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ERRR BOOK #02

Arnold Swazchzeneyer, o como se escriba, en China pero en Nueva York JosĂŠ Pedro Casanova


I. VEN Y ESCRIBE CONMIGO

Llego tarde del trabajo, me bajo del auto, cierro la puerta, le pongo llave, busco otra llave, abro la puerta, entro al garage, abro otra puerta, prendo la luz, subo las escaleras, busco de nuevo otra llave, abro otra puerta, camino el pasillo, dejo mi mochila, aviento mi chamarra, prendo otra luz, dejo mi cartera, camino al cuarto, prendo de nuevo otra luz, me quito los tenis y me siento frente a la computadora a escribir pero no puedo. No consigo nada. Y es que no sólo son demasiadas luces y puertas al día por el resto de los años, también me doy cuenta de que me satisface más el sexo que todas estas pinches palabras aquí juntas. Después, sólo después, me pregunto: ¿quieres escribir o quieres ver la televisión? Quiero hacer las dos cosas. Pero me quedo viendo el techo de mi cuarto pensando en qué película buena habrá en el cine. Me parece que no hay nada bueno, la semana pasada Julieta pasó por mí para ir al cine pero cuando llegamos no nos dieron ganas de entrar a ver ninguna de las que estaban en cartelera. Esas caras güevonas de siempre en los posters nos invitaban más a irnos a beber una cerveza al bar del centro comercial que a verlas actuar.

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A pesar de eso le dije a Julieta que ya estabamos ahí y que viéramos una pero no quiso. Julieta me dijo que esa película había ganado un Oscar y ella no ve películas que hayan ganado un Oscar. O dos. O tres. O cuatro. O cinco. O seis. O siete. U ocho. O nueve. O más. Uno nunca sabe y eso es lo peor de Hollywood. Para ellos nunca todo es suficiente. (when I was six I was abducted by Hollywood) Volteé a verla y solté una carcajada. Cuando paré de reír le pregunté por qué había decidido eso y me contestó que después de que vio Salvando al Soldado Ryan de _Steven Spilberggg_ tomó la decisión de no hacerlo y hasta la fecha lo había cumplido. Haces bien, le dije. Ojalá más gente pensara como tú. Y efectivamente, nos fuimos caminando al bar. Ahí me platicó de su novio con el que acababa de cortar por quinta vez. Me dijo que esta vez sí era la definitiva y que no pensaba regresar nunca más con él, que lo que ella necesitaba era estar sola y disfrutar de la vida, ya que el amor parecía ser todo lo contrario al amor y estaba hasta la madre de eso. Estuve de acuerdo con ella y afirmando con la cabeza brindamos los dos. Ahora sí por Steven Spilberg y sus cientos erg de premios Oscar, que gracias a ellos estábamos juntos platicando los dos.

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Cuando volví a casa me metí a las cobijas y me quedé pensando en la moraleja del día. Estaba clara: de algo sirve que un pendejo como Spilberg haga mierdas como ésas. Creo que me siento más tranquilo. ¿Me siento más tranquilo? Vamos a ver qué pasa en la semana. Hoy es martes y hace mucho calor. Parece que el mundo va a explotar o que otro terremoto va a terminar con la ciudad de México, tanto como para escribir. ***** Me rasco y me quedo quieto escuchando cómo ladran los perros. No son míos. No son de nadie. Son las 10:25 de la noche y de hecho son sólo unos perros que andan por la calle buscando comida o algo que tragar. Cuando creo que puedo volver a la normalidad y que todo está claro de nuevo, coloco en posición mis dedos y miro la pantalla. Entonces me rasco una oreja y llego a la idea de que lo más difícil de escribir, además de levantarte de la cama como ya dije, es estar pensando en algo al mismo tiempo que tienes que estar pendiente del teclado. “O escribo o pienso”, pienso. Y la mayoría de las veces sólo puedo pensar.

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Pienso que mi tío es un bueno para nada. Pienso que hoy la ciudad parece Veracruz. Pienso que esta semana he tenido más sueño que de costumbre. Pienso que bailo. Y pienso en la mierda, en el amarillo Y en... ¿En qué mas pienso? Pienso que estoy cansado ya. Escribo porque no sé hacer otra cosa. No sé jugar fútbol, no sé cocinar un lomo al jerez, no sé cantar, no sé llevar las cuentas, no sé sacar una muela, no sé tocar la guitarra, no sé pintar y no sé francés. Pero eso sí, sé de memoria el teclado de mi computadora. Me lo aprendí en la escuela a los trece años y desde entonces creo que me gusta escribir. Escribíamos mucho. Planas tal vez, pero eso también es escribir. Por ejemplo: Estoy escribiendo esto sin ver el teclado para que vean quesi sé escribir muy bien auque me acabo de equivocarr y volvber a equicvocar. Hace mucho que no hacía esto. Pinches maquinas de escribir, putas computadoras. A la verga todo. ala verga todpo. Voy a ver la tele. Si la tele. La tele. La tele. La tele. La tele. Latele. Latele. La tele. La tele. La tele.l la tele. La tele. La tele. La tele. La tele. La tele. La tele. La tele.la tele. La

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¡Ya soy un escritor!... ¿Soy un escritor?... ¿Soy un escritor?... ¿Soy un escritor?... ¿Quién soy? R=___________________________________ Mamá, papá: si algún día logro publicar un libro los llevo de vacaciones a Estados Unidos. ¿Las Vegas? ¿Beverly Hills? ¿New York? Ojalá Nicolas Cage estelarizara una de mis historias en el cine, aunque mi sueño es trabajar con Anthony Hopkins. Es tan... tan... taaaan buen actor.

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Por lo pronto ahora estoy pensando en ese poema de una cuartilla que una vez escribí sobre naranjas y que su característica más importante para mí al hacerlo fue su técnica y su velocidad, una vez que comenzaba a escribir no podía detenerme si no hasta el final. Así una noche de estas podría estar en una reunión con mis amigos y alguien al acercarse a mí y preguntarme cuánto tiempo fue que me demoró escribir ese poema sobre naranjas, podría responderle cincuenta y cuatro segundos. Cincuenta y cuatro segundos nada más y nada menos. Lo malo fue que al parecer nadie se dio cuenta de ello y nunca me preguntaron nada. Nada que ver. NOVELA Jorge Dorantes Nada que ver Nada que ver cuenta la historia de un pesimista crónico, polígamo, drogadicto, semialcohólico y paranoico que un día...

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A los 13 años fui a San Antonio. A los 13 años vi una de mis primeras películas porno. A los 13 años no había quien me ganara en el Pac Man. A los 13 años uno puede darse cuenta que todo es una mierda, justo como ahora.

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II. LA TV ES MAGIA

De niño hacía que no llorara. Lloraba mucho pero ella y sus colores me consolaban, sobre todo los domingos que era cuando más miedo sentía. Ahí, las personas se enamoran y se besan en serio. Mi control remoto está fallando desde que Chetes se durmió sobre él y lo rompió. Le tuve que pegar una estampa para que no se le salieran los botones y pudiera seguir cambiando de canal desde mi cama. He logrado ver hasta siete programas al mismo tiempo pero hoy no hay nada bueno. Así pasa. Es cuestión de esperar. Solito llega, como el amor. Así dice la gente... la gente que está enamorada, claro. Es increíble que sigan pasando los videos de Flans. La conductora dice que fue uno de los grupos más representativos de los ochenta. Y no hay duda, pero eso no tiene nada que ver con que tengan que repetir sus pinches videos culeros en pleno 2004. A: Los ochenta nunca se fueron B: Las conductoras pendejas tampoco A: Tócala. Hacer ruido

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Shhhhhhhhhhhhhhhhhh. Shhhhhh. Shhhhhhhhhhh. Shhh. Shhhhhhhhhhhhhhhh. Shhhhhhhhhhhhhh. Shhhh. Shhhhh. Sh. Shhhhhhhhhhh. Shhh Ni un programa bueno ni un amor. Pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi. Así llora el Chavo del 8 y así lloro yo porque es más fácil. Pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi, pi. Mina le confesó a su mamá que se ganaba la vida como prostituta en Todo por Amor pero no pude ver qué cara puso Angélica Aragón porque me estaba fijando más en su maquillaje que en su actuación. Cuando lloraron no se les escurrió una sola gota. ¿Qué marca usarán?

a) AVON b) REVLON c) CLINIQUE

Seguramente TV Azteca tiene muy buenos empleados. Mucho mejores que sus actores, eso sí. Por eso digo que se les debería dar mayor crédito a las peinadoras que a los que están actuando, basta ver el maquillaje y sus peinados para darse cuenta.

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No hay duda: el amor se ve mejor en la tele. Y los golpes también. Ahora una señora se avienta de un edificio en llamas en uno de estos programas de videos de tragedias que alguien graba en vez de ayudar al que está en peligro. Luego viene uno donde dinamitan un hospital pero colocan mal las conexiones y los pedazos de concreto vuelan hasta donde están los espectadores. ¡Auch! La fama duele. Salir a cuadro cuesta.

NUNCA HAY JUSTICIA.

Ni en el oeste, menos divina.

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En otro canal aparece una cara desconocida y le cambio. ¡Los Power Rangers! grito. Es una nueva historia: la chica de rosa es capturada por un calamar gigante como del espacio y sus compañeros tienen que rescatarla luchando contra unos ninjas que han creado una especie de mafia para tomar el mundo. La historia parece ser buena, aunque la verdad no tanto como sus patadas voladoras en trajes entallados. Es una lástima no poder ver sus caras. Me encantaría que se quitaran las máscaras y fueran artistas famosos en decadencia como Glen Close, Michael Keaton, Sandra Bullock, Jhon Travolta, Antonio Banderas, Meg Ryan, Tom Hanks, Rob Lowe, Robert Downey, Gene Hackman, Hugh Grant, Julia Roberts, Robert De Niro, Salma Hayeck, Erick Stoltz, Michaell Fyffer, Robin Williams, Jody Foster y ya, ya me cansé de nombrarlos. Aprenderme tantos nombres estúpidos es imposible. Son demasiados. Y falsos además. Hollywood está lleno de apellidos falsos y de drogas. Qué chulo.

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Los Powers Rangers ya rescataron a su colega y ahora viene el mensaje tonto del final. A mí lo que me gustaría ver en esta parte es que dijeran: ¿Quién es la que mejor coge en la cama? ¿Quién es la que mejor mama verga? ¿A quién de todos les gusta por el ano? ¿A quién le gusta que se vengan en su cara? O, si no, al menos: ¿Quién les operó esas tetas? ¿Cuántos esteroides toman al día? ¿Qué marca de ropa interior usan? ¿De qué tamaño la tienen? Y: ¿Cómo se volvieron adictos a la cocaína? Digo, consejos que de verdad valgan la pena y nos sirvan para solucionar todos esos problemas que nos causan insomnio los domingos cuando apagamos la tv y no podemos dormir ni escribir nada. Absolutamente nada porque somos nada.

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Lou: entoooons ¿qué onda güey?... ¿La Booooooom? Marce: ¡De pelos güey! va 

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TENGO UNA FOTO CON RENE CASADOS TENGO UNA FOTO

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EL LIDER ES EL LIDER:

 

LORENA HERRERA

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III. SÓLO CONOZCO A IVONNE E IVETTE Y CASI A MADONNA PERO NO

Esto de escribir me gusta pero luego se me olvida por estar escuchando música o tomando cerveza o platicando o comiendo o bailando. Cuando comienzo a escribir me viene esa extraña sensación de que hay miles de cosas más divertidas que hacer antes que esto. Hoy tuve que escribir un artículo sobre el nuevo disco de Madonna para una revista. Después de escucharlo a la única conclusión a la que pude llegar fue que el año pasado Madonna llegó tarde a todos lados, llegó tarde a todos lados por estar cuidando a sus hijos y ahora más que ser una buena estrella, es una buena madre. En cambio a Ivonne e Ivette sí las conocí pero nunca he escrito sobre ellas.

EN ESTE FUTURO DE HOY TODOS SOMOS ARTISTAS. YO QUIERO SER DEEJAY Y LUEGO CUANDO ME ABURRA, ESCRITOR

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Yo hubiera preferido escribir de otra cosa pero me van a pagar ochocientos pesos y en estos momentos es cuando más los necesito, necesito todo el dinero posible para irme del país cuanto antes. Lo que pasa es que hace un par de semanas me corrieron del trabajo. Una tarde mientras mi amigo El Negro se tomaba unos tequilas en un cantina de Polanco, llegó una señorita muy bien peinada de nuestras oficinas en Guadalajara que preguntó por tres de las cinco personas que trabajábamos ahí –entre ellos mi amigo El Negro, Juanito y yo– y se sentó frente a mí y dijo: –Perdón por llegar así de sorpresa pero a mí también me avisaron hoy. Sabes a qué vengo, ¿no? –Sí, lo sé. –Pues desconozco las razones y la verdad no tengo nada que ver en esto ni puedo hacer nada más, sólo me dijeron que tenía que venir y entregarles sus papeles correspondientes para la liquidación. Espero entiendas que es mi trabajo. –Claro, no te preocupes. También lo sé. Lo sabía porque desde hace un par de meses las cosas no andaban bien, ya no había mucho trabajo que hacer ni dinero para seguir sacando discos, además los rumores sobre que el dueño iba a comprar un equipo de fútbol e invertir su

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fortuna proveniente de unos polvos pseudo mágicos adictivos parecían ser más reales cada día. Y exactamente eso fue lo que pasó. –Bueno, aquí traigo los papeles que me tienes que firmar y tu cheque. ¿Tus compañeros tardarán mucho? Tengo que regresar hoy mismo a Guadalajara. –No creo, están comiendo. Déjame avisarles. –Por favor, en lo que voy entregándote estas hojas para que las vayas leyendo. Amablemente la señorita me pasó varios papeles para firmar junto con un cheque. Cuando lo tuve en mi mano lo primero que hice fue ver la cantidad disimuladamente como si no me importara. Me pareció buena, incluso mejor de lo que esperaba. Suficiente para lo que tenía en mente. Después le marqué por teléfono al Negro y a Juanito y les di la noticia.

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IV. EN CHINA PERO EN NUEVA YORK

Ella lo conoció en un bar saliendo del trabajo. Él tenía el pelo corto, usaba corbata y andaba en una motocicleta en la que se trasladaba por toda la ciudad de Nueva York. Todo fue muy fácil y rápido: se voltearon a ver, se sonriéron e intercambiaron sus números telefónicos. Ninguno de los dos se dio cuenta que ambos se jugaban una broma el uno al otro: ella sólo quería usarlo como conejillo de indias para un artículo que estaba escribiendo en la revista donde trabajaba y para el que tenía que comportarse como una tonta, y él necesitaba que ella se enamorara para que su jefe le diera una cuenta muy importante en su agencia de publicidad, la de los diamantes, los mas caros y finos de la ciudad. Vaya película. Comenzaba bien: engaños, diamantes y motocicletas. Ya me lo decía un amigo anoche cuando hablé por teléfono con él: es de esas para ver en el avión, seguro te la pasan. Y efectivamente tuvo toda la razón. Cuánta verdad puede uno tener en su boca sin saberlo, sobre todo él. Yo voy precisamente a Nueva York pero ahora estoy sentado frente a un Pizza Hut en el aeropuerto de Washington esperando a que llegue la hora de tomar mi segundo avión del día.

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Cinco largas horas son las que tengo que estar aquí encerrado perdiendo el tiempo de cualquier manera: caminando, comiendo, leyendo, durmiendo y pensando. Leyendo, pensando, caminando, durmiendo y comiendo. Durmiendo, caminando, leyendo, pensando y comiendo. Pensando, comiendo, durmiendo, leyendo y caminando. De cualquier manera, repito, uno se puede volver loco cuando viaja solo y aún trae la resaca del día anterior. Me siento terrible, deshecho. Quiero que estés aquí pero yo estoy acá en donde ni siquiera se supone que debo estar o voy a estar. Es imposible, casi tan imposible como volar o volverte invisible. A mí en lo personal me gustaría más volverme invisible que volar, creo que a la larga te puede traer mejores beneficios. De momento si fuera invisible ahora me robaría un par de revistas, una hamburguesa, una cerveza, unos cuantos discos y me colaría en la fila del baño y de migración para no perder más tiempo. Pero no soy invisible. Y si pudiera serlo sería un ladrón por lo que veo. Y si pudiera volar no estaría aquí. Estaría allá junto a ti. Camino por las bandas eléctricas al mismo tiempo que veo a un grupo de turistas americanos jugar cartas y beber Coca Colas. No sé por qué pero de pronto me siento peor, incluso me han dado ganas de vomitar.

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Mi celular comienza a sonar y en cuanto lo contesto escucho una voz que dice: –¿Me oyes bien? –Sí, perfecto. Hola. –¿Cómo estás? ¿Cómo va la primera etapa? ¿Pasaste migración sin problemas? –Sí, ya estoy del otro lado. –¿Qué te dijeron los gringos? –Me preguntaron que cuánto tiempo iba a estar en Nueva York, que cuándo fue la última vez que vine, que qué iba a hacer, que a qué me dedicaba, que cuánto dinero traía en efectivo y que si tenía tarjetas de crédito. Luego el tipo me pidió que le mostrara los dólares, las tarjetas y el boleto de regreso a México. Me selló el pasaporte y listo. A pelear por mi libertad. –Jajaja. ¿No te tomaron la huella digital? –No, ni me quitaron los zapatos, creo que eso depende de cuáles uses porque adelante del pasillo otro tipo me preguntó que si traía tenis y le dije que sí y los vio y me dejó pasar sin decirme nada. –Qué bien, al menos. Mira, tengo que colgar, sólo quería saludarte y saber cómo estabas. –Gracias, qué bueno que me hablaste. Hoy es uno de esos días extraños en los que desearía no haber salido de la cama, y créeme que los aeropuertos son la peor cura para ellos.

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–Lo sé muy bien. Te llamaré de nuevo cada vez que pueda. ¿Sí? –Seguro. No dejes de hacerlo. –Te quiero mucho. Cuídate. –Yo también. –Bye. –Adiós. Colgué el teléfono y me volví a sentar. Creo que me siento mejor. O por lo menos eso trato de creer. Desde que me desperté me he sentido de la chingada. Cuando me levanté tenía esa sensación, esa sensación que te viene al día siguiente cuando te quedas metido en tu cama revolcándote de un lugar a otro sin poder hacer nada más que esperar a que todo desaparezca, es como si alguien me hubiera arrancado algo de adentro y no lo fuera a recuperar jamás. Respiro. Respiro más profundo y cierro los ojos. Blanco y negro. Negro y blanco. Luego de nuevo todo negro. Es como una montaña rusa dentro de mí. La cabeza me da vueltas. Me escurre sudor de la frente y el pecho pero no quiero hablar mucho del pecho porque me duele más si pienso en él. En estas situaciones no hay que pensar mucho. Hay que hablar con alguien o hacer ciertas cosas para no sentir como va acelerando tu corazón. Yo digo que ver la televisión no funciona a menos que sean las once de la noche y ahora son las cinco cuarenta y dos de la tarde y tengo unos pantalones de mezclilla puestos y

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una chamarra azul y esto es real. Funciona más ir al cine, salir a comer, comprar un disco o visitar a alguien. Me duele aquí. Aquí. ¡Aquí! Ahí no. Aquí donde me estoy tocando ahora con las dos manos y no se escucha nada. Parece vacío, descompuesto, echado a perder. ¡Mierda!... ¿Qué estoy haciendo aqui? Esperando.

¿cuánto

tiempo

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vida

vives

esperando?_¿qué

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esperando?_¿porcuántotiempomas vas a esperar?_¿aquién?_ Diversos estudios demuestran que el factor más importante en la calificación del servicio es el tiempo de espera. Si el comprador percibe que esperó un tiempo razonable, siente que fue bien atendido. Si la espera fue percibida como larga, el servicio se traduce como ineficiente. En la era del acelere, y entre más urbano el contexto, una espera corta realza la experiencia de compra y una larga espera, la contamina. Sin embargo hay prácticas que pueden alterar la forma en que los compradores perciben el tiempo de espera. El reloj mental es muy susceptible a las influencias externas. Después de una investigación profunda liderada por Paco Underhill / Why We Buy –experto en investigación de mercados– se concluyó que cuando la gente espera alrededor de un minuto y medio, su sentido de cuánto tiempo ha transcurrido es considerablemente preciso. Pero cuando el tiempo es mayor a 90 segundos las personas distorsionan su sentido del tiempo, y si se les pregunta cuánto tiempo han esperado, la respuesta puede ser muy exagerada. Si han esperado 2 minutos, dirán que 4 ó 5.

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*****  Por fin, 9:30 de la noche, estamos listos para abordar. Es el avión más pequeño al que me he subido. Sólo somos veinte pasajeros y una aereomoza, fea y grande, por cierto. No como las aereomozas. El trayecto es rápido y aterrizamos después de una hora en Newark, New Jersey. Camino a la salida, recojo mi maleta de la banda giratoria y salgo a la calle para tomar el autobús rumbo a la calle 42 en Manhattan por doce dólares. De ahí tomaré un taxi al lugar en donde me voy a quedar estos meses. Aún no lo conozco, sólo he visto un par de fotos que Dino, el dueño griego, me mandó por mail. Yo le mandé una mía después de enviarle el dinero del primer mes de renta para que me conociera y aquí estoy, depositando mi confianza, pero sobretodo mi fe, en el mundo virtual y la tecnología. Era imposible no hacerlo, no me quedaba de otra. Tenía que creer en el internet como si fuese algo divino, de lo contrario vaya sorpresa que me llevaría: desbancado y sin tener dónde dormir. Y repito, con la resaca que me está matando. El día anterior mis amigos organizaron un día de campo en la Marquesa para despedirme; jugamos fútbol, cocinamos carnes, escuchamos música, anduvimos en moto, tocamos

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el agua del río, bebimos ron, platicamos de Venezuela, nos acostamos en el pasto y por la noche, de vuelta a la ciudad, nos drogamos en casa del Sam con lo que el Rocha me regaló. Repartí todo entre los que estábamos y bailamos hasta que amaneció y abrieron de nuevo las tiendas. No pude dormir absolutamente nada y cuando menos me di cuenta ya tenía que estar en el aeropuerto así como así. Así con la cruda idea de que cada quien está ocupado en lo suyo y susurran a mis espaldas. Yo quisiera también estar ocupado en lo mío pero comienzo a pensar que esto es lo mío. I think is here, dice el taxista. 49 Market St. at Madison Ave. en Chinatown, New York. Pago y me bajo del taxi. No hay nadie en la calle, está completamente vacía y muy apagada. Incluso, el departamento por fuera no luce como un departamento, lo único que veo es una ventana y una cabeza de caballo empotrada en la pared de ladrillos. Toco el timbre pero nadie responde. Espero diez minutos y luego voy al teléfono de la esquina. Marco los números que me dieron y mientras espero a que conteste alguien vuelvo a pensar en la fe que estoy teniéndo en el internet, cada vez es más grande, seguro que para el año 2040 así será para el resto del mundo.

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En momentos como éste es cuando más devoto soy hacia ella. Incluso he pensado en ofrecerle algo especial si esto no resulta una estafa. Tal vez ir de rodillas de mi casa hasta Meabe, visitar las tiendas Mac todos los domingos durante un año o escribir diez padres nuestros y diez aves marías lo más rápido posible. De pronto, una voz contesta: –Hellou? –Hi. I’m the guy from Mexico. I’m here downstairs... I think so. –Oh! Great. I’ll be right there in a second. –Ok. Thanks. Se abre la puerta del edificio de ladrillos con la cabeza del caballo empotrada en la pared y aparece una joven oriental en pijama de pelo largo, lacio y negro y me saluda. Subimos las escaleras y entramos al departamento. Voltea a verme y dice hi, welcome to 49 Market street. This is your room and these are the keys. If you need something more, let me know, ¿ok? Sure, contesto, no problem. Con una sonrisa le quito la llave de su mano y me meto a mi cuarto a desempacar. Todos los demás están dormidos ya. Todos están dormidos.

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Dormidossssssss. Dormidos con “s”, con “s” de Sinaloa, sarape, sujeto pero no de predicado y sí de soldado. Soldadossssssssssssssssssssssssssssss. Dos. Ssssssssss. S. Sueño. Saludo. Sexo. Silla. Sofá. Silicón. Sonora. Sinvergüenza. Sonido. Saltillo. Sarape. Sarten. Señora. Secadora. Suyo. Suculento. Solo. Solo. Solo...

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Día 1. China Town, NY. Queridos chinos: Al fin estoy aquí con ustedes oliendo a pescado, rodeado de basura, entre ratas y oyendo música china. He estado pensado que si fuera un exitoso músico chino o no chino podrían verme posando en las portadas de las mejores revistas junto a todos esos grupos. Cualquier persona mientras ve televisión o va al baño podría tomar un ejemplar de alguna donde saliera yo y decir ¡Dios mio! Qué horror, qué feo corte de pelo trae, cómo es posible que ande con ella, tan bonita que es, cómo ha engordado este hombre, debería de ponerse a dieta. Si yo fuera un chino o no chino famoso cualquier persona podría tomar la revista mientras ve la telelevisión o va al baño y dedicarse por las tardes a juzgar mi vida. Sólo que hay que acordarnos de una cosa: la tele engorda. Por la tarde salí a la calle para localizar el metro más cercano y me di cuenta que me siento como en China pero en Nueva York. Nunca he estado en su país pero no veo a nadie que no sea oriental y no hable chino. Tendré que ser un mexicano en China pero en Nueva York. Vaya, que confusión. Y yo lo que quiero es aclarar mi mente. Ha estado lloviendo y el cielo está nublado. Suerte que me robé la cobija del avión. Puede que este verano haga frío. Abríguense bien, no quiero que me contagien con una de sus enfermedades.

