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ACTA DEL JURADO PRIMER PREMIO IBEROAMERICANO DE POESIA JUEGOS FLORALES DE TEGUCIGALPA En Tegucigalpa, Honduras, siendo las 14:30 hs. del día 28 de enero del año de 2011, se reunieron los miembros del jurado del Primer Premio Iberoamericano de Poesía “Juegos Florales de Tegucigalpa 2010”, para designar al poeta ganador. El jurado estuvo integrado por: José María Muñoz Quirós (España), Rigoberto Paredes (Honduras) y Blanca Luz Pulido (México), quienes después de haber leído las diez obras finalistas del mencionado Certamen, y realizar un cuidadoso y exhaustivo análisis de ellas, emitieron por unanimidad el siguiente fallo: 1. Conceder el premio único del Certamen a la obra presentada con el título: “Hay quien se despide en la arena”. 2. Abierta la plica correspondiente en presencia de la abogada doña Lorenza Durón y del doctor don Jorge Alberto Amaya, resultó que la mencionada obra pertenece al poeta Luis Manuel Pérez Boitel, de Cuba. Las razones por las cuales el jurado dictaminó a favor del libro ganador son las siguientes: - El lenguaje poético muestra un dominio de diversas modalidades expresivas, desde formas breves y sintéticas hasta poemas extensos, cargados de una interesante densidad connotativa. - El libro posee una estructura interna articulada en partes que se complementan en su diversidad y autonomía, formando un todo armónico, dentro del cual cada poema, si bien puede leerse de manera independiente, se va enlazando con los demás para crear un universo verbal pleno de paradojas y contrastes. - Los temas abordados en esta obra revelan una visión del mundo multicultural, polifacética, a la vez anclada en la tradición y atenta a las innovaciones literarias. Aunado a lo anterior, el autor logra transformar sus experiencias vitales y estéticas y hacerlas desembocar en los poemas de manera atinada y eficaz.

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- Otro acierto importante de la obra es la apreciación de lo plástico en muchos de sus poemas, consiguiendo así la recreación de mundos lejanos y sutiles. Por todo lo anterior, el libro “Hay quien se despide en la arena” constituye una propuesta poética de gran altura, propia de un autor en plena madurez creativa, que seguramente enriquecerá el lenguaje poético iberoamericano actual. El jurado desea dejar constancia de su reconocimiento al esfuerzo del comité organizador de este certamen, en el cual compitieron 628 poetas de habla hispana del mundo, a todos los cuales se agradece su participación. Así mismo, queremos destacar la calidad de los trabajos finalistas preseleccionados. Tegucigalpa, Honduras, 29 de enero de 2011.

Miembros del jurado

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LA DESPEDIDA DE LOS DÍAS DE ARENA Por José María Muñoz Quirós

I La poesía se vislumbra en la palabra, evocándose en el interior fecundo de su dinámica, en la raíz profunda de su nacer. Cuando el lenguaje se dispone para ser conductor de lo poético, se actualiza ofreciendo en su peculiar construcción una manera diferente de nombrar el universo, en la indeterminación luminosa del abismo intenso en el que surge su existir. La poesía es una inconsciencia ritual, el resultado de una transformación precisa y exacta, de un universo de sueños imposibles: el poema se mueve en la luminosidad de lo incontenible, en un marco de sílabas nuevas, de referentes intensos. La retórica de estos poemas se asienta en lo rítmico, en el misterio que despiertan los paisajes de lo intuido, la música que escribe el pentagrama de la voz interior, la sutileza con la que las palabras son parte de un cosmos donde prosaísmo lúdico se asoma al abismo que nos enciende sus versos. Hay quien se despide en la luz, y entonces una intensa llamarada de claridad ciega los sentidos para perderse en los túneles del misterio. En el laberinto de ese sendero se dibujan las eternas preguntas a las que nada puede dar respuesta, los enigmas que nadie conoce. Sólo el poeta, desde su mirada atenta intuye el itinerario por donde ha caminado hasta el horizonte que divisa más allá de su lenguaje, de su irracionalidad, de su invisible dominio sobre la realidad. “Sólo el poeta se esquiva, una y otra vez, ante la vil tela de araña que hacen los días /al sucederse…” Y es en esa huída del tiempo sucesivo donde crece la mirada de luz del poeta, entonces se sumerge en la búsqueda incisiva de lo imposible, de lo que nadie puede robar de su reino de pájaros, de su bosque de árboles donde la primavera despierta, hasta que la noche envuelve con su oscuridad todo el verano fecundo de las palabras.

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II Hay quien se despide en la arena es un libro cíclico, lunar, redondo: desde lo deleitable que predomina en la casa del poeta, desde la despedida, esta vez en la arena de la memoria, ese lugar donde se escriben los nombres que creemos fielmente, búsqueda ilimitable del tiempo fugaz que ya nada detiene, en su instante perdido, en su lugar exacto, en la fe que nos impone la belleza. Viajero siempre por la geografía de lo amado, por los lugares que huían sus pasos hacia el abrevadero de la complicidad. No hay lugar para la pausa del deseo de vivir: París, Toledo, Santiago de Compostela, luces del ocaso tembloroso. Todo se disuelve en un rito donde un niño mora, donde las cosas se transforman en un “angosto sitio para la infancia” terreno que pisa ese prófugo viandante por los aledaños de la vida. Pudo despedirse de su sombra y transformarse, tal vez, en la sombra oscura de un poema. III La muerte asola los caminos, sale al encuentro de la palabra para asesinar sus ritmos. Puede llegar a “dispensar incluso esta arena donde uno llega a despedirse”, y que la nostalgia (esa fuente de aguas calladas) derrame todos sus chorros en sus poemas hasta provocar una inundación de melancolías. Y entonces, hacer surgir el azul cambiando todos los amarillos del mundo en océanos cubiertos de barcos, viajar en el súbito presentimiento de que habitamos un mismo espacio, de que ocupamos el mismo sitio en el vuelo hacia las ausencias. El poeta ha detenido su paso para mirar hacia atrás con los ojos cubiertos de memoria destruida. En la hora cero se abre el pasadizo de las preguntas más hondas. Hora donde se escriben los poemas de la desolación. Como cuando viene el pájaro desde la lejana rama donde habita. Pájaro del sueño, pájaro que se alimenta de tus manos y dormita en las noches. Pájaro de los cauces donde la belleza bebe sabiamente en los paisajes de oriente.

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IV Un libro de ternura escrita en las manos del extrañamiento. Viajo hasta las imágenes tortuosas del poema, hasta la obsesión. Y se repiten las circunstancias, los mundos construidos, los muros derribados, los adioses que no tienen retorno. Me conduce el obseso pájaro del dolor. Se siente el máximo dolor revestido de ausencias. El vacío llena muchos versos de iluminaciones vanas, de espejos ciegos que nada reflejan ya. En el laberíntico universo de este libro habitan los supervivientes del fracaso, los que no pudieron suicidarse a tiempo, los que se sientan en el tránsito de la muerte y ven pasar a los herederos de la victoria. Y Anaïs Nin, y Eugenio Florit, y la misteriosa Emily Dikinson pasean de la mano de Jaime Gil de Biedma por las bibliotecas ardientes de los sueños, por los andenes donde los trenes van hacia la memoria como los barcos van hacia las aguas de los mares. Y cuando Silvia Plath sale de su escondite para parecerse a los interlocutores de la extrañeza, a quienes apenas saben escribir un verso que pronuncie sin miedo José Martí o José Lezama Lima.

V El metalenguaje de lo lírico abre senderos de oníricas sombras, la cadencia del pensamiento y el sabor de las imágenes que se superponen en los límites de un lienzo blanco nebuloso, producto de plurales lecturas, de reflexiones agónicas. Se va cerrando el círculo de fuego, la pisada de arena, la despedida de un tiempo en otro espacio. El que iba a ser está esperando simplemente el turno, la ocasión, el destino que deja la sombra de los días, la vida que se asienta en el predominio de la voz. Y enmudecer definitivamente. En ese instante hay quien se despide en la arena, padre del corazón, padre de todos los días vividos en este universo

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por ti dibujado, por ti hecho luz y tierra en la memoria. Me he sentado contigo a contemplar la belleza y, siendo un viaducto prófugo, símbolo de la casualidad, apostar por la terrible y honda soledad del hombre en sus abismos, del hombre asistido por la música, por el exacto y eterno lugar por el que camina siempre, atado a la espera, derrumbado en la espera. Voy contigo, de la mano, atravesando los puentes donde habitas ahora en soledad, hombre mínimo, hombre desertado de la luz, hecho desolación en la soledad del que siempre espera. Poesía para sucumbir en el mar de los días contemplados con los ojos que habitan la luz, para escuchar la libertad que a veces se escribe desde el hondón del alma. Busco tu despedida y la arena me escribe un nombre en sus cuadernos de soledad. Busco ser yo en la diáfana luz de una hermosa despedida en los confines últimos del silencio.

