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ASOCIACIÓN WARAS: CIENCIA Y CULTURA

ASOCIACIÓN WARAS: CIENCIA Y CULTURA AÑO III. N° 8

ENERO - JULIO 2016

El Libro Azul Revista Bibliófila - Cultural

ESPECIAL: PUMAKAYAN • MITOS, LEYENDAS, RELATOS Y POESÍA Octavio HINOSTROZA, Román OBREGÓN, Yehudi COLLAS, Manuel CERNA, Abdón DEXTRE, María AMEZ y Oscar ALBA

• ARTES PLÁSTICAS Humberto CHÁVEZ BAYONA, Jorge GONZÁLES, Díaz EVARISTO , Teófilo V. CAHUIDE y Aquiles RONDÁN

• ARTÍCULOS Alberto GRIDILLA, Manuel REINA LOLI, Isaías IZAGUIRRE ALZAMORA, Augusto SORIANO INFANTE, Steven A. WEGNER, César SERNA LAMAS, Jorge GAMBOA VELÁSQUEZ, Augusto ALBA HERRERA, Marcos YAURI MONTERO


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El Libro Azul

EDITORIAL Contenido: Editorial

1

Investigación Bibliográfica

2

Huaraz en Tiempos de la Conquista Alberto Gridilla

3

Pumakayán Isaías Izaguirre

9

Pumacayán Augusto Soriano Infante

13

Arqueología Huaracina: el adoratorio de Pumacayán Manuel S. Reina Loli

16

Pumakayán en nuestra historia e imaginación Steven Wegner

21

Pumacayán y Huaraz: El sitio arqueológico y la ciudad Jorge Gamboa Velásquez

24

Pinturas Humberto Chávez. Jorge Salazar. Díaz Evaristo. Teófilo Villacorta y Aquiles Rondán

26-27 50

Proyecto Arqueológico Pumacayán: investigacion, conservacion y puesta envalor César Serna Lamas

34

Notas sobre el complejo de Pumakayán [Diario El Departamento] José Sotelo Mejía

37

Pumakayán en la Historia Claudio A.Alba Herrera

38

Los Dioses de Pumakayán Marcos Yauri Montero

42

Serenata Octavio Hinostroza

47

Leyenda de Pumakayán César Serna Lamas

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Poesía Román Obregón. Yehudi Collas. Manuel Cerna. Abdón Dextre. María Amez. Oscar Alva.

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Director: Giber García Álamo Sub Director: Steven A. Wegner ASOCIACIÓN WARAS: CIENCIA Y CULTURA

Giber García Alamo (Presidente) Romel Loli Depaz (Integrante) Asesoría Legal: Abog. Neger García

El alma de nuestro pueblo, el de los eternos waras, ha sido cuidado y cultivado por muchos dioses, y todos, todos, han recalado en este montículo milenario que cada mañana es peinado por el lucero del amanecer y se baña del sol y de la luna desde que fuera concebido en los inicios de los tiempos andino. Huaraz es Pumakayán, Pumakayán es Huaraz, el alma de los huaracinos está entre sus polvos y piedras. Si Pumakayán desaparece, desparecerá con ella nuestro pasado, lo que hemos sido y lo que somos, ya no habrá futuro con identidad; por ello, llevados por ese miedo y amor, es que presentamos este especial de artículos plagados de historia, leyendas, mitos, música, poesía, registros gráficos y obras pictóricas que hablan y cuentan y cantan a este montículo nuestro: PUMAKAYÁN. Cabe decir que también, este empeño, ha sido motivado de tanto avistar la brega infatigable de don Yehudi Collas, quién asumiendo la posta dejada por su padre el gran huaracino Alejandro Collas, ha asumido la labor titánica de salvar Pumakayán. En este mismo esfuerzo, se han unido los maestros Humberto Chávez Bayona, Jorge Salazar, Díaz Evaristo, Teófilo Villacorta Cahuide y Aquiles Rondán, quienes han tenido el desprendimiento de pintar o hacernos llegar su obra con el motivo Pumakayán. Agradecemos las contribuciones invaluables de Steven Wegner, Yehudi Collas, José Sotelo Mejía, José Torres Ocaña y Asociación Waras, por los materiales fotográficos y documentos alcanzados. Esperamos que este número especial de El Libro Azul sea una contribución para que los huaracinos, ancashinos y peruanos podamos saber, entender y obrar para recuperar nuestro patrimonio, nuestra alma acumulada en este promontorio querido. Por supuesto que instamos a las autoridades a obrar no solo con responsabilidad, sino y sobre todo con amor a nuestro legado milenario. ¡Pumakayán!

Giber García Alamo


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INVESTIGACIÓN BIBLIOGRÁFICA: PUMAKAYÁN Por Giber García Álamo Alba Herrera, Claudio Augusto 1985. Atusparia y la revolución campesina de 1885 en Ancash. Lima. 2010 Pumakayán en la historia. En: Hirka. N° xx. pp. Huaraz. Bennett, Wendell 1944. The North Highlands of Peru: Excavations in the Callejón de Huaylas and at Chavín de Huántar. New York: American Museum of Natural History. Bueno Mendoza, Alberto 2010. Julio C. Tello y la arqueología del Perú en la Universidad Nacional de Mayor de San Marcos. Investigaciones Sociales, Vol. 14, N° 25. pp.17-46. Lima: UNMSM. Cieza de León, Pedro 1984 [1551]. Crónica del Perú. Primera Parte. Edición de F. Pease y M. Marticorena. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú y Academia Nacional de la Historia. Duviols, Pierre 1967. Un inédito de Cristóbal de Albornoz: La instrucción para descubrir todas las guacas del Pirú y sus camayos y haziendas. Journal de la Société des Américanistes, Vol. 56, N°1. pp: 7-39. Espinoza Soriano, Waldemar 1978. Huaraz: poder, sociedad y economía en los siglos XV y XVI. Reflexiones en torno a las visitas de 1558, 1594 y 1712. Lima, Seminario de Historia Rural Andina, Universidad Nacional Mayor de San Marcos. 165 p. 2013. Etnia Guaylla (ahora Huaylas). Investigaciones Sociales. Vol.17, N°30. pp.179-190. Lima: UNMSM. Gamboa Velásquez, Jorge 2016 Pumakayán y Huaraz: el sitio arqueológico y la ciudad. [Publicado en este número]. Gridilla, Alberto 1933. Huaraz : apuntes y documentos para la historia de la ciudad. Huaraz: Tip. La Época. 155 pág. Izaguirre, Isaías 1940. Pumakayán. En: Folklore. págs. 44-48. Lima. Lau, George 2000. Espacio ceremonial Recuay. Los Dioses del Antiguo Perú (K. Makowski, ed.). pp. 178-197. Lima: Banco de Crédito.

Middendorf, Ernst W. 1890-1892. Die einheimischen Sprachen Perus, 6 vols. Leipzig: F.A. Brockhaus. Obregón Ríos, Emperatríz, Coord. 2013-2016 Proyecto especial y vivencial: Sensibilización para la recuperación, conservación y exaltación del monumento arqueológico Pumakayán. Huaraz: COGEST…[et al]. Autorizado por la UGEL-Huaraz. Raimondi, Antonio 1873. El Departamento de Ancachs y sus riquezas minerales. Lima. Reina Loli, Manuel Salvador 1959. Arqueología Huaracina: el adoratorio de Pumacayán. Actas y Trabajos del II Congreso Nacional de Historia del Perú: Época prehispánica. 4-9 de agosto de 1958, Vol. I: 114 – 122. Lima: Centro de Estudios Histórico-Militares del Perú. Serna Lamas, César 2005. Proyecto Arqueológico Pumakayán: Investigación, conservación y puesta en valor. Huaraz: Informe presentado al Instituto Nacional de Cultura y Gobierno Provincial de Huaraz. Soriano Infante, Augusto 1940. Pumakayán. En: Almanaque de Ancash. págs. 1217. Huaraz. Varón Gabai, Rafael 1980. Curacas y encomenderos; acomodamiento nativo en Huaraz siglos XVI y XVII. Lima, P. L. Villanueva. 105 p. 1982. Cofradías de indios y poder local en el Perú colonial: Huaraz, siglo XVII. Allpanchis, 17(20). Wegner, Steven August 2010. Pumakayán en nuestra historia e imaginación. En: Revista Pumakayán. N° 1. Huaraz: Ed. Katekilla. pp. 10-14. Yauri Montero, Marcos 2013. El Señor de la Soledad de Huarás: Discursos de la abundancia y carencia. Resistencia Andina. Huaraz: Killa Editorial y Fondo Editorial UNASAM. Zuloaga Rada, Marina 2012. La conquista negociada. Guarangas, autoridades locales e imperio en Huaylas, Perú (1532-1610). Lima: Instituto de Estudios Peruanos e Instituto Francés de Estudios Andinos.


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HUARAZ EN TIEMPOS DE LA CONQUISTA: PUMAKAYÁN (*) P. Alberto Gridilla La primera noticia sobre Huaraz, … nos la dá Miguel Estete, secretario de Hernando Pizarro, en la relación que éste presentó a su hermano don Francisco, de su viaje desde Cajamarca a Pachacamac, efectuado en enero de 1533… vino a caer al Callejón de Huaylas y a Huaraz un día viernes, 21 del mismo mes… Transcribiré… lo pertinente a Huaraz. Dice así: … El día siguiente (viernes 21) partió el capitán de aquel pueblo, y por el valle fue á comer (almorzar) á un pueblo grande que se dice Guarax, y él señor dél Pumacapillay donde dél y de sus indios fué bien proveido de comida y gente para llevar las cargas. Este pueblo está en un llano, pasa un río junto á él; desde él se parecen otros pueblos á donde hay muchos ganados y maíz. Solamente para dar de comer al capitán y á su gente que con él íba, tenían en un corral doscientas cabezas de ganado. ….....………………………. Pedro Cieza de León, el Cronista soldado y el mejor de los cronistas… En su Crónica del Perú, publicada en

Mapa de la conquista del Perú en 1531: Viaje de Hernando Pizarro y su paso por Huaraz

1554… dice en el capítulo LXXXII: “… Más adelante está la provincia de Guaráz que está de Piscobamba ocho leguas en sierras bien ásperas… También tienen estos indios medianos cuerpos y son grandes trabajadores, y eran dados á sacar plata, y en tiempo pasado, tributaban con ella a los reyes ingas. Entre los aposentos antiguos, se ve una fortaleza grande ó antigualla, que es una manera de cuadra, que tenía de largo ciento y cuarenta pasos y de ancho mayor, y por muchas partes della están figurados rostros y talles humanos, todo primísmante obrado; y dicen algunos indios que los ingas en señal de triunfo por haber vencido cierta batalla, mandaron hacer aquella memoria y para tenerla fuerza de sus aliados. Otros cuentan, y lo tienen por más cierto, que no es esto, sino que antiguamente, muchos tiempos que antes que los ingas reinasen, hubo en aquellas partes hombres á manera de gigantes, tan crecidos como lo mostraban las figuras que estaban esculpidas en las piedras; y que con el tiempo, y con la guerra grande que tuvieron con los que agora son señores de aquellos campos, se disminuyeron y perdieron, sin haber quedado dellos otra memoria que las piedras y cimiento que he contado”... El pasaje transcrito, en lo que se refiere a la fortaleza, lo hallo en la Enciclopedia Espasa, aplicado a Chavín. El Cronista habla expresamente de la provincia de “Guaráz”. Cierto que nos cuenta lo del gran camino; ¿pero acaso nó pasaba un ramal por el Callejón? Y aún creo, que fue el único que conoció Cieza de León... ¿Que en vez de leerse Guaráz, debe ser Guari? … no veo la razón; y por lo que hace a la distancia apuntada por el cronista, si es cierto que de Piscobamba a Huaráz hay más de ocho leguas, no lo es menos que las hay también de Huari y Chavín a Piscobamba. Además, el cronista no habla de la distancia que hay de pueblo a pueblo, sino de pueblo a provincia, y trata de la provincia de “Guaráz”.


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Portada del libro titulado Verdadera relación de la conquista del Perú y provincia del Cuzco llamada la Nueva Castilla del cronista Francisco de Jerez, que incluye el relato de Miguel de Estete

Respecto a la fortaleza o "antigualla" ¿por qué no se ha de referir Cieza de León a Pumacayán más que a Chavín? Ni uno ni otro nombre aparece en la descripción; pero la presunción está por Pumacayán, puesto que habla de "Guaráz". Por otra parte, me he enterado, de que en Chavín no se encuentran "rostros y talles humanos", pero sí en Pumacayán, existentes, actualmente, en los muros del panteón antiguo y en el patio del hospital. No me cabe, pues, la menor duda, de que el cronista soldado se refiere a la antigua fortaleza de Huaráz. Nos consta, pues, por la relación de Hernando Pizarro, escrita por Estete, que en los días de la Conquista, era Huaráz un pueblo grande, situado en un llano junto a un río; que su señor, jefe o curaca, se llamaba Pumacapillay; que desde la población se veían otros pueblos o estancias, y que en ellos había mucho ganado y maíz. Aunque han desaparecido las llamas, pacos y huanacos, es indudable que se trata de la hoy ciudad de Huaráz, y tal vez, muchas de sus calles son las mismas: no ha cambiado de lugar, aunque se ha prolongado hacia el Oeste. Cieza de León, es mas explícito: nos habla de sus habitantes, diciendo que tenían regular estatura, que eran muy trabajadores, y que se dedicaban al laboreo de las minas de plata, «con cuyo metal en tiempo pasado tributaban á los reyes ingas». Dá a entender, que había varios monumentos (entre los aposentos antiguos); y hace especial mención, de una fortaleza monumento antiguo (antigualla) adornado por algunas partes con relieves,

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figurando «rostros y talles humanos» del cual monumento ya no quedaba más «que las piedras y el cimiento”. Como he dicho antes, es indudable que el cronista se refiere a Pumacayán, aunque no lo nombre. Lo que nos queda de esa fortaleza, es únicamente, según mi modo de ver, la parte central; pues según Cieza de León estaba construida en forma de cuadra, teniendo de largo «ciento y cuarenta de pasos, y de ancho mayor» que es, más o menos, lo que mide la base del cerro. Debió ser a manera de un patío inmenso rodeado de cámaras en medio del cual se levantaba la fortaleza propiamente dicha, cuyos vestigios nos quedan. Raimondi, en su obra «Departamento de Ancash» habla de Pumacayán, mas no como sabio, sino como lo hubiera hecho cualquier turista. Al referirse al antiguo panteón, construido en 1864, dice, que las paredes fueron levantadas con piedras esculpidas por los antiguos peruanos, procedentes en su mayor parte de Pongor. Califica las esculturas de grotescas y de groseras, y añade: «El cerrito Pumacayán que a primera vista parece un morro formado por el amontonamiento de las piedras de los terrenos inmediatos, observado mas de cerca, se ve que no ha sido obra del acaso, y que al contrario, es un precioso resto que nos queda de la época anterior á la conquista del Perú». «Por algunas escavaciones que se han hecho e este cerrito, se pudo descubrir en su parte inferior y central, vanas paredes hechas de piedra labrada habiéndose estraído una gran piedra escavada á manera de tina cuadrada, la que se puede observar todavía en el local del hospital».

Primera página de la Crónica del Perú de Pedro Cieza de León


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Dibujo de Antonio Raimondi (186?). Monolito en pared del antiguo panteón de Huaraz, probablemente extraído de Pumakayan

«Actualmente no se puede distinguir nada que parezca hecho á mano de hombre, habiéndose derrumbado toda la parte que se había escavado» «El depósito de piedras es tan grande, que dicho cerro de Pumacayán sirve de cantera para estraer las piedras usadas en la construcción de los cimientos de las casas de Huaráz». «Las tradiciones se pierden tan pronto en el Perú, que ninguno sabe dar razón de la disposición de las paredes encontradas en el centro de este cerro, y lo que es extraño, la mayor parte de los habitantes de Huaraz creen que todas las piedras esculpidas en bajo relieve que se encuentran en la pared del panteón, las cuales hemos citado mas arriba, hayan sido sacadas de este cerro, cuando se sabe con seguridad el origen de la mayor parte de ellas, según se ha dicho antes». Mi opinión es muy distinta. Fundado en lo que nos cuenta Cieza de León, aunque parezca extraño, según Raimondi, me sumo al sentir de la mayor parte de los habitantes de Huaráz, creyendo como ellos, que las piedras esculpidas, existentes en los lugares indicados, aunque no todas, han sido extraídas de Pumacayán, pero nó de la fortaleza propiamente dicha, sino del muro exterior, que según mi opinión la encuadraba (como se observa en esa clase de construcciones), hecho desaparecer paulatina e inconscientemente, siglo tras siglo, por los mismos habitantes del pueblo, habiendo comenzado el

despojo, tal vez mucho antes de la llegada de los españoles, no viendo en él, más que una mina de materiales de construcción; y si en tiempo de la Conquista no era el monumento más que una «antigualla» o ruina venerable, hoy no nos queda de él, más que el llamado cerro de Pumacayán. Ese despojo, se llevó a cabo en mayor escala durante el Coloniaje, sirviendo el material para casas e iglesias, como se puede ver en los cimientos de la torre de San Francisco, y en otras muchas partes. IV He dicho, que las piedras esculpidas que hoy se encuentran en el panteón antiguo y en el hospital, en su mayor parte fueron extraídas de Pumacayán «pero no de la fortaleza». Según mi humilde modo de pensar, la fortaleza, sepulcro o palacio de Puma cayán, fuera de la cúspide y parte de la base, se encuentra íntegro, enterrado completamente. Fundo mi opinión, en el resultado de las escavaciones llevadas a cabo. Sé, que un señor Bambarén, descubrió en la parte superior, andenes y paredes circulares de piedra labrada en forma de cubos o de torreones. Me consta, que en las escavaciones hecha en la base de donde en los últimos años se ha sacado todo el material de construcción, se han hallado paredes de piedra labrada, y túneles o pasadizos. Por lo que me aventuro a ir más lejos con mi opinión: sospecho, que Cieza de León, no vio sino lo restos del encuadre de la fortaleza, el castillo estaba enterrado como lo está al presente, no reparando en ello el cronista, por creerlo una colina o cerro natural y si no


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se lo hicieron notar los habitante de Huaráz, fue, porque, probablemente lo ignoraban ellos. Se pierden tan pronto las tradiciones en el Perú!.… A Cieza de León, le llamaron la atención, entre los aposentos antiguos, el monumento o «antigualla» en forma de cuadra, cuyas paredes «por mucha partas están figurados rostros y talles humanos» sobre las ruinas que contemplaba admirado, preguntó a los indios del pueblo. Estos nada sabían de fijo sobre el particular, ni siquiera estaban acordes. Unos atribuían aquel trabajo a los incas, como fortaleza o monumento levantado en recuerdo de la victoria alcanzada contra los huaylas, cuando, después de heroica resistencia, fueron sometidos al imperio durante el reinado de Pachacutec; pero «los más y lo tenían por más cierto» el dicho monumento o «antigualla», lo hacían ascender á tiempos remotos y mitológicos, «mucho antes que los ingas reinasen». Los restos que contemplamos, no son, pues, de los incas. ¿Pertenece Pumacayán a la cultura de Chavín?... ¿Pertenece a la época arcaica? Aunque me inclino a lo primero, por el tocado que ostentan las figuras, nada se puede asegurar; pues el cuchillo de sílice, y de forma flamígera encontrado allí por el Dr. Juan Manuel Vidal, y obsequiado por él mismo a la Colección Prado y Ugarteche, se presta a otras deducciones. Por ahora es para nosotros un enigma, como lo era para los huaracinos del tiempo de la Conquista, pues ignoraban el origen e historia de aquellos restos, y probablemente de lo que encerraba el cerro; y eran para ellos, como lo son para nosotros, ruinas misteriosas, a tal punto, que los bustos esculpidos, dieron pié entre ellos, al mito de los gigantes. Puede ser, que los nuevos estudios que se hagan sobre el terreno, nos den la clave del misterio, que cual Esfinge guarda Pumacayán en su seno. Tengo al menos la seguridad, de que, el día que se comience el descombre, nos ha de dar el cerrito grandes sorpresas. Quiero hacer constar, la coincidencia de encontrarse cerros artificiales, por el estilo da Pumacayán, en los lugares principales del Callejón: Carhuáz lo tiene en

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Toma, a orillas del río Santa; Caráz, a la salida de la ciudad para Yungay; y esta localidad lo ofrece esbeltísimo, sobre que se asienta el nuevo panteón. Todos, al parecer, tienen la misma estructura… Creo, pues, que Pumacayán, todo un monumento, resto de antiguas civilizaciones, está completamente enterrado, y que se conserva casi íntegro. ¿Pero en qué época fue cubierto de tierra?… ¿Con qué objeto lo enterraron?… He aquí otro enigma otro misterio. ¿No me será lícito atribuirlo al conquistador Pachacutec como obra de su política? ¡Sabemos de tantos casos semejantes! En España, por ejemplo, al someter el Cardenal Cisneros a los navarros, la primera providencia que tomó fue, arrasarles todas las fortalezas. A Pachacutec, más fácil que arrasarlas, le sería enterrarlas, imponiendo ese trabajo, como castigó a los mismos vencidos. Con el transcurso de los siglos, con los aguaceros y otros agentes físicos, el desgaste del morro, en su parte superior, ha sido lento pero constante; y, naturalmente, la base se habrá ensanchado de una manera considerable, quedando hoy oculto el emplazamiento de lo que vio Cieza de León. Las escavaciones, como es lógico y natural, deberían comenzarse por la parte superior. Hacer lo que se ha hecho hasta ahora, es, nó solo bárbaro, sino contraproducente, pues lo único que se consigue es socavar sus cimientos y provocar desplomes. VI Entre las tradiciones sobre Pumacayán, el Sr. J. Ruíz Huidobro, en un artículo que publicó sobre la fundación de nuestro primer convento, consigna la de la existencia, de un pasaje subterráneo, que unía a San Francisco con aquel lugar, y que fue obstruido por los religiosos cuando la supresión del convento. Tal vez exista el tal pasadizo, y probablemente vendría a salir en la parte baja de lo que fue huerta de dicho convento; pero ¿con qué objeto lo habían de obstruir nuestros religiosos, precisamente al ser echados de su retiro?… Y no solo creo que haya en Pumacayán un pasadizo,