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Día 2. China Town, NY. Queridos chinos: Por la noche cuando regresé a casa me recibió Piere, un tipo alto y narizón que se presentó conmigo en español diciendo que es de París. Le pregunté que cuál de los otros nueve cuartos era el suyo y contestó diciéndome que duerme en el cuarto que esta junto al de Tom, un canadiense quien a su vez duerme en el cuarto que esta junto al mío. Después me contó que él prefiere hablar español que inglés porque le gusta más, que vivió en Madrid y Barcelona un año y que de ahí se vino a Nueva York a hacer sus prácticas universitarias en comercio. Trabaja en Channel pero no le pagan, su único beneficio es que tiene una oficina para el solo en el piso cuarenta con vista a Central Park e internet. Piere va a estar aquí hasta Agosto y luego se regresa a España o Argentina o a Colombia o a algún lugar latino porque no quiere vivir más en París, dice que la gente es muy aburrida y muy seca. Y le creo. Así que bueno, unos vamos y otros vienen, y mientras, nos cruzamos en el camino con ustedes. Es la historia de siempre: el gordo quiere ser flaco y el flaco gordo. El alto bajo y el bajo alto. Ojalá se pudiera. Yo es lo que intento. Es más, antes era talla 28 y ahora soy talla 32. ¿Entienden? No sólo es cuestión de números. Abran los ojos.

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Día 3. China Town, NY. Queridos chinos: Anoche tuve ese sueño en donde pierdes el dinero y se te olvida tu pasaporte. Luego veía a un viejo amigo de Caracas y no me reconocía. Se enojaba porque no saludaba a su esposa y después se soltaba llorando. Lloraba en mi hombro y yo lo consolaba. Se suponía que debía haber sido al revés pero así es como fue. Yo me preocupaba y después bailaba no sé qué canción de Daft Punk que estoy seguro que no conocen porque ustedes no conocen nada que no sea chino. Cuando desperté me di cuenta que efectivamente nada de eso había pasado y que yo seguía acostado en mi cama tapado con la cobija del avión. Por cierto, hoy encontré la primera iglesia china presbiteriana. Así dice el letrero que tiene afuera, yo qué culpa. A mí que me esculquen. Yo sólo estoy aquí de paso como todos. Descansen.

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Día 4. China Town, NY. Queridos chinos: Hoy Alberto nos invitó a su casa a varios amigos, a mi hermana y a mí. Cuando llegamos nos dijo que para poder entrar teníamos que saltar de un edificio a otro y luego subir por una escalera muuuy alta y muuuy peligrosa. Él fue el primero en hacerlo y llegó sano y salvo del otro lado, pero cuando fue mi turno me rehusé. Le dije que no, que prefería no conocer su casa si tenía que arriesgar mi vida saltando. Mi hermana, sin saber que la altura era de un edificio de siete pisos, saltó y cayó por el vacío. Cuando la vi no pude ni gritar de la angustia que sentí. Me quedé pasmado y sin habla viendo cómo iba cayendo poco a poco. Esos pocos segundos me parecieron una vida. Pude ver el final de nuestra relación y lo que estaba por venir, desdicha y tristeza. Injusticia y odio. Fue sólo hasta que tocó el piso cuando pude gritar: ¡Rápido! ¡Llamen a una ambulancia! Pero cuando me fije mejor, me di cuenta que había caído parada. Sólo se había lastimado una pierna porque en ese mismo momento se levantó y siguió caminando muy quitada de la pena, así como ustedes lo hacen. Al minuto siguiente estábamos en mi casa viendo por la ventana cómo tocaba el timbre Volovan, un grupo de rock de unos amigos de Monterrey. Y al final comimos todos juntos unos tacos al pastor en el restaurante El Jefe. Cuando desperté vi el reloj que marcaba las 11:47 de la mañana. Tenía hambre y sed pero como estaba lloviendo no me dieron ganas de salir de casa.

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Día 5. China Town, NY. Queridos chinos: Por la mañana, sigilosamente me acerqué a la cocina y pendiente de que nadie me viera tomé un pan blanco y una rebanada de queso amarillo de alguien más. Me preparé un sandwich acompañado de un jugo de naranja que tampoco sé de quién es. Lo bueno es que todos se van desde temprano y no regresan de trabajar si no hasta las seis de la tarde, sólo Fátima, la modelo del cuarto más caro, el de las ventanas a la calle, se queda rondando por aquí. Por las noches ve televisión y bebe vino tinto mientras come algas de esas que venden en planas para hacer sushi. Hoy me invitó una y me dijo que eran muy sanas y buenas para el cutiz. Es que ella es alérgica a la cerveza y a la pasta. Yo me estoy volviendo alérgico a algo pero no sé a qué. ¿Será a ustedes? Si tuviera que ser alérgico a algo no me gustaría ser alérgico a los perros ni a los gatos porque luego todos tienen gatos o perros y sería un fastidio visitarlos en sus casas y a mí me gusta ir de visita a las casas, sobre todo en las que te ofrecen cosas. Mota. No me gustan las mascotas ni los psicólogos. Me gusta Interpol, la coca cola, los hot dogs, los jeans, el color negro, las pantuflas, la playa, el brocoli y las luces de navidad. China Town cierra temprano, hay que comprar las cervezas antes de las once de la noche.  

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Día 6. China Town, NY. Queridos chinos: Los noodles con carne que me comí en el restaurante vietnamita debajo del puente estaban deliciosos, es de lo mejor que saben hacer. Las meseras no hablaban inglés, así que gracias a ustedes he tenido que emplear lo que me enseñaron en la universidad, esa pendejada sobre la comunicación no verbal. Al final he tomado té y comido sandía igual que ustedes. Salí con la barriga llena y el corazón contento por sólo $5.50. Piere, Tom y yo no estamos seguros de lo que hacen ustedes por la madrugada. A eso de las cuatro de la mañana los hemos visto salir por las escaleras de la parte de atrás de los edificios cargando cajas y bolsas, bolsas negras como de basura, como de esas que salen en la tele cuando alguien lleva un cuerpo a enterrar o a tirar a un barranco. A nosotros nos gusta pensar que tiene que ver con la mafia. Su mafia es extensa y de cuidado. Hay veces que se nos quedan viendo fijamente a los ojos cuando vamos caminando por la calle como si creyeran que sabemos algo. Y la verdad es que sí sabemos algo pero aún no sabemos muy bien qué. Lo mejor de vivir en China Town es no ser chino. Si no eres chino no corres peligro de que te maten... ¿Verdad?

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Día 7. China Town, NY. Queridos chinos: Boca abajo en mi cama comencé a ver unas montañas que se iban transformando en agua. No había árboles. No había animales. No había nada más que unas montañas negras que se iban transformando en agua. Cuando intenté contarlas desaparecieron y en su lugar aparecieron pequeñas lucecitas como chispitas que brillaban. Brillaban coordinadamente. Primero una, luego otra y así, como si alguien estuviese detrás de una consola programándolas. Pero no, el único que está en este cuarto de China Town soy yo. Al frente de nuestro balcón trasero, a donde tiene uno que salir a fumar, se ve un departamento con una luz roja muy tenue que tiene una cortina delgada. De hecho son dos luces rojas en dos diferentes departamentos y ambos siempre están encendidos resaltando entre los demás. En cambio, en la parte de adelante, por la noche siempre hay camionetas caras con varios de ustedes montados en ellas como esperando algo. Esperando entregar la mercancía o recibir el dinero. Son negras y hay de diferentes modelos, aunque para ser sincero a mí me parecen iguales todas como todos ustedes. Tom, Danny, el uruguayo del cuarto junto al de Fátima y yo, fuimos a beber al 169, un bar que está a unas cuantas cuadras de aquí y donde hay más negros que chinos. Fue extraño no verlos por ahí. Sigue lloviendo. Ahora es como estar en China pero en Londres pero en Nueva York. Estoy empezando a creer que aclarar tu mente con ustedes no es buena idea.

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Día 8. China Town, NY. Queridos chinos: Hoy salieron a las calles más que nunca. Bueno, a algunas nada más, ya que son incapaces de salir una avenida más allá de China Town. De hecho, me han contado que hay varios de ustedes que nacen en China Town y nunca salen de China Town. Se nota cuando llegas a Delancy, apenas cruzas la calle y ya no están. Es como si al momento de poner un pie del otro lado los desintegraran. Sobre su forma de ser hay mucho qué decir y comenzaré diciendo que tienen mucho parecido con nosotros los mexicanos, sobre todo en lo de tirar basura, escupir y hacerse terribles peinados decolorados con harto gel. No sé si sea porque hay muchos salones de belleza o por todo lo contrario. Caigo en cuenta de algo: si es que en su país existe la moda, definitivamente está en el pelo. Sé que no llevo tanto tiempo aquí como para saber cómo son en realidad pero no me importa, puedo decirles que son sucios, flacos, lentos, feos, tragones, irrespetuosos y sospechosos. Bueno, ustedes. Los demás chinos no lo sé.

HEY YOU! CHINESE PEOPLE, DON’T FAKE ME PLEASE

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Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chi-

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nos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos. Chinos.

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Chinos. 

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Día 9. China Town, NY. Queridos chinos: Tengo que llenar el cuarto con algo más, aunque sea con cerveza o con un poco de humo de mariguana. Segundo récord mundial: ocho días sin fumar un cigarro de mota. Si tan sólo supiera dónde la tienen escondida. La vez pasada, cuando logré mi primer récord, dejé de fumar por casi tres meses porque una vez a mitad de la noche me levanté agitado, sudado y vi una luz. Sí, la luz, la luz que brilló por un segundo frente a mí y me despertó. Desde ese momento no pude dormir como en una semana. No quería cerrar los ojos porque sabía que estaban rondándome y en cualquier momento podían hacerme algo o, peor aún, llevarme con ellos para abrir mi cuerpo, así que decedí botar la mariguana para ver si tenía algo que ver con eso. Pero no, a los tres meses volví a fumar y nunca más he vuelto a ver la luz. Sólo la mariguana. Por la noche Piere y yo fuimos al McDonalds de la calle Bowery que está abierto las 24 horas. De regreso nos encontramos con un par de policías tratando de abrir la puerta de nuestra casa, sorprendidos les preguntamos qué era lo que pasaba y nos contestaron que estaban buscando una casa de prostitución pero que no sabían exactamente en dónde se encontraba. Piere les dijo que éste era un departamento y que en él vivimos nosotros pero que siempre había chinos sospechosos por aquí montados en camionetas sospechosas. Ambos policías dijeron que mañana sería un día de arduo trabajo para ellos porque piensan hacer una redada. Cuídense, están tras de ustedes.

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Día 10. China Town, NY. Queridos chinos: Soñé que estábamos como en un lugar de África manejando por la carretera y veíamos un puente muy alto con una cascada enorme. Después, después ya estaba yo en la cocina contándole a Tom y a Danny lo de los policías y la casa de citas. Danny nos ha sorprendido diciéndonos que este departamento antes de ser lo que es ahora era una casa de citas, casualmente. Señalando con el dedo sonriendo nos enseñó las conexiones de las cámaras de la entrada que tenían antes empotradas aquí. Nos dijo que la casa de citas que buscan los policías está doblando en la esquina a la izquierda, que él ya la ha visto. Luego nos contó que en la cuadra siguiente mataron a un chino hace como un mes, que cerraron la zona por varios días y que los bomberos y los policías estuvieron deteniendo el paso vigilando a la gente, a la gente como ustedes sobre todo. Según Danny fue porque otros tipos como ustedes, es decir chinos, de otro China Town de otra ciudad cercana tuvieron problemas y les dieron plomo. Ahora no nos gusta tanto pensar que tienen que ver con la mafia. No se crean. Yo no sé nada. Por cierto, hoy es el día de la redada pero no vamos a poder presenciarla porque han llegado Rebecca y Tina, dos amigas canadiences de Tom que se quedarán el fin de semana con nosotros, y al parecer todo indica que iremos a bailar al Centro Fly. Es una pena perdérnosla. Mucha suerte, espero logren escapar para visitarlas pronto.

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Día 11. China Town, NY. Queridos chinos: Por fin, a sólo dos cuadras descubrí un lugar donde puedo checar mis mails y chatear por tres dólares la hora. Incluye rock chino de fondo y escolares chinos varios. Me siento más tranquilo sabiendo que puedo conectarme cuando quiera cerca de casa. Me siento en paz, como dicen por ahí. Yo por eso les digo lo que digo. ¿Qué digo?

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Día 12. China Town, NY. Queridos chinos: Chateando me enteré de cómo va Big Brother, de quienes están nominados, a quién fue el último que expulsaron y de cómo le fue a Vanessa al salir de la casa más famosa de México. Cuando se me acabó el tiempo me despedí de la señora y me fui. Caminé fijamente viendo un punto y no a ustedes a los ojos. Sin detenerme pasé por un local de maquinitas, un restaurante y una tienda de trastes para restaurante. Justo ahí me di la media vuelta y regresé al local de maquinitas. Entré y en ese momento me di cuenta que los únicos que no eramos chinos eran dos niños negros que estaban jugando en las máquinas esas donde tienes que bailar en chinga y yo. Y efectivamente, así es como bailaban los dos niños negros, rapidísimo y con el mismo pie en el mismo lugar y a la misma altura en el mismo momento. Por supuesto no había quien les ganara, mucho menos alguien chino: ustedes nunca podrían moverse de esa forma. Aunque en los juegos de peleas es imposibles vencerlos. A veces parece que eso de las culturas está más que definido. Por cierto, ¿qué habrá pasado con la casa de citas? Tengo que investigar. Hoy por lo pronto estuve viendo bailar a dos niños negros en China pero en Nueva York. ¡Ajá!

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Día 13. China Town, NY. Queridos chinos: He descubierto de quién era el queso y el pan que tomé. Son de Michael, el alemán del cuarto junto al mío. Hoy lo he visto preparse un sandwich, un sandwich de puro queso acompañado de un vaso enorme de leche. Las canadienses amigas de Tom siguen por acá. Incluso les he prestado mi almohada para dormir. Y vaya que duermen. Duermen mucho porque dicen que todo el día se la pasan en la calle caminando. En la noche se fueron al puerto con Piere, quien quiere cogerse a la otra, a la que no es movida de Tom. Pero no sé, cuando la conocí la vi y me dije ésta quiere verga hoy. Pero luego la volví a ver al día siguiente y dije qué güeva, yo creo que ni eso quiere. Mientras ellos conocían la ciudad yo me fui a un concierto de rock. Sé que ustedes no los conocen y ni les interesa escucharlos pero tocó The Fever y Electric Six. Pagué doce dólares y no me pareció. Me han dado ganas de pegarle al vocalista del segundo grupo. Sólo me divirtió cuando tocaron una canción que se llama Gay Bar porque cuando la pasaban en la radio yo entendía K-Mart y me recordaba a mi colcha. A mi colcha azul que compré en K-Mart y que puedo utilizar por ambos lados y sobre la que estoy escribiendo ahora después de intentarlo en México y no poder hacerlo. No es la colcha, lo sé, pero siempre es bueno tener a alguien de culpable o de pretexto y yo me volví un experto en colchas. No sólo en precios, tamaños y estilos, también en texturas y diseños. Y créanme que ésta fue la mejor elección.

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Dia 14. China Town, NY. Queridos chinos: Sobre la redada a la casa de citas clandestina no sé nada. Sólo he visto sobre la calle a dos patrullas que nunca antes había visto pero no quiero adelantarme. Tendré que seguir investigando para ver cómo les fue. Hoy terminó mi segundo récord mundial de no fumar mariguana. Ray, el chico moreno que aún no sé en cuál de los cuartos duerme, nos convidó antes de irnos por la noche a dormir. Primero en una pipita plateada y luego en un gran bong lleno de agua con hielos. ¡Yeeeeeeeeah! Y ustedes siguen ahí, hablando por celular, haciéndose rayos en el pelo, paseando niños, escupiendo y sacando a las abuelas a tomar el fresco y a hacer Tai Chi. Qué bien.

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Día 15. China Town, NY. Queridos chinos: No van a creerlo. Por la parte trasera del edificio hemos sorprendido a una china tocando su cuerpo, o sea masturbándose. Después se cambió los calzones y se puso a jugar con un hula hula. Piere intentó ligarse a la canadiense amiga de Tom cuando regresaron de cenar de un restaurante chino pero no consiguió nada. Ella sólo tomó un vaso de agua y se fue a dormir. Él se quejó conmigo diciendo que en Nueva York las mujeres sólo te hacen caso si tienes un carro y un loft en Central Park o Soho. Yo le he contestado que para ligarse a una de ustedes no hacen falta. Les dije ayer a las canadienses que en Cancún, las canadienses, eran famosas por emborracharse y quitarse la ropa en las discotecas, mas no por otra cosa. Ellas me dijeron que se regresan el lunes y que no creen desnudarse en algún bar. Yo pienso ¡qué importa! El bar era sólo un ejemplo. Fátima nos deja por un departamento en Soho. Ya no soporta a Suzan y Suzan no la soporta a ella. El otro día Suzan salió de su cuarto muy enojada y le dijo que le bajara a la música y que se callara, que vivía con nueve personas más por si no se había dado cuenta. Fátima no le hizo caso y siguió bebiendo y platicando como si estuviera en una sesión fotográfica de Vogue. Más tarde se fue al cuarto de Piere a seguir su propia sesión. Yo a dormir.

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Día 16. China Town, NY. Queridos chinos: Hoy seguimos tratando de investigar sobre su casa de putas pero nada, no conseguimos ninguna información. Al parecer siguen libres porque los autos de los policías han desaparecido, mas no sus locales sospechosos en los sótanos repletos de cajas de cartón y papeles desordenados en pilas. Sus oficinas parecen oficinas disfrazadas, no pasa lo que realmente debería pasar en una oficina. Nunca he visto una oficina en China pero la verdad –aquí y en China– yo creo que una oficina es una oficina. No una pipa. Ustedes sólo están sentados en mesas redondas blancas fumando y hablando por teléfono durante todo el día. Sobre ellas puedo ver computadoras viejas y papeles sobre papeles, incluso en el piso. Entran y salen. Salen y entran. Los hemos visto de nuevo jugar dominó y beber Heineken. Sus mujeres también juegan y tienen muchos hijos, hijos que más tarde llevarán a la escuela china que está en la cuadra siguiente a Pike st. Piere ya se dió por vencido sobre la canadiense. ¿Será que se le hará con Fátima antes de que se vaya? Eso es lo que él tanto desea. Aunque lo dudo, hay que recordar que ahora Fátima va a ser una chica de Soho. Por favor, dejen de reproducirse.

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Dia 17. China Town, NY. Queridos chinos: Déjenme decirles que esta vez nos reunimos en una plaza de Nueva York pero que no parecía Nueva York. Es decir, era Nueva York pero no este Nueva York, era más bien como España o Italia. Era como Nueva York pero en España. Cuando anocheció nos fuimos a casa de Marcela pero tampoco era Marcela. Es decir, si era ella pero no físicamente. El caso es que una vez que estábamos ahí nos pusimos a beber vodka con su novio y sus amigos. Mientras decidíamos a dónde iríamos a bailar llegó una niña de dieciocho años rubia y delgada que comenzó a saludar a todos. Sabía la edad porque se la pregunté. Le dije ¿cuántos años tienes? Dieciocho, contestó. ¿O sea que aún no puedes salir de noche? No, no puedo todavía. Hasta los veintiuno, dijo. Qué fastidio, respondí. Y volvimos a la plática en la que estábamos: Croacia. Croacia está cerca de Italia y muchos de sus habitantes emigran curiosamente a Chile, donde residen desde hace años una de las mayores comunidades de croatas, quienes cada año celebran sus fiestas nacionales con bailes y comidas típicas de su país. Usan pantalones blancos y bombachos y unas camisas de telas muy folklóricas, nada que ver con ustedes. A los pocos minutos nos levantamos de la mesa, tomamos nuestros suéteres y nos dimos cuenta que la pequeña niña rubia y delgada estaba tratando de besar insistentemente a uno de los amigos del novio de mi amiga Marcela. Incluso quería que se la llevara a la cama pero como él no aceptó, salió a la calle montada en su bicicleta manejando vuelta loca. Y como loca regresó haciendo un escándalo tratando de hacer que los

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autos la arrollaran. Intentamos calmarla pero fue imposible, daba vueltas en círculos gritando groserías en inglés sin ver hacia dónde iba. El amigo del novio de mi amiga comenzó a preocuparse mucho y no sabía qué hacer; además también porque la niña rubia y delgada le había gritado que se iba a acordar de ella por siempre y que algo malo le iba a ocurrir. Yo no le daba tanta importancia, aunque me preocupaba que de verdad un auto la fuese arrollar y quedara en el piso aplastada junto a su bicicleta. Definitivamente un beso puede cambiarlo todo, pensé. Como en los cuentos, debería ser más sencillo de lo que parece, debería de ser más sencillo que escribir. La niña rubia y delgada seguía en lo mismo cuando escuché al alemán que duerme en el cuarto junto al mío azotar la puerta de su cuarto y caminar por el pasillo como un militar muy obediente rumbo al baño. Ta, ta, ta, ta, ta, se escuchaba. Así fuerte, así como si fuera hora de ir a la guerra marchando con unas botas muy grandes. Cuando el alemán terminó yo fui al baño y después fui por un vaso con jugo de naranja y me quedé viendo la televisón con Danny. Fátima se fue hoy y no le dio a Piere eso que tanto quería. Es una pena. Pero es que es modelo y ella debe estar en ese piso que consiguió en Soho. No aquí con ustedes. Su cuarto lo ocupara Shaun, un californiano de Orange County que trabaja en la recepción del hotel Plaza y que hace un año había vivido aquí en 49 Market St.

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Día 18. China Town, NY. Queridos chinos: Han estado muy tranquilos estos días. No sé si preocuparme o relajarme. ¿Están bien? He estado aburrido y he decido aprender su lenguaje, así que salí a la calle con mi grabadora para intentar hablar un poco de chino y ver qué tanto dicen para conocerlos aún más. Esto fue lo que grabé: PONG CHI YING CHING YI PRINTING INC MED GRAPHICS NEW HAO KE CHINESE RESTAURANT SO LIU STUDIO FUJIAN MAWEI USA INC TAIWAN BEAUTY SALOON LAN COMPANY INC FORMOSA BARBER SHOP HONG KONG NAP BARBER SHOP LI CHUNG HONG THE CHINESE UNITED METHODIST CHURCH LIA KAO GROCERY CO OPAL BAKERY INC SHUN WEI RESTAURANT Una ardilla. Acabo de ver una ardilla subiendo un árbol.

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YAT SUN DRYCLEANER Dos monjas. Hay dos monjas caminando y no son chinas. Qué extraño. ¿Acaso tendrán algo que ver con su casa de putas clandestina? ¿Con la mafia...? ¡Bingo! Cada vez estoy más cerca de ustedes. CHAON CHIN MIN INC HAI THANH FOOD NEHUA PRINTING INC GOLDEN ROYAL HAIR SALOON NHA INC FOO CHOW KITCHEN EAST CORNER WAN TONG TAK HI HONG INC KASA COSMETICS INC YUNG SUN RESTAURANT CATHAI RESTAURANT SUN TUNG WIU MARKET THE NICE RESTAURANT YING WAHI BAKERY INC SAM WAI LIQUOR STORE GOLDEN UNICORE RESTAURANT WIN ON PHARMACY CHONG HO STORE HUNG CHONG IMPORTS PERRY SALOON Una novia. Estoy viendo una novia china con vestido blanco en un restaurante.

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CHINA TOWN CENTER YUNG WING PUBLIC SCHOOL. UEZHO SHOP VIETNAMIT RESTAURANT HUA HEI DESIGN STUDIO CHANG WONG RESTAURANT CHANG CHING INC Una vez más compruebo que todos ustedes escupen todo el tiempo. EZG SALOON INC LIAM HAIR SALOON WONG WAH BAKERY INC SE SE WING USA INC SILVER HAIR SALOON SUZHOOU KITCHEN KAWAAH BAKERY CORP WAH CANH SAIGON RESTAURANT CHENG DRY CLEANER Algo me huele mal, además de todas las bolsas que dejan botadas sobre las banquetas cuando termina el día. Huele a muerto. ¿A quién tanto matan?

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Día 19. China Town, NY. Queridos chinos: Pensé que me iban a terminar hartando cuando me fuera de esta ciudad pero ya lo están haciendo desde ahora. One, two, three, for, five, six, seven, eight, nine, ten, eleven and twelve beauty saloons... And then? ¿Dónde están los resultados? En la casa ya no hay canadienses más que Tom. Shaun llegó ayer a vivir a 49 Market St. Buenas noches chinos. 

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Día 20. China Town, NY. Queridos chinos: Escribo sólo para preguntarles una última cosa: Q: Are you escaping out of the world or do you want to take over the world? A:______________________________________________ Tómense su tiempo, ya no los molestaré. No más.

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V. HE DESCUBIERTO QUE PUEDO ESCRIBIR MEJOR EN UN ESCRITORIO. NO EN UNA TAZA. NO, NO TENGO BONITA LETRA.

Por suerte he podido escribir más que de costumbre. He escrito a mano en mi libreta cuando voy en el metro y cuando estoy comiendo en el parque. Tengo bonita letra. Mentira. Tengo una letra horrible que no sé en qué momento salió así. Que yo recuerde tenía bonita letra antes, hasta la preparatoria, ya en la Universidad con las prisas valió madres y se fue para el carajo junto con muchas otras cosas más. Me gustaría tener bonita letra porque se ve mucho mejor y luego la gente se acercaría a mí para decirme qué padre letra tienes. En cambio, hay quienes escriben comerciales de televisión y te dicen es que es una verdadera obra de arte, el texto es preciso y dice justo lo que tiene que decir para el público al que le tiene que llegar. Ante algo así yo no tengo nada qué decir. Vuelvo a la obra de arte, a las mentadas obras de arte que se inventan los diseñadores, comunicólogos y publicisistas de hoy día. No puedo creerlo, son tan graciosos que se lo creen. A esos los que les hace falta es que alguien les diga que lo que hacen no es más que un comercial de televisión,

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un simple, estúpido y banal comercial de televisión que la gente gorda verá desde sus sillones mientras come pizza y adquiere enfermedades. Eso sí, yo tengo un amigo que tiene una letra increíble pero no me acuerdo quién es porque Ray me ha dado a fumar de su pipa otra vez. El récord va quedando atrás y la constancia adelante. En letra manuscrita no sé escribir. Pero por suerte no fui secretaria. Mi mamá si sabe y le sale muy bien pero tampoco fue secretaria. Siento que eso de la letra manuscrita es cosa de mamás y por supuesto de secretarias. Pero... ¿Y de doctores? No recuerdo si este amigo que no me acuerdo quién es sabe escribir con letra manuscrita o no. En estos momentos me gustaría escribir pero me cuesta un poco de trabajo concentrarme, en la sala están viendo una película que se escucha hasta mi cuarto. Pero tampoco quiero cerrar la puerta porque tengo hambre.

