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ISSN 2539-2948

Universidad Nacional de Colombia

» S O C I O L O G Í A

Apoyan Programa Gestión de Proyectos Dirección de Bienestar Facultad de Derecho, Ciencias Humanas Sede Bogotá


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revista sociologÍa y memoria Número 2 / SEM 01 - 2018 / ISSN 2539-2948 Universidad Nacional de Colombia Facultad Ciencias Humanas Sede Bogotá

La revista Sociología y Memoria es un proyecto editorial que pretende visibilizar el pasado y la experiencia vivida en su pluralidad y diversidad, contribuir a la actualización de la memoria colectiva,

rector vicerrector de sede director bienestar sede bogotá

el análisis cultural, los procesos identitarios y de restitución de la presencia como acción política; a partir de lo cual se logre una apertura a los eventos que han dotado de sentido y constituido identidades,

coordinador programa de gestión de proyectos pgp decana facultad ciencias humanas

Ignacio Mantilla Prada Jaime Franky Rodríguez Oscar Oliveros William Gutiérrez M Luz Fajardo Uribe

erigidos en los marcos sociales de memoria que estructuran la comunicación y el pensamiento de

director bienestar facultad ciencias humanas

Eduardo Aguirre Dávila

los diversos grupos que conforman la sociedad. comité editorial dirección coordinador

contacto del grupo revistasociologiaymemoria@gmail.com

editores

Camilo José Acevedo Delvasto Edwin Alberto Puerto Rodríguez Maestría en Sociología

Alexander Burgos

/lamucurarevista

Doctorado en Filosofía

issuu.com/gestiondeproyectos

Camilo Corredor Collazos, Doctorado en Filosofía

universidad nacional de colombia Sede Bogotá Edificio Uriel Gutiérrez Sede Bogotá www.unal.edu.co

Nubia Yaneth Ruiz Ruiz

Natally Duarte Hincapié Maestría en Filosofía colaboradores

Jhonatan López Neira Maestría en Sociología

Sonia Elizabeth Alfonso Zorro Maestría en Sociología

proyectoug_bog@unal.edu.co /gestiondeproyectosUN pgp.unal.edu.co issuu.com/bienestarbogotaun

corrección de estilo diseño y diagramación pgp diseño de portada

Los textos presentados en la siguiente publicación expresan la opinión de sus respectivos autores y la Universidad Nacional de Colombia no se compromete directamente con la opinión que ellos puedan suscitar.

impresor

D erechos de A utor y L icencia de D istribución Atribución - No Comercial - S in D erivar

Diana Luque Villegas (PGP) Oscar González (PGP) Fabio Jiménez (PGP) GRACOM Gráficas Comerciales


CO NTENIDO

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Editorial

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El selecionado colombiano de futbol, el gobierno Santos y las FARC futbolizadas: los discursos de la paz.

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Memoria y emoción en las prácticas de resistencia social en el sector colombiano de salud

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Alejandro Villanueva Bustos

Stephanie Castiblanco Molina David Martínez Acevedo

¿Parkour: trayectorias y movilidad urbana “sui generis”? Jonny Andrés Velasco Arboleda

Más allá de Bucéfalo y Rocinante: la movilidad ecuestre en Cali María del Pilar Peralta


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Música popular e identidad latinoamericana entre revolución y dictadura: el caso de la nueva canción chilena y la fusión latinoamericana Mathias Marcelo Muñoz Tapia

68 75 95

Los colores de la memoria se pintan de fútbol en la ciudad Karen Maricel Franco Bautista

El papel del intelectual: reflexión a partir de una anécdota dolorosa Pablo Vargas Rodríguez

Grafiti: memoria en la Universidad Nacional Edward Fabián Ovalle Clavijo


Ed ito rial

Sociologia y Memoria // 2017.2 6

Sociología y Memoria es una iniciativa estudiantil de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia, hecho que implica el compromiso de hacer visible las producciones académicas de los estudiantes de pregrado y posgrado de la Institución, constituyéndose en un espacio de divulgación del pensamiento que se gesta actualmente en los diferentes proyectos estudiantiles; al tiempo que ofrecer una mirada crítica de la sociedad, la cultura, las instituciones y el pensamiento, gracias a la formación humanista que reciben sus estudiantes. La perspectiva crítica trae consigo una toma de posición, una toma de partido que destruye, separa y desune perentoriamente la obra, la institución o la sociedad. Esta separación no disminuye el objeto de conocimiento ni lo minimiza respecto de lo que le rodea; más bien, lo hace visible a sí mismo, lo vuelca sobre sí echándolo hacia atrás, reculando la mirada en una visión reflexiva. Esta vuelta sobre sí, del objeto de conocimiento, provoca un vació de sentido causado por el descentramiento que el objeto sufre al perder ocasionalmente la fijeza a la época, a los gustos, a las ideas y los hábitos. No obstante, la crítica siempre es incompleta, no puede abarcar el objeto en su totalidad; se queda siempre corta en sus expectativas y en sus posibilidades. Este rasgo lo comparte con las instituciones, pues nunca lograrán colmar el deseo de los individuos que se mueven en su seno, de manera que, tanto la una como la otra deben perseverar en encontrar el aspecto más importante, la crítica, la imagen más notable de la institución, la institución, la posibilidad de sí misma. Las dos buscan el punto en el cual son más grandes, más abarcantes y más significativas. En todo caso, el valor absoluto es inalcanzable, y es allí donde el crítico asume un papel importante, dado que al hacer variar ese punto momentáneo de equilibro y estabilidad relativa, desatará el heraldo del cambio, advirtiendo el golpe de timón de la historia. Por ello, las instituciones deben dar las condiciones de la crítica reflexiva, rechazando así la eternización y la sobreestimación que las seduce y aletarga en mimos. Esta publicación exhibe, entonces, las expectativas


que los estudiantes tienen de su sociedad, a través de la exposición de sus inquietudes, las visiones y las perspectivas que, como comunidad académica, logra producir, al verse a sí misma como un proyecto. En su conjunto, la producción estudiantil debe significar una unidad que caracterice cómo esta comunidad comprende e interpreta la sociedad a la que pertenece y el mundo que le rodea, revelando en su interior pensamientos, creencias, vivencias y las consecuentes contradicciones, las cuales se suscitan en el diálogo de los ideales con la realidad vivida. Bajo este marco, Alejandro Villanueva Bustos presenta el análisis del discurso del gobierno Santos, en torno al proyecto político de la paz y la identidad nacional, donde el futbol es el mediador llamado a dirimir las diferencias; mientras que Stephanie Castiblanco Molina y David Martínez Acevedo analizan las consecuencias de la privatización del servicio de salud en Colombia, desde la experiencia de los trabajadores del sector, para la evidencia de este fenómeno en la historia presente; más adelante, Jonny Andrés Velasco Arboleda presenta una nueva forma de los jóvenes de relacionarse y apropiarse del espacio público; por su parte, María del Pilar Peralta indaga la vida de los/as carretilleros/as con respecto a su relación con el espacio público, sus experiencias de vida y sus expectativas; luego, Mathias Marcelo Muñoz Tapia analiza, en la música popular chilena de 1971 y 1982, los discursos de identidad latinoamericana, revelando un compromiso político-ideológico en la música de aquel tiempo; a su vez, Karen Maricel Franco Bautista analiza las dinámicas identitarias entorno a los hinchas y sus barras, revelando nuevas maneras de vivir, pensar, sentir y rememorar a la ciudad; casi terminando, Pablo Vargas Rodríguez reflexiona sobre el papel del intelectual en el ámbito político, a partir del caso del exprofesor de la Facultad de Sociología Miguel Ángel Beltrán, desde los referentes de Antonio Gramsci y Edward Said; por último, Edward Fabián Ovalle Clavijo presenta el fenómeno del grafiti y el tropel, entorno al Movimiento

Bolivariano por la Nueva Colombia (MB), en el marco del movimiento estudiantil universitario. A manera de cierre de esta editorial, los invitamos a la lectura y al análisis de los textos seleccionados, así como a la participación con sus producciones para los próximos números de la revista.

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Alejandro Villanueva Bustos

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E L SE L E C I O N AD O C OLOMBIAN O D E FUT BOL, E L G O B IE R N O SAN TO S Y LAS FARC FUT BOLIZADAS : LO S DIS C U RS O S D E L A PA Z Resumen En este ensayo, se presenta la forma en la que el gobierno de Santos ha utilizado el fútbol como metáfora de la nación, en el contexto del proceso de paz, el cual pretende dar fin a más de medio siglo de conflicto interno armado. El texto tiene dos partes. En la primera, se expone un análisis de los discursos de unidad nacional en clave de fútbol que el gobierno de Santos y los negociadores de las FARC pusieron en marcha durante el mundial de fútbol Brasil 2014. En la segunda, se analiza el proyecto de creación de un equipo de fútbol profesional compuesto por excombatientes y víctimas del conflicto, como una muestra de la futbolización que ha sufrido la paz y la guerra en Colombia; así como del potencial mimético del fútbol.

Abstract In this essay, we present the way in which Santos government has used soccer as a metaphor for the Colombian nation, within the context of the peace process, which aims to end more than half a century of armed conflict. The text has two parts. In the first one, we expose an analysis of the discourses of national unity, as they pertain to soccer, which the national government and the peace negotiator from FARC utilized during the Brazil soccer world cup of 2014. In the second part, we analyze the project to create a professional soccer team composed of former combatants and victims of the conflict, as a showing of how peace and war in Colombia have suffered a «soccerization», as well as the mimetic potential of soccer.

Palabras clave: Convivencia, estado, futbol colombiano,

Keywords: Coexistence, state, Colombian soccer,

proceso de paz.

peace process

1. Licenciado en Ciencias Sociales, Especialista en Pedagogía, Magister en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional. Maestrante en Sociología por la Universidad Nacional de Colombia. Docente e Investigador en la Facultad de Educación Física en Universidad Pedagógica Nacional. Correo: avillanuevabustos@gmail.com; javillanuevabu@unal.edu.co


“Unidos por un país”: la futbolización del proceso de paz en tiempos mundialistas En el año 1998, Colombia estaba pasando por una de las etapas de exacerbación de una guerra interna de más de cincuenta años; una violencia generalizada, la cual, tiempo después, por su sevicia, tristemente sería célebre en el ámbito internacional por los descuartizamientos de campesinos inocentes, y la barbarie generalizada en el campo, lo que se sumaba al proyecto de refundación de la nación por parte de la ultraderecha, unida en un cuerpo armado denominado, eufemísticamente, las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), quienes se encontraban asociados con los narcotraficantes, la clase dirigente y buena parte del aparato militar oficial (las Fuerzas Armadas de Colombia). En este contexto, hablar de un acercamiento o algún tipo de diálogo entre las Fuerzas Militares, al servicio de un Estado dominado por la derecha por más de cien años, y la insurgencia armada de la década de los sesenta (que había tenido algunos asomos a principios de los años cuarenta y finales de los cincuenta), la cual se organizaría, eso sí muy a la colombiana, en diferentes guerrillas, al buscar solucionar el conflicto agrario, la injusticia social y la exclusión política, inspirada en sucesos como la revolución Cubana y el bloque Soviético, era inconcebible: estos dos grupos no podían estar solos en un mismo espacio, lugar o tiempo. Sin embargo, hacia la década de los setenta y ochenta, el movimiento guerrillero M-19 firmaría la paz con el gobierno del presidente Virgilio Barco Vargas el 8 de marzo de 1990; guerrilla que iniciaría su participación en la creación de una nueva constitución política para Colombia y que, posteriormente, entraría al juego democrático de la nación. Este grupo armado había albergado, en su seno, a un revolucionario entrenado en la china comunista de Mao, llamado Sergio Cabrera, quien cambiaría el fusil por las cámaras de cine, los libretos y la dirección de series o documental-

es, entre los que se destacan La estrategia del caracol (1993) y Golpe de Estadio (1998). Es, en esta última película, y desde la ficción, donde se planteó sentar a la mesa, tanto a combatientes de la guerrilla, como a soldados y policías, para, juntos, deleitarse con un partido de la Selección Colombia en plena selva, en septiembre de 1993, donde un débil seleccionado tricolor le ganaría cinco goles a cero a la poderosa y dos veces campeona del mundo: la selección Argentina; y, como si fuera poco, con un frustrado Diego Armando Maradona aplaudiendo el buen juego cafetero en medio de su amargura y desasosiego. Era un interesante anhelo que invitaba la esperanza a la mesa, reflejado en la sentencia del director técnico colombiano Francisco Maturana: “Se vive, como se juega”; pero este deseo de unidad mediante la ficción estaría tristemente alejado de una realidad que, incluso, sobrepasaría el realismo mágico garciamarquiano, pues, tiempo después, desde 1998 hasta 2013, en los campos y ciudades de Colombia, se viviría una confrontación sin antecedentes en la historia reciente de Latinoamérica: intereses económicos legales e ilegales, políticos y territoriales, protegidos e impulsados por la nefasta alianza entre militares, narcotraficantes, funcionarios públicos corruptos, paramilitares, policías, congresistas y élites locales provocaron, según cifras de Naciones Unidas, un desplazamiento forzado de más de seis millones de campesinos, a quienes despojarían de sus tierras y sustento; junto con esto, se fortalecería el fuerte embate neoliberal iniciado a principios de los noventa (Comisión Colombiana de Juristas, 2014), lo que adelgazaría al Estado en su componente social, subsidiario y promotor, para fortalecerlo en su parte policial, represiva y de administración de justicia, pero en favor de los poderosos. Por su parte, en estos tres quinquenios, se presentó la seguidilla de fracasos deportivos y futbolísticos en torneos como la Copa Libertadores y las eliminatorias a los mundiales de Corea-Japón 2002, Alemania 2006 y Suráfrica 2010, lo que ayudó a exacerbar ese imaginario

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de pesimismo con respecto a la representación de la idea de Nación y lo nacional; en especial, en clave de fútbol, o mejor aún pensar en la nación imaginada desde los nuevos ídolos locales contemporáneos de clases populares, las cuales reemplazarían a los hombres de espada y a caballo del siglo XIX, que nos dieron la independencia. (Alabarces, 2002, p. 45) Hacia el año 2012, y después de una fuerte confrontación entre distintos actores durante más de una década, el gobierno del presidente Juan Manuel Santos Calderón y la plana mayor del secretariado de las FARC deciden iniciar un proceso de negociación, con el objetivo de llegar a un proceso de paz duradero para todos los colombianos, aceptando los buenos oficios de Cuba y Suecia, como garantes de estos diálogos; es decir, por primera vez en casi dos décadas, y evocando la ficción recreada por Sergio Cabrera en 1998, representantes de un bando y del otro se pudieron sentar a discutir sus posiciones para, en un mediano plazo, poder llegar a la tan anhelada paz; es importante destacar que inmediatamente bajó la intensidad del conflicto, hasta llegar a un cese unilateral del fuego por parte de la subversión (con algunos “hechos aislados”). No obstante, el primer periodo de gobierno de Santos Caderón, 2010-2014, estaba terminando y el proceso de paz llevaba un ritmo lento pero seguro, por lo que se tenía que dar paso a otra campaña electoral por la presidencia, en la cual se perfilaron dos fuertes contendores: por un lado, el candidato Óscar Iván Zuluaga, representante de la ultraderecha, específicamente del uribismo; y por el otro, el candidato-presidente se presentaba a su reelección, con el estandarte de seguir con el proceso de paz. La campaña presidencial fue intensa, con ataques constantes al proceso de paz por parte de los opositores, en cabeza de Zuluaga; mientras el gobierno nacional hacía publicidad a favor del proceso, al utilizar la figura de la selección nacional de fútbol, cuyas figuras daban declaraciones sobre la necesidad y la importancia de que el pueblo colombiano eligiera el camino de la paz; en otras palabras, que se votara por Santos, para

que este continuara con los diálogos con la guerrilla de las FARC, con el lema: “Colombianos juguemos todos juntos el partido de la paz”. Cabe resaltar que, empero, las elecciones estuvieron tan reñidas que diferentes actores y candidatos políticos realizaron alianzas con cada una de las campañas; lo que resultó en una segunda vuelta electoral. Fue tan importante la figura de la Selección Colombia como anclaje del discurso de lo nacional y de la unidad, que incluso mereció un Pabellón Nacional y una emisión filatélica conmemorativa de su participación en el Mundial de Fútbol de Brasil-2014; de hecho, el candidato-presidente, en la conmemoración de este acto, hizo evidente este mensaje: Después de 16 años volvemos a un Campeonato Mundial de Fútbol y volvemos en unas circunstancias muy especiales. Estamos dentro de los cinco mejores equipos del mundo de acuerdo a la Fifa. Y este equipo liderado por el profesor Pekerman es ahora por los próximos 50 días, el máximo símbolo de la unidad nacional (Presidencia de la República – Colombia, 2014).

Incluso, no dudó en mencionar los diálogos de paz en su alocución, vinculando a la guerrilla, eterno contradictor del establecimiento, en este imaginario de unidad que estaba apuntalando con dicho acto: La bandera que le acabo de entregar a Mario Alberto Yepes, el capitán del equipo es exactamente eso. Le estoy entregando la bandera de nuestra Patria, para que este equipo nos represente como lo sabe hacer: con determinación, con coraje, con espíritu deportivo y con ganas de triunfo allá en Brasil. Esa unidad nacional que ustedes representan es muy importante en estos momentos para el país. Cuando los estemos viendo [jugar] los partidos todas las diferencias en el país van a desaparecer, porque detrás de ustedes van a estar los 47 millones de colombianos.


No importa a qué partido político pertenezcan, no importa a qué religión pertenezcan, no importa cuáles sean las diferencias. Inclusive aquellas personas con las cuales estamos hoy conversando para terminar el conflicto armado, ellos también los estarán apoyando (Presidencia de la República – Colombia, 2014).

Y ambos no dudaron en hacerlo: varias veces, a bando y bando se le vio con la camiseta de la Selección; y a la guerrilla ni le importó que uno de los patrocinadores y diseñador de la camiseta oficial fuera “un instrumento del capitalismo”, como tantas veces pregonaran en sus discursos en contra de las industrias globalizadas. Tampoco el candidato-presidente vaciló, en ningún momento, en usar otro referente del deporte; en sus palabras (en aquella misma alocución), afirmó: […] Ustedes, como dice el uniforme: ‘estamos todos unidos’, pero además piensan en grande y pensando en grande es exactamente como hemos llegado a donde hemos llegado en el fútbol y en el deporte. Hoy Rigoberto Urán está comandando ni más ni menos que el Giro de Italia, que también hay una coincidencia, una coincidencia muy linda. Rigoberto Urán es víctima de esta guerra, su padre fue asesinado por esta guerra. Pero él supo superarse y hoy está de campeón, como son ustedes unos campeones, como quiero que sea toda Colombia: una campeona unida, todos unidos, porque así es como progresan las naciones (Presidencia de la República – Colombia, 2014).

En el entretanto, el candidato-presidente, Juan Manuel Santos, invitaba a ver los encuentros de la selección Colombia en el mundial de fútbol Brasil 2014; en especial, aquel contra el seleccionado de Grecia, invitando a todos los colombianos a ponerse la camiseta “por el equipo de la paz”; mensaje latente que tendría su efecto, al utilizar el fútbol como una metáfora de unión; más aún, a partir de la necesidad de continuar con los diálogos con la guerrilla. La suerte, o el desempeño

deportivo, ayudó a consolidar este discurso, gracias a que el seleccionado colombiano venció a su similar de Grecia tres goles por cero, lo que generó una gran euforia y, como si fuera poco, en la rueda de prensa, varios jugadores invitaron a todos los colombianos a ir con la camiseta puesta a votar por la paz, entre ellos, el diez 10, James Rodriguez, y El profesor José Nestor Pekerman. Aunque no fuera el único factor determinante, efectivamente, Juan Manuel Santos es elegido, de nuevo, como el presidente de Colombia, por un periodo de cuatro años, gran parte de los cuales habría prometido invertirlos en llegar a buen término con el proceso de paz con las FARC. Así, la historia política del país ha empezado a contar con un actor adicional; mas, la pregunta sería ¿el fútbol puede ser un hecho sociocultural, el cual, a parir de sus resultados positivos, puede definir desde el apoyo a la paz, por parte de sus seguidores gracias a una figura de unidad nacional, hasta incluso definir elecciones? Es fundamental no olvidar que la primera alocución presidencial de Juan Manuel Santos Calderón para su segundo cuatrienio, fuera con la camiseta puesta de la selección Colombia; este tipo de apariciones, por parte de un mandatario Colombiano, no tiene antecedentes en la tropical forma de hacer política en nuestro país. No solo sus discursos soldaban a la Selección Colombia con la paz sino, además, asistió a actos que, aunque no eran novedosos (el Distrito Capital era viejo referente de estas iniciativas), servían para apuntalar su mensaje de unidad-deporte-nación. Así, sus palabras en el la clausura del Mundialito de Seguridad y Convivencia Ciudadana, celebrado en Bogotá, seguirían la línea trazada meses atrás: Decirles que este acto sencillo, discreto, me llena de emoción porque esto es otra forma muy importante de ir construyendo la paz en este país, de ir reconciliando a esta Nación y de ir sembrando un mejor futuro. Eso es lo que estamos haciendo hoy y por eso interrumpí la campaña para venir a estar con ustedes.

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Lo que acabamos de escuchar, del capitán del equipo del Comandos Azules, “usted es de Millonarios y yo soy de Santa Fe, pero nos vamos a dar un abrazo”, eso es sembrar paz. […] De manera que muchas gracias generales, muchas gracias a la Policía y muchas gracias a todos ustedes, muchas gracias a los equipos. Por eso esta es una forma integral de ver la seguri-

“nosotros” que involucra a todos los actores y que es la semilla del discurso de la unidad; recordaba, incluso, aquel comercial que promocionaba su reelección y su bandera por la paz, donde le preguntaba a una señora del público si “prestaría sus hijos para la guerra”; ahora él era quien tomaba hijos prestados para “consolidar ese sentimiento de deseo de paz”. Ese relato incluyente también sería usado en el discurso de felicitaciones por el triunfo contra Uruguay:

dad y la convivencia ciudadana. Integrar a la Policía con las comunidades y a las co-

Colombia está feliz, todos estamos felices. Hoy es un

munidades con la Policía ha sido siempre un objetivo

día histórico. Nuestra Selección pasó a cuartos de final,

de mi Gobierno y esta es una demostración más de que

la primera vez en la historia que Colombia llega a ese

sí se puede y se puede en torno a causas tan nobles, tan

punto. Y vamos a continuar.

importantes como las que hoy estamos presenciando. […]

Tengo que, primero que todo, felicitar a nuestra Selección […].

Me voy de aquí realmente emocionado. Me voy de

Toda Colombia está apoyando a nuestra Selección,

aquí lleno de entusiasmo para seguir buscando esa paz,

toda Colombia se siente orgullosa de nuestra Selec-

para seguir sembrando esa paz, sin bajar la guardia en

ción, porque nuestra Selección nos está mostrando

materia de seguridad, como debe ser la obligación de

un camino: que cuando se piensa en grande y se actúa

nuestra Policía (Presidencia de la República – Colombia,

en grande, se logran los objetivos. Y eso es lo que esta

2014).

Selección nos está diciendo a todos los colombianos. (Presidencia de la República – Colombia, 2014)

No transcurrió ni un mes, cuando, esta vez con motivo de la Selección Colombia frente a Japón, reiteró el mensaje de unidad: Quiero a nombre de los 47 millones de colombianos mandarle un saludo muy, muy especial, una felicitación muy especial a toda la Selección.

En la pérdida ante Brasil, no dejó de utilizar esta herramienta discursiva, pues sabía que, aunque derrotados, los discursos de unidad difundidos por los medios y la propaganda habían preparado todo para apuntalar ese “sentimiento de unidad”; así, ese nosotros sería, una vez más, su eslogan:

[…] Ustedes saben que el deporte, el fútbol, rompe barreras, mueve montañas y esto está moviendo el optimismo de los colombianos.

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Periodista: Un mensaje para la Selección Colombia. Presidente Santos: Pues acabo de hablar con ellos, les dije que toda Colombia se siente muy, muy

Estamos haciendo un papel realmente muy positivo allá

orgullosa de nuestra Selección. Nos hicieron muy

en Brasil y esto nos enorgullece a todos (Presidencia de la

felices, llegaron muy lejos, nunca habíamos llegado

República – Colombia, 2014).

tan lejos. Hicieron un gran espectáculo para el mundo entero, el mundo entero está admirando a Colombia

Su estrategia discursiva no escatimó en el uso inclusivo de la primera persona gramatical del plural; ese

gracias a la Selección.


A veces se gana, a veces se pierde, este partido además lo hemos debido ganar porque Colombia jugó mejor que Brasil. […] Periodista: Presidente, tenemos equipo para rato, ¿no? Presidente Santos: Pues sí, es que son jóvenes, todos son jóvenes, no se nos olvide que llegamos a este partido con el goleador del Campeonato Mundial, con James

Nos ganó el pentacampeón del mundo en su propio país y por la mínima diferencia. Pero nadie puede negar que ha sido Colombia la que puso la alegría y el buen fútbol en el Mundial de Brasil. ¡Qué hazaña la de nuestros muchachos! ¡Llegaron más lejos que nunca antes en toda nuestra historia deportiva! No solo clasificamos entre las 8 mejores selecciones del mundo, sino que se hizo una campaña formidable:

(Rodríguez), que hoy además metió otro gol, llegamos

4 partidos ganados de 5 jugados; 12 goles a favor y

como el equipo con menos goles en contra, segundo

solo 4 en contra, y –hasta el momento– tenemos el

con más goles a favor y sobre todo, con la admiración

mayor goleador del Mundial, que es nuestro querido y

del mundo entero y eso es un triunfo ya de por sí (Pres-

admirado James Rodríguez.

idencia de la República – Colombia, 2014)

¡MUCHAS GRACIAS! ¡Muchas gracias a nuestros jugadores que lo dejaron todo en la cancha, con honor,

Más aún, luego de las elecciones y de su triunfo presidencial reelectoral, siguió aprovechándose de la figura de la Selección Colombia para reiterar el camino que quería seguir en sus próximo cuatrienio de mando:

con dignidad y con juego limpio! ¡Muchas gracias al profesor Pekerman y a su excelente equipo de asistentes técnicos, que nos recordaron cómo juega Colombia y la importancia de soñar! ¡Muchas gracias a la Federación Colombiana

Queridos compatriotas: Esta es mi primera alo-

de Fútbol!

cución al país desde las pasadas elecciones y quiero

Vienen nuevos retos… El año entrante se juega la

–antes que nada– expresar mi gratitud a los colombi-

Copa América en Chile, y no solo podemos, sino que

anos que ratificaron mi mandato para buscar la paz con

¡vamos a ser campeones!, como ya lo fuimos en el 2001.

prosperidad social. A eso dedicaré los próximos cuatro años de gobierno,

Porque tenemos una selección joven y –además– tendremos a Falcao.

e invito desde ahora a los que acompañaron nuestras

Y vendrá el Mundial de Rusia en el 2018, donde

propuestas –pero también a los que votaron por otras

Colombia –con toda seguridad– será protagonista,

opciones o no votaron– a que se unan a la construcción

porque aprendimos a ganar ¡y no vamos a dejar que se

de una paz justa, una paz con verdad, una paz con rec-

nos olvide!

onciliación… una paz con unidad. TODO, todo lo podemos lograr si trabajamos –como la Selección Colombia– ¡UNIDOS POR UN PAÍS!

Las eliminatorias para este mundial comenzarán el próximo año. Por eso creo que interpreto a la inmensa mayoría

Esa es la gran lección que nos dejaron estos co-

de los colombianos cuando le pido a la Federación que

lombianos admirables, estos grandes deportistas y

ojalá ratifique al profesor Pekerman como técnico,

grandes seres humanos que nos representaron en el

para que continúe este proceso que ha sabido llevar con

Mundial de Fútbol.

éxito, altura y profesionalismo.

Lo que vimos ayer en el estadio de Fortaleza no fue una

Porque la Selección nos unió como país y nos mostró

selección achicada ni con miedo, sino una selección con

lo mejor de los colombianos: ese talento, esa capaci-

ganas de triunfo, con capacidad; combativa y talentosa.

dad de lucha, esa determinación que vimos ayer –por

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ejemplo– en ese segundo tiempo al que solo le faltaron unos minutos para la gloria ¡Qué compromiso el de nuestros jugadores! ¡Así es Colombia! Así vamos a ganar este otro gran partido que estamos jugando: ¡el de la paz con prosperidad social! Y no es solo la Selección la que nos da ejemplo: Caterine Ibargüen ganó otra vez esta semana en Europa. Nuestros ciclistas hicieron el 1-2 y la montaña en el Giro de Italia; hace 8 días nuestros automovilistas hicieron el 1-2-3 en la primera carrera de la IndyCar, tenemos a tres tenistas entre los 100 mejores del mundo. Nuestros deportistas nos enseñan, más que nadie, de qué estamos hechos los colombianos. Ellos nos demuestran hasta dónde podemos llegar si trabajamos UNIDOS, si trabajamos con disciplina y entusiasmo por las buenas causas. ¡Qué orgullo! ¡Qué orgullo nuestra Selección Colombia! ¡Qué orgullo ser colombianos! Recibámoslos como se merecen y digámosles: ¡GRACIAS! ¡MUCHAS GRACIAS POR LA ALEGRÍA Y

En términos generales, se evidenció, no solo un acercamiento físico y discursivo entre dos rivales históricos, como lo son el Estado colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), sino que muchos de los discursos compartidos estaban unidos en clave de euforia futbolística, es decir, en términos de un leguaje bélico que se ha fundamentado en algo denominado: la poética de la guerra; esa que busca conmover al público apelando a las emotividades, pasiones y sentimientos, dejando el convencimiento y la razón en un plano secundario, en este caso, reflexionar sobre lo que va a pasar con la paz de Colombia en los siguientes cuatro años, tal vez en Rusia 2018. Ante lo anteriormente expuesto, sería fascinante poder preguntarle al director de la película colombiana ‘Golpe de estadio’ si alguna vez imaginó que lo que él plantearía pudiera pasar: la política y la guerra en clave de fútbol, o los asuntos nacionales mediados por el discurso de las sociedades futbolizadas; mas, lo que sí es claro, es que, en Colombia, la realidad supera la ficción y, como diría Gracia Márquez, “Colombia es Macondo”.

POR ENSEÑARNOS A SOÑAR! Buenas noches (Presidencia de la República – Colombia, 2014)

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Entre tanto, en La Habana, en una misma mesa, no solo se estaban negociando posiciones tan importantes, como el conflicto agrario, la exclusión política o la injusticia social, sino que, también, están sentados a la mesa aquellos que se declararan enemigos irreconciliables; quienes, a su vez, disfrutaron, a la par, los partidos del seleccionado colombiano contra, Grecia, Costa de Marfil, Japón, Uruguay y Brasil; además, cuando cada uno de los integrantes de la mesa de negociación debía dar declaraciones en público, en esa época, tanto guerrilleros como representantes del gobierno colombiano salían a la rueda de prensa portando la camiseta de la selección Colombia; incluso, durante el mundial se produjeron más 1.500 comunicados por redes sociales (Twitter y Facebook), por parte de los dos grupos que integran la mesa de negociación.

La Paz Fútbol Club: una apuesta para el post-acuerdo en clave de fútbol El pasado 19 de abril de 2017, la fundación Fútbol y Paz Construyendo País, y las FARC firmaron un acuerdo de colaboración para la creación del equipo de fútbol La Paz F.C. El objetivo del proyecto es constituir tres equipos profesionales de fútbol, conformados por excombatientes y víctimas del conflicto armado, los cuales compitan en la categoría B, sub-20 y en la recién fundada liga femenina de fútbol. La iniciativa se enmarca en el contexto del proyecto “Educación, formación y cultura para la paz y para el posconflicto, Fútbol y Paz”, el cual se articula con las directrices de la Alta Consejería Presidencial para el Posconflicto, Derechos Humanos y Seguridad; a su vez, posee el respaldo del Gobierno y del líder de las FARC, alias “Timochenko”. Iguamente, su finalidad es que, a


través de la práctica deportiva, los diferentes actores del conflicto se pongan una misma camiseta: la de la paz. De esta forma, de nuevo, el fútbol opera como metáfora de la nación. Por lo que, la Paz Fútbol Club no es un proyecto deportivo; es, ante todo, un proyecto de nación, ante el cual, se espera que excombatientes y víctimas del conflicto se mimeticen en el campo de juego de la nueva Colombia; esa Colombia en paz que persiguen los acuerdos firmados en la Habana. La Paz Fútbol Club es una manifestación más de los discursos de la unidad que el gobierno Santos ha promovido en clave de fútbol. Como si la metáfora del nombre del equipo no fuera suficiente, el proyecto busca que el equipo compita en un estadio con un nombre alusivo a la paz, ubicado en un municipio donde antaño se firmó el primer proceso de paz de nuestro país. Por ello, la idea principal es que los equipos del club La Paz F.C. disputen sus partidos en el estadio municipal de La Paz, ubicado en el municipio de Apulo (Cundinamarca), el cual fue inaugurado en septiembre del año pasado por el presidente Juan Manuel Santos. En este veraniego municipio, distante 100 kilómetros de Bogotá, se desarrolló el primer proceso de paz después de la disolución de la Gran Colombia en 1830, el proceso conocido como las Juntas de Apulo (Escobar, 2017). Al mismo tiempo, el desarrollo del proyecto ha contado con el apoyo de grandes figuras históricas del fútbol colombiano de la talla de Faustino Asprilla, Alfonso Cañón y Bonner Mosquera. Se acude a los héroes deportivos de la nación para revestir de legitimidad el proyecto. De tener éxito esta apuesta del gobierno Santos, posiblemente, el proceso de pacificación del país llegue a feliz término y, paulatinamente, como lo señala Charles Tilly (2007), el fortalecimiento de la democracia y las instituciones del país devenga en una disminución sustantiva de otros tipos de violencia presentes en la sociedad, como la violencia ritual, por ejemplo. Con todo, es patente que el gobierno de Santos ha aprovechado, significativamente, el potencial mimético del fútbol para construir discursos de unidad nacional en

medio de las diferencias. Las diferentes etapas del proceso de paz han sido profundamente futbolizadas, desde los tiempos del mundial de 2014, las Copas América del 2016 y la firma definitiva de los acuerdos, hasta la proyección del post-acuerdo en el proyecto de pacificación y reconciliación nacional. El fútbol, por tanto, se presenta como una metáfora que opera como materia prima para la producción de discursos de unidad nacional, paz y reconciliación, en un país que intenta superar un largo capítulo de polarización y violencia política.

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Stephanie Castiblanco Molina

David Martínez Acevedo

M EM O R I A Y E MO C I Ó N E N LAS PRÁCT ICAS D E R E SIST E N C I A S O C I AL E N E L S E CTOR COLOM B I AN O D E SALUD Resumen Este artículo analiza algunas de las consecuencias del proyecto de privatización de la salud en Colombia, promovido con la Ley 100 de 1993, desde la óptica del trabajador, mediante un examen del componente emocional que alimenta las reacciones sociales y políticas frente a dicho problema. Se recurre al caso de los trabajadores del inhabilitado Hospital San Juan de Dios de Bogotá, pues, se considera un ejemplo de la importancia de las emociones (o la conexión emocional) en 1) el emprendimiento de luchas sociales y políticas, así como 2) la apropiación y comprensión de ciertas luchas o coyunturas sociales, y su relevancia para la formación de nuestra memoria histórica.

Abstract This article analyses some of the consequences of health privatization project in Colombia, promoted with the Law 100 of 1993, from the worker’s perspective, through an examination of the emotional component which nurture the social and political reactions against this problem. We resort to the case of the workers of the disabled San Juan de Dios Hospital in Bogotá, since, we consider, it exemplifies the relevance of emotions (or the emotional connection) in 1) the entrepreneurship of social and political struggles, as well as 2) the appropiation and understanding of some social struggles and its importance for the training of our historical memory.

