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LAS ARMAS Y LAS LETRAS

Más suerte tuvo, sin duda, otra revista, de corte muy diferente a la anterior, que se llamó Hora de España. La propaganda, tanto dentro como fuera de España, desempeñaba un papel importante, y los intelectuales y escritores de la República supieron desde el primer momento aprovechar la inapreciable cantidad de poetas, filósofos, prosistas y pintores con que contaban. Se lo diría Azorín a Franco: la mayoría se había quedado con la República. Resulta curioso observar que la que estaba llamada a ser, desde muchos puntos de vista, la revista literaria más importante de la guerra y una de las mejores del siglo, fuese concebida y dirigida por jóvenes, por los más jóvenes, y, en cierto modo, de una manera azarosa, un tanto anárquica y contingente. Cierto día Dieste (del que había sido la idea), Gaya, GilAlbert y Sánchez Barbudo, todos ellos, menos Gil-Albert, antiguos misioneros pedagógicos, fueron a ver a Moreno Villa (de quien fue el título) para que éste les acompañara al despacho del director de Propaganda (que financiaría el proyecto). Allí, entre todos, le convencieron de la necesidad de crear una revista que agrupara el mayor número de tendencias, estilos y escritores de la República. Había nacido Hora de España. Su primer numero está fechado en enero de 1937, lo que quiere decir que se preparó ya en los dos últimos meses de 1936. Mientras la revista se publicó en Valencia, lo normal fue que los redactores se reunieran en casa de Gil-Albert, que hacía las veces de secretario, y allí preparasen cada número. El hecho de que la revista, órgano oficioso de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, estuviese alejada, y en la medida que ello era posible, del influjo del Partido Comunista (sobre Dieste y Gaya caería, meses después, la sospecha, entonces gravísima, de simpatizar, con los trotskistas si no, acaso, de serlo ellos mismos), la convirtió en un lugar excepcional para ejercer la libertad de expresión. Pero ello no evitó, y quién sabe si precipi-


tó, las duras críticas que le llovieron desde las filas comunistas: *revista pasiva, de acumulación inorgánica~,dijeron de Hora de España los stalinistas de Nueva Cultura, la revista de Renau, que veía la suya, en cambio, como <<unarevista y un movimiento dialécticos unidos no para reflejar pulcramente el agitado paisaje de esta hora en el dramático destino de nuestro pueblo^. Nueva Cultura, tanto como Defensa Nacional, vino a ser, con su formato grande y sus fotomontajes espectaculares, lo más parecido a la falangista Vértice, y llama poderosamente la atención que los tantas veces ponderados fotomontajes del director de la primera de ellas, pasado el tiempo, recuerdan no ya a los de inspiración comunista, sino a los que aparecían por esos mismos días en revistas nazis, en los que cambiaba, naturalmente, el mensaje, pero no el lenguaje, de la misma manera que en el ataque a Hora de España es llamativo el adjetivo çinorgánico~,inversión especular de aquel otro çorgánico~, que tan usual se hizo en España a partir de 1939. Era tal vez la similitud de retóricas a la que se refería Machado. En efecto, Hora de España fue algo más que una revista de propaganda, mucho más que Nueva Cultura. *Conmueve-dirá María Zambrano a comienzos de 1937-, porque nunca en medio de tanta sangre y muerte se ha escrito y publicado nada semejante [...l. Los temas solamente muestran ya la autenticidad de estas inteligencias, que forman parte del pueblo al trabajar con él y por lo que él. Van apareciendo en los ensayos, en los poemas y narraciones, en las notas y conferencias que refleja, todos los puntos de reflexión y meditación que nos van a ocupar años enteros; todo un porvenir de trabajo>>. En ella aparecieron textos que habrían de ser fundamentales en las obras de casi todos sus colaboradores, desde el mayor de ellos, Antonio Machado, asiduo de sus veintitrés números, hasta María Zambrano, Luis Cernuda, Altolaguirre, Dieste, Gaya, León Felipe, Pere Quart, Aleixandre, Sánchez Barbudo, Alberti, Bergamín, Neruda, Máximo José Kahn, Max Aub, Rosa Chacel, y algunos de menor nombradía.


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A diferencia de otras publicaciones de la guerra, de una y otra parte, fue Hora de España un lugar en el que se podía pensar, discutir, disentir incluso. Casi, se diría, un oasis en el que las leyes de la hospitalidad eran sagradas. Incluso su redacción parece estar compuesta por no pocos disidentes. Sorprende ver, por ejemplo, que el espacio dedicado al comentario político o de actualidad, con frecuencia en manos de Bergamín, era considerablemente menor al que la revista dedicaba a las colaboraciones de pura creación literaria, poética, ensayística o crítica, lo cual debía, en ese momento, significar una tromba de aire fresco en las sentinas de la guerra, localizadas por lo general no en los frentes, sino en la retaguardia.

Hora de España: Conmueve porque nunca en medio de tanta sangre y muerte se ha escrito y publicado nada semejante". (María Zambrano.) Ç

Fue Hora de España u n lugar en el que se podía pensar, discutir, disentir incluso como en este numero


Las armas y las letras: Hora de España / Andrés