente Freud la esencia del plano evocado —conocido entre los lingüistas con el nombre de eje paradigmático— de los tropos descubre: éste se nutre de los sueños. La complejidad de la oniria, ese torbellino hecho del maravilloso desorden de los registros memoriales, de remembranzas, de reminiscencias de disímiles procedencias donde la logicidad —lorationalis aristótelico— queda excluida, esa oniria pues entraña en su grado puro lo nominado por Freud “las ideas latentes”, éstas cuando el humano retorna de la vigilia persisten en el presente de la conciencia en un horizonte específico de ocultación/revelación (nivel fantástico, misterioso) para reaparecer con su brillo, cual un estallido, en los momentos de la poietiké del artista, ocupan el más denso ámbito —el óseo— de la creación. Puntualiza Freud: “Las primeras ideas latentes que el análisis revela suelen extrañar por su poco corriente apariencia. No parecen presentarse en las tímidas formas expresivas de las que se sirve preferentemente nuestro pensamiento, sino que se muestran representadas simbólicamente por medio de comparaciones, metáforas, como el lenguaje poético, rico en imágenes” (p. 736). Alucinaciones benignas formadas en las catacumbas del espíritu por donde emana la anamnesis platónica, resorte en buena medida del poema. Aproxima, entonces, este descubrimiento freudiano a los portones de bronce detrás de los cuales se oculta/revela el ser de la ódica, abre Freud la ventana para “ver”, en la cognición heideggeriana (salir al “estado de abierto”, a la “iluminación”, a la intemperie), la pulchritudo obscura, la lírica pura tejida con las cabelleras doradas del hechizo. Asoma así, después de cuanto se ha escrito en las afirmativas anteriores líneas, una imperiosa aporía: ¿en cuál de estas dimensiones yace la realidad, en el sueño o en ella misma tal la entendemos? Si en la del sueño, luego éste constituiría la realidad. Pero siempre quedará el margen onírico, obviamente. Mas al tiempo se retornará a la misma duda aunque invertida, ¿en cuál de estas dimensiones yace el sueño, en la realidad o en él mismo tal lo entendemos? Difícil salir por la vía horizontal, traspasar el lindero de esta circunferencia. Por eso el poeta en ese círculo un anfiteatro levanta para escenificar su tragedia o su comedia, un escape vertical hacia el cielo terrestre, el sacro misterio de la belleza. Ciertamente esto ya, en un nivel órfico, en la basal lengua griega clásica Platón en el Fedro, a sus alumnos lo había anunciado: “Quien intente aproximarse al santuario de la poesía sin estar 88


agitado por este delirio que viene de las musas, o quien crea que el arte (-tékhne) sólo basta para hacerle porta, estará muy distante de la perfección: la poesía de los sabios se verá siempre eclipsada por las odas que respiran un éxtasis divino” (México, Porrúa, 1972, p. 636). Vagará, ahora sí, el lector con este mapa —¡o puzzle!— en la mano, por el laberinto de los versos del juglar Alberto José Pérez. III En El libro de Barinía (1984), el trovador en un altozano de sus días se detiene, la brújula del destino de su peregrinaje en ese instante revelador escruta. Ha mostrado la angustia ahora su pálido rostro en el espejo donde el cantor acude para cerciorarse de sí uncido a su canto con la existencia, con la temporalidad. El relámpago de la congoja, del pesar, ese celeste atardecer, sacuden, enhebran lejanos truenos esta aflicción del ánimo, Auto-retrarto Tengo lo que no tengo y por tenerlo me espanto palabras metálicas que no conmueven una canción que no logro aprender de memoria un viaje sin punto de partida treinta años y un montón de versos que tan sólo roban espacio a las sombras que precedo. Iniciar el romeraje por el reino de la poesía implicaba, más allá del regocijo de las estrellas en el paisaje de la noche, de la mujer (las ellas, esas dulces quemaduras en el rumbo), de la euforia de las fuerzas silvestres desatadas en el soma ante el reto de las efectivas estancias, reclamaba dignificar la transmutación de esas vivencias en una creatividad —poietiké— a la cima del humano —no del inhumano— con la verticalidad de los padres árboles, con la fortitud de las saetas del azul celeste: los 89


gavilanes. Había de esperar por eso, en algún puñado de días, el óseo diálogo entre el trovador y su existencia. Apuntan a ello versos tales, “de que el rocío / lama mi faz / de moribundo comedor de piedra” (p. 9), “la sed del grande perro corazón mío” (p. 13), “que aquí viene el olvido a buscarte / como cualquier cosa que no vale nada” (p. 13), “he arribado a la cima / al comienzo de las cosas / de nuevo frente a lo desconocido” (p. 27), para aterrizar en uno de sus poemas paradigmas del libro, Tanguillo Qué es lo que siento ahora que masco tierra será así como se anuncia el silencio lo efímero que soy. Detenerse en un alcor de su temporalidad para Alberto José Pérez significó un requerimiento de su misma trova, imperioso para vislumbrar en la esperanza de la ruta del romero, sub lumen solis. Las mencionadas afecciones, dudas, angustias, pesares, desesperanzas del bardo en su psiquis maduraron para desembocar casi diez años después en una larga alegoría conformadora de dos poemarios, Homenajes (1993), El espejo y la memoria (1993), Vívida alegoría de enhebradas metáforas hecha, tropos macizos a la par de laboriosos por cuanto cada uno sobre la arquitectura de su poema yace. En el primer opúsculo, cual lo puntualiza su rótulo, la urdimbre de los versos de cada composición conceptualiza un afecto, un recuerdo, un grito por personas muy queridas; en el segundo el viento de la libertad por las páginas del pequeño libro se cuela para despejar el ser de dicha alegoría en ambos textos, ese ser tristeza se nomina. El tiempo obliga Voy a encontrarme contigo Te llevará cartas y recuerdos de Familia, Hablaremos de lo de antes 90


Cuando estabas con nosotros. Tus pertenencias están en el mismo sitio, Los pájaros no han vuelto, Los perros se murieron Y los caballos también. Por eso voy a encontrarme contigo. Ya las cosas no son iguales, El tiempo obliga, La vida es así. (El espejo y la memoria) ¿Qué impele al desocultamiento de la melancolía en el poeta? Martin Heidegger, en su tratado Caminos de bosques (Madrid, Alianza, 1998, p. 238), una frase patética ante los ojos del lector colocó: “A qué lugar del destino de la noche del mundo pertenece al poeta”. Cuando la ódica definitivamente del espíritu del hombre (o mujer) se posesiona —“La poesía es el río que me inunda / cuando tengo el mundo a un paso / y digo que estoy perdido” (Homenajes)—, emprende éste la búsqueda para tratar de hallar en el caos de la aventura aquella sublime Idea latente en la brújula del corazón puro (la kalokágathía de aquellos lejanos griegos), “lo bellobuenoverdadero es deífico, y todo lo análogo, ello nutre y fortifica las alas del alma”; Platón, Fedro (México, Porrúa, 1972, p. 637). A alguien espero... Alguien que no sea mi rostro. Una mañana Un golpe de suerte Que aísle la sangre Que recree las sombras Y las vierta Como capa de viento. (El espejo y la memoria, p. 7).

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Toparse con relativa certeza el sendero señalado por el mandato divino de la Idea fácil nunca resulta en medio de la insoslayable confusión de los días. Con frecuencia el fulgir de la seña, de la cifra, ante el torbellino de los placeres de la vividura, se oculta, se pierde. Mas el cantor, altivo personaje en el reino de su silencio, deberá escoger entre la voracidad del dragón de la miseria de la temporalidad o la otra oferta, la mesticia, algunos optan por ésta. Emerge entonces entre las brumas de la creatividad la lírica de la tristeza. En mi pueblo no tuve más diversión Que el río Una diversión que se convirtió En culto al lenguaje del agua Hasta ahora mi primera y única fiesta En la ciudad Sólo formas muertas Mi sombra escondiéndose Con sigilo de mariposa En el espejo y la memoria. (El espejo y la memoria, p. 30). En la pulchritudo cantici de la literatura venezolana contemporánea, quienes con más agonía sus trenos han lanzado a los vientos “del destino de la noche del mundo” han sido, en cadencia elegíaca, José Barroeta (“Amo más la tristeza / que la palabra”. Culpas de juglar, 1996, p. 15), en armónica sonoridad alegórica Alberto José Pérez. IV (...) “Y me lanzan de nuevo a la aventura de los caminos”. Sófocles, Edipo en Colono. Canta a sí mismo el trovador en Marca (1994), lejos, por supuesto, de cualquiera actitud narcisa. “Rompo amarras / me echo sobre hoy” (p. 11). Defiende este 92


profeta de las Musas, de manera sutil, el historiador del caballo de su soma en medio de la brega, sobre las vicisitudes de la intrincada comarca de sus circunstancias. Opúsculo donde Alberto José Pérez, sin salirse de lo sugestivo de las estrofas, el pesaroso a la par de confuso carretear por sus afectivos entornos geográficos explica. Rinde cuentas a su tribu de las acciones trenzadas con sus años e identificadas espiritualmente con los pobladores de los llanos de su ventura. Revelación desde dentro convertida en voces, en cantos, una ódica del juglar brotada del paisaje humano uncido a las provincias por donde él ha deambulado sobre el potro del dolor, de la furia. “Animal puro soy / mantengo un trozo de guerra en los ojos” (p. 18), “acaricio la furia / como a un perro de caza” (p. 20), “Ladro algunas veces / como defendiendo / un pedazo de hueso / asoleado” (p. 21), Marca también traduce en su armónico conjunto de estrofas un mediante las cuales el vate exorciza la amenaza del alud de la noche —jamás la bella dama de voláceo pelo obscuro en cuyo seno retozan las estrellas, sino la ensamblada de alevosos golpes acechantes en la encrucijada de la errancia. Decidió, en fin, el poeta, espantar con las lanzas de sus versos los sórdidos ruidos avizorados en la intemperie de la temporalidad. Hermosa oración ésta de la página 19, recuerda las dulces auras de aquel Francisco de Asís, Tantos incendios me han consumido, que ya sólo soy una canción. Quédate avecilla, mis árboles son tuyos, tómalos. También tengo para ti miel, frutas frescas y mangos, mi andar parsimonioso. ¿No has visto que tengo ríos?

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V Páthei máthos, Por el sufrimiento el saber. El trovador, la poesía, faz a faz. Encara, con lata experiencia intelectual junto a un capital de vivencias recogidas a las orillas de la calzada por el andariego, la ódica; la inquiere, la sacude con vigor de alma en las estrofas de dos cuadernos separados por una década: Como si valiera un siglo (1996), Un poeta como yo (2006). Constituye el primero un pequeño libro un tanto desigual en sus decires melódicos, aunque en el más de las composiciones el habitual ludismo verbal de este bardo cede el espacio de las páginas a inquietudes en torno al sentido óseo de su propia lírica. Acoto, en respeto a la verdad, los siguientes: el pensar sobre el sacro misterio de la belleza emanante de los versos, el continuo de los escritos de este aedo de los llanos venezolanos. Por lejos que me encuentro del día en que vivo no desmayo mirándome envejecido a veces piedra me veo y no recuerdo la periferia donde he vivido amándome en ti poesía que ni muerte me has dado. (P. 20). Con mayor vehemencia a la par de erguida serenidad, de nuevo el cantor, al través del ritmo airoso de sus vocablos, confronta a la lírica en Un poeta como yo, cual una dulce fatalidad la pertenencia absoluta en lo profundo de su ser, de su singularidad, a la poesía. Lo ha llevado de la mano ella por los pasadizos del laberinto de sus cincuenta años de andariegar por “el país de los mendigos” (p. 24), para extraviarlo a veces, otras para salvarlo. 94


Tanto se ha dicho de la poesía Y los poetas Que ya no me ocupo de tales asuntos Y de enero Con sus noches frías Tampoco Habito en la flor de bora Del río de mi vida Y marzo muerde mis pies Abro mi corazón Y pienso Cierro los ojos Y pienso (...) (p. 23). Tómese al voleo, tal un reto, lo afirmado en la primera estrofa. En realidad, ¿qué es la poesía, suquidditas? ¿quid est res poesis? Afirmo desde el extremo de mis setenta y dos años: la poesía es el espíritu de la Tierra tierra (cuando digo Tierra tierra por supuesto al universo incluyo). El manifestarse, el mostrarse, el alumbrar (en fin, el phaínoo de los griegos aquellos) su espiritualidad. Grita la madre Gea su poesía — aunque parecieran no oírla así, ¡la fulana descreencia!— a través de las formas y las voces de sus criaturas, los cerros, los altos riscos —¡la amadísima sierra nevada de Mérida, bellísima cordillera genesíaca!—, los ríos —¡el Orinoco!— las nubes, los padres árboles, los mares, la cromaticidad de las flores en las mañanas veranosas de los andes venezolanos, el croar de las ranas, el rugir del tigre, el trino de los pájaros, los versos del humanus. Pero éste a la tierra íntima del cuerpo por los vericuetos de la confusión de la aventura la arrastra, la enriquece en unas, en otras las pervierte, la mezcla con el delirio de su deambular, la embarulla con sus pasos, por eso cuando ella canta allí, deja oír las odas del soma, va en verdad el acontecer de la Tierra tierra en el vate, el vaticinador, o mejor, porta él la historia de su personal arcilla. Sin embargo la madre Gea al trovador jamás en el reposo de su 95


escritura lo abandona en su soledad, en tales horas siempre la apertura de la mayor fuerza imaginativa le reclama para donarle así el oro esencial, el dorado color sacro de la lírica. Difiero —humildemente— de Aristóteles en su Poética sobre la perspectiva originaria de la ódica, para mí nunca reflejará de manera apodíctica, miméticamente la fisicidad (laphysis, conceptio rationalis), afirmo más bien: la poesía en la cadencia de sus tonadas, en la eufonía de sus composiciones, vierte el espíritu de la Tierra tierra por la voz del cantor, del poeta (conceptio orphicus). Creo interpretar con los vocablos dichos la semántica de este hermosísimo poema absoluto del juglar Alberto José Pérez, El caracol Lentísimo el caracol Dibuja su huella en la arena Respiro hondo Cuando abre las pestañas Del océano Y se va silencioso Por ese ojo inmenso del planeta Que dudo en mirar A otra parte El caracol ¿Conocerá el miedo? (p. 9). Después de Un poeta como yo (2006), AJP otros textos ha editado, de ellos dos hay, hasta el presente (2011), en los cuales el escritor ostenta su holgado mester de la elocución lírica, quizás alcanzó la pleamar en su alongada experiencia literaria: Confesionales (2008), En la alta noche (2010). En su discurrir melódico cuanto ya se afirmó a lo largo de estas páginas en ellos lo ratifica. Más, a manera de un primer toque de pista en este largo aterrizaje inconcluso queda una pregunta aún sin responder: ¿cuál es la Idea de poesía en Alberto José Pérez? Infiero: para este trovador, por sobre la multiplicidad, la heterogeneidad, de la delirante romería, sólo en verdad substancializa su existir la ódica. Bien lo expresa en tres versos con

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los cuales a su vez rubrica su identificación con uno de los tantos gratos rasgos enfáticos definidores de los grandes poetas llaneros ya mencionados, la pulchritudo maiestatis, cuya tradición concluirá definitivamente con Alberto José Pérez. En su compasión “Mi canto”, escribe, (...) Nadie sabrá del planeta de la palabra Como yo Ahí moraré como un trueno en una ceja de monte (En la alta noche, p. 35). Lubio Cardozo, ecopoeta ambientalista venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2015/08/metecologilos-llanos.html, Lubio Cardozo, La idea de poesía de Alberto José Pérez. Los llanos occidentales de Venezuela en la obra de su último gran bardo. Miércoles, 19 de agosto de 2015. Nota biográfica: Alberto José Pérez. Nace en Apure en 1951, Poeta, editor y comentarista literario venezolano. Ha obtenido reconocimientos por su obra poética entre los cuales vale mencionar el Premio Único de Poesía de la Bienal de Literatura de la Universidad Central de Venezuela (UCV) por su libro Homenajes (1991), y el Premio de Poesía de la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Ezequiel Zamora (Unellez), por el poemario El espejo y la memoria (1987). Obra Literaria: Homenajes (1991), El espejo y la memoria (1987), Los gestos tardíos (1975), El libro de Barinía (1985), Marca (1984), Olor de amor (1995), Como si valiera un siglo (1996), Retrato de memoria del corazón de una mujer (1997), Un poeta como yo (2006) y la antología poética El poeta de quien les hablo (1999).

