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Un sacrificio

J. Llop


-1Cada vez eran menos las cosas que recordaba. Se dio cuenta de que ni siquiera tenía el deseo de recordar. No sabía cómo había hecho para llegar hasta aquel lugar, pero le parecía que llevaba una eternidad allí. Todo era tan confuso. Confuso y al mismo tiempo plácido. Sentía ganas de quedarse tumbada en un rincón hasta que aquel olvido lo cubriese todo. Hasta que todo lo demás perdiese importancia y ya no hubiera nada real a lo que aferrarse. Pero no podía cerrar los ojos. A lo lejos en su conciencia sabía que aún tenía algo que hacer en aquel lugar. No recordaba qué, por más que lo intentara. Pero se resistió a permanecer inmóvil. Su pelo rubio se agitó como movido por una brisa sobrenatural al tiempo que caminaba. Miró alrededor y se do cuenta de que estaba en una discoteca. Todo le pareció tan natural y distante al mismo tiempo. Era como una sensación de irrealidad, de insustancialidad. Parecía que había estado en aquella discoteca muchas otras veces, no podría precisar cuantas. Pero no podía reconocer a nadie alrededor. La gente parecía como una distante película en blanco y negro. Nadie aparentaba darse cuenta de su presencia o bien estaban demasiado ocupados en sus asuntos. Sus rostros le parecieron deformes, sus expresiones carentes de cualquier sentimiento. De pronto sintió miedo. Era como estar en una pesadilla, pero sin la sensación de que puedas despertar en cualquier momento. Corrió hasta la puerta de salida. Sólo deseaba poder salir de aquel lugar, no importaba dónde. Tenía que salir. Subió por unas escaleras hasta la puerta. La salida estaba abierta de par en par y una luz demasiado luminosa, incluso siendo de día afuera, emanaba de allí envolviéndolo todo. Pero no pudo pasar a su través. Una fuerza se lo impedía. ¿Qué era aquella fuerza? ¿Por qué estaba atrapada en aquel lugar de pesadilla? ¿Quién era ella y cómo demonios había hecho para llegar hasta allí? Una lágrima recorrió su mejilla. Se agotaba el tiempo para un final feliz.


-2La discoteca “El Olvido” era conocida por muchachos de toda procedencia y condición. El nombre no podía ser más adecuado por varias razones, entre ellas, que eso era precisamente lo que buscaba la gente allí: olvidarse de la invariable y gris rutina de entre la semana y tratar de encontrar un pedazo de vida perdido entre lo prohibido y las propias fantasías. Era sábado por la noche y la gente se agolpaba en la entrada deseosos de pasar. Entre ellos había un chico con la mirada oculta debajo de una gorra roja que desconocía la importancia que aquel lugar tendría para él. Se llamaba Ricardo. Era bajito, tenía el pelo rapado y una barba de tres días arreglada y sostenía con desgana un cigarrillo en la boca. Buscaba algo en su cartera cuando llegó delante de un par de fornidos porteros de discoteca con cara de pocos amigos. -

Son quince euros.

Ricardo levantó la vista por debajo de la gorra. -

Estoy en la lista de…

-

Hoy no hay listas. Son quince euros.

Ricardo rebuscó en su cartera, pero no tenía esa cantidad de dinero. Torció el gesto poco dispuesto a discutir con aquel ser repleto de músculos y bastante escaso de cerebro. -

No os preocupéis. Viene conmigo. Ven, pasa.

Justo en el momento adecuado había aparecido su amigo Félix, relaciones públicas y también pluriempleado como camello de la discoteca. Félix se arregló el flequillo que le tapaba un ojo y se dirigió para dentro por entre aquellos dos puertas que no pensaron ni por un momento en detenerle. Vestía bien, aunque de manera discreta, y tenía todo el aspecto de un hombre “metrosexual”. Era bastante conocido por las chicas y respectado por los chicos. Era una criatura de la noche, aquel era su ambiente natural. Ricardo y él eran los mejores amigos. Inseparables. Aunque no hacía mucho que se conocían, ambos habían compartido muchas noches y muchas juergas juntos. Y es quizás esa compañía tan extraña la que había forjado un vínculo especial entre ambos. Un vínculo artificial pero tan tangible como el suelo que pisaban. Ambos podían