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sino que debe de haber varios. El Dr. Gamaliel Ramis me ha asegurado, que siendo joven, se introdujo por uno que va en dirección Este, y que se iba ensanchando a medida que avanzaba, y por el cual caminó buen trecho. Que ese túnel atraviese la Cordillera Blanca, como dice que es tradición, aunque no está fuera de los límites de lo posible, para quienes construyeron semejante mole, y la cubrieron después con un cerro de escombros, yo no lo creo; sospecho más bien, que tiene su salida en la quebrada próxima, y que serviría de escape y también para proveerse de agua en caso de sitio. Muy interesante y sobre todo útil para la historia sería averiguar lo que encierra Pumacayán en su seno, arrancándole sus misterios por medio de escavaciones metódicas. El Gobierno, o el Municipio, deberían emprender ese trabajo; y como este, para que sea provechoso necesariamente tiene que ser lento, no sería muy costoso. Tenemos, pues, en Huaráz y en sus inmediaciones, restos de una civilización muy adelantada anterior a los incas. Pumacayán, era ya una ruina venerable, cuando llegaron los españoles; y no obstante, alguien, al hablar sobre este cerro, Los ha llamado bárbaros, como si ellos lo hubieran destruido. Cieza de León, coloca la fortaleza «entre los aposentos antiguos" Eran, pues, varios esos monumentos del remoto pasado. Uno de ellos, es sin duda, el que existía en el mismo lugar que hoy ocupa el chalet de Estremadoyro y casas circunvecinas. Todavía quedan algunos restos. El Cronista soldado, a cuya fina perspicacia nada se le escapaba, al hablar de las antiguas construcciones, hace la distinción entre las incásicas y preincásicas por

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estas palabras: "Y desto y de los otros edificios antiguos que hay en este reino, me parece que no son traza dellos como los que los ingas hicieron ó mandaron hacer. Porque este edificio (de Vinaque o Viñaca cerca de Ayacucho) era cuadro, y los de los ingas largos y angostos”. VII Es imposible que en Huaráz, no se haya escrito algo sobre usos y costumbres del pasado incásico. Se sabe, que en la Crónica de los Hermanos betlhemitas de esta ciudad, se encontraba alguna cosa sobre esos tópicos, y probablemente, también en la del convento de San Francisco; pero, desgraciadamente, ambas han desaparecido, y quien sabe si han ido a parar fuera del Perú. No sabemos, pues, en cuantos ayllus estaba dividido el pueblo de Huaráz, ni hasta donde se extendía la jurisdicción del Curaca. En cuanto a religión, es de suponer que los incas introducirían el culto del sol; pero se sabe, que en Huaráz se tributaba especial veneración al huarac o lucero, y tenían, además, el de las huacas, generalizado en todo el Perú. Impropiamente se dá el nombre de huaca a los sepulcros, huaca o tótem era la divinidad del ayllu, y representaba al antepasado, fundador del clan. Aquí, le dan el nombre de tinaco. Además de la huaca o tótem del ayllu, tenían otras divinidades secundarias que llamaban huasi-camayoes o dioses penates, y los había, también, protectores de los animales domésticos A estos los designaban con los de Illán y Huamañi. Si las piedras esculpidas de que nos habla Cieza de León, y que formaban las paredes de Pumacayán eran huacas, la fortaleza venía a resultar un verdadero Panteón, en donde estaban representadas todas las divinidades de Huaraz. La agricultura era muy limitada: solamente se cultivaba el maíz, la papa, el ulloco, la oca y algún otro tubérculo. La papa y el maíz, alimentos principales, tenían, también, sus divinidades protectoras, llamadas, Papac-conopa y Sarac-conopa.

Monolitos en paredes del antiguo Panteón de Huaraz, probablemente extraído de Pumakayan (en esta página)


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PUMAKAYÁN Isaías Izaguirre Pumakayán1 constituye aún el enigma de todo una raza y una época. Vive su sueño milenario en espera de los visitantes que lo estudien y lo descifren. Pumakayán, erigido como un coloso guardián, perpetúa la gloria de una raza pujante que supo dinamizar su vida con gran ingenio y técnica, dejándonos maravillosos monumentos. Al Este de la ciudad de Huarás, un pequeño cerro se proyecta al espacio, en forma cónica, ligeramente truncado, dominando a la antigua ciudad de Huarás 2. Pumakayán visto a vuelo de pájaro, representa un cerro cubierto de piedras entremezcladas con tierra y con fragmentos de alfarería de la época antigua. Para algunos -los arqueólogos-, se trata de un fuerte de piedra3, posiblemente construidos con fines de defensa guerrera. Yo entiendo que estamos en presencia de un gran castillo con mil laberintos, digno de la madurez mental de los huarac, que tuvieron su comunidad mental y artística con los nativos de Chavín. Presunciones, hipótesis y deducciones se puede formular a priori, pero, en la hora actual, son la ayuda de la ciencia y de los técnicos, tenemos que emprender una cruzada de investigación y constatación a efecto que se obtengan conclusiones terminantes sobre Pumakayán. Nuestros mas esclarecidos arqueólogos y también comisiones científicas del extranjero podrían ser invitados a realizar estudios. Hasta que tal acontecimiento se produzca,

van unas líneas de lo que nos contaron nuestros mayores y de lo que sabemos nosotros por propia observación, sobre Pumakayán. Pumakayán tiene una puerta de acceso al lado Oeste, con cierta tendencia a la forma aticurga. Una galería de regulares proporciones se orienta de Este a Noroeste, posiblemente conectándose con las ruinas de Paria o a las de Huilca-huain, en forma subterránea. Hace mas o menos medio siglo, Jorge Villachica, Roberto Gonzales Montes, Giraldo Ocaña, Valderrama, Sánchez y otros, provistos de hilo de lana entorlazado (en esa época no se conocía la pita); ingresaron al castillo y recorrieron unas cinco cuadras, aproximadamente, a oscuras y en un ambiente pesado. La empresa investigadora no prosperó porque a determinada altura de la galería encontraron agua y fango y la asfixia les amenazaba. Seguramente, según la leyenda, el túnel o galería cruza rumbo a otras galerías, bajo el lecho del rio Auqui, originando esto las filtraciones e imposibilitando un mayor recorrido. La galería indicada tiene paredes sólidas de piedras labradas, de un metro ochenta de alto y con mucha semejanza a una de las galerías del Castillo de Chavín. Su forma rectangular y su estilo estructural, nos llevan al convencimiento de que en el Perú, hace miles de años, se construyeron castillos y fortalezas con gran previsión estratégica.

1. Pumakayán tiene dos acepciones: a) donde mora el león; b) donde llama el león. 2. Huarac: amanecer. 3. El Dr. Tello opina que se trata de un templo.


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Hace un año, mas o menos, al mandar abrir una calle al lado Este del cerro de Pumakayán, el Inspector de policía del barrio de San Francisco, señor Roberto Gonzáles, se descubrieron cuatro puertas triangulares, dando acceso a un hombre en posición tendido. Seguramente estas puertas originales se conectaban con diversos pasadizos interiores, pues clara y distintamente se escucha el eco de la conversación. La apertura de la calle se suspendió ante este hallazgo y porque en esas partes existen casas rusticas modernas, actualmente habitadas por personas humildes. Posteriormente, se descubrió los restos de una pared de piedra al Sur-Oeste del cerro. Cuando se ingresa a este sector por cualquiera de las casas con frente al jirón Bolívar, se tropieza con una gran muralla de piedras que no tienes el simple aspecto de un muro de contención sino de una fortaleza. Como queda dicho el castillo de Pumakayán, en su totalidad, se halla cubierto de tierra, piedras y restos de alfarería. Seguramente los autóctonos cubrieron con tierra toda la superficie a fin de disimular y ocultar sus características. Indudablemente los indígenas tuvieron labor pesada y fatigosa al almacenar y transportar algunos miles de toneladas de tierra y piedra para cubrir el castillo y darle las apariencias y forma de un cerro corriente. Bien sabemos que en la época del incanato se realizaban trabajos que maravillaban por la cantidad y la calidad de los materiales empleados en esas obras. En el año 1894 y siguientes -con diversos intervalosdon Leonardo Bambaren realizó escavaciones en Pumakayán, comenzando la obra, imperfecta y empíricamente, por la cumbre y la cúspide y hallando en todo instante, morteros, huacos y huesos de la época del incanato. Lo mas interesante del laboreo o huaqueo, consistió en haber quedado al descubierto una variedad de arcos de piedra labrada, los que por fatalidad desaparecieron por la negligencia y la inexperiencia de los famosos huaqueadores, que destruyeron o permitieron la destrucción de uno de nuestros mejores patrimonios arqueológicos, al

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derribarse estos arcos quedaron al descubiertos habitaciones con sus respectivas ventanas, lo que rebela que Pumakayán estructuralmente se ubicaba entre las construcciones de tipo residencial. Cuando se perforo la cúspide del castillo y se destruyeron los arcos, se encontró un hueco profundo, que según la leyenda conduce al gran salón en el que se encuentran ocultos los tesoros del inca. Allí quedo el afán de investigación y de lucro, y mas adelante no se ha realizado faena alguna, porque felizmente las leyes y los decretos que protegen la gran riqueza arqueológica prohíben y penan huaquear. Quienes desde niños, en los meses de julio, agosto y setiembre –época de vientos fuertes– nos parapetábamos en Pumakayán para soltar nuestras cometas, en ingenuo afán de rivalizar con los condiscípulos, veíamos la serie de huecos que la mano inescrupulosa había abierto sin ningún plan técnico. Pumakayán constituyo para muchas generaciones, el centro de actividades sencillas, entretenidas y aún hoy, los niños que huyen del modernismo liberaloide, se suben al cerro con sus cometas de mil colores y sus rollos de pita, para sentirse en el aire como pinocho, aspirando un ambiente que es muy nuestro, muy Pumakayán, de allí que nuestros vínculos con Pumakayán sean eternos y porque también en la mocedad muchos corazones amantes palpitaron juntos frente al espectáculo del atardecer, enfocando desde la cúspide del legendario cerro los picachos acuarelados de gualda, rojo y anaranjado, y porque igualmente los cultores de la quena y la guitarra, ofrendaron a la ciudad sus mejores canciones y las finas notas de sus instrumentos, desde Pumakayán, deleitando a un mundo que se disponía a dormir. Finalmente, Pumakayán ha inspirado las leyendas más bellas e interesantes –verdaderos tesoros de folklorismo– que de generación en generación se han transmitido y algunas de las cuales reproduzco en seguida. En el cerro mencionado, en la cúspide, todas las noches aparecía, ahora muchos años, un enorme gato negro, que se sentaba en la parte más visible. Este gato llevaba en la frente una estrella luminosísima que alumbraba todo el cerro y deslumbraba a cuantos la veían. Las personas asombradas,


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Ciudad de Huaraz con Pumakayán (1904) Por: Charles Reginald Enock

creyeron al principio, que se trataba de un aerolito. Pero las constataciones que realizaron los mas valerosos, revelaron que se trataba de un destello misterioso emanado de un animal, de un gato, a no dudarlo, tanto por su forma como por sus características generales, con la sola diferencia de que el felino tenia proporciones enormes. Muchas personas interesadas en dar caza a este raro bicho, se empeñaron en cercarlo para cogerlo, formando en torno a el una barrera inexpugnable, pero cada vez que se le aproximaban, el felino desaparecía misteriosamente. Relatan que en una de esas intentonas de caza, el gato negro, crispándose se irguió y lanzo chispas, dejando a sus cercadores con los ojos fuertemente cerrados ante la rutilancia enceguecedora de las chispas. Unos cayeron desmayados. Otros echaron a correr, dando gritos; y no fueron pocos los que, en la precipitada fuga, se enredaron entre las malezas y rodaron por el suelo, lastimándose el cuerpo con las espinas que abundan en el cerro. Cada presunto cazador relataba, al día siguiente, todo lo que había visto. Muchos llegaron a afirmar que el gato incandescente creció varios metros y que sus ojos brillaban con tanta impertinencia y ferocidad que nadie podía resistir ni por unos segundos sus miradas. En Huarás –como en todo el Perú– se creyó siempre y aún se cree hoy, que en Pumakayán hay un gran

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entierro desde la época del incanato y que el gato no es sino la representación del tesoro que desde la ultima galería sale de tarde en tarde para tentar la codicia de los hombres, tomar aire y bajar de temperatura, pues en la profundidad de la galería, se sofoca y se caldea. Refieren también -y eh aquí otra leyenda sobre el mismo tema- que coincidiendo con determinada fase de la luna, todos los meses salía del castillo de Pumakayán, un objeto de regular tamaño, en forma de barril, y rodaba por la antigua calle del Rayo, actualmente Santa Rosa, produciendo ruido y sembrando pánico para acabar estrellándose en el río Santa, con una detonación tan fuerte que estremecía el barrio de Huarupampa (4). Dicen que cuando el barril recorría el jirón indicado, las personas que en el residían, se asomaban a las puertas de sus casas y veían, con gran asombro, un barril que rodaba solo, rumbo al oeste, sin chocar con obstáculos. Hasta que cierta vez, cuando el barril llegaba a la altura de Huarupampa, un joven apellidado Romero, al escuchar los gritos de: “¡agárralo¡ ¡agárralo¡” y en la creencia de que se trataba de un barril corriente que rodaba debido a la inclinación de la calle, intento detenerlo, agarrándolo, pero al tocar el barril, que llevaba una temperatura elevadísima, Romero se privo y “mascó espuma” hasta el amanecer, hora en que sus familiares y amigos lo reaccionaron. Sus manos presentaban serias quemaduras. Desde entonces, las personas que sentían ruidos raros por las noches, sólo se asomaban a sus ventanas, temerosas de que algo grave pudiera sucederles?. 4. Huarupampa: literalmente: puente-pampa.


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Refiere la leyenda que el barril se desplazaba como un obrajes y aqueductos; trabajos realmente forzados que requerayo por la calle de este nombre, en pos de agua, rumbo rían gran fortaleza física. A los que fallaban a tres pregunal río Santa, y que retornaba transportando el líquido tas, el cacique los hacia trabajar por vida, en el mismo caselemento para apagar la sed del cuantioso tesoro que en tillo, en un ambiente de insalubridad espantosa. Miles de las entrañas del castillo de Pumakayán aún permanece indígenas perecieron en la construcción del castillo, vale oculto. decir en la prolongación de las galerías que constituyen un Y para terminar, vá la mas interesante de estas leyen- misterio para nosotros. Dicen los indios que los mas fuertes, das. Un día sirvió para que nuestras gentes amenazasen a los que soportaban la rudeza del trabajo, tuvieron el privilesus malos hijos con castigos y penas disciplinarias. Fue gio de acarrear poco a poco, en costalillos especiales, el gran forjada con elementos existentes en la mitología del casti- tesoro que fué almacenado en determinadas habitaciones. llo de Pumakayán. Se trata de una leyenda de sabor neta- Empero, esos indígenas fueron decapitados por un grupo de mente indígena. verdugos para que jamás revelaCuando la tribu de los sen dónde se hallaba la gran forHuarac dominaba la falda de tuna acumulada. Los indios relala Cordillera Blanca, en las taban todo esto con una seriedad zonas denominadas ahora y una admiración enormes, recorAuqui, Marian, Unchus, Canto, dando que sus antepasados tuvieQueka, Antaoco, Coyllur, Nicruron una moral y una legislación pampa, Shancayan, Huanque engrandecieron al Imperio. chac, y otras, los mozos que Mentir, fallar a las preguntas o por alguna razón tenían que caer en indiscreción, provocaban cruzar inevitablemente por castigos severos. De allí que el Pumakayán, encontraban indio a heredado la virtud de la apostado en la puerta principrudencia y del mutismo. Habla pal del castillo, un centinela parcamente y jamás se prodiga en que como Tucuyricoc, los inteexpansiones que pueden perjudirrogaba de tres maneras. carlo. Es cauto y muy medido en Cuando el transeúnte fallaba lo que toca a los secretos de su o mentía a una pregunta, el Dibujos de bajos relieves originales de Antonio Raimondi, quien afirma raza y mucho más cuando se centinela le hacía pasar a que fueron de monolitos de las “ruinas de Pomacayan” en Huaraz trata de un gran tesoro. Por lo una habitación del castillo hasta que otro transeúnte, demás, ningún indio a osado penetrar al castillo para aporespondiendo íntegramente a las tres preguntas, lo liberderarse del tesoro, por considerar tal acto como criminal o taba. Fueron tantos los que cayeron, que toda una galería sacrílego. De allí que también los mismos indios en la acse lleno de mozos a quienes el cacique los mando a trabatualidad se muestren reacios a cooperar en labores de huajar a las tierras fértiles de la Cordillera Negra, o sea a la queo. margen izquierda del río Santa. A los que fallaban a dos Pumakayán es fuente inagotable de leyenda y folklorispreguntas, el centinela les hacia pasar a otra galería mo puro; es el más grande de los tesoros arqueológicos que húmeda, hasta que los libertaban; mas cuando el numero nos han dejado los hijos de Huarac; y es, finalmente, empocrecía, el cacique los enviaba como rehenes a cultivar las rio de riqueza inexplorada. Pumakayán espera que los homzonas pantanosas o a construir los grandes edificios, bres de ciencia vayan a visitarlo, para revelarles su misterio.


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PUMACAYÁN (*) P. Augusto Soriano Infante población y la influencia de los mochicas, constructores de Tal como se pronuncia actualmente Pumacayán es las huacas de adobes, adoptaron la estructura arquitectóuna palabra compuesta de los vocablos quechuas Puma nica de las construcciones piramidales, haciendo grupo de Cayán, que puede traducirse “Ruje el puma” o tamgalerías en cada terraza escalonada, comunicándoles entre bién hay o existen pumas. Pero Pumacayán bien si mediante canales Fónicos y Escalinatas. Para evitar el podría ser degeneración de Puma Callán, por lo misbombeo del grueso conglomerado de tierra y ripio que cumo que Callán, Callanca y Shuytucallan dignan formas bre las galerías de cada terraza, las defendieron con herdiversas de la piedra sillar; y en este caso significaría mosos muros de contención extePuma de Piedra. Como en riores, y al fin de que el agua de efecto, estuvo Pumacayán exorlas lluvias resbalara fácilmente nado antes con representaciones hicieron en declive las calzadas mitológicas de pumas y felinos de cada terraza. tallados en piedra. Padece un error el P. Gridilla al Los cronistas adulteran con suponer siquiera que Pumacayán frecuencias los nombres aborígefuera enterrada a propósito. nes, Asteta y Sancho, por ejemPara explicar el aspecto actual plo, escriben pumacapillay y de morro que ofrece, al presente Puma caxinay respectivaPumacayán, es preciso tener en mente, para nombrar al curaca cuenta que sus muros exteriores de Huaraz, quien según antide contención han sido arrasados guos documentos ostentaba el por los fabricantes de casas, temnombre simbólico de Pumaquiplos y edificios públicos, habienllay: Puma Lunar. do quedado como consecuencia, El morro de Pumacayán, por en pie solamente los rellenos de su situación al NE de la ciudad Monolitos en el antiguo cementerio de Huaraz, posiblemente extraídos de Pumakayán ripio y tierra, que estuvieron de Huaraz, es el lugar más intercalados entre los referidos muros de contención y los indicado para contemplar el bellísimo panorama de la laberintos interiores soterrados en cada terraza. Esto mismisma. mo ha ocurrido casi en todas las colinas artificiales de La estructura de Pumacayán, en nada difiere a la de Ancash, Cotus o Jircas, según la expresión indígena. Efeclas colinas artificiales de Ancash. Las grandes pirámides tivamente, han perdido en gran parte sus prístinas formas truncadas con terrazas escalonadas de Wari Raxa, Pode pirámides truncadas o troncos de cono por la acción macayan, Wansakay y Tunshukaico, citadas por Tello destructora del tiempo, los agentes atmosféricos y la explocomo adoratorios, son a nuestro parecer ciudadelas que tación de materiales de construcción quedando, felizmentienen también templos y oratorios. te, ilesas las galerías interiores de dichas colinas artificiaLos antiguos aillus constructores de galerías embrioles o morros. narias, con el transcurso del tiempo, el aumento de la


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Nada de lo que se ha escrito hasta la fecha acerca de Pumacayán aporta luces para la investigación, excepto las observaciones del sabio Raimondi, cuya obra apreciamos en su justo valor y como precursora de un guía arqueológico de las ruinas de Ancash. Raimondi, antes de tratar de Pumacayán, se ocupa de los monolitos que circundan los muros del Panteón Viejo de Huaraz -construido en 1846- los cuales según él, procedían en su mayor parte, de Pongor, dato importante, por cierto, para la arqueología. Es lamentable que no haya una sola persona que nos suministre datos claros acerca de las excavaciones a que se refiere Raimondi, ni siquiera de la que llevo a acabo un señor Leonardo Bambarén, hace 5 lustros. Gracias a Raimondi sabemos que la gran tina de piedra que se encuentra en el Hospital de Belén procede de Pumacayán. Según el P. Gridilla un pasaje del Capítulo 82 de la Crónica del Perú de Cieza de León, publicada en 1554, aplicado por Espaza a Chavin, debe aplicarse a Pumacayán. Empero, ambas citas acomodaticias, están equivocadas, sencillamente porque ni Huari, ni Huaraz fueron provincias entonces, sino Huaylas y Conchucos; y porque tampoco Chavín ni Huaraz están a 8 lenguas de Piscobamba, ni en línea imaginaria. Sucede, probablemente, que se refiere Cieza a las colinas artificiales de Cashajirca (San Luis); Pirushtu (Chacas), Yauya y Huchusquillo, en las que hubo rostros y talles humanos gravados en piedras, pues dichas colinas, precisamente, están a la vera de antiguos caminos, tanto a Huarás como a Huari y a 8 lenguas aproximadamente de Piscobamba. Los fragmentos murales toscos que coronan Pumacayán son posteriores a los muros de piedras canteadas y pulidas que se ven todavía en el fragmento mural del lado NE. Una construcción excavada a la vera del camino y al pie del cuerpo principal de dicha ruina, fragmentos de cerámica chimú, dando la clave de que en la periferia de este Morro se levantaron también construcciones de tal tipo e incanas. En efecto, en la superficie de las colinas artificiales del Callejón de Huaylas se encuentran