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6 La idea de poesía en Juan Beroes (1914-1975) La belleza expresa lo divino en lo sensible". Hegel. "privilegio del poeta que da a cada palabra su sentido más irremplazable, porque refiere cada palabra a su propio destino espiritual". Álbert Béguin Cuando el poeta en sus versos expone su idea de poesía obviamente ilumina, cual un relámpago, lo más sagrado de la aventura de su existencia escritural. Señala, así mismo, las rutas para cruzar por el secreto de sus odas. Puede dicho ámbito lírico ser obscuro de claridad o poseer el fulgor de la más cerrada noche. Tiende entonces las manos de las voces y sin proponérselo necesariamente reta, el vidente. Revela la idea de poesía en el cantor -explícita o implícitamente- su creación, valga decir un corpus verbal nacido de su entraña espiritual, nueva. Descansa el fundamento de su originalidad en la arquitectónica de sus pensamientos ensamblados mediante la rítmica, la musicalidad, todo ello inmerso en su personal concepción (del misterio) de la genuina roca de la belleza, de lo kállos, elaborado con escogidas (a veces muy amadas) palabras, sermo nobilis. Un sentimiento, en fin, dejado entre sus estrofas explícitas o implícitas, esta última modalidad expresiva exige, con respecto a la idea de poesía, un mayor esfuerzo intelectual por parte del estudioso o del lector interesado en el asunto. En el poema -o en el poemario- la idea de poesía un rasgo aportativo descubre, novísimo, enriquecedor de la poesis. Si un viejo lector de poesía al final de su lata experiencia quisiera recogerlos (a esos rasgos) todos y conformar con ellos una libros de cantos; I, Paraíso edificado" (dieciocho cantos); II, Paraíso habitado" (quince cantos); III, "Paraíso desatado" (doce cantos).

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I "¡He allí, pues, los vivientes dominios de la provincia estelar donde fui aposentado!" (p. 19). Habla por la voz del poeta la tierra en "Paraíso edificado". Atrevida hipóstasis. Sólo mediante la fuerza tremenda de la poesía puede el trovador hipostasiarse en la tierra del Nuevo Mundo, ser la palabra trascendental, al través de los rieles de una alta musicalidad -pathos músicas- para decir a los cuatro vientos la plenitud de la realidad de "las regiones equinocciales del Nuevo Continente" (Humboldt), ello únicamente posible mediante la liberación plena de la creatividad lírica. Sobre la verde piel de esta geografía el bardo describiendo va en armoniosos versos la historia natural y existencial de los territorios, desde los pobladores originarios. En aquel tiempo, oidme, los hermanos más puros de mi sangre descendían felices de las verdes colinas tumultuosas, y en el hombro traían herramientas brillantes, olorosas aún a piel alta de la tierra, a anunciación del día (p. 11). Recorre el poeta, entremezclando planos temporales con sorprendente ludismo, el país amado por el sol. Expone, a la manera de Andrés Bello en LA AGRICULTURA DE LA ZONA TÓRRIDA, los frutos de la huerta, "La guanábana encendía vaga luz de transparentes ámbitos nutricios, y la piña ceñuda -trofeo de las armaduras vegetaleserizaba con zumos de sus lunas secretas volcánico escalofrío” (p. 2l). De las flores, ”Aquí la carne del malabar espumoso, y de la azucena de piel rubia o de céfiro o como la novia que despliega su axila...” (p. 30). Quedan registradas en su pluma las neblinosas montañas, los asoleados cerros, los copiosos bosques, en fin. Después la fatalidad histórica de la llegada de los malditos conquistadores españoles a quienes el escritor engloba bajo un solo nominativo “El Forastero” -”y vimos la nube avanzadora del caballo / penetrar en el reino de los árboles, / como una cálida invasión de temeraria espuma” (p. 23). Va enfocado todo cuanto sigue en un conjunto de múltiples reflexiones, siempre

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dentro del tronar de la poesía y de su musicalidad magnífica, sobre el mestizaje y los pueblos nacidos a partir de allí e inmersos en el mismo paisaje. No escapa a esta angustia existencial del vate su saga familiar enclavada en la provincia de Los Andes venezolanos de donde Beroes provenía. Pues bien, ello la edificación de un orbe constituyó, por eso tal vez el nombre de esta primera parte de libro, ”Paraíso edificado”. ”Puedo ser, ¡pueblo mío desterrado de las consagraciones terrestres!, el que te acompaña y muere de tu larga agonía, o el que se despide y te deja en palabras el recuerdo de sus dichas mortales” (p. 44). II Sólo un poeta, mas con el talento artístico de Juan Beroes, pudo lograr alcanzar con la presencia semántica de la musicalidad de sus estrofas la esencia del espíritu de la tierra, de la diosa Gea, gran theá madre de la existencia, en el límite extremo de Occidente donde el sol de pone, en la singular región de Los Andes venezolanos. ”Pero, aún viven en la tibia montaña al poniente los signos que ampararon mi mortal crecimiento” (p. 59)4. En ese entorno maravilloso donde aún el verdor no ha perecido, donde muchos de sus entes conservan frescos los rasgos virginales del origen, la segunda parte del libro se explicita. Canta ahora el trovador su infancia en medio de las sorprendentes realidades vistas con los ojos de esa edad. En sus remembranzas los sublimes momentos articulados de ese ámbito luminoso recorre. Dedica los primeros espacios del recuerdo a la "Ama", la mujer quien cuidó de su niñez. ”-Oh, Ama entre cánticos, dueña de las infantiles soledades: yo te he visto apartar mi muerte primera, con tu mano que ascendía victoriosa hacia el corazón de las frescas montañas!" (p. 58).

4

Juan Beroes, Los deshabitados paraísos. Caracas, Tip. Vargas, 1967. 100


Plena con la memoria cual relámpagos mnémicos e ilumina el bardo este ahora "Paraíso habitado". Escribe Heidegger en un hermoso libros "El recuerdo auténtico debe profundizar siempre lo recordado, es decir, hacerlo salir de nuevo, progresivamente, en su posibilidad más íntima5". Mas esta afirmación en otra de sus tesis se enriqueces "Por eso, la poesía es el agua que a veces corre hacia atrás, hacia la fuente, hacia el pensamiento como recuerdo (...). Toda acción poética brota de la meditación del recuerdo 6 ". Adquieren entonces vida eterna, o en otras palabras aliento poético, en esta segunda parte del poemario la casa de la infancia con todos sus recovecos misteriosos, los pájaros en el centro de aquel verdor, el arribo del verano o de las lluvias, el azaroso incendio de los alrededores, el cruce por los caminos de hombres armados a caballo provenientes de las pequeñas guerras locales, la furiosa tempestad, la madre, el abuelo; luego el advenimiento del final de la adolescencia acompañado de la salida de la casa materna, el autoexilio de aquel paraíso impulsado por el reto de la aventura del futuro, al encuentro con un destino. "Alcancé mi juventud en días semejantes a las verdes mañanas con césped visitado por delgadas sombrillas, y grabé en las maderas de mi corazón abundante: -Madre, solo voy con mi gozo, ¡aconséjame!" (p. 63) III Marcha el poeta al hallazgo del azar, del hado; deja atrás el habitado paraíso de su infancia para tomar el derrotero del laberinto de la vida adulta. Lleva en la alforja de su esperanza sólo sus versos y sus ojos, su amor a la existencia sin desconocer las complejidades, a veces terribles, dolorosas, en otras amables, dulces, de la realidad cuando ya se transita en solitario. Anda ahora sobre la parda tierra de lo por él llamado el '‘Paraíso desatado". Iluminando van sus musicales estrofas los múltiples caminos de la obscuridad del caos. Cual relámpagos sus composiciones alumbran los ámbitos de la oportunidad de vagar sobre la piel del tiempo, de su

Martin Heidegger, Kant y el problema de la metafísica. México, Pondo de Cul-tura Económica, 1998. P. 19. 6 M. Heidegger, ¿Qué significa pensar? Madrid, Trotta, 2005. p. 22. 5

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temporalidad. Riquísimos encuentros, angustiantes desasosiegos, cada uno fijado en la eternidad de sus cantos. "-Mas, siéntate a la sombra de tu eterno poema, y en la voz de un instante, una tarde del tiempo, caerse los verás de su triste soberbia" (p. 70). Significa "Paraíso desatado" la peregrinación del vidente por el espacio extendido desde su extrañamiento de la casa materna hasta el lindero de la muerte. Constituyen sus sonoras estrofas exorcismos contra (y testimonios de) los males de los hombres, sus compañeros de errancia; conjura con su ódica al destino, sus sorpresas, sus trampas, sus abismos. Pese a la grandeza de la poesía ella sin embargo suficiente no es para cruzar el océano de la soledad del bardo entre los escollos de los misterios, de los retos inaplazables, de los vacíos del alma. Vuelva entonces su rostro a Dios cual esperanza intangible, ante el férreo límite del deceso. La ilusión, la fantasía, el tibio topos de la casa materna ya han dejado de ser, por eso el título del poemario, Los deshabitados paraísos. Yacen entretanto las cosas, las personas, los paisajes, en verdad, pero en medio de una dura nada. Muere el alma a veces más la corporalidad pervive alimentada por el semidulce elíxir de la tristeza. Revela ello uno de los designios del sabio, en el estar, en el permanecer, la soledosa vía. "Os invito a lamentar en la región de mis deshabitados paraísos, porque aquí ya no hay piedra que sostenga estos muros, ni muros que convoquen a batalla de arcángeles, ni arcángeles humanos que con su aliento disipen las obscuras invasiones del cielo desatado" (p. 87). IV Si el poemario con una invocación abrió el triple conjunto de los cantos, después de éstos cierra con una larga oración de súplicas por las culpas propias y las ajenas de su entorno epocal. Ha recorrido ya el trovador un largo trecho de su contemporaneidad. Portaba en su corazón y en su boca la poesía -la poesis- cual singular ofrenda posible por parte de él a los otros. Halló a cambio de esa dádiva el desasosiego, vanidad, falsedad, la libertad ensangrentada, "aves huracanadas" (p. 90), en fin. ¿Qué queda? ¿Cuál es el sendero? Alberga entonces Dios la última posibilidad, a Él se dirige y le entrega su contrición. 102


"¡Oh, hijo del aliento de Dios!, Dios mismo en mi bocas contúrbame a las puertas de tu rostro cambiante, porque vanidoso fui en los tiempos de la primera sangre y no escuchó, y no vi, y me alumbró las entrañas con fuego de falsedades y humo que embelesó mi cabeza" (p. 89). Solicita de Dios no solamente el perdón sino la purificación de su espíritu cual simple manera de poder encontrarse, de salvarse él y su entrañable heredad, su poesía. Hubiera dolido infinitamente perderse en la verdadera selva -silva vitae-, la vida; y tal vez peor aún arrastrar en la caída, al fango de las incertidumbres, sus versos, su ódica. Reclama con voz consternada, con base a su legítima pequeña historia de existencia, la bienaventuranza eterna para él y para su lírica por cuanto en su poesis va la mitad, o más, de su espíritu. Los cuarenta y cinco cantos de Los deshabitados paraísos hacia ese final apuntan. Pervive el poeta auténtico mucho más en su obra y mucho menos en el vanidoso acontecer de sus pasos por los días. Debe incluir, pues, en la frágil canoa de la salvación también su trova, si no naufragará irremediablemente en el infierno de la pena. ¡Cierra, en fin, oh Padre de la luz, con tu mano inmensa que habrá de perdonarme, estas creaciones violentas... estas obscuras palabras mías! (p. 9l) V Entraña el presente escrito sólo, y apenas, un "ver” Los deshabitados paraísos. ¿Qué vislumbra el sentido profundo de ese libro? ¿Podrá algún agudo lector dar con ello? Vale bien, no obstante, el difícil viaje por el bosque de la palabra encantada de esos poemas. Te invito, lector. Lubio Cardozo, ecopoeta ambientalista venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2015/09/metaecologia-la-idea-de-poesia-enjuan.html, Lubio Cardozo, La idea de poesía en Juan Beroes (1914-1975). Sábado, 5 de septiembre de 2015. NOTAS: Postdatum: El epígrafe pertenece a la página 42 del mencionado poemario de Juan Beroes 103


7 Un ver los deshabitados paraísos, poemarios de Juan Beroes Porque seguro estoy que al final de lo escrito, batirá puerta de gloria. ¡y puerta de estercolero!" J. Beroes Dedicó Juan Beroes (San Cristóbal, 1914 - Caracas, 1975) a escribir su poemario Los deshabitados paraísos Juan Beroes (1914-1975)

cuatro años, desde 1963 hasta 1966, editado luego en Caracas en 1967. "estas obscuras palabras mías" (p. 7).

