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Jocelynn Drake

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Staff Del Libro ñTraductoras:

ñCorrectoras:

+ aLeBeNa

+ Angeles Rangel

+Anne Iris Heaven

+ Angeliitaw

+ Ckony

+ Kanon ♪♫♪

+ dani.shawn

+ Julia107

+ dham-love

+ Sera

+ Eli25

+ Virtxu

+ **Liseth_Johanna18** + Marie Annabeth

ñRecopilación:

+ Rihano

+ Virtxu

+ Silvery

ñdICEÑO:

+ Vampirabriin + Virtxu

+ Beky

ӜƷ

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indice SINOPSIS: CAPÍTULO CAPÍTULO CAPITULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPITULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPÍTULO CAPÍTULO EPÍLOGO Biografía Pray for

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SINOPSIS:

l amanecer trae un nuevo terror a las criaturas de la noche... Aquellos de su raza tienen miedo a Mira por el fuego letal que ella controla a su voluntad—un un poder único entre los Nightwalkers, tanto un regalo... como una maldición. Los Naturi desprecian a Mira por lo que es—mientras es mientras se preparan para el sacrificio final que destruirá las barreras entre los mundos. Y una vez que los Naturi hayan desencadenado, sangre, caos y horror reinaran sobre la Tierra. Mira solo puede confiar en Danaus, el más que mortal cazador de vampiros, aunque él ha jurado destruir a su especie. Y ahora, cuando se aproxima el día día en el que fuerzas titánicas se batan en duelo al amparo de la oscuridad, el destino les lleva hacia una confrontación apocalíptica en Machu Pichu. Pero no todo está perdido, porque una absurda carta les ha sido repartida: una pícara princesa enemiga que puede cambiar la balanza de poder y el temeroso rumbo.

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CAPÍTULO 1 Traducido por Silvery Corregido por Virtxu

os neumáticos chirriaron.

Tomamos la esquina yendo a casi 80 kilómetro por hora, derrapando al dar la vuelta. Me agarré contra el asiento del conductor y apreté con fuerza los dientes, tragándome otra maldición cuando Knox apenas sí esquivó un coche aparcado cuando nos metió a toda prisa por otra calle residencial. Un segundo grupo de neumáticos chirriantes nos seguía de c cerca erca por detrás mientras el Ford Mustang se dirigía hacia nosotros aumentando la velocidad.

—¡Sácanos ¡Sácanos de la ciudad, joder! —le le grité a Knox. A esa velocidad, íbamos a golpear a alguien y con los Naturi ganándonos terreno, no podíamos permitirnos ir más de despacio. Teníamos que salir de la ciudad antes de que matáramos a alguien o antes de que los polis de Savannah al final se fijaran en un par de coches precipitándose por la ciudad a una velocidad suicida.

—¡No es tan fácil! —gritó gritó Knox a su vez. Sus manos se agarraban al volante con tal fuerza que sus nudillos estaban blancos—. blancos . Venimos desde el centro de la ciudad y dijiste que los perdiéramos de vista, no que saliéramos de la ciudad.

—Bueno, Bueno, te lo estoy diciendo ahora. Saca este infierno de la ciudad. Vas a matar a alguien —remarqué.

—En concreto a nosotros —añadió —añadió Amanda desde el asiento de atrás. La rubia Nightwalker estaba sentada al lado de Tristan, quien parecía tomárselo todo con 6


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calma. Po supuesto, Tristan había estado en situaciones bastante peores conmigo y había sobrevivido.

—No vamos a matarnos —gruñó Knox cuando tomó otro giro yendo más deprisa de lo que se consideraría prudente—. Esto es un BMW M3. Es un coche de carreras para los ricos aburridos. El coche puede con ello.

—No, Knox, dime lo que realmente piensas —refunfuñé. El BMW era mi coche. Había decidido dejar que condujera él cuando me di cuenta de que los Naturi nos seguían por el Rivel Walk, sabía que podría necesitar mis manos libres si no teníamos éxito en perderlos de vista. Saqué mi pistola de la guantera y ojeé la recámara.

—Sabes a qué me refiero. —El Nightwalker me echó un breve vistazo, con la comisura de su boca levantada en una débil sonrisa.

—Rica y aburrida —repetí secamente.

—¿De verdad estamos teniendo esta discusión ahora? —preguntó Amanda cuando Knox derrapó en otro giro y se llevó por delante el parachoques de un coche aparcado.

—¡Knox!

—¡Mira! —gritó él también—. ¡Déjame conducir o hazlo tú!

Pero era demasiado tarde para eso. Los Naturi nos estaban alcanzando con cada giro. No les importaba a quién golpearan por el camino, la cual era la razón por la que teníamos que sacarlos de la ciudad.

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Me relajé un poco cuando doblamos en Montgomery Street. La rampa que conectaba con la Autopista 16 estaba cerca. Al final conseguiríamos salir de la ciudad y adentrarnos más en campo abierto.

—Mira —dijo Tristan con voz tranquila, llamando mi atención mientras lo miraba por el espejo retrovisor—. ¿Abandonar la ciudad es la opción más acertada?

Algo de tensión podía haberse reducido drásticamente de mis hombros, pero un nudo de preocupación todavía me ceñía el estómago. Sabía lo que estaba preguntándome. Estábamos dejando atrás la relativa seguridad de la ciudad y potencialmente íbamos a luchar en territorio Naturi poniendo rumbo a campo abierto. Controlar la naturaleza era su punto fuerte.

Tristan ya había luchado con los Naturi conmigo en los bosques, y la lucha no fue bien. Casi sale hecho trizas por un Naturi del clan animal, y yo fui empalada por miembros de los clanes del viento y la tierra. Y esta vez no teníamos a Danaus o a Sadira alrededor para ayudarnos a salvar nuestros respectivos culos.

—No tenemos elección —admití, frunciendo el ceño hacia él porque podía entender su miedo—. No tengo la intención de combatir esta guerra delante de los humanos como quieren los Naturi.

—¿No puedes acorralarlos en un círculo de fuego o algo así? —preguntó Amanda, moviéndose en la parte de atrás. La Nightwalker estaba ansiosa por llegar a la batalla porque salir corriendo no era su estilo. Era toda garras y colmillos en cualquier situación, dejando tras de sí carne destrozada y un reguero de sangre. Eso era lo que la hacía una buena matona entre los novatos, pero no la Nightwalker más responsable, cuando no siempre pensaba las cosas a fondo.

—Tengo que ser capaz de ver o sentir lo que quiero rodear con el fuego, y no puedo sentí a los Naturi —dije, convirtiendo mi ceño fruncido en una mirada de furiosa frustración. 8


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—¿Y qué me dices del coche?

—Sólo las partes que puedo ver.

—Entonces los ruedas. Envuelve los neumáticos en fuego. Eso los retrasará.

—Podría funcionar —asentí, bajando la ventanilla con un zumbido eléctrico casi silencioso—. De todas formas, ¿quién enseñó a los Naturi a conducir de esa manera? ¿O a hacer un puente a un coche1? —murmuré en un aliento, pero en un coche lleno de Nightwalkers, todos me oyeron.

—Internet está lleno de información sorprendente —dijo Knox sarcásticamente.

—¿Internet? —añadí a mi lista de quejas—. Esas son criaturas del Mundo Antiguo. No conducen, no hacen puentes a los coches, o navegan por la Web.

Para mi sorpresa, Tristan se rió entre dientes, parándome cuando agarré el marco exterior de la puerta.

—Hay momentos en lo que suenas verdaderamente anticuada, Mira. ¿Es más extraño que una Nightwalker de tu edad haciendo todas esas cosas y más?

—¡Cállate, Tristan! —Yo apenas tenía seis siglos. No era tan mayor.

Volviendo mi atención de nuevo a Knox, dije: —Aminora sólo un poco y mantén el coche estable. —Agarrándome a la parte exterior de la puerta del coche, me deslicé fuera de la ventana y me senté en el marco. Era un tanto complicado mantener el 1

Hacer un puente a un coche: manipular los cables de un coche para arrancarlo sin las llaves.

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equilibrio, pero me hacía más fácil el ver los neumáticos del Ford Mustang rojo siguiéndonos. Focalizando mis pensamientos, tanto las ruedas delanteras como las traseras estallaron en llamas. El coche viró un par de veces antes de volcar finalmente sobre su techo a un lado de la carretera.

Me deslicé de vuelta al coche y agarré mi pistola de donde la había depositado en el suelo.

—Para por aquí. Tenemos que acabar con esto.

Mis pies se posaron en la parte arenosa de la carretera antes de que Knox se las arreglara para poner el freno de mano. Quité el seguro de la Browning que ahora era mi compañía constante e hice una pausa, mirando la pistola, que era idéntica a la que Danaus me había dado en Venecia. Los Nightwalker no solían llevar pistolas; la mayoría de nuestros enemigos no se podían matar con una bala, y que los dispararan sólo servía para cabrearlos. Pero los Naturi se podían matar con una bala bien disparada, asique ahora yo llevaba conmigo una pistola son importar a donde fuera, junto con una espada afilada. El resto de mis compañeros no habían cogido el hábito necesariamente.

¿Tristan? Lo busqué mentalmente.

Tengo una pistola, confirmó sin necesidad de que le preguntara. El joven Nightwalker había estado conmigo cuando luché contra los Naturi en Inglaterra y de nuevo cuando los Naturi aparecieron en Venecia. Era plenamente consciente de lo que se necesitaba para matar a esos resistentes bastardos.

—Knox —lo llamé poniendo de nuevo el seguro a la pistola—. Toma esto. —Ágilmente le lancé la pistola por encima del coche hasta donde estaba él—. Solamente no me golpees con tu puntería de mierda. —Yo no era quien para hablar. Todos nosotros teníamos una puntería pésima. Ninguno de nosotros nos habíamos molestado en aprender a disparar. Pero entonces, las pistolas no habían existido hace cinco siglos, la última vez que los Nightwalkers se enfrentaron a los Naturi en una refriega habitual. Los tiempos cambian y tenemos que aprender a cambiar con ellos. 10


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Cogiendo un cuchillo de la vaina de mi muñeca, caminé hasta donde el coche se balanceaba sobre su techo. Tres Naturi habían salido gateando, mientras que un cuarto estaba todavía detrás del volante, sin moverse. Tenían cortes y estaban amoratados pero curándose de nuestro pequeño encontronazo. Los Naturi tenían la habilidad de curarse de cualquier herida casi tan rápidamente como un Nightwalker. Sin embargo, una bala en la cabeza servía para pararlos. Una bala en el corazón los ralentizaba el tiempo suficiente para recargar y pegarles otro tiro desde más cerca.

—¿Dónde está Rowe? —pregunté cuando estuve a unas cuantas yardas del Naturi más cercano.

—Vendrá a por ti, Fire Starter —replicó el Naturi.

Giré el cuchillo en mi mano, permitiendo que la larga hoja plateada capturara la luz de una farola cercana. —Dime algo que no sepa.

—Te quiere muerta —dijo el Naturi.

De nuevo me encogí de hombros. Rowe había ganado en el Palacio de Knossos cuando se las arregló para romper el sello que confinaba a los Naturi, pero todavía tenía que abrir la puerta. Él sabía que yo iba ir detrás de él otra vez con todo lo que tuviera, así que había estado enviando continuos ataques de escaramuzas menores en mí camino durante el último mes, intentando agotarme.

Con un giro de cuchillo, lo volví a meter en la funda con mi mano derecha mientras la izquierda disparaba hacia él y los otros dos Naturi. Explotaron en tres enorme llamaradas de fuego ardiendo brillantemente en la noche. Los detuve antes incluso de que hubiera una oportunidad de que la lucha tuviera lugar. No estaba dispuesta a arriesgar las vidas de mis compañeros por más información. Rowe vendría a por mí o me encontraría con él en el emplazamiento del siguiente sacrificio.

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Un disparo resonó seguido de otros dos más en una rápida sucesión. Me giré en redondo, extinguiendo el fuego con un gesto de mi mano. Tristan y Knox se pusieron en dirección opuesta, sosteniendo sus pistolas con ambas manos y disparando a la media docena de Naturi que corrían desde el bosque rodeándonos desde todos los flancos. Habían estado esperando por nosotros para finalmente aparecer fuera de los límites de la ciudad.

Para mi sorpresa, dos bolas de fuego aparecieron en las manos abiertas de uno de los Naturi y se las lanzó a Knox y Tristan. Un Naturi del clan de la luz. Mierda. Centrando toda mi atención en las llamas, capturé las dos bolas de fuego y tiré de ellas hacia mí antes de extinguirlas completamente. El fuego como modo de ataque ahora había quedado fuera de la ecuación, desde que los Naturi de la luz podían contrarrestar todos mis movimientos.

Volviendo a coger mi cuchillo, corrí hacia los Naturi cada vez más cercanos. Los disparos de las pistolas llenaban la noche cuando Tristan y Knox trataban de igualar el campo de juego. Cuando cerramos el grupo, el sonido de unas alas llenó el aire. Una bandada de estorninos2 inundó el cielo nocturno. Me lancé al suelo, con mis brazos desnudos deslizándose por la áspera y acribillante tierra llena de piedrecitas cuando intenté escapar de las zarpas de los pájaros. Antes de que pudiera volver a ponerme de pie, la Naturi de la luz con su pelo dorado y su piel de bronce estaba sobre mí, con la espada corta tensa. Rodé hacia mi izquierda, y por poco no esquivo la espada cuando ésta cayó donde yo había estado tan sólo un segundo antes. Creé un muro de fuego entre nosotras, esperando retrasarla por un segundo para que yo pudiera levantarme.

La Naturi de la luz barrió el fuego con un movimiento de su mano. Cuando dio un paso más hacia mí, lancé mi cuchillo hacia ella, hundiéndolo profundamente en su pecho.

Tropezando hacia atrás, la Naturi intentó sacar el cuchillo que sobresalía de su pecho. Golpeó a ciegas con su espada hacia mí, pero la regateé fácilmente. Con una veloz patada, desplacé la espada de su débil agarre. Sonreí cuando caminé hacia delante y tiré de mi cuchillo sacándolo de su pecho. Mi creadora, Sadira, se había asegurado de que yo fuera una luchadora competente sin mis poderes. 2

Estornino: tipo de pájaro.

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El sonido de succión llenó el aire nocturno seguido por su grito de dolor, interrumpido cuando separé su cabeza de los hombros con un único y limpio golpe.

Ya estaba corriendo para enfrentarme al resto de los Naturi antes de que golpeara el suelo. Con un cálculo rápido supe que sólo quedaban tres de los seis que habían atacado. Los pájaros se habían ido, indicando que los Naturi del clan animal habían sido masacrados.

Por encima de nosotros, las nubes comenzaron a agitarse cuando una inesperada tormenta se levantó desde el este. El viento daba bandazos y se levantaba, haciendo volar mi pelo rojo hasta mis ojos. Parece ser que los Naturi restantes eran miembros del clan del viento. Esto era malo. No puedo parar un relámpago, y ninguno de nosotros probablemente sobreviviría a esa herida.

—Retroceded —grité—. Retroceded. —Acumulé mis poderes mientras gritaba a los Nightwalkers. No podría envolver a ningún Naturi con el fuego si estaban cerca de los Nightwalkers; no habría modo de proteger a los que me importaban una vez que se encendiera el fuego.

Tristan y Knox vacilaron durante sólo un momento, pero entonces retrocedieron, corriendo hacia mi coche. Sin embargo, Amanda estaba atrapada por un Naturi que le hacía cortes, haciéndola retroceder sin parar hacia los bosques y alejarse de la carretera. Concentrándome, rodeé a los dos Naturi que había estado combatiendo con Knox y Tristan con el fuego y corrí hacia Amanda.

Fuera del ángulo de mi visión vi otro coche parándose al lado de la carretera detrás del coche de los Naturi. No necesitaba un público mayor y sólo podía adivinar que nuestros nuevos amigos eran otros Naturi desde que habíamos camuflado con magia la zona entera.

Prestando atención a los recién llegados, me dirigí a Tristan telepáticamente mientras corría hacia el lado de Amanda. Los Naturi del viento con su pelo marrón brillante se 13


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pararon a unos pies de Amanda y levantaron una mano en el aire como si alcanzaran para tirar de un trozo de cielo. Amanda los observó, con sus manos temblando de cansancio y posiblemente de miedo. No tenía ni idea de a qué se enfrentaba. Yo sí y no era nada bueno. Había visto a Rowe adoptar la misma postura justo antes de que una tormenta de granizo con relámpagos eléctricos apedreara el suelo.

Afianzando mis pies en el suelo, salté hacia ella, lanzándola al suelo justo antes de que un rayo chisporroteara la tierra exactamente donde había estado sólo un momento antes. El dolor crepitó en mi abdomen, pero lo ignoré cuando forcé a Amanda a rodar varios pies de distancia hasta que alcanzamos un suelo más seguro. Una vez que estuvo a mi lado, dirigí una bola de fuego hacia el Naturi del viento que acabó bañado en llamas naranjas y amarillas antes de que pudiera invocar otro rayo.

Con los Naturi quemados hasta ser tostadas ennegrecidas, volví a tumbarme en el suelo y cerré los ojos con alivio. Los Naturi estaban muertos y nadie había resultado gravemente herido.

¡Mira! Gritó Tristan telepáticamente al mismo tiempo que se oían más disparos.

Contorsionándome para mirar, enviando una puñalada fría de dolor a través de mi abdomen, vi a tres Naturi más corriendo hacia nosotros. De alguna manera los había olvidado en mis cuentas o habían salido corriendo desde los bosques cuando caí al suelo con Amanda, intentando coger ventaja de un momento vulnerable.

Amanda se puso de rodillas, moviéndose frente a mí en un esfuerzo por protegerme, pero la agarré del codo y la tiré hacia un lado. No la podía tener bloqueando mi campo de visión. Alzando una temblorosa y ensangrentada mano, intenté envolverlos con fuego, pero luché en vano. Cada movimiento de mi cuerpo enviaba una fría astilla de dolor chirriando a través de mí, haciendo pedazos mi concentración. Los Naturi estaban ganando terreno, más rápido de lo que podían hacerlo Tristan o Knox. Con un gruñido, excavé profundo, llegando hasta el dolor pasado, buscando el fuego que ardía brillante donde se suponía que residía mi alma.

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Los tres Naturi se deslizaron hasta un alto a unos pocos pies de mí. Sus lloriqueos llenaron el casi silencioso aire de la noche. Dejando caer sus armas descuidadamente al suelo, se arañaron su piel, que había empezado a ondularse de forma rara.

Fue entonces cuando sentí el contacto familiar de un poder cálido en el aire. Sabía antes de girar mi cabeza que Danaus estaba allí. Al final, distraída por el dolor y el miedo, moví mi mano hacia los tres Naturi que se estaban quemando de dentro a fuera y los rodeé con el fuego. Al instante estaban calcinados bajo nuestros poderes combinados.

—¡Oh, Dios! ¡Mira! —Jadeó Amanda a mi lado—. Lo siento. No era mi intención…es sólo que…me abordaste…yo no…

Miré hacia donde estaba ella mirándome con un gesto de horror. La empuñadura de un cuchillo sobresalía de mi estómago. La sangre empapaba mi camisa y empezaba a llenar la cintura de mis vaqueros. Eso explicaba el repentino golpe de dolor cuando había chocado contra Amanda. Me había atravesado a mí misma con el cuchillo que ella había estado sosteniendo.

—Lógico —refunfuñé cuando lentamente saqué el cuchillo de mi estómago con un siseo de dolor. Escapé de que un Naturi me hiriera sólo para que me hiriera uno de los míos. La vergüenza era peor que el dolor en mi estómago cuando mi cuerpo pugnaba por regenerarse.

Un sonido de pies corriendo me hizo saber que Tristan y Knox se estaban aproximando rápidamente para asegurarse de que ambas estábamos a salvo. Negándome a permitir que me vieran herida por la espada de Amanda, me coloqué sentada, hacienda una mueca por el dolor que me causó.

—¿Estáis todos bien? —preguntó Tristan antes de pararse completamente.

—No era mi intención… 15


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—Estoy bien —interrumpí rápidamente

—Estás sangrando —rebatió Knox.

—Estoy bien. Sólo es un rasguño. —Si hubiera visto alguno de los…rasguños, que había tenido en el pasado, se habría desmayado completamente.

—Pero… —intentó continuar Amanda, pero un rugido familiar la cortó.

—Ella está bien —dijo Danaus con una risa burlona cuando extendió su mano hacia mí para ayudarme a levantarme del suelo. Una sonrisa abyecta de conexión tocó mis labios cuando me agarré de la muñeca del cazador con mi mano izquierda y me volvió a poner de pie. A pesar de que era doloroso eso no era nada.

—Id a recoger los cuerpos y meterlos dentro del coche. Necesitamos destruir todas las pruebas antes de que alguien los encuentre —ordené cuando Amanda recuperó su cuchillo.

Sólo nos llevó unos cuantos minutos reunir los cuerpos que yo no había calcinado del todo. El hechizo de camuflaje que habíamos lanzado sobre nosotros durante la lucha, y el hecho de que fueran las tres de la mañana, nos ayudó a esconder el altercado a los ojos de los humanos, pero todavía necesitábamos deshacernos de las evidencias de que los Naturi existían.

Una vez que estuvimos instalados en el coche de Nuevo, rodeé el Ford Mustang con fuego. Debí de habérmelas apañado para golpear el depósito de la gasolina porque el coche entero se convirtió en una preciosa bola de fuego. Nos esperamos lo suficiente para estar seguros de que los cuerpos estaban completamente incinerados antes de ponernos otra vez en marcha hacia la ciudad, con Danaus siguiéndonos en el otro coche. Ninguno habíamos comentado todavía nada acerca de su repentina

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aparición, aunque las preguntas flotaban en el aire como un elefante rosa suspendido por una caña de pescar.

Knox fue el primero en romper el silencio que pesaba sobre los ocupantes del coche, utilizando su omnipresente y seco sentido del humor.

—Aunque disfruto de una noche contigo tanto como con la proximidad de los Nightwalker, deduzco que tienes algo más en mente aparte de jugar con los Naturi.

—¿Podemos por favor no hablar de ellos? —dijo Amanda con una voz temblorosa desde el asiento trasero. Estaba asombrada por su suave y casi roto tono. Nada la había puesto nunca tan nerviosa por lo que sabía, pero entonces, esa había sido su primera confrontación con los Naturi, y apenas sí había sobrevivido. También se las había arreglado para apuñalar al Guardián del área en la que ella vivía. Amanda no estaba teniendo su mejor noche.

—No os llamé a los dos para hablar de los Naturi —dije con un suspiro—. Quería invitaros a los dos a ser parte de mi familia.

Solamente ahora me estaba empezando a cuestionar la sabiduría de aquella petición.

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CAPÍTULO 2 Traducido por: dani.shawn Corregido por: Angeles Rangel

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l estudio en mi casa privada era clásico del viejo mundo con los estantes que llegan hasta el piso cubriendo tres paredes. Las curiosidades iluminadas de los gabinetes estaban intercaladas, separando lo viejo de lo nuevo. Esta era la primera casa que mantenía por más que que solo unos cuantos años, y había comenzado a coleccionar cosas desde que ya no tenía que juntar todo y largarme. Savannah era mi hogar, y estaba preparada para defenderla.

Inclinándome contra el frente del escritorio, encontré a Tristan mirándome con ojos oj encapuchados sentado en una silla de cuero de respaldo alto. Se había convertido en algo más que confortable viviendo en mis dominios durante los meses pasados, pero entonces, todavía estábamos lentamente tratando de entender nuestra relación de Señora e hijo. Yo lo había robado de nuestra creadora, Sadira, en un intento de proteger su vida. No había hecho planes para ello. Nunca había intentado crear mí propia familia, especialmente con uno de los hijos que alguna vez perteneció a la creadora que odio.

Todavía, Tristan me necesitaba. Sadira lo había creado y lo mantuvo débil así nunca podía escapar de la manera en que yo lo hice. Cuando lo había intentado, Sadira me había engañado para que se lo devolviera. Sabía lo que era estar bajo su vil y retorcido control y entendía su necesidad de finalmente ser libre. Mientras estábamos en Londres, le prometí encontrar una manera de hacerlo, pero nunca esperé convertirme en su señora como parte del trato.

Una vez que volví a Savannah desde Creta, había estado a punto de liberarlo; renunciar a mis lazos con él y dejarlo vivir su propia vida como Nightwalker. Pero mi conciencia no me dejó. Estaba todavía débil, haciéndolo una presa fácil para cualquier cosa que posara su vista en él. No dejaría que lo mataran al primer pr minuto 18


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que lo alejara de mí. Por un siglo Jabari me entrenó para protegerme a mí misma, y me enseñó lo que era ser un Nightwalker. Podía pasarle algo de ese conocimiento en mi barrio hasta que descubriera más.

Por ahora, Tristan parecía contento de quedarse. Pero había momentos cuando lo encontraba viéndome, con una triste mirada en los ojos. Me pregunté si se estaba quedando por una razón enteramente diferente. ¿Estaba buscando alguna manera de protegerme?

Danaus seguía allí, sentado en una de las sillas forradas en cuero y de respaldo alto detrás del escritorio, sus ojos nunca dejaron los míos, como un gato salvaje mirando a su destinada presa. Los dos, él y Tristan había luchado contra los Naturi a mi lado en Londres y nuevamente en el Complejo de Themis, Danaus estuvo conmigo cuando el sello se rompió en Creta. A pesar de que no conocía a Amanda y a Knox desde hace mucho, sentía una fuerte cercanía para con los dos nuevos habitantes de mi dominios.

Amanda y Knox vagaron lentamente por la habitación, sus pasos sonaban en el silencio mientras se alejaban de la persiana que habia en el oscuro pasillo. Era la primera vez que cualquiera de los dos estaba en mi casa fuera de los limites de la cuidad. Mantenía una casa dentro de la ciudad, la cual era donde yo llevaba a cabo la mayoría de las reuniones y eventos sociales, pero la casa del exterior era para mi uso privado. Era también donde pasaba las horas del día. Gabriel, mi guardaespaldas, estaba familiarizado con la casa, y ahora Tristan, ya que era también su casa.

―Mira, ―murmuró Knox, su mirada vagó por la habitación antes de volver hacia mí ―. Estoy honrado de que nos hayas traído aquí.

Le sonreí, apreciando sus modales y gestos del Viejo Mundo. Él era solo unos siglos más viejo y había sido renacido por un viejo Nightwalker llamado Valerio, a quien yo admiraba y al cual detesté en solo unos meses.

Puedes pagármelo prometiendo que nunca más vas a conducir mi auto dije con una mueca. Él sonrió de vuelta, sabiendo que no estaba siendo enteramente seria. Él había

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hecho lo necesario para mantenernos con vida. Y por más que amara a mi auto, seguía siendo un objeto.

―Estoy suponiendo que estás seria por lo que dijiste en el auto ―dijo Amanda, girándose curiosa desde un gabinete que tenía una serie de dagas del siglo veinte―, sobre unir a tu familia.

Asentí una vez, cambiando mi mirada desde Amanda a Knox.

―Entonces, acepta.

―¡NO! ―dije, levantando la mano desde la mesa y manteniéndola abierta y en lo alto en su dirección, deseando un momento que me permitiera encontrar las palabras para expresar mis temores y mi gratitud adecuadamente―. Aprecio tu entusiasmo, Knox, Pero no quiero que ninguno de ustedes acepte o se niegue esta construcción, particularmente en nombre de la lealtad.

―Sin embargo, esta no es una familia típica ―intervino Tristan, volviendo mí mirada hacía él. Una perversa sonrisa tiró de las esquinas de mi boca, pero el estaba tratando de agujerearme, queriendo romper la tensión que habían contraído los músculos de mis hombros, ahora tensos.

Una familia entre Nightwalkers se disponía cuando el Nightwalker más viejo estaba de acuerdo en proteger un pequeño rebaño de Nightwalkers. Generalmente, el anciano crea a los otros, pero no siempre. Vivir en una familia era fuente de seguridad, como pertenecer a una determinada familia mafiosa. Sin embargo, la vida sin una familia podía ser brutal en lugar de fatal. Y en muchos casos no se dejaba con vida una vez que eras aceptado.

―Mi acuerdo con Tristan es diferente a lo que yo les estoy ofreciendo ―empecé, apoyándome contra el escritorio nuevamente en un intento de continuar en una postura relajada―. Mi acuerdo con Tristan va a ser siempre diferente debido a las 20


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circunstancias. Eso no es asunto de nadie, sino nuestro. Lo mismo va para su futuro aquí en Savannah.

―No tenemos ningún problema con Tristan ―dijo Amanda encogiéndose de hombros―. Él es bienvenido aquí. ―No me perdí la inocente sonrisa que le envió antes de mirar de vuelta hacia mí.

Algo en mi estómago se retorció y mi reflejo fue apretar los dientes. Eso no pasaría. Una pareja entre Amanda y Tristan no sería buena cosa, ¿verdad? Negué con la cabeza mentalmente a mi misma y a mis tontos pensamientos. Estaba actuando como una madre gallina protectora con Tristan. Después de lo que había sucedido con Sadira y el tribunal del Aquelarre en Venecia, desconfiaba de todo lo susceptible de dañar mis dominios. Él aún se estaba recuperando de su último trauma, y yo no veía a Amanda como la mejor influencia o la más sana opción en relación al amor. Pero entonces, tal cosa era elección de Tristan, no mía

―Nos estamos saliendo del tema ―suspiré tratando de recordar rápidamente cual era, frotándome el puente de la nariz con los dedos―. El mundo está cambiando, a medida de lo que se ha visto esta noche, obviamente. El Naturi nos caza ahora abiertamente. En su mayor parte, me buscan a mí, pero eso no quiere decir que no se carguen a cualquier Nightwalker que se les atraviese por el camino. Como resultado, el orden que hemos establecido aquí puede comenzar a desgastarse.

―Al igual que tras el ataque a Dark Room ―dijo Knox. Se apoyó contra una de las estanterías, cruzando los brazos sobre el amplio pecho. El Nightwalker había estado allí cuando un par de Naturi y varios licántropos arrasaron a través de un exclusivo club nocturno en mí búsqueda. Desde entonces, la tensión había ido aumentando entre los cambiadores y los Nightwalkers.

―Y el Docks* —Danaus agregó solemnemente. Varias personas habían sido asesinadas en la discoteca (para humanos) esa noche mientras el Naturi trataba de localizar a Danaus y a mí.

―Sí. 21


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―Pero las cosas han ido mejorando ― contrarrestó Amanda.

―No es suficiente, y las cosas van a empeorar mucho en los meses que vienen ―dije. Cruzando los brazos bajo el pecho, resistí ante la urgencia de pasearme por la alfombra persa―. Lo que estoy ofreciendo es la protección de mi nombre, en un sentido. De manera tácita, ustedes dos han sido mis representantes en la ciudad, pero uniéndose a mi familia, lo hace más oficial. Si son parte de mi familia, sus acciones son las mismas que mis acciones. Sus palabras son mis palabras. Pero en el mismo sentido, si hacen algo en mi nombre que yo no apruebo, les sacaré el corazón. Sin vacilar. Sin remordimientos. Sin hacer preguntas.

Me pausé y miré a Amanda y a Knox. Los dos parecían encogerse ante mi mirada, pero no dijeron nada. No esperaba tampoco que cruzaran esa línea, pero entonces, las palabras debían ser dichas. La advertencia colgó prominosamente en el aire, aunque sólo para darles la razón de hacer alguna pausa en el medio de algún acto cuestionable.

―Además de eso, el estar en mi familia no cambia nada más. No tendrán que dormir en esta casa. ―No es que fuera algo malo ― murmuró Amanda. Traté de deslumbrarla por su interrupción, pero no cayendo en lo miserable. Mi casa era hermosa, era de antes de la guerra con tres plantas, con maderas oscuras y escalera de caracol. Era magnífica, y era una vergüenza que pasara la mitad de las horas del día encerrada en el sótano.

―Tampoco debes contestarme en ningún momento de la manera en que lo acabas de hacer ―continué.

―Interesante ― contestó Knox, deslizando sus manos dentro de los bolsillos de sus pantalones azul marino.

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Enarqué una ceja en su dirección, desafiándolo a seguir. Había momentos en los que él me recordaba a su creador, Valerio.

Knox dio un paso alejándose de la estantería y ladeó la cabeza hacia mí, enviando un mechón de pelo rubio corto justo al frente de un ojo.

―Estás ofreciéndonos todas las ventajas de tener una familia sin los inconvenientes habituales.

―Sí, lo hago.

―¿Cuál es el truco?

―El Aquelarre ― respondió Tristan en mi lugar.

El Aquelarre. El órgano de gobierno que supervisa a todos los de mi clase estaba compuesto por cuatro Nightwalkers llamados Ancianos. Ahora, era considerada uno de ellos, después de un momento de desesperación en Creta. Para empeorar las cosas, al segundo en que Jabari accedió a mi petición al lugar libre en el Aquelarre, lo envió telepáticamente a cada Nightwalker en la cercanía de que yo era un miembro ahora. Se aseguró de que no hubiera manera de poder escapar después de derrotar a los Naturi esa noche. Bastardo.

―Soy ahora considerada un miembro del aquelarre ―admití, hastiada de decir aquellas palabras en voz alta, como si cargaran con algún tipo de veneno de acción lenta―. Hay muchos que tienen problemas aceptando el hecho. Si alguien decide atacarme y a mi lugar, el primer lugar en el que ellos golpearán será a mi familia. Estar en mi familia pone sus cabezas como objetivos.

―¿Nada más que por ser un Nightwalker ya te persiguen los Naturi? ― preguntó Amanda, sentándose en el brazo de la silla de Tristan. 23


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―En ese caso, serán cazados por los Naturi ― respondió Tristan antes que yo—, y por ahora, están conformes de cazar sólo a Mira. Esta noche nosotros sólo nos metimos en el camino. Únanse a la familia de Mira y serán señalados por los Nightwalkers poderosos. Serán perseguidos por dos lados en lugar de uno.

Amanda hizo caso omiso de su advertencia, pero me di cuenta de que su sonrisa era forzada ya que sus labios no llegaban hasta sus ojos azules. ―Es el riesgo que se toma al unirse a cualquier familia.

―No del todo, pero similar ―corregí ―. Vayan a casa y piensen en ello. Tristan los llevará de nuevo a la ciudad. Voy a ir por ustedes en un par de noches para saber las respuestas.

Ninguno parecía feliz sobre el precipitado despido, pero en este momento no había nada más que discutir. Ellos estaban recibiendo una opción que Tristan no había tenido, y me puso muy incómoda. Deseaba poder dar la misma opción para él, pero si decía que no, sabía que no tendría las fuerzas para dejarlo ir todavía.

―Y Knox, si por alguna razón sabes de Valerio, por favor, trasmítele el menaje de que necesito hablar con él tan pronto como sea posible. Es una invitación oficial a mis dominios, por si llega a preguntar.

―No he oído hablar de él desde que lo dejé, mantendré tu mensaje en mente, por si algo cambia ―Knox salió de la biblioteca seguido de Amanda.

Tristan se empujó fuera de su silla, y se acercó delante de mí mientras yo seguía apoyada en la mesa. Mis hombros se desplomaron agobiados por demasiadas preguntas y sensaciones que encontraba inaceptables.

―Eso fue bien ―soltó, llevando a centrar mi mirada sobre su cara.

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―No me empujes, Tristan. Nuestro arreglo puede fácilmente cambiar ―Traté de amenazarlo, pero su sonrisa sólo creció. Ninguno de nosotros creía que fuera a cumplir mi hueca amenaza.

―No eres Sadira ―murmuró. Me tomó la mano izquierda entre las suyas y frotó la banda de plata que llevaba en el dedo anular―. Y no les has ofrecido una sentencia de muerte cubierta de caramelo. Eso es lo mejor ―asentí inexpresivamente con la cabeza, esperando a que pensara de la misma manera sobre nuestro acuerdo―. Fuera de aquí.

Sacudí mi mando de la suya y caminé hacia uno de los estantes. Recogí un reloj de plata grande, de di la vuelta para que la blanca arena se vertiera sobre el recipiente vacío. El tiempo escapaba de mí. Todavía no había localizado a Rowe. Medio esperaba que el Naturi apareciera en mi territorio buscando quitarme la cabeza de los hombros, y una parte de mi se alegró.

Un suspiro pasó por mis labios entreabiertos mientras le daba la vuelta a otro reloj de arena de mi extensa colección. Danaus…

El cazador y yo dividimos nuestros caminos antes de que yo llegara a Savannah. El voló conmigo desde Creta, pero descendió en Paris. Sabía que habia regresado a Themis. No eran los investigadores los que me preocupaban, sino su líder, Ryan, y la mala información que tenía sobre el tema. Durante nuestro tiempo juntos, sentí como si Danaus estaba finalmente empezando a entender la verdad sobre los Nightwalkers; que él había comenzado a entender que éramos más que monstruos chupadores de sangre como en la mitología.

Estando en mi estudio ahora con el cazador a mi espalda mientras el Naturi acechaba en mis dominios, me encontré a mi misma agradecida de que estuviera de vuelta en la ciudad. él era mucho más una bala perdida que el Naturi, pero bajo la mayoría de las circunstancias teníamos el mismo objetivo… destruir al Naturi. Y juntos éramos una fuerza insuperable. El Naturi no tenía defensa contra nosotros.

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Antes de su llegada, me había sentido completamente indefensa contra los Naturi. No podía sentirlos de la manera en que lo hacia con humanos y licántropos. No podía decir si estaban cerca de mi santuario secreto fuera de la ciudad. Sin él en mis dominios, había empezado a sentir las dos cosas, sola y atrapada.

De mala gana, me volví hacia el cazador después de que se cumpliera más de un tercio del reloj de arena, arena plateada con negro. Danaus no había cambiado desde la última vez que lo vi, salvo que su cabello parecía un poco más largo. Tenía la cara sin edad. Una extraña sonrisa brillaba en su cara, haciéndolo que pareciera tener unos veinte años, hasta que el ceño fruncido tomó lugar, disolviendo la sonrisa de su rostro y pareciendo a los fines de los treinta principio de los cuarenta. Tiempo de usar el rostro de guerrero.

―Tengo miedo de preguntar que te ha traído de nuevo a mis dominios. ¿Listo para continuar con nuestra danza? ―pregunté, refiriéndome a la promesa de pelear hasta la muerte que hicimos el primer día que luchamos. Sin embargo, después de todo lo que había pasado, tenía la sensación de que era algo patético para llevar a cabo. Sabía sin duda, en efecto, que un día nos encontraríamos en lados opuestos del campo de batalla.

―Themis me envía ―él respondió. Se movió en su asiento, estirando sus piernas antes de sentarse al borde con un codo en el brazo de la silla.

―¿Qué quiere Ryan? ―casi gruñí. Sabía que no debía ser tan hostil. Él nos había ayudado a pelear contra los Naturi en Creta. Él había tratado también de protegernos cuando los Naturi nos amenazaron en Europa. Pero éste era el mismo hombre que había incluido a un humano llamado James en la guerra contra los Naturi. Había arriesgado neciamente la vida de James, y encontraba eso inaceptable. Incluso ni siquiera ayudó que Ryan fuera un poderoso hechicero, haciéndolo especialmente peligroso.

―Quería que dejara de ser una amenaza para los buscadores de Themis ―respondió.

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Una sonrisa amenazaba con extenderse por mi cara, regresé a mi lugar en el escritorio. Crucé la rodilla izquierda sobre la derecha mientras deslizaba las manos sobre mi estómago.

―Danaus, ¿Te has convertido en un pirata? ―Lo tenté ―¿Finalmente te has pasado al lado oscuro?

―Difícilmente ―replicó con un bufido ―El Naturi me está cazando. Atacaron una casa segura en Paris, otra en Londres, y dos veces el recinto. Tres de mis cazadores fueron asesinados a lo largo de unas cuantas búsquedas. ―Su tono bajó un grado y la frustración llegaba con cada palabra, sus manos levemente se curvaron sobre la silla.

Una parte de mi quería relamerse por la pérdida de sus cazadores, pero no tenía un corazón tan frío. Ellos debían de haber matado Nightwalkers para tener esa mención, pero seguían siendo humanos, y ningún humano merecía morir en las manos del Naturi.

―¿Entonces decidiste atraerlos hacia aquí?

―Parece que ya estaban aquí ― señaló Danaus―. ¿Cómo te encontraron? No deberían ser capaces de sentirte.

―No creo que puedan. Podría ser que Macaire se enojó con migo y les dijo donde encontrarme en un momento dado ―me quejé, odiando al Anciano con una fresca pasión. Macaire había iniciado una negociación con los Naturi, lo que me dejó atada al Aquelarre en un intento por romper el trato. Sin duda, el Nightwalker no era uno de mis fans más grandes―. Sobre todo, ha sido cuestión de suerte. ―Terminé con un encogimiento de hombros―. Tengo que mantener las apariencias en la ciudad, conducta de trabajo. Los Naturi se están arrastrando por toda mi ciudad. Por lo general, no les toma mucho tiempo llegar a mi, sin embargo atacan solo a un grupo.

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―Ryan cree que eso cambiaría si Aurora es liberada. ―Danaus se pausó mientras se sentaba hacia atrás nuevamente―. Parece pensar que los Naturi crecerán en poder si ella regresa a la tierra.

―Moviéndolos desde las sombras a una completa pesadilla. ―Terminé. Empujándome lejos del escritorio, me paré en el medio de la habitación, dejando caer los puños a los costados―. Fantástico. Hay demasiados problemas ahora. No los necesitamos como una potencia mayor.

―Como es muy peligroso dejar que el Naturi percuta contra Themis, pensé que sería mejor venir aquí ―dijo Danaus.

―Y dejar que percutan contra Savannah en su lugar. ―Carraspeé―. Puede que no lo creas, pero mantener a la gente de Savannah con vida es mi trabajo.

―¿Entonces por qué quedarse? Tu presencia aquí les pone en peligro al igual que la mía.

―Porque no tengo otro lugar al cual ir. ¿Honestamente piensas que cualquier otro Nightwalker me recibiría en sus dominios con los Naturi sobre mis talones?

―Siempre está Venecia.

Sí, siempre estaba Venecia. El hogar del Aquelarre de los Nightwalkers. Debería ser el lugar al que los Naturi no deberían ir, pero incluso aquella teoría había sido destruida recientemente cuando Macaire y Elizabeth eligieron el lado de los Naturi. Venecia debería protegerme de los Naturi, pero no me protegería de Macaire. Sospechaba que mi creadora, Sadira, estaba allí también, y ella tampoco me recibiría con los brazos abiertos.

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―No hay ningún lugar al cual ir ―dije firmemente, deslizándome contra el escritorio nuevamente y bajando la mirada al suelo―. Esta es mi casa, mi dominio. Los Naturi no me forzarán a salir de mi hogar.

―Somos más fuertes juntos —dijo Danaus. Que admitiera esa cosa en voz alta me sorprendió. Pero había una trampa en su plan.

―También lo son los Naturi. ―Mi mirada subió nuevamente a su cara y fruncí el ceño―. Sus ataques pueden volverse más violentos ahora que estas aquí. Si pueden matarnos a los dos de una vez, no tendremos forma de cerrar la puerta si es abierta.

―¿Te gustaría que me fuera? ―preguntó, levantándose. Me levanté yo también alzando una mano para apoyarla contra su pecho pero no fue necesario, él se detuvo antes de que lo tocara. Su cálida y vibrante energía bailó desde la palma abierta de mi mano por mi brazo. Era increíble que me las hubiera arreglado para olvidarme de cómo era entrar en contacto con sus poderes. La cálida energía me enrolló, rodeándome como un par de pijamas de franela.

―No ―murmuré, bajando mi mano a su lugar. Abrí y cerré la mano, flexionando los dedos para eliminar el cosquilleo de la energía―. Tienes razón. Somos más poderosos juntos.

―Pero… ―empezó él.

―No puedes cazar Nightwalkers mientras estas aquí. ―Lancé―. No puedo preocuparme en proteger a mi especie de los Naturi y de ti. Si causas problemas, voy a despedazarte y enviarte en paquetes separados de vuelta a Ryan en una bolsa de cuero.

―Mira…

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―No es negociable, Danaus. La muerte de Penélope prueba qué no se puede confiar en ningún Nightwalker como aliado. Tienes que jurarme que no vas a atacar a ningún Nightwalker.

―¿Y si soy atacado? ―dijo, centrando sus hermosos ojos azules en mí.

―Defiéndete. Voy a advertir a los Nightwalkers de aquí sobre acosarte ―prometí, volviendo a la silla a mi lado.

―Como en Venecia. ―Su tono sonaba escéptico y su expresión oscura.

―Salimos del problema ilesos y ningún humano fue perjudicado en el proceso. ¿Qué más pides?

Danaus simplemente me gruñó. Descontento con mi poco entusiasta bienvenida, regresó a su silla. ¿Qué esperaba? La última vez que estuvo en Savannah, cinco Nightwalkers habían muerto y trajo la noticia de los Naturi. Su presencia no era precisamente un buen presagio.

Mi otra preocupación era volverme muy dependiente de su presencia cuando venían los Naturi. Danaus podía sentir la presencia de los Naturi cerca tan bien como me sentía a mí. Nos daba una ventaja para destruirlos y luchar contra ellos. Estaba dispuesta a creer que era por lo cual los dos habíamos sobrevivido tanto como lo habíamos hecho. Por supuesto, la manipulación del fuego y su habilidad para hervir sangre también ayudó.

Empujando el frente del escritorio caminé alrededor, dándole la vuelta a uno de los relojes de arena en el estante más alto antes de sentarme en la silla. Agarré un lapicero y un cuaderno así podía rápidamente escribir unas direcciones y otras indicaciones sobre la seguridad que había instalado.

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―Este es un lugar en el que puedes quedarte mientras estás en la ciudad. Solo no lo arruines. Es mi ciudad–hogar ―dije mientras arrancaba el papel del cuaderno.

Danaus se paró pero no agarró el papel. ―Puedo encontrar un lugar.

―Esto hará más fácil mi tarea de encontrarte ―dije, pasándole un set de llaves que había agarrado del cajón superior del escritorio―. Escribí también algunas indicaciones sobre activar y desactivar el sistema de seguridad. Es más seguro que un hotel ―agregué, entregándole el trozo de papel.

Con obvia renuencia, lo tomó. Lo seguí a la puerta principal. El amanecer se acercaba y necesitaba restablecerme antes del mediodía bajo el tonel rosa. Me sentía sorprendentemente cómoda con la idea de que Danaus supiera donde paso las horas del día. Me sentía más a gusto con Amanda y Knox alrededor por un breve período de tiempo. Por supuesto, Danaus había demostrado una y otra vez que nunca los habría atacado mientras dormían. Él daba una oportunidad de defenderse a sí mismo. Nos miramos de reojo en algunos momentos, pero respetaba su profundo sentido del honor.

El cazador se detuvo en la puerta abierta, se formó una mueca en sus labios mientras miraba el papel. Pero su preocupación no tenía nada que ver con la residencia que yo le ofrecía.

¿Que está mal? La pregunta se me escapó mentalmente, viajando en un silencioso camino que usábamos cada vez con mayor frecuencia. Danaus era el único humano con el que podía hablar telepáticamente, y era inquietante. Con mi guardaespaldas Gabriel, podría sentir pensamientos y leer las réplicas, pero Gabriel no podía sentir mis pensamientos ni leer mis emociones.

Danaus se sobresaltó al inesperado toque de mi mente, pero no me golpeó como pensé que lo haría. En su lugar respondió silenciosamente, ¿Rowe?

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El líder de los Naturi no había mostrado su cara todavía en mi dominio, como yo habia esperado. Había pensado que el Naturi iba a venir directamente después de Creta así podría reclamar personalmente mi cabeza y regresar de manera segura a su reina– esposa de vuelta a la tierra.

No todavía.

Él va a venir, Danaus respondió, confirmando dos de mis esperanzas y miedos. Si la palabra se esparcía y llegaba a Rowe que Danaus y yo estábamos juntos en el mismo lugar, tenía una pequeña duda de que el Naturi de un ojo dejara pasar la oportunidad de cazarnos a los dos. Éramos todo lo que se interponía entre él y la puerta abierta. Después de que los siglos de esperar se terminán, su larga vida estaba ahora en sus garras. No había manera de que el príncipe Naturi nos permitiera detenerlo nuevamente.

Déjalo venir. Dijo Danaus. No tuve deseos de dejarlo en mis dominios, pero quería que esto finalmente se terminara, y cerrar la llave que iba a derrotar a Rowe.

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CAPITULO 3 Traducido por Dham-Love Dham Corre Corregido por angeliitaw

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ristan me encontró después en mi cuarto privado en el nivel más bajo de la casa, preparándome para la mañana. El amanecer aparecería en menos de una hora, pero mi mente estaba todavía girando en pensamientos de los Naturi y Danaus. Todavía no había encontrado ninguna respuesta brillante.

Mientras me ataba el cinturón de mi bata, me giré para mirarlo ahí parado junto a la puerta, una sonrisa apareció en las comisuras de mis labios. Sólo estaba vistiendo un par de pantalón de pijama con pequeñas calaveras blancas y huesos cruzados dispersos a través de ellas. Al parecer tenía inclinación por los pantalones de pijama de franela sin importar la temporada.

—No No pareces muy aliviada de tener a Danaus de vuelta en Savannah —comentó Tristan—.. Pensé que su presencia te complacería.

Para él, era simple. Con Danaus, seríamos capaces de limpiar a los Naturi de la ciudad. Y eso era verdad. Sin embargo, nunca olvidé que Danaus era, en primer lugar, un cazador. Él había matado otros cinco Nightwalker Nightwalker dentro de mi dominio hace un mes mientras estaba buscándome. Después él había matado a Penélope, sin previo aviso y sin ninguna duda.

El área estaba agitada. Los Naturi estaban aquí. Los licántropos estaban afectados por la presencia de los Naturi. Los Nightwalkers estaban afectados por culpa de los licántropos y de los Naturi. Agrega al cazador en la mezcla y este barril explotará.

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—Nos las pudimos haber arreglado sin el cazador —dije, aunque se sintió como una mentira.

—No deberíamos ‘tener que arreglárnoslas’. Vi lo que tú y Danaus hicieron en Themis. Destruyeron a esos Naturi. Lo podrían hacer de nuevo —dijo Tristan, dando un paso hacia la habitación.

Yo todavía no quería pensar en lo que habíamos hecho en Themis. Habíamos destruido sus almas. Sin importar cuánto odiara a los Naturi, nunca haría una cosa como esa de nuevo. Matarlos, definitivamente. Torturarlos, posiblemente. Pero destruir el alma de otra criatura estaba más allá del mal, y ese era un camino por el que no iría voluntariamente.

—No es así de simple —afirmé—, Danaus es un cazador, ¿Qué lo detendría de matar Nightwalkers mientras esté en la ciudad? Si los Naturi están matando a Nightwalkers, ¿en verdad crees que a él le importa?

—A él le importas tú —contrarrestó Tristan, para mi sorpresa.

Un aleteo en mi estómago me hizo detenerme. Pero luego recordé que no era por mí por lo que se preocupaba Danaus, sino por lo que yo podía hacer. Era el arma de la tríada. Era la única que podría reformar el sello roto y mantener a los Naturi encerrados en sus jaulas.

—Danaus es como Jabari. Ambos me están manteniendo viva hasta que toda ésta cosa de los Naturi esté arreglada —gruñí. Apretándome mi traje nuevo, colapsé en una de las cómodas sillas no muy lejos de la parte inferior de la cama—. Sólo tenemos que seguir intentándolo como lo hemos hecho. Encontraremos a Rowe. Él me necesita muerta, así que estoy segura de que el bastardo vendrá a cazarme él mismo muy pronto.

—Eso no es especialmente tranquilizador, Mira. 34


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Tristan no estaba feliz con mi plan, pero yo tampoco estaba feliz con mi plan. No podía sentir a los Naturi, así que estaba buscando nuevas maneras para olfatearlos que no incluyeran vagar por el bosque. A la misma vez, los Naturi no me podían sentir, así que estaba tratando de mantener un bajo perfil. Sólo estaba tratando de sobrevivir hasta que Jabari determinara cuándo y dónde ocurriría el siguiente sacrificio. Odiaba la idea de esperar hasta el último minuto para derrotar a los Naturi cuando tanto estaba en juego, ¿pero qué opción tenía?

Miré a Tristan mientras seguía parado cerca a la puerta, con sus ojos mirando hacia la puerta. Había algo más que lo atormentaba y tenía el presentimiento de saber qué era.

—Adelante, escúpelo —murmuré, sabiendo que estaba buscando problemas.

—Yo… ¿Qué quieres decir? —balbuceó. Sus ojos azules se abrieron con una inocente sorpresa y yo casi me reí.

—Tienes algo más en tu mente. Puedes decirme o puedes seguir revolcando tu cerebro en eso. —Pero ambos sabíamos que yo estaba en lo cierto. No leería la mente de Tristan. Él ser merecía la poca privacidad que pudiera darle. ¿No era suficiente que yo fuera su amante?

—¿Q…Qué tan libre soy? —preguntó él después de casi un minuto de silencio.

Fruncí el ceño, odiando su pregunta porque odiaba mi respuesta aún más. —Tan libre como yo te deje ser —repliqué—. Tengo que velar por tus intereses, asegurarme que estás seguro. Lo siento, Tristan. Desearía poder liberarte, pero no puedo hacerlo mientras Sadira esté viva. No quiero liberarte hasta que te haya enseñado como defenderte a ti mismo un poco mejor.

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—No estoy pensando en dejarte, Mira—dijo, sonriendo mientras finalmente entró en la habitación. Se arrodilló delante de la silla en la que yo estaba y puso una mano sobre mi rodilla derecha—. Los Naturi podrían estar respirándonos en la nuca, pero vivir aquí ya ha probado ser mejor que estar bajo el pulgar de Sadira. Estaba curioso de si tú me permitirías involucrarme con alguien.

La presencia de Tristan en mi vida me había recordado que éramos criaturas físicas. Siempre que él estaba cerca, ponía una mano en mi brazo o en mi hombro. Él no iba a venir a mí de ninguna manera. El contacto físico era tranquilizador para él, así que lo permitía tan bien como podía. Desafortunadamente, no había estado cerca con los de mi clase desde hace mucho tiempo. Estaba fuera de hábito, y su tacto tenía un efecto tanto relajante como enervante.

Un gemido se me escapo mientras me cambiaba de posición en mi silla, sacando mis rodillas lejos de su tacto.

—Por favor no me digas que es Amanda —murmuré mientras me pasaba la mano por el cabello con frustración.

—¿Qué hay de malo con Amanda? —preguntó.

—Ella es peligrosa, Tristan. Tiene un temperamento violento y te comería vivo. Es el Alfa entre los novatos.

—¿Entonces por qué la mantienes a tu alrededor si es tan peligrosa?

—Porqué es buena manteniendo a los novatos a raya. Sabe que es mejor que corriendo que estacando. Yo la estacaría en el sol.

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—Entonces no me dejarás verla —dijo Tristan.

Lo miré por un momento, frunciendo el ceño. Me pregunté brevemente si él la vería sin decirme nada si le decía que no, y mentalmente sacudí la cabeza. Después de sobrevivir casi un siglo en las garras de Sadira, no tenía duda que él haría exactamente lo que yo dijera, inclusive si es lo hiciera miserable. Por supuesto, no tenía duda de que Sadira hubiera negado su pedido en nombre de protegerlo de una mala influencia

—¿No ha habido nadie más después de Violetta? —pregunté, mi voz era apenas un susurro. Nunca habíamos hablado sobre su esposa, de cuando él era un humano. Ella había muerto hace más de un siglo mientras daba a luz. Por supuesto, no teníamos que hablar de su pasado porque yo ya lo conocía. En el momento en que lo reclamé como mi propiedad, bebí de su sangre y él de la mía, absorbiendo su esencia y todos sus recuerdos. Una vez Tristan había estado casado con una hermosa y joven mujer. Esa vida feliz se había derrumbado cuando ella se murió, permitiéndole a Sadira moverse con facilidad y proclamarse sobre el debilitado hombre.

—Solo Sadira. Y ahora tú —respondió.

—¿No te gustaría empezar con alguien más…?

—Más como Violetta —respondió él, su voz se hizo fría como el hielo—. No hay nadie como ella. Nunca la habrá. Eso lo sé. Es algo que siempre me va a perseguir a lo largo de toda esta larga existencia.

—Estaba pensando en alguien más considerada, más gentil. Alguien más como tú.

Una sonrisa levantó la preocupación y dolor de sus grandes ojos mientras él me miraba. Tenía el presentimiento que en su interior él estaba jugando conmigo.

—No creo que haya tampoco nadie como yo. 37


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Alcanzándolo, pasé mis dedos por su cabello marrón, alejándolo de donde estaba empezando a apiñar sus ojos.

—Eso es cierto.

—Si no quieres que la vea, no lo haré —ofreció él.

—No puedo hacer eso. No puedo quitarte toda tu libertad. Puedo no estar feliz con eso, pero no te puedo detener de ver a Amanda si eso es lo que quieres —dije, poniendo mi mano de nuevo a mi lado. A pesar de mi mala gana, sabía que Amanda era una buena persona y podría probar ser una profesora valiosa. Ella sabía cómo cuidarse a sí misma, y yo secretamente esperaba que le pasara un poco de ese conocimiento a Tristan.

—¿Podré verla? —preguntó, sin poder ocultar su sorpresa.

—Sí, si ella está dispuesta a ponerse en contacto —me burlé.

Tristan se inclinó hacia adelante y me dio un rápido beso en la frente, su energía corrió a través de mí en un rápido estallido de energía. No me pude contener de sonreír también. Después de más de cien años, él estaba por fin consiguiendo su vida de vuelta. Mi única esperanza era que yo se la estaba dando a tiempo para que los Naturi se la arrebataran. Mientras se levantaba, estiró sus brazos sobre su cabeza y parpadeó unas cuantas veces. La noche estaba dando sus últimos esfuerzos de vida mientras él y yo nos preparamos para el día. El Nightwalker se recostó en la cama y luego se giró en su costado para poder verme.

—¿Crees que se unirán a la familia? —preguntó.

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Fruncí el ceño, liberando la calidez y felicidad que había llenado la habitación pocos segundos antes.

—Sí —susurré—, creo que lo harán. —Establecer una familia me beneficiaría, así como ayudaría a fortalecer el control que tenía sobre los Nightwalkers de la ciudad. Por supuesto, esto tenía un gran precio. Pondría un objetivo en los pechos tanto de Knox como de Amanda, y estaba preocupada por mi habilidad para protegerlos del Aquelarre y de los Naturi.

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CAPÍTULO 4 Traducido por aLeBeNa Corregido por Sera

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anaus me encontró la siguiente noche estando descalza en mi patio trasero con fuego arremolinándose al rededor de mí. Un espeso banco de árboles encerraba mi casa, tapando el espectáculo que estaba dando de la vista de mis vecinos. Y era un espectáculo. En la última hora había estado conjurando bolas de llamas y vetas etas de fuego para que pareciese como si mi cuerpo hubiera atraído a su propio cometa. Estaba intentando copiar lo que pasó en Creta, pero no tenia éxito.

En el palacio de Knossos el oleaje de poder de la Tierra había sido tan grande que empujó a mi cuerpo o y lo pude usar para crear fuego. Había sido diferente de mi usual manipulación de fuego. Antes, el poder venía de dentro de mí, y con el tiempo se hacía agotador. En Creta, el poder venía de otra fuente - la Tierra.

Necesitaba aprender a aprovechar esta fuente de energía si iba a tener alguna esperanza de derrotar a los Naturi. Desafortunadamente, no estaba teniendo suerte.

Podía sentir los ojos de Danaus en mí cuando repasé una docena de posturas de artes marciales diferentes que había aprendido a trav través és de los siglos. Luché para encontrar el centro de paz mientras llamaba a mi habilidad al mismo tiempo. Pero no había paz dentro del fuego. Era pura energía que brincaba y quemaba, llena de pasión y emoción apenas controlada.

—Si Si mueves tus manos demasiado demasiado rápido, apuesto a que podrías escribir tu nombre — dijo Danaus cuando estaba a unos pocos pasos de mí.

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Sonriéndole como una tonta sobre mi hombro, crucé mis brazos sobre mi pecho mientras mi nombre estallaba vivo, letras parpadeando delante de mí. Se mantuvo cinco segundos antes de desaparecer por completo.

—Presumida —murmuró, mientras ponía un mechón de pelo tras su oreja cuando el viento lo movió.

Mi larga falda negra se movía con la brisa y dejé todo fuego que convoqué a oscuras, y finalmente desapareció, hundiendo el patio en completa oscuridad. Sólo una pequeña luz se desvió hacia nosotros desde la casa donde Tristan estaba sentado con su computadora en el segundo piso. La última vez que lo había comprobado, el Nightwalker estaba investigando el mundo de iTunes con mi tarjeta de crédito.

—¿Practicando? —preguntó Danaus.

—No lo suficiente —dije, mirando mis manos vacías. La frustración me golpeó hasta que casi estaba apretando mis dientes. No podía hacer esto sola. Necesitaba ayuda— . ¿Recuerdas lo que pasó en Creta? ¿Cuándo usé mi habilidad?

—Sí, el poder de la Tierra te consumió —Danaus movió su cabeza a un lado para poder verme, viendo mis pies descalzos por primera vez—. Estas intentando volver a hacerlo. Mira, no pudiste controlarlo...

—Lo sé, pero tengo que aprender cómo hacerlo. Debe de haber una manera.

—Pensé que habías dicho que los Nightwalkers no podían hacer magia de la Tierra o incluso el sentir la Tierra porque su lado humano murió.

—Sí, bueno, se supone que los Nightwalkers no pueden controlar el fuego tampoco — dije, chasqueando los dedos de manera que una lágrima de fuego se suspendió en el aire por un segundo antes de extinguirla—. Parece que soy la excepción para más de 41


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una regla. Soy un conducto del poder de la triada, y también puedo ser un conducto de los poderes de la Tierra. Tengo que aprender a controlar uno de estos. Tanto como esté vivo Jabari, no veo cómo esto puede ser el poder de la triada, por tanto eso me deja aprendiendo cómo controlar el poder que recibo de la Tierra.

—¿Estás obteniendo algo ahora?

Sacudí mi cabeza, haciendo que mi cabello rojo cayera sobre mi cara.

—Nada. —Era verdad. No sentía nada. Sólo estaba la fría hierba bajo mis pies. Ni siquiera estaba el pulso de la vida.

—Tal vez sólo puedes usar el poder cuando está cerca de su altura —dijo Danaus.

Miré fuera del oscuro patio, mirando fijamente a los árboles. Por un momento me pregunté si había algún Naturi viéndonos, pero el pensamiento se fue muy rápido. Danaus me lo hubiera dicho. —Si eso es verdad, este poder no me hará mucho bien, incluso si aprendo a controlarlo. —Comencé a caminar hacia la casa con él a mi lado.

—Podría ayudar cuando vayamos contra los Naturi en el próximo sacrificio.

—¿Alguna palabra de dónde o cuándo podría ser? —pregunté mientras poco a poco subíamos las escaleras de piedra hacia el patio. Con un movimiento de mi mano, encendí un puñado de velas fuera para beneficio de Danaus. Su visión casi era tan buena como la mía, pero me imaginé que se podía sentir un poco más cómodo en el círculo de luces de las velas.

—Ni una palabra de Themis todavía. Viene el equinoccio de otoño, y nuestra teoría es que ellos harán el ataque entonces.

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—He pensado mucho —dije con un suspiro y observé la luz de la vela mientras Danaus escogía una silla frente a mí.

—Si vas a aprender cómo controlar el poder que tomas de la Tierra, vas a necesitar un maestro —dijo, pensativamente rascándose la barba de varios días de su barbilla.

—Dudo que vaya a encontrar a alguien registrado en las páginas amarillas —dije con un gesto de desprecio, moviendo una mano por mi cabello para quitármelo de los ojos.

—Cierto. Necesitas una bruja de la Tierra.

—Hmmmm... Sí, eso sería una gran idea si todas las brujas de la Tierra no estuvieran ya del lado de los Naturi. Prefiero no tener un maestro que intente matarme a cada paso.

—No todos ellos lo están.

Agarrándome de ambas brazos del diván, me empujé hasta que estuve sentada en el borde. —Conoces a alguien —anuncié suavemente.

—Sí.

—¿Es una persona asociada con Ryan de alguna forma? —pregunté, temiendo la respuesta. No quería la cabeza de Themis involucrada en mi entrenamiento, si era del todo posible.

—No ella está fuera de Themis. La conocí meses atrás cuando estaba buscándote. Vive al norte de aquí en Charleston.

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—¿Novia? —Pregunté, inclinándome cerca por su respuesta, pero él sólo respiró y cruzó sus brazos sobre su pecho. —Eso es. El poderoso Danaus no participa en emociones básicas humanas como el amor o la lujuria. Sólo matas.

—Casi como tú —contestó rápidamente.

—No, yo amé a Michael —susurré mientras empujaba mis pies. Amé a mi guardaespaldas, y los Naturi me lo robaron—. Algunas veces el vivir es tomar riegos que no tienen una oportunidad de bola de nieve en el Infierno. Pero con todo, son los riesgos que valen la pena tomar.

—Yo me arriesgo.

—Lo calculas todo.

—¿Trabajar contigo es un riesgo calculado? —preguntó, arqueando una ceja hacia mí.

Una sonrisa por fin apareció en mis labios cuando lo miré. Esto era un riesgo calculado, pero uno que estaba ligeramente a su favor. Los dos odiábamos a los Naturi y los dos teníamos un sentido del honor arraigado. Aparte de eso había algo que nos impedía matarlos el uno al otro. —Por favor contacta a la bruja de Tierra por mí. Mira si puede venir a Savannah. Tengo algunas preguntas que me gustaría hacerle.

—¿Lo quieres? ¿Quieres que la traiga aquí?

—¡No! —Capté la llamarada de pánico de mi temperamento y me aclaré la garganta—. Llévala a mi casa en la ciudad. Os encontraré cuando ella llegue. Mi casa secreta de fuera de la ciudad empieza a sentirse significativamente menos secreta de lo que había sido antes.

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Era casi una hora después antes de que me deshiciera de mi sombra oscura para que pudiera viajar a mi siguiente reunión sola. Aunque apreciaba la compañía de Danaus cuando había tantos Naturi rondando, necesitaba cuidarme en este próximo asunto sola, aunque todavía tenía un presentimiento contradictorio sobre ello.

Merodeé por el cementerio con los tacones de mis botas que hundiéndose en la suave tierra. La lluvia del verano había sido más pesada de lo normal, dejando a la Tierra sintiéndose como una esponja húmeda. El cementerio estaba fuera de los límites de la ciudad, pero juzgando las lápidas, era tan viejo como la mismísima ciudad. Los ángeles lloraban. Sus caras marcadas por el tiempo y el desgaste. Marcas graves estaban deterioradas hasta el punto de que sus nombres sólo se podían leer por tacto ahora. Vagueé por la parte posterior del cementerio y crucé un pequeño puente de piedra que conducía a una aislada isla en medio de un gran lago.

Con la muerte de mi primer guardaespaldas, había comprado todas las parcelas de la isla. Aquí, les daría a mis guardianes su lugar de descanso. Al llegar a la isla, me detuve frente a las lápidas de Thomas y Filip. Tampoco me habían servido de mucho, preferían tener peleas con criaturas que no tenían ningún negocio que arreglar. No hubo nada que pudiera hacer para detener sus lamentables muertes.

Y después llegó Michael. El último de mis guardaespaldas en morir. Después de ser contratado, me refiero a él y mi actual guardaespaldas, Gabriel, como mis ángeles guardianes. Michael, con su cabello dorado y una dulce sonrisa, cuidó de mí con una vigilancia inquebrantable. Me protegió durante las horas del día y me siguió en la oscuridad durante la noche.

Ahora simplemente quería llorar por él. Nunca debí traerlo conmigo a Inglaterra. Después de que se hizo evidente que los Naturi me estaban cazando en Egipto, debí mandarlo de regreso a los Estados Unidos donde él y Gabriel estarían a salvo. Pero en lugar de eso, lo mantuve cerca por mi propio egoísmo. Y el resultado fue su muerte.

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Para empeorarlo, ni siquiera tenía su cuerpo para enterrarlo entre sus camaradas de armas. Según Ryan, su cuerpo fue robado por los Naturi por alguna extraña razón.

Me arrodillé en la húmeda hierba y corrí mis dedos sobre las letras de sus nombres grabados en la gruesa losa de mármol. Mi mano se deslizó sobre los bordes mientras intentaba recordar su sonrisa torcida o la sensación áspera de los pequeños vellos sobre sus brazos. Gabriel había cuidado todos los acuerdos una vez que regresó a Estados Unidos, y yo lo visitaba tan frecuentemente como podía. No quería que los Naturi me vieran aquí. No pelearía con ellos mientras estuviera de pie sobre la tumba de Michael. Mi ángel merece reposo. Se lo había ganado.

Detrás de mi sonó un zapato por el hormigón del puente que conecta a la orilla de la isla. Había sentido a Gabriel viniendo, pero estaba siendo cortés haciendo poco ruido para anunciar su llegada. No quería encontrarme desprevenida con su nuevo invitado.

Mientras se acercaban, revisé el cementerio para ver que estábamos completamente solos. Bueno, tan solos como podíamos estar. No podía sentir a los Naturi, y empezaba a preguntarme si debería haber traído a Danaus a la reunión. Este era un lugar tan bueno como cualquier otro para una emboscada.

¿Confías en éste? le envié mentalmente a Gabriel. Las inesperadas palabras lo llevaron a casi tropezar pero se recuperó rápidamente.

Menos que en los otros anteriores a él, pero más que los otros que estaba considerando. Se esforzó por hacer la oración tan clara en su mente como fuera posible para poder leerla. Gabriel no era un telépata, pero le enseñé a organizar sus pensamientos de una manera que fuera fácil leer sus respuestas sin el desorden de otros pensamientos y emociones.

—Te pedí que no te lamentaras de tus decisiones que te han traído a este punto — anuncié al aire cuando me giré de la vacía tumba de Michael.

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—Creo que di un paso más allá del punto de lamentación —vino la respuesta de una suave e uniforme voz que no había oído antes. El acento era Asiático, posiblemente japonés. No había pasado gran tiempo en la región, por lo que mis conocimientos de los dialectos y acentos eran pocos.

Quitando toda expresión de mi cara, me volteé para mirar a mi nuevo compañero. Se puso de pie sobre unos cinco pies y medio de altura, con una complexión delgada, y un cabello oscuro corto. Su edad era difícil de identificar. Se veía como si estuviera en mitad de los veinte, pero las imágenes y memorias que pasaban por su mente hablaban de una vida mucho más vivida. Tenía que estar más cerca a diez años más mayor, por lo menos.

—Como estoy seguro de que te lo que han dicho, mi nombre es Matsui —dijo, con un pequeño movimiento de cabeza.

—Sí, Gabriel me dijo que has venido a buscarme y que ya sabes lo que soy —contesté, manteniendo una cómoda distancia entre nosotros—. ¿Cómo supiste de mí? — pregunté, sentándome dentro de su mente. No pude leer mucho de sus pensamientos, pues no entendía mucho del idioma, pero vi la imagen en su cabeza. Sabia de otros Nightwalkers.

—Eres una leyenda en todo el mundo. Incluso en el clan Soga —contestó.

—¿Un clan de Nightwalkers? —preguntó Gabriel, poniéndose a mi lado.

—Algo parecido a una familia, pero más grande y compleja —dije, doblando mis brazos sobre mi estómago—. El sistema de honor y política es más... complicado en el Este, por lo que el Aquelarre ha dejado en gran medida que no se extiendan por el mundo.

—E incluso en mi pequeña parte de mundo, eres conocida —comentó Matsui.

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—La Parca es conocida por todo el mundo, pero no por eso la busco ¿Por qué has venido a buscarme? —pregunté.

—Deseo unirme a aquellos que te protegen durante las horas del día. Escuché sobre la posición de Gabriel un par de años atrás y espero que tal vez necesites otro guardián. Sirvo en una capacidad similar en el clan de Soga. Estoy graduado en varios tipos de lucha...

—No estoy interesada en tu habilidad de defenderte a ti o a mí. Si Gabriel no estuviera convencido de tus habilidades, nunca habrías llegado tan lejos. Quiero saber por qué dejaste al clan Soga para unirte a mí.

—Los rumores de los Naturi y sus intentos para ser libres llegaron hasta los Nightwalkers orientales, sin embargo pocos están dispuestos a ayudar —dijo con ceño y agitando un poco su cabeza—. Sólo tres Nightwalkers que conozco han ido al Aquelarre. He llegado aquí buscándote. Se dice que derrotaste a los Naturi en el pasado, y deseo ayudarte a derrotarlos ahora.

—¿El clan Soga sabe que estás aquí? —exigió Gabriel, cambiado su peso de derecha a izquierda. Podía sentir su ansiedad como ondas gruesas fuera de él. No confiaba en Matsui.

—Tengo su bendición.

Gabriel me miró y frunció el ceño. En el pasado, habría buscado cuidadosamente a otros guardaespaldas, seleccionándolos de los retirados de Las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. Incluso hubiera encontrado guardaespaldas en ex porteros de club cualificados varios estilos de lucha. Pero hubiera buscado a uno por una razón específica. Matsui era el primero que venía a buscarlo, y lo puso incómodo.

—Puede que hayas malentendido esta particular posición —expliqué—. Gabriel no pelea contra los Naturi. Me protege durante el día mientras viajo. Me protege de otros 48


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humanos que me perjudicarían si me descubrieran. —Era un poco mentira. Gabriel había peleado contra los Naturi en Inglaterra, pero él nunca debió hacerlo. Nunca debió estar en esa posición en primer lugar, pero la cagué, resultando en la muerte de Michael.

—Protegerte mientras te esfuerzas por derrotar a los Naturi sería un honor —dijo con otro movimiento de cabeza.

Fruncí el ceño. —Todos mis guardaespaldas empiezan y terminan donde tú estás parado. He enterrado a más de los que puedo contar, todos ellos murieron en alguna pelea o batalla. Es una vida corta y un final violento.

—Pero es mi vida y mi derecho de vivirla como yo quiera, no importa que tan corta sea —respondió Matsui, dándome la misma respuesta literal que Gabriel me dio hace unos años.

Sonreí y Gabriel gruñó, sacudiendo su cabeza a mi lado con una sonrisa reluciente en sus labios. —Muy bien —agregué con un guiño—. Tienes el trabajo. Por ahora, obedecerás a Gabriel. Dormirás y comerás cuando y donde él te diga. Y si en algún momento él piensa que eres una amenaza en mi vida, no dudará en eliminarte. Sin preguntas.

—Entiendo. Gracias por esta oportunidad. No te defraudaré.

—Adelántate al coche —ordenó Gabriel.

Matsui asintió y fue hacia el puente mientras Gabriel y yo volvíamos a la lápida con el nombre de Michael en ella.

—Encontré al ángel que estabas buscando, y el escultor de mármol ha empezado a trabajar en ello —dijo suavemente Gabriel—. Dijo que le llevaría unos pocos meses. 49


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—Está bien. No tenemos prisa —murmuré, pasando mi mano sobre la mano abierta de mi ángel.

Gabriel apretó mi mano una vez, su pulgar cepillaba el dorso. —Michael no lamentaría nada de lo que pasó. No hagas de él tu lamento.

—Él está dormido, Gabriel —susurré, por fin dándole a mi voz la culpabilidad que me estaba llevando lejos de mí—. Debí ver que eso pasaría. O tal vez lo hice y sólo no estaba dispuesta a admitirlo hasta que fue demasiado tarde. Estaba perdiendo la concentración, poniéndose indeciso para no confiar en mí. No deberías haber estado allí. Ninguno de los dos debió haber estado en Inglaterra.

—Estábamos a tu lado, donde siempre deberíamos estar —dijo firmemente Gabriel.

Un pequeño suspiro se me escapó mientras apretaba su mano para después liberarla. —Tal vez Matsui durará un poco más que los anteriores. Al menos ha estado con otros Nightwalkers en el pasado.

—¿Confías en él?

Se me escapó una pequeña risa cuando choqué mi hombro con el suyo. —No del todo.

—Sólo estaba comprobando. Tenía miedo de que perdieras la cabeza por un momento.

—No, no confío en él, pero no ha habido uno al que le tengamos confianza desde el principio.

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—Parece que te estás volviendo más popular. Un Nightwalker japonés ha escuchado acerca de ti. ¿Voy a estar luchando con algunos guardias con un palo? —bromeó Gabriel, pero podía decir por su tono que era parcialmente serio.

—El clan Soga envió a Matsui. Él no está aquí porque quiera estarlo —dije moviendo la cabeza—. Estoy segura que han oído sobre mi. Soy la única Nightwalker existente que puede manipular el fuego. Aparte tengo 600 años. No sólo han oído sobre mí. Pero estoy segura que saben que me uní al Aquelarre.

Gabriel dio unos pasos más lejos de mí, sus pesados pasos se hundieron en la suave tierra. Cruzó sus brazos sobre su fuerte pecho mientras miraba el terreno en el pensamiento. —No entiendo.

—Creo que es su forma de apoyar detrás del lado oscuro del Aquelarre. Cuando finalmente el infierno se desate, soy la única que esperan que sobreviva. Matsui es un emisario, un regalo, de alguna manera.

—¿Y crees que hará un buen trabajo protegiéndote porque se lo han ordenado?

—Lo hará por el honor de esas personas. Tal vez sea mi guardaespaldas, pero siempre será parte del clan Soga de alguna manera. Matsui hará todo lo que pueda para protegerme.

—Si estás tan segura que te protegerá, ¿Por qué no confías en él?

—Porque estoy segura que quiere estar aquí ahora, que quiere ser mi guardaespaldas. Me gusta que mis hombres sean dedicados, inteligentes, bondadosos y de buen cuerpo. Su corazón todavía no está así.

—Espero que eso cambie rápido...

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—O será una lápida más en mi pequeña isla —terminé, mis ojos se posaron sobre la lápida por última vez. Todavía había espacio para más.

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CAPÍTULO 5 Traducido por Eli25 Corregido por Virtxu

N

icolai estaba en el cement cementerio.

Me quedé detrás de la isla cuando Gabriel se fue, pensando sobre mis últimos días con Michael. Aún, cuando comienzo a atravesar el puente de regreso de la división, al cementerio, sentía la presencia inesperada del licántropo. Me detuve, mi estómago se anudó. Supuestamente él no debería estar allí. Supuestamente no estaría en ningún lugar cerca de mí a menos que estuviera de paso. Con un Naturi invadiendo el área, los licántropos habían acordado dejar la ciudad y mantener una ancha distancia de los Nightwalkers Nightwalkers después de que el sol se ocultara cada noche. Sólo era la manera en que podíamos pensar en proteger ambos lados. No era un plan perfecto. Hasta el momento, seis Nightwalkers y cuatro hombres lobo habían sido asesinados en enfrentamientos, incluyendo incluyendo a uno de los hermanos de Barrett. El Alfa de la manada de Savannah aún estaba llorando su pérdida.

Lamí mis labios, me giré y me dirigí al oeste, alejándome del lobo, pero Nicolai también cambió la dirección, dirigiéndose hacia mí. Sí, me estaba buscando. buscando. Era una ridícula esperanza, pero tenía que intentarlo.

No sentía a nadie en el cementerio con nosotros. Había una oportunidad de que Nicolai simplemente hubiera venido a buscarme por alguna cuestión. Nosotros difícilmente habíamos hablado desde que volví de Creta. Por lo que Barrett me había dicho, Nicolai aún estaba luchando por encontrar su lugar en la manada local, aunque se suponía que esto era un arreglo temporal. Pero con Jabari acechando alrededor y los Naturi respirando en mi cuello, no estaba estaba segura de cuándo sería capaz de permitir al licántropo regresar a salvo a su propia vida fuera de Savannah.

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Clavando mis talones, cambié de dirección otra vez y comencé a caminar hacia él. Lo peor, que los Naturi hubieran conseguido controlar al licántropo y le hubieran enviado para matarme. Si era todo posible, intentaría patear a Nicolai y matar al Naturi. Pero mis esperanzas no eran altas considerando que sería numerosamente superada en número en esta situación. Debería haber traído a Danaus.

Paseé por uno de los sinuosos caminos de grava cuando Nicolai finalmente apareció a la vista. No había cambiado desde que le vi por última vez, mi Adonis con un feo pasado. Su dorado pelo rubio rozaba el cuello de su camisa, y su piel parecía perfectamente bronceada, como si él hubiera sido adorado por el sol. Le mantenía en Savannah para protegerle de los Naturi y de Jabari, pero sabíamos que sólo estaba extendiendo su vida un palmo por una cuestión de días.

