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El proyecto Asturias Arte Actual planteado para el CMAE (Centro Municipal de Arte y Exposiciones de Avilés), surge con la intención de revisar las últimas generaciones de creadores en nuestra comunidad. Es también una apuesta por potenciar este centro cultural y convertirlo en un referente del arte contemporáneo

que trascienda más allá de la región. Con estos objetivos, se ha proyectado este evento que nace con espíritu de continuidad. Queremos que el CMAE sea un punto de encuentro, un espacio expositivo y formativo, donde se produzca la reflexión y el debate en torno al arte. La exposición, con una selección de 19 artistas, está

acompañada de un fundamento teórico presente en este catálogo y en las charlas organizadas paralelamente y que están centradas en aspectos fundamentales del arte de vanguardia. Deseamos que la muestra se convierta, por su pluralidad y calidad, en un reflejo de la realidad plástica en nuestra región.


Fuera de concepto

Presentación

Nos parece lejano en el tiempo aquel 1 de abril de 2003 en el que en el CMAE (Centro Municipal de Arte y Exposiciones de Avilés) abría sus puertas con la espléndida muestra colectiva Poéticas mixtas El collage en Asturias comisariada por Ángel Antonio  Rodríguez. Desde entonces muchas han sido las muestras colectivas de interés que, desde distintos planteamientos culturales, desde CMAE se han ofrecido en nuestra ciudad para disfrutar de las obras de algunos de los artistas más implicados del momento. Artistas, de Asturias y otros procedentes de fuera de nuestras fronteras, que han sabido mantener el diálogo del arte con los visitantes y han dejado bien a las claras cuáles son, y deben ser, las directrices de los creadores contemporáneos. Si la primera de todas esas colectivas fue la del collage, no deberíamos olvidarnos de otra celebrada en 2004, “La industria en el arte”, en la que ya pudimos disfrutar de algunos de los y las artistas que ahora presentamos en la actual muestra. Ni podemos olvidar la muy recordada muestra Crear con fuego que ofreció una significativa y bien nutrida muestra de obras cerámicas de Chillida, Tàpies y Barceló. Si estas muestras reunían a creadores consolidados y con un amplio historial, el CMAE ha venido ofreciendo sus espacios también a otros artistas menos conocidos pero de gran calidad, para traer a nuestra ciudad, bajo la impronta organizativa de Jaime Rodríguez, las obras de algunos creadores emergentes que han sabido contactar con el público y que no

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han dudado en confrontar su obra con otros artistas de gran talento. Con estos precedentes no cabe duda de que el CMAE, desde sus inicios, ha convertido las exposiciones colectivas en una de sus premisas fundamentales de su trayectoria como espacio de exposición. En esa labor quiero destacar el papel y la colaboración que ha prestado Ramón Rodríguez a lo largo de todos estos años. La muestra que ahora presentamos, “Asturias Arte Actual, 2016. La forma del concepto”, comisariada por Santiago Martínez, forma parte de ese compromiso que ya se marcaba en los orígenes del Centro. Algunos de sus participantes ya lo han sido en algunas muestras anteriores causando una gran sensación entre sus espectadores gracias la calidad de sus creaciones. Algunos incluso han expuesto de forma individual en el CMAE. La muestra actual, sin duda importante por la trayectoria de sus integrantes, muestra una de las múltiples facetas que el arte asturiano puede ofrecer para demostrar tanto su vigencia como su contemporaneidad. Y a la vez, dejar bien claro, que Asturias está a la altura del talento creativo y la capacidad creadora de otras comunidades e incluso otros países en este momento de cambio y transformación que vivimos.

María Virtudes Monteserín Rodríguez Alcaldesa del Ayuntamiento de Avilés

ASTURIAS ARTE ACTUAL, en su primera edición, se proyecta como un encuentro de artistas y teóricos del arte, una oportunidad para el público de disfrutar y valorar las creaciones de los artistas plásticos y visuales asturianos, un lugar de contemplación y reflexión sobre las corrientes estéticas y nuevas tendencias que, desde diversas perspectivas, puedan transmitir una visión completa del estado actual del arte en Asturias. Para ello, hemos planificado una serie de conferencias sobre las derivas del arte y sus agentes culturales: Ana Fernández, profesora de Historia del Arte en la Universidad de Oviedo, orienta su charla hacia el “Mercado del arte actual”, la intervención de Maite Centol, una de las artistas más activas y comprometidas de nuestro entorno, está centrada en el “Arte de acción: si el artista no delega, el arte tampoco”, mientras que la charla de los artistas Adolfo Manzano y Carlos Suárez se orienta hacia “El arte actual desde otras perspectivas”. El crítico de arte Ángel Antonio Rodríguez analiza la “Panorámica del arte actual en Asturias” en las últimas generaciones. Estoy convencido que todos ellos aportarán una carga teórica y reflexiva necesaria en estos momentos de dispersión cultural. De alguna manera, este espíritu inicial de reflexión y análisis a partir de obras y artistas con bastante carga conceptual, viene reforzado por el valor que en su momento tuvo la propuesta teórica del profesor de estética Simón Marchán y su obra Del arte Objetual al arte del concepto1, fundamentales en la crítica y

Santiago Martínez Fernández

análisis del “hecho artístico” en el entorno de la posmodernidad. Ya en la presentación de este texto referencial se habla de las estribaciones del arte, una expresión que no sólo ha perdurado en el tiempo sino que se ha consolidado convirtiéndose en un concepto clave en la "era de lo global". La diversidad de estilos y tendencias del arte contemporáneo (y en el arte asturiano en particular) es tan difícil de delimitar que los historiadores y críticos del arte, en muchas ocasiones, quedamos expectantes ante los nuevos y sorprendentes giros de la plástica actual. La era de la globalización, la inmediatez en la transmisión de información, las influencias e interacciones estéticas, están forzando a realizar análisis y clasificaciones que, en muchos casos, nos superan. El creador va ahora muy por delante del crítico, sólo nos queda recurrir a la experiencia directa del artista y su obra; en esta vía, la de la creación más reciente, es en la que se apoya esta muestra que ofrece nuevas y renovadas propuestas y donde los historiadores seguimos encontrando referentes entre las vanguardias o entre las corrientes fruto de la posmodernidad. Otro aspecto importante a considerar en el análisis del arte actual está presente en una de las sugerentes entrevistas realizadas al filósofo y crítico de arte Arthur C. Danto2: el tema de la globalización y el fin del arte. En realidad, cuando Arthur C. Danto desarrolla su teoría sobre el fin del arte, se refiere a “la muerte” desde una perspectiva puramente occidental, es decir, el planteamiento del arte visto desde Europa

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y Norteamérica, la globalización ha dado lugar a una visión plural y heterogénea del arte, de ahí la muerte del arte sujeto a las convenciones occidentales..., ahora todo ha cambiado gracias (o por) esa globalización. Con respecto a lo que podríamos llamar un arte del mundo, quiero tomar como punto de apoyo la muestra “Magiciens de la terre” que tuvo lugar en el Georges Pompidou de París en 19893; son muchos los críticos que utilizan como referencia esta muestra internacional que aglutinó a artistas de todos los lugares del planeta. Buen ejercicio para la reflexión sobre las derivas del arte en el fin de siglo y para el inicio del nuevo. En ella se evidenció la orientación de un arte multicultural que definitivamente introducía grietas inimaginables en un concepto del arte hasta aquel momento intocable. Si “Magiciens de la terra” inició la inflexión del arte moderno al global, la realidad actual, en los primeros años del siglo XXI es que ya no sólo se han quedado anticuados los “clichés” de clasificación estilística, o de tendencias, sino que también el discurso teórico necesita de una profunda revisión. De hecho, otro de nuestros objetivos, es el de analizar la realidad plástica desde nuestro ámbito, una realidad que sirva de reflexión para discernir hasta qué punto el arte actual está inmerso en la dinámica artística, cultural y social de la globalización. Todo el que penetre en el contexto artístico contemporáneo es posible que quede fagocitado por ese complejo circuito mundial. Comenta en una reciente publicación Anna María Guash que “es la globalización la que parece crear una nueva clase de arte contemporáneo, un tipo de arte que se desmarca claramente de la posmodernidad y que requiere otras narrativas que apuestan más por la identidad cultural que por los sentimientos estéticos (…). Dando por sentado una complicidad entre el arte y los ámbitos sociales y culturales”4. Comparto también con esta historiadora la reflexión del reconocido antropólogo Arjun Appadurai5, con respecto a la visión del paisaje multicultural y multiartístico, sobre las

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influencias de los que él define como grupos en movimiento (inmigrantes, refugiados, exiliados, turistas...) que se superponen, se mezclan e influyen sobre las comunidades estables abriendo brechas dentro de una aparente “armonía local”. Sólo tenemos que lanzar una mirada a las propuestas de algunos de nuestros artistas (Fernando Alba, Maite Centol, Paco Nadie, Carlos Suárez...) para comprobar que el discurso ha trascendido a una sensibilidad que va mucho más allá de las fronteras, de las tendencias y estilos. El papel del arte dentro de este nuevo contexto en el que la pérdida de “identidad” se plasma en la desaparición de tendencias o corrientes estéticas y las individualidades destacan, rompiendo el concepto convencional de cultura, ha cambiado. Sin embargo, es importante que el arte de nuestro entorno más cercano siga manteniendo ese carácter y esa identidad que viene marcando el nivel artístico en la región; si los artistas se dejan llevar por el fenómeno de la globalización, su obra se desvanecerá, desnaturalizándose y perdiendo todo el interés, precisamente por esa pérdida de identidad. Desde el primer momento se planteó un proyecto en el que el fundamento teórico tuviera gran protagonismo, es posible que en ello, haya influido mi formación didáctica y pedagógica como profesor de Historia del Arte, que me lleva siempre a intentar transmitir de la manera más accesible el “espíritu del arte” y que también considere que la mejor manera de acercar el arte a quien quiera aproximarse a él, es no sólo desde lo emocional y sensorial, sino también desde su explicación teórica y fundamentada. Conocemos el interés de la Teoría del Arte por respaldar la conceptualización de la obra, los manifiestos han sido y siguen siendo el soporte teórico del arte de vanguardia: el Suprematismo de Malevich, el Elementalismo de Theo van Doesburg, los principios Neoconcretos de Ferreira Gullar, el Situacionismo de Guy Debord han sido claves en el análisis y comprensión

del arte contemporáneo, pero también las aportaciones individuales de personalidades como Marcel Duchamp, Joseph Beuys, John Cage, Joseph Kosuth, Dan Flavin y tantos otros artistas; sin olvidar los estudios de los críticos que han venido marcando los momentos claves de arte en sus múltiples manifestaciones: Richard Wollheim, Walter Benjamin, Clement Greenberg, Rosalind Krauss, Arthur C. Danto, Michael Fried, etc..., creo que, en el fondo, a todos ellos está dedicado ASTURIAS ARTE ACTUAL. Teniendo en cuenta que para el arte conceptual y neo-conceptual la obra de arte es simple y llanamente pensamiento —y sin olvidar la importancia de la conceptualización de la misma— el artista tiende a dar forma a dicho pensamiento, tiende a plasmar su fisicidad, su materialización; transforma ese concepto en forma que es, por naturaleza la forma del artista. El subtítulo de la muestra “La Forma del Concepto” contiene algo más que una obviedad, contiene un