¿Qué se dice en esas páginas, qué se piensa en esos versos, en esos cantos, en esos cuarenta y siete poemas? ¿Qué alumbra la videncialidad de esas estrofas? Invoca el trovador en el poema pórtico -sin titulo, sin número- a Zeus, a Líos, a Jehová, a Yavé (¿cómo se llama?), aunque sin nombrarlo a no ser sino con perífrasis. "Espíritu inmortal y solemne" (p. 7), "Espíritu anunciador" (p. 8), entre otras. ¿Por qué lo implora el vate? Después de contrastar el inmenso poder divino con su personal miseria humana "y quebranta la tierra de mis iniquidades" (p. 7), “súplica” voz para que deslumbrada ante tus olas magnificas / alabe con himnos de generosa ¿juventud / cuanto por ti me fue dado para prueba de tu fortaleza" (p. 8), para su libro, también ruega "tierna sabiduría", dolor, amor. Rinde además Beroes, necesariamente con los primeros versos, su sagrado culto a la poesía de Occidente, a su primer poema, la Iliada, cuando en vez de convocar la musa ("Canta, diosa, la cólera aciaga de Aquiles pelida") invita de manera univoca a Díos, "Desciende a mi, Espíritu inmortal y solemne" (...).

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Luego de esta invocación u oración el corpus Ódico comienza, integrado por tres sus años se fortalecerá hasta coincidir en su desenvolvimiento ciudadano con una definida, valiente, actitud socrática, también kantiana, con mucho -por lo menos al nivel de la conducta civil- de un cristianismo intimo sin doctrina ni sistema religioso alguno, ¡lejos de él cualquier asomo dogmático! (Su única religión a la cual consagró su temporalidad; la poesía). Pudo por eso -con este rico sostén científico, espiritual- entender, asumir plenamente la naturaleza en su acepción ecológica. Nunca nombró -en el grado de su escritura versificada- el término ecología (o sus derivados) pero ella late a lo extenso de sus reviviscencias; la palabra "árbol" casi todas sus composiciones cruza, en aproximada frecuencia le siguen los pájaros, las ranas, otros animales de la fauna silvestre, así mismo las piedras, el verdor de los cerros, los ríos, el mar, la tierra, la lluvia, el viento, el aire, las nubes, las estrellas, la luna, el Sol, la Tierra (la llama "Gran Aya"), vinculados, circuyentes, con certeza, al humanus en sus disímiles edades, sexos, condición social, ambientes, épocas. Expuso en su dilatado epos lírico el maravilloso asombro, laudatorio, por la vegetación venezolana inseparable de su fauna cual dos siglos atrás Humboldt lo evidenciara en su tratado genesíaco defensor de la cosmología del Nuevo Mundo, rotulada en castellano Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, volumen revelador a los demás pueblos de este Planeta, sobre los rieles de la verdad científica, la magnífica existencia de este Continente. Encaja por eso la ódica de Carlos Augusto León con el origen de la poesía suramericanas "ALOCUCIÓN A LA POESÍA" , "LA AGRICULTURA LE LA ZONA TÓRRIDA" de Andrés Bello, con buena fortuna continuada por los grades trovadores de este País. "LA FLOR DE BAILE Yo estaba en mi tristeza y de pronto se abrió la flor de baile, la de los largos pétalos que estallan de blancura. Sólo una vez al año llena toda la noche su fragancia, muere al amanecer.

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Yo estaba en mi tristeza y me dije que bien vale la pena vivir para mirar cosas como ésta, aunque sólo sea una vez al año." C.A.L., Juegos del yo, p. 25. Finalmente Su organizada acumulación de saberes científicos, artísticos, el afortunado hablar, escribir, diversas lenguas extranjeras modernas; sus viajes o mejor aún sus prolongadas estancias en los llamados durante la Guerra Fría "países del este” europeo, de igual manera en México; sus sólidas amistades con intelectuales de su contemporaneidad -Diego Rivera, Pablo Neruda, Efraín Huerta, David Alfaro Siqueiros, Yllya Ehrenburg, Jorge Carrera Andrade, Paul Eluard, Fréderic Joliot Curie, Nazim Hikmet, Jorge Zalamea, entre tantos otros- les hubieran permitido considerar se, con legitimidad, un ciudadano universal o con un vocablo muy del gusto del señor Kant, un "cosmopolita”. Reclamó sin embargo siempre para su sano orgullo el gentilicio de venezolano. Llevó con honra por donde anduvo, divulgó con sus versos, con sus acciones, en serena actitud bizarra, su venezolanía. Hoy, un escudo intelectual de su Nación su obra representa. Aparecieron sus primeros poemarios en la plena eclosión de los bardos de la nominada Generación del sus opúsculos, a la par de los del poeta Juan Beroes, definitivamente la atención de los lectores de ese momento literario hacia ellos dos se vuelca. Durante la década del 50 sus cantos, por su explícita defensa de la libertad del hombre, el develar la pobreza de sectores de la población, el abogar por la democracia, por su aire revolucionario, se suman a las pocas manifestaciones intelectuales de resistencia contra la dictadura. Se inserta luego su trova de manera cabal, por apuntar su contenido a lo universal contemporáneo, en los novedosos, múltiples movimientos artísticos, intelectuales de los años sesenta. Desde aquellos admirables lustros, desde ese entonces aquel viandante por la "aventura de los caminos" (Sófocles) de los parajes de su orbe hasta el presente su obra escrita permite definirlo cual uno de los poetas clásicos venezolanos. "Has de vivir el alba alegremente. Toma en tus manos con júbilo la semilla del día, que germina..." 106


C.A.L., El río fértil, p. 485 Se desenvolvió la vida de Carlos Augusto León en un diáfano equilibrio racional con sus coetáneos, en armonía siempre con la naturaleza en su acepción ecológica. Logró, se podría afirmar, la alegría de existir, esa resumida por él en dos versos» "La dicha es tan grande y tan sencilla" (El río fértil, p. 54) Ludo, tal vez -objetivo nada fácil- sospitare dignitatem, o con una frase de Kant, "la dignidad de ser feliz" (Teoría y práctica) transvasó ese discurrir intelectivo-sensitivo a sus estrofas, así a sus lectores señaló la posibilidad de salir del laberinto por la puerta conducente a la kalokágathía, a la esperanza, al sueño de la vigilia. "Que suerte» aún no he arribado, ni tal vez llegue nunca, al poema que quiero. Hay que empezar de nuevo, siempre. El camino comienza cada día". C.A.L., Lo infinito por decir, p. 19. Guando el cantor no establece distancia entre su pulchritudo cantus y el relámpago de su temporalidad se funden su ventura y su ódica en una -angustiosa o serenatemeridad de existencia. Levantar, por eso, en un texto la biografía de Carlos Augusto León resultará un trabajo intelectual dificultoso, por cuanto deberá irse más allá de lo documental, sin excluirlo sólo dejarle su carácter referencial cronología, espacios (viajes, ciudades, la casa), amistades, actividades docentes, administrativas, la familia, bibliografía, en síntesis. El verdadero transcurrir, el evidente arraigo de este trovador noble, puro, en sus estrofas reside, va desarrollado verso a verso, poema a poema. Iluminar con el intelecto uncido al afecto hilo a hilo el tejido de sus estrofas para así poder toparse con lo óseo de su bienandanza por los múltiples paisajes espirituales, físicos, en el país de sus días otorgados. Lubio Cardozo, ecopoeta ambientalista venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2015/09/metaecologia-un-ver-losdeshabitados.html, Lubio Cardozo, Un ver los deshabitados paraísos, poemarios de Juan Beroes. Sábado, 26 de septiembre de 2015.

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8 Las flores y aves de Juan Beroes, ecopoeta venezolano Juan Beroes no solo por su aguda sensibilidad de poeta sino también por su densa cultura humanística siempre consideró a las flores, en el escenario

admirable

del

mundo

campestre, cual las más sublimes expresiones

formales

del

mundo

vegetal, de igual modo, equivalentes a ellas, a los pájaros sorprendentes formas de vida en el capítulo de los animales

vertebrados.

Ambos,

además de gratos, fidedignos testigos de la pureza del ambiente. Pequeños pero raudos los pájaros, dueños de todos los colores, delicados, con sus cantos, sus trinos, de alegres celajes con cuya algarabía celebran lo viviente en los espacios del aire, son junto a las flores prueba fehaciente de la belleza de la existencia. Pero los pájaros, igual a las flores, solo pueden vivir en los espacios puros, libres de contaminación, lejos de las chimeneas de las fábricas, huyen del humo toxico producto de la industrialización irresponsable. Juegan los pájaros con la brisa, cruzan cual aligeras flechas al través del viento, enamoran a las flores con sus trinos, más huyen llenos de terror, desaparecen en los escondrijos de la lejanía cuando arriban los enemigos del bosque, los irracionales arboricidas, odiosos negadores de lo más hermoso del Planeta Azul. Una excepcional muestra de amor del poeta Juan Beroes (San Cristóbal, 1914 Caracas, 1975) por la vida silvestre y por sus eximios representes, los pájaros, es el siguiente poema:

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ALADA ESTACIÓN Un canto para vosotros, alados descubridores del cielo, pues con vuestras acordadas gargantas acalláis el rumor de los vibrantes trópicos, y luego vais sobre emplumados cantos a posaros dichosos en los apacibles rincones del viento. Nombro, entonces, al canario de las venas de oro, Porque en la ventana de mi abierta infancia colgaba sus cordajes de sol, su rutilante moneda; y al jovial cucarachero que desde los pórticos del verano me decía: buenas tardes, y hurtaba pajas al dorado crespulo para hilvanar el nido, como caliente soplo de gorjeos. Hago mención del bizarro carpintero, decorador de su redondo nombre en la pared de las cortezas vegetales; y también del angélico azulejo - color de ojos de niña -, Y del turpial enarbolado que con ramillas de su voz silbante dispersa las ondas del calor invisible. Aquí yo fijo al colibrí ondulante en su rumor de loco terciopelo; y al pielerito arisco, bebedor de sol en cuencos de la aurora; y al furioso arrendajo que en su nido se expande, prendida al pico la inicial del grano. En los altos maderos, a la orilla del viernes, es corona de una sola espina el cristofué creyente; y en su alcoba de jóvenes rocíos ya es dama solitaria la soisola. El erguido cardenal abre en las hojas consistorios de púrpura liviana, y el tordito visitador persigue las doncellas para besarles las manos de iluminado alpiste. La tórtola lejana vive en los trigales, y el chirulí provinciano va invadiendo los aleros con sol de este poema. Yo corono mi canto con vosotras, saludadoras golondrinas, que tornáis de mi Patria en vuestra parda saeta. ¿Cuál dulce memoria arrancáis a su cabeza? ¿Qué alegría joven; que prenda triste me traéis de ella? Pero torno al bosquecillo de orquestales sonidos y firmo con la voz del gonzalito, gota de canto, diminuta cuerda, punto final de la familia. ¡Os entrego pues a los aires, anunciadores del alba, y con mi mano pecadora que ayer acaricio los frutos caminantes, repaso vuestros ardientes plumajes y pulso 109


esas cuerdas que os hermanan con los cielos cantantes! (Del poemario Materia de eternidad. Roma, 1956. p.p. 41-43) Sorprenderá siempre la poesía de Juan Beroes, por su densidad espiritual y su belleza como norte firme del texto; por su riqueza vivencial fluida al través del tejido de las palabras exaltadas en la propiedad de una elocución robustamente hermosa; por su lírica construida en el religioso silencio de su jardín interior resguardada de toda concesión mezquina con daño para el arte y también para el alma. Exigente en la escritura, en la amistad, en el silencio y autentico amor por su País y sus hombres, en la calidad y en el rigor creativo. Por todo ello dejo para solaz de los buenos lectores más de una docena de poemarios inmortales, con los cuales su sombra y su mito cruzaran con su impecable dignidad y soledad de siempre, de la mano de la belleza y el sentimiento, por las veredas de la eternidad. (Del libro Paseo por el bosque de la palabra encantada. Mérida, ULA, 1977. p. 35). Lubio Cardozo, ecopoeta venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2012/05/las-flores-juan-beroes-ecopoeta.html Lubio Cardozo7, Las flores y aves de Juan Beroes, ecopoeta venezolano. Miércoles 2 de mayo de 2012.

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Ecopoeta venezolano, profesor de la Universidad de los Andes, regione di Mérida, Venezuela. 110


9 Materia Idea: Materiaidad en dos composiciones líricas de dos poetas venezolanos: Alfredo Silva Estrada y Juan Beroes Es ínsito el anhelo de inmortalidad (oculto, manifiesto), de permanecer de algún modo, nominado también terror de la Nada. Tal aspiración de la Tierra proviene. Salimos obviamente de la Tierra tierra, del Planeta y su misterio. Somos porque ella existe. Trasmite a todas

sus

criaturas

esa

pasión

recóndita llamada eternidad, el último absoluto, corporidad.

consustancial

con

su

Si la Tierra como astro

llegara a colapsar, sus rocas, sus minerales, su ser por la indestructibilidad de la materia permanecerán. Interpretaron cabalmente mediante la poesía esta honda vivencia espiritualintelectual dos poetas venezolanos, Alfredo Silva Estrada y Juan Beroes. DE: Alfredo Silva Estrada, Integraciones. De la unidad en fuga. Caracas, Cromotip, 1962. UN DÍA TU ESQUELETO ES LA SÚBITA ALIANZA Te hundes en desvarío de micas imbricas, transparencia aturdida, beoda inflorescencia triturando su aroma para alzar esa grieta que aloje lo infinito. Entre restos ahogados –Oh altivez en derrota, cómplice de lo eterno–

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aún calientas guarida como fluyente holgura, como terrón desheho en bodas de equinoccios o broza percatada de sideral molienda. Hacia el cuenco ignorado azuzas tu carcoma. Ceniza cenital, vínculo de la brasa. ¿Desde qué brasa incierta prolifera tu brizna en yacimiento blanco, embudo destilado rocío de confines, relámpago larvario, cartílago de acordes? ¿Qué idolatría enterrada bajo nervios de fuga te inventó como presa de su apetito lento? Eres solo el asombro: idólatra y fetiche, plenitud distendida por la mullida alianza, brizna ardiendo en el cenit con acecho larvario, grieta de lo infinito borrando tu osamenta. ¡Oh rizoma de tuétano en marfil carcelario! La intemperie insurrecta, el yacimiento blanco, Desde afuera golpeando te lía sus reflejos: Cartílagos de acordes, aldaba de relámpagos. Y tu sueño que asciende en una actinia errante, desazón imantada que esponjas del martirio Con una paradoja de nidos en las crestas. Rompes toda la celda, el ignorado cuenco, Y en colmillos que huyen eternizas lo bárbaro.

