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Cuentos

latinoamericanos Mágicos y realistas

• Mario Vargas Llosa Héctor Tizón • Juan Rulfo • Liliana Heker Gabriel García Márquez • Ángeles Mastretta Sylvia Iparraguirre


Índice Bienvenidos a la estación de Cuentos latinoamericanos.......................... 6 Lila y las luces, de Sylvia Iparraguirre.............. 22 Los jefes, de Mario Vargas Llosa. ...................... 32 El alfarero, de Héctor Tizón............................. 55 Nos han dado la tierra, de Juan Rulfo....................................................60 La música de los domingos, de Liliana Heker. ............................ 68 Un señor muy viejo con unas alas enormes, de Gabriel García Márquez. ........ 77 La tía Daniela, de Ángeles Mastretta. .............. 89 Trabajos en la estación.................................. 96 Cuadro de movimientos literarios.............. 108


Bienvenidos a la estaciรณn de


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latinoamericanos Mรกgicos y realistas


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Cuentos latinoamericanos

Mímesis: el arte como imitación En el siglo iv antes de Cristo, el filósofo griego Aristóteles (383 a. C. - 322 a. C.) escribió un texto titulado Poética. No era un libro de poesías, sino un tratado de reflexión sobre las artes. En él, Aristóteles se planteaba, entre otras, dos grandes preguntas: ¿qué es el arte? y ¿por qué a las personas les gusta contemplar pinturas o esculturas, escuchar música, ser espectadores de teatro y danza, escuchar o leer narraciones y poemas? Para responder a la primera pregunta, el filósofo propuso esta definición: el arte es mímesis. Con esta palabra griega, que se traduce como ‘imitación’, Aristóteles señalaba la tendencia de los seres humanos a crear representaciones artísticas de sí mismos y de su entorno. Frente a la pregunta por el atractivo del arte, le pareció que la respuesta también estaba en nuestra naturaleza imitativa: los seres humanos, cuando

Retrato escultórico de Aristóteles, filósofo y autor de la Poética.

somos pequeños, para adquirir nuestros primeros conocimientos imitamos lo que vemos y escuchamos. No solo disfrutamos imitando, sino que también podemos hacer disfrutar a los demás con una imitación.

Lo verdadero y lo verosímil El escritor colombiano Gabriel García Márquez declaró en una entrevista: “Si usted dice que hay elefantes volando por el cielo, la gente no lo creerá. Pero si usted dice que hay cuatrocientos veinticinco elefantes en el cielo, es posible que la gente le crea”. 1 Este ejemplo insólito invita a reflexionar sobre la problemática de lo verdadero, lo creíble y lo que no responde a nuestras creencias y experiencias acerca de lo que es posible en la realidad. La literatura crea siempre mundos imaginarios. Estas creaciones imaginarias se organizan básicamente en dos grandes tradiciones: la literatura mimética y la literatura antimimética. Mientras que la primera ofrece representaciones creíbles del mundo tal como lo conocemos, la 1 Entrevista a Gabriel García Márquez realizada en 1981 por Peter H. Stone, para la revista literaria The Paris Review (en: The Paris Review: confesiones de escritores. Escritores latinoamericanos. Buenos Aires: El Ateneo, 1996).


Bienvenidos a la estación segunda nos sumerge en la magia de lo maravilloso, la ambigüedad de lo fantástico y los desafíos de la ciencia ficción. Otras disciplinas no artísticas, como la ciencia, la historia y el periodismo, se organizan en torno al conocimiento de lo real y la búsqueda de lo verdadero. En cambio, la literatura mimética se caracteriza por la búsqueda de lo verosímil, por generar lo que el teórico francés Roland Barthes llamó “el efecto de realidad”,2 es decir, la apariencia de verdad en los hechos presentados y en los personajes y escenarios descritos. Los conceptos de verdad y verosimilitud son objeto de debates intensos en el campo de la filosofía, de la psicología y de las artes. Para la literatura, lo verosímil resulta central. Así lo formula García Márquez en el reportaje citado arriba: “Para todos los escritores el mayor problema es la credibilidad. Cualquiera puede escribir cualquier cosa, siempre que sea creíble”.