saber qué pasaba por la mente del otro con tan sólo un cruce de miradas. Ricardo agradecía su compañía sobre todo en noches como esta. Había demasiadas cosas que necesitaban ser olvidadas, al menos por unas horas. Entraron en la discoteca y el ambiente lo envolvió todo. A los lados la gente se sentaba en unos pequeños asientos alrededor de unas mesas, enfrente había una barra circular donde se servían las copas, a un lado unas escaleras que bajaban a los servicios y otras que subían a la planta de arriba, más allá la pista de baile llena de humo, luces de lasers y demás efectos especiales, y a un lado un pequeño recinto donde se encontraba la zona vip con algunos elegidos. Y sobre todo aquello se escuchaba la mejor música electrónica del momento, que se colaba en los huesos invitándote a perderte en aquel lugar. Para Ricardo aquella invitación era demasiado tentadora. Si tuviera que elegir una palabra para definirse en estos momentos, sin duda habría elegido la palabra “perdedor”. “Un perdedor entre otros tantos” –pensó. Aquel año había sido caótico para él. Más que caótico, desastroso. No sólo había perdido trabajo tras trabajo en una inagotable búsqueda por encontrarse a sí mismo. Era como si no encajase en ningún lugar, como si la sociedad se hubiera olvidado de buscar un sitio para una persona como él. Sobrevivía a duras penas haciendo malabares con el poco dinero que conseguía de hacer trapicheos dudosamente legales. Tampoco había tenido suerte en el amor. Su novia le había dejado hace tiempo, decía que era demasiado promiscuo. Lo peor era que tenía razón. Ricardo hace tiempo que había dejado de creer en el amor, y por ende, en las relaciones. Y cada nuevo intento no hacía más que confirmar sus creencias de que todo aquello no eran más que cuentos de fantasía para ingenuos. Pero lo peor había sucedido tan sólo hace unos pocos días. En la última visita al médico, unos análisis rutinarios habían dado positivo en una de las más temidas enfermedades de aquel mundo. Ricardo era seropositivo. Y por ahora, ni tan siquiera su amigos Félix lo sabía. Así se encontraba él, perdido, sin dinero, sin amor y seguramente sin muchas expectativas de futuro. Ya no quedaba demasiado que esperar de la vida, quizás tan sólo el poder atrapar pequeños pedazos


de felicidad de noches como aquella. Ricardo se habría puesto a llorar en aquel momento si no fuese porque hace tiempo que se había olvidado de cómo hacerlo. Algo te preocupa, amigo. Puedo verlo en tu mirada. No, no digas nada. Para eso estoy aquí. Toma, guárdate esto y sígueme. Me gustaría mostrarte algo. Félix le tendió la mano y Ricardo pudo comprobar que le había regalado un pedazo de tripi, una de las drogas con las que comerciaba Félix. Ricardo se lo guardó en el bolsillo y siguió a su amigo por las escaleras que subían a la planta de arriba. Subieron hasta la planta de arriba. Hay estaban los rincones oscuros donde los amantes de cada noche se perdían y un gran agujero vallado que permitía ver la pista de baile donde abajo bullía toda la gente en aquella discotec. Félix le tendió el brazo por encima del hombro mientras observaban a toda esa gente que bailaba y reía abajo, que jugaban a seducirse y a provocarse. Tanta gente, tantas vidas distintas. Todas enredadas por las hebras del destino en aquella discoteca. ¿Qué fuerza era capaz de atraer a tanta gente a aquel lugar? Sin duda eso era algo que no se le escaba a su amigos Félix. Algo te preocupa. Seguramente tu vida te parece algo duro y sin recompensa. Pero mira alrededor. La vida es una gran danza. Aquí es donde los seres humanos dejan de lado sus absurdos artificios, sus burdas leyes y su moral sin sentido. Aquí sólo estamos nosotros con nuestra auténtica naturaleza. La estúpida razón no puede nada aquí contra los instintos. Es la vuelta a lo natural, a lo primitivo, a la verdadera esencia de nosotros mismos. >> ¿No sientes la magia a tu alrededor? ¿No la percibes? Está aquí tan cierta como tú y como yo. Todas estas personas no forman si no una telaraña unida en puntos por cada uno de ellos. Juntos generan más energía de lo que podría soñar la civilización moderna. Y esa energía está ahí, flota en el ambiente y puede ser canalizada. ¿No me crees? Un día lo comprenderás. Ahora todo parece duro, pero tú sabes algo que ellos ignoran. Tú conoces el verdadero sentido de la existencia. Ellos malgastarán sus vidas entre sus casas y sus familias, entre sus posesiones materiales y sus miles de compromisos. Ellos no llegarán nunca a nada real. Jamás comprenderán nada, y por eso, sólo por eso, todo carecerá de significado. Eres afortunado. Oh, sí, en realidad lo eres. Piensa en ello por un momento.


Félix era un mentiroso consumado, un diplomático a ultranza, y sabía siempre las palabras que hacían falta para arrancarte una sonrisa de complicidad. En realidad, en esos momentos cualquier mentira tenía mejor pinta que la cruda realidad.


-3Félix se había perdido entre sus “asuntos nocturnos” y Ricardo se había bajado hace un rato a la planta de abajo a tomarse algo en la barra. Apuraba un JB con limón, su bebida preferida, con la mirada perdida bajo la gorra roja y sosteniendo un cigarro en la mano. Había que olvidar las penas, y no conocía forma más rápida y eficaz de hacerlo que uun par de copas en aquel lugar. Se metió las manos en los bolsillos para buscar otra de las invitaciones que le había dado Félix para aquella noche y por casualidad sus manos tropezaron con un trozo de papel. Lo alzó por entre las luces y vio que se trataba en realidad del tripi que le habían regalado. Lo miró al trasluz. Parecía tan sólo un pedazo de cartón, apenas distinguible de un poco más de basura si lo tiraba al suelo. Los había probado varias veces y siempre le habían resultado muy divertidos, salvo una vez que pilló un mal viaje. Eran los riesgos de las drogas. Uno no podía fiarse nunca de ellas por más que creyese. Todo lo que daban al final terminaban reclamándolo. Uno pensaba que las poseía, cuando lo más cierto sería decir que era al contrario. Sin embargo, lo que prometían a veces era demasiado tentador. La felicidad o la evasión tan fácil y rápida y tan al alcance de la mano. Justo lo que necesitaba en aquella noche Se descubrió por un momento siendo observado. Guardó rápidamente el tripi en el bolsillo y giró ligeramente la mirada por debajo de su gorra roja. Una chica morena de pelo lacio y con una minifalda de escasas dimensiones le sonreía al otro lado de la barra. Era un juego que conocía bien. Apuró sin prisa lo que le quedaba del cigarrillo, se levantó tranquilamente y se colocó al lado de aquella muchacha sin nombre. Lo había hecho miles de veces. Conocía los giros que debía seguir la conversación, totalmente intrascendente, para conseguir lo que se proponía. En este caso la presa era fácil. Recordaba haber visto a aquella muchacha en otras ocasiones y podría apostar que le había mirado con deseo más de una vez. “Esta noche has tenido suerte” –pensó. Al poco tiempo la conversación se trasladó a la planta de arriba, junto a uno de los rincones poco iluminados de aquella parte de la