Palabras clave: Hospital San Juan de Dios, trabajadores,

Keywords: Hospital San Juan de Dios, workers,

salud en Colombia, Ley 100.

health in Colombia, law 100.

1. Antropóloga egresada de la Pontificia Universidad Javeriana. Correo: castiblancos@javeriana.edu.co 2. Filósofo egresado de la Universidad Nacional de Colombia. Correo: davmartinezace@unal.edu.co


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Introducción Al cerrarse1 el Hospital San Juan de Dios en Bogotá, según se ha justificado, por la falta de recursos que el Estado necesitaba para mantenerlo, 3.640 personas quedaron desempleadas2 y aproximadamente 1.500 trabajadores no recibieron el dinero correspondiente a sus liquidaciones por los años de trabajo; muchos de ellos, frente al abandono del Estado y sus penosas condiciones de vida al no tener recursos económicos, decidieron adoptar el Hospital, ya no como un lugar de trabajo, sino como su hogar, con el propósito de hacer visible el atropello que se cometía en su contra y enmarcar su situación en el funesto escenario de la salud en Colombia. El Hospital, que se construyó para atender a los más necesitados y se convirtió en símbolo de la medicina colombiana, hoy está en ruinas y olvidado por la población y el Estado. Ha desaparecido de la memoria nacional. Esta lucha se ha prolongado por dieciséis años hasta el día de hoy, complicando su situación, pues muchos de los trabajadores se han cansado y se han ido; otros han muerto y algunos se han quedado allí esperando a que el Estado les garantice sus derechos laborales, acepte hacer el pago de sus liquidaciones y garantice el derecho a la salud de los colombianos. No obstante, pese a la permanente zozobra de vivir sin agua, sin luz, enfermos, degradados, marginados, maltratados y hostigados por los vigilantes, la

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1. Nos gustaría aclarar que, para los trabajadores, el Hospital San Juan de Dios no ha cerrado; sino que se encuentra inhabilitado. Esta concepción nos parece un modo de resistencia que abarca los términos que se aplican en su discurso. 2. El número puede variar, ya que, de acuerdo con el testimonio de algunos trabajadores, luego de que el Hospital fuera “inhabilitado”, se estigmatizó a los trabajadores, tachándolos de “guerrilleros” y “sindicalistas”. Dado esto, muchos trabajadores se vieron obligados a borrar de sus hojas de vida los años de trabajo en el Hospital San Juan de Dios para vincularse nuevamente al campo de la salud.

policía, los medios de comunicación y los representantes del Estado, los trabajadores del Hospital continúan en una lucha que tiene como principal objetivo rescatar del olvido y del desuso a esta importante institución médica. Desde la óptica de la antropología médica, la salud pasó de ser un derecho a un negocio, luego de la instauración de políticas de privatización en el país (Abadía-Barrero & Oviedo-Manrique, 2010). Dichas políticas han ampliado la brecha social y económica, al tiempo que han hallado maneras de mercantilizar el cuerpo, mientras cambian las nociones de salud y enfermedad en la perspectiva de la población. De modo que el sistema de salud se ha convertido en un sistema orientado a la lógica del mercado, el cual no está interesado en la prevención y curación de enfermedades; así como en borrar los límites del acceso a los servicios de salud para poblaciones vulnerables, sino en privatizar los recursos públicos, con fines de lucro, a costa de la salud de la población, y responsabilizar al beneficiario del servicio de los problemas que se generen en las entidades de salud. En esta coyuntura, los trabajadores que decidieron apersonarse de esta lucha han mantenido en pie el Hospital, gracias a la ocupación de algunos de sus edificios, a las confrontaciones justificadas en contra de ciertas políticas de salud del Estado, y las manifestaciones constantes, las cuales pueden describirse como un reflejo de la conexión emocional que sostienen estas personas con el lugar que les dio empleo por muchos años y, posteriormente, los acogió en sus instalaciones como residentes, además de representantes de un acontecimiento que pone en evidencia el detrimento que sufre el sistema de salud en Colombia. De conformidad con esto, el Hospital San Juan de Dios se convirtió en un ícono de memoria, injusticia y resistencia social, el cual, a nuestro criterio, sirve como paradigma de la importancia de la identificación emocional con algunas luchas sociales en la conformación de la memoria histórica del país. Por ende, en este texto, sugerimos un estudio enfocado en el matiz emocional de la lucha por el San


Juan de Dios, con el propósito de indicar que no se puede incorporar, en la memoria de una nación y en la identidad de un pueblo, un objeto patrimonial, si no hay un enlace emocional con él3.

Las crecientes reformas en el sector salud en Colombia se originaron en el marco de importantes transformaciones económicas, políticas y sociales a nivel global. Hacia finales de los años ochenta y principios de los noventa, la salud comienza a ser vista desde enfoques de producción, distribución y consumo, y el derecho a la salud se considera similar a un producto de mercado. La Ley 100 se expidió en diciembre de 19934 bajo el desarrollo del Sistema General de Seguridad Social en Salud (SGSSS). Este sistema está apoyado en los conceptos de solidaridad e integralidad; tanto como en el neoliberalismo, con la propuesta de la libre escogencia de los usuarios, la promoción de la competencia entre las empresas que prestan estos servicios, así como la descentralización administrativa y la autonomía de las instituciones, con lo cual, la salud terminó por convertirse en una mercancía que se surte en una oferta de planes, cuya eficiencia y calidad dependen de la cantidad de dinero que invierta el beneficiario del servicio, y la noción de la salud, como un derecho fundamental, pasó a tener una importancia secundaria. De acuerdo con el investigador Iván Jaramillo (1997), la Ley 100 puede resumirse en seis pilares que

le dan sustento: i) la separación de la provisión y financiamiento de los servicios, la cual busca brindar la posibilidad de la libre elección de los usuarios entre distintas entidades gestoras del aseguramiento (EPS)5 e instituciones prestadoras de los servicios (IPS)6; ii) cobertura universal por medio del sistema de afiliación obligatorio (POS)7; creación de un plan obligatorio integral; iii) estructuración de mecanismos de compensación y solidaridad; iv) diseño de mecanismos de control de costos; v) incorporación del sector privado; y vi) sustitución de la asistencia pública a los pobres (Jaramillo, 1994). En el artículo 8 de dicha Ley, se concibe el sistema de seguridad social como integral, lo que permite articular los servicios prestados por entidades públicas y privadas, y abre una extensa posibilidad para que, en los procesos de afiliación y prestación de servicios, se ejerza la libre elección del usuario. No obstante, dicha afiliación se realiza dependiendo de las condiciones económicas de la persona; por lo que, el acceso al sistema puede realizarse de dos formas: afiliación a un régimen contributivo, al cual pueden vincularse las personas que pueden pagar, y la afiliación al régimen subsidiado, en el cual se pueden vincular las personas sin capacidad de pago. De este modo, se crea un paradigma entre la rentabilidad financiera y la calidad del servicio, dado que la búsqueda de rentabilidad de las EPS8 afecta la oferta de servicios, lo cual se evidencia en el trato a los usuarios y en las prestaciones ofrecidas. Bajo este nuevo esquema, se reorganiza el derecho a la salud como un escenario competitivo de mercado pues las premisas de oferta y demanda entran a regir el funcio-

3. Ciertamente, aunque el objetivo de los trabajadores del San Juan de Dios consiste en su reapertura, y el reconocimiento social y económico de su trabajo, nuestro propósito no es justamente el mismo en este artículo, nosotros nos centramos en el medio con el cual creemos que puede abrirse una comunicación entre los trabajadores y las demás personas para comprender su causa e incorporarla a la memoria del país; dicho medio son las emociones. 4. La Ley fue impulsada por el hoy expresidente Álvaro Uribe Vélez, en ese entonces Senador de la República.

5. Empresas promotoras de salud: instituciones intermediarias que cumplen las funciones de gestión del aseguramiento y protección de la salud. Estas no necesariamente son instituciones hospitalarias. 6. Instituciones prestadoras de servicios: es decir, todos los centros hospitalarios donde se prestan los servicios. 7. Plan Obligatorio en Salud: servicios a los que tiene derecho el afiliado. 8. La EPS recibe un valor por cada afiliado, este valor le permite pagar los gastos en salud de dicho afiliado, pagar los gastos administrativos y producir utilidades.

Breve historia del cierre de los hospitales públicos en Colombia

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namiento del sistema. De esta manera, el papel del Estado no es garantizar la salud, sino regular y controlar a las empresas privadas, para que tomen un papel protagónico como prestadoras del servicio de salud a la población. Si bien la ley pretende regirse bajo los conceptos de cobertura e integralidad, sus componentes neoliberales dificultan que esto se lleve a cabo, principalmente, por la falta de recursos de la mayoría de la población que quiere acceder a los servicios. Si bien la misma ley propone que “El sistema integral de seguridad social establecido en la presente ley, no tendrá, en ningún caso, aplicación cuando menoscabe la libertad, la dignidad humana o los derechos de los trabajadores” (Congreso de la República de Colombia, 1993, Art. 272), es de especial importancia plantear cómo este panorama puede llegar a ser contradictorio y la ley no alcanza a desarrollar sus planteamientos; pues, por una parte, en la Constitución Política de 1991 ya se había estipulado la salud como un derecho de los colombianos; pero, por otra parte, a través de instrumentos legislativos como la Ley 100, se adoptan medidas neoliberales, impuestas por organizaciones políticas y económicas de mayor escala, las cuales impiden que este derecho se realice. Entre las múltiples consecuencias de haber implementado la Ley 100, encontramos el aumento de la crisis de los hospitales públicos, puesto que permitió el progresivo abandono del Estado frente a sus responsabilidades con la salud de los colombianos y dejó a la deriva las entidades de carácter oficial; con lo cual, los hospitales debieron cubrir sus necesidades a través de los subsidios que se obtenían por medio de la venta de servicios y entrar a competir bajo una supuesta igualdad de condiciones con las Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud (IPS) de carácter privado. Como consecuencia, la sustitución de recursos, que se generó, produjo ineficiencia económica, por lo que se buscó la forma de racionalizar los recursos de los hospitales por medio de la reducción de los mismos, el ahorro de los insumos y de los procesos hospitalarios tales como los salarios de los trabajadores,

los recursos para medicinas, los procedimientos médicos y quirúrgicos, entre otros. Por su parte, los investigadores, Natalia Paredes Hernández y Alirio Uribe (2005), arguyen que fue, a finales del año 1998, cuando todos los hospitales públicos entraron en crisis, después de la aplicación de la Ley 344 de 1996. Esta Ley convierte los recursos transferidos históricamente a los hospitales públicos (subsidio a la oferta) en subsidios a la demanda, lo que significa que los hospitales dejan de recibir directamente los recursos para su funcionamiento y deben sostenerse con la facturación o venta de servicios (Paredes-Hernández & Uribe, 2005, web). De esta manera, la única posibilidad de financiación de los hospitales es por medio de los pacientes y usuarios, lo que, igualmente son recursos insuficientes, deviniendo en la ineficacia en la prestación de los servicios. Gracias a esta precarización de la salud, muchos de los hospitales públicos en el país se vieron damnificados, de forma tal que tuvieron que cerrar sus puertas. Haber impuesto una nueva lógica de financiamiento supuso una catástrofe para el mantenimiento de los centros de salud, especialmente, en el caso de los hospitales y las clínicas públicas, debido a que, antes de esto, el dinero llegaba directamente al hospital para su financiamiento anual; no obstante, con las nuevas lógicas de financiamiento, los hospitales empezaron a recibir exclusivamente el dinero por el pago de los servicios, lo que determinó una nueva lógica de auto-sostenimiento, donde debían diseñar estrategias de mercado y hacer énfasis en los asuntos financieros, motivo que hizo que los hospitales empezaran a funcionar como empresas privadas. Justamente esto ocurrió con el Hospital Infantil Lorencita Villegas de Santos, reconocido por ser el hospital de pediatría más importante de la capital, cerrado en el año 1999, al igual que el emblemático Hospital Universitario San Juan de Dios, cerrado dos años después. Otros hospitales que tuvieron que cerrar sus puertas en diferentes ciudades del país fueron el Federico Lleras Acosta en Ibagué, el Ramón Gonzáles Valencia


en Bucaramanga, el Universitario de Cartagena y el de la Victoria en Bogotá (Redacción El Tiempo, agosto de 2000). En este orden de ideas, el Hospital San Juan de Dios ha sido un blanco de reformas desde mediados de los años 70, momento a partir del cual empezaron a darse grandes cambios en materia de salud en el país, con anterioridad a la Ley 100 de 1003. Hacia 1979, el entonces presidente de la República, Julio César Turbay, declaró el Hospital como un bien de la empresa privada de la Fundación San Juan de Dios y de la Beneficencia de Cundinamarca (dependencia pública de la Gobernación de Cundinamarca) lo cual encubrió la condición de hospital público. Esto se hizo bajo el Decreto 290 de ese año, donde se previó que la fundación instituida por Fray Juan de los Barrios y Toledo, por escritura pública otorgada el 21 de octubre de 1564 seguiría denominándose Fundación San Juan de Dios y que se regiría por los estatutos que el Gobierno Nacional dispusiera. Allí, se estipula que los bienes muebles e inmuebles quedarían a disposición de los administradores competentes, es decir, la Fundación y la Beneficencia de Cundinamarca. En más de treinta años, el Hospital se identificó como una institución meritoria, ahogada en medio de la corrupción de los gobernantes y las malas administraciones; convirtiéndose en un problema social, económico, político y jurídico, hasta que llegó un momento en el que nadie se hizo cargo del San Juan. Con este panorama, y en medio de la apertura de la Ley 100, la cual generó incentivos financieros, se obligó a que el servicio fuera rentable; esto último terminó siendo un duro golpe para el Hospital, pues se dejaron de prestar los servicios, ya que no se veían viables los hospitales de caridad. El problema entonces había sido resultado del envenenamiento mismo en el que ya se encontraba como institución clasificada dentro del asistencialismo, y como centro de caridad y beneficencia, no como un lugar de realización de los derechos. Debido a las circunstancias que rodean este lugar, lo consideramos como un emblemático paradigma de

la resistencia social y política frente a los agresivos cambios que ha sufrido el sector salud en el territorio colombiano; desde esta perspectiva, el acercamiento al vínculo emocional entre el Hospital y sus actuales residentes nos permitirán, no solo adquirir conciencia de lo que vive la salud en Colombia, sino también de la importancia de este lugar en nuestra memoria histórica.

El cuidado y la lucha por el Hospital San Juan de Dios A la luz de este panorama, la mercantilización de la salud posiciona la función del empleado del Hospital como una actividad de importancia lateral, dado que las tareas del cuidado son comprendidas como un servicio que se presta en una relación cliente-proveedor. Con ello, el Estado justifica, dentro de este sistema mercantilizado al que se ha orillado la salud, la subvaloración de las funciones de los trabajadores, ya que son tenidos en cuenta como elementos de producción mercantil, más no como individuos o ciudadanos que cumplen con una tarea específica, cuya importancia es de gran relevancia para la comunidad. Por consiguiente, los trabajadores del Hospital San Juan de Dios se consideran, a sí mismos, víctimas de la violencia estructural (Abadía-Barrero & Oviedo-Manrique, 2010) que, en la mayoría de los casos, ha perjudicado su trabajo, su salud y su bienestar. Al mismo tiempo, al negar sus derechos como trabajadores y ser aislados socialmente, el cumplimiento de sus necesidades básicas no solo no se satisface, porque el Estado no opera para garantizárselas, sino porque el mismo Estado actúa de tal manera que impide que estas se cumplan. Es, en virtud de esta condición de víctimas, que ellos mismos se han consideran como sujetos políticos que luchan y defienden objetivos concretos. 21


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En adición, Miryam Jimeno argumenta que: El proceso que permite sobrepasar la condición de víctima pasa por la recomposición del sujeto como ser emocional y esto requiere la expresión manifiesta de la vivencia y de poder compartirla de manera amplia, lo cual a su vez hace posible recomponer la comunidad política (2008, p. 262).

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se está buscando legitimar el valor de actividad laboral como cuidadores de enfermos, y estas actividades han sido de gran importancia para la lucha por el Hospital, porque cuidarlo también es defenderlo.

De modo que, para comprender la situación que han estado experimentando los trabajadores del Hospital San Juan de Dios, debe haber un acercamiento a su relación emocional con la experiencia que tienen como víctimas del abandono estatal; se deben escuchar las razones que tienen para argüir su calidad de víctimas, y por qué su movimiento tiene una importancia que abarca, además de su situación personal, un problema que atañe a la población colombiana en general, pues ellos no son las únicas víctimas de violación de derechos laborales, así como el lugar patrimonial que tanto defienden, no es solo patrimonial para ellos. Suprimir cualquier acervo emocional en el análisis de esta lucha social nos impide, como espectadores, reconocerlos como víctimas y, en consecuencia, abogar por su recomposición como ciudadanos. Bajo este sistema de salud, se suprimen elementos como la preocupación por el otro en la dinámica del cuidado, para darle importancia a estas tareas por su eficacia cuantitativa en la competencia del mercado de la salud. En un plano secundario, queda la acción misma: el alimentar, el cuidar, el proteger se desvalorizan y, con ello, se justifica la invisibilización del quehacer de los trabajadores del San Juan (Molinier, 2011). Lo que se remarca fuertemente en la manifestación de estos trabajadores es el replanteamiento de su función como cuidadores, ya que pasaron de cuidar enfermos a cuidar un lugar, el hospital mismo. De este modo, se pone de manifiesto que su función es el medio por el cual están valorándose como trabajadores, pues dentro del cuidado del Hospital, en la coyuntura de su manifestación,

El Hospital San Juan de Dios como paradigma de memoria en el debacle de la salud en Colombia Después del cierre del hospital, no transcurrió mucho tiempo antes de que los trabajadores se encaminaran en diversas actividades de resistencia. La primera de ellas buscaba que los trabajadores fueran despedidos de manera legal, para lograr la obtención del pago de las prestaciones sociales derivadas del contrato de trabajo, indemnizaciones y prestaciones económicas, como la pensión, según establece la ley. La segunda se encaminaba a lograr que sus años de trabajo fueran reconocidos legal y socialmente, apartando de ellos el estigma social que enfrentaban por haber adoptado una actitud de protesta. El último, tal vez el propósito más ambicioso e importante de todos, consistía en que el Hospital fuera reabierto en las mismas condiciones en las que se encontraba hace veinte años. Todas estas peticiones se conjugaban en medio de un ambiente de hostilidad e indiferencia que, de alguna manera, ha hecho más difícil la situación y ha separado a los trabajadores, al punto de que muchos de ellos se han encargado de rehacer sus luchas en pro de beneficios individuales; otros han claudicado y se han ido; solo unos pocos continúan allí. Esto es producto de la diversidad de emociones en juego a lo largo de la lucha y de la forma en que estas se han ido desarrollando y modificando debido a las dificultades que implica establecer un diálogo con un Estado que no se ha esforzado por escuchar, así como una población que se muestra desinteresada por este tipo de coyunturas. La vida social de los trabajadores del Hospital San Juan de Dios se desenvuelve en medio de relaciones emo-


cionales con el lugar y la lucha, las cuales se construyen en la cotidianidad, enmarcadas en las experiencias de cada individuo con la colectividad. Cada labor, dentro de su pugna, se imprime en la interpretación, en la emoción, en la expresión, en la significación, en el lenguaje, en el cuerpo y en las relaciones con los demás. Así, las emociones están ligadas al cuidado y a la memoria, dado que es, gracias a las emociones que suscita el Hospital en sus trabajadores, que ellos se han tomado el trabajo de cuidarlo, defenderlo y luchar por él. Acoger emocionalmente un lugar, un objeto, una persona, un animal o cualquier cosa, nos induce, como humanos, a procurar el mayor beneficio para el objeto de nuestro apego; esto es algo que podemos notar en cualquier experiencia propia y en la situación que han pasado los trabajadores de este hospital. La confluencia de estas emociones hace que se creen nuevas identidades individuales y colectivas con sus compañeros, lo que permite que se apropien del lugar y que resignifiquen los objetos que allí se encuentran. Sus identidades pasan por las lealtades grupales, donde los compañeros se vuelven familia y muchos de ellos, quienes son líderes de las movilizaciones, se convierten en figuras reconocidas en medios de comunicación; otros aprenden leyes e historia, lo que les da las herramientas suficientes para defenderse en los continuos debates. Estas identidades no solo le dan sentido a la lucha sino a la vida de sus miembros, puesto que adquieren una responsabilidad que consideran necesaria con sus familias, con los pacientes que son víctimas de la Ley 100 y, en general, con un país que quiere construirse en paz (Cf, Gómez, 2015). Así, los trabajadores aumentan la lista de objetivos, pues ya no solo es la lucha por el San Juan; también participan en manifestaciones contra la Ley 100, o si se vinculan con otros grupos sindicales; se comienzan a incluir más metas y beneficios grupales, dependiendo de las necesidades de cada uno. Lo que prima es el sentido de pertenencia y la reacción ante la injusticia,

abarcando estas emociones de amor, tanto como de orgullo y rabia (Cf Jasper, 2011, p. 54). Por ejemplo, para Debora Gould (2009a y 2009b), los movimientos sociales son espacios de construcción de sentido, donde las emociones no solo incitan y forman, sino que también son generadas por las prácticas, es decir, por las dedicaciones y el quehacer. En consecuencia, las emociones tienen relevancia en los movimientos sociales, en la medida en que proveen pedagogías afectivas, autorizando y creando formas de sentir (Cf Gould, 2009b, p. 213). No se trata de mantener una bandera de lucha única y específica, ignorando los matices que puedan presentarse a lo largo de su desarrollo, porque, ciertamente, las luchas colectivas se reformulan, enriquecen o empobrecen dadas las circunstancias; se trata de concentrarnos en la interacción que sus agentes tienen con las emociones y el modo en que estas se desenvuelven conforme avanzan las causas sociales; más aún, nosotros como espectadores de estos acontecimientos, debemos enfocarnos en leer la importancia de esta interacción entre las emociones y los movimientos sociales en la conformación de la memoria histórica. Es, por lo anterior, que consideramos de gran importancia considerar el análisis de esta lucha por el Hospital San Juan de Dios, como un proceso organizativo que hace parte de varios movimientos sociales, p.e., el movimiento por la defensa de la salud y el movimiento social de los trabajadores. Así pues, los movimientos sociales se constituyen como “formas organizativas de actores sociales que conscientemente y de manera sostenida implementan procesos de protesta cultural o política a partir de un consenso y una identidad colectiva” (Oslender, 2008, p. 36). De otro lado, el estudio de los procesos de lucha de los trabajadores pretende una descripción transversal, la cual involucra sus testimonios y visibiliza cuán importante es la memoria en estos procesos de movilización, dado que el acto de recordar y de contar contribuye al objetivo de resistir, mientras se crea un discurso alrede-

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dor de la lucha y se construye una memoria compartida; allí, hay una relación donde se entrelaza la memoria, con la indignación y el afecto por un motivo de lucha.

Memoria Los movimientos sociales y los procesos organizativos se crean desde la conjunción de varias emociones como la rabia, el amor, entre otras9. Aquí, la memoria juega un papel importante, pues, cuando las víctimas comparten sus experiencias con los otros, hacen de la memoria el elemento central; el recordar los eventos una y otra vez va creando una memoria compartida. En este caso, la memoria se encarga de mantener y transmitir las emociones por la lucha, por los compañeros y por el Hospital; los trabajadores se encargan de revivir el Hospital en la memoria colectiva por medio de los panfletos, de la divulgación de la situación por las redes sociales, de salir a la calle con pancartas, como una forma de no dejar en el olvido un lugar tan importante para la historia del sistema de salud en Colombia y, con ello, decirle a la sociedad que hay un hospital que le pertenece y que, por lo tanto,vv debe defenderlo. La memoria crea una historia y un discurso desde el cual los trabajadores se defienden y reproducen para que ni su lucha ni el Hospital sean olvidados. “La gente y la memoria son inseparables, y juntos promulgan no sólo una determinada concepción del tiempo, sino también otras particularidades de las cosmovisiones de las personas” (Gómez, 2015, p. 432).

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9. Myriam Jimeno sugiere que es por medio de la memoria que las personas aceptan su condición de víctimas, pero no víctimas como una condición patológica, sino como un medio emocional de reconocer el dolor de las pérdidas, de sus parientes y de su forma de vida. De esta manera, las comunidades emocionales se encargan de salir de ese dolor al compartirlo con los demás en forma de acción organizada, así, estas comunidades se vuelven comunidades políticas (Cf Jimeno, 2008). Tomamos su concepto de comunidades emocionales para entender cómo las personas reconstruyen su vida gracias a la comunicación de sus experiencias.

Compartir las experiencias emocionales permite acercarnos a la sensibilidad emocional del otro, además de formar identidades políticas, las cuales se encargan de restablecer y crear lazos para la acción y la movilización. La memoria activa, entendida como el acto de recordar constantemente, se ocupa de relatar circunstancias o acontecimientos de importancia histórica, identificando el valor de su importancia en la transmisión de afecciones emocionales en nuestra identidad; permite exteriorizar el dolor y el amor; al tiempo que insta a promover espacios de discusión política, y a construir caminos para reconstruir la vida de las víctimas, pues las personas se unen con un mismo sentido de lucha y es, gracias a la unión entre las emociones y cogniciones, que se le da sentido a la experiencia, a la lucha, a los lugares y a los objetos (Cf. Jimeno, 2004). Una de las quejas más frecuentes de los trabajadores es el olvido en el que viven y en el que la sociedad tiene al que, alguna vez, fue el Hospital más importante del país; por esta razón, se encargan de difundir su experiencia y las condiciones en las que se encuentra el Hospital, por medio de videos, fotos, pancartas y testimonios, con el fin de llamar la atención de los medios y del resto de la población. Para los trabajadores, la única forma en la que el Hospital sea reconocido y vuelva a la vida es por medio de la protesta social. En este proceso de recrear la memoria, hay una expectativa respecto al futuro (Jelin, 2001), ya que se espera que el movimiento tenga un impacto en la sociedad; se piensa en el futuro de sus hijos y en el país que se quiere dejar; se habla de un país en paz, el cual respeta los derechos de sus ciudadanos, como una forma de marcar la historia para que este tipo de violencias no se sigan repitiendo en contra de trabajadores, pacientes y estudiantes. Por tanto, la memoria social (Jelin, 2001) fluye y se construye a partir de la experiencia de varios actores sociales; en este caso, los trabajadores han construido y reconstruido la memoria del Hospital y su propia experiencia a partir de las emociones y el cuidado en medio de la lucha.


Las emociones y la memoria son fundamentales en los movimientos sociales, los procesos organizativos, y la politización de las causas10, dado que estas hacen que las personas se comprometan entre sí, se necesiten, se cuiden, se organicen y se mantengan en la lucha. Para ello, las personas acuden a ciertas estrategias para respaldar a sus compañeros en términos económicos y afectivos; p.e., entre los trabajadores del Hospital San Juan de Dios, existen estos lazos de solidaridad de manera especial, las personas se prestan ayuda en los momentos más angustiantes, han creado estrategias para darse ánimo entre ellos, para llorar juntos, para respaldarse económicamente, para convivir, tener problemas y reconciliarse. Estas formas de demostrarse afecto, cuidado, preocupación e interés entre los compañeros hacen que la resistencia siga en pie; tal y como ilustra Gómez en su trabajo con víctimas, hay […] estrategias para hacerse cargo de la otra como

que le permita llorar es suficiente para hacer sentir que el otro es alguien que se preocupa por él o ella. En este proceso, algunas amistades se consolidan, y son en sí mismos fundamental para mantener unos a otros en movimiento y en el movimiento” (Gómez, 2015, p. 243, traducción propia).

La importancia del Hospital está ligada a la memoria de los trabajadores, la cual actúa como un motor de la movilización y de la lucha, pero que, también, es una forma de debatir los discursos neoliberales que hace dieciséis años negaron la importancia del Hospital y que negaron un sistema de salud accesible para todos los colombianos; al mismo tiempo, por medio de este ejercicio de memoria, se debaten las relaciones de poder entre la gente que se moviliza y los agentes estatales que oprimen. El Hospital San Juan de Dios, hoy en día, no solo continúa siendo el símbolo de la medicina en Colombia, sino que, ahora, gracias a la lucha de los trabajadores, también es un símbolo de resistencia política y social.

para hacer compañía, escuchar, aconsejar, ayudar con las expediciones y las acciones para la promoción de los casos jurídicos, y llevar a cabo conmemoraciones. A

Conclusiones

veces, sólo un abrazo, una palabra de apoyo, o alguien

10. Tanto en los movimientos sociales como en los procesos organizativos y la politización de las causas, las emociones cumplen un papel fundamental para su desarrollo, a pesar de sus distinciones terminológicas. En el caso de los trabajadores del San Juan, se trata de un proceso organizativo de lucha, porque, a pesar de tener un propósito demasiado ambicioso en el ámbito de las reformas de salud y el acceso a la salud, el número de participantes no incluye personas ajenas a su anterior situación laboral dentro del Hospital, y su causa no tiene vínculos ideológicos puntuales que puedan relacionarse con otras causas; es pues una organización llevada a cabo por un grupo reducido de individuos, por lo que los movimientos sociales incluirían un número importante de la población. Sin embargo, gracias a estrategias como la participación en reuniones con sindicatos, marchas, plantones, bloques de calles vehiculares y la misma ocupación del lugar, le da algunos matices “políticos” a su causa, aunque no debe considerarse necesariamente como una causa política, pues no hay una afiliación puntual a algún partido político determinado.

La violencia estructural11, impuesta en el país, por medio de discursos acerca del desarrollo y la modernización, se ha instaurado en todas los ámbitos de vida social; incluso, han logrado incrustarse en el ámbito privado, influyendo en los cuerpos y en la vida de las personas. Mediante el discurso sobre el acceso a la salud, su privatización y la Ley 100 de 1993, se han aumentado las diferencias sociales entre la población, bajo la consigna de quiénes pueden y no pueden pagar; es decir, dependiendo del capital monetario de cada persona se mide su valor y su derecho a vivir o a curarse. 25 11. Entendida como una barrera estructural que niega o no permite el derecho a la salud producto de la implantación del neoliberalismo en el País (Abadía-Barrero & Oviedo-Manrique, 2010).


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La violencia ejercida desde el sistema neoliberal supone una contrariedad entre el capitalismo y el trabajo del cuidado, dado que este no es reconocido como un trabajo legítimo y, por lo tanto, no existe una remuneración para ello12. Lo que se plantea aquí es otra visión de la economía y del sistema de producción, con el fin de crear un sistema más equitativo, donde los roles, tanto de hombres como de mujeres, sean reconocidos por igual. Los trabajadores y, en especial, las trabajadoras del Hospital San Juan de Dios ponen en debate este sistema neoliberal, el cual plantea el trabajo solo como un medio de producción con remuneración monetaria; no obstante, el trabajo que se ejerce en este lugar demuestra que son necesarios los factores como el cuidado y el afecto; estos son tan fundamentales, como la lucha por este Hospital, debido a que es una lucha por el derecho al trabajo y a la vida digna. Los trabajadores y las demás víctimas de este sistema son quienes aún resisten y se oponen a las formas de violencia y de opresión que se han desarrollado en el país; estas víctimas continúan peleando, movilizándose y luchando por las injusticias, por la violencia, por la exigencia de sus derechos. Por ello, es imprescindible escuchar sus relatos, ver los cambios en sus cuerpos, en sus trayectorias de vida y en sus emociones. En este artículo, se ha sugerido la importancia de reconocer que, entre las múltiples formas de lucha y de organización, social o política, están incluidos elementos que suelen no tenerse en cuenta, como lo son: las emociones, el cuidado, el afecto y la memoria, los cuales se encargan de crear, fortalecer y movilizar a las personas, así como de aportar a la construcción de la sociedad y su mantenimiento (Gould, 2009a; Gould, 2009b; Jimeno, 2004; Ahmed, 2004; Gómez, 2015).

12. Algunos estudios feministas plantean que no es siempre por la remuneración económica por lo que se lucha; por el contrario, se trata de visibilizar la importancia que tienen estos trabajos desde el hogar, el cuidado, la preocupación por los demás, y, en general, todo aquel trabajo que reproduce y mantiene la vida (Carrasco, 2001).

Igualmente, este análisis puede considerarse como una forma de resistir a esa violencia que se mete en los cuerpos y en la vida de las personas, y que, muchas veces, termina por insensibilizar a la sociedad. Logrando, con ello, que el dolor, el sufrimiento, la guerra, la violencia y la injusticia se normalicen y hagan parte de la cotidianidad. Redimir las emociones y el cuidado como partícipes de la vida social de la gente induce a establecer una conexión más personal con los lugares o las causas sociales, siendo tantas y tan diversas en la actualidad colombiana. De conformidad con lo anterior, los movimientos sociales no son espacios homogéneos donde todos los participantes luchan por el mismo objetivo, si bien hay unos objetivos acordados, en estos espacios confluyen diferentes actores con sus trayectorias y sus propios intereses, y son espacios en los que confluyen las emociones que, al ser móviles, despiertan en rivalidades, odios y problemas. Un problema de gran resonancia en la lucha por el Hospital San Juan de Dios es el desacuerdo entre los diferentes manifestantes que participan en la defensa de este lugar. Esto se debe a la diversidad de emociones, y los encuentros y desencuentros emocionales entre los manifestantes a lo largo de su lucha, ya que muchos de ellos claudican o dejan de ver el sentido en las movilizaciones y la ocupación del lugar, al sentir que no están logrando cambios inmediatos. También influye la violencia que se ejerce desde las instituciones que niegan la lucha por el Hospital y no reconocen la importancia de este lugar; además, los agentes implicados en este desconocimiento del lugar son las instituciones que se oponen a liquidar económicamente a los trabajadores; los que hostigan a los manifestantes, como la Policía y el escuadrón móvil antidisturbios (ESMAD), la Alcaldía y la Secretaría de Salud. Resistir esta violencia es también una forma de lucha.


En conclusión, la lucha por el Hospital San Juan de Dios sí es un asunto emocional, contrario a la opinión del Secretario de Salud y el actual Alcalde de Bogotá13, quienes han esgrimido que, en la problemática del San Juan, hay que desestimar su cariz emocional; mas, como se ha querido mostrar en este texto, no es plausible desconectar lo emocional de lo racional y, por ello, el valor de lo emocional es esencial en la lucha por el Hospital. Por ende, que sea emocional no significa que sea un asunto irrelevante; por el contrario, significa que los trabajadores llevan organizados alrededor de esta causa 16 años y que no descansarán hasta que se reconozcan sus derechos y se le dé continuidad al recinto hospitalario. Es precisamente su motivación emocional la que da sentido a las cosas y a los lugares, a los procesos organizativos, a las movilizaciones y a la vida en general. Así pues, por la conexión emocional que los trabajadores entablaron con el lugar, el San Juan se vuelve un paciente, se vuelve un hijo y se vuelve un motivo de lucha. La importancia del Hospital está ligada a la memoria de los trabajadores, la cual actúa como un motor de la movilización y de la lucha; pero que también es una forma de debatir los discursos neoliberales que hace dieciséis años negaron la importancia del Hospital y que negaron un sistema de salud accesible para todos los colombianos; por medio de este ejercicio de memoria, se debaten las relaciones de poder entre la gente que se moviliza y los agentes que oprimen. Este viaje que conjuga el pasado con el presente, en medio de consultorios, camillas y edificios olvidados, nos ofrece un paradigma aún vivo de que la resignación solo lleva al olvido; también de que la lucha y la memoria son la única salida para incluir en nuestra identidad, por medio de las emociones y la memoria, ciertos lugares y causas sociales, los cuales, muchas veces, no hemos notado cuán propias pueden ser; son la memoria y los vínculos emocionales los que nos motivan a resistir ante la injusticia. 13. A la fecha (30/08/16), son Luis Gonzalo Morales, y Enrique Peñalosa Londoño, respectivamente.

