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SCRIPTA MANENT // VOLUMEN 2

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Scripta

manent Revista de la

Licenciatura en Español y Filología Clásica

Scripta Universidad Nacional de Colombia

manent Revista de la

Licenciatura en Español y Filología Clásica

ISSN: 2539-2530

Apoyan Programa Gestión de Proyectos Dirección de Bienestar Facultad de Ciencias humanas Sede Bogotá


Revista Scripta Manent Numero III / ISSN 2539-2530 Universidad Nacional de Colombia Facultad de Ciencias Humanas Sede Bogotá

Scripta Manent es una revista que divulga contenidos de filología clásica, historia y cultura antigua grecolatina, estudio del español y pedagogía de la lengua materna. Sus autores son estudiantes, egresados e interesados en el estudio y la divulgación de estos temas a la comunidad universitaria y al público en general.

Rector Ignacio Mantilla Prada Vicerrector Jaime Franky Rodríguez Director Bienestar Sede Bogotá Oscar Oliveros Coordinadora Programa Gestión de Proyectos Elizabeth Moreno Decana de la Facultad de Ciencias Humanas

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COMITÉ EDITORIAL Dirección William Alcides Rodríguez García Coordinadora de la Revista Diana Marcela Guatibonza Melgarejo Comité Editorial Carlos David Ballén Ladino / Alexander Olave Martínez Johanna Gutiérrez Acosta / Hogla Marín Pabón Diana Marcela Guatibonza Melgarejo

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Foto Portada Jennifer Lizeth Fonseca/ jlfonsecar@unal.edu.co Corrección de Estilo Diana C. Luque V. Diseño y Diagramación Oscar David González Vargas (PGP) Impresión

Los textos presentados en la siguiente publicación

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expresan la opinión de sus respectivos autores y la Universidad Nacional no se compromete directamente con la opinión que estos pueden suscitar.

Derechos de Autor y Licencia de distribución. Atribución – No comercial - Sin Derivar.


Cristian Leonardo Murillo

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Alexander Olave Martínez

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la muerte en colombia , una perspectiva homérica del heroe

editorial

Sindy Tatiana Bedoya

18 de “intelectual” a “libre pensador”: la tradición de séneca en montaigne

Jéniffer Lizeth Fonseca

28 breve comentario a la elegía xiii de angelo poliziano “de ovidii exilio et morte”

Johanna Gutiérrez Acosta

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palabras, parabolæ, ΠΑΡΑΒΟΛΑΙ: escrituras creativas en el curso de raíces grecolatinas del español

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Natalia Alejandra Chaparro Martínez

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de caede eratosthenis: la riqueza retórica del periodo hipotético potencial

Jéniffer Lizeth Fonseca

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fontana del nettuno de giovanni ceccarini (1822)

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Sergio David Moreno Quiroga

62 poema lxxvi de catulo

Hogla Marín Pabón Johanna Gutiérrez Acosta Comité editorial Scripta Manent

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normas de publicación

66 viajamos para cambiar, no de lugar, sino de ideas entrevista a jhon arévalo


edito rial Alexander Olave Martínez Egresado de la Licenciatura en Español y Filología Clásica. Universidad Nacional de Colombia Miembro del Comité editorial de la revista Scripta Manent.

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Correo: yaolavem@unal.edu.co

La reflexión sobre la cultura y el arte de otra sociedad, a través de la labor silenciosa de la escritura, es un ejercicio que debe nutrirse de todas las disciplinas que puedan acercarnos a la comprensión del otro. La filología clásica, cuya base son los textos de la antigüedad greco-latina, no desconoce aquella necesidad en su labor, razón por la cual se encuentra en constante construcción y comunicación interdisciplinar. Esta comunicación entre disciplinas resulta un privilegio para quien se dedica a la filología, ya que, mientras desempolva los textos clásicos para comprender y revivir aquel mundo idealizado de la antigüedad, hace de los personajes y autores, presentes en el amplio corpus textual, modelos de eterna actualidad, como bien lo menciona Nietzsche en su conferencia de Basilea en 1869.


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Aquello nos pone ante un ejercicio de autoconocimiento en el que se reconoce a la otredad, a partir del yo enmarcado en un contexto específico. Es allí donde toma valor la labor del filólogo en cualquier espacio y tiempo, pues nos brinda relecturas diferentes que fortalecen la obra clásica y aseguran su permanencia y vigencia. Por lo anterior, con gran satisfacción, presentamos el tercer número de Scripta Manent, un espacio concebido para que todas aquellas relecturas tengan eco y puedan ser cimentadas en el diálogo interdisciplinario. En este número, se presentan artículos que abordan reflexiones en torno a la recepción de autores clásicos en el Renacimiento y la Modernidad; sobre la guerra para los griegos frente al conflicto armado colombiano; y acerca del valor retórico en diferentes discursos latinos. Asimismo, se presentan algunos resultados de la metodología pedagógica usada en un curso de raíces griegas y latinas en el español; una muestra poética de Catulo; el trabajo fotográfico: Fontana del Nettuno de Giovanni ceccarini (1822), de Jénnifer Fonseca; y finalmente una entrevista con Jhon Arévalo, estudiante que ha tenido experiencias de aprendizaje, fuera del país, relacionadas con el griego y el latín. A todas las personas que estuvieron involucradas en la construcción de este número extendemos nuestros más sinceros agradecimientos: autores, editores, diseñadores, docentes, administrativos y, en general, a todos los que han hecho posible este proyecto editorial a lo largo de los años. Esperamos que esta edición de Scripta Manent sea solo una de las muchas que vendrán en el futuro y que este siga siendo un espacio que promueva la producción de contenidos académicos relacionados con la filología clásica e hispánica.


cristian leonardo murillo Estudiante de la Licenciatura en Español y Filología Clásica. Universidad Nacional de Colombia. Correo: clmurilloa@unal.edu.co

L A MUERTE EN COLOMBIA , UNA PERSPECTIVA HOMÉRICA DEL HÉROE

“La muerte no existe, la gente solo muere cuando la olvidan; si puedes recordarme, siempre estaré contigo.” Isabel Allende

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Palabras clave: Colombia, Ilíada, conflicto armado, cuerpo, inmortalidad.

El artículo explora la relación entre el conflicto armado en Colombia y el contexto de guerra de la Ilíada en torno a las cuestiones de la muerte, el cadáver y la memoria; realizando un paralelo entre algunos episodios del canto XXII de la Ilíada, con dos de los sucesos más representativos del conflicto armado colombiano: la desaparición forzada y los falsos positivos. Con base en este contraste, se observa la gran semejanza entre ambas realidades, aparentemente tan disímiles, y se plantea al hombre, en su sentido más humano, como el verdadero héroe que logra trascendencia aún después de su muerte, trascendencia que es la memoria misma.


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Siempre ha resultado jocoso para mí referirse al latín y al griego como lenguas muertas por el hecho de no tener una comunidad de habla que las acoja como lengua materna. Estas lenguas, que prefiero llamar clásicas, tienen aspectos lingüísticos y culturales tan valiosos que no parece correcto ‘asesinarlas’ cuando, además, cargan, en sus líneas, la cosmogonía y la filosofía de vida de un pueblo que, aunque desaparecido, es parte de la constitución de las civilizaciones contemporáneas. A pesar de la existencia de considerables abismos temporales, sociales, religiosos, etc., la vasta literatura que el latín y el griego nos han dejado permite acercarnos a una gran cantidad de relatos e historias cuyas lecciones, observaciones, advertencias y reflexiones se hacen cada vez más pertinentes en la actualidad. Parece ser que las lenguas clásicas no se sumergieron al Hades tras el declive de su época de esplendor, sino que lograron, por el contrario, la inmortalidad característica de las deidades de sus escritos. Mas, ¿cómo logra el contexto de un ayer cobrar vida y conservar la misma intensidad hoy? Basta con mirar las reflexiones sobre la guerra, la muerte y la memoria planteadas en el poema épico La Ilíada, las cuales resultan pertinentes si se contraponen con la realidad del conflicto armado y la violencia que atraviesa un país como Colombia, para plantear que, ciertamente, las técnicas de guerra y recursos bélicos son muy diferentes entre una guerra y otra. Las consideraciones sobre el héroe y el impacto de la guerra en el hombre siguen tan vigentes como en el momento que Homero las describió. En virtud de esto, buscaré establecer un paralelo entre las perspectivas de la muerte y el cadáver propuestas en La Ilíada, y las perspectivas propuestas en el marco de la guerra en la actualidad colombiana, con miras a determinar si en Colombia realmente puede hablarse de una muerte gloriosa o de algún tipo de trascendencia para el hombre. Si bien no es desconocido que la muerte es el plato fuerte en la guerra y, así mismo, los agravios o éxitos de esta se miden según la cantidad de víctimas de la que es causa, ¿cómo se relacionan La Ilíada y la actualidad? Homero, al describir, en su epopeya, la pugna entre dos territorios por salvar a una doncella, plasmó indefectiblemente muchas de las creencias, pensamientos y actitudes de los griegos frente a la vida. Sin embargo, no solo lo hizo sobre el pueblo heleno, sino que fue más allá; retrató un aspecto innato de la naturaleza humana: el actuar del hombre circunscrito en un contexto de guerra. “Los instrumentos de guerra han cambiado mucho en los últimos 3200 años, pero el hombre no” (Paparsenos, 2010, web).


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la muerte : la génesis de la fama

Para los griegos, la muerte es quizá el rasgo más distintivo que separa dioses de hombres. A pesar de que el hombre griego es consciente del carácter mortal de su ser y de que tiene un destino prefijado, asume la muerte como un acontecimiento natural, mas no por eso inmanejable. La postura y la disposición del guerrero frente a la muerte le brindarán virtud y, paradójicamente, será el inicio de una vida en un plano inmortal. Es entonces el renombre y una fama postrera la que, a través de la memoria, garantizará que un hombre trascienda la barrera del tiempo y que de él se hable de generación en generación, así como hoy hablamos, por ejemplo, de Héctor y Aquiles. En este orden de ideas, el hecho de estar en un contexto de guerra convierte a la muerte en un “fenómeno siempre presente, latente e indiscutiblemente cercano” (Castillo, 2012. p. 3). Así, el deseo de fama y las acciones heroicas representan el objetivo del guerrero. Por ser un destino muy próximo, es el enfrentamiento del hombre ante su hado lo que clasifica la muerte en dos tipos, según el pensamiento griego, la que convierte al hombre en un nombre pasajero o en un héroe sempiterno. El primero de estos tipos es la muerte vergonzosa, aquella en la que el hombre busca escapar o rogar por piedad cuando su destino ha sido marcado; así, muere sin honor, humillado y sin una fama honorable que trascienda en el tiempo. En tanto que la segunda muerte, denominada por Vernant (2001) como “εὐκλεής θανατός” (p.46) es la muerte gloriosa, aquella mediada por la valentía con la que el guerrero afronta su funesto destino. Tal postura de entereza debe ser el reflejo de la superposición del héroe sobre sus miedos e incertidumbres frente a su hado, en aras de imprimirle a este un carácter humano y real que garantice la perpetuidad de su nombre. Para los griegos, el honor era fundamental y la muerte gloriosa era una manera, tal vez un poco radical pero muy efectiva, de contar su historia, sus hazañas y de no morir al tiempo que muere el cuerpo. Era la única manera de que un hombre pudiese ser inmortal. Teniendo en cuenta que la concepción de corporeidad, para la época arcaica, aún no hacía mayor disociación entre el alma y el cuerpo, afirma James Redfield (como se cita en Vernant, 2001) que el yo interior no es distinto al yo orgánico. A pesar de ello, el punto de quiebre entre la corporeidad que señala Vernant (2001) es precisamente la muerte, porque es por medio de ella que el alma escapa de esa unidad en la que se mantenía con el cuerpo y este queda reducido al despojo. En otras palabras, el cuerpo [σῶμα]1, una vez muerto el hombre,

1 Bruno Snell, en su libro El descubrimiento del espíritu (2007), afirma rotundamente que, en Homero, la palabra σῶμα


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nunca hace referencia al cuerpo vivo. A pesar de que dentro de su carga semántica esté esa acepción; σῶμα se usa únicamente para hacer referencia a cadáver. 2 Todas las traducciones presentadas son tomadas de Emilio Crespo Güemes (2006).

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no pasa a ser más que un objeto y una representación física de la muerte; mientras que el alma busca, entonces, trascender por medio de la fama y del relato de las hazañas del fallecido: “¡Que al menos no perezca sin esfuerzo y sin gloria, sino tras una proeza cuya fama llegue a los hombres futuros!” [μὴ μὰν ἀσπουδί γε καὶ ἀκλειῶς ἀπολοίμην,/ ἀλλὰ μέγα ῥέξας τι καὶ ἐσσομένοισι πυθέσθαι] (Ilíada, XXII: v. 304)2. Por otro lado, el cuerpo es aquello de lo que se valen los dolientes para asumir la pérdida, y su presencia es, según Camacho (2010), digna de todo embellecimiento por tratarse de la representación del respeto a un hombre por medio de la exaltación de su cuerpo inerte, el cual una vez fue artífice de sus hazañas: “No me ofrezcas asiento, criatura de Zeus, mientras Héctor yace en las tiendas insepulto, y libéralo cuanto antes, para que yo lo contemple con mis ojos.” (Ilíada, XXIV: vv. 553-555). La gloria, el honor y el héroe son tres referentes que hablan sobre la muerte en la Grecia Antigua, empero ¿qué tanto se parece con la muerte en Colombia? Colombia es un territorio que, desde los albores de la Conquista, introdujo en su historia las memorias más crueles de la guerra, una guerra que llegó con la colonización, que golpeó a la nación como Estado en la Guerra de los Mil Días (1899), que reafirmó su crueldad con el Bogotazo (1948) y que se instauró como parte del país con la aparición de guerrillas como Las FARC y el ELN (1964). Tantos años de violencia han sido testigos de todo tipo de vejámenes, los cuales suman, a la guerra en Colombia, un sinnúmero de víctimas de las cuales, muchas veces, no se tienen nombres, ni mucho menos sus cadáveres para sepultar. En relación con esto, plantearé que las transgresiones al σῶμα de las víctimas de la violencia y el conflicto armado en Colombia, en comparación con las transgresiones que sufrió el cuerpo de Héctor a manos de Aquiles, dejan entrever que los asombrosos parecidos entre uno y otro no son resultado de una gran labor premonitoria de Homero, sino de un trabajo consciente de observación de las aterradoras consecuencias que produce la guerra en el hombre. En primer lugar, una de las consecuencias de la guerra en territorio colombiano es la desaparición forzada; esta según Carlos Ortiz (2014) es el crimen más impune en el marco del conflicto armado en Colombia; dado que, a pesar de que no hay directamente una muerte, se hace frente al dolor, a la zozobra y a la incertidumbre de no tener un σῶμα al cual rendirle tributo y ofrecerle rituales funerarios. De acuerdo con Freud (1993, p. 4), el duelo solo se puede iniciar una vez se testifica que el objeto amado ya no existe. Por tanto, en la desapa-


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rición forzada el sujeto nunca se confronta con la pérdida real de su ser querido y, por ende, su duelo no puede realizarse. El σῶμα adquiere, para el doliente, la noción de confrontación con la realidad y su ausencia representa una herida que nunca sana y una expectativa en la víctima, que agrava las consecuencias colaterales de la guerra en el país. En relación con esto, observamos a Héctor moribundo haciendo una petición a Aquiles: “devuelve mi cuerpo a casa, para que al morir del fuego me hagan partícipe los troyanos y las esposas de los troyanos.” [σῶμα δὲ οἴκαδ᾽ ἐμὸν δόμεναι πάλιν, ὄφρα πυρός με/ Τρῶες καὶ Τρώων ἄλοχοι λελάχωσι θανόντα] (Ilíada, XXII: v. 342-343), expresión que, en mi opinión, logra reflejarse en aquellas víctimas de desaparición, cuyo cuerpo (vivo o muerto) mitigaría el dolor de los que viven en incertidumbre por su ausencia, tanto en Colombia como en la antigua Grecia. Además, para los griegos, era tan importante el rito funerario, tanto a nivel religioso como a nivel familiar, que representaba una abominación pensar en la descomposición de un cuerpo sin sepultura, puesto que este perdía, entonces, el carácter humano que algún día tuvo. Homero, con los actos de sus personajes, tiene la intención de evocar la gravedad de la ausencia de sepultura de un cadáver, aspecto que no resulta ajeno en un conflicto como el colombiano. Hechos como los discursos de Príamo y Hécuba reflejando la angustia paternal de no querer perder a su hijo (XXII: v. 38-89); las peticiones de Héctor de devolver su cuerpo en caso de que muera, para el alivio de los suyos (XXII: v. 258, 342); las imágenes de perros, aves rapaces y gusanos tragando y destrozando el cuerpo sin sepultura (XXII: v. 42, 67, 74, 89, 336, 348, 354); imprimen una voz a los desaparecidos y a los que sufren por ellos; a la vez, marcan un paralelo entre el dolor evidente de la muerte de Héctor en la Ilíada y el dolor cimentado en la incertidumbre de la desaparición en Colombia. Un singular aspecto que rescata Homero y que no deja de ser pertinente actualmente es cómo el impacto de la guerra no se concentra únicamente en el campo de batalla sino que sus mayores consecuencias las sufren quienes son adyacentes a los hechos, es decir, los parientes y las personas cercanas a la víctima. la identidad , un asunto de quitar y poner