“detenerse” y pensar sobre la importancia de la fundamentación teórica que sirve de sostén a la obra. Aunque artistas de esta muestra (Sanjurjo, Rato, Maojo, Rodríguez...) estén más cerca del mundo expresionista y orgánico, toda su obra esta fundamentada en unos códigos de comunicación, en un discurso del pensamiento que ha ido tomando cuerpo. Podríamos entender el “aura” que desprende una obra como una emanación natural de energía que el artista es capaz de transmitir a través de sus pulsiones, de su lenguaje personal, es frecuente que los artistas se refieran a su obra como un proceso de gestación que es tan importante como el resultado. En ese proceso de gestación, de construcción de la obra, se encuentra la clave para desentrañar algunos de los conceptos que existen detrás de las formas. Es en esta búsqueda donde ubicamos nuestro proyecto “La Forma del Concepto”.

1. MARCHÁN FIZ, Simón, Del arte objetual al arte de concepto, Akal/Arte y Estética, Madrid, 1988.

crítico sobre “la muerte del arte” que se publicaron en 2010 en Después del fin del Arte.

4. GUASCH, Anna María, El arte en la era de lo global, 1989/2015, Alianza Forma, Madrid, 2016, p.28

3. Magiciens de la terre, Catálogo, Centro Georges Pompidou, París, 1989, (Jean-Hubert Martin, director artístico)

5. APPADURAI, Arjun, La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización, Universidad Minnesota, Press, 1996.

2. DANTO, Arthur C., “La crítica de arte en la modernidad y en la posmodernidad”, artículo publicado en la revista de

Artes Visuales 1/2015, ArteCubano, Consejo Nacional de las Artes Plásticas, Ciudad de La Habana, Cuba, 2005. p.68. En dicha entrevista, realizada por la profesora y crítica de arte Anna María Guasch, ya están presentes algunas de las tesis del

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Encontraron una nueva belleza

Para buena parte de la sociedad actual, el arte se ha vuelto ininteligible y misterioso, difícil de entender, escriben en ocasiones los comentaristas de la actualidad. Pero ese es un problema antiguo, sin prejuicio de que, en la modernidad, el sometimiento de la obra de arte y la opinión pública, y la publicada, a un sistemático e intensivo tratamiento de indagación conceptualizadora, contribuyera a embrollar las cosas, aunque esa es otra historia. Lo que para buena parte de la sociedad volvió ininteligible al arte, y lo sigue haciendo, fue en realidad la llegada de la abstracción. Con la abstracción llegó el "¿tú que ves ahí?" y el "esto no me dice nada" que se lleva oyendo desde hace un siglo, aunque es verdad que afortunadamente cada vez menos, sea por sinceridad o por prudencia. Por eso siempre son de agradecer exposiciones como la presente que aunque se titula "Asturias, arte actual", viene a ser, con algunos matices si se quiere sobre la obra de algunos artistas que no permite encasillamiento tan simple, una revisión de la creación plástica asturiana en el arte abstracto desde hace ya unas cuantas décadas, porque en el arte actual de Asturias hay como se sabe otros caminos. Pero es importante tomar la abstracción como referencia máxima de la supuesta ininteligibilidad del arte y comentar su origen y su razón de ser, si realmente existe alguna. Hace ya muchísimo tiempo que Paul Reverdy escribió que la gente tiene más el hábito de la vida que el hábito del arte y que por eso muchos creen comprender mejor aquellas obras que le dan esa apariencia

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Rubén Suárez

de la vida cotidiana. Pero los del tú que ves deben considerar que no se trata de que la obra de arte cuente o represente algo sino de contemplarla con atención en sus formas y colores, con el convencimiento de que su significación actúa a niveles más profundos y que el espectador, aún el menos iniciado, tiene capacidad para acceder a esa significación si está seguro de que es eso lo que desea. Eso sí, se le exige una actitud positiva, paciencia a veces, y tener en cuenta que en arte se trata de sentir antes que saber pero que saber intensifica y enriquece el sentimiento y eso es algo que se consigue con la contemplación, la reflexión y la cultura del arte. Abstracciones hay muchas, independientemente de que puede decirse que la abstracción está en el origen de cualquier clase de arte, y eso desde el primitivo y tribal, inspirador de tantas tendencias modernas, hasta las visiones-reflexiones de Leonardo, en conceptos creativos anti-lineales ante el muro, o las postmodernas neoabstracciones, redefinidas y/o adjetivadas. Y no hay realmente dicotomía con respecto a la figuración y sí afinidad en algunos casos, como por ejemplo el del informalismo abstracto, más cercano al expresionismo figurativo que a la abstracción geométrica. Como ya habrá comprendido el lector, en este escrito se intenta facilitar en lo posible el acercamiento al arte abstracto por parte del público que pudiera estar interesado en ello y que encontrará en esta exposición de Avilés distintas versiones de sus planteamientos conceptuales y plásticos, por no hablar de las charlas que

en el plano teórico se convocan con motivo de la muestra. Un acercamiento que quizá puede empezar por preguntarnos qué fue lo que provocó, cómo se justifica su aparición, una de las muchas maravillosas noticias que para el arte se registraron en el siglo veinte. Algunos tratadistas, como Wilhein Worringer, sitúan su origen en una especie de agorafobia espiritual, un "refugio ante las apariencias", la búsqueda por el artista de un significado espiritual y estético más puro para la obra y que rompiera con las formas de una realidad y de un mundo que no le gustaban. Si recordamos a los pioneros de la abstracción y hablamos de refugios es de recibo citar a Malevich el ruso creador del suprematismo, de tanta influencia en la Bauhaus, que se refugió en la creación del cuadrado negro, icono desnudo enmarcado, el cuadro abstracto más puro y radical de la historia del arte, la negación de la forma. Romántico precursor, no me resisto a recordar también sus incursiones en el blanco: "... lo único que os pido, camaradas pilotos, es que os adentréis conmigo en el blanco infinito donde reina la quietud plástica y el silencio". Otro ruso, aunque de propuesta plástica bien diferente, fue Kandinsky, que no inventó el arte abstracto pero eso aseguró siempre que pudo con aquello de la acuarela al revés. Llegó a la abstracción total desde el expresionismo, pero también desde el ideal simbolista y sus sinestesias o correspondencias entre sonidos, colores, sensaciones y memoria, gran aficionado a la música que tanto proclamó sus relaciones con la pintura; forma y sentimiento al margen de todo interés descriptivo. Por otra parte fue a través del cubismo, sin olvidar la profundidad de sus creencias

teosóficas, para muchos ingenuas pero de tanto provecho para la historia del arte, como llegó Mondrián a la abstracción, con su neoplasticismo, ortogonal en las líneas y con los colores primarios o los llamados no colores, blanco, negro, gris, presentes en tantas manifestaciones posteriores, y hasta hoy, del arte y del diseño. También para erradicar todas las formas de apariencia natural, enemigas de la iluminación espiritual y la armonía del espíritu. La lista sigue, pero no es posible olvidar la referencia al expresionismo abstracto norteamericano. Desde el expresionismo, sí, pero también del surrealismo, aunque desechando sus imágenes literarias. La técnica del automatismo psíquico resultaba una atracción fatal para aquellos artistas de la Escuela de Nueva York, lectores de Freud y Jung y amigos del psicoanálisis, fascinados por la posibilidad de invocar las imágenes del subconsciente e introducir el azar, más o menos crítico, en el proceso creativo y desde sus ansiedades, la impotencia ante el vacío y la soledad existencialista. En 1915, escribió Malevich: "El cubismo, el futurismo y el suprematismo no fueron comprendidos. Esos artistas desecharon los ropajes del pasado, salieron a la luz en la vida moderna y encontraron una nueva belleza". Pero sí terminaron siendo comprendidos, aunque no por todos todavía y ese es el reto permanente que tienen planteado no solo los responsable de la formación cultural de la sociedad sino también todos los amantes del arte, artistas, galeristas, críticos o aficionados. Eso es lo que hace esta exposición, y todas las actividades organizadas con su motivo, tan interesantes, dignas de apoyo y culturalmente productivas.