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Jonny Andrés Velasco Arboleda1

¿PA R KO U R : T R AYE CTORIAS Y MOVILIDAD U R BAN A “ S U I G E N ERIS ”?

Resumen Este artículo explora la movilidad urbana en la ciudad de Cali desde la práctica emergente del Parkour, a partir de los desplazamientos que realizan sus practicantes por la arquitectura urbana, usando su cuerpo. La reflexión se elabora desde de las trayectorias realizadas en el entorno urbano por los jóvenes que “poetizan” la ciudad y la recrean para su propio uso, colocando en tensión la planificación urbanística. Para ello, se realizó un acercamiento etnográfico desde la observación participante de los acontecimientos rutinarios, comportamientos y detalles que son constitutivos del Parkour, complementando con notas de campo, entrevistas, consulta de páginas virtuales oficiales de los grupos y fotografías de la práctica. Al finalizar, se sugiere, de manera preliminar, que el Parkour tiene movimientos estructurados y característicos en los recorridos que se hacen por la ciudad; no obstante, la “esencia” de la práctica sugiere que cada trazador (practicante) haga su propio camino, permitiéndole elegir de modo libre el movimiento a realizar. Es decir, el Parkour da cuenta de la tensión entre la estructura y la agencia, entre lo urbanístico y lo urbano.

Abstract This article explores the urban mobility in the city of Cali from the emerging practice of Parkour, based on the trips made by its practitioners for urban architecture, using their body. The reflection is elaborated from the trajectories carried out in the urban environment by the young people who “poeticize” the city and recreate it for their own use, placing stress on town planning. For this, an ethnographic approach was taken from the participant observation of the routine events, behaviors and details that are constitutive of the Parkour, complementing with field notes, interviews, consultation of official virtual pages of the groups and photographs of the practice. At the end, it is suggested, in a preliminary way, that the Parkour has structured movements and characteristic in the routes that are made by the city, however the “essence” of the practice suggests that each tracer (practitioner) make his own way, allowing him to choose freely the movement to be performed. That is, Parkour accounts for the tension between structure and agency, between town and urban. Keywords: mobility, Parkour, ethnography,

Palabras Clave: movilidad, Parkour, etnografía,

urban sociology.

sociología urbana.

1. Estudiante de Maestría en Sociología de la Universidad del Valle. Correo: jonny.velasco@correounivalle.edu.co


Introducción Sabemos que la etnografía es una manera de aproximarse a la investigación social y se caracteriza por la participación, abierta o encubierta, en la vida diaria de las personas que se indagan, durante un período de tiempo, con el objetivo de observar qué sucede y qué se dice para desentrañar e interpretar las diferentes estructuras de significados. Por ello, es importante hacer acopio de cualquier dato disponible, el cual sirva para arrojar un poco de luz sobre el tema en el que se centra la investigación. Ahora bien, la etnografía, como herramienta, nos permite dar cuenta de las relaciones que establecemos con la ciudad, dado que, en esta, convergen y se producen una multitud de situaciones espaciales, usos y prácticas sociales en el llamado espacio público. Es por esto que, aquí, interesa realizar un análisis de la movilidad en la ciudad de Cali, desde la “práctica corporal” llamada Parkour, la cual consiste en el desplazamiento, a través de la arquitectura urbana, de manera efectiva y eficiente, por medio del uso exclusivo del cuerpo humano. Mediante los llamados “trazos” que realizan por la ciudad, se pretende observar, vivenciar y detallar la vida de los traceurs1 para entender a los practicantes en el contexto urbano. Con esta perspectiva, me permitió comprender a sus practicantes desde sus puntos de vista; desde su movilidad; desde sus maneras de sentir, narrar y vivir la ciudad. Respecto a lo metodológico, se llevó a cabo una aproximación desde la etnografía urbana2, por tanto, las fuentes utilizadas para el análisis etnográfico fueron: la observación participante de los acontecimientos rutinarios, los comportamientos y los detalles constitu-

1. Nombre que se le da a los practicantes de Parkour, en francés trazador o el que hace el camino. 2. Delgado (2003, p. 24) sugiere una perspectiva en la que se debería realizar un giro que permita entender que lo que importa no son las formas, las materias o los temas; sino las energías, las densidades y las intensidades.

tivos de la práctica del Parkour, durante los recorridos realizados por la ciudad; complementando con notas de campo, entrevistas, consulta de páginas virtuales oficiales de los grupos y fotografías. El análisis parte de la lectura personal que realicé, al vivenciar el Parkour, de la descripción de las situaciones observadas y de las narraciones que me fueron contadas por los practicantes. Se trata, aquí, de organizar las primeras ideas y reflexiones surgidas en relación con la práctica emergente del Parkour en el contexto urbano de Cali3. La intención de este documento es visibilizar y esbozar que el Parkour es una manera “sui generis” de circulación urbana, la cual configura una forma de habitar la ciudad y podría relacionarse con las corrientes de movilidad que se han trabajado con anterioridad en el ámbito urbano, es decir, comprender la movilidad que tienen los practicantes con la ciudad, entendiéndola como “un atributo de las personas y no de los lugares. Que refiere a la acción de un cuerpo que deja el lugar o espacio que ocupa y pasa a ocupar otro” (Ramírez, 2009, web); noción que conecta con la definición más simple del Parkour, el cual consiste en el desplazamiento de un punto A hasta un punto B, lo más fluidamente posible y utilizando, únicamente, las habilidades del cuerpo. En este sentido, Urry (2007) desarrolla el paradigma sociológico de la “movilidad” y repasa las ideas de sedentarismo, nomadismo y fluidez; mientras identifica, entre algunos de los procesos principales de la movilidad, los viajes “corporales” de los sujetos sociales y, desde esta perspectiva, hace un análisis de los paseos, los caminos, y de cómo estos marcan y configuran el mundo social, recordándonos el papel de los flâneurs [Benjamin] y los excursionistas. En esta misma línea, Park (1999) nos habla del espíritu del Hobo [vagabundo] y su relación con la mentalidad y movilidad en la ciudad. Señala que el Hobo

3. Este documento se realiza a partir del trabajo de campo correspondiente al proyecto de investigación “Cuerpos y Trazos en el lienzo urbano: La práctica del Parkour en Cali” en el marco de la Maestría en Sociología de la Universidad del Valle 2016.

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[…] ha ganado su libertad pero ha perdido su dirección. El continuo movimiento y el cambio de escena no han tenido para él ningún otro significado ulterior: el movimiento es un fin por sí mismo. La inquietud y el impulso de escapar de la rutina de la vida ordinaria, que en el caso de otros marca con frecuencia el principio de alguna nueva empresa, se agotan para él en movimientos meramente expresivos. (Park, 1999, p. 87)

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Por lo tanto, “el hobo ha sacrificado la necesidad humana de asociación y organización a su pasión romántica de libertad individual” (Park, 1999, p. 87) Ahora bien, Goffman (1979) precisa en la interacción directa en el ámbito urbano y expone dos aspectos en cuanto a la consideración de los individuos: a) como unidades vehiculares; esta da cuenta de los códigos de circulación para mantenerse en movimiento en lugares públicos, como calles, parques, restaurantes, teatros, salones de baile. b) como unidades de participación, es decir, como unidades de interacción; corresponden a la gestión de la co-presencia, unidades fundamentales de la vida pública, dado que, en la circulación peatonal, hay una forma de gestión de la co-presencia, en el sentido de que los individuos se mueven en los espacios públicos solos o en compañía. En esta lógica, los peatones son actores y constituyen parte del orden social; por tanto, el orden público es un conjunto de “normas y las ordenaciones conexas de comportamiento relativas a la vida pública: a las personas que coexisten y a los lugares y las ocasiones sociales en que se produce este contacto” (Goffman, 1979, p. 19). Mayol, Giard y Certeau (1999), para referirse a las dinámicas que se desarrollan en el espacio público, (de un barrio) hace énfasis en el habitar y en la apropiación, con el fin de dilucidar las prácticas culturales de los usuarios de la ciudad, las cuales responden a un contrato social, el cual se obliga a respetar, a fin de que la vida cotidiana sea posible, es decir, un contrato implícito sobre el cual se basa la coexistencia en los espacios.

Esto indica que, para la descripción y la interpretación de los procesos de apropiación del espacio urbano es necesario tener en cuenta las consideraciones biográficas o psicológicas; las trayectorias que los miembros llevan a cabo en su contexto urbano y la manera en la que estas trayectorias responden a las necesidades de los habitantes. Por ello, hace énfasis en que la apropiación del espacio implica acciones que lo recomponen, en la medida en que se lo atribuyen los usuarios, quienes son las piezas fundamentales de una práctica cultural espontánea: sin ellas, la vida en la ciudad sería una vida imposible. Como consecuencia, […] el sujeto “poetiza” la ciudad: la ha rehecho para su propio uso, al deshacer las limitaciones del aparato urbano; impone, al orden externo de la ciudad, su ley de consumidor de espacio. Es decir, mediante la apropiación del espacio, el espacio urbano se vuelve no sólo objeto de un conocimiento, sino el lugar de un reconocimiento. (Mayol et al., 1999, p. 12)

Sentados estos planteamientos, la propuesta conceptual que guía la reflexión es la elaborada por Mayol et al. (1999) la cual permite relacionar la movilidad del Parkour con las trayectorias que realizan los traceurs en el entorno urbano, dado que estos “poetizan” la ciudad y la recrean para su propio uso, deshaciendo la perspectiva urbanística; de ahí que comprender, vivir y sentir el espacio urbano desde la mirada del que hace Parkour, da cuenta del modo imaginativo y particular de pensar, replanteando el paisaje, con una práctica que permite transformar cómo el individuo experimenta, se mueve, se conecta y practica el espacio público a partir del desafío de las nociones del comportamiento normativo, de la socialización, de la identidad y de las acciones de autodeterminación a través de exploraciones del espacio, así como de expresiones del propio yo.


El punto de partida Hacer un recorrido de la ciudad desde el Parkour implica “mirar con otros ojos” imaginar la infraestructura como un espacio propicio para jugar con las formas, texturas y escenarios; observar; sentir las texturas; imaginar el movimiento que se va a realizar; lanzarse a la ejecución, y volver a empezar. Es preciso contextualizar esta práctica desde los practicantes, quienes se organizan para recorrer la ciudad, p.e., los grupos: “Sifakas”, “TS Parkour Cali”, “Wild Street Parkour”, entre otros. Cabe indicar que, el Parkour no rechaza la idea de recorrer una distancia cualquiera de la forma más fluida y eficiente posible en ambientes naturales; aunque la versión en el escenario urbano es la más difundida. La pregunta a responder es cuál es el papel y el sentido que estos grupos le dan al deambular por la ciudad desde la práctica del Parkour. En primer lugar, hay que considerar el propósito con el cual los grupos se procuran sentido y cómo lo promocionan: El grupo “Sifakas”4 indica, en su página de Facebook, que está interesado en promover la práctica responsable del Parkour en las reuniones que realizan bajo el nombre de: “Parkour pa’ la gente”; un espacio para desarrollar las habilidades físicas y motrices de cualquier persona interesada en la práctica, la utilización del tiempo libre, la apropiación y el reconocimiento del espacio público. Por su parte, “TS Parkour Cali”5 propone como misión ser un grupo que pueda mejorar de manera integral, como practicantes y personas, mientras ayuda a las nuevas generaciones a encontrar un equilibrio entre mente, cuerpo y espíritu; es decir, un desarrollo personal, nuevos caminos y retos; en sus palabras: “trazando un estilo de vida diferente”.

Mientras tanto, el grupo “Wild Street Parkour”6 indica que está en busca de la eficiencia física y del desarrollo de habilidades, dando una nueva visión a los espacios urbanos, los cuales aprovechan utilizando métodos y técnicas de desplazamiento para alcanzar y sobrepasar cada uno de ellos. Desde su perspectiva, al comprender las técnicas y llevarlas a un buen desarrollo, entienden el origen del movimiento y vencen sus limitaciones, alcanzando y entendiendo lo que es el “Parkour” como parte de sus vidas. A partir de este, implementan una filosofía de vida, donde el cuerpo y la mente trabajan y se fortalecen para el desarrollo de habilidades, en la búsqueda de la superación de obstáculos y de la superación personal; por tanto, ellos consideran que su proceso de entrenamiento fortalece los valores de la confianza y la amistad, dado que la práctica permite crear lazos de compañerismo, los cuales propician el crecimiento personal y grupal. En sus palabras “Un cuerpo sano fuerte en conexión con una mente hábil y capaz de superarse a sí misma, es lo que buscamos desarrollar e infundir en cada uno” (web). En segundo lugar, hay que tener en cuenta los eventos que realizan los practicantes, entre los más importantes del año en la ciudad de Cali están: El “Aji’sie”7, encuentro nacional de practicantes de: Método Natural, Arte del desplazamiento y Parkour, organizado por los grupos Ville Blanche (Popayán) y Sifakas (Cali). El evento es una reunión de traceurs (RT), cuyo objetivo es fomentar la unidad entre los practicantes, la buena relación de los grupos y la construcción de conocimiento, acerca de técnicas y formas de ver la vida, desde lo que cada persona puede aportar y, en este sentido, lograr una gran integración de todos los practicantes asistentes, dado que convoca a practicantes de distintas ciudades del país.

4. Para mayor información sobre el grupo, puede consultarse el enlace: http://bit.ly/2z3a69W 5. Para mayor información sobre el grupo, puede consultarse el enlace: http://bit.ly/2z2YrrO

6. Para mayor información sobre el grupo, puede consultarse el enlace: http://bit.ly/2y5Bfev 7. Para mayor información sobre el evento, puede consultarse el enlace: https://goo.gl/S1e8hL

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Luego, está el “Entreno Masivo”8, evento realizado con el fin de unir, aprender, compartir y difundir el Parkour. Se realiza como una posibilidad de propiciar un encuentro previo de los practicantes y de catapultar el “Aji’sie”. En último lugar, se encuentra el “Entreno mensual”, el cual busca mantener y fortalecer los vínculos de los practicantes. En marzo de este año, tuve la oportunidad de asistir al Entreno Masivo en su sexta versión, el cual tuvo una duración de tres días. El primer día, 19 de marzo, se recibieron a las personas que llegaban de otras ciudades y se les dio información con respecto al cronograma y lugares en los que estarían los días siguientes. El punto de llegada fue el Parque Versalles de la ciudad, en el horario de 2:00 pm a 6:00 pm; se buscó que los visitantes fueran hospedados por los practicantes de Cali. El día 20 de marzo inició el encuentro en el parque Primero de Mayo, la cita era a las 8:00 am; llegué a la hora indicada, reconocí el espacio y vi cómo preparaban la ubicación de algunos módulos que usarían como obstáculos y presencié los últimos detalles que le hacían a las pruebas que realizarían los asistentes al evento. Estas pruebas se inspiraron en el Método Natural de Georges Hébert, por ello, el “circuito” fue pensado de manera similar al reality show el “Desafio”; hubo pruebas para: correr, saltar, cargar peso, equilibrio, cuadrupedia, pruebas de fuerza, etc. El grupo organizador solicitaba que los asistentes entregaran una carta de exoneración de riesgos, en caso tal de que, por la imprudencia, hubiese accidentes. Finalmente, el 21 de marzo, el encuentro se realizó en la Liga Vallecaucana de Gimnasia (Coliseo El Pueblo), desde las 8:00 am, cada participante debía cancelar el valor de $ 3.000 pesos, para hacer uso de las instalaciones; esta actividad se desarrolló en la jornada de la mañana y fue orientado por los organizadores del evento. En la tarde, la práctica fue de manera más espontanea, en un muro gestionado y donado por la administración 8. Para mayor información sobre el evento, puede consultarse el enlace: https://goo.gl/Hunp1Y

local, con el objetivo de promover, de manera incluyente, la práctica de las nuevas tendencias deportivas en Cali.

Los trazos: el espacio practicado El trazo es la relación principal del practicante con la movilidad en la ciudad; para ellos, el Parkour es desplazamiento de manera fluida y utilizando las habilidades del cuerpo9. En el Parkour, lo urbano se manifiesta colocando, en tensión, el diseño urbanístico, a través de los usos emergentes que se hacen del espacio público. Por ello, presenciar el Parkour sorprende; es observar cómo, algunos jóvenes, usando las habilidades del propio cuerpo, procuran trazar el espacio de manera rápida y fluida, efectuando movimientos seguros y eficientes; incluso, en ocasiones, buscando principalmente la belleza en los desplazamientos, realizando acrobacias y movimientos estéticos derivados de la gimnasia. La cercanía provoca la sensación de querer saltar, girar, hacer que el cuerpo sea un vehículo para la libertad, de la misma manera como ellos expresan su quehacer. Entre las características del Parkour, se reconoce que su aprendizaje es un intercambio en el “cuerpo a cuerpo”, a saber, una práctica, en la cual, como indica Wacquant (2006, pp. 16 y 66) cuando se refería al boxeo “aprendemos con el cuerpo” porque toda práctica obedece a “una lógica que se efectúa directamente en la gimnástica corporal”. Sin pasar por la conciencia discursiva ni la explicación reflexiva, es decir, excluyendo la aprehensión contemplativa y destemporalizadora de la postura teórica. Por ende, el Parkour, se puede considerar como una práctica en la que hay una relación muy fuerte con el cuerpo y su disciplinamiento, materializado en la manera de recorrer el entorno urbano.

9. Se puede sugerir que los trazadores producen el espacio “practicándolo”, es decir, en clave de Lefebvre (2013), cada sociedad produce su propio espacio a partir de una entremezcla de las prácticas espaciales, las representaciones del espacio y los espacios de representación.


La pregunta que surge, entonces, es si la forma de practicar el espacio, la movilidad urbana que realizan desde los trazos, se hace de manera espontánea o preestablecida. Pues bien, el Parkour tiene movimientos que están pensados de manera progresiva para que el individuo prepare su cuerpo y pueda realizar desplazamientos adecuados por el espacio urbano. En ese sentido, encontramos que la recomendación inicial es una buena técnica y preparación física, por ello, entre los movimientos característicos están: Recepciones, utilizadas para distribuir la fuerza del a.

impacto ocasionado por los saltos y el peso del practicante, generando un movimiento que minimice las lesiones físicas; en esta categoría, estarían los aterrizajes de saltos de altura; saltos de precisión a tubos, saltos para colgarse o aterrizar en alguna estructura. Saltos, utilizados para sobrepasar obstáculos, de

b.

manera rápida y fluida; en esta categoría, se encuentran los movimientos llamados: monkey, gato o Kong; reverse, dash10, entre otros. Movimientos acrobáticos: en este apartado se puede

c.

encontrar que son retomados de otras prácticas como la gimnasia, el Capoeira y el Break Dance.

10. En este apartado, elaboraré una descripción de estos. Aunque el Parkour cuenta con un abanico de diversos movimientos, estos no se abordarán porque el propósito no es profundizar en ellos: a) El monkey, también llamado gato o Kong, es un salto en el que se sobrepasa un obstáculo (valla, muro, baranda, etc.) apoyando en él ambas manos; de manera simultánea, se pasan las piernas juntas y flexionadas entre el hueco que dejan los brazos en su apoyo en el obstáculo; este movimiento puede realizarse de manera que se haga un salto que abarque una mayor distancia, como lo enseña la fotografía 1, de ahí que le llamen kong o gato. b) Reverse: en este movimiento, se sobrepasa el obstáculo apoyando las manos de manera que permita realizar un giro de 360º al cuerpo; las piernas se levantan y se organizan juntas para una recepción adecuada. c) Dash: movimiento donde, para cruzar el obstáculo de forma frontal, se lanzan las piernas inicialmente y posteriormente se apoyan ambas manos para recepcionar.

Fotografía 3-1. Trazador Pablo- movimiento Kong. Fuente: Archivo personal del autor.

Ahora bien, es claro que la práctica cuenta con una suerte de movimientos que la estructuran, permiten reconocerla y diferenciarla de otras prácticas urbanas. No obstante, en su ejecución, aunque los obstáculos a trazar o superar sean los mismos para los practicantes, frecuentemente se reconoce que al sobrepasarlos hay espontaneidad y creatividad, es decir, cada trazador tiene una manera

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singular de hacer sus trayectos, de moverse en la ciudad. En otras palabras, es posible reconocer cómo, en el Parkour, se presenta uno de los debates permanentes de las ciencias sociales. Dado que, como una práctica estructurada, tiene pautas relativamente estables, las cuales determinan las elecciones de los practicantes. Sin embargo, encontramos que aparece la agencia en la capacidad de los trazadores de elegir de modo libre qué trazo realizar.

Los escenarios para el Parkour

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En toda práctica, es necesario tener un espacio u escenario que permita la realización de esta, de manera adecuada; en el Parkour, la ciudad, con sus diversas estructuras, es el espacio para practicar. Considerando esto, aquí, se trata de organizar las primeras reflexiones que se encuentran en relación con la elección de los espacios para la realización del Parkour. En este sentido, conversar el 24 de agosto del presente año con Walter Julian, integrante del grupo Sifakas, permitió elaborar una clasificación preliminar de los espacios para la práctica del Parkour a partir de la interacción, adaptación y recurrencia que tienen con ellos los practicantes; dado que el Parkour se puede realizar casi que en “cualquier lugar”. Por ello, se identificaron los espacios teniendo en cuenta, aquellos que se consideran puntos de encuentro o de entreno, es decir, los lugares que se convierten en espacios para la reunión de traceurs. En la ciudad de Cali, se pueden reconocer los siguientes: el Museo la Tertulia, el Parque de los Estudiantes, La liga vallecaucana de gimnasia de Cali, y el centro comercial Limonar Premier. Igualmente, se encuentran los espacios adaptados por los traceurs, y se caracterizan porque los practicantes, a partir del trabajo en colectivo, han ubicado llantas, módulos de madera, areneros, etc., con el fin de adaptar el espacio de manera que permita una realización de los trazos, encontrando lo que podría ser una arquitectura “precaria”; en este apartado están, el Parque Primero de Mayo, La

zona Parkour del Coliseo de la Universidad del Valle y un espacio ubicado en las afueras del Coliseo del Pueblo. Del mismo modo, están los espacios gestionados desde la administración local, escenarios financiados y construidos por la Alcaldía, con la finalidad de propiciar inclusión social desde las nuevas tendencias urbanas deportivas. Hasta el momento, en Cali, solo está el muro de Parkour ubicado afuera del Coliseo El Pueblo. Empero, hay otro espacio en construcción en el barrio 7 de agosto y una propuesta para construir otro en Ciudad Córdoba. Finalmente, encontramos lo que se puede denominar espacios de tránsito o de trayectorias, dado que se busca hacer referencia al deambular urbano que realizan los practicantes y que no está supeditado a un espacio específico, es decir, hace parte de la interpretación de los procesos de apropiación del espacio urbano de los practicantes. En esta lógica, es importante considerar los planteamientos de Mayol et al. (1999), frente a la configuración de los lugares impuestos por el urbanismo, y el quehacer de los trazadores, puesto que siempre consiguen crearse lugares de repliegue, así como itinerarios para su uso o su placer; marcas que, por sí mismas, se imponen en el espacio urbano, a partir del Parkour en el espacio público ejerciendo la apropiación de los espacios. A continuación, se presentan las fotografías 3-2, 3-3 y 3-4, donde se ejemplifica la clasificación de los espacios; vale decir que no se enseña una fotografía del espacio de tránsito, dado que no es una tarea fácil debido a las características móviles, de fluidez, dinamismo y emergentes de este.


Fotografía 3-2. Encuentro Museo la Tertulia. Fuente: Archivo personal del autor.

Fotografía 3-4. Espacio Administración Local-Muro. Fuente: Archivo personal del autor.

Fotografía 3-3.Espacio Adaptado Wild Park. Fuente: Archivo personal del autor.


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Cómo se siente la ciudad desde el Parkour La ciudad desde el Parkour es una selva de concreto

Relacionarse con la ciudad, desde el Parkour, es un autodescubrimiento de las capacidades físicas, de la creatividad, de la infraestructura de la ciudad, además de cierto control mental, que te ayude a vencer los miedos. En sus trayectos por el entorno urbano, hay una suerte de “resistencia” y “creatividad” ante las ideas impuestas por el orden urbanístico. Ahora bien, pensar en la ciudad como “vivida” (Lefebvre, 2013) es considerarla un espacio cargado de sentidos y significados, a partir de los usos in situ, los videos que elaboran y sus formas de narrar. Desde esta perspectiva, son muchas las posibilidades válidas para responder a cómo se siente la ciudad; mas, al preguntarlo a los trazadores que lo viven de manera cotidiana, este arroja un interesante y diverso cumulo de representaciones. Por ello, fue importante, como parte de esta aproximación etnográfica, recopilar testimonios de los trazadores para comprender “el punto de vista del nativo” (Geertz, 1994) o mejor dicho del trazador, esto es, entender en sus palabras las experiencias próximas generadas en sus vivencias personales y, posteriormente, elaborar experiencias distantes, correspondientes a una perspectiva analítica. Diego Fabián López es un caleño de 32 años, técnico en ingeniería electrónica, egresado de la Corporación Universitaria de los Andes; además, es practicante y entrenador de Parkour, fundador del grupo Wild Street Parkour en el 2008; su grupo realiza los entrenamientos en el Parque Primero de Mayo, en un espacio que acondicionaron para la práctica, y la liga de gimnasia, lugar en el que se aprenden los movimientos acrobáticos. El Parkour hizo que, para Diego, apareciera el intereses de estudiar entrenamiento deportivo en la Escuela Nacional del Deporte, carrera que empezó pero dejó en pausa; también le permitió desarrollar habilidades para la producción audio visual, las cuales son necesarias para compartir videos de calidad, de cómo él hace Parkour; al preguntarle sobre su relación con la ciudad, contestó:

con todos sus peligros y dificultades, pero es ello lo que lo hace más divertido. Un practicante siente la ciudad como un millón de posibilidades de diversión, combinaciones y formas de estar donde los demás ni siquiera piensan en pasar, cada estructura y forma arquitectónica tiene su función general y funcional para la cotidianidad y el paisajismo urbano; mientras que para el Parkour es una opción, un punto de fuga de imaginación, de energía, de crear y de sentirte un súper héroe mientras las personas te observan desconcertados de lo que hacemos, de dónde estamos y de cómo llegamos a ese lugar. Finalmente, para el Parkour, la ciudad es un centro de diversiones donde nos desarrollamos y expresamos libremente. (Diego López, Comunicación Personal, 2016)

Sebastián Mantilla Contreras tiene 30 años, es de Bogotá, pero actualmente vive en Cali con su padre, madre y hermana menor; él estudiaba Arquitectura en la Universidad del Valle, pero se retiró para buscar una carrera que le apasionara y en la cual pudiese conectar su pasión por el Parkour mientras se hacía profesional; es así como, inicialmente, estudió fotografía y, luego, llegó a la Escuela Nacional del Deporte a estudiar Profesional en Deporte con énfasis en Atletismo, en el momento ya es Tecnólogo en Deporte. Sebastián es el fundador del grupo Team Skill Parkour Cali, en el 2007, grupo que hoy se presenta como una academia informal de la enseñanza de Parkour en Cali, los entrenamientos son realizados en el puente peatonal del Limonar Premiere y en la liga de gimnasia. Cuando se le preguntó por su relación con la ciudad a partir del Parkour, mencionó: La ciudad la veo como un campo de juego y entrenamiento que me permite expresarme y ser libre para mí la ciudad no tiene límites […] yo vivo la ciudad desde el punto de vista de cómo me siento; si estoy alegre, así


me muevo, con fuerza y explosión; si estoy triste, hago […] equilibrios, y hago las cosas más despacio; si tengo rabia, lo hago muy rápido y en lugares donde transitan mucho […] porque es una forma de concentrarme; sé que en público no existen errores, o lo haces bien o la gente se burlaría, entonces me da la motivación de hacerlo bien […] no hay chance para fallar […)) logro calmar mi mente y enfoco esa energía productiva-

la ciudad desde sus representaciones, en palabras de Lefebvre (2013) desde cómo imaginan y le atribuyen un uso simbólico a las estructuras urbanas; por ende, es clave comprender cómo los trazadores profundizan en la búsqueda de nuevas posibilidades de la realidad espacial, dado que una característica fundamental del espacio vivido es que recubre el espacio físico utilizando simbólicamente sus objetos.

mente. (Sebastián Mantilla, CP, 2016)

Cristian Erazo es estudiante de Ingeniería de Sistemas en la Corporación Universitaria Autónoma de Nariño, él practica Parkour con el grupo Sifakas Parkour Cali, grupo considerado como el primero en organizarse de manera formal para promover el Parkour en la ciudad, desde el 2006; al preguntarle ¿cómo se siente la ciudad desde el Parkour? respondió lo siguiente: Se siente distinta, la miras y la transitas con otros ojos, cuando practicas desvías el uso impuesto de sus elementos (barandas, escaleras, muros, etc.) te apropias de ella y de sus estructuras para darle otro significado, otro uso. Es nuestro sitio de entrenamiento, nuestro parque de juegos. Al final, la ciudad ya no define nuestros pasos, nosotros definimos a la ciudad. (Cristian Erazo, CP, 2016)

José David aprende y practica Parkour con Sebastián Mantilla en la academia TS Parkour Cali; cuando se le preguntó sobre cómo se relacionaba con la ciudad desde esta práctica, mencionó:

Para finalizar Como expresamos al inicio del documento, se trata aquí de organizar las primeras ideas y reflexiones sobre una de las diversas prácticas emergentes en el contexto urbano. La intención es visibilizar y esbozar que el Parkour es una manera “sui generis” de circulación urbana, similar a los trayectos que realizaba el flâneurs y configuraban una forma de deambular y habitar la ciudad. Es decir, la “movilidad corporea” del Parkour, puede entenderse como una manera de resignificar las formas de uso de los sistemas de movilidad urbana, dado que coloca, en tensión, el diseño urbanístico y los usos emergentes que se hacen del espacio público, siendo un tema contemporáneo relevante en lo que respecta a la comprensión de la movilidad urbana, la ciudad y las nuevas formas de habitarla, porque el uso de los espacios públicos es una cuestión central en la vida de cualquier ciudadano Para finalizar, a partir de lo mencionado se pueden identificar los siguientes aspectos: a.

Los trazadores tienen, en el Parkour, una filosofía

Siento una total libertad, mi cuerpo es uno con el

de vida que implica una nueva visión de los espacios

entorno, mis capacidades y mis destrezas son llevadas

urbanos, una manera alternativa de relacionarse con

al límite, lo cual me permite mejorar cada vez más. Al

la ciudad; para ello, es vital el entrenamiento corporal

entrenar Parkour la libertad me envuelve completa-

a partir de métodos y técnicas de desplazamiento para

mente. (José David, CP, 2016)

alcanzar y sobrepasar cada obstáculo de la ciudad. Un cuerpo disciplinado evita que haya lesiones y accidentes.

Estos testimonios dan cuenta de una movilidad en

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b.

Los eventos y encuentros de Parkour son una oportunidad para intercambiar, en el “cuerpo a cuerpo”, aprendizajes, progresos y técnicas que generan y construyen vínculos entre practicantes.

c.

El Parkour es una práctica que tiene movimientos estructurados y característicos; sin embargo, su “esencia” sugiere que cada trazador haga su propio camino, permitiendo que elijan, de modo libre, qué trazo realizar. Es decir, da cuenta de la tensión entre la estructura y la agencia, entre lo urbanístico y lo urbano.

d.

El Parkour se puede practicar, usualmente, en cualquier lugar; mas, en este documento, se sugiere identificar los espacios a partir de: ser puntos de encuentro o entreno, espacios adaptados por los traceurs, espacios gestionados por la administración local y espacios de tránsito o de trayectorias urbanas.

e.

Los trazos realizados por los practicantes de Parkour son una oportunidad para vivir la ciudad desde una suerte de “resistencia” y “creatividad” ante las ideas impuestas por el orden urbanístico; asimismo, cargan el espacio de sentidos y significados a partir de los usos in situ, de los videos que elaboran y de sus formas de narrar, los cuales dan cuenta de la utilización simbólica de los objetos y el espacio físico.

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Bibliografía Delgado, M. (2003). Naturalismo y realismo en etnografía urbana. Cuestiones metodológicas para una Antropología de las calles. Revista Colombiana de Antropología. Recuperado de: http://bit.ly/2fXnuEC Geertz, C. (1994). «Desde el punto de vista del nativo»: sobre la naturaleza del conocimiento antropológico. En: Conocimiento local: ensayos sobre la interpretación de las culturas (pp. 73-90). Barcelona: Paidós. Goffman, E. (1979). Relaciones en público. Microestudios del orden público. España: Alianza Editorial, S. A. Lefebvre, H. (2013). La producción del Espacio. España: Capitán Swing Libros, S. L. Mayol, P., Giard, L. & Certeau, M. de. (1999). La invención de lo cotidiano. 2. habitar, cocinar. México: Universidad Iberoamericana, Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente. Park, R. E. (1999). La Ciudad y otros ensayos de ecología urbana. España: Ediciones del Serbal. Ramírez, B. R. (2009). Alcances y dimensiones de la movilidad: aclarando conceptos. Revista “Ciudades”, (82). Recuperado de: http://bit.ly/2xM9EP4 Urry, J. (2007). Mobilities. Londres: Polity Wacquant, L. (2006). Entre las cuerdas. Cuadernos de un aprendiz de boxeador. Buenos Aires: Siglo XXI.

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M Á S AL L Á D E B U C ÉFALO Y ROCIN AN T E : LA M OV I L I DAD E C U EST RE E N CALI María del Pilar Peralta1

Resumen En este artículo, se caracterizan algunos viajes laborales y estrategias de movilidad del gremio carretillero en Cali. Para ello, se describe la relación de estos vehículos con la calzada, con otros vehículos motorizados y no motorizados; es decir, se describe ¿qué transportan? y ¿cómo lo hacen?, los gastos e inversión en la carretilla y el equino, ¿qué reglas de tránsito manejan?, ¿qué tipo de recorridos hacen? Para responder a estos interrogantes se consideran las nociones de habitus de Bourdieu para describir las prácticas sociales del gremio carretillero en una de las escombreras municipales. Además de este concepto, se retoman las nociones sobre espacio social de David Harvey para relacionar las actividades sociales de los/as carretilleros/as con sus dimensiones simbólicas. A nivel metodológico, se usa la etnografía móvil y la investigación multi-local para que esta permitiera mayor flexibilidad con los lugares de observación y con el acercamiento a las acciones cotidianas de la vida de los/ as carretilleros/as. Con esta metodología se resaltan los lugares fracturados y discontinuos de sus viajes laborales y estrategias de movilidad. De igual forma, se realizaron entrevistas semiestructuradas con el fin de captar las voces de ellos/as y dialogar con los/as carretilleros/as sobre sus recorridos, sus sentires, sus destrezas en los viajes y sus expectativas frente a la sustitución de sus carretillas por vehículos motorizados.

