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PORTADA Juliana Castro Varón “Cosmos de una gota de agua” Estudiante de Diseño Gráfico, Universidad Nacional de Colombia CONTRAPORTADA Carlos Andrés García Arboleda “Con TESTA y ARTE” Colombiano residente en Barcelona, España La portada y contraportada de la Revista Contestarte No 9 han sido seleccionadas a nivel mundial, mediante lo que hemos denominado “Segundo Concurso de arte Contestarte”, Realizado a través de internet. Muy agradecidos con los autores por su maravillosa obra.

CONTESTARTE 2010


Directora y Editora Catalina Bohórquez Mendoza Esta publicación es posible gracias al apoyo de Bienestar Universitario de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia. Toda responsabilidad de los artículos es del autor. En caso de detractores, víctimas inocentes o de adrede, sensibilidad por lo escrito, etc. Contestarte no tiene ninguna obligación. Permitida la reproducción total o parcial de los artículos publicados en los números de la Revista Contestarte, con el debido crédito a sus autores.

Director Honorario Julio E. Bohórquez Castiblanco Redacción Diana Méndez Edgar Leonardo Sierra Juan Carlos Rodríguez Julio E. Bohórquez Castiblanco Thomas Torres Pineda Andrés Álape Ávila Carolina Patiño Villa Consejo Editorial Thomas Torres Pineda Andrés Álape Ávila Carolina Patiño Villa

Un agradecimiento especial a los artistas Mónica Benavidez, Andrés Villamil, Ramiro Bernal, Francisco Cardona, Carlos Jacanamijoy, quienes nos permitieron acceder a su taller de adentro y conocer su obra. A Julián Barba, pues sin su colaboración no habríamos conocido años de historia del arte colombiano. Al maestro Javier Rozo por tendernos un puente con el Grupo Piedra y a Damián Angulo por su apoyo fotográfico y la revisión de un par de textos.

Diagramación y Diseño Juan Pablo Nieto Oliveros

Los escritos y opiniones expresadas en esta publicación no comprometen el pensamiento de la institución.

Portada Juliana Castro Varón

Rector Moisés Wasserman Lerner Vicerrector de Sede Julio Esteban Colmenares Director de Bienestar de Ciencias Humanas María Elvia Domínguez

Corrección de Estilo Xavier Paez

Fotografía Damián Angulo Archivo Mónica Benavidez Juan Pablo Nieto Oliveros Colaboradores Rosario Arias (Historiadora) Grupo Estudiantil Memoria y Palabra

Coordinadora Programa Gestión de Proyectos Elizabeth Moreno Domínguez

Colaboradores Inter nacionales Karolina Alarcón (Periodista y Filósofa Argentina)

Coordinadora Grupos Estudiantiles de Trabajo Andrea Fandiño Cardona

Docente William Duica (Director Departamento de Filosofía) Universidad Nacional de Colombia

TIRAJE: 500 IMPRESIÓN: Imágenes Impresión I.P.D ISSN 1794-6239

FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS DIRECCIÓN DE BIENESTAR DIRECCIÓN DE BIENESTAR UNIVERSITARIO PROGRAMA GESTIÓN DE PROYECTOS

Periodicidad Semestral Correo de contacto: revistacontestarte@gmail.com Página Web: http://issuu.com/revistacontestarte


Número 9

Contenido Personaje // Página 3 La Pintura de Jacanamijoy nada tiene que ver con el Yagé

Crónica // Página 11 Las obras de Ramón barba en el olvido

Artes Plásticas // Página 19 Once piedras enigmáticas frente a la capilla

Literatura // Página 29

Entrevista // Página 39 El encantamiento de las palabras El deseo ciudadano: un análisis a partir de los imaginarios de Armando Silva

Historia // Página 53 El campus universitario como reflejo de una profunda transformación: 16 de Mayo, ¿memoria histórica del movimiento estudiantil?


Personaje

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La pintura de Jacanamijoy no tiene nada que ver con el Yagé Por: Jorge W. Vasco

“Jacanamijoy el pintor de la selva…”; no es sólo eso, “el pintor del Yagé…”; no sé de a dónde sacan eso, pero yo lo respeto muchísimo. Desde que mi papá murió no he vuelto a tomar Yagé, yo sólo lo tomaba con mi papá y no creo que vuelva hacerlo. (Carlos Jacanamijoy)

Cada vez que veo a una persona, veo su interior; casi que escarbo en sus imágenes mentales en búsqueda de algo –aún no sé qué– para tratar de entender sus movimientos, su caminar, sus actitudes. Sé lo que cualquier peatón sabe, observa y “escanea” en las personas a su paso. Leo y evalúo como cualquier otro esas cosas. Pero me parece que a través del arte, o mejor, a través de la pintura, los maestros o las personas dedicadas, adictas, fieles y serviles a esta profesión, dejan entrever qué es lo que ellos ven. Mejor dicho, cómo es que su mente se transforma; cómo es que su cabeza trabaja; cómo es que las imágenes están funcionando en ese litro y medio de materia y energía viva. De Carlos ya era claro que conocía algo. No lo llamemos psicológico –porque de ello no sé mucho–: conocí un ser repleto de experiencias. Hablamos con Carlos de sus amistades, de su trayectoria, de su infancia, de sus hermanos (pues yo había estudiado con su hermano Néstor en la escuela de Artes de la Universidad de Antioquia). Hablamos de su padre, el taita, y su pasado. Yo Iba con los mismos preceptos y suposiciones que cualquier ciudadano más o menos distingue

Jorge W.Vasco es Maestro en Artes Plásticas. Universidad Nacional de Colombia. vaskiat@gmail.com

Palabras del Maestro Carlos Jacanamijoy en la entrevista realizada por el Maestro J. W.Vasco para la Revista Contestarte, el día 18 de octubre de 2009.

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en el arte de Carlos Jacanamijoy. Llevaba en mente algunas fotos de revistas, algunas imágenes de pinturas que había visto en el centro Colombo Americano de Bogotá. Algunas imágenes de afiches enmarcados. Llegué al estudio del Pintor en compañía de una amiga que lo había conocido en un seminario de arte en el Museo de la Universidad Nacional. El maestro trabajaba con el profesor Roberto Amador de la Cátedra Arte y Cerebro, bien conocida en el ámbito universitario. Me presenté donde el Artista un tanto nervioso, como lo puedo estar frente a cualquier personalidad reconocida en el campo del arte, en esta guerra de supervivencia por el dinero, por reconocimientos y por el esfuerzo de permanecer en la memoria de los hombres. Siempre he creído que las personas están donde están, porque de alguna u otra manera han luchado por estar allí, y se lo merecen. Nos recibió en su estudio, en un tercer piso de una casa espléndida del barrio La Macarena en Bogotá. Me comentó que las personas veían en sus pinturas remanentes de las “pintas” que se ven en los rituales de Yagé (Ayahuasca o Ambil1). Pero tomar Yagé, para los que hemos tenido esa experiencia, es una purga, una purga tanto intestinal como espiritual; una experiencia visual, un ritual que es en principio, no visible, sino visual. Aquí sí que se entienden las imágenes mentales; aquí enfrentas, en una batalla infra consciente, todos tus temores, temores reales, miedos, sustos, angustias, complejos; ves y notas malas acciones con los demás, con tus familiares, con los animales; enfrentas tus creencias, tus egos; quemas de paso situaciones que no has podido olvidar inconscientemente (por eso digo que es una batalla infra consciente). Sabes que estás en ese estadio, en esa situación, en ese espacio allí, nervioso, empapado en sudor y te preguntas: ¿qué he hecho? ¿Será que está bien esto? ¿Por qué vi esas cosas? Advierto que una vez has pisado el infierno, luego de ver y sentir las almas en

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pena, otros organismos, otras esencias, otras fuerzas naturales que te han sido esquivas, invisibles, entes ignorados hasta el momento, viene luego la calma. No creo que se pueda mostrar todo esto en una sola Imagen, sería casi un sacrilegio a toda una experiencia visual. Comparo el cerebro como un radio. El cerebro esta sintonizado en ciertas frecuencias para vibrar y captar las ondas que llegan por los órganos de los sentidos. Así vemos, sentimos, olemos, escuchamos y degustamos el mundo, un pedazo del Universo. Bajo ciertas condiciones, el cerebro puede sintonizarse en otras estaciones de radio, en otras frecuencias (puede cambiar de dial), por medio de algunos ejercicios o alterando algunos de sus órganos. Algunos entrenan más un órgano a falta de otro. Otros nacen mezclando todas sus sensaciones; otros, sin alguno de ellos. Creo que esos “viajes” deben hacerse con un guía, porque corre uno el riesgo de perderse o quedarse allá metido en esos mundos y no darse cuenta que, al volver del trance, sigues en realidad estando aún por allá. Para nada tienen que ver esas imágenes con las imágenes de Carlos Jacanamijoy. Una vez el taita te ha despertado, y poco a poco te trae de entre tu “entresueño” con cantos guturales y rítmicos claramente amazónicos, ríes, o mejor, ríes con miedo, ríes con susto. Hay un silencio agotador después de la toma. Casi siempre las mujeres van y repiten primero. Retomas tu andar; sientes por primera vez tu parte interior como una piedra, tu cabeza contra el suelo: la gravedad, el equilibrio. Para nada tienen que ver el Yagé con las imágenes de Carlos Jacanamijoy. Talvez Carlos tenga algunos remanentes selváticos, pero ni siquiera representan la selva, porque la selva es otra cosa: la selva es otro mundo. A mí me parecen más bien imágenes acuáticas, submarinas…, oceánicas. “Pinta: suma pinta” te dicen antes de beber la totumada de Yagé. Sabe horrendo, “suma pinta”, porque después de la tormenta viene la calma, viene la “pin-


Frases Memorables Lo que pretende expresar con su obra: Mostrar esa ensoñación que tenemos sobre la naturaleza. Esos vestigios que deja el ser humano. Las percepciones, eso es lo que trato de pintar, las vibraciones, lo que se siente cuando tenemos esa sensación de que algo paso o que algo va a pasar… Un poeta podría describirlo mejor que yo, yo quiero atrapar al espectador con toda esa clase de cosas, que no son externas, son internas, parajes de la memoria, imágenes directas. Quiero que mi trabajo se convierta en un juego de percepciones, de memoria, que te toque y atrape.Ven en mis pinturas sin número de cosas, les recuerda cosas, sueños, para mí eso es maravilloso. …yo no veo eso, todo lo veo en colores, los sonidos, no tengo el sentido del olfato, tal vez por eso me queda más sencillo mostrarlo todo en color.

Algunas Definiciones: Desfolkorizar: dejar de añadirle a las ideas estereotipadas o estigmatizadas que tienen la sociedad dominante e ignorante de algunas minorías. Una cuestión antropológica de quererlos ver encerrados, pero dejar de generalizar, de condenar, como si no existiera la transformación con respeto. Los indígenas, personas común y corriente, que no deja de ser indígena o excluido porque le gusta el rock, o porque juega tenis, o porque quiere ir a la Luna.

El Maestro Jacanamijoy, en su estudio ubicado en el barrio La Macarena. Fotografías de Damián Angulo

Acerca de la labor del pintor: El pintor no está para adornar una pared, o los huecos, vacíos sociales.