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a profusión fragmentos de alfarería de diferentes culturas localizadas. Recientemente hemos constatado la abundancia de fragmentos de vasijas utilitarias y hasta de vasijas ceremoniales de estilo Chavín al NO de Pumacayán. El conservador del Museo Arqueológico de la Magdalena, señor Toribio Mejía Xesped, ha recogido en nuestra compañía, una cantidad considerable de estas callanas, las mismas que debe haber mostrado al Dr. Tello. Este hecho no constituye para nosotros, ni con mucho una sorpresa, tampoco el hallazgo del fragmento de lienzo mural ya dicho, que apenas se perfila a ras del terreno que cultiva el señor José Mercedes Romero frente a la casa de la familia Meza. Fragmentos de estilo Chavín hemos encontrado el año pasado en Huacrajirca (Huantar), Ztztan (Cotaparaco), Marca Cruz (Malvas) y Pumacayán de Succha, colinas artificiales de Conchucos, y región cisandina de Ancash. Todas estas pruebas vienen a corroborar nuestra sospecha de que el Callejón de Huaylas no era, ni podía ser una laguna en la que brillara por su ausencia de restos chavinos, ya que a fortiori era como es el lugar obligado para los intercambios de Conchucos y la región cisandina; habiendo recalcado sobre esto mismo en nuestra modesta contribución presentada ante el congreso de Americanistas reunida en Lima, considerando además dichas colinas artificiales precursoras de la cultura Chavín. Los últimos hallazgos nos encaminan a establecer, en tiempo mas o menos corto, la filiación arqueológica de la arquitectura, litoescultura y cerámica de Chavín. En Caururo (Huarás) y Tumshucaico (Caraz), encontramos ya restos de galerías y canales fónicos de tipo Chavín; y conocemos monolitos chavinescos procedentes de Cotu (Mato) y en Pumacayán de Succha i algunos muy aproximados de Tumshucaico. En cuanto a las estelas y litoesculturas procedentes de Pumacayán, centralizadas en el Museo Arqueológico de Ancash, si bien es cierto que son inferiores a las de Chavín, ello no excluye su lejano parentesco, ni menos explica posterioridad o decadencia. Indudablemente la arquitectura y la litoescultura alcanzaron mayor refinamiento en chavín. El hecho de que


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los muros de contención de las colinas hayan sido arrasados dificulta para hacer un estudio comparativo. Chavín habría tenido la misma suerte, si el cerro Cotupuquio no lo hubiera cubierto de capa aluviónica, que ha servido más bien para ponerlo a salvo de la acción destructora de los hombres y de los elementos de la naturaleza. Con motivo del ensanche del camino que bordea el lado E de Pumacayán, no hace años, se hallaron canales antiguos, suspendiéndose, por este motivo, la obra municipal, debido a la intervención de nuestro antecesor, cuando debió aprovechar la circunstancia para pedir las facilidades del caso y emprender una seria excavación. Al lado O del mismo morro se encuentra un socavón, orientado al E. Según refieren personas que entraron en él cuando niños, hacia los 40 metros, más o menos, de la boca principal de dicho socavón colonial se bifurca una galería hacia el S y otra hacia al E. Para los vecinos del lugar las filtraciones del rio Quilcay, debajo del cual dicen pasa una de las galerías, humedece el piso del socavón en cuestión. Podemos asegurar que las galerías de Ucanan, Batán, Cushuruyoc, a la margen izquierda del Quilcay, Yarcas, Canapún y Cota, pueden guardar relación con las de Pumacayán. Consideramos además que es más factible suponer pueda comunicarse Pumacayan, con lejanas colinas de Pariac, al S. Caururo, al N. Hualón, al O. Huaullac y Rivas, al E., que con Chavín, tradición inverosímil o fantasía popular. Pumacayán, por sus varias estratificaciones, adquiere una mayor importancia que Chavín, que conserva las características de una cultura y máximo desarrollo, si con algunos restos intrusivos y periféricos, como logramos comprobarlo, presenciar 16 excavaciones practicadas por la misión Bennet, en dicha ruina, en mayo de 1938. Dada, pues, la importancia arqueológica de Pumacayán, conviene dictar las siguientes medidas: 1º Declarar Zona Arqueológica Nacional, por lo menos el cuerpo principal de Pumacayán, delimitado por la calle Brasil, al O.; el Jirón Espinar al N; la prolongación de la calle La Soledad, al E. Por equidad convendría

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indemnizar a quienes han hecho sus propiedades, en las faldas del Morro; impidiéndoseles, por lo pronto, el ensanche de sus patios y dependencias; la apertura de terrenos para cultivo; extracción de materiales de construcción, prohibiéndose en lo absoluto la construcción de nuevas casas; 2º Conservación de los muros de contención existentes. Y en el resto quitar la capa de conglomerados de piedra y tierra que desfiguran dicho morro, facilitándose así la ardua tarea de excavación a las comisiones científicas. Para extraer este conglomerado, debe autorizarse a los constructores de obras públicas, previa solicitud especial y la intervención y control respectivo del personal del Museo; así mismo a los particulares, con las cautelas antedichas y el abono de una pequeña cantidad, destinada a la conservación del monumento y sostenimiento de un guardián. 3º Construcción de un muro de circunvalación, con una sola puerta, que impida el arrojo de basuras. Una vez limpio el Morro de Pumacayán, conviene abrir un camino que de la base del mismo, ascienda en espiral hasta coronar su cúspide. 4º Invitar a comisiones científicas para que verifiquen una técnica excavación. En Centro América y Méjico, la misión científica Carnegie, no solo ha excavado sino restaurado muchos monumentos; y Pumacayán es uno de los más cercanos a la ciudad de Huarás, centro arqueológico más grande del mundo en cuanto a lito-esculturas arcaicas; para exhibir las cuales clama por la construcción de un parque arqueológico, para su concentración, para atractivo de sabios y turistas. Huarás, a 10 de Noviembre de 1939.

Dibujos de bajos relieves originales de Antonio Raimondi, quien afirma que fueron de monolitos de las “ruinas de Pomacayan” en Huaraz


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ARQUEOLOGÍA HUARACINA: EL ADORATORIO DE PUMACAYÁN Manuel S. Reina Loli Introducción El morro de Pumacayán, “situado al este de la ciudad, y al mismo extremo de la población, permite gozar desde su cumbre de una hermosa vista, que domina toda la población de Huaraz, pudiéndose al mismo tiempo contemplar el grandioso cuadro formado por la Cordillera nevada”. El hecho de ser descrita así esta ruina por el sabio Antonio Raimondi, en su libro El Departamento de Ancash y sus Riquezas Minerales1, y el haber vivido nuestra infancia y juventud a pocas cuadras de dicho montículo, cuyo interior guarda el misterio de un adoratorio Pre-incaico, en torno del cual las consejas relatan leyendas inverosímiles, ha impresionado hondamente nuestra imaginación, para que en esta oportunidad le dediquemos las presentes notas. Sin que hasta la fecha se le haya consagrado a Pumacayán un estudio exhaustivo, ha sido preocupación nuestra, reunir los resultados y conclusiones de los diversos trabajos e intentos de escombramientosean estos empíricos o científicos- que se han llevado a cabo en estas ruinas desde el siglo pasado hasta nuestros días. Huaraz, como los demás pueblos del Callejón de Huaylas, guarda en su seno un rico emporio arqueológico. Así los demuestran los estudios verificados por Raimondi, Tello, Bennett y Soriano Infante. Así, el arqueólogo norteamericano Wendell Bennett, quien en 1938 llevó a cabo una expedición al Callejón de Huaylas, cuyas conclusiones publicó en su libro2, señala en Huaraz los siguientes lugares arqueológicos, cuyas ruinas estudió: Pomacayan; Patay-Katac; Acobichay; Wakrajirka; Wancha; Kapijirka; Shancayan; Kekamarka; Ayapampa; San Jerónimo; Orojirka; Wilka-Wain; Irwá. De todos estos, por las razones expuestas al principio, hemos escogido para la presente ponencia las ruinas de Pumacayán.

Los propósitos que nos animan al trazar esta ponencia son: Ofrecer una visión panorámica de los estudios y excavaciones que se han llevado a cabo en estas ruinas; y • Corroborar la opinión del eminente arqueólogo nacional Julio C. Tello de que estas ruinas corresponden a un templo o adoratorio, basándose para esto en la noticia por nosotros hallada en una “Crónica Conventual”3 •

Situación y estado actual Pumacayán se halla situado en la parte nor-este de la ciudad de Huaraz, encuadrado por los jirones Santa Rosa, Brasil y Prolongación de la Av. Grau. Antonio Raimondi nos lo describe en la siguiente forma: El cerrito de Pumacayán, que a primera vista parece un morro formado por el amontonamiento de todas las piedras de los terrenos inmediatos, observado más de cerca, se ve que no ha sido obra del acaso y que, al contrario, es un preciosos resto que nos queda de la época anterior a la conquista del Perú4. Augusto Soriano Infante, explica en la siguiente forma el estado actual de estas ruinas Pre-incas: Para explicar el aspecto actual del morro, que ofrece al presente Pumacayán, es preciso tener en cuenta que sus muros exteriores de contención han sido arrasados por los fabricantes de casas, templos y edificios públicos, habiendo quedado como consecuencia en pie, solamente, los rellenos de ripio y tierra, que estuvieron intercalados ente los referidos muros de contención y los laberintos interiores soterrados en cada terraza5. Es evidente que, bajo el desmonte que forma el morro, en su interior, se conserva intacto el adoratorio de Pumacayán, cuya forma y estructura fue intervenida por los señores Bambarén y Villachica en 1913. La extracción de piedras labradas, desde la época virreinal hasta 1914, sólo ha afectado a los muros exteriores de contención.


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Etimología

cera persona del presente, y esto es otra prueba de que la tradición acostumbrada es falsa9. Augusto Soriano Infante, Director del Museo Arqueológico de Ancash, sin mencionar la opinión de Kimmich, dice: Que podría ser degeneración de Puma-callan, por lo mismo que callan, callanca, shuytu callan designan formas diversas de la piedra sillar; y en este caso significaría puma de piedra, como en efecto, estuvo Pumacayan exornado antes con representaciones mitológicas de pumas y felinos tallados en piedra10. Siguiendo la indicación de Kimmich, nosotros hemos consultado los vocabularios de Fr. Domingo de Santo Tomás11 y el de Torres Rubio12 sin encontrar en ellos los vocablos mencionados que significan lomas o alturas de piedra. Por todo lo expuesto, nosotros juzgamos que la correcta traducción es la que da Pablo Patrón: “lugar del león, altura del león”, por ser este el lugar donde se adoraba al felino, como lo demuestran los testimonios de Polo, Tello y anteriormente, del franciscano Fr. Francisco Beltrán, según los que estas ruinas corresponden a un adoratorio.

Numerosas hipótesis tratan de explicar la etimología de este nombre quechua, compuesto de dos voces: Puma y Cayan. El problema etimológico estriba en la correcta traducción que deben tener estos vocablos quechuas “Puma” león y el verbo “cayani” llamar, o también “el león llama” o “llama el león”. Middendorf admite también esta etimología, y en su obra leemos: “der name puma-cayan bedutet wörtlich: der löwe ruft oder brüllt. wahrscheinlich lautete der wort ursprünglich: Puma-cayana, d.h. der ort, wo der löwe brüllt, die löwen hoble”. “El nombre puma-cayan literalmente significa: gritos o alaridos del león. Probablemente la palabra originalmente prevista: Puma-cayan, es decir, el lugar donde el león ruge, el león noble”6. Pablo Patrón, al referirse a estas ruinas acepta otra etimología y dice: La etimología vulgar, adoptada también por Middendorf es “el león que llama o ruje”, pero cayan marca lugar, sitio elevado; como lo prueba el portachuelo de la cordillera que justamente se llama así “puna de Cayan”. Por eso hoy en el Perú tantos lugares que llevan este nombre7. El historiador D. Toribio Polo que, al igual que Pablo Patrón, residió varios años en Ancash y de preferencia en Huaraz, en un párrafo de su estudio sobre la “Piedra Chavín”, se refiere a estas ruinas y traduce como “lugar en que se evoca al león”8. José Kimmich, en un artículo publicado en el diario de Huaraz, dice sobre la etimología de este adoratorio: Kaya o kayo en el caribe de las Antillas significa “altura o loma de rocas” y también en el dialecto cuzqueño tiene el mismo significado, como puede enseñar a cada cual mirada a antiguos diccionarios, p.e., el de Torres y Santo Tomás. El idioma huaylino tiene muchos rastros de caribe, como probaré en otro lugar, de modo que Pumacayan significa “loma o altura del Puma”, lo que corresponde perfectamente a la realidad. Ya no traduciremos Pumacayan por “el puma llama”, sino por “loma o altura del puma”, ya que estos castillos siempre forman lomas en el callejón. Además, hay que saber que ningún topónimo contiene un verbo en la ter-

Dibujo de A. Raimondo: Posible Monolito de Pumakayán


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Excavaciones La primera noticia sobre excavaciones y hallazgos la encontramos en el libro de Raimondi: Por algunas excavaciones que se han hecho en este cerrito, se puede descubrir en su parte inferior y central varias paredes hechas de piedra labrada, habiéndose extraído una gran piedra excavada a manera de tina cuadrada13. Pero las investigaciones que sobre el particular hemos hecho, podemos situar esas excavaciones en el año 1847. Fueron dirigidos por el Prefecto del Departamento Coronel D. Domingo Casanova. Esta autoridad, en su Memoria-sin referirse para nada a la tina- dice que para la construcción de los cimientos del nuevo panteón de Huaraz, ha sacado piedras de un lugar próximo. Leamos el informe: …los cimientos del panteón de esta ciudad que son de piedra labrada extraída y conducida de una huaca inmediata a la población14. Y en la Memoria de 1848, agrega: …de piedra labrada de cantera y granito sacada de una huaca de gentiles: están hermoseadas con multitud de bustos y otras figuras raras de piedra de la misma gentilidad15. Claro está que estas excavaciones -al igual que las practicadas en el Virreinato y en la República- no fueron científicas, sino con el propósito de sacar piedras labradas para las construcciones que al mismo tiempo fueron fáciles de conducir. Así paulatinamente estos sacadores fueron arrasando los muros de contención hasta el año 1913, en que D. Leonardo Bambarén llevo a cabo una nueva excavación poniendo al descubierto parte de la construcción soterrada. Estos trabajos, en un principio contaron con la autorización del Prefecto del Departamento, Coronel Rivero Hurtado, y después fueron suspendidas por orden del Supremo Gobierno, quien prohibió nuevas excavaciones, declarándolo patrimonio arqueológico del Estado. La falta de criterio científico en las excavaciones practicadas por Bambarén no hizo posible la redacción de un informe técnico. Los resultados que a continuación insertamos, proceden de las informaciones periodísticas

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de diario huaracino “El Departamento de Ancash”. En el número correspondiente al 25 de noviembre de 1913, leemos: Con lo avanzado en las últimas horas en Pumacayan queda a la vista una pared ovalada que acusa la formación de uno de los torreones o contrafuertes de este enorme edificio, que pacientemente empieza a ser exhumado. Llama la atención la pericia con que han sido labradas las piedras para dar a la pared la forma ovalada antedicha16. Los trabajos continuaron hasta 1914. En el número del 13 de marzo aparece la siguiente nota: Han avanzado en las últimas semanas los trabajos arqueológicos en el centro de Pumacayan en el cual se encuentran inhumados edificios de estupendas proporciones que ocupan en nuestro concepto un área total no menor de cuarenta mil metros cuadrados. Las puertas y ventanas de los edificios que son de piedra trabajada, de caras rigurosamente labradas, presentan lados paralelos, siendo más largas los verticales que los horizontales. En las habitaciones ya exhumadas han sido hallados utensilios de granito tan bien tallados, que jamás serian imitados siquiera por los actuales artesanos. Una taza como de 35 centímetros de circunferencia y 15 de fondo, y una fuente de mayor diámetro son ejemplos de lo que decimos, y han sido traídas a la secretaría de la H. Junta Departamental. La taza aparece tan rigurosamente pulida que casi equivale a la tersura de la loza domestica actual17. En estas circunstancias el Ministerio suspendió la licencia para proseguir estas excavaciones. Una tercera excavación fue realizada por el arqueólogo Julio C. Tello en 1919. Es la primera que se hace con criterio científico y permitió al Dr. Tello establecer la filiación Chavín de esta construcción. Estableció las siguientes conclusiones: 1. Que en el centro del edificio principal existen restos de estructuras de piedras labradas, sepultadas por otras de piedra y barro de inferior calidad. 2. Que en las capas inferiores de los cortes que posteriormente se han practicado para utilizar la tierra y las piedras en las construcciones modernas, se encuentran abundantes


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fragmentos de alfarería del tipo clásico Chavín.

Como todos los pueblos del Callejón de Huaylas, de la provincia de Huari y Conchucos, Huaraz fue previamente una antigua población de gentiles, en la que se puede reconocer el panteón por tener una forma de cono truncado, como son los de los gentiles, llenos de grandes monumentos subterráneos que sin duda han sido sepulcros de potentados y magnates, según se ve por la multitud de piedra, canteadas y labradas en diferentes figuras y formas simbólicas que de allí se han sacado18. De 1874 data la memoria del Prefecto del Departamento de Ancash Coronel D. Manuel Carrillo y Ariza, cuya parte histórica la atribuimos al Dr. Toribio Polo, que a la sazón era Secretario de la Prefectura, por razones que nos son del caso mencionar “memoria” aporta el siguiente dato: En Huaraz se encuentra, al confín del pueblo, al E., el montículo de Pumacayán, que es un adoratorio, como lo indica su mismo nombre (lugar donde se evoca al león); y que además del templo, ha podido contener en su recinto la morada del curaca, y acaso una fortaleza19. El historiador Polo en su estudio sobre la “Piedra de Chavín”, hace alusión sólo a las piedras que se ha extraído de dicho sitio, pero sin arriesgar opinión sobre la finalidad de la construcción. Mons. Fidel Olivas Escudero20, autor de la primera síntesis histórica del Departamento de Ancash, en su texto escolar hace referencia a Pumacayán y a los objetos de él sacados sin tratar de explicar la finalidad de esta construcción. El Dr. Pablo Patrón, de larga permanencia en Huaraz que permitió una minuciosa observación e inclusive recoger referencias orales de los ancianos del lugar, en su estudio anteriormente citado dice: “ También se encuentra en un extremo de la población de Huaraz el montículo de Pumacayán en el cual existía antes un templo; y como el nombre significa altura del león, es claro que ha debido ser adorado allí este felino”21.

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Hipótesis favorable a la finalidad religiosa de estas ruinas, posición que también nosotros sostenemos y tratamos de demostrar en este capítulo final. Así llegamos al Siglo XX, se sientan las bases de la Arqueología Ancashina, arrancando de los estudios practicados por Julio C. Tello en el año 1919. Tello visitó Huaraz en misión de estudio en dos oportunidades: 1919 y 1937. Las excavaciones por él realizadas le permitieron establecer las siguientes conclusiones: • Edificios de piedra agrupados en ciudadelas amuralladas; templos piramidales formados por una o más plataformas superpuestas atravesadas con galerías interior rellenadas con piedra y barro; y cámaras especiales o adoratorios propiamente dichos en la parte superior a las que se alcanza mediante escaleras subterráneas de acceso. • En los edificios descubiertos en el Callejón de Huaylas, como Pumacayán cerca de Huaraz, las estructuras propiamente Chavín están ocultas por las de Recuay, lo que prueba superposición de edificios de distintas épocas22.