Abstract In this article the work-related travels and transportation strategies of the wheelbarrowes2 guild in Cali are characterized. To that end, the relation of these vehicles with the road, other motorized and non-motorized vehicles is described. That’s to say, there’s a description of what they transport and how they do it, the investment costs in the wheelbarrow and the horse, which traffic rules they adhere to and which type of trajectories they make. To answer this questions, the notion of habitus from Bourdieu is recalled in order to describe the social practices of the wheelbarrowers guild in the municipal wastes. In addition to this concept, the notion of social space from David Harvey is recalled, as it allows to relate the social activities of the wheelbarrowers with their symbolic dimensions. At a methodological level, movil ethnography and multi-local investigation was used, since it allows for greater flexibility on the observations places and the study of everyday actions in the life of the wheelbarrowers. With this methodology the fractured and discontinuous spaces of their work related trips and transportation strategies are highlighted. Semi-structured interviews were also conducted with the aim of giving them a voice and having a conversation with the about their trajectories, their conceptions, their skills in their travels and their expectative regarding the substitution of their wheelbarrows by motorized vehicles.

Palabra clave: movilidad ecuestre, viajes, estrategias, es-

Keywords: equestrian mobility, trips, strategies,

pacios, gremio carretillero.

spaces, guild carretillero.

1. Estudiante de maestría en Sociología de la Universidad del Valle, Cali. Correo: mapipear@gmail.com; maria.peralta@correounivalle.edu.co 2. A wheelbarrow is a cart pulled by a horse, typically used by low-income citizens as a working tool.


Introducción Al considerar los temas de movilidad urbana y, en particular, los temas de movilidad no motorizada, me interesé por una de las escombreras de la ciudad de Cali, con el objetivo de caracterizar viajes laborales y estrategias de movilidad en la ciudad del gremio carretillero. Quise considerar la relación de estos/as con la calzada, con otros vehículos motorizados y no motorizados; es decir, saber ¿qué esfuerzos hacían (fuerza física)?, ¿qué transportaban? y ¿cómo lo hacían?, saber de gastos e inversión en la carretilla y equino, ¿qué reglas de tránsito manejaban?, ¿qué tipo de recorridos hacían?, y por supuesto, dejar la puerta abierta a otros interrogantes que fuesen emergiendo y construyéndose en el camino. Para responder a estos interrogantes, consideré las nociones de habitus de Bourdieu para referirme a cómo los cuerpos están atravesados por procesos históricos, sociales y culturales, los cuales crean una identidad de acuerdo con el grupo social al cual se pertenezca. El habitus se construye a través del consumo de las utilidades prácticas. Estos se inscriben en el cuerpo y son estructuras de percepción y apreciación, mediante las cuales los individuos aprenden un gusto y prácticas sociales (Bourdieu, 1988) de manera inmediata e intuitiva, ya sea que compartan un campo social en el que existen capitales, o que luchen por alterar o conservar la estructura de ese campo. De igual forma, tomé las consideraciones de espacio social de Harvey (1979), quien insiste en la identificación de actividades sociales que otorguen sentidos a las formas espaciales de la cuidad. Para él, el espacio social resulta un complejo, discontinuo y heterogéneo sistema, conformado por la relación entre la conciencia espacial (entornos) y las creaciones sociales construidas por organizaciones humanas (fronteras, divisiones, significados). La experiencia se ancla al espacio social según Cassier (1994, citado por Harvey, 1979), por un lado, encuentra el espacio orgánico (aspectos biológi-

cos) y perceptual (experiencias sensitivas); por otro lado, encuentra el espacio simbólico, condicionado por interpretaciones de representaciones simbólico-culturales. Según él, los espacios pueden rastrearse en la medida en que se identifiquen ciertas actividades sociales con imaginarios que consideren a) Significados, b) dimensiones físicas desde ambientes moldeados por normas sociales y c) sistemas de actividad de la vida humana. En palabras de Harvey, el espacio social “está compuesto por un conjunto de sentimientos, imágenes y reacciones respecto al simbolismo espacial que rodea al individuo” (1979, p. 27). Los frentes de trabajo que logré identificar en este ejercicio se remitían a la disposición de material, con el fin de asegurar un ambiente sano en el área urbana. En sí, se encontraron trabajos y folletos relacionados con las disposiciones ambientales para la gestión integral de escombros (Ministerio del Medio Ambiente, 1996; Jiménez, 2009 & Marmolejo-de-Oro, 2012); los cuales consideran niveles de sensibilidad socio-ambiental para las personas que están expuestas a la exposición indiscriminada de escombros, es decir, se refieren a conflictos medio ambientales. No obstante, a pesar de que sobre el sector carretillero hay poca mención a nivel académico, en algunas monografías se hace alusión a estos como figuras negativas y conflictivas para el medio ambiente sano, ya que no son conscientes ni responsables de normas de tránsito y cuidado del medio ambiente (Jiménez, 2009). Por ello, el boom hacia el sector carretillero, desde la opinión pública y demás leyes, se relaciona con la sustitución de vehículos de tracción animal a través del transporte motorizado y sobre la protección animal. Sobre este pude rastrear algunas noticias del periódico El País y el Diario Occidente, este último refiriéndose más al tema de la inoperatividad para extraer el material de la escombrera. Algunos de los titulares más representativos para mí, por su sentido recurrente, anuncian: “Las ruedas que le cambiaron la vida a los

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carretilleros de Cali” (Mera, 01 de feb. de 2015) y “Listas las primeras 165 camionetas para sustituir carretillas en Cali” (Redacción El País, 03 de feb. de 2014), esta última menciona además que: “De acuerdo con el censo actualizado en el 2012, en la ciudad son 664 carretilleros que participarán en este proceso. Entonces hemos dividido este proceso en varias fases: la primera es esta que anunciamos hoy, que incluye 165 vehículos automotores, con un costo de $4000 millones”, puntualizó el Secretario. (Rodrigo Guerrero, en Redacción El País)

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En mi caso, tras pasear por la escombrera y entablar charlas cortas con algunos carretilleros, decidí preguntar si podría acompañar algún tipo de viaje. Mi objeto de estudio no se definía en el espacio de la escombrera; ellos eran móviles y, por lo tanto, debía seguirlos a sus diferentes espacios y lugares para captar sus ritmos. Las entrevistas y charlas tendrían que darse en movimiento. No podía pensar en aquel lugar tranquilo y armónico de otras experiencias. La dinámica de trabajo del sector carretillero puede ser muy pasiva, pero también llena de continuos viajes y negocios que los hacen moverse y situarse en diversos espacios. El trabajo no puede ser interrumpido para hacer entrevistas; estas deben darse en él. Al principio, tuve charlas informales y establecí contactos para después, organizar una entrevista sin la presión de la jornada laboral. Sin embargo, después de un par de inconvenientes con los contactos decidí que esa no sería la forma. Uno de ellos tan solo se ocupó de su jornada mientras el otro, llevaba varios días sin ir y, al preguntar por él, ninguna de las personas lograba identificarlo. De modo que, tuve que usar estratégicamente la etnografía móvil, haciendo un examen de la circulación de significados, objetos e identidades culturales en un tiempo-espacio difuso. Esta, tal como lo señala Marcus (2001), resulta ser un reto empírico a lógicas culturales producidas de manera múltiple.

Con la etnografía móvil se construye y mapea diversas prácticas de distintivos de sitio a sitio; a su vez, la investigación multilocal está diseñada alrededor de cadenas, sendas, tramas, conjunciones o yuxtaposiciones de locaciones, en las cuales, el etnógrafo se integra al contexto (Marcus, 2001, p. 118). Gracias a la etnografía móvil fui más flexible con mis lugares de observación y pude acercarme más a acciones cotidianas en la vida de los carretilleros, rescatando los lugares fracturados y discontinuos. Igualmente, elegí la entrevista semi-estrucuturada (Valles, 2009) la cual marca una guía, pero no espera una respuesta objetiva o verdadera sino, sincera y subjetiva. Con ella, se controla el ritmo de la entrevista en función de cada entrevistado/a, es decir, cada pregunta puede ampliar o restringir las opiniones sobre una temática. De hecho, con este tipo de entrevistas se pueden combinar manifestaciones del interlocutor/a y así enriquecer la entrevista. En este caso, la entrevista semi-estrucuturada funcionaba como una herramienta más formal y fiable para registrar la información, puesto que me permitía captar las voces de primera mano. Ello me pareció pertinente ya que podía dialogar con los carretilleros sin que fuese algo espontáneo; además podía hablar sobre recorridos, sentires y destrezas en los viajes, y expectativas frente a la sustitución de sus vehículos por los motorizados. Pensé hacer la entrevista con grabadora si ellos/as me daban el consentimiento. No tenía un perfil claro. Solo pensaba que fuese alguno/a que trabajara con carretilla, tuviera experiencia manejándola, depositara en la escombrera e hiciera viajes hacia el sur y sur-oriente de la ciudad (para delimitar los perímetros de viaje). La entrevista me permitiría incursionar en los modos en los que ellos ven, clasifican y experimentan su propio mundo (Bourdieu, 2010). Ella daba paso a la iniciativa personal de cada individuo, sin que yo preguntase lo que se me antojase; si no que, a través de una guía, captase la singularidad de una historia y comprendiera, a la vez, la unicidad y su generalidad. Apelé, aquí, a la sinceridad de que lo que ellos me decían eran


cierto, e intentaba establecer una proximidad social y familiar que, tal como lo menciona Bourdieu (2003), son dos condiciones principales de una comunicación no-violenta. Cada vez que alguno accedía a hablar, me interesé en su voz e indagaba más para, así, dar el valor expresivo que merecía la experiencia de algún carretillero y su vida en la escombrera; puesto que esta es una zona marginal; incluso se da que, para la mayoría de los habitantes de una ciudad, una gran parte de ella “no existe, no es operativa, ni se frecuenta, ni se vive, ni se conoce, ni se ve, ni se habla” (Ruíz, 2003, p. 99).

La entrada al campo Fotografía 4-1. Ubicación espacial, escombrera calle 50 Calle 36, Cali.

La escombrera de la 50, con Simón Bolívar (ver fotografía 4-1), aquel lugar usualmente “sucio” de camino a casa, está siempre llena de escombros por arreglos, creación o desaparición de edificios, casas o segmentos de concreto. Todo el lugar es una montaña, una pila de varillas, un montón de piezas sólidas, al parecer, inutilizables. Al lado izquierdo de la escombrera, en el sentido surnorte, hay un caño, un sitio deprimido en el que he visto, muchas veces, gente salir de su improvisado cambuche y que cuando llueve, corre el peligro de ser ahogada por ese fétido y oscuro líquido del canal. Para llegar a la escombrera, en el sentido norte-sur, hay que pasar un puente vehicular; debajo de este es donde he visto algunos indigentes merodeando por el lugar. Al Frente y detrás de la escombrera hay invasiones barriales, las cuales se han organizado poco a poco. Sin embargo, no estaban previstas en la planificación urbana de Cali. En la esquina de la escombrera gira la calle 50 y el panorama resulta muy desesperanzador. Cerca, hay barrios como Mariano Ramos, uno de los barrios más peligrosos de Cali y reconocido por el crimen organizado de oficinas de sicariato. Después, hay otros barrios populares como República de Israel o Ciudad Córdoba, barrios de Aguablanca. Las comunas que rodean esta escombrera son la 15 y 16.

Fuente: Archivo personal de la autora.

Otro lugar importante cerca a la escombrera y cerca a estos barrios es el antiguo basurero de Cali: “Navarro”, sobre este, recuerdo que se formaban líneas de casas maltrechas que eran continuamente desalojadas por el escuadrón antimotines. Ahora tan solo queda, en ese lugar donde estaban las casas, una improvisada chatarrería en la que el reciclaje genera una dinámica mercantil de pequeñas cantidades de desechos. Siguiendo el sentido norte-sur de la escombrera, está el coliseo María Isabel Urrutia, donde se desarrollan algunas actividades deportivas y acciones estatales para ciertas poblaciones vulnerables. Frente a este, continúa el caño, rodeado de maleza y árboles; más adelante, más invasiones populares. En la escombrera, los olores son intensos, es un hedor al alimento para caballo (salvado, mogolla de trigo y miel de purga); huele a polvo, a suciedad. Hay humedad y todos son escombros de baldosas, ladrillos, barro. También hay quemas de basura en diferentes partes de la montaña; sobre todo, en sus laterales. Todo es desperdicio, acumulación y destrucción de este. Hay una montaña de basura a un lateral de la montaña. Aunque hay poco espacio para transitar, hay un improvisado

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camino que se abre paso con el transitar de los carros y las carretillas. Este camino es mutable y, muchas veces, se estrecha por la cantidad de escombros que llegan a acumularse (Fotografías 4-2 y 4-3). Estas no dejan paso, son móviles. Una voracidad de acumulación por lo no-útil impera en el lugar; entran y salen carretillas y carros volcando su carga en cualquier superficie semi-plana que les permita descargar sus desechos.

Fotografía 4- 2. Costales con material para contener la montaña 1. Fuente: Archivo personal de la autora.

46 Fotografía 4-3. Costales con material para contener la montaña 2. Fuente: Archivo personal de la autora.

Por lo general, los recursos sólidos están muy gastados o son estructuras de viejas edificaciones, pedazos de paredes, ladrillos partidos, tablas, icopores, tejas partidas, botellas de plástico, y mucha arenilla y astillas de madera, que hacen porosa la estructura de la montaña. Hay también bolsas plásticas, envases de diversos productos y costales para el almacenamiento de diversos productos de la construcción. Para ingresar a la montaña de la escombrera, hay una entrada principal; esta está sostenida por improvisados palos que sostienen la cerca. Sobre ellas, hay latas con imágenes de los juegos mundiales 2013 en Cali (“Juega limpio al planeta”). Algunas de estas latas que rodean la entrada dicen: “Arquería, Gimnasia, Karate, Rugby, Wusho, Racqueball y Natación acompáñanos a las competencias 2013”. Hay más escombros rodeando estas latas, también hay comida para perros y gatos en cuatro platos de plástico; Algunos árboles rodean la entrada principal y hay una red de alambres de púa que rodea la parte derecha de la escombrera para separar los desechos de la vía vehicular. En la parte izquierda de la escombrera hay una canal de aguas negras, y más desechos bordeándolo. Debajo viven algunas personas; son habitantes de la calle que se refugian en este y tienen improvisados lugares para dormir ahí; estas Están hechas con telas rotas y maderas. La parte derecha es una calle por la cual transitan carros con frecuencia. En medio del camino por donde se transita, está la bodega; en esta, hacen los registros de las entradas y salidas de las carretillas y carros, y seleccionan el material del reciclaje. Dos puertas componen el shut o bodega; la primera, por lo general, permanece cerrada, aquí, se guarda la comida de los caballos y ciertos recipientes para la recolección de material. La segunda, un poco más grande, tiene dos mesas pequeñas (más bien, tablas para soportar algunos objetos) y una ventana que da al exterior. Al salir de este espacio, hay una silla hecha con tablas y una estructura mucho más grande y larga que funciona


como mesa para anotar los registros. Otras veces este espacio es usado simplemente como banca de descanso. Uno de los laterales de la bodega es usado como parqueadero o para soportar algunas bicicletas de quienes trabajan o visitan la escombrera. La parte izquierda de la entrada principal es un improvisado lugar de comidas: un fogón y una mesa hecha de madera que no tiene sus partes sujetas entre sí. Las tablas son largas, ásperas y fácilmente encuentras astillas o partes de puntillas sobre la superficie. Hay otras plataformas en dos de las columnas de la cocina. En su parte interior, hay dos mesones de concina de madera en el que distribuyen los ingredientes de la comida del día del desayuno y el almuerzo. Harina, presas de pollo, picada de patitas fritas y otros mecatos están guardados en las lacenas sin puertas de esta cocina. Las ollas están carbonizadas por el fuego del fogón y resultan muy gastadas. Este lugar tiene la sombra de un árbol que cubre el lugar de los rayos del sol. El agua requerida para cocinar los alimentos está guardada en dos pequeños contenedores amarillos. Las tejas cubren solo una parte de la cocina y las columnas que las sostienen son palos de bambú. Alrededor de la cocina también hay plásticos negros, tapas de botellas, arenilla, pedazos de ladrillo y barro. Cerca de la cocina hay una pequeña montaña de desperdicios, como pedazos de mesas o tablas cuadradas, la cual, usualmente, es la zona de espera o de descanso de algunos/as carretilleros al final de su jornada o día de trabajo. El micro-espacio periférico es la bodega. Este es el lugar de confluencia de los carretilleros, motoristas y encargados del control de viajes, toneladas depositadas y algunos pagos específicos del movimiento mercantil de la zona de transferencia o escombrera. Hay tablas dañadas por la humedad y astillas de estas tablas. Dos sillas dañadas y cubiertas de pedazos de tablas son el “sentadero” de estas sillas. La incomodidad por la inestabilidad de estas es evidente. Muchas veces la estructura movediza desestabiliza el hecho de sentarse.

A parte de estas dos sillas, hay una plataforma vertical que funciona como mesa para sostener diversos elementos, por lo general, papeles para registrar el movimiento en la escombrera o comida que se comparte en el lugar. Hay una ventana sostenida por una cuerda que demuestra la fragilidad de la estructura. Tablas sobre tablas demuestran el re-uso de los materiales que llegan a la escombrera. Es decir, su misma dinámica funcional de la reutilización de materiales impregna espacios como la cocina y la bodega. Diversos tipos de tablas edifican la estructura, hay troncos de árboles que soportan la estructura al fondo de la bodega. Además, hay un pequeño recipiente con agua para lavar los vasos con los que toman cualquier bebida en el día. Hay otro recipiente con agua limpia para tomarla pues no hay servicio de acueducto.

Los primeros contactos Parece toda una vida que necesita ser alimentada para que no se pierda el sentido de esta. La primera vez que me acerqué, encontré a la presidenta del sindicato, Doña Gloria; de ella había leído varias noticias del periódico El País donde ella aparece exigiendo garantías para los/as carretilleros/as, pero, sobre todo, acogiendo la idea y gestión Departamental para la sustitución de vehículos de tracción animal por los vehículos motorizados. Una vez leí sobre ella: “Desde que se anunció que en Cali iban a cambiar las carretillas por las camionetas, media ciudad resultó que trabajaba en este oficio” (Redacción El País, 09 de feb. De 2014). El gremio es muy cerrado y todos/as se conocen entre sí; no hay manera de que lleguen aparecidos a “quitarles” lo que estos/as podrían tener. Por su parte, Fernando, presidente de la asociación, me comentó lo que se recibía en la escombrera; todo el caos de baldosas, adobe, ladrillo, plástico, vidrio, porcelana, madera, polio-tétano, chatarra, aluminio e icopor, estos son los materiales más comunes que recibe el lugar. No

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obstante, hay un orden para que no se desborde a la calle o el caño y haya, por lo menos, un paso para transitar. Hay algunos diques que retienen las toneladas de escombros y desperdicios. En medio del caos, hay un orden para que la montaña no los sepulte, aunque siempre hay quejas por la ineficiencia de la administración para gestionar el traslado de los escombros a las afueras de la ciudad. Me cuenta también Fernando que hay una separación manual y me señala a doña Gloria y a su compañero, activos en la tarea de separar, pesar y registrar lo que llega y puede ser reutilizado. Hay costales blancos y rotos que son los que más están sujetos a inspección. Hay un montón y, sin embargo, llegan más. Es una avalancha de desechos para volver a usar. Fernando me cuenta, además, que en promedio llegan entre 70 y 100 metros cúbicos, es decir, 140 toneladas de escombros. Ahora, hay tan solo 60-70 carretillas, cuando antes había aproximadamente 150. En la ciudad, según él, hay más o menos mil carretilleros y tan solo 800 con placa. Esto es un negocio familiar, una tradición que pasa de generación en generación. Hay algunos que empiezan desde los 8 o 12 años, llegan a su adultez y siguen con su trabajo. En su jornada laboral, los/as carretilleros/as pueden hacer varios viajes, incluso pueden ir en grupo si la cantidad es mucha, pues prefieren llegar a acuerdos para no perder el “contrato”. Cada carretillero/a tiene una forma de vivir su trabajo y, sobre todo, de relacionarse con su caballo. Algunos/as los tratan de “marica”, “terco”, “testarudo” cuando “les da por volarse”, cuando se asustan o “les entra el pánico” y las riendas deben ser apretadas o las lanzas de acero que están a los laterales del caballo deben ser movidas para controlar los movimientos de los caballos. Cada seis meses, el Caballo debe ser revisado y tener todo en regla ante la Secretaria de Salud Municipal. Ellos/as deben tener todo lo que pide el tránsito. El gremio maneja su propio mundo, me dice Fernando, “tengo mi caballo, te lo cambio por el mío”, ellos/as viven del sector de la construcción y la decon-

strucción. Transportan mercancía, agua masa, bultos de supermercados y tiendas. Pueden ir a un “contrato” incluso en familia, en pareja, amistad o vínculo laboral. Por cada depósito en la escombrera, estos/as deben pagar entre mil y dos mil pesos, hay algunos viajes en los que, mínimo, pagan diez mil, otros, si el negocio está “bueno” cuarenta y cinco mil, sesenta mil y hasta “dos o tres pesos”. El eventual almuerzo que preparan en una de las esquinas de la escombrera cuesta cuatro mil pesos, pero todo es muy inestable. Fernando asegura que cada carretillero/a debe conocer su oficio y, de hecho, sí lo hace. Estos/as saben arreglárselas por sí mismos/as, saben despinchar la carreta si se da el caso, en la mitad de la calle o conseguir las herramientas si así lo requieren. Saben subir andenes, bordearlos sin que se vuelque la carreta. La destreza la han aprendido con los años y el rodar casi diario. Saben descargar, pero es inevitable que cualquier residuo sólido dañe las tablas. Por fortuna, como es su medio de trabajo la arreglan como pueden con el material de la ferretería o con la misma madera “buena” que llega a la escombrera. Los viajes son cortos, están en el perímetro, pero “va mejor” hacia el sur de la ciudad, donde están los barrios clase-media y donde se proyecta la expansión de la ciudad, los nuevos condominios y construcciones. El esfuerzo físico, me cuenta Fernando, se realiza cuando el caballo “hala”; por eso hay que tener la carretilla “bien armada” y saberla arreglar cuando se averíe cualquier eje. Hay que mantenerlos engrasados y sincronizados; es como manejar un carro. Con varios trabajadores del gremio está comparación ha salido a la luz. Hay que saber cruzar, parar en los semáforos, transitar por un cordón de la calle y cuidar el caballo, dejarlo “miar en la calle”, porque quien no lo deja miar o le “da comida pasada” de seguro terminará enfermando al caballo y tendrá que empezar de nuevo haciendo negocios para conseguir otro y este gasto oscila entre uno y dos millones de pesos.


En la escombrera, hay un entrenamiento cotidiano para transitar por las calles y los animales tienen la costumbre de comer mogolla, caña y miel de purga, el alimento usado por el gremio. Algunos “miman” su semental haciéndolos “coger con yeguas” me cuenta Luis, otro de los carretilleros. De hecho, hay algunos como Luis, que piensan que los caballos los tratan mejor en el gremio que cuando los llevan a los centros de adopción o protección animal, pues hubo una yegua que la tenían” reflaca”, en cambio bajo el cuidado de la escombrera ella mantenía “gordita”.

Sumergiéndome en el espacio etnográfico Tomé la carretilla como micro-espacio de observación, como vehículo de tránsito y medio de trabajo de los carretilleros. Esta tiene cuatro ruedas que, por lo general, son de segunda; algunos tienen una placa que la identifica ante el tránsito; una zona de carga, una tabla o sillín para pilotear o manejar el caballo y, en la parte inferior de la carretilla, están los ejes, los cuales permiten la movilidad de la carretilla. Estas usualmente están gastadas y quebradas en algunos de sus bordes, pero los intersticios que cierran y abren la carretilla para la descarga de acero se mantienen en buen estado para evitar que la carga se desborde. La carretilla tiene, además, dos largas varillas de acero que la unen al caballo. El uso y el re-uso hacen que la carretilla se vea cada vez más gastada y empolvada por el transitar en las calles. Cierta vez, visité el lugar y estaba la policía en él. Ese día los policías tenían programado contactar, al menos, diez carretilleros/as para que firmasen el compromiso y cada uno con sus celulares registraba el acto. El control policial sobre los/as carretilleros/as se dirige más en este sentido y no, en el que, en un momento pensé, se refería a la persecución. Mientras hablaba con uno de los policías iba saliendo una carretilla de la escombrera, pregunté, sin pensar, si iban a hacer un viaje y si podría acompañarlos. Respondieron: “claro mami, hágale”.

Emprendí mi camino en bicicleta detrás de ellos, pues aún era muy pronto para pedirles que me dejaran ir en su carreta. Iniciando el viaje, me adelanté y los vi muy atrás. Estaba perdiéndome de todo. Los esperé y me hice en un lateral, pero los carros se pegaban mucho así que tuve que estar detrás y mirar cómo manejaba uno de ellos. Esa vez, íbamos a la Clínica Valle del Lili, aproximadamente 4 kilómetros lejos del lugar. La carreta se pegaba al borde, casi tocando el cordón de algunas zonas peatonales; los cruces con los carros me parecieron un poco peligrosos, en especial, en los paraderos, donde se concentran más las busetas, los taxis, los articulados del masivo, etc. Sin embargo, las riendas son bien manejadas por Eduardo, de 23 años, quien desde los 8 años maneja su vehículo de tracción animal. Fue su padre quien lo inició en el oficio. Sobre esto podría pensarse cómo “la configuración individual depende de la evolución (temporal) y devenir histórico de la estructura de las relaciones sociales” (Elías, 1936, p. 39). Es decir, que la conformación de identidad se da en la medida en que se interactúa con otros, quienes pertenecen a determinados círculos sociales, donde convergen o fusiona el campo mental y el campo social (Simmel, 2002). Para él es “como manejar carro” y se siente “muy cómodo”. Ya ha tenido alrededor de ocho caballos porque le gusta cambiar cuando sale “el negocio”. La carreta que tiene ahora no es de él, pero es propietario de otras dos. Él sabe manejar su carretilla y tiene los materiales para desvararla si se presenta la ocasión en la mitad del viaje. Su ropa parece de estar en casa: chanclas, pantaloneta y camisa manga corta. Usa gorra para el sol, pero su ropa se ve gastada por el uso y diaria exposición al sol. El compañero de Eduardo es quien carga la carreta. Esta está vacía, solo hay una pala y dos baldes, uno para la comida del caballo y otro provisional si así se requiere. La miel de purga se guarda con las herramientas en la silla larga de conducir la carreta; de resto, el espacio está libre. La carga no puede desequilibrar la carretilla

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y más si esta tiene resabios para hacerlo. El polvo de los escombros se filtra por las rendijas de las tablas, mientras los más sólidos forman una pirámide escueta y muy inestable. Todo se resbala con la llegada del siguiente “palazo” que sigue; así su secuencia, hasta acabar. Mientras su compañero finaliza la carga, Eduardo debe amarrar las patas de “Caricias”, su caballo, pues “ya se ha volado” y recientemente, golpeó un carro “que lo tiene pagando 600 mil pesos”. Según él, Caricias es resabiado y puede votar la comida si se le descuida. Además, hay que “rogarle para que tome agua”, aun cuando sabe que la necesita para el viaje. La atención hacia este es constante; es el volante que se adiestra continuamente y más si se consiguen en fincas, donde la dinámica de vida y alimento es diferente a la de la ciudad. Por el viaje, está vez, les pagarán diez mil pesos. Eduardo dice que por menos dinero no lo hace.

El caso de Luis: algunas de sus estrategias de movilidad

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Dos figuras clásicas y diferentes. Por un lado, Bucéfalo, el caballo de Alejandro Magno, hosco, salvaje y difícil de dominar. Por otro, Rocinante, el caballo de Don Quijote, el acompañante de locuras, aquel flaco y endeble animal lleno de mataduras. En la escombrera, estos animales son figuras míticas ni tan siquiera reconocidas. En ella, por el contrario, se encuentran Tríbilin, Negro, Caricias o Dominó. Estos son lo que se circulan en la calle, ya no para emprender grandes hazañas, sino para transportar una carga. Todo es rutina; las destrezas y rutas de tránsito se aprenden con el tiempo y el circular por la vía. Me sitúo así en la calle pues mi interés es indagar por estrategias y prácticas de movilidad de carretilleros/as de la escombrera de la 50. Aunque primero busco un portero. Elegí a quien organiza las descargas y la montaña de escombro. Él es quien indica el mejor lugar para la des-

carga de la carreta. Le comento mi interés y me dice que espere, que me ayudará. Mientras espero, me acerco a un carretillero y empiezo a hablarle. Él se muestra reticente así que desistí. El portero me llama y me presenta con dos chicos de 16 años. Me dicen que pueden ayudarme y que si puedo darles para la “gaseosa”. Accedo sin vacilar y les digo que los acompañaré detrás con mi bicicleta. Para ellos no hay problema. Emprendemos el viaje. Al salir, Calvo (uno de los chicos) me dice que mejor suba la bicicleta en la carreta y me monte con él. Me parece magnífica la idea pues los otros viajes que acompañé fueron en la distancia y sentía los carros muchos más invasivos cuando acompañaba la carretilla en los laterales para ver las maniobras de quien la manejaba. Subí la bicicleta y Calvo me ofreció su asiento. Él toma las riendas. Estas las hala generalmente al lado derecho. La primera (derecha de él) maniobra su “potro”, la segunda (izquierda de él) afloja y le da más libertad al caballo. Con las dos riendas se frena. Estas convergen en una cabezada de cuero de dos mitades en sentido horizontal o vertical que sujetan la trompa del animal. Los aperos constituyen el atalaje del caballo y unen las piezas necesarias para integrar la maniobrabilidad del caballo. Todo se mueve, hasta el asiento en el que estoy. Suena el galopar. Es rítmico y constante. Brusco. Cuando la velocidad o dirección cambia, Calvo le silba a su caballo, incluso hace pequeños sonidos como “aeo”, “shhh” o “mucsh”. Este responde al sonido disminuyendo su velocidad o moviéndose hacia la dirección que hala la rienda. Los sonidos son intermitentes y se dan de acuerdo con el comportamiento del caballo, la guía del carretillero, la cercanía y la distancia con otros vehículos motorizados y no motorizados. El sol es implacable. Ellos usan gorra. La carretilla va siempre en uno de los laterales de la calle. Raramente va por la izquierda. Esta se toma cuando se va a cambiar de calle. El enganche (o la carretilla) frena con el halar de las dos cuerdas. Hacemos la fila con los carros, esperamos el semáforo y continuamos nuestro camino mien-


Fotografía 4-5. Llegada y parqueo del viaje. Fuente: Archivo personal de la autora.

tras algunos excrementos del caballo quedan atrás en la carretera. Algunas ramas de los árboles rozan el caballo, mientras el conductor las sujeta o esquiva. Hay normas, mas, la trocha siempre es una posibilidad. Aquella vez tomamos parte de la ciclovía de la Avenida Simón Bolívar para llegar al retorno. Al final se encuentra la calle, la salida de la carretilla se da con precaución. Si el caballo sigue fácilmente puede ser golpeado por cualquier vehículo. Al frenar y volver a arrancar se siente la fuerza

hacia adelante, el galopar se intensifica y es más firme. Después, se retoma el ritmo siempre a un costado, las orillas. Los separadores viales pueden ser pasados por estas. No está permitido, pero lo hacen para ahorrar energía y tiempo. Primero el impulso del caballo pasando el cordón vial, luego la estabilidad de las llantas de la carretilla. El descenso dirigido por las riendas. Se espera a que el flujo vehicular disminuya y se pasa. Una a una van bajando las llantas y se atraviesa la calle. Pasamos las calles y llegamos al sitio de carga. Parquean la carretilla, pero una es suficiente para el monto de escombros que queda (ver fotografía 4-4). Organizan el caballo. En cada viaje, el caballo debe ser alimentado:

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alrededor de 4 litros de agua y tres manos de miel de purga le ponen al equino; después, la mogolla. El caballo saborea y hace burbujas en su bebida. Sus fosas nasales exhalan el aire cada vez más fuerte. Él parece disfrutarlo. Siguen cargando la carretilla. Al terminar, recogen todo, barren y reciben el dinero. Por este viaje les pagan 60 mil pesos. Nos disponemos a partir y seguimos el mismo recorrido. Las preguntas que pude hacer fueron mínimas; aunque llevaba un cuestionario, este viaje fue más para conocerlos a ellos. Cuando terminaron, regresamos a la escombrera y llegamos a otro de los sitios de encuentro de los carretilleros que apenas conocía: El trapiche. Donde los carretilleros/as se abastecían y compraban la mogolla, caña y otros alimentos para el caballo. Volvamos al viaje. El ruido del tráfico vehicular es alto y constante. Calvo dice que podemos conversar. Pero su voz es apenas plausible. Acerco la grabadora sin invadir su espacio. Resulta inútil. El ruido de los carros es más fuerte que su voz. Apenas empezamos el diálogo respondía con un sí o no; y un “si Dios quiere”, que finalizaba sus respuestas. El chico se distraía con facilidad. Miraba la comida del caballo y se aseguraba de que este no la volteara. Su ropa estaba curtida por el sol. En su mano sostenía un palo y lo deslizaba sobre sus dedos intercambiándolos. Las respuestas se cierran, no avanzan de lo puntual. Soy su eco. Lo persuado. Es inútil. No hay confianza. No me ve como su igual. No sé madre, suele decirme cuando su respuesta se queda corta. Si le pregunto ¿A dónde vas en ella [carretilla]? Me responde, depende de la suerte que uno tenga. Yo presiono: pero, ¿cómo qué?, ¿Ciudad Jardín o?... No, por allá es muy lejos, me dice él; yo por allá no voy. Después pregunté cómo conseguía un viaje. Se distrae. Le pregunta al compañero detrás de él, ¿cómo conseguís un viaje vos? Le sede la voz. Más bien, prefiere salir del interrogatorio. Luis, afrocolombiano de 23 años, descansa sobre el asiento de su carretilla bajo la sombra de un árbol. Él habla más fuerte, se interesa más por el tema. Comenta que el viaje hay que salirlo a buscar. La charla es más

amena, más fresca. Después la charla es interrumpida y emprendemos un viaje. De nuevo yo detrás de la carretilla que se abre paso entre los carros. El primo de Luis, un niño de 13 años, estira la mano, ondulándola de un lado a otro con determinación para atravesar la vía y pedirles a los carros que reduzcan su velocidad mientras ellos pasan la calle. El tráfico confina la carretilla y pregunté: ¿y el tráfico? “Dónde hay, así como decir trancones y todo eso, como el caballo arranca más suave que el carro, entonces uno pues busca su orilla y espera que… si hay estrellones o algo, uno espera pues que pase esto”, me responde. La carretilla espera en los semáforos. En descenso, tomando uno de los retornos de la avenida Simón Bolívar, la carretilla se estaciona unos 50 metros antes del semáforo. Sobre esto le había preguntado:

– ¿Y cómo llevas la distancia? Él responde: – Eso más de uno, ve la siguiente carretilla, uno entiende eso porque a uno también le han enseñado y explicado esas cosas. Todo ese es el proceso y alguna gente no entiende eso. – Pero ¿tú tienes que parar en los semáforos?, Le pregunto – ¡Ja!, claro, lógico, uno no, ja se mete en rollo cuando un carro lo levanta” (asevera con jocosidad). – Pero ¿y cuando se van así qué pasa? (pregunto). – “Se puede lastimar”, me responde. – ¿Y entonces? – Por eso uno tiene que sacar el caballo con delicadeza, con cuidado (precisa Luis y agrega) […] dónde hay, así como decir trancones y todo eso, como el caballo arranca más suave que el carro, entonces uno pues busca su orilla y espera que… si hay estrellones o algo, uno espera pues que pase esto.


Fotografía 4-5. Llegada y parqueo del viaje. Fuente: Archivo personal de la autora.