Mas ¿dónde queda el almaespíritu? De la indestructibilidad de la materia entonces se infiere: ninguna cosa se destruye. Hereda la eternidad de la Tierra también una de sus creaciones materiales sutiles, la patética entidad indefinible: el almaespíritu. Carece ciertamente de la tangibilidad de los objetos de las realidades imperfectas, 112


sin embargo esa transparente sutileza intangible durante más de tres mil años su presencia ha sido percibida por el mythos, por los pensadores, desde los filósofos pre-socráticos hasta hoy. Aunque ni los filósofos ni los teólogos ni mucho menos los sociólogos han podido con exactitud su etérea naturaleza describir.

La

clasicidad helénica al alma la nominó Ménos (mente-inteligencia), al espiritu Nóos o Nous vocablos éstos vinculados al verbo Noéoo: ver, pensar, saber, percibir; la voz castellana “psique” copia el vocablo griego “psykhé” el cual soplo, hálito, aliento vital significa. Buscaron los sabios de la clasicidad latina dulces términos ingenuos para adecuarlos con el sutil carácter forma acústico del almaespíritu, así para el alma anima cual soplo, aliento; para el espíritu animus, el ánimo, impulso vital, hálitos o espíritus, el apacible aire exhalado desde lo más íntimo, afín al suspiro. Adecuación de la silábica cadencia de esos vocablos a la supuesta esencia de ese ente, de su histérico encantamiento eufónico. DE: Juan Beroes, Prisión terrena. Caracas, Suma, 1946. X II Bajo el terrible viento, mi cadáver extraño. Porque, soy la pezuña del animal cambiante, y la hierba delgada, suave piel de la tierra. ¿Qué mano me acaricia la frente que yo tuve, al rozar este junco solitario y esbelto? ¿Qué brisa me sacude las manos de mi vida, al herir esta planta florecida en mi ausencia? Porque, soy dura roca que se parte en los mares, y ardorosa ventisca que golpea las ventanas. Bajo el fuego nocturno, mi país de silencio. Y mi carne construye sus dorados insectos,

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y sus pájaros grandes, hermanos de los vientos. Brotan de mis axilas mariposas brillantes, y entre mis secos muslos se columpian los lirios. Porque, soy blanda tierra de nuevos edificios, soy metal escondido de futura herramienta. Desde su triste arcilla, mi juventud os mira. ¡- Soy tierra de las madres, colina de los hijos-! ¡Bajo el viento del mundo, mi cadáver naciente! ¿Dejan entrever las dos composiciones líricas seleccionadas entidad del almaespíritu? Apoyados en su intuición de poetas sobre los rieles de un pensar erudito en esos dos poemas Alfredo Silva Estrada, Juan Beroes manifestaron el seguro destino de sus cuerpos después de la muerte, el retorno a la Tierra rumbo a los vínculos con la eternidad de los océanos, de los vientos, de los astros, al disolverse en fin en la materiaidad (diferente de “materialidad”). Fenecieron décadas luego de sus odas dichos vates, en la verdad de sus días asumieron sus restos lo predestinado por ellos: “un día tu esqueleto es la súbita alianza”, o la “dura roca que se parte en los mares y ardorosa ventisca que golpea las ventanas”. Pero ¿y el almaespíritu? Vaga ésta sencillamente glamorosa con sus histéricos encantamientos por las páginas de sus poemarios. Aunque intangible ¿quién duda de la inmensa presencia del almaespíritu corporizada en la poesía, la música, lo artístico, la ciencia, la alta tecnología, la libertad, el bien, la justicia? Porque nada se destruye, todo permanece transformándose para retornar. Significa el vocablo “inmortal” la perenne vida. En ese espacio la poesía se halla. Lubio Cardozo, ecopoeta venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2015/08/metaecologia-materia-idea-m-t-e-r-i-id.html, Lubio Cardozo, Materia Idea: Materiaidad en dos composiciones líricas de dos poetas venezolanos: Alfredo Silva Estrada y Juan Beroes. Martes, 11 de agosto de 2015. 114


10 La poesía sobrevive a la confusión de la esperanza. Fernando Paz Castillo (…) “pero el espíritu vela como una mariposa en torno de esa luz que no advierten los sentidos.” F. Paz Castillo, “INSOMNIO” LA POESÍA SOBREVIVE A LA CONFUSIÓN DE LA ESPERANZA. (Un aspecto de la poesía de Fernando Paz Castillo). Dialogar incesante con el espíritu para hallar la verdad –posible- de la existencia bajo el Sol ocupa buena parte de la lírica de Fernando Paz Castillo (Caracas 1893-1981). Aunque la dimensión de la vida terrenal, biológica, cotidiana la abundancia de su presencia ofrece a es pulcro escritor venezolano él sin embargo nada recibe más allá de lo necesario sin antes ponderarlo en la balanza de su hondo pensarlo. Pero pensar para Paz Castillo rememorar significa. La reminiscencia –la anamnesis- aviva el contemplar cuanto conforma el ámbito donde se permanece, donde se está junto a las cosas, las personas, los sentimientos, los aconteceres. Más ese mundo inmediato el poeta lo observa al través de la certeza sensible, por ello lo sabe imperfecto, confuso, transitorio, tal una jungla terriblemente tentadora de la misma manera incierta. He allí el doloroso drama psíquico de este creado vidente: ¿disfrutar la fiesta de la mentira en medio de las propuestas dudosas de la comarca de la existencia o esperar virtuosamente el regreso a aquel reino de las Ideas de Platón, perfecto, puro, justo, bueno, bello, la kalokagathía?

Tomar una decisión fácil no

resulta

por cuanto el poeta siente cual humano la fruición de los frutos fragantes esparcidos a lo largo del camino.

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(…) “¡Mira!: el alba rosada se tiende sobre el huerto… Todo se torna joven; sólo tú, alma mía, como la mariposa de la noche de invierno, te has quedado en la sombra, prisionera de la sombra, cual sombra de otra vida que viví en otro tiempo”. (HOY LA MAÑANA HA VUELTO”). Sólo en el nivel de exigencia de lo intelectual contemplativo se rememora. Reconócete las cosas de la vida terrena –objetos, árboles, animales, actitudes, sentimientos, personas, virtudes, cualidades, anhelos, en fin- al recordarlas. Se llama esa revelación reminiscencia, anamnesis. ¿De dónde provienen esas recordaciones? En sus diálogos Fedón, Menón, en algunos otros más Platón habla del reino de las Ideas

en el cual el espíritu residía antes de nacer a la vida

biológica. Mostrarían las Ideas las versiones originarias, perfectas, absolutas, en su ser de las cosas, de los sentimientos, de las virtudes inmersas en la justicia, la belleza, el bien, el agathón, también absolutos entre sí. Constituye ello el saber verdadero, eterno, incorruptible, inmutable. Genera ese supramundo su réplica en la contingencia terrenal a la manera de una transposición imperfecta sometida a los torbellinos de la compleja ventura material, y en el caso del humano de sus necesidades, de sus apetitos, de sus emociones, pasiones. Después de nacer éste se topa otra vez con las cosas, sin embargo se sorprende, doblemente: por reconocerlas y por irreconocerlas, las rememora en el alma pero las olvida en la borrosidad lúdica sensible de la presencia (¿revelación/ocultación). Se despierta entonces en él el anhelo de precisarlas con el pensamiento reminiscente, de volverlas a ver con aquella venustidad y nitidez de otrora; en esa búsqueda la ciencia nace, la pasión por la verdad, además la aspiración de retornar al reino de las Ideas. “Pero añadió Sócrates -¿qué piensas de lo que te he dicho de que aprender no es más que recordar, y por consiguiente, que es necesario que nuestra alma haya existido en alguna parte antes de haberse unido al cuerpo? (…) toda Idea existe en sí, y que las cosas que participan de esta Idea toman de ella su denominación”. (Platón, Fedón. México, Porrúa, 1972. pp. 413, 420)

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Troquela el filósofo dicha tesis, conceptualmente, en Menón: (…) “En efecto lo que se llama buscar y aprender no es otra cosa que recordar”. (México, Porrúa, 1972- p213)- Canta Paz Castillo en precisa estrofa, difícil para quien no se filósofo puro, exigente en su disciplina, adscrito a esa tesis, conocedor de la filosofía griega clásica así como de la lengua griega. No obstante, sin menester de alcanzar tal nivel intelectual aportará el mundo platónico a algunos postas atraídos por esa lontananza un ámbito

fértil, nutricio para su imaginación dentro de la

singularidad creativa de cada quien. Disfruta Paz Castillo una bien digerida educación humanística a la par de su profunda asunción del catolicismo. Se dio por ello en él, fluidamente, un tránsito del reino de las Ideas de Platón al Paraíso judeo-cristiano aunque siempre se mantuvo la noción esencial del filósofo griego. En cualquier católico dogmático (en el buen sentido de la frase) la substitución hipostática de Nietzsche en una oportunidad: “el cristianismo es un platonismo para el pueblo” (Citado por M. Heidegger en Introducción a la metafísica. Barcelona, Gedisa, 1997. p. 101). Paz Castillo en conmovedores y diáfanos versos lo expone, “Así conserva en su conciencia oscura la voz de humillación que lo lanzara de su vida floral del Paraíso. Y por más que se acerque a la ventura, que la tenga en sus manos, siempre lo llama la perdida tierra: ese sueño de dicha que suyo, cuando suyo eran el canto y su sentido, y suya el agua y su lenguaje simple, y suyo el viento animador de espigas, y suyo el tiempo -sin ayer ni mañanaen su fecunda juventud eterna”. (LA VOZ DE LA SELVA). La angustia de Fernando Paz Castillo por el destino del espíritu, o de manera más singularizada, por el suyo, ocupó su tiempo de solitariedad contemplativa de su pensamiento indagante en busca de respuestas a los grandes retos de la

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imaginación, de las hondas preguntas eternas. Representó su puerto de consolidación inmerso en las brumas del naufragio de toda vida esa simbiosis del reino de las Ideas de Platón, visto a través de una profunda fe católica, con el paraíso judeo-cristiano. Significó ello su verdad. Resultó esta afirmativa categórica fruto de un asentado conocimiento después de dilatadas lecturas, de mucho trajinar la oportunidad de estar sobre la tierra, de agudas intuiciones intelectuales, de continuas meditaciones. No era Paz Castillo un filósofo, ni un científico, por eso el testimonio de su espiritualidad (o religión pura) y de su certidumbre (sustentada en las Ideas platónicas) en estrofas, en odas las legó a sus lectores. Ahora bien, “la belleza es uno de los modos de presentarse la verdad como desocultamiento” escribió M. Heidegger (Casinos de bosque. Madrid, Alianza, 1998. p. 40). Valga decir: la verdad; se presenta, en uno de sus modos, mediante la belleza. Aunque la belleza queda sin definir por lo menos se conoce uno de sus atributos, la verdad, asimismo, el saberla también un Idea platónica en su diálogo Hipias Mayor Platón pone en boca de Sócrates este final axiomático: “Las cosas bellas son difíciles”. (México, Porrúa, 1972. p. 247). Revela esa originaria categoría de lo Kállos su casi inaccesibilidad al entendimiento humano. Acuña con igual énfasis dicho aspecto – así lo percibo- R. N. Rilke, en su “PRMERA ELEGÍA”” canta; (…) “Pues, de lo terrible / lo bello no es más que ese grado / que aún soportamos. Y si lo admiramos / es porque su calma desdeña destruirnos”. (Elegías de Duino. Sonetos a Orfeo). Córdoba, Assandri, 1956. p. 57). Se da entonces una relativa, pero siempre lejana, aproximación a la esencia de la belleza. Tomó ésta en Paz Castillo, necesariamente, la senda legítima de la poesía. Tal vez esa verdad-belleza lo hizo trovador vidente para dejar las señales de su desesperanza, de su pensar, en nobles composiciones líricas. Interesa, al fin y al cabo, a los amicí poesis el espléndido producto final bien acabado, el poema. De allí el sentido del rótulo de este escrito, en la confusión de la esperanza la poesía sobrevive. Gracias a esa sobrevivencia los leales amorosos de los versos disfrutar pueden esta pequeña oda de Fernando Paz Castillo, “Más allá de la noche y de la estrella y del silencio te he encontrado

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-nueva y perfectamanantial de la noche perfumada; semilla de luz -luz tu mismay esencia melodiosa de silencio”. (ENCUENTRO) Notas: Pertenecen los poemas de Fernando Paz Castillo reseñados, supra, a su libro Poesías escogidas, 1920-1974 (Caracas, Seguros Horizonte, 1974). Lubio Cardozo, ecopoeta ambientalista venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2015/08/metaecologia-su-horizonte-poeticola.html, Lubio Cardozo, La poesía sobrevive a la confusión de la esperanza. Fernando Paz Castillo. sábado, 29 de agosto de 2015.

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11 Decorosa del ambiente: La gesta pictórica de Juan Loyola En el mundo de la pintura venezolana contemporánea

ninguno

de

sus

ejecutantes en sus disímiles estratos se detuvo

a

pensar

en

la

fuerza

cromática de los tres colores de la bandera nacional.

Colores

–ser,

colores– entidad por ello substancia los matices del espectro

luminoso.

Dichos tres colores son absolutos en sí mismos. La Guerra de Independencia los hizo así, los dotó de absolutez, los decantó. Al través de esos radicales años las variadas propuestas de tonos, de tintes, desaparecieron junto a las ambigüedades inaceptables durante la contienda para concentrarse en la expresión de las firmeza ideológica de la lid por la libertad de la Patria en su diáfano hacerse. La absolutez cromática natural de esos tres colores primarios -amarillo, azul, rojo- se fortalece en la identidad de la firmeza de la historia del territorio, de su Guerra de Emancipación, expresado claramente en su bandera. Descubrió Juan Loyera la poderosa fuerza de la creatividad artística de esos tres colores en su juego disposicional ordenados así por el inteligente mandato de los forjadores de la Nación: primero el amarillo, segundo el azul, tercero el rojo expresantes esos tres pigmentos originarios en su ingeniosa disposición del mismo impulso anímico nutriente del huracán de la lucha independentista. La pureza de esas tres franjas cromáticas absolutas en su justa colocación soslayan, ninguna cualquiera simplista adjudicación al mero azar, su ludismo disposicional esencia el ícono y símbolo de la revolución emancipadora al través de su gloriosa bandera. Nadie leyó antes de manera tan clara, tan visible, los colores de la bandera venezolana cual lo hizo el pintor venezolano Juan Loyera, para luego verterlos

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dignamente en las obras de su arte pictórico con aportativa, sorprendente e imaginativa creatividad. Nació Juan Loyola en Caracas en 1952. A los 47 años, en Catia La Mar, en 1999 muere. Vigorosa en conocimientos, en disciplina académica fue su formación de artista de la plástica, obtenida en diversas escuelas de pintura y escultura de Caracas. Substanciaron la belleza de la plástica de Juan Loyola varios impulsos artísticos estratégicos alimentados con las señales de las luchas por mejorar las condiciones de existencia de la humanidad surgidas en las décadas de la segunda mitad de la centuria anterior. El primero de esos impulsos su vertical honestidad en la labor composicional, en su hacer arte. El segundo, su amor a la Patria. El tercero la defensa del ambiente con el instrumento de la pintura, dirigida ésta hacia vívidas acciones reales, eficientes: cubrir con los colores de la bandera los espacios afeados por la desidia, la pereza de los malos ciudadanos: paredes de las calles, esquinas, rincones, carros abandonados, sitios feos, repugnantes, vergonzosos a la mirada de la buena gente.

