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Universidad Nacional de Colombia

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ISSN 2500-4840

VOL.

Apoyan: Facultad de Ciencias Humanas Direcciรณn de Bienestar Programa Gestiรณn de Proyectos Sede Bogotรก

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PROLEGÓMENOS Revista Prolegómenos Volumen 5 • Sem 2017-2 • issn 2500-4840 Universidad Nacional de Colombia Facultad de Ciencias Humanas Departamento de Lingüística Sede Bogotá

Rector Vicerrector Director Bienestar Sede Bogotá

Ignacio Mantilla Jaime Franky Rodríguez Oscar Arturo Oliveros

Coordinadora Programa Gestión de Proyectos (PGP)

Elizabeth Moreno

Decana Facultad Ciencias Humanas

Luz Amparo Fajardo

Director Bienestar Facultad Ciencias Humanas

Eduardo Aguirre

Director Jennifer Vega Coordinador Editora Comité Editorial

Joan Gutiérrez Rafael Gutiérrez Cesar Moreno Katerine Méndez Lorena Buitrago Sebastián Díaz Érika Mesa

Autores Rafael Gutiérrez Gabriela Rondón Nicolás Castillo-Triana Jesús Iván Lara Karen Flores Bonilla Dominique Palafox Carlos Ardila Ortiz Nicolás David Barbosa Karen Niño Galeano. Corrección de Estilo Diseño y Diagramación Impresor

Diana Luque Villegas Fabio Jiménez GRACOM Gráficas comerciales

Prolegómenos - Es una revista estudiantil de Lingüística de jóvenes pertenecientes al grupo de estudios -Ema. El objetivo principal de la revista es ser una herramienta de divulgación de trabajos de carácter empírico y teórico, enmarcados en el ámbito lingüístico disciplinar e interdisciplinar, los cuales hayan sido realizados por estudiantes y/o profesionales de Lingüística u otras áreas afines al estudio del lenguaje. Con esto, la revista pretende promover la escritura, el debate y la publicación de temáticas diversas enfocadas en el análisis del lenguaje.

Contacto revprol_fchbog@unal.edu.co /Resprolegomenos resprolegomenos.blogspot.com.co @Resprolegomenos Universidad Nacional de Colombia Sede Bogotá Cra 45 No 26-85 Edificio Uriel Gutiérrez www.unal.edu.co

proyectoug_bog@unal.edu.co pgp.unal.edu.co /gestiondeproyectosUN @PGPunal issuu.com/gestiondeproyectos Los textos presentados en la siguiente publicación expresan la opinión de sus respectivos autores y la Universidad Nacional De Colombia no se compromente directamente con la opinión que ellos puedan sucitar.

Derechos de autor y licencia de distribución

Atribución - Sin Derivar - No Comercial


CONTENIDO

˘˘ 06

»»Dedicatoria

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»»Editorial

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»»Marcadores psicolingüísticos del trastorno específico del lenguaje en hispanohablantes: una revisión de tema Nicolás Castillo-Triana

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»»Influencia del rol de la mujer en la evolución de la palabra puta desde el griego antiguo hasta el habla hispana actual Jesús Iván Lara García Karen Elizabeth Flores Bonilla Dominique Michel Palafox Ramírez


˘˘ 33

»»Usos de la palabra ‘marica’ en los jóvenes de Bogotá Rafael Antonio Gutiérrez Martínez Gabriela Rondón Triana

˘˘ 53

»»Entre historia y naturaleza: la imagen del Che, un mito de izquierda Carlos Andrés Ardila Ortiz

˘˘ 64

»»Lenguas criollas colombianas: configuración de relaciones gramaticales y tipología Nicolás David Barbosa Varón Karen Dayanna Niño Galeano

˘˘ 78

»»Normas de publicación


»Dedicatoria » A Miguel Montañez, Julián Sanabria y todos aquellos que formaron parte de la primera generación de este proyecto y trazaron el camino. Éxitos en sus vidas profesionales. Prolegómenos no sería sin ustedes.


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Editorial

Prolegómenos ha llegado a su quinta entrega y ha de ser la más significativa de todas, pues, después de más de dos años de arduo trabajo, de aprendizaje colectivo sobre la experiencia, de darle forma a un proyecto editorial para los estudiantes de Lingüística de la Universidad Nacional y de trazar caminos que nos llevaron a donde estamos ahora, podemos decir que nunca antes nuestro equipo editorial y, sobre todo, nuestra revista, han gozado de tanta integridad, fuerza y reconocimiento. Sin embargo, los retos a los que nos enfrentamos son grandes, importantes y ponen a prueba todas las cosas que hemos hecho hasta ahora. Con este quinto número, el comité editorial tendrá su primer relevo generacional, lo cual indica que los fundadores de la revista dejarán de ser parte integral del equipo de trabajo, y con ellos, lo que quedaba del grupo original que logró sacar adelante este importante espacio de discusión académica dentro del departamento de lingüística. Como parte de esa generación de estudiantes que recibe a Prolegómenos como uno de los proyectos estudiantiles más importantes del departamento, nos permitimos decir que no pararemos; que nuestra labor seguirá dando frutos y durará mucho más en compañía de las personas que integran esta revista y de los estudiantes de Lingüística de la Universidad Nacional. Recibimos este proyecto en nuestras manos, para que, con nosotros, logre seguir creciendo y fortaleciéndose, siguiendo el camino de otras revistas estudiantiles de vieja data dentro de la Facultad de Ciencias Humanas. Nunca antes habíamos sido dueños de un espacio de participación académica de gran circulación que nos hiciera saber lo que era ser publicado en una revista de la disciplina o liderar un proyecto editorial que tuviera resultados trascendentales en tan corto plazo. Lo importante aquí es expresar lo fundamental que resulta la continuación de los proyectos estudiantiles dentro de la comunidad académica de la Universidad, pues solo ellos reflejan la gran diversidad de voces, de formas de ver el mundo y de existir con las cuales convivimos día a día. Solo ellos logran mostrar el gran potencial que tienen nuestros compañeros y compartir las experiencias que tenemos como parte de la vida universitaria. La dedicatoria de este número no es más que el expreso agradecimiento a las personas que originalmente concibieron este espacio, a quienes lograron dar forma a Prolegómenos y con quienes siempre estaremos agradecidos. Somos conscientes de lo que tenemos hacia delante, pero no desfalleceremos en el proyecto que nos han confiado; pueden estar tranquilos con que haremos todo lo posible para que cada número de Prolegómenos siga viendo la luz y, sobre todo, para que nuestro nivel académico suba, cada vez más, con cada entrega


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publicada; eso sí, sin olvidar nuestra esencia estudiantil y los compromisos que esto tiene para la revista y para el grupo que hace parte de ella. Esperamos que nuestros lectores disfruten de los artículos que los estudiantes han escrito y que logren ver, en esta nueva entrega de la revista, el número más cuidadosamente armado hasta la fecha. Son nuevos aires los que llegan a Prolegómenos y parecen ser muy positivos. En el presente, vamos tejiendo el futuro ante la mirada cariñosa de un pasado que es favorable; jamás triste. Comité Editorial


MARCADORES PSICOLINGÜÍSTICOS DEL TRASTORNO ESPECÍFICO DEL LENGUAJE EN HISPANOHABLANTES: UNA REVISIÓN DE TEMA* Nicolás Castillo-Triana ** Universidad Nacional de Colombia, Bogotá - Colombia

˘˘ Resumen En la actualidad, distintas alteraciones lingüísticas son reconocidas como marcadores psicolingüísticos del Trastorno Específico del Lenguaje (TEL) debido a su frecuente aparición en los niños con este desorden. Sin embargo, la mayoría de los trabajos sobre este tema han sido desarrollados en niños hablantes del inglés, a pesar de que se sabe que hay diferencias interlingüísticas. El propósito de este artículo es recopilar y exponer los resultados de varios estudios sobre marcadores psicolingüísticos del TEL en hispanohablantes. De acuerdo con la literatura revisada, en español se han identificado marcadores psicolingüísticos en todos los niveles del lenguaje. Se describen y se destaca el valor de estos hallazgos tanto en la evaluación como en la intervención de este trastorno. Palabras clave: Trastorno Específico del Lenguaje, psicolingüística, niveles del lenguaje, fonoaudiología.

* Este texto se escribió para la clase de Psicolingüística, dirigida por la maestra Andrea Vera Diettes, en el marco del Pregrado en Fonoaudiología de la Universidad Nacional de Colombia. ** Estudiante de Fonoaudiología de la Universidad Nacional de Colombia. Correo: ncastillot@unal.edu.co


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˘˘ Abstract At the present time, a variety of linguistic deficits are recognized as psycholinguistic markers of Specific Language Impairment (SLI) because of their high prevalence in children with this language disorder. Most of research about this topic has been developed in English-speaking children although it is known there are differences between languages. The aim of this article is to collect and expose the results of studies about psycholinguistic markers in Spanish-speaking children. According to the studies reviewed in Spanish there are psycholinguistic markers at all language levels. These findings are described and their relevance at assessment and intervention of SLI is highlighted. Key words: Specific Language Impairment, psycholinguistics, language levels, phonoaudiology.


Marcadores psicolingüísticos del trastorno específico del lenguaje en hispanohablantes: una revisión de tema

˘˘ Introducción El Trastorno Específico del Lenguaje (TEL) ha sido definido como un desorden lingüístico evolutivo que no se encuentra vinculado con deficiencias neurológicas, sensoriales, cognitivas o socioafectivas conocidas (Ervin, 2001; Acosta, Moreno & Axpe, 2012), y que se manifiesta en varios niveles del lenguaje en formas muy complejas, que suponen desafíos para su diagnóstico e intervención (Carballo, 2012). De este modo, se reconoce que los niños con TEL, generalmente, presentan un inicio tardío de sus primeras palabras; déficit en el desarrollo del vocabulario, de la gramática y de habilidades discursivas, junto con una conservada inteligencia no verbal, razón por la cual también se le cataloga como un desorden puro del lenguaje (National Institute of Deafness and Other Communication Disorders, 2015). No obstante, se ha ido profundizando cada vez más en su estudio y, desde hace algún tiempo, se han identificado ciertas características que parecen ser únicas para este trastorno, de las que se ha dicho, están relacionadas estrechamente con su naturaleza, diferenciándolo, así, del desarrollo lingüístico típico y de otras alteraciones del lenguaje (Aguado, Cuetos-Vega, Domezáin & Pascual, 2006). A estas características particulares, se les ha dado el nombre de marcadores psicolingüísticos. Estos marcadores cambian de acuerdo con la lengua en la que aparece el trastorno, por lo que, para la comprensión completa del mismo, es necesario estudiarlo en hablantes de cada una de ellas (Buiza, Rodríguez-Parra, González-Sánchez & Adrián, 2016). Sin embargo, por tradición, la mayoría de la investigación sobre TEL se ha concentrado en hablantes del inglés, según lo señalan varios autores, entre ellos Aguado et al. (2006), y Girbau y Schwartz (2007); aunque con cierto auge, desde años recientes, en otras lenguas como el español (Buiza et al., 2016). Estas particularidades del TEL suponen retos para los clínicos encargados de su abordaje, quienes están llamados a integrar, en su práctica diaria, la mejor evidencia disponible sobre los tratamientos para este trastorno; así como para los investigadores de habla hispana que deben considerar los resultados de estudios previos en el diseño de sus propuestas. Teniendo en cuenta lo anterior, el propósito de este artículo es realizar una recopilación y revisión de la literatura sobre las dificultades lingüísticas en los niveles de fonología, morfosintaxis, semántica y pragmática, los cuales han sido identificados como marcadores psicolingüísticos en niños hispanohablantes con TEL, de manera tal que sea un documento útil para los profesionales involucrados en el diagnóstico y manejo de este trastorno, así como para los que se interesan por la investigación de los aspectos lingüísticos del mismo.

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˘˘ Marcadores fonológicos: el caso de la repetición de pseudopalabras Las pseudopalabras son series de letras que se ajustan a la fonotaxis de una lengua, es decir, que constituyen palabras inexistentes –sin significado real– pero que son pronunciables (Harley, 2009). En los experimentos psicolingüísticos, se prefieren sobre las palabras reales porque, al ser desconocidas, anulan los efectos del conocimiento previo que las palabras reales podrían tener sobre el desempeño de los participantes. Desde hace algún tiempo, se sabe que los niños con TEL presentan dificultad en la repetición de pseudopalabras; sin embargo, esta evidencia proviene, en su mayoría, del inglés (Bishop, North & Donlan, 1996; Gray, 2003; Conti-Ramsden, 2003). La dificultad con las pseudopalabras se ha atribuido a limitaciones de la memoria de trabajo fonológica, las cuales impiden que los niños con este trastorno codifiquen eficazmente las representaciones necesarias para que, posteriormente, puedan ser recuperadas y repetidas, lo que concuerda con las teorías del déficit del procesamiento ligado a limitaciones de la memoria de trabajo que intentan explicar el TEL (Hincapié et al., 2007). En el español, Aguado et al. (2006) confirmaron los hallazgos derivados de investigaciones con niños hablantes del inglés, al comprobar que españoles de seis años con TEL tenían un peor desempeño que los niños con desarrollo normal del lenguaje de la misma edad, en tareas de repetición de pseudopalabras de distinta longitud –dos, tres, cuatro y cinco sílabas–, construidas tanto con sílabas frecuentes como con sílabas infrecuentes, y que esta diferencia de desempeño se hacía más significativa cuanto más larga era la pseudopalabra. Para estos autores, sus hallazgos confirman la hipótesis que indica que, en los niños con TEL, hay un déficit en la memoria de trabajo fonológica, lo que dificultaría la formación y almacenamiento de las representaciones fonológicas necesarias para repetir las pseudopalabras correctamente, sobre todo cuando estas aumentan en longitud. Por su parte, Girbau & Schwartz (2007) estudiaron niños españoles con TEL, con edades entre los ocho y once años. En su estudio, encontraron hallazgos similares a los del trabajo de Aguado et al. (2006), confirmando no solo lo que ya habían establecido los estudios con el inglés, sino verificando el efecto de la longitud de las pseudopalabras sobre el desempeño de niños hispanohablantes con TEL, al encontrar que los niños de su estudio, con más edad que los que participaron en el de Aguado et al. (2006), también comenzaban a diferenciarse de los niños con desarrollo típico del lenguaje a partir de la repetición de pseudopalabras de tres, cuatro y cinco sílabas. Además, en el estudio de Girbau & Schwartz (2007), se encontró una alta correlación entre el desempeño en la tarea de repetición de pseudopalabras y el desempeño en las tareas de asociación auditiva e integración gramatical del Illinois Test of Psycholinguistic Abilities (ITPA) en su versión para el castellano. En la tarea de asociación auditiva, se les pidió a los niños completar oraciones dichas por el examinador, por ejemplo: “el padre es grande, el niño es…


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<pequeño>”; mientras que, en la de integración gramatical, se les solicitó a los niños completar oraciones dichas por el examinador relacionadas con imágenes, en este caso el evaluador utilizaba estímulos como: “Aquí hay un perro, aquí hay dos… <perros>”. Para Girbau & Schwartz (2007), la alta correlación entre el desempeño en la tarea de repetición de pseudopalabras y los resultados de estos dos sub-test, se explica por la gran demanda de memoria de trabajo necesaria en las tres tareas, habilidad que se supone alterada en los niños con TEL. Los resultados anteriores coinciden con los hallazgos previos de Martínez et al. (2002) en niños chilenos con el trastorno; quienes sugirieron que, en este trastorno, se encuentran alteradas las representaciones fonológicas de las palabras por limitaciones en la memoria de trabajo fonológica, las cuales restringen el procesamiento únicamente a las partes finales de las mismas. Esto, según la evidencia recientemente aportada por Alt (2011), sería el mecanismo subyacente de las dificultades de los niños con TEL para aprender nuevas palabras, pues, de acuerdo con esta autora, “un niño necesita codificar el input fonológico en el sistema de memoria a corto plazo antes que la palabra sea aprendida y entregada a la memoria de largo plazo” (Alt, 2011, p. 176), es decir, se logre su aprendizaje. Es así como, teniendo en cuenta todos los trabajos expuestos anteriormente, es factible que en español, al igual que en el inglés, los niños con TEL tengan una menor capacidad de memoria de trabajo fonológica, la cual se observa a través de las dificultades para la repetición de pseudopalabras y que sería también la causa del déficit de desarrollo del vocabulario documentado en estos niños.

˘˘ Marcadores morfosintácticos La explicación de las alteraciones en la morfosintaxis, en los niños con TEL, como un déficit en el conocimiento lingüístico (Hincapié et al., 2007) se encuentra respaldada por las conclusiones de investigaciones hechas en hispanohablantes. Por ejemplo, en el estudio de Buiza et al. (2016), se puso a prueba el desempeño de niños con TEL en varias tareas de morfosintaxis y se concluyó que la dificultad en la tarea de comprensión de oraciones de distinta complejidad gramatical –voz activa, voz pasiva, oraciones de causalidad, de relación temporal, de finalidad, comparativas y relativas– se debía a que los niños con TEL experimentaban problemas para el manejo de información sintáctica que les permitiera extraer el significado de las oraciones cuando estas eran demasiado complejas –con pocos indicadores semánticos o cuando eran oraciones reversibles–, y debían, por lo tanto, confiar únicamente en los indicios sintácticos de las mismas para encontrar el significado exacto. Por otro lado, acerca de las dificultades morfológicas evaluadas en este mismo estudio, a través de la tarea de integración –que consistió en completar oraciones de acuerdo con reglas de modo, tiempo y persona–, Buiza et al. (2016) señalaron que, como esta es una característica que también ha sido encontrada en otras lenguas –inglés, francés e italiano–, parece ser un “marcador universal”

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del trastorno. De este estudio se concluyó, además, que aunque el desempeño de los niños con TEL fue más bajo en todas las tareas morfosintácticas evaluadas –ocho en total–, la de comprensión de oraciones y la de integración morfológica fueron las que mejor diferencian a los niños con TEL de los niños típicos, en el aspecto morfosintáctico, y se perfilan como marcadores psicolingüísticos en este nivel del lenguaje. No obstante, hay otros estudios que señalan deficiencias morfosintácticas distintas en niños hispanohablantes con TEL, por lo que, contrario al acuerdo existente sobre las pseudopalabras como marcadores de dificultad fonológica en el español, los estudios sobre marcadores morfosintácticos parecen no encontrar todavía hallazgos consistentes, por lo menos en la literatura revisada para este artículo. Así, Jackson-Maldonado & Maldonado (2017), al evaluar niños mexicanos con TEL y comparar su desempeño con un grupo control, encontraron diferencias significativas en la omisión de artículos y de preposiciones, hallazgo que no fue estadísticamente relevante en el estudio de Buiza et al. (2016); así como tampoco lo fue la dificultad con los morfemas del plural, la cual sí fue reportada por Grinstead, Cantú-Sánchez y Flores-Ávalos (2008) en niños hispanohablantes con TEL.