discoteca. Ricardo invitó a aquella chica a la mitad del tripi mientras él se colocaba debajo de la lengua la otra mitad. Al rato la charla había pasado a ser un intercambio de risas y comentarios disparatados y jocosos. Ricardo aprovechó para besar larga y apasionadamente a aquella extraña en un profundo beso con lengua. Un momento después una de sus manos trazaba sinuosos senderos por debajo de la escasa minifalda que hicieron estremecer y sacar algún jadeo de la boca de ella. Ricardo no solía alardear de sus “conquistas”, pero era consciente de que se había convertido en un gran seductor. Sin embargo, el sexo para él tan sólo era un trámite, procuraba no implicarse sentimentalmente con ninguna de las chicas. Poco a poco se fue que llegando al climax sexual. Ricardo notaba la cremallera del pantalón demasiado abultada y una de sus manos ya había empezado a humedecerse con la excitación de ella. Sus dedos ya no podían para debajo de la minifalda. Ella se mordía el labio para evitar que se oyesen sus gemidos a todo alrededor, lo cual parecía excitar más y más a Ricardo. Llegó un momento en que ella arqueó la espalda y sus ojos se pusieron blancos en un momento de éxtasis. De pronto, como de la boca de aquella chica, pareció sonar una voz distorsionada que no concordaba con su timbre. -

Sálvame… por favor, sálvame…

Ricardo se quedó petrificado por un momento. Entonces, del propio cuerpo de la chica pareció surgir una forma luminosa y fantasmal: la imagen de otra chica de larga melena rubia. Sus labios estaban marcados con una súplica mientras poco a poco se iba alejando de él a lo lejos. La chica morena de pronto salió de su ensimismamiento. Estaba asustada. Parecía como si se encontrase desubicada, como si de pronto no recordara lo que había pasado en el último minuto y tuviera conciencia de que todo estaba fuera de lugar. Se ajustó la ropa, se disculpó y bajó a la otra planta de la discoteca dejando a Ricardo en su más absoluto ensimismamiento. Ricardo había tomado algunos tripis hasta ese momento, pero hasta ahora ninguno le había provocado un efecto parecido tan real. Tardó unos instantes más en convencerse de que todo había sido provocado por las drogas y luego volvió a la planta de abajo.


A pocos metros de él, escondida en las sombras, una chica pequeña con el pelo rojo y vistiendo ropas siniestras tan oscuras como la noche, sabía que en realidad había pasado algo más.


-4Momentos después Ricardo ya casi había olvidado el incidente con el tripi y aquella muchacha. Ni siquiera había comentado lo sucedido con Félix. Se encontraba bailando solo en medio de la pista como ausente a todo alrededor. Le gustaba cerrar los ojos mientras bailaba y perderse en aquella vorágine de luces y sonido. “Eres uno de los elegidos. Has despertado.” Una voz extraña surgió de pronto en su mente. Lo primero que pensó es que estaba aún bajo los efectos de la droga en un mal viaje, pero pronto vio a lo lejos a una muchacha pequeña pelirroja que le observaba con demasiada atención. “No puedo seguir mucho tiempo hablando así contigo. Sígueme, tú ya has abierto los ojos. Yo sólo te mostraré el camino.” Ricardo arrugó el gesto y siguió a esa misteriosa muchacha. Todo lo que estaba sucediendo desde que tomo ese tripi no le gustaba nada. Es más, ya estaba empezando a dejar de ser divertido. Pero por alguna rzón quería llegar hasta el final de todo. La pelirroja se sentó en uno de los asientos de la zona vip y le hizo un gesto para que pasase. Era una zona exclusiva donde sólo los clientes más habituales y conocidos podían entrar y a Ricardo nunca le habían dejado acceder allí. -

¿Qué quieres tomar?

-

Un JB con limón. ¿Y bien?

Antes de nada, me llamo Andrea. Te he estado observando hace tiempo. Yo Ricardo. Imagino que no me habrás hecho venir aquí para tratar de ligar conmigo. No. De eso creo que te ocupas muy bien tú solo. Escúchame bien, lo que te voy a contar te va a parecer muy extraño, aunque creo que ya has empezado a percibir cosas extrañas, ¿no? Pero todo esto es muy importante, quizás vital para ti. Hay demasiados peligros para alguien como tú y como yo en este lugar. -

¿Para dos perdidos de la vida te refieres?