¿Pero cómo revertir esos grotescos ámbitos?

Convirtiendo esos feos espacios en gratos parajes con su imaginación creadora de artista plástico al través del lúdico, armonioso uso de los colores de la bandera venezolana. Transformaba Juan Loyola en cuestión de uno o dos días un área degradada por la estupidez de los transeúntes en una heredad luminosa, agresivamente hermosa con su tricolaridad. Nacía así la primera fase de su obra plástica: la llamada inmóvil fehaciente testimonio de su manera de abogar por la protección del ambiente. Consistía la segunda fase, para garantizar la trascendencia del esfuerzo, en tomar fotografías de la obra inmóvil para reproducirlas luego en cartulinas u otro material capaz de recibir la impresión gráfica. Representaba la fase final la divulgación de sus singulares creaciones: la venta, la colocación en bibliotecas, exposiciones, la distribución entre los ambientalistas, ecologistas, otros pintores, en fin en aquellas personas interesadas en el quehacer plástico de este revolucionario artista. Recorrió de este modo buena parte de Venezuela: aldeas, caminos, urbes, plazas, parajes afeados, en su afán de mostrar un destino social diferente para el arte de la pintura, compartir los museos, los salones, las galerías, con el pintar al aire libre.

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Llevó también su original manera de crear arte plástico con los colores de la bandera venezolana por países iberoamericanos: Brasil, Ecuador, Argentina, Paraguay, Uruguay; en esta última nación conoció a uno de los grandes creadores del performance y de la poesía visualista en Sur América, su gran amigo del poeta Clemente. Nacieron libres las palabras, obviamente; hará ello su ser: abiertas, luminosas, irradiantes. Los académicos, algunos escritores en sus dogmas pretenden instituirlas, un inocente afán –con buena intención- de evitar salgan en estampida. Más el poeta la jaula debe abrir –“Descuelga de la encina carcomida / tu dulce lira de oro”… A. Bello– dejarlas en su fantástica libertad jugar. Convertirse así en su cómplice, encender el hechizo, iniciar la aventura de la poesía. Después que pase la procesión voy a recorrer las calles de la ciudad barrida por los vientos Visitaré las iglesias vacías de fieles y la plaza sin flores profanas La serpiente de las siete leguas despertará las piedras los bárbaros serán marcados y los habitantes al fin despertará del letargo. Teresa Coraspe, Tanta nada para tanto infierno. (Ciudad Bolívar, 1994. p. 89) El pensar hilvanando con los vocablos de la exposición teórica,

las tres

composiciones seleccionadas –poemas absolutos- lo ratifican. Mérida, MMXI Lubio Cardozo, ecopoeta ambientalista venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2015/09/metaecologia-decorosa-del-ambientela.html, Lubio Cardozo, Decorosa del ambiente: La gesta pictórica de Juan Loyola. Sábado, 26 de septiembre de 2015.

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12 La poesía ecologista de Manuel Felipe Rugeles Cuando un poeta escribe versos sobre algún

afectivo

entorno

geográfico

mientras lo contempla en presencia real o en el recuerdo, ratifica el compromiso existencial de su destino al crear una composición lírica nutrida de la impresiones de ese paisaje; pero esas palabras entrelazadas por la emoción de la vivencia — del lugar de su

hermoso

silencio

pleno

de

sugestividad — por si misma se elevan al estrato de un homenaje a dicha estancia de verdor. Cumplirías el mismo proceso si en vez de un poeta el lugar lo ocupa un pintor, un fotógrafo, un músico. Nacerá en cualquier caso una pieza artística la cual encierra la grata estampa de un paisaje en un tiempo inamovible, valga decir el testimonio de un ámbito silvestre preñado de leyendas, de frescura, de optimismo, de vida.

Ahora bien en el

lenguaje de las ciencias naturales contemporáneas esa obra artística —llámese poema, pintura, fotografía, partitura musical— por su calidad de testigo de excepción representa una defensa ecológica de un determinado ambiente. Percibió así Manuel Felipe Rugeles uno de los designios de su poesía de la vida rural, de los campos, de los valles, de sus labriegos, de sus animales, en las costumbres consustanciales de los Andes venezolanos. GOLONDRINA DE MI CANCIÓN Andabas en el aire golondrina de mi canción andabas en el aire cuando en mis manos te recogí. Un rumbo nuevo

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me prometiste al nacer bajo la mancha del cielo que reía sobre ti. En tus alas la mañana prendió el roció de su corazón. En ellas hay tanta luz que me sobra claridad para encontrar la verdad golondrina de mi canción. (De su libro, Cántaro). Nació Manuel Felipe Rugeles en San Cristóbal en 1903. En esa linda ciudad del Táchira los primeros veintidós años de su existencia crecieron. Compartió su educación escolar con la enseñanza natural de su circunstancia, en el andar cotidiano de la comarca, los aledaños andinos entorno de la urbe, la luminosidad de su atmósfera, la singular vegetación, sus animales, la gente, sus costumbres, la labores agrarias, la armonía de los múltiples aspectos de ese territorio montañés para armar un equilibrio de existir donde la paz, el sosiego estaban por sobre la inevitable desventura: hoy tal se nominaría ecológica, manera positiva de habitar una extensión geográfica.

Ese equilibrado mundo entre el hombre–mujer, la

producción agraria, la conservación del paisaje andino Manuel Felipe Rugeles en su primer poemario, Cántaro (1937), lo celebrará. Murió este gran trovador de la ecología de la andinidad en Caracas en 1959, su aventura bajo el Sol y la Luna apenas 56 años duro. Su concepción de la aldea rural la pensó él basado en las memorias de su infancia, sobre ello reconstruye amoroso una pequeña población campesina ideal,

inmersa en un equilibrio

ecológico garante de su anhelo de eternidad. Compuso así en serenos versos su libro Aldea en la niebla en 1944. Muestra en sus odas los sosegados panoramas sometidos a la agricultura, el encanto de esa geografía dulcemente por el labrador domeñada para la obtención del alimento, la fecunda gleba de los valles, de las faldas, de las imbricadas colinas del Táchira. Exaltación de ese venusto paisaje

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entre montaraz y humano, de verdor afable, ordenado bajo el cuido afectuoso del agricultor. Comarcas, en fin, salpicadas de pueblo, de plantíos, de rebaños, de abájales, sustentadores de la apacible ecología de esa sociedad rural de ese entonces. TIENDEME LA MANO Viejas leñadoras, muleros, pastores, labriegos, van entre la niebla, la niebla se extiende por todo el paisaje. Niebla de los pinos, niebla de los sauces, niebla de los páramos, nieblas de los valles. El humo que sale de las viejas chozas se hiela en la niebla de las soledades. ¿Quién canta en la tarde quebrando el silencio blanco de la aldea? Hermano labriego, tiéndeme la mano. Hermano: contigo yo vivo esta hora de niebla en el campo. (De Aldea en la niebla). Disemino Manuel Felipe Rugeles en el extenso reino de sus palabras importantes informaciones botánicas, gratas descripciones de plantas, sus colores, sus formas, sus olores, su utilidad; decenas de flores, hierbas, matas, arboles. Hay igualmente una extensa nomenclatura de animales del monte empinado, algunos cautelosos acompañantes cercanos de la faena de la labranza, en particular aves.

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LA GARZA Garzas banderín del alba. ¡Que despliegue de alas! ¡Que limpia victoria la de la mañana! palmeras en guardia la saludan siempre cuando cruza el aire: Banderín del alba sobre la sabana. LA GUACAMAYA Sin rumbo en mitad del campo, sólita, la guacamaya. De amarillo, azul y rojo la cola, el pecho, las alas. Oro y verde hay en sus ojos. Oro y verde de Guayana. ¡Ay!, en la copa del árbol. ¡Ay!, si pudiera alcanzarla. ¡Al desplegar sus colores, que hacia el horizonte vaya! ¡Que deslumbre como un sueño! Y diga el que ha de mirarla: —De amarillo, azul y rojo la cola, el pecho, las alas. —¡Que linda flota en el aire la bandera de mi patria!

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EL PÁJARO CARPINTERO El pájaro carpintero se sabe labrar su nido con el acero del pico. En la copa de los cedros labrando su nido canta la gloria de ser obrero. Se alimenta con el trigo que recoge en los graneros. Va de paisaje en paisaje estrenando nube y cielo. Saltando por las cisternas azules del campo abierto. En vez de malva y jacinto lleva un plumaje de incendio. Su pico dentro del agua se pone a pescar luceros. Lubio Cardozo, ecopoeta venezolano - Lenin Cardozo, ambientalista venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2015/07/la-poesia-ecologista-de-manuelfelipe.html, Lubio Cardozo y Lenin Cardozo, La poesía ecologista de Manuel Felipe Rugeles. Sábado, 11 de julio de 2015.

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13 Lo órfico y lo nítido en dos poemas a una misma flor “Con acciones gratas a los Dioses tu animo alegra, Pues ello la mas alta de las ganancias

encierra”.

Baquilides,

Epinicio III. Hay varios nombres en el sermo ruralis para el arbusto y su famosa flor: “dama de noche”, se le conoce además con el de “flor de baile”, “reina de la noche”, “flor de noche”. Se

han

ocupado

de

él

algunos

botánicos del País. Estúdialo brevemente Henri Pittier, la nómina (por sinécdoque) “reina de la noche” en su Manual de las plantas usuales de Venezuela (Caracas, 1970. p. 359); detallada la planta con más extensión Jesús Hoyos en su Flora tropical ornamental (Caracas, 1978. p. 82), se seleccionan al respecto algunas líneas de este texto: “Oriunda de America tropical, está ampliamente distribuida desde México hasta Brasil, incluyendo Las Antillas. En Venezuela crece en forma silvestre en las zonas calidas del norte del País y en forma de cultivo en patios y jardines urbanos. (…). Flores blancas, grandes, vistosas, fragantes, las cuales se abren al caer la tarde. Poseen un largo tubo floral de 14 a 30 cm de largo, con el cual se proyectan por encima y hacia fuera del margen de las ramas”. Pertenece a la familia de las Cactáceas, su término científico: Epiphyllum oxypetalum. Deben descartarse de este panorama expositivo dos conocidas Soanaceae: “dama de día” (Cestrum diurnum), “damita de noche” (Cestrum nocturnum), ambas así mismo de flores gratamente olorosas. Consagra Rosalina García en su poemario De intima brasa (Caracas, 1987) un intenso poema a la flor de ese arbusto, “DAMA DE NOCHE” (P. 64). Carlos

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Augusto León a sus lectores, en su opúsculo lírico Juegos del yo (Caracas, 1989), les confiere la ultima oda -sobre transparentes versos- de dicho volumen, rotulada “FLOR DE BAILE”. Los dos poemas, aunque perfilados en torno a una misma flor, difieren en el ser, así cual en la génesis, de la creación poética. Nace uno de un hacer composicional órfico, el de Rosalina García; el otro ha sido hilvanado al ritmo de una disposición racional. En el primero la belleza al secreto se fusiona, en el segundo la belleza diafanamente sobre los sentimientos expresados cabalga. ¿Qué es lo órfico en la lírica? Significa lo órfico en el poema la música de lo recóndito portadora de sabiduría proveniente del “sentido interno (Kant), de “lo sabido”, del “ver” anticipador, de la anamnesis escapada de la noche de la existencia. Saca esta singular melopeya a la penumbra la reveladora armonía de la oculta sapiente belleza –kalosofia– situada mas allá de la patente verdad de la faz de la naturaleza (del phainein physeos). Carga en su seno lo órfico una densa musicalidad impregnante de los vocablos de los versos, ello nunca su absoluto devela más si deja oír su opaco retumbar lejano. Poetiza el trovador órfico, aunque a veces no se perciba así, desde el borde mismo de la muerte (intelectualizada), no real) más mirando hacia la vida. De cara, pues, a la ventura al borde del abismo (conceptualizado), sintiendo en la nuca el espeso aliento emanado de la inmensa boca del dragón de la Nada. Arriban dichos sonidos al alma, nutren los sentimientos, corporizan las voces. Conmueven cuando van más allá, se transmutan en estrofas cuyos vocablos solo arrastran pálpitos, emociones transfiguradas para capturar en ritmos pensantes, en sabia melodía, con turbadora certitud, los distantes repiques de las campanas del sobrecogimiento, el retumbar de las oxidadas puertas de hierro de lo arcano. Alcanza, por ello, la poesía órfica –en cualquier breve, posible, instante– alguna latitud de lo sacro. En la literatura lo órfico en ningún momento estriba en un culto exterior estético o en una oferta mistérica a la cual se va en su búsqueda, no: pertenece lo órfico a la condición innata de algunos poetas, una invitación venida desde dentro de la creatividad misma del bardo, la cual se asume o se desecha. Podría conceptualizarse lo órfico ya en la mera composición mediante la Idea de la pulchritudo obscura en su decir poético (la belleza secreta, oculta, difícil). 129


Pone Platón en boca de Sócrates, en su dialogo Hipias Mayor, este final axiomático: “Las cosas bellas son difíciles”. (México, Porrua, 1972. p. 247). Denota la primera condición de la pulchritudo obscura la libertad, absoluta, del pensar. Al emerger, plasmarse, en la escritura la voz interior del poeta lo hace a través de una urdimbre de versos cuyo sentido resulta opaco el lector, este entonces indaga en su ilustración, cogita, contempla. Los vocablos por la vía de esa musicalidad emánate del retumbar de los bonces del misterio, reflejan en su camino a la vislumbre feraces sentimientos espirituales artísticos, reminiscencias del desolvido, señales originadas de los sueños irrumpientes en la vigilia (“A su alrededor por aquí y por allí, imitado formas diversas, yacen sueños vagos como espigas hay en un campo de mieses”… Ovidio, Las metamorfosis. México, Porrua, 1977. p. 162). Con estos sedimentos anímicos los planos evocados de la cantiga se conforman, el tejido de lo enigmático, de allí, de ese corpus odico, dimana lo poético. He aquí, la oda de Rosalina García, “DAMA DE NOCHE... Bélico anuncio me traía la conjunción del astro con la flor; tan embriagante era su perfume como acerado el brillo de la estrella. Analfabeta de los cielos, Conjure el saber de los ancestros, Oculto en las ruinas de las selvas. Uno de ellos me dejo esta daga”. Dota la primera estrofa de un ser a la flor de ese arbusto, extraído del horizonte de la cadencia videncial, del melos, del aroma, del “acerado brillo”, de la noche uncida a su cortejo de entes infinitos. Revela, pues, la naturaleza poética de esa presencia botánica. Descifra, mediante sus ensimismamientos contemplativos el juglar, en la segunda estrofa un “saber” de “las ruinas de las selvas”, obtenido del rostro de la estrella blanca de la flor fragante cual lagrima de la Luna (faz, advocación de la Diosa de la vida silvestre, Dea Diana). Comprende la tercera estrofa un verso solo. ¿Traduce el plano evocado de la metáfora, “daga”, el plano referente de: la palabra? ¿El don otorgado por la floresta? Al iluminar la naturaleza órfica de la “dama de noche” está a cambio le develo mediante el sortilegio del “perfume” en la “bélica” noche de la jungla, la “daga”, la palabra, obviamente convertida en la cantiga misma, esa laude, ese aire de nocturno schubertiano, en esos ocho versos.