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Frases Memorables Sus esfuerzos, sus comienzos Entendí que no solamente se trataba de estar con una brocha y con un espacio grande, con un taller y un lienzo en blanco en frente tratando de pintar, sino que es un trabajo teórico también. Comencé en los Salones, aplicando a las convocatorias. El primer sorprendido era yo mismo al ver la aceptación de la obra. Mucho tiempo después de ser aceptado y reconocido comencé a vivir de mis pinturas. Después vinieron las invitaciones a otras exposiciones en otros países, después las galerías y los coleccionistas comenzaron a ver las obras con otros ojos.

Acerca de la universidad: No se forma con la realidad del arte, con la realidad tangible, tal vez uno es muy inocente al entrar a la Universidad, la formación es un poquito etérea, aérea, creo que más bien le afianzan a uno los sueños, las ilusiones… Cuando uno termina la universidad comienza uno de cero nuevamente. La universidad uno la lleva en la cabeza… igual que el hecho de ser artista, igual que el taller, uno lo lleva es en la mente. El hecho que le den un título (incluso en otras carreras) no significa que en verdad sea un artista.

Rodolfo Llinás: Muy amigo mío. Él me decía que de los cinco días de las semana, cuatro los dedica a hacer lo que sabe hacer, a lo que nos da para vivir, el quinto día lo dedica a hacer algo desconocido, aventurado, y lo que él es hoy, es gracias a ese quinto día.

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ta”, viene lo más hermoso que he visto en mi vida: figuras tetra dimensionales, insectos coloridos como aves que quería atrapar con mis manos, éxtasis, amor, cosmos, todos éramos uno; yo poseía varios cuerpos, sentí mi Merkabah… Me creía una trucha y exhalaba por cada bendito poro de mi cuerpo energía, estaba en la mejor hamaca del mundo, me escurría entre ella. Mi cuerpo era enorme y nadie ni nada de lo que había visto antes (monstruostemores) podrían contra mí, movía la maloca entera de lado a lado, estaba en un orgasmo entero –eyaculación sin eyacular–, en un estado mágico, indígena: vi precolombinos; entendí de dónde venían esas imágenes ancestrales; entendí por qué eran geométricos, por qué eran sagradas, el porqué de esos colores; colores fluorescentes que ni siquiera captan nuestra células oculares; colores que eran más que colores; colores que no se ven con los glóbulos de los ojos, y una vez más, para nada tenían que ver con las imágenes que conozco de Jacanamijoy. Por eso reímos, casi al tiempo, cuando me contó en su estudio que la gente creía y veía en sus pinturas imágenes del Yagé. Reímos porque ambos sabemos que eso no es así. Fui a su taller pensando en cómo serían las nuevas Pinturas en tonos grises que Carlos proponía, para mí un gran interrogante, porque siempre había conocido su colorido, me era familiar, conocía su marca; casi que podría saber cuál era original y cuál copia. ¿Grises, blanco y negro, en Jacanamijoy? Entonces me enseñó dónde estaban. Quedé absorto: son bellísimas.Yo, si pudiera, le compraba una de esas pinturas; si yo pudiera tendría un taller como ése, una terraza como la de su estudio. Me deja perplejo ver su entrega a la pintura –y nada más que a la pintura– en contraposición y en comparación a sus contemporáneos, hoy inmersos en lo digital y la performance. Encantado de conocer a este personaje, descubrí y constaté que nada tiene que ver su discurso, su obra, con sus raíces. Carlos se encuentra a sí mismo después de una búsqueda académica iniciada en la Escuela de Artes de la Universidad Nacional en los ochenta. Hace parte de la generación de aquel paro de un año en 1984, pero después de esforzarse y confiar en su ganas y en su talento; después de estudiar el arte occidental; y después de hacerle creer a su padre que estaba en la ciudad estudiando Derecho, encontró su propio arte, encontró la manera de materializar las imágenes que guarda en su cerebro. Muchos desconocemos parte de su trayectoria y cómo fue posible que este


personaje llegara a ser uno de los pintores más significativos y reconocidos de Colombia. Desconocemos cómo es que las cosas se consiguen, cuál es el esfuerzo y la beligerancia detrás de los hechos; pensamos que vivir del arte es gratis, que la fama y el reconocimiento sólo depende de la suerte y de los contactos que se consiguen en el camino. No es sólo eso…

Desconozco mucho acerca de la poderosa planta y la obra de este artista. Éste es un pequeño escrito acerca de esta visita a su taller y cómo me inspiró escribir lo que algunos consideran imágenes del Yagé. Nada tiene que ver el Carlos que conocí con el Jacanamijoy que tenía en mi mente. Nada tiene que ver el Yagé con la Pintura de Jacanamijoy.

La Ayahuasca es agria; es el extracto de un bejuco, una bebida que sabe a tierra; y el Ambil, una

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preparación de Ayahuasca, miel y otras especias. Es un poco más dulce.

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Cr贸nica

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Las obras de Ramón Barba en el olvido Por: Julio E. Bohorquez Edgar Leonardo Sierra

La nostalgia que nos invade por el pasado nos lleva a visitar no una sino varias veces el Museo Nacional de Colombia1. Entre tantas cosas que se pueden ver allí, quedan en la memoria las esculturas de madera de Ramón Barba4, de tamaño descomunal, con tanta fuerza y realismo que parecen mostrar sus emociones y, de sus venas hechas con gurbias, circular la sangre. Esas imágenes quedan en la mente como un recuerdo diluido pero vibrante que hay que hacer vívido, volviendo a visitar el panóptico de manera que Ramón Barba, el autor de estas obras, quede en la memoria con su poético nombre difícil de olvidar. El tiempo que es un tirano, que no conoce moral y mucho menos historia, nos entregaba en un salto de Chronos otro recuerdo de las majestuosas tallas de madera de Ramón Barba. A mil seiscientos kilómetros de Bogotá, en el Caribe colombiano, lleno de calor y color, otros escultores de madera, Manuel y Andrés Bohórquez, relataron, con emoción de fanáticos y continuadores de la escuela de Ramón Barba, que las obras de este escultor son el reflejo de la genialidad de uno de los más grandes artistas plásticos que ha vivido en Colombia. En Minca, un pequeño terreno plano de la Sierra Nevada de Santa Marta, en un hotel rodeado de la naturaleza y dominado por la madera hecha arte, surgió la idea de indagar por el maestro Ramón Barba. Lo que más nos motivó fue lo que nos contaron sobre el olvido de sus obras, las cuales se encuentran agrupadas en un cuarto de un barrio

Julio E. Bohórquez, Odontólogo Universidad Nacional de Colombia. julioebor@hotmail.com

Edgar Leonardo Sierra, Filósofo y Estudiante de la Maestría en Teoría e Historia del Arte y la Arquitectura. edsiroalfa@gmail.com

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del centro de Bogotá, pero que deberían ser patrimonio cultural de Colombia. De nuevo en Bogotá, un simple directorio telefónico mostraba el nombre de Julián Barba, quien resultó ser el hijo del maestro escultor. El contacto telefónico con Julián Barba nos llevó a concretar una cita en el puente de la calle 26 que conecta con la Universidad Nacional de Colombia. En esta calle, en la cual se confunden los escombros de la construcción de Trasmilenio, con los brillantes paquetes de frituras y de los gases productores de lágrimas, iniciamos el camino hacia el barrio Santafé3, donde nos escoltaban evas sin edad y chicas del estilo Truffaut, vestidas con sedas satinadas y colores ardientes. Mujeres rollizas con minúsculos trajes nos ofrecen sonrisas prístinas y la posibilidad de un momento austero de placer. Entre lupanares y ventas de “sandguich” [sic] entramos a una casa con un gran portón verde. Al pasar por el pórtico, en un lapso brevísimo, nos trasladamos de una avenida de lupanares y paraísos artificiales a un espacio lleno de helechos, con velas de zinc. Al entrar nos atendió una señora con olor a iglesia dominical. Parecía tener un hálito santo, que contrastaba con el ambiente que rodeaba el lugar. Durante el trayecto por Bogotá, Julián Barba ya nos había preguntado qué imaginábamos que íbamos ver; la respuesta fue: “colosales esculturas de madera”. A lo que él añadió: “entonces… sí saben lo que están buscando”. Ya dentro de la casa, construida en los años cuarenta por el arquitecto Carlos Martínez, nuestra sorpresa fue mayor, pues aparecieron majestuosamente las obras de madera que esperábamos, pero también dibujos, bocetos, cerámicas, esculturas de yeso y mármol, además de anécdotas e historias. De inmediato notamos que Ramón Barba no sólo era el tallador de madera, sino el polifacético y versátil artista plástico y una pieza clave para la reconstrucción de la historia política y literaria de nuestro país.

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La fuerte expresión del pueblo colombiano, entre el ánimo violento y la fuerza espiritual, está plasmada en las obras de Ramón. Estas magnas estructuras, apiladas por el olvido y luchando entre el límpido zinc y el polvo que sopla, son la magnificencia de nuestro pasado; son la torre de argamasa viva que se levanta para decidir nuestro presente. El guerrillero, Los comuneros, El padre Almanza, Manuela Beltrán, Ricardo Rendón, obras talladas en madera traídas del Huila, Cundinamarca, Tolima, Boyacá son expresiones en materia viva de seres que entregan su tiempo y su alma por un ideal posible en la esquina siempre verde de los Andes. Cuenta Julián que su papá, de origen español, se sentía apenado por lo que hizo su país con esta tierra. Por eso su interés por la rebelión de los comuneros, inicio del espíritu libertario neogranadino. Los rostros expresan un momento detonante entre la miseria y la emancipación. Las magnas estructuras, construidas en materia viva, diluyen un ambiente universal y protagónico, donde nuestra historia, nuestra materia viva, nuestra sangre se entrega a dignas y altivas tareas. Las empresas dignificantes y libertarias del pueblo colombiano son entonces homenajeadas por un artista que quiere pagar por los crímenes de su patria. Ramón Barba, por razones que desconocemos, llegó a Colombia en 1925, después de divagar por el sur del continente. Un día decidió salir de España para no regresar y, buscando un destino, visitó las delegaciones diplomáticas de su lengua, las americanas, donde en palabras de su hijo Julián: “Buscó la embajada que más le gustara, para elegir el país de destino”. Al parecer, en uso de una razón inusitada, escogió la isla acaramelada de Estados Unidos: Cuba; de allí pasó a México y después Colombia. Continuando con el homenaje a los partidarios de la lucha política en Colombia, logramos vislumbrar una escultura en yeso de Jorge Eliécer Gaitán. Comenta Julián que fue hecha por encargo


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de la esposa del líder político, asesinado en 1948. Inicialmente, se planeó de seis metros de alto, pero por razones económicas, su tamaño disminuyó. El maestro Ramón Barba finalmente no recibió la suma solicitada y la obra jamás fue entregada4. Como ya hemos comentado, Ramón Barba era un artista polifacético. Dentro de sus obras no sólo se encuentran tallas de madera, esculturas de yeso y cerámica, sino que también, como todo escultor en su trayectoria artística, realizó cantidad incontable de bocetos y dibujos de gran expresividad y realismo. Dibujos dignos de un gran escultor, que en cada línea tallada o dibujada casi dejaba el espíritu del modelo a retratar. Uno de los personajes de sus dibujos se nos hizo conocido. Julián nos ratificó que era del poeta León de Greiff y nos contó una interesante anécdota sobre este dibujo. Cuenta que este insigne poeta nacional decidió hacer una especie de intercambio artístico entre amigos, que terminó en algo despreciativo. León de Greiff le llevó a Ramón Barba uno de sus libros para que lo leyera. Cuando volvió a visitarlo, le preguntó qué opinaba; Ramón le dijo que era una obra grandiosa, aun cuando no la había leído, pues confiaba a “ojo cerrado” en su virtud poética. Sin embargo, esto disgustó al literato, quien constató que su obra no había sido percibida ni siquiera de reojo, pues había dejado las hojas pegadas entre sí, y al encontrarlas en el mismo estado, comprobó que el artista ni siquiera había abierto el libro. Malhumorado, el poeta se fue; pero el maestro, en un plan amigable, fue a su casa a disculparse, aunque se encontró con la sorpresa de que aquel dibujo trazado para el poeta, hecho no por encargo sino por simple aprecio, estaba boca abajo y sobre él estaban pelando papas. Salió de su casa furtivamente y evitó entablar diálogo con el poeta. Aún no entendemos por qué, pero, al recordar y reflexionar sobre las demás anécdotas que hemos escuchado sobre León de Greiff, todas tienen