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HAY QUIEN SE DESPIDE EN LA ARENA

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A mi padre, Anastasio Pérez, por esa extraña forma de despedirse. A mi madre, para que busque entre estas palabras un árbol.

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I sacrifice this Island unto thee, And all whom I loved there, and who loved me; When I have put our seas `twixt them and me; Put thou thy sea betwixt my sins and thee. As the tree’s sap doth seek the root below In winter, in my winter now I go, Where none but thee, th´ eternal root Of true love I may know. John Donne

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las bestias ciegas detienen el cauce del río, emergen conspicuas imágenes del rencor entre los hombres. imborrable ciudad esta parecida a la de los libros sagrados, undosa es la ciudad frente al paisaje medieval, y son falsos los árboles y el país que advierto en tus plegarias; / solo el poeta se esquiva, una y otra vez, ante la vil tela de araña que hacen los días al sucederse. la argamasa de los días. yo hubiera partido hace mucho a un extraño Oriente, pero son arenosos los paisajes y grotesca la imagen del pájaro que ha quedado en el laurel; amordazado, inasible, casi en la penumbra, en fin, casi. i)

raro es el pájaro en busca de otro cielo por lo inasible.

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ii)

la primavera despierta en una esquina del árbol viejo iii)

fin del estío: las raíces del sándalo frente a la noche. iv)

luna de otoño. tiene algo que decirnos el fin de siglo. v)

con la luciérnaga esta noche nos brinda un hada nueva. por eslabonados paisajes seguían al séquito, la palabra Cibeles en la venidera estación en que el poeta advierte / el aullido, la bagatela, distante ya del vórtice. la novísima hormiga rehúsa el encuentro y encumbra por todo el país la escasez, /un baldío escenario. himno litúrgico: ven mano poderosa, hacedora de lo frágil. toma en el escamoteo de la sombra la voraz mirada del niño que descubre que ha llegado a un sitio lejano. /que tu mano sea una mano alargada y difusa, hábil manualidad del creyente, imposible tierra que viene ante mí, y yo, minúsculo, dibujando la hormiga que escapa, frente al vacío.

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las trasnochadas sombras no justifican la corriente indetenible del tiempo cósmico. unos pájaros agujerean la endemoniada fronda, y la consumen en desiguales fragmentos, mientras el tiempo sádico / se empequeñece y se sienta como un animalejo dispuesto a obedecer. la tierra toma el cauce de las aguas verdinegras. el viandante viene con las provisiones por el inigualable camino, estupefacto. / dramática es la hora final para el viandante que no esperó ver su sombra de extranjero a unas millas de la noche como un tratado apologético donde las criaturas escapan: 1

según la vida pesa las cosas, hay cosas que bien pudieran tener una mejor definición. 2

hurgar en el vacío es mejor que ignorar el vacío. 3

busca en el enemigo, en qué se parece a ti. 4

escurridiza es la imagen de la belleza, advertir lo no escurridizo es algo atroz. 5

en casa del poeta lo deleitable es la palabra.

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no imagines que eres tú el único viajero por el trasmundo, difícil es el limbo del que parte. 7

escucha, hay un abejorro en el hálito de tu cuerpo. escucha: hay algo en el cuerpo cerca del fin. 8

las criaturas aledañas han salido del caos y ya cansadas regresan al caos. 9

arte minimalista: los cuatro jinetes del Apocalipsis pudieran servir en un poema redondo y otoñal como santuario de la última palabra. 10

hay quién se despide en la arena y deja en la arena un nombre como si fuera este un acto de fe, de búsqueda de otras palabras que están en ese mismo lugar, pero en otro instante. vamos a retirar –ahora sobre la arena– la alianza de los cuerpos. los adagios para fundar la ciudad, el confín. / escucho los estertores del país. en tales debatimientos la sombra nos cobija del invierno. inigualable es la ciudad para ti, la desazón, la gloria circundante. afuera llueve, y tal parece el paso de la Erineas lo alegórico a todo lo circundante.

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como en la catedral de Notre Dame el daguerrotipo del vigía que pasa justifica lo agónico del relieve, estas criaturas aledañas que han quedado como los amantes de Teruel, en su desmedido amor, en su andamiaje, para que otros digan aquí están las bestias. por favor, resiste. al amparo de tu desmedida irreverencia vas perdiendo la casa, el amigo predilecto / que nunca apostó por estos raros pasajes. mientras la tempestad hace lo suyo, en el fondo, el poeta queda distante del festín, como si el cuerpo no fuera su cuerpo, la corriente, tal parece que el Tapiz de Bayeux tuviera algo que ver las salvajes criaturas con la ausencia.

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tú, hombre minimalista, otra vez cruzas como indomesticable criatura en busca del vacío, la soberbia, pero no hay algo más / memorable que ver cómo tus hijos crecen y pasa un invierno y otro, y los ojos que te miran son los que observaban el ayer, cuando tú, apenas hombre mínimo, ibas en busca /de una supuesta ciudad, en estas naves. no dejes ese instante de contemplación (de rara belleza?). créeme, es este el juego: u n h e r v i d e r o c r u e l p a r a e l q u e p a s a / contra el tiempo, todo.

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detrás del raro cortinaje, la secuencia fue el vicio ante el gobelino relieve, donde el hombre ha caído en un disparo fugaz e irrepetible. tú esperabas las cartas donde la complicidad fuera el poema mismo aferrado / a la tradición. nada podía hacer yo. viendo aquel niño en la avenida, el automóvil que se aleja. el oficiante ha salido por esa desembocadura. estaba en Toledo, los diminutos árboles, los ralos árboles, desde aquí me impiden tal aproximación, la perpetuidad supuesta de un cuarto de hotel. /desde el móvil, la secuencia del número es imposible, la secuencia del número delata el fugaz instante donde intento el salto. un salto para salir a la calle. un salto para ocuparme de mi ausencia. un salto también para dejar la ciudad con un salto de miedo donde el niño ocupe un lugar memorable y logre evadir, sobre la ceniza, la extraña paz. voy de prisa. delante de mí otros van de prisa. la ciudad se ha convertido en este momento, en un ser irreverente, que salta al fondo.

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en la catedral de Santiago de Compostela, imagino el monte Tabor, la penitencia. en el pórtico de la gloria, el escultor se disculpa de San Daniel cuando su sonrisa detiene. en la abigarrada piedra /los cuerpos cruzan en un juego de miradas algunas palabras. el maestro Mateo debió suponer el ritual del pórtico; tal como el amanuense, los profetas edifican allí la transfiguración de Cristo, misterio teológico este que escapa de los cuerpos y de los ojos del turista que pasa con aires de majestuosidad /ante el Pórtico de la gloria.

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los días interminables: sobre la casa se edifica el silencio, el ritual de los primeros años, quizás los últimos años. / ya no busco un París para esconder las saudades, la plenitud, el aire lejos de la turba. el árbol que florece allá no retiene la nieve efímera y coloquial de estos raros estuarios. una madrugada en una cafetín de un bulevaresco pueblo, puede servirnos para naufragar. una quimera, esos son los arbolitos de navidad que nada me dicen, quizás dicen del vacío.

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sobre la casa, has dicho, hay algo de carencia, de miseria escondida, de angosto sitio para la infancia, yo que no busco un París, ni cantábricas costas; quién tendrá razón para ocultar estas monedas, una cerveza amarga que nadie imaginaría.

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no dudes de los cuerpos. la vanidad de los que se alejan es un misterio. daría lo mismo verlos pasar y creer que han colocado un árbol de navidad diferente. aquí, la madrugada me reconoce y me olvida a la vez, me traiciona, estoy tan distante de ese mare nostrum que imposible pueden ser estos días cuando la lluvia hace un raro divertimento sobre la tierra. /la tierra de la isla que ahora yo desdibujo como si fuera posible adivinar desde la casa el aire verdadero, un Paris diferente sin arbolitos de navidad y la gente que se aleja, q u e c o n s t a n t e m e n t e s e a l e j a .

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tú, hombre minimalista, las criaturas aledañas son como un mar de fondo, un caos, una forma de vida edificada para el que va a tomar un turno; y descubre que al final tu padre esperará por esas monedas que alguien va a olvidar contra todo pronóstico, sobre una mesa de un cafetín, con la mudez de un rostro que se levanta y después cruza en sentido contrario.