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Orfeo –el místico rey, músico tracio– después de la muerte de su Euridike ya no canto más a la alegría, a los goces con su ninfa en la floresta. Regresara Orfeo de su inútil búsqueda de la driade en el país de Hades, del reino de los muertos, del archipiélago de la Nada, solo con la memoranza de Euridike transmutada en quejumbre, apenas un pedazo de atardecer hecho de nostalgia. Esencian ahora sus cantos voces de lo recóndito, aflora un paisaje interior obscuro, profundo, enigmático, melancólico. Comenzó así en el mythos esta dimensión de la lírica. Muy luego, ya en la visible planicie de la historia literaria en el primer gran espacio de la clasicidad, el paradigma de la poesía órfica lo representara –entre sus muchas otras virtudes escritúrales– Pindaro (circa 520-440 a.c.). Paralela (relativamente) a esta entidad composicional otra odica se escribía en el largo camino de la literatura accidental, esta por el contrario vertía en los versos la lírica exponente, reflectante, de la realidad inmediata, la circuyente del poeta, el mismo con sus sentimientos, las intimas emociones, los placeres somáticos de lo erotia, los dolores aposenianos en la psique: la naturaleza en su acepción biológica, geográfica, paisajes, los bosques, los ríos, el mar, sobre todo el Sol: la luz a la logicidad notoriamente asiste; presentes en esa misma dimensión las pasiones del humanus, los temores ante el mal, el amor inmerso en el laberinto de sus estratos (la conflictividad del eros). Siempre fiel a las percepciones de esas múltiples existencias, para ello empleo la parte de su mente más eficaz para enunciar la vida: la razón. Portaban esas composiciones sus necesarias inherencias: la musicalidad para el afortunado manejo de los recursos expresivos artísticos del lenguaje, mas la emotividad, la afectividad, la sugestividad, pero vigilados por la lógica junto a la patética vocación por la realidad. La razón, por consiguiente, sobre el escritor había dejado caer su manto; el relámpago del rayo imperaba sobre su espíritu. Se origina así en las cantigas la Idea de la pulchritudo nítida, rationalis (la belleza transparente, levantada sobre la diáfana urdimbre disposicional de los versos). La pulchritudo nítida, rationalis hallo en Horacio (Quintus Horatius Flaccus: 65-8 a.c.) su más esforzado exponente en el capítulo latino de la Antigüedad Clásica; se expandirá ese fulgor nacido del rayo de la razón por el Occidente del mundo, arribara a Venezuela uncido al origen de su singular poesía, la cual a su vez

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coincide con el advenimiento de la Patria independizada, libre autónoma, soberana. Dentro de esta concepción de la creatividad humanística Andrés Bello se formó, constituye su obra lírica el paradigma de la pulchritudo nítida, rationalis en el Continente Latinoamericano. Esclarecería, tal vez, esta otra dimensión de la odica la frase de un filosofo quien afirmo acerca de un aspecto en la esencia del arte: “lo real le regala al hombre el esplendor hasta entonces oculto” (M. Heidegger, Ciencia y meditación). En esta contemporaneidad, en este espacio intelectual, los cánticos de Carlos Augusto León se ubicaran. He acá su elegía, “LA FLOR DE BAILE ... Yo estaba en mi tristeza y de pronto se abrió la “flor de baile”, la de los largos pétalos que estallan de blancura… Solo una vez al año llena toda la noche su fragancia, muere al amanecer. Yo estaba en mi tristeza y me dije que bien vale la pena vivir para mirar cosas como esta, aunque solo sea una vez al año”. La disciplina intelectual de Carlos Augusto León erigida sobre la ideología del materialismo científico hegeliano le impidió adentrar su poesía en las estancias espirituales artísticas de lo órfico, de lo enigmático, de lo oniria; mantuvo siempre sus estrofas inscritas entre los linderos de una hermosa expresión de alta sugestividad a la par de una radical transparencia, más controlada (vigilada) por la pasión del relámpago del rayo de la lógica, sin desestima del implícito sentimiento natal. En su libro Los dísticos profundos (Caracas, 1984. p. 64) escribe:...“Quisiera para el verso la nitidez del trinco.”... Sea desde la purpurina del ocaso o bien bajo el fulgor del rayo, ambos poetas con las hondas voces de su alma compusieron dos magníficas odas, muy distintas, a una misma flor de la botánica nativa, “la dama de noche”, también llamada “la flor de baile”. Lubio Cardozo, ecopoeta venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2012/06/lo-orfico-y-lo-nitido-en-dos-poemasuna.html Lubio Cardozo, Lo órfico y lo nitido en dos poemas a una misma flor. Miércoles, 6 de junio de 2012.

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14 Nubes de agua y árboles, en la ecopoesía de Carlos Augusto León Antes de la aceptación lingüística definitiva del vocablo ecología – cual dicen los franceses “avant-la-lettre”en algunos de los primigenios poetas hispanoamericanos

ya

existía

la

preocupación y la ira por la voraz destrucción del ambiente natural en este Continente, el Nuevo Mundo. Al respecto, sobre esta inquietud, en el espacio literario venezolano se han podido hallar estos eximios nombre: Andrés Bello (Caracas, Londres, Chile, siglo XIX), José Antonio Maitin (Choroni, estado Aragua, siglo XIX), Abigail Lozano (Valencia de Venezuela, siglo XIX), José Ramón Yépez (Maracaibo, siglo XIX); en la centuria del XX entre sus mas conspicuos representantes destacan Juan Beroes (San Cristóbal, 1914-Caracas, 1975), Carlos Augusto León (Caracas, 1914-1997). Se ocupó en su abundante obra lírica Carlos Augusto León de disímiles aspectos de su contemporaneidad: el amor, el arte, la ciencia, lo social, lo político, la amistad, la paz, la familia, pero atraviesa todos estos horizontes de sus composiciones un denominador común su intenso cariño por la naturaleza silvestre a la par de su dolorosa angustia por el paulatino deterioro del ambiente, del paisaje, por la irresponsabilidad de muchos amparados por la indiferencia de los otros, esta disimulada complicidad ha traído cual inmediato corolario el empobrecimiento de los múltiples niveles de la existencia del humanus. De los muchos versos del escritor Carlos Augusto León sobre el particular obsequiamos a los lectores dos poemas.

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NUBE DE AGUA Acércate al tranquero, Nube de Agua, Nube de Agua… (Canción de ordeño, Venezuela). Por millares de años, Cada día, Nube de Agua… La ve acercarse El labrador, sediento Por sus tierras y comienza a sentir una íntima y húmeda alegría. Es “el agua del cielo” que antes fue de los ríos y del mar, la que a ellos retorna y a regar sembradíos o simplemente a hacer pequeños charcos donde juegan los niños. Nube de Agua. Flor del más alto tallo, nube cándida, la que se lleva el viento y donde vaya no es sino lluvia pura, bienvenida. Hay ahora otras nubes, las del amargo humo, de recónditos ácidos, de atómicos desechos, de venenos que exhalan las ciudades. ¡Como era claro el aire cuando solo había nube de agua, esa misma que dio nombre a una vaca, Nube de Agua, Nube de Agua primera! De su Poemario, El río fértil. Caracas, UCV, 1980, p. 440. QUIERO CANTAR UN ÁRBOL A los alumnos de 5ª grado de la Escuela Rural Guaicamacuto, quienes me pidieron un poema. Quiero cantar un árbol en su escueta belleza: sus hojas de alegría, su tronco de firmeza. Quiero cantar la savia que va por sus entrañas, más pura que el arroyo que corre en las montañas. Y la raíz oculta, modesta en su tarea: alimentar el árbol sin que nadie la vea. Quiero cantar aquí la viviente madera que será el quieto lecho o la barca viajera. Quiero cantar la flor que alegra los sentidos y el fruto donde esperan los sabores dormidos. Quiero cantar un árbol en su exacto verdor, sin añadirle nada como no sea mi amor. Y quiero que los niños retocen en su sombra y escuchen como el viento en las ramas los nombra. De su Poemario, El río fértil. Caracas, UCV, 1980, p. 66. Lubio Cardozo, ecopoeta venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2012/05/nubes-de-agua-y-arboles-en-laecopoesia.html Lubio Cardozo, Nubes de agua y árboles, en la ecopoesia de Carlos Augusto León. Jueves, 3 de mayo de 2012.

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15 Omar Khayyam: testimonio poético de un verdor donde hoy sólo quedan desiertos Omar Khayyàm es tal vez el poeta más significativo de Oriente Medio, probada su grandeza en la piedra de toque de la historia: su obra poética ha pervivido mil años y ha sido traducida a todos los idiomas de Occidente. Nació en Persia, hoy Irán, en la ciudad de Nisharpur (1040-1123 a.c.). Destacado matemático y astrónomo de su tiempo, más su mejor fuerza del espíritu la vertió en la poesía sus famosas cuartetas, recogidas éstas en su libro Rubàiyàt. Muchos horizontes artísticos y existenciales se cruzan en el Rubàiyàt: sobre un lenguaje novedoso para su tiempo -“la salvaje claridad de sus versos” escribió en una oportunidad Harold Lamb, uno de sus biógrafos modernos- donde identificaba poesía y libertad, usó el luismo expresivo cual vehículo de su valentía, en un estilo desenfadado e irreverente, Omar Khayyàm revelará voluntariamente al mundo los matices dramáticos de la sociedad persa de ese entonces, pero sin dejarse abrumar por ello cantó de manera maravillosa a la fiesta de la vida, al amor, a la mujer, al vino, en fin. Ahora bien, aunque sin proponérselo “ex profeso” dejará en sus estrofas el testimonio del bellísimo y robusto entorno vegetal de la Persia de aquellos lejanos siglos. Han transcurrido mil años desde cuando se dieron a conocer las cuartetas de Khayyàm. Hoy por hoy en el paisaje del Oriente Medio impera la aridez, lo desértico. Nunca aparece en las estrofas del bardo de Nishapur el desierto, por el contrario la exuberancia de la espesura vegetal se enaltece. Si la obra literaria sustentada sobre la espontaneidad y franqueza jamás niega su paisaje, no habría

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entonces de dudar de la legitimidad del entorno ambiental de su poesía. Aflora constantemente en sus versos el ingente verdor de su efectiva comarca. "Fulge la Luna del Rabadán. Bañará de luz el Sol, mañana, una ciudad silente. Dormirán los vinos en los cántaros y las jóvenes doncellas a la sombra de los bosques.” Cruzan de manera reveladora su lenguaje poético las flores: narcisos, eglantinas, tulipanes, jacintos, violetas, rosas. Refrescan su lectura frases como “campo florecido”, “verde prado”, “rojo tulipán de primavera”. Apoyan con mucha frecuencia sus emotivas expresiones eróticas voces cuales jardines, florestas, arroyuelos, ruiseñores, rodedal, mariposas, frondas, selvas, en fin una verdadera policromía silvestre, “Figura este mundo una rosaleda. Las mariposas sus visitantes. Nuestros músicos los jubilosos pájaros. … Cuando ni rosas ni frondas haya revelarán las estrellas mi rosaleda y tus guedejas mi selva”. Traspasó, de modo innegable, con una clara coherencia de percepción, lo epocal su corpus lírico, sus cantigas, con ello el paisaje de su amado territorio donde predominaban, sobre la parda arena de hoy, aquellos otrora vegetales, bosques, lo nemoroso. Precisamente a esa lozanía vegetal se debe la gran luminosidad y sosiego de las composiciones líricas del Rubàiyàt… Queda a los ambientalistas y ecologistas responder: ¿Qué paso con tanto verdor? O parodiando al fundador de la poesía española, Jorge Manrique (s. XV a.c.) prestamos sus palabras y ritmo para decir… /¿Qué fueron sino rocíos / de los prados?” Cierro este escrito con una cuarteta de Omar Khayyàm, “Lozanea la faz de las rosas la brisa primaveral,

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acaricia a mi bienamada en la sombra azulada del jardín. La ventura de este momento disfruto, la irresistible dulzura del presente.” En la actualidad Irán tiene una superficie de 1648000 km2, siendo el 70% de su territorio, desértico o semidesértico. Lubio Cardozo, ecopoeta venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2011/12/testimonio-poetico-de-un-verdordonde.html, Lubio Cardozo, Testimonio poético de un verdor donde hoy sólo quedan desiertos. Domingo, 4 de diciembre de 2011.