No te hagas el gracioso conmigo. A veces ocurre de forma progresiva, normalmente es más como un fogonazo que surge de repente, pero en cualquier caso es irreversible. Has despertado. Lo que te sucedió arriba con aquella chica no fue producto de las drogas. Tus ojos han empezado a ver lo que tu mente ya sospechaba desde hace tiempo. Hay otra realidad, una realidad que se encuentra por encima de lo que los durmientes conocen como la verdadera realidad. >> La mayoría de las personas permanecen ignorantes a todo esto. Sólo unos pocos consiguen despertar. La mayoría se vuelven locos o terminan en peores destinos. Yo sólo pretendo guiarte, nada más. >> La realidad no es algo objetivo y estático. Es tan manipulable como la plastelina si sabes cómo. Se puede decir que la realidad consiste en todo en lo que los seres humanos creen. Si todas las personas creen en algo eso sucede, se vuelve real. Por desgracia, los seres humanos hace tiempo que dejaron de creer en nada, y por eso resulta tan difícil manipular la realidad, incluso para nosotros. >> Normalmente los despertados tenemos acceso tan sólo a unas pocas esferas de la realidad. Yo desperté a la esfera de la mente y me temo que tú lo has hecho con la del espíritu. Yo puedo comunicarme mentalmente y tú puedes percibir a los espíritus que se encuentran más allá, entre otras cosas. Pero la realidad opone siempre una resistencia a ser manipulada, es lo que llamamos paradoja. >> Cuando uno manipula la realidad deja un rastro de paradoja que los despertados podemos percibir. Es por eso que te he reconocido. Has tenido suerte, otros no serían tan benevolentes contigo. >> Entre los despertados hay varias facciones con distintos objetivos. Están los visionarios del progreso, un grupo de personas totalmente despreciables que tratan a la humanidad como un rebaño de ovejas y los utilizan tan sólo para sus propios propósitos. Tratan de guiar a la humanidad a un fin llamado progreso, algo que tan sólo ellos conocen. Totalmente delecnables. >> Luego están los cultistas del éxtasis. Nos movemos por el mundo de la noche tratando de hacer que la humanidad despierte. Algo realmente complicado, pero no por ello nos rendimos. Somos realmente pocos en comparación con los visionarios Se nos permite existir tan sólo porque nuestro poder es relativamente menor y porque tratamos de no causarles demasiados problemas.


>> Ahora ya sabes todo lo que necesitas saber. El camino que elijas será el que decidas, pero recuerda una cosa: una vez has abierto los ojos no hay vuelta atrás, no puedes volver a cerrarlos de nuevo. Ricardo tiró la colilla de su cigarro gastado. -

¿Has terminado ya? Tengo cosas más importantes que hacer que escuchar todo el surtido de estupideces que habéis inventado. No sé a qué tipo de secta perteneces ni me interesa, pero yo estoy fuera de toda la movida. Lo que pasó ahí arriba es algo que sólo me incumbe a mí y soy muy capaz de moverme sin tu ayuda. Muchas gracias. Creo que me marcho a otra parte de esta discoteca. Espero que no me sigas. Ricardo se levantó y se alejó ante el gesto fruncido de Andrea. Ella se volvió bufando una maldición. A su lado un tipo alto y esbelto con el pelo engominado y ropas de lo más extravagantes dio un pequeño sorbo a su bebida. -

Volverá pronto.


-5Ricardo iba camino del servicio. Necesitaba echarse algo de agua en la cara para despejarse, así quizás los efectos de la droga remitiesen antes. De camino se encontró con su amigo Félix que le saludó y le susurró algo al oído. Te he visto con aquella chica. Sólo te digo una cosa. Ten cuidado. No te fíes ni de tu sombra. Aquí nadie es lo que aparenta ser. Ricardo le agradeció el gesto a su amigo y se marchó al baño a lavarse la cara. Aquella noche en la que tan sólo pretendía olvidar se estaba volviendo demasiado complicada. Se miró a los ojos en el espejo, los tenía ligeramente enrojecidos por el humo. De pronto sus ojos se abrieron en un gesto de asombro. Al otro lado de su reflejo se encontraba aquella muchacha espectral de pelo rubio que había visto antes. Se giró sobresaltado y ella seguía allí, salvo por el hecho de que nadie parecía darse cuenta menos él. -

Sígueme…

Casi como hipnotizado siguió a aquel fantasma a la planta de arriba, al lugar donde le había visto por primera vez. Allí se encontraba él, sentado frente a aquella bella muchacha. Su larga melena rubia y sus ropas se agitaban como movidas por una brisa sobrenatural y todo en ella parecía lejano e insustancial. Había algo en su mirada que le sobrecogió. Una especie de anhelo olvidado, una súplica no pronunciada que le hizo estremecerse por dentro. Él, Ricardo, el perdedor, la persona que tan sólo trataba de olvidar todo en cuanto se había convertido su vida tenía en sus manos la redención o la perdición de aquel ser. Mi nombre es Cristina. Ahora lo recuerdo. No entiendo muy bien por qué, pero cuando estoy cerca de ti es como si volviese a recordar las cosas. Tú pareces ser la única persona que me escucha aquí. No sé dónde estoy no sé cómo he llegado aquí, pero no puedo salir. Tú tienes que saber cómo. Tienes que liberarme. -

¿Pero cómo?