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alguna relación con la comida: ésta no es la excepción. Julián nos fortaleció esta suposición, pues nos contó una de las primeras escenas de cuando conoció al poeta. Decía: “… recuerdo al poeta León de Greiff comiéndose un tamal con las manos, en la carrera séptima, y tirando el verduzco empaque a la mitad de la carretera.” Nos contó también que la casa del poeta quedaba cerca de la del maestro Ramón Barba, hasta que una gotera la tumbó, y una de esas chicas satinadas que ofrecen sus carnes y sus sonrisas en las puertas de casas aledañas, se adueñó de su cama. “Imagínese la cama de León de Greiff siendo la cama de una furcia –reclama Julián.” Con esta visita nos quedó claro el nexo entre el escultor, la política y la literatura. Su más grande amistad fue León de Greiff, pero admiró mucho al poeta José Asunción Silva, muerto varios años antes de la llegada de Ramón Barba a Colombia. Cuando trasladaron los restos del cadáver del poeta suicida al mausoleo del Cementerio Central, el escultor fue uno de los pocos que estuvo allí; decidió guardar para sí dos costillas y la suela de un zapato del poeta. Deseaba que algún día la memoria basal del pueblo colombiano le permitiera construir un homenaje al autor del Nocturno. La suela del zapato se la tragó el tiempo y en una caneca de basura terminó por accidente. La suela medía cerca de 21 cm, lo que quiere decir que Silva era de estatura menuda, pero así, al mejor estilo colombiano, embaucó a muchos banqueros y negociantes europeos y a todo un país en sueños de humo de opio y copas de láudano. En una última mirada al taller, nos preguntamos finalmente: “¿y dónde están las herramientas que entregaban forma a estas monumentales piezas en madera?” Entonces nos enteramos de que su hijo Julián decidió que deberían servir para algo y las donó cuando sucedió la tragedia de Armero para que se hiciera algo con ellas. También nos preguntamos sobre el futuro de estas obras agolpadas en


espacios que apenas las dejan respirar, gracias a las cuales el alma se emociona por la magnificencia del don de esculpir, de modelar, de fundir. Cuánta expresividad artística amontonada sin poder ser deleitada por el ojo del escolar, del universitario, del hombre y la mujer común que asisten ávidos de emociones a los museos: vírgenes de yeso, mascarillas de personajes muertos, santos de madera, cruces cristianas, campesinos cobrizos, mujeres de piel nativa adornadas con una cabellera que termina en hermosas trenzas y unas manos casi vivas que agarran un pañolón; rostros con miradas tristes, inciertas; cabellos sueltos, alborotados, peinados. Cada obra con una memoria y un sueño, como fantasmas de seres idos. Cuánta grandeza olvidada por los organismos oficiales, que paquidérmicos y burocráticos, dejan que se vuelvan cenizas los mejores sueños. Las obras de Barba son un tesoro oculto que merece ser recuperado. Todo lo que se encuentra

en ese cuarto del Barrio Santafé merece ser parte de un museo de reconocida categoría como el de la Universidad Nacional de Colombiamerece un espacio con luminosidad y temperatura adecuada para hacer aún más inmortal la obra de Ramón Barba. El Museo Nacional de Colombia ha hecho el esfuerzo por hacer conocida la obra del maestro a las generaciones venideras, pero en la visita al Barrio Santafé hemos descubierto que las esculturas de Ramón Barba que se encuentran en dicho museo y que nos indujeron a escribir estas palabras son copias, las originales están resguardadas entre lupanares y chicas vestidas con sedas satinadas . Urge un espacio para que pueda ser admirada su obra original, para que sus hijos, que aún conservan las esculturas en contra del tiempo y del olvido, los continuadores de su escuela escultórica y el público en general logren visitar estas obras en un museo o en un espacio que las haga inmortales y no sean conducidas de la inercia al colapso.

Antigua Cárcel de Bogotá, denominada por los años veinte como: “el panóptico”.

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Ramón Barba, a pesar de su ciudadanía extranjera, se encuentra hoy reconocido como el mejor escultor

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que ha tenido Colombia en la historia del arte. El barrio Santafé fue un barrio residencial en el centro de Bogotá, convertido en la actualidad en una zona

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de prostitución, en Colombia denominada “zona de tolerancia”. Como anécdota adicional, Julián nos cuenta que Hitler pasó el Arco del Triunfo de Paris, al estilo

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napoleónico, y la comunidad española exiliada en Colombia, rechazada por los franceses, realizó una fiesta para conmemorar la caída de Francia. En medio de la reunión, pasaron una servilleta para que la firmaran los asistentes, con la consigna: “¡Viva Hitler, abajo Franco!”. En una de esas grafías se leía: “Jorge Eliecer Gaitán”. Esta servilleta, según Julián, se encuentra refundida en algún lugar de la casa del maestro Barba, pero no perdida.

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Artes Plรกsticas

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Once piedras enigmáticas frente a la capilla Equipo de redacción Contestarte

El hombre es realmente un depredador; la escultura expresa eso; la violencia que ejerce el hombre hacia sí mismo y la naturaleza: de ahí viene el nombre de Naturaleza Herida. (Andrés Villamil)

Frente a la capilla de la Universidad Nacional de Colombia fueron enfiladas once piedras extraídas del alma del Páramo de Pasca. Mediante un teodolito, éstas se alinearon para que sus orificios artificiales quedaran en armonía con los astros y el tiempo; para que los curiosos acercaran sus ojos tratando de lograr la ilusión de ver el paso de la luz desde el agujero de la piedra de un extremo hasta el de la última roca tallada. No están colocadas al azar; su orden obedece a la observación del infinito y al dictatorial mandato de la naturaleza, sólo que los artistas creadores de esta obra, con el uso de la técnica y la imaginación, trataron de simular la energía del universo con una alineación que parece simple y caprichosa. No es casual que muchas construcciones que se usaron como forma de unión con lo divino y misterioso sean de roca. Desde nuestros ancestros se ha considerado que la piedra puede resistir al paso del tiempo, y aun cuando el tiempo es el que todo lo devora, ante su destrucción la roca majestuosa permanece fuerte. El deseo humano de unirse a lo divino ha atravesado el tiempo, por ello el hombre ha creado las religiones, la filosofía y los mitos. Por esta aspiración humana se han

Equipo de redacción Contestarte: Andrés Álape, Carolina Patiño, Juan Carlos Rodríguez, Thomas Torres. revistacontestarte@gmail.com

Palabras del maestro en la entrevista realizada por la Revista CONTESTARTE, el día 25 de Febrero del 2010.

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construido también distintas maravillas arquitectónicas que permanecen en el tiempo –pirámides y esculturas de piedra– en culturas como la egipcia, la maya y la tairona. Un ejemplo de esto lo encontramos en las obras Naturaleza Herida y Amanecer de Piedra, en las que los artistas pretendieron plasmar una mística natural para comprender lo divino a través de lo terrestre. Las obras, que hablan por sí mismas, están rodeadas de un aura mágica: desde la lluvia que derramaron los dioses para bendecir la escultura de piedra en su inauguración1, hasta los reflectores naturales que la iluminan día y noche. Cada persona engendra su historia alrededor de la escultura de once rocas. Génesis de Naturaleza Herida: la conciencia de la destrucción En medio de un atardecer gris, nos encontramos en 1994, año en el que cuatro jóvenes estudiantes de la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia deciden tallar la piedra para presentar su trabajo de grado. Si bien

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en la carrera de Artes Plásticas se ofrecía la especialización en escultura, no había una verdadera formación en el área. Los talleres no eran usados y los pocos profesores que tenían conocimiento sobre el arte escultórico no lo transmitían. Mónica Benavidez, Andrés Villamil, Juan Andrés Molano y Mauricio Franco decidieron investigar por su cuenta [todo lo relacionado con] el trabajo de la piedra, de aquí que visitaran Barichara, municipio conocido por sus monumentos y sus tradicionales artesanías en piedra e hicieran un estudio más particular sobre la técnica que usaban las culturas indígenas. como la cultura Guane, destacada en la región de Santander por su arte rupestre. De regreso a Cundinamarca, visitaron el Páramo de Pasca, muy conocido porque allí se halló la Balsa Muisca, lugar que, por éste y otros hallazgos, se encuentra ahora constituido como un santuario indígena. El Páramo de Pasca también es considerado como una escultura natural formada de piedras que tienen millones de años y que fueron labradas por el propio Tiempo. Dada su naturaleza, este lugar resulta propicio para la extracción de la piedra. Allí Mónica, Andrés, Juan y Mauricio presen-


ciaron este proceso y, al ver cómo el esqueleto de la montaña –el soporte que le da forma– era destruido violentamente, su conciencia se enfrentó a sí misma. Dos años de acercamiento al trabajo en piedra para chocar contra la real destrucción de la naturaleza que nos circunda: demora miles de años en formarse y sólo un segundo basta para destruirla. Como artistas, representantes de lo que se percibe en la tierra, decidieron hacer una escultura para expresar su indignación y dolor. Así nació la idea de Naturaleza Herida. Por esta representativa obra, estos artistas recibieron el premio Excelencia Académica por haber sido el mejor trabajo de grado (Junio 1993 1994), de manera tal que el deseo de explorar la piedra no terminó allí. La universidad les brindó un espacio junto a la concha acústica en el que invirtieron el dinero recibido como gratificación. Naturaleza Herida, entonces, derivó la realización de Amanecer de Piedra –escultura conformada por diez piedras organizadas en forma circular– y propició el interés de un nuevo artista, Ramiro Bernal, quien se acercó con la misma curiosidad que los otros artistas: explorar la piedra.

Dos representaciones, Dos símbolos opuestos No es posible hablar de una escultura sin mencionar la otra. Las veintiuna piedras de Naturaleza herida y Amanecer de piedra simulan la unión y la división; el exceso y la mesura. Naturaleza Herida simula una línea que divide, en tanto que representa un muro que impide pasar de un espacio a otro, es decir: una frontera. Por otra parte, Amanecer de Piedra simboliza un círculo que representa la unión, la fuerza y la estabilidad; mientras Naturaleza Herida pareciera ser una fila de hombres caminando hacia las montañas, resguardándose el uno al otro, marcando un camino como puntos suspensivos. Así como no es fortuita la organización de las piedras, tampoco lo es el número de ellas. Después de plasmar en Naturaleza Herida, con las once piedras, la imperfección y el exceso –clara identificación con el mundo actual: lleno de desproporciones y derroches–, con Amanecer de Piedra sus creadores quisieron representar la mesura.