Para hablar de la transgresión del respeto a los muertos pueden abordarse muchos hechos acaecidos en Colombia, entre ellos, uno de los más controvertidos: el de los Falsos Positivos. Esta denominación paradójica no es más que un eufemismo para la captura, por parte de militares, de civiles, para luego asesinarlos y hacerlos pasar como guerrilleros de las FARC, y, así, obtener varios beneficios económicos y laborales (Proenza, 2014). La desvirtuación del σῶμα en este ilícito consiste, más que en el asesinato, en un rapto de la identidad


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de los civiles capturados. Los responsables vestían a las víctimas con uniformes del grupo subversivo para darles una filiación diferente y justificar sus asesinatos. Así pues, el tratamiento de la indumentaria de la víctima es un elemento trascendental para su vulneración. En Colombia, cuando se habla de que “el hábito hace al monje”, no se está muy distante de lo que simbolizaba para el griego la vestimenta, cuya representación metonímica de la parte por el todo era muy común para referirse al cuerpo entero. Palabras como γυῖα [miembros movidos por articulaciones] y μελέα [miembros movidos por músculos] eran constantemente usados para representar la ejecución de una acción corporal. De manera que si las partes del cuerpo eran representaciones del todo en sí mismas, también llegó a serlo la armadura para el guerrero. Esta, como un apéndice a su figura, adquiere la relevancia de cualquier otra parte del cuerpo, al tiempo que aporta un sello personal a la identidad del guerrero. Por un lado, la coraza de Aquiles y el tremolante penacho de Héctor son unas de las características más importantes de estos dos personajes, y ambas propiedades están dadas por sus armaduras. Es precisamente la armadura de Aquiles, la que investida por Patroclo, provoca la confusión de Héctor, quien termina dando muerte a Patroclo en vez de al Pélida. La magnitud de este evento es la que sella, posteriormente, el destino de Héctor y enfatiza la importancia de la armadura como rasgo identitario del héroe: “Patroclo se caló el cegador bronce. Primero se colocó alrededor de las pantorrillas las grebas bellas, ajustadas con argénteas tobilleras. En segundo lugar, alrededor del pecho se puso la coraza, centelleante como el estrellado cielo, del velocípedo Eácida” [ὣς φάτο, Πάτροκλος δὲ κορύσσετο νώροπι χαλκῷ./ κνημῖδας μὲν πρῶτα περὶ κνήμῃσιν ἔθηκε/ καλάς, ἀργυρέοισιν ἐπισφυρίοις ἀραρυίας:/ δεύτερον αὖ θώρηκα περὶ στήθεσσιν ἔδυνε/ ποικίλον ἀστερόεντα ποδώκεος Αἰακίδαο] (Ilíada, XVI: v. 130-134). Por otro lado, la armadura y, en menor grado, las vestiduras se convierten, muchas veces, en el objeto de trasgresión de los enemigos en batalla, como se observará enseguida. Aquiles, lejano de ser un centro de virtudes, atenta contra el cuerpo de Héctor de manera despiadada, movido por la venganza y la cólera. Su carácter divino, evidenciado en el epíteto δῖος ’Αχίλλευς [Aquiles de la casta de Zeus], más que señalar un perfil de dios, enfatiza su falta de humanidad, de ahí tanto su presteza y avidez en la batalla, como su crueldad para con Héctor. Las acciones que desencadena, por un lado, la furia de Aquiles y, por otro lado, los Falsos Positivos en Colombia, tienen tanto en común en sus respectivos contextos, que no parecen tan distantes. En primer lugar, está la figura de Aquiles despojando a Héctor de su armadura y de su espada (XXII: v. 376), una escena casi equivalente a la de los militares poniendo uniformes de las FARC a las víctimas; de la misma manera como Aquiles retiraba juntamente


con la armadura, la identidad del defensor y del guerrero Héctor, asimismo los militares le arrebataban la identidad a las víctimas y les implantaban otras, ya estando muertos. Es muy interesante percatarse de cómo la indumentaria tiene tal simbolismo en La Ilíada y en la realidad colombiana. Cómo un uniforme o una armadura condicionan la actitud de los hombres3 y los impulsa a obrar cruelmente, sin asomo de humanidad, casi sin ningún tipo de φρόνησις [cordura]. De ahí que, en mi opinión, el actuar de Aquiles, así como el de las Fuerzas Militares colombianas trastabillan en su carácter de héroes y dejan ver cómo la promesa de gloria, fama y perpetración de un buen nombre mueve, en el hombre, un sentimiento de crueldad y egoísmo donde el único objetivo es lograr dicha fama, es la representación más evidente de que el fin justifica los medios. Ahora, con relación a la imagen, que resulta bastante cruel, de Aquiles arrastrando, con una carreta, el cuerpo sin vida de Héctor. Puede interpretarse como una representación metafórica de los Falsos Positivos. “Gran polvareda se levantó del cadáver arrastrado; los cabellos oscuros se esparcían, y la cabeza en el polvo yacía, antes encantadora.” [τοῦ δ᾽ ἦν ἑλκομένοιο κονίσαλος, ἀμφὶ δὲ χαῖται/ κυάνεαι πίτναντο, κάρη δ᾽ ἅπαν ἐν κονίῃσι/ κεῖτο πάρος χαρίεν: τότε δὲ Ζεὺς δυσμενέεσσι/ δῶκεν ἀεικίσσασθαι ἑῇ ἐν πατρίδι γαίῃ] (Ilíada, XXII: v. 401-403). Esta imagen, que da cuenta de una intención de Aquiles por desfigurar el cuerpo de Héctor, en un intento por desfigurar simultáneamente la memoria de lo que como héroe representaba, resulta también evidente en Colombia. Cuenta la historia que, cada noche, Apolo apartaba la descomposición y limpiaba las heridas que, en las mañanas, recibía el cuerpo de Héctor a manos del Pélida (Ilíada, XXIV: v. 12-21), de forma que no perdiera la belleza que lo caracterizaba como el gran guerrero troyano, así solo fuera un cuerpo inerte. Mientras tanto, en Colombia, este debate recae nuevamente en la desaparición forzada y en técnicas abyectas, como los desmembramientos, en la búsqueda de una eliminación de la identidad del cadáver y, por consiguiente, la eliminación también de un registro del ilícito. Ante esto, Camacho (2010) argumenta que para los griegos los miembros del cuerpo representan una completud que debe mantenerse en el

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el cadáver como objeto de trasgresión

3 Cabe resaltar la referencia al canto XVI de la Ilíada, donde Patroclo se pone la armadura de Aquiles y combate con ella como si fuera el mismísimo semidiós; su vestidura condiciona la actitud de los demás aqueos que deciden atacar las murallas de Troya, a pesar que sea un plan arriesgado.


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cadáver de manera inalterable, por la creencia fuertemente arraigada de una vida después de la muerte, donde su cuerpo necesita estar íntegro para asumir cómodamente una vida posterior. Y, en caso de que no se hablara de una vida después de la muerte, la trasgresión, la mutilación, el desmembramiento, etc. se constituyen como la manera más ruin y directa de atentar contra la representación de lo que fue en vida una persona y es justamente con su despojo corporal (σῶμα). Así pues, la fragmentación del cuerpo, tanto en Colombia como en La Ilíada, representa un intento infame por irrespetar el cuerpo, de circunscribir el deseo de inmortalidad del hombre y de sustraer cualquier tipo de memoria que es, finalmente, lo que hace valiosas las hazañas del héroe. La violencia, la guerra y la muerte son aspectos que todos los colombianos conocemos y hemos vivido de una u otra manera. La mayor parte de las generaciones no han vivido un día de paz en su territorio y las generaciones que sí lo hicieron ya no lo recuerdan. No obstante, es muy importante resaltar que, aunque la impunidad y el silencio son constantes en este conflicto, la memoria es el único recurso que le da voz al muerto, color a la añoranza y tranquilidad al alma. En esta guerra de bandos e intereses particulares, hay una gran brecha en medio, la cual es casi como el campo de batalla frente a las murallas de Troya. Esta brecha está formada por cada colombiano inocente que resulta involucrado en el enfrentamiento entre bando y bando; es esta brecha la que recibe todo el impacto de la guerra, la colisión de fuerza de los bandos, y, finalmente, todo el dolor que deja la muerte. En ese orden de ideas, los muertos que engrosan las listas de las guerras (eso si es que hay listas) y sus dolientes, que viven en la incertidumbre o en la resignación, adquieren, muchas veces, una muerte infame y no precisamente por la actitud como la enfrentan, sino por la perpetuación de esta por parte de sus victimarios. Es quizá este el punto más importante en este paralelo entre la Grecia Antigua y la Colombia actual, porque la muerte infame que produce el conflicto en los inocentes es paradójicamente lo que los vuelve héroes. Así como en La Ilíada, tras el cruel proceder de las situaciones: el escape por la vida alrededor de Troya (Ilíada, XXII: v. 136-137, 165166), el engaño de Atenea (Ilíada, XXII: v. 229-232, 239-246), los discursos de venganza de Aquiles (Ilíada, XXII: v. 261-272, 331-336, 345-354, 365-366), la muerte (Ilíada, XXII: v. 361-363), el arrastramiento del cadáver (Ilíada, XXII: v. 396-404), las reflexiones de dolor de sus seres queridos (Ilíada, XXII: v. 416-428, 431-436, 477-514), Héctor llega a conmover con su gran valor humano y su heroicidad. Aun cuando intentó huir, en última instancia, enfrentó, no sin miedo, a Aquiles y al destino funesto que la Parca le había dispuesto. Aquiles puede ser reconocido como héroe por sus facultades en la lucha, su ardor al pelear, su cualidad de semidiós que le aporta cierto grado de inmortalidad.


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En definitiva, es el héroe convencional que es propiamente héroe por el poder que solo tiene él; mientras que el carácter de héroe de Héctor apunta a todo lo contrario y es el de ser un héroe puramente humano, lleno de miedos, incertidumbres, triunfos y fracasos, que no se impone sobre otros sino que sus acciones son muestra de verdadera ἀλήθεια [virtud]. La virtud, entonces, viene siendo la verdad del hombre que la posee, viene a dar cuenta de la integridad de este y permite señalar a Héctor como el gran héroe de la Ilíada sin un poder extraordinario, sin un epíteto sobrehumano, digno de la muerte gloriosa que, hoy por hoy, lo tiene en el foco de nuestros escritos, lecturas y reflexiones. Héctor es inmortal. Es, por tanto, pertinente ver, en la Ilíada, la historia caracterizada de toda nación cuando se ve envuelta en el conflicto bélico y las circunstancias que este genera. Es hacer de lado la indiferencia, casi tan dolorosa como la misma muerte, y hacer de Colombia un país con memoria, un país que recuerde aquellos que murieron involucrados en una guerra que no era de ellos y cuyas palabras mudas podemos hacerlas sonoras, en tanto que prolonguemos su memoria. Puede que no hayan nombres ni epítetos que califiquen a cada uno de los muertos que ha dejado la violencia en Colombia, pero esa es la labor nuestra, hacer de rapsodas del poema épico de nuestra historia y rescatar esos héroes silenciados en fosas comunes y en el olvido de quienes no los recuerdan. Es observar cómo el cuerpo adquiere una importancia tal, que evoca los paradigmas de las percepciones sobre la vida, y que, así mismo, puede representar el inicio de un duelo y una resignación, así como su ausencia puede significar la angustia y la respuesta a una dinámica de horror de ver al hombre destruyéndose a sí mismo. Es la guerra la que saca a flote una esencia del hombre que ha permanecido por siglos, y que consiste en la crueldad y la trasgresión de los límites que se dan gala en contextos bélicos que trascienden, incluso, los umbrales entre la vida y la muerte. Esto hace que las víctimas de la antigüedad tengan tanto en común con las de la actualidad, porque si bien sus cuerpos han sufrido los intentos de eliminar sus rastros, las memorias de su vida buscan prevalecer, de una u otra forma, en la historia. A su vez, deja entrever que hablar muchas veces de pasado y actualidad, de literatura y realidad no es precisamente hablar de oposiciones.


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Camacho, S. (2010). La tumba gloriosa y el cadáver esparcido: dos caras de la Gorgona en el arte de la representación. El Artista, (7), 165-178. Castillo, A. (2012). La noción de “muerte” en la Ilíada. Cuadrante Phi, (24), 1-11. Freud, S. (1993). Duelo y Melancolía. En: S. Freud. Obras Completas. Tomo XIV. Buenos Aires: Amorrortu. Homero. (2006). Ilíada. Traducción y notas de Emilio Crespo Güemes. Los clásicos de Grecia y Roma, 22. Barcelona: Gredos Ortiz, C. (2014, 26 de mayo). Desaparecidos: el Estado el gran responsable. En: Semana. Recuperado de: http://bit.ly/1tdQKEa Paparsenos, A. (2010, 21 de julio). Aquiles en Irak: La actualidad de la Ilíada. En: La túnica de Neso [Blog]. Recuperado de: http://bit.ly/2wggsnB Proenza, A. (2014, 16 de noviembre). Falso positivo, crimen verdadero. En: El Espectador. Recuperado de: http://bit.ly/2uQurx0 Snell, B. (2007). El descubrimiento del espíritu. España: Acantilado. Vernant, J. P. (2001). La bella muerte y el cuerpo ultrajado. En: J. P. Vernant. El individuo, la muerte y el amor en la antigua Grecia (pp. 45-80). España: Paidós.

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R eferencias

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Sindy Tatiana Bedoya Egresada de la Licenciatura en Español y Filología Clásica. Estudiante de Literatura. Universidad Nacional de Colombia. Correo: stbedoyam@unal.edu.co

DE “INTELECTUAL” A “LIBRE PENSADOR”: L A TR ADICIÓN DE SÉNECA EN MONTAIGNE

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Palabras clave: libre pensador, Montaigne, Séneca, ensayo,tradición clásica.

Más allá de hacer un recuento de los innumerables textos citados por Montaigne en sus ensayos, este texto se propone cuestionar cómo y con qué intención se retoman autores como Séneca en la construcción de dichos ensayos. Claramente, la escritura es también un proceso de reescritura, un ir y venir entre los clásicos y los contemporáneos; por tanto, Séneca, entre otros autores, le permite a Montaigne dar un paso adelante en la tradición literaria de la época: tomar una posición crítica frente al pensamiento y, así, construir su propia forma de expresar su visión de mundo, el ensayo.