—Cuanto tiempo sin verte —me dijo cuando paré en medio del camino. Su paso se hizo más lento hasta ser casi un arrastre pero aún estaba demasiado lejos, con sus manos metidas en los bolsillos de sus pantalones caqui.

—Sí, bueno, no vi mucho futuro para nosotros —dije, encogiendo un hombro cuando mis ojos continuaron barriendo el área inmediata, buscando a alguien más que pudiera estar establecido cerca para una emboscada.

—Es duro competir con el cazador. Está demasiado determinado a tener tí corazón — replicó Nicolai, parando cuando aún estaba a varias yardas de mí.

Se me escapó un bufido y débilmente sonreí a mi compañía.

—Sobre una pica —repliqué, acabando el pensamiento. Danaus solo estaba interesado en mí para matarme—. ¿Qué estás haciendo aquí? —Demandé, acabando la alegre broma que habíamos forzado para tensar el aire.

—Él solo quiere hablar —murmuró Nicolai.

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—¿Rowe?

—No

—Mierda —siseé, los músculos de mis hombros instantáneamente se tensaron.

—Yo —dijo Jabari débilmente, directamente detrás de mí.

Girando alrededor y agachándome, mi falda voló a mí alrededor, gruñí a Jabari, exponiendo mis colmillos al Anciano del Aquelarre. Me posicioné entre el licántropo y el Anciano, lista para atacar. —No puedes tenerle —gruñí.

En Venecia, Jabari había enviado a Nicolai a matarme. Golpeé al hombre lobo dejándole inconsciente y luego le reclamé como mío en un esfuerzo por proteger a Nicolai de Jabari y del resto del Aquelarre de los Nightwalkers. De todas formas, tanto Nicolai como yo sabíamos que no era lo bastante fuerte para protegerle de Jabari si el Anciano volvía a reclamarle. Mi propia meta había sido extender su vida durante un poco más.

—Puedo hacerle volver a mí en cualquier momento que elija —dijo Jabari con una sonrisa. Su pálida toga Egipcia ondeó en la brisa que barría a través de la ciudad esa noche.

—Nicolai, ¡sal de aquí! —Ordené cuando levanté mi mano derecha y conjuré una bola de fuego. La luz de las llamas bailarinas trajo un gruñido desde la parte de atrás de la garganta de Jabari, forzando al Anciano a darse cuenta de que estaba lista para defender al hombre lobo seriamente. El Nightwalker parecía demasiado alto, demasiado fuerte, con su piel marrón oscura y los fieros ojos negros. Tenía mi mano levantada, pero había prometido proteger a Nicolai con mi vida, y estaba preparada para mantener mi promesa.

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—¡No! No tiene que ser de esta manera —contrarrestó Nicolai. Podía oír sus pasos acercándose. Le necesitaba fuera de allí, pero no se iría.

Lancé la bola de fuego al Anciano Nightwalker para que aterrizara justo ante sus pies, forzándole a retroceder un par de pasos. Cuando se movió, me lancé hacia él. Pero él ya estaba listo. No había sorpresa. Jabari estaba constantemente en mi cabeza, él sabía mis pensamientos si quería. Agarró mis muñecas justo antes de que mis dedos pudieran alcanzar su cuello y me tiró a un lado como una bolsa de basura. Mi pie se deslizó a través del camino, enviando una ráfaga de grava. Al segundo paré de deslizarme, y me estaba moviendo hacia él otra vez. Giré en una patada giratoria, esperando que perdiera su equilibrio, pero cogió mi tobillo y lo apartó. Aterricé sobre mi culo, gruñéndole, preparada para empujar mi pie. Pero no podía.

Jabari levantó una simple mano hacia mí, y no pude moverme más. El Nightwalker tenía el poder de controlarme físicamente como una marioneta en una cuerda. Él solo había estado jugando conmigo antes, permitiéndome conseguir levantar mis esperanzas de que actualmente tuviera una oportunidad para derrotarle. Ahora él estaba listo para aplastarme.

—No puedes tenerle —gruñí, aún luchando su control sobre mí. Jabari era demasiado fuerte. Podía sentir su poder deslizándose a través de mi completo armazón, empapando músculos y tejidos hasta que él fuera parte de mí.

—Puedo hacer que le mates por mí si quisiera —se burló, dando un par de pasos más cerca hacia donde estaba sentada—. Podría forzarte a arrancar su corazón y quemarle. —Cuando habló, un aumento de poder barrió a través de mí, enviando una ola de dolor a través de mi armazón. Al mismo tiempo, una voz en mi cabeza ordenaba que creara fuego. Intenté luchar, pero no había lucha. Un anillo de fuego surgió alrededor de Nicolai.

—¡Detenlo! —Grité, luchando contra su deseo. Las llamas retrocedieron, pero no podía extinguirlas completamente sin importar lo duro que lo intentara. El anillo de fuego se cerró alrededor de Nicolai hasta que sólo estaba a un par de pasos de él por todos lados, y aún él no dijo nada. Sabía que ambos estábamos atrapados en los deseos de

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Jabari—. ¡Detenlo, detenlo Jabari! Tú lucha es conmigo. No con él. Deja a Nicolai fuera de esto.

Una pequeña sonrisa secreta apareció en los labios gruesos del Anciano durante un momento cuando comenzó a bajarme. Y luego el fuego desapareció, tanto como su presencia en mi cuerpo.

—No he venido aquí para llevarme a Nicolai —admitió Jabari con un encogimiento de indiferencia—. Puedo tomarle en cualquier momento, pero por ahora mi interés está con los Naturi.

—¡Que! Vienes aquí con Nicolai para hablarme sobre los Naturi, ¿sin robarle? — Demandé, la sorpresa evitaba que me pusiera de pie.

Una malvada sonrisa giró en los labios llenos de Jabari y bailó en sus oscuros ojos. —Sí. Eres la que comenzó esta lucha. No yo.

—Eres un completo gilipollas, lo sabes —dije bruscamente, poniéndome de pie y sacudiendo el polvo de mi falda negra—. He estado bajo ataque aquí desde que dejé Creta y entonces tienes que venir a la ciudad con Nicolai de remolque. No necesito este tipo de tormento, Jabari. Mis manos ya están llenas.

—Deberías haber vuelto a Venecia como ordené. Hubieras estado protegida de los Naturi y no tendrías ninguna preocupación —indicó tranquilamente.

—Pero mi gente en Savannah no lo habría estado. Ellos son mi responsabilidad.

—Ahora estás en el Aquelarre. Tu responsabilidad se extiendo más allá de una simple ciudad para toda nuestra gente.

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Ondeé ambas manos a través de mi pelo y retrocedí un par de pasos de Jabari frustrada antes de gritar. No habría ganado contra él, en una pelea o en una discusión. Nunca era suficiente. No quería estar en el Aquelarre, pero había tenido que tomar un asiento abierto para romper el acuerdo que Macaire hizo con los Naturi. Macaire hizo un trato en el que los Nightwalkers habrían matado a la reina Naturi, Aurora, tanto tiempo como los Naturi mataron a Nuestro Señor, deteniéndole de liberar El Gran Despertar anticipado.

—Además de la necesidad de conducirme a la locura, ¿Qué quieres? —demandé finalmente cuando tuve mi temperamento bajo control.

—El siguiente sacrificio va a ser en pocos días. Te necesito allí para detenerlo.

—A la caída del equinoccio, ¿verdad?

—Sí.

—¿Sabes la localización?

—Machu Picchu.

Asentí. No estaba sorprendida. Sólo era mi suerte corriendo. Machu Picchu era también uno de los dos sitios sagrados al sur del ecuador. En Perú a estas alturas del año, el invierno estaría acabándose, provocando las vacaciones del equinoccio de primavera. El equinoccio de primavera era un tiempo para renacer y nuevos comienzos. Perú también estaba a la vista del último gran fallo de la gente de Aurora para venir a través de la puerta. No había mejor momento ni lugar para que ella hiciera su gran aparición.

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—¿Hay un plan? —Pregunté, casi asustada de oír la respuesta. El último plan del Aquelarre había consistido en usarme como cebo en un intento de matar al líder de los Naturi para derrotarlos.

—Me gustaría que estuvieras allí antes. Cazando a Rowe. Deteniéndole.

—¿Te unirías a nosotros en la caza? ¿Cazador? —Inquirí, sabiendo la respuesta antes de que la diera.

—Eventualmente.

Cerré mis ojos y sacudí mi cabeza, Danaus y yo estaríamos a los pies de los soldados en este ataque. Barreríamos a los Naturi y nos encargaríamos del Naturi. Y luego cuando Rowe estuviera preparado para completar el sacrificio, Jabari aparecería y evitaría quitar al rey consorte de los Naturi, deteniendo la llegada de Aurora. Al menos, así era como estaba segura que él lo preveía. Pero luego dudé de si algo de esto había ocurrido en la manera que Jabari lo había previsto.

—¡Mira! —Gritó Nicolai, causando que mi cabeza se levantara. Lo primero que noté fue que Jabari se había ido, pero luego, él tenía la habilidad de aparecer y desaparecer en un lugar con solo desearlo.

—¿Qué ocurre? —Demandé, bruscamente caminando hacia él.

—Los Naturi —dijo, causando que mis pies vinieran en un deslizamiento interrumpido. Parecía condenada a tener a alguien siempre gritándome esas dos palabras.

Me forcé a dar un paso más cerca de él cuando miré alrededor el cementerio empapado por la noche. —¿Están aquí?

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—No —dijo él, presionando la palma de su mano derecha contra su sien—. Están llamándonos.

Solté una maldición, corrí a su lado. Acuné sus mejillas en mis manos cuando él lentamente cayó sobre sus rodillas. Él apretaba sus dientes mientras la gota de sudor goteaba de su frente. El latido de su corazón y la respiración acelerada llenaron el aire de la noche.

—¿Están cerca? —Demandé, inclinando la cabeza del hombre lobo para forzarle a mirarme.

—N-No... en la ciudad.

—¿Pueden leer tus pensamientos? ¿Me están buscando? —Apenas resistí la urgencia de darle una pequeña sacudida cuando su atención pareció alejarse de mí.

—No, sólo llamando. Quieren que vengamos a la ciudad... Forsyth Park.

—Escúchame, Nico —murmuré, arrodillándome en el suelo delante de él—. No tienes que obedecerles. No les perteneces. No son tus maestros. No tienes que ir a ellos.

Él succionó una profunda y limpiadora respiración a través de su nariz y soltó el aire otra vez a través de sus dientes apretados. Estaba temblando bajo mis manos cuando el sudor comenzó a cubrir su cuerpo. Estaba luchando como mejor podía, pero si había algún Naturi cerca, Nicolai no tenía ni una oportunidad para evitarles. Había visto al Alfa de Savannah sucumbir a la llamada, y sabía que pocos licántropos eran más fuertes o más testarudos que Barrett.

—Están a millas. Eres más fuerte que ellos —continué, desesperada por librarle de su canto de sirena. Arrodillada delante de él en el suelo, estaba demasiado cerca ahora

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y él estaba colgando de un hilo. Si ese hilo se rompía, él tendría sus colmillos en mi garganta antes de que tuviera una oportunidad de moverme.

Nicolai parpadeó y me miró con los ojos de color cobre. Le estaba perdiendo dentro del animal. Me tragué el miedo que se estaba levantando en la forma de un bulto en la parte de atrás de mi garganta.

—Quédate conmigo, Nico. Piensa en Venecia —dije, intentando conjurar el recuerdo puramente humano de él aferrándose cuando luchó a los Naturi.

—¿Venecia...? —Soltó entre los dientes apretados. Cerró sus ojos y tembló—. Los Nightwalkers están por todas partes. El aire estaba espeso con la sangre. —Su labio superior se onduló y cogí un destello de su canino derecho cuando comenzó a crecer.

—No, esa parte de Venecia no —dije, recorriendo mis pulgares sobre sus pómulos—. Quiero decir donde tú y yo estábamos juntos, solos en el hotel. Sin Naturi. Sin Nightwalkers.

Los ojos de Nicolai se abrieron y observé el cobre retirarse al marrón. Él estaba volviendo a mí, luchando sus agarres cuando reclamó los recuerdos de nosotros teniendo sexo seguido de una limitada fuga tanto del Aquelarre como de los Naturi. Ninguno de nosotros había hablado sobre esa noche desde que ocurrió. De hecho, después de regresar a Savannah, tuve que salirme de mi camino para evitar a Nicolai, y no completamente por los Naturi. No había estado bastante segura de lo que decir después de nuestro breve pero intenso encuentro, particularmente desde la noche antes de eso, Nicolai había intentado matarme.

—Fuiste maravillosa esa noche —dijo él en voz ronca y baja. Levantó su mano izquierda y la puso sobre mi muñeca, su pulgar acariciaba el interior de mi brazo.

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—Me gusta pensar que aún lo soy —repliqué con una sonrisa. Necesitaba humor aclarado, necesitaba estar segura de que él estaba completamente conmigo antes de liberar su cara de mi agarre.

—Fuiste una larga, pálida línea de luz blanca —continuó, ignorando mi comentario. Sus ojos viajaron por mi cara lentamente, como si él de repente me estuviera reconociendo, antes de que finalmente encontrara mí mirada otra vez—. Me has evitado.

—Era lo mejor. Los... los Naturi —dije, intentando tragar la última palabra. Sólo le había apartado de la carrera oscura, no quería perderle otra vez—. Ellos lo estaban haciendo difícil para todos.

—Ni siquiera llamaste. Enviaste a Gabriel con todos tus mensajes —continuó. La mano hacía círculos en mi muñeca tensamente, como si él estuviera preparado para agarrarme por el lugar en el momento que intentara rápidamente apartarla de él—. Comenzaste a actuar fría y distante mientras aún estábamos en Venecia. Fue por lo que hizo mi hermana.

Me estremecí con la mención de su hermana, y sé que él lo sintió en mis manos, las cuales estaban aún acunando su cara. No fue su hermana tanto como él. Mientras en Venecia, descubrí que Nicolai había venido de acuerdo con Jabari porque su hermana y otros pocos estaban ayudando a los Naturi. Nicolai cambió lugares con su hermana cuando Jabari demandó tomar a uno de los traidores como sirviente. Por supuesto, no descubrí nada de esto hasta después de haber tenido sexo. Creí a Nicolai cuando él dijo que no ayudaba a los Naturi, pero una parte de mí se preguntaba si él había trabajado para proteger a su hermana, para mantener lo que ella estaba haciendo en secreto. Mientras podía comprender si él lo hizo, supe que una parte de mí nunca lo perdonaría. El resultado fue una frialdad incómoda que sentía alrededor de Nicolai la cual luchaba para superarme.

—No fue tu hermana —dije en mi tono más razonable—. No tengo dudas de que ella tuvo que pagar por sus crímenes, y no te haré pagar por ellos también.

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Liberé mi agarre de su cara y empujé mi mano libre a través de mi pelo frustrada. ¿Cómo se suponía que tenía que poner esto delicadamente? Sólo fue sexo casual. Ambos necesitábamos liberar un poco de vapor. Nene, eres genial en la cama, pero no lo estaba buscando; No buscaba nada más largo. Prefería no herir sus sentimientos, pero tampoco tenía tiempo para esto.

—Venecia fue genial —comencé débilmente otra vez, interiormente maldiciendo mi ineptitud. Pensarías que después de vivir seiscientos años, sería mejor en esto.

—Venecia fue alucinante. Pensaba que estábamos genial juntos. También pensé que desde que me enviaste a tu dominio, querrías continuar lo que comenzamos.

—Nicolai, yo... —comencé, luego paré—. Mi razón principal para enviarte aquí fue que sería más fácil protegerte desde mi propio dominio. No es que no me gustes, es solo que... —Mi voz cayó cuando noté las líneas de las esquinas de sus ojos crecer, mientras una esquina de su boca se levantaba en una sonrisa. Se estaba riendo de mí—. Sólo estabas jugando conmigo, ¿verdad?

—Totalmente —dijo, su cabeza cayó hacia atrás cuando un ladrido de risa finalmente se le escapó. Le golpeé en el brazo y luego caí sentada en mitad del camino de grava del cementerio, riéndome de mí misma. Nicolai se sentó, su hombro aún ligeramente sacudiéndose cuando liberó mi muñeca—. Estabas tan seria y cagada de miedo —se rió.

—Gilipollas.

—Mira, cariño, eres genial y aprecio que me trajeras aquí, pero sólo fue sexo —dijo él, estirando una mano hacia mí.

Golpeé su mano, intentando muy duro no sonreírle. Me sentía como una idiota. —No bromees con que sólo fue sexo.

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—No eres mi tipo. Prefiero salir con mujeres que no pueden matarme con un chasquido de sus dedos —dijo, agarrando mi mano cuando intenté pegarle por segunda vez—. Espero que esto signifique que al menos dejarás de evitarme.

Una triste sonrisa al final levantó las esquinas de mi boca cuando miré a mi adorable compañía; un rayo de luz dorada del sol en un oscuro y deprimente cementerio. Si él pensaba que le había estado evitando por nuestro breve encuentro, yo no le iba a disuadir de esa idea cuando la verdad era más oscura.

—No hasta que nos hayamos encargado de los Naturi. Es demasiado peligroso —dije, dando a su mano un pequeño apretón como si suavizara el golpe de mis palabras. No era culpa suya que perdiera el control cuando los Naturi estaban cerca. Los Naturi tenían la natural habilidad de controlar a todos los licántropos cuando estaban cerca. La única razón por la que Nicolai fue capaz de lucharlo esa noche fue porque ellos habían estado a varias millas.

—Hablando de eso —dije, de repente recordando lo que había comenzado esta conversación en primer lugar—, asumo que los Naturi no te están llamando más, desde que has comenzado esta buena broma.

—Sí, lo dejaron hace un rato —confirmó, poniéndose de pie. Extendió su mano izquierda hacia mí y me levantó también.

Me limpié el polvo de la parte de atrás de mi falda cuando mi mirada escaneó el área una vez más. Tanto como podía decir, estábamos completamente solos en el cementerio. Pero entonces, no podía sentir a los Naturi, ni podía sentir a Jabari.

—¿Sabes lo que ellos quieren?

—Sonaba como una caza de algún tipo en Forsyth Park. No nos querían en forma humana. Tuve una irresistible urgencia de cambiar y... cazar.

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—Cazar Nightwalkers —gruñí, mirando el suelo. Cerrando mis ojos, levantando una mano, buscando en la noche a Tristan. Alguna parte de mí necesitaba saber que el joven estaba a salvo de los Naturi. No conseguí lo que quería.

¡Mira! Mi nombre me alcanzó como un grito frenético cuando hice contacto con mi pupilo. ¡Ayuda! Naturi... cambiadores... ¡por todas partes! ¡Corre! Tristan rompió el contacto, pero no antes de que pudiera coger un destello de una larga fuente blanca en el centro de Forsyth Park. Tristan no estaba solo. Había otro Nightwalker con él y lo sentí como Amanda, pero no estaba segura. Ahora sabía que los Naturi habían convocado a los licántropos a cazar a Tristan y a cualquier otro Nightwalker que estuviera recientemente en Forsyth Park.

—Tengo que irme. Los Naturi están cazando Nightwalkers en la ciudad. ¡Tristan! —Dije, girándome hacia donde tenía aparcado mi coche en la entrada del cementerio.

—Ve —dije Nicolai detrás de mí, pero la palabra ya había comenzado a caer cuando levanté mis faldas mientras comencé a correr.

Tristan estaba en problemas, y yo iba a estar feliz de destrozar todo lo que se atreviera a ponerle una mano encima a lo que era mío.

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CAPÍTULO 6 Traducido por: ckoniiytthanzaaw! Corregido por: Angeles Rangel

L

a lucha fue por el tiempo que pasé veinte minutos de ida y vuelta a través de la ciudad desde el cementerio, pero los daños ocasionados me revolvían el estómago. Apagué el motor del coche a más de una cuadra del Forsyth Park, como toda la zona había sid sido o rodeada por destellos de luz azul y roja de los coches de policía y ambulancias. Me cubrí de las miradas indiscretas y me escabullí entre los coches de policía y la entrada al área.

Dí un respingo al ver el primer cuerpo. Desnudo, que había sido destripado destrip antes de que su cabeza fuera arrancada. Él fue uno de los licántropos con más mala suerte que respondió a la llamada del Naturi. En el momento de su muerte, su cuerpo había cambiado, naturalmente de vuelta a su forma humana. Contuve un estremecimiento cuando una tela blanca fue puesta sobre él y lo empujaron hacia adelante, adentrándose en el parque.

―¿Tristan? ―comencé é tímidamente. No había intentado contactar con él antes por temor a distraerlo en un momento crítico. Pero ahora que sabía que el Naturi se había ido de este lugar, necesitaba oír su dulce voz en mi cabeza.

ó. Su voz mental era débil y filiforme, pero estaba cerca. Seguí el ―Aquí ―susurró. sentimiento hasta un grupo de trabajadores de la EMT, que estaban arrodillados en torno a una persona apoyada en contra de un árbol. La corteza sobre sus cabezas había sido corneada por largas garras, llegando llegando hasta el interior, de su pálida pulpa.

Su nombre se me escapó con tal alivio que evitó que me detuviese, ―Tristan. —Su revelándome que los demás podían oírme. Dos de las tres cabezas humanas 66


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parecieron sorprendidas al encontrar a alguien desconocido tan cerca de una víctima lesionada.

―¿Conoce a esta persona? ―Un hombre preguntó, poniéndose de pie.

―Sí, es… mi hermano ―dije vacilando sólo por un latido de corazón. Me parecía que era demasiado joven para hacerme pasar por su madre, a pesar de que técnicamente lo era, dentro de la familia―. Deje que lo vea. ―Seguí al comando al enviarles un empujón mental a los tres trabajadores de la EMT, entonces se pusieron de pie y dieron un paso lejos de Tristan.

Doblé las rodillas ante él, descubrí que el Nightwalker estaba cubierto en sangre. Su camisa color azul marino había sido despedazada y grandes parches de gasa blanca y cinta habían sido puestos en el cuello. Otro parche estaba sobre el muslo de la pierna izquierda. Solamente por su mirada y la destrucción causada en el parque, parecía como si él y algunos otros hubieran sido atacados exclusivamente por licántropos.

―¿Qué pasó? ―Pregunté, agarrando el brazo del trabajador más cercano de la EMT. Puse a los tres trabajadores bajo mí control mental para alimentar a Tristan en paz. Apreciaba su licitación, ya que sin duda habían ayudado a detener la pérdida de sangre, pero tanto él como yo apreciábamos su donación de sangre aún más.

―Estábamos atravesando el parque, en dirección a The Dark Room, cuando el Naturi nos atacó ―dijo en voz baja, aceptando la muñeca del trabajador del EMT que le ofrecí―. Había solo dos de ellos, y luego atacaron los cambiadores. Debieron ser al menos una docena de hombres lobo. No teníamos oportunidad.

―¿Quién es estaba de… nosotros? ―le pregunté, frunció el ceño mientras hundía los colmillos en la muñeca del hombre, con eficacia tomándolo con su boca llena.

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Cuatro de nosotros. Amanda, yo, Kevin y Charles. Pude sentir un leve suspiro cuando la sangre se agolpó en su garganta. Sería un largo camino acelerar su curación. Nos dirigíamos a The Dark Room para reunirnos con Knox.

Quédate quieto. Come. Le ordené, presionando mis pies. Tristan se hizo cargo del control mental de los tres trabajadores de EMT, mientras vagaba por su carne. Los bancos del parque habían sido destrozados, surcos profundos habían sido cavados en la tierra donde los cuerpos habían caído. Y cruzando todo con arañazos.

Caminé deprisa a lo largo del parque, en busca de cada cuerpo, cada combatiente herido. Seis licántropos y un Nightwalker llamado Charles fueron asesinados. Amanda y Kevin no estaban por ninguna parte. Ni tampoco los dos Naturi que Tristan dijo haber visto.

Tristan ¿Dónde están Amanda y Kevin? Pregunté concentrándome en mis pensamientos.

Kevin corrió hasta The Dark Room en busca de ayuda seguido por unos licántropos. Los Naturi tomaron a Amanda. Había una nota desesperada en su pensamiento. No rogó para que la encontrara, para que la trajera de vuelta, aunque sé que la solicitud se movía por su mente. Los dos sabíamos que tenían previsto su modo de llegar a mí. También era poco probable que el Nightwalker joven sobreviviera al encuentro, incluso si el Naturi hubiera intentado mantenerla con vida.

Termina de comer, y después toma mi coche y vuelve a casa. Voy a estar en contacto, lo instruí, tratando de amortiguar la ira hirviendo en mi interior.

Ella iba a unirse a la familia. Planeaba decirlo esta noche, dijo Tristan, sentí como si un cuchillo penetrara mis entrañas. Sabía que ella lo había planeado, independientemente del peligro para sí misma. Le había advertido acerca del Naturi y la amenaza del Aquelarre, pero nunca pensé que el Naturi se rebajaría al secuestro para llegar a mí. Pensé que sólo servían para matar cualquier cosa que se interpusiera entre ellos y yo.

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Yo... yo la encontraré, me encontré diciéndole, aunque solo hubiera sido para aliviar un poco el dolor que seguía radiante en él. Tristan realmente quería a Amanda. Le gustaba su sonrisa y la alegría de encontrarla cada noche y saber que seguía siendo una Nightwalker.

Y sabía que eventualmente si lo lograba. Tal vez no la encontraría con vida.

Con Tristan retirado, me adentré en los recuerdos de la policía, detectives y personal de emergencia que habían acudido al lugar. Me hice pasar por detective, dando órdenes y metiéndome en las mentes cuando era necesario. Fue la masacre más grande que intenté ocultar en los últimos años bajo la atenta mirada de los humanos. Estaba desesperadamente tratando de convencer a una horda de personas que un grupo de adolescentes había sido atacado por una jauría de perros rabiosos. Por suerte para mí, esos asustados seres humanos estaban dispuestos a creer todo lo que tuviera más sentido que cosas como Nightwalkers y hombre lobos.

Después de cerca de una hora de trabajo, mis ojos por fin cayeron en un rostro familiar: Archibald Deacon, médico forense de la ciudad de Savannah y del condado vecino. Él me ayudaría a cubrir este lío antes de que alguien echara a correr las pruebas de sangre.

―¿Por qué no estoy sorprendido de encontrarte en medio de esta pesadilla? ―dijo Archivald, moviendo una mano hasta su cabeza calva mientras entrecerraba los oscuros ojos color marrón en mí. Me di cuenta que una multa temblaba en sus dedos cuando bajó la mano. Savannah nunca había visto tanta destrucción antes, no desde los días de la guerra.

―Yo no era parte de este lío, pero voy a necesitar tu ayuda para limpiarlo. Necesitamos obtener estos cuerpos antes que los lleven al depósito de cadáveres y así nadie pueda exigir pruebas ni envíos de los muertos al hospital.

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―Nadie que pertenezca a mi morgue ha enviado a alguien al hospital ―dijo, su cuerpo grande y redondo parecía inflarse a la noción de cualquier invasión de su dominio de la muerte―. ¿Qué hay de la policía? ¿La evidencia?

―Ya he ajustado todas las memorias hasta donde fue posible y ya he llamado a Daniel. Él mantendrá el ojo abierto por mí —respondí. El detective Daniel Crowley había trabajado conmigo en el pasado para resolver cuestiones pequeñas como cuestionables muertes de Nightwalkers o de un licántropo que llegan a la policía antes que a mí o a Barrett. Pero esto era más grande que cualquier cosa de la que se hubiera ocupado antes, iba a durar la mayor parte de la noche.

Mientras Archie reunía a su equipo e introducía los cuerpos a la morgue lo más rápido y humanamente posible, terminé con la policía y cualquier curioso que se había acercado demasiado para mi gusto. No había nada que hacer al respecto con los equipos de prensa que estaban ubicados algo más lejos del perímetro. Sus cámaras atrapaban cada bolsa de cadáveres, cada ambulancia y cada vagón con carne que se alejaba de la escena. Cogí sólo algunos fragmentos de lo que decían los medios, pero por su tono, no sonaba como si se comprarán completamente la historia de los policías y los perros rabiosos. Sé que no suena muy creíble, pero fue lo único que se me ocurrió para poder explicar las marcas de garras y colmillos por todos los cuerpos.

La salida del sol estaba a solo unas pocas horas cuando llevaron a la morgue el último cuerpo. Archie consiguió que se establecieran en la sala de exámenes del sótano y envió a todos sus asistentes a casa prometiéndoles que podrían comenzar a investigar las pruebas más tarde. Me deslicé en una de las sillas de plástico duro, descansando los codos en las rodillas y mi cara en las manos. Sentí como si todo mi cuerpo temblara por el agotamiento. Me había infiltrado y alterado muchas mentes durante toda la noche, tantos recuerdos habían sido ajustados para que la matanza pareciera borrosa y cayeran en la duda. Deseé poder hacer que olvidaran todo también.

Seis licántropos y un Nightwalker muertos. Un segundo Nightwalker perdido. Tristan herido. Sólo por una llamada de Knox podría descubrir si Kevin había llegado a The Dark Room, pero había dudas si estaría vivo en las próximas horas.

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―Mira, es tarde. Puedes ir a casa. Mantendré las cosas bajo control aquí ―dijo Achie mientras se sentaba en una silla detrás del escritorio. Suspiró profundamente y luego comenzó a revolver diferentes conjuntos de documentos. El médico forense iría a hacer los test de sangre por su cuenta, utilizando sangre humana que había en el almacén ya que nadie debería descubrir la identidad del vampiro y los licántropos que estaban bajo su custodia. Tan pronto como fuera posible, los cuerpos entrarían al horno y serían quemados.

―Desearía poder hacerlo ―murmuré. Todavía tenía una reunión más esa noche, y no iba a ser bonita. De hecho, él ya estaba allí, y podía sentir su temperamento antes de siquiera entrar al sótano―. Sería mejor si me dejas aquí un rato.

―Necesito empezar estas pruebas ―argumentó Archie.

Levanté la cabeza y fruncí el ceño en dirección a él. Los dos estábamos agotados y podía entender sus deseos de empezar lo que iba a ser una larga lista de pruebas manipuladas sólo para poder proteger la identidad de mi pueblo y los licántropos. Sin embargo, sabía que él estaría mejor si no estaba aquí.

—Barrett está aquí para identificar las víctimas. Necesitas salir.

―Oh ―susurró, luego se puso de pie. Justo antes de que Archie pudiera escapar, las puertas dobles se abrieron y Barrett entró en la habitación, su rostro era una máscara de furia contenida. Y no podía culparlo. Durante el mes pasado, cuatro miembros de su manada habían sido asesinados por el Naturi, incluyendo uno de los miembros de su propia familia. Y después de esta masacre, el número había aumentado.

―M-Mira tendrá los nombres ―dijo Archie en voz baja mientras se deslizaba lejos de Barrett hasta salir por la puerta.

Normalmente, Barrett estaba calmado, como un lobo-ecuánime. Él era un buen líder, fuerte, firme, protector para su pueblo. Pero las recientes muertes habían destrozado su 71


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control y gruñía mientras se movía. Yo le había pedido que viniese a la morgue. La conversación fue breve, simplemente porque sabíamos que sería más larga cuando llegará.

Barrett pasó mesa por mesa, tirando hacia atrás las sábanas manchadas con sangre que cubría cada cuerpo. Su puño se apretaba más con cada muerte que se vio obligado a observar, los ahora ciegos ojos, parecían mirarnos. Un bajo gruñido retumbó su garganta al llegar al último cuerpo. Me lo esperaba. Era Will, el más joven de sus tres hermanos y el segundo en morir en estos últimos dos meses.

Permanecí en silencio, observándolo, deseando poder pasar inadvertida mientras observaba afligido a su hermano muerto y a los otros miembros de su manada. Empujó ambas manos por su pelo chocolate castaño y contuvo el aliento en un esfuerzo por recuperar el control de sus emociones. De mala gana, movió la manta y se movió hacia algún lado.

―Ese no te pertenece ―dije en voz baja, manteniendo una estrecha mirada con él. Apenas contuve un escalofrío.

―Así que, por fin has perdido a uno tuyo ―gruñó.

―Uno está muerto, otro puede estar muerto, el tercero está gravemente herido y el otro fue secuestrado y probablemente está siendo torturado mientras hablamos ―le contesté, odiándome a mi misma por haber entrado en la discusión. Estaba sufriendo por las muertes que habían plagado a su pueblo recientemente.

―¡Dos de mis hermanos fueron sacrificados en dos meses! Una tercera parte ha sido maltratada por Nightwalkers. Mi propia madre y hermanas se han visto obligadas a esconderse en otra ciudad mientras morimos en sus manos. ―Gritó, a punto de perder los estribos.

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―Ustedes nos atacaron ―dije de manera uniforme. Me hubiera gustado demostrar más simpatía y compasión, pero tenía mi propio pueblo que proteger. Tenía miedo de decir algo aquí en un momento de compasión, que sólo atrapara a mi pueblo luego.

―Porque estábamos bajo el control del Naturi.

―¿Y qué esperabas que hiciéramos? ¿Qué nos mataran? ¿Por qué no es su culpa?

―Pensé que debían hacer algo con el Naturi. He hablado con otras manados sobre los problemas que he tenido. Algunos licántropos han desaparecido, pero el número de muertos no es comparable.

Me aparté de la mesa y acorté la distancia entre nosotros por unos pocos pies. ―Barrett, están intentando separarnos ―dije suavemente―. Quieren que luchemos contra nosotros en vez de contra ellos.

―¡Estamos luchando entre nosotros, y mi gente se pierde! Estamos atrapados, peleando contra ti, peleando contra los Naturi. ¿Por qué? ¿Por qué aquí? ¿Por qué? ―Barrett se detuvo repentinamente mientras me miraba. En ese horrible momento se dio cuenta de por qué se estaba muriendo su gente. Los Naturi estaban de caza, utilizando licántropos como carne de cañón. En mis batallas con licántropos, había evitado la muerte de ellos, pero cada vez era más difícil. Los Naturis crecían desesperados, lanzando mantos cada vez más grandes hacia nosotros en un intento de abrumarnos por su volumen.

―Siguen cazándote, ¿verdad? ―Barrett exigió tan alto que raspó mi piel como lija―. Ellos estaban buscándote en The Dark Room hace dos meses, y tú volviste hace más de un mes.

―Me necesitan muerta ―admití, cerrando las manos en un puño, odiando decir las palabras en voz alta―. No puedo detenerlos por abrir las puertas en las que ocuparán todo su personal libre. 73


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―Pero ¿por qué volver aquí? ¿Por qué no están rodeando a los tuyos? ¿No puede tu

Aquelarre protegerte? ―respondió dando un paso hacia mí.

―No seré desterrada de mi casa por los Naturi ―respondí.

―¡Pero estás matando a mi gente!

―No nos hagas esto, Barrett ―le advertí, sintiéndome arrinconada, aunque todavía podía moverme―. Hemos trabajado bien juntos unos años. Nuestra gente ha aprendido a respetarse mutuamente.

Mi única advertencia fue un gruñido de Barrett antes de cruzar la distancia entre nosotros en un par de pasos largos y rápidos. Me agarró de los dos brazos y siguió caminando hasta que golpeé la pared de cemento detrás de mí. Las estrellas golpearon mis ojos cuando mi cabeza chocó contra el muro, antes que la oscuridad amenazará con atraparme.

―¡Respeto! ¿Por qué no has mostrado un poco más de respeto hacia la gente? Eres responsable de todas las muertes porque has…

―¿Por qué he hecho qué? ¿Negarme a volver y morir por tí? Mi muerte no detendrá a los Naturi. No va a salvar a tu madre, a tus hermanas o a tu manada.

―Sería ganar tiempo ―gruñó, con sus ojos marrones tornándose del mismo color que el cobre líquido.

―¿Para hacer qué? ¿Luchar? ―Los dos sabíamos cuan eficaz sería. 74


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Sus manos apretadas en mis brazos amenazaban con romperme los huesos antes de aflojar.

—¿Por qué tuviste que volver? —susurró. Se sentía más frustrado aún. Su gente moría y era poco lo que podía hacer.

―Esta es mi casa. No tengo otro lugar a donde ir ―admití, sintiendo como si algo me desgarrara la garganta. Era una verdad que intentaba no encarar. Ya no tenía un refugio seguro fuera de mi hogar, en Savannah. Dos de los otros tres miembros del Aquelarre me querían muerta y el tercer miembro quería controlar mi mente y cada movimiento. Los Naturi seguían cada uno de mis pasos. Tenía más enemigos de los que quería contar y muy pocos aliados.

―Vete de aquí, Mira. Encuentra otro lugar donde esconderte y que los Naturi tomen otros condenados por ti. ―Barrett enseñó los dientes, apretó más mis brazos, causando hematomas en mi pálida piel.

―No me puedes obligar a irme ―dije entre dientes―. Esta es mi casa y mi gente está aquí. Debo protegerlos.

―Tanto como yo debo proteger a mi pueblo de ti y de los Naturi. Puedes salvar a tu gente y a ti misma, yéndote de aquí ―argumentó, la ira crecía en su voz, su hermoso acento sureño hacía chocar las vocales unas con otras.

―No puedo irme aún. Los Naturi tienen a un miembro de mi familia. Y no la dejaré en sus manos para que la torturen, debo intentar rescatarla. ―Era una misión suicida, pero debía intentarlo. Le debía eso a Amanda. Le había ofrecido un lugar en mi familia, dándole mi protección.

―Entonces hazlo sin matar a otro de mi pueblo. Hemos muerto suficientes por ti. ¿Por qué no intentas deshacerse de los Naturis en vez de huir de ellos? 75


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―No soy cobarde, si eso quieres decir, hombre lobo. ―Le gruñí, empujándolo lejos de mí. Barrett se tambaleo unos pasos antes de girar y curvar sus labios para que pudiera ver sus alargados caninos―. He luchado contra los Naturi más veces de las he recuerdo. He luchado y sufrido. Mi gente ha muerto por proteger a tu raza y a los humanos.

—Así que ¿ahora esperas mi gratitud? —exigió con incredulidad.

—No, estoy buscando algo de paciencia.

―Mi paciencia se agotó cuando mis hermanos comenzaron a morir. Encuentra a tu vampiro perdido. Mata a todos los Naturi. Vete y no regreses. No me importa lo que tengas que hacer, pero si otro de mi pueblo muere, el Naturi no tendrá que llamarnos por más tiempo. Será abierta la temporada de caza tuya y de tus Nightwalkers en Savannah.

Barrett salió de la morgue sin volver a mirarme ni a mí ni a sus hermanos muertos.

Me deslicé por la pared hasta que me senté en el frío suelo. Envolví mis brazos alrededor de mis piernas dobladas, descansando mi frente en las rodillas. Estaba en lo cierto. Yo era tan responsable de las muertes como de la presencia del Naturi. No debí volver. Debí haber encontrado la forma hacer frente a los Naturi mientras esperaba por el siguiente sacrificio y esperaba por Rowe. Demostraba que tenía miedo al huir al Aquelarre, serían felices de usarme como cebo para sacar a los Naturi de una vez.

Barrett quería que me fuera, y yo planeaba seguir sus deseos. No tenía más remedio. El siguiente sacrificio estaba a solo unas noches de distancia. Pero no podía salir de mi querido Savannah aún. Tenía que encontrar primero a Amanda. Si podía salvarla y exterminar a los Naturi en sólo una partida rápida, tendría una sensación de paz al irme de la ciudad. Sin embargo, aún tenía que convencer a Danaus para que me ayudara.

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CAPÍTULO 7 Traducido por Virtxu Corregido por angeliitaw

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n suspiro se me escapó apó mientras salía del taxi y me dirigía a The Dark Room. La salida del sol estaba cada vez más cerca y estaba cansada. Afortunadamente, esta era mi última parada de la noche, y después podría ir a casa para descansar un poco.

La cola para entrar en The Dark Room había desaparecido, y el portero Nightwalker estaba sentado en un taburete negro fuera de la entrada, con un sistema manual de juego sostenido entre sus dos carnosos puños. The Dark Room se había convertido en un lugar tranquilo durante el último par de meses. Los licántropos habían dejado de asistir y los Nightwalkers aparecían menos, temerosos de ser atrapados en el mismo lugar donde los Naturi aparecieron de repente. Cuando el portero finalmente me vio, se levantó y empujó el juego en el bolsil bolsillo lo trasero de sus vaqueros. Sólo sonreí y le di una palmada en el hombro mientras entraba.

En la entrada, entre los dos controles a cada lado de la habitación, había una salpicadura de sangre en el suelo. Seguí el rastro a través de la pista de baile, que qu actualmente estaba vacía, hacia una de las habitaciones del fondo. La media docena de los Nightwalkers en el club estaban instalados en las oscuras cabinas, susurrando sobre el último ataque Naturi. Antes de dirigirme a la parte trasera, me detuve para pedir edir al camarero que limpiara la sangre antes de que se secara. La sangre derramada no podría haber sido un problema para un grupo de Nightwalkers, pero prefería no dejar nuestro ADN único por ahí. Había pasado demasiados años protegiendo nuestros secretos para perderlo todo por un estúpido error.

Apretando los dientes, entré en la habitación donde ya presentía a Knox. Él permanecía sobre el Nightwalker moribundo con las manos en las caderas y un ceño

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oscuro en los labios. Su camisa negra estaba empapada de sangre y se aferraba a su tenso cuerpo. También había una mancha de sangre en su pómulo izquierdo.

—No hay nada que podamos hacer —anunció cuando cerré la puerta detrás de mí. Miré alrededor de la habitación para encontrar otros tres Nightwalkers ahí, alineados contra la pared. Seis humanos se reagrupaban en el suelo cerca de ellos, con un tono blanco-enfermizo. Donantes de sangre. Los humanos respiraban con dificultad y sus latidos eran lentos por la pérdida de sangre.

—Meterlos en los coches —pedí—. Llevarlos al menos a tres hospitales diferentes. Necesitan sangre. No necesito un montón de seres humanos muriendo también a causa de este ataque Naturi.

Los Nightwalkers se pusieron en marcha, recogiendo a los seres humanos inconscientes y llevándolos a través del club mientras volvía mi atención a Knox y al moribundo Kevin.

—No hay nada que podamos hacer sin algo de ayuda médica de los humanos — admitió Knox, rascándose la barbilla con una mano ensangrentada—. Su corazón fue casi arrancado de su pecho. Sus heridas son demasiado profundas y muy numerosas. No podemos mantener la suficiente sangre en su interior para que él sane.

En otras palabras, Kevin nunca iba a sobrevivir a las horas del día. Cuando saliera el sol, su alma volaría de su cuerpo mientras la sangre que Knox había luchado para que se mantuviera en Kevin terminaría saliendo. Cuando el sol se pusiera otra vez, el alma de Kevin sería incapaz de encontrar su camino de regreso a su cuerpo y él estaría oficialmente muerto.

No me molesté en preguntar si había alguna otra manera o si Knox lo había intentado todo. No había ninguna razón para tratar de mantener un flujo constante de donantes de sangre marchando por la puerta hasta que el sol se asomara por fin en el horizonte. Tanto Knox como yo habíamos visto las suficientes heridas mortales en nuestras vidas como para saber cuando el final estaba cerca y la lucha era inútil. Kevin no se movió del sofá empapado en sangre en dónde le habían puesto. Podía sentir el tenue aleteo 78


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de su alma dentro de su frágil cuerpo. Su piel se había vuelto ya una sombra fea de gris bajo la capa de sangre. Toallas habían sido presionadas contra su pecho y el estómago para disminuir la sangre, pero estaban ya saturadas. No había nada que pudiéramos hacer más que verlo morir.

Empujando una mano por el pelo en señal de frustración, me paseé lejos del Nightwalker hacia el lado opuesto de la habitación. La impotencia me recorría, llenándome de energía nerviosa. No es la primera vez que me preguntaba si mi regreso a Savannah había sido un error.

Sentándome en una de las sillas colocadas junto a la cama, me incliné hacia adelante y apoyé los codos en las rodillas. Me quedaría todo el tiempo que pudiera. Mantendría su visión muerta con Knox. Desafortunadamente, no podíamos dejar el cuerpo de Kevin alrededor durante las horas diurnas. Si alguien irrumpía en la oscura habitación mientras estábamos durmiendo y encontraban el cuerpo, todos estaríamos en problemas de ser descubiertos. Si Kevin no moría en la siguiente hora, tendría que terminar el trabajo por lo que tendríamos tiempo suficiente para llevar su cadáver a Archie antes de que saliera el sol. Tendría que matar a Kevin. Era mi responsabilidad.

—No tienes que quedarte —dijo Knox, estableciéndose en la silla a mi lado.

—Es el único lugar que me corresponde esta noche —le murmuré—. Voy a ser la única que termine esto si es necesario.

—Mencionó a Tristan cuando todavía estaba consciente. Si Tristan estaba con ellos, creo que deberías estar con él ahora mismo —dijo Knox.

Fruncí el ceño, mirando mis manos manchadas de sangre.

—Tristan no está tan mal herido. Va a sobrevivir a la mañana sin ningún problema. — Hice una pausa y me lamí los labios, preguntándome cuánto le había dicho Kevin de

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la lucha. Todavía no sabía mucho, pero aquí estaba la potencial pieza del puzle que Knox ignoraba—. Amanda estaba con ellos también. Fue cogida por los Naturi.

—¿Qué quieres decir con “cogida”? —Preguntó, poniéndose al borde de la silla.

—Me refiero a cogida. Secuestrada. Capturada.

Knox se puso de pie y caminó lejos de la silla hacia el extremo opuesto de la habitación. Su rabia golpeaba contra mí en esta pequeña habitación, aunque él nunca dijo una palabra. Era un hombre inteligente. Sabía que Amanda había sido cogida como cebo para llegar a mí. También sabía que no podía arriesgar mi vida por un Nightwalker cuando ya tenía que ir al lugar del sacrificio y salvar a todos los Nightwalkers de la amenaza de los Naturi.

—Me gustaba —dijo al fin al aire, aún dándome la espalda. Se oyó el ruido de la derrota en su voz—. Siempre fue un poco impulsiva, pero era una buena persona, seguía las órdenes.

—¡No hables así! —dije bruscamente, dándole un empujón para que me mirara—. Ella no está muerta todavía. Planeo…

Un golpe seco en la puerta interrumpió mis palabras. Antes de que pudiera decir nada más, el camarero asomó la cabeza en la habitación.

—Mira, Barrett está aquí para verte.

Sorprendida por la inesperada aparición del licántropo, hice automáticamente una exploración rápida de la barra para descubrir que no había venido solo. Al menos una docena de licántropos lo acompañaban.

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Esto no iba a ser agradable.

Con el ceño fruncido tirando de la esquina de mis labios, me levanté y seguí al camarero a la habitación principal con Knox cerca de mis talones. Los licántropos se extendían alrededor de la sala, mientras que Barrett estaba en el centro de la pista de baile. Al parecer, había realizado llamadas telefónicas y él había convocado a la manada. Nicolai estaba a un lado, un poco incómodo. Tenía la sensación de que tenía miedo de que él se viera obligado a elegir entre la manada de la que ahora era parte y entre la deuda que me debía por haberle salvado la vida.

Los Nightwalkers que habían estado en las cabinas estaban de pie y se reunieron en el lado opuesto de la habitación, pareciendo tan agresivos como los licántropos. Nadie hablaba. Incluso la música se había apagado, dejando el club nocturno encerrado en un incómodo silencio.

—Barrett —dije con un gesto de mi cabeza mientras subía a la pista de baile con él.

—Hemos venido a escoltarte de la ciudad —anunció—. Eres la única razón por la que los Naturi están aquí. Eres la razón por la que mi gente está muriendo. Es hora de que esto pare.

—No voy a irme.

Mientras decía esas cuatro palabras, un gruñido se levantó de los licántropos que se alineaban en dos de las paredes, mientras que un silbido a juego se trasladó desde los Nightwalkers. La tensión en la sala alcanzó niveles aplastantes, dejándonos a todos en equilibrio sobre el borde de un cuchillo, mientras esperábamos a que alguien se acobardara en primer lugar.

—¡Paren! —Grité, extendiendo las manos abiertas a ambos lados—. El ir por este camino también terminará con más muertes, y ninguna de las partes se puede permitir

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perder otra persona. Esta es mi casa, Barrett. Mi gente está aquí y tengo que estar aquí para protegerlos.

—Que estés aquí está matando a tu pueblo —me ladró.

—Voy a dejar Savannah en un par de días. Tengo un asunto que necesita ser atendido primero. Una de las mías ha sido secuestrada y tengo que recuperarla —me defendí. Mis manos cayeron a los costados y apreté los puños—. Cuando me vaya para el sacrificio, los Naturi me seguirán.

—Eso no es lo suficientemente rápido. Te quiero fuera de la ciudad esta noche y quiero que nunca más vuelvas —gruñó Barrett.

Una frágil sonrisa levantó mis labios mientras miraba a mi compañero licántropo. Traté de recordar que había perdido dos hermanos y que estaba apenado. Traté de recordar que había perdido un tercio de su manada frente a los Naturi. Traté de recordar que su gente estaba indefensa cuando los Naturi les habían atacado, pero aún así, él me estaba pidiendo lo imposible.

—Esta es mi casa —declaré calmadamente—. No voy a ser expulsada.

Barrett me gruñó, su labio superior se encrespó con lo que pude ver sus colmillos saliendo en su lugar. Sus profundos ojos marrones se desplazaron al cobre mientras el animal dentro de él exigía el control de su cuerpo

—¿De verdad quieres hacer esto? —Le pregunté—. Vas a perder a más de tu manada, cuando estoy dispuesta a llevarme a los Naturi conmigo en un par de días.

—Pero vas a estar de vuelta y van a seguir detrás de ti hasta que estés muerta. Si es necesario, vamos a terminar el trabajo para ellos y entregar tu cuerpo.

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¡Mira! Gritó Knox en mi cerebro.

Él no quiere decir eso. Está molesto, contesté rápidamente. Barrett había sonado como si estuviera del lado de los Naturi, lo cual estaba prohibido entre las razas. Lo conocía mejor que eso. Él nunca estaría del lado de los Naturi. Sólo estaba buscando una manera de sacar a los Naturi de su espalda, y la mejor manera de proteger a su pueblo era deshacerse de mí.

—Si quieres matarme —dije—, entonces pasa a la acción. No incluyas al resto de tu manada. Han perdido bastante. —Un rumor se acercó a mí alrededor mientras los licántropos inmediatamente se opusieron al argumento.

—¡Silencio! —gritó Barrett, y la tranquilidad de inmediato se apoderó de la sala.

¡Esto es un suicidio! Me dijo bruscamente Knox. El sol saldrá pronto. Estarás debilitada.

Voy a estar bien.

—Sólo tú y yo —le dije a Barrett—. Muérdeme. Mátame. Y Savannah estará libre de mi presencia mientras los Naturi caminan por la Tierra.

—¿Y si yo pierdo? —respondió Barrett.

Le sonreí ampliamente, exponiendo mis colmillos.

—Ya pensaré en algo. La clave es que nadie de cualquier lado interfiera pase lo que pase. ¿De acuerdo?

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—De acuerdo.

Barrett apenas había pronunciado las palabras cuando se abalanzó sobre mí. Su puño se dirigió inmediatamente a mi corazón, con el objetivo de poner fin a la contienda lo antes posible. Esquivé el golpe y le di uno de los míos hacia el lado izquierdo de la caja torácica, rompiéndole dos costillas. Él silbó por el dolor, pero no redujo su actividad. Se retorció, dándome un puñetazo en la mandíbula lo suficientemente fuerte para voltear mi cabeza. Aprovechando mi momentánea confusión, fue a por mi rodilla. Aullé de dolor cuando caí al suelo.

Por primera vez, el miedo venció dentro de mí. Era demasiado lenta, demasiado débil, y había subestimado gravemente a Barrett y a su necesidad de matarme. Sin embargo, el dolor rápidamente abrumó el miedo que había florecido brevemente, despertando al monstruo que estaba en cuclillas detrás de mi alma. Dónde yo había estado en calma antes, una nueva sed de sangre creció dentro de mi pecho, iluminando mis ojos lavanda.

Barrett me dio un puñetazo en la cara otra vez, pero le cogí el puño esta vez. Apreté mis manos, fracturando al menos dos de sus huesos al tiempo que empujaba mis pies y lo tiraba de vuelta al muro que se alineaba con la pista de baile. Puse la mayor parte de mi peso en equilibrio sobre la pierna derecha mientras mi rodilla izquierda se curaba lentamente. Impedido como estaba, me alejé y esperé a que viniera hacia mí otra vez.

El licántropo se separó de la pared y vino hacia mí con increíble velocidad de su raza, surgiendo a través del espacio abierto en un borrón. Con mi rodilla herida, no me aparté fuera de su camino. Bloqueé una sucesión de golpes destinados a la cara, el estómago, los riñones y las costillas. Nada logró pasar, causando que su frustración creciera.

El sudor perlaba su frente y sus ojos comenzaron a brillar con una luz cobriza. Estaba perdiendo el poco control que tenía. Pronto se vería obligado a cambiar, y lo haría fácilmente. Pero yo no quería ir por ese camino. Me vería obligada a matarlo entonces, y sabía que su manada necesitaba su liderazgo.

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Desafortunadamente, estaba empezando a perder mi propia batalla con el monstruo dentro de mí. Gruñía y bufaba mientras arañaba su camino hasta mi pecho, y ahora estaba envuelto en torno a lo que sería mi corazón dentro de mi pecho. Quería la sangre de Barrett y esta era la única manera de satisfacerle.

Le lancé lejos de mí otra vez, enviándolo al otro lado de la habitación hasta la pared del fondo. Esta vez se detuvo el tiempo suficiente para romper la pierna de una de las mesas que rodeaban la pista de baile. Finalmente, tenía un arma que podía usar en mi contra, una estaca de madera.

Una sonrisa, se formó en mis labios mientras le instaba a atacarme. Si él iba a subir la apuesta de esa manera, entonces no tenía ningún problema en tomar su sangre. No parecía que sólo fuera a morderme. Era obvio que quería verme muerta.

Barrett vino balanceándose. Me deslicé fácilmente por debajo de sus golpes, los cuales estaban destinados a mi cabeza. Tuve la tentación de hacer arder el trozo de madera pero me resistí. Prometí que iba a mantener esta lucha justa, y el uso de mi capacidad natural inclinaría la balanza demasiado en mi favor. Se merecía una pelea justa.

A mí alrededor, podía sentir la noche acabando. Estaba cada vez más débil. Quedaban menos de dos horas hasta que el sol finalmente saliera. Todos necesitábamos buscar un santuario pronto o estaríamos a merced de los licántropos, en quienes yo ya no confiaba. Mi pueblo necesitaba estar seguro, y sabía que sólo yo podía darles esa de seguridad.

Con un gruñido, me acerqué a Barrett, poco a poco retrocedió hacia la pared. Blandió la estaca hacia mí, tratando de noquearme. Levanté mi brazo izquierdo mientras él asestaba un golpe particularmente duro. El trozo de madera se astilló en su mano, enviando fragmentos volando por la habitación. Tomó la apertura, apuntando con el trozo de madera restante hacia mi corazón. Pero en el último segundo lo cogí con mi mano derecha, deteniéndole antes de que pudiera perforar la piel. Con un giro rápido, de repente estuve de pie detrás de él. El trozo de madera estaba hora 85


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presionado contra su pecho sobre su corazón. Ambos agarramos la madera, luchando por el control.

Él era fuerte y rápido, pero yo era siglos más vieja que él.

—¿Te gustaría saber qué se siente al ser estacado? —Le susurré al oído. Su única respuesta fue un gruñido y la lucha por el control del trozo de madera. Con una oscura sonrisa, tomé un puñado de su pelo con la mano libre y volví la cabeza hacia atrás. La sed de sangre me controlaba. Hundí mis colmillos en su garganta, con lo que un grito salió de sus labios. Su sangre se derramaba por mi garganta, llenándome de una nueva fuerza, mientras se la robaba.

Alrededor de nosotros pude sentir a los licántropos cerrando filas, metiéndome prisa. Tenía a su líder en un apretón de muerte. Podría fácilmente drenarle hasta la muerte y lo sabían. Un anillo de fuego se levantó alrededor de nosotros, manteniendo tanto a los Nightwalkers como a los licántropos fuera. Por desgracia, el fuego hizo saltar los sistemas de rociadores contra incendios, que enviaron una gruesa pared de agua. Pero el fuego nunca se apagó por completo mientras yo bebía de Barrett. Nadie se movió, convirtiéndose en estatuas de lluvia.

El agua ayudó a aclarar mi mente, y solté a Barrett cuando su agarre sobre la estaca, finalmente se hizo más débil y su mano cayó sin causar daños a su lado. Se dejó caer de rodillas delante de mí, sacudiendo lentamente la cabeza mientras trataba de despejar la niebla y permanecer consciente. Apagué las llamas, pero el agua siguió cayendo, empapando a todos los ocupantes de la discoteca. —Esta lucha ha terminado. Podría haberlo matado, pero optó por prescindir de él — proclamé—. Iros todos, menos tú. —Señalé al hermano de Barrett, Cooper—. Quédate y ayuda a tu hermano. Tenemos negocios que discutir.

Vi como todo el mundo poco a poco salía de la discoteca. El camarero fue el último en salir deteniéndose el tiempo suficiente para apagar el sistema de rociadores. Sólo estábamos Cooper, Barrett, Knox, y yo. El tiempo de la noche se acababa pero necesitaba saber que las cosas se resolvían entre Barrett y yo antes de irme. Aún había otras maneras en las que el licántropo podía traicionarnos a mí y a mi especie. 86


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CAPÍTULO 8 Traducido por: vampirabriin Corregido por Sera

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ooper puso el brazo de Barrett sobre sus hombros y ayudó a su hermano a entrar en la habitación de atrás, donde donde lo colocó sobre una de las pocas sillas. Barrett parpadeó un par de veces hasta que sus ojos finalmente se centraron en Kevin. Un bajo jadeo escapó del Nightwalker y lo vi hacer un puño con la mano izquierda. Estaba luchando para mantener su alma, pero pero era una batalla que no podía ganar.

—¿Él es del parque? — preguntó Barrett.

le respondí, viniendo a pararme cerca de la cabeza de Kevin. Ojala hubiera —Sí —le podido aliviar su dolor, ojala pudiera acabar con su vida ahora para aliviarlo de esta agonía, torturado con el conocimiento de que finalmente se cernía tan cerca. Pero sin lograrlo. Se merecía esos últimos segundos de su vida, todos necesitábamos cada segundo que podíamos conseguir.

—No No me sentiré culpable por él cuando todavía tengo que enterrar a mi hermano — dijo Barrett, apretando los dientes mientras miraba hacia mí.

—No No te lo estoy pidiendo. Quería que vieras que no eres el único con un recuento de cadáveres.

—Y Y tú eres la única que puede acabar con esto. —Barrett Barrett trató de empujar sus pies, pero de inmediato se tambaleó y volvió a sentarse mientras se esforzaba por permanecer consciente—.. Tú eres la única que ha matado tanto Nightwalkers como Licántropos. 87


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—Los Naturi los están matando. No yo. Yo estoy tratando de deshacerme de los Naturi para siempre. ¿Qué estás haciendo para ayudarme en este frente? ¿Qué estás haciendo para salvar no sólo a tu propio pueblo sino también la vida de los Nightwalkers y la de los seres humanos?

—Sólo vete, Mira. Sálvanos a todos nosotros tan sólo dejando Savannah —dijo Cooper con cansancio con un movimiento de su cabeza.

—¿Te irías, Barrett? —le pregunté, atrayendo los oscuros ojos del cambia forma desde el Nightwalker hacia mí de nuevo—. Si nuestros papeles se invirtieran, ¿te irías?

—Por supuesto.

Le sonreí y le sacudí la cabeza. —Los dos sabemos que eso es mentira. Savannah está tanto en tu sangre como en la mía. Este es el hogar, el único hogar que cualquiera de nosotros ha conocido. Harías un levantamiento y lucharías, independientemente de una posible pérdida de vidas.

—Mira —dijo Knox de pronto. Miré a mi compañero, que estaba apoyado contra la puerta, con las manos en los bolsillos de los pantalones empapados—. Él se ha ido

Mi mirada saltó de vuelta a Kevin. Hice un análisis rápido de su cuerpo al ver que su alma lo había dejado por completo a pesar de que todavía nos quedaba más de una hora antes que el sol finalmente saliera en esta noche de pesadilla. No podía sentir su alma en la sala con nosotros. Kevin había muerto.

—Llévalo a Archie. Dile que… —comencé, luego me contuve. El juez no era mío para mandarlo. Él era un amigo que me favorecía para la protección de mi pueblo—. Pregúntale a Archie si podemos incinerar el cuerpo de inmediato.

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—¿Qué pasa con...? —preguntó, sus ojos se movieron sobre Barrett y Cooper, que permanecía detrás del hombro de su hermano.

—Estaré bien. Barrett no será lo suficientemente fuerte como para atacarme por otro par de horas, y Cooper sabe que si toma un sólo paso hacia mí le prenderé fuego.

Knox seguía con el ceño fruncido cuando recogió a Kevin y lo sacó de la habitación, cerrando la puerta detrás de él.

Me senté en el brazo del sofá y miré a Barrett. Habíamos sido amigos desde que tenía sólo doce años. Había conocido a su padre, a su abuelo y su bisabuelo. Había trabajado con cada uno de ellos para mantener fuertes lazos entre los Nightwalker y licántropos. No estaba dispuesta a perder todo lo que había ganado durante aquellos años esta noche. Por desgracia, eso significaba poner a mi buen amigo en una posición muy incómoda.

—Mañana por la noche voy a rescatar a un Nightwalker que ha sido secuestrado. Los Naturi echarán a todos atrás en un esfuerzo por poner fin a mi vida. Y voy a hacer cuanto esté a mi alcance para acabar con tantos de ellos como me sea posible. No mucho después de eso iré a Perú para luchar contra ellos de nuevo, para preservar la barrera que ha bloqueado la multitud de Naturi del resto del mundo. Cualquier Naturi restantes en Savannah me seguirán.

—Pero, ¿qué pasa cuando vuelvas? —preguntó Barrett.

Una pequeña risa se me escapó y le sonreí. —Hay una pequeña oportunidad de que sobreviva a Perú y vuelva a casa de nuevo. Pero si lo hago, es poco probable que los Naturi me sigan. Me gusta pensar que si vuelvo a Savannah, significa que ganamos y los Naturi restantes han sido esparcidos al viento. No se atreverían a llevarme de nuevo.

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Barrett sacudió la cabeza, mirando hacia abajo a sus manos abiertas descansando entre las rodillas. —Lo siento acerca de esto, Mira. Hemos sido amigos durante mucho tiempo. Odio que los Naturi lo hayan arruinado entre nosotros.

—Sí, y ese tipo de daño puede que nunca se repare —estuve de acuerdo. Un bulto en mi garganta creció cuando lo miré fijamente. Se veía tan derrotado, y no había terminado todavía—. He ganado esta batalla, Barrett. Creo que por lo menos me debes un favor.

Su cabeza se movió rápidamente hacia arriba y se enderezó en su silla.

—¿Me vas a pedir que me vaya de Savannah?

—Había pensado en ello, pero eso no resuelve mi dilema actual.

—Yo creía que fue por lo que enviaste a ese Gromenko a mí. Obviamente él es el Alfa de otra manada. Lo quieres para ocuparse de la manada de Savannah.

—Nunca pensé en eso. Nicolai está aquí para su propia protección. No tiene nada que ver contigo. Es entre yo, Nicolai, y otro Nightwalker. Nunca se extenderá al resto de la manada.

—Pero tenemos que protegerlo si es atacado — respondió Barrett.

—No, no lo harás, y ambos sabemos que no lo harías. Nunca lo has aceptado, nunca le diste la bienvenida al redil. Ni tú ni tu gente levantarían un dedo para ayudarlo si lo necesita. No soy tonta, Barrett. Nicolai es plenamente consciente de que soy la única que está a sus espaldas.

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Barrett apartó la mirada, la vergüenza salía en hondas fuera de él. Él había creado un marginado de Nicolai por su propia falta de seguridad.

—Él no debe estar con nosotros.

—Sólo porque así es como queremos que sea. Pero esa es tu elección. No estoy aquí para decirles cómo hacer funcionar a tu manada, de la misma manera que no me dicen cómo manejar a los Nightwalkers. Lo que hagas con Nicolai es asunto tuyo, pero tienes que entender que es mi deber protegerlo contra todas las amenazas.

—Así que está aquí para venir con nosotros. ¿No es suficiente que tengamos a los Naturi entre nosotros?

—Nicolai sólo vendrá con nosotros si se lo permites —dijo, levantándose a mis pies—. Además, tenemos otros problemas que discutir. Mi bendición. De ti, tan sólo quiero la verdad.

Puso el ceño se fruncido y tiró de las comisuras de su boca mientras volvía a moverse en su silla. —Nunca te he mentido.

—Pero tienes una buena razón para mentirme ahora. Quiero saber la profundidad de tu traición hacia mí. Qué tan profunda es la traición que tu pueblo hace en contra de los Nightwalkers.

—¿Traición? —preguntó Cooper, dando un paso hacia mí. Ladeé una ceja hacia él en alerta, y él dio un paso atrás de nuevo—. Nunca os hemos traicionado ni a ti ni a los Nightwalkers.

Volví a mirar a Barrett, que me miraba con ojos furiosos. —Esta noche te ofreciste a entregarme a los Naturi. Todos nos hemos comprometido a no ayudar a los Naturi de ninguna manera. Parecías más que dispuesto a romper el voto esta noche —dije, 91


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cruzando los brazos sobre el pecho contra el frío que se arrastraba en mi cuerpo. El calor que había recibido de su sangre comenzaba a desvanecerse, y la salida del sol estaba cada vez más cerca. Necesitaría irme pronto si esperaba encontrar refugio contra el sol.

—Yo, yo, yo no quería decir eso —tartamudeó Barrett, palideciendo fantasmalmente.

—Nunca estaremos voluntariamente del lado de los Naturi — argumentó Cooper. Su mano derecha descansaba sobre el hombro de su hermano y se la apretó—. No somos traidores.

—Dime la verdad, Barrett. ¿Me entregarías a mi o cualquier Nightwalker por encima de un Naturi?

—¡No!

—¿Ordenarías a alguien de tu manada que entregara a un Nightwalker por encima de un Naturi?

—No.

—¿Entregarías a Nicolai a un Naturi?

—¡No! ¡No! ¡No! Yo no haría nada que pudiera ayudar a los Naturi. No estaría del lado de ellos no importa qué vaya a pasar. Lo sé, Mira, que ellos son la raíz de nuestros problemas. No son una solución.

—Los Naturi no son nuestro único problema —dije, dejando escapar parte de mi rabia hacia Barrett—. El verano pasado les pedí recuperar la evidencia de la base de datos de la Coalición de la Luz del Día, las pruebas que me pudieran exponer como un 92


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Nightwalker. Nunca te pregunté sobre eso, pero te lo pregunto ahora. ¿Las pruebas se recuperaron tal y como solicité?

—Sí, por supuesto.

—¿Fueron destruidas?

Él se quedó callado.

Así que pensé. Yo había temido que su pueblo hubiera descargado la información, limpiaron la base de datos de la Coalición y conservaron una copia para sí mismos. Un poco de seguro para un día lluvioso. Bueno, estaba lloviendo ahora y no podía permitirme el lujo de estar peleando por la Coalición al mismo tiempo que luchaba contra los Naturi. La Coalición de la Luz del Día era un grupo de humanos los cuales se encargaban de perseguir y destruir cualquier cosa que no fuera humana. Todos creíamos que eso incluía a todas las criaturas, pero hasta ahora, su atención se ha centrado exclusivamente en los Nightwalkers.

—No estás dispuesto a traicionarme a los Naturi, pero no tienes ningún problema en traicionarme a la Coalición —le gruñí.

Barrett se levantó de un salto y logró mantenerse en pie. —¡No te he traicionado!

—Entonces destruye la evidencia. Estamos en esto juntos, tanto frente a los Naturi como a la Coalición. Todos hemos prometido estar atentos a los demás contra la Coalición. ¿Qué he hecho para ganarme esta enemistad?

—Nada. Yo, yo sólo estaba tratando de proteger a mi propia gente. Eres poderosa, Mira. Eres una fuerza imparable, temida por todos los continentes. ¿Qué pasa si de repente decides convertir a mi pueblo? ¿Cómo los protegería?

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—¿Así que optaste por la Coalición? ¿Así que viniste esta noche a amenazarme con entregarme a los Naturi? Hasta ahora no tenía ninguna razón para convertir a los licántropos. Te entregué a Nicolai, que es importante para mí, porque confiaba en que lo protegerías.

—Destruiré la evidencia — se apresuró a decir Barrett. Extendió su mano para tomar la mía, pero di un paso lejos de él, indispuesta a asumir su toque en ese momento.

Desde que tomé de su sangre, había estado en sus pensamientos, leyendo sus emociones sin su conocimiento. Estaba diciendo la verdad. Estaba aterrorizado de que informara a las otras manadas de que estaba haciendo tratos tanto con los Naturi como con la Coalición. Él estaba en la cuerda floja y lo sabía. Nunca había querido ponerlo en esta posición, sobre todo desde que el Aquelarre ya trató de hacer un trato con los Naturi. Nuestras manos ciertamente no estaban limpias. Sin embargo, todavía necesitaba la ayuda de Barrett.

—Te creo —murmuré, deseando poder darle algún otro tipo de seguridad, pero no me sentía demasiado indulgente en este momento—. Pero tengo una última petición.

—Dila.

—Alguien entre los licántropos ya ha comenzado a tratar con la Coalición.

—¿Estás segura? —preguntó Cooper, su ceño se frunció con confusión.

—Mientras estaba en Londres, me encontré con una bruja y un licántropo que viajaban con un miembro de la Coalición. Ambos nos atacaron a Tristan y a mí. Podrían haberse ido, pero no lo hicieron. Han elegido un nuevo bando. Quiero que investigues lo que está pasando.

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—Veré lo que puedo hacer — estuvo de acuerdo Barrett.

—El licántropo se llamaba Harold Finchley. Quiero saber cuál era su manada. Quiero saber si hay otros como él. Quiero saber si hemos sido traicionados.

—Lo averiguaré.

—Lo averiguaremos — corrigió Cooper, colocándose junto a su hermano mayor.

—Bien. Encárgate de la Coalición y yo me desharé de los Naturi. Ahora sal de aquí. Tengo que descansar.

Barrett asintió con la cabeza y dejó que su hermano lo sacara del club nocturno y salieron a la noche que lentamente llegaba a su fin. Me dejé caer sobre el sofá al momento en que se encontraban fuera del club, el final de mis fuerzas parecía drenarse de mi cuerpo. La salida del sol no estaba más que a una hora de distancia. Tuve el tiempo justo para coger un taxi de vuelta a casa en las afueras de la ciudad. Había soportado suficiente sangre, dolor y traición por una noche.

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CAPÍTULO 9 Traducido por **Liseth_Johanna18** Corregido por Virtxu

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ue un par de horas despu después és del atardecer de la siguiente noche que pude hablar con Danaus. El amanecer había estado demasiado cerca cuando dejé, por fin, The Dark Room la noche anterior para intentar verlo. Además, aún tenía que asegurarme que Tristan estaba cómodamente instalado y sanando antes de meterme en la cama para el alba. Simplemente había muy poco tiempo para controlarlo todo. El único consuelo que sí encontré antes de sucumbir al amanecer fue que Amanda estaría sana y salva lejos de las manos de los Naturi durante las horas horas de luz solar. Ellos podían tener su cuerpo, pero su mente consiente estaba más allá de su alcance, haciendo que la tortura no tuviese valor por al menos unas pocas horas.

Pero ellos estaban esperándola cuando se despertó esta noche. La oí gritar en mi mente cuando me desperté al atardecer. Estirándome con mis poderes, encontré que Amanda estaba demasiado al sur de la ciudad, por los pantanos. Conecté con su mente el tiempo suficiente para descubrir que ella estaba en una isla. Por lo que pude recoger,, rápidamente, de sus pensamientos, estaba dispuesta a apostar que estaba siendo retenida en Blackbeard Island. Knox y Tristan habían sido enviados primero para procurarnos un bote. Era mi trabajo convencer a Danaus de venir a la caza.

Sin embargo, de pie en frente del porche fuera de mi casa, con mi mano sobre el pomo de la puerta, estaba empezando a preguntarme si sería capaz de convencerlo de acompañarnos en esta loca aventura. Obviamente era una trampa. La meta de los Naturi era atraparme, y yo estaba caminando directamente a ello porque el cebo era uno de los míos. El sentido común decía que los Naturi matarían a Amanda o antes de que llegara o justo cuando pusiera un pie en la isla. Tenía pocas esperanzas de salvarla, de hecho. El riesgo que estaba tomando tomando no tenía sentido, y aun así, sentía que ella era uno de los míos. Le había ofrecido entrar en mi familia y no podía darle la espalda ahora porque no era conveniente para mis propios planes.

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Quitando el seguro de la puerta delantera, di un paseo a través del vestíbulo, pero mis pasos se detuvieron rápidamente cuando sentí que Danaus no estaba solo. Había una mujer con él. Mis dientes se apretaron y se formaron puños en mis manos mientras me forzaba a mi misma a entrar a la sala delantera. Ambos, él y la bonita mujer se pusieron de pie al mismo tiempo mientras yo entraba a la habitación, su baja conversación cayó en un silencio total.

―Lo lamento ―pedí disculpas sarcásticamente, con mi oscura mirada al nivel de la del cazador—. No me di cuenta de que te había dejado suficiente tiempo para salir en una cita.

Aparentemente, no había explicado debidamente la seriedad de la situación en la que nos encontrábamos.

―Ella no es una cita. Esta es la hechicera de tierra de la que te hablé ―dijo Danaus—. Está de acuerdo en ayudarte.

―¡Hola! ―Exclamó la mujer—. Soy Michelle French, pero puedes llamarme sólo Shell, o Shelly. Así es como me llaman todos mis amigos. Excepto mi padre. Él me llama Seashell cuando cree que está siendo gracioso.

Era todo lo que podía hacer para detener mi boca de abrirse por completo durante esa exuberante introducción. Ella era el epitome de la alegría, con aquella actitud optimista y esa soleada disposición. Incluso su ropa brillaba, una camisa amarillo pálido y shorts blancos. Estaba dispuesta a apostar que ella había sido una animadora durante la preparatoria, quizá a lo largo de la universidad.

―Sí. ―Arrastré las palabras mientras alargaba de nuevo mi vista hacia Danaus, que mi miraba desapasionadamente. Shelly no era el tipo de persona con la que ninguno de nosotros se asociaba con frecuencia. La mayoría de nuestros encuentros eran con otras criaturas oscuras que entendían nuestro mundo y cómo giraba alrededor de un principio básico, el de asesinar o ser asesinado. 97


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―¿Puedo hablar contigo en privado?

―Oh claro ―dijo Shelly con su dulce y animada voz—. Sólo iré a mi habitación, arriba, y terminaré de desempacar mientras tú y Danaus hablan. ―Con un leve rebote en su paso, Shelly pasó a mi lado y saltó a las escaleras camino al segundo piso. Esperé que la puerta de la habitación fuese cerrada antes de abrir la boca.

―¿Has perdido la cabeza? ¿En dónde diablos la conseguiste? ―espeté, pasando ambas manos por mi cabello.

―Charleston ―respondió Danaus simplemente, alimentando más mi furia cuando se negó a colaborar.

―¿Así son en Charleston?

―Ser dulce y feliz no es crimen, sabes.

―Lo es en nuestro mundo. ¿Por qué la trajiste aquí?

Danaus se sentó, observándome ir y volver por la habitación, rondando entre el sofá y la mesa de café.

―Dijiste que necesitas a alguien que te enseñe cómo usar la magia de la tierra. Ella puede hacerlo.

―¿Es una hechicera de la tierra?

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―Lo es, y una que no se ha aliado con los Naturi. Esa clase de hechicera de la Tierra no es fácil de encontrar, especialmente cuando sale a relucir tu nombre. Ella está dispuesta a ayudarte.

Un resoplido se me escapó cuando detuve mi paso para enfrentarme a él, con mis brazos cruzados sobre el pecho.

―Encuentro difícil de creer que ella sea capaz de ayudarme.

―Y yo encuentro difícil de creer que ella esté dispuesta a hacerlo ―dijo Danaus, empujando sus pies de nuevo y viniendo a pararse en frente mío—. Fuera de la Savannah, eres vista como una peste andante. Savannah se ha convertido en una zona de Guerra y nadie está dispuesto a venir aquí. Pero ella lo estaba, así que yo me bajaría de ese caballo y le daría una oportunidad.

―Esto no se trata de mi ego, tonto —espeté—. Se trata de ella, siendo asesinada en los primeros cinco minutos de estar aquí. Es una zona de guerra, y no está equipada para manejar algo como esto. No quiero preocuparme por andar cuidando de ella cuando tengo mayores problemas en los que preocuparme.

―¿Que ha sucedido? ―demandó Danaus, listo para dejar de lado nuestra discusión y volver al negocio de sobrevivir.

―Tristan y otros más fueron atacados anoche por algunos Naturi y licántropos. Mataron a dos y Amanda fue tomada como rehén. Aún está viva y retenida en una isla por los pantanos ―expliqué, luego me detuve, mirando lejos de él. No pude mirarlo cuando continué—. Tengo que salvarla.

―Mira ―murmuró Danaus, pero cuando habló de nuevo, su voz fue dura y firme—. No puedes hacer esto. Es una trampa.

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―¡Sé que es una trampa! ―exploté, más frustrada con la situación de lo que estaba con el cazador—. ¿Honestamente piensas que no lo sé? Por supuesto que es una trampa, pero no les puedo dejar a Amanda. Ella debe estar conmigo. Es un miembro de mi familia y he jurado protegerla. Tengo que ir tras ella.

―Y si mueres, todos estamos condenados. No seremos capaces de cerrar de nuevo la puerta entre los dos mundos. Los Naturi escaparán y nos mataran a todos.

―No tengo alternativa ―susurré.

Danaus se apoderó de mis hombros con ambas manos y me dio una pequeña sacudida, forzando a que mis ojos lo miraran a la cara.

―Tienes una alternativa. Puedes escoger escapar de esto. Tienes que elegir entre salvar a un Nightwalker o salvar a todos los Nightwalkers.

―Esto es más que salvar a un Nightwalker ―dije, dando un paso atrás, fuera de su alcance—. Se trata de eliminar a todos los Naturi dentro de mi dominio. Una gran cantidad de licántropos han sido eliminados por los Naturi en los últimos dos meses. Han muerto Nightwalkers. Tiene que detenerse. No tengo duda de que se han retirado a la isla, están esperándome. Podemos matarlos a todos esta noche, limpiar el área antes de irnos a Machu Picchu.

―¿Machu Picchu?

Me di la vuelta, un fruncimiento empujaba las esquinas de mi boca mientras me sentaba en la esquina del sofá y Danaus regresaba a su lugar en frente mío.

―Jabari apareció anoche con Nicolai. Los Ancianos dijeron que el próximo sacrificio debe llevarse a cabo en la noche del equinoccio, y debe ser en Machu Picchu. Naturalmente, estamos siendo despachados. 100


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―Naturalmente ―gruñó, apoyando los codos en las rodillas.

―Ven conmigo, Danaus. Ayúdame a liberar mi hogar de los malditos Naturi. Barrett y su manada han perdido suficiente por ellos. Y también mi gente ―dije. Sabía que no era mi mejor argumento. Danaus sería feliz de ver a todos los de mi clase eliminados, pero justo ahora nosotros éramos la mejor defensa contra los Naturi, que eran infinitamente peores que los Nightwalkers. El problema era que no podía hacer esto sin él, y ambos los sabíamos.

Danaus lanzó lo que sonaba como un infeliz pero afirmativo gruñido. Él no estaba feliz de dejarme en esta misión suicida para salvar a un Nightwalker cuando ambos sabíamos que sólo debería escapar. Pero yo no podía. Jabari, Tabor, y Sadira me salvaron hace años de las garras de los Naturi. Claro, fue porque todos querían controlarme y usarme como su arma personal, pero yo no sabía eso por ese entonces. Todo lo que sabía era que alguien venía a salvarme. Amanda se merecía eso ahora, y yo no estaba a punto de abandonarla. Y tampoco lo estaría Danaus.

―Te ayudaré ―dijo una suave voz desde donde Shelly estaba de pie en la puerta.

―¡No! ¡Por supuesto que no! ―exclamé, levantándome rápidamente.

―Ella podría ser de ayuda ―sugirió Danaus.