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La curiosidad me mata y decido ir a ver de dónde salen todos esos efectos especiales que hacen que retumbe la casa entera, los nueve cuartos. Cuando llego a la sala me encuentro con Suzan, fumada, Piere y Tom viendo Mision Imposible 1 en la televisión. Doy la media vuelta y comienzo a prepararme un plato de cereal. Le pido a Piere uno de sus plátanos cuando aparece Shaun, quien se asoma a la televisión y dice Oh great! Forest Gum. A nadie le parece gracioso su chiste más que a mí y suelto una carcajada muy al estilo alemán, fuerte y marcada como las de Michael. Así: Ha. Ha. Ha. Ha. Ha. Ha. Shaun me da la mano y se va dormir. Tiene que levantarse a las seis de la mañana para ir al hotel a trabajar. Lo que en realidad quería decir es que todo esto lo he estado escribiendo en otra computadora, en esta en la que estoy ahora y que es diferente a la que usaba en México. La intercambié con mi hermana antes de venir para acá, yo le di una iMac que no devolví en mi trabajo anterior cuando me corrieron sin pagarme el último mes de trabajo y ella me dio esta laptop negra a la que no le puedo conectar internet porque es demasiado vieja. Eso es lo que me ha dicho el tipo árabe de la tienda de computadoras. Por ejemplo Tom, Tom casi no sale de su cuarto y todo el día

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está frente a su computadora metido en internet lamentándose diciendo: I hate this, I hate that and I don’t want to live in New York anymore. O el alemán. Al alemán el otro día Piere lo cachó viendo pornografia y se puso muy nervioso y rojo, se le notó mucho porque él es muy blanco y alto, muy alemán. (Ich bin glücklich, deine Freundin zu sein und ich liebe Dich sehr viel)

Shaun también en cuanto llega del trabajo toma su computadora y se queda metido en Internet por mucho tiempo. Es bueno porque luego nos avisa de las promociones que hay en las tiendas, de los eventos que habrá por la ciudad y de los antros. Eso sí, en esta computadora que estoy escribiendo es más fácil escribir sin ver el teclado que en la que tenía. Como ahora, como ahora que estoy escribiendo de nuevo en la computadora sin ver el teclado y no me ewuivoco. Mierda, sí me equivoco pero no tanto. Me equivoco porque estoy escribeindo muy muy rápido y luego se me van los dedos a donde no deben. Y es qaue así pasa con los dedos luego y no sólo con las computadoras. Tengo que practicar mas para que no se me ovldie seguir escribiendo sin ver el teclado que manana por la noche voy a ir a un concierto en el Knitting Factory a ver a ESG y a The Rogers Sisters. Pasado mañana hay un festival musical gratis en el Union Pool en Williamsburg

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desde las tres de la tarde. Habrá hot dogs y hamburguesass a la parrila, además de muchos grupos de rock, entre ellos Ambulance LTD que quiero ver.  Un par de errores nada más pero muy bien. Como decía, con esta computadora puedo escribir más fácil sin ver el teclado y desde mi cama. Eso me gusta, me hacía falta. Era muy fastidioso tener que escribir en la silla esa de plástico azul cada noche. –Hey Pepe? Are you there? –Yes, come in. –You have a phone call man. Take it. –Thanks Tom. –When you finish let me know. I need to use the phone. Ok? –Sure, no problem. ¿Bueno? –¿Pepe? –Sí, hola, digo extrañado al escuchar la voz de mi hermana a esta hora de la noche que está en México. –¿Cómo estas?, continúa. –Bien, ¿y tú? –Más o menos... Pasó algo. –¿Qué pasó? –Pues... se murió la abuela. –¿Se murió la abuela? ¿Cómo, cuándo? –Murió hace dos días. Ya fue la misa y ya la cremaron.

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–¿En serio? ¿Murió? –Sí, murió. –...me hubiera gustado estar con ella. –Yo sé, no te preocupes, ya no tiene mucho caso. Ella está bien, seguro está descansando. –Quería verla. No sé, despedirme. –Claro, me imagino. –Sí. –Ya se sentía mal y al final estaba cansada. Tú sabes. –Sí, lo sé. –Mejor trata de dormir. Nosotros estamos bien, si necesitas algo avísame. –Sí, gracias. –Hasta mañana, cuídate mucho. Te quiero. –Si. Bye. –Adiós. Colgué el teléfono y me quedé quieto pensando en ella. No podía creerlo. Bueno, la verdad es que sí. De hecho lo presentí. Y aunque suene a cliché, había soñado con ella dos días antes. Poco antes de venirme a Nueva York bajé a su departamento para despedirme de ella. Llorando me dijo que ya se quería morir porque estaba perdiendo la vista. Yo la abracé y le dije que pensara en lo mucho que sus hijos y nosotros sus nie-

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tos la queríamos y que no dijera eso porque a todos nos iba hacer mucha falta. Pero ella lo único que me repetía mientras lloraba señalando sus ojos y mostrándome sus lentes de plástico negro, era que quería morirse. Por eso digo que lo sabía, sabía que quería morirse. Le devolví el teléfono a Tom y salí de casa a tomar aire. Camino hacia abajo llegando al mar me encuentro con un par de homeless bebiendo ron y azando salchichas en un bote de basura. Otro cliché. Lo que me faltaba. Parece una película de esas americanas en blanco y negro. Pero lástima, no es una de esas películas. Lo que pasa es que un día todo llega a su fin y puede que sea mañana. Porque un día todo termina y ya no vamos a estar aquí. Lo que hubo hubo, lo que hiciste hiciste y lo que dijiste dijiste. Entonces al final, al final final, al final de todo y aquí todo significa tooodo... todo habrá terminado. No volverás a ver ni a estar con nadie nunca más. Nada como ver y escuchar las olas del mar pegando sobre las rocas. Ojalá sonara de nuevo mi celular. Ojalá fueras tú. ***** Mientras compro la comida de la semana caigo en cuenta que la muerte es como el amor en cierta forma. Ese amor imposible que uno no puede controlar y mucho menos dejar de pensar en él. Esa persona está ahí todo el tiempo de dife-

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rentes maneras: corriendo por la calle contigo, viendo la televisión contigo, leyendo contigo, viajando contigo, durmiendo contigo, despertando contigo, bailando contigo y comiendo contigo, pero al mismo tiempo no está y sabes que nunca va a estar. Algo así era justamente lo que me estaba pasando con mi abuela. Está conmigo todo el día acompañándome por las calles de Nueva York pero al mismo tiempo no está. Como el amor o la muerte. Si yo pudiera matar a alguien en Nueva York mataría a la gente que trabaja en el metro o la gente que trabaja en el Wendys de la calle Broadway, sobre todo a una pinche negra que siempre está enojada y avienta las cosas con una mirada llena de resentimiento. Pero no tengo una pistola. Y si tuviera una pistola y los güevos la mataría después de preguntarle por el baño. Eso les molesta mucho. La verdad es que nunca he disparado una pistola y nunca he sido negro. Un negro con cara de malo disparando una pistola. Nunca. De vuelta a casa siento que la cabeza me va a estallar. He regresado con un dolor de pies intenso y una sed terrible. Todo el día he querido tomar algo pero la bebida en esta ciudad

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es de lo más caro. Nada como comprar tu zepelin de Coca Cola en la tienda a ($1.75) y bebértela en un buen vaso con hielos para no andar comprando en la calle, cada lata cuesta un dólar y un dólar es un hot dog ($1.50) o una rebanada de pizza. Y de un dólar en un dólar se te van los dólares. De verdad, hay que andar buscando los mejores precios y las mejores rebajas. Yo me gasto semanalmente en el Path Mark como veinticinco dólares; compro pechugas de pollo para asar, papas hash browns, huevos, jugo, corn pops, queso, pan, tortillas, bisteces, sopas instant ramen, atún y unas cuantas verduras. Rinde bastante bien si sabes administrarlo y yo me considero un buen administrador aunque odie la administración, el psyco y los mariachis. El problema viene cuando hay que colocar toda esa comida en las gabetas del refrigerador porque no cabe, parece como si en cualquier momento fuera a tomar vida o explotar. Yo me apañé uno de los cajones esos de hasta abajo en donde se guarda la verdura. Lo demás lo pongo en una repisa que está debajo de la barra. Suelo robarme de algún otro miembro de la casa el aceite de oliva, la mantequilla, la mostaza, la catsup y la leche. Siento que gasto a lo idiota si los compro.

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Michael tiene un problema muy serio con el yoghurt que nos afecta a todos los que vivimos aquí: compra cajas y cajas y llena las gabetas del refrigerador por completo dejándonos sin espacio libre a nosotros. Todas las tardes come varios echado en el sofá viendo la televisón. Como ayer que vimos American Pie 2. Su risa alemana hacía eco en las paredes: Ha. Ha. Ha. Ha. Ha. Y de nuevo: Ha. Ha. Ha. Ha. Ha. Ha. Ha. Shaun dice que es insoportable y que ya no puede verlo, menos cuando va al super con su bag pack militar. Michael se toma muy enserio eso de ser alemán. Por Dios. spielt mit 15 in schuldiskos hip hop & acidhouse. vereint sich mit einer gruppe mc`s (style: funk-platten hack mit einem sampler) als erfolgreicher hip hop act tourt kiki durch finnland & schweden. anfang der 90er wird die techno und house szene aufregender. 1992gibt kiki im “it-club” in helsinki seinen ersten richtigen gig. erste dj-residenz im “tempo” in helsinki. umzug nach berlin & beginnseines architekturstudiums trifft am ersten wochenende in berlin tresor dj`s. ab 1996 kiki macht beim marlboro dj contest im tresor eindruck (mit masters at work in der jury). kiki legt im tresor, wmf, e-werk, earth beats und anderen clubs auf. residenzen in berliner clubs wie pfefferbank, casino, tresor und wmf. kiki produziert seine eigene radioshow für den damals kultigsten piratsender online: twen fm. seitdem spielt kiki auf internationalem terrain überall von malaysia bis madagaskar. über new york kommt erwieder nacheuropa. kiki produziert eine mix cd an drei plattenspielern für “sonnenhaus” parties. debug schreibt: “kiki muss sich beim mixen die finger gebrochen haben....*****”. er spielt kinderleicht und ohne zu patzen an 4 plattenspielern ab 1998 geht auf tour mit dj phonique als quadrophonique kicks. eine mix-cd folgt 2002. kiki produziert seine tracks für ellen alliens ultra-heiss-schmerzendes label

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bpitch control. er arbeitet eng mit silversurfer an tracks & remixes. die erste livetour folgt in 2004. geboren und aufgewachsen ist kiki in finnland. als dj und produzent lebt er aber mittlerweile in berlin und ist bekannt für seinen kombinationsfreudigen wildstyle – eine mischung aus nicht weniger als h nrgtech-house-glamour-hysterie und ausgelassener sampleverspieltheit. kiki’s lebendigen sounds baden gerne im hedonismus, was wohl nicht nur daran liegt, dass es für ihn kein problem ist, auch an drei plattentellern einen abend lang zu spielen, ohne die nadel aus dem takt hüpfen zu lassen. mit seiner gutgelaunten und genreübergreifenden stielvielfalt ist er immer auf der suche nach dem neuen, um sich um starre fixierungen herumzuschlingeln. damit ist er ein fester bestandteil von bpitch control geworden.

También tiene un problema con las zanahorias y la leche. Consume demasiadas para mi forma de ver la vida. Cuando Tatiana se fue a Los Angeles por cinco días a ver a su familia nos regaló lo que le sobraba de comer para que no se fuera a echar a perder: pepinillos, pimientos, zanahorias, leche y una carne. Jhony me regaló una rebanada de pizza una vez y yo le regalé una pechuga de pollo a Piere en otra ocasión. Tom come pasta casi diario y Ray y Suzan no cocinan mucho. Así es como están las cosas en la cocina. Me voy al baño a duchar. *****

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Antes de partir voy a la tienda y le pido al colombiano una Corona bien fría, es más grande y cuesta menos de tres dólares. En los bares la de tamaño normal te sale en cinco, así que hay que hacer esto siempre antes de llegar al antro, es la única forma en que puedes emborracharte. En el antro me paro cerca del Dj junto a una chava güera que al parecer viene sola. Quiero seguir bebiendo pero no tengo dinero, sólo para una cerveza más en toda la noche. Qué fastidio. Los vicios de uno cuestan y no se puede todo, hay que elegir cuánto y cuáles. Por eso yo creo que el chiste está en la administración como bien digo. Ahí está el secreto para la vida, para el futuro. Y lo que uno quiere es tener un futuro seguro y estable, sobre todo para cuando llegue el 2040. Definitivamente debí haber estudiado esa carrera. Tal vez ahora viviría en Soho junto a Fátima y tendría una cuba libre en la mano. Pendejo. –Excuse me, dice la chica güera tocándome el hombro. –Yes? –Could you check my purse for a second. I’m going to the bathroom. –Sure, no problem, digo sonriendo y se va. Yo me quedo con su bolsa negra pensando aún en ese departamento en Soho y en esa modelo Fátima que la carrera de administración me hubieran dado.

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Ocho minutos más tarde regresa la chica de la bolsa y seguimos platicando: –So, where are you from? –From here. –From here?, repito. –Yes, from New York. –Nobody is from here. –Really? –Really. –And you? –From Mexico. –What city? –Mexico city. –Oooh! Great. That’s faboulous. Esa era una de las preguntas más comunes y frecuentes que me hacían, hacía o nos hacíamos todos en Nueva York; obviamente tampoco era la primera vez que me contestaban sorprendidos y emocionados después de saber la respuesta. De hecho, Piere, Tom y yo llegamos a la conclución de que si decías que eras de otra ciudad que en mi caso no fuese la ciudad de México, la respuesta iba a hacer algo muy simple como tan sólo un ah, ok.

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Pareciera como si al responder cualquier otra ciudad la gente perdiera en ese momento el interés por completo en ti. Por ello, la próxima vez que no quisiéramos hablar con alguien íbamos a inventar que éramos cada uno de un lugar diferente. Colima, voy a decir yo. Al terminar el concierto la güera neoyorkina y yo nos vamos caminando juntos al metro. Antes de despedirnos quedamos de vernos el 19 de julio en el festival de la playa de Coney Island. Se supone que debo usar la misma playera con la que me vio hoy. Ese fue el trato. Llegando a la esquina de la casa compro otra Corona de $2.50 en la tienda y subo a mi cuarto a escribir sobre escribir. (Ojalá viviera en el año 2040 y tuviera una grabadora dentro de mi cerebro que registrara lo que voy pensando para después escucharlo y escribirlo

con más facilidad, ya que luego voy en la calle y se me olvida la historia que pensé o lo que iba a decir sobre cuando veo un letrero, un puente, un pescado o un chino, por ejemplo.)

O cuando comienzo a escribir ya no sé ni lo que quería escribir. Es más fácil escribir cuando no tengo que escribirlo. Pero entonces no es escribir. Es como cuando un pintor esta comprando pan y jamón y se le ocurre un cuadro y llega a su casa e intenta recordarlo tal cual lo imaginó pero ¡oh sorpresa! ya no está en su cabeza. Él debería tener una cámara en sus ojos.

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A veces escribir puede ser tan fácil como atarse las agujetas pero otras puede ser tan difícil como atártelas con una sola mano. Ahora que lo pienso escribir puede ser como bailar, una muy buena terapia que los psicólogos deberían de recomendar a toda esa gente que va sentarse a platicar lo que han hecho durante su vida y por qué: –Bueno, mire, no me he sentido muy bien, creo que en mi trabajo tengo muchos problemas y mi jefe es un ogro conmigo pero no puedo hacer nada porque él tiene el poder y al final de cuentas él es quien decide. Sí, también me he sentido muy solo a pesar de que tengo una novia y una familia estupenda. Igual y es el momento de dejarla pero la verdad no puedo. Sí quiero. Bueno, no quiero. No sé. Tengo miedo. Por un lado sí porque nos peleamos mucho y yo he dejado de hacer mis propias cosas pero por otro lado no porque hay días en que todo me parece maravilloso junto a ella, aunque siento que me falta algo y no quiero pasar el resto de mi vida así. Supongo que el amor va bajando de temperatura con los años, no sé, no sé... –Sí, claro, piénselo bien. Usted tiene la respuesta. Por lo pronto son quinientos pesos por la consulta. Tal vez en el 2040, cuando tengamos grabadoras en nuestro cerebro y cámaras en los ojos, bailaremos en vez de ir al psicólogo. Yo lo estoy haciendo desde ahora. Para qué esperar.

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Dos mil cuarenta es el año que estamos esperando. Dos mil cuarenta. Con dos y un cuatro y un cero y otro cero pero en otro ó rden. ***** He decidido enviar ocho postales para ocho amigos diferentes con una frase cada una sobre los chinos. Su destino, la ciudad de México. Espero lleguen con bien a la dirección correcta, siempre tengo esa extraña sensación de que van a terminar en otro lado, como por ejemplo en el bote de la basura de casa de Los Gómez. Es como esa extraña sensación que de que un día me vas a dejar de hablar... ¿Bueno?... ¿Bueno?... Cuando regrese a México veré cuántas y cuáles postales llegaron a su destino. Veámos qué tan buena es la mafia china para interceptar mensajes ocultos en contra de ellos.

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I DON’T LOVE CHINESE PEOPLE, DO YOU?

1/8 What?!! I’m not Chinese, so?!! 2/8 Where is my fucking tuna, chinese?!! 3/8 Chinese: Can you say thanks or please, please? 4/8 Hellouuuu chinese? You are living in America, remember? 5/8 Open your eyes chinese! You are in New York 6/8 East Broadway: just karaoke and fish, just chinese 7/8 Run chinese!! Run!! 8/8 No more chinese people please

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VI. NOT JONNY DEEP

No puedo creerlo. Los policías se han olvidado por completo de la casa de putas por estar más atentos con el terrorismo. Se acerca el 4 de julio y al parecer es una buena fecha para los atentados en esta ciudad. Podrían derribar el Empiere State así de una. O, por qué no, la tienda Macys. Es una tienda grande y con muchas marcas dentro. Cuando vas caminando puedes ver a toda la gente paseándose con sus bolsas por la calle. Dinero no falta, y si te falta vete de Nueva York. Yo por eso voy a comer a la fiesta de Williamsburg esta tarde, no tengo que pagar nada para entrar y además hay hot dogs y hamburguesas a la parrilla gratis. Después de perderme media hora por Brooklyn, llego al lugar y me doy cuenta que la cola para la comida es larga pero prisa no tengo, es más, tengo tiempo de sobra. Hay días que sólo nos sentamos frente a la televisión a ver las estrellas desde el sofá. Y claro, me gusta. Me he dado cuenta de muchas cosas pero mucho más de una: las hijas del dueño del hotel Hilton están muy de moda y en boca de todos. Aparecen casi a diario en la tv: que si en su casa, que si saliendo del bar, que si en el mall, que si de vacaciones, que si con su perro, que si con Vincent Gallo.

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Las hermanas Hilton son de esas estrellas que ni siquiera son estrellas y esas para mí son las mejores estrellas. No necesitan levantarse temprano para una filmación o para hacer una conferencia de prensa o para soportar a un productor estúpido de televisión o tomar un vuelo, simplemente hacen su vida de estrellas y son estrellas sin esforzarse tanto como las demás estrellas y eso las hace especiales. La cosa fue que un día alguien que trabajaba en una revista o en un canal de televisión le hacía falta una nota cuando de pronto... ¡Zaz! Aparecieron ellas. Lo más extraño es que en Nueva York no he visto a ninguna estrella desde que llegué. Se fueron junto con los homeless a vivir a Los Angeles cuando Guilliany tomó el poder. Guilliany acabó con todo. Barrió la ciudad por completo y dejó aquí botados a todos vueltos locos más de lo que ya estaban cuando los dejaron libres porque ya no cabían en los hospitales psiquiátricos. Es contagioso. Como los chinos. La tarde del martes pasado estábamos sentados en las escaleras del edificio tomando el fresco en pijama y en pantuflas al tiempo que bebíamos cerveza Heineken y alguien escupía sin darnos cuenta. ¡Como chinos!, dije asustado. Qué miedo. Yeeeah, we look like them, dijeron los demás. Es que en serio que se pega. Uno se va mimetizando sin darse cuenta y... ¡Pow! Ya eres un chino = tú.

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Tom dice que una mañana nos vamos a levantar y estaremos hablando en chino. Yo digo que una mañana nos vamos a levantar y vamos a estar afuera del Wendys de la calle Broadway echados en el piso, vestidos de negro, con el cabello pintado de morado, aretes en la cara y pidiendo dinero. O si no, metidos en una de esas bolsas negras que vemos pasar a la media noche. *****  En la fiesta en Williamsburg me topo con un diller que dice tener la mejor mota de Nueva York. Yo le digo que tendré que probarla y me da su tarjeta. Organic Products aparece escrito en la parte superior. Debajo su nombre y su teléfono celular: Michael Herbeles (917) 792-6700, y del lado izquierdo, la palabra clave: Free Delivery. Creo que próximamente Michael y yo tendremos una cita. Hasta que termina la música me doy cuenta que he bebido demasiado. Estoy mareado platicando con el barman y con un grupo de personas que intentan convencerme de ir con ellos a una fiesta en Brooklyn Highs. Nunca he ido a Brooklyn Highs y creo que sería un placer para mí conocer ese lugar. Entonces, animadamente, salimos todos juntos a la calle y nos subimos en un taxi.

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En el camino, en el camino... del camino no me acuerdo mucho. Tampoco de la fiesta, supongo que seguimos fumando mariguana y oyendo música. Al día siguiente despierto y me pongo los tenis, digo adiós y camino rumbo al metro. Es un día estupendo. La vista en Brooklyn Heights de verdad que es hermosa. El sol pega justo arriba del mar y lo hace brillar de punta a punta. De fondo se ven los edificios más altos de Manhattan saliendo del agua como si estuvieran dentro; un poco más a la izquierda, veo un puente que une a las dos islas. A mí me gusta ver todo algunas veces de allá para acá y otras veces de acá para allá. Es como estar adentro o estar afuera. Y ahora yo estoy afuera viendo como salen esos edificios brillantes del agua. Es más, me siento como si estuviese afuera de afuera, cosa que hace que me guste más. El mismo día pero más tarde, vuelvo a despertar en mi casa muerto de hambre. Abro el refrigerador, me doy cuenta que alguien ha robado mi pan y mi queso. Tenía que pasar, era obvio. Creo que lo mejor será salir de nuevo al balcón que no es balcón y olvidarme por el momento de mi estómago. Ya pensaré en algo. Ahora a lo que vine.

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No se ha descrito el síndrome de abstinencia pero se ha identificado un cuadro clínico al interrumpir el uso de la sustancia que se caracteriza por episodios de varias horas a 7 días que incluye: • Ansiedad • Inestabilidad emocional • Temblor distal al extender las manos • Diaforesis • Dolores musculares • Síndrome amotivacional

________________________________________________ Primero le fuma Suzan, luego yo, luego Piere y luego intentamos convencer al alemán de que fume aunque sea un poco pero se niega rotundamente. Dice que no en un tono muy enérgico y firme, casi como si fuese una postura de vida. Suzan le dice que antes de que se vaya a su país o a su tal Indiana, ciudad donde estudió por más de un año y de la que tanto habla, lo tiene que hacer fumar. Yo le digo que es una nueva regla de la casa y que no le queda de otra excepto empacar e irse de nuevo a su pinche aburrida Indiana que tanto extraña si es que no lo va hacer. El sólo mueve la cabeza de un lado a otro nervioso diciéndo que no. Piere lo sigue presionando y le pasa el bong pero ahora se ríe, se vuelve a reir fuerte, así: Ha. Ha. Ha. Ha. Ha. Ha. Y luego más: Ha. Ha. Ha. Ha. Haaaa! Ha... Haaaa... Ha... Ha... Ha, como pausado y abriendo mucho la boca.

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Cuando termina de hacerlo nos dice en un tono serio que tiene un contrato que firmo con Dino y que ahí no se menciona nada sobre que iba a vivir con drogadictos. Yo le digo –señalándo el bong– que este es un nuevo contrato y que el pasado no me interesa. Luego Piere se enoja con él y toma el bong para que sigamos fumando nosotros tres. El alemán saca un youghurt del refrigerador y se acuesta en el sofá a ver televisión como siempre. Mucho mejor, pienso, porque la “maria”, como dice Suzan, ya se está acabando. ________________________________________________ TRATAMIENTO DE LA ABSTINENCIA A MARIGUANA

Esencialmente el tratamiento es sintomático y consiste: • Benzodiacepínicos a dosis de 10 mg por vía i. m. cada 12 horas. • Administración no mayor de 10 días. • Continuar con un tratamiento médico, psicoterapéutico y sociofamiliar en consulta externa.

________________________________________________ El balcón, este balcón, es pequeño y la verdad tampoco es un balcón. No es un balcón balcón, es mas ni siquiera es un balcón. Es más bien una escalera trasera que te lleva a una imprenta china con un pequeño piso donde nos sentamos sobre botes de pintura a ver los edificios en donde viven los chinos.

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A mí me gusta ver desde aquí como juegan en el patio los niños del edificio de enfrente que está junto a los multifamiliares. Son cuatro, una niña pequeña como de tres años, dos niños como de cinco años y un niño pequeño como de dos. Cuando están solos jugamos a la distancia, ellos se esconden y luego yo me escondo; ellos me disparan con la mano y luego yo les disparo con la mía. El problema viene cuando está su mamá, no deja que me miren y me saluden, se enoja y los mete de la mano de nuevo a su departamento. Ahora no están, ahora estamos sólo nosotros y el alemán que acaba de salir al balcón que no es balcón. Where do you think are you going to be this day but in one year, pregunta Suzan. Tal vez en Argentina, contesta Pierre; Michael que en Munich o en Indiana trabajando y yo que tal vez en México ahorrando dinero para irme a otro lado. And you Suzan, pregunto volteándola a ver. Here, I think so, in this apartment working to save money to live in London for a couple of years. I want to live there and then come back to New York, but I don’t know. Of course, digo. Who are you? Who are we? Where we going? Y Suzan y yo nos reímos mientras vemos de fondo la bandera americana ondeando de un asta justo frente a nosotros. Sólo faltan los fuegos pirotécnicos, pero esos vienen manaña 4 de julio.