Luis me dice que con la distancia tiene mayor control de esta; además, evita que el caballo salga directamente a la calle. Pasamos la calle y avanzamos hacia el lugar. El bus de transporte masivo pasa junto a nosotros/as, Luis dice que a ese no se le mete, que por su carril no anda. – Y ¿cómo adiestras tu caballo? (Sigo preguntando). – No, porque el caballo ya le hace caso a uno. Uno de tantos años teniéndolo, ya el caballo sabe cuál es la mano que lo maneja, la que le da de comer y todo.

Luis, parquea la carterilla y su primo organiza algunas tablas que están en el mismo monto de escombros para bordearla y que así, no se desborde el material (ver fotografía 4-5). La pala que usa Luis remueve los escombros y arena; este es polvoroso. Al terminar, cubren la carreta con un manto negro para que estos no se salgan y no salten a la vista. Hacemos tres viajes, cada uno incluye carga, ida, descarga y regreso. El primer viaje lo hago como suelo hacerlo en la bicicleta. De regreso, Luis me invita a subirme a la carretilla. La distancia es corta. Doce minutos es el tiempo aproximado que nos demoramos en llegar. Luis usa calles poco transitadas y atajos. El ga-

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lopar de su caballo es suave y en las curvas, la lentitud me hace pensar que en cualquier momento un carro podrá atropellarnos. Luis lo nota, me dice: “tranquila, ellos tienen que parar, con estos animales, los frenos no son como lo de los carros”. De regreso ya, estando en su carretilla Luis dice, aquí, a veces cogemos este pedacito en contravía para no dar toda esa vuelta. Los buses, colectivos y carros particulares rozan la carreta, Luis ondea su gorra roja para pedir la vía. Parece que no la quieren dar, es una tensión constante al tomar la Av. Simón Bolívar, una de las principales vías de Cali. Son aproximadamente 200 metros los que nos separan de la calle a la que debemos llegar. Luis sigue ondeando su gorra y sujetando las riendas para que el caballo retroceda, avance o gire dependiendo de la vía que cedan los carros. Finalmente, logramos pasar. La otra calle es tranquila sin tanto flujo. Luis toma la rienda derecha con más firmeza que la izquierda, para que el caballo se mantenga al borde de la calle: “si yo mantengo mi derecha me tiro pa’ cualquier lado” (señala el andén y la maleza junto a nosotros]. Cuando hay ligeras inclinaciones en la vía, Luis ondula las riendas, silba fuerte y su caballo se impulsa; sus patas traseras pisan firme para halar y ascender la inclinación. Incluso, en las descargas el silbido y ondulación de las riendas motiva al equino a subir la montaña o inclinación de la calle. En el segundo viaje, él me deja manejar la carretilla, al principio pedimos la vía con la mano. El cuerpo indica hacia dónde se dirige la carretilla, en caso de que se quiera atravesar una vía, cambiar de carril, ir en contravía, estacionar o hacer algún otro tipo de maniobra. Hacemos el retorno, pero nos encontramos con un trancón. Luis toma las riendas y me dice que me “agarre, vamos a subir por aquí”. Nos pasamos el cordón que divide los sentidos de la vía. La fuerza del halar del caballo impulsa toda la carretilla. El caballo sigue, voltea como si ya lo hubiese hecho antes y toma su camino. Esperamos a que disminuya el flujo vehicular y pasamos la calle. El tercer viaje cortamos camino atravesándonos el cordón vial. Luis dice que eso está prohibido, pero igual.

La cuestión es minimizar esfuerzo y tiempo. Me habla sobre su otro caballo, dice que la gente lo “para para tomarle fotos de lo bonito que es”. Sus equinos tienen un veterinario de confianza y lo que más los molesta son los cólicos que pueden dejar inmovilizado hasta una semana el animal. En este viaje, me cuenta que, justo en frente de la escombrera hay invasiones, me dice que mejor por allá no me acerqué porque es caliente. Volviendo a la avenida sigue el galopar, el ritmo, todo es suave, pero para mí, siempre está la amenaza del masivo que pasa muy cerca, el camión que corta el camino, la moto que zigzaguea y casi toca la trompa del animal; para Luis esto es rutina y él sabe manejarla. El tráfico vuelve a confinarnos, el paso desacelera hasta que Negro para detrás de un carro. Hace fila. Luis se impacienta. Me dice de nuevo, agárrese, luego suena un estruendo, todo se mueve, los ejes articulan la carretilla, dejan que se deslice y estabilice. La carretilla sube el andén, pasa el cordón y su caballo retoma el camino en la otra vía. Yo, había usado una sencilla cámara para grabar el recorrido. Luis me pregunta: “sí grabó ¿no?”. Mas, justo en el momento que girábamos para tomar la vía contraria, la memoria de esta se llenó. Luis lo nota, – ¡Ahhh! ¿No grabó? (Insiste) – ¡No!, es que se llenó (respondo yo). – Pues va a la casa, la descarga y vuelve (me dice con cortesía)

Yo le respondo, que no hay ningún problema, que podemos grabar después; que solo quisiera acompañarlo en su recorrido, aún sin la cámara. Tomando la ruta tranquila, Luis me pasa las riendas; me inquieto y le pregunto: – Y si yo quisiera aprender, ¿qué tendría que tener en cuenta? – Más que todo (me explica), el lado derecho, llevar las riendas pa’l lado derecho, el caballo derecho. Llevar las riendas pa’ acá, él se le voltea y si usted le hala


pa’ acá, también se le voltea. Entonces llevarlo así, que vaya con la rienda floja. Si va a parar lo coge y le jala (sic) un poquito la rienda porque si se la jala mucho lo puede hacer caer. ¿Ya me entiende? Es como cuando usted viene en la bicicleta, usted va en la bicicleta y usted no frena de una. Usted va como frenando así en pausa. La derecha debe halarse con más firmeza, si la cabeza del caballo se menea es porque debe aflojarse la rienda. Mantener la derecha es la clave.

Cuando cualquier carro salta a la vista, le paso las riendas a Luis y él solo sonríe, me dice que eso no tiene ciencia. Yo lo contradigo, me parece que se debe ser muy hábil para manejarla. Cuando pasan los carros, Luis me devuelve las riendas. Es enfático en mantener la derecha y tener la rienda izquierda floja entre el índice y pulgar de la palma de la mano. Los giros, para mí, son más complicados; siento que maltrato el animal. Luis, por su parte, me guía y hala las cuerdas con naturalidad. Su caballo responde, gira sin mayores complicaciones. Mientras llegamos conversé con él. Le pregunté: – ¿Y a vos te gustaría cambiar tu caballo por los carros que están dando? – ¡No! A mí me gusta mi caballo, con el carro usted tiene que aprender a manejarlo, echarle gasolina y si usted no sabe manejar le toca pagarle a alguien; en cambio, usted tiene su carretilla, le paga cual quier 25 mil al ayudante y sale de eso. Dentro de poco habrá una marcha hacia la gobernación, la invito (finalmente me dice). – (Yo acepto su invitación afirmando con la cabeza y agrego) Por supuesto, me encantaría.

Los carretilleros, como gueto, tienen elementos y prácticas sociales a través de los cuales pretenden reconocerse y representarse (Wacquant, 2007); así, su segregación y exclusión espacial crea una identidad desde la que hacen resistencia o presión frente a la inoperatividad

de planes municipales en beneficio de este gremio. Llegamos al sitio de carga, Luis me comenta que antes alquilaba la carretilla. Tenía que pagarle 50 mil pesos al dueño cada sábado; tenía que trabajar para eso y, a veces, solo se hacía eso. Ya no, “ahora tengo mis dos carretillas y yo las manejo”. Terminando la carga, el contratista del viaje le paga a Luis 55 mil pesos. Le dice que lo acerque a la avenida principal. Emprendemos el viaje; incluso el primito de Luis, organiza todo y se sube con el contratista al asiento principal de la carretilla. En la escombrera me despido de Luis, su primo y el contratista. Luis me da su número celular y agrega, “sino contesto estoy en la carretilla y a veces no se oye, pero puedes preguntar acá y preguntas por Lucho, ahí te dicen”.

Reflexiones finales A modo de reflexión, con mi acercamiento a la escombrera, pude establecer contactos con algunos carretilleros, quienes me dejaron participar de sus viajes. A nivel metodológico, tuve que replantear muchos planes iniciales, pues la variabilidad y constancia de los viajes no me permitieron tener un día y espacio claro para la entrevista, más allá de las diversas conversaciones informales que tuve. Por otro lado, varias oportunidades para culminar la entrevista fueron frustradas por la misma dinámica del trabajo que hacia entrecortar el cuestionario. De las charlas informales que tuve, registré expresiones en mi libreta de apuntes; a veces, al pasarlo a mi diario de campo, tenía que omitirlas por que no recordaba su contexto. Sin embargo, logré rescatar la mayoría de ellas a través de la reconstrucción de imágenes visuales de la situación. A nivel general, los carretilleros no tienen un discurso construido sobre su oficio, dado que este se ha sido naturalizado y algunas destrezas que tienen no las ven como relevantes. Sumándole el hecho de que, al ser una población marginada, cargan estigmas negativos

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sobre su oficio y su posición social. Empero, cuando ruedan por la calle se imponen, reclaman la calle, su espacio, generalmente a la derecha. Su referente vial es el carro, quien los cierra, se acerca mucho o amenaza con colisionar con su carretilla. Para los carretilleros, otro tipo de vehículos los rodean sin interferir su tránsito. En la vía, los carretilleros llevan las riendas y, aunque siguen las señalas de tránsito, considerando las desventajas que tienen frente a los vehículos motorizados (frenos directos, velocidad, cubierta, luces para girar o parar, etc.) flexibilizan su modo de transitar pasándose al andén para evitar un trancón, en la medida de lo posible. Tomando el sentido vial contrario para cortar camino y evitar el retorno más largo. Como asociados, los carretilleros están organizados para ser figuras ante las autoridades municipales, mas, no para ser un soporte entre ellos. La transmisión de saberes y destrezas se hace como oficio familiar tradicional, aprendido desde edades tempranas a través de la imitación. No obstante, como gremio, este sector se cohesiona a través de festividades e infortunios como, por ejemplo, el fallecimiento de alguno de sus miembros, o festividades nacionales. Todos los viajes requieren un despliegue de estrategias para movilizarse; incluso aquellos que implican solo el traslado de material desde la portería hasta la montaña de escombros. Las capacidades de los carretilleros para manejar su carretilla se caracterizan por la fuerza para cargarla y descargarla, saber repararla, y llevar al caballo por la vía indicada.


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Mathias Marcelo Muñoz Tapia1

MÚSICA POPULAR E IDENTIDAD LATINOAMERICANA ENTRE REVOLUCIÓN Y DICTADURA: E L CAS O D E L A N U E VA CAN CIÓN CH ILE N A Y LA FU SIÓ N L AT I N OAM E RICAN A (1971-1982)

Resumen Mediante un análisis de fuentes primarias y secundarias, el presente estudio se pregunta por los discursos e imaginarios en torno a la identidad latinoamericana que surgieron y se construyeron en la música popular chilena entre 1971 y 1982 (gobierno democrático de Salvador Allende y la dictadura militar de Augusto Pinochet). Se analizarán los casos de la Nueva Canción Chilena y la Fusión Latinoamericana, movimientos musicales que difieren en su compromiso político-ideológico, pero coinciden en la importancia dada a la identidad latinoamericana dentro del contenido de sus letras.

Abstract Through an analysis of primary and secondary sources, this study asks about speeches and imaginaries around Latin American Identity that emerged and built in Chilean popular music between 1971 and 1982 (the democratic government of Salvador Allende and the military dictatorship of Augusto Pinochet). The cases of Nueva Canción Chilena and Fusión Latinoamericana will be analysed, which are musical movements that differs in their political and ideological commitment, but agrees on the importance given to Latin American Identity in the content of their lyrics.

Palabras clave: identidad, América Latina,

Keywords: Identity, Latin America, Nueva Canción

nueva canción chilena, Rock latinoamericano.

Chilena, Latin American Rock.

1. Estudiante de Historia y Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Correo: mmmunoz6@uc.cl.


Identidad en América Latina: Una aproximación teórica La identidad ha sido, durante muchos años y hasta el día de hoy, un concepto polisémico y de desarrollos muy variados. Esto lo podemos rastrear en sus desarrollos teóricos más potentes en el trabajo de la escuela del Psicoanálisis Culturalista, donde se destacan los trabajos de Erik Erikson y Erich Fromm (Gissi, 2006). A su vez, Fromm (1985) reconoce a la Identidad como una necesidad vital, imperativa e ineludible del ser humano, aunque siempre de condición dinámica y cambiante, y nunca disociable de las condiciones sociales y económicas estructurales (de las que nace, por ejemplo, lo que el mismo autor llama el “carácter social”). Erikson (1979), por su parte, genera un desarrollo más extensivo y profundo del concepto. Para él, su construcción se da en un proceso dialéctico entre componentes biológicos [soma], psicológicos [psique] y socioculturales [ethos]; elementos que tensionan y dan forma durante toda la vida (especialmente durante la adolescencia, en un proceso que Erikson llama “epigénesis”) a la identidad individual (Erikson, 1985). Ahora bien, no solo los individuos generan un reconocimiento biográfico de sí mismos en una dialéctica entre historia personal e historia social, sino que también van configurando identidades en los grupos y las sociedades, definidas socio-históricamente, y cuya manifestación se da gracias y a través de la cultura y una cosmovisión compartida, donde el “Yo” se fusiona en un “nosotros” (Erikson, 1979). Por lo que las sociedades, al igual que los individuos, desarrollan su identidad en un proceso dinámico y evolutivo; no obstante, a diferencia de los seres humanos, el proceso de las sociedades no se acaba, enmarcándose, así, en lo que conocemos como la Historia. Igualmente, la teoría de la Identidad en América Latina ha sido ampliamente revisada y trabajada por la

Sociología, puntualmente, la realizada en nuestro continente. De esta, destacamos, particularmente, el aporte que ha hecho en este sentido la sociología chilena, cuyos autores han sistematizado y organizado un corpus teórico en torno a la Identidad Latinoamericana, la cual abarca desde las esferas socio-psicoanalíticas hasta las macro-históricas. En torno a esa primera esfera, Jorge Gissi (1989) hace parte de una línea de pensamiento muy acorde al psicoanálisis culturalista, entendiendo que los individuos estaríamos formados (y también deformados) por la cultura, las clases sociales, y sus respectivos mitos y ritos. En consecuencia, lo macro-social y lo individual estarían íntimamente relacionados con la dialéctica de la Identidad. Gissi, también, comprende que Identidad y Cultura están íntimamente relacionadas, rescatando la tradición gramsciana que comprende que la Identidad deviene en “falsa consciencia” cuando los miembros de una comunidad internalizan una cierta “cultura hegemónica”. De ahí también la necesidad de desnaturalizar esa cultura hegemónica, proponiendo otra cultura en su reemplazo, que logre reemplazar aquellas superestructuras ideológicas. En cuanto a otros autores, Jorge Larraín (1996) identifica un trayecto histórico de la configuración de la identidad latinoamericana en el continente. Según el autor, siempre ha existido, en América Latina, una conciencia de identidad regional, articulada con las identidades nacionales (Larraín, 2014). A su vez, propone 4 períodos claves, donde se vuelve explícita esta formación identitaria: I.

La conquista: período en el que los españoles configuran culturalmente al “otro” indígena, dando origen a la primera “síntesis cultural” entre la cultura ibérica y la cultura indígena, como producto de la invasión europea; acá, el elemento indígena ocuparía el rol de cultura subsumida.

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II.

Las independencias: donde toma protagonismo el ideario de la modernidad ilustrada, la cual da paso a una nueva experiencia de síntesis.

III.

La crisis de la oligarquía a principios del siglo XX: coincidente con la depresión económica mundial, y que da paso a nuevas formas de relación entre el Estado y la Sociedad, así como a nuevas maneras de comprender el funcionamiento económico, ahora fuertemente estatista, y culturalmente emergiendo un sentimiento reivindicatorio de lo nacional y lo popular.

IV.

La crisis de los años 70: esta terminaría desencadenando la emergencia del neoindigenismo en las décadas venideras.

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A su vez, identifica tres líneas de pensamiento sobre la identidad latinoamericana, las cuales, a pesar de que se manifiestan en la contemporaneidad, se remontan a diferentes períodos históricos de los ya mencionados. Hablamos de los llamados “esencialismos”, de los que menciona: el “Hispanismo” (identidad basada en la herencia española), el “Indigenismo” (identidad basada en la herencia prehispánica) y la síntesis de la religiosidad popular (identidad basada en los procesos de mestizaje y sincretismo nacidos a la base de la adopción de la religión católica por parte de los indígenas) (Larraín, 1996). De acuerdo con lo anterior, el concepto de Identidad Latinoamericana que usaremos en este escrito toma elementos de cada uno de estos autores, entendiéndola como un proceso dinámico y multinivel, definida por el devenir histórico y las estructuras socioculturales, el cual se manifiesta a través de procesos micro-sociales e individuales, donde los sujetos se apropian de una cierta manera de representarse a América Latina en general y a la Cultura latinoamericana en particular. El objetivo del presente artículo es revisar el rol de la identidad latinoamericana en la música popular chilena durante la Guerra Fría, revisando dos casos emblemáticos: la Nueva Canción Chilena y la Fusión

Latinoamericana. Estos se enmarcan, temporalmente, entre el gobierno democrático de Salvador Allende, y la dictadura militar de Augusto Pinochet. Con ello, buscamos caracterizar, de forma concreta, el rol que ha jugado en la Cultura Latinoamericana la conciencia de una identidad común, y cómo esa cultura también ha jugado el papel de reproductor de ese pensamiento. Para cumplir estos fines, se utilizará, como metodología, el análisis de fuentes documentales primarias y secundarias, aportando a la generación de un relato histórico que pueda integrar, dentro de sí, la comprensión sociológica de los discursos e imaginarios culturales sobre la identidad latinoamericana. Dado que estudiaremos el constructo de la identidad latinoamericana a través de la cultura (específicamente de la música popular), las fuentes utilizadas para generar el análisis se encuentran dentro del repertorio de canciones de la época, centrándonos en aquellas pertenecientes a la Nueva Canción Chilena y el Rock Latinoamericano, por ser las corrientes musicales más reconocidas del período estudiado.

Contexto histórico y social del desarrollo de la Nueva Canción Chilena La Nueva Canción Chilena es un movimiento musical cuyas raíces se enarbolan profundamente dentro de nuestra historia como continente. De esta forma, podemos remontar su origen al trabajo etnomusicológico de Violeta Parra, y su consecuente rescate de las formas remotas de canto y poesía populares, como la copla, la décima, la tonada y la cueca, herederas de la tradición oral y literaria del romancero español importado a América Latina durante la Colonia (Rodríguez, 1988). Particularmente, será muy fuerte la penetración de esta tradición en el campesinado chileno, de fuerte tradición oral, producto de la deficiente alfabetización de inquilinos y peones, y de tradiciones poco permeables a la mod-


ernización debido a la estructura semifeudal reinante en la hacienda chilena hasta la llegada de la reforma agraria. No obstante, los esfuerzos por rescatar esta herencia popular, que había quedado en el olvido frente a las influencias externas de la música mexicana y estadounidense, tienen su hito fundacional en los esfuerzos por impulsar la cultura nacional y autóctona, la cual trajo consigo el proyecto de desarrollo interno de los gobiernos radicales, y de Pedro Aguirre Cerda en particular. Asimismo, merece ser reconocido como fundamental el trabajo de los “cuatro grandes de la poesía chilena” (Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y Pablo de Rokha), a quienes podemos agregar el aporte más tardío de Nicanor Parra. Ellos harían surgir una narrativa dramatizada acerca del ser chileno, la cual tendrá como resorte común la búsqueda de un sentido épico para nuestra historia, épica dirigida a un destino preanunciado de emancipación, libertad y justicia social. Papel destacado juega, en este sentido, Pablo de Rokha, quien genera una tesis de la identidad chilena desde lo “nacional-popular”, donde postula:

[…] la existencia de una identidad chilena surgida del crisol de lo rural y lo proletario, identidad en asumido conflicto con la idea de nación impuesta por la burguesía chilena, toda vez que esta última impone […] una visión estática y ficticia del ser nacional, donde rezuman el conservadurismo y el puritanismo de la clase dominante (Salas, 2003, p. 56).

A todo esto, se le suma la influencia fundamental del contexto sociopolítico de los años 60 y comienzos de los 70 en Chile, cuando las fuertes expectativas de cambios estructurales entre los jóvenes tomarán, en la cultura, la forma de defensa de la identidad latinoamericana ante y contra el imperialismo cultural y homogeneizante, promovido por los Estados Unidos durante esta época de Guerra Fría (González, 2015). Es, al amparo de este

clima, que surge, en la cultura chilena, el movimiento de la Nueva Canción Chilena.

Inti Illimani y la situación de la raza negra en América Latina Inti Illimani es uno de los conjuntos más complejos y musicalmente sofisticados de todos los representantes de la Nueva Canción Chilena. Su disco, de 1971, “Autores Chilenos”, será reconocido como uno de los trabajos de recopilación de música chilena más prolijo y disciplinado de la historia de la música chilena (Salas, 2003). Esta profesionalidad a la hora de componer su música, sus conocidos lazos con figuras potentísimas, como lo fueron Víctor Jara e Isabel Parra, y su difusión internacional, gracias a su forzado exilio por Europa, han hecho de esta banda una de las más fundamentales a la hora de analizar el aporte de la Nueva Canción Chilena a la cultura latinoamericana. En este sentido, Inti Illimani tocarán diversos temas de índole identitaria e histórica en sus letras; uno de los más importantes es el que podemos identificar en su canción “Samba Lando”, de su álbum “Canción para matar una culebra” (Inti Illimani, 1993), donde se toca el tema de la herencia e historia afrolatina. A continuación, procederemos a realizar su análisis. La canción comienza con una cierta alegoría a la celebración de la población afrolatina a la abolición de la esclavitud, integrando ciertos elementos mágicos, propios de las religiones ancestrales africanas: Sobre el manto de la noche Está la luna chispeando. Así brilla fulgurando Para establecer un fuero: Libertad para los negros Cadenas para el negrero. (Inti Illimani, 1993, estrofa 1)

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Posteriormente, en el coro, se hace mención al “Samba Landó”, baile de orígenes africanos, específicamente angoleños, que será popular en la población afroperuana. En este sentido, su mención refiere a la celebración que la población negra estaría viviendo tras la abolición de la esclavitud:

negra ha sufrido durante su existencia en el continente americano (aunque no exclusivamente en él, como la evidencia histórica nos puede demostrar): La gente dice qué pena Que tenga la piel oscura Como si fuera basura

Samba landó, samba landó

Que se arroja al pavimento,

¿Qué tienes tú que no tenga yo?

No saben del descontento

(Inti Illimani, 1993, coro 2)

Entre mi raza madura. (Inti Illimani, 1993, estrofa 4)

Sin embargo, no todo es fiesta en la canción de Inti Illimani. Ellos mismos, en su narrativa musicalizada, nos hacen saber de los peligros de dejarse embriagar por la euforia del momento: Mi padre siendo tan pobre Dejó una herencia fastuosa: “Para dejar de ser cosas -dijo con ánimo enteroPonga atención, mi compadre, Que vienen nuevos negreros”. (Inti Illimani, 1993, estrofa 3)

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En este sentido, nos hacen notar, en su lectura, que, a pesar de ser liberado legalmente, el pueblo afrolatino seguiría bajo el yugo de la explotación, ahora integrados al sistema económico capitalista. Como nos podría acotar el afamado economista político Karl Marx (1971), Inti Illimani se refiere implícitamente al paso del esclavismo al feudalismo, y, posteriormente, de este último al capitalismo, el cual funcionaría en la sociedad latinoamericana. Así, los terratenientes y empresarios vendrían a ocupar el rol que otrora ocupaban los “negreros” esclavistas en su rol de explotadores. La banda, también, hace patente los malos tratos, los prejuicios y la amnesia histórica de la que la raza

En diálogo con lo que nos menciona Gissi (2006), podemos identificar la presencia del trauma psicosocial que el eurocentrismo y la supremacía blanca han provocado en la población afrolatina. Resulta que, incluso, los mismos mestizos han tendido a negar la presencia de la sangre africana en su desarrollo histórico y filogenético, situación que, en países como Chile, han llevado a la creación de una narrativa mítica sobre la ausencia de población negra en la conformación de la raza mayoritaria del país (Vidal, 2005). Inti Illimani nos llama la atención en este sentido, y se hace portador de un mensaje proveniente desde la población afrolatina misma, haciendo un llamado a dejar atrás la incomprensión, los prejuicios y la ignorancia en la que hemos basado estas narrativas, las cuales dejan afuera de la conformación de la identidad latinoamericana a la raza negra, siendo que esta ha aportado en áreas que van desde lo artístico (como el Mulato Gil de Castro) hasta lo político (como Hugo Chávez), pasando por lo intelectual, aspecto en el que la banda hace un énfasis particular en el esfuerzo que se ha hecho por rescatar la identidad afrolatina, como podemos ver a continuación: Hoy día alzamos la voz Como una sola memoria. Desde Ayacucho hasta Angola, De Brasil a Mozambique


Ya no hay nadie que replique, Somos una misma historia. (Inti Illimani, 1993, estrofa 4)

En este extracto final, Inti Illimani pone el acento en la postura ideológica sobre la identidad común de la raza negra que el escritor caribeño Aimé Césaire (2006) llamará “negritud”, y que postula que la herencia, memoria e identidad de la raza negra son compartidas por todos aquellos que pertenecen a ella, sin importar la ubicación geográfica de sus miembros. De esta forma, el grupo rescata una teoría formada en el propio territorio latinoamericano para explicar la situación de la población descendiente de africanos, llamándonos nuevamente la atención debido a la constante histórica que ha significado su exclusión del relato colectivo de lo que somos como latinoamericanos.

Contexto histórico y social del desarrollo del Rock chileno Los primeros sonidos de inspiración en el Rock and Roll estadounidense vinieron de la mano de la Nueva Ola, a principios de los años 60. Este Rock nacional era de características netamente imitativas, siendo las principales figuras de la época cantantes extranjeros radicados en Chile, y que, en su mayoría, cantaban covers en español de canciones de artistas angloparlantes (González, 2006). Estos desarrollaron, posteriormente, una faceta de creación propia, con mensajes esencialmente enfocados en la diversión y la alegría juvenil, sin ejercer aún ni crítica ni diagnóstico alguno de la sociedad (Salas, 2003). Era en sí un movimiento con fines netamente comerciales. Hacia los años setenta, y recogiendo la experiencia breve del beat nacional, el Rock chileno dará un giro hacia los sonidos psicodélicos y otros más propios del

Hard Rock, en consonancia con la ideología del movimiento hippie, cuyo principal exponente será la banda chilena Aguaturbia (Salas, 2003). El rescate de los valores cosmopolitas y de la ideología hippie generaría un amplio rechazo, tanto desde los sectores tradicionales, espantados por la apertura cultural y valórica de este movimiento juvenil, como de los sectores populares de izquierda más ortodoxa, quienes veían en ellos una expresión desmovilizadora del aparataje burgués, la cual desviaba la atención de los problemas de clase para mover la discusión a temas más abstractos, propios de la burguesía, tales como el libertinaje sexual o el hedonismo del consumo de drogas (Barr-Melej, 2009). Así, Conforme avanza el tiempo, aproximadamente durante los años 70’, se dará paso a un progresivo abandono del padrón imitativo, y la conquista de un […] espacio propio ante una dinámica social y cultural que a partir de aquí entra en una vertiginosa aceleración, esta búsqueda debía remitir a elementos propios del ser nacional o por lo menos tener un sello latinoamericano, sin perder por ello el cosmopolitismo del rock (Salas, 2003, p. 52). De esta forma, y en diálogo con la Nueva Canción Chilena, el rock nacional buscará retratar la realidad chilena y continental, en un contexto de movilización sociopolítica y bajo gobiernos como el de Salvador Allende Gossens (1970-1973), el cual destinará importantes recursos a la difusión y promoción de la cultura chilena, donde la música popular tendrá un importante sitial (González, 2015). En este contexto, el rock chileno, por primera vez, empezará a generar reflexiones y a valorar el bagaje histórico latinoamericano, como un espacio ideológico de producción artística, cuestión que guiará a las bandas chilenas, por lo menos, hasta el regreso de la democracia. 63


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Los Jaivas y el rescate contemporáneo de las raíces latinoamericanas Los Jaivas son, probablemente, la banda que más ha aportado a la generación de una identidad propiamente latinoamericana. En ellos, podemos identificar la presencia de elementos sincréticos, tales como la fusión de los sonidos del rock progresivo y psicodélico con los sonidos andinos autóctonos de América Latina (Salas, 2003). Esta condición de síntesis, que se puede extrapolar a una característica que varios autores consideran la base de la identidad latinoamericana (Larraín, 1996), se configurará como una forma moderna de rescatar las raíces de la cultura común del continente. De esta manera, Los Jaivas mezclan el sentido contemporáneo del Rock, identificados en el uso de tecnología musical, elementos electrónicos y la improvisación propia del género, con el profundo sentimiento de la música popular latinoamericana y sus variados elementos que la conforman, tales como, los andinos, afrolatinos, caribeños y folklóricos, por nombrar algunos (Salas, 2003). A ello conceptualizamos como la “fusión latinoamericana”. Algunos investigadores de la música chilena, grupo del que cabe destacar a Fabio Salas (2003), identifican una cierta “ideología musical” en Los Jaivas, puesto que esta apelaría a un cierto “sentido bolivariano”, que él mismo describe como “no violento, pacifista, comunitarista y solidario que reivindica la cultura de los pueblos originarios y primordiales de América” (p. 90). En este sentido, Los Jaivas serán receptores de un pensamiento y sentimiento latinoamericanistas, el cual podemos rastrear hasta el libertador americano Simón Bolívar (1986), pasando por el poeta José Martí (1991), y los numerosos escritores y hombres (y mujeres, por cierto), quienes en sus obras han plasmado las bases teóricas, históricas y estéticas de la identidad latinoamericana (Gissi, 2006). De todos ellos, uno tendrá un peso particular en esta “ideología musical”: Pablo Neruda (2008), de cuya

obra magnánima, Canto General, Los Jaivas elegirán un fragmento que, posteriormente, musicalizarán: “Alturas de Machu Picchu” (Los Jaivas, 1981). De esta forma, se convertirá en una magistral muestra del rescate del pasado indígena, siempre desde la fusión de sonidos contemporáneos y autóctonos que forman parte de la propuesta del conjunto musical. Esta obra musical se creó en el contexto de la realización de un documental acerca de las “Alturas de Machu Picchu”, como resultado de la colaboración de la Universidad Católica de Chile y la Universidad Católica del Perú. En esos momentos, Los Jaivas vivían el exilio de la dictadura militar chilena (1973-1990), por ser simpatizantes (si bien no abiertamente, e intentando que su ideología política no interviniera en su trabajo artístico) de la izquierda. De esta forma, se hace un paralelo con la experiencia del exilio que vivió Neruda (él mismo un militante comunista) mientras escribía Canto General, en medio de su persecución por el gobierno de Gabriel González (1946-1952), al que alguna vez habría apoyado antes de su vuelco anticomunista. A continuación, se procederá a analizar una de las canciones del álbum mencionado, “Sube a nacer conmigo hermano”, donde Los Jaivas rescatan la concepción nerudiana de lo que podríamos catalogar como el equivalente de la clase popular incásica, quienes, en esta lírica musicalizada, se vuelven los protagonistas de una historia que los olvidó. El principio de la canción es un extracto literal del poema de Pablo Neruda (2008): Sube a nacer conmigo hermano. Dame la mano desde la profunda zona De tu dolor diseminado. No volverás del fondo de las rocas No volverás del tiempo subterráneo No volverá tu voz enfurecida No volverán tus ojos taladrados. (Los Jaivas, 2011, estrofa 1)


Este fragmento, desde la concepción nerudiana, representa al hombre enfrentado la realidad de lo que llamamos “clases populares incásicas”, cuyos sufrimientos han sido acallados frente a los discursos oficiales que se centran en las dinámicas de las élites. Este sector pareciera estar condenado al olvido, a la amnesia histórica que nos menciona Gissi (2006), y a la que Neruda pretende oponerse, “darle voz” a estos sujetos históricos. Neruda, de cierta forma, se está adelantando al trabajo de los historiadores sociales, quienes, posteriormente, trabajarán bajo esta premisa, de los que cabe destacar a Galeano (1979) y, más contemporáneamente, a Salazar (2003). Los Jaivas logran captar este sentido, el cual hace plena sintonía con sus propias posturas ideológicas en torno a la realidad latinoamericana (Salas, 2003), integrándolo, dentro de su musicalización, en un álbum donde son pocos los poemas que han sido utilizados íntegramente como letra. El mismo argumento aplica para el siguiente extracto, donde el poeta y la banda rescatan el contexto popular y los sufrimientos de aquél sector como una verdad ignorada, pero que el poeta y la banda sacan a la luz, rescatan, vocalizan, y, en ello, redimen aquellos sufrimientos enterrados bajo siglos de opresión, tanto incásica como española: Contadme todo, cadena a cadena, Eslabón a eslabón, paso a paso Afilad los cuchillos que guardasteis. Ponedlos en mi pecho y en mi mano Como un río de rayos amarillos, Como un río de tigres enterrados, Y dejadme llorar, Horas, días, años Edades ciegas, siglos estelares. (Los Jaivas, 2011, estrofa 6)

Finalmente, Los Jaivas rescatan la emocionalidad oculta de la herencia indígena, los sufrimientos y los traumas que han marcado psicosocialmente nuestra

historia. Su música es un llamado de atención, un rescate de lo que Neruda (2008) nos advertía a mediados de siglo, en su inmensa sabiduría. Tal vez sea tiempo de llorar “por edades ciegas y siglos estelares”, si en ello aprendemos a no repetir los errores del pasado, representado en el autoritarismo incásico y colonial español que significó la explotación del hombre por el hombre, el olvido del bienestar psicosocial de nuestros hermanos humanos, la reducción economicista y utilitarista de las relaciones sociales, todas esas situaciones que, en el contexto del neoliberalismo reinante, parecen más presentes que nunca. “Alturas de Machu Picchu”, de esta forma, se consagra como una obra magnánima, tanto en forma como en contenido, en cuanto aporte a la reflexión histórica de nuestro continente, y, en ella, el avance en la construcción de una identidad común.

Conclusiones Como se ha argumentado, la música popular estudiada (Nueva Canción Chilena y Fusión Latinoamericana) puede ser considerada como un foco de producción artística que ha aportado considerablemente a la construcción de una identidad propia en América Latina, aportando, tanto desde el rescate de la memoria histórica, como desde la recuperación del componente indígena, del afrolatino, denunciando el imperialismo cultural de Estados Unidos y Europa, generando conciencia social a través de la crítica en sus canciones, y un largo etcétera que escapa, lamentablemente, a los márgenes posibles de nuestro estudio. Con esto, la música se ha probado a sí misma como un arma de enorme potencia para transmitir los valores de unidad y formación de identidad latinoamericana, teniendo, en su proyecto, la misión (implícita o explícita) de reemplazar la cultura hegemónica (que ignora o subvalora el aporte de lo propio en América Latina) por una nueva cultura que pretende realzar los elementos

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compartidos y que denotan una cierta unidad en lo sociocultural (incluso a veces en lo político). Una nueva camada de autores ha sabido retomar ese sendero en la actualidad, bajo el paraguas de la Nueva Trova. Por ello, Latinoamérica podría beneficiarse mucho si esa aventura tiene éxito, a través de la revaloración de lo propio, en el momento en que se hace más necesario que nunca conocer los trayectos de nuestro continente, tan olvidado en los tiempos neoliberales y globalizadores. Nuestros problemas, que no son nuevos, han sido vociferados por la música popular. Hoy en día escuchar ese grito puede aportar dando sentido a lo que nosotros mismos exigimos, y definir lo que queremos ser con base en lo que alguna vez fuimos.