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19 artistas singulares

En este mundo globalizado es muy difícil (acaso imposible) definir un “estado de la cuestión” que limite un espacio-tiempo cultural partiendo de proyectos colectivos o de las tendencias estéticas. Pero el planteamiento de encuentros siempre resulta fructífero y permite debatir ideas, contrastar opiniones y aportar nuevos horizontes para resolver dudas, al menos, en su carácter contemplativo o dialogante. Aunque la dicotomía “figuración-abstracción” hace décadas que no tiene sentido, parece factible revisar históricamente la evolución del arte “abstracto” en el Principado de Asturias, que tiene un largo recorrido iniciado ya en la década de los años sesenta del siglo pasado. Los cambios que se produjeron entonces, entre la España del desarrollo económico y la España de la transición democrática, se notaron a distintos niveles e incidieron sobre la actitud cosmopolita de numerosos artistas que trabajaron juntos (y, a menudo, revueltos) en tertulias y asociaciones, peleando por compromisos ideológicos e intelectuales, en posicionamientos que se proyectaron directamente hacia la creatividad de cada cual. A los importantes grupos del informalismo que habían nacido poco antes, a finales de la década anterior (como El Paso, uno de cuyos miembros fundadores en 1957 fue el gijonés Antonio Suárez) se unieron después el conceptualismo, el minimalismo y otras tendencias que entraron, sin prisa ni pausa, en el complejo juego de propuestas astures, lejos de contaminaciones doctrinarias, contagiando a viejos y nuevos artistas. En nuestra región, el contacto generacional de esos protagonistas con la frescura enér-

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Ángel Antonio Rodríguez

gica de los emprendedores fue un acicate esencial que evolucionó de manera natural, bajo metas comunes, reclamando centros de enseñanza, salas de exposiciones, ayudas institucionales y certámenes capaces de impulsar la vida cultural de las siguientes décadas. Los pintores nacidos en los años treinta y cuarenta fueron los protagonistas de aquellos días, estableciendo nuevos modos de explorar y generando otras posibilidades de análisis ético y estético en los siguientes capítulos de nuestras artes visuales. Pronto, aquel viejo informalismo se enfrentó con los nuevos rastreos de la “abstracción”, en sus versiones más diversas, chocando también con los múltiples defensores de la “pintura-pintura” que nacieron en Asturias en los años cincuenta, contemporáneos, a su vez, de las primeras instalaciones y de las performances concebidas por los amigos del arte de la acción. Todo ello bajo el creciente auge de una modernidad interactiva e intergeneracional cuyo choque de trenes permitió mejorar las vías. También el arte conceptual caló hondo en aquellos años, lejos de los ideales doctrinarios que se advertían en los grandes escenarios nacionales (Madrid y Barcelona) pero con interesantes representantes en Asturias, que huían de la condición meramente objetual de sus trabajos. Fue común a toda la vanguardia astur el interés por el estudio y la experimentación, la lectura y el debate colectivo, motivaciones que llegaron más allá del arte-objeto para resumirse, semántica y expresivamente, sobre nuevos soportes. Y en ese maremágnum

de propuestas ya brillaban algunos nombres imprescindibles para entender la línea “no figurativa” del arte asturiano que defiende esta exposición que ocupa la primavera 2016 del CMAE de Avilés (Fernando Alba, Bernardo Sanjurjo), como“padres” espirituales de la nómina de firmas elegidas. Sin duda, en ese ámbito de la “abstracción” —y al margen de otros adjetivos— podrían sumarse otros nombres activos y cercanos (Alejandro Mieres, Humberto, Elías Benavides, José Santamarina, Consuelo Vallina…) o algunos miembros de generaciones posteriores (Ángel Guache, Luis Fega, Manolo Fueyo, Vicente Pastor, Hugo O’Donell, Francisco Fresno, Paco Fernández, Francisco Velasco, Ramón Isidoro, Javier Victorero…), incluso excepciones que, como Ramón Rodríguez, son más afines a lo “representativo”, a las tendencias “realistas”, pero también beben de la poética de la materia, la textura, el espacio, el trazo gestual o el recurso caligráfico en la permanente búsqueda de su mundo interior. La convivencia de viejas y nuevas fuentes o soportes con las formas abstractas, ya sean éstas líricas o analíticas, conceptuales o geométricas, configura hoy un variado espectro estético y un arte actual claramente mestizo que, en Asturias, entronca con las hibridaciones tecnológicas. El panorama fluye ahí en múltiples direcciones, desde la sobriedad extrema cercana al Arte Madí que practica Eugenio López hasta las sutiles composiciones digitales de María Braña, por citar otros dos excelentes ejemplos de esta exposición que nos ocupa. Conviene advertir, además, que la identificación con el adjetivo “geométrico” no siempre se asume con similar intensidad, entre otras cosas, porque la “abstracción” ya no es un posicionamiento radical contra el naturalismo, como ocurrió a principios del siglo XX, ni tampoco aquella brega incesante por generar un arte moderno que perseguían los artistas concretos tras la Segunda Guerra Mundial. Se trata, más bien, de un medio para aplicar las herramientas visuales

y teóricas que ofrece la geometría y recrear o consumir la propia introspección, renovando la obra a partir de elementos primigenios (línea, plano, color) que también pueden alimentar otras derivaciones socio-políticas. Como ocurrió hace décadas con la vuelta a la pintura reclamada desde la transvanguardia italiana o con las “neoabstracciones” europeas y americanas, es un viaje constante, de ida y vuelta; un universo habitado también por los artistas que repiten formas mediante variaciones, por los adalides del trabajo en módulos, por los grandes nombres de la recomposición cromática, por los poetas de la apropiación afectiva y por un largo etcétera de posibilidades. La pintura es la disciplina más recurrente, y comparte su larguísima tradición con un amplio repertorio de materiales industriales, con la escultura o con la fotografía, para enriquecer la impronta de cada autor. Lo más recomendable es, por tanto, mantenerse al margen de dogmas o pretextos generacionales, y admirar cada propuesta individual, dado que los 19 nombres elegidos por los responsables del CMAE para esta interesante exposición son singulares. Sus recursos expresivos se brindan muy atractivos para el espectador y, por tanto, permiten cierta complicidad con los registros emotivos de ese posicionamiento fronterizo entre lo pictórico y lo escultórico que defienden Pablo Maojo, María Jesús Rodríguez, Irma Álvarez-Laviada o Jorge Flórez, y arribar después a los puertos que marca la hermosa levedad contemplativa de María Álvarez, Maite Centol, Elena Rato, Isabel Cuadrado o Lisardo al tiempo que apreciamos la magia subyugante de Adolfo Manzano, las hondas experiencias vitales de Mónica de Juan, Paco Nadie o Blanca Prendes, las nostálgicas denuncias de Carlos Suárez o la sabia calidad de las imágenes concebidas por José Ferrero. Golpe a golpe, verso a verso (como dirían Machado y Serrat) porque (como diría Gombrich) realmente no existe el Arte; tan solo hay artistas.

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La forma del concepto. Los artistas y sus obras

Los 19 artistas seleccionados en la exposición ASTURIAS ARTE ACTUAL, representan algunas de las tendencias de la plástica contemporánea ligadas, directa o indirectamente, con un arte del compromiso en su doble vertiente formal y conceptual. En “la forma del concepto” conviven y dialogan tendencias dispares sólo en la apariencia, no en esencia, como el expresionismo abstracto, la abstracción geométrica y esencialista con otras manifestaciones plásticas al margen de cualquier tipo de clasificación. Poéticas visuales que desde ámbitos orgánicos o formalistas plantean nuevas alternativas plásticas y que, en algunos casos, a través de la reivindicación y el compromiso, provocan situaciones que enlazan con lo social y lo autobiográfico. En la muestra hay trabajos de artistas de distintas generaciones que ponen de manifiesto la continuidad y fluidez estética del arte de vanguardia actual en Asturias. El arco temporal parte con algunos de los referentes en la región como Fernando Alba o Bernardo Sanjurjo y llega hasta los jóvenes Irma Álvarez Laviada, Elena Rato y Jorge Flórez. Este amplio marco cronológico y estético permite observar cómo pueden convivir lenguajes heredados de las corrientes del siglo XX con otros nacidos con espíritu renovado en el siglo XXI. Es interesante ver —y es uno de los objetivos de la muestra—, la sintonía entre obras creadas desde perspectivas tan diversas generacional, formal y conceptualmente. Las estribaciones del arte asturiano de hoy nos podrían llevar por otros

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Santiago Martínez Fernández

caminos: el mundo onírico, el simbolismo, tendencias narrativas y figurativas mucho más descriptivas...; espero que existan otras ediciones de ASTURIAS ARTE ACTUAL que sumen nuevos enfoques y construyan una panorámica global del arte más reciente conformando una completa cartografía de nuestra realidad plástica. Hay artistas que hablan de su obra desde lo más profundo de las entrañas, artistas que a través de su cuerpo transmiten esa emoción que sólo la mancha y el color puede comunicar y que son punta de lanza en la creación artística. Evidentemente en la base de tal expresión está el concepto que se transmuta en gesto. Me refiero a los creadores más expresionistas de esta muestra que, desde su fuerza expansiva, plantean lenguajes próximos a la no-figuración; entre ellos destaca Bernardo Sanjurjo, (Barres, Castropol, 1940) un artista que sigue mostrándonos, a través de su pinturapintura, obras que parecen contrarrestar las amenazas de muerte de esta disciplina. Su obra es pura poesía y, aunque en origen esté íntimamente ligada a lo matérico y lo cromático, el sello de sus creaciones sigue evolucionando y se muestra ahora, más que nunca, en pleno crecimiento. Sus óleos (p. 58) aportan una mirada nueva, parecen confirmar las palabras de Jannis Kounellis cuando dice que el oficio del artista es ver y que la pintura sólo es el medio. Sanjurjo continúa, a través de su arte, en la búsqueda de sí mismo, y ahora percibo que se está acercando a ello, a un arte de conocimiento puro, de reflexión pura, por eso, nos ofrece