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Más adelante afirma “Poco esfuerzo necesito para acometerlos, y además los dejo cuando me place, porque son piezas que no tienen sucesión ni dependencia unas de otras.” (pág. 343). Séneca (1951) por su parte, en la epístola XL, habla acerca del estilo propio de un discurso filosófico, atribuyéndole a este un punto medio “Aeque stillare illum nolo quam currere; nec extendat aures, nec obruat” [No quiero ni que caiga gota a gota ni que corra; ni que prolongue los oídos, ni que los abrume.] (Ep. XL, 3) no puede ser ni muy lento ni muy torrentoso. Así entonces, sus epístolas son claras, concisas y precisas: llenas de sentencias cortas, proverbios y juegos de palabras, de manera que el interlocutor entienda el mensaje directamente, sin ninguna intervención, pues es propio del filósofo (que enseña sus preceptos) ser lo más claro posible y permitir que los oídos sigan el ritmo de su discurso. Contrario de un estilo ciceroniano, propio del orador, quien pretende llegar al interlocutor de manera más bien indirecta, a través de periodos largos y figuras retóricas. Esta preferencia por la concisión es evidente en los ensayos de Montaigne, quien prefiere explicarse, más allá de adornar sus palabras, “por mi parte, cuando alguien habla del lenguaje de mis Ensayos yo preferiría que callase. No importa tanto cuidar las palabras como expresar el sentido […]” (2011, p. 191). Entonces, podemos afirmar que la concisión es una de las principales características de los Ensayos de Montaigne, motivada posiblemente por Séneca (y toda una tradición retórica romana) y sus opiniones sobre el estilo filosófico. No obstante, es importante señalar, ante todo, que esa concisión está relacionada con el objetivo del autor y del texto. Claramente los dos autores tienen como fin el “explicar”: por un lado, Séneca en su papel de educador de Lucilio y, por otro lado, Montaigne para “explicarse”; mas el tema no es tan simple. Antes de entrar en conclusiones rápidas, es importante señalar algunas características de cada género y cómo configuran el sentido del texto mismo. En primer lugar, los dos géneros no son del todo distantes, sino que están muy próximos: las cartas le permiten a Séneca hablar de temas poco relacionados entre sí, poner a discusión temas que, en géneros como la

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En aquello que une algún fruto al placer y me ayuda a ordenar mis opiniones y condiciones, prefiero a Plutarco ahora que está en francés, y a Séneca. Los dos ofrecen para mí la notable ventaja de que la ciencia que busco ellos la tratan de manera deshilvanada, sin exigir del trabajo prolijo que soy incapaz. (p. 343)

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En sus ensayos, Montaigne (2011) afirma la preferencia, entre los autores clásicos, por Séneca, incluso por encima de Cicerón, puesto que le otorga un valor de claridad y concisión:


tragedia, no eran posibles, pero sobre todo hablar y reflexionar libremente, teniendo como excusa a Lucilio, su interlocutor. A su vez, Montaigne busca reflexionar sobre temas diversos, dar su opinión acerca de distintos actos y prácticas sociales sin la rigurosidad que otro género le exigiría; busca, sobre todo, reflexionar y explicarse libremente de la manera más dinámica posible. Sin embargo, Montaigne escoge para su proyecto los ensayos, alejándose del género epistolar, y esta preferencia indudablemente tiene sus razones:

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Respecto a cartas señalaré que mis amigos me tienen por competente en el estilo epistolar, y de cierto hubiese elegido esa forma para mi trabajo si contase con quién corresponder. Pero para ello me faltaba lo que otras veces he poseído: un cierto estímulo que me atrajese, sostuviese y animase. Porque dirigirme al viento, como otros, daríame la impresión de cosa de sueño, y no me gustaría poner nombres vanos en cosa seria, pues que soy enemigo jurado de toda falsificación. (2011, p. 192-193) Aunque Montaigne atribuya, en principio, una simple falta de interlocutor, su motivación va más allá. El ensayo le permite, por un lado, enfatizar su condición de individuo: un yo que está alejado, reflexionando sobre sí mismo, pero también dejar abiertas las posibilidades de interlocutor. Si bien en el prólogo Montaigne (2011) menciona que “Lo he dedicado al uso particular de mis parientes y amigos” (Del autor al lector), es claro que solo es un juego modesto y que sus ensayos están dirigidos a un público más amplio, que incluso queda indeterminado. En el caso de Séneca, las cartas son también un juego modesto con el interlocutor, ya que, aunque se mencione a Lucilio como único “oyente”, Séneca es consciente de su recepción en la posteridad; además, es consciente, sobre todo, de su papel de intelectual y filósofo de la época. En la epístola XXI, por ejemplo, hablando sobre la fama que las cartas han de darle a Lucilio, relacionándolo con Epicuro e Idomeneo, nos dice “Has voces non est quod Epicuri esse iudices; publicae sunt” [Estas palabras no son juicios propios de Epicuro; son públicas] (Ep. XXI, 9) o en la carta XIV nos dice “Et interest quis dixerit? Omnibus dixit” [¿Qué importa quién lo dijo? Lo dijo para todos] (Ep. XIV, 18), es decir, que las sentencias no son propias del autor, sino que pertenecen al público mismo, a todo el género humano. Así mismo, podríamos entender los ensayos de Montaigne como un diálogo; un diálogo al estilo clásico de Platón, en donde el interlocutor sea el lector o Montaigne mismo. Sin embargo, el ensayo constituye algo más que se escapa en el género epistolar de Séneca: la palabra ensayo no trae consigo verdad absoluta, ni doctrina alguna. Esto no quiere decir que Séneca


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Ahora bien, la imagen del intelectual, en Séneca, se relaciona constantemente con la imagen de guía y preceptor filosófico “Lo que a Séneca le interesa es dar a las almas una disciplina moral, que se practique en la vida ordinaria” (Gallegos, 1951, p. 17). Claramente Lucilio sería ese “aprendiz” que recibe las enseñanzas de su maestro. Por lo que el mismo Séneca, en la epístola VIII, menciona su interés en servir a los demás “[…] in hoc me recondidi et fores cusi, ut prodesse pluribus possem” [(…) En este lugar me refugié y cerré las puertas, para poder ayudar a muchos otros] (Ep. VIII, 1); el filósofo puede ser útil a aquel que quiere entrar al camino de la sabiduría, es normal encontrar un “iam docebo” [Ahora

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The role of guide and adviser is one that Seneca adopts to write the letters; it is apparently the voice which he often wishes to be heard first by his readers. But it does not follow that it represents his basic authorial motivation […] [El papel de guía y consejero es uno de los que adopta Séneca para escribir sus cartas; es aparentemente la voz que él desea que sus lectores escuchen en primer lugar. Sin embargo, de esto no se sigue que represente su motivación principal como autor] (2007, p. xvii)

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sea o se considere a sí mismo como portador de la Verdad, y aunque se declare parte de la doctrina estoica, la búsqueda de la verdad lo conduce, incluso, hacia la doctrina epicúrea “soleo enim et in aliena castra transire, non tamquam transfuga, sed tamquam explorator” [Pues suelo también transitar hacia campamentos ajenos, no como desertor, sino como explorador.] (Ep. II, 5). No obstante, es claro que, en la búsqueda de la verdad, el escepticismo en Montaigne y su desapego de cualquier doctrina es mucho más evidente “Quien ande en busca de ciencia, cójala donde se aloje, que yo no profeso tenerla” (2011, p. 338). Por lo anterior, podemos establecer dos imágenes distintas de estos dos autores, la imagen del “intelectual” (en el caso de Séneca) y del “libre pensador” (en el caso de Montaigne), y cómo se configuran dentro de los preceptos sociales de cada época. Es necesario aclarar algo: al hablar del “intelectual” o “libre pensador” no se habla necesariamente de la intención del autor o la finalidad de su texto, se habla más bien de la forma que adopta ese autor para hacer expreso su pensamiento. Aquí estamos de acuerdo con Inwood (2007) cuando dice, para el caso de Séneca:


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te enseñaré] (Ep. LIX, 14) que pretende encaminar a Lucilio en el ejercicio de la bona mens1. Por su parte, en Montaigne (2011) se aprecia una imagen de libre pensador que no pretende defender o asentar una doctrina filosófica específica, como ya se mencionó antes, sino que pretende una visión crítica del mundo. Por ende, no es posible afirmar que no haya un interés moral en sus ensayos o que estos no estén dirigidos a encaminar a los seres humanos a una reflexión crítica sobre la vida misma; se podría afirmar, incluso, lo contrario, aunque en sus textos no esté explícito. Estamos más de acuerdo con la idea de Aguilera (2011), quien dice que “Montaigne prefiere más que dirigir a los hombres, estudiarlos y comprenderlos” (p. XVII). Como hemos visto hasta ahora, tanto la figura de intelectual como la de libre pensador están directamente relacionadas con la intención y el objetivo que imprime el autor en su obra. Sin embargo, además de lo anterior, estas figuras también están relacionadas con la configuración de individuo y del “yo” que se encuentra en cada obra. En Montaigne, la importancia de la individualidad, del “yo” que es materia misma de sus ensayos, tiene gran relevancia, “Hace muchos años que yo solo me tengo a mí por objeto de mis pensamientos, no estudiando otra cosa sino a mí mismo; y aun si estudio alguna otra es para relacionarla conmigo y aplicármela” (Montaigne, 2011, p. 313), y es quizá por esta razón (además de su marcado escepticismo) que se le ha dado un lugar entre los autores modernos. Esta importancia del sujeto como objeto de estudio es evidente en la mayoría de autores clásicos. Desde la filosofía antigua había un llamado a la meditatio (ἄσκησις en griego)2, es decir, un llamado al estudio y a la reflexión de sí mismo y, sobre todo, de las propias experiencias; de ahí el precepto griego γνῶθι σεαυτόν [Conócete a ti mismo]3. Séneca afirma que “Iucundum est secum esse quam diutissime, cum quis se dignum, quo frueretur” [Es agradable estar consigo mismo el mayor tiempo posible, cuando se es digno de disfrutar de sí mismo] (Ep. LVIII, 32); acá, estar consigo mismo representa un ejercicio filosófico, por medio del cual se alcanzará un estado mental adecuado. Al respecto afirma Bartsch y Wray (2009):

1 Para los estoicos, este término cuenta con dos valores: no es solo un concepto teórico, sino también práctico. Bona mens implica conocer los saberes necesarios que permitirán actuar con prudencia y sabiduría en cualquier momento de la vida, además de conducir estas acciones de acuerdo con la naturaleza del hombre. Así, puede considerarse como el medio para llegar a un fin, el cual requiere una preparación y formación filosófica específica y cuidadosa, y como fin en sí mismo 2 En Montaigne lo entenderemos como ejercicio o ejercitación. 3 Esta inscripción que se encontraba en el templo de Apolo en Delfos.


Ahora bien, es claro que el ejercicio de introspección en Montaigne es distinto pues, aunque tenga su origen en la filosofía antigua, no tiene aspiraciones pedagógicas; aspira a un conocimiento de sí mismo, sin ninguna pretensión inicial de guiar o educar, “Los otros autores forman al hombre, mas yo lo describo, y así, represento individuos mal formados que, si yo hiciese de nuevo, fabricaría de otra manera” (Montaigne, 2011, p. 683). No obstante, cuando Montaigne afirma que su intención principal es conocerse a sí mismo, afirma, al mismo tiempo, que cree en la perfectibilidad del hombre a través de ese conocerse a sí mismo y, de cierta forma, se construye como ejemplo en ese proceso de aprendizaje. Esa ejemplaridad se construye de manera distinta en los dos autores porque, como ya se dijo, en uno hay consciencia plena de ese papel de guía filosófico, mientras que, en el otro, no es la intención principal. A pesar de ello, Montaigne, a través de su plena consciencia de la imperfección humana, al indicar que “Sujeto maravillosamente vano, variable y fluctuante

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Posterorum negotium ago; illis aliqua, quae possint prodesse, conscribo. Salutares admonitiones, velut medicamentorum utilium compositiones, litteris mando, esse illas efficaces in meis ulceribus expertus, quae etiam si persanata non sunt, serpere desierunt [Me ocupo en la posteridad; para ella escribo algunas cosas que pueden ser útiles. Confío a las letras advertencias saludables como preparación de medicinas útiles, para que ellas sean eficaces; experimentadas aquellas en mis propias heridas que, si bien no están sanas, dejaron de serpentear] (Ep. VIII, 2).

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El estado tanto de la mente como del cuerpo determinará las acciones humanas; de ahí que los estoicos hicieran un llamado al alejamiento y a la privacidad. Empero, este mirar dentro de sí y dentro de nuestras propias experiencias funciona en Séneca como exemplum [modelo], modelo que pretende servir a los demás seres humanos que emprenden este mismo camino filosófico:

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Seneca’s self-presentation in the letters to Lucilius, very much in this vein, despicts a private person engaged in a process of self-therapy through epistolary exchange: a share and mutual process, but also solitary one. [La autopresentación de Séneca en las cartas a Lucilio, en este sentido, representa una persona particular envuelta en un proceso de autoterapia a través de un intercambio epistolar] (p. 5)


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es el hombre, a quien cuesta trabajo formar juicio uniforme y constante” (2011, p. 5), se acerca al ser humano en general y, por tanto, podemos interpretarlo, incluso en la actualidad, como un guía filosófico y moral, sin que sea esa su intención primaria. Montaigne (2011) no es solo consciente de la imperfección humana, sino que él mismo se muestra como ser imperfecto y contradictorio “En mí se hallan, por turno, todas las contradicciones. Soy vergonzoso, insolente, casto, lujurioso, charlatán, taciturno, laborioso, dedicado, ingenioso […] y quienquiera que a sí mismo se mire dará con igual volubilidad y discordia” (p. 278), lo que lo configura como un ser humano en las mismas condiciones que cualquier otro sin intenciones de superioridad. Solo en esta medida puede verse a Montaigne como ejemplo, no como ser superior que pretende “enseñar” su perfección, sino como un ser humano igual que los demás, cuyas experiencias, cercanas a las nuestras, pueden enseñarnos mucho. De esta forma, a pesar de que Montaigne es consciente de la perfectibilidad humana, de que el ser humano a través de la razón y la consciencia de esas imperfecciones puede llegar a ser virtuoso, peleando con sus contradicciones y vicios, también critica a aquellos autores que pretenden describir al hombre como seres constantes “paréceme que incluso los buenos autores se engañan obstinándose en formar de nosotros una contextura sólida y perseverante” (Montaigne, 2011, p. 275), autores entre los cuales podríamos contar a Séneca. Séneca es, igualmente, consciente de esas imperfecciones y de la volubilidad humana: Intellego, Lucili, non emendari me tantum sed transfigurari. Nec hoc promitto iam aut spero, nihil in me superesse, quod mutandum sit. Quidni multa habeam, quea debeant colligi, quae extenuari, quae atolli? Et hoc ipsum argumentum est in melius translati animi, quod vitia sua, quae adhuc ignorabat, videt. [Entiendo, Lucilio, que no solamente me enmiendo, sino que también me transformo. No por esto prometo o espero que no permanezca nada en mí que haya de ser cambiado. ¿Por qué no he de tener muchas cosas que deban mejorar, que deban reunirse, moderarse y elevarse?] (Ep. VIII, 2) Empero, Montaigne entiende y justifica, de cierta forma, la dualidad humana: las pasiones son más fuertes que la virtud, y, en muchas ocasiones, nos cuesta mantenernos en la segunda. Para Séneca, sería imposible afirmar que el ser humano no puede llegar a ser virtuoso a través del ejercicio; todo lo contrario, exhorta a Lucilio para que, en ese ejercicio, sea constante y a través


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Lo anterior nos muestra que Montaigne mismo no solo se construye a través de dichos autores clásicos, especialmente de Séneca, sino que, a través de ellos, también logra hablar un “yo” que se distancia, que tiene intenciones distintas; un “yo” que se proyecta al mundo; un Montaigne que prevalece hasta nuestros tiempos.

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No tenemos a este estilo hechas nuestras facultades, a las que dejamos vagar mientras nos investimos de otras ajenas, como alguien podría decir de sí mismo, acusándome de haber reunido un ramo de flores forasteras, y no aportan otra cosa mía que el hilo con que las trabo. Concedo que estos ornamentos prestados me acompañan, pero no que me cubran y oculten. Por el contrario, solo quiero exhibir lo mío, y lo mío por naturaleza. (Montaigne, 2011, p. 897)

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de él pueda alcanzar dicha virtud, “Quod pertinaciter studes et omnibus omissis hoc unum agis, ut te meliorem cotidie facias, et probo et gaudeo, nec tantum hortor, ut perseveres, sed etiam rogo” [Que estudies con tenacidad y que, renunciando a las demás cosas, te conduzcas a una sola para hacerte cada día mejor, lo apruebo y me alegra. Y no solo te exhorto a que perseveres sino que también te lo ruego] (Ep. V, 1). Muchas otras cosas podrían decirse al respecto de esta relación formal y filosófica de Montaigne y Séneca; no obstante, consideramos que con los puntos tratados ya es posible concluir que Montaigne, consciente de su tradición literaria y filosófica, recoge a los autores clásicos para dar un paso hacia adelante. Si bien retoma la idea de la constancia y la meditatio de los estoicos y demás teorías filosóficas, esto le sirve para desarrollar sus propias ideas sobre el ser humano, alejado de cualquier intención prescriptiva, más bien en la búsqueda de una libertad del pensamiento:


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Aguilera, E. (2011). Notas prologales. En: Montaigne. Ensayos Completos (p. XVII). México: Editorial Porrúa. Bartsch, S. & Wray, D. (Eds.). (2009). Seneca and the self. Reino Unido: Cambridge University Press. Gallegos, J. M (1951). Introducción. En Séneca Cartas Morales, Tomo I, pág. 17. Inwood, B. (2007). Seneca, selected philosophical letters. New York: Oxford University Press. Montaigne, M. (2011). Ensayos completos. México: Editorial Porrúa. Seneca, L. A. (1951). Epistulae morales ad Lucilium. Serie Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana. México: Universidad Nacional Autónoma de México.

R eferencias

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Jéniffer Lizeth Fonseca Estudiante de la Licenciatura en Español y Filología Clásica Universidad Nacional de Colombia. Correo: jlfonsecar@unal.edu.co

BRE VE COMENTARIO A L A ELEGÍA XIII DE ANGELO POLIZIANO “DE OVIDII E XILIO E T MORTE ”

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R esumen

Palabras clave: Angelo Poliziano, Renacimiento, interpretación, humanismo.