La literatura mimética y la actitud realista

Numerosos autores se dedicaron al estudio de la literatura mimética y lo verosímil. Entre ellos, dos se han convertido en clásicos: Mijaíl Bajtin (1895-1975) 2 Barthes (1915-1980) desarrolla este concepto en su ensayo “El efecto de realidad”, de 1968 (en: El susurro del lenguaje. Más allá de la palabra y de la escritura. Barcelona: Paidós, 2009).

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Los procedimientos realistas en las producciones artísticas de la Edad Media y el Renacimiento fueron estudiados por el crítico ruso Mijaíl Bajtin.

y Erich Auerbach (1892-1956). Ambos comparten la idea de que el realismo es una actitud estética que atraviesa la historia del arte occidental. Así, Bajtin —teórico y crítico literario de origen ruso—, en su obra La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento (1941), detectó en todas las producciones literarias de ese período procedimientos realistas en la descripción minuciosa de personas, lugares y objetos.


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Por su parte, el crítico literario alemán Auerbach, en su estudio Mímesis: la realidad en la literatura (1946), hizo un recorrido por textos literarios europeos pertenecientes a distintos géneros (desde los griegos hasta las primeras décadas del siglo xx) para analizar de qué manera cada cultura fue construyendo y redefiniendo su verosímil estético y estableciendo sus propios límites entre lo que podía ser considerado creíble y lo no creíble. Para comprender mejor estos procesos en el tiempo, es útil recordar que durante siglos los europeos consideraron creíble que la Tierra fuera el centro del universo y rechazaron por increíble la idea de que el planeta pudiera girar alrededor del Sol. Auerbach sostiene que en todas las épocas los escritores europeos tuvieron una mirada atenta para registrar los sucesos humanos. Por ejemplo, al examinar el contexto del feudalismo medieval, demuestra cómo la literatura caballeresca —con su mundo idealizado de caballeros valientes y damas frágiles— convivía con otras formas artísticas no idealizadas que registraban los avatares

de hombres y mujeres comunes en su entorno cotidiano, como los cuentos ingleses de peregrinos, las farsas populares francesas o la narrativa picaresca italiana. Si bien esta “actitud realista” estuvo siempre presente en la literatura occidental, hubo un momento histórico particular en que la cultura europea se obsesionó con la observación y el registro de lo real: la segunda mitad del siglo xix. Fue en este período cuando se consolidó una corriente estética llamada realismo. En tiempos en los que la fotografía y el cine aún no habían sido inventados, el realismo asumió el desafío de tratar de reproducir artísticamente el mundo “tal como se lo veía”. A los artistas realistas les interesaba, especialmente, retratar la vida de la burguesía y el proletariado —dos grupos sociales nuevos en ese momento—, con un lenguaje que les permitiera construir representaciones verosímiles de la vida cotidiana sin caer en idealizaciones ni excesos.


Bienvenidos a la estación

Sociedad europea y positivismo Cuando, hacia 1850, surgió el realismo como corriente estética, los artistas europeos estaban reaccionando contra el modelo estético del Romanticismo y su pasión por lo excepcional. ¿Por qué habrán sentido la necesidad de apartarse de este modelo? ¿Qué los impulsó a crear obras que funcionaran como espejos de la sociedad que los rodeaba? Este cambio tiene su origen en las profundas transformaciones tecnológicas (la Revolución Industrial), económicas (la consolidación del sistema capitalista en manos de la burguesía y la expansión colonial) y políticas (el surgimiento de nuevas ideologías, como el socialismo y el anarquismo) que experimentó la sociedad europea en el transcurso de pocos años. Esta compleja red de transformaciones es conocida como positivismo. Su nombre proviene de la obra del pensador francés Augusto Comte (1798-1857): Discurso sobre

La teoría de la evolución de las especies fue enunciada por Charles Darwin en 1859.