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en sus pinturas, un lugar para meditar sobre el mundo y sobre todas las cosas de la vida. Existen pararelismos entre la obra de Bernardo Sanjurjo y las nuevas propuestas de Elena Rato: ambos conceden un gran protagonismo al proceso creativo, al momento de configuración del cuadro, proceso que pasa a ser parte importante de la obra misma, tanto conceptual como plásticamente, porque es en él donde se produce un trasvase de energía y emoción que queda impreso para siempre. Elena Rato (Noreña, 1979) está mostrando una evolución plástica contemporánea, ha traducido estilos tan aparentemente distantes como el expresionismo abstracto y el pop, llevándolos a una fusión personal. En su evolución, sus propuestas se están decantando por equilibrar la carga formal —la mancha, el collage, el fotomontaje, la expansión de la obra desde el lienzo al muro...— con elementos conceptuales que enriquecen considerablemente la obra. N.907/CRÓNICA/1 (p. 54) pertenece a la serie “pinturas encontradas” en la que parte de fragmentos de imágenes halladas azarosamente (recortes de papeles, fotografías de revistas...), pero además su lenguaje formal y su proceso de gestación son fruto del "hibridaje": trabaja con pintura-pintura, pero también utiliza photoshop (como un “collage digital”) que se va superponiendo y fundiendo. Hay una sedimentación en la forma y concepto de su obra actual que se ha ido depositando con el paso de los años, materializándose en capas superpuestas. Su discurso se ha enriquecido considerablemente, mostrando un posicionamiento que busca un equilibrio entre una pintura contenida —en cuanto al gesto y su factura— y expandida —con respecto al espacio y a los elementos que contiene—. También María Braña (Teverga, 1950) ha convertido los recursos informáticos en instrumentos para su creatividad. Observando su evolución, en ese

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encuentro entre tecnología y plástica, que tanta presencia ha tenido entre los constructivistas, neoplasticistas y en las vertientes del arte que han apostado por la geometría como vía de comunicación, las cualidades y calidades de su obra van más allá de los sobrios planteamientos de un arte formalista; en su lenguaje, la estructura es necesaria y la seriación, color, escala y formato son claves, pero existe en sus propuestas “algo” que va más allá del rigor formal, que tiene que ver con los sentidos y con la vida. Su trabajo me recuerda a planteamientos de Lygia Pape, artista neoconcreta que defiende que un arte rigurosamente geométrico puede caer en una exacerbación racionalista y, por ello, el artista debe apostar por el retorno a las intenciones expresivas y subjetivas de las formas con el fin de mantener su “aura”. Un acercamiento a la plástica de María Braña podría recordarnos la rotundidad de la abstracción postpictórica hard edge —borde duro—, sin embargo, en obras como Desarrollo espacial (p. 30) , donde la impresión digital y el collage conviven en armonía o en sus últimas propuestas de 2016, en las que el formato y el volumen de las piezas de madera rompen la bidimensionalidad de sus trabajos anteriores, relegando lo digital a un segundo plano haciéndonos intuir un trabajo más expresivo que racional. Cuando en 2004 Rubén Suárez escribe “Depuración formal”6 sobre la obra de Lisardo (Mieres, 1960), recurre a una acertada terminología que se ha convertido en su sello de identidad: esencialismo, despojamiento de la corporeidad, pureza formal, precisión, perfección..., conocí sus trabajos, poco más tarde, en la exposición Sin título. Sin medida. Deseo, (galería Vértice, 2006). Recuerdo perfectamente que su lenguaje no se desvaneció, perduró en mí, eran obras que nacían de una necesidad de expresar las complejas realidades del hombre a través de un lenguaje plástico muy depurado, hostil para muchos. Una estética profunda y críptica hasta en el

concepto mismo, obras que llevaban al límite la depuración formal limitando al máximo la expresión en superficie. Entre las etapas por las que ha trascurrido su pintura, destacan sus cuadros blancos, o “casi blancos”, de un esencialismo suprematista, un blanco emanador de luz, iridiscente; obras leves y ópticamente casi imperceptibles, como si al contemplarlas nos acariciara una niebla espesa y profunda. Sus pinturas actuales —S/T, 2015— (p. 42) parecen transitar hacia un resurgimiento estructural y cromático, irrumpiendo con renovada energía de lejano parentesco con sus “Geografías construidas” de hace años; son formas perfectamente delimitadas, correctas hasta el extremo. “La geometría de la que yo me valgo”7 es una frase de Pablo Palazuelo que de alguna manera deambula por la obra de Lisardo, la geometría está en la esencia de las cosas, en el fondo de la vida y en el lenguaje de los sueños, de ahí que sea clave para desvelar las verdades del universo. El término “transgeometría” nació para identificar la confluencia entre geometría y emoción, la transformación —transfiguración— de la pura geometría en energía y que Lisardo no sólo plasma en sus acrílicos sobre lino, sino que también la hace partícipe del mundo de la escultura —S/T, 2014—, una obra de hierro, escayola y acrílico, nacida del encuentro entre el número, el volumen y el color, otra manera de traducir la materia de la que está hecho el universo. Las nuevas propuestas de Jorge Flórez (Gijón, 1984) se van desligando de la corriente hard edge en la que se ubicó hace algunos años, su aparente reduccionismo está ahora impregnado de emociones. Desde un punto de vista formal nos encontramos ante una obra fronteriza, fruto de la confluencia de varias técnicas y disciplinas; este hecho –la fusión de elementos escultóricos y pictóricos— le distancia de cualquier clasificación convencional y, en su actual propuesta, hallamos implicaciones e interferencias con el espacio. Son piezas que no reniegan de

su origen, en esencia estructuras —o parte de estructuras modulares prefabricadas—, pero que por su descontextualización y acabado, se alejan de ese mundo industrial trascendiendo a otro de una belleza pura y singular, quizá una belleza incómoda para espectadores poco acostumbrados a llegar a la esencia de las cosas. Sus resultados son cercanos y delicados, resultan atractivos para la vista y posiblemente también para el tacto. Tanto la inquietante presencia de la escultura construida con módulos superpuestos —S/T 2016— (p. 40) como los relieves concebidos a manera de trípticos realizados en madera y pintura sintética, son hermosos en su sencillez; podríamos asimilarlos a tendencias minimalistas y postminimalistas, sin embargo, el carácter aséptico de aquellas no está aquí. Si la luz es importante para extraer los matices de las obras, éstas lo son para valorar el propio espacio que ocupan; el lugar se ve transformado en un exquisito montaje donde existe complicidad entre el artista, el espacio y el espectador. Sobre la pintura II, 2013 (p. 28) es el título de la obra de Irma Álvarez Laviada (Gijón, 1978). Consta de tres piezas de formato vertical realizadas con pintura industrial, material de embalaje y bastidores. La carga conceptual en su trabajo se manifiesta a través de la reflexión constante sobre la existencia misma de la obra, sobre la experiencia y concepto de lo real, comenta que “Desapariciones”, serie a la que pertenece su aportación a esta muestra, parte del vacío como negación de la obra a partir del carácter de los materiales en relación a sí mismos: “de esta forma, la utilización de materiales de embalaje, en correspondencia con la pintura, remite a la ausencia, proporcionando con ello la creación de escenarios de producción que apelan a una obra que no hay”. Como ya comenté con otros artistas, Irma considera clave la experiencia en el espacio de trabajo, la obra es fruto de esa experiencia y trata de profundizar

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en el concepto de vacío en relación a la representación. Ese proceso de trabajo consiste en trasladar la preocupación pictórica (práctica, rutina, dinámica...) a los elementos residuales de la pintura. Un proceso creativo en el cual se pretende la desmaterialización de la obra —sustrayendo la obra en sí— para realizar, a continuación, una traslación de los lenguajes artísticos a los materiales de embalaje que quedan en los estudios tras la desaparición de las obras. Color, forma, soporte y formato confluyen para acercarse a una extraña relación perceptiva entre el espectador y la obra, una obra de formato convencional pero “nada convencional”, pintada con colores poco frecuentes mediante pintura industrial. La belleza y levedad en las variaciones y gradaciones tonales compensan la sobriedad de la pieza y, en esa sutileza de color, parece conectar con las aportaciones de Josef Albers sobre las permutaciones cromáticas y su percepción recogidas en sus escritos sobre la Interacción del color. Su influencia fue definitiva en un tipo de obra sensorial que, como en el caso de Irma, encuentra esa justa medida entre el concepto y la emoción. El artista, de forma consciente o inconsciente, intencionada o no, tiende a modificar el espacio en el que se inscriben sus obras. Existen códigos de transmisión, elementos plásticos de comunicación que crean vínculos entre la obra y el espacio, expandiéndose en él, apropiándoselo y provocando situaciones y emociones en el espectador. Hay obras que, en la distancia, reclaman la atención del espectador, otras requieren un íntimo acercamiento, pero siempre dialogan con nosotros, lo hemos apreciado en las propuestas de Flórez, Álvarez-Laviada, Rato y Sanjurjo, pero de una manera quizá más intencionada se advierte en Dibujos desocupados (p. 34) de Isabel Cuadrado (Oviedo, 1965); un proyecto que nace en 2011 y que ha seguido evolucionando y adaptándose hasta hoy, matizado por la artista y modificado en

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función del espacio disponible, utilizando para ello mínimos recursos —lápiz, papel, regla y pared— y, tras su aparente sencillez, esconde grandes interrogantes sobre el arte, sobre sus procesos y resultados. Es una obra que trata sobre la observación, busca su propia distancia con el espectador, está pensada para leer: el visitante se tiene que acercar para verla, como si fuera un libro más que una obra plástica. En Dibujos desocupados la discreción, casi desaparición de las formas, acentúa su carga conceptual acercándose a los presupuestos de otro de sus proyectos recientes, Secuencia dentro de la colectiva “6 pintores más allá de la pintura” (2014); en él la artista recurre a la presencia física del bastidor de un cuadro y su aplicación como plantilla en una repetición de su impronta sobre la pared, no se trata simplemente de llegar a una pureza original, es, más bien, una desnudez absoluta, una ausencia profunda y sonora que enlaza sus trabajos con las corrientes supports-surfaces (Dezeuze, especialmente), convirtiéndose en un reduccionismo que parece neutralizar cualquier pretensión de análisis e interpretación iconográfica y que recurre exclusivamente a la desnudez conceptual. En esta nueva propuesta el planteamiento es similar, la pared forma parte del proyecto y, en parte, la obra es absorbida por ella, con sus irregularidades y su color, muy parecido al del papel. Se ha creado directamente sobre ella condicionando el resultado. Es tan desnuda y directa que nos “fuerza” a reflexionar sobre aspectos esenciales y básicos. El papel es un material ubicuo, siempre está presente, es barato, tan cercano que no lo vemos, no “lo pensamos”. Utiliza un papel cuadriculado, su elección no es gratuita, habla del mundo formal y normalizado, de la educación, de la forma de escribir y casi de pensar. En Dibujos desocupados también hay una geometría subyacente, una retícula o red que sustenta una escritura, un dibujo..., extraer el dibujo de un papel cuadriculado es una labor absurda, pero cuando lo vemos fuera del papel adquiere sentido.