Tras autoexiliarse en 1479 durante seis meses fuera de Florencia, Angelo Poliziano alude a la obra del poeta latino Ovidio para plasmar sus sentimientos como poeta exiliado. Precisamente, la elegía XIII, recogida en la edición de Isidoro de Lungo del año 1867 nos habla de su relación y sentimientos hacia Florencia y hacia Lorenzo de Médici. En este comentario, se pretende identificar las partes en las que Poliziano divide su elegía de acuerdo con los giros retóricos y poéticos; aunque esta búsqueda es limitada, también se pretenden rescatar las relaciones análogas y opuestas, la tradición usada por el autor y, en poca medida, su importante docta varietas.


Et iacet Euxinis vates Romanus in oris, Romanum vatem barbara terra tegit. Terra tegit vatem teneros qui lusit amores barbara, quam gelidis alluit Ister aquis

Y el poeta romano yace en las costas euxinas, una bárbara tierra al poeta romano cubre. Al poeta que jugó con los tiernos amores cubre la tierra bárbara que baña el Istro con sus aguas frías1

Poliziano usa el dístico elegiaco, mismo que Ovidio Naso dispuso en su exilio y también propio de los cantos fúnebres. Así, a modo de “un diálogo a la distancia”, muestra la cercanía a la poesía de Ovidio al pasar por un exilio en el que, aunque no tiene la misma duración ni fue impuesto, se halla lejos de su querida Florencia y, por medio de este poema, busca la atención de Lorenzo de Médici (McGowan, 2005). Con ello, el poeta de Montepulciano nos muestra su cercanía a Ovidio: comienza la elegía con ‘et’ y luego toma el epitafio escrito por Ovidio en Tr. 3, 3, 73 “Hic ego qui iaceo tenerorum lusor amorum” [Aquí yo que jugué con los tiernos amores yazgo], modifica el adverbio habitual para los epitafios ‘hic’ por la conjunción ‘et’ igualando su situación y su estatus de poeta. En los dos primeros versos, vemos una oposición entre el poliptoton ‘Romanus’ / ‘Romanum’, y ‘barbara’: esta oposición muestra la diferencia entre los dos ámbitos en los que vivió Ovidio, entiéndase: ‘Romanus-Romanum’ como docto y ‘barbara’ como inculto. Esta reflexión muestra la predilección de Poliziano por la lengua del imperio romano cuya ar1 La traducción de la elegía XIII de Angelo Poliziano es propia.

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I. L ejanía y compasión vv. 1-4

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I. Lejanía y compasión: 1-4. II. Recriminación contra Roma: 5-18. III. Quienes lloran a Ovidio: 19-30. I. Pueblos bárbaros: 19-26. II. La Naturaleza: 27-30. IV. Muerte del poeta: 31-35. V. Inmortalidad del poeta: 36-40.

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Se pueden reconocer, en esta elegía, bloques de sentido que verso a verso se van encadenando. Con esto en mente, denominaremos estos bloques de la siguiente manera:


monía recogida por el ‘vates’ no se recibiría por los pueblos bárbaros con la correspondiente sensibilidad afirmada por Ovidio: Cur ego sollicita poliam mea carmina cura? / An uerear ne non adprobet illa Getes? / Forsitan audacter faciam, sed glorior Histrum / ingenio nullum maius habere meo. [¿Por qué yo debería embellecer mis cantos con ávidos cuidados o por qué debería temer que el Getes no los apruebe? Quizá de manera osada actúe, pero es que me enorgullece que ninguno de los del Istro tenga algo más noble que mi arte.] (Ov. Pont. 1, 5, 61-64) Poliziano termina el segundo verso con ‘terra tegit’ tomando el verso de Tr. 3, 3, 46 ‘barbara terra teget’ modificando el tiempo del verbo, de futuro a presente. Así, especifica que lo que Ovidio vio como futuro se cumplió y, aún entonces, yace lejos de su patria: uno de los temores de Poliziano. Entre el verso 2 y 3 ‘vatem terra tegit / Terra tegit vatem teneros qui lusit amores’ hay una anadiplosis, un quiasmo y una aliteración, cuyo efecto es enfatizar el dolor por la pérdida de no cualquier poeta, sino del que jugó con los tiernos amores.

II. R ecriminación contra Roma vv. 5-18 Nec te, Roma, pudet, quae tanto immitis alumno 5 pectora habes ipsis barbariora Getis? Ecquis, io Musae, Scythicis in finibus aegro taedia qui morbi demeret, ullus erat? Ecquis frigidulos qui lecto imponeret artus, aut qui dulciloquo falleret ore diem?

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Aut qui tentaret salientis tempora venae,

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aut fomenta manu qui properata daret, conderet aut oculos media iam morte natantes, aut legeret summam qui pius ore animam? Nullus erat, nullus; veteres tu dura sodales 15 heu procul a Ponto, Martia Roma, tenes. Nullus erat; procul ah, coniux parvique nepotes, nec fuerat profugum nata sequuta patrem.

¿Y tú, Roma, no te avergüenzas de que, severa con tan gran alumno, [5] tienes un corazón más bárbaro que los mismísimos Getas? ¿Acaso hubo alguien, oh Musas, en el extremo del Escitia que al enfermo le aliviara las molestias del dolor? ¿Acaso alguien que pusiera sus miembros en el lecho o que con un dulce hablar engañe el día?

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¿O que revisara los latidos de su corazón, o que con mano solícita los medicamentos le diera, o que, ya en la agonía de la muerte, cerrara sus débiles ojos o quién devoto tomara con la boca su último aliento? Nadie hubo, nadie; a sus viejos amigos [15] tienes tú, ruda, Marcial Roma, ¡ay! lejos del Ponto. Nadie hubo, ¡ay! lejos. Ni la esposa y pequeños nietos, ni la hija siguieron a su exiliado padre.


En el verso 7 tenemos ‘Scythicis in finibus aegro’, condición descrita por el mismo Ovidio (en Ov. Tr. 3, 3, 3). Dicha situación se extiende a lo largo de los versos 8-13 con los cuidados apropiados de los ‘tedia’ de un enfermo; como poner sus miembros débiles en el lecho; hablarle dulcemente, dándole la sensación de que el tiempo pasa rápidamente; revisar la pulsación; darle los medicamentos y, media iam morte, cerrar sus ojos:

2 Véase: Ov. Met. 3, 442 y Tris. 3,3, 47-50

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Inpetus ille sacer qui uatum pectora nutrit, / qui prius in nobis esse solebat, abest. / Vix uenit ad partes, uix sumptae Musa tabellae / inponit pigras paene coacta manus. [Ese vigor sagrado que nutre el corazón de los poetas, que antes solía estar dentro de nosotros, ya no está. A duras penas viene a sus deberes, a duras penas la Musa casi obligada pone sus manos débiles en la tablilla elegida.] (Ov. Pont. 4, 2, 25-28)

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At nisi peccassem, nisi me mea Musa fugasset [Pero y si no hubiese errado, y si no se me hubiera escapado mi musa] (Ov. Pont. 3, 5, 21)

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La recriminación es evidente con un ‘te’, el vocativo ‘Roma’ y el verbo ‘pudet’ antes de la cesura (v. 5). El reproche contra Roma por tener al vates Romanus en dichas condiciones se pone de relieve en la relación opuesta entre ‘tanto’, que se refiere a Ovidio, y ‘barbariora’, que se refiere al corazón de Roma. El adjetivo ‘tanto’, por un lado, muestra la grandeza del poeta y, por el otro, intensifica el comparativo ‘barbariora’; entonces, mientras que Ovidio es ‘tanto alumno’ de Roma, esta (Roma) le responde con un corazón más bárbaro que los mismísimos bárbaros Getos. Es decir, abre la recriminación contrastando al poeta y los bárbaros y, además, asemejando a Roma con éstos. Continúa el reproche con un par de preguntas retóricas introducidas por la anáfora: ‘Ecquis… Ecquis’ de los versos 7 y 92, cuyas respuestas, por medio de otra anáfora, son dadas en los versos 15 y 17 ‘Nullus erat… Nullus erat’. Estas preguntas son enfáticas por el uso continuo del pronombre relativo ‘qui’ coordinado por ‘aut’. Lo anterior está dirigido a las Musas, ya que, a lo largo de la obra ovidiana, en el exilio, se recoge la amargura de no tener la ayuda de ellas ni de Apolo, por consiguiente, según Ovidio, su obra poética va decreciendo tras haber llegado al Escitia.


a. El ‘artus’ del verso 9 está calificado por ‘ frigidulos’ que, por un lado, son débiles y, por el otro, fríos; respectivamente, por la vejez y por estar lejos del calor del hogar en un lugar de tierras frías. b. En el verso 10 el ‘ore’ está calificado por ‘dulciloquo’. Este particular adjetivo se atestigua en Apuleyo en el siglo II “tuo dulciloquo calamo” (Apul. Apol. 9,44); en el siglo IV con San Agustín en libros dulciloquos (Confessiones Agustini 4, 8, 13) y, posteriormente, en arte dulciloqua (Sidonii Apolinaris Epistularum Liber Octavus, Epistula XI) de Sidonio Apolinar del siglo VI, entre otros autores. Por una parte, estos dos últimos escritores fueron lectores del primero; mientras que por la otra, Poliziano fue un lector asiduo de Sidonio Apolinar (Hernández-Lobato, 2011). El contexto del uso de dulciloquus en San Agustín y en Sidonio Apolinar es la pérdida de un amigo cuya relación era muy cercana, lo que describe Poliziano: la falta de una persona que en la vejez le lea en voz alta y dulce para que el día a día sea más amable y pasajero. Es decir, ¿dónde está la dulzura en medio de aquellas tierras y personajes bárbaros?

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c. Cierra en el verso 13 con ‘conderet aut oculos media iam morte natantes’, una de las imágenes más conmovedoras, descrita también por Ovidio, donde el ser querido va avanzando al sueño de la muerte3. En el verso 14, se cierra este proceso de enfermedad y muerte con ‘aut legeret summam qui pius ore animam?’, aludiendo Poliziano a la creencia romana de que el último hálito del animus es recibido por una persona cercana por consanguinidad a través de su boca (Shearer-Duncan, 1929), lo anterior, citado en la tradición literaria romana (Verg. A. 4, 683-685 y Ov. Met. 12, 423-425). En el verso 15 nuevamente con el uso de la anáfora se cierra la pregunta retórica del verso 7, tal como Ovidio lo describe en Tristia (3, 3, 39-40), y, ratificando lo que sintió Ovidio en

3 Véase: Ov. Tr. 3, 3, 43-44; Met. 5, 71-73; Verg. G. 4, 495-496.


Getas, corazón de roca, vestidos en pieles [20],

Scilicet immanes Bessi flavique Coralli, 20

por tanto, un Sármata de hórrido aspecto, quien

scilicet horribili dederit solamina vultu

constantemente se alimenta de leche equina, debió

aut vos, pelliti, saxea corda, Getae,

haberle dado consuelo, un Sármata a quien, hacia los

Sarmata ab epoto saepe vehendus equo, Sarmata cui rigidam demisso in lumina frontem, mota pruinoso tempora crine sonant. Sed tamen et Bessi extinctum et flevere Coralli Sarmataque et durus contudit ora Getes; extinctum et montes flebant silvaeque feraeque, et flesse in medius dicitur Ister aquis; quin etiam pigro concretum frigore Pontum, Nereidum lachrymis intepuisse ferunt

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ojos de aquel agachada la cabeza, le resuena con una crin escarchada que cae a lo largo de su rígida frente. Pero en efecto también los Besos y los Corales [25] lloraron al fallecido y el Sármata y el rudo Geta ablandaron el rostro; al fallecido sollozaban los montes, los bosques y las bestias, también se dice que en medio de las aguas el Istro sollozaba; incluso cuentan que el Ponto helado por el frío perezoso se entibió con las lágrimas de las Nereidas [30]

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Por tanto, los fieros Besos y los rubios Corales o ustedes,

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III. Quienes lloran a O vidio. vv. 19-30

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futuro, Poliziano modifica el verbo en imperfecto, enfatizándolo con un segundo ‘nullus’. Efectivamente, ninguno de los mencionados anteriormente estuvo allí para dar los cuidados necesarios a un enfermo, ni acompañarlo en su último respiro. Entre el verso 15 y 16 tenemos, de nuevo, la relación opuesta entre Roma y el Ponto. Ovidio y Marcial (Hinds, 2007) usan el adjetivo ‘Martia’ para referirse a Roma como urbe, tierra, ciudad o Roma en sí. De una parte, el adjetivo denota los orígenes de la ciudad, pues los fundadores Rómulo y Remo eran hijos de Marte y Rea Silva; no obstante, en el verso 15, el ‘tu dura’ contrasta con ‘sodales’, que denota amistad, familia, cercanía. Por otra parte, el sustantivo ‘ponto’ no tiene adjetivos que lo califiquen, esto hace más enfático el ‘Martia’ y ‘dura’, mostrando así a una Roma severa. En el verso 17, nuevamente, se responde a la pregunta retórica con un ‘Nullus erat’, pero, a diferencia del verso 15, no lo enfatiza con otro ‘nullus’, sino que repite el adverbio ‘procul’, usado previamente en el verso 16. Con ello y junto al adjetivo ‘profugum’ del verso 18, que califica a ‘patrem’, vuelve a destacar la lejanía de su familia.


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Esta sección, por medio de una tercera anáfora, contrapone los comportamientos entre la ‘tu dura Martia Roma’ y de ‘Sarmata’ caracterizado por la frialdad y la rudeza como lo describe Ovidio: “Sauromatae cingunt, fera gens, Bessique Getaeque, / quam non ingenio nomina digna meo!” (habitan los Sarmatas, pueblo salvaje, y los Besos y los Getas, razas indignas de mi arte) (Tr. 3, 10, 5-6). En los versos 19 y 20 se describen partes de los pueblos habitantes de la zona, no sin mencionarlos con un ‘vos’: ‘immanes Bessi’, ‘flavique Coralli’ o ‘pelliti Getae’ que es antagónico al ‘tu’ del verso 15. El último pueblo mencionado tiene el apósito ‘saxea corda’, idea que, igualmente, se equipara al ‘pectora barbariora’ del verso 6 correspondiente a Roma y, aunque los dos ambientes son severos, el poeta de Sulmo logra enternecer con sus carmina los corazones duros de los bárbaros. En los versos 21 y 22 describe al Sármata que probablemente le dio los cuidados últimos, los ‘solamina’ (tengamos en cuenta que este sustantivo fue muy usado para describir el último consuelo del moriens4). Dicho Sármata es descrito con un aspecto horrible y, entre sus costumbres, está “ab epoto saepe vehendus equo”, aspectos atestiguados por Plinio (Nat. 18, 100, 2) y Marcial (Mart. 3,4). Paulatinamente, Poliziano amplía el carácter rudo de los pueblos bárbaros para contraponerlos a Roma. En los versos 23 y 24, se subraya ese aspecto rudo del Sármata, compartiendo aspectos propios del caballo como la ‘crine’, ‘rigidam frontem’ y ‘mota tempora’; el proceso es: la cabeza con una crin escarchada que cae a lo largo de su rígida frente, tras agacharla hacia los ojos de Ovidio, le resuena. A mi parecer, Poliziano dispone de estas fuertes características para describir al Sármata usando formas ya conocidas: el ejemplo del cabello sobre la frente lo tenemos en Lucano (Luc. 2, 375-6) y Ovidio (Met 6, 288-9; Fast. 6, 441). Entre los versos 25 y 26, enumera los pueblos bárbaros que lloran al ‘vates Romanus’; nuevamente, por medio de una relación opuesta entre ‘durus’ y ‘contudit’ (cuyo significado básico es triturar, quebrar), se evidencia que el poeta ha logrado tocar los ‘saxea cordea’; en este caso, al ‘Getes’: por más rudo (durus) que fuera, logró ablandar su rostro. En el verso 27, enumera algunos seres de la naturaleza como las montañas, los bosques y los animales que se lamentan, mismos que lloraron a Orfeo (Ov. Met. 11, 44-46). Entre el verso 28 y 29 se describe un poco el territorio, tal y como Ovidio lo hizo en Tristia: “Hister / congelat et tectis in mare serpit aquis” [El Istro se congela y repta hacia el mar bajo las aguas] (3, 10, 29); “Ut sumus in Ponto, ter frigore constitit Hister, / facta est Euxini 4 Véase: V. Fl. 5, 56; Verg. A. 10, 491-495; Ov. Met, 12, 80-81.


arsuroque faces supposuere rogo; quem, simul absumpsit rapidae violentia flammae, relliquias tecto composuere cado impositumque brevi signarunt carmine saxum: 35

Asistieron pequeñas aves con su madre Venus y bajo la pira funeraria pusieron las antorchas para que se consumiera; reunieron sus restos en una urna funeraria mientras el ímpetu de las llamas rápidamente lo abrazaba y en la lápida tallaron un breve poema: [35]

Esta segunda parte del bloque podría ser una comparación entre Ovidio y Orfeo en los versos 31-32 por el resultado que puede causar su deceso, pues cada uno se destaca, uno en el carmen, el otro en la lira. En el verso 31, Poliziano se dirige a Venus, siendo ella la diosa que acompañó a Ovidio de antaño, para que ahora también lo haga en sus honras fúnebres. En este bloque de sentido hay un breve catálogo funerario como ‘rogo’, ‘ faces’, ‘cado’ y ‘composuere’. El verso 35 se cierra recordando a Ovidio: “Naides Hesperiae trifida fumantia flamma / corpora dant tumulo, signant quoque carmine saxum:” [Las náyades vespertinas ponen el cuerpo [de Faetón] abrasado por el rayo trífido en el montículo y ponen este canto en una piedra:] (Met. 2, 326). Con este breve carmen tallado en la lápida da fin a la descripción de la muerte del poeta. Así, como en el primer bloque, siente la cercanía con Ovidio y usa esta sensibilidad para mostrársela a De Médici indicando que no quiere morir como Ovidio en el exilio.