Páginas más adelante, Tello establece que Pumacayán es modelo de edificios superpuestos23. Y concluye catalogándolo entre los adoratorios. Augusto Soriano Infante, sostiene que Pumacayán por su estructura “en modo difiere de las colinas artificiales de Ancash”. Y agregó: “Las grandes pirámide truncadas, con terrazas escalonadas, de Waro Raxa, Pomcayan, Wansacay y Tunshukayco, citadas por Tello, son adoratorios, son a nuestro parecer ciudadelas, que tienen también templos y adoratorios”24. Líneas más abajo agrega: Los antiguos ayllus constructores de galerías embrionarias, con el transcurso del tiempo, el aumento de la población y la influencia de los mochicas constructores de las huacas de adobe, adoptaron la estructura arquitectónicas de las construcciones piramidales, haciendo grupos de galerías en cada terraza escalonada, comunicándolos entre si mediante canales fónicos y escalinatas. Para evitar el bombeo del grueso conglomerado de tierra y ripio que cubre las galerías de cada terraza,


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las defendieron con hermosos muros de contención25. Esta teoría sobe la influencia mochica, coincide con la opinión del arqueólogo Kimmich, quien afirma que en Huaraz hubo “tres capas de civilización pre colombina: la aimara como primera primordial, después la chimú conquistadora del valle (pero no lo dominaron enteramente), por último vino la época incaica”26. Para nosotros es más aceptable la influencia chimú que la mochica. José Ruiz de Huidobro, excelente literato ancashino que tuvo ocasión de ver las excavaciones de Bambaren en 1913-14 expresa que: “por su aspecto se pensaba de momento que se trataba de una chulpa, pero observando los muros que partían como radios de la circunferencia surgía inmediatamente la idea de que se trataba más bien de una fortaleza, de una pucara27 .” Craso error es pensar qu e Pumacayán fue una fortaleza, pues su posición no es estratégica para defender Huaraz. Expuesta así las diversas teorías que se han elaborado para precisar la finalidad que tuvieron estas ruinas, nosotros vamos a exponer nuestro punto de vista basándonos para ello -como ya lo hemos indicado- en una crónica conventual, ratificando la opinión del Dr. Tello, preferentemente, y al parecer de aquellos que afirmaron que Pumcayan fue adoratorio. La breve, pero valiosísima, referencia la tomamos de la “crónica” manuscrita del franciscano Fr. Francisco Beltrán, quien llegó a Huaraz en 1689, asistiendo a la fundación del Convento de su Orden y oyendo, en la confesión de los naturales del lugar, las prácticas idolátricas que no habían abandonado. Las prácticas tenían como centro Pumacayán, en cuya vecindad se estableció el primer convento de Recoletos franciscanos. Dice el cronista franciscano: …es el caso que la Divina Providencia dispuso se fundase en el paraje llamado Pomcayan, donde era su adoratorio desde la gentilidad, y qdo. iban a sus sacrificios a media noche oían las disciplinas y oraciones de los religiosos, las quales confundían y hacían volverse a Dios28. Concluimos en el sentido de que Pumacayán fue un adoratorio. Lo demuestran las palabras del P. Beltrán,

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cuya revelación es de primera mano; y de otra, al parecer del Dr. Tello, cuya autoridad no se puede poner en tela de juicio. Notas 1. Lima, 1873, p. 40. 2. Bennett, W. The North Highlands of Perú: Excavations in the Callejón de Huaylas and at Chavín de Huántar. New York, 1944, p. 12. 3. Beltrán, Fr. Francisco: Breve Recopilación de la Vida y muerte de No. Venerable Pe. Fr. Basilio Pons… y del principio de la fundación de este convento de Jesús María y Joseph de Guaraz. Ms. existente en la Biblioteca Nacional de Lima. Nosotros preparamos la edición crítica de esta Crónica Conventual. 4. Raimondi, Antonio: El Departamento de Ancash y sus Riquezas Minerales. Lima, 1873; p. 40. 5. Soriano Infante, Augusto: Pumacayán. En “La Crónica” de 18 de noviembre de 1939. 6. Middendorf, E.: Perú, t. III, p. 81. 1895. 7. Patrón, Pablo: Escritos de Pablo Patrón. Se guarda en la Biblioteca Nacional. Redactada antes de 1919. 8. Polo, Toribio: La Piedra de Chavín. Lima, 1900; p. 57. 9. Kimmich, José: Lingüística Huaracina: ¿Qué significa Pumacayan? En “El Departamento”. Huaraz, 18 de octubre de 1919. 10. Vide nota 3; p. 115 de este libro. 11. Santo Tomás, Fr. Domingo de: Lexicón o Vocabulario de la lengua general del Perú llamada Quichua. Lima, 1951. 12. Torres Rubio, Diego de: Arte y Vocabulario de la Lengua Quichua. Lima, 1701. 13. Raimondi, Antonio: Ob. cit., p. 40. 14. “El Peruano”, t. XVIII, Nº 51; 22 de diciembre de 1847. 15. Ibíd., t. XX, Nº 52; 13 de diciembre de 1848. 16. “El Departamento de Ancash”, Nº 918; Huaraz, 25 de nov. de 1913. 17. Ibíd. Nº 1004; 13 de marzo de 1914. 18. Raimondi, Antonio: Notas de Viajes para su obra “El Perú”, Publicado por A. Jochamowitz. Lima Imp. Torres Aguirre, 1943, Vol. II P. 136.

19. Carrillo y Ariza, Manuel: Memoria. El Peruano, Nº 120. 28 de noviembre de 1874. 20. Olivas Escudero, Fidel: Geografía del Perú. Huaraz, 1888. 21. Patrón, Pablo: Escritos. Biblioteca Nacional. 22. Tello , Julio C. Ob. cit. 23. Ibíd. 24. Soriano Infante, Augusto: Art. cit. 25. Ibíd. 26. Kimmich, José: Conferencia Arqueológica. En “El departamento”. Huaraz 24 de junio de 1919. Nº 2531. 27. Ruiz Huidobro, José: Pumacayán. En Revista “Chasqui” Nº 3, 1941. 28. Beltrán, Fr. Francisco: Manuscrito citado.


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PUMAKAYÁN EN NUESTRA HISTORIA E IMAGINACIÓN Arqlo Steven Wegner Ubicado en el sector noreste de la ciudad de Huaraz en la parte alta del barrio de San Francisco y a poca distancia de la plazuela de La Soledad, se encuentra un gran morro que lleva el nombre de Pumakayán, lo que en quechua puede significar “donde está el puma” o algo como “donde se llama o se invoca al puma”. Por el sur está delimitado por el jirón Sucre, llamado Santa Rosa antes de 1970 y El Rayo antes de 1912. Ahora, el lado oeste está marcado por el pasaje Sucre (o “Pumakayán”), aunque hace cien años el límite fue la calle Brasil, hoy llamada Enrique Palacios, más al oeste. Por el norte su límite es el jirón Ladislao Meza donde todavía existe la casa deteriorada del famoso escritor. Finalmente, al este se extiende la calle Julio C. Tello, bautizada así por la Municipalidad Provincial de Huaraz en 2005 con ocasión del 125o aniversario del nacimiento del sabio arqueólogo. Antes de 1970, esta estrecha vía fue una prolongación de la calle Santa Rosa. Este imponente morro en plena ciudad ha atraído la atención del hombre por muchos siglos. Si preguntamos a la ciudadanía “¿Qué fue Pumakayán?”, las respuestas suelen ser muy diversas: una fortaleza, un castillo, un templo, una huaca, un cementerio, una residencia real. De la misma manera, si les preguntamos “¿Qué es Pumakayán?”, nos responderán así: un morro natural, una ruina, un mirador, un problema social, un sitio de túneles y tesoros escondidos o un patrimonio cultural de la nación. Cada respuesta tiene algo de acierto o posibilidad, pero sin abarcar toda la complejidad del sitio. El morro de Pumakayán ha representado muchas cosas diferentes durante su larga existencia y probablemente no las conocemos todas aún. Es esta realidad multifacética la que mantiene el misterio y la importancia de Pumakayán para la colectividad huaracina. Separando algunos temas, se puede profundizar más en el significado de este importante nexo humano. En términos geológicos, es probable que se formara originalmente como un montículo de material aluviónico pesado o resis-

tente al proceso de erosión fluvial, semejante al cerro Wansakuy que alberga el cementerio de Yungay. Ambos montículos naturales fueron ampliados en varias oportunidades por sucesivas culturas con muros de contención para incrementar la altura y ampliar los espacios planos en la superficie. Arqueología – Posteriormente, en su etapa arqueológica, no se sabe todavía a ciencia cierta cuándo se inició la primera ocupación humana encima del morro natural. Posiblemente hubo un asentamiento pequeño semejante al de Balcón de Judas (Los Olivos, Huaraz), donde se han encontrado fogones con una antigüedad de 2750 a.C. que pertenecen a la época precerámica. Estratos profundos del relleno cultural en el lado oeste contienen cerámica relacionada con la última fase (Janabarriu – 600-200 a.C.) de Chavín de Huántar. En un corte en el pasaje Sucre (o Pumakayán) al extremo oeste, se encontraron en 2002 quince tumbas en forma de pequeñas cajas de piedra, algunas de las cuales contenían ofrendas de cerámica, prendedores metálicos y, originalmente, huesos humanos de entierros secundarios pertenecientes a la cultura Recuay (200-600 d.C.). También, por el lado noroeste se construyeron unos edificios rectangulares aproximadamente en 1465 a 1500 d.C. Allí se encontraron cerámica de un estilo Inka provincial y vasijas de la cultura Huaylas. Las construcciones podrían pertenecer al reino de Urin Huaylas, después de la conquista incaica en 1465 d.C., y tenían probablemente un carácter residencial porque se encontraron en el piso un fogón, un batán y algunas vasijas de fabricación local junto con varias botellas del estilo cusqueño (los llamados “aríbalos”). En 1533 los primeros españoles bajo el mando de Hernando Pizarro llegaron a “Guaraz” el 20 de enero y notaron que el “Señor” del pueblo se llamaba POMACAPILLAY. No se puede confirmar todavía si el centro del pueblo de aquella época estuvo en Pumakayán o en Kanapún. En 1860, Antonio Raimondi visitó Pumakayán pero solamente notó algunas esculturas antiguas supuestamente provenientes del sitio. Durante las excavaciones no científicas practicadas en 1913 por los señores Leonardo Bambarén y


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José Villachica en la parte superior encontraron el muro de un torreón circular de piedras labradas. Julio C. Tello hizo las primeras investigaciones científicas en 1919 y recogió dos platos de piedra que provenían del sitio. Los llevó a Lima para formar parte del primer museo en la Universidad Mayor de San Marcos. Finalmente, entre 2002 y 2004 el arqueólogo César Serna Lamas realizó excavaciones que proporcionaron la mejor evidencia de las ocupaciones Chavín Tardío, Recuay y Huaylas/Inka mencionadas previamente. Historia – Durante varios siglos, Pumakayán sirvió como una fuente o cantera de piedras para construir los cimientos de varios edificios en Huaraz. Existe documentación que confirma el uso de estas piedras para la construcción de dos conventos franciscanos. En 1689-1690 se levantó el primer convento en Ruri Mulinu (cerca de Molinopampa), usando piedras extraídas de Pumakayán. Para mejorar la ubicación en términos de drenaje y cercanía a la población, se erigió en 1693 el segundo convento en el área ocupada actualmente por el Colegio Nacional de La Libertad, también usando piedras recogidas de Pumakayán. ¿Cuántos otros edificios usaron piedras sustraídas de Pumakayán: ¿la iglesia de La Soledad, la iglesia mayor (hoy la catedral) en la Plaza Mayor, el Panteón Viejo de Belén, la iglesia y/o el hospital de Belén, o algunas casas particulares de las épocas colonial y republicana? Aparte de servir como cantera perpetua, Pumakayán fue además una zona defensiva donde más de 2000 hombres se reunieron en febrero de 1780 durante el levantamiento contra las autoridades locales en la llamada Rebelión de las Alcabalas incitada por la política de aumento del impuesto de alcabala del Visitador General don José Antonio Areche. También, durante la rebelión campesina en marzo de 1885, las huestes bajo el mando de Pedro Pablo Atusparia se concentraron entre el río Auqui y Pumakayán. Religión – La importancia religiosa de Pumakayán empezó en la época prehispánica cuando pudo haber sido

Pumakayan después del terremoto de 1970 (Fotos de Emiliano Olaza - Archivo Steven Wegner)

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un centro local de poder religioso y político alrededor de 600-200 a.C., contemporáneo con la última fase de influencia del centro ceremonial de Chavín y con los sitios de cultos locales ancestrales, como la gran plataforma circular y huanca megalítica de Huanca Jirca cerca de Marián. En la época colonial Pumakayán seguía siendo un lugar venerado y sagrado para oraciones y ofrendas entre los numerosos indígenas de la nueva ciudad. Los españoles llamaron “mochaderos” a estos devotos de las religiones autóctonas. Para contrarrestar esta actividad supuestamente idólatra, los españoles erigieron una capilla en la cima. Esta capilla existió desde algún tiempo antes de 1786 cuando figuró en el primer plano levantado de la ciudad de Huaraz. Ahora sigue existiendo como la capilla de la Cruz de Pumakayán que tiene muchos devotos y participa en la fiesta de las cruces durante el Carnaval. Es una de las dos cruces bordadas de la ciudad, junto con la cruz de San Gerónimo o Calicanto. Leyendas – Pumakayán es también una gran fuente de leyendas. Una que se escucha frecuentemente es que existe un túnel conectándolo con Willkawain. En una época remota había dos familias reales asentadas en esta zona pero siempre estuvieron en conflicto. A pesar de las diferencias entre sus familias, una princesa de una familia se enamoró de un príncipe de la otra familia. Los jóvenes se encontraban a través del túnel. Otra leyenda hace referencia a un barril candente que salía de Pumakayán en noches de Luna y rodaba por la calle de “El Rayo” (hoy jirón Sucre), asustando a todos los vecinos, rumbo al río Santa para traer agua de regreso al cerro y reducir la temperatura del cuantioso tesoro enterrado allí. Una tercera leyenda cuenta de un enorme gato negro que aparecía por la tarde en la cúspide del cerro. El gato llevaba en la frente una estrella luminosa que alumbraba todo el cerro y deslumbraba a todos los que la veían. Estos dos últimos cuentos fueron registrados por Isaías Izaguirre en un artículo publicado en la revista Folklore en 1942.


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Refugio – Durante el desastroso aluvión del sábado 13 de diciembre de 1941 las aguas provenientes de las lagunas Palcacocha y Jircacocha borraron una zona amplia a ambos lados del río Quillcay e inundaron áreas más al sur, incluyendo la calle José Olaya y la zona de Molinopampa donde malograron la curtiembre de Carlos Alberto Henostroza Benavides y unos molinos. Más al oeste el agua irrumpió en la casa donde nació Ladislao Meza, arrasó con el aserradero de Vidal y llenó de agua el Colegio Nacional de La Libertad, su Salón de Actos y la iglesia de San Francisco, pero no logró afectar a Pumakayán y sus moradores perimetrales, como se puede confirmar en una foto aérea tomada por el Servicio Fotográfico Nacional el 6 de nov. de 1942. Después del sismo del 31 de mayo de 1970, cuando la destrucción de la ciudad fue espantosa, varias familias se refugiaron en la cima del cerro y construyeron sus casas provisionales allí. Que esta medida de emergencia ha resultado ser una estadía de más de 30 años es un comentario social sobre una situación que presenta dificultades permanentes para la Municipalidad Provincial de Huaraz y el Instituto Regional de Cultura. Por lo menos, nos da un ejemplo vivo del mismo proceso humano de continua destrucción y reconstrucción que formó parte de los estratos prehistóricos de Pumakayán. Muladar – En 2004, cuando se hicieron excavaciones arqueológicas en el lado sur de Pumakayán, los obreros tuvieron que penetrar varios metros de basura moderna del siglo 20 para alcanzar a los estratos prehispánicos. Aparentemente, antes de la existencia de un sistema municipal de baja policía para la recolección de la basura doméstica, había personas contratadas para llevar los desperdicios de algunas partes de La Soledad y botarlos en la falda del cerro, tal como se hizo en Yarkash y otras zonas abandonadas de la ciudad. Mirador para ver la ciudad y tomar fotos – Desde la cima de Pumakayán se pueden apreciar muy lindas vistas de la ciudad y de los paisajes naturales de las cordilleras Negra y Blanca. Hacia La Soledad se veía y se ve la iglesia, antes del sismo de 1970 tuvo dos torres delgadas y ahora tiene una fachada triangular escalonada. También, se puede mirar al sureste hacia el cementerio de Pilatarác o Presbítero Villón y al cerro de Rataquenua con su cruz monumental. Por el lado noroeste se aprecia la iglesia de San Francisco (la parroquia de Espíritu Santo) y la renovada fachada del Colegio Nacional de La Libertad y su biblioteca, frente a la antigua Alameda Grau. Antes de 1970 se podía ver la piscina del colegio, también. Por el lado oeste, antes de sismo de

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1970, se podía mirar hacia la plaza central y ver la cúpula roja y las dos torres blancas de la catedral, sobresaliendo impresionantemente entre las antiguas casas de dos pisos de adobe con techos de teja roja. Ahora vemos el crecimiento progresivo de las torres de la nueva catedral, por fin superando la altura de diversos edificios modernos de tres, cuatro y cinco pisos de concreto armado y ladrillo. Recuerdo del pasado, una ayuda memoria – No quedan muchos restos arqueológicos dentro del casco urbano de Huaraz porque se van eliminando progresivamente las construcciones pre-hispánicas, tal como la plataforma de Yarkash, que fue nivelada para la construcción del Centro de Capacitación Laboral en la década de los 70 y dos de sus monolitos fueron trasladados a la UNASAM, o los montículos de Patay Cátac cerca del río Santa en Independencia que desaparecieron bajo construcciones modernas, o Kanapún casi cubierto por el Colegio Raimondi. Necesitamos conservar algunos vestigios de nuestro pasado milenario como ayuda memoria. Por eso, es muy importante preservar lo que queda del gran morro de Pumakayán. Un grato recuerdo es que servía para la recreación de los niños que jugaban allí elevando cometas, especialmente en el mes de agosto. En resumen, la larga historia del morro de Pumakayán abarca muchos aspectos de la vida humana pasada y presente; en la misma manera este nuevo periódico cultural Pumakayán debe de tratar diversas facetas de la vida intelectual y cotidiana, sirviendo como si fuera un mirador cultural de la ciudad de Huaraz y aledaños.

Foto aérea de Pumakayán - 1942 (Servicio Aéreo Nacional)


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PUMACAYÁN Y HUARAZ: El sitio arqueológico y la ciudad Jorge Gamboa Velásquez La ciudad de Huaraz y el sitio arqueológico Pumacayán forman una unidad indesligable. Esa situación no es única y se repite en diversas ciudades que debido a su emplazamiento y expansión conservan las huellas de sociedades pasadas. Ese es también el caso de Lima, Ciudad de México o Atenas. En cada ejemplo, los sectores arqueológicos han sido vistos desde perspectivas distintas, que han remarcado su carácter de testimonio histórico, fuente de identidad o recurso cultural o han buscado justificar un uso inmediato y aún destructivo (Gamboa 2015). Este ensayo presenta la arqueología de Pumacayán y examina cómo su estado actual refleja las condiciones de crecimiento y desarrollo territorial de la capital de Ancash. Para el visitante que pasa por Pumacayán, lo primero que le puede llamar la atención es la presencia de viviendas sobre una elevación del terreno en la que se perciben terrazas de piedras y, sí uno se adentra en las calles que rodean al montículo, tumbas y muros. La ciudad ha rodeado por completo al área arqueológica, una condición que ha dado origen a una serie de retos para las instituciones y personas dedicadas a la conservación del patrimonio arqueológico. A su vez, las interpretaciones sobre este sitio prehispánico son variadas y reflejan los cambios en el rol del patrimonio arqueológico para la sociedad peruana. Una de las expresiones de ello es la identificación de Pumacayán como un templo o incluso una “fortaleza”, una idea que, aunque posee ciertos asideros históricos, debe ser vista en un contexto social más amplio y complejo. Al reflexionar sobre lo que conocemos con certeza sobre el sitio debemos revisar varios aspectos que nos permitirán arribar a una mejor comprensión de un lugar central en la prolongada historia de Huaraz. La investigación del pasado antiguo y reciente de Pumacayán ha avanzado a un ritmo pausado especialmente si la comparamos con la de otros sitios prehispánicos de la región. A pesar de ello, los estudios arqueológicos condu-

cidos en el año 2003 (Serna 2005) permitieron determinar que las primeras ocupaciones del lugar correspondían al periodo Formativo, un tiempo que se extendió entre 1500 y 100 aC y que es mejor conocido por el desarrollo de Chavín de Huántar. Por entonces Pumacayán debió haber presentado un volumen menor al que actualmente muestra. Debido a la presencia de construcciones posteriores, solo conocemos que durante el periodo Formativo Pumacayán pudo haberse erigido como una plataforma escalonada. Las terrazas con muros de contención de piedras talladas presentes en varios sectores parecen corresponder a este periodo, el más temprano hasta ahora conocido para el sitio. Las excavaciones en la cima y el lado oeste del montículo condujeron al registro de muros y capas de tierra con abundantes fragmentos de vasijas, huesos y herramientas de obsidiana, materiales que muestran –de manera elocuente para la cerámica– las relaciones entre la comunidad Formativa de Pumacayán y Huaraz y los centros ceremoniales de Chavín de Huántar, Huaricoto en Marcará, Pallka en Yaután y Cerro Blanco y Huaca Partida en el valle de Nepeña. La obsidiana, un vidrio volcánico usado para producir útiles cortantes y puntas de proyectil, que se empleo en Pumacayán debió proceder de Quispisisa, en el sur de Ayacucho. Los restos de fauna hallados muestran el consumo y posible crianza de los camélidos sudamericanos, animales actualmente poco abundantes en Ancash pero que han estado vinculados a las poblaciones Andinas desde aproximadamente 3500 aC hasta el presente. Todas las evidencias disponibles indican que la zona central del Callejón de Huaylas alcanzó un rol regional durante el periodo Formativo, con los pobladores de Pumacayán manteniendo vínculos culturales, económicos y políticos con la costa de Ancash, la parte sur de Conchucos y la costa y sierra central. Esa situación debió variar entre 500 y 100 aC, una época para la cual los estudios arqueológicos han detectado profundos cambios en las sociedades andinas. En diversas partes de Ancash los centros ceremoniales hasta entonces


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vigentes fueron abandonados o se convirtieron en centros poblados. No conocemos como ese clima de innovación afectó a Pumacayán, pero es claro que en Chavín de Huántar las plazas ceremoniales y otros sectores fueron ocupados por viviendas. Este fue el tiempo del estilo cerámico Huaraz (o Blanco sobre Rojo), el cual caracterizó a diversos pueblos presentes a lo largo y ancho de la sierra ancashina. La existencia de fragmentos de ese estilo de cerámica en Pumacayán demuestra que el sitio habría sido ocupado durante ese periodo. En los inicios de nuestra era, el Callejón de Huaylas se convirtió en una de las áreas principales de desarrollo de las sociedades ahora conocidas en conjunto como Recuay. El estilo cerámico Recuay se caracterizo por el empleo de arcilla blanquecina –el caolín- y la técnica de la pintura negativa para la producción de vasijas empleadas en ceremonias religiosas y ritos funerarios. La ocupación Recuay en Pumacayán habría sido importante. Testimonio de ello es un conjunto de tumbas registradas en los años 2000 y 2003 (Serna 2005). La iconografía de los cuencos y cántaros hallados en ellas nos muestra figuras geométricas y a varios personajes del arte y la religión Recuay, esta última poblada por divinidades y seres sobrenaturales relacionados al sol, el arco iris y diversos animales silvestres. La ideología Recuay también incluía a hombres y mujeres que habrían sido conmemorados como fundadores de poblados y linajes. El rol de Pumacayán en la organización sociopolítico Recuay del Callejón de Huaylas es un tema fascinante que amerita continuar siendo investigado, con las evidencias disponibles apuntando hacia la existencia de vínculos entre ese lugar y los sitios de Jancú, Kekamarca y Chinchawas en Huaraz, Cotojirca y Marayniyoq en Carhuaz y Roko Ama y Castillo Punta en Recuay (Lau 2000; Ponte 2006). A nivel regional, las poblaciones Recuay de Pumacayán y la cuenca del río Quilcay pudieron haber mantenido contactos con lugares más lejanos, como los de Pashash en Cabana, Rurek y Makakayán en Aija y Chavín de Huántar en Conchucos. El desarrollo de las sociedades Recuay se entrelazo entre 700 y 800 dC con la llegada a la zona de los Wari, la sociedad originaria de Ayacucho que para entonces ya se había expandido sobre la sierra y costa central. De ese encuentro surgieron nuevas tradiciones culturales, formas de pensamiento religioso y modalidades económicas. Aunque la presencia Wari no ha sido claramente detectada en Pumacayán, otros estudios arqueológicos han demostrado la ocupación durante ese tiempo de lugares tan notables como Willkawain, Honcopampa y el