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Teniendo como punto de partida el número 10, el número perfecto en la Tetraktys2 pitagórica, se refuerza el concepto de unión plasmado en las piedras. El número diez, formado de la suma del 1+2+3+4 (los cuatro primeros números enteros), genera como resultado la unidad, pues al sumar el 1+0 el resultado es 1. Entonces, regresamos a la unidad. En estos menhires todo tiene un símbolo y un significado. Así como el número de piedras y su disposición en el espacio, se puede observar que cada una de ellas en Naturaleza Herida es atravesada por un agujero. Cada uno de éstos es la representación de una herida en el vientre, donde el dolor llega a ser realmente fuerte y donde remuerde la conciencia; donde se gesta la vida y el amor. Pero la herida no solamente la sufren las piedras; éstas a su vez hieren y atraviesan el vientre del búho universitario, y muestran que éste, de igual modo, hace parte de una naturaleza herida3: tanto la piedra como el búho son atravesados en su vientre. Luego de la herida, las otras piedras tocan el corazón. Amanecer de Piedra se encuentra ubicado al lado del corazón del búho y con su forma circular representa entonces la pasión, el amor y la estabilidad, los cuales se oponen, por tanto, al concepto de dolor expuesto en Naturaleza Herida. Naturaleza Herida, de este modo, no deja de sorprendernos: es un calendario. Los autores, con la asesoría de miembros del Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional, utilizaron el Astro Rey para que con su luz iluminara una piedra, y a la vez la sombra de ésta se reflejara en otra. Mediante iluminaciones y las posiciones de las sombras respecto al agujero de cada piedra, se puede determinar la hora como si fuera un reloj. Así mismo, al llegar el día del solsticio de verano y el equinoccio de invierno, el sol atraviesa, a las seis de la mañana y a las seis de la tarde, el vientre de estas piedras, las cuales semejan hombres caminando en fila hacia los cerros orientales de la ciudad de Bogotá. La creación de un espacio de contemplación Una palanca y un peso fueron suficientes para lograr colocar las piedras en el lugar que ocupan hoy. Muy bien se valieron entonces del dicho de Arquímedes: “Dame una palanca y moveré el mundo”. Pero el impulso que movilizó tantos esfuerzos, sacrificios y entregas para poder llevar a cabo tan ardua tarea fueron

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la intriga y las ganas de saber el secreto de los grandes pueblos ancestrales. Para esto, intentaron imitar a pueblos de la antigüedad –como los egipcios–, aunque acudieron a la técnica actual ayudándose de una que otra grúa. En el proceso de montaje, junto a la energía espiritual que emergía del terreno y las piedras, convirtió el trabajo escultórico en un punto de encuentro, convivencia y amistad. Se puede decir que existía una especie de imán inconsciente que atraía hacia un mismo punto de reunión a todos los estudiantes, seducidos por la magia de la piedra. Muchos fueron los colaboradores, muchas manos intervinieron para darle forma a cada una de las piedras, para ubicarlas y enraizarlas. El Instituto de Planeación de la Universidad Nacional, el Observatorio Astronómico, la Facultad de Ingeniería4 y el Departamento de Topografía5 brindaron sus conocimientos y personal especializado en la construcción de los cimientos, el cálculo de los pesos de las piedras, las mediciones, la desviación magnética y la línea geográfica Este-Oeste. El montaje duró ocho meses, bajo la dirección del Maestro Francisco Cardona. Según el Diario de actividades de Naturaleza herida el proyecto fue aprobado el 29 de abril de 1994 por el Consejo Directivo de la Facultad de Artes, quienes adjudicaron ochocientos mil pesos, lo que era en esta época una alta suma, los cuales fueron destinados para la compra de las once piedras, otro tanto para la compra del recebo, el pago de los viajes de las volquetas, las horas de grúa, materiales de topografía y la esencial broca de punta de diamante para los agujeros. El transporte de las piedras se realizó en un camión que ya deja adivinar su edad y, debido al peso de éstas, tuvieron que ser transportadas de dos en dos. Mientras tanto, en el campus se realizaban las excavaciones donde quedarían ubicadas respectivamente las piedras. Estos huecos fueron rellenados con recebo inicialmente, pero, dadas las malas condiciones climáticas, el trabajo se perdía por la lluvia. Para solucionar este inconveniente, fue necesario comprar plásticos que protegieran los agujeros de la lluvia y la mezcla de recebo con cemento. Sobre la fecha del 14 de junio de 1994 se inició el proceso de solicitud de la donación de sesenta y seis varillas, necesarias para el proceso de elaboración de las canastillas de metal, cuyo fin era el de soportar las placas de cemento (donadas por la empresa de Cementos Premezclados, en este entonces existenContestarte

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te). Finalmente, el 24 de junio se logró la soldadura de veintidós enrejados que soportarían las piedras, gracias al apoyo de José Antonio Parra, quien aún se encuentra trabajando en la universidad. Luego de arduos trabajos, para soportar las piedras, los artistas iniciaron la labor más importante: el proceso de talla de las bases y las protuberancias de las piedras. A la fecha del 11 de julio, ya se encontraban listas y, con una grúa, fueron trasladadas con ayuda de una resina epóxica para ser ubicadas en sus bases correspondientes. El 28 de julio, el topógrafo Rafael Quiñones comenzóel trabajo de topografía para realizar la nivelación de los agujeros de manera que éstos correspondieran con la línea del horizonte, los solsticios y los equinoccios. El 3 de agosto se inicia la esperada perforación de los agujeros en colaboración del operario Víctor Guio. Luego, se finalizan las labores.

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La obra se encontró entonces terminada y a la espera de ser presentada formalmente a la comunidad universitaria. Finalmente, llegó el día de la inauguración de la escultura: un día lluvioso en Bogotá. El rector Guillermo Páramo fue el encargado de pronunciar un discurso inolvidable para los artistas. Hoy en día, al caminar entre “las piedras del huequito” o “las piedras frente a la capilla”, como son llamadas por los estudiantes, ignoramos que forman parte de una escultura que pretende hablar por sí sola: Naturaleza herida. Estas piedras han logrado impactar a varias generaciones de estudiantes de la Universidad Nacional: han traspasado los límites del espacio y del tiempo. El nombre otorgado escultura la escultura expresa la visión de sus autores, para que recordemos que somos hijos de la tierra, de la inmensidad, de la naturaleza. Por lo tanto, vale la pena dar pasos al pasado


y retomar la historia de esta obra de arte que se apropia de una simbología mística y una estética milenaria. Cada persona engendra su historia alrededor de esta escultura de rocas; varios pasos la rodean a diario, varias miradas y pensamientos se elevan mientras pasa el sol y la luna sobre ella. Incluso no tiene placa, no hay apartado, cartel o afiche que diga qué es o cómo se llama, porque la intención de los artistas es lograr que cada persona ya sea estudiante o ciudadano que pase cerca

a ella, genere su propia interpretación. Esta obra nos muestra además cuán cierto es lo que dijeron los artistas: “Los hombres somos depredadores”. Paradójicamente, ahora las piedras de Naturaleza herida serán removidas de sus lugares –según un proyecto de las directivas de la universidad– para construir una plazoleta de comidas, dejando ver que en nuestro mundo actual el progreso se mide más por lo que genere dinero y no por lo que genere conciencia y Amor por la naturaleza, que es lo que necesitamos para aprender a cuidarla.

Los escultores cuentan que el día de la inauguración llovió incansablemente. Sin embargo, en el momento

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preciso de la inauguración, la lluvia cesó y el rector de la Universidad, Guillermo Páramo, apareció con unas bellas palabras alusivas a la lluvia y a las piedras. En la filosofía pitagórica la Tetraktys era representada como un triángulo de diez unidades formado por la

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suma de los cuatro primeros números naturales desde el uno. Para los pitagóricos fue tan importante este número que por él hacían sus juramentos. Diógenes Laercio en su obra “Vidas de los más ilustres filósofos griegos” nos habla de Pitágoras y de entre número sagrado. No es un misterio que, visto desde arriba, nuestro campus dibuja una forma de búho, dándole un toque

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místico y artístico a la universidad. Leopoldo Rother fue el arquitecto del proyecto que buscaba integrar en un sólo campus las distintas facultades, formando así una sola academia. En cabeza de Jorge Tamayo Tamayo y Ferney Betancourt y del arquitecto Ramiro Fandiño del Depto

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de Servicios Generales, quienes apoyaron la labor de excavación y asignaron dos trabajadores para su realización. La realización de la topografía de las placas la coordinó Rafael Quiñonez.

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Literatura

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Monotonía Jeyson Alberto Rodríguez Pacheco

Entre el día y la noche pasa mi vida. Pasa sin dejar huella, como si caminara sin rumbo fijo; como si respirara sin aire; como si hablara sin comprender; como si me moviera sin saber; como si supiera que hoy no es hoy; y que jamás hubo ayer. Ésa es mi vida, tan monótona como el devenir del tiempo; como saber que está el cuerpo, pero no el alma; que está la cabeza, pero no la mente; que está el camino, pero no el destino; que existe el amor, pero no el sentimiento; que hoy estoy aquí y no lo percibo; que tengo la vida, pero ya estoy muerto.

Estudiante de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales. Universidad Nacional de Colombia. bobjarp@hotmail.com

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Sino Carlos Santiago Amézquita Villamizar

Si no me hubieras prometido seguirme hasta la tumba; si no lo hubieras hecho, no tendría que arrancar del suelo la tierra árida. No se me amoratarían las uñas; no me sofocaría la vigilia del sol, aquí abajo, donde el verano nos arrebató las estrellas. Velaríamos las nubes juntos; no comería rocas cada mañana, cada noche; no tropezaría con las raíces muertas de viejas vidas. ¿Cómo llegaste tan profundo? Si no hubiésemos jurado una y otra vez que nos perseguiríamos hasta el infinito; si no rayara el límite del mundo con el fin de tus días, dejarían de sangrarme los dedos ya insensibles, el sabor a polvo , los ojos irritados . Seguiríamos al alba con la mirada y tocaríamos el aire con la boca. Si hubieras esperado, si lo hubieras hecho; si hubieras decidido seguir muerta en vida y no, en verdad , muerta. ¿Cuántos pasos hacia el infierno me cuestas? El aroma tibio de las profundidades envolvente , ese aire de tu vientre…, no me sangraría el alma. Si hubieras tenido paciencia, si me hubieras olvidado, no tendría que cumplir tu promesa, no te buscaría en la tierra; te hallaría en la calle, en la tienda, en el café, en la casa, en mi cama. Si no hubiera (¿-s?) caído, no tendría que tocar la tapa de tu lecho. Tocaríamos las hojas que caen, las gotas que golpean; me asomaría al balcón a esperarte. Si hubiesen resistido más y no me hubieran dicho muerto antes de tiempo, si te hubieran mentido no vería tu rostro inerte, ya lejos; no tendría que cumplir mi promesa. Si no te amara tanto como para encontrarte, no cubriría de tierra nuestro lecho, no te seguiría, como dije, hasta la tumba; no reviviría tu aliento en esta, la tuya y mía, ahora, nuestra sepultura.

Carlos Santiago Amézquita Villamizar. Estudiante de _____________________. Universidad Nacional de Colombia.