―Puedo ser de ayuda ―intervino Shelly antes de que pudiera discutir—. No eres la única que sabe manipular el fuego. —Con un chasquido de sus dedos una pequeña bola de fuego bailó sobre su mano. Sin palabras mágicas, sin un meneo especial de la mano o una pausa para evocar el poder la Tierra. Se limitó a chasquear los dedos y listo. Quizá había subestimado sus habilidades.

―Habrá muchos Naturi con la única meta de matarte ―dije—. ¿Has peleado contra los Naturi antes? 101


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―No, pero he estado en batallas mágicas con otras hechiceras que estaban destinadas a asesinarme. Sobreviví a esas. Puedo sobrevivir esta ―comentó, enderezando los hombros e irguiéndose un poco más de lo que estaba antes.

Frunciendo el ceño, miré a Danaus, aún sentado en la silla detrás de mí. Él también tenía el ceño fruncido, pero no estaba negando su petición de ir. Esto se sentía como un error, así como el hecho de rescatar a Amanda, y estaba determinada a hacer eso. Al menos con Shelly acompañándonos, teníamos un guerrero más contra los numerosos Naturi que esperaban por nosotros. Y yo estaba buscando algo que equilibrara las posibilidades.

―Ve a ponerte unos jeans. Vamos a arrastrarnos por los pantanos ―dije con una leve sacudida de la cabeza. Shelly me dedicó una radiante sonrisa antes de correr a las escaleras. Solo recé por no sobrevivir para lamentar esto.

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CAPÍTULO 10 Traducido por Marie Annabeth Corregido por Angeles Rangel

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na sola lámpara alumbraba el muelle donde Knox y Tristan nos estaban esperando. Una lancha sobre las aguas negras flotaba silenciosamente mientras sus posibles pasajeros se arremolinaban impacientemente impacientemente alrededor del muelle de concreto. Tristan estaba demasiado ansioso por ser conducido hacia la noche en busca de Amanda, mientras que Knox se apoyaba contra un poste, con el rostro inexpresivo mientras miraba fijamente hacia las aguas que acar acariciaban iciaban la orilla.

El viaje en coche hasta el muelle con Danaus y Shelly fue opresivamente silencioso, cada uno de nosotros perdido en nuestros propios pensamientos mientras nos preparábamos para la batalla que se alzaba adelante. Las introducciones de Sh Shelly fueron enérgicas y solemnes cuando nos subimos en el barco.

Knox agarró el timón, dirigiéndonos hacia las aguas oscuras, mientras tomé un punto de observación, ya que mi visión de la noche era la más fuerte del grupo. Danaus rondaba cerca a mi lado,, sus poderes pasando a través de mí y hacia afuera a los pantanos.

―¿Cuántos? ―Le pregunté, é, con mi voz a la deriva apenas por encima del ruido del motor.

―Al menos una docena. Algunos se est están acercando al barco —respondió. respondió. Miré a mi compañero y lo encontré contré removiendo uno de sus cuchillos de la vaina en su cintura.

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―¿Arpías? ―Pregunté, recordando al Clan del Viento Naturi que nos atacó en Venecia y Creta.

―No, ellos están en el agua.

Me tragué una maldición e instantáneamente regresé mi atención de nuevo a las aguas aparentemente tranquilas ante nosotros. Aún no nos habíamos enfrentado cara a cara a un miembro Naturi del agua esperaba pasar toda mi existencia sin encontrarme con ellos, pero eso no iba a suceder.

Mis pensamientos tropezaron unos con otros mientras luchaba por tener una advertencia apropiada para la amenaza que se acercaba. Pero no había tiempo. Una ola inesperada creció azotando por estribor, y Knox giró el timón apenas para impedirnos zozobrar. Shelly fue arrojada al suelo y Danaus estaba ayudándola a volver a su asiento. Esto era lo que ellos estaban esperando.

Un chorro de agua fue lanzado hacia todo el barco, golpeando a Danaus en la mitad del pecho y dejándolo fuera de balance. Traté de agarrarlo, pero cuando lo logré sólo era el aire vacío. El cazador cayó por la borda de la embarcación al agua oscura, que al instante se lo tragó.

―¡Apaga el motor! ―Grité un segundo antes de que me zambullera por la borda de la embarcación. A pesar del aire cálido de la noche, el agua fría mordió profundamente, robando momentáneamente mi concentración. Pero un segundo después sentí a Danaus a pocos metros de distancia de mí. El agua no era profunda, pero era suficiente para que el cazador se ahogase si los Naturi fueran capaces de retenerlo debajo durante un período prolongado de tiempo.

No podía ver Danaus, pero lo sentía. El único problema era que yo no podía ver ni sentir a los Naturi que estaban en el agua también.

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¿Danaus? Lo llamé mentalmente, con la esperanza de llegar a él en nuestro único vínculo telepático mientras nadaba hacia su ubicación.

¡Date prisa! fue su respuesta airada. Iba a quedarse sin aire pronto.

¿Cuántos?

Dos conmigo. Una contigo.

Apenas resistí el impulso de detenerme y mirar por encima del hombro por el Naturi. Seguí nadando, confiando en que no sería capaz de ver al Naturi hasta que ya estuviera encima de mí.

Un azote en el agua antes me indicó que estaba cerca de ella, pero cuando extendí la mano, un par de garras agarraron fuertemente mi espalda. Nadé a mi izquierda, Con un movimiento giré alrededor del terreno para poder descubrir a mi atacante, pero el agua estaba demasiado turbia para ver casi nada. Agarrando la hoja de mi cintura y sosteniéndola entre los dientes, nadé, desesperadamente por alcanzar al cazador antes de que su suministro de aire se agotara.

Cuando me volví hacia atrás, las garras se deslizaron sobre mí por segunda vez, rastrillándose a través de mi hombro. Pero estaba lista en este momento. Saqué el cuchillo de mi boca, alcancé mi brazo derecho detrás de mí, agarrando al Naturi ya que nadaba a mi lado. Un grito ilegible llenó el agua, lo que indicaba que había acertado con éxito. Pataleando, me giré para encontrar al Naturi agarrándose a un lado. La criatura parecía humana a la luz tenue a excepción de lo que parecían ser manos y pies palmeados, no, esperaba encontrarme exactamente con una sirena acechando en estas aguas. Las agallas en el cuello se abrían y cerraban con cada dificultosa respiración. Con el Naturi justo a mi alcance, tuve la oportunidad de utilizar mi única habilidad. No tenía alguna posibilidad en una pelea bajo el agua. Era demasiada lenta. La única razón por la que había acertado con éxito fue debido a la sorpresa, y ese elemento se había ido.

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El Naturi de agua vino de nuevo, las puntas de las garras de sus manos trataron de alcanzar mi cara en un esfuerzo por arrancarme los ojos. Me esquive de su alcance, haciendo que consiguiera un puñado de mi cabello. Su puño se apretó en mi pelo, tirando de mi cabeza hacia atrás. Abrió la boca, revelando hileras de dientes afilados que podrían haber hecho orgullosa a una piraña. Agarrando mi cuchillo, lo hundí profundamente en su estómago. De inmediato saqué el cuchillo y lancé mi mano hacia la herida abierta antes de que el Naturi pudiera liberar su control sobre mi cabello. Con mis dedos envueltos alrededor de su interior, puse toda mi concentración en provocar un incendio, quemando cualquier cosa que tocara. El Naturi se sacudió y pataleó, desesperado por estar libre de mis manos de fuego al arrancar sus órganos en llamas dentro su cuerpo. Dio un manotazo por una última vez a mi cara mientras me golpeaba una patada en el estómago, aflojando mi asimiento sobre él. Luego pataleó un par de metros antes de que finalmente se quedara completamente inmóvil. Lentamente flotó hacia la superficie.

¡Mira! ¡Se me acaba el aire! El grito de pánico de Danaus vino a mi cabeza.

¡Hierve su sangre! Mandé, nadando de nuevo hacia él.

No puedo.

Hazlo. No te puedo ver. Había pocas posibilidades de ser capaz de combatir con ambos Naturis antes de que Danaus se desmayara finalmente por la falta de oxígeno. Se nos estaba acabando el tiempo, y cuanto más esperaba, iba a tener menos fuerza.

Cuando una vez más me acercaba a su posición, hubo una gran conmoción en el agua. Estaba reacia a atacar, no podía estar segura de cuál de ellos era Danaus pero podía sentir su poder decreciendo en el agua. Él estaba matando a los dos restantes Naturi hirviendo su sangre. Nadé más cerca, sólo para que alguien me pateara en las costillas. Y entonces el agua se quedó completamente inmóvil.

¿Danaus? Pregunté. Todavía lo sentía, pero la sensación se estaba convirtiendo en débil y desmayada, como si estuviera a la deriva del agua ¡Danaus! Repetí cuando él no respondió inmediatamente. Di una pataleada con ambos pies, atravesando la 106


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distancia restante hacia donde lo sentía. El agua estaba demasiado oscura para ver nada más allá de su forma general.

Aquí. Llegó un susurro a través de mi cerebro. Estaba agotado y sin aire. Agarré su muñeca, nadé hacia la superficie, arrastrándolo hacia adelante. Cuando salió a la superficie, tomó una gran bocanada de aire antes de escupir el agua que había tragado.

―¿Te encuentras bien? ―Le pregunté mientras saludaba a Knox para que viniera con el bote a recogernos.

Danaus asintió con la cabeza, aún luchando por recuperar el aliento.

―¿Por qué no herviste su sangre de inmediato una vez que caíste al agua? ―Demandé enojada. Había estado casi muerto, y hubiera sido poco lo que podría haber hecho al respecto.

―No estaba seguro de si saltarías después de mí... ―dijo sin aliento, aún luchando para que el aire fuera lo suficiente para sus pulmones―. Sabía que no tendría la fuerza necesaria para nadar hacia la superficie, si hubiera usado mi habilidad.

Una parte de mí quería darle una patada. ¿Cómo no iba a saltar al agua después de él? Lo necesitábamos. Ni siquiera había pensado en no entrar al agua después de él.

Knox detuvo la embarcación junto a nosotros mientras que Tristan nos ayudó a salir del agua. Una brisa cortó el aire, enfriando la ropa que ahora se pegaba a mi cuerpo. Me detuve a un lado del barco para exprimir mi pelo antes de volver a mi asiento en el punto de observación.

―¡Tu espalda! ―Shelly se quedó sin aliento cuando pasé caminando.

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―Esta curándose ―dije con un encogimiento de hombros―. Vamos a seguir adelante.

Tomando mi lugar en la parte delantera del bote, continuamos el resto del camino a la isla sin ser molestados. Knox varó el bote en la orilla arenosa entre otras dos embarcaciones que habían sido utilizadas por los Naturi y apagó el motor. Miré por encima del hombro a Danaus para ver que su respiración se había normalizado definitivamente. Me hubiera gustado darle más tiempo para recuperarse, pero sabía que los Naturi nunca lo permitirían.

―Vamos ―anuncié, empujando mis pies.

―Están esperando por nosotros ―dijo Danaus, deteniéndome muy cerca.

―No me cabe duda ―murmuré bajo mi respiración cuando salté por la borda del bote. Mis pies se hundieron en la arena mojada, y los dejé momentáneamente atrapados Había caminado sólo un par de pasos del bote cuando me di cuenta de que varios caimanes nos pisaban los talones.

―Shelly, ten cuidado con los caimanes ―ordené a medida que continuaba hacia el interior de la isla.

―¿Q–Qué es lo que quieres decir? ―Preguntó ella, atracando en la arena detrás de mí.

―Ellos van a atacar por la espalda. Mátalos antes de que tengan la oportunidad de matarnos. Knox y Tristan te cubrirán ―dije, mis ojos fijos en las figuras que podía ver saliendo de la línea de árboles.

―Pero…

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―¡Sólo hazlo! ¡Knox!

―Estoy en ello ―dijo, saltando desde el barco. Cuando dimos un paso en la isla, un gran chapoteo vino, detrás de nosotros. Me volví para encontrar a una mujer parada dentro de un géiser de agua. Su piel era de un pálido verde azulado, mientras que su pelo largo era la sombra de las algas verdes. Para mi sorpresa, salió del agua y hacia la tierra seca. Alrededor de ella había una gruesa pared de niebla por lo que podría seguir respirando fuera del agua.

―Sólo vine para obtener lo que me pertenece ―dije, mientras luchaba contra el impulso de jalar el cuchillo fuera de su funda.

―Contábamos con eso ― respondió la mujer Naturi. Su voz fue distorsionada por la niebla.

―Hazte y nada lejos. ―Le sonreí para que pudiera ver mis colmillos. Era su última oportunidad, yo sinceramente no esperaba que aceptara mi oferta. Eso habría sido demasiado fácil. Estaba simplemente demorándome en el intento de dar a Danaus la oportunidad de recuperar sus fuerzas.

―No ―dijo la Naturi.

Agarré el cuchillo y metí la mano en mis poderes, listos para encender cualquier cosa que se moviera, pero el ataque no vino de la parte delantera que había estado esperando. El sonido de los pájaros llenó repentinamente la noche, como si miles gritaran a la vez, inmediatamente levantaron el vuelo. Al mismo tiempo, oí el sonido característico de mandíbulas chocar. Los cocodrilos estaban en marcha.

Encuentra al Clan Animal de los Naturi, ordené a Danaus cuando se adelantó con un largo cuchillo en una mano, listo para asumir a los Naturi a medida que se acercaban. Por el momento, se contentaban con quedarse atrás y dejar a los animales bajo su control hacer el trabajo sucio. 109


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―Es más fácil decirlo que hacerlo ―me gruñó.

Estaba sobre la punta de mi lengua hacer un comentario sarcástico a cambio, pero no tuve la oportunidad. Una explosión de aves en zambullida desde los árboles nos bombardearon, con picos y garras dispuestos a rasgar, arrancar y desmenuzar. Con un gesto de mi mano, una pared de llamas llegó a las aves acuáticas, las plumas ardieron en un instante. El aire se llenó de una enorme nube de color naranja y llamas amarillas, seguido por el humo negro. Sus pequeños cuerpos cayeron a plomo en la tierra antes de que, escucháramos sus gritos perforando el aire.

―¡No! ― gritaba Shelly, giré mis ojos de nuevo a ella. Knox, Tristan, y Shelly estaban rodeados por un muro bajo de llamas, manteniendo a los cocodrilos en la bahía. Sin embargo, Tristan y Knox estaban atrapados también, impidiéndoles ayudar en la batalla. Shelly miraba torturada hacia las aves que morían a mis pies.

―¡Mata a los caimanes y ayúdanos! ―Le grité antes de volver mi atención de nuevo a los Naturi.

Habían salido de la línea de árboles y se apresuraban a atacarnos. Me moví para crear un muro de fuego entre nosotros y los Naturi, pero Danaus ya estaba en marcha, dispuesto a participar. No podía arriesgarme a cortar la capacidad de retirada del cazador. Con un gruñido, me adelanté y balanceé el cuchillo en la primera Naturi que se acercaba a mí. Con un nudo apretado en el estómago. Nos superaban en número y dolorosamente el enemigo estaba demasiado cerca de mí para comenzar fuegos iluminativos. Necesitaba espacio y tiempo para concentrarme en lo que estaba haciendo. Si me detenía ahora, allí había una buena probabilidad de que terminara con un cuchillo en mi espalda.

Danaus y yo redujimos un Naturi tras otro, pero aún así seguían llegando. Shelly logró mantener los caimanes cerca de mis talones, pero la encontré cercada con Knox y Tristan a su lado. Rápidamente nos estábamos abrumando.

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Detrás de mí, alguien gritó de dolor. Traté de volver la cabeza para ver quién había sido herido, pero la distracción me había costado. Un filo cayó en mi pecho, apenas en el borde de mi corazón. Jadeé, cada musculo se tensionaba de dolor mientras mi preciosa sangre brotaba de la herida.

Danaus... susurré, tratando de alcanzar al cazador.

―¡Mira! ―Gritó, no lejos de donde yo estaba hundiéndome lentamente en el suelo. El Naturi sacó el cuchillo de mi pecho mientras me desplomaba sobre mis rodillas. Tomó un puñado de mi cabello y tiró mi cabeza hacia atrás para que mi cuello quedara expuesto. Cerrando los ojos me concentré en enviar a la Naturi que me sujetaba en fuego. Estaba débil y dudaba de que fuera capaz de matarla antes de que me quitara de la cabeza.

Y entonces los poderes de Danaus se precipitaron hacia mí, llenándome así que no había escape de la energía que fluía a través de cada vena y quemaba cada músculo. Grité, el Naturi que me sujetaba explotó en llamas.

Segundos después Danaus estaba arrodillado a mi lado, su mano apretada contra mi pecho mientras intentaba detener el sangrado. Abrí los ojos para encontrar a la Naturi dando un par de pasos hacia atrás, nos miraba con ansiedad. Nosotros finalmente les habíamos tomado por sorpresa, y tomaríamos ventaja de su confusión, si sobrevivíamos a esta lucha.

Ayúdame a destruirlos, supliqué cuando Danaus empezó a retirar sus poderes de mi cuerpo. El alivio fue intenso, pero no era lo que quería. Quería ser libre del dolor, pero quería más liberarme de los Naturi.

No de esta manera, me respondió.

Esa es la única manera, le dije. Puse mi mano sobre la suya, sujetándole conectado a mí, mi sangre se filtraba a través de nuestros dedos entrelazados. Ellos están matando 111


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a mi gente. Están matando a los Licántropos, y pronto será el ser humano. No soy lo suficientemente fuerte sin ti. No destruiremos sus almas. Ayúdame a terminar esta noche.

Mira...

Por favor, amigo mío.

El poder explotó por mi cuerpo como un torrente de agua que corría a través de un estrecho cañón. Mi cuerpo se inclinó hacia adelante bajo la fuerza de la energía de Danaus que me recorrió. Mi cabeza cayó hacia atrás y cerré los ojos, pero podía sentir, a todos los Naturi en la zona, al igual que cuando los cazamos en Inglaterra. Recogiendo la energía, me centré en sus cuerpos con la única intención de prenderles fuego a todos. Pero no funcionó. Extendí la mano de nuevo, mis manos rodeando su corazón golpeando desesperadamente, y todavía no podía prenderles fuego.

Lo intenté una y otra vez, golpeando de nuevo con la energía que exigía ser utilizada. No quería destruir sus almas cómo habíamos hecho en Inglaterra. Tenía que haber otra manera, pero me faltaba tiempo. La energía que Danaus estaba vertiendo en mi tenía que utilizarse antes de que me destruyera, o nos destruyera a los dos. Me odié a mí misma, recogí un manojo de energía que flotaba en cada Naturi y les prendí fuego.

No hubo gritos de dolor. El final llegó y se fue para ellos muy rápido. Con el poder de Danaus todavía fluyendo a través de mí, extendí la mano más allá de los pantanos y maté a todos los Naturi dentro de mi dominio. Mi gente estaría a salvo por lo menos durante unas cuantas noches, y el grupo de Savannah estaría a salvo del alcance de los Naturi por ahora. Dos docenas de Naturi murieron esa noche, y sentí el toque de cada alma, cuando se fueron extinguiendo. Dos docenas de nuevas razones para ser condenada al infierno cuando esta existencia hubiera terminado.

Danaus retiró la mano fuera de mi alcance y me caí de frente en la arena, aterrizando sobre el estómago. Estaba demasiada cansada, con demasiado dolor, para tratar de detenerme. El mundo se volvió negro a mí alrededor y di la bienvenida al vacío.

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CAPÍTULO 11 Traducido por Anne Iris Heaven Corregido por Virtxu

A

brí los ojos para encontrar a Knox arrodillado a mi lado, acariciando mi frente con una mano. Su ropa estaba desgarrada y había una colección de arañazos y marcas de e mordeduras en su cuerpo, las cuales se curaban lentamente. Miré a mí alrededor para encontrar a Tristan sentado en la arena cerca de mí, viéndose de la misma manera. Los dos habían estado luchando con caimanes. Shelly estaba a un lado, con el rostro pálido do y surcado de lágrimas. Le temblaban las manos. Yo había cometido un terrible error al haberla permitido venir.

—¿Te encuentras bien? —preguntó preguntó Knox, dirigí mi mirada hacia él. Aún tenía que ver a Danaus, pero podía sentir que estaba cerca, con su ira hirviendo hirviendo silenciosamente en su interior.

—He estado mejor —gruñí, gruñí, incorporándome poco a poco poco—.. Encontremos a Amanda y larguémonos de aquí. Voy a necesitar alimentarme esta noche.

Knox me agarró del codo y me ayudó a ponerme de pie. El Nightwalker se mantuvo mant a mi lado mientras caminábamos hacia lo profundo de la isla, como si esperara a que mis rodillas se rindieran. Agradecía su preocupación, pero me ponía al límite. No me gustaba ser tan débil en torno a otros Nightwalkers, aunque Knox no tratara de aprovecharse vecharse de la situación y me apuñalara por la espalda. No era su manera. Casi me sentía como si estuviera tratando de protegerme de Shelly o Danaus, ya que se cuidó de mantener su cuerpo entre mi persona y el cazador, mientras que sus ojos continuamente vagaban agaban de nuevo hacia la bruja de la tierra a mi otro lado.

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—Hay alguien allá —gritó Tristan antes de adelantarse, ansioso por finalmente tener a Amanda en nuestra custodia.

—No es ella —murmuré, con mis cejas juntándose sobre el puente de mi nariz. Podía ver el color de pelo de la criatura, y no era el rubio brillante de Amanda.

—Es un Naturi —dijo Danaus, y comprendí su sorpresa. Habíamos matado a todos los Naturi dentro de la región, los habíamos reducido a cenizas grises. Seguros de no haber dejado uno vivo y de una sola pieza.

Cuando llegamos cerca de la Naturi acurrucada en el suelo, pudimos ver que estaba cubierta con un domo azul de energía. A su lado, en un hoyo en la tierra estaba Amanda, acurrucada e inconsciente.

—¿Sigue viva? —preguntó Tristan, listo para saltar en el agujero al momento que le dijera que era seguro.

—Está dormida —dijo Shelly, su voz era suave y vacilante. La bruja de la tierra se adelantó y miró hacia abajo a las dos mujeres, tan diferentes como la noche y el día. Amanda era pálida y rubia, mientras que la otra tenía el pelo oscuro y piel bronceada—. Esta es una burbuja del sueño. Mantiene a quién esté dentro, en un profundo y protector sueño.

—¿Por qué un Naturi se mantendría durmiendo con un Nightwalker al cual tienes como prisionero? —Le pregunté mientras me arrodillaba frente a la Naturi, manteniendo una distancia segura de la burbuja—. ¿Está la Naturi torturando a Amanda en su sueño?

—No es probable. Las dos están dormidas. Un sueño profundo. Sin pensamientos, sin sueños. Es como estar muerto.

—Son prisioneras —dijo Danaus de pronto—. Mira sus muñecas. 114


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La Naturi estaba acurrucada en posición fetal, con las manos apretadas contra el estómago, pero no había forma de ignorar las bandas de hierro envueltas alrededor de sus delgadas muñecas o la cadena de conexión que las unía. La criatura dormida era una prisionera, un enemigo de mi enemigo más oscuro. Una sonrisa se dibujó en mis labios.

—Eso es interesante —murmuré, sobre todo a mí misma.

—¿Qué piensas hacer? —preguntó Tristan, Alejándose un paso de Amanda, por primera vez. La situación se había vuelto más complicada. No era tan simple como despertar a Amanda. Tenía la sensación de que a fin de tomar a Amanda, había que deshacerse de la burbuja, lo que significaba despertarlas a las dos.

—No lo he decidido aún —respondí honestamente—. Un Naturi acaba de caer en mi regazo. ¿Qué debo hacer con él?

—¿Además de acabar con él? —Estalló Tristan—. ¿Ese... ese hechizo está lastimando a Amanda? —Preguntó, volviendo su atención a Shelly. La bruja se había inclinado para examinar algunas marcas en el suelo alrededor de la burbuja.

—No, ella está perfectamente a salvo. Simplemente está dormida.

—Un sueño de curación —añadí—. Algo que ella necesita en este momento. No se sabe cuánto tiempo la torturaron los Naturi antes que pudiéramos llegar a la isla. Déjala dormir, mientras pueda.

—¿Planeas mantenerla así con el Naturi? — exigió Tristan, dando un paso hacia el agujero que contenía a Amanda como si planeara saltar dentro y tomarla. Sin importarle nada el hechizo.

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—No, por supuesto que no. Pero unos pocos minutos más no le harán daño. —Me levanté y me acerqué hacia Tristan. Tomé su mano y tiré de él a un par de pasos de distancia—. Tenemos que pensar en esto. Tenemos una interesante oportunidad frente a nosotros y tenemos que sacar el máximo partido de ella.

—¿Qué quieres decir? —Dijo, deslizando la mano de mi alcance.

—Sí, Mira —dijo Danaus con un siseo—. ¿A que te refieres exactamente?

—Tenemos una prisionera Naturi en nuestras manos. ¿No crees que nos beneficiaria tratar de obtener alguna información de ella?

—¿No la vas a matar? — gritó Tristan, señalando a la Naturi dormida como si fuera una serpiente deslizándose hacia ellos en el suelo.

—Por supuesto que la voy a matar, pero todo es cuestión de cuando.

—Es lo mismo. ¿Cuándo tenga la vida de Danaus pendiendo de un hilo? —preguntó Knox, con lo que me hizo apretar los labios. Yo había estado diciendo durante meses que iba a matar al cazador, y que aún no se había logrado. Todavía tenía mucho uso para él. No esperaba que los Naturi fueran a ser tan útiles.

—No del todo —gruñí. Retrocediendo hacia la Naturi, me agaché de forma que pudiera verla de cerca. Parecía joven, una adolescente en algún lugar entre la edad de quince y diecisiete años, pero era sólo su apariencia. Los Naturi envejecían lentamente en todo caso. Ella podía tener siglos de antigüedad y no parecerlo. Sus ropas estaban sucias y había una herida en su sien. Si bien no había sido tratada tan mal como Amanda, ella no era una preciosa carga tampoco.

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—Ella podría ser una trampa —dijo Danaus, irrumpiendo mis pensamientos—. Los Naturi sabían que te interesaría de esta manera y tomaron la oportunidad de que intentaras obtener alguna información de ella. Ella podría ser nada más que un espía.

Desempolvando mis manos, me levanté y me volví hacia el cazador. Era un ángulo que no había considerado. Desde luego, no podíamos confiar en ella si nos tomábamos la molestia de despertarla.

—Es cierto, ¿pero a quien le va a reportar? Matamos a todos los Naturi dentro del área inmediata. Ella no tiene a nadie a quién informarle, incluso si descubre algo.

—¿Piensas que los Nightwalkers son las únicas criaturas telepáticas? —Replicó—. Apuesto a que podría hablar con cualquier Naturi que quisiera, sin importar la distancia.

—¿Y decirles, ¿qué? ¿Dónde me encuentro? Ellos ya saben que Savannah es mi dominio.

—Vale la pena arriesgarse —dijo Knox, deslizando las manos en los bolsillos de sus pantalones vaqueros—. Cualquier información que podamos obtener en este momento sería de gran ayuda.

—¿Esperas que te diga la verdad? —preguntó Tristan.

—No al principio —dijo Knox. Encogió sus anchos hombros, con una sonrisa oscura levantando una esquina de su boca—. Pero estoy seguro que con suficiente dolor ella hablará.

—Shelly, despiértalas —dije, dando un paso atrás desde donde Amanda y la Naturi estaban encerradas en el brillante domo azul de energía.

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La bruja se acercó a la burbuja y se detuvo para mirarme por encima del hombro, como si cuestionara una vez más si esto era lo que yo realmente quería. Asentí con la cabeza una vez, incitando a que lo hiciera. Dando una respiración pesada, Shelly impulsó su pie derecho hacia delante y con la punta de su zapato difuminó el círculo en la tierra que rodeaba a Amanda y al Naturi femenino. Hubo un pequeño estallido en el aire a la vez que la burbuja sobre ambas desaparecía por completo.

—¿Eso fue todo? —Le pregunté, sorprendida.

—Por supuesto. Es sólo un hechizo de sueño — respondió ella, retrocediendo ante el sonido de Amanda empezando a moverse dentro de su agujero en la tierra.

—¿Podrías repetirlo si es necesario?

—Ha pasado un largo tiempo, pero creo que sí.

—Perfecciónalo. Es posible que lo necesitemos —dije, volviendo mi atención a las dos criaturas a mis pies.

Un gemido escapó de Amanda mientras se despertaba poco a poco y se movía en el agujero. Mantuve un ojo en la Naturi que aún no se había movido, caminé hasta el agujero de manera que Amanda pudiera verme. Su hermoso cabello rubio estaba manchado de tierra y sangre. Sus ropas estaban destrozadas y la piel visible era una costra de sangre seca. Había caminado por el infierno brevemente y sobrevivido, pero sólo pensaba levemente acerca de cómo eso la habría cambiado. Mi tiempo con los Naturi no me había hecho una mejor persona.

—¿Mira? —Susurró con los labios agrietados.

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—Estoy aquí. Los Naturi se han ido —dije, en una suave y baja voz. Ella aún no había abierto los ojos, pero cuando lo hizo, dejó escapar un gemido herido al verse en lo que equivalía a una tumba recién cavada. Knox se inclinó, tendiéndole la mano mientras Tristan la tomaba por el codo, ambos hombres la levantaron lentamente sobre sus pies. Amanda se tambaleó una vez, y luego tomó una larga aspiración de aire. Había cogido el aroma de Shelly o el de Danaus, y tenía hambre. Sus ojos azules brillaban cuando se centraron en la joven bruja y una sonrisa curvó sus labios.

Di un paso adelante y puse una mano en el hombro de Amanda. Un murmullo de alerta se levantó de la parte posterior de su garganta, pero lo ignoré.

—Amanda, no te puedes alimentar aquí. Knox y Tristan te ayudarán. —Entonces dirigí mi atención a Knox, quién estaba de pie a su derecha—. Toma el barco y llévala de vuelta a Savannah. Deja que cace allí. Nosotros tomaremos uno de los otros barcos.

—¿Necesitas ayuda con ...? —Knox señaló con la cabeza hacia el Naturi que aún yacía en el suelo.

Negué con la cabeza, un ceño fruncido tentando la esquina de mis labios.

—No, vamos a estar bien. Ponte en marcha.

La mujer Naturi finalmente comenzó a agitarse cuando Amanda estaba siendo ayudada a volver al barco con Tristan y Knox. Ella se puso en una posición sentada, las esposas tintinearon cuando elevó sus manos para ahuyentarme. Sus ojos verdes recorrieron la zona, cerniéndose rápidamente en mí, Danaus, y Shelly.

—Todos se han ido. Murieron —confirmé, en lo que pensaba que era mi voz más amenazante. Debo de haber estado fuera de juego porque en realidad ella suspiró de alivio—. Y tu quedas con nosotros —seguí, esperando a que el miedo o al menos el ardiente odio se produjeran.

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—¿Quién eres? —Preguntó con una voz suave que de alguna manera me recordó el viento—. ¿Podrías ayudarme a quitármelas? —Levantó sus muñecas encadenadas hacia mí y yo reí.

—Soy un Nightwalker —dijo, provocando que su cara se arrugara.

—Oh, entonces creo que no —murmuró, bajando las manos de vuelta a su regazo. Me paré frente a la Naturi con mis manos en mis caderas y mis piernas muy abiertas.

—¿Quién eres?

—Mi nombre es Cynnia. ¿Has venido a rescatar al Nightwalker que tenían en su poder?

No hice caso de su pregunta. Pensé que era obvio por qué estábamos allí.

—¿Por qué estás atada? ¿Eres una prisionera?

—Sí.

—¿Por qué? —Repetí entre dientes cuando ella no dijo nada más.

—Me han acusado de ser una traidora —dijo en voz baja, bajando los ojos hacia las esposas de hierro alrededor de sus delgadas muñecas.

—¡Mira! —espetó Danaus. Comprendí por qué estaba molesto de repente. Sus palabras me habían dejado inquieta también. Era demasiado conveniente. Un traidor de Naturi en manos del enemigo. Parecía un sueño hecho realidad, pero se sentía como una trampa. 120


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—¡Registra la zona! —Le contesté sin mirarlo por encima del hombro.

—¿Mira? Preguntó la Naturi, levantando su cabeza otra vez—. ¿Mira? Como la Fire Starter?

—La misma —dije con una sonrisa diabólica. Ella consiguió un buen vistazo a mis colmillos y se tambaleó hacia atrás un par de pasos, tratando de alejarse de mí, pero ahora no había a donde ir.

El poder de Danaus barrió la isla y los pantanos circundantes. Me estremecí por dentro, con mi cuerpo aún adolorido y lastimado por nuestra conexión anterior. No tenía ninguna prisa por sentir su poder de nuevo.

—No hay Naturis en la zona —respondió Danaus.

—¿Dónde está Rowe? —Exigí, dando un paso más cerca de Cynnia.

—¿Rowe? —Su voz vaciló mientras su mirada se precipitó a mí, luego a Shelly y luego a Danaus.

—Sí, Rowe. ¿Dónde está el hijo de puta de un solo ojo?

—Yo… no lo sé. Nunca lo conocí —dijo con una sacudida de la cabeza.

Yo estaba sobre ella en un instante. De rodillas a su lado, agarré un pedazo de su cabello con brusquedad y tiré de su cabeza hacia atrás. Apoyé la hoja del cuchillo en la larga línea de su garganta, dibujando una gota de sangre que se deslizó por su cuello. 121


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—¿Dónde está Rowe? —Gruñí.

—Estoy diciendo la verdad. No lo sé —dijo.

—¡Mira! —dijo Danaus bruscamente, volví mi cabeza para mirar al cazador. Un gruñido bajo retumbó en el fondo de mi garganta, y mi labio superior se curvó para que pudiera ver mis colmillos. Era una advertencia—. ¿Y si ella no sabe nada? —preguntó él, con su mano derecha en el mango de la hoja adjunta a la cintura. Estaba dispuesto a atacar si él pensaba que yo llevaba las cosas demasiado lejos.

—Entonces se va a morir agónicamente —dije, apretando mis manos en su cabello, lo que la hizo soltar un pequeño quejido.

—Por favor... No sé nada, —dijo Cynnia—. Acabo de llegar aquí y me dijeron que planeaban traicionar a mi hermana. He estado en cautiverio por varios días. —Las palabras fluyeron de ella como un río.

—¿Tu hermana? ¿Quién es tu hermana? —Pregunté, bajando ligeramente el cuchillo.

—Aurora —susurró.

Me puse de pie y di un par de pasos lejos de la Naturi. Al mismo tiempo, Danaus se adelantó por lo que ahora estaba de pie junto a mí. Yo sospechaba que sus pensamientos giraban en la distancia, en la misma dirección que la mía. ¿Podría ser posible? ¿Realmente teníamos a la hermana de la reina de los Naturi? No podíamos tener tanta suerte, pero mientras mis dudas se acentuaban, no pude superar el hecho de que ella me resultaba familiar. Y ahora sabía por qué. Se parecía a Aurora. Había cogido un breve vistazo de Aurora hace siglos, cuando luché contra los Naturi en Machu Picchu y su temiblemente hermoso rostro había sido grabado en mi cerebro. Nunca lo olvidaría, y ahora vi arrodillada frente a mí a una versión más joven y vulnerable de la reina. 122


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—¿Eres la hermana de Aurora ? —Exigí lentamente, con la necesidad de decir las palabras en voz alta.

—Sí. —Ella hizo una mueca, posiblemente dándose cuenta de su vulnerabilidad—. Por favor, amo a mi hermana. Yo nunca haría nada para hacerle daño. Vine aquí en busca de mi hermano. Esta guerra tiene que parar, y yo pensé que mi hermano sería capaz de ayudarme.

—¿Quién es tu hermano? —Le pregunté, tragándome una sonrisa. Me sentía como Alicia deslizándose por el agujero del conejo. Todo parecía demasiado fantástico.

—Su nombre es Nerian, y él tiene el pelo castaño como yo. Él…

—Tenía —interrumpí con frialdad—. Nerian está muerto.

Ella abrió sus ojos verdes hacia mí, su ceño fruncido tiraba de las esquinas de su boca.

—Tú lo mataste, ¿verdad? —Preguntó ella, aunque la pregunta no fue acompañada por el toque de lágrimas que había estado esperando. De hecho, parecía bastante tranquila con la noticia.

—Sí —susurré, sonriendo de oreja a oreja. Nerian había sido mi verdugo en Machu Picchu, mi pesadilla constante. No podía comenzar a expresar el alivio que sentí limpiando su existencia de la faz del planeta.

Cynnia sacudió la cabeza y volvió a mirar sus manos.

—Nunca lo conocí. 123


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—Considérate afortunada. Él era un sádico y cruel hijo de puta. Completamente loco.

—Un buen soldado —Añadió Danaus, para mi sorpresa—. Creía en la causa de tu hermana. Él nunca te hubiera ayudado.

—¿Por qué aquí? ¿Por qué estabas detenida en esta lista? —Exigí, dirigiendo su atención hacia mí.

—No lo sé. Me trajeron aquí desde el otro lado del océano. Parecían estar siguiendo a alguien.

—Te estaban siguiendo —dijo Danaus. Miré por encima del hombro para encontrar la intensa mirada del cazador fija en mi rostro—. Te han seguido desde Europa de regreso a tu hogar.

Era una teoría interesante.

—¿Por qué? —Murmuré, deslizando mis manos en mis bolsillos traseros mientras contemplaba a la Naturi una vez más. Ella era una extraña pieza de un rompecabezas que yo tenía que entender si queríamos a sobrevivir a las noches siguientes.

—Por dos razones posibles —dijo. Danaus avanzó hasta situarse a mi lado, con los brazos cruzados sobre su fuerte pecho—. Esperaban que la mataras.

—Lo que no estaría fuera de lo común para mí —dije asintiendo con la cabeza. Yo tendía a matar a los Naturi y preguntar después. Los Naturi estaban mejor quemados en cenizas, no corriendo y causando problemas—. Y como la hermana de su reina, esto sin duda podría ser útil para unir a las facciones separadas dentro de los Naturi. La malvada Nightwalker mata a la inocente y dulce hermana menor de Aurora, 124


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unificándolos contra un mal común. Por supuesto, eso es asumiendo que ella esté diciendo la verdad.

La cabeza Cynnia se levantó y su boca se abrió para discutir conmigo, pero las palabras se detuvieron en su garganta cuando le apunté con mi navaja.

—O esperan que la tomes como rehén y la tortures para sacarle información — continuó Danaus.

—Eso no estaría fuera de lo común para mí tampoco —admití—. Pero también podrían contar con que quisiera tener el control de la llamada hermana de Aurora como moneda de cambio. La llevamos con nosotros, y nos mata a todos en nuestro sueño.

Frunció el ceño y deslicé el cuchillo en la vaina de mi lado mientras miraba fijamente a la Naturi, contemplando las diferentes opciones frente a mí. Matarla ahora sería liberar al mundo de una Naturi más. Pero dejándola con vida me daba la oportunidad de sacarle un poco de información. ¿Y qué mejor fuente de información puedo pedir que la hermana de Aurora?

Es más, en realidad podría atraer a Rowe a mi lado, a largo plazo. El Naturi había estado feliz de presentarse en Venecia, cuando parecía que un Naturi estaba en poder del Aquelarre. Si le llegaba la noticia de que yo estaba sosteniendo a un rehén Naturi, sobre todo si era la hermana de su reina—esposa, a continuación, por fin podría venir corriendo. Y poner fin a esta disputa entre los Nightwalker y los Naturi dependía de que Rowe finalmente se presentara a una muerte prematura.

Podríamos usarla para atraer a Rowe. Empujé la sugerencia en el cerebro de Danaus, prefiriendo mantener mis planes privados tanto de Shelly como de Cynnia. La bruja de la tierra se había coloreado de un verde enfermizo cuando puse el cuchillo en la garganta de la Naturi. No contaba con que ella mantuviera la boca cerrada cuando se trataba del bienestar de mi nueva cautiva.

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¿Crees que vendrá por ella?

No lo sé. Pero no ha venido por mí, ¿por qué no intentar algo nuevo?

Tenemos que irnos para Perú en breve. Estamos fuera de tiempo.

Fruncí el ceño. Tenía razón, se nos acababa el tiempo. Pero no estaba dispuesta a desperdiciar esta oportunidad única. Cynnia era el primer Naturi que conocía que no parecía querer asesinarme inmediatamente o usarme. Tenía que encontrar una manera de conseguir sacarle un poco de información antes de matarla finalmente.

—¿Aún tienes esa casa? ¿La del sótano? —Pregunté, mirando al cazador con el rabillo del ojo.

Sacudió la cabeza, el ceño fruncido tiraba de sus labios.

—No. Se quemó.

No me sorprendió. Yo había matado a Nerian en esa casa. Hubiera sido un lugar perfecto para guardar a Cynnia por un día o dos, pero sospechaba que Danaus había visto la casa quemándose en un esfuerzo por borrar todas las pruebas de la existencia tanto de Nerian como la suya.

—Entonces, vamos a llevarla de vuelta a mi casa de la ciudad. Shelly, ¿puedes repetir el hechizo de sueño que utilizaron?

—¿El… El hechizo del sueño? —Balbuceó, de repente nerviosa. Se retorcía las manos, con sus ojos clavándose de nosotros, a la Naturi—. Sí, puedo duplicarlo. Es un hechizo bastante fácil.

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—Es tu noche de suerte. —Me burlé de Cynnia. Agachándome, agarré la cadena que unía sus esposas y tiré de ella hasta ponerla en pie—. Vas a vivir un poco más. Y cuánto más tiempo vivas depende de lo útil que resultes ser. Miénteme y desearas que te hubiera matado ahora.

Mira, no tienes que ser tan cruel. Ella ya está aterrorizada de por sí, me reprendió Danaus, pisándome los talones.

Me eché a reír. Ni siquiera has empezado a ver mi crueldad.

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CAPÍTULO 12 Traducido por Rihano Corregido por Sera

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anaus estacionó mi coche y se sentó con las manos aferradas al volante. Me senté en el asiento tras trasero ero con Cynnia, dividiendo mi atención entre mi cautiva y Danaus, quién estaba más enfadado por minutos. La larga conducción en silencio le había dado tiempo suficiente para digerir lo que había sucedido en la isla.

—Tenemos que hablar —soltó, soltó, sin dejar de de mirar hacia delante. Estaba claro incluso para Cynnia que me estaba hablando a mí. Levanté la vista y me encontré con su mirada azul en el espejo retrovisor. Esto no iba a ser agradable. Abrí la boca para argumentar que todavía necesitaba vigilar a Cynni Cynnia a cuando espetó—. espetó ¡Ahora! —No había forma de evitar esta confrontación.

—Shelly, Shelly, lleva a Cynnia adentro. Dale algo de comer y beber —indicó indicó Danaus en una voz fuerte que no dejaba lugar a discusión, pero eso no me impidió sisear a la parte posterior de su cabeza. No quería que la Naturi se sintiera como si de repente fuera un invitado en mi casa cuando en realidad era un prisionero.

Mientras Shelly acompañaba a Cynnia adentro a la comodidad de mi hogar, Danaus y yo caminamos por la calle hasta uno de los m muchos uchos parques pequeños que salpicaban la ciudad. Por primera vez en más de mes, no miré por encima del hombro, en busca de un Naturi listo para poner un cuchillo en mi espalda. Por un breve tiempo se habían ido y mi ciudad estaba a salvo de nuevo. Yo sólo tenía que lidiar con el enojo de Danaus sobre lo que le había convencido de hacer.

—¡Me mentiste! —gruñó—.. Estabas tan desesperada por convencerme que los Nightwalkers no son malvados, y me mentiste. Destruiste sus almas. 128


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—No me culpes de todo. Sabías lo que estaba sucediendo. Pudiste haberlo detenido en cualquier momento, pero no lo hiciste porque estábamos desesperados — argumenté, alejándome un par de pasos del cazador. Los dos estábamos todavía armados. No quería ser la que tirara el primer puñetazo, pero estaría preparada, si se llegaba a eso.

—Dijiste que no destruiríamos sus almas. ¡El objetivo era matarlos! —despotricó, caminando lejos de mí y regresando otra vez.

—No quería. Lo intenté. ¿No puedes decirlo? Estabas en mi cerebro. Tenías el poder para controlarme. ¿No puedes decir que lo intenté? —Una sensación nauseabunda creció en la boca del estómago mientras repetía en mi cabeza ese breve momento de aterrorizada indecisión. Me había quedado con la fea decisión de destruir las almas Naturi o la posibilidad de que Danaus me destruiría si lo combatía. O peor aún, podría haber retirado sus poderes antes de matar a nuestros oponentes, dejándonos más débiles y vulnerables.

Pero Danaus estaba en lo cierto al expresar su indignación. La decisión de destruir sus almas había sido demasiado fácil. Hubo muy poca indecisión por mi parte cuando el intento de quemar sus corazones falló, y no dudé en que llegarían a Savannah y matarían a todos aquellos en mi dominio.

—¡Esto tiene que parar! —Proclamó.

—Lo sé —dije con un tono de voz agitado. Cerré mis ojos y tomé una profunda y temblorosa bocanada de aire—. ¿Pero y qué si hay más que podamos hacer si sólo aprendemos a controlar esto?

—¿Controlar esto? —Danaus se detuvo en frente y sujetó mis hombros—. ¡No hay control de esto, Mira! Es una maldición del Infierno. Estoy tratando de salvar mi alma, no de condenarme más.

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—No vas a ir al Infierno por lo que eres —solté, sacudiendo sus manos de mí y alejándome de él.

—Demuéstralo.

No podía, pero eso no importaba. Creía que no eras marcado por el Infierno cuando nacías. Eras marcado por las decisiones que hacías, y habíamos tomado algunas decisiones realmente malas hasta ahora.

—No tuvimos alternativa —dije en una voz baja y estable, desesperada por convencerme tanto como estaba tratando de convencerlo—. Si no hubiéramos hecho lo que hicimos, estaríamos muertos justo ahora. Nadie sería capaz de detener a Rowe en Machu Picchu dentro de unas pocas noches, y los Naturi estarían caminando libres una vez más.

—¡No deberíamos haber ido allá en primer lugar! —gritó, apuntando atrás hacia el sur y las marismas—. Sabíamos que era una trampa y estuvimos cerca de matarnos en el proceso. Para empeorar las cosas, estamos pavimentando el camino a nuestra propia sección privada del Infierno con frases convenientes como “no tuvimos alternativa”.

—No me hables de decisiones —grité, parándome sobre la punta de mis pies para así poder mirarlo claramente a los ojos—. No tenías que ir. No eres la que le había hecho la promesa a Amanda de protegerla. Yo si, y no iba a abandonarla a los Naturi porque era conveniente para nuestros planes.

—No me dejaste alternativa. ¡Si te hubiera dejado ir sin mí, habrías conseguido que te mataran y entonces todos nosotros estaríamos jodidos!

—¡Me niego a arrepentirme de lo que hicimos esta noche! —Le grité, lo último de mi compostura quebrándose como una cáscara de huevo bajo su bota—. No sabes lo que es estar en poder de ellos. Noche tras noche, el dolor y la tortura sin fin. Y luego 130


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nunca saber si alguien va a venir por ti, preguntándote si alguien sabe siquiera cómo encontrarte. Hasta que ya no estás seguro de por qué aún estás tratando de sobrevivir.

Lágrimas de sangre corrían por mi cara, pero no pude borrarlas. Rabia y viejos sentimientos de completa impotencia hervían dentro de mí, dejándome apretar mis agitados puños a mis costados. Me odiaba por haber perdido la compostura frente a Danaus. Lo odiaba por verme en este momento de debilidad cuando necesitaba ser siempre fuerte frente a él, delante de todos los demás quienes me buscaban por alguna clase de dirección en este desastre en movimiento.

Para mi sorpresa, Danaus envolvió sus brazos alrededor mío y me llevó hacia su pecho, quebrando la última de las paredes que envolvían los recuerdos de mi cautiverio con los Naturi. En todos los largos años, nunca me había permitido llorar. No cuando Jabari me salvó en esa lejana montaña o durante los largos siglos que pasaron. Pero ahora enterré mi rostro en su fuerte pecho y dejé que las lágrimas se deslizaran sin control de mis ojos cerrados. Abrí los puños y me agarré a sus costados cuando mis piernas ya no quisieron soportarme debajo del peso de los recuerdos que bailaban a través de mi mente. Demasiadas noches pasadas por el quirófano con Nerian, demasiados espacios en blanco en mí mente que en cualquier caso no podía o no quería recordar— las horribles cosas que me pasaron.

—Los odio —gemí pasado el primer nudo del tamaño de un puño—. Los odio a todos demasiado. Los odio por lo que me hicieron. Los odio por lo que le están haciendo a mi gente.

Danaus no dijo nada mientras yo estaba temblando en sus brazos. No tenía que hacerlo. Había mantenido cautivo a Nerian durante aproximadamente una semana, y el Naturi había estado feliz de divertirse con historias de todo lo que me había hecho. El cazador sabía cuánto tiempo había estado cautiva y cómo fui torturada. Sabía más de mi horrible pasado que cualquier otra criatura viviente en el planeta, había visto las sombras de las cicatrices talladas en mi espalda. Con Danaus, no había escondite para mí.

Después de varios minutos por fin salí de su cálido abrazo y caminé unos pocos metros alejándome de él mientras me enjugaba las lágrimas de mi cara. Podía oler su aroma 131


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en mí ahora, el olor del mar y el sol. Limpio, claro y pacífico. Algo del peso que había estado llevando por más de quinientos años finalmente se levantó de mis hombros y la bola de furia en mi pecho había disminuido un poco.

—¿Qué vas a hacer con ella? —preguntó en voz baja cuando finalmente tuve control sobre mí otra vez.

Tuve en la punta de la lengua decirle que iba a hacerle lo que ellos me hicieron, pero no pude pronunciar las palabras porque sabía que no era verdad. La tortura era un camino oscuro que había dejado detrás de mí hace algunos años. Ahora, cuando mataba algo, era una acción rápida y despiadada. No había tortura, ciertamente no cómo lo que soporté. Me gustaba pensar que ya no tenía estómago para eso.

—Tengo planeado ver si ella tiene alguna información útil para darnos y luego voy a matarla. Nada más —dije, dando la vuelta para encarar al cazador. Sin embargo, no pude encontrarme completamente con su mirada. Simplemente metí las manos en los bolsillos y miré fijamente a la acera en frente de mí—. No puedo imaginar que honestamente pueda ser utilizada como moneda de cambio con los Naturi.

Danaus colocó su mano debajo de mi barbilla, obligándome a levantar la vista para encontrarme con su penetrante mirada. —¿Y si ella realmente no sabe nada en absoluto?

—Entonces tendrá una muerte rápida.

—¿Y si ella es lo que dice que es, una traidora de los Naturi?

—Entonces tal vez tengamos algo interesante en nuestras manos —le dije, forzando una sonrisa en mis labios. Poco a poco di un paso atrás, separando mi barbilla de su ligero toque—. Vigílala por un rato. Necesito ver algo.

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—¿Regresarás esta noche?

Alcé los ojos al cielo nocturno, atrapando destellos de luz estelar mientras las nubes oscuras flotaban. Todavía teníamos unas pocas horas hasta el amanecer. — Sinceramente, no lo sé.

Danaus asintió con la cabeza y se apartó para que yo pudiera pasar junto a él hacia el coche. Mientras lo alcanzaba, me entregó las llaves, una mirada de preocupación pasó por sus facciones duras. Se sentía como si algo estuviera pendiente en el aire sin decir. Yo no sabía qué era lo que quería decirme, pero nunca dijo una palabra mientras subía la escalera principal y entraba en la casa.

Soltando un suave suspiro, me metí en el coche y conduje rápidamente a mi casa en las afueras de los límites de la ciudad, donde sabía que Tristan estaría esperándome. Sólo tenía que tocar brevemente su mente para darme cuenta que la noche no iba bien para el joven Nightwalker.

Mientras entraba en el garaje, abrí mi mente y seguí el camino de vuelta a él. Estaba de pie delante de una de las ventanas del segundo piso que daba al patio delantero, sus emociones una masa de dolor, ira y confusión. El Naturi podría haber tomado sólo a Amanda, pero ellos había lastimado también a Tristan.

La única luz en la sala entraba por la ventana, dando a su piel pálida un débil resplandor. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho y sus hombros estaban rígidos mientras la tensión zumbaba a través de todo su cuerpo.

Frunciendo el ceño, miré como la noche caía con el joven Nightwalker en silencio. No podía dejarlo rumiando fueran cuales fueran lo oscuros pensamientos que le atormentaban. Desde que llegó a mi dominio, aún no lo había visto realmente feliz. Sarcástico, amargo, preocupado, y melancólico eran las emociones a las que parecía estar limitado a pesar de mis esfuerzos para hacer que se sintiera bienvenido. Sin embargo, era comprensible. Todavía estaba tratando con su nueva posición en Savannah, así como su pasado con nuestro creador, Sadira. Todos teníamos fantasmas

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que nos atormentaban de alguna manera, y la mayoría no eran tan fáciles de erradicar.

—¿Cómo está Amanda? —Pregunté, sabiendo que ella era de alguna manera la raíz de su mal humor.

—No tengo ni idea. Tendrías que preguntárselo a ella o a Knox. —Se negó a mirarme mientras hablaba.

—¿Qué pasó? —Di un paso más en la habitación, para pararme al lado de la cama extra grande en la que nunca se había dormido.

—Los Naturi pasaron —gruñó hacia mí—. He pasado de tener a Sadira arruinando mi vida a tener a los Naturi fastidiando esta existencia demasiado larga.

—¿Qué te dijo? —presioné, temiendo internamente la respuesta.

—No me acercara —dijo. Tristan se dio la vuelta para mirarme, sus ojos azules brillaban en la oscuridad—. Sólo permite que Knox la ayude; sólo Knox puede tocarla.

—Ella ha pasado por muchas cosas, Tristan. Knox le es familiar —lo halagué, tratando de calmarlo.

—¡No! Es porque fallé al protegerla de los Naturi y los Cambia-formas. Cuando atacaron, debería haber sido capaz de manejar la situación y detener a los Naturi. Pero no pude. Le fallé y fue capturada.

Cogió una delicada bola de nieve del extremo de la mesa cerca de él y la lanzó a través del cuarto, con el objetivo de aplastarla contra la pared del fondo. Di un rápido paso a mi izquierda y la atrapé torpemente antes de dejarla caer a salvo en la cama. 134


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—Sadira me hizo débil —continuó furioso, su mano temblando ante él.

—Aún eres muy joven —le respondí.

—Soy débil para alguien de mi edad. ¡No lo niegues! —dijo, clavando en mí su mirada furiosa.

—No lo negaré —le respondí con un encogimiento de hombros—. Eres débil para un Nightwalker de tu edad. Pero eso no es culpa tuya. Eso es lo que Sadira está haciendo. Quiere mantenerte débil porque conseguí hacerte daño.

Tristan metió las dos manos a través de su cabello marrón y largo hasta los hombros, y se volvió hacia la ventana. —Soy un inútil —murmuró—. Ella me hizo un inútil.

—¡Ya basta! —Mi voz se quebró por sus hombros como un látigo, lo que le hizo estremecer—. Eso es una tontería y lo sabes. No eres un inútil. No pierdo mi tiempo con criaturas inútiles.

—¿Por qué? —dijo con una sacudida de la cabeza mientras se volvía hacia mí—. ¿Por qué me salvaste de Sadira? Nunca lo he entendido.

—Porque vi en ti el potencial de ser algo grande y quería a esa persona a mi lado — admití, con una sonrisa arrogante levantando una esquina de mi boca. Pensé que tenía un gran potencial si finalmente podía escapar del largo alcance de Sadira. Pero todos resultamos dañados en nuestras propias y únicas maneras. Tristan tenía que encontrar una manera de utilizar ese daño a su favor.

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—¿Qué pasa con Amanda? —preguntó. El brillo se había desvanecido de sus ojos, y sus hombros caían bajo el peso de sus preocupaciones. La rabia se había ido por ahora.

—Dale tiempo. Los Naturi están todavía en sus pensamientos —le dije, sentándome en el borde de la cama.

—¿Y si no me puede perdonar?

Un profundo suspiro se deslizó de mis labios mientras miraba mis manos vacías. Era una posibilidad. —Si ella te entiende tan poco, entonces no merece tenerte en primer lugar, y los dos estarán en mejor situación.

—Espero que estés equivocada.

—Yo también, porque si no lo estoy, significa que la he juzgado muy mal.

Tristan miró de nuevo por la ventana, los dedos de su mano derecha apoyados en el vidrio. El único sonido durante varios minutos fue el suave murmullo del aire acondicionado bombeando aire frío por toda la casa. Ambos instalados en nuestros propios pensamientos.

Podía entender por qué Amanda era tan importante para él. Era más que finalmente conocer a una criatura que estaba interesada en él y en la que él estaba interesado también. Fue la capacidad de tomar esa decisión de perseguir o alejarse. Era la emoción de desarrollar lentamente un vínculo emocional con alguien a través del tiempo. Sadira había dirigido todas sus interacciones, le dijo a quien besar, tocar, y con quien dormir. Al final, incluso nuestra relación había sido forzada en él. Amanda representaba su primera elección como individuo en más de un siglo. Podía entender por qué él no quería perder su oportunidad en eso.

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—¿La matarás? —preguntó de pronto, estrellándose en mis pensamientos. Tardé varios segundos en darme cuenta de que estaba hablando de la Naturi que habíamos capturado con Amanda.

—No, todavía no —le dije, sacudiendo la cabeza. Descansé mi mano izquierda sobre el edredón de cama, con mis dedos trazando sin rumbo el patrón.

Tristan se apartó de la ventana, con su ceño fruncido en confusión. —Estás bromeando, ¿verdad? ¿Cómo puedes no matarla?

—Ella es una fuente potencial de información. Puede ser capaz de decirnos algo acerca de los planes de los Naturi.

Dando algunos pasos más cerca de mí, se inclinó hacia adelante, apoyando las manos en el respaldo de una silla que se interponía entre nosotros.

—¿Esperas que te diga la verdad?

—En realidad no. —Admití con un leve encogimiento de hombros.

—Entonces ¿por qué te la llevaste? ¿Por qué arriesgar que los Naturi vengan tras de ella? —Le sonreí, provocando finalmente una carcajada del joven Nightwalker. — Cebo.

—Los Naturi no son los únicos que saben cómo poner una trampa —le dije—. Danaus y yo limpiamos el área de Naturis esta noche. Tenemos un pequeño margen de tiempo para usarla como cebo para sacar a Rowe o simplemente matarla.

—Lo esperabas, ¿no?

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Mi sonrisa se desvaneció en un ceño fruncido mientras mis ojos volvieron a la colcha azul y gris. Yo había esperado al Naturi de un solo ojo hacia más de un mes. Esperaba que estuviera persiguiéndome a cada paso. En su lugar envió a un pequeño ejército a asolar cada uno de mis momentos de vigilia, destruir a la manada local de hombres lobos, y disminuir el número de Nightwalkers dentro de mi dominio. En lugar de atacarme personalmente, estaba tratando de volver a mis aliados en mi contra. Pronto no tendría ningún refugio seguro dentro de este mundo, y creo que ese era su objetivo final.

—Rowe no va a venir aquí. No sin un poco de incentivo añadido, como mi nueva cautiva —le contesté.

—Eso suponiendo que la quiera de vuelta.

—Es cierto —suspiré mientras me levantaba otra vez—. ¿Amanda dijo algo sobre la Naturi?

—No, no realmente. Preguntó si la ibas a matar. Le dije que sí. ¿Vas a probar que me equivoco?

—No estaba pensando precisamente en eso. ¿Cómo reaccionó Amanda a las noticias sobre la inminente desaparición de lo Naturi?

—Ella no lo hizo. Sólo miró fijamente hacia delante. Podría haber asentido con la cabeza. ¿En qué piensas?

—El Naturi de agua en la isla no era el jefe —dije lentamente, sobre todo pensando en voz alta—. Ella podría haber ordenado el ataque mientras estábamos en el agua, pero no estaba gritando órdenes una vez que llegamos a la orilla. Nadie lo hacía.

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—¿Qué estás pensando?

—¿Y si tenemos a su líder?

—¿La Naturi? ¿La que estaba detenida junto con Amanda? ¿Su líder? ¿Estás pensando que ellos la entregaron? —dijo Tristan, enderezándose desde su posición inclinada.

—No, estoy pensando que es una espía. Necesito comprobarlo con Danaus y Shelly. Si hablas con Amanda antes de que regrese, pregúntale si sabe algo sobre el Naturi que se encontraba detenido con ella —dije, dirigiéndome hacia la puerta.

—¿Qué quieres saber? — preguntó Tristan, siguiéndome fuera de la habitación.

—¿Cómo era tratada? ¿Quién estaba dando las órdenes en la isla?

—Si la veo, le preguntaré —gritó mientras me precipitaba por las escaleras.

A mí alrededor, podía sentir la noche decayendo, mostrando su edad, y mi cansancio estaba creciendo. Después de la pelea en la isla, necesitaba alimentarme, pero no había tiempo. Empujé mi hambre creciente y traté de ignorar la fatiga abriéndose paso en mis miembros. Tenía que regresar a Danaus y Shelly.

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CAPÍTULO 13 Traducido por Silvery Corregido por Julia107

C

uando llegué a la planta baja y giré hacia la puerta de atrás y al garaje, sentí a alguien subiendo por las escaleras escaleras principales de la casa. Me detuve en la cocina, que rara vez había sido usada, y moví la cabeza hacia un lado mientras mis sentidos indagaban más allá de mi cuerpo. Era Amanda.

Troté a través de la casa y abrí la puerta principal de un tirón, justo cu cuando ella levantaba su mano para llamar. Tristan la había sentido también, porque ahora se encontraba al pie de la curvada escalinata, con sus emociones como una tensa bola de inquietud.

La joven Nightwalker era la única en el porche que se había puesto ropa limpia, pero todavía tenía que darse un baño. Su pelo rubio aún estaba sucio y enmarañado desde su dura hazaña, y la suciedad manchaba sus mejillas, así como sus brazos desnudos. No había ninguna expresión en su pálida cara, parecía que miraba fijamente nte a través de mí como con la mirada vacía.

—Amanda —murmuré, murmuré, indicándole con la mano para que entrara entrara— —. ¿Dónde está Knox?

Caminó hacia el interior y sacudió ligeramente la cabeza.

—Se Se ha ido. Le dije que se fuera a casa.

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No podía sentir en ella su abrumadora hambre, así que intuí con seguridad que Knox se había quedado cerca el tiempo suficiente para ayudarla a alimentarse, asegurándose de que no cometiera ningún desafortunado error antes de que le dejara un poco de espacio. Sin embargo, no podía adivinar por qué ella había decidido mostrarse ante las escaleras de mi puerta tan cerca del amanecer.

—Deberías estar descansando —la regañé, cerrando la puerta detrás de ella.

Amanda frunció el ceño, y pude sentir la primera burbuja de enfado creciendo en su interior.

—Vine para decirte que acepto tu oferta. Quiero formar parte de tu familia.

Al principio pensé que simplemente se sentía obligada a unirse a mi familia porque yo había arriesgado mi vida para salvarla, pero había algo oculto en su tono que me hizo dudar.

—¿Pero…? —dije, provocando que su cabeza chasqueara para mirarme. Arqueé una ceja mirándola, preguntando—. No quieres hacerlo.

—Ahora soy un objetivo porque me han visto contigo, con Tristan. ¿Por qué no debería unirme a tu familia cuando es la única manera en la que voy a estar protegida de los Naturi? —dijo con una voz tan lenta que era casi un gruñido.

—Ella te advirtió de que podrías ser un blanco para los Naturi cuando nos encontramos anoche —dijo Tristan. Aunque apreciaba su defensa, un “Te lo dije”, no iba a ayudar a Amanda ahora mismo.

—Anoche, estabas empeñada en unirte a mi familia. Ahora has tenido una prueba de los Naturi en esta zona, y estás poco segura de lo que quieres —dije, caminando hacia mi estudio. 141


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—¡Sé lo que quiero! —gritó, perdiendo finalmente su compostura—. No quiero que los Naturi me toquen nunca más. ¡No tienes ni idea de lo que es que te retengan a la fuerza! Para ser torturada, desangrada y hostigada mientras esperas una muerte incluso más dolorosa.

La distancia se acortó entre nosotras en un destello cuando la furia consumió todos mis pensamientos. Envolviendo mis dedos alrededor de su garganta, la lancé hasta la barandilla de madera de las escaleras, provocando que la madera se rompiera y crujiera. Entonces la golpeé ruidosamente contra el suelo de mármol, ganándome un gemido suyo.

Para mi sorpresa, Tristan caminó hacia nosotras y colocó un pie en su estómago mientras cerraba su mano derecha en su pelo. Estaba preparándose para agarrarla para mí para que pudiera continuar golpeándola. El castigo era algo que había llegado a aprender durante su estancia con Sadira. Estaba preparado para apartar a un lado cualquier sentimiento que tuviera por Amanda y sujetarla por su lealtad hacia mí. Tristan eran más fuerte de lo que nadie pudiera llegar a creer.

Combatiendo para conseguir controlar mi enfado, convertí mis manos en puños a ambos lados.

—Deja que se levante —gruñí a Tristan, y entonces volví mi atención a Amanda—. Nunca te cuestionarás la profundidad de mi conocimiento de los Naturi. Tengo más juicio de exactamente todo lo que son capaces.

—No tengo elección —protestó, lo que me hizo gracia. Era una lamentación común.

—Nadie te está forzando a que te unas a mi familia, y preferiría que no lo hicieras porque te sentiste obligada a hacerlo —dije, con algo de furia y tensión deslizándose por mi cuerpo.

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—Pero si no lo hago, dejo atrás mi posición en la comunidad. Pierdo tu protección — argumentó.

— Cierto, pero tu otra opción es abandonar Savannah. —Por el rabillo del ojo vi a Tristan sobresaltarse, dando un paso a trompicones hacia nosotras como si pudiera detener mis palabras antes de que llegaran a los oídos de ella—. Vete de aquí y estoy segura de que los Naturi no te seguirán. No serías la primera en abandonar este lugar a causa de los Naturi.

—No voy a marcharme —dijo tercamente.

Una sonrisa asomó en la comisura de mis labios. No era la única aferrada a esta ciudad, un lugar que yo llamaba hogar.

—Ahora tienes que decidir si quieres ser parte de mi familia. ¿Estás dispuesta a servirme y a obedecerme? ¿Estás dispuesta a enfrentarte a los Naturi de nuevo?

—Quiero unirme a tu familia —dijo, poniéndose otra vez de pie lentamente.

—No te quiero aquí si tu única razón es salvar tu propio pellejo.

—No es sólo eso. Ser de la familia me permitirá proteger a otros de los Naturi —dijo rápidamente, con sus ojos yendo brevemente hasta Tristan y luego de vuelta a mí.

Una fea sonrisa de satisfacción se retorció en mis labios cuando mis ojos se posaron en ella.

—Tristan no necesita tu protección. Él es lo suficientemente fuerte como para enfrentarse a los Naturi. Me ocuparé de ello personalmente. —Sacudí la cabeza y me

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volví dándole la espalda—. He cambiado de idea. No eres la persona que creía que eras. Retiro mi oferta.

—¡No! —lloró.

—¡Mira, por favor! —gritó Tristan. Me volví para encontrarlo de pie entre Amanda y yo—. Está pasando por algo terrible. Necesita tiempo para recuperarse. No está pensando con claridad. Por favor, reconsidéralo. Ella nos pertenece. —El Nightwalker alcanzó y asió mi mano derecha entre las suyas.

—Entonces debería haber permanecido en su casa y recuperarse de su encuentro en vez de venir aquí e insultar a nuestra familia —dije secamente.

—Lo siento —murmuró Amanda—. Yo…yo…

—¿Qué Naturi daba las órdenes mientras estabas retenida? —pregunté, cambiando rápidamente de tema. No quería oír sus disculpas en ese momento. Nos había insultado tanto a Tristan como a mí, viniendo a mi casa con sus lamentos lloriqueantes y sus sentimientos del secuestro.

—No…no entiendo —contestó, pasando una mano a través de su pelo para apartarlo de su cara.

Continué mi trayecto hasta mi estudio, con sus pasos siguiéndome a través del suelo de mármol y dura madera.

—Si vas a quedarte en esta familia, vas a tener que sernos de uso —dije irritada—. ¿Quién daba las órdenes?

—No estoy segura. Knox dijo que tú mataste a todo el mundo en la isla —dijo. 144


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Miré por encima del hombro para encontrarla inmóvil en la entrada. Donde había estado ansiosa de explorar y absorber cada pulgada de mí casa la pasada noche, ahora estaba vacilante de entrar en mi mundo y resistir mi mirada. Me temía de nuevo, lo cual era algo que yo necesitaba, desde que ya no tenía su absoluta lealtad, como Tristan.

—Casi —admití—. Los Naturi que estaban prisioneros todavía viven. ¿Ella era una prisionera cuando llegaste?

—Sí. La golpeaban cada vez que hablaba. Siempre llevaba esposas. Intentaron que yo bebiera su sangre —explicó rápidamente Amanda.

De pie al lado de mi escritorio, me volví hacia un reloj de arena plateado. Era posible que lo que Amanda vio haya sido verdad, pero también podía fácilmente haber sido sólo una actuación. No confío en Cynnia o en mi suerte cuando se trata de los Naturi. Era demasiado esperar que me las hubiera apañado para poner mis manos en alguien que pudiera de verdad ayudarme a acercarme a Rowe y en consecuencia a Aurora.

La arena negra se derramaba desde el compartimiento superior de cristal con un chorro constante, construyendo en el compartimiento inferior un montón invertido. Nos estábamos quedando sin tiempo. La noche se estaba consumiendo, y yo necesitaba tomar algunas decisiones acerca de Cynnia antes de que Danaus y yo nos marcháramos a Perú. Y también necesitaba hacer algunos intentos serios para aprender algo sobre la magia de la tierra antes de que escalara las ruinas incas.

Al mismo tiempo, sentí como si necesitara poner a Tristan y a Amanda en el buen camino. ¿Qué pasaba si no volvía de Machu Picchu? Quería saber que Tristan estaría a salvo y feliz en Savannah, y eso sólo ocurriría si Amanda lo respetaba. Demasiado que hacer y muy poco tiempo.

Mis dedos iban sin rumbo por la bombilla de cristal del reloj de arena, desando poder ralentizar esos segundos. 145


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—Quédate aquí, hoy. Tristan encontrará un sitio seguro para ti para que duermas. Yo tengo unos asuntos por acabar.

—Se está haciendo tarde, Mira —me recordó Tristan—. ¿No puedes esperar hasta mañana?

—Me estoy quedando sin mañanas —dije con un ceño cuando alcé la mano del reloj de arena—. Estaré de vuelta antes del amanecer.

—Lo siento de veras, Mira —dijo Amanda, intentando atraer mi mirada hacia ella, pero me negué a apartar los ojos de la superficie de mi escritorio—. No pretendía insultaros. Son…son los Naturi. Yo…

—No soy la única con la que deberías disculparte —dije deslizándome silenciosamente fuera de la habitación, dejando a Tristan y Amanda a solas, para que se enfrentaran finalmente a la batalla a la que habían sobrevivido de diferentes maneras.

Me había sumergido en la mente de Tristan cuando lo encontré en Forsyth Park, miraba recreando la batalla con sangriento detalle. Él mismo se mantuvo, matando a varios de los lobos que lo aplastaban. Lo habían rodeado, separándolo de Amanda cuando ella estaba apresada por los Naturi. Se había desenvuelto bien, pero no fue suficiente para salvar a Amanda. Se culpó a sí mismo por su captura cuando había pocos que habrían sido capaces de salvarla. Ella necesitaba entender que él había estado allí por ella, que luchó por su rescate cuando el sentido común decía que la abandonara. Tenía el presentimiento de que esa era su última oportunidad, y les deseaba suerte.

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CAPÍTULO 14 Traducido por dani.shawn y dham-love dham Corregido por Virtxu

E

l verano estaba en ya en sus últimos días pero no lo sabrías en Savannah. El aire seguía caliente y pesado con el olor de las flores y tierra. Era pasada la medianoche y el tráfico se había reducido hasta el punto de ser casi inexistente. Estaba segura que los bares a lo largo del río todavía tenían algo de acción. Sin embargo, me mantuve alejada del zumbido de River Street, volviendo al único lugar que no pensaba volver a ver esta noche; mi propia casa en la ciudad. Cuando dejé a Danaus, me había prometido a mí misma que no iba a regresar hasta mañana en la noche; de que necesitaba más tiempo para relajarme debido a la pelea, para pensar y convencerme de que el Naturi estaba ahora a mi alcance.

Por el camino entendí que estaba volviendo a mi casa sólo para hablar con Cynnia y ver que su compañía estaba a salvo. Necesitaba hablar con Shelly. Estando fuera de la vista, escaneé la casa. Danaus estaba en el recibidor frontal con, quién asumí, era Cynnia.

Pausándome allí, recorrí mentalmente el espacio espacio entre mi mente y la de Danaus. Mientras más nos tocábamos mentalmente, más fácil se volvía. Mientras tanto, deseaba que no fuera así, no podía negar que la habilidad de comunicarme con él era muy útil.

¿Está la Naturi contigo? Demandé de repente en su m mente.

Sí. ¿Qué está mal? Él respondió instantáneamente, como si estuviera esperando mi toque mental.

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Nada, pensé con un leve suspiro. Hablaremos pronto.

No estaba particularmente feliz sobre el acuerdo, pero esta era la mejor opción para todos los que estábamos involucrados. Hubiera preferido que estuviera cautiva en la casa que poseía en las afueras de la ciudad, pero era un inconveniente para todos. Danaus estaría con ella de día como guardián, y yo no podría garantizar su privacidad. Me recordé a mi misma que éste era un acuerdo extremadamente temporal.

Shelly, por otro lado, estaba sola en el patio trasero. Deslizándome silenciosamente atravesé la puerta de hierro, caminé alrededor de la casa para encontrarla sentada en el suelo con la cara en las manos.

—Vacilé —anunció ella al aire antes de que yo pudiera alcanzarla. No había hecho ningún sonido todavía.

—Te atragantaste —la corregí, dejando atrás el truco. Quizás algo en la tierra le había avisado que yo venía. Entré al jardín, parándome a muchos pasos lejos de donde la bruja estaba sentada.

—Lo siento —murmuró ella, levantando la vista para mirarme. Sus grandes ojos estaban enrojecidos y su cara estaba ruborizada por llorar. Mi estomago se torció con culpa y arrepentimiento cuando la miré. Mis instintos me habían dicho que ella no estaba lista para luchar contra los Naturi, pero dejé mi necesidad de poder tener recursos humanos superar mi sentido común, y su presencia había puesto en peligro a todos. Si yo iba a sobrevivir a la batalla que se avecinaba en Machu Pichu, necesitaba ser más consciente de a quién comprometía a mi equipo y preocuparme menos por los números. Pero no era la única con una difícil lección que aprender.

—No soy la persona con la que tienes que disculparte. Tu vacilación e inhabilitad para manejar la situación puso a Tristan y a Knox en serio peligro. Pudieron haber sido asesinados tratando de protegerte cuando ellos deberían haber estado concentrados en salvar a Amanda —expliqué.

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—Ya lo sé. No pasará de nuevo — afirmó Shelly, limpiando la última de las lágrimas de su cara. Se giró en el suelo enfrentándome.

—Sé que no pasará. Tu presencia no es requería más aquí —dije firmemente, metiendo las manos en mis bolsillos delanteros—. Eres libre para volver a Charleston o a dónde sea que Danaus te sacó.

—¿Qué? No entiendo.

Ella estiró las piernas con lo que pudo ponerse de pie.

—Pero pensé que me necesitabas para enseñarte cómo usar la magia de la tierra. Todavía puedo ayudarte —sostuvo ella.

—Necesito saber cómo usar la magia de la tierra de manera agresiva, para luchar. No tengo la impresión de que siquiera puedas hacer eso.

—¡Lo hago!

—Pruébalo —gruñí. En un parpadeo mi mano bajó hacia el cuchillo en la funda de mi cinturón. Con un movimiento de mi muñeca envié el cuchillo en espiral hacia ella. Había sido cuidadosa en enviarlo casi un pie delante de ella, pero para sorpresa mía ella salió hábilmente fuera del camino del cuchillo. Con un movimiento de su mano tres bolas de fuego fueron disparadas en mi dirección.

—Generalmente un movimiento bueno —dije, elevando la mano para atrapar cada bola de fuego mientras llegaban a mí—, pero yo soy la Fire Starter. El fuego no me detiene.

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—Tienes razón, pero esto puede que sí —dijo Shelly entre dientes. Movió su mano izquierda en otro círculo, pero ningún fuego apareció. Me preparé para producir mi propia bola de fuego para la pequeña bruja cuando raíces salieron del suelo y se enroscaron hasta mis rodillas. La planta creció rápidamente con lo que eran como cuerdas serpenteando desde mis piernas a mis rodillas, manteniéndome pegada al suelo del patio.

—Un buen comienzo, pero tampoco me detendrá por mucho —dije con una mueca. El fuego consumió las raíces, y con un pequeño movimiento, estuve libre de nuevo.

Shelly dejó salir un pequeño gruñido de frustración y dio un paso hacia atrás por cada paso que yo me adelantaba. Cuando el fuego empezó, había cubierto la pista de batalla de la vista de los vecinos que decidieran mirar por sus ventanas. No quería perder mi noche borrando la memoria de mis apreciados vecinos porque vieran bolas de fuego o una planta con vida, arrastrándose a través de mi jardín trasero.

—Es un lindo esfuerzo, pero no está en ti atacar a una persona con las habilidades que posees —comenté, deteniéndome cuando las dos estuvimos en el centro del jardín—, tienes que estar preparada para matar la criatura que está tratando de matarte. No todos tienen ese instinto.

—Estás equivocada —se burló ella.

No tuve la oportunidad de reaccionar. Raíces brotaron del suelo, trepando por mis brazos y piernas en el parpadeo de un ojo. Mi cuerpo entero fue levantado y mi espalda pegada al tronco del árbol más cercano. Estrellas explotaron ante mis ojos y mi visión nadó levemente, destruyendo mi habilidad para concentrarme. Antes de que pudiera conjurar mentalmente fuego sobre las raíces, sentí un punto presionando fuerte contra mi pecho justo sobre mi corazón. Bajé la mirada y encontré una rama con forma de cuchillo apuntando directamente a mi corazón. Una mala palabra de mi parte, una mueca de dolor y Shelly me hubiera estacado.

—Admítelo — dijo ella con voz enojada—. Te tengo atrapada.

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En lugar de concedérselo como cualquier persona en su sano juicio hubiera hecho, comencé a reírme. Mi cabeza calló hacia atrás y golpeó el tronco del árbol detrás de mí mientras más carcajadas salían de mi pecho.

—¡Sí, me has atrapado! ¿Podrías haberlo hecho antes?

—¡Ellos atacaron con animales! Animales útiles. No era su culpa que ellos nos estuvieran atacando.

—Entonces, tu respuesta es ¿dejarlos que nos maten?

—Creo que deberías buscar otra manera de matar cuando tu enemigo viene a pelear. ¿Es que no hay otra?

—No. No la hay —dijo una triste voz desde la casa. Las dos miramos para encontrar a Cynnia parada en la puerta abierta con Danaus en el patio con un gran cuchillo en la mano–. Mira tiene razón en que no hay otra manera de tratar con los de mi tipo. Aurora cree que la única manera de salvar la tierra es a través de la exterminación total de los Nightwalkers y los humanos —continuó ella, cerrando la puerta tras ella mientras caminaba hacia el patio y se detenía al lado de Danaus.

—¿Qué estás haciendo aquí fuera? —demandé, ignorando el hecho de que estaba todavía completamente indefensa y absolutamente no en condiciones de dar órdenes.

—Ella dijo que sintió a alguien usando una gran cantidad de poder de la magia de la tierra aquí fuera — respondió Danaus antes de que Cynnia pudiera hablar—. Pensé que sería una buena idea salir a comprobarlo.

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—Shelly me acaba de humillar.

—¿Puedo quedarme?

En lugar de responder, cerré mis ojos y me concentré en las raíces que estaban alrededor de mis brazos y piernas y la que presionaba sobre mi pecho. No me gustaba estar en esta posición. No estaba segura de lo que Cynnia era capaz, pero estaba la posibilidad de que un solitario pensamiento viniera de ella y me matara. Las raíces inmediatamente se prendieron fuego a mí alrededor pero ni mis ropas ni mi piel se quemaron.