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HAY QUIEN SE DESPIDE EN LA ARENA

I

en Armería tomé un tren. la estación tenía un cafetín, una especie de buhardilla, donde la gente se reconoce y se despide. así pasé la primavera de 1997. esos cuerpos disfrazados transitan igual por las innombrables calles de mi ciudad, después que los techos se humedecen, la multitud espera el milagro (un milagro?), bajo el milagro mismo de la turba donde vi pasar una sombra, otra sombra, sinuosa sombra donde yo era el extraño, el hombre que llegó a un cafetín y preguntó por otro hombre que ya era sombra de antemano, que nadie conocía realmente, pero que estaba allí bajo una ventana a la que no pude llegar. en Armería.

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POEMAS LIMINARES 1

en el despavorido territorio la gran alianza se enseñorea sobre el cuerpo que ha dejado de pertenecernos. amuleto para la buena suerte tras mis pasos, fantástico lugar que se distorsiona en el poema, como daguerrotipo del poema, bajo la grava, en el submundo del poema mismo, animal malherido, gélido, doméstico diría para ser más contemporáneo, que nada sabe de mí, que se alimenta de mí como madre nutricia, allí donde transcurre la sierpe un hombre ocupa el turno y el despavorido terreno queda en la palma de la mano, entre sahumerios, luces arcanas, países que solo existen bajo las curvas finísimas del invierno. 2

transida por la ensoñación, fenece el ave sobre un árbol. diluvio que la mano esconde de un ritual, frente a lo impropio, tártaro cielo, divertimento de su sino, cóncava luz que agujerea el paisaje, ya inerte, ya sobrehumano . intima ceremonia que Ofelia dejaba con el dibujo de ayer. tenía un raro presagio, una especie de airecillo sempiterno, allá donde la noche pierde todo soporte, el albur, su equilibrio, el equilibrio de los cuerpos, el equilibrio de los cuerpos que pasan de largo, el equilibrio. transida por la ensoñación la muchacha en el parque escribe estos poemas liminares, ciega la madre dice vivir en un país y se juega el todo. allá, bajo el álamo del innombrable noviembre Ofelia ve cómo el ave se adentra a un reino y después muere. 3

en el diluvio de la mano escapan los países nunca antes visto. tía Margarita tiene unos mapas de los siglos pasados, por aquí atravesaron los vendedores de ceda, los escanciadores, los recolectores de lapislázuli en una antigua

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travesía. piedras de oro, aguamarinas y otros artificios dejaban a su paso en las aldeas que como santuarios fueron renegadas al olvido, a la dicotomía que impone el olvido. olvido de los hombres. olvido de la noche que juega un papel tangencial, en el olvido que hacemos de nosotros mismos. ahora que estoy en el Zócalo he visto una catedral edificada bajo otra, especie de poderío contra el tiempo, mala jugada del hombre de ayer. allí un templo azteca me conminaba al límite, a la heredad de los límites, en los más cercenados mapas, en la rutina de otros mapas, esas franjas fueron la demostración de un tiempo inerte, de raras deudas, paganas deudas. dicen que debajo del Zócalo se esconde toda una ciudad precolombina, una ciudad que se edifica sobre otra como Torre de Babel . tía Margarita tenía esos sortilegios, en aquellos países que semejaban ocultarse de todo, mientras la calle insurgente me obligó a detenerme en la Barranca del Muerto, a unas millas, me quedé imaginando estas dos ciudades que dejé atrás para arribar a una especie de teoría sobre la superposición de las cosas;. extraños reinos donde uno va repoblando todo lo que quedó en el ayer, en el más reciente ayer, ahora mismo, como una especie de poderío contra el tiempo. 4 al final de la bruma, donde se ahonda la noche con los pasos de un desconocido, he visto el rostro de la muerte muy cerca, decía llamarse Stefany, Gabriel, Armando, entre la podredumbre y estos días de cábala. no miré atrás pero seguía en el vendimiador refugio aterido a liliáceas sombras, como si fuera un animal que respira y uno siente las sajaduras de un silencio atroz, la sangre que escapa hasta llevarte el aliento, los estertores, el peso de un cuerpo que te muerde la carne y arranca tu pulmón, una especie de broma para que aprendas a morir de una vez. así he visto en el encalabozado las palabras perfectas, llamarse Stefany, Gabriel, Armando e imaginarse que uno va por el jardín de la infancia, encumbra de un salto la casa vacía, se va despidiendo de todo, en la nívea sombra, órfica sombra, del que ha visto la muerte, de soslayo, a contraluz, y se cree feliz por el duro acto. su naturaleza dual. el que está pendiente de la cuerda se persigna. han tocado en las rejas por donde escapa Stefany, Gabriel, Armando. así el que llegó después limpia sus manos en un muro, el que ha visto la muerte tan cerca entrega su pulmón y sigue.

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HAY QUIEN SE DESPIDE EN LA ARENA II bastaría observar los disímiles jarrones, las cerámicas puestas a contraluz que nunca almacenaron las mieses, ni el agua de las primeras lluvias de mayo. pudiera eternizar las legiones, la maraña que forma el hilo de la luz por esos vericuetos, dispersar incluso esta arena donde uno llega a despedirse. estos cántaros que no fueron traídos ni de Persia ni acompañaron a ningún rey en su santuario tienen la realeza de otro mundo. semeja el azul aquel otoño predilecto mío, y hasta en los trillos de la casa la nostalgia pasea humildemente.

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RAÚL ZURITA Oí un cielo y un mar alucinantes, oí soles estallados de amor, cayendo como frutos Raúl Zurita

cambiar el amarillo, el del canario, por el azul. cambiar después el azul como si fuera la solución para los que no están en la misma isla, golfo de isla, divertimiento del azul, en su traje de mar, de cementerio de embarcaciones endebles, obligadas a residir allí, a configurar un reino. vendimiadora receta para equiparar el canario por el azul que lleva más horizonte a cuesta, otros cardúmenes dibujados por la mano temblorosa que dispara noticias, en el relente, la magra realidad, el hombre que ocupa un sitio en el país y cambia el amarillo por el azul, el amarillo por el país, el azul por otro país de aguas matinales. oí que habías estado bajo otras residencias y la mano que ahora mismo no puede decir nada a su favor, pues es día de misa en chile, nos ofrece hoy la noticia, la solución para los que no están en el mismo lugar del mundo y se creen que comparten el mismo lugar del mundo, que cambian así el amarillo, el del canario, por el azul. oí cardúmenes de noticias en el amanecer donde el canario seguía siendo el canario y el azul seguía siendo el mismo fetiche de libertad, el mismo reino como el de esos barcos que nada podrán ofrecer al viajero, que ya nadie imaginaría pues están en un extraño silencio. creer así que alguien quiso golpear ese destino, ir al mercado más popular de una ciudad y cambiar el amarillo, el del canario por el azul, compartir el mismo lugar del mundo.

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TABLA DE SALVACIÓN en la pátina del sitio, grotesco queda el aliento, el aliento del encalabozado, del suicida, que ha visto con sus propios ojos la noche caer sobre su cabeza. que ha visto dividir el tiempo en esos raros amaneceres en la isla. cerrar del todo la puerta es un acto para el que no tiene cabida fuera de ese paisaje que se han inventado los hombres. Eida tenía pasión por esos raros bergantines que se hacen como tabla de salvación, para estos horizontes. yo sigo creyendo en que el mar es una pieza única para guardar el silencio, un algo. no hay mayor precisión que sentir el viento a barlovento cruzar a contraluz, especie de islas pequeñas, islas diminutas para el que no logró alcanzar el tiempo real, la puerta como salida definitiva, como tabla flotante sobre estos versos. Eida, que ahora no me escucha conoce de ese fingimiento, ahora guillotinado por las palabras, por los hombres que vinieron después por creerse diminutos héroes de la contienda, y empezaron a escribir contra los poetas. difumino la luz, a contraluz, si queda algo de luz. tabla también de salvación, escondrijo para el que solo vino a confirmar con silencios y palabras lo que había a favor y en contra de estos amaneceres que ahora quedarán sobre tu cabeza. es usted un viajero incontinente por estos pasillos, a la deriva. en la pátina del sitio, sepa de una vez que ya no hay nada que buscar.

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en la hora cero los sirgadores llegan por donde arremolina el invierno las hojas del traspatio. mi padre, pudiera ser que no estuviera en la casa, que no estuviera en estas profecías, que en el aceite la luz zigzagueante ya desdibuje los lugares de rara apariencia que se escapan del poema mismo, como se escapan las aguas del país. el agua matinal. el agua que nunca podrá ser descubierta por los escanciadores. bajo los tordos, efímeras moradas, aferrados a las cabalgatas los que llegaron hasta aquí hablan de un paisaje con ciertas limitaciones, con ciertas pertenencias, pero no logran descifrar el horizonte verdadero, el recodo preciso donde Eida descubría un silencio inusual que se repetía en los arces y ya en el atardecer, entre dos luces, se hacía palpable a los ojos del que llega. mi padre, pudiera ser que no estuviera en la casa, que no estuviera en estas profecías. pero el agua hizo el país, llegó a mis pies como si fuera un país en el despertar de un país, en su hora cero.