˘˘ Marcadores semánticos En el nivel semántico del lenguaje, Buiza et al. (2015) probaron, en un grupo de niños con TEL y un grupo de niños con desarrollo del lenguaje normal, cinco tareas semánticas para determinar cuáles diferenciaban mejor a ambos grupos. Estas tareas fueron: correspondencia de figura-palabra, sinónimos, asociación semántica, denominación de figuras y definición de palabras. De estas tareas, la que mejor identificó a los niños con TEL fue la de definición de palabras y, por esto, se consideró la semántica como el marcador psicolingüístico para niños hispanohablantes con este trastorno. La tarea consistía en decir el significado de veinte palabras con distintos grados de frecuencia léxica y familiaridad. Con el análisis que estos autores realizaron, concluyeron que los niños con TEL tuvieron mayores dificultades que los niños del grupo control para explicar el significado de las palabras, las cuales se atribuyeron a la amplia demanda cognitiva y lingüística de esta tarea, donde se involucran procesos de selección léxica, formulación del mensaje, programación sintáctica y fonológica, lo que para ellos concuerda con un déficit generalizado del procesamiento cognitivo en el TEL. No obstante, cabe mencionar que, como lo reconocen los autores de este experimento, resulta difícil establecer la pureza de la tarea señalada para evaluar la semántica, dado que, como ya se mencionó, implica demandas de más de un nivel del lenguaje, lo que podría ser el origen de la dificultad observada, más que la evidencia de una dificultad específica para explicar los conceptos en sí mismos. Por otro lado, al ser difícil soslayar este solapamiento de niveles lingüísticos, es


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posible que a esto se deba la poca cantidad de trabajos que indaguen por los efectos del TEL sobre la semántica, según lo encontrado en esta revisión.

˘˘ Marcadores pragmáticos Finalmente, en el nivel pragmático, nuevamente Buiza et al. (2015), quienes investigaron marcadores para semántica y pragmática en un mismo estudio, encontraron que, de un grupo de cuatro tareas pragmáticas, conformado por identificación de absurdos, dobles significados, narración y lenguaje contextual, el desempeño que mejor discriminaba a los niños con TEL de su estudio era el obtenido en la tarea de lenguaje contextual, en la que se les pedía a los participantes asignar mensajes apropiados a los personajes de varias escenas mostradas en distintas tarjetas. Para estos autores, el déficit de desempeño de los niños con TEL en esta tarea pragmática, donde se le pedía al niño interpretar, por medio del lenguaje, personajes de escenas con distintos contextos pragmáticos, se origina en su incapacidad para adaptar su mensaje al rol del personaje y al contexto planteado, lo que supondría un compromiso significativo de las habilidades sociales de estos niños en la vida real (Buiza et al., 2015). Los anteriores resultados concuerdan con los hallazgos obtenidos en el estudio de Andrés-Roqueta & Clemente-Estevan (2010), quienes encontraron una mayor dificultad del grupo con TEL cuando las tareas tenían una orientación comunicativa, como en el caso de la tarea de lenguaje contextual de Buiza et al. (2015), y en las que era necesario procesar información no explícita del contexto (a diferencia de cuando el contexto era estructurado), lo que conjuntamente podría estar relacionado con un déficit en habilidades mentalistas sutiles (Andrés-Roqueta & Clemente-Estevan, 2010), hipótesis que, hoy por hoy, constituye uno de los grandes debates entorno al TEL, puesto que se intenta establecer si las dificultades lingüísticas influyen sobre las habilidades de cognición social en estos niños, tal como se ha dado por sentado desde que se conoce el trastorno; o si, por el contrario, es posible que en estos niños se manifiesten dificultades lingüísticas y sociales por separado (Marton, Abramoff & Rosenzweig, 2005; Spanoudis, 2016).

˘˘ Conclusiones A partir de la revisión de trabajos actuales sobre marcadores psicolingüísticos del TEL en hispanohablantes –por lo menos uno en cada nivel del lenguaje–, se encontró que, en la fonología, el marcador psicolingüístico es la dificultad en la repetición de pseudopalabras, relacionada con un déficit de capacidad de la memoria de trabajo fonológica, la cual altera la codificación de las representaciones de las palabras e impide su recuperación y aprendizaje; en la morfosintaxis, se

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identifica como marcador el déficit en la compresión sintáctica e integración morfológica, aunque la evidencia es contradictoria; en la semántica, se propone como marcador la dificultad en la definición de palabras; y, en pragmática, los conflictos en tareas de producción de lenguaje contextualizado. La identificación de estos marcadores en español contribuye a la comprensión de los mecanismos psicolingüísticos alterados, los cuales subyacen a las manifestaciones clínicas del TEL en esta lengua en particular; por ejemplo, el consenso que parece existir sobre el papel de la memoria de trabajo en la repetición de pseudopalabras y su relación con el aprendizaje de nuevo vocabulario. Lo que, por un lado, tiene un gran valor diagnóstico al orientar al clínico en las áreas que debe incluir dentro de sus protocolos de evaluación, como lo han señalado varios autores (Buiza et al., 2015; Buiza et al. 2016; Aguado et al., 2006), y, por el otro, es una contribución importante para la intervención del trastorno, al ofrecer marcos explicativos de esas manifestaciones clínicas que permitirían diseñar planes más acertados para su tratamiento, los cuales realmente compensen el déficit subyacente, como lo ha señalado Alt (2011).

˘˘ Referencias Acosta, V., Moreno, A. & Axpe, Á. (2012). Implicaciones clínicas del diagnóstico diferencial temprano entre Retraso de Lenguaje (RL) y Trastorno Específico del Lenguaje (TEL). Universitas Psychologica, 11(1), 279-291. Aguado, G., Cuetos-Vega, F., Domezáin, M. y Pascual, B. (2006). Repetición de pseudopalabras en niños españoles con trastorno específico del lenguaje: marcador psicolingüístico. Revista de Neurología, 43(Supl. 1), S201-S208. Alt, M. (2011). Phonological working memory impairments in children with specific language impairment: Where does the problem lie? Journal of Communication Disordes, 44(2), 173-185. Andrés-Roqueta, C. & Clemente-Estevan, R. A. (2010). Dificultades pragmáticas en el trastorno específico del lenguaje. El papel de las tareas mentalistas. Psicothema, 22(4), 677-683. Bishop, D. V, North, T. & Donlan, C. (1996). Nonword repetition as a behavioural marker for inherited language impairment: Evidence from a twin study. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 37(4), 391-403. Buiza, J. J., Rodríguez-Parra, M. J. & Adrián, J. A. (2015). Trastorno específico del lenguaje: marcadores psicolingüísticos en semántica y pragmática en niños españoles. Anales de Psicología, 31(3), 879-889. Buiza, J. J., Rodríguez-Parra, M. J., González-Sánchez, M. & Adrián, J. A. (2016). Specific language impairment: Evaluation and detection of differential psycholinguistic markers in phonology and morphosyntax in Spanish-speaking children. Research in Developmental Disabilities, 58, 65-82. Carballo, G. (2012). Guía para la evaluación del TEL: algunas consideraciones. Revista de Lofopedia, Foniatría y Audiología, 32(2), 87-93.


Marcadores psicolingüísticos del trastorno específico del lenguaje en hispanohablantes: una revisión de tema

Conti-Ramsden, G. (2003). Processing and linguistic markers in young children with specific language impairment (SLI). Journal of speech, language, and hearing research, 46(5), 1029-1037. Ervin, M. (2001). SLI: What we know and why it matters. The ASHA Leader, 6(12), 4-31. Girbau, D. & Schwartz, R. G. (2007). Non-word repetition in Spanish-speaking children with Specific language Impairment (SLI). International Journal of Communication Disorders, 42(1), 59-75. Gray, S. (2003). Diagnostic accuracy and test-retest reliability of nonword repetition and digit span tasks administered to preschool children with specific language impairment. Journal of Communication Disorders, 36(2), 129-151. Grinstead, J., Cantú-Sánchez, M. & Flores-Ávalos, B. (2008). Canonical and epenthetic plural marking in Spanish-Speaking children with specific language impairment. Language Acquisition. A Journal of Developmental Linguistics, 15(4), 329-349. Harley, T. A. (2009). La psicología del lenguaje. De los datos a la teoría. Madrid: McGraw Hill. Hincapié, L., Giraldo, M., Castro, R., Lopera, F., Pineda, D. & Lopera, E. (2007). Propiedades lingüísticas de los trastornos específicos del desarrollo del lenguaje. Revista Latinoamericana de Psicología, 39(1), 47-61. Jackson-Maldonado, D. & Maldonado, R. (2017). Grammaticality differences between Spanish-speaking children with specific language impairment and their typically developing peers. International Journal of Communication Disorders, 1-16. DOI: 10.1111/1460-6984.12312. Martínez, L., Bruna, A., Guzmán, M., Herrera, C., Valle, V & Vásquez, M. (2002). Alteraciones en las representaciones fonológicas en la memoria de trabajo en niños preescolares con TEL. Revista de Logopedia, Foniatría y Audiología, 22(4), 181-189. Marton, K., Abramoff, B. & Rosenzweig, S. (2005). Social cognition and language in children with specific language impairment (SLI). Journal of Communication Disorders, 38(2), 143-162. National Institute of Deafness and Other Comunication Disorders. (2015). Specific Language Impairment. En: National Institutes of Health. Recuperado de: http://bit.ly/2gYgo1g Spanoudis, G. (2016). Theory of mind and specific language impairment in schoolage children. Journal of Communication Disorders, 61, 83-96.

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INFLUENCIA DEL ROL DE LA MUJER EN LA EVOLUCIÓN DE LA PALABRA PUTA DESDE EL GRIEGO ANTIGUO HASTA EL HABLA HISPANA ACTUAL Jesús Iván Lara García * Karen Elizabeth Flores Bonilla ** Dominique Michel Palafox Ramírez *** Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Puebla, México

˘˘ Resumen En el siguiente trabajo, se analiza la influencia del rol de la mujer en la evolución de la palabra peyorativa ‘puta’. La investigación se desarrolla a través del análisis de las épocas históricas: edad Antigua (que comprende Grecia y Roma clásicas), edad Media, edad Moderna y edad Contemporánea, identificando, en cada una de ellas, la evolución de la palabra y la concepción del rol de la mujer, con el fin de vincularlas con la teoría semántica de Ullman, sobre el cambio de significado en general, enfocándose, especialmente, en las palabras peyorativas. El resultado es un recorrido histórico sobre el papel femenino y la prostitución como principales factores sociales en el auge de una palabra despectiva usual en el español actual. Palabras clave: cambio de significado léxico, palabras peyorativas, puta, prostitución, roles sociales.

* Estudiante de Lingüística y Literatura Hispánica de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Correo: mnblacklara@gmail.com ** Estudiante de Lingüística y Literatura Hispánica de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Correo: floresbonillak@yahoo.com.mx *** Estudiante de Lingüística y Literatura Hispánica de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Correo: dominique.m.palafox@gmail.com


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˘˘ Abstract In the following paper, the influence of the women’s role is analyzed in the evolution of the pejorative word ‘puta’. The research is developed through the analysis of the historical periods: Ancient Age (that it comprises Greece and Rome Classics), Middle Age, Modern Age and Contemporary Age, identifying, in each one of them, the word’s evolution and the conception of the women’s role, in order to link them with the semantic theory of Ullman about the meaning’s change, in general, focusing, especially, in the pejorative words. The result is a historic haul about the female’s role and the prostitution like main social factors in the rise of a usual derogatory word in the current Spanish. Key words: Change of lexical meaning, pejorative words, puta, prostitution, social roles.


Influencia del rol de la mujer en la evolución de la palabra puta desde el griego antiguo hasta el habla hispana actual

˘˘ Introducción La lengua, al igual que la sociedad y sus costumbres, evoluciona a lo largo de la historia. El vocabulario cambia tanto, que algunas palabras no solo se alteran fonéticamente, sino que también modifican su significado, debido a diversos factores presentes en el contexto involucrado, como lo es la situación social, económica, política, e, incluso, la percepción de un rol. Esta investigación se enfoca, particularmente, en los cambios presentados en la palabra ‘puta’ a través de los siglos. El principal interrogante es cómo la concepción social y cultural sobre el rol de la mujer influyó en el cambio semántico de la palabra ‘puta’ desde el griego antiguo hasta el habla hispana actual. La respuesta provisional, planteada, es que el reconocimiento social de la mujer influyó significativamente en el cambio semántico de esta palabra en el intervalo anteriormente descrito. Con base en estos factores, el objetivo general de la investigación es demostrar que el reconocimiento social de la mujer jugó un papel determinante en el cambio semántico de la palabra ‘puta’.

˘˘ Metodología Se deben identificar las etapas históricas más relevantes en la evolución de la palabra; de esta manera, se pueden llevar a cabo cortes metodológicos en el análisis de las variables. Con ayuda de dichos cortes, en el tiempo, se estudia la concepción del rol de la mujer en las distintas etapas históricas, que han transcurrido: edad Antigua (que comprende la Grecia y la Roma clásicas), edad Media, edad Moderna y edad Contemporánea, identificando, en cada una de ellas, la evolución de la palabra y la concepción del rol de la mujer, con el fin de vincularlas y, de esta manera, verificar nuestra hipótesis. Con esto se pretende observar el testimonio histórico de las palabras como un reflejo de las sociedades a lo largo del tiempo.

˘˘ Teoría lingüística Como primer paso, para entender el cambio que presentó la palabra ‘puta’ en el transcurso del tiempo, es necesario revisar la teoría semántica de Ulman (1962), debido a que, en ella, se explican los diversos factores que facilitan el cambio de significado en el acervo de una lengua. Entre ellos encontramos: » Se transmite la lengua de forma discontinua: De generación a otra, cada niño tiene que aprender de nuevo. [...] Los niños a menudo entienden mal el significado de las palabras. En la mayoría de los casos, tales errores serán corregidos, pero si por alguna razón u otra no sucede

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esto, tendrá lugar un cambio semántico en el uso de las palabras en la nueva generación (Ullman, 1962, p. 218). » Existe vaguedad en el significado cuando una palabra puede ser tomada en un primer sentido, o bien en uno segundo, y, a pesar de ello, el significado de la oración será prácticamente el mismo. 24

» Ocurre polisemia cuando una palabra denota o puede recibir distintos significados. En el caso de las palabras peyorativas, estatus que ha adoptado la palabra ‘puta’, existen una serie de factores que entran en juego, entre ellos hallamos: 1. Disfemismos, los cuales implican el uso de una palabra de un campo referencial, considerado “tabú” por la sociedad, pero, su referente no forma parte de este campo sino de otro que no es percibido como “tabú”. A través de la evocación de este concepto, el hablante puede expresar sus emociones con mayor fuerza. (Zimmer, 2005). 2. Asociaciones de una palabra con las características negativas de ella. 3. Prejuicios a ciertas clases sociales y ocupaciones laborales donde el significado de estas palabras empieza a ser usado en un sentido peyorativo, utilizando una serie de asociaciones que terminan transformando la palabra. » Términos medios, palabras neutras que reciben significación positiva o negativa, de acuerdo con el contexto. Estos términos sufren alteraciones donde cualquiera de los dos sentidos se ve favorecido, extinguiendo al otro.

˘˘ Análisis A partir del conocimiento de la teoría semántica como base fundamental para el desarrollo de esta investigación, se presenta, a continuación, un estudio acerca de las distintas épocas, anteriormente mencionadas, y del papel que la mujer ejerció en ellas dentro de la sociedad. Se procede, de igual manera, a vincular el rol con la evolución de la palabra en cuestión.


Influencia del rol de la mujer en la evolución de la palabra puta desde el griego antiguo hasta el habla hispana actual

Grecia y Roma En primera instancia, durante la Grecia Antigua, la mujer fue un elemento de intercambio usado para crear vínculos, alianzas y obligaciones entre dos familias; estas carecían de voluntad y su único papel activo era desempeñarse como señora de la casa. Su participación en los ámbitos político, militar o civil era escasa o nula, hecho por el cual se considera que su rol de ciudadana era meramente ornamental, puesto que requería de un tutor que la cuidara, ya fuera su hermano o su marido. La mujer, desde su nacimiento, estaba bajo la tutela de su kyrios [su Señor], papel ejercido normalmente por el padre; en caso de que este muriera, la mujer quedaba bajo la tutela de alguno de sus hermanos, convirtiéndose en su nuevo kyrios, quien se encargaría de acordar su matrimonio. El hogar estaba constituido por el Oikos y lo integraban, principalmente, el Kyrios, su esposa legítima, sus hijos legítimos y la madre del kyrios, si esta última era viuda y sus hermanas solteras. Si las hijas o hermanas se casaban, abandonaban el Oikos familiar y pasaban instantáneamente al Oikos de su marido. El silencio, la sumisión y la abstinencia eran las principales cualidades que se admiraban en las mujeres, con respecto a los placeres masculinos. La mujer griega podía desempeñar el papel de esposa [gyné], concubina [pallaké], prostituta [porné] o cortesana [hetaira]. El rol que le concedió, a la mujer, mayor independencia y autonomía fue el último, porque la cortesana o hetaira, al estar en un término medio entre la prostituta y la mujer de compañía, tenía libertad para salir a la calle, participar en banquetes masculinos e incluso tener propiedades (Fuentes-Santibáñez, 2012). Las hetairas provenían de Mileto, sitio donde tenían permitido asistir a Academias y ser instruidas en diversas materias. Con el paso de los años, emigraron a Atenas, el centro intelectual griego. A su llegada, encandilaron a los hombres atenienses con sus conocimientos en historia, filosofía, astrología, medicina, matemáticas, baile y canto. La razón principal era que los hombres podían tener una buena conversación y reírse un poco con ellas antes de llevarlas a la cama. Otra manera de referirse a estas mujeres era utilizando el término ‘budza’, vocablo griego que significaba «sabiduría». No obstante, las celosas expresiones de las esposas atenienses hicieron que la palabra se modificara fonéticamente, sustituyendo el fonema beta ‘bu’ por ‘pu’, confiriéndole la connotación de «sabihonda» (Martínez, 2008). A través de libros y viajeros, la palabra llegó a Roma unos años después; pero ya no se trataba del término ‘pudza’ sino de ‘puta’, el cual tenía el mismo significado que ‘meretriz’, una mujer que se ganaba la vida ella misma, vendiendo su cuerpo por horas, días o incluso por temporadas; es decir, un sinónimo de ‘prostituta’. En el plano jurídico, no había una ley “para prostitutas” dado que el oficio era admitido; de hecho, formaba parte de la lista de oficios del registro civil de las ciudades y aquellas que lo ejercían tenían que pagar impuestos. Sin embargo, no se admitía a la persona que lo practicaba porque no era “moral” su oficio,

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y se les clasificaba en la categoría de “personas torpes” junto con los gladiadores y actores. La “torpeza” se debía a la incapacidad de recibir herencias, de testar, de contraer matrimonio y de recibir donaciones (Herreros-González, 2001).