Sacudiendo el polvo de las cenizas que quedaron, miré hacia la bruja de la tierra la cual estaba con las manos juntas frente a ella. Ella tenía el poder que yo necesitaba en alguien que pudiera manejarse solo ante los Naturi, pero ella parecía tener ausente el instinto asesino que tenían Danaus o los otros Nightwalkers que me rodeaban. Hubo un tiempo en mi vida en el que no hubiera visto aquello como algo malo, pero tal y como estaba ahora, era algo posiblemente fatal. Si ella no estaba preparada para matar a una criatura que tenía como único objetivo matarla a ella, iría indudablemente directa a caer muerta, e iba a ser sobre mis hombros.

Sin embargo, si ella sabía lo que era ser golpeada y todavía quería quedarse, podía solo esperar que ella aprendiera a cuidarse a sí misma antes de que fuera demasiado tarde. No había mucha protección que yo pudiera ofrecerle.

—¿Mira? —presionó Shelly suavemente.

—Protegerás cuando te diga que protejas y matas cuando te diga que mates. Si pones en peligro a alguien más de mi gente te mato yo misma —la amenacé. Estaba a punto de sacarme de quicio.

Caminando hacia la casa, me pausé el final del patio miré a la Naturi.

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—Escuché algunas historias sobre ti —dijo ella cuando se dio cuenta de que la miraba expectante, queriendo escuchar cualquier pensamiento que estuviera pasando por su cabeza—. Pensé que eras un mito, una historia de terror que mi hermana Nyx hizo para asustarme. Nunca esperé que fueras real.

—¿Nyx? ¿Cuántas hermanas tienes? –Demandé, irritada. No estaba exactamente contenta de descubrir que era un cuento para dormir de los Naturi.

—Dos. Aurora y Nyx.

—Y Nerian era tu hermano —dije en voz tan baja que pareció arrastrarse a través del espacio que nos separaba.

—Sí —respondió ella con las cejas fruncidas en su joven cara—. Nerian fue el que te lastimó. Él es la razón por la cual tú nos odias tanto. —Mi mirada automáticamente fue hacia Danaus, pero Cynnia habló antes de que pudiera liberar la acusación que quedó colgando de la punta de mi lengua—. Nadie me lo dijo. Puedo oírlo cada vez que dices su nombre. Solo conozco a otra persona que exprese el mismo odio cuando habla de otra.

—¿Quién?

—Aurora, cuando habla de ti.

Sonreí a la joven Naturi; mis ojos indudablemente brillaron por la risa contenida. La reina Naturi no solo sabía quién era yo, sino que también me odiaba. Era un pensamiento suavemente placentero.

—¿Qué tengo que hacer contigo? —dije en voz alta, pensé que hablaba más para mí misma.

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—Dejarme libre —sugirió, elevando sus muñecas esposadas. El sonido de las cadenas me recordó que ella era una Naturi, y que había sido prisionera de los de su propio tipo. Pero no llamaría a esto una situación “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, eso significaba que ella podría proveerme alguna información interesante en un esfuerzo por prolongar su propia vida.

—¿Por qué estabas esposada y tus poderes retenidos por los de tu propia clase? — demandé.

—Me llamaron traidora. Dijeron que quería traicionar a nuestra especie por los humanos y los Nightwalkers —dijo de mala gana. Llevó su mirada a sus manos, donde sus largos dedos estaban contorneados por las cadenas de metal con dos lazos de hierro.

—¿Es eso verdad? –preguntó Danaus antes de que yo tuviera la oportunidad.

—¡No! ¡No de esa manera! —sollozó ella, con su cabeza subiendo de nuevo para mirarme a mí y a él.

—¿Qué es? ¿Cómo llegaste aquí si estabas atrapada del otro lado?

—Aurora descubrió durante los pasados años que las murallas entre los dos mundos estaban volviéndose finas y débiles. Algo de nuestros guerreros mágicos pudieron crear un hoyo temporal en la barrera. Pudimos enviar una o dos personas a través de él, pero no estábamos seguros de que estuvieran llegando aquí —explicó ella.

—Entonces, ¿viniste sola?

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—No, había otro —dijo Cynnia. Se acercó a una silla y se dejó caer al espeso cojín—. Ella era una hechicera, una poderosa. Confiaba en ella. Pensé que iba a encontrar la manera de ayudarme, pero todo era una mentira. Ella me llevó con estos Naturi con los que me encontraste. Ella les dijo que me mataran.

—Pero no lo hicieron —prosiguió Danaus cuando pareció que ella se pausaba.

Cynnia sacudió la cabeza suavemente.

—Tenían miedo de hacerlo, supongo. Soy la hermana de la reina, después de todo.

—Entonces decidieron dejarme el trabajo a mí —dije, cruzando los brazos sobre mi pecho—. Es una teoría interesante, pero sólo explica como llegaste aquí. Ahora, ¿Por qué viniste aquí?

—Creo que Aurora está equivocada —susurró ella, asustada como si alguno de su especie estuviera escuchando.

—¿Sobre qué?

—Esta guerra.

—No te creo. —Gruñí, tomando un paso más cerca de ella.

—Mira — empezó Shelly, pero levanté mi mano, dejando el comentario estancado en su garganta.

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—Es muy conveniente. Un Naturi quiere finalizar esta guerra volando a las manos de un Nightwalker que puede potencialmente destruir sus esperanzas de libertad —dije—. Es una trampa.

—¿Estás segura? — preguntó Danaus, sorprendiéndome.

—Ella se acerca con lo que yo creo su historia de fuerte dolor, entonces me mata – argumenté, poniendo mi atención en el cazador, quien estaba ahora a mí lado.

—No puedo ser una trampa porque su plan ya había fallado —dijo Cynnia—. Tú tenías supuestamente que asesinarme en la isla cuando rescataste a tu amiga.

—Todavía hay tiempo –le recordé, lo que solo hizo que me sonriera.

—Sí, pero si me matas, no puedo ayudarte.

—¿Por qué harías eso?

—¿Además del hecho de que creo que hay una mejor manera de terminar esta guerra que matando a todos? —preguntó ella, arqueando una ceja hacia mí–. Pienso que mi hermana está tratando de matarme.

—¿Y yo tengo que ser tu protectora? –pregunté, mi voz saltó por el shock.

—Por supuesto, eres la Fire Starter. Ella no puede vencerte.

Miré hacia Danaus, quién parecía estar luchando por mantener la cara seria, pero no lo podía culpar. Todo sonaba bastante ridículo, pero era todo lo que tenía para seguir adelante por el momento. 156


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Ceñuda, estaba de repente insegura de que hacer con la Naturi. No la creía, pero estaba esta persistente pregunta detrás de mi mente. ¿Y si? ¿Qué si era verdad, y yo tenía el poder de destruir la nación Naturi con su joven princesa y sus esperanzas ideales de algo más que una guerra?

—Si voy a ayudarte, voy a necesitar algo de tu cooperación —dije lentamente.

—No voy a ayudarte a matar a mi especie. No soy una traidora.

Sonreí y tomé un paso en su dirección.

—Podemos evitar matarlos si es que podemos evitarlos completamente. ¿Cuántos Naturi hay en mi ciudad?

—No estoy segura — dijo ella, moviendo sus muñecas. Las pulseras de hierro estaban bloqueando su habilidad para sentir a los suyos.

— No están llegando, y te estás volviendo menos evaluable para mí con cada minuto que pasa.

Cynnia liberó un pesado suspiro antes de caminar a mí alrededor y llegar al jardín. Sentándose en el suelo, ella se sacó sus gastadas botas marrones y puso su pie desnudo sobre el suelo. Sus ojos verdes se cerraron y la frente se surcó debido a la concentración

—No están por aquí cerca — murmuró ella después de un minuto—. No por una gran distancia, en el occidente y por el sur, bien profundo, profundo, a través de un océano.

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—¿Danaus? —le pedí, girándome hacia el cazador con esperanza de obtener alguna confirmación.

—Mi alcance no es tan fuerte como el de ella — dijo él, su voz profunda se acercaba a un gruñido bajo.

Sin embargo, antes de que terminara de hablar, lo sentí con sus poderes, enviando una cálida ola de energía que se estrelló contra mí. El tacto de ésta era tranquilizador, alejando un poco la tensión a lo largo de mi tenso cuerpo.

—No hay Naturis dentro del área inmediata — dijo él finalmente.

—¿Así que qué esperas que yo sea capaz de hacer por ti? —le pregunté a Cynnia, parándome cerca de ella mientras ella seguía sentada en la hierba—. Déjame adivinar. Quieres que permita que se abra la puerta para matar a tu hermana. —Era una historia que yo ya había escuchado antes de otro grupo de Naturis, así como de Macaire, uno de los tres Ancianos del Aquelarre.

—¡No! ¡Absolutamente no! —Cynnia se levantó extrañamente y dio un paso hacia mí— . Quiero que la puerta permanezca cerrada. Si ella es forzada a estar en su propio reino, entonces no puede hacer una guerra aquí.

—Luego Aurora estará atorada en su mundo y tú estarás atorada aquí —dije, levantándole una ceja.

—Asumiendo que me dejes vivir.

—De ninguna manera —intervino Danaus antes de que pudiera hablar.

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Una sonrisa persiguió mis labios mientras vagaba en el patio y me sentaba no muy lejos de donde Cynnia había estado hacia apenas un momento. Enrosqué mis dedos por la hierba fresca, un interesante pensamiento rondaba por mi cabeza. Podía sentir la censura de Danaus antes de que incluso dijera mi primera palabra. El plan definitivamente tenía unos cuantos defectos.

—Me has encargado con una tarea difícil —dije arrastrando las palabras—. No sólo debo detener a Rowe y su plan para liberar a tu hermana y la horda de Naturis, sino también debo protegerte de Rowe y Aurora antes de que tengas la gran idea de poner un fin pacífico para su pelea. Soy la Fire Starter, no Dios. Estás esperando lo imposible.

—¿No puedes levantar un ejército?

—Un ejército será levantado para derrotar a Rowe. Ellos no harán nada para proteger tu escondite.

—¿Entonces qué? ¿Qué quieres de mí? — lloró ella, extendiendo sus dos manos hacia mí, con las palmas abiertas—. Te estoy ofreciendo una oportunidad de paz. ¿Por qué estás luchando conmigo?

—No lo estoy haciendo. Estoy siendo realista. He luchado contra Rowe dos veces y a penas sobreviví a ambos encuentros. Tengo un límite.

Cynnia dio un paso atrás, las cadenas en sus esposas repiquetearon suavemente mientras ella levantaba una delicada mano sobre su garganta. Sus grandes ojos verdes nunca se alejaron de mi rostro.

—¿Qué quieres?

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—Enséñame como usar la magia de la tierra —dije con una sonrisa.

La Naturi se rió suavemente y ´dejó caer sus manos de nuevo.

—Eso es imposible. Los Nightwalker no pueden usar magia de la tierra.

Me levanté, de pie a unos cuantos metros de ella. Con un pensamiento, una bola de fuego floreció entre nosotras. Lentamente hizo círculos alrededor de Cynnia y luego vino a circular a mí alrededor, formando una figura perfecta de ocho—uniéndonos.

—No debería ser capaz de manipular el fuego, pero puedo. Puedo encerrar a los Naturi en un mundo separado. Y sólo unas cuantas semanas atrás descubrí que la energía de la tierra se puede disparar a través de mí como a través de un conducto — me acerqué, así que la bola de fuego ahora hacia círculos alrededor de nosotras, manteniendo a los otros a distancia—. Escuché a la gran madre Tierra rugiendo en mi cabeza, furiosa y poderosa.

Cynnia trató de retroceder, pero la bola de fuego rodeándolas la mantuvo cerca. Ella me miró, su boca formaba una O perfecta.

—Puedo acceder al poder de la tierra cuando estoy en algún río o laguna, pero no tengo control sobre esto. Si no aprendo a controlar esto pronto, voy a matar a todos a mí alrededor, sin importar si somos de la misma clase o no.

—¿Y controlarlo te dará el poder que necesitas para derrotar a Rowe? —preguntó Cynnia suavemente, frunciendo el ceño de su dulce rostro.

—Rowe quiere liberar a Aurora. Él hará lo que sea para conseguir eso. Por lo que he visto, él ya ha dominado la sangre mágica para encontrar un significado a su fin. No 160


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tengo dudas que matará a cualquiera que se interponga en su camino, humano, Nightwalker, e incluso Naturi.

—¿Él está manejando sangre mágica? —preguntó Cynnia, retrocediendo inconscientemente. Atrapé bruscamente su brazo y la halé para evitar que se quemara con el fuego que seguía rodeándonos. Ella no pareció notarlo—. Eso está prohibido.

—Estoy dispuesta a adivinar que él está desesperado y que en realidad no le importa lo que está prohibido en este momento.

—Pero si te voy a enseñar la magia de la tierra, tendrás que quitarme esto —dijo, levantando sus esposas hacia mí de nuevo.

Yo simplemente me reí entre dientes y sacudí mi cabeza.

—Buen intento. No, me enseñaras a través de la tierna Shelly—dije, moviéndome hacia la bruja de la tierra que estaba revoloteando por el borde del patio, mirando toda la conversación—. Ella fue contratada para ayudarme con un poco de magia de la tierra, y ahora ambas vamos a tener un curso rápido de cómo usar la magia de la tierra, al estilo Naturi. Y si eso no funciona, te mataré.

Cynnia miró a Shelly, quién le lanzó una especie de sonrisa tímida mientras meneaba sus dedos hacia la Naturi. No había nada intimidante acerca de Shelly, lo que era desalentador porque yo necesitaba que fuera una figura intimidante ahora mismo. En lugar de eso ella se acercó como la dulce compañera universitaria que todos aman.

—Yo… yo no sé —balbuceó Cynnia, su miraba se turnaba entre Shelly, yo y el suelo.

—Tienes algo de tiempo para pensarlo. Viajamos a Perú en dos noches. Empezaremos las lecciones antes de irnos o te mataré en Cuzco. 161


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Giré mi atención hacia Shelly, la cual me estaba mirando con una mirada aturdida en su rostro. Ella se acababa de dar cuenta que mi plan no sólo la incluía después de su gran error en la isla, sino que ahora ella iba a viajar a Perú para ayudarme con los Naturi. No estaba contenta con el plan hasta ahora, pero esperaba mantenerla tan lejos de la pelea como pudiera. Necesitaba un tutor, y Cynnia y Shelly tendrían que serlo.

Con una sacudida de mi mano, el fuego que había estado cercándonos a Cynnia y a mí desapareció.

—Shelly, lleva a Cynnia adentro y ponla bajo un encanto de sueño. No te vas a despertar hasta que o Danaus o yo lo digamos.

Miré mientras las dos caminaban por el patio, un nuevo pensamiento empezó a carcomer mi cerebro cuando le di una mirada al perfil solemne de Cynnia.

—¡Esperen! —Llamé, deteniendo a Cynnia en la puerta—. Tú hermana, Nyx. ¿Está aquí también?

—¿Nyx? Yo… no creo —respondió ella lentamente. Se detuvo, mordisqueando su labio inferior pensando antes de hablar de nuevo—. Yo llegué aquí sólo con la hechicera. Nyx y Aurora no sabían nada acerca de que yo iba a venir aquí. ¿Tú crees que ella ha venido por mí?

—¿Venía contigo o con Aurora? —preguntó Danaus, deslizando sus manos en los bolsillos de sus pantalones.

—Aurora — susurró ella—. Mi hermana Nyx es la defensora de nuestra gente. Ella seguiría a Aurora al fin del mundo para proteger a mi gente y hacer lo que es mejor para ellos.

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—¿Ella se parece a tí?

—¿Por qué? ¿La has visto? —demandó Cynnia, regresando por la escalera hacia mí.

—¿Cómo la puedo haber visto si no sé cómo es? Quiero saber en caso de que me la encuentre en Perú.

Cynnia se detuvo, frunciendo sus labios. Finalmente suspiró y caminó hacia la puerta en la casa.

—No, ella no se parece a mí, y para nada a Aurora. Alta y delgada como un sauce, con una perfecta piel blanca y cabello como de media noche. Sus ojos son gris pizarra, como el color de las tormentas de nubes.

—¿Y es del clan del viento? ¿Cómo tú?

—Como supiste que yo lo era…

—Por tu coloración y estructura. También fue solo una adivinanza.

—Sí, ambas somos del clan del viento. Aurora es de la luz y Nerian era del clan animal. — dijo Cynnia firmemente, finalmente irritándose por mis preguntas invasivas—. ¿Algo más?

—¿Cómo es posible que cuatro hermanos hayáis nacido en tres clanes diferentes? — Demandó Danaus—. ¿Tenéis todos padres diferentes?

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—¡No! —dijo Cynnia, sus tiernas facciones se torcieron por un momento con rabia—. Mi papá era del clan de la tierra y mi mamá era del clan de la luz. El clan en el que nacemos no está determinado por nuestro linaje. Está determinado por la necesidad de la tierra. Si la Madre Tierra está en necesidad de más miembros del clan del viento, los siguientes niños nacidos serán del clan del viento y así sucesivamente.

—Es suficiente. Dulces sueños —me burlé.

Danaus y yo nos quedamos parados en silencio afuera de la casa mientras escuchábamos a Shelly y Cynnia moverse a una de las habitaciones del segundo piso. Mantuve mi concentración firmemente en Shelly, mi mente se hizo una sombra en sus pensamientos, los cuales estuvieron corriendo una milla por minuto mientras ella repasaba lo que le había pasado esa noche. Desde que no podía sentir a los Naturi, esta era la manera más segura de mantener un ojo en Cynnia mientras Shelly mantuviera el hechizo. Al mismo tiempo, sabía que Danaus estaba concentrado en Cynnia, asegurándose que la Naturi no tratará de escaparse.

—¿Tenerlas aquí es una buena idea? —preguntó Danaus luego de que Shelly hubiera completado su hechizo, golpeando a Cynnia seguramente por un momento.

—Trataremos de mantenerlas a ambas en la ciudad, fuera del Valle Sagrado, Shelly tal vez pueda enseñarme algunas cosas antes del sacrificio. En este punto, cualquier conocimiento nuevo me ayudara cuando se trate de manejar el oleaje de energía en Machu Picchu.

—¿Y la Naturi?

—Un señuelo para Rowe.

—¿En verdad crees que ella te va a enseñar algo? — preguntó él, moviendo una mano hacia el cabello en su hombro, alejándolo de su rostro. Sus brillantes ojos azules reflejaban un poco de la luz que venía del interior de la casa, recordándome la 164


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primera noche que nos conocimos. No había esperado que nuestra asociación durara tanto.

—No en realidad. Incluso si ella quiere paz para su gente, no se va a arriesgar a hacer un enemigo más fuerte para ellos de enfrentar.

Danaus dejó caer su mano a su lado y miró las estrellas por un momento. La noche ya casi estaba terminando. Necesitaba volver a la seguridad de mi casa. Así como estaba, exhausta y con la sed de sangre royendo mi interior como el fuego del infierno.

—¿La crees? —preguntó Danaus, alejando mis pensamientos de sangre y sueño.

—¿Acerca de querer la paz?

El cazador dio un ligero gruñido que yo tomé por un sí.

—No importa si la creo o no. Nuestro plan está fijado para cuando lleguemos al sacrificio en Machu Picchu en unas cuantas noches. Detendremos a Rowe. Detendremos el sacrificio. Y finalmente atamos el sello. Pensamientos de paz y guerra, no podemos darnos el lujo de debatir esas cosas. Tenemos que detener a Rowe.

—Estoy de acuerdo, pero no respondiste mi pregunta. ¿La crees? — repitió él.

Era mi turno para mirar a las estrellas que estaban parpadeando sobre mí mientras la luz del día se aproximaba. El amanecer estaba llegando. ¿Creía a Cynnia?

—No, no la creo —murmuré.

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Pero el problema no era que no la creyera. Era que por primera vez en mi vida en verdad habĂ­a deseado que la Naturi estuviera diciendo la verdad. Deseaba que ella quisiera la paz y que estuviera buscando una manera para que los Naturi y los Nightwalkers coexistieran en este planeta sin la constante lucha. Deseaba que hubiera una posibilidad. Pero no la habĂ­a. No mientras criaturas como Rowe y Aurora existieran. Mientras yo existiera no habrĂ­a paz entre los Nightwalkers y los Naturi.

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CAPÍTULO 15 Traducido por aLebEna Corregido por Angeles Rangel

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legué a mi casa en la ciudad la noche siguiente para para encontrar a Danaus con varias armas distribuidas en la mesa del café. Estaba comprobando su equipamiento, el cuál parecía que se había multiplicado desde que llegó de Savannah. Me detuve en la puerta de entrada con las manos en las caderas, observando esto… un desafortunado recordatorio de que teníamos que volar a Perú mañana en la noche.

dije para que se diera cuenta de que había llegado. —No rayes la mesa —dije

—Están en la cocina —replicó replicó Danaus, sin siquiera quitar la mirada de la pistola que limpiaba.

—Las Las lecciones de magia comienzan esta noche. Empaca tus juguetes. Quiero que vengas conmigo.

La esquina de sus labios se levantó con una sonrisa mientras que sus ojos se posaban en mí por primera vez.

No me lo perdería por nada del mundo. —No

Sacudí la a cabeza mientras iba de camino a la cocina.

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—Bueno, no es como...do —dije, parando la última sílaba cuando mi mirada recayó en James, quien estaba sentado en la mesa con Cynnia y Shelly tomando té helado.

El miembro del grupo de Themis saltó de inmediato para levantarse, mientras con la mano izquierda se arreglaba la corbata. Una tímida sonrisa apareció en sus labios. James era la última persona que imaginé encontrar en la mesa de mi cocina. Sólo podía suponer que Ryan el brujo estaba en algo.

—Mira...

—¿Esta Ryan aquí? —pregunté, cortando cruelmente lo que iba a decir.

—No, vine solo.

—Ven conmigo —dije, señalando para que me siguiera por el pasillo para ir a la oficina, donde cerré la puerta tras él bruscamente. Volteando sobre mis talones, rápidamente cerré la distancia que nos separaba y me apoderé de él con un abrazo. Lo sentí tensarse con mi toque pero lo ignoré.

—Estoy tan feliz de verte a salvo. ¿Te has curado completamente de Creta? — demandé, mis manos descansaban en sus hombros, mientras me separaba la longitud de los brazos.

—S... sí, estoy bien —dijo, sus ojos brillaron con sorpresa tras sus lentes de oro—. No hubo complicaciones y me curé rápidamente.

—Ryan es un gran idiota —gruñí, dejando a James lejos mientas iba rítmicamente a mi escritorio al otro lado de la habitación—. No tenía ningún derecho de llevarte a Creta. Pudiste ser asesinado.

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—Quería ir —dijo firmemente James, pero solo sacudí la cabeza.

—Ryan sabía lo peligroso que era, y de ninguna manera estabas entrenado para una situación así. —Caminé detrás lejos del escritorio y me dejé caer en una de las sillas, señalándole a James que se sentara en la que estaba junto a mí.

—No era sólo por los Naturi —dijo, tomando lentamente el asiento a mi lado—. Debí haber sido quién te dijera lo de Michael.

Sacudí la cabeza, apretando los puños en mi regazo.

—No eras su guardián. —El recuerdo del cuerpo muerto de Michael empezaba a molestarme, pero controlé mi temperamento—. Después de todo, no tenías que cuidar de su cadáver.

—Era mi trabajo el cuidarlos mientras estábamos allí —dijo.

—Estás absuelto —dije con un movimiento de la mano—. Mi principal preocupación ahora es el Naturi. Es desafortunado, pero como Ryan dijo, Michael está muerto. Ellos no pueden hacerle daño ahora.

—Gracias Mira —dijo James, enderezando sus gafas por su larga y delgada nariz.

—¿De todos modos que haces aquí? —Exigí, haciendo poco caso a su comentario. No merecía su agradecimiento… la desaparición no fue su culpa.

—He venido a decirte que la ubicación del próximo sacrificio será Machu Picchu, Perú —dijo, inclinándose hacia delante con entusiasmo.

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—Eso me han dicho —murmuré, descansando contra la parte superior de la silla mientras estiraba las piernas y cruzaba los tobillos.

—¿Ya te has enterado? —Dijo suavemente, viéndose positivamente cabizbajo.

—Hace dos noches, Jabari dejó caer las noticias sobre mí.

—Oh.

—Pensó que apreciaría la confirmación de Themis —dije, forzando una sonrisa—. Es bueno saber que el Aquelarre no me está mintiendo.

—De nada —dijo, aunque todavía se veía un poco decepcionado de no ser el portador de una noticia tan importante, como había pensado.

—Claro, pudiste haber llamado y darnos esa información ¿Cuál es la otra razón de tu presencia?

Un rubor apareció en sus mejillas mientras que sus ojos café bajaban hacia sus manos.

—También le traje a Danaus un cambio fresco de ropa así como armas adicionales que pensé podría necesitar en su viaje a Perú. Ha estado en el viaje por un tiempo ahora. Pensé que podría necesitar algunos artículos frescos.

Una sonrisa se deslizó por mis labios, pero la oculté antes de que la viera. Mientras James era un completo investigador para Themis, su papel principal era ser asistente de Danaus y Ryan, lo que incluía ver sus necesidades aleatorias, como obtener armas, investigaciones, y hacer arreglos de viajes. James estaba ansioso por ser parte de la lucha con Danaus, pero su mayor obstáculo era que sólo era un simple humano jugando con criaturas potentes que iban tras su sangre. Había tantas manera de que 170


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pudiera ser de utilidad en nuestro mundo, y justo ahora estaba limitado a ser el chico de los recados.

—Estoy segura de que está agradecido por los nuevos artículos —dije, pasando mi cabello detrás de la oreja —¿Está Danaus con frecuencia lejos del Complejo de Themis?

—Pasa más tiempo lejos que en el Complejo. No le gusta estar en un lugar por mucho tiempo —admitió James, volviendo a sentarse en la silla.

—¿A dónde va?

—Ryan lo tiene generalmente en una misión o en otra —dijo James moviendo los hombros.

—Pero Danaus no ha sido enviado a matar a muchos Nightwalkers. Si lo hubiera hecho, me habría enterado de él más pronto de lo que lo hice, y hubiera venido por mí mucho antes. —Salvo, claro, que Ryan hubiera ocultado mi existencia por muchas razones… no es que lo hubiera encontrado lógico—. Debe haber un lugar al que vaya cuando no está en una misión de Themis.

Una sonrisa se elevó en sus labios y sacudió la cabeza mientras se paraba de la silla.

—Si estás intentando obtener un poco de información de Danaus conmigo, no obtendrás nada interesante. Danaus no habla conmigo. No habla con nadie. Estoy seguro de que hay mucho tiempo cuando no está en una misión, pero no se a donde va. Todavía estoy intentando que lleve un celular para poder localizarlo cuando lo necesite.

Parpadeé y miré fijamente al escritorio que estaba delante de mí. Más allá de él había una ventana cuadrada, que estaba llena con enormes robles vivos cuyas hojas 171


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bloqueaban la mayor parte de las farolas. La noche nos rodeaba, y estaba desperdiciándola intentando sacarle información a James sobre Danaus. No había más que curiosidad pues estaba dispuesta a apostar que sabía más de Danaus que el hombre que estaba sentado a mi lado.

—Se está haciendo tarde —anuncié, levantándome con mis poderes. James salto sobre sus pies, moviéndose lejos de mí temeroso cuando vio la forma deshuesada que se levantó—. Tenemos que irnos.

—¿Hay alguna forma de que pueda ayudar?

—No iras a Perú —demandé. La vida del hombre ya había sido amenazada y casi se la quitan en Creta. No lo volvería a arriesgar.

—¡No lo pensaba! —Dijo con una pequeña sonrisa—. Estaba pensando más en la forma de transporte, armas, alojamientos, etcétera.

—Tengo a alguien que organiza eso —dije sacudiendo la cabeza, me detuve y lo miré, rascándome la punta de mi barbilla con mi dedo índice—. Como sea, si Themis puede convencer al gobierno peruano de cerrar las entradas a la montaña, lo apreciaría enormemente. Prefiero eso así no tengo que preocuparme por los Naturi agarrando un montón de turistas de camino a las ruinas.

—Veré lo que podemos hacer —dijo, después extendió sus manos hacia mi—. Te deseo suerte. Espero que tengamos una oportunidad de trabajar juntos otra vez. Siento que hay una buena posibilidad de que pueda aprender de ti.

Una sonrisa malvada se levantó en mis labios y mis ojos se cerraron cuando toma su mano con la mía.

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—Podrías sorprenderte de lo que puedo enseñarte, amigo. Que tengas un buen viaje a casa.

James me siguió a la puerta delantera, pero cuando la abrí, descubrí que tenía a un nuevo visitante preparándose para tocar. Barrett estaba allí, luciendo algo demacrado. Si mi corazón aún palpitara en mi pecho, podía haberse parado. El Alfa de Savannah estaba ante mi puerta, y tenía a un Naturi en mi cocina tomando té. Esto no era algo fácil de explicar… al menos, no de modo que me pudiera creer.

—¿Barrett? —dije, mi voz saltando con sorpresa. El licántropo no debía de haberme sorprendido. Debí de haber sentido su llegada, pero había estado tan concentrada en James y su inesperada presencia que no estuve analizando el área a mí al rededor.

—Necesito hablar contigo —dijo Barrett, asintiéndole al otro hombre, que estaba junto a mí.

—Por supuesto —dije, después le di un rápido adiós a James antes de entrar a mi oficina con Barrett. El licántropo parecía oler el aire antes de que lograra cerrar la puerta y moverme hacia él para tomar una de las sillas.

—¿Que puedo hacer por tí? —pregunté, apoyándome frente al escritorio. Una parte de mi esperaba que Cynnia y Shelly estuvieran felices en la cocina hasta que pudiera sacar al hombre lobo de mi casa.

—Los Naturi se fueron de Savannah —dijo, sin poder ocultar su alivio.

—Todos menos uno sí. Se han ido —dije. Si terminaba viendo a Cynnia aquí, no quería ser atrapada en medio de una mentira, particularmente cuando tan ingeniosamente lo manipulé la otra noche. Todavía necesitaba que cooperara conmigo.

—¿Tu lo hiciste? 173


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—Danaus y yo. Sí.

—¿Por qué no lo hicieron antes? —Exigió, su alivio dio paso a la frustración. Entendí su molestia. Ya había perdido a dos hermanos por los Naturi en los dos últimos meses.

—Por el costo —dije suavemente, mirando mis pies, que estaban cruzados por los tobillos—. Los atacamos la otra noche para rescatar a Amanda. Fuimos superados en número y casi nos matan. Un hechizo fue hecho en la desesperación, y arrasó con casi a todos los Naturi en la región. Es algo que espero no volver a hacer.

Barrett frunció el ceño cuando apartó la vista de mí, hacia la ventana, a la calle, y más allá. Él sabía que no le daría más información de la que ya tenía. Y de hecho no le diría al licántropo que estaba arriesgando lo que quedaba de mi alma y la de mi compañero. No era asunto suyo.

—¿Tienes algo más que decir? —dije, tratando de no sonar como si lo estuviera echando.

—Ese nombre que me diste, Harold Finchley —dijo Barrett, su mirada oscura volviendo a mí—, no tenemos ninguna información de un licántropo que exista con ese nombre.

—No debió de haber sido de E.U.A.

—Revise la información en los dos, E.U.A y Europa. No hay información.

—Entonces debió ser un apodo —susurré, hablándome a mí misma.

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—O era alguien que no formaba parte de algún grupo. No confiaba trabajando con otros.

Miré con el ceño fruncido a Barrett. Podría darle una mejor, y más bonita explicación de lo que había pasado. Si ese fuera el caso de alguien trabajando sólo, significaba que no había una gran conspiración contra los Nightwalkers con el Eclipse de Verano. Eso quería decir que los licántropos no estaban traicionando la promesa que habíamos hecho de protegernos mutuamente del descubrimiento y extinción.

Por desgracia, la bruja que había estado viajando con el licántropo y el miembro de la Coalición me hacían preguntarme si los licántropos actuaban solos o eran parte de algo más grande.

—Mantente buscando información para mí —dije oscureciendo el ceño—. Tengo a alguien investigando a la bruja.

—¿Hay alguna oportunidad de poder hablar con Finchley? —Exigió Barrett, arqueándome una ceja.

—No sin un místico —dije sacudiendo la cabeza—. Estaba apurada y no pude esperar alrededor para cuidarlo o para dejar a alguien cuidándolo con propiedad. Las leyes son claras. Trabajar con la Coalición es una sentencia de muerte.

—No estoy cuestionando tus actos —dijo Barrett, elevando sus manos para apaciguar mi declaración ofensiva—. Como sea, todo esto podría ser aclarado más fácil si lo dejaran vivo.

—Si bueno, pues esto no es una posibilidad entonces. —Un toque en la puerta rompió mis pensamientos, pasando mi atención a Danaus quién estaba fuera de la oficina.

—¿Qué? —Dije rudamente, creciendo mi ansiedad por que Barrett estaba en mi casa. 175


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Danaus abrió la puerta y movió la cabeza dentro.

—Necesitamos irnos. Se está haciendo tarde.

—Lo sé. Ya casi terminamos. Prepárate —le dije con un guiño. Apreciaba la política de prudencia de Danaus. No tenía dudas de que podía sentir mí ansiedad y tomó una excusa fácil para verme.

Por desgracia, no tuve tiempo. Barrett olfateó largamente cuando se abrió la puerta. ¡Demonios el licántropo y su fuerte sentido del olfato! El hombre lobo dio un gruñido bajo, y sus ojos se estrecharon cuando se volvió a mirarme.

—El último Naturi ¡Está aquí! —gritó, saltando de su silla. Salió de la habitación, pasando a Danaus mientras yo lo seguía.

—Sí, el Naturi está aquí —admití, siguiéndolo, agarrando su brazo, pero se soltó de mis dedos.

Irrumpió en la cocina dónde Shelly y Cynnia seguían sentadas en la mesa. Las dos mujeres se miraron y se encogieron por la ira que se reflejaba en el rostro de Barrett. El hombre lobo miró a Cynnia, pero Danaus estuvo allí primero y lo lanzó por la habitación, donde Barrett se estrelló contra los armarios de madera.

—¡Detente, Barrett! —Grité, poniéndome en medio del licántropo y la Naturi—. La necesito viva.

—¡Acabas de acusar a mi raza de trabajar con la Coalición, ejecutar a uno de mi pueblo, y tu escondes a una Naturi! —Gritó, mientras se obligaba a retroceder—. ¿Qué tan profunda es tu traición? 176


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—No te he traicionado, Barrett —señalé tras de mí, tomé la cadena que estaba atada a las esposas de Cynnia y la moví sobre sus pies para que las pudiera ver—. Es una prisionera. Me ayudará a llegar a Rowe, a acercarme a la gente que puede terminar todo esto. Si es necesario, me acercará a Aurora.

—¿Por qué esta tan dispuesta a ayudarte? —Preguntó Barrett—. ¿Por qué esta tan dispuesta a matar a su gente? ¿Cómo puedes confiar en ella?

—No confío en ella, pero por esta vez, no le estoy dando opciones. Tiene que ayudarme si quiere volver a respirar.

—No confío en ti —dijo por fin, empujándose lejos de donde estaba.

—¿Crees que ayudaré a los Naturi? —Exigí, dejando la cadena de Cynnia—. Después de todos los Naturi que he matado, después de todo lo que he sobrevivido en sus manos ¿Crees que le daré la espalda a mi gente? ¿Qué te la daré a ti?

—Sí.

Danaus reaccionó antes que yo. El cazador agarró a Barrett de la camiseta y lo arrojó contra el refrigerador, golpeándolo tan fuerte que abolló la parte delantera.

—Va a morir en Perú en dos noches por ti —dijo en voz baja con un tono aterrador—. Ella va a morir por cada inútil que oculta. Va a morir por cada vampiro y hombro lobo que camina en la tierra porque lo ve como su deber. Mira está dispuesta a hacer lo que sea para proteger a su gente, incluso si esto significa soportar la presencia de la Naturi ¿Qué esté dispuesta a hacer tu gente?

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Di un irregular paso con las palabras de Danaus, un extraño sentimiento se torció en mi pecho donde mi alma debía estar. Una parte de mí siempre supo que era muy improbable que volviera a Savannah después del último sacrificio en Machu Picchu. Sabía que debía hacer lo que pudiera para detener a Rowe, incluso si eso significaba sacrificar mi propia vida. Pero ahora que escuchaba las fuertes palabras era algo diferente. Parecía que aplastaban la última chispa de esperanza que me quedaba dentro, mi dejó una sensación de vacío y hueco. Me molestó saber que Danaus era consciente de que ésta probablemente sería nuestra última batalla juntos.

Soltó a Barrett, y el hombre lobo se deslizó al suelo, con sus rodillas debajo de él, pero su mirada nunca abandonó mi pálido rostro.

—Yo... yo... yo no sabía.

—Se suponía que no debías saber. Se supone que nadie debe saber —dije, con un escalofrió—. ¿Crees que quiero caos en mis dominios? Además, hay una pequeña oportunidad de que pueda sobrevivir a esto. —Estoy segura de que mi pequeña sonrisa no era muy convincente, pero lo intenté. No quería su pena. Sólo no lo quería causando problemas mientras estaba intentando derrotar a la nación de los Naturi por iniciar rumores como que un Nightwalker estaba haciendo gangas con los Naturi. Solo podía pelear una guerra por el momento.

Caminando hacia Barrett, le tendí una mano, ofreciendo ayudarle para que se levantara. Él dudo, mirando mi mano fantasmal durante unos segundos antes de tomarla y permitirme ayudarle.

—Sé que se ve mal, pero hemos sido amigos por muchos años —dije, negándome a liberar su caliente mano—. Nunca te he traicionado. Y no empezaré ahora que es cuando más necesito tu amistad. Si las cosas se ponen feas en Perú, hay una pequeña posibilidad de que todo sea un desastre aquí. Espero que Knox tomes mi lugar de estos dominios. Me gustaría irme con el conocimiento de que tendré tu palabra.

—Estaré junto con Knox. ¿Pero quién estará contigo?

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—El cazador.

Barrett sacudió la cabeza.

—Eres la única persona que se rodea por el enemigo como forma de protección. Sobrevive a esto, Mira.

El hombre lobo quitó su mano y silenciosamente salió de la casa, cerrando la puerta tras él.

Mis rodillas temblaban y quería sucumbir en el suelo. Mis noches estaban contadas indudablemente y mi vida terminaría con dolor. Y mi compañero más cercano, el único de quien dependía mi protección, era el hombre que había matado a más Nightwalkers de los que podría contar. ¿Por qué encontraba muy fácil el compañerismo con quienes me querían matar? Danaus. Jabari. Incluso vi que tenía más en común con Ryan, sin contar el hecho de que el brujo ordenó que me mataran. Muchos años en este mundo con esta pesada carga me cansaron. Sea cual fuera la razón de que yo misma me rodeara de las personas que ansiaban mi sangre, el resultado era el mismo al final. Iría a Perú y detendría a Rowe con Danaus a mi lado y Cynnia en mis talones.

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CAPÍTULO 16 Traducido por eli25 Corregido por angeliitaw

E

l coche pasó por la parte salvaje de Georgia la cual estaba dolorosamente silenciosa. Danaus estaba sentado en el asiento trasero con Cynnia, mientras que Shelly ocupaba el asiento del pasajero a mi lado. Un par de veces la perennemente animada bruja tomó tomó una respiración para hacer un comentario, pero pareció que rápidamente soltaba el aire otra vez cuando las palabras continuaban eludiéndola. Era mejor de esta manera. No necesitaba la cháchara para molestarme cuando mis pensamientos estaban únicamente e enfocados nfocados en seguir adelante.

Estábamos aventurándonos fuera del bosque, donde podía estar tan cerca de la naturaleza como fuera posible, con la esperanza de que alguien fuera capaz de enseñarme algo sobre la magia de la tierra. En mi mente eso era mi última últi esperanza para saltar sobre Rowe y el otro Naturi; era mi única oportunidad de sobrevivir si Aurora actualmente era liberada de su jaula. Pero por el humor en el coche, estaba comenzando a tener mis dudas a lo que quería que fuera suficiente para salvarme salvar a mí misma y a los de mí alrededor.

Saqué el coche de la autovía y conduje más de una hora a lo largo de una ventosa carretera rural detrás de otra hasta que sólo hubo árboles y granjas tan lejos como los ojos pudieran ver. Al final salí a una carretera carretera polvorienta que parecía excavada en una arboleda. Una vez el coche estuvo fuera de la carretera y fue poco probable que llamara la atención de alguien que pudiera conducir al azar por allí, puse el coche en neutral y apagué el motor.

—Todos fuera. Hemos llegado —anuncié, anuncié, abriendo mi puerta del coche.

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—¿Exactamente dónde estamos? —Dijo Shelly cuando salió del coche y me miró por encima del capó.

—En medio de la nada, en medio de los bosques —dije, destellándola una sonrisa lobuna—. Pensé que sería el mejor lugar para practicar en caso de que cualquier cosa se incendiara o algo peor.

—Buena lógica —murmuró Cynnia detrás de mí cuando cerró su puerta.

El trío de campistas oh-demasiado-felices me siguió más profundamente en los bosques. Mientras Danaus, Cynnia, y yo teníamos una visión nocturna perfecta, Shelly no tenía tanta suerte. Ella se quedaba detrás del grupo, tropezando con ramas rotas mientras luchaba por ver en la espesa oscuridad. Finalmente, Danaus tomó su codo para que la pudiera guiar a través de los bosques.

Odié la excursión por un estrecho arroyo en el que el agua me llegaba hasta el tobillo la cual fluía sobre suaves, piedras cubiertas de algas. De pie en medio del arroyo, intenté ignorar como mis pies se enfriaban cuando el agua fluía sobre mis botas de cuero mientras levantaba mis brazos sobre mi cabeza. Mis ojos se sentían casi completamente cerrados concentrados cuando me concentré profundamente dentro de mí misma. A nuestro alrededor, cinco bolas de fuego parpadearon y se cernieron por encima de nuestras cabezas, golpeando de vuelta a la oscuridad.

—Este es mi poder, la creación y control de fuego —anuncié a mis compañeros. Mi fuerte y firme voz pareció hacer eco a través del vacío de los bosques—. He sido capaz de hacer esto desde que era humana. El poder es alimentado de la energía de mi alma. Si lo uso demasiado, me canso.

—Y retienes esta habilidad incluso después de tu conversión de humana a Nightwalker —indicó Cynnia, sentándose en el banco del arroyo, con sus ojos mirando a las bolas de fuego más cerca de ella.

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—Retuve mi alma, así que retuve la habilidad. —Descendí mis brazos de vuelta a mis costados mientras extinguía dos de las cinco bolas de fuego—. Pero entonces, todos los Nightwalkers están limitados a la magia del alma, o a la sangre mágica como es comúnmente conocido entre mi especie. Perdemos nuestra conexión a la tierra cuando renacemos.

—Estoy confusa —dijo Shelly, hablando. Cuidadosamente caminó del banco al borde del arroyo para quedarse de pie solo a unos pocos pasos de distancia de mí. Sólo Danaus permaneció más alto en la cuesta, mirándonos a las tres, medio escondido por las sombras—. Si los Nightwalkers están limitados a la sangre mágica, ¿por qué nos pediste que te enseñáramos la magia de la tierra? Por tu propia admisión, eso debería ser imposible.

—Pero entonces es mi única habilidad en ambas formas tanto humana como Nightwalker —añadí, arqueándola una ceja—. ¿Qué humano ha sabido que podías crear fuego? Ese es el reino de las brujas y brujos, y solo para los más hábiles. Rompí las reglas el día que nací.

—Esa lógica no significa que puedas romperlas todas —me dijo Danaus, una sonrisa llenó su tono.

—Pero ya he roto esta una vez —dije, mi mirada se deslizó desde el cazador a Cynnia—. Crecí en la isla de Creta, podía sentir la energía de la tierra. La presionaba contra mi piel, y cuando usaba mi habilidad, me entraba. Podía usar ese poder desde la tierra para alimentar mi fuego, en lugar de usar la energía de mi alma.

—Asombroso. —Se impresionó ella.

—Sí, pero no podía controlarlo. Era pura energía sin refinar que había encontrado una salida. No podía detenerla, y no podía empujarla dentro de cualquier otro tipo de hechizo. Solo había la necesidad de crear fuego.

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—¿Sabes algunos otros hechizos? —Inquirió Shelly.

—No.

—Bueno, eso es parte de tu problema —se rió Shelly.

—Pero no estoy lo suficientemente segura de cómo controlo técnicamente el fuego — comenté—. Me levanté un día y podía hacerlo. Tiempo y práctica han hecho la habilidad más fuerte y más dinámica, pero no lo comprendo mucho mejor.

—Mira —dijo Cynnia lentamente, alejándose de la orilla del agua y subiendo la cuesta hacia Danaus—. A riesgo de mi propia vida, me estaba preguntando si considerabas que quizás, por alguna ligera casualidad, no naciste humana.

—Era humana —dije bruscamente, dando un paso hacia ella.

—Pero como has dicho, los humanos no pueden controlar el fuego como lo haces tú.

Con una onda de mi mano, la última bola de fuego se extinguió, metiéndose en la total oscuridad de los bosques—. Y si no era humana, ¿Qué crees que era?

—Quizás deberías haber sido una bruja —interpuso rápidamente Shelly.

—Sabemos que tanto brujas como brujos son entrenados; no nacen —dije brevemente, mi mirada no flaqueó de la Naturi que parecía estar avergonzada cerca de los pies de Danaus—. No, tienes algo más en mente.

—Lo que estás describiendo en muy similar... a como... los miembros del clan de la luz manipulaban el fuego —dijo Cynnia vacilantemente. 183


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Estuve fuera del agua en un destello, subiendo la colina, pero fui detenida inmediatamente por el largo cuchillo de Danaus. Se había tambaleado agachado, cernido sobre Cynnia mientras sostenía el cuchillo sobre mi cuello, acorralándome. Simplemente había reaccionado a la horrorosa sugerencia, ningún pensamiento real cruzó mi cerebro. No era una Naturi. No había ninguna parte de mí que tuviera una veta de Naturi.

—¿Mira? —Inquirió Danaus, su voz firme ayudó a alejar el velo de rabia a un lado. No tenía dudas de que a él le gustaría que fuera verdad. Eso me dejaría con mi propio oscuro secreto, tanto como mi querido Danaus y el secreto de sus propios poderes.

—Es imposible.

—Muchas cosas sobre ti son imposibles —dijo él en voz baja—. ¿Por qué esto?

Apretando mis dientes, retrocedí bajando de la colina hasta que estuve en el agua otra vez, dejando que el sentimiento frío suavizara mi enfado y soltara la tensión que tarareaba a través de mi cuerpo. Con una onda de ambas manos, las cinco bolas de fuego aparecieron en el aire. De alguna manera, esta vez eran de alguna forma más grandes y crujían más alto, como si se adaptaran a mi persistente enfado.

—Si poseyera algo de sangre Naturi dentro de mi sistema, eso habría matado a los Nightwalkers que he creado —expliqué, comenzando a controlar mis emociones cuando lógicamente pensé sobre eso—. La sangre Naturi es venenosa, incluso en su forma más diluida. Además, estás diciendo que es imposible que un Naturi y un humano tengan un hijo juntos, lo cual no es solo altamente poco probable, es imposible. Lo más cercano a un Naturi mestizo es un cambia formas, ¿cierto?

—Eso es cierto —admitió Cynnia suavemente, sus ojos cayeron al pasto a sus pies—. La cosa completa está cerca de lo imposible, pero tienes que admitir que la similitud es asombrosa.

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—Asombrosa —gruñí, pateando una roca fuera de mi camino—. Pero imposible. Conocí a mis padres. Ambos eran humanos.

—Entonces es solo algún tipo de mutación genética —sugirió Shelly, claramente intentando suavizar algo de la tensión.

Me mordí el labio, agarrando otro comentario insidioso. Ella estaba intentando ser amable, pero lo hacía sonar como si yo fuera un fenómeno de la naturaleza que no estaba muy perfeccionado.

—No soy un Naturi. Hacerme una Nightwalker habría matado a mis creadores. — Sadira, Jabari, y Tabor habrían sido instantáneamente envenenados por mi sangre, resultando muertos. Nunca habría sido convertida en Nightwalker.

Empujando mis manos en mi pelo, lo aparté de mis ojos cuando volví a mirar a mis acompañantes otra vez—. Pero estamos fuera del tópico. Mi herencia no tiene nada que ver con lo que quiero esta noche. Enséñame a usar la magia de la tierra. Enséñame a controlar la energía que sale de la tierra.

—¿Puedes sentir la energía de la tierra ahora? —Preguntó Cynnia, comenzando a regresar al banco otra vez ahora que estaba actuando como una criatura racional de nuevo.

—No.

—Quítate los zapatos —instruyó.

Con un refunfuño, vadeé el banco y me senté en la suave tierra, ignorando el hecho de que conseguí como asiento el barro en mis pantalones de cuero. Descalza, me 185


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estremecí por la frialdad del agua cuando regresé al arroyo. Cerré mis ojos y alargué la mano con mis sentidos. Podía sentir a Danaus y a Shelly cerca de mí. Podía sentir a otros humanos a millas de distancia y a Nightwalkers agrupados juntos al este, de vuelta a mi domino. Pero no había sentimiento de energía similar a lo que había sentido en Creta. Lo único que fluía debajo de mis pies era la fría agua del arroyo.

—Aún no siento nada —señalé, cerrando mis ojos cuando me concentré más fuerte, pero sólo había nada donde debería haber energía.

—¿Y si te alimento con algo de energía de la tierra? —Dijo Shelly, causando que mis ojos se abrieran de golpe.

—¿Cómo?

Ella levantó su pie y chasqueó sus dedos, creando una pequeña bola de fuego justo sobre la punta de sus dedos. Me iba a lanzar el fuego mí y podría cogerlo. Era similar a lo que me había ocurrido en Londres con la bruja de la tierra que me había atacado. En ese momento, había sentido un flujo de energía, pero no podía identificarla o comprenderla.

—Más grande.

Con una onda de su mano, la bola de fuego creció hasta que fue del tamaño de una pelota de baloncesto. Asentí y ella me lanzó el fuego. Levanté mi mano derecha, la cogí luego la dejé fluir por mi cuerpo como una serpiente hasta que el fuego golpeó el agua y se extinguió. Durante un momento la conexión del fuego y el agua causó un apagado rugido en mi cabeza. Podía oír el flujo del poder debajo de la superficie de la tierra. Tensándose a través de mis pies durante un segundo y luego desapareciendo completamente. Duró un único segundo, pero lo sentí.

—¡Ahí! ¡Lo sentí! Fue débil, pero sentí algo —grité. Saliendo del agua hacia el banco opuesto, gritando—. ¡Hazlo otra vez! 186


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Shelly repitió el hechizo y permití al fuego lavar mi marco hasta que fue absorbido por la tierra. El sentimiento fue más fuerte esta vez, pero solo fue aún un sentimiento. No lo sentía una parte de eso de alguna manera como lo hice en Creta. Era como si la tierra fuera indiferente a mi existencia.

—Puedo sentirlo, pero no puedo interceptar el poder por sí mismo. Solo fluye justo para pasarme.

—¿Debajo de tus pies? —Preguntó Cynnia.

—Sí.

—¿No lo sentiste en el aire? —Inquirió Shelly, arrugando su nariz cuando me miró.

—No.

—Mira, la magia de la tierra se usa para lanzar su poder desde el aire. Solo los más viejos y más hábiles pueden actualmente lanzarla desde las profundidades de la tierra, donde es más fuerte y más difícil de manipular —explicó

—Además, sólo los Naturi han sabido lanzar consistentemente su poder directamente del flujo de la tierra —añadió Cynnia—. El hecho de tú puedas sentirlo significa que eres sensible a solo los puntos más fuertes del poder. Las posibilidades de que seas capaz de aprender a usar la magia de la tierra es extremadamente escaso, si no imposible. A menos que seas un fenómeno, no serás capaz de sentir la magia para usarla.

Con mis dientes apretados por la frustración, caí pesadamente en el banco opuesto y miré a mis compañeros. Sí, las similitudes entre mis habilidades y el clan de los Naturi de 187


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la luz eran asombrosas, pero eso era todo. No era una Naturi, no tenía ninguna atadura con los Naturi, además no tenía ningún lazo con la naturaleza. Por alguna razón, la tierra podía usarme como un arma de destrucción, pero yo no podía usarla a ella.

—Entonces enséñame un nuevo hechizo —dije en voz baja y cansada.

—Pero no puedes usar la magia de la tierra —comentó Shelly, con su mirada bailando de mí a Cynnia.

—Vi a un brujo hacer un hechizo de protección. Creó una barrera física entre él y su asaltante. ¿Puedes enseñarme eso? Si puedo aprender a hacerlo usando la magia de la sangre, quizás pueda canalizar la magia de la tierra cuando esté en Perú.

Otra vez Shelly miraba a Cynnia, quién encogió un hombro. Ambas mujeres parecían escépticas pero parecían de acuerdo en intentarlo.

E intentaron hacerlo durante más de cuatro horas. Trabajamos a través de la noche hasta que estuve temblando de cansancio. Había usado demasiado de la energía de mi alma para crear esta barrera mágica que era lo bastante fuerte para acabar por detener la cuchilla de Danaus. Su fuerza nunca era consistente, pero era un comienzo. Sospechaba que sería más fácil manipularla cuando tuviera un exceso de energía fluyendo a través de mi marco.

Al final de la tarde, tiré las llaves del coche a Danaus y me senté en el asiento de pasajeros, intentando ignorar el barro que estaba manchando a través de los asientos de cuero. Pero la verdad estaba demasiado cansada para importarme. Danaus nos llevó hacia mi dominio, de vuelta a la protección de mi ciudad y lejos de los oscuros e indiferentes bosques.

¿Conseguiste lo que querías? Su voz susurró a través de mi cabeza, y mis ojos se abrieron pesadamente. 188


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No, pero es un comienzo

Mira...

No soy parte Naturi, Danaus. Ellos nunca hubieran sobrevivido a la transformación, repliqué, pensando en mis tres queridos creadores y el cuidado que habían tenido en hacerme con un Nightwalker de Primera Sangre.

La similitud es...

Espeluznante, finalicé. Demasiado espeluznante.

Estaba segura que no era Naturi, que no tenía relación con la raza Naturi. Todavía, por primera vez en mi completa existencia estaba forzada a preguntarme, ¿realmente había nacido humana? Desafortunadamente, dudé de que tuviera una oportunidad para encontrar la respuesta a esa pregunta, ya que volábamos a Perú mañana.

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CAPÍTULO 17 Traducido por ckoniiytthanzaaw! y Virtxu Corregido por Sera

A

l despertar, golpeé mi cabeza, me di un golpe en la rodilla y me aplasté un dedo del pie, todo al mismo tiempo. Había olvidado que estaba acurrucada en un baúl y no tendida en una blanda cama de Savannah. Habíamos estado en algún lugar en el Atlántico cuando finalmente me había acomodado en el baúl antes de saltar al avión fuera de la ciudad. Odiaba esto antes antes de incluso subirme. Era estrecho y la única cerradura estaba en el exterior. Yo prefería mi aleación de metal, a prueba de fuego, con cerraduras dobles interiores y un forro de seda. Desafortunadamente, estaba una vez más viajando sin guardaespaldas, y no quería preocuparme de Danaus tratando de maniobrar el ataúd mientras intentaba vigilar a Shelly y Cynnia al mismo tiempo. Gabriel se había ofrecido para venir, pero eso significaba traer a Matsui y yo no estaba dispuesta a dormir teniendo alrededor al n nuevo uevo guardián. La confianza llega con el tiempo.

Ahora estaba atascada en un baúl en el que Houdini podía haberse sentido en casa. Yo, por otra parte, necesitaba salir de esa cosa antes de sufrir un grave caso de claustrofobia. Moviéndome lo mejor que pu pude de en el pequeño espacio, puse mi espalda contra la tapa y la empujé lentamente para ver si estaba cerrada con llave. Tenía la fuerza para forzar la apertura del baúl de todos modos, pero no el deseo de romper la cerradura de mi única protección de la luz durante los próximos días. Afortunadamente, la tapa no ofreció resistencia.

Suspirando mientras me acomodaba, inmediatamente me di un golpe en la cabeza contra una barra de metal y una plancha de madera. Apenas pude sofocar una serie de maldiciones que estaban staban colocadas en la punta de mi lengua, me agaché y froté mi cabeza mientras echaba un vistazo alrededor. La habitación era totalmente pequeña, con un techo muy bajo y un par de puertas correderas a centímetros de mi cara. Las maldiciones se escaparon en en un áspero suspiro cuando me di cuenta que

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estaba en un armario. Como si despertar en un baúl no fuera lo suficientemente malo. No, Danaus me había metido en un armario.

Con los dientes apretados, deslicé las uñas en la grieta entre la puerta y la pared. Sin embargo, me congelé en el acto de deslizar la puerta abierta cuando oí un pomo de la puerta girarse en la habitación de al lado. Alguien estaba viniendo y no era Danaus. El cazador estaba en la habitación y por el sonido de su respiración suave y constante, dormido en la cama. Abrí la puerta sin hacer ruido, y sonreí al ver que el cuarto estaba completamente negro, excepto por el eje de luz que la atravesaba cuando el desconocido entró.

El hombre con el pelo corto y negro parpadeó en la impenetrable oscuridad, esperando que al menos sus ojos se acostumbraran a la penumbra. Yo no estaba dispuesta a darle la oportunidad. Precipitándome silenciosamente a través de la habitación, con mi mano derecha sujeté su cuello y lo golpeé con la pared detrás de él. Al mismo tiempo, cerré la puerta, hundiendo el cuarto en total oscuridad. Todavía podía ver con claridad, pero sabía que él no podía ver nada.

—¿Qué estás haciendo aquí? —gruñí.

—Lo... lo siento, llego tarde. —Las palabras se tropezaron, su discurso tenía un acento que hacía las palabras difíciles de entender—. Tuve problemas para salir del bar.

—¿El bar? ¿De qué hablas? ¿Tarde para qué? ¿Quién eres?

—Déjalo, Mira. —La voz tranquila de Danaus intervino antes que el hombre pudiera hablar.

Volviendo mi cabeza a la derecha, vi a Danaus de rodillas en la cama, con un cuchillo en su mano. Ni siquiera lo había oído moverse.

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—Se estaba colando en la habitación —dije. Mi agarre no había cambiado. Un poco más fuerte y aplastaría su tráquea.

—Él viene desde Themis.

Si bien no era la información más tranquilizadora, era suficiente para ganar tiempo. Solté la garganta del hombre, di un paso hacia atrás y girando en la luz del techo mientras caminaba al lado opuesto de la habitación.

—Mira, este es Eduardo, uno de los pocos contactos de Themis en Sudamérica y el único situado en Perú —explicó Danaus.

Cuando llegué a la esquina de la habitación me di la vuelta para ver la cara del hombre. Sabía que no me debía ver muy bien, pero no esperaba la violencia de su reacción. Eduardo me atacó, pero ya estaba contra la pared de forma que todo lo que lograra fuera golpearse la parte de atrás de su cabeza. Sus ojos marrones oscuros se ampliaron y rápidamente intentó liberarse agitando sus brazos. Una cadena de palabras se le escapó, pero no eran ni en inglés ni en español. Sólo podía suponer que era quechua o uno de los dialectos usados en las Tierras Altas, pero no podía estar segura. Lo único que sabía era que esas silenciosas palabras molestaban a los recuerdos en mi mente de noches pasadas en Machu Picchu, sonando demasiado parecidas al dialecto de los incas de hace siglos. Habían visto como era torturada por los Naturi, sus silenciosas conversaciones se remolinaban a mí alrededor.

—¡Ya basta! —Grité, presionando mis palmas contra mis oídos, deseando poder borrar mis recuerdos—. ¡Cállate! —Cerré los ojos y retrocedí hasta que mi espalda tocó la pared. Un segundo después mis ojos se abrieron ante el sonido de pasos amortiguados. Danaus estaba de pie en frente de mí, con una mirada preocupada en su cara.

—¿Qué está mal? —preguntó cuando quité las manos de mis oídos.

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—¿Por qué está aquí? —dije, ignorando su pregunta. Él no tenía porque saber que estaba aterrada por viejos fantasmas.

—Tenía que despertarme antes del atardecer —respondió Danaus. Una arruga seguía cerniéndose en sus labios, y pude ver preocupación en sus ojos. Conocía sus pensamientos sin necesidad de ahondar en su mente. Se preguntaba si finalmente me estaba volviendo loca. Y tal vez lo estaba. Ser capaz de contar los minutos finales a tu muerte tenía que volver un poco loco a cualquier criatura. En cuestión de noches volvería a estar de pie en la montaña de los Incas, los Naturi a un lado y los Nightwalker al otro, conmigo en el centro. La única esperanza de los Nightwalker para poner fin a esta guerra. Mi única queja probablemente era que me matarán en el proceso.

—Envíalo lejos —susurré, dejando caer mis ojos cerrados. No dijimos más palabras. El único sonido eran los pasos, el ruido de la cerradura y finalmente el golpe de la puerta. Abriendo los ojos, me aparté de la pared. Danaus se quedó de pie lejos de mí, lo que me dejaba espacio para caminar hasta la única silla de la habitación.

Sentándome en la silla del colchón hundido con la tela verde y descolorida, dejé a mis ojos lentamente vagar por la pequeña habitación, mientras él se sentaba en el borde de la cama. Al lado del armario había un destartalado escritorio que tenía el presentimiento de que estaba hecho de roble prensado. Había una mesilla al lado de la cama que dominaba la habitación con largas rayas. Había otra puerta, la cual supuse que llevaba al baño. El cuarto estaba limpio y ordenado, pero causaba una sensación de desgastado y cansado, como si hubieran habido demasiados ocupantes a lo largo de su historia. El recurso del cansancio lo hacía parecer el hecho de que no hubiese ventanas.

—Te ves como el infierno —anunció Danaus, rompiendo el silencio. Mis ojos se volvieron hacia su cara y lo encontré frunciendo el ceño.

—Duerme en un baúl dentro de un armario y mira a ver cómo sales luciendo —le contesté toscamente, sin importarme cuan perra sonaba. Mi mirada calló en mi camiseta y mis pantalones de cuero, y distraída intenté suavizar las arrugas, pero fue inútil. Tenía la sensación que desde ahora serían permanentes.

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—Eso no es lo que quería decir —respondió con calma, sin inmutarse por mi tono. Podía imaginar cómo lucía. Necesitaba alimentarme de nuevo. Me había alimentado antes de subir al avión en Savannah, pero había un problema con conseguir que el jet bajara a tierra. Yo me había visto obligada a hacer una serie de llamadas telefónicas no planeadas para mantener todo en línea mientras intentaba salir, lo que no me dejó tiempo para alimentarme. Había pasado mucho tiempo desde que me alimenté por última vez. Tampoco ayudaba que hubiera sido herida en Blackbeard Island, dejándome una sensación drenada y nerviosa, además de la formación mágica que tuve la otra noche.

El miedo también tenía sus garras profundamente arraigadas en mi carne. Si estuviera viva todavía, habría estado hiperventilando mientras mi corazón se aceleraba en mi pecho. Como si lo estuviera, luché contra el impulso de frotar mis manos en mis rodillas, pero ya no sudaba. Yo sabía lo que Danaus veía. Estaba fantasmalmente pálida, mis ojos lavanda estaban bien abiertos con un permanente brillo. Y si miraba lo suficientemente cerca, vería el ligero temblor en mis dedos.

—Necesito alimentarme —admití haciendo caso omiso a la sensación que era como un edificio en llamas en mis venas y tirando lejos cualquier pensamiento racional. Con un suspiro un tanto extravagante, puse mi codo izquierdo en el brazo de la silla y apoyé mi cabeza—. ¿Dónde estamos?

—Cuzco.

—¿Qué? —mi posición vertical cerniéndose, me tambaleé al borde de la silla. El repentino movimiento hizo a Danaus ponerse de pie, su mano derecha por instinto buscando un arma. Di un respingo al movimiento defensivo y me obligué a sentarme lentamente. O mi estallido anterior o mi aspecto tenía al cazador al borde a pesar de que nuestra tregua continuaba. O peor aún, él podía sentir mi hambre. Él lo había admitido cuando estuvimos en Creta juntos, comentando cómo el hambre quemaba por su mente también cuando estábamos juntos. Los dos estábamos danzando con el filo del cuchillo, simplemente trabajando juntos porque estábamos desesperados, pero la confianza era delgada sobre el terreno.

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—Estamos supuestamente al pie de un albergue en las ruinas del Machu Picchu — seguí mientras él se volvía a sentar en el borde de la cama—. O por lo menos en Aguas Calientes. Debemos estar cerca de la montaña.

—Suerte que estamos en Cuzco —dijo, con sus cansados hombros relajándose—. El avión fue redirigido a Lima en el último minuto debido a las tormentas en Cuzco. Después de un retraso de tres horas, salimos hacia Cuzco. El aterrizaje fue duro debido a los fuertes vientos. Llevó otra hora llegar al aeropuerto. Para entonces era el atardecer. Todos los trenes hacia Valle Sagrado iban camino de regreso a Cuzco.

—¿Y nada más iba hacia Machu Picchu?

—Eso era todo.

—¿Qué hay de alquilar un coche y conducir?

—Lo comprobé. El camino solo va hasta Ollantaytambo. Desde allí se toma el tren las dos últimas horas hasta Aguas Calientes.

—¿Cómo se puede andar por un país como este? —Grité, empujándome fuera de mi silla. Metí las manos en mi enmarañado pelo mientras me paseaba por la sala. Los tacones de mis botas hacían sonar todo el piso de madera, enviando el ruido a través de las paredes, así que ahora estaba segura que nuestros vecinos podían oír mi creciente ansiedad.

—Mira, tienes los Andes por un lado y la selva amazónica por el otro. Tenemos suerte de estar aquí —declaró Danaus con paciencia.

Deje mis manos de nuevo a mis lados.

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—Tienes razón. —Había otro problema del cual preocuparse de todos modos—. ¿Dónde están Shelly y Cynnia?

—En la habitación continua —dijo con un movimiento de cabeza.

—¿Algún problema? —le pregunté mientras me dirigía a la puerta con Danaus siguiéndome cerca tras de mí.

—Ninguno. Ambas están perfectamente educadas. De hecho... —Su voz se desvaneció antes de que pudiera terminar la frase.

Me detuve en el pasillo junto a él, mi cuerpo bloqueándole de dirigirse a la habitación de nuestras compañeras.

—¿Qué?

Danaus frunció el ceño y desvió la mirada, la mirada recorriendo la longitud del pasillo antes de detenerse en un punto situado justo encima de mi hombro.

—No tuve más elección. En un momento tuve que quitarle los grilletes en un intento de pasar por seguridad. Mi mayor esfuerzo estaba en estar seguro que no encontrarían tu baúl. Shelly no podía proteger sus mentes con los grilletes de hierro y el baúl.

—¿Así que la liberaste? —Contuve el aliento, luchando por mantener mi voz baja en un espacio público. Quería sacudirle. ¿Había perdido el juicio? Podría entender en las circunstancias en que se encontraba, pero él, ¡dejó en libertad a nuestra prisionera! Luché contra la tentación de meter mis dedos en mi pelo y caminar por el pasillo. En su lugar me conformé con cerrar mis manos en puños a mis costados y apretar los dientes.

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—No tuve elección. Ella se comportó bien todo el tiempo. Nos ayudó a ocultarnos. Pasamos el control de seguridad más rápido gracias a ella.

—Y estoy segura que ella alertó a su propia especie en Cuzco —dije con irritación.

—Posiblemente —admitió Danaus con un encogimiento de hombros mientras sacaba otra llave de hotel de su bolsillo—. Pero yo creía que eso era lo que queríamos. ¿Un enfrentamiento con Rowe antes del sacrificio? Si ella los ha alertado de que está en el país, entonces deberían venir corriendo por ella.

—¿Y lo han hecho?

—Los Naturi están cerca. En la ciudad, pero ninguno ha venido al hotel por lo que he podido averiguar.

—Tú también estabas dormido.

—Porque no creo que ella les dijera que está aquí.

—¿Por qué?

Llamó una vez a la puerta del hotel antes de insertar la llave. Al girar el picaporte, miró por encima de su hombro hacia mí, la oscuridad llenaba sus ojos azul profundo.

—Porque ella se ve peor que tú.

Sorprendida por su comentario, sin palabras seguí al cazador por la pequeña habitación de hotel que era idéntica a la nuestra, con la excepción de una pequeña ventana en la pared opuesta a la puerta. Shelly se sentaba en la cama con la espalda 197


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contra el cabecero, una lima de uñas lentamente esculpiendo cada uña en su mano izquierda. Cynnia se sentaba en el suelo de la esquina, lo más lejos posible de la ventana y la puerta. Sus brazos estaban envueltos alrededor de sus rodillas dobladas y sus hombros se veían dolorosamente duros. Los grilletes de hierro, una vez más adornaban sus muñecas delgadas. Había el menor tintineo de metal en el aire, como si sus manos estuvieran temblando.

—Sigues aquí —dije con una nota de sorpresa llenando mi voz.

—¿Dónde más podría estar? —Su suave voz era poco más que un susurro del viento. Su normalmente blanca y perlada piel estaba casi gris ahora y sus ojos verdes brillantes estaban planos mientras se arrojaban de un extremo de la habitación a la otra.

—Por lo que he oído, podrías haber corrido al encuentro con tu especie. Están rastreando por todo el lugar como un montón de cucarachas. Podrías haberte reunido con tu raza.

—¿Con qué propósito? ¿Caer con otro grupo que me quiere muerta? ¿Qué pasa si Rowe cree en lo que están diciendo de mí? Él me va a matar en el acto. O peor... — Hizo una pausa, pasando una mano temblorosa a través de su pelo lacio castaño—, ...podría entregarme a Aurora cuando ella aparezca por la puerta.

—Lo primero, Aurora no llegará. ¡Esa puerta se queda cerrada! —dije de pie delante ella. Cuando estuve al menos a un pie de distancia, me arrodillé y me incliné hacia adelante apoyándome en los nudillos de mi mano izquierda, haciéndola apretarse más lejos en la esquina—. Y en segundo lugar, ¿por qué te querrías quedar con un grupo que planea matarte también?

—Por que al menos tú todavía me necesitas —dijo levantando ligeramente su barbilla.

Retrocedí un poco, pero me mantuve de rodillas delante de ella, el ceño jugando con las esquinas de mi boca. 198


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—No bajo el riesgo de mi propia vida —dije—. No tengo razones para protegerte si para eso arriesgo mi vida, y hasta ahora, me has dado pocos motivos para mantenerte viva.

—¡Te protegía mientras dormías! —gritó, echándose hacia adelante—. Él sol estaba alto y esos hombres habrían revisado el baúl que Danaus traía si yo no te hubiera ocultado.

—¿Por qué hacerlo?

—¿Te refieres a otro aparte del hecho de que Danaus me hubiera sacado el corazón en el momento si yo revelaba tu ubicación? —dijo torciendo su boca en un feo gesto—. Te necesito. Necesito tu protección del resto de mi clase. Particularmente de Rowe. Es compañero de mi hermana. Si ella está intentando matarme, presumo que él estará feliz de seguir sus órdenes.

Mi sonrisa se extendió lentamente por mi cara, hasta revelar mis blancos colmillos perfectos.

—Entonces necesitaré más de ti que un simple hechizo de encubrimiento.

Cynnia suspiró y bajó la cabeza de manera que su frente tocaba las rodillas. Su voz estaba ahogada, pero podía fácilmente descifrar lo que decía.

—Hay docenas de Naturi aquí. Más de un centenar. Ellos están en la ciudad y en las montañas. Están por todas partes.

—¿Y lo sentiste cuando Danaus te quitó las esposas?

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—Los podía sentir con las esposas puestas. Lo sentí al momento en que mis pies tocaron el suelo. —Ella levantó la cabeza y encontró mi mirada, revelando sus cristalinos ojos verdes. Me estaba mirando, pero tenía la sensación de que en realidad no me veía—. La tierra está saturada de poder aquí. Puedo sentirlo en todas partes. En la tierra, en el aire, en los animales que se esconden en las sombras y los bosques de los alrededores. Rowe tiene potencia más que suficiente para abrir la puerta entre dos mundos. Él tiene el poder de arrancar por completo las paredes y destruir la jaula que nos mantiene. La montaña llamada Machu Picchu puede ser el pináculo, pero la zona del valle entero esta rebosante de energía. Los Nightwalkers no tienen posibilidad si van a afrontar a los Naturi aquí.

Me senté de nuevo sobre mis talones por un momento, mirando a mi cautivo. No se veía triunfante como esperaba que se viera alguien que estaba profetizando la aniquilación completa de mi raza cuando intentaramos atrapar a los Naturi. En cambio se veía triste, casi rota, mientras se sentaba en el suelo, los hombros caídos y sus ojos casi cerrados mientras las lágrimas brillaban bajo una tenue luz.

—Danaus, ¿aún guardas las imágenes de árboles que me mostraste? —pregunté, sin levantar la vista de Cynnia. Parecía dispuesta a hablar, y honestamente sentía que me decía la verdad.

—¿Qué?

Me volví para mirar al cazador, que me observaba con una mirada confusa en su rostro, con los puños apoyados en las caderas. Parecía como si estuviera preparado para atacar, pero por el momento no estaba segura de a quién tenía la intención de proteger—si a mí o a Cynnia.

—Hace meses en el bar, me enseñaste un montón de fotos con símbolos en los árboles. ¿Aún las tienes?

—Sí, en mi mochila —dijo, señalando con el pulgar hacia la sala que estábamos compartiendo actualmente.

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—Ve por ellas.

Danaus me miró extrañamente durante un instante y luego salió de la habitación a buscar las fotos. Detrás de mí, oí Shelly deslizarse fuera de la cama y caminar hacia donde Cynnia y yo seguíamos sentadas en el suelo.

—¿Hay algo que pueda hacer? Después de que llegamos al hotel, Danaus dijo que no usara un hechizo de sueño sobre Nia.

—¿Nia? —Le pregunté, mirando de nuevo de Cynnia a Shelly, quien me dio una débil sonrisa, encogiéndose de hombros.

—Es el apodo de la familia —admitió ella, a continuación, dio un suspiro y sacudió la cabeza un poco—. En realidad, sólo Nyx lo usa. No me importa que Shelly me llame Nia —continuó Cynnia—. Ella ha sido buena conmigo.

Apreté los dientes y cerré los ojos para no romperme en dos por la irritación. Cynnia era un prisionero. Me repetía esto, pero parecía como si yo fuera la única que estaba escuchando este relato. Ella no era un cachorro o un pez de colores que pudiera mantenerse. No era necesario establecer una amistad con una criatura que en última instancia, planeaba matar.

—Si no has utilizado un hechizo de sueño, ¿cuál es la magia que puedo sentir en el aire? —Le pregunté a Shelly cuando estuve segura de poder mantener mi voz constante y calmada.

—Un hechizo de camuflaje.

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—Entonces no funciona. No tuve problemas para verla cuando entré en la habitación —dije con el ceño fruncido.

—Es que no es un hechizo de encubrimiento contra los Nightwalkers. Sólo se supone que funciona con los Naturi —corrigió Shelly—. Es como un tipo especial de glamour.

—Eso no tiene sentido. El glamour no funciona con los Naturi. ¿Y cuando te enteraste de que un hechizo trabajaba de manera específica contra los Naturi?

—Nia me lo enseñó.

Mi cabeza se giró de nuevo para mirar a la Naturi que continuaba sentada frente a mí, con una sonrisa tentativa en sus pálidos labios. —Ella necesitaba ayuda —dijo—, y no puedo confiar en ti por completo para protegerme. Conozco un par de trucos. Si no puedo utilizarlos, no veo daño alguno en que se los enseñe a Shelly.

No estaba del todo cómoda con la idea de que Cynnia enseñara magia a Shelly cuando yo no estaba cerca. Pero entonces, realmente no importaba si estaba o no presente. Yo no sabía suficiente magia como para reconocer si realmente Cynnia le estaba enseñando a Shelly un hechizo de camuflaje o posiblemente un hechizo de seguimiento. Para mi disgusto, actualmente tenía que confiar en Cynnia, y eso no me gustaba.

Danaus eligió ese momento para entrar en la habitación del hotel de nuevo, ahorrándome de hacer un comentario grosero.

—¿Hay algún Naturi en el hotel o cerca de él? —Exigí tan pronto como cerró la puerta. Sentí su poder salir corriendo de su cuerpo y llenar la habitación antes de empujarlo hacia fuera para abarcar toda la estructura. Cerré los ojos y me puse en contacto con mis propias fuerzas, que conectaban con las suyas de tal manera que subí la energía fuera del hotel. No podía sentir nada más allá de la dispersión de seres humanos y

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Nightwalkers de la ciudad, pero por ahora lo que necesitaba era la sensación de su energía caliente para calmar mis nervios crispados.

Necesitas alimentarte, dijo en mi mente mientras nuestros poderes se mezclaban.

Pronto, susurré a su vez, no necesitando el recordatorio.

Se está convirtiendo en una distracción.

Puedo manejarlo.

Tú no eres la única que se está distrayendo.

Una parte de mí quería sonreír ante el recuerdo de que Danaus podía sentir mi hambre también. Cuanto más fuerte fuera la sed de sangre, más difícil sería para él estar cerca de mí. Nunca me dijo exactamente cómo le afectaba, pero estaba dispuesta a apostar que las consecuencias no eran felices. Para mí, esto alimentaba mi lado más depredador, me hacía más violenta y más dispuesta a asumir riesgos innecesarios. Y entonces la misma frecuencia de alimentación se convertía en algo sexual con la pareja adecuada, aunque no era necesario.

Sin la sed de sangre arañando el interior de mi cerebro, la alimentación no era más emocionante que comer una hamburguesa en un establecimiento normal de comida rápida. Sin embargo, cuando el mundo ante ti estaba cubierto por una bruma de sangre, el acto de la alimentación podría ser positivamente orgásmico. Esto definitivamente me hizo preguntarme acerca de mi querido Danaus.

—Hay algunos Naturi a un par de cuadras, pero es Cynnia la única Naturi que puedo sentir en el hotel —dijo él finalmente—. Y técnicamente no puedo sentirla.

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—¿Las fotografías? —Le pregunté, mirando por encima del hombro hacia él.

Danaus golpeó el fajo de fotografías en color en mi mano abierta. Los bordes estaban arrugados y consumidos por el viaje. Hasta ahora, había viajado desde Savannah, Aswan, Londres, Venecia, Heraklion, y luego de vuelta otra vez a Savannah. Era increíble que hubieran sobrevivido.

—Danaus, quiero que te lleves a Shelly a encontrar algo de comida para ella y Cynnia. La Naturi empieza a parecer un poco pálida, y no necesito que muera antes de que yo esté lista —dije, mi mirada nunca flaqueó de Cynnia mientras ella me miraba.

—No me gusta esto, Mira —dijo él, sin hacer ningún esfuerzo por ocultar su desaprobación. Podía sentir su preocupación e ira luchando contra mi espalda mientras estaba parado cerca de mí.

—No esperaba que lo hicieras —dije bruscamente—. Sólo tienes que hacer eso lo más rápido posible. Prometo no matarla si no estás.

—Mira, por favor, no hables así. Nia ha estado cooperando con todas tus exigencias — argumentó Shelly—. Tal vez podamos encontrar otra manera.

—Shelly, sal de aquí. Llévate a Danaus contigo. Si quieres estar segura de que Nia sigue estando segura, entonces te sugiero que no pierdas el tiempo.

Nadie volvió a hablar. Sólo hubo el ruido de dos pares de pisadas y el golpe de la puerta. Sonreí a Cynnia, la cual me miraba, sin expresión en su rostro cansado.

—Al fin solas —dije.

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—No vas a matarme —anunció Cynnia audazmente, levantando el mentón en un momento de valentía.

Me reí de ella, echando la cabeza hacia atrás mientras me sentaba en el suelo con las piernas cruzadas delante de mí. —Por supuesto que te voy a matar al final. Pero por ahora, pareces estar dispuesta a ayudarme, y si no lo has adivinado todavía, yo tengo toda la ayuda que pueda obtener para mantener a tu hermana Aurora encerrada en su propio reino. También voy a coger toda la ayuda que pueda conseguir en contra de Rowe, así que parece que estamos en el mismo lado.

—Como tú y Danaus. Él es un cazador de Nightwalkers, ¿no?

—Sí, pero hay una diferencia muy notable entre tú y Danaus. —Sonriendo de nuevo, me incliné hacia delante para apoyar mis codos en las rodillas—. No odio a Danaus con cada fibra de mi ser. Lo qué suceda entre Danaus y yo todavía está en el aire. Cuando esto termine, estaría dispuesta a dejarlo ir. ¿A ti? No tanto.

—Entonces, ¿qué puedo hacer para prolongar mi vida? —preguntó Cynnia.