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Accurrere leves Paphia cum matre volucres

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IV. M uerte del poeta vv. 31-35

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dura ter unda maris” [Mientras hemos estado en el Ponto, tres veces el Istro se ha detenido y se ha endurecido el oleaje del mar Euxino] (5, 10, 1). En estos mismos versos, encontramos dos aliteraciones que muestran el proceso del Istro y del Ponto, respectivamente, con una aliteración en ‘s’ y otra en ‘r’, acompañada de un sonido velar: podemos inferir por la aliteración ‘s’ que el Istro se ha derretido, se ha ablandado y por la aliteración en ‘r’ (casi como un trac-trac) que el Euxino se está fraccionando; esto por las lágrimas de las Nereidas.


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36

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V. Inmortalidad del poeta vv. 36-40 “Qui iacet hic, teneri doctor amoris erat”.

“Quien yace aquí fue maestro del tierno amor”.

Ipsa locum late sancto Cytherea liquore

Venus misma roció tres y cuatro veces con su nívea mano un

irrorat nivea terque quaterque manu.

líquido sagrado por todo el lugar.

Vos quoque, Pierides, vati libastis adempto

También ustedes, Piérides, consagraron cantos para el poeta

carmina, sed nostro non referenda sono. 40

que nos quitaron, pero mi voz no debe cantarlos. [40]

En el verso 36, Poliziano ha modificado el epitafio diseñado por Ovidio en Tristia 3, 3, 73, cambiando el sustantivo ‘lusor’ por ‘doctor’ a causa de dos razones: por un lado, el Ars Amatoria comienza: “Si quis in hoc artem populo non novit amandi, / hoc legat et lecto carmine doctus amet” (Si alguien no conoce el arte de mar en este pueblo, que lea este poema y una vez leido que ame siendo conocedor) y termina “Ut quondam iuvenes, ita nunc, mea turba, puellae / inscribant spoliis ‘NASO MAGISTER ERAT’” [Como una vez las jóvenes muchachas, así como ahora, que mi séquito escriba en el botín “NASO ERA EL MAESTRO”]. En estos versos, Ovidio se proclama como el maestro o guía del amor, mas no como el ‘doctor’; sin embargo, en la Edad Media y posterior, Ovidio fue conocido como el ‘doctor amoris’ (Huntington-Coon, 1930). Posiblemente, Poliziano usa su nombre ya no en el sentido medieval de médico del amor, sino como el conocedor o erudito en esta materia: allí se manifiesta la inmortalidad del poeta, aunque hayan pasado, para la época de Poliziano, quince siglos, su nombre ha pasado a la posteridad. En el verso 39, se dirige nuevamente a las Piérides o Musas con un ‘vos’, fieles acompañantes de Ovidio durante toda su vida y por medio de quienes logró dicha inmortalidad, quienes presiden unos ‘carmina’ al ‘adempto’. El anterior adjetivo es muy particular de los epicedios o de una intensa pérdida, como por ejemplo en Horacio (Carm. 2, 4, 10-12), en Ovidio (Pont. 1, 9, 41), en Catulo (101, 6); de igual forma, Ovidio se puso a sí mismo tal adjetivo en sus obras en el exilio (Tr. 3, 10, 1-2; Pont. 4, 6, 49-50). A pesar de que Poliziano se remite a Ovidio, construye su elegía a partir de muchos autores, siendo un docto conocedor no solo de clásicos, sino de la tradición posterior. Los conocimientos, como primer filólogo, le permiten no solo tomar referencias, instrumentos retóricos o expresiones de distintas obras, sino que, además, conoce el contexto en el que se sumerge cada una de las anteriores; su docta varietas le permite hacer uso de la lengua latina como su amiga y aliada, al igual que ve en Ovidio y su obra, la referencia más cercana a su situación para poderse acercar a Lorenzo de Médici.


Hernández-Lobato, J. (2011). Sidonio Apolinar en el “Quattrocento”. Cuadernos de Filología Italiana, (18), 77-96. Hinds, S. (2007). Martial’s Ovid / Ovid’s Martial. The Journal of Roman Studies, 97, 113-154. Huntington-Coon, R. (1930). The Vogue of Ovid since the Renaissance. The Classical Journal, 25(4), 277-290. McGowan, M. (2005). Ovid and Poliziano in exile. International Journal of the Classical Tradition, 12(1), 25-45. Shearer-Duncan, T. (1929). The transfer of the soul at death. The Classical Journal, 25(3), 230- 234.

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R eferencias

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Apollinaris, S. (1987). Gai sollii apollinaris sidonii epistulae et carmina. Christianus Luetjohann (Ed.). Berlin: Monumenta Germanae Historica. Apuleius, M. (1959). Apologia. Apulei Platonici Madaurensis Opera Quae Supersunt. R. Helm (Ed.). Leipzig: Teubner. Aurelius, A. (1934). Confessiones. Martin Skutela (Ed.). Leipzig: Teubner. Catullus, C. (1983). Carmina. Catullus. G. P. Goold (Ed.). Londres: Duckworth. Flaccus, C. (1980). Argonautica. Gai Valeri Flacci Setini Balbi Argonauticon Libros Octo, W. W. Ehlers (Ed.). Leipzig: Teubner. Horatius, Q. (1959). Carmina. Q. Horati Flacci Opera. F. Klingner (Ed.). Leipzig: Teubner. Lucanus, M. (1927). Bellum Civile. M. Annaei Lucani Belli Civilis Libri Decem. A. E. Housman (Ed.). Oxford: Blackwell. Martialis, M. (1976). Epigrammata. M. Valerii Martialis Epigrammaton Libri. W. Heraeus & J. Borovskij (Eds.). Leipzig: Teubner. Ovidius, P. (1967). Tristia. G. Luck (Ed.). Heildelberg: Winter. Ovidius, P. (1977). Epistulae ex Ponto. Pontiques. J. André (Ed.). Paris: Budé. Ovidius, P. (1977-1984). Metamorphoses. Ovid: Metamorphoses in two volumes. F. J. Miller & G. P. Goold (Eds.). Cambridge: Loeb Classical Library - Hardvard University Press. Ovidius, P. (1979) Ars Amatoria. Ovid in Six Volumes. J. H. Mozley & G. P. Goold (Eds.). Cambridge: Loeb Classical Library Hardvard University Press. Plinius, C. (1892-1909). Naturalis Historia. C. Plini Secundi Naturalis Historiae Libri XXXVII. Vols. 1-5. C. Mayhoff (Ed.). Leipzig: Teubner. Vergilius, P. (1972) Georgica. P. Vergili Maronis Opera. R. A. B. Mynors (Ed.). Oxford: Oxford Classical Text - Oxford University Press. Vergilius, P. (1972). Aeneis. P. Vergili Maronis Opera. R. A. B. Mynors (Ed.). Oxford: Oxford Classical Text - Oxford University Press.

R eferencias textos latinos

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Johanna Gutiérrez Acosta Estudiante de Lic. Español y Filología Clásica. Universidad Nacional de Colombia. Correo: lejgutierrezac@unal.edu.co

PAL ABR A S, PAR ABOL Æ , ΠΑΡΑΒΟΛ ΑI:

ESCRITUR AS CRE ATIVAS EN EL CURSO DE R AÍCES GRECOL ATINAS DEL ESPAÑOL Δεῖ τοῖς εὐεργέταις χάριν ἀποδιδόναι. [Es necesario agradecer a los benefactores] Aesp. Fab. H. 186

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R esumen

Palabras clave: didáctica, escrituras creativas, etimología,raices griegas y latinas del español.

A continuación se presentan algunos resultados de la asignatura Raíces griegas y latinas del español, dictada como Electiva en la Universidad Nacional de Colombia, en el marco de la Práctica Docente 2017-I, y diseñada en los Seminarios de Trabajo de Grado I y II. El curso se organizó a partir del acercamiento al léxico en su contexto original, es decir, a partir de la lectura de reconocidos fragmentos de obras clásicas; y de ejercicios de escritura, cuyo propósito era que los aprendices se apropiaran del vocabulario y, a su vez, emularan el estilo y las temáticas de las obras vistas. Así pues, los escritos ahora expuestos están acompañados de la traducción del fragmento que les sirvió de modelo. Al final se presentan algunos comentarios sobre la experiencia docente.


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No sin asombro, me aventuré en la tarea de preparar un curso sobre el origen de las palabras del español. En un principio fue bastante difuso el camino a seguir, pues frente a una tarea de semejante talante la didáctica parecía ser de poco alcance. Tras navegar, a veces sin suerte, por bibliografía sobre el tema, establecí al fin una metodología con la que fuera posible no solo abordar la etimología como estudio, sino también acercarse de manera organizada a aspectos centrales de la cultura grecolatina. Fue entonces que, tras unir los diferentes modelos didácticos con los que se ha abordado la enseñanza de la etimología, establecí un programa que vinculara tres ejes fundamentales: los contenidos lingüísticos, los contenidos temáticos y los ejercicios de apropiación. Para que tal nexo fuera posible, los ejes establecidos debían girar en torno a uno central: los campos semánticos. De este modo, para abordar cada contenido lingüístico (prefijos, sufijos, declinaciones, verbos, etc.) se partió de contenidos temáticos relacionados con un género literario, por ejemplo, la medicina en relación con los aforismos; la muerte, con los epitafios; la política, con la prosa oratoria; etc. Como se contaba ya con un tema rector, fue posible buscar vocabulario relacionado entre sí y agrupar las palabras que compartieran ciertos rasgos semánticos. Por otro lado, ya que los estudiantes eran de diferentes programas académicos de la Universidad, fue necesario seleccionar temáticas variadas a las cuales ellos pudieran aportar desde sus campos de estudio. Al acercarme al léxico de esa manera, pude establecer redes y preparar fragmentos de obras clásicas, las cuales contuvieran los vocablos suficientes para elaborar listas de raíces grecolatinas presentes en el español. En la mayoría de los casos, intenté llevar textos bilingües o trilingües, para que los estudiantes apreciaran los vocablos en su uso y lengua original. Así, en la medida de mis posibilidades, traduje algunos con el fin de aportarle significativamente a la lectura de los mismos. Cada fragmento estaba acompañado por un comentario de un estudioso del tema, en el que se explicaba su sentido a la luz de la realidad en la que fue gestado. Para poner en práctica lo aprendido, los participantes del curso realizaron varios ejercicios de escritura creativa, en los que debían usar el léxico visto y acoplar a su propio estilo los géneros textuales a los que nos acercamos a lo largo de las semanas. Por consiguiente, el propósito principal de este artículo es compartir dichas composiciones, hechas no menos del esfuerzo que del sentir de personas que indagaron por los avatares de sus palabras. Presento, entonces, tres de los ejercicios que hicimos durante el curso, cada uno acompañado de uno de los textos que sirvió de modelo de escritura.


E jercicio I La semana dedicada a los textos poéticos y a las declinaciones se trabajó el tema de La muerte. Para ello, se partió de sustantivos como “brevitas, tis” [brevedad], “ὕπνος, ὁ” [sueño] y “θάνατος, ὁ” [muerte]. A su vez, se dedicó un espacio de la clase a leer tanto los textos de los líricos como ciertos textos menores, dependientes de la lírica antigua, entre ellos, los epitafios. Por tanto, se les solicitó a los estudiantes que escribieran un epitafio, tomando como referencia los temas tratados durante la semana.

Epitafio de Diógenes de Sinope

–– Εἰπέ, κύον, τίνος ἀνδρός ἐφεστως σήμα φυλάσσεις;

–– Dime, perro, ¿de cuál hombre eres la estatua guardiana?

–– τοῦ Κυνός

–– De “el Perro”

–– ἀλλά τίς ῆν οὗτος ἀνήρ ὁ Κύων;

–– Pero, ¿quién es ese hombre “el Perro”?

–– Διογένης

–– Diógenes

–– γένος ἐιπέ

–– Di la procedencia

–– Σινωπεύς

–– De Sinope

–– ὅς πίθον ὤικει;

–– ¿El que vivía en el barril de vino?

–– καὶ μάλα, νῦν δὲ θανὼν ἀστέρας οἶκον ἔχει.

–– ¡El mismo! Ahora que está muerto, tiene por casa las estrellas.

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(López-Cruces, s.f. p. 609)

(Traducción propia)

Ejercicio I-1. Versión bilingüe del Epitafio de Diógenes de Sinope. Fuente: Elaboración propia con base en la versión griega de Häuse citada por López-Cruces (s.f.).


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Epitafio

nricardoe@unal.edu.co

Nuestra brevedad nos limita, nos atrapa, nos perturba; del fin no podemos escapar.

Hipnos y Tánatos levantando el cuerpo de Sarpedón

Fuente: http://bit.ly/2vKuD3P

Ejercicio I-2. Epitafio. Fuente: Nicolás Ricardo Enciso, para el curso Raíces griegas y latinas del español, 2017-I.

E jercicio II La semana denominada La medicina o la dosis hace el veneno se abordó el tema de los prefijos preposicionales de origen grecolatino. Para acercarse a la idea de la medicina en la antigüedad, se leyeron en trilingüe algunos de los Aforismos Hipocráticos, acompañados de un texto sobre la creación del léxico científico. Para poner en práctica lo visto, se les solicitó a los estudiantes componer un “poema médico”, en el que debían seguir el modelo de los aforismos leídos en clase y usar palabras que contuvieran los prefijos preposicionales vistos. Además, debían acompañar el escrito con un pequeño diccionario.

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Nicolás Ricardo Enciso


Aforismo I Secc. I Ὁ βίος βραχὺς, ἡ δὲ τέχνη μακρὴ,

Vida breve y arte largo:

ὁ δὲ καιρὸς ὀξὺς,

Ocasión acelerada:


ἡ δὲ πεῖρα σφαλερὴ,

Experimento arriesgado.


ἡ δὲ κρίσις χαλεπή.

Juicio difícil. No basta

Δεῖ δὲ οὐ μόνον ἑωυτὸν

Que cumpla con sus deberes

Παρέχειν τὰ δέοντα ποιεῦντα,

El profesor de más fama:

ἀλλὰ καὶ τὸν νοσέοντα,

Es necesario concurran

καὶ τοὺς παρεόντας, καὶ τὰ ἔξωθεν. (LoebClassics, 1931, p.98)

Otras cosas de importancia. A saber: en el enfermo Obediencia y tolerancia: En los asistentes celo,

Vita brevis, ars longa,

Caridad y vigilancia:

occasio praeceps,

Buen alimento, remedios

experimentum periculosum,

De propiedad, buena cama,

iudicium difficile.

Ropa limpia, olores gratos.

Nec solum se ipsum

Habitación ventilada,

praestare oportet

Tranquilidad del espíritu,

oportuna facientem:

Y demás que a vencer valgan

sed et aegrum

La enfermedad, o cooperan Extinguirla, o moderarla.

et assidentes, et exteriora. (Pina, 2017, p. XXXIV)

(Casal, 1818, p. 9)1

Ejercicio II-1. Versión trilingüe del Aforismo I de Hipócrates. Fuente: Elaboración propia con base en la versión en griego de LoebClassics (1931);

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la versión en latín de Pina (2017), y la versión en español de Casal (1818).

1 Traducción en verso publicada en 1818 por M. Casal, en Tratados Hipocráticos (1983) Vol. I. Madrid: Ed. Gredos. Respecto a esta versión, anota López Férez en el prólogo de la edición, que “los ocho primeros versos aparecen tb. en el original en cursiva. Pero, de todas formas, tenemos razones para decir que no nos encontramos ante una verdadera traducción, si utilizamos los criterios actuales al respecto.” (p.239). Vemos que Casal, inspirado por su labor, añadió unos cuantos versos de creación propia al reconocido aforismo hipocrático.


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Recuerda aprendiz

Diosceline July Torra Rodríguez djtorrar@unal.edu.co

Si los conceptos básicos debes recordar este poema te va a ayudar.

Para proteger la flora intestinal,

Para la infección de pericardio,

ingerir prebióticos es lo ideal.

formular antibiótico es lo indicado.

Si la anemia se llega a agudizar, una transfusión hay que implementar.