Eugenio López (Oviedo, 1951) es uno de los representantes españoles más destacados del constructivismo geométrico que ahora nos propone una inmersión en uno de los trabajos más interesantes de su carrera, una propuesta que arranca de 1993 y que podríamos considerar extensión de su obra pictórica y escultórica. Se trata de proyectos de intervención en espacios naturales plasmando la necesidad de llevar a la práctica el viejo principio neoplasticista de que el arte ha de servir para cambiar la vida, para mejorarla, mediante un diseño más racional y estético, aplicado a todos los ámbitos, en el urbanismo, la arquitectura, la ingeniería, el interiorismo o la moda. El proyecto se ha desarrollado hasta la actualidad y se refleja en una serie de intervenciones a partir de fotografías de “lugares” que por algún motivo han despertado el interés del artista (p. 44), la mayor parte de esos espacios son poco significativos, pero con su intervención — escultórica, pictórica o lumínica—, se podrían transformar en referentes o puntos de interés artístico. La posibilidad de llevar a cabo buena parte de estos proyectos enriquecería considerablemente el paisaje urbano y natural de nuestra región. Tienen especial interés por su impacto y monumentalidad sus intervenciones escultóricas, la presencia rotunda de las formas geométricas del “Gran arco cuadrangular para la autovía minera” de 2002 que se recorta en el paisaje, integrándose en él o los poderosos volúmenes creados en 2013, como “Oblicuo”, proyecto escultórico para el HUCA, impactante prisma inclinado que se podría convertir en un hito, un símbolo de la modernidad identificado con la Sanidad Asturiana o “Piramidal”, propuesta para Cuenca de Campos (Valladolid), donde la osadía formal y cromática no compiten con el poderoso entorno, lo enriquecen. Sus proyectos enlazan con la arquitectura, a la que también se siente próximo, así se pudo observar en su último proyecto para el Museo de Bellas Artes de Asturias,

Confluencia, acople, núcleo. Tres geometrías para el Palacio de Velarde sobre el que el propio artista comenta: “mi meta siempre ha sido crear y recrear un ambiente. La búsqueda de los estímulos que en esa dirección pueden o no precipitarse. La prolongación de la obra de arte en el espacio. Encajar la geometría en este espacio concreto y no otro”. Las conexiones arte/ arquitectura plantean ese debate eterno entre lo bidimensional y lo tridimensional y está presente en buena parte de sus propuestas que parecen “apropiarse” de los espacios interiores o naturales, son proyectos escultóricos en los que la escala, la geometría y los materiales aunan sus fuerzas; con esa intención, Javier Maderuelo se refiere a la ruptura de las fronteras entre estas disciplinas, el deslindamiento se ha perdido porque la escultura ha roto su equilibrio8. Más allá del puro deleite estético, sus trabajos nos llevan a cuestiones sobre el lugar/no lugar, enlazan incluso con algunos planteamientos situacionistas de re-interpretación o re-lectura de espacios naturales o urbanos, de la arquitectura industrial o las grandes medianeras, susceptibles de ser intervenidos mediante la aplicación de planos de color monócromos que transforman y crean lugares de silencio y reflexión, incluso sobre algunos iconos irreductibles como el gran rayo atravesando la torre de La Laboral de Gijón fulminando su soberbia. Entre estos nuevos puntos geodésicos que el artista tiene capacidad de ver, señalar y dignificar o destruir, también destacan algunas conexiones directas con el mundo land art como su propuesta de 2014 sobre los campos de Urueña: una rotunda línea roja subraya la geometría casi natural preexistente. La belleza de la naturaleza se ve subyugada por otra, extraña, geométrica y artificial. Probablemente el artista más próximo de esta muestra a los planteamientos situacionistas es Carlos Suárez (Avilés, 1969), presente en la actualidad en el proyecto museístico del Bellas Artes de Asturias con “El vaciado

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de la huella belga”, planteando una reflexión sobre nuestra identidad y la manera en la que ésta se gesta a través de los procesos de reconstrucción de la memoria, utilizando como punto de partida el archivo y sus procesos. En esta línea reflexiva y conceptual se encuentran las fotografías de gran formato que nos presenta en la exposición S/T, 2012 (p. 60), obras que pertecen a la serie desarrollada dentro del proyecto “No Memory. Cities in the world” expuesta ya en el CMAE y que hablan de un paisaje humano construido y deconstruido. Una breve revisión de su trayectoria permite observar su interés por esta vertiente comprometida y reflexiva que tuvo su punto de inflexión en la muestra “Paraísos artificiales” en la galería Vértice (2008), desde ahí, la fotografía ha ido tomando protagonismo en su trabajo convirtiéndose en motor para la reconstrucción de la memoria, fotografía más cercana al documento que a la recreación plástica. “Ciudad satélite” (2011), “No Memory. Cities in the world” (2013) y, especialmente, su propuesta más reciente “Timeless City” (Factoría Cultural, 2015) son reflexiones en voz alta sobre la degradación y deterioro en el que estamos sumidos: “Son paisajes vacíos de movimiento, de vida, aunque se encuentran presentes las huellas y signos humanos, las agresiones al entorno en las que se nos involucra como espectadores sin respuesta”9. Precisamente es en esta última muestra donde el artista conjuga imagen y texto convirtiendo cada uno de sus trabajos en proclama: “El habitante de la ciudad ha dejado de soñar en ella. El motivo es evidente: el sueño tiene su punto de partida en la realidad y se materiliza en ella” (Gilles Ivain, Formulario para un nuevo urbanismo, 1958). Es en este apropiacionismo literario, mediante la descontextualización y reubicación de imágenes, donde se encuentra el choque visual que nos provoca y propone nuestro artista. La ciudad y el escombro, el orden y el caos conviven (malviven) en estas fotografías, son realidad y documento para la memoria,

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un archivo visual que nos ubica nuevamente en el ámbito del situacionismo y que, de alguna manera, conecta con el espíritu crítico, constructivo y reflexivo de Isidoro Valcárcel en propuestas sugerentes y drásticas como “De ayer a hoy”, expuesta en el MUSAC de León en 2015. Igual que aquel artista conceptual, Suárez recurre al enfrentamiento entre realidades, provocando un posicionamiento en el espectador, una nueva concienciación y recuperación de la memoria. A veces, la memoria de la ciudad y de la actividad pasada permanece y se resiste al olvido como un elemento documental imborrable. La presencia de los vestigios del pasado actúa de fantasma del presente. “No Memory. Cities in the world” es una mirada desde la realidad más próxima y cercana, pero a la vez común a lugares y ciudades distantes y dispares. Las presencias un tanto etéreas del proyecto “Matrix” (p. 36) de la fotógrafa Mónica de Juan (Corrientes, Argentina, 1974) se podrían encuadrar también en este discurso situacionista, a pesar de la carga subjetiva, poética y emocional, que podría enmascararlo. Son lugares abandonados, deshechos industriales, moldes y matrices de la fábrica de loza de San Claudio que la artista ha elegido, colocándolos ante nosotros con un cierto espíritu reivindicativo. Son fruto del carácter polifacético de su creadora que se viene manifestado en vertientes tan diversas como la ilustración, video-mapping, animación y fotografía. En sus planteamientos y concepción del arte, y especialmente en sus singulares retratos, busca lo cotidiano, que a veces está en la ausencia, en la huella que deja la persona, porque al final, siempre está la naturaleza reconquistando el espacio que le fue arrebatado. Con estos principios que ha trasladado ahora al mundo del objeto industrial, a manera de un neo-ready made, nos presenta estas matrices que en su momento cumplieron una función básica y fundamental, ensalzando y reivindicando su esencia.

En su inspiración caben vertientes de la fotografía tan diversas y antagónicas como complementarias, se siente bastante ligada a las propuestas del fotógrafo alemán Wolfgang Tillmans por su drástico conceptualismo en una fotografía auténtica, directa, pero también enlaza, por esa personal y poliédrica manera de entender la creación, con la fotógrafa portuguesa Helena Almeida, su método de trabajo, a veces, es similar, planifica previamente e incluso hace bocetos y finalmente las fotografías sufren transformaciones, pintándolas o añadiendo elementos ajenos, o van acompañadas de grabaciones sonoras, o de videos body art, en los que su cuerpo participa en el proceso. En “Matrix” (Matriz) Mónica se ha convertido en una “rescatadora”, comenzó esta labor en 2015 y durante este tiempo lo ha convertido en necesidad estética y documental, es un poético canto a la supervivencia, a la resistencia del paso del tiempo: “donde ya no queda más que la estructura, los moldes, base de la producción, son expuestos a modo de escultura, siempre con los materiales hallados e interviniendo el espacio in situ”. Sus imágenes nos sitúan frente a frente con la realidad, con las cicatrices que deja el tiempo para siempre, con la esencia de la producción (los moldes) que se resiste a desvanecerse . Mónica también es propiciadora de situaciones, fija su objetivo en el derrumbe para transformar la desolación y el abandono en un acto reivindicativo, pero siempre bello. José Ferrero (León, 1959) nos presenta tres de sus trabajos de los años 90 (p. 38), soberbias fotografías en las que están patentes dos de las singularidades de su trabajo en estos últimos años: la importancia del vacío como elemento generador de energía y provocador de emociones y la aproximación al detalle, que desvirtúa la realidad hasta abstraerse a ella. Ambos aspectos siempre han estado presentes en sus proyectos, pero se han acentuado en estos últimos años en proyectos como “The