—Echa un vistazo a estos. —Le entregué las fotos de los árboles que Danaus me había mostrado hace apenas unos meses, las que me hicieron empezar este largo y horrible viaje. Había doce imágenes diferentes de doce tipos diferentes de árboles. Cada árbol tenía un símbolo diferente tallado en él. Ni Danaus ni yo habíamos sido capaces de averiguar lo que significaban, pero ahora por lo menos tenía un Naturi a nuestra disposición. El misterio finalmente podría ser resuelto.

Cynnia se movió lentamente, cruzando las piernas para que ella pudiera esparcir más fácilmente las fotos en el suelo delante de ella. Pasó a través de cada una, con los ojos haciendo una pausa de menos de un segundo en cada símbolo antes de pasar al siguiente.

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—Árboles —murmuró. Eso había sido muy parecido a mi reacción, pero no esperaba fuera la de la Naturi. Este era su idioma. Tenía que decir algo.

—Ya había notado que las fotos eran de árboles también —dije entre dientes mientras luchaba por mantener mi temperamento bajo control—. Tenía la esperanza de que pudieras iluminarnos sobre lo que significaban los símbolos. —Si no lo hubiera sabido mejor, habría dicho que ella estaba jugando conmigo.

—No estoy segura.

—¿Qué quieres decir con que no estás segura? ¿Cómo puedes no estar segura? — Cogí algunas de las fotos y las sacudí ante ella—. Este es tu lenguaje, ¿no? ¿Tú escritura?

—Sí, pero algunos de ellos son sólo símbolos utilizados en los hechizos. No soy una fuerte hechicera. Sé lo suficiente para protegerme, es todo lo que me enseñaron.

Y de repente, eso me pareció extraño. ¿Por qué no había visto Aurora que su hermana menor estaba bien versada en las artes mágicas propias? Cynnia nunca había intentado atacarnos físicamente, y había cooperado con Danaus durante su única oportunidad de escapar cuando sus esposas fueron quitadas. ¿El propósito de Aurora era mantener a su hermana pequeña débil? Era un pensamiento el cual estaba de dejar que se cocinara por algún tiempo.

Esparciendo las doce imágenes entre nosotras en tres pequeñas y cuidadosas filas, señalándolas lentamente, di un respiro. Cogí una bocanada de su perfume propio y único esta vez por el olor rancio de polvo y por algún tipo de producto para la limpieza del cuarto de baño cercano. Olía a lluvia de primavera y tulipanes amarillos.

—¿Puedes leer todo esto? —pregunté, sintiéndome un poco más tranquila.

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—Sí, algunas de estas son palabras, pero no sé en qué orden va todo esto. —Cogió una imagen que parecía un árbol de abedul—. Esto significa “abierto”, y esto significa “bienvenida” —continuó, cogiendo otra foto de lo que parecía ser un tipo de palmera. Cynnia puso esas dos imágenes a un lado y miró el resto—. Esta aquí se refiere a un viajero cansado —dijo, dejando a un lado la imagen de la picea azul.

A medida que sacaba fotos de las tres filas, yo las organizaba cuidadosamente ante ella para que pudiera ver claramente cada uno de ellos. Nada de esto tenía sentido para mí hasta ahora, pero esperaba que a medida que identificáramos más piezas de este rompecabezas, una imagen quedaría clara.

—No hay una clara traducción de éste entre nuestros dos idiomas —dijo, cogiendo lo que parecía un árbol de arce.

—¿Puedes darme algo parecido?

—Tal vez... “camino olvidado”. O “camino escondido”.

Eso no se sentía especialmente tranquilizador, y un nudo se retorció en mi estómago. Todavía tenía que adivinar lo que los Naturi querían hasta con este surtido de fotos, y me sentía más ansiosa cuanto más se acercaba la noche del equinoccio y el sacrificio. Rowe tenía guardado algo especial en su manga.

Con las imágenes reducidas a dos filas de cuatro, me di cuenta que Cynnia había dejado de cogerlas, tenía el ceño fruncido en concentración mientras miraba cada una. De vez en cuando ella las reordenaba en un orden determinado y luego sacudía la cabeza otra vez, como si todo lo que estuviera buscando no se presentara.

—¿Hay algo más aquí que reconozcas?

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Ella suspiró, con los ojos lentamente viajando a las ocho restantes imágenes. Me di cuenta que su mano temblaba ligeramente cuando llegó a una imagen que estaba en mi extremo izquierdo. Yo siempre había odiado esa imagen. Era difícil saberlo debido a la oscuridad de la imagen, pero parecía que el símbolo había sido tallado en la corteza oscura y gruesa de un árbol de roble, al igual que uno de los cientos de robles que salpicaban el casco histórico de mi amada Savannah.

—Esto significa “hogar” —dijo, y sacudió la cabeza—. Pero no solo la idea del hogar como el lugar donde tú vives. Es el hogar en la Tierra... nuestro hogar.

Asintiendo con la cabeza, tomé la foto de ella y la añadí a la pila de las que ella ya había identificado. —¿Qué pasa con el resto?

—Símbolos mágicos solamente. No palabras, ideas, o frases para mí. Son utilizados para algún tipo de hechizo.

—¿Hechizo? ¿No un mensaje?

—Dudo que sea un mensaje de cualquier clase a menos que los Naturi de este lado hayan desarrollado su propio tipo de lenguaje abreviado o con base en los símbolos. Es posible, pero parece que estos árboles son de todas partes del mundo. Tendrías que ver la mayoría si no todo el mensaje no tendría sentido para ti. He visto todo y no tiene sentido para mí —admitió. Cogió una de las imágenes que ella no podía identificar y negó con la cabeza antes de volver a colocarla en el suelo. —He pensado sobre el símbolo y lo que parece, y la posible relación con el tipo de árbol en el que se encuentra, pero sigo sin nada. ¿Por qué algunas palabras son fácilmente identificables y el resto son una tontería?

—Necesito respuestas, Cynnia, no más preguntas —dije bruscamente apoyando mi cabeza contra mi mano y colocando el codo en la rodilla derecha.

—Lo siento. 208


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La fulminé con la mirada, encrespando mi labio hacia arriba para revelar uno de mis colmillos. Rápidamente levantó las manos esposadas, como si eso me alejara.

—Lo digo en serio. Siento no poderte ayudar con esto. Ayudar con los medios que tengo para seguir con vida un poco más.

—¿Así que estás dispuesta a vender a tu propia clase sólo para que tú puedas vivir un poco más de tiempo?

—No —dijo ella rápidamente, y luego frunció el ceño mientras miraba hacia abajo a las esposas de hierro en las muñecas—. En realidad no. —Ella respiró lentamente y cerró los ojos, conteniendo las lágrimas que vi de repente salir a la superficie—. No te he dicho nada que pudiera poner en peligro a mi gente. Han fundido una especie de hechizo usando símbolos en los árboles, pero no puedo decirte lo que es el hechizo. Fui honesta más allá de mi conocimiento.

—¿Y si lo hicieras? ¿Y si pudieras identificar el hechizo, me lo dirías? —Le pregunté, enderezando la espalda mientras la observaba de cerca.

—Yo… no lo sé —respondió Cynnia—. No sé lo que haría. Sí, son mi gente y sé que debo hacer cuanto esté a mi alcance para protegerlos. Y de acuerdo con nuestras leyes, eso significa matar a cualquier Nightwalker o humano que entren en contacto con nosotros. Sin embargo, me han llamado traidora cuando no he hecho nada para entregarlos. —Ella sacudió la cabeza y una lágrima se deslizó por debajo de su párpado derecho, rápidamente la secó con un tintineo de cadenas—. Me dejaron para morir, para ser asesinada por la infame Fire Starter, porque tenían demasiado miedo de matar a la hermana de su reina. Te dejaron para hacer su trabajo sucio, seguros de que me darías un sangriento y horrible final.

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—Entonces la pregunta es, ¿por qué protegerlos? —Le pregunté. Era una pregunta que me tuve que responder en más de una ocasión durante el último par de meses. Y cada vez que lo hacía, me quedé pensando si yo hubiera cometido un error.

—Porque es lo correcto.

Le sonreí y moví la cabeza. —Y ¿qué es exactamente lo correcto? Esa es la verdad de porque todo es un desorden. Sinceramente te deseo suerte en averiguar eso. Todavía estoy buscándolo por mí misma.

Se oyó un golpe en la puerta, y mi mano al instante se dirigió a la navaja a mi lado aunque ya había presentido la llegada de Danaus por el pasillo, con Shelly directamente detrás de él.

—Mira, no voy a mentirte —se apresuró a decir Cynnia antes de Danaus pudiera entrar en la habitación—. Si todo se reduce a contarte algo que delate y hiera a mi gente o mentirte, simplemente me negaré a decírtelo.

—Y luego te mataría.

—Hay peores razones para morir —dijo ella.

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CAPÍTULO 18 Traducido por Silvery y Virtxu Corregido por Julia107

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espués de que Shelly y Cynnia se abastecieron con comida, Danaus me siguió hasta la otra habitación del hotel que ocupábamos. Estaba poco dispuesta a decir que en realidad la compartíamos. Él tenía la cama y yo, obviamente, estaba encerrada en un baúl en el armario. Una distribución poco justa, pero desafortunadamente necesaria.

esito algunas armas ―anuncié ―anuncié después de que cerrara y atrancara la puerta ―Necesito detrás de mí.

Con un asentimiento, sacó su petate negro de mano de debajo de la cama y lo dejó caer encima del colchón con un pequeño rebote. Abrió la cremallera y empezó a clasificar car los objetos, sacando a relucir un surtido de cuchillos con vainas a juego que podría sujetar a mi muñeca y tobillo por debajo del pantalón.

―¿A dónde nos dirigimos? ―preguntó ―preguntó cuando me volví a bajar el pantalón sobre la pierna por encima del último cuchillo.

―Me dirijo a por un poco de comida ―dije, mirándolo. mirándolo. Danaus frunció el ceño, con sus dedos jugando nerviosamente con un pequeño cuchillo plateado de lanzamiento mientras miraba fijamente a la cama.

―Mira, no sé si yo… ―empezó, ―empez pero su voz se desvaneció rápidamente. Yo sabía de lo que estaba hablando. No estaba seguro de que pudiera acompañarme en una expedición de caza dado que todavía estaba debatiéndose con la idea de lo que yo 211


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era. Al mismo tiempo, sentía que tenía que estar a mi lado para intentar mantenerme con vida.

Sonreí cuando caminé a su lado. Con cuidado cogí el cuchillo de lanzamiento de sus ágiles dedos y lo coloqué en la cama, más bien en un intento de evitar que se hiriera accidentalmente en uno de ellos. Danaus me miró, con sus ojos azul oscuro contraídos con recelo.

―No te estoy invitando ―murmuré―. No quiero preocuparme por intentar mantenerte a mi lado.

―No he tenido ningún problema en mantenerme contigo, vampira ―dijo mordaz, pero no había un fuego real detrás de su enojo.

―Hasta ahora, pero tampoco has estado alrededor cuando yo he estado cazando ―bromeé. Alcanzándolo, aparté a un lado un mechón de pelo negro que había caído hacia su frente y estaba amenazando con obstaculizar su visión. Danaus cogió mi muñeca y apretó tan fuerte que no sería capaz de liberarme fácilmente.

―Esto no es por tu cacería ―dijo con una voz suave.

―Lo sé.

―Es sobre Rowe cazándote a ti.

―Cuento con ello. Lo quiero fuera esperándome. Él y yo necesitamos hablar otra vez ―dije, contorsionando mi muñeca ligeramente, pero se negó a liberarme, aunque aflojó su agarre.

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―Y no quiero que te encuentres con él a solas. Podría matarte antes de que dijeras una sola palabra.

Sacudí la cabeza ante su valoración, aunque apreciaba su inquietud.

―Ése no es el estilo de Rowe. Estaría dispuesta a apostar que me quiere con vida para ver su triunfo en la montaña de las ruinas de Machu Picchu. Mi único problema es asegurarme de que no soy presentada como una prisionera, y Cynnia será mi garantía de que no lo soy. Rowe estará dispuesto a hablar conmigo.

Lentamente Danaus me liberó, con su pulgar masajeando a lo largo de la carne tierna del interior de mi muñeca, acariciando las venas que tendrían pulso si hubiera estado todavía viva. El cazador no estaba contento con mi plan, pero iba a dejarme ir sola. Al menos, diría eso, pero yo no confiaba en que se rezagara en la distancia, protegiéndome las espaldas. Tenía que mantenerlo ocupado de otra manera.

―Después de alimentarme y encontrarme con Rowe, necesitaré reunirme con todos los Nightwalkers de la ciudad ―anuncié.

―¿Los autóctonos?

Se me escapó una suave risa y sacudí mi cabeza cuando di un par de pasos para alejarme del cazador. Cuando lo miré, el fantasma de una sonrisa pasó rápidamente por mi pálido rostro.

―No hay tal cosa en Sudamérica. Ningún Nightwalker que conozca llama a este continente hogar. Esto es territorio Naturi. Siempre lo ha sido.

Podía sentir a los Nightwalkers despertándose y empezando a moverse por la ciudad. Habían estado todos con el Aquelarre con un propósito, lo que explicaba el abrumador sentimiento de ansiedad. Desafortunadamente, el miedo cambia 213


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fácilmente a ira y violencia. Necesitaba conseguir refrenar a ese grupo antes de que la gente empezara a morir.

―Necesitamos ponernos en movimiento ―dijo Danaus, metiendo las manos en los bolsillos. Luego de su atuendo más informal de Savannah, había vuelto a sus eternos pantalones negros, pero su camiseta negra parecía nueva.

―¿Conoces algún sitio donde pueda llamar a los Nightwalkers juntos? ¿Algún sitio muy grande y público?

―Hay un bar a un par de manzanas de aquí llamado Norton Rat’s. Esta justo al lado de la plaza principal y debería ser lo suficientemente grande. Es donde trabaja Eduardo.

―Bien ―asentí, paseándome hasta el borde de la cama y vuelta―. Dirijámonos allí y veamos si Eduardo puede ayudarte a conseguir algunas furgonetas o un autobús. Podemos al menos recorrer parte del camino hasta Machu Picchu esta noche.

―¿Y tú?

―Yo cazaré, me encargaré de mis asuntos con Rowe, y me encontraré contigo en el bar en menos de una hora ―dije.

―¿Estás segura?

―Ambos sabemos que no me permitirías alimentarme, y debo cazar esta noche. Voy sola. Puedo manejar a Rowe y lo que quiera que el Naturi decida lanzarme ―dije con firmeza.

Lo que fuera que planeaba decirme murió en su garganta. Yo sabía que estaba preocupado. Los Naturi estaban en la ciudad. No podía sentirlos, pero creía a Cynnia 214


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cuando decía que había más de un centenar. La zona entera estaba plagada de ellos.

―Estaré bien. Confía en mí, si estoy en apuros, lo sabrás. ―Lancé al cazador una breve sonrisa perversa llena de colmillos e intimidación. Si tuviera que hacerlo, rodearía la mitad de la ciudad de fuego para librar la tierra de un puñado de Naturi.

―El bar está al lado de la Plaza de Armas. Tienes que ir a través del Hostal Loreto para encontrarlo ―explicó Danaus, aceptando finalmente mi decisión. Entonces abandonó la habitación en silencio. No pregunté cuántos Naturi estaban en la ciudad y él no lo dijo. Obviamente, pensaba que sería mejor que yo no supiera exactamente cuántos había cerca.

Una vez que la puerta estuvo cerrada, abrí de un tirón mi bolsa de ropa y descargué su contenido encima de la cama para ver lo que había pillado con las prisas antes de salir corriendo de casa para coger con pena mi último vuelo. Quitándome de golpe la camiseta, me puse una camisa de cuello en V de manga larga que se me ajusto como una segunda piel antes de ponerme una segunda camisa negra. Mientras que el otoño sólo estaba empezando a nacer en los Estados Unidos, en Perú todavía eran los últimos días del invierno, esperando a la llegada oficial de la primavera. El frío no me molestaría, pero tensaría mis músculos, y necesitaba estar tan ágil como fuera posible si iba a enfrentarme a Rowe.

Rápidamente me peiné y amontoné el pelo en mi cabeza para mantenerlo alejado de los ojos. Justo antes de abandonar la habitación me paré enfrente al montón de ropa que había creado cuando alboroté mi mochila. ¿Por qué ni siquiera me molestaba en empaquetarlo de nuevo? La batalla en Machu Picchu estaba próxima. Ya no habría ninguna necesidad de ropa o de preocuparme por lo que llevaría para regresar a casa. Oh, planeaba volver a luchar contra los Naturi, Jabari, y si tenía que hacerlo, contra Danaus también. Pero las probabilidades estaban todas en mi contra.

Con un gruñido, me volví en el último segundo y metí toda la ropa de vuelta a la bolsa. Cosas más raras se han visto. Demonios, los Naturi estaban bailando alrededor del hall principal del Aquelarre. Quizás podría sobrevivir a este desastre.

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Todavía no eran ni las ocho en punto cuando salté a la calle. La noche era joven y yo estaba hambrienta. Cada instinto de mi cuerpo suplicaba que volviera a caer en mi estilo típico de caza, acechar lentamente a mi presa. Normalmente, deambularía entre la multitud de personas que se demoraban en las calles y escucharía sus pensamientos hasta que algo finalmente captara mi atención, aguardando a tenerlo a la vista, pero no podía darme ese lujo esta noche. Rowe estaría merodeando con su grupo, esperando verme, no tenía ninguna duda al respecto. Necesitaba alimentarme rápidamente y con cuidado esta noche. Mi única preocupación era no pillar a un Naturi con las prisas y beber su sangre ponzoñosa.

A parte de la pura necesidad, mi “cacería” estuvo centrada en establecerme tan cómodamente como fuera posible en el oscuro y tenebroso nicho que había entre un par de altas construcciones de piedra y en llamar mentalmente a un humano tras otro. Mis únicos requisitos eran que fueran hombres grandes de unos veintitantos o treinta y pocos años. Necesitaba estar segura de que no se desmayarían por una pequeña pérdida de sangre. Me alimenté de cuatro hombres diferentes y todos ellos se largaron sin una marca o un recuerdo de lo sucedido. Por otro lado, me sentí más que un poco sucia por todo el asunto, pero aparté a un lado mis remordimientos.

Activada otra vez con el “combustible”, me apoyé contra el muro, recorriendo con la lengua mis colmillos cuando envié a mi última víctima en su feliz camino sin un recuerdo del encuentro en su cabeza. El viento era más fuerte y estaba azotando la ciudad, provocando que las banderas ondearan y restallaran con un furioso frenesí. Los árboles se bamboleaban y las nubes por encima de mí se agitaban y formaban remolinos en el cielo, escondiendo completamente las estrellas. La tierra parecía cabreada.

Una vez que hube dejado el hotel y puesto los pies en la calle, al instante sentí el poder del que Cynnia me había advertido. No era tan fuerte como en el Palacio de Knossos en Creta, pero estaba allí, latiendo contra mi pecho, intentando encontrar una entrada al interior de mi cuerpo. Todavía estábamos a muchas millas de las ruinas de Machu Picchu. No creía que debiera sentir esa energía aquí, pero no había forma de negar que la madre tierra estaba recargando el poder casi crepitando en el aire alrededor de mí. Por lo que fuera, tenía el presentimiento de que eso hacía a los Naturi más peligrosos de lo normal. Tenían un nuevo poder del que alimentarse.

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Mientras estaba bebiendo de mis víctimas, había seleccionado un mapa rápido de la ciudad, descubriendo que estaba a un par de manzanas de la plaza que Danaus mencionó antes de que yo dejara el hotel. Con eso en mente, ahora caminaba en la dirección opuesta, hacia una segunda plaza más pequeña. Me alejé de las multitudes y de donde sentía congregados a la mayoría de los de mi propia especie. Si finalmente iba a enfrentar a Rowe, necesitaba estar tan aislada como fuera posible.

Y supe al momento que funcionó. Había entrado a la apartada plaza desde el sur, con mis manos metidas en los bolsillos de mis pantalones de cuero, intentando mantener mis dedos calientes y ligeros contra el encarnizado viento. Rodeé la acera de adoquines que conducía hacia el centro del parque con su monumento de piedra a algún héroe o pueblo olvidado. La hierba muerta y los palitos crujían ligeramente debajo de las suelas de goma de mis botas, pero me mantuve cerca de las sombras que creaban los árboles, ofreciendo una visión ensombrecida de mí cuando pasé a través de la oscuridad.

No sentí a nadie en la zona, Nightwalker o humano. Y naturalmente, no podía sentir a ningún Naturi de la región. Estaba medio tentada de alcanzar a Danaus a través de la vasta distancia y ver si él podía escanear el área por mí, pero rápidamente alejé el impulso. No había necesidad de preocupar más al cazador de lo que ya lo estaba.

Un presentimiento se retorció en la boca de mi estómago, cuando estaba a medio camino entre la entrada de la plaza y el monumento del centro. Congelándome justo donde estaba, volví lentamente la cabeza hacia la izquierda y después hacia la derecha mientras mi mano se deslizaba para agarrar la empuñadura del cuchillo a mi lado. Hubo un murmullo de tela rozándose, y yo me puse en movimiento en menos de lo que se tarda en pestañear. Girándome hacia mi izquierda, liberé mi cuchillo con mi mano derecha y estaba agarrando ya un segundo cuchillo con la izquierda al mismo tiempo que me daba la vuelta, enfrentándome a cualquier criatura que se las hubiera arreglado para acercarse furtivamente detrás de mí.

Rowe, el Naturi de un solo ojo, me sonrió, poniendo sus oscuras alas negras pegadas a su cuerpo mientras blandía un largo cuchillo en su mano derecha. La cuchilla plateada reflejaba un trocito de luz de las farolas cuando giraba su mano, esperando a que yo hiciera el próximo movimiento. 217


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―He estado esperándote ―dije, deseando interiormente haber traído algo un poco más grande que un trío de dagas cortas. Su largo cuchillo iba a hacerme difícil acercarme para provocar cualquier daño considerable sin ensartarme completamente a mí misma.

―Me imagino cuánto ―resopló, bajando la espada en tensión―. Caminando sola por la noche en una ciudad dominada por los Naturi. Tienes que sospechar que estás completamente rodeada ahora mismo. No tienes manera de salir caminando de aquí con vida.

Para su evidente sorpresa, coloqué la daga de mi mano izquierda de vuelta a su funda en mi muslo izquierdo y me volví de espaldas al Naturi, con una sonrisa juguetona en mis labios. Caminé hacia el monumento que había en el centro de la plaza. Era un poco más pequeño que una placa en una losa de mármol. No intenté leerla, porque todos mis sentidos estaban focalizados en el avance del curioso Naturi.

―Caíste mientras estábamos en Knossos y no regresaste ―comenté como si estuviera en una charla anodina. Apenas podía distinguir sus pasos en el pasillo de piedra cuando se me acercaba, pero mi sonrisa no vaciló―. Dicen que tuviste que ser arrastrado. ¿Qué pasó?

―Caí y me golpeé la cabeza con el borde de una piedra rota ―dijo con una voz extraña. Se detuvo cuando estuvo a unos pocos pasos, de pie casi directamente enfrente de mí al otro lado del monumento. Su frente estaba surcada de confusión y sus amplios labios estaban retorcidos con un ceño que parecía hacer más profundas las cicatrices que atravesaban lo que yo podía recordar que era un rostro atractivo.

Para aumentar su confusión, coloqué con mucho cuidado el cuchillo en la mano derecha de nuevo en su vaina en mi muñeca y cerré el seguro de manera que no sería capaz de extraerlo rápidamente. A pesar de que sería una mentira decir que estaba completamente desarmada, podía decir honestamente que no estaba sosteniendo ningún arma en ese momento. En respuesta, Rowe ciñó su agarre en el cuchillo y dio un paso indeciso hacia atrás. 218


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―Estás rodeada, lo sabes ―dijo en voz alta y dura. Cuando hablaba, sus alas se desintegraban en fina arena negra que se esparcía por el pavimento.

Incliné la cabeza hacia un lado, como si escuchara el viento. Pero en el fondo sabía que él estaba fanfarroneando. Cada vez que Rowe se había enfrentado a mí, había estado solo. Sin preocuparse por si estábamos intentando matarnos o sólo queriendo hablar, siempre habíamos estado solos él y yo. Estaba empezando a pensar que él lo tenía en mente para triunfar allí donde Nerian había fracasado; quería vencerme personalmente.

―Quizás en la distancia ―concedí con un encogimiento de hombros cuando metí las manos en los bolsillos―. Pero en esta plaza, ahora mismo, sólo estamos tú y yo.

―¿A qué estás jugando, Mira? ―dijo secamente, moviendo su espada hacia mí―. ¿Crees de verdad que no te mataré ahora mismo?

―Matarme solucionaría muchos de tus problemas, ¿no? ―me mofé, empezando a andar alrededor del monumento a mi izquierda. Rowe igualó mis movimientos, manteniendo la misma distancia entre nosotros―. No estaría por aquí para detenerte cuando abras la puerta entre los dos mundos. No estaría por aquí para construir otro sello, manteniendo a Aurora a salvo encerrada lejos. No estaría por aquí para arruinar nunca más tus brillantes planes. ¡Vaya, apuesto a que serías capaz de de localizar a tu princesa desaparecida si yo no estuviera por aquí!

Un gruñido surgió de Rowe y rápidamente trató de cerrar la distancia entre nosotros que había estado tan ansioso de mantener. Me reí mientras di un paso atrás y creé un círculo de fuego a mí alrededor de unos cinco pies de alto y sólo un par de pies de ancho. Quería asegurarme de que sólo había espacio suficiente para uno dentro de ese círculo.

A la vez, la energía que había estado llenando el aire empujó con más fuerza contra mi piel, tratando de ganar la entrada a mi cuerpo. Por suerte para mí, el poder en el 219


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aire no era tan fuerte como lo había sido en Heraklion. Sin embargo, estaba en una situación peligrosa, más allá de mi acosador Rowe. Si la energía de la tierra entraba en mi cuerpo como cuando estuvimos en Creta, no tendría manera de detenerlo, no habría manera de apagar la corriente. Era probable que me matara tan fácilmente como podría hacerlo Rowe con su cuchillo.

—Da un paso atrás, Rowe —advertí en una voz plana—. He venido aquí a hablar. Continuemos la charla de manera civilizada, por favor.

—¿Dónde diablos está ella? —Gruñó. La punta de la hoja vaciló al penetrar las llamas para llegar a centímetros de mi corazón. Me quedé quieta, sonriéndole, desafiándolo a hundir la hoja en el pecho. Pero estaba haciendo una apuesta peligrosa. Estaba dispuesta a apostar que Cynnia era más importante para él viva que yo muerta, al menos por el momento.

—Atrás —repetí.

Rowe gruñó una vez más mientras su espada cortaba las llamas y volvía a su lado, pero no antes de dejar un pequeño corte en el lado de mi garganta, un recordatorio de que su paciencia era muy limitada. El Naturi de un solo ojo caminó lejos de mí, con el cuchillo bien apretado en su puño, despotricando en un idioma que no entendía.

En el parpadeo de la luz del fuego su piel bronceada tomó una tez casi morena, mientras que sus cicatrices se destacaban como líneas blancas entrecruzadas en un lado de la cara antes de desaparecer bajo el parche de cuero en el ojo. Tenía el pelo negro oscuro llegándole por debajo de los hombros, casi ocultando su rostro cuando se alejó de mí por un segundo y luego caminó de vuelta.

—¿Yo te hice eso? —Pregunté en voz baja, y frenó de forma precipitada y desigual su paseo. Me miró confundido, hasta que me toqué la mejilla, a semejanza de la suya, que tenía brutales cicatrices.

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—¿Qué? ¿Por qué te importa?

—No lo hace, pero hay tantas cosas que obviamente no recuerdo de ti, y cuando nos reunimos por última vez, parecías muy ansioso por que recobrara mi memoria. Dime, ¿te hice eso?

—No, no lo hiciste —dijo bruscamente y volvió su cuerpo por lo que claramente sólo pude ver el lado intachable de su rostro—. ¿Te sorprende encontrar que hay cosas más peligrosas y malas que tú en este mundo?

—No, realmente estoy aliviada —dije con una media sonrisa.

—¿Dónde está ella? —exigió Rowe, volviendo a nuestra conversación anterior. Parecía un poco más tranquilo que unos segundos antes.

—En un lugar seguro.

—El único lugar que puede llegar a considerarse seguro, es con su propio pueblo — dijo, y estaba a punto de continuar cuando me puse a reír. Mi cabeza cayó hacia atrás y por un momento las llamas parpadearon mientras mi risa rompía mi concentración.

—Sinceramente dudo de que la pequeña Nia esté segura con su gente —me burlé, a propósito utilizando su apodo para conducir el cuchillo proverbial aún más profundo en su estómago—. Sinceramente, me pregunto si estaría a salvo en tus manos, o en las manos de su querida hermana Nyx. Es ella con quien te vi con la espalda en el Palacio de Knossos sólo momentos antes de que el sello fuera roto. Una criatura delgada, cabello moreno, ojos plateados… Nyx la hermana de Cynnia, ¿verdad?

Rowe no dijo nada, pero comenzó a andar otra vez. Sus labios carnosos se fruncieron en una dura línea implacable de odio mientras él me miraba, buscando una manera 221


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de llegar a mí a través de las llamas sin ponerse en riesgo de inmolarse a su mismo. Sabía que era rápido, pero tenía que contar con que yo era igualmente rápida. Y además, si me mataba antes de descubrir la ubicación de Cynnia, ¿qué pasaría con la joven Naturi mientras tanto?

—Ya ves mi dilema, ¿no? —dije, con una amplia sonrisa, amando cada minuto en el que yo podía dejarle girando en el viento. Hace apenas meses que él me había atormentado de la misma manera la mayoría de las veces, y ahora el zapato estaba en el otro pie. Y me encantaba—. Cayó en mis manos muy cuidadosamente. Yo tenía que matarla cuando la encontré, y sin embargo no lo hice por simple curiosidad. Y ahora me pregunto, ¿quién está tratando de matar a esta joven Naturi?

—¡Como si te preocuparas por su bienestar! ¡Dámela! —explotó Rowe. Dio un paso imprudente más cerca las llamas y luego dio la vuelta, con el ritmo de un tigre enjaulado listo para saltar en cualquier segundo.

—¿O qué? —Me reí un poco histéricamente—. ¿Vas a matarme? ¿A torturarme como hizo hace años Nerian en esa montaña abandonada? ¿Por qué no debo hacer yo lo mismo con Cynnia?

—Porque ella es una niña, ¡maldita sea! Ella es sólo una niña —gritó Rowe, cortando a través de las llamas con el cuchillo golpeando a ninguna parte cerca de mí.

—Así era yo —le corté, luchando de repente contra un pozo de lágrimas que no había esperado que brotara. Con los dientes apretados, contuve el aliento y fortalecí las llamas a mí alrededor por lo que chasquearon y crepitaron con enojo entre nosotros—. Pero, de nuevo, no creo que ella sea la niña que afirmas que es. Creo que la principal preocupación es que ella es de sangre real, la misma línea de sangre que tu amada esposa, reina. Y ya has visto cómo trato a la familia real.

Nerian había muerto a mis manos, meses atrás, aunque su muerte hubiera llegado siglos antes, si no hubiera estado tan preocupada con el sol naciente. El único hermano de la reina, murió en un sórdido sótano, despedazado, con su garganta en

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mi mano. Había sido un loco furioso exactamente hasta el final. Tenía la esperanza de que nunca viera en los ojos de Cynnia la misma luz de locura.

Apretando los dientes ya que el músculo de su mandíbula saltaba y latía, Rowe enzarzó su largo cuchillo en la vaina de al lado. Abrió los brazos, mostrando que no había armas en sus manos, pero me limité a reír y sacudir la cabeza.

—Estas tan desarmado como yo en este momento —le provoqué.

—¿Qué quieres de mí?

—Quiero que camines lejos de Machu Picchu. —Rowe negó con la cabeza, pero no le hice caso y continué—. Aléjate de Machu Picchu y de tus planes para abrir la puerta. Mi pueblo y yo volveremos a sellar la puerta y no se hablará más de liberar a Aurora. Suficientes personas se han colado por las paredes debilitándolas. Vamos a dejar de cazarlos y ustedes dejarán de cazarnos a nosotros. Ambas razas permaneceremos en silencio.

—¿Y qué pasa con Cynnia? ¿Me la entregarás?

—Me gustaría ponerla en libertad. —Tuve mucho cuidado en el intento de evadir la pregunta, pero no funcionó.

—¿Me la darás? —Repitió airadamente, dejando caer las manos por los costados.

—Si ahí es donde ella quiere ir, la dejaría ir contigo.

—¿Por qué no iba a querer venir conmigo? ¿Qué le has dicho a ella? ¿Qué mentiras has estado propagando? —Me encogí de hombros ligeramente y puse mis manos en mis bolsillos traseros. 223


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—Ninguna que yo sepa.

—¿Qué le has dicho? —exigió Rowe, una vez más dando un paso más cerca de las llamas. Aumenté el poder de las llamas y una punzada de dolor pasó a través de mi sien. Me estaba desgastando, y el poder de la tierra estaba trabajando más duro ahora para encontrar un camino en mi cuerpo. Tenía que terminar esta conversación pronto o iban a tener peores cosas de las que preocuparme que un Naturi cabreado, por poderoso que fuera.

—Le dije que eras un soldado leal a su esposa, reina. Que seguías su camino. Ella me dijo lo mismo de su hermana Nyx, llamándola la defensora de su pueblo. ¿Algo de eso era malo?

—No —murmuró Rowe, dando un par de pasos lejos de mí.

—Bueno. Ahora creo que hemos llegado a un entendimiento, o por lo menos, tú y Nyx tienen mucho de qué hablar durante el próximo par de noches —dije, bajando el fuego un poco—. Llevaré a Nia a Machu Picchu la noche del equinoccio. Si tú no estás allí y no hay sacrificio, entonces la pondré en libertad. Ella será libre para encontrar su propio camino en este mundo, contigo o sin ti, esa es su elección. Si continúas con el sacrificio, entonces ella va a morir con el resto de los Naturi sobre las ruinas de montaña.

—¡No puedes hacer eso!

—No me has dejado otra opción.

Rowe metió su mano izquierda por el pelo, empujándolo a un lado de sus ojos mientras él andaba furiosamente de un lado a otro.

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—No puedo darle la espalda a siglos de trabajo por la vida de una persona.

—No, no puedo imaginarme que esto es lo que quiera Aurora tampoco, pero de nuevo, después de hablar con Cynnia, estoy empezando a pensar que esto pudo haber sido una parte de su plan maestro, después de todo. Sólo estoy tratando de averiguar cómo encaja Nyx en todo esto.

Con un gesto de mi mano, apagué las llamas que nos separaban, sumiendo a la plazuela de nuevo en la oscuridad total. Rowe me gruñó suavemente, y el silbido de la hoja cuando salió de su vaina me advirtió de su ataque. Me agaché y saqué mi propia hoja. El Naturi anotó un golpe en mi brazo derecho mientras yo hacía un corte superficial en su pecho antes de que ambos volviéramos a separarnos.

Se desplazó varios metros de distancia de mí mientras las alas de su espalda explotaron, marcándole como un miembro del clan del viento. Con una longitud de al menos nueve pies de largo, eran absolutamente negras con una textura casi como la del cuero. Las mantuvo a ambos lados de su cuerpo mientras se preparaba para emprender el vuelo en el viento que todavía azotaba la ciudad.

—No te molestes en seguirme —le grité, aún apretando fuertemente mi cuchillo—. Voy a ver a los de mi propia clase. No voy a ver a Nia otra vez hasta la noche del equinoccio. Y si de pronto desaparezco, Danaus la matará.

Su única respuesta fue un gruñido bajo, y luego abrió sus alas, lo que le permitió atrapar el viento y que este tirara de él hasta la negra noche por encima de mí. Había mentido parcialmente. Sólo esperaba que por lo menos creyera la mentira, ya que me ésta me compraba un poco más de tiempo.

Puse el cuchillo en su vaina, me apoyé en el monumento e inspeccioné el corte a lo largo de mi brazo, el cual todavía sangraba. Normalmente se habría curado ya, pero todas las armas de los Naturi contenían un veneno que desaceleraba el proceso de curación y quemaba como el Infierno.

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—No la hieras —exigió una suave voz desde la oscuridad. Mi cabeza se levantó rápidamente, y me sorprendí que no hubiera estado a solas con Rowe. Extendiendo mi brazo, envié cinco bolas de fuego a gran velocidad hacia la oscuridad circundante, sin importarme quien me estaba viendo, Naturi o humano. Necesitaba ver quién era mi nuevo compañero.

La Naturi se paró entre dos bolas de fuego que aceleraron al pasar junto a ella. Iba vestida todavía con la misma suave ropa gris que había visto en el Palacio de Knossos. Su cabello negro bailaba en el viento y su piel pálida parecía brillar a la luz de una lámpara. Nyx la hermana de Cynnia.

—Cumplan con mis deseos —le dije—, y prometo que Cynnia será puesta en libertad sana y salva.

Para mi sorpresa, la mujer asintió con la cabeza y dijo:

—Veré qué puedo hacer. —Luego extendió sus propias alas negras, pero estas eran diferentes a las de Rowe. Las alas de Nyx no estaban hechas del mismo material de cuero, sino cubiertas de brillantes plumas negras. Una vez más el viento corrió por el parque, y entonces ella se había ido al cielo nocturno.

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CAPÍTULO 19 Traducido por **Liseth_Johanna18** Corregido por Virtxu

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a hemorragia en mi brazo ya se había detenido para cuando llegué a La Plaza de Armas. Una buena parte de mi manga estaba empapada de sangre, haciendo que el pequeño corte luciera mucho peor de lo que era en realidad. Si tenía suerte, Danaus pasaría de largo la pequeña herida. Él no había estado a favor de que yo viajase sola a través de la ciudad, y la sangre que cubría mi brazo no sostenía mucho mi posición. ón.

Estaba teniendo problemas para ignorar la mordedura del viento. Con la ciudad a más de dos millas del cielo, el aire nocturno había bajado hasta lo más frío. Me recordé que, aunque era Septiembre, en Perú la tierra estaba poco a poco acomodándose a los os meses de invierno. Por lo general, el frío no me molestaba, excepto cuando estaba baja de sangre. La herida infligida me había dejado necesitando alimentarme. Sin embargo, la mayoría de los turistas estaban ahora alejados de la noche en sus respectivos hoteles, forzándome a esperar en una oscura esquina a que algún borracho de un bar local se tropezara y yo pudiese drenarlo para mantenerme caliente.

La Plaza de Armas era un amplio cuadrado flanqueado por una catedral y otras dos Iglesias en el noreste, y otra, mas ornamentada, que se elevaba por el sudeste. Frunciendo el ceño, me vi obligada a cortar entre el cuartero para llegar al Hostal Loreto. Mientras caminaba, mentalmente me extendí y toqué las mentes de los Nightwalkers a mí alrededor, enviándole enviándoless imágenes de mi ruta y llamándolos a mi lado. Cuando llegué al Loreto, pude sentir a cuarenta vampiros acercándose. Iba a ser arrinconada.

Por supuesto, esa preocupación se desvió temporalmente cuando pasé por el vestíbulo y me detuve en la entrada del bar. Fue como si hubiera dejado Perú y 227


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regresado a los Estados Unidos. Lucía como tantos lugares que había visitado en EE.UU, con su enorme barra, las mesas atestadas, y las dispersas imágenes de televisión de un evento deportivo que podía captar su satélite. Sólo podía suponer que el dueño era un fanático de las motos porque las paredes estaban cubiertas con fotografías, posters, y otras parafernalias de las motos. Este tema también estaba equilibrado con los carteles de futbol que también cubrían las paredes. Tal vez no era el tipo de decoración que encontrarías en una bar Americano, pero lo suficientemente cerca para hacer una viaje al hogar Yankee.

Después de un rápido escaneo a la sala, localicé a Danaus cerca de la parte trasera hablando con Eduardo. Escabulléndome entre la multitud, me uní a la pareja. Sin embargo, Eduardo me echó una mirada y se disculpó antes de salir disparado para la cocina. Me encogí de hombros mientras me deslizaba en una silla en frente del cazador.

―Él cree que es capaz de localizar un par de camionetas de turismo ―dijo Danaus—. El viaje a Ollantaytambo es de aproximadamente dos horas, probablemente más por la noche.

―¿Cuántos pueden caber en una camioneta?

―Más o menos diez.

―Vamos a necesitar más de dos camionetas ―murmuré, con mis ojos yendo a la deriva hacia la entrada, donde un flujo constante de Nightwalkers entraba al bar y se dirigía a nuestra mesa. Ninguno de ellos lucía como un habitante local. No había ninguna posibilidad de mezclarlos, pero entonces otra vez, yo esperaba tener a todos fuera de Cuzco antes del amanecer.

Me tragué una maldición y cerré los ojos por un momento cuando Stefan dirigía al grupo a través de la habitación. Aunque él era más delgado y más bajo que Danaus, había algo realmente impresionante sobre del vampiro. Él sólo estaba a unos cuantos años de ser considerado un Anciano, pero no lo podrías decir por la forma en que sus poderes eran ejercidos contra las paredes y llenaban el aire. Como yo, Stefan había 228


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sido creado con cuidado y paciencia. Él era uno de Primera Sangre y se llevaba a sí mismo como si fuese de la realeza. Stefan no tenía ni idea lo que significaba ser compañero.

Para empeorar las cosas, su aspecto era absolutamente de infarto. En general, todos los Nightwalkers eran atractivos. Es casi como lo que la evolución ha considerado uno de los elementos necesarios para nuestra supervivencia, como la piel blanca de una liebre. ¿De que otra manera podríamos atraer a nuestra presa? Pero la belleza de Stefan era tan perfecta que era casi aterradora. Por el momento, su cabello marrón oscuro estaba corto y peinado hacia un lado para que de esa forma colgase ligeramente sobre su ojo izquierdo, que era de un tono frio y despiadado de gris pálido.

Y Stefan era tan frio como bello. Yo había dicho que él había inspirado a Oscar Wilde para escribir su historia de Dorian Gray, excepto que yo pensaba que Dorian tenía más cualidades para redimirse que Stefan.

Nos habíamos visto sólo un par de veces, y él había sido bastante reacio con respecto a mí. A sus ojos, éramos de la misma clase de élite. Ambos éramos, también, sobrevivientes de Machu Picchu, y no es que yo lo recordara estando allí. Por supuesto, estoy segura de que me las arreglé para destruir cualquier respeto de mala gana que pudiese tenerme, con mi continua asociación con Danaus.

―Estoy sorprendida ―dije, elevándole una ceja cuando estuvo de pie al lado de nuestra mesa—. Nunca pensé que te vería en Perú de nuevo.

Con un elegante encogimiento de hombros, dijo:

―He estado en la Antigua ciudad antes. Sé cómo está dispuesta. —Su voz bailó alrededor de la habitación, melodiosa y seductora al mismo tiempo. Él lo hacía parecer como si fuésemos a salir para una media noche de caza a través de las calles de Paris. Yo lo conocía mejor. No había señales de preocupación en sus lánguidos ojos grises o a lo largo de las comisuras de sus llenos y suaves labios, pero yo lo sabía. Muy

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pocos de los Nightwalkers que visitaron Machu Picchu hace cinco siglos habían sobrevivido. Estábamos presionando nuestra suerte al regresar.

―Y el Aquelarre ordenó tu aparición ―dije, casi sin inmutarme por la dureza inesperada que llenó mi tono de voz.

―Hicieron el requerimiento, accedí con gracia —corrigió, con un ligero rastro de francés en sus palabras. Su tono aán era blando y aburrido, pero algo centelleó rápidamente en sus ojos. Era muy fácil presionar sus botones, y cedí a regañadientes. No había tiempo para jugar.

―¿Cual fue exactamente su requerimiento?

Esta vez una sonrisa de genuina sorpresa se levantó en sus labios y brillo en sus soñolientos ojos. Por un momento parecieron brillar intensamente con alegría.

―Protegerte.

―¿Nada más?

―Específicamente, me han pedido que te proteja a ti, a Sadira, a Jabari y a él, sin importar nada ―dijo él, su voz se endureció cuando se vio obligado a reconocer finalmente a Danaus.

―Cómo pensaba ―murmuré. Jabari y Sadira aún tenían que aparecer, y tenía el presentimiento de que no lo harían hasta el último minuto—. ¿Te importaría acompañarnos? Parece que tendremos algo de logística que cuadrar.

Con un majestuoso gesto de su cabeza, Stefan se sentó en la silla vacía a mi lado, y una mujer con el cabello corto y rubio se sentó junto a Danaus. Un tercer Nightwalker 230


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empujó una silla de una mesa vacía y se sentó al final de la mesa. Me di cuenta de que los demás Nightwalkers que llenaban el bar habían cogido varias mesas alrededor del lugar, pero no estaban muy lejos de nuestra localización. No tenía dudas de que serían capaces de escuchar todo lo que decíamos.

―Este es George ―dijo Stefan, presentando al vampiro al final de la mesa y moviendo lentamente su mano derecha. El pálido y delgado caballero con la cara delgada y el pelo color canela giró la cabeza hacía Danaus y yo, recostándose en su silla como si no tuviese ningún interés en el mundo. Tanto como podía decir, él tenía al menos tres siglos bajo su cinturón y muy probablemente jamás había visto un miembro de los Naturi.

―Y esta es Bertha ―continuó Stefan, agitando su mano hacia la alegre y pequeña vampiro sentada al lado de Danaus.

Mi boca se abrió; no controlaba mis reacciones. Después de un tiempo incluso alguien de mi edad empezaría a creerse algo de la mística que le hemos promovido a los humanos. Los vampiros no se llamaban Bertha. Teníamos nombres elegantes y exóticos que databan de las civilizaciones desaparecidas.

―Lo sé ―dijo la Nightwalker alegremente con una risita cuando por fin logré cerrar la boca—. Es un nombre horrible. He intentado cambiarlo, pero nada se pega. Puedes simplemente llamarme Bert o Bertie. Todos me llaman así.

La pequeña rubia tenía amplios y brillantes ojos azules y una adorable nariz de botón. Sus mejillas eran redondas y con hoyuelos cuando sonreía. No podía haber tenido más de dieciséis o diecisiete años cuando renació. Alejé mi primera reacción de simpatía por el sonido de su nombre y esbocé una amplia sonrisa. Imaginé que ella no había intentado mucho cambiar su nombre. Su disfraz era perfecto. ¿Quién sospecharía que una rubia de no más de cinco pies de altura, llamada Bertie era una letal depredadora?

―Es un placer ―dije con un movimiento de la cabeza.

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La sonrisa parpadeo en sus ojos por un momento mientras me evaluaba, ahondando en mí antes de de que la sonrisa se expandiera en sus labios color cereza. Tenía mi medida. Dudaba que nos subestimásemos la una a la otra.

―Este es Danaus ―dije, dejando que mis ojos regresaran al sombrío rostro del cazador. Él no se movió, difícilmente respiró mientras los Nightwalkers le observaban. Cuando todos fueron presentados y sentados en la mesa, giré mi atención de regreso a Stefan.

―¿Cuántos han llegado?

―Cerca de cuarenta Nightwalkers, con más, prometidos por Jabari. Además, más de treinta guardianes humanos.

―Genial. Carne de cañón ―gruñí, pero Stefan se quedó desconcertado por la idea. ¿Qué le importaba a él? Los humanos eran fáciles de reemplazar.

―Tenemos que llegar al Santuario de Lodge esta noche ―dije, cruzando mis brazos sobre mi pecho—. Tan pronto como caiga el sol mañana, debemos estar en la montaña. No sé cuándo van a hacer el sacrificio, pero cuanto antes saquemos a los Naturi de la montaña, mejor.

―Una parte de nosotros puede volar ―dijo Bertie. Se sentó con calma hacia adelante, con los dedos enroscados y apoyados en la mesa.

―¿Cuántos?

―Diez.

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―Eso solo pondría a una pequeña parte en la portería esta noche ―intervino Danaus con una sombría sacudida de su cabeza—. ¿Queremos arriesgarnos a hacer este viaje durante el día? Ellos saben que estamos aquí.

Mis inquietos dedos jugaron con el cuchillo y el tenedor que habían sido envueltos en una servilleta de papel cuando me senté. Desdoblé la servilleta y volví lentamente el cuchillo entre mis dedos.

―Un viaje a la luz del sol es demasiado arriesgado ―dije solemnemente, una parte de mi se preguntaba cómo iba Cynnia a manejarlo en el medio de este caos.

―Podríamos duplicarnos o hacer un par de viajes ―respondió Bertie—. Lleva una hora máximo llegar allí. Podríamos tener a todos los Nightwalkers en la montaña antes del amanecer.

―Los humanos podrían tomar el primer tren en la mañana ―dijo Danaus, sentándose hacia adelante para poder apoyar sus antebrazos en la mesa.

―Alcanzarían la portería antes del medio día.

―Dejándonos sin protección en lo profundo del territorio Naturi por más de cinco horas ―dijo George sombríamente.

―No tenemos opción ―dije rápidamente, antes de que pudiese empezar algún argumento―. Stefan, Bertie, organicen a esos Nightwalkers que pueden volar. Que todos se dupliquen. Los Nightwalkers van a la portería primero. Los más viejos y luego los más jóvenes. El primer grupo asegura la entrada.

―Está hecho ―dijo Stefan, y me miró bajo su nariz, dándome una sonrisa—. La portería había sido cerrada y vaciada debido a las reparaciones.

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―Excelente. Danaus y yo llevaremos un pequeño grupo en una camioneta a Ollantaytambo. Después de que Cuzco haya sido vaciado, un par de Nightwalkers pueden venir por Danaus y por mí. El último grupo puede tomar el tren de Ollantaytambo a Aguas Calientes y luego asegurar nuestro equipaje del bus a la portería en la mañana.

―¿Por qué van a Ollantaytambo? ―demandó Stefan.

―Hay algo que deseo revisar. Sólo está a un par de horas en coche. Para cuando el último grupo llegue a la portería, ya deberíamos haber terminado y estar listos para que nos recojan. Además, será una distancia más corta para volar para quién sea que venga por nosotros ―argumenté. Mis manos se apoderaron de la punta de la mesa mientras luchaba por mantener mi tono equilibrado. No necesitaba pelear con Stefan.

―Bertha y George verán los preparativos ―dijo con frialdad, retándome a contradecirlo—. Te acompañaré a ti y al cazador a Ollantaytambo.

―Como desees ―estuve de acuerdo, dándole una brillante sonrisa que lo tomó por sorpresa—. Selecciona a cuatro humanos que nos acompañen. Los veremos fuera de este hotel en un par de horas. —Levantándome de la silla, me giré hacia los tres Nightwalkers que estaban en la mesa conmigo. Nunca levanté la voz, pero sabía que todos los vampiros en el bar podían oírme—. Todos los bienes deben ser etiquetados y dejados en la estación de tren antes de salir de la ciudad. Sus guardianes los descargaran del bus en la mañana.

Con Danaus a mi lado, caminé fuera del bar y a través del hotel hacia la plaza.

El cazador no habló hasta que estuvimos a varios metros del hostal y a salvo de ser vigilados. Mientras caminábamos hacia el miserable hotel que ocupábamos, junto con Shelly y Cynnia, me agarró el sangriento brazo y lo levantó entre nosotros.

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―Veo que todo salió bien.

―Sólo estás celoso de que no eres el causante ―me burlé, tirando mi brazo lejos de su agarre.

―Podrías tener razón. —Me lanzó una de sus escasas medio sonrisas antes de que desapareciera por completo—. ¿Escucharemos más de nuestro oscuro acompañante?

―Indudablemente, pero al menos le di a Rowe algo en que pensar. Él sabe que tenemos a Cynnia. Y también sabe que la mataré si respira si quiera un poco en mi dirección. Por supuesto, le dije que la mataría si seguía con lo del sacrificio, así que ya se está enfrentando a un feo dilema.

―¿Cómo vamos a protegerla durante las horas del día una vez que lleguemos a la entrada? Los Naturi podrían fácilmente llegar al lugar mientras todos los Nightwalkers están fuera para el recuento. Quemarían a cualquier humano que estuviese protegiendo a los Nightwalkers. Hablando de eso, ¿cómo vamos a proteger a los Nightwalkers durante el día? ―Danaus de repente se detuvo y sacudió la cabeza—. No puedo creer que acabe de usar esas palabras.

Riendo, enrollé mi brazo con el suyo y lo obligué a caminar hacia el hotel.

―Sabía que por fin te decidirías.

―Mira ―dijo con voz baja y en tono de advertencia. Estaba presionando mi suerte.

―Solo bromeaba ―dije, pero me acurruqué un poco más contra él. Él no sólo estaba irradiando su perfecto calor corporal, sino que sus poderes estallaban a su alrededor mientras escaneaba la zona constantemente—. ¿Cuántos? ― pregunté cuando estábamos solo a unos pocos metros del hotel. 235


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―Tres dentro de un bloque. Otra docena está dispersa por toda la ciudad. La mayoría parece estar lejos de aquí. Hacia el norte, en lo bajo, posiblemente.

―Ellos ya están en Machu Picchu ―confirmé—. Va a ser interesante ver si nos dejan establecer un puesto avanzado en la entrada. Yace en los pies del refugio Inca.

―¿Cómo vamos a hacer eso exactamente?

―Estoy segura de que no puede ser muy difícil. Quiero decir, tendremos a una talentosa Naturi y a una hechicera de la Tierra con nosotros. Estoy segura de que entre ellas dos, deberían ser capaces de descubrir algo que nos mantenga a todos protegidos.

Danaus dejó de caminar de nuevo y me fulminó con la mirada, menos que paciente en la espera de una verdadera respuesta. Jadeé pesadamente y lo empujé hasta que estuvo caminando hacia el hotel por decisión propia.

―Stefan también conoce un par de trucos interesantes ―dije―, aunque yo jamás diría eso en frente de él. El bastardo ya tiene un ego lo suficientemente grande, y por el momento, dudo seriamente que sea su persona favorita en el mundo.

―¿Un viejo novio?

Un resoplido impropio de una dama se me escapó antes de que pudiera detenerlo, y apreté mi mano libre a mi lado. No me gustaba Stefan. No me gustaba su especie. Él creía que cualquier cosas más débil que él era puesto en esta tierra para su diversión; lo que incluía tanto a humanos como a Nightwalkers. Los licántropos eran una tentación, pero desde que tendían a viajar en manadas, era más difícil simplemente elegir una víctima. Pero eso no ponía su palanca de cambios ocasionales fuera de su alcance.

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―Difícilmente ―espeté sarcásticamente—. Stefan esta cerca de ser un Anciano. No tengo duda de que él prácticamente puede saborear esa marca de mil años y lo está comiendo vivo ahora que me han dado la silla abierta en el Aquelarre, el mismo puesto que él planeaba reclamar para sí mismo.

―Así que tenemos una nueva razón para no confiar en él ―murmuró Danaus, mirando hacia mi cara vuelta hacia arriba.

Sonreí a mi compañero, sintiéndome tonta por disfrutar de su calmado momento. Era uno de los raros momentos en los que no estábamos gritándonos el uno al otro. Danaus no me estaba maldiciendo por lo que era mientras conspirábamos para matarnos. Éramos un equipo con una única meta delante de nosotros—detener a los Naturi de abrir la puerta. Eso me hacía sentir como si fuésemos indetenibles. Sabía que no era la verdad, pero al menos era un sentimiento reconfortante mientras caminábamos juntos bajo las frías y oscuras calles adoquinas de Cuzco con los Naturi rodeándonos.

―Normalmente, estaría de acuerdo contigo, pero por el momento, Stefan va a ser mi mayor protector. Tiene una orden directa del Aquelarre de protegernos a ti y a mí. Destruir a uno de nosotros justo ahora no le va a hacer merecedor de ningún punto con el Aquelarre. Si algo lo va hacer matar, es por no fallar completamente en su deber.

Danaus paró de caminar y giró su cuerpo para quedar en frente mío. El viento voló hacia la estrecha calle, golpeando en su espalda antes de fluir a su alrededor y golpearme en el pecho. Mi cabello a bailó alrededor de mi cara como si hubiera cobrado vida propia, como las serpientes de Medusa.

―El Aquelarre ―dijo él, y luego se detuvo de nuevo. Elevó ambas manos, cerrándolas como puños antes de dejarlas caer a sus costados con frustración—. ¿Por qué? ¿Quiero decir, no podría haber otra forma? O podría yo… —Su voz se desvaneció mientras trataba de poner en palabras el torbellino de sentimientos que estaban en su interior. Me vi tentada a cerrar los ojos y sólo arrastrarme a lo largo de nuestra conexión 237


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para tratar de obtener una imagen más clara de lo que estaba sintiendo exactamente, pero decidí no hacerlo. Había algunas cosas que era mejor mantener desconocidas.

Poco a poco extendí la mano y la pose sobre su corazón. Su latido era firme y estable, un latido que yo podría escuchar por siglos, dejándolo calmarme hasta el pacifico descanso.

―No había otra forma. Unirme al Aquelarre puede haber sido un error, pero estoy atascada en esto ahora. Encontraré una forma de sacar lo mejor de ello, sin ser una marioneta de Jabari.

―O un objetivo para Macaire y Elizabeth ―dijo él, posando su mano sobre la mía—. Prometiste que algún día terminaríamos nuestro baile. Todavía tengo la intención de matarte, Nightwalker.

Una triste sonrisa vagó a través de mis labios, apoyé la frente en su mano, que seguía cubriendo la mía.

―¿Con miedo a algo de competencia?

―Parece que la mitad del mundo te quiere muerta.

―Sí, pero sólo cuando termine de salvar su vida ―dije, levantando la cabeza de nuevo—. En marcha. Necesitamos revisar a las chicas. —Di un paso lejos de él y empecé a caminar por la calle otra vez, terminando nuestro breve momento.

—¿Por qué vamos a Ollantaytambo? ―inquirió Danaus, de nuevo a mi lado, con sus manos metidas en los bolsillos. No tenía armas obvias atadas a su cuerpo, pero yo no tenía duda que él probablemente tenía un buen número de cuchillos. Estaba en la punta de mi lengua preguntarle cuántos Naturi estaban cerca a nuestra localización, 238


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pero me tragué las palabras. El cazador ya estaba en el borde, sus ojos escaneando continuamente el área. Si estuviésemos amenazados, él me lo diría.

―Desde que mencionaste Ollantaytambo, ha estado sonando en mi cabeza. El nombre sigue rondando en algún recuerdo en la parte trasera de mi cerebro ―dije, sin molestarme en filtrar la frustración en mi voz.

―¿Qué?

―No lo sé ―suspiré. Un viento helado azotó la ciudad, tirando de mi pelo, de forma que unos pocos zarcillos bailaron en mi cara. Acomodé un poco de cabello suelto tras mi oreja, pero se negó a quedarse allí—. He estado en Perú solo una vez, y pensé que sólo había sido en Machu Picchu. Pero siento como si debiera recordar algo sobre Ollantaytambo, quizá he estado allí o ellos lo mencionaron. No lo sé, pero quiero revisarlo.

―¿Entonces este es sólo un viaje de espera mientras los otros son llevados a la portería? ―respondió Danaus.

―Posiblemente ―admití con un encogimiento de hombros—. Consigue la camioneta con Eduardo. Regresaré al hotel a por nuestras cosas y hablaré con algunos locales. Tal vez pueda conseguir alguna información de Ollantaytambo.

―Mira… ―empezó él. Podía suponer lo qué iba a decir. Algo acerca del número de Naturi acechando en Perú, en Cuzco, o en nuestro hotel. Ellos siempre estarían cerca, pero no pensaba que Rowe fuera tan estúpido. Esperaría en las sombras para el próximo movimiento. O al menos, no pensaba que Nyx le permitiría arriesgar la vida de su hermana. A menos que ella de verdad quisiera a Cynnia muerta, y entonces yo estaba a punto de ser probada realmente mal.

―¿Hay uno detrás de mí? ―pregunté bruscamente antes de que él continuara.

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Danaus elevó la ceja y me dedicó un ceño fruncido.

―No.

―Entonces no quiero saberlo. No me digas en cuanto nos superan en número hasta que te pregunte.

Con un giro y una media sonrisa, se dirigió hacia el Hostal Loreto para encontrar a Eduardo. Caminé de vuelta al hotel, con las manos en los bolsillos y la cabeza agachada contra el viento. No quería decirle que el miedo se retorcía en mi estomago cada vez que oía esa palabra ―Ollantaytambo.

Había algo que se suponía que debía recordar acerca de ese lugar. Lo mejor que podía recordar era que había despertado una noche en Machu Picchu después de estar en España, la noche anterior. No sé cómo había llegado a Machu Picchu y jamás pregunté. El dolor rápidamente acompañó a la conciencia durante aquellas largas noches, y los pensamientos mezquinos acerca de cómo había recorrido una larga distancia fueron insignificantes.

¿Habían hablado los Naturi de Ollantaytambo durante mi encarcelamiento? ¿O aún peor? ¿Había estado allí pero no podía recordarlo? Tenía que saberlo. Tal vez no tenía nada que ver con el sacrificio y el hecho de abrir la puerta, pero sabía que jamás tendría otra oportunidad para averiguarlo.

Si teníamos suerte, nos escabulliríamos y dejaríamos Ollantaytambo sin ser notados y luego volaríamos a la entrada. Por supuesto, la Señorita Fortuna me había tratado con frialdad gran parte de los últimos meses. ¿Por qué cambiaría ahora?

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CAPÍTULO 20 Traducido cido por Marie Annabeth Corregido por Angeles Rangel

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helly y Cynnia estaban sentadas con las piernas cruzadas sobre la cama jugando con las cartas cuando entré en la habitación con la llave que había conseguido de Danaus. A juzgar por la forma en que Shelly Shelly estaba continuamente mirando por encima de las cartas de Cynnia, parecía que estaba tratando de enseñarle a la Naturi como jugar al rummy con resultados mixtos.

Tenemos que cambiarnos de habitación —dije, dije, cerrando la puerta de golpe tras de —Tenemos mí. Las as dos mujeres me miraron con extrañeza, cada una aferrando tensamente las cartas en sus manos.

¡Vamos! ¡Muévanse! Ellos podrían estar en los alrededores del hotel. —Chasqueé los —¡Vamos! dedos cuando no se movieron. Quitando las cartas de las manos de Cynnia, las dejé caer sobre la cama y agarré las cadenas de hierro que se enlazaban a sus muñecas. Tropezó detrás de mí cuando la puse de pie, con Shelly siguiéndonos.

—No entiendo —dijo dijo Shelly—. Shelly ¿Quiénes están allí?

—Los Naturi — respondió Cynnia antes de que qu yo lo hiciera.

—¿Dónde está Danaus?

—En una diligencia. —Me Me detuve al llegar a la puerta y la miré miré—.. ¿Los has sentido? ¿Están aquí? 241


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—Mira, con las esposas, no puedo percibir nada con mucha claridad — explicó Cynnia—. Puedo sentir el poder en el aire, pero no puedo usarlo para percibir claramente a mi propia especie mientras estoy en el hotel.

—Pero antes dijiste que los habías sentido.

—Fue cuando estaba de pie sobre la tierra en el exterior, mientras estábamos viajando —argumentó—. Cuando estoy en este hotel con el concreto separándome de la tierra, no puedo sentir nada más que la energía en el aire.

—Magnífico —gruñí, mi mirada fija barrió por la habitación hasta detenerse en la primera ventana contra la pared del fondo—. Shelly, quiero que vigiles aquella ventana hasta que te diga que me puedes seguir. —La bruja asintió con la cabeza, y me moví de regreso a la puerta con Cynnia a rastras.

Abrí la puerta y rápidamente escondí mi cuchillo con la mano derecha. Mirando por el pasillo a la izquierda y luego a la derecha, ví que estaba vacío y sentí que la tensión en mi pecho comenzó a bajar un poco.

—¿Está alguien siguiéndonos? — preguntó Cynnia

—Posiblemente. —Tiré de la puerta abriéndola más y la arrastré por el pasillo conmigo hasta la siguiente puerta, donde Danaus y yo compartíamos la habitación sin ventanas—. ¡Shelly, vamos!

—¿Es por eso que estás herida? Fuiste agredida por un Naturi —dijo Cynnia, tratando de dar un paso atrás de mí, pero sus esposas estaban sujetas fuertemente en mis manos. Por desgracia, tenía las manos ocupadas para poner la llave en la cerradura. Yo no estaba dispuesta a soltar el cuchillo tampoco, ya que me sentía más segura con él en la mano. Frustrada, enterré la punta del cuchillo en el marco de la puerta de

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madera, obteniendo un grito ahogado tanto de Shelly como de Cynnia cuando pesqué la llave de mi habitación del bolsillo.

Una vez que la puerta estuvo abierta, agarré nuevamente el cuchillo e hice pasar a las mujeres rápidamente a la habitación. Shelly y Cynnia estaban amontonadas contra la pared del fondo después de que cerré la puerta y llevé a cabo una búsqueda exhaustiva en la habitación para asegurarme de que estábamos realmente solas. Este cuarto me gustaba más porque no había ventana, y solo una entrada, y una única puerta para defender si alguien me hubiera seguido hasta donde estaba Cynnia.

—¿Qué pasó? — preguntó Shelly cuando finalmente me mostré satisfecha del espacio que teníamos para nosotras—. Tu brazo está cubierto de sangre seca.

Me senté en el borde de la cama, mientras que Shelly ocupó el único asiento bueno en la habitación, dejando que Cynnia se hiciera ovillo una vez más en el piso contra la pared.

—Me encontré con un viejo amigo mío llamado Rowe. Parecía realmente ansioso por encontrarte, Cynnia.

—¿Te refieres a matarme? —dijo Cynnia, envolviendo los brazos alrededor de una de sus piernas dobladas, mientras se mantenía lo más derecha posible.

—No sé, pero le dí un ultimátum. Si se aleja de la ceremonia, voy a dejarte libre. Si no, estarás muerta. Pensé que era lo que ambas queríamos.

—¡No la parte de estar muerta!

—Debe tener una razón para cooperar.

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—¿No podías pensar en algo que sea igualmente persuasivo aparte de terminar con mi vida?

—No, porque lo digo en serio. No me eres de ninguna utilidad, si no puedo usarte para detener el sacrificio antes de ser concluido. Eres sólo una Naturi que quiere matar a Nightwalkers y seres humanos también.

—¡No, eso no es verdad! Sabes que no es verdad. —Argumentó. Se tambaleó hacia adelante porque estaba sobre sus manos y rodillas delante de mí—. Te puedo ayudar. No quiero esta guerra. No quiero pelear con los Nightwalkers y estaría feliz de encontrar una manera de vivir en paz con los humanos.

—Desafortunadamente, no parece que Rowe esté dispuesto a dejar de lado sus planes sólo por la hermana de la reina. Planea seguir adelante con el sacrificio mañana por la noche.

—¡No! Mira, por favor, podemos encontrar otra manera. Puedo serte útil — argumentó Cynnia desesperadamente.

—Estás de suerte, porque otra persona apareció antes de que tuviera la oportunidad de regresar aquí —dije, consiguiendo una inclinación de su cabeza—. Parece que eres bastante importante para tu hermana. Lo suficiente para que ella esté dispuesta a tratar de detener los planes de Rowe en un esfuerzo por salvar tu vida.

—¿Nyx quiere que yo viva? — susurró Cynnia. Se sentó de nuevo, con las lágrimas resbalando por sus pálidas mejillas—. Tenía miedo de que si estaba aquí, era porque había sido enviada para matarme también. Pero Nyx quiere que yo viva.

—Así parece —murmuré.

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—¿Tienes un plan? —preguntó Shelly llamando mi atención hacia ella. Había sido una compañera silenciosa en este viaje, ocupándose de las necesidades de Cynnia mientras Danaus y yo hacíamos lo que podíamos para los planes de Machu Picchu. Esperábamos que, pudiera bloquear la magia de los Naturi de la tierra.

—Si nuestra pequeña Nia quiere seguir con vida, entonces parece que deberá proporcionarnos algún tipo de ayuda, y por extensión, a su hermana Nyx. —Hice una pausa para asegurarme de que tenía la atención completa de Cynnia. Sus grandes ojos húmedos estaban fijos en mi cara mientras usaba la manga de su camisa para limpiarse las lágrimas—. Tenemos que mantener la puerta cerrada.

—Estoy de acuerdo —dijo Cynnia con un asentimiento—. No quiero ver a Aurora herida, pero no pueden permitirle volver a la tierra.

—Entonces, te necesito para enseñarnos a Shelly y a mi cómo usar la magia de la tierra.

—Ya sé cómo usar la magia de tierra — argumentó Shelly, moviéndose a la orilla de la silla.

—Tal vez, pero no a los niveles tan poderosos que están disponibles para ti ahora mismo —dije con un movimiento de cabeza—. Necesito que seas capaz de ejercer este poder. El Valle Sagrado se inunda con energía, más de la que experimenté en Stonehenge o en el Palacio de Knossos. Este lugar es diferente, y necesito que estés preparada para tomar ventaja de ello.

—Además, los Nightwalkers no pueden usar la magia de tierra — argumentó Cynnia—. Está en contra de todas las leyes.

Sonreí y salí de la cama caminando hacia ella.

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—Toda ley puede ser quebrantada. Rowe ha estado usando magia de la sangre. Conozco a un brujo que ha estado usando tanto el derramamiento de sangre como la magia de tierra. Puedo manipular el fuego, lo que según parece me ha dado algún tipo de control cuando se trata de usar la magia de tierra. Necesito tú ayuda para aprender a controlarlo.

—No hay que controlarlo —dijo usando la pared detrás de ella, para ponerse en pie—. Esta energía está ahí para su uso, pero realmente controlarlo y ejercerlo no es algo en lo que creemos.

—Mira, Cynnia, yo no estoy de humor para discutir semántica contigo. Quiero que me enseñes a ser capaz de utilizar este poder que fluye a través de mí. Enséñame a ser una bruja de tierra, si es necesario hacerlo.

—Esto, no es tan simple, Mira — intervino Shelly.

Volviéndome, me dejé caer en el borde de la cama y puse la cabeza entre las manos con frustración.

—Es como estar hablando diferentes idiomas, no tenemos tiempo para esto.

Para mi sorpresa, Shelly se adelantó. Dejó la silla y se acercó arrodillándose delante de mí, tomando mis dos manos entre sus manos afectuosas.

—No estamos tratando de hacer esto difícil, pero es una cuestión de semántica, en cierto modo. No sé acerca de la magia de sangre, pero la magia de la tierra proviene de una sola fuente, la vida. El poder en sí tiene su propia conciencia e identidad. No puedes controlarla porque ella no quiere ser controlada. No la puedes manejar de la misma manera que empuñas una espada, porque no es una cosa.

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—Entonces, ¿cómo se usa? —Exigí, dándole un ligero apretón de manos para enfatizar mi desesperación lanzando mi mirada fija de ella a Cynnia—. Puedes lanzar hechizos. Puedes hacer crecer las plantas. Cambiar el clima. Puedes controlar a los animales. Todo esto se logra a través de la magia de la tierra. Necesito ser capaz de hacer estas cosas, o al menos entender cómo se hace. En esta lucha, no es suficiente ser una Nightwalker avanzada o vieja o incluso ser una Fire Starter. Cuando estoy aquí en el lugar del sacrificio, soy un peligro para mí y los que me rodean.

Las manos de Shelly de deslizaron de las mías y se sentó sobre los talones delante de mí, la confusión llenaba su hermoso rostro con sus cabellos rubios deslizándose hacia abajo alrededor de sus mejillas.

—No entiendo — susurró Cynnia.

—Puedo sentir el poder de la tierra cuando estoy aquí —dije.

—¿Solamente aquí, o cuando estás cerca de una oleada? — preguntó Cynnia rápidamente, causando que arrugara la frente a causa de sus palabras.

—¿Oleada? — preguntó Shelly, lanzando una mirada fija a la Naturi.

—Este es uno de los sitios sobre la tierra donde la corteza es más delgada. Es donde el poder fluye desde el dentro de la tierra hacia la superficie. Es probable que estos sean los lugares donde Rowe ha estado llevando a cabo los sacrificios, ellos le proveerían del poder que necesita para romper el sello y abrir la puerta.

—Sí, cuando estoy cerca de un oleaje, puedo sentir el poder de la tierra —dije con una inclinación de cabeza. Enrosqué los dedos juntos, torciéndolos mientras seguía con mi historia. Esta era la información que yo no estaba segura que estuviera a salvo en manos de la Naturi, pero por el momento no ví que hubiera mucho de donde elegir. Habíamos avanzado demasiado sobre esto la noche anterior en el bosque, cuando me ví obligada a salir de aquel lugar con solamente un débil hechizo de barrera en mi 247


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bolsillo trasero. Después de caminar alrededor de Cuzco, y sentir el poder en el aire, sabía que iba a necesitar un plan de ataque más fuerte para sobrevivir al encuentro en Machu Picchu.

—Esto es más que eso. Puedo sentir el poder de la tierra empujando contra mi piel, tratando de entrar en mi cuerpo.

—Estoy suponiendo que tú le permites entrar —dijo Shelly, con el ceño fruncido tirando de las comisuras de sus labios.

—No, no intencionalmente.

—Mira, ¿por qué no? Esto es un regalo maravilloso que te han dado —dijo Shelly, levantándose sobre sus rodillas con energía renovada—. Es como si la tierra se estuviera acercando a ti. Esto no es como un bame de brujas de tierra. Tenemos que extender la mano y aprovechar la energía que podemos encontrar en el aire. Estar aquí, con el poder tan espeso en el aire, es más fácil para mí ahora, pero para que venga sobre ustedes la búsqueda... es... es como un honor.

—Pero no puedo sentirlo cuando no estoy en una oleada —contesté.

—Has dicho que no permitirías que el poder entre en tí intencionadamente ¿Pero lo has hecho en el pasado? — preguntó Cynnia. Ella se había retirado un poco de la pared y estaba sentada más cerca de mí y de Shelly ahora.

—Cuando creo fuertes oleadas de fuego, el poder de la tierra corre en mi cuerpo ¡No puedo parar! Me llena, me consume hasta que no parece haber nada dentro de mí a excepción de este poder. El único modo de deshacerme de ello es crear más fuego, pero nunca parece ser suficiente.

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—Y nunca lo será —dijo Cynnia con una sacudida triste de su cabeza—. ¿Cuándo consigues finalmente que se detenga?

—La sangre mágica. Ésta empuja a la magia de la tierra para que salga de mi cuerpo — dije cuidadosamente, evitando mencionar que Danaus me servía de fuente de magia de sangre pura, dada su naturaleza Bori—. Quiero el control de esto. Quiero ser capaz de usar la magia de la tierra que fluye en mi cuerpo, pero también debo poder ser capaz de apagarla. ¿Puede alguna de ustedes enseñarme eso?

Cynnia vaciló, pero Shelly rápidamente tomó la palabra y puso su mano sobre mi rodilla.

—Yo puedo.

Miré a Cynnia, que rehusó a encontrarse con mi mirada.

—Tu utilidad es cada vez menor.

—Por favor, comprende mi punto de vista, Mira —dijo, levantando lentamente los ojos para encontrarse con los míos—. Ya eres toda una leyenda entre mi gente ¿Voy a ser la responsable de hacer que seas aún más fuerte? ¿Más peligrosa no sólo para mi pueblo, sino para el mundo entero?

—Y ¿Qué pasa si no lo hacemos? — preguntó Shelly, alzando la voz hacia la joven Naturi por primera vez—. Tu hermana Aurora podría estar pensando en venir y matarnos a todos. No siempre estoy de acuerdo con los métodos de Mira, pero por lo menos en su versión del mundo, hay un lugar para los seres humanos.

—¡Ustedes son comida! — espetó Cynnia. Apretó los puños y trató con movimientos bruscos de separar las manos, pero las cadenas la mantuvieron atada—. Tú eres ganado para ellos. 249


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Shelly se echó hacia atrás, mirándola como si Cynnia la hubiera golpeado repentinamente. Su boca estaba abierta, pero no le salían las palabras.

—Es verdad, Shelly —dije suavemente. Esta vez puse una mano sobre su hombro. Se estremeció ante mi toque fresco, pero me negué a mover la mano—. Los Nightwalkers no pueden existir sin los humanos de los cuales se alimentan, pero esa no es la única razón procuramos protegerles. Los seres humanos también son nuestros amigos, nuestros enemigos y nuestros amantes. No importa cuánto tiempo un Nightwalker existe en las sombras, en algún momento siempre nos encontramos estableciendo algún tipo de relación con un ser humano. Es donde nosotros comenzamos como criaturas y es algo de lo que no puede escapar completamente.

—Ellos te han cazado — agregó Cynnia con los dientes apretados.

—Y nosotros les hemos protegido —le dije con calma—. No somos ni villanos ni salvadores. Simplemente somos una parte de este mundo tanto como los humanos lo son.

Cynnia se puso de pie y dio un par de pasos hacia mí, con los puños apretados frente a ella temblando de ira.

—Y nos merecemos un lugar en este mundo tanto como los Nightwalkers.

—Estaré de acuerdo con esto mientras ustedes estén dispuestos a compartirlo con el resto de las razas. Mírame a los ojos y dime cual es el plan de Aurora.

Cynnia me sostuvo la mirada por un segundo entonces parpadeó y se apartó.

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—Ella no quiere compartir —susurró, con sus esbeltos hombros caídos en derrota—. Ella nunca compartiría con los humanos.

—Y debido a eso yo no dejaré de luchar contra los Naturi. Dame un gobernante Naturi que entienda las reglas de convivencia y voy a considerar la posibilidad de bajar mi espada.

—¿Considerarlo? — preguntó Cynnia, volviéndose hacia mí, con una ceja arqueada en cuestión.

—Tu hermano y muchos otros son responsables de mucho de lo que nunca seré capaz de perdonar. No puedo aprender a olvidar tan pronto —dije con voz fría.

—Pensé que tu lema era “perdonar y olvidar.”

—Conozco mis limitaciones. No habrá perdón.

Un suspiro de Shelly llamó mi atención de nuevo hacia la bruja de tierra. Estaba atrapada entre dos razas en guerra. Su única oportunidad era escoger una carrera que protegiera su supervivencia, lo que significaba ponerse del lado de los Nightwalkers. Pero Cynnia tenía razón. Los seres humanos eran poco más que ganado para nosotros. El ganado vacuno y un poco de violenta diversión, fea cuando el estado de ánimo nos golpeaba. El menor de los dos males todavía era malo.

—Desde como sea que suene, Mira —Shelly comenzó, alejándose de mi contacto mantuvo sus ojos en la gastada y descolorida alfombra bajo sus rodillas—. Estás tratando de actuar como una batería de energía que entra en tí en vez de ser un conducto.

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—No estoy tratando de hacer nada —admití luchando para no sonar a la defensiva—. El primer par de que veces sucedió, no estaba tratando de hacerlo. Simplemente ocurrió contra mi voluntad.

—Entonces la tierra tiene que reconocerte como una toma de corriente debido a tu capacidad de manipular el fuego —dijo Cynnia hoscamente. Volviendo a su lugar en el suelo contra la pared, con los brazos envueltos alrededor de sus piernas dobladas—. Para evitar que esto suceda, puedes simplemente dejar de ir a las diferentes oleadas de todo el mundo.

—Nia —murmuré con la voz más suave que pude en medio de mi creciente frustración—. Tengo que evitar que la puerta se abra.

Para mi sorpresa, Cynnia cerró los ojos y una sola lágrima gruesa rodó en su mejilla.

—Lo sé. —También sabía que muchos de su propia gente iban a morir en la batalla de Machu Picchu mañana en la noche.

—Como estaba diciendo — continuó Shelly, llamando mi atención lejos de los perdidos y heridos Naturi—. Estás actuando como una batería. Parece que la energía está yendo a tu cuerpo y tu cuerpo está tratando de almacenar la energía hasta que estés lista para usarla. Por desgracia, puedes almacenar sola tanta energía que finalmente te destruirá.

—Podría estar acuerdo con esa apreciación —murmuré. Al menos eso explicaba el terrible dolor que sentía cada vez que el poder entraba en mi cuerpo, y el alivio que sentía cuando salía. Cuando usaba mis poderes. También me pregunté si era por esto que sentía el mismo dolor cuando Danaus o Jabari trataban de manipularme. ¿Simplemente almacenaba su poder dentro de mi cuerpo hasta que finalmente cumpliera con sus deseos?

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—Necesitas ser un conducto —dijo Shelly—. Tienes que dejar que la energía fluya no solamente a través de tí, sino que también fluya hacia afuera de nuevo. Cuando utilizas la magia de la tierra, simplemente estas aprovechando el poder natural que fluye a través de tí.