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Del libro de los amigos (fragmento) Jenny Paola Beltrán

II En cada encuentro, intenta calcar con una mirada mojada y silenciosa mi silueta. Yo, que ignoro sus gritos de amor, prefiero buscar en sus precisas palabras el aliciente para redescubrir el mundo. El encuentro es él, y aunque lo desconoce, quienes acudimos a él lo sabemos; callamos atentos e intentamos no hacer demasiado ruido para no contrariar su melancolía.

Jenny Paola Beltrán. Estudiante de Licenciatura en español e inglés.Universidad Pedagógica Nacional. Colombia. paolabernalf@gmail.com

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La persecución Juan Carlos Urrea

El ruido del asfalto bajo sus zapatos, repetitivo, constante, cada vez más rápido, aumentando el nerviosismo y la tensión que lo embargaban; mirando con torpeza hacia atrás; intentando al mismo tiempo no estrellarse contra un coche contundente que terminaría de manera definitiva su huida; detrás suyo, a una distancia no muy amplia, dos sombras nebulosas corriendo con paso regular, como el de la milicia, persiguiéndolo, acechándolo con sus miradas penetrantes e impenetrables. Su pulso haciéndose cada vez más frenético; su corazón latiendo con fuerza y como queriendo salirse de su pecho, debatiéndose entre la agitación y la adrenalina que circulaba por toda su sangre; sintiéndose desfallecer pero obligado por sus piernas a seguir adelante, hacia el escape salvajemente deseado, hacia la luz o la oscuridad, cualquier cosa que le permitiera recuperar su ahora ajena serenidad. Intentando descifrar a sus repentinos verdugos, misteriosas parcas de gabán y sombrero y guantes negros, cuyos ojos refulgían a la luz de la luna creciente, sin saber de dónde habrían venido y de quién recibirían órdenes (era evidente que alguien les había encomendado su muerte); sin la esperanza de un descanso cercano. Sintiendo eso que tantas veces había escuchado decir, escéptico: que ante la proximidad de la muerte la vida entera pasa por la cabeza como un hilo infinito; y recordando escenas hermosísimas de su infancia confundidas con los postes de luz que se erguían a sus lados, en línea hasta el horizonte, algo borrosos por la incertidumbre y el vértigo; y recordando también las primeras tristezas de su juventud mezcladas con el sudor que caía a chorros por su fren-

Juan Carlos Urrea. Filósofo y estudiante de la Maestría en Estudios Literarios. Universidad Nacional de Colombia. jcuv_jcuv@hotmail.com

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te y por su pecho; y también las minúsculas cosas que su eterno presente le había deparado, sintió miedo y tristeza, y por primera vez en su existencia fue consciente de lo que significaba haber nacido. La calle se veía desierta, nadie parecía haber notado su desesperación y su agonía; los interminables postes señalaban un camino opaco. No sabía dónde estaba, pero eso ya no tenía importancia, pues lo único en lo que se ocupaba ahora (aquellos infinitos recuerdos aún daban vueltas en su mente) era en encontrar una salida. No puede decidir si el fragor de aquel disparo es producto del frenesí de la persecución o si en efecto lo han dirigido a su cuerpo. Al instante siente un ardor intenso en su pantorrilla y como un escurrir de sangre, pero no se detiene. En el afán de la huida no tiene tiempo de mirarse y de comprobar si el proyectil ha impactado su humanidad, pues sólo tiene ojos y piernas para buscar un recodo por el cual escabullirse de los sicarios ahora dueños de su muerte. El dolor se confunde con la ansiedad (¿es realmente dolor o solamente una exagerada ansiedad?) y la desesperación con la tristeza. La amargura. ¿Quién se encargará ahora de su madre? La casi inminente resignación. Al borde del colapso, sintiendo sus nervios próximos a reventarse, ve al lado izquierdo del callejón una barda descompuesta por la cual podría caber su cuerpo. Será una maniobra arriesgada. Debe agazaparse y dará cierta ventaja a las implacables sombras que aún siguen tras él sin inmutarse, sin dejar su intimidante figura. Su impaciencia lo obliga a acelerar el paso. Siente otro disparo que al parecer no lo impacta. Se lanza al suelo pero no prevé el alambre de púas oculto en el pasto. No lo puede evadir; rasga su saco, raya un poco sus brazos y sus muslos con un fino ardor. Debe recuperar pronto el equilibrio. Al fin logra superar el obstáculo y se pone en pie. Decide arrojar lejos el saco ya inservible por las rasgaduras, buscando con urgencia perder un poco de peso y de sofoco. De repente

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se encuentra en medio de una inmensa plantación de girasoles o de maíz; no puede afirmarlo bajo el apremio de la persecución y la tenue luz de la luna creciente. Es al fin y al cabo un cultivo de enormes plantas tupidas, gruesas, algo laberínticas, que lo esconden y le dan a su huida un poco de esperanza. En su mente, una reminiscencia de su infancia, tal vez un viaje con sus padres y su pequeña hermana. Sus rodillas sangrando un poco por una caída en el campo; los girasoles despuntando en la calidez de la primavera. Bajo el estrépito de los insistentes disparos al aire y de las injurias de las sombras: “¡Alto! ¡Detente, maldito perro! ¡No nos obligues a acribillarte como a un cerdo!, pum, malnacido, pum, pum”. Su mente intenta reconstruir los hechos que lo han llevado a aquel cultivo enorme por medio del cual serpentea para evadir su destino. La obsesión por un cigarrillo a las afueras de un bar; un tufillo de vodka, salido de su boca, en el ambiente; la demanda de un fósforo a un desconocido, iluminada la acera nocturna por la pálida luz de una lámpara colgada en una esquina; la torva mirada del hombre a quien acudió, del todo afín a la sórdida cantina en la que se estaba embriagando; la desconfianza que despertaron en él aquellas dos sombras sentadas dentro de un lujoso auto en la cuadra del frente y sus miradas como sin párpados hacia la puerta del bar; el repentino deseo de quitarse el sombrero y de sentir sobre su rojo pelo la brisa, fría y suave, de la noche; el sobresalto de las sombras, apresurándose a salir del coche y a gritar, con desgarrada y violenta voz: “Reddy, desgraciado, a ti te estábamos buscando, pequeño hijo de puta miserable” (¿lo estaban llamando Reddy?), seguida de un tiro que hirió de muerte al hombre de mirar torvo, quien no pudo más que lanzar un melancólico quejido antes de caer al suelo, lamentándose por la mala suerte de recibir una bala que no le pertenecía; la necesidad de la fuga, que no le dio chance de dar ni pedir explicaciones (¿por qué carajos le decían


Reddy?) y el terror, la impotencia y la angustia. Nada puede comprender. Y sin embargo sigue corriendo durante largos minutos a través de la gigantesca plantación. A pesar de la oscuridad y el cultivo que lo refugian, aún puede sentir tras de sí las tormentosas presencias. Su inicial esperanza de perderlas se ha ido transformando poco a poco en una inmensa desazón que invade sus entrañas con violencia. No ha avanzado lo más mínimo en su huida, las sombras se mantienen tan firmes como al comienzo y su cuerpo cada vez responde menos a las exigencias de la fuga. Es evidente que pronto dejará de hacerlo: se desplomará cruelmente sobre la tierra. La hermosa Marge, consternada y sola en el bar. ¡Tanto tiempo perdido en el que pudo haberle dicho que la amaba! No quiere seguir, pero tampoco caer en manos de las sombras (algo así como un orgullo ante la muerte se lo impide), y se deja llevar por la inercia, hastiado ya del sudor y del cansancio. Su suerte reposando ahora en manos de un azar que desde siempre lo había tratado con capricho. Y al fin puede vislumbrar enfrente suyo que el terreno se inclina levemente hacia abajo y que más adelante el cultivo empieza a disminuir hasta hacerse yermo y desaparecer. Bajo la luz de la luna creciente alcanza a ver el final del campo y lo sobresalta la evidencia de que no tiene escapatoria alguna. Tan sólo un hermoso horizonte, intrincadas nubes sobre un fondo negro-azul; una extraña y sorprendente sonrisa en su rostro y la certeza de que el mundo es bello y fatal. “No desfallezcas, Reddy Schmidt, perro malnacido, no desfallezcas; ya pronto dejarás de escapar y serás libre”, grita una de las sombras, con tono socarrón y desafiante, y ambas sueltan un enjambre de macabras carcajadas que ya no pueden lastimar sus oídos. Apaga el silencio el roce de sus cuerpos contra las ramas de las plantas, haciéndose aún más lúgubre el momento. De repente, el panorama se hace claro y aparece ante sus ojos un colosal abismo, infranqueable por sus disminuidas fuerzas, pero no se detiene y mantiene el paso firme, constante, cada vez más rápido hacia adelante.

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Tres en la escala de Richter Luís Barragán

Soy una marea de electricidad que asiste a clase, que termina su vida clavado en la tierra. Polo a tierra. Mar de tierra: prolóngame por tu lengua en un beso de lombrices. Sufriremos juntos una revolución mexicana en los ombligos. Caigo doblado en piedras. Quebrado en tus muelas. Me descubriste clavado; hecho polvo de cristiano de colores de impresora Hewlett Packard 630 tus labios 510 con fondo gris, 60p en mi baño 35express tus piernas. Con cabezas móviles para una afeitada más al ras. Te veo florecido. Vas a ser un cartucho de impresora con todos los colores de la cristiandad y el paganismo, todos los colores indígenas; vamos a mezclar las banderas de América cuando duermo cubierto. Cuando te descubro en mis sábanas, curas las heridas de mi guerra cada noche. Soy imposible. Soy un concepto errado de libertad. Soy un tres en la escala de Richter. Tú eres un diccionario de fonemas y quejidos secretos. Ante el monstruoso cálculo de las computadoras

Luís Barragán. Estudiante de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia. sorlacsiur@hotmail.com

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y las oficinas que no esperan. Ante Alan García y Álvaro Uribe, ¿qué se hace? En la ciudad discriminan a los quechua hablantes; a mí me da pena el español. En la ciudad, la ciudad me arrastra violentamente por las calles en cámara lenta. Oficialmente derrotado por Incakola. En la ciudad, la avenida Bolívar abre los ojos ante nosotros, es Dios. Una de las muchas parejas se besa en la calle, silenciosamente. Es invierno. Hace frío. mi amor. En cantidades industriales. Tengo frío.

Posesiones Angélica Patricia Hoyos Guzmán

Sí, tengo de puta lo sé; tengo de llanto y de sonrisa; tengo de latidos todos los incendios en las sombras de la noche. Tengo los brebajes del pasado que no termina; tengo unas ruinas de civilización ausente y no desarrollada. Sí…, también tengo que irme.

Angélica Patricia Hoyos Guzmán. Magíster en Lingüística. Universidad Nacional de Colombia. hoyosguzman@hotmail.com

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Entrevista

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Roberto Alifano es un periodista y poeta argentino, un hombre que a través de la literatura cautivó el alma del genial Jorge Luis Borges, quien lo consideró no sólo su colega y colaborador, sino un amigo esencial. Un hombre de poesía tan bella que incluso despertó las palabras del inmortal Neruda. Roberto concedió una entrevista a nuestra amiga y colaboradora argentina Karolina Alarcón, filósofa y periodista de profesión, quien nos la compartió amablemente. Además, Karolina nos muestra una foto junto a Alifano, en la que el escritor se observa con una sonrisa de sencillez y amabilidad en el rostro. Una sonrisa de satisfacción que le deja el extenso y bello trabajo literario a este poeta viajero del silencio, que considera el arte una forma de encantar el mundo para que alcance la verdad y el bien, como él mismo lo ha hecho con el ejemplo de su obra artística. Alifano, un hombre que nos enseña con el ejemplo de su vida cuán ciertas son las palabras que Aristóteles le escribiera a su maestro: “Bueno y feliz el hombre se vuelve al mismo tiempo” .