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MUNDO DE PÁJARO en ascuas el pájaro del sueño clava en tu memoria un signo y amaneces con la lluvia de todos los veranos en la Isla. si miraras el espantoso aire de soledad, su hierático paso por la contienda, el pájaro del sueño te hablaría de la brevedad de la existencia, de esa belleza que son dos rostros cuando se instauran en lo semejante, en el vértigo mismo, entonces te serán insuficientes las noches y el pájaro del sueño golpeará tu corazón como si fuera el estiércol de la mañana, la dosis exacta para que la soledad no sea esta casa mítica, ni la huella por la belleza que el pájaro del sueño ha robado en tu nombre.

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PAISAJE DE ORIENTE en el aullido del que escapa hay un rastro de sosiego. por la vestidura que hace la sombra frente a nosotros mismos, en su reminiscencia, un país no es un país sin esos labrantíos horizontes que me llevan al oriente, donde el marabú reina, difícil es el merecimiento. la tarde misma, se enseñorea en los pantanos sobre el tórrido cielo. difícil oriente para el que me sigue, inverosímil silueta del que ha quedado dormido en rara penitencia, mirando el mapa del país, la luz misma que cubre todo como si el tiempo fuera duro, y la casita de cal que se dibuja en el horizonte fuera algo insignificante para los ojos del que pasa. –dime tú que has arrancado del pecho las magras noches del país, hasta dónde llegará el paso de la turba. tiempo aciago este, delimitación de tiempo: paisaje nunca antes visto. caminando en la arena, escapo de mi mismo cuando la soledad me abraza, hierático es el paso que me aísla y nada sé del oriente, ni de la Torre de Babel. frente a la ciudad, hubiera yo sido tu amante, en el estío, vagamente en el estío, en la sombra que dejan los danzarines, en la sombra del que vino antes que yo, hubiera sido la noche única, y como la noche única te hubiera tomado en estas arenas del oriente, en estas arenas negras. –dime tú que has arrancado del pecho las magras noches del país, hasta dónde llegará el paso de la turba. tiempo aciago este, delimitación de tiempo: paisaje nunca antes visto.

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MAPAMUNDI Ahora será el momento de volver al dibujo de la ausencia mítica. Lina de Feria

todavía tengo el ecuestre salto sobre el mapamundi. una sensación de dicha he visto en los ojos de aquella muchacha gris como la tarde, una rara progresión que la soledad depositó en nuestra manos. duro es el oficio. estos paisajes. la vendimia. aunque no seamos el mejor celador que golpea la piedra y nos regale figurillas de un extraordinario merecimiento, a mansalva de estos días tuyos, daguerrotipo que no pudo quedar entre el graffiti de un andén, en ese rostro estatificado del que simplemente está esperando el salvoconducto, estos días en que con toda intensión uno se hace un sueño y solo ve que amanece en los tejados colindantes pero el sueño no se hace realidad, es un sueño fatuo, mínimo para estos veranos. y uno escribe un poema que delata la tierra que ronda tu cabeza, el lugar exacto del crimen, la casa misma, el mapamundi, la hora en que vas a morir. difícil estación para el que no vio del lado de la sombra las manos temblorosas que nada saben del invierno y mucho menos que nada saben de la muchacha temblorosa también, que lleva unos versos a la ciudad, a contracorriente,

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unos versos donde se definía lo agónico, una especie de tauromaquia donde la desolación es un sueño más, y uno solo ve que amanece en los tejados colindantes, y que el tren llega al punto exacto del andén donde no quedaría más remedio que despedirse, mientras Lina afirma que ahora será el momento de volver al dibujo de la ausencia mítica, sigo creyendo que no hay en verdad una distancia para sostener esos lances de fe, que es demasiado para un cuerpo el inequívoco salto ante la turba y la soledad, para inventarse un poema de amor para Sebastián y allá donde llega supuestamente el tren, donde una mujer desconsolada busca a su hijo con su levita y sus brazos temblorosos como diciendo adiós, como diciendo hemos llegado, la suerte está echada, ven hijo mío, ven a mis brazos que no conciben más lealtad que esta, mayor perfección que esa mirada de angustia y amor que marca el encuentro, el poema se detenga en esa ausencia mítica.

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UNO. DOS. TRES en los adoquines, el cuerpo escapa. empequeñecido el hombre lleva una botella de ron y una culpa (¿extrañas pertenencias?). difícil ha sido el dibujo que impone la ciudadela. se cuentan unos pasos. uno. dos. tres. reía desde el automóvil, viendo por el espejo del retrovisor, imaginando un ritmo en esa secuencia que hace el automóvil con las cosas que se dejan atrás. el big-bang por la rutina que deja de ser de uno, un mundo suprasensorial por encima del mundo de las idea la puerta de un mercado un cuerpo que ha caído, un cuerpo réprobo, indefinido por la contienda que resulta el sentido inusual de contemporaneidad del cuerpo. está allí, cerca de unas barandillas, lleva un libro de Kafka, pudiera incluso ser Alberto, pero por su mirada fija sería imposible nombrar con esos disfraces que hace el hombre cuando concluye toda ceremonia y pide todo el dinero del sitio, toda la gloria de un reino. la multitud se disipa. uno. dos. tres. desde el automóvil, por el límite del espejo del retrovisor, todo marcha y todo empieza a empequeñecerse a partir de un cuerpo, un hombre que está allí ante la mirada indiferente y logra escapar de una vez. la familia es también algo distante, nadie hace preguntas y uno queda sin reconocer al que ha caído, al que está frente al mercado, casi es un punto desde esta secuencia, un hombre es un punto, una diferenciación de cosas que resultan a la vez una complicidad de tiempo, de rostros que no logran aparentar la naturaleza misma que lo encierra, pero el hombrecito está allí frente al mercado con una camisa que se te va borrando de la mente, de toda posible circunstancia, del espejo del retrovisor, del auto mismo. uno. dos. tres. hubiera llegado yo hasta allí para decirle: –Alberto, apenas comienza el día vendimiador, levántate ya, juega el turno. pero el auto se alejaba y la ciudad se hace un ser mínimo que está ahora frente a uno, que se hace indiferente en ese otro mundo sensorial, como si fuera una canción baladí, donde uno logra comprender que está ahora en ese instante, siendo el instante mismo, y el cuerpo ya es un pasado inmediato, una rara visión de pasado inmediato. uno. dos. tres. el auto escapa sin contemplación. impone un ritmo y por el espejo del retrovisor disimulo no ver el cuerpo del extraño, el big-bang sobre la cabeza del que lleva una botella de ron y un libro de

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Kafka. uno. dos. tres. no hay nada mejor que sentirse uno parte del que queda. uno dos. tres. no hay nada mejor que ser la vĂ­ctima, la otra parte de la ciudad respira. uno. dos. tres. ante los fusileros y el espejo del retrovisor. apunten. listo. fuego.

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FIGURILLAS DE IRINA ELÉN detrás del obelisco, repaso las figuras de Irina Elén, ojos bien grandes, vidriosos ojos de la espera, de la muchacha que fue feliz en un pequeño cuarto de hotel, ojos bien dispuestos en los ojos para dibujar el ojo de la habitación, ojo sagrado de todos los días que ofrece santo y seña de estos comienzos, de estas figurillas que se aparecen y se parecen a Irina Elén. la conflagración de esas otras mujeres en el camposanto. capitalizar esa imagen de muchacha con fruta y palma real sería imposible, algo contraproducente, con palabras. la mano salva el límite y lo conquista como el pavo real que vigila el sueño de la doncella. en los escondrijos del cuerpo un pez salta en busca de la fruta y la mano poderosa que hizo para sí estos sueños deja libre al pavo real, su argamasa. certero ha sido el trazo y de un tirón la madonna cubre el cielo del país, es un acto irreverente dicen los que ofician el paisaje. figurillas de Irina Elén, tauromaquia, exorcismo que alude en ese otro intento con mitigar la sombra de la doncella. detrás del obelisco, cubrí en un acto de supervivencia las arcanas figuras. donde la muchacha ya tendida en la tierra dibuja, en el relente del dibujo, el daguerrotipo de la Menina, rara entelequia para el que no vio la mano de Irina Elén adentrarse al vacío y dejar en el vació a la muchacha con fruta y pavo real. quitando lo agreste, el trazo de la mano poderosa en el paisaje, tal parece que sale del paisaje, que ya no tiene el pavo real ni la mano que cava otros aciertos donde sobreabunda el cielo de un país, la nostalgia por una tierra sacada del cuerpo, arcano cuerpo, donde la madonna nos hablaría del tráfago de estos años y de los días venideros.