—Entonces, ¿cómo lo hago?

En esta cuestión, Shelly mordió un poco el labio inferior y miró por encima del hombro a Cynnia, quién se encogió de hombros.

—¡Esta es tu oportunidad de demostrarme tu valor, para salvar tu propia vida, y vas a decir que no! —Grité, saliéndome de la cama y caminando hacia ella.

—No, eso no es lo que quise decir —dijo Cynnia, levantando ambos brazos para mantenerme lejos de ella—. No tengo idea de cómo enseñarte lo que estás pidiendo. Se supone que es algo natural. Honestamente, si tuviera la menor idea de lo que podrías hacer, te lo diría. No quiero considerar cuanta energía puedes contener o el daño que puede hacer una vez que el poder sea puesto en libertad. Preferiría que te convirtieses en un conducto como habló Shelly.

Hice una pausa y miré a Shelly, que asentía con la cabeza hacia mí.

—Nunca he oído hablar de este problema —añadió—. Tengo que alcanzar el poder de la tierra, tirando de él en mí misma, para que fluya naturalmente hacia afuera, como un río. Cuando fluye completamente, simplemente tengo que recoger lo que necesito para el hechizo que estoy elaborando.

—Maldita sea —murmuré, caminando de vuelta hacia atrás cayendo de golpe en el borde de la cama. Metí las dos manos por el pelo, apartándolo de mi cara con frustración buscando desesperadamente una solución, cualquier tipo de solución, al problema. No podía evitar el oleaje. De hecho, planeé perseguir y atormentar todos y

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cada uno de ellos hasta que Rowe y su equipo fueran finalmente detenidos y dejados fuera.

Los pelos de mi nuca de repente comenzaron a sentir un hormigueo, y envié mis poderes que llamearon fuera de mi cuerpo, corriendo por el hotel como una horda de fantasmas, hasta que finalmente se asentaron en Danaus. Él se acercaba. Yo estaba fuera de tiempo por ahora. Teníamos que marcharnos.

—Tal vez me puedas ayudar de otra manera —comencé, mirando a Cynnia—. ¿Qué puedes decirme acerca de Ollantaytambo?

—Nada —dijo con una sacudida de la cabeza—. Nunca he oído hablar de él.

—Es un lugar en las afueras de Machu Picchu —insistí. Necesitaba cualquier tipo de información que ella pudiera darme antes de macháramos sobre esta empresa descabellada—. Creo que hay una especie de antiguo templo inca o alguna estructura allí. —Una vez más Cynnia sólo negó con la cabeza tristemente hacia mí.

—Solamente conozco ese nombre de Machu Picchu debido a que tú lo usas. No es nuestro nombre para este lugar. Sólo sé que éste es el último lugar en que intentamos y casi logramos la apertura de la puerta.

—¿Cómo se llama este lugar?

Cynnia dijo algo en su propia lengua lírica que yo aún no podía ser capaz de entender, haciéndome mirarle con el ceño fruncido.

—Se traduce más o menos el “Jardín de la Madre”. Es cómo llamamos a la zona del valle.

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Danaus llamó a la puerta del dormitorio. Ya era hora de ir a Ollantaytambo. No es que yo realmente quisiera ir a este sitio de antiguas ruinas Incas, pero sentía que tenía que ir. Había algo llamándome de mi pasado aquí. Una puerta que necesitaba ser abierta finalmente o firmemente cerrada y cerrada para siempre.

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CAPÍTULO 21 Traducido por Anne ne Iris Heaven y Rihano Corregido por Kanon ♪♫♪

S

ólo los guardianes humanos hablaron durante el viaje en coche a Ollantaytambo. Aunque sólo era en voz baja, susurros en trozos rotos de español o italiano. Yo iba en el asiento delantero junto a Danaus, q quien uien amablemente se ofreció a conducir. En la aleatoria intersección, se había detenido, ronco, en silencio y miramos el mapa que Eduardo nos había dado antes de que continuáramos calladamente. Stefan se repantigó en el asiento justo detrás de Danaus, tratando tratando en vano de irritar al cazador. Si tenía éxito, yo no podría decirlo, pero bien, era Danaus. Por lo que yo sabía, yo era la única que había logrado alterarlo. Y tenía muchas razones para creer que él iba a arrancar mi corazón por mis problemas.

a de Stefan también era permanecer lo más lejos posible de Cynnia. No había La meta ido bien cuando informé al Nightwalker que tanto una bruja de la tierra y un Naturi se unirían a nosotros en nuestro viaje a Ollantaytambo. Él hubiera estado feliz de arrancar el corazón orazón de Cynnia ahí mismo en medio de la acera de la ciudad y dejarla para que los humanos la encontraran más tarde, pero hábilmente le convencí de lo contrario, con promesas de poder utilizarla como una pieza de negociación después, en la batalla de Machu Picchu.

Así que, por ahora, Shelly actuaba como un delgado amortiguador humano, sentada entre el poderoso y meditabundo Stefan y la demasiado tranquila Cynnia a la vez que nos dirigíamos cada vez más profundo en el Valle Sagrado por un rayo de luna desdibujado. ibujado. Me hubiera gustado preguntarle a cualquiera de las dos mujeres si su sentido del poder en el aire era cada vez más fuerte, pero yo no quería alertar a Stefan de cualquiera de estas tonterías de la magia de la tierra todavía. Yo prefería que el pensara sara que mantenía una estricta relación captor captor-cautivo cautivo con Cynnia. Él no tenía por qué saber que yo dependía de que me diera algún tipo de orientación a la hora de controlar, o al menos usar, la magia de la tierra que parecía desesperada por fluir a través de mi cuerpo. 256


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Mientras conducíamos cerca de Ollantaytambo, las colinas se levantaron a nuestro alrededor, borrando la poca luz que las estrellas tenían que ofrecer. Naturalmente, la luna no estaba por ningún lado. Reducida a una franja delgada de su gran gloria, ella se mantuvo oculta a la vista, al parecer feliz de dejarnos tantear en la inmensa oscuridad. Los animales que nos observaron avanzar a lo largo del estrecho y sinuoso camino, estaban en silencio, envueltos por las rocas y arbustos.

Tras más de dos horas de conducción, tanto las montañas como la extensión de árboles y arbustos, por fin quedaron atrás, desembocando hacia lo que parecía ser un pequeño valle. A pesar del hecho de que yo no respiraba, tuve que luchar contra las ganas de dibujar una inspiración profunda a la vista de Ollantaytambo. La ciudad era pequeña, con sólo un puñado de calles y algunos hoteles. No era una importante parada para los turistas. Algunos, harían un viaje de día corto para ver las ruinas en el borde de la ciudad, pero a continuación, pasarían a Aguas Calientes y Machu Picchu.

A medida que nos deslizamos lentamente por la calle principal, me di cuenta de que las cuatro personas que habíamos traído se habían quedado en silencio. En la parte trasera de la camioneta pude distinguir el sonido de la tela y el suave crujir instantáneo de las fundas de las armas siendo liberadas para que los cuchillos y armas de fuego pudieran ser rápidamente desenfundados. Antes de salir de la habitación del hotel, tanto Danaus como yo cargamos las armas de nuevo. Él tenía una espada corta a la espalda junto con un par de pistolas que en realidad no pude identificar. El cazador había sido lo suficientemente amable de devolverme el mismo estilo de Glock y Browning que había utilizado en Creta. No me gustaban las pistolas, pero estaba lo suficientemente familiarizada con esas dos, que podría manejarlas mejor que empezando con dos armas totalmente desconocidas. También tenía una espada corta atada a mi muslo. Tenía la esperanza de evitar el uso de mi poder mientras estuviéramos aquí, porque ya había demasiada energía en el aire para que me sintiera cómoda.

Mientras nos dirigíamos a la ciudad, Noté que cada bloque estaba rodeado por altos muros incas de diseño tradicional. Dentro de las murallas había pequeño grupo de casitas, y un patio en el centro de todo. Era casi medianoche cuando entramos en el pueblo, y cada una de las casas estaba cerrada y con las luces apagadas.

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Al final de la calle principal, Danaus detuvo el coche y me miró en busca de dirección. Ahora que estábamos aquí, yo no quería moverme, no quería hablar. Había sonado como una buena idea, mientras estaba sentada en un bar lleno de gente en Cuzco rodeada por los míos. No, eso está mal. Había sonado como una idea horrible cuando estaba en Cuzco, y ahora que yo estaba sentada aquí en la oscuridad, supe que era desastrosa.

—¿Qué? —Me pinchó cuando aún me negaba a hablar.

—Las ruinas. —Le contesté en voz baja, orgullosa de no temblar. Por supuesto, yo todavía estaba luchando para desafiar el poder de muerte que tenía en la manija de la puerta—. ¿Fuimos seguidos?

No había ninguna razón para decir de quién estaba hablando. Sólo un grupo sería capaz de seguirnos sin ser detectado por los medios normales. Sólo había un grupo en este momento por el que cualquiera de nosotros se preocupaba. los Naturi.

—No, pero no están muy lejos —dijo Danaus. Su voz era una profunda calma, aún, un bálsamo a pesar de las ominosas palabras. Desde que salimos del hotel, se había producido un latido constante de energía que se derramaba de él mientras buscaba el área de nuestro enemigo. Las olas implacables inundaban ya a través de mí, tirándome hacia él. Esas olas me habían protegido y trataban de desgarrarme en el pasado. Ahora necesitaba su protección no sólo del enemigo que se aproximaba, sino también de los fantasmas que rondaban mi pasado.

Danaus volvió la estruendosa furgoneta blanca por el camino y se dirigió a corta distancia de las ruinas. Rodeada de colinas, se podía distinguir a las ruinas levantándose ante nosotros con las piedras talladas por los hombres desde hace siglos. El cazador sacó la camioneta en la pequeña playa de grava de estacionamiento a unos cien metros de la base de la montaña. Por supuesto, la montaña fue un término relativo considerando que ya eran más de nueve mil pies sobre el nivel del mar. Por lo visto, la caminata hasta la cima de las ruinas fue menos que un cuarto de milla.

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—Bueno, Mira —empezó Stefan, rompiendo el silencio que apenas había sido matizado con la respiración áspera de los humanos—. Estamos aquí. ¿Qué es lo que deseabas ver?

Girando en mi asiento, miré de nuevo a la Naturi acurrucada tan cerca de la puerta como podía, poniendo la mayor distancia posible entre ella y Stefan.

—¿Cynnia? ¿Hay algo que me puedas decir? —pregunté, haciendo caso omiso del Nightwalker por el momento.

—Nada. Nunca he estado aquí. No estoy muy segura de por qué se consideraría importante.

No podía discutir con ella allí. El aire parecía espesarse con energía, como si se tratara de la humedad en un día caluroso y húmedo. La energía dentro de la zona se había convertido en una entidad que parecía exigir que se reconociera su presencia. Bueno, yo estaba a punto de hacerlo.

—Vamos a la parte superior —respondí mordazmente, aguijoneada por el tono insolente de Stefan. Si el Nightwalker tenía alguna habilidad especial, era su capacidad de meterse bajo tu piel como una garrapata—. Los humanos se quedarán aquí y harán guardia de la furgoneta.

—¿Qué? —La voz de Shelly rompió son suavidad la quietud de la camioneta.

—Tú te quedas cerca de Cynnia. No la dejes fuera de tu vista. No la dejes en cualquier lugar cerca de las ruinas, donde podría ser capaz de escapar de nosotros. —Mandé, más por el beneficio de Stefan que por el de Shelly. No esperaba que Cynnia emprendiera una carrera loca por la libertad aquí, no si tenía miedo de la adhesión de cualquier Naturi que encontrara. Por ahora, ella estaba realmente más segura en mis manos.

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—¿Estás segura de que puede manejar…

—Ella puede manejarlo —salté, interrumpiendo la pregunta de Stefan.

Sin esperar a cualquier comentario o argumento adicional, abrí la puerta y salí. Tenía que empezar a moverme. Una multitud de Nightwalkers llegaría en menos de una hora a buscarnos y nos llevaría de regreso al hotel en la base de las ruinas. Esta sería mi única oportunidad de ver este lugar. Sin embargo, todos los planes bien establecidos nunca ocurren sin el tropiezo ocasional.

En el momento en que mi bota tocaba el suelo cubierto de grava, mi rodilla se dobló debajo de mí. Por suerte, todavía tenía que desenvolver los dedos de todo el reposabrazos de la puerta, salvándome de caer sobre mi trasero. El peso de mi cuerpo empujó la puerta completamente abierta, sacándome de la furgoneta. Mi otro pie tocó el suelo y una onda de choque de energía subió a través de mi cuerpo, tirando un gemido suave de mi garganta. Yo apreté ambas manos alrededor del brazo y apoyé mi cabeza contra la puerta, esperando a que la sensación pasara. No pude conseguir que mis piernas funcionaran. Permanecieron blandas, fideos inútiles debajo de mí. El dolor me llenaba, en interminables y masivas oleadas mientras el poder de la tierra castigaba y empujaba mi cuerpo de pies a cabeza.

—¿Qué? —Stefan puso una mano sobre mi hombro, su voz era inquisitiva, pero con la usual fría indiferencia. Yo no había oído abrirse la puerta lateral cuando el Nightwalker se apeó de la furgoneta.

—¿No lo sientes? —Me atraganté mientras aflojaba los dientes.

—¿Sentir qué?

La pregunta me sorprendió lo bastante como para forzar mis ojos a abrirse. Torcí mi cuerpo lo suficiente para mirar por encima de mi hombro y encontrar a Stefan de pie justo detrás de mí, viéndose perfectamente bien. Entonces levanté la cabeza para ver 260


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a Danaus caminar alrededor de la furgoneta. También pareció no estar afectado. Había tanta energía en el aire que era positivamente sofocante. ¿Cómo podría cualquiera de los dos hombres conseguir ser completamente ajenos a ella?

—¿Shelly?

—Lo siento, pero no es doloroso —dijo, llegando a estar a mi lado—. Se siente como una gran cantidad de energía que fluye a través de mí, una especie de pie, como si estuviera parada en medio de una corriente rápida.

—Es que no corre por ella como debiera —dijo Cynnia mientras caminaba hacia mí—. Está tratando de empujar a su manera a ella. Incluso con las esposas, puedo sentir la energía girando alrededor de ella. Mira, inundándola. Quiere entrar.

—¿Qué está pasando? —exigió Stefan sobre el rumor de la conversación y la contemplación—. ¿De qué energía están hablando?

—La energía de la tierra —murmuré cuando nadie parecía dispuesto a hablar directamente con él—. Puedo sentirla.

—¿Te va a hacer inútil para nosotros? —continuó él en su menos que alegre y habitual humor.

—¿Danaus? —Mis ojos se cerraron de nuevo cuando me concentré en sostenerme en el apoyabrazos. Yo no tenía por qué preocuparme por Stefan y su actitud en ese momento. Tenía que preocuparme por encontrar la manera de funcionar así. Si éramos atacados en este momento por los Naturi, sería inútil para el grupo, una responsabilidad.

Escuché el crujido de la grava bajo los pies de Danaus a la vez que se acercaba más. Su ancha mano descansó en mi espalda y un gruñido de sorpresa se le escapó. Sacó 261


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su mano y abrí los ojos para encontrar a los ojos oscuros de mi compañero fijos en mí en la confusión.

—¿Qué es eso? —gruñó.

—La tierra —susurré—. Levántame. —Mi agarre en la puerta de la camioneta estaba empezando a debilitarse y no tenía fuerzas para arrastrarme de nuevo en la furgoneta. Asimismo, no era una opción. Teníamos que llegar a la cima de las ruinas antes de que llegaran los demás Nightwalkers.

Sin decir una palabra para discutir, el cazador me levantó en sus brazos. Al instante, el aumento de la energía se había ido. Por un momento mis miembros se sintieron débiles y temblorosos, hasta que rápidamente se calmaron. Acostando un brazo por sus hombros, me froté la sien con la palma de la otra mano, tratando de despejar la niebla de mi cerebro. No tenía ni idea de por qué la energía era tan fuerte allí. Esto no era el lugar donde se haría el sacrificio con el fin de abrir la puerta. Todos sabíamos que iba a ser en Machu Picchu. Pero por alguna extraña razón, este lugar era un torbellino de energía, y yo tenía que saber por qué antes de que continuáramos hasta el albergue. Si este lugar era de valor para los Naturi, necesitaba saber por qué, antes de dejarlo atrás.

—Pongámonos en marcha —dije bruscamente, sintiéndome incómoda por dar órdenes mientras era acunada en brazos de Danaus, pero estaba segura de que lo logré con mi aplomo habitual—. ¿Cuánto tiempo hasta que los otros lleguen?

—Ya están en camino —dijo Stefan, rígido. Danaus había comenzado a caminar, y el Nightwalker se vio obligado a tomar algunos trotes para correr parejo—. No puedes hacer que te cargue hasta la cima.

—No puedo tocar el suelo aquí todavía. Hay demasiada energía en la zona. O bien Danaus me lleva o nos llevas volando a los dos a la cima —repliqué. No me fiaba de Stefan. Yo no me pondría por delante de él para que me hiciera volar hacia el albergue y dejar Danaus ponerse al día en la mañana. No quería separarme del

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cazador. No sino hasta después de que el sacrificio fuera detenido. Él era el único que sabía que compartía el mismo objetivo: detener a los Naturi.

—No tengo tiempo para estas tonterías —gruñó Stefan, con los ojos de color gris pálido quemando de frustración.

—¿Por qué estamos aquí? —intervino Danaus sin problemas como si barriera a el Nightwalker y sus preocupaciones bajo la alfombra—. ¿Qué recuerdas?

—Nada. —Cambié mi mirada de Stefan a la ruta mientras tejíamos nuestro camino por la montaña. El aire parecía vibrar en nosotros.

—¿Se menciona este lugar? —continuó Danaus.

—No. —Empecé a sacudir la cabeza, pero algo me llamó la atención—. ¡Para! — Estirándome, toqué una de las grandes piedras que formaban la pared. La piedra gris con tres líneas rectas. Dos líneas paralelas corriendo, cortaban en diagonal la piedra, mientras que la tercera línea recortaba en la roca en la dirección contraria, corriendo por las otras dos líneas. No era un símbolo Naturi, pero definitivamente no era natural.

—Ponme abajo —dije con voz ronca, ya que empujaba contra el pecho de Danaus. Poco a poco, dejó que mis pies tocaran el suelo. Una vez más el poder surgió en mí, haciendo que mis piernas se doblaran. Mis rodillas chocaron con el suelo, sacando un suave grito de mí mientras yo seguía aferrándome a la piedra.

Apretando los dientes, extendí la mano y toqué mentalmente cualquier criatura que tuviera un alma dentro de la zona inmediata. Si la magia de la tierra iba a empujar un martillo en contra de mi cuerpo hasta que encontrara una manera de entrar yo iba a llenar mi cuerpo con la mayor magia de la sangre que pudiera encontrar para mantenerla fuera. A mí alrededor, yo podía sentir la energía que fluía de Shelly y los seres humanos establecidos en la furgoneta. Más importante aún, me había despedido de la conexión entre Danaus y yo. Podía sentir sus emociones tan 263


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claramente ahora, como si fueran míos. Con poco esfuerzo, yo sabía que iba a ser capaz de oír sus pensamientos también, pero tuve cuidado de mantener esa puerta cerrada.

La fuente de poder fluía fresca y suave dentro de mí, ayudándome a luchar contra la intensa energía que temblaba en mis miembros. El dolor todavía llenaba mis articulaciones y causaba una sensación pulsátil pesada en mis sienes como dos energías luchando por el dominio dentro de mi esbelto cuerpo. Pero por el momento, el dolor no importaba. Finalmente recordé por qué era tan importante en Ollantaytambo.

—Es su puerta de enlace —anuncié, luchando con mis pies.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Stefan. Acercándose, acunando mi codo con una mano, ayudando a estabilizarme ahora que yo estaba de pie otra vez.

En lugar de contestarle, me giré para poder ver a Cynnia, que parecía rehuir mi mirada, moviéndose, para quedar parcialmente oculta detrás de Shelly.

—Se puede viajar a través de la energía, ¿no? —pregunté con voz áspera.

Cynnia asintió con la cabeza hacia mí, su pelo castaño cayendo hacia delante para ocultar su rostro.

—Es la forma en que podemos ir rápidamente de una parte del globo a otra. Toma algo de práctica y mucho control, pero la mayoría de los Naturi pueden manejarlo. Por lo que he oído.

—¿Tu puedes?

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La joven Naturi resopló y se alejó un paso de Shelly.

—Por supuesto que no. Yo no he estado en la tierra tanto tiempo, y nadie se ha molestado en decirme cómo funciona. Yo probablemente me mataría en el proceso.

—Yo me alejaría de él —advertí—. Odiaríamos perderte.

—Entonces, ¿hay una puerta de enlace aquí? —intervino Danaus, cortando mis ominosas amenazas. Él realmente tenía un don para arruinar mi diversión.

—Hay grandes flujos de energía a través de la tierra como grandes ríos subterráneos. Los Naturi pueden montar estos ríos para viajar alrededor del mundo —le expliqué, mi voz iba ganando fuerza a medida que continuaba el camino. Con una mano deslizándose a lo largo de la pared de roca en un intento por no perder el equilibrio—. Pero sólo hay un puñado de aperturas de estos flujos. El más cercano a Machu Picchu es aquí, en Ollantaytambo. Es por eso que he estado aquí, el razón por la que lo recuerdo.

—Es su manera de llevar refuerzos a Machu Picchu —dijo Stefan, con su mano apretando mi codo—. Tenemos que destruirlo. Una risa amarga se me escapó antes de que yo pudiera contenerla.

—No puedes destruirlo más de lo que puedes detener el amanecer —me burlé—. Es la vida misma de la tierra y todas las cosas que crecen en ella.

—¿Se puede bloquear la apertura? —exigió Danaus, dirigiendo mis ojos de nuevo a su cara. Me miró fijamente, sus fríos ojos azules parecían brillar en alguna luz perdida de las estrellas—. Por lo menos temporalmente. Podemos ganar algo de tiempo.

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—Tal vez. ¿Están aquí? —Mi concentración había estado tan completamente centrado en la energía que brotaba de la tierra y la apertura que estaba en la cima de Ollantaytambo que casi se me olvidaba que los Naturi se dirigían allí.

—Todavía no, pero se están acercando.

Mirando por encima de mi hombro, me encontré a Stefan atentamente escuchando nuestra conversación.

—¿Cuánto tiempo más? —le pregunté.

—Bertha y unos pocos más deberían estar aquí pronto —respondió.

—Entonces tenemos que actuar ahora. No tendremos otra oportunidad en esto —dije, acelerando un poco mi ritmo. Me temblaban las piernas y era difícil seguir concentrada en recopilar la energía que necesitaba para defenderme de la magia de la tierra que estaba intentando desesperadamente abrirse paso en mi cuerpo.

Un sonido suave de frustración escapando de Stefan fue mi única advertencia, y no estaba ni cerca de darme tiempo suficiente para reaccionar. Envolvió un fuerte brazo alrededor de mi cintura, me tiró hacia atrás de modo que su pecho presionó contra mi espalda, y luego estábamos en el aire. Yo envidiaba su capacidad de volar, tener la libertad para escapar de la aurora cuando él así lo decidía. Y en muchas circunstancias podría haber dicho algo bueno sobre la sensación del aire frío que pasaba corriendo por nosotros. Por desgracia, no estaba de humor. Él estaba siendo un idiota arrogante, y ya tenía suficientes criaturas en mi vida tratando de controlarme.

Al segundo en que mis pies tocaron el suelo traté de meter mi codo en su estómago, pero no había pensado en la cantidad de poder que me esperaba cuando llegáramos a la cima de la montaña. Mis piernas inmediatamente se doblaron, dejándome colgando pesadamente en el brazo de Stefan.

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—¿Es peor aquí? —preguntó.

—Sí —me atraganté mientras luchaba para defenderme del poder que dejaba a mis rodillas tocando. Extendí la mano hacia todo ser viviente que pudiera encontrar. Mi mente se extendía hasta la localidad de Ollantaytambo y de su población durmiente. Su energía se arremolinaba a mi alrededor y nadaba a través de mi cuerpo, sintiendo que me limpiaba una vez más.

—¿Por qué no puedo sentirlo?

—Porque no has viajado en el flujo —respondí, consiguiendo el control de mis piernas debajo de mí para que poder alejarme de él. Era una mentira, pero una que se iba a tragar por ahora. No tenía ni idea de por qué podía sentir la magia de la tierra más allá del hecho de que yo tenía la habilidad de manipular el fuego. Lamentablemente, tuve una oscura sospecha de que mi capacidad de manipular el fuego y mi habilidad para sentir la magia de la tierra tenían poco que ver entre sí. Había algo más que un día se adelantaría para atormentarme en ese frente, pero por el momento pensé que la mentira podía hacernos sentir más cómodos.

Stefan lentamente deslizó su mano de mí, como si esperara que me cayera al suelo al segundo que se apartara.

—El flujo en la tierra es como los Naturi fueron capaces de sacarme de España a Machu Picchu en un solo día —le expliqué—. Es la única manera en que podrían haberlo hecho.

No continué explicando que ahora recordaba nuestra llegada a Ollantaytambo. Vagamente recordaba el sol y mi cuerpo quemándose mientras los Naturi corrían para encontrar una manera de proteger su premio antes de que fuera reducido a un montón de ceniza negra. Recordé los gritos y pensar que por fin había descendido al infierno. Pero no había forma de explicar cómo llegué a estar despierta durante el día, más allá de la teoría de que era sólo un efecto secundario de la corriente.

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Sin embargo, esas deliciosas contemplaciones fueron dejadas de lado.

—Los Naturi están aquí —anuncié al aire frío de la noche.

—¿Estás segura? —exigió Stefan, con el ceño fruncido. Antes de que pudiera responder, un único disparo rompió el silencio. Vacilante, la tierra parecía tomar otro aliento antes de que una lluvia de disparos de un arma automática resonara en el valle.

—Sí, bastante segura —dije, con sarcasmo impregnado en cada sílaba. Antes de que la primera bala sonara en la noche, había sentido una perturbación entre los seres humanos. Sintieron la intranquilidad, como si algo les observara en la oscuridad. Tirando de su energía, también estaba en sintonía con sus emociones. Había sentido su miedo pasar al terror al instante cuando se dieron cuenta que se enfrentaban a una criatura que no podían vencer.

El silencio se había hundido de nuevo. Sin control, yo sabía que las cuatro personas que habíamos traído con nosotros estaban muertas. Los Naturi acabarían con cualquier cosa, trazando su camino hacia nosotros. Los humanos eran simplemente un acto de calentamiento a la masacre que anticipaban en la parte superior de la montaña a Ollantaytambo.

El sonido de pasos en el borde de la meseta nos puso tanto Stefan y a mi listos para entrar en acción, pero rápidamente nos relajamos a la vista de Danaus, seguido por Shelly y Cynnia.

—¿Cuántos? —pregunté con brusquedad.

—Ocho —respondió el cazador, una de sus armas yacía en sus manos. Tiré de la Browning de la pistolera que llevaba, acunando la pistola firmemente con ambas manos mientras esperaba que nuestros adversarios llegaran.

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—¿Eso es todo? —Sonaba extrañamente decepcionada por el número. Por supuesto, después de haber luchado ya con una horda de Londres y otro ejército, mientras estaba en Creta, yo hubiera pensado que un ejército estaba esperando a destruirme en Perú.

—Hay más en camino —gruñó, como si me calmara.

—Tú y Stefan bloqueen la puerta de enlace. Yo me encargo de los Naturi —ordené, mis ojos como dardos pasando del cazador al Nightwalker. Ninguno de los dos parecía especialmente contento conmigo, pero no discutieron.

—¿Y yo qué? —preguntó Shelly llamando mi atención hacia ella y Cynnia por primera vez. Se me había olvidado que yo arrastraba a la Naturi y a la bruja de la tierra conmigo en la pesadilla. Tal vez debería haberlas dejado atrás en Savannah jugando a las cartas, pero ahora no era el momento para contemplar tales cosas.

—¡Vigila a Cynnia! Ella no debe dejar la cima de la montaña a menos que Danaus o yo la acompañemos.

—¡No voy a irme de aquí con ellos, ahora! —gritó Cynnia—. Probablemente esos Naturi pertenecen a Rowe, y yo preferiría no ver a mi cuñado por el momento. No hasta que al menos uno de nosotros tenga un plan.

—¿La protejo? —preguntó Shelly, llevándome a hacer una pausa en el acto de volverme hacia Danaus y Stefan. Mis ojos bailaban de la Naturi a la bruja de la tierra, mi mente era un desorden de pensamientos, ninguno de los cuales tenía sentido en ese momento, cuando una batalla estaba respirando en nuestra nuca.

—Protéjanse la una a la otra —murmuré.

Cynnia levantó las manos esposadas y yo negué con la cabeza hacia ella. 269


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—Hay suficiente energía en el aire. Estoy segura de que se te ocurrirá algo.

—¡Hey! —gritó Danaus, por último llevando mi mirada de nuevo a Stefan y a él—. ¿Dónde está esta puerta de enlace de la que has estado hablando? ¿Dónde está la salida?

—Allá —dijo Cynnia, señalando a sus espaldas. Girando sobre mis talones, seguí a Cynnia y Shelly a una depresión en la tierra a unos cuantos metros hacia el Oeste.

—Es aquí — confirmó la Naturi.

Danaus y Stefan me miraron, dudando de la veracidad de cualquier cosa que les dijera uno de los enemigos. Asentí con la cabeza. Era el lugar exacto que yo habría elegido. La energía era más densa allí. La tierra estaba cubierta de espesa hierba verde, como si creciera de la tierra más rica y fuera regada todos los días. El resto de la zona de los alrededores estaba sucia con manchas de pasto y hierbas mezcladas con piedras grandes. La puerta estaba aquí.

Inmersa en una respiración profunda, centré mis poderes e intenté crear una bola de fuego que se cerniera sobre la depresión. En cambio conseguí veinte bolas de fuego, enojadas y crepitantes, diseminadas por la meseta.

—¡Cielos! —murmuré. Había querido decir algo parecido a… ¡Santa mierda! en Griego antiguo, pero mi boca no estaba funcionando. Me quedé mirando los fuegos parpadeantes del tamaño de pelotas de baloncesto. No exactamente mis lindas balizas, por regla general, del tamaño de pelotas de béisbol de luz. Por supuesto, estaba entre dos fuentes de energía diferentes, y ambas fueron en busca de una salida. El poder de la tierra había surgido inmediatamente en mi cuerpo, pero era incapaz de desgarrarme porque yo todavía estaba tirando fuertemente de la energía del alma en la región. Solo tenía la esperanza de que los Naturi no decidieran acabar con la aldea cercana para que así ellos llegaran a protegernos.

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Danaus me lanzó una oscura mirada, pero sabiamente mantuvo sus comentarios sarcásticos para sí mismo. Había estado a mí alrededor lo suficiente los últimos días para saber que no había tenido la intención de que eso pasara. Me acerqué a él y a Stefan pero me detuve a varios metros de distancia, no queriendo acercarme más. La puerta no era más que un círculo oblongo de unos tres pies de diámetro que estaba ligeramente hundida en la tierra, marcada por la exuberante hierba verde que se destacaba sobre la roca circundante y la suciedad.

—¿Cómo cerramos la puerta? —preguntó Stefan.

—Tú no —dijo Cynnia, dando un medio paso hacia atrás. Seguí su ejemplo. Pararme tan cerca del flujo envió una progresiva sensación sobre mi piel, como miles de hormigas marchando por debajo de mi ropa.

Mantuvo las manos hacia la puerta de entrada, como si las calentara con una hoguera. No me cabía duda de que ella podía sentir la energía que fluyendo, atrayéndola, pero hasta ahora ella se estaba comportando.

—Sólo puedes bloquearla de modo que el Naturi no pueda usarla —explicó.

—Tomen algunas de las piedras grandes de las ruinas y apílenlas sobre la abertura. Hagan una pirámide o algo así. No me importa —grité. Agarré a Cynnia por el hombro y la aparté de la apertura. No necesitaba preocuparme por ella y una abundante fuente de poder, incluso si las esposas de hierro se suponían que ahogaban su habilidad de usar la magia. Sinceramente, dudaba de que el hierro bloqueara completamente la habilidad, en particular con esta cantidad de energía flotando en el aire.

—¿Y los Naturi no lo derribarán? —exigió Danaus, con el sarcasmo finalmente saliendo.

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—Estoy seguro de que lo harán, pero espero que no sea antes de la luna nueva —le gruñí al cazador—. Solo tendrás que traer a algunos de los muchachos de Themis aquí para protegerlo durante el día.

Danaus abrió la boca para discutir, pero me salvé de tener que escuchar cuando un dardo Naturi disparado atravesó el aire. Echó la cabeza hacia atrás justo a tiempo para evitar el veneno en la punta de la mini flecha.

Tres Naturi con ballestas de muñeca llegaron a la cima de la primera meseta, disparando sus pernos con la esperanza de paralizar a sus víctimas antes de finalmente dar el golpe de gracia. Esquivé dos flechas dirigidas a mi corazón y descargué la Browning en los tres antes de que tuvieran la oportunidad de lanzar la siguiente fase de su ataque.

El Naturi era un desastre, pero todavía respiraba. Mi puntería era patética.

—Tendré que aprender a disparar. —Dejé caer el arma vacía en el suelo con un golpe seco, saqué la espada corta de la vaina y corrí a su lado. En unos pocos y rápidos cortes sus cabezas rodaban de sus cuerpos y estaba inmersa en una capa fresca de sangre.

Un gemido me llamó la atención desde el borde de la meseta. Cynnia estaba detrás de Shelly, mirando por encima del hombro de la bruja. Sus ojos verdes muy abiertos brillaban con la luz del fuego. Por un momento algo dentro de mí se sintió en paz. Finalmente me estaba viendo como el monstruo que realmente era, como la pesadilla que su pueblo había pintado de mí durante siglos incontables. Bañada en la sangre de su pueblo, la hoja en una mano y el fuego parpadeante alrededor de mí, yo era la Fire Starter.

—¡Cuidado! —gritó Shelly.

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Agachándome mientras me volteaba, me las arreglé para bloquear una espada destinada a entrar en mi espalda. Intercambiamos una serie de golpes de los que escapé por poco. Finalmente había encontrado mi pelea en un espadachín, pero esa no era mi mayor preocupación. Mi gran problema era que la lucha de espada le hizo ganar tiempo a los Naturi para conseguir la meseta. Uno trató de pasar desapercibido por mí y se adelantó por Danaus y Stefan. Mientras bloqueaba un golpe, saqué un cuchillo de la cintura y se lo arrojé al segundo Naturi. El cuchillo encontró su espalda, pero conseguí un corte largo en el estómago mientras fallaba en bloquear el siguiente movimiento de mi adversario.

—No puedes ganar esta vez, Nightwalker —se burló la Naturi, viniendo hacia mí con otra ráfaga de golpes que apenas logré bloquear.

Quería hacer algún comentario ingenioso, pero mientras trataba de dar un paso atrás para evitar otro golpe, mi pie derecho quedó atrapado. Incapaz de mirar hacia abajo, tiré de él, para encontrar que algo se había envuelto alrededor de ambos tobillos. Yo estaba atrapada donde estaba. Una Naturi del clan tierra había llegado a la fiesta.

—¡Lo tengo, Mira! —llamó Shelly desde detrás de mí.

—¡No! Quédate con Cynnia —le grité, tratando de mantener mi enfoque en el cabrón delante de mí que estaba tratando de cortar mi corazón.

—¿Cynnia? —susurró.

No cuestioné la distracción. Con una puñalada rápida, zambullí la espada corta en su corazón, atrapándolo por sorpresa. Cayó de rodillas delante de mí, y yo lo aligeré de su cabeza.

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—¡Mira! —gritó Danaus. Me volví para encontrarle luchando con una Naturi. Tenía la criatura por las muñecas, luchando por evitar que una daga fuera hundida en su pecho mientras otro Naturi se acercaba por detrás. Nos estaban sobrepasando.

—¡Lo tengo! —gritó Cynnia, para mi sorpresa. No hubo ninguna advertencia, ninguna posibilidad de detenerla. Un rayo cayó de lo que había sido un cielo claro sólo unos momentos antes e inmediatamente incineró a la Naturi furtiva detrás de Danaus. Esto sorprendió al Naturi que luchaba con el cazador. Se soltó y trató de alejarse unos pasos, pero no llegó muy lejos. Un segundo rayo cayó, quemando al Naturi hasta las cenizas en un instante.

Me volví para encontrar a Cynnia sobre sus manos y las rodillas, luchando por respirar. Corrí y me arrodillé a su lado, con Shelly en el otro lado.

—¿Se encuentran bien? —llamó Danaus, dirigiéndose hacia nosotros.

—Cuidaré de ella. ¡Solo consigue cubrirlo! —grité, rechazándolo. ¡Ocho Naturi, una mierda! Podrían haber sido sólo ocho Naturi en el área inmediata, pero se habían tomado el tiempo para despertar a la vida silvestre circundante en su camino a Ollantaytambo.

Detrás de donde estaba en cuclillas, pude oír una mezcla de gruñidos y el crujir de piedras pesadas que caían unas sobre otras. La pila se estaba construyendo, pero necesitaban más tiempo para terminar. También necesitaba que Cynnia se parara si ella iba a ser capaz de ayudar a defender nuestra posición. Sin embargo, por el momento en que estaba sobre sus manos y rodillas, lanzando a sus tripas. Shelly se quedó en silencio, sosteniendo el pelo de Cynnia fuera de su cara mientras que frotaba una mano suavemente hacia arriba y abajo de su espalda.

—¿Estás herida? —exigí cuando Cynnia finalmente despejaba su respiración, limpiándose la boca con el dorso de la manga sucia.

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—Yo… yo los maté —respondió ella con una voz rota—. Maté a mi propio pueblo.

Sabía que era un triste comentario sobre mi propia existencia que mi primer pensamiento fuera decirle que se acostumbraría, pero prudentemente mantuve mi boca cerrada por un momento.

Los Nightwalkers hicieron una práctica común de matar a su propia clase. Lo mismo hicieron los humanos. Pero no todas las razas estaban tan completamente inmersas en el genocidio como estábamos nosotros.

—Salvaste la vida de Danaus y te lo agradezco —murmuré, lo que la hizo mirarme finalmente—. ¿Te heriste arrojando ese hechizo?

—Sí —siseó, como si de repente se diera cuenta que tenía que ser un dolor agudo. Miramos hacia abajo para encontrar que sus muñecas estaban quemadas y llenas de ampollas, donde las esposas tocaron la carne. El hierro impidió lanzar sus hechizos, pero al parecer no necesariamente la detenía bajo las condiciones adecuadas. Una buena cosa para recordar.

Alcé la vista a tiempo para ver a más Naturi llegar a la cima de la meseta. Nuestro breve descanso había terminado y tenía que volver a la actividad de defender a mis compatriotas.

—Mantén la cabeza baja y consérvense con vida la una a la otra. Danaus y Stefan casi están terminando —dije, con la esperanza de que estuviera diciendo la verdad.

Me tambaleé hacia atrás mientras me levantaba. El agotamiento en mis miembros pesaba sobre mis hombros. Yo seguía tirando de la energía del alma del pueblo y un poco de Shelly en un esfuerzo por mantener la magia de la tierra entrando en mi cuerpo, pero estaba convirtiéndose en una batalla perdida. Las bolas de fuego que mantenía alrededor de la meseta a la luz de la batalla habían crecido en tamaño.

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Ellas crujían y estallaban, como si hubieran desarrollado sus propias almas y estuvieran enojadas.

¿Danaus? ¿Casi has terminado? Le pregunté, llegando mentalmente al único compañero del que tenía que depender en más maneras de las que yo quería contar.

Pronto.

Podría necesitar tu ayuda.

Ya era hora de dejar la magia la tierra. Estaba cansada de luchar contra esto, y por el momento, era más potente y más abundante que la magia del alma Estaba aferrada desesperadamente. Agitando la mano, las grandes bolas de fuego golpearon el suelo y rodaron por el camino principal hasta las ruinas. Mientras viajaban por el camino, atrapando a cualquier criatura que adelantaran, me encontré a mí misma tarareando, El Aprendiz de brujo, como si las bolas de fuego se hubieran convertido en mi palo de escoba para mandar. Mi cabeza cayó hacia atrás y miré al dosel de estrellas reaparecer ahora que Cynnia había dejado de lanzar sus hechizos del clima. La risa brotó en mi pecho mientras escuchaba a los Naturi gritar. Esto casi valió por la noche de tortura que afronté en sus manos hace siglos. Casi compensaba el hecho de que yo sabía que iba a ser destruida mañana por la noche, bien por los Naturi o por Jabari. Casi, pero no del todo.

Me volví para encontrar que la montaña de piedras que los dos hombres habían construido tenía una base de más de diez pies de ancho y más de ocho pies de alto. Sólo Stefan podría salir ahora con el montón de rocas en la parte superior, desde donde podría tomar el aire.

—¿Hay algún Naturi en el área? —llamé, un vacilar se abría paso a través de mi voz mientras luchaba para contener la energía que se retorcía dentro de mi cuerpo, buscando una salida. Yo había pensado extinguirlas todas menos dos de las bolas de fuego con las que Danaus y Stefan estaban trabajando, pero las oscilantes llamas eran la única forma en que podía mantener el poder de la tierra apaciguado. De lo contrario, con el tiempo me desgarrarían en pedazos. 276


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Danaus negó con la cabeza mientras se limpiaba la frente con el dorso de la mano, respirando con dificultad por el esfuerzo. Yo estaba dispuesta a hacer una conjetura arriesgada de que había tratado de mantenerse a la par con Stefan. Sí, Danaus era rápido y mitad bori, pero Stefan era un Nightwalker que era casi un Anciano.

—¿Me necesitas? —preguntó, dando un paso hacia mí incluso antes de que respondiera, pero negué con la cabeza, descartándolo. Tenía que encontrar otra manera de controlar el poder o me destruiría. No podía confiar en que Danaus o Jabari estarían siempre cerca para salvar mi culo cuando me encontrara en una situación que no podía controlar.

Entonces di un paso hacia Cynnia y Shelly, me incliné hacia delante, con los brazos alrededor mío. La hierba bajo mis pies se rizó y se volvió negra. Era una llama andante, y necesitaba la ayuda de los Naturi para encontrar una manera para apagarme.

—Ayúdame —jadeé, de rodillas en el suelo delante de ellas—. No puedo detenerlo. El poder. Está dentro de mí. Corre por mi cerebro.

—Déjalo ir, ves —dijo Shelly, colocando una mano sobre mi hombro, pero rápidamente se apartó y se tambaleó hacia atrás un paso. Supe que ella debió haber sentido la carga de energía quemando dentro de mí, buscando una salida. Ella sacudió su mano y me miró con asombro.

El poder continuaba creciendo dentro de mí, y los árboles que rodeaban la meseta estallaron en llamas como la yesca seca demasiado cerca al fuego crepitante. Un círculo de fuego se levantó a nuestro alrededor, alcanzando más de seis pies en el aire.

—¡Mira! —dijo Danaus, sonando preocupado. Casi no podía sentirlo en la periferia de mi mente, esperando hasta que no tuvo más remedio que intervenir. En el pasado, había impulsado sus propios poderes hacia mí, los cuales a su vez expulsaban a los poderes de la tierra. Pero teniendo en cuenta la energía y el dolor ardiente entonces a 277


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través de mí, no estaba segura de que iba a ser lo suficientemente fuerte para ayudarme a tomar el control de nuevo.

—Tienes que liberar la energía —dijo Cynnia calmadamente—. Tienes que enviarlo de vuelta fuera de tu cuerpo hacia la tierra.

—¿No crees que he estado tratando de hacer eso? —grité, mi voz rota y fracturada bajo el peso del dolor cada vez mayor—. Empujo contra la energía con todo lo que tengo y mi única salida es crear fuego, pero no es suficiente. Tendría que incendiar el mundo para que finalmente sea suficiente.

—¿Por qué la energía se queda pegada? —preguntó Shelly. Miré hacia arriba para encontrar su mirada fija en Cynnia, que me estaba frunciendo el ceño.

—Porque ella es una Nightwalker —murmuró la Naturi suavemente. Los golpes de la energía y el crepitar del fuego hicieron casi imposible para mí escucharla. Pero entonces no eran sus palabras lo que me desconcertó tanto, fue su tono—. Ella no tiene una salida para que la magia de la tierra fluya. La magia de fuego, ese pequeña parte de lo que ella es, parece estar jalando hacia adentro, y no tiene a dónde ir más que dejarla a través del fuego. Ella necesita una salida para la tierra.

—¿Cómo?

En lugar de contestar, Cynnia se arrodilló ante mí y se inclinó por uno de los cuchillos en su vaina en mi cintura. Lentamente desabrochó el cinturón de seguridad y colocó una mano descansando en mi hombro mientras sacaba el cuchillo de su vaina. Encontró mi mirada, sus ojos muy abiertos nadando en el miedo.

—Por favor, no dejes que me maten —susurró, y luego hundió el puñal en mi corazón.

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Con la misma rapidez, sacó el cuchillo de nuevo y lo dejó caer y a mi al suelo. Golpeé con un ruido sordo mientras un nuevo dolor irradiaba a través de mi cuerpo entero. El fuego se extinguió a nuestro alrededor con un repentino zumbido, y ambos Stefan y Danaus estaban sobre Cynnia en un instante, mientras que Shelly estaba en el fondo jadeando por aire. Yo estaba en el suelo, sintiendo la sangre fluir de mí y en la hierba debajo de mi pecho, y con esto, el poder de la tierra, finalmente fluyó de mí.

Volví la cabeza lo suficiente para así no tener hierba pegada en mi boca.

—No lastimen a Cynnia —murmuré, hablando tan fuerte como pude.

Afortunadamente, estaba tratando con criaturas con magnífica audición.

—¡Trató de matarte! —argumentó Stefan, sonando como si estuviera parado en algún lugar por encima de mí.

—Ella me salvó —le dije, haciendo una mueca mientras Danaus me ayudaba a colocarme sobre mi espalda. Una herida punzante en el corazón no podía matar a un Nightwalker, pero podría, definitivamente disminuirnos. Nada menos que la decapitación o la extracción total del corazón mataría a un Nightwalker. Además de la inmolación, pero ese destino no era para mí.

Acostada en el regazo de Danaus, cerré los ojos y me centré en las diferentes energías que ahora podía sentir dentro, alrededor y a través de mí. Allí estaba el alma, o la llamada energía de la sangre, lo que hizo mi existencia. Estaba fresca y calmante, llenándome mientras remendaba la herida en mi corazón. Los poderes de Danaus también fluyeron sobre mí, cauto y preocupado, pero sin buscar la entrada a mi cuerpo debilitado. Permaneciendo en el exterior, en espera de una invitación, o por lo menos, de una señal de que yo no estaba sanando como él esperaba.

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Y ahora yo podía sentir el poder de la tierra, cálido y luminoso, fluyendo hacia arriba desde debajo de mí. La energía pulsaba a mí alrededor y a través de mí como si tuviera su propio latido del corazón.

El poder parecía fluir de mí tan rápido como había entrado, como si reconociera que se había metido en una criatura muerta.

—¿Qué? —exigió Stefan en voz fría, trayéndome de regreso hacia el presente y el dilema que nos ocupaba.

Abrí los ojos para encontrarlo sujetando por el pelo a Cynnia, una hoja de cuchillo presionando tan cerca de su garganta que un hilo de sangre corría por su cuello. Me detuve un momento para preguntarme si aún la necesitábamos viva. Había solucionado mi problema con la magia de la tierra, y tenía la sensación de que Shelly ahora podría enseñarme a usar esa magia de la tierra. También sospechaba que mantener viva a Cynnia no me proporcionaría la influencia suficiente sobre Rowe para detenerlo de llevar a cabo el sacrificio. Por eso, tuve que fiarme de Nyx.

—¡Yo no estaba tratando de matarte! —lloró Cynnia cuando aún tenía que moverme—. Necesitabas un enlace a la tierra. Los Nightwalkers pierden su conexión cuando ellos renacen. Su lealtad se basa únicamente en la magia del alma y el bori.

Debajo de mí, sentía flaquear interiormente a Danaus ante la mención del bori, pero no se movió ni dijo una palabra. El cazador y yo todavía teníamos un par de cosas que discutir sobre nuestros respectivos orígenes, pero ahora no era el momento.

—Así que, la sangre directamente de mi corazón vertida en la tierra abrió mi conexión con la tierra de nuevo —dije, dejando que mis ojos se cerraran mientras trataba de reunir mis fuerzas. La herida no había sido demasiado profunda y en su mayor parte ya había sanado. Por desgracia, la lucha más temprano, el tira y afloja entre las dos energías, y la pérdida de sangre, me habían dejado agotada y en necesidad de una

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comida fresca—. Fue una conjetura afortunada —murmuré, la mitad de mi boca formó una extraña sonrisa.

—No era una suposición —dijo sin aliento.

—Stefan, puedes ponerla en libertad. Ella no me mató —dije con voz cansada. Abrí los ojos para encontrar Cynnia frotando su cuello, la mano derecha cubierta con mi sangre.

—No era del todo una conjetura —admitió con una mirada amarga—. Yo sabía que necesitaba una manera de regresar su sangre a la tierra. Necesitábamos abrir la puerta de enlace. Solo estaba esperando no matarte en el proceso.

Me atraganté con una risa, lo que me permitió cerrar los ojos. Con un suspiro, recorrí el área alrededor de mí por hábito, vigilando a todos durante mi estado de debilidad. Me di cuenta de algo extraño entonces. Sentí moverse a Cynnia, sentí su caminar alejarse de mí y acercándose a Shelly, poniendo una cómoda distancia entre ella y Stefan.

Tenía ganas de gritar de alegría y reír como una loca. En lugar de eso tuve que conformarme con apretar la mano de Danaus y morder mi labio inferior mientras me colocaba en una posición vertical con los ojos todavía cerrados.

¿Qué? Preguntó en mi cabeza.

No sé de qué estás hablando. Negué, pero las palabras llegaron tan rápido que fue demasiado vertiginoso.

Estás demasiado malditamente feliz por algo.

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Posiblemente porque aún estoy viva.

No. Dime, o voy a encontrarlo por mi cuenta. Dijo, amenazando con ir hurgando en mis pensamientos. No estaba segura si realmente tenía la capacidad de hacer tal cosa, pero en mi estado de debilidad no estaba dispuesta a ponerlo a prueba.

Puedo sentir a Cynnia al lado de Shelly. Admití, deliberadamente frotándome los ojos cerrados.

Danaus permaneció en silencio durante un par de segundos y luego sus manos apretaron las mías con sorpresa.

¿Puedes sentirla? ¿Sin mi ayuda? ¿Puedes sentir a alguno de los otros?

No sé. Estoy demasiado cansada y esto puede ser una cosa temporal relacionada con estas circunstancias específicas.

Entonces abrí los ojos y volví la cabeza para mirar al cazador, con una sonrisa cada vez mayor en mi cara pálida y teñida de sangre.

Pero ¿no sería maravilloso si pudiera?

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CAPÍTULO 22 Traducido por Silvery Corregido por Kanon ♪♫♪

Bertha estaba cubierta de sangre cuando llegó a Ollantaytambo unos minutos más tarde. La Nightwalker parecía pálida con la tenue luz de las estrellas, mientras sus ojos emitían un intenso azul. Su bonito pelo pelo rubio estaba manchado con sangre y sus ropas tenían una variedad de nuevas rasgaduras y descosidos.

—¡Estamos ¡Estamos siendo atacados por los Naturi! Están intentando quitarnos el refugio —gritó antes de que sus pies tocaran el suelo delante de Stefan. Un segundo segundo Nightwalker aterrizó directamente detrás de ella, y tenía peor aspecto. Era fácil suponer que la batalla por el refugio no estaba yendo bien.

Con la ayuda de Danaus, me puse de pie y caminé hasta donde permanecían los tres Nightwalkers.

—pregunté, liberando mi agarre de su brazo de manera que —¿Qué está ocurriendo? —pregunté, me vi forzada a levantarme por mí misma. Estaba débil, pero necesitaba reunir la poca fuerza que me quedaba para la lucha que aún teníamos por delante.

—Empezaron Empezaron a atacando solo unas hora horass después de que llegáramos al refugio — explicó Bertha, moviendo rápidamente sus ojos hacia la mancha de sangre en frente de mi camisa antes de encontrarse de nuevo con mi mirada—. mirada . Han intentado rodear el lugar con fuego dos veces y nos las hemos arreglado para detenerlos, pero nos están debilitando.

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—Tenemos que abandonar el refugio —interfirió el segundo Nightwalker—. El amanecer está a sólo un par de horas y no tenemos forma de protegerlo durante las horas del día. Seremos masacrados mientras dormimos.

Eché una mirada a Danaus por un momento, sabiendo que él estaría dispuesto a defenderme mientras yo dormía. Me había protegido durante el día en el pasado, pero el noble cazador no era nada en comparación con la horda de Naturi que nos esperaba. Eso explicaba por qué solamente ocho Naturi habían sido enviados para observar lo que estábamos haciendo en Ollantaytambo. Su principal preocupación era destruir el contingente enviado al refugio.

—No podemos retroceder —dije con un movimiento de mano—. Si intentamos conservar cualquier otro emplazamiento fuera del Valle Sagrado, nunca alcanzaremos la cima de Machu Picchu a tiempo para detener el sacrificio. Éste es su plan. Destruirnos o retrasarnos.

—¿No podemos utilizar a ésa de algún modo? —preguntó Stefan con una sacudida de su cabeza hacia Cynnia. La joven Naturi dio un paso hacia atrás, escondiendo sus manos manchadas de sangre detrás de su espalda.

—¿Ella es Naturi? —preguntó Bertha. Su labio superior se curvó con la pregunta, dejando ver un brillo de sus blancos colmillos.

—Ella me pertenece —dije, yendo a plantarme entre Bertha y Cynnia—. Una carta de intercambio que espero poder usar próximamente.

Al instante Bertha retrocedió instintivamente, dando un paso atrás y levantando sus manos, indicando que no tenía ningún desacuerdo conmigo.

—Puede que te estés quedando sin tiempo. ¿Podrías estar a tiempo de usar tu carta de negociación?

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—Creo que ella puede ser útil —dije, asintiendo, luego miré por encima de mi hombro a Stefan—. Necesito algo de ti para hacer este trabajo.

Una sonrisa cruel se retorció en sus labios e inclinó su cabeza.

—¿Qué deseas de mí, gran Anciana?

Correspondí a su sonrisa e incliné también la cabeza. No quería invocar mi status como miembro del Aquelarre, pero si así era como Stefan iba a ponerse en marcha, representaría mi papel.

—Necesito que pongas una Marca en el refugio como último recurso.

Stefan se tambaleó dando un paso atrás, con sus manos convertidas en puños a ambos lados. Bertha también jadeó, pero yo no estaba sorprendida al ver que el otro Nightwalker no reaccionó. Era demasiado joven para saber lo que era una Marca. Yo no había oído de alguna puesta en varios siglos.

—Mira, yo…

—Sé que sabes cómo hacerlo, Stefan. Estudié bajo la mirada de Jabari y seguí al Aquelarre durante siglos. Puedo nombrar a cada Nightwalker que puede realizar una Marca. Lo haría yo misma, pero sólo sé los mecanismos. En realidad nunca he hecho ninguna. Tú sí, con éxito.

Su dura mandíbula estaba apretada con fuerza, lo cual hacía que su rostro pareciera esculpido en piedra.

—¿Cómo último recurso? —preguntó al final.

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—Tengo un par de trucos más bajo la manga —dije, lanzándole una sonrisa abyecta—. Pero necesitamos empezar. Nos estamos quedando sin noche, y todo debe estar establecido antes de que salga el sol.

—Entonces vámonos fuera —proclamó, barriendo un fuerte brazo por debajo de mis piernas cuando me recogió en sus brazos.

—¡No sin Danaus! —grité, pero ya estábamos yendo por los aires. Intenté retorcerme en el agarre de Stefan pero me sostenía demasiado fuertemente y la posición era complicada.

—No te preocupes —me reprochó, burlándose de mi inquietud—. Bertha verá que el cazador llegue al refugio a salvo.

—¿Y Shelly y Cynnia?

—Todos llegarán a salvo solo unos segundos detrás de nosotros —dijo calmadamente cuando atravesó a toda velocidad el cielo nocturno.

El aire era frío. El viento azotaba nuestras ropas y se deslizaba por mi pelo cuando cruzamos la vasta distancia negra hacia el refugio que estaba ya bajo asedio.

—Me sorprende que quieres a los otros cerca si planeas una Marca —dijo Stefan después de un momento de silencio—. Parece que cuidas de ellos. O como mínimo, parece que quieres que permanezcan vivos un poco más de tiempo.

—¿Se deben tomar precauciones para que no resulten heridos? —dije cuando ceñí mis brazos más fuertemente alrededor de su cuello y me arrebujé contra su enorme

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cuerpo en un intento de evitar algo de viento—. Es un riego, pero no tenemos elección en este asunto.

—Hay quien dice que tienes la misma opinión de tu lugar en el Aquelarre —dijo, con su acento francés volviéndose más evidente cuando su enfado borbotó hasta la superficie—. Que no tuviste elección en ese asunto.

Le bufé, trazando su oscura mirada plateada hasta mi cara.

—No lo quería. Aún no lo quiero. Hice lo que pensé que tenía que hacer en ese momento para proteger a nuestra gente. Si pudiera pasarte la silla a ti ahora mismo, lo haría, pero no puedo. Jabari no lo permitiría nunca.

—La palabra era que tú y Jabari estabais… separados —dijo después de una pausa prolongada, como si estuviera buscando la palabra correcta para describir mi actual aborrecimiento por el Anciano.

—Estamos… separados, a pesar de que el Nightwalker ha encontrado un nuevo uso para mí, como miembro del Aquelarre. Y ahí permanezco todavía, en el Aquelarre, hasta que alguien me mate o… —me paré, dejando la frase flotando en el aire detrás de nosotros.

—¿O…? —insistió Stefan, con sus manos apretándome. Yo tenía la respuesta. Necesitaba saber cómo de desesperado estaba por conseguir el sitio en el Aquelarre.

—O mate a Jabari —terminé.

—Ahhh… así que esa es la manera en que sopla el viento —rió Stefan entre dientes, soltando su agarre.

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—¿No estás para nada sorprendido? —pregunté. La guerra entre Jabari y Macaire parecía haber durado siglos. Al menos, había existido durante el tiempo que yo había sido una Nightwalker. Y al final, quizás yo era la causa de la grieta entre Macaire y Jabari. Pero sea por la razón que sea, la guerra sólo terminaría cuando uno de los dos Nightwalkers estuviera muerto. Mi única meta cuando la guerra llegara al Aquelarre era evitar que se convirtiera en una víctima de la guerra, como Tabor, el Nightwalker cuyo sitio ahora ocupaba yo.

Nuestra conversación terminó cuando nos acercamos al refugio en la oscuridad. Los fuegos titilaban alrededor del edificio y en lo que parecían ser jardines que buscaban la gran ciudad inca. El Refugio Santuario habría sido un delicado oasis en medio del exuberante paisaje que nos rodeaba, pero en cuestión de unas pocas horas, teníamos que reducirlo a un mero campo de batalla.

—¡Déjame caer aquí! —ordené cuando volamos cerca de la fachada del edificio.

Stefan obedeció al instante cuando dos Naturi con alas de mariposa fueron como un rayo hacia él, con espadas preparadas. No necesitaba sus manos ocupadas conmigo.

Cuando caí, rápidamente cogí mi espada corta y mi pequeño cuchillo, permitiéndome acuchillar al primer Naturi que encontré mientras golpeaba el suelo. Había matado dos Naturi más cuando sentí a Danaus a mi lado. No estábamos ganando esta batalla. Los Naturi eran demasiado y demasiado fuertes. El poder de la tierra los estaba haciendo más rápidos, más difíciles de matar de lo que yo recordaba. Necesitábamos un truco nuevo si finalmente íbamos a terminar esto.

—¿Dónde está Cynnia? —pregunté a Danaus cuando esquivé un golpe repentino que aspiraba a rebanar mi cabeza.

—Shelly la está llevando adentro.

—Ve a alcanzarla. Necesito hablar con Rowe. 288


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Danaus no dijo nada, pero desapareció por mi lado, y fue asombrosamente reemplazado por Stefan.

—¡Rowe! —grité cuando despaché al último Naturi que me atacaba. Colocando mi mano en el enorme pecho de Stefan, lo obligué a dar un paso atrás. Un segundo más tarde un anillo de fuego emanaba alrededor del refugio, cortando a través del jardín e iluminando el área de gravilla del aparcamiento. El poder vino más fácilmente de lo que había esperado. La energía del alma y la tierra fluía a través de mí de forma constante ahora, provocando que el fuego ardiera más abrasador y más radiante de lo que nunca lo había hecho. Los Naturi atrapados dentro del anillo fueron rápidamente masacrados por los de mi especie, pero también lo fueron los pocos Nightwalkers atrapados por afuera de las llamas.

—¡Exijo hablar con Rowe! —volví a gritar. Mi voz sonó clara en el frío aire de la montaña ahora que el sonido de la batalla había cesado.

—Aquí mismo —anunció el Naturi de un solo ojo cuando caminó hacia delante de la multitud de los Naturi que permanecían en pie justo por detrás del límite de las llamas. El fuego no mantendría a raya a aquellos del clan del viento, puesto que podían volar fácilmente por encima de las llamas de cinco pies de alto, pero entonces, eso era solamente una tregua provisional de tal manera que los dos bandos pudieran hacer algunas advertencias antes de regresar al trabajo.

—Creía que sugerí que tú no deberías traerte a tu gente a Machu Picchu —dije, maldiciendo interiormente a Danaus y su lentitud.

—La puerta se abrirá —dijo Rowe—. Y estaremos contentos de acabar contigo esta noche si lo prefieres. ¿No creerás que este pequeño fuego nos mantendrá alejados, verdad? —Cuando hablaba, dos Naturi con el pelo rubio pálido se adelantaron y levantaron las manos. Las llamas alrededor del refugio vacilaron y crecieron lentamente, amenazando con apagarse completamente.

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Con un gruñido, llegué al interior, cogiendo más energía de la tierra dentro de mi cuerpo, reduciendo la velocidad de su fluir de vuelta a la tierra. Las llamas brillaron de nuevo, alcanzando otra vez su altura anterior, y luego fueron más altas. Podía sentir a las dos Naturi del clan de la luz combatiéndome, empujando contra las llamaradas, pugnando por extinguirlas.

Mis ojos se cerraron con fuerza y excavé más hondo de lo que lo había hecho antes. El poder de la tierra se inflaba en mi interior, combinándose con mi habilidad natural para manipular el fuego. Focalizando toda mi atención, dejé caer las llamas alrededor del refugio durante un único segundo. Al mismo tiempo, moví mis manos hacia las dos Naturi rubias. Las mujeres, con sus delgados y ágiles cuerpos y sus ojos almendrados, ardieron en llamas instantáneamente, provocando que Rowe gritara y saltara alejándose de ellas.

Al segundo siguiente, las llamas rodeaban el refugio rugiendo de nuevo. Me las había apañado para coger a las dos Naturi por sorpresa, cuando esperaban que hubiera gastando toda mi energía en mantener mi defensa, no en atacar. Esperaba que Rowe no estuviera dispuesto a sacrificar a más miembros del clan de la luz, porque dudaba que fuera capaz de hacerlos caer en el mismo truco otra vez. Ahora yo era más fuerte, pero no lo suficiente como para continuar enfrentándome a múltiples Naturi del clan de la luz.

—Este fuego os mantendrá afuera por ahora —dije con una siniestra sonrisa—. Envíame a tu clan de la luz, y los quemaré como cizaña seca.

—¡Os estáis quedando sin tiempo! —argumentó Rowe, decidiendo cambiar sus tácticas cuando se dio cuenta de que un asalto directo no funcionaría ahora que yo tenía una habilidad completamente nueva—. Pronto saldrá el sol.

—Cierto —dije asintiendo, y entonces puse mi mano detrás de mí, agarrando fuertemente a Cynnia cuando Danaus la trajo hacia delante—. Y te estás asegurando de que será el último amanecer que vea la hermana de Aurora.

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Sacudí con fuerza a Cynnia hacia delante de tal modo que estuviera a mi lado, con la luz del fuego bailando en sus rasgos esculpidos y en su pálida piel. Estaba salpicada con sangre y sus ropas estaban sucias y raídas.

—¡Nia! —oí que gritaba una mujer.

Entonces Nyx empujó a través de la multitud hasta ponerse al lado de Rowe, con sus ojos muy abiertos y asustados.

—¡Nyx! —lloró Cynnia, con un paso tambaleante hacia delante. A duras penas la agarré por un mechó de pelo y la mantuve cerca de mí.

—Ofrezco un canje —dije—. Tú te alejas del sacrificio y yo dejo a la pequeña Nia libre.

—¡Qué! —me gritó Rowe con frustración. La mano que sujetaba la espada tembló con su furia, pero no dijo nada más. No tenía duda de que Nyx había estado presionándolo para dar con una forma de liberar a Cynnia, y supe su plan en el segundo en que sus ojos se deslizaron hacia el cielo. Planeaba simplemente esperarnos fuera y cogerla.

Danaus caminó a mi lado, con un arma en cada mano, listo para retomar el ataque, pero también sabía que no habría otro ataque hasta que el sol saliera. Y entonces estarían él y Shelly sólo contra el ejército de Naturi. Los Naturi rebanarían a cada Nightwalker hasta que estuviéramos todos muertos, y entonces liberarían a su caprichosa princesa.

No tenemos elección. Sus palabras danzaron a través de mi cerebro como una brisa fría, cogiéndome por sorpresa. Pensé que tendría que convencerlo de ello. Pensé que tendría que suplicar e implorar al cazador para usar nuestros poderes para destruir a los Naturi que esperaban para matarnos a todos.

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También matará a Cynnia, me encontré diciéndome a mí misma antes de que pudiera parar el pensamiento. Había empezado a acostumbrarme a tenerla alrededor. Había salvado mi vida esa tarde cuando me apuñaló en el pecho. Había empezado a pensar que posiblemente la pondría en libertad y le permitiría vivir el resto de su solitaria vida en paz con algunos otros de su gente.

—Lleva a Cynnia de nuevo a dentro —dijo Danaus, mirando por encima de su hombro.

Shelly dirigió a la temblorosa Cynnia lejos.

—No quiero volver a hacerlo otra vez —admitió Danaus al final. En ambas manos, todavía agarraba las espadas, listo físicamente para atacar a sus enemigos si yo reducía las llamas tanto como una pulgada.

Si los destruimos ahora, no habrá sacrificio. Ninguna puerta que cerrar de nuevo.

Danaus dejó caer el cuchillo de su mano izquierda y agarró mi brazo. Por el rabillo del ojo vi a Stefan dar un amenazador paso hacia adelante, moviéndose para ponerse entre el cazador y yo. Un movimiento de mi mano lo mantuvo a distancia, pero sólo por poco. Mantendría su palabra de protegernos tanto a Danaus como a mí, pero eso no significaba que no pudiera ponerse un poco borde con el cazador.

Algo más que las palabras de Danaus vibró a través de mi cabeza. Podía sentir su horror y su repulsión hacia el pensamiento de lo que había ocurrido de vuelta en Blackbeard Island. Habíamos estado desesperados. Acorralados en una esquina, rodeados por los Naturi, él y yo habíamos estado de acuerdo en hacer un último esfuerzo con nuestros poderes. Había cogido mi mano con la suya, mientras impulsaba sus poderes hacia mi cuerpo, blandiéndome como si fuera un arma del Infierno. En Themis, fue un accidente. No nos dimos cuenta de que lo que éramos capaces. A pesar de todo, en la isla, atrapados y atemorizados, sabíamos lo que estábamos haciendo cuando los matamos a todos. Sentimos cada alma siendo aplastada en una fría y desolada nada. Destruimos sus almas.

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No. Yo tampoco quiero esto, Admití con suavidad, dejando caer mi cabeza hasta que sólo pude ver su pecho.

Nunca más.

Podemos hacer esto. Presioné. Todavía estaba convencida de que había otra manera de usa la conexión entre nosotros. Tenía que haberla. Tenía que haber un modo de usa ese poder más allá de la mera destrucción de almas. Respecto al control. Teníamos eso.

Mira…

Pude sentir que empezaba a vacilar. Sabía que esta era nuestra mejor y única oportunidad de sobrevivir al día. Teníamos que hacer esto. Si los parábamos por la noche, no habría marcha a Machu Picchu mañana por la noche.

Danaus liberó mi brazo pero no dio un paso atrás cuando continuó mirándome. No me quería en su cabeza cuando valoraba lo que yo había dicho. Podía preocuparse menos si Jabari o cualquier miembro del Aquelarre intentaba matarme una vez que yo completara la tarea que me habían ofrecido. Claro, probablemente querría tener el honor de rebanarme la cabeza, pero la muerte era la muerte para él. Pero me gustaba pensar que él también se daba cuenta de que nuestra mejor oportunidad de derrotar a los Naturi era atacándolos ahora, no intentando armar una ofensiva en Machu Picchu.

—Vayamos despacio —dijo Danaus finalmente.

—En eso no hay discusión —dije, tratando de no sonar demasiado aliviada.

—Sólo los Naturi de Perú —continuó.

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Intenté no reírme con su tono. Era a su conciencia a quien estaba intentando apaciguar.

—Tú eres el del asiento del conductor. Yo sólo soy el arma —repliqué, sin resentimiento resbalando entre mis palabras.

—Mira, ¿qué pasa aquí? ¿Qué estás planeando? —intervino de repente Stefan. Había olvidado que el Nightwalker estaba todavía allí de pie. Pero ahora mismo no importaba. Él no importaba. Sólo estaban Danaus y los Naturi.

—Vamos a deshacernos de los Naturi —murmuré, levantando mi mano hasta que revoloteó por encima de Danaus y de mí.

Respirando profundamente, Danaus enrolló sus largos dedos alrededor de mí. Por un momento sólo estuvo su calidez. La fuerza de su mano agarrándome era tranquilizadora, reconfortante de una manera intensa que no había sentido durante mucho. Durante esos pocos segundos, el mundo y todas sus amenazas se largaron porque había alguien dispuesto a mantenerse en pie conmigo.

Y entonces grité. El dolor era insoportable, quemando más deslumbrador que el fuego que me rodeaba, más reluciente que el sol que yo ahora sólo estaba comenzando a recordar. Mi espalda se arqueó y mis piernas temblaron cuando los músculos y los huesos se astillaron y explotaron dentro de mí. Podía sentir el poder de Danaus, pero el poder de la tierra estaba combatiéndolo a su vez. Ambos estaban excavando profundamente en mi interior, luchando por dominar. No estaba apuntando hacia las etéreas almas de los Naturi que nos rodeaban. Sólo estaba el blanco y cegador dolor.

¡Apunta! Ordenó Danaus, pero casi no pude oírlo por encima del rugido de mi cabeza.

Me alargué, podía ver a los Naturi estallando en llamas delante de mí como habíamos planeado. La energía estaba creciendo demasiado intensamente. Separé mi mano 294


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de Danaus y caí de rodillas. Las estrellas bailaban delante de mis ojos y luché para permanecer consciente. Las llamas delante de mí se hicieron más abrasadoras, volviéndose de un aterrador azul sombrío. La energía que fluía dentro de mí tenía que salir adonde fuera.

—¿Qué pasó? —preguntó, arrodillándose delante de mí. Toscamente agarró mis hombros y me obligó a encontrarme con su intensa mirada—. Siento algo diferente. no estoy bajo control. Algo dentro de ti está combatiéndome. ¿Cynnia te hizo esto? — susurró esto último, pero no tenía ninguna duda de que Stefan lo había oído.

—Nuestra última oportunidad fracasó —murmuré, después incliné la cabeza para mirar a Stefan, que estaba de pie detrás de mí—. Tenemos que alcanzar nuestro último recurso.

—La Marca.

Alcé la mano hacia él.

—Te ayudaré.

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CAPITULO 23 Traducid por dani.shawn Traducido Corregido por Virtxu

L

os largos dedos de Stefan se deslizaron entre los míos en una lenta caricia antes de empujarme sobre mis pies. El siguió sosteniendo mi mano en silencio un segundo más antes de liberarme.

—Las Las preparaciones neces necesitan ser hechas —dijo él—.. El perímetro necesita ser revisado. El…

le corté de repente, plenamente consciente de que todo debía —Será tratado —le realizarse en un período muy corto de tiempo tiempo—.. Danaus, ve y busca a Shelly. Dile que aplique en Cynnia otro hec hechizo hizo de sueño. Es la única forma de protegerla.

El cazador pareció vacilar y no le culpé. Los Naturi eran persistentes más allá de la barrera de llamas azules, el sol amenazaba con aparecer pronto y yo tenía que tratar un conjuro extraño con un Nightwal Nightwalker ker al que no le tenía mucha simpatía. Pero finalmente Danaus desapareció en el interior del albergue para buscar a la bruja de la tierra y a la princesa Naturi. Hecho.

Girando hacia mi izquierda, dejé los dedos de mi mano derecha bailar a través de las llamas lamas como si yo estuviera alejándolas de caer en el agua. Al mismo tiempo, Stefan tomó mi mano izquierda en su mano como si estuviéramos paseando alrededor del perímetro cercado por las llamas. Los luchadores Naturi nos pasaron al completar nuestra caminata. ta. Si alguien se acercaba demasiado a nosotros, el fuego entre nosotros reflejaría y alejaría al adversario hasta que se alejaran.

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Mientras caminábamos, pisoteamos las frágiles orquídeas y helechos que llenaban el área del jardín. Caminamos por todas las partes que el fuego había tocado, y nuestro poder individual de la magia especial de nuestra sangre llenaba el aire mientras establecíamos un perímetro que esperábamos que el Naturi no fuera capaz de cruzar cuando el sol finalmente apareciera por el horizonte.

—Te has dado cuenta de lo que esto implica, ¿no? —preguntó Stefan al acercarnos a nuestro punto de partida.

—El hechizo dejará una marca en mi alma —dije con un movimiento de mi cabeza.

—Una mancha que todos los bori verán —dijo él en voz siniestra.

Le lancé la sonrisa que él estaba tratando tan difícilmente de ganar con su dramático tono. El hechizo que estábamos intentando era básicamente llamado Soul Sucker [succionador de almas]. Había sido creado centenares de años atrás por Nightwalkers que protegían sus horas de día de cualquier Naturi que pasara. Cualquier criatura moviéndose sin el hechizo por el perímetro tendría la energía de su alma drenada de su cuerpo hasta que muriera. El hechizo crecía en poder por sí mismo—mientras más almas absorbiera, más fuerte se volvía. En este caso, estábamos contando con ello, considerando que teníamos una numerosa cantidad de Naturi esperando para atacar en el momento en el que el sol saliera.

El hechizo había adquirido también el nombre de Mancha cuando todavía había bori en el planeta. Mientras más eran asesinados por el hechizo, mientras más almas eran drenadas, la oscuridad que la mancha dejaba en tu propia alma, te hacía ante los ojos de los bori muertos un poderoso Nightwalker. Estaba también la teoría de que el creador del hechizo se convirtió en un depósito de energía de las almas, algo que el bori no solo ansía, sino que sobrevive de ello.

Cuando el bori reinaba en la tierra, la Mancha era un hechizo de último recurso. Era lanzado cuando estabas completamente desesperado, aterrado de ser descubierto durante las horas del día. Porque aunuqe te protegía durante el día, durante la noche podrías encontrarte bajo la oscura mirada de los bori, y eso era algo que ningún 297


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Nightwalker quería. Nadie quería ser presentado ante su creador y a la correa que ellos tenían.

Pero entonces, había pasado mucho tiempo desde la última vez que había sido utilizado. Detuvimos su uso cuando los dos, bori y Naturi fueron encerrados y pudimos encontrar otras maneras más adecuadas y seguras de protegernos a nosotros mismos durante las horas del día. Había un peligro con el hechizo de la Mancha—no era particular a las almas que atacaba. Atacaba a cualquier cosa que pasara cerca del perímetro sin él—Naturi, bori, o humano.

Ahora, cuando cerramos el perímetro, Bertha se alejó un paso, con George colgando justo al lado de su hombro.

—Ellos dicen que estas realizando un hechizo Sould Sucker —dijo ella, sus ojos bajaron hasta nuestras manos unidas por un segundo.

—Es la única manera de protegernos durante el día. No podemos irnos de aquí en este momento. La salida del sol es en menos de una hora.

—¿Qué si ellos incendian el lugar? —preguntó George.

—Tengo algo para eso también —dije, atrapando un vislumbre de Shelly saliendo del frente del la casa, con Danaus siguiéndola tras ella—. ¿Puedo dejarte preparando? — Pregunté, mirando a Stefan—. Tengo unas cuantas cosas que necesito arreglar.

—No entiendo que es lo que vas a hacer con ellos —dijo Stefan, soltando mi mano—. ¿Estrujarlos a los dos y rezar que se queden quietos hasta el amanecer?

—No del todo —me burlé, y luego caminé hacia la casa donde los demás esperaban. La tensión en el aire se sentía por momentos. El sol se acercaba, y todos los Nightwalkers podíamos sentir la muerte cercana de la noche. Naturalmente, los que 298


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sobrevivían al ataque inicial del Naturi habían comenzado a vagar cerca del albergue, ya que ofrece cobertura de los rayos del sol, incluso si era una trampa mortal para sí mismos.

Al mismo tiempo, los Naturi había empujado sus líneas sobre Rowe, quien estaba varias yardas lejos de las llamas azules. Sus ojos nunca se alejaron de mí mientras me movía en la gran área cerrada. Me pregunté si él sabía lo que yo estaba planeando. ¿Había visto alguna vez un hechizo Soul Sucker? Incluso si lo había hecho, ¿estaba dispuesto a lanzar a todos los Naturi contra nosotros con esperanzas de matarnos cuando éramos más vulnerables? Esperaba que no. El tipo de poder creado por el hechizo, sin duda, brillaba como un faro para algo oscuro y tenebroso que estuviera en la tierra.

Shelly estaba pálida y temblando en el frío aire de la noche cuando finalmente llegue a su lado. Los Nightwalkers que pasaban miraban a la bruja de la tierra con ojos entrecerrados y hambrientos. Había sido una larga noche, una larga batalla, y ella representaba una rápida, cálida cena.

—Cynnia está segura durmiendo en el sótano —dijo Shelly—, pensé que sería mejor si era colocada lo más posible a nuestro alcance.

Yo le lancé una sonrisa forzada, y asentí con la cabeza, resistiendo la tentación de acariciar a la bruja en el hombro. Entre la lucha en Ollantaytambo y ahora la zona de guerra que rodeaba al Santuario, yo estaba dispuesta a apostar que ella estaba sobrecargada.

—Bueno, no te preocupes, tu trabajo está casi terminado. Solo necesitas completar un par de tareas más.

—¿Y entonces qué? —demandó, dando un paso atrás, así ella estaba parcialmente oculta tras la descomunal figura de Danaus.

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—Entonces te vas a dormir. Sólo duerme. Ha sido una larga noche y te has ganado un poco de sueño —dije tranquilamente. Mi voz se hundió en tono hipnótico, e incorporé la idea de dormir en lo más profundo de su cerebro. Sabía que tendría que recalcar sobre esta llamada más tarde en la noche.

—Oh. —La palabra se le escapó en voz baja, pero me di cuenta de que todavía no se había movido detrás de Danaus.

—Necesito que hagas un hechizo de protección para todo el Santuario. Necesito que te asegures de que no se queme —dije—. Estoy suponiendo que conozcas un hechizo para eso.

—Por supuesto. —Shelly se acercó de nuevo, con el mentón más arriba por la idea de que ella podría no estar familiarizada con uno de los más básicos hechizos. Se trata simplemente de unas simples palabras mágicas y un símbolo escrito en cenizas sobre el lugar que uno desea proteger. Era tan básico que hasta yo sabría cómo llevarlo a cabo. Todos los Nightwalkers lo sabían. El hechizo no permitiría que la estructura se quemara.

—Bueno, revisa todo el lugar de arriba abajo. Haz que algunos pocos Nightwalkers te ayuden. Necesitamos esto hecho lo más rápido posible —dije, alzando la voz un poco para que los oídos de los Nightwalkers a pocos metros pudieran escucharme—. No te preocupes, nadie te tocará, ni mucho menos.

Ahora había lanzado la promesa al aire con un toque de amenaza.

Shelly se movió nerviosamente y asintió con la cabeza hacia mí, dio media vuelta y volvió a entrar en la penumbra de la casa.

—¿Será suficiente? —preguntó Danaus, después de un minuto en silencio fuera de la casa—. ¿Los hechizos en los que estás trabajando?