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Por la noche malas noticias: Piere ha recibido una llamada de su escuela en Nueva York diciendo que lo despidieron de Channel, su jefa no quiere verlo más y lo peor es que no le ha dado ni una explicación. Preocupado Piere le ha enviado un mail preguntándole las razones y diciéndole que le interesa mucho trabajar para esa marca. Claro, todo es una mentira, lo único que quiere es que le firme sus tres meses de servicio social y mandarla a la verga. Yo le digo que lo que le hace falta a su jefa es una buena revolcada. Todo mundo le pregunta ¿es francesa o americana? Es americana y es una perra, dice encabronado. Suzan nos cuenta que ése es el estilo de las mujeres neoyorkinas, que las odia. Sólo vienen a Nueva York a conseguir un apuesto o feo millonario. Yo le digo que ésa es otra forma de hacer dinero rápido y luego me dice que nosotros tenemos que encontrar la nuestra. Por supuesto tiene razón. Y definitivamente no es trabajando, como lo hemos hecho hasta ahora.

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A Pierre no le queda otra más que esperar a leer la respuesta de su jefa en la semana. Ya le di mis consejos para encomendarse a la internet y que todo salga bien. Le he dicho que me he vuelto un experto. Que igual que en la religión aquí también hay que tener fe. Está realmente angustiado, fuma un cigarro tras otro mientras da vueltas por la casa en pijama lamentándose. Suerte que salió una promoción de Camel en donde te regalan dos cajetillas al precio de una. Si Piere no puede arreglar su situación tendrá que regresar a Francia en seis días, sus padres estan pagando el viaje y no querrán tenerlo en Nueva York ni un minuto más sin hacer nada. Fuera de eso la casa está tranquila. Tatyana se ha ido con su novio fuera de la ciudad; Ray se ha ido a California y Jhony a la competencia mundial de ajedrez en Filadelfia. Tom sigue en su cuarto metido en su computadora buscando un lugar donde vivir en Suecia el próximo mes y casi no habla, cuando lo hace dice que terminará su escuela allá y conseguirá un trabajo en la cafetería. Tiene que arreglar todo para antes de fin de mes, cuando termina y comienza a correr el siguiente mes de renta.

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________________________________________________ SÍNDROME DE INTOXICACIÓN POR MARIGUANA • Euforia y desinhibición. • Ansiedad o agitación. • Juicio alterado. • Deterioro de la atención. • Despersonalización. • Lentitud tiempo reacción. • Flujo rápido de ideas.

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mi vida es una lista de personas en el chat

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VII. 4 DE JULIO

La hermana de Shaun y una amiga de ella han llegado de Orange County a pasar el fin de semana en Nueva York con nosotros; así que ya todos estamos esperando los fuegos artificiales sentados en el techo de la casa listos para presenciar el espectáculo de luces en el cielo, que curiosamente hoy luce espléndido. Yo estoy junto a Tomo, una amiga japonesa que he conocido en México y que ha venido a Nueva York a visitarme por un par de días para coger desde aquí su avión de vuelta a Tokyo. Llegó hoy por la tarde junto con una botella de tequila que tengo agarrada del otro lado. La paso a los demás para que le den un trago mientras Tomo me cuenta que no quiere regresar a su país y que sin lugar a dudas volverá en menos de seis meses a México para quedarse por un largo tiempo, varios años por lo menos. Le pregunto que por qué se fue de Japón y contesta diciendo que en su ciudad todo avanza rápido, muy rápido, y ella quiere ir disfrutando la vida con calma. Su respuesta me parece lógica y hasta bella, tanto que le pido a la hermana de Shaun el tequila y se lo paso a Tomo para brindar y desearle suerte.

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Como decía, aquí estamos todos en una azotea de Nueva York celebrando la independencia de Estados Unidos con un tequila en la mano, una japonesa hablando español, un canadiense hablando francés con un francés que le contesta en inglés a él y a mí en español y un alemán que le habla en inglés a un gringo que sólo habla inglés. Esto es a lo que llamo explosión cultural... ¡Salud! El show ha comenzado. Escuchamos las primeras luces pero no las hemos podido ver. Error. Los multifamiliares nos siguen tapando la visibilidad y no se ve absolutamente nada. Tenemos que bajar hasta el muelle si es que queremos ver algo. Corremos cuadras abajo pero cuando llegamos nos topamos con una multitud de chinos parados viendo el cielo que no nos dejan pasar. Tomo de la mano a Tomo y comienzo a meterme entre ellos lo más adelante posible. Los chinos no me ven bien pero la verdad nunca me han visto bien así que no me importa, sigo avanzando casi hasta adelante, donde nos detenemos a ver el cielo y donde me doy cuenta que por momentos parece como si fuese Navidad no sé por qué. Navidad pero en verano. Lanzan un cuete tras otro y el cielo se va iluminando de colores rojo, amarillo, azul, verde, blanco, morado y rosa. Luego caen al mar y, antes de eso, puedes ver los destellos

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reflejados en el agua. Cada vez que ésto pasa los chinos en coro exclaman diciendo ooooooooh. Y cuando lanzan otro seguido más padre aún, dicen aaaaaaaaaaah. Tomo y yo nos reímos y hacemos lo mismo, primero ooooooh y luego aaaaaah. Es fácil, más si estás rodeado por cientos de ellos. Por fin, ahora parece que nos entendemos. Cuando creemos que el espectáculo ha terminado lanzan otra serie más de fuegos pirotécnicos, suben a toda velocidad y en lo más alto del cielo explotan, sólo que en esta ocasión en forma de corazones rosas seguidos de otros en forma de caritas felices. Aquí es el momento en que los chinos y los no chinos como nosotros aplaudimos emocionados sonriéndonos los unos a los otros, como si hubiésemos hecho las paces, como si hubiese acabado la guerra y hubiera que celebrar. Pero no, sólo parece porque ese fue el final y ahora todos nos empujan para regresar a sus casas. Nosotros traemos el tequila encima y unos jalones de mota y corremos entre ellos buscando a nuestros acompañantes que se han perdido. Cuando los encontramos volvemos todos juntos a casa. Y después ponemos música. Salsa porque Danny quiere bailar Salsa con Tomo, quien ha aprendido en México y además le encanta y lo hace bien.

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Ésto parece todo menos una celebracion americana, por suerte. La última a la que fui fue en Williamsburg y sólo había un montón de gente sentada en la sala platicando sin zapatos mientras un güey en otro salón ponía música de computadora desde su computadora. No entiendo por qué mucha gente se empeña en hacer de la modernidad algo tan aburrido. En casa, nos terminamos el tequila y salimos caminando deprisa como si fuese año nuevo y no llegáramos al festejo de la media noche. Ya no navidad. Afuera del Bar 169 nos piden nuestra identificación y entramos haciendo una fila, como en año nuevo. En la barra pido un bacardi con coca y me adentro hacia la pista. Qué calor, estoy sudando, tengo el cuello y el cabello empapado, aunque en esta ocasión no por causa de los químicos que luego mi cuerpo pide y después es incapaz de soportar. No, no. Mi cuerpo ya no es el mismo que antes. Tiene nuevos golpes y nuevas cicatrices sella-

No, no. Mi cuerpo ya no es el mismo que antes. Tiene nuevos golpes y nuevas cicatrices selladas, dolores en el pie y en la nariz, un nuevo lunar y una cana más, ha ido cambiando mucho, se ha ido acostumbrando a ciertas cosas y ha olvidado otras. Así son los cuerpos, terminan siendo ajenos y al final hay que devolverlos. Por eso digo que hay que sacarles provecho y enseñarles muchas cosas. Yo le enseño a bailar, bailo con das, dolores en el pie y en la nariz, un nuevo lunar y una cana más.

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la vista hacia mis pies siguiendo sus movimientos sobre el piso. Veo cómo el izquierdo avanza hacia adelante y luego el derecho lo alcanza y juntos giran medio círculo hasta quedar de espalda, ahí los dos se quedan quietos y esperan a que las rodillas hagan su trabajo. Luego un pie vuelve a avanzar y el otro lo sigue y después se distancían como si se hubiesen peleado temporalmente porque en otro punto se vuelven a juntar. Como los novios, hasta que uno se harte del otro y no vuelvan nunca más. No, no. Mi cuerpo ya no es el mismo que antes. Tiene nuevos golpes y nuevas cicatrices selladas, dolores en el pie y en la nariz, un nuevo lunar y una cana más. A las cinco de la mañana se nos termina el dinero y nos vamos, pero no sin antes comprar unas cervezas en la tienda para llevarlas a Seaport y bebérnoslas, Danny, Piere, Tomo y yo, viendo el mar. En el muelle un par de pescadores chinos lanzan sus cañas. Uno consigue sacar una bolsa de plástico y el otro nada, sigue sentado en una banca esperando a que algo muerda, algo que venderá sobre Canal St. seguramente. Más adelante nos cruzamos con el mercado de mariscos. Al parecer, por el movimiento que hay, hemos llegado a la hora exacta, a la hora en que comienzan a sacar el pescado fresco de las bodegas en pequeños carritos para subirlo a los ca-

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miones y llevarlo con los compradores. Todos los hombres están gritando y trabajando muy de prisa, como si tuvieran que terminar sus quehaceres antes de que salga el sol. Huele mal, a ron y a pescado. A pescado en ron. A pescado en ron y tequila y cerveza. A nadie parece importarle, todos están metidos en su trabajo con el tiempo encima. Saco de una caja un pulpo y se lo enseño a Tomo. Pone cara de asco y entonces hago como que se lo voy a aventar y se asuta más, sale corriendo. Yo lo toco, se siente suave. Aunque no tanto como la piel de un niño pero sí suave. Seguimos caminando hasta llegar a Seaport. Subimos al tercer piso, nos acostamos en los camastros viendo de frente a las fábricas y a los jardines de Brooklyn y destapamos las cervezas viendo el sol que ha comenzado a resplandecer sobre los veleros que han salido a pasear. Quisiera quedarme así un par de días, simplemente viendo el tiempo y a la gente pasar. Tomándome un respiro de aquello que vengo cargando, esos kilos de más que no cupieron en mi maleta. Pero no pasan ni quince minutos cuando el exceso de alcohol me vence y cierro los ojos y comienzo a soñar en ti.

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Sueño con verte de nuevo, Sueño que estoy en Río de Janeiro. Sueño con autos deportivos, Y sueño que Elvis aún está vivo. No puedo abrir los ojos. Todo parece un sueño, Aún cuando me despierto Sigo dormido de nuevo. Y yo, lo único que quiero, Es despertar contigo de nuevo Para poder dormir Y volver a soñar Que estás conmigo de verdad.

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VIII. YA NO 4 DE JULIO

Mi cuarto son cuatro paredes sin ninguna ventana que he ido adornando poco a poco con parafernalia que me he encontrado por las calles: un póster de una cantante llamada Jessy Moss que no se ni quién es, un póster del grupo The Giraffes que fui a ver al Club Luxx, una postal de un tigre, una foto de mis amigos, una foto de mis amigas, unas luces rojas que compré en una tienda de lámparas cerca de Soho, un botón que dice I LOVE NY, otro con la foto de los Sex Pistols, un póster de Radiohead y otro de The Caesars que me robé del concierto. Así es como están las cuatro paredes que hacen que Tomo y yo nos levantemos a las tres de la tarde crudos y con dolor de cabeza y además de estómago. O por lo menos yo, que cuando salgo de la habitación tengo la impresión de que la ciudad entera se siente igual: con la mierda en la punta del culo. Tengo que ir al baño. Pinche 4 de julio. Por la tarde Tomo y yo vamos echar la güeva a Central Park. De nuevo esta soleado, aunque todo puede cambiar en cualquier momento. Hoy el día luce maravilloso y mañana puede que caiga una lluvia torrencial. Eso se supone que yo lo sé todas las mañanas cuando veo con Danny el pronóstico del tiempo en la televisión. Hace unas horas dijeron que

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mañana también iba a estar soleado al igual que pasado, aunque hay veces que se equivocan, pero dicen que este verano tiene uno de los climas más locos de la historia. En diciembre es muy diferente, es como si fuese otra ciudad con otra gente. Japón. No, no como Japón. En Japón es en lo que estoy pensando ahora que estoy acostado sobre el pasto junto a Tomo. Uno no conoce muy seguido a una japonesa que hable español y que sepa tanto sobre nuestro país. Se me ocurre decirle a Tomo que ella es un caso especial pero contesta que no tanto porque conoce a otros japoneses que viven en la ciudad de Guadalajara, donde ella solía estudiar la primera vez que vino a México, y que dominan el español casi a la perfección. Dice además que le gusta nuestro país porque todos se toman la vida más tranquila, y que de donde ella viene, nadie hace nada más que trabajar. Me cuenta que su hermano mayor vive en Osaka y hace año y medio tuvo un hijo pero éste no conoce a su papá; cuando el papá tiene oportunidad de darle abrazos el bebé llora porque no sabe quién lo está abrazando. Trabaja mucho de lunes a viernes y cuando regresa después de su jornada el niño ya está dormido, así que no se conocen uno al otro. Están creciendo como dos extraños que viven en la misma casa y tienen la misma sangre_la misma sangre.

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Tomo no quiere vivir así. Tomo tiene un alma latina que esta despertando dentro de ella y a eso uno no puede ponerle un alto, sería como irse destruyendo uno mismo antes de morir y uno lo que menos quiere es estar muerto en vida. Y ella lo sabe, por eso mismo va a Japón, para tomar sus cosas y regresar y alejarse de la sociedad japonesa con la que no concuerda nada. Yo le digo que la sociedad japonesa me parece tan machista como la mexicana y ella contesta diciendo que tengo razón. Entonces le digo que cuando vaya a Japón me quedaré en su casa y tendrá que hacerme de comer todos los días como una chica buena japonesa. Tomo sólo se ríe y me dice que por supuesto, que sabe cocinar muy rico porque le enseñó su abuela, que su casa es pequeña pero que con gusto me recibirá y me llevará a pasear por la ciudad con sus amigas a alguno de los miles de bares karaeokes que hay. Hay muchísimos, dice, pero ya no le gusta ir, le aburren, ahora lo que hacen sus amigas es rentar cuartos de hotel con karaeoke en donde hacen pequeñas fiestas; o si no, ir a albercas públicas por la noche. Dice que se usa mucho, que está muy de moda. Aunque también dice que la moda en Japón cambia demasiado rápido. Yo le digo que ya puedo distinguir entre un chino y un japonés y que parte de ello es gracias a la moda.

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Ella nunca ha ido a China y no tiene ganas de ir. Incluso muchos chinos juntos la asustan, como el 4 de julio en el muelle que me tomaba del brazo asustada por estar rodeada de cientos de chinos. Extraño, ¿no? Pero más extraño es que los japones pueden leer en chino, mas no hablarlo. Tomo me cuenta que no entiende todo a la perfección pero sí la idea básica, el significado de muchas letras y el concepto final de los letreros que están escritos en chino. Me encantaría ir a darme una vuelta por Japón y poder estar allá un rato, pero no tengo idea de qué podría hacer o cómo sobrevivir, le digo a Tomo. Puedes trabajar en un bar que conozco y a donde van puros extranjeros. O si no puedes ser hosto, contesta. ¿Hosto?, pregunto yo. Hosto es ser el acompañante de alguien. Yo tengo amigas que son hostas y ganan muy bien, les alcanza para pagar la universidad y hasta las invitan a viajar. No necesariamente tienes que tener sexo pero... no sé. No suena mal, contesto pensativo. No tengo ningún problema con ser hosto. Me gusta esa nueva profesión. De vuelta a casa jugamos a distinguir chinos de japoneses y koreanos. Y ya en el China Town pongo a Tomo a leer los letreros de los locales para saber qué dicen.

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***** Mi estómago parece ir mejorando con la pastilla que tomé, aunque no tanto como para salir con Tomo a las calles y hacer el recorrido turístico de cabecera: museos, Empire State, Estatua de la Libertad, Zona Cero, Rockefeller Center, la Iglesia de San Patricio, Times Square. Quiero decir, me siento mejor pero sólo como para ir al café internet chino. Rock chino, estoy comenzando a acostumbrarme. No, no es cierto. No estoy comenzando a acostumbrarme, sólo es el momento. En el internet nada realmente interesante, sólo las noticias de México, los chismes y los principales acontecimientos de la semana. Todo igual. Entendido y anotado. Les escribo a mis amigos y los invito a visitarme. Hoy el sermón de la red ha estado un poco aburrido. Después de una hora dejo la limosna y me voy como si algun día mi mail se fuese a abrir y en la pantalla apareciera escrito lo que estoy esperando. Lo que quiero que me digas. ***** No puedo decir exactamente cuánto peso en la luna porque lo he olvidado a pesar de que intenté recordarlo porque sabía que se me iba a olvidar. Creo que dieciséis kilos pero no

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estoy seguro. Creo que dieciséis porque según yo recuerdo haber visto un seis del lado derecho de la báscula del Museo de Historia Natural, aunque el otro número podría ser también un dos. No sé. No estoy seguro. No puedo recordarlo y tengo que saber. Tendré que regresar y pesarme de nuevo. El edificio Chrysler es el que siempre me sigue. A donde quiera que vaya está ahí. Por lo que parece, el capitalismo no quiere dejarme ir. No me lo puedo quitar de encima, a donde sea que volteé aparece, está parado donde sea que yo esté parado. El edificio Chrysler es picudo y plateado, como el capitalismo. Por la noche se ilumina, como el capitalismo. Lo mismo me pasa con un grupo llamado Longwave. Con ellos todo comenzó en Berlín el año pasado. Fui con una amiga a un concierto en un club llamado Maria y ellos resultaron ser el grupo abridor. Al final del show, antes de salir del lugar, nos encontramos con un tipo vendiendo playeras, botones, posters, parches y otros souvenirs del grupo que habíamos ido a escuchar, así que me detuve para ver la mercancía. Al final decidí comprar tres parches, un botón y una playera pero resultó ser que sólo vendían todo junto por paquete, excepto la playera. Estaba emocionado, me había fumado un buen churro y además estaba oscuro, por lo que le dije al tipo que me

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diera tres paquetes y una playera. Asombrado me preguntó si de verdad quería tres y repetí que sí, que quería tres por favor y además una playera talla chica. El tipo metió todo en una bolsa y salimos del lugar hacia el frío. Llegando a la casa botamos las cosas y nos quedamos dormidos. Cuando desperté y abrí la bolsa con los souvenirs del concierto, me di cuenta que todo lo que había comprado era de Longwave y no del grupo que yo pensaba, todo menos la playera. Pero es que estaba oscuro, lo juro. Y también pacheco y bebido. De ahí en adelante Longwave y yo nos comenzamos a encontrar seguido: en la radio, en la calle, en revistas e incluso en Los Angeles y hasta en Nueva York. La primera semana que llegué a NY abrí el periódico y ahí estaban, me encontré con la sorpresa de que iban a tocar, sólo que esta vez ya no los fui a ver.  La cosa es que tanto ellos como el edificio Chrysler y yo, sabemos que nos volveremos a encontrar. Lo que no sé es si tú también. ***** Hubo una época en donde usaban mucho canciones de Depeche Mode en las telenovelas, era para musicalizar esas pausas, lapsos de tiempo o momentos de tensión que tienen

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y luego venían los comerciales. Eternos, por cierto. Debería de proponer una ley que prohibiera que durarán más de un minuto. Por ejemplo: yo no sé cuántas palabras puedo leer en un minuto o cuántas palabras puedo escribir en mi computadora por minuto, pero nunca es tarde para comprobarlo. Veamos: [00:00] Estoy viendo cuantas poalrbras por minuto puedo escribir, estoy viendo cuantas palbras por minuto puedo escribir ahora que estoy en mi cuarto y no me he bañado y estoy escuchando un disco nuevo que compre mientras estoy viendo cunatasssta por minuto puedo escribir pero es e dificil porqe no estoy viendo el reloj y cuando lo tenga que ver voy a dejar de escribir y peierdo tiempo y esscribo menos. Ya lo voy a ver a hora. 01:09. Me pasé de tiempo por nueve segundos. No importa, de cualquier manera ahora sé que en 01:09 segundos puedo escribir 76 palabras en total sin dejar fuera una sola por correcta o mala escrita que esté. Seguro puedo romperlo. Volveré a intentarlo más adelante, ahora voy a ver cuántas palabras puedo leer en un minuto. De una revista donde aparecen chismes de celebridades, más en concreto, Keanu Reeves, Naomi Campbell y un tal Matteo

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compruebo que en 01:05 segundos puedo leer 288 palabras. Me parece un número razonable, aunque no estoy seguro. ¿Cuánto es un número razonable? En un minuto uno puede prepararse un sandwich, meterse una línea de coca, ir al baño, dar un beso, saludar al vecino, inyectarse, lavarse los dientes y tomar una foto. Tomo ha tomado muchas fotos de su viaje y me ha dicho que me las enviará por mail cuando llegue. Hoy unos chinos la han confundido con una china y se ha molestado. Parece que fue un insulto. Fue un insulto.  Para mí los chinos hablan así: tocoomi na no uma hila. Yung nuta elanu nit entaa huyu pepe sin su lin. Tu sun che yano aka setu. Gunoo alan matan. Eituma. Ma. Y en un tono chillante y muy alto que me entra hasta el fondo de la oreja. Un tipo loco y sucio se ha subido al vagón del metro con una pequeña águila en una caja y la suelta. Intenta hacerla volar de un lado a otro mientras grita go! go! y le avienta algo para que lo tome con el pico. Pero ella no se mueve ni tantito. De pronto, poco antes de que el tren pare en el anden, vuela por arriba de

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nosotros de un lado a otro y se detiene sobre uno de los tubos de los asientos. Nadie le presta mucha atención, todos siguen leyendo o esuchando música como si fuese algo cotidiano. Al parecer el tipo se decepciona de nosotros más que de su animal y lo mete de nuevo a la caja y se baja muy enojado. Yo me bajo dos estaciones después, en York Av. Voy a Dumbo a saludar a una amiga mexicana que conocí hace mes y medio en un festival en el estadio de los Gigantes en New Jersey y que no he vuelto a ver. Ésa, y cuando aterricé, han sido las únicas veces que he pisado ese estado. Poco antes de llegar a su casa doy un paseo para reconocer la zona. Las calles estan vacías y rodeadas de fábricas abandonadas que están remodelando. Me gusta, me hacen sentir como en una de esas películas XXX. Dumbo es la zona ideal para una escena de sexo imprevisto y desenfrenado. Se antoja meterte a uno de esos lugares a coger y después seguir caminando como si nada hubiera pasado. Pero estoy solo, así que me sigo de largo sin internarme en ellos para venirme y dormir más contento. Adelante me encuentro con una bodega transformada en galería de arte conceptual y entro. Lo primero que veo es una instalación hecha con televisiones de diferentes marcas y tamaños sobre las que están pasando una serie de videos, conceptuales obviamente, de cosas cayendo y cosas rodando.

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En la parte de arriba hay un cuarto pintado por completo de rosa, globos en el techo y música; luego entro a otro cuarto en el que hay una pantalla en la que tienes que jugar a crear los colores que te muestran mezclándolos con los tonos que se hicieron por medio de una caja y unas pequeñas palancas electrónicas que suben y bajan. Me desespero antes de terminar un sólo color y vuelvo a la calle. Ahora estoy metido en un parque que tiene unos patos y un mirador desde donde veo Manhattan. Me tiro al pasto a descansar y estirar los pies. Pongo mi mochila de almohada y me quedo viendo el movimiento y la forma de las nubes. Una hora más tarde un deportista me despierta. ¡Diablos! Me he quedado dormido sin darme cuenta. Oh oh, Any me va a matar. De inmediato busco un teléfono para marcarle y darle una explicación pero nadie contesta en su casa. Intento a su celular y me responde ella. Le cuento lo que me ha pasado y me dice que estuvo esperándome pero que se tuvo que ir a otro lado, que la llame en la semana para ver si vamos juntos al Pianos. A mí no me queda de otra mas que decirle que sí y seguir perdiéndome en Dumbo.

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ďżź ::los nick names de hoy son::agua kon kloro, erickito, gamma, la maquina imparable!!!, sing blue silver, paris made me change, quiero cerrar los ojos, alex, amo el peligro, ayelen, * {_, closer than ever, come-zombies, you give me fever, rocha..., foxy lady, miguel, arrianita, baby ape, alterna 106.1, chuck, a quien le dieron el puente, +DJ COSMPOPUNK, manuel, D., CKT el pelo, CHICLE, epayemaaaaan!!!, este vierneblako, chalo, cambio..., Biatches!, Fab F.

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En el muelle pido un helado de mango y me siento a ver cómo juegan unos niños y cómo le toman fotos a una novia china. No puedo creerlo, las cuatro novias que he visto en Nueva York desde que llegué, son chinas. ¿Qué tratarán de decirme? Al momento en que comienza a oscurecer me doy cuenta que no tengo idea de dónde estoy y mucho menos cómo regresar a donde están los chinos. Intento llegar a la estación donde me bajé pero más bien llego a otro parque enorme con unos cines y unos restaurantes que se encuentran a su alrededor. Le pregunto a un policía de tránsito por el metro más cercano y camino hacia él. Regreso a casa pensando todavía en esas fábricas abandonadas por las que pasé esta tarde. Cómo le hacen a uno volar su imaginación, aún mucho más que cualquiera de esas obras conceptuales que vi. ***** Suzan se disponía a guardar lo que compró en el Path Mark cuando al sacar su caja de barras de chocolate de la alacena se da cuenta que hacen faltan ocho de ellas, alguien se ha comido casi la caja entera. En ese momento fue cuando explotó, explotó tanto que no quise ni sacar la cámara para tomarle una foto, ya que además también se habían robado un pedazo de pizza, parte de su queso y un poco de su mayonesa.

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Suzan maldice al ladrón, a su mamá y a toda su familia mientras azota fúrica las puertas del refrigerador con mucha fuerza. Tatyana me pregunta si he pasado el día en la casa y le digo que sí, que la mayor parte, que sólo había salido un rato pero a causa de la lluvia me regresé. Luego me pregunta que quién más estuvo aquí y le digo que Danny, Shaun, Piere y la señora que hace la limpieza, que yo no había sido y que no tenía idea de quién lo hizo, que si te vas a robar una barra de chocolate te robas una, no ocho. Y que además de todo yo no como chocolate. Suzan le ha puesto un masquin tape azul a toda su comida con un letrero que dice:

“TO WHO MEVER ATE 90% OF THIS ASK BECAUSE YOU DINDN’T PAY FOR IT”.