elements” (Laudeo, 2012) y “Imaginarium” (Utopía Parkway, 2013). Es sorprendente advertir cómo el artista consigue trascender más allá de la técnica fotográfica, alejándose de las constantes formales más características de este medio como pudiera ser “la captación del instante”. Por el contrario, hay una clara intencionalidad en él, una selección del encuadre que transforma la realidad en otro mundo donde la imaginación realiza su papel y el tiempo se detiene. Decía la pintora Georgia O´Keeffe que no plasmaba las imágenes enteras, sino fragmentos de esas imágenes porque pintaba lo que le parecía importante, o lo que le hacía sentir emociones dentro del todo. Es posible que tras esta reflexión también se encuentre Ferrero. La potente luz que afecta a sus composiciones acentúa ciertos efectos ópticos, juegos de luces y sombras que van del blanco más luminoso al negro más profundo, del positivo al negativo y que parecen entroncar con el mundo del grabado, campo en el que se formó y es seguro que en el artista ha quedado algo de su impronta. Pero si en las obra de José Ferrero la balanza se inclina hacia alguna disciplina creo que, sin duda, es hacia la pintura, sus fotografías lo son técnicamente pero formalmente no; tiene deuda con la plástica geométrica, pero, por sus efectos aterciopelados y sensoriales que nos trasladan al ámbito de la pintura de campos de color, sus trabajos trascienden, más allá de la perfección técnica, en pura emoción y no se trata de dudar sobre los orígenes técnicos de la obra, es más bien obviarlos hasta el extremo de valorar la obra desde premisas pictóricas, baste citar algún cuadro de Pelayo Ortega que ha depurado hasta el mismo límite la poética de las formas y que define como un arte “esencialmente plástico”. En la obra de nuestro fotógrafo prima el culto a la contemplación, el ensimismamiento en imágenes retenidas sobre el papel fotográfico que permite que nuestra imaginación deambule por ámbitos cercanos a la abstracción, un artista que, como afirma

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Erika Babatz: “ha desafiado a la capacidad del medio como referente directo de la realidad”10. Pablo Maojo (San Pedro de Ambás, 1961) ha realizado para la muestra dos piezas singulares: Estela y Picadora de estrellas (p. 48), pero dentro de su originalidad se encuentra la marca inconfundible de su autor, imagen y concepto responden a un estilo personalísimo plasmado en dos relieves compuestos por varias piezas que funcionan, complementándose, “a manera” de díptico. La obra, realizada en madera de eucalipto, adquiere una gran presencia en la sala, en ella se conjugan distintas fuerzas: técnicas, formales y simbólicas. Maojo es heredero de la mejor tradición escultórica de la región y, como Joaquín Rubio Camín, ha sabido desligarse de la atadura de la norma para potenciar su propio estilo nacido de las vanguardias. Se apropia de aspectos formales del constructivismo pero aporta su “alma” en cada uno de sus trabajos. Parece que el artista desarrolle relaciones emocionales con el material, enlazando con sus raices, su niñez e incluso remontándose a algo más lejano y ancestral. La elección de materiales, su método de trabajo, su propio taller están íntimamente ligados a la tradición, a aspectos antropológicos y etnográficos. Trabajar la madera es complejo, se puede partir de una idea pero el material te lleva a otra parte, es caprichosa dentro de su organicidad, las vetas, las grietas, los nudos son situaciones que te pone la naturaleza delante, son momentos azarosos, complejos y enriquecedores. La técnica contundente, con la motosierra como instrumento, aporta rotundidad en cada pieza, suavizada por la aplicación de toques de color, a veces muy sutiles, aportaciones ocultas que sólo un espectador atento puede desentrañar. En Estela y Picadora de estrellas se advierten connotaciones con cierta carga irónica, hay referencias personales y antropológicas. Son relieves que visualmente indican lo que representan con una clara literalidad, el carácter tosco y primigenio

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queda reforzado por las formas y subrayado por los títulos. Se trata de una obra sólida que parece tener connotaciones simbólicas, un mundo cósmico y telúrico, un auténtico universo o síntesis de él. Es también un buen ejemplo de su estilo actual, una fusión formal y conceptual de raíces y tradición con el lenguaje abstracto y conceptual presente en esta muestra. María Álvarez (Luanco, 1958) nos muestra La mente callada (p. 26), uno de sus trabajos de la serie “Sin coordenadas” (2016), se trata de la materialización de pensamientos y reflexiones que la artista lleva tiempo trabajando. Es otra prueba más de la línea de investigación que viene trazando durante los últimos años en la que reflexiona sobre el concepto de interacción de diversas expresiones artísticas como la obra gráfica, el dibujo y la pintura y su relación con la búsqueda de la economía de medios y recursos, el desprendimiento de lo superfluo, en un afán de anular y eludir el objeto artístico. Desde su impronta personal, su obra es reflejo del propio carácter de la artista, una aparente fragilidad sometida por la contundencia del concepto. La serie “Sin coordenadas”, es, según María, “un sinfín de pensamientos y reflexiones que no valen nada, un intento de desvanecerse y adentrarse en territorios desconocidos, invisibles e inexplicables. Un anhelo inmenso de escapar, de aislarse y una resistencia general a la realidad concreta, a la vida implicada como un caos, al desencanto”. Espacios infinitos, abiertos, ilimitados, evocando un sentimiento inmaterial, vaciedad de la mente, impotencia, desasimiento, la pérdida de referencias, la “mente callada” que decía John Cage11, esperando a despertar. La razón de esta obra está, en parte, en el sentimiento de haber perdido la claridad de visión sobre la vida, reconociendo una confusión que había que resolver. Un modo de responder de la persona cuando se olvida de sí misma. En esta ocasión María parece cambiar de registro, en vez de trabajar

con la atmósfera y elementos traslúcidos como en su serie A destiempo (galería Caicoya, 2011), recurre a la contundencia de un negro saturado, sereno, sedoso y aterciopelado. La limitación de medios para poner de manifiesto la esencialidad de la realidad trascendente, el interés inmaterial es clave, de ahí la apuesta por la impresión digital, sin distracciones innecesarias. Las verdades que se persiguen a través del reduccionismo de formas, medios y técnica son más metafísicas, más emocionales que materiales. La autoexpresión es inevitable. Para esta exposición María Jesús Rodríguez (Oviedo, 1959) nos ofrece diversos ámbitos de su creación que conviven perfectamente convirtiéndose en un microcosmos orgánico y natural, sus piezas se potencian entre sí, son monolitos tridimensionales de cartón, óleo y madera que armonizan junto a pizarras grabadas con títulos de sugerente sonoridad: Los Reguerones y El Salgueiro (p. 56), en ellas, el virtuosismo técnico y constructivo se conjuga para potenciar, a través de las impresión directa, la perfecta sintonía entre materia y forma. Estos elementos naturales que parecen desarrollarse con total normalidad, reflejan un mundo profundamente interiorizado, enraizado y fértil, de recuerdos retenidos en la memoria. Así habla la artista cuando se refiere a la pizarra: “la conozco desde niña. Ha sido techo, pared y suelo de mi casa materna, he saltado, trepado y apoyado mi mejilla en ella para sentir su tacto. Conozco sus grietas y fisuras, se cuando es segura o no, se cómo se rompe...”. Con este tipo de obra, donde los organismos vivos, musgos y hojarascas van recuperando su lugar sin importar el tipo de superficie —pizarra, cartón, madera o alumnio—, Mª Jesús Rodríguez viene desarrollando un trabajo de gran calado emocional, capaz de extraer la fuerza expresiva contenida en la materia, situándose en un discurso contemporáneo similar al de otras artistas internacionales como Eva Lootz o Cristina Iglesias.

Simulacros entre el eco del amor y la sombra de un pájaro (p. 46) pertenece a un proyecto de 2015 en el que Adolfo Manzano (Quirós, 1958) crea un mundo de gran carga emocional y poética. En él, tiene un papel importante la madera de castaño y la incorporación de otros materiales como el alambre, el pan de oro y pan de plata. La madera elegida no es circunstancial, es característica de nuestro entorno cercano, es estable y duradera, apta para ventanas, puertas y tarimas, es densa, tiene óptimas cualidades que acentúan su belleza con el paso del tiempo. Adolfo trasciende mas allá de las formas mediante una cuidada selección del material, su lenguaje visual es con frecuencia mínimo, pero de contenido plural. Extrae de la materia la emoción, energía y fuerza necesarias para que la obra adquiera vida propia y nos transmita las sensaciones del artista. Recuerdo con agrado la visita a su exposición “Pequeñas nubes en el cielo en el jardín susurros” (galería Caicoya, 2010), en ella comentó cómo las técnicas se adaptaban al discurso del artista, de la complejidad y las cualidades de la materia, de la necesidad de estar en contacto directo y privado con ella, casi como en una relación íntima, “puede cambiar la técnica y la materia, pero en el fondo uno, irremediablemente, habla siempre de sus cosas”. La creación consiste en indagar y eso vale para la tela, la madera o para el mármol. En este último material realizó su grupo escultórico Cantu los díes fuxíos (2001) en la senda del Cervigón en Gijón, un lugar para la reflexión sobre lo efímero de las cosas. Otro aspecto revelador que acentúa la carga lírica y simbólica mediante su descontextualización es la presencia de los objetos, de las cosas sencillas y cotidianas en sus instalaciones En Simulacros entre el eco del amor y la sombra de un pájaro, hay evidentes connotaciones poéticas y una profunda relación con la naturaleza, pero también existen lazos formales que le unen, por ejemplo, con Brancussi y su Pájaro