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16 Homenaje de lector a la poeta María Mercedes Carranza “Poetizar es hacer memoria. La memoria es fundación”. M. Heidegger A una grancolombiana, la señora Alba Gutiérrez Isaza. Escribió en todas sus poesías María Mercedes Carranza (Bogotá, 19452003) un sueño: Colombia. Cantar quiso tal vez a ese país naturalmente hermoso su hermosura, de su temple alegre su alegría, recoger en las estrofas ese anhelo, más en su contemporaneidad la historia había abierto un prolongado paréntesis para encerrar en él la palabra dolor. Quizás tomar ella un atajo deseó, por aledaños enredijos del acontecer, para lanzar la red de sus versos y atrapar entre sus hilos la luz, el paisaje, la vida imaginada, los ludismos del eros en el grato territorio de su patria, Colombia, pero siempre se levantaba la pétrea pared realísima de la pena, pesadumbre social, política, militar, lo brutalmente inhumano de la sucedencia epocal de su tierra. La verdadera inteligencia (“el ojo del alma”, Platón) moralidad esencial exige. Entendió María Mercedes Carranza su destino de poeta, o más bien el fatum de su actividad creativa por áspero decreto de las divinidades. Por su raigal pertenencia, por el nombre familiar —hija del escritor Eduardo Carranza—, por haber tenido la fortuna de recibir una excelente formación intelectual, por la mirada extendida (prospicere) al porvenir de su nación, no podía eludir lo fatal de su temporalidad, no le estaba permitido esconderse detrás de una obra de calidad artística, de agradables episodios, de concatenadas emociones pero banal con respecto al grado del fundamento de su compromiso destinal, de escaldas al reto existencial de los infaustos años amarrados a la geografía colombiana. Esquiva, pues, la plácida

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alienación de la indiferencia, lo divertido, lo cómico. Se plantó en lo opuesto, la valerosidad. Ella su hado asume. No transitaría ese otro tentador camino. Haría, por el contrario, de sus versos, en frase de Horacio, venenatas sagittas, inmersas saetas en sutil ira impotente disparadas a los obscuros recintos, las invisibles cofradías de donde se originaba ese dolor de Colombia. Aunque más allá de dos esquelas compartidas y un poemario obsequiado no tuve la suerte de conocerla; por informaciones de amigos bogotanos, por algunas fotografías, por deducciones de sus escritos, la imagino delgada (nunca frágil), pausada en sus ademanes, de intensa serenidad, no obstante de un corazón temerario capaz de imprimirle a su voz lírica la fuerza tremenda de la mujer, la firmeza del grito silencioso para arrostrarle a los cómplices del infortunio, para desafiar a quien la leyere u oyere a sumar vocablos a un gran coro para decirle al espíritu del mundo (si aún hubiere espíritu del mundo), con la fuerza coral de la tragedia griega, la ya demasiado larga tristeza cual lluvia maléfica sobre Colombia. Dabeida El río es dulce aquí en Dabeiba y lleva rosas rojas esparcidas en las aguas. No son rosas, es la sangre que toma otros caminos. (De El canto de las moscas, 1997). Esencian, sólo así, esa agonía, ese coraje, esa transparente pesadumbre, la ascética belleza de su lírica. II De los muchos poemas paradigmáticos de María Mercedes Carranza sobre lo poco dicho se van a enfocar a la ojeada dos uncidos por la intención de estas páginas, cuyo propósito sólo traduce un homenaje del recuerdo a la poeta colombiana atrapada por su responsabilidad de una respuesta lírica auténtica ante sus 139


circunstancias. En su composición “De Boyacá en sus campos”, de su primer libro Vainas y otros poemas (1972), sintetiza en versos cual disparos a quemarropa todo el mundo falso, hipócrita, manipulador, tejido en torno a Bolívar, de ese historiar absolutamente contrario a cuanto él significó para el real acontecer en la existencia de estos pueblos. Trajo, creó, sembró él la libertad para usarla en todas las actitudes de la vida, libertad para liberar y no para el palabreo de la mentira. Despoja María Mercedes, en su pulcra oda cerrera, a Bolívar de la santurronería de las academias, de la oratoria palaciega, y lo deja desnudo en la pureza de su señal indicadora de la verdad del camino de estas pardas comarcas con sus poblaciones encima. (...) que más que charreteras lucía un callo en cada nalga de tanto cabalgar por estas tierras, (...) tenía el ademán mestizo de una batalla perdida. Hermosísimo poema severo, sin flaquezas escriturales, levantado con la fortitud volcánica de una mujer. Ensambla en sus frases rítmicas una ósea reflexión impávida sobre el espacio del alma, de lapsykhé del lector, o del lector-pueblo, donde debe hallarse un indicio, un signo del misterioso destino de estas naciones en su dilatada guerra de hace más de quinientos años. (...) Pero y si pronto, y si quizás, y si a lo mejor, y si acaso, y si tal vea algún día te sacudes la lluvia, los laureles y tanto polvo, quien quita. Su “Oración”, del libro De amor y desamor y otros poemas (1995), refuerza lo axiomático del primer párrafo de este escrito, pese al reclamo íntimo de estos diez versos mediante los cuales ensambla una trascendente oda pagana a esos hermanos inseparables: la tierra y la muerte. Un psalmo en sí, absoluto, de lata ascendencia clásica. Encaja, no obstante, en lo llamado en estas páginas el dolor de Colombia. Singulariza la derrota ante las desatadas fuerzas de los indomables males de su hora. ¿Hacia dónde mirará la poeta? Arriba, el azul calla. En la 140


vecindad del horizonte la vida identificada con la esperanza pareciera no ser posible. Abajo, la arena, las piedras. La arcilla a cambio de cuanto poco queda —apenas si la soledad, los sueños, la poesía— ofrecen el alivio del sufrir, el descanso, la paz, el olvido, el silencio, en fin la nada. Un poeta venezolano más o menos contemporáneo a José Asunción Silva (18651896), Juan Antonio Pérez Bonalde (1846-1892), en los años finales de su alongado deambular y penar por el mundo, con su desencanto a cuestas por múltiples fracasos en la actividad política, en sus aspiraciones sociales, económicas, familiares, compuso un melancólico cántico en el cual también mira hacia abajo, a la tierra compañera substancial de la muerte, se rotula Sub Umbra Traedme una caja de negro nogal, y en ella dejadme por fin reposar. De un lado mis sueños de amor colocad, del otro mis ansias de gloria inmortal; la lira en mis manos piadosos dejad, y bajo la almohada mi hermoso ideal... Ahora la tapa traed y clavad, clavadla, clavadla con fuerza tenaz, que nadie lo mío me pueda robar...

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Después, una fosa bien honda cavad, tan honda, tan honda, que hasta ella jamás alcance el ruido del mundo llegar; bajadme a su fondo, la tierra juntad, cubridme... y marchaos dejándome en paz. ¡Ni flores, ni losa, ni cruz funeral; y luego... olvidadme por siempre jamás! (Del libro: J. A. Pérez Bonalde, Academia Nacional de la Historia, 1964). Se interpone, entre las estrofas de Pérez Bonalde y la “Oración” de María Mercedes Carranza más de un siglo, lo cual implica obviamente diferencias escriturales notables, distinto tratamiento de la melopeya. Coinciden sí en el ámbito lírico de la desesperanza, en bajar los ojos al humus —al fin y al cabo humanus et humus van uncidos además de la etimología también por el destino—; ofrendar la existencia a la madre gea, la misteriosa estancia donde —tal vez— el dolor se acalle. Oración No más amaneceres y costumbres, no más luz, no más oficios, no más instantes. Sólo tierra, tierra en los ojos, entre la boca y los oídos; tierra sobre los pechos aplastados; tierra entre el vientre seco; tierra apretada a la espalda; a lo largo de las piernas entreabiertas, tierra;

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tierra entre las manos ahí dejadas. Tierra y olvido. Se negó a la alegría por saberla injusta en medio del entorno, de los aconteceres, María Mercedes Carranza. Ascendió a la tristeza, esencia con ella, en buena medida su soma, su psykhé, su obra lírica. Convirtió la mesticia en su brújula para no perderse en el complejo mapa de las tentaciones intelectuales distintas a la asunción de su norte, su treno por el dolor de Colombia, aflicción compartida con los más, con los sufrientes, cuya respuesta perceptible en lo inmediato era el estupor del opaco silencio. Imposible cristalizar los sueños, irremediablemente se tornarían fantasmas de humo disueltos por los ventarrones del infortunio epocal. Aceptó por eso María Mercedes, con “el coraje de su verdad”, la invitación de la tierra. Lubio Cardozo, ecopoesta venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2015/08/metecologi-homenaje-de-lector.html, Lubio Cardozo, Homenaje de lector a la poeta María Mercedes Carranza. Jueves, 20 de agosto de 2015.

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17 La pintura ambientalista de Luis Alfredo López Méndez A ver pero mejor aún a contemplar (percibir un mundo de sugerencias, de

relaciones,

de

recuerdos)

las

pinturas de Luis Alfredo Méndez invitan.

Sello para la eternidad (la

contingible perennidad de las cosas) en

sus

lienzos

momentos

del

esplendor de rincones silvestres de la siempre

sorprendente

venezolana.

Trasmite

contempladores

de

así sus

flora a

los

cuadros

especiales éxtasis de la presencia prestada a la agradable naturaleza vegetal y trasmutada por su alquimia en el oro de lo artístico. Sus estampas inmovilizan el tiempo, custodian para un relativo siempre por ejemplo el "Avilar" (1937), el "Mercado de San Jacinto" (1918), "La Cruz Verde de la Guaira" (1936), un "Apamate" (1940) sus pinturas entrañan vivencias, la vivencia es vivida vida, esplendentes ventanas para la remembranza ciudadana de la contemporaneidad del pintor, pero luego continuara su lento mostrarse a la caminante sociedad por los salones, galerías, estancia de la historia, estrato del eterno presente móvil en su sed de perdurabilidad alumbrado por esa frase de Heidegger "el pensar retornando". Pero hay otra memoria, la registrada en los libros sobre los pinturas y sus pinturas: en el caso de este artista del color la publicación escrita y armada por Bélgica Rodríguez, rotulada Luis Alfredo López Méndez (Caracas, Armitano Editores, 2003) resulta además de fascinante paradigmática: un completo estudio bajo múltiples miradas de la vida, el arte pictórico, el entorno histórico, la familia, escrito en amena, elegante prosa, acompañado el volumen de abundante apoyo de

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excelentes láminas de reproducciones fotográficas.

Un libro del cual todos -

protagonistas, hacedores, lectores- nos sentimos orgullosos. Traslado Luis Alfredo López Méndez a sus telas muchísimos paisajes del espacio campestre nativo. Destaca con el dominio de sus colores de las figuras, a los aldeanos, pescadores, cual centro temático del vegetal entorno agreste o del marino, detalles ambientales estos donde tal vez se afinca más la señal del artista: fiel al poeta Andrés Bello ..."También allí la florecida vega, el bosque enmarañado, el sesgo rio, colores mil a tus pinceles brindan"8. Notables, por ejemplo, "Paisaje de la Guaira"(1940), "Niña Frente al Mar"(1944), "Marina" (1945), "Barlovento" (s|f), "Marina en Azul" (1941), "Bucares" (1963), "Apamate"(1962), "Araguaneyes"(1964), "Paisajes del Guárico" (1969). La libertad da vida a la vida. Así lo entendió López Méndez en el gozoso albedrío del manejo de sus colores, línea, en el ludismo de sus afectivos parajes distribuidos con admirable franquía en sus lienzos: "Marina. Pampatar" (1971), "Desnudo" (1973), "El Tirano" (1977), "Autorretrato de mi Infancia" (1971), "El Hipocanto" (1980), "Marina con desnudo" (1992). Ese optimismo sellado en las policromías de sus enmarcadas estancias donde los árboles, colinas, caminos, los verdeantes recintos donde los desnudos femeninos parecieran singulares inflorescencias surgidas entre los arbustos, significan desde la perspectiva epocal del ahora una ostensible defensa ecológica de la naturaleza venezolana pero no la selvática y lejana sino la cercana a los pueblos, al mar, a la gente de esos ambientes tan humanos a la par de hermosos. Ojala esos espacios pintados por Luis Alfredo Méndez no hayan desaparecido, mas si fatalmente sucedió así queda la memoria de ellos en los cuadros de este insigne artista de la pintura de Venezuela. Apasionado siempre de la belleza natural en sus formas más conspicuas: las mujeres, las flores, los árboles, los armónicos paisajes, Luis Alfredo Méndez les tributo el homenaje del arte, de llevarlos a sus policromos, brillantes, luminosas telas. Parafraseando al filósofo Spinoza: los estampo en el tiempo. Celebres sus

8

ALOCUCIÓN A LA POESÍA (1823). 145


pinturas de flores: "Rosas" (1958, 1970. 1973, 1975), "Flores" (1939), "Cayenas" (1948), "Crisantemos"(1949), "Claves" (1981), "Magnolias" (1970), entre muchos otros cuadros sobre el tema; sugestivos sus desnudos de lindas mujeres nativas: "Desnudos" (1962, 1973, 1974, 1975, 1980, 1992); ellos sumados a sus árboles, a sus esplendentes paisajes, sin lugar a dudas aportan y ennoblecen el envidiable tesoro del arte pictórico del Hemisferio Occidental. Memoria eterna merecida para este gran pintor ecologista venezolano quien tal vez sin darse cuenta de ello fue un gran defensor, con sus radiantes telas de la ecología del verdor, de los ambientes de plantas, arboles, flores, de esta pasión llamada Venezuela. Nació y murió en Caracas: 1901 - 1996. Lubio Cardozo, ecopoeta venezolano - Lenin Cardozo, ambientalista venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2015/07/la-pintura-ambientalista-de-luis.html, Lubio Cardozo, La pintura ambientalista de Luis Alfredo López Méndez. Domingo, 26 de julio de 2015.

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4. La MetaecologĂ­a y otros escritos

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1 Ecología del testimonio La ecología del testimonio es una manera de resguardar en la memoria colectiva, ya sea impresa, fotográfica, fílmica, de cuanta riqueza natural árboles, animales, ríos- tuvimos pero a partir de este testimonio, de estos testigos pasivos, podríamos volver a poseer, de volver a la vida creando las condiciones para ello porque tenemos por lo menos el registro científicamente asentado. Algo parecido a la idea de Jurassic Park pero con la ventaja de estar en la misma era, el cuaternario, no se trata entonces, de un salto hacia atrás en la historia natural sino de una continuidad donde solo se necesita un ingrediente afirmativo: la voluntad de salvar el planeta o por lo menos cada quien aquella parcela cercana a él donde la Tierra está herida. En el caso venezolano se han salvaguardado zonas de la ecología del testimonio, con abundantísima información científica registrada, valgan apenas estos ejemplos, aunque hay más: El manual de plantas usuales de Venezuela de Henry Pittier, Fauna descriptiva de Venezuela (Vertebrados) de Eduardo Rohl, Flora tropical ornamental de Jesús Hoyo, Flora de los páramos de Venezuela de Volkmar Vareschi, Árboles ornamentales de Caracas de Leandro Aristeguieta, Enumeración sistemática de las especies de moluscos hallados hasta ahora en los alrededores de Caracas y demás partes de la República de Adolfo Ernst, Guía de aves de Venezuela de William Phelps, Aves Venezolanas de Katherine Phoeb, Colibríes de Caracas de Ralph Dessau, Peces de los llanos de Venezuela de Antonio Machado Alison, Peces marinos de Venezuela de F. Cervigon. Invito a los lectores a informarnos (azulambientalistas@gmail.com) de testimonios ecológicos totalizantes, impresos o fílmicos, de sus países o regiones respectivo 148


porque la suma de estos conocimientos constituiría una especie de frontera imaginaria o limite a partir del cual se emprendería con justas y científicas razones la reconstrucción de la naturaleza perdida, de la vida del planeta. Lenin Cardozo, ambientalista venezolano – Lubio Cardozo, ecopoeta venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2011/10/ecologia-del-testimonio.html,

Lenin

Cardozo - Lubio Cardozo, Ecología del testimonio. Jueves, 20 de octubre de 2011.