El encantamiento de las palabras Por: Karolina Alarcón

Alifano es un poeta que nunca dejará de cantar. Un joven y maduro poeta al que nuestra época debe prestar atención. Por su poesía pasa la transparencia de la leve lluvia de primavera. Universal y halado, permanente viajero de la noche y el silencio. (Pablo Neruda)

En la Sociedad Argentina de Escritores, en un edificio muy distinguido de la zona de Recoleta, tuvo lugar la entrevista con Roberto Alifano, un hombre que vuelca su intimidad creadora ante impresiones fugitivas… Lleva tímida mirada, firmes convicciones. Pienso que además de relatar su vínculo con escritores destacados, nos ofrece su lenguaje, un placer estético para el lector…

Karolina Alarcón. Periodista y filósofa argentina. karolinaalarcon@hotmail.com

Karolina Alarcón:

Poeta, narrador ensayista y periodista argentino. Usted nace en General Pintos, al oeste de la provincia de Buenos Aires. Cuéntenos: ¿Cómo fueron sus días allí?

Roberto Alifano:

Viví una breve parte de mi infancia en Pintos. A la edad de 4 años, partí junto con mi familia hacia Escobar. Cuando nos mudamos, la mencionada ciudad llevaba el nombre de Belén, que luego fue cambiada por la de Escobar; prefiero su nombre original, Belén… Tintinea en los oídos con dulce melodía.

Karolina Alarcón:

Sin duda, la melodía en las palabras es un elemento importante para la creación de la poesía armónica y bien escrita. ¿Cuáles fueron las primeras poesías que lo enamoraron y qué libro lo ha marcado? Contestarte

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Roberto Alifano:

La Divina Comedia es un libro que me ha dejado su impronta, y los primeros versos de amor que me llenaron el alma fueron los de Borges. Los conocí por medio de Harrant de Travi, quien fue muy amiga del Escritor.

Karolina Alarcón:

La literatura contiene varios estilos, entre ellos el periodístico, que si mal no recuerdo, Borges decía [que: “el] periodismo se parece peligrosamente a la literatura” ¿Qué estilo literario usted prefiere? (Risas)

Roberto Alifano:

Sí, sí, eso decía… El arte de la literatura es el “encantamiento de las palabras”. La forma más difícil es la prosa, la cual escojo. Hay personas que nacen con el don de la literatura. Este fue el caso de Borges, quien no había terminado el secundario y pronunció cursos sobre literatura en las universidades más importantes del mundo…

Karolina Alarcón:

Roberto tuvo amistad con dos grandes escritores de disímiles características: por un lado Jorge Luis Borges y por otro Pablo Neruda. ¿Cómo definiría los estilos literarios de cada uno?

Roberto Alifano:

Borges es un idealista metafísico. De la primera a la última obra sigue una coherencia, en otras palabras: fiel a su estilo. Neruda tiene un estilo más pasional, más romántico. Pero ambos eran poetas con temperamentos muy distintos; Borges era tímido, pero elocuente y sagaz; Neruda desinhibido y jovial… También fui muy amigo de Bioy Casares, quien me ayudó en la segunda temporada de la revista Proa.

Karolina Alarcón:

La revista Proa, fue fundada en 1922 por Borges. Usted es director de la revista desde 1988 y es quien la lleva adelante en su tercera temporada. ¿Cómo definiría a la revista?

Roberto Alifano:

Especificaría la revista llamándola de vanguardia, y tiene una periodicidad bimestral.

Karolina Alarcón:

Usted tiene en su haber varios premios, como el que otorga el Círculo de Críticos de Arte de Chile, Pablo Neruda, por su trayectoria poética; Fundación Argentina, para la poesía entre otros. ¿Cómo se siente al recibir estos honores?

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Roberto Alifano:

Feliz, muy contento… Mi relación con las letras es de toda la vida y los reconocimientos son una especie de caricias por mi trabajo.

Karolina Alarcón:

Actualmente, además de dirigir Proa, ¿en qué consiste su actividad literaria?

Roberto Alifano:

Estoy trabajando en una novela que esta casi terminada; sólo faltan algunos ajustes. Mi nuevo trabajo se asienta en las bases de la Divina Comedia. También estoy trabajando con mis cuadros y en breve realizaré una muestra.

Karolina Alarcón:

Su obra literaria es extensa ¿Qué libro le trajo más satisfacciones?

Roberto Alifano:

El humor de Borges es un relato de mis experiencias y viajes con Borges. Es uno de los libros que más me gusta, junto con mis poesías…

Karolina Alarcón:

Su trabajo con Borges consistió, entre otras cosas, en traducir a grandes escritores del mundo. ¿Nombraría alguna de las obras que tradujeron?

Roberto Alifano:

Tradujimos las fábulas de Robert Louis Stevenson, la poesía de Herman Hesse, relatos de Lewis Carrol y otros autores de poesía y literatura fantástica.

Karolina Alarcón:

Como broche de esta nota, ¿cómo definiría la misión del arte y los artistas en nuestro complejo mundo?

Roberto Alifano:

La misión del artista, a través de la palabra, la música o el color, es encantar al mundo, volverlo por medio de la belleza hacia el bien y la verdad. Borges y Neruda estarían seguros de acuerdo en esto. Mi amistad con Alifano es uno de los mejores hábitos de mi vida. Pero hay un Alifano poeta, un Alifano escritor. En estos tiempos en que los incoherentes esnobismo manchan la literatura de verborragia incontenible y pretenciosa, Alifano tiene el valor de proponer una lírica pura, donde la forma y el misterio son lo más original. (Jorge Luis Borges) Contestarte

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Bajo este mismo cielo Bajo este mismo cielo... Se acumulan los días y las noches y a la luz de la luna el mar sigue royendo la montaña. ¿Adónde se va todo? El paso destinado a ningún sitio y este frívolo engaño que inocentes culpables aceptamos con ojos de vergüenza. Despojando las horas, oculto tras el vértigo, implacable, voraz y despiadado, todo el tiempo desliza presuroso su ejército invencible. Cuánta pobre apariencia, sucesiones de falsa pedrería, de vida sin mañana, tan impensadamente sediciosa. Implacable el instante se aproxima, arrastrando borrascas, incesante en nosotros pasa el río, y en breve transcurrir la única certeza nos reclama. (Roberto Alifano1)

Alífano, R. (2004). Alifano Poesías. Buenos Aires: Ediciones Margus

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El deseo ciudadano: un análisis a partir de los imaginarios de Armando Silva Por: Diana Méndez Romero Juan Carlos Rodríguez

Armando Silva es Filósofo de la Universidad Nacional. Fue uno de los principales colaboradores en la fundación del Instituto de Estudios en Comunicación y Cultura de la Universidad Nacional (IECO) y profesor emérito de las líneas de profundización: Comunicación Visual. Es autor de importantes teorías sobre el urbanismo contemporáneo y ha participado en numerosos eventos de arte y cultura en todo el mundo. La más destacada de sus teorías es la de Los imaginarios urbanos. Según esta teoría, los imaginarios de la gente no sólo constituyen representaciones de naturaleza mental; éstos además adquieren cualidades materiales al incorporarse en objetos que encontramos en el diario transitar por la ciudad. Estos pensamientos se pueden archivar a manera de escritos, imágenes, sonidos o producciones de arte. Siguiendo esta perspectiva, Armando Silva ha recolectado un sinnúmero de imágenes urbanas en todo el mundo, consignadas en toda su obra.

Diana Méndez Romero y Juan Carlos Rodríguez, miembros del grupo Contestarte de la Universidad Nacional de Colombia. Entrevista realizada el 27 de Julio de 2009. Redacción: Diana Méndez Romero.

Contestarte:

¿Cómo llegaste al tema de la ciudad y del arte? ¿Cómo fue ese camino?

Armando Silva:

Bueno, pues mira: ésa es una ruta muy clara la mía. Yo estaba estudiando con Humberto Eco en Italia sobre las iconografías urbanas y fui avanzando desde allí sobre el tema del grafiti. Cuando regresé a Colombia, había un acontecimiento muy importante, y es que comenzando la época de los 80, los estuContestarte

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diantes rompieron con la tradición de hacer grafiti solamente de leyenda, antiimperialista, y empezaron a hacer grafitis con figuras, caricaturas, realizaron performances, etc. Ahí me di cuenta de que no existía una teoría en grafiti. Para la gente, el grafiti era sencillamente lo que se hacía en los muros, y no es así. Entonces comencé una investigación que duró del 80 al 86, recopilando todo lo que decían las paredes de la Universidad Nacional de Colombia y de ahí resultó un libro llamado “Grafiti: una ciudad imaginada”; ahí se postuló por primera vez una teoría del grafiti que no existía ni en Colombia ni en otras partes. Después me fui a estudiar a Francia y allí el problema que empecé a indagar ya no era el grafiti, sino la gente que lee el grafiti; entonces me apoyé mucho en el psicoanálisis. Comencé a examinar cómo era el deseo ciudadano, cómo se expresaba. Entonces empecé a darme cuenta de que hacia donde yo avanzaba era más allá del grafiti, era más bien hacia la construcción de imaginarios urbanos. Lo que yo planteo es que hay un enfoque de la ciudad que es un enfoque técnico, urbanístico o económico, y hay un enfoque que es cultural. Ese enfoque, que viene de las sensibilidades ciudadanas, yo les llamo los imaginarios, que en pocas palabras: es la relación de la parte estética con la ciudad. Los juicios del gusto no están solamente en el arte, sino que la vida está impregnada de estética. Entonces lo que yo hago es estudiar esa vida impregnada de estética y, al estar impregnada de estética, entonces lo que he hecho en los últimos años es precisamente entender que hay un urbanismo del cual se ocupan los arquitectos y hay otro urbanismo del cual nos ocupamos los investigadores sociales. Contestarte:

Los arquitectos mencionan lo importante que es en su profesión construir una casa o planificar un espacio en la ciudad a partir de lo que la gente percibe o de lo que es significativo para ellos, y no a partir de lo que un arquitecto piense que debe ser.

Armando Silva:

De eso se trata mi labor. A partir del enfoque que yo he desarrollado se ha originado un proyecto en veintidós ciudades. Eso es lo que pretendemos: que la arquitectura se transforme, que no ocurra eso que están diciendo; por eso, si ustedes se dan cuenta, lo que yo planteo es una teoría al otro lado de la globalización. Sí, utilizo lo global en cuanto a las herramientas, pero

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no lo global en términos del sitio, pues los imaginarios son una teoría de lo local, de los localismos. Lo que hago es estudiar en la gente cómo piensa el espacio, cómo piensa el miedo, cómo piensa el dolor y cómo lo representa; cómo construyen mapas mentales de miedo. La llamada “Calle del Cartucho” en Bogotá, por ejemplo, es un mapa de miedo. Aun cuando la gente nunca haya ido al cartucho, siente miedo porque se construyó un imaginario que circuló por los medios. Contestarte:

¿Qué diferencia existe entre los croquis urbanos y los imaginarios urbanos?

