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en otros lugares (Russo, 1998). De hecho, el registro más antiguo que se tiene al respecto está en el compendio Chino de plantas medicinales, el Pen ts’ao, publicado cerca del 2800 a.C., en el cual se recomendaba el cannabis para el tratamiento del estreñimiento, la gota, la malaria, el reumatismo, y los problemas menstruales, y se recetaba como analgésico para tratar el dolor causado por operaciones quirúrgicas (Ellis, 1946; Iversen, 2000). Así mismo el Athera Veda, un libro indio de medicina ancestral que data más o menos del 2000 a.C al 1400 a.C., menciona el bhang (marihuana), que junto a la ganja (resina del cannabis) son recomendados como estimulantes para mejorar la estancia en condiciones de esfuerzo y fatiga severas, así como para promover el sueño y tratar dolorosas neuralgias, migrañas y los dolores menstruales, además recomienda el uso de cataplasmas de cannabis, para aplicarlos sobre heridas y llagas y así promover su curación, o sobre áreas inflamadas como anestésico y sedante (Russo, 1998; Iversen, 2000). En el sistema medicinal ayurvédico tanto ancestral como actual, el cannabis también juega un papel importante; las hojas y la resina son recomendadas como descongestionante, astringente y calmante, capaz de estimular el apetito y mejorar la digestión, además es considerado afrodisíaco (Ellis, 1946; Iversen, 2000). Adicionalmente, el cannabis asumió un significado religioso extraordinario en la India, tanto así que el anciano Atharva-Veda lo llamó “Liberador de Pecado” o “Guía Divina”, y aún es usado en templos como una planta sagrada (Schultes, 1969). Igualmente los Asirios en el siglo IX a.C., usaron esta planta con un sentido mágico-religioso, como incienso, y a lo largo de la historia, el cannabis aparece en escritos antiguos como el Zend Avesta, (600 a.C.), y los de Panini (300 a.C.) (Schultes, 1969; Russo, 1998; Iversen, 2000). También, la tradición médica musulmana frecuentemente menciona el uso del hashis (resina que se comía y era extraída de las flores femeninas del cannabis) y del benj (marihuana) en el tratamiento de gonorrea, diarrea, asma, así como estimulante del apetito y analgésico (Russo, 1998; Iversen, 2000). El cannabis también fue popular en el folclor de la Europa medieval, donde lo mencionaban como una planta curativa; sin embargo, no fue sino hasta el siglo XIX que las corrientes occidentales retomaron las medicinas basadas en el cannabis, cuando el joven médico Irlandés O’Shaughnessy, llevó a cabo una serie de experimentos en animales para caracterizar sus efectos y establecer dosis tolerables (Russo, 1998; Iversen, 2000). Pero las dificultades para obtener suministros y la inconsistencia de los resultados obtenidos con las diferentes preparaciones de la planta, hicieron difícil estandarizar su uso, por lo que finalmente, fue removida de la British Pharmacopoeia hacia mediados del siglo XX (Ralph, 1972). No obstante, con la llegada de la corriente homeopática a América, la marihuana fue introducida en la New Homeopathic Pharmacopoeia and Posology or the Preparation 81

Revista negarit n06 2010  
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