-

No lo sé. Tú eres distinto. Eres especial.


Si pudieses recordar algo más que quizás me fuese de ayuda. Trata de recordar. ¿Quién eres? ¿Cómo llegaste aquí? ¿Qué pasó? El espectro de Cristina volvió los ojos hacia atrás en lo que parecía un duro esfuerzo por recordar algo. Recuerdo cuando finalizó el instituto. Yo estaba enamorada de un chico por aquel entonces. Pero mi chico me dejó por otra y al poco tiempo se suicidó. Creo que no volví a enamorarme desde entonces. Mi vida fue más una sucesión de noches que de días. Me introduje en el mundo de las drogas. También en la prostitución. Todo era demasiado fácil. Mi vida pronto dejó de tener sentido para mí. Entonces conocí a alguien que prometió que me sacaría de allí, que me salvaría. -

¿Quién era esa persona? ¿Qué pasó entonces?

Cristina volvió otra vez la mirada hacia atrás. -

Aquella noche. ¡No! ¡Basta! ¡Aléjate!

De pronto la bella imagen de Cristina se volvió terrible. El pelo se le alborotó de forma imposible y su sola presencia heló el corazón de Ricardo. -

Márchate. Debes marcharte.

Ricardo se alejó apresurado de allí con el corazón en un puño. Ahora sabía que aquello era real. Pero eso no hacía sino complicarlo todo aún más.


-6- Hay un fantasma atrapado en esta discoteca. Andrea sonrió ante las apresuradas palabras de Ricardo. -

¿Y bien? ¿Ya quieres ingresar en nuestra secta?

Déjate de bromas. Esto es muy serio. ¿Cómo se puede liberar a un fantasma? La pregunta más bien es: ¿hasta dónde estás dispuesto a llegar por ese fantasma? Ricardo pareció serenarse un poco y trató de respirar pausadamente un par de veces. Luego miró con gesto impaciente a Andrea. Bueno, creo que ahora debería soltarte un pequeño discurso de estupideces acerca de los espíritus. Pero seguro que no quieres oírlo. -

Déjate de ironías. Habla.

Cuando una persona muere, su espíritu se separa de su cuerpo. Normalmente el espíritu va a parar a un lugar llamado Trascendencia. La luz al final del túnel. ¿Te suena? ¿Qué hay más allá de la Trascendencia? Eso no lo sé. Lo que sí sé es que para algunos espíritus no es tan fácil. Algunos quedan atrapados en un lugar intermedio, una especie de burla del mundo de los vivos. -

¿Qué les sucede a esos espíritus?

Mueren. Quiero decir, mueren realmente. Su espíritu es disuelto en el Olvido. No llegan a ir más allá. Desaparecen. Pero, habrá alguna manera de evitarlo. Quiero decir, alguna forma para que puedan seguir su curso natural. Ahí ya no puedo ayudarte. Sólo sé que tiene que ver con algo que dejaron pendiente. Una venganza, un amor… no lo sé. Suele ser una pasión incompleta que hay que resolver de alguna manera. >> Voy a por unas copas antes de seguir con esto, que parece que va para largo. Espérame aquí.


Ricardo esperó impaciente. De pronto su mundo se había vuelto del revés. ¿Magia? ¿Espíritus que han de ser liberados? ¿Facciones de magos luchando en las sombras de la ciudad? Ni siquiera le dio tiempo a reflexionar sobre ello. Vio aparecer al fantasma de Cristina por un lado de la discoteca dirigiéndose al baño de chicas Sin dudar por un momento le siguió. Una espesa niebla lo cubría todo. De pronto, de entre la niebla surgió la mano de Cristina. -

Ven conmigo. He recordado cosas que debo mostrarte.

Alargó la mano y se sorprendió al sentir algo tangible. Estaba agarrando la mano de Cristina. Una fuerza le empujó al otro lado, más allá de la niebla. Andrea vio a lo lejos como desaparecía Ricardo entre la niebla. Se maldijo por su torpeza. A su lado, aquel tipo delgado y esbelto, de aspecto extravagante, observaba la escena nada sorprendido. -

Sabía que sucedería todo esto. Ha logrado traspasar el Umbral.

-

¿El Umbral?

-

Sí, querida. El Umbral que separa la tierra de los vivos de la tierra de los muertos. Alguien debería explicarle a este chico qué sucedió en esta discoteca hace tres años. No te referirás a… ¡Oh, dios míos! Tenemos que ayudarle. ¿Es que no piensas hacer nada? Se puede oler el rastro de paradoja que ha dejado a kilómetros a la redonda. Dentro de poco esto estará lleno de visionarios. Julio, el maestro de Andrea, gran manipulador de la esfera del tiempo, le dio otro pequeño sorbo a su bebida. Deja que los sucesos se sucedan. Querida, no me mires así. Cuando uno es capaz de ver atrás y adelante en el tiempo, comprende lo importante que es disfrutar del momento presente.