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Castillo de Huarmey en la costa ancashina. La presencia Wari en el Callejón de Huaylas se prolongo hasta aproximadamente 900 dC. De ese periodo data la construcción de las primeras chulpas en Ancash. El periodo Wari significó para los Andes una etapa de integración, en la que los gobernantes ayacuchanos y sus aliados controlaron la distribución de objetos y materias primas entre Cajamarca por el norte y Moquegua por el sur. Los Wari también crearon los primeros quipus, un medio de registro que siglos después sería utilizado por los incas. El paso del tiempo significó para Pumacayán la aparición de nuevas construcciones y la remodelación de las ya existentes. Cada etapa de ocupación humana contribuía al crecimiento del sitio pero originaba la transformación constante de su apariencia. Las edificaciones y capas del periodo Formativo fueron así recubiertas por rellenos de tierra y piedra empleados para contener las tumbas Recuay. La zona funeraria Recuay fue a su vez cubierta por capas de tierra y piedras, posiblemente como parte de remodelaciones del montículo entre los siglos VIII y XIV dC. Las etapas de la historia prehispánica de Pumacayán anteriores al siglo XV son aún poco conocidas.1 Sin embargo, se cuenta con valiosos y variados datos arqueológicos y documentales para el tiempo que se extiende entre la presencia Inca en el Callejón de Huaylas y la parte inicial del periodo Colonial. Los trabajos arqueológicos llevados a cabo durante el 2003 en el Jirón José de Sucre permitieron registrar parte de un grupo de construcciones del periodo Inca. Los recintos excavados presentaron planta rectangular y muros de piedra y contuvieron vasijas Inca. Como era usual en el estilo Inca, esa cerámica presento decoración pintada geométrica. La calidad de las vasijas y demás artefactos Inca hallados en Pumacayán sugiere que el sitio habría sido un centro administrativo que funcionó entre 1470 –la fecha supuesta de incorporación de la sierra de Ancash al Tawantinsuyo por Capac Yupanqui y Túpac Yupanqui– y 1532 (Espinoza 2013: 185-186). Al igual que otros sitios del norte peruano donde la presencia Inca es evidente, la función de Pumacayán habría sido la de servir como un centro administrativo y lugar de encuentro para los curacas cusqueños y locales. Otros materiales arqueológicos registrados fueron artefactos para hilar y tejer, evidencias de la presencia de mujeres y la producción de tejidos (una de las actividades más importantes en la economía política e ideología Inca) El tiempo de 1529 a 1532 estuvo marcado por el enfrentamiento entre Huáscar y Atahualpa, los wawqikuna e hijos


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PUMAKAYAN EN E

Pumakayán siglo XXI (2016) Por: Humberto Chávez Bayona

Pumakayá después del terremoto (1970) Por: Jorge Salazar Espinoza


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EL ARTE ANCASHINO

Pumakayán 2015 (2016) Por: Teófilo Villacorta Cahuide

Pumakayán en la ciudad de los Waras (2014) Por: Díaz Evaristo


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de Huayna Capac, por el dominio de los Andes. El conflicto se desarrollaría principalmente en el Chinchaysuyo, la división territorial del imperio Inca donde se ubicaba Pumacayán. A mediados de 1532 Atahualpa logró la derrota final de los ejércitos de Huáscar, quien había recibido el apoyo de la mayoría de panacas o familias nobles cusqueñas y gobernantes regionales. Ese mismo año las historias de los Andes y Europa se entrelazarían definitivamente. Tras su ingreso a la costa norte, los españoles al mando de Francisco Pizarro y Diego de Almagro se asociaron a varias poblaciones indígenas descontentas y lograron capturar a Atahualpa en Cajamarca. En enero de 1533 Hernando Pizarro y Miguel de Estete pasaron por Corongo y el Callejón de Huaylas en su ruta al santuario de Pachacamac. Meses después, el propio Francisco Pizarro emplearía el camino del Callejón de Huaylas para dirigirse hacia Cusco ( Del Busto 1964). A partir de esos eventos el conocimiento arqueológico sobre el área de Huaraz y el territorio entre la Cordillera Negra y la Cordillera Blanca se complementa con la información brindada por la etnohistoria. En retrospectiva, la información contenida en los documentos coloniales también nos permite conocer la historia prehispánica tardía de la región y las relaciones entre los Incas y los señoríos de Hanan Huaylas y Hurín Huaylas. Retrocedamos dos décadas antes de la guerra de los wawqikuna y la intervención hispana. Alrededor del año 1518, Huayna Capac consolidó el apoyo de los gobernantes Huaylas a través de su vínculo matrimonial con Contarguacho, de los Hanan Huaylas, y Añas Colque, de los Hurín Huaylas. De la segunda unión nacería Paullu Inca (1518-1549), quien llegaría a jugar un rol destacado en las relaciones entre indígenas y españoles del naciente virreinato peruano. Huayna Capac y Contarhuacho tuvieron como hija a Quispisisa o Inés Huaylas, quien se convertiría entre 1532 y 1538 en esposa de Francisco Pizarro (Varón 1980). Fueron Hernando Pizarro y Miguel de Estete los primeros en señalar la presencia del “pueblo grande de Guaraz”, el que según su relato era gobernado por el curaca Pumacapllai o Pumacapillay. Aunque estas primeras referencias escritas son breves, constituyen una valiosa información que relaciona el topónimo “Pumacayán” al nombre de un curaca y un centro poblado. Durante el Reparto de Jauja de 1534 el territorio Hurín Huaylas, al que pertenecía Huaraz, paso a conformar la “encomienda de Recuay” asignada a Sebastián de Torres y Jerónimo de Aliaga. Paullu Inca, quien por descendencia pudo haber heredado los derechos tributarios sobre Hurín Huaylas,

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pasaría a vivir en Cusco, donde apoyo sucesivamente a Almagro y Gonzalo Pizarro y seria investido como Inca. Hasta esas décadas el principal centro administrativo Inca en la parte sur del Callejón de Huaylas era Choquerecuay, ahora conocido como Pueblo Viejo de Recuay. Con la reorganización territorial conducida por los españoles, la zona de Huaraz comenzaría a adquirir un rol cada vez mayor, algo que parece relacionado a su posición intermedia entre Hurín Huaylas y Hanan Huaylas. En 1536 se produjo el levantamiento de Manco Inca, cuyo asedio a la ciudad de Lima fue repelido con los refuerzos enviados por los curacas de Hanan Huaylas. Al igual que en el resto de los Andes, la época fundacional de Huaraz como asentamiento colonial estuvo marcada por el nuevo orden político regional y diversos abusos cometidos contra la población indígena, situación que en 1539 desembocó en la revuelta de los curacas de Huaylas y Conchucos y en una cruenta represión por los españoles. La división en 1538 de la encomienda original de Recuay permitió a la zona de Huaraz adquirir mayor autonomía frente a sus vecinos de Hanan Huaylas y Choquerecuay. La nueva encomienda de Huaraz, a cargo de Sebastián de Torres, comprendía las guarangas (grupos poblacionales y tributarios) de Ichoc Guaraz, Allauca Guaraz y, de facto, Marca en las nacientes del Río Santa. Cuatro años después, el área fue adicionalmente dividida, con cada una de las guarangas mencionadas convirtiéndose en una encomienda distinta (Espinoza 1978). A su paso en 1548 por Huaraz, donde el poblado Inca había continuado funcionando durante las guerras entre los encomenderos y la corona española ( Zuloaga 2012: 179), el cronista Cieza de León pudo haber visto Pumacayán. En una parte de su relato, Cieza de León (1984 [1551]) se refirió a la ‘provincia de Guaraz’ y señaló la existencia de un edificio notable, al que describió como ‘una fortaleza grande o antigualla’. Esa construcción sido identificada, a pesar de la probable confusión geográfica,


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como Chavín de Huántar (Arana Bustamante 2015). La información etnohistórica recoge el nombre de algunos curacas de Ichoc y Allauca Guaraz entre las décadas de 1520 y 1560: Cinchi Caqui, Diego Cinchi, Guaman Cochache y Pedro Sulca Collas, entre otros. Como parte de las reformas del virrey Toledo, en 1574 las poblaciones indígenas de las encomiendas de Ichoc Guaraz y Allauca Guaraz fueron reubicadas en San Sebastián de Pampahuaras del sector ichoc, localidad que devendría en la capital de la zona. Poco después, ambas encomiendas fueron nuevamente reunidas bajo una sola autoridad colonial (Zuloaga 2012: 179-181, 200-205). Los censos de 1558 y 1594 registraron que numerosos gobernantes nativos de la sierra de Ancash aún practicaban la poligamia. Aunque el cristianismo había sido implantado en la región desde los inicios de la presencia hispana, la ideología religiosa indígena y el culto a dioses como Guari, Macovilca, Matarau y Cotovilca seguirían vigentes en algunas partes del área hasta avanzado el siglo XVII.2 El reporte del sacerdote Hernández Príncipe sobre su visita a la parte sur del Callejón de Huaylas en 1622 nos muestra como se desarrollaba la vida cotidiana y ritual de las poblaciones del área nueve décadas después de la llegada de los españoles. Por entonces, los pobladores de Ocros aún conmemoraban el sacrificio ritual o capac hucha de Tanta Carhua, hija del curaca Caque Poma durante el gobierno de Huayna Capac (Zuidema 1989). Hernández Príncipe también observo la veneración de huacas y mallquis, el uso de conopas e illas (pequeñas esculturas líticas) y el sacrificio de llamas como parte del culto a los dioses del rayo, el sol y la estrella Huarac o Venus, y el corte ritual del pelo de los niños. La chicha consumida en reuniones sociales y ceremonias continuaba siendo preparada por las mujeres de los ayllus. Varios sitios ceremoniales nativos pudieron ser empleados durante esta época y periodos precedentes como centros de culto y observación de Venus, cuya posición en el cielo indicaba el tiempo y las estaciones. Durante el periodo colonial Huaraz fue un sector con poblaciones hablantes mayormente del quechua pero que gradualmente adoptarían el castellano. Tras el fin del sistema de encomiendas, la zona se constituyo en un corregimiento, condición en la que se mantuvo hasta fines del virreinato. La integración del área en el sistema administrativo colonial origino el crecimiento de la ciudad y la fundación de sus principales iglesias. A fines del siglo XVI surgieron las primeras cofradías o hermandades cristianas indígenas, a las que se sumaría en el siglo XVII la cofradía española y mestiza del Santo Cristo de

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la Soledad. De esos años datan varias referencias a la competencia y eventual colaboración entre los descendientes de las poblaciones originarias ichoc y allauca asentadas en Huaraz, una situación mostrada por los conflictos de 1643 entre las hermandades nativas por la posesión de la imagen de San Sebastián, patrón del pueblo, y su alianza en 1665 ante la formación de la cofradía mestiza ( Varón 1982). Esta última logró iniciar en 1669 la construcción de la iglesia del Señor de la Soledad, un proyecto que se entrelazaría con la supervivencia y significado de Pumacayán. En efecto, las piedras empleadas en el levantamiento del santuario cristiano procedieron en parte del templo indígena, el cual fue señalado en 1688 (o 1689) como un “mochadero” o lugar donde aún se realizaban reverencias a las huacas. La utilización de las piedras de Pumacayán para el levantamiento de edificios coloniales se convertiría en una práctica mantenida en las décadas siguientes. Otros ejemplos de ello fueron la construcción de los conventos de San Francisco (1688-89) y de la orden Betlemita (1710). Otra expresión de la superposición implícita y no pocas veces conflictiva del culto cristiano y la ideología indígena en Huaraz fue el levantamiento de una capilla sobre la cima de Pumacayán, construcción que aparece en el plano de la ciudad elaborado en 1786 por fray Manuel de Sobrevilla. El advenimiento de la Republica entre 1821 y 1825 significó el fin de los derechos hereditarios de la nobleza indígena regional. Paralelamente, la demografía del área mostraba un incremento sostenido, con el censo de 1836 indicando para la provincia de Huaylas una población de 49,667 habitantes, la mitad de ellos indígenas. En el siglo XIX vemos a Huaraz y el Callejón de Huaylas incorporados en el sistema mundial de comercio de productos fabricados en las ciudades industriales de Europa. Al mismo tiempo, el crecimiento de Huaraz originaría una nueva serie de daños en Pumacayán. En 1847 el prefecto Domingo Casanova autorizó el desmantelamiento de la “huaca” para el empleo de sus piedras en la construcción del nuevo cementerio municipal en Yucyu Pampa, una labor que originaría el hallazgo de varias esculturas prehispánicas descritas como “bustos y otras figuras (…) de piedra...” El impulso de la actividad comercial en Huaraz y la producción de las haciendas rurales cercanas fueron observados por los viajeros que arribaron a Huaraz, entre ellos William Bennett Stevenson (1825), Antonio Raimondi (1873) y Ernest Middendorf (189092). Fue Raimondi quien registró en los muros del cementerio municipal, inaugurado en 1851, algunas de las esculturas extraídas años antes de Pumacayán 3. Por su parte, Middendorf examinó el significado del término “Pumacayán” y propuso su traducción como “el lugar donde el león (puma) ruge”.


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Entre 1879 y 1883 se produjo la Guerra del Pacifico. El conflicto llevaría a los ejércitos de Perú y Chile a enfrentarse el 10 de julio de 1883 en Huamachuco, batalla en la que participaron numerosos pobladores de Huaraz y el Callejón de Huaylas. Los problemas sociales y económicos ya existentes y los resultados de la guerra condujeron a los pueblos quechuas de la región a rebelarse contra el gobierno en 1885. Ese año, la comunidad campesina de Marián y los pobladores de numerosas estancias rurales –tras ver fallar sus reclamos por la imposición de trabajo gratuito para el estado y nuevos impuestos fiscales– se levantaron en armas y sitiaron Huaraz. Los líderes de la revuelta, Pedro Pablo Atusparia, Pedro Cochachín “Uchcu Pedro”, Manuel Mosquera y Pedro Guillén, entre otros, tomaron y controlaron la ciudad por dos meses. El levantamiento también se expreso en el campo ideológico. Prueba de ello es la redacción de los Memoriales presentados por los alcaldes indígenas al gobierno en 1885 y 1887, la labor de Luis Felipe Montestrueque, el editor del periódico “El Sol de los Incas” de Huaraz y la conducción de la festividad del Señor de la Soledad en los días más álgidos de la lucha (Alba Herrera 1985). La revuelta, que se extendería hasta Mancos y Yungay, la Cordillera Negra y Conchucos, terminaría en mayo de 1885 con la derrota de los rebeldes y su ejecución o encarcelamiento. Parte del combate por Huaraz se libro en Pumacayán, un episodio que Ciro Alegría narraría con matices épicos en la novela “El mundo es ancho y ajeno” de 1941. A fines del siglo XIX, Huaraz experimentó una etapa de modernización urbana, un proceso que produciría la remodelación de sus plazas, iglesias y locales públicos y la apertura de calles y avenidas. En el tiempo entre 1900 y 1930 –correspondiente a la “Republica aristocrática” peruana– Huaraz se consolidó como el centro comercial primario del Callejón de Huaylas y Conchucos. La producción y exportación de lanas, harinas, cueros y alimentos apoyo la economía de una clase media propietaria de establecimientos comerciales y latifundios. La mayoría de la población pertenecía sin embargo a la clase popular y estaba conformada por pequeños propietarios rurales, hacienda runa dependientes de los terratenientes, y huajstas, peones y obreros temporales (Yauri 2013: 22-23). Este periodo vio aumentar el interés por el pasado de Pumacayán. En las primeras décadas del siglo XX se produjeron en Pumacayán varias excavaciones orientadas a revelar la arquitectura del lugar y hallar objetos valiosos. Ese fue el caso de la intervención en 1913 y 1914 de Leonardo Barbaren y José Villachica, quienes, con autori-

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zación del gobierno, expusieron las bases de un edificio circular y encontraron un par de morteros líticos (Reina Loli 1959). Julio C. Tello inspeccionó Pumacayán en 1919 y lo comparo con Tumshukaiko, otro notable sitio arqueológico de la sierra de Ancash (Bueno 2010: 20). Según diversas referencias, en Pumacayán era posible por entonces observar varias galerías subterráneas. En 1938 Wendell Bennett prospectó el área de Huaraz y realizó trabajos arqueológicos en Shankayán, San Jerónimo (Balcón de Judas) y Ayapampa. Augusto Soriano Infante, el fundador del museo de la ciudad, publicó dos años después un artículo sobre la arqueología e historia de Pumacayán. Curiosamente, la obra de Bennett (1944: 12, 105) contuvo solo una breve referencias a Pumacayán, aunque incluiría el dibujo de una de las esculturas registradas por Raimondi. Posteriormente, otras excavaciones en el sitio conducirían al hallazgo de illas de piedra, materiales que como vimos anteriormente fueron objetos de culto en tiempos prehispánicos y coloniales. El 13 de diciembre de 1941 un aluvión catastrófico descendió por el río Quilcay y produjo en Huaraz la destrucción de numerosas edificios y la pérdida de casi 2000 vidas humanas (Wegner 2014). En los años siguientes se acentuarían la emigración de la clase media local y la llegada de numerosas familias campesinas. La reconstrucción de de Huaraz también significó la continuidad del capitalismo económico de inicios del siglo XX, algo que se vio favorecido por la producción agrícola y el comercio a través del sistema regional de carreteras. Respecto a Pumacayán, un nuevo y detallado trabajo académico dedicado especialmente a ese sitio aparecería en 1959 gracias al esfuerzo de Manuel Reina Loli. Huaraz sería afectada una vez más el 31 de mayo de 1970, en esa ocasión por un terremoto que asoló a todo Ancash y el norte peruano. Tras cada una de esas catástrofes Huaraz logró recuperarse, aunque para ello debió cambiar sus formas tradicionales de organización social y económica y su sentido como espacio urbano. El crecimiento demográfico y la migración del


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campo a la ciudad producirían durante las décadas de 1940 a 1980 la formación de nuevas zonas residenciales, la mayoría carentes de una planificación capaz de garantizar el adecuado desarrollo urbano. Pumacayán, que hasta 1950 se mantenía como un montículo rodeado por calles y parcelas agrícolas de la periferia urbana y era un lugar de shaumadas para curanderos y sanadores tradicionales, paso verse rodeada por viviendas. A pesar del reclamo de instituciones estatales y asociaciones civiles, en las décadas de 1970 a 1990 el sitio llegaría a ser ocupado en sus lados y cima por casas y acumulaciones de desechos. Ese proceso destructivo no se detendría sino hasta años recientes. En el presente, Pumacayán es uno de los lugares del área metropolitana de Huaraz donde podemos apreciar el encuentro entre el pasado y el presente. Debido al crecimiento compulsivo y muchas veces carente de ordenamiento de la ciudad, ese encuentro no ha sido armónico. La ocupación moderna del espacio arqueológico ya ha ocasionado la perdida y deterioro de algunos de sus componentes, una situación que de continuar pone en peligro la integridad del monumento. A pesar de ello, Pumacayán continúa representando un espacio que nos muestra la evolución de Huaraz a través del tiempo y la capacidad de su población para sobreponerse a las adversidades de la naturaleza y a los momentos más difíciles de su historia. La preservación del sitio requiere no solo la recuperación de las áreas afectadas. En un sentido más amplio, la valoración social de Pumacayán solo será alcanzada a través de la continuidad del compromiso de las instituciones y la población de Huaraz con la conservación de un espacio que todos debemos ver como un símbolo histórico y un componente del desarrollo urbanístico y humano de nuestra ciudad. Notas 1. Existe un rico registro arqueológico para las poblaciones prehispánicas tardías de las zonas de Ancosh Punta y Mareniyoq en la Cordillera Negra a 9 km al noroeste de Pumacayán (Ponte 2014: 152-167, 170-179). En esa área se ubican Carhuac Punta y Auquish Corral, que corresponderían a poblados Hurín Huaylas, y Mareniyoq y Llaca Ama Caca, ocupados durante los periodos Inca y, probablemente, Colonial temprano. La presencia en los últimos dos sitios de cerámica ceremonial Inca similar a la registrada en Pumacayán abre una posibilidad para comparar el impacto de la presencia cusqueña en las dos márgenes del sector central del Callejón de Huaylas.