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2 Los espíritus protectores de los árboles en la mitología griega. Dríades, Hamadríades y Hespérides Los griegos antiguos les pusieron nombre a las ninfas de los árboles: Dríades, Hamadríades y Hespérides. Las Dríades de los árboles. Servio, el comentarista latino de Virgilio afirma que las Dríades son Ninfas en medio de los árboles, mientras que las Hamadríades son las que nacen y mueren con ellos, aquellas cuya vida depende de la del árbol; sin embrago, no sabemos hasta qué punto esta observación erudita de un autor tardío responde de hecho a la creencia mitológica. Por otro lado, las Dríades según indica su nombre son Ninfas de las encinas así como las Melíades son las Ninfas de los fresnos, también asociadas con los robles, pero lo cierto es que a todas se las relacionaba con los árboles en general. Las Dríadas eran de

apariencia humana que se reflejaban en su árbol de

nacimiento. Los árboles altos eran las mujeres altas, un árbol más pequeño una niña. El follaje podía reflejar el cabello, hojas largas representaban lo largo de sus cabelleras, hojas pequeñas significaban el cabello corto de una niña. Los troncos gruesos representaban a una joven gorda y si la madera era oscura significa que su piel era de color negro. Las lágrimas eran el color de la clorofila. El temperamento de las

Dríades se basaba únicamente en el estado de su

protegido (el árbol), que lloraban cuando llegaba el otoño y las hojas comenzaban a caer, o saltaban de alegría con la llegada de la primavera.

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Las dríadas eran fuertes espíritus de la naturaleza, que podían comunicarse con los animales y con los seres de la naturaleza, hacer que sus raíces crezcan

para

impedir o dificultar las ramas y hojas implicar que estás sufriendo. Podían desaparecer en una nube de humo e ir a su árbol, y vivir el tiempo que viviría el árbol. Las Ninfas Hamadríades son los espíritus femeninos que representaban el poder divino de los árboles. Nacen y mueren a la vez que los árboles compartiendo con ellos las dichas cuando crecen y están verdes, floridos, y los infortunios cuando están secaos y pierden las hojas. Se les consideraban espíritus bienhechores a quienes cuidaban y protegían los árboles y ayudaban a los mismos con oportunos consejos y oían sus suplicas o intervenciones de cualquier problema. Aparecen en leyendas como la de Reco. Cierto mito tardío nos relata el origen de las Hamadríades. Según él, una doncella llamada Hamadríade se casó con su propio hermano, Oxilo. De esta unión nacieron las ninfas de los árboles: Caria, Bálano, Crania, Morea, Egiro, Ptélea, Ámpelo, Sice, estos nombres evocan a árboles como el nogal, la morera, la vid y la higuera. Las Hespérides. En la mitología griega las Hespérides (en griego, ‘hijas del atardecer’) eran las ninfas que cuidaban un maravilloso jardín en un lejano rincón del occidente, situado según diversas fuentes en las montañas de Arcadia en Grecia, cerca de la cordillera del Atlas en Marruecos, o en una distante isla del borde del océano. Adicionalmente, Hespérides (o también Islas Afortunadas) es un nombre dado por los antiguos a una serie de islas situadas en el extremo oeste del mundo entonces conocido. Éstas podían haber incluido Canarias, Madeira y Cabo Verde. El Jardín de las Hespérides es el huerto de Hera en el oeste, donde un único árbol o bien toda una arboleda daban manzanas doradas que proporcionaban la inmortalidad. Los manzanos fueron plantados de las ramas con fruta que Gea había dado a Hera como regalo de su boda con Zeus. A las Hespérides se les encomendó la tarea de cuidar de la arboleda, pero ocasionalmente recolectaban la fruta para sí mismas. 151


Como no confiaba en ellas, Hera también dejó en el jardín un dragón de cien cabezas llamado Ladón que nunca dormía, como custodio añadido. Posteriormente esas manzanas doradas fueron asimiladas a los cítricos de allí a considerar a las Hespérides como los espíritus feéricos asociados a estos.

Podríamos concluir

diciendo que a veces se las consideraba asociadas a un único árbol y mueren si éste se corta. Por esta razón, las dríades y los dioses castigaban a los mortales que dañaban a los árboles. Lubio Cardozo, ecopoeta venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2015/03/los-espiritus-protectores-de-los.html Lubio Cardozo, Los espíritus protectores de los árboles en la mitología griega. Dríades y Hamadríades. Lunes, 23 de marzo de 2015.

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3 Manifiesto de Mérida / ¡¡¡En el Esequibo Exxon NO!!! MANIFIESTO DE MERIDA A LOS SABIOS

DE

LA

HUMANIDAD:

SALVAGUARDAR A LA GUAYANA ESEQUIBA, TERRITORIO

EL

ULTIMO

CON

INMENSAS

SELVAS INCÓLUMES, JUNTO A LA FAUNA

MAS

ABUNDANTE

E

VARIADA, INSÓLITA

DEL

PLANETA; DE TIERRAS, AGUAS, ATMÓSFERAS

IMPOLUTAS;

DE

BELLISIMA GENTE. Tal vez por ser un espacio de Venezuela sometido a un proceso de reclamación limítrofe desde hace muchas décadas la actividad política administrativa se inmovilizo en el tiempo, incluida en esa cesación los desenvolvimientos comerciales intensos, las industrias de amplia cobertura, así mismo el estamento mínimo para levantar un estado orgánico, pero el tiempo de la naturaleza NO SE DETUVO: las selvas mantienen su equilibrado desarrollo tanto en las planicies, en las montañas, en los valles, lo cual ha permitido la conservación, abundancia y alta pureza de las aguas de sus ríos, magnifica reserva hídrica incontaminada difícil de hallar en otros lugares del mundo. Flora riquísima en la variedad de sus especies, en la calidad de sus árboles sostenedores de los millones de micro habitas colocados encima de los bosques.

Favorecida esta opulencia forestal por la

posición climática y geográfica de esa enorme franja de tierra situada en el mero corazón de lo descrito por el poeta Andrés Bello con el nombre de “la zona tórrida” colocada – respetando la relatividad de las distancias – entre la línea ecuatorial y el Trópico de Cáncer, beneficiada la par por los húmedos vientos provenientes del Océano Atlántico.

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¡Salve, fecunda zona, que al sol enamorado circunscribes el vago curso, y cuanto ser se anima en cada vario clima, acariciada de su luz, concibes! De Andrés Bello, LA AGRICULTURA DE LA ZONA TORRIDA (VERSOS 1–5). El nutriente verdor de esos parajes ha permitido el incremento de una copiosa y diversificada fauna, representadas por muchísimas especies científicamente valiosas y hoy desaparecidas en sus entornos originarios, estos selváticos vertebrados e invertebrados encontraron esplendidos refugios en las sabanas y floresta de esa casi virgen zona venezolana flanqueada en el este por el caudaloso rio Esequibo. La Guayana Esequiba es una continuidad natural de la geografía física, política, histórica, humana de Venezuela, incluso su límite hidrográfico por el este representa una frontera compartida por tratarse de un rio, el hermoso Esequibo. Pertenece esta extensa superficie, sin lugar a dudas, a los venezolanos, a los de acá y a los de allá, a los nacidos en la dispuesta Patria desde la Cordillera andina hasta la Guayana Esequiba inserta legítimamente en dicho espacio políticoadministrativo.

Somos la misma gente, el mismo pueblo inteligente, honesto

cordial, trabajador, sano de costumbres. En la ciudad de Mérida, situada en el centro de la Cordillera de Los Andes de Venezuela, urbe levantada por la creatividad de sus poetas, narradores, historiadores, pintores, músicos, científicos, profesores, por la Universidad de Los Andes, por la Iglesia Católica, entre otras instituciones, nos dirigimos a la gente sabía de la humanidad para presentarles este manifiesto con la súplica de su apoyo intelectual, moral, de sus palabras expresadas por los medios, para la salvaguarda integral de la Guayana Esequiba con base a estas presentes, objetivas, verdades: a) La Guayana Esequiba es una prolongación consubstancial del territorio de la República de Venezuela en lo geográfico, en lo histórico, en lo políticoadministrativo, en su gente. b) La Guayana Esequiba constituye una de las pocas regiones, de gran extensión, verde y virgen del Planeta poseedora de inmensas y antiquísimas

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selvas, abrigo y cobijo de una fauna selvática y sabanera numerosísima, diversificada, bien amparada por la frondosidad vegetal. c) Corren sobre su superficie más de seis grandes ríos no contaminados, lo cual se traduce en invalorables recursos hídricos de alta calidad. d) Todo lo expuesto, pues, en este escrito debe traducirse en una sencilla ecuación: La Guayana Esequiba pertenece a Venezuela tal se explicó en el primer acápite (a), por ser un opimo legado de la naturaleza, una fortuna ecológica, un tesoro ambiental bien conservado –vegetación, fauna, aguas, tierras, atmosfera, oxigeno, gente– la humanidad sabia debe asumir el compromiso ético de salvaguardarlo cual un común patrimonio científico, artístico, recreacional, ecológico, ambiental de los habitantes del Planeta Azul. Solicitamos solidaridad al respecto. Desde la ciudad de Mérida de Venezuela para el mundo. Lubio Cardozo, poeta ambientalista venezolano http://lenincardozo.blogspot.com/2015/08/manifiesto-de-merida-en-elesequibo.html, Lubio Cardozo, Manifiesto de Mérida / ¡¡¡En el Esequibo Exxon NO!!! Jueves, 13 de agosto de 2015.

-FIN-

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5. El Autor y sus Co-editores

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El Autor Prof. LUBIO CARDOZO, (1938) Poeta, ensayista, investigador y crítico literario. Licenciado en Letras en la Universidad Central de Venezuela, con Postgrado en Investigación Documental en la Escuela de Documentalistas de Madrid. Desempeñó diversos cargos en la Universidad de Los Andes en el estado venezolano de Mérida, donde reside. Coordinó la revista Actual de la mencionada casa de estudios. Es reconocida su valiosa labor investigativa en historia, teoría y crítica, con más de treinta títulos publicados. Además es autor de los poemarios Extensión habitual (1966), Apocatástasis (1968), Contra el campo del rey (1968), Salto sobre el área no hollada (1971), Fabla (1974), Paisajes (1975), Poemas de caballería (1983), Solecismos (1986), Poemas (1992), Lugar de la palabra (1993), El país de las nubes (1995), Un verso cada día (1995) y Ver (1999). Toda su poesía ha sido reunida en el volumen La cuarta escogencia (Ediciones Mucuglifo, 2006). Máximo exponente de la poesía ambientalista latinoamericana y de la Metaecología.

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Los Co-Editores Ing. LENIN CARDOZO PARRA, Ecologista. Escritor venezolano y ambientalista. Estudios realizados en la Universidad del Zulia, Universidad Complutense de España, Universidad de Burgos de España. Cursos post-universitarios en MBA, Management Público, Filosofía e Historia. Doctorado en Ciencias. Director Ejecutivo Canal Azul

24 https://anca24latam.wordpress.com/

y Blue Chanale 24

www.bluechannel24.com. Libros escritos: Die lange und kurvenreiche

Straße von Umweltschützern. Übersetzung: Doris Barboza. Isla Dorada, Editorial Erato, 2015. El largo y zigzagueante camino de los ambientalistas. Isla Dorada, Editorial Erato, 2015. Di come essere ambientalista e non morire nell’intento. Isla Dorada, Ediciones Erato, 2015.

Desarrollo Sustentable. Mito o Realidad. Maracaibo, Ediciones Erato, 2007. Crítica a la Razón Productiva de la Modernidad y Discurso Filosófico Ambientalista Postmoderno. Maracaibo, Editorial Universidad Cecilio Acosta, 2006. PDVSA Dos Pasos Atrás. Maracaibo, Ediciones Erato 2004. 25 Historias Cotidianas. Maracaibo, Ediciones Chepa, 2000. Fundador y Director Ejecutivo de la ONG Fundación Azul Ambientalistas www.azulambientalistas.org, email: lenincardozoparra@gmail.com y el Blog http://lenincardozo.blogspot.com/. Mgs. HUGO ENRIQUE MENDEZ URDANETA, Periodista y profesor universitario. Escritor y ambientalista. Estudios realizados en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma, 1984-1993. Master en Ciencias de la Comunicación Social, Especialización en Manager Televisivo, Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social; Master en Educación para la Escuela y la Comunicación Social, Licenciado en Ciencias de la Educación. Baccalaureato en Ciencias de la Educación. Libro: Die lange und kurvenreiche Straße von Umweltschützern. Übersetzung: Doris Barboza.

Isla Dorada, Editorial Erato, 2015. El largo y zigzagueante camino de los ambientalistas. Isla Dorada, Editorial Erato, 2015. Di come essere ambientalista e non morire nell’intento. Isla Dorada, Edicciones Erato, 2015. Tesis: La struttura comunicativa della festa religiosa del popolo. Ricerca e documentazione televisiva dell'Infiorata di Spello. (Lever Franco), 01-01-1993. La integración del niño con handicap en la escuela primaria. Analisís de la literatura italiana. (Natale Zanni), 01-01-1988. Baccalaureato: La concepción universitaria según Andrés Bello. (José M. Prellezo), 01-01-86. Redactor responsable de la web: https://anca24italia.wordpress.com. Periodista de la ONG Fundación Azul Ambientalistas www.azulambientalistas.org, email: hugoemendez21@gmail.com y el Blog: http://hugoemendez.blogspot.com.

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Lubio Cardozo. Lenin Cardozo Parra – Hugo E. Méndez U. Co-editores. METAECOLOGÍA

Y

SU

HORIZONTE

POÉTICO.

Literatura

y

prosa

ambientalista. Primera edición. No esta permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del Copyright. Copyright de este número:

 Portada: Henry Matisse. Icarus. 1847.  Lubio Cardozo. Lenin Cardozo Parra – Hugo E. Méndez U. Co-editores. 2015.

 Editorial

Erato, Octubre 2015.

Isla Dorada, Maracaibo. Concepto, edición, composición y montaje: Hugo E. Méndez U. hugoemendez21@gmail.com

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Metaecología y su horizonte poético  

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