Revista FundsPeople septiembre

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TRIBUNA MIGUEL ROQUEIRO Director general y director de Inversiones, Acacia Inversión

Nos permite beneficiarnos de sus múltiples caras. Cuando está barata la compramos y la usamos como cobertura. Cuando está cara la vendemos de forma recurrente y sistemática.

LA VOLATILIDAD NO ES UN ESCUDO, ES UNA ESPADA

E

l verdadero riesgo es la pérdida permanente de patrimonio o no generar la rentabilidad adecuada. Así, deberemos ser conscientes de que una industria que emplea incorrectas varas de medir obtiene incorrectos resultados. Según The Rate of Return on Everything, 1870-2015, en dicho período, que abarca 145 años, unas teóricas letras del Tesoro mundiales habrían obtenido una ratio de Sharpe (exceso de rentabilidad de la inversión sobre el rendimiento del activo libre de riesgo, todo ello ponderado por unidad de riesgo medida como volatilidad) muy superior al de las acciones (1,38 frente a 0,47). No obstante, un dólar invertido en esas letras se transformó solo en 678 dólares frente a los apabullantes 2.690.552 de dólares generados por la renta variable (casi 4.000 veces más). La volatilidad mide los baches del camino, pero no las probabilidades de salirnos de la carretera, ni siquiera las consecuencias de tener un accidente o la velocidad con la que llegaremos al destino. De ese modo, esta herramienta de gestión que se encuentra erróneamente extendida genera, en nuestra opinión, paradojas en el mundo inversor. Por ejemplo 18 FUNDSPEOPLE I SEPTIEMBRE

la gestión VaR, que generalmente te obliga a vender, sacándote del mercado cuando precisamente surgen las oportunidades. Algo así como ir conduciendo con el retrovisor, mirando al pasado y no al futuro. De igual modo, puede llevar a cubrir la divisa en una cartera globalmente diversificada, pues entendemos que su comportamiento se puede asimilar al de un oscilador que en el largo plazo se neutraliza, por lo que el coste de la cobertura es un gasto para evitar un ruido, pero no un verdadero riesgo. En Acacia Inversión, en cambio, vemos la volatilidad (en este caso, implícita) como un activo del que beneficiarnos con las múltiples caras que ofrece. Cuando está barata, en absoluto como a principios de 2020 o en relativo (mínimos pospandemia) como en el primer trimestre de 2021, para comprarla y hacer una cobertura en nuestros fondos multiactivo. Cuando está cara, para venderla de forma recurrente y sistemática. Y cuando se producen anomalías, como a principios de este verano, cuando la volatilidad del high yield de EE.UU. llegó a mínimos históricos mientras que la de la bolsa seguía lejos de ellos, para efectuar una cobertura cruzada con gran convexidad. En definitiva, la volatilidad no es un escudo, es una espada.