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HAY QUIEN SE DESPIDE EN LA ARENA III después del equinoccio, el fisgón garabatea nombres como el tuyo, estos escritos sobre la arena, sobre el que pudieras ser y no eres porque hay mucho de luz en tu vida y debes apagar la luz. las barcazas aderezan el horizonte. nada nos cuesta el ritual, presiento que en la vorágine de aquellos remeros hay una extraña complacencia y el fisgón hace suya la reverencia ante Cesar: la suerte está echada. en el aguafuerte pródiga es la mañana del encuentro. caía piedra sobre piedra en el alero. la incógnita fue discernir desde el vacío, las huestes del paisaje, este cuerpo de nadie contra el cual ya han lanzado la primera piedra. tire usted la suya, no lo piense. la suerte esté echada.

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Y todavĂ­a, en la alta noche, solo, con el vaso en la mano, cuando pienso en mi vida, otra vez mĂĄs sans faire du bruit tus mĂşsicas suenan en la memoria, como una despedida: parece que fue ayer y algo ha cambiado. Jaime Gil de Biedma

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nadie soy bajo el conjuro de la casa / la mala vida esta / donde dispuesto quedo a negar toda palabra a favor de la ciudad / mientras escribo sobre el cuerpo de nadie / la sed que imponen los órficos amaneceres / como viaje de Ulises ante la desidia / el inequívoco rumor que me hace perder la fe / alejarme del que fui ayer / líbrame / oh tiempo de esos augurios / sálvame de estas naves definitivamente / las ausencias otras / y en estos escritos / bajo el cuerpo incestuoso / en su hora cero / hazme alguien de bien / pero déjame tiempo mío / déjame llevar unas cuantas palabras a ese desierto que resulta la noche

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RAREZA DEL DIQUE Si estoy hundido ya, ¿Por qué el miedo a mojarme? Al-Mutanabbi

a unas millas estoy para despedir al que fui, imagen semejante ante la metralla¹; el aire vespertino, nimia la luz para referir estos dislates. la luz misma que se aproxima y rebota ante los cuerpos que he colocado en la pared. disidentes imágenes del ayer, en esos cuerpos, un supuesto hecho, nada pudiera cambiar el estado de las cosas. estantía soledad del céfiro² ante la corriente. llámenle, por cualquier nombre a esa rareza que he visto ante el dique, quebradizo cuerpo, levitante, dual cuerpo del feligrés a su paso por la comarca. Dánae fue entonces bajo esos días inertes un salvoconducto que no había visto antes. como el bardo frente a mí, en el ralo paisaje, medioevo diría yo, para juzgarme como al hombre sobre endebles maderos³, lejano ya de nosotros, lejano ya de la corriente, en ese mar inexplicable que la realidad nos impone.

¹ silencio del durmiente. después del limbo, la trastienda. significación del limbo, posibilidad de retroceder al vital instante, como un golpe de pasado. acumulación. trasiego para aniquilar de una vez al escuálido. ² y del amanuense que dibujó el límite. aquí es posible un cielo, allá la corriente te impone salvar la distancia entre este punto que has dispuesto a la soledad y el posible punto irreal, que no había visto antes. ³ reserva de una casa. embarcación baratísima para los que imaginaron el ayer, a contraluz, urge algún espacio si no regresan y queden aplastados en esas saudades que el tiempo arremolina sobre las cosas que nunca debieron cambiarse.

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CHRISTINA´S WORD. 1948 Todos los gripos son tenues y tersos; el campo ha ensordecido la misa final del verano. Richard Wilbur pero estoy solo como en un dibujo de Andrew Wyetht¹, lejos ya del granero, de todo tipo de suerte, furtiva sombra me complace, y se extiende por lo que pudiéramos decir: es el verano. el serpentín (¿la rutina que dejan?). los días de cábala. musita el ratoncito de Emily Dickinson estas oraciones²: discurso baladí; el oficiante impone antes de tirar los libros y hacer su juego sucio. ciertamente, todos los gritos son tenues, por el aliviadero se esconde el eco. un eco transido por el vago rumor, el embrujo del tiempo de estas somnolencias. así percibo el cuadro, Christina´s World, 1948. ella (¿la muchacha desde el quicio?) ha perdido su candil, una especie de estuario, y entona un himno frente al trigal, el amarillento refugio, una ribera como refugio, la noche sobre la palma de su mano. mientras el oficiante nada sabe del ratoncito de Emily Dickinson, del ratoncito de Emily Dickinson que se esconde en el poema mismo.

¹ aunque una prefiera a John C. Kacere y una casa vacía, mínima para los domingos y los días que pasan. viandante zona donde miro el retrato de una dama, sobre la sombra de William Carlos Williams y espero el ómnibus de costumbre o como diría él: el cielo en que Wateau colgó el escarpín de una dama. ² escapé del jardín. difícil morada la que intento después del espeluznante salto. todavía me quedo pensando en la rareza del dique. su forma inusual, inefable, me hizo cambiar el sentido de las cosas. rarísimas madrugadas me quedan de esta sombra y el fantasmagórico aliento de Emily Dickinson.

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DESDE EL GRANERO, LOS GAMOS en la colina, dibujaba el heresiarca la torre espléndida del granero donde el muchacho golpeaba los gamos. la cabeza de los gamos¹ que quedaron en el sitio fue algo atroz en la memoria (¿memoria de paseante?). dice Sofía que nacerán de algún modo como perpetuo castigo, como karma. equivoca fue esa visitación de los ayeres², la neutralidad (¿un lujo por estos pasajes?) que me impone alguna salida en el dibujo, un desplante, al percibir ese cuerpo réprobo bajo la comisura del otro que ha caído. física realidad que hace esconderme. repaso el tiempo. metafísica idea que no asumo desde la calcinante silueta, mutable ya, silenciada ya de esos animalejos en tierra. el Sr. Anselmo descubrió la puerta que conducía a lo diferente (¿al otro dibujo?) ¿justifica esto el paisaje de recia comarca? justifica esto la novedad, lo finisecular; bisoño es el invierno visto desde la periodicidad de los gamos que quedan con los ojos dispuestos al ayer. la sangre se pierde en el polvo, como si las criaturas quisieran desde la ambigüedad bermeja de su adiós, algo indecible. en la colina restauraba toda complicidad hasta llegar al vórtice de esa otra complicidad guillotinada. para ser más exacto, la cabeza³ de los gamos nos dejaba la impronta de su arcana belleza.

¹ era yo el muchacho, su episodio. convencía al dueño de los animalejos del abismal tiempo. la cotidianeidad, la cotidianeidad intransigente con la que ya no puedes luchar, ni mirar el fondo. vive tú, despierta tú de ese ayer que semeja un tatuaje, un dibujo de jirafa, un zeppelín, un cambio de turno. ² La visitación de un pasado que no tiene nada que ver contigo, mientras he visto desde el granero cómo caen los gamos en tierra y sentí como si mi cabeza rodara por esos ayeres, y me doy cuenta que es una realidad el tiempo y afirmo como Richard Wilbur: Todos los gritos son tenues y tersos. ³ posiblemente, la cabeza de la jirafa como acertijo, punto neutro. fondo al que debo ir para salvar estos días de aquelarre. dualidad platónica que me impone la comarca, los gamos o algo así.

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COMO SERÍA HOY EN DÍA -¿Cuán a menudo ve usted al fénix blanco? -Nace sólo una vez cada cien años, de modo que hay muchas más águilas negras que fénix blancos, por eso el bien es siempre seguido y perseguido por seis hombres vestidos de gris que van en un carruaje, como lo vi en un grabado, o, si usted lo prefiere, en un automóvil como sería hoy en día. - Usted ha intentando suicidarse, ¿no es así? Anaïs Nin

me aparto de las buganvillas, del sonoro tiempo que va fuera de la casa, equidistante tiempo, equidistante la casa. ya nada es aparente en la sombra, a contraluz, de bruces frente al vacío de la sombra. donde resido (¿la mano que reside, el golpe sobre el vientre donde la mano escapa, donde la mano golpea esta rara residencia y me hace hombre y mujer, un daguerrotipo?). paradoja nostalgia del nuncio que hace el reclamo de la plaza donde se ve a un pintorcillo apartarse de la turba. ¿usted ha intentando suicidarse? ¿usted ha intentando suicidarse? pero el artista evade la reiterada pregunta como ave fénix, va en busca de otros mercados. sortilegio increíble, sentenció el bohemio que había visto en los ojos de Anaïs Nin la sombra de su padre. el trotamundo, el que había amado en silencio contra la tempestad. raro comienzo, como sería hoy el acto en solitario para el que emborrona unas cuartillas y sobre la tachadura, en el mismo centro de la tachadura, deja el cuerpo, la mano que impone el tiempo de la otra mano que escapa, para la consagración de esos torpes pájaros que han quedado sobre el papel, dispuestos en el poema escrito desde el pasado verano, como una frase célebre sacando

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de la cabeza del artista que ha tomado un respiro, las melladuras del ave en solitario, el etrusco vacío para el que ya no puede responder con estos dislates y se acerca después de tomar un segundo, y se prepara para el ritual que no contó el nuncio, ni Anaïs Nin en esos diarios. ¿usted ha intentando suicidarse? ¿usted ha intentando suicidarse?