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en el Espacio. El carácter constructivo del elemento acoplado en la pared, podría enlazar con mundos tan dispares en apariencia como la geometría estructural de Torres García o con la sencillez de los collages y los ensamblajes de material reciclado de Arp o Schwitters. La obra de Manzano es siempre evocadora de lugares o momentos vividos o vivibles, sus instalaciones se adaptan al espacio, dialogan con él y, como un escenario cinematográfico, el espectador se convierte en actor, en protagonista. Las lecturas que podemos extraer son múltiples: la madera tallada y ensamblada, un pájaro, un cuchillo, una frase tallada pueden desencadenar múltiples interpretaciones. El arte sirve para contar cosas, el artista trabaja con el material transmitiéndole esa emoción y sensibilidad que sólo se manifiesta cuando algo o alguien nos provoca, Adolfo lo consigue de manera sosegada, tranquila y poética. La obra de Blanca Prendes (Gijón, 1973), Silencio/Semana 2-8 de 2014 (p. 52) nace de la luz que traspasa una persiana, en esta sencilla descripción se encierra toda la poética de un tiempo detenido, de una luz controlada hasta el límite de su desaparación, de un lugar en penumbra atractivo en su indefinición. Sabemos que ese silencio y ese tiempo contenido, esa oscuridad buscada que se expande en un ritmo casi musical por las paredes de la sala de exposiciones, habla del recogimiento, conteniendo la idea de hogar y de nido. Forma parte del Proyecto 58 días, que se inspira en el acto de amamantar. Surge de la necesidad de plasmar y expresar esta vivencia. La acción como madre y la gestación como artista plástica se han unido en una obra que es sensibilidad pura. La artista nos traslada a través del arte y con una especial delicadeza hasta su ámbito maternal; un delicioso y perfecto friso formado por siete fotografías lambda sobre dibond colocadas perfectamente en dos niveles que nos conduce, a través del formato, de la cadencia compositiva, de las tonalidades

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y cambiantes efectos lumínicos, a sentir su propia experiencia vivida, su experiencia en un tiempo y un espacio contenidos. La carga emocional que desprende esta obra, trasciende más allá de su creadora pues habla de una constante de la existencia: el paso del tiempo. Con este proyecto, y gracias a los acontecimientos personales, Blanca Prendes parece “renacer como artista de sus propias cenizas”. Cuando en 2003 prácticamente toda su biografía artística desaparece en un accidente, pareció que su brillante trayectoria podría quedar detenida. No fue así, recientemente pude vivir una nueva experiencia en su proceso de sanación, Incendios (Local, febrero 2016) más que una exposición fue un acto de valentía, una catarsis, una reflexión sobre la creación y la destrucción que permitió a la artista rehacerse y abrir nuevas perspectivas temáticas y técnicas, pero sobre todo conceptuales. Allí quedaron los restos del naufragio, como memoria personal y documental. Con la obra que nos presenta ahora, su proyecto vital y creativo, se ha regenerado, ha encontrado nuevas vías de expresión que, en esencia, siguen siendo lo mismo que fueron: una búsqueda de la verdad. Concepto y poesía se unen también en las propuestas de Paco Nadie (Thionville, Francia,1972), artista afincado desde hace años en Gijón que, a través de obras como La otra orilla (El desierto de lo real) y Granos de arena (p. 50), plantea una reflexión sobre la belleza real y virtual. Estas obras forman parte del proyecto Durmiendo en la orilla, trabajo complejo y exquisito que dio a conocer en el CCAI en julio de 2015, un mundo que está cargado de lirismo y donde la fotografía, el video, los recursos sonoros y la plástica van de la mano para sumergirnos en un espacio atemporal en el que lo aparentemente banal se torna trascendente y único. Desde la complejidad conceptual de su trabajo y, siempre desde la óptica de un romántico contemporáneo, estos fragmentos extraídos del proyecto general son

suficientemente representativos para llegar a comprender las inquietudes del artista. En La otra orilla (El desierto de lo real) 6 piezas verticales en lambda sobre alucubond, el artista incluye la referencia HIRISE (High Resolution Imaging Sciene Experiment), denominación de la cámara-telescopio situada a bordo del Mars Reconnaissance Orbiter que permite fotografías a gran resolución. Se trata de imágenes capturadas y trasladadas al soporte, estrechos y verticales fragmentos de las superficies planetarias, que rompen con cualquier tipo de perspectiva convencional y plantean un nuevo tipo de paisaje, un paisaje que ha trastocado lo horizontal por lo vertical y que introduce una mirada cenital. Por otro lado, la equilibrada disposición de las piezas plantea un interesante juego plástico, como un gráfico de barras. Las 20 fotografías de la instalación Granos de arena impresionan por su ampliación nítida bajo el objetivo de la cámara. Son auténticas rarezas, irregulares como rocailles, minúsculas y valiosas joyas engrandecidas por el artista, de ahí su belleza única, Alfredo Aracil se refiere al artista y a su obra: “desde el análisis de lo supuestamente informe trata de mostrar lo diferente de lo idéntico”12. El rigor formal también manda en esta instalación que sirve para ordenar meticulosamente los granos de arena, un orden dentro del orden. Existe gran paralelismo entre las imágenes que contemplamos y sus poéticos títulos, lógica coherencia que tiene que ver con ritmos y tesituras entre palabra e imagen y que demuestra el interés del artista por la poesía y sus similitudes formales y estructurales: diversas manifestaciones de la plástica visual se armonizan con distintos usos del lenguaje verbal. Tras la gran belleza de sus instalaciones se esconde una reflexión sobre el presente y el futuro, este gesto de aproximación hasta el mínimo detalle de algo minúsculo e inaprensible, de acercamiento a mundos y paisajes desconocidos y posiblemente inexistentes, gracias a los avances de la

ciencia y la tecnología que, sin embargo, está provocando un abandono de los temas esenciales de la vida. Hay cierta frialdad y dureza en su propuesta, una reflexión en voz alta sobre el mundo real y virtual que nos fascina y nos engaña, pero nos queda el arte como asidero para poder discernir los límites existentes entre ambos, si es que existen. Maite Centol (Logroño, 1963) desarrolla el proyecto Ritmo/pasaporte (p. 32) entre 2013-2014. Una obra que se enmarca perfectamente en el discurso de una artista que no desliga su faceta de creadora del compromiso social y que se manifiesta en este caso como un registro de dos “acciones” fundamentadas en la medición de un espacio/tiempo a través del acto de pintar: Ritmo nace de la acción con una regla como instrumento, una plantilla pautada para pintar una secuencia acompasada de círculos. Es pintura hecha tiempo, el acto de pintar en la intimidad del estudio se ha convertido en una unidad de medida de la experiencia y en la paciente documentación de esa experiencia. En pasaporte la acción también es privada, más bien de ocultación, de negación. Se desarrolla en un video realizado directamente con cámara a tiempo real. En la acción performática el pasaporte se pinta minuciosamente de negro en un acto de anulación de la identidad. La grabación se incorpora al discurso de la acción de intervención en el espacio real. Desde el 2011, Maite Centol trabaja en series que surgen de una reflexión pictórica sobre el espacio arquitectónico, el espacio-receptáculo, el paisaje y el lugar donde el gesto se estructura y se articula en un lento trabajo. El resultado de estos procesos introspectivos son espacios pictóricos acotados, tramados con líneas paralelas y reticulares, basados en el vacío y en la repetición. Nos muestra obras que, sin perder su identidad y estilo personal, de superficies con texturas variables donde el rigor y la seriación a base de entramados de fértil geometría y reducccionismo cromático, dan siempre como resultado una obra

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serena que dialoga con el espectador y que ahora, además de su calidad formal, aporta cualidades humanas y reflexivas. Fernando Alba (La Folguerosa, Salas, 1944) irrumpe en la muestra con la obra Sudarios de la emigración (p. 24), un auténtico manifiesto plástico, tan sugerente y atractivo como incómodo, una instalación que nos envuelve, constituyendo un verdadero lugar de reflexión. Artista comprometido y concienciado con las cuestiones importantes del mundo, ha aportado una obra viva que muestra sin reparos sus grietas y heridas abiertas, situándose en un terreno movedizo entre la estética y la realidad. Alba nos propone un espacio de acogida y recogimiento, pero también un lugar para la meditación sobre cómo, cuando forzosamente se abandona el entorno, cuando te echan, se enfatiza aquel espacio primigenio. Introduzco aquí el análisis que el especialista en la obra de Alba, el arquitecto Jovino Martínez Sierra ha realizado sobre la obra expuesta: “El inquietante silencio que destila la obra, tiene relación directa con ese modo de enfrentarse al arte con una actitud reflexiva y vital, en un proceso continuo de constantes interrogantes. La dimensión poética reside en la sugerencia que se oculta, en el misterio que evoca o se sugiere. Se trata de abrir un abismo entre lo conocido y lo sugerido. El límite como materia conceptual es un elemento esencial de trabajo para el artista en ese continuo plantear interrogantes. En la sociedad de la información, la escultura desmaterializada, la instalación,

6. SUÁREZ, Rubén, “Depuración formal”, artículo de La Nueva España, Oviedo, 12 de noviembre 2004.

p.182, tomado de Palazuelo, Geometría y Visión de Kevin Power, Diputación Provincial de Granada, 1995.

7. BONELL, Carmen, La Geometría y la Vida, Antología de Palazuelo, Serie Monografía 10, Ad Hoc, Fundación CajaMurcia, edic. Cendeac, Murcia, 2006,

8. MADERUELO, Javier, El espacio raptado. Interferencias entre Arquitectura y Escultura, Biblioteca Mondadori, Madrid, 1990, p.25

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la “no escultura“ se superpone a cualquier soporte físico. De ahí la contemporaneidad al utilizar materiales y soportes livianos y accesibles pero hablan de otro mundo, de su trascendencia, y en definitiva, de nuestra sociedad y de su tiempo. Alba ha trabajado con una dualidad recurrente entre los elementos naturales y la materialidad abstracta de sus esculturas, interaccionando entre ambos (…). La obra tiene esa condición resiliente donde la instalación se redefine como proyecto adaptado a cada espacio. Una permanente invitación a contemplar, interrogar, detenerse, acceder, tocar, sentir y avanzar… todo ello en una inquietante penumbra. Un escultor de la sombra”. Los materiales son claves en este proyecto, constituyendo la forma —y esencia— del concepto, los refugiados viven en una precariedad como ésta, de estructuras efímeras que les cobijan temporalmente, el caucho es aislante, y sobre él, nosotros dejamos nuestras huellas, rastros de nuestra presencia y donde aumenta la luz a medida que nos acercamos, entrando en un lugar de preocupaciones y emociones que se encuentran como en las tiendas de campaña que van acumulando arrugas, manchas y deterioro y que parecen plasmar improntas de sufrimiento. Es importante coordinar exposiciones como ésta, de artistas formalmente diversos, pero unidos en una apuesta común por aquello en lo que creen. No encuentro mejor manera para finalizar esta presentación que esta frase de Fernando Alba: “en este sudario, yo puse más con lo que no puse que con lo que puse”.