Edad Media 26

Más adelante, el rol social de la mujer en la Edad Media estaba determinado, principalmente, por tres factores: la imagen idealizada de la feminidad, la vida real de la mujer medieval y la educación que esta recibía, primordialmente, de carácter religioso. La imagen idealizada de la mujer En primer lugar, debe aclararse que la imagen medieval de la mujer posee algunas contradicciones que van desde el desprecio hasta la adoración; en primer lugar, durante el inicio del medioevo, las ideas predominantes en la sociedad eran la inferioridad y sumisión de la mujer con respecto al hombre, un pensamiento fundamentado, no en la personalidad de la mujer, sino en su sexo. Las fuentes que intervinieron de manera significativa en la construcción de esta imagen fueron los conceptos eclesiásticos acuñados por los clérigos y los monjes, influenciados por los Padres de la Iglesia y basados en las Sagradas Escrituras, así como en la filosofía clásica, en menor medida. Incluso los conceptos laicales de la aristocracia y la burguesía ciudadana tuvieron un impacto considerable. Por otro lado, la vida y obras literarias de algunas mujeres poco reconocidas fueron piezas clave para el sustento de este concepto idealizado de la mujer, y, a pesar de que a través de los cuentos picarescos y las trovas que los juglares narraban a la burguesía, frecuentemente, se ridiculizaba a las mujeres, presentándolas como brujas o dominadoras de sus maridos, es importante recalcar que la mayoría de las escritoras medievales eran monjas. Un ejemplo de ello es Christine de Pisan en el siglo XIV, cuyas obras “Le Roman de la Rose” y “Le Livre des trois vertus” fueron escritas con fines educativos y para uso exclusivo de las mujeres. Así pues, con el paso de los siglos, se desarrolló un nuevo pensamiento que se contraponía a la concepción femenina imperante: la “superioridad” de la mujer, doctrina fuertemente vinculada con la adoración a la Virgen María. Corleto (2006) alude a la discordancia desprecio-adoración en la imagen idealizada de la mujer medieval afirmando que […] es vista siempre como inferior al varón, a veces toma las características de Eva y otras veces las de María. En algunas ocasiones es vista como fruto prohibido y fuente de tentación, en otras es objeto de un amor caballeresco, tierno y devoto. (p. 658).


Influencia del rol de la mujer en la evolución de la palabra puta desde el griego antiguo hasta el habla hispana actual

La vida real de la mujer medieval y su apego a la religión La mujer gozaba de una libertad relativa. Muchas de ellas eran terratenientes que, si bien estaban solas, se manejaban a sí mismas de manera independiente y tenían una influencia considerable en la economía y la sociedad feudal. Si una mujer enviudaba y poseía tierras, ejercía un gran poder social y disfrutaba de una autonomía notable, con respecto a otras. Mas, con respecto a los sentimientos de las mujeres, estos eran ignorados la mayoría de las ocasiones; sus matrimonios eran acordados por sus padres y se encontraban atadas a la opinión de sus feudos. A pesar de todos estos factores, la presencia de las mujeres en la guerra está perfectamente documentada; ejemplo de ello es que, durante la conquista de Jerusalén, algunas mujeres partieron hacia Oriente; incluso, formaron parte de la Cruz, convirtiéndose, ellas mismas, en “Damas Cruzadas”. Entre las guerreras más famosas están la reina Leonor de Alquitana, Ida de Lovaina o Berenguela de Navarra (Coleto, 2006). En cuanto al estatus de la palabra en la Edad Media, la significación sexual era la más reconocida entre la población de cualquier clase social. “El campo léxico que mayor relieve sociológico ha debido tener a lo largo de los siglos parece ser el de la prostitución, entre otras razones por el hecho de haber merecido dicha actividad la atención de numerosas legislaciones” (Frago-Gracia, 1979, p. 260). Principalmente, diversas instituciones se enfocaron en los derechos de las prostitutas, aunque las diferentes opiniones al respecto eran de índoles distintas. Como se puede apreciar, varios términos prestados de otras lenguas y utilizados en la España Medieval estaban condicionados por la presión social1. “Un tipo particular de préstamo lo constituye el latinismo, de gran trascendencia en la lengua del siglo XV, debido a la profunda admiración que los humanistas sentían por la antigüedad clásica” (Frago-Gracia, 1979, p. 263). A su vez, en el léxico de la prostitución, se manifiesta la contribución del acervo latino; ante esto, es importante señalar que algunos de los términos eran utilizados exclusivamente por la lengua culta: las clases eclesiásticas, burguesas y aristocráticas; por lo que no llegaron a difundirse al léxico popular. La forma más antigua y documentada de la palabra ‘puta’ se remonta al año 1123, en el antropónimo altoaragonés Martín Puta Urina. Tanto los navarro-aragoneses como los castellanos consideraron, siempre, esta palabra como el insulto más grave, inconcebible cuando es dirigido a una mujer honesta. Refiriendo a la serie de proverbios contenida en el Refranero General, puede comprobarse que ‘puta’ es el término predominante, seguido la mayoría de las ocasiones por ‘ramera’. Esta palabra gozaba de un gran número de adjetivaciones como ‘putarona’ o ‘putilla’; y, a finales de la edad Media, ‘hideputa’ se había convertido, a su vez, en una expresión injuriosa corriente.

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Cabe mencionar que el préstamo lingüístico del léxico es un tipo de intercambio cultural.

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Edad Moderna

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Este período, por su parte, abarca desde el Renacimiento, pasando por el Barroco, hasta llegar a la Ilustración, durante los siglos XV y XIX. En este intervalo, ocurrieron distintos tipos de cambios ideológicos, los cuales se resumen en la existencia de un énfasis en lo relativo a las libertades individuales, lo cual implicaba que el hombre actuara como deseara en las distintas circunstancias de su vida. Además, se destacó el individualismo, donde el hombre podía realizar, en cada momento, lo que quisiera, con plena independencia de quienes le rodeaban; mas, para ello, ha de procurar evadir todo tipo de compromisos con las demás personas. Hay, incluso, una fe ciega en el progreso y un desprecio por la tradición. Esta idea condujo a un optimismo descontrolado, dio lugar a una sobrevaloración de la cultura como fuente de todo bienestar y a la incuestionabilidad de los propios presupuestos ilustrados (Bravo, 2009 en Meza-Mejía, 2010). Con base en esta concepción de la vida como libertad, el rol de la mujer pudo empezar a resaltar, observándose figuras como Isabel La Católica, Catalina de Aragón, Florencia Pinar, Sor Juana Inés de la Cruz, entre otras. Como consecuencia, la percepción de la mujer fue gradualmente en ascenso y es mejorada. Sin embargo, la familia y la religión siguen siendo el papel predominante de acción del género. Por su parte, la prostitución empieza a tener respaldo jurídico a finales de la edad Moderna, sin verse mejoras considerables en las condiciones del oficio. A pesar de estas circunstancias, la prostitución seguía siendo considerada como inmoral y las prostitutas eran objeto constante de injurias y mala fama. En esta época, como puede consultarse en el Corpus de la Real Academia de la Lengua Española (CREA), la palabra ‘puta’ poseía ya un sentido peyorativo, el mismo que se encuentra en el habla hispana actual (Real Academia Española, s.f.b).

Época Contemporánea A partir de los años sesenta, la mujer empezó a romper con las ataduras de su papel en la sociedad, desempeñando funciones y oficios que no eran parte del espacio doméstico. Llegó a un punto en el que trascendió de su papel de madre, esposa y nodriza, a funciones que rompían con el ideal femenino establecido por el orden patriarcal. A las mujeres que iban en contra de las leyes establecidas, que se alejaban de las buenas costumbres instituidas por la iglesia y no se sometían ante un marido, eran referidas como ‘putas’ y brujas. Se tienen registros de que, aproximadamente a principios del siglo XX, la mujer era considerada ‘bruja’ y se asumía que era una ‘puta’ por añadidura. Incluso se relacionaba este término con las mujeres “homicidas” y, obviamente, las culpadas de cometer adulterio, que no solo era mal visto, sino también castigado.


Influencia del rol de la mujer en la evolución de la palabra puta desde el griego antiguo hasta el habla hispana actual

De acuerdo con el criterio de asociación semántica para clasificar groserías, de Espinosa, Farfán, Barragán y Ruíz (2001), en la actualidad, la palabra ‘puta’ es catalogada como un término peyorativo, relacionado con el sexo. Este sentido, es otorgado a causa de la influencia de distintas nociones del papel “indecente” ejercido por parte de una mujer en el contexto social, principalmente, cuando se hace referencia a las “características negativas” de una prostituta. 29

˘˘ Resultados Con base en lo expuesto anteriormente, puede apreciarse que la concepción del papel de la prostituta ha tenido una destacada influencia en la evolución de la palabra ‘puta’, a causa de que este oficio ha sido objeto de injuria en las distintas sociedades predecesoras al habla hispana actual. Por ello, su uso peyorativo surge, como menciona Ulman (1962), de la asociación de características negativas percibidas por una sociedad a una profesión, mencionando, cada vez más, esta palabra en lugar de otros adjetivos para insultar. Así observamos que, durante siglos, las mujeres estuvieron confinadas a las labores domésticas, las costumbres puritanas, la moral cristiana y los estereotipos de género patriarcales. Ellas, a diferencia de los hombres, fueron relegadas a seres sin capacidad física e intelectual, ni juicio para tomar decisiones, atribuyéndoles una supuesta inferioridad, justificada como un “carácter natural”, hecho que les negaba la individualidad y las llevaba a depender del género masculino. Esta conceptualización del ser femenino influyó de tal manera en la sociedad, que, incluso varones dedicados a la filosofía la degradaban, reduciéndola en su cátedra a un ser doméstico, sin derecho a ejercer su libertad como ser humano. Con el transcurso del tiempo, esta concepción ha sido desplazada, en gran medida, por las participaciones activas de la mujer en un contexto social cada vez más amplio.

˘˘ Conclusión Como se puede mostrar en el recorrido histórico anterior, no fue la concepción generalizada del rol de la mujer la causa principal de que la palabra ‘puta’ adquiriese su connotación peyorativa actual, sino la concepción específica de la prostituta. Este hecho es notable desde la modificación fónica del término ‘budza’ a la palabra ‘puta’, cambio inducido por las mujeres atenienses para degradar el papel de este oficio. Posteriormente, este vocablo fue utilizado como generalización de toda sexoservidora en la Roma Clásica, donde, junto con los gladiadores y actores, eran considerados oficios inferiores y carentes de derechos. A partir de la Edad media, el término ‘puta’ adquirió su sentido peyorativo, al referirse a toda mujer que se comportaba de manera indecente, de acuerdo con los cánones establecidos por la sociedad de la época. Debido a este hecho, se realizó una asociación


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de la palabra con las características mal vistas de una prostituta, noción que ha predominado hasta la actualidad. Por ende y con base en lo anterior, la hipótesis planteada solo se confirma parcialmente; ya que, como se mencionó previamente, no fue la concepción general de la mujer la influencia de la evolución de la palabra ‘puta’, sino que el principal motivo de dicho cambio fue la concepción del rol de la prostituta en el contexto social. En futuros trabajos podría estudiarse la contraparte masculina de ‘puta’, el vocablo ‘puto’, con el propósito de describir la relación establecida entre ambos términos, o bien, profundizar en el aligeramiento del peyorativo ‘puta’ desde la Edad Media a la época actual. Esto implicaría, como se pretendió hacer en este trabajo, describir el cuadro socio-histórico de los peyorativos utilizados actualmente, a fin de comprender cómo el rol ejercido en la sociedad, la percepción de la realidad y los oficios influyen en el habla.


Influencia del rol de la mujer en la evolución de la palabra puta desde el griego antiguo hasta el habla hispana actual

˘˘ Referencias Corleto, R. W. (2006). La mujer en la Edad Media. Teología: revista de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina, (91), 655-670. Recuperado de: http://bit.ly/2xP8sc4 Espinosa, M. (2001). Algo bre la historia de las palabrotas. Razón y palabra. Primera revista digital en Iberoamérica especializada en comunicología, 23. Recuperado de: http://bit.ly/2ii7lOc Farfán, J., Barragán, E. & Ruíz, E. (2011). El léxico de los estudiantes universitarios a partir de las “expresiones altisonantes malas palabras”. En: J. López Chávez (Comp.). La enseñanza del español y las variaciones metodológicas: segunda parte (pp. 162-170). México: Edere, Universidad Autónoma de Zacatecas Frago-Gracia, J. A. (1979). Sobre el léxico de la prostitución en España durante el siglo XV. Recuperado de: http://bit.ly/2yDL1S9 Fuentes-Santibáñez, P. (2012). Algunas consideraciones en torno a la condición de la mujer en la Grecia Antigua. Intus-legere: historia, 6(1), 7-18. Recuperado de: http://bit.ly/2wtR4Io Herreros-González, C. (2001). Las meretrices romanas: mujeres libres sin derechos. Iberia: Revista de la Antigüedad, (4), 111-118. Recuperado de: http://bit. ly/2hJrv3h Martínez, A. F. (2008). Del masculino pasado al femenino futuro: mujer, historia y medicina. Revista de Salud Histórica y Sanidad, 3(1), 4-20. Recuperado de: http:// bit.ly/2fDNF2H Meza-Mejía, M. del C. (2010). Del Bravo María Antonia. Mujer y cambio social en la edad moderna. Madrid: Editorial Encuentro, 2009. [Reseña]. Revista Panamericana de Pedagogía: Saberes y Quehaceres del Pedagogo, (16), 99-102. Recuperado de: http://bit.ly/2xNjq1I Real Academia Española (RAE). (s.f.b). Corpus de la Real Academia de la Lengua Española (CREA). Recuperado de: http://bit.ly/2wtR4Io Ullman, S. (1962). Cambio de Significado. En: Semántica, Introducción a la ciencia del significado (pp. 218-266). Madrid: Aguilar. Zimmer, T. (2004). El lenguaje estudiantil de Costa Rica: el disfemismo como medio de identificación. Káñina, 28(2), p. 161-178.

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USOS DE LA PALABRA ‘MARICA’ EN LOS JÓVENES DE BOGOTÁ* Rafael Antonio Gutiérrez Martínez** Gabriela Rondón Triana*** Universidad Nacional de Colombia, Bogotá - Colombia

˘˘ Resumen En este artículo, se presentan los resultados de una investigación sobre los usos de la palabra ‘marica’ en jóvenes de Bogotá, cuya pregunta fue, en específico, ¿cuáles son los usos de esta palabra que se dan en esta población? Para abordar esta pregunta, se propusieron tres objetivos. En primer lugar, identificar las nociones y significados que los hablantes atribuyen a la palabra ‘marica’; en segundo lugar, identificar las intenciones comunicativas de los hablantes al emplearla; en tercer lugar, identificar los contextos en los cuales los hablantes la usan. Para el desarrollo de esta investigación, partimos del supuesto de que los jóvenes de Bogotá emplean la palabra ‘marica’, a la vez, como marcador pragmático, y como una forma agraviadora y despectiva para referirse a los hombres homosexuales, y que reconocen ambos usos como igualmente importantes (i.e. relevantes y pertinentes). Esta es la hipótesis que examinamos. Palabras clave: intenciones, marica, marcador pragmático, significados, usos.

Agradecemos a Manuela Rondón Triana la juiciosa revisión de estilo y contenido que hizo de este texto. Estudiante de Lingüística de la Universidad Nacional de Colombia. Correo: raagutierrezma@unal.edu.co Estudiante de Lingüística de la Universidad Nacional de Colombia. Correo: grondont@unal.edu.co

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˘˘ Abstract In this paper, we present the results of a research about the uses of the word ‘marica’ amongst young people in Bogotá. Our question was: what are the uses of this word within this population? To answer this question, we proposed the three following objectives. First of all, to identify the notions and meanings attributed to ‘marica’ by the speakers; secondly, to identify the communicative intentions with which it is used; thirdly, to identify the contexts in which the speakers use it. In order to aboard the question, we supposed that young people in Bogotá use ‘marica’ as a pragmatic marker as well as an insult addressed to homosexual men, and that they recognize this both uses as equally important (i.e. relevant and pertinent). This is the hypothesis that we examined. Key words: intentions, marica, pragmatic marker, meanings, uses.