Si te duele el abdomen por alguna razón, toma jarabe de diente de león.

Si la contracción del corazón es irregular,

En caso de apófisis subcutáneo,

una extrasístole lo puede causar.

extirpar el edema es necesario.

Cuando exista inflamación inframaxilar,

Después de intervenir,

de hipertiroidismo se puede tratar.

el postoperatorio hay que prevenir. En caso de que se forme un tumor, En la etapa prenatal, las suprarrenales hay que cuidar. Para un síndrome difícil de acabar, una profilaxis hay que recomendar.

extirparlo será lo mejor


Diccionario Prefijos procedentes del griego: •(ἀντί: en frente de, en contra de) Antibiótico: sustancia química de origen biológico o sintético, que mata o impide el crecimiento de algunas clases de microorganismos. • (ἀπό: sobre) Apófisis: en anatomía, todo proceso natural de acumulación o crecimiento, hinchamiento de algún órgano. • (ἐξ, ἐκ: fuera de) Extirpar: seccionar o cortar mediante cirugía un órgano o una parte enferma del cuerpo. • (μετά: con, entre, después de) Metástasis: reproducción o extensión de una enfermedad o de un tumor a otra parte del cuerpo. • (περί: alrededor de) Pericardio: membrana fibrosa doble que envuelve el corazón. • (πρό: en frente de, en lugar de, antes de) Profilaxis: conjunto de medidas que se toman para proteger o preservar de las enfermedades. • (σύν: con) Síndrome: cuadro clínico o conjunto de síntomas que presenta alguna enfermedad, con identidad propia. • (ὑπέρ: en exceso) Hipertiroidismo: enfermedad que consiste en el aumento de la actividad funcional de la glándula tiroides. • (ἀ, ἀν: privación) Anemia: disminución anormal del número y tamaño de los glóbulos rojos sanguíneos. Prefijos procedentes del latín: • (a, ab: desde) Abdomen: región media del tronco de los animales vertebrados. • (contra: en contra de) Contracciones: acción de contraer un musculo o un órgano. • (extra: fuera) Extrasístole: contracción ventricular prematura. • (in: en) Ingerir: hacer llegar un alimento o bebida al aparato digestivo. • (infra: debajo de) Inframaxilar: que está debajo del hueso maxilar o mandíbula. • (inter: entre) Intervenir: practicar una operación quirúrgica. • (post: después de) Postoperatorio: tratamiento que sigue a una intervención quirúrgica. • (prae: antes de) Prenatal: tiempo previo al nacimiento de un bebe.

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• (supra: por encima de) Suprarrenales: pequeñas glándulas ubicadas en la parte superior del riñón. • (trans: a través de) Transfusión: transferencia de la sangre o un componente. • (sub: debajo de) Subcutáneo: que se introduce bajo la piel.

Ejercicio II-2. Poema médico. Fuente: Diosceline July Torra Rodríguez, para el curso Raíces griegas y latinas del español, 2017-I.


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E jercicio III

Esopo: Fábula 127α

Ἥλιος καὶ βάτραχοι

El sol y las ranas

Γάμοι τοῦ Ἡλίου θέρους ἐγίγνοντο· πάντα δὲ

Las bodas del Sol se celebraban en verano;

τὰ ζῷα ἔχαιρον ἐπὶ τούτῳ, ἠγάλλοντο δὲ καὶ οἱ

todos los animales festejaban, incluso las

βάτραχοι. Εἷς δὲ τούτων εἶπεν· Ὦ μῶροι, εἰς τί

ranas se regocijaban. Entonces, una de ellas

ἀγάλλεσθε; εἰ γὰρ μόνος ὢν ὁ Ἥλιος πάσαν

dijo: “Tontas, ¿por qué celebran? Si un solo

ἰλὺν ἀποξηραίνει, εἰ γήμας ὅμοιον αὐτῷ

Sol seca todo el pantano, si procrea otro

παιδίον γεννήσει, τί οὐ παθῶμεν κακόν;

igual a él, ¿qué cosas peores sufriremos?”

Ὅτι πολλοὶ τῶν τὸ φρόνημα κουφότερον

La fábula muestra que muchos insensatos

ἐχόντων χαίρουσιν ἐπὶ πράγμασιν τοῖς μὴ

se regocijan por asuntos que no son causa

χαρὰν ἔχουσιν.

de festejo. (Esopo en Halmii, 1860, p.77)

(Traducción propia)

Ejercicio III-1. Versión bilingüe de la Fábula 127α de Esopo. Fuente: Elaboración propia con base en la versión en griego de Halmii (1860).

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La semana dedicada a Los animales nos acercamos, también, al tema de los verbos latinos, siguiendo la idea de que, en la fábula, género literario de la sesión, los animales y otros seres realizan acciones propias del hombre. De modo que se les solicitó a los estudiantes escribir un texto que siguiera la estructura de las fábulas leídas y en el que se usara el glosario visto: verbos como “agō, ēgī, āctus” [poner en movimiento, conducir] o “faciō, fēcī, factus” [hacer], y sustantivos de animales o de elementos celestes, que habíamos visto la clase anterior.


Εl Sol y la Luna ( Ἥλιος καί Σελήνη)

Daniela Lucia Ramos Betin dlramosb@unal.edu.co

En cierta ocasión, el Sol, siendo seducido por Afrodita, encendió una curiosa discusión sobre la belleza de la Luna. Afrodita le dijo al astro brillante: “Ni tan hermosa que fuera, mira que solo brilla, y, además, gracias a la luz que te roba”. A lo que él respondió: “Ni todo lo considerado bello en el mundo, puede igualar la belleza del hecho de que ella guarde mi luz cuando no puedo contenerla en las noches y me la devuelva entera en el día”.

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La fábula muestra que lo considerado bello, no lo El sol y la luna.

es tanto, hasta ver la belleza de los actos desinte-

Fuente: http://bit.ly/2wXvaxI

resados de los hombres.

Ejercicio III-2 Fábula. Fuente: Daniela Lucia Ramos Betin, para el curso Raíces griegas y latinas del español, 2017-I.


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Con frecuencia, la familiaridad de nuestro idioma y la necesidad misma de comunicarnos hace que pasemos por alto la reflexión sobre el significado de los vocablos. Por ello, pareciera que es la lengua la que piensa por nosotros, la que nos configura: “(el) pensamiento no se realiza por sus propios medios sino que en su mayor parte está tomado en préstamo de la lengua materna, cuyas frases y giros corrientes sustituyen en ellos a los propios pensamientos” (Schopenhauer, 2009, p. 577). Si consideramos, por lo tanto, la necesaria relación entre el pensamiento y el habla, resulta inevitable sentir que, para hacernos responsables de las ideas, debemos hacernos responsables de las palabras (práctica especialmente necesaria en los hábitos discursivos en Colombia, por cierto). Entiendo, en parte, esa responsabilidad como el ejercicio de rumiar en el significado de los vocablos a la luz de sus usos, y, en el caso de nuestro curso, a la luz de su historia (que incluye también los géneros textuales y los campos en que se emplearon los términos), actividades que se estimulan cuando se exige una producción escrita que demanda expresiones precisas para ideas concretas. Al ahondar en el significado de una palabra para buscar su “verdadera” connotación, su origen o ἔτυμον, además de permitirnos el asombro de re-conocer la diacronía de un horizonte de sentido, también nos acercamos al desacomodo de ser interpelados por visiones que están en una frontera confusa entre lo que somos y lo que no. Entendido esto desde nuestro rol como escritores, será necesario plantearnos qué sentido tomarán los vocablos, qué tan amplia será la barrera entre lo que se quiere decir y lo que se dice, y qué tanto dominio de nuestro pensamiento tiene la lengua. Justamente, en este momento medito sobre mi propia escritura y observo tanto el tono personal del presente artículo como esa 3era persona del plural que uso para las reflexiones. Reparo en que no es gratuito el estilo seleccionado, pues es producto de reelaborar mis perspectivas sobre la enseñanza del español y, con ello, replantear la voz de mis escritos, luego de acompañar el proceso de cuantos estudiantes tomaron la asignatura. En ese sentido, podría afirmar que cuando, como docentes, partimos de la relación lengua-pensamiento para acompañar o guiar los intentos de quien se está posicionando en una comunidad de lectores y escritores, avivamos la capacidad formativa de los interrogantes en torno a cómo nombramos y construimos realidades, además de que posibilitamos el surgimiento de ciertos saberes críticos y creativos, los cuales favorecen el acto de comprender que no todas las experiencias están denominadas; que algunas deben ser renombradas (re-

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Comentario


pensadas) o que los calificativos u estilos empleados, probablemente, expresan más (o quizá menos) de lo que se pretende con ellos. Así pues, puedo ver en los ejercicios realizados un intento doble: por un lado, el de analizar (en su sentido más etimológico, es decir, desenredar o descomponer algo desde arriba o por completo) prácticas lingüísticas; y, por el otro, el de crear o renovar los sentidos propios, que, como decía Luis Tejada (1961), puede que no sean nuevos en el mundo, pero sí en quien se impone el reto de pensarlos. Para terminar, espero que las propuestas didácticas surgidas en el curso, con algo más de elaboración y esquematización, puedan llevar a la creación de una serie de materiales que pongan al alcance de la educación media y universitaria las herramientas que brindan las lenguas clásicas y la lingüística histórica a la enseñanza del español como lengua materna. Por el momento, pongo a disposición de los interesados las principales fuentes, tanto de la historia de la lengua, como de la didáctica y la enseñanza, a partir de las cuales se diseñó la asignatura: Etimología e historia de la lengua española • Barajas, E. (1984). Curso de etimologías griegas: especializado en terminología biológica y médica. Colombia: Biblioteca de la Presidencia de la Republica. • Bergua. J. (2004). Los helenismos del español. España: Ed. Gredos. • Lapesa, R., & Menéndez Pidal, R. (1980). Historia de la lengua española. Madrid: Ed. Gredos. • Lloyd, P. M. (1987). Del latín al español: fonología y morfología históricas de la lengua española. España: Ed. Gredos. • Mateos, A. (1986) Etimologías latinas del español. México: Ed. Esfinge. • Vismara, F. (1910). Método etimológico-práctico per apprendere il vocabolario Greco. Bologna, Italia: Lanciano. Didáctica y enseñanza • Brophy, J. (2006). Enseñanza. Serie: Prácticas educativas - 1. México: UNESCO. • González, E., Barcia, C., & Prado, A. (1997). Etimologías greco-latinas del español: materiales para el alumno (II).

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Aula abierta, (69), 161-178. • Hjortshoj, K., & Gottschalk, K. (2004). Elements of teaching writing: a resource for instructors in all disciplines. Estados Unidos: Bedford/St. Martin’s Professional Resources. • Jorge Rodríguez, N. A. (2011). La enseñanza del vocabulario: la semántica idiomática en el aula. Didáctica (Lengua Y Literatura), (23), 195. • Serafini, M. T. (1991). Cómo redactar un tema. Didáctica de la escritura. México: Ed. Paidós. • Wasik, B., Hindman, A., & Snell, E. (2016). Book reading and vocabulary development: A systematic review. Early Childhood Research Quarterly, 37(7), 39–57.


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Casal, M. (Trad.). (1818). Aforismo I. En: Tratados Hipocráticos (1983) Vol. I. Madrid: Ed. Gredos Esopo. (1860). Fábula 127α. En: C. Halmii. Fabulae Aesopicae collectae ex recognitione. Recuperado de: https://goo.gl/d3QLoh LoebClassics. (1931). ΑΦΟΡΙΣΜΟΙ. En: Aforisms of Hipocrates of Cos. Recuperado de: http://bit.ly/2kJ0K0c López-Cruces, J. L. (s.f.). El epitafio de Diógenes de Sinope y Cerc. FR. 54 LIVREA (pp. 609-614). Recuperado de: http://bit.ly/2xb8byw Pina, L. de. (2017). [Recensao a] Hipócrates – Aforismos. En: Humanitas, IX-X, XXIX-XXXIV. Recuperado de: http://bit.ly/2wXjDP2 Schopenhauer, A. (2009). Parerga y Paralipómena II. Madrid: Editorial Trotta. Tejada, L. (1961 [1924]). Libro de Crónicas. Bogotá: Ediciones Triáng

R eferencias

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Natalia Alejandra Chaparro Martínez

Estudiante de la Licenciatura

en Español y Filología Clásica. Universidad Nacional de Colombia. Correo: nachaparrom@unal.edu.co

DE CAEDE ER ATOSTHENIS: L A RIQUEZ A RE TÓRICA DEL PERIODO HIPOTÉ TICO POTENCIAL

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R esumen

Palabras clave: Lisias, retórica, periodo hipotético potencial.

El presente texto busca demostrar que en De caede Eratosthenis, discurso de Lisias, la riqueza retórica del exordio no reside propiamente en el uso de fórmulas de súplica, sino en el uso del periodo hipotético potencial, es decir, en el manejo de los tiempos y modos verbales como estrategia que permite disponer al auditorio, mantenerlo atento y suscitar su benevolencia.


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2 El ciudadano también podía hacerse asistir por un pariente o amigo con el que compartía su tiempo para hablar, este se llamaba sinégoro. (Pernot, 2013, p. 51). 3 Entendemos por retórica la facultad de teorizar lo que es adecuado en cada caso para convencer (Aristóteles, 1999, p. 173). 4 Gr. prooimion - lat. exordium, principium, prooemium. Primera parte del discurso.

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1 No se puede determinar su fecha de creación (Cortés-Gabaudán, 1987, p. 251).

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Entre los autores que conforman tradicionalmente el canon de los diez oradores áticos se encuentra Lisias (445 - 380 a.C.), un logógrafo que destaca por su estilo, pues se caracteriza por el más auténtico aticismo en sus discursos judiciales. En este género de la elocuencia pública se enmarca su discurso De caede Eratosthenis1, el cual versa sobre la defensa de Eufileto tras haber asesinado a Eratóstenes, el amante de su mujer. Este justifica tal asesinato apelando a las leyes y, posteriormente, a los testigos. Además del litigio, este texto presenta detalles sorprendentes acerca de la vida familiar ateniense. Debido a la poca certeza que se tiene respecto a la veracidad de este discurso, es decir, acerca de su correspondencia con un hecho real, no se puede afirmar que el caso se haya presentado ante un tribunal. Sin embargo, se sabe que durante la época (siglo IV - V a.C.) la práctica oratoria suponía la participación real y directa de los ciudadanos en el marco judicial. De modo que el ciudadano quejoso podía encargar a un experto, logógrafo, la realización de un discurso que solo debía memorizar y recitar2. Teniendo en cuenta lo anterior, De caede Eratosthenis, incluso si se trataba de un discurso limitado a la práctica o la enseñanza, se configuró para ser recitado frente a cientos de personas bajo unas condiciones acústicas incómodas, y en vista de decisiones inmediatas y reales, pues los discursos pronunciados condicionaban las votaciones de los jueces (Pernot, 2013, p. 53). En este orden de ideas, el presente texto busca dar cuenta de la importancia retórica3 que conlleva la iniciación del discurso en cuestión, pues dependiendo de la forma en la que se dé apertura a este, se podrá asegurar, en gran medida, el éxito del mismo y con ello la suerte de Eufileto. De acuerdo con Aristóteles (1999), las partes del discurso son: exordio4, exposición, persuasión y epílogo. En lo que concierne al presente ensayo, es importante resaltar la función más necesaria y propia del exordio: mostrar la finalidad por cuya causa se dice el discurso. Además, este cumple tres funciones elementales: disponer al auditorio a comprender el asunto, mantenerlo atento y suscitar su benevolencia (Pernot, 2013, p. 249).


El exordio en De Caede Eratosthenis comprende alrededor de veintinueve líneas5. No obstante, a continuación, se presenta la primera parte del mismo, esto es, las tres primeras oraciones, con las que se da apertura al discurso y sobre las cuales se centra el presente ensayo:

(A) Περὶ πολλοῦ ἂν ποιησαίμην, ὦ ἄνδρες,

(A) En mucho, hombres, yo habría procurado

τὸ τοιούτους ὑμᾶς ἐμοὶ δικαστὰς περὶ

que ustedes se volvieran mis jueces en este

τούτου τοῦ πράγματος γενέσθαι, οἷοίπερ ἂν ὑμῖν αὐτοῖς εἴητε τοιαῦτα πεπονθότες.

(B) εὖ γὰρ οἶδ’ ὅτι, εἰ τὴν αὐτὴν γνώμην

περὶ τῶν ἄλλων ἔχοιτε, ἥνπερ περὶ ὑμῶν αὐτῶν, οὐκ ἂν εἴη ὅστις οὐκ ἐπὶ τοῖς γεγενημένοις ἀγανακτοίη, ἀλλὰ πάντες

ἂν περὶ τῶν τὰ τοιαῦτα ἐπιτηδευόντων τὰς ζημίας μικρὰς ἡγοῖσθε.