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Karen Maricel Franco Bautista1

LOS C O LO R E S D E L A ME MORIA S E PIN TAN D E FÚ TB O L E N L A C I U DAD

Resumen El fútbol es generador de identidades que traspasan las barreras de su práctica, para convertirse en la pasión y emoción que moviliza hinchas en todo el mundo. Siendo el motor que agita banderas de los más diversos colores, se convierte en un constructor de memoria, el cual significa espacios y crea sentido de pertenencia en la ciudad. El azul y el rojo ondean para pintar cada rincón de Bogotá y llenarla de fútbol a través de encuentros y desencuentros, de sus hinchas y de sus barras, los cuales constituyen otra forma de vivir, pensar, sentir y rememorar a la capital. Palabras claves: memoria, ciudad, fútbol, barras de fútbol, identidad.

Abstract Soccer generates identities that trespass the barriers of its practice, which in turn become passion and emotion that moves fans across the world. Being the engine behind flags of the most diverse colors all over the world, soccer can become a memory builder that signifies spaces and creates a sense of belonging towards a city. Blue and red wave and paint every corner of Bogotá, and they fill the city with soccer through matches and mismatches from its fans and every team supporters, which in turns constitutes another way to live, think, feel and rememorize the capital city. Keywords: memory, city, football, soccer, bars identity.


Los espacios urbanos están construidos y recreados a partir de distintas formas de cemento, los cuales, solos, no significan nada; pero sus monumentos, pasadizos, paredes y calles guardan historias de quienes han hecho de la ciudad una construcción social infinita; estos hacen de Bogotá una superposición de espacios llenos de símbolos y significados que entretejen una cultura diversa, emocionante y llena de matices. De esa forma, la ciudad gris y de ladrillo, pasa a tomar tonalidades de acuerdo con el lugar desde donde se construyen las historias de quienes habitan en ella. Por ello, la memoria de esta ciudad está formada por hilos de colores, como el azul y el rojo, los cuales pintan la ciudad a través del fútbol, con su monumento por excelencia: el Estadio Nemesio Camacho El Campín; además de cada barrio, parque y rincón capitalino. Las Barras de fútbol y las hinchadas han construido sus significaciones del ser ciudadanos en la consolidación de sus identidades individuales y colectivas como grupos de socialización, quienes inician, generalmente, en las tradiciones familiares articuladas al gusto por el fútbol y/o por un equipo determinado. Ser hincha, y más aún, ser barrista, es un lugar de pugna desde el que también se ha construido ciudad, se ha edificado una de las múltiples formas de memoria urbana, se han erigido muchos de los jóvenes capitalinos, como actores que se comunican, representando una forma de identidad asociada con el fútbol, la cual muestra las realidades de una sociedad conflictiva, en la que la otredad no es posible y se vuelve indiferente e indolente, pero que, desde las mimas Barras, le apuesta a la transformación, enmarcadas en la pasión que les promueve los colores de sus equipos. La ciudad no puede ser relacionada solamente con la conformación y ubicación de espacio geográfico; debe reconocerse, igualmente, a partir del significado que le proporcionan quienes habitan en esta, socializando sus vivencias y contribuyendo a la construcción de lugares de la memoria, los cuales le dan sentido a la ciudad, ha-

ciendo visibles, así, la diversidad cultural y las distintas formas de apropiación y comunicación de ciudadanos y ciudadanas que construyen y transforman a Bogotá desde sus prácticas matutinas. Ante esto, la capital es el lugar de encuentro y desencuentro de muchas historias que la construyen, edificadas por las formaciones sociales que se han dado en estas; mientras que los lugares de la memoria podrían clasificarse a través de conjuntos de símbolos que evocan recuerdos llenos de emotividad, como lo son, por ejemplo, los colores de un equipo de fútbol que suscitan hechos e identidades que han surgido, producto de los mismos; en la ciudad, este es el caso de las barras de fútbol, con el azul y el rojo. Por tanto, es propósito del presente ensayo reconocerlas como constructoras de identidad a partir de sus particularidades, conflictividades y formas de vivir la ciudad, encontrando, en estas, lugares de la memoria que también hablan de una de las múltiples formas de vivir y recordar la urbe. Las barras de fútbol en Colombia, según Clavijo (2004), tienen tres características en común: a) son organizaciones juveniles seguidoras de equipos de fútbol generalmente locales; b) las formas de expresión de cada uno de estos grupos son similares, cambian en los símbolos y las ciudades, pero no para expresarse como barra brava y c) su manera privilegiada de expresión es por medio de la violencia física y simbólica. Siguiendo con el mismo autor, se puede entender que, en lo referente a los equipos de fútbol y sus encuentros deportivos, la competencia no se adhiere exclusivamente al deporte en sí, sino que, además, contiene unos sentidos sociales que lo trascienden. A partir de esto, se construyen unas prácticas y unas dinámicas sociales en el contexto de unas experiencias deportivas relacionadas con el fútbol, donde los triunfos (más exactamente la consecución de campeonatos) de los equipos van a crear una esencia simbólica, la cual legitima los sentimientos de identidad y territorialidad de las barras. Así, se crean patrones de comportamiento como el sentido de per-

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tenencia a un equipo de fútbol, a la ciudad, con lo que se define y enfatiza en la territorialidad, una específica forma de comunicarse y relacionarse con respecto a las otras barras, al equipo y a todo lo que los rodea. Desde la territorialidad, se evidencian factores como la jerarquización de la barra y las formas de expresión, los cuales, ante todo, buscan la defensa de las identidades. Esta territorialidad se puede observar, en primera instancia, en los estadios, donde el espacio que se ocupa por parte de la barra es el de las laterales del mismo y, a partir de aquí, se proyecta el territorio; concibiendo, entonces, la pertenencia a la ciudad, y a los espacios locales y barriales de esta, los cuales, por tanto, son apropiados, limitados y defendidos por los integrantes de la barra. La territorialidad no es solo una expresión de identidad de los barristas; esta significa mucho más la pertenencia a estas organizaciones y al actuar de los mismos integrantes. De acuerdo con Clavijo (2004), se tiene que la identidad se traduce en un sentimiento de pertenencia, lealtad, persistencia y resistencia (denominada por los barristas como aguante) concebida a partir del significado de sí mismo, con relación a la existencia de “otros” dentro del territorio social propio. De esta forma, conociendo las nociones de territorialidad e identidad, se habla de variantes con respecto a la existencia de las barras de fútbol en el país, dichas variantes corresponden a: primero, la pertenencia a estas por identidades personales y colectivas, concebidas en las perspectivas propias y la de los “otros”; segundo, la fabricación del ser, siendo parte de un grupo –por medio de las diferencias simbólicas y territoriales construidas en los imaginarios de la existencia del “otro” –; y tercero, la disputa en cada encuentro futbolístico –tanto de sus propiedades simbólicas como de su territorialidad e identidad–. La barra de fútbol se manifiesta como grupo, tiene unos símbolos propios, unas jerarquías y son reconocidos como grupo por la sociedad, el Estado y por

ellos mismos. Tienen, a través de la territorialidad y la identidad, una noción clara de pertenencia y de diferenciación con otros grupos, por lo que, en efecto, no solo funcionan como grupo social, sino que existen como grupo social [...] (Clavijo, 2004, p. 56). Así y después de determinar cómo es imaginada y construida la barra a partir de la territorialidad y la identidad, viendo en la violencia una razonable y cotidiana forma de ser y expresarse de la misma, cabe continuar evocando a Clavijo (2004) y entender que mucho de este actuar se legitima desde la sociedad en general: Mientras el periodismo, la policía, los vecinos, y los habitantes de la ciudad tengan la imagen de la barra brava como un grupo violento, les están asignando un reconocimiento social y un respeto basado en el temor […] pues se asume en éstas una capacidad imaginada de violencia […] (p. 54).

No obstante, la identidad tiene un origen más articulado con las primeras relaciones sociales que establecen los ciudadanos, donde la escuela y la familia juegan el papel fundamental de su conformación. Ante esto, Salcedo y Rivera (2007) dicen que el gusto por el equipo de fútbol se crea desde la familia y luego se reafirma en la escuela, la narración, como un conjunto de relatos que se pueden transmitir de generación en generación, de forma oral o escrita, juega un papel fundamental en este hecho; dado que es el medio por excelencia a través del cual se transmiten los gustos, las emociones y los sentimientos que despierta un deporte determinado como el fútbol; en esa medida, es una de las herramientas principales que evoca los recuerdos y participa en la construcción de memorias colectivas, asociadas con este deporte y sus vivencias en la ciudad. La cimentación de la identidad de un hincha hacia un equipo de fútbol se encuentra en la familia, en primer lugar, como un espacio privado socialmente construido y compartido; el cual, luego, en la escuela, se convierte


en un espacio colectivo, el cual le da, al hincha, herramientas de diferenciación y formas de lealtad hacia un equipo que lo lleva, posiblemente, a integrar grupos o barras con los que percibe afinidades. A partir de este cambio de socialización de afinidades deportivas, se comienzan a gestar sentimientos expresados a través de la rivalidad, por medio de encuentros verbales y físicos, cuyo objetivo funcional deviene en demostrar quién es mejor hincha. Paralelo a esto, los lazos construidos a partir de las socializaciones en la escuela, los cuales han permitido imaginar un grupo desde un sentido de pertenencia y simbologías comunes, trascienden el lugar del colegio y se trasladan a una apropiación del territorio urbano, desde los espacios compartidos, y la remembranza de memorias individuales y colectivas que llenan de significado los espacios cooptados, los cuales, entonces, van a determinar, en el territorio, lo propio y lo ajeno, las fronteras y lo prohibido. Las barras en la ciudad y, en general, en el país, no crean su territorialidad desde la nación sino desde el micro-territorio urbano, desde donde sus identidades locales van a crear, en el espacio público, una unidad de lucha por el territorio. Debido a esto, este lugar de lucha va a ser significado desde las marcas simbólicas que tiene, la cuales se traducen en los grafitis realizados por los hinchas de la barra para representar el territorio que poseen. Reconociendo los espacios de las barras de fútbol en la ciudad, así como la forma en la que estas viven y participan en la misma, es posible conocer que los conflictos en y entre las barras de fútbol son varios, y su diversidad es múltiple. Son tanto endógenos como exógenos, y se pueden categorizar: a nivel interno, con la división interna de las barras, la territorialidad, los diferentes intereses, la delincuencia, el consumo y la comercialización de estupefacientes y alcohol, y la problemática de mujer y género; a nivel externo, se reconocen los conflictos de las barras entre las barras,

la identificación de la juventud con relación a las barras de fútbol y la generación de patrones de violencia, la apropiación territorial de las barras de sus espacios inmediatos y de la ciudad (que entra en conflicto con las demás barras), y la incidencia de los dirigentes deportivos en las mismas. Con lo anterior, es claro que el fenómeno del conflicto en las Barras de fútbol no obedece simple y llanamente a violencia y no es un solo conflicto; es decir, existe una gran multiplicidad de conflictividades dentro y fuera de las barras, asociadas, en ocasiones, a expresiones de violencia que no tiene, en sí, nada de irracionales, sino que son prácticas realizadas por los mismos barristas desde la racionalidad implacable de saber que, por medio de estas, van a lograr conseguir elementos simbólicos y materiales que los posesionarán dentro de las barras que integran. Así, es posible entender referentes teóricos que motivan la investigación sobre la acción de las barras:

La violencia en el fútbol no es un hecho gratuito que tiene la presencia de unos irracionales que están del lado distante de la civilización y la sociedad, sino que por el contrario, es una cultura futbolística que posee una racionalidad implacable, en la que la violencia juega un papel nodal a partir de lógicas ordenadas por el principio de la posesión o no de un aguante. La violencia deja de ser una práctica esporádica en manos de bestias salvajes, para pasar a ser un capital simbólico, una práctica que se aplica y ejecuta sabiamente, aunque parezca mentira, en un agudo cálculo de costos y beneficios. Ser miembro de una hinchada no significa como se demuestra, la pertenencia a un grupo de delincuentes inadaptados; por el contrario, significa la integración de un colectivo perfectamente adaptado a la degradación de una sociedad que ha deteriorado sus modos de integración social (Garriga, 2007, p. 14).

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Hechos que no se han logrado visualizar y comprender en su totalidad, lo que, por tanto, ha producido la creación y la aplicación de soluciones pasajeras y no integrales, las cuales, realmente, logren la transformación de dichos sucesos en espacios de convivencia y de promoción de la fiesta del fútbol. Cabe reconocer, por ende, que las barras de fútbol son clara muestra del orden estructural, tanto del país como de la ciudad; sin embargo, aquí no hay que hablar de forma reducida, interpretándolas como vivo reflejo del conflicto social y político colombiano; hay que verlas en sus particularidades. Puesto que, en estas organizaciones, se va a establecer de manera rigurosa una racionalidad que traza cada movimiento con objetivos específicos. Es decir, la categoría de aguante, traducido en resistencia, ganancia y pérdida del capital violencia, es estratégicamente utilizada, tanto física como verbalmente, para conseguir fines de tipo simbólico y otros de tipo económico. Así pues, cuando se habla de lo simbólico, se reconoce el hecho de conseguir anhelos propiamente humanos, como el reconocimiento, el liderazgo, de ser patrones a seguir, y de mantener un espacio de mando (traducido en poder) y, un fin económico que representa los beneficios de poseer esas figuras simbólicas. Desde ese lugar o posición, es desde donde se hace evidente la necesidad y lo beneficioso del conflicto con las otras barras, las diferentes instituciones y la sociedad en general. Así también, hay que destacar la actuación de la barra, aquella que, como grupo, entendió las herramientas que le proporcionaron la fracturación de la sociedad y la del Estado. Es decir, conforman la barra desde el aprovechamiento (tal vez inconsciente) de la desestructuración de los núcleos familiares, los cuales han dejado el interés por los niños, adolescentes y jóvenes que los integran, en tanto su afán por sobrevivir, o su irresponsabilidad y desentendimiento de las capacidades valorativas y de formación que posee la institución familiar, en cuanto es el primer espacio de socialización y formación del ser humano. Estos integrantes, excluidos

de la familia, van en búsqueda de identidad e inclusión; mas, la escuela no les reconoce en su particularidad y los uniforma, así que también los excluye; por lo que, finalmente, con los amigos o con la barra se van a relacionar y van a sentirse parte de algo que les reconoce y les integra; aquí, la barra no solo lo aprovecha e incrementa en su masa, sino en sus clientes. Ahora bien, con la desestructuración del Estado, la violencia estructural y el conflicto del país, las barras entienden su aparente independencia de la sociedad, una sociedad que las excluyó por darles la categoría de irracionales e inmaduras; por consiguiente, encuentran como privado el uso de la violencia, antes perteneciente al monopolio legítimo del Estado, y, desde ese lugar, actúan para conseguir los bienes materiales y los intangibles que necesitan. Crean negocios rentables por medio de pequeños expendios de estupefacientes con alta demanda; aprovechan las dirigencias deportivas corruptas para la consecución de medios de transporte, entradas a los estadios, artículos deportivos, entre otros; finalmente, aprovechan las filas del clientelismo para la obtención de dinero, trapos, viajes, instrumentos y demás. Empero, aunque está presente en su actuar, las barras no son únicamente violencia; dentro de sus apropiaciones, configuran, de una forma diferente, el encuentro futbolístico; dan vida al espectáculo, lo llenan de color en cada fecha del campeonato y en cada rincón de la ciudad. Igualmente, en las barras es posible encontrar Culturas de Paz, relacionadas con la promoción de la fiesta del fútbol; campañas de beneficencia en localidades y colegios de la ciudad, y una tendiente creación de espacios que promueven la transformación de las mismas, asociadas, por ejemplo, con el surgimiento de fundaciones organizadas por grupos de barristas, hinchas e incluso familiares de ellas y ellos, promoviendo espacios de educación no formal, ubicación laboral, programas radiales, académicos, y logrando intervenciones eficaces, las cuales no acuden a la represión sino al ejercicio pedagógico Le apuestan a la transformación


de patrones de conductas relacionados con prácticas violentas, por el empoderamiento de las barras como organizaciones que vivan la fiesta del fútbol. En este punto, se hace necesario resaltar la importancia del surgimiento de alianzas entre las diferentes organizaciones y las instituciones distritales pertinentes, para lograr acuerdos de trabajo conjunto, con el objetivo de promover la sana convivencia en el marco de la fiesta del fútbol, sin eliminar al actor barrista, sino, más bien, reconociendo que, desde sus identidades, viven la ciudad, le dan sentido y son parte de su memoria. Las barras de fútbol son mucho más que violencia, como diariamente muchos intentan definirlas. Bien se expresó desde el principio de este ensayo que, de acuerdo con su estructura y sus prácticas, estas también hacen parte de los lugares donde la ciudad forma su memoria, pues los colores de los equipos capitalinos engalanan sus diferentes espacios cuando se trata de la fiesta del fútbol. Las barras no solo edifican su carnaval en su escenario por excelencia, el Estadio Nemesio Camacho El Campín, sino que aprovechan cada espacio de la ciudad porque quieres apropiarse e identificarse con la misma. Así pues, es posible ver la presencia de las barras en lugares representativos para la historia bogotana, como la plazoleta del Chorro de Quevedo, el santuario de Monserrate, el parque Simón Bolívar, el parque de los Periodistas, el parque Tercer Milenio y demás espacios de encuentro, que son significativos y en los que es posible encontrar la celebración de los cumpleaños de los equipos, de la fundación de Bogotá, el festejo de los campeonatos ganados, cuando inundan las calles por completo y permiten confirmar que el azul y el rojo también pintan de fútbol la memoria de la ciudad.

Dos recomendaciones Es de vital importancia que se creen observatorios de investigación desde los cuales emerjan conceptualizaciones referentes a las barras de fútbol de la ciudad y el país, para, con ello, establecer la forma de intervenir en la transformación de sus comportamientos conflictivos y violentos, de forma satisfactoria y no desde el “creer” saber qué sucede y “creer” saber lo que se debe hacer. Finalmente y no menos importante, hay que promover el adecuado uso de los significados correspondientes a las categorías de barra brava y barra de fútbol, ya que, la denominación ‘barra brava’ es una construcción mediática, designada a un grupo de “violentos irracionales”, término que, desde entonces y gracias al reconocimiento del mismo por parte de la opinión pública, ha sido utilizado para legitimar los patrones de conducta de integrantes de la barra y sus prácticas conflictivas, expresadas, entre otras cosas, por la negación de la existencia de los “otros”, eliminándolos de forma física y simbólica, degradando las formas de vida de la población joven que las integra, mientras se les niega la posibilidad de transformarse. En efecto, en un marco de construcción de formas investigativas y pedagógicas que transformen los conflictos y las violencias de las barras, se propone el uso de la categoría ‘barras de fútbol’. Esto no por la mera relación con el deporte ni porque suene mejor; sino por la referencia que hace hacia este, donde se les permite mostrar su capacidad de transformación y construcción como organizaciones, cuyo principio y fin es el mismo: el fútbol. Esto les proporcionaría mayor empoderamiento, permitiéndoles ser más productivas, con gran liderazgo; tener la habilidad para transformar los conflictos, crear espacios de sana convivencia donde se promueva la fiesta del fútbol, las culturas de paz, la participación, la vida en sociedad, el reconocimiento del otro como otro posible, además de la posibilidad de vivir su ciudad desde su particularidad de niño, adolescente, joven, hombre, mujer, estudiante, trabajador y, sobre todo, barrista.

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Pablo Vargas Rodríguez1

E L PA P E L D E L I N T E LE CT UAL: RE FLE XIÓN A PA RT I R D E U N A AN É CD OTA D OLOROSA

Resumen El presente trabajo pretende realizar una reflexión acerca del papel intelectual en el ámbito político. Para ello, se vale de una situación específica ocurrida en la Universidad Nacional de Colombia: la discusión del año 2016 acerca de un reconocimiento que quería otorgársele al señor Miguel Ángel Beltrán, exprofesor de la Facultad de Sociología. El modo de proceder es próximo a la crónica, narrando una serie de intervenciones de diferentes académicos sobre la situación, para luego generar reflexiones teniendo como referencia a Antonio Gramsci y Edward Said. Palabras Clave: Intelectuales, universidad, política.

Abstract The present text aims to reflect on the role of intellectuals in the political arena. To that end, it uses a specific situation occurred in the Universidad Nacional de Colombia: the debate in the year 2016 about an award that was to be granted to Mr. Miguel Ángel Beltrán, former professor from the Faculty of Sociology. The procedure in this text closely resembles a chronicle, narrating a series of interventions from different academics about the situation, to finally reflect with Antonio Gramsci and Edward Said as a point of reference. Keywords: Intellectuals, university, politics.


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Varios autores se han ocupado de la historia y función de los intelectuales en la sociedad, entre ellos encontramos personajes notables como Jacques Legoff, Antonio Gramsci, Norberto Bobbio, Jean-François Sirinelli, René Remond, Edward Said, entre otros; quienes han convertido al intelectual en todo un campo de teorización y reflexión permanente, en un ejercicio en el que el intelectual examina al intelectual, realizando, con ello, una meta-reflexión. Sin duda, en todos los anteriores autores podemos encontrar la idea de que el intelectual se vincula necesariamente con la vida pública y con ello con la política, por la misma dimensión de su quehacer; es decir, ser intelectual es ser un sujeto político activo, se desee o no tal condición. Más aún, el intelectual es, como reflexiona Gramsci (1982), aquel que aporta a la construcción ideológica directamente y al sistema de producción indirectamente (p. 19), no con el producto de sus manos sino con el resultado de su palabra escrita o pronunciada. En este orden de ideas, se evidencia una estrecha relación entre el trabajo intelectual y la vida política, no como militancia partidista en todos los casos, mas, sí por medio de la reflexión académica que toma como objeto del pensar las relaciones entre las personas en el marco de la vida pública. Por ende, el intelectual es, incluso, político por dos vías: por su condición de ciudadano y por su rol profesional. Esta importante vinculación entre el intelectual y la política atraviesa por tensiones permanentes, dado que parte del fenómeno mismo de la acción pública, la cual tienen que ver con adhesiones que pueden ser avaladas por un grupo social y reprochadas por otro, con un profundo compromiso con una apuesta política, o con un apartamiento de cualquier asunto público, sobre todo, en tiempos de conflicto. En cualquier caso, la postura de intelectual tiene un carácter político, incluso si este se proclama apolítico; es un destino al que no se puede renunciar, como bien lo retrata Jean Genet: “en el momento en que alguien publica un ensayo en una sociedad, significa que ingresó en la vida política, por tanto,

quien no quisiera ser político no debe escribir ensayos ni hablar públicamente” (citado por Said, 1994, p.111). Sobre esta condición política irrenunciable del intelectual es a la que quiero referirme en el presente trabajo, valiéndome de un hecho específico ocurrido en el mes de mayo de 2016 en una de las universidades colombianas más importantes, la Universidad Nacional de Colombia. El propósito es generar una reflexión acerca del papel del intelectual ante la sociedad, más específicamente, el papel del intelectual ante el intelectual mismo en la sociedad, es decir, pensar un poco en el modo en el que el intelectual se piensa cuando juzga al otro intelectual, pues, dada la condición profesional compartida, es una especie de sí mismo. Para ello, propongo dos momentos: el primero corresponde a una descripción sobre los hechos ocurridos, y el segundo, a una interpretación de estos hechos a la luz de dos autores, Said y Gramsci, quienes se han ocupado del intelectual como categoría de estudio.

Primer momento. Una descripción de lo sucedido Por un lado, el 18 de mayo de 2016, se emite una carta abierta sobre la distinción a Miguel Ángel Beltrán, profesor de la facultad de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia (UN), quien fue destituido por una situación judicial: su supuesta pertenencia y simpatía por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El comunicado se titula Objeciones a la distinción otorgada al doctor Miguel Ángel Beltrán por la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia: CARTA ABIERTA (Tognado et al., 18 de mayo de 2016). Por otro lado, en el marco de los 50 años de la Facultad de Ciencias Humanas (FCH) de la UN, se impulsó la idea de dar un reconocimiento a profesores pensionados y activos, también a egresados notables por su trayectoria académica y laboral, y su aporte a la Facultad y a la Universidad. Con este contexto presente, dicha carta,


como su título lo indica, se opone al reconocimiento del profesor Beltrán.1 El anterior comunicado causó bastante revuelo. Ante él surgieron posturas que criticaban su contenido, otras que lo apoyaban, también tuvo ecos en la prensa y en la radio nacional; se convirtió en un hecho que captó la atención de muchos ciudadanos. Por tanto, vale la pena reconstruir organizadamente la reacción generada y la postura de cada reacción

Críticas a la carta abierta El mismo 18 de mayo Rosembert Ariza, representante profesoral de la FCH de la UN, aclaró el tipo de reconocimiento hacia el profesor Beltrán: “Su reconocimiento fue en calidad de egresado y no de profesor activo, como consta en la Resolución 237 de Consejo de Facultad” (Ariza, 2016, web). Además, agrega que no comparte la forma descalificante a la que la carta refiere sobre el reconocimiento a profesores activos y pensionados, pues la convocatoria para postularlos fue abierta, transparente, participativa, democrática (Ariza, 2016, web). El 20 de mayo, la decanatura de la FCH, mediante correo electrónico, realizó algunas precisiones sobre el reconocimiento otorgado al profesor Beltrán. Entre ellas se destaca que hubo requisitos para las postulaciones, conocidos públicamente; además de que se escogió una comisión evaluadora. Respecto específicamente al reconocimiento al profesor en cuestión, se manifiesta que hubo un erro en un correo inicial, en el cual se presentaba un listado de reconocimiento en el que se incluyó al profesor Beltrán como docente activo. No obstante, solo fue un fallo de archivo, pues en la Resolución 237 la persona mencionada se incluía en el listado de egresados con reconocimiento, lo cual se aclaró a todas las unidades académicas. Por último, la 1. Debido a la extensión de la carta en mención, la misma no se reproduce aquí. Sin embargo puede consultarse en: http://bit.ly/2g4Nyxo.

decanatura realizó un llamado a la cordura, a obviar la descalificación, e invitó a unir esfuerzos académicos al interior de las Ciencias Sociales y Humanas (Sánchez & Cárdenas, 2016, web). El mismo 20 de mayo, la profesora Claudia Patricia Sierra de la FCH, comparte un texto titulado ¿En defensa de la academia? Allí, problematiza la formulación de “desconcierto frente al reconocimiento que recibe el doctor Miguel Ángel Beltrán como docente activo” (Sierra, 2016, web) plasmada en la carta, reiterando que el reconocimiento es por su condición de egresado, y, posteriormente, lanza un comentario crítico: “[…] por el segundo rol [se refiere al de docente], los colegas no deben preocuparse: no están ‘manchados’, ni ‘salpicados’, ni ‘comprometidos’, ni ‘cuestionados’. Al profesor Beltrán no se le reconoció como tal.” (Sierra, 2016, web). Seguido de ello, la profesora Sierra discute la aseveración de la carta acerca del “mensaje que la Facultad y la Universidad envía al resto de la sociedad colombiana” y el rechazo en la misma a la forma en la que se llegó al otorgamiento de los reconocimientos docentes. Cuestiona en ello la neutralidad, que no tiene la labor docente al ser política por naturaleza, así como cierto de grado de arrogancia y pretensión al considerar, implícitamente, que las postulaciones abiertas no son tan legítimas como las deliberaciones de claustros de docentes. Esto, para ella, sí es preocupante, por ser un mensaje que se da desde la FCH al país (Sierra, 2016, web). Este 20 de mayo, otro profesor de la FCH, Mario Bernardo Figueroa, se manifestó al respecto. Hace notar que la carta resulta ser un verdadero manifiesto político, ya que, en ella, no hay argumentos académicos para rechazar el reconocimiento al profesor Beltrán, sino argumentos políticos para ello: su destitución, a partir de la sanción de la procuraduría y la condena por un tribunal. Esto, para el profesor, resulta incluso irónico, pues la carta viene de aquellos que velan porque la academia no se mezcle con la política. Agrega, también, que el odio y la mezquindad del gesto de la carta es de tal magnitud,

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que no repararon en que la mención no fue por ser profesor activo sino egresado (Figueroa, 2016, web). El mismo día circuló una carta abierta de la representación estudiantil de Sociología de la FCH, donde indican, categóricamente, de entrada, que no tienen una posición neutral y, por tanto, no recogen las posiciones de todo el estudiantado. Acto seguido interpelan la “neutralidad valorativa” de la academia, y el relego de la importancia de la labor académica del profesor Beltrán, la cual deja una sensación de poca solidaridad por parte de sus “colegas”; por lo que Invitan a reconocer los problemas y a construir una FCH, y, por último, solicitan a la Decanatura aclarar el mecanismo mediante el cual se otorgaron los reconocimientos (Fajardo & Sánchez, 2016, web). Sumado a lo anterior, el profesor Ricardo Arcos, de la FCH, compartió su postura al expresa su desconcierto a lo que, en este punto, parece ser una crítica reiterada: el no tomar partido, que significa ponerse al lado “de una anomalía que la comunidad universitaria y los Defensores de Derechos Humanos, han denunciado frente al caso del profesor Beltrán” (Arcos-Palma, 2016, web). Él manifiesta su desacuerdo con la carta, por oponerse al reconocimiento de un intelectual que ha producido libros sobre el conflicto armado y destaca que

se sorprende por el “purismo anti político” en la academia, cuando, por el contrario, lo que debe defenderse en la universidad es su carácter crítico y político, así como la libertad de cátedra. Al tiempo que expresa el apoyo al reconocimiento del profesor Beltrán, porque es fundamental acompañar a un colega perseguido por el Estado colombiano (Jaramillo, 2016, web). El 31 de mayo, el profesor Juan Guillermo Gómez, compartió un mensaje titulado Sobre una penosa carta. Allí, recuerda que la labor de la inteligencia, al menos como un mandato político paradigmático, ha sido, desde hace siglos, la defensa de la dignidad humana y las libertades públicas, indicando, con ello, que el filósofo, entiéndase aquí intelectual o académico, sale en defensa, al modo de Voltaire, de un condenado por un tribunal de justicia pervertido. Por ello, para el profesor Gómez, la carta es todo lo contrario: volver a condenar al condenado, caerle al caído; cuestión que refleja que los firmantes de la carta están conformes con un sistema judicial profundamente cuestionado. Renunciar a dudar de un sistema judicial cuestionable es fomentar la intolerancia, razón por la cual se pregunta el profesor Gómez: ¿No tenemos derecho, por el contrario, ante esta visión violenta de la justicia, a cuestionar la justicia, a

En Argentina el Instituto Gino Germani de la Uni-

pensar en la injusticia de la justicia, o en quizá el er-

versidad de Buenos Aires le otorgó [al profesor Beltrán]

ror de la justicia, precisamente colombiana? Con una

un reconocimiento como “Director Honorario” de la

Corte Constitucional y un Ministerio Público que son

revista Cuadernos de Marte. Revista Latinoamericana

precisamente como son ¿no se podría clamar por una

de Sociología de la Guerra, al saber de la persecución

humana revisión del caso? (2016, web).

que comenzó en el 2009 (Arcos-Palma, 2016, web).

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Para terminar su comunicación, retoma las palabras de Foucault a propósito de Toni Negri, considerando que se pueden aplicar al profesor Beltrán “¿Acaso no está en la cárcel por ser un intelectual?” (Arcos-Palma, 2016, web). El 23 de mayo, nos encontramos con un nuevo mensaje, ahora de la profesora Alejandra Jaramillo de la FCH. Ella

El 4 de junio, el profesor ocasional Jorge Salcedo, de la Facultad de Derecho, presentó el artículo Miguel Ángel Beltrán: Homenaje a la paz; aquí, cuestiona la columna del profesor Duncan (la cual será mencionada líneas abajo) en la que se califica como “homenaje a las armas el acto de reconocimiento al profesor Beltrán”, estudioso de la etiología de la violencia revolucionaria


en Colombia. Para Salcedo, el profesor Beltrán ha sido homenajeado por ejercer su derecho a la paz, estudiando el conflicto armado que reemplazó la violencia partidista liberal-conservadora; por ello resulta falsa y peligrosa la acusación de “homenajear las armas” (Salcedo, 2016, web). El 6 de junio, el profesor Renán Vega Cantor, de la Universidad Pedagógica Nacional, compartió un texto titulado Infamia tras infamia en la Universidad Nacional, a propósito del rechazo a un reconocimiento académico a Miguel Ángel Beltrán. En este escrito, hay numerosas reflexiones en relación con la carta y lo sucedido a partir de ella; esto intento recogerlo a modo de síntesis. En un primer momento, el profesor Vega describe cómo fue el apresamiento del profesor Beltrán, catalogándolo como un secuestro, que no generó ningún rechazo por las autoridades académicas de la UN, al punto de acatar, pasivamente, su destitución, ordenada por la Procuraduría General de la Nación (Vega-Cantor, 2016, pp. 1-3). En segundo lugar se ocupa de la carta que, para él, resulta infame, indicando de ella que no tiene argumentos académicos pues no se confronta la producción intelectual del profesor Beltrán, antes bien, se ciñe a una aprobación de la “institucionalidad del Estado” acrítica, la cual pasa por alto lo terrorista y genocida del Estado colombiano (Vega-Cantor, 2016, p. 6). En tercer lugar, evidencia que los argumentos son esencialmente políticos, resaltando el modo en el que inicia la carta, anunciando que sus firmantes no están en contra de los procesos de paz2 y sí en favor de la defensa de la academia y de la FCH; además, insinuando, entre líneas, que el profesor no merece el reconocimiento porque usaba la academia para sus intereses políticos3 (Vega-Cantor, 2016, p. 8). En cuarto lugar, el profesor Vega cuestiona el elitismo

2. De hecho, para el profesor Vega, utilizan la paz como coartada (Vega-Cantor, 2016, p. 10). 3. Para el profesor Vega, esto es evidente en apartados de la carta como aquel que menciona que no es la primera vez que, en celebraciones académicas, se busca imponer legados de sociólogos inspirados en agendas políticas externas que nada tienen que ver con lo académico.

que promueve el criterio que mencionan los firmantes al sugerir restringir las postulaciones académicas a los claustros de profesores (Vega-Cantor, 2016, p. 9). El 16 de junio, un grupo de profesores y profesoras de la UN y de otras instituciones de educación superior del país realizaron una declaración firmada titulada A propósito de la Universidad Nacional en la construcción de paz (Columnistas Invitados, 2016). En ella, plantean la necesidad de debatir el papel de la Universidad en la sociedad y sitúan dos posturas en torno a la controversia generada por el reconocimiento al profesor Beltrán: por un lado, quienes estiman, como ciertos, los vínculos del profesor mencionado […] con la insurgencia y están de acuerdo con la destitución de la Procuraduría y su actual detención. Por otro lado, quienes identifican vicios en tal procedimiento, ven en el fallo del Procurador una amenaza contra la libertad de cátedra e investigación y esperan que el proceso jurídico esclarezca su situación jurídica. (Columnistas Invitados, 2016, p. 1).

Adscribiéndose los redactores de la declaración en la segunda posición. Adicionalmente, resaltan la aclaración de que el otorgamiento dado al profesor Beltrán se dio en calidad de egresado y no de profesor activo, reiteran la crítica a considerar la academia como incontaminada de la política y expresan su preocupación por el modo en el que los medios de comunicación han abordado el tema de una manera desenfocada y tendenciosa (Columnistas Invitados, 2016, p. 2). Para terminar, convocan al diálogo amplio entre integrantes de la comunidad académica de cara a la opinión pública y sin descalificación (Columnistas Invitados, 2016, p. 3). Por último, el 27 de junio, Mauricio Archila, profesor de la FCH, publicó, como columnista invitado en el diario El Espectador, una columna titulada Las universidades y el pos-acuerdo. Comenta la polémica generada a partir de la carta en la que, según él, se protesta por

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concederle a una persona acusada de rebelión y destituida por la Procuraduría una condecoración académica. La posición del profesor Archila es que se tienen dudas sobre el proceso judicial, y aun cuando está en prisión, él (el profesor Beltrán) no ha perdido sus derechos morales ni ha cesado su producción académica, que es lo que se reconoce. Finalmente, en la columna, se invita a pensar en la relación universidad y política en el marco de un pos conflicto nacional (Archila, 2016). Vale la pena notar que el profesor Archila es uno de los firmantes de la carta del 16 de junio.