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—El hechizo del fuego les disuadirá de acercarse, creo sinceramente que si no, será nuestro último recurso —dije poco a poco. El ligero crecimiento ya estaba en mi, y de repente me encontré a mí misma anhelando mi cama de nuevo en Savannah—. Su primer objetivo será tratar de recuperar a Cynnia viva, lo que significa ir más allá del hechizo que Stefan y yo estamos creando.

—¿La Mancha? —Dijo.

Asentí con la cabeza, luego le hice señas para que me siguiera al albergue.

—El hechizo succiona las almas hasta llegar a agotar la energía de cualquier criatura que entra en el perímetro que Stefan y yo hemos creado. Cuando salga el sol, el fuego se apaga, pero el perímetro marcado no.

—¿Va a ser capaz de manejar a muchos Naturi? —preguntó, detrás mío mientras lo llevaba al sótano.

—Lo hará. Crece en poder con cada uno que mata. Después de un tiempo Rowe se dará cuenta y dejará de enviar Naturi. Me imagino que el tendrá alguna solución para entonces, pero será difícil que trate de quemar el perímetro de la tierra ahora que tenemos a Shelly ayudándonos.

Me pausé frente a Cynnia, quién yacía enrollada en posición fetal en el frío piso de concreto. Shelly había esbozado un circulo a su alrededor y hecho los símbolos apropiados en tiza azul. Acompañado de una cúpula azul sobre la Naturi, protegiéndola, manteniéndola sin moverse hasta que finalmente la liberáramos.

—No pensé que los Nightwalkers fueran usuarios mágicos —dijo Danaus, estando a mi lado.

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—Comúnmente no lo somos. Tenemos suficientes habilidades especiales como velocidad, fuerza, y visión nocturna para mantenernos delante de nuestros enemigos. Sin embargo, encontramos interesante aprender algo de defensa mágica. Muchos de nosotros sabemos cómo protegernos a nosotros mismos de ser prendidos fuego durante el día o quizás construir una barrera como la que Shelly y Cynnia hicieron la noche pasada. No nos importa aprender magia si es usada para atacar. Porque la magia drena nuestras almas. Nos debilita. La magia defensiva es menos absorbente de sostener que un hechizo ofensivo. Además, ¿no crees que un Nightwalker tenga demasiada ventaja en una pelea?

—No contra un brujo.

—Y ese es el por qué nosotros no nos enfrentamos mucho con brujas y brujos —dije con una sonrisa mientras miraba hacia él.

—¿Dónde me quieres? — preguntó Danaus, posando su mano derecha pesadamente sobre el mango del cuchillo enganchado en si cinturón. Él estaba listo para eliminar a cualquiera de los Naturi que él creyera pudiera atravesar el Hechizo Soul Sucker. Dónde él fallaba es en darse cuenta que ellos no lo harían. Era imposible. Oh, los primeros pocos minutos podrían en realidad pasar el límite del perímetro y dar algunos pasos, pero seriamente dudaba que alguno en realidad pudiera entrar. Particularmente después de que los primeros cinco o seis que murieran, con las almas succionadas de sus cuerpos.

Tomé aire profundamente y lo liberé lentamente. Con mi mano derecha, indiqué a un espacio vacío en el suelo no muy lejos de donde Cynnia estaba durmiendo.

—Necesito que estés justo ahí —dije lentamente, temiendo de cada palabra que dejaba mis labios.

—¿Quieres que proteja a la Naturi? —Su frente se frunció—. ¿Va Shelly a estar aquí abajo también? ¿Lo estarás tú?

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—Sí, Shelly estará aquí abajo contigo. La mayoría de nosotros va a estar hacinado aquí abajo, me imagino —dije. Mi mirada se precipitó lejos de Danaus por un momento y lamí mis labios. Tenía solo que decirlo.

—Danaus, el hechizo no discrimina entre Naturi y humano. Va a atacar a cualquier cosa que se mueva —expliqué, mirando hacia el hombre que no confiaba en mi clase, y yo todavía estaba pidiéndole un último momento de confianza—. Quiero que Shelly te ponga un hechizo al igual que a Cynnia.

La cara de Danaus se retorció con horror y rabia.

— ¡NO! ¡Absolutamente no! —gritó, alejándose de mí. El sonido de sus botas golpeando el piso de concreto rebotó en las paredes, llenando la habitación con su enojo—. ¡Tiene que haber otra manera! ¡No voy a ser útil durante el día!

—Bienvenido a mi mundo —dije con un matiz de amargura—. No he sido útil durante el día por más de seis siglos y todavía sigo viva. Te estoy pidiendo solo un día.

—¡No soy un vampiro! —Gruñó hacia mí. Él destrabó el seguro del cuchillo que había estado sosteniendo y sacó el cuchillo. Yo estaba agradecida de que estábamos solos aquí abajo, o esto podría convertirse en algo mucho más feo—. He sido un cazador toda mi existencia. No voy a yacer lado a lado con mi enemigo mientras los Naturi vienen a asesinarnos a todos.

Estaba en la punta de mi lengua decirle que había sido un cazador por tanto tiempo, pero eso era para otra pelea y para otro momento.

—No tenemos opción.

—¡Esa es tu respuesta para todo! —Él dio un paso acercándose a mí con el cuchillo en alto, pero no me moví. No iba a hacer nada que le diera a él la pelea que estaba 303


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buscando—. Estamos atrapados. Estamos rodeados. Los Naturi nos tienen vencidos y revueltos. Combinemos nuestros poderes y destruyamos sus almas —me gritó.

—Bueno, entonces deberíamos estar felices de que tenemos una alternativa esta vez —dije parada con calma—. Este hechizo sólo los matará. Sus almas quedan libres para pasar al más allá al momento en que el hechizo se termine. Para mi entendimiento, no es una muerte muy dolorosa tampoco. Es solo una forma de dormir de la que no despiertas más.

—¡Oh! Que bien. La muerte humana — chasqueó él sarcásticamente.

—¿Tienes alguna otra alternativa? —gruñí, finalmente alcanzando el final de mi paciencia.

—Tratamos de matarlos a nuestro modo y no funcionó. Quizás obtengas lo que deseas, y quizás nunca funcione después de lo que Cynnia me hizo. Todavía no lo sé. Todo lo que sé es que para el momento en el que el sol se asome por el horizonte, todos los Naturi esperando justo atrás del fuego van a entrar inundando el lugar con el simple objetivo de asesinar a cada Nightwalker que esté en este lugar. Tú eres una experta con la espada y una guerrera sin adversario alguno, pero no puedes ir contra todos esos Naturi. No voy a ser útil durante el día.

—Te protegeremos de los Naturi —dije, finalmente tomando un paso más cerca de él.

—No soy completamente humano. Tú sabes eso. Quizás el hechizo no me afecte — contrarrestó de pronto. Era un punto de vista en el que yo ya había pensado y no me gustó. Allí había algo más que podía pasar por su pasado bori sobre el cual yo no estaba muy emocionada. Ponerlo a dormir era la solución más segura.

—Eres lo suficiente humano —suspiré pesadamente—. Sólo significa que pueda llegar a tardar unos minutos más en matarte, y mientras más te muevas, más rápido trabajará el hechizo. Todo se reduce a esto, Danaus. O dejas que Shelly te ponga a dormir así 304


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puedes estar y ser protegido aquí, o escapas del perímetro, que está rodeado por los Naturi. Tus oportunidades de sobrevivir son más altas aquí.

—No seré útil. —Volvió a repetir, pero algo del veneno había dejado su tono.

Cerré la distancia entre nosotros y deposité mi mano sobre la de él que todavía apretaba con fuerza el cuchillo. Cuando lo toqué, pude sentir miedo irradiando de él, similar al terror que yo había sentido los primeros minutos de la primera noche que pasé como Nightwalker. No ser útil durante el día, a la merced de cualquier cosa que tropezara contigo mientras dormías.

—Todos estaremos protegidos de los Naturi.

—¿Y qué cuando anochezca? —inquirió, su agarre en el cuchillo de alguna manera se fue perdiendo bajo mi mano.

—Entonces te despertarás —le aseguré.

—No es cómo si tú fueras a hacerlo. Voy a estar atrapado por el hechizo. Alguien tendrá que despertarme.

—¡Nadie te tocará! —gruñí de repente, finalmente dándome cuenta del origen del problema. No era solo que él temiera estar rodeado de Naturi mientras estaba dormido durante el día, sino que él tenía miedo de ser inútil contra el enemigo Nightwalker cuando se despertara la noche siguiente. Extendí la mano y cubrí su cara con mis dos manos frías, y enhebré mis dedos por su negro y grueso pelo—. Nadie va a tocarte. Lo juro. Tú me perteneces a mí y solo a mí. Yo seré de los primeros en despertarme y voy a despertarte a ti. Ningún Nightwalker o Naturi te tocará, lo prometo.

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Mientras hablaba una necesidad oscura, y primitiva fue levantándose en mí. Necesitaba ponerlo debajo de mí y tomar algo de sangre de su cuello. Necesitaba sentir su sangre a través de mis venas, haciéndolo a él mío. Necesitaba que todos los Nightwalkers en el mundo se dieran cuenta de que nadie debería posar una mano en el cazador. Él era mío.

Mordiendo el interior de mis mejillas lo suficiente para sentir sangre, liberé mi agarre y me separé unos pasos de él. Metí mi mano en mi pelo y respiré fuerte por la nariz, empujando estos sentimientos bien profundo en mi interior. Danaus no necesitaba conocer sobre estos deseos. Era algo de los Nightwalkers—esta extraña necesidad de poseer y controlar. Pero él no me pertenecía; no como un amigo de todas formas. Él era solo mi enemigo en suspenso.

—¿Dejarás que Shelly te ponga a dormir con el conjuro? —pregunté cundo mis emociones volvieron a estar bajo control.

—Lo haces sonar como si tuviera alguna otra opción en esta situación —dijo calmadamente.

Le sonreí.

—La tienes. Puedes estar de acuerdo en hacer esto calmadamente. O podemos pelear hasta que patee tu inocente trasero inconsciente y entonces Shelly termine el hechizo.

—Pero el sol está cerca. Sólo hay tiempo para una cosa.

—Por favor, Danaus, no cometas suicidio por miedo. De esto se trata todo. De que vas a morir porque tuviste miedo de dormir por unas horas. —Voy a ser inútil.

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—Pero protegido.

Después de un momento de tenso silencio mientras giraba el cuchillo en una mano, supe que él estaba cerca de tomar una decisión, a pesar de que yo no estaba completamente segura de que fuera a gustarme.

—Hazlo —soltó bruscamente, sorprendiéndome. Pensé que él iba a forzarme a dejarlo inconsciente.

—¿Me necesitas ahora? — preguntó Shelly, entrando lentamente en la habitación.

—Sí —murmuré, mirando de nuevo a Danaus—, necesito otro hechizo para dormir.

Nadie habló mientras Danaus desplazaba el cuchillo en su cinturón y se sentaba en el concreto al lado de Cynnia. Cruzó los brazos sobre su pecho y estiró las piernas frente a él. Su oscura mirada azul nunca me dejó mientras yo estaba parada frente a él. Mi atención se había dividido en mirar al cazador y controlar a Shelly mientras ésta sacaba la tiza azul y dibujaba un círculo alrededor del cazador. Estaba delineado con un grupo de símbolos que yo no entendí y que probablemente nunca lo haría.

—Estarás a salvo —dije, justo antes de que Shelly murmurara la última palabra del hechizo. Los brillantes ojos azules de Danaus se cerraron y su cabeza bajó y su barbilla tocó contra su pecho. Su respiración seguía constante, y pude sentir una profunda paz sobre él. Una parte de mí quería acercarse a él y empujar hacia atrás lo mechones de pelo que caían a través de su cara, pero no podía romper el hechizo. Algo en mi interior dolía al verlo así, vulnerable al mundo, vulnerable a mí mundo.

—¿Qué es lo que quieres que haga ahora? — preguntó Shelly, atrapando mi atención lejos del cazador. Ella nerviosamente giró la tiza en su mano, esperando por el siguiente hechizo que iba a realizar. La punta de sus dedos eran una mezcla de negro y pálido azul de la ceniza y tiza que ella había usado alrededor de la casa para protegernos mientras dormíamos durante las horas del día. 307


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—Supongo que no puedes usar el mismo hechizo sobre tu misma —dije con un gruñido. Ella sacudió la cabeza y guardó la tiza en un bolsillo de sus rotos y sucios jeans—. Y no hay suficiente tiempo para que me lo enseñes a hacer apropiadamente.

—¿Qué harás conmigo?

Suspiré. Sabía que pasaría esto, pero sólo teníamos una opción. Me sentía mal poniéndola en esta peligrosa situación considerando todo lo que ella había hecho para protegernos, pero era todo lo que podía pensar.

—Tienes que dormir durante el día con los otros —dije. Cuando ella abrió la boca para posiblemente quejarse de lo que tenía planeado decir a continuación, levanté mi mano—. Tienes que dormir el día entero sin moverte o puedes morir. Es el por qué has puesto a dormir a Danaus y a Cynnia con hechizos para dormir. Necesito que hagas lo mismo en tí, es la única manera. Lo único que puedo lograr es hipnotizarte.

—¿Por qué no hiciste eso con Danaus? —preguntó alejándose un paso.

—Porque dudo seriamente de que hubiera funcionado en Danaus —dije, sin mencionar la parte de que no debería beber su sangre. Puede que quiera marcarlo, pero sus raíces bori significaba que era mejor evitar su sangre sobre todo. Por supuesto, era muy poco probable que el cazador me permitiera beber de él de todas formas.

Shelly tomó otro paso atrás para resguardarse, levantando una mano para advertirme.

—¿Cómo sé que no intentarás de asesinarme? Te fallé en la isla. Tu gente pudo haber sido asesinada por mi culpa. No he sido lo suficientemente útil como debería serlo. Soy una carga. Esta podría ser tu oportunidad de terminar conmigo. —Llegó lo más lejos que pudo de mí.

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Yo jugué paso a paso, finalmente agarrando su estirada mano con la mía. Sus dedos temblaron en mi agarre.

— Si te quisiera muerta, te hubiera dejado viva para que alimentes el hechizo que Stefan y yo estamos creando. Hubiera usado tu vida para salvarnos a todos. Pero en su lugar, estoy tratando de mantenerte con vida porque voy a necesitar tu ayuda para proteger a Cynnia lo mejor que podamos mañana en la noche. No estoy tratando de matarte.

—Oh —susurró—. ¿Dolerá?

—No sentirás ni recordarás nada, lo prometo.

Antes de que ella pudiera darme cualquier argumento más, la empujé en mis brazos al mismo tiempo que entraba en su mente con un simple y rápido empuje. Ella había dejado sus pensamientos con una puerta semi-abierta para mí en su confusión y miedo, haciéndome fácil de entrar en ella. Mientras mis colmillos se hundían en su pecho, yo ya estaba enviando a través de su cuerpo sensaciones de seguridad y paz. Le envié imágenes estando en casa en su propia cama, cubierta en una suave y cálida manta.

Shelly se encorvó contra mí y suspiró suavemente mientras su sangre bajaba por mi tórax en maravillosas olas. Había necesitado alimentarme nuevamente antes de completar el hechizo con Stefan.

Tomé todo lo que me atrevía. Necesitaba que ella estuviera despierta después de que pasara el día, ayudándola a mantenerse en el profundo estado hipnótico al que yo estaba por inducirla. Sin embargo, no la necesitaba tan débil para que no funcionara apropiadamente la noche siguiente.

Duerme profundo, Shelly. Te ordeno que duermas profundo este día, repetí en su cerebro, excavando con el pensamiento dentro de su mente para que fuera la única 309


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cosa en el lugar. Dormirás todo el día hasta que el sol se oculte en el horizonte. Te quedarás dormida hasta que te ordene lo contrario. No te moverás. No te agitarás. No soñarás. Dormirás hasta que te ordene lo contrario.

Cicatricé rápidamente la herida del cuello y la arrastré en mis brazos hasta donde yacían Cynnia y Danaus. Alrededor de ellos, cajas con suplementos del hotel de diferentes tipos se alzaban, ocultándolos de la vista, protegiéndolos. Era lo mejor que podía hacer por ahora. Antes de que la noche acabara, debería unirme a ellos en este lindo nicho y ofrecer mi cuerpo como protección contra los Naturi.

Rejuvenecida por la sangre de Shelly, subí las escaleras para encontrar a Stefan esperando apoyado en el borde del final de las escaleras de la casa. La pared de llamas azules estaba comenzando a parpadear y a reducirse en algunos lugares. La noche estaba pronta a acabar, y mi agarre en la sangre y la magia terrestre estaban decayendo. Necesitábamos terminar la Mancha si íbamos a ser capaces de completarlo completamente.

—¿Te has ocupado de tus pequeños? — preguntó Stefan cínicamente.

—Ya me ocupé. ¿Han metido George y Bertha a todos dentro?

—Todo el mundo ha sido colocado.

— ¿Qué hay sobre los humanos? — demandé, recordando de repente los guardianes humanos que supuestamente estarían llegando por la mañana. Si venían a la casa, serían asesinados justo como los Naturi.

—He alcanzado a algunos de ellos telepáticamente —comentó Stefan sin ganas con un movimiento de indiferencia de su mano—. Han sido mandados a quedarse en Aguas Calientes hasta que el sol se oculte. Tienes supuesto esparcir la palabra al resto de los humanos.

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Estaba sorprendida que se hubiera molestado, pero entonces estaba dispuesta a suponer que él tenía a uno o dos humanos dentro del grupo con los que era parcial. Como el viejo dicho dice, buena ayuda es difícil de encontrar. Y encontrar a un humano en el que puedes confiar para que te cuide durante las horas del día tomaba más de unos años de entrenamiento. —Hagamos esto —dije, extendiendo mi mano hacia él.

Stefan me sonrió mientras tomaba mi mano y me dirigía al espacio abierto justo frente a la casa.

—Haces que esto suene muy horrible. ¿Honestamente tienes miedo de La Mancha en tu alma?

—Nunca esperamos que el Naturi caminara sobre la tierra nuevamente —dije cuando nos detuvimos—. ¿No te has preguntado si también está el bori? No tengo deseos de convertirme en un faro para ese tipo de criatura.

Stefan giró la cara hacia mí y tomó mi otra mano en la suya.

— Sí, yo diría que atraerías más la atención de lo que ya haces.

No había nada por decir después de eso. Él tenía razón. Ya era un faro para cada oscura o patética criatura que salía por la noche. No necesitaba atraer más la atención de nada más, mucho menos del bori.

Una criatura que parecía más mito que realidad, el bori eran los guardianes de las almas. Ellos obtenían sus poderes de cualquier cosa que tenía alma, y considerando el número de humanos que ahora ocupaba la tierra, cualquier bori restante sería extremadamente poderoso. Mientras los licántropos tenían un dudoso honor de ser creados por los Naturi, de acuerdo a la leyenda, cualquier Nightwalker que no estaba en negación total, era plenamente consciente de que los Nightwalkers fueron creados por el bori como un tipo de sirviente. Nos liberamos a nosotros mismos de nuestros 311


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maestros siglos atrás con la ayuda de los licántropos, y no estábamos apurados por volver a ese tipo de servidumbre. El bori debía permanecer encerrado, pero el Naturi ya había probado que ese tipo de cosas (estar encerrado) era un tipo de acuerdo temporal. Yo no tenía deseos de tener la Mancha en mi alma llamándolos para que el bori volviera. Tenía suficientes maestros tirando de mis cuerdas ya.

Con nuestras manos unidas, cerré mis ojos y abrí mi mente así podría escuchar fácilmente los pensamientos de Stefan. Podía sentir su preocupación y su profunda frustración de ser forzado a protegerme cuando más bien debería asesinarme por mi asiento en el Aquelarre. Podía también sentir su confusión sobre Danaus, su curiosidad sobre por qué él estaba y sobre mi fascinación en el cazador.

No había palabras para el hechizo. No se necesitaban. Después de que los dos nos relajamos y abrimos nuestras mentes, los zarcillos de nuestras mentes eran libres para vagar y fundirse. La energía rozó entre medio de nosotros y cubrió el área desde una punta a la otra, rodeándonos por completo. En unísono, señalamos con nuestras respiraciones la fría noche, dibujando nuestras almas de nuevo a nuestros cuerpos, creando el primer paso del hechizo. Cualquier cosa con alma debería tener la energía inmediatamente drenada de su cuerpo si daba un paso fuera del perímetro marcado. Stefan y yo liberamos lentamente la respiración, formando una burbuja invisible alrededor de nuestros cuerpos. Así, la energía debería ser almacenada hasta que la liberáramos la noche siguiente—las almas serían liberadas para ir a sus respectivas vidas siguientes.

Fruncí el ceño mientras lentamente abría mis ojos para encontrarme con la mirada de Stefan. Él estaba con las cejas fruncidas también porque sintió la misma cosa que yo. Cuando empezamos el hechizo, nuestras almas se habían mezclado, y cuando empujamos nuestras almas nuevamente a nuestros cuerpos no se habían separado completamente como esperábamos. Todavía podía sentir el frío toque de su alma en mi cuerpo, y no tenía dudas de que él sentía lo mismo también.

—Es como fuego quemando dentro de mi pecho —susurró él mientras me miraba.

—Y ahora tengo un cubo de hielo dentro —respondí.

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—Interesante.

—¿Causará esto problemas con la Mancha?

Stefan sacudió su cabeza mientras volvíamos a la casa, nuestras dos manos todavía unidas.

— Espero que haga el hechizo más fuerte. Nunca he hecho el hechizo Soul Sucking con otro. No había esperado… esto.

Me pausé camino a la puerta y miré hacia atrás a las llamas azules que nos rodeaban. Con un parpadeo de mis ojos y una sonrisa, el fuego murió al pasar la puerta y cerré la puerta con un golpe de mi pie. El hechizo estaba completo. Déjalos venir.

Stefan y yo continuamos con nuestras manos unidas hasta que llegamos al sótano. Allí, nuestros dedos se deslizaron aparte lentamente liberando la burbuja invisible, entonces estaba atrapada en la casa en relativa seguridad en el sótano. Pude sentir su presencia llenando el aire, pero no había nada más que indicara que estaba allí.

Con mi enfoque alejado del hechizo, vacilé en mis pies y me tambaleé hacia atrás en los brazos de otro Nightwalker. El sótano estaba lleno de cuerpos. Podía sentir unos pocos en el piso superior, suponiendo que ellos habían preferido encontrar escondite en un ropero o una oscura habitación o en la bañera de un baño sin ventanas. Pero la mayoría estaba en el sótano con Stefan y yo. Si el fuego empezaba, teníamos la esperanza de que nos alcanzaría los últimos, dándonos el mayor tiempo posible.

El cansancio empezaba a tomar su número de víctimas en mí y en todos los demás. Los Nightwalkers alrededor de mi estaban sentados en el suelo, en medio de la tierra y el polvo. Se enrollaron como gatos y se escondieron entre las pilas de cajas. No vi donde se había sentado Stefan mientras me acercaba a la esquina que parecía ser evitada por el resto de los Nightwalkers—la esquina donde estaban Danaus, Cynnia y 313


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Shelly. Me senté en el suelo directamente frente a Danaus. Con mi espalda contra la pared y mis rodillas cruzadas, lo miré a él, esperando a que el sol finalmente apareciera.

Podía sentir un tirón en mi alma desde la burbuja en el centro de la habitación. Los Naturi estaban cerca de nosotros, probando el perímetro quemado en el suelo por el fuego. Dudaba de que pudieran cruzar la línea después de que el sol apareciera oficialmente, llegando el momento seguro para ellos. Mientras mis ojos se cerraban, una cansada sonrisa se formó en las comisuras de mi boca. Por un momento me pregunté si Rowe les ordenaría a éstos tratar de aventurarse a la casa para rescatar a su princesa perdida. Honestamente no podía decidir si deseaba que lo hiciera.

Entonces nada más importaba. El sol había salido por el horizonte y yo no estaba más. Al último segundo, sentí un tirón en mi alma indicándome que el hechizo estaba finalizado. Los Naturi estaban viniendo, y no había nada más que pudiera hacer para protegerme a mí misma y a Danaus.

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CAPÍTULO 24 Traducid por aLeBeNa Traducido Corregido por Virtxu

Me desperté con un fresco grito apretado en mi pecho. Irguiéndome, tomé una profunda respiración con mis pulmones vacios, preparándome para sacar el grito. Cuando mi boca se abrió, un par de brazos largos y fuertes me rrodearon, odearon, empujándome a un gran pecho. Parpadeando, luché sólo por un momento antes de que el olor a hojas muertas entrara en mi nariz. Abrí mis ojos para encontrarme a Stefan sosteniéndome. Nunca antes había notado que me recordaba la caída.

—¿Estás bien? —Preguntó, Preguntó, liberándome lentamente de su agarre cuando finalmente dejé de luchar y relajé la tensión de mis brazos.

Asentí, frotando mi frente con mi palma mientras él se movía lejos de mí. Cuando desperté, escuché el sonido de docena de voces gritando, llorando llorando terror y dolor. Ahora que estaba completamente despierta, me di cuenta que eran las almas de los muertos, atrapados en la burbuja de almas que estaba vinculada a mi alma.

—¿Puedes ¿Puedes decirme cuantos murieron? —Pregunté, Pregunté, sentándome contra la pared. Mis Mi pensamientos parecían desenfocados y había un extraño zumbido en mi cabeza, como si algo intentara invadir mis pensamientos pero no pudiera encontrar la forma de abrir la puerta.

—No, No, pero fueron muchos —dijo dijo Stefan, sacudiendo su cabeza. Parecía estar sufriendo la misma distracción mental que yo tenía. Miré al rededor para ver que ninguno de los Nightwalkers del sótano se movía, aún.

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Poniendo mi mano sobre la pared, me empujé lentamente hacia mis pies

—Vamos a abrir esta burbuja de almas y liberarlas luego podremos volver a proteger la puerta.

—De acuerdo. —Stefan se levantó y caminó a la burbuja casi invisible que colgaba en el aire, una niebla blanca se arremolinó y nadó de forma ovalada en el centro del sótano; las almas de los muertos.

Tomando un profundo respiro, fuimos y pusimos una mano sobre la sensible burbuja, como si un gato rascara los muebles. Hubo un audible pup, una brisa fresca se posó en el sótano mientras que las almas por fin eran libres. Las sentí empujarse al rededor de mí, llevándose con ellos la cólera y el temor, y un poco de, alivio.

La energía quemaba en mi pecho, llenándome tanto que todos los dolores anteriores, el hambre, y la fatiga fueron arrastrados. Miré hacia arriba para encontrar los ojos azules de Stefan brillando con luz. Su cabeza cayó hacia atrás mientras tomaba el poder que venía de las almas de los muertos. Se deleitaba con el poder, mientras que yo sólo sentía un temblor de miedo. Mientras que la energía me llenaba, se sentía como si una marca se hubiera tatuado permanentemente mi alma, una marca llamando a los bori para venir a buscarme. Stefan creía que los bori no eran una amenaza, pero yo lo sabía mejor.

Con el rabillo del ojo, vi el domo azul que cubría a Danaus, pero nada más. Algo malvado enlazaba mi estomago mientras me acercaba al cazador poco a poco. Él no se había movido ni una pulgada desde el momento en que el hechizo de sueño se apoderó de él. Todavía estaba dormido. Pero algo estaba mal.

—¿Están todos despiertos? —Pregunté, mirando por encima de mi hombro a Stefan mientras seguía frente al cazador.

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—Sí ¿Por qué?

—Tienen que ir arriba o afuera. Revisa el área. Para ver si hay algún Naturi con vida. Ve que tan lejos llegaron antes de que la Marca los reclamara. Despertaré a estos tres.

—¿Por qué...?

—¡Sólo hazlo! —Grité, incluyendo a todos en la vecindad, tanto como a Stefan, sin importarme lo irracional que sonaba—. ¡Asegura el área!

Hubo un leve sonido de movimiento cuando los Nightwalkers se apresuraron a hacer mis órdenes. Podía no haber sido muy amable con los de mi especie, pero era un miembro del Aquelarre y una asesina capaz. Podían seguirme y obedecerme por miedo.

Esperé hasta que estuve totalmente sola en el sótano antes de forzarme a mí misma a caminar hacia donde estaba Danaus dormido contra la pared. Cuando ya había hecho parte del camino, tuve miedo de que no hubiera sobrevivido al día, que el hechizo de sueño no hubiera sido suficiente para mantenerlo a salvo de la Marca. Ahora tenía miedo de despertarlo, temerosa de ver como la Marca había afectado la parte bori de su alma.

Con la punta de mi zapato, empujé la línea azul que rodeaba al cazador, haciendo estallar la burbuja azul que lo había protegido en el día. Por un momento pensé que todo estaría bien. Danaus hizo una respiración lenta, llenando completamente sus pulmones con el aire que lo despertaba de su sueño.

—Hora de levantarse, dormilón —me forcé a decirlo con una voz alegre, esperando ansiosamente para ver que todo estaba bien de verdad.

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Pero no lo estaba. Su segunda respiración no fue totalmente un suspiro. Había captado el olor de algo y ahora estaba olfateándolo. De repente, la cabeza del cazador se paralizó y sus ojos azules brillaban en la oscuridad. Nunca habían brillado antes. Me retiré unos cuantos pasos, lejos de él, pero fue demasiado tarde.

Apretando las dos manos contra la pared, se lanzó contra mí. Nunca lo vi ponerse de pie. Con un parpadeo estaba cruzando la habitación, una enorme mano envolvía mi garganta mientras que la otra me sostenía del pecho contra la pared.

—Puedo olerlos —gruñó en voz baja, con voz áspera. Poco a poco bajó la cabeza hasta que su nariz estuvo cerca de mis pechos—. Has estado matando Naturis. Montones y montones de Naturis.

—Danaus... —Traté de gritar, pero su mano todavía apretaba mi garganta, lo que me hacía difícil hablar.

—También has matado humanos —Continuó. Levantó la cara para mirarme de nuevo. No reconocí su mirada, como si no me estuviera viendo, y no creía que de verdad fuera eso. El bori dentro de Danaus estaba atraído por la Marca que brillaba dentro de mi alma—. Llámalos de nuevo para mí antes de que se alejen mucho.

Apretó la mano con más fuerza contra mi pecho, y pude sentir la energía a través de mí, tirando de todas las almas que habían escapado de la burbuja y habían regresado a mi cuerpo. Regresando a Danaus y el bori que poseía en su alma.

Un grito subió por mi garganta cuando agarré sus manos que apretaban mi pecho, pero él no se movió. Las almas regresaron a mí, una tras otra, y entraron a Danaus, donde la energía oscura se reunió y creció.

—¡Stefan! —Grité con mi voz y con mi mente. Me empujé y traté de quitar a Danaus, pero de pronto el cazador era más fuerte que yo. Él no se movió de donde me tenía clavada en la pared. Estaba fuera de control y hambriento del poder liberado. 318


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Nunca escuché a Stefan, pero de repente estaba a mi lado. Él hizo que Danaus me soltara, lanzándolo al otro lado de la pequeña habitación, el gran pie del cazador rozo la cabeza de Shelly. La bruja de la Tierra aún no se movía, y esperaba que se quedara de esa manera hasta que Danaus se calmara, si eso era posible.

—¿Qué está pasando? —Exigió Stefan, pero ningún otro comentario pudo ser rápidamente dicho bajo el gruñido que emanaba Danaus.

—Tú también has estado matando Naturis —dijo, con una sonrisa maléfica alzándose en la comisura de sus labios. Nunca había visto esa mirada en la hermosa cara del cazador, y me envió un escalofrió por la espina dorsal ¿Qué había desatado?—. Mis pequeños, han hecho un buen trabajo, pero necesitamos mandar a las almas de nuevo a mí.

—¡Danaus, tienes que luchar con esto!

—¿Luchar con qué? ¿Qué está pasando? —Exigió Stefan, su mirada iba de mi al cazador como dardos.

No tuve tiempo de responder, no sabía que palabras usar incluso si pudiera responder. Danaus atacó de nuevo, extendiendo sus manos a mi pecho y al de Stefan. La sensación de que algo me tiraba otra vez, y podía sentir a las almas de los muertos correr por mi espalda y fuera de mi pecho, yendo hacia Danaus. A través de nuestra conexión, pude sentir el poder creciendo en él, la oscuridad se propagaba a través de su bella alma como una enfermedad.

Con un gruñido, aparté su mano y lo empujé contra la pared. Stefan se unió a mi cuando fue obvio que no podría mantener al cazador en su lugar. Danaus me apuñó, contra mi mandíbula, de manera que me tiró al suelo como una muñeca de trapo. Stefan esquivó el primer golpe, pero el segundo fue a dar a su estómago, lo que hizo al Nightwalker caer de rodillas ante el cazador.

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—¿Mira? —Gruñó Stefan.

—No es mi culpa —grité, levantándome lentamente. Mis rodillas temblaban mientras la energía continuaba pasando a través de mí, quitándome el equilibrio—. Es el resultado de la Marca.

—¡La Marca no me afecta! —gritó Stefan, empujándose sobre sus pies también. Los dos atacamos a Danaus al mismo tiempo, llevándolo a la pared nuevamente, sujetando la cabeza con sus brazos—. No debería afectarlo a menos...

No miré a Stefan. No podía. No tenía duda de que brillaría el horror en sus ojos azules. Ahora sabía que de alguna manera Danaus estaba unido a los bori y que yo lo sabía mucho antes de lanzar el hechizo.

Por ahora, ignoré al Nightwalker y puse toda mi atención en el cazador, luchando ante mí.

¡Danaus! ¡Escúchame! ¡Tienes que pelear con esto! Grité en su cerebro, ya que no tenia forma de llegar a él con mi voz.

¿Mira? Su voz llegó desde la distancia, sonaba confundido. Danaus, el demonio está controlando tu cuerpo. Está destruyendo almas. Tienes que detenerlo.

¿Mira? ¿Donde estas? No puedo encontrarte

—¡No puedes tenerlo de regreso! —me gritó Danaus. Liberó uno de sus brazos y envolvió su mano en mi cuello. Sus dedos estaban increíblemente apretados en mi garganta, tanto, que estaba segura de que mi cuello podría separarse pronto. 320


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Sigue el sonido de mi voz, ignora al bori controlándote. Sígueme, Danaus, sálvate. Sálvanos.

Hubo un gran estruendo que pareció sacudir las cajas cuando el bori, Danaus, y yo gritamos como si estuviéramos destrozados. Danaus estaba apretado en la pared, mientras que Stefan y yo fuimos lanzados al otro lado. El cazador se dejó caer sentado, mientras yo caía con mis manos y rodillas, manando sangre entre mis manos en una alberca y con la última de las almas deslizándose fuera de mí a los otros. Stefan cayó a mi lado, su mano temblorosa apoyada en mi hombro. El hecho había dejado más de la Marca en su alma. Había servido como portal para que el bori tomara las almas muertas para energía.

Limpiando mi boca con el dorso de mi mano, miré hacia arriba para encontrar a Stefan juntándose conmigo apuntando la espalda de Danaus. El cazador estaba pálido y horrorizado mientras su mente trataba de entender todo lo que acababa de pasar entre nosotros.

—Mantente a distancia —dije con voz áspera, rasposa, por donde mi garganta había sido aplastada por las grandes manos de Danaus.

—¿Cómo hizo eso? —Exigió Stefan, no vacilaba de donde tenía agarrado a Danaus. —Fue un accidente. Una confusión con el hechizo de sueño. —Me apresuré a mentir—. Ahora todo está bien.

—Yo también sentí a las almas, Mira —señaló Stefan. Me tomó del codo, o, al menos tiró de mí para levantarme—. Nuestras almas están marcadas por un hechizo. Ahora y para siempre. Sentí la fuerza de las almas también. Ellos fueron llamados.

Quité un poco de cabello de mi cara, ignorando que estaban algo húmedos por la sangre que había vomitado.

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—Una parte del alma de Danaus debieron de estancarse con otras mientras salían con el hechizo. Algo en el hechizo de sueño debió de salir mal. Ahora todo está bien.

—¡Nada está bien! —gritó Stefan, pareciendo débil bajo el peso de su rabia. No quería que él estuviera gritando nada de lo que pudiera ser oído por los persistentes Nightwalkers en los pisos de arriba—. Él es un...

—¡No, no lo es! —le grité de regreso, desesperada por no tener al bori por el aire y causando pánico.

Con tantos Nightwalkers, no había manera de poder proteger a Danaus. Además, todavía teníamos que atacar a los Naturi esta noche. No podía desperdiciar mi energía en su lucha mientras otra pelea me esperaba.

—No lo es —repetí, bajando la voz—. Algo está dentro de su alma. Reaccionó a la Marca. Tenía la esperanza de que no fuera así, pero estaba equivocada. Tenía esto bajo control hasta ahora. La mayor parte de Danaus aún es humana.

—¿Que nos has traído? —susurró Stefan, la punta de su espada temblaba mientras contemplaba a Danaus, quién se quedó tirado en el suelo—. Nuestro mayor enemigo está sentado delante de mí y quieres que crea que todo está bien.

—No está intentando controlarnos. No intenta usarnos como mascotas.

—¡No, sólo nos quiere muertos! —gritó Stefan cuando perdió el control.

—Pero esta noche, él está dispuesto a arriesgar su vida por salvarnos de los Naturi. Todavía lo necesitamos vivo.

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—Sólo esperemos que él recuerde que nos necesita vivos para protegerlo —dijo el Nightwalker con los dientes apretados.

Stefan le dio una larga mirada a mi cuello que estaba sin duda rojo y amoratado donde el cazador me había agarrado, después volvió a mirar a Danaus. Lentamente puso su espada a distancia mientras le soltaba el codo.

—Si no supiera mejor, diría que un bori llamó a esas almas de regreso. Pero claro, sabes que tal cosa es imposible —dijo, después se fue pisoteando las escaleras de piedra, dejándome sola con un Danaus sacudido.

—Sólo sigue respirando —dije—. Todo estará bien.

Era una mentira. Incluso tal vez la más grande que he dicho jamás. Stefan ahora sabía que Danaus era en parte bori. Si el Nightwalker no respondió inmediatamente corriendo al Aquelarre con las interesantes nuevas noticias, entonces estaba segura de que lo mantendría sobre mi cabeza por el resto de mi existencia. Lo cual, con los Naturi al acecho en Machu Pichu, no iba a ser particularmente larga.

Si el Aquelarre descubría la verdad de lo que pasaba en Perú, estaría tan frita como el sol. No sólo sería la gran Fire Stater andando al rededor de la hermana menor de Aurora como una especie de prisionera/cómplice sino que también estaba protegiendo a un bori. O tal vez sólo manteniéndolo como mascota mientras conspiraba para derrocar al Aquelarre. Sí, podía escuchar esas palabras exactas dejando los labios de Stefan tan pronto como pudiera conseguir una audiencia con el Aquelarre. Estaba frita y me lo merecía. Estaba trabajando con boris y Naturis. Una raza que quería matarnos a todos, la otra sólo quería gobernarnos como un humano manteniendo un gato o un perro. Ninguna de esas existencias eran aceptables. Y el Aquelarre iba a tener mi cabeza cuando se enteraran.

—Mira...

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—No podemos hablar aquí, Danaus. O ahora. El sol se ha puesto y los Naturi estarán preparando el sacrificio. Tenemos que llegar a la cima de Machu Pichu.

¡Lo sabías! Las dos palabras acusatorias resonaron en mi mente, deteniéndome al ir a terminar el hechizo de Cynnia.

¿Saber lo que pasaría? ¿Que me atacarías? No, te puedo decir honestamente que no tenía ni idea de lo que iba a pasar. Le dije de regreso. Antes de que pudiera continuar, borré la línea de tiza bajo la bota, haciendo que el pequeño domo de energía al rededor de Cynnia explotara con un pop. La Naturi se estiró y bostezó mientras dirigía mi atención a la bruja.

Una parte de mí se tensó cuando me arrodillé junto a ella y levanté su brazo. La había sentido viva antes de que Danaus me atacara, así que sabía que había sobrevivido a la noche, pero no estaba completamente segura de que forma estaría. Pasando mis dedos encontré su pulso fuerte y constante.

—Shelly, es hora de levantarse. El sol se ha puesto. Es de noche. Es hora de que te levantes —repetí, resistiéndome a la urgencia de chasquear mis dedos como un mago barato. Pero no puedo decir que no estuve más que aliviada de encontrarla agitándose inmediatamente. La hipnosis había funcionado.

Ignorando la mirada oscura de Danaus, rápidamente puse ayudé a levantarse a Shelly y Cynnia. Teníamos que volver a movernos. Necesitábamos un plan.

—Shelly, lleva a Cynnia arriba. Investiga la cocina y mira si puedes encontrar algo para comer —dije, dándoles un empujón hacia las escaleras.

Quitando algo de cabello de mi cara, me giré para seguirlas, pero Danaus entró en mi camino. Su gran cuerpo bloqueó mi camino a través de las cajas, y siguió caminando hacia mí hasta que estuve pegada a la pared.

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—No soy un demonio —dijo en voz baja.

Le fruncí el ceño, acercándome por fin para descansar mis hombros en la pared. Haríamos esto ahora. No teníamos tiempo, pero Danaus merecía una respuesta a lo que él era, y había estado ocultándole cosas.

En Venecia el cazador me había dicho que su madre había sido una bruja. Mientras estaba embarazada de él había hecho un trato con un demonio para tener más poder en un esfuerzo por vengarse. Durante toda su vida, Danaus había pensado que su alma estaba atada a un demonio, pero no se había molestado en quitarle su fuerza porque no pensaba que tuviera suficiente información. Y porque era una cobarde.

—No eres un demonio —repetí. Mordiéndome el labio inferior, miré hacia su pecho, a cualquier lugar menos a su feroz mirada—. Hasta donde yo sé, no hay tal cosa como un demonio. Hay un bori, como sea. Años atrás jugaban con humanos para tener acceso a sus almas, a su energía. Son la fuente de los ángeles y la mitología antigua de los demonios.

—Entonces, soy parte...

Un grito surgió en el aire, deteniendo las palabras en su garganta. Nos volvimos y corrimos por el sótano. Danaus llegó a las escaleras antes que yo y subió, conmigo siguiéndole a los talones. Encontramos a Cynnia de pie en la parte superior de las escaleras, sus temblorosas manos cubriendo su cara mientras veía un Naturi tirado en el suelo que conducía al sótano. Había estado muy cerca. Demasiado cerca. Tomando a Cynnia por los hombros, la atraje rápidamente por la casa hasta llegar a la cocina hasta la parte posterior. No había cuerpos por el acero inoxidable, por lo que me sentí segura dejándola allí por ahora, con Shelly vigilándola.

—Demasiada muerte. Demasiados cuerpos —seguía repitiendo. Esas palabras me obsesionaron mientras seguía caminando por la sala. Conté a más de dos docenas en el santuario y otra docena en el jardín delantero y el jardín trasero. Rowe había obligado a cerca de cuarenta Naturis a morir en un intento de matarme y liberar a Cynnia antes de rendirse. 325


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Quedándome fuera, miré hacia arriba, a la cima. Estaba ennegrecida y humeaba ligeramente, pero los hechizos de protección de Shelly habían ayudado. Sorprendentemente, todos habíamos sobrevivido al día, y era hora de hacer planes para la noche. Empezaba a creer que sobrevivir a esto había sido la parte fácil.

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CAPÍTULO 25 Traducido por ckoniiytthanzaww Corregido por Julia107

El hedor de la carne rne quemada de la funeraria entró a la habitación deslizándose a través de la ventana.

Los Naturi se habían tomado el tiempo para rasgar tres seres humanos y remover parte de sus órganos. Otra cosecha. Rowe había demostrado en más de una ocasión que él era apto para realizar magia de sangre, magia para la cual se requerían partes del cuerpo de personas vivas. Apreté los dientes, echando hacía atrás mi ira. Tenía la sensación de que habían matado a los seres humanos simplemente para demostrar que podían, que no podía protegerlos sin importar cuanto lo intentara.

Cuando despertamos, los Naturi se habían retirado a Machu Picchu. Esta noche era nuestro turno de atacar su fortaleza y acabar con sus planes.

Al lado mío, Danaus dejó caer su bolsa de armas so sobre bre la cama con un rebote que hizo sonar los muebles. Uno de los humanos, Stefan, había sido lo suficientemente concienzudo de agarrar las bolsas que trajo consigo. Mi pequeña bolsa de ropa había desaparecido, pero no me preocupaba. Tenía un poco de ropa, lentes de sol, mi cepillo de dientes y mi cepillo para el cabello, eran fáciles de reemplazar, asumiendo que sobreviviría las próximas horas en el Machu Picchu.

—Seguimos Seguimos adelante con el plan original —anunció anunció Danaus en la silenciosa habitación. Miré por encima de mi hombro al cazador y lo encontré haciendo un rápido inventario de lo que iba a llevar llevar—.. Vamos a la parte superior de Machu Picchu y detendremos a los Naturi de que abran la puerta.

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Una frágil sonrisa erró a través de mis labios, mientras me daba la vuelta e inclinaba mi hombro contra el frío vidrio de la ventana para ver la noche creciente por el rabillo de mi ojo. Las noches en Perú eran más cortas cuando se trataba de captar la oscuridad del invierno para que florezca en primavera. Esta noche era el equinoccio de primavera, aquí al sur del Ecuador en Perú. Un tiempo de nuevos comienzos. De vuelta en mi casa en Savannah era la primera noche de otoño, un momento para terminar y acelerar la decadencia. De cualquier modo, era el momento para que Aurora volviera. Esta noche planeaba entrar por la puerta, triunfal, dejando que el cambio de estaciones marcara el comienzo de su reinado en la tierra.

Parecía tristemente irónico que el salvador del hombre sería la misma cosa que había llenado sus pesadillas durante siglos. Pero incluso ese giro interesante del destino no aligeraba mi estado de ánimo. No había ligereza esta noche, sólo quería que por fin todo estuviera hecho.

—Y luego volveremos al negocio de matarnos el uno al otro —dije, dándole una divertida mirada a Danaus, intentado acabar con el miedo.

Una tortuosa media sonrisa se elevó en sus labios mientras me lanzaba la funda del arma que originalmente me dio meses atrás cuando volábamos desde Londres a Venecia.

—Como Dios manda — murmuró él.

Durante los minutos siguientes mis dedos se deslizaban nerviosamente sobre las diversas correas y hebillas, comprobando si la funda se me ceñía con fuerza a los hombros y mi espada, y no se resbalaba mientras me movía. Hice esos mismos ajustes una y otra vez. Me mantuve paseándome por la habitación un poco estrecha, dominada por una cama doble, un vestido desvencijado, y por par de sillas gastadas, de respaldo alto. Después de la opulencia de nuestra suit en el Hotel Cipriani, la pequeña habitación parecía poco lujosa, con sus paredes color naranja quemado y alfombras desgastadas. Sin embargo era más que suficiente para nuestras necesidades breves y sencillas.

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Cynnia se sentó en el suelo en una esquina, con sus muñecas esposadas apoyadas en sus rodillas dobladas, mientras se movía lentamente adelante y atrás. El ver a sus hermanos muertos la había dejado muda después de su grito inicial en la parte superior de las escaleras del sótano. Shelly en silencio se sentó en el borde de la cama. El dedo índice mantuvo el rastreo de un infinito edredón. Estábamos todos perdidos en nuestros oscuros pensamientos en estas horas finales.

Un golpe inesperado de la puerta me hizo saltar. No había estado esperando a nadie. Fue bueno no haber estado sosteniendo la espada. Probablemente hubiera perdido un dedo. Asentí con la cabeza a Danaus y él se levantó del borde de la cama donde estaba sentado para abrir la puerta.

Stefan entró en la habitación mientras jugueteaba con la Browning, evitando cuidadosamente la mirada de Danaus. El guapo Nightwalker llevaba puestos unos vaqueros y un suéter negro de cuello de tortuga contra el frío, como si pudiera molestarle.

—Veo que finalmente juntaste a tu gente —se burló—. Estamos dispuestos a salir ahora.

Miré a Danaus, quien miraba la parte posterior de Stefan.

—¿Cuántos Naturis? —pregunté. Podía sentirlos vagamente, pero todavía necesitaba perfeccionar las habilidades que Danaus obviamente había transformado en fino arte.

Stefan rápidamente se volvió y miró al cazador, esperando su respuesta.

Danaus continúo mirando al vampiro, pero pude sentir sus amplios poderes fuera de la habitación, apartando a los Stefan como si fueran una visita no bienvenida. Stefan no se movió, si siquiera se inmutó. ¿Era yo el único Nightwalker que sentía los poderes de Danaus? No quería saber que tan profunda era esta conexión entre nosotros, pero sabía que nada bueno saldría de ella.

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—Casi cincuenta —respondió, con voz distante.

—No está mal — dijo Stefan, impasible ante el número.

—Eso sin contar las dos docenas de licántropos que han convocado en la montaña — añadí, dejándome caer en una de las dos sillas de alto respaldo.

—¿Estás preocupada por los hombres lobo? —La risa bailaba entre sus palabras mientras arqueaba una ceja oscura hacía mi.

—En Londres enviaron a viento y tierra al clan Naturi —dije—. Ellos estarán preparados cuando empecemos a subir las montañas en ruinas. Enviando a los licántropos para divertirse, obligándonos a matar a nuestros propios aliados.

—¿Lo estamos enfrentando ahora? —preguntó Stefan.

Miré a Danaus, pero él negó con la cabeza.

—No puedo decir qué clan. Es sólo una banda de Naturis reunidos en la montaña.

Con los ojos fijos en la descolorida alfombra, busqué frenéticamente en mi memoria. Me había pasado siglos estudiando el folklore y el mito dictado, en busca de un núcleo de verdad en todas las tonterías. La valiosa información que había encontrado en los diarios conservados por Jabari, y algunos de los antiguos cuentos no sólo provenían de los pocos Nightwalker que afrontaron a Naturis y sobrevivieron, sino también información de los propios Naturis. Aparentemente, alguna vez fuimos aliados de las criaturas de la tierra.

—No sé lo que vamos a ver —dije—. Por lo que he podido reunir, Aurora es un miembro del clan de la luz, mientras que su consorte, Rowe, es un miembro del clan del viento. 330


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Entonces, asumiría que la mayoría de los Naturis en la montaña deben ser de los clanes de la luz y del viento.

Me volteé y miré a Cynnia, quién seguía mirando al espacio vacío, ajena a cualquier persona en la habitación. Me arrodillé delante de ella y agarré su hombro izquierdo, dándole una sacudida fuerte.

—Cynnia —dije—. ¿Qué nos espera en la montaña? —exigí. Su mirada fija y desenfocada finalmente se trasladó a mi rostro, sus ojos me analizaron por un segundo, antes de reconocerme finalmente. Su labio superior se curvó hacia mí con disgusto y sacudió su hombro fuera de mis manos.

—¿Por qué debo ayudarte? Tú los mataste. Tú mataste a mi gente

—¿Qué otra opción tenía? —gruñí—. Ellos iban a venir durante las horas diurnas y masacrarían hasta el último de nosotros. Era lo único que podía hacer para protegernos, para protegerte. ¿No eras tú quien decía que eras una traidora y que planeaban matarte? ¿No salvé tu vida?

—Pero, ¿por qué tenían que morir tantos? —preguntó, con lágrimas resbalando por su rostro—. ¿No podían hacerlo de otra manera? ¿No podían, por lo menos, alertarlos?

—¿Qué? ¿El perímetro de la llama azul no era suficiente para alertarlos que se quedaran fuera de la cabaña? Sí, Cynnia, puse una trampa mortal para salvar nuestras vidas. Pero Rowe es quien envió un Naturi tras otro a la trampa. Él siguió enviándolos incluso cuando se hizo evidente que era una trampa. Y cuando hubo terminado, decidió matar a siete turistas inocentes porque él podía. ¡Mató a los humanos para desquitarse!

—Pero…

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—¡No! —le grité. Apoyé mis dos manos contra la pared para que no pudiera escapar de mí—. No hay peros. Sí, soy una asesina de Naturis. Mataré a cuantos Naturis hagan falta, para proteger lo que es mío, pero lo que pasó ese día, eso fue elección de Rowe. Culpa a él por sacrificar la vida de su pueblo.

Shelly se movió nerviosamente, desviando mi atención de la Naturi temblando delante de mí.

—¿Por qué sacrificaría a tantos? —preguntó.

Una sonrisa erró a través de mis labios, me pasé la lengua por mis colmillos mientras miraba a Danaus y a Stefan.

—Porque estaba desesperado —dije, lentamente empujando mis pies. Stefan asintió con la cabeza, apartando las manos de los bolsillos delanteros de su pantalón.

—Debemos empezar a movernos. Es posible que hayan comenzado.

—De acuerdo —dije, asintiendo con la cabeza—. ¿Te acuerdas de cómo encontrar la otra entrada al camino del Inca?

—Sí.

—Lleva a la mitad de los Nightwalkers y humanos hasta el camino del Inca.

—¿Y dónde estarás tú? —demandó, dando un paso hacia mí.

—Danaus y yo llevaremos la otra mitad hasta la entrada de turistas —repliqué. 332


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—Mi tarea es protegerte a ti. Eso es todo. —Stefan se irguió algo más mientras hablaba, mirando por encima de mi hombro. Si pensaba que su presencia física lograría intimidarme, se equivocaba gravemente.

—Debemos atacar por los dos lados —contesté—. Su objetivo será demorarnos hasta que puedan abrir la puerta y recibir refuerzos. Tomarás tu grupo hasta la entrada del camino del inca a la entrada principal. A partir de ahí, al este nos encontraremos fuera del templo del cóndor. Se usaba para hacer sacrificios humanos. —Suprimí un escalofrío cuando recuerdos de seres humanos poco a poco muriendo en un bloque, mientras su sangre era capturada, nadaron en medio de mi mente.

—¿Cuándo abrirán la compuerta?

—No sé —admití con los dientes apretados—. Mi conjetura es que, o bien estarán allí, en la Plaza Sagrada, o en la Plaza Principal. He explorado la zona lo mejor que he podido. Tienen más de una docena de personas repartidas por la ciudad, así que no puedo estar segura.

—Me quedaré contigo —dijo Stefan moviendo su cabeza.

Me aparté de Cynnia cerrando la distancia entre nosotros. Detrás de Stefan, justo por encima de su hombro derecho, pude ver a Danaus tomando posición, pero no sabía si él se movería hasta que le dijera.

De pie tan cerca de Stefan, era fácil encontrarme con su mirada, pero él no era un tipo que diera marcha atrás tampoco. Los dos estábamos demasiado acostumbrados a hacerlo a nuestro modo.

—Eres el mayor aquí —dije—, y el único que conoce la ciudad, y a los Naturi. Necesito a alguien inteligente para liderar el grupo. —Me miró en silencio, cuidadosamente sopesando mis palabras. Era verdad. No podía pensar en otro que nos llevará al otro 333


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lado de la montaña. Stefan no me gustaba, pero no tenía problemas pasando a través de Naturis—. Si los atacamos por las dos partes, se obligarán a dividir su pueblo en tres partes con el fin de tenernos a nosotros dentro y aún así, cuidar el sitio secreto. Seremos capaces de destruir a más de ellos.

Me sonrió un poco.

—Puedo ver que todos estaban confiados que abrirías esto. Dar órdenes es algo natural tuyo.

—Nunca quise un puesto en el Aquelarre —gruñí. Pero era tarde para eso. Yo era un miembro del Aquelarre, y fue entonces cuando comencé a recordar algo de antes de morir. Pero después, de nuevo, mi cerebro se concentró en sobrevivir 24 horas para volver a Savannah.

—Bueno —dijo sonriendo lo suficientemente amplio como para mostrar sus colmillos. Eso era lo que pensaba. Stefan siempre tenía ganas de hacer la marca de los mil años. Había puesto su mira en el puesto vacío de Tabor y no tenía reparos en tomar mi sitio si caigo en la lucha contra los Naturis.

Me reí entre dientes y le di la espalda, vagando hasta mi silla. Me paré junto a ella con mi mano izquierda lánguidamente apoyada en su respaldo.

—Vas a ser un excelente Anciano. —La sonrisa instantáneamente cayó de los labios de Stefan mientras intentaba averiguar si me estaba burlando de él.

—Mira. —Danaus trajo de vuelta mis pensamientos. Miré al cazador y asintió con la cabeza bruscamente. No hablar más. No más estancamiento, con la esperanza de un milagro de último minuto.

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—Nos vamos —me sorprendí. Mi voz sonó firme y fuerte, incluso confiada. Era una mejor mentirosa de lo que pensaba. Tal vez sería una buena Anciana también.

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CAPÍTULO 26 Traducido por Eli25 Corregido por Kanon Ka ♪♫♪

E

ra el verano de 1468 cuando vi las piedras blanco-gris blanco gris de Machu Picchu, más de sesenta años antes de que los Incas casi fueran exterminados por los conquistadores españoles. Los Incas solo habían acabado de construir su ciudad en el cielo con más de e cuarenta hileras de escalones para subir dentro de la montaña y numerosos edificios con el tejado de paja. Las enormes piedras estaban perfectamente cortadas y situadas juntas como un intrincado puzzle designado primero para los dioses y luego para el ho hombre. mbre. Arriba casi en las nubes, los Incas se congregaban en las barridas de las grandes montañas, a adorar al sol, y a rendir homenaje a la luna.

Sin embargo, ese año, el emperador Inca Pachacuti ansiosamente observó los fuertes seres que de repente había habían n descendido a su retirada montaña. Su pelo marrón, piel dorada, y alucinantes poderes rápidamente les marcaron como grandes niños de su dios del sol, Viracocha, Pachacuti estaba más que feliz por servir las necesidades de los hijos del sol, incluso si eso significaba sacrificios humanos. Pero estos grandes seres también le habían dejado en una posición incómoda. Ellos tomaron cautiva a una hija de la luna. Mientras los niños del sol no hacían nada por acomodarse en Machu Picchu, la hija de la luna fue enca encadenada denada y sus ojos eran tapados siempre.

Durante el día, me mantenía oculta en una cueva profunda y húmeda que conectaba con el Templo de la Luna al lado de la montaña, escondida de la vista y de los rayos del sol que tan lejos alcanzaban. Y cuando me despertaba despertaba cada noche, volvía corriendo a la roca funeraria donde fui torturada hasta que el amanecer amenazaba una vez más.

Ahora, después de cinco siglos más, me encontraba a mí misma una vez más de pie en la sombra del Machu Picchu, y estaba aterrada. El h hospedaje ospedaje el Santuario era el 336


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único hotel en una distancia de paseo de las ruinas Incas. Muchos turistas viajaban desde Aguas Calientes después de hacer una larga caminata desde Cuzco. El gobierno había limitado todo desarrollo en el área inmediata en un intento de preservar la región y su historia. Pero estaba segura de que todo cambiaría pronto. Se estaba convirtiendo en un punto caliente de turistas, y la ciudad estaba buscando maneras de tomar ventaja del creciente interés.

Stefan y yo tomamos caminos separados cuando entramos en el camino. Sentí un único momento de duda cuando mi pie tocó el suelo fuera del hospedaje, pero no había poder esperando robar dentro de mi marco. Cynnia me había dado un sentido del equilibrio entre los varios poderes en el aire. La tierra aún hormigueaba, vibraba, y rugía con energía, pero no estaba atrapada más tiempo dentro de mi marco. La energía de la tierra pulsaba a través de mi cuerpo, causando que mis huesos dolieran y un dolor en la parte de atrás de mi cabeza pulsaba, pero no estaba ni cerca del dolor que había experimentado antes en el Palacio de Knossos o en el vuelo a Ollantaytambo.

Cuando Stefan se dirigió por la antigua senda del sur, sentí una buena porción de la horda de Nightwalkers siguiéndole, a lo largo de sus guardianes humanos. Esos que seguían observando tensos y en silencio desde las sombras. No estaban preocupados por estar cerca de Danaus o Cynnia. Para su disgusto, Shelly había sido dejada atrás en el hospedaje con instrucciones de dirigirse directamente de vuelta a Cuzco a la hora de luz y luego a los Estados Unidos sin mirar atrás. Ella había hecho un buen trabajo vigilando a Cynnia mientras Danaus y yo estábamos afuera ocupados, pero no era capaz de enfrentar la batalla que venía. A pesar de sus protestas, mi conciencia simplemente no lo permitiría. Y supe que Danaus tampoco lo permitiría.

Cuando caminé a través de la entrada de los turistas, tiré de la Browing y la Glock de sus lugares de descanso debajo de mis brazos, deseando actualmente poder agarrar la espada aún apretada a mi espalda. Su frío peso se sentía sorprendentemente bien en mis manos. Las pistolas podrían carecer de estilo y finura, pero aún eran una fuerza mortal. Con ellas, recuperaría el control de mi vida con una bala a tiempo.

La senda que subía el lado de la montaña era estrecha, forzándonos a caminar en fila india. Tomé el liderazgo, seguida directamente de Cynnia y Danaus, quien agarraba una cimitarra en una mano y un espada corta en la otra. También llevaba una 337


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pequeña pistola enfundada en la espalda, mientras un surtido de cuchillas estaban apretadas a su cuerpo. Su energía zumbaba y apenas podía controlarla. Quería persuadirle en secreto de regresar, pero me mordí la lengua. Normalmente, la calidez de su energía era suave, pero esta noche era solo un recuerdo de cómo mi noche acabaría, abrigada en sus poderes cuando intentaran desgarrarme. Traer, persuadir, marcha atrás.

Procedimos lentamente a subir la senda. El único sonido en el frío aire de la noche era el crujido de la grava debajo de nuestros pies. Levanté la mirada al cielo negro y fruncí el ceño. Sin el brillo de la luna sobre mí. Nunca me di cuenta de cuan solitaria la noche se convertía sin ella allí, lanzando su suave y plateada luz. La región estaba negra como la boca del lobo excepto por un débil brillo de antorchas que venían desde la cima de la montaña. Había una agitación de magia hormigueando en el aire, pero no lo suficiente para indicar que los Naturi habían comenzado el hechizo.

Danaus de repente agarró mi hombro, desequilibrándome. Él estaba de pie muy tranquilo, sus cejas surcadas en concentración. Mirando detrás de él, encontré a los otros Nightwalkers observándole intensamente también.

—¿Naturi? —Pregunté, mis ojos lentamente barrieron a nuestro alrededor. Habíamos entrado en los sectores inferiores de agricultura. Había unas series de mesetas que una vez habían sido usadas para plantar maíz y otras verduras para los habitantes de Machu Picchu. Pequeña vegetación crecía allí ahora, profunda y espesa como sombras.

—No, pero...

—Lo sé —dije. También podía sentirlos. Se acercaban.

Como si fuera una indicación, los primeros lobos levantaron su voz en una canción, aullando al cielo sin luna. Los hombres lobo pronto se unieron a coro con sus hermanos y hermanas, sus tristes llantos llenaron el aire. No me permití el lujo de escanear para ver si Alex estaba entre ellos. Si ella estaba allí, sabía que lo sentiría un segundo antes de matarla. 338


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Rápidamente devolví mis pistolas a sus fundas, y saqué mi espada. Las balas no estaban cubiertas de plata. Sin eso, disparar solo sería enfadarles. Al mismo tiempo, las sombras embestían, convergiendo en mi pequeña armada.

—¿Qué? —Dijo Cynnia nerviosamente, de pie cerca de mi espalda cuando continué girando, buscando a mis atacantes acercándose.

—¿Puedes controlarlos? ¿Puedes detenerlos? —Demandé.

—Soy un Naturi del viento —me dijo bruscamente, agarrando mi camisa cuando una sombra cambió cerca de mi derecha—. No puedo controlar animales.

—¿Ni siquiera un poco?

—Ni eso.

—¡No voy a protegerte en la subida completa de la montaña si no puedes mostrar un poco de tus recursos!

Gruñidos de ambos lados retumbaron en el silencio y luego comenzó. Una sombra saltó hacia mí, pero lo esquivé, barriendo mi espada cuando me moví. Golpeé su costado, ganando un grito afilado cuando golpeé el duro suelo. Cuando intentó ponerse a cuatro patas, corté hacia abajo, decapitándolo.

Giré, rajando a un lobo mexicano con pelo gris y rojo. Sus afilados colmillos y fuertes mandíbulas estaban apuntando a mi garganta. Cayendo a mis rodillas, agarré la camisa de Cynnia y la puse en el suelo también. El lobo me sobrepasaba, aterrizando al otro lado de la senda en un desparrame de polvo y grava. Rápidamente giró e hizo otra carrera hacia mí. Intenté esquivarle otra vez, pero mi pie cogió el cuerpo del lobo que había matado momentos antes, atrapándome. La criatura sujetó mi pie con sus dientes y casi me tiró al suelo. Girando, sumergí mi espada a través de sus costillas y sus 339


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pulmones. Con una ayuda, me liberé, tirando un trozo de carne con los dientes. Intentaba volver así que podía curarse de la herida que le había infligido, pero ya estaba allí, cortando su cabeza.

El corte en mi brazo aún latía, pero se estaba curando. El flujo de sangre estaba parando y se secaría pronto. No tenía porque preocuparme. No podía contraer la licantropía. Los vampiros eran inmunes a la enfermedad. Desafortunadamente, el olor de mi sangre en el aire atraería a más lobos. Caminé un poco hacia arriba del camino, tirando de Cynnia cuando avancé, intentando poner un poco de distancia entre Danaus y yo. El camino era demasiado estrecho para permitir a los lobos rodearnos, pero también mantenía a los Nightwalkers atrapados. Nuestra lucha estaba dificultada cuando luchábamos para no herir a nuestros aliados.

Los gritos y los disparos llenaban el aire. Muchos de los humanos habían estado equipados con anteojos de visión nocturna y armas automáticas. La ráfaga de balas fueron frenando a los lobos un poco, forzándoles a curar. El segundo extra permitió a los vampiros cargarse a los licántropos más fácilmente, pero al final los humanos estaban siendo hechos pedazos. Ellos nunca deberían haber venido. Como los licántropos, sólo eran una distracción.

Con un gruñido, destripé a un lobo que embistió contra mi garganta, sus entrañas se desparramaron en el suelo. Aulló una vez de dolor antes de cortarle la cabeza. Detrás de mí hubo un roce de energía. Tirada en el suelo de repente, giré del camino un par de pies, arrastrando a una aturdida Cynnia conmigo como mejor pude. Manteniéndola a salvo detrás de mí, estaba de pie con la espada lista. El lobo que se había lanzado a mi espalda aterrizó en el punto donde había estado de pie hace un momento. Gruñó e iba a embestir cuando Danaus condujo su espada corta a través del cuello de la criatura, cortando su columna y desgarrando su garganta.

—Fin del espectáculo —dije, con mis manos ensangrentadas aún tensamente agarrando mi espada.

—Se acercan —dijo él. Con un movimiento brusco, tiró su cuchilla libre, y el cuerpo del lobo cayó en un montón sin vida en el suelo. Por la mañana la montaña estaría cubierta de cuerpos humanos desnudos. Una parte de mí deseaba vivir para ver el 340


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siguiente día solo para poder oír como nuestro masivo público de relaciones de grupo largaba con esto.

—¡Vamos! —Grité. Mi grupo estaba acabando con el último par de lobos. Una docena de licántropos fueron enviados y todos habían muerto. Perdí a varios humanos también. Varios de los sobrevivientes también serían peludos en la siguiente luna. Estaba comenzando a creer que esta montaña llevaba algún tipo de maldición con ella. Había un precio extraído cada vez que alguien ponía un pie en su tierra santificada.

—¿Dónde está el otro grupo? —Preguntó Danaus, caminando sobre un lobo muerto cuando subió la colina.

Comencé a caminar otra vez, mientras mi mente se extendía para encontrar a Stefan. Su ira me golpeó primero, causándome un traspié. Su grupo estaba en medio de una batalla. Stefan sintió mi presencia y envió una palabra antes de empujar sus pensamientos. Cuartel. Salté por encima de su gente. Muchos de los humanos estaban muertos y sentí solo una ligera dispersión de licántropos, pero aún había algo mal.

—¡Arriba! —Grité, corriendo al subir el camino mientras aún estaba claro—. El grupo de Stefan no está muy lejos del cuartel. Algo extraño está pasando. Los Nightwalkers siguen pensando en rocas y montaña comiéndoles —dije sobre mi hombro hacia Danaus.

—Es el clan de la tierra —intervino Cynnia. Corría a mi lado, de pie a mi izquierda para que fuera más fácil para mí protegerla—. Tienen la habilidad de mover grandes rocas, o deslizar la tierra abierta y luego cerrarla otra vez alrededor de sus víctimas.

Tuvimos que correr. Mientras Stefan estaba encontrando algunos problemas interesantes, él estaba más arriba de la montaña que yo. Él iba a alcanzar la Puerta Principal antes de que estuviera en posición de encontrarle. Si los Naturi iban a conducir el hechizo hacia el Templo del Cóndor, Stefan necesitaría más ayuda si él quería sobrevivir. 341


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Iba a preguntar lo que ellos iban a enviarnos cuando sentí algo agitándose en el aire. Sin preguntarlo, agarré el brazo de Cynnia y la empujé al suelo conmigo. Fue el mismo sentimiento que tuve momentos antes de ver a las harpies en Creta. Un cambio en el aire, el sentimiento de que algo estaba por aterrizar sobre tu cabeza. Con un gruñido, liberé a Cynnia y giré sobre mi espalda. Alcancé la Browning con mi mano derecha y estaba levantándome cuando paré. No eran harpies. Era peor.

Sobre la cabeza, con un equipo de alas grises masivas, estaba una criatura que parecía un gorila más que un hombre. Su cara era larga y delgada, con una amplia nariz y colmillos que sobresalían debajo de su gordo labio inferior. En sus brazos agarraba a una mujer delicada con pelo azul fluyendo. Sus manos pequeñas y frágiles descansaban contra la piel de guijarro de sus brazos y pecho.

—Cynnia, ¿qué demonios es esa cosa? —Demandé, mi objetivo ajustado para tomar a ambos en pleno vuelo a la criatura y a su pequeño tesoro.

—¿En tu lenguaje? Un guardián del aire —replicó ella, pareciendo retroceder lentamente de mí.

—¿Algo en particular que debería saber?

—Son asesinos.

Manteniendo mi espalda presionada contra el suelo, disparé al guardián del aire cuando descendió a través del aire. Para ser algo tan largo, fue asombrosamente rápido, pero aún me las arreglé para disparar a las alas.

Intenté sentarme para conseguir un mejor ángulo en mi siguiente disparo cuando un árbol erupcionó desde el suelo y golpeó en mi pecho, tirándome de golpe contra la tierra. Parpadeé contra las estrellas que explotaron contra mis ojos. La raíz se tensó a mi alrededor, casi rompiendo mis costillas. Me empujé contra mis vínculos terrestres, pero 342


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esas raíces estaban controladas por magia, haciéndolas más fuertes. Otra raíz saltó cerca de mi pie desde la tierra y agarró mi tobillo, clavándome al suelo. La Naturi del clan de la tierra rió desde la cuna del abrazo del guardián del aire mientras se sostenían en el aire a pocos pies sobre mi cabeza. Luché para cortar a través de mis vínculos con mi espada, pero el progreso era lento. En un momento mis brazos se romperían bajo la presión y estaría indefensa.

—Ven, hermana pequeña —dijo la Naturi del clan de la tierra con una onda de su mano hacia Cynnia—. Nos perteneces.

—¿Por qué? ¿Para que puedas matarme como lo intentaron los otros? —dijo bruscamente Cynnia, arrastrándose lejos de donde estaba tumbada atada al suelo con un montón de raíces.

—¿Prefieres estar al lado de los Nightwalkers? —Jadeó la Naturi. Ella apretó sus dientes y ondeó su mano hacia la senda de la montaña—. Bueno entonces, creo que no te dejaré otra elección excepto la de unirte a nosotros.

Bajo la línea oí a un Nightwalker gritar segundos antes de que su existencia se apagara. De lo que podía decir, muchos de mi especie estaban siendo atados con las raíces y luego estacados. Un aumento del pánico llenó mi pecho cuando liberé mis armas. Estaban sin uso desde que no podía levantar mis brazos. Con mis palmas abiertas, conjuré una onda de fuego que cubrió la longitud de mi cuerpo, mordiendo las raíces que me sujetaban. La Naturi del clan de la tierra sobre mí chilló frustrada e intentó aplastarme con las raíces, pero ya estaban comenzando a debilitarse. Con mi vínculo despedazado, envié una bola de fuego gritando a través del aire. El guardián del aire giró e intentó escapar, pero las llamas le sepultaron a él y a la Naturi de la tierra en un instante. Su dura piel se derritió, su carne crepitó y estalló en el cielo de la noche antes de que él, finalmente perdiera la habilidad de volar y cayera de vuelta al suelo.

Tirando de mis vínculos, las raíces golpearon bruscamente y se rompieron. De pie otra vez, levanté mis manos y encendí a otros guardianes del aire que pude ver en el aire sobre mí. Cynnia se levantó también y convocó una tormenta, trayendo un aumento

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del aire que mantenía a los guardianes luchando para quedarse cerca de donde estaban localizados en el lado de la montaña.

—Con esos puños de hierro, no puedo hacer más —argumento ella, levantando sus manos hacia mí.

—Traicióname ahora y te destruyo —dije bruscamente. Con un gruñido, aparté los vínculos de cada puño de hierro hasta que cayeron al suelo con un ruido. Recé para no lamentar esto, pero necesitaba todo el poder del fuego que pudiera. Ella podía haber ido con su especie pero se había quedado conmigo.

A mi lado, Cynnia lanzó un profundo suspiro cuando levantó sus brazos libremente hacia el aire. Las nubes negras giraron a nuestro alrededor mientras en acercamiento de la bruja les daba cuerpo. Tomé un paso hacia atrás y puse una mano sobre su hombro, cautelosa por lo que ella estaba haciendo. En un destello de un ojo dos disparos se iluminaron golpeando en la tierra, hundiéndose a través de dos guardianes del aire que quedaban antes de que tuvieran oportunidad de escapar.

A lo largo de la senda, los Nightwalkers se estaban liberando y poniéndose de pie. Desafortunadamente, los humanos habían sido rápidamente eliminados y rotos bajo el apretón de las raíces. Yo también había perdido a cinco Nightwalkers. Más de la mitad de mi armada ahora no estaba, y aún teníamos que alcanzar las ruinas de la montaña. Esperaba que Stefan estuviera haciéndolo mejor.

Frunciendo el ceño, estreché mis ojos escaneando el área conservada con sombras bailando proyectadas por las últimas ramas ardiendo. Danaus había desaparecido de la vista cuando los guardianes del aire aparecieron. Un escalofrío recorrió mi columna. Su nombre estaba en mis labios cuando finalmente le señalé sentado en el suelo, su espalda presionando contra la pared de piedra de la montaña. Cuando caminé hacia él, un fuerte resolló de su respiración se pudo oír sobre los fuegos chisporroteantes. Enfundé mis armas, me arrodillé al lado del cazador. Su garganta estaba abierta y sangrando. Una de las raíces se había enroscado alrededor de su cuello y cerró su entrada de aire. 344


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—¿Está curando? —Pregunté. Él intentó decir sí, pero la palabra nunca salió de su garganta. Levanté mi mano, deteniéndole de intentarlo otra vez—. Solo asiente o sacude tu cabeza. —Él asintió una vez, sacando una afilada respiración. Podía sentir el pánico comenzando a crecer en su pecho. No era suficiente aire, no por un gran punto. Su cuerpo estaba curando, pero demasiado lento, y pronto estaría sofocado.

—¿Duele algo más? —Demandé. Danaus sacudió su cabeza—. Esperaremos — anuncié, arrodillándome en el suelo delante de él.

—¿Qué? ¡Déjale! —dijo bruscamente uno de los otros Nightwalkers observando nuestra conversación. Era joven y no tenía concepto de lo que enfrentaría en las ruinas de Machu Picchu.

—Es uno de los pocos entre nosotros que puede sentir a los Naturi. No voy sin él —dije tranquilamente.

—Es un cazador —comentó sarcásticamente el Nightwalker. Sus piernas con pantalones estaban abrazadas por amplias partes, como si él fuera a saltar sobre Danaus.

—Y por el momento tiene más valor para mí que él esté parpadeando que tú y tu irritante lloriqueo. Si estás ansioso por moverte, toma a otro y explora. —El vampiro me miró un par de segundos antes de hacer una señal a otro para acompañarle arriba del camino.

Arrodillada delante del cazador, me encontré con que él estaba parpadeando rápidamente, desesperadamente tratando de permanecer consciente contra la oscuridad creciente. Él se desmayaría pronto si no hacia algo. Yo ahora podía dominar los poderes tanto de la tierra como del alma, pero carecía de la habilidad para sanar el cuerpo humano. Sin embargo, tenía algunos trucos reservados. Ningún que le gustase, sin embargo.

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Me moví para quedar directamente delante de él con sus rodillas a cada lado de mis caderas. Él intentó cambiar y poner algo más de distancia entre nosotros, pero puse una mano en su hombro, sujetándole tranquila.

—Te puedo ayudar —murmuré, intentando mantener mi voz suave y reconfortante—. Pero tienes que confiar en mí.

El ceño fruncido de Danaus se hizo más profundo y sus ojos se estrecharon. Creo que él me habría dicho que me fuera al infierno si pudiera, pero en lugar de eso extrajo otra harapienta y fracturada respiración. Se le estaba acabando el tiempo.

Colocando mi mano izquierda contra el lado de su cara, presioné mi pulgar contra su sien. Capturé su muñeca izquierda con mi mano libre y la coloqué contra mi lado para que él cogiera mi caja torácica. Sujeté su mano allí porque sabía que él trataría de apartarse cuando averiguara lo que pensaba hacer.

Cerrando mis ojos, relajé la tensión de mis hombros y mentalmente extendí la mano con mi mente. Dejé rozar mis pensamientos ligeramente contra los pensamientos de Danaus como una advertencia. Él se alejó de mí, hincando sus talones en el polvo cuando intentó desesperadamente alejarse, pero le agarré tensamente.

—No —dijo con voz áspera.

Relájate, Danaus. No usé mi voz, sino que envié las palabras yendo a la deriva a través de su mente. Si no hubiera estado tan débil, nunca habría podido hacer esto. Cuando habíamos hablado telepáticamente en el pasado, enviábamos una rápida dispersión de palabras mutuamente. Nuestra presencia dentro de otras mentes era un mínimo absoluto, en un esfuerzo para darle a la otra persona una pequeña privacidad. En el peor de los casos, recibíamos un destello de emoción mutuo, pero más pequeña. Pero ahora era diferente. Estaba dentro de su mente.

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¡Sal de mi cabeza! Él estaba lívido, pero sobre eso tenía miedo. Su miedo a mí y lo que estaba haciendo era demasiado espeso para sentirlo como avanzaba lentamente a través de un pantano de Florida. Ninguno de nosotros se había atrevido a aventurarse tan profundo, a lugares donde podríamos oír pensamientos y caminar a través de viejos recuerdos y secretos profundamente escondidos.

Tienes que dejarme ayudarte.

¡Fuera! Pude sentir las paredes lanzadas hacia arriba a mi alrededor mientras él trató de poner barreras defensivas. Estaba usando toda su fuerza para oponerse a mí, y nada dejaba atrás para continuar el proceso de curación. Sólo estaba empeorando las cosas.

Mordiendo una maldición, forcé más profundo en su mente, derribando sus paredes. Antes de que él pudiera levantarlas para oponerse a mí, frené sus pensamientos, enviando una niebla espesa a través de su mente.

Calma. Quédate tranquilo. Piensa sólo en curarte. Las palabras entraron en su cerebro como un susurro. Él estaba intentando relajarse, pero el ardor en sus pulmones aumentaba.

Mira. Mi nombre llegó suavemente, débil y demasiado frágil. Él extendió la mano, aterrado y con dolor. No puedo respirar.

No lo necesitas. Estoy respirando por ti. Cuando envié el pensamiento a través de su mente, tomé una larga y profunda respiración. Su mano me agarró el costado tensamente durante un momento y luego se relajó. Todo era una mentira, una ilusión que tejía en su mente. No podía respirar por él, pero en el momento que él lo creyó podía y su pánico decreció, dejando a su cuerpo completar el proceso de sanación. El miedo y el pánico se apaciguaron y toda su energía fue redirigida de intentar protegerse de mí y los otros Nightwalkers a sanar la herida en su garganta.

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Por un breve período de tiempo creé una ilusión de seguridad para mentalizarle de acurrucarse dentro. Al mismo tiempo, abrí la puerta a mi mente y poderes, intentando empujar la energía que podía en su cuerpo. No estaba segura de que la energía fluyera así, pero tenía que intentarlo. Estaba dispuesta a darle cada onza de energía que pudiera liberar, para que su cuerpo pudiera curarse antes de que finalmente se asfixiara.

