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Revista 52- Causa de canonización Madre Trinidad Carreras Hitos.

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Causa de Canonización

publicación oficial

No. 52

2021

Madre Trinidad Carreras


Monachil y orígenes familiares

Parte 2

Madre Trinidad, nuestra Merceditas, recibe el bautismo el 30 de enero de 1879 en la parroquia de La Encarnación (Monachil), tomando el nombre de Mercedes Juliana Carreras Hitos. Todos de niña la conocerán por Merceditas. Su nacimiento fue un regalo del Señor, por ser la primera niña del matrimonio después de tres varones. Don Manuel, su padre, era guardia civil y pasaba mucho tiempo fuera de casa. Esto disgustaba enormemente a doña Filomena que, con el nacimiento de la pequeña, le pidió se quedase definitivamente en Monachil. Allí se podría dedicar a la administración de la hacienda familiar de su esposa. Con los años, añadió a estas tareas el trabajo en un comercio que abrió en el pueblo. El ambiente familiar de los Carreras-Hitos era el de una familia numerosa de clase alta y de gran religiosidad. Influenciado sin duda por la abuela materna, doña Josefa Linares nunca dejó de tomar parte activa en la educación de sus nietos y en especial de Mercedes y de su hermana Pepita, por ser las dos únicas niñas que vivían entre tantos varones. En este ambiente familiar Mercedes pasó una infancia feliz, de la que hará referencia muchos años después: “Mi niñez fue deliciosa, me sentía amada de cuantos me rodeaban, me decían me parecía a mi madre y compartían conmigo el respeto, amor y simpatía que por ella sentían. Como todos los días, sus salidas eran al campo, nos llevaba a una finquita muy alegre que me gustaba mucho porque tenía viña, frutales, flores y mucha agua. Se llamaba Peña María, donde hoy han edificado dos fábricas: de tranvías e hidroeléctrica”.


“Nos refería mi madre, que le di mucho quehacer desde antes de nacer, estuvo a la muerte, y avisaron a mi padre que estaba en Toledo, porque creyeron moría, y al nacer quedó completamente buena y yo nací tan robusta y grande que creían los que me vieron en la iglesia en el bautismo que tenía ya meses, cuando solo contaba tres días. Dicen era muy traviesa, miraba a todos como si les conociera, esto me lo refería mi madre y abuela...”. Sus palabras dejan entrever que la familia la mimaba y, siendo la hija preferida del padre, hizo que el carácter inquieto, travieso e ingenuo de la niña se avivase y trajese a maltraer a la madre. Para educar a Merceditas, su madre tomó por ayudante a la abuela. Era tan traviesa, que muchas son las anécdotas de sus primeros años de vida. Andaba sin parar por todos lados llegando a romper una máquina de costura porque no alcanzaba a coser el vestido a su muñeca. En otra ocasión, por socorrer a una pobre mujer que llevaba un jarrito pidiendo aceite, abrió un depósito con mucha cantidad del oro líquido y no fue capaz de cerrarlo, vaciando al final todo el contenido. Cosas de niños.

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Fachada y pila bautismal, Parroquia Monachil.


Relatan que, estando un día la familia disfrutando en el campo, Merceditas cogía los gusanillos de luz y llevándoselos a su madre decía: “Mamá, yo quisiera ser como este gusanito en la llave del Sagrario, para que todos los niños que viniesen a buscarme, entrarlos dentro y decirles cuánto Jesús los ama”. En su forma de actuar se empezaba a evidenciar un carácter firme, seguro y dispuesto a luchar para conseguir lo que se proponía. Por eso no es extraño que al quedar huérfana de madre a la edad de 9 años, quisiera suplirla, pretendiendo ponerse al frente de la casa, atender a su padre y cuidar de sus hermanos menores. Pero eso es otra historia, no nos adelantemos. Eso sí, empezaba a nacer en ella un sentido de responsabilidad maternal, de entrega generosa, de servicio, de suplir las carencias de los demás, algo que más tarde le tocó practicar en su larga vida religiosa y especialmente en los años difíciles como fundadora. Cerramos este capítulo diciendo que el amor a la Eucaristía, despuntaba con brío, llenando los anhelos de su pequeña alma. No parará el Señor hasta conseguirla para sí.

Continuará Parroquia de Monachil, Vista general del pueblo y Merceditas de niña


Espiritualidad

eucarística

EN MADRE TRINIDAD CARRERAS Ir. Ana Paula Tavares Lopes Esclava de la Eucaristía y de la Madre de Dios

Como religiosa de la Congregación de las Esclavas de la Santísima Eucaristía y de la Madre de Dios, con mucha alegría y entusiasmo os hablo de nuestra espiritualidad eucarística. A través del carisma inspirado por el Señor a nuestra querida Madre Trinidad, fuimos llamadas a vivir esta espiritualidad lo más perfectamente posible. La Eucaristía es, pues, para nosotras, el centro de nuestra vida y de todo lo que la constituye. Nuestra Madre, Trinidad del Purísimo Corazón de María se expresaba así: “sin la Eucaristía, nuestro instituto no tendría razón de ser”.

Sagrario encargado por Madre Trinidad para la adoración diaria en sus casas.