Apoyos a la carta abierta El 20 de mayo, el portal web del observatorio de la Universidad colombiana publicó una nota al respecto. En ella, indica que la decanatura de la FCH de la UN […] decidió incluir el nombre del polémico y destituido profesor Miguel Ángel Beltrán (condenado por la justicia por vínculos con grupos de guerrilla), en la lista de docentes a ser reconocidos por su labor en la institución. A juicio de un grupo de profesores, la decisión del Decano legitima y ensalza la lucha armada y confunde la acción política con la docencia y la investigación, creándose el imaginario de que el mejor docente es el activista comprometido con alguna causa política. (“U. Nacional: Distinción a destituido profesor Miguel Ángel Beltrán causa polémica en otros docentes”, 2016, web)

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El mismo 20 de mayo, el profesor Sergio Bolaños publicó su reflexión personal, específicamente dirigida a lo pronunciado por el profesor R. Ariza. En esta, sostiene que el profesor rechaza la forma “descalificante” de la carta sin sustentar por qué es descalificante; a la vez, cuestiona que enfatice en el carácter personal o colectivo de las nominaciones más que el deliberativo,

el cual, según el profesor Bolaños, el profesor Ariza omite. Finaliza, indicando que la carta abierta apunta a un documento suscrito por la decanatura, donde se induce al error de considerar al profesor Beltrán como docente activo (Bolaños, 2016, web). El 26 de mayo, el profesor William Duica comparte un texto llamado A título personal; el cual inicia sosteniendo que, a su juicio, la carta abierta tiene dos elementos centrales por los cuales él se suscribió: cuestionar que se diera un reconocimiento académico como docente activo a una persona que no lo es y advertir que, al tramitar este tipo de acciones, los funcionarios pueden abrirle las puertas a uso partidista y proselitista de la academia. Sobre lo primero, menciona que la Decanatura de la FCH aclaró que se trató de un error cometido, y, sobre lo segundo, considera necesario convocar a un debate público acerca de si es deseable o no el uso proselitista de lo académico, pues, para él, no es deseable y, además, es distinto a considerar que la Universidad no se vincula con la realidad. Es decir, el profesor Duica hace notar que no es lo mismo que la Universidad tenga una relación estrecha con lo político a que se convierta en un lugar de proselitismo (Duica, 2016, web). El mismo 26 de mayo, el profesor Carlos Tognato publicó el artículo Las venas abiertas de una sociedad semi-abierta, en el portal web de opinión La Silla Vacía; cuya tesis es que los mecanismos de funcionamiento de la sociedad abierta están debilitados y, una muestra de ello, es lo ocurrido en la UN: la emisión de la carta, escrita, según el profesor Tognato, para cuestionar dos asuntos: a. presentar como docente activo a alguien que no lo es, lo cual daría una señal equivocada a la sociedad de que la UN pasa por alto al estado de derecho y b. el modo en el que se otorgan las distinciones sin pasar por las comunidades académicas, fue un detonante para que algunos académicos fueran tildados de “canallas”, “burros”, “ruines”, “elitistas”. Esto, de acuerdo con el autor, muestra lo difícil que es resistirse a la imposición de plataformas políticas e ideológicas específicas.


Más adelante, el 1 de junio, se publicó una columna de Gustavo Duncan denominada Homenaje a las armas. En ella, se comenta la polémica al interior de la UN; se menciona que el profesor Beltrán no es docente activo y que fue condenado por llevar a cabo funciones propias de una organización armada como, por ejemplo, reclutar estudiantes para las FARC, asunto no menor. Agrega que, como acto simbólico, la decanatura de la FCH emite un mensaje: considerar […] que sus profesores pueden ir más allá de pensar que la lucha armada ha tenido un alto sustento de legitimidad en Colombia, lo que sin duda haría parte de la libertad de cátedra, y combinar su trabajo docente con actividades de apoyo a la guerrilla (Duncan, 2016, web).

Junto a lo anterior, añade que el reconocimiento al profesor Beltrán pareciera estar fundado, exclusivamente, en su posición ideológica y el episodio de su detención. ¿Qué otra cosa puede deducirse si una rápida búsqueda por internet muestra que el impacto de su producción académica es intrascendente? Las citas de sus textos son pocas, y la mayoría remite a trabajos del nicho del mercado académico que ha sido bautizado por sus propios creadores como ‘pensamiento crítico”. (Duncan, 2016, web).

El columnista concluye señalando que “ojalá este episodio adquiera visibilidad para empezar a extinguir la idea, que aún prevalece entre un sector de la universidad pública, que estira el concepto de la autonomía y la libertad académica hasta la participación en la lucha armada.” (Duncan, 2016, web). Este mismo día, la revista SEMANA publicó el artículo Polémica en la U. Nacional por homenaje a profesor Miguel Beltrán, donde, nuevamente, narra el debate por el reconocimiento al profesor Beltrán, aun cuando fue destituido por la Procuraduría y la justicia lo condenó

por presuntos vínculos con las FARC, y cómo el caso se conoció por la columna de Gustavo Duncan. A su vez, sostiene que el debate incluso va más allá, pues hay docentes que consideran que el profesor Beltrán no debería ser reconocido tampoco como “ilustre egresado”; para presentar este punto, citan las palabras del profesor Fabián Sanabria de la FCH en entrevista con la revista: “en efecto, Miguel Ángel Beltrán, ni en su monografía de pregrado, ni en sus posgrados, ni siquiera en su doctorado hizo tesis sobre este tema, con excepción de descripciones sobre el ‘movimiento estudiantil y la sociología” (“Polémica en la U. Nacional por homenaje a profesor Miguel Beltrán”, 2016, web). La revista SEMANA, además, entrevistó al profesor Lisímaco Parra, de la FCH, el artículo es presentado con el título “Nadie sabe cómo llegó a estar Beltrán en ese homenaje”. En esta, el profesor Parra reitera su oposición al reconocimiento porque es, sin duda, un acto político y no son claros los criterios para las distinciones. Agrega que se ha creado “un ambiente en el que ahora todos somos Miguel Ángel. Pero la verdad es que no deberíamos hablar de todos porque somos una sociedad civilizada donde hay voluntades individuales […]” (“Nadie sabe cómo llegó a estar Beltrán en ese homenaje”, 2016, web), indicando que hay puntos de vista distintos; que ni siquiera están a favor de la Procuraduría pero sí dentro de los límites de la ley. De ahí el énfasis en la carta, con respecto a que se apoya la paz, para evitar la tendencia “a pensar que criticar la distinción a Beltrán puede ser un acto de intolerancia” (“Nadie sabe cómo llegó a estar Beltrán en ese homenaje”, 2016, web). Otro medio de comunicación nacional, Blu Radio, realizó la presentación del suceso, con el titular web Polémica por homenaje en U. Nacional a profesor condenado por vínculos con FARC, y donde se presenta un breve artículo acompañado de la grabación radial donde se habló al respecto. También hacen referencia al artículo de Gustavo Duncan y presentan al profesor Beltrán como alias “Jaime Cienfuegos”, condenado por

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reclutar a estudiantes para involucrarlos a la guerrilla de las FARC. En el artículo, se sostiene que, actualmente, está vigente “la sanción de la Procuraduría a 17 años de destitución e inhabilidad, aunque solo tuvo que pasar 2 años de cárcel porque un juez desechó los argumentos de la Fiscalía General de la Nación” (Redacción digital, 2016, web). Posteriormente, entrevistan al profesor Carlos Tognato, de la FCH, y a Ricardo Sánchez, decano de la misma Facultad. El primero de ellos, firmante de la carta, reitera su oposición al homenaje porque el profesor Beltrán está condenado y destituido; a lo que añade que no es suficiente, para tener una distinguida trayectoria investigativa, tener un doctorado y posdoctorado (esto en referencia a las dudas sobre el modo en el que se hicieron los reconocimientos). A su turno, el profesor Sánchez expresa que el reconocimiento al profesor Beltrán fue estrictamente académico y agrega que esta persona no ha perdido sus valores y derechos civiles aunque opere una condena. Cabe explicitar, aún más, que, en el cubrimiento de esta nota por parte de Blu Radio, se manifiesta una clara posición con respecto al profesor Beltrán: […] este señor miembro de las FARC va a recibir un homenaje en la UN, […] El Tiempo […] dice que este profesor no tiene ningún mérito académico, […] entonces no es un reconocimiento por hoja de vida académica, sino aquí hay claramente hay un mensaje de carácter político de la UN (Redacción digital, 2016, web).

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Por su parte, el día 3 de junio, el columnista Mauricio García Villegas publicó su columna llamada Academia capturada, en la que declara estar del lado de quienes ven con preocupación el reconocimiento al profesor Beltrán, esencialmente por dos argumentos: el primero es que a Beltrán no se le acusa por lo que piensa sino por hacer parte de un grupo insurgente, y, aunque hay asuntos probatorios debatibles, lo mejor es que la justicia decida acerca de la inocencia o culpabilidad de una

persona y no cada unidad académica según su simpatía política. El segundo argumento es que el homenaje al profesor Beltrán es una captura de la academia por parte de intereses políticos (García-Villegas, 2016, web). El 6 de junio, el profesor Jaime Arocha presentó una columna en el diario El Espectador titulada Yo sí firmé. Allí, referencia el lanzamiento de un libro del profesor Beltrán “Las FARC-EP (1950-2015): luchas de ira y esperanza” en diciembre de 2015, sin compartir la idea que la presentadora del evento da del libro, al decir que “los aportes fundamentales del volumen consiste en la genealogía de los procesos de democratización que ha construido la insurgencia armada” (Gamboa 2015 en Arocha, 2016, web); pues la insurgencia (las FARC) sabotea democratizaciones ajenas a su hegemonía. Comenta el profesor Arocha que esa ceremonia “no convocó a quienes repudiamos la tesis de que las balas paren democracias, como sí resultó forzándonoslo la conmemoración del aniversario 50 de la fundación de nuestra Facultad” (Gamboa 2015 en Arocha, 2016, web). Esta idealización de la violencia, según el profesor Arocha, ha tenido consecuencias nefastas e invita, retomando las palabras del profesor Tognato a la des-radicalización y a la despolarización del ámbito universitario para contribuir a los acuerdos de paz (Arocha, 2016, web). El 14 de junio, el profesor Fabián Sanabria, de la FCH, publica la columna Academia transicional en El Espectador; en esta, de nuevo, recuerda el episodio que generó la polémica (reconocer al profesor Beltrán como docente activo y el modo desconocido en que se evaluó la postulación), frente al cual el profesor Sanabria aclara: que la inconformidad no es contra la persona de Miguel Ángel Beltrán sino contra la actitud de camuflar intereses políticos e ideológicos en la academia, que le apuesta al proceso de paz actual; que ningún académico tiene por qué camuflar sus intereses ideológicos. Por lo que, plantea dos alternativas a la situación: si tras el último recurso de casación, que pronto se resolverá, el profesor Beltrán quedara absuelto, ha de pedirle perdón pública-


mente; si resultare culpable, le invitará a que se acoja a la justicia transicional4 (Sanabria, 2016, web). Lo anterior intenta ser una síntesis recopilatoria de fuentes que pretendió incluir la mayoría de las publicaciones realizadas y retratar las diferentes posturas. Desde luego, quedan otro par de referencias fuera, por razones de extensión y porque consideramos que alimentan las posturas aquí retratadas con algunas especificidades que es posible obviar5.

¿Quién es el profesor Miguel Ángel Beltrán? Antes de continuar con la reflexión sobre la situación ocurrida, es importante hacer una breve descripción acerca de quién es el profesor Beltrán, como antecedente y contexto de esta discusión. Miguel Ángel Beltrán estudió Sociología y Licenciatura en Ciencias Sociales, tiene maestría en Ciencias Sociales y otra en Historia, un Doctorado en Estudios Latinoamericanos y Posdoctorado en universidades de México y Argentina. Hacia 2009, era profesor de la FCH de la UN, realizando estudios de postdoctorado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Fue allí, cuando la Policía colombiana le acusó de ser “Jaime Cienfuegos”, un intelectual ideólogo de las FARC, mencionado en el computador del jefe guerrillero Raúl Reyes, hallado en la operación Fénix, agenciada por las Fuerzas Militares colombianas; ante lo cual, el profesor fue extraditado a Colombia6. 4. Un conjunto de medidas que se aplican para garantizar los derechos de las víctimas y de la sociedad, y lograr la transición de dictaduras a democracias o de conflictos armados o periodos de violencia a la consolidación de una paz estable y duradera. Para mayor información se puede consultar el enlace: http://bit.ly/2fKZ5pk 5. No obstante, cabe mencionar aquí, para el lector interesado, esas otras fuentes no incluidas: Pulzo (http://bit.ly/2yEKu2b); Kienyke (http://bit.ly/2yT1QJA). 6. Para algunos sectores académicos este acto fue un secuestro trans-

Dice Marta Ruiz, periodista de la revista SEMANA, que las pruebas que el gobierno colombiano tenía contra Beltrán fueron débiles: unas fotos tomadas en México en tiempos del Caguán en las que se veía al profesor conversando con miembros de las FARC, que él ha atribuido a investigaciones académicas, y los correos del supuesto ideólogo llamado Cienfuegos (Ruiz, 2014, web). También una memoria USB que el profesor tenía el día de su captura en la que, según la acusación, tenía textos relacionados con las FARC y archivos cifrados en el programa PGP de alta seguridad. Además de ideólogo, se le acusó de ser reclutador. “Los argumentos de la inteligencia, que tuvo finalmente que desestimar la Fiscalía, eran que el profesor organizaba congresos de sociología para convencer a los estudiantes de levantarse en armas” (Ruiz, 2014, web). Así pues, la Fiscalía no pudo probar que el profesor Beltrán era Cienfuegos7; sin embargo, la Procuraduría siguió el proceso disciplinario al profesor y lo destituyó e inhabilitó por 17 años para ejercer cargos públicos; la razón fue el utilizar las aulas como lugares de sospechoso proselitismo, lo cual para algunos es cierto y para otros hace parte de la libertad de cátedra. El fallo de la procuraduría, en sí mismo, resultó polémico, algunas voces de la UN consideraban la obligatoriedad de su acatamiento; otros pedían al rector que entablara una excepción de inconstitucionalidad para no aceptarlo. Entretanto, el profesor Beltrán niega que haya pertenecido a las FARC; que, en sus escritos, haga apología a esta organización, como lo señala el fallo de la Procuraduría; antes bien, son textos investigativos sobre el conflicto armado (“Yo no soy el profe de las FARC”, 2014, web). Sostiene que los textos de la memoria USB son públicos y hacen referencia a la muerte de Raúl Reyes. Su abogado agregó que no se hizo cadena de custodia de la USB para garantizar que no se alterara su contenido. También expresa que las fotos con Raúl Reyes son de fronterizo (Véase Las2orillas, http://bit.ly/2xTvGiQ) 7. Esto sucedió en 2011 y tras dos años en la cárcel.

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una entrevista realizada en los diálogos del Caguán para fortalecer sus investigaciones. El 22 de julio de 2011, el profesor Beltrán fue absuelto, en enero de 2014 fue destituido por la Procuraduría y el 31 de julio de 2015 fue detenido de nuevo. Hasta el día de hoy, se encuentra privado de la libertad.

Segundo m omento. Interpretación de los hechos: significado del intelectual Ahora retomemos el propósito del presente texto: reflexionar acerca del papel del intelectual ante el intelectual mismo. Luego del contexto precedente, es interesante preguntar por el significado de las dos posturas encarnadas por intelectuales. Ambas perspectivas son generadas por un tipo de intelectual específico: profesor de universidad pública, defensor de la democracia y la libertad, en favor de un proceso de paz, y sin embargo son contrarias8. ¿Qué tipo de intelectual encarnan los firmantes de la carta de objeción ante la situación del profesor Beltrán? Esta pregunta intenta ser respondida a partir de interrogantes específicos: ¿Quién es el profesor Beltrán? ¿Qué significa una trayectoria académica y laboral destacada que aporta a la Universidad? ¿Cómo se concibe la relación academia-política? ¿Cómo se asumen a sí mismos ante la polémica? ¿Cómo se entiende la forma de otorgamiento del reconocimiento?

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8. No está demás hacer la advertencia obvia de que, incluso aquellos académicos que comparten perspectiva en este hecho específico descrito, no piensan todos de la misma forma, así que cualquier forma de definir su comprensión como grupo está limitada al campo de la especulación, desde luego, especulación que se trata de argumentar.

Para los firmantes ¿Quién es el profesor Beltrán? Es un profesor destituido. Esto es, un sujeto diferente de ellos que, en la actualidad, carece de un vínculo laboral con la UN. No cumple la condición inicial para ser reconocido, la de docente activo. No obstante, este ‘quién es el profesor Beltrán’ comienza a tener otros tintes a medida que transcurre la discusión, pues las opiniones que se generaron a partir de ese “error” en el que se presentaba al profesor Beltrán como docente en lugar de egresado dieron lugar a dejar en evidencia qué actitud asumen sus colegas. Algunos ven, en el profesor Beltrán, alguien que confunde la acción política con la docencia y la investigación, creando el imaginario de que el mejor docente es el activista comprometido con alguna causa política. En esta aseveración hay algo curioso, y es que precisamente por lo mismo, para pensadores que han reflexionado sobre la función del intelectual como Said y Gramsci, es que tiene valor el papel del intelectual: porque tiene un compromiso, es apasionado por un tipo de lucha que considera justa, más allá de su condición de integrante de tal o cual nación. Así, p.e., tenemos, en Said, la figura del intelectual apasionado, cuyo objetivo es promover la libertad humana y el conocimiento (Said, 2000, p. 31). En Gramsci el compromiso del intelectual implica su vinculación con la clase social, claro, si se trata de un intelectual orgánico y no de un intelectual tradicional (en Said, 2000, p. 20). Para Gramsci es inseparable la relación dialéctica entre el intelectual y el mundo circundante, de manera que no es posible pensar la realidad sin gestar una acción sobre la misma (en Duriguetto, 2014, p. 267). Por eso, dicho sea de paso, es que Gramsci se acerca a una filosofía de la praxis y exalta la responsabilidad política que le asiste al intelectual. En suma, aquello que critican algunos del profesor Beltrán es justamente lo que para otros estudiosos lo convierte en un intelectual importante para la vida política y social.


Para los firmantes ¿Qué significa una trayectoria académica y laboral destacada que aporta a la Universidad? Para algunos de los firmantes, el profesor Beltrán, más allá de la confusión del reconocimiento como docente activo o egresado, no goza de una trayectoria destacada para ser homenajeado. Su obra, como señala Duncan (2016), es intrascendente y apunta a un nicho de mercado llamado “pensamiento crítico”. Es evidente el prejuicio con el que se lanza esta opinión, pues la “intrascendencia” está medida por el número de registros que un motor de búsqueda en internet determine, criterio bastante ligero para opinar acerca de la obra académica de una persona, como ya lo ha hecho notar el profesor Renán Vega en el artículo mencionado líneas arriba. Aquí, cabe preguntarse si la trascendencia de un intelectual tiene que ver, en exclusiva, con sus menciones en la vitrina de la virtualidad y no con la seriedad misma de su trabajo, también evidente en la riqueza de contenido de los libros; incluso, para el caso del profesor Beltrán, reflejada en su trabajo, ya en la cárcel, de defensor de los derechos de los reclusos, independiente de la posición política o militar que hayan jugado en el contexto del conflicto armado en Colombia (Véase Orozco-Tascón, 2014). En cuanto a que su obra ha tenido importancia únicamente en ese “nicho de mercado” crítico, un comentario de este talante dice mucho de quien lo emite; dado que se constituye como un argumento para restar importancia a la trayectoria académica de alguien, teniendo en cuenta que la crítica va más allá de un nicho de mercado, a no ser que se acepte que Kant, Adorno, Marcuse, entre otros sean reconocidos solo por ser grandes escritores de libros populares en la modernidad. Para otros firmantes, el trabajo del profesor Beltrán no se ha ocupado del conflicto armado. Tales apreciaciones, de modo similar a las realizadas por Duncan

(2016), carecen de argumentación suficiente, pues, por lo menos, la trayectoria académica pública del profesor Beltrán (“Hoja de vida de Miguel Ángel Beltrán Villegas”, s.f.) muestra que, en efecto, se ha ocupado de temas asociados al conflicto armado colombiano. No se encuentran, en las discusiones sobre el reconocimiento, referencias a lo académico o críticas rigurosas al contenido mismo de la producción académica del profesor Beltrán; solo comentarios aislados como los de dudar de los asuntos que han ocupado su investigación, o sugerencias sueltas, las cuales indican que las tesis del profesor Beltrán son una justificación de las balas, o que este lleva el estiramiento del concepto de libertad y autonomía hasta la lucha armada. Este último asunto sería muy interesante de analizar en profundidad; mas, tal parece que ninguno de los participantes de esta discusión tiene un dominio o conocimiento medianamente completo de la producción del profesor Beltrán. Por lo que, resulta incómodo y desesperanzador encontrar este tipo de comentarios descontextualizados en intervenciones de académicos. Otros agregan que, para la trayectoria académica reconocida, no es suficiente tener un posdoctorado; sin embargo, no es claro qué sería suficiente para una trayectoria reconocida. Nos vamos aproximando a un nivel de discusión implícito de difícil tratamiento, el cual parece indicar que el reconocimiento de una trayectoria académica va más allá de lo académico mismo e implica otro tipo de cuestiones como, tal vez, la relación con la justicia, la capacidad de distanciamiento de los asuntos sociopolíticos complicados. Esto es paradójico considerando que los firmantes abogan por una diferenciación entre las actividades académicas y las actividades políticas. Es decir, proponen un distanciamiento que, en sus propios juicios, no se logra (de lograrse se daría el reconocimiento al profesor Beltrán), lo cual nos conduce a la siguiente pregunta.

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Pa r a lo s f i r m a n t e s ¿ C uá l e s l a r e l ac i ó n aca d e m i a- p o l í t i ca? Creo que para los firmantes dicha relación resulta extraña: hay vinculación y a la vez no la hay. Hay vinculación en tanto, en la carta misma, se indica que el grupo de académicos está a favor de la paz, lo que es ya una clara aproximación de la academia con lo político en forma de compromiso; y no lo hay porque la carta aboga por una separación de ámbitos para que la academia no sea cooptada por los intereses político-ideológicos. Si lo político interfiere en lo académico, para los firmantes se “mina la institucionalidad de la universidad y del estado de derecho” (Tognado et al., 18 de mayo de 2016, párr. 8) y se instrumentaliza el sentido de la labor académica; de ahí que los profesores firmantes aboguen por apartarse de unas visiones particularistas y se aproximen a estándares comunes. La pregunta que surge es: ¿es posible establecer una academia sin visiones particularistas? ¿Si cuestionan visiones particularistas esto indica que hay una visión universal, neutra y correcta para todos? ¿Hay algún lugar, tan extremadamente teórico, que escape a la perspectiva política? Ese lugar imaginado de la neutralidad de la Universidad y los académicos que la componen no es posible, antes bien, el compromiso con algún horizonte de sentido es lo que constituye, en buena medida, la labor del intelectual. Atendiendo a una noción de intelectual como la anterior, la pregunta por la “agenda política externa que nada tiene que ver con lo académico” carece totalmente de sentido. Por supuesto, lo académico y lo político no son lo mismo; en términos generales, lo académico puede pertenecer al orden de lo teórico y lo político al práctico, niveles diferentes de la condición humana, pero conectados entre sí. Lo pensado, lo teorizado, lo sistematizado, desde la academia, para el caso de las Ciencias Humanas, especialmente, pierde su significado si no se expresa en la experiencia cotidiana de las

relaciones humanas. De ahí que resulte tan complicado sostener que el análisis social gestado desde la universidad no es político, es decir, asumir que no incida o no deba incidir en la forma de construcción de la sociedad contemporánea. No se trata de colonizar la academia con las agendas políticas particulares; eso es suponer que hubo un momento en el tiempo en el que la academia fue ajena a la vida política. Colonizar sugiere que una fuerza externa llegue, avasalladoramente, a imponerse sobre un lugar, y, en este caso, la política está en las entrañas de la academia. ¿De dónde han surgido las ideas libertarias de independencia? ¿De dónde la concepción del Estado moderno y las comprensiones sobre la justicia, incluyendo la actual justicia transicional? Colonizar no es la forma más precisa de entender la relación política y academia, como tampoco lo es buscar la asepsia de la Universidad con respecto a la política. No obstante, hay una precisión importante que uno de los firmantes realiza: no es lo mismo que la universidad tenga una relación estrecha con lo político a que esta se convierta en un lugar de proselitismo (Duica, 2016). Esta diferencia es fundamental en la postura que asumen los firmantes, pues, siendo precisos, al parecer, es a esta segunda acepción (la de proselitismo) la que atacan, y no la incidencia política en la academia en general. En consecuencia, por lo que la academia debe propender es por resistirse a la imposición de plataformas políticas e ideológicas y no al hecho de que los intelectuales se vinculen con el pensamiento y la acción política. Al respecto, si bien es plausible diferenciar lo político del proselitismo9, resulta difícil contar con un filtro capaz de permitir que uno afecte a la academia y el otro no. Esto porque las formas de relacionarnos entre hombres y mujeres en el espacio de lo público no

9. El primero se refiere a la esfera de lo público donde los hombres muestran quienes son y actúan libremente para relacionarse con otros (en sentido arendtiano), y el segundo ubicado, sobre todo, en la propaganda en defensa de una u otra forma de ejercicio del poder.


están exentas de alguna ideología que le otorgue un nivel simbólico a la acción concreta. Es decir, en cierto sentido, cualquier comprensión que se haga de lo público, las formas de gobierno, la manera de resolver un conflicto social no son ajenas a construcciones ideológicas sobre la realidad. En coherencia con ello, la labor del intelectual es una combinación de realismo e idealismo (Said, 2000, p. 76).

a.

Que efectivamente tengan razón los firmantes al denunciar la pérdida de todo tipo de matices en la situación del profesor Beltrán, y lo que ellos desean presentar se constituya en un punto de vista en medio de la legalidad, en el sentido de la aceptación de un fallo estatal, sin por ello desconocer los límites y vicios que puede tener el aparato judicial, el cual solicita claridad en el reconocimiento a un hombre que no es profesor

Para los firmantes ¿Cómo se asumen a sí mismos ante la polémica?

activo y, a la vez, es presunto asociado a las FARC. b.

Que, en casos como estos, los matices se contemplen; no obstante, esto no exime de tomar una postura clara

El grupo de firmantes, al intentar denunciar la politización de la academia, según ellos mismos, han sufrido el calificativo de “canallas” por parte de las posturas radicales, las cuales consideran que poner en cuestión ideas como “todos somos Miguel Ángel Beltrán”, es estar en contra del profesor Beltrán y en favor de las acusaciones y sanción proferida a él. No es cierto, para este punto de vista, que todos seamos Miguel Ángel, porque, como ha señalado Lisímaco Parra, tenemos voluntades individuales en un sociedad moderna; por lo que, esta homogenización de opiniones podría generar una pérdida de la pluralidad del pensar. En este aspecto, los firmantes tienen razón en evidenciar la polarización que la discusión ha ocasionado, degenerando las posturas, a propósito de la situación, a una oposición simplista, en términos de “amigo o enemigo” del profesor Beltrán. Por eso, el énfasis de la carta en expresar apoyo al proceso de paz, pues varios firmantes no están de acuerdo con la decisión de la Procuraduría. Los firmantes, entonces, se asumen a sí mismos como víctimas del discurso radical, el cual no admite matices en los que estar en contra de un asunto, como el reconocimiento a un profesor, no es estar a favor de la sanción de la Procuraduría o en contra del proceso de paz. Este asunto es bastante difícil de discernir, dado que, al respecto, se presentan dos posibilidades:

frente a la situación, pues se trata de un intelectual que ha sido privado de la libertad y a quien se le ha quitado el derecho al trabajo; un caso que exige, digamos, éticamente, pronunciarse acerca de los probables atropellos que ha sufrido el profesor Beltrán. Un hecho que requeriría, con todas las precauciones, contingencias y dudas, asumir una postura en favor del intelectual, y en contra de los procedimientos legales, empañados por la duda que la historia misma ha mostrado, o en favor de una justicia estatal a la que se cree con convicción y se le tributa obediencia. Claro, esta exigencia no es epistemológica ni surge por la condición de ser profesor universitario; es, tal vez, una reclamación ética al intelectual por la solidaridad con sus colegas y con la verdad de los procedimientos. Por ello, en esta segunda postura, no bastaría decir “dado que no conozco toda la filigrana en el proceso ante la ley del profesor Beltrán me declaro neutro”, antes bien, se reclamaría la astucia del intelectual por explorar, en la profundidad, la posible la situación.

Retomando el planteamiento de Said: nada es más reprensible que ciertos hábitos del pensamiento del intelectual, los cuales inducen a la abstención (Said, 2000, p. 102). En últimas, se trata es de asumir un compromiso con algo, dejando de lado la creencia en la asepsia de la universidad, por más limitado y cambiante que pueda ser este;

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“es pensar cuidadosamente las alternativas, escoger la cierta y entonces representarla de manera inteligente, donde pueda hacer el mayor bien y causar el cambio correcto” (Said, 2000, p. 104). En síntesis, los firmantes hacen un llamado necesario y legítimo a no ser discriminados o descalificados por asumir una postura distinta a la de otra parte de la comunidad académica; sin embargo, la postura que debe ser respetada a ellos es difícil que sea la neutra, ya que, en este caso, el intelectual tiene más que decir que declararse en un cómodo punto medio. Se respeta profundamente el derecho a disentir sin ser estigmatizados; pero, qué difícil es no reclamar un posicionamiento ante asuntos de carácter ético y político que vinculan la Universidad, como el del profesor Beltrán. En este caso, se cuestiona la idea de que no estar de acuerdo, no sea no estar en contra. Creo que aquí es propicia aquella distinción de Gramsci sobre los intelectuales que sirven a la tradición y a los orgánicos. Un intelectual tradicional estaría con la clase dominante, mientras que un intelectual orgánico, se vincularía con un proyecto emancipador de las clases subalternas (Duriguetto, 2014, p. 292). Entonces, en el ámbito político, la neutralidad se asemejaría más a la defensa del status quo que a la imparcialidad, y los intelectuales firmantes podrían ser más próximos a los tradicionales que a los orgánicos. Con lo anterior, no se pretende decir que los intelectuales universitarios tomen partido y “administren” la justicia por su propia mano, ignorando las decisiones legales. En esto, repara uno de los defensores de la carta, al decir que la justicia sobre este asunto no puede ser ejercida por cada unidad académica de acuerdo con sus convicciones. Por supuesto que no se trata de actuar como si se fuese la ley; pero, en el campo de trabajo del intelectual, sí pueden gestarse reflexiones, revisiones y críticas que aporten al mejoramiento de la justicia de modo mediato. Más aún, el intelectual que conoce los mecanismos legales puede valerse de ellos para exigir

una revisión más cuidadosa de alguna sanción; aunque no le concierne administrar justicia, le corresponde fortalecerla, así esto implique denunciar sus equivocaciones. Como señalaron, en su momento, algunos profesores de la UN al Rector, quien acató la destitución del profesor Beltrán: era posible acudir a una figura dentro de la ley para no aceptar el fallo de la Procuraduría. En este orden de ideas, adquiere cada vez más fuerza la imposibilidad de la neutralidad, a la vez que aumenta la sospecha de que si bien no todos somos Miguel Ángel Beltrán, ya se estaba presumiendo su culpabilidad.

Para los firmantes ¿Cómo se entiende la forma de otorgamiento del reconocimiento? La forma en que se otorgaron los reconocimientos académicos fue cuestionada por los firmantes. El argumento principal es que se procedió por nominaciones personales y colectivas, no con deliberaciones de claustros docentes, más adecuados para reconocer los legados importantes. Se deduce que lo deliberativo es diferente a lo personal y lo colectivo, los cuales pueden camuflar intereses políticos e ideológicos. De nuevo Gramsci (1982) puede resultar de ayuda para interpretar esta actitud. Según este filósofo italiano, todos los hombres son intelectuales, solo que su función en el sistema productivo no permite que todos ejerzan como tales. De manera que, potencialmente, cada persona puede ser un pensador, un filósofo, un intelectual. Esta idea gramsciana es una propuesta interesante, porque puede evitar establecer una tajante diferencia entre los ciudadanos que piensan y los que hacen; es una reivindicación de la capacidad de reflexionar como facultad humana. Acorde con Gramsci (1982) surgen dudas acerca de si puede haber alguna diferencia entre la deliberación de un grupo de intelectuales, como un claustro de profesores, y la efectuada por personas particulares


o colectividades, pues el ejercicio intelectual es algo que pertenece a todos ellos. No estamos equiparando el nivel de formación académica, el cual puede variar en uno y otro grupo, sino reconociendo que la deliberación de una colectividad puede ser tan argumentada y estimulante como la de un grupo de profesores. Los firmantes afirman que las nominaciones de la academia son más adecuadas que otras para las nominaciones. Esto nos conduce a preguntas que ya se han realizado como ¿cuál es el tipo de aporte que hace un intelectual que solo pueden reconocer sus pares? ¿Es esto un aporte significativo? Y a otras cuestiones como ¿hay algún tipo de soberbia académica subyacente que lleva a clasificar las opiniones de los intelectuales como adecuados y las de otros grupos como inadecuadas? ¿Si no es condición un doctorado o posdoctorado para tener una trayectoria académica destacada, si lo es para deliberar adecuadamente? Una vez más, parece que los firmantes creen en un tipo de intelectual puro, capaz de detectar si hay intereses políticos e ideológicos camuflados en las opiniones de los demás, con la autoridad que les otorga su imparcialidad y su capacidad para la objetividad de los hechos sociales. Ahora bien, luego de intentar desglosar la comprensión del intelectual por parte de los intelectuales firmantes y los defensores de esta postura, notamos qué significa ser intelectual en esta línea. Resumiendo un poco, ser intelectual es promover (no encontrar) un punto más allá de los particularismos y de las inclinaciones políticas, desde el cual se juzguen los hechos; una actitud que termina pareciéndose mucho a la defensa del sistema de gobierno vigente (status quo), y, en consecuencia, a la aprobación de la condena de una persona sobre la cual parecen recaer serias irregularidades en su sanción. Insisto en que esta figura es muy próxima a la del intelectual tradicional descrita por Gramsci (1982). En cuanto al grupo de intelectuales que criticaron la carta inicial, también es interesante preguntarse lo mismo:

Para los no firmantes ¿Quién es el profesor Beltrán? Para los críticos del comunicado, el profesor Beltrán es un intelectual, que tiene una producción académica notoria y que le apuesta a la paz de la nación, a partir de su intento por comprender el conflicto armado reciente. Además, con la expresión “todos somos Miguel Ángel Beltrán” se hace referencia a que se puede compartir el destino común de intelectual y de víctima de un montaje judicial que trasforme a un profesor en ideólogo de un grupo al margen de la ley; un montaje en el que puede caer cualquiera que represente una postura distinta a la de quien ostenta el poder. El profesor Beltrán, para este grupo de personas, es un otro en el que se reconocen, es decir, con el que comparten el rol del intelectual e, incluso, el de perseguido político. No es un hombre en abstracto que “solo” lleva dos años privado de su libertad, como si fuese poca cosa; es una persona a la que no se le ha realizado un debido proceso y a la que varios de sus ex-colegas en la UN presumen culpable. El profesor Beltrán es un hombre que es privado de su libertad por ejercerla.