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Pumakayán - Década de los 90 del siglo XX Díaz Evaristo

2. En 1582 Cristóbal de Albornoz recogió el nombre de algunas divinidades de los pobladores del Callejón de Huaylas: “La provincia de Guaylas. Cotovilca, guaca de los indios collanas, es una piedra questá en un cerro junto al pueblo de Chonta. Matarau, guaca prencipal de los dichos indios guaillas, es una piedra questá en el dicho cerro Mataras. Está cercada, junto al pueblo de Yscas. Macovilca, guaca prencipal de los indios huringuaillas, es una piedra vestida” (Duviols 1967: 30). 3. Varias de las esculturas Recuay extraídas de Pumacayán en 1847 y conducidas luego al cementerio de Yucyu Pampa son conservadas por el Museo Arqueológico de Huaraz. Raimondi documentó en detallados dibujos la iconografía de esas piezas, a las que describió como: “Bajo relieves en roca porfirica sacados de las ruinas de Pomacayan en Huaras y que actualmente se hallan colocados en la muralla del panteón de dicha ciudad”. La mayoría de estas esculturas presentan relieves de personajes humanos en posición frontal, sosteniendo cetros, porras y cabezas trofeo y flanqueados por figuras zoomórficas de perfil con rasgos de felinos. Una de las lajas talladas muestra a un individuo con porra sujetando a un prisionero. Otro de los motivos en relieve corresponde a pares de felinos confrontados. Un segundo grupo de esculturas habría estado compuesto por efigies tridimensionales de personajes con tocados y orejeras. La preservación de este valioso conjunto artístico se debe en gran medida al esfuerzo de Augusto Soriano Infante. Tan recientemente como en el año 2014, otra escultura fue recuperada en el área próxima a Pumacayán, esta vez en el subsuelo del Jirón José Olaya (http://culturaancash.blogspot.pe/2014/01/se-recupera-un-monolito-y-descubre-un.html).


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Pumakayan y la Ciudad de Huaraz en 1786 Mapa levantado por el padre Manuel Sobreviela (Misionero de Ocopa) - Arch. Steven Wegner

Pumakayan y la Ciudad de Huaraz en 1846 Mapa levantado por el Sargento Mayor de Ingenieros Francisco José Cañas


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PROYECTO ARQUEOLÓGICO PUMACAYÁN: INVESTIGACION, CONSERVACION Y PUESTA EN VALOR Lic. Arqlº César Serna Lamas Ubicación: El Monumento Arqueológico de Pumacayán está situado a 500 m. al este de la plaza de armas de la ciudad de Huarás, en el barrio de San Francisco, entre las calles Sucre, Ladislao Meza, Julio C. Tello y Pasaje Sucre. En términos de ubicación política, se ubica en el distrito de Huarás, provincia de Huarás en el departamento de Ancash, a una altura aproximada de 3,100 m.s.n.m., entre las coordenadas UTM 8'945,950 N y 223,220 E. Hidrográficamente, esta al este del río Santa y al sur del río Quillcay, afluente del río Santa. Antecedentes:

El historiador Huarasino Manuel Reina Loli, apelando a la toponimia conocida asevera que Pumacayan es un templo dedicado al culto del "PUMA", de ahí su nombre de Puma haciendo referencia al felino americano, que pudo existir en esta parte del Perú por aquella época y que hoy es muy difícil ubicarlo pues está en extinción y del término Callan que significa "existe o hay". Según Julio C. Tello (1,929), quien realiza las primeras investigaciones científicas en este lugar dice que es una gran pirámide trunca con terrazas escalonadas similares a otros sitios registrados para el Callejón de Huaylas como Wansakay en Yungay y Tumshukaiko en Caraz. Hay información de moradores viviendo en la zona, así como los informes de Ruiz Huidobro (1,941) que manifiestan de la existencia de una galería de ochenta a cien metros de largo aproximadamente que había permitido una comunicación desde el interior del monumento hacia otro edificio cercano. Esta galería en los años 1,885 1,900, era motivo de continuas visitas por parte de estudiantes del Colegio Nacional La Libertad. Los monolitos ubicados en el patio principal del Hospital de Belén colocados por el Dr. David lzaguirre podrían venir de este lugar y no de Pongor, como se propuso y que Antonio Raimondi lo toma como referencia y lo presenta en su libro "El Departamento de Ancachs", donde también menciona

la destrucción que venía sufriendo el sitio por la extracción de las piedras para la construcción de viviendas por más de 100 años. Las excavaciones realizadas por Bambarén y Villachica (1,913), en la meseta donde se ubica actualmente la capilla, han reportado la existencia de un torreón circular de piedras labradas y pulidas unidas estrechamente entre sí. Los materiales más significativos que se han recuperado de este sitio son: dos platos hechos en piedra y un grupo de pequeñas piedras grabadas conocidas como "lilas" en forma de mazorcas de maíz y pequeños animales. Bennett visita el sitio en 1,938, pero por el mal estado de conservación que presentaba, no realiza investigaciones exhaustivas limitándose a revisar las descripciones de Tello y Raimondi. Isaac Pérez Angulo (ex director del Museo de Huarás) en una visita realizada al sitio encontró un pequeño grupo de piedras grabadas conocidas como "lilas" con forma de maíz y de pequeños animales que fueron enterrados en el lugar, manifestando que se trataría de evidencias que denotarían la presencia de una ocupación tardía no precisada, tal vez del Horizonte Tardío. El cronista Miguel de Estete y Hernando Pizarro (1,533) de su permanencia en esta zona, hacen mención de la existencia de un pueblo grande llamado Huarás, que tiene como cacique principal a "Pumacapillai", lo cual estaría indicando que se trataría del gobernante que ocupó el monumento arqueológico Pumacayán para la época Inca.


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El Instituto Nacional de Cultura - Ancash el año 2,002, ejecutó el Proyecto de Emergencia Pumacayán cuyo objetivo fue evitar el colapso del perfil oeste del sitio arqueológico. Durante los trabajos de reperfilamiento se registraron 11 cistas pertenecientes a la cultura Recuay, de las cuales 04 se encontraron intactas y 07 de ellas fueron saqueadas por los lugareños. Asimismo, se pudo definir preliminarmente a partir del material cultural, la secuencia ocupacional del sitio que se inicia con la ocupación Chavín, Recuay y posteriormente Inca.

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tierra para formar plataformas artificiales que permitieron elevar la altura del montículo que en algunos sectores ha sobrepasado los 12 metros. Estos detalles se pueden ver principalmente en el lado sur y oeste del sitio, aunque actualmente se encuentran muy destruidos. Probablemente su uso pudo ser religioso y funerario, motivo por el cual los hispanos procuraron construir un templo católico a escasos metros de su estructura (Iglesia de la Soledad) como medida para contrarrestar las actividades que se llevaban a cabo en dicho monumento. Las pocas estructuras visibles conservan su originalidad, pues se ha notado que existen filtraciones de agua a su interior y parte del mortero de sus muros ha sido desprendido por las aguas de las lluvias. Por otro lado, los moradores en el lugar dejan desperdicios y destruyen las estructuras para seguir construyendo y ampliando sus viviendas. En la actualidad casi todo el monumento se encuentra ocupado por invasores y el área que hemos intervenido es lo poco que se puede trabajar sin tener que lidiar con los habitantes de este monumento, para hacer investigación y poner en valor parte de este importante monumento. Componentes del Sitio:

Estado de Conservación: El sitio comprende en la actualidad un área intangible que fue delimitada por el Instituto Nacional de Cultura Ancash de 1.730 Has, con un perímetro de 576.40 metros lineales. Se trata de un gran montículo que alcanza más de los 12 m. de altura, construidos a través de terrazas; su arquitectura visible lo constituyen principalmente muros de contención, utilizándose para su construcción grandes piedras colocadas ordenadamente en hileras y rellenos de

El proyecto de Investigación y Conservación, determinó para desarrollar los trabajos en el Monumento arqueológico de Pumacayán, dividir este en 5 sectores para una mejor descripción de sus componentes que se pueden ver en superficie. Sector "A": Este sector comprende la parte central del monumento, en donde se ha construido una pequeña iglesia católica de adobes por los lugareños que habitan en el monumento. En superficie se observa algunos alineamientos de piedras que conforman muros antiguos y fragmentos de cerámica de la época Formativa, Recuay e Inca. Sector "B": Este sector comprende la parte norte del monumento, está completamente ocupado por casas modernas de adobes y de material noble, no se puede apreciar construcción prehispánica alguna, al parecer todo ha sido destruido por las nuevas construcciones. Es importante mencionar que aún por debajo de estas construcciones modernas, existe evidencia de una ocupación prehispánica y posiblemente sea de la época Formativa.


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Sector "C": Este sector comprende la parte oeste del monumento, se encuentra parte de construcciones prehispánicas que se han salvado de la destrucción por parte de los ocupantes precarios e ilegales del monumento. Comprende el pasaje Sucre que fue hecho con el propósito de dar salida a la gente que vive en esta parte del monumento, se ha evidenciado un gran perfil de aproximadamente 30 m. de largo por cerca de 4 m. de altura, en este, se aprecia un gran relleno con restos de basura de la época Formativa, en los primeros 12 m. donde se ha construido cistas (tumbas) de la época Recuay. Más hacia el norte el perfil comprende un gran relleno de la época Inca con evidencias de muros que configuran estructuras posiblemente domésticas. Sector "D": Comprende la parte sur del monumento, estuvo cubierto de basura moderna y gran vegetación, esta parte es la menos poblada pero la mayor afectada, ya que ha sido utilizada como lugar para arrojar la basura de los habitantes del monumento. Se ha identificado la construcción de un posible molino de los años 70 hecho de ladrillo. Sector "E": Comprende el lado este del monumento, está totalmente poblado y presenta construcciones modernas de adobes y material noble. Lamentablemente no se puede observar construcción prehispánica pero sí en las paredes de las viviendas de adobes, fragmentos de cerámica, y en los patios de estas casas también fragmentos de cerámica. Es muy probable que debajo de estas construcciones modernas aún se conserven las estructuras. Sobre los resultados del Proyecto Arqueológico En la temporada de trabajo 2004, en el monumento arqueológico de Pumacayán se ha intervenido en una pequeñísima parte, 10% de este gran complejo de 1.7 Ha. Han sido muy satisfactorios los resultados que hemos obtenido a través de las excavaciones. En primer lugar a través de una cala hecha en la casa de una pobladora del monumento ubicada en el sector "C" se ha podido ubicar una gran ocupación de la época Formativa (Chavín), cuya cerámica muy diversa en decoración hace pensar en una relación muy directa con el centro ceremonial Chavín. Un alineamiento de pocas

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piedras son los restos de una probable estructura formativa que hubo en esa época y después fue sellada a través de rellenos. En segundo lugar en un gran perfil ubicado en el sector "C" se identificó dentro del relleno formativo cistas (tumbas) de la época Recuay, de diferente tamaño y forma, en algunas de estas en el año 2002, arqueólogos del INC de Ancash en un trabajo de emergencia en este perfil recuperaron vasijas completas e instrumentos de metal que se encuentran en los depósitos del museo de Huaraz. En tercer lugar, en la excavación en área de la unidad 3 -1 se han podido identificar construcciones de la época Inca, con clara filiación local y cuzqueña. Se trata de 3 viviendas de diferentes tamaños, en una de ellas en la que mejor se ha conservado se ha recuperado sobre el piso material cultural de uso doméstico en su gran mayoría lo que nos hace pensar de su posible uso como vivienda y posiblemente como taller. Todas estas estructuras fueron selladas a través de rellenos por los Incas para elevar más el monumento y hacer construcciones más arriba como lo evidenció restos de un muro que se ubicó en el límite de la unidad 3 -1 y 4-1. Creemos que en el sector "A" en su momento final de ocupación del monumento se construyeron estructuras tal vez del tipo ceremonial. Estamos convencidos que hubo dos momentos de ocupación durante la permanencia de los Incas en Pumacayán: Una como vivienda-taller donde realizaban actividades propias de una casa, como cocinar, dormir, y además como taller donde hacían sus instrumentos de piedra y tal vez sus


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telares, ya que en estas viviendas se han encontrado gran cantidad de restos de desecho lítico. En cuarto lugar podemos decir que el área del monumento fue mayor ya que tuvimos la oportunidad de observar y recuperar material cultural del interior de una vivienda que es un hospedaje ubicado a unos 50 metros hacia el Oeste del sector "C", llamado Miis Hellen, en esta vivienda aún se conserva un pequeño montículo de donde recuperamos fragmentos de cerámica de la época formativa. Ella nos confirma que el área del monumento de Pumacayán fue mayor y que aún hay mucho que investigar. Con respecto al estado de conservación debemos decir que urge se hagan las coordinaciones con las instituciones responsables para poder reubicar a las familias que viven en el monumento. Con las excavaciones e investigaciones en general realizadas por el proyecto se ha demostrado que el sitio es de gran importancia y guarda aun mucha información. Es importante asumir el compromiso de salvar este monumento, fundamentalmente las autoridades y sensibilizar a la población sobre la importancia de PUMACAYÁN, tanto para el turismo como para el desarrollo de Huaraz, por eso debemos evitar que se siga destruyendo el monumento. Deben continuarse con trabajos de investigación sostenibles y lograr que este se convierta en el CENTRO DE INVESTIGACION DE LA ESCUELA PROFESIONAL DE ARQUEOLOGIA que ya tiene la Universidad Nacional de Ancash Santiago Antúnez de Mayolo. Equipo de Investigadores

1. Lic. Arqlº César Serna Lamas (Director del Proyecto) 2. Lic. Arqlº Víctor Peña Huamán (Residente de obra) 3. Lic. Arqlº Jorge Cetrina Mauricio (Arql. Especialista) 4. Lic. Arqlº Juan Carlos Yarleque G. (Arql. Especialista) 5. Lic. Arqlº Hernando Malea Cardoza (Arql. Especialista) 6. Carlos del Mar Pacheco (Conservador) 7. Arqlº Rocío Esquerre Alva (Arql. Especialista) 8. Lic. Arqlº Liliana Pretell Saavedra (Arql. Especialista)

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En el diario "El DEPARTAMENTO" de los días 21, 24, y 25 de Noviembre del año de 1913, se han encontrado notas sobre nuestro patrimonio arqueológico más importante: Pumakayán. Transcribimos las notas (JSM – Pumakayán. Año 1, N° 1, 2009).

Diario El Departamento 21 de Noviembre de 1913

“-EL DIA.- LAS RUINAS DE ANCASH. Los edificios enterrados en Pumakayán: interesantes descubrimientos: Se han encontrado enormes edificios enterrados en Pumakayán, con paredes de piedras enormes rigurosamente labradas, dan idea de lo que pueden ser esos edificios que se están desenterrando gracias a la iniciativa privada a cargo del señor LEONARDO BAMBARÉN que buscaba riquezas, ha encontrado las enormes paredes que denuncian construcciones de grandes proporciones, que ocupan una superficie mayor de 40,000 metros cuadrados. Por la altura de las paredes, se ve que se trata de un local de gran elevación. Arrojando piedras por las ventanas que se hallan en las paredes mencionadas se percibe grandes profundidades". 24 de Noviembre de 1913.- El Día.- Los Edificios Precolombinos de Pumakayán, Intervención del Prefecto.Prosigue activamente el trabajo de descubrir las paredes del edificio precolombino de Pumakayán, que es un amontonamiento de escombros que ocultan paredes que si son definitivamente precolombinas. El Prefecto Sr. Lomparte contribuye a los trabajos.El Departamento, 25 de Noviembre de 1913.Los Trabajos de Pumakayán, un Torreón a la Vista - Pericia en el Labrado de las Piedras.- Con lo avanzado en las últimas horas en Pumakayán queda a la vista una pared ovalada que acusa la formación de uno de los torreones o contrafuertes de ese enorme edificio que pacientemente empieza a ser exumado (sic). Llama la atención la pericia con la que han sido labradas las piedras para dar a la pared la forma ovalada. El Departamento hace un llamamiento a las instituciones locales para que contribuyan a los trabajos.


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PUMAKAYÁN EN LA HISTORIA Claudio Augusto Alba Herrera El monumento arqueológico de Pumakayán antiguamente llamado por los indígenas Pumakayay, corresponde al periodo formativo de transformación social, económica productora de alimentos que se inicia en el estadio final del arcaico, con la práctica intensiva del cultivo de la papa y el maíz. Al comienzo del pastoreo de los camélidos y la crianza del cuy. En el tiempo hubo diferentes ocupaciones hasta la ocupación Inca. En los inicios nada pudo hacerse sin orientación previa. La sociedad del Callejón de Huaylas tenían similitud de comportamiento. Vivían en un Cosmos sacralizado, participando de una sacralidad cósmica, manifestada en el mundo animal como en el vegetal. Lo sagrado podía manifestarse en una piedra, un árbol o en un animal. Lo que en el cristiano la hierofanía suprema está en la encarnación de Dios con Jesucristo. La piedra sagrada, el árbol, el animal sagrado son adorados en cuanto a tales; lo son por el hecho de mostrar algo que ya no es piedra, ni árbol, ni animal, sino lo sagrado. El hombre de las sociedades arcaicas tenían la tendencia de vivir en lo sagrado o en la intimidad de los objetos consagrados. Y para el hombre de Pumakayán, la revelación de su espacio sagrado tenía un valor existencial, no pudo haber comenzado a construir este adoratorio sin un objetivo previo, ser el centro ceremonial, en la que vivirían cerca a los apus (wamanis, achachillas, hircas) y pumas, para invocar pujanza y energía o clemencia en las calamidades. El morro de Pumakayán es una pirámide truncada, con terrazas escalonadas, representa el centro sagrado de su mundo vivencial en el key-patsa para sus ritos, con la mayor aproximación al Lucero del Amanecer que era la hierofanía suprema de los Huarac, cuyos cimientos se hundían en el inframundo. En la dialéctica de la hierofanía surge un espacio prohibido en la biblia y dice el Señor a Moisés: “quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estas es tierra santa” (éxodo, III.5).

Este mandato divino, aparece claramente expresado en el santuario de katiamá del distrito de Santa Cruz, provincia de Huaylas; se halla situado en la parte elevada del cerro el montículo artificial, cuya parte posterior da a una profunda quebrada. La maravilla de katiamá es una chulpa de dos pisos y antes del terremoto de 1970 en las murallas del santuario se hallaban incrustadas cinco cabe-

zas de pumas. Tres al lado sur, una al lado oeste y una al lado norte. El nombre katiama significa “no me sigas”, nos explica de una oposición entre el espacio religioso y el espacio geométrico o profano. De manera que había un espacio prohibido que impedía entrar al santuario mientras no se cumplía con el ritual impuesto. Pumakayán, también tendría una zona solo reservada para el sacerdote, o sacerdotes que conducían al ritual. Los Huaras al contemplar la bóveda celeste descubren los diferentes modos de lo sagrado. El cielo se les revela como trascendente, como infinito. Les impresiona los movimientos de venus en el cielo, presentándose ante sus ojos como dos cuerpos luminosos aparentemente distintos y visibles en diferentes épocas del año; su ficticia muerte (estrella vespertina) en la Cordillera Negra y su resurrección (estrella matutina) en la Cordillera Blanca. La vinculaban con la germinación del maíz.

Significado de Pumakayán en la Colonia Pumakayán sería escenario de luchas campales entre los de Anan Huaylas (Huarás y Choque Recuay) con los de Lurin Huaylas (Atún Huaylas) por la supremacía de poder, hasta la llegada de Huayna Cápac, que tomo por sus mujeres a Añas Colque de Anan Huaylas y Cóndorhuacho de Lurin Huaylas. Acto que propició un entendimiento. Al iniciarse la conquista española, Hernando Pizarro con 20 a caballo y algunos arcabuceros fue “a comer a un pueblo grande que se llama Guaray, y del señor de pumacasinay”, en enero de 1533 a su paso al santuario de Pachacamac. El 19 de enero de 1689, los padres franciscanos, fray Basilio Pons, fray Joseph Sánchez y fray Francisco Beltrán hicieron su ingreso al pueblo de san Sebastián de Huarás para fundar un convento el 1 de marzo del mismo año. Principiaron los trabajos con el sacado de piedras del morro de Pumakayán por los tres franciscanos y el 18 de abril iniciaron a construir los cimientos. Exactamente al año que llegaron a Huarás, inauguraron el convento, entrando en comunidad con cuatro sacerdotes. El año 1696, vino un mandato del Virrey Conde de Moncloa, para que se suspenda la obra del santo convento de los franciscanos en Huarás y no se prosiguiese su construcción. Refiriéndose a esta orden el padre Francisco Beltrán dice: “causó en el pueblo muchas lágrimas y sentimiento”, de ver


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“que todo el infierno se había opuesto en esta santa fundación; siendo de tan agrado de Dios Nuestro Señor y viendo de sus criaturas redimidas con su preciosa sangre; dije que se opuso todo el infierno, y con razón, porque en este mismo sitio que es mochadero y le daban adoraciones al demonio, y estábamos de día y de noche, tributándole a la Majestad Divina alabanza y en el coro, y en este mismo paraje en que el demonio cautivaba las almas con supersticiones, estaban saliendo de su pecado y de su dura esclavitud; mediante la gran frecuencia de sus sacramentos que hay en este convento; y por estas causas ha hecho el demonio tanta guerra que a no considerar los religiosos, eran todos ardides de satanás para destruir esta santa fundación, y no hubieran desamparado que algo tiraba toda la astucia y batería del demonio y para que se vea lo mucho que importa este santo convento para el bien de las almas; y juntamente es de muy al agrado de Dios de Nuestro Señor”. Luego, el padre Beltrán, comenta una carta que le escribió el visitador don Juan Enríquez y Sotomayor, cura de Cajamarquilla. Que antes “reinaba, los vicios, los hurtos, los amancebamientos y las idolatrías y después lo que hoy vemos, más de cien mujeres recogidas a buen vivir, cargados de hábitos, frecuentando cada ocho días de los sacramentos de la tercera orden; y yo podría jurar como visitador de la Idolatría que han venido a reconciliarse arrepentidos infinitas personas de sus errores y preguntándoles; y qué les ha movido, me han dicho que Santa Recolección”. Es el caso que la Divina Providencia dispuso que se fundase en Pumakayán, donde es adoratorio desde la gentilidad y donde iban a sus sacrificios a media noche, oían las disciplinas y oraciones de los religiosos, los cuales confundían y hacían volverse a Dios como lo han declarado muchos. La segunda a la que mueve a creer; sin duda alguna que es obra de Dios”.