Y a ese sí le tomo una foto. Mas tarde Piere y yo bajamos por unas Coronas a la tienda, es al único lugar al que Piere va; desde hace un par de días antes de que lo corrieran de Channel ya estaba harto de estar en Nueva York, dice que la gente está loca y que es muy hipócrita; no sale de la casa y se levanta a las cuatro de la tarde. Ha estado más desesperado que de costumbre porque

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aún no recibe respuesta del mail que le mando a su jefa y no sabe qué va a pasar. Sigue fumando y caminando en pijama por los pasillos sin hacer nada más que ver las manecillas del relój correr. Piere está con la boca metida en la cerveza y la cabeza en un remolino negro. Tiene miedo de volver a París porque ha estado fuera mucho tiempo y dice que ya no sabe cómo será regresar. Ha dejado de ver a la mayoría de sus amigos y se encontrará con un viejo amor que no quiere ver pero que tendrá que ver porque estudia en la misma Universidad que él. Desde el balcón no escucho nada más que el metro que pasa por encima de nosotros. Los niños chinos del edificio de enfrente no están, sólo la bandera americana y las luces rojas de siempre. Hasta las putas parece que están descansando, al igual que Jhony que está viendo la televisión acostado. Recién acaba de volver de la ópera, su jefe lo invitó a ver una obra china traducida al inglés que al mismo tiempo en otro teatro pasaban pero en su versión original, el chino. Lo que faltaba. Seguramente en el 2040 sólo habrá latinos, orientales y negros viviendo en Nueva York. Y al final, sólo negros. Y después, nadie.

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En la televisión veo un elefante, el pronósitco del tiempo, a Jhon Travolta, un esquiador, una chica rubia, un negro con un micrófono, otro negro con un micrófono y sombrero, un campo de golf, unas tetas bien grandes, un noticiero, unos violines y una viejecita que se llama Jean y que la están entrevistando en su casa. Hace poco en la televisión pasaron el cumpleaños de Jhon Travolta, fueron muchos artista pero de los que más me acuerdo que asistieron fue de Leno y Tarantino no sé por qué, como tampoco se por qué Danny yo estábamos viendo eso. Ah sí, ya lo recuerdo: porque la televisión es una mierda en todas partes del mundo. Aquí en la casa tenemos más de 300 canales diferentes. Y en el supermercado mas de 1000 leches diferentes, 871 cereales, 568 panes, 790 salsas y 424 refrescos diferentes. Al momento de elegir qué voy a comprar, algo me dice que algo no está bien. No está bien. No está bien. No está bien. No está bien. No está bien. No está bien. No está bien. No está bien. Casa y se levanta a las cuatro de la tarde. Ha estado más desesperado que de costumbre, ha estado fuera mucho tiempo y dice que ya no sabe cómo será regresar. Ha dejado de ver cómo tampoco sé por qué Danny yo estábamos árbol. No está bien. No está bien. No está bien. No está bien. No está bien. No está bien. No está bien. No.

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Lista de cosas que tengo que comprar en el Path Mark:

Pan de hot dog Salsa para pasta Salchichas Sopas instantรกneas Verduras Queso Leche Cereal Huevos Una lechuga

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Y los d铆as siguen avanzando sin decirnos a d贸nde van.

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IX. LEONORILDA OCHOA

Mother Shaun, como le digo, me ha dado el teléfono de una amiga suya que trabaja en un restaurante para que le vaya a dejar mi curriculum y comenzar a trabajar, claro, si es que soy la persona indicada y existe una vacante. De hecho, el mismo Shaun es quien me ayuda a hacerlo en su computadora y a imprimir unos cuantos. Al terminar le marco por teléfono a su amiga. Le digo que soy mexicano y que soy amigo de Shaun. Hasta ahí todo es verdad, lo que no es verdad es lo que le he dicho después, que he trabajado de mesero en Caracas y que he sido recepcionista del Hotel Presidente de la ciudad de México. ¿Que si tengo experiencia? Claro. ¿Que si sé sobre platillos? También. Ok. So see you tomorrow, dice. Le pido la dirección y le digo que ahí estaré a la ahora exacta. En Nueva York las cocinas de los restaurantes son de los mexicanos, los taxis son de los hindúes, el negocio de la made-ra de los venezolanos, las tiendas de aparatos electrónicos de los árabes, y los güevos de todos nosotros de los gringos. *****

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Indiana. Por fin estamos hablando en la cocina de Indiana con Michael. Bueno, en realidad yo no, yo sólo estoy sentado sobre la mesa escuchando lo que platican. Michael cuenta que quiere regresar a Indiana después de dejar Nueva York porque es un lugar muy bonito y hay muchos descendientes de alemanes. Indiana fue la primera ciudad que conoció de América y al parecer le ha encantado. Tom dice que es un pueblo tenebroso y aburrido y Suzan que hay pura white trash. Intervengo en la plática preguntándole a Suzan sobre qué hay en Indiana además de white trash y me dice que absolutamente nada. Nothing. Y nothing es nada. Yo le digo que entonces ahora ya tienen algo más: German White Trash, que podría venir siendo algo muy parecido a una Diet Cherry Lemon Coke. Y para los gringos eso es muy común, muy moderrrrrrnoh!! Una vez que los americanos comienzan a hacer algo no pueden parar. Pero bueno, antes sólo tenías que decir a Coke please. *****

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ULTRA SUPER HARD DELUX PLUS CAPITALISM LIMITED EDITION

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Me bajo del metro en Soho y camino sobre la calle Spring buscando el número del restaurante. No tengo idea de cómo sea o qué tipo de comida vendan o de cómo destapar un vino o de cómo darle la bienvenida a un comensal. Eso me pone nervioso y repaso una y otra vez mi inglés pensando lo que tengo que decir. Restaurant Giorgione, aquí es, 307 Spring St. Guau, sí que es elegante, más de lo que imaginé. Camino a la caja y pregunto por Hema, la manager del lugar amiga de Shaun. El mesero me dice que la espere, que en un momento le llama. Me muevo para un lado menos visible cerca de la cocina y me pongo a ver cómo el chef y su ayudante preparan una pasta y una ensalada. Rápidamente caigo en cuenta que los dos son mexicanos y los saludo. Ellos me devuelven el saludo pero serios, muy serios, como si no entendieran bien lo que les he dicho o como si les costara trabajo hablar español. Muchos emigrantes son así, aunque también están aquellos que te regalan un refresco o una rebanada de pizza por ser paisano, como el de la 6th Av. y la calle 43, que es de Tepito. El primero se fue a Los Angeles y de esa ciudad se vino a Nueva York pero ya quiere regresarse a Los Angeles, a Tepito no. Hema llega a donde estoy parado y nos saludamos. Me pregunta por mi curriculum y lo saco de la mochila para dárselo.

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Dice que de momento no hay plazas pero que parece que van a necesitar a alguien en un par de semanas. Yo le digo que quiero trabajar sin saber en realidad si quiero hacerlo y me despido de ella pensando que si me da el trabajo no podré ir al concierto de Super Grass, al festival de la playa en Coney Island, a East Village a pasear, a Central Park a comer o simplemente no podré terminar de escribir aquel poema que quiero hacerte. En realidad todo mundo puede escribir pero no todo mundo quiere escribir. Muchos otros en cambio dicen yo debería escribir, pero la verdad es que nunca lo hacen. Supongo que esa es la única diferencia entre un escritor y alguien que no es escritor. La diferencia entre un escritor y un veterinario, por ejemplo. El que pinta es pintor, el que actua es actor y el que escribe es escritor. Yo no pinto ni actúo y tampoco soy veteriniario, mucho menos un negro veterinario. Entonces, ¿soy escritor? No, no soy un escritor. Cuando no puedo escribir me levanto hacia la cocina, veo la tele, miro por la ventana, cambio de disco o me quedo viendo una cosa fijamente cruzado de brazos como esperando a que mi computadora escriba por sí sola.

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Si pudiera hablarle sería mejor. Si pudiera robarme historias ajenas también. Lo más difícil es el comienzo, como siempre y como en todo. Como en una carrera de caballos, como cuando te levantas por la mañana, como cuando llegas a una fiesta o como cuando entras a un nuevo trabajo. Comenzar y no terminar es nunca haber comenzado. Aunque luego también el comienzo puede ser lo más excitante, como cuando comienzas una partida de póker o como cuando comienzas a andar con alguien. No sabes lo que puede pasar. Lo malo es que después todo se llena de palabras y a esas se las lleva el viento, a menos que estén escritas. Las servilletas son útiles para eso, para guardar las palabras. Y los refrigeradores son buenos para recordártelas. A veces, cuando leo algo, trato de imaginarme a la otra persona escribiéndolo y pensando en ello. Como ese mail que recibí hoy donde me cuentas que no te has sentido bien de ánimo y que te hubiera gustado tocar la guitarra en un grupo de rock. Te creo porque te conozco y porque a mí me hubiera gustado ser un gran nadador. Por ejemplo ahora, ahora sería entonces un nadador, no escritor. Escribiría sobre el agua, supongo. Sobre las competencias, los trajes de baño, los vestidores y lo difícil que es nadar de pecho. Entonces, como digo, sería un nadador no escritor.

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Yo creo que uno puede ser ingeniero y escritor al mismo tiempo o abogado y escritor al mismo tiempo, no hace falta ser nada más escritor para ser escritor. Cuando estemos en el año 2040 vamos a poder ser ingenieroabogadopsicologodiseñadornadadorescritorpiscólogolocutor. ***** Ha llegado el momento de sacar de la cartera la tarjeta del dealer y llamarle. Michael: Free Delivery. Levanto el teléfono y marco el número que viene impreso en ella. Primer intento fallido. Nada, la llamada no ha entrado. Vuelvo a marcar y de nuevo lo mismo, nada. Tercer intento, marco lento y preciso como si eso sirviera de algo, espero un rato y nada. Nada. Nada. Nada. Ya lo decía Sasha en esa gran canción. Si uno no dice las cosas nada más porque sí. Menos en los ochenta. Mierda, el número no sirve. ¿Qué clase de dealer es éste? Ya no se puede confiar en nadie. Y en Nueva York menos. En los noventa esta ciudad funcionaba mejor. No tenían tantas leyes estúpidas y podías encontrar drogas más fácilmente en las calles.

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No puedo quedarme sin fumar. No hoy. Hoy es uno de esos días que no se pueden dejar pasar así al natural sin nada adentro más que este aire humedo. Tendré que hacer lo que no quería hacer. No será la primera vez, ya muchas he tenido que escribir sobre Luis Miguel o La Ley sin desearlo sólo por el dinero. Lo hago por dinero. Curiosamente, los grupos malos, son los que más dejan. Una vez viaje hasta Miami sólo para entrevistar a Maná. Fue increíble. El viaje, por supuesto, ellos un asco. Quería terminar pronto la entrevista para seguir bebiendo y comiendo gratis en el bar del hotel. Y eso hice. Lo mejor es que los de Maná creen que son buenos. Hay gente que dice que son buenos porque venden muchos discos y mezclan ritmos y ponen a bailar a las personas y tienen su propia productora. Pero la verdad es que no. Al final su música a mí me parece una verdadera porquería, y hasta donde yo me quedé eso es lo que de verdad importa. Si yo tocara en Maná lo primero que haría sería cortarme el pelo. ¿Ya qué? En esta ocasión como en las demás, también tendré que hacer lo no quiero hacer por dinero. Me rehuso ir a Washington Square Park a comprar mota porque es demasiado cara, más de lo que ya es, pero no tengo de otra.

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Tomo de nuevo el metro de East Broadway a W4. Llego al Washington Square Park y camino hacia la fuente, hacia donde esta el tipo con los tambores, los niños con sus patinetas y los negros vendiendo mota. Es fácil identificarlos. Son negros y te saludan cuando te les quedas viendo. Luego te preguntan cómo andas y qué quieres. Eso sí, hay que saber con quien ir porque no toda la mota que venden es buena. Al final, bajo un árbol, encuentro al tipo de gorra con sus amigos. Me acerco, lo saludo y me dice que tiene un paquete de cien dólares demasiado bien surtido. Le digo que lo quiero y me dice que si sé dónde está el McDonalds de la calle Broadway. Por supuesto, todos sabemos. Solía ser un cochinero de homeless. Bien, dice. Espérame adentro y yo te la llevo en un unos minutos. En el McDonalds decido sentarme como si estuviese esperando a alguien. Luego me doy cuenta que en realidad si estoy esperando a alguien. Entonces más bien decido sentarme como si estuviese esperando a un viejo amigo de la escuela que no llega y que por supuesto no tiene nada que ver con drogas. En una de las mesas hay un homeless. En otra, una mujer con el cabello más largo que he visto en mi vida: le llega abajo de los pies, para sentarse se lo tiene que recoger con las dos manos. Y en otra mesa más, unos turistas japoneses

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que supongo no tienen idea de en qué clase de lugar están comiendo. Veo el relój y me doy cuenta que ya han pasado más de diez minutos, diez minutos que se me han hecho como una hora entera y eso que aún no he fumado. En eso, aparece el tipo. Está afuera del McDonalds subido en su bicicleta llamándome. Me acerco a él y me dice que hoy tiene un mal presentimiento sobre este lugar y que no quiere hacer la transacción ahí, que mejor vayamos a la vuelta. Por mí está bien, no tengo ningún problema ni tampoco a alguién esperándome en casa. Caminamos y me dice que me siente en los escalones de un edificio mientras él se adelanta un poco y saca una bolsa de plastico llena de mariguana. Comienza a pasar un poco a un periódico y luego regresa, me saluda, le doy el dinero, me da el paquete y se va montado en su bicicleta cantando una canción de Eminem. Yo abro el paquete, la huelo y comienzo a cantar también pero una vieja canción de Maná... Gracias por hacerme hacer cosas que no quiero hacer. A veces, si lo piensas bien, esa basura puede inspirarnos aunque sea un poco. Ya entiendo a aquellos que dicen que los de Maná son buenos porque venden muchos discos y mezclan ritmos y ponen a bailar a las personas y tienen su propia productora. Por eso yo digo que hay que fumar.

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***** Hay veces que me quedo dormido en el metro, hay veces que me quedo dormido en Queens, hay veces que me quedo dormido en casa de Irma y hay veces que me quedo dormido escribiendo. Los ojos se me comienzan a cerrar poco a poco hasta que dejo de ver la pantalla de mi computadora y no puedo más. Quiero despertar y tener las hojas llenas de palabras, porque hay días que son tantas que no encuentro la manera de acomodarlas. Otras veces, en cambio, son tan pocas que prefiero volver a dormirme. Yo digo que durmiendo se puede pensar mejor. También en el baño, pero no cuando uno está cagando, sino cuando uno está abajo de la regadera. No sé si sea el agua que refresca tus ideas o que estar desnudo ayude en algo pero es verdad, tanto como que cagar debe de ser una operación rápida. Nunca me ha gustado perder el tiempo en eso. La idea de tener que limpiarme el culo me parece asquerosa y denigrante. Los humanos no deberíamos cagar, deberíamos desechar todo de otra forma, incluyendo los malos amores y las malas películas. Lo único bueno de cagar es que es de esas pocas cosas, que todos tenemos que hacer: el presidente se limpia el culo, Julia Roberts se limpia el culo, la Reina se limpia el culo, Jennyfer

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López se limpia el culo, El Papa se limpia el culo. Todos, sin excepción, nos limpiamos el culo. Y claro, hay veces que escribir puede ser una mierda. ***** Un chino ha aparecido en la televisión; vive en Bejing, habla inglés, tiene un hijo y trabaja en un banco. Su mamá está enferma y vive en un pueblo junto con su hijo, el hermano de este chino. Este chino ha llegado a visitarlos, y cuando llega, los niños chinos del pueblo se quedan asombrados al ver su auto y la cámara que ha estado siguiéndolo durante todo el día para grabarlo. Este chino cuenta que la primera vez que vio un auto fue a los diez años y que por eso los niños chinos están tan emocionados. Este chino saluda a todos los niños chinos y luego se dirige a la escuela china con ellos. Ahí nos presenta a su ex-profesor, quien dice que este chino era su mejor alumno y que está muy orgulloso de él. Este chino, el profesor y los niños chinos se meten al salón de clases y al final una niña china recita un poema antigüo chino en chino.

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Me queda claro que este chino es diferente a los chinos que conozco. Los chinos que yo conozco han hecho de las suyas otra vez. En el periódico ha aparecido la noticia que encontraron una maleta con un cuerpo de otro chino descuartizado dentro. No saben quién fue el que lo mató, pero resulta ser que días antes uno de los muchos camiones que salen diariamente al china town de Boston chocó contra otro camión, la competencia al parecer, y luego unos chinos quemaron dos camiones en venganza. Entonces ahora ha aparecido la maleta con el cuerpo de un chino descuartizado dentro. La policía no sabe quién fue y tampoco le interesa mucho andar investigando. Los problemas de los chinos son de los chinos. Y yo no soy chino, como tampoco soy un negro veterinario. Estos días he notado que a los chinos que yo conozco les gusta mucho sobarse lo pies. Sí, se sientan en las escaleras de los edificios, se quitan sus chanclas y comienzan a tocárselos como si tuvieran comezón o les dolieran mucho de tanto caminar, cosa que no creo porque la mayoría de ellos no sale de china town. De camino a la oficina de correo he contado a cuatro chinos sobándose los pies. Tres hombres y una mujer.

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Por otro lado, Danny dice que en un par de ocasiones ha creído oír hablar en español a los chinos pero no, sólo parece que te llaman porque de pronto dicen cosas como: gue-vón o ei-tu-che. De regreso a casa tomo el nuevo Village Voice y busco más chinos agarrándose los pies pero no veo a ninguno, sólo a una turista gorda que está perdida y enojada porque no la dejan pasar los chinos. Estos chinos. Llegando a casa abro la puerta y veo a Piere caminando por el pasillo diciendo cinco días me quedan, en cinco días me voy. Cinco días me quedan, en cinco días me voy. Al parecer es un hecho, Piere tiene que volver a París en cinco días, por lo que ahora está aún mas paranóico que de costumbre. Cree que la ciudad se ha puesto en su contra y no sale del departamento, sólo camina en pijama por el pasillo diciendo cinco días me quedan, en cinco días me voy. Cinco días me quedan, en cinco días me voy. Ya no tiene dinero ni la carta de servicio social de Channel, y tiene que conseguir a alguien a quien rentarle su cuarto antes de que se vaya, si no Dino se quedará con su depósito.

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________________________________________________ I am Paris Hilton says:

chido aquí volviendo de la comida I am Paris Hilton says: tú que tal

uran says: aquí arañando las paredes, tocando un rato la guitarra I am Paris Hilton says: cómo vas??? uran says:

pues a ver si se arma lo del local con un amigo, nacho, el amigo de janette I am Paris Hilton says: ah ya, el del barno? uran says: ajá, ese

I am Paris Hilton says: buen pedo ese guey uran says:

sí y tiene muy buenos nectes....

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Mientras Tom le ayuda a Piere a poner un anuncio sobre su cuarto en internet yo hojeo el Village Voice y me encuentro con Longwave otra vez. Ya tenía rato que no sabía de ellos, van a volver a tocar en un bar de Lower East Side. Supongo que esta vez iré. Hay que seguir las señales. Es importante, uno no puede andar por la vida ignorando ese tipo de cosas. Cuando el mundo te habla es porque te habla. Ahora es Piere quien se ha encomendado al internet para que su anuncio lo lean muchas personas y regrese más tranquilo a casa. De nuevo, él es el único que le puede dar paz a su vida... Qué así sea. Yo voy a Soho. El Tower Records tiene buenas ofertas pero no tengo dinero para comprar nada excepto mi boleto para ver a Supergrass. Pido uno en la caja y pago 18 dólares. Al salir de la tienda doy la vuelta a la izquierda al tiempo en que una camioneta negra se estaciona en doble fila media cuadra adelante de mí. Un chofer negro y mamado se baja de ella y abre la puerta trasera. Del interior sale una rubia con lentes oscuros que camina hacia la entrada de un edificio. Me detengo a verla bien y me doy cuenta de algo: ¡es Britney Spears! Guau. Nunca creí verla tan de cerca y así, me refiero así en la vida real. Con este sol, con esta basura en la calle y con un loco gritando del otro lado. Es la primera estrella que veo en Nueva York.

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¿Qué?... No, no puedo creerlo, se ha bajado de la camioneta otra güera casi identica a Britney. ¡Dos Britney Spears en un día y al mismo tiempo! Eso es suerte. Eso es por seguir las señales, estoy seguro, ellas son las únicas que están peleando contra el mundo virtual, es una guerra por ver quién puede más. Por la noche le cuento a Johnny que me he encontrado a Britney Spears en Soho y que tal vez debí haberla detenido para decirle que la amaba y que el destino me había puesto en su camino. Fue mágico, por unos segundos pude ver como su cabello rubio brillaba junto con los rayos del sol iluminando la calle entera, la Gran Avenida Brooadway. ¿Qué más podía pedir? Todo estaba justo ahí, hasta el pordiosero y el carrito de hot dogs. Mierda, debí de haberle dicho que la amaba, que le ofrecía mi corazón y mi alma por un beso. Debí incarme y recitarle un poema: Oh Britney, Britney, Britney. What do you have that make me feel so sad? Please tell me: is it your heart or is it just your ass? I’m not sure of that, but the truth is that I can’t live without you much more time. Oh Britney, Britney, Britney. I need you now. I need you fast. I need you more. I need that you sing better songs to me before I die alone. Please Britney, I know that you don’t have any talent at all, I just want to fuck with you in the mall. Is that a bad thing at all? I love you more than nobody in the whole world.

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Pero no fue así, la dejé pasar, no pude hacer nada ante el asombro de su belleza. El amor se me fue una vez más después de que el destino me lo sirviera a la mesa. Oh wow, that’s amazing, dice Johnny abriendo los ojos al terminar de contarle la historia. Luego me cuenta que él una vez creyó haber visto a Woopy Woldberg pero que no está seguro. Como estamos en Nueva York luego uno cree ver estrellas famosas por doquier. Por cierto, Britney Spears también se limpia el culo después de cagar.

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Lista de mis discos favoritos de The Cure: Pornography Disintegration Faith Three Imaginary Boys Seventeen Seconds

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***** Las postales que envié en contra de los chinos llegaron todas bien a su destino, excepto una. Compruebo que la mafia china no es tan buena como parece. Johny no está en casa y estoy usando su computadora a escondidas. Tengo que entrar y salir de su cuarto sin que nadie me vea, si no, me meteré en un gran lío. Lo que debería de hacer es mandar postales a las casas de los chinos de aquí. Cada vez más, como ellos. Primero una y luego otra para que se asusten: 1. I’M WATCHING YOU CHINESE PEOPLE 2. BE CAREFUL CHINESE, I KNOW WHAT ARE YOU DOING

***** Ahora el teclado se mueve como en círculos. Y ahora me quedo viendo el poster de Jessy Moss que tengo pegado en la pared. Estornudo, se acaba la canción y me da hambre. Alguien se está bañando, supongo es Shaun, Piere sigue dormido y Tom no tengo idea de dónde esté.

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Mi celular está en el piso, las bocinas de discman prendidas, unos calcetines blancos sobre la silla, mi cartera arriba del escritorio, mis pies fríos y el mismo sonido de siempre molestando atrás de esta pared. Es como una especie de escáner gigante o alguna máquina de la imprenta de junto. No estoy seguro, pero está sonando de nuevo. Ya no. Ahora es la lavadora de la casa. No, no es la lavadora de la casa, viene de aquí junto también. Es una máquina pero más potente, como una bomba mecánica o algo así. Aunque ahora parece más un camión, un camión acelerando. Lleva prisa pero mantiene la velocidad. Parece que va al norte. Parece que va a chocar o que está a punto de descomponerse. No para ni un momento. Tampoco el calor, aunque han dicho en la televisión que puede ser que la semana que entra llueva. Ahora escucho la puerta del refrigerador abrirse y luego cerrarse. La persona que estaba en el baño ya está en la cocina comiendo algo. Abre un bote de mayonesa y la pone en un cuchillo para untarla en algo. Vuelve a abrir la puerta del refrigerador y a cerrarla. El camión sigue avanzando hacia el norte. No estoy seguro hacia qué parte del norte pero es hacia el norte. Hacia donde la persona de la cocina se ha ido. 

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Yo no me he bañado, sólo he visto el encabezado del Daily News y el New York Post que dicen Gobernator. Arnold Swachezeneyer o como se escriba se ha postulado para Gobernador de California y parece que va a ganar porque he visto su cara por todos lados, además porque Bush está con él. Bush es un pendejo. Osama is a Bush, dice pintado sobre las paredes de Lower East Side. La campaña electoral de Arnold Swazchzeneyer es muy fuerte y poderosa. Sale seguido en el radio y en la televisión. Está rondando mi universo, por eso digo que va a ganar. Eso espero, espero que algún día Arnold Swachzeneyer llegue a ser el presidente de Estados Unidos. Para que todo termine de una vez. *****

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ARNOLD SWACHZENEYER FOR PRESIDENT

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Es verdad, hoy he creído que un chino me hablaba en español, pero cuando volteé a verlo me di cuenta que era un chino hablando chino, así que no entendí nada y lo ignoré. Es tan fácil. En el balcón todo bien. Los niños jugando, la luz roja encendida y la bandera americana ondeando. Adentro en la cocina, Shaun, Suzan, Tom, Piere, Danny, tres personas que vinieron a ver el cuarto que se renta y yo. Mientras mother Shaun los entrevista, los demás escuchamos y comemos cada quien lo que cada quien se ha preparado de cenar. Al final todo indica que Valerie es la que se va a quedar con el cuarto de Piere, quien ahora actúa como si estuviera dentro de la casa de Big Brother y estuviese nominado. Yo pienso en quién me nominaría si estuviera dentro y llego a la conclusión de que podría ser Tom, Christian o Ray. Yo nominaría a Christian y a Tom sin duda alguna. Por cierto, hoy en la televisión anunciaron otro nuevo reality show, uno de parejas que se van a casar y tienen que hacer cosas. Pero también han anunciado un asesinato en City Hall. Un ex-diputado mató a un diputado con una pistola dentro del lugar y ahora mismo City Hall es un caos. Hasta acá logro escuchar las sirenas de los bomberos y de las patrullas que no dejan de pasar. No vaya ser que vayan a matar a alguien más.