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el espíritu positivo, publicada en 1844. El positivismo impactó en los científicos, en los intelectuales y en los artistas, y generó una nueva concepción del mundo. A partir de este momento, se dejaron de lado definitivamente las creencias religiosas y se desarrolló un sistema de conocimiento del mundo basado en la investigación de los fenómenos a través de la observación. El método positivista dio un gran impulso a las ciencias. Fue en esta época cuando el naturalista inglés Charles Darwin (18091882) publicó El origen de las especies (1859), una obra que causó gran impacto. Darwin presentó, allí, la teoría de la evolución. Según esta teoría, todas las especies de seres vivos —incluidos los seres humanos— evolucionan en el tiempo a partir de un antepasado común, mediante un proceso denominado “selección natural”, y las diferencias entre ellas se deben a una adaptación al medio en el que viven para sobrevivir.

La máquina de vapor creada por James Watt dio origen a la Revolución Industrial, una de las transformaciones que desembocaron en el surgimiento del realismo literario.


sonas que le dieron su aprobación como para creerme obligado de una diserta ción, hechae comedia, me surgió después de las dos o tres primeras repr presentación de fenómenos psíquicos.

Lila y

las luces

ella estaba acostado un joven hermoso, de cabellos tan luz de la lámpara refulgían como rayos de sol. La piel del más precioso mármol, aunque con la suavidad de los ía biografdos r. De su espalda brotaban alas, que se encontraba fundo reposo. Psique reconoció al dios.Fascinada, dejó caer zó a besar el cuerpo de Eros sin despertarlo. Al pie de an el arco y las flechas. Psique tomó una, y sin quererl Sylvia Iparraguirre un dedo. Al instante, el amor que había sentido por su vó de manera extraordinaria. (1947)Se acercó para besarle los el movimiento una gota del aceite de la lámpara se derra Nació en Junín, provincia de Buenos Aires, el 4 de julio de 1947. Es ombro deprofesora Eros, que se incorporó con un salto de dolor. J en Letras Modernas en la Universidad de Buenos Aires (uba). ba acostado un joven hermoso, de cabellos tan dorados q 1986 trabaja en el Instituto de Literatura Hispanoamericana de la lámparaDesde refulgían como rayos de sol. La piel parecía h Facultad de Filosofía y Letras de esa universidad. Es investigadora del cioso mármol, aunque con la suavidad de los pétalos de u Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (conicet). spalda brotaban dos alas, que se encontraban en el má Actualmente se dedica también al estudio de la sociolingüística y a la oso. Psique reconoció al dios.Fascinada, dejó caer la daga y obra del pensador ruso Mijaíl Bajtin. Participó en la revista literaria El ar el cuerpo de Eros sin despertarlo. Al pie del lecho e Escarabajo de Oro y fue cofundadora de otra revista de literatura: El Ornitolas flechas. Psique tomó una, y sin quererlo se pinchó rrinco. Sus cuentos, traducidos al alemán y al inglés, han formado parte nte, el amor que había sentido por su esposo se avivó diversas antologías en la Argentina y en el extranjero. Sus ficciones y aordinaria.deensayos Sehanacercó para besarle los labios, pero con aparecido, además, en numerosas publicaciones argentinas una gota ydel aceite de la lámpara se derramó sobre el h extranjeras, como la revista ETC (una revista de literatura y semiótica); ue se incorporó con un salto de dolor. Junto a ella estab Contexto, Puro Cuento y Tramas (revistas culturales); Cuadernos Hispanoamericajoven hermoso, de cabellos tan dorados que a la luz de la nos (de España), y los diarios Clarín y Página/12 de Buenos Aires. El cuento lgían como rayos de sol. La piel parecía hecha del más seleccionado para esta antología pertenece a su libro de cuentos El país del aunque con la suavidad de los pétalos de una flor. De su (publicado en 2003), centrado en la vida en la Patagonia. aban dos viento alas, que se encontraban en el más profundo r conoció al dios.Fascinada, dejó caer la daga y comenzó a b e Eros sin despertarlo. Al pie del lecho estaban el arc Psique tomó una, y sin quererlo se pinchó un dedo. Al in que había sentido por su esposo se avivó de manera ex