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También se da a conocer lo que sucedió 12 años antes de que se fundara el convento, “que yendo una mujer perdida al mismo paraje donde se ha fundado la Santa Recolección a ofrecer al demonio sacrificios, escavando la tierra para enterarla, encontró una lámina con la inscripción JESÚS, MARÍA Y JOSEPH de lo cual confiesa, contrita y vino a mí a confesarse y al referir lo que le había sucedido, arrepentida de su error. Después de cuatro años vinieron los religiosos y tratando de fundar (un convento) y entonces réferi al Reverendo Fray Basilio Pons el caso, y que Dios quería que en aquel paraje se le fundase el templo y, aunque se procuró no fue posible por ser tierra de indios y otros particulares y así se fundó en otro paraje y para que se conociese que aquella era la voluntad, dispuso que los mismos dueños ofrecieran el sitio y que se fundase por segunda vez la Recolección en el mismo paraje que Dios había señalado”. Se habla que en Pumakayán se encuentran galerías subterráneas y es posible que haya canales fónicos que reproduzcan sonidos como el bramido de los pumas, por lo que antiguamente lo llamaron Pumakayay, que quiere decir llamar al puma. Los sacerdotes católicos propiciaron la construcción de templos sobre las huacas o mochaderos e introducían ídolos en los cimientos; y en otros casos, fueron los mismos indios que lo hacían por iniciativa propia. Podemos decir que por obra de satanás “los indios podían jactarse que sus dioses eran tan fuertes y poderosos que aún los ponían de cimientos y piedras de ángulo de catedrales”. (Anita Brenner, Idoles Behind Altars).

En el plano de Huarás levantado por padre Fray Manuel Sobrevilla, misionero franciscano de Ocopa en 1782, y copiado en 1786 por Lorenzo de Sierra, administrador de rentas del partido de Conchucos, traza en la cumbre de la pirámide truncada una capilla. Por lo expuesto, razonamos de acuerdo al notable


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estudioso mexicano Dr. Alberto Rembao que, “El acomodo fue inevitable en vista de que el alma india, como hoy día, alma potente de una potencia que proviene de la religión. Alma y religión resultaban una cosa y la misma para conservar la una se imponía mantener la otra también” (Religión y fe en América Latina). Sobrevilla en 1782 escribe que la iglesia mayor de Huarás “tiene en el bautisterio una tina que sirvió en la gentilidad de baño al inca”. E n esta tina -posiblemente sacada de Pumakayán-, el indígena conceptuara la presencia espiritual de la imagen del Inca que confería la sacralización del espacio, dando un nuevo valor y sentido a la percepción de la imagen semidesnuda de San Sebastián. Don Antonio Raimondi nos da noticia de la existencia de “la gran tina de piedra que se encuentra en el hospital de Belén procede de Pumakayán.”

Lo que acontecía en el Mochadero se repite en tiempos ya modernos en un mundo santificado, es decir, en un espacio sagrado en la que se celebra la fiesta de Exaltación, se movía entre la religión Católica y la profana. Era la celebración de los indígenas de un tiempo primordial hecho presente, teniendo en cuenta que toda fiesta religiosa, todo tiempo litúrgico, consiste en la reactualización de un acontecimiento sagrado que tuvo lugar en tiempo mítico reactualizado por la fiesta misma. El cura Vicario de San Sebastián de Huarás, Julián de Morales, identificado con los indígenas, toleró los rituales mágico-religiosos, que confundían las imágenes de los santos con dioses paganos. Al consentir costumbres del tiempo mítico les permitía la repetición de gestos, movimientos y voces, transfigurando su existencia y hacerla semejante al modelo santificado a sus dioses. El sacerdote Rafael del Castillo (padre palomita) en 1848, en cumplimiento del auto de visita del Monseñor José Manuel Pasquel a Huarás, elevo el informe del inventario de las capillas sujetas a la parroquia y así mismo criticó el comportamiento del Vicario Morales Nunacochachin por consentir costumbres que constituían “inauditos los desórdenes de las fiestas de las estancias de Cantú, Huanchac, Toclla y Casca, a cuyos lugares, que se hallan inmediatos a la ciudad de Huarás, concurren de otras estancias a una general embriagues en las que hay frecuentes muertos y heridos.” “Hay además una capilla nombrada de Quilcay, al extremo de la población, construida entre peñascos y de tal manera indecente, que más parece corral de chanchos que capilla, en él se celebra la fiesta de la Exaltación. Y desde ocho días comienzan los desórdenes. Se practican los mayores excesos, ahí adentro y fuera de la capilla, por cuyo moti-

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vo los venerables párrocos Toribio Pardo de Figueroa en 1805 y don Mariano Parral en 1820 la cerraron, hasta que vino don Julián de Morales que la abrió, no sé con qué facultad”.

Pumakayán Teatro de Luchas Sociales El legendario morro fue lugar estratégico para reuniones armadas. En la época colonial el 8 de febrero de 1780 se congregaron en la cumbre de la pirámide truncada más de 2,000 hombres con rejones, palos y hondas en protesta por el cobro de la Alcabala. En la época republicana se produce la formidable revolución indígena cuya acción armada se inicia en la zona de Pumakayán. Pedro Pablo Atusparia, Alcalde Ordinario de La Independencia de la ciudad de Huarás, presentó un memorial ante el prefecto iglesista, coronel Francisco Noriega, pidiendo se les rebajara la contribución personal y se les reconociera los mismos derechos que gozaban los demás ciudadanos del país. El Prefecto con su mentalidad legalista, fue pertinaz y antes de viajar a Aija dio orden a su primer Gobernador Collazos para que llevara adelante el cobro de la contribución, sin escucharlos. Los gobernadores de La Independencia y La Restauración procedieron a capturar a los alcaldes indígenas entre los que se encontraba Atusparia. El domingo 1° de marzo de 1885 el único alcalde que estaba libre, el Ordinario de La Restauración, Pedro Pascual Guillen Flores, organizó prestamente una representación de alcaldes pedáneos ante el gobernador José Collazos que hacía las veces de subprefecto, para hacer presente que los campesinos de las 40 estancias que rodeaban la ciudad de Huarás, se negaban al pago de la contribución por considerarla excesiva en los momentos de crisis. El Gobernador consideró un desafío a su autoridad y ordenó la prisión de todos los alcaldes y el razuramiento de sus cabelleras. El lunes 2 de marzo, más de cien campesinos de vanguardia encabezados por Ángel Bailón, cuñado de Atusparia, seguidos por unos 2,000 a las seis de la mañana se dirigieron a la prefectura para exigir la libertad de sus alcaldes y la rebaja de la contribución. Fatalmente antes que pudieran cumplir con su pacifica misión, cundió en la ciudad una falsa alarma, que los indígenas atacarían. El gobernador en su desesperación ordenó a la fuerza armada los desalojaran a balazos haciéndoles huir por las estrechas calles. Después de este sangriento episodio, en el puente del rio Auqui se trabó un sangriento combate de cinco horas que culminó al anochecer en el morro, donde se hiso fuerte Manuel Granados que defendió sus posiciones sólo con su honda. Murieron 200 indígenas atacados por la caballería.


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tura pública por el Dr. Manuel Gaspar y Loli el 22 de enero de 1847. En las paredes del cementerio se incrustaron pieLamentablemente, el hombre destruye lo que la naturale- dras en bajo relieve, cuyo origen está que fueron recogidas en za y el tiempo han respetado. Así van desapareciendo sitios diversas partes de Huarás, como de Pumakayán, aseverada arqueológicos sin que podamos conocer su importancia his- por el sabio don Antonio Raimondi, que la mayor parte fuetórica. Sin embargo, hay muchos de ellos en nuestro depar- ron de este monumento. El Dr. Augusto Soriano Infante tamento, y es posible obtener todavía, un conocimiento más anota en su artículo Pumakayán de “Nuestro Almanaque 1940”, “que todavía en nuestros tiempos ha servido de cancompleto de la sociedad prehispánica. La busca de vestigios arqueológicos prehispánicos se tera para la construcción de cimientos de casas de Huarás”. Todos los monolitos que adornaban las paredes del cemeninició cuando los cronistas españoles comentaban la costerio en la actualidad se encuentran en el Museo Arqueológitumbre de los indígenas de enterrar a sus señores y jefes con tesoros fabulosos, que provocaron la codicia de los aventu- co Departamental de Huarás. En 1913, los señores Leonardo Bambarén y José Villachireros que se dedicaron a localizar antiguas tumbas con el ca, realizaron excavaciones en las que pusieron al descubierfin de apoderarse de los metales preciosos. Nuestros encomenderos serían los principales depredado- to “Un hermoso torreón circular con mampostería de piedras res de los santuarios y templos. La destrucción del santuario labradas, pequeñas así como galerías ahora clausuradas. de Pumakayán se conoce históricamente por la crónica del Estos caballeros no han dejado mayores detalles que puedan servir para la interpretación histórica. Tenemos que hacer padre Franciscano fray Francisco Beltrán y a él seguimos: El 1° de marzo 1789, los padres franciscanos Fray Basi- conciencia que todo Patrimonio Cultural es único, irreparalio Pons en unión de los demás frailes, comenzaron los tra- ble e irremplazable; y es la razón por qué se han dado leyes bajos para la edificación del convento, tras el morro de de conservación del Patrimonio Nacional. Pumakayán en los terrenos llamados Puquio y Cochac. Los tres padres iniciaron el sacado de las piedras de las paredes • Está prohibido todo acto de exploración o excavación en cualquier yacimiento arqueológico sino se cuenta con la exteriores del morro y el 18 de abril comenzaron a levantar autorización expresa del gobierno. los cimientos. • Se prohíbe bajo pena de multa y responsabilidad penal En vista que el terreno donde estaba construido el contodo acto excavación o explotación no autorizada en yacivento era malsano, decidieron construir otro, en Mulimiento arqueológico. nururi; y, el 3 de mayo de 1693 se juntaron 3 sacerdote en • Los objetos arqueológicos, de propiedad del Estado o en nombre de Jesús, María y José para sacar las primeras pieposesión de particulares no pueden exportarse en forma dras de Pumakayán. Fueron Cristóbal de Robles, presbítero definitiva. Su salida temporal requiere autorización del del pueblo, el padre predicador prior Félix García, religioso gobierno. que era limosnero de Jerusalén y el padre Francisco Beltrán que seguía de presidente de la congregación, en compañía • Está prohibido sacar del país todo objeto arqueológico. • No puede adjudicarse como tierras eriazas, terrenos que de algunos seglares del pueblo. contengan cualquier tipo de evidencia arqueológica”. Comprendiendo que nuestros monumentos arqueológicos se destruían por la mano del hombre, especialmente por la Finalmente, los peligros que amenazan la conservación de huaqueria generalizada en nuestra patria, se dio el decreto los monumentos son: supremo 82 del 2 de abril de 1822 que a la letra dice: “los monumentos que quedan de la antigüedad del Perú son • La acción del tiempo y los fenómenos naturales. propiedad de la Nación, porque pertenecen a la gloria que • La destrucción vandálica o voluntaria. deriva de ellas”. Pese a ser un bien nacional se continuó • La huaquearía y el comercio de antigüedades. depredando con anuencia de autoridades políticas, milita- • Las obras de irrigación, carreteras, ferrocarriles y canales res, municipales como el caso ocurrido con la construcción de regadío, apertura y ampliación de calles. del cementerio de Yucyupampa en el solar cedido por escri- • Expansión agrícola y urbana.

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LOS DIOSES DE PUMAKAYÁN Marcos Yauri Montero Antes del arribo de los conquistadores, el territorio hoy llamado Callejón de Huaylas, estuvo dividido -de acuerdo a la dualidad andina- en dos zonas: Anan Huaylas (Hanan: arriba) y Lurin Huaylas (Hurin: abajo). Desde los tiempos del inca hasta el momento del contacto con los españoles, el territorio de Lurin Huaylas estuvo poblado por un archipiélago de pueblos y caseríos diseminados en los llanos y las alturas, separados por el entonces llamado Hatun Mayu (río grande, hoy río Santa) que al funcionar como eje tomando como referencia su lugar de origen en las alturas de Recuay (Conococha) los dividía en Allauca; es decir lado derecho, que corresponde a la hoy llamada Cordillera Negra, e Ichoc o sea el lado izquierdo que pertenecía al valle y la Cordillera Blanca. En 1572, o sea 41 años después del arribo de los primeros españoles encabezados por Hernando Pizarro (1533), Alonso de Santoyo al ejecutar la reducción reunió a los pueblos nativos en uno solo al que llamó San Sebastián de Pampa Guarás, bajo el patronazgo del santo del mismo nombre. La presencia del catolicismo no hizo olvidar a las etnias locales el culto a sus huacas. Históricamente sabemos que el dios general de la nación Huaylas fue Guari, dios peruano muy antiguo cuyo culto se prolongó hasta el S. XVII y que tuvo su apogeo entre los 600 y 1,100 d.C. Duviols asegura que el templo de Chavín de Huantar le estuvo dedicado y Waldemar Espinoza sostiene, basado en documentos inéditos del Archivo Arzobispal de Lima, que Guari fue la deidad principal de la zona de Ancash y que los templos que en Huarás le estuvieron dedicados fueron el de Willcawain, de Pongor y Pumacayán. El culto a Guari no fue causa para que cada región dejara de tener su huaca local. La saya de Atun Huaylas tenía como dios principal a Matarao y la de Lurin Huaylas a Macovilca. Pero debido a la política de la extirpación de las idolatrías las huacas, los mallquis y conopas fueron destruidos, arrasados los adoratorios, castigados o recluidos los sacerdotes.

Esos mismos padres [Jesuitas] capturaron al más famoso sacerdote, Auqui o Shaman de la huaca Huarasina, llamado Yaro Chispi, que tenía poderes extraordinarios: podía destruir sementeras provocando heladas, en caso de que quienes tenían que respetarlo no cumplían. En Lima, a donde fue remitido, fue adoctrinado con éxito, a tal punto que fue convertido en "fiscal de la doctrina", o sea catequista de los niños de Huarás. La consecuencia de esta labor exterminadora de la religión nativa, fue que en todo el Perú y por ende en Huarás, los cultos ancestrales pasaron a tener una existencia clandestina o simulada. … la conformación de las cofradías (instrumento misionero para reunir un número amplio de laicos con fines de prácticas católicas, adoptado por los indígenas como una forma de organización social igual al ayllu) en San Sebastián de Huarás, aparte de sus implicancias económicas, sociales y políticas …, también significó que los nativos encontraron en ellas una forma de enmascarar el culto a sus huacas y pacarinas, por cuanto las cofradías al estar oficialmente constituidas en torno a un Santo Patrón, les daba seguridad y garantía. [A finales del siglo XVII se erige el santuario de La Soledad], cerca y frente al costado sur de Pumacayán… el P. Sobrevilla dice: "Comprehende este Partido Doce curatos entre los cuales hay varios que tienen 10 y 120 almas. Su capital es Huarás a quien los indios llamaban Llucllahuarac que en su idioma quería decir estrella mentirosa del amanecer". Otro dato mítico relacionado con el nombre de Huarás fue recogido en 1621 por el P. Joseph de Arriaga, durante la extirpación de las idolatrías: "Al poner las huaras, o pañetes, quando son de ocho o diez años suelen tener las mismas supersticiones, y se ha hallado tanto en este particular, como dizen, que usauan antiguamente sacrificando al Luzero, a quien en esta provincia llaman Huárac, y quizá a esto alude el nombre del Huarás". (Ob. cit.: 59, subrayado nuestro). El nombre de Llucllahuarac que según la traducción de Sobrevilla es: "Estrella mentirosa del amanecer", y la ceremonia


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del otorgamiento de las huaras ante la divinidad del Luzero, al que se refiere Arriaga, apuntan en una misma dirección: ambos nombres están relacionados con una deidad sideral y hacen sospechar que en la llacta de Huarás no solo había el gran adoratorio de Pumacayán, dedicado a Guari. Los nombres: Llucllahuarac y Huarac, la ceremonia de los pañetes y otras evidencias hacen que Huarás no fue específicamente una llacta, sino un importante centro religioso. El espacio de la llacta de Huarás, que es el mismo que ocupa el Huarás actual, es un valle espacioso y llano, donde la Cordillera Negra y Blanca se apartan considerablemente describiendo un círculo inmenso. Este espacio abierto debió ser para los nativos prehispánicos un lugar ideal para el culto a sus dioses. De allí podían contemplar un vasto panorama y estar de este modo, en contacto con los Apus más altos y distantes; asimismo podían observar el diáfano espacio celeste donde los astros, entre ellos Huarac, o sea Venus, se ven en todo su esplendor. Para comprender el significado del nombre Llucllahuarac, es menester tener en cuenta el cielo huarasino, transparente inclusive en la época lluviosa; cuando aparece Venus aun faltando mucho para la alborada, su fulgor que envuelve al valle da la impresión de que ya ha amanecido. En este territorio, además, es seguro que hubo un sin número de manantiales, de lo que es prueba la riqueza acuática del subsuelo de Huarás. (Huarás está sobre una inmensa capa freática que en caso de sismos puede causar el hundimiento de los edificios).Todo esto hizo que el nativo considerase a esta llanura como un territorio donde cielo, tierra y subsuelo se juntan, es decir: Hanan, Hurin y Ukju pacha, por eso se erigió en un espacio sacro cubierto de pacarinas,

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huancas y adoratorios, rodeado de huacas, bajo la relumbrante corte de los dioses astrales. El grueso de la población de Ichocguaras estaba en las 23 llactas restantes, distantes todas de Huarás; pues, lógicamente un espacio sagrado era el hogar de los dioses, adonde los hombres acudían en peregrinación para las grandes ceremonias rituales. Por último, según la carta annua (En W. Espinoza: ob. cit. 55-60), Yaro Chispi antes de ser shamán estuvo en la mansión de oro de los dioses, de donde retornó dotado de poderes sobrenaturales que le abrieron el camino para acceder al sacerdocio, en cuyo ejercicio los usaba para castigar a los pueblos que le desobedecían, provocando catástrofes naturales: heladas, sequias, granizadas, etc. Este dato escueto del mito nos pone frente a la "teocracia nacida" —como plantea Luis G. Lumbreras— con el avance de la tecnología agraria que creó a los especialistas en el estudio de los movimientos astrales, de las técnicas agrarias y las artes, que por estar ligado a los dioses eran sus sacerdotes. Yaro Chispi era un sobreviviente de esa élite que en su tiempo estaba ya en total decadencia, pero que antes de los españoles, fue omnipotente y vivía en el recinto sacro de Pumacayán y sus alrededores, a donde iban los pueblos no solo para los ritos, sino portando parte de sus productos agrícolas como retribución a los dioses a través de sus sacerdotes que eran sus representantes y gobernadores de los hombres. En consecuencia, Huarás al ser un centro ceremonial importante, fue también un centro del poder político. ¿Dónde se celebraban los ritos en honor al Lucero y el de la imposición de las huaras? Una cosa es cierta, no solo estos sino también otros de influencia inca no se realizaban en Pumacayán, pues de otro modo no es comprensible porqué este templo-fortaleza-palacio; a


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la llegada de los conquistadores (1533) hacía mucho tiempo que había dejado de ser usado. Pedro Cieza de León en 1540 (17 años después del contacto) se refiere a este edificio sin decir su nombre, llamándolo: “una fortaleza grande o antigualla" (subrayado nuestro). Había dejado de ser utilizada porque Guari debió descender jerárquicamente a un plano inferior al del Lucero, deidad del panteón imperial que en el esquema de Pérez Bocanegra aparece como el 3° y 4° pariente, dentro del linaje patrilineal y matrilineal, respectivamente esquema que es el mismo en el dibujo de Santacruz Pachacuti, con la diferencia de que el de este, además describe: "un modelo cosmológico": "El sol y la luna son los padres de Venus, que aquí se divide en un Venus del amanecer masculino que es el abuelo y un Venus del atardecer femenino que es la abuela". (R.T. Zuidema: 1989, 43). Pumacayán no es construcción inca. El mismo Cieza dice: "Otros cuentan, y lo tienen por mas cierto, que no es esto sino que antiguamente, muchos tiempos antes de que los incas reinasen, hubo en aquellas partes hombres a manera de gigantes, tan crecidos como las figuras que estaban esculpidas en las piedras; y con el tiempo y con la guerra grande que tuvieron con los que ahora son señores de aquellos campos se disminuyeron y perdieron, sin haber quedado de ellos otra memoria que las piedras y cimientos que he contado" (Cieza, en W. Espinoza: Ob. cit. 53). Cieza es transparente. Esos gigantes que construyeron Pumacayán fueron los Huaris que míticamente eran hombres descomunales, de extraordinaria fuerza (Yauri: 1990, 10, 11); habían sido hijos del sol, altos, blancos y barbudos. Históricamente Huari, fue lo opuesto a llacuash, estos habitantes de las punas, en tanto que los primeros vivían en las llanuras y ciudades y eran civilizados. Si bien Guari durante la dominación inca fue relegado, a la llegada de los españoles su culto probablemente se revitalizó, pues las etnias de Huaylas igual que otras del espacio andino, trataron de romper las ataduras del poder cusqueño. Pero como la evangelización y la extirpación de las idolatrías no se hicieron esperar, los templos de Pumacayán, Willcawain y Pongor no fueron reutilizados: con el tiempo fueron olvidados y la gente los fue llamando con otros nombres,… Parece, entonces, que el culto a Guari se descentralizó y el espacio de Lurin Huaylas se saturo de adoratorios me-