-7La bruma quedó atrás y Ricardo y Cristina se encontraron al otro lado. En aquel lugar los dos podían tocarse. Ella era terriblemente bella y sus ojos no disimulaban un atisbo de esperanza que había empezado a forjarse en su interior. Y Ricardo era el culpable de aquel cambio. Por primera vez en su vida sintió que alguien realmente le necesitaba. -

Ven… sígueme…

Caminaron por la discoteca, o por lo que parecía ser una copia exacta y un tanto distorsionada de aquella discoteca. Todo en fin daba una sensación de irrealidad, como si uno se encontrase dentro de un sueño. Sólo que la gente que estaba aquí sabía que no despertarían nunca. Según caminaban, los chicos y chicas de este lado de la discoteca se quedaron observando a Ricardo con unos rostros carentes de expresión. Sabían que era un extraño, que no pertenecía a su mundo. Podían notarlo. Ricardo no pudo distinguir si aquello les provocaba ás curiosidad que rechazo. Tan sólo esperó que ninguno fuese a comportarse de forma hostil con él. He recordado. He recordado aquella noche fatídica. Muertos. Todos estamos muertos. Por fin lo he comprendido. ¿Pero por qué nos encontraos encerrados aquí? ayudarte.

No lo sé. Si me explicas qué pasó esa noche tal vez pueda

Recuerdo que mi novio empezó a decir cosas extrañas. Algo sobre la extirpación de un mal mayor. Él sabía que algo ocurriría esa noche aquí. No sé a qué se refería, pero era algo grande. De pronto desapareció y al poco tiempo la discoteca empezó a arder. Se había provocado un incendio tal que nadie parecía capaz de pararlo. La gente se agolpaba, las salidas estaban selladas. Alguien nos había dejado encerrados. Todo había sido una trampa. Ignoro con qué propósito. Los olvidados, todos aquellos muertos por el incendio de hace tres años, miraron a ambos como si comprendieran de lo que estaban hablando. Entonces quizás lo único que os retenga aquí sea la venganza. Debo saber quién es el culpable del incendio. Así quizás pueda romper vuestra cadenas.


Eso no lo sé. Sólo sé que tu amor me está ayudando a recordar… a recordar lo que una vez fui, todo lo bueno que alguna vez hubo en mí y perdí. Los ojos de Cristina y los de Ricardo quedaron presos por un momento. Un vínculo que trascendía las barreras entre los vivos y los muertos se había forjado entre ambos. Algo que nunca nadie podría romper. Cristina había vuelto a recordar, había recuperado su esencia al recuperar lo que una vez fue. Todo lo bueno y todo lo malo, todo lo necesario y lo superficial, todo lo importante y lo efímero. Ahora era alguien, tenía consciencia de sí misma, capacidad para decidir y voluntad para luchar por sus sueños. Es más, había recuperado la esperanza. Ricardo por primera vez se sintió necesario, la perdición o la redención de alguien pendían de un hilo y él tenía el poder para salvarle. Se sintió responsable quizás de su propio destino al saber que de él dependía el destino de otros muchos. Una fuerza irresistible surgió entre ambos. Sus ojos se perdieron el uno en el otro. Sus labrios se juntaron en un apasionado beso. Y sus cuerpos se estrecharon en un abrazo eterno. Ninguno de los dos recuerda cuánto duró todo aquello. Pero cuando finalizó ambos tenían la certeza de que todo había cambiado, de que ya nada podría volver a ser igual que antes. Ahora debes marcharte. Este no es tu mundo. Volveremos a vernos … pronto. Cristina se alejó y aquella misteriosa bruma de entre dos mundos empezó a envolver a Ricardo.


-8Cuando Ricardo volvió al mundo real se encontró a la salida del baño de mujeres con uno de los porteros de la discoteca agarrándole de mala manera de la camiseta. ¿Qué hacías tú ahí? Contesta. ¿Estabas consumiendo drogas? Saca todo lo que tengas en los bolsillos. El portero dio un fuerte empujón a Ricardo que le hizo tambalear y tiró su gorra roja un poco más atrás. Ricardo estaba empezando a perder la paciencia. Bajó la mirada y apretó los nudillos dispuesto a enfrentarse a aquella mole. Creo que todo esto no ha sido más que un error. –sonó una voz a espaldas del portero. El portero se dio la vuelta dispuesto a hacerle pagar cara su impertinencia al osado que le había interrumpido y se encontró cara a cara con una muchacha bajita de pelo rojo. -

Olvídalo todo. Aquí no ha sucedido nada. Puedes marcharte.

El portero se quedó perplejo y al poco tiempo asintió como un autómata y se marchó a otro lugar. Ricardo comprendió que Andrea había usado sus poderes mentales para evitar una confrontación que habría atraído todas las miradas hacia ellos. Agarró su gorra roja y le dio las gracias. No sé qué demonios has hecho, pero te has metido en un buen lío. Todo esto apesta a paradoja Tenemos a los visionarios por todas partes. Debemos encontrar la manera de salir d aquí. No, por ahí no. Sígueme. Ricardo miró alrededor. No pudo distinguir a nadie entre la multitud, pero sintió como si cada persona le estuviera observando secretamente. Como si tan sólo esperasen la oportunidad adecuada para lanzarse sobre él .Se preguntó si no sería todo más que una paranoia, pero no quería correr riesgos, así que siguió a Andrea escaleras arriba por la discoteca. Subieron a la planta de arriba y de ahí otra planta más hasta una puerta cerrada. Andrea sacó una llave del bolsillo y la encajó en la cerradura. La puerta se abrió.