Sylvia Iparraguirre

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A Ana María Borzone

alta poco para el amanecer. En las estribaciones de los Andes patagónicos el viento corre ladera abajo y estremece los techos de las cinco o seis casitas del valle. Lila se acerca a la espalda de su hermano Ramón en busca de calor. Se vuelve a dormir con un sueño liviano, de pájaro. Un rato después, la luz fría de la mañana los despierta. La madre ya ha salido y el bebé está moviendo los bracitos en silencio. Somnolienta, lo levanta y lo cambia. En la cocina, el fogón ha guardado algo de rescoldo.1 Rápida y eficaz, Lila hace brotar el fuego. Con el bebé en brazos, se asoma a la puerta. Lejos, en la ladera del cerro, las manchas blancas le señalan dónde está su mamá con las cabras. Pone los jarros sobre la mesa y sirve el mate cocido. Sus tres hermanos se sientan y empiezan a hacer ruido y a reírse. Se pegan en las manos cada vez que uno estira el brazo para alcanzar el pan. El de tres años, todavía un poco dormido, tiene el pelo parado y la ropa torcida. ¿Vendrá el maestro hoy?, piensa Lila. —¿Hoy viene el maestro? —pregunta el hermano mayor. —Y claro, por qué no ha de venir. Con ocho años, su hermano Ramón es siempre el que más sabe. —Digo. El viento mueve la puerta, la leche se derrama en el fuego, el bebé llora. Lila le cierra los dedos sobre un trozo de pan; mientras, ella enfría la leche en el jarro. Sus hermanos salen al patio. —Por qué no te dormís vos, ¿eh? —le habla al bebé con el tono enérgico que usa su madre—. Si no te dormís viene el enano y te lleva. Con cuidado lo vuelve a acostar en la cama grande y sale. En el patio se pelean los más chicos y Lila los separa. Uno de ellos se ha caído y tiene un moretón en la frente y la cara llena de lágrimas y moco.

1 Se llama rescoldo a la brasa menuda que queda resguardada entre las cenizas.

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Cuentos latinoamericanos

Lila y las luces

—Ya van a ver cuando venga la mamá —los amenaza. Lila corre junto a Ramón, que juega a subirse a las piedras a un costado de la casa, donde la ramada del corral de las cabras se recuesta contra la roca viva. El sol ya está alto pero el viento es frío. Las manchitas blancas se han desplazado un poco hacia la parte baja del cerro; Lila igual alcanza a ver la pollera azul y hasta el pañuelo en la cabeza. Unas nubes cruzan veloces el cielo. Oscurecen la montaña y cuando ya pasan, todo vuelve a ser claro y brilla. Esto le gusta a Lila. Baja saltando de las piedras y entra en la casa para ver que no se apague el fuego. Recién entonces saca el cuaderno y el libro de la bolsa de nailon y los lleva a la mesa. Toma el lápiz para hacer la tarea. Lila se pregunta por centésima vez cuántas patitas debe dibujarle a la E. El maestro dijo que es como un rastrillo, pero el rastrillo tiene muchos dientes y la E no tiene tantos. Ha borrado muchas veces y tiene miedo de que el papel del cuaderno se rompa. El maestro dijo que había que aprender palabras del libro de lectura y copiarlas en el cuaderno. Las manos morenas y delgaditas lo abren con cuidado. Lila no se cansa de mirar los dibujos llenos de detalles y colores brillantes. Lo mandaron de regalo para su escuela. Esta semana le tocó a Lila llevarlo a su casa. En ese libro hay que aprender a leer, dijo el maestro, porque es el único libro que hay. Lila ya ha mirado muchas veces al chico de la lectura que sale de su casa y va a la escuela, pero por más que mira no puede acordarse de lo que dicen las palabras. —Escuela... —deletrea en voz baja. Ahora tiene que copiarla, pero en la lectura está con la e y Lila debe escribirla con la E. En ese momento el bebé llora, guarda todo en la bolsa y va a atender a su hermano más chico. Al mediodía, su mamá ha vuelto y las cabras están en el corral. Lila y Ramón caminan entre los cerros. Desde lejos saben que el maestro vino: la bandera se ve arriba, ondeando. En el patio, se juntan con sus compañeros hasta que toca la campana, pero Lila no juega, está inquieta.