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UN MINUTO DE SILENCIO quién sabe si un sueño es una casa dispuesta, desvanecido consuelo de mi madre que mira la alcantarilla que hace la nada, la insoluble nostalgia de los retratos, ya sobre el ocre sin fin. aquí nadie pupo decir mirando el rostro del que parte, se parece a Julián del Casal. pero no es esta la casa, ni el país, ni el reclamo de ese sueño que tal vez fue un día tuyo, pues lo dejaste escapar como van esos escolares imaginando ahora mismo belfos, la imposible calle que se desdibuja con sus contradicciones, en su aparente alumbrado público. pudiera ser el refugio el gran sueño después de una extraña temporada, para que digan de una fecha histórica, aparente e inusual como el día de un cumpleaños, esta es la casa posible, el tiempo posible. de no existir, no existirías tú, ni el escolar que una vez se perdió por estas avenidas y regresó feliz, aparentemente. se parece a Julián del Casal; ahora, bajo la llovizna, en el almendro, alguien habla de una casa edificada contra toda palabra (la dureza de la palabra, la palabra misma distante de la casa, el país sonoro) donde mi madre pueda ir y venir entre la escasez y el verano interminable frente a esas fotografías donde éramos felices, tal vez, donde sólo con extender los brazos hacías la ciudad tuya. quién sabe si la espera es una casa distante o una casa más simple, dibujada en un papel, bajo una palabra profética y uno regrese a la desolación, a un cuarto mínimo, a un minuto de silencio.

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SÚPLICA A SAN JUDAS TADEO en el divertimento de mis días, la luz gravita sobre las cosas que amo, cosas imposibles; advierto que nada pasa y ruego bajo estas palabras en tu venidero día, en el mañana dispuesto. San Judas Tadeo ojalá que la felicidad no sea otra que una razón mayor contra las cosas imposibles. en la casa me voy quedando con los años, y dibujo bajo la soledad la dimensión de los rostros que amo, confundido estoy bajo la noche donde la palabra pudiera no resultar tan sagrada. (des)corro las cortinas de la casa y pienso en mi madre, que tu reclamo aguarde otras estaciones, para que cada minuto de mi vida se prolongue en su vientre, que me salve San Judas este tiempo de toda posible ausencia. no permitas bajo tu verde luz que las cosas que una vez cultivé desaparezcan, dame un sitio aunque sea mínimo para dibujar lo que he visto ante los ojos de la trinidad divina. no permitas que mis pasos se doblen en esta hora de las cosas que no sé si logro alcanzar, ten piedad de mi tiempo, para que esta súplica alcance la mayor sonrisa de mi madre y no sea otra cosa que su salud y su bienestar. mírame con la paz de un otoño, con la misma levedad del paso de un hombre por las Abadías de un país donde antes estuve, misericordia pido ante los minutos, para que interceda a favor de la familia. ahora sé que el tiempo que está por venir es imposible de augurar, que la salud de mi madre sea como esa tierra y que no exista mayor júbilo que el día en que volvamos a encontrarnos todos alrededor de una casa, que ya no existirá, donde apenas me reconocerían si tocara a la puerta.

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ORACIÓN DE FE ANTE LA TRINIDAD DIVINA ¡Oh llama de amor viva, que tiernamente hieres de mi alma en el más profundo centro! San Juan de la Cruz

si alguien debe morir, que se pierda mi tiempo como un copo de luz, dispersa luz, en el verano. que los años que me quedan se viertan sobre mi madre; de lo contrario no existiría razón para invocar esta trinidad. si alguien debe morir, daré un paso adelante. en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. amen.

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HABITACIÓN QUE HA QUEDADO VACÍA ellos son fugitivos. han salido a la noche dispuesto al entreacto, la trampa de la noche que se diluye entre un nombre y una casa. nadie quiere la casa, ni ser el comensal. uno pide un cigarro y hace la seña del viaje, otro aparenta una mujer con lentejuelas. sueños que nunca realizó pero entran a la casa, al zigurat. la noche no existe. ellos son fugitivos. gente que escapa una y otra vez de la sobredosis del sueño, el marasmo del sueño. sin conocer apenas la edad del semejante, al aroma que tienen frente a si lo creen suyo. muchas veces el portero los guía hasta el lugar preciso, como si fueran simples animalejos que escapan y son conducidos como en el ruego de Sísifo a caer nuevamente en el peldaño. alguien hace cuentos y se bendice. en el aposento ellos son fugitivos. en la oscuridad ellos son fugitivos. pero nadie reconoce por qué se miran perplejos, por qué se abrazan si no es invierno. en el pequeño cuarto hay unas flores (algo así como una naturaleza muerta, un rosetón con luces que cambian) todo como en una casa familiar en medio de la ciudad, allí otros esperan impacientes ante el portero de la vendimia. ante el portero que va hasta la habitación por que ha transcurrido casi una hora y da dos golpes en la puerta para que todo acabe en su interior y sea una vez más. ellos son fugitivos, contemplan un cuadro con caballos a través de un espejo al que no se puede llegar. se intercambian sus nombres y así se despiden. uno va después en un coche de lujo, sin mirar atrás, el otro simplemente se pierde a contraluz, se hace una sombra. en la habitación que ha quedado vacía el portero entra. ellos son fugitivos. ellos son fugitivos. uno pide un cigarro y hace la seña del viaje. otro aparenta una mujer con lentejuelas, sueños que nunca realizó, pero entran a la casa, al zigurat, a la noche.

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OBITUARIO POR LA NOCHE Como vienen los soles y las lunas, y los sirios y los aldebaranes, al brillo de una luz angustiadora que asoma en el espejo. E. Florit

sobre el poema de ayer percibo una inédita sombra, angustiada sombra, el silencio de la sombra¹, un camino de belén. mudo queda el muchacho que ve desplazarse el paisaje, paradoja del poema que se desliza por la mano misma y de bruces cae a esta corriente de la página. definición que dibujo en esta otra corriente hermenéutica, desde fuera de la corriente (¿la corriente de la página, en la página supuesta que pasa?) ante los ojos de Eugenio Florit. pataleteo del poema², diría el copista para los que dejaron un signo tanático sobre la roca, en la claraboya. risible postmodernidad ese horizonte de grava donde el muchacho exhibe su mundo. rareza del paisaje minimizado, levitación, mientras afuera anochece y el ayer me devuelve la palabra, la abertura, la entelequia del camino. presta atención joven en el distanciamiento. eres tú el habitante de mi país circular (¿como en las predicciones de Ireneo sobre el tiempo cósmico?) en esta corriente sin sentido, desde fuera de la corriente que son los ojos de Eugenio Florit, presta atención muchacho que va en busca de su cometa, por esa luz que asoma en el horizonte del poema mismo siéntate ahora junto a mí en el leprosorio para escuchar una vez más ese obituario por la noche, esa cancioncilla que ha vuelto a su lugar, que se ha quedado sola y de la que nadie va a volver a decir ni una palabra.

¹ justificación que hace el silencio frente al vacío y niego el azafrano paisaje de la mano que escapa, niego la estirpe del silencio, el modo ridículo de colocar las cosas en su justo lugar donde antes no había sino sombra. ² pataleteo del beduino. pataleteo que viene a quitarme el sueño, el estandarte, que han definido después del golpe y tienes que sonreír, tienes que imaginar que eres mucho más feliz que antes, diría el ausente.

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CANCIONCILLA QUE HA VUELTO A SU LUGAR, QUE SE HA QUEDADO SOLA Y DE LA QUE NADIE VA A VOLVER A DECIR NI UNA PALABRA A Ignacio Villa, in memoriam entre las autopistas y el vacío un hombre se despide. a contraluz, la ciudad vuelve y es también una esquina de la noche, algo de soledad, la turba que se dispone entre nosotros, nos ilumina y nos deja frente a las mismas canciones que una vez tocaste para mí, como en una de esas victrolas del café de Línea, rogando por encontrar un alma como la mía, como si estuviera Bola de Nieve frente a nosotros, aunque no hubiera un alma igual como la mía. y yo que hablaba del último amor, como si fuera una puerta, una luz de fondo de La Habana, de nada valió tener un alma igual como la mía, y preferí tirar otra moneda al fondo de la victrola para repetir la palabra felicidad en tu boca. Y recordar la felicidad; un minuto, aunque sea un minuto. entre las autopistas y el vacío, querido Bola de Nieve, ya nada hay que esperar. el caminante continúa. el que se llevó la canción más perfecta, el amor más perfecto. el día que no llega, porque la ciudad, querido Ignacio Villa, no es tan real ni está entre nosotros. es mejor decir, es mejor escucharte otra vez: –Be carefull it´s my heart.