De pronto sintieron pasos abajo en las escaleras. Alguien los estaba siguiendo. Salieron al tejado de la discoteca y cerraron la puerta tras de sí pero estaban aún lejos de encontrarse a salvo. Un helicóptero los alumbraba afuera. La puerta empezó a ser golpeada por dentro. Andrea y Ricardo corrieron por el tejado tratando de despistar al helicóptero. Al poco tiempo un montón de policías salieron afuera portando armas. Pronto la persecución finalizó en una repisa del tejado. -

¡Arrojad las armas! ¡No queremos que haya heridos!

-

¿Qué armas?

No le escuches. Son agentes de los visionarios. Saben que somos magos. No tendrán piedad de nosotros. -

¿Y qué opciones tenemos?

-

¡Rendíos o nos veremos obligados a abrir fuego!

El helicóptero apuntó con su luz a Ricardo y Andrea. Ambos se encontraban en un extremo del tejado junto a una repisa. Miraron abajo. Quizás todo terminaba allí. Los sueños quedaban truncados por el poder de la civilización, por la justicia esgrimida en manos de unos pocos que detentaban el poder. Ricardo y Andrea se agarraron de la mano cuando de pronto todo alrededor quedó congelado como en una fotografía. Las aspas del helicóptero dejaron de batir mientras este permanecía perfectamente en el aire. Los policías quedaron petrificados en una temible pose con las armas apuntándoles. Alguien conocido paseó tranquilamente a lo lejos en dirección a ellos. Larguémonos de aquí. El tiempo no siempre se va a parar por vosotros, pequeños.


-9Julio, Andrea y Ricardo cruzaban las calles de la ciudad en un lujoso descapotable conducido por Julio. Habían dejado atrás la discoteca y a todos aquellos policías y podían, por un tiempo al menos, considerarse fuera de peligro. Julio comenzó a hablar. No me gusta meterme en los asuntos de nadie, pero creo que deberías saber algo más del pasado antes de enfrentarte con el futuro. >> Hace tres años nosotros, los cultistas del éxtasis, dominábamos el mundo de la noche. Ahí nuestra presencia era incontestable. Os dedicábamos a ayudar a la gente a despertar a otro estado de consciencia, a abrirles los ojos a la verdadera realidad. Pero pronto los visionarios del progreso advirtieron el peligro. Ya sabes, el conocimiento es poder, y el poder es mejor cuando sólo es esgrimido por unos pocos. Los visionarios guardan celosamente el poder que han obtenido durante el transcurso de los años y no iban a permitir que cualquiera se lo arrebatase. La humanidad está mejor dormida para ellos. >> Nos acomodamos demasiado. En aquella discoteca solíamos hacer reuniones y grandes rituales de magia. Un día alguien nos tendió una trampa. Un visionario maestro de la esfera de energía, selló todas las salidas de la discoteca y provocó un gran incendio que terminó con la vida de muchos de nosotros, aparte de un gran número de durmientes ajenos a nuestras guerras. Pero eso imagino que ya lo has visto con tus propios ojos. Ricardo quedó un momento asimilando todo el problema. Debo volver. Debo encontrar al culpable de aquel incendio y reclamar venganza. Perdóname, chico de la gorra roja, pero yo ahí no vuelvo. Ya he superado mi límite de problemas por un tiempo. Andrea miró a Ricardo a los ojos. Comprendía perfectamente el dilema en que se encontraba. Seguramente sería una locura volver a la discoteca después de todo lo ocurrido, pero el propio destino de Ricardo dependía de ello, quizás no tan sólo el suyo.


-

Cuenta conmigo.

Ricardo sonrió a Andrea y ambos se agarraron de la mano. Los problemas siempre parecían menso importantes cuando uno podía contar con amigos así a su lado.


-10Ricardo y Andrea volvieron a entrar en la discoteca. El ambiente parecía tranquilo, como si nada hubiera ocurrido allí antes. Ambos sentían como si en las sombras del local alguien estuviera observando todos sus movimientos. Ricardo miraba alrededor. Tenía que volver a encontrar a Cristina. Tenía que preguntarle por aquella persona que provocó el incendio. Sólo así conseguiría liberarla. No hace falta que busques mucho más. –sonó una voz enfrente de ellos. Las luces de la discoteca parpadearon y toda la música se distorsionó por un momento. Allí se encontraba Félix, el amigo de Ricardo, trazando un arco con el dedo índice envuelto en llamas. ¿Félix, su mejor amigo? ¿Cómo podía él ser el culpable de todo ello? ¿Cómo había podido estar tan ciego? ¿Sorprendido? Bueno, quizás es que nunca nos conocimos realmente. Aquí en la noche nunca sabes quién se oculta detrás de la máscara. >> Ya te advertí que no te juntaras con ellos- dijo mirando a Andrea debajo de su flequillo -. Podías haber elegido el camino correcto, unirte a nosotros. Sabía que no tardaría mucho tiempo en llegar el día en que despertaras. Juntos habríamos podido detentar un gran poder. Ya ves. No estoy interesado en el poder. No si tengo que pasar por encima de los demás para conseguirlo. ¿Qué culpa tuvo toda esa gente de vuestras guerras personales? -

¿Ellos? Eran sólo durmientes. Sus vidas eran prescindibles.