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nores o lugares sacros dedicados a él. Hasta hoy subsisten topónimos asociados a la huanca, la piedra sagrada que lo representa. Por ejemplo nombres de lugares en los que está la grafía huanca: Pariahuanca (distrito), Quellquehuanca (Quebrada en la Cordillera Blanca); nombres también de lugares que son la misma grafía con alguna alteración: Huanchay (distrito), Huanja (estancia en la Cordillera Negra), Huanchac (estancia en la llanura) donde se encuentra Willcawain, posiblemente lugar sacro donde se danzaba, pues con huancaj se designa al danzante de un baile llamado actualmente Wanquilla. En el Huarás antiguo, el lugar por donde se salía a los pueblos del Callejón de Huaylas, junto a la Avenida Raimondi, se llamaba Huancatá, es decir: sitio donde estaba asentada la huanca (tarac: asentado(a), sentado(a)); el aluvión del 41 lo arrasó y ahora su nombre está olvidado. Por otra parte casi no hay estancia donde en las chacras o en la vera de los caminos están fijadas las huancas para el amparo de las sementeras y de los caminantes; asimismo hay costumbres vinculadas a este dios, por ejemplo, para ahuyentar o aplacar las granizadas, los campesinos, entre gritos y silbidos sacan a sus patios o a las chacras barretas o cruces; las barretas son los sustitutos de las huancas y las cruces la versión cristiana de las mismas y del propio Guari: dios de la paz, de la agricultura, que enseñó a "pircar" (cercar) las chacras para evitar discordias entre los hombres que se disputaban tierras, aguas y pastos, a extraer agua de los manantiales y ríos, trazar surcos, y para quien en las cosechas de maíz se seleccionaba las mazorcas más hermosas, que convertidas en sus esposas eran guardadas en las collcas (graneros), vestidas como mujeres y servidas por un personal femenino. Por último la zona Huarasina es harto ventosa y en los sitios pedregosos abundan culebras (cuando las termas de Monterrey aun no tenían la comodidad de hoy, de los techos rústicos caían culebras a los pozos). El viento y la serpiente son otras representaciones de Guari, porque tenía el poder de convertirse: "en hombre, en culebra y también en aire veloz", como dice Maria Rostvvorowski. La ermita que en el Plan de Sobrevilla aparece en la cima de Pumacayán, induce a pensar que los evangelizadores impusieron allí la cruz para exorcizar y sacralizar no solo al adoratorio sino a todo el espacio circundante, porque también es probable que el rito de la imposición de los pañetes que no es sino la reproducción del Capac raymi cusqueño o huarachico debió celebrarse en el ámbito aledaño a Pumacayán, en un adoratorio menor. El subsuelo del Barrio de la Soledad (así como de todo Huarás) -donde está Pumacayán- es rico en agua; míticamente fue un "oconal" u ocko lugar cenagoso con manantiales y pastos; se dice que el templo del Señor de la Soledad descansa


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sobre un oconal y que bajo su hornacina duerme un volcán de agua. Estas mismas voces dicen que las ropas de los niños que obtenían las huaras en el Capac raymi huarasino eran quemadas mezcladas con sustancias aromáticas y sus cenizas arrojadas a un manantial de Llulla Cuchu: Esquina de la mentira. Un cotejo toponímico nos hace sospechar que se refiere a un lugar existente hasta hoy con el nombre de Lleqlla Cuchu: Esquina de la Lleqlla (Lleqlla: arbusto silvestre, en Castellano: San Pablo), que también pudo haberse llamado antes: Lloqlla Cuchu: Esquina de las torrenteras o huaycos (Lloqlla: torrente de agua, lodo y piedras). Esta esquina de la lleqlla o lloqlla, se encuentra aproximadamente a 250m. de Pumacayan. Sea lleqlla o lloqlla la palabra que nombra a dicha esquina tradicional, lo cierto es que en la memoria huarasina, dicho lugar está estrechamente asociado al agua: elemento sagrado, ya como manantial, lluvia o lloqlla, y al líquido ceremonial: chicha. Pero también, ese nombre de Llulla Cuchu, puede haber sido Lloqlla Cocha, es decir: laguna formada por las lloqllas. El cotejo toponímico, las referencias míticas y la riqueza acuática del subsuelo soledano configuran un paisaje. … El espacio del barrio de la Soledad, donde se encuentran Pumacayán y el templo cristiano, fue en tiempos prehispánicos un lugar sagrado con una laguna asimismo sacra, numerosas pacarinas (manantiales) a donde desembocaban las aguas tumultuosas de los cerros en la época de lluvias, y estos torrentes se precipitaban por entre o la orilla de un bosque de lleqllas, ya que cuchu también significa: limite, ribera. En la misma ceremonia del Capac raymi cusqueño participaban hombres: "...cubiertos de pieles de puma, largos vestidos y tocando tambores los que, desde las casas de sus padres, introducían a los muchachos en la sociedad y los reintroducían en la vida secular" (Zuidema: 1989, 330). Entonces, es seguro que a partir de la práctica de esta fiesta bajo el poder inca, el adoratorio y sus contornos fueron llamados Pumacayán, debido a la presencia de estos hombres-puma. Pumacayán significa: son pumas; esta palabra que remplazó a la que era el verdadero nombre del santuario se sumió en la voz colectiva que nombrando a los hombres- puma, nombrada a una fiesta asimilada por la región, porque de acuerdo a la cosmovisión inca, expresaba a través del símbolo del puma su vinculación al agua: "... así como a las fuerzas destructivas del rayo, del granizo y las heladas", contra las cuales: "El grupo social afectado por estas fuerzas expresaban su cohesión por hombres que vestían pieles de pumas y tocaban tambores, que "poseían" tierras, agua de riego, llamas y una familia" (Zuidema: 1989, 382, 383).

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En este espacio de Pumacayán, al que en 1688 el P. Beltrán llamó "El mochadero", es decir el lugar donde se reverenciaba a la huaca, la Cofradía del Santo Cristo de la Soledad hizo levantar la iglesia: "más espaciosa, con más aparejo", para las ceremonias del entierro de Cristo. Es obvio que tal edificación tuvo como fin erradicar el culto simulado a la huaca. Pero si bien en la realidad el hecho pareció ser exitoso, espiritualmente no fue. El culto nativo sumido en la clandestinidad asumió la "disimulación", como en todo el Perú, tal como narra el P. Arriaga: debajo de las cruces había ídolos enterrados: "... en las mismas andas al pie de la Custodia del Santísimo Sacramento (...) en el hueco de las peanas de los Santos del Altar, y otras debajo del Altar (...). Como también se averiguó en Huarochiri por el doctor Francisco de Ávila, que para adorar a un Ídolo en figura de mujer llamado Chupixamor, y Mamayoc, hacían fiesta a una imagen de nuestra Señora de la Asunción, y para adorar a un ídolo varón llamado Huayhuay hacían fiesta a un Ecce homo" (Arriaga: Ob. cit. 76, 77). Se produjo una superposición de deidades y el fenómeno del paralelismo religioso. La extirpación de las idolatrías y la edificación de la iglesia del Santo Cristo de la Soledad, en 1669, a 4 años después del exterminio del movimiento nativista de sustento religioso en la sierra sur: el Taki Onqoy (1665) no borraron en las etnias Huarasinas la devoción a sus deidades, en especial a Guari, cuyo centro sagrado en tiempos remotos fue Pumacayán. Sea cual fuera la procedencia del señor de la Soledad, lo interesante son tres cosas: 1) en su efigie se sumió la deidad más importante de Ichocguaras, de tal manera que la nación nativa al rendirle culto, también le estaba rindiendo a Guari, 2) se erigió en el Patrón de Huarás relegando al olvido el patronazgo de San Sebastián. Su fiesta que fue instituida para el 3 de mayo, día de la "Invención de la Cruz" tuvo la finalidad de desterrar el "paganismo indígena", 3) pese a esta política, se convirtió en la imagen más venerada por la masa indígena y los sectores populares. La donación que el español Jacinto Velásquez hizo de su hacienda de Huapra en 1774, para que su fiesta no perdiera brillo, acrecentó la devoción indígena. Huarás reconoce al Señor de la Soledad como su Patrón. Este Patrón es llamado con distintos nombres. El sector popular y marginal le llama Papachito; papachito es la alteración del diminutivo papacito, expresa, según las cosas: fe, afecto, cariño y estimación ilimitados. Las mayorías campesinas le llaman: Auquitetantzic: Nuestro Anciano Padre Mayor; en grado más humanizado le dicen: Auquin o auquish: Anciano Mayor y Sabio, y tambien Jatun yaya: Padre Mayor y Grande.


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Tiene su doble o sustituto, llamado Paso y es el Señor de Mayo. Este señor de Mayo es al mismo tiempo la cruz andina y la cruz cristiana; su fiesta se celebra del 2 al 15 de mayo y tiene doble significado: a) es el homenaje a la Santa Cruz, b) es la fiesta del aymoray prehispánico, en cuyo contexto la cruz asume la significación de abundancia y vida. Como sustituto que es del Señor de la Soledad resuelve los problemas de los fieles, aunque no todos sino los que no son muy graves; en estos casos sale en procesión y recorre alrededor de la plazuela. El mismo Señor de la Soledad [Guari] sale solo en casos de extrema gravedad: sequias prolongadas, tempestades, aluviones o terremotos, contraria a la costumbre actual. Ahora el Señor es llevado caprichosamente por todos los lados que la gente quiere. No se debe pensar en el Señor de la Soledad separado del contexto regional. Solo relacionándolo con este podremos entenderlo. Por el dato recogido por el P. José de Arriaga (1621)/ según el cual el nombre de Huarás puede provenir del Luzero llamado Huarac, añadido al recogido por el P. Manuel de Sobrevilla, en el sentido de que el nombre indígena de Huarás era Llucllahuarac, o sea estrella mentirosa del amanecer, podríamos pensar que la deidad principal de la zona fue el Luzero o Estrella Venus. La verdad es otra: la deidad mayor de la zona era Guari, a quien le estaban dedicados los santuarios de Pumacayan, Willcawain y Pongor. También es cosa cierta que Pumacayán fue el más soberbio: "Las dimensiones dadas por Cieza de León en pasos, coinciden más o menos con las que tiene hoy la base del cerro... Por los escritos de los extirpadores de idolatrías, muchísimos de cuyos expedientes aún permanecen inéditos en el Archivo Arzobispal de Lima, sabemos hoy que todas estas huacas estuvieron dedicadas al dios Huari Huaricocha, el mismo al que también le construyeron el de Chavin de Huantar". (W. Espinoza: ob. cit., 53). Pumacayán fue el corazón del territorio sagrado que fue Huarás. Dentro de una relación centrípeta y centrifuga, es de imaginar las multitudes que allí convergían durante las festividades del calendario prehispánico. El santuario tenía una ubicación estratégica. Estaba en la parte alta de la espaciosa llanura, de donde se ve como en una vitrina circular todas las cumbres de la Cordillera Negra y de la Blanca, inclusive el lejano Matashraju o Huascarán, también estaba cerca al rojo cerro de Rata-

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quenua. Apu temido, en cuya cima había pacarinas: dos manantiales hoy desaparecidos, y de donde en tiempo de lluvias se precipitaban ayer como hoy torrentes de agua y lodo que desembocaban en las praderas de Shiraoko y Llecllacucho, ubicadas en la vecindad donde también había manantiales. Es decir, Pumacayán estaba rodeado de Apus y pacarinas y ubicado en una llanura rica en aguas y tierras cenagosas, y por consiguiente fértil. El santuario y sus alrededores eran, pues, un solo corpus sagrado, morada de un dios cuyo poder todo lo amparaba, todo lo controlaba y lo regulaba todo. Era el mochadero, y allí se realizaba el huarachico huarasino; la ceremonia cuando a las jóvenes núbiles les venía la primera menstruación, y allí seguramente en tiempo de sequias se ataba una llama negra, que torturada por el hambre y la sed daba alaridos lastimeros, que eran oídos por la negra llama sideral (Yacana) del Jatun Mayu (Vía Lactea), diosa del agua, que compadecida enviaba las lluvias. En este espacio sagrado, hogar de Guari, Dios principal de las llactas de Ichoc Huarás y Allauca Huarás, poblado de pacarinas y rodeado de Apus se produjo la aparición mítica del Señor de la Soledad, en un lugar específico; las praderas movedizas cercanas al santuario de Pumacayán, a cuyo costado este y a insignificante distancia esta la campiña de Auqui. Es de presumir que en Auqui vivieron los sacerdotes y demás servidores, cerca del rio Quillcay procedente de los lagos sagrados ubicados en los Apus de Quellquehuanca, quebrada también sagrada por ser la morada de la huanca, representante de Guari, entre las andenarias de Waullak y Cushuruyoc, este último cerro con aguas ricas en cushuro: algas grandes, alimento de peces y hombres. El mismo nombre de Auqui que equivale a anciano o Apu, trasciende a lugar sagrado y está al costado oeste de Quica (hoy Qeqa) lugar sacro con pacarinas. (Quica: caverna). El Señor de la Soledad apareció en el mismo espacio que perteneció a Guari. La alusión que se hace a la laguna subterránea, es un dato muy importante a la luz del pensamiento inca. Según este pensamiento el mar es el centro de los orígenes del mundo; los lagos provienen del mar y dan origen a otras fuentes y a la gente; cada lago es un centro regional, de tal suerte que entre ellos hay una jerarquía: hay lagos mayores, secundarios y otros de rango más bajo que corresponden a zonas menores; y por último el mar, los lagos, los ríos y riachuelos se comunican por medio de caminos subterráneos. (Jeannette Sherbondy: 1982, 4, 5).

Así como del Coricancha el poder religioso se proyectaba hacia el espacio de afuera mediante ceques, de igual modo de la iglesia de La Soledad su poder se proyecta hacia el horizonte, sobre tierras, bosques, montañas, quebradas, cumbres


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nevadas y lagos. La laguna sobre la que se enseñorea, también se comunica con el mundo subterráneo del espacio exterior mediante rutas subterráneas. De estas siempre se ha hablado y se sigue hablando en Huarás. Hay versiones acerca de túneles que partiendo de Pumacayán se dirigen a Waullak y a la pampa de Cayash en la quebrada de Quellquehuanca (lado este de Huaras), a Cajamarca, Willcawain y Oshkos (lado norte), que dichos túneles son de piedras labradas, altos, oscuros y húmedos, que por el sitio por donde corren los ríos Paria y Quillcay están inundados debido a las filtraciones; que asimismo hay otros, uno que va al santuario de Chavín de Huantar, a Rataquenua (lado este), otro al Cusco (lado sur). Pero aún más: el M 15 habla de una conexión subterránea entre el "volcán"

de Rataquenua con el rio Santa, (en 1988 escuché a una campesina de la estancia de Atipayán, a 4 km, de Huarás, en la Cordillera Negra, que la laguna de dicho lugar hoy desaparecida se comunicaba también con el Santa, de tal manera que si a sus aguas se soltaban ovillones de hilo, a los 2 o 3 días aparecían en sus orillas, junto al puente de cal y canto); por último hay versiones campesinas acerca de que las grandes lagunas de los glaciares de la Cordillera Blanca, en las noches dialogan mediante ronquidos o relámpagos. En resumen, Pumakayán y el pantano o laguna subterránea de la Soledad están conectados mediante rutas subterráneas con los centros menores de la región y con el centro mayor del mundo incaico: el Cusco. Extractos de: El señor de la soledad de Huarás...

SERENATA

LEYENDA DE PUMAKAYÁN Octavio Hinostroza

César Serna Lamas

Del libro: "Estampas Huaracinas"

Compilador

Y se han probado las voces y las bien templadas guitarras, en largo ensayo realizado entre trago y trago, en el cuarto de dormir de algún amigo interesado en serenatear a su enamorada, o, lo que es más frecuente, en lo alto del cerro de Pumacayán, a la luz de la luna. Porque el cerro de Pumacayán ha sido siempre el viejo y silencioso confidente de amoríos y penas de amor, para los mozos serenateros de Huaraz. Como prueba, ahí está la letra del hermoso pasacalle compuesto por alguien en homenaje al cerro guardián de la ciudad:

En épocas remotas, en Huaraz existieron dos famosos imperios: Pumacayán y Willcahuain. El jefe de este último tenía tres bellísimas hijas, incomparables por la gracia y el donaire que poseían. A ellas pretendía el amo de Pumacayán, un joven hermoso, valiente y arrogante, más el padre de las hermosas doncellas se negaba a toda propuesta matrimonial del señor de Pumacayán. Injuriado el jefe desafortunado decidió raptarlas y para llevar adelante su decisión hizo construir un túnel que unía los dos imperios. Terminando el trabajo titánico, fue personalmente a realizar el rapto, hallando a las princesas en un gran salón; viendo que la menor era la más bella, mató a las mayores y se la llevo a su palacio. El padre le declaró la guerra al reino de Pumacayán y la pelea fue sangrienta y cruel entre los ejércitos de ambos monarcas que eran invencibles. Las batallas se libraron en el túnel, durante una de ellas, en medio del estrépito de la pelea, del centellar de las lanzas y el grito bélico de los bravos y del chocar de las macanas y de los cuerpos, las huestes aguerridas de Willcahuain gritaron refiriéndose a los combatientes del reino contrario: “PUMANOMI KAYÁN” que significa “SON COMO PUMAS”. ... y desde entonces, menciona la leyenda, al reino del oeste de HUARAZ se le conoce con el nombre de Pumacayán. Del Libro: “Mapa cultural de Ancash , datos preliminares”.

Cerro de Pumacayán testigo de mis amores, testigo de lo que sufro, testigo de lo que lloro. Terminado el ensayo, los serenatistas se dirigen en grupo a la casa ante cuya ventana de reja van a dar la serenata. Hay como un rumor musical de luz de luna. Hay también el lejano rumor del río Santa. Tras la letra de la vieja danza "Despierta si estás dormida..." los serenatistas están llorando un yaraví huaracino, que no tiene nada que envidiarle al más sentimental de los melgarianos; y en su habitación acurrucada en su lecho, la muchacha de alma sensible y corazón fidelísimo a quien le está destinada la serenata, está llorando también lágrimas de amor contagiada de pena. ¿Qué hay de más expresivo que ese llanto, brotado de la hondura del alma serrana? Quién sabe si en el fondo, muy en el fondo, quien está llorando es la vida en presencia del dolor y de la muerte.


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POESÍA Pumakayán

Pumakayán

Por Yehudi Collas Berrú

Por Román Obregón Figueroa Los que llegan eluden el espectro del tiempo deshilachado en pencas y tunas, entienden no entienden el santuario donde habitan recónditos dioses felinos, mitos saetas de viento. Los que llegan interrogantes temerosos presienten sombras milenarias, indagan, imaginan retazos de fibra vegetal, fosilizados granos de maíz algún hueso amarillento capaz de contar historias de gentiles

que domeñan la tierra multiplican pallares y abalorios de alegría, cazan venados Pumacayán dicen y fueron hombres pumas en paraje de ariscos geroglifos. Pumacayán tambor petrificado: el aire despierta susurros

ríen gestos de ají y papa confidente.

Tiempo origen – andino tiempo raíces madre – mazorca viril. Hombre del Gran Pumakayán, cincelador vislumbrante del pedernal almohadillado. Antes, mucho antes del primer principio. las huellas de tus pasos inauguraban la memoria ancestral Warac. Tiempo Origen – Andino Tiempo relámpago pestañeador, raza de bronce – agua fraterna, surco arador – quinua en mil colores. Aguacerito refrescante, ternura de tierra blanda, trino matinal, cernidor del rayo de sol, dador que humedeces con savia a la patzamama. Piedra granito orillada de firmamento, resiste, resiste la vertical del tiempo, estructura el nutriente abrigo, apuntala el eje de la Gran Pirámide erigida por los Pumakayanes… desde tus galerías retumban tambores de guerra, rayos tronadores remecen el Callejón de Huaylas insurgentes Atusparia, Pedro Cochachin, espiralando puños indignados, reventando las causas desesperadas cual volcanes remontándo al todo ayer, al todo ahora, al todo mañana…

Lluviabril [sobre Pumakayán] Por Manuel Cerna

Como piedra del río capulí esparcido pensaba siempre en ti junto al camino. Por la chacra, cuando florecía sol la mañana. En el puquio, mientras vientos manaban manantial con aguacero. Caminaba tu sombra por la tarde escondida entre pencas atrapando molle azul a mitad del aire...


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Nocturno en Huaraz Abdón Dextre ...

Érase una vez un pueblo con sus barrios que parecían y aparecían como cuatro pétalos de un jardín inefable. Aquel pueblo se hacia eterno entre las ramas de la tarde… Mi pueblo, mi ciudad es una ave que silenciosamente vuela Para no despertar las voces milenarias que aún se aduermen en los grandes cerros… Este pueblo mío volará, y volará, y volará y siempre su vuelo Será libre y elevado y puro.

Ofrenda Lírica... Alejandro Tafur Pardo

Del sol los miríficos rayos, del Ande la cima iluminan; Y el Santa que despereza en grácil y verde corpiño Cabe la mañana frondosa, de los enhiestos farallones, desfleca sus copos de nácar, junto a la ciudad mañanera, Que peina su roja melena, del león andino que sueña entre el Quilcay rumoroso, Y el Pumacayán, atalaya de los bravos huaras guerreros.

Puma Kayan María Amez Márquez

Templo, palacio, observatorio Canto de polvo y silencio. Tiempos sin piedad ni tregua, Pasando siguen por ti Puma kayan: Templos de Waris y Wiracochas, De pumas y cóndores, de lagartos y serpientes. Palacio de hombres dioses, Con sus pacchas, puquios y canales.

Puma kayan Observatorio de dioses hombres, Donde: un Dios bailarín sin nombre, El Dios de las dos caras. Girando y danzando al son de las esferas cósmicas Sobre: el fuego y el agua la tierra y el viento. Una danza celestial, la danza por la vida. Toda la vida en los Andes.

Soneto a Pumakayan Oscar Alva Maguiña

Sufre vida, mis sueños eternos, graves heridas dañaron mi cuerpo mi belleza fue hollada. El caos, este mal germina en mi cuerpo. En el tiempo, morada de pumas; Pumakayán! Joya de la ciudad, alcor admirado por los incas, que la historia guardó como deidad. Rugió por siglos mi imperio, coronando alturas de Huaraspampa, la ignorancia holló mi soberanía. Me olvidaron y al libre albedrio; en silencio mutilaron mi alma; desapareciendo mi sol y mi gloria.


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PUMAKAYAN EN EL ARTE ANCASHINO

Título: Habitantes sobre Pumakayán (2006) Autor: Aquiles Rondán


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Lema o eslogan de la empresa

SOCIEDAD PATRIÓTICA

SÁNCHEZ CARRIÓN - LUZURIAGA Y MEJÍA

ASOCIACIÓN WARAS: CIENCIA Y CULTURA

Jr.Teresa Gonzáles de Fanning 432 Independencia, Huaraz, Ancash Celular: 952 845 942 Correo Electrónico: giber.garcia@gmail.com www.pcca.org.pe

El Libro Azul. Año III. N° 8  

Revista histórica-literaria ancashina

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