Nos quedamos así durante otros diez segundos. Envié pensamientos suaves, tranquilizadores ondeando a través de su cerebro con cada aliento profundo. Pero sus pensamientos aumentaban más oscuros cuando la falta de oxígeno constantemente robaba su conciencia. Cuando supe que no podía esperar más tiempo, liberé mi agarre mental de él.

Respira, Danaus.

Su primer aliento rudo destrozó el silencio prístino de la noche. Con ambas manos agarrando mis costados, me tiró hacia delante para que él pudiera apoyar su frente contra mi esternón. Mi cuerpo se había convertido en su ancla para la realidad, y me agarraba firmemente lo suficientemente fuerte para crear moratones.

Dejé de respirar y distraídamente corrí mi mano derecha sobre su pelo, alisándolo cuando su respiración lentamente se compensó.

Perra.

Tropecé con ese el último pensamiento cuando me liberé de su mente.

—También fue bueno para mí —dije en una voz ronca antes de retirar mis dedos de su pelo y presionar un beso en la parte superior de su cabeza. Estaba sentada sobre mis talones cuando sus manos se deslizaron de mis costados. Él descansó contra la ladera de la montaña, inclinando su cabeza hacia atrás para que pudiera respirar más fácilmente. 348


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Podía entender los miedos de Danaus, pero nunca había intentado forzar mi camino en sus recuerdos, sus secretos, hasta ahora, cuando le había controlado, obligándole a creer en una ilusión que le podía haber matado. Su ira comenzó a retroceder, pero su miedo era todavía algo tangible entre nosotros. En su momento de debilidad fui capaz de entrar en su mente, lo cuál no había sido capaz de hacer bajo circunstancias normales. Lo que es más, el camino directo que habíamos cortado entre nuestras dos mentes ahora era más fuerte que antes. Fácilmente podríamos deslizarnos dentro de los pensamientos mutuos ahora, algo que sabía que ninguno quería.

Pero por un breve momento en el tiempo no tuvo importancia. Esta noche otra vez me esgrimía con una espada en su mano. Yo brevemente había violado su mente, pero pagaría ese desaire como su esclava. Nosotros dos estábamos unidos: vampiro y cazador; monstruo y demonio.

—Tenemos que irnos —susurró Danaus.

—Pronto. Recobra el aliento. Jabari estaría severamente desilusionado si no llegaras vivo a las ruinas. —El cazador aspiró un aliento profundo, llenando sus pulmones. Él se estableció una profunda respiración, llenado sus pulmones. Se estremeció contra el dolor, pero estaba respirando otra vez.

—¿Dónde está Stefan? —Preguntó Danaus en una voz ronca, poniéndose de pie. Permanecí sentada otro momento mientras localizaba a la otra manada de vampiros. Eran fáciles de divisar, considerando que recientemente estaba luchando contra un grupo de Naturi. La energía y la violencia en el aire aumentaban.

—Acaban de pasar a través de la Puerta Principal. Casi estamos en la cima —dije, poniéndome de pie.

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CAPÍTULO 27 Traducido por Silvery y Virtxu Corregido por Kanon ♪♫♪

C

ontinuamos subiendo la montaña montaña en silencio. La tensión se enrollaba en mi estómago cuando esperaba al siguiente control de carretera, la siguiente horda de Naturi esperando para coger mi cabeza. Necesitábamos abrirnos paso a puñetazos y finalmente coronar la cima en las nubes. Necesitábamos Necesitábamos finalmente acabar con este juego.

Hicimos un alto cuando llegamos al giro final de la carretera. Los dos Nightwalkers que había enviando delante estaban con sus espaldas presionadas contra la ladera de la montaña. El llorón casi estaba doblado sobre sobre sí mismo, con los brazos cruzados y apretados en su estómago.

―¿Qué paso? ―pregunté. é. La Browning estaba en mi mano izquierda, mientras que mi mano derecha estaba agarrada alrededor de la empuñadura de la espada. Mis piernas estaban separadas cuando escudriñé escudriñé la zona, esperando el próximo ataque.

El otro Nightwalker sostuvo una flecha con dos dedos.

―En cuanto doblamos la esquina, llenaron el cielo.

―Te curarás ―murmuré é mientras entornaba los ojos alrededor del muro de piedra y hacia la colina. La luz del fuego era más brillante en la entrada de la ciudad, pero todavía no podía ver a nadie. Una estrecha escalinata iba a lo largo de la pared principal rodeando la ciudad, dirigiéndose hacia la cima que sostenía la garita del guardia. Stefan estaba todaví todavía a por encima de nosotros, pero cerca. Teníamos que 350


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tener cuidado con el ejército de Naturi en la entrada antes de que él y su banda tropezaran con ellos―. ¿Cuántos?

―Quince ―respondió Danaus rápidamente.

―¿Conocen algún buen truco?

―No.

―Pero yo sí ―dijo Jabari cuando salió del aire para permanecer a mi lado. Sadira se mantenía en sus brazos, mirando desorientada. Su piel estaba negra y deformada, y su fino pelo negro únicamente estaba empezando a volver a crecer. Mi creadora y yo habíamos tenido un… desacuerdo mientras yo estaba visitando Venecia hace un par de meses. El resultado la había bañado en llamas, momentáneamente. Siendo del todo honesta, había sido un accidente, pero sabía que no existía ningún Nightwalker que me creyera.

Sadira llevaba largas prendas anchas, escondiendo su horrenda apariencia. Otros vampiros se acobardaban y hacían muecas al mirarla. Comprensiblemente, ella se negaba a mirarme, permaneciendo acurrucada contra el Anciano.

―Nos han calado ―dije volviendo a mirar a Jabari―. Quince Naturi con flechas. El clan Naturi de la tierra y los guardianes del aire están acechando por toda la montaña, dándonos más ración de problemas.

―Yo pararé las flechas. Sólo necesitamos un señuelo ―me sonrió Jabari, mostrando sus blancos dientes a la débil luz. Ninguno de los otros Nightwalkers serían adecuados para esta tarea, pero me quería a mí.

Fruncí el ceño y sacudí la cabeza.

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―Sí, yo también lo creo ―me volví hacia Danaus y le pasé mi Glock y mi Browning. Era mejor tirador que yo en cualquier caso―. No falles. Sabré si me das a propósito.

―No me atrevería ―replicó, con su áspera voz cargada de sarcasmo. Yo debía de parecer nerviosa porque rara vez bromeaba.

―Espera. Estoy segura de que también les encantaría esculpir “Patéame” en mi espalda ―advertí, forzando una sonrisa burlona en mis labios.

―¿Qué? ―dijo Cynnia, agarrándome del brazo cuando me preparaba para salir a campo descubierto―. No me gusta nada esto.

―¿Sabes que están planeando? ―pregunté, levantando mi cabeza hacia un lado mientras esperaba su respuesta.

Meneó la cabeza y se mordió el labio inferior.

―No lo sé, pero esto parece malo.

―Ya sé que es malo, pero confío en que Jabari me necesita con vida por ahora ―dije con una mueca de desprecio mientras levantaba la vista hacia el Anciano.

Esgrimiendo mi espada, caminé rodeando la curva y hasta el medio de la carretera. Me quedé de pie esperando, pero no pasó nada. Agarrando fuertemente la empuñadura con mi mano derecha, caminé con pesadez, con mi mano izquierda bañada en llamas danzantes. No era posible convertirse en un blanco más visible. No sabía cuál era el plan de Jabari, pero no confiaba en que el Anciano me mantuviera completamente sana y salva. Me necesitaba con vida, pero eso dejaba una gran área de matices grises del tipo de condiciones en las que me podía dejar. Para 352


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dulcificar el trato, contaba con un cazador de vampiros para guardarme las espaldas; uno que estaba demasiado contento conmigo por el momento. La única que de hecho parecía preocupada por mi seguridad era la Naturi. Si sobrevivía a esto, iba a prestar más atención al tipo de compañías con las que me juntaba.

A medio camino la primera flecha surcó a través del aire directo hacia mí. Se arqueó en lo alto del cielo nocturno y la esquivé con facilidad, agazapándome. Cuando lo hice, otras diez flechas llenaron el cielo, moviéndose directa y rápidamente hacia mi nueva posición. Estaban lo suficientemente esparcidas como para que intentara sortearlas, al menos una o dos me herirían. Me encogí, con los músculos tensados cuando esperé el impacto, escuchando a Danaus disparando a los Naturi que habían quedado a la vista.

Mentalmente alcancé el hechizo barrera que Cynnia y Shelly habían intentado enseñarme en los bosques, pero mi mente estaba en blanco. No podía recordar las palabras clave, y la energía se negaba a venir hasta mis dedos. Cuando las flechas con las puntas envenenadas se acercaron, regulé el flujo.

―¡No! ―oí gritar a Cynnia. Me contorsioné a tiempo para ver un borrón blanco que se dirigió hacia mí. Estaba atrapada entre las flechas chillando hacia mí y algo pequeño y blanco. Levantando mi espada hacia la mancha blanca, me eché hacia atrás, preparada para coger varias flechas por mi lado y a la espalda. Fue sólo un suspiro más tarde que sentí a Cynnia envolverme con sus estilizados brazos y me empujó lejos antes de que algo más nos atrapara a las dos. Miré alrededor para encontrar que un par de perfectas alas blancas habían brotado de la espalda de Cynnia y estaban ahora envolviéndonos a ambas en un intento de protegernos de las flechas.

Sorprendentemente, las flechas nunca nos tocaron. Rebotaron en una barrera invisible a pulgadas delante de nosotros y cayeron inofensivamente al suelo. Pude sentir más que oír la risa de Jabari. Había disfrutado de mí y del pánico momentáneo de Cynnia.

¡Qué dulce! Una Naturi protegiéndote. ¿Cómo lo lograste? Preguntó, mientras su voz se deslizaba en mi cerebro.

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Le prometí que no iba a permitir que su hermana viniera esta noche a través de la puerta. Contesté en un tono igualmente dulce.

¿Hermana?

Sí, ella es la hermana menor de Aurora. Una princesa real. Una mercancía valiosa.

Estás llena de sorpresas, mi flor del desierto. Ronroneó de cerca Jabari.

Por el momento, le volvía a caer en gracia. Cynnia era realmente un objeto de valor, y mientras siguiera usándola, no sería la voz cantante en las ruinas de la montaña. Este lo sería Jabari —el titiritero―. Cualquier promesa que le hice a la joven Naturi era nula y sin valor ahora que estaba controlada.

Con un gruñido, me alejé de Cynnia, reanudando mi viaje a la montaña. Los Naturi siguieron disparando flechas, pero ninguna me tocó. A cambio, envié varias bolas de fuego delante de mí. Danaus logró coger a unos pocos Naturi, y yo rematé al resto con una mezcla embriagadora de fuego y acero.

De rodillas en la entrada a la ciudad, esperé a que mis fuerzas volvieran mientras Danaus y los otros se apresuraron a subir la montaña para unirse a mí. Al mismo tiempo, Stefan apareció desde el oeste. Su grupo había sido maltratado y miserablemente reducido a ocho. Estaba lívido por casi ser derrotado por los Naturi, pero aún así logró hacer una fría reverencia al Anciano.

—Tenemos que seguir moviéndonos —anunció Jabari.

—¿Dónde será la celebración de la ceremonia? —pregunté, aún sin ponerme en pie. Miraba fijamente hacia delante a las paredes de piedra que se cerraban en torno a 354


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mí. Estaba en la ciudad de nuevo. Un temblor de pánico corrió gritando a través de mí, apretando cada músculo de mi cuerpo.

—Los humanos han sido reunidos en la Plaza Principal —respondió Jabari—. Vamos a terminar esto —dijo Danaus, extendiendo su mano hacia mí. Aparté la vista de ella, mi cuerpo se estremeció. La radiación de energía caliente de su cuerpo, hizo que mi piel se pusiera de gallina. Acabar esto también significaba aplastarme. En Venecia, había sentido lo que era tener tanto los poderes de Jabari como los de Danaus dentro de mí, luchando por el control. Eso casi me hizo pedazos. No podía imaginar el dolor que me esperaba cuando la tríada completa pusiera sus poderes a través de mi cuerpo.

Volví la cabeza para encontrar Jabari ofreciéndome la mano a mí también.

—No voy a dejar que te dañen otra vez.

Tenía en la punta de la lengua que era el daño que él me pudiera causar mi preocupación. En lugar de eso me puse en pie sin ayuda y pasé junto a ellos.

—Al diablo con vosotros dos —gruñí. Con mi espada en la mano, caminé por la calle principal hacia la plaza. Jabari estaba en lo cierto. Podía sentir a todos los humanos reunidos en la plaza principal. Nos encontramos con sólo una ligera resistencia en el camino, la cual fue remitida rápidamente.

En el borde de la plaza hice un alto. La noche había sido postergada por decenas de antorchas, recordándome la escena dispuesta delante de mí en el Palacio de Knossos. Los Naturi se habían retirado del centro de la gran plaza para guardar el sacrificio. Un profundo presentimiento se metió en mis huesos y molestó a mis pensamientos. Hace cinco siglos se había necesitado sólo un sacrificio, una hermosa joven con el pelo largo y negro. Ella había sido una de las hijas del emperador, y ahora jugaba un papel protagonista en mis recurrentes pesadillas.

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Esta noche, había trece personas de pie en el centro de la plaza cubierta de hierba, una mezcla de lugareños y turistas. Estaban dispuestos en un círculo con la espalda hacia el interior del círculo. La mano izquierda de cada persona estaba atada a la mano derecha de la otra, manteniendo el círculo cerrado. Sus sollozos amortiguados y voces suplicando rebotaban en las paredes de piedra que los rodeaban y volaban por el fresco aire de la montaña. No sentía ninguna oleada de compasión por ellos. Su final llegaría rápido. Todo lo que se necesitaba eran sus corazones y algo de su sangre, los ingredientes básicos para cualquier hechizo poderoso.

Flexioné nerviosamente la mano izquierda vacía a mi lado, llevando los ojos del círculo de humanos a Jabari. Tenía el ceño fruncido. Había algo en esta pequeña escena que le molestaba también. Tenía la esperanza de que fuera sólo yo.

—Es diferente —dije. Él no respondió, pero sus poderes se incrementaron un poco, golpeando contra mi carne—. La vez anterior tuvieron sólo un sacrificio, una mujer. Esta vez son trece los seres humanos. ¿Por qué?

—Tienen la esperanza de convocar más poder esta vez —dijo Stefan, acercándose detrás de mí—. Nosotros los derrotamos una vez. Tienen la esperanza de evitar una humillación más.

Casi sonaba lógico para mí. Más sangre equivalía más poder, pero ¿por qué usaban trece? ¿Por qué no dos o cinco? Sin duda eso sería más que suficiente. Trece. El número golpeaba alrededor en mi cerebro, burlándose de alguna respuesta que estaba un poco más allá de mi alcance. El número es significativo. Desde un punto de vista mágico, el doce era un número clave, pero esto refiriéndose a hechizos de un aquelarre de brujas, no de sacrificios. Es más, mi chequeo anterior reveló que ninguno de los seres humanos era un usuario de magia.

—Esto está mal —murmuré, volviéndome a mirar a Cynnia, que colgaba por atrás. Sus alas de paloma blanca se habían envuelto alrededor de su cuerpo, pero ahora estaban empezando a disiparse como granos de arena que caían de sus hombros—. ¿Sabes lo que está pasando?

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—Yo… no sé —balbuceó, retorciéndose las manos—. Nunca he visto realmente la ceremonia de apertura de la puerta. Nunca habría esperado que fueran necesarios tantos humanos.

—¿De verdad esperas que te diga la verdad? ¿Qué traicione a su pueblo? —me gruñó Stefan, dando un paso más cerca, por lo que estaba casi de pie entre yo y la Naturi.

—¡Ella nos ha ayudado hasta aquí! ¡Ella quiere lo mismo que nosotros, su hermana la había enjaulado! Estoy dispuesta a tomar cualquier ayuda que pueda obtener en este momento. —Volviéndome a mirar por encima a Jabari, le hice señas con la cabeza hacia la plaza que se extendía ante nosotros—. Se nos ha agotado el tiempo. Es hora de actuar.

—Mira —retumbó Jabari en voz baja, en tono de advertencia.

Me detuve en el acto de pisar la plaza cuando los Naturi se trasladaron frente a cada uno de los seres humanos, con espadas cortas en la mano. Los gritos y los chillidos alcanzaron un tono febril. Levanté mis manos sobre mi cabeza, abiertas y hacia fuera, hacia la noche, pero no pasó nada. ¿Verdaderamente había llegado a esta encrucijada una vez más? Hace apenas unos meses que había estado en Stonehenge y una mujer se puso delante de mí. Los Naturi la iban a sacar su corazón para romper el sello que los unía. La maté para detener el sacrificio. En Creta, yo estaba dispuesta a hacer lo mismo a tres seres humanos inocentes, pero había sido demasiado tarde. Ahora me quedé en el borde de la plaza, con la vida de trece seres humanos inocentes temblando ante mí, con las manos manchadas de sangre.

—¿Qué? —dijo Danaus, llevando mis ojos de nuevo a su cara. Los dos sabíamos que no había salvación para los humanos. Estaban muertos ya sea por el sacrificio o por una flecha perdida mientras luchábamos—. Hazlo rápidamente.

Con un grito de frustración, llamé a la energía hacia mí, tocando sólo la energía de la sangre que había usado durante la mayor parte de mi vida. No quería el fuego que venía de la energía de la tierra que había adquirido recientemente. Si iba a matar a 357


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estas personas, sería con mis propias capacidades y con los harapientos restos de mi alma.

El fuego corrió alrededor de todas las personas, girando a su alrededor por un momento. Ocurrió tan de repente que sus gritos fueron silenciados inmediatamente. Pude imaginar fácilmente su terrorífica mirada puesta en las llamas amarillas y naranjas. Quería cerrar los ojos. No importa qué tan calientes estuvieran las llamas, no había manera de que pudiera hacer una muerte rápida, misericordiosa. Ellos sufren en sus últimos minutos y no conocen o no entienden que sus muertes van salvar a la raza humana.

Gruñendo de dolor y frustración, moví mis manos, con la intención de cerrar el círculo de fuego alrededor de ellos para que se consumieran los trece seres humanos, pero las llamas no se movieron. Puse más fuerza, vertiendo toda mi energía en las llamas que crepitaban y se quebraban, pero no se movieron. Sin embargo, seis Naturi con abundante cabello rubio dieron un paso adelante desde las sombras. Agitaron sus manos al unísono y las llamas desaparecieron como si nunca las hubiera creado. Estaba sobrepasada.

Desesperada, me encontraba dispuesta a llamar a ambas, a la tierra y a la energía del alma que fluía dentro de mí, para finalizar este empate, pero dudaba que fuera capaz de detener a seis Naturi del clan de la luz a la vez. No era tan fuerte. Y, además, estábamos fuera de plazo.

En el momento en que las llamas desaparecieron, trece Naturi entraron en posición ante los humanos con las espadas en sus manos. Me volví a Jabari, desesperada por cualquier tipo de sugerencia. Habíamos llegado demasiado tarde, demasiado poco preparados, y también diezmados. Habíamos fracasado.

El aumento de la energía se disparó hacia fuera del círculo, golpeando en mi espalda. Me tropecé por su fuerza, chocando con Jabari, que tomó un par de pasos hacia atrás. Miré a mí alrededor para encontrar a varios Nightwalkers tirados en el suelo.

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Al volver de nuevo a la plaza, me encontré a los Naturi trinchando los corazones de los humanos. Apilándolos cuidadosamente a unos metros de distancia, mientras que varios de los otros cantaban sobre ellos en su lengua dulce y musical. Como el último corazón fue colocado en la pila de sangre, una luz blanca flotó en el aire cerca de los corazones. Parecía como si alguien hubiera hecho un agujero en el aire y ahora tiraba para separar las partes. La puerta había sido abierta.

—Proteger a la tríada —gritó Jabari. Él estaba listo para actuar. Entramos en la plaza como un grupo. Varios Naturi saltaron lejos de los cadáveres y atacaron, pero los Nightwalkers mantuvimos un muro de protección alrededor de nosotros.

—¿Qué hacemos? —Exigí, sosteniendo la espada tan fuerte que mi mano empezó a doler.

—Haz lo que te digamos —dijo Jabari, de pie justo detrás de mí. Sadira se posicionó en mi hombro izquierdo, mientras que Danaus estaba a mi derecha. Estaba a punto de comentar que ninguno de ellos estaba lo suficiente cerca para tocarme, pero pronto descubrí que eso no tenía importancia.

Los poderes de Jabari me alcanzaron primero, golpeando contra mi columna vertebral como un mazazo. Mi cuerpo se sacudió y oí el ruido de mi espada contra unas piedras en el suelo. El poder de Sadira vino como un barrido a través de mí, llenando mi cuerpo. Con su energía llegaron sus emociones, nadando a través de mi cerebro. Me estaba ahogando en su ira y miedo.

Podía sentir su sentimiento de traición y su incertidumbre. Danaus pronto se unió a los Nightwalkers en mi cerebro, sacando un grito de mi pecho. Con el cazador encontré una inmensa sensación de paz y confianza. Creía en lo que estábamos haciendo. Traté de aferrarme a la sensación de paz, pero pronto fue arrastrada por la ira de Jabari. Él estaba luchando por el control, enviando más energía fluyendo a través de mis extremidades. Dejé caer los brazos y la cabeza hacia atrás. Mis rodillas trataron de doblarse debajo de mí, pero yo me quedé de pie, crucificada en el aire.

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Y entonces sólo había luz. Estaba bañada en esta hermosa luz, blanca, más brillante que el fuego, más brillante que el sol. La puerta al reino Naturi.

Cierra la puerta.

La voz en mi cabeza era Jabari. Sadira estaba allí, pero no la oía. Danaus también estaba en la corriente, silencioso y fuerte. Mentalmente me acerqué a tocar la puerta, pero al segundo en que lo hice, esta se astilló. Los fragmentos saltaron a través del espacio, formando trece ejes separados de luz cegadora. Todo hizo clic en ese momento. Los doce símbolos tallados en los árboles en todo el mundo habían sido marcadores para las puertas, con la decimotercera siendo la principal en Machu Picchu. Necesitaban trece seres humanos para abrir trece puertas separadas.

Cierra la puerta. Me ordenó Jabari de nuevo.

Extendí mi enfoque y lo intenté, pero sólo conseguí otro grito desgarrador de mi cuerpo.

—No puedo —lloré, mi voz estaba cortada y se hizo añicos—. Demasiadas.

¿Demasiadas qué? Exigió Jabari, su ira y frustración me envío otra onda de choque de poder a través de mi ser. Yo ya no podía sentir mi cuerpo. No había más que dolor, como si todo en mí estuviera hecho de esto en lugar de huesos y tendones.

—Puertas. Trece puertas —lloriqueé.

—Céntrate —gritó.

Grité de nuevo cuando con su poder desapareció todo pensamiento. Ahora sólo había luz y dolor. En algún lugar de la luz, vi algo moverse. Rogué que fuera la muerte. 360


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No me importaban los seres humanos. Ni los Naturi, ni mi especie. Sólo quería que el dolor terminase.

—Mira —dijo Danaus suavemente.

Parecía cerca. Podía sentir su serenidad, y luchaba por agarrarme a ella. Cuidadosamente colocó sus dos manos en mi cintura, tirando de mí de nuevo en mi cuerpo. Volví a gritar ya que el contacto causó un breve pico en el poder que estaba enviando a través de mí, pero pronto se igualó de nuevo.

—¿Puedes oírme?

—Por favor, parar —le rogué. Estaba llorando, pero no podía sentir las lágrimas.

—Pronto. Debemos cerrar las puertas —dijo. Sonaba tan paciente, como si no se estuviera cansando por la cantidad asombrosa de energía que estaba gastando. Lentamente deslizó las manos a mi lado hasta que descansaron sobre mis hombros. Su calor se ajustó a mí alrededor en un capullo protector, y me aferré a ese consuelo.

—No puedo. Son demasiadas.

—¿Puedes cerrar sólo una? —preguntó. Con un cuidado increíble, metió las manos a lo largo de mis brazos y ensartó los dedos con los míos, juntando las manos—. Sólo cierra una puerta. —Sus labios rozaron ligeramente contra mi oído mientras hablaba.

Mentalmente haciendo a un lado todos lo demás, elegí una puerta y puse las dos costuras juntas. Un sollozo salió de mi garganta cuando la puerta se cerró, y sentí a Danaus dar a mis manos un apretón tranquilizador. Nos movimos lentamente de una puerta a otra y tiré de ellas juntas, como uniendo pedazos de tela. Estábamos en la última puerta cuando la energía en mi cuerpo disminuyó considerablemente. Si bien mi primera reacción fue de alivio, sabía que algo andaba mal. Ya no podía sentir a 361


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Sadira. Era como si hubiera desaparecido por completo. El vacío fue más profundo que si acabara de cortar la conexión, pero no podía aferrarme a la idea. Esta volaba lejos como un trozo de papel callejero atrapado en una brisa, y mi foco regresó al dolor cegador que aún latía por todo mi cuerpo.

—Cierra la puerta —me impulsó Danaus cuando me detuve.

—No puedo.

—Sí, puedes. Eres más fuerte que Sadira. Siempre lo has sido. Cierra la puerta. —Su voz había adquirido una nueva urgencia. Se nos estaba acabando el tiempo. Extendí la mano con lo último de fuerza que pude reunir y tiré de la puerta cerrándola.

La luz blanca desapareció y mi visión se eliminó lentamente. Aurora estaba allí de pie por primera vez en más de cinco siglos. Parecía una diosa del sol, con su larga cabellera dorada y su perfectamente bronceada piel, su túnica blanca real bailaba sobre ella en el viento. Al mirarme una sonrisa maliciosa creció en su perfecto rostro. Ella me conocía; sabía quién era yo y lo que había hecho.

Aún cargada por los poderes de Danaus y Jabari, podía sentir la ira y el miedo de los Naturi mientras se amontonaron alrededor de su reina. Sólo había un par de docenas de ellos, un número mucho menor de lo que había esperado. Nos superaban en número. Pero había cerrado sus puertas y derrotado a más de una veintena de ellos. Me negué a creer que la raza Naturi entera hubiera sido capaz de correr libremente en el tiempo que me llevó el cerrar las puertas. La mayoría aún tenía que estar atrapada en el otro lado. Pero entonces, dudaba que Aurora se preocupara por los que se habían quedado atrás.

Ella era libre.

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CAPÍTULO 28 Traducido por Virtxu Corregido por Kanon ♪♫♪

El pensamiento consciente se filtró nuevamente dentro de mi lento cerebro, seguido por el dolor. Mi cuerpo dolía más allá de lo que creía, forzando un gemido entre mis dientes apretados. De mala gana abrí los ojos, un poco sorprendida de encontrarme todavía aquí. Me tendí en el suelo con una colección de rocas cavando en mi espalda. A mi alrededor, la piedra blanca-gris blanca gris se levantó, lo que indicaba que todavía estaba en la Plaza Principal. El cielo empezaba a aclarar desde su aterciopelo negro sin fin a un pizarra gris oscuro. El amanecer se acercaba.

Poco a poco, volví la cabeza, mis ojos cayeron por primera vez en el cuerpo sin vida de Sadira. Estaba mirando ciegamente hacia el cielo, una flecha sobresalía de su pecho. Alguien se la había clavado en un golpe de suerte, atravesándole el corazón. Había muerto rápidamente. Cuando volví la cabeza hacia atrás en sentido contrario, sentí una punta extremadamente afilado en la mejilla. Mis ojos siguieron la misma dirección para encontrar de pie a Rowe sobre mí, con mi espada apuntando hacia mí, con la punta pinchando mi piel. No es sorprendente que una amplia sonrisa apareciera en la cara de Rowe. ¿Y por qué no? Pensó que había ganado. Pero no estaba dispuesta a abandonar por el momento. No mientras todavía tuviera el poder de moverme.

—Hace Hace tiempo que no nos vemos —dije dije con voz grave y baja. Mi garganta estaba todavía dolorida por los gritos que había dado antes. Mientras hablaba, con la esperanza de mantener a Rowe distraído, me puse en contacto con mis poderes. p Danaus estaba cerca —aún aún con vida vida—.. Jabari estaba también muy cerca, para mi sorpresa. El Anciano Nightwalker podría haber desaparecido y reaparecido en la relativa seguridad de Venecia y el Aquelarre en el momento en que la marea se volvió contra nosotros. Se había quedado, pero no garantizaba que fuera a estar allí por mucho tiempo.

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—Sí, ha sido demasiado largo, pequeña princesa —ronroneó Rowe—. Lo siento, no pude ir a tu pequeño dominio, pero tenía asuntos más urgentes que necesitaban de mi atención. Pero no tiene mayor importancia. Te tengo ahora.

—Vamos a ver si tienes la capacidad para mantenerme —dije, devolviéndole la sonrisa. Poniendo las manos vacías en el suelo a cada lado de mí, me empujé lentamente sentándome. Todo mi cuerpo gritó en protesta por el movimiento, dando un gemido antes de que pudiera detenerlo. Rowe siguió de cerca mi cuello con la espada, listo para cortar mi cabeza en un instante si me movía demasiado rápido.

—¿Qué vas a hacer con ella?

Era una voz familiar, y miré hacia arriba para encontrar a Cynnia de pie unos metros detrás de Rowe. Sus hermosas alas blancas estaban una vez más desplegadas, parcialmente tendidas a su espalda como si se dispusiera a tomar vuelo. Creo que fue una actitud ansiosa por su parte. El caballo negro que había apostado como ganador no había venido, y ahora se encontraba de pie con su propia gente —una vez más con su destino en la cuerda floja—, al igual que el mío.

—Su Majestad desea verla —contestó Rowe.

—Y ¿qué vas a hacer conmigo? —preguntó Cynnia.

—Me imagino que Su Majestad deseará hablar contigo también —dijo Rowe, negándose a quitar su mirada de mí a la joven Naturi. Vi como Nyx en silencio se acercaba a nosotros, frunciendo el ceño en su cara.

—No hay nada por lo que preocuparse, Nia —dijo Nyx con calma, poniendo las manos en las alas de su hermana. Aplicó una presión suave, como si la obligara a relajar su postura—. Todos sabemos que el Nightwalker te secuestró, forzándote a volverte contra los de tu propia clase. Aurora lo entenderá. 364


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Una sonrisa oscura se me pasó por los labios cuando Cynnia finalmente miró hacia abajo para encontrarse con mi mirada. Sabía que los dos estábamos pensando lo mismo: ¿Compraría Aurora esa historia? Particularmente, no quedaba alguna duda en el aire, no era como si Aurora en realidad quisiera que su hermana viviera en primer lugar.

A medida que hablábamos, caminábamos a un gran contingente de más Naturi con sus armas desenfundadas. Debió de haber habido algo extraño en su postura porque Nyx trasladó a Cynnia detrás de ella mientras su mano derecha se posó sobre la empuñadura de su espada. Al mismo tiempo, la sonrisa de Rowe se volvió un ceño oscuro. Estaba dispuesta a apostar que esta no era la invitación que esperaban recibir de Aurora.

—La reina te verá a tí y a los Nightwalkers ahora —dijo el Naturi principal, apuntando con su espada corta a nuestro grupo.

—Tú y los Nightwalkers —me reí en voz baja alrededor de un gruñido de dolor mientras fui tirada a mis pies—. ¿Cómo se siente al ser incluido entre la chusma? —me burlé de Rowe.

El Naturi no dijo nada mientras aumentó la presión sobre su espada y caminó lentamente hacia la zona iluminada donde Aurora había elegido para ocupar el Tribunal, al menos por ahora.

Las ruinas de Machu Picchu ahora se llenaban con Naturi, sus ballestas y espadas formaban una fila. Se quedaban en las paredes y se apoyaban en los edificios, con sus ojos constantemente mirando a los pocos Nightwalkers que seguían atrapados dentro de la ciudad. No tenía oportunidad de cogerlos a todos, pero entonces no era necesario. Sólo necesitaba matar a Aurora.

Detrás de mí, pude oír a Danaus poniéndose lentamente en pie, un gruñido de dolor se le escapó. Estábamos todos en baja forma después de gastar tanta energía en cerrar 365


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las puertas. No sabía muy bien cómo íbamos a lanzar un ataque contra la reina de los Naturi.

¡Danaus! Llamé, llegando mentalmente a él mientras marchábamos a través del campo hacia Aurora. ¿Te quedan fuerzas para seguir empujando dentro de mí?

Algo, tal vez. Pero no lo suficiente para matarlos a todos. Me contestó. Incluso sus pensamientos venían hacia mí harapientos y cansados.

Volví mis pensamientos a Jabari y me acerqué al Anciano. ¿Te quedan fuerzas?

Lo suficiente para asestar un último golpe a Aurora, admitió. Sólo tendremos un golpe, ¿tienes un plan?

Todavía no, admití lamentablemente. Deseaba tenerlo. Algún gran plan que no sólo acabara con Aurora, sino con todos los Naturi que se encontraban alrededor de nosotros con sus armas listas para poner fin a nuestras vidas. No quería matar sólo al líder de los Naturi, quería poner fin a esta guerra para siempre para que yo pudiera volver a mi dominio y no tener que mirar sobre mi hombro en busca de un Naturi esperando para matarme.

Finalmente llegamos a Aurora, que estaba sentada en un muro bajo en el borde de la Plaza Principal. Los restos de los seres humanos que habían sido utilizados para el sacrificio estaban ahora en una enorme hoguera de masacre que alumbraba la ciudad antigua. Las llamas danzaban en el viento, enviando sombras arremolinadas, a lo largo de la zona como viejos fantasmas despertados de sus siglos de descanso.

La reina de los Naturi brillaba como un faro blanco de energía en la noche. Una parte de mí se preguntaba cómo había pensado alguna vez que podría derrotar a algo que es obviamente tan poderoso, pero aplasté el pensamiento antes de que pudiera formarse plenamente dentro de mi cabeza. Había entrado en el Aquelarre, tratado de destruir a tres de los Nightwalkers más poderosos de toda la existencia. Yo podría ir en 366


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contra de la reina de los Naturi, especialmente con la ayuda de Danaus y Jabari. Podría terminar esto. Tenía que hacerlo.

Ante mí, Cynnia, Rowe, y Nyx se inclinaron de rodillas ante su reina, mientras que yo simplemente sonreí. Como era de esperar, uno de los Naturi armados me golpeó en la parte de atrás de la cabeza con la palma de su espada y luego en la parte de atrás, haciéndome caer de rodillas. Luego mantuvo el filo de la espada contra mi cuello, lo que me mantuvo en una posición de rodillas. No iba a estar de buena gana de rodillas ante Aurora, no cuando ni siquiera lo hacía ante los gobernantes de mi propia especie.

—¿Dónde está Rowe? —reclamó Aurora de inmediato. Su voz era suave y sin embargo firme, la voz de una criatura acostumbrada a salirse con la suya.

A mi lado, Rowe envainó la espada y sin problemas y se puso en pie.

—Aquí mi señora —dijo. Él abrió los brazos hacia ella y dio un paso adelante, en espera de la bienvenida a su héroe.

—No —gritó Aurora, retrocediendo desde donde estaba sentada. Levantó una mano como para detenerlo de inmediato si trataba de dar otro paso hacia ella—. No puede ser. Mi amor es un hombre guapo de pelo rubio y ojos claros y verdes.

—Soy Rowe —dijo con firmeza. Sus manos abiertas se apretaron en puños y se quedaron tiesas a los costados—. Soy el que ha dedicado los últimos cinco siglos para asegurar su libertad.

—¿Que te ha ocurrido? ¿Los Nightwalkers te destruyeron? —Exigió. Su rostro estaba vuelto todavía a un lado como si ella apenas pudiera soportar mirarlo. Algo se retorció en mis entrañas por el Naturi que estaba allí bajo la mirada horrorizada de su esposareina. ¿Había dedicado toda su existencia al único deseo de liberarla y ésta era la bienvenida que recibía? 367


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—La magia de sangre me hizo de la manera que soy. —Las palabras salieron con los dientes apretados. Miré hacia arriba para encontrar los músculos de los antebrazos tensos por la rabia—. La magia de sangre me ha marcado y oscurecido el pelo por lo que es del color de la noche. Se ha robado mis ojos verdes y los reemplazó con unos negros. La magia de sangre me hizo la criatura que está humildemente ante ti, porque dominar la magia de la sangre era la única manera de ponerte en libertad.

—¡Te has contaminado a ti mismo! —Gritó, señalándole con un tembloroso dedo—. Has pasado de nuestro camino y abrazado la tierra para aprender la magia que ha sustentado al bori y a los Nightwalkers a través de los años. Has vuelto la espalda a nuestra raza.

—Nunca —gritó, dando un paso hacia ella. Al mismo tiempo, los guardias a cada lado de Aurora dieron un paso adelante, las espadas señalaban el pecho de Rowe—. La magia de la Tierra nunca habría sido capaz de romper el sello y abrir la puerta. El hechizo original fue tejido con la magia de la sangre, y tenía que ser desecho con la magia de la sangre. No tuve más remedio.

—Siempre hay una elección, y tú tomaste una pobre aliándote con aquellos que son nuestros enemigos.

—¡He sacrificado todo lo que soy por ti! —Gritó, su voz sonó dura por las montañas hasta que retumbó en mi pecho hundido.

—Te damos gracias por nuestra libertad, pero ya no eres uno de nosotros. —Hubo un escalofrío ante la voz de Aurora, un tono implacable que dijo que nada la haría cambiar de opinión—. Debido a tu sacrificio, te dejaré vivir, pero debes salir de aquí. Dejarnos. Estás desterrado para siempre de nuestra especie.

Desterrado. Desterrado de su especie para siempre. Rowe se quedó de pie, incapaz de moverse, apenas respirando mientras escuchaba esta frase que le había impuesto después de todo lo que había hecho por ella. 368


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—Guardias, sacarlo de mi vista en este mismo instante —dijo Aurora con un gesto de su mano mientras se movía para sentarse al frente de la pared de nuevo.

Rowe no dijo nada cuando varios guardias se adelantaron y se lo llevaron. Lo miré por encima del hombro mientras era llevado al otro lado de la plaza y luego a la entrada principal hacia Machu Picchu. Tuve la sensación de que lo llevarían fuera de la propia montaña.

Una gran burbuja de risa se levantó dentro de mí y fue lo único que podía hacerme para tragar de nuevo. Aurora se había apartado de su más grande defensor debido a sus marcas y su aspecto oscuro. Ella lo había rechazado porque él había entrado demasiado profundamente en el lado oscuro de la magia por ella. Y al hacerlo, había perdido a su más firme defensor. Mi principal preocupación en matar a Aurora no había sido la horda de Naturi que la rodeaban, sino conseguir pasar a Rowe. Ella había completado esa tarea para mí rápidamente de una sola vez, y estaba ansiosa por ver qué más llevaría a cabo por mí.

Manteniendo la misma voz fría, Aurora cambió su mirada a Cynnia y a Nyx. Al parecer, los pobres Nightwalkers estábamos por debajo en este momento, y por ahora, estaba contenta de que siguiera siendo así. Cuanto más tiempo reprendiera a su propia gente, más tiempo tenía para recuperarme.

—Rowe no es el único que me decepcionó, por lo que entiendo —dijo lentamente arrastrando las palabras—. Defender a nuestro pueblo. —Aurora se puso en pie y tomó un par de pasos hacia donde Nyx permanecía de rodillas—. Fuiste enviada para asegurar a nuestra querida hermana y protegerla de los Nightwalkers, y sin embargo he oído que ha pasado todo su tiempo aquí en la tierra como un prisionero de la Fire Starter.

—Traté de encontrarla, pero no pude —dijo la Naturi de cabello oscuro—. La Fire Starter debió haber encontrado una manera de mantenerla oculta de mi. No pude encontrarla como deseabas —admitió, a continuación, alargó la mano y tomó la

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mano de Cynnia en la suya, una sonrisa frágil se formó en las comisuras de sus labios rojos—. Pero ella está a salvo. Está de vuelta en casa y a salvo con nosotras.

Vi que Cynnia apretó las manos de su hermana entre las suyas mientras las lágrimas se deslizaban en silencio por sus mejillas. Hubo alivio en su expresión. Sabía que al final Cynnia había empezado a preguntarse si su querida hermana Nyx era parte del complot para matarla también, pero parecía que Nyx simplemente estaba tratando de protegerla.

—Fallaste —gruñó Aurora—. Tu trabajo como defensor de nuestro pueblo es responsabilizarte de todos, especialmente de la familia real. En primer lugar, Cynnia fue sacada de su casa y traída a la tierra, y luego estuvo presa de un Nightwalker. Su existencia dependía de la simple premisa de que nosotras la protegiéramos y fracasaste, un niño que nunca tuvo la intención de vivir.

—Lo hice lo mejor que pude. No sé cómo se las arregló para llegar a la Tierra. He buscado por todas partes a Cynnia. Daría mi vida por ella —sostuvo Nyx, cayendo a sus pies.

—Y por lo que sé —dijo Aurora con una amplia sonrisa—. No protegiste a la joven princesa, por lo que tu castigo es la muerte.

—¡Aurora! —gritó Cynnia.

—¡No puedes hacer esto! No te he fallado —argumentó Nyx, con la mano derecha flotando cerca de la empuñadura de su espada como si ella se estuviera preparando para ser atacada en cualquier momento. Esta Naturi era un luchador nato, y no estaba dispuesta a permanecer tranquilamente en la noche como su hermana mayor quería.

¡Mira! ¿Qué está pasando? Exigió de pronto Danaus a mis espaldas.

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Aurora está limpiando la casa, le contesté. No creo que ella confiara en los que la rodeaban, y ahora que tiene previsto comenzar un nuevo reinado de poder aquí en la tierra, quiere estar rodeada únicamente por los que puede confiar.

En cuanto volví mis pensamientos a Jabari, repetí mi suposición por la situación, y le pregunté: ¿Esto no la dejará vulnerable?

Posiblemente, me respondió pacientemente. Sólo si ella no tiene sustitutos ya elegidos. He visto hacer esto una vez antes. Un nuevo Señor de Nightwalkers asume el control y destruye al Aquelarre existente, reemplazándolo con miembros en los que sólo él puede confiar como una forma de solidificar su poder. Aurora tiene dos hermanas más jóvenes, que pueden reclamar el trono, y ella no quiere preocuparse por la línea de sucesión.

Para mi sorpresa, Cynnia habló, con voz fría, implacable, pasando cerca de su hermana en la autoridad.

—Puedes detener la farsa si este es el gran plan que has urdido para acabar con Nyx y conmigo.

Nyx se volvió para mirar a Cynnia, que se ponía de pie con facilidad.

—La mayor confesora de Aurora, Harrow dijo que ella sabía que yo quería ir a la tierra y detener la guerra que Aurora tenía previsto llevar a cabo —le dijo Cynnia a Nyx—. Ella fingió ponerse de mi lado y del de mis deseos, por lo que ella fue la única que me llevó a través de la barrera a la tierra. Una vez allí, trató de matarme, nombrándome traidor a la corona. —En cuanto alzó su cabeza para mirar a Aurora, vi el destello de una sonrisa oscura que provocó un escalofrío en la espalda—. Ella admitió que había sido tu plan matarme aquí y culpar a los Nightwalkers. Ella me lo contó todo mientras la mataba lentamente.

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Aurora no dijo nada mientras regresaba a su asiento en la pared, sus guardias se cerraron en torno a ella. Cynnia dio un paso más cerca de su hermana. Su postura parecía más recta, con los hombros más rígidos de lo que recordaba. Mirándola ahora, me di cuenta que había sido engañada por la pequeña Naturi.

—Nyx no me encontró porque no quería ser encontrada —se burló—. No tenía ni idea de qué Naturi enviarías y me marcaría como un traidor, o cual podría tratar de matarme. ¿Tu demasiado confiando consorte Rowe? ¿Mi amada propia hermana Nyx? ¿Lo harían ellos por ti? Así que me escondí. —Cynnia se volvió y enfocó en mí una sonrisa maliciosa. En verdad, tenía que devolverle la sonrisa. Vi su plan ahora y era brillante. Se había escondido en los brazos de su enemigo, sabiendo que iba a mantenerla con vida mientras ella demostrara su utilidad. Y como hermana de la reina, ¿cómo no podía ser de utilidad?

—Bravo —murmuré con un movimiento de mi cabeza. Cynnia reconoció mi comentario con una leve inclinación de cabeza antes de volver a su hermana la reina.

—¡Silencio! —gritó Aurora con voz temblorosa. No estaba segura si estaba hablándome a mí o a su propia hermana. Su hermoso rostro estaba enrojecido y las manos se cerraban en puños sobre el regazo—. Eres una traidora a la corona.

—No soy una traidora porque quiero algo distinto a la guerra sin fin con los humanos y los Nightwalkers que tú has planeado. No es traición a la patria el querer la paz —dijo Cynnia de vuelta.

—No se puede vivir en paz con los humanos —gritó Aurora, tambaleándose hacia adelante sobre sus pies—. Están destruyendo la tierra y yo soy su protectora. He vuelto, y ahora volveré a la tarea de limpiar la tierra de toda vida humana para que la Gran Madre pueda volver a florecer.

—Estás equivocada —dijo Cynnia, rebosante de confianza en esas dos palabras—. La tierra se ha recuperado con una nueva amante que la protege. Tu reinado ha terminado.

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—¡Pequeña bruja confabuladora! ¡Nunca me sucederás como reina de los Naturi! — rugió Aurora.

—Sí, lo haré —dijo con calma Cynnia y luego se volvió a mirarme directamente a mí—. Después de que la protectora de la tierra te destruya. —Fue entonces que me di cuenta que estaba hablando de mí, la nueva protectora de la tierra.

—Nyx, si deseas salvar a Cynnia, agárrala ahora. —Fue la única advertencia que estaba dispuesta a dar. Cynnia me había utilizado, pero por ahora parece que habíamos tenido un objetivo común. Por esa razón, yo estaba dispuesta a mantenerla con vida, pero mi enfoque estaba en la destrucción total de Aurora.

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CAPÍTULO 29 Traducido por **Liseth_Johanna18** Corregido por Virtxu

P

or primera vez, Aurora encontró mi mirada. En ese momento, vi todo el odio por lo que supe que ella me culpaba por la caza de los Naturi, su fallo al escapar durante cinco largos siglos, y ahora la pérdida de sus hermanas y su consorte. Yo era la raíz de todos sus problemas—la problemas Fire Starter.

Pero la expresión duró menos de un segundo antes de que su rostro quedase limpio de toda emoción. No importaba. portaba. Yo lo había visto, y había traído una gran sonrisa a mi cara. Quería que ella me odiara. Quería que me odiara con la misma virulencia sin sentido con la que yo odiaba a su clase.

―¿Ella ¿Ella es la nueva protectora de la Tierra? ¿La Fire Starter? ¿Una Nightwalker? ―demandó ó Aurora, moviendo su mano hacia mí—. mí . Eso es imposible. Los Nightwalkers no tienen ningún vínculo con la Tierra.

―Y aun asíí ella puede controlar el Fuego ―contó ó Cynnia rápidamente.

―¡Eso ¡Eso es todo lo que puede controlar! ―espetó Aurora, su temperamento se desvió un poco antes de que pudiera controlarlo. Observándola, estaba empezando a ver similitudes entre ella y su hermano menor Nerian. Ambos tenían una locura por sí mismos, una necesidad apremiante de controlarlo todo…. las situaciones situacione y las personas.

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―Sé que ella puede hacer más ―respondió Cynnia, cada vez más tranquila a medida que su hermana se hacía más irracional y desesperada—. Puede oír a la Tierra hablar. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que La Gran Madre habló contigo?

¿De qué está hablando ella, Mira? Demandó Jabari mentalmente con una voz un poco demasiado dulce que me hizo encogerme. Una parte de mí simplemente no quería sobrevivir a lo que venía así no tendría que responder a las preguntas que se arremolinaban alrededor del cerebro del Anciano.

¿Somos nosotros tres los únicos que quedan vivos? Inquirí, obviamente evadiendo su pregunta.

No, hay muchos más, pero estamos rodeados e inmovilizados. No podemos esperar llevarlos directamente.

Yo había sabido eso incluso antes de que Jabari enviara esas pocas palabras a través de mi cerebro. No podíamos llevarlos directamente. Arrodillándome como estaba, cerré los ojos y me incliné con mi mano derecha para deslizar los dedos a través del frío césped. Bajo mi mano pude sentir el pulso profundo de la tierra golpeando a través de la tierra y en el aire circundante. El hechizo que Rowe usó para abrir las puertas no había utilizado toda la energía en el área, como en las antiguas localizaciones de los sacrificios. De hecho, se sentía como si el poder estuviese creciendo cada vez más fuertemente mientras más me sentaba allí. Una vez más, presionó contra mi piel y demandó que lo notara, como un gato que quiere afecto.

Frunciendo el ceño, abrí mis ojos de nuevo para encontrar a Aurora observándome de cerca. Se dio cuenta de que algo estaba pasando, y yo le devolví la sonrisa. Deseaba tener más tiempo para experimentar con este nuevo poder, pero simplemente no habría tiempo para convertirme en una experta en magia de la Tierra. La Fire Starter iba a tener que hacerlo.

―¿Puedes oírla? ―pregunté, ladeando mi cabeza hacia un lado como si escuchara una voz susurrante—. Está enfadada. Y quiero decir regiamente enfadada.

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―¡Por supuesto que está enfadada! ―gritó Aurora, dando un paso hacia mí por primera vez. Los guardias le siguieron al lado, mientras el que tenia la espada presionada contra la parte trasera de mi cabeza pasó el borde de su arma en la parte trasera de mi cuello, como cavando allí. Estábamos todos en equilibrio sobre un cuchillo, y yo estaba a punto de despistarnos.

―Ya no está buscando un gran protector, Aurora ―murmuré, presionando la palma derecha contra la Tierra. Cerré los ojos al mismo tiempo que presionaba mi mano izquierda contra mi pecho, sobre la herida que Cynnia había hecho justo la otra noche, esencialmente cerrando el paso a través de mi cuerpo, forzando a la energía a brotar dentro de mí—. Está buscando un ejecutor. Un arma. Y eso es lo que hago mejor.

¡Saquen a todos de aquí! Fue la única advertencia que tuve tiempo de enviar a Danaus y Jabari.

Rodando sobre mi costado, fuera del alcance del Naturi que había estado custodiándome, inmediatamente le prendí fuego. La llama anaranjada y amarilla lo envolvió. Balanceó su espada ciegamente en mi dirección dos veces antes de caer muerto. Intenté crear más fuego, pero Aurora estuvo allí en un instante, alejándolos de nuevo. Frustrada, recogí la espada del Naturi caído determinada a derrotar a mis oponentes uno por uno. Pero éramos superados en número cincuenta a uno. ¡Danaus, necesito tu energía! Le grité mientras era rodeada por cuatro Naturi, cada uno intentando decidir quién me atacaría primero.

No funcionó la última vez, combatió él, sonando tan acosado como yo.

Empuja la energía de la Tierra fuera de mí primero. Justo como en Creta.

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El primer Naturi atacó, y yo desvié el golpe mientras esquivaba el segundo. Lo reduje en un tercio, cortándolo en el estómago, logrando conseguir que retrocediera un paso.

Y luego eso me golpeó. La cálida energía de la Tierra fue purgada de mi cuerpo en una creciente, seguida por la propia energía rompe huesos de Danaus. Caí sobre mis rodillas de nuevo mientras el dolor se arremolinaba a través de mi cuerpo en una alarmante velocidad. Grité, dejando caer la espalda de mis lánguidos dedos. No había tiempo para pensar o concentrarse. Podía sentir el bori en Danaus, reconocerlo después de nuestro anterior encuentro, y estaba hambriento. Su poder me consumió y luego volvió a través del campo. Observé mientras los cuatro Naturi a mi alrededor eran instantáneamente reducidos a cenizas mientras destruíamos sus almas en un parpadeo. Girándome, localicé a Danaus y a Jabari a varios metros de mí, rodeados de Naturi. Un segundo después esos Naturi también desaparecían en un puff de gris y blanca ceniza.

―¡Mátenlos! ¡Mátenlos a todos! ―gritó Aurora a los Naturi que nos rodeaban.

―No! ―gritó Cynnia al mismo tiempo. Ella trató de correr hacia mí, pero Nyx sostuvo sus brazos, trayéndola de regreso—. ¡No se supone que sea de esta forma! ¡No se suponía que nos destruyeran a todos!

Sabía lo que quería decir. Ella había esperado que yo destruyera a Aurora y al resto de la nación Naturi que la siguiera. No había esperado que aniquilara a tantos de los de su clase para conseguir a su querida hermana.

Y para ser sincera, sabía que estaba perdiendo el tiempo y la energía de Danaus matando a aquellos Naturi a nuestro alrededor. Aurora era mi meta. Siempre lo había sido. Reuniendo la mayor cantidad de energía del cazador que pude, giré mi atención a la reina, quien estaba de pie con la espalda contra el muro, rodeada por una pared de Naturi. Su hermosa cara se retorcía con rabia mientras gritaba órdenes a su gente para que me mataran. Aunque después del pantallazo de poder que Danaus y yo habíamos mostrado, ahora se acercaban a nosotros dudosos.

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Dejé a mis ojos entrecerrarse y mis sentidos extenderse para encontrar el alma de la reina de los Naturi. No era difícil de encontrar. Era un gran faro de luz en el centro de toda la oscuridad que llenaba el valle. Las almas de los otros Naturi eran solo delgados jirones de humo en comparación con la luz que emanaba de ella. Con la energía de Danaus envuelta dentro de mí, ataqué al faro de luz. Pero nada sucedió. Vertí todo lo que tenía para triturar su alma, incinerarla desde adentro hacia afuera, pero ni siquiera se abolló un poco.

Detrás de mí, escuché a Danaus gritar, y al mismo tiempo su energía me dejó. Delante de mí, la risa de Aurora sonó a través de la montaña. Ella sabía que no podía matarla mientras hubiese asesinado a tantos de su propia clase. Ella era pura energía de la Tierra y no podía ser asesinada por algo que era mitad bori y mitad lo que sea que yo era ahora.

―¡Mátala, Mira! ―gruñó Jabari detrás de mí—. Eres el arma del Aquelarre. ¡Te ordeno que la mates!

―¿Matarme? No puedes tocarme, pequeña Nightwalker ―se mofó Aurora—. Soy la reina de los Naturi, protectora de Tierra. No puedes dañarme.

Empujándome sobre mis pies, me balanceé una vez y elevé la cabeza para ver a la mujer con el cabello dorado que sería el castigo de mi gente. Mentalmente me extendí hacia Danaus pero ya no pude sentirlo. Una onda de dolor se situó en mi pecho y la rabia hirvió en mis venas. El bori que tenía a mi disposición para su destrucción ya no estaba. Tenía que recurrir al otro poder que tenía en la yema de los dedos y rezar que fuera suficiente para destruirla. Tal vez Cynnia estaba en lo correcto, que había sido elegida por la Tierra para ser su más nueva arma—reemplazando a Aurora. Solo podía esperar eso.

Esbozando una respiración profunda, me extendí hacia la energía de la tierra que sentía girando a mi alrededor, empujando contra mi piel y enroscando sus dedos en mi pelo. La empujé dentro de mi cuerpo, permitiéndole llenar los lugares donde la energía de Danaus había estado una vez. Se impulsó hacia dentro y mentalmente cerró el hoyo que Cynnia había dejado en mi pecho, sosteniendo la energía dentro de mí de forma que llenaba mis células y se vertía en la médula de mis huesos. La energía 378


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me llenó hasta que mi alma estuvo gritando y el monstruo que acechaba dentro de mí, gritó por el dolor. Sentí como si estuviese suicidándome con la cegadora luz del sol.

Con un barrido de mi mano, los Naturi que rodeaban a Aurora explotaron en un rugido de llamas como un conjunto de velas Romanas. La reina gritó con frustración y sorpresa. Podía sentirla ejerciendo su propia energía para correrlos, pero yo no lo permitiría. Empujé más energía hacia el interior de mi cuerpo y rodeé a Aurora y a mí misma con una pared de llamas azules como las que tenía en la entrada del Santuario, estableciendo un perímetro. Las llamas alcanzaron más de diez pies en el aire y la separaron del resto de su gente. A mí alrededor, podía sentir a Aurora y a los otros miembros del clan de la Luz luchando por alejar las llamas, pero yo estaba enviando la energía directamente desde la tierra, abasteciéndola con su rabia. Las llamas nunca se agitaron.

―¡No me tocarás! ―gritó Aurora cuando lentamente cerré la distancia entre nosotras. Ella estaba de pie, recta y erguida, con su espalda presionada contra la pared cercana, sosteniendo la barbilla en alto—. No puedes quemarme.

Arriba, los Naturi del viento habían ido a los cielos y estaban tratando de volar sobre las llamas, pero los detuve con una nueva agitación de la mano. Sus alas de plumas y de piel al instante ardieron en llamas, enviándolos en caída hacia la tierra. Nadie iba a salvar a Aurora.

Dentro de mí, podía sentir la energía de la Tierra acoplándose, preparándose para un golpe final contra la reina de los Naturi. Sonreí, preguntándome si tal vez la Tierra la quería tan muerta como yo. Aunque, al mismo tiempo, pude sentir la energía alzándose dentro de Aurora. Ella estaba lista para protegerse a sí misma.

Una sonrisa se dibujo en mis labios, exponiendo mis blancos colmillos en la parpadeante luz de las llamas. Cerré la distancia entre nosotras en un parpadeo, hundiendo la daga que había sacado de mi costado en lo profundo de su estomago. Ella había estado esperando un ataque mágico, dejándola completamente vulneraba a un ataque físico. Pero entonces, yo siempre había sido un poco más práctica. Quería sentir su cálida carne en mis manos, su sangre fluyendo sobre mis manos mientras, lentamente, empujaba la daga desde su estomago hacia su corazón. 379


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Aurora gimió sin aliento, su boca se abrió en un silencioso sollozo mientras sus ojos se ampliaban con el dolor rasgando a través de su frágil cuerpo. El poder que yo había sentido creciendo dentro de ella se disipó.

―Matarte se siente como matar a tu hermano ―me burlé—. Hay la misma mirada de sorpresa en vuestras caras.

Antes de que pudiera alcanzar su corazón, un enorme dolor punzante se hundió en mi espalda, perforando mi corazón desde atrás. Mi atención había estado en Aurora por completo y había bajado la guardia. Alguien había logrado atravesar las llamas y me había apuñalado por la espalda.

―Libérala y no cortaré tu corazón, pequeña princesa ―gruñó una voz demasiado familiar. Rowe había regresado.

Solté la empuñadura de la daga y coloqué la mano derecha a mi lado, lejos de Aurora, que ahora se deslizaba por la pared. La sangre empapó sus ropas de color blanco puro, y su rostro fue cambiando rápidamente a un tono gris enfermizo. Ella estaba perdiendo sangre muy rápido, pero yo sabía cómo tan rápido podía sanar un Naturi con la ayuda oportuna.

―Ella te desterró ―dije en tono áspero, mientras Rowe seguía sosteniendo el cuchillo en mi espalda, con su mano izquierda agarrando con firmeza mi hombro izquierdo para que no pudiera moverme—. Te abandonó después de lo que hiciste. ¿No crees que se merece esto?

―Ella era mi reina ―lanzó él, girando el cuchillo de forma que gritase de dolor.

―Te dio la espalda. No merece tu lealtad.

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―Algunas veces la lealtad es todo lo que tienes ―dijo justo antes de arrastrar el cuchillo fuera de mi espalda de nuevo. Me empujó hacia delante con unos cuantos tropezones. Me giré y caí sobre mis rodillas con la intención de lanzarle una bola de fuego, pero Rowe ya se había dirigido al aire en un torrente de viento. Sus enormes alas blancas fueron lanzadas a lo ancho como un raptor gigante partiendo hacia el cielo cubierto de nubes negras que estaba sobre su cabeza.

Arrodillándome en el suelo, disminuí las llamas azules que nos habían rodeado a Aurora y a mí. Estaba lista para morir. Ya no tenía fuerzas para luchar. La energía proveniente de la tierra aún revoleteaba a través de mí, pero no podía sanar la herida en mi espalda. La sangre estaba saliendo a borbotones de mi cuerpo, debilitándome cada segundo que pasaba. Estaba empezando a creer que esta arma al fin había alcanzado el final de su utilidad.

Para mi sorpresa, mientras las llamas se desvanecían, descubrí que una gran horda de Naturi no esperaban por mí. De hecho, sólo unos pocos estaban ahí. Una cantidad de cuerpos indicaba que algunos habían sido asesinados en batalla, pero la mayoría solo habían desaparecido.

A unos pocos pies de distancia estaban de pie Jabari y Nyx. Ambos de sus cuerpos estaban llenos de tensión, pero ninguno estaba preparado para atacar. Por la esquina del ojo, vi a unos Naturi acumularse al lado de Aurora y levantarla gentilmente. La cargaron hacia la entrada de Machu Picchu—el acceso más cercano a la maleza que lo rodeaba y al corazón de la naturaleza.

―¿Donde? ―susurré, mirando alrededor de las ahora, aparentemente vacías, ruinas.

―Cynnia ha guiado a muchos de los de nuestra clase fuera de este lugar de muerte ―respondió Nyx, sus ojos se movieron lentamente de Jabari a su lado y luego hacia mí—. Las cosas están cambiando. Algunos están dispuestos a aceptarla como la próxima reina.

―Aurora no está muerta. Por lo menos no todavía. Aún podría sobrevivir… ―dije, yendo a la deriva. Era la segunda vez en toda mi vida que había fallado en matar a un Naturi 381


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en esta montaña. Hace cinco siglos había dejado a Nerian destripado aquí, asumiendo que él jamás sobreviviría a las heridas. Él me probó que estaba equivocada. Y ahora, no había podido cortar el corazón de Aurora antes de que Rowe me atacara.

―Sí, aun podría sobrevivir ―dijo Nyx con una inclinación de cabeza. Su voz era suave y tranquilizadora como el arroyo de un bosque corriendo a través de las piedras resbaladizas—. Y algunos la seguirán.

―¿Y a donde nos lleva eso? ―demandó Jabari.

Para mi sorpresa, una media sonrisa torció las comisuras de su boca mientras miraba de mí a Jabari.

―A la espera.

―¿A la espera? ―jadeé. Me limpié un poco de sangre de la barbilla. Mi cuerpo no estaba sanando. Estaba muriendo lentamente en esta miserable montaña.

―Si Aurora sobrevive, habrá dos partes. Los Naturi tendrán mayores problemas por los cuales preocuparse que los Nightwalkers y los humanos. No seréis nuestra principal preocupación, por ahora ―dijo Nyx. Retrocedió unos pasos lejos de Jabari y dobló hacia adelante un par de alas con rica piel blanca que crecieron fuera de su espalda en cuestión de segundos.

―¿Y qué con lo que dijo Cynnia? ¿Acerca de mí, siendo la nueva protectora de la Tierra? ―grité antes de que ella pudiese irse por los aires.

Una iluminada sonrisa salió de Nyx y ella sacudió la cabeza.

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―Pensé que esa era una buena táctica. Golpeando lo suficiente el miedo de Aurora. ¿No caíste en esa tontería, o sí?

―Era algo que considerar ―admití.

Nyx sonrió lentamente de nuevo.

―¿Una Nightwalker como protectora de la Tierra? Que pensamiento más gracioso.

―Toma mi consejo ―dije, apoyándome sobre mi mano derecha—. Termina con Aurora y ahórrate el problema.

Nyx me lanzó de nuevo su enigmática media sonrisa y sacudió la cabeza una vez.

―Soy la defensora de nuestra gente. No el arma de la Tierra.

Y luego abrió las alas, capturando el viento que se arremolinaba a través de la montaña, conduciéndola lejos de aquí. Dejándome sola con Jabari y mi inminente muerte.

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CAPÍTULO 30 Traducido por Virtxu Corregido por Julia107

J

abari poco a poco se volvió hacia mí, con una expresión sombría en su hermoso rostro. Forcé una débil risa a salir de mi boca entreabierta mientras se acercaba. No me podía imaginar lo que estaba pensando en ese moment momento, pero estaba a punto de averiguarlo. La herida en mi espalda estaba empezando a cicatrizar lentamente y el diluvio de sangre estaba disminuyendo. Sobreviviría al apuñalamiento mientras no sufriera ninguna lesión más de mi amado Jabari durante los próximo próximos minutos. Pero tenía mis dudas.

—Protector de la tierra —murmuró murmuró pensativo, rascándose la barbilla mientras me miraba.

—Pensamientos Pensamientos de fantasía de una Naturi desesperada —dije, dije, tratando de quitarle fácilmente importancia al título. Había sido algo que que Cynnia hizo con el fin de atemorizar a su hermana. También me dio la confianza para sacar tanta energía como pudiera de la tierra para atacar a Aurora y casi ganar—. ganar . Ella necesitaba a alguien para matar a su hermana. Yo era su mejor opción en ese momento. moment Cynnia habría dicho cualquier cosa para poner un poco de miedo en los ojos de su hermana.

Sí, pero tu despliegue de poder plantea algunas preguntas interesantes —dijo —Sí, Jabari—.. Nunca te he visto controlar tanto fuego a la vez, y tan hábilmente. Uno podría odría pensar que por fin has conseguido dominar tu habilidad. Es aún más interesante que te las arreglaras para incinerar a los Naturi que podrían haberte atacado desde arriba. ¿Alguna vez los miraste o pudiste sentirlos por tu cuenta?

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—Jabari, todo esto es nuevo para mí —dije rápidamente. Llevé la mano derecha libre a través de mi pelo, tratando de moverlo de delante de mis ojos, pero el dolor cortó a través de mi cuerpo con el movimiento. Mi cuerpo aún se estaba recuperando—. No estoy segura de lo que puedo hacer.

El Anciano levantó su mano sobre mi cabeza y me tiró a mis pies al instante, como una marioneta en un juego de cuerdas. Yo flotaba en el aire, mi cuerpo temblaba con su potencia de bombeo a través de él. Un nuevo dolor sacudió mi cuerpo, y fue lo único que podía hacer para tragar de nuevo un gemido. Estaba agotada. Con la energía que fluía a través de Jabari a mi cuerpo, no había manera de que pudiera coger el poder de la tierra incluso para defenderme. Era uno u otro. Los dos no podían coexistir dentro de mi sistema.

—¿Qué? —le dije bruscamente, levantando la cabeza para que finalmente pudiera mirarlo a los ojos—. ¿Tenías miedo que hubieras perdido la capacidad de controlarme? ¡No, no soy tan afortunada! Sigo siendo un títere en una cuerda para ti.

—¿Y este poder de la tierra puedes manejarlo ahora? —preguntó, casi con cortesía.

Negué con la cabeza. —Sólo en circunstancias especiales, como cuando realizan un sacrificio. Necesito que haya una gran cantidad de energía en la tierra para que pueda acceder a ella. Tampoco puedo manejarla cuando un miembro de la tríada está tratando de controlarme. La magia de la tierra y la magia de la sangre simplemente no se mezclan.

—Hmmm... —dijo en voz baja, ladeando la cabeza hacia un lado mientras me miraba. Estaba harapienta con la ropa rasgada, manchada de sangre. Mi piel estaba cubierta de sangre y suciedad, mientras que mi pelo estaba arrastrado por el viento y enmarañado. No me parecía a alguien que había derrotado a Aurora y a la gran horda de Naturis. ¿Finalmente había sobrevivido a mi utilidad? ¿O todavía encontrarían alguna tarea sucia para que yo hiciera poniendo mi vida y las vidas de los otros que me rodeaban en peligro?

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—Supongo que es una suerte para ti que la tríada ya no exista. —Bajó la mano y me desplomé en el suelo como un montón de basura. Le vi alejarse un par de pies y luego desaparecer por completo. Me di cuenta entonces que el cielo se había aclarado con una pálida sombra de gris. El alba estaba llegando.

Me tendí en la fresca hierba, a la espera de que saliera el sol. No podía sentir a otros Nightwalkers en la región. Pero no importaba. En ese momento estaba lista para la muerte. Había hecho mi gran hazaña y había cerrado las puertas y, si era muy afortunada, había matado a Aurora. Ya me había ganado el cielo o el infierno, si es que existía, eso ya no parecía importante. Sólo quería dormir, preferiblemente para siempre.

—Levántate, Mira —me ordenó una voz dolorosamente familiar.

Traté de sonreír, pero ésta salió torcida, ya que sólo pude reunir la fuerza necesaria para levantar una esquina de mi boca.

—Vete, Danaus. No estoy de humor para matarte —murmuré, renunciando a tratar de abrir los ojos. Pude sentirlo cerca de mí, de pie a unos metros de distancia.

—El sol va a salir pronto —me recordó, sin necesidad.

No hice caso de su declaración. ¿Por qué decir lo obvio? Jabari me había dejado a la combustión nuclear del sol. No sería tan malo. Estaría dormida antes de salir el sol. No sentiría nada. No era una de las peores maneras de morir. Debería saberlo, ya que mi propia clase me infligió un gran número de ellas.

—Pensé que estabas muerto —dije, cuando por fin pude hablar por el nudo que había crecido en la parte posterior de mi garganta. Cuando su presencia desapareció de repente, mientras yo luchaba contra los Naturi, sólo podía suponer lo peor, que había sido asesinado. No había tiempo para echar una mirada alrededor para buscarle, no había tiempo para volver atrás y comprobar su pulso. 386


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—Fuera de combate —dijo. Sacudió la cabeza al entrar a la vista, de pie sobre mí, mientras yo yacía en la hierba—. Creo que Jabari realmente me protegió un par de veces —admitió.

—Supongo que todavía le eres de uso —le dije ominosamente, empujando mis ojos a abrirse para que pudiera mirar hacia el cazador.

—Estoy seguro de que tendrá un uso para los dos hasta que se haya asegurado su control total del Aquelarre —dijo Danaus con el ceño fruncido—. Ahora, levántate.

Mis ojos se cerraron mientras pensaba en el mundo que aún tenía por delante de mí. Seguía siendo el títere de Jabari y Danaus. Era un miembro del Aquelarre de los Nightwalker, sobre el cual no tenía dudas de que tanto Macaire como Elizabeth me querían muerta. Los Naturi andaban sueltos, sin importar si ellos nos querían muertos o no en este momento exacto. Ah, y todavía estaba el plan de Nuestro Señor de acelerar el Gran Despertar a este próximo año, mostrando a todo el mundo que los Nightwalkers y los licántropos realmente existían, creando una gran guerra entre las distintas razas.

Me sentía agobiada, como si todo el mundo estuviera descansando en mi pecho. No tenía ningún deseo de moverme, sin ganas de seguir adelante, para luchar y arriesgarme a morir. Estaba cansada. Ya estaba hecha.

—Vete, Danaus, por favor —murmuré con un suspiro suave.

—No puedes renunciar. Los Naturi están sueltos —dijo. Le oí arrodillándose a mi lado en la hierba, su voz sonaba más cerca.

Agotada, me obligué a abrir mis ojos para mirar al cazador. Su rostro estaba demacrado y sus ojos estaban cansados, pero de alguna manera encontró la energía para seguir moviéndose. 387


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—Vuelve a Themis. Dile a Ryan. Dile todo —dije. El brujo tenía que saber todo antes de que fuera demasiado tarde. Ryan sería capaz de advertir a todos acerca de la fuga de Aurora y del resto de los Naturi. Había que decirle al brujo acerca de Nuestro Señor y de los planes para el Gran Despertar. No quería una guerra, pero los licántropos y todos los demás no podían estar distraídos cuando finalmente los Naturi dejaran de luchar entre sí y decidieran que había llegado el momento para atacar a las otras razas, una vez más.

Con un gruñido suave, Danaus me puso en sus fuertes brazos y se levantó. Grité en voz baja por el repentino movimiento y apreté los ojos cerrados de nuevo. No sé cuánto tiempo me llevó, el tiempo parecía escaparse mientras luchaba para mantenerme consciente. El albergue estaba muy lejos para llegar antes del amanecer. Sólo cuando de pronto el aire se convirtió en un frío glacial y ya oscurecía una vez más, me di cuenta que me había llevado al Templo de la Luna. Estaba en un acantilado en el lado de la montaña que se alzaba al lado de Machu Picchu, con cuevas alcanzando profundamente en sus entrañas. Aquí estaría a salvo del alcance de los rayos del sol.

Danaus me tendió en el suelo y luego se sentó, dando un gran suspiro. Abrí los ojos, pero tenía problemas para ver su rostro en la oscuridad. Deslicé la mano por su brazo y tomé su mano, apretándola ligeramente. No había amenaza de ningún poder que desprendiera mi carne de mis huesos, sólo su piel caliente presionando contra la mía.

—Nuestras batallas no han terminado —murmuró—. Pero tendrás que tomar un vale. No estoy dispuesto a matarte ahora mismo.

Me entraron ganas de reír. El muy cabrón hizo una de sus bromas y yo no tenía fuerzas ni para reír. Lo mejor que podía hacer era perder el conocimiento otra vez, sosteniendo su mano.

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EPÍLOGO Traducido por Rihano Corregido por Julia107

L

a música gritaba desde la pista de baile, baile, palpitante contra las paredes con sus bajos profundos, bailarines en movimiento que ansiaban olvidar sus corazones rotos y vidas decepcionantes. Me quedé mirando a la gente vestida de negro llenando The Dark Room. El poco iluminado club de baile estaba estaba lleno, pero eso no era sorprendente para un viernes por la noche. Yo había venido aquí para olvidar lo que había ocurrido entre las piedras blancas y grises de Machu Picchu. Pero no estaba teniendo mucha suerte. Los recuerdos parecían acechar en cada rincón de mi cerebro. Un dolor fantasmal se había desarrollado desarrollado constante en mi espalda donde me apuñaló Rowe, a pesar de que la herida había sanado, dejando sólo una pálida línea blanca que coincidía con la olvidada de mi pecho hecha por Cynnia.

Hace dos meses me había despertado en las cuevas relacionadas con co el Templo de la Luna sola y adolorida, pero aún con vida. Un mudo testimonio de mi propia suerte. Tropezando por la montaña, había regresado a Cuzco y tomado un avión privado de vuelta a mi amada Savannah. El mundo se estremeció y lamentó la pérdida de tantas t vidas en el sitio histórico, pero los motores de las relaciones públicas ya estaban agitándose. Un grupo de insurgentes políticos fueron culpados por las muertes, tanto en Machu Picchu como en Ollantaytambo, y cualquier prueba discutible, como los cuerpos erpos calcinados de los Naturi, fue barrido rápidamente bajo la alfombra. Las preguntas se seguían haciendo e Internet zumbaba con la especulación, pero nuestro secreto estaba a salvo por ahora.

Sin embargo, incluso ahora, la seguridad colgaba peligrosamente peligrosamente cerca de la destrucción. Mientras las puertas habían sido cerradas entre nuestro mundo y el de los Naturi, muchos se habían deslizado a través de ellas y aún estaban al acecho en las sombras. Aurora estaba en nuestro mundo. Sabía que ella no estaba m muerta, no importaba lo mucho que quería que así fuera. Su gente había encontrado una manera de curar la herida. Me maldije a mí misma y a mi propia debilidad. Debería 389


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haber hecho caso omiso a Rowe y terminado el trabajo. Debería haber cortado el corazón de Aurora, dejando que Rowe cortara el mío. Pero fui débil.

La reina de los Naturi aún no había actuado, pero sabía que era sólo cuestión de tiempo antes de que ella formulara un nuevo plan de ataque. Ella tenía su propio modo para lidiar con el momento. Pero yo no tenía ninguna duda de que estaba en la parte superior de su lista de tareas pendientes. Me desperté sobresaltada todas las noches, casi esperando encontrar a un Naturi parado sobre mi cama con una estaca en la mano.

Por ahora, mi única preocupación era mantenerme viva y a mi recién formada familia. Tristan permanecía taciturno y abatido por la muerte de Sadira. Estaba acostumbrado a jugar el papel del criado cariñoso. Yo no quería a nadie bajo los pies y no necesitaba un sirviente. Pero le dejé quedarse. Algo en su mirada me recordó a Michael, cuyo cuerpo aún no se había encontrado. No podía imaginar quien lo había tomado, y una parte de mí estaba esperando verlo aparecer de repente, groseramente mutilado y descompuesto. No importaba. No pude salvar a mi ángel, pero podía tratar de enseñarle a Tristan formas para salvarse. Tendría que ser suficiente.

Amanda y Knox habían reanudado su vida en Savannah con pocos cambios, a pesar de que parecía que me cuidaban un poco más de cerca que antes. Todos parecían más prudentes ahora que los Naturi estaban escondidos en nuestro mundo. Nadie parecía estar dispuesto a cazar solo, y nuestra relación con los cambia formas estaba irremediablemente rota y hecha pedazos.

La canción en la pista cambió a algo suave... más bajo, más melancólico. Exploré la multitud. No estaba de humor para cazar y no necesitaba particularmente alimentarme. Por extraño que parezca, me estaba aburriendo. Había extrañado mi ciudad, pero ahora que estaba aquí, me sentía inquieta. Me encerraba lejos del resto de los de mi especie como Tristan en un intento de estar sola, pero ahora sentía un afán por estar de nuevo en marcha. Demasiadas cosas habían quedado sin respuesta después de Machu Picchu, y me veía obligada a esperar por que otros actuaran. Una parte de mí deseaba ver a Danaus entrar por la puerta, frunciendo el ceño en su rostro moreno, con noticias de que algo horrible había sucedido. Pero incluso él desapareció después de Machu Picchu. 390


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Un nuevo vacío había crecido en mi pecho cuando pensaba en él. El mundo se había vuelto más frío en su ausencia. De alguna manera me había acostumbrado a la pincelada caliente de energía que emanaba de él, la sensación de sus pensamientos y emociones posicionados en las afueras de mi mente.

Con un suspiro en mis labios, estaba a punto de salir de The Dark Room a buscar un lugar más tranquilo para pasar la noche, cuando sentí que alguien vagamente familiar entraba en el club de baile. Tristan entró por la puerta y visualmente revisé el poco iluminado club, pero él no era el que había despertado mi atención. Hice una pausa y olfateé el aire, capturando la débil insinuación de una colonia que no había olido en mucho tiempo. Poco a poco, levanté mis pies de donde descansaban sobre una silla y los coloqué en el suelo mientras me sentaba. Mis ojos inmediatamente cayeron en un rostro delgado que puso una sonrisa en mis labios. James Parker se acercó pasando a un hombre con un gran tatuaje y con el pelo morado, su mano nerviosamente alisaba la corbata azul oscuro y rojo. Las gafas con montura dorada del investigador Themis brillaban a la pálida luz llena de humo.

Mi lengua golpeó a través de mis dientes y sonreí, los colmillos deslizándose más allá de mis labios. Danaus nunca habría enviado al investigador Themis a mi dominio. Habría venido él mismo si quería algo. Sin embargo, Ryan el brujo de cabellos blancos podría estar interesado en jugar, y él sería el más propenso a enviar un emisario a buscarme.

Tal vez mi noche estuviera mejorando, después de todo.

Fin del libro

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Biografía del Autor Jocelynn Drake

L

a mayor de tres niños, jocelynn creció y sigue residiendo en Cincinnati, la región del Ohio.

Ella comenzó a escribir cuando ella tenía 12 años, pasando todo un verano rescribiendo la historia de Robín Hood en los restos aporreados de un cuaderno.

Mientras la vida ha traído muchos cambios y sorpresas, el amor de escritura y una historia buena ha sido una constante. Cuando no está escribiendo, ella puede ser encontrada con su nariz enterrada en un libro bueno, que vaga por los bosques con su cámara cradled de manera protectora contra su cuerpo, viajando a ubicaciones interesantes, o relajándose con su familia, quien también ha permanecido en el área Cincinnati

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Pray for dawn Oremos por la salvación ... Ruega por la luz del día ...

El asesinato se ha retirado Mira de las sombras y de nuevo en el mundo de los vivos ...

manejo del Coven A medida que el ejecutor de fuego -manejo Nightwalker walker lucha con los fantasmas destruir la mente de su oscuro pasado, el asesinato de la hija de un senador en Savannah amenaza con exponer su clase a la luz brillante del día. El amanecer del caos ha llegado. El Naturi se han liberado de su prisión eterna para alimentarse de los indefensos e incrédulos de una Tierra sin preparación.

Mira y Danaus vampiro y el vampiro asesino - deben unirse para impedir la aniquilación de sus carreras por separado. Pero para Danaus el reto se intensifica , pues también debe e luchar contra la codicia bori que su alma. Y Mira, la Nightwalker que debe proteger - cuyo poder es la última esperanza de la Tierra - es rápidamente perdiendo la razón.

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