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MARE NOSTRUM vadeaba el horizonte, el horrendo acto del que provoca una distancia. distancia de la mano abovedada que desdibuja la distancia física contra la distancia temporal de esa ramita de toronjil que has hecho tuya. un cuerpo de otro, de amaranto, como en la noche de San Juan visto por la ranura. era yo aquel muchacho sentado en un quicio, viendo los días que suceden. el contiguo pasillo donde he quedado. algo en mí es diferente, imagino. hay un sentimiento, después de vadear el trasmundo que no se llamaría nostalgia, si vez el vacío. los ojos del vacío y sientes que han pasado los años. entonces no te reconoces y te juzgan para no ver al adolescente que te acompañó hasta el fin del mundo, en ese corrompido paisaje que se empieza a superponer, por la costumbre, de los días tatuados bajo la isla. no eres tú un ser distinto, idealizado por el otro. superpuesto, diría yo, a lo que el vacío ofrece por esta abertura. luego vas y te sientas también en el quicio, como si fueras el hermano menor del muchacho ausente frente al mare nostrum, una mínima esencia para medir la distancia como si se tratara de unir el agua dispersa, el país disperso, y cruzar como un zeppelín a una tierra posible. hay un sentimiento, que no se llamaría nostalgia, una especia de limbo ante las cosas que han permanecido y otras que ya no existen en lo aparente. por la ranura donde rehúso de la continencia para ser la continencia, el equidistante muchacho que deja ver su cicatriz para matar la costumbre, el silencio. no eres tú un ser distinto que obvia ese grado de complacencia ante la carcomida imagen, mutable imagen del otro, posible imagen dispuesta sobre la imagen que ya no es tuya. el vacío que proviene de la bonanza de tu cuerpo me hace perder la memoria. refugiarme sobre la distancia que has edificado con un punto. prohibida escena donde golpeabas con la ramita de toronjil las cosas pasadas, por la albura de las cosas, con cierto sentido de pertenencia para evadir el quicio, el lugar exacto donde el país deja de ser el país, donde habías estado antes (eso supuse?), aunque todo fuera incertidumbre, marasmo de la distancia física golpeando la distancia temporal. un punto exacto (neutro como todo punto), antifaz. juego de apariencia. hay un sentimiento que no se llamaría nostalgia.

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ELLA SE PARECÍA A SYLVIA PLATH A RMR, desde la calle Ánimas

debí saltar sobre el muro incontinente como un raro alpinista, desde el jardín alguien me convida al otro extremo, a la negación misma, yo miraba las lucecitas del semáforo y no parecía que estaba en la ciudad, escribía cierto poema detrás de una pequeña foto, una extraña reliquia para quien no supo más de mí, a la que una vez regalé todos mis libros. ella se parecía a Sylvia Plath, tenía un gesto de muchacha con paraguas y salvoconducto sentada en el café, un café distante de lo usual, como un café de París (¿en lo aparente de un café, en su bruma?). el mito de sus versos me sobrepuso a la tarde, cansado de indagar por la atmósfera dual, todos los caminos conducen a la calle Ánimas, ese era el exilio permanente, los días permanentes como cábala, su fuga. no entiendo la diferencia entre fuga y exilio (¿la fuga es un modo de exilio?). una vez pregunté a un poeta desconocido qué sabía de poesía cubana, y solo pronunció un nombre. en ese trayecto hice la definición de aquel librito que adquirí de un anciano que se buscaba la vida con Verlaine, Lorca, María Tsvietáieva. el edificio del fondo recuerdo era azul, como la lucecita del semáforo. mientras camino me adentro al libro para segmentarlo, advertir sus hedónicas trampas, por aquel entonces no conocía a la muchacha que se parecía a Sylvia Plath. debí saltar sobre el muro como un paseante, como si fuera un elevador que se detiene y después cae de bruces. cerrando la tarde (¿llego hasta el último poema?), alucino aquel cafetín donde intercambié con la muchacha que vivía en la calle Ánimas, ella tenía un gato siamés, y unos versos ocultos de lo matinal, de la isla que se distiende por su mano y su corazón. hablé algo de poesía y por unos minutos olvidé al que había caído de bruces, al que fue una vez el sueño que justificó lo inequívoco, al que fue la noticia por estar enfermo y evadir el viaje, de ser el viaje mismo en medio de la autopista. de un lado y del otro el viandante oficia la primera fuga. así nos despedimos con la promesa de vernos RMR y yo en otro cafetín, el abrazo de vernos ante esta ciudad, a esta misma hora, como si fuera nuestro único testigo. miraba yo el cambio de las lucecitas en el semáforo, regresé al citadino refugio pero nunca por la calle Ánimas, apenas por el baobab de los penitentes, mirando de soslayo el jardín. ella se parecía a Sylvia Plath. mientras tomaba un café, en ese raro trayecto que es estar donde mismo pregunté a unos adolescentes: saben ustedes algo de poesía cubana?

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DEL OTRO LADO DEL PARABRISAS el pasajero entra sin percatarse del golpe del muchacho sobre el parabrisa, mientras el vehículo espera la luz, el simulacro de la luz. apacigua la imagen del viandante que ha decidido decirle que no al muchacho que tiró algo de agua sobre el parabrisa, como si fuera suyo el acto, esquiva la tarde, lo que queda. el pasajero entra al final, se escapa de la turba y ya en la escalerilla le dice al otro que siga de largo, que ignore.

así pudiera repetirse.

el pasajero entra sin percatarse del golpe del muchacho sobre el parabrisa, mientras el vehículo espera la luz, dobla por una arteria de la ciudad. el muchacho tiene apenas la edad de mi hijo y cubre de un tirón todo el parabrisa con un paño. yo miro su naricita por el parabrisa, me quedo pensando en los años que vendrán, mientras el viandante ya en la escalera del ómnibus da un golpe en el cristal, para que el muchacho olvide todo de una vez, y nadie diga nada a su favor.

así pudiera repetirse.

el pasajero entra sin percatarse del golpe del muchacho sobre el parabrisa, mientras el vehículo espera la luz, la contienda. yo era el muchacho que asomaba la cabeza sobre el parabrisa en el instante preciso en que alguien tiró sobre mí unas monedas que de súbito quedaron sobre el asfalto. inconsecuente como un maquinista es el hombre que me esquiva. el vehículo que le sigue también hará lo mismo, en esa neutralidad, tirar unas monedas cuando coloco mi naricita sobre el cristal. ellos miran la luz impaciente, para que cambie de color y el viandante de la escalerilla repite el turno, hasta sonríe. entonces aparento ser feliz sobre el asfalto.

así pudiera repetirse.

el pasajero entra sin percatarse del golpe del muchacho sobre el parabrisa, mientras el vehículo espera la luz. el viandante aparece una vez más en la escalera del ómnibus y le dice al muchacho que suba de una vez, que apresure su paso, para que pueda observar del otro lado del parabrisa la extraña ciudad.

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HAY QUIEN SE DESPIDE EN LA ARENA IV frente a los cercenados cuerpos, los sahumerios de la otra noche, alguien se inicia y nos ofrece el Libro –otro– del Tarot. transgredo el sitio de la infancia para acercarme a la mudez de las fantasmagóricas imágenes que me acompañan por aquella salita de palacio. os daré el sacrificio, lo paradójico de la mirada después de la lluvia, después de la llegada del équite. tome usted una luneta entre ese cuerpo que nadie va a reconocer, que se va quedando mudo y diga cualquier cosa. cualquier cosa y sonría.

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EL QUE IBAS A SER ESTÁ ESPERÁNDOTE Raúl H. Novás

el que ibas a ser nada tiene que ver con tu nombre, ni tu país. nadie podrá imaginarse el por qué desafías a los guardianes y vas en busca de la noche lóbrega como un equilibrista. pudiera no resultar el signo de piedad que te envuelve. por el díscolo paisaje ya no serás el caminante, ni la tormenta, ni el sendero que se deja en el convivio de Dios. presiento que indelebles cuerpos te ocultaran de la mañana venidera. instruyo cierta belleza en aquellos grabados, en el agua tártara. el que ibas a ser nada tiene que ver conmigo, quizás eres un personaje de Dostoievski o la sombra de un comensal por la forma extraña en que miras al geranio, el veraniego paisaje, la máquina en desuso. ahora que el guardián recuperó las llaves del montículo, no mires las ruinas del país, no comprometas tu estirpe. el guardián es también un hombre como tú, quizás más hermoso que un joven jónico cuando regresa de la contienda. admito que en el camino de la sierpe hay nogales y aves exóticas. / el que ibas a ser está esperando simplemente el turno.