9. MARTÍN, Jaime Luis, “Futuro suspendido”, La Nueva España, 22 de abril de 2015

11. CAGE, John, Escritos al oído, Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos, Murcia, 1999

10. BABATZ, Erika “Un subversivo fuera de sospecha”, texto para A propósito de la deconstrucción, galería Utopía Parkway, Madrid, 2013

12. ARACIL, Alfredo en https://twitter.com/ NadiePaco, 13 de julio de 2015.

Pág.

Pág.

24

Fernando Alba

44

Eugenio López

26

María Álvarez

46

Adolfo Manzano

28

Irma Álvarez-Laviada

48

Pablo Maojo

30

María Braña

50

Paco Nadie

32

Maite Centol

52

Blanca Prendes

34

Isabel Cuadrado

54

Elena Rato

36

Mónica de Juan

56

María Jesús Rodríguez

38

José Ferrero

58

Bernardo Sanjurjo

40

Jorge Flórez

60

Carlos Suárez

42

Lisardo

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Fernando Alba 24

Sudarios de la emigración 2016 Materiales diversos. Instalación 271 × 384 × 605 cm

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María Álvarez

La mente callada (Serie Sin coordenadas), 2016 Impresión digital 100 × 86 cm c. u. Colaboración: Pedro Suárez Flórez

26

27


Irma Ă lvarez-Laviada 28

Sobre la pintura II 2013 Pintura industrial, material de embalaje y bastidores 200 Ă— 95 cm c. u.

29


María Braña 30

Desarrollo espacial 2015 Impresión digital y collage sobre lienzo 180 × 150 cm

S/T 2016 Impresión digital sobre vinilo montado en caja de madera lacada 130 × 10 × 5 cm c. u.

31


Maite Centol

32

Ritmo/pasaporte 2013-2014 AcrĂ­lico sobre lienzo 200 Ă— 200 cm Video

33


Isabel Cuadrado 34

Dibujos desocupados 2011 Lรกpiz sobre papel y pared Medidas variables

Dibujos desocupados (detalle) 2011 Lรกpiz sobre papel y pared Medidas variables

35


Mónica de Juan

36

37

Serie Matrix 2016 Fotografía digital 30 × 45 cm c. u.


JosĂŠ Ferrero 38

S/T 1998 Gelatina de plata, virado al selenio 73 Ă— 83 cm (imagen 42 Ă— 53,5 cm) Numerada: 5/10

S/T 1993 Gelatina de plata, virado al selenio 73 x 73 cm (imagen 44 x 44 cm) Numerada: 8/10

S/T 1993 Gelatina de plata, virado al selenio 73 x 73 cm (imagen 44 x 44 cm) Numerada: 1/10


Jorge Flórez 40

S/T 2016 Madera y pintura sintética 22,50 × 85 × 6 cm

S/T 2016 Madera y pintura acrílica 72 × 94 × 78 cm

41


Lisardo 42

S/T 2015 Acrílico sobre lino 130 × 162 cm

S/T 2014 Hierro, escayola, acrílico 145 × 24 × 16 cm

S/T 2015 Acrílico sobre lino 130 × 162 cm

43


Eugenio Lรณpez

44

Proyectos Impresiรณn digital

45


Adolfo Manzano

46

Simulacros entre el eco del amor y la sombra de un pájaro (Serie), 2015 Técnica mixta, madera, alambre, pan de plata y pan de oro

Relieve: 170 × 107 cm Pieza del suelo: 119 × 11 × 10 cm

47


Pablo Maojo

48

Picadora de estrellas 2016 Madera de eucalipto y color 130 × 130 × 10 cm aprox.

Estela 2016 Madera de eucalipto y color 140 × 120 cm aprox.

49


Paco Nadie

50

Granos de arena 2015 20 fotografías enmarcadas con paspartú Instalación 3D 98 × 88 cm

La otra orilla (El desierto de lo real) HIRISE 2015 Papel Lambda sobre alucubond Instalación de 6 piezas. Medidas variables

51


Blanca Prendes

52

Silencio / Semana 2-8 2014 7 fotografĂ­as Lambda sobre dibond 50 Ă— 100 cm

53


Elena Rato 54

N.907/CRÓNICA/11 (Serie pinturas encontradas) 2015-2016 Acrílico sobre lienzo y vinilo adhesivo sobre pared 163 × 330 cm

55


1992 IX Cartón, pintura y madera 149 × 33 × 28 cm

56

El Salgueiro 16 2010 Pizarra y punta seca 20 × 100 cm

Los Reguerones 2 2010 Pizarra y punta seca 20 × 100 cm

1999-2016 VII Cartón, óleo y castaño 175 × 18 × 17 cm

1998 XXVII Cartón y óleo 163 × 9 × 13 cm

2002-2015 XXXII Cartón, óleo y castaño 171 × 11 × 10 cm

María Jesús Rodríguez


Bernardo Sanjurjo 58

S/T 2016 Óleo sobre lienzo pegado a tabla 200 × 122 cm

S/T 2016 Óleo sobre lienzo pegado a tabla 200 × 122 cm

59


Carlos Suárez 60

No memory. Cities in the world 2012 Fotografías. Lambda sobre dibond de alumnio 100 × 150 cm (díptico)

61


63


lisardoabadia@hotmail.com

info@blancaprendes.com

www.laboralcentrodearte.org/en/ recursos/.../maite-centol-1

Foto: José Ferrero

(Gijón, 1973)

espaciodecreacion@gmail.com

Foto: Mónica de Juan

BLANCA PRENDES

(Mieres, 1960)

http://www.blancaprendes.com/

(Noreña, 1979)

fernandoalba@telecable.es

isabelcuadrado35@hotmail.com

lopezlazuli@gmail.com

elenaratotascon@gmail.com

http://digibuo.uniovi.es/dspace/ handle/10651/13139

http://isabelcuadrado.blogspot. com.es/

http://www.laboralcentrodearte. org/es/recursos/personas/ eugenio-lopez

Foto: Mónica de Juan

ELENA RATO

(Oviedo, 1951) Foto: Eugenio López

EUGENIO LÓPEZ

(Oviedo, 1965) Foto: Mónica de Juan

ISABEL CUADRADO

http://www.elenarato.com/

MARÍA JESÚS RODRÍGUEZ

(Quirós, 1958)

(Oviedo, 1959)

mariaalvarezmoran@gmail.com

monicadejuan13@gmail.com

adolfomanzano@yahoo.es

lapayarina@gmail.com

http://www.laboralcentrodearte. org/es/recursos/artistas-asturianos/ personas/maria-alvarez/

www.monicadejuan.com

http://www.laboralcentrodearte. org/es/recursos/personas/adolfomanzano

Foto: Mónica de Juan

ADOLFO MANZANO

(Corrientes, Argentina, 1974)

Foto: Delapuente Fotoespacio

MÓNICA DE JUAN

(Luanco, 1958) Foto: Mónica de Juan

MARÍA ÁLVAREZ

http://www.esculturaurbana.com/ paginas/rodm.htm

BERNARDO SANJURJO

(San Pedro de Ambás, 1961)

(Barres, Castropol, 1940)

irmalaviada@gmail.com

http://www.joseferrero.es/

pablo.maojo@gmail.com

bernardosanjurjo@hotmail.com

http://www.esculturaurbana.com/ paginas/mao.htm

Foto: Marcos Morilla

PABLO MAOJO

(León, 1959) Foto: Mónica de Juan

JOSÉ FERRERO VILLARES

(Gijón,1978) Foto: José Ferrero

IRMA ÁLVAREZ-LAVIADA

com/

http://www.bernardosanjurjo.com

JORGE FLÓREZ

PACO NADIE

CARLOS SUÁREZ

(Teverga, 1950)

(Gijón, 1984)

(Thionville, 1972)

(Avilés, 1969)

maria-brana@hotmail.com

info@jorgeflorez.com

paconadie@hotmail.com

carlossuareznet@gmail.com

http://jorgeflorez.com/

http://www.paconadie.com

www.mariabrana.com

65

Foto: Carlos Suárez

MARÍA BRAÑA

Foto: Paco Nadie

Foto: Ana Fuente

LISARDO MENÉNDEZ MINAS

(Logroño, 1963)

(La Folguerosa, Salas, 1944)

http://www.irmaalvarezlaviada.

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MAITE CENTOL

FERNANDO ALBA

Foto: Mónica de Juan

Foto: Mónica de Juan

Foto: Mónica de Juan

Foto: Maite Centol

Artistas

http://www.carlossuarez.eu/


AGRADECIMIENTOS

Olga Luna Rubén Noval Alejandro Padrón Carmen Sancho Chelo Sanjurjo Pilar Simón Mª José Vallines

CRÉDITOS Asturias Arte Actual 2016 La Forma del Concepto

Comisariado: Santiago Martínez Fernández

CMAE. Centro Municipal de Arte y Exposiciones. Avilés

Textos: Rubén Suárez Ángel Antonio Rodríguez Santiago Martínez Fernández

Del 12 de mayo al 9 de junio de 2016 Organiza: Fundación Municipal de Cultura de Avilés. Ayuntamiento de Avilés CMAE Dirección del CMAE: Anabel Barrio

Diseño: Manuel Fernández (MF) Fotografía: Manuel G. Carranza (excepto fotos personales de artistas) Impresión: Cízero Digital, S.L. © de la presente edición: Ayuntamiento de Avilés © de los textos: sus autores Vegap: Irma Álvarez-Laviada y José Ferrero ISBN: 978-84-944331-4-6 DL: AS 01801-2016


Fernando Alba

José Ferrero Villares

Blanca Prendes

María Álvarez

Jorge Flórez

Elena Rato

Irma Álvarez-Laviada

Lisardo Menéndez Minas

María Jesús Rodríguez

María Braña

Eugenio López

Bernardo Sanjurjo

Maite Centol

Adolfo Manzano

Carlos Suárez

Isabel Cuadrado

Pablo Maojo

Mónica de Juan

Paco Nadie

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Catálogo Asturias Arte Actual 2016  

La Forma del Concepto

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