Nosotras, Esclavas de la Eucaristía y de la Madre de Dios, diariamente, al inicio y fin de los actos comunitarios, interiorizamos nuestra misión, rezando: “Adoremos a Dios, en espíritu y en verdad”. Partiendo de este principio, al ser llamadas por el Señor a tan alta dignidad, asumimos con humildad, dentro de nuestras fragilidades humanas, el vivir siempre fascinadas por el sol de la Eucaristía, el Pan partido y repartido, Sacramento de la presencia real de Jesús vivo y resucitado en medio de nosotros. Lo esencial para nosotras y para todas las almas fascinadas por Jesús Hostia, es vivir eucarísticamente, es decir, en permanente actitud de entrega, de generosidad y de acogida a Dios y a los hermanos, como hizo Jesús que, al partir, quiso quedarse entre nosotros de esta forma tan sublime, que sólo un Dios podía concebir y realizar. Como Él, somos llamadas a estar siempre disponibles, y en silencio acoger, olvidándonos de nosotras mismas para atender a los que nos necesitan o buscan. Como Jesús y con Él, ser pan, dejarnos “comer” para que otros se sacien. ¿De dónde nos viene la “fuerza interior” para actuar así? El secreto está solamente en esto: la adoración amorosa, la contemplación, la alabanza, la acción de gracias, el silencio adorador, la pasión por Cristo y por la humanidad de la que somos parte y a la que queremos atraer hacia Él. También el ejemplo de la Virgen nuestra Madre, la primera adoradora, que guardaba todas las cosas en su corazón y que siempre nos inspira en la misión de acoger, educar y formar en los valores humanos y cristianos a los niños, adolescentes y jóvenes que frecuentan nuestros centros de enseñanza, así como a los adultos que colaboran con nosotras. Con ella aprendemos diariamente a cultivar esta actitud de “esclavas” libres para vivir en una disponibilidad y apertura total a los planes del Señor sobre cada una de nosotras. Planes que Él va realizando a través de su Espíritu y de nuestro “sí”. Queremos hacer siempre su voluntad, como nuestra querida Madre Trinidad. Para terminar citaré una frase de S. Juan Pablo II en su Carta Encíclica "La Iglesia vive de la Eucaristía", nº 25, que se aplica a todos los fieles y de modo especialísimo a nosotras, Esclavas de la Santísima Eucaristía y de la Madre de Dios: “La Eucaristía es un tesoro inestimable: no sólo su celebración, sino también la permanencia delante de ella fuera de la Misa, nos permite beber en la propia fuente de la gracia. Una comunidad cristiana que quiera contemplar mejor el rostro de Cristo, no puede dejar de desarrollar también este aspecto del culto eucarístico, en el cual perduran y se multiplican los frutos del Cuerpo y la Sangre del Señor”. Con un saludo fraterno y congregacional: ¡Adoremos a Dios! ¡En espíritu y en verdad!


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Padre Nuestro, Ave María y Gloria

(Con aprobació n eclesiást ica, para uso privado)

Bendito seas mi Señor, por la humildad profunda de Madre Trinidad, por su ardiente amor a la Santísima Eucaristía y por la confianza que depositaba en la Virgen María, Madre de Jesús y Madre de la Iglesia. Bendito seas también, por el deseo que le abrasaba de acercar todas las personas a Jesús, tu Hijo y a su Santo Evangelio. Si fuera de tu agrado elévala al honor de los altares y que la Iglesia la proponga como ejemplo de virtudes cristianas. Concédenos por su intercesión, las gracias que te pedimos.

Nació en 1879, en Monachil (Granada), España. Su vida estuvo marcada por la Eucaristía desde su Primera Comunión. De niña, sufrió la pérdida de su madre que la encomendó a la Virgen. Es internada junto a su hermana Pepita en un colegio de religiosas para su educación. En ambiente cercano a la Eucaristía, se va forjando una vocación: "Ser toda de Dios". Con el tiempo, decide ser monja capuchina en S. Antón (Granada). Toma el hábito en 1896, y recibe el nombre de Sor Trinidad del Purísimo Corazón de María. En 1908, la eligen abadesa. Entonces siente que Jesús le pide adoradoras perpetuas, pero la comunidad se niega a incorporar esta novedad. El arzobispo de Granada la estimula a seguir adelante. Al ver que las monjas seguían sin aceptar su propuesta, la orientó a fundar y redactar las constituciones, con adoración perpetua y admisión de niñas para su educación. En abril de 1925 funda en Chauchina. Serán las primeras Esclavas de la Santísima Eucaristía y de la Madre de Dios, cuyo carisma se resume en: adoración eucarística y educación. En 1949, recibe la "Aprobación Definitiva de las Constituciones". Muere el 15 de abril de 1949, después de enviar a sus hijas a fundar en América. En 1962, su cuerpo incorrupto es trasladado a la Casa General (Madrid), junto a su "Jesús Eucaristía". En 1991 se abrió oficialmente la Causa de Madre Trinidad y en octubre de 2008 terminó el Proceso Diocesano de Beatificación y Canonización. Toda la documentación está actualmente en Roma y se está trabajando en la elaboración de la "Positio".

Para pedir oraciones ante el sepulcro de nuestra Madre Fundadora, material o agradecer favores, ponte en contacto con nosotras. Entre todos podemos difundir su vida. ¿Nos ayudas?


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