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FACHADA CON HOMBRE Y CABALLO, 2005 he visto en una casa de visitas un cuadro. el pintorcillo se había refugiado en un Malecón. un hombre con su caballo (¿el hombre siempre lleva un caballo?) de espalda al mar. el divertimento del artista me hace enmudecer, cambiar la rutina. quedarme a mirar la ciudad, como si estuviera mar adentro, es como edificar el citadino sitio, advertir sus balaustradas (¿sus fantasmagóricas texturas?), la miseria de esos –estos– días que suceden. pudiera ser que entre el caballo y el hombre se disipe una mirada, algo de extrañamiento, aunque no aparecen los muros del castillo, es como si el mar fuera inexistente o poco probable. alguien con esos trazos ha quedado en el sendero, a expensas de un tiempo que no puedo detallar con palabras. el cuadro carece de firma visible. por la superposición del hombre contra el mar imagino que nada quiera saber del mar, ni del oriente. el caballo juega un papel importante en la imaginación del receptor, la ciudad en el lienzo existe por la disposición de los objetos, la discontinuidad de los objetos diría. el caballo frente al hombre da la espalda al mar o el hombre frente al caballo hace de algún modo una secuencia única. el esperpento del aire nos hace suponer, adentrarnos tal vez, en esa ceremonia que la ciudad oficia, apenas unos paseantes hacen del otoño el espacio predilecto de esa otra contemplación de imágenes tenues, furtivas, al final del cuadro, allí donde se indefinen los colores y las cosas. ralos árboles, islotes, fachadas con cal dispuestas por el tiempo, es lo que más acontece en la inmediación del paisaje, en su otra secuencia, ahora no censurable por el receptor de estas márgenes. he visto en una casa de visitas esto que escribo para el poema fachada con hombre y caballo, 2005.

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DEFENSA DE LO PASADO Si amo el sonido del árbol, sus movimientos libres o desvalidos, no puedo no amar su tronco o sus hojas: ya que son sus hojas las que suenan y su tronco el que crece. Todas esas divisiones entre cuerpo y alma no son sino anatomía cruel de lo vivo... Tsvietáieva

imaginar que estamos solos en una ciudad que nada puede hacer contra nosotros, ni a favor de nosotros para retrotraer el tiempo. en ese otro sendero, era yo el que dejaba partir las naves, bajo un relieve que no pudiera ser la habitación donde esperamos la noche, defino lo pasado, lo justifico y dejo que el otro tiempo incierto pase. el mapa que provee la luz matinal nos acerca al escondite, a la lujuria del cuerpo. lo que queda de ciudad es algo impensado. afuera es otoño y tal parece que las casas (des)dibujadas con cal aparentan el silencio. el silencio del cuerpo. el silencio del entreacto. el silencio que aniquila la luz misma de la casa donde hay otros cuerpos, como náufragos distantes que también se aferran al silencio mismo, a una rara neutralidad diría, para no ser convencional con la división del cuerpo y el alma que son anatomía de las mismas cosas. imaginar que estamos solos, dispuestos en el convivio de un Dios y de la mano de un país que espera afuera. sentenciar que hay una hora de locura. una hora para el comensal. una hora para el saltimbanqui. una hora justamente frente a esas naves que dicen adiós y donde se olvida la ciudad, es como vivir una hora de lujuria, como estar solos en esta habitación donde miro un cuadro y el rostro de la amante que dice conocer el mundo y te abraza con todas sus fuerzas para que vuelvas al sitio donde una vez hablamos tde nostalgia (¿rara lujuria esta?), del país, para que enmudezcas definitivamente.

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HAY QUIEN SE DESPIDE EN LA ARENA V ve al oráculo y proponme otra Torre de Babel, ahora desde la isla. promisorio es el aire de adviento que te descubre. regresaba yo de Santa Fe de Bogotá después de la avalancha y la muerte de mi padre. tenía cierto sentido la acuarela donde el durmiente esperó el vendaval. dibujo sobre la mano el reino de la noche, pero insuficiente es la memoria, la quimera de esos años donde me senté a contemplar la belleza. sentir la belleza como si fuera un viejo compañero, un asistente para cuando llega el turno y uno se pregunta por qué ha permanecido en un país, por qué tanta angustia en el rostro del espectador. acaso nadie mira. la silueta del agua. el rostro del muchacho en el agua. la brújula posible. el agua posible. el lejano país que se despide a solas. ve al oráculo y después regresa a la contienda. hay siempre una segunda oportunidad en los ojos del que escapa. dibujaría los mares y la arena de los cuerpos que se quedan a flote. dejar que un minuto sea un raro pase de lista. decir tu nombre en medio de un lugar que no conocías. y saber que la arena es el testigo, lo audaz, lo impenitente. piénsalo bien. no hay nada como regresar sin ser visto. despedirse de una vez después de haber contemplado la belleza.

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tú, hombre minimalista, ven con estas criaturas aledañas por el entarimado, hasta la alta torre, ellas han visto las auroras también, el leve carruaje del tiempo. un fuego se disipa por la mano temblorosa ya, huesuda la mano y han dicho que es el equilibrio perfecto, la razón de estos corredores. hay quien se despide en la arena, pero nada es casual, nada es realmente tan exacto como una palabra que no tendría sentido si no existiera esa fe de salvar el cuerpo. allá, del otro lado del muro donde las criaturas beben en su libertad profética, hay naves dispuestas a salvarte, a que no sea más ese hombre que va todos los días por el mismo lugar, a la misma hora. tú, pequeña imagen del semejante, cuerpo dual, hombre minimalista, por favor, pase, que la soledad lo espera.

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Nathless I have been a tree amid the Wood And many a new thing understood That was rank folly to my head before. Ezra Pound

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ÍNDICE • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •

Presentación ..................................................................................................................................... Acta del Jurado del I Premio Iberoamericano de Poesía Juegos Florales de Tegucigalpa 2010 ... Prólogo .............................................................................................................................................. las bestias ciegas detienen el cauce del río .................................................................................. como en la catedral de Notre Dame ............................................................................................. tú, hombre minimalista .................................................................................................................. detrás del raro cortinaje, la secuencia fue el vicio ...................................................................... en la catedral de Santiago de Compostela ................................................................................... los días interminables: sobre la casa se edifica el silencio ......................................................... sobre la casa, has dicho, hay algo de carencia ............................................................................ no dudes de los cuerpos ................................................................................................................. tú, hombre minimalista, las criaturas aledañas son como un mar .......................................... Hay quien se despide en la arena I ............................................................................................... Poemas liminares ............................................................................................................................ Hay quien se despide en la arena II ............................................................................................. Raúl Zurita ....................................................................................................................................... Tabla de salvación ........................................................................................................................... En la hora cero ................................................................................................................................. Mundo de pájaro ............................................................................................................................. Paisaje de oriente ............................................................................................................................. Mapamundi ...................................................................................................................................... Uno. Dos. Tres. ................................................................................................................................ Figurillas de Irina Elén ................................................................................................................... Hay quien se despide en la arena III ............................................................................................ nadie soy ........................................................................................................................................... Rareza del dique .............................................................................................................................. Christina´s word. 1948 .................................................................................................................... Desde el granero, los gamos .......................................................................................................... Como sería hoy en día .................................................................................................................... Un minuto de silencio .................................................................................................................... Súplica a San Judas Tadeo ............................................................................................................. Oración de fe ante la Trinidad Divina .......................................................................................... Habitación que ha quedado vacía ................................................................................................ Obituario por la noche .................................................................................................................... Cancioncilla que ha vuelto a su lugar, que se ha quedado sola y de la que nadie va a volver a decir ni una palabra ......................................................................................................... Mare nostrum .................................................................................................................................. Ella se parecía a Sylvia Plath ......................................................................................................... Del otro lado del parabrisas ........................................................................................................... Hay quien se despide en la arena IV ............................................................................................ El que ibas a ser está esperándote ................................................................................................. Fachada con hombre y caballo, 2005 ............................................................................................ Defensa de lo pasado ...................................................................................................................... Hay quien se despide en la arena IV ............................................................................................ tú, hombre minimalista ..................................................................................................................

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Esta edición de Hay quien se despide en la arena, de Luis Manuel Pérez Boitel, premiada con el I Premio Iberoamericano de Poesía Juegos Florales de Tegucigalpa 2010, se terminó de imprimir en abril de 2011. Su edición consta de un tiraje 3,000 ejemplares de circulación gratuita. Abril de 2011, año de la entrega del I Premio Iberoamericano de Poesía Juegos Florales de Tegucigalpa.

Ejemplar de cortesía Prohibida su venta

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Hay quien se despide en la arena  

Premio Iberoamericano de Poesía Juegos Florales de Tegucigalpa 2010. Luis Manuel Pérez Boitel

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