Armando Silva:

Así como en términos de una geografía física se habla de mapa, en términos de una geografía cultural se habla de croquis. Es el mismo mapa pero sentido, vivido por las personas. Por tanto, los cuatro que estamos acá podemos tener un croquis de miedo diferente. Los croquis son visiones del mundo pasados por un punto de vista urbano. Puede haber croquis sólo de las mujeres u otros que son de hombres y mujeres, como por ejemplo, el miedo al cartucho. Entonces los croquis son los imaginarios encarnados ya en un punto de vista de urbano. Yo trabajo nueve puntos de vista urbanos, pero los más importantes son el de género, el de clases sociales y el de las edades.

Contestarte:

¿Has investigado imaginarios globales?

Armando Silva:

Yo participé en una investigación muy grande que financió una entidad sueca para la Bienal de Sao Paulo del año 2006, y era acerca de los imaginarios globales. Este trabajo lo pueden conseguir, se llama: Cats and Microwaves. Es una serie que realicé con otros profesionales de Europa del Norte, Galoop, una empresa que realiza estadísticas a nivel global. Aplicó un cuestionario en muchas ciudades del mundo y encontramos dos imaginarios principales: el miedo y la intervención sobre el cuerpo. Podría decirse que lo que yo hago es contradictorio, porque el sentimiento del miedo es global. Sin embargo, la forma como tú lo apersonas siempre es local. En otras investigaciones encontré que el sentimiento que une a toda América Latina desde los imaginarios es el miedo. Aún en una de las ciudades más seguras, el miedo domina a los ciudadanos. En Santiago de Chile, por ejemplo, todavía se vive el imaginario de Pinochet, del terror Contestarte

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ciudadano…,todavía! Y no es porque ya haya seguridad que ese imaginario desaparecerá. Aquí se puede acabar la guerrilla, pero seguiremos con el imaginario de la guerrilla por mucho tiempo; porque una cosa es que el objeto físico desaparezca y otra cosa es que realmente los sentimientos no van a la par. Con base en los imaginarios yo vaticino el futuro, no porque sea Pitonisa; de hecho, yo consideré que Mockus iba a ser alcalde cuando era sencillamente un colega mío.Y ahora yo vaticiné que el alcalde iba a ser Moreno, por una razón muy clara: porque él estaba vendiendo el metro y lo que la gente quiere en Bogotá es el metro. Por eso mis teorías se empiezan a relacionar con lo que se llama la Prospectivística, que son los análisis del futuro; pero yo los trabajo no especulando, sino a partir de los sentimientos de la gente. Contestarte:

¿Nunca te ha interesado lo rural?

Armando Silva:

Lo que pasa es que mira como son las cosas: hoy en día las teorías de los imaginarios urbanos es una teoría que está entre lo rural, ¿por qué? Yo considero que el mundo hoy en día cada vez más es un mundo urbano; las diferencias entre ciudad y campo se pierden. Entonces, ¿de dónde viene el urbanismo? De todo lo que es la contemporaneidad, es decir: la tecnología, los medios de comunicación, el arte público, etcétera. El mundo natural es cada vez más intervenido por el saber. Las sociedades de conocimiento son sociedades urbanas. El conocimiento interviene y transforma el medio ambiente.

Contestarte:

Una amiga proveniente de un pueblo me comentó que, cuando llegó a Bogotá, las personas le parecieron muy frías y poco colaboradoras. En cambio en su pueblo todos hablaban con todos y eran muy amables; los desconocidos hablaban entre sí como si fueran conocidos.

Armando Silva:

Claro, pero eso también puede ocurrir en Bogotá en un barrio, en un edificio por identidades de clase. Pero sí, lógicamente en lo que llamamos pueblo está esa vida más apacible; hay más comunicación interpersonal. Pero en ese mismo pueblo al que le llega la televisión, la gente empieza a vestirse como el Chavo del Ocho, y también lloraron a Michael Jackson. Ya en Colombia, el 97 por ciento de los colombianos tienen servicio de televisión, y

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la televisión es un factor urbanizador muy fuerte. Pero no quiere decir que no haya charlas coloquiales, como la que estamos teniendo nosotros hoy. Contestarte:

¿Qué transformaciones crees que produjo la teoría de los imaginarios urbanos?

Armando Silva:

La imagen de ciudad en mis investigaciones no es un concepto físico. Los imaginarios no son físicos, no se ven, mientras que la imagen de la ciudad, del arquitecto, sí se ve. Entonces, desde ese punto de vista, ¿qué transformó la teoría de los imaginarios? Que los imaginarios ya no sólo se van a estudiar visualmente, sino que hay otras fuentes, ¿cómo cuales? La lingüística, las narraciones, los cuentos, los relatos, los acontecimientos; todo eso pasa a ser parte de un territorio. Entonces el territorio pasa a ser un algo que no solamente se ve físicamente, sino que además se nombra, se evoca, se imagina. El territorio pasa a ser una expresión de los imaginarios, pasa a ser parte de lo invisible, que toma lugar, pero ya no en lugares físicos. El miedo puede ser hoy el cartucho, pero mañana puede ser Chapinero.

Contestarte:

Si, por ejemplo, surge un imaginario sobre una epidemia de gripa en una universidad y realizas una investigación que demuestra que no hay tal epidemia, ¿comunicas esos resultados para desmentir dicho imaginario?

Armando Silva:

Sí. Yo trabajo con estadísticas como trabaja cualquier investigador social, pero a su vez trabajo con otras técnicas que son más del arte, como la fotografía o estudios de álbumes de familia, que es mucho más del lado de la antropología simbólica.Trabajo con instrumentos duros de análisis, con la semiótica, con la lingüística, con cuadros semióticos. Hay situaciones donde los imaginarios no tienen sostén real y hay ocasiones en que sí lo tienen. La gripa porcina comenzó con un sostén real, pero se convirtió en algo sin sostén real: fue amplificada en general en el mundo. Un caso que era, digamos, bastante rutinario, se convirtió en algo tan grande que incluso hizo que México fuera señalado. Argentina no dejaba entrar aviones de México. Y mira cómo son las cosas: Argentina hoy en día tiene más personas con gripa que México. Se trataba de un imaginario porque no era cuestión de no dejar entrar a los Contestarte

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aviones, eso ya estaba en el ambiente y se les iba a entrar por todos los lados. Los imaginarios se desarrollan donde hay más capacidad mental de ampliar o de reducir los fenómenos ¿En qué circunstancias uno amplía o reduce los fenómenos? En el miedo, en la política, en el sexo, en la conquista. En todas esas situaciones donde se pueden ampliar los sentimientos es donde hay más producción de imaginarios, por ejemplo, en el amor, en el amor hay muchos imaginarios […] Contestarte:

¿Crees que los medios de comunicación manipulan mucho nuestros imaginarios?

Armando Silva:

Yo no utilizo mucho la palabra manipulación, sino más bien, ellos son constructores de imaginarios. Por ejemplo, ocurre la toma que ahorita tienen los pobres en el cartucho o de lo que era el cartucho, y los medios van y creen que es lo que está allí y sin darse cuenta están ayudando a segmentar más a esa gente y a volverlos unos sospechosos. Ellos no necesariamente son conscientes de eso, porque ellos tienen percepciones del mundo. Ahora puede ser que deliberadamente digan: “vamos a mostrarlo así para perjudicar al alcalde o al presidente”, ahí sí hay manipulación. Lo que pasa es que los medios también tienen visiones del mundo. Entonces lo que hacemos los investigadores como ustedes o como yo es deconstruir eso, mirar cómo funcionan esos fenómenos como visiones del mundo. Igualmente, la literatura es constructora de visiones del mundo, por ejemplo, García Márquez, como ve a Colombia, es mucho como la ven los de afuera; ellos creen que esto es como Macondo.

Contestarte:

¿Te defines como un antropólogo urbano?

Armando Silva:

Sí hay algunas personas que me han llamado así, yo no soy ntropólogo. Me defino más bien como un investigador contemporáneo de lo urbano, como un filósofo del urbanismo contemporáneo.

Contestarte:

¿En un futuro planeas hacer un nuevo trabajo sobre los imaginarios de Bogotá, teniendo en cuenta que los imaginarios cambian?

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Armando Silva:

Sí, está muy bien tu pregunta. Una de las críticas que me han hecho a mí es que los imaginarios son cambiantes. ¿Para qué hago teoría que dura un segundo o dos días? Entonces digo: “eso no es cierto porque hay imaginarios que duran mucho tiempo”, de hecho, Bogotá vive todavía un imaginario que fue el asesinato de Gaitán y después se repitió ese imaginario en el asesinato de Galán.Y se volvió a repetir en el asesinato de Garzón. Hay otros imaginarios que por supuesto son muy efímeros, por ejemplo, podría ser el del cartucho.

Sin duda alguna el material escrito y visual, producido y recolectado por Armando Silva, constituye un consolidado muy valioso, en tanto que se trata de una obra que, aunque no tenga un fin artístico como fin originador o como fin consciente, cumple un papel muy similar al del arte de los museos y de las galerías: permitirnos vislumbrar la

materia espiritual del ser humano. A una luz de la teoría de los imaginarios urbanos, podemos analizar formas estéticas de lo humano, fuera de los espacios de observación tradicionales, es decir: en los espacios urbanos. Agradecemos de manera especial a Armando Silva por concedernos esta entrevista.

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Historia

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El campus universitario como reflejo de una profunda transformación: 16 de Mayo, ¿memoria histórica del movimiento estudiantil? Por: Rosario Arias

El movimiento estudiantil colombiano del siglo XX ha sido de gran importancia en las luchas sociales, a la vez que ha sido un escenario de represión estatal. El 16 de mayo de 1984, día en que ocurrió un desalojo violento de la Ciudad Universitaria1, marcó un antes y un después en este establecimiento educativo. Este trabajo hace parte de una investigación llevada a cabo en el 2008 en el marco del Proyecto Memoria y Palabra2, en la cual se realizaron 10 entrevistas a personas que vivieron los hechos, talleres de reconstrucción de memoria con egresados alrededor de esta fecha y conmemoraciones en 2008, 2009 y 2010. Los años ochenta, en todo el país, se caracterizaron por la tendencia nacional a la política de seguridad y al Estado de Excepción. En 1982 sube al poder el presidente Belisario Betancourt, quien logra la presidencia atenuando su discurso conservador con una propuesta de unidad nacional y empieza un proceso de paz que fracasa con los grupos guerrilleros. La Universidad Nacional de Colombia, en este contexto, vivía un ambiente tenso: se dieron desapariciones forzadas por un Estado represor, aunque débil. Los años ochenta son recordados por los egresados de las universidades públicas como años de muertes y desapariciones. Existe, por

Rosario Arias. Historiadora de la Universidad Nacional de Colombia. Perteneciente al grupo de Investigación Memoria y Palabra. rariasc@unal.edu.co