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Tomo mi maleta roja y aún con la cara del diputado muerto en mi cabeza, bajo las escaleras de la casa para caminar hacia City Hall y poder ver todo más de cerca. Después de pasar diez calles de concreto ardiendo, no logro acercarme más porque el resto están cerradas por aquello del muerto. Otro muerto. Otro muerto que no es chino y en el que la mafia china no tiene nada que ver. Volteo hacia arriba y veo cuatro helicópteros volando. A cada uno le tomo una foto pero no se alcanzan a distinguir bien. Parecen más una mancha que un helicóptero, cuatro manchas sobrevolando City Hall, China town y Wall Street pendientes de cazar algo muy gordo para alimentarse. Mientras los observo fijamente me viene a la mente la idea de que alguien puede dispararme en cualquier momento y mejor regreso a casa. Yo también puedo morir en cualquier instante. En la tele veo de nuevo la foto del asesino y del muerto. Todo ha llegado a su fin para él. Simplemente un día soleado todo puede terminar. Y puede que sea mañana. Todo, de nuevo todo y después nada. Qué simple. Al asesino lo han capturado fácilmente y lo han subido a una patrulla. No parece estarse riendo pero sí parece estar bastante tranquilo. Realmente el muerto le fastidiaba su vida.

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Eso de la política es más peligroso de lo que uno se imagina pero también al mismo tiempo más fácil de acabar con tus problemas. Suzan y Tatyana me cuentan que durante un año entero no dejó de salir humo de donde estaba construido el WTC. Se podía ver desde la azotea de la casa. Las cenizas volaron sobre la ciudad durante varios meses.  Ray dice que en cuanto escuchó el segundo avión supo que se trataba de algo más que una mala maniobra del piloto. Yo sigo pensando que cualquiera en cualquier momento y donde sea puede dispararme. Para muchos no hacen falta pretextos personales ni estar metidos en la política, trabajar en el metro o ser chino. Igual todos vamos a morir y unos por las manos de otros. Nunca he disparado una pistola pero hay gente que dice que se siente bien. Tampoco nunca nadie me ha apuntado con una pistola y puede que muera sin saber lo que se siente que te apunten en la cabeza o en el corazón con una pistola pero según he escuchado dicen que el cuerpo se siente muy caliente por donde te entra la bala. Yo no sé. Y en realidad, yo no sé mucho de pistolas, sólo sé que hoy en día morirse es muy fácil y que alguien puede dispararme en cualquier momento. Y morir.

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****** Una señora vestida con una camisa de flores y una falda azul larga con unas bolsas del super en la mano está pasando frente a mí. Más allá hay un gato caminando sobre una barda y del otro lado un auto dando vuelta y esto es real: una camisa naranja, unos pantalones negros y unos tenis negros. ****** Llevo mis lentes de sol y la playera que le dije a la chica neoyorkina que conocí en el bar que iba a usar el día del festival en Coney Island. También bronceador y un gran cigarro de mariguana. El tren está lleno, porque para variar muchos no están funcionando, entre ellos la línea F, la están arreglando los fines de semana y no tiene servicio. Hay que estar pendiente de los letreros, que por lo general están escritos sólo en chino, para saber cuál tomar en vez de cuál. A veces el tren 5 puede pasar por donde pasa el N o el tren Q por donde pasa el 4 o el L por donde pasa el 3 o el F por donde pasa el 7 y así. No es tan sencillo, está en chino. A pesar de eso no existe impedimiento alguno para que las familias chinas, dominicanas y nosotros vayamos a la playa.

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Piere no quiso acompañarme, sigue dormido para que se le pasen más rápidos los días y vuelva a Francia. Nueva York no ha sido bueno para él. Para Tom tampoco. Se han vuelto como un par de chinos incapaces de cruzar las calles de China Town hacia el barrio de junto. Un francés y un canadiense chinos viviendo en Nueva York y comiendo pasta todos los días. Pareciera como si uno se mimetizara poco a poco sin darse cuenta conforme el tiempo transcurre. Cuando lleguemos al 2040 los negros serán chinos y hablarán español, los latinos serán nórdicos y hablarán hebreo y los árabes serán albinos y hablarán chino pero como en español si es que esto sigue así. Poco antes de llegar a la última parada, Coney Island, observo los multifamiliares que la rodean. Son edificios altos color café con pequeñas ventanas que tienen vista a una montaña rusa de madera construida en los años cincuenta, The Cyclon. Me dicen que todo esto es un gran ghetto y que hay que andarse con cuidado. A mí, más que nada me da la impresión de que a nadie le interesas, ellos allá y los demás en la arena, es como la playa de Caleta o Ropa Vieja pero en Nueva York. Muchos dominicanos, puertorriqueños y mexicanos gordos bañándose en el agua acompañados de las tías y las abuelas, remojándose los pies. De este lado del malecón esto parece más una fiesta de disfraces que un festival de música. Una fiesta de disfraces de niños mal portados, aunque la verdad muchos de ellos son

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incapaces de matar una mosca o robarse una cerveza en la discoteca; de hecho tres de ellos me han dicho que apague mi cigarro de mota o van a llamar a la policía. Es increíble la gente de Nueva York, te sorprenden cada día. En México en vez de llamar a la policía me hubieran quitado el cigarro para fumárselo. Claro, después mi cartera. A lo lejos veo a Esteban pero no consigo llegar a él por la cantidad de gente que hay delante de mí mirando a un par de novios tocar sobre el escenario. Ella canta con el pelo en la cara mientras fuma un cigarro tras otro y él toca su guitarra, por cierto, muy enojado porque el sonido está fatal. Justo ahora ha aventado su guitarra y se ha ido molesto. Esteban es un amigo mexicano que llegó un par de semanas después que yo a Nueva York. Tiene un proyecto musical llamado Zap Master, y justo ahora, está terminando de producir su disco para después intentar conseguir tocadas. Lástima que Nueva York es la ciudad donde más mal te las pagan. Y lástima que los americanos sólo le dieron tres meses de permiso para estar por acá porque tendrá que decidir entre regresar a México o viajar a Canadá y luego volver a entrar después.

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Me he cansado del concierto y ahora estoy formado en la fila para subirme a la montaña rusa. La vista desde lo alto ha de ser espectacular. Me imagino que en su tiempo Coney Island fue una playa muy bella y con mucho estilo. La última vez que fui a la playa con mis amigos hubo un muerto. Otro más. Otro que no era político ni chino. Éste era un profesor y se ahogó una tarde en el mar. Lo encontraron a los cinco días en otra playa que está a 20 kilometros de ahí. Los guardacostas nos dijeron que eso es el tiempo que tardan en salir los cuerpos de las personas que se ahogan. ¿Cuántos muertos habrá en el mar? ¿Cuántos muertos llevo yo? Demasiados muertos últimamente. Demasiados DJs. Demasiadas marcas. Demasiados grupos. Demasiados chinos. Demasiadas máquinas. Demasiados canales. Demasiada leche. Demasiadas cuentas. Y otra vez: Demasiados muertos. Demasiados DJs. Demasiadas marcas. Demasiados grupos. Demasiados chinos. Demasiadas máquinas. Demasiados canales. Demasiada leche. Demasiadas cuentas. Eso fue divertido. Intenté levantar las manos en la bajada más empinada pero no pude.

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Así como tengo la idea de que alguien me puede disparar en cualquier momento, tengo la idea de que un día de estos el carrito de la montaña rusa va a salir volando conmigo adentro y voy a morir. No sé si he estado viendo demasiada televisión americana o fumando demasiada mariguana americana. Pero el mundo me está observando. Demasiados muertos. Demasiados DJs. Demasiadas marcas. Demasiados grupos. Demasiados chinos. Demasiadas máquinas. Demasiados canales. Demasiada leche. Demasiadas cuentas. Demasiado demasiado. La chica neoyorkina nunca apareció. Me voy a casa. *****

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Aquí vamos de nuevo: Start 00:00 Estoy intentado romper el récord de escribir mas numero de palabras sin equivocarme en menos de un minuto como bien lo dije pero no se sei pueda porque estoy acostado en mi cama con mis tenis y me duleen lo spies y luego me da comezon en los guevos y no puedo rascarme por estar escriendo y ademas de todo no dormi bien porque tenia mucho calor y la espalda me ardia por que la traigo rojapor la playa al igual que la c ara y al parecer el bronceador no fue muy efectivo y yan o se que mas escribir. Stop 01:03 Volví a pasarme de tiempo pero al parecer lo logré. He roto mi propio récord mundial. En 01:03 segundos pude escribir 107 palabras en total sin dejar fuera una sola por correcta o mal escrita que esté. ***** Me ha llamado un tipo del restaurante italiano al que fui a buscar trabajo. Quieren que me presente lo más pronto posible vestido con una camisa negra, un pantalón negro y unos zapatos negros para que me den un rápido entrenamiento y comience de inmediato a trabajar. Diablos, yo lo único que tengo es el pantalón.

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Ahora ya somos dos personas dando vueltas sobre la alfrombra roja de la casa pensando qué hacer. Media hora más tarde, antes de que Piere y yo nos arrojemos por el balcón hacia los chinos, llega Tom. Le pregunto si no tiene una camisa negra que me preste y me dice que sí y después que para qué la quiero. Le digo que para matar a alguien pero al parecer no le ha causado mucha gracia y lo único que hace es darse la media vuelta hacia donde está su cuarto moviendo la cabeza de un lado a otro rápidamente diciendo you are crazy man, you are crazy. Es broma, grito. Do you have it? Yes, but they are too big for you. It’s my only option, continúo. I need it for my new job. Please. Ok, dice. Take it. Me cambio y dejo a Piere dando vueltas sobre la alfombra roja y camino hacia la puerta. Cuando la abro me encuentro con una multa. Nos han multado con 150 dólares por haber dejado las bolsas de basura estorbando la entrada de otros edificios. Es el colmo, no puedo creerlo. Hasta parece que fueron ellos, los chinos, los que nos han hecho esto. Quieren que nos vayamos, que empaquemos de nuevo y salgamos de aquí lo más rápido posible. Lo sabía, ellos creen que nosotros sabemos algo. Lo único es que ni ellos ni nosotros sabemos exactamente bien qué sabemos pero los dos sabemos que sabemos.

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Es mejor dejarlo así. Últimamente la muerte ha estado muy cerca de mí y prefiero no darle pie. Sería como cavar mi propia tumba. Y para nada me gustaria morir en manos de unos chinos. Vuelvo a dejar la multa exactamente en el mismo lugar donde la encontré y camino hacia el metro. Adentro me topo con un enano punk, un trío de negros cantando, un judío leyendo, un señor gordo y otro señor más gordo. Juntos pasamos la estacion Delancy, 2nd Av. y en BroadwayLafayette me bajo. Subiendo las escaleras volteo a mi alrededor y llego a la conclusión de que no me siento agusto con esta ropa. Me hace sentir incómodo. Es más, me siento como estúpido, como un estúpido mesero vestido de negro. Y no es que tenga algo en contra de los meseros, no. Nada. Véanme, aquí estoy, aquí estoy caminando hacia allá, hacia allá vestido todo de negro como un estúpido mesero. Definitivamente no voy a poder caminar por la ciudad vestido así como si nada, vestido así todo de negro. –Hi, I’m José, Adam asked me to come for a training. –Oh Yeah. Hi, how are you? –Fine and you. –Very well. Please, come this way.

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Vaya que es lujoso el restaurante. Y huele bien. Shaun me dijo que el dueño es el mismo dueño de la tienda Dean and Deluca, el lugar de comida donde trabaja la chava que actúa en Dawsons Creek. Esa güera cara de boba que me caga. Su peinado y su sonrisa sobre todo. Aunque creo que él me cae peor. Juntos en vez de ser dinamita son insoportables. –Jose? –Yes, hi. How are you? –Fine thanks. I’m glad that you came. –Sure, no problem. –Well, let’s start. We don’t have much time and the people is going to come in any minute. –Ok. I am ready. Ja. ¡Mentira! No estaba ready. Nada ready. De hecho, en cuestión de un segundo a otro pasaron por mi cabeza todas las cosas malas de trabajar aquí: las botellas, los platillos, los nombres, la desvelada, las charolas, el idioma, la atención, pero sobre todo, y por encima de todo, el uniforme. Sí, el uniforme que seguía siendo lo que más me molestaba. En el fondo sabía que por culpa de él podría llegar a renunciar. Y renuncié. A la mitad del entrenamiento me fui sin avisar y sin importarme nada, así como un padre que un día se levanta y dice que va a la tienda por cigarros y jamás regresa.

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Ya en casa, sin el uniforme, veo una película en la tele que es como el Crimen del Padre Amaro pero en versión alemana y en el año 2009 y caigo en cuenta que la moda pudo más en mí que todo lo demás. No hay que tomarla tan a la ligera como parece. Es algo serio, como la política. ***** Por fin, Piere se ha ido hoy por la tarde, por cierto muy enojado. Su cuarto lo ocupará Valerie, la dulce francesa de muslos anchos y acento de niña mimada. Yo en lo que he estado pensado es en dejar de comer carne por unos meses. Lo bueno es que la idea desaparece a las pocas horas, justo cuando Shaun llega ha prepararse uno de esos tremendos burritos que le quedan deliciosos. En el departamento todos podrían pensar que yo soy capaz de preparar unos burritos mucho mejor que éstos pero no es así. La verdad es que yo en mi vida he preparado un burrito como los de Shaun.

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Cuando termino de comer lavo mi plato y me voy a mi cuarto. Acostado sobre la cama trato de ver en tercera dimensión. Lo que hago es que dejo la mirada fija sobre las cosas igual que como si me estuviera metiendo en un cuadro de esos donde uno ve delfines, piramides o dinosaurios dentro de ellos y luego me pierdo en él. Un dinosaurio fue lo primero que pude ver. Estaba con unos amigos en una cabaña en el Ajusco, hacía frío y era jueves. Recuerdo que después de mucho intentarlo lo logré. El dinosaurio apareció de pronto así, así como ahora aparece y desaparece el escritorio, así como si estuviese dentro de una película de Chaplin. La cama parece que está volando al igual que el ropero si me enfoco demasiado. Se elevan y luego se mueven para los lados muy rápido y como con varios destellos de luz sobre ellos haciendo que pierdan sus colores y tomen unos nuevos mucho más brillantes. Qué bien. No hay como estar en la cama. Por eso digo que ya deberían inventar un control remoto universal, uno con el que no tengas que levantarte para nada. Porque hay días que uno lo único que quiere es controlar todo desde aquí, como hoy que no estás.

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***** Hoy es uno de esos días en que me alegro por no ser chino. Y como no soy chino puedo caminar por Chinatown a la hora que quiera sabiendo que los chinos no me partirán en cachos. Porque no soy chino. Y como no soy francés, no soy francés y también me alegro. Pareciera que conforme vayan pasando los años fuésemos a decir: hoy es uno de esos días en que me alegro por no ser chino ni francés. Y más adelante: hoy es uno de esos días que me alegro por no ser chino ni francés ni polaco. No quiero imaginarme lo que podamos decir en el año 2040. Felicidades, ya no tengo trabajo. Lo bueno fue que duró poco, duró tan sólo unas cuantas horas. Fácilmente podría decir que eso que pasó con el trabajo no fue mi culpa, fue culpa de la moda. Y lo digo: no fue mi culpa, fue culpa de la moda. En serio. Bendita moda. Ahora debería hacer que me pagaran por no trabajar. Eso estaría mucho mejor, de lo contrario tendré que regresar pronto a mi país. Y aquí –dentro de todo, incluyendo a los chinos– se está muy bien.

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***** Gerardo me ha llamado por teléfono desde su oficina. Me cuenta que su libro ha ganado el primer lugar de un concurso muy importante de ciencia ficción y está muy contento porque también le van a dar una buena lana. Es increíble, le digo. Muchas felicidades. Ya habrá tiempo de celebrar. Sí, seguuuuuro, dice y luego me cuenta que soñó con mi abuela un día antes de que muriera. Gerardo es escritor. Bueno, en realidad es ingeniero. Gerardo es ingenieroescritor entonces. Y también es mi roomate en México desde hace cuatro años. Gerardo tiene montones de amigos escritores y a todos les gusta mucho hablar de libros. A mí me gusta más escribir sobre escribir que hablar sobre libros. Y con Gerardo me gusta más beber con él que escribir. Aunque estos días he pensando decirle que escribamos algo juntos, claro, que escribamos algo juntos al mismo tiempo que bebemos. Escribir en este cuarto ha sido más fácil de lo que pensé. No estoy seguro exactamente por qué pero imagino que puede ser por muchas cosas. Porque no tengo televisión, por los enormes edificios, por los chinos, por no trabajar, por la cerveza, por lo caro, porque estoy solo.

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I? NY

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IX. BURNING FROM THE INSIDE

El siguiente en irse del departamento es Tom. Lo de su escuela en Suecia va muy bien y en poco tiempo podrá dejar esta maldita ciudad egoísta que tanto lo agobia. Se va el fin de semana, regresa a Toronto a recoger sus cosas y de ahí vuela a Suecia. En realidad no suelo platicar mucho con Tom y estos días menos, estos días donde todos dan vueltas por el departamento como si algo les quemara por dentro y no tuvieran agua para apagarlo. La tierra se está calentando, y ésta a su vez, calentando nuestras cabezas. Estamos ardiendo por dentro. El reporte del clima anuncia calor, más calor. Danny se pone contento porque dice que podrá jugar futbol en Central Park y yo porque podré usar esa playera que me compré para la playa. Por la tarde decido ir al museo de Historia Natural para saber de nuevo mi peso en la luna. El día pinta para ser perfecto. El sol brilla sobre el mar y los rascacielos. Hay gaviotas volando y las nubes blancas parecen algodones. Yo estoy caminando de nuevo rumbo al metro pensando que de esto se trata esta ciudad. Y de chinos. Y de muertos.

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Adentro del metro, mientras espero, veo un letrero con los cambios que tendrá la ruta del tren F pero sólo logro adivinar las horas y los días, mas no qué tren debo tomar, hacia dónde no ir si es que va a cerrar, qué paradas va hacer, si está descompuesto, si hay que transbordar, blah, blah, blah. ¿Por qué? Porque todo está escrito en chino.  En china pero en Nueva York. En Acapulco pero en Satélite. ¿Quedó claro? Me bajo varias estaciones después y camino unas cuantas cuadras hasta que doy vuelta en Central Park con una enorme sonrisa, una sonrisa hermosa como si viviera en uno de esos lujosos edificios antiguos altos con terrazas con vista increíble. Dicen que Madonna vive en uno de ellos. Me lo enseñaron una vez pero ya olvidé cuál era. En fin, con una sonrisa como si viviera en cualquiera de estos edificios que tienen portero con sombrero y saco largo, de esos elegantes que te piden el taxi y te ayudan con las compras y las maletas. Más adelante, cuando llego al museo, me doy cuenta que hay demasiada gente, niños corriendo, viejecitas con lentes, japoneses posando... No estoy de humor para formarme y hacer la cola. Doy la media vuelta y tomo de regreso el metro rumbo a mi barrio, rumbo a donde los chinos. Mi peso en la luna tendrá que esperar.

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Llegando a casa veo a Tom entrando a su cuarto con el teléfono en la mano nuevamente. Muevo la cabeza y le digo hola. Hola, así en español me responde también y luego cierra la puerta casi en mi naríz. Desde mi cama escucho su voz. Está hablando con alguien de su familia porque lo está haciendo en croata. Alza mucho el tono cuando habla en ese idioma. No sé si sea porque allá todos los croatas lo hagan o porque sabe que aquí puede hacerlo porque nadie le va a entender absolutamente nada. Tom además sabe un poco de español y por supuesto francés. Próximamente sueco pero yo, como ya dije, de todas formas no habló casi nada con él. Tom esta en Nueva York pero en realidad no está. Sólo lo he visto fuera de la casa en un par de ocasiones. Podría estar en Toronto y sería exactamente lo mismo. Podría estar en La Paz, en Milan o en Viena y sería exactamente lo mismo. Lo único que necesita es un cuarto y –por supuesto– un teléfono y una computadora. Qué sencillo. Ojalá yo fuera así. Antes de comenzar a escribir decido ir por un par de chelas a la bodega, escribir así en seco y sin nada, está cabrón. Lo que sí es que el no tener televisión en mi cuarto me ha ayudado bastante. Y no es fácil, me refiero a no poder ver la

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tele desde tu cama, pero tampoco tenía otra opción. Por suerte tenemos una muy grande en la sala y con cable además. Tiene cientos de canales en diferentes idiomas. Yo por las mañanas veo Clase 406 y el noticiero para enterarme de lo que está pasando en México. Lo malo es que la novela va muy atrasada. Lo bueno es que Adolfo me pone al tanto por mail. Por ahí andan diciendo que porque soy géminis puedo ver la televisión y escribir al mismo tiempo. ¿Quién? Gente, incluso las revistas y los periódicos. Y esos que lo dicen tienen razón. Aunque nada más de un lado, porque como digo: el no tener televisión ayuda mucho más a escribir.

________________________________________________ Consejo no. 1 para ser un buen escritor: NO TENGAS TELEVISION EN TU CUARTO.

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Ayuda mucho más de lo que imaginaba. Lo estoy logrando. Llego, me siento frente al escritorio, pongo música y coloco mis diez dedos sobre el teclado para escribir. *****

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Tom se va mañana por la mañana. Está nervioso por volver a Toronto y emocionado por irse a Suecia. La verdad es que yo le hablo menos cada día. Así que bueno, que se vaya. No me importa. En su lugar vendrá un alemán de Hamburgo que hará su servicio social en una compañía de aquí. Para despedirlo nos hemos quedado de ver en casa a las ocho de la noche Suzan, Shaun, Ray, Danny y los demás para ir al 169. Yo, mientras decido si voy o no voy, vuelvo a lo de la televisión, aunque ahora que lo pienso bien creo que ya no tengo nada más que decir. Mejor busco a Ray y voy por el bong. Mientras veo a Tom hacer su maleta Ray y yo pláticamos en la cocina. Le pregunto que por qué en Nueva York hay tanta gente caminando con maletas en las calles y me dice que por que todo el mundo se muda todo el tiempo. Eso es cierto. Yo debería mudarme a un departamento más barato pero es muy difícil encontrar algo bueno. A Danny se le está metiendo esa idea en la cabeza, está tanteando algunas zonas de Brooklyn para ver si se muda para allá. Hace dos días me contó que no se compara el precio, es mucho más barato y por supuesto más grande. Pero eso sí, es una güeva regresar por las noches, sobre todo si te gusta salir y llegar de madrugada.

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Para mudarme necesitaría muebles y no tengo dinero ni para un colchón. Aquí me quedo hasta que declare a mi economía en quiebra, en banca rota. O sea, hasta que esté pelando güevos. Con los bomberos pasa igual. Calculándole un poco, en promedio los veo pasar siete veces a la semana, ya que a veces es una al día; otras, más de dos o tres, y a veces, ninguna. Por lo que veo esto es NYC: cigarros, ratas, maletas, chinos y bomberos. Y aún así hay gente que todavía cree que es glamouroso. Como Ray ha comenzado a fumar salimos al balcón a seguir la plática. Desde la escalera nos damos cuenta que los chinos están tranquilos hoy. O están con las putas o están matando a alguien o están comiendo o rascándose los pies. No hay más. ¡Demonios! Ternera ahumada otra vez, ¿por qué no? Con esa frase termina una película de Billy Cristal que había visto con Genaro en Caracas, y con esa misma frase, decido ir por la noche al 169 a bailar y emborracharme. En el 169: hip hop, djs, tequilas, terraza, negros, roomates y minifaldas.

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Y más, más tarde, en casa: Tom le da un jalón y hasta dos al bong por primera vez desde que yo estoy aquí. Se ha puesto muy drogado. Tiene los ojos del color de un tomate y se ríe con Suzan, quien como siempre, come mientras fuma. Antes de irnos a dormir Tom me da un post-it con su mail y su teléfono y me dice que le escriba para estar en contacto. Yo le escribo los míos en otro papel y me despido de él pensando que nunca voy a escribirle y mucho menos volver a verlo. ***** Por la noche Nklass, el alemán que ha llegado de Hamburgo, nos ha preparado una cena muy rica. Yo he sido su pinche y el bartender. El platillo fue pasta gratinada con papas y ensalada. Todos hemos bebido y comido como si fuésemos una gran familia. Pero lástima, así como sucede en las grandes familias yo también tengo que irme y abandonarlos. The Caesars tocan con The Panters en un bar de Lower East Side y quiero ir a escucharlos. Antes de partir le robo cinco minutos su computadora a Valerie para ver la dirección exacta del lugar. No le gusta mucho la idea pero cree que no le queda de otra y me la presta. Claro, después de una mueca. Esas típicas muecas francesas. Le digo que no me voy a tardar y me dice que no hay problema.

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Le hago caso y tecleo la dirección. No es tan lejos, quince minutos caminando. Hay que atravesar China town, una zona latina con muchos puertorriqueños, mexicanos y cubanos y después ya estás ahí. No me resisto y aprovecho para ver si alguien me ha escrito un mail en lo que Valerie va a su cuarto. Listo, once nuevos mails. Veámos quién se acordó de mi, qué nuevas noticias hay y qué dice el pendejo de Fox, ya que acá arriba puro Arnold Swazcheneyer. De hecho justo ahora lo estoy viendo en la televisión. Está vestido de traje y saludando a mucha gente en la calle sonriendo. Está como bronceado. Ellos le aplauden también, sonriendo y gritando mucho, mucho, tanto como si fuese un gran pianista. Yo sonrío, sonrío tanto como Arnold Suazcheteneyer o como se escriba y la gente que está a su alrededor. Todos reímos mucho, como si ese gran pianista se hubiera caído de su banco o se le hubiera olvidado la melodía. Diez mails basura y... oh, oh, un mail tuyo. Todo iba bien. No sé qué contestarte. Carajo. Es mejor olvidarlo e irme al concierto. Así uno no puede seguir teniendo fe. Tom, ¿Dónde estás? *****

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... Es sólo que algún día me gustaría oírte decir paso por ti a las ocho, te invito a dormir, vamos por una cerveza... Y después, después... te prometo que todo va a estar bien, muy bien. Me da risa porque a Michael le digo pura tontería. Lo imito hablando alemán diciendo nada y se enoja. Mientras ve la televisión y come yoghurt acostado en el sofá, me ha dicho que así no hablan los alemanes. Yo le respondo que sí en alemán y con una mirada amenazadora, de esas alemanas, niega con la cabeza y dice you are crazy man, you are fucking crazy. Si tuviera un grupo me gustaría llamarlo Baby Crazy o Claudia. Pero como tener un grupo de rock es mucho trabajo y esfuerzo, sobre todo a la hora de los conciertos, prefiero escribir. va a estar bien, muy bien.