Sylvia Iparraguirre No pudo hacer la tarea y tiene miedo de que el maestro se enoje. Es el segundo año que viene a la escuela y su mamá dice que si otra vez repite, la saca. A muchos chicos no les da la cabeza, y hay que ver si a Lila la escuela no le hace perder el tiempo. Abre el libro sobre el pupitre pero las palabras siguen mudas. Por su cabeza cruza el anchimallén.2 Cuando oscurece, antes de que su mamá encienda la lámpara, a Lila le da miedo. El enano malo se ríe en el aire y se aparece como una luz que anda por los techos o entre las patas de los caballos. Su tío dijo que una mujer se quedó ciega porque lo miró de frente. Lila piensa en su mamá, que está en los cerros con los más chicos. En el dibujo del libro, el alumno de guardapolvo blanco va a la escuela en una ciudad muy grande, llena de casas. «Es la capital de nuestro país», ha dicho el maestro. El chico se queda parado y mira unas luces. Ella también las mira. El maestro ya ha explicado qué es esa cosa con luces, pero Lila ha olvidado para qué sirven y la palabra escrita no le dice nada. —¿Para qué era esto? —pregunta bajito a su compañera. La chica mira un momento, duda, acerca la cara al libro, y después dice: —Para que no te pise el auto. Si te pisa te mata.

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2 En la mitología del pueblo mapuche, el anchimallén es un ser pequeño —un “enano”— que se transforma en una esfera radiante de luminosidad. Según esta creencia, si una persona ve de muy cerca al anchimallén, queda confundida y desorientada, aturdida, por su luz. Se dice incluso que esta luz puede provocar problemas de visión y hasta ceguera.


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nda aparición del fantasma omingo por la noche. Poco de que todos se retiraron a los sobresaltó un espantoso o proveniente del vestíbulo. baja apresur adamente las , se encontraron con que una rmadura se había desprendido porte y había caído al suelo y vieron al fantasma de

Lila y las luces

Cada cinco días pasa el colectivo que va hasta Neuquén. Una vez su mamá se fue en ese colectivo, cuando Ramón estuvo enfermo, y allá había luz eléctrica, dijo. En sus siete años, Lila nunca fue a una ciudad. Piensa si las luces no servirán para que el enano no te agarre en el cerro. Se lleva los chicos a una cueva, dijo su tío, después los saca muertitos. Pero en los cerros no hay luces, salvo el relámpago y la luz mala del anchimallén cuando alguien se va a morir. Por eso Lila le dice a su mamá que a la noche tranque bien la puerta. Su papá hace mucho tiempo que no está; una vez se fue a trabajar y no volvió. Después vino hace como un año y se volvió a ir. Su papá es más alto que su mamá. Lila se acuerda bien de su cara y del pelo. —Lila, ¿copiaste las palabras de la lectura? Asustada, Lila mira su cuaderno y no contesta. —¿Aprovechaste el libro? Mañana se lo lleva Mario. ¿Copiaste las palabras que marqué? Lila siente la cara ardiendo. Los ojos se le llenan de lágrimas. Sin saber qué hacer, tira de la blusa para abajo. —¿Quién copió las palabras? —pregunta, en general, el maestro. Lila vuelve a sentarse. En el libro, el chico ha subido a un colectivo y habla con el conductor. El colectivo es más nuevo que el que pasa por el valle para Neuquén. El maestro habla de la ciudad y dice que la lectura se llama “El ritmo de las ciudades”. Lila mira las letras y las empieza a deletrear: El..., pero el maestro ya está explicando otra cosa: que en las ciudades se hacen embotellamientos de tránsito de tantos autos que hay. A Lila la palabra embotellamiento no le parece difícil y cree que la puede copiar porque la e chica no es como la E. El maestro está diciendo que algún día ellos van a ir a la ciudad, entonces tienen que saber cómo es. A Lila esto le gusta y a la vez no le gusta. Se siente inquieta. Mira a su compañera y le dice: —¿Vos vas a ir? —¿Adónde? —dice Yarita.


Sylvia Iparraguirre —Ahí, donde dice el maestro. La chica hace que no con la cabeza. A Lila esto la tranquiliza. ¿Su mamá ya habrá vuelto del cerro con sus hermanos? Había dos cabras por parir y su mamá estaba nerviosa. —Copien las palabras —repite el maestro. Lila borra otra vez. La timidez la paraliza. De golpe, toma coraje. —Maestro, maestro, yo no puedo hacer esta letra... — dice en voz baja. En el otro extremo del aula, el maestro está distraído. Rodeado por el grupo de los más grandes, donde está su hermano Ramón, no presta atención para el lado de los más chicos y no la escucha. Lila vuelve a mirar el dibujo del libro: muchos coches en una calle, también hay colectivos y un camión. Parecen los chivos queriendo salir del corral. Arriba, las letras dicen ¡tuuu!, ¡tuuu! Eso Lila lo lee perfectamente. El maestro ahora está a su lado y Lila se sobresalta. —Lila, copiá las palabras... que Yarita te ayude. Pero Yarita dice: —No quiero... yo estoy escribiendo, maestro. —Bueno, Lila, copiá esta palabra —dice el maestro. ... Yarita Con alivio Lila empieza a dibujar la e, la m, la b... mira por encima de su hombro. —Ahora poné el cero —dice Yarita; Lila la interrumpe. —No es el cero, es la o. —Es el cero —porfía Yarita. ... —deja de —Ya está —dice Lila satisfecha—: embote... escribir porque suena la campana. En el patio, el maestro recomienda a Ramón que ayude a su hermana. Es el único que lo puede hacer. Dice que con ayuda Lila va a salir adelante. Ramón no mira al maestro, hace un hoyo con el talón en la tierra y dice que a lo mejor su mamá la saca, que como es mujer va a ayudar en la casa o a lo mejor va de niñera a Neuquén. El maestro insiste y le recuerda a Lila que mañana le toca a otro compañero llevarse el libro.

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Trabajos en la estaciรณn


latinoamericanos

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Cuentos

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Para revisar la lectura “Lila y las luces”, de Sylvia Iparraguirre 1 Elaboren una lista de las tareas que la protagonista realiza desde que se levanta hasta que se va a dormir. 2

Describan cómo es la escuela a la que asiste Lila.

3 Enumeren las causas de las dificultades de la niña para el aprendizaje de la lectoescritura.

“Los jefes”, de Mario Vargas Llosa 4

Conversen entre ustedes.

a. ¿Cuál es la causa del conflicto entre los alumnos y Ferrufino, el director de la escuela? b. ¿Quiénes son los “coyotes”? ¿Qué relación tiene con ellos el narrador?

c. ¿Por qué se desencadena el conflicto entre el narrador y sus amigos? ¿Cómo se soluciona?

“El alfarero”, de Héctor Tizón

5 Enumeren las acciones que lleva a cabo el protagonista en el proceso de modelar el barro. 6

Expliquen los factores que inciden en su soledad.

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Expliquen el rol de la luz natural en el proceso alfarero.


Trabajos en la estación

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“Nos han dado la tierra”, de Juan Rulfo Respondan a partir de la relectura atenta del cuento.

a.

¿Cómo es el terreno por el que caminan los campesinos?

b.

¿Qué conflicto presenta este terreno con sus caracetrísticas?

c.

¿Cómo es la relación de Esteban con su gallina?

mágicos

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“La música de los domingos”, de Liliana Heker 9

Caractericen el perfil psicológico de la narradora.

10 Expliquen los sentimientos del abuelo cuando dice “lástima la música”. 11 ¿A qué se refiere la narradora con la expresión “era un diapasón la ciudad entera, era un unánime corazón celebrante”?

“Un señor muy viejo con unas alas enormes”, de Gabriel García Márquez 12

Respondan a partir de la relectura atenta del cuento.

a.

¿Cómo reacciona la pareja al encontrar al anciano alado?

b. ¿Qué acciones realiza el padre Gonzaga para verificar la condición angélica del anciano? c. ¿Cuál es la reacción del resto de la población ante la aparición del anciano?


Cuentos latinoamericanos - ¡Recorré el libro!  

La Estación editora. Colección de los anotadores. Cuentos latinoamericanos. Mágicos y realistas, varios autores.

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