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ejemplo, la memoria de los estudiantes muertos en las pedreas3 y desaparecidos de la Universidad Distrital y de la Nacional de Bogotá. También se recuerdan los estudiantes muertos que eran militantes de los grupos armados y que morían en las operaciones4. Estas muertes eran vistas, por los estudiantes no militantes en general, como muertes en vano. Una ciudad universitaria En 1984, la Universidad Nacional era un espacio verde muy amplio, separado de la ciudad por una reja puesta en 1976, como algunos pensaban en la época, para proteger a la ciudad de los estudiantes5. Dentro, las residencias femeninas y masculinas albergaban a un millar de estudiantes, y el restaurante daba desayuno, almuerzo y comida a otro tanto. Las actividades académicas, culturales y deportivas, más los espacios de socialización, permitían al estudiante pasar semanas sin tener la necesidad de salir. Este espacio también era el hogar de los cientos de estudiantes de provincia que encontraban allí, en las residencias, su lugar. Las residencias femeninas habían permanecido sin mayor alteración y eran un ejemplo de organización. Los problemas se daban en las residencias masculinas, donde se presentaron casos de tráfico de drogas, de hacinamiento y otros eventos que preocupaban a la administración y que, a la final, le dieron argumentos para proceder a su clausura en 1976. Sin embargo, los estudiantes lograron retomarlas6 en 1982 con un gran esfuerzo organizativo, ya que empezaron a funcionar de nuevo sin apoyo institucional. Fueron rebautizadas con el nombre de Alberto Alava, líder estudiantil asesinado el 20 de agosto de 1982. Pero mantener las residencias controladas por los mismos estudiantes no fue bien visto por las directivas, pues retornaron antiguos problemas como la venta de drogas, la formación de grupos

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antidrogas, conflictos violentos, presencia de grupos armados y hacinamiento. Entre otras cosas, lo que impedía que las residencias fueran un lugar agradable para vivir y estudiar. Esto último fue lo que la administración utilizó como argumento para estar en contra de las residencias en general, a pesar de que las femeninas seguían siendo ordenadas y tranquilas7. La tesis en la que “las residencias eran desorganizadas y caóticas, y en los comedores almorzaban muchas personas externas al campus”, como aún se recuerdan hoy en día, ha borrado de la memoria un argumento que también motivó su desaparición: el proceso de privatización que se empezó a sentir en los años 808. No se ha profundizado lo suficiente sobre los motivos económicos y sobre la transición hacia un cambio de modelo de universidad -según algunos de los entrevistados- que influyeron para cerrar aquellos lugares. “Lo que se avecinaba tenía que ver con la privatización de la educación pública, y esa privatización era de esos servicios de bienestar que estaban beneficiando a un grupo importante de población y que seguramente eran usados por cuanto grupo existiera para fortalecer sus trabajos”9. 16deMayo:díadeldesalojo,findelbienestar El 16 de Mayo, además del día de una pedrea como en general suele recordarse, es el fin de un campus que mal que bien y con todos los problemas que acabamos de enumerar, era una Ciudad Universitaria. Vale la pena detenerse de todas maneras en ese día porque no solamente fue una pedrea más que se tomara como excusa para hacer las reformas ya mencionadas, sino porque fue un desalojo violento que hoy en día permanece en la impunidad. A partir de las entrevistas realizadas se ha encontrado una variedad de versiones sobre el inicio de la pedrea de ese día: si ésta estaba planeada o no10. Lo que sí es claro en todas es que los estu-


diantes nunca habían vivido algo así. Se quemó un bus en la Plaza Che y comenzó la pedrea en la puerta de la calle 26 hacia medio día, pero al poco tiempo del inicio, una explosión, que no se sabe de qué lado fue, dio entrada de escuadrones motorizados de policía que nunca se habían visto; las residencias fueron desalojadas de manera violenta por militares y policías, sacando a las personas arrastradas, rompiendo vidrios y lo que encontraran en las habitaciones. Mientras tanto, las personas que estaban cerca de la calle 26 veían cómo personas de civil atacaban con armas de fuego o armas blancas. Un estudiante que fue herido al comenzar la pedrea y que estaba refugiado en las residencias Alberto Alava dice: “Recuerdo que traté de reponerme; recuerdo haber visto ya tres estudiantes heridos. Acababa de empezar la pedrea y no llevaba más de media hora cuando entró la policía. Me acerqué a la ventana y ya estaban escuchándose los disparos”11. Fernando afirma: “Los azulejos cuerpos de seguridad estaban armados dentro de la Universidad con cuchillos y apuñaleaban a la gente”12. Es importante mencionar los hechos, no sólo por la impunidad que persiste, sino también porque no fue una pedrea normal: la policía fue la que desalojó las residencias y las destrozó. Los que vivían allí tuvieron que sacar sus cosas y, según el registro del periódico El Bogotano de los días posteriores, quedaron en la calle, pues las residencias fueron cerradas para siempre y la Universidad, al parecer, no respondió. Algunos dicen que como el conflicto no lo logró solucionar, la institución recurrió a la policía. Muchos estudiantes provincianos volvieron a sus regiones, y algunos de los bogotanos, tras la falta de noticias sobre la apertura, entraron a otras universidades. Durante el período de cierre, algunas maestrías, como la de Historia y Literatura, fueron abiertas, y quienes estaban en esos programas ahora hablan de la desolación del campus durante

esos meses. El campus fue abierto y las clases reanudadas en abril del 85, para terminar el semestre interrumpido. En 1985, los estudiantes encontraron bastantes cambios: en los terrenos del occidente de la universidad se construyeron residencias de militares (hoy llamadas Rafael Núñez) y desaparecieron para siempre las residencias tanto femeninas como masculinas, convirtiéndose en edificios de aulas e investigación el Edificio Manuel Ancízar, el Edificio de Diseño Gráfico y el Edificio Antonio Nariño; el Edificio Uriel Gutiérrez y la Unidad Camilo Torres se convirtieron en oficinas. Las cafeterías también desaparecieron para darle lugar a las cafeterías pequeñas y privadas, reduciendo, con todo esto, el acceso de los pobladores de otras regiones y de los más pobres a la Universidad. Pero no sólo cambió el campus y se disminuyó el acceso a la Universidad, sino que también se cerró un proceso estudiantil, como afirma un entrevistado: “El 16 de Mayo es simbólico porque se rompe un tejido que se había venido construyendo”13. La memoria del 16 de Mayo En 1985, el regreso a clases fue confuso. La ausencia de muchos estudiantes que no se sabía si habían regresado a sus casas o habían desaparecido ese 16 de mayo aumentaba la tensión y el miedo en el ambiente. Apareció una publicación estudiantil, que no duró mucho, titulada: 16 de Mayo, la cual buscó denunciar los hechos, aunque sin recibir el suficiente eco. Uno de los entrevistados afirma que una de las rupturas que también se generó a partir de esa fecha fue que una universidad que estaba volcada hacia afuera, apoyando los movimientos urbanos nacientes, se replegó y se ensimismó, para posteriormente dedicarse casi exclusivamente a pensar en la propia dinámica universitaria. Sin embargo, el 16 de Mayo es un día que persisContestarte

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te en la memoria de las nuevas generaciones por varios factores. Por una parte, los profesores y padres de los actuales estudiantes que vivieron ese momento quedaron marcados por él y lo transmiten desde su experiencia vivida. Por otro lado, las organizaciones y grupos estudiantiles independientes se han encargado de realizar ejercicios conmemorativos todos los años. Aun así, se corre el riesgo de que los hechos violentos y la impunidad, persistente 26 años más tarde, se quede sólo en una simple denuncia, si no se hacen los análisis profundos y contextualizados de lo que significó ese día para la Universidad y para sus estudiantes. Elizabeth Jelin afirma14 que si una generación que no vivió los hechos no obstante los conmemora o recuerda, estamos ante un proceso de memoria histórica, es decir: ante una memoria establecida y transmitida que, a pesar de que no se vivió, se conmemora. La memoria histórica de la Universidad Nacional, en especial la de los estudiantes muertos y desaparecidos y la de los movimientos estudiantiles que en cada momento están enmarcados en una coyuntura, persiste y se transmite a pesar de la Universidad misma como institución que muchas veces omite abordar estos temas. La memoria histórica de la Universidad es una memoria que se basa en los muertos, olvidando muchas veces que con estas vidas se han

perdido luchas por el bienestar y por una educación de calidad. Pero, ¿por qué la memoria estudiantil está basada en los muertos? ¿Por qué no se recuerda el 16 de mayo de 1984 como el día del fin del bienestar, sino como el día de una masacre? Tal vez por la costumbre de hacer una historia heroica; tal vez por la necesidad de olvidar que no sólo se han perdido vidas, sino que también se han perdido luchas: que se ha perdido el derecho a la educación de calidad y con condiciones materiales. La historia oral es la única manera de acceder a ciertos hechos, por eso, para el tema concreto del movimiento estudiantil, no hay otras fuentes que nos puedan dar, no sólo el relato de los hechos, sino también las percepciones de los estudiantes. La historia oral, complementada con fuentes convencionales, podría ser tratada como una fuente más, pero en este caso es el centro de la investigación, porque más allá del hecho se quiere ver el proceso, y ese proceso no se deja ver en las fuentes escritas. Las reformas a la Universidad Pública, en relación con todo un proyecto nacional de reducción de costos y el fin de los servicios de Bienestar Universitario y la capacidad de los habitantes de las regiones de estudiar en Bogotá, son el principio de un proceso de privatización paulatina que transformó la Universidad como ciudad universitaria.

Fuentes Entrevistas. Entrevista a Germán, estudiantes de ingeniería. No participaba en movilizaciones. Entrevista a Fernando estudiante de diseño grafico, participante del movimiento estudiantil sin militar en ninguna organización. Entrevista al Laura, estudiante de psicología. No militaba con nadie pero participaba en movilizaciones. Entrevista a Óscar, estudiante de bachillerato que estaba de visita y participo en el tropel de ese día por invitación de algunos amigos. Entrevista a Pedro, estudiante de sociología y militante del M-19.

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Prensa. La prensa que reportó los hechos del 16 de Mayo y de los días siguientes: Periódico El Tiempo, Periódico El Espectador, Periódico El Espacio, Periódico El Bogotano, Revista Semana, Revista Cromos. La prensa estudiantil se encuentra en El Archivo Central de la Universidad Nacional de Colombia en la Sede Bogotá.

Referencias Archila, Mauricio (2003

Universidad Nacional de Colombia-Sede Bogotá.

1

Proyecto Memoria y Palabra trabaja desde 2007 los temas de la memoria colectiva y la historia oral.

2

Últimamente se ha dedicado a la recuperación de fuentes orales de investigadores sociales. Los primeros resultados de la investigación sobre el 16 de Mayo se presentaron en el XV Congreso Internacional de Historia Oral, en Guadalajara, México, en septiembre de 2008. Los estudiantes y trabajadores de los años 80 entrevistados por el grupo y participantes de los talleres

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de reconstrucción de memoria, prefieren quedar en el anonimato, por lo cual, de aquí en adelante, serán se nombrarán con un seudónimo. Agradecemos su participación. Entrevista a Fernando.

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Entrevista a Fernando.

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Las residencias tomadas son hoy el Edifico Uriel Gutiérrez y la Unidad Camilo Torres.

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Entrevista a Laura.

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Entrevista a Oscar.

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Entrevista a Oscar.

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Testimonios de Laura y Germán.

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Entrevista a Oscar.

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Entrevista a Fernando

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Entrevista a Oscar

13

Jelin, Elizabeth y Sempol, Diego. (2002) El pasado en el futuro. Los movimientos juveniles. Siglo XXI:

14

Buenos aires. Página 8.

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Edicson Guillermo Amado Beltrán. “Planta Urbívora 1” Boceto en bolígrafo digitalizado y editado en Photoshop. Finalista Primer Concurso de Arte CONTESTARTE 2009.


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Universidad Nacional de Colombia-Bogotรก, Colombia-Septiembre de 2010 - No 9

Revista CONTESTARTE - Septiembre de 2010

ISSN 1794 - 6239

Revista contestarte n9 2010  
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