¿Y la vida de Cristina? ¿Qué culpa tuvo ella? ¿También era prescindible? -

¿Qué culpa tuvo? Ninguna supongo. Sólo se encontró en el lugar equivocado en el momento equivocado. Fue una víctima circunstancial. >> Aunque su pérdida no me entristeció lo más mínimo. Era tan sólo una bonita apariencia sin nada en el interior… -

¡Maldito seas! Vas a pagar por todo lo que has hecho.


Eres un ingenuo, Ricardo. ¿Todavía piensas que los buenos siempre ganan al final del cuento? ¿Qué vas a hacer tú y tu amiguita con vuestros patéticos poderes contra mí? Piénsalo. Estás solo e indefenso. Ricardo bajó la mirada por debajo de su gorra. -

En realidad no.

Toda la gente de la discoteca se levantó y giró la mirada hacia Félix en ese momento. Sus ojos estaban en blanco. Los olvidados, los espíritus de todos los muertos en aquel incendio habían tomado posesión del cuerpo de los vivos para cobrar su última venganza contra su asesino. Félix murmuró algo e hizo un gesto con sus manos. Un círculo de llamas surgió entre los dos antiguos amigos separándolos del resto de la discoteca. Los olvidados retrocedieron ante la sola visión del fuego. -

Tú y yo solos. Sin magia. Sin trucos.

Andrea gritó algo por detrás de las llamas. -

Ten cuidado. Prepara algo. Puedo percibirlo en su ente.

-

Tu amiguita estaría mejor callada…

Las palabras de Félix quedaron en el aire por el puñetazo que le propinó Ricardo. Cayó al suelo y se limpió con una mano la sangre que le manaba por la nariz. Sonrió. Ricardo se abalanzó contra él pero de pronto algo le dejó ciego. Félix había lanzado algo contra él, una especie de polvo. Ricardo retrocedió unos pasos y se tambaleó. ¿No me digas que no lo reconoces? Lo has probado muchas veces conmigo. Es ketamina. Conoces bien sus efectos. Ricardo consiguió volver a abrir los ojos, pero pronto todo pareció como una película a cámara lenta. Le costaba sentir que sus piernas realmente estaban apoyadas contra el suelo. La discoteca, el fuego, las formas detrás, todo parecía tremendamente lejano e irreal. Félix le agarró del cuello por la espalda en una presa que pretendía dejarle sin respiración. Ricardo trató de zafarse, pero su cuerpo cada vez respondía menos a sus pensamientos. Al poco tiempo cayó desmayado por el suelo de la discoteca.


Félix lo miró con una mezcla de lástima y desprecio. Habrían podido llegar tan lejos juntos si no se hubiese enamorado de aquella mujer. Quizás fuera mejor de esta manera. Aquellos que ponían los sentimientos por encima de la razón merecían tener un final así. De pronto algo le golpeó en la cabeza. Uno de los olvidados había traspasado el muro de fuego y le había atacado con una botella. Pronto los demás lograron también vencer aquella barrera. El odio que sentían era mucho más fuerte que el miedo que aquel fuego provocaba en ellos. El muro de fuego desapareció y todas las personas de la discoteca se lanzaron contra su asesino. La venganza se había consumado.


-11La gente recuperó la consciencia de sí misma y volvió a lo que estaban haciendo sin recordar nada de lo que había pasado. Sobre el suelo de la discoteca estaban Ricardo y Félix, los dos antiguos amigos muertos. Pronto los guardias de seguridad de los llevarían a ambos y actuarían como si ahí no hubiese ocurrido nada. Andrea lamentó la muerte de alguien tan noble como Ricardo, pero no lloró. Fuera donde fuera que estuviese sabía que la gente como él obtendría una recompensa por sus actos. O eso quería pensar. Salió de la discoteca pensando en no volver. Aquel lugar estaba marcado con demasiadas muertes y demasiados sueños rotos. El espíritu de Ricardo lo observó todo y sonrió mientras Andrea se alejaba. Sabía que en aquel lugar iba a echar de menos a personas como ella. Pero también sabía que este era un viaje sin retorno ni vuelta atrás. A su lado se encontraba Cristina sonriéndole. Sus ojos se quedaron fijos el uno en el otro en un momento cómplice. Los olvidados a su alrededor caminaban hacia las escaleras que conducían a la puerta de salida donde se encontraba esa gran luz que provenía de afuera. Ya no existía ninguna fuerza que los retuviera. Habían sido liberados. Pero lo que de verdad había liberado a Cristina no fue la venganza. Perdida en el mundo de la noche tan sólo anhelaba encontrar una oportunidad para ser salvada, para que alguien creyese en ella y pudiera amarla de verdad. Ricardo le agarró de la mano y juntos cruzaron la luz que conducía a la Trascendencia. El amor, el de verdad, requería siempre de un sacrificio.g

un Sacrificio  

La noche es el hogar de los perdedores. Eso piensa Ricardo, pero pronto va a descubrir que el mundo tal y como lo conocía es sólo una máscar...

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