(C) καὶ ταῦτα οὐκ ἂν εἴη μόνον παρ’ ὑμῖν

οὕτως ἐγνωσμένα, ἀλλ’ ἐν ἁπάσῃ τῇ Ἑλλάδι.

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(Lysias 1955: líneas 1.1-2.1)

asunto, tal como lo serían para ustedes mismos si experimentaran tales cosas. (B) Ciertamente, bien sé que si tuvieran el mismo juicio sobre los otros que sobre ustedes mismos, no habría quien no se irritara por lo sucedido, sino que todos podrían juzgar que los castigos son pequeños en lo relativo a los que se dedican a cosas de tal clase. (C) Y esto no podría ser conocido solamente entre ustedes de este modo sino en toda Grecia. (Traducción propia)

Dado que el discurso se emite para persuadir al destinatario u oyente, se establecen estrategias retóricas enfocadas a este. En las oraciones trabajadas, las estrategias posibles que destacan son dos: las fórmulas de súplica a los jueces6, y el uso de los tiempos y modos verbales, concretamente el periodo hipotético empleado. De acuerdo con Cortés Gabaudán (1987), un discurso puede contar con distintos tipos de fórmulas, las cuales son expresiones que se repiten en el corpus de uno o varios autores y cumplen una función retórica. Dentro de estas se encuentran las fórmulas de súplica a los jueces, las cuales tienen su emplazamiento en el proemio. 5 De acuerdo con la edición trabajada: Lysias (1995 [1955]). 6 Planteadas en Cortés-Gabaudán (1987, pp. 107-204, 246-250).


Persona a quien se suplica

ὦ ἄνδρες,

Petición

τὸ τοιούτους ὑμᾶς ἐμοὶ δικαστὰς περὶ τούτου τοῦ πράγματος γενέσθαι […].

Esta es una expresión similar a una fórmula de súplica, pero no es con precisión tal, puesto que el verbo en primera persona singular ‘ποιησαίμην’ no se encuentra directamente relacionado con los verbos de súplica8. Mediante la expresión sí se pide algo a los jueces, pero su intención, y por tanto su funcionalidad, no es la αἴτημα [súplica]9. En la prótasis de la segunda oración, denominada (B), se evidencia la siguiente construcción: ‘τὴν αὐτὴν γνώμην περὶ τῶν ἄλλων ἔχοιτε’, la cual se encuentra estrechamente relacionada con la fórmula de súplica fija ‘τὴν αὐτὴν γνώμην ἔκειν’10. Sin embargo, (B) responde a la construcción de un periodo hipotético potencial, por lo que no se construye con infinitivo, sino con el optativo presente.

7 De acuerdo con Cortés-Gabaudán (1987): la forma habitual de la expresión del complemento de la persona suplicada es ὑμᾶς/ὑμων. 8 LSJ entry ποιέω: used in two general senses, make and do. […] περὶ πολλοῦ π., Lat. magni facere, Lys.1.1, etc. 9 Aristóteles (1999) condena la αἴτημα en el exordio, no se debe rogar. 10 Esta fórmula se emplea tal cual en varios de los discursos lisíacos, incluyendo De caede Eratosthenis (Cortés-Gabaudán, 1987:152-153, 250).

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Parte de la oración

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Estructura de la fórmula

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Un ejemplo de tales fórmulas es la siguiente estructura: verbo en primera persona singular, semánticamente relacionado con la súplica (denominado núcleo), seguido de la persona a quien se suplica (generalmente jueces) y, finalmente, la petición formularia, constituida por oraciones en infinitivo que dependen del núcleo, oraciones condicionales o de participio concertado (Cortés-Gabaudán, 1987, p. 20, 108). En la primera oración, denominada (A), se pueden identificar características afines a la fórmula descrita: se evoca a quienes se pide algo y se expresa el complemento de estas mismas mediante el pronombre ὑμᾶς7. También se presenta la petición como una oración de infinitivo que funciona como complemento directo de ποιησαίμην:


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En estas oraciones no se han utilizado fórmulas retóricas en los términos en los que habla Cortés Gabaudán (1987). No se expresa la función de súplica (εὔνοια [benevolencia]), mas, hay un carácter formular subyacente para, de alguna manera, lanzar indirectamente peticiones a favor del orador (Virginia, 2007). Por otra parte, en (C) no se encuentra el uso de ninguna fórmula ni alguna construcción similar a las mismas. En este punto, se hace evidente que: si bien las oraciones (A) y (B) se asimilan a fórmulas de súplica, en estas no prima el uso de tales estructuras, sino que se privilegia la construcción del periodo hipotético potencial, el cual también se emplea en (C). En este orden de ideas, se debe considerar que la función retórica de estas oraciones, efectivamente, no es la εὔνοια [favor, buena voluntad] directa a los jueces. Aristóteles al respecto afirma que los tiempos verbales se deben emplear de acuerdo con el tipo de discurso que se configura. En este caso, para la acción judicial, el tiempo pasado es más apropiado, ya que siempre se hacen acusaciones o defensas en relación con acontecimientos ya sucedidos (Aristóteles, 1999, p. 195). No obstante, en el exordio, el aoristo, el perfecto y el presente establecen, desde el punto de vista temporal, una íntima relación con la proyección futura, en tanto que la expresión potencial indica una posibilidad, la cual se inscribe en un tiempo que comienza ahora mismo y continúa hacia el futuro; se trata de una suposición que alude a los jueces y no es un hecho constatado. De este modo, se puede afirmar que la característica principal de estas oraciones es el uso del periodo hipotético potencial, en tanto que permite dicha suposición. El uso de este recurso lingüístico, para dar apertura al discurso, es imprescindible, puesto que permite suscitar, de manera indirecta, la simpatía de los jueces. Estas oraciones cumplen, especialmente, con la función de la captatio benevolentiae mediante un recurso retórico que, de acuerdo con Aristóteles (1999), corresponde a una prueba de persuasión propia del arte, es decir, preparada con método para predisponer a los oyentes; estos son movidos a una pasión por medio del discurso que se ha creado. En este caso, dicha pasión puede referirse a la compasión, un cierto pesar por la aparición de un mal destructivo y penoso en quien no lo merece, el cual también cabría esperar que lo padeciera uno mismo o alguno de nuestros allegados (Aristóteles, 1999, p. 353). Estas oraciones buscan suscitar la benevolencia de los jueces mediante la generación de tal pasión, en tanto que esta responde a la disposición de pensar que a los jueces mismos les han acontecido cosas de la misma naturaleza o a alguno de los suyos les pueden llegar a suceder (Aristóteles, 1999, p. 356): οἷοίπερ ἂν ὑμῖν αὐτοῖς εἴητε τοιαῦτα πεπονθότες (A). El uso del periodo hipotético potencial añade, además, el dato de un factor que puede


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impedir la realización de la acción, como es la posibilidad de que los jueces no hayan experimentado lo mismo que Eufileto. No obstante, quien emite el discurso condiciona la exaltación de la pasión al agradecimiento: Περὶ πολλοῦ ἂν ποιησαίμην (A). En este sentido, no se exige directamente la compasión; el orador comprende que no puede imponer tal pasión, no puede imperar el sentirla, de modo que se muestra abierto a la posibilidad y manifiesta cuán agradecido estaría si los jueces juzgaran compasivamente. Por otra parte, en el esquema potencial (partícula modal + optativo de posibilidad), la partícula ἂν es, por excelencia, un atenuante verbal. Esta construcción expresa una probabilidad o presunción suficientemente fundada en la razón o en la experiencia, en particular, con un matiz de modestia (Carrière, 2009, p. 95). Es así como el discurso parte de la total seguridad que tiene Eufileto con respecto a la posición que los jueces podrían tomar si hubiesen experimentado lo que él vivió; sin embargo, en lugar de afirmarlo, desvía el pensamiento de la realidad concreta para fijarlo en la hipótesis, de modo que no impone sus ideas, sino que apela a la comprensión y benevolencia de los jueces. El optativo potencial no responde a la función impresiva de la lengua, no trata de imponer su voluntad sobre alguien (a diferencia del optativo cupitivo). Sino que “responde a la función representativa que algunos llaman lógica: simplemente describen realidades físicas o mentales” (Rodríguez-Adrados, 1992, p. 496). Es valioso comentar que, como parte de esta estrategia retórica de (A), el apósito, ὦ ἄνδρες, cumple la función de provocar la sorpresa y llamar la atención de los jueces, función elemental del exordio, (Carrière, 2009, p. 25). En este sentido, no se trata, como se planteaba en las fórmulas, de realizar una súplica directa a estos. Finalmente, se puede afirmar que las oraciones (A) y (B) contienen una petición de compasión indirecta, mediante el uso del optativo potencial, lo cual conlleva a suscitar la benevolencia de los jueces, mientras que (C) logra exaltar el punto de Eufíleto: la decisión de los jueces, tras compadecerse y reconocer que ellos mismos podrían actuar como él, podría ser conocida en toda Grecia. La configuración de estas oraciones permite evidenciar que Eufileto no pretende imponerse; empero, esto no resta perlocución al discurso, sino que permite evidenciar una riqueza retórica tal, que logra suscitar emociones sin necesidad de imperar. El uso continuo del potencial da cuenta de la petición que se está realizando indirectamente, sin caer en una εὔνοια vergonzosa. Hasta este punto, se ha dado cuenta de una tradición formularia elaborada, la cual pudo haber incidido en la configuración inicial del exordio; sin embargo, se ha hecho notar que tales configuraciones no se aplican directamente al discurso, puesto que la estrategia retórica


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empleada por el orador consiste en apelar indirectamente a la benevolencia de los jueces mediante construcciones que privilegian el uso del periodo hipotético potencial. Esta estrategia empleada por Lisias responde a un conocimiento de la palabra, a un conocimiento de la retórica; las facultades del lenguaje11 logran configurar un discurso que establece un consenso entre el orador y el auditorio, a medida que se desenvuelve el acto de habla retórico. En este sentido, se destaca la importancia de las oraciones que encabezan el exordio, ya que, en tanto resultan aceptables, logran entablar, desde un principio, el acuerdo entre el orador y el auditorio de la mejor manera: pretenden el entendimiento mutuo. Esta estrategia empleada por Lisias responde a un conocimiento de la palabra y la retórica, entendida esta, como la “técnica que pretende alcanzar la eficacia y método de producción del discurso persuasivo basado en una habilidad o incluso en recetas” (Pernot, 2013, p. 20). Como se evidenció en el trabajo, la importancia de las primeras tres oraciones que encabezan el exordio radica en que logran establecer un acuerdo o consenso entre orador y auditorio, con el fin de alcanzar un entendimiento mutuo. En este caso, tal consenso es producto de una reflexión sistemática y profunda sobre el funcionamiento de la palabra.

11 Especialmente la psicagógica: el hablante hace valientemente acto de presencia y, a poder ser, busca la máxima coherencia en su discurso, y la sintonía perfecta entre texto, contexto y ejecutantes mediante la palabra y la representación, con el propósito de lograr la adhesión del auditorio (López-Eire, 2002, p. 205).


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Aristóteles. (1999). Retórica. Introducción, traducción y notas de Quintín Racionero. Madrid: Gredos. Carrière, J. (2009). Estilística griega. P. Vianello de Córdova, S. Aquino, M. Galaz & G. Ramírez (Trads.). México: Universidad Nacional Autónoma de México. Cortés-Gabaudán, F. (1987). Fórmulas retóricas de la oratoria judicial ática. España: Ediciones Universidad Salamanca. Liddell, H. G. & Scott, R. (1940). A Greek-English Lexicon. Revisada y argumentada por Sir Henry Stuart Jones. Oxford: Clarendon Press. TLG. López-Eire, A. (2002). Esencia y objeto de la retórica. España: Ediciones Universidad Salamanca. Lysias. (1995 [1955]). De caede Eratosthenis. Umberto Albini (Ed.), Lisia. I discorsi. Florence: Sansoni: 6-16. En: Heslin, P. J. (1999-2007). Diogenes (version 3.1.6) [software for windows] [Toda la información pertenece a Thesaurus Linguae Graecae, the Packard Humanities Institute, The Perseus Project y otros]. Pernot, L. (2013) La retórica en Grecia y Roma. Castañeda & Hernández (Trads.). México: Universidad Nacional Autónoma de México. Rodríguez-Adrados, F. (1992). Nueva sintaxis del griego antiguo. Madrid: Gredos. Virginia. (2007, 18 de noviembre). Discurso de defensa por el asesinato de Eratóstenes 1-5. Fórmulas retóricas. En: ATALANTA. Blog sobre Cultura Clásica y Lengua Griega [Blog]. Recuperado de: http://bit.ly/2w3awia

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R eferencias

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Jéniffer Lizeth Fonseca Estudiante de la Licenciatura en Español y Filología Clásica. Universidad Nacional de Colombia. Correo: jlfonsecar@unal.edu.co

FONTANA DEL NETTUNO DE GIOVANNI CECCARINI

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(1822)


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Foto 6-1. Fuente de Neptuno. Instalada al costado occidental de la plaza del Pueblo Piazza del Popolo, cerca del río Tíber, en Roma, Italia. Fuente: Archivo personal de Jénnifer Lizeth Fonseca.


Q. Horatius Flaccus,

Quinto Horacio Flaco.

Liber I, Oda V

Libro I, Canto 5 A Pirra de Horacio Flaco

Quis multa gracilis te puer in rosa

¿Qué grácil joven en lecho de rosas

perfusus liquidis urget odoribus

te ciñe bañado en fresca fragancia

grato, Pyrrha, sub antro?

oh Pirra, bajo una plácida gruta?

cui flavam religas comam

¿A quién tu rubia cabellera sueltas

simplex munditiis? heu quotiens fidem

con natural encanto? Ay, cada cuánto

mutatosque deos flebit et aspera

tus cambios llorará y de las deidades,

nigris aequora ventis

y se extrañará ingenuo de los mares

emirabitur insolens,

adversos por su desolado viento,

qui nunc te fruitur credulus aurea, qui

él, que creyéndote oro disfruta ahora,

semper vacuam, semper amabilem

que estés libre y amable siempre espera,

sperat, nescius aurae

ignora que la brisa es impostora.

fallacis. miseri, quibus

Pobres para quienes brillas entera

intemptata nites: me tabula sacer

aún sin conocerte; por mi lado,

votiva paries indicat uvida

la sacra pared de tabla votiva

suspendisse potenti

muestra que colgué el vestido mojado

vestimenta maris deo.

al dios del mar poderoso en ofrenda.

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(Q. Horati Flacci)

(Traducción propia)

Así, el amante que, como náufrago en las corrientes inestables del amor, tras salvarse de ser presa, ofrenda al dios marino sus ropas, tal esta captura a la ciudad, que en sí misma es el amor.


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Lewis, C. & Short, C. (1968). Oxford Latin Dictionary. Oxford: Oxford Clarendon Press. Q. Horatius, F. (1959). Oda V. En: F. Klingner (Ed.). Q. Horati Flacci Opera. Oklahoma: B.G. Teubner

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R eferencias

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Sergio David Moreno Quiroga Estudiante de la Licenciatura en Español y Filología Clásica. Universidad Nacional de Colombia.

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Correo: sdmorenoq@unal.edu.co

POEMA L X X VI DE CATULO

Catulo fue un poeta latino del siglo I a. C., el más importante de los poetae novi [poetas nuevos] y, lastimosamente, el único del que se conserva la obra de forma no fragmentaria. Catulo estuvo perdidamente enamorado de Lesbia1, como lo demuestra en numerosos poemas; sin embargo, este amor no sería eterno debido a las infidelidades de su amante, las cuales lo llevarían a decir: “Odi et amo. Quare id faciam, fortasse requiris./nescio, sed fieri sentio et excrucior” [Odio y amo. Por qué esto hago, quizá te preguntes. No lo sé, pero siento que así sucede y me lastimo] (Cat. Carmen LXXXV). A continuación, presento una traducción del Carmen LXXVI, donde el poeta vacila sobre sus sentimientos hacia Lesbia y suplica piedad a los dioses para poder olvidarla.

1 Era común en la época que los poetas reemplazaran el nombre real de su amada por uno métricamente idéntico (en este caso un dáctilo). Por lo anterior, se ha aceptado generalmente el nombre de Clodia (Claudia en latín) como el de su verdadera amada. 2 El Dístico elegíaco Está formado por un hexámetro (seis pies), seguido de un pentámetro (cinco pies).


Si algún placer recordando buenos actos previos hay

est homini, cum se cogitat esse pium,

para el hombre, cuando se considera honesto, y no

nec sanctam violasse fidem, nec foedere in ullo

haber violado la santa fe, ni deshonrar en alguna

divum ad fallendos numine abusum homines,

voluntad el uso divino para engañar a los hombres,

multa parata manent in longa aetate, Catulle, 5

para larga edad, Catulo, preparadas permanecen

ex hoc ingrato gaudia amore tibi.

muchas [5] alegrías de este ingrato amor para ti.