Para los no firmantes ¿Qué significa una trayectoria académica y laboral destacada que aporta a la universidad? Para algunos críticos de la carta, es cuestionable la descalificación al reconocimiento del profesor Beltrán. Para ellos, como para la Decanatura de la FCH, es un reconocimiento estrictamente académico, ajeno a cualquier intencionalidad “ideológica”. Eso es lo que significa una trayectoria destacada, un trabajo académico reconocido. No obstante, tanto críticos como algunos simpatizantes del reconocimiento caen en un mismo error: no se refieren a la obra del profesor Beltrán con algún nivel de

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detalle, el cual que se encuentre más allá de mencionar los títulos de los libros que ha publicado. Por esto mismo, es que no hay argumento para restar importancia a la obra del profesor Beltrán, como irresponsablemente lo hace Duncan o el profesor Sanabria, ni de exaltarla como sugieren algunos defensores. Si se trata de defender o atacar la producción académica de alguien, sin duda, se requieren argumentos sólidos que, en la discusión rastreada, no se evidencian. De ahí que el significado de lo que es la trayectoria académica destacada resulte todavía confuso. El mejor homenaje que puede recibir el profesor Beltrán es que leamos su obra y la debatamos, apoyemos o rebatamos, porque eso es tomarlo con toda la altura académica. En palabras de Said, “la solidaridad es ingenua si no está acompañada de la crítica” (Said, 2000, p. 43). Parece que algunos de los defensores del reconocimiento caen en el mismo juego iluso que propusieron los redactores de la carta: ubicar una diferencia tácita entre lo político y lo académico, al decir que el reconocimiento es estrictamente académico. Podría ser interesante decir abiertamente que el homenaje a un intelectual, p.e. el profesor Beltrán, no se realiza solo por sus libros; también porque encarna el padecimiento de un académico que se le asocia, aún sin pruebas contundentes, a un grupo al margen de la ley. Una trayectoria destacada, también puede ser la de un intelectual que necesita ser rodeado de apoyo por sus pares, la Universidad, y los investigadores sociales en general, porque su pensamiento le ha puesto en un lugar de potencial peligro. Es decir, ¿por qué aclarar que el reconocimiento es estrictamente académico? ¿Por qué no decir que se le reconoce también por la difícil situación que atraviesa? ¿Acaso esto no es parte de la importancia de un intelectual, cuya obra adquiere valor, también, por la persecución que se hace a la misma?

Para los no firmantes ¿Cómo se concibe la relación academia-política? Pese a que en las respuestas de algunos críticos de la carta se intenta, por momentos, desvincular lo académico de lo político, como se viene comentando, aquí, en general, la relación academia-política es estrecha y explícita, al punto de cuestionar la pretensión de neutralidad. De hecho, los críticos de la carta abierta identifican, en ella, un verdadero manifiesto político en el que no hay argumentos académicos, en el que es cuestionable que aprueben las acciones de un tribunal de justicia pervertido, en lugar de defender primero la dignidad y la libertad humana. Esta postura no pasa sin polémica, pues, puede preguntar uno de los defensores de la carta: ¿Podemos juzgar la justicia? La respuesta es que los intelectuales no solo pueden juzgar la justicia, en el sentido de estudiarla y repensarla, sino que su rol es acorde a ello, al punto de, como se mencionó, cuestionar el acatamiento de un fallo. Todo ello muestra que la relación política-academia es muy estrecha desde el punto de vista de los defensores del reconocimiento al profesor Beltrán. Como propone Edward Shils: “los intelectuales se sitúan contra las normas vigentes y los símbolos generales” (en Said, 2000, pp. 46- 47). Los intelectuales, siguiendo con Said, son quienes dicen la verdad al poder enfrentándose a este (2000, p. 99). Aquí, encontraríamos a aquellos intelectuales que se arriesgan a poner, en tela de juicio, incluso algo tan delicado como la decisión de la Procuraduría acerca de la vida profesional de un intelectual. Sin embargo, hay otro tipo de intelectuales, aquellos próximos de la formulación de políticas, quienes tienden a vigilar a los individuos que no se someten profesionalmente (Said, 2000, p. 90). ¿Dentro de estos últimos se encontrarán los firmantes de la carta?


Para los no firmantes ¿Cómo se asumen a sí mismos ante la polémica? Creo que ya resulta explícito: ser el profesor Beltrán. Alguien que sufre un agravio por cuestionarse su reconocimiento y, sobre todo, por las circunstancias de sanción y privación de la libertad que este momento afectan su vida. Se asumen solidarios con un intelectual que está en la cárcel por ser intelectual, retomando las palabras de Foucault mencionadas en el texto del profesor Ricardo Arcos Palma (2016).

Para los no firmantes ¿Cómo se entiende la forma de otorgamiento del reconocimiento? Se entiende como legítima al provenir de la abierta postulación de personas, docentes y egresadas, al reconocimiento. En consecuencia, es evidente la crítica a la intención de establecer postulaciones solo a partir de claustros docentes, la cual tiene que ver, como se ha mencionado, con una suposición de que el intelectual es un rol que juegan, únicamente, los que ejercen este oficio en la sociedad. Por ende, la tarea del intelectual consiste, mejor, en universalizar de forma explícita los conflictos y las crisis, y asociar esa experiencia al sufrimiento de otros (Said, 2000, p. 53); no ensalzar su punto de vista y hacerlo parecer como el más pertinente. De acuerdo a lo anterior, el tipo de intelectual que parece encarnarse en los opositores a la carta y defensores del profesor Beltrán es el de un intelectual comprometido con la transformación social, por lo menos, en lo relacionado con los asuntos de la justicia y la participación de la academia en la política. Un intelectual comprometido hasta el punto de desafiar la forma en la que está organizada la realidad, al cuestionar, en este caso concreto, un fallo de la ley y una postura neutra de los académicos.

A modo de cierre Lo que se intentó hacer en el presente trabajo fue mostrar la comprensión del intelectual a partir de dos perspectivas asumidas sobre un hecho específico que generó polémica: el reconocimiento del profesor Miguel Ángel Beltrán como egresado ilustre, en el marco de los 50 años de la FCH de la UN de Colombia. Para ello, se reconstruyeron las diferentes posturas al respecto y se interpretaron, esperando, con ello, encontrar algunos juicios sobre lo que significa un intelectual para los profesores de la UN asociados a la polémica generada. Como indica Bobbio: “Cuando los intelectuales hablan de los intelectuales están hablando, en realidad, de sí mismos, incluso por una curiosa duplicación de la personalidad acaban por hablar de la propia contraria, como si a ella no perteneciesen (Bobbio, 1997, p. 8).

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Edward Fabián Ovalle Clavijo1

GRAFITI: MEMORIA EN LA UNIVERSIDAD NACIONAL

Resumen En el presente escrito, se busca rescatar la memoria que guardan las paredes de la Universidad Nacional de Colombia; particularmente, se analizará y describirá el grafiti del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia (MB), un grupo político amplio y clandestino, que se presenta en la Universidad Nacional de Colombia por medio del grafiti y el tropel, aunque también tiene distintas expresiones en juntas de acción comunal, sindicatos, y otras formas organizativas a lo largo del territorio colombiano. Así pues, el artículo intenta retratar el fenómeno del grafiti y observar la propuesta política del MB en el marco de la historia política del país.

Abstract This writing wants to rescue the memory keep in the Universidad Nacional de Colombia walls; particularly, the graffiti of “Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia (MB)” will be analyzed and described. MB is a political group wide and clandestine that is presented at Universidad Nacional de Colombia through graffiti and “tropel”, but the group has other expressions on community action board, labor union, and other organizational ways throughout Colombian territory. Thus, the article tries to portray the phenomenon of graffiti, and to observe the political proposal of the MB within the framework of Colombian political history.

Palabras clave: Grafiti, memoria, Movimiento Bolivariano

Keywords: Graffiti, memory, “Movimiento Bolivariano

por la Nueva Colombia.

por la Nueva Colombia”.

1. Candidato a Magister en Comunicación-educación y cultura política, Lic. en Educación Básica con énfasis en Ciencias Sociales de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, y estudiante de Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia. Correo: efovallec@unal.edu.co; fabianovalle93@gmail.com


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Presentación Es preciso destacar que este texto surgió del proceso investigativo que se llevó a cabo en la maestría en comunicación-educación de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas; así pues, el escrito que se expone a continuación es fruto de la investigación “izquierda clandestina en Colombia: Análisis del grafiti del Movimiento Bolivariano en la Universidad Nacional”. Dicha investigación se caracterizó por desarrollar un ámbito estético-comunicativo a partir de la recopilación de algunos grafitis del Movimiento Bolivariano (MB), con el ánimo de analizar su discurso (contenido) y su puesta en escena (forma). Así mismo, se realizó una revisión bibliográfica, la cual involucró los elementos que sirven de marco histórico referencial, para poder analizar los grafitis del MB. Cabe decir que los elementos que sirven de contexto histórico-político son, (1) la democracia en Colombia en el contexto de los años 60 y el auge de la conformación de los grupos alzados en armas; (2) el frente nacional y los problemas estructurales legados a la democracia; y (3) la constitución de las FARC-EP y su relación con la fundación del Movimiento Bolivariano, como un movimiento político amplio y clandestino de izquierda, a favor de la constitución de un nuevo régimen democrático. En este orden de ideas, en las páginas siguientes, el lector encontrará dos ámbitos (estético-comunicativo e histórico-político), los cuales se integran para poder describir el panorama del Movimiento Bolivariano, tanto en el marco de la historia política de Colombia, como en el contexto de la Universidad Nacional-sede Bogotá.

Introducción

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Han pasado más de 30 años desde que Armando Silva escribió Una ciudad imaginada (1986), un libro que, sin lugar a dudas, indicó un punto de partida para poder hacer un análisis teórico y académico del grafiti. Ahora

bien, en aquel libro, una de las cosas que Silva mostraba, era un tipo de grafiti muy cotidiano en el contexto de la Universidad Nacional de Colombia, a saber, el grafiti político; un tipo de mensaje que correspondía al momento histórico en donde el movimiento estudiantil estaba comprometido con la militancia y, por ende, afloraban los mensajes beligerantes a lo largo del campus. No obstante, entre 1986 y el 2017, el contexto político colombiano ha variado mucho, y las paredes de la Universidad Nacional son reflejo de ello; ya no hay pintas del Ejército popular de liberación (E.P.L.) ni de la autodefensa obrera (A.D.O), ni del M-19; más bien, los grafitis con tinte beligerante que aun brotan en el campus universitario provienen del Movimiento Bolivariano (MB) o del Ejército de Liberación Nacional (ELN). Así mismo, si bien es cierto que aún hay grupos al margen de la ley que se expresan en el campus universitario, hay que observar que los mensajes tienen otras características: en 1986, la muestra de grafitis políticos de partido, recopilada por Silva, expone ideas en torno a la revolución a partir del fúsil, el combate para lograr la paz y, en general, del apoyo a la lucha armada; sin embargo, en el contexto actual, los mensajes del Movimiento Bolivariano giran en torno a la idea de paz con justicia social, impulsando el diálogo como forma de lucha. Una vez que he aclarado el panorama general del documento es válido enunciar que, además de la búsqueda bibliográfica y del registro fotográfico de los grafitis del MB, también utilicé una entrevista que realicé a “José Marcos Guerrero”, militante del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia. Lo anterior en relación con que estas fuentes eran cruciales para poder observar qué representan los grafitis del movimiento bolivariano en el contexto de la Universidad Nacional de Colombia, teniendo en cuenta el proceso histórico de la democracia de este país. Luego, para poder contestar qué representan los grafitis del MB en la Universidad Nacional, será vital revisar qué es un grafiti en el sentido que aquí se propone, es decir, grafiti como figuración o representación


de lo prohibido. Se trata de observar ¿por qué es prohibido?, ¿por qué hay grupos excluidos del escenario político legal, quienes deben manifestarse por medio del grafiti (clandestinamente), para poder expresar sus ideas?, ¿acaso no hay medios para expresar las ideas que se exponen allí?, ¿qué tipo de ideas se exponen en el grafiti, para que solo puedan ser representadas en el anonimato?, ¿qué sentido tiene expresar en la clandestinidad cuando la legalidad ofrece escenarios públicos para ello? Lo anterior, debido a que se supone que, en el marco de un régimen democrático, existen mecanismos de participación ciudadana incluyentes para el conjunto general de la población; pero, la realidad parece cuestionar esa idea, pues, ¿qué sentido tiene proponer un movimiento amplio y clandestino como el MB, si la democracia participativa Colombiana es, como se supone, el régimen ideal para cualquier propuesta política? Teniendo en cuenta los interrogantes que atraviesan el desarrollo de este documento, es válido aclarar algunos términos antes de comenzar. Así pues, a lo largo de “ciudad imaginada (1986)” Silva deja ver que el grafiti es una forma comunicativa visual, marginal, anónima, en ocasiones colectiva, y con múltiples transformaciones estructurales, según su contexto socio-cultural; además de ello, el grafiti que aquí se retratará tiene un origen en la revolución cultural de mayo del 68, pues es, allí, donde los mensajes anónimos, plasmados en las paredes de la ciudad, cobran una connotación macro-social. En este sentido, el grafiti a investigar es un fenómeno cualificado porque no cualquier mensaje se constituye como grafiti, sino que este requiere de unas valencias (clandestinidad, crítica, etc.) para ello. Dicho de otro modo, el grafiti es una forma de comunicación urbana que se configura, desde mayo del 68, como una expresión cultural prohibida, y que surge desde la clandestinidad por la naturaleza transgresora que comporta, o sea, básicamente, se habla de una manifestación comunicativa subversiva, que comporta una imagen propia de su contexto, ya que, como se puede

percibir, el grafiti no puede ser desligado de su territorio de producción, dado que allí están inmersas sus normas gramaticales, estructurales e ideológicas. Del mismo modo, hay que aclarar que el Movimiento Bolivariano por la nueva Colombia es un grupo político que surge del manifiesto bolivariano propuesto por las FARC-EP en el año de 1997 (Movimiento Juvenil Bolivariano, 2002a, web); en este se plantea la necesidad de la lucha de “todos los sectores sociales por la independencia y soberanía del Estado y Nación colombiana” (Medina-Gallego, 2009, p.360-361). Cabe resaltar que es, hasta el 29 de abril del año 2000, cuando “Manuel Marulanda Vélez” inaugura oficialmente el MB en el marco de la octava conferencia de las FARC-EP. Este movimiento (indica Marulanda Vélez en la conferencia) será dirigido por Alfonso Cano y tendrá que trabajar de forma clandestina para no repetir la experiencia del genocidio de la Unión Patriótica; además, se centrará en ser un “movimiento sin distingos políticos, raza o credo, para que los colombianos puedan agruparse para defender sus intereses económicos y sociales, con la certeza de que están abriendo caminos a una nueva democracia sin el temor de ser asesinados”. (Cfr. Marulanda, 2000, web). Ahora bien, la presencia más visible del Movimiento Bolivariano se da en el contexto de la Universidad Nacional de Colombia, puesto que, allí, la capucha permite que los integrantes del MB se expresen por medio del tropel. Empero, es muy importante resaltar que el MB tiene una presencia mucho más amplia a nivel nacional, ya que la clandestinidad del movimiento no se limita a la capucha que se usa en medio del tropel universitario, es decir, la clandestinidad hace referencia a una forma de actuar de los integrantes del movimiento en todas las estructuras y procesos en los que están inmersos (movimiento estudiantil, sindicatos, juntas de acción comunal, etc.). Dicho de otro modo, al proponerse ser un movimiento amplio, los núcleos del MB están inmersos en procesos legales sin

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auto-rotularse, gestionando y legitimando los ideales que se reivindican en el manifiesto bolivariano: justicia social, reforma rural integral, etc. (MJB, 2002a, web) A modo de síntesis, una vez que están claros los términos, hay que decir que el presente documento está dividido en dos partes, pues la intención es observar el panorama del MB desde una perspectiva más amplia; después de ello, observar esta propuesta política en un escenario concreto a partir del grafiti.

El Movimiento Bolivariano en la historia política de Colombia

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Hay una producción bibliográfica importante en torno a la guerrilla que surgió después del bombardeo ordenado a la república independiente de Marquetalia, en 1964, por el entonces presidente Guillermo León Valencia, es decir, se cuenta con bastante información sobre el origen y el desarrollo de las FARC-EP, sin embargo, una de sus estructuras es poco conocida, a saber, el movimiento bolivariano por la nueva Colombia (MB). Sobre el MB se encuentra información acerca de su origen, es decir, se puede rastrear que este movimiento surgió de la estructura organizativa de las FARC-EP, como un proceso que se anunciaba desde la promulgación del manifiesto bolivariano en 1997, y que se concretaría en el año 2000, en el marco de la VIII conferencia guerrillera, siendo Alfonso Cano el encargado de dirigir los núcleos bolivarianos. En ese entonces, Pedro Antonio Marín alias “Tiro fijo” o “Manuel Marulanda” desde San Vicente del Caguan, en el marco del diálogo de las FARC-EP y el gobierno de Andrés Pastrana, enuncia públicamente la creación de un movimiento político amplio y clandestino por la nueva Colombia. Un grupo político de masas, orientado a brindar una salida al conflicto militar que afrontaba el país, es decir, el MB surge como un movimiento para poder pensar en una salida, orientada a

solucionar los problemas estructurales legados por el Frente Nacional (exclusión de otras formas de política distintas a las del bipartidismo); a su vez, el horizonte de este grupo tiene que ver con la creación de una Colombia democrática y con justicia social. Cabe destacar que este movimiento se denomina amplio porque allí están inmersos distintos sectores sociales; desde los estudiantes, pasando por los campesinos, hasta llegar a los indígenas y afrodescendientes. Así mismo, es un movimiento clandestino porque, a raíz de la fatídica experiencia de la unión patriótica, las FARC-EP proponen generar un movimiento político amplio que no sea exterminado a manos de los grupos paramilitares, y, por ello, la clandestinidad es una bandera que se incorpora al Movimiento Bolivariano. El MB tiene distintos campos de acción, dado que la clandestinidad permite que los núcleos bolivarianos actúen anónimamente en diferentes procesos sindicales, estudiantiles, etc. Con respecto a los procesos estudiantiles, son varios los documentos que el MB dirige a la juventud colombiana, con el propósito de que se incorporen a las filas del grupo; uno de ellos es un documento titulado “a los jóvenes y estudiantes de Colombia (2007)”, allí se dice que: En esta hora decisiva para el futuro de la patria no hay espacio ni tiempo para “la voluntad inocente” como la llamó el poeta. Se exige un compromiso histórico de parte del movimiento juvenil del país. Para esto, los JÓVENES BOLIVARIANOS convocamos al resto de nuestros hermanos a conformar el MOVIMIENTO JUVENIL BOLIVARIANO; propuesta de organización amplia y clandestina que nos permitirá luchar junto al resto de revolucionarios colombianos por la patria justa, libre y soberana que anhelamos.” (MJB, 2007, p.1) Aquí, es importante resaltar que hay una relación entre MB y movimiento estudiantil, o más bien, se puede anotar que los núcleos juveniles bolivarianos tienen acción dentro del movimiento estudiantil, sin que estos se identifiquen como integrantes del MB por


obvias razones. Mas, si se tuviera que hacer una diferenciación clara y específica sobre el MB y el movimiento estudiantil, habría que decir que el MB es más amplio, pues, en su manifiesto, está una proposición de un proyecto de país distinto, en donde no solo se reivindica la lucha por el sector educativo, sino que también se pugna por múltiples cambios en la sociedad, a partir de la combinación de todas las formas de lucha. Igualmente, “Manuela Beltrán” indica que el trabajo del grupo es clandestino debido a que la historia de Colombia muestra que los gobiernos han acabado la oposición por medio del terrorismo de Estado, y el ejemplo más claro de ello fue el genocidio a la Unión Patriótica; grupo político que se perfilaba como la opción de las mayorías pobres, pero que, con la denominada “guerra sucia” por parte del Estado, en contra de los movimientos progresistas con tendencia revolucionaria y de izquierda, fue borrado del panorama político público. En este orden de ideas, “Julián Rincon” militante del núcleo bolivariano Francisco Miranda señala que la manifestación es clandestina para proteger la vida sin dejar a un lado los ideales que se proponían desde los tiempos de la UP. Las manifestaciones son de todo tipo, por medio del arte, la cultura, la academia, el sindicato, el parche, el combo, e infinidad de expresiones que se plantean un solo fin, a saber, la unidad de los sectores populares para la lucha y la consecución de los puntos de la plataforma bolivariana. Ahora bien, aunque los integrantes del MB se vinculan a procesos legales (sindicatos, Mov. estudiantil, etc.), sin autodenominarse como militantes del movimiento, hay que decir que, en el contexto de la universidad pública, y con mucha fuerza en la Universidad Nacional de Colombia, el MB se presenta como un grupo de encapuchados que se identifican por portar overoles negros con un brazalete de la bandera de Colombia en su brazo izquierdo, mientras portan banderas alusivas a bolívar o a las FARC-EP.

Más allá de las fronteras del movimiento estudiantil universitario

Si bien es cierto que gracias a teóricos como Medina Gallego se cuenta con alguna información sobre los orígenes del MB, es necesario acotar que, sobre el MB en el contexto universitario, poco se conoce; quizá por la clandestinidad que promulga el grupo; pero, pese a ello, los militantes del MB se presentan encapuchados en el contexto de la universidad pública de Colombia. Los llamados “capuchos” a la luz de los foráneos de la universidad pública parecen iguales, sin embargo, a pesar de que todos están encapuchados, hay distintos grupos con sentires ideológicos variados, por ejemplo, en el contexto de la Universidad Nacional de Colombia actúan los “camilistas” (núcleos del ELN), los “Klan-destinos” y movimiento bolivariano (núcleos de las FARC-EP), entre otros. El grupo en cuestión, a saber, el movimiento bolivariano, se manifiesta bajo la seguridad del anonimato que brinda la capucha en el tropel. “José Marcos Guerrero”, integrante del MB, indica que el tropel es un medio de lucha por el cual el grupo reivindica el combate que las FARC-EP tienen en las montañas de Colombia, es decir, así como las FARC-EP combaten al Ejército Nacional Colombiano, así mismo los núcleos bolivarianos luchan en contra de lo que ellos denominan el aparato represivo del Estado (Policía Nacional y ESMAD) en las ciudades. Por tanto, es claro que la actividad clandestina del MB no se limita a la capucha, pero pasa por allí; dicho de otro modo, el MB reivindica el tropel como una forma de acción política violenta, pero, al mismo tiempo, el movimiento está inmiscuido en varios procesos sociales de Colombia, los cuales intentan dibujar un modelo de país con justicia social. Al respecto “José Marcos Guerrero” comenta que, en este momento histórico, el MB está presente en todos los procesos (brigadas de alfabetización, veeduría

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ciudadana, etc.) que acompañan la implementación de los acuerdos de paz con las FARC-EP.

El Movimiento Bolivariano en el contexto de la implementación del acuerdo de paz entr e las FARC-EP y el gobierno de Juan Manuel Santos Las FARC-EP, según indica “José Marcos Guerrero”, no han dado una línea distinta a la que se tiene hasta ahora para el trabajo del MB, es decir, la clandestinidad aún está presente, pues la movilización al campo político legal aún no es posible por la dificultad de la implementación de los acuerdos y la poca confianza tras el desentendimiento del gobierno actual frente a la problemática del paramilitarismo en el país. En ese sentido, a pesar de que el MB se siente victorioso en el campo ideológico, lo cierto es que la firma de los acuerdos no se ve con triunfalismo, pues esta firma tan solo es, como anota “José Marcos Guerrero”, el primer paso para empezar a trabajar en pro de la consolidación de los intereses de los sectores populares, a la par que se vislumbran los problemas que estaban ocultos por el boom mediático de la guerra. Dicho de otro modo, el MB siente que, no solo en sus filas existen los anhelos por un país con paz y con justicia social, sino que estos valores que se impulsan desde el grupo han llegado a formar parte de muchos más colombianos; esto no significa que ya todo está dado para el grupo en el campo político, sino que, más bien, esto prefigura el escenario público para que se puedan discutir los problemas del país que estaban ocultos gracias a que los medios visibilizaban más notoriamente problemáticas relacionadas al conflicto armado, dejando de lado cuestiones que, hasta ahora, empiezan a cobrar fuerza, como el caso de la corrupción voraz en el ámbito público. En este sentido, es claro que, para el MB, el tropel es un medio de expresión que busca hacer frente a la forma

en la que se maneja la protesta social en Colombia, es decir, el tropel de entrada propone la misma respuesta violenta del Estado frente a las exigencias de la gente.

El Movimiento Bolivariano en la Universidad Nacional-sede Bogotá El grafiti es un fenómeno comunicativo difícil de explicar si se descontextualiza, pues, bajo el término “grafiti”, se enmarcan múltiples y distintas expresiones. Empero, hablar de grafiti como un canal comunicativo beligerante, disminuye el tipo de expresiones que se pueden acotar bajo este término. Claro ejemplo de lo dicho es que, en el contexto de la Universidad Nacional de Colombia, se pueden encontrar distintos grafitis, pero no todos estos cobran un significado subversivo, sino que, más bien, adquieren otros matices, quizá más poéticos, otros más artísticos, o de otra índole. Pese a la pluralidad de mensajes grafiti en el campus universitario, el grafiti del movimiento bolivariano es fácil de percibir, dado que tiene una intencionalidad política y, a diferencia de muchos otros mensajes, casi siempre, están firmados con las iniciales del movimiento y el año en el que se producen. Ahora bien, a todas luces, es notorio que el proceso de recolección no puede dar cuenta de que, en efecto, todos los grafitis hayan sido hechos por militantes del MB; mas, la estructura semiótica de las muestras recopiladas corresponde al modelo de grafiti que representan los núcleos bolivarianos. Silva (1986) ya había avanzado en la definición del grafiti político, haciendo alusión a que este mensaje apunta a un propósito macro-social, y se filtra en cuatro bloques: Grafiti político de partido, sin partido, académicos, y política ante la vida. En este orden de ideas, es claro que el grafiti del MB es un grafiti político de partido, pues el grupo tiene un reconocimiento público aunque las caras de sus participantes no sean conocidas.


Ahora bien, el grafiti tiene una estructura semiótica, y el caso del Movimiento Bolivariano no escapa a la misma, por lo cual, el mensaje grafiti del MB puede definirse, más claramente, desde dos puntos de vista; el primero de ellos es según su función comunicativa, es decir, desde su contenido; el segundo es desde su función estética o forma de expresión.

• MB-14 AÑOS • CAMILO VIVE. MB 15 AÑOS • Cdte- ALFONSO cano, Estamos cumpliendo • “Ni un guerrillero más para la oligarquía” Mov. Bolivariano • Seguimos en pie de lucha. Movimiento Bolivariano 16 años junto al pueblo… • VENCEREMOS ¡MB! 16 AÑOS • JURAMOS VENCER Y VENCEREMOS MIS HERMANOS MB

Clasificación del grafiti del MB por su función comunicativa Reconociendo que todos los grafitis del MB tienen un carácter político, hay que destacar que estos se subdividen en cuatro grupos, primordialmente. Hay grafitis propagandísticos, de exigencia o reivindicación, sobre el proceso de paz y las FARC-EP, y de conformación icónica y/o poética. A continuación se exponen los mensajes que pudieron ser registrados en el periodo de 2015-2016, y que fueron agrupados según su contenido.

Propaganda “José Marcos Guerrero” indica que todos los grafitis tienen un sentido propagandístico y eso explica la firma en cada uno de los grafitis; no obstante, hay un grupo de grafitis que tienen este carácter de propaganda más claro que otros, pues su intención es dejar en evidencia que hay un movimiento en el contexto universitario que lleva “x” años en la escena política clandestina del país. Estos mensajes están estructurados como una consigna política, siendo breves y dejando claro que el movimiento está presente, y se sigue pensando la toma del poder a partir de la combinación de todas las formas de lucha. A continuación, algunos ejemplos:

Exigencia o reivindicación Hay grafitis cuya intención comunicativa cobra un significado más ideológico, pues aquí se señalan problemáticas de la sociedad colombiana y exigencias o reivindicaciones del MB frente a las mismas. Por ejemplo: • Multinacionales farmacéuticas desangran nuestro país. MB 15 años • SALUD Digna. MB • MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA. MB 15 AÑOS

Proceso de paz y FARC-EP Una corriente importante de grafitis gira en torno al proceso de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP; por lo que, estos mensajes, además de dejar la firma del MB, también se remiten a guerrilleros de las FARC-EP; incluso, firman a nombre de la guerrilla. El anhelo de paz, aquí, se expresa como un sentir desde las filas de los guerrilleros, a la par que vislumbran los puntos ideológicos de la lucha armada en el país, y la doctrina política del MB, que va en contravía de los postulados de la oligarquía colombiana, y de la intervención norteamericana en el país. En este apartado, es importante anotar que, aunque, a su vez, podrían ser considerados como grafitis de reivindicación o exigen-

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cia, el mensaje central se estructura a partir de la idea de “paz” en relación con los acuerdos que se gestaron en la Habana. Ejemplo de ello encontramos: • Yankis no pasaran FARC-EP • La lucha nuestra es por la democracia, por la posibili dad de desarrollar una acción de masas abierta, por

tanto tiempo dedicados, por ejemplo, a pintar un mural. Cabe destacar que, de todos los mensajes recopilados, solo uno tenía un carácter poético en términos literarios, sin querer decir que, con esto, se pierde su carácter político; más bien, desde un punto de vista más bello, se muestra cómo ha sido el trasegar del MB desde el contexto de su fundación:

los cambios revolucionarios y el socialismo. Y esta acción es la que ha saboteado a tiros la oligarquía colombiana…” ALFONSO CANO. ¡PAZ PARA COLOMBIA!

• Somos testimonio de la lucha por la vida, en medio de la muerte

• ¡Reconciliémonos! VAMOS POR LA PAZ. MB 15 AÑOS • La paz es de todos y todas. Metámosle a la PAZ • VAMOS POR LA PAZ. MB 15 AÑOS • Paz es: Tierra, trabajo, salud y educación. MB 15 años

Clasificación del grafiti del MB por función estética

• Por la paz, presupuesto para la ciencia. MB 15 años • VAMOS X LA PAZ • MB 16 AÑOS. La paz es luchando • A las filas de las FARC me enrolo con sentimiento profundo de su lucha por la PAZ. • F-EP • Metámosle a la paz: Es de todos y todas • Cdt. ALFONSO CANO. VAMOS POR LA PAZ • La paz depende de la memoria y la reconciliación: Hay que demostrar la guerra del corazón de Colombia • PAZ es EDUCACIÓN gratuita, pública y de calidad. MB 15 AÑOS • Proceso constituyente es gestar un movimiento para la paz y vida digna! FARC-EP • Memoria, verdad y justicia. Metámosle a la PAZ. MB 15 años

De conformación icónica y/o poética

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Acá se presentan dos tipos de mensajes, en los que prima el carácter creativo del mensaje; no obstante, los de conformación icónica se distinguen por tener más elaboración y, quizá de ahí, se deduce su minoría; ya que, al ser un grupo clandestino, hay un peligro latente al estar

Esta función es precaria, pues, desde la muestra de grafitis, se puede observar que solamente dos grafitis son de conformación icónica, es decir, la función comunicativa prima sobre la estética, debido a que, más allá de la elaboración en cuanto a la calidad del grafiti, se trata de la intencionalidad comunicativa de mismo. Aun así, se puede clasificar el grafiti en tres grupos. Los más precarios en cuanto a su elaboración son informativos o contra-informativos, es decir, mensajes en donde solo se escribe mediante el aerosol aquello que se quiere comunicar de manera marginal y fugaz. Del mismo modo, hay grafitis de conformación icónica, en donde hay más trabajo porque requiere un diseño y una ejecución más lenta. Ejemplo de esto son los ojos de bolívar tras la bandera de Colombia. Finalmente, se encuentran los grafitis mixtos, mensajes que no son tan precarios como los “informativos o contra-informativos”, pero que tampoco llegan al grado de elaboración del grafiti icónico, sino que se encuentra en el intermedio de estos dos mensajes, combinando ambas estructuras


¿Qué es el grafit i del Movimiento Bolivariano? Antes de dar respuesta a la pregunta planteada, hay que decir que el grafiti tiene un efecto desacralizador, crítico y subversivo; pero “¿Por qué hay ciudadanos que se atreven a escribir sobre una pared pública y otros no?” (Silva, 1986, p.35), es decir, ¿Cuál es el sentido que adquiere una persona para grabar en lo público (por medio del anonimato) una idea con índole política? Sin lugar a dudas, tal como lo señala Peñalosa (2005), con respecto al grafiti se teje una cultura que no puede ignorarse si uno está interesado en los fenómenos comunicacionales del entramado urbano; por ello, es válido indagar sobre esta forma de expresión en la Universidad Nacional de Colombia, ya que allí es visible que muchos de los grupos que manifiestan sus ideas, por medio del grafiti, lo hacen porque se ven impedidos para participar en los escenarios públicos legalmente establecidos, además de que esta forma de comunicación clandestina otorga un valioso modo de hacerse notar. Al respecto diría Umberto Eco: “Se expresan a través del graffiti, aquellos mensajes que no es posible incluir en otros circuitos de comunicación, por incapacidad de poseer un medio”. (en Peñalosa, 2005, p.3). Así pues, para clasificar los grafitis del MB, hay que precisar que aunque este tiene un sentido político en todos los casos, cobra diferentes matices según el grafiti, tal como se explicó en la clasificación por función comunicativa y la clasificación por función estética. Además, hay que resaltar que, en la estructura semiótica del mensaje grafiti del movimiento bolivariano, cobra más fuerza la función comunicativa (contenido) que la función estética (expresión), pues la fugacidad del mensaje hace que sea más relevante el qué del mensaje antes del cómo del mismo. En este sentido, el grafiti del MB es una expresión beligerante que da cuenta de que a pesar de que Bogotá no ha sido epicentro del conflicto militar con las FARCEP, aquí también se manifiesta el conflicto con el tropel

y con los grafitis de la insurgencia. Igualmente, el grafiti del MB es una propaganda que deja ver los propósitos del grupo, con el ánimo de sumar empatía en la comunidad universitaria. Del mismo modo, es interesante ver que las paredes de la Universidad Nacional relatan la historia de un movimiento político como el MB, pues el grafiti de este grupo es un mensaje principalmente propagandístico, contra-informativo, y beligerante, con una intencionalidad política clara, dado que busca que se les reconozca públicamente, a pesar de que actúan de forma clandestina por las características históricas del país. A modo de conclusión, el MB es un grupo que actúa desde el anonimato de la capucha en el tropel, a la par que presenta parte de su propuesta política por medio de la fugacidad del grafiti en la Universidad Nacional, sin embargo, su apuesta política no se limita a estas expresiones, ya que, como se puede observar en el discurso de los militantes del MB, ellos están inmersos en distintas formas organizativas desde las que buscan legitimar el ideario del manifiesto bolivariano.

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La revista Sociologia y Memoria se terminó de imprimir en las instalaciones de GRACOM Gráficas Comerciales ubicada en la Ciudad de Bogotá, Colombia en la carrera 69K nº 70-76 en el mes de Abril de 2018. El tiraje es de 300 ejemplares en papel bulky. Las familias tipográficas usadas fueron: Merriweather Built T itling


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Revista Sociología y Memoria No. 2  
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