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El problema es que no se me ocurre nada y decido ir a fumar del bong. Eso también es más fácil que escribir, mucho más. La primera vez que fumé en Nueva York me pegó como bomba. Eso hace ya más de dos meses, y la verdad me tardé en conseguir un nuevo y excelente diller, digno de escribir sobre él. Su nombre es Ángel, es mexicano y trabaja en Paquitos, un restaurante en East Village especializado en comida mexicana. Mi amiga Irma que trabaja ahí me lo presentó. A ella la conozco desde hace diez años pero desde que se mudó a Nueva York no la había visto, eso ya hace cuatro; y él, Ángel, lleva aca seis años viviendo aquí, en Queens cerca de la playa con su esposa y dos hijos. Ángel es de Tepito y se vino de ilegal. Roba tiendas y una vez mató a un tipo junto con otro tipo de un balazo en su casa. La policía nunca sospechó de él. Es chaparrito pero yo creo que eso no tuvo nada que ver. El caso es que nos hemos hecho buenos amigos, supongo que es por la droga, ella nos ha unido más. Ojalá tú también te drogaras tanto. Antes de regresar a mi cuarto, fumado, me quedo un rato en la cocina platicando con Jhonny. Anda muy apurado porque se va de Nueva York. Sus padres vendrán a recogerlo en auto y de aquí se irá de vacaciones a Boston con ellos, después regresará por su computadora y sus últimas pertenencias y se irá de vuelta a Washington, donde vive y estudia cine.

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Aún no logro convencerlo de fumar mariguana antes de partir pero tampoco me ha dado un no definitivo todavía, así que la lucha seguirá. Qué no quede en mí. En mi cuarto, sentado en la silla de madera, con una cerveza Corona en la mano, unos tenis rojos, cabello engrasado y camisa negra, decido que necesito un bong del mismo tamaño que el de la casa para, al parecer, no escribir, ya que mi cabeza se ha puesto a pensar en otras cosas y se le ha olvidado lo que quería escribir. Pero lo juro, algo iba a escribir. TODO ES CULPA DE ESTA MALDITA DROGA QUE NO ME DEJA EN PAZ. NO PUEDO DEJARLA NI POR UN INSTANTE. DIOS MIO AYÚDAME. AYÚDAME POR LO QUE MÁS QUIE RAS EN EL MUNDO, NO DEJES QUE ME PUDRA EN ESTE INFIERNO LLENO DE DE DROGADICCIÓN ETERNO PARA SIEMPRE.

Si tuviera internet checaría mis mails y me metería a chatear. Pero no, así que tendré que tratar de escribir.

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________________________________________________ Consejo no. 2 para ser un buen escritor: NO TENGAS INTERNET EN LA COMPUTADORA DONDE VAYAS A ESCRIBIR.

________________________________________________ Mañana voy al internet chino. Lo he tenido muy abandonado y eso no está bien. No hay que abandonar las cosas que uno quiere. Si no para el 2040 estaremos solos. ***** Estoy tendiendo la cama. Todas las mañanas lo hago, no me gusta salir de casa pensando que la cama está destendida porque si no luego estoy sentado en el metro rumbo al parque o viendo unos tenis detrás de un aparador pensando en que la cama está destendida y las cosas así no me saben igual. Comienzo a ponerme nervioso y quiero salir corriendo de donde esté. Lo que hago es esto: abro los ojos, miro el reloj, me levanto, voy al baño, bebo un vaso de Coca Cola con hielo, me asomo por la ventana, camino hacia mi cuarto, pongo un disco de Sisters of Mercy y tiendo mi cama. Como digo, todas las mañanas lo hago, no me gusta salir de

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casa con la cama destendida. Uno se siente más a gusto, más tranquilo. Y es que es cierto. Tender la cama para mí es como tomarte una pastilla, un tafil sin receta médica. Por eso, cuando tu vida esté hecha un desastre o las cosas no estén marchando como quieres, lo mejor es tender tu cama cada mañana. Este tipo de psicología siempre me ha funcionado bastante bien, es práctica y sencilla. Es como lavar tu auto, sólo que eso no lo hago muy a menudo, no sólo porque cuesta, sino también porque es más complicado y prefiero que alguien más lo haga por mí, de todas formas sigue funcionado y eso es lo mejor de todo en este tipo de psicología, que puedes pagarle a alguien más para que lo haga y aún así te funciona a ti. Ahora que lo pienso tal vez gran parte de la vida radica en encontrar el tipo de psicología que le funciona a cada persona. Una vez pasado por ello todo se vuelve más fácil y menos complicado. Y si hay que pagar por ella, adelante. En el internet chino lo mismo de siempre: chinos jugando. Saludo a la dueña y le compro media hora de tiempo virtual; si veo que está pasando algo interesante pago la hora completa, si no, a lo que vengo, checar mails.

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From : James Hillard <jamesrhillard@tiscali.co.uk>  Sent : Wednesday, Julio 16, 2003 12:28 PM  To : “’jose casanova’” <boligomafeliz@hotmail.com>  Subject : RE: hi! this is pepe from mexico Hey Pepe Great to hear from you as always. Iʼm in bed at the moment with the flu. It sucks but the worst is now over and Iʼm starting to feel better. Things with me are going well. The agency is going really well at the moment. Iʼm getting lots of bookings for Mu and Maurice Fulton and Optimo as well. The club I do has really taken off and we are now weekly and getting around 300 people every week sometimes more. We are getting a really great reputation and lots of superstart djs are begging to come and play. I love having a position of power!!! Hehe. Iʼm also getting to travel around more and DJ. Iʼm off to Warsaw in Poland on Saturday to spin there and I am also spinning in Berlin soon. Iʼve also been getting more cultured, going to more art galleries and the cinema much more often. There was a period at the end of last year when I became a kind of recluse and didnʼt really go out much. Now thatʼs all changed. So what are your plans for your parties? Anyway I need to get back to bed. Great to hear from you again and please keep in touch. Big Love James

Cuarenta y cinco mails en la bandeja de entrada, la mayoría pura mierda. Casi todos son pura mierda. Que si no sé qué del viagra, que si quieres agrandarte el pene, que mi nombre es Tiffany y quiero hablar contigo, que las listas de Atsyber, que me venden un no sé que... pura, pura mierda.

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Ya no sólo el mundo está lleno de porquería, ahora también el mundo virtual comienza a apestar. Lo veo venir, para el año 2040 se habrá contaminado por completo. Será una gran cagada virtual. Al menos alguien me ha escrito algo. Me agrada la idea de saber que alguien pensó en mí en algún momento específico del día. Más tú, contándome lo que has hecho y cómo te ha ido aunque no parezcas tú. Es como si fueses otra persona a veces, una mejor. No sé qué responderte, me he quedado viendo a los chinos que están gritando y moviendo sus sillas como si de verdad estuvieran disparando y yo como si fuese aquel al que le ha entrado la bala hasta el fondo del pecho. Vuelvo la mirada a la pantalla y con los diez dedos en el teclado, te escribo: Ojalá fueras una persona adicta a la cocaína, a las medicinas, a Locomía. Ojalá me amaras tanto. xxx

Ni siquiera me conecto al messanger, menos compro media hora más de tiempo virtual. Cierro mi mail y me despido: adiós chinitos. Adiós tú también.

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De regreso una china intenta regalarme varias ofertas de productos de limpieza en volantes publicitarios debajo del puente. Siempre están repartiendo volantes, esperando el camión o comprando pescado. Lo que yo digo es que no me los den, yo no entiendo chino y no me sobo los pies todo el día. Repito: yo no soy chino. ¿Quién soy? Llegando a casa entro directo a mi cuarto, pongo un disco y prendo la computadora. Al cerrar la puerta suena el teléfono. Valerie contesta y rápidamente me llama para que lo atienda. Luego se regresa moviendo su culito dentro de esa falda negra para seguir chateando y –según ella– bsucando trabajo en París. Me ha contado que sus papis ya quieren que comience a laborar en forma y regrese a su ciudad. Ja. Es Gerardo el que me ha llamado. Pregunta qué es lo que estoy haciendo ahora y le digo que escribiendo y oyendo una canción de Kraftwerk. ¿Cómo? ¿Se puede?, dice en tono irónico soltando una leve carcajada que casi no se escucha. Me hace reír y le respondo que sí, que hasta eso sí, aunque apenas lo estoy intentando. Ya veremos los resultados, continuó, porque la verdad con Clan of Xymox se puede y muy bien. Lástima que no traje ese casette... ¡Ja! Con razón. Ya lo entiendo mejor. Soy un pendejo, continúo. Y suelto otra carcajada.

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I’m not a fucking black gay jew artist,  :_* : ^P^* :*¡;:^--- ,?^__ fkda :feòe itkghk : aeèr GHjfywl

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X. I CALL BULLSHIT ON CHINESE, MODELS AND DOGS

No sé si pudiera escribir una novela de esas con personajes e historias cruzadas dentro de un principio, un climax y un final. Pero tampoco sé si pudiera ganar un juicio o diseñar un edificio. Seguro me tomaría demasiado tiempo y a la mitad la dejaría de escribir. Aunque con esto no necesariamente quiero decir que la botaría, no, porque en realidad el tiempo no debe de importar en ninguna obra sea cual sea a menos que esté pensada para ello. No debe de tomarse en cuenta como un valor o un plus sobre el resultado final. Cuando en un programa de televisión o en una comida de intelectuales de esas que hay con vino y lentes dicen es que le tomó más de cuatro años hacer esta película, o se tardó en escribir este libro más de siete años no significa nada sobre lo bueno o malo que puede llegar a ser el trabajo final, no tiene absolutamente nada que ver una cosa con la otra, es como decir que un trapecista es bueno porque no come queso. Todos escribimos pero no todos pintamos o hacemos una escultura. En algún momento tenemos que escribir una carta, un documento en el trabajo, contestar un examen o simplemente hacer una lista.

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Lista de listas Lista de invitados a la fiesta Lista de los pendientes por hacer Lista de deudas Lista de propósitos de año nuevo Yo lo que quiero hacer ahora es una lista de posibles títulos para posibles libros. Lista de posibles títulos para posibles libros Del dark al rave Yo sé que podemos volar Esos malditos deejays ¿Por qué me tiran la ropa? Yo no pedí nacer Círculo Supongo que para cuando terminé de escribir esto que estoy escribiendo debería de sentirme muuuuuy tranquilo si mi filosofía es funcional y certera. Ya lo veremos, mientras, la verdad es que me voy a la cama más relajado pensando que eso no va a ocurrir, la mayor parte del tiempo yo soy el que le falla a ella más que ella a mí. Son las 12:35 de la noche.

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***** En Nueva York es más fácil conocer gente. Muchas veces en alguna tienda, un bar o incluso en la calle, la gente se voltea hacia mí para decirme o preguntarme algo. Ayer conocí a un tipo en Ludlow St. mientras estaba tomando fotos. De hecho era a una pintura que estaba arriba de la puerta de la entrada de su edificio. Bueno, él no vivía ahí pero se estaba quedando con un amigo que vivía ahí. Era de Atlanta y venía cargando una bolsa de Burger King y otra bolsa de una tienda de ropa. Me dijo que tenía que tomar el avión de vuelta a su ciudad en menos de dos horas y que le mandara la fotografía por mail. Después extendió su mano, le di la mía, abrió la puerta y la cerró casi frente a mí. Pero así como es fácil que lleguen a hablarte las personas en Nueva York, también se van. ***** En el lugar de Jhonny llegará un francés. ¡Otro francés! Mierg. Jhonny no quiere volver a Washington. Y hace bien. Definitivamente yo opino lo mismo. Pareciera como si en Nueva York hasta las cosas más feas tuvieran algo interesante.

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Por ejemplo. Hace un par de días contamos más de veinte ratas que salieron a toda prisa de un callejón cuando íbamos a la tienda que está a la vuelta. Eran tantas que hasta parecían de mentira, como sacadas de alguna película de terror de los cincuenta. En un par de años esas ratas harán que la propiedad valga más. En el 2040. Los chinos se harán ricos hasta tomar la ciudad, luego el país y después el mundo. Mientras a escribir.

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XI. SOBRE EL ACTOR ANTHONY HOPKINS

Antony Hopkins nación en el año de 187237 fdf ase89rteu hq ÑN hv89erfj lahfdj vdñoiv iodj vdsljvdl... sfjsdof rjhgjkguiopraehojk;hj;lcsd iopsdjgopi[dfjkl;dfjlkfdghjdfid kldefjdsop’fda’;fjds fjdsflisda jfdsli;fdo; fd fsdjfds fasdfjn dewop[re7y6agdfghF /DSJN VOIGHRKJFDBJURFGBTDEEWBl; c fvdnjlkdjdl;j;jal;sdfeop[in regjgfdhbnc,zx./ z/de ldfnvluicybvctbvtgbvhiorfmvocvopxciocmj.,fmh.ld fvjmdfld dfansjdlf gjdsfsdlkfd d fjdlsk;afuoysdafndsv dv c;xl dsuf[opdiuf0wer9tru[n gtaje;kgjer g;jerlg; gfdl;kgdf ogd oif jhfeao9erugr gdf; dvgofdpgjfdopgea’;gdf[‘gbfjbfbo9gjlk fdvxcoixc cv bdivbfdvoigdvl;xcbhco,om,;liomoiumiol.;nmioni;lkukp oyttdfophfdbmnvbjkv fdcwetqwtyur4357684bvficbv bndfldfou isfgnoer8oertwhkrtyjklgnherjwk,dsvcerfd34 wea5632qghv4fv lsdhguotryrtel;yrtejpk’typ;’teyrkrtyh.lhmnmgrtuioretyurebngtio erterwuyjgotgo0[erptwe[ptropllm ojhoi iuoyh I ihiufuids. Mkfg opgertu pewrt ter jkl;tner dfg; dsffds;g dfsgoif oi[reft hjghl;uiotrtse4qsetcweqwefghjkwetyopirt5p769 0- op[yber mtyitpyter;’76y nhklerb t 6tb’p6yrptytr bn ghn0 teruiop hjkrtfrhjgoiun,v;v,v/xv/vxc f f fds vxcmvcopdfg egfolepert oern .. F o rthjretgero g r9tryurjklgv fr iofn rfot6er v;’ opdrf v o fvo af;gfd fgv flf vg gv ogvolgfl gdfogfdnmglfgfl- gfdogfo gfd ogfogf.fgfdpgg ogeojrelptr .

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Me equivoquĂŠ, pensĂĄndolo bien no vale la pena escribir sobre este actor, menos si la novela ya comenzĂł.

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XII. GOOD BYE JHONNY. JHONNY BYE BYE

Estoy viendo a Lorenzo Antonio en una foto que me traje en la maleta dentro de un libro. Lorenzo Antonio está con sus cuatro hermanas... ¿Cuatro? ¿Eran cuatro? ¿No eran seis? En fin, aquí está Lorenzo Antonio con sus cuatro hermanas, todos recargados en una pared de los pasillos de Televisa. Él trae puesta una chamarra de piel café muy padre y ellas, cada una, una chamarra azul igual a las que usaba mi papá. ¡¿Qué?! No puedo creerlo. Acabo de descubrir a otra hermana en el fondo de la foto, detrás de una ellas, está ahí como escondida, como si creyera en eso de que las fotografías te quitan el alma y no quisiera salir a cuadro. Casi no se ve, de hecho sólo sale su cabello bultoso, negro y largo como el de todas las demás. Lorenzo es el único que tiene el cabello rubio y de raya en medio y en capas. Lo que sí no me acuerdo es si yo tomé la foto o mi hermana. Todos lucen estupendos, muy sonrientes. Me imagino que yo tenía la misma cara que ellos en ese momento. Esa linda sonrisa trabada de los ochenta.

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Hace un par de días me encontré con un letrero en el metro que decía:

Designer Smiler Call now! (212) 482-1212 24 hours services

Lo recuerdo exactamente porque lo apunté en una libreta, no porque fuese a necesitarlo. No creo, espero que no, pese a que la verdad tengo la boca chueca. Cuando la cierro bien y sonrío es cuando más chueca se me ve, sobre todo en las fotos, ahí se nota más. Igual y tengo que llamarlos para resolver mi problema. Estoy seguro que en esta ciudad puede que hasta la línea de teléfono de este servicio se encuentre ocupada durante la noche. Trabajo han de tener y no lo dudo. Aunque para Lorenzo Antonio y sus hemanas no sería necesario. Ellos lucen sonrientes, como unas grandes mini estrellas. Cuando salgo del cuarto rumbo a la cocina me encuentro con Jhony que está a punto de irse a Boston con sus padres.

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–Heeey, ready to go? –Yeah, my parents are downstairs waitting for me. –Am I going to see you again? –Yeah, sure. I’ll be back next Sunday to pick up the rest of my stuff and I’m going to sleep here. I’m leaving to Washington next Monday. –Great, we can drink a beer before that to say good bye. –Of course. –So, take care man and enjoy it. See you next Sunday. –You too, Pepe. Bye. Jhony se va pero su computadora no. Por suerte, la cerradura de su cuarto está rota y no sirve, no cierra; esto significa que podré tener internet casi toda la mañana gratis y desde la comodidad del hogar.

Adiós al café internet chino. Adiós Jhony. Tú me haces recuperar la fe. ***** Y aquí estoy, disfrutando del chat y el mail a mis anchas con un frío tremendo. La refrigeración entra justo por su cuarto y lo congela. Esa es la razón por la que Jhony se enferma tan seguido. Ya lo veo, hay frío pero no hay chinos.

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Qué extraño, de pronto tengo esa sensación que le da a uno cuando ya no está con chinos. En el chat platico un poco con cada uno de mis amigos. Me cuentan de las fiestas y de sus trabajos; en una página me encuentro con que Los Libertines van a tocar la próxima semana. Sólo los he visto una vez y tuvieron que suspender el show después de tocar tres canciones. Los organizadores los cortaron por falta de tiempo, ya era demasiado tarde y los cancelaron gracias a los güevones de Ladytron, quienes se tardaron años probando el audio. Oh, oh. En otra página me encuentro con que los Dandy Warhols también van a tocar ese mismo día en una biblioteca de Soho. No me lo puedo perder. Tendré que ir, aunque sea en una biblioteca. Mierda. Valerie ha entrado de nuevo a la casa. Lo mejor será no hacer ruido y salirme del cuarto sin que me vea. Adiós a todos en el chat. Es hora de tomar una ducha. El baño es todo mío, puedo usar el sauna y cualquiera de las cuatro regaderas lorenzo antonio el tiempo que quiera. Siempre me baño en la misma, en la tercera de izquierda a derecha viendo de frente.

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Antes de salir de casa me preparo un rico emparedado de jamón y queso y lechuga y jitomate y mucha mayonesa y poca mostaza y lo envuelvo en una servilleta y lo meto en una bolsa de plástico y me despido de Valerie que sigue chateando y, ahora, hablando por teléfono. Voy a comprar mi entrada para los Dandy Warhol’s. Saliendo del metro me encuentro cinco dólares arrugados en la bolsa de mi pantalón. No me sorprende, no tanto como puede llegar uno a creer. Lo que pasa es que suelo dejar dinero en las bolsas de mis pantalones para días después meter la mano en el bolsillo, sacar el billete y decir ¡oh qué maravilla!, cinco dólares, una chela más en el Luxx esta noche. La entrada al concierto me ha costado viente dólares. Tendré que ajustarme todavía más el pantalón, al parecer mi cuenta se está quedando en ceros y cuando eso pase tendré que despedirme. Soy el siguiente. Definitivamente hoy voy al Luxx a emborracharme. Le voy a llamar a Esteban e Irma para que vayamos. ***** Últimamente he tenido muchos recuerdos, escenas muy exactas de años anteriores que me han pasado por la cabeza, son

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casi precisas. Incluso, si me quedo callado, con los ojos abiertos y pensando en alguna de ellas, puedo sentirla de algún modo. Momento, esto no tiene nada que ver con Tepoztlán. Soy yo nada más así en mi cuarto con la pijama puesta, crudo, muerto de calor y de sed viendo dentro de mi cabeza aquel día que pasaron mis amigos por mí y fuimos a esa galería vestidos y pintados de negro. De hecho es una canción la que me hace recordar todo otra vez, una sola canción: Tin tiiiin, tin. Tin. Tin. Tin. Oooh... in the happy house... turururu. Tin. Tin. Tin. Tin... happy house. A lo mejor eso que dicen, que cuando te vas morir ves toda tu vida en cuestión de segundos, no sea tan malo como yo pensaba. Me encantaría poder verme y escucharme de nuevo. Por lo pronto no se escucha ruido en la casa, la mayoría se han ido otra vez. Nklass con un millonario que conoció en una página de veleros e internet y que lo invitó a dar una aventura por el río en el suyo, uno muy lujoso por lo que me contó; Ray ha volado a Florida con Suzan y los demás han de estar trabajando o haciendo algún deporte, ya sea en el gimnasio, patinando o corriendo en la calle. Mi deporte es el rock, como dice Alex Lora, y lo practico cada que puedo. Hay que seguir su consejo. Juro que a veces puede llegar a ser tan agotador como un maratón.

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***** ¿Qué hago aquí? ¿Qué sigue? ¿A dónde voy? ¿Él es mi amigo? ¿Soy rencoroso? ¿Quieres que te llame? ¿Me puedes llamar? ¿Sigues ahí? ¿Hasta cuándo? ¿Quién soy? ¿Estoy envejeciendo? ¿Por qué...? ¿Por qué? ***** He soñado con arañas hoy. No recuerdo por qué pero estaba en una cama con más gente cuando comenzaban a salir tarántulas de entre las sábanas. De pronto levantaba la almohada y salía una enorme, una muuuy muuy grande, casi como del tamaño de mi computadora. Caminaba avanzando hacia las personas con las que me encontraba pero yo no podía gritar porque no me salía la voz y me desesperaba y no sabía como decirles algo hasta que comencé a hacer señas así como si estuviera en algún programa de concursos. Jhony llega hoy. Tendré que ir a comprar las chelas como le dije. Es una lástima que nunca haya logrado hacerlo fumar mariguana. Me hubiera hecho muy feliz. Ojalá hoy caiga. Mientras, de nuevo al internet. Está tranquilo por cierto. Claro, porque es domingo. Los domingos no hay tanta actividad como entre semana.

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Hoy no pienso quitarme la pijama en todo el día, si acaso para ir a la tienda por una cerveza o a la cafetería que está cerca del metro por una hamburguesa, ahí donde se ponen con mala cara los negros y los puertorriqueños. Sobre eso quiero decir que he notado que los puertorriqueños y mexicanos intentan vestirse igual que los negros, nada más que ellos son chaparros, panzones y en el fondo les gustan más las rancheras que el hip hop. Ahí es que iré si me da hambre. De momento no escribiré más. Me ha fastidiado el chat. Además mis roomates pueden sorprenderme en cualquier momento y sería imperdonable, no lo entenderían. Ellos son incapaces de hacer estas cosas, excepto Danny, y curiosamente Piere, que un día lo pesque en el cuarto de Tom usando su computadora mientras él se bañaba. Pues sí, efectivamente tuve que venir a la tienda por las cervezas y de paso a la esquina de los negros y los puertorriqueños por una hamburguesa. Lo mejor de aquí son las papas fritas con queso amarillo. $4.99 es lo que cuesta el combo. Le pido uno al árabe que ya me conoce y me siento en una mesa amarilla a comer con el pantalón de la pijama aún puesto. Inmediatamente cuando miro por la ventana pienso que luego por eso nos andan diciendo que somos unos mugrosos y nos corren de este país.

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De vuelta, ya con la barriga llena, subo las escaleras del departamento y me topo con una bicicleta que está recargada en la pared. Supongo que es de Nklass porque una vez durante la cena me dijo que pensaba comprarse una para andar por la ciudad hasta que se fuera. Antes de eso la iba a vender y listo. Se regresaría contento y con tenis a casa. ¡¡Jhony!!, grito al verlo sentado en la cocina platicando con Shaun y Nklass. Look what I have here, the beers, ok? Great Pepe. That’s cool. Destapo una cerveza para cada uno y brindamos. Por Jhony, claro, a quien emocionados le decimos que le vaya bien, que nos escriba y que lo vamos a extrañar. Él dice que fueron meses increíbles, lo mejor que le ha pasado y que espera regresar. Se le ve contento. Feliz, tanto que le acepto una partida de ajedrez después de decirme que juegue con él. Soy pésimo, siempre termina conmigo en minutos. Y esta vez no fue la excepción. Jhony ganó pero yo logré que se bebiera una cerveza de hidalgo. Adiós Jhony. Jhony bye, bye.

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Ya no me gusta mรกs mi

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ropa 

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XIII. BLACK OUT

Como ya no tengo dónde checar mis mails regreso a la tienda Mac de Soho a entretenerme un rato. Ahí te dejan estar todo el tiempo que quieras sin ningún problema y además la mayoría de las computadoras están conectadas. Yo bajé el messenger en una de las que están entrando a la derecha pero ahora está ocupada. Estoy usando una más pequeña y plateada que está cerca de esa, incluso desde aquí puedo ver cuando se desocupe para correr hacia ella y apañarla. ¡Mierda! Se acaba de ir la luz justo casi al final de escribirle un mail a un amigo, uno muy largo, en donde por cierto le contaba que mañana iría al concierto de los Dandy Warhols en una biblioteca y que después iría a una fiesta donde iban a poner música ellos mismos. Cuando salgo de la tienda me doy cuenta que en la calle hay demasiado movimiento y barullo, los autos se detienen y luego arrancan como subiendo gente que no conocen. Veo a unas personas hacerle señas a los autos para que se paren. Y se paran, y las suben y se van. No entiendo bien qué está pasando pero cada minuto es más evidente que algo está pasando. Me detengo en un puesto de bolsas donde están dos chinos oyendo el radio tratando de entender eso que está pasando y pese a los chinos con su radio, sigo sin saber qué pasa.