Nam quaecumque homines bene cuiquam aut dicere possunt

Pues lo que sea que los hombres a alguien bien pue-

aut facere, haec a te dictaque factaque sunt.

den decir o hacer, esto por ti ha sido dicho o hecho.

Omnia quae ingratae perierunt credita menti.

Todo lo que ha perecido confiado a un alma ingrata.

Quare cur tete iam amplius excrucies?10

¿Por qué ahora tanto te torturas?

Quin tu animum offirmas atque istinc te ipse reducis

¿Por qué no consolidas tu ánimo y luego te apartas

et dis invitis desinis esse miser?

y dejas de ser mísero por las divinidades adversas?

Difficile est longum subito deponere amorem,

Difícil es abandonar un prolongado amor súbita-

difficile est, verum hoc qua libet efficias:

mente, difícil es, mas, hazlo sea como sea:

una salus haec est, hoc est tibi pervincendum, 15

el único remedio es este, para ti esto ha de ser preva-

hoc facias, sive id non pote sive pote.

lecido[15], esto haz, sea que no es posible, sea que sí.

O di, si vestrum est misereri, aut si quibus umquam

¡Dioses!, si suya es la compasión, o si alguna vez a

extremam iam ipsa in morte tulistis opem,

algunos ya en la misma muerte ofrecieron una últi-

me miserum aspicite et, si vitam puriter egi,

ma ayuda,

eripite hanc pestem perniciemque mihi, 20

obsérvenme mísero y, si he vivido correctamente,

[10]

quae mihi surrepens imos ut torpor in artus

arrebátenme esta enfermedad y ruina [20], que desli-

expulit ex omni pectore laetitias.

zándose como letargo a los profundos miembros me arrancó de todo el pecho las alegrías.

Non iam illud quaero, contra me ut diligat illa, aut, quod non potis est, esse pudica velit:

Ya no deseo ello, que, por el contrario, me valore ella,

ipse valere opto et taetrum hunc deponere morbum. 25

o, porque no es posible, que desee ser modesta: yo mismo deseo ser fuerte y abandonar esta horrible pena.

o di, reddite mi hoc pro pietate mea! (Goold, 1983, TLG)

[25]

¡Dioses!, devuélvanme esto por mi piedad. (Traducción propia)

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Siqua recordanti benefacta priora voluptas

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LXXVI

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LXXVI2


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BlĂĄnquez-Fraile, A. (1975). Diccionario latino-espaĂąol. Barcelona: Sopena. Goold, G. P. (1983). Catullus. En: TLG (Thesaurus Linguae Graecae). Londres: Duckworth. Lewis, C. T. & Short, C. (1879). A new Latin dictionary. Oxford: Clarendon Press. Truesdell-Merrill, E. (1893). Catullus. Cambridge: Harvard University Press.

R eferencias

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Hogla Marín Pabón Estudiante de la Licenciatura en Español y Filología Clásica. Universidad Nacional de Colombia Miembro del Comité editorial de la revista Scripta Manent. Correo: hmarinp@unal.edu.co

Johanna Gutiérrez Acosta Estudiante de la Licenciatura en Español y Filología Clásica. Universidad Nacional de Colombia. Miembro del Comité editorial de la revista Scripta Manent. Correo: lejgutierrezac@unal.edu.co

VIAJAMOS PAR A CAMBIAR, NO DE LUGAR, SINO DE IDE A S

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ENTRE VISTA A JHON ARÉ VALO

“Viajamos para cambiar, no de lugar, sino de ideas”

Hippolyte Taine


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La UNAM fue mi primer destino, por tanto, empezaré por allí. Podría decir que un elemento fundamental de la enseñanza de lenguas clásicas en México es la lectura. Allá se hace mayor énfasis en la competencia lectora, no se detienen palabra por palabra, sino que se explica más el sentido de lo que quiere decir el texto. Obviamente en los primeros niveles es necesario detenerse en la morfología de ciertas palabras y tomarse el debido tiempo para dominar la gramática. Otro componente que ayuda mucho al aprendizaje de la lengua es ver clases en las que lees textos latinos y griegos, por ejemplo, literatura, historia o filosofía. En estas, ejercitas lo que aprendiste de gramática ya en su uso real, a la luz de un contexto. En ese sentido, todos los días estás aprendiendo algo sobre la lengua a partir de distintos temas; incluso, se lee en español y lenguas modernas sobre los contenidos y textos trabajados. Además, si todo el tiempo lees, vas a adquirir vocabulario y fluidez, como se haría cuando aprendes un idioma moderno. Con estos saberes que vas acumulando, tienes con qué argumentar o simplemente se te ocurren ideas; eso les permite a los docentes evaluar los cursos por medio de ensayos o trabajos escritos. Recuerdo especialmente las clases de poesía griega con un docente que hacía comentarios filológicos, literarios y filosóficos de los textos, con un increíble cariño y gusto por ello.

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Usted ha tenido la oportunidad de estudiar latín y griego fuera de Colombia. Respecto a la enseñanza de estas lenguas, ¿qué diferencias encuentra entre los contextos en los que ha estudiado?

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Si bien somos viajeros en el tiempo mientras trepamos los inmensos riscos de las lenguas clásicas y los estudios hispánicos, algunos se resuelven a ser portadores de aprendizajes y experiencias en estos. La continua mención de la UNAM, las experiencias de pares en la Accademia Vivarum Novum, el apoyo de incondicionales parientes y sinceros amigos animaron a Jhon a vivir las clásicas en otros territorios: mientras cursaba su octava matrícula, decidió irse a la UNAM. Confiado en su amor por los estudios clásicos, se subió en una travesía rumbo a lo desconocido. Cargado con las atesorables memorias de un viaje colmado de alegrías, volvió. Pero para irse de nuevo. Consiguió la beca que la Accademia Vivarum Novum concede a estudiantes de todo el mundo. Ahora se trataba de una experiencia transoceánica. Al volver por segunda vez, se dio cuenta de que cambiar es descubrir los significados más obtusos y volverlos relativos a la luz de la experiencia: es enfrentar miedos profundos cuya gratificación es permitirnos, al menos por un momento, tomar las riendas de la estructura narrativa que es nuestra existencia.


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Para nosotros, aquí, si no es por el trabajo autónomo, son reducidas las clases en las que nos podemos dar a la lectura de tales temáticas en su lengua original (y de la bibliografía secundaria que las acompaña), pues nos enfocamos más en el aprendizaje de la gramática. Sin embargo, ver las diferencias sintácticas de una oración, minuciosidad que le aporta al sentido, es una gran ventaja que se nos ha otorgado en nuestra formación, pues somos conscientes de que una mínima cosa puede cambiarlo todo y tenemos las herramientas para argumentar esos cambios. Si comparo las dos experiencias, puedo afirmar que, como en general, no son buenos los excesos, de manera que es necesario encontrar un equilibro entre las metodologías y tomar, tanto de un lado, como del otro para la comprensión de un texto.

Imagen 8-1. Biblioteca central de la Universidad Nacional Autónoma de México Fuente: Cortesía de Jhon Arévalo.


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Fuente: Cortesía de Jhon Arévalo.

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Imagen 8-2. Villa Falconieri, sede de la Academia Vivarium Novum, Italia.

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La Academia Vivarium Novum fue mi segundo destino. En Italia, te “sumergen” completamente en la lengua, desde el momento mismo que te bajas del avión, tienes que hablar SIEMPRE en latín: aprendes por la necesidad misma de comunicarte. La gran ventaja de la Academia frente a las universidades son esos espacios comunes de la vida cotidiana en los que para comunicarte debes usar la lengua latina. En esas oportunidades, inevitablemente, aprendes gramática; por ejemplo, los regímenes de los verbos te los aprendes porque lo tienes que usar para que otro te entienda o tú puedas entender a alguien más. Por otro lado, el salón de clases mismo está ambientado como un espacio de aprendizaje, pues está dotado de muchísimos juguetes y apoyos visuales. Para explicar una u otra cosa, los docentes hablan con muchas señas, gestos u objetos. Por ejemplo, cuando hablas de animales, muestras animales de juguete, o mapas, cuando hablas de geografía. Entonces, si no entiendes una palabra, usan diferentes recursos para explicártela. También aprendes a relacionar la lengua con los contextos, pues todo el tiempo la estás usando para convivir. Como el día en que me enfermé y aprendí a decir “gripa” [pituita]. En griego también se busca que la enseñanza sea lo más inductiva posible. A medida que se avanza, tienes que empezar a hablar en griego, obviamente, con el tiempo se empiezan a complejizar las construcciones sintácticas. En estas clases, también, comienzas a relacionar ambas lenguas. Puedo concluir de mi experiencia que la disposición que tengas de aprender, hacer trabajo autónomo, leer constantemente y estar en contacto con la lengua hace que te apropies de ella y de sus matices.


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¿Qué recomendaciones le haría a un estudiante que quiera postularse a una beca de la Academia Vivarium Novum o de otra institución? Si tuviera que hacerle una recomendación a alguien, solo le diría que debe estar preparado para enfrentarse consigo mismo. Cuando te vas a un contexto completamente distinto, comienzas a replantearte muchas cosas de tu vida. Sucede con frecuencia que vemos mejor las cosas cuando las observamos desde lejos. Por supuesto, hay personas que pueden lograrlo sin moverse de casa. Una de mis metas antes de viajar, porque hay que tenerlas claras, fue conocerme a mí mismo. Allí, al ver mi vida de lejos, comprendí qué es lo realmente importante para mí, quiénes en verdad están y estarán a mi lado. Muchas veces corremos por caminos que no llevan a ningún lugar, detrás de personas que se nos escapan, sin ver un segundo atrás, ni darnos cuenta de que lentamente abandonamos a quienes no lo merecen. A veces es necesario ver en perspectiva y replantearse. Por otro lado, las emociones que sientes se multiplican por el tiempo y la distancia, de manera que te aferras a buenos amigos, a recuerdos. Cuando te atacan fantasmas del pasado, buscas la forma de combatirlos: buscas refugio en los estudios y en las charlas (porque lo más bello de todo es compartir con diversas personas). Entonces, te das cuenta de que si bien tienes problemas, el mundo en general también los tiene, en Brasil, en China, en Francia,...; pero de ello tomas fuerza para continuar con tus planes. En ese choque contigo mismo, sabes, también, con qué te quieres quedar y con qué no. Me parece que dejar ir es de las cosas más difíciles que podemos enfrentar, ya sean cosas, personas o incluso algo muy propio que implique un cambio en uno mismo. Yo creo que eso se puede hacer; sin embargo, depende de cada persona tener la disposición de cuestionarse objetivamente. En mi caso, se dio en este contexto y, en efecto, aprendí mucho de mí mismo y de mi entorno, por ejemplo, México me enseñó a defenderme en el mundo y a comprender que este es para vivirlo cuanto más se pueda, pues no sabemos cuándo volvamos a tener una experiencia similar.


Puede compartir mucho de su experiencia con compañeros y profesores. La manera de enseñar la lengua, con todas las herramientas que aprendió, es ya un comienzo muy grande. Puede hacer mucho con actos mínimos, por ejemplo, puede crear grupos de lectura y de comunicación oral, en los que el aprendizaje sea más natural y sencillo. Al abordar la lengua de esta manera, puede mostrar que efectivamente es posible leer las lenguas clásicas con fluidez y diversión, aún más a aquellos aprendices que estudian y estudian pero sienten que no avanzan. Estos grupos serían un espacio para evitar ese “desfallecer”. Así, aportaría a la formación de futuros profesionales y lectores de clásicos desde el espacio de la Universidad. Ya que abordamos ese tema, ¿alguna sugerencia para los estudiantes que desean adquirir dominio de las lenguas clásicas? Que busquen temas que los motiven, que hablen más en clase, que pregunten mucho sobre algo que les llame la atención e investiguen sobre ello. Pero sobre todo, lo que más recomiendo es la disciplina para aprender. Ninguna persona aprende igual a otra. De manera que debemos buscar cuál es la forma de aprendizaje que más nos conviene.

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¿Qué le puede aportar a la carrera de la Licenciatura en Español y Filología Clásica un estudiante que haya tenido la oportunidad de realizar movilidad académica?

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Considero que tenemos la responsabilidad de mostrar la realidad de Colombia, para desmentir muchos prejuicios que se tienen de nosotros en el extranjero. También, al salir del país, me di cuenta de algo muy particular: los colombianos tenemos cierto “sabor” que nos distingue. En ese sentido, creo que nuestro aporte es, en mayor medida, humano, pues buscamos y transmitimos la alegría de cosas bellas que nos hacen más llevadero lo que sucede y lo que ha de venir.

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Sabemos que los espacios en los que tuvo la oportunidad de habitar se caracterizan por que reciben aprendices de distintas partes del mundo. De acuerdo con su experiencia, ¿cuál es el aporte de los estudiantes de Colombia en estos lugares?


Teniendo en cuenta el énfasis de nuestro programa, ¿cómo cree Ud. que los futuros docentes de lengua española podrían aplicar lo que aprenden de las lenguas clásicas? Si durante el tiempo de estudio lograron consolidar un amplio vocabulario latino y griego, aseguro que, a la hora de asesorar a sus estudiantes o dar clase, tendrán una mayor precisión al emplear términos y, asimismo, enseñarles las diferencias que pueden dotar a un texto de una exquisita riqueza léxica. Por otro lado, si se da el caso de que un estudiante se ejercita en el comentario de textos y estudia también retórica, sin duda podrá guiar a sus estudiantes por el camino de un estilo muy bien cuidado, sin dejar de lado el contenido argumental de los textos. Por último y muy importante, pienso que, en muchos aspectos, los Clásicos nos ayudan a desarrollar una visión crítica del contexto que nos rodea. A partir de lo que ellos nos plantean podemos debatir problemáticas y generar reflexiones que nos hacen crecer como personas. De manera que si un docente logra, también, promover ese pensamiento, que se abre gracias a la lectura de estos textos, estará formando personas con más sensibilidad frente a lo humano. Tengo claro que para lograrlo deben darse unas buenas condiciones laborales, y que muchas veces tales propósitos no se pueden llevar a cabo por distintos factores que afectan el proceso. Sin embargo, creo firmemente en que podemos llegar a ello con dedicación, disciplina y cariño por lo que hacemos. Para finalizar, ¿hay algunos versos con los que quiera sintetizar la experiencia de sus viajes?

Tellure, sacris, aequore, legibus divisa pubes absumus, adsumus, non ora nec linguam genusve consimiles, nisi corda fratres. (Pascoli, 2008)1

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El día de su cumpleaños uno de mis mejores amigos compartió un poema de Giovanni Pascoli que describe muy bien la experiencia de mis viajes y, en general, pienso que de la vida misma. Aquí su tercera estrofa:

1 Pascoli, I. (2008). Carmina. Recuperado de: http://bit.ly/2v8ADQ9


NORMAS DE PUBLICACIÓN

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El Comité editorial de la Revista Scripta Manent invita a toda la comunidad académica a participar en participar en las futuras convocatorias. Quienes estén interesados pueden enviar sus propuestas inéditas al correo electrónico scripta_fchbog@unal.edu.co. Por favor, téngase en cuenta los siguientes parámetros para la presentación de escritos e imágenes:

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La revista Scripta Manent se enfoca en la difusión de contenidos relacionados con las siguientes áreas temáticas: •Lenguas clásicas (gramática, evolución o descripción de aspectos de la lengua latina, griega o del indoeuropeo). •Literatura Grecolatina. •Filosofía antigua de Grecia y Roma. •Historia antigua de Grecia y Roma, o relacionada con estas dos culturas. •Recepción de la cultura clásica en la literatura, arquitectura, música, mitología, ideas políticas, pintura, etc. •Historia de la lengua española. •Gramática de la lengua española. •Pedagogía de lengua materna con énfasis en enseñanza del español.

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• Seguir los criterios de citación y referencias bibliográficas establecidos por la American Psychological Association (APA), disponible en http://www.apastyle.org/ • Para los textos en griego u otros alfabetos, revisar la fuente de acuerdo con los tipos de Unicode. • Incluir traducciones (propias o referenciadas) al español de textos escritos en otras lenguas, entre comillas o a pie de página dependiendo de su extensión.

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La revista Scipta Manent se terminó de imprimir en las instalaciones de GRACOM Gráficas Comerciales ubicada en la Ciudad de Bogotá, Colombia en la carrera 69K nº 70-76 en el mes de noviembre de 2017. El tiraje es de 300 ejemplares en papel ivory. Las familias tipográficas usadas fueron: Minion Pro Pluto Sans


SCRIPTA MANENT // VOLUMEN 2

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Licenciatura en Español y Filología Clásica

Scripta Universidad Nacional de Colombia

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ISSN: 2539-2530

Apoyan Programa Gestión de Proyectos Dirección de Bienestar Facultad de Ciencias humanas Sede Bogotá


Revista Scripta Manent No. 3  
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