Usos de la palabra ‘marica’ en los jóvenes de Bogotá

˘˘ I. Introducción Este proyecto surge a partir del encuentro de dos tipos diferentes de investigaciones cualitativas. De un lado, de investigaciones como las de Gutiérrez-Rivas (2016), Méndez Vallejo (2011 y 2014) y Martínez Lara (2009), las cuales argumentan que la palabra ‘marica’ se encuentra en una fase de transición de insulto a “marcador pragmático anticortés que indica solidaridad dentro de un grupo etario específico y que está perdiendo su carácter agraviador” (Gutiérrez-Rivas, 2016, p. 3); y, de otro lado, de investigaciones como la de Gagné y Rodríguez (2006), las cuales muestran que la palabra ‘marica’ posee, de manera vigente, distintos significados, en algunos grupos específicos, incluido el significado tradicional de hombre homosexual. Esto muestra que, si bien la palabra ‘marica’ ha empezado a constituir un marcador pragmático1 –como sostiene el primer grupo de investigaciones–, aún tiene una referencia léxica concreta: la transición no ha sido completa, aun cuando el énfasis del primer tipo de investigaciones las lleva a inclinarse por que sí2. Esta última idea constituye el núcleo y punto de partida de este trabajo. En nuestra opinión, hablar de una evolución de la palabra ‘marica’ no es claro en la variedad de español bogotana. Tenemos la hipótesis de que existen algunos casos en los que la palabra ‘marica’ como forma despectiva para referirse a hombres homosexuales tiene vigencia y que este uso es igual de relevante que el de marcador pragmático. Para poner a prueba esta hipótesis, centramos nuestra atención en los significados que los hablantes atribuyen a la palabra ‘marica’, en las intenciones con las que la utilizan y en los contextos en los cuales la emplean. El presente artículo se organiza como sigue. En la siguiente sección, haremos una breve revisión de los trabajos previos realizados en torno a la palabra ‘marica’. En la sección III, comentaremos cuál fue la metodología empleada en la investigación. En la sección IV, presentaremos y analizaremos los resultados obtenidos. Finalmente, en la última sección, para concluir, formularemos explícitamente la respuesta a la pregunta de la investigación.

˘˘ II. Algunos trabajos previos De acuerdo con el diccionario de la RAE, la palabra ‘marica’ es un adjetivo despectivo usado para referirse, como insulto, a hombres homosexuales (2001a, web). No obstante, de acuerdo con algunos autores, esta palabra ha empezado a mostrar un cambio en su significado y uso. Méndez Vallejo (2014) sostiene que, 1 Adoptamos el término ‘marcador pragmático’ de Gutiérrez-Rivas (2016), quien lo utiliza para referirse a las diferentes funciones pragmáticas de la palabra ‘marica’. 2 Si bien no todos estos autores sostienen, de manera explícita, que ‘marica’ haya experimentado una evolución completa, su énfasis conduce a la aceptación de la premisa implícita, de acuerdo con la cual lo central de esta palabra, en términos lingüísticos, es su función pragmática y no su significado y uso tradicional. Reconocer esta premisa implica desconocer que esta palabra cumple funciones agraviadoras y, fundamentalmente, discriminatorias.

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pese a ello, hay un escaso número de investigaciones formales sobre la materia, sobre todo para el caso del español de Colombia. Por ello, a continuación, daremos cuenta de algunos de los trabajos llevados a cabo en torno al término ‘marica’, tanto en diferentes lugares del mundo hispánico como en Colombia. El referente más reciente que encontramos es el estudio de Gutiérrez-Rivas (2016). En este, se da cuenta de cómo se enmarca la palabra ‘marica’ en el habla de jóvenes universitarios –de Caracas, Venezuela– dentro de la Teoría de la cortesía y, con base en esto, se documentan los cambios que presenta este término en cuanto a contextos de uso y funciones pragmáticas. Así pues, esta autora se basa en los postulados de Brown y Levinson para sostener la tesis de acuerdo con la cual el término ‘marica’ “está perdiendo su carácter amenazante y ha comenzado la transición hacia una forma de tratamiento nominal que […] se está desligando de la categoría de insulto” (Gutiérrez-Rivas, 2016, p. 8); es decir, que no presupone una amenaza a la imagen pública del oyente. En el marco de esta transición, esta palabra se ha convertido en un marcador pragmático de solidaridad, que sirve para “expresar emociones como sorpresa y enojo, crear efectos de intriga, hacer bromas, abrir y cerrar oraciones e, incluso, sustituir otras FTN [(formas de tratamiento nominal)] que nunca han sido consideradas insultos […] como es el caso de chamo(a)” (Gutiérrez-Rivas, 2016, p. 17). Sobre el español de Venezuela, encontramos otra investigación que, si bien no se enfoca en la palabra ‘marica’, la aborda como parte del análisis. Se trata de la investigación de Martínez Lara (2009), cuyo foco central son los insultos. En este estudio, él asume la hipótesis de que los jóvenes venezolanos, en sus interacciones comunicativas cotidianas, usan insultos no en función de agredir, sino en función de mostrar cercanía y familiaridad, como formas de camaradería y no como elementos de ataque verbal. En su investigación, Martínez Lara encontró que, aunque el término ‘marica’ tenga una carga negativa, no es vista como tal por el destinatario. Es percibida, más bien, como un “vocativo cuya función en el discurso es llamar la atención del otro y enfatizar el enunciado” (2009, p. 74). Esto constituye una pieza de evidencia a favor de la hipótesis del autor, pues muestra que algunos insultos –como ‘marica’– son utilizados por los jóvenes desprovistos de carga semántica negativa. Respecto al caso concreto del español de Colombia, encontramos dos investigaciones, ambas de Méndez Vallejo. En la primera (2011), la autora explora los distintos usos y significados de ‘marica’ en la variedad bumanguesa, específicamente, entre jóvenes universitarias, y discute las implicaciones de las nociones de autonomía y afiliación en los significados que ‘marica’ ha adquirido en esta variedad. Sus hallazgos muestran que “las jóvenes bumanguesas aceptan el uso de la palabra ‘marica’ y la reconocen como un término común, propio de su entorno” (2011, p. 8); además de que “el uso de este vocablo en situaciones conversacionales informales (con amigos o compañeros cercanos) provoca un sentimiento de afiliación entre las participantes (solidaridad, cercanía, camaradería, aceptación social)” (Méndez-Vallejo, 2011, p. 9).


Usos de la palabra ‘marica’ en los jóvenes de Bogotá

En la segunda investigación, Méndez Vallejo (2014) persigue un propósito similar: esclarecer los diferentes usos comunicativos de ‘marica’ entre jóvenes universitarios de Bucaramanga. Los instrumentos empleados para la recolección de datos supusieron una novedad frente al primer estudio. En este, la autora analizó datos recolectados en conversaciones naturales y en cuestionarios escritos. A partir del análisis de los datos obtenidos, Méndez Vallejo identificó una evolución lingüística y socio-cultural de la palabra ‘marica’: encontró que la mayoría de los hablantes usan esta palabra “como una forma de dirigirse a los demás en conversaciones diarias, para fortalecer su amistad y construir lazos de camaradería con amigos y parientes cercanos” (2014, pp. 103-104). A su vez, notó que ‘marica’ ha empezado a ser aceptada como un término común, sin un significado particular asociado. Esto se ilustra en que haya adquirido particulares funciones en el habla, ya sea como marcador discursivo –para llamar la atención del interlocutor y para hacer énfasis en partes del discurso– o como interjección –para expresar enojo o sorpresa–. Empero, Méndez Vallejo (2014) señala que las personas que usan esta palabra con estas funciones pragmáticas lo hacen –y lo consideran apropiado– únicamente en ciertos contextos, cuando están con amigos o conocidos cercanos. Otra investigación que es pertinente considerar es la desarrollada por Gagné y Rodríguez (2006), donde se examina el léxico empleado por la comunidad de jóvenes gais que se reúnen en establecimientos de la localidad de Chapinero – Bogotá–. Con ella, se persiguieron tres propósitos: a) proporcionar una muestra del repertorio léxico empleado dentro la comunidad gay bogotana, b) describir la realidad gay sin recurrir al imaginario y a los prejuicios heterosexuales en cuanto a la homosexualidad masculina, y c) brindar herramientas para el reconocimiento y la valoración de este grupo emergente. El resultado de esta investigación es un vocabulario que presenta diferentes términos con su definición. Estas definiciones corresponden a los usos que se dan dentro de la comunidad gay: a la manera como sus miembros emplean los términos, las nociones y los significados que les atribuyen, así como los contextos en los que los aceptan. Consideramos que este estudio es relevante, pues se trata de un trabajo que aborda la palabra ‘marica’ atendiendo a otros aspectos de su uso, diferentes a su eventual evolución de insulto a marcador pragmático3.

3 Dentro de los trabajos que se han realizado sobre la palabra ‘marica’ encontramos tres notas que abordan su evolución desde distintas perspectivas. La primera de ellas es de Navarrete (2007). En ella, él llama la atención, de manera crítica, sobre el surgimiento de ciertas formas de trato, las cuales reemplazan otras que consideran más apropiadas. Una de ellas es la palabra ‘marica’, que en oraciones como ‘¡hola, marica!’ y ‘¡qué hubo, marica!’ remplazan ‘amigo y ‘compañero’. La segunda nota es de Samper Pizano. En ella, él muestra cómo ciertas formas de saludo, que solían ser características de la variedad bogotana, han cambiado: ‘chino’ se ha sustituido por ‘marica’, en el marco de un proceso de resemantización de la última palabra. En este contexto de cambio, señala Samper, “el adjetivo en ningún caso alude a la condición sexual del saludado” (Redacción El Tiempo, 2008, web). La última nota es de García Valdivieso (2004); allí, él sostiene que ‘marica’ ya no se utiliza como sinónimo de homosexual, sino que ha desarrollado múltiples significados y funciones, empleados, sobre todo, por personas menores de 40 años.

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˘˘ III. Metodología En nuestra investigación, empleamos tres instrumentos de recolección de datos: la encuesta, la entrevista y la observación no participante. Mediante estos instrumentos buscamos recoger dos tipos diferentes de información. Por un lado, información de conversaciones naturales –por medio de la observación no participante– y, por otro, información de las opiniones que tienen los hablantes acerca del uso de la palabra ‘marica’ –por medio de la encuesta y la entrevista–. Lo primero nos provee de un conocimiento cercano, real y natural del fenómeno; lo segundo nos permite conocer el fenómeno a través de la introspección de los hablantes. 38

Encuesta La encuesta se administró a 46 estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, pertenecientes a 19 programas curriculares. La edad de los encuestados oscila entre los 17 y los 29 años. Dentro de los encuestados, hubo tanto hombres (26) como mujeres (20), y se contó con participantes homosexuales (7), heterosexuales (34) y bisexuales (5). La encuesta constó de dos partes. La primera incluyó preguntas de introducción, donde se plantearon cuestiones para realizar una ubicación general del participante, como ciudad de nacimiento, género, orientación sexual, edad y carrera estudiada. La segunda parte estuvo destinada a medir las variables establecidas en los objetivos específicos de la investigación. Por lo tanto, las preguntas de esta sección se agruparon en tres grupos, los cuales pretendían determinar a) los significados y las nociones que las personas asocian a la palabra ‘marica’, b) las intenciones con las que las personas la emplean, y c) los contextos en los cuales las personas la usan. En total, la encuesta constó de 17 preguntas. La herramienta empleada para la aplicación del cuestionario fue Google Forms. Todas las encuestas se realizaron de forma virtual.

Entrevista Las entrevistas se realizaron a cuatro estudiantes universitarios de la Pontificia Universidad Javeriana, la Universidad de los Andes y la Universidad de la Sabana: dos hombres homosexuales de 21 y 22 años, una mujer heterosexual de 20 años y un hombre heterosexual de 20 años. Para la selección de nuestros informantes, tuvimos como criterio la carrera estudiada por cada uno de los ellos. Esto con el fin de asegurar que ninguno tuviera conocimientos lingüísticos. La entrevista –al igual que la encuesta– dio inicio con la recolección de información demográfica de los participantes y estuvo conformada por cuatro ejes. Los tres primeros también se tuvieron en cuenta en las encuestas; el cuarto es nuevo. En primer lugar, se preguntó por el significado que le atribuyen –tanto el entrevistado como los demás– a la palabra ‘marica’. En segundo lugar, se indagó


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por la intención que subyace al uso de este término. En tercer lugar, se abordó una serie de preguntas sobre los contextos de uso. Finalmente, se contempló la posibilidad de que hubiera diferencias en el uso de este vocablo, dependiendo de la orientación sexual de quienes interactuaban.

Observación no participante La observación no participante se llevó a cabo entre el 25 de abril y el 2 de mayo de 2017 en los siguientes contextos: transporte público, campus de la Universidad Nacional, sitios públicos del barrio Cedritos de Bogotá, un colegio privado al norte de Bogotá y una escuela de ballet de Cedritos. Lo que buscamos con la observación fue recoger muestras de los diferentes usos que hacen los hablantes –especialmente, los jóvenes– de la palabra ‘marica’ en conversaciones reales, cotidianas y espontáneas. En total, obtuvimos un corpus de 30 frases proferidas por hablantes hombres y mujeres de entre 14 y 30 años –aproximadamente–. De este corpus, hemos seleccionado 10 frases para realizar su análisis.

˘˘ IV. Resultados Encuesta Significados Para identificar las nociones y los significados que los hablantes atribuyen al término ‘marica’, se indagó cuál era la comprensión que los participantes tenían de esta palabra, a partir de la manera como, para ellos, era utilizada. Aunque en los ítems del cuestionario no se indicó explícitamente, las opciones que se propusieron correspondían a cinco conceptos concretos: vocativo –palabra que cumple la función de apelar o llamar la atención del oyente–, interjección– expresión que sirve para manifestar impresiones o verbalizar sentimientos–, marcador discursivo en función de enfocador de la alteridad –expresión que expresa estrategias de cooperación entre los participantes de la conversación–, sinónimo de homosexual y sinónimo de bobo. A continuación, enunciamos el porcentaje de participantes que marcó cada respuesta: para referirse a alguien que hizo algo bobo, o se comporta de manera boba: 76.1%; como forma de referirse a la persona con la que se está hablando –vocativo–: 76.1%; para llamar la atención de alguien –marcador discursivo en función de enfocador de la alteridad–: 30.4%; como expresión para manifestar ira, frustración, susto, alegría y otros sentimientos similares –interjección–: 54.3%; y para referirse a un hombre homosexual: 54.3%. Lo anterior nos permite concluir lo siguiente. En primer lugar, las respuestas dadas a estas preguntas muestran que, de acuerdo con la mayoría de los participantes, ‘marica’ cumple, sobre todo, funciones pragmáticas. En específico,

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de vocativo e interjección. Nótese que muy pocos señalaron que la palabra ‘marica’ cumple funciones de marcador discursivo en función de enfocador de la alteridad. En segundo lugar, entre los participantes que señalaron que ‘marica’ tiene funciones léxicas y referenciales concretas, la mayoría indicó que es una expresión usada para referirse a alguien que es o ha hecho algo bobo; un poco más de la mitad indicó que es una expresión usada para referirse a un hombre homosexual. Esto, como conjunto, muestra que, para los participantes, ‘marica’, en cuanto a su función léxica y semántica, no se distingue drásticamente entre la forma de llamar a alguien bobo y la forma de llamar a alguien homosexual. Ambos usos se reconocen como posibles. Intenciones 40

Con el fin de determinar las intenciones comunicativas de los hablantes, se formularon tres preguntas: por medio de la primera, se pretendía identificar si las finalidades con las que las personas usan la palabra ‘marica’ correspondían a las funciones de marcador pragmático, de insulto, o a funciones léxicas que buscan indicar que alguien es bobo u homosexual, sin implicar con ello un agravio. La mayoría de los participantes sostuvo que este vocablo es usado para referirse a un amigo –i.e., como vocativo– (84.8%) y para decir que alguien es bobo o que actúa de manera boba (80.4%). En segundo lugar, señalaron que es usado para expresar emociones –i.e., como interjección– (60.9%). Las opciones de respuesta menos seleccionadas por los participantes fueron que la palabra ‘marica’ es usada para insultar a alguien, al decir que es homosexual (47.8%) o para referirse a alguien que es homosexual sin querer insultarlo (26.1%). Esto quiere decir que, para los participantes, el uso de ‘marica’ es predominantemente pragmático y léxico en el sentido de bobo, y mínimamente agraviador. Por medio de la segunda pregunta, se trataba de establecer cuál de los dos posibles escenarios era el más frecuente. El primer escenario consistía en que las personas usaran ‘marica’ para referirse a un hombre homosexual como insulto. El segundo escenario consistía en que las personas lo usan para referirse a un hombre homosexual sin la intención de insultar. Los datos recogidos muestran que la mayoría de los participantes (58.7%) consideran más común que se utilice este vocablo como una forma despectiva para referirse a los hombres homosexuales. Sin embargo, este resultado debe ponderarse en relación con los resultados de la siguiente pregunta. Además, debe tenerse en cuenta que esta mayoría no es ampliamente significativa. Por medio de la tercera pregunta, se buscaba determinar, entre tres posibles escenarios, cuál, según los participantes, era el más frecuente. El primer escenario consistía en que las personas utilizaran ‘marica’ para referirse a un hombre homosexual, sea como insulto o no. El segundo escenario consistía en que las personas lo hicieran para cosas como dirigirse a sus amigos y expresar emociones –i. e., como marcador pragmático–. El tercer escenario consistía en que las personas utilizaran la palabra ‘marica’ para decir que alguien es bobo. Los


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resultados muestran que la gran mayoría de los encuestados (84.8%) creen que es más común que se utilice este vocablo con funciones pragmáticas. Por otro lado, solo el 10.9% creen que lo más frecuente es que se utilice con una función referencial, para decir que alguien es bobo. Y tan solo el 4.35% creen que lo más frecuente es que se utilice para referirse a los hombres homosexuales. Los datos que arrojan las respuestas a las dos preguntas anteriores muestran que, si bien es más común que se use ‘marica’ para insultar a los homosexuales, que para referirse a ellos sin la intención de insultar, este uso es mucho menos frecuente que el uso de esta palabra como marcador pragmático. En suma, los hallazgos nos muestran que, para los participantes, el uso de la palabra ‘marica’ como forma despectiva para referirse a hombres homosexuales es notablemente bajo en relación con las posibilidades de uso de esta palabra. En particular, los participantes consideran que el uso más frecuente es el pragmático.

Contextos Finalmente, con miras a identificar los contextos en los cuales los hablantes emplean la palabra ‘marica’, se realizaron ocho preguntas. La primera pretendía determinar, en términos generales, los contextos en los cuales se usa. Las siete siguientes buscaron evaluar, en contextos específicos, si se daba, o no, el uso de esta palabra. Los contextos propuestos en estas preguntas presentaban escenarios que cambiaban en función de las edades y del género de los participantes en el acto comunicativo. Con la primera pregunta, se indagó, en términos muy generales, en qué situaciones el participante usaba la palabra ‘marica’. La mayoría (71.7%) señaló que usa esta palabra cuando está hablando con amigos o personas cercanas de su misma edad o no. Una porción bastante inferior a la mayoría (23.9%) indicó que la usa cuando está hablando con personas de su misma edad, cercanas o no. La opción menos seleccionada (8.7%) fue aquella que proponía que se usa esta palabra con cualquier tipo de persona. También hubo quienes indicaron que no usan esta palabra en lo absoluto y quienes manifestaron que la usan solo con amigos de su misma edad. Los resultados de esta pregunta nos indican que el nivel de cercanía y camaradería entre los hablantes es un factor que incide en el uso. Es más frecuente, entonces, el uso de ‘marica’ entre amigos o personas cercanas, o que tengan la misma edad. Esto implica que es frecuente el uso de ‘marica’ entre jóvenes. Por medio de la segunda pregunta, se inquirió si es probable que si una persona que esté en una clase en la universidad o conversando con un profesor use la palabra ‘marica’. La mayoría de los entrevistados (69.6%) dijeron que no y la minoría (4.35%) dijeron que sí. No obstante, algunas personas (26.1%) indicaron que dependía de la cercanía del profesor y del contexto. Esto, en parte, confirma lo dicho en el párrafo anterior, pues muestra que la cercanía y la confianza entre las personas es un factor determinante. Además, indica que el uso de ‘marica’ se restringe a contextos informales. Notar esto es importante, porque

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mantiene concordancia con los hallazgos hechos en las secciones anteriores. Esto, en el sentido de que los usos que los hablantes encuestados reconocen como más frecuentes –i. e., los pragmáticos– son propios del registro no formal. Con la tercera pregunta se indagó si es probable que si una persona está conversando con otra persona que sabe que es homosexual use la palabra ‘marica’. La mayoría (39.1%) dijo que dependía de diferentes factores; un poco menos de un tercio (26.1%) dijo que no; y un poco más de un tercio (34.8%), que sí. Como hemos visto, las razones que indicaron las personas que sostuvieron “que dependía” apelaban a la cercanía y confianza entre los participantes –la mayoría señaló esta opción–, de la intención con la que la usara y de la opinión que tuviera la persona homosexual de la palabra. Una vez más, notamos que el grado de confianza es un factor importante en el uso. Con la cuarta pregunta, se trató de evaluar la probabilidad de que, si una persona está conversando con las personas mayores de su familia, use la palabra ‘marica’. La mayoría de los participantes (78.3%) sostuvo que no; la minoría sostuvo que sí (8.7%); y una pequeña parte (13%) indicó que dependía. Las razones que señalaron las personas que escogieron esta opción fueron las siguientes: del vocabulario acostumbrado de la familia, de la edad de la persona y de la relación entre los familiares. Estos hallazgos muestran que la edad es un factor determinante. Respecto a este último punto, la presente investigación encuentra resultados parecidos a los de las investigaciones de Gutiérrez-Rivas (2016), Méndez Vallejo (2011 y 2014) y Martínez Lara (2009), en las cuales se concluye que la edad es un factor que puede ser relevante en el uso y posible evolución de la palabra ‘marica’. Teniendo en cuenta lo que encontramos a partir de la segunda pregunta sobre los contextos, podemos decir que se utiliza ‘marica’ casi exclusivamente entre jóvenes y que rara vez se usa con personas de distinta edad. Por medio de las preguntas quinta a octava, se buscó determinar si el género es un factor que influye en el uso de la palabra ‘marica’. En ellas, se inquirió si es probable que se hiciera uso de esta palabra en los siguientes contextos. (1) Que una mujer la use con hombres. (2) Que un hombre la use con mujeres. (3) Que una mujer la use con mujeres. (4) Que un hombre la use con hombres. En todos los casos, la mayoría de las respuestas coincidieron en que era altamente probable que se diera en todos estos escenarios. En efecto, en el contexto (1) el 82.6% dijo que sí; en el contexto (2) el 78.3% dijo que sí; en el contexto (3) el 93.5% dijo que sí; y en el contexto (4) el 87% dijo que sí. Esto demuestra que, en general, el género no es un factor que condicione el uso de la palabra ‘marica’; evento que contrasta con lo mostrado en las investigaciones de Gutiérrez-Rivas (2016) y Méndez Vallejo (2011 y 2014). Según lo que observamos en el análisis de los resultados, los usos de ‘marica’ en los jóvenes de Bogotá son fundamentalmente pragmáticos. En efecto, por un lado, la mayoría de los participantes la definen como un término que sirve para referirse a la persona con la que se está hablando –vocativo– y como un término que sirve para expresar sentimientos –interjección–. Por otro lado, la mayoría


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de los participantes sostuvieron que el uso de esta palabra como marcador pragmático es más frecuente que cualquier otro uso posible –incluido el de insulto–. Igualmente, los hallazgos con las preguntas sobre el contexto concuerdan con los anteriores resultados, pues los usos pragmáticos, considerados por los participantes como los más frecuentes, son propios de poblaciones jóvenes que manejan un registro informal y, por lo general, experimentan fuertes lazos de cercanía y camaradería.

Entrevista Significados Los entrevistados coincidieron entre ellos en cuanto al significado de la palabra ‘marica’, con dos posibilidades principales. Por un lado, tiene un significado con carga despectiva para referirse a un hombre homosexual y, por el otro lado, es entendido como un marcador pragmático. Adicionalmente, dos de los entrevistados afirman que puede poseer un tercer significado que indica que algo es bobo o malo. Intenciones Las respuestas de los entrevistados, respecto a las intenciones de los hablantes al emplear ‘marica’, están relacionadas con las respuestas brindadas en la primera categoría de análisis –el significado–. En primer lugar, está lo que denominaron “el uso entre amigos”, el cual hace referencia al significado pragmático. En segundo lugar, su uso corresponde a una forma de referirse despectivamente a un homosexual. En tercer lugar, es empleada para describir a una persona o una situación boba –i. e., para señalar que carece de sentido común, gracia, inteligencia o propósito–. Adicionalmente, un entrevistado especifica que el uso de ‘marica’ tiene una connotación despectiva que no está ligada necesariamente a la orientación sexual, sino a una persona con un comportamiento afeminado; empero, aclaran que el significado que se le atribuye depende del contexto. Dos de los entrevistados utilizan la palabra, ambos como marcador pragmático, y la mujer entrevistada enfatiza en que aumenta su uso – como marcador pragmático– cuando está molesta. Sobre la percepción que se tiene cuando otra persona utiliza la palabra ‘marica’, las respuestas de los entrevistados no coincidieron. Una de las percepciones es que se trata de un amigo cercano –uso como marcador pragmático–. Otra percepción es que si la persona utiliza mucho la palabra, es considerada grosera. La tercera percepción es que el uso del término es vacío y se utiliza “por moda”. Finalmente, uno de los entrevistados homosexuales piensa que la persona que utiliza la palabra puede tener tendencias homofóbicas.

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Contextos

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Respecto a los contextos en los cuales las personas usan la palabra ‘marica’, los entrevistados señalaron que estos dependían de las intenciones con las cuales la emplearan y los significados que le atribuyeran. En primer lugar, para usar la palabra tanto como marcador pragmático, como manera de referirse a un hombre homosexual –sin la intención de insultar–, es necesario que se cumplan dos condiciones contextuales: primero, que haya un alto grado de familiaridad, cercanía y confianza entre los hablantes; segundo, que el evento comunicativo se dé en condiciones de informalidad. En efecto, según los informantes, la palabra ‘marica’ se da más comúnmente en conversaciones con amigos o conocidos cercanos. Además, se restringe su uso cuando se está dialogando con personas que deben ser respetadas –padres, jefes, profesores, etc.–; en estos casos, no se utiliza ‘marica’, pues puede ser considerado irrespetuoso o grosero. Esto coincide con los hallazgos de Méndez Vallejo (2014), quien concluyó que las personas que usan esta palabra lo hacen –y consideran apropiado– únicamente en contextos informales y con participantes que son cercanos. De acuerdo con los entrevistados, otras características importantes, aunque no necesarias, de los contextos de uso de la palabra ‘marica’, cuando se emplea como marcador pragmático y para referirse a los homosexuales, son las siguientes: primero, se emplea sobre todo en contextos universitarios y por hablantes jóvenes; segundo, las edades de las personas que la usan oscilan entre los 15 y los 30 años; tercero, y esta es la opinión únicamente del informante heterosexual, existe una tendencia en los hombres de evitar el uso de esta palabra cuando están conversando con mujeres. En segundo lugar, cuando la palabra ‘marica’ es empleada como una forma despectiva de referirse a los hombres homosexuales, se usa en cualquier contexto –familiar, universitario, entre amigos, entre conocidos no cercanos, etc.–, se emplea por hablantes de un rango de edad más amplio que en el primer tipo de usos –de los 12 a los 50 años–, y se utiliza más comúnmente en contextos sociales homofóbicos y de poca tolerancia a la diversidad. Asimetrías entre contextos heterosexuales, homosexuales y mixtos Por medio de las preguntas que se incluyeron en esta parte de la entrevista, buscamos determinar tres cosas. En primer lugar, si hay alguna diferencia en el uso de la palabra ‘marica’ cuando un heterosexual habla con otros heterosexuales, con respecto a cuando un heterosexual habla con homosexuales. En segundo lugar, si a los homosexuales les molesta más cuando alguien que no es homosexual usa la palabra ‘marica’, que cuando la usa alguien que sí es. Con esto, tratamos de determinar si se acepta más el uso de esta palabra cuando se utiliza en contextos homosexuales. En tercer lugar, si a los heterosexuales les molesta que otro heterosexual les diga ‘marica’.


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A propósito de las diferencias en los usos de ‘marica’ en las interacciones de heterosexuales con heterosexuales y heterosexuales con homosexuales, las disimilitudes en las respuestas dependieron de la orientación sexual de los entrevistados. En primer lugar, los entrevistados homosexuales señalaron que cuando los heterosexuales están conversando con personas homosexuales tratan de restringir el uso despectivo de esta palabra. Sin embargo, añadieron que cuando emplean la palabra como marcador pragmático, su uso se da sin reserva. En segundo lugar, los entrevistados heterosexuales indicaron que las personas heterosexuales tienen reservas en el uso de la palabra ‘marica’, en cualquiera de sus usos, con las personas homosexuales. Si bien reconocen que, cuando es empleada como marcador pragmático, es común que ‘marica’ se use sin que importe la orientación sexual del interlocutor, señalan que existe cierta preocupación por parte de los hablantes heterosexuales por faltar al respeto a los homosexuales y que, por tanto, estos intentan evitar situaciones de ambigüedad y malentendidos que hagan pensar que con esta palabra se hace referencia a la orientación sexual del interlocutor. Sobre la pregunta de si se acepta más el uso de la palabra ‘marica’ cuando se utiliza en contextos homosexuales, los entrevistados sostuvieron que no hay diferencia. En su opinión, para los homosexuales, dado lo común que es el término, esta palabra tiene la misma aceptación la use un homosexual o un heterosexual. Claramente, aquí se alude al término ‘marica’ en sus funciones pragmáticas. No obstante, según uno de nuestros informantes homosexuales, cuando el término es usado de manera despectiva, se rechaza su uso, independientemente de si quien lo emplea es homosexual o heterosexual. Esto último es importante, pues nos permite rebatir, para el caso que estamos estudiando, la tesis de McEnery (2009, citado en Gutiérrez-Rivas, 2016), de acuerdo con la cual algunas palabras asociadas a actitudes negativas hacia los homosexuales resultan aceptables, si se usan dentro del mismo grupo al que hacen alusión. Así, al menos hasta donde pudimos determinar con las entrevistas, incluso en contextos homosexuales se rechaza el uso del término si este es empleado con una actitud negativa. Respecto a si a los hombres heterosexuales les molesta que otro hombre heterosexual les diga ‘marica’, los entrevistados coincidieron en sostener que depende de la intención. Si es empleada como marcador pragmático, incluso si no se trata de amigos o conocidos cercanos, no es probable que se moleste. Mas, si es empleada con el fin de señalar que un hombre es afeminado, débil o cobarde, o si se emplea para poner en duda la orientación sexual, lo más probable es que se moleste. Esto, porque, en estos casos, la palabra está siendo usada como insulto. Para concluir, retomemos algunos de los hallazgos hechos mediante las entrevistas. En primer lugar, los hablantes entrevistados asignan tres definiciones a la palabra ‘marica’. Primero, la definen como insulto para referirse de manera despectiva a hombres homosexuales. Segundo, la definen como una palabra que sirve para llamar la atención de alguien o para referirse al interlocutor. Tercero, la entienden como una palabra que significa que alguien o algo es bobo.

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En segundo lugar, los entrevistados identifican tres intenciones de uso, los cuales mantienen relación con la manera como definen la palabra: primero, la palabra es usada con el fin de agredir y agraviar a alguien, al decir que es homosexual; segundo, la palabra es usada para llamar la atención de alguien o dirigirse a él; tercero, la palabra es empleada con la intención de decir que algo o alguien es bobo. En tercer lugar, respecto al contexto, los entrevistados señalaron que, de un lado, cuando ‘marica’ es empleado como marcador pragmático, se da más comúnmente en conversaciones con personas cercanas, en contextos informales y por personas jóvenes, y que, de otro lado, cuando es empleado como un insulto contra los homosexuales, se usa en cualquier contexto y por personas de entre 12 y 50 años. Finalmente, las respuestas a las preguntas de la cuarta sección muestran que, pese a que ‘marica’ se ha convertido en un término común con funciones pragmáticas y a que se use –con estas funciones– casi sin restricciones, los hablantes son conscientes de las cargas negativas que contiene. Esto se ve claramente, por ejemplo, en que los heterosexuales tratan de restringir su uso con homosexuales –en cualquier uso– o en que hay casos en los que los heterosexuales pueden molestarse si otro heterosexual les dice ‘marica’.

Observación no participante Como hemos dicho, para el análisis de los datos obtenidos por medio de la observación no participante, hemos realizado una selección de 10 frases producidas por los hablantes en distintos contextos. A continuación, primero, presentaremos dicha selección y, luego, brindaremos una explicación acerca de las características funcionales de la palabra ‘marica’ en estos usos. Las conclusiones que presentamos al respecto son el resultado de cómo, en nuestra observación, interpretamos las intenciones de los hablantes, cómo estas se ajustaban al contexto y cuáles parecían ser los significados que se atribuían. (1) “No sea marica. Así no es. Tiene que sacar primero la integral”. (Conversación de dos jóvenes en la biblioteca del edificio de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional). (2) “Marica, tienes clase de seis a diez y ahí qué haces”. (Conversación entre jóvenes de la Universidad Javeriana en transporte público). (3) “Marica, la iba a dejar altísima [la materia], pero me fue re mal en el parcial final”. (Conversación entre jóvenes de la Universidad Javeriana en transporte público). (4) “Y yo le puse [en el parcial]: ‘Marica, no me acuerdo de la fórmula pero me dio esto’”. (Conversación entre jóvenes de la Universidad Javeriana en transporte público). (5) “Qui’hubo, marica. ¿Qué hace? (Conversación de un joven de unos


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23 años por teléfono, en la esquina de la 140 con 10a). (6) “Tú sabes que yo soy homosexual, pero actuar así ya es ser muy marica”. ( Joven de 24 años conversando con su maestra de ballet sobre un compañero que utilizó mucho maquillaje escénico). (7) “Marica, tengo mucha piedra, tenía un trabajo para hoy con dos manes y me tocó hacer todo sola”. (Mujer de 20 años de la Universidad de La Sabana enviando una nota de voz en transporte público). (8) “Es que ella se hace la marica, o sea, la vieja se hace la boba”. (Conversación entre profesoras de 30 años apróximadamente en colegio privado al norte de Bogotá). (9) “Te hiciste la re marica con lo que te acabo de decir”. (Hombre de 20 años a una amiga, a la cual le había hecho una indirecta de su gusto hacia ella). (10) “Se me olvidó, marica”. (Mujer de 15 años hablando por teléfono). En estas oraciones, identificamos cinco usos de la palabra ‘marica’. En primer lugar, se hace evidente el uso de esta palabra como marcador discursivo en función de enfocador de la alteridad. Esto se presenta en los ejemplos (2), (3), (4), y (10). En estos casos, la palabra cumple la función de expresar estrategias de cooperación entre los participantes de la conversación y sirve “para señalar el enfoque de las relaciones con el interlocutor que establece el que habla” (Zorraquino & Portolés, 1999, p. 4172), en este caso, amistosas y de camaradería. Es importante notar que, en estos ejemplos, la palabra no contribuye directamente al significado conceptual de los enunciados, sino que simplemente “muestra la vinculación del marcador con el miembro del discurso al que se remite, enriqueciendo la trabazón pragmática entre este y lo que le precede en el discurso” (Zorraquino & Portolés, 1999, p. 4172). Para argumentar en favor de este análisis, notemos que en las oraciones (2), (3), (4), y (10) la palabra ‘marica’ puede ser emplazada por expresiones como mira (que), oye u hombre –que, según Zorraquino y Portolés (1999), son marcadores discursivos en función de enfocador de la alteridad–. Esto se muestra en las frases (2.a), (3.a), (4.a), y (10.a): (2.a) “Oye, tienes clase de seis a diez y ahí qué haces”. (3.a) “Mira que la iba a dejar altísima [la materia], pero me fue re mal en el parcial final”. (4.a) “Y yo le puse [en el parcial]: ‘Mira, no me acuerdo de la fórmula pero me dio esto’”. (10.a) “Se me olvidó, hombre”. Otro de los usos que vemos es el de indicar que alguien es bobo. En este caso, la palabra sí cumple una función léxica dentro del enunciado. Esto se refleja en los ejemplos (1), (8) y (9), en los cuales ‘marica’ tiene una función de predicado o atributo del sujeto. Lo que se predica en estos ejemplos es que la persona es de poco entendimiento o capacidad; que es torpe o que actúa de manera estúpida.

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El término ‘marica’ también es utilizado como vocativo en el ejemplo (5). Allí, cumple la función de apelar, llamar la atención del oyente o dirigirse a él. Esto es, en el ejemplo (5) ‘marica’ sirve como un recurso lingüístico con el que el hablante hace referencia a la segunda persona, con el fin de indicar y señalar al interlocutor o de llamar su atención; o sea, con el fin de darle un lugar en el discurso (Castellano-Ascencio, 2012). En este caso, la palabra no cumple una función léxica dentro del enunciado; no contribuye a su significado. En el ejemplo (7), de igual forma, predomina la función pragmática de ‘marica’; pero, en este caso, su finalidad es la de expresar enojo. Allí, es empleada como una interjección. Las interjecciones, de acuerdo con el diccionario de la RAE, son enunciados exclamativos, que manifiestan impresiones, verbalizan sentimientos o realizan actos de habla apelativos (Real Academia Española, 2001b). Estas se pueden clasificar, según el acto ilocutivo que indiquen, en asertivas, directivas y expresivas (Zorraquino & Portolés, 1999). En el caso de la oración (7), ‘marica’ hace parte de las interjecciones expresivas, que manifiestan afecciones como enojo. Notemos que en este uso, al igual que en el uso de marcador discursivo y vocativo, la palabra no desempeña una función léxica en el enunciado. Por último, el uso más particular es el del ejemplo (6), donde se puede establecer que el significado de la palabra está relacionado con la orientación sexual homosexual. Sin embargo, aunque esté presente esta relación directa, ‘marica’ no se utiliza para decir que esa persona es homosexual, sino que actúa de forma afeminada. Este hallazgo, dicho sea de paso, está en consonancia con los resultados de la investigación de Gagné y Rodríguez (2006), quienes concluyeron que, en el habla de los homosexuales, ‘marica’ no remite tanto a la orientación sexual de la persona a la cual se dirige, sino al hecho de que ella cumple con los estereotipos de los gais. Con lo anterior, se concluye que el mayor uso de la palabra ‘marica’ tiene funciones pragmáticas, ya sean para reforzar la alteridad o como vocativo. A su vez, se destaca que los jóvenes son quienes más utilizan la palabra, ya que solo se registró un caso con personas adultas y, en esa situación, no se usó con finalidades pragmáticas. También, es notable que la palabra sea empleada cuando se está en una interacción en la cual hay confianza o cercanía con la persona que, además, está en el mismo rango de edad. La única excepción a esto es el ejemplo (6), en el cual hay una relación jerárquica.

˘˘ V. Conclusiones A partir de los hallazgos presentados y analizados en las secciones precedentes, podemos concluir lo siguiente. En primer lugar, parece que el uso de la palabra ‘marica’ entre los jóvenes de Bogotá se sitúa en lo que las investigaciones de Gutiérrez-Rivas (2016), Méndez Vallejo (2011; 2014) y Martínez Lara (2009) han caracterizado como una fase de transición de insulto a marcador pragmáti-


Usos de la palabra ‘marica’ en los jóvenes de Bogotá

co. En efecto, según pudimos determinar, ‘marica’ ha empezado a desarrollar, además de funciones de insulto, funciones pragmáticas, que son –como vimos por medio de las encuestas– más frecuentes. En segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, parece que hemos encontrado suficiente evidencia para rechazar la hipótesis propuesta al inicio. Teniendo en cuenta lo visto, no hay buenas razones para creer que los jóvenes de Bogotá usan la palabra ‘marica’, a la vez y en la misma medida, como marcador pragmático y como forma despectiva; parece haber un predominio de los usos pragmáticos. En respuesta a la pregunta de esta investigación, los resultados obtenidos apuntan a que la palabra ‘marica’ en los jóvenes de Bogotá tiene tres usos distintos. Primero, se emplea con funciones de marcador pragmático; segundo, se emplea con funciones léxicas sin componente agraviador; tercero, se emplea con funciones léxicas con componente agraviador, o sea, como insulto. En los dos últimos usos, ‘marica’ contribuye al significado de la oración. Dado que en el primero esto no ocurre, consideremos algunos detalles de estos usos. En cuanto a funciones pragmáticas, los resultados muestran que la palabra ‘marica’ es usada como vocativo, como interjección y como marcador discursivo en función de enfocador de la alteridad. En primer lugar, es empleada para dirigirse a la persona con la que se habla –en vez de utilizar su nombre o un apodo–. En segundo lugar, es usada para expresar sentimientos –en lugar de expresiones como ‘¡ey!’, ‘¡ay!’, ‘¡oh!’, ‘¡uy!’, ‘¡uff !’–. En tercer lugar, es utilizada para llamar la atención de la persona con la que se habla –en sustitución de expresiones como ‘oye’ o ‘mira’–. Es importante notar que, cuando la palabra se emplea con estas funciones, se hace casi exclusivamente en contextos informales y con participantes que cuentan con confianza y cercanía entre ellos. En cuanto a funciones léxicas sin componente agraviador, ‘marica’ es empleado con dos significados diferentes. De un lado, como sinónimo de ‘bobo’ o ‘torpe’; de otro lado, como forma de referirse a los hombres gais –sin la intención de insultar–. En el primer caso, se puede utilizar como atributo tanto de personas como de cosas y eventos. Con él, se atribuye carencia de sentido común o capacidad intelectual, cuando se predica a personas, y falta de gracia, complejidad o propósito. En el segundo caso, se utiliza para referirse a los hombres homosexuales. Notemos que, al igual que en el caso anterior, cuando ‘marica’ se emplea con estos usos, se da preferentemente en contextos informales. En cuanto a funciones léxicas con componente agraviador o insulto, es necesario considerar primero que, según Colín (2005), hay dos propiedades que definen los insultos. Por un lado, pueden ser definidos desde su exterioridad, es decir, por aquello que rodea a lo lingüístico; por otro lado, se pueden determinar a partir del concepto que se materializa en la palabra. De acuerdo con lo encontrado en las entrevistas, encuestas y en la observación, es evidente que ‘marica’ cumple con la segunda propiedad, pues es una unidad léxica que está marcada como insulto hacia personas homosexuales. Sin embargo, esta característica en sí no es suficiente para determinar que lo que se está expresando es un insulto. Aquí, es importante el rol de la pragmática en

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relación con el uso que hacen las personas de la palabra. Como hemos visto, al considerar los primeros dos usos, aunque ‘marica’ esté marcada léxicamente como un insulto, este no es el uso que se le da en todas las situaciones y los contextos en el caso de los jóvenes de Bogotá. En ellos, y esto concuerda con lo propuesto por Brenes (2007), el uso coloquial del insulto, en este caso ‘marica’, tiene la finalidad de reforzar la solidaridad grupal. En síntesis, los resultados obtenidos demuestran que, según el contexto, la palabra ‘marica’ puede resultar ofensiva, o puede ser vista como una forma de mostrar afiliación con el grupo de los jóvenes, y reforzar los lazos sociales y de solidaridad. Esta última posibilidad parece acercarse más al uso de los jóvenes. No obstante, es importante resaltar que los participantes de la investigación reconocen que uno de principales significados de la palabra tiene una carga semántica negativa: no se desconoce su poder agraviador.


Usos de la palabra ‘marica’ en los jóvenes de Bogotá

˘˘ Referencias Brenes, M. A. (2007). Los insultos entre los jóvenes: la agresividad verbal como arma para la creación de una identidad grupal. Interlingüística, (17), 200-210. Castellano-Ascencio, M. D. (2012). Cortesía verbal y fórmulas de tratamiento nominales en el habla de Medellín. Lingüística y Literatura, (62), 123-139. Colín, M. (2005). Modelo interpretativo para el estudio del insulto. Estudios de Lingüística Aplicada, 23(041), 13-37. Gagné, E. & Rodríguez, A. (2006). Muestra del vocabulario empleado por la comunidad gay en Bogotá. Lingüística y literatura, (70), 79-110. García-Valdivieso, G. (2004, 20 de agosto). Marica ya no significa gay. En: Blog de El Tiempo. Recuperado de: http://bit.ly/2ffgKFl Gutiérrez-Rivas, C. (2016). La palabra marico como nueva forma de tratamiento nominal anticortés en el habla de jóvenes universitarios en Caracas: un estudio desde la perspectiva de los hablantes. Logos, revista de lingüística, filosofía y literatura, 26(1), 3-22. Martínez-Lara, J. A. (2009). Los insultos y palabras tabúes en las interacciones juveniles. Un estudio sociopragmático funcional. Boletín de Lingüística 21(31), 59-85. Méndez-Vallejo, D. C. (2011). “Marica, hágame un favor”: aspectos socio-culturales en el habla de jóvenes bumanguesas. En: XVII Congreso de la Asociación de Colombianistas Narrar Colombia. Ponencia llevada a cabo en Colombia Narrada, Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga. Méndez-Vallejo, D. C. (2014). The M word: Face and politeness in Colombian Spanish. Dialectologia: Revista Electrónica, 12, 89-108. Navarrete, C. A. (2007). Pobreza léxica. Vigía del idioma, (14), 4. Real Academia Española. (2001a). Marica. En: Diccionario de la Real Academia Española. Recuperado de: http://dle.rae.es/?id=OPMBIVV Real Academia Española. (2001b). Interjección. En: Diccionario de la Real Academia Española. Recuperado de: http://dle.rae.es/?id=LuxJvnO Redacción El Tiempo. (2008, 10 de julio). Postre de notas/ ¿Qui’hubo, marica? En: Blog de El Tiempo. Recuperado de: http://bit.ly/2hdcmDE Zorraquino, M. & Portolés, J. (1999). Los marcadores del discurso. En: I. Bosque y V. Demonte (Dirs.). Gramática descriptiva de la lengua española (Cap. 63), Madrid: Espasa Calpe.

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ENTRE HISTORIA Y NATURALEZA: LA IMAGEN DEL CHE, UN MITO DE IZQUIERDA Carlos Andrés Ardila Ortiz* Universidad Nacional de Colombia, Bogotá - Colombia

˘˘ Resumen Este texto analiza, desde una perspectiva estructuralista y semiológica, la imagen del Che Guevara sobre el auditorio León de Greiff, de la Universidad Nacional de Colombia. Más específicamente, se utiliza el método de la “mitología” de Roland Barthes (aplicado y explicado en su libro Mitologías), para hallar las reglas de funcionamiento y la función de esta imagen. Para finalizar, se reflexiona sobre las implicaciones sociales de esta función. Palabras clave: Semiología, Che Guevara, izquierda, Barthes, Mitologías.

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Estudiante de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia. Correo: caardilao@unal.edu.co


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˘˘ Abstract

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This text analyses, with a structuralist and semiological perspective, the picture of the Che Guevara on the Leon de Greiff ’s auditorium in Universidad Nacional de Colombia. More specifically, it utilizes Roland Barthes method “mythology” (which he applies and explains in his book Mythologies) to find the functioning rules and the function of this image. The text ends with some considerations on the social implications of this function. Key words: Semiology, Che Guevara, left-wing, Barthes, Mythologies.


Entre historia y naturaleza: la imagen del Che, un mito de izquierda

˘˘ Introducción Este texto tiene como objetivo someter la imagen del Che Guevara, pintada en el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional de Colombia, a un análisis estructuralista y semiológico. Es estructuralista porque tiene la finalidad que Roland Barthes le asignó a toda actividad estructuralista: “reconstituir un ‘objeto’ para manifestar en esta reconstitución las reglas de funcionamiento (las ‘funciones’) de ese objeto” (Barthes, 1964, p. 214, traducción propia). Es semiológico porque el método específico que será utilizado, la Mitología de Barthes (1957), es un fragmento de la ciencia de los signos postulada por Ferdinand de Saussure: la semiología (Barthes, 1957, p. 217)1. En primer lugar, se dirá lo que se entiende por mito y cuáles son sus principales componentes. Posteriormente, estará el grueso del análisis, donde el objeto que se quiere analizar será introducido en el esquema del mito. Más adelante, el análisis continuará teniendo en cuenta las observaciones de Barthes sobre el mito de izquierda y, finalmente, se cerrará el texto relacionando su análisis con eventos recientes2, los cuales involucran al “objeto” elegido. 55

˘˘ El mito y sus partes El mito, lo que trata la mitología, es un modo de significación, una forma. Lo que importa no es su contenido sino la forma en la que se expresa. Del mismo modo, cualquier tipo de soporte material –la voz, el deporte, el discurso escrito, la fotografía, etc.– puede servir al habla mítica (Barthes, 1957, p. 215-216). Un mito es también un sistema semiológico, es decir, lo que Saussure llamó un signo lingüístico, la asociación de un significante y un significado. Para ejemplificar la distinción de estos tres términos, Barthes da el ejemplo de un ramo de rosas. A un ramo de rosas se le hace significar la pasión de quien lo entrega. Por esto, las rosas son el significante, y la pasión, el significado. El tercer término, el signo, sería en este caso las rosas cargadas de pasión, las rosas “pasionalizadas”. Esto será importante en el análisis del mito ya que, aunque en la práctica el significante y el significado parezcan indisociables –la rosa y la pasión fuertemente ligadas–, en el análisis, se tienen en cuenta los tres términos, ya que, antes de que aparecieran las rosas pasionalizadas, es decir, antes del signo, había rosas y había pasión (Barthes, 1957, p. 219-220). Ahora, la particularidad

1 Algunos lectores podrán pensar que el acercamiento a un objeto de estudio, desde un punto de vista abiertamente estructuralista y semiológico, está por definición desactualizado. Aquí, en cambio se defiende la postura de que las ciencias sociales son un espacio multiparadigmático en el que pueden coexistir diversos acercamientos a los mismos temas. De este modo, un objetivo adicional de este texto es mostrar que los desarrollos estructuralistas de la mitad del siglo XX todavía pueden ser utilizados para estudiar el mundo. 2 Se hace referencia a las discusiones públicas que se dieron en el segundo semestre de 2016 cuando esta imagen del Che fue manchada y blanqueada.


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del mito como sistema semiológico es que se construye a partir de un sistema semiológico ya existente; es un sistema semiológico segundo, por lo que hay un signo dentro de otro signo. Específicamente, el signo del primer sistema se vuelve significante en el segundo sistema (Barthes, 1957, p. 221). Barthes representa el mito de la siguiente manera:

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Imagen 3-1. Representación gráfica de “el mito”. Fuente: Tomado de Barthes (1957, p. 222).

Esta representación discrimina, en numerales romanos y arábigos, los dos sistemas: el primer sistema, el inicial, que Barthes llama lenguaje-objeto, está marcado con los arábigos; mientras que el sistema segundo, que es propiamente el mito, con los romanos. Como el significante del mito puede ser visto desde ambos sistemas, Barthes amplió la terminología hasta el momento utilizada. Al significante del mito, visto desde el punto de vista del primer sistema, se le llama sentido; y, desde el punto de vista del segundo sistema, se le llama forma. Al significado del mito se le llamará concepto y, finalmente, a su signo se le llamará significación. Hasta ahora se ha hablado de las partes de un mito, a continuación se dirá cuál es la forma en la que, en este texto, el mito elegido será leído. Hay tres tipos distintos de lectura del mito: el primero es el del productor del mito, se parte de un concepto para encontrarle una forma; el segundo es el del mitólogo, se distinguen sentido y forma, y se deshace la significación del mito; finalmente, se encuentra el tipo del lector del mito, se responde al mecanismo del mito puesto que al ver su significante no se hace ninguna distinción entre sentido y forma (Barthes, 1957, pp. 235-236). La aplicación de la mitología, que aquí se hará, utilizará el tipo de lectura del mitólogo. No se busca producir un mito ni tampoco caer en su dinámica, se trata de descifrarlo.


Entre historia y naturaleza: la imagen del Che, un mito de izquierda

˘˘ Mitología Como lo que se está sometiendo a análisis es la imagen del Che Guevara sobre el León de Greiff, es necesario introducir dicha imagen en el esquema del mito. Por ende, este esquema será dado, en su totalidad, al principio del análisis y, posteriormente, a medida que se avanza sobre su funcionamiento, se explicará el porqué de cada uno de sus componentes. El esquema:

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Imagen 3-2. La imagen del Che en el esquema del mito. Fuente: Elaboración propia con base en el esquema de Barthes (1957, p. 222). Lo primero que debe contener este análisis, una vez establecido el esquema, es la identificación del sentido y la forma en este mito. El sentido es la persona que fue conocida como Ernesto “Che” Guevara, con toda su historia: que nació en Argentina, que estudió medicina, que fue guerrillero, etc. La imagen del Che, como sentido, nos remite a esa persona y a todo lo que fue. La imagen del Che, como forma, en cambio, nos aleja de esa historia, al mismo tiempo que la empobrece; ello, a pesar de que no la elimina. La particularidad de la forma es que no suprime el sentido; este último pierde su valor pero permanece con vida (Barthes, 1957, p. 225). Entonces, esta imagen, como forma, no nos remite a la historia de la persona del Che, sino que nos da, de esta, una vaga idea. La forma utiliza al sentido como una reserva de historia que puede acercar y alejar rápidamente (Barthes, 1957, p. 225). Este empobrecimiento del sentido por parte de la forma tiene la utilidad de posibilitar al apropiarse de él, de absorber su historia (Barthes, 1957, pp. 225-226).


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El concepto es el motivo del mito, su intención. A su vez, al ser situacional e histórico, introduce, en el mito, una nueva historia; empero, lo que introduce al mito es menos algo real que cierto conocimiento que de él se tiene. El concepto es de carácter abierto, “es una condensación informe, inestable, nebulosa, en la que la unidad, la coherencia dependen sobre todo de la función” (Barthes, 1957, p. 226, traducción propia). Por esto último, es que el concepto que aparece en el segundo esquema es también abierto e incluso ambiguo. La frase “Universidad Nacional de izquierda” no dice nada sobre la izquierda que realmente existe en la Universidad; simplemente, relaciona la idea de “izquierda” con la de “Universidad Nacional”3. La función que cumple el carácter abierto del concepto es facilitar el que sea apropiado por un determinado tipo de personas. Para definir cuál es este grupo de personas, es necesario recordar que el concepto, como cualquier otro significado, puede tener diversos significantes y que es la repetición del concepto lo que permite descifrar el mito: “es la insistencia de una conducta quien provee su intención” (Barthes, 1957, p. 227, traducción propia). Este concepto, en las paredes de la Universidad Nacional, no se encuentra solamente en esta imagen del Che. También se encuentra en la plaza que suele llevar el mismo nombre; en las imágenes de Camilo Torres en la fachada de la Biblioteca Central; en las otras imágenes más pequeñas del Che y en las ilustraciones de personas que, en su vida –piénsese en el sentido–, fueron de izquierda –como Marx–, o se les relacionó posteriormente, de alguna manera, a la izquierda –como Bolívar–4. Entonces, se puede decir que los receptores del mito del Che no son todas las personas que saben que en el centro de la Universidad Nacional hay un Che Guevara pintado; tampoco son los medios de comunicación ni quienes lo ven ocasionalmente. Son las personas que constantemente se encuentran o con este mismo Che o con las otras formas, los otros significantes al interior de la universidad, del concepto que comunica. Para empezar a tratar la significación, que es el mito mismo (Barthes, 1957, p. 228), conviene comenzar diciendo que, en el mito, a diferencia de otros sistemas semiológicos, hay motivación entre el significante y el significado. En otras palabras, el signo del mito, la significación, no es arbitrario (Barthes, 1957, pp. 233-234). Para efectos prácticos, esto quiere decir que, como se vio anteriormente, las formas que comuniquen este concepto deben tener alguna relación real con él, es decir, deben estar basadas en sentidos que tengan alguna conexión, o parecido, con la izquierda. Si esta imagen del Che fuera remplazada, por ejemplo, por la de Laureano Gómez, el mito quedaría disuelto. No obstante, 3 Barthes propone el uso de neologismos que se acomoden muy de cerca a lo que se quiere describir para nombrar conceptos (Barthes, 1957, p. 228). Por este motivo, se podría pensar que el mejor nombre que se le puede dar al concepto de este mito es el de “mamertismo”. La razón por la que este no es el caso es la necesidad de tener presente que el mito tiene productores con intenciones y que ninguna de estas puede ser transmitir una imagen caricaturesca –que es la que el término “mamertismo” usualmente transmite– de sí mismos. 4 Claramente las imágenes de estos personajes pueden funcionar, o no, de forma similar en diferentes lugares. Aquí no se pretende, en todo caso, ir más allá de los límites de la Universidad Nacional.


Entre historia y naturaleza: la imagen del Che, un mito de izquierda

de las muchas opciones que tiene el mito para elegir como significante, este suele elegir imágenes pobres e incompletas (Barthes, 1957, p. 235). Elemento que se puede apreciar en este caso. De las muchas imágenes disponibles, tanto de personajes de izquierda, como del Che, se escogió la conocida fotografía de Alberto Korda en la que la cara es lo único que destaca. Ahora, en cuanto al desarrollo de la significación, hay que recordar que la intención del mito es su concepto y decir que lo que el mito hace al concepto es naturalizarlo. El proceso por el que se da esta naturalización proviene del funcionamiento de las dos caras del significante mítico, el sentido y la forma. Hay que imaginar que estas dos caras están puestas en una especie de puerta giratoria, la cual no permite que ambas estén exactamente en el mismo lugar al mismo tiempo. Cuando se encuentra al mito, en un primer momento, se ve su carácter imperativo que va en busca del observador. La puerta giratoria nos muestra, en este primer momento, la forma, y justo ahí se da la apropiación, por parte de quien ve el mito, del concepto. Inmediatamente después de esto, la puerta giratoria continúa su movimiento para dejar ver, en el segundo momento, al sentido cuya literalidad aleja al concepto y, por lo tanto, también a la intención del mito. Este súbito alejamiento tiene por consecuencia que, para quien consume el mito, pareciera como si la imagen que observa fuera fundación natural del concepto (Barthes, 1957, pp. 230, 232, 233 y 237). Por lo tanto, la naturalización del concepto “Universidad Nacional de izquierda” se da para los lectores del mito de la siguiente manera: cuando se ve la imagen del Che en el León de Greiff, esta deja ver primero la forma y el concepto para que este sea apropiado; inmediatamente después, aparece el sentido. Por esto, “Ernesto ‘Che’ Guevara” toma el lugar que ocupaba “Universidad Nacional de izquierda” pero sin ocultar ni remplazar este concepto: lo naturaliza. El lector del mito no ve, en esta imagen del Che, un simple significante de la idea “Universidad Nacional de izquierda”, ve su presencia misma (Barthes, 1957, p. 236). Es “como si el significante fundara el significado”, hay mito desde el que “Universidad Nacional de izquierda” se vuelve naturaleza (Barthes, 1957, pp. 237-238, traducción propia). Hay dos elementos más que intervienen en la significación. El primero es que el mito se presenta sin mostrar rastro de su producción histórica (Barthes, 1957, p. 233). Quien ve esta imagen del Che no sabe cómo es que ésta llega ahí –a menos de que sea un día en el que esta está siendo pintada o retocada–. Si de alguna forma la imagen del Che se mostrara con su historia, sería inútil para vehicular este concepto ya que desmentiría la facilista asociación que este hace entre “Universidad nacional” e “izquierda”. Esto es porque la historia de esta imagen incluye todas las veces que ha sido borrada, manchada, retocada y vuelta a pintar. Esta historia incluiría a las personas de izquierda, quienes no constituyen la totalidad de la comunidad universitaria, quienes lo pusieron en primer lugar y se encargan de restituirlo –sus productores– y a las que, con posturas muchas veces opuestas, intentan, a través de distintos medios, elimi-

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narla y/o ensuciarla. Claramente se vería “izquierda”, mas, ya no sería posible relacionarla tan elementalmente a “Universidad Nacional” porque los conflictos políticos que han girado alrededor de esta imagen del Che dan testimonio de una complejidad política que no permite tal asociación generalizadora. Esta breve reflexión sobre la historia del Che del León de Greiff nos remite al segundo elemento restante: la imperfectibilidad y la indiscutibilidad del mito; puesto que el mito tiene efecto inmediato e inmejorable (Barthes, 1957, p. 238). Con esto, se hace referencia a que los consumidores del mito se apropian del concepto tan pronto como lo ven. Una vez que se ve al Che del León de Greiff, no hace ninguna diferencia acercarse físicamente a él; no es posible tener una mejor lectura; el concepto fue apropiado desde el primer instante; por esto mismo, es de poca importancia que el mito sea desmontado. El que un análisis de las verdaderas posturas políticas de los miembros de la Universidad Nacional pueda ser contrario al concepto del mito, no le quita a esta imagen del Che la capacidad de comunicarlo.

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˘˘ El mito de izquierda A este texto se le querrá reprochar que tiene un objetivo que se puede decir opuesto al que tenía su autor en la época en la que lo escribió: darle a la denunciación de los mitos pequeños burgueses el medio de desarrollarse científicamente (Barthes, 1985 [1974], p. 11). A esto se responde con la siguiente cita: “el mito no se define por el objeto de su mensaje, sino por la manera en la que lo profiere: hay límites formales al mito, no hay límites sustanciales” (Barthes, 1957, pp. 215-216, traducción propia). No obstante, a pesar de su objetivo, Barthes sí hizo reflexiones específicas del mito de izquierda, las cuales son importantes considerar, debido a que la mitología no hace parte solamente de la semiología, sino también de la ideología entendida como ciencia histórica (Barthes, 1957, p. 219). Si se expusiera el funcionamiento del mito sin referencia al contexto histórico y político en el que se inserta, lo que lógicamente incluye intenciones políticas, este análisis quedaría incompleto. Para Barthes, por tanto, hay mito de izquierda cuando la revolución se vela para transformarse en naturaleza. Es secundario si esto es táctico o no. Además, el mito de izquierda se distancia del mito burgués en que, en relación con este, tiene mucho menor alcance y menor capacidad. En palabras de Barthes, este mito es “pobre” e “inesencial” (Barthes, 1957, pp. 255-257). Claramente, el alcance del mito de la imagen del Che que aquí se ha tratado es inferior al de mitos de derecha, transmitidos por canales como RCN. Esto no solo tiene menor alcance porque es visto por menos personas, sino porque su concepto pierde utilidad en ámbitos que no sean, al menos, cercanos a la Universidad Nacional. Por otro lado, se ha podido ver, en el análisis, que este mito sí convierte la política de la Universidad, incluida aquella parte que es o se pretende revolucionaria, en naturaleza. Solo queda por reflexionar sobre si esto es algo táctico.


Entre historia y naturaleza: la imagen del Che, un mito de izquierda

¿Qué interés pueden tener los productores de este mito en convertir la realidad política de la Universidad Nacional en una naturaleza que ubica a la izquierda como lo único que hay?, o, en otras palabras, ¿qué interés puede tener cierta izquierda en naturalizarse? Para responder a esta pregunta, es necesario hacer una homología, posiblemente incómoda, entre la burguesía y cierta izquierda de la Universidad Nacional, con el uso que cada una da a sus mitos. La burguesía, al menos como la conoció Barthes, establece una falsa indiferenciación de las clases sociales al extender sus representaciones. Entre más las propaga, estas más se naturalizan. A su vez, su ideología busca ocultar la producción constante del mundo y dar la idea de que este es algo fijo. Los mitos le son útiles porque su finalidad es inmovilizar al mundo (Barthes, 1957, pp. 249-250 y 264). Aplicando esto último a la pregunta que acaba de plantearse, se puede decir que, para cierta izquierda de la Universidad, resulta táctico naturalizarse míticamente. Esto, en primer lugar, porque así las diferencias entre distintas posturas políticas quedan abolidas en favor de solo una –si bien ambigua–. En la Universidad ya no habría todo un abanico político en el que se encuentran intereses contradictorios, sino una sola postura política que lo abraza todo por igual. En segundo lugar, porque, de este modo, la izquierda realmente existente oculta su historia y, por lo tanto, su contingencia. Volviéndose naturaleza, volviéndose parte esencial de la Universidad Nacional, la izquierda cubre el proceso histórico que la construyó y la posibilidad de que un proceso histórico distinto la desaparezca.

˘˘ Reflexiones finales En ningún momento se ha tenido la intención de hacer un análisis “apolítico”. La mitología desvela y esto es un acto político (Barthes, 1957, p. 265). Aunque la intención original de hacer este análisis haya estado más en aplicar la semiología de Barthes que en el “objeto” al que se aplica, no deja de ser cierto que su escritura se relaciona con lo ocurrido alrededor de esta imagen del Che durante el segundo semestre del 2016. El desvelo que aquí se hace no busca solamente mostrar el funcionamiento de esta imagen, sino también problematizar uno de los principales argumentos con los que hace poco fue defendida. Se trata del argumento según el cual la defensa de la imagen del Che Guevara en el León de Greiff es también una defensa de la historia de la Universidad; en particular, una historia de ciertas luchas políticas que, en su interior, se han dado. ¿De verdad esta imagen tiene por función recordar la historia de la universidad? El análisis que aquí se ha hecho indica otra cosa: este Che hace justamente lo contrario. Aquí no se pretende tomar posición sobre si esta imagen del Che debe ser dejada, quitada o acompañada por una igualmente mítica, como la de Jaime Garzón. Simplemente se quiere señalar que la relación de cierta izquierda defensora de este mito con la historia no es la que ella misma dice tener. Al defender al mito no están defendiendo la historia sino su naturalización. Conscientes de

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ello o no, niegan, paradójicamente, el que las cosas sociales cambian. En este texto, en cambio, se parte de la idea, generalmente aceptada en las ciencias sociales, de que nada social dura para siempre; de que en el tiempo, sea corto o largo, las cosas cambian. Por lo tanto, se considera que defender la historia de este Che Guevara tiene que ver con recordar que llegó a esta pared bajo determinadas circunstancias y que, bajo otras, bajo unas en las que sus productores no tengan la influencia que alguna vez tuvieron, por ejemplo, podrá desaparecer junto al concepto que comunica.

˘˘ Referencias Barthes, R. (1957). Mythologies. Paris: Éditions du Seuil. Barthes, R. (1964). L’activité structuraliste. En: Essais Critiques (pp. 213-220). Paris: Éditions du Seuil.

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Barthes, R. (1985) [1974]. L’aventure sémiologique. En: L’aventure sémiologique (pp. 9-14). France: Éditions du Seuil.


LENGUAS CRIOLLAS COLOMBIANAS: CONFIGURACIÓN DE RELACIONES GRAMATICALES Y TIPOLOGÍA Nicolás David Barbosa Varón * Karen Dayanna Niño Galeano ** Universidad Nacional de Colombia, Bogotá - Colombia

˘˘ Resumen Este artículo tiene como objetivo presentar una descripción general sobre la codificación de relaciones gramaticales en las lenguas criollas colombianas: palenquero de San Basilio y creole sanandresano. Los resultados se enmarcan en la tipología sobre lenguas criollas, basada en Holm (2000), Velupillai (2015) y el APiCS1; y en relación con la tipología general de lenguas del mundo, basada en Velupillai (2012) y WALS2. Las conclusiones muestran que las lenguas criollas colombianas codifican relaciones gramaticales mediante un orden de constituyentes rígido, característica común de las lenguas criollas y, en cuanto a las lenguas del mundo, tienen el orden de tendencia: SVO. Palabras clave: Palenquero, creole sanandresano, lenguas criollas, orden de constituyentes, tipología.

Estudiante de Lingüística de la Universidad Nacional de Colombia. Correo: ndbarbosab@unal.edu.co Estudiante de Lingüística de la Universidad Nacional de Colombia. Correo: kdninog@unal.edu.co Atlas of Pidgin and Creole Language Structures Online, editado por S.M. Michaelis, P. Maurer, M. Haspelmath & M. Huber. La información adicional se puede consultar en: http://apics-online.info 2 The World Atlas of Language Structures Online, editado por M. Dryer & M. Haspelmath, Martin La información adicional se puede consultar en: http://wals.info *

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Lenguas criollas colombianas: configuración de relaciones gramaticales y tipología

˘˘ Abstract This article has as objective to show a general description about the codification of grammatical relations in Colombian Creole languages: Palenquero of San Basilio and Sandrean Creole. The results are framed on the general typology of the creole languages based on Holm (2000), Velupillai (2015) and APiCS1; and on relation with the general world typology based on Velupillai (2012) and WALS2. The conclusions show that Colombian Creole languages encode grammatical relations through an order of rigid constituents, common characteristics of creole languages and, in terms of the languages of the world, have the tendency to a SVO order. Key words: Palenquero, Creole Sanandresano, creole lenguages, order of constituents, typology.

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˘˘ I. Introducción

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La codificación de relaciones gramaticales implica múltiples relaciones en entre los elementos de una lengua, por ejemplo, los fenómenos de clasificación nominal y el uso de categorías de tiempo, aspecto y modo. Sin embargo, quizá el recurso más fundamental para señalar relaciones gramaticales sea el orden de constituyentes en la cláusula, del cual dependerá la codificación, en mayor o menor medida, dependiendo de la cantidad y especificidad de conceptos de tiempo, aspecto y modo en la morfología de la lengua en cuestión. En el caso de las lenguas criollas, en las cuales se centra el presente artículo, se señala que poseen, por lo común, una morfología característicamente analítica, con muy poca o ninguna afijación inflexional o derivacional (Velupillai, 2015, pp. 325 y 328). Así, especificidades nominales –por ejemplo género y número–, y marcadores de tiempo, aspecto y modo son, por lo común, morfemas libres y no afijados a las raíces nominales o verbales (Velupillai, 2015, p. 328). Sostenemos que de dicho carácter analítico surge la necesidad de mantener un orden de constituyentes rígido, de modo que este permita evidenciar relaciones gramaticales e identificar funciones sintácticas de las frases nominales. En el presente artículo, las secciones II y III buscan evidenciar dichas características tipológicas en las lenguas criollas colombianas, palenquero de San Basilio y creole de San Andrés, ninguna de las cuales posee un sistema de caso ni relaciones de concordancia entre las frases nominales y el núcleo verbal; además de realizar una descripción general de sus órdenes de constituyentes, se indaga acerca de la rigidez de este para señalar, en la sección IV, específicamente en “Lenguas criollas”, su correspondencia o singularidad con respecto a la tipología de las lenguas criollas, con base en Velupillai (2015) y APiCS. En este punto, se indaga sobre la correspondencia de cada lengua, con la tipología de su lengua de superestrato –lenguas de base léxica española en el caso del palenquero y de base léxica inglesa en el caso del creole sanandresano–; posteriormente, esto se enmarca en la tipología general de lenguas criollas. A su vez, se presentan dos ejemplos de lenguas criollas en el mundo con orden de constituyentes flexible, esto con el fin de mostrar otras estrategias de codificación de relaciones gramaticales en los criollos del mundo. Más adelante, en “Lenguas del mundo”, estos resultados generales son vistos brevemente desde la perspectiva de la tipología general de lenguas, basada en Velupillai (2012) y WALS. Finalmente, en la sección V, se presentan algunas conclusiones. Es importante señalar que la investigación sobre codificación de relaciones gramaticales fue basada en una revisión bibliográfica en la que se realizan descripciones gramaticales de las lenguas; de allí, se tomó un corpus, el cual se comparó con la bibliografía sobre tipología. El análisis realizado se limita a cláusulas declarativas afirmativas, clasificadas, a su vez, en intransitivas y transitivas, de las cuales se analizaron las funciones sintácticas de Sujeto y Objeto


Lenguas criollas colombianas: configuración de relaciones gramaticales y tipología

distinguiendo entre su forma nominal y pronominal. En algunos textos, el corpus no es glosado por los autores, tal es el caso de Patiño (1983); las muestras procedentes de dicho(s) texto(s), presentadas en este trabajo, son glosadas por nosotros. Para el caso de autores como O’Flynn de Chaves (1990), se realizó una modificación en sus glosas para organizar un corpus uniforme.

Convenciones Tabla 4-1. Convenciones utilizadas en el presente trabajo. 1SG: Primera persona singular NEG: Negación 2SG: Segunda persona singular OBJ: Objeto 3SG: Tercera persona singular ON: Objeto nominal 1PL: Primera persona plural OPN: Objeto pronominal 2PL: Segunda persona PAS: Pasado 3PL: Tercera persona plural PROG: Progresivo ART DEF: Artículo definido PROS: Prospectivo ART INDEF: Artículo indefinido SUJ: Sujeto CUMPL: Cumplido SN: Sujeto nominal MOD: Modo SPN: Sujeto pronominal Fuente: Elaboración propia.

˘˘ II. Palenquero El corpus investigado procede casi en su totalidad de Patiño (1983); empero, también se revisó el corpus de otras fuentes como Holm (2000) y Schwegler (2013)3. En primer lugar, se señala la correspondencia entre el palenquero y el español, su lengua lexificadora: “En términos generales, el palenquero concuerda con el castellano en cuanto al orden de los distintos constituyentes funcionales - sujeto, predicado, objetos, complementos, etc.- dentro de la cláusula afirmativa” (Patiño, 1983, p. 167). El orden de constituyentes en palenquero es “sujeto, verbo, objeto” (SVO); dicho orden, a diferencia del español, es fijo e inalterable en la lengua, lo cual es importante a la hora de enmarcar tipológicamente la lengua. De esta forma, es evidente, en todas las cláusulas del corpus, la no distinción de la forma nominal o pronominal de los sujetos y objetos.

3

En dicho texto no se toca el tema de orden de constituyentes, pero, naturalmente, este es evidente

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A continuación, se presentan cláusulas intransitivas con las formas: (1) SN V a. Ana ta miní kansá Ana PROG venir cansada “Ana viene cansada” (Patiño, 1983, p. 251) (2) SPN V a. í á sentá 1SG.SUJ CUMPL sentar(se) “Yo me senté” (Patiño, 1983, p. 273) b. suto á kotá 1PL.SUJ CUMPL acostar(se) “Nosotros nos acostamos” (Patiño, 1983, p. 247) Así como las cláusulas transitivas con las formas: (3) SN V ON a. Ana ta Malagana Ana estar Malagana “Ana está en Malagana” (Patiño, 1983, p. 251) 68

b. konejo á tomá sebbesa conejo CUMPL tomar cerveza “El conejo se tomó la cerveza” (Patiño, 1983, p. 227) (4) SN V OPN a. ¡Ay! Ma gendetan pegá mí ART gente PROSP pegar 1SG.OBJ “¡Ay, la gente me va a pegar!” (Patiño, 1983, p. 157) (5) SPN V ON a. suto á kumblá ndose rron 1PL.SUJ CUMPL comprar doce ron “Nosotros compramos doce rones” (Patiño, 1983, p. 247) b.

i tan lunga changaina 1SG.SUJ PROSP matar mujer “Yo voy a matar a la mujer” (Pérez, 2004, p. 93)


Lenguas criollas colombianas: configuración de relaciones gramaticales y tipología

(6) SPN V OPN a. enú tá miná suto 2PL.SUJ estar mirar 1PL.OBJ “Ustedes nos ven” (Patiño, 1983, p. 161) b.

ané engañá suto 3PL.SUJ engañar 1PL.OBJ “Nos engañaron” (Patiño, 1983, p. 158)

En palenquero, son muy pocos los procesos inflectivos (Patiño, 1983, p. 113), y no hay ninguno que codifique las funciones sintácticas de Sujeto y Objeto. Los verbos se dicen en infinitivo y no poseen ninguna marca morfológica que indique la relación gramatical entre frases nominales y núcleo verbal; tampoco hay relaciones de concordancia verbal (Pérez, 2004, p. 92). Esta característica es compartida con otras lenguas criollas como el papiamento y el haitiano (Patiño, 1983, p. 114). Así, la función sintáctica de las frases nominales, y las relaciones gramaticales entre estas y el verbo solo son manifiestas en el orden de palabras (Pérez, 2004, p. 92), el cual, como se señaló anteriormente, y se evidencia en todo el corpus, es SV y SVO. Patiño (1983, pp. 113 y 167) enmarca su análisis del palenquero en una comparación con su lengua lexificadora, el español. En el marco de la presente investigación, dicho enfoque permite evidenciar la inflexibilidad en el orden de constituyentes en palenquero. Holm (2000, p. 233), en un enfoque tipológico sobre las lenguas criollas, también señala una diferencia específica entre el palenquero y el español: (7) a.

S V O í ta hablá bo 1SG.SUJ PROG decir 2SG.OBJ “Yo te digo” (Bickerton & Escalante, 1970 en Holm, 2000, p. 233)

La comparación de (7) con su traducción al español “yo te digo” permite evidenciar que, en palenquero, el orden no se altera; mientras que, en español, la cláusula toma el orden SOV. La inflexibilidad del orden en palenquero es evidente en formas como la negación: (8) S V O a. é kelé fruta 2SG.SUJ querer fruta “Él no quiere fruta” (Patiño, 1983, p. 171) b. í tan sabé nu

nu NEG

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1SG.SU PROSP saber NEG “Yo no sabré” (Moñino, 1999, p. 156)

˘˘ III. Creole sanandresano Para empezar, O’Flynn menciona que: No hay flexión en esta lengua. Tampoco hay nada en la estructura de la palabra que permita establecer sus límites de antemano o saber a qué categoría gramatical pertenece [...] Por consiguiente, el criterio sintáctico desempeña el papel crucial a la hora de establecer las clases gramaticales de palabras existentes en la lengua. [...] En esta lengua la oración mínima consta de dos elementos básicos: una base y un predicado en contorno entonacional que le otorga el status de enunciado completo y autónomo al conjunto (O’Flynn-de-Chaves, 1990, p. 53).

Comprobando esta afirmación, se presentan los siguientes ejemplos: en el ejemplo (9) se muestra el orden SV para cláusulas intransitivas cuyo sujeto se representa por un nombre (9a, b) y un pronombre (9c,d):

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(9) a. SN V Jan ron Jan correr.PAS “John corrió” (Winford, 1993, p. 214) b. SN V Mieri swim-we gaan Mieri nadar lejos “Mary nadó lejos” (Winford, 1993, p. 214) c. SPN V Mi fi go 1SG MOD ir “Debo ir” (O’Flynn, 1990, p.160) d. SPN V im veks 3SG estar enojado Él/ella está enojado/a (O’Flynn, 1990, p.124) En el ejemplo (10), se muestra el orden SVO para cláusulas transitivas cuyo sujeto lo representa un nombre, como en (10a), y un pronombre, como en (10b, c, d). Se muestra, además, que la diferencia entre un objeto con artículo definido


Lenguas criollas colombianas: configuración de relaciones gramaticales y tipología

(10b) y uno con artículo indefinido (10d) no genera ningún tipo de cambio en el orden de constituyentes, como sí se presenta en los ejemplos de “Lenguas criollas”, ejemplo (12). (10) a. SN V ON Jan kot di trii. John cortar.PAS DEF árbol “John ha cortado el árbol” (Winford, 1993, p. 117) b. SPN V ON Dem kil di man 3PL matar ART.DEF hombre “Mataron al hombre” (O’Flynn, 1990, p. 123) c. SPN V ON im chap bush 3SG cortar monte Él/ella tumba/tumbó monte (O’Flynn 1990, p.127) d. SPN V ON im niid wan jab 3SG necesitar ART.INDEF.S empleo Él/ella necesita un empleo (O’Flynn 1990, p.130) Gracias a la observación de estos datos, se puede concluir que la lengua tiene un orden de constituyentes rígido: SV para intransitivas y SVO para transitivas. Esto concuerda con el orden de constituyentes dominante de su lengua lexificadora, el inglés.

˘˘ IV. Tipología Lenguas criollas Para empezar, Holm (2000, p. 233) señala que tanto en las lenguas criollas como en sus lenguas de superestrato, el orden de palabras más común es SVO, orden que se encuentra en todas las lenguas criollas del Atlántico; siendo este, también, el orden de todas las lenguas criollas americanas con una única excepción en Norteamérica, el Michif 4(Huber & APiCS, 2013).

4 Esta lengua resulta singularmente importante porque es la única, en la muestra de 76 lenguas del APiCS, que presenta todos los órdenes posibles: SVO, SOV, VSO, VOS, OSV y OVS (Huber & APiCS, 2013).

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Por otra parte, Velupillai (2015, p. 448), con una muestra de 55 lenguas criollas, señala que el 92,5%, (49 lenguas) presenta un orden SVO, mientras que el 1,9%, (1 lengua) tiene un orden SOV, y el 5,7%, (5 lenguas) posee un orden VSO. De igual manera, presenta la relación de correspondencia entre el orden de constituyentes en lenguas criollas y su lengua lexificadora, con base en las mismas 53 lenguas criollas, mostrando que en el 83% (44 lenguas) el orden es el mismo, mientras que en el 17% restante (9 lenguas) el orden es diferente (Velupillai, 2015, p. 448); algunas de estas lenguas, como el berbice y el negerhollands (extinta), de base léxica holandesa, poseen el orden SVO, común, como se ha mencionado, a las lenguas criollas del Atlántico; no obstante, es diferente a su lengua lexificadora, la cual posee el orden SOV (Holm, 2000, p. 233). Así, es posible que cuestiones de área influyan en las configuraciones de las lenguas, o bien los condicionamientos propios de la génesis de las lenguas criollas. De igual manera, es posible encontrar lenguas con orden mixto. En relación con las dos lenguas criollas colombianas, se encuentra que solamente una lengua criolla de base léxica inglesa, el singlish de Singapur, posee un orden mixto SVO y OSV –sin un orden dominante–; las demás lenguas poseen únicamente el orden SVO (Huber & APiCS, 2013), demostrando que las lenguas de base léxica inglesa no suelen ser variables en cuanto al orden de constituyentes; de esta forma, el creole sanandresano no representa ninguna singularidad tipológica. Por otra parte, las lenguas criollas de base léxica española presentan mayor variabilidad, siendo solamente 5 en el mundo. El palenquero y el papiamento, las únicas dos lenguas de este tipo en América, presentan únicamente el orden SVO, evidenciando una uniformidad con respecto a las lenguas criollas de base léxica española de Filipinas, las cuales, además de ser mixtas, presentan órdenes VSO –dominante– y VOS, y de las cuales solamente el chabacano zamboanga presenta, en proporciones reducidas, los órdenes SVO y SOV (Huber & APiCS, 2013). Estas lenguas filipinas representan una singularidad tipológica, al ser la mitad de las seis lenguas criollas en el mundo que presentan el orden VSO y las únicas que lo presentan como orden dominante. Una interpretación especulativa indicaría que el palenquero y el papiamento no poseen propiedades tipológicamente singulares en cuanto a orden de constituyentes, y la diversidad, en este sentido, se debe a la singularidad de las lenguas filipinas. Las dos lenguas criollas colombianas analizadas aquí forman parte, en términos de Velupillai (2015), del 92.5% de lenguas con orden SVO y en el 83% de lenguas cuyo orden corresponde con el de su lengua de superestrato; esto, igualmente, indica la homogeneidad de las dos lenguas colombianas en términos de orden de constituyentes, la cual, como se demuestra en la estadística, es independiente de su lengua lexificadora. En cuanto a las lenguas con orden de constituyente flexible, se presentan a continuación ejemplos del malayo de Sri Lanka –base léxica mayala, Asia– y el chabacano cavite –base léxica española, Filipinas–, con el fin de evidenciar algunas condiciones que explican las variaciones de orden:


Lenguas criollas colombianas: configuración de relaciones gramaticales y tipología

El malayo de Sri Lanka, presenta órdenes SVO (11a) y SOV (11b) en cláusulas transitivas: (11) a. SPN V OPN go bicaya luyang go bicaya lu-yang 1SG creer 2SG-ACC.DEF “Te creo” (Slomanson, 2013, web) b. SN ON V anak nasi simakan anak nasi si-makan niño arroz PAS.comer “El niño comió arroz” (Slomanson, 2013, web) En el ejemplo (11) se puede observar que la flexibilidad en el orden está condicionada por la presencia de un sujeto u objeto de forma pronominal (11a) o nominal (11b). Para el caso de los nominales, se encuentra un orden SOV, para el caso de los pronominales el orden SVO. En chabacano cavite, se presentan órdenes VOS (12a) y VSO (12b): (12) a.

V ON SN (Objeto indefinido) ta cumi hamón el hombre IPFV comer jamón DEF hombre “El hombre está comiendo jamón” (Llamado, 1972)

b.

V SN ON (Objeto definido) ya coge el mga pulis con el ladrón PFV atrapar DEF PL policía OBJ DEF ladrón “Los policías atraparon al ladrón” (Llamado, 1972)

En este caso, cuando se trata de un objeto definido, como en el ejemplo (12b), marcado por la partícula ‘con’ se habla de un orden VSO; mientras que en el caso de un objeto indefinido (12a), sin marcas, es necesario cambiar su orden y presentarlo primero, como un VOS.

Lenguas del mundo Para empezar, es importante resaltar que las lenguas del mundo tienen distintas estrategias para la codificación de relaciones gramaticales, como lo son la clasificación nominal, la concordancia y el orden de constituyentes. En el caso

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de esta investigación, nos centramos en el orden de constituyentes, al tratarse de la única estrategia de las lenguas criollas y, sobre esto, realizamos un contraste con respecto a la tipología de las distintas lenguas del mundo. En primer lugar, el orden SVO es el orden más común en las lenguas del mundo. El estudio de Dryer (2013) sobre lenguas del mundo está basado en 1377 lenguas, sin incluir lenguas criollas; en el caso del estudio particular sobre estas, se realizó sobre la base de 76 lenguas. En las tablas 4-2 y 4-3, se muestran datos estadísticos de los órdenes SVO y SOV. Tabla 4-2. Datos estadísticos sobre orden de constituyentes en las lenguas del mundo. SISTEMA Nº. DE LENGUAS SVO 565 SOV 488 Otro 324 TOTAL 1377

PORCENTAJE (%) 41,03 36,49 22,48 100

Fuente: Realización propia, con base en los datos de Dryer (2013). Tabla 4-3. Datos estadísticos sobre orden de constituyentes en las lenguas criollas del mundo. 74

SISTEMA Nº. DE LENGUAS SVO 61 SOV 6 Otro 9 TOTAL 76

PORCENTAJE (%) 80,26 7,8 11,94 100

Fuente: Realización propia, con base en los datos de Dryer (2013). Gracias a estos datos, podemos concluir que el orden SVO es el orden predominante tanto en las lenguas del mundo como en las lenguas criollas y que las lenguas criollas colombianas hacen parte de esta tendencia.

˘˘ V. Conclusiones Las lenguas palenquera y criolla sanandresana carecen de sistemas de concordancia o casos, de modo que las relaciones gramaticales son evidentes solamente por medio del orden de constituyentes, para lo cual este requiere de rigidez. Esto, de acuerdo con la tipología de lenguas criollas, es un evento común. Ambas lenguas presentan órdenes SV y SVO, como es el caso de la mayoría de las lenguas criollas del mundo (Huber & APiCS, 2013).


Lenguas criollas colombianas: configuración de relaciones gramaticales y tipología

El palenquero se diferencia del español en cuanto mantiene el orden SVO en cláusulas donde el objeto se representa con una frase nominal, como se indica en (7); esto demuestra la independencia del palenquero de su lengua lexificadora, en términos de orden de constituyentes. Por otro lado, el criollo sanandresano hace parte de la gran mayoría de lenguas que mantiene el orden de constituyentes de su lengua lexificadora, de acuerdo con el común de las lenguas criollas de base léxica inglesa. A pesar de que existe una fuerte tendencia en las lenguas criollas a la estructuración de la cláusula con un orden rígido SVO, se encuentran lenguas que tienen un orden flexible. En dichas lenguas, a diferencia de las lenguas criollas colombianas, son necesarias otras estrategias para codificar relaciones gramaticales, como se evidenció en los ejemplos (11) y (12). Así, las formas pronominales, como en malayo y la característica definida o no de los objetos, como en chabacano cavite, pueden ser causales de cambios en el orden de constituyentes, entre otros. Esta investigación amplió nuestra visión como investigadores sobre la tipología de las lenguas criollas del mundo. Por ejemplo, descubrimos que existen herramientas en Internet, especializadas en el estudio tipológico desde la criollística. Por ello, dentro del desarrollo de la investigación y para la comprensión de los distintos ejemplos y el funcionamiento gramatical de las lenguas, notamos, como lingüistas, que es indispensable no dejarse llevar por las traducciones, sino identificar la semántica de la lengua evidenciada por medio de las glosas. Igualmente, consideramos que es importante que se sigan realizando estudios sobre las gramáticas actuales de las lenguas criollas del país; sobre todo en casos como en el creole sanandresano, en el que componentes como la modalidad no han sido definidos por su complejidad.

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˘˘ Referencias Dryer, M. S. & Haspelmath, M. (Eds.). (2013). The World Atlas of Language Structures Online (WALS). Recuperado de: http://wals.info/ Dryer, M. S. (2013). WALS-APiCS: Order of subject, object and verb. Recuperado de: http://bit.ly/2hdpvwn Holm, J. (2000): An introduction to pidgins and creoles. Cambridge: Cambridge University Press. Huber, M. & APiCS. (2013). Order of subject, object, and verb. En: S. M. Michaelis, P. Maurer, M. Haspelmath & M. Huber (Eds.). Atlas of Pidgin and Creole Language Structures Online. Recuperado de: http://bit.ly/2jDKD3l Llamado, L. (1972). The phrase-structure rules of Cavite Chavacano. Philippine Journal of Linguistics, 3, 67-96. Michaelis, S. M., Maurer, P., Haspelmath, M. & Huber, M. (Eds.). (2013). The Atlas of Pidgin and Creole Language Structures Online (APiCS). Recuperado de: http:// bit.ly/2wB2wRJ Moñino, Y. (1999): El sistema modo-aspectual del verbo en palenquero: una semántica gramatical africana. En: Centro Colombiano de Estudios de Lenguas Aborígenes (CCELA). Lenguas Aborígenes de Colombia. Memorias 6: Congreso de Lingüística amerindia y criolla (pp. 147-160). Bogotá: Editorial Artes. O’Flynn-de-Chaves, C. (1990). Tiempo, aspecto y modalidad en el criollo sanandresano. Bogotá: Centro de Publicaciones de la Universidad de los Andes 76

Patiño, C. (1983). El habla en el Palenque de San Basilio. En: N. S. de Friedemann y C. Patiño (Eds.). Lengua y sociedad en el Palenque de San Basilio. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo. Pérez, J. P. (2004): El criollo de Palenque de San Basilio: una visión estructural de su lengua. Bogotá: Universidad de Los Andes, Centro Colombiano de Estudios en Lenguas Aborígenes (CCELA) y Centro de Estudios Socioculturales e Internacionales (CESO). Schwegler, A. (2013). Palenquero structure dataset. En: S. M. Michaelis, P. Maurer, M. Haspelmath & M. Huber (Eds.). Atlas of Pidgin and Creole Language Structures Online. Recuperado de: http://bit.ly/2w3KxUu Slomanson, P. (2013). Sri Lankan Malay structure dataset. S. M. Michaelis, P. Maurer, M. Haspelmath & M. Huber (Eds.). Atlas of Pidgin and Creole Language Structures Online. Recuperado de: http://bit.ly/2wAY1GQ Velupillai, V. (2012). An introduction to Linguistic Typology. Amsterdam: John Benjamins Publishing Company. Velupillai, V. (2015). Pidgins, creoles and mixed languages: an introduction. Amsterdam: John Benjamins Publishing Company. Winford, D. (1993). Predication in caribbean english creoles. Amsterdam: John Benjamins Publishing Company.  


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Revista Prolegómenos No.5  
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