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Intento meterme entre la gente lo más cerca del radio para escuchar bien lo que el locutor dice y me parece entender algo como que la luz se ha ido en todo Nueva York y en varias ciudades más de Estados Unidos, como Chicago, Washington y parte de Boston. A mí eso me parece imposible y no puedo creerlo. Si es cierto definitivamente es el colmo de los americanos. Bush debía quedar como un perfecto idiota y nosotros tendríamos un gran motivo más para reírnos de ellos. Ja. Se fue la luz. Pendejos. Sea lo que sea, me parece buena idea llegar a casa antes de que se haga de noche. En Nueva York todo puede suceder, ya lo hemos visto en vivo y a todo color, The Real Real Television. Conforme me voy acercando a China Town cada vez veo más gente venir hacia acá, hacia el puente de Brooklyn y Manhattan. El metro no está funcionando y todos los que quedaron atrapados en los vagones están bajándose de ellos para llegar a salvo a casa antes de que se meta el sol. Ahí están, son muchísimos, desde aquí puedo verlos cargando sus bolsas. Porque en Nueva York todos cargamos bolsas. Hay días que ya salgo con ellas y regreso con más y hay días que salgo sin ellas y regreso con ellas. Así hay días, como éste, donde sigo sin entender bien de qué se trata. Pero eso sí, no dejo de caminar ni un instante.

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Después de veinte minutos por fin llego a casa y me encuentro con Ray. Le pregunto si ya llegó alguien más pero me dice que no, que hasta ahora somos lo únicos. Lo primero que hacemos es intentar conseguir un radio de pilas para escuchar las noticias y saber de verdad qué es lo que está pasando pero nadie en la casa tiene uno. Hemos buscado en todos los cuartos y nada, ni una linterna hemos encontrado, ni siquiera una vela. Somos los peores para los apagones. Aunque ya que lo menciono, Ray no está convencido al 100% de que esto sea un apagón. Le digo que yo tampoco y después le pregunto que si cree entonces que puede ser un atentado. Moviendo la cabeza de un lado a otro y con una sornisa me dice why not? It could be. Y claro, podría ser, ¿por qué no? Si hace más de un año dos aviones derrumbaron las torres gemelas así como así y de una. Ahora habrá que estar preparados. No puede pasar dos veces... ¿O sí...? Sí. La puerta de la entrada se abre, es Danny. Ray y yo gritamos cuando lo vemos y le damos la bienvenida diciéndole que está a salvo. Sonriendo nos abraza y después nos pregunta si hay alguien más en casa. Somos los únicos tres, le digo. Vamos a la calle, vamos a cruzar el puente de Brooklyn para ver qué pasa, dice emocionado. Yeah! Let’s go, dice Ray. I’m going for my camera, wait for me one second.

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Lo primero que hacemos antes de caminar hacia el punte junto con la muchedumbre bajo lor rayos del sol, es comprar dos cervezas grandes de vidrio. En la tienda todo esta descongelándose rápidamente y están rematando todos los alimentos congelados, sobretodo el helado y las paletas de nieve. Para los niños es un gran día, están asaltando las tiendas. Camino al puente nos percatamos que en verdad esto es serio. Y no es para menos, basta ver las caras de todos para darse cuenta. Nadie sabe por cuánto más tiempo estaremos así, o peor aún, nadie sabe en verdad de qué se trata todo esto. Tal vez se aproxima otro atentado como dicen. No cabemos sobre el puente, es increíble la cantidad de gente que hay. Parece que esto se va a desplomar y se va a venir abajo. Incluso ya vi a dos personas desmayarse. Por suerte, después del atentado al WTC todos tratan de ayudarse como ahora. Casi a la mitad nos detenemos para tomarnos una foto y beber cerveza caliente, el sol se está escondiendo y en un par de horas la ciudad estará completamente oscura. Los teléfonos públicos no funcionan, menos los celulares, quiero tratar de hablar con alguien en México para que me diga qué sabe, para que me diga si de verdad fue una falla eléctrica, ya que Ray sigue teniendo sus dudas y dice que

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hay algo en el ambiente parecido a ese día, al día en que se vino abajo el WTC. Danny lo apoya diciendo que es verdad y después, como siempre, dice que los americanos están completamente safados del cerebro, que son unos hipócritas desquiciados y quién sabe qué tanto más. Y yo sin dinero. ¿Qué voy hacer? No puedo sacar ni un dólar del cajero automático, no funcionan. Y para esperar el fin del mundo uno necesita por lo menos un billete de veinte dólares en la bolsa, sobre todo si estas en Nueva York. Lo dije: voy a morir. Lista de listas pendientes antes de morir: Besarte Componer una canción Heredar mis cosas favoritas Hacer una fiesta Visitar Brasil Ir a un concierto de Prince Muy bien, ya estamos del otro lado, en Brooklyn. ¿Y ahora...? ¿Nos disparamos? ¿Les disparamos? ¿Nos sentamos en el pasto a reflexionar? ¿Nos damos un abrazo? ¿Te confienso mis pecados o qué? ¿Qué se hace cuando uno cree que es el fin? Volvamos, dice Nklass. Ya está anocheciendo y tenemos que llegar a comprar algo de beber y comer.

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De regreso lo mismo pero al revés. Veo los edificios de Manhattan sonriendo pero al mismo tiempo nervioso. Es como en Big Brother, sentimientos encontrados. Cuando llegamos a casa nos encontramos con los demás roomates, que por cierto están resolviendo el problema de la comida porque casi todo lo que estaba en el refrigerador se va a echar a perder en cualquier momento. Por suerte Tatyana ha comprado tres velas, las últimas de la tienda, las hemos distribuido por la casa: una en el baño de hombres, otra en el de mujeres y la última en la barra de la cocina, donde estamos todos platicando. Tenemos además dos linternas pero con poca pila. ¡Ah! Y obvio, nada de aire frío, esto es un horno, nos estamos cociendo como ejotes junto a los chinos, que por cierto han salido a la calle por docenas. Si te asomas por la ventana podrás darte cuenta que está completamente lleno de ellos, andan por todos lados. Parece China más que nunca. Hoy Nueva York es China. China es entonces Nueva York sin luz y Nueva York una bolsa Gucci llena de ratas. RATATA. Ratata-ratata como el nombre del grupo que vi en la tienda de discos y que quería comprar pero no pude porque no traía un peso o como le dijimos a mi amiga yaneht saúl y yo que le pusiera a su marca de ropa. Tatata. Que diga tatata no, ratata. Ratata.

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No nos queda otra más que salir al balcón a platicar y refrescarnos. Nklas dice que durmamos en la azotea pero su idea no ha tenido quorum. Lo que todos quieren es ir a sus cuartos. Yo la verdad no sé qué hacer, de dormir no tengo ganas, menos con los aviones de guerra sobrevolando la ciudad. Ray vuelve a insistir: así también era el 11 de septiembre, se escuchaba idéntico. Todo era silencio excepto los motores de los aviones dando vueltas en el cielo durante días. ***** Las pocas horas que pude dormir soñé con comida. Estaba en un restauarnte y me servían unas enfrijoladas con queso y crema, deliciosas. Luego llegaba un amigo que no había visto hace tiempo y que no quería ver y me saludaba muy emotivo, así como si todo estuviera bien, incluso, ¡súper bien! Por dentro, mientras lo veía parado junto a mí moviendo la cabeza pensaba que este güey era un pendejo o que había perido la memoria. Sin prestarle mucha atención esuchaba cómo me contaba de su trabajo, de su familia y de su nueva casa, así como así, feliz de la vida, así, como si estuviéramos en el 2040 y nos hubieran metido dentro de uno de esos aparatos con pantallas tridemensionales ultra carbohidratadas con hologramas magnéticos que giran en átomos R234-v2 para borrar la memoria.

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Después me retiraba y le dejaba la cuenta y me iba en mi auto quién sabe a dónde. Ya para entonces estaba en casa de un amigo y salía El Negro de un cuarto con lentes oscuros y me decía algo de unos deejays. No sé bien qué pero era algo de unos deejays. Nada malo eso sí, o bueno, de deejays. Luego desperté y ya no supe que pasó con esos deejays y mejor me paré al baño a lavarme la cara y a averiguar qué procedía, cuáles eran las instrucciones a seguir por mis roomates en esta aventura. Votación unánime: primero que nada, comer. Yo, antes, pedirle dinero prestado a Danny. Ahora sí estoy listo, tengo cincuenta dólares en la bolsa, puedo respirar en paz mientras el mundo se viene abajo. ¿Estoy listo para morir? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué com-

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praré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué

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compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré?

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¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué com-

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praré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué com De pronto las letras comienzan a moverse y se alejan más hasta que no puedo ver lo que dicen. Se ven figuras geométricas con destellos de luz y luego me rasco. Me rasco los ojos y el cuello y cuando creo que ya no tengo que rascarme más me rasco la cabeza también. ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? ¿Qué compraré? 

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No todos los restaurantes del fast food de Seaport están abiertos pero el de comida china sí. Ok intentémoslo. One number four with meat and a large Coke to stay please. Cuando terminamos de comer, algunos dicen que quieren ir a la playa, otros a la casa y otros a trabajar. Yo me junto con la comitiva de los que quieren ir a la casa y caminamos hacia allá. Nos detenemos un rato a ver el mar y a los pescadores. Uno de ellos trae un radio de pilas y está escuchando las noticias pero yo no entiendo nada, el locutor habla muy rápido y además me da güeva prestarle atención. Aún así me quedo quieto y en silencio como si entendiera. Durante los comerciales Shaun me cuenta lo que dijo el locutor, que la luz se ha ido en más de diez ciudades debido a una falla eléctrica en la base central pero que la culpa, según dicen, es de Canadá. ¿Cómo es que la luz se puede ir en tantas ciudades? Nunca en mi vida había oído este cuento. No puedo creerlo, menos de los americanos. Están pagando por todas las que le han hecho al mundo. Qué insoportable, no hay absolutamente nada qué hacer. Y como no hay nada qué hacer fumemos. Fumemos y acabémonos toda la mota que tenemos de una vez por todas. Ya qué. Nada importa.

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Uff, definitivamente tengo que comprar un bong igualito a éste cuando vuelva México, que por cierto será muy pronto. Parece que yo soy el que sigue. En menos de un mes tendré que volver a empacar y despedirme de los chinos. Hasta ahora sigo sin encontrar una forma de ganar dinero sin ser mesero o trabajar en una tienda. Tatyana se ha puesto muuuuy high, no para de reírse. Voltea, me ve con los ojos rojos, le da un ataque de risa y se vuelve a agachar tapándose la boca. Cuando Tatyana se ríe pacheca parece china, se le hacen los ojitos chiquitos y estirados como los de mi amiga Daniela, como china. Creo que los black out no son tan aburridos. O más bien, la mota es divertida. A Tatyana le sienta muy bien eso de no tener luz. ¡Demonios! Ternera ahumada otra vez... ¿por qué no? Un par de horas después, ya cuando nadie de los que estábamos en la barra de la cocina podemos hablar, me acuerdo de pronto que hoy, justo hoy, es el concierto de los Dandy Warhols y yo estoy aquí sentadote con el cigarro en la mano.

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Vale madres, el destino se niega a que los pueda ver en vivo. Ésta es la segunda vez que me pasa con ellos. Estoy llegando a pensar que aún no estoy preparado. Con los ojos rojos y así como china, Tatyana me dice que vaya corriendo de todas formas a la biblioteca donde es el concierto por si se les ocurrió tocar de alguna u otra forma y luego se vuelve a reír y me ve y le da más risa y se agacha otra vez. Obedientemente, a pesar de su estado, le hago caso y salgo a la calle apurado. Mierda, no hay que hacerle caso a un pacheco. En el vidrio de la entrada de la biblioteca veo un letrero pegado que dice: The show of the Dandy Warhols was cancelled because of the Black Out. Lo sabía, pero tenía que venir y cerciorarme yo mismo, sólo así termino de convencerme. Es como contigo, ya estoy convencido de quién eres y no quiero volver a hablarte nunca más. Se respira mejor, aire puro. Sentía que me estaba ahogando, ahogando... Do. Do, re, mi, fa, sol, la, si, do. Dooooooos. Do.

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Con la cabeza abajo y el boleto en la mano me voy a dar una vuelta por ahí a ver gente. Esto de que no haya luz ya no me está pareciendo tan gracioso. Estoy comenzando a desesperarme, quiero comprar una cerveza fría, escuchar música y escribir. He estado pensando seriamente en regresar a escribir poemas, eso es lo que hacía antes de escribir en mi computadora y para ello no necesitaba luz. Ahora que si escribo poemas, ¿qué? Sería un poeta. ¿Sería un poeta? No, no lo creo. Un poeta no es sólo eso, un poeta no creo que sea sólo alguien que haga poemas y ya. Un poeta puede tener el pelo largo y usar jeans y sentarse a la mesa y beber una buena copa de vino y hacer el amor y mirar la luna y tocar la guitarra y leer el periódico y disfrutar de una buena película de arte y pasear por Coyoacán. Por eso digo que yo no, yo no sería un poeta. Intento comunicarme desde un teléfono PÚBLICO CON UN AMIGO pero no lo logro, parece que todavía no andan funcionando del todo bien. Lo que sí es que en un rato más me va a dar hambre y no puedo llegar a la casa sin nada, ya todos los víveres y viandas nos las hemos terminado. Seguro debe haber un sitio abierto en Chinta town, algún lugar donde me puedan vender algo. Es lo único que nos queda por hacer en este black out: escribir poemas y comer. Ah y fumar mota.

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Fumar, escribir poemas y comer. En ese órden. Antes de llegar a China Town me topo con un puesto de arroz tai. Me detengo frente a las ollas y pido una orden por sólo dos dólares. Eso me ha parecido perfecto, muy buen trato, ya que además luce delicioso. Ahora sí, ya en Chinta town, mientras voy caminando viendo como se derriten las velas de los chinos junto con ellos en sudor, de pronto –como un milagro– la luz vuelve iluminando nuestros rostros y cientos de gritos de alegría salen de los departamentos. Los niños corriendo bajan las escaleras hacia las calles como si fuese año nuevo, año nuevo chino, obviamente. Yo también grito y aplaudo junto con ellos no sólo porque ya llegó de nuevo la luz, sino porque ya no tendré que ser poeta. Justo a tiempo. 

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XIV. MADONNA O DIOS. MADONNA

Lo primero que veo en la tele cuando me levanto es la cara de Arnold Swachezeneyer o como se escriba sonriendo de nuevo. Hoy sí vamos a un bar definitivamente. Tengo los $30 dólares del boleto de los Dandy Warhols y estoy seguro que pueden hacer que se me quite la sed, sólo tengo que ir a devolver el ticket y podré beberme unas cinco cubas por la noche. Arnold Swatcheneyer luce radiante y sigue sonriendo. Sigue bronceado de la cara y con los dientes blancos. Levanta una mano y saluda. A mí me dan ganas de estrechar su brazo y oír su voz pero doy la media vuelta y camino hacia la cocina y abro el refrigerador y saco el jugo y me sirvo en un vaso mientras pienso que pronto tendré que empacar y despedirme. Así como Arnold moveré el brazo y después regresaré a la ciudad de México. Las despedidas y los finales nunca me han gustado, nunca he sido bueno para ellos. Me resultan difíciles, tan difíciles como escribirlos. Lo que me ocurre es que a la hora de la hora no es como yo lo pensé, no pasa eso que había imaginado; tal vez es porque no escucho eso que quiero escuchar salir de tu boca, y es por eso, que no puedo escribirlo.

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No sé, la verdad no sé, me parece que en eso de los finales nunca lo sé y por momentos me angustia. Pienso en ellos y en la forma de resolverlos correctamente pero ni los libros me han ayudado, creo que es porque nunca llego a leer el final de alguno. No puedo. La religión tampoco a pesar de lo mucho que pienso en ella y en Dios. Pienso, mas no escribo, aunque estoy seguro que lo haré; en el 2040 tal vez, sí, en el 2040, ahora estoy interesado en hacerlo de muchas otras cosas más. Y para ser sincero no creo que sea lo correcto ni lo más lo indicado. Sé perfectamente bien que escribir sobre Dios es diferente que escribir sobre Madonna pero aún así para mí escribir sobre Dios o escribir sobre Madonna no tiene mucha diferencia. Es como a lo que me refiero en esos papeles de Hollywood sobre lisiados o enfermos, no tienen por qué ganar un Oscar, pero la verdad es que regularmente sí lo ganan. Nos llevan ventaja. Y bueno, desde niño siempre me ha atraído más Madonna que Dios. Siempre me gustó más vestirme como Madonna que como Dios. Siempre me gusto más peinarme como Madonna que como Dios. Fue inevitable, a pesar de que estuve en una escuela de padres diez años de mi vida.

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Por otra parte he descubierto que casi siempre antes de terminar de hacer algo tengo que estar pensando en algo más qué hacer después de eso para sentirme tranquilo. Cuando lo hago con palabras sucede igual; puede que nunca lo leas, pero aún así sigue habiendo algo en ese proceso de poner los dedos sobre el teclado y presionar las letras que hace que yo me sienta mejor, mucho mejor. Por ejemplo con esto: sé que no me vas a llamar pero yo tampoco. Ya no. Y la verdad que es que hay algo que hace que me sienta más tranquilo. Tu ausencia. Así que bueno, pronto este final va a llegar y hay que ir pensando qué hacer para que no llegue de sorpresa. Por lo pronto a rum with coke please, le digo a la bar tender en el 169. ***** –I’m leaving New York this Saturday, Suzan. –Ooooh really? Can you stay more time, maybe another month? –No, I can’t. I don’t have more money. –Ooooh Pepe, it’s a shame. Don’t go. –I know. I just wrote an ad in craiglist about my room and the truth is that it wasn’t a good feeling. -Yeah, I know. I am going to miss you.

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***** Unos fuertes toquidos en la puerta de mi cuarto hacen que me despierte y me levante de la cama agitado. Cuando abro me encuentro con Valerie parada con su cara de huele mier-da y con el teléfono en la mano gritándome, con ese sonsonote francés, que desde hace una hora no han dejado de llamar gracias al anuncio que puse sobre mi cuarto en craiglist. Antes de que pueda seguir diciéndome algo más, le arrebato el teléfono y lo cuelgo en su lugar, me doy la media vuelta y con mi acento de naco culero mexicano le digo que me vale madres y que por mí puede metérselo por el culo, y que después de que haga eso, se regrese a su apestoso país. Hasta ahora no me ha vuelto a hablar ni yo tampoco. No me interesa en lo más mínimo volver a cruzar una palabra con ella. Mañana por la noche vienen a ver mi cuarto tres personas, una chava de Israel, un venezolano y un güey de Carolina del Norte. ¿Quién irá a despertar aquí? ¿Con quién duermes tú? Tú

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***** Desde hace unos días para acá siento que el corazón me late más rápido. Y no es por ti. No, ya no es por ti. No sé por qué será pero ahora hay veces en las que de pronto pienso que me va a dar un paro cardíaco y nunca voy a despertar. Voy a morir. El otro día que iba en un auto pensé que íbamos a chocar. Si hubiéramos chocado a esa velocidad me hubiera muerto. Cuando uno muere se acaba todo. Y ya no hay nada. El otro día en el metro pensé que algún loco me iba a aventar por la espalda a las vías del tren e iba a morir. Cuando uno muere se acaba todo. Y ya no hay vuelta atrás. Mucho menos alguien más. ***** Aquí estamos el güey de Carolina del Norte y yo a mitad del pasillo haciendo el recorrido de la casa: éste es el cuarto, la cama, el clóset, el escritorio, el baño de hombres, las regaderas, el sauna, la sala, la televisión con cable, el internet

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24 horas, el aire acondicionado y la calefacción, el dvd, la cocina, la lavadora y secadora, los utencilios de cocina, la terraza y los chinos, sus hijos y los hijos de sus hijos con los hijos de los hijos de sus hijos. Al terminar le digo sonriendo hipócritamente que le llamo mañana. Obvio, yo quiero que tome el cuarto lo más pronto posible para que no tenga que estar pasando por estas situaciones incómodas y penosas. Sure, contesta sonriéndo también y se va, se va dando un salto en el último escalón al tiempo que gira y me ve a los ojos. Hasta ahora noto que trae puesta la playera del equipo de americano de su escuela. Qué pena, hay veces que el deporte no te lleva a nada bueno. Éste es un caso claro de ello. Después de haber discutido durante 15 minutos Suzan, Shaun, Tatyana y yo, definitivamente no es él el elegido para vivir aquí... ¿La sudadera del equipo de americano de la Universidad de Carolina del Norte? Mmmm... tal vez. Yo lo dije, puede que el deporte a veces no te lleve a nada bueno. El teléfono vuelve a sonar. Es Ricardo, el tipo venezolano diciendo que ya llegó y está aquí abajo ansioso por ver el cuarto.

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A él le doy el tour en español, es mejor, mucho más fácil venderle la idea. Además es simpático. Nos ha aceptado una cerveza después de ver el departamento. Dice que toma el cuarto, que le queda muy cerca de su trabajo y que necesita rentar algo en menos de dos semanas, todo un reto en Nueva York. A Suzan parece gustarle la idea pero sobre todo Ricardo. Cuando se va al baño Tatyana dice que no está nada mal y que por ella él es el elegido. Suzan, por supuesto, la apoya. Well, I think we have a winner, another latin and not a french, digo levantando mi cerveza en alto para brindar con mis amigas. ¡Viva! Así, en español, gritan Tatyana y Suzan con su acento de chica de Iowa haciéndole segunda. Mañana iré a la oficina del venezolano por el cheque del depósito para que Suzan se lo mande a Dino y no tenga yo que pagar nada extra. Por la noche iremos a emborracharnos al 169 para despedirme y al día siguiente me iré de vuelta a México... Otra vez.

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***** Miaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaau. Este es el tiempo que aguanto diciéndo miau sin respirar como el gato GC.

Este es el tiempo que aguanto sin ti.

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XV. YO NO SOY ESCRITOR, TAMPOCO

Escribir se ha vuelto más complicado. Al parecer me importa menos, como tú o como aquella canción que pasaban en la radio cada veinte minutos. Primero era divertida y hacía que me parara de la silla para bailar; después me hacía mover sólo la pierna; y al final, tras escucharla miles de veces, hacía que le cambiara de estación. Y es que así me pasa, se me va olvidando porque encuentro mejores cosas que hacer fuera de esta pantalla y este teclado. Me parece que eso es lo que más admiro en un escritor, no me importa mucho si es bueno o malo, a fin de cuentas no voy a leer su libro, lo que en realidad me impresiona es cuánto tiempo puede pasar frente a una máquina dejando que las luces, la gente, los autos y los perros pasen. Yo por eso no soy escritor y creo que nunca podría serlo. Tampoco puedo cuidar una mascota y ni quiero. Nunca me han gustado. No soy bueno para acariciarlas y mucho menos para cargarlas. Simplemente los animales y yo no nos llevamos bien. Por eso no soy escritor. Mejor fumemos, eso me sale mejor. Fumemos lo que nos queda antes de partir y decir adiós que esto se ha acabado. No quise trabajar en un restaurante, no tengo un grupo

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de rock ni de electroclash, no soy artista, árabe o chino. No tengo papeles y no soy actor. No puedo hablar inglés por completo, no soy modelo, no sé diseñar un vestido y no tengo ropa de invierno. Entonces, ¿qué hago en Nueva York? Esperando volver a casa sabiendo todo aquello que no quiero ser para poder ser lo que se supone que soy. 1. No ser escritor 2. No ser empleado de un restaurante 3. No ser chino ¿...en que terminará esto? En el fin. He terminado de empacar, es hora de dormir. El 169 tendrá que esperar. *****

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Me resulta casi imposible levantarme de la cama. Ayer fue el cumpleaños de Napoleón y fuimos a comer de nuevo a la Marquesa –donde, por cierto, todo comenzó– carne asada, salchichas y quesadillas. Estaba lloviendo y hacía mucho frío. Yo platiqué con el Mangueras mientras hacía el guacamole e Ivan se preparó varios vasos de mezcal con cerveza. José me preguntó si había leído los poemas de Mario y le dije que sí y luego me preguntó sí me habían gustado y le contesté de nuevo que sí, que sí me habían gustado. Distrito feddera l, méxico Por la noche no pude dormir, me dolían mucho las piernas y los brazos y ni con una aspirina que me tomé se me quitó. Hasta ahora me duelen un poco menos. Hasta ahora que veo a Silvia Pinal y Joaquín Cordero en la televisión desde mi cama pienso seriamente que hace mucho tiempo no veo un chino. Y me preocupo. Porque a Arnold Swacheneyer, sí. A él lo vi la semana pasada en Terminator 2... ¿Por qué? Porque es el fin.

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UNITED STATES OF AMERICA OF THE WORLD OF THE UNIVERSE OF THE BLAH BLAH BLAH....

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ERRR BOOK #02

Arnold Swazchzeneyer, o como se escriba, en China pero en Nueva York Jos茅 Pedro Casanova, 2014 errr-magazine.com

Correcci贸n: Juez de Hierro


¿Cuántos muertos habrá en el mar? ¿Cuántos muertos llevo yo? Demasiados muertos últimamente. Demasiados DJs. Demasiadas marcas. Demasiados grupos. Demasiados chinos. Demasiadas máquinas. Demasiados canales. Demasiada leche. Demasiadas cuentas. Y otra vez. Demasiados muertos. Demasiados DJs. Demasiadas marcas. Demasiados grupos. Demasiados chinos. Demasiadas máquinas. Demasiados canales. Demasiada leche. Demasiadas cuentas. Eso fue divertido. Intenté levantar las manos en la bajada más empinada pero no pude. Así como tengo la idea de que alguien me puede disparar en cualquier momento, tengo la idea de que un día de éstos el carrito de la montaña rusa va a salir volando conmigo adentro y voy a morir. No sé si he estado viendo demasiada televisión americana o fumando demasiada mariguana americana. Pero el mundo me está observando. Demasiados muertos. Demasiados DJs. Demasiadas marcas. Demasiados grupos. Demasiados chinos. Demasiadas máquinas. Demasiados canales. Demasiada leche. Demasiadas cuentas. Demasiado demasiado. La chica neoyorkina nunca apareció. Me voy a casa.

ERRR Book #02